El Nadaísmo: Revolución Cultural en Colombia
El Nadaísmo: Revolución Cultural en Colombia
Manifiesto Nadasta, firmado por gonzaloarango (sic). El diseo de los ttulos era pueril y varias de las ideas perfectamente razonables. Pero a partir de all un vasto movimiento de agitacin intelectual iba a ocupar un papel preponderante en el panorama cultural colombiano. "El Nadasmo, en un concepto muy limitado, es una revolucin en la forma y en el contenido del orden espiritual imperante en Colombia. Para la juventud es un estado esquizofrnico consciente entre los estados pasivos del espritu y la cultura", anunciaba la primera pgina del texto, el cual proceda luego, aduciendo en su respaldo citas o menciones de Mallarm y Sartre, Breton, Kierkegaard, Kafka, Gide y Spencer, a formular un vasto programa de subversin cultural (esttico, social y religioso) que, apoyndose en la duda y en los elementos no racionales, y teniendo como armas principales la negacin y la irreverencia, el desvertebramiento de la prosa y el inconformismo continuo, buscaba el cuestionamiento de una sociedad, la colombiana, en la cual "la mentira est convertida en orden"1. Haba, ciertamente, elementos de gran validez en esa formulacin y una conciencia muy aguda de sus limitaciones: "La lucha ser desigual considerando el poder concentrado de que disponen nuestros enemigos: la economa del pas, las universidades, la religin, la prensa y dems vehculos de expresin del pensamiento. Y adems, la deprimente ignorancia del pueblo colombiano y su reverente credulidad a los mitos que lo sumen en un lastimoso oscurantismo (...). Ante empresa de tan grandes proporciones, renunciamos a destruir el orden establecido. Somos impotentes. La aspiracin fundamental del nadasmo es desacreditar ese orden". Esta generacin "frustrada, indiferente y solitaria", como se autocalificaba, que coqueteaba con el suicidio y encontraba en La nusea de Sartre su Biblia, se propona en consecuencia "no dejar una fe intacta, ni un dolo en su sitio", mediante una actitud iconoclasta que se expresara simultneamente en dos campos: el literario y el vital. El primero gracias a la revista Nada, anunciado rgano del movimiento que slo habra de volverse realidad doce aos despus con la aparicin de Nadasmo 70 (8 nmeros entre 1970 y 1971), y lo segundo a travs de un comportamiento humano abierto y en ocasiones desenfrenado que ya desde el primer momento buscaba mediante su vinculacin con los jvenes, los coca-colos de entonces, una vasta irradiacin. Este combate, que tomaba en cuenta tanto las precarias condiciones de la educacin colombiana como las limitaciones de una literatura oscilante entre lo folklrico y lo regional (combate condenado de antemano tanto por los defensores de "lo autctono" como por los partidarios de "la realidad histrica y social"), tena el atractivo de presentarse como algo exento de dogmas. Apertura que hallaba su punto de partida no en una idea abstracta sino en una realidad exacerbadamente personal. As las pginas finales estaban dedicadas a un bastante narcisista "Esquema para una definicin de mi existencia", en el cual gonzaloarango a los 26 aos (tena, en verdad, dos ms) repasaba, a todos sus niveles, su vida, para concluir en una esperanza de superacin mediante una nueva fe y una nueva belleza ("-El Nadasmo-. Mi ltima oportunidad"), como no dejaba de proclamar, en tono algo melodramtico.
Ms valiosas en realidad resultaban las lneas finales del citado Manifiesto, en las cuales, preguntndose hasta dnde llegaran, responda en forma premonitoria: "El fin no importa desde el punto de vista de la lucha. Porque no llegar es tambin el cumplimiento de un destino". Esta permanente indefinicin es la que a lo largo de los aos les ha permitido continuar en la brega. Las 12 lneas que monsieur Larousse (segn dicen ellos) les pidi para su diccionario nunca fueron escritas y en dicho humor, exasperante para los hombres de una sola pieza, reside quiz una de las mayores virtudes de este movimiento, en ocasiones singularmente creativo y en otras completamente errtico y, lo que es ms grave, filosofante y trascendental, como lo atestiguan varias disquisiciones "humansticas" y "metafsicas" de su fundador. Gonzalo Arango (1931-1976) y el clima nadasta Quin era entonces el autor de estas pginas, en las cuales la agudeza conviva con la retrica y la exaltacin tenda a convertirse en slogan? Quin haba redactado esas frases felices en las cuales el razonamiento subyacente dejaba, en realidad, bastante que desear -que contagiaran de entusiasmo a un buen nmero de adolescentes all en Medelln y ms tarde suscitaran, a todo lo largo y ancho del pas, el fervor y el rechazo, infundindole a nuestro anmico horizonte vital indudables fulgores y osadas? Haba nacido en Andes, Antioquia, el 18 de enero de 1931, en medio de una familia puritana de provincia. Clase media burguesa, anota l mismo. Su padre, telegrafista primero y ms tarde burcrata conservador, ganaba a su muerte, en 1953, 300 pesos mensuales para sostener trece hijos. Estudiante de primaria con los Hermanos Cristianos y ms tarde estudiante de bachillerato en el Liceo Antioqueo de la Universidad de Antioquia, donde tuvo como compaero al pintor Fernando Botero, Gonzalo Arango alcanz hasta tercer ao de derecho en la citada universidad, abandonando su carrera, segn dira ms tarde, debido a cierta inclinacin suya a torcerlo todo. Profesor de literatura y bibliotecario en la ya mencionada universidad, sus primeras colaboraciones aparecen en el suplemento literario de El Colombiano, peridico conservador cuyo suplemento diriga Eddy Torres. All escribe reseas convencionales, como la que el 6 de octubre de 1955 dedica a analizar la influencia de Mientras agonizo de William Faulkner en La hojarasca de Gabriel Garca Mrquez, a la cual sin embargo elogia de modo caluroso. Se haba unido antes, en 1953, al MAN, la tercera fuerza que el entonces presidente de la repblica por golpe militar, el general Gustavo Rojas Pinilla, promovi, en contra de los dos partidos tradicionales, liberal y conservador. Corresponsal del peridico La Paz, rgano de dicho movimiento, y miembro suplente de la Asamblea Nacional Constituyente, el 10 de mayo de 1957, al caer la dictadura d Rojas Pinilla, quien mediante dicha Asamblea quera legalizar su permanencia en el poder, se pide, entre otras cosas, que la cabeza de Gonzalo Arango cuelgue de las rejas de la Avenida Junn, en Medelln. 0pta, entonces, por un discreto exilio en el Valle del Cauca, en Cali, donde redacta el Primer manifiesto, el cual conlleva tambin un viraje suyo en el campo poltico. Alaba all la juventud que el 10 de mayo "aport su sangre y el sentido heroico del sacrificio para derrumbar una tirana castrense que al fin de cuentas fue una vergenza que defraud la fe de los colombianos y cubri de ignominia la libertad y la cultura"2. Primera de sus varias autocrticas.
Slo que sus vaivenes ideolgicos iban a desaparecer muy pronto tras el estruendo de sus primeros escndalos: convoca a sus amigos al parque Berro de Medelln y luego de leer un discurso escrito en papel toilette, discurso en que elogiaba a Pablo Alquinta, jinete del popular concurso hpico del 5 y 6, en detrimento de Miguel de Cervantes, procede a quemar los libros de su biblioteca. Acto semejante, o el mismo acto -la crnica, infortunadamente, no es muy exacta-, se repite en el atrio de la Universidad de Antioquia, como parricidio simblico enfrente de su propia casa de estudios, y en uno de ellos arroja al fuego el manuscrito de su primera novela, Despus del hombre, escrita en un interregno campesino de dos aos durante su trunca carrera de derecho. El influjo erostrtico de Sartre, a travs de El muro, haba llegado hasta la capital de esa lejana provincia colombiana. Pero era en realidad Camus, a nivel de sensibilidad y escritura, la presencia ms detectable en la prosa de Arango a todo lo largo de su trayectoria. As, esta mezcla de surrealismo y existencialismo un tanto primitivos puede situarse en los orgenes de su proyecto desmitificador. Tales actos, la difusin del Manifiesto, reproducido por el peridico El Tiempo, y la convocatoria a colaborar con la hipottica revista Nada -locura, viscosidad, revolucin, desorden, belleza nueva, verdad desvestida, como proclamaba el aviso- fueron agrupando en torno suyo, en la errancia de calles y al amparo de bares y cafs (El Metropol, La Bastilla, La Clnica Soma), a un grupo de jvenes que habra de adquirir relieve en el campo de las letras nacionales. Jvenes que desertaran de empleos y seminarios para solicitar su ingreso en la nueva religin. Jvenes que en muchos casos habran de conocer reformatorios y clnicas psiquitricas en aras de su nueva fe. Pero tambin algunos espordicos hampones y derelictos se acercaron a ellos, con gran complacencia del grupo, buscando, ms que cambiar el tono de las letras nacionales, un clima permisivo para sus hazaas: las drogas y los tmidos intentos de amor libre figuraban en el declogo de estos rebeldes ahora con causa. Un detonante manifiesto, seguido de un pestilente saboteo en contra de un congreso de "escribanos catlicos", tal el apelativo, congreso inaugurado con toda la pompa hispanizante que distingua a Eduardo Carranza3, motiv que Gonzalo Arango fue se detenido y encarcelado en el tercer patio, el ms peligroso, de la crcel de La Ladera, en Medelln. Un acto sacrlego, ms tarde, en la baslica de esta misma ciudad, al clausurarse la Gran Misin Catlica que por aquellos aos haba recorrido el pas comulgaron y guardaron las hostias en un libro-, suscit el furor de los fieles, quienes estuvieron a punto de lincharlos. Estos dos actos consolidaron su fama a nivel nacional y dieron pie a una serie de giras por todo el pas: Manizales, Pereira, Cali (1960), Bogot (1961). En Cali, donde pidieron la sustitucin del busto de Jorge Isaacs por el de Brigitte Bardot, se unieron al grupo antioqueo los caleos J. Mario y Elmo Valencia, y as la nmina del nadasmo agrup en un primer momento a Gonzalo Arango, los poetas Jaime Jaramillo Escobar, Daro Lemos, el novelista Humberto Navarro, los cuentistas Amlcar Osorio (alias Amlcar U.) y Jaime Espinel, el futuro cineasta Diego Len Giraldo y los hermanos Jorge Orlando y Moiss Melo. Posteriormente otros escritores se aglutinaran alrededor de l: en 1963 13 poemas nadastas, antologa del grupo, acoga a todos los poetas y cuentistas mencionados, junto a Mario Rivero. Tres aos despus, al aparecer De la nada al nadasmo, una suerte de fichero del grupo, la nmina anterior se ampliaba con los nombres de Fanny Buitrago, Elkin Restrepo, David Bonells y Armando Romero. Pero muchos otros artistas -Alvaro Barrios, por ejemplo, quien se proclam pintor nadasta y cuyos excelentes dibujos acompaaron varias muestras de poesa del grupo
(El Corno Emplumado, Mxico, enero 1966, N17); Pedro Alcntara, quien habra de ilustrar el N 2, y ltimo, de La Viga en el Ojo, la revista nadasta que Eduardo Escobar edit en Pereira en 1966, Fernando Jaramillo, Malgrem Restrepo, o escritores como Alvaro Medina (alias Jos Javier Jorge), Alberto Sierra, William Agudelo, Pablus Gallinazus, Jan Arb, hermano de Jotamario- mantuvieron inicial adhesin los postulados o coquetearon con los mismos, utilizando la beligerante plataforma de divulgacin que el nadasmo pona a su servicio. Era la atmsfera de la poca. En 1970, al aparecer Nadasmo 70, una bibliografa del movimiento4 incluye a los siguientes autores: Gonzalo Arango, Eduardo Escobar, Jaime Jaramillo Escobar, J. Mario, Humberto Navarro, Pablus Gallinazus, Germn Pinzn -no nadasta, sino primer premio en el concurso nadasta de novelas realizado en 1966-, Dukardo Hinestroza, Fanny Buitrago, quien en julio de 1968 pidi su exclusin del grupo, Mario Rivero, David Bonells y Jodorowsky, la poetisa chilena residenciada en Lima, Per. Se relacionaron all tambin 16 manifiestos y se anuncian varios libros, entre ellos la novela de Elmo Valencia, no editada hasta la fecha (1984). Es fcil, al repasar esta lista, ver quines permanecieron fieles, desde sus comienzos, y retornar a ellos para precisar las caractersticas del grupo orientado por Gonzalo Arango. En 1959, en la primera de las innumerables polmicas que el nadasmo sostuvo consigo mismo y que en cierto modo coadyuvaron a su flexible vitalidad, el grupo de Medelln reprochaba al de Cali sus desviaciones provincianas y terminaba declarando: "Hemos elegido por encima de toda fe, la tica de la derrota y la ignominia. Le cantamos a los bajos instintos y exaltamos a la categora de virtud todo lo despreciado por la moral burguesa. Sean crueles y sdicos. Insulten a la belleza. Vomtense en lo sagrado. Ranse de todo y de todos. Ranse de ustedes mismos. Vivan hasta el agotamiento. La muerte no existe"5. La intensidad de estas propuestas se translucira, de seguro, en las conferencias que Gonzalo Arango dict en Bogot, en el Caf Automtico, el caf de Len de Greiff y la vetusta bohemia, y en las escaleras de la Biblioteca Nacional (le prohibieron dar la conferencia en sus salas), cuando en 1961 lleg dispuesto a tomarse la capital, a juzgar por el testimonio de un cronista de la poca, quien ya advirti en ellas la recurrencia de los temas sexuales y religiosos. Esto, unido al lenguaje procaz, las brillantes paradojas y el rechazo de cualquier actividad burguesa productiva, despertaron la curiosidad primero e inmediatamente despus la difusin de sus ideas a nivel no slo nacional sino tambin internacional. En peridicos colombianos o en revistas extrajeras, como O'Cruzeiro y Venezuela Grfica, se habl al referirse a ellos del influjo, en tierras colombianas, del existencialismo sartreano, los "beatniks" de San Francisco o los "angry young men" ingleses. Esos mismos cronistas descubrieron asombrados cmo bajo sus suteres las nadastas de minifalda y pelo largo no llevaban nada e ignorando ilustres antecedentes en nuestra historia literaria revelaron a los cuatro vientos cmo los nadastas colombianos fumaban marihuana. Pero no slo los suplementos literarios de los dos principales peridicos capitalinos, El Tiempo y El Espectador, se abrieron para ellos, reproduciendo sus respuestas fulgurantes o sus artculos incendiarios, sino que desde su aparicin a la luz pblica se los tom en cuenta, burlndose, caricaturizndolos o expulsndolos de sus empleos, y tambin intentando rastrear los motivos de su inslito comportamiento.
Germn Arciniegas, por ejemplo, escriba en julio de 1958, en su columna de El Tiempo, luego de asistir a una reunin nadasta en Medelln: "El nadasmo es un producto natural dirigido por analfabetas. Entre nosotros, es la consecuencia inmediata de las dictaduras. Por el momento me atrevera a definir el nadasmo -y que los nadastas me lo perdonencomo un movimiento de los que van en busca de algo". Por su parte, Estanislao Zuleta, en La Calle, y tambin en julio de 1958, pronosticaba algunos de los riesgos que podran correr: "Para creer ser el mal de la sociedad burguesa es necesario creer que sta es el bien, de la misma manera que el sacrlego reconoce la religin cuando le da pualadas a la hostia, porque nadie profana una galleta de soda. En resumen: uno cree descalificar al juez cuando en realidad le concede todo. El nadasmo pretende oponerse a la sociedad burguesa con los valores de la soledad, la intuicin irracional, la arbitrariedad, la calavera y el 'motilao' (cortarse el pelo al rape). La sociedad burguesa no lo considera su antinomia. Ella tiene razn: su antinomia no es ese hijo descarriado". Otros en cambio, como Hctor Rojas Herazo, manifestaron una clida solidaridad: "Lo importante de esta juventud es su 'asumimiento', su virilidad para padecer en carne propia un pe cado que pertenece a las anteriores generaciones. Es la nuestra una sociedad 'ancianizada' en la hipocresa, en el esguince, en la penumbra de las formas. Pero si estos jvenes no le han dado a este andamiaje el empeo que merece, empiezan en cambio a construir una vasta acusacin, un poderoso reproche con sus slabas amargas. La labor del nadasmo es por eso una labor poltica. Ellos tienen -con el desplante, con la brusquedad verbal, con el impulso de la inteligencia- que despertar esta sociedad empeada en sus conformismos y su onirismo burstil. Y eso -transformar al hombre- es la labor que estn cumpliendo en Colombia los nadastas. Por eso encarnan el peligro, el frenes, el desorden, la claridad y la esperanza"6. "En un principio nos tomamos como un chiste, en un principio nos tomaron como un chiste" recuerda Amlcar Osorio, al efectuar un balance de los primeros veinte aos del movimiento, y agrega: "Lo que en realidad sucede es que el pas es pequeo, no hay espectculos. Una de las cosas que siempre digo, dndomelas de sociopoltico, es que yo hago el nadasmo para divertir a la clase media que no tiene recursos para hacerlo. Nunca me he dado cuenta de la importancia de este postulado"7. Poetas geniales de un solo poema, adolescentes histrinicos asolando ciudades rutinarias: se trataba, en apariencia, de un pas hondamente provinciano dispuesto a escandalizarse por cualquier cosa. Un pas que buscaba, mediante la amnesia del Frente Nacional, borrar el horror que haba dejado detrs. Pero era precisamente en dicho horror donde el nadasmo hallaba sus races y encontraba su razn de ser. "Alguna vez, en Cali, el poeta X-504 me dijo que el nadasmo era el segundo movimiento importante del pas. Yo le pregunt que cul era el primero y l me contest que LA VIOLENCIA, con 400.000 afiliados"8. "El nadasmo naci en medio de una sociedad que, si no haba muerto, apestaba. Apestaba a cachuchas sudadas de regimiento, apestaba a sotanas sacrlegas de sacrista, apestaba a factoras que lanzaban por sus chimeneas el alma de sus obreros, apestaba al psimo aliento de sus discursos, apestaba al incienso de sus alabanzas pagadas, apestaba a las ms sucias maquinaciones polticas, apestaba a cultura de universidad, apestaba a literatura rosa, apestaba a jardn infantil, apestaba a genocidios,
apestaba a miserias, apestaba a torturas, apestaba a explosiones, a pactos, apestaba a plebiscitos, apestaba a mierda. Entonces un grupo de jvenes dej su coca-cola a medio tomar para gritar: BASTA"9. "No seor Padilla, no somos un producto ingls ni francs: somos el producto tpico de un cambio de 'ritmo' histrico y violento que desquici las estructuras de la sociedad y los valores espirituales del hombre colombiano. Converse usted -si no teme perder media hora de su preciosa inmortalidad- con jvenes nadastas de mi generacin que oscilan entre los 20 y 30 aos, como Pablus Gallinazus, J. Mario o William Agudelo, y ellos le dirn horrores de lo que vivieron y padecieron en sus aldeas de Santander, Antioquia y el Valle del Cauca. Le contarn, seor, cmo eran de siniestros los tiroteos de la chusma, y cmo sonaba de insensible y terrorfica la sirena del verdugo. Usted no se imagina cmo porque en sus tiempos pre-natales todo era muy idlico y no haba peligro de que el futuro ciudadano fuera arrojado del 'nido' con los traumas que hoy arrastra mi generacin; cmo cay sobre ella la sombra de un crimen que nunca cometi, pero cuyos 'autores histricos' se lo quieren adjudicar por 'el todo tiempo pasado fue mejor'. Pura estafa! Lo que sucede es que ustedes se quieren lavar las manos como... Judas!"10. Carlos Lleras Restrepo dijo: "Hoy da nuestras gentes hablan con escndalo real o fingido del 'paredn' de Fidel Castro y comentan con repugnancia de hombres delicados los salvajes desrdenes del Congo Belga; pero podemos decir, sin exageracin alguna, y hay centenares de compatriotas responsables que podran confirmar mis palabras, que aqu se hicieron cosas ms salvajes que las del Congo, ms imperdonables, que aqu se perpetraron ejecuciones ms arbitrarias, ms implacables que las del paredn cubano y en mayor nmero"11. Quiz en estos diversos testimonios sea factible hallar las bases del desajuste que los nadastas encontraron en la sociedad colombiana y que Gonzalo Arango resumi en una frase: "Si Gaitn no hubiera muerto, yo no sera hoy Gonzalo Arango"12. Es decir: si el 9 de abril de 1948 no se hubiese dado, el nadasmo hubiese retrasado an por ms tiempo su aparicin, demorando ese nihilismo imprudente y airado para exorcizar todos los cadveres que se iban acumulando. De ah que su ademn anarquista, en un primer momento, resulte vlido, en un clima de "grandes prudentes" y tolerancia impuesta "a sangre y fuego". El nadasmo fue entonces, como ellos mismos lo definieron, "el pistolero que no dejaban entrar a los cafs". Adems, como todo movimiento de vanguardia, miraron hacia atrs, buscando predecesores que los respaldaran para as acrecentar su impulso demoledor. All estaba, en su finca de "Otraparte", en Envigado, aguardndolos, el escritor antioqueo Fernando Gonzlez. Este apologista de la energa y la fuerza vital haba querido describirles a los jvenes en su libro Viaje a pie, aparecido en 1929 (libro que habra de reeditarse con prlogo de Gonzalo Arango), lo que haba sido la Colombia de la segunda'mitad del siglo pasado: la Colombia conservadora de Rafael Nez. Obsedido por la presencia del clero y ms concretamente de los jesuitas, con quienes realiz sus estudios, vea a Colombia como el pas del Diablo, del confesionario y los ejercicios espirituales, oponiendo a tan lvido panorama una obra "agradable y efmera. Odiamos la seriedad!"13. Una existencia aventurera y nietzscheana que, con su exaltacin del deseo carnal y un pensamiento ms vital, removiera la paz de los sepulcros. Deseo, sin embargo, que para acrecentarse deba recurrir a la prohibicin. La censura como aliciente para crear grandes obras prohibidas. Tosca en ocasiones, su prdica poda pasar del elogio para los jvenes alemanes de
aquella poca -la poca del nazismo- a reclamar la necesidad de un ritmo corporal ms gil, ritmo de andarn y de viajero, a pie. Sus certeros sarcasmos, en contra de visibles figuras polticas, convivan al lado de nebulosas disquisiciones en las cuales lo rampln pareca dar paso a lo sublime, haciendo del conjunto, en definitiva, algo bastante deleznable. Fue esta contradiccin, alianza de misticismo y diatriba, la que asimil Gonzalo Arango, y fue este hombre, Fernando Gonzlez, con su rechazo a un pas de "espermatozoides de espaol o de indio en vulos de negra"14 y al cual el fervor religioso lo llevaba, en sus ltimos aos, a pergear una prosa esotrica y desquiciada, quien actu como mentor y gua espiritual de la insurreccin nadasta. En su ya mencionado Viaje a pie haba dicho: "Podra existir el cura y el partido conservador si el Diablo no estuviera aqu, si no fuera con ellos condomino del pas?" 15. A dicho reinado opone entonces una rebelin inslita para el tiempo y el lugar en que la propuso: "Necesitamos cuerpos, sobre todo cuerpos. Que no se tenga miedo al desnudo. A los colombianos, a este pobre pueblo sacerdotal lo enloquece y lo mata el desnudo, pues nada que se quiera tanto como aquello que se teme. El clero ha pastoreado estos almcigos de zambos y patizambos y ha creado cuerpos horribles, hipcritas"16. Tal pedagoga sexual debera sonar sacrlega en un medio poblado de beatas y comerciantes. Por ello, treinta aos despus, saludara alborozado a Gonzalo Arango como "el primer desnudado en esta pobrsima tierra colombiana", como lo llama en las oscuras pginas de su penltima obra, el Libro de los viajes o de las presencias17. Pero fue con sus primeras y ms radicales enseanzas -lo laico como espacio necesario para una cultura crtica- que el nadasmo se fortaleci, y en su singular religiosidad donde reconfirm una de sus constantes: ese misticismo, vacuo y deletreo, que no saba bien dnde fijarse, hasta tal punto que en 1968 Jaime Jaramillo Escobar (X-504) bien poda preguntarse si el nadasmo no fue, en realidad, una escuela de msticos. De msticos degradados, bien entendido. Ciertamente el nadasmo, en el caso concreto de Gonzalo Arango, diluy toda su pugnacidad en una amorfa religiosidad, y a l son aplicables las palabras que en 1980 escribi J. Mario mostrando el cambio experimentado por algunos miembros del grupo: "Del existencialismo de los sesenta, de la podredumbre interior, del suicidio en potencia de la vida no vale nada, pase por obra y gracia de la gracia y no de la obra al misticismo psicodlico de los setenta, al esplendor interior, a la exaltacin generosa de la potencia de la vida y a la promesa extraterrestre de la salvacin". Como quien dice del asco a un cosmos parecido al de Teilhard de Chardin. Pero esta "revolucin al servicio de la barbarie", como la llamaba Gonzalo Arango en una de sus primeras obras de teatro, HK 111 (1960), se plante inicialmente ms como una poesa de la accin que como propuesta de renovacin literaria. Slo que, sin excluir, en ningn momento, la agresin como medio de sacudir las conciencias, comenzaron tambin a asumir su condicin de escritores, publicando sus primeras obras. Al saludar la aparicin de las dos piezas iniciales de Gonzalo Arango, Nada bajo el cielo raso y HK 111 -dos obras esquemticas en las cuales se instalaba profesionalmente en el absurdo, sin por ello amortiguar su buclico lirismo- Hernando Valencia Goelkel, recapitulando lo que haban sido estos primeros aos, deca: "Para los nadastas, ese grupo de jvenes antioqueos decididos a tomarse la fama por asalto, la primera etapa de su operacin
literaria ha resultado fructfera. La polica, la prensa, las autoridades eclesisticas y las ligas de padres de familia les han prestado una invaluable cooperacin, como se dice: sta sera la hora en que los valores consagrados de las letras colombianas deberan sentirse trmulos ante la insurgencia nadasta si en el pas hubiera valores consagrados, y si en el prestigio reducido que el pblico acuerda a nuestros letrados hubiera mayores diferencias entre el seor Caballero Caldern y el seor Amlcar U., por ejemplo. La candidez de los nadastas reside as, ante todo, en sus pretensiones de buscar para su escndalo un mbito de resonancia dentro de la literatura; en haber ignorado, con explicable candidez, que al pas no se le da nada de sus literatos, que la gran parroquia 'intelectual' colombiana viene a ser, en realidad, mucho ms pequea que la ms pequea de las parroquias de Medelln"18. En esa esfera subalterna, la de la literatura, ejerceran su actividad. El resultado, en relacin con Gonzalo Arango, no fue precisamente alentador. Sus cuentos, reledos hoy, resultan incmodos por su sentimentalismo e ingenuidad19; muchas de sus prosas, cursis e hiperblicas, anulan el furor de varios apartes, cargados de rabia. Y su teatro -Los ratones van al infierno, La consagracin de la nada (1964)- mereci ya en el momento de su aparicin crticas como la de Helena Arajo, quien deca: "De angustia existencial, el nadasmo ha pasado a ser doctrina fraterna (...). La angustia no llega a ser ms que balbuceo contra el irrisorio pero implacable destino. Y la obsesin por los desvalidos un convencional idealismo que no realiza ni integra el talento incipiente de Gonzalo Arango20. Talento que sin lugar a dudas es mucho ms visible en el volumen de su correspondencia editado por Eduardo Escobar, en 1980. En esta Correspondencia violada, como se titula, es factible reconstruir, desde dentro, los avatares del nadasmo, hechos de fraternal camaradera y candoroso mpetu cuestionador. De lirismo trasnochado y despiste intelectual. De perspicacia innegable y de precariedad en la informacin; repetan, como novedosos, gestos que ya eran viejos a comienzos de siglo. Talento real el de Gonzalo Arango que lamentablemente habra de verse erosionado por su labor periodstica, para ganarse la vida (La Nueva Prensa, 1963-1964; Cromos, donde firmaba con el pseudnimo de Aliocha, 1966-1967; El Tiempo, 1968-1969). Un trabajo notable, no slo a nivel de reportera, como lo demuestra su entrevista a Martn Emilio Cochise Rodrguez, campen de la vuelta ciclstica a Colombia, incluido por Daniel Samper en su Antologa de grandes reportajes colombianos (1976), sino en la beligerancia de varias de sus columnas de opinin. Otras formas donde su talento habra de manifestarse con garra y aunque ya al final estuviera aquejado de cierta reiteracin montona, son la polmica y el panfleto, tanto en los manifiestos del grupo como en sus ataques directos contra Calibn, Manuel Meja Vallejo, Eduardo Caballero Caldern, Jorge Padilla, Jaime Meja Duque, scar Collazos, Marta Traba, Eduardo Gmez, Jorge Zalamea, Gabriel Garca Mrquez. Son tambin legibles algunas diatribas contra ya fallecidos escritores colombianos -Julio Flrez, el Indio Uribe-, lo mismo que su informe sobre las matanzas de indgenas en Planas. Y la defensa constan te de los valores de vanguardia, entendiendo dicha denominacin en un sentido muy amplio: Henry Miller o Bertold Brecht, Genet o una pelcula como Los tramposos, el nacimiento de los hippies, Carly Chesmann, Charles Manson y un bandolero como Desquite. Esto, que en un primer momento era una reivindicacin de la marginalidad, termin por convertirse en una apologa del sensacionalismo. La lucha emprendida justificaba utilizar cualquier elemento, sin distinguir mucho su especificidad. Al final, tal bartiburrillo no slo acentuaba la incoherencia, lo cual, dentro de sus propsitos, pareca razonable. Lo malo es que tambin debilitaba su prosa: era el mismo esquema aplicado a cualquier circunstancia. Raptos idnticos y exabruptos similares.
Los nadastas, como ya insinubamos, hicieron tabla rasa de la literatura colombiana, buscando otras fuentes en qu nutrirse, y tenan razn. En el suplemento "Esquirla", del peridico El Crisol, de Cali, al cual estuvo vinculado J. Mario entre 1959 y 1962, publicaron tanto "Aullido" de Allen Ginsberg como apartes de la Antologa de la poesa surrealista de Aldo Pellegrini -aparecida en 1961-, tanto a Vicente Huidobro como a Ernesto Cardenal, y establecieron intercambio con grupos similares de Amrica Latina: los mufados de Argentina, los tzanticos de Ecuador, "El Techo de la Ballena" en Caracas y los redactores de El Corno Emplumado en Mxico. Lo que Stefan Baci en 1966 llamara "la generacin beat latinoamericana"21. La vinculacin a dicha vertiente implicaba tambin el rescate de algunas de las figuras malditas que el surrealismo haba puesto en circulacin. El Ojo Pop, revista cuyo nico nmero apareci en Cali en 1966, al cuidado de J. Mario, reproduca, por ejemplo, textos de Sade, Lautramont y Arrabal. Se trataba, en definitiva, de recuperar los "50 aos de atraso en poesa", como haba titulado X-504 un ensayo suyo aparecido en 1960, en el cual mostraba cmo la poesa en Colombia se hallaba amordazada por los prejuicios morales y retricos, junto a la coaccin religiosa y poltica. "Tierra de copleros y serenateros, Colombia es un pas cerrado para la poesa moderna". Abrir esa puerta en forma parcial, estrepitosa y confusa -su espontanesmo fue equivalente a su incultura-, es uno de los mritos reales del nadasmo. Y el hecho de acompaar dicha accin con un propsito que al menos tericamente trataron de mantener parece positivo. Como dijo J. Mario: "Nos pudre la sociedad en que vivimos, pero si esta sociedad se transforma nosotros tambin nos transformamos para seguir podridos. Nosotros no transigimos", con todo el eco que all pervive del poeta maldito. Del paria que disfruta siendo el perpetuo perseguido. Otro punto que conviene tomar en cuenta fue la forma como el nadasmo permiti el acceso de la "pequea burguesa inferior" al campo de las letras, como lo ha explicado un socilogo, en su cmica jerga, estableciendo una ruptura que a pesar de todos los compromisos adquiridos mantuvo su carcter iconoclasta, aunque la pureza inicial pronto se troc en cinismo. Concretndonos, por ahora, a Gonzalo Arango, vemos que, si bien l public en 1968 un libro, El oso y el colibr, que es una eufrica semblanza de ese turista ruso de la poesa, Eugenio Evtuschenko, de gira entonces por Colombia, es conveniente constatar cmo a todo lo largo de estos aos que coinciden, en Colombia, con el nacimiento del Frente Nacional, el desarrollo de la disidencia liberal conocida como MRL y la actividad guerrillera, en sus di versas lneas, incluyendo la muerte del sacerdote Camilo Torres; en Amrica Latina, con el inicio de la revolucin cubana; y en el mundo, con las tensiones de la guerra fra y el espectro de la bomba de hidrgeno amenazando resolver el conflicto entre Rusia y Estados Unidos, como lo formulan varios textos nadastas, ellos delimitaron para su actividad verbal un mbito especfico: el de la creacin artstica. Siempre proclamaban que su asunto era la vida, pero lo hacan escribindolo. "No se puede criticar a los nadastas porque no hacen tal o cual cosa. Ellos son slo artistas y pedirles otra cosa distinta de su arte sera como criticar al carpintero porque no hace el pan. Pero en Colombia es as. A cada uno lo quieren poner a desempear un oficio que no es el suyo. As vemos a los escritores tratados como sirvientes, y a las amas de casa laureadas como escritoras. Y vemos a algn pesado crtico literario descalificando al nadasmo porque no hace la revolucin comunista. Por qu no la hace l si es tan guapo?", como aclar X-504 en el "Manifiesto amotinado" de 1967.
Pero esta opcin por la disidencia continua -dentro de la cual es justo destacar el ingenio publicitario del grupo y la gran capacidad divulgadora de Gonzalo Arango, quien a travs de giles reportajes, utilizando los medios de comunicacin de masas a los cuales se hallaba vinculado, present a la opinin pblica toda u generacin, haciendo de la literatura, en sus aspectos ms epatantes y llamativos, otro producto de consumocontrastaba con muy convencionales intervenciones en el campo de la poltica, como su discurso de septiembre de 1968 en el buque "Gloria" -buque escuela de la marina colombiana, en el cual, en septiembre de 1976, fueron decomisados 28 kilos de cocana-, elogiando al entonces presidente de la repblica, Carlos Lleras Restrepo, a quien calific de "poeta de la accin", o su adhesin, en 1970, a la candidatura presidencial de Belisario Betancur respaldada por el partido conservador. Octavio Paz, en Los hijos del limo (1974), ha escrito que "la historia de la poesa moderna es la historia de las oscilaciones entre dos extremos: la tentacin revolucionaria y la tentacin religiosa". En ambas cay Gonzalo Arango y ambas torcieron su impulso. Quien firmaba el "Terrible 13 manifiesto nadasta" -escrito, segn sus propias palabras, luego de una noche de mezcalina- como Gonzalo Arango, "el enviado de Dios", era el mismo que en sus dos ltimos libros, Providencia (1972) y Fuego en el altar (1974), haba reducido su lenguaje a una flcida copia del Saint Exupry de El principito, en versin subdesarrollada y ya ineficaz del todo en el plano literario. Sermn y aplogo, su anterior virulencia haba desaparecido, convertida en trillada frmula de redencin. Un sermn atmico, s, pero perfectamente banal. "Retorno a Cristo" y "Retorno a Bolvar" son los ttulos de sus dos ltimas conferencias, que no alcanz a pronunciar -muri en un accidente automovilstico el 25 de septiembre de 1976-, y que cierran su periplo como escritor fijando en las mismas sentencias hueras que haba denigrado su obsesin: quera ser en realidad un Profeta, un Mesas propagando su verdad. Slo que Gonzalo Arango haba muerto simblicamente varios aos antes, en 1963, cuando los miembros del grupo quema ron en el puente Ortiz de Cali su efigie e incineraron sus escritos a raz de una "Tarjeta de Navidad para GOG" (Gonzalo Gonzlez, en ese entonces director del Magazn Dominical de El Espectador, quien haba editado profusamente sus escritos), tarjeta en la cual Gonzalo Arango cancelaba, a nombre del nadasmo, su "etapa de desesperacin nihilista y el derrotismo que lo caracteriz en sus primeras contiendas", es decir, de 1958 a 1963: "Dar testimonio de mi Actitud Nadasta a travs de la creacin y no de la alucinacin", "No ms el Navo Ebrio de Rimbaud para justificar nuestro falso genio potico naufragando en mares de nicotina". Este cambio de rumbo exasper a los otros nadastas, reunidos en Cali, y la respuesta, adems de la hoguera, no se hizo esperar. Quiz la ms pertinente sea la de Jaime Jaramillo Escobar: "He ledo que ahora te preocupas de que no le pase nada malo a nadie, y que andas muy enredado con la dignidad del hombre. Ahora te tomas en serio. Lo siento por el humorismo que desperdicias. Ests irreconocible. De un momento a otro te has puesto a adorar la sociedad. Seguramente esperas que te den algo. Pero te equivocas. Si eres un verdadero artista, la sociedad no tiene nada que darte. Y el poeta se dejar revolcar, pero no pactar. Los que pactan son todos aquellos a quienes combatimos y despreciamos. Cuando todos nosotros estemos muertos, los jvenes sern nadastas"22. Un tenso razonamiento que recuerda aquel clebre aforismo de Lichtenberg: "Me ha resultado convincente muchas veces que ser aceptado por la posteridad exige haber sido odiado por la sociedad, de manera que me siento inclinado a atacar a todo el mundo". Jaime Jaramillo Escobar conclua su "Tarjeta de luto a Gonzalo Arango" con este
golpe de gracia: "Gonzalo Arango ha muerto. Viva el nadasmo!". Se haba librado de su progenitor. Podan emprender su obra personal. Gonzalo Arango acept con humor este parricidio. Y respondi al mismo con lo que denomin "Manifiesto capital: las promesas de Prometeo", en el que expona, ampliadas, sus tesis humanistas y el compromiso afectuoso" con el peatn cotidiano: "El mito que slo se alimenta de s mismo termina por devorarse. Y la triste realidad es que el nadasmo ha quemado sus exiguas energas y sus promesas en el exhibicionismo y el escndalo por el escndalo. Dnde estn sus obras de cuatro aos de lucha, de rebelin y negatividad?"23. La pregunta era retrica; los nadastas se respondan a s mismos: no haba nada. A ella iban a seguir, durante varios aos, actividades que parecan mucho ms "positivas": publicacin de antologas y libros individuales; conferencias ya aceptadas y no defendidas a puos; festivales de vanguardia que incorporaban teatro, plstica y msica; exposiciones del libro intil, donde adems de quemar, en el parque Jorge Isaacs de Cali, ejemplares de los principales peridicos colombianos, fueron colgados de los rboles Mariay La vorgine, el catecismo del padre Astete y la Constitucin Nacional, Un ao de gobierno de Alberto Lleras y los ensayos de Silvio Villegas; difusin a nivel internacional de sus escritos gracias a revistas como la ya mencionada El Corno Emplumado, de Mxico, o Zona Franca, de Caracas; concursos nadastas de poesa, ganados por Alvaro Mutis y Jaime Jaramillo Escobar, y de novela, oponiendo una literatura de alcantarilla al premio ESSO, organizado por la compaa norteamericana en asocio con la Academia Colombiana de la Lengua. A propsito de los ganadores del premio nadasta, Pablus Gallinazus y Humberto Navarro, dijo Hernando Valencia en la revista Eco, en 1966: "Uno de los problemas del nadasmo, y no peculiar a estos autores sino comn a casi toda la literatura colombiana, es esa apariencia de cobarda apariencia, pues es en verdad escasez de informacin- con que nos ensaamos contra adversarios derrotados. Las imprecaciones son tardas; las cleras, epigonales; las osadas -acaso subjetivamente esplndidas- son en realidad slo pequeos gestos impertinentes. As parece, por ejemplo, que ya ha concluido (triunfalmente para ellos) el combate entre los nadastas y la burguesa, mas slo ahora empieza a verse que confundan a la burguesa con la clase media"24. ste fue su problema: a la clase media no le interesaba la lectura. Prefera la televisin. Quiz por ello, ms tarde, el nadasmo busc vincularse con los grupos de msica go-go, la onda, el movimiento hippie. Composicin de canciones de protesta; viajes por todo el pas y por la estratosfera, gracias al cido lisrgico; retorno a un primitivismo ecolgico, de comunas y utopa, de artesana y turismo; preparacin de nuevos manifiestos y de la revista Nadaismo 70; solidaridad con Fidel Castro, en el caso Padilla, con Ernesto Cardenal y la revolucin sandinista. El nadasmo, como se ve, siempre quiso estar en primera fila. Pero en nuestra poca ninguna estrella aguanta ms de dos o tres temporadas. Es inexorablemente devorada por el apetito del pblico. Ni los Beatles soportaron tal zarandeo. De todos modos, luego de los incidentes de fines de 1962 y comienzos de 1963, algo se haba roto dentro del nadasmo: era distinto. Quien efectu un buen anlisis de estos primeros aos -los aos de Gonzalo Arango y el clima nadasta- fue el narrador venezolano Adriano Gonzlez Len, miembro fundador de El Techo de la Ballena, grupo afn al nadasmo, quien de 1961 a 1967 realiz en Venezuela intensa labor de agitacin, orientada ms tarde -bajo el influjo cubano y la guerrilla urbana en su pas- hacia la militancia poltica, y quien luego de vivir algunos meses en Bogot public en la revista Cal de Caracas un extenso informe titulado "Una peste llamada el Nadasmo".
Deca Gonzlez Len: "Un acontecimiento singular, que conmovi al mundo, volvi nuestro punto de mira sobre la vieja tierra de los chibchas. 'El Bogotazo' tiraba por el suelo aos de 'ejercicio cvico y respeto ciudadano'. El orden ateniense constituido sobre los valles del Magdalena se volva trizas, cuando viejas estructuras se vieron amenazadas por una ciega y desenfrenada furia popular, que an sin objetivos bien claros comenzaba a arremeter contra pesadas o que disfrazan la podredumbre con paos finos, caridad cristiana y cuantiosas citas de la ley y los recursos del orden"25. Despus de reconocer la importancia del grupo de la revista Mito, cuyo ltimo nmero estuvo dedicado al nadasmo, Gonzlez Len seala la necesidad de un "nihilismo al rojo vivo" para llevar hasta sus ltimas consecuencias el combate emprendido: "Contra una sociedad pacata que blanda el pecado como frmula para apaciguar toda relacin humana, los nadastas se abrieron hacia formas ms desnudas de vitalidad"26. Este mrito, y el peligro que los acecha de hacer concesiones, en aras de la figuracin (all donde la pose va secando la creatividad), son anota dos, al igual que lo significativo de una actitud semejante en un pas como Colombia: "Su impacto, su fiebre, su turbulenta existencia", concluye Gonzlez Len, "abrieron un fosa profunda en la literatura tradicional de Colombia. Sus actos descarnados y su agresividad han contribuido como ningn otro movimiento al despliegue polmico y a la turbacin de un sentido a menudo provinciano en el mundo de las letras y del arte"27. Y aunque con innegable exageracin el nadasmo ha reclamado como suyo un radical cambio en las costumbres colombianas, olvidando las modas sucesivas que imponen los imperialismos -llmense Estados Unidos o Francia-, desde la minifalda al consumo masivo de marihuana, desde la corrupcin oficial hasta el hedonismo de las nuevas generaciones, desde el inters por el Oriente hasta la militancia tercermundista, s es cierto que l populariz consignas renovadoras contra las buenas costumbres y la moral tradicional de un pas catlico a ultranza, desacreditando, de paso, varias instituciones culturales caducas de la vida nacional. Y esto gracias a su desbordante afn de comunicacin en todos los rdenes, desde la befa hasta la bufonera, y desde la bobera hasta la nueva belleza de varios de sus textos poticos, de innegable valor28. A ellos prestaremos atencin individual ahora, teniendo en cuenta la renovacin atmosfrica que el nadasmo, a travs de Gonzalo Arango, propici. Y teniendo en cuenta, ante todo, las justas palabras de Jaime Jaramillo Escobar: "A nosotros no tienen que reprocharnos nada, porque no hemos ofrecido cosa alguna distinta a la desesperacin y la poesa. Desde el principio avisamos que ramos intiles, pero que haramos malabarismos para sobrevivir". La poesa y los poetas nadastas En Colombia la poesa ocupa un lugar sui gneris dentro de la mitologa literaria. No es extrao por ello que el coronel Aurelia no Buenda entretuviera sus ocios de guerrero terminando el poema del hombre que se extravi en la lluvia. Al igual que la violencia, la poesa ha estado ntimamente ligada al destino de esta nacin -demasiado joven- en sus pocos aos de vida independiente (1810), pero consciente de algn modo de su tradicin literaria. Crticos acrrimos de ella fueron precisamente los poetas que a comienzos de los aos sesenta fundaron el ltimo de los ismos, el nadasmo, mezclando, como ya se ha dicho, elementos del surrealismo, el existencialismo francs y labeat generation norteamericana,
de Henry Miller a Kerouac, con su reaccin muy natural ante el estado de cosas de un pas injusto socialmente, inestable polticamente y purgado de su anacronismo a travs de un afn de modernizacin tan radical que dej como saldo ms de 200.000 muertos. Ante este panorama, que era a la vez tan convulsivo como esttico, los nadastas intentaron sacudir la modorra de ciudades provincianas, y no slo a nivel intelectual, a pesar del vertiginoso crecimiento urbano que las alteraba por aquellos aos. Pidieron por boca de uno de ellos, Eduardo Escobar, un "Regreso al rugido": "No podemos aceptar que la sociedad modele nuestra personalidad y queremos manifestar la deformidad del alma. Y no con palabras. La palabra est desgastada y vieja y podrida. Abajo el pensamiento, todos estamos locos! Las palabras estn perdidas en los cuadernos del poeta. Hay que bramar ahora, y que terminen los engaos"29. Pero la sinceridad del desprecio no poda mantenerse con tal intensidad por mucho tiempo. Era necesario reflexionar sobre l, profundizando en sus causas y rescatando de paso lo poco vlido de una historia literaria inflada al mximo para recompensar quiz con su falso brillo la pobreza de los por entonces 16 millones de habitantes. La parca herencia salvada del naufragio se reduca a los nombres de Jos Asuncin Silva30, Len de Greiff, Jorge Gaitn Durn y lvaro Mutis. Por su parte, dos de los poetas nadastas, Mario Rivero y Jaime Jaramillo Escobar, fueron los que ms lejos llevaron la bsqueda de una palabra que lograse expresar las nuevas realidades, otorgndole un aliento renovador a lo que hasta entonces se haba realizado. Gradas a dichos trabajos el nadasmo justific su actitud nihilista. http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/literatura/hispo/hispo10a.htm