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Paradojas Matemáticas Históricas

Este documento resume cinco importantes paradojas matemáticas a lo largo de la historia: la paradoja de Zenón, la paradoja del cuerno de Gabriel, la paradoja del conjunto de Cantor, la paradoja de Russell y la paradoja del mentiroso. Explica cómo cada una surgió y su impacto en el desarrollo de las matemáticas, destacando que a pesar de parecer contradicciones lógicas, las paradojas han impulsado avances al revelar limitaciones conceptuales.

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Paradojas Matemáticas Históricas

Este documento resume cinco importantes paradojas matemáticas a lo largo de la historia: la paradoja de Zenón, la paradoja del cuerno de Gabriel, la paradoja del conjunto de Cantor, la paradoja de Russell y la paradoja del mentiroso. Explica cómo cada una surgió y su impacto en el desarrollo de las matemáticas, destacando que a pesar de parecer contradicciones lógicas, las paradojas han impulsado avances al revelar limitaciones conceptuales.

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Paradojas Matem aticas a lo largo de la Historia

Universidad de El Salvador Facultad de Ciencias Naturales y Matem atica Escuela de Matem atica Asignatura: Metodolog a de la Investigaci on Instructor: Msc. Francisco Melgar Jorge Balmore Flores Tejada Mario Enrique Hernandez Carpio Edgar Antonio Padilla Campos Walter Alexander Reyes Arias FT09006 HC09001 PC09004 RA09005

Ciudad Universitaria, 4 de julio de 2012

Indice
1. Justicaci on 2. Introducci on 3. Objetivos 3.1. Objetivos Generales . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 3.2. Objetivos Espec cos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 4. Contenido 4.1. Paradoja de Zen on . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 4.1.1. R eplica a la Paradoja . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 4.2. Paradoja del Cuerno de Gabriel . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 4.2.1. Historia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 4.2.2. Ecuaci on Matem atica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 4.3. Paradoja del Conjunto de Cantor . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 4.3.1. Construcci on Geom etrica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 4.3.2. Algunas propiedades importantes del conjunto de Cantor . . . . . 4.4. Paradoja de Russell . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 4.4.1. La paradoja en t erminos de conjuntos . . . . . . . . . . . . . . . . 4.4.2. Enunciado formal de la paradoja . . . . . . . . . . . . . . . . . . 4.4.3. La paradoja en t erminos del barbero . . . . . . . . . . . . . . . . 4.4.4. Explicaci on de la paradoja . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 4.5. Paradoja del Mentiroso (Teoremas de incompletitud de la Matem atica) . 4.5.1. Primer Teorema de G odel . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 4.5.2. Segundo Teorema de G odel . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 4.5.3. Numeracion de G odel . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 3 4 5 5 5 6 6 6 8 8 9 10 11 12 15 15 15 15 16 18 19 19 20

4.5.4. Expresabilidad Recursidad . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 4.5.5. Diagonalizaci on . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 4.5.6. Demostraci on del primer teorema . . . . . . . . . . . . . . . . . . 4.5.7. Demostraci on del segundo teorema . . . . . . . . . . . . . . . . . 4.5.8. Mal entendidos entorno a los teoremas G odel . . . . . . . . . . . . 5. Metodolog a 6. Conclusiones

22 22 23 23 24 25 26

1.

Justicaci on

El af an de estudiar algunas de las m as conocidas paradojas, que a lo largo de la historia han visto la luz en el a rea de la matem atica, surge a partir de la necesidad de reconocer la importancia que ellas han tenido para el desarrollo de la misma y en general de la falta de conocimientos que de este hecho tienen las alumnas, alumnos e inclusive los docentes en esta a rea. Las paradojas han sido de vital importancia para conocer mejor el mundo de las matem aticas, ya que por medio de estas hemos obtenido ideas m as claras acerca de las formas en que estas est an constituidas Por lo cual consideramos que es importante rescatar y promover el esp ritu emprendedor y la ingeniosa pericia que distingue a los m as grandes matem aticos y, en general a los m as grandes cient cos de todos los tiempos, quienes han sido capaces de descubrir y sistematizar fen omenos que por su elevada naturaleza escapan de la imaginaci on humana, porque han presentado una prueba que reta nuestra astucia y que todo amante de la matem atica: como nosotros, debe conocer e intentar.

2.

Introducci on

En grandes t erminos podemos decir que una paradoja es una idea extra na, opuesta a lo que se considera verdadero o a la opini on general, es una proposici on aparentemente verdadera que conlleva a una contradicci on l ogica o una situaci on que infringe el sentido com un. Las paradojas son utilizadas por los l osofos para revelar la complejidad de la realidad y mostrar las limitaciones de las herramientas de la mente humana. En este sentido, conceptos aparentemente simples y razonables pueden impulsar importantes avances en las ciencias, la losof a y las matem aticas. En el presente trabajo mostramos, en s ntesis, aspectos de importancia concernientes a cinco de las mas conocidas paradojas surgidas en a reas de las matem aticas como el calculo innitesimal con la paradoja de Aquiles y la tortuga y, la paradoja del cuerno de Gabriel, la teor a de conjuntos con la paradoja de Russel y, la paradoja del conjunto de Cantor, la l ogica matem atica con la paradoja del mentiroso , expresada por Godel en lenguaje matem atico y que diera origen a sus importantes teoremas de incompletitud. Tambi en que el camino del desarrollo de las matem aticas se encuentra lleno de dicultades muchas veces surgidas de los conceptos aparentemente m as simples, las cuales sin embargo con tenacidad e ingenio son el punto de partida para la consecuci on de nuevos resultados y como estos pueden enriquecer la estructura de las matem aticas o evidenciar sus falencias. Tambi en ejemplicamos al describir el contexto en que surge la teor a de conjuntos de Cantor, la inconveniencia de cerrarse a la posibilidad de la innovaci on que aunque valedera desaf e la teor a ya establecida. Todo lo anterior con la intenci on de adentrar al lector en el fascinante terreno de las paradojas matem aticas y motivarle a profundizar en el.

3.

Objetivos

3.1.

Objetivos Generales

Mostrar la importancia que tienen las paradojas en la historia de las matem aticas

3.2.

Objetivos Espec cos

Conocer las consecuencias que tuvieron la paradoja del conjunto de Cantor y la paradoja de Russell en las matem aticas. Comprender la trascendencia del c alculo innitesimal como herramienta del conocimiento cient co al explicar fen omenos que antiguamente conduc an a paradojas Identicar el papel de los teoremas de incompletitud de G odel en la losof a de las matem aticas.

4.

Contenido

4.1.

Paradoja de Zen on

Aquiles, llamado el de los pies ligeros y el m as h abil guerrero de los aqueos, quien mat o a H ector, decide salir a competir en una carrera contra una tortuga. Ya que corre mucho m as r apido que ella, y seguro de sus posibilidades, le da una gran ventaja inicial.

Figura 1: Aquiles tras la tortuga

Al darse la salida, Aquiles recorre en poco tiempo la distancia que los separaba inicialmente, pero al llegar all descubre que la tortuga ya no est a, sino que ha avanzado, m as lentamente, un peque no trecho o distancia. Sin desanimarse, sigue corriendo, pero al llegar de nuevo donde estaba la tortuga, esta ha avanzado un poco m as. De este modo, Aquiles no ganar a la carrera, ya que la tortuga estar a siempre por delante de el.

4.1.1.

R eplica a la Paradoja

Una interpretaci on moderna, basada en el c alculo innitesimal que era desconocido en esa epoca de Zen on, propone que Aquiles realmente alcanzar a a la tortuga, ya que, como demostr o el matem atico escoc es James Gregory (1638-1675), una suma de innitos t erminos puede tener un resultado nito. Los tiempos en los que Aquiles recorre la distancia que lo separa del punto anterior en el que se encontraba la tortuga son cada vez m as y m as peque nos, y su suma da un resultado nito, que es el momento en que alcanzar a a la tortuga. 6

Otra manera de plantearlo es que Aquiles puede jar un punto de llegada que est a metros delante de la tortuga en vez del punto en que ella se encuentra. Ahora, en vez de cantidades innitas, tenemos dos cantidades nitas con las cuales se puede calcular un intervalo nito de tiempo en el cual Aquiles pasar a a la tortuga. Otra forma de encarar el problema es huyendo del an alisis innitesimal, cuyo planteamiento matem atico se desconoc a en tal epoca, para reconvertirlo en an alisis discreto: Fil pides el campe on ol mpico al que se orden o que abandonara las las del ej ercito para comunicar a Atenas la victoria conseguida sobre los persas en la playa de Marathon no recorre espacios innitesimales, sino discretos, que podemos denominar zancada. A cada zancada le podemos asignar un espacio concreto. Por ejemplo podemos suponer que Fil pides recorre un metro a cada zancada. Ahora el problema se reduce a la comparaci on de velocidades relativas: calcular en qu e momento la u ltima zancada de Fil pides recorrer a una distancia mayor a la que haya podido recorrer la tortuga en el mismo tiempo, incluso aunque no sepamos denir la distancia exacta que la tortuga recorrer a. Es decir, basta que una de las variables sea discreta y que podamos suponer que, en determinado tiempo, puede superar a las distancias innitesimales, para demostrar, incluso te oricamente, que el movimiento existe. Lo que s es seguro que la soluci on no puede salir de una argumentaci on distinta a la original, sino del estudio del enunciado original, lugar en el que se encuentra el error, mal entendido, o paradoja. Para plantear una serie que modele la paradoja de Aquiles y la Tortuga se hace una serie que sume la mitad, luego la mitad de la mitad, luego la mitad de la mitad de la mitad y as , hasta el innito:

n=1

1 1 1 1 1 1 = + + + + + n 2 2 4 8 16 32

La serie que se plantea anteriormente es una serie geom etrica, por lo que su suma puede ser calculada con la siguiente f ormula: a suma = 1r En la sumatoria de la paradoja de Zen on, a: es el valor inicial de la sucesi on, r: es la 1 1 1 . raz on de incremento (producto), osea 2 r = 4 , luego de despejar r, tenemos que r = 2 entonces sustituyendo en la formula suma, tenemos: suma =
1 2

1 2

1 2 1 2

=1

Entonces se tiene que la suma de la mitad de ((algo)) m as la mitad de la mitad de ((algo)) y as sucesivamente da 1, ((algo)) completo. Esto tambi en es aplicable a la paradoja, la mitad de la distancia, m as la mitad de la mitad de la distancia y as sucesivamente da como resultado la distancia entera. Por lo tanto se concluye que, recorriendo innitas mitades es posible recorrer toda la distancia. 7

4.2.

Paradoja del Cuerno de Gabriel

El Cuerno de Gabriel (tambi en llamado Trompeta de Torricelli) es una gura geom etrica ideada por Evangelista Torricelli que tiene la caracter stica de poseer una supercie innita pero un volumen nito. Es la supercie de revoluci on que se obtiene al girar, 1 alrededor del eje X , el gr aco de la funci on F (x) = , con dominio x 1. x

Figura 2: Cuerno de Gabriel

4.2.1.

Historia

En el momento de su descubrimiento, fue considerado una paradoja. Esta paradoja aparentemente ha sido descrita de modo informal se nalando que ser a necesaria una cantidad innita de pintura para cubrir la supercie interior, mientras que ser a posible rellenar toda la gura con una cantidad nita de pintura y as cubrir esa supercie. La soluci on de la paradoja es que un a rea innita requiere una cantidad innita de pintura si la capa de pintura tiene un grosor constante. Esto no se cumple en el interior del cuerno, ya que la mayor parte de la longitud de la gura no es accesible a la pintura, especialmente cuando su di ametro es menor que el de una mol ecula de pintura. Si se considera una pintura sin grosor, ser a necesaria una cantidad innita de tiempo para que esta llegase hasta el ((nal)) del cuerno.

Figura 3: Cuerno en 3D

En otras palabras, llegar a un momento en el que el espesor de la trompeta ser a m as peque no que una mol ecula de pintura con lo que, digamos, una gota de pintura cubrir a el resto de la supercie de la trompeta (aunque fuera innito). As , que la supercie de la trompeta sea innita no implicar a que la cantidad de pintura tenga que ser innita. 8

Pero la paradoja tambi en tiene soluci on incluso si suponemos una materia divisible indenidamente (o sea, si no existen los atomos). Si el grosor de la capa de pintura es variable y disminuye indenidamente (tendiendo a cero), la cantidad de pintura se calcular a por una integral impropia que podr a ser convergente. En este caso, el espesor de la capa de pintura forzosamente deber a ser igual o menor al valor de y, lo que hace que la integral impropia, en este caso, sea convergente, es decir, se necesita una cantidad nita de pintura.

4.2.2.

Ecuaci on Matem atica

1 El cuerno de Gabriel se forma utilizando la gr aca de: y = , con dominio x 1, x teniendo una asintota en x = 0. Y rot andola en tres dimensiones alrededor del eje x. Su descubrimiento es anterior al c alculo y fue posible gracias al Principio de Cavalieri1 . Es posible calcular tanto el volumen V como el area supercial A del cuerno entre x = 1 y x = a, donde a > 1 mediante integraci on (s olido de revoluci on y supercie de revoluci on):
a

V =
1

1 1 dx = 1 x2 a

1+ x

A = 2
1

1 x4

dx > 2
1

1 dx = 2 ln a x

a puede ser tan grande como se desee, pero en la ecuaci on se puede observar que el volumen del cuerno entre x = 1 y x = a, a nunca ser a igual a ; sin embargo, se acercar a m as y m as a conforme a crece. Matem aticamente, el volumen tiende a innito. Empleando l mites, el volumen puede expresarse de la siguiente forma: l m 1 1 a = 1 l m 1 a a = (1 0) =

Si dos cuerpos tienen la misma altura y ademas tienen igual area en sus secciones planas realizadas a la misma altura poseen entonces igual volumen.

4.3.

Paradoja del Conjunto de Cantor

Sabemos que en las ciencias cada novedad debe cimentarse rigurosamente, entre otras cosas, en un marco te orico previamente existente, pero tambi en es necesario comprender que, en este sentido, rigurosidad no signica cerrarse religiosamente a la posibilidad de la innovaci on, rechazando a capa y espada trabajos que puedan contribuir al desarrollo de las ciencias con la creaci on de nuevas y mejores teor as, o la mejor comprensi on de los viejos objetos de estudio. Sin embargo esta clase de prejuicios se encuentran en m as de una ocasi on en la historia de las ciencias y por supuesto en el a rea que este trabajo comprende las matem aticas. A principios del siglo XLX algunos destacados matem aticos como Gauss (17771855) solamente aceptaban la existencia del innito potencial, es decir el innito como una tendencia, como un comportamiento que nunca llega a su n por ejemplo un n umero real que crece indenidamente pero que nunca llega a alcanzar un m aximo, rechazando la existencia del innito actual que es la concepci on del innito como una totalidad, por ejemplo el conjunto de todos los n umeros naturales. En este sentido se negaba la posibilidad de que dos conjuntos innitos tuviesen distinta cardianalidad. Esta misma oposici on fue con la que se encontr o Georg Cantor (1845 1918) al presentar sus trabajos acerca de la teor a de conjuntos. Cantor deni o a los conjuntos como colecciones de objetos reales o abstractos lo que tuvo grandes consecuencias sobre la noci on de innito, ya que hay conjuntos que por su naturaleza son innitos actuales (como el conjunto ya mencionado de todos los n umeros naturales). Cantor llego a la conclusi on de que al igual que var a la cantidad de elementos de (cardinalidad) de los conjuntos nitos, tambi en var a la de los conjuntos innitos, es decir algunos conjuntos innitos son m as innitos que otros. Esto condujo a la formalizaci on y ampliaci on de ciertos conceptos como los de cardinalidad y ordinalidad adem as de generar esc andalo por transgredir con ello las ideas intuitivas acerca del innito. Por ejemplo a partir de los conjuntos nitos se extrapolaba a los innitos la idea de que el todo es mayor que las partes y as , en vista de la densidad de los n umeros racionales sobre la recta real y a la relativa rareza de los naturales sobre la misma resulta chocante a la intuici on que ambos conjuntos puedan ser de igual tama no. Por lo antes mencionado no resulta extra no que cuando Cantor demostr o que pod a establecer una correspondencia biun voca entre los puntos de un segmento y los de un rect angulo y comunic o este hecho a su maestro Leopold Kronecker, este exclam o lo veo pero no lo creo. Muchos matem aticos mostraron un f erreo rechazo al trabajo de Cantor Henri Poincar e condeno sus teor a de los n umeros transnitos como una enfermedad de la que alg un d a llegar an las matem aticas a curarse. Sin embargo fue Leopold Kronecker, partidario del constructivismo, el m as temible oponente, llegando su oposici on al grado de boicotear sus publicaciones y al de decir que Cantor era un charlat an, renegado, corruptor de la juventud.. Seg un el las matem aticas s olo pod an construirse correctamente si se recurr a 10

exclusivamente a los n umeros enteros y a un n umero nito de operaciones. Cantor reconoc a que el punto de vista constructivista ten a m eritos, pero que el purismo de Kronecker era abusivo y amenazaba con esterilizar el pensamiento matem atico. La raz on inmediata, manten a Cantor, para introducir los n umeros transnitos estaba en que eran necesarios para seguir avanzando en la teor a de conjuntos y en el estudio de los n umeros reales. Ahora que hemos contextualizado las circunstancias en que nace la teor a de conjuntos damos paso a tratar el singular conjunto que nos hemos propuesto El conjunto de Cantor. El que el conjunto innito de cantor, llamado as por ser aporte del matem atico alem an George Cantor, generara una paradoja se debe a que se puede demostrar que tiene la misma cardinalidad que un conjunto del cual es subconjunto propio y, por lo tanto intuitivamente mayor en cardinalidad, el intervalo [0, 1]. Para el conjunto de Cantor se tienen dos deniciones Denici on 4.1 (Num erica) Es el conjunto de todos los puntos del intervalo real [0, 1] que admiten una expresi on en base 3 que no utilice el d gito 1. Denici on 4.2 (Geom etrica) De car acter recursivo, que elimina en cada paso el segmento abierto correspondiente al tercio central de cada intervalo.

4.3.1.

Construcci on Geom etrica

Figura 4: Conjunto de Cantor

Se construye de modo recursivo dando los siguientes pasos: El primer paso es tomar el intervalo [0, 1]. El segundo paso es quitarle su tercio interior, es decir el intervalo abierto 11 1 2 , . 3 3

El tercero es quitar a los dos segmentos restantes sus respectivos tercios interiores, 1 2 7 8 es decir los intervalos abiertos , y , . 9 9 9 9 Los pasos siguientes son id enticos: quitar el tercio de todos los intervalos que quedan. El proceso no tiene n.

Demostraci on:
Para demostrar que el conjunto de Cantor y el intervalo [0, 1] tienen la misma cardinalidad primero consideramos escribir todos los n umeros del intervalo [0, 1] en base tres. Luego se nota que el quitar siempre el segundo tercio de cada segmento es equivalente a suprimir exactamente los n umeros que tienen al d gito 1 en su escritura en base tres, por 1 2 , 3 se eliminan a todos ejemplo cuando en la primera iteraci on retiramos el intervalo 3 1 los n umeros que empiezan por 0.1 con excepci on del 3 , que sin embargo puede escribirse 1 2 como 0.0222222 . . ., en base tres; en la segunda iteraci on retirar el intervalo 9 , 9 equivalente a eliminar todos los n umeros cuya escritura en base tres empiece con 0.01, tambi en 7 8 sucesivamente. el intervalo 9 , 9 corresponde a los empiezan por 0.21, y as Ahora construimos una funci on f sobreyectiva cuyo dominio sea el conjunto de cantor y cuyo rango sea el intervalo [0, 1], la cual denimos como sigue: a cada n umero en el intervalo [0, 1] que escrito en base tres se contenga solamente ceros y dos, se le hace corresponder, en base dos, un numero obtenido reemplazando todos sus dos por unos. Por ejemplo el 0.0022002 tiene como imagen el 0.0011001. Debido a ala manera en que denimos la funci on todo n umero real en el intervalo [0, 1] tendr a una pre imagen en el conjunto de Cantor, es decir la funci on f es sobreyectiva. Entonces la cardinalidad del intervalo [0, 1] es menor o igual que la del conjunto de Cantor, pero como este u ltimo esta incluido en el primero entonces su cardinalidad tambi en es menor o igual que la del intervalo [0, 1], en conclusi on: ambos conjuntos tienen la misma cardinalidad.

4.3.2.

Algunas propiedades importantes del conjunto de Cantor

Se sabe que conjunto de Cantor es de mucha utilidad en areas de la matem atica como topolog a, sistemas din amicos, teor a de la medida, a lgebra, entre otras. Tambi en se sabe que tiene caracter sticas importantes relacionadas con cada una de ellas, en especial con la topolog a, pero debido a que nuestra pretensi on es solo presentar una s ntesis del tema, no haremos esfuerzos por mostrar m as que aquellas para cuya comprensi on sean sucientes conocimientos b asicos para todo estudiante de matem aticas universitarias. 1. El conjunto de Cantor no posee puntos aislados en [0, 1]. 12

2. Todo punto del conjunto de Cantor posee una representaci on ternaria u nica. 3. El conjunto de Cantor no posee puntos aislados en [0, 1]. 4. El conjunto de Cantor posee dos tipos de puntos: los de primera especie que son los extremos de los intervalos abiertos eliminados durante el proceso de construcci on, estos son en cantidad contables. El resto de puntos es llamado de segunda especie, que son una familia de puntos no contables. 5. El conjunto conjunto de Cantor es homog eneo, en el sentido de que para cada par de puntos x, y en el existe un homeomorsmo del conjunto en si mismo tal que f ( x) = y . 6. Al calcular la suma de las longitudes de los segmentos eliminados se obtiene: 4 8 1 1 2 + + + + = 3 9 27 81 3

n=0

2n 1 = n 3 3

1 1

2 3

1 3=1 3

El conjunto de Cantor fue construido por primera ves a nales del siglo XLX para resolver un problema que ese hab a planteado en el marco de la naciente topolog a, de saber si un conjunto pod a cumplir con ciertas propiedades (ser totalmente disconexo o denso en si mismo, estos son conceptos propios de la topolog a y solamente haremos menci on de ellos) y fue utilizado por Cantor como herramienta de investigaci on en el 2 snalisis del continuo : El inter es de Cantor por este conjunto ha de contextualizarse en el debate sobre los fundamentos de la matem atica en el siglo XIX para percibir su importancia. En concreto en relaci on al concepto de n umero. Cantor present o su monstruo a la comunidad matem atica. Hab a creado un conjunto de n umeros del intervalo [0, 1] de medida cero (al lanzar un dardo matem atico al intervalo la probabilidad de dar en un punto del conjunto es nula) y al mismo tiempo el conjunto era no numerable, su cardinal era id entico al del intervalo [0, 1]. El conjunto es una delicia para top ologos: es totalmente 3 disconexo, cerrado y perfecto. Adem as este conjunto abre las puertas de la geometr a fractal, una rama joven y muy interesante de las matem aticas. Es considerado un cl asico por ser uno de los primeros fractales geom etricos los cuales, dicho sea de paso, fueron tachados de monstruos geom etricos por algunos famosos matem aticos de la epoca como Poincar e. Con el tiempo fue reconocida su importancia pues alentaron la b usqueda rigurosa de conceptos como innito, curva continua o dimensi on. Adem as este conjunto abre las puertas de la geometr a fractal, una rama joven y muy interesante de las matem aticas. Es considerado un cl asico por ser uno de los primeros fractales geom etricos los cuales, dicho sea de paso, fueron tachados de monstruos geom etricos por algunos famosos matem aticos de la epoca como Poincar e. Con el tiempo
La hip otesis del continuo dice: No existen conjuntos cuyo tama no est e comprendido estrictamente entre el de los enteros y el de los n umeros reales. 3 Referencia Externa: bit.ly/KP29Ev
2

13

fue reconocida su importancia pues alentaron la b usqueda rigurosa de conceptos como innito, curva continua o dimensi on.

14

4.4.

Paradoja de Russell

La paradoja de Russell o paradoja del barbero, descrita por Bertrand Russell en 1901, demuestra que la teor a original de conjuntos formulada por Cantor y Frege es contradictoria.

4.4.1.

La paradoja en t erminos de conjuntos

Supongamos un conjunto que consta de elementos que no son miembros de s mismos. Un ejemplo descrito es el que supone un conjunto que consta de ideas abstractas. Dicho conjunto es miembro de s mismo porque el propio conjunto es una idea abstracta, mientras que un conjunto que consta de libros no es miembro de s mismo porque el conjunto en s no es un libro. Russell preguntaba (en carta escrita a Frege en 1902), si el conjunto de los conjuntos que no forman parte de s mismos (es decir, aquel conjunto que engloba a todos aquellos conjuntos que no est an incluidos en s mismos, como el de libros en el ejemplo anterior) forma parte de s mismo. La paradoja consiste en que si no forma parte de s mismo, pertenece al tipo de conjuntos que no forman parte de s mismos y por lo tanto forma parte de s mismo. Es decir, formar a parte de s mismo s olo si no forma parte de s mismo.

4.4.2.

Enunciado formal de la paradoja

Llamemos M al conjunto de todos los conjuntos que no se contienen a s mismos como miembros. Es decir M = {x : x / x} (1) Seg un la teor a de conjuntos de Cantor, la ecuaci on (1) se puede representar por x x M x /x (2)

es decir Cada conjunto es elemento de M si y s olo si no es elemento de s mismo. Ahora, en vista de que M es un conjunto, se puede substituir x por M en la ecuaci on (2), de donde se obtiene M M M /M (3) Es decir que M es un elemento de M si y s olo si M no es un elemento de M, lo cual es absurdo.

4.4.3.

La paradoja en t erminos del barbero

La paradoja de Russell ha sido expresada en varios t erminos m as cotidianos, el m as conocido es la paradoja del barbero que se puede enunciar de la siguiente manera: 15

En un lejano poblado de un antiguo emirato hab a un barbero llamado As-Samet diestro en afeitar cabezas y barbas, maestro en escamondar pies y en poner sanguijuelas. Un d a el emir se dio cuenta de la falta de barberos en el emirato, y orden o que los barberos s olo afeitaran a aquellas personas que no pudieran hacerlo por s mismas. Cierto d a el emir llam o a As-Samet para que lo afeitara y el le cont o sus angustias: En mi pueblo soy el u nico barbero. No puedo afeitar al barbero de mi pueblo, que soy yo!, ya que si lo hago, entonces puedo afeitarme por m mismo, por lo tanto no deber a afeitarme! Pero, si por el contrario no me afeito, entonces alg un barbero deber a afeitarme, pero yo soy el u nico barbero de all ! El emir pens o que sus pensamientos eran tan profundos, que lo premi o con la mano de la m as virtuosa de sus hijas. As , el barbero As-Samet vivi o para siempre feliz. En l ogica de primer orden, la paradoja del barbero se puede expresar como: x af eita(x, barbero) af eita(x, x) (4)

Donde af eita(x, y ) signica x es afeitado por y . Lo anterior se leer a como Cada persona es afeitada por el barbero si y s olo si no se afeita a s misma. Es importante notar la semejanza entre las ecuaciones (2) y (4). Al substituir x por barbero se obtiene af eita(barbero, barbero) af eita(barbero, barbero) (5)

Es decir que el barbero se afeita a s mismo si y s olo si no se afeita a s mismo, lo cual es una contradicci on.

4.4.4.

Explicaci on de la paradoja

Los conjuntos son reuniones de cosas, por ejemplo de coches, libros, personas, etc. y en este sentido los llamaremos conjuntos normales. La caracter stica principal de un conjunto normal es que no se contiene a s mismo. Pero tambi en existen conjuntos de conjuntos, como P (M) 4 , que es el conjunto de subconjuntos de M. Un conjunto de conjuntos es normal salvo si podemos hacerlo que se contenga a s mismo. Esto u ltimo no es dif cil si tenemos el conjunto de todas las cosas que NO son libros y como un conjunto no es un libro, el conjunto de todas las cosas que NO son libros formar a parte del conjunto de todas las cosas que NO son libros. Estos conjuntos que se contienen a s mismos se llaman conjuntos singulares.
P (M) es llamado conjunto Potencia de M y se dene con el conjunto que contiene todos los subconjuntos de M
4

16

Est a claro que un conjunto dado o bien es normal o bien es singular, no hay t ermino medio, o se contiene a s mismo o no se contiene. Ahora tomemos el conjunto C como el conjunto de todos los conjuntos normales. Qu e clase de conjunto es C ? Normal o Singular? Si es normal, estar a dentro del conjunto de conjuntos normales, que es C luego ya no puede ser normal. Si es singular, no puede estar dentro del conjunto de conjuntos normales, luego no puede estar en C , pero si no puede estar en C entonces no es singular. Cualquier alternativa nos produce una contradicci on, esta es la paradoja. Sin embargo, tambi en existe la frase: Si en una peluquer a vemos el cartel: yo afeito a quienes no se afeitan a si mismos, y solamente a estos. Qui en afeita al barbero? Que muestra una soluci on m as sencilla pues ninguna de las armaciones expuestas muestra una idea de conjunto cerrado o estrictamente exclusivo.

17

4.5.

Paradoja del Mentiroso (Teoremas de incompletitud de la Matem atica)

La paradoja del mentiroso es en realidad un conjunto de paradojas relacionadas. El ejemplo m as simple de la misma surge al considerar la oraci on: ((Esta oraci on es falsa)). Dado el principio del tercero excluido, dicha oraci on debe ser verdadera o falsa. Si suponemos que es verdadera, entonces todo lo que la oraci on arma es el caso. Pero la oraci on arma que ella misma es falsa, y eso contradice nuestra suposici on original de que es verdadera. Supongamos, pues, que la oraci on es falsa. Luego, lo que arma debe ser falso. Pero esto signica que es falso que ella misma sea falsa, lo cual vuelve a contradecir nuestra suposici on anterior. De este modo, no es posible asignar un valor de verdad a la oraci on sin contradecirse. A trav es de los siglos, el inter es por resolver esta paradoja y sus variantes ha impulsado una enorme cantidad de trabajo en sem antica, l ogica y losof a en general. La versi on m as antigua de la paradoja del mentiroso se atribuye al l osofo griego Eubulides de Mileto, que vivi o en el siglo IV a. C. Supuestamente Eubulides dijo: Un hombre arma que est a mintiendo. Lo que dice es verdadero o falso? Esta famosa paradoja es la principal causa por la que surgen los teoremas de imcompletitud de G odel El primer teorema de incompletitud arma que, bajo ciertas condiciones, ninguna teor a matem atica formal capaz de describir los n umeros naturales y la aritm etica con suciente expresividad, es a la vez consistente y completa. Es decir, si los axiomas de dicha teor a no se contradicen entre s , entonces existen enunciados que no pueden probarse ni refutarse. Las teor as aritm eticas para las que el teorema es v alido son b asicamente aquellas en las que la deducci on de teoremas puede realizarse mediante un algoritmo. La prueba del teorema es totalmente expl cita: en ella se construye una f ormula, denotada habitualmente G en honor a G odel, para la que dada una demostraci on de la misma, puede construirse una refutaci on, y viceversa. Sin embargo, la interpretaci on natural de dicha sentencia en t erminos de n umeros naturales es verdadera. El segundo teorema de incompletitud es un caso particular del primero: arma que una de las sentencias indecidibles de dicha teor a es aquella que arma la consistencia de la misma. Es decir, que si el sistema en cuesti on es consistente, no es posible probarlo dentro del propio sistema. Las teor as formales T tienen una serie de rasgos en funci on de lo que son capaces de demostrar: T es consistente si es imposible demostrar una f ormula y tambi en su negaci on . T es completa si dada cualquier f ormula , existe una demostraci on de o de .

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4.5.1.

Primer Teorema de G odel

Teorema 4.1 (Primer teorema de incompletitud de G odel) Toda teor a aritm etica recursiva que sea consistente es incompleta. La demostraci on de los teoremas de incompletitud se basa en tres conceptos: 1. La numeraci on de G odel, que permite traducir las teor as formales a operaciones de aritm etica pura. 2. La potencia expresiva de las teor as formales aritm eticas, cuyas expresiones recogen dichas operaciones. 3. El lema diagonal, que permite que las f ormulas sean autorreferentes. El enunciado original debido a G odel, cuya demostraci on se esboza en esta secci on, es m as d ebil que el presentado arriba, ya que en lugar de la consistencia de la teor a T se exige una propiedad m as fuerte, la consistencia. Una teor a aritm etica es inconsistente si, para alguno de sus teoremas formales de la forma x, (x), puede refutarse cualquier caso particular, esto es, puede probarse ([n]), para cada numeral [n]. Una teor a que no es inconsistente se dice consistente. (Los numerales [n] son los s mbolos que utilice el lenguaje de la teor a para especicar los n umeros naturales concretos. En el ejemplo de la aritm etica de Peano en la secci on siguiente, los numerales son los s mbolos dados por: [0] 0, [1] S 0,[2] SS 0, etc.) La consistencia implica la consistencia (pero no al rev es). El enunciado ((fuerte)), en el que s olo se requiere la consistencia de la teor a fue probado por J. B. Rosser mediante un m etodo muy similar.

4.5.2.

Segundo Teorema de G odel

El enunciado del segundo teorema hace referencia a una f ormula, Consis T , que puede construirse en cualquier teor a T (ver m as abajo), y que arma que la teor a T es consistente. La sentencia Consis T expresa sencillamente, utilizando de nuevo la equivalencia entre demostraciones y operaciones num ericas, ((no existe una demostraci on de 0 = 1)) (la ausencia de demostraci on para alguna f ormula es equivalente la consistencia de la teor a, debido al principio de explosi on). Entonces se tiene: Teorema 4.2 (Segundo teorema de incompletitud de G odel) En toda teor a aritm etica recursiva que sea consistente, Consis T no es un teorema. 19

Para demostrar que Consis T no es un teorema, se ha de utilizar una vez m as la numeraci on de G odel y la capacidad expresiva de las teor as aritm eticas para convertir el primer teorema de incompletitud en el teorema formal Consis T xP (x), donde P es la propiedad mencionada anteriormente de ((ser una demostraci on de G)). Puesto que G arma su propia indemostrabilidad, este teorema formal es equivalente a Consis T G, por lo que si Consis T fuera demostrable, por pura deducci on formal G tambi en lo ser a, lo cual es imposible si T es consistente (seg un el primer teorema de incompletitud). El segundo teorema de incompletitud impone serias limitaciones a la hora de demostrar la consistencia de una teor a formal T : nunca podr a hacerse utilizando u nicamente la propia T . Si se utiliza una extensi on T en la que Consis T pueda demostrarse, la propia consistencia de T no podr a demostrarse ni en T ni en T .

4.5.3.

Numeracion de G odel

La numeraci on de G odel es una herramienta que permite relacionar las teor as formales con la aritm etica. El lenguaje de una teor a formal de primer orden est a compuesto por una cantidad a lo sumo numerable de signos, como por ejemplo: , , |, =, x, y, z, ..., 0, +, , S en el caso del lenguaje de la aritm etica de Peano, donde adem as de los s mbolos l ogicos y las variables, aparecen algunos s mbolos adicionales para la arim etica (donde S es el s mbolo para denotar ((el n umero siguiente a))). Tambi en el conjunto de todas las cadenas (sucesiones nitas de signos) es numerable, as como el conjunto de las sucesiones nitas de cadenas. Una numeraci on de G odel es una asignaci on de un u nico n umero natural para cada elemento de cada uno de estos tres conjuntos: signos, cadenas de signos y sucesiones de cadenas. Ejemplo 4.1 Una posible codicaci on para los signos, cadenas y sucesiones de cadenas es la siguiente. Para los signos se adopta: (()) 10, (()) 11, (()) 12, ((|)) 13, (( = )) 14, ((0)) 15, ((S )) 16, (( + )) 17, (( )) 18, ((x)) 20, ((y )) 2000, ((z )) 200000, ... Dada una cadena de signos, se adopta el criterio de ((apilar)) los n umeros de G odel de sus signos, con un 77 inicial para indicar que se trata de una cadena: ((x + [5] = 0)) se torna en: 77 20 17 16 16 16 16 16 15 14 15, es decir, en 7720171616161616151415 Para una sucesi on de cadenas de signos, puede adoptarse un convenio similar, con un 88 inicial, para indicar que se trata de una sucesi on: 20

La sucesi on ((0 = 1, y + 1 = 0)) se convierte en: 88 77 15 14 16 15 77 2000 17 16 15 14 15, es decir en: 8877151416157720001716151415 Puesto que la manipulaci on de estos signos, cadenas y sucesiones puede traducirse en manipulaci on de unos ciertos n umeros, tanto la sintaxis que distingue las cadenas de signos ((con sentido)) las f ormulas como el c alculo deductivo que distingue las sucesiones de cadenas ((que demuestran algo)) las demostraciones se ven traducidas a operaciones aritm eticas. Es decir, existen una serie de relaciones y funciones aritm eticas que se corresponden con las reglas sint acticas y del c alculo deductivo, como por ejemplo: Sig x : x es (el n umero de G odel de) un signo Cad x : x es (el n umero de G odel de) una cadena (de signos) (Se omite ((el n umero de G odel de)) en adelante) Suc x : x es una sucesi on (de cadenas) F orm x : la cadena x es una f ormula Ax x : la f ormula x es un axioma Cons(x, y, z ): ((x es una f ormula consecuencia inmediata de las f ormulas y y z )) Dem(x, y ): ((la sucesi on x es una demostraci on de la f ormula y )) La forma precisa de estas funciones y relaciones es laboriosa y depende del criterio que se haya escogido para efectuar la numeraci on de G odel. En particular la relaci on Ax x ha de construirse teniendo en cuenta un cierto conjunto de axiomas concreto, luego la relaci on Dem hace refencia a una teor a concreta que no se ha especicado. Ejemplo 4.2 Es sencillo entender ahora c omo deben denirse algunas de estas relaciones seg un la numeraci on de G odel mostrada antes: Sig x x est a entre 10 y 18 (ambos inclusive), o es de la forma 20100i (coni > 1) Cad x En base 10, x es de la forma 88n(s1)...n(sk ), donde cada n(si) representa las cifras de un n umero tal que Sig n(si) es cierto Suc x En base 10, x es de la forma 77n( 1) (sk ) donde cada n(i) representa las cifras de un n umero tal que Cad n(i) es cierto

21

4.5.4.

Expresabilidad Recursidad

Mediante la numeraci on de G odel, es posible ((traducir)) los signos y reglas de una teor a formal T en n umeros y operaciones aritm eticas. Es posible ir m as all a, ya que T es una teor a aritm etica y se pueden ((recodicar)) las mencionadas operaciones mediante el lenguaje formal de T, al igual que se puede hacer con otras funciones y relaciones aritm eticas como por ejemplo: La funci on ((multiplicar por 2)) est a representada por la f ormula: y = [2] x La relaci on de orden x y , puede expresarse mediante: z , z + x = y La relaci on ((x e y son primos entre s )) puede expresarse como: z , x = z y y =zx Cada una de estas relaciones es expresada por su f ormula correspondiente, en el sentido de que si dos n umeros est an relacionados, puede demostrarse la expresi on formal correspondiente; y cuando no lo est an, puede refutarse. Por ejemplo: Ejemplo 4.3 Para cada entero n, se tiene que si n es par puede probarse la expresi on formal x, [n] = [2] x; y si es impar, puede refutarse dicha f ormula. Para cada par de enteros m y n, si se tiene m n puede demostrarse la f ormula z , z + [m] = [n]; cuando m > n, puede refutarse dicha expresi on. Que las relaciones presentadas en la secci on anterior como Dem sean expresables, implica que una teor a formal aritm etica es lo sucientemente potente como para ((hablar)) de las caracter sticas de una teor a formal arbitraria y, en particular, de s misma. Probar que todas estas relaciones y funciones son expresables es sencillo si son recursivas, es decir, si pueden calcularse o vericarse mediante un algoritmo, ya que puede demostrarse que toda relaci on recursiva es expresable en una teor a aritm etica. Las teor as formales para las que esto es posible asignar los n umeros de G odel de manera que distinguir los signos, cadenas, sucesiones, f ormulas, consecuencias y axiomas, puede llevarse a cabo con un algoritmo son las llamadas teor as recursivas, y por ello esta caracter stica se asume como hip otesis en los teoremas de incompletitud.

4.5.5.

Diagonalizaci on

Para construir la sentencia autorreferente G ha de idearse una manera para que una f ormula hable de las propiedades de su n umero de G odel correspondiente. Esto ha de hacerse de manera indirecta, ya que dada una f ormula con n umero de G odel n, otra 22

f ormula que ((hable)) de mediante el numeral [n] en general tendr a un n umero de G odel mayor que n, y por tanto no puede ser la propia . Esto se consigue mediante el llamado lema diagonal. En una teor a aritm etica recursiva, dada una f ormula (x) existe una sentencia con n umero de G odel n tal que puede demostrarse ([n]). En denitiva, dada una propiedad cualquiera (x) existe una sentencia que arma ((mi n umero de G odel cumple la propiedad )). 4.5.6. Demostraci on del primer teorema

Sea una teor a formal aritm etica y recursiva T consistente. Sea la f ormula z , DEM (z, x), donde DEM es la f ormula que expresa la relaci on num erica Dem relativa a la teor a formal T . Por el lema de diagonalizaci on existe una sentencia G con n umero de Go del g , para la que se demuestra G z , DEM (z, [g ]), es decir, que arma ((ning un n umero codica una demostraci on (en T ) de la f ormula representada por g )), o de otro modo, ((no soy demostrable (en T ))). La negaci on de esta sentencia, G, es equivalente a z , DEM (z, [g ]), o ((mi negaci on es demostrable (en T ))). Sup ongase entonces que G puede demostrarse. Entonces existe un n umero n que cumple Dem(n, g ), y en T puede probarse entonces DEM ([n], [g ]), lo cual implica formalmente G; y esto es imposible si T es consistente. Por tanto no existe una demostraci on de G, y se cumple Dem(n, g ) para todos los n umeros n, lo cual resulta en un n umero innito de teoremas formales DEM ([n], [g ]) para cada numeral [n]. Como T es consistente, no puede ocurrir entonces que x, DEM (x, [g ]) sea un teorema, por lo que G es indemostrable, y T es indecidible.

4.5.7.

Demostraci on del segundo teorema

La demostraci on del segundo teorema de incompletitud requiere de un hecho t ecnico que G odel originalmente no prob o. Sea una teor a T en las condiciones anteriores y sea la f ormula Consis T z , DEM (z, [k ]), donde k es el n umero de G odel de la sentencia 0 = 1. Consis T arma que la teor a T es consistente (pues deja algo sin demostrar). La versi on formal (de la primera parte) del primer teorema de incompletitud puede expresarse como ConsisT y , DEM (y, [g ]) y esto es equivalente precisamente a Consis T G. De modo que, de poder probar formalmente esta sentencia, Consis T ser a indemostrable puesto que se tendr a entonces una demostraci on de G, en contradicci on con el primer teorema. El hecho t ecnico que se necesita es precisamente una prueba de que la demostraci on del primer teorema de incompletitud puede ((traducirse)) en una demostraci on formal de la sentencia Consis T y , DEM (y, [g ]). Esto es posible en toda teor a aritm etica recursiva, ya que verican unas ciertas condiciones de demostrabilidad. 23

4.5.8.

Mal entendidos entorno a los teoremas G odel

Puesto que el primer teorema de la incompletud de G odel es tan famoso, ha dado origen a multitud de malentendidos. Aqu resumimos algunos: 1. El teorema no implica que todo sistema axiom atico interesante sea incompleto. Por ejemplo, la geometr a eucl dea se puede axiomatizar de forma que sea un sistema completo. (De hecho, los axiomas originales de Euclides son casi una axiomatizaci on completa. Los axiomas que faltan expresan propiedades que parecen tan obvias que fue necesaria la aparici on de la idea de la prueba formal hasta que se echaron en falta). Sin embargo hasta en un sistema completo como el de la geometr a habr a construcciones imposibles (trisecci on del angulo, cuadratura del c rculo). 2. El teorema s olo se aplica a sistemas que permitan denir los n umeros naturales como un conjunto. No basta con que el sistema contenga los n umeros naturales. Adem as debe ser capaz de expresar el concepto x es un n umero natural usando los axiomas y la l ogica de primer orden. Hay multitud de sistemas que contienen a los n umeros naturales y son completos. Por ejemplo, tanto los n umeros reales como los n umeros complejos tienen axiomatizaciones completas.

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5.

Metodolog a

El presente trabajo est a expresada una recopilaci on de informaci on de libros, Internet, en el cual se expresan cinco paradojas, las cuales se eligieron por tener una mayor relevancia para nuestro aprendizaje y para que los estudiantes las comprendan de una manera m as f acil, ya que en la formaci on de la carrera no se nos ha ense nado el tipo, el grado de importancia de las paradojas. Se hizo una respectiva investigaci on a cada una de ella obteniendo como resultado gran cantidad de informaci on, de la cual se trat o de resumir haciendo enfasis en los resultados m as importantes para la f acil comprensi on de la mayor a de los y las estudiantes. Luego de la recopilaci on de la informaci on se contin ua con la demostraci on considerando reejar la m as explicativa, y as poder compartir dicha demostraci on con los y las estudiantes. Este trabajo puede ser ampliado contribuyendo con recopilaci on de otras paradojas las cuales no se han tomado en cuenta por falta de tiempo como estudiantes, ya que paradojas existen una gran variedad, adem as se puede detallar a un m as haciendo enfasis en su historia y en los nuevos descubrimientos que hasta la actualidad existen. Las limitaciones que en el camino hemos encontrado son: 1. Falta de tiempo para la investigaci on. 2. Falta de recurso did actico como: libros, revistas, documentos, etc. 3. Falta de personal el cual conozca la cantidad de paradojas que en la actualidad existen. 4. Falta de asesor para el asesoramiento de la investigaci on en cuanto a las paradojas.

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6.

Conclusiones

A partir de la investigaci on realizada concluimos que: Las paradojas han sido y ser an siempre importantes para el desarrollo de las matem aticas para ampliar los conocimientos de matem aticas se requiere de ingenio, perseverancia y estar dispuesto a aceptar diversos puntos de vista acerca de lo estudiado Los nuevos descubrimientos en matem aticas pueden fortalecerla o mostrar sus debilidades A pesar de ser incompletas, las matem aticas han demostrado ser una herramienta efectiva para la comprensi on y an alisis de los fen omenos que nos rodean As como sucedi o con las paradojas antiguas el desarrollo de las matem aticas pude ayudar, en el futuro, a dar luz a los grandes misterios que actualmente se resisten a la compresi on humana Los conceptos en apariencia mas simple encierran una gran complejidad debido a la dicultad de justicar su denici on Las herramientas matem aticas que actualmente usamos con tanta naturalidad son el producto del esfuerzo y cooperaci on de varias generaciones de matem aticas

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Common questions

Con tecnología de IA

Las paradojas discutidas motivaron varias innovaciones en la matemática moderna, como el desarrollo de la teoría de conjuntos de Zermelo-Fraenkel tras la paradoja de Russell, que introduce axiomas para evitar contradicciones. El cálculo infinitesimal fue reformulado en ciertos aspectos debido a paradojas como la de Aquiles y la tortuga. Los teoremas de incompletitud de Gödel, derivados del interés por resolver la Paradoja del Mentiroso, transformaron la comprensión de las limitaciones de los sistemas formales. Así, estas paradojas estimularon avances significativos en áreas como la teoría de conjuntos, lógica matemática y análisis .

El Cuerno de Gabriel es importante porque ilustra una paradoja en el cálculo infinitesimal: un sólido que tiene una superficie de área infinita pero un volumen finito. Este fenómeno resalta peculiaridades en la integración cuando los límites tienden al infinito, promoviendo un entendimiento más profundo de los conceptos de convergencia y divergencia en series y su integración, elementos cruciales en el cálculo infinitesimal .

La Paradoja de Aquiles y la Tortuga presenta la situación donde Aquiles nunca alcanza a la tortuga debido a que siempre tiene que recorrer una distancia que la tortuga ha avanzado, por pequeña que esta sea. La explicación moderna utiliza el concepto de serie infinita convergente. Aunque hay una cantidad infinita de pasos que Aquiles debe completar para alcanzar a la tortuga, la suma de todos estos pasos (con la distancia cada vez decreciente) converge a un número finito, lo cual permite a Aquiles alcanzar a la tortuga temporalmente en un tiempo finito. Esta paradoja se resuelve mediante el cálculo infinitesimal y la teoría de límites .

La Paradoja del Mentiroso, que plantea un enunciado que se declara a sí mismo falso, revela la existencia de enunciados autorreferentes que generan contradicciones en los sistemas formales. Esto llevó a Gödel a desarrollar sus Teoremas de Incompletitud, los cuales muestran que en cualquier sistema formal suficientemente potente, siempre existirán proposiciones que no pueden ser ni probadas ni refutadas dentro del sistema. En esencia, la paradoja evidencia que la consistencia y completitud no pueden ser alcanzadas simultáneamente en sistemas formales complejos como los que describen la aritmética .

La Paradoja de Russell es significativa ya que desafía la comprensión básica de conjuntos al aludir a un conjunto que contiene exactamente aquellos conjuntos que no contienen a sí mismos. Esto crea una contradicción lógica, similar a la del conjunto universal en el que se incluía todo. La paradoja motivó la revisión de los fundamentos de la teoría de conjuntos y condujo al desarrollo de teorías más robustas, como la teoría de conjuntos de Zermelo-Fraenkel, que evita tales paradojas mediante una axiomatización más cuidadosa .

Omega-consistencia es una propiedad más fuerte que la consistencia utilizada por Gödel. Una teoría es ω-consistente si no permite la derivación de contradicciones sobre pruebas formales básicas. En la demostración original del primer teorema de incompletitud, Gödel asumió ω-consistencia en lugar de simple consistencia, lo cual fortalece el argumento de que existen proposiciones indecidibles dentro de cualquier sistema aritmético recursivo consistente. En la versión más conocida del teorema, probada por Rosser, solo se requiere consistencia en lugar de ω-consistencia .

Las paradojas han jugado un papel crucial en la filosofía de las matemáticas al desafiar conceptos y provocar el desarrollo de teorías más avanzadas y coherentes. Por ejemplo, la Paradoja de Russell influyó en la axiomatización de la teoría de conjuntos. La Paradoja del Mentiroso dio lugar a los teoremas de incompletitud de Gödel, que reformularon la comprensión de las limitaciones inherentes en los sistemas formales. En general, estas paradojas revelan las limitaciones y la complejidad intrínseca de las matemáticas, instigando un progreso histórico y filosófico significativo en la disciplina .

La construcción geométrica del Conjunto de Cantor se realiza eliminando repetidamente intervalos del tercio medio de segmentos del intervalo inicial [0, 1]. Este proceso genera un conjunto que es totalmente disconexo ya que no contiene intervalos, pero es denso en sí mismo porque entre dos puntos cualesquiera del conjunto siempre se puede encontrar otro punto del conjunto. Esta propiedad se debe a que la suma de los longitudes de los segmentos eliminados es 1, dejando un conjunto que es altamente fractal y denso .

La homogeneidad del Conjunto de Cantor implica que, desde un punto de vista topológico, cualquier par de puntos en el conjunto es topológicamente indistinguible. Esto significa que existe un homeomorfismo del Conjunto de Cantor en sí mismo que puede mapear cualquier punto hacia cualquier otro, indicando que matemáticamente todo punto del conjunto comparte las mismas propiedades topológicas. Esta característica hace que el conjunto sea un fascinante objeto de estudio, especialmente en topología .

El método de diagonalización se relaciona con las paradojas matemáticas al ofrecer un mecanismo para demostrar la imposibilidad de completar ciertos axiomas en los sistemas formales. En las paradojas, como en los teoremas de incompletitud de Gödel, se usa diagonalización para mostrar que siempre existe un enunciado autorreferente que desafía la posibilidad de probar su verdad o falsedad, de manera similar a cómo ciertas paradojas lógicas resisten una resolución satisfactoria .

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