Estudios Literarios de Miguel A. Caro
Estudios Literarios de Miguel A. Caro
DTC
EDICIN
OFICIAL
BOGOT
IMPRENTA NACIONAL
1923
In me mora
su
1a reaparicin de estos artculos. Don Miguel A. Caro, adems, fue quien en 1887 me invit a colaborar a su lado en las columnas de La Nacin de Bogot, rgano oficial del partido que defenda la regeneracin social y poltica de Colombia. Ya ven pues mis lectores con cunta razn va su nombre al frente de este volumen, en el que me he decidido a reunir, por orden cronolgico, mis ensayos de crtica literaria hispanoamericana, muchos quiz sin ms valor que el de meras curiosidades arqueolgicas, de no muy vario y lico contenido, a la vez que de .muy diferente estilo, como nacidos en pocas tan distantes. El contenido lo he procurado conservar en su integridad, a pesar de que la ideologa de algunos, sobre todo de los ms antiguos, en ciertos puntos no fundamentales, no es hoy la ma; permitindome slo suprimir o rectificar tal cual concepto errneo, o ampliar ligeramente lo que, a mi parecer, mereca serlo, para mayor aclaracin o ilustracin del asunto.
Tal vez parecer superfluo a alguno de mis lectores que yo -vuelva ahora a hablar de Caro en estas lneas, despus de haberlo hecho ya en dos muy dbiles trabajos, publicados respectivamente en 1889 y 1891, en La Nacin de Bogot y en la revista La Espaa Moderna de Madrid, con los ttulos de Adhesin a un homenaje de Laro, y Caro, poeta colombiano; y esta objecin tendr mayor fuerza todava, si se considera que yo no me propongo tampoco ahora escribir una nueva y completa semblanza del ilustre bogotano. Han llenado ya este difcil cometido, entre otros, con ms fortuna y competencia que yo, que adems no pude conocerle personalmente, ni vivir en su propio ambiente, crticos tan competentes como el cubano don Rafael Mara Merchn, uno de los ms slidos que ha producido la Amrica espaola; como don Marco Fidel Surez, Presidente que ha sido hasta hace poco de la Repblica de Colombia, y uno de sus ms sabios fillogos y elocuentes apologistas cristianos; como don Hernando Holgun y Caro, notable escritor que supo llevar con brillo sus dos ilustres apellidos, arrebatado por desgracia recientemente a las letras colombianas y al afecto de los que nos regalbamos con su dulce amisi a d ; como el doctor don Rafael M. Carrasquilla, que asisti en sus ltimos momentos al seor Caro; y sobre todo, como el exquisito hablista y poeta, fraternal amigo mo, don Antonio Gmez Restrepo, la voz elocuente el corazn de su patria en las grandes conmemoraciones y sucesos de su vida nacional, cuyo discurso en la inauguracin de la estatua de Caro, soberbia pieza que puede ponerse al lado de la dedicada a Menndez y Pelayo, no vacilo en afirmar que es una de las joyas de ms precio de la corona de siemprevivas con que su patria ci las sienes de aquel varn excelso a raz de su muerte. No alcanzan a tanto mis pretensiones. Estas modestas pginas no son otra cosa que un nuevo y quiz ltimo testimonio
de mi amor a las letras hispanoamericanas de que est lleno' este libro, y digo quiz ltimo testimonio, porque ya no estoy en situacin de girar crditos intelectuales sobre el porvenir de mi ya larga vida, hipotecada adems por tareas muy perentorias y distintas. Esto y no ms que esto, por cima de todo, son estos artculos: tributo de afecto a la literatura hispanoamericana, y tributo postumo de veneracin y gratitud que me impone la conciencia hacia un corazn de oro, que llen mi hogar de bendiciones, y hacia una excelsa mente a quien la ma debi muy sabias y provechosas enseanzas. Su recuerdo parceme que resurge ahora en m ms luminoso que nunca, porque es condicin de la muerte dar su justo relieve a los grandes seres que perdimos, hacerlos levantar de la tumba, ms gloriosos que nunca, al sbito sparir di tanto raggio; no de otro modo que nicamente al apagarse una luz muy viva nos damos cuenta del intenso fulgor con que nos alumbraba. Este tributo en que ahora se recrea mi espritu no tendr valor alguno para los colombianos, que lograron la fortuna de conocer personalmente al gran escritor, y de verle de cerca, y que podran revelrmele an con mayor vigor que mi dbil pluma, apoyada en muchos puntos en testimonios ajenos; pero puede valer an por otros conceptos; puede valer como unabien intencionada tentativa de vulgarizacin en Espaa de los mritos de una de las figuras ms representativas de nuestra, raza ; puede valer tambin como un homenaje patritico de reconocimiento de la materna metrpoli, bien que sea ofrendado por el ms humilde de sus hijos, al ms espaolisimo de los escritores hispanoamericanos ; y an podr valer quiz por ms de una nueva e interesante aportacin, ya que de vez en cuando interrumpir mi desmaado soliloquio la misma voz de Caro evocada de las pginas de sus propias obras, o de la efusiva correspondencia con que me honr en el ltimo cuarto de siglo de su existencia.
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Sin ms prembulos ya, voy ahora a recorrer, en rpido bosquejo, algunos de los mltiples aspectos - l o s que me sean ms familiares -de la compleja y proteica personalidad de nuestro eximio escritor, no sin indicar antes tambin cmo me fue conocida. En las ya lejanas calendas de la primera mitad del ano 1881, entr en correspondencia literaria con don Miguel A. Caro, mejor dicho, recib su primera carta; y deb la distincinsealadsima de su alta amistad a la fraternal que hasta su muerte me profes el esclarecido Menndez y Pelayo, el cual quisounirle tambin a mi vida intelectual con aquel generoso espritu que le distingua. Al efecto le remiti de propio impulso un ejeniplar de mi primerizo y endeble ensayo sobre Anacreonte y la influencia de la coleccin anacrentica en la literatura espartla, que publiqu en 1879 y que el gran polgrafo colombiano juzg con suma benevolencia, tal vez porque el helenismo era
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flor casi ignorada a la sazn en Colombia. Comenc muy luego desde entonces a conocer la talla del gigante que me acababa defender la mano de amigo, merced al Repertorio Colombiano, que tena la amabilidad de remitirme peridicamente. De esta revista mensual l era el alma, y l la levant a tal altura, que mereci que de ella dijera el crtico don Rafael Mara Merchn, que era de las ms notables que han producido las prensas del continente hispanoamericano, y que por s sola bastara para justificar plenamente el ttulo de Atenas de Sud Amrica dado a Bogot. Por el Repertorio Colombiano nos parece lo ms acertado dar a conocer a nuestros lectores la vasta produccin de Caro, comoquiera que en sus pginas vieron la luz los notables estudios de crtica y de erudicin que formaron la base de la gran reputacin de su autor como critico literario, como humanista, como fillogo, como historiador y como filsofo. En la imposibilidad de enumerarlos todos, citaremos slo los ms importantes. Tales fueron los que , consagr a Cervantes, a Montes de Oca, Olmedo, Menndez y Pelayo, Bello, Arboleda, Falln, Roa Barcena, etc.; los que escribi acerca de Virgilio, de que ms adelante hablaremos; sus tratados sobre el Paicipio y del Uso en el lenguaje; sus Notas a la Ortologa de Bello y al Diccionario de Cuervo; sus investigaciones sobre Juan de Castellanos y Piedrahita; y por ltimo, su impugnacin del Utilitarismo de Bentham, la refutacin ms_aplastante de esta doctrina, que se haba apoderado de la enseanza oficial de Colombia durante el perodo revolucionario. Nadie, fuera de Menndez y Pelayo, entre los polgrafos de raza espaola de aquella poca, estaba en disposicin de escribir trabajos de tan profunda intuicin crtica, de tan slida erudicin y de ndole tan varia, y aun en este ltimo aspecto aventajaba el colombiano al coloso espaol, porque la actividad mental de ste no trascendi a la esfera de las ciencias jurdicas, morales y polticas, en las que aqul tanto sobresaliera. Y sin embargo, tiempos vinieron ms tarde, cuando su vuelo de guila haba subido an a mayor altura, en los que la pasin poltica puso en tela de juicio sus grandes mritos, que no todos estaban en condicin de medir exactamente. Esta es la suerte que corre muchas veces la fama de los hombres superiores, de la que nicamente pueden ser dignos voceros algunos escogidos Slo despus que stos han formulado su fallo definitivo, es cuando se forma la opinin callejera, y cuando por efecto de una especie de sbita reaccin, se produce de una manera formidable lo que podramos llamar la adhesin de la ignorancia. Esta no tiene entonces lmites. En consecuencia, conceder al titn todas las dimensiones que se le pidan. La mayor parte de los trabajos que vieron la luz en el Repertorio Colombiano en los once tomos de su coleccin, hoy tan rara, han sido reproducidos recientemente en 1920 y 1921 en los dos gruesos volmenes que llevan el epgrafe especial de Estudios literarios y constituyen el n y m tomo de la serie que con
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el ttulo de Obras completas de don Miguel A. Caro se publica en edicin oficial, bajo la direccin de don Vctor E. Caro y de don Antonio Gmez Restrepo. Estos dos volmenes abrazan adems, por orden cronolgico, casi toda la produccin literaria de Caro desde 1865, en que comenz sus primeros ensayos, a los veintids aos, en La Caridad, de don Jos Joaqun Ortiz, hasta 1884, en que escribi su notable estudio sobre el poema de Arboleda, Gonzalo de Oyn. Los que preceden a la aparicin del Repertorio Colombiano se publicaron en diversos peridicos y revistas, tales como La Voz de la Patria, El Iris, El Pasatiempo, etc. Despus prefiri aquella excelente revista, pero tambin colabor desde 1882 a 1884 en El Conservador, el Papel Peridico Ilustrado, los Anales Religiosos, etc. Ignoro si los editores de sus Obras Completas se proponen dar a luz todava una tercera serie de Estudios literarios que contengan su produccin desde 1884 a 1909 (ao de su muerte), que debe ser ms escasa, y andar muy desperdigada, porque en este largo perodo tuvo que abandonar ms de una vez su tranquilo gabinete de trabajo : ora para descender a luchar en el estadio del combate poltico, ora para subir al Capitolio a regir los destinos del pas. Estas obras crticas y filosficas de Caro, en las que se revelan de un modo tan admirable el equilibrio armnico y la riqueza de su actividad intelectual, son de lo ms profundo que ha producido en su poca la raza hispanoamericana y sern un slido alimento intelectual de muchas generaciones. Como es natural, no tocios sus escritos vieron la luz en peridicos y revistas. Algunos otros aparecieron a manera de prlogo de las obras, de las cuales venan a ser el comentario, como, verbigracia, el largo estudio que dedic a su ilustre padre, don Jos Eusebio Caro, con el cual presenta tantos rasgos de semejanza espiritual y hasta fsica, a juzgar por la descripcin que de l nos dej don Pedro Fernndez Madrid; y los que escribi sobre don Jos Manuel Groot, Andrs Bello, Diego Falln, Roa Barcena, los extensos sobre Virgilio y otros. Todo este caudal bibliogrfico es muy difcil de inventariar con exactitud para un extrao al pas donde se edit, y por otro lado, aqu no aspiro ms que _a dar una idea muy ligera de la ingente y varia labor del seor Caro. Tanto es as, que aun dejando a un lado su considerable creacin potica, ya original, ya traducida, que es la que ms a fondo he podido apreciar, queda fuera de mi noticia todava otro sector muy grande de ella. As es para m totalmente desconocido todo cuanto vio la luz en la Fe, y principalmente en El Tradicionisla, peridico que fund y redact Caro, casi por sislo, hasta 1876 (1), y que fue, segn una autoridad competentsima, su grande obra poltica y una de las publicaciones ms notables en su gnero que
(1) E n este a o , el G o b i e r n o l i b e r a l , sostenedor de l a m s a b s o l u t a l i b e r t a d de i m p r e n t a , e x p r o p i l a m u y m o d e s t a en q u e el p e r i d i c o se e d i t a b a . Desde e s a p o c a h a s t a 1885 el seor C a r o e s c r i b i en diversos d i a r i o s , s o b r e todo en El Conse vadoi.
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haya habido en Colombia.- As tambin son para m cosa ignorada, como antes afirmaba, sus trabajos jurdicos, materia por otra parte de la que no me sera hacedero hablar, por mi absoluta incompetencia en ella. No as de la activa produccin poltica de sus ltimos anos, que sobrepuj tal vez a la literaria, porque la pude seguir paso a paso en La Nacin cuando colaboraba en sus columnas. * * Por esta breve enumeracin de sus mltiples escritos bien claramente aparece demostrado que la actividad mental de Caro no tuvo lmites. Con l se extingui una de las ms luminosas y vigorosas figuras de la vitalidad intelectual de Colombia. Dios se complugo en revestirle con las ms variadas y ricas aptitudes del espritu. Todo lo fue: crtico, poeta, humanista, jurisconsulto, orador, polemista, fillogo, hombre de Estado, y ms an que todo esto, un varn ejemplar, un dechado de todas las virtudes domsticas y sociales; austero en su vida inmaculada, como un Cincinato. Por eso pudo apellidarle el doctor Nez, el ilustre Presidente, en frase de sencillez y grandeza lapidaria que se ha hecho clebre: La primera ilustracin y la primera virtud de Colombia. Caro, en efecto, no comprenda la ciencia divorciada de la virtud, porque, para l, era aqulla un reflejo de lo divino. El estudio, escriba en el que consagr a las poesas de Menndez y Pelayo, es una pasin cuasi religiosa, porque el saber es la ms pura anticipacin que se nos da en la tierra de la vida del cielo. De aqu que su actividad literaria alcanzase una belleza moral que slo consiguen los que se sienten revestidos con la augusta misin de educadores de inteligencias y corazones, los que infunden siempre a la ciencia, conforme aconseja San Bernardo, una intencin sobrenatural. Con razn ha podido decir de l Gmez Restrepo, que su carcter se fundi en el molde eterno de la grandeza cristiana. As se explica que descendiera del solio presidencial, despus de das difciles en que nadie le hubiera podido pedir cuenta de sus actos, tan pobre como haba subido, y volviera a su modesta casita de Las Nieves, cuyo techo poda tocar con las manos, a vivir entre sus libros y papeles y en el seno de los suyos, respetado de todo el mundo, hasta de sus propios enemigos. Aquel modesto hogar infunda recogimiento y estimulaba a la meditacin a los que pasaban delante de sus muros, porque saban que albergaba un varn integrrimo, cuya dignidad moral se mantuvo inalterable hasta el ltimo da de su vida, un varn que nunca haba temido a nadie, fuera de Dios y de su propia conciencia. Parece que para l hubieran sido escritos aquellos versos de Horacio:
. . . . h o n e s t u m p r a e t u l i t utili, et r e j e c i t alto d o n a nocentium vultu, et p e r o b s t a n t e s c a t e r v a s e x p l c u i t s u a victor a r m a . ( C a r m . i v . od. i x ) .
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Pero fue algo ms que un varn estoico Sin santidad y sin caridad, la vida para l no vala la pena de ser vivida, ya que la ciencia que tanto amaba no saciaba por completo su sed de infinito. La virtud y el amor; h aqu los ms altos ideales de su alma, que cant tan bellamente en estos sentidos versos de su poesa Inmortalidad:
Q u i n p u d i e r a s e r s a n t o e n t r e los s a n t o s ! Quin p u d i e r a del mundo en los s e n d e r o s Vivir c u a l los vivientes i n m o r t a l e s , A m a r c u a l los a m a n t e s v e r d a d e r o s !
Con estos sublimes anhelos, amando y haciendo el bien, vivi aquel viviente inmortal que se retrat a s mismo fielmente en estos versos, sin sospecharlo. Hered este noble aspecto de su carcter de su ilustre padre, que al igual que Donoso Corts, debi, despus de decaimientos y vacilacionespor los que no pas jams nuestro escritor--su sincera y final conversin religiosa a su exquisito sentimiento de la belleza r::oral. * * * No nos incumbe a nosotros juzgar la obra poltica de Caro, en la que sufri tan amargas decepciones al querer llevar a la realidad sus puras, santas e inmviles ideas. Sin la menor iniciativa suya, las circunstancias, mejor dicho, el voto casi unnime de sus conciudadanos, le llev a la suprema magistratura de la Repblica. Triunfante la causa que con tanto tesn y claro juicio defendi por largos aos, tocle servirla como legislador y su ms alto caudillo. No era esta su vocacin ni se senta con fuerzas pera ello. Sometise, empero, al ascendiente que sobre l ejerca el Presidente Nez, talento poltico de los ms robustos y clarividentes que ha producido la Amrica espaola desde su emancipacin, y acept la carga. Nez vea en Caro al apstol de la Regeneracin poltica colombiana, idea que simbolizaba la bandera del nuevo partido llamado al poder, y por el que con tantos bros haba combatido en el Tradicionista desde 1871 a 1876. En sus artculos se contena toda la sustancia del credo poltico de la Constitucin de 1886, que todava est hoy en vigor en Colombia, y en cuya elaboracin tuvo una participacin muy directa el clarsimo varn de que tratamos. Cuando una pluma imparcial y competente (escriba el doctor Nez en el Homenaje que La Nacin tribut en 1888 al seor Caro) narre los hechos extraordinarios de la Regeneracin de Colombia, tendr que sealar en ellos al seor Caro el puesto ms culminante. El Presidente que a la sazn gobernaba la Repblica, que no era otro que el mismo doctor Nez, tena puesta en nuestro escritor la ms absoluta confianza. H aqu lo que me escriba acerca de l y de su candidatura, en la vspera misma de las
elecciones (25 de noviembre de 1891): Estamos saliendo ya ilesos dej embrollo electoral, y me parece fuera de duda la eleccin del seor Caro por enorme mayora de sufragios. El ser el jefe del Gobierno desde 7 de agosto de 1892, hasta 7 de agosto de 1898, pues mi resolucin de vida privada es absolutamente irrevocable, para dar un ejemplo necesario. El seor Caro ser un Presidente incomparable, y bajar del solio dejando huella luminosa e indeleble. Es persona que he estudiado mucho, y que cuanto ms conozco ms admiro. Deca antes que Caro acept con repugnancia la direccin del Gobierno de su patria, y hasta sin entusiasmo alguno, slo en ara del cumplimiento de un sagrado deber de ciudadana, de un supremo sacrificio que Dios le ordenaba; y como yo prefiero hablar aqu ms que por mi cuenta, por impresiones vivas y directas, me resuelvo tambin a transcribir un fragmento de una carta del interesado (28 de agosto de 1891), en el que aquellas afirmaciones mas tienen una confirmacin completa: Yo he tenido desgracias domsticas una tras otra y ahora me tiene usted de candidato para el Gobierno, en lucha electoral muy viva. Muchos amigos me hacen guerra, y en mi favor se Isa levantado una legin de amigos desconocidos. "Inimici hominis domesici ejus." Yo remit la aceptacin de la candidatura hasta la ltima hora, pero las circunstancias me vencieron, mejor dicho: "El hombre se agita, y Dios le conduce." Todo ello quita la tranquilidad, y slo hombres de letras como usted pueden comprender este sacrificio. Pertenecan los ms de estos enemigos a que Caro se refiere al linaje de ciertos intransigentes, de los cuales me deca con una de aquellas concisas y sentenciosas frases suyas, tan luminosas, que queran el bien por determinado camino, y mediante ciertas condiciones que le imponen a la Providencia. Para dar una idea de la amargura que debi experimentar en esta ocasin al ver que le hacan cruda guerra muchos amigos suyos, baste recordar aqu que entre ellos vio alzarsey formar parte del Directorio que patrocinaba la candidatura del Genera! Vlez, su contrincanteal ferviente adalid del catolicismo, don Jos Joaqun Ortiz inolvidableamigo mo,de quien con el afecto y respeto que se merece, hablo en diversos artculos de este volumen su antiguo maestro, que le tuvo de nio, aunque slo durante tres o cuatro meses, de alumno interno en el colegio titulado El Instituto de Cristo; al ntimo amigo de su padre, del que public las poesas; al grandilocuente lrico, del cual tradujo al latn la sentida inspiracin La monja desterrada! Bien hace en exclamar el docto escritor don Rafael Mara Carrasquilla, comentando estos tristes episodios en su necrologa del seor Ortiz: En sus ltimos aos el cantor excelso se vio envuelto en la prosa de las luchas polticas; el batallador de la causa de Cristo en lid con sus antiguos conmilitones El nos dej nuevo elocuente ejemplo de que la poltica es escollo terrible para las almas candorosas y fervientes.> Como dije antes, no me incumbe juzgar aqu la obra poltica de Caro, con la cual por otra parte sinceramente simpatizo.
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Mirada a distancia tiene, a nuestro parecer, muchos puntos de contacto con la de nuestro eminente poltico don Antonio Maura sobre todo en estos ltimos aos - por el horror a la poltica menuda y de partido, a la poltica cerrada, y por su concepcin de otra ms amplia, regida por los principios fundamentales del orden social, en la que pudieran coincidir en un esfuerzo patritico de honrada colaboracin comn todos los hombres de buena voluntad, por diversas que fueran sus opiniones polticas. Cuando tom Caro las riendas del poder se repiti en Colombia, en ms modesto escenario, algo de lo que sucedi en Roma, en la poca de Cicern. Sus discursos parlamentarios, elocuente y continuado comentario de la Constitucin de 1886, sus mensajes polticos y diplomticos fueron magnficas piezas literarias. Hasta la burocracia pareci emplear por vez primera un lenguaje noble y castizo, y olvidar sus pedestres formas y lugares comunes. Su palabra, adems, segn testimonio de los afortunados que la oyeron, alzbase elocuente, armada de una formidable dialctica, en las lides parlamentarias, dominando la Cmara y las multitudes. Su voz era robusta, su gesto enrgico; su afirmacin, contundente; punzante la stira; la frase, rotunda, sobria e imperiosa, como la de los grandes oradores de la poca clsica.
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* * Pero donde la personalidad de Caro se me aparece con trazos ms firmes, es en el orden propiamente literario. La robustez de su talento, la riqueza de sus lecturas y sobre todo la profundidad de sus conocimientos clsicos, son admirables e inexplicables, en la poca en que se form, en relativa decadencia de los estudios de humanidades, que todava difunda la Compaa de Jess, casi en pleno predominio del romanticismo, y en latitudes geogrficas tan apartadas, ms entonces que ahora, de os grandes centros culturales de Europa. Es un singular caso de autoctonismo cultural. Su excelsa figura de sabio y pensador necesitaba de ms amplios horizontes para desarrollarse en toda su pujanza. La constancia, la laboriosidad y el talento suplieron el enrarecimiento del ambiente cultural y la falta de direccin y de estmulo. A los diez aos qued hurfano de su egregio padre, y tuvo como primer educador a su abuelo, el ilustrado doctor Miguel Tobar, procer de la Independencia colombiana, hasta que los jesutas tomaron a su cuidado su formacin intelectual. Pero ni una ni otra circunstancia explican su prodigioso saber, que tiene sus races principales, como acabamos de indicar, en su poderosa mentalidad y en su propia aprovechada_existencia. Con razn ha dicho de Caro el escritor argentino seor Ca, autoridad nada sospechosa de parcialidad, que en treinta aos de vida intelectual haba ledo cuanto es posible leer, hasta el punto de que pocos como l podan hablar con ms autoridad de lo que en materia de ciencias y letras se haba publicado en los ltimos cien aos. Este culto por las ciencias y las letras se una en l a un
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filial amor a la Iglesia, a un entusiasmo ardiente por la patria, y a un acentuado sentimiento de gratitud y cario a Espaa, la dadora de su fe y de su lengua. Era, pues, al igual que Menndez y Pelayo, hermano gemelo suyo, como uno de aquellos varones insignes del Renacimiento, de los cuales l escribi que comunicaron el calor de la fe a todo linaje de labores intelectuales, y que siendo grandes catlicos, fueron grandes sabios, fecundsimos escritores y apasionados de las Musas. El amor por las humanidades se revel en Caro ya desde muy temprana edad. A los quince aos se dio a conocer poniendo en versos latinos el bello soneto de su padre a la muerte de Hctor. Los mejores aos de su juventud los emple en su magna traduccin de las obras completas de Virgilio, sin ms estmulo que el aplauso de don Eugenio de Ochoa, que en 1870 le invitaba a proseguirla. Esta versin fue despus considerada por la autoridad crtica ms alta en nuestra patria en tales materias, como el primer monumento en su gnero que existe en la literatura espaola, como la ms perfecta versin virgiliana que posee nuestro idioma. Los que conozcan y sientan a Virgilio, tmenla en sus manos, y estoy seguro de que asentirn de lleno a la opinin de Menndez y Pelayo. Los que quieran saborear menudamente sus perfecciones, o sorprender sus defectos, y valorar unas y otros tcnicamente, lean el concienzudo estudio que de ella hizo el competentsimo fillogo y latinista don Rufino Jos Cuervo. Pocos espritus, ms que el suyo, podrn sentir la suave inspiracin del cantor de la Eneida, que le ganaba el corazn con su fina sensibilidad y con aquella dulce melancola, que despus de l pareci desterrada de la inspiracin potica hasta que encontr un nuevo refugio en el corazn del Dante, sobre todo en ciertos delicadsimos episodios del Purgatorio de la soberana triloga. Ganbale tambin con su blandura graciosa del estilo, y con su sentido religioso y patritico. Virgilio fue para l, lo que para el subli.ue cantor de las regiones de ultratumba: su duca, su signare y su maestro. Ningn otro escritor que yo sepa en lengua castellana, ha consagrado mayor nmero de estudios al cisne de Mantua que el bogotano (1).
(1) D e s d e 185 a 188j los estudios sobre V i r g i l i o se s u c e d e n cont i n u a m e n t e A s en el torno I I de s u s Obras completas figuran los s i g u i e n t e s : Virgilio y el nacimiento del Salvador Virgilio: E s t u d i o que s i r v e de i n t r o d u c c i n al primer tomo de su versin de s u s o b r a s D e l metro y la diccin en que debe traducirse a epopeya romanaNusvo estudio sobre Virgilio. S i r v e de i n t r o d u c c i n al I I I volumen de l a i n d i c a d a versin v i r g i l i a n a , p u b l i c a d a en B o g o t en 1 8 7 6 U n a obra apciifa ( s o b r e u n a s u p u e s t a t r a d u c c i n en verso de l a s Gergicas, a t r i b u i d a a f r a y L u i s de L e n ) . S e public en 1878 en l a Academia de M a d r i d . E l tomo m contiene t r e s e s t u d i o s , a s a b e r : XIX" centenal io de Vii gilio (con motivo de l a c o n m e m o r a c i n del poet a l a t i n o que, b a j o el p a t r o c i n i o de Len x n r , se c e l e b r en R o m a en 1882). Camila, la amazona virgiliana, y Vugilio estudiado en relacin con tas bellas artes. Merced a l a bondad de mi q u e r i d o a m i g o Gmez R e s t r e p o poseo l a edicin b o g o t a n a de l a s o b r a s de V i r g i l i o , p u b l i c a d a s en t r e s tomos, d e s d e 1873 a 1876, r a r e z a b i b l i o g r f i c a q u e g u a r d o con o r g u l l o en mi b i b l i o t e c a .
Despus de Virgilio fue Horacio e! segundo amor de Caro. A l dedic como primerizo ensayo un estudio de su juventud (1867), considerndole como cantor del campo. Con su traduccin del mismo poeta inscribi despus su nombre en la urea constelacin de modernos gobernantes humanistas, que como Gladstone en Inglaterra y el General Mitre en la Argentina, consagraron su esfuerzo intelectual a interpretar en sus respectivas lenguas patrias los recios versos dotados de perenne juventud del poeta venusino. Su traduccin quiz es tan bella como la que hizo del gran cantor de los destinos de Roma, s o bresaliendo en ella la de las Epstolas, superior a juicio de Menndez y Pelayo, a la de Burgos. Slo desluce la de las odas, en mi sentir, su excesiva polimetra. Menndez y Pelayo anduvo ms acertado al ajustarse escrupulosamente al metro del origina!, siempre que la ndole de la composicin lo consenta, verbigracia, en la oda Quem virum aut heroa y en el Carmen secutare en que adopta fielmente la estrofa sfico-adnica horaciana, cosa que no hace Caro. Separndose ste de la opinin de Mnendez, crea que la rima no slo no daa, antes conviene a la adaptacin de la metrificacin latina, opinin a la cual nada tendramos que cbjetar, si en las versiones clsicas que figuran en el voluminoso y delicioso Flos poetarum con que se inaugura la serie de sus Obras completas, no apareciesen metros tan poco clsicos como el romance heptaslabo, el alejandrino asonantado, el romance propiamente tal y hasta la redondilla, libertades no explicables, dados sus severos principios en esta materia, y sus anhelos de conservar siempre en lo posible la intencin rtmica. Los tres grandes lricos latinos cantores del amor, Catulo, Tibulo y Propercio, han dado motivo asimismo, a soberbias versiones que convierten muchas de sus inspiraciones en poesas completamente modernas. Leyendo la elega Ul del Libro I de Propercio o la famosa i del Libro iv, conocida por La sombra de Cornelia, una de las traducciones ms afortunadas de nuestro humanista, me hago la ilusin de tener delante a un lrico contemporneo. El cantor de Cintia se anticip al Intermezzo, de Heine, y yo le hallo ms hermano de mi espritu que a Rubn Daro, por ejemplo, a quien, por otro lado, tanto admiro, porque la esencia de la poesa no se basa en la forma, ni en una escuela determinada, elementos, a! fin, transitorios del arte, sino en la raz misma del sentimiento humano (\). .
(1) Caro cultiv con f o r t u n a l a p o e s a en l e n g u a l a t i n a . T e n e mos n o t i c i a de q u e e s c r i b i en e l l a u n a s t r a d u c c i o n e s del soneto Hctor, de don J o s E u s e b i o C a r o ; de La Monja desterrada, de don J o a q u n Ortiz; de Las Ruinas de Itlica, de R o d r i g o C a r o , y dos d i s t i n t a s del Cingue Maggio, de Manzoni. E n la Antologa colombiana c o l e g i d a por don E m i l i a n o I s a z a ( . P a r s , 1895), en el tomo II, p g i n a 8+, se lee un Epicedio l a t i n o q u e , siendo s u a u t o r P r e s i d e n t e de l a R e p b l i c a , d e d i c a l a m e m o r i a del q u e fue su "Ministro de. G u e r r a , don Antonio B . C u e r v o . A d e m s , e n l a C a p i l l a S i x t i n a , de R o m a , reson su Himno latino a Po X, con motivo del jubileo s a c e r d o t a l de este Pontfice.
La personalidad de Caro evoca al momento la de Menndez y Pelayo, con la cual tiene tantas afinidades, sobre todo en el orden literario. Son ambos dos de las mayores figuras representativas de la pujanza de la vitalidad intelectual de nuestra raza en uno y otro continente; dos escritores que llevaron a la vez vigorosamente encarnados en su espritu todos los caracteres de nuestra cultura nacional Fueron tambin los dos ms gloriosos humanistas de nuestra literatura contempornea. A pesar de ello, su formacin intelectual fue de! todo independiente, y uno y otro se ignoraron largo tiempo, como nacidos en distinta tierra y distinto ambiente, y tiempo distinto. Caro vio la luz en Bogot en 1843; Menndez y Pelayo en Santander en 1856. Le llevaba pues aqul en edad alguna ventaja. Cuando el segundo terminaba apenas sus estudios universitarios, ya haba traducido el poeta bogotano a Virgilio; ya se haba dado a conocer como crtico y polemista. Nada debi al escritor espaol de su formacin clsica: por el contrario, le antecedi en ella. Empero, cuando los dos genios se conocieron, sintieron al momento uno por otro grande admiracin, y recprocamente se completaron. Caro ha sido el Mentor de Menndez y Pelayo en las letras americanas, remitindole de ellas un tesoro de libros y noticias, como lo declara l mismo honradamente en su Horacio en Espaa; Menndez lo fue a su vez de aqul, en mayor grado an, y en adelante ya no supo sustraerse a su influencia, que sinti poderosamente sin modificar su fuerte estructura intelectual ya formada. Pocos han estudiado al polgrafo montas como poeta con ms profundidad que el colombiano. Como crtico juzgbalehermano gemelo deMacaulay. Como polemista le admiraba tinto, que quiso combatir a su lado, y a orillas del Funza rompi lanza con tanto denuedo en favor de la ciencia espaola contra cierto Masson redivivo, que apareci en el Diario de Cundinamarca, como Menndez y Pelayo contra Revilla y Azcrate, a orillas del Manzanares. En una Epstola en verso que pens dirigirle y que ha quedado indita, bien claramente le anudaba su deseo de descender al combate, para ayudarle con su brazo.
E l c a r o nombre oyendo Del c a m p e n que a s u s t e n t a r va ufano C u a n t o a m a y r e v e r e n c i a el pecho mo. E l reposo l e t r g i c o s a c u d o , Y en e s p r i t u cruzo el O c a n o Y arrebatado acudo Del p a l e n q u e a n c h u r o s o a l a b a r r e r a Y entrar tambin y combatir quisiera.
Siento que la brevedad que me impuse, y que en lo posible quisiera an dar a estas lneas, no me consienta dar a conocer a mis lectores algn otro fragmento de esta curiosa pieza potica, que es un entusiasta panegrico, un acto de admiracin ferviente, por parte de Caro, hacia el gran escritor espaol. He podido saborearla merced a la copia que me mand hace
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poco ms de un ao mi Horado amigo don Hernando Holgun y Caro, quien la obtuvo para m de sus primos los hijos de Caro, a quienes tantas bondades debo. Hubo de ser escrita por los aos de 1883 a 1884, a juzgar por la alusin que se hace al fin a la Historia de las Ideas Estticas del gran polgrafo. Esta larga composicin en la que quiso conservar cierto carcter intelectual, y a la vez, la sencillez de la forma epistolar, es muy desigual en su conjunto, pero tiene trozos excelentes, y hasta de alto vuelo lrico, como aquel en que se ve al joven batallador pasear solo y sereno en el circo la desierta arena; y todos los relativos a "Espaa, que contienen versos de gran vigor, que de buena gana transcribira. Es de admirar tambin la manera noble y elevada con que trata asuntos cientficos, ms propios de una disertacin filosfica que de una composicin potica.
El entusiasta panegrico que de Espaa se hace en esta poesa, es una nueva nota vibrante del ardiente espaolismo de Caro. Es este un tema que hemos tratado con extensin en dos artculos del presente volumen ya citados, pero todava queremos decir algo nuevo acerca de l, para que no falte ninguno de sus rasgos esenciales en este nuestro abocetado retrato del escritor colombiano. Nunca olvid que era biznieto de un espaol, del poeta gaditano Francisco Javier Caro, y ya desde su primera juventud mostr su fervoroso amor a Espaa, cuando el hablar mal de la madre patria era un tpico comn de la poesa americana, exacerbado todos os aos por las inevitables conmemoraciones patrioteras oficiales del 20 de julio; cuando se necesitaba un gran valor cvico para romper lanzas en su defensa. Este amor le hizo prorrumpir en 1866, al estallar la guerra entre Chile y la Pennsula, en este enrgico apostrofe:
De l a p r o p i a y l a e x t r a a S a n g r e q u e t i e el m a r , t o d a es de E s p a a .
Con razn, pues, pudo escribir en 1886 don Rafael Merchn al tratar de este punto, la siguiente paradoja: No hay en la Pennsula quien ame a Espaa como la ama Caro. Este culto se sobrepone a su propio patriotismo, y por l se encara con el Padre Las Casas tan explotado por los enemigos de nuestra conquista, y aun con el propio Olmedo, el cantor sublime del hroe de la Independencia, por l tan venerado, para apostrofarle por sus denuestos contra Espaa, y le hace exclamar en su poesa La Redencin, que la constancia, la fe inquebrantable de Bolvar
V i r t u d es de l a t i e r r a Q u e b a a el m a r C a n t b r i c o , De v a s c o * g'enitores H e r e n c i a slo fue.
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Pero todo eso es poco comparado con lo que escribi en 1873, en el prlogo de su versin de Virgilio: As de Espaa y Amrica, estados independientes, cumple formar una nueva y sola Castilla Gentes que tienen un mismo origen, un mismo culto y un mismo idioma pueden ser distintas naciones, pero ante Dios forman una familia > So, como se ve, con una especie de federacin poltica entre Espaa y sus antiguas colonias; con una unidad ms que espiritual, con una compenetracin total e indestructible entre los pueblos de origen hispano. Am la grandeza de nuestra raza con el orgullo con que un romano la grandeza de Roma, y la soberana magnfica de nuestra lengua, como los hombres del Renacimiento la majestad de la dominacin mundial de la lengua latina, sentimiento que puso en la pluma de Lorenzo Valla, el historiador de nuestro Alfonso V el Magnnimo, estas soberbias frases: Ibi namque romanum imperium est, ubicumque romana lingua loqaitur.... Apud nos, id est, apud multas nationes nemo nisi romane loquitur.
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La lengua castellana! H aqu otro de los grandes amores de Caro, consecuencia lgica de su desinteresado hispanismo. De este afecto nacieron su fraternidad literaria con don Rufino Jos Cuervo, el Littr de la filologa castellana, y sus profundos tratados gramaticales que tanto han contribuido a la purificacin del espaol en Amrica. Probablemente no hay un estudio tan perfecto sobre el uso en materia de lenguaje como el que l public bajo este ttulo. De l y del que consagr al americanismo, afirm el tantas veces citado don Rafael M. Merchn, que son como un Evangelio de la lengua castellana, y compar el Tratado del Participio y la Gramtica latina, que escribi en unin del citado seor Cuervo, a dos pirmides levantadas en el campo de la filologa. Ojal los innovadores atrevidos y los dictadores presuntosos de los idiomas, que creen que puede sujetarse su vida fecunda y misteriosa al capricho de sus elucubraciones lxicas o gramaticales, tuvieran siempre presente esta soberbia sentencia del fillogo bogotano: ni arcasmo parasitario, ni neologismo imprudente.... nada de cambios bruscos en las lenguas, como en las linternas mgicas. A semejanza de Menndez y Pelayo, la veneracin filial de nuestro escritor por la lengua castellana no fue en l tan exclusiva, que le hiciera olvidar que en Espaa se hablan adems otras que tienen tambin una gloriosa historia literaria. En su alma generosa, la de su madre patria no poda vivir fragmentaria, o mutilada, sino con _su integridad sustancial y hermosa variedad. De aqu su cario hacia la lengua catalana, del cual fui yo tal vez en este suelo el nico confidente; y hoy que se me ofrece una feliz coyuntura para ello, voy a divulgar a mis lectores alguna de esas gratas expansiones que no han hallado
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cabida en los dos estudios que dediqu al hispanista y al poeta, y donde he hablado tambin de su catalanismo literario. El juicio que Caro hace de nuestro gran lrico cataln Miguel Costa, es un nuevo argumento de la verdad de aquella leal afirmacin que su honrada conciencia literaria le arranc a don Juan Valera, de que los escritores catalanes hubieron al fin de convencerse de que haban de hallar siempre ms fcil expresin para sus sentimientos e ideas en su habla materna que en la de Castilla. Por la inmensa mayora de los proceres de las letras castellanas ha quedado siempre relegada al olvido, como si no formase parte de su patrimonio espiritual, la selecta produccin en lengua nacional de los Quadrado y Toms Aguil, de los Vicente W . Querol y Llrente, de los Costa y Llobera, Juan Luis Estelrich, Juan Alcover y otros nombres escogidos, que ahora no acuden al reclamo de mi memoria. Cuando esa produccin ha sido conocida, desde los das de Boscn hasta los de Hermosilla, y de Valera, siempre les ha salido al paso a los poetas catal mes que se han lanzado a escribir en castellano algn descontentadizo crtico, como Herrera, dispuesto a tentarles su mal compuesto traje para sorprender, debajo de l, su recia musculatura catalana. Pero en este mismo caso, es decir, cuando los escritores han sido bilinges, no les han faltado tampoco nobles crticos, como don Miguel A. Caro, que les han mostrado lealmente sus preferencias por su produccin en su nativa lengua. Vase, en prueba de mi aserto, lo que dijo hace ya ms de treinta aos acerca del citado poeta cataln: He saboreado los poemas de Costa, parecindome 1 os catalanes muy superiores, mucho, a los castellanos, y en todo suscribo el juicio que usted ha formado de l, comparndole con Verdaguer, ms gigantesco, pero menos reflexivo y artstico. Costa tiene tacto ms fino.- En algunas de las pginas de este volumen ya tendrn mis lectores ocasin de cerciorarse del singular aprecio que Caro haca del cantor de la Atlntida y del Canig, de quien tradujo al castellano la preciosa poesa Vora la mar. Rstame ahora dar un nuevo testimonio de este aprecio, que tiene a mi ver mucho valor, porque las frases en que le mostr fueron escritas en aquellos mismos das en que le tenan preocupado los embates inmerecidos, a los que antes me refera, y a los que hace una curiosa alusinque tuvo que sostener con motivo de su prxima elevacin a la suprema magistratura del pas. He recibidome escribanuevos ejemplares de algunas de las preciosas producciones poticas del seor Verdaguer. Pens dedicarles un artculo, pero
Me bello e t a n t o d i g r e s s u m et coede recenti A t t r e c t a r e n e f a s doee me ilumine vivo Abluero.. ..
V I R G . Aen. II, 718.
Algo semejante deca Bartolom Argensola en su famosa epstola didctica (no recuerdo textualmente los trminos): y yo
E s t u d i o s l i t e r a r i o s M . A. Caron
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lo digo con ms razn que todos juntos. Hgame usted el favor de hacerlo presente al gran poeta cataln y de manifestarle en mi nombre que no slo le tengo en mi biblioteca sino en mi corazn. Unido por el vnculo de las letras, lo est adems el nombre para mi inolvidable del seor Caro, no ya slo con Catalua, sino con el de mi venerando padre, de quien tradujo el soneto O/2, sorii per mos ulls en plors desfetes, y al que consagr otro bellsimo, en el que resplandece todo el afecto de su alma generosa hacia aquel madrugador precursor del Renacimiento cataln, que no abandon nunca su nativo acento, para cantar los ms puros ideales de su inspiracin, que fueron cabalmente los de nuestra naciente musa patria. No puedo resistir a la tentacin de transcribir aqu al menos los dos ltimos tercetos de tan delicada poesa, donde hallo unidas por feliz casualidad, tan dulces alusiones a dos de los seres ms queridos de mi alma:
D i c h o s o s los g a l a n e s j u s t a d o r e s Que puntean, cual t, mstica l i r a . Q u e o f r e n d a n , como t , c a n d i d a s florea! D i c h o s a , veces m i l , b e l d a d q u e i n s p i r a T a n p u r o y c a s t o a m o r , c u a l los a m o r e s Q u e el t r o v a d o r del L l o b r e g a t s u s p i r a !
* * * Ya es demasiado tarde para hablar extensamente de los versos de Caro. Si pudiera juzgarle ahora, que los tengo ms ledos, lo hara con mayor conocimiento de causa, aunque siempre con la misma escasa fortuna que cuando lo intent, con sobrada osada, hace ms de treinta aos en las pginas de La Espaa Moderna, hoy reproducidas en este volumen. Imitemos al gran escritor. No sintamos impulsos de decirlo todo, sino lo que se necesita para la inteligencia del asunto. La poesa fue el amor de toda su vida, hasta los ltimos momentos de ella: imperativo categrico de su efusivo corazn. Su temperamento reflexivo, meditabundo, le inclinaba a ella. Hered la musa filosfica de su padre el gran poeta don Jos Eusebio Caro, pero hall en su alma, asimismo, riqusima mina de sinceros y fuertes impulsos, y trat de sondear por s propio los misterios infinitos de las cosas. Es un poeta de rara originalidad en el Parnaso espaol, y al cual es difcil afiliar-a escuela alguna. La reflexiva y recatada musa romntica, que inspir las bellsimas baladas de nuestros Piferrer y Carb, le hubiera adoptado como hijo suyo. Tiene composiciones como La flecha de oro, Las Aves, Sueos, El hurfano, La vuelta a la patria, el Canto al silencio, que son una continua meditacin, una suave invitacin al recogimiento, como el producido por la audicin de una penetrante y misteriosa meloda musical, que parece ponernos en contacto con el infinito: son un dulce soliloquio del alma, un vuelo vago hacia regiones supremas. No es poesa
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para todos, ni que pueda gustarse en una ligera lectura; es flor de fragancia extica y exquisita, hasta entonces no exhalada en el vergel de las musas castellanas. Pero una vez comprendida, se apodera de nosotros, y entonces nuestro espritu, como el de fray Luis de Len al or el son divino de la msica de Salinas, navega en un mar de dulzura, y envidia al poeta que tan noblemente le hace sentir. No siempre es as. Tambin conoce Caro, aunque sin dejar de ser nunca profundamente reflexivo, las voces viriles y vibrantes de la Musa de la indignacin, como lo muestra su oda a Maximiliano, que parece escrita por Nez de Arce, o los solemnes acentos de la Musa triunfadora que le inspira cantos tan soberbios, cual el dedicado a la Estatua del Libertador, que tiene la robusta y difcil estructura de una oda de Horacio, y una honda melancola manzoniana. Bolvar y Napolen han encontrado en Colombia y en Italia dos cantores dignos de su grandeza. La versificacin en Caro no es una mera sonoridad musical, adaptada caprichosamente al asunto: es siempre una misteriosa e ntima correspondencia con el vago ritmo interno de los sentimientos del alma. Las traducciones poticas de Caro forman parte integrante de su tesoro de inspiracin original; son como su complemento necesario, y alcanzan a veces un mrito de creacin igual al primero. Quien no tendr por tal en efecto, pongamos por caso, su admirable versin de la poesa Pense des mors, de Lamartine, que lleva en su coleccin el ttulo de Memorias de los muertos? Porque no son slo estas composiciones de su escogido florilegiouno de los libros ms interesantes y amenos que en su gnero conozcouna mera adaptacin literal, sino una asimilacin o recreacin de la inspiracin del autor traducido, al cual sujeta a un anlisis reflexivo de sus facultades, para sorberle mejor los alientos. Para dar a comprender la importancia que conceda Caro a su noble labor, que no me atrevo a calificar de ejercicio diasquedtico, me bastar reproducir aqu la sentencia del Brcense, que pone como epgrafe de sus traducciones: Maioris esse semper credidi diligentiae aliena scripta retexere, quam nova proprio Marte componere (1).
Yo no he conocido personalmente a don Miguel Antonio Caro; pero al travs de su correspondencia epistolar, sencilla y efusiva, se me ha revelado su temperamento moral en toda su belleza. Le he conocido, adems, por la conversacin con deudos e ntimos amigos suyos que le amaron entraablemente. Aquel hombre extraordinario, a quien su patria y las letras haban otorgado los ms altos galardones, de mirada reflexiva
(1) Traducciones poticas, de don Miguel Antonio C a r o , B o g o t , 1889. L a s 8*i versiones q u e c o m p r e n d e , no t o d a s son de C a r o . L a m a y o r p a r t e de ios o r i g i n a l e s lo son de a u t o r e s i n g l e s e s ; s i g u e n desp u s los f r a n c e s e s e i t a l i a n o s . Slo c o n t i e n e ocho piezas de a u t o r e s l a t i n o s . Y d i r n t o d a v a a l g u n o s que e r a un c l a s i c i s t a e s t r e c h o y cerrado!
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y velada por una intensa miopia, de severo busto, que pareca modelado por un escultor de la antigua Roma, tena un corazn de oro, y era en el fondo del hogar, y en el trato con sus amigos, familiar, sencillo como un nio, de genio jovial, en el que se mezclaban la sal andaluza heredada de sus progenitores, y la tica agudeza. En el seno de su familia hall sus mayores delicias. La suerte le depar una excelsa compaera de su vida, nobilsima dama de ilustre estirpe, dechado de virtudes, y alto ejemplo de grandeza de alma. En sus hijos hall tambin un tesoro de cario, y dignos sucesores y veneradores de su nombre, que saben a cunto les obliga. Sigue entre ellos sobre todo la noble y ancestral tradicin familiar continuada en cinco generaciones de escritores, don Vctor E. Caro, notable poeta, cual lo prueba, en sentir de los crticos, el volumen de sonetos que ha dado a luz; hombre de ciencia, a la vez, el cual acaba de ser llamado a formar parte de la Academia Colombiana, para llenar la vacante de su deudo, el insigne Hernando Holgun. Caro senta la amistad como una necesidad de su corazn, pero en crculo reducido, y en el terreno de la mayor confianza. Yo tuve la fortuna inestimable de contarme en el nmero de los pocos afectos que cultiv en esta tierra espaola por medio de la correspondencia, para la cual era tardo y perezoso, porque no saciaba suficientemente sus anhelos de larga y franca expansin Se entienden por carta los amigosme decaque no pueden verse ni hablarse jams. Toda carta es mensajera de una prisin. Perd en Caro una perla de amistad, y su muerte, como la de Menndez y Pelayo, me dej sumido en honda orfandad e s piritual. Cmo podr pagar jams este afecto con que un hombre tan grande enalteci y premi mi modesta vida intelectual?
ANTONIO R U B I O Y LLUCH (l)
ESTUDIOS
LITERARIOS
TERCERA SERIE
BIBLIOGRAFA BOLIVIANA Entre los homenajes literarios que han de tributarse a la memoria del Libertador de Colombia con motivo del primer centenario de su nacimiento, sera, aunque no brillante por su naturaleza, trabajo meritorio y tilsimo una Bibliografa boliviana. Si nosotros fusemos Gobierno, en vez de abrir concursos sobre asuntos de arquitectura, escultura y otros semejantes, en que el actual estado prehistrico de las nobles artes en Colombia no permite que se presente nada aprovechable (dgalo el grotesco pedestal de la estatua de Bolvar), habramos propuesto un premio remuneratorio (no bombstico) al mejor estudio bibliogrfico que se escribiese sobre el Libertador, y que reuniese verdaderas condiciones literarias y crticas. Sabemos que en Caracas se han preparado trabajos importantes sobre el Libertador, que deben salir a luz en esta fecha gloriosa: quiz el ms serio de todos un libro histrico escrito por don Aristides Rojas. No habrn pensado all en un trabajo de bibliografa crtica como el que aqu indicamos? Celebraramos como una fausta coincidencia que con este pensamiento nuestro concurriese su realizacin en la capital de la vecina Repblica. De todas suertes vamos a consignar aqu brevsimas indicaciones sobre el proyecto que en esta fiesta solemne ofrecemos al pblico a modo de semilla que se esparce a los cuatro vientos de la publicidad. Si el pensamiento es bueno, no importa que no se haya llevado a acabo en determinado aniversario. Como se ejecute bien, en cualquiera ocasin ser oportuno realizarle; porque la gloria del Libertador no es de un da, ni asunto de moda, sino de perpetua recordacin.
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Una Bibliografa boliviana sera medio muy propio de vulgarizar y extender el conocimiento del Libertador, y clave para estudiar a Bolvar bajo cualquiera de sus fases; siempre que tal trabajo, como dejamos dicho, rena verdaderas condiciones literarias. Y entre stas, dos capitales: ser muy completo y exacto en datos, y muy sobrio y seguro en apreciaciones crticas. La parte propiamente bibliogrfica debera traer larga y bien ordenada resea: 1., de todas las producciones del Libertador, ya de carcter pblico, ya privado; 2., de todas las publicaciones relativas al Libertador, ora se refieran a l exprofeso, ora ocasionalmente.
En la parte critica deberase juzgar del mrito de las obras publicadas, y al mismo tiempo trazar el mtodo y forma que convendra seguir en alguno de los gneros de composicin que se examinan, mayormente en el biogrfico. Antes de escribir la biografa del Libertador han de discutirse y fijarse las ideas sobre el modo de escribirla.
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Lugar principal ocupara en una Bibliografa boliviana la seccin de polgrafos y epistolarios. Tres grandes colecciones de documentos relativos al Libertador se han publicado en Caracas: 1. La impresa en 1826-1828. Comprende 15 tomos en 8. 2. La que orden el General J . F. Blanco y continu el seor Azpura. Son 14 grandes tomos en 4., publicados en 1876 y 1877. 3. La de O'Leary, de que hay hasta ahora impresos 16 tomos (1879-1881). Estas tres riqusimas colecciones se encuentran en la Biblioteca pblica de esta ciudad. Entendemos que para esta fecha deben salir a luz nuevos tomos de la de O'Leary. * * * El Epistolario boliviano es seccin bibliogrfica que merece considerarse separadamente. Este venero es frtilsimo. Todo lo que habl y escribi Bolvar conmueve, cautiva. Pero su elocuencia, fuego indeficiente de su espritu privilegiado, centellea a las veces con ms viveza en sus efusiones ntimas, en sus cartas familiares. Por otra parte, en algunos de esos rasgos se coge el hilo perdido de algn gran suceso. La Vida de Bolvar por Larrazbal (2 tomos, Nueva York) deba de servir de introduccin a la coleccin de cartas del Libertador, que durante algunos aos anduvo recogiendo aquel ilustrado escritor venezolano. El desgraciado colector y su tesoro literario perecieron en un naufragio. Es verdad que Larrazbal no llevaba consigo sino copias de las cartas de Bolvar: los originales, por fortuna, existen, aunque dispersos. En la misma tarea que traa entre manos Larrazbal se ha empeado otro benemrito paisano suyo y admirador de Bolvar. Copiosa es la coleccin de cartas que ha reunido y acaso dar a luz para esta fecha don Aristides Rojas. Hay una tercera coleccin: la del General O'Leary, aumentada por la diligencia de su hijo don Simn. Debe formar parte del archivo a que antes nos hemos referido. Buenas tablas alfabticas, gnero de trabajo que ha cado en desuso en estos tiempos por culpa de los editores y con gran dao para los estudiosos, se echan menos como indispensable complemento de publicaciones tan voluminosas.
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En su lugar respectivo deberan citarse las opiniones de historiadores y publicistas nacionales y extranjeros relativas al Libertador, agrupndose los juicios de segunda mano, y refirindose a los primitivos y directos. Entre los historiadores extranjeros que han consagrado alguna o algunas pginas a Bolvar, baste citar a Cant v al alemn Gervinus [Historia del siglo XIX). Entre los escritores de la antigua Colombia (neogranadinos) que conocieron al Libertador, y que extensamente han hablado de l y de su poca, tomaremos slo cuatro nombres: Garca del Ro: actor, en primera lnea, en la poca de la organizacin y subsiguiente disolucin de Colombia; leal amigo y partidario intrpido del Libertador, el testimonio del ilustre cartagenero, autor de las Meditaciones Colombianas, debe recogerse como de altsimo precio. Groot, Historia Eclesistica y Civil, tomo m. Restrepo, Historia de la Revolucin de Colombia. Posada Gutirrez, Memorias, tomo i. Algunas pginas de este libro, y entre ellas la relacin de los sucesos del 25 de septiembre de 1828 son ureas, y de lo ms elocuente que tenemos en este linaje de escritos.
Entre escritores neogranadinos posteriores que han emitido juicio respecto del Libertador nombraremos slo a algunos: Jos Eusebio Caro. En un recuerdo del 25 de septiembre en El Granadino (1842) y en sus artculos sobre la historia de los partidos, en La Civilizacin (1849). Del artculo de El Granadino, completamente desconocido de la generacin presente, como que la coleccin de ese peridico se ha hecho rarsima, se reproduce hoy un fragmento en El Correo Mercantil.. Pedro Fernndez Madrid. Fue, como su ilustre padre, apasionado admirador de Bolvar. Por los aos de 1852 a 1853 escribi en defensa del Libertador, y en contestacin a la Gaceta Oficial, unos artculos que public entonces El Pasatiempo y reproduce hoy la revista Anales de Instruccin Pblica. j . j . Ortiz. En varios artculos y poesas: vase el que public el ao anterior el Papel Peridico. Ricardo Becerra. Ensayo Crtico. De la responsabilidad atribuida a Bolvar enel asesinato de Monteagudo y muerte de Snchez Carrin, y sobre las ideas poltico-constitucionales del mismo. Santiago (Chile), 1879. Este folleto se public en contestacin al artculo de Ricardo Palma Monteagudo y Snchez Carrin (Lima, 1879), que tan brava polvareda levant. Otras publicaciones que entonces se hicieron en vindicacin de la memoria de Bolvar, salieron colegidas en un volumen por el seor Prez y Soto, colombiano residente en el Per, y entusiasta panegirista del Libertador.
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Ei doctor Cervantes y el Genera! M. A. Lpez se lian distinguido por los frecuentes recuerdos que en los peridicos de esta capital han solido consagrar a las glorias del Libertador.
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Hemos tomado al vuelo algunos nombres neogranadinos. Vase, respecto de venezolanos, La Biblioteca Rojas, que se halla de venta en las libreras de esta ciudad. Baralt, en el resumen de la Historia de Venezuela, traza el retrato moral de Bolvar, y Pez en su autobiografa, ie pinta bien, recordando la impresin que caus en los hrcules llaneros un homnculo que slo poda dominarlos fascinndolos con los prestigios de su genio. Excusado es decir que la Bibliografa boliviana debera comprender no slo los escritores parciales a Bolvar sino tam: i i los que :c fueron adverso;.
Una seccin bibliogrfica que podra tratarse con amenidad es la de viajes. En a poca de la gran Colombia visitaron este pas hombres de mucha cuenta, que dejaron en libros o en correspondencias consignados sus recuerdos. De lo relativo al Libertador, que es no poco, debera tomarse nota. Con esta seccin se da la mano la de ancdotas. Algunas de las muchas que vuelan en boca del pueblo han sido recogidas por la elegante pluma de Jos Caicedo Rojas.
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* * En la seccin potica la calidad suple con ventaja por la cantidad ; Bolvar fue cantado por Olmedo, Bello, Heredia, Fernndez Madrid y Vargas Tejada. Qu autores y qu asunto para un certamen potico! Y qu ocasin para un juicio comparativo! * * * Complemento lucidsimo de la Bibliografa sera un trabajo iconogrfico. A nuestro compatriota Alberto Urdaneta toca el honor de haberlo acometido. Ha reunido en Bogot ms de cien retratos diversos del Libertador, los ha clasificado y descrito. Slo le falta redondear su estudio con el examen de los que a estas horas se exhiban en Caracas.
(l Correo Mercantil, 23 julio, 1883?.
CRITICA
RATONESCA
Hay dos especies ms notables de crtica literaria: la as propiamente dicha, y la filolgica. La primera estudia el espritu, las tendencias, el valor intrnseco, las condiciones caractersticas de las producciones del ingenio. La crtica filolgica examina la expresin del pensamiento; los pormenores de estilo; las delicadezas de propiedad, de lenguaje, de sintaxis, de versificacin. Para ejercitarse con lucimiento en la crtica literaria requirese vasta ilustracin, mucha lectura, criterio elevado y seguro. La crtica filolgica exige a sus cultivadores erudicin clsica, juicio sutil, sagaz, ejercitado en el anlisis. El objeto de la crtica no es rebuscar defectos con espritu malvolo y mezquino. Esa no es crtica sino murmuracin odiosa. La crtica verdadera es luz que deja ver por igual en los objetos lo bello y lo imperfecto. Algunos que hojean libros y no han aprendido a leerlos, porque no estudiaron las materias por principios; aquellos que imaginan que toda la ciencia literaria y filolgica se reduce a ciertos conocimientos sueltos sobrenadantes en un mar de insondable ignorancia; esos tales creyeron que criticar vale mordiscar, y q.ue sentar plaza de crtico no es otra cosa que meterse a sueltista de peridicos maldicientes. De aqui un nuevo gnero de crtica, que no es literaria, ni filolgica, ni crtica siquiera. Es a lo sumo una crtica ratonesca. Consiste en coger una palabrita aqu y una palabrita all; en citar pasajes de cualquier libro, sin distinguir a escritores de escribientes; sin la ms elemental discriminacin entre lo que es castizo y elegante y lo que es bastardo y desaliado; y en referirse, por ltimo, a la autoridad de Bello y de Cuervo, que es grande, pero que manejada por estos pedantes se parece a la teologa del General Mosquera, o bien a una espada que, no habiendo sido nunca, sin gran razn, desenvainada, pasa a manos de un mico. Antojsele a un crtico de este gnero literario juzgar al seor don Jos Joaqun Ortiz como poeta. Sabido es que el seor Ortiz es uno de los lricos ms eminentes, no slo de Colombia sino del mundo espaol: bien mereca de un compatriota una crtica elevada, aunque fuese adversa. El crtico emborron muchas cuartillas copiando truncos y en indigesto montn varios pasajes en que el seor Ortiz emple el adjetivo ledo. l crtico sac la cuenta con escrupulosa
dad matemtica: el seor Ortiz en un tomo de versos us esa palabrita seis, ocho, o diez veces: puntualsima cita de pginas. Pero ya se haban valido de igual adjetivo Lista y Mora y no s quin ms Ergo: anatema. El seor Ortiz es un plagiario, y nada ms que un plagiario. Ms breve y concluyente hubiera sido una referencia al Diccionario: el seor Ortiz usa el adjetivo ledo, este vocablo se registra en el Diccionario, luego el seor Ortiz plagia descaradamente el Diccionario de la Lengua! Pero segn otro principio de los que ha inventado para su diversin la novel e inconsecuente crtica, est autorizado todo aquello que antes haya sido dicho por cualquiera. Nadie ha de decir las cosas de un modo nuevo, original y gallardo. El ms feliz atrevimiento ser condenado en Ortiz, como cualquiera barbaridad de Perico de los Palotes. Pero aunque Perico de los Palotes no tuvo derecho a decir barbaridades, desde el momento en que otro las repita, Perico de los Palotes ya puede citarse como autoridad para abonar lo que dijo su torpsimo repetidor Qu contradicciones! Qu absurdos! Y qu ridiculeces! Hay un peridico de cuyo nombre no quiero acordarme: slo dir de l por seas que sin citar a Cuervo entre comillas, ni nombrarlo siquiera, levanta gran polvareda, porque se ha dicho producido y no producto; al mismo tiempo que anuncia en todos sus nmeros la publicacin de unas obras revistas, sin haber aprendido a decir obras revisadas, porque no se acord el autor de las Apuntaciones de ensear cosa tan obvia.... Ese peridico nos ofrece un nuevo reciente ejemplo de sagacidad crtica diogenesca digo, ratonesca. Copiamos: Dice Olmedo en su inmortal Canto a Junin:
Q u i n es a q u e l que el p a s o lento mueve Sobre el collado que a Junin domina?
Un par de comillas (sic) que encerrara (sic) el itimo verso citado de la poesa del seor Caro, hara que este preclaro miembro del partido conservador pudiera seguir ufanndose con el titulo de amigo y defensor de la propiedad. Tremenda cogida!.. Sin embargo: Cuando el autor del inmortal canto a Bolvar dijo:
A r b i t r o de l a pa/, y de l a g u e r r a
no hizo sino repetir un verso de Quevedo (sin comillas). Cuando Quintana apostrofa al Mar y al Sueo copia frases y hemistiquios de Herrera (sin comillas).
transcribe a Gngora (sin comillas). Cuando el mismo ilustre poeta venezolano escribe:
S i g u e con r u e d a s de oro al r a u d o vuelo,
se apropia a Balbuena (sin comillas). Cuando Espronceda Pero nada de esto viene a cuento de defender al seor Caro sino para dar al critico unos huesos que roer. El verso de Olmedo repetido por Caro nada tiene que ver con las citas precedentes. o hay ni remota analoga. Si el seor Caro hubiera querido zurcir entonces, nada ms fcil le hubiera sido que copiar de cualquier poeta espaol clsico una lnea o cien mil lneas en cuyo origen no hubiese podido dar el crtico que ha cacareado el hallazgo del verso de Olmedo. No se trataba de hacer una interpolacin disimulada, sino una alusin a son de campana. Hombre de Dios! No ve usted que Olmedo est citado ah en esos versos de Caro por medio de una perfrasis? No ve usted que la Masa que adora a Bolvar, sobre el collado que a Junn domina, es la Musa de Olmedo? Prescisamente, para que la alusin fuese directa, inequvoca, literal, el seor Caro eligi un verso que todo el mundo sabe de memoria, un verso que no pudiese escaparse, como no se ha escapado, ni a los que viven en Babia. Estos oyeron cantar el gallo, pero no supieron dnde; cogieron el rbano, pero lo tomaron por las hojas. Se acordaron del verso de Olmedo, y sin ms examen se dispararon a demostrar la feliz memoria que tienen y su erudicin incomparable. Pero el seor Caro (tan previsor fue), en la edicin que hizo de su oda en El Conservador, y a riesgo de ofender el sentido comn de los buenos entendedores, aadi esta nota: Sobre el collado que a Junn dominaVerso de Olmedo, puesto aqu como alusin a la Victoria de Junn, Canto a Bolvar. La inspiracin del cantor (Olmedo) difiere esencialmente de la del escultor (Tenerari). Todava se empear el crtico en que se pongan las c o millas? Y qu diremos de aquello de juzgar a un poeta llamndolo miembro de un partido poltico? Con este modo de hablar, que por desgracia es exclusivamente colombiano, no es el poeta sino el crtico, quien queda poltica y radicalmente calificado. Las muestras de crtica a que me he referido corresponden a un nivel intelectual y moral que pone grima. Si nuestros literatos y poetas no escribiesen guiados por el mvil generoso de las empresas estriles; si no tuviesen
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ms estmulo que esa crtica frivola y traviesa, ya hubieran colgado la pluma para siempre. [Triste literatura colombiana si hubiera de descender a la bajura de crtica semejante! Pobre literatura colombiana si se la juzgase en el Extranjero conforme a esos brevsimos fallos annimosl N: eso no redunda en honra del periodismo ni en honra de Colombia. Lejos de nuestro nimo condenar la censura formal y enrgica de lo que cada uno crea que merece ser censurado. Ejrzase muy en horabuena la crtica moral, la literaria, cualquiera especie de crtica, pero ejrzase con la seriedad que demanda el ministerio de la prensa peridica. Y por honor del pas! rechcense inexorablemente esas invenciones malignas, esas pullas de corrillos contra personas y cosas que merecen algn respeto, esas travesuras que ni siquiera alcanzan a hacer rer, esos alardes raquticos de ridicula erudicin gramatical; en fin, esa colaborcin de inmundicias, que nulidades que a ms no alcanzan, acarrean a la seccin de Sueltos como a favorito basurero.
(El Conservador, 3 s e p t i e m b r e . 1889).
SOBRE EL TERMINO
ESCUELA
Muy seor mo y de toda mi estimacin: He recibido la carta que usted me dirige con fecha 16. Aprecio en lo que vale el alto, aunque no merecido concepto, con que la modestia de usted me favorece. En su benevolencia y cortesa reconozco el sello de la educacin cristiana al par que literaria que ha recibido usted de su buen padre, y alegrme de ver en usted a uno de los jvenes que mejores esperanzas prometen a la Patria. Como usted desea obtener pronta respuesta a las dos cuestiones que propone, me apresuro a drsela; pero bien entendido (y as ha de constar) que este dictamen, en cuanto dado por m, no envuelve el valor decisivo que usted le atribuye, ni es ms atendible que el de cualquiera otro ciudadano de la repblica de las letras, en la cual no hay tribunales competentes para dictar falles definitivos sobre puntos controvertibles. Empero, si no se va (como no vamos ahora) a optar entre varios sistemas ni a terciar entre gustos diversos, sino a fijar conceptos y depurar definiciones, podremos confiar que estamos en lo cierto si llevamos una opinin que acierte a concordar razonablemente la doctrina de autores calificados que trataron la materia. Seguir este mtodo, que en tales casos es el ms seguro.
CUESTIN PRIMERA
Qu es escuela
potica?
Escuela despierta la idea de disciplina mental. Los hombres se forman por la educacin, y a los que han de ser juzgados por obras de talento o de ingenio, se les clasifica con arreglo a la agrupacin o centro intelectual a que pertenecen. Escuela fue en la edad media sinnimo de universidad o estudios generales, y sabido es lo que por antonomasia han venido a significar escuela y escolstica. Tmase esa voz en sentido antes particular que genrico, porque si bien se dice, verbigracia, escuela espiritualista, escuela clsica, cuando tales expresiones se emplean aldese a cierto perodo y a determinada propaganda de ideas. Si se trata de creencias muy extendidas, de lo que es ndole de una nacin entera, o carcter de todo un siglo, no es
propio llamar a eso escuela. Dentro de una civilizacin y dentro de cada nacionalidad, caben varias escuelas, las cuales pueden a veces subdividirse, y admiten variedades y gradaciones. Ese trmino indica tambin pacfico desenvolvimiento de estudios, libre ejercicio de facultades; por manera que no ha de aplicarse a formas de opinin determinadas por la violencia o el inters, o que de una u otro participan; a sectas, parcialidades o facciones. Una escuela toma su nombre, o bien del LUGAR cuando en una regin ha habido tradiciones, enseanzas y costumbres, cuya estampa subsiste en la produccin intelectual o artstica de varios, a pesar de las diferencias individuales, por marcadas que fueren; y as decimos: la escuela de teologa de Tubinga, la escuela de pintura o de poesa de Sevilla; o bien del MAESTRO, cuando un autor famoso arrastra secuaces e imitadores en diversos tiempos y regiones, y as se dice tambin; la escuela de moral de San Lgorio, la escuela potica de Horacio, la artstica de Miguel ngel. El Diccionario llamado de Autoridades de la Academia Espaola, en la voz escuela, fuera de las definiciones de sentido recto, trae las dos siguientes que contribuyen a ilustrar el asunto. Escuela. Se llama tambin la misma enseanza y doctrina que se ensena y aprende. "De esta escuela y de estos principios se hizo con el tiempo y sali uno de los ms famosos capitanes del mundo." (Mariana, Historia de Espaa m, 9)"Que es escuela la soldadesca donde el mezquino se hace franco, y el franco prdigo." (Cervantes, Quijote, I, 39) - Se llama asimismo la doctrina, principios y fundamentos de algn autor, y as se dice: Escuela de Platn, de Aristteles, de Santo Toms. "Todos nombran por prncipe de esta escuela a Zenn Ctico." (Quevedo, Doctr. Est.). "Que el cuerpo de la luna es habitable, tuvo por opinin la escuela toda de Pitgoras." (Pantalen, Vejm., I.) Observo que escuela es trmino ms de ordinario aplicado hoy a las artes que a las ciencias, y como las artes, aunque sujetas a leyes en buena parte inteligibles, no florecen como resultado lgico del razonamiento, sino como hijas del instinto de imitacin; como ios artistas no se forman en las aulas sino en el taller, natural es clasificarlos en vista de las semejanzas y afinidades que entre ellos se advierten en el ejercicio del arte, prescindiendo de los principios que algunos de ellos hayan profesado expresamente, cuando no supieron poner por obra lo que enseaban, o de ello se desviaron en la prctica. Las teoras servirn para deslindar escuelas estticas y no artsticas. Estas son prcticas, y gravitan en torno de los modelos; especulativas aqullas, siguen la corriente de las doctrinas y preceptos. Y dado que en cuanto se trate de discernir lo que constituye escuela, la crtica de artes nos ha de dar buena norma para la cuestin especfica que traemos entre manos, copiar la opinin de don Federico de Madrazo, consignada en un Memorndum que su hermano don Pedro extract en la introduccin al
precioso Catlogo del Museo del Prado. Principia explicando el concepto de escuela en estos trminos: Procurar probar del modo ms claro posible, y con entera imparcialidad, lo que acerca de Escuelas de pintura he aprendido y tengo por seguro. En todos los ramos del saber humano han formado agrupaciones o escuelas los hombres que a ellos se han consagrado; y si esto ha sucedido en el cultivo de las mismas ciencias naturales, tan sujetas, al parecer, al raciocinio y a la prueba experimental, cmo no admitirlo en el de las bellas artes, donde no hay ms gua que el sentimiento, tan desconforme en todos los hombres y tan dependiente de las circunstancias, ya necesarias, ya eventuales, de raza, de localidad, de educacin, etc.? Pero las escuelas en pintura, lo mismo que en todas las artes, para ser tales escuelas necesitan ciertas afinidades y relaciones, cierta conformidad o uniformidad en sus producciones. Sin semejanza en el estilo o en la manera de comprender el objeto y los medios de que el ingenio se vale para interpretar el pensamiento, sin esa derivacin constante de principios y mximas que, respetando la originalidad y la individualidad en los genios extraordinarios, hace se perpete el carcter privativo de cada gran familia artstica, no hay, propiamente hablando, escuela. Puede compararse esta semejanza con lo que se llama aire de familia; y as vemos que lo primero que se llega a aprender a distinguir son las escuelas, y del mismo modo que decimos: "Juan debe de ser hijo o hermano de Pedro, porque tiene aire de familia con ste,'' dice el aficionado, al comenzar su educacin artstica: "Este cuadro debe ser de tal o cual escuela," porque encuentra entre la obra y las de la escuela a que la atribuye, caracteres inequvocos de afinidad. Pasa en seguida revista a las principales escuelas italianas, y volviendo luego las miras a Espaa, se pregunta si ha de decirse que hay una o varias escuelas espaolas. En esta parte el seor Madrazo seala el mtodo que conviene seguir en esta especie de investigaciones. Por qu causadicehan de contarse diversas escuelas de pintura en Espaa? Dos son a lo sumo las que en buena razn podramos admitir con buen fundamento de verdad y justicia: la Sevillana y la de Madrid. Hagamos una experiencia con los varios representantes de las supuestas escuelas espaolas. Empecemos por barajar varios de estos autores, y pongamos en fila mentalmente las mejores obras que recordemos de Velsquez, Murillo, Ribera, Juanes, Zurbarn y Alonso Cano; prosigamos despus con algunos otros y agreguemos a aquella fila obras de Carreo, Cerezo, Antolnez, Vicente Carducho, etc. Qu resultar? Qu advertiremos? Que todos estos pintores van perfectamente juntos, que todos ofrecen unos con otros grande aire de familia; que todos presentan afinidades, que identifican su raza, sin ms diferencia que ser los pintores de Castilla dibujantes ms severos e ingenuos, y en el color ms realistas sin forzar los efectos; y los andaluces ms armoniosos y robustos en los tonos, si bien un tanto convencionales
en los efectos, y algo flojos en el dibujo. Esto no se opona a ciertas excepciones, etc. Cuando entre los instintos de raza y origen, y los ttulos adquiridos por naturalizacin, se establece competencia para fijar la filiacin de un artista, parece que a la influencia de la educacin y al contacto de las ideas debiramos atenernos, y asi lo dice el refrn: no con quien naces sino con quien paces; y el otro (no tomndolo en mala parte): dime con quin andas Con todo, en materia de artes, la patria reclama siempre la gloria de sus hijos, y la crtica suele ceder a estas exigencias.
N-> p r e s c r i b e n ios d e r e c h o s Del p a t r i o nido en os h u m a n o s p e c h o s .
ha dicho un poeta, que pas lo ms de su vida en suelo extranjero, y que dio con sus obras inmortales la prueba de este aserto. En el mismo sentido se decide el seor Madrazo: Jusepe, Ribera, Nicols Poussin, Valentn, o cualquier otro de aquellos pintores que, no siendo italianos, aprendieron y cultivaron en Italia el arte, debern o n ser incluidos entre los pintores de este pas? Los italianos han reclamado repetidas veces a estos artistas como suyos, y la verdad es que, si se atiende slo a la escuela en que se formaron, alguna razn tiene Italia para reivindicarlos, porque ni el Poussin deja de ser en sus obras un perfecto pintor romano, por su amor a la forma clsica, ni Valentn ni Ribera ocultan a nadie su estirpe caravagiesca. Pero tambin es cierto, por otro lado, que ni Ribera, ni el Poussin, ni Valentn, ni Claudio de Lorena son en sus respectivos estilos ciegamente secuaces de sus maestros, como tampoco lo fue Juan de Juanes de los florentinos y romanos, aunque tan estrechamente parezca a primera vista conformar con ellos. Sucede que todos los artistas de verdadero genio retienen fuera de su pas, y por muy larga que sea su permanencia en una escuela extranjera, algo, o ms bien dicho, mucho de su ndole nativa y del acento patrio; y esta consideracin ha debido, sin duda alguna, resolver la cuestin de la escuela artstica de los pintores residentes en tierra extraa, porque todos los bigrafos convienen ya en que el pintor pertenece a su pas natal y no a aquel en donde estudi. Se comprende que esta regla no es absoluta. Todo hombre, quiralo o n, pertenece a su patria, lo cual no quita que se le coloque en una escuela extranjera cuando hay razones poderosas que demanden esta incorporacin. Ni es aplicable el mismo criterio a la historia de la filosofa o de ramos del saber con ella ntimamente ligados, en los cuales las escuelas, a nodo de corrientes, tienen un carcter ms independiente y trascendental. En cuanto a os poetas, cuando se trate de dividirlos por escuelas (y es este el punto a que en resolucin debemos concretarnos), creo yo que deben considerarse como artistas y no como pensadores; que han de apreciarse por las condiciones propias de sus obras, y no por sus doctrinas; por lo que 'nacen,
15 y no por lo que predican. No que haya de desentenderse un verdadero crtico, de las teoras profesadas por el poeta a quien juzga; pero para clasificarle en escuela, como tal poeta, no ha de tomar aquellas teoras como base y premisa de su discurso, sino como ilustracin accesoria. Lo que s es indispensable para que dos poetas puedan considerarse de una misma escuela, es que las semejanzas y afinidades que entre ellos se descubran, procedan de unas mismas influencias; porque si no admiten explicacin histrica, se dir que tales poetas pertenecen a un mismo tipo intelectual, pero no hay razn para afiliarlos en una misma escuela.
Me he extendido demasiado y no queriendo detener ms esta carta, dejo, para otra, que escribir lo ms pronto posible, el examen de las definiciones de hiato, que es la segunda cuestin que usted quiere ver resuelta (1). Entretanto le autorizo para hacer de mi respuesta el uso que a bien tenga, y me ofrezco a sus rdenes afectsimo, seguro servidor y amigo,
MIGUEL ANTONIO CARO Estudios
UN MISIONERO POETA
i. E l Freeman's Journal11. T r a b a j o s poticos y filolgicos del P a d r e C e l e d n i n . Po Nono y el Concilio Vaticano, poema. I
Grato y satisfactorio por todo extremo es ver la firma de un compatriota, de un sacerdote y de un amigo, al pie de escritos que corren con estimacin y crdito en otras lenguas y en otros pases. El seor don Rafael Celedn, eclesistico distinguido en virtud y en letras, que ha demorado aos tras aos en La Goajira evangelizando las tribus de aquella pampa selvtica, se halla actualmente en Nueva York (dcese que enva de entrar en alguna Orden religiosa) y vemos que varios artculos suyos salen a luz en el acreditado semanario New York Freeman's Journal and Catholic register. En el nmero correspondiente al 3 de noviembre hay un largo escrito relativo a la devocin del rosario, recientemente recomendada en un documento pontificio que conocen nuestros lectores. Como un estmulotraducimos del ingls lo que a guisa de advertencia preliminar estampan los editores del citado peridicocomo un estmulo para propagar esta devocin, avivando el celo y afecto con que debemos practicarla y extenderla, hemos traducido para el Freeman's Journal el siguiente extracto de la introduccin a la versin potica del santo Rosario, publicada en espaol por el Padre Rafael Celedn. En el nmero del 17 de noviembre aparece en ingls otro artculo, del mismo colombiano, sobre oraciones por los difuntos. Precdele esta expresiva recomendacin: La siguiente colaboracin se debe a la pluma que obsequi a los lectores del Freeman's Journal con una preciosa exhortacin sobre el rosario Siente el traductor no haber acertado a expresar los pensamientos en la bellsima forma de que originalmente supieron revestirlos un gusto cultivado y una imaginacin brillante; y confiesa que en esta versin han perdido no poco de la uncin y de la fuerza que pone en todo cuanto escribe este celoso misionero y fervoroso amador de las almas. Sus palabras no brotan de sus labios, sino del fondo de su ser, y caen cual celestial roco sobre el corazn de sus oyentes. Un catlico en un cementerio no catlico, es el titulo de otro escrito de Celedn publicado en el Freeman's de 8 de diciembre. Ensayaremos hoydice el peridicointerpretar los pensamientos hermosos, y aun profundos, expresados de un modo altamente potico en la descripcin de una visita hecha a la ciudad donde yacen los restos mortales de muchos vecinos
de Nueva York y de Broocklyn. El autor es un escritor bien conocido ya de los lectores del Freeman's Journal. n El seor Celedn es poeta, y poeta de hondo sentir y de bien pronunciada originalidad. Sus poesas no son todas de igual mrito: hay algunas dbiles; otras, empero, de gran valenta; la expresin en ocasiones es dura, el mpetu de la inspiracin no acierta a contenerse dentro de la estrofa, y rompe los moldes del ritmo; otras veces el estilo refleja con naturalidad y limpieza el pensamiento. El seor Celedn era ya conocido como poeta antes de recibir las sagradas rdenes. Desde entonces notbanse ya en su poesa las tendencias religiosas de su espritu. En 1856 vino a Bogot, y public su hermoso canto Al Tequendama. El Apstol de La Goajira no ha colgado la lira: la ha consagrado con nuevo fervor a asuntos religiosos. Con las cristianas melodas que sabe sacar de ella, ha solazado sus horas solitarias y sus evanglicas excursiones en aquellas comarcas de aspecto agreste y primitivo, habitadas por gentes de oscuro entendimiento, pero de corazn sencillo y dispuesto a recibir la buena enseanza. Citaremos algunas de las poesas de Celedn: A un amigoPublicada en 1856. En esta composicin se vislumbra una historia de arrebatos y desengaos juveniles. El autor a la sazn tena veintids aos. El joven poeta, morador de los nativos valles del Cesar (departamento de Rohacha), busca la paz y no la encuentra sobre la tierra. La busca en los sepulcros: all mismo va a perseguirle la tentacin. Le ha cautivado un objeto que no podr ser suyo ha concebido un amor sin esperanza invoca a la muerte; vuelve los ojos al cielo. Hay en esta poesa estrofas gallardas. Al TequendamaEn esta oda el autor compara las olas despeadas del torrente con las legiones de ngeles malos precipitados desde el cielo. Hay en estos versos vigor descriptivo y armona imitativa:
H u y e r o n ! . . . . Y el E m p r e o s o b r e s u firme eje, E x c e p t o el trono e t e r n o , firmsimo de D i o s , R e t r o c e d i c r u j i e n d o , r a s g s e por s m i s m o ; E n t o n c e s el U n g i d o m a n d l o s a l a b i s m o , Y en tumbo los r e b e l d e s e c h r o n s e a s u voz. T a l , r p i d a s rodando, rompindose, b r a m a n d o , E n t m p a n o s de e s p u m a del s p e r o p e n , A l seno t e n e b r o s o del c n c a v o , hondo a b i s m o , A r r j a n s e tus a g u a s , sublime Cataclismo, Y el a l m a a l c o n t e m p l a r l a s te r i n d e a d m i r a c i n . E x t t i c o , en s i l e n c i o , y a t e n t o , fijo el ojo, Me gozo en tu c a d a , m e gozo en t u altivez; Y m i r o q u e e n t r e t a n t o t u mole se d e s e r e a , F a n t s t i c a oscilando la corva, tosca pea; V a y vienese l e v a n t a . . . . d e s c i e n d e y va o t r a vez! Estudios literariosM. A. Caro2
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Y t o r n a n ! . . . . Y en m i a s o m b r o l a p t i c a e n g a o s a M e finge q u e t u s o n d a s c u a l t r o m b a d e l a m a r S e a r r o j a n a envolverme en r a u d o r e m o l i n o Y en e n t u s i a s m o a r d i e n d o y en x t a s i s divino E s p e r l a s . . . . en v a n o ! q u e n u n c a h a n de l l e g a r .
Nuestros Mrtires. El lago de Maracaibo. La Augustsima Trinidad y el Ocano. Caracas y la vega del Guairegloga. Interlocutores, Rstico y Urbino. Habla primero Rstico:
T canta, caro Urbino, A l d u l c e son de t u a r m o n i o s a l i r a C u a n t o l a v i s t a en l a c i u d a d a d m i r a ; Que yo cual campesino D e m i r s t i c a flauta a l s i l b o b l a n d o E s t a v e g a del G u a i r e i r c a n t a n d o .
La Anunciacin de Nuestra SeoraPoema lrico premiado en pblico certamen con medalla de oro, por la Academia de la Juventud Catlica de Bogot el 8 de diciembre de 1871. El Papa Infalible. La vspera del 14 de mayo de 1874 en RohachaEl poeta celebra el aniversario de un gran beneficio recibido de la Virgen Santsima por la poblacin de Rohacha. La descripcin de la tarde y de la bandera multicolor del cielo, es bellsima; no podemos resistir al deseo de transcribir este trozo, que por s solo bastara a confirmar el ttulo de poeta al seor Celedn, y estamos seguros de que los lectores de los Anales Religiosos tendrn por corta esta transcripcin:
. . . . M a s levantemos A l cielo l a m i r a d a Y a b s o r t o s contemplemos E l sublime espectculoYa hunde S u faz el sol e n t r e l a s b l a n d a s o n d a s D e l a p a c i b l e m a r ; pero difunde L o s r a y o s de s u r u b i a c a b e l l e r a P o r los contornos de l a azul e s f e r a L a s n u b e s e s m a l t a n d o de e s c a r l a t a , D e p r p u r a y de p l a t a , O convirtiendo en oro L a s b l a n c a s g o t a s de s u d u l c e lloro. A l S u r , sobre l a s cumbres De la a p a r t a d a S i r r a s e escarmenan L o s copos de n e b l i n a E n c a p r i c h o s a s f o r m a s de leones, De naves a l a vela Que van dejando luminosa estela; D e a l m e n a d o s c a s t i l l o s , de d r a g o n e s , Y h a habido fantasa Q u e m i r e e n t r e f u l g o r e s , de M a r a L a imagen sacrosanta P i s a n d o l a s e r p i e n t e con su p l a n t a . Y todo d i b u j a d o
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S o b r e el azul de un cielo t a n s e r e n o Cual plcida conciencia D e p e c a d o r y a limpio del p e c a d o . M a s todo se t r a n s f o r m a y d e s v a n e c e A m e d i d a que crece L a g r a n conflagracinQu bella tarde! Todo parece que a r d e E n l a e x t e n s i n del cielo. A O r i e n t e b r i l l a E l [ r i s , con m s flgidos colores Y en a m p l i t u d m s g r a n d e Q u e le vieron j a m s los m o r a d o r e s De esta heroica ciudad. Al S u r descansa S u p i e s o b r e los g r u m o s de v e r d u r a De n u e s t r o e n a n o monte, m i e n t r a s roza Con el otro, h a c i a el N o r t e , L a s leves o n d a s d e u n a m a r de leche Que a p e n a s si m u r m u r a Cuando besa la p l a y a Y abraza la ancha orilla. C u a l s i l a voz t e m i e s e p o b r e c i l l a ! D e A q u e l l a q u e l a p u s o un tiempo a r a y a . F i j o s en t i e r r a y m a r s u s dos e x t r e m o s A r r a n c a h a c i a el c n i t en c u r v a i n m e n s a E l arco encantador--Venid, cristianos, D e l cielo c i u d a d a n o s , A ver un e s t a n d a r t e , L a i m a g e n n a d a m s de u n a b a n d e r a D e l a s b e l l a s q u e o n d u l a n en los r e a l e s De nuestra verdadera Y s u s p i r a d a P a t r i a . L o s pendones De todas l a s naciones Q u son a n t e e s e l b a r o del c i e l o Q u e a n u n c i a a l R e y de G l o r i a ? V a n a s o m b r a , no m s , d e a l t o modelo. H n d e s e el sol, l a noche s e a d e l a n t a ; T o d o se d e s c o l o r a ; Y mientras llega la anhelada aurora, O r a el c r e y e n t e , y el p o e t a c a n t a .
Traduccin de la gloga IV de Virgilio. Otras muchas poesas, que no recordamos ahora, ha publicado el Padre Celedn en varios peridicos, y especialmente en La Caridad de Bogot. Pero no hemos de terminar esta enumeracin sin recordar los endecaslabos sueltos que escribi el ao pasado, con ocasin del centenario de Bolvar. Es un discurso puesto en boca de la ciudad de Santa Marta, y dirigido a la ciudad de Caracas. Dice as:
C u n a t de B o l v a r , yo s u t u m b a , O C a r a c a s g e n t i l ! los dos e x t r e m o s F o r m a m o s de su v i d a i n c o m p a r a b l e A p e n a s a y ! m i t a d del c e n t e n a r i o Q u e c e l e b r a m o s h o y : con r e g i a p o m p a T , del A v i l a al p i e , del G u a i r e a o r i l l a s Que a u r a s y nctar propinaron suaves
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A l hroe en s u niez: yo a c , a l ruido A p e n a s . p e r c e p t i b l e de mi d u l c e S i pobre M a n z a n a r e s , c u y a s ondas, Del m o r i b u n d o P a d r e de l a P a t r i a Q u e e x n i m e a mis p u e r t a s , en l a noche. V i n o a p e d i r m e do m o r i r , el l a b i o , . R e f r i g e r a r o n , y a favor del m o r r o , M i a t l t i c o a t a l a y a , q u e en a c e n t o R o n c o , t r o n e s p a r c i e n d o en el e s p a c i o L a infausta nueva: Y a expir Bolvar! M u r i el L i b e r t a d o r ! D i r s q u e g i m o Cuando c a n t a r debiera? Gimo y canto: Y cmo no e v o c a r lo q u e es m i g l o r i a ? Mi g l o r i a , s ; porque B o l v a r , slo T r i s t e s recuerdos me leg! Que g i m a Deja, djame, hermana, O una l g r i m a , A l p a r de p e n a y gozo, el d u l c e n c t a r Q u e en a n c h a c o p a , a g r a d e c i d o un m u n d o L i b a gozoso, a m a r g a r ? No a c a s o L e e n t o n a r el s a b o r ? O h h e r m a n a , a h o r a Q u e y a p a s el invierno, y f r e s c a s flores S o b r e l a c u n a de B o l v a r r i e g a n P r o p i o s y e x t r a o s , de m i a m o r en p r e n d a E s a g u i r n a l d a a c e p t a , q u e de h o j a s Del t e r e b i n t o s e c u l a r do el h r o e S e s o l a z a b a , es h e c h a ; y l a s p a l a b r a s Que de sus labios recog, recibe: R e p o s e , dijo con filial c a r i o , M i c u e r p o en el regazo de C a r a c a s ; Y luego en voz t e m p l a d a en s a c r o fuego, Q u e s e a feliz l a P a t r i a son m i s votos: S i es p a r t e a h a c e r c e s a r l a s divisiones Y a s o l i d a r l a unin m i m u e r t e d i j o Como s i e m p r e s u b l i m e y o a l a t u m b a T r a n q u i l o b a j a r . C u m p l i r nos t o c a S u voluntad: hagmoslo, y habremos P u e s t o en s u s a r a s l a mejor o f r e n d a .
El Padre Celedn se ha dedicado tambin a otros trabajos literarios, mayormente de carcter filolgico, y relacionados con sus labores apostlicas. Ha estudiado largamente las lenguas habladas por sus catecmenos. La casa editorial de los seores Maisonneuve, de Pars, public en hermosa edicin, y como parte de su coleccin de Vocabularios y Gramticas americanas, la de la lengua goajira, escrita por nuestro ilustrado e infatigable misionero, y precedida de una introduccin de don Ezequiel Uricoechea; y entendemos que est actualmente en prensa la Gramtica de la lengua aruaca (propia de los naturales de Sierra Nevada), compuesta tambin por don Rafael Celedn. ni H aqu que al mismo tiempo que en Nueva York salen a luz los artculos religiosos a que nos hemos referido arriba, en Bogot se termina la impresin de un largo poema compuesto por el Padre Celedn bajo el techo bendito de la Misin goa-
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jira. Po IX y el Concilio Vaticano (1) es el ttulo de este poema, dedicado a la Academia Colombiana (de la cual es miembro correspondiente el seor Celedn), escrito en octava rima, y dividido en diez y seis cantos. Boileau condena el maravilloso cristiano:
D e l a f o i d ' u n c h r t i e n les m y s t r e s t e r r i b l e s D ' o r n e m e u t s g a y s ne sont point s u s c e p t i b l e s ; L ' E v a n g i l e a l ' e s p r i t n'ofre de tous cotes Que pnitence a f a i r e et t o u r m e n t s m r i t s .
Sentencia injusta, como nacida de terrores jansenistas. El sentimiento religioso es fuente pursima e inagotable de inspiracin potica. Pascal dijo que los grandes pensamientos nacen del corazn. Aadamos que los ms hermosos sentimientos vienen de lo alto. La religin es el plus ultra que todo lo idealiza y lo embellece todo. Hay nada ms pintoresco y conmovedor que las parbolas del Salvador? Si la poesa es sentimiento verdadero, puro y profundo, hay algo ms dulce, ms amable en su senciliez, que los relatos de los Evangelistas, y de los bigrafos primitivos de los Apstoles? Y luego, quin negar que hay poesa, no slo poesa sublime, cual la comprendi Dante, sino tambin ternsima poesa, la poesa de Francisco de Ass y de Teresa de Jess, en los misterios del cristianismo, dado que no son misterios slo de justicia, sino de caridad, virtud mxima en el cielo y en la tierra? Si hemos de poner en su punto esta cuestin, mala y genricamente fallada por el preceptista de la corte de Luis xiv, precisa principiar por un distingo. El cristianismo, sobre ser la religin verdadera, es tambin, como ha dicho un clebre escritor moderno, la ms potica de todas las religiones. Empero, lo que se dice del conjunto no se aplica a todo linaje de pormenores. La historia eclesistica es una cadena que por ambos extremos se pierde en la eternidad, que enlaza lo invisible con lo visible, el Creador y la criatura, lo grande, lo infinito y lo pequeo y lo msero; episodios sublimes, y, para hablar ad rem, pormenores prosaicos. El seor Celedn ha trazado la historia del Concilio Vaticano, principiando por sus antecedentes, y terminndola en la proclamacin del dogma de la infalibilidad. Quiso ser a un tiempo artista y fiel narrador; y la desigualdad que en la ejecucin resulta de este propsito inicial, es el defecto que se nota en el poema, en el cual se levanta a las veces el autor a regiones esplndidas y en otras no escrupuliza descender a detalles que debieran quedar perdidos en las sombras y lejos del cuadro. Tales son, por ejemplo, los pormenores relativos a la designacin para escrutadores en las votaciones de los Padres del
(1) U n tomo, 8 . " de 231 p g i n a s B o g o t . I m p r e n t a de S i l v e s t r e y Compaa1884.
Concilio. Tejidos con estos pasajes plebeyos hallamos descripciones brillantes, comparaciones ingeniosas y felices, expresiones nobles y enrgicas. La fe ms viva alienta en toda esta composicin literaria, y le comunica un sello grandioso y ardiente. No es nuestro nimo formar un juicio sobre este poema. Esperamos poder presentar en otro nmero algunas breves muestras de l a los lectores de los Anales Religiosos; y entretanto transcribiremos el sumario de los cantos, para que se den cuenta del plan general y del contenido de la obra. CANTO IEl santo sacrificioCentenario de San Pedro. Canonizacin de los mrtires del JapnIdea del Concilio. CANTO IIAccin de gracias TentacinVisin celestial. CANTO IIIConsistorio en que se revela la idea del ConcilioDescripcin de la Capilla SixtinaEnumeracin de Prelados que a s i s t i e r o n - C A N T O IVEntrada de P o i x al ConsistorioAlocucin del PontficeCANTO vConcilibulo infernalJuegos CircensesCANTO VIBula de indiccinLlamamiento a los Prelados catlicos, al Cisma de Oriente y al ProtestantismoJubileoTentacin a los Prelados para que no asistan al ConcilioCANTO vilPalacio VaticanoLlegada de los Prelados a Roma y vuelta de los Mensajeros Satnicos al InfiernoSegundo Concilibulo infernalPlan de derribar la cpula de la Baslica de San Pedro si se declara el dogma de la infalibilidadIluminacin de la BaslicaCANTO vmConsistorio celestialDiptanse diez mil ngeles para custodiar el ConcilioProcesin a la B a s l i c a - C A N T O IXOrden de la proce-. sinEnumeracin de los Prelados que hablan lengua castellana CANTO X Enumeracin de los dems Obispos del orbe catlico Entrada de Po ix en la BaslicaInvocacin a la Fe. CANTO XIApertura del ConcilioDescripcin de la Sala conciliarEl Santo SacrificioHomilaPo Nono recibe la promesa de obedienciaLetanasBendice Po Nono la sesin. CANTO XIIConcilibulo de aplesOfrendas hechas a Po NonoPalabras de Po Nono a los gremios de seoras que trabajan en favor del ConcilioCANTO xmSegunda sesin. Santo SacrificioProtestacin de la fePeticiones al ConcilioCANTO XIVTercera sesinDefiniciones de feAlocucin de Po NonoVacaciones de los ObisposFunerales de los Obispos que han fallecidoDescripcin del Purgatorio y del Seno de AbrahamCANTO xvVspera de la ltima sesinSchema de la InfalibilidadConcilibulo infernalMarcha de Luzbel con su hueste a tomar posiciones en Roma. Arrobamiento de Po NonoLa OposicinGuerra francoprusianaLa ComunaCANTO XVIMensajero celestialPlaza de la BaslicaApertura de la ltima sesinVestiduras del PapaSanto SacrificioVotacin-Descripcin de la cohorte celestial y de las huestes infernalesCombate sobre el DomboVictoria de los ngeles en l, y de la Infalibilidad en la votacin.
(Los Anales Religiosos de Colombia, de marzo de 18S4).
CURIOSIDADES
LITERARIAS
El ttulo Curiosidades, con que bautizamos estos y otros anlogos apuntes, nos redime de toda obligacin de alta literatura. De don Juan Bautista de Toro no tenemos ms noticias que las que nos suministran sus obras y las actas de la Escuela de Cristo; a saber: que era natural de estas tierras y sacerdote; que fue su maestro y director espiritual el Padre Pedro de Mercado, de la Compaa de Jess, a quien apellida Orculo de esta ciudad (1), y que profesaba el mayor respeto y veneracin a la orden de San Ignacio; que era doctor en teologa, Examinador Sinodal y Calificador de la Sauta Inquisicin en este Arzobispado; primer Director y Capelln de la Escuela de Cristo, congregacin que hasta hoy se conserva, establecida en la Capilla del Sagrario de esta Iglesia Metropolitana; y que con motivo de su fallecimiento fue nombrado nuevo Capelln en 1734. Las obras del doctor Toro que conocemos, son las siguientes : I) Da de la Grande Reina, y ejercicio de un da de cada mes, dedicado al culto y memoria de Nuestra SeoraCompuesto para aumento de la devocin en las seoras religiosas. Por el doctor Juan Bautista de Toro, Capelln y Director en la Congregacin de la Escuela de Cristo, sita en la insigue Capilla del Sagrario de la Iglesia Metropolitana de la ciudad de Santaf del Nuevo Reino de Granada en las Indias Occidentales. Impreso en la imprenta de la Compaa de Jess. A costa de Diego Muytensx.*
(\) E l P a d r e M e r c a d o e s c r i b i v a r i a s o b r a s ; u n a de e l l a s : El cristiano virtuoso, con todos los actos de las virtudes que se hallan en la santidad. Por el Padre Pedro de Mercado, de la Compaa de Jess, Rector del Colegio de Tunja, que lo dedica a su fundador y patrono el seor Licenciado don Sebastin Merchn de Velasco y Monsalve. Madrid. E n 8 ? , 212 p g i n a s . P u e d e v e r s e en l a B i b l i o t e c a N a c i o n a l , S a l a A m e r i c a n a , i x , 3 1 . O t r a s o b r a s del P a d r e M e r c a do se m e n c i o n a n en l a s Apuntacioties q u e se i n s e r t a n en este a r tculo. C i t a t a m b i n T o r o u n a c u r i o s a o b r a de otro j e s u t a b e n e m r i t o del Nuevo R e i n o : H u b e en m i s m a n o s un t r a t a d o d i g n o de e s t a r i m p r e s o con l e t r a s de oro, Del estudiante perfecto y sus obligaciones, compuesto p o r el P a d r e A l o n s o de A n d r a d e , d e l a i n s i g n e r e l i g i n de I03 c l r i g o s j e s u t a s , a q u i e n podemos l l a m a r , y los d e este R e i n o donde esto e s c r i b o , debemos l l a m a r todos, M a e s t r o de todos.
24 Comprende dos partes con distinta foliatura. La 1. , la que corresponde al ttulo consignado en la portada, 96 pginas. Tras la pgina 96, y en una sin folio, se contiene este nuevo ttulo: & Devoto ejercicio, o novena, en memoria de los dolores y gozos del seor San Josef, que podrn hacer sus devotos comenzndolo el 12 de marzo o en cualquier tiempo del ao cuando quisieren alcanzar de este gloriossimo Patriarca algn particular favor o conseguir el remedio de algn trabajo o afliccin. Compuesto por el doctor don Jnan Bautista de Toro, Director de la Congregacin de la Escuela de Cristo, sita en la insigne Capilla del Sagrario de la Metropolitana Iglesia de Santaf del Nuevo Reino de Granada, y Examinador Sinodal de su Arzobispado.
a
Comprende esta segunda parte 23 pginas. Esta edicin, sin lugar expreso (Santaf) ni ano, es importante en la historia de nuestra imprenta, por su relativa antigedad. Tiene aprobaciones dadas en Santaf en 1711. Pero no se imprimi entonces, porque el autor en el Secular Religioso ( 238), dice que escribi la Grande Reina y que la envi a Espaa a imprimir, por no haber entonces imprenta en estas partes. Trae luego esta edicin licencias fechadas en Madrid hacia fines de 1714. No se sabe porqu no se dio all a la estampa, o si sta es, aunque no lo dice, reimpresin. El hecho es que estando escrito el libro cuando no haba imprenta, y habindose impreso luego, debe ser o la primera, o una de las primeras ediciones, y anterior probablemente al Compendium privilegiorum et gratiarum, 1739, que es la impresin bogotana de ms antigua fecha conocida que tenemos, aunque no citada por los que han escrito sobre la introduccin de la imprenta en la America Espaola. Biblioteca Nacional, Sala Americana, ix, 34. II) <=Definitionarium | morale | sive | definitiones | Theologiae moralis confessa | riis valde tiles ac neces | sariae | ex | variis selectis Auctoribus collectae | A ) D. Doctore Joanne Baptis | ta de Toro, Doctore Theologo, Dir | ctore Congregationis Scholae Christi sitae | in Alma Metropolitana Ecclesia, E x a minatore Sinodali, Missionario & \ Qualificatore Sanctae Inquisitionis in i | psomet Archiepiscopatu novi Regni | Granatensis inlndiis Occi | dentalibus. | Anno 1730. Cordubae per Franciscum Len & Mesau. En 8. pequeo, 16 pginas preliminares, 318 pginas. Biblioteca Nacional, Sala Americana, v, 50. III) 7 Secular religioso, para consuelo y aliento de los que viviendo en el siglo pretenden lograr el Cielo. Divdese en dos libros. En el primero se muestra que todos los seculares de cualquier estado, calidad y oficio, pueden ser muy religiosos: en el segundo se exhorta para que puedan serlo, tratando de los estados y oficios, y en particular de los ms nobles, sealndole
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a cada uno sus reglas, y comprobndolo todo con doctrina de los ms excelentes Autores y ejemplos de Seculares. Dedcase a la Universal Suprema Reina Mara Santsima, Madre del Verbo Divino, y esperanza de todo el gnero humano, por mano del Secular San Josef su esposo. Por el ms indigno esclavo de sus fieles devotos, el doctor don Juan Bautista de Toro, Capelln y Director de la muy religiosa Congregacin de la Escuela de Cristo de Seculares, fundada en la insigne Capilla del Sagrario de la Metropolitana Iglesia de la ciudad de Santaf en las Indias Occidentales. Con privilegioEn Madrid: por Francisco del Hierro. Ao de 1721. En 4., 15 hojas preliminares, 396 pginas e ndice sin foliar en 8 hojas. Despus de la portada hay una lmina, dibujada y grabada por Irala. En la parte superior est Mara Santsima con el Nio Dios, y a un lado y otro, de rodillas, Pontfices y confesores bienaventurados. En la parte inferior un ngel vuelto hacia abajo cubre con ancho escudo a los seculares que a su sombra se guarecen contra las tentaciones, figuradas en forma de diablillos que disparan flechas. Al pie este dstico:
D i v a , neo i g n i t i s p e n e t r a b i l i s limbo s a g i t t i s H o s t i c a in a u c t o r i s t e l a r e t u n d e c a p u t . Ao de 1721.
Lleva aprobaciones, dadas en el Nuevo Reino, de don Carlos de Bernaoie Carvajal, Den de Santafe, de don Juan Flrez, Examinador regio en Sede Vacante, del Padre Cristbal de Cspedes, de la Compaa de Jess, y cartas encomisticas al Autor, del doctor don Jacinto Roque Flrez de Acua, Cannigo Doctoral de la Metropolitana del Nuevo Reino; del doctor don Jos de Chinchilla, Calificador del Santo Oficio, y uno de los congregados a la Escuela de Cristo; y luego siguen aprobaciones dadas en Espaa por el Padre Jos Cassani, S. J., y otras. (Segunda edicin.)Madrid MDCCLXXVIII (1778.) Por don Joaqun ibarra, impresor de Cmara de Su Majestad. En 4." XXXll + 511 pginas. Ejemplar de la Biblioteca Nacional, Sala Americana, i, 107.
BREVE PRLOGO AL LECTOR, PORQUE NO LE DEJE DE LEER
No dudo, que si tuvieres deseo, o lector catlico, de tu espritu al aprovechamiento, no reparars mucho en el estilo de este libro: porque el que est sediento, pone muy poco reparo en que le administren el agua en vaso de barro o jarro de oro; y el que siguiendo un camino le llega a errar, y pide al que est distante que le seale el que debe seguir, no se detiene en reparar, si las seales que le hace para que enderece sus pasos por donde debe, para no perderse, se las hace con alguna vara de plata o con algn bculo de leo tosco. Viador eres, cristiano hermano mo: a la eternidad caminas! Si vas errado, yo te mus-
tro el seguro camino verdadero, para que no experimentes un precipicio sempiterno. No repares en el instrumento con que te dirijo. Yo en nada debo estimar el ser aplaudido de los crticos, a que siempre ha sido opuesto mi genio, y me correspondern en la misma moneda, si se opusieren al mo. Lo que estimar infinito, es que me entiendan, y que se aprovechen todos. Si eres discreto, no dudo que tendrs por mejor y ms provechoso en materias morales el ms claro estilo. Cuando los discpulos de Jess vieron la claridad con que les hablaba la Eterna Sabidura, calificaron por divina su enseanza (1), porque a la verdad, la doctrina que viene de Dios no ha de ser oscura. Como tu corazn, donde ha de caer esta semilla, sea bueno, estoy cierto que lograr muy copioso fruto de mi pequeo trabajo. Porque aunque las manos del hortelano no sean pulidas, si el terreno es bueno, esto no hace al caso. Cuando te halles, lector catlico, reprendido, no te muestres congojado; porque mi intencin no es enojarte, sino advertirte, para que poniendo el reparo, tu enmienda excuse tu eterna ruina. Antiguamente los sacerdotes, por disposicin del Altsimo, se lavaban en una fuente fabricada de espejos, para que conociendo en ellos sus manchas, y hallando en el agua pronto el remedio, quitasen con el agua las manchas que reconocieran en los espejos. Cuando en este libro, como en espejo, vieres, o Secular cristiano ! vituperado tu vicio, no te indignes contra el libro, sino advierte que te pongo juntamente el agua para el remedio, que te administra su doctrina. Ninguno hay tan necio, que haga pedazos el espejo, en que mirndose reconoce alguna falta o mancha en su rostro. Toda tu felicidad eterna, muy amado hermano mo, consiste en que te apartes de lo malo, y te ejercites en lo bueno. A esto se endereza este libro, para todos los Seculares de cualquier estado: a esto se encamina mi deseo; no seas desagradecido: bien s, que no tengo yo de ser tan dichoso, que cuando no hay autor, ni libro alguno, que no padezca, o ya el desprecio, o ya la calumnia, slo ste haya de ser de todos apreciado. Estoiuera una presuncin, sobre ms que necia, la ms temeraria. Si consigo ser de alguna manera instrumento, mediante mi trabajo (que ha sido el procurar que nada sea purameute mo, sino de los ms excelentes autores que a mis manos han llegado) el que se excuse un solo pecado en el mundo, con esto estoy ms que pagado, contento y satisfecho. Fo de la grande Reina Mara Santsima, a quien le dedico, que tengo de lograr mucho ms que eso. El motivo que he tenido en emprender esta obra,atrepellando mi ignorancia, y a vista de tantos y tan preciosos libros, como estn saliendo a luz cada da, ha sido el haber visto, y estar experimentando, que en aplicndose los Seculares a la virtud con resolucin verdadera, hacen vida muy religiosa; porque habindose fundado en este tiempo, y en esta ciudad de
(1) N u n c l o a n , 16. soimus quia a Deo e x i s t , qui palara loqueris,
Santaf, del Nuevo Reino de Granada, en las Indias Occidentales, una congregacin de Escuela de Cristo de sujetos Seculares, cuyo instituto se funda en tener cada da un rato de leccin, otro de or una pltica, y despus ocupar en el santo ejercicio de la meditacin otro rato en la Capilla del_ Sagrario de la Iglesia Metropolitana, la cual Capilla es fbrica^ que puede competir con las ms primorosas y costosas de la Europa, segn certifican los que de all vienen, a expensas de la gran devocin de un Secular Mercader, el Sargento Mayor Gabriel Gmez de Sandoval, natural de la Villa y Corte de Madrid, digno de eterna memoria, por el grande amor y devocin que tuvo al Sacramento de la Eucarista, en cuyo obsequio gast toda su hacienda, que fue mucha; y habiendo logrado yo la felicidad de ser el Capelln y Director de esta congregacin, estoy viendo que los congregados de ella (que exceden el nmero de doscientos, de todos estados, calidades y oficios) proceden tan ejemplares, que causan una santa y humilde emulacin, aun a los religiosos monsticos. Este motivo he tenido para persuadir a todos los seculares, que pueden ser en sus estados religiosos, y vivir como religiosos en el siglo, as para alentar a los que se han dedicado ya a la virtud, para que en ella se adelanten y perseveren, como para que se alienten a emprenderla los que imaginen que es, o incompatible, o muy dificultosa la profesin de la santidad y virtud con el estado Secular. Lo que pido por reverencia de la sangre preciossima de Nuestro Redentor Jesucristo, a aquel a cuyas manos llegare este libro, es, que no haga con l lo que ya se usa hacer tanto con casi todos los libros: leer slo el ttulo, o una plana por curiosidad, darle de mano, o ponerle en la de algn nio de la escuela, para que en l aprenda a leer y le despedace. Por esto slo alabo el gusto de los que, aun las materias que podan ser a los seculares muy provechosas, ms quieren escribirlas en latin que en castellano. Innumerables son los libros que hay provechossimos para los fieles, y sern muy contados, o muy pocos los sujetos, que puedan afirmar que han ledo algunos desde el principio hasta el fin: Vale, et in ceternum vive.
APUNTACIONES DEL LIBRO PRIMERO (1)
Nmero 5, pgina. 3 Cmo llamaremos a los Seculares cuando los vemos (como solemos verlos en esta ciudad en la Capilla del Sagrario) que desnudndose las capas, toman en las manos la escoba para barrer la iglesia, si_no los llamamos Seculares Religiosos, pues asi tributan al Seor humildes cultos?
(1) E s t a s a p u n t a c i o n e s de p a s a j e s en que se h a c e mencin de cosas relativas a estas t i e r r a s , y especialmente a la E s c u e l a de C r i s t o , fueron t o m a d a s por un c u r i o s o y e r u d i t o lector de S a n t a f , c u y o m a n u s c r i t o , f e c h a d o en 1790, nos l i m i t a m o s a r e p r o d u c i r a q u L o s nmeros i n d i c a n los p r r a f o s , que tienen u n a m i s m a m i m e , r a c i n en a m b a s ediciones. L 3 s pginas se refieren a l a edicin 1 * d e F r a n c i s c o del H i e r r o .
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Nmero97, pgina 18.... Qu bien decimos, cuando confesamos: soy cristiano por la gracia de Dios! Acostumbran los Reyes y los Obispos en sus cdulas y edictos decir: Don Felipe, por la gracia de Dios Rey de Castilla, etc. Don Francisco de Cosi y Otero, por la gracia de Dios Arzobispo del Nuevo Reino de Granada, etc. Dando a entender que una tan grande dignidad, como ser Rey de Espaa o tener una mitra, fue favor muy especial que Dios le quiso hacer Nmero 121, pgina 74 Mi muy venerado Padre y Director (aunque mi malicia no me permiti el aprovechamiento de la enseanza) el Padre Pedro de Mercado de la nunca bastantemente alabada Religin de la Compaa de Jess, en su ureo librito que compuso de la destruccin del dolo qu dirn? habla de este modo Nmero 153, pgina. 90 Al fin me admira y asombra el ver a muchos seculares que a pocos das que se congregan en la congregacin de la Escuela de Cristo, donde el principal instituto y obligacin es gastar cada noche en la Capilla del Sagrario de esta ciudad de Santaf del Nuevo Reino de Granada un rato de oracin mental, despus de haber odo el punto que se ha de meditar y una pltica que se les hace sobre el mismo punto; me admira, digo, ver a los que a este santo ejercicio se congregan en breve tiempo tan mejorados en sus costumbres, tan devotos, tan temerosos, tan recatados en sus palabras., etc., que es fuerza decir: esta es mutacin de la diestra del Excelso. Esto puede y esto hace un rato de oracin cada da. O, vlgame Dios! Quin pudiera hacer que todos lo hicieran as! A lo menos vosotros, o hermanos mos! los congregados de esta santa Escuela, perseverad en vuestros ejercicios, no faltis por ms a ellos aunque os juzguis y conozcis por muy pecadores e indignos; porque mediante la oracin os haris dignos de los favores soberanos Nmero 158, pgina 97 Concluyo para que hagas aprecio de lo que es ocupar en oracin mental aunque sea un rato cada da, con estos casos de que soy testigo, por haber pasado por mis manos. Ya he dicho en otros lugares cmo en esta ciudad de Santaf del Nuevo Reino de Granada hay una congregacin de Seculares de todos estados, calidades y oficios que a prima noche se congregan a oracin mental. Leseles el punto, se les hace sobre l una pltica, y oran por algn tiempo. Soy, aunque indignsimo, Director de esta santa congregacin, y por esta causa vino a m un sujeto, de edad de ms de veinte aos, que jams se haba confesado, y me dijo que habiendo entrado slo por curiosidad en esta Capilla una noche y odo el punto, se movi de modo que se determin a perseverar en este ejercicio y tratar de su salvacin. A otro le sucedi lo mismo, y haca catorce aos que no se confesaba. Otro se hallaba ya sin esperanza alguna en la divina misericordia, por lo cual ya ni el solicitarla le pasaba por el pensamiento; pero movido de la fama del mucho provecho que las almas experimentaban con la asistencia a la Escuela de Cristo (que as se llama la congregacin) vino a ella y en breve mud de vida.
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Nmero 213, pgina 145 Le o decir en una ocasin al Venerable Padre Pedro de Mercado, de quien hago memoria en otras partes de este libro (y la har cuando se me ofreciere; porque dems de ser, como era, el orculo de esta ciudad de Santaf en las Indias, fue Padre de mi alma); le o decir, digo, que si fuera Obispo o Arzobispo ntrelos exmenes que les haba de hacer a los clrigos pretensores de Ordenes, era, si haban ledo el Libro de Instruccin de Sacerdotes, que compuso el Padre don Antonio Molina Cartujano, y no deba conferir el Orden sacerdotal a quien no le hubiese ledo primero, para que no se arrojasen ciegos a ser sacerdotes Nmero 216, pgina 248 El muy piadoso y muy espiritual Padre Pedro de Mercado, religioso de la muy sagrada Religin de la Compaa de Jess, y uno de los ms ejemplares religiosos que en estos tiempos hemos conocido en este Nuevo Reino, dice en su Cristiano Virtuoso Nmero 232, pgina 159 Yo no he sido ni soy Cura de Indios, y as no digo esto por pasin alguna sino por compasin, nacida de lo que muchas veces en los pueblos indios he visto cuando en ellos he estado aunque de paso Nmero 238, pgina 161 Cada mes a lo menos una buena confesin y comunin. Esto le agrada mucho a la Virgen. De ms de esto, cada mes puede sealarse un da en que retirado se dedique a tratar y orar a la Santsima Seora. Para este fin tengo al presente remitido un cuadernito para que se imprima en Espaa, porque en estas partes de las Indias en que me hallo no hay imprenta, cuyo ttulo es Da de la Grande Reina y aunque compuse este ejercicio con especialidad para las personas religiosas, que viven intra claustra, por ser las que tienen ms fcil conveniencia para su prctica, no obstante, puede haber muchos Seculares que tengan modo de ejercitarlo Nmero 233, pgina 162 O puede tomar de memoria esta oracin que para este fin compuso y ejercitaba el Venerable Padre Pedro de Mercado, de la Compaa de Jess, varn muy espirirual:
Ahora, Virgen, ahora, Q u e a J e s s p i d a s te pido, Q u e en su pecho, como en nido, M e defienda en c a d a h o r a .
omni
Nmero 80, pgina 229 Otro caballero en otro caso de desafo (de que yo fui testigo) dio una respuesta, que fue muy celebrada. El dicho caballero (que an vive cuando escribo esto), uno de los ms asistentes congregados de una congregacin muy ejemplar de muchos Seculares de todos estados, con-
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diciones y oficios fundada en una insigne y muy primorosa Capilla del Sagrario de la Iglesia Metropolitana de esta ciudad de Santaf en las Indias, donde a prima noche se congregan al ejercicio santo de la oracin y otros espirituales ejercicios. A tiempo pues que el sobredicho caballero vena a la Capilla, se encontr con el que le provocaba, el cual no es de los ms afamados en la valenta; pero lo que hall por respuesta fue: es hora ya de oracin, a que no puedo faltar por ir a reir. Los que de esto tuvieron noticia, alabaron la respuesta de este caballero y se burlaron del otro, que quera reir con el que tena ms valor. Nmero 153, pgina 281 Logr la ciudad de Santaf del Nuevo Reino de Granada en las Indias Occidentales, donde esto escribo, que naciese y fuese Cura Rector de la Metropolitana Iglesia, y despus Racionero de ella el doctor don josef Prez Manrique, hijo del seor Marqus de Santiago don Dionisio Prez Manrique, Presidente que fue en el mismo Nuevo Reino y uno de los ms Seculares religiosos de los que han gobernado en este Nuevo Mundo. Entre otras admirables virtudes con que el doctor don Josef nos edificaba y admiraba a todos resplandeca en grande manera en la caridad y misericordia con los prjimos: y porque al presente se estn haciendo las informaciones de sus heroicas acciones y angelical vida, para que quede impresa su memoria para la posteridad, dir solamente lo que hace a mi propsito. Procuraba este apostlico ministro del Altsimo, con todos los esfuerzos de su carioso natural, estrecharse en amistad con los mancebos que conoca bien inclinados, y en habindoles ganado la voluntad, de tal suerte los reduca con sus exhortaciones (que acompaaba muchas veces con lgrimas) al ejercicio de la oracin, mortificacin y frecuencia de sacramentos, que en una ocasin vi y cont yo ms de veinte jvenes que tena en oracin en su compaa en la Iglesia Catedral, los ms, o casi todos, estudiantes, a quienes congregaba a estos ejercicios todos los das, con tan feliz logro de su caritativo desvelo, que al presente son casi todos sacerdotes muy ejemplares y algunos Curas muy fervorosos, confesando unnimes que a la amistad del doctor Manrique le deben todo su bien, porque con ella haban reprimido los perniciosos orgullos de la juventud. Esto hace tener un hombre cuando mozo un amigo bueno. Nmero 173, pginas 295 Para esto aprende el Secular que quiere vivir como religioso y orar como religioso del modo con que oraba aquel Secular religiossimo, el Venerable Gregorio Lpez. Esta era su continua oracin: Hgase Seor tu voluntad. Y quin podr decir cunto aprovech por orar de este modo? Procuren leer los Seculares su vida para aprender de este Secular, y para admirarle en todo, porque en realidad es una de las vidas de Seculares religiosos ms admirable. Nmero 193, pgina 313 Quinta. Recoja los lugares, sentencias, argumentos y respuestas que oyere de sus maestros y que ms le agradaren de los libros, y apntelo todo con breve-
dad en algn compendio para provecho suyo y de los dems' Un insigne maestro que tuve aconsejaba que siempre que abrisemos el libro, pusisemos junto el tintero para apuntar lo que despus se nos poda ofrecer y padecer la congoja de no hallarle con facilidad, que es congoja bastantemente tormentosa. Regla es tambin de Sneca sta (1). Nmero 258, pgina 352 Yo conozco al presente algunos mdicos en esta ciudad de Santaf donde escribo esto, tan piadosos, que con sus espirituales conversaciones me consta han remediado muchas conciencias enfermas Tambin digo lo que queda ya dicho en el libro primero, y es: que la principal regla que ha de guardar el Secular cristiano para ser religioso en su estado, es no hacer caso de los dichos del mundo, porque en haciendo aprecio de esto, va perdido. Lee, sino le has ledo, ese captulo que confo en Dios te puede alentar muy mucho, porque toda es doctrina de uno de los ms ejemplares jesutas y Directores de espritu, el Padre Pedro de Mercado, que yo he conocido y por mi felicidad tratado mucho, aunque me aprovech muy poco, en este Nuevo Reino. Los extractos que preceden darn una idea, aunque imperfecta, del mrito de la obra de Toro. El pensamiento general es hermoso y fecundo, y su plan est bien trazado: en la primera parte el autor, moralista de buena escuela, expone cmo puede un seglar servir a Dios y salvar su alma, cualquiera que sea su posicin social, su profesin u oficio; y en la parte segunda, da las reglas especiales de sus deberes religiosos a los gobernantes, a los jueces, a los nobles, al padre de familia, al estudiante, al abogado, al mdico, y por ltimo, al militar. Ofrece este libro particular inters a los congregantes de la Escuela de Cristo, pues por esta congregacin y para ella se escribi El Secular Religioso. El autor, edificado con la conducta de muchos de aquellos congregantes, que l diriga, dice expresamente que en ellos descubri realizado el tipo cumplido del cristiano en el siglo, y que de ellos recibi la inspiracin de su obra. Tiene tambin El Secular Religioso cierta importancia literaria, porque en poca en que el gongorismo, con la autoridad de los escritores peninsulares, haba pasado a las Indias y pervertido completamente el gusto literario, invadiendo aun los colegios de la Compaa de Jess, que debieran ser refugio del buen gusto, don Juan Bautista de Toro escriba en estilo natural, sencillo y armonioso. Su erudicin sagrada y profana, no va mezclada al texto, en impertinentes interpolaciones, como entonces se usaba (y de tal vicio dan ejemplo algunas de las aprobaciones que preceden a la obra), sino que brillan separadamente, en discretas notas marginales, que fundan la doctrina sin oscurecer ni embarazar la exposicin. El mismo doctor Toro, en el prlogo de su libro, protesta contra el mal gusto que en su tiempo reinaba, y en favor de su doctrina literaria invoca el
(1) E p s t o l a , 86.
ejemplo de Jesucristo, recordando que la claridad de su predicacin fue eficaz testimonio de su Verdad. Muy favorable acogida debi de alcanzar la primera edicin de El Secular Religioso, cuando mereci ser nuevamente publicado por Ibarra, impresor del Rey, en 1778. Es singular fenmeno ver al impresor de Cmara de Carlos m reproducir en elegante edicin una obra cuyo autor tributa constantes elogios a los jesutas, y condena enrgicamente la conducta de los espaoles que pasaban a Amrica con empleos de Su Majestad. Y este es un lado muy interesante de la obra del doctor Toro, pues apenas habr habido autor que hable en esta materia con tanta libertad. Juzgese por el prrafo siguiente: Qu es ver y considerar, cmo por pasar vida regalada muchos de los que tienen el nombre de cristianos, tan indignos de este nombre como yo, muchos Corregidores, digo, y Encomenderos, que se sustentan de la sangre de estos desdichados, como en este mismo Reino lo mostr aquel asombro de perfeccin San Luis Beltrn, cuando hallndose en la mesa de uno de stos, y tomando en su mano una arepa (que as se llama un gnero de pasta, o pan, que hacen de maz los indios), y exprimindola, sac de ella bastante sangre, y dijo: Esta es sangre de los indios, con que os sustentis. Qu provecho podr hacer a vuestras almas? Y si entonces, cuando los seores Corregidores, y seores Encomenderos se contentaban con el sustento de las arepas, sacaba sangre de ellas aquel celossimo valenciano, qu sacar ahora, cuando rto se contentan con medianos regalos a costa de estos infelices, a quienes tratan a veces con ms vilipendio que a los brutos, y ms desprecio que si fuesen vilsimos esclavos, slo por conocer que son sus espritus tan pusilnimes, y naturalmente tan humildes, que jams levantan ni aun la voz, sino es cuando a fuerza de azotes (con que por ligeras faltas los atormentan muchas veces) les obligan a que la levanten hasta los Cielos, que penetrados ya de sus gemidos, van contra todos despidiendo justos castigos? De sus desnudas y trabajadas carnes sacan con infernal tirana el sudor, que clama al Cielo, para tener sobrado para el regalo, la vanidad y el juego, y para tener siempre sus trojes abastecidas, solicitan mil estratagemas, hacindose dueos de sus pequeas sementeras; y para vestirse ellos de seda, no les permiten a estos tristes ni aun ser dueos de una vestidura de que usan de muy basta lana. O, quin pudiera hacer, que los piadosos ojos de nuestro muy Catlico Monarca viesen, como los nuestros lo estn viendo, las inhumanas extorsiones que padecen estos pobres! Vuestra Majestad, Seor y Supremo Monarca del Cielo y de la Tierra, a cuya vista nada est escondido, proveed el remedio! Y en otro lugar: No puedo menos, lector mo, a vista del agravio que recibi esta pobre india por manos de la codicia, que lamentarme de lo mucho que por la codicia de los espaoles padecen los in-
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dios. Perdneseme la digresin por candad. A esta pobre le quit la vista del cuerpo la ajena codicia; mas a los espaoles, que el amor del oro y la plata trae a las Indias, comnmente les ciega las almas su codicia propia. A esta pobre india le quitaron la vista que Dios le haba dado; pero son innumerables a los que les estorban la vista espiritual, que poda Dios darles; porque son sinnmero los indios gentiles que hay en contorno de la Provincia donde estoy escribiendo esto, los cuales se resisten al cristianismo, por las noticias que tienen de lo que los oprimen los espaoles Corregidores, Encomenderos, etc., cuando son cristianos y los tienen, debajo de su obediencia por sacarles plata. Quin pudiera imprimirles en sus memorias a esos seores Encomenderos, y a los Corregidores y los dems, que llevados del demasiado apetito de riquezas, pretenden oficios para estas partes de las Indias, lo que les dificulta San Francisco Javier su salvacin! Y en otra parte dice, que de stos se entienden aquellas palabras: Deleantur de libro vitce, cum iusts non scribantur. Sean borrados del libro de la vida, y no se escriban con los justos. Yo tengo para m, por cosa muy cierta, que son pocas las almas de Corregidores, Encomenderos, Presidentes, Oidores o Gobernadores en las Indias que se salvan. No porque juzgue yo que no pueden los Seculares ser muy justos y aun, santos en sus oficios, pues el fin del trabajo en formar este libro no es otro que persuadirles con razones y ejemplos, que pueden ser en sus estados y oficios ante los ojos de Dios muy agradables, y sealarles las reglas, con cuya observancia cumplan con sus obligaciones; sino porque regularmente hablando, es dificultossimo el que un corazn, en quien reina encastillada la codicia, se sujete a regla. La prueba es evidente. Porque qu reglas ni leyes ms justas, ms conformes a razn, ni ms santas, que las que nuestros Reyes y seores tienen dispuestas y prevenidas en orden a evitar las extorsiones, los malos tratamientos e injusticias, que dichos ministros pueden ejecutar contra estos indios miserables? Pero cmo, ni cundo se observan? Lo que lloran nuestros ojos es el que los de nuestro Rey, seor de Espaa, estn tan lejos, y que slo lleguen a sus odos informes de los mismos interesados en los agravios contra los indios. Lo peor de todo es que si algunos Curas, llevados del celo de la caridad y compasin, tan propia de los sacerdotes, quieren alguna vez defenderlos o ir a la mano a los Corregidores, stos entonces, como cada da se experimenta, tiran con la venganza, hasta quitar a los Curas la honra. Oh Dios eterno! Qu remedio podr tener este dao? Slo el que puede dar vuestra misericordia. No parecen estas palabras como un anuncio de nuestra emancipacin poltica? No que el doctor Toro invocase medios humanos, ni en ellos pusiese esperanza alguna, como que nicamentela tena en Dios; pero al cabo, el que condena con tanta energa todo un orden de cosas, prepara en la opinin pblica
Estudios literaricsM. A. Caro3
34 el camino a los reformadores. En los pasajes transcritos se ve bien determinada la rivalidad entre la raza criolla y la espaola. El clero era numeroso, y en su mayor parte criollo, y formaba con los naturales un mismo principio de nacionalidad. Un siglo despus el Pacificador Morillo se quejaba de que el clero del Nuevo Reuo era hostil a la causa realista y favoreca la independencia. Por lo dems, si el doctor Toro resucitara, hallara en vez de Encomenderos, gamonales no menos tirnicos con los pobres indios; que al cabo las razas sojuzgadas y envilecidas nada deben esperar de leyes humanas ni de transformaciones polticas; slo la caridad cristiana les brinda consuelo y alivia su lenta agona. Pero lo que debe causar mayor sorpresa a quienes saben la historia slo de odas, es que quien tan terribles acusaciones escriba reconviniendo y conminando con eternos castigos a los poderosos de la tierra era un alto empleado de la Inquisicin. En tiempo de Felipe II la Inquisicin espaola conden y castig a los que sostenan que el Rey era dueo de vidas y haciendas. Qu mucho que un inquisidor censurase con tal vehemencia a los que sin ser reyes queran ser dueos de vidas y haciendas en Amrica? (1). La publicacin de esta obra en Espaa y su reimpresin por Ibarra, demuestra tambin (dicho sea en honor del Gobierno espaol) que si se cometan grandes abusos por los que representaban la autoridad real en las Indias, gozbase tambin de no poca libertad para denunciarlos y execrar a sus autores pblicamente. Pero no por eso deja de ser cierto que esta libertad de censurar por la imprenta los abusos y los crmenes de los fuertes se apoyaba en la censura eclesistica, y especialmente en el pase de la Inquisicin, tan celosa siempre en perseguir a los cizaeros y perturbadores de la paz de las conciencias, como en amparar la inocencia desvalida. Vase, tocante al modo como se ha de castigar, la opinin de este calificador del Santo Oficio, consignada en libro aprobado por el mismo Tribunal: Cuando Dios nos castiga, entonces da indicio de ser nuestro verdadero Padre, y en castigar tambin el padre de familia
(1) L a I n q u i s i c i n se e s t a b l e c i en C a r t a g e n a en 1611 p o r R e a l C d u l a d e F e l i p e i t i (11 d e marzo d e 1610), y s u j u r i s d i c c i n a b r a z a b a el Nuevo R e i n o te G r a n a d a , C o s t a F i r m e , i s l a s d e B a r l o v e n t o y E s p a o l a y l a s p r o v i n c i a s del d i s t r i t o de l a R e a l A u d i e n c i a d e S a n to D o m i n g o . L a I n q u i s i c i n de C a r t a g e n a m e r e c i eloerios del P r e s i d e n t e N a r i o y de l a S u p r e m a J u n t a d e S a n t a f . Con motivo de h a b e r el S a n t o Oficio d e C a r t a g e n a d e c l a r a d o inocente y r e p u e s t o a s u m i n i s t e r i o a l doctor E s t v e z , p r e s b t e r o p a t r i o t a , p e r s e g u i d o por s u s opiniones p o l t i c a s , l a S u p r e m a J u n t a , en s u Manifiesto d e 26 d e s e p t i e m b r e d e 1810, d i j o que l a I n q u i s i c i n
d e C a r t a g e n a e r a un T r i b u n a l I M P A R C I A L , ADONDE NO H A B A N P O DIDO P E N E T R A R L A S M A Q U I N A C I O N E S D E L P E S P O T I S M O .
V a s e G R O O T , Historia
Eclesistica,
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ha de dar este indicio mismo; pero castigue al estilo de Dios, pues est en su lugar, mezclando con el castigla misericordia. Nunca castigue arrastrado del furor repentino. Jams permita que su ira haga de repente lo que despus la razn ha de sentir de espacio. Cuando haya de castigar sea la razn, no la pasin. Sea a fin de que se enmiende la culpa de! siervo, no a fin de que el enojo del Seor quede vengado. Escarmiente en las abejas, que siempre que hieren es con enojo, y por eso se destruyen cuando hieren. Nunca quema la lea, que no se abrase. Mucho turba la ira a los ojos del alma. Deje que pase el furor para castigar, si quiere como cristiano corregir. De Moiss y de Aarn se quej Dios, porque con la vara hirieron la piedra, pudiendo hacer slo con voces el que diera agua. Cuando pueden bastar las correcciones, es rigor usar de azotes. Cuando basta la voz, no es menester el palo. No tiene espritu de Dios el que es riguroso, cruel y mal acondicionado, espritu diablico s tiene. Aunque hallemos al prjimo convencido en algn delito, lo hemos de corregir con blandura, dice San Pablo, si nos preciamos de espirituales, como lo debemos ser, si nos preciamos de religiosos, cristianos y catlicos benignos. Y por lo que hace a oscurantismo, lase el precioso captulo dedicado a los estudiantes. Jams se ha escrito exhortacin ms fervorosa al estudio ni ms exaltado elogio de la Sabidura
(El Repertorio Colombiano, o c t u b r e , 1886).
EL CENTENARIO DE RICAURTE
T e conozco, m s c a r a . Dicho. E n ei a n t r o s e o c u l t a la fiera. Palabras de <s.La Si estay.
La adoracin para que sea digna de aquel que la recibe, ha de venir de un corazn exento de impureza; no de los labios slo; menos de un alma dominada por la pasin o cegada por odios vengativos. Los homenajes tributados a Ricaurte han tenido de todo. Ha sido esta una festividad cvica, en cuyos altares, cubiertos de flores por a gratitud nacional, se han presentado tambin ofrendas envenenadas. La Siesta, peridico literario (?), quiere que la poesa que conmemore el herosmo de Ricaurte no sea una silva enfermiza, arreglada por el tocador con los guiapos de la retrica; y en esto, salvo los trminos en que se expresa el deseo, tiene razn La Siesta, quien, por lo dems, parece condenar al desprecio los versos que ella misma inserta en sus columnas; pero afirma tambin que la oda digna de Ricuarte ha de ser el grito del pueblo, la clera del oprimido, el estigma del tirano.... el
acento de la victoria,
RA COLOMBIA; y todo esto no es ms que un desahogo antiesttico y anticientfico de La Siesta. La poesa a que el sucesor de La Batalla alude, esa poesa en la forma noble y grandiosa que no sabemos si a l habra de satisfacerle, es aquella msica guerrera que alienta a los combatientes en tiempos de lucha por la libertad e independencia de la Patria; es la blica trompa de Tirteo y de Quintana. Pero no es esa la Musa destinada a enaltecer e inmortalizar, pasada la tormenta, a los hroes que, purificados del humo y de la sangre de los combates, slo deben aparecer ante los ojos de sus admiradores como radiosos padres de la Patria. En la regin gloriosa, el acero del hroe no hiere ni amenaza; el corazn del que luch y sucumbi noblemente, no late de furor; su ceo est desarrugado y anuncia mansedumbre; sus heridas no vierten sangre, sino despiden luz; tal es la hermosa transformacin de la apoteosis. Por eso el canto digno de los hroes y los mrtires no es grito colrico, ni invectiva rabiosa, ni stira maligna; es himno majestuoso y sereno, como el Cinco de Mayo de Manzoni, como el recuerdo que consagr Wolfe a la memoria de Sir John
Moore: dos de los ms admirables, quiz los mejores, trozos de poesa quena producido nuestro siglo en un gnero de poesa escencialmente cristiano, como que han de acompaarle sentimientos de perdn y gratitud que slo el Cristianismo sabe inspirar. Absorto en su asunto, el cantor ha de guardarse de las sugestiones del egosmo, de distracciones pueriles. Y si hace comparaciones con pasadas pocas o con la presente, no ha de incurrir en irreverencias o injusticias, ni menos ha de mezclar la stira con el canto, tornando el homenaje en profanacin y sacrilegio. El amor patrio es un afecto nobilsimo, generador de grandeza y herosmo; pero no por eso hay derechoy no lo decimos por La Siestaa confundir este orden de sentimientos, esta especie de virtudes con los sacrosantos misterios de la Religin. Puede bien compararse el nombre del hroe bogotano con otros que honr la antigedad, como lo hizo Bello:
Con los ele C e d r o y C u r c i o el de E i c a u r t e ( 1 ) V i v i r n , m i e n t r a s h a g a n al h u m a n o Pecho latir la libertad, la gloria.
Otra especie de recursos, de que no queremos hacer mrito textual, nos parece inadmisible. Los romnticos franceses, y especialmente Vctor Hugo en sus malos tiempos, introdujeron esa detestable confusin de cosas humanas y divinas, tan contraria al buen gusto como al recto juicio. Comulgar en una idea aunque esta idea fuese la ms impa, fue frase que anduvo en boga en Francia, y que puede servir de muestra de este tecnicismo, ms propio del espiritismo que de la poesa. En el orden moral hay muchas moradas, y en el histrico cada gloria tiene su puesto. Por heroico y extraordinario que fuese el sacrificio de nuestro compatriota, incurrira en falta de respeto y en inoportunidad quien para tributarle sus homenajes pretendiese comparar a San Mateo con el Circo Romano, y traer a cuento aquella escena admirablemente descrita, a otro propsito, en breves y magnficas lneas, por el ms espiritualista y acaso el ms original de ios modernos poetas de lengua espaola:
V e m o s la virgen m r t i r * l s f u e r t e q u e el len q u e l a d e v o r a , L a r o t a veste recogiendo en c a l m a ; P u e s de e l l a el slo p o s t r i m e r a n h e l o E s e l e v a r s e i n m a c u l a d a al c i e l o .
Para ensalzar a Ricaurte no se ha debido insultar a Espaa ni falsear la Historia. Pas la moda a los romances ibericidas. La Siesta afirma que las legiones espaolas no tuvieron hroes. Los mejores llaneros de Pez no fueron primero realistas? Y de Lpez y otros tantos que siguieron hasta el fin la
(1) C o m p a r a c i n q u e La Siesta c o p i a sin c i t a r a Bello-
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bandera de Espaa, no hace el mismo Pez altsimo elogio? La afirmacin de La Siesta redunda en mengua de los americanos, por dos razones: primero, porque las tropas realistas se componan en gran parte de americanos; y segundo, porque en toda guerra prolongada, las fuerzas morales como las materiales de los combatientes, se equiparan ms o menos Si en los realistas no hubo valor ni abnegacin, si fueron unos cobardes, no hubo tampoco gloria en vencerlos. Tales son las consecuencias que provoca la exageracin, la injusticia. Los soldados del dspotadice La Siestamatan y mueren con un ruido de garras y de mandbulas en que se reconoce a la fiera del bosque; y el cadver del sicario, sean cuales fueren sus seales, ser siempre como el de la bestia feroz, que se pudre causando asco en la floresta. Qu ferocidad de lenguaje y qu saa la que revela! Esa fiera de mandbulas y garras, ms que a dspota alguno, simboliza a la prensa enemiga del orden social, que, felizmente encadenada, todava ensea Tos colmillos y grue. Soltadla! Pero La Siesta no se contenta con insultar a Espaa. Parece que quisiera derivar el mrito de Ricaurte del oprobio nicamente en que quiere envolver a los patriotas, jefes, compaeros y amigos de Ricaurte, que sobrevivieron a la lucha. Es preciso morir, y morir pronto, para merecer el elogio de ciertas gentes. Volvemos a copiar: Algunos de los ms esclarecidos (guerreros de la Independencia) mancillaron sus ttulos cuando desconocieron su obra, o dieron suelta al desorden de la ambicin personal. Muy grandes en la lid, probaron luego haberlo sido para satisfacer ms tarde inmensos apetitos. Con estas ofensivas alusiones a la memoria del Libertador y de cuantos pensaron en establecer el orden despus de la guerra (incluso el general Santander, que como gobernante trat siempre de reprimir la anarqua); con este incienso cargado de odios, se ha tratado de festejar el centenario de Ricaurte! Ahora, si el apologista del hroe de otra poca quiere moralizar, y presentarle como medelo a la generacin presente, no ha de confundir las necesidades de los tiempos. Ojal todos nosotros tuvisemos el valor de Ricaurte para sacrificarnos por la Patria, pero no incendiando parques, porque de eso no se trata! Las a'usiones que hace La Siesta a hombres y cosas contemporneos no son, ni era de esperarse que fuesen, ms corteses ni benvolas que los aleves tiros que dirige a la memoria de Bolvar y a los hombres y glorias de la antigua Colombia. Un escritor en verso dice, y esta muestra es la ms inocente:
Que te coronen otros de i n m o r t a l e s ! Slo crecen espinas y zarzales E n mi p a t r i a infelice! E m p e r o no los d a o s Q u e el M a l en s u s f u r o r e s nos d e p a r a , M a n c i l l a r n tu g l o r i a !
39 O de otro modo: Colombia es un yermo, donde no hay una flor, oprimido por el Genio del Mal. Suponemos que slo de Colombia se trate, pues, no ha de llamar patria el autor, a Venezuela, a Guatemala, al Ecuador, a Chile, en fin, a las dems partes del mundo. Vase otra muestra algo ms explosiva: Los varones de la Independencia iniciaron una obra de demolicin que no terminar sino muy tarde; lo que se llama simplemente ordenla quietudla haba en tiempo de los Virreyes En la enigmtica tromba que subi a las nubes Ricaurte se encerraban innumerables y grandes pensamientos. Esperemos sin desmayar en los contratiempos, la llegada de esos alados mensajeros. Vendrn Ms claro y ms rudo: Despus de la sin par inmolacin de aquel gigante del patrio amor, la aparicin de un tirano en el pas sera una afrenta tan grande como es grande la gloria de aquel mrtir. Pero habra algo de ms tristemente grande an.... Que en la patria del inmortal Antonio Ricaurte FALTARA EL BRAZO DE UN HOMBRE digno que, heredero de su ejemplo y custodio de su gloria, vengara el oprobio de la cuna del hroe de San Mateo! Oh Colombia, patria ma! Que la historia no diga jams que habis perdido la virtud fecunda de dar hroes a la libertad! Todo esto o nada significa, o significa demasiado; o es un delirio, o es una sugestin premeditada. Parcenos ver renacer aquel peridico que anunci el asesinato del gran Sucre; y para qu ir tan lejos? Aqu est La Salud Pblica, aqu est La Actualidad, con sus excitaciones a !a eliminacin personal. Los hroes de la Independencia, entre los cuales aparece gloriosa la figura de Ricaurte, cumplieron su misin, conquistaron la independencia, y nos legronla libertad de que tanto hemos abusado. A nosotros nos toca reparar nuestras propias faltas, y fundar orden y paz, indispensables condiciones de bienestar social. Hoy por hoy no necesitamos hroes de la libertad sino hroes de la lealtad y del deber. La paz tiene sus hroes y aun sus mrtires. El militar mismo merecer lauro ms brillante, pero no menor gratitud, cuando expone su vida en los campos de batalla por la Patria, que cuando disciplinado, leal y prudente, defiende el Gobierno establecido, contiene con su noble actitud a los eternos enemigos del orden, e inspira confianza a los hombres pacficos y laboriosos, como guardin de la legalidad y garante de la felicidad pblica. En la esfera civil es hroe tambin, y capaz de sacrificio, el que tiene el valor necesario para combatir preocupaciones funestas, proclamar principios protectores de la sociedad, y matar el desorden, hiriendo los intereses de los que de hacer dao viven, y exponindose as a toda clase de sinsabores, y aun al peligro de perder la vida a manos de asesinos.
40 Lpez de Ayala, que fue gran dramtico no slo porque era eximio poeta, sino porque haba estudiado profundamente el corazn humano, consign en una serie de preciosos apuntes este importante pensamiento, que recomendamos a todos los colombianos que crean en la virtud y que no estn dispuestos a confirmar con su conducta aquella triste observacin de que el sistema republicano se funda en la ingratitud y la envidia: Un solo personaje puede representar la modestia, la abnegacin y hasta la ambicin legtima. Es decir: cuando un hombre modesto y sencillo, y apasionado juntamente del bien, comprende que para realizar una idea fecunda que ha concebido, no tiene ms camino qi.e gobernar la Nacin, y a pesar dess hbitos pacficos trabaja y s : esfuerza por adquirir el poder; en este caso, la ambicin lejos de ser odiosa es digna
de estmulo: E S {La Nacin. UNO DE T A N T O S iS junio lS8f>). SACRIFICIOS CON QUE LA A B , EGACIN S E ENRIQUECE.
IMPORTANTSIMO
DESCUBRIMIENTO
Lamentaba el historiador Acosta, y con l todos nuestros historigrafos y aficionados al estudio de los hechos de la Conquista, que hubiese desaparecido por completo la 4. parte de las Elegas de varones ilustres de Indias, compuestas por Juan de Castellanos, el ms antiguo, veraz y diligente de los cronistas del Nuevo Reino. Dividi Castellanos su dilatada obra en cuatro partes. El mismo nos da el sumario de ella en estos trminos: La 1. traa del descubrimiento del Nuevo Orbe y conquistas de las islas confines y cercanas a la de Haiti o Espaola, con parte de Tierrafirme. La 2. , de Venezuela, cabo de la Vela y Santa Marta, hasta llegar (con las dificultades que en ella se declaran) a este Nuevo Reino. La 3. , de Popayn y Cartagena, con todo lo que en aquellas Gobernaciones ha acontecido desde sus primeros descubrimientos hasta la presente era. La 4 . es la Historia de este Nuevo Reino de Granada, cuya carrera comienza desde que los espaoles pusieron los pies en l, que fue por el ao de 37, y se contina hasta el ano de 92, cuando ya lo gobernaba el insigne doctor Antonio Gonzlez, uno de los del Real Consejo de Indias, con cuyo elogio di remate a este volumen. La 1. , 2. y 3. parte fueron publicadas, sobre el manuscrito de la Academia de la Historia, por Aribau, y forman uno de los primeros tomos (en 4. e impreso en menudo tipo) de la Coleccin de Autores espaoles, que imprimi Rivadeneyra y lleva su nombre. De la 4. parte, la ms interesante acaso, slo 3e saba que el Obispo Piedrahita la examin en la biblioteca particular de don Alonso Ramrez de Prado, y que le sirvi de gua para la composicin de su Compendio Historial (Amberes, 1688). La opinin general entre las personas dadas a estos estudios, era que aquel manuscrito perteneca al nmero de las cosas definitivamente perdidas. Gratsima sorpresa nos dan ahora los editores de la Coleccin de Escritores Castellanos (edicin en .., de impresin lindsima) sacando a luz la Historia del Nuevo Reino de Granada, o sea 4 . parte de las tlegas de Castellanos, recientemente descubierta entre los 4,320 volmenes que el Virrey don Pedro de Aragn don al Monasterio dePoblet desde 1602 a 1677. Est impreso ya en Madrid y a la venta en nuestras libreras el tomo i, que consta de LVH pginas de introduccin, y 448 de texto; y en breve disfrutaremos tambin del II y ltimo, con importantes apndices.
a a a a a a a a a a
42 La obra lleva la siguiente dedicatoria: Al Paeblo Neo-granadino, a la Academia Colombiana don M. /L Caro, ilustrado Critico de Castellanos, esta edicin
EL COLECTOR Y LOS EDITORES
y al seor dedican
Precede al tomo impreso una introduccin extensa, muy bien escrita, del Colector don Antonio Paz y Melia, en la que traza la biografa de Castellanos, aadiendo nuevas y curiosas observaciones y noticias a lasya publicadas por otros escritores. Castellanos naci en Alans, pueblo de la Provincia de Sevilla, el 9 de marzo de 1522 (segn la partida de bautismo publicada por el seor Fernndez Espino en 1871); vino a la Conquista de edad de doce aos, hizo varias y rudas campaas, recibi las sagradas rdenes en Cartagena, y definitivamente se estableci en Tunja, como beneficiado, por merced que le hizo Felipe II; la dedicatoria de la 4. parte al mismo Rey, est fechada en la propia ciudad a 1. de mayo de 1601; y otorg testamento en marzo de 1606, a los ochenta y cuatro aos de su edad. No consta la fecha de su muerte. De aqu resulta que nuestro ms antiguo y venerable historiador recibi su educacin literaria, militar y eclesistica, en Amrica, en medio del tumulto y fatigas de la Conquista: hecho prodigioso y altamente significativo. A proposito del centenario de la Renovacin de la imagen de la Virgen de Chiquinquir, celebrado por nuestro creyente pueblo en el ltimo diciembre, recordaremos aqu que Juan de Castellanos, como beneficiado de Tunja, intervino en 1588, por comisin del Arzobispo Zapata, en la investigacin pericial que se hizo para verificar el hecho que daba materia a la devocin pblica. El testimonio de este eclesistico es de valor inestimable en aquel proceso; porque Castellanos, al par que firmsimo creyente en todas las verdades que la iglesia de Cristo enseaba, era carcter entero y corazn limpio, enemigo de toda impostura, denunciador clamoroso de toda superchera, incondicional servidor de la verdad, como lo prueba a cada paso el texto de sus Elegas. As, por ejemplo, segn advierte el seor Paz y Melia, a la creencia vulgar de la formacin de las perlas por el roco, una en cada concha, opone su experiencia propia, que le mostr cinco, seis y ms granos en una sola; y de la falsa explicacin que daban de la extincin de las perlas en la Margarita, se burla diciendo sencillamente que se acabaron por la priesa que se dieran a cogerlas; llama boberas a las creencias de los marineros, postrados en cierta noche borrascosa ante el hierro de una lanza en que luca el fuego de San Telmo, o adorando un cuerpo santo que crean descendido al barco, y que l les muestra ser gotas de agua que brillan en un estrenque: acusa de superchera a Orellana por su invencin de las amazonas
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americanas, y sabe descubrir la falsedad de aquellos italianos que, para acreditar la opinin de haber habitado algunos ascendientes suyos en Amrica, desenterraban monedas antiguas por ellos mismos escondidas. Este historiador, absolutamente veraz e imparcial, no se pone de antemano de parte de los espaoles ni de los indios, ni al lado de los guerreros o de los misioneros, en las querellas o diferencias que ocurran, sino que en cada caso particular da la razn a quien la tiene, segn su juicio concienzudo, y distribuye el elogio y la censura con justiciera finsima balanza. Duramente trata, mencionndolos por sus nombres y apellidos, sin que con nadie tenga cuentas, a los soldados feroces, a los rbulas cizaeros (detestable raza que nunca aqu ha faltado, y l desde entonces hubiera extirpado de buena gana), y tambin a los malos eclesisticos, no valindoles a los primeros, ante el tribunal del historiador, la prepotencia armada, ni a los segundos la malicia venenosa, ni a los ltimos su sagrado carcter. El desenfado con que un escritor particular, falto de valimiento poltico, trataba la historia contempornea, la dedicatoria que Felipe ii permiti al autor le hiciese de sus libros, y las licencias que se dieron en Espaa para que se publicasen, aunque por entonces no llegasen a imprimirse, por dificultades materiales, o porque no hubiese quien, muerto el autor, promoviese y costease la edicin; la libertad con que corri el manuscrito guardado y consultado en bibliotecas particulares, resguardado por el nombre del rey y el imprimatar oficial, son nuevos datos que deben tener presentes los que con sobra de ligereza y petulancia lamentan la opresin del pensamiento y el amordazamiento de la palabra en los siglos inquisitoriales del siniestro Felipe n. De la libertad completa con que escriba aquel eclesistico, nos ofrece nueva y dolorosa prueba el libro que tenemos a la vista en las noticias relativas a fray Domingo de las Casas; y decimos dolorosa prueba, porque no sin dolor se renuncia a lo que se posey con amor; no sin pena vemos deslustrada una de las figuras de la Conquista, que nos mereca ms simpata y aun veneracin. Mas este sentimiento no quita que aplaudamos la depuracin de la verdad, que est por cima de toda humana consideracin. Cierto que Castellanos pudo recibir informes exagerados; pero l era hombre prudente, y en materia grave no consignaba noticias que no estuviesen comprobadas. Parece que Zamorasi mal no recordamosinsina que su compaero de hbito, Casas, fue calumniado; pero no concreta el cargo ni acenta la defensa. El inmenso trabajo de Castellanos est todo en verso. En el prlogo a la 4. parte explica el autor los motivos de haber adoptado este gnero de escritura:
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La salida de este laberinto fuera menos difcil si h s que en l me metieron se contentasen con que los hilos de su teia se tejieran en prosa; pero enamorados, con justa razn, de la dulcedumbre del verso con que don Alonso de Ercilla celebr
44 las guerras de Chile, quisieron que las del Mar del Norte tambin se cantasen con la misma ligadura, que es en octavas rimas; y as con ellas he procedido por la mayor parte en la fbrica de este inexhausto edificio Y porque cuando la jornada es larga dicen ser menos molesta si la duracin del camino es entreverada de cuestas y llanos, y el caminante siente menos cansancio por no llevar siempr los miembros en una misma postura, tambin sta por donde ha corrido mi pluma me pareci ser menos enfadosa as al que la pasa como al que la lee, variando la compostura, que fue en la mayor parte de esta cuarta, proceder en versos sueltos, en opinin de mu:hos no menos gratos que los que van asidos al rigor de la consonancia. Por manera que el buen Castellanos se dio a escribir historia en la dificilsima octava rima, accediendo a los deseos de sus amigos, y para que el historiador del Norte no se quedase, en punto a refinamiento literario, atrs del cantor del Sur; pero con la diferencia de que Ercilla se acomod a los lmites de un poema, mientras que Castellanos, empeado en larga y minuciosa narracin, hubo de escribir, como en interminable cadena, millares de estrofas. Extraordinario ejemplo de constancia y de paciencia, y todo por dar gusto a los amigos, que deseaban no faltase el halago de la rima! Hacia el fin de la 3. parte empez a escribir en verso blanco, especie de prosa en renglones iguales; y en esta misma desahogada forma est la cuarta parte, yendo los discursos interpolados en octavas, segn el ejemplo dado por Hernndez de Velasco en su ce'ebrrima traduccin de la Eneida (1557) y algunas veces en ovillejos (verso en que rima el final de cada uno con el hemistiquio del siguiente), a imitacin, sin duda, de otras traducciones del mismo Velasco (1585). A la fama, sin duda, de aquel insigne traductor toledano se debe el que ya algunos se atreviesen a equiparar el verso blanco con la octava rima. Para Castellanos, por lo visto, era el verso una forma regulada y elegante de escribir ia historia. Sin darse cuenta de lo que era poesa y huyendo siempre de la ficcin, como una falta grave contra la verdad histrica, recibi de la naturaleza dotes altamente poticas, una imaginacin cuya frescura y lucidez no amenguaron los aos, y una viveza y originalidad de expresin extraordinarias. En la narracin es puntualsimo; en las pinturas admirable. El tomo i de la Historia del Nuevo Reino de Granada que tenemos a la vista, principia por una extensa exposicin que hace Castellanos con fidelidad y candor sumo, de los usos, leyes y costumbres de los aborgenes; lo cual es de gran valor histrico y antropolgico. No dudamos que el pueblo y Gobierno de Colombia dispensarn benvola acogida a esta obra, tanto por su altsima importancia histrica nacional, como en justa correspondencia a la atenta dedicatoria que dejamos transcrita.
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{La
Nacin,
14 e n e r o , 1 8 8 7 ) .
MEMORIAS HISTORICO-POLITICAS
DEL GENERAL POSADA (1)
OJEADA
A LOS ORGENES
DE NUESTROS
PARTIDOS
POLTICOS
Hace diez y seis aos que en un peridico de esta capital nos toc anunciar al pblico "la aparicin del tomo i de las Memorias de Posada. Habamos odo leer al mismo General varias pginas de su libro, indito y an no concluido; y fuimos acaso los'primerosperdnesenos la vanidad de recordarloque consagramos a este libro, en mal trazadas lneas, el elogio debido a su importancia histrica y literaria; La impresin que aquellas lecturas privadas (1864-1865) dejaron en el nimo de cuantos tuvimos el placer de libar las primicias del trabajo de Posada, no fue una sensacin del momento debida a circunstancias particulares y extraas a! mrito de la obra misma. A! entusiasmo que despert entonces, en un crculo de amigos y admiradores del autor, ha correspondido la opinin unnime del pblico ilustrado, creciendo con la estimacin del tomo I la expectacin de! u, que acaba de darse ahora a la estampa. Filsofo cristiano, pensador poltico y potico escritor, rene el General Posada aquellas condiciones al parecer contrarias que debe poseer quien aspire al encumbrado ttulo de historiador. Ni ha querido l desmentir, aunque escribiendo Memorias, o como si dijsemos recuerdos personales, aquel texto de Salustio que desde la publicacin de! tomo I adopt corno epgrafe de su obra: En medio de las facciones armadas en guerra civil, el espritu de partido no me ha desviado de la verdad. Cmplenos hoy anunciar la aparicin del deseado tomo I! de Las Memorias de Posada, de ms directa y eficaz doctrina que el anterior para la generacin presente, que ver en l, no ya figuras, aunque gloriosas, distantes y envueltas en la penumbra de lo pasado, sino a hombres y sucesos que han influido ms de cefca en la actual situacin de la Repblica. A los ochenta y cuatro aos de su edad da el General Posada la ltima mano al tomo n de su obra, lo entrega a la luz pblica, y se prepara a trabajar en la composicin del iu. Fenmeno es ste de longevidad intelectual y de fuerza de voluntad ciertamente extraordinario en la zona enervante en que vivimos, y en medio de agitaciones polticas que roban la quietud y el nimo necesarios para toda labor seria; circuns( i ) T o r r o u . 8?, 372 p g i n a s , L i b r e r a . A m e r i c a n a , 1881-
46 tancia que nos induce a leer el libro que tenemos a la vista con carioso respeto hacia su autor, y con nuevo motivo de confianza en la verdad e imparcialidad de quien ha estampado estas solemnes palabras: En mis cansados das, prximo ya a dar cuenta a Dios de mi larga vida, no puede suponerse en m ni ambicin personal ni miras aviesas. El inters de mi patria es el nico mvil que gua mi mal tajada pluma.
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Las Memorias de Posada contienen principalmente la historia de los partidos polticos y de las contiendas domsticas de Colombia y de Nueva Granada, escrita por un hombre que ha corrido los azares de cuantas guerras civiles han devastado el pas hasta 1863, y que de ellas supo salir puro de todo exceso, exento de todo rencor personal. El tomo o refiere los sucesos de veinte aos (1832-1853). El i slo haba narrado la poca de 1826 a 1831, apenas un sexenio. Pero qu sexenio tan repleto de difciles y complicados problemas, de contrarias amenazas, de soluciones inesperadas y rudas! Qu perodo tan glorioso, por los hombres ilustres que en l figuraron en primera lnea, por las ideas extremadas y grandiosas que entonces se concibieron y propagaron; pero triste y desgraciado por las catstrofes que sobrevinieron, por el fracaso de esperanzas y de glorias, que trajo consigo el naufragio de Colombia! Bolvar, despus de coronar la obra de emancipacin de las Repblicas del Sur, vuelve a esta capital con nobles proyectos de reorganizacin poltica; el partido de la ingratitud y la envidia, nacido entre chismes y cautelas, legin oscura al principio, se determina y robustece; el General Santander, amigo personal del Libertador, pero predispuesto ya al rompimiento, se constituye en centro de una oposicin fecunda en desastres para la patria; el espritu de discordia disuelve la Convencin de Ocaa; la oposicin se reconcentra, conspira, y el pual parricida se afila; Bolvar se salva, como por milagro, de manos de los conjurados en la noche del 25 de septiembre; pero queda herido en el alma, y su profunda dolencia, contagiando a la Repblica que l cre, la amenaza de inminente disolucin; Santander, perdida su causa y alejado de la escena, se eclipsa por algunos aos; los amigos del Libertador acuerdan el plan de una monarqua, como medio de asegurar la libertad en el orden; el Libertador, vacilante a veces, inclinado unas al sacrificio de sus glorias, como l crea, en bien de la patria, reconcentrado otras en sus propios desengaos, acaba por desaprobar el proyecto de sus amigos, los deja desconcertados, entrega el poder a los Representantes del pueblo, y rodo de tristeza, pronunciando profticos anuncios que aterran, toma el camino de la expatriacin; Sucre, esperanza de reconstitucin para Colombia, columna indestructible de la unin (1),
(1) Calificativo q u e le h a b a d a d o el G e n e r a l S a n t a n d e r .
47 legtimo y caracterizado legatario de las glorias del Libertador, muere en la montaa de Berruecos bajo el pual reafilado que haba errado el golpe el 25 de septiembre; la Representacin Nacional se ostenta desorientada e impotente; atrvese a amenazarla un motn estudiantil, preludindose ya desde 1830 el 7 de marzo, con el triunfo de la pequenez sobre la debilidad, para contrastar con las grandezas que desaparecen; una reaccin desesperada, como final llamarada de moribunda lmpara, brilla en el efmero gobierno de Urdaneta, ltimo que desfila de la legin gigantesca de la independencia. Bolvar muere bajo el hospitalario techo de un espaol; Colombia sucumbe despedazada a manos de sus propios hijos. Tal es el drama grandioso y melanclico que traza el General Posada en el tomo I de sus Memorias. Leedlo los que queris conocer a la gran Colombia y a sus hijos. No se puede negar que la transicin del tomo I al II, desagrada al lector que se haya interesado en la contemplacin de los hechos, y no por culpa, n, del escritor, sino por la diferencia de las pocas. Es, digmoslo as, un cambio atmosfrico. La impresin es semejante a la que experimenta el que tome la Eneida despus de haber revuelto las pginas de la Ilada. Virgilio es poeta admirable, perfectsimo, a un mismo tiempo telogo y sentimental; pero no hay Musa, por sabia y pattica que sea, que acierte a dar a Cloanto, a Seresto, a Eneas mismo la grandeza personal de los Hctores y Aquiles. El lector se familiariza con los semidioses, y anda descontento con todo gnero de leyenda despus de haberle tomado el gusto a la guerra titnica de diez aos en torno de los muros de Troya. La disolucin de Colombia es como la ruina del sagrado Ilion; el desencanto de nuestra historia, que de fabulosa se torna en prosaica. La primera interesa a todo el mundo; la ltima slo a nosotros, porque es la historia de nuestra desgraciada familia, nuestra propia historia contempornea. Bolvar muere; Garca del Ro sale del pas, y la gallarda de los das heroicos se oscurece, y la elocuencia queda muda. El partido colombiano desaparece de la escena, postergados y dispersos sus hombres importantes. Tras el Congreso admirable de 1830, ltimo de Colombia, viene el annimo de 1832, primero de la Nueva Granada. Satlites de satlites salen a figuraren los primeros puestos; aun los hombres distinguidos de la edad anterior, al volver a tomar parte en la poltica, aparecen como sobrevivientes empequeecidos. Slo de tarde en tarde un Neira repite las hazaas ms gloriosas de Pez, y un Julio Arboleda recuerda rasgos del genio del Libertador, y muere como Sucre y donde muri Sucre, invicto y eliminado por el pual. Pero el vapor de la sangre de hermanos deslustra el brillo de las glorias militares. Estar tal vez este desencanto en los ojos del espectador? Provendr de que las cosas distantes pierden mucho de su grosera y sus asperezas y se idealizan a nuestros ojos, y las que palpamos con las manos nos ofenden y disgustan? Nacer
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del desdn a veces injusto con que miramos lo que tenemos al lado, lo que nos toca de cerca, desprecindonos a nosotros mismos? Un ingenioso pensador moderno ha consignado la observacin de que lo que cre primero la naturaleza con el fin de satisfacer una necesidad, sirve despus a manera de adorno, o en otros trminos, que las cosas que fueron tiles, cuando cesan de serlo se hacen bellas. Otro filsofo no menos ingenioso con sus teoras labernticas y afiligranadas, desenvuelve esta observacin aplicndola a la poltica, a la historia, al progreso del gnero humano. Presenta como ejemplo un castillo arruinado: los seores feudales que lo construyeron y ocuparon, en nada pensaron menos que en el efecto de la perspectiva; la seguridad de sus personas y bienes fue el nico objeto que tenan presente. Mas esas fortalezas que a ellos les sirvieron de defensa, son hoy para nosotros un objeto pintoresco; esas ruinas, teatro enantes de escenas brutales, son visitadas hoy con curiosidad artstica, y copiadas por un pincel romntico sirven para decorar salones. Lo propio sucede, dice Herbert Spencer, con aquellas guerras clebres, que para los hombres que en ellas se mezclaron, fueron negocio harto prctico, nada menos que de vida o muerte; con las batallas, prisiones y otros rigores semejantes, demasiado prosaicos para los que directamente los experimentaron; y que hoy dan materia a historias tanto ms divertidas e interesantes cuanto ms contrastan CJII a realidad de nuestro actual modo de vivir. Podremos deducir de aqu que el inters de la historia de la antigua Colombia nace de la distancia? Pensaremos que euesros proceres eran de la misma talla que nosotros, y que njecutando acciones prosaicas, con fines positivos e interesados, tejieron sin saberlo una epopeya brillante? Imaginaremos que nuestros remotos descendientes, ms refinados, ms ricos y desocupados que nosotros, estudiarn nuestras tristes guerras civiles, nuestros raquticos personajes de hoy con el mismo inters que puede despertar la lectura de la guerra de la independencia y de los grandes hombres que en ella figuraron? No creemos poder halagar esta esperanza, que, por lo dems, es consuelo harto estril y vaco, para los males que padecemos. No negamos que a la guerra a muerte que desol a Venezuela es literalmente aplicable la observacin antes consignada, ni dejaremos de agradecer Dios, que en vez de contemplar aquellos horrores a lo vivo, como los contemplronlos contemporneos, en ciudades despedazadas, en ros de sangre, en campos sembrados de osamentas, nos sea dado leer todo eso en las tersas y elegantes pginas de Baralt y Daz. Si cerrando los ojos, nos trasladamos con la imaginacin a Araure, y vemos a los infelices que libraron su salud a las hojosas copas de los rboles, caer de all a balazos dando vueltas por el airecacera que sencillamente consigna Urdaneta aadiendo por nica explicacin que tales eran los tiempos;si nos figuramos a centenares de prisioneros ejecutados a lanzadas por Arismendi en
Caracas y La Guaira, o a multitud de mujeres y nios vagando descaminados en orfandad y miseria por las calles de Valencia, todas las fibras de la sensibilidad ss estremecen, el nimo aterrorizado aparta la vista de tan espantosos cuadros, y se reconcilia con los tiempos que alcanzamos. Pero si el horror se aumenta cuanto ms de cerca observamos aquella poca, mayor tambin aparece el valor y audacia de los hombres. Cualesquiera que fuesen las consecuencias de la declaracin de guerra a muerte, que segn muchos historiadores resultaron favorables a la causa de la independencia, aunque siempre desastrossimas, y fecundas en todo linaje de desrdenes que todava nos persiguen, es innegable que el hombre que lanz aquel reto a la faz de un coloso secular, cuando l apenas era dueo del suelo que pisaba, ms que caballero de la Edad Media parece semidis de la fbula. Y cuando derrotado y fugitivo, traza a dos compaeros fieles el cuadro de la reconquista que despus llev a cabo, en marcha avasalladora desde el Orinoco al Potos, sus palabras tienen la entonacin y alcance de profecas. Bolvar, dice Posada, fue siempre grande, aun en los das de sus errores; y no slo fue siempre grande; Bolvar fue nico. Tambin es cierto que en nuestra historia de la Nueva Granada y Nueva Colombia hay episodios que ofrecen inters. La conspiracin de Sarda, por ejemplo, referida al vivo por el General Posada, cautiva a toda clase de lectores con las emociones a que convida todo drama misterioso y sangriento. Pero esa curiosidad no es hija de la admiracin. Si aplicamos a las investigaciones histricas una distincin conocida en el gnero dramtico, diramos que la historia de la primera poca es de caracteres, y la de la siguiente de enredolo que va de un drama de Sfocles o Shakespeare a una comedia de capa y espada. En la guerra de la independencia hubo barbarie y grandeza: hija de aquella lucha, Colombia apareci bajo auspicios gloriosos, con aureola radiante; la grandeza desaparece; pero en vez de progreso a la cultura, penoso es confesarlo, el nuevo liberalismo es retroceso a una especie de salvajez. La distancia realza y hermosea las cosas, es cierto; pero no da grandeza moral a los hombres y a las pocas que de ella carecieron. Lo que es por naturaleza pequeo no crece engrandecindose, sino va empequeecindose ms, hasta perderse en el olvido. La nada es el trmino de desarrollo de lo que no merece vivir; y el vaco de muchas cosas pequeas que se van desvaneciendo, es como fondo en que se destaca lo digno de durar, creciendo ms y ms en la memoria y estimacin de los hombres. N; la posteridad no podr confundir los grandes hombres de nuestra historia del presente siglo, con apocadas medianas, ni menos con figurones ridculos, mucho menos con criminales afortunados. El General Posada, que andando a par del siglo, ha presenciado todas las vicisitudes de nuestra poltica, siente el mismo brusco sacudimiento de que hablbamos antes, en el
Estudios literariosM. A. Caro-4
50 acto de dejar atrs y decir adis a la antigua Colombia. H aqu sus palabras: El cansancio del lector es el escollo en que todo libro naufraga. Suceder esto al mo? Largas relaciones que pueden interesar al hombre que lee para conocer a fondo los sucesos, acaso fastidiarn al que no busca sino el entretenimiento en un libro. Cmo vencer este inconveniente? Yo no encuentro el medio sino implorando la indulgencia del lector. Si el triunfo de la verdad le interesa, le ruego que contine, aunque se fastidie. Considere tambin la diferencia de mi pobre primer tomo a este segundo, ms pobre quiz todava. En aqul sonaban como el trueno en las nubes, como el estampido del can en los combates, los nombres gloriosos de Bolvar, Pez, Sucre, Urdaneta, Santander, Soublette, Montilla, Crdoba, Padilla Retumbarn del mismo modo los de los hombres que han figurado en nuestros posteriores desastres polticos? Entonces hablaba de Colombia la Grande en su ltima agona; ahora tengo que delinear la melanclica figura de Colombia la pequea, aborto de un crimen: entonces habl de hechos para los cuales las puertas de la posteridad se han abierto; ahora tengo que hablar principalmente de delitos contemporneos, frotando heridas no cicatrizadas todava. No es cierto que es grande la diferencia? Aflige tambin y contrista el nimo la lectura del tomo n de la obra del General Posada, en cuanto semeja nuestra historia revolucionaria, de 1832 a esta parte, navegacin sin norte ni brjula en un mar sin riberas. Nuestros abueloslos abuelos de la generacin presente, que ya no sus padres, cual solemos decirtrabajaron por conquistar la independencia: fue uno, y ese sin duda, el pensamiento que absorbi sus vigilias y dirigi sus esfuerzos encaminndolos a un mismo fin, y este fin se consigui. A los que murieron en los patbulos sonri la esperanza, y los que sobrevivieron, triunfaron, y triunfantes coronaron el voto de los pueblos americanos. Pero nosotros, a qu aspiramos, ni qu trmino han de tener las desastrosas guerras civiles que nos arruinan y salvajizan? Qu crimen, que infando delito estamos expiando? Araron en el mar los que nos dieron independencia? Las palabras del Libertador resuenan en nuestros odos, menos como amenazas que como anatemas que se estn cumpliendo con rigor inexorable. Veo nuestra obra destruidadeca a Pezy las maldiciones de los siglos caer sobre nuestras cabezas como autores perversos de tan lamentables mutaciones! Blasfemia sera imaginar que la Providencia no interviene, por vas ocultas, en nuestras desgracias; pensar que por camino de expiacin, o de escarmiento, o de disciplina, sacando como sabe bien del mal, no nos est guiando con solicitud paternal a nuestros destinos como nacin catlica. Pero no se descubre a nuestra dbil razn el hilo de este intrincado y revuelto laberinto: los continuos y montonos sufrimientos cortan las alas a la esperanza y agotan las fuerzas de la reflexin: y el abatido paciente no alcanza a ver ms all del abandono y miseria en que yace postrado.
51 Entre diferentes modos de escribir historia, hay dos principales: el que prefiere la narracin exacta de los sucesos, dejando en cierta oscuridad a los hombres; y el que citando, o mejor dicho, evocando a las personas, trae a cuentas sus pasiones, las circunstancias particulares en que se encontraron, los mviles escondidos de sus acciones. Creemos que hoy prevalece este mtodo, que puede llamarse biogrfico. Uno de los que con ms brillo lo siguen y defienden, consigna as su teora: La historia universal, la historia de cuanto ha realizado el hombre en el mundo, no es otra cosa, cual yo la concibo, que la historia de los hombres grandes que en ella intervinieron. Nosotros diramos ms bien: detrs de los sucesos estn los hombres, y sobre los hombres Dios. Los hechos solos, si no se relacionan con la libre voluntad de los hombres, ni se explican ni excitan inters. Pero las voluntades y pasiones de los hombres no dominan solas; tropiezan con tradiciones seculares, con intereses ya creados, y unas con otras se conciertan o contraran; efectos pequeos o desconocidos producen grandes efectos, y son stos a las veces los ms inesperados y sorprendentes. En suma, la fuerza humana no es independiente ni soberana; va regida, en el movimiento social, por una fuerza superior y divina. La falta de color biogrfico y de intencin filosfica daa no poco a la Historia de Colombia por Restrepo, obra por otra parte preciosa por el cmulo de noticias que tras largas y minuciosas investigaciones, y con espritu de rectitud y verdad atesor en ordenada serie aquel benemrito patricio. La narracin es exactsima, pero sin calor vital, porque ste no es ingnito en los sucesos, les viene slo de los seres animados e inteligentes que los produjeron. En Las Memorias de Posada los hombres hablan y se mueven a nuestra vista; los conocemos, y conocindolos sentimos por ellos simpata, cario, admiracin o bien lstima, desprecio, tal vez horror. Y en cuanto a intencin filosfica, el escritor, que no gusta de filosofar sin ton ni son, y en ello tiene buen gustos sabe hacery es lo que importaque los lectores, sin sentirlo, saquen de algunas pginas de su libro provechosas lecciones de experiencia poltica y de filosofa providencial. Cada poca suele tener un hombre que dirige el movimiento que la caracteriza. Infelicsimos los tiempos en que ningn hombre superior descuella! En esos perodos domina la anarqua, surgen los tiranuelos, que son como si dijsemos falsos hombres grandes, azote y oprobio de pueblos corrompidos o culpados. En nuestra historia, las primeras dcadas del siglo tuvieron sus hombres, mejor dicho, sus monarcas. Nario est a la cabeza de nuestra transformacin poltica, y representa a la Patria Boba. En la poca marcial que vino despus, el genio de Bolvar se levanta, y rige, por natural imperio, una legin de hroes. Bolvar, el Libertador, pudo ser tambin reorganizador; facultades tena para serlo, como lo demostr en medio de
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los afanes de la guerra; pero le faltaron fuerzas para contrarrestar los elementos destructivos que aparecieron y le impidieron consolidar su obra. Fraccinase Colombia, y al frente del partido liberal, dueo del teatro, y presidiendo a la Nueva Granada, aparece el Genera! Santander. En ese momento principia la narracin del tomo i del General Posada. Cuando Santander volvi a la patria en 1832, no tena oposicin. El partido colombiano estaba postrado; todos eran granadinos, todos se llamaban liberales. Nunca, acaso, se ha iniciado una Administracin bajo auspicios ms favorables, en cuanto a la paz interior; jams se ha ofrecido a un magistrado ocasin ms propicia para afianzar el orden social y la concordia de los ciudadanos. Y sin embargo, la Administracin Santander se seal con escenas sangrientas y execrables; en ella, dividindose los granadinos en dos bandos, la discordia asom amenazadora; y en seguida estall una de las guerras ms desastrosas que han afligido al pas, y el General Santander, que recibi en paz la Repblica naciente en 1832, envuelto ya en 1840 en ardiente liza parlamentaria, vacila herido de muerte por recriminaciones de algunos amigos suyos de la vspera; y la ltima mirada que lanza desde su lecho de muerte, no distingue sino los reflejos horribles de! incendio que devoraba a la patria. Santander es la figura de aquella poca crtica y de transicin. Todas las miradas se fijan' en l; l, como jefe de la Repblica, y como hombre de la situacin, tiene gran responsabilidad ante la historia. Todos los espectadores preguntarn naturalmente: Tuvo el General Santander culpa en aquellas desgracias que desde la infancia de la Nueva Granada descaminaron y malearon los destinos de la Nacin? La haba tenido en la dolorosa agona de Colombia, anuncio triste de estas mismas desdichas de su hija la Nueva Granada? Y si el General Santander no tuvo en esos desastres parte alguna, cmo no supo prevenirlos? Y sin esa visin poltica, sin aquel patritico trabajar para el porvenir, y paciente sembrar para otras generaciones, cmo admitiremos las altas dotes de gobierno que se atribuyen al General Santander? Y si las tuvo, qu graves defectos, o qu malhadadas circunstancias las privaron de toda eficacia? Otra cuestin histrico poltica se ofrece a la consideracin de los que estudian aquellos tiempos: Qu relacin y afinidades median entre el partido colombiano anti-boliviano y el liberal granadino? Puede considerarse con razn al General Santander como padre legtimo del liberalismo en nuestra tierra? El General Posada no intenta dar soluciones precisas de semejantes problemas, ni siquiera los plantea expresamente, pero despierta los unos y sugiere las otras en la mente del discreto lector. Tales puntos debieran discutirse y esclarecerse en una biografa del General Santander; mas no ha habido pluma alguna, amiga ni enemiga, que haya querido escribirla, no obstante que este personaje clebre desempe en su tiempo un
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papel tan importante, y que tuvo en vida y en muerte tantos apasionados y adversarios, a punto de ser su nombre signo de contradiccin en los debates y conversaciones relativos a los sucesos que ocurrieron de 1826 a 1840. Cerrando momentneamente el tomo H de Posada, que principia con el examen de la Constitucin de 32, consignemos algunos antecedentes que ayudarn a explicar la conducta del General Santander como primer Presidente de la Repblica de la Nueva Granada, en un perodo en que renacieron los partidos polticos que despus han ejercido el poder alternativamente en medio de incesantes luchas fratricidas.
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Favorece al General Santander, realzando el prestigio de su nombre, haber sido el militar de la Independencia que, a! hacerse irremediable la divisin entre venezolanos y granadinos, apareci a la cabeza de stos, agrupados primero como partido, y constituidos despus como nacin. Goza tambin el General Santander entre sus admiradores el ttulo de hombre de las leyes, que dicen mereci del mismo Bolvar por sus dotes administrativas y su adhesin a la legalidad (1). Nosotros hemos visto en Santander una mezcla de militar venezolano y letrado granadino; y las cualidades y defectos de esas dos condiciones, difcilmente conciliables, combinadas en l por una serie de circunstancias especiales, explican en gran parte, a nuestro juicio, as su elevacin a! rango de segundo y despus mulo del Libertador, como los errores de su conducta varia y las contradicciones y las dificultades de la posicin ambigua en que se coloc como Vicepresidente de Colombia. El tiempo hizo lo dems. Santander era rayano; y sabido es que la comarca donde estaba radicada su familia, y donde l recibi las primeras impresiones de la vida, ms pertenece al tipo nacional venezolano que al granadino. No tanto por esta circunstancia, bien que no despreciable para un observador filsofo, nos atrevemos a mirar a Santander como militar venezolano, cuanto por la conducta que sigui y las opiniones que abraz y profes abiertamente en la poca de la guerra y en la subsiguiente, en que trabaj, aunque con mal xito, en organizar la Repblica colombiana. Estudiaba Santander en el Colegio de San Bartolom de Bogot, adonde le trajo a educar un to suyo, eclesistico, y terminaba all el curso de jurisprudencia, cuando estall la revo(1) Hombre dla ley, dicen B a r a l t y Daz, a t r i b u y e n d o l a f r a s e a B o l v a r . L a versin m s g e n e r a l es que el L i b e r t a d o r le a p e l l i d , hombre de leyes, con r e s p e c t o a S u c r e , hombre de guerra, c u a n d o se t r a t a b a de d e s i g n a r un G e n e r a l que d i r i g i e s e l a c a m p a a del S u r . A s P o s a d a , t o m o i . P e r o S a n t a n d e r en 'una de s u s c a r t a s se e n g a l a n a con el ttulo de hombre de las leyes, como r e c i b i d o del G e n e r a ! Bolvar.
54 Iucin. Lnzase ei entusiasta estudiante de leyes, con otros jvenes de su tiempo, en los azares de la guerra, ncese militar sin estudios previos, en la escuela de los combates, en medio de las penalidades de larga y porfiada campana; y fuese impulso de sus instintos y carcter, o dictado de su razn, o fuerza de las circunstancias, ello es que el genio de Bolvar, por el prestigio de una inteligencia privilegiada y de una elocuencia incomparable, le domin por completo; que se hizo agente ciego del Libertador en la guerra, y para la paz adopt con fe profunda los principios polticos proclamados por el ilustre caraqueo. Fue Santander, en suma, a los principios, servidor y alumno de Bolvar, y no como quiera, sino con la exageracin, con el fanatismo con que los discpulos suelen seguir a los grandes maestros, repitiendo sus errores sin imitar sus virtudes. A los veintisiete aos de su edad inici Santander su Gobierno en Bogot, como Vicepresidente de Cundinamarca, en ejercicio del poder por ausencia de Bolvar, manchando, dicen Baralt y Daz, el triunfo de Boyac con un acto de crueldad intil y por ello altamente criminal. El 11 de octubre de 1819 fueron pasados por las armas en la Plaza Mayor de Bogot treinta y ocho individuos que haban sido hechos prisioneros en Boyac, y uno ms, que a vista de los banquillos verti aquella frase imprudente: Atrs viene quien las endereza. Es de notar que aun cuando aquellos desgraciados, en los partes de Santander y otros documentos de la poca, suenan como oficiales espaoles, no eran sino prisioneros realistas, parte oficiales y parte paisanos (1), espaoles unos y americanos otros. En comunicaciones oficiales, en un Manifiesto que public despus, y ltimamente en sus Apuntamientos para la Historia, el General Santander aleg que haban tratado de fugarse, y que l no contaba con guarnicin suficiente para mantenerlos en seguridad. Baralt y Daz refutan esta alegacin, observando que tratar de evadirse un hombre para salvar la vida es de derecho natural, y no delito que haya de castigarse con el ltimo suplicio, cuando hay medios de evitar la evasin, como los tena el General Santander, que dispona de una brigada de artillera, un escuadrn de caballera, las milicias, y la opinin de un pueblo resuelto a hacer sacrificios por conservar la libertad que acababa de alcanzar despus de una era ominosa de opresin y de patbulos. En carta particular al General Bolvar, fecha 17 de octubre, Santander consigna en estos trminos los motivos que le indujeron a ordenar aquella ejecucin: Al finle dicefue preciso salir de Barreiro y sus treinta y ocho compaeros. Las chispas me tenan loco, el pueblo estaba resfriado, y yo no esperaba
(1) S e i s venezolanos, c i n c o g r a n a d i n o s y un q u i t e o . E n t r e los p e n i n s u l a r e s h a b a varios p a i s a n o s y un b o t i c a r i o . E j e m p l o d e m o s t r a t i v o del c a r c t e r de g u e r r a civil q u e tuvo l a de l a i n d e p e n d e n c i a . E l e j r c i t o de Boves s e c o m p o n a de venezolanos; y el G e n e r a l e s p a ol F i e r r o se c o n g r a t u l a b a de q u e los efectos de l a g'uerra s e r a n s i e m p r e f a v o r a b l e s a E s p a a , p u e s lo.- q u e en V e n e z u e l a m o r a n en l a s b a t a l l a s , de uno y otro l a d o , e r a n txlos canalla americana.
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nada favorable de mantenerlos arrestados. El expediente est bien cubierto; pero como ni usted (por desgracia de la Amrica) es eterno, ni yo puedo ser siempre gobernante, es menester que su contestacin me cubra en todo tiempo. De ella protesto no hacer uso sino cuando este remoto e inesperado caso pueda ilegar.... Este seor Barreiro tuvo la bajeza de ofrecer sus servicios a la Repblica como simple soldado. De este prrafo se infiere, por una parte, que Barreiro estaba aterrado, y no engredo y tratando de fijar la opinin en favor del partido del Rey, como dice el General Santander en comunicacin oficial de la misma fecha; y por otra, que este General solicitaba la aprobacin de Bolvar como fallo de justificacin inapelable ante los contemporneos y la posteridad, como si los actos humanos fuesen indiferentes y el General Bolvar tuviese el privilegio de ponerles el sello definitivo de virtudes o de crmenes. Funesta alucinacin, hija de una especie de idolatra! En-la comunicacin oficial describe el General Santander en estos trminos aquel fusilamiento colectivo que ensangrent uno de los arroyos de la Plaza Mayor: Verificada (la ejecucin) a vista de un inmenso pueblo, los Jefes, las tropas, el mismo pueblo, todos han manifestado de un modo muy evidente la satisfaccin y contento que les caba por esta medida justa. Casi no hubo ciudadano que no viniera al Palacio a demostrar su placer. Despus de la horrorosa matanza que en 1814 se ejecut en Caracas y La Guaira, el General Bolvar dio en San Mateo, por medio del Secretario de Estado, un manifiesto a fin de explicar aquellos rigores como dolorosas represalias autorizadas por el derecho de la guerra e impuestas por la dura necesidad. Santander explica la ejecucin de Bogot pintndola como una fiesta o regocijo pblico. Los treinta y ocho prisioneros haban sido ofrecidos por Bolvar a Smano en canje de prisioneros patriotas. Santander no tena conocimiento de la respuesta que hubiese de recibir la Comisin despachada con tal fin por el General Bolvar, solamente prevea que no podra efectuarse el canje. Y aunque en Cartagena haba distinguidos patriotas que pudieran correr peligro con la noticia del fusilamiento de Barreiro y sus compaeros, el General Santander confiaba en que el Gobernador espaol a todo trance hara efectivo, como lo hizo realmente (1), el indulto en que esos benemritos granadinos haban sido comprendidos. Difcilmente se hubiera hallado un General granadino que tuviera valor para ordenar una ejecucin semejante; porque los
(1) E n un d i s c u r s o q u e en 1840 p r o n u n c i el mismo G e n e r a l S a n t a n d e r en l a C m a r a de R e p r e s e n t a n t e s , dijo refirindose a a q u e l l o s tiempos a n t e r i o r e s : E n C a r t a g e n a e s t a b a n n u e s t r o s c o m p a t r i o t a s C a s t i l l o , G u t i r r e z , S a n t a M a r a , M u t i s , P a r d o , etc., e t c . ; viviendo t r a n q u i l o s b a j o el G o b i e r n o e s p a o l d e s p u s de i n d u l t a d o s , y el Gob e r n a d o r enemigo, lejos de h a b e r l o s a s e g u r a d o en p r i s i n o m a l t r a tdolos de otro modo, les dio su p a s a p o r t e p a r a q u e s a l i e s e n a r e unirse a nuestro E j r c i t o .
- 56 oficiales granadinos, aun en medio de la guerra a muerte, se distinguieron siempre por un corazn humanitario y compasivo. Fue un granadino, el seor Zea, quien primero protest contra el fusilamiento del 11 de octubre, denuncindolo al Congreso de Angostura. Bolvardice Restrepolo sinti vivamente por la mala idea que las naciones cultas formaran de nosotros, cuando trataba de cimentar su opinin en nuestro favor. No improb oficialmente aquella ejecucin, pero s en conversaciones privadas, negando la necesidad que se alegaba para haberla adoptado y la falta de tropas con qu custodiar a los prisioneros. Plida sera aquella ejecucin si hubiramos de compararla con las hecatombes sangrientas de Venezuela en 1814. Porqu, pues, mereci tan amargas censuras, a punto de obligar al General Santander a publicar un extenso manifiesto destinado a justificar su conducta? Qu motivo particular caus el escndalo que entonces se produjo? Que aquel acto de crueldad dicen Baralt y Dazera una parodia extempornea de la guerra a muerte, y los motivos que la determinaron haban cesado. No slo diremos nosotros remedo extemporneo, sino excntrico. En las Provincias del interior de la Nueva Granada no haba podido aclimatarse la guerra de exterminio; rechazbala el carcter de los habitantes. En 1814 las tropas de Urdaneta, acostumbradas a la carnicera, hicieron ac un ensayo, inmolando a cuatro o cinco espaoles pacficos, vecinos de Tunja y Sogamoso, y el efecto fue malsimo, el Congreso granadino conden el atentado, y las gentes de Bogot, horrorizadas, se armaron para defenderse contra aliados tan feroces. Verdad es que Morillo haba sacrificado en los patbulos a nuestros hombres ms ilustres; pero aun as, el frenes de la venganza no haba encendido la ndole mansa de nuestras poblaciones. Nos ha parecido digno de atencin aquel acto, por dems conocido y ruidoso, con que inici el General Santander su Gobierno, porque sirve grandemente a determinar el carcter personal de este magistrado, sus primitivos entronques polticos, y la tendencia caracterstica de ulteriores administraciones suyas. Cuando el General Santander ordenaba la ejecucin solemne de treinta y nueve prisioneros, y cuando ms adelante la defenda impugnando en tono enrgico como utopas noveles y perniciosas las ideas filantrpicas de Zea, que fueron tambin las de los proceres de la independencia granadina, demostraba que vena a introducir un sistema militar desconocido en el pas, muy diferente del que sirvi a Nario para rodearse de americanos y espaoles, y contrario a nuestro carcter nacional; sistema que si en pocas anteriores pudo alcanzar ventajas en guerra desesperada, no deba producir, y no produjo, sino amargos frutos de discordia, aplicado despus de alcanzada la emancipacin, a la obra de organizar la Repblica. Iba, pues, ms lejos que Bolvar: cuando Bolvar, despus de cosechar laureles ensangrentados, dedicaba entre bosques de olivas un monumento a la Amistad, Santander quera llevar adelante la persecucin implacable sacndola de su tiempo y de su esfera, y convirtindola de necesidad en sistema.
57 Estableci el General Santander un Gobierno militar (su Vicepresidencia de Cundinamarca no fue otra cosa, segn confiesa Restrepo); haca uso de violencias, y aconsejbalas_al Libertador como necesarias. En 3 de diciembre del mismo ao 19* le deca: Fue aprehendido el Gobernador espaol del Choc, don Juan Aguirre, y fusilado acto continuo. Cuntos diablos menos tenemos por consecuencia de Boyac! En 5 del mismo mes: Me traen de Neiva al famoso Segovia, con quien pienso romper una fiesta muy solemne en esta plaza pblica. En 10 del propio mes, refirindose a varios prisioneros trados de lejanos puntos a la capital: Todos tomarn un premio correspondiente a sus maldades, con inclusin de diez y ocho que aqu tena an gastando los vveres. Me parece que pueblo que presencia la ejecucin de un godo hace sacrificio por su libertad. En octubre fusilaba a Barreiro y sus compaeros porque nada favorable se prometa de tenerlos arrestados; en diciembre pasa por las armas a otros, que estn gastando los vveres. En 1821 deca a Bolvar: General mo, no se confe mucho con sus prisioneros espaoles; al fin son malos. Recomiendo la lectura de la adjunta Gaceta, por si estas ideas las hubiere usted olvidado en estos ltimos aos de su filantropa. Pero no slo quiere que se use de rigor con os godos, sino tambin con los Generales granadinos que alimentan entre s desavenencias. Con respecto a stos, dice en carta de 19 de septiembre de 1820: No hay remedio; es preciso todava ahorcar gente sin proceso ni juicio. En su sentir muchos de sus compatriotas merecan de justicia el asiento de Piar; e hizo en efecto que lo ocupase, en 1825, el Coronel L. Infante, hroe de Boyac, juzgado y condenado por un crimen de que con toda probabilidad estaba inocente, no sin que tal ejecucin, interpretada desfavorablemente, llevase el alarma y la desconfianza al nimo de los Generales venezolanos, influyendo no poco, sin que Santander lo imaginase, en la separacin de Venezuela. Aun hombres pacficos e inofensivos, slo tildados por sus opiniones privadas, fueron desterrados arbitrariamente. En 1820 salieron expulsados para Casanare varios eclesisticos ancianos y respetables. Al oficial que los conduca (Capitn Snchez; se le dio orden (que autgrafa hemos visto) de que pusiese odo atento a las conversaciones de aquellos desafectos, y que si vertan expresiones malsonantes contra el Gobierno, los pasara por las armas, sin darles ms tiempo que el necesario para auxiliarse recprocamenteporque Santander, que era creyente, nunca descuidaba en tales casos, hay que hacerle justicia, la concesin de auxilios espirituales !l). Todava en 1823, bajo
(!) S o b r e e s a e x p u l s i n de e c l e s i s t i c o s , v a s e G r o c t , Historia Eclesistica, torno n i , p g i n a 37. E l seor Groot no h a b l a de l a orden d a d a a S n c h e z , p o r q u e no la vio sino despus de p u b l i c a d a su Historia; p e r o al v e r l a r e c o r d , y nos dijo, h a b e r l e ofdo al mismo S n chez, que r e c i b i u n a orden s e m e j a n t e y que no tuvo o c a s i n de c u m p l i r l a , p o r q u e los e c l e s i s t i c o s e x p u l s o s no vertieron sino p a l a b r a s de c o n f o r m i d a d y r e s i g n a c i n c r i s t i a n a . C a s i todos ellos m u r i e r o n a poco de h a b e r l l e g a d o a l l u g a r de s u confinamiento.
58 el imperio de la Constitucin de Ccuta, discutase en El Patriota (papel de dimensiones diminutas que redactaba el mismo Santander) la cuestin propuesta por un peridico de Caracas, a saber: si deba o n expulsarse a los espaoles y realistas que aunque pacficos, no se hubieran comprometido en favor de la causa republicana. El Patriota, en vez del in dubis abstine, se declaraba, como mxima ms segura, por la de Sancho Panza cuando aconsejaba a don Quijote matar por lo que pudiese resultar, que bien poda ser el muerto algn enemigo de su merced. La cita era jocosa; pero la doctrina demasiado seria. Quera, por tanto, el General Santander que continuase un gobierno militar, ejercido por l mismo, y miraba de mal ojo los esfuerzos que aigunos abogados que sobrevivieron a la cuchilla pacificadora, hacan por establecer un orden legal cercenando el poder ilimitado que militares como Santander ejercan a ttulo de conquista, a punto de hacerse proverbial el dicho de que mientras hubiera libertadores no habra libertad. En 1820 deca al Libertador: Tiene usted muy sobrada razn para temer servir entre unos hombres ingratos, interesados y enemigos de las casacas de colores. Yo tengo aqu seis u ocho de estos hombres que de buena gana los volvera godos para ahorcarlos. T o dos irn al Congreso, y todos estamos temblando de lo que van a hacer; me aseguran que dicen ya que todo cuanto ha hecho el Congreso de Guayana (1), con respecto a Cundinamarca es nulo.... Desespero por saber ciertamente esta cosa, porque al ser cierta, los mandar a la escuadra por sediciosos. El corifeo es el doctor Herrera. En 1823 escriba: En la Cmara de Representantes se ha votado el desafuero del ejrcito libertador, siendo los ms acalorados los seoritos que ahora vienen a figurar despus de haber sufrido a Morillo y a Smano. Todava en 1840, despus de tantas vicisitudes, herido en la fibra de su orgullo de libertador, negaba en cierto modo ttulos polticos a los_que no hubiesen comido, como l, carne sin sal en la campana del Llano; y entonces fue cuando el seor Pombo, que haba sido Secretario de Gobierno de Santander en su Administracin anterior, y en ese momento, como civil, era uno de los aludidos, contest oportunsimamente: Es verdad que no fui de los que comieron carne sin sal en Casanare en 1819, pero la com muy salada de burro en Cartagena, en el punto avanzado de La Popa, en 1815. Los principios del General Santander en asuntos polticos, no teora precisada por el estudio y la meditacin, sino inspiracin de su carcter, y leccin de la experiencia, y reflejo tambin de las ideas del Libertador, eran aquellos que concurran a establecer gobiernos slidos y fuertes. En la relacin de la campana de 1819 que en elogio del Libertador escribi y public annima el General Santander en Santaf, leemos: Seis aos
(l) C o n g r e s o venezolano en q u e no tuvieron r e p r e s e n t a c i n los g r a n a d i n o s . Del de C c u t a . c u a n d o i b a a r e u n i r s e , deca, con d e s p r e c i o S a n t a n d e r : <.eso q u e l l a m a n C o n g r e s o .
59 empleamos ensayndonos con el sistema federal, y bien a costa de nuestro honor y de nuestras vidas.... La experiencia ha confirmado en el General Bolvar la persuasin de que pueblos en revolucin a quienes era desconocido el nombre de libertad, no pueden gobernarse por el sistema federal, sino por un Gobierno enrgico cuyas providencias no admitan observaciones ni contradiccin. Detestaba la federacin; y el mismo doctor Azuero, campen ms adelante de las ideas federativas, que abraz el General. Santander accidentalmente en 1828 como arma de oposicin a Bolvar, le ayudaba en 1823 a combatirlas (1). La palabra federacin pronunciada en Quito y en Caracas era capaz de hacerle huir ms all de los mares, porque para l desorden y federacin eran sinnimos (2). Quera la unin de Colombia bajo un Gobierno central, y que este Gobierno tuviese todas las condiciones de firmeza; e inclinndose a la monarqua constitucional electiva, ms bien que al sistema republicano, fue el primero que la propuso al Libertador desde 1819. En 26 de septiembre de 1820, despus de amenazar, como hemos visto, con remitir a la escuadra al doctor Herrera y otros abogados republicanos, elegidos para la Constituyente de Ccuta, deca al Libertador: Ser Presidente no lo he soado jams, porque no me cabe que sea til, ni poltico, ni prudente, ni justo, el que usted deje de serlo, y mi voto en el Congreso como Diputado ser que sea usted Presidente a vida, aunque declamen, y lo figuren coronado Emperador de los colombianos; y esta opinin la he comunicado a otros dos Diputados que pensaban lo mismo y no tenan valor para su sentimiento. (3). Todava en 1825 no dudaba afirmar que la gente republicana es infernal. Y en 3 de diciembre de 1826, reconciliado con Bolvar, despus de los desabrimientos que ocurrieron entre los dos en la marcha del Libertador a B o got, precursores de la gran catstrofe, escriba al General Santa Cruz, ofrecindole poner cuanto estuviera a su alcance para popularizar y que se llevase a efecto la confederacin de Colombia, Per y Bolivia bajo el gobierno vitalicio del Libertador. No es probable que estas manifestaciones, afines de 1826, el ao que engendr la discordia en Colombia, fuesen respecto de Bolvar tan sinceras como las anteriores, ni que el General Santander creyese practicable aquella confederacin continen(1) Azuero, T o r r e s y yo hemos a t a c a d o por l a i m p r e n t a a >os fed e r a l i s t a s : c u a n t o s d i s c u r s o s h a y en l a Gaceta d; Colombia son mos. ( C a r t a a l L i b e r t a d o r , f e c h a 6 de f e b r e r o de 1823). (2) C a r t a de 6 de noviembre de 1823. O t r a s m u e s t r a s de su a v e r sin al s i s t e m a f e d e r a l : N u e s t r o s buenos polticos (de su propio inters) nos q u i e r e n r o m p e r l a c a b e z a con f e d e r a c i n . Y a , s e r p o r lo mucho q u e les c u e s t a e n c o n t r a r s e con p a t r i a y d e s t i n o s , (sept i e m b r e 1823). A m me p a r e c e q u e hemos hecho b a s t a n t e con h a b e r hecho c a l l a r a l p a r t i d o l i b e r a l - f e d e r a l i s t a . J (Marzo 1825), (3) S o b r e un b r i n d i s de S a n t a n d e r por el mismo tiempo y en el mismo sentido, v a s e M o s q u e r a , Examen Ci/ico, tomn, pgina 223,
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tal, que don Jernimo Torres y otros amigos verdaderos de Bolvar calificaron en el Congreso de 1827 de quimrica y de prfida propuesta; pero la idea que proclamaba el General Santander la vspera del da en que haba de declararse la guerra a muerte a Bolvar, proponindolo Jefe vitalicio de la Amrica Espaola, era congruente con las que siempre haba manifestado desde 1819. Las relaciones entre Bolvar y Santander fueron por algunos aos las de la ms cordial correspondencia entre un caudillo ilustre y uno de sus ms adictos Generales. Luego que entr Bolvar a Santaf en 1819, por una de las primeras providencias que dict adjudic al General Santander su haber militar de $ 20,000 en una hacienda y una casa, asignndole como recompensa extraordinaria el exceso del valor de estas fincas sobre la dicha cantidad (1). En el Congreso de 1821 debise exclusivamente a recomendaciones del Libertador que Santander fuese elegido Vicepresidente de Colombia en vez de Nario, en votacin reida, despus de varios escrutinios. Si la eleccin hubiera recado en Nario, y Santander hubiera sido destinado a la campaa peruana, cuan diferente suerte habra tocado a Colombia! Grados militares, recompensas pecuniarias, la direccin, en fin, del Gobierno de Colombia, todo lo haba recibido Santander de manos de Bolvar, y por ello le haca continuas protestas de adhesin y gratitud. Qu honor, mi Generalle deca en 1821me ha hecho el Congreso ponindome en segundo lugar despus de usted! Yo no s si un corazn el ms ambicioso a la gloria y al poder dejara de estar satisfecho. Y quin dudar de la sinceridad que respiran frases como stas: Ella (la estrella de Colombia) nos descubra eternamente la gloria de usted para no serle ingratos! Me vanaglorio de que jams pertenecer a este nmero.* Ya estar usted cansado de recibir homenajes de los pueblos; el mejor que tiene usted hasta ms all del sepulcro, son nuestros corazones. Qu causas produjeron aquel rompimiento absoluto, aquel apartamiento de por vida, origen de tantos desastres, entre el caudillo a quien Santander apellid el hombre de lo heroico y lo extraordinario, > y Santander mismo, que respecto a Bolvar se llamaba a s propio el hombre de la gratitud? Fue por ventura ese rompimiento resultado de alguna diferencia radical y profunda entre ias opiniones polticas de uno y otro General ? Ya hemos visto cuan de cerca segua Santander las ideas del Libertador declarndose expresamente contra los liberales demagogos, y cmo lejos de cejar en la profesin de la teora de los gobiernos fuertes, la exageraba, en la prctica, con rigores extemporneos, y en el Consejo proponiendo una confederacin continental, y la presidencia vitalicia del Libertador. Una devocin incondicional a! imperio de las leyes, escrpulos de una conciencia constitucional intransigente habran de apartar a Santander de Bolvar a causa de las facultades extraordinarias,
(1) D e c r e t o de 12 de s e p t i e m b r e de 1819.
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aunque emanadas de la Constitucin misma, que ejerci el ltimo cuando volvi a Colombia en 1826? Esta fue el arma que esgrimi contra Bolvar la oposicin enconada que surgi entonces, revistindose con el ttulo catoniano de partido constitucional. Pero Santander en 21 de diciembre de 1826 llam a aquellas actas de dictadura, que el mismo Libertador haba mirado con recelo, proclamaciones y muestras de ilimitada confianza que le acababan de dar los pueblos; aada que la tierra entera se ocupaba de admirar a Su Excelencia el Libertador; que las circunstancias en que se hallaba colocado Bolvar le inspiraban confianza (a Santander) para someterse a sus designios, y que repetira con Camilo Torres, que un rasgo de Bolvar impona ms en la opinin pblica que todas las declamaciones envenenadas de los calumniadores. Q u ms? De enero a mayo de 1827 ejerci el General Santander un mando ilegal, apoyado en una autorizacin del Libertador, redactada y presentada a la firma por el mismo Santander, con fecha falsa, para que apareciese despachada del Rosario de Ccuta, adonde deba tocary no tocel Libertador en su marcha a Venezuela. Posada califica eso de sanete vergonzoso que basta, aade, a quitarle al General Santander el ttulo de hombre de las leyes. N: la razn serena no es la nica facultad dlos hombres, que dotados de sensibilidad ceden muchas veces al impulso de sus pasiones. Ni son el amor a la verdad y la justicia, y la ley del deber, mviles frecuentes en tiempos infelices y revueltos. Relaciones personales y casuales, mltiples errores, el inters que extrava y la pasin que ciega, la ambicin imperiosa, la fuerza de las circunstancias que arrastra, entran por mucho para explicar la conducta de los hombres y las evoluciones de la poltica. Con la historia de los hombres se mezcla misteriosamente el progreso de las ideas; con la lucha de los partidos se entreteje la pugna de los principios; y afiliados a un bando, por inters individual o colectivo, sirven o daan los hombres, muchas veces sin quererlo ni pensarlo, a la causa de la civilizacin.
EL GENERAL
SANTANDER
Los modernos radicales, cuyos principios anrquicos quedaron consignados en la Constitucin de 1863, han solido invocar el nombre del General Santander, presentndole a la admiracin pblica y casi divinizndole como a padre del liberalismo novsimo. A demostrar la falsedad de esta genealoga poltica, encaminbase en buena parte la anterior Ojeada sobre el origen de nuestros partidos, que publicada en El Repertorio Colombiano, qued inconclusa. El General Santander rompi con el Libertador, no por otro motivo que por emulacin personal, engendrada por la larga ausencia del General Bolvar. Santander, como Vicepresidente de Cundinamarca, qued encargado del mando supremo, lo ejerci por algunos aos, y al volver el Libertador Presidente, no pudo resignar sin dolor lo que haba posedo con amor. Inde irce. En el primer ao de ausencia se celebr con pblico regocijo el da de San Simn, natalicio de Bolvar; ms tarde cay en la cuenta de que l no se llamaba Simn sino Francisco. Los anarquistas empezaron a rodearle, y buscaron en l el centro de que carecan y que necesitaban para formalizar su oposicin. Pero estas coaliciones ocasionales nunca se basaron en la uniformidad de principios, y cuando se ha logrado el objeto inmediato de la alianza, vuelve el General Santander a profesar y a practicar sus principios propios. Enemigo del sistema federativo, que apellida infernal, lo acepta de malsima gana en 1828, por ser el de sus amigos, y slo como bandera de guerra, con nimo de repudiarlo luego, como lo repudi en efecto, cuando volvi en 1832 a ejercer la Presidencia. Bajo su inspiracin la Nueva Granada se constituye como Repblica unitaria, con legislacin centralista y por extremo severa. Aborrecedor de los filntropos y de la filantropa, como Napolen de los idelogos; partidario de la pena de muerte por delitos polticos, censura, sin embargo, las ejecuciones de los conspiradores del 25 de septiembre, que segn aparece de sus declaraciones, se comprometieron con la conviccin de que era Santander el Jefe secreto del movimiento; pero en 1832, Presidente electo de la Nueva Granada, se deniega a honrar la memoria de los amigos sacrificados en otra poca, inspira una ley sobre conspiradores, la ms rigurosa de cuantas han
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regido en Colombia; confirma sentencias de muerte por simples conatos de revolucin, preside a las ejecuciones colectivas de 1834, y autoriza la muerte secretamente dada a Sarda, la accin ms negra que registra nuestra historia. En 1840, representante y Jefe de la oposicin parlamentaria, viendo comprometidos a sus amigos en un alzamiento injustificable, se limita a abogar en la Cmara por que se use de lenidad y se indulte a los prisioneros; pero su personal amigo, el Coronel Acosta, le arguye en esta forma: Un respetable Diputado, Jefe de la Administracin anterior, ha dicho que el G o bierno tena el deber de usar de la mayor clemencia con los que se rebelasen; afortunadamente este principio es falso, y si fuese cierto, con l se hara el proceso de su propia Administracin, que no slo no brind indultos a los facciosos durante aquel perodo, sino que se opuso constantemente a que el Congreso los concediera (1). El General Santanderdice Posada, recordando aquel incidentepalideci al verse apostrofado con tanta energa por uno de sus mayores amigos; pero nada contest, ni poda contestar, porque el cargo era fundado. Argido de contradiccin, con mayor vehemencia y ms concretos cargos, en la misma sesin, por el Coronel (despus General) Borrero (2), el General Santander qued tan hondamente herido, que enferm gravemente, y muri luego (6 de mayo), dejando vacantes su silla en la Cmara y la Jefatura del nuevo partido a quien ldice Posadano haba podido contener dentro de los lmites de una moderacin decorosa, en la que por su parte se mantuvo siempre, pues aun en sus ataques y censuras al Gobierno guardaba cierta compostura, sin faltar nunca a la dignidad que da el hbito del mando y que se manifiesta en el porte y en los modales (3). En aquellas mismas sesiones, y aludiendo a su Administracin, inculpada por algunos Representantes, profera el General Santander estas palabras, dignas de memoria, por lo mucho que distan dlas declamaciones de sus fingidos discpulos: Uno de los historiadores modernos de la Revolucin de Espaa, a quien se concede juicio e imparcialidad en sus escritos, ha consignado una mxima que yo deseara ver esculpida en la puerta de la casa de Gobierno, y en la de las Secretaras de Estado, por el bien y la utilidad que resultara de ajustarse a ella: Los Gobiernosdiceestn obligados, aun por su propio inters, a sostener el decoro y dignidad de los que les han precedido en el mando; si no, el ajamiento de los unos tiene para los otros consecuencias amargas. Santander incurri en inconsecuencias; pero cualquiera distinguir en ellas lo que l profesaba cordialmente de lo que
l ) Diario de Debates de 1840. S e s i n del 27 de m a i z o .
(2) B a r r e r o fue p r o v o c a d o por u n a violenta a c u s a c i n p e r s o n a l que le d i r i g i el G e n e r a l Antonio O b a n d o , p a r t i d a r i o de S a n t a n d e r , , y hombre v u l g a r y de n i n g u n a h a b i l i d a d p a r l a m e n t a r i a , (3) P o s a d a , Memorias, tomo n , c a p t u l o X L V I I I .
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aceptaba por necesidad. Sus principios polticos eran mejores que su carcter, y que la aplicacin que de ellos haca, mezclada a veces de pasin, y por extremo rigurosa. El nico entronquetriste por cierto que pudiera alegar el moderno partido radical para probar que de all en algn modo procede, sera la enseanza de filosofa sensualista y utilitaria que el General Santander toler, y que ellos en poca en que tanto se han ilustrado estas cuestiones, han mantenido en los colegios pblicos, con terquedad y fanatismo impo, aferrndose aun a los textos, en aquella poca flamantes y casi nicos aqu, hoy anticuados, y relegados aun por los mismos librepensadores de ms luces y ms progresistas. Mas lo que de parte de Santander fue tolerancia imprudente y funesta, despus ha formado parte de un sistema deliberado de guerra a la Iglesia y a toda religin, a que Santander no habra cooperado jams. El General Santander no era meafsico ni telogo, y entenda torcida o confusamente en algunos puntos dogmticos y morales el catolicismo; pero nunca fue anticatlico por sistema. Como particular profes siempre la fe catlica, cumpla con sus deberes religiosos, y a sus vctimas no neg nunca los auxilios espirituales. Permita, con gran dao de los intereses religiosos, que Azuero, su amigo, ensease sensualismo; pero cuando este dogmatizante acus en el Congreso al celoso predicador doctor Margallo, que combata desde el pulpito sus enseanzas, el General Santander declar que si se dictaba orden de destierro, como se pretenda, contra el doctor Margallo, l, como Presidente, no responda de 'la paz pblica, con lo cual qued protegido y autorizado el venerable sacerdote. Margallo predicaba con apostlica libertad, y Santander sola asistir a sus sermones. Loquebar in conspectu regum et non confundebar. De las filosofas de Azuero deba de tener in perfore mal concepto, cuando en 1836, tratndose de designar el candidato de su partido a la Presidencia, y dividida la opinin de sus amigos, escriba al doctor Cuervo: Mi candidato ha sido Obando: no he estado por Azuero, porque este hombre con sus teoras nos llevara al fondo del abismo." A ltima hora las circunstancias le hicieron aceptar, mal de su grado, la candidatura del utopista. Hay ms: el General Santander consider siempre la religin como esencial elemento del orden social; y en 16 de diciembre de 1819 su Gobierno, por la Secretara de Gracia y Justicia, expeda la siguiente circular: El Gobierno de la Repblica, protector de la Iglesia Cat lica, ha acordado auxiliar la jurisdiccin eclesistica contra los principios subversivos del dogma y de la disciplina que desgraciadamente pudieran introducirse por una que otra persona ignorante o de mala intencin. Aunque el Gobierno no puede permitir el establecimiento del Tribunal de la Inquisicin, opuesto a la suavidad de la doctrina de Jesucristo e instituido por los tiranos, que a la sombra de la religin han pretendido mante-
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ner los pueblos en una vergonzosa servidumbre, tampoco pue de permitir que corran doctrinas impas y escandalosas. Con su acuerdo el Ordinario eclesistico ha diputado al doctor Francisco Jos de Otero, Cura de la parroquia de Las Nieves de esta capital, para que conozca en las causas que puedan suscitarse en esta materia, de un modo regular y conveniente al espritu del Evangelio y al sistema liberal que ha adoptado la Nueva Granada. Por consiguiente, Su Excelencia ordena a Vuestra S e ora, que recibiendo requerimiento de dicho doctor Otero para intimar a alguna persona su presentacin en esta capital con el objeto de defenderse de los cargos que puedan resultarle en asunto de esta naturaleza, proceda Vuestra Seora a prevenir y disponer se verifique dicha presentacin, con las reservas que el caso exija por la trascendencia que pueda traer la divulgacin de hechos en materias tan delicadas. Dgolo a Vuestra Seora de orden de Su Excelencia para su cumplimiento en sus casos, procediendo sin estrpito alguno y con la prudencia necesaria. Santaf, 16 de diciembre de 1819. (1). Es decir, que el General Santander restableci en lo que le es esencial, el Tribunal de la Inquisicin, quamvis carebat nomine. En su testamento declar Santander que era catlico; y muri confortado con los sacramentos de la Iglesia, que pidi, y le fueron administrados por el Ilustrsimo seor Mosquera, Arzobispo de Bogot. Santander obedeci, como todos los hombres polticos, al espritu de su poca; y en muchos casos se mostr inconsecuente, descaminado por la ambicin y la crueldad y por especiales circunstancias; pero las mximas que profes cuando hablaba y escriba con franqueza e independencia, y su conducta general en los dos perodos en que ejerci el mando, fcilmente demuestran lo que le caracterizaba como hombre poltico, y cuan faltos andan de razn y justicia los federalistas y anticatlicos que en tiempos posteriores le han proclamado precursor de este nuevo gnero de liberalismo.
(f) Acuerdos dla Secretara de Gracia y Justicia, m a n u s c r i t o de l a B i b l i o t e c a N a c i o n a l . E s t e documento e s t r u b r i c a d o por S a n t a n d e r .
E s t u d i o s literariosM. A . CaroS
A CAZA DE ANNIMOS!
CARTA A B E R A L T O , Y TRASLADO A QUIEN CORRESPONDA
Querido amigo: Te debo una contestacin sobre mis seudnimos y anagramas: si los he usado, cules, y por qu motivo. Veo que has dado a tu curiosidad forma de circular; y ha sido excelente idea, porque con datos nuevos, y con cartas" tan donosas y regocijadas como algunas que has publicado, logrars ampliar las hasta ahora escasas e inciertas noticias que tenemos sobre esta materia. Don Diego Barros Arana, diligente investigador chileno (aunque no seguro, por ciertas flaquezas de parcialidad y apasionamiento), public no h mucho un Diccionario de seudnimos americanos, en el cual apenas figuran, de compatriotas nuestros, el ilustre Garca del Ro y algn otro. Otra lista de seudnimos corri impresa en La Opinin Nacional de Caracas, tambin muy deficiente en lo que a nosotros toca. Muy bien haces en tratar de darnos una tan completa como sea posible, amenizada con testimonios jocoserios y anecdticos de los mismos autores o de sus Boswells. Pero ya que en esta indagacin te has metido, no dejars de advertir que el seudnimo es apenas una anexidad de la produccin annima. Y sobre este tema, contando con tu indulgencia, dejar correr la pluma. De obras annimas y seudnimas se intitula el Diccionario bibliogrfico, compuesto por el Padre Carlos Sommervogel, relativo nicamente a escritores de la Compaa de Jess, y cuyo tomo i acaba de publicarse en Pars. Con buen acuerdo estn apareados en el ttulo de esa obra el annimo y el seudnimo. Siempre he credo que el esclarecimiento de! annimo propiamente dicho, es de suma importancia, y aun en buena parte indispensable, para escribir la modesta, pero de ningn modo despreciable historia literaria de nuestra Patria desde la Independencia. Las condiciones econmicas e industriales de i.n pas determinan la forma de publicidad que toma la produccin intelec-
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tual. En naciones adelantadas, donde hay verdadera imprenta^ como arte mixta, mecnica y liberal, que ha llegado a su mayor auge, y donde existen casas editoriales, con grandes capitales y extensas relaciones, el libro es el molde en que el escritor de mrito se ve convidado a vaciar su pensamiento para entregarlo a la circulacin; y como la reputacin literaria tiene valor efectivo y cooperativo, la aparicin de un libro annimo es caso excepcional. De! periodismo, que en la escala bibliogrfica ocupa lugar secundario, se sacan constantemente y se reproducen en forma de libro las producciones de mayor vala, que por ese medio ennoblecidas, entran en el repertorio que habrn de examinar el crtico y el historigrafo de letras y ciencias. Lo contrario ha acaecido en nuestra Patria, mayormente en tiempo de la Nueva Granada, en que la importancia intelectual de algunos hombres, y aun la esmerada revisin de algunas publicaciones, contrasta con la pobre y msera condicin de los medios mecnicos de imprimir. Libros, no haba que pensar en componerlos, porque faltaba, aun ms que hoy, que ms no cabe decir, en absoluto, el estmulo de la doble demanda del librero y del pblico; y las personas doctas que escriban de cuando en cuando, ni farna ni dinero buscaban, y bajo el velo del annimo daban sus escritos a los peridicos, donde han quedado sepultados e incgnitos, aguardando la mano acuciossima que vaya a descubrirlos y entresacarlos. O hemos de conformarnos con no haber tenMo en ciertos perodos historia literaria, o hemos de ir a exhumarla te los peridicos. All, y no en otra parte, yacen los escritos de Juan Garca del Ro, de Juan de Dios Aranzazu, de Lino de Pombo, de Jos Rafael Mosquera, de Mariano y Pastor Ospina, y de todos los grandes voluntarios de la prensa, que alimentaron el periodismo annimo in ilio iempors, para no mencionar a otros ms recientes. Hoy, para regocijo de las letras patrias, se estn publicando en coleccin (aunque sin la limpieza tipogrnca que al intento corresponda y que nuestra poca demanda) los escritos de don Mariano Ospina, en Medelln, y los de don Jos Caicedo Rojas en Bogot. Lo cual se debe a que uno y otro han podido hallar en peridicos, que van hacindose antiguos y raros, sus propios escritos; mas no sin dificultad ni completamente, pues borradas con el tiempo las reminiscencias, no es hacedero reconocer todos los dispersos hijos del entendimiento. A ia dificultad moral de determinar la autenticidad se aade la material de dar con las colecciones de peridicos que han de consultarse. La te PINEDA, que forma parte de la Biblioteca Nacional, es acaso la ms completa que tenernos; mas todava es deficiente en lo que abraza, y no alcanza sino hasta cierta fecha, ya no cercana. De all para ac cunta indolencia y descuido! No hay ley que haga obligatorio el envo de los peridicos a la Biblioteca Nacional. Todo lo que all se recibe es por gracia te los editores: y as sale ello, como sopa de mendigo!
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Si los mismos autores encuentran tales dificultades para recobrar con certidumbre lo propio, qu suceder con los escritores finados? Dnde el contemporneo amigo que tenga el secreto de lo que publicaran? Y dado que lo tuviese, dnde el abnegado bibligrafo que tome a pechos tan enojoso rebusco? Digote que si yo fuese Direccin de Instruccin Pblica, facultada para algo ms que para derramarse en gastos de necia y ruinosa ostentacin; mejor: si fuese hombre acaudalado que pudiese gozarme en actuar de Mecenas a mi talante, hara, entre muchas buenas cosas, formar un ndice bibliogrfico en regla, de nuestra prensa peridica, dividido y honradamente trabajado por pocas; y all habran de introducirse, con mtodo cientfico, y echando a pasear todos los embelecos y fantasmagoras que suelen presentarse hoy con humos de patriticas revelaciones, las conjeturas relativas al origen de las producciones dignas de memoria. Tal ndice sera el ms apropiado aparato para estudiar no slo nuestra literatura, sino nuestra civilizacin, que abraza todos los certmenes de la inteligencia y del carcter. Quizs, en labor tan larga, empezara por un solo y singularsimo peridico, El Da, que se public durante una larga e importante poca de nuestra historia, que tuvo la colaboracin de hombres muy notables, cuyos escritos slo all aparecen, y que por mucho tiempo campe solo en el estadio de la prensa. Por dos aos enterosdeca notando esta circunstancia el Redactor de El Granadino, en el nmero correspondiente al 20 de noviembre de 1842,por dos aos enteros El Da, posesionado sin un rival siquiera, de la tribuna de la imprenta, ha estado perorando solo, como predicador en su pulpito, sin que nadie se alzase ni para confirmar sus palabras ni para contradecirlas. Gracioso es, por lo dems, el inventario que haca el mismo Jos Eusebio Caro, en aquel tiempo, de las mescolanzas de El Da. Sobre la mesa en que esto escribo tengo la coleccin de El Da, y acabo de repasar todos sus nmeros. All he visto innumerables artculos sobre jesutas, originales y copiados;publicaciones de Zonzorrino y contra Zonzorrino;escritos en que se ponen de vuelta y media los Generales Franco y Posada;adivinanzas, logogrifos, acertijos, versos al Tabaco, y una lista, en verso tambin (potico asunto!), de los Representantes de 1842;interesantes y bellos trozos tomados de otros peridicos, como las cartas del Brasilero sobre Buenos Aires y Rosas, y el graciossimo cuento Una Nariz de Bretn de los Herreros;remitidos en pro y en contra del seor Plata, en pro y en contra de yo no s cuntos ms;algunos artculos sobre Polica e Instruccin Pblica;el Disparatorio histrico del progreso, y los justos comentarios a los infames artculos que Obando publica en Lima contra su patria;un artculo de que se habra honrado Larra, sobre el nuevo sistema de progreso efectivo que el General Torrico ha introducido en el Per, removiendo francamente al Gobierno legtimo de aquel pas; una respuesta a El Granadino En una palabra, y para no abusar de la paciencia de los lectores haciendo el ndice de
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nuestro ins largo peridico, he visto El Da, y en l cosas muy buenas, y otras que no lo son tanto Pues qu iramos- se dir a buscar en esa mesa revuelta? Nuestra historia de ese tiempo all escrita, aunque con caracteres confusos. Aun los avisos dan idea del estado mercantil e industrial de un lugar, de las modas, incluso las de la inteligencia, que asoman en los libros que ms se ofrecen a la venta. Pero sobre todo, iramos a buscar aquellas cosas muy buenas que vio Caro a vueltas de la broza. Las palabras siguientes del mismo Caro son an ms explcitas y significativas: En El Da han escrito las mejores plumas que tenemos; en l han salido artculos originales ADMIRABLES. Confiadamente podemos creer que lo son los que juez tan eminente como austero apellid as; y hoy nadie sabe que se publicaron tales escritos ADMIRABLES, ni dnde estn, ni de quin son. Ah tienes, en la formacin de una buena BIBLIOGRAFA D E PERIDICOS NACIONALES, una hermosa idea harto ms digna de realizarse que tantos pujos de literatura cientfica en que nuestros Gobiernos, que tan de prisa andan, han derrochado no poco. Yo la regalo a la primera Administracin que quiera aprovecharla, con una condicin difcilmente aceptableque no se desvirte como se pervierte toda indicacin feliz que cae en manos de! espritu de farsa y del apetito de lucro aliados;que no se entregue su ejecucin, mediante el contrato de cajn, a algn benemrito charlatn. Cuidado, que estas cosas del espritu, estos trabajos de ciencia, conciencia y paciencia, no se contratan como quien contrata vestuarios para la tropa! Pero dejando a un lado utopas del patriotismo, que por un impulso propio de su naturaleza santa, no puede dejar de soar con el porvenir, te conjuro a que propongamos a los hombres de buena voluntad, dentro de los ms modestos lmites, y a que propendas a que se lleven a la prctica algunos medios adecuados para dejar a la generacin que ha de seguir a la nuestra, alguna luz sobre las annimas producciones periodsticas del tiempo en que vivimos. El Cauca, peridico de Popayn, abri cruzada contra el uso del annimo. Noble empeo por la intencin que lo inspira; pero irrealizable propsito! El annimo, que en caso de denigracin o calumnia es cobarde e infame, tomado como condicin del periodismo, tiene su razn de ser. El annimo es resultado lgico del poder de la asociacin. El peridico es una entidad, y las firmas que pueden individualizar los artculos, desaparecen en beneficio de la unidad del conjunto. Comoquiera que se estime el annimo, bueno o malo, habr annimos mientras haya imprenta en el mundo. Por lo pronto me limito a estas indicaciones: 1. El Gobierno (ctra vez el Gobierno!) debe adquirir para la Biblioteca Nacional todas las publicaciones del pas, sea obligando a los editores a enviarlas, sea comprndolas. Mientras la ley no oispongapor uno u otro mediotal adquisicin, careceremos de un depsito histrico, porque tales colecciones
a
T O no estn por punto general a! a'cance de recursos particulares en parte ; alguna, y de ningn modo en nuestro pas, donde, la necesidad de vivir absorbe ia actividad individua!, y no permite que la iniciativa particular proporcione, a la necesidad de saber satisfacciones que en nuestra condicin actual seran lujo exorbitante. El Director de la Biblioteca Nacional en sus informes, y especialmente en el ltimo, ha indicado los medios fciles y sencillos para obligar a los editores a que enven sin gravamen y antes con provecho suyo, un ejemplar de sus producciones a aquel centro nacional, destinado a prestar, ahora y siempre, servicios de toda especie a la historia de la Nacin, como fuente perenne de informacin para todos los hombres estudiosos.'Pero nuestros Congresos andan demasiado ocupados para entender en menudencias literarias. Basta decir que cuando todos los pases civilizados tienen meditadas y minuciosas leyes sobre propiedad intelectual; cuando se constituyen sociedades (presidida alguna de ellas por Vctor Hugo, lo cual debiera ser argumento siquiera para la numerosa secta de!os huglatras), a fin de propagar ideas justas en favor de la propiedad literaria; cuando se convoca un Congreso internacional, que se reunir en Berna, para discutir y fijar los principios que deben asegurarla, nosotros no tenemos sobre la materia otra ley que la de 1 8 3 6 , que manda estampar a la vuelta de la portada la patente de privilegio exclusivo! Que es como si en materia de correos conservsemos las leyes de aquella poca en que se habla del saco nico - que deba llevar la correspondencia de Europa! Pero cmo ha de ser, si cuando en el Senado se present un proyecto sobre la materia, no falt un General que informara, dndole
carpetazo porqueLA PROPIEDAD INTELECTUAL E S CONTRARIA A LA CONSTITUCIN DE RONEGRO ; de tal modo que aun la ley
que la garantiza por quince aos qued anulada por dicha Constitucin, ajuicio del mismo General (J. N. M.); y por otra potsima
razn, a saberQUE
Posteriormente ia Suprema Corte Federal, por brevsimo acuerdo dictado e! da ltimo del anterior perodo, siendo ponente el doctor F. M., suspendi el artculo del Cdigo cundinamarqus en que se declar ser propiedad de sus autores las producciones del talento y del ingenio. Lese en dicho acuerdo que lo de propiedad literaria (aunque copiado del Cdigo chileno) es novedad jurdica nunca oda en parte alguna del mundo. La extensa y detallada legislacin de los pueblos cuos sobre la materia, colegida y comentada en un grueso volumen por el seor Danvila y Collado, era noticia incgnita y no sospechada para magistrados residentes al pie del Monserrate. Lo que quieren la ignorancia y la envidia es que los escritores trabajen de balde, y que adems estn contentos con que manos ms listas les usurpen el fruto de sus vigilias. La prueba al canto. Hace algunos meses visit esta capital un agente viajero de la Casa Garnier, libreros de Pars. qu vino? ya lo sabemos: a informarse de qu obras nacionales tienen aqu er-
dito para negociar con ellas reimprimindolas en Francia. Ya han reimpreso las Delicias al pie del altar, de propiedad del honrado industrial y padre de familia don Frrncisco Torres Amaya; y han tenido la insolencia (me consta) de ir personalmente y exprofeso, a notificar a un ilustre compatriota nuestro, que reimprimirn una obra suya, que aqu se vende mucho, porque para hacerlo dicen que tienen completa libertad, puesto que no hay tratado de propiedad intelectual entre Francia y Colombia. Es verdad que segn nuestra antiqusima, raqutica y vigente ley de propiedad literaria, no tienen los que ejercitan esas pirateras derecho a introducir en la Nueva Granada (hoy Colombia) sus ediciones fraudulentas. Pero en cambio, todo, en realidad, concurre en contra de los productores colombianos; porque, en primer lugar, los consabidos piratas podrn de hecho enviar aqu sus ediciones, sin que haya castigo eficaz, embargo serio y multa formal que reprima sus audacias; y en segundo lugar, de hecho y de derecho (aunque violando la equidad), aprovechndose de la baratura de la produccin tipogrfica en Europa, y de una organizacin mercantil con que aqu no podemos competir, vendern libremente nuestras obras en l i s mercados de toda la Amrica espaola, sin que los autores, o propietarios de tales obras, tengan la ms pequea participacin en los productos de su trabajo intelectual. Que nos contentemos con la gloria de ser explotados libremente! Precisamente en aquellos pases, como el nuestro, donde la imprenta (entendiendo por imprenta la produccin material y comercio de libros) est atrasada y no puede sostener la competencia con el extranjero, es donde ms asegurada debe estar la propiedad intelectual por los Gobiernos; porque, ligada esta clase de produccin intelectual a la imprenta, sin la proteccin que viene de leyes tutelares y de tratados internacionales, resultar que el productor intelectual, cuyas obras empiecen a merecer buena acogida, las ver (como sucede en el caso de Garnier y Torres Amaya), denunciadas por el espa del editor extranjero, y por ste reproducidas en cantidad y forma qne habrn forzosamente de ahogarle.' Este abandono en que Gobiernos, por otra p::rte fanticos de lo que llaman instruccin, dejan la actividad fecunda y gloriosa de la inteligencia de los colombianos, asimilando la profesin del escritor a la vagancia, de tal suerte que los que lo sean han de contentarse con su gloria y caminar al hospital, redunda por lo pronto en dao de los autores, pero a la larga perjudicar tambin a los editores nacionales, y ser oprobio y mengua para el nombre colombiano, ya que, por desgracia, las naciones suelen identificarse con sus Gobiernos, por cuanto segn la filosofa recibida, cada una de ellas tiene ni ms ni menos el que se merece. Los autores acreditados empezarncomo ya lo estamos viendo, y podra yo citar ejemplosa desentenderse de las imprentas de su tierra, y a enviar sus manuscritos al extranjero, buscando todo estoproduccin ms barata que ponga al libro en condiciones de sostener competencias' puramente comerciales;amplio radio de consumo, que les proporcionar
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el editor con quien se entiendan al efecto; y proteccin eficaz conforme a las leyes del pas en que la obra se imprime, y a los tratados que esa nacin tiene con otras celebrados. Yo por mi parte declaro que tengo probado este medio, y que cuando haya de volver a publicar algn libro, no lo publicar en mi patria, mientras mi patria no proteja mi derecho sino con la liberal y 2." Los editores o directores de peridicos, al fin de ano o de semestre, debieran formar y repartir un ndice o tabla de materias, trabajo de escasa o ninguna gloria para el que le hace, de reconocida utilidad e indudable provecho para el que ha de consultarle. el ejemplo, y por ello te felicito. Estas tablas verborum y rerum notabilium, tan frecuentes en libros de antao, hacen grandsima falta en las obras modernsimas, lo cual es seal de la ligereza y frivolidad del siglo del vapor. Hay que reconocer excepciones, y sobre todo, las que nos ofrecen pacientes bibligrafos de diversos pases, y los concienzudos y atildadsimos editores ingleses, en muchas de las obras que publican, verbigracia la de Macaulay, acompaada de copiossimos ndices. Pero sin salir de casa, y dentro de perodo no largo, tenemos que reconocer que si en cantidad y material calidad de produccin tipogrfica hemos ganado mucho, en esmerada revisin de lo que se publica, que es trabajo literario y no mecnico, no hemos adelantado con tal uniformidad que podamos sostener con ventaja en toda la lnea la comparacin con nuestros padres y abuelos. Ni hay para qu remontarnos a la Constitucin de Cundinamarca del ao 11, edicin impresa en mal papel y con gastados tipos del impresor de la patria don C. Calvo, pero literariamente correctsima, como que revis las pruebas el Diputado por Tocaima, y corredactor de la misma Constitucin, don M i guel de Tobar, de cuya erudicin y muchas letras no me-toca hablar aqu. Tampoco quiero decir nada, viniendo a tiempos menos lejanos, de la Recopilacin Granadina, compilacin en todo sentido cientfica, desde el mtodo de ordenacin, hasta los ndices, y la limpieza de la correccin tipogrfica, en que no dej correr errata el ojo experimentado del sabio que hizo todo aquello, don Lino de Pombo. Ya se ve la gente a quien por entonces se encargaba esta clase de trabajos! Vamos, nada ms, puesto que a ndices de peridicos hemos de concretarnos a las colecciones de gacetas del primer perodo constitucional de la 'ueva Granada, que pueden verse en la Biblioteca Nacional, acompaadas de tablas alfabticas, bastante copiosas para ahorrar a todo el que las consulte el trabajo de repasar hoja a hoja un grueso infolio para dar con lo que busca; y comprense con las del Diario Oficial, que, o no tienen ndice, o as lo tienen como si estuviera en blanco, formado con arreglo al moderno sistema de contratos, aplicado a trabajos que demandan competencia cientfica o artstica: la cual aplicacin ofrece
El P A P E L PERIDICO ILUSTRADO ha empezado a dar en esto
- 73 de ordinario la doble inestimable ventaja de que las cosas salgan muy caras y hechas como la casualidad lo quiso, a manos que no por mano - d e personas del todo incompetentes. La bibliografa no es otra cosa que el arte de hacer ndices, desde los ms sencillos hasta los ms descriptivos y razonados; arte que demanda conocimientos tcnicos y hbitos mentales de orden y exactitud. En tiempos en que la produccin literaria y el comercio de librera se han aumentado tanto, y en que la produccin intelectual inunda aun a pases que no la tienen, los servicios de este arte son indispensables para todo progreso y lucha intelectual. Porque, cmo hemos de estar al tanto de lo que se opina y se avanza en tal o cual ramo si no leemos las obras que sobre l se publican? Y cmo hemos de leerlas si no las conocemos ni por el rtulo? Y cmo hemos de adquirir noticia de ellas y de rastrear las que especialsimamente convienen a nuestro propsito, si no consultamos los ndices y catlogos_que son la clave de la produccin intelectual? Cindome a los peridicos, dir que esta clave es arma poderosa en las polmicas polticas, y la que con mejor xito tal vez suelen esgrimir algunos diarios europeos, cuya redaccin dispone en un momento dado de todos los datos necesarios para fijar una fecha, confirmar o desmentir una referencia, contestar a cualquier interpelacin, o tejer una biografa o necrologa que nada deje que desear. Y a fe que no es escaso poder el de quien est pronto y aparejado a cualquier lance en toda ocasin, con cien ojos y cien manos; ni es malo ni poco fructfero linaje de ejercer justicia distributiva, el mostrar la consecuencia honrada o el progreso luminoso y natural de las ideas del hombre de buena fe y generosa voluntad, y el poner de manifiesto las palmarias contradicciones nacidas de falta de conciencia o de sugestin interesada de ciertos pseudo-apstolesdetal o cual doctrina, que slo con sofismas engaaron a los incautos e ignorantes, y cuya gloria fosfrica no resiste a la simple enumeracin bibliogrfica de sus variaciones e inconsecuencias deshonrosas. 3. Indicacin y ltima por hoy, ser la de que les editores de peridicos deben, con la discrecin debida, conservaren su poder dos o tres colecciones encuadernadas, en que cuiden de marcar al pie de todo artculo el nombre del autor. Recientemente he tenido ocasin de ver lo que esto sirve; porque revisando en la Biblioteca Nacional varias colecciones, aparecieron marcados Celta, por mano de Vergara y Vergara, en ejemplares que a este inolvidable compatriota pertenecieron, algunos escritos de que el mismo Celta se haba olvidado, y que probablemente no hubiera recogido en la preciosa coleccin de sus obras.
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Y poniendo punto a la largusima digresin que ha venido a ser asunto de esta carta, vuelvo al objeto particular de ella, y al empalagoso egotismo a que me obliga el tener que responder a preguntas que a mi persona se refieren; y dir que la ma-
74 yor parte de las veces que he escrito para el pblico, que son ya muchas, me he acogido al velo, que no llamar infame, del annimo; que algunas he estampado mis iniciales, y que en ocasin rara adopt el seudnimo Aurelio, para m simptico, por razones que dejo en el tintero, porque algo ha de quedar a la sagacidad de los curiosos. Habiendo recientemente publicado un artculo que sac al pie tres asteriscos, mi contrincante tom de ah argumento para darme el pomposo ttulo de Caballero de las Tres Estrellas, con lo cual me oblig a declinar el honor de tan umbrosa divisa, y a firmarme El de las Calderas Negras. Y para terminar con otra adivinanza, declaro que si a los nombres de mis dos abuelos, que me pusieron en la pila, se aaden mis dos apellidos, paterno y materno, sin interponerles la conjuncin que se usa en tales casos, resultarn las letras cabales de un anagrama ideado por m, all en los entretenimiento de mi niez, y bajo el cual, lo mismo que en cualquiera otra forma, tengo el gusto de ofrecerme a tus rdenes como antiguo y afectsimo amigo y seguro servidor,
GUALBERTO (Papel Peridico Ilustrado, ROCA Y M..NTIANO
de i? octubre. 188-t).
El seor Menndez Pelayo, doctor en Filosofa y Letras, actual Catedrtico de Historia de la Literatura Espaola en la Universidad de Madrid, emprendi hace algunos aos, como pasatiempo de estudiante, que buscaba solaz en la Bibliografa, rendido y fatigado de ciertas explicaciones de metafsica krausista, la compilacin de datos sobre las traducciones que de autores griegos y latinos existen en castellano y- dems lenguas literarias de la Pennsula Ibrica. Este trabajo, no interrumpido entre sus manos, ha adquirido mayores proporciones, hasta formar una obra extensa, de ciencia y de "paciencia, que ya se anuncia prxima a su terminacin, y ver la luz pblica bajo el ttulo' de Bibliografa Crtica de Traductores Espaoles. La historia de las traducciones que cada nacin posee de obras clsicas de la antigedad, revela e ilustra la marcha paralela que han seguido los estudios clsicos, y los progresos alcanzados por la cultura en este departamento fundamental de las letras humanas. El examen de este gnero de producciones forma por lo tanto una parte muy importante de la historia literaria de las naciones. Pero tal examen, si ha de hacerse en conciencia y con fruto, demanda desde luego un no vulgar conocimiento de las lenguas de que se ha traducido y de aquellas en que estn escritas las versiones, y un cotejo laborioso de stas con los originales respectivos. No es mucho pues que en Espaa, donde el cmulo enorme de produccin literaria durante siglos contrasta con la falta de manos ordenadoras y curiosas, el ramo de traducciones haya sido el ms abandonado por bibligrafos y crticos. Don Juan Antonio Pellicer, conocido bigrafo de Cervantes, public en 1778 su Ensayo de una Biblioteca de Traductores, en que acopi noticias curiosas sobre don Enrique de Villena, los Argensolas y otros ingenios es(1) P u b l i c a d o s estos Apuntes en e. Repertorio Colombiano (julio, d i c i e m b r e , 1879). fueron p o s t e r i o r m e n t e r e v i s a d o s , en p a r t e r e f u n d i dos, y a u m e n t a d o s con n o t i c i a s a c e r c a de los c o m e n t a d o r e s de V i r gilio. IC m a n u s c r i t o de este nuevo t r a b a j o no lleva f e c h a a l g u n a , pero se p r e s u m e que se hizo por k.s ar s de IS83 a 1885. ( N o t a de los editores).
76 paoles. Pero su obra qued muy incompleta, y por la forma y estilo no satisface a las necesidades de la crtica y la bibliografa. De los trabajos posteriores deCapmany, Navarrete (don Eustaquio), etc., apenas quedan muestras insignificantes o alguna vaga noticia. Ni hemos de extraar que los modernos bibligrafos, empeados con laudable celo en reparar en parte los efectos de la deplorable incuria espaola, no teniendo ojos ni manos para verlo y ordenarlo todo, se hayan dado a esclarecer de preferencia la historia de las obras .originales. As vemos que Ticknor, tan minucioso y exacto en su Historia de la Literatura Espaola, apenas cita los nombres de algunos traductores, y sobre sus trabajos emite juicios tan festinados y falsos como el elogio que hace de los traducciones de Len, confundiendo malamente las genuinas con las apcrifas. Cervantes, y Quevedo, y Santa Teresa, los lricos de los siglos xvi y xvii, y los del siglo xvni cuentan ya, en la Biblioteca de Rivadeneira, en Ticknor, y en otras publicaciones con ilustradores eruditos y diligentsimo -, cuyos trabajos, ya de restauracin, yadebib iografa crtica, compiten a las veces con los ms notables, en este gnero de erudicin, de la poca del Renacimiento y de la moderna Alemania; al paso que Juan de Lebrija Cano, y Pedro Simn Abril, y cuantos trasladaron a Espaa la herencia preciosa del mundo grecorromano, arrinconados ahora y cubiertos de polvo, aguardan la mano piadosa que los ensee al pblico o los saque a mejor luz, dndoles un lugar honroso en la exposicin de frutos literarios de las edades pasadas Los traductores modernos que con estudios especiales podan haber preparado datos y materiales que facilitasen este trabajo, en lo que menos pensaron fue en cumplir con esta obligacin suya, ya sea por malicia, o ya por ignorancia injustificable. A Iriarte, en el discurso preliminar a su versin de la epstola AdPisones, perdonamos la saa con que se ceba en sus predecesores Espinel y Morell, en gracia de las indagaciones que tuvo el cuidado de hacer, y de las noticias bibliogrficas que se apresur a consignar en dicho discurso, acerca de esos y otros traductores del Arte Potica. Pero qu se podr decir en este particular, en favor de Burgos ni de Hermosilla? Ellos debieron darnos, junto con sus traducciones de Horacio y de Homero, la historia, o una lista siquiera, de los trabajos de interpretacin realizados en su patria. Burgos no da noticias bibliogrficas; habla con altivo desdn de sus predecesores; copia para desacreditarlos (y con ellos a la Espaa literaria) lo malo o lo mediano, y omite lo bueno o lo mejor; nada sabe, por ejemplo, de las imitaciones excelentes de Medrano, y se guarda muy bien de mencionar las preciosas traducciones de don Leandro Moratn. Hermosilla publica su traduccin de la Ufada para que mientras no se d a luz otra mejor puedan nuestros jvenes estudiar en ella tan admirable poema con menos disgusto que en la de Garca Malo, la sola que tenamos hasta ahora. Quin pondr en duda esta afirmacin del tremendo legislador de nuestro Parnaso? Quin no creer que l fue el
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apstol de la poesa homrica en Espaa, y que detrs de l, como detrs del mismo Homero, no hay sino tinieblas? Pues bien, Menndez Pelayocita una porcin de traducciones de Homero anteriores a la de Garca Malo; entre ellas la del citado Lebrija Cano, que est indita, y por las muestras es ms tolerable de leer que la de Hermosilla; y la del sabio jesuta Aponte, maestro de .Vlezzofanti, la cual se ha perdido; con la circunstancia que de ella tuvo noticias don Leandro Moratn,y por Moratn pudo haberlas tenido tambin Hermosilla, amigo y admirador de narco. Cul habr sido la indiferencia espaola en punto a gloria literaria, cuando se han percudo las obras del Padre Aponte! Y como perdida estuvo asimismo la traduccin de la Tebaida de Estacio por Juan de Arjona, que como obra potica es la traduccin ms perfecta que tenemos, hasta que en 1854 la sac a luz algo estropeada don Adolfo de Castro en la Biblioteca de Rivadeneira. A todos aquellos industriales de la repblica literaria, ms o menos benemritos, cules maltratados, ignorados otros, ha vuelto una cariosa mirada, y a vengarlos del olvido en que yacen dedica sus ocios el seor Menndez Pelayo. Como muestras de su obra extensa, y compuestas con datos de la misma, ha publicado ya dos monografas, la una sobre traductores e imitadores del lrico latino, intitulada Horacio en Espaa (1), que forma un tomo en 8." de 479 pginas; la otra, sobre traductores de la lada, estampada al principio de un tomo de notas sobre este poema, complemento de la traduccin de Hermosilla, que en el ao pasado reimprimi en Madrid el editor de la Biblioteca Clsica. Una y otra revelan la vasta erudicin, el excelente mtodo y el criterio seguro con que est escrita la Bibliografa Critica, y superan con mucho las esperanzas que pudieran fincarse en un joven que apenas cuenta veintids anos de edad, fenmeno pasmoso de precocidad de ingenio, y tipo nobilsimo de constancia en el trabajo (2). Para los apndices de mi traduccin de Virgilio he cuidado de recoger noticias sobre los intrpretes espaoles que me precedieron, y algunos de los cuales consult a menudo mientras traduca y anotaba al gran poeta. Con estos datos proponame componer una Tabla Bibliogrfica de traductores espaoles de Virgilio, y tributar as a mis predecesores en esta carrera un simptico recuerdo y justo homenaje, interrumpiendo la viciosa costumbre de los modernos autores de traducciones. Y como este jnismo trabajo entraba como parte pequea en el plan del seor Menndez Pelayo, posible es que en un mismo da y a una misma hora nos ocupsemos, l all, en Santander, Madrid o Sevilla, y yo ac en un rincn de los Andes, en regis(1) M a d r i d , M e d i n a , sin f e c h a ( m a l p e c a d o en o b r a de biblig r a f o , slo d i s c u l p a b l e p o r l a a u s e n c i a del a u t o r m i e n t r a s se hizo l a i m p r e s i n ) . S e infiere q u e se i m p r i m i en 1876. (2) E n La Ilustracin Espaola, n d m e r o de 8 de f e b r e r o , puede verse el r e t r a t o y u n a breve n o t i c i a del joven e s c r i t o r , h o n r a de l a s m o n t a a s de S a n t a n d e r y de l a n a c i n e s p a o l a .
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rar una misma noticia bibliogrfica, una misma apreciacin crtica sobre alguno de los intrpretes espaolas ele las glogas, las Gergicas o la Eneida. Mi traduccin de estos poemas, obra en que atendiendo al mrito de la perseverancia se ha perdonado lo defectuoso del desempeo, lleg a manos del docto y avisado bib'igrafo, quien hubo de recibira con inters de compatriota; pues su anchuroso corazn considera tales, no sin justo ttulo, a cuantos tributamos culto filial ala comn lengua castellana en uno y otro hemisferio. Con tal motivo, y deseoso de ampliar su monografa horaciana y su Bibliografa de Traductores,'ocurrile pedir . e natos sobre escritores que en nuestra Amrica hayan interpretado algn autor griego o romano; y como algunos de ellos figuran en este mi catlogo virgiliano, me ha parecido bien publicarlo y dedicrselo a! seor Menndez en seal de obsecuente correspondencia a sus buenos deseos. En realidad lo que en esta lista presento al seor Menndez es tan slo lo concerniente a traductores americanos. Mis datos sobre traductores peninsulares son en mucha parte de segunda mano, y para l de todo punto excusados y ociosos. El seor Menndez, auxiliado primero por el Ayuntamiento de Santander, su patria, y despus por el Ministerio de Fomento de Su Majestad Catlica, con una subvencin para excursiones bibliogrficas, ha registrado bibliotecas y archivos, no slo de Espaa y Portugal, sino tambin de Francia, Blgica e Italia. A los doctos bibliotecarios de Madrid y Barcelona, de Lisboa y Coimbra, etc., etc., ha debido, segn l mismo lo expresa, la ms fraternal acogida y benevolencia. Yo no he tenido a mi disposicin sino mi biblioteca particular, la de un excelente amigo, y la pblica de Bogot, harto escasa por cierto en la materia de mis indagaciones. He dejado pues mis apuntes para darlos ahora a luz, en el estado embrionario en que los hallaron las cartas con que me ha favorecido el meritsimo Catedrtico de la Universidad Central (salvo dos o tres adiciones de poco momento); que fuera necio empeo de mi parte adelantar este trabajo, en circunstancias tan desfavorables, cuando completo ha de publicarse en la anunciada Bibliografa Crtica de Traductores. Parece que debiera limitarme a la parte americana, y enviarla manuscrita al seor Menndez Pelayo. Pero motivos hay que justificarn, creo, la publicacin in integrum de estas notas en borrador. Publicadas servirn de aviso en Colombia y en los puntos de Amrica adonde llegue nuestro Repertorio, de la obra de! seor Menndez, y con esto estimul y excito a los amantes de las letras patrias, a que, rectificando y ampliando mis datos, comuniquen al sabio bibligrafo, para que nada falte en su libro, cuanto sepan de traductores americanos, que en todo o en parte hayan trasladado a nuestra lengua a Horacio, a Virgilio o a cualquiera otro autor griego o latino. Y ya que he de dar a luz una parte de mis apuntes, porqu haba de recoitarlos, y no sacarlos ms bien en la forma en que se hallan? En la parte misma relativa a traductores peninsulares, hay esparc-
dos ac y all algn dato nuevo, alguna observacin curiosa, que podr tal vez utilizar el seor Menndez Pelayo. Y podra yo fcilmente entresacar estas indicaciones utilizables? Y entresacadas que fuesen de su lugar, no quedaran demasiado desligadas e informes para publicarse? Tales como estn, aunque en s harto deficientes, son las primeras noticias que se renen sobre la materia; y mientras se publica la Bibliografa Critica del seor Menndez Pelayo, llenarn en Amrica un vaco que se nota en la historia de la literatura espaola. Los apuntes que he intitulado Virgilio en Espaa se dividen en dos secciones. La primera, que ahora publico, es, como ver el lector, una tabla bibliogrfica de traductores, por orden cronolgico. Es la segunda una coleccin de reminiscencias virgilianas (versiones literales unas veces, libres imitaciones otras) sacadas de las obras de multitud de poetas espaoles, as peninsulares como americanos, y puestas por el orden numrico de los respectivos versos del original. Tengo reunidas ms de quinientas, y tan seguidamente se suceden a las veces unas a otras, que con ellas resulta tejida la traduccin de largos pasajes y pginas enteras. Horacio y Virgilio han sido, de los poetas de la antigedad, los ms estudiados en Espaa; pero Virgilio, segn infiero, todau'a ms que Horacio. En la siguiente lista se ha puesto al frente del nombre de cada traductor el ao preciso o aproximado, en que se escribi la traduccin, y a falta de este dato, la fecha de la edicin primera.
COMENTADORES
MATIENZO
R. P. Sebastiani | Matienzo | Burgensis Societatis lesu, | Commentationes Selectae Ethicae Politicae | In P. Virgilii Maronis Aeneiden | Ex Interpretibus et Neotheris e Antiquis [ D o nato praesertum. | ndice locupletissimo | rerum et verborum illustratus. | Nunc primum in lucera prodit j (Grab. en madera, y leyenda: Ingenium superat vires) I Lugduni | Sumpl. Horatii Boissat et Georgii Remers | MDCLII | Cum Superiorum permissu. En 4. Portada en negro y rojo. 7 hoj. sin folio.- 471 pp. Muchas hh. de ndice. Heine no cita esta obra en su catlogo, acaso porque no conteniendo ntegro el texto, sino los pasajes que se comentan, no la hubo de considerar edicin de Virgilio. El manuscrito de esta obra (segn se dice en el primer prlogo al lector) anduvo extraviado mucho tiempo hasta que recobrado por la Compaa de Jess se dio a a estampa, ms de veinte anos despus de la muerte del autor. Una aprobacin
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del Padre Velsquez (Provincial de la Compaa en Castilla), fechada en Valladolid a 28 de agosto de 1641, indica que el autor haba dejado el manuscrito aderezado y dispuesto para imprimirse. Fue el Padre Matienzo (segn su discpulo y editor el P a dre Diego Velasco) vir omni eruditione et maximi ingenii acumine proeditus, atque religiosus ac pius; qui sine dubio inter primus huius professionis viros adnumerandus sit licet tot praeclasissimi in S o c . Iesu floruerint semper. Fue autoraadede los Comentarios a las Heroidas de Ovidio, que public bajo el nombre de don Sebastin de Alvear, desconfiando de su propio ingenio; erat enim vir sibi soli incognitus. No menciona N. Antonio estos Comentarios ovidianos. Cita s una Rethorica publicada por Matienzo sub nomine Sebastiani Burgensis. Sneca (De brev. vitae ix) dijo: Divino furore instinctus Maro salutare carmen canit. Siguiendo este pensamiento el Padre Matienzo dice en su prlogo que considera la Eneida como salutare emporium unde peti omnium virtutem documenta possunt quibus et melius et civilius vivas. Propsose Matienzo exponer en comentario seguido todas las enseanzas morales que se ligan de algn modo con el sentido de los versos de Virgilio o que en ellos estn ocultos, o eminentissime contenidas. Y para este fin no hizo sino tomar de aqu y all, de diferentes autores, y especialmente de Donato, las interpretaciones que venan a su propsito; y advierte que l de s no puso en este trabajo sino la industria de redactarlo y el afecto al poeta, con que lo llev a trmino. El orden que sigue el comentario es el del texto latino, copindolo en la parte que glosa y pasando por alto los pasajes que no dan materia de explicacin. Al margen pone numeradas y en forma de apostillas las sentencias o apotegmas. De estos, El libro i de la Eneida tiene 189 El libro il de la Eneida tiene 126 El libro m de la Eneida tiene 119 El libro IV de la Eneida tiene 156 El libro v de la Eneida tiene 77 El libro vi de la Eneida tiene 127 El libro vil de la Eneida tiene... 68 El libro vm de la Eneida tiene 112 El libro IX de la Eneida tiene 76 El libro x de la Eneida tiene 128 El libro XI de la Eneida itenz 188 El libro XII de la Eneida 152 Total 1518
El Index rerum et verborum no es otra cosa que estas 1518 sentencias clasificadas en agrupaciones bajo ttulos que van en orden alfabtico, verbigracia: Adulatio, Amentia, Amor, etc. Pondr algunos ejemplos para que se vea el sistema de Matienzo.
81 Cuando sobre la coronilla de Ascanio aparece una ilaraa que sus padres se apresuran a apagar, sin ver que es sagrada seal de fuego que arde y no quema (Aen., H, 681 sq.), Matienzo comenta siguiendo a Donato, y saca esta sentencia: Parentum error est. coelestes in filiis ardores extinguere. Refirindose all mismo a estos dos bellsimos versos descriptivos:
F u n d e r e lumen a p e x , t a c t u q u e i n n o x i a tnolli L a m b e r flamma c o m a s et c i r c u m t m p o r a p a 3 c i ,
aduce la explicacin del doctsimo y politsimo Padre Mrquez (Gobernador Cristiano, Libro I, captulo IX); Cuando el cielo destina por rey a lulo Ascanio, llamas le lisonjean la cabeza y se la visten de luz, porque con sta ha de alumbrar y dar consejo en los casos dudosos, y con aqullas ha de mostrar severidad y ejecucin contra atrevimientos declarados. Violenta simbolizacin que Matienzo extracta en a correspondiente apostilla: Supetior lucem habere debet qua doceat, flammas quibus puniat. Si el Rey Yarbas (IV, 206) se queja a Jpiter y le echa en rostro que sus rayos sirven para asustar y no para castigar, Matienzo, siguiendo a Donato y Landino, deduce: Turpis amor dellusus atheismum fere inducit. Y luego cita a Sneca ad loe. (Natur. o, 43, 44); Iovem, id est regem, prodesse etiam solum oportet, nocere non, nisi cum pluribus visum est. Discant hi quicumque magnam potentiam inter homines adepti sunt, sine consilio nec fulmen quidem mitti Ms acomodado, si no a lo que resulta de la relacin expresa de Virgilio, y aun a su mente, habra sido observar la impaciencia injusta con que los hombres suelen motejar de tarda a la justicia divina. Dido no tarda en tocar el trmino doloroso a donde la trajo el olvido de sus sagradas obligaciones. Yarbas queda vengado en el recuerdo que le consagra Dido en su desesperacin (v, 535). Dido no muere de rayo, pero muere en las llamas. Ella misma se cree abandonada del cielo, e increpa a los dioses en trminos tan blasfematorios como ios de Yarbas: Nusquam tuta fidesi (372). Sin embargo ella tambin ha de ser vengada, y la ltima maldicin que lanza sobre Eneas (615-620) es un anuncio que el poeta pone adrede en boca de la reina suicida, en los trminos precisos en que ha de cumplirse. En la fbula de Virgilio ningn crimen queda impune, la justicia llega tarde para nuestra impaciencia, sed tute.
ANTONIO DE NEBRIJA
Alter Hercules monstrorum domitor qui primus signum ab ipsa Minerve extulit arce ad instauranda litterarum studia. Nic. Antonio. Fundador de los estudios de gramtica y potica en Salamanca. De accentu latino aut latnitate donato Repetitio nona Sdmanticae habita ni id. Julii 1513.
E s t u d i o s l i t e r a r i o s M . A. C a r o f >
82 Coment a Persio, Juvenal y obscuriora Plinii, y public Ecphrases in Virgilii opera admodum familiares et rudibus tirunculis ad intelligendum facillime, Granada, 1546. Copi de su puo a Virgilio, manuscrito que Antonio de Morales en su viaje santo dice haber visto en el convento de la Mejorada.
CARAMUEL
Naci de familia alemana en Madrid en 1606. Nicols Antonio trae su biografa y un catlogo muy largo, pero todava incompleto, de las obras de Caramuel. En su Trismegisus Theologicus, libro eruditsimo y por extremo curioso, lleno de cuestiones crticas, retricas y dialcticas, y adornado de multitud de pasajes de poetas modernos, mayormente espaoles, transcritos en la respectiva lengua, examina Caramuel muchos pasajes de Virgilio, y aun entra a veces a estudiar el texto y proponer variantes (1). Era Caramuel escritor de grande originalidad e independencia de juicio. Atenindose a su experiencia personal profesaba la doctrina platnica de las ideas innatas quoniam in meo intellectudecaapprehensiones sentisco quas a nemine didice, quasdediscere non possemet si vellem (2). Anunciase en el prlogo de su Trismegisus que en esta obra enciclopdica se hallan muchas cosas quae in alus non sunt libris observata et notata o bien de quibus veteres ne qudam suspitionem habuerunt. En otro lugar de la misma obra (tomo i, pgina 210) se enfrasca en una cuestin prosdica slo para comprobar cuan difcil es desarraigarlas opiniones una vez recibidas, aun patentizada su falsedad. Tan libremente volaba el entendimiento de aquel ortodoxo y sapientsimo escritor.
ALFONSO TOSTADO
141514SS
Con ocasin de comentar la epstola de San Jernimo a Paulino, en los preliminares al Gnesis, expone ampliamente el clebre Tostado algunos pasajes de Virgilio. Principia por consignar algunas noticias sobre la obra del poeta, y su fama de nigromntico, y refiere algunos de sus encantamientos, de que todava en tiempo del Tostado quedaba memoria en aples. Los pasajes virgilianos que cita San Jernimo (3)(eomo mues; i ) T a l e s , p o r ejemplo, nenius por latus Aen., xt, 524. Viglevani, (2; P r l o g o a l a s e g u n d a edicin del 1679. Trismegisus,
( i ) Aen. i, C64, u, 6 5 0 : E c l . IV e s e q q . O b s r v e s e que S a n J e r n i mo c e n s u r a b a j u s t a m e n t e el abuso teolgico de versos y centones v i r g i l i a n o s , al p a s o q u e t e n a no slo por lcito sino t a m b i n a g a l a la explotacin literal ia del p o e t a . Q u a m a f f e c t a t e H i e r o n y m u s d i c e V i v e s u t i t u r V i r g i l i o i t a ut i n t e r m i s c e n d o r u i n a l i q u o r u m v e r s u u m e i u s c a p t e t undique o c c a s i o n e s ! Q u a m p u t a t o r n a r i s u a m o r a t i o n e m ! Q u a n t u m decoris e x i s t i m a t a c c e d e r d i c t i s i l l i u s ! V i v e s , in Geogica praclect.
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tra de la mana que tenan algunos de traer lugares de autores profanos para ilustrar asuntos cristianos y teolgicos) son:
N a t e , m e a e v i r e s , m e a m a g n a potentia s o l a s ,
como expresin aplicable al Salvador, elevado en la cruz ; y sobre todo los sabidsimos versos de la gloga IV:
I a m r e d i t et v i r g o . . . .
Expone el Tostado el argumento de la composicin potica a que pertenece cada uno de estos pasajes, explica su sentido contextual y recto, y reprende a los corruptores de sentencias, y en especial al monje francs Juan Vidal, que en su Speculum morale sacrae scripturae adujo varios pasajes de la citada gloga iv, y otros testimonios peregrinos, con ocasin de defender la Inmaculada Concepcin de Nuestra Seora. En lo que ms se extiende Tostado es en explicar el argumento e intencin histrica de la famosa gloga IV. Adopta la opinin de que el nio cantado en ella fue el malogrado Salonino, hijo de Polin. Supone que como este nio al nacer sonriese a sus padres, lo cual se tena por mal agero, quiso Virgilio tranquilizarlos, y escribi estos versos en que anuncia que en los das de Salonino reinaran la paz y justicia. Explica que la virgen de que habla el poeta es la incorruptible Justicia, o Astrea, Nova progenies es el mismo Salonino, y coelo demiltitur significa que no ha nacido por casualidad como nace el vulgo de los mortales (a juicio de los poetas), sino por disposicin especial de los dioses y mediante grave deliberacin, para que restaure la justicia sobre la tierra. En fin, discurre difusamente sobre cmo han de entenderse las tres edades del mundo, la ltima de las cuales es la que canta el poeta como renovacin del siglo de Saturno. El captulo, o conclusin m, del opsculo que intitul T o s tado De statu animarum post hanc vttam, es una exposicin de las ideas, positiones, de los antiguos filsofos y poetas respecto a la vida futura, donde el autor compara las de los filsofos con las de los poetas, y todas con la doctrina catlica. Para explicar la positio virgiliana trae Tostado el argumento del libro vi de la Eneida y una larga tirada de versos del mismo. La positio virgiliana procede de la platnica, slo que Platn escribe como filsofo y Virgilio per quasdam circulationes iuxta poetarum officia. Entre los latinos cita principalmente a Ovidio y a Sneca, poetas, y a Cicern, filsofo, notando curiosamente los puntos convergentes y divergentes en sus opiniones sobre los destinos del alma humana. Es muy digno de advertir y admirar el sano y recto criterio que ya en aquel tiempo aplicaba el doctor Abulense a juzgar
84 esta materia, igualmente alejado de cada uno de los dos viciosos extremos hacia los cuales han solido gravitar I03 escritores catlicos. Lactancio y otros apologistas de los primeros siglos, atribuyeron valor proftico a algunos escritos paganos, muy especialmente a la gloga IV de Virgilio. Tostado desva todo lo que se refiere a adivinacin, y restablece la interpretacin literal. Otros miraron con horror en conjunto a los escritores profanos, bien que esta intolerancia (que en siglos posteriores trataron de renovar Savonarola y Lutero, y en nuestros das algunos piadosos pero mal orientados apologistas) no prevaleci jams en la Iglesia Catlica. Baste citar los testimonios elocuentes del primero de los Padres de la Iglesia Latina y del Padre de la Iglesia Griega (1). Tampoco sigui Tostado este gnero de puritanismo. Ya se ha visto que comentando a San Jernimo condena la confusin errnea de los estudios clsicos con los teolgicos, la mezcolanza inconsiderada de autoridades sacras y profanas; pero no por esto se desentiende de los escritores griegos y latinos, ni los excluye de su amistad, antes invoca a menudo su testimonio, para comprobar hechos o confrontar opiniones: ni excomulga la sabidura antigua, ni la divorcia de la creencia cristiana, aunque entre una y otra hace la distincin debida, poniendo cada cosa en su punto. Tan distante estaba de desechar a los poetas que en ellos va a buscar muchas veces filosofa ms bien que en los filsofos, en lo cual se mostr justo apreciador de lo que muchos no entienden (2). En cuanto a Virgilio, con tal naturalidad habla de sus hechiceras, que parece que candidamente las admitiese por ciertas; mas no le considera ni quiere se le considere vidente, ni deja de admirarle como a prncipe de los poetas latinos. Es ms: recordando un pasaje de San Agustn, el cual refiere en sus Confesiones que siendo nio lloraba leyendo a Virgilio, Yo tambinaade Tostadoaunque no debiera nombrarme al lado de tan gran doctor de la Iglesia, yo tambin recuerdo que nio llor muchas veces leyendo el libro II y el v de la Eneida: pues es tal la dulzura de las palabras, y de tal modo penetra en los tiernos corazones, que en tomndole el
(1) K a m et ipsi g e n t i l e s 3i quid divinum et rectura in d o c t r l n i * s u i * h a b e r e potuerunt, non i m p r o v a v e r u n t s a n c t i n o s t r i . > S a n A g u s tn. De baplismo contra Donatistas, v i , 87. E n t r e estos santos nuestros nombra S a n Agustn a S a n P a b l o y a S a n Cipriano. Vid. asimismo a S a n B a s i l i o , De legendis graecis libris, c . T. (2) D e Ovidio m i s m o d i c e q u e en c i e r t o l u g a r e s h a b l como ver* philosophus. U n p r o f u n d o p e n s a d o r de n u e s t r o s i g l o ( J o u b e r t ) d i e e : L o a p o e t a s tienen cien veces m s a t i n a d o j u i c i o q u e los filsofos: y e n do en pos d e lo bello e n c u e n t r a n m s v e r d a d e s q u e l a s q u e b a i l a n los filsofos en s u d i r e c t a i n q u i s i c i n de lo v e r d a d e r o .
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gusto no hay quien deje de llorar con el alma y con los ojos. (I). Gravsimo argumento ofrece en favor de la moralidad de los poetas virgilianos esta aficin que tuvieron a su lectura varones tales corno el Abulense menos venerable que por el maravilloso saber que alcanz, por la pureza de sus pensamientos e integridad de sus costumbres (2). Este ilustre escritor eclesistico, insistiendo sobre la necesidad de imbuir al hombre desde los tiernos aos en el temor de Dios ( 3 ) , aprueba la costumbre que hubo en las escuelas romanas de poner en manos de los nios a Virgilio como uno de los libros ms sanos de la antigedad. Quien as pensaba no poda adivinar que llegaran tiempos en que algunos escritores catlicos abriesen campaa contra los autores clsicos, tanto menos nocivos cuanto ms lejanos, menos populares y cuasi desalojados por un nuevo y pernicioso linaje de literatura fantstica/ni que hubiese de colocarse en la clase de gusano roedor de la sociedad moderna a aquel a quien e! mismo Tostado apellid a boca llena poetantm lanorum flos et capul, et totius eloquentiae decus.
JUAN DE GRIAL
Eclesistico muy respetado, Cannigo de Calahorra, editor principal de San Isidoro (1599), erudito y poeta, grande amigo del Maestro Fray Luis de Len y del Brcense, y a quien el mismo Len dedic alguna de sus obras latinas, y una oda castellana en que se lee este expresivo elogio:
E s c r i b e lo que F e b o T e d i c t a f a v o r a b l e , q u e lo a n t i g o I g u a l a y p a s a el nuevo Estilo: y, caro amigo, No esperes que podr e m u l a r contigo.
Fue Gral quien proporcion al impresor Guillermo Foquel de Salamanca, pata estamparlo, un ejemplar de Virgilio confrontado con antiguos cdices y examinado por personas competentes, y quien diriga la impresin; pero suspendido el
( 1 ) Me quoque p a r v u l u m (quem in t a n t i d o c t o r i s p r a e s e n t i a minime n o m i n a r e d e b e r e m ) confteor in lectione it et v [ l i b r i ] f u i s s e s a e p i u s l a c r y m a t u m : t a n t a enim verborum dulcedo t e e r a p r a e c o r d i a i n t r a t , ut nemo q u i e o r u m d u l c i s s i m u m s e n t i a t g u s t u m v a l e a t c o n l i s a t q u e oculorum l a c r y m a s c o n t i n e r e . T o s t a t i pera, e d i c i n de V e n e c i a , 1728, tomo i, p g i n a 27. (2) E l encomio de su p u d i c i a s a c e r d o t a l c u b r i r s i e m p r e como de a z u c e n a s f r a g a n t e s l a l p i d a de su glorioso s e p u l c r o , en c u y o epitafio se g r a b a p a r del Slupor mundi el p e r p e t u a e v i r g i n i t a t i s a m a n s ( a p u d A n d . o c o o t ) . V i e r a y C l a v i j o , Elogio de don Alonso Tostado. 3) C o m e n t a r i o s o b r e el Deuterouomio,
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trabajo, slo pudieron salir a luz las glogas,' a que aadi un comentario el Brcense (Salamanca, 1591). \W .Nicols Antonio habla de un comentario de Gr'al sobre Virgilio, que manuscrito paraba en la biblioteca de Sancho Hurtado de la Puente, de Sevilla. Seran notas que preparaba para la edicin de Foquel? ;s Cerda pone a Juan Gral en la lista de autores modernos de que se sirvi en el curso de sus comentarios. No puedo ahora mismo precisar los pasajes en que le cita; pero creo que debe de referirse a aquellas notas inditas, pues no s que haya otra obra de Gr'al a que hubiera de referirse un comentador de Virgilio.
CERDA 15601643 ISUMARIO DE SU VIDA Y OBRAS
El Padre Juan Luis de la Cerda naci en Toledo por los aos de 1560 ; siendo muy joven abraz el instituto de los jesutas ; estudi ciencias sagradas y profanas ; durante largos aos fue catedrtico de retrica, poesa y humanidades griegas en el Colegio imperial de Madrid (1). A su mucho saber (dice Alegambe) reuna gran sencillez y bondad de corazn. Dilatse la fama de su sabidura a tal punto que el Papa Urbano va conservaba con estimacin en sus aposentos el retrato de Cerda, y ms de una vez encarg al Cardenal Barberini legado en Espaa, que saludase en su nombre al clebre poeta. El protestante Heine, prncipe de los virgilianos del siglo xviu, se aprovecha a menudo del trabajo de Cerda, a quien no acierta a negar el ttulo de dodissimus homo (2). Y valindome de las palabras del francs Lemaire, dir que los contemporneos admiraron al Padre Juan Luis de la Cerda, y del propio modo le admirar siempre la posteridad como a honra y prez de su Orden, dechado de profesores elocuentes, lumbrera de las escuelas espaolas, e inagotable tesoro de todo gnero de erudicin. (3). Cerdao La Cerda, como ms generalmente se le llama en Espaatuvo estrecha amistad con el insigne poeta didctico y satrico, y sabio cannigo de Zaragoza, Bartolom Leonardo de Argensola. Comprubanlo (patentizndose juntamente que el Padre Cerda entenda de poesa castellana como versi(1) E n 1600 e s t a b a y a en el Colegio de l a C o m p a a de M a d r i d , como se ve por su a p r o b a c i n a l a s p o e s a s l a t i n a s del v a l e n c i a n o J a i m e F a l c , c i t a d a sub voce F A L C O , en l a Biblioteca de G a l l a r d o . (2) N. E . L e m a i r e , Bibliotheca classica latina, publicavit Heynius, volumen I, p g i n a 27. [31 Ibid, volumen v , p g i n a 219. Virgilius qualem
87 ficador y como crtico) los dos siguientes sonetos que se hallan en las obras poticas del mismo Bartolom:
SONETO DEL PADRE JUAN LUIS DE LA CERDA E l a r t e f a l t a do el sujeto s o b r a , Y el vuestro es t a l , s e o r , que no rae d e j a P a r a miraros levantar la ceja, Y menos a l a b a r l a menor o b r a . U n nuevo a l i e n t o y fuerza mi a l m a c o b r a C u a l q u i e r a vez que os t r a t a , y de su vieja V i d a y c o s t u m b r e vil a s se a l e j a Q u e con a c c i o n e s m s i l u s t r e s o b r a . S i r e c i t i s l a s t i r a divina A v u e s t r a D a f n e , de h e r m o s u r a p a l m a , E n m s e ven de a q u e l contento s e a s Y a veces v u e s t r a m u s a p e r e g r i n a T a n t o se e n c u m b r a , q u e me r o b a el a l m a , L a c u a l d a i s , con q u e os o i g a n , a l a s p e a s . RESPUESTA DE BARTOLOM DE ARGENSOLA
(Con los m i s m o s c o n s o n a n t e s ) . E l p i n t o r r a r o a quien el a r t e s o b r a , Aunque a c a b a d a la pintura deja, V u l v e l a a ver, y con s e v e r a c e j a L a a c u s a , y pone en p e r f e c c i n s u o b r a . Y el q u e c a d a ao con u s u r a s c o b r a , S e m b r a n d o en t i e r r a e j e r c i t a d a y vieja, N o del culto solcito s e a l e j a , Q u e con s o c o r r o s sucesivos o b r a . P e r o ni l a que vois l l a m i s d i v i n a S t i r a , ni el l a u r e l q u e l l a m i s p a l m a , D e e s t a s dos d i l i g e n c i a s d a r n s e a s . Si y a vuestra elocuencia peregrina N o les infunde a l a s p i n t u r a s a l m a , Y no c u l t i v a l a s h e l a d a s p e a s .
Fuera de su comentario sobre Virgilio, public Cerda: Una edicin de Tertuliano extensamente anotada. 2 tomos folio. Pars, 1624-1630. Adversaria sacra quibus fax praefertur ad intelligentiam multorum scriptorum sacrorum. Len de Francia, 1626, folio. Esta obra importante comprende el Psalterium Salomonis graece-latine, y un comentario sobre el libro de Tertuliano De pallio, ms amplio fauctior) que el publicado en el tomo i de sus obras. Cita tambin Nicols Antonio:
88 De excelleniia sacrorum spirituum in primis de Angel Gusto di ministerio, Pars, 1631. Asunto, como observa Nicols Antonio, tratado por varios escritores de la Compaa (1). Quedan escasas muestras de sus versos castellanos y latinos (2). Cerda es el verdadero autor de las Instituciones de Gramtica (1613) que corren con el nombre de Nebrija, fundadas en las obras del misma Nebrija y del Brcense, con notas en castellano que no carecen de importancia filolgica. Por este texto han aprendido latn muchas generaciones en Espaa y Amrica.
II. SU COMENTARIO VIROILIANO. BIBLIOGRAFA
i. Publii Virgilii Maronis Buclica et Gergica.... Matriti, folio, 1608. Nicols Antonio, la Bibliografa universal de Michaud (que en el artculo Cerda parece seguir a Alegambe) y Heyne, en su noticia de Virgilii editionibus, citan esta edicin de Madrid de 1608, que yo no he visto, y slo s, por el mismo Cerda, que los editores de aquella primera parte del Comentario general fueron tipographi germani. n. Publii Virgilii Maronis priores sex libri Aeneidos argumentis, explicationibus, notis illustrati, auctore loanne Ludovico de la Cerda. Toletano, Societatis Iesu, in Curia Philippi Regs Hispaniae primario elocuentiae professore. Editio quae non ante lucem vidit. Lugduni, sumptibus Horatii Cardn, folio, 1612. He visto tres ejemplares de este tomo i: el de mi biblioteca particular (3), y los que existen en la Nacional y en la del Seminario Conciliar (Bogot). Hermosa portada grabada. En la parte superior Eneas saliendo de Troya con su padre en hombros y el hijo de la mano: a un lado de este grupo Calope, al otro Clo. En los costados del cuadro que encierra el ttulo, dos grandes figuras: Virgilio y Octavio. Largusima dedicatoria a don Diego de Silva Mendoza, Duque de Villafranca: panegrico genealgico de los Silvas, tejido en el estilo de la poca en Espaa. Licencia del Provincial de la Compaa en Toledo (1610); en Len (1611), y real privilegio de Luis XIII en favor del impresor Cardn, por diez aos (Pars, 18 febrero 1611). Elogios del autor en versos griegos y latinos de Vicente Mariner, Felipe Rubenio, Juan Bautista Bentez.
(1) E n t r e ellos el e l e g a n t e M a r t n de R o a , C r d o b a . (2) H a y u n a o d a l a t i n a s u y a a l a u t o r del p o e m a Escuriale, cit a d a i n c i d e n t a l m e n t e en l a Biblioteca de G a l l a r d o , tomo n , p g i n a 991. (3) E n m i e j e m p l a r de e s t e p r i m e r tomo, y del s e g u n d o de l a Eneida ( L e n , 1617) fue r e c o r t a d o el g r a b a d o del f r o n t i s , y e s t s u s tituido p o r u n a p o r t a d a , c u r i o s a m e n t e h e c h a a p l u m a por don F r a n c i s c o J . C a r o , q u e lleva e s t a a d i c i n b a j o de u n a r a y a : Pertenece al seor don Faustino Flrez, abogado de los Peales Consejos y Tribunales todos de Amrica,
89 Y como remate de estos principios, una curiosa carta del autor al clarsimo y nobilsimo tipgrafo francs Horacio Cardn, en la cual pone Cerda por las nubes las ediciones de este impresor (con encomio hiperblico, si hemos de juzgar por las muestras que conocemos), y entre otros conceptos consigna lo siguiente, que es de inters bibliogrfico. La carta est fechada en Madrid, a 28 de mayo de 1610. Haec me ratio (scire inquam quantum tibi debeamus) plurimum movit ut a germanis typographis opus meum assererem (ipsi enim primi labores meos in Buclica ac Gergica evulgarunt) et ad te transmitieren!, quippe sciens plurimum Iaud3 scriptis meis accessurum ex officina tua, etc. Preparaba por entonces sus comentarios a la segunda parte de la Eneida: Spectabis vero, vir optime, nostras in sex posteriores libros Aeneidos lucubrationes, quibus dum haec cuduntur quae ad te nunc mitto, formam suam reddemus colligentes in unum corpus quae sparsa sunt in multis cartharum nostrum locis, ut ita tamdem Virgilius in tres tomos distinctus legatur.... ni. Publi Virgilii Maronis posteriores sex libri Aeneidos.... (ut supra).... Edilio quea non ante lucem vidit. Accessit ad calcem index Erythraei ad faciliorum vocum discuisitionum. Lugduni.... folio, 1617. En la Biblioteca del Seminario y en la ma. La portada grabada que queda descrita. Dedicatoria a los cuatro caballeros hermanos Squarzafigo. Epigramas de varios en elogio del autor del comentano. Censura, licencias y aprobaciones (Madrid y Len, 1615-1617). S e hace constar all que Felipe m a 18 de febrero de 161o concedi permiso al Padre Cerda para hacer imprimir en el extranjero este comentario sobre la segunda parte de la Eneida y para dar a la venta la edicin en todos los dominios de Su Majestad. La advertencia expresa Editio quae non ante lucem vidit, y dems datos que dejo consignados, demuestran el error que padeci Heyne en su Bibliografa Virgiliana al citar en la forma siguiente la mencionada primera edicin de la Eneida de Cerda: Comentara Jo. Ludovico de la Cerda in VI priores libros Aeneidos Matriti...O\\O, 1612. Comentara.... in sex posteriores Aeneidos libros Matriti.... folio, 1617. Todo est alterado en estas referencias, excepto la fecha. iv. P. Virgilii Maronis Buclica et Gergica, argumentis, explicationibus, notis illustrata, auctore Joanne Ludovico de la Cerda, Toktano, Societatis lesu in curia Philippi regs Hispaniae primario eloquentiae professore. Editio cum accurata tum locupletata et indicibus necessaris insignita. Lugduni; sumptibus Horai Cardn, folio, 1619. La licencia del Provincial de Toledo es de septiembre de 1607, y la dedicatoria del autor al Conde de Salinas est fecha-
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da a 5 de junio del mismo ao. Sirvieron patentemente una y otra pieza para la edicin 1 . de esta parte del Comentario. Trae tambin poesas latinas de Andrs Scoto y Gaspar Snchez en elogio del comentador, y un curioso elenco de autores antiguos y modernos citados en el Comentario. v. Publii Virgilii Maronis Opera.... Colonia, olio, 1628. Edicin citada por Heyne. vi. P. Virgilii Maronis Aeneidos libri sex priores. Argumenis, explicationbus et nolis ilustrata (sic). A loanne Ludovico de la Cerda, Toletano, e Societale Iesu. Coloniae Agrippinae. Apud loannem Kinchium sub Monocerote, folio 1642. P. Virgiliis Maronis... libri sex posteriores..., Lo mismo-... folio, 1642. Biblioteca Nacional de Bogot. vil. P. Virgiliis Maronis Buclica et Gergica, argumentis, explicationbus nolis ilustrata. Auctore loanne Ludovico de la Cerda, Toletano, Societalis lesu in curia Philippi regs Hispaniae primario eloquentiae professcre. Editio tum accurata tum locupletata, et indicibus necessariis insiguita. Coloniae Agrippinae (como arriba) folio, 1647. Biblioteca Nacional mencionada Los tres tomos reunidos bajo una portada grabada, que dice: Publii Virgilii Maronis Opera omnia.... Coloniae.... Apud loannem Antontum Kinchium. 1650. En la parte superior el monograma IHS. En los costados del ttulo Virgilio y Apolo. En la parte inferior, debajo del ttulo, una vista de Colonia: a un lado Tecrito y al otro Hesodo. Heyne dice que estos tres tomos son reimpresin de la edicin de 1628. vin. Las Explicationes, parte literaria principal del comentario de Cerda, forman (con ligeros recortes) el texto de la mitad del tomo v(1820), todo el vi (1821) y parte del vil (1822) del Virgilio de Lemaire, en su Bibliotheca Classtca Latina. Bajo el ttulo Publii Virgilii Maronis Laudes, y sin nombre de autor (1) se reimprimi en el mismo tomo vil el trabajo de Cerda P. Virgilii Maronis Elogia, de que hablar luego. Esta parte de la edicin lemairiana de Virgilio puede bien considerarse como una reimpresin (aunque parcial) del comentario de Cerda.... 4.-1820-22. Resumen: glogas y Gergicas: Madrid? 1608: Len de Francia, 1619: Colonia, 1628: ibid, 1647. Eneida. Len, 1612-1617; Colonia, 1642. Elogios (Laudes) y Explicaciones : Pars, 1820-1822.
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<l> A l a p g i n a 3 7 4 h a y u n a n o t a en q u e d i c e L e m a i r e : H i c C e r d a a b r u m p i t e l o g i a . . . . A d C e r d a m r e v e r t o r . . . . E l lector q u e no est en los a n t e c e d e n t e s , y q u e no d con e s a p g i n a , y no c a i g a en l a c u e n t a de lo que d i c e e s a n o t a , se q u e d a a o s c u r a s d e q u i e u es el a u t o r de los Elogios. T a m p o c o b a s t a a d i s c u l p a r el d e s c u i d o de L e m a i r e en e s t a p a r t e l a e x c n t r i c a y a m b i g u a a d v e r t e n c i a q u e h a c e e n el tomo v, de que r e p r o d u c i r de C e r d a l a s E x p l i c a t i o n e s y q u a e s p e c t a n t . . . . a d virtutem p r a e d i c a n d a m .
Preceden al comentario propiamente dicho, 0-3 Elogios, en que Cerda, con buen mtodo, pero en forma puramente panegrica, y sin entrar en discriminaciones crticas, recogi y orden los testimonios producidos por autores antiguos y modernos en honor y en favor de Virgilio. Vase el ndice de este curioso y erudito trabajo: Proemium. (En que el autor pone un slabo de noventa autores de quienes ha sacado conceptos textuales de Virgilio). Captulo 1. Elogia natalis virgiliani. Captulo 11. Elogia a triplici generi boni. Elogia Virgili. sumpta ab honesto. Pudor. Humanitas. Prudentia. Modestia Pietas. Elogia ab utili. Elogia a jucundo. Captulo III. De variis arlibus. Elogia a philosophia. Elogia rethoricae et eloquentiae Virgilianae. Proximus Tullio. Par Tullo. Maior Tullio. Captulo IV. Elogia sumpta ex comparatione Virgilii cum poetis aliis, Graecis et Latirs. Proximus Homero. Par Homero. Maior Homero. (Esta parte para muchos blasfematoria est fundada en Macrobio, Mureto. Jernimo Vida, y mayormente, como era natural, en las declamaciones de Scaligero, que in hoc praeconio Virgilii nenio ornatius, exquisitius, singularius, doctius. Lemaire suprimi aqu todo lo que juzg irreverencias para con el dios de la poesa pica, Homero. Virgilius maior reliquis Graecis poetis. Maior latinis poetis. Virgilius maximus poetarum. Captulo v. Elogia poeseos virgilianae. Captulo vi. Elogia ab attributis. (Es decir, eptetos hiperblicos como divino, sagrado, con que designan a Virgilio muchos autores). Captulo Vil. Honores qui habit Virgilio vivenli. Honores qui habit Virgilio mortum. Honor Virgilii fiiturus aeternus. Fins elogiorum. Pasemos al Comentario. Divdese en tres partes: Argumentos, Explicaciones, Notas. Los argumentos que preceden al texto nada ofrecen de particular: son sumarios como los que ordinariamente se conocen con ese nombre. Las explicaciones que siguen a cada una de las secciones en que se divide el texto, explanan el valor de las sentencias, el enlace que tienen unas con otras, la mente y espritu del poeta. Para aclarar el sentido suele Cerda valerse en su explicacin latina (como ya lo hizo en su versin castellana don Enrique de Villena) de sinnimos y perfrasis, prefiriendo este sistema al de construir en orden ms fcil las frases del poeta, lo cual estima innecesario, cum illi quantum est in rebus psis profunditatis et reconditae doctrinae, tantum sit in verbis claritatis: rasgo que define felizmente el estilo virgiliano.
Las notas, segn la costumbre de! tiempo, son miscelneas; pero miran mayormente a la interpretacin, apoyada, y a veces confusamente envuelta, en testimonios diversos, en lugares paralelos de autores griegos y latinos (1). Eobano Hesso fue quiz el primero que coment a Virgilio cotejndole con os autores griegos (1529). Ampli su trabajo Fulvio Ursino (1568), a quien sigui las pisadas Germano Valente Gueilio (1570), y Cerda a su vez (1568) las de Valente, cuius ir.dicium mihi visum est gravissimum (2). Cerda coteja a Virgilio no slo con sus predecesores griegos, Tecrito, Homero, Apolonio, Sfocles, Pndaro, sino tambin con sus coetneos o subsiguientes imitadores latinos, Horacio, Papinio, Silio, Estado. Conviene saber cmo hubo de originarse este estudio comparativo sobre Virgilio. Cerda meditaba (si hemos de estar a sus palabras) componer un curso terico de poesa latina; pero desisti de su propsito, cuando ech, de ver que la poesa se ensea y aprende mejor que en los preceptos, en los modelos. Tomar un poeta tan perfecto como Virgilio, e ir viendo cmo expresaron un pensamiento sus predecesores, como ! repitindole, lo hermose, y cmo compitiendo con l, para decir lo mismo, no le igualaron otros poetas posteriores, es segn Cerda, res efficax ad docendam poesim ut milla fortasse magis. Cerda dej la moralizacin filosfica para sus Elogios, y en su Comentario no se propuso sino un fin puramente literario: por manera que si algunas veces ingiere lugares comunes sobre puntos que sugiere el poeta, tales como la fragilidad de las cosas humanas, procede as por acceder a las instancias de muchos, y no segn su propio juicio, que le aconsejaba omitir anotaciones de tal jndole. Tampoco se extiende en explicaciones de puntos histricos y mitolgicos que deben consultarse en los diccionarios. En cambio, viendo la deficiencia de sus predecesores en orden a explicar los preceptos agronmicos de las Gergicas, ilustra ampliamente esta parte cientfica del texto. En todo lo cual pens Cerda con mucho juicio, y mostr que comprenda bien la naturaleza propia de un comentario de poeta clsico: concepto de que estuvieron muy alejados Vives y Matienzo. El comentario de Cerda es el ms extenso que se ha publicado sobre Virgilio: por ser tan copioso se ve a menudo saqueado impunemente; y aun modernos escrupulosos editores suelen consignar opiniones de Cerda, o que Cerda adopt citando la fuente, sin mencionarlo, atribuyndolas a otros de donde las tomaron. Pond- ejemplos :
(1) Los p-isajes griegos con la versin latina mejor reputada, frecuentemente rectificada por Cerda.
(2) Virgilius colctione scriplorwn graecorum illustratus opera E Amberes, l.;G8. Ursini.... Virgilius et in eum Commentationes et Paralipomenas Germani Valmtis Guell.... Amberes, 1570.
Benefici la idea de aquellos comentadores Eichhof, ordenando mejor los materiales, y amplindolos, en sus excelentes Etudes Grecques sur Virgile, Pars, re t o m o s .
93 Ec!. iv, 50. Nutantem por ruentem in perniciem. Anthon cita a Martyn como autor de esta interpretacin, discutida ya por Cerda. Ecl. x, 27. Conington atribuye a Voss las citas de Cerda (ad Ecl. vi, 22) relativas al hecho de que griegos y romanos pintaban de bermelln sus dioses. Aen. iv, 298. Eadem acusativo. Nascimbeno, citado por Cerda. Benoist, en vez de referirse a stos, cita a Dbner. - Aen, iv, 383. Cerda cree que hausurum alude a morir ahogado. Conington atribuye esta observacin a Waardenburg. Todo el trabajo de este hombre docto (dice Heyne) se reduce a comentar: no tiene cuenta con la autenticidad de la leccin. Es exacto, porque si bien cita Cerda a veces lecciones varias y aun manuscritos., hcelo de un modo vago o poco formal (1). Su texto no empalma bien con determinada edicin anterior; pero no dice l qu reglas sigui, ni qu cdices us, ni qu ediciones prefiri para presentar el texto virgiliano cual lo presenta. Su adhesin a G. Valente es al intrprete, no al editor. Citemos algunos juicios sobre Cerda. Heyne, en el prlogo de su edicin primera, juzga a Cerda intrprete ms docto y laborioso que ingenioso. Ms inclinado a nacerle justicia aparece en su resea de Virgilii editionibus, donde leemos: Compuso entonces La Cerda sus comentarios, dsertissimos, eruditissimos et luculentissimos Lo que de agudeza y buen juicio se echa menos en ellos, acaso es achaque de la poca y no del escritor. (2). Vase el juicio del ilustre Rolln: Hay un comentario sobre Virgilio, por La Cerda, jesuta, muy propio para hacer gustar a los jvenes la poesa latina. Entra en muchos pormenores; pesa todos los pensamientos, y a veces las expresiones todas del poeta, haciendo sentir todos sus primores y delicadezas. M. Hersan, que ense retrica en el Colegio de Plessis, y es autoridad competente, haca grande aprecio de este comentario, y no se cansaba de recomendarlo a sus discpulos. (3). Conington, que slo consult de segunda mano a Germano, Taubman, Emenessio y otros comentadores insignes de anteriores siglos, acudi algunas veces directamente a Cerda, y confiesa que de l tom varias oportunas citas de lugares paralelos.
(1) E c l . i i , 5 . Sors. I n hoc loco s u s t i n e r i v u l g a r i s lectio debet. a s s e n t i e n t e o m n i u m pene l i b r o r u m c o n s e n s u in q u i b u s sors l e g i t u r , A e n . x i 800. Acies. A l i q u i h i c l e g u n t acres. P l a c u i t acies : et s i c S e r v . , P e t . D a n i e l . I b i d , 801. Aurae : d i s c u t e l a l e c c i n auras, de Serv. y A l b e r i c o G e n t i l . A l g u n a s Teces s e refiere a F r a n c i s c o S n chez. V . mi a r t c u l o s o b r e el B r c e n s e . (2) V i r g i l i o , e d i c i n L e m a i r e , tomo v n , p g i n a (3) Kollin, Ttait n a 92. des etudes. 493. P a r s , Didot, 1845. T o m o I, p a g i -
94
Resumo mi juicio sobre Cerda. Los defectos de su comentario son: 1., ausencia de crtica textual; 2., falta de sobriedad en las anotaciones; 3., deficiencia de indicaciones en las citas, para que puedan verificarse. En cambio tiene estas condiciones: 1., excelente mtodo expositivo; 2.", riqueza de erudicin y amplitud como ninguno. Con sus tachas buenas y malas Cerda es, despus de Servio, el rns culminante de los comentadores de Virgilio. De muchas cosas podr prescindir un ilustrador concienzudo de Virgilio (puesto que la vida es breve y no alcanza para examinarlo todo); pero no podr dispensarse de conocer y estudiar a Servio, a Cerda, a Wagner, a Ribbeck y a Conington.
DON ESTEBAN MANUEL DE VILLEGAS 15S<>lfi89
Creador de la cantilena y padre dla anacrentica, como con justo ttulo y merecida admiracin le apellida Quintana, y el ms feliz imitador de los metros latinos sobre todo de la estrofa sfica, en que escribi su preciosa odita Al Cfiro. Nicols Antonio cita de Villegas, sin fecha, un comentario sobre Virgilio: In Virgilium Conmentarium. TRADUCTORES
DON ENRIQUE DE VILLENA 1. NOTICIAS GENERALES BIBLIOGRFICAS ( ! ) 14271428.
Este ilustre magnate castellano, conocido tambin con el apellido de Aragn, y ms generalmente con el ttulo de Marqus de Villena (que con buen derecho pretendi en un tiempo, pero no alcanz ni llev nunca) fue tan celebradodice el historiador Zuritapor la doctrina de las artes liberales en que emple desde su primera edad todo su estudio, que fue muy enseado en el arte de la elocuencia y en los secretos de la filosofa, y de las otras disciplinas, y qued ms conocido por esto entre las gentes, que por suceder de la lnea legtima de la casa real de Aragn y ser nieto del rey don Enrique el II de Castilla. Dotado de sotil e alto ingenio, segn la expresin de Blancas, nio y hurfano dedicse a estudiar, prefiriendo las letras a las armas, contra lo que pedanla condicin de ios tiempos y los deseos de su abuelo y tutor el primer condestable de Castilla; y tan decidida fue su vocacin, que lleg a saber en ciencias profanas cuanto poda saberse en su siglo. Mirbanle principalmente como astrlogo y alquimista; decase que ms saba de lo que pasaba en el cielo que de los negocios de la
(1) E x t r a c t a d a s de los e x t e n s o s p r e l i m i n a r e s y n o t a s que puso don F e l i p e B e n i c i o N a v a r r o a su e d i c i n del Arte Cisoria de don E n r i q u e , B a r c e l o n a , 1879. T a m b i n he t e n i d o a l a v i s t a el estudio d e P e l l i c e r , Biblioteca de ?'iaductores, y lo q u e t r a e n los h i s t o r i a d o r e s Generales.
tierra; y tuvo en su patria en vida y despus de su muerte, fama de nigromntico, como Virgilio en aples. De poco ms_de veinte aos de edad, y apenas entrado el siglo xv, acompaa al Infante don Fernando, el de Antequera, en la campana contra les moros en Andaluca, ms bien por la cordial amistad que profesaba a aquel Prncipe amable, justo y valeroso que no por aficin a la guerra. Llamado el mismo don Fernando al trono de Aragn (1412), y calmadas con esto las turbulencias que precedieron al parlamento de Caspe, le sigue a aquella corte don Enrique, y convirtiendo la atencin a sus geniales aficiones, dedcase a restablecer los Consistorios de la Gaya Ciencia en Barcelona, cuyas academias preside con gran pompa. Muere en 1416 su protector el Rey don Fernando. Inhbil don Enrique para los negocios del mundo civiles e curiales, y desgraciado en sus pretensiones (lo del maestrazgo de Calatrava ocasion sucesos ruidosos y cmicos), consigue al fin en Castilla de la Reina madre doa Catalina, en compensacin, bien que desigual, de los seoros que haba perdido, el de Iniesta, en el Obispado de Cuenca, adonde se retir con su mujer, y all, y en la villa de Torralba, en la que pasaba algunas temporadas, se dedic enteramente durante veinte aos al estudio de las letras y ciencias, en medio de la biblioteca que haba reunido, la cual dice Zurita que era una de las ms famosas de todas ciencias que haba en Espaa, y que se estimaba por un tesoro riqusimo (1). Muri don Enrique en Madrid el 15 de diciembre de 1434, a a los cincuenta aos de su edad.
Las obras de don Enrique de que se tiene noticia, y segn el orden cronolgico en que las pone el seor Navarro, son : Composicin alegrica, para las fiestas de la coronacin de don Fernando en Zaragoza. No se conserva. Tractado de la Lepra. Manuscrito en la Biblioteca de Madrid. Fecha incierta. Arte de Trovar. Contiene un tratado de etimologas y de pronunciacin, el ms antiguo en su clase en castellano, y la historia de los Consistorios del Gay Saber. Sobreviven fragmentos que public Mayns en sus Orgenes de la lengua castellana. Fazaas de Hrcules. Poema en coplas de arte mayor de que slo se conservan pocas lneas, nico resto de las muchas obras poticas que dieron gran nombrada a don Enrique, maestro insigne de gay saber. Los doce Trabajos de Hrcules. Obra distinta del poema. Compsola (1417) en prosa catalana y castellana. Manuscrito. Biblioteca de los Duques de Fras. Tractado de la Consolacin. A Juan Fernndez de Valera (1422).
(1) A n a l , x i v , 22 c i t a d o por P e l l i c e r .
96 Versin y explicacin del Salmo Quoniam videbo, a peticin del mismo. Tractado del Aojamiento (1423). En la Biblioteca de Madrid, como los anteriores. Tractado de las especies de adivinanza. Este libro y otros de don Enrique non cumplideros de leer,> esto es, de magia y artes vedadas, fueron quemados despus del fallecimiento del autor por orden de su sobrino el Rey don Juan el n, previa censura teolgica. Arte Cisoria (1423). Publicado por el seor Navarro, edicin citada. Traducciones y glosas de la Eneida de Virgilio (1428). Versin de la Divina Comedia de Dante (1428). Ddase si a ella pertenece el canto primero en castellano antiguo, que guarda un cdice de la Biblioteca Escurialence. En el Proemio de la Eneida dice el mismo don Enrique que altern el trabajo de traducir aquel poema latino, y la Divina Comedia, con otros anlogos, haciendo tambin la traslacin de la Retrica de Tulio Nueva, para algunos que en vulgar la queran aprender: e otras obras menores de epstolas, e arengas e proposiciones, e principios en la lengua latina, de que fue rogado por diversas personas........
II. TRASLADO DE LA
ENEIDA.> HISTORIA.
Traslad don Enrique la Eneida en romance, en obsequio de su pariente don Juan II, Rey de Navarra. E fue movido el dicho rey de Navarra don Juan a enbiar decir por su carta ahincadamente (a don Enrique) que trasladase la Eneida, porque, hacindose leer la comedia del Dante, repar en que alababa mucho a Virgilio, confesando que de la Eneida haba tomado la doctrina para ella, y fizo buscar la dicha Eneida, si la fallara en romance, porque l non era bien instruido en la lengua latina; y non fallndola, ni aun quien tomar quisiese cargo de la tornar de lengua latina a la vulgar, por ser el texto suyo muy fuerte y de obscuros vocablos y historias non usadas, y aun porque estas obras poticas non son mucho usadas en estas partes; onde presumiendo el dicho Rey de Navarra que el dicho don Enrique en las dichas obras poticas haba trabajado, mayormente en las de Virgilio, encarglo con mucho ruego y aficin. Y maguer el dicho don Enrique era ocupado en otras cosas, por captar su benevolencia, psose al trabajo de esta obra por le inclinar se acordase de le desagraviar de su heredad que le tena tomada contra justicia. Principi esta versin don Enrique el 28 de septiembre de 1427, y terminla en 10 de octubre del ao siguiente. Como versin completa de la Eneida es la ms antigua que se conoce en lenguas romances, pues las catalanas e italianas que se citan
- - 97 anteriores a aquella fecha no reproducen sino algunos trozos del original latino. No lleg este trabajo literario a su destino, porque estando para hacerlo copiar en vitela y de buena letra, principiando con un dibujo en que apareca el rey sentado en su treno con acompaamiento, y don Enrique, en ademn de presentarle la traduccin, rompironse las buenas relaciones entre los dos reyes primos y homnimos, y don Enrique, como castellano, se abstuvo de hacer su presente al de Navarra, y de comunicar con l. En cambio propagse la traduccin en la corte de Juan n de Castilla, que era poeta y protector de las letras: muchos caballeros sacaron copias; y en la biblioteca de Isabel la Catlica, hija del mismo don Juan, conservbase un libro de romance en papel, que son las Eneidas de Virgilio, glosado un pedazo, de don Enrique de Villena, con unas coberturas de tabla guarnecidas en carmes aceituna de pelo, con unas flocaduras alrededor de seda verde e oro, bordadas en la una parte de las armas de Diego Arias, con unos tejillos verdes de cobre dorado. As aparece Virgilio en Castilla como albor temprano de los estudios clsicos que florecieron en el reinado de los Reyes Catlicos. Anduvo despus olvidada y dispersa esta traduccin de la Eneida, y citada apenas alguna vez por curiosos como Tamayo de Vargas. Pellicer, en su Biblioteca de Traductores, 1788, dio cuenta de un cdice comprensivo de! Proemio y tres primeros libros de la Eneida, y present algunas muestras del trabajo de don Enrique Prez Byer, en una nota a la Biblioteca de Nicols Antonio, consign la existencia de ese cdice en la Biblioteca Nacional de Madrid, recente manu, sed ex antiqui saeculi xv cdice, ut in eisdem (libris) legitur deseripti; y de copia de los tres libros subsiguientes, sacada de un cdice hispalense, por orden del bibliotecario don Toms Antonio Snchez. Andando el tiempo don Eugenio de Ochoa, en su catlogo de manuscritos espaoles de la Biblioteca de Pars, describi el cdice que contiene los libros IV a XII de la Eneida, bien que equivocando al autor con el copiante Juan de Villena, que acab aquel traslado en 1436. Ms tarde y con mejores datos han hablado de parte de estos manuscritos Amador de los Ros y don F. B . Navarro. ltimamente el seor Menndez Pelayo los ha examinado todos, y de las extensas notas que tom para su indita Biblioteca de Traductores, nos ha ofrecido un extracto en su monografa de traductores de la Eneida. (1879).
III. TRASLADO DE LA ENEIDA CRTICA
La antigedad y singularidad de esta versin la hacen digna de ser examinada por todos aspectos. Lo que ms llama la atencin es que don Enrique comprendi que traducir es un arte, y sigui deliberadamente un sistema.
Estudios literario*M. A. Caro7
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En cuanto a la ordenacin, ocurrisele subdividir los libros de la Eneida en captulos con sus ttulos respectivos. En esta distribucin cada libro tiene cosa de veinte a treinta captulos, que aadidos a los veinte prrafos del Proemio componen un total de 366, cuantos das hay en el ano, y as leyendo el perezoso lector cada da un captulo al cabo del ao lo ley todo. Con esta idea se anticip don Enrique al gusto moderno, que pide en lo que se escribe frecuentes pausas ( 1 ) . Hay obras modernas distribuidas en lecturas para todos los das del ao. Por lo que hace a Virgilio, en nuestros das Collins, Church y algn otro !e han dado a leer en una serie de episodios escogidos: sistema anlogo al que invent Villena. Explcanos en estos trminos su procedimiento como traductor: En la presente traslacin (dice) tove tal manera que non de palabra a palabra, ne por la orden de palabras a palabras que est en el original latino, mas de palabra a palabra segund el entendimiento, y por la orden que mejor suena, siquiere perece, en la vulgar lengua ; en tal guisa que alguna cosa non es dexada o postpuesta, siquiere obmitida, de lo contenido en su original; antes aqu es mejor declarada, y ser mejor entendida por algunas expresiones que pongo, acull subintellectas, siquiere imprcitas o escuro-puestas, segund ver el que ambas las lenguas latina e vulgar supiere, y hubiere el oreginal con esta traslacin comparado. Esto fice porque sea ms tractable, y mejor entendido e con menos estudio e trabajo. Transcribe Pellicer la dedicatoria de Villena, y luego lo que llam el Marqus captulo 1. del libro I (v. 1 - 1 1 ) . Copiarlo aqu como muestra de la traduccin:
CMO DEL LINAJE DE ENEAS SALIERON LOS FUNDADORES DE ALBA Y ROMA
Yo, Virgilio, en verso cuento los fechos de armas y las virtudes de aquel varn que, partido de la troyana regin y ciudat, fuidizo vino primero por fatal influencia a las de Italia partes, a los puertos, siquier riberas o fines, del reino de Lavinia, por muchas tierras y mares aquel trabajado, siquier trado, afanosamente, por la fuerza de los dioses, mayormente por la ira recordante de la cruel Juno. El cual pas muchos peligros y padeci muchas afrentas en batallas, en tanto que se dispona la edificacin de la romana ciudat, y se introduca la religin de los dioses en Italia: de cuya generacin desendi el linaje latino, y los padres albanos, y los fundadores de los altos muros de Roma. O Musa, siquier Scientia! recurdame las causas, siquier ocasin, porque la divinidat fue ofendida: qu te ofendi, siquier movi, doliendo a t, Juno, reina de los dioses, traer o volver por tantos casos el varn de insigne piedat? E pue( 1 ) E l p r i m e r o en quien he h a l l a d o e s t a F r a n c i s c o de S a l e s . recomendacin es S a n
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den celestiales inteligencias, siquier los celestiales moradores, tanctas concebir iras ? Antonio de Lebrija en su Gramtica tacha a Villena de duro en la composicin de vocablos, mayormente en la interpretacin de Virgilio. Don Enrique de Villena, de quien se tiene por cierto dice Mariana, que por el deseo que tena de saber, no dud de aprender el arte "condenado de la nigromancia. Algunos libros que quedan suyos dan muestra de su agudeza y erudicin, si bien el estilo es afectado con mezcla de las lenguas latina y castellana, usada en aquella era, en esta muy desgraciada. Inculpacin literaria justa, pero algo extraa en boca de Mariana, propenso tambin, aunque no con la violencia de Villena, al latinismo y al arcasmo, por lo cual a su turno critic despus don Diego Saavedra Fajardo al docto jesuta. Con el juicio de Nebrija y de Mariana concuerda el de crticos modernos, tocante al estilo de Villena : El estilo es duro por lo comn, con frecuentes transposiciones y trminos latinos que afectaba para conservar en su lengua el sabor y vestigios de la latina, como lo hizo tambin Juan de Mena. (Pellicer). El texto de esta traduccin es una de las mejores pruebas de la profunda perturbacin que los latinizadores llegaron a introducir con su estilo, y que afortunadamente no prevaleci. Lo que quisieron fuese imitacin o copia de la frase hiperbtca del latn, result absurda transposicin, hinchado concepto y enmaraada textura, que a cada paso hace incomprensible el sentido. (Navarro). Como monumento filolgico presenta inters el libro de don Enrique, no porque la lengua all empleada sea la castellana de ninguna poca, sino porque acusa el vano y tenaz empeo de los eruditos por latinizarla desacordadamente usando de inversiones extraas y de giros y construcciones pedantescas que ni son latinas ni castellanas. (Menndez Pelayo). Acaso por andar esta traduccin tan fuera del lenguaje usual corri slo como obra de erudicin entre los aficionados, para caer luego en olvido. Aunque la traducein es bastante ajustada al original, la interpretacin no siempre es correcta. De inexactitudes en la inteligencia del texto pone Pellicer como muestra la versin del ta das eptilis accumbere \divum, a saber: fu eres aquella que das viandas a comer a los dioses. Villena debi de leer o subentender divis, en vez de mihi, como dativo de das, contra lo que pide el contexto. Err tambin en el pasaje que dej transcrito traduciendo urbem (verso 5) por romana ciudat; y es por dems curiosa la explicacin que da de Masa, aadiendo siquier Scientia, con alusin sin duda al gay saber, de que era tan aposionado. En suma, la Eneida de don Enrique de Villena es un interesantsimo monumento, pero ms bien histrico que literario.
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LEflRJA i\'ebrissenis)
1430 -l.O
Fillogo insigne, maestro del gran Jimnez de Cisneros. Escribi unas Ecphrases Virgilianae, para uso de estudiantes y a manera de juego, segn dice Sancho de Lebrija, hijo del clebre humanista. Entiendo que es el texto latino construido y luego romanceado, algo semejante a las modernas traducciones interlineales. Nicols Antonio cita dicha obra con este ttulo: Ecphrases in Virgilii opera admodum familiares, et radibus runculis id intelligendumfacillimae. Granada, 1546. Como sta es o reimpresin o edicin postuma, la fecha en que debi publicarse por primera vez, y por lo menos, la en que se compuso aquel libro, ha- de retrotraerse conjeuralmente a alguno de los aos que median entre los marcados al frente de este artculo, pues en ese espacio de tiempo salieron a luz las principales obras del docto y fecundo escritor. Ambrosio de Morales en su Viaje Santo, citado por Nicols Antonio, dice que vio un ejemplar de las obras de Virgilio, todo de puo y letra de Lebrija.
JOAN DEL
1496
ENCIrsA
El Cancionero, de Joan del Encina, por primera vez impreso en Salamanca en 1493 (y sucesivamente reimpreso en Burgos 1505, Salamanca 1507, ibid 1506, Zaragoza 519) contiene las obras hechas por Joan del Encina desde que hobo catorce aos hasta los veinte y cinco. En eJe Cancionero est la traslacin que hizo el autor de las Buclicas de Virgilio, precedida de dos prlogos, uno a los muy esclarecidos e siempre victoriosos prncipes don Fernando e dona Isabel, otro al muy esclarecido e bien aventurado prncipe don Juan. En ei primer prlogo insina el propsito de trasladar tambin las Gergicas y la Eneida. De las cuales (obras de Virgilio) por ahora para entrada y preludio de mi propsito estas Buclicas quise trasladar, trobadas en estilo pastoril, aplicndolas a los muy loables hechos de vuestro reinar, segn aparece en el argumento de cada una. Discurre sobre las dificultades del arte de traducir: / muchas dificultades hallo en la traduccin de aquesta obra, por el gran defecto de vocablos que hay en la lengua castellana en comparacin de la latina, de donde se causa en mu-
101 chos lugares no poderles dar la propia significacin, cuanto ms que por razn del metro e consonantes ser forzado algunas veces de impropiar las palabras, e acrecentar o menguar, segn hiciese a mi caso, e aun muchas veces habr que no se pueda traer al propsito. mas en cuanto yo pudiere e mi saber alcanzare, siempre procurar seguir la letra aplicndola a vuestras ms que reales personas y enderezando parte dello al nuestro muy esclarecido prncipe don Joan. En el prlogo a este Prncipe hace mrito de algunos varones ilustres romanos e italianos, que no se desdearon de emprender traducciones de otras lenguas a la propia. E as mesmo los hombres de nuestra nacin procuran tomar experimento de su estudio volviendo libros de latn en nuestra lengua castellana. Y ms adelante: Mi verdadero deseo e vuestras muy claras virtudes me dieron atrevimiento para dirigir e consagrar estas Buclicas a nuestros muy poderosos reyes, e aplicaros parte dellas, porque creo que en vuestra tierna edad os habis ejercitado en las obras de aqueste poeta, e porque favorecis tanto la sciencia andando acompaado de tantos e tan doctos varones.... H aqu los argumentos: gloga 1. Argumento Meiibeo habla en persona de los caballeros que fueron despojados de sus haciendas por ser rebeldes, conjurando con el rey de Portugal que de Castilla fue alzado, e con l anduvieron amontonados e corridos perseverando en su contumacia- Ttiro.... habla en nombre de los que en arrepentimiento vinieron, e fueron restituidos en su primero estado: e va tocando el tiempo en que rein el seor rey don Enrique (IV), comenzando su reinar con tanto rigor de justicia, que no menos de temido que de poderoso pudiera ser alabado: mas en el fin, atibiando su poder e aflojando su justicia, dio lugar a que en los corazones ele sus subditos a banderas desplegadas vicios e robos se apoderasen: para cuyo remedio tan catlicos e tan excelentes prncipes Dios, por su misericordia, nos quiso dar.... 3. Argumento.... Esto se puede aplicar a los privados del seor rey den Enrique, y a muchos grandes que con envidia dellos e aun ellos mesmos entre s sembraron gran discordia en nuestra Castilla, e algunos dellos tentaron alzar por rey al prncipe don Alfonso, su hermano, por poner en obra sus malos pensamientos, de manera que el muy magnfico rey don Enrique, andando ya acobardado e temeroso de aquellos que temerle solan, no osaba ni curaba ejecutar justicia, ocupado en mejores ejercicios, dejando a cada uno hacer lo que quera. E con esto las maldades tanto se multiplicaron y enjambraron en este reino, que no solamente lo de la corona real, mas an las propias haciendas unos a otros se robaban, e como malos pastores ordeaban ajenas ovejas. As que al tiempo que nuestros muy poderosos prncipes don Hernando e doa Isabel a suceder vinieron, muchos hubo que por malicia o por mal conoc-
102 miento ayudaron e favorecieron al rey de Portugal dndole entrada en Castilla, adonde no poco peligrosa le fue despus la salida. E otras tambin haba que jugaban de dos manos, queriendo cumplir con una parte e con otra: de suerte que en esta guerra cada cual, presumiendo de ms sabio e poderoso, cantaba o adulaba su partido, favoreciendo sus reyes, monstrando privar con ellos. 4. Argumento.... Ya (en el reinado de los reyes Catlicos) los menores no saben qu cosa es temer las sinrazones e demasas que en otro tiempo los mayores les hacan: ya con la Sancta Inquisicin han acendrado nuestra fe, e cada da la van ms esclareciendo: ya no se saben en sus seoros e reinos qu cosa sean judos: ya los hipcritas son conocidos e cada uno es tractado segn vive.. 5 . Argumento.... En cuya persona (del pastor Dans o Dafnis) podemos entender la desastrada muerte del muy desdichado prncipe de Portugal, a quien la fortuna se quiso mostrar muy envidiosa en su mayor prosperidad, ya que haba casado con la esclarecida infanta doa Isabel, hija de nuestros muy poderosos reyes, princesa'de Portugal.... 7. Argumento.... Este se puede aplicar entendiendo por Dans a nuestro muy esclarecido prncipe don Juan, que goza e quiere que todos gocemos de ver las excelencias que de sus padres non sin mrito los poetas e oradores cantan, los cuales procuran unos a otros exceder.... E Coridn en persona del autor de aquesta obra canta la soledad que Castilla senta cuando los reyes iban a Aragn.... 8. Argumento.... Este se puede aplicar al muy crecido amor que nuestro cristiansimo rey don Hernando tena en la conquista del reino de Granada por lo sojuzgar e traer al yugo de nuestra verdadera ley, penando muy sin medida en verlo de paganos ocupado, seorendolo rey extranjero de nuestra fe. E muestra cmo luego en principio de esta guerra, pasados ya cuasi doce aos de su reinar en Castilla, despus que Alhama se tom, estando muy enamorado por seguir la tal empresa, la primera vez que asent real sobre Loja, all dej parte de la flor de su gente, donde muri el maestro de Calatrava e otros algunos con l: lo cual en su corazn puso tan penado deseo por vengar aquellas muertes e acrecentar nuestra fe, que fasta conseguir entera victoria del todo el reino no ces de conquistar. . . . En las Lomas de Mlaga fue preso el conde de Cifuentes e otros muchos caballeros e s e o r e s . . . . 9. Argumento - . Nuestros muy poderosos Prncipes don Hernando e dona Isabel, ya dentro de la ciudad (Granada'; estaban apoderados.... Por no engendrar fastidio a los lectores acord el autor trobar esta obra en diversos gneros de metro y en estilo rstico, por consonar con el poeta, que introduce personas pastoriles. Vase el primer verso de cada gloga:
1. 2. 3. 4. 5. 6. 7. 8. 9. 10.
a
T t i r o , c u a n sin c u i d a d o . . . . C o r i d n siendo p a s t o r . . . . Dime, Dametas M a t e o . . . . M u s a s de S i c i l i a d e j e m o s , p a s t o r e s . P o r q u n , mi bien c a r i l l o , . . . Mi primera M u s a T a l a . . , Vino a caso e a s a z n . . . . Del c a n t o r de los p a s t o r e s . . . . Adonde a b a l l a s la p a t a . . . . T me c o n c e d e A r e t u s a . . . .
..
Arzobispo de Tarragona, y uno de los ms clebres canonistas y de los ms ilustres prelados que ha producido Espaa, naci en Zaragoza en 1516: muri en Tarragona en 1586. No es de este lugar trazar su biografa, ni enumerar sus magistrales obras jurdicas, todas en latn, por las cuales le consideran muchos como el verdadero restaurador del Derecho. En castellano escribi los eruditsimos Dilogos de medallas, inscripciones y otras antigedades, Tarragona, 1576, obra traducida al latn y a varias lenguas modernas. No desde el estudio crtico de los autores clsicos: tenemos sus comentarios sobre Varrn y Pomponio Festo, y aun desciende a veces en sus obras, siempre con recto juicio, a cuestiones de filologa castellana, mtrica y aun ortografa. Fue de los que primero ensayaron la aclimatacin de la estrofa sfica en nuestra lengua. H aqu algunos apuntes virgilianos, muestra de lo que se halla esparcido en sus obras: Opera Omnia, edicin de Luca (1), 1774, tomo VIII. Comenta los siguientes pasajes de Virgilio (sin contarlos que aade y explica A. Scotto, traductor latino de Agustn): Ecl. m, 71. urea mala decem. Las manzanas no son todas de color de oro como los membrillos, y de ese color eran los membrillos que tom Hrcules de los huertos hesperios... He ledo que cuando se dice manzanas de oro, o el vellocino dorado, o el siglo dorado, no se entiende ser de oro ni parecer oro, sino ser muy hermoso y grande, y tan preciado y sealado como el oro, y as lo dice si no me engao Varrn en los libros de re rstica, y asi se entiende en Virgilio urea mala misiyAurea gens surget. A. Agustn, Dilogo de Medallas, V. Ecl. iv, 9. Gens urea. Vid. Ecl. ni, 71. IV, 17, Pacatumque.... De los versos de la sibila Cumea tom Virgilio este verso. Esta fue aquella paz profetizada por muchos autores gentiles y judos. De Medallas, v.
(1) "Los d i l o g o s se r e i m p r i m i e r o n en M a d r i d , J o s e p h E . M a r t nez A b a t , 1744. De los l u g a r e s filolgicos de s u s E p s t o l a s h a y u n a edicin mDderna, T u r r j ( O r e l l i ) 1847.
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Ecl. vi, 74. Scylla. vil, 61. Populus El lamo blanco (L. populas, \i,piopo o chiopo, como de platea, plaza, Nap. chiaza)...- Es rbol fuerte y alto y derecho, lo cual viene todo bien con Hrcules, y las hojas verdes y blancas, que con poco viento tiemblan, pudieron convidar a Hrcules para hacer coronas de l, como a Jpiter convid la encina con sus bellotas...... De Medallas, v. Ecl. x, 4, Arethusa. G. i, 384. (Sobre Caystri mal tornado como nominativo por un poeta castellano). ni, 487 (Explica eruditamente el uso de las nfulas). iv, 564 (Sepulcro de Partnope representado en una m e dalla). Aen. i, 42 (Sobre Minerva y otros Dioses armados de rayo, cual se ven en varias medallas). I, 67 (Extensin varia de la denominacin mar Tirreno). i, 145 (Propiedades del tridente neptunino). I, 292. Cana Fides, Horacio: fides alba velata panno. Aen. I, 294 (sobre la clausura del templo de Jano\ Aen, i, 341 (de los orgenes de Cartago). I, 378 (sobre el renombre Pius). I, 415 (de las aves consagradas a los diosesa i, 441. Lucus in urbe fuit.... Perfecta correspondencia de esta descripcin virgiliana con una medalla, como si el poeta hubiera tenido delante lo que en ella se representa. Aen., II, 226 (las serpientes de Palas'. 616 (del alczar de Palas y su egida). III, 286 (de las antepuertas con escudo de armas;. 359 (del laurel deifico y trpode de Apolo). 405 (sobre el rito religioso de cubrir la cabeza). 694 Aretusa. IV, 41 (caballos sin freno entre mauritanos'. V, 250 (del ro Maendro). VI, 164 (Trifona, apellido de Palas!. 193 (de las aves consagradas a las dioses!. 846 ' de una repeticin de Enio). vu, 187 (vestido y ceremonias de los Salios . 607 (cf. Aen. I, 194). 621 (de la trabea). 678 (Cculo y la familia Cecilia), vin, 116 (la oliva emblema de la Concordia). 150 (la accin de juntar las manos en seal de alianza). 429 (de la forma de los rayos). 435 (Armas de Palas, cf. Aen. n, 315). 659 (vestidos de los Galos, y en especial de los dardos gaesa). 663 ( c f , vu, 187). IX, 619 (de Berecynthia). X, 230 (del pino, consagrado a Neptuno).
543 (cf. Aen. vn, 678). XI, 4 (forma de los trofeos). 333 (vid. vil, 612).
165 (vid. VIII, 150).
Tradujo el Maestro Len por los aos de 1545-1550 las glogas (i, m, IV, v, ix en tercetos: n, vn, vi, vn, VIII, x en octavas) y de las Gergicas (tambin en octava rima) el libro primero ntegro y los versos 1-210 del II. Public as poesas postumas de Len, don Francisco de Quevedo Villegas, Madrid, 1631. En esa coleccin, junto con otras traducciones latinas, griegas y italianas, salieron a luz las citadas de Virgilio, excepto las cuatro primeras glogas, que public fray Antonio de Moya, 1660, y el fragmento del libro il de las Gergicas, que descubri Mayns, 1778. De las Gergicas hay una traduccin completa en sextinas, que ha corrido falsamente atribuida a Len. De ella hablo en artculo especial. El prncipe de la lira castellana ha sido muy estropeado por los impresores. En 1816 sali de las prensas de Ibarra una edicin completa de sus obras, reconocidas y cotejadas con varios manuscritos por el Padre M. fray Antoln Merino, de la misma orden (de San Agustn). No me cansar de advertir insiste Menndez Pelayoque esta edicin, verdaderamente crtica y hecha sobre los cdices, es la nica que debe leerse y citarse cuando se habla de fray Luis de Len y la nica que debieran reproducir los sucesivos editores. A fray Luis no se le conoce hasta que se le estudia en el texto publicado por el Padre Merino. Siguile Bohl de Faber en las poesas de Len que incorpor en su Floresta de mas, Hamburgo, 1823, pero desvironse de tan segura norma otros compiladores. Como traductor es fiel, enrgico y conciso; pero la msica y el molleatque facetum de Virgilio se pierden en sus versos que a vueltas de rasgos de superior velenta, andan llenos de frases oscuras, speras y mal coordinadas, y de chocantes singularidades en el lenguaje. Como muestra de sus aciertos citar uno de los pasajes que cita con elogio don Gregorio Garcs en su Vigor y Elocuencia Castellana:
M u s c c s i fontea e t s o m n o mollior h e r b a E t q u a e vos r a r a viridi t e g i t a r b u t u s u m b r a , S o l s t i t i u m pecori dc-fendite: i a m venit a e s t a s T r r i d a , i a m l a e t o turgrent in p a l m i t e g e m m a e . E c l . , vit, 4 4 - 8
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F u e n t e s de verde m u s g o r o d e a d a s Y m s q u e el b l a n d o sueo h i e r b a a m e n a , Y vos, r a m a s , q u e en torno l e v a n t a d a s Hacis sombra a la p u r a y fresca avena! D e b a j o de v o s o t r a s a l l e g a d a s Sesteen l a s o v e j a s : q u e y a s u e n a E l g r i l l o , y l a vid b r o t a , y y a c a m i n a V i n i e n d o el seco esto, y se a v e c i n a .
Es esta traduccin elegante y graciosadice Garcsy hay ciertos en ella algunos rasgos de muy exquisita belleza que l (fray Luis) aade sobre el pensamiento del original. Era Len sabio humanista, y como intrprete es exacto. Algunas veces se aparta de la leccin vulgar, como sucede en la gloga vil, verso 11:
A q u l a s v a c a s por el p r a d o y e r a s Se vienen a b e b e r , a q u florecen Del Mincio en verdes h o j a s l a s r i b e r a s , Y los e n j a m b r e s s u e n a n y a d o r m e c e n .
De esta traduccin se infiere que Len, probablemente por conjetura, no ley el venient que se halla en todas las ediciones, sino veniunt, leccin que apenas registra pero no adopta Ribbeck, tomndola de un manuscrito cursivo, y que los dems editores desprecian, sin reparar que ofrece acaso mejor sentido que la leccin vulgar.
GREGORIO HERNNDEZ DE 1551 I. SUMARIO BIBLIOGRFICO VELASCO
Mayns en su Vida de Virgilio y Salva en su Catlogo consignaron algunas noticias sobre ediciones de la Eneida castellana de Hernndez de Velasco. Pero la nica bibliografa metdica, y casi completa, sobre aquella traduccin famosa, es la que orden el seor Menndez Pelayo (Traductores Espaoles de la Eneida), y yo aqu apenas har ms que extractarla. Las adiciones de la Eneida de Velasco se han de dividir en dos series o familias que sealar A. y B.:la primera serie arranca en la edicin prncipe de Amberes, anterior a 1557: la serie segunda comienza con la edicin hecha en Toledo en 1574. A. os doce libros de la Eneida de Virgilio, principe de los poetas latinos, traducida en octava rima y verso castellano. En Anvers, en casa de Juan Bellero. (Sin ao. Al fin: ) En Anvers, en casa de Gerardo Smits, a la costa de Juan Ballero. En 8. 599 pginas. Es la ms antigua edicin que se conoce, y Salva conjetura razonablemente que fue la primera. 2. En Anvers, en la casa de Juan Ballero, en el Halcn. MDLYH (1557). Typis A. F. 8 hojas y 647 pginas.
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Esta edicin precede en tres aos a la aparicin de la primera parte de la Araucana, y en veinticuatro a la publicacin de la clebre traduccin italiana de la Eneida por Anbal Caro. Lleva esta edicin al principio una Advertencia del impresor, un soneto castellano y dos epigramas latinos annimos en favor del annimo traductor, y al fin, puesto en tercetos, el epigrama Ergone supremis, atribuido a Augusto (1)En el prlogo del autor (repetido de la primera edicin, segn que de su tenor se infiere) se asienta que antes no haba salido a luz en Espaa traduccin alguna de la Eneida, sea por que no se hubiese echado de ver la falta que este autor haca en nuestra lengua: o lo que es ms posible que los que en tan honesto trabajo pudieron ejercitarse, se contentaron con hacerlo slo para su ejercicio y contentamiento, sin querer comunicar sus trabajos a quien en lugar de se los agradecer se los murmure. Lo cualaade-ha sido buena parte de causa para que el autor de esta traduccin no la haya permitido publicar algunos aos antes, y para que ya que a instancias de algunos amigos suyos permiti que saliese a luz, deje en silencio su nombre. De aqu resulta algunos aos ms alta la antigedad del trabajo ejecutado por Hernndez de Velasco. Aunque el autor dej en silencio su nombre, en los epigramas latinos se insina de un modo parcial y enigmtico y en ellos y en el soneto castellano se dice que bebe las aguas del dorado Tajo y que es vecino de Toledo. 3. Alcal, 1563 (2). 4. Amberes, Juan Bellero, 1566. Hecha a plana y rengln sobre la de 1557. 5. Ibd, 1572. Tras estas reimpresiones antuerpienses debi de haber otras dos (u otras tres, como supone Menndez, no tomando en cuenta la de alcal), puesto que la de Toledo de 1574 se intitula octava. 8, (o 9). Ibd, 1575. Coloco esta impresin como ltima de la primera serie, porque probablemente (como observa Menndez) se ajusta a las anteriores de Bellero. Si as no fuere, debe numerarse como 2. de la 2. serie, que principia con la que lleva por ttulo: B). l a Eneida de Virgilio traducida en octava rima y verso castellano : ahora en esta ltima impresin reformada y limada con mucho estudio y cuidado, de tal manera que se puede decir nueva traduccin. Hase aadido en esta octava impresin lo siguiente :
a a
s O
Las dos glogas de Virgilio, primera y cuarta. El libro tredcimo de Maffeo Vegio. Una tabla que contiene la declaracin de tos nombres propios y vocablos y lugares dificultosos (1). Toleio, por Juan de Ayala, 1574. En 4." 2. Toledo, Diego de Ayala, 1577. Aumentada con la traduccin del epigramalitera Pitha^orea (2). 3. Alcal, 1585-1586. 4. Zaragoza, 1586. 5. Lisboa, 1614. 6. Valencia, Monfor, 1776, 2 tomos. 7. Valencia, josef y Toms de Orga, 1778. Tomos iv y v de la edicin que dirigi Mayns. Sigue el texto de Alcal 1585-6. 8. Valencia, Monfort, 1793. Reproduccin exacta de la de 1776. 9. Valencia, por los hermanos Orga. 10. Madrid, F. J. Garca, 1779. 11 Valencia, 1795 3). 12. Pars y Len, 1838 En a edicin poliglota de Monfalcon Las ediciones que siguen la primera de Toledo difieren ventajosamente de las de Amberes en estos puntos: 1. Descubren el nombre del traductor. 2. En la versificacin se advierten enmiendas frecuentes y acertadas Hernndez de Velasco purg sus versos de los finales agudos que de primera mano se haban deslizado. 3 Traen los aumentos que expresa el rtulo.
II. JUICIOS LITERARIOS
Goz Velasco de gran crdito en Espaa en los siglos XVI y XVII. Sus compatriotas, orgullosos con la gloria que de aquella obra reportaba la Nacin, tributronle cumplidos elogios. No slo en Espaa, sino en las dems naciones de Europa, los primeros traductores de las grandes obras de la antigedad clsica alcanzaron en aquella edad de Renacimiento literario el xito ms lisonjero, debido menos al valor intrnseco del desempeo, que a la novedad del intento. As Pope y Dryden en Inglaterra, y Amyot en Francia, se hicieron tan famosos en su tiempo, y ejercieron en la cultura tanto influjo con sus traducciones, como con la suya en Espaa el benemrito Velasco. Uno de los primeros elogios que se tributaron a Velasco es el que cuando todava ocultaba su nombre, recibi de otro poeta
(1) P e r el L i c e n c i a d o G r e g o r i o H e r n n d e z de V e l a s c o , a a d e S a l v a ( C a t l o g o n m e r o 2261). P o r el L i c e n c i a d o G r e g o r i o F e r n n dez de VeL -isco, c l r i g o . B a r b i e r . (2) I n c l u i d a en l a s p r i m e r a s e d i c i o n e s de los C ^ t a l e c t o s ( A n t h o l o g a c i t a d a , v , 140). (3) C i t a d a p o r S a l v a (como r e p e t i c i n de l a e d i c i n de en 5 t o m o s ) . Menndez no l a c i t a . Mayan
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Fue Gonzalo Prezdice Lope de Vega en su Dorotea excelente traductor de Homero, como Gregorio Hernndez de Virgilio. Estos eran hombres de veras, que no aguardaron a que los pasase a su lengua la Italia, que primero que los visemos en ella fue su versin del griego y del latn. Y el mismo en su Laurel de Apolo, silva ii:.
A c u d i e n d o el p r i m e r o E l T t i r o e s p a o l , nuevo S i n c e r o , C u y a divina Musa toledana D i o poder a l a l e n g u a c a s t e l l a n a : G r e g o r i o H e r n n d e z , a quien hoy le deben ( A u n q u e o t r o s muchos p r u e b e n A querer i g u a l a r su ingenio r a r o ) Virgilio y Sanazaro H a b l a r con e l e g a n c i a y no c-">n v a n a P o m p a intil, la lengua c a s t e l l a n a .
Cervantes en su famoso escrutinio libreresco no le nombra al hacer mencin de otras traducciones poticas. No creera oportuno traer a cuento este poema clsico en medio de otros caballerescos. Pero de cuan conocido era Velasco, da implcito testimonio el autor del Ingenioso Hidalgo, apropindose en tono proverbial un verso de la traduccin de la Eneida (n 1) en la aventura del retablo de Maese Pedro: Callaron todos, Tirios y Troyanos, quiero decir, pendientes estaban todos los que el retrato miraban, de la boca de! declarador de sus maravillas, etc. (Quijote i, 26). Fue Miguel de Cervantes para con muchos de sus contemporneos prdigo en elogios, que arguyen en l, o criterio escaso, o exceso de benevolencia patritica y de entusiasmo, cuando en unas mismas desmedidas alabanzas confunde lo bueno, lo.mediocre y lo malo. En el Viaje del Parnaso, canto iv, consagr a Velasco un recuerdo comparativamente vago y plido, ponindole entre multitud de escritores hoy del todo olvidados:
1 !U
Vuelvo l a v i s t a , a M a n t u a n o v ; o , Q u e tiene al g r a n V e l a s c o por M e c e n a s , Y h a sido a c e r t a d s i m o su empleo. D e j a r n estos dos en l a s a j e n a s T i e r r a s como en l a p r o p i a , d i l a t a d o s S u s n o m b r e s , que t , Apolo, a s lo o r d e n a s .
Don Nicols Antonio en su Biblioteca: Gregorius Fernndez de Velasco, Toietanus, cum potica virtus efflorescere apud nos, barbariemque rudis ac tantum martialis aevi exuere coepit, Virgilium poetarum principem confidenter aggressus, loqui eum fecit vernculo idiomate, puro atque eleganti. Entrado ya el siglo xvm, la Real Academia Espaola (1714) coloc desde un principio la Eneida de Velasco en la lista de las obras clsicas que eligi, como autoridades calificadas, para la formacin del Diccionario de la Lengua. An no se ejercitaba en aquellos tiempos la crtica literaria en Espaa. Luzn, que sin adivinarla, introdujo el preceptismo, en su Potica, obra con que abri una nueva era en los estudios, publicada en Zaragoza en 1737, dice, al libro n,_captulo V : Gregorio Hernndez de Velasco, por quien Espaa no tiene que envidiar a Italia su Anbal Caro. Elogio exagerado en que se rebaja el mrito del traductor italiano. Para Luzn, empeado en desacreditar la plaga de gongricos y conceptistas era cualidad eximia, en cualquier escritor no estar contaminado de aquellos resabios de mal gusto que en su tiempo se haban propagado tanto, y que tanto deban hostigar a un literato como l, educado en severa escuela clsica, nada menos que en la patria de Boileau. As se explica el incienso que a cada paso quema a la Raquel de Ulloa, poema fro y prosaico, pero libre de extravagancias. En la traduccin del poema De partu Virginis (Toledo, 1554) deslizse Velasco alguna vez al retrucano, como en aquel pasaje:
Y a s entro c i e r t o D e h a l l a r a tu divino paito puerto.
Mas en la traduccin de la Eneida ningn sntoma se nota del depravado gusto que en breve hubo de invadir las letras espaolas. Velasco all ms bien peca por desgarbado y llano que por intrincado y artificioso, y es esta circunstancia la que debi de granjearle a tal punto el aprecio de Luzn. Los crticos espaoles del presente siglo, sin pararse a examinar a Velasco, pronuncian sobre su traduccin de la Eneida lacnicos fallos, hijos de precipitada y a veces injusta severidad. El antiguo entusiasmo se ha trocado en glacial desvo o en adusto ceo. Marca el punto de transicin de la una a la otra de las dos opiniones extremas, este juicio de Mayns (1777): En la versificacin tena sus das ; y por eso no fue igualUnas veces es admirable; otras descuidado, usando de frecuentes sinresis, que violentan la pronunciacin; de muchos hiatos o aberturas, con que hizo I03 versos prolijos ; y de muchedumbre de estrellamientos, que impiden la armona. As sucede que
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tiene trozos de poesa muy pedestre, y otros magnficos. Fue el primer traductor de Virgilio digno de leerse. Esto le granje mucha fama, y debe conservrsele por haber sido tan benemrito de la juventud estudiosa. Quin puede decir de buena fe, exclama Quintana, que la traduccin de la Odisea por Gonzalo Prez, la de la Eneida por Hernndez de Velasco y la de los Metamorfoseos por Sigler (1) pueden suplir por el original? C u l e s el hombre que teniendo algn gusto en el lenguaje potico y en la versificacin, puede leer dos pginas de estas versiones en que los ingenios mayores de la antigedad estn convertidos en copleros triviales y sin armona? {Parnaso Espaol, Introduccin, primera, vi). An no ha podido contar Espaa en su propio idioma una traduccin digna de la litada y la Eneida. Hermosilla y Hernndez de Velasco ms bien martirizan el texto que lo traducen. (Fernndez Espino, Estudios de Literatura y de Crtica, pgina 457-8). En cuanto a la Eneida, obra principal y ms importante del divino Marn, la lengua espaola, sin embargo de haber sido entre las vulgares quiz la primera que logr poseer en prosa aquella clebre epopeya, se ha debido contentar hasta ahora con los incorrectos y desaliados endecaslabos de Gregorio Hernndez de Velasco. (Bendicho, Los Argonautas, tomo i, pgina 30). La misma Eneida, tan admirada de nuestros clasicistas, no puede leerse en castellano, si bien tenemos la esperanza de que el seor don Ventura de la Vega termine la bellsima traduccin que de ella est haciendo. (2).(Valera, Estudios Crticos, tomo H, pgina 239). La Eneida est reclamando una buena traduccin. La de Hernndez de Velasco, nica completa que tenemos, no es digna de nuestro tiempo. (Ochoa, Miscelnea, 1867, pgina 51). El juicio del seor Ochoa sobre la traduccin de Horacio por Burgos, de donde he transcrito la anterior apreciacin, se
(1) A n t o n i o P r e z S i g l e r . P u b l i c s e en S a l a m a n c a , p a t r i a del t r a d u c t o r , en 1580, y se r e i m p r i m i en B u r g o s , 1609, n u e v a m e n t e a n m e n t a d o y a a d i d o por el mismo, con un D i c c i o n a r i o potico copios s i m o . D e l a s Metamorfses de Ovidio h a y o t r a s t r a d u c c i o n e s que p r o b a b l e m e n t e no c o n o c a Q u i n t a n a . T i c k n o r y sus t r a d u c t o r e s c i t a n , y l a A c a d e m i a E s p a o l a i n c o r p o r en su C a t l o g o de A u t o r i d a d e s , todos de o d a s s e g n p a r e c e , l a q u e hizo L u i s H u r t ido, de T o l e d o , el a u t o r del Palmetin (1548) p r o b a b l e m e n t e en c o p l a s de a r t e m a y o r ; P e l l i c e r m e n c i o n a , y los dichos t r a d u c t o r e s l l a m a n e x c e l e n t e , l a de F e l i p e Mey ( T a r r a g o n a , 1586); el m i s m o T i c k n o r c i t a la de V i a n a , p o r t u g u s , i m p r e s a en V a l l a d o l i d , 1 5 8 9 , como one of the h a p p i e s t t r a n s l a t i o n s m a d e in the p u r a g e of t h e c a s t i l i a n l i t e r a t u r e . E l o g i o h a r t o e x a g e r a d o ; est, en t e r c e t o s y en o c t a v a s ; p o r ltimo J o r g e B u s t a m a n t e , n a t u r a l de S i l i o , puso l a s t r a n s f o r m a c i o nes de Ovidio en l e n g u a e s p a o l a , r e p a r t i d a s en q u i n c e libros con l a s a l e g o r a s a l fin dellos y sin figuras p a r a provecho de los a r t fices, A m b e r e s , 1599, C i n c o versiones en medio s i g l o . (2) No t r a d u j o sino el libro I, como se v e r a d e l a n t e .
escribi en 1844. Que la Eneida de Velasco no es digna de nuestro tiempo, es hecho innegable, porque cuando l floreci, la lengua castellana, cual se hablaba en Toledo, no tena<>astante flexibilidad y galanura, no haba alcanzado al pice de su perfeccionamiento. Mas vago modo de juzgar es decir que una obra casi anteclsica no es, por el estilo, digna de los t mpos que corren. Habiendo tenido que consultar a menudo la traduccin de Velasco al escribirla suya en prosa, en 1869, pudo el seor Ochoa inclinar su juicio en sentido mas favorable a su predecesor. La mejor traduccin castellana de la Eneida es la de Gregorio Hernndez de Velasco, de que se han hecho varias ediciones. (Obras de Virgilio, traduccin de Ochoa, pgina 794). La traduccin de Hernndez de Velasco, muy desigual, abunda en bellezas de primer orden (exageracin) cabalmente en los pasajes de mayor dificultad, que son los discursos, en que se emplea siempre la octava rima. (Ibd. pgina 19). Hernndez de Velasco estuvo muy feliz en la traduccin de este y otros pasajes del mismo libro (pgina 801). Refirese Ochoa, en estas ltimas palabras, al libro iv de la Eneida, y particularmente a los versos 650 y siguientes. H aqu la octava por l justamente alabada, as por sus hermosos versos, como por haber en ella un profundo sentimiento de la situacin. Habla-Dido en los momentos en que va a darse la muerte:
Oh dulces prendas cuando Dios quera Y m e e r a a m i g o mi i n f e c e h a d o ! Tomad aquesta msera alma ma Y d a d fin d u l c e a mi m o r t a l c u i d a d o ! H o y es m i t r i s t e p o s t r i m e r o d a . Y a el c u r s o de m i v i d a es a c a b a d o ; Hoy b a j a el a l m a de l a g r a n d e D i d o Al c e n t r o e s c u r o del e t e r n o olvido.
Hoy empieza a leerse con ms atencin y respeto los libros, castellanos de pasados siglos. El juicio sobre Velasco que estamp en el Estudio Preliminar de mi Virgilio (1 73) y el que posteriormente (1879) ha publicado el seor Menndez, se conforman en reconocer en la Eneida de Hernndez de Velasco mritos en que anteriores crticos (si exceptuamos parcialmente a Ochoa) no quisieron poner los ojos. Dice Menndez : Tiene versos aislados muy valientes y trozos que pueden leerse sin enfado. La parte que est en octavas es muy superior a la restante.... Y como Gregorio Hernndez era poeta (aunque mediano y de ninguna suerte comparable a Anbal Caro), pone de vez en cuando en su verbosa interpretacin un como reflejo del sentimiento virgiliano, mxime en el libro IV, que es el mejor traducido, con ser el ms bello y difcil. Transcribe luego, como muestra, el trozo en que se describen los preparativos de la muerte de Dido. Copia tambin la versin de aquel admirable rasgo (v, 6 9 1 - 2 ) :
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oculisque e r r a n t i b u s alto Qjuaesivit c e l o lucera, i n g e m u i t q u e r e p e r t a . Y volviendo los ojos, q u e y a en m u e r t e N a d a b a n , h a c i a el cielo, vio s u l u m b r e , Y v i n d o l a g i m i p o r q u e a u n viva.
Este ltimo versoconcluye con justa admiracin Menndezes de primer orden: no est traducido sino sentido el ingemuitque reperta. Anbal Caro, con ser ms literal en la expresin, es aqu menos artista. Si se me obligase a optar ntrelos juicios extremos relativos a Velasco, me inclinara a la alabanza, nunca al menosprecio. En la Eneida de Velasco la parte narrativa est en verso suelto, y las arengas en octavas: as es que en esta clase de estrofas puso ntegros los libros n y o; pero cuando lo que dice un personaje no da para una octava, lo reduce el traductor a un cuarteto o a un sexteto, segn el caso. Este abigarramiento mtrico es defectuoso, como lo not ya Cscales sin mentar por su nombre a Velasco (1). Velasco habra traducido mejor a Homero que a Virgilio. Su lenguaje y versificacin adolecen efectivamente de tosquedad y rudeza. No tiene, ni poda tener, en sus manos la lengua castellana aquella flexibilidad, gracia y armona, verdaderamente andaluzas, que no mucho despus ostenta ya Juan de Arjona en su traduccin de la Tebaida de Estacio. Si Arjona hubiese traducido a Virgilio, temeridad fuera volver a traducirle en nuestro siglo. Mas si Velasco dej en lo general mucho que desear, no por eso carece de dotes poticas, y su traduccin no slo es digna del mayor elogio, para el tiempo en que se escribi, sino que en todo tiempo merece estimacin y alabanza. Su lenguaje puro y rico, su frase fcil y castiza, muestran el genio y poder del habla castellana, floreciente en aquella poca. Sus contracciones de vocales, que hoy tanto disuenan, eran entonces lcitas en Castilla, y dado el sistema seguido por el versificador, el odo las admite como las admite en italiano. El estilo, aunque a veces algo difuso, es levantado, y no desdice de la majestad pica. Como latinista e intrprete, Velasco es entendido y concienzudo. Rara vez err en la inteligencia del texto, como cuando toma por nominativo el sua sidera del verso 641 del libro vi, que traduce:
C i e r t a s e s t r e l l a s p r o p i a s de e s t e sitio Conocen s u sol propio y de l s e a l u m b r a n ;
o cuando pinta a la amazona Camila alzndose en los estribos,* anacronismo que ya motej Ochoa en nota al lugar respectivo. (A. XI 697, altior exsurgens).
(1) U n a c o s a os a d v i e r t o , q u e con el g n e r o de verso q u e comenzis h a b i s de p r o s e g u i r h a s t a el fin. Y a n s i no a n d u v o en esto m u y p r u d e n t e el q u e t r a d u j o l a Eneida de V i r g i l i o en c a s t e l l a n o , u s a n d o y a v e r s o suelto, y a l i g a d o , p u e s d e b i e r a e l e g i r lo uno o lo otro t a n s o l a m e n t e Tablas Poticas, e d i c i n de S a n c h a , p g i n a 149. Estudios literariosM. A. C a r o 8
114 De interpretaciones originales y luminosas sirva de ejemplo la significacin que da Velasco al reduplicativo sese en el pasaje siguiente, en que Turno, haciendo alarde de su propia fuerza y valenta, dice que nada ha de valerle a Eneas el auxilio de su madre Venus :
E t nos t e l a , p a t e r , e r r u m q u e h a u d d e b i l e d e x t r a S p a r g i m u s , et n o s t r o s e q u i t u r de volnere s a n g n i s . L o n g e illi d e a m a t e r erit, q u a e n u b e f u g a c e m F e m n e a t e g a t et v a n i s s e s e o c c u l a t u m b r i s . A. X I I , 50, 5 3 .
Esta ltima frase es muy difcil de explicar; porque si se entiende ipsa eum occulat, el sese toma un sentido oblicuo que gramaticalmente no le corresponde; si ille se occulat, el cambio de sujeto es brusco y no menos incorrecto. Los comentadores no aciertan a desatar la dificultad. Desatla Velasco tomando sese, muy oportunamente, en el sentido de illutn secum o se cum illo (asi como nos equivale a veces a Ule et tu mecum, y vos a ille tecum).
L e j o s a h o r a terna a su m a d r e diosa, Q u e le e s c a p e , h u y e n d o , de mi m a n o , Y en n u b e m u j e r i l y vergonzosa Con l se esconda en f o r m a de a i r e v a n o .
Y as traduce de hecho pensado, y no casualmente, pues de la misma interpretacin us al verter el v. 390 del mismo libro
s e s e q u e in b e l l a r e m i t t a n t . Y vuelvan con l luego a l a b a t a l l a .
Gracioso es, y chocante con ciertas ideas paganas, el moderno sabor catlico que pone a veces Velasco en su Eneida. A Minos, por ejemplo, le llama Inquisidor (quaesitor, A. vi, 432,) y a Museo Profeta (vates, 669).
JUAN FERNNDEZ 1574 1DIQUEZ
glogas de Virgilio traducidas de latn en espaol por Juan Fernndez Idiquez. Con licencia. En Barcelona. En casa de Juan Pablo Monesca!. 1574. Imprimilas Pedro Malo. De este libro rarsimo, del cual tuvieron escasa e inexacta noticia Fabricio y Nicols Antonio, disfrut Mayns una copia manuscrita sacada de un ejemplar que exista (1777) en la biblioteca del Obispo de Barcelona. Traslada Mayns como muestra del trabajo de Idiquez el principio dla gloga :
MELIBEO
T t i r o h e r m a n o , b u e n a fue tu s u e r t e , P u e s q u e sin s o b r e s a l t o r e c o s t a d o D e b a j o de e s t a h a y a u m b r o s a y g r a n d e , H a c e s con t u z a m p o n a y r u d o c a n t o A la silvestre M u s a compaa. Nosotros sin v e n t u r a d e s t e r r a d o s Irnos d e n u e s t r a t i e r r a , do d e j a m o s L o s d u l c e s c a m p o s , soto y v a l l e a m e n o . T sin c u i d a d o a l g u n o so los r b o l e s A m e n o s , h a c e s q u e r e s u e n e el monte, Y s i l v a , y soto, y v a l l e s , tu A m a r i l i s . JUAN DE GUZMAN 1586
Las Gergicas de Publio Virgilio Marn, prncipe de los poetas latinos, nuevamente traducidas en nuestra lengua castellana en verso suelto, con muchas notaciones que sirven en lugar de comento, por Juan de Guzmn, catedrtico de la villa de Pontevedra, en el Reino de Galicia. En Salamanca. En casa de Juan Fernndez. Ao 1586. Lleva aprobacin clel maestro Lazcano, fechada en Madrid en el mismo ao 86. Hay una reimpresin hecha en Madrid, por F. J. Garca, en 1768 (citada por Menndez Pelayo). Incorpor Mayns el texto y notas de esta versin en su edicin de Virgilio, Valencia, 1778. Juan de Guzmn fue discpulo del Brocence (de lo cual se precia en el prlogo de las Gergicas); y despus de haber viajado por el Nuevo Mundo, public en 1590, en Alcal, una Primera parte de la Retrica. Su traduccin de las Gergicas es prosaica, difusa, floja y arrastrada, y el prlogo y notaciones estn llenas de pedantesca, extravagante y ridicula erud cin. Tradujo Guzmn asimismo la gloga x en tercetos, y corre impresa con las Gergicas.
FRANCISCO SNCHPZ DE LAS BROZAS 1590
El famoso autor de la Minerva (Salamanca 1587) compuso tambin: In Virgilii Buclica Notae: Salamanca, 1591 (citadas por Nicols Antonio), y una traduccin en tercia rima de la gloga I, la cual reprodujo Mayns. Las obras completas del insigne fillogo se recopilaron en edicin de Ginebra, 1766, 4 volmenes. No conozco las notas a las glogas. De las lecciones virgilianas que indica en la Minerva, curiosas y no recogidas por los modernos editores, trtase en otro lugar. Sobre su exposicin del Arte Potica y traducciones horacianas vid. Menndez Pelayo, Horacio en Espaa, pgina 25.
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DIEGO LPEZ 1S98
Publio Virgilio Marn traducido en prosa castellana por Diego Lpez, natural de la villa de Valencia, orden de Alcntara, y preceptor de l villa de Olmeda. Con comento y anotaciones. La primera edicin debi de hacerse a fines del siglo xvi, pues la censura que ediciones posteriores conservan est fechada en Madrid y enero de 1598. Nicols Antonio y Mayns citan como edicin ms antigua la de Valladolid, 1601. Reimpresiones: Madrid: Juan de la Cuesta. 1614. Lisboa: Antonio Alvarez. 1620. Ib. (citada por Barbier). 1650. Alcal: Juan Antonio Bonet (mihi). 1650. Madrid: (citada por Salva, nmero 2263). 1668. Valencia: Vicente Cabrera. 1698. Madrid: ngel Pascual Rubio. 1721. Tambin tradujo el Maestro Lpez a Juvenal y Persio. Sus traducciones no valen nada, y slo se citan como curiosidad bibliogrfica.
10) AUNES LERMA 15**
En la Real Biblioteca de aples se conservan manuscritos los cuatro primeros libros de la Eneida traducidos por Aunes de Lerma, poeta desconocido del siglo xvi. Debo esta curiosa noticia al seor Menndez Pelayo.
CRISTBAL DE M SA
!
1615
Este poeta extremeo"tradujo todas las obras de Virgilio: La Eneida. Madrid: imprenta de Alonso Marn. 1615. glogas y Gergicas. Con las Rimas de Mesa y su tragedia Pompeyo: Madrid, por Juan de la Cuesta, 1618. Cristbal de Mesa fue discpulo de Fernando de Herrera, de Barahona de Soto y del Brcense, vivi cinco aos en Italia, estrech amistad con el Tasso, y sigui la escuela clsica italiana, en oposicin a la licencia espaola. Su decisin por las letras fue grandsima, su laboriosidad infatigable; pero el estudio y la imitacin no depuraron del todo su gusto, ni menos suplieron las dotes que le neg naturaleza. Tenaz en seguir una falsa vocacin, es Mesa ejemplo melanclico de fecundidad estril, y estril no comoquiera, sino en todo sentido, pues las letras no le dieron fama, ni dinero, ni el favor de los grandes,
que en vano solicit, y de que solan disfrutar escritores de no mayor vala. En vano dedic a Felipe m las citadas traducciones y otras obras suyas, y mucho le doli que el Conde de Lemos no quisiese llevarle a aples en su comitiva literaria. No se content con traducir a Virgilio. Hizo tambin una traduccin de la- Riada de Homero, que manuscrita vio Tamayo de Vargas, y, a lo que creo, ha desaparecido ; y fue autor de varios poemas picos: Las Navas de lolosa (Madrid, 1598); La Restauracin, de Espaa, en diez cantos y octava rima (Madrid, Juan de la Cuesta, 1607); El Patrn de Espaa (ibd. 1612), y algn otro. Menndez Pelayo observa que el defecto ms grave de la traduccin de Mesa es la continua desigualdad del estilo, que Mesa era poeta seco y versificador duro y difcil ; pero aun as, comprenda las bellezas del original y algunas veces acert a reproducirlas en las glogas y Gergicas. De todas suertes el voto pblico no ha favorecido a estas traducciones : de las glogas y Gergicas slo hay una reimpresin; de la Eneida ninguna, por lo cual ha venido a ser en el da libro rarsimo, mientras que la de Lpez, que sin duda vale menos, alcanz, como hemos visto, varias reimpresiones. Aun en esto se ve la mala estrella del pobre Cristbal de Mesa. Ya en 1826 anotaba Salva en su catlogo como rara la traduccin de las glogas y Gergicas por Mesa, y no debi de conocer la de la Eneida. Slo la gloga x hall acogida en la Biblioteca de Rivadeneira. En cuanto a la Eneida, slo he visto modernamente reproducidas siete octavas, correspondientes al episodio de Laocoonte. Copironlas los emigrados espaoles que publicaron la curiosa revista El Instructor, y es lo ms singular que dan la versin de Mesa, por ser la nica castellana que tenan a la mano. Por ser tan rara esta obra, y por formar el pasaje mencionado un cuadrito completo, no llevar a mal el curioso lector que yo lo traslade aqu como muestra del estilo de M e s a :
O t r o m o n s t r u o m a y o r con m u e s t r a s c l a r a s T u r b el n i m o t r i s t e de c a d a u n o : L a o c o o n , s a c e r d o t e , q u e en l a s a r a s S a c r i f i c a b a un toro a l dios N e p t u n o , M i n i s t r o electo por s u s p a r t e s r a r a s P o r s u e r t e a t a n solemne a c t o o p o r t u n o . . (1). ( E n r e f e r i r un t a l p r o d i g i o temo, Q u e a n u n c i o fue de n u e s t r o m a l e x t r e m o ) . V e n a n de h a c i a T n e d o s a l puerto, A l a p a r , de g r a n b u l t o , dos s e r p i e n t e s P o r el m a r s e s g o , y de a m b a s d e s c u b i e r t o Del c u e r p o l a m i t a d ( 2 ) , g r u e s a s , v a l i e n t e s , D e n t r o del a g u a lo d e m s c u b i e r t o ; L e v a n t a d o s los p e c h o s e m i n e n t e s , Con l a s s a n g r i e n t a s v e r d i n e g r a s c r e s t a s Sobre las ondas altamente enhiestas. (1) M e s a dej a q u t r u n c o el s e n t i d o . (2) C u r i o s o ejemplo de m a l a c o n c o r d a n c i a .
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Con s p e r o s c e r d o s o s espinazos T o c a n d o el m a r m u e s t r a n l a p a r t e s u m a , Y con inmensos e n r o s c a d o s lazos H a c e n que b r a m e levantando espuma. Y a en t i e r r a , a n u n c i a n los p o s t r e r o s plazos, S u venenoso a l i e n t o el a i r e a h u m a , S u s p r e s t a s l e n g u a s s i l b a n sin sosiego Y s u s ojos s a n g r i e n t o s e c h a n fuego. H u m o s todos p l i d o s de e s p a n t o ; Y r i i e n d o l a s dos con p a s o c i e r t o A L a o c o o n , dos hijo-; e n t r e t a n t o H a b i e n d o a s i d o y con los d i e n t e s m u e r t o , C o r r e n a l , q u e con dolor y l l a n t o I b a con a r m a s a l s o c o r r o i n c i e r t o , L/O c o g e n , y con g r a n d e s r o s c a s l i g a n , Y con Tueltas y nudos lo f a t i g a n . Dos veces d e l a v i s t a e c h a n d o l l a m a s P o r el medio del c u e r p o lo a r r e b a t a n Dos por s u cuello i m p r i m e n l a s e s c a m a s De s u s e s p a l d a s con q u e en t o r n o lo a t a n : E l con l a s m a n o s l a s r e v u e l t a s t r a m a s P r o c u r a d e a r r a n c a r con q u e le m a t a n , S o b r e p u j a n d o con los a l t o s cuellos L a c a b e z a del m s e r o y c a b e l l o s . D e podre el s a c r o velo tiene lleno, Y por el r o s t r o y c u e r p o y a e s p a r c i d o A q u e l n e g r o y pestfero veneno, Y a l a s e s t r e l l a s h i e r e con g e m i d o ; C u a l toro a quien l a h a c h a n o dio e n llena, Q u e el a r a h u y e con feroz b r a m i d o , L a s c u l e b r a s m s p r e s t a s q u e con a l a s A l a l c z a r h u y e n d o van de P a l a s , Y b a j o de los p i e s y el a n c h o e s c u d o A m b a s a dos s e c u b r e n de l a d i o s a . . . DON J O S E F PELLICER DE OSSAU SALAS 1624 Y TOBAR
Los cuatro primeros libros de la Eneida de Virgilio en cuatro romances de a cien coplas cada uno.* Ctalos el mism Pellicer en su Biblioteca (pgina 13 b) como impresos el ao de 1624. No tenemos otra noticia de esta traduccin. El verso de romance no parece el ms digno y capaz de la majestad de la epopeya. Don Juan Antonio Pellicer, Ensayo de una Biblioteca de traductores, tomo n, pgina 109. De la sarta de apellidos que usaba el traductor supradicho, es de inferir que era hombre de ideas extravagantes. Modernamente hemos tenido tambin un traductor de Valerio Flacco que se llamaba don Francisco Javier de Len Bendicho y Qilty.
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ABDAS 1660 JOSEF
Obras de Publio Virgilio Marn, concordado en latn artificial, en latn natural, en lengua castellana de prosa y verso, y en notas latinas. Dedicadas al seor don Francisco Lpez de Rio, etc., etc. Por el Licenciado Abdas (1) Josef, natural de Cedillo. Tomo I, de las glogas. En Madrid, por Domingo Garca Morras. 1660. Obras de Publio Virgilio Marn, etc., etc., (como arriba). Por don Antonio de Ayala. Tomo II de las Gergicas. Madrid, D. G. Morras. 1660. Obras de Publio Virgilio Marn, Elogias (sic), Gergicas y Eneida. Concordado, explicado y ilustrado por el P. M. fray Antonio de Moya, del Orden de San Agustn, Lector de teologa jubilado, y Procurador General de la Provincia del Quito, de las Indias, del mismo Orden, residente en San Felipe de Madrid. Dedicadas al muy noble y muy ilustre seor don Martn de Saavedra, etc. Tomo III de la Eneida. Madrid, por Pablo de Val. 1664 (segn Mayns; 1663, segn Nicols Antonio). Concese esta edicin con el nombre de Virgilio concordado. Moya en su dedicatoria del tomo ffl declara que l fue quien public los dos anteriores (estos tres tomos que tengo publicados), y que se propona dar a luz un tomo IV, con los seis ltimos libros de la Eneida, el cual no lleg a publicarse. Qu misterio encierran el nombre fingido de Abdas Josef, y el que tambin parece serlo, de don Antonio de Ayala? es punto que no he podido averiguar. El Virgilio concordado contiene: 1) La traduccin inconclusa de las Gergicas (l-li, 210) en octava rima, por fray Luis de Len, por primera vez publicada en 1631. 2) Una nueva traduccin, en sextinas, de todas las Gergicas. 3) Versin en prosa y literal de las glogas, las Gergicas y seis primeros libros de la Eneida. Don Gregorio Mayns y Sisear (de cuya Vida de Virgilio he extractado las anteriores noticias sobre el Virgilio concordado) reimprimi en su ya citada edicin virgiliana de Valencia, esta versin prosaica y aquella nueva traduccin potica de las Gergicas, atribuyendo una y otra a fray Luis de Len, sin razonable fundamento ni conjetura alguna plausible, como demostr en un escrito que se imprimi en el semanario La Academia, de Madrid (2), arriba citado en el artculo Fray Luis
(1) A b b f a s J o s e p h , y como a u t o r desconocido lo c i t a N . Antonio, y e s el p r i m e r n o m b r e q u e a p a r e c e en s u B i b l i o t e c a . (2) T o m o I I de e s t a s Obras completas, p g i n a 259.
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de Len. Ni slo atribuy a Len tales traducciones, sino tambin las notas de la versin de Diego Lpez. Mayns, hombre de mucho saber, pero de mai ordenadas ideas y criterio escaso, era aventurado en sus juicios, y asentaba asertos sin pruebas, alguno de los cuales fue calificado de atrox acusatio por el erudito Diosdado Caballero. No con menor severidad le reprendi el Padre Flrez en la Espaa Sagrada, por ciertas teoras cronolgicas. Adase que en 1778 era casi octogenario, y tal vez le flaqueaba la cabeza. Se le crey, empero, en esta vez sobre su palabra, y tales traducciones han corrido hasta hoy con el nombre de Len, en menoscabo del mrito literario del ilustre agustiniano, cayendo en el lazo el mismo Ticknor. La versin prosaica y notas del Virgilio concordado, que son psimas, es probable que fuesen de Moya; pero la nueva traduccin potica de las Gergicas, aunque muy mala, es trabajo de otro estilo, y obra de incierto autor.
DON JUAN FRANCISCO DE ENCISO Y MONZN 1698
Traduccin potica castellana de los doce libros de la Eneida, por don Juan Francisco de Enciso y Monzn. Cdiz, 1698. 4. menor. Salva. Segn Mayns, la edicin es de 1699. Ochoa apunta que Enciso hizo esta traduccin en octavas, empresa muy superior a sus fuerzas. Del mismo autor citan Salva y Ticknor una Christiada, afeada, dice el ltimo, con resabios del peor gusto.
MARTN V t L A S C O PREZ DE LA TORRE
Fechadas en Agreda en 1628 y 1629 se conservan algunas pocas cartas de este desconocido anticuario, en que declara ciertas inscripciones latinas. En una de ellas (1) dice: Mis papeles se dividen en dos tomos. El primero anota los poetas griegos. Esto es un perpetuo pleito contra los malos intrpretes. Si no se sabe el griego con alguna eminencia, es cosa cansada. Esta obra abraza desde Homero hasta Opiano, que viva en tiempo de los emperadores Antoninos. El segundo contiene nuevas declaraciones a los latinos, desde Plauto a Claudiano, que floreca en tiempo del emperador Arcadio y de su hermano Honorio. Mi intento es declarar los latinos contra los intrpretes, a mi ver mal entendidos. Mi letra es muy mala y la que uso en ella muy azadau Con todo, en otra enviar una muestra para que Vuestra Seora saque si es de importancia en
(1) Al Conde de
VVII.
G u i m e r , o c t u b r e 30 de
1628Carias
eruditas,
tiempo en que las letras estn tan lucidas, este mi trabajo que para mi ha sido grande. Acompaa a esta carta un papel en que por incidencia se comenta un pasaje de Virgilio (Geo. in, 13-15). Copiar esta parte, y sirva de muestra de los trabajos que anunciaba Prez de la Torre, y cuyo paradero se ignora. Principia el Papel : Esta piedra es de grandsima estima por la mucha humanidad que contiene. Lo primero, los gentiles veneraban los nacimientos de los ros o fuentes, hacindoles templos junto al origen del ro o fuente. Sneca, Epstola 4 1 : Maiorum fluminum capita veneramus. Tul. De leg. 2: Fontis ara. dem, De Nat. Deor. 2: Fontis delubrum. Julio Frontino, De aquaeduct.: Fontium memoria cum severitate adhuc extra excolitur. Cuando los ros se torcan, o volvan la corriente por topar algn impedimento o estorbo de la tierra, que por la semejanza del humano llamaban ancn, como prueba Erasmo en el Adagio Dulcs cubitus, junto al torcimiento fabricaban sus templos o ermitas. Descrbelo elegantemente Virgilio, Ge. m:
E t viridi in c a m p o t e m p l u m de m a r m o r e p o n a m P r o p t e r a q n a m , t a r d i s i n g e n s ubi flexibus e r r a t M i n c i u s , et t e e r a p r a e t e x i t a r u n d i n e r i p a s .
Taris flexibus declaran el impedimento de correrlas aguas por el ancn. Y en ambos estos templos se echaban las limosnas de los devotos, y no en el ro como forzadamente piensa Cerda, Ecl. I sobre el verso sacri fontes (1). Parece que favorece a Cerda el azucarado Aquiles Tacio Alejandrino en el libro i de los Amores de Eucipe, donde dice: "Alphaei fluvii amantis, et Arethusae fontis amatae connubium. Fluvius per mare, non aliter ac per trras iter fact, nec dulcem eius aquam salso fluctu mare imbuit, sed discedit, ac praeterlabenti discessus Ule aquis usum praestat, eoque pacto ad Arethusam Alphaeus deducitur. In qunquenali autem Olympiae solemnitate multi, alius alias res in fluvii verticem immittunt, quas ille ad amatam statim defert, atque fluvii sponsalia dona sunt." Pero este autor extraordinario habla de las coronas o dones de flores, las cuales (como dice Plinio, libro II, captulo 103: "sicut Arethusa fons syracusanus in quo redduntur iacta in Alphoeum") arrojaban flores a los ros en seal de religin. Horat. ni, oda 13:
O fons B ' a n d u s i a e , s p l e n d i d i o r vitro, D u l c i d i g n e m e r o , non s i n e floribus C r a s donaberis haedo.
habla del templo fabricado en la orilla o nacimiento del ro, donde se sacrificaban corderos, etc., que en el ro limpio no haba comodidad para ello.
(1) E l v e r s o d i c e Et fontes sacros > es 5 2 .
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DON DIEGO J O S ABADIANO
Don Marcos Arrniz, en su Manual de biografa mejicana (Pars, 1857), dice que el jesuta Abadiano tradujo algunas glogas de Virgilio. Naci Abadiano en Tiquilpn, en 1727. De sus obras mereci en su tiempo grandsima fama la intitulada Heroica de Deo carmina, Madrid, 1769, extraordinariamente celebrada y aplaudida por Lampillas, Hervs y otros sabios. Muri en 1779. Aunque de fecha incierta la traduccin de las glogas, debi de ser ensayo juvenil, y anterior a los trabajos de que voy a hablar.
P. JOS ARNAL.
1764
Jesuta de los expulsos. Se ocupaba en una versin de la Eneida. Es noticia del Padre Pou en su Specimen interpretationum hispanarum auctorum classicorum, manuscrito que don Joaqun M. Bover posea y extracta en la Biblioteca Balear. (Menndez Pelayo). No indicndose la fecha en que el Padre Arnal trabajaba en aquella versin, sealo como tal conjeturalmente el ao en que se imprimi en Zaragoza el Philoctetes de Sfocles, dbilmente traducido en verso por el mismo Arnal (si bien call su nombre) para las escuelas de la Compaa.
DON CNDIDO MARA 1774 TRIGUEROS
La Eneida de Virgilio traducida en verso pentmetro por don Cndido Mara Trigueros. Se conserva en la Biblioteca Colombina (B 4. , 445-28) en un cuaderno procedente de la librera del Conde del guila. Contiene slo los tres primeros libros y un retazo del iv. Los llamados pentmetros son alejandrinos pareados insufribles para todo odo castellano:
a
123
El asendereado Trigueros, que en la guerra literaria de su tiempo pudo llevar por divisa el Todos contra mi, yo contra todos, adoleci de ambicin enciclopdica, y fue, como dice entre veras y burlas Moratin, erudito, moralista, poligloto, anticuario, economista, botnico, orador, poeta lrico, pico, didctico, trgico y cmico. Qu mucho que acometiese la empresa de traducir a Virgilio y tambin a Homero? En 1774 public El Poeta Filsofo, y de aquella poca seria su traduccin de la Eneida, puesto que por entonces se mostraba muy contento con la soada invencin de sus pentmetros.
DON TOMS DE 1RIARTE '
1778-1787
Los cuatro primeros libros de la Eneida de Virgilio traducidos en verso castellano, fruto de tres meses de soledad y trabajo que sirvi de alivio en una convalecencia, componen el tomo m de los seis en que publ.c Iriarte la coleccin de sus obras en 1787. Aunque este erudito principi a escribir muy joven, el prlogo de dicha traduccin de Virgilio es posterior al ao 78, en que se public la edicin virgiliana de Mayns, en ese prlogo citada. Intrprete docto y juicioso, Iriarte empero no entenda la idealidad de la poesa, y por su incurable prosasmo era el hombre ms incapaz de trasladar a lengua alguna las delicadezas y primores de Virgilio. A pesar de que Iriarte, con su amartelada rima, como deca Sedao, no dejaba correr un solo verso suelto en sus silvas, y era rimador hbil y artificioso, para errarlo en todo en su versin virgiliana eligi el romance endecaslabo, disfraz que para pasar por poetas tomaron los copleros del siglo xvm, combinacin hbrida de que dijo con mucha razn Melndez que no sirve para nada, porque la armona que hace va ya muy arrastrada, y ni surte el efecto de la rima, ni tiene la majestad del verso suelto. Vase, por ejemplo, el pasaje Dulces exuviae, y comprese con la octava de Velasco, ya copiada:
i Oh d u l c e s p r e n d a s , c u a n d o Dios y el h a d o L o concedanI Recibid e s t a a l m a Y de t a n t o s a f a n e s l i b e r t a d m e ! E l curso termin que s e a l a b a A mi v i d a l a s u e r t e ; y g l o r i o s a I r mi s o m b r a a l a p r o f u n d a e s t a n c i a !
Y este es de los pasajes ms esmerados. Abriendo por cualquier parte se ofrecen lneas de este jaez:
124
Hay tentativas que son profanaciones imperdonables, y decididamente Iriarte con esta traduccin desminti la sentencia de Propercio que l mismo tom por epgrafe:
si deficient v i r e s , a u d a c i a c e r t e L a u s e r i t ; in m a g n i s et voluisse s a t est.
Quedaron inditas copiosas observaciones y notas conducentes a la mejor inteligencia de ciertos lugares, que Iriarte reservaba para cuando llegase a terminar y publicar la traduccin de toda la Eneida. Perdironse con otros papeles que dej a su fallecimiento, y fue desgracia, porque era sagaz humanista y expositor correcto y metdico, como lo prueba su comentario al Arte Potica de Horacio.
DON J O S RAFAEL 1787 LARRAAGA
En el siglo pasado Larraaga tradujo con bastante felicidad las obras de Virgilio, dice don Victoriano Ageros en una rpida resena de la literatura de Mjico, su patria. (Ilustracin Espaola y Americana, 18 de junio de 1878). Arrniz no habla de este mejicano, no s lo que diga Beris tain, cuya preciosa y rara Biblioteca desgraciadamente no se conoce en Bogot. En el catlogo manuscrito de la librera 'que posean los Padres agustinianos en esta ciudad, formado a principios del siglo, y que hoy se halla en la Biblioteca Nacional, regstranse los tomos 2." y 3. de la Traduccin de las obras de Virgilio a verso castellano por don Josef Rafael Larraaga. No he podido verlos, ni s si se conservan; pues los libros de los conventos, despus de haber servido alguna vez de parapeto en nuestros bochinches, fueron trasladados por carretadas, no sin quedarse algunos en el camino, a la Biblioteca Nacional, donde, al cabo de tantos aos, yacen unos sobre otros, sin que se haya tomado providencia de ordenarlos. Dmonos por bien servidos de que se salvasen de la hoguera a que los conden cierto Secretario de Estado, instruccionista, como muchos, a estilo de Ornar.
-
El seor Menndez Pelayo s ha logrado ver la obra de este incgnito traductor, casi desconocido hasta en Amrica.
La versin es completsima; comprende, como la de Velasco, el suplemento a la Eneida por Mateo Veggio. Imprimise en Mjico por herederos de Juregui, 1787, en 4 tomos. La Eneida est en romance endecaslabo. Larraaga era muy mal poeta, y slo como curiosidad bibliogrfica merece mencionarse esta traduccin.
DON FRANCISCO VARGAS MACHUCA 1792
Los dos primeros libros de la Eneida de Virgilio, traducidos en octavas castellanas por don Francisco Vargas Machuca. En Alcal: ao de 1792. En la Imprenta de la Real Universidad. Con licencia. 8. El libro i est en 184 octavas y el II en 186. El traductor ni era poeta ni versificador, y nada han perdido las letras con que la obra quedase en los principios.
FRAY J O S MARA VALDS 17901802
Este sabio religioso del Colegio de Misiones de Nuestra Seora de Gracia de Popayn, tradujo en romance endecaslabo los libros v-xn de la Eneida para completar la traduccin de Iriarte. No tengo noticia del paradero de este trabajo y dems papeles que dej a su fallecimiento el Padre Valds. Muri hallndose de misionero en el Choc, en noviembre de 1803, a la edad de treinta y seis aos. Llorle en una elega su amigo don Mariano del Campo Larraondo, el cual en una nota de esa composicin consign la noticia que he recogido aqu, sobre la traduccin de Virgilio, y agrega que el trabajo de Iriarte y el de Valds parecan de una sola mano.
DON ANDRS BELLO 18001808
Tradujo Bello en Caracas, en la poca que al margen sealo, la gloga II de Virgilio y el libro v de la Eneida, y ley stos, con otros ensayos juveniles, en juntas literarias, ora en casa del Capitn General, ora en la de don Simn Bolvar. Trae estos pormenores el diligente bigrafo de Bello, don Miguel Luis Amuntegui. La traduccin de la gloga II sali a la luz, por diligencia del autor de estos apuntes, en el tomo de Poesas de Andrs Bello, 3." de la coleccin de escritores castellanos y 1. de las Obras de Bello, impreso elegantemente por A. Prez Dubrull en Madrid, 1882.
a
126 No es propiamente traduccin, sino una preciosa imitacin escrita en octavas reales. Coridn est convertido en Tirsis, habitador del Tajo umbro; Alexis en la bella pastora Clori, y hay escogidos rasgos tomados de las glogas vm y x hbilmente tejidos en el razonamiento de Tirsis. De la traduccin del libro v de la Eneida no se han hallado vestigios. Dolase Bello de haber empleado sus fuerzas en la traduccin (por cierto admirable) del Orlando inamorato de Boiardo, refundido por Berni, y no habrsele ocurrido en vez de eso traducir la Jerusaln o el Orlando Furioso. Porqu no, ms bien, las Gergicas, cuando el molle atque facetum que puso Virgilio en este poema, su diccin pursima, y todas las peculiaridades de su estilo se repiten en el cantor de la Zona Trrida? Suelen los traductores errar su vocacin prendndose precisamente de aquellos autores que menos se les parecen, por el imn de las antinomias. Bello no tradujo al Virgilio de las selvas; pero es eminentemente virgiliano, aun en sus traducciones de Vctor Hugo.
DON JUAN MELNDEZ VALDS
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18021808
Un poema lrico-descriptivo sobre la creacin, que se imprime ahora entre sus obras, y una traduccin de la Eneida que la publicacin de la de Delille le hizo emprender, fueron las nicas tareas que Melndez dio a su espritu en aquel ocio de seis anos (en su estancia en Salamanca, 1802-1808). Esto estamp Quintana en la vida de Melndez. Y el mismo Melndez, en el prlogo de la segunda edicin de sus poesas, escrito en Nimes, 1815, dice: Tan deshecha y horrible t e m p e s t a d . . . . tambin acab con las copias en limpio de mis mejores poesas en el gnero sublime y filosfico, un poema didctico El Magistrado una traduccin muy adelantada de la Eneida, y otros trabajos en prosa. Si hemos de juzgar por las primeras lneas de una t r a d i cin de la litada que en verso suelto empez a trabajar Melndez, y por sus propios desgraciados ensayos en el gnero pico, no deba de valer cosa su inconclusa versin de la Eneida. Elegante y atildado en el decir, fluido y numeroso en J a versificacin, Melndez daba importancia suma a estas dotes, empeado, con feliz xito, en desterrar de la poesa espaola el sooliento prosasmo de la escuela de Iriarte. Pero no siendo ni estudioso investigador, ni verdadero humanista, ignorando por completo los secretos de estilo de los autores clsicos, no tena ni ciencia ni paciencia para hacer de ninguno de ellos una imitacin esmerada. Sus cualidades al par que sus defectos trascendieron a la moderna escuela sevillana. Lista, que se elev sobre todos sus compaeros como expositor literario, por su talento generalizadorj su criterio seguro y la nitidez de su esi-
127 lo, cuando haca versos segua las tradiciones de escuela. Podramos pensar que hubiera traducido bien a Virgilio, si no conocisemos las pobres traslaciones de pasajes sueltos que incidentalmente inserta en sus preciosos Ensayos Literarios.
DCN JUAN MARA 18** MAURY
Entre la Agresin Britnica que public Maury en 18C6, la Espagne Potique (1826) y el Esvero y Almedora que casi septuagenario terminaba (1) y daba a la estampa en 1840, no es fcil decidir en qu tiempo compuso la traduccin virgiliana que como obra postuma, y bajo el ttulo Dido, canto pico, incluy el seor Cueto, hoy Marqus de Valmar, en el tomo ni de su rica coleccin de Lricos del siglo xvm (Rivadeneira, AA. EE., tomo XVII. 1875). Es una traduccin del libro iv de la Eneida en endecaslabos caprichosamente rimados, con un proemio y un eplogo. En el proemio condens en parte, y en parte tradujo Maury, del libro i de la Eneida, cuanto se refiere a Dido y cuanto conduce a la inteligencia del asunto; y en el epilogo, despus de compendiar en pocas lneas el libro v y principio del Vi, torna a traducir, y traslada puntualmente la entrevista de Eneas con Dido, en los Campi Lugentes, del mismo vi libro. Para redondear este conjunto formado de trozos virgilianos, psole Maury un final de su invencin (2). En Virgilio la sombra de Dido, al reconocer a Eneas, clava los ojos en el suelo, guarda torvo silencio, y luego huye de pronto y guarcese en el bosque donde la espera Siqueo. En Maury la misma Dido, sin romper el silencio, ensea con el dedo al Troyano, en imagen y en sombra, la reparacin que dar a sus manes Anbal humillando a Roma, aquel mismo vengador futuro a quien ella (en Virgilio) haba invocado antes de morir. H aqu con las ltimas lneas de lo traducido (van de bastardilla), el final que aadi Maury:
Ella, sin que despeje el halageo Encarecer su desabrido ceo. Cual si grabado por cincel valiente De estatua hermosa en la maimrea Vueltos los ojos a oti o lado, slo Con l a m a n o le i n d i c a a d n d e m i r e .
frente.
(1) L a b e l l s i m a e n t r a d a del c a n t o m contiene u n a d e s c r i p c i n de l a p r i m a v e r a q u e gozaron los p a r i s i e n s e s en 1840. S e s e n t a y ocho aos t e n a a l a sazn el p o e t a m a l a g u e o , quien a l fin del c a n t o XI del m i s m o p o e m a se l l a m a a s propio a t l e t a c a n o , y p i d e a l a M u s a , a n t e s de m o r i r , a l i e n t o p a r a finalizar l a o b r a con que se promete i n m o r t a l i z a r su n o m b r e . (2) n i c o retazo q u e a a d i M a u r y . Cueto, j u z g a n d o l i g e r a m e n te, d a a e n t e n d e r q u e el proemio y el eplogo son de M a u r y .
12S
M i r a E n e a s , y ve t r i s t e portento ! U n a figuracin d e m a u s e o l o , S o m b r a y v e r d a d , e s c e n a y monumento : U n a encendida pira, hrrida hoguera, Y un lecho e n c i m a , en l a t r a v e s a d a S u n . i s m a a m a n t e con s u p r o p i a e s p a d a . E m p e r o a l l a d o , con m i r a d a fiera, U n g u e r r e r o a f r i c a n o , en quien l a r i c a A r m a d u r a d e n o t a el a l t a e s f e r a , O t r o s dolores q u e a d v e r t i r le i n d i c a . Del t m u l o elocuente el a n c h o e s t r a d o E s t , y el suelo m s a l l , s e m b r a d o D e a n i l l o s de oro, y d i c e c a d a a n i l l o U n a c a b e z a de r o m a n o i n s i g n e , Uno, entre mil pasados a cuchillo. R e s p a l d a n d o el v e n g a d o m a u s o l e o E n h a c e s f o r m a n c u d r u p l e trofeo Boca-abajo las guilas romanas, Y e n c i m a de estos blicos despojos G r a b a u n a m a n o en c a r a c t e r e s rojos : Tesino, y Trebia, y Trasimeno, > Canas.
Imagen llena de fuerza y de fantasa, dice Cueto; slo un poeta sabe levantar as el pensamiento, y buscar en la historia semejantes cuadros. No niego que la idea es ingeniosa, y est felizmente expresada; pero aquella acumulacin de trofeos, aquellos caracteres rojos no son de institucin clsica ni de estilo virgiliano. En esta traduccin de Maury, el don precioso de la concisin, dice el mismo Cueto, no resplandece menos que en el original de Virgilio, a pesar de la diferencia de los idiomas latino y castellano. Menndez la canoniza de obra de un verdadero poeta, no sin reprobar los giros extraos, las inversiones excesivas, los cortes rtmicos artificiales y violentos. En ella, en suma, se notan las eximias cualidades, al par que las aberraciones y chocantes singularidades de Maury. Era Maury sin duda un gran talento, un aplicadsimo y verdadero artfice de la lengua, poeta de profesin y de conciencia, pero con tendencias gongricas irresistibles y con resabios de mal gusto que afean sus producciones. Bello le llama gran poeta, que aventura locuciones atrevidas no siempre felices (1). Otro escritor ilustre, don Juan Nicasio Gallego, hizo el anlisis del Esvero ( 2 ) , donde, a pesar de los defectos capitales del poema, apenas hay pgina en que los lectores imparciales no se vean forzados a exclamar: Maury es un gran poeta!* La soltura, la flexibilidad, dice el mismo crtico, con que sin el menor esfuerzo recorre Maury todos los tonos de la trompa o de la lira, son las dotes principales que le distinguen. Los re(1) G r a m t i c a C a s t e l l a n a , c a p t u l o L . E n l a Mtrica dice : E n e s t a p a r t e (en l a d i s t r i b u c i n de p a u s a s p r o s d i c a s ) I 0 3 m s p r i m o rosos a r t i s t a s q u e y o conozco son M o r a y M a u r y ; p e r o no s s i m e a t r e v a a d e c i r q u e en el s e g u n d o se s i e n t e a veces el esfuerzo y s e h a c e a l g u n a violencia a l a e x p r e s i n h a s t a o s c u r e c e r el sentido.> N t e s e el tono t m i d o de l a c r t i c a , q u e es j u s t s i m a . (2) R i v a d e n e i r a , AA. EE., tomo i-xvri, p g i n a 154.
129 cursos del arte que posee y emplea, los ms arduos embarazos de la meloda y el metro, de la frase y de la rima, todo desaparece ante aquella asombrosa facilidad con que naci; y si alguna vez se echan de ver en sus versos giros desusados, mucha propensin a la elipsis, poca explanacin del concepto, no es ciertamente por no encontrar otros medios de expresarse. Lejos de eso, tenemos prueba de que en brevsimo tiempo y sin la menor fatiga, desenvuelve un pensamiento de mil maneras. Aquello lo hace por un sistema que estamos distantes de aprobar; lo hace por un infundado temor de ser insulso, trivial o pesado; lo hace por la falsa creencia de juzgar al comn de sus lectores dotados de aquella penetracin rpida y profunda que l debi al cielo. Quien de poetas y crticos tan insignes mereci tan honrosos homenajes, es acreedor a nuestro respeto; pero peligroso sobremanera sera admirar sin reservas a Maury, y seguir ciegamente sus pisadas. Es poeta que a un mismo tiempo atrae y repugna; el laberntico Esvero o no se alcanza a leer una vez, o se lee muchas; en Maury los aciertos andan de continuo mezclados con las extravagancias; por lo mismo merece estudiarse ms que nadie, y que una crtica sagaz distinga en l lo bueno de lo malo. Yo slo podr consignar aqu indicaciones generales. Me atrevera a decir que es el Gngora de nuestro siglo, y a apellidarle ngel de tinieblas, como l mismo apellid felizmente al Cisne cordobs. Desde luego, ejercitndose a la par y con igual destreza como prosista y versificador en la lengua francesa y la castellana, sola olvidar Maury la ndole propia de sta ltima, y acomodndose a un tipo menos nacional, lucirse ms por la excelencia de las ideas, por la lgica sutileza y primor de la frase y lo peregrino y donoso de las rimas, que no por lo genial y fcil de los giros y expresiones. Procura la novedad y la concisin, recurre como Gngora, ya al latinismo, ya al neologismo atrevido, y de ordinario queda oscuro. En rasgos de observacin filosfica y breves cuadros descriptivos, Maury es acabado. Quien dude de su poder potico pruebe a mejorar las octavas que citan Bello y Gallego, de tan natural y perfecta estructura, dice el ltimo, que no parecen compuestas sino labradas en un cuo y de un solo golpe como las medallas. Pondr aqu dos muestras, eligiendo entre pasajes no citados por aquellos crticos. Este, en que pinta el poeta el egosmo de la vida galante:
H a y quien l a s s e n d a s del vivir t r a n s i t a Con p a s o como el a u r a v a g a r o s o , Que n a d a empea, y esmerado evita T o d a o c a s i n de d u d a a s u reposo : D e g o c e en g o c e frivolo d e s q u i t a A l g n breve s e n t i r que fue forzoso, Con f c i l m a n o , como tenue p l u m a , Cogiendo slo del p l a c e r l a e s p u m a .
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Y del pensil e n t r e l a y e r b a y flores D e s d e l a r a m a do feliz a n i d a , Otros a l l vivsimos colores Contempla l a paloma inadvertida. De e s e b r i l l o f a l a z , m s q u e d e azores, Huye, p a l o m a , huye p o r t u v i d a ! Ojos d e un m o n s t r u o ves q u e b r o t a n l l a m a s Y reflejado el sol en s u s e s c a m a s . A y 1 q u e los o r b e s de m i r a r f u l g e n t e Revuelve, y van s u s giros describiendo L a m g i c a e s p i r a l ! L a a v e inocente Y a q u i e r e h u i r , su d a o r e s i s t i e n d o . M a s c a d a vuelo en q u e a l e j a r s e intente L a i r llevando h a c i a el f u l g o r t r e m e n d o : Y a h a s t a el c r c u l o m n i m o l a a t r a e ; Y a en el c e n t r o f a t a l m s e r a ! c a e .
Maury narra mal, y dialoga peor. A los interlocutores que figuran en su poema no pueden perdonarse las inversiones, elipsis y dems artificios que en el estilo directo del poeta merecen venia y a las veces aplauso. La conferencia entre Esvero y Almedora (canto x) no es una imitacin del choque de las pasiones, sino una escaramuza escolstica. Maury, en suma, era eximio poeta descriptivo y filosfico; narrador difcil, absolutamente nulo en lo dramtico. Si a quien alcanza a menudo la perfeccin en los pormenores podemos dar en justicia el ttulo de gran poeta, Maury lo es; no, si para merecer tal honor se exige el poner totum. De una traduccin de Virgilio por Maury debamos prometernos la misma variedad antittica de aciertos felicsimos y lamentables extravos de que estn tejidas sus obras originales. Desde luego, traduciendo a Virgilio gozaba nuestro poeta la ventaja de que no tena que mezclar lo serio con lo festivo, error gravsimo en que por sistema incurri en el Esvero y Almedora (1). Severo y aristocrtico en todo, defensor ingenuo de la caballera antigua (2), Maury contrariaba su naturaleza, y sala desairadsimo, siempre que por sazonar su poema se allan a imitar el estilo jocoso y picaresco de algunos poetas italianos. En todo Virgilio apenas se hallarn tres frases de intencin cmica. En cambio err Maury no empleando para su traduccin la octava rima, arma mgica en sus manos, que jug de extremo a extremo en la Agresin Britnica y en el Esvero. Hubirala usado, y citaramos de Dido octavas tan perfectas como las que abundan en estos dos poemas originales. Puestas a un lado estas dos circunstancias, Maury traductor de Virgilio es el mismo que conocemos, con sus resplando(1) M e z c l a a d m i t a m o s , y o c a s i n no p i e r d a E l tono a l t o de b a j a r l a c u e r d a . C . I , 5. S o b r e el mismo t e m a d i s c u r r e a l p r i n c i p i o del c a n t o i v . (2) T a l se l u c i l a fiel c a b a l l e r a , B l a n c o d e s p u s d e frivolos d e s p r e c i o s , Como l o m a s s a g r a d o lo s e r a A i m p u l s o de E s p i n o s a s y L u c r e c i o s . I, 8.
res y sus oscuridades, su agilidad y sus tropiezos, su perpetuo contraste de bellezas y defectos. Est en su terreno cuando caracteriza una situacin, traza una figura o delinea un cuadro:
Dijo C i p r i a , y volviendo l a c a b e z a , S e e s h a l a en d e r r e d o r l u m b r e celeste, Y del blondo c a b e l l o m b a r y r o s a ; H a s t a l a s p l a n t a s l a c o g i d a veste S u e l t a , y su p a s o denunci l a d i o s a (1), b r e s e , a t a l e s voces, de repente L a nube, y queda E n e a s aparente, A un dios Olimpio en todo s e m e j a n t e G r a c i a , figura y p l i d o s e m b l a n t e ; P u e s a l a m a d r e s e le dio q u e i n f l u y a E n s u belleza l a c e l e s t e s u y a . Siempre, al ausente, ausente escucha y mira, Y a en los cojines q u e o p r i m i se e c h a ; Y a a l hijo, i m a g e n s u y a , al seno e s t r e c h a , A la mproba pasin dulce mentira ! T a l s e o s t e n t a b a h e r m o s o el F r i g i o c l a r o A los a l t o s l l e g a n d o y b r e a s d u r a s , De los b r u t o s r e c n d i t o s a m p a r o ; U n sbito tropel ya. de monteses C a b r a s se p r e c i p i t a a l a s h o n d u r a s , Y a de ciervos a l l v a g a n c u a d r i l l a s Q u e al ro en polvo esconden l a s o r i l l a s , O v a n veloces a a r r o l l a r l a s m i e s e s E l l a s (2), a p e n a s h a n t o c a d o el suelo D e nuevo s e a l z a n , y de vuelo en vuelo ( 3 ) , Sin alejarse nunca demasiado P o r q u e de v i s t a no l a s p i e r d a , p a r a n , P o s a n d o , a l fin, s o b r e el p a r a j e a n s i a d o , E s p e s a copa que d e r r a m a umbra N o c h e en el r b o l ; c o m o q u i e r a (4), el oro E n t r e l a o p a c i d a d se t r a s l u c a . (1) H a s t a q u e el porte denunci l a d e a , dice en Esvero, v i , 23, i m i t a n d o este m i s m o p a s a j e . E n e s t a s a p r i m e r a v i s t a l i t e r a l e s versiones del i n c e s s u p a t u i t d e a de V i r g i l i o , se nota sin e m b a r g o un artificio m e n t a l i m p e r t i n e n t e , de los q u e M a u r y a c o s t u m b r a , s u s t i t u i d o a l g i r o n a t u r a l del p e n s a m i e n t o v i r g i l i a n o . E n V i r g i l i o l a d i o s a se revela o a p a r e c e d i o s a al andar; en M a u r y el andar r e v e l a a l a d i o s a : el andar (paso, o porte) adquiere indebidamente a q u u n a i m p o r t a n c i a i d e o l g i c a i g u a l a l a d e l a d i o s a m i s m a . E s f r a s e c a l c a d a t a l vez, y m a l c a l c a d a , s o b r e l a t r a d u c c i n de Delille: Tille m a r c h e , et son port revele une d e s s e . (2) L a s p a l o m a s e n v i a d a s a E n e a s por su m a d r e V e n u s d e s c u b r i r l e el r b o l de l a s p o m a s de o r o . para
(3) E x p r e s i n a p r o p i a d s i m a p a r a p i n t a r un vuelo r a s t r e r o e int e r r u m p i d o , p a s c e n t e s . . . . volando ( A . v i , 1 9 9 ) . (4) A d v e r b i o a p r o s a d o de que a b u s a M a u r y : embargo. aqu e s t por fin
132 Podr Maury herir ia imaginacin retratando a Dido ceuda y silenciosa; mas cuando la hace hablar, cuan tristemente desconoce y falsea el lenguaje de la pasin! Cmo invierte y violenta el giro verosmil, la construccin propia! En esta muestra de los discursos de Dido, pongo de cursiva lo que en este concepto reputo censurable:
D u l c e s p r e n d a s el tiempo que los h a d o s Quisieron, recibid e s t a a l m a m a Y l i b e r t a d m e al fin de estos c u i d a d o s ! Viv : cuan lejos dirame que ande Fortuna, la carrera anduve, y glande Mi sombra al L e t e b a j a r . . .
Dirame que ande por diome o permitime que anduviese es buen ejemplo de caprichosas traslaciones en el uso de los tiempos, licencia que tanto ofende en el estilo de Maury. "Acaso el poeta malagueo hizo esta traduccin, como Anbal Caro la suya, con nimo de adiestrarse antes de emprender la composicin de un poema original. Caro concluy la suya, clsica en la literatura italiana, y no escribi la obra proyectada. Maury apenas hizo un ensayo de traduccin, pero llev a trmino su poema original Esvero y Almedora, donde las imitaciones virgilianas menudean. Ms de cuarenta tengo anotadas. Si la traduccin de Maury no hubiera salido a luz dos aos despus de la ma d los libros i y vi, y cuatro despus de publicado el iv (Memorias de la Real Academia Espaola), pudieran creerse voluntarias algunas coincidencias casuales en la disposicin de las frases y rimas; verbigracia : Traduccin
A un dios Olimpio en
de Maury:
todo semejante.
La ma:
A un dios en a i r e y miein[bros semejante. Haz este d a a T i r i o s y a T r o [yanos G r a t o por s i e m p r e y de f e l i c e [agero; Lo aplaudan nuestros nietos [ms lejanos!
E n l a r g a e d a d por t r m i n o s l e j a n o s !
C p r i d a dijo, Y d e C p r i d a a s r e s p o n d e el hijo.
L a v i d a por l a s a u r a s se e v a p o r a ,
HIDALGO
Vate andaluz (n. 1790 i 1835), de la escuela sevillana compaero de Lista, Reinoso y Blanco White. Public en 1829 con texto latino, las Buclicas de Virgilio traducidas en versos castellanos, con notas y observaciones crticas. Sevilla, Dvila Llera & C." 1 tomito, 302 pginas. En la dedicatoria a don Juan de Dios Govantes Vizarrn respira el entusiasmo del humanista, el desconsuelo del patriota y la modestia del traductor. Sospecho que pasar mucho tiempo antes que nuestro Parnaso se vea enriquecido con una traduccin del prncipe de los poetas latinos, porque a dnde alienta el sabio humanista, el genio privilegiado que sea bastante a dar cabo feliz a una empresa tan difcil? Nuestros buenos poetas van desapareciendo.... Por otra parte son pocos os que pudiendo, extiendan una mano protectora hacia unos estudios tan importantes. Mas al fin confiemos en que la naturaleza es poderosa y el genio sabr vencer todos los obstculos. Mientras llega este da tan deseado de usted y de todos los amantes de nuestra gloria literaria, quizs servir mi trabajo para facilitar el camino al afortunado traductor de las obras de este gran poeta, y con slo eso quedara mi ambicin cumplida. El estilo de la traduccin de Hidalgo, aunque difuso, generalmente no es prosaico; la versificacin, mediana. Srvese de diferentes combinaciones de versos: tercetos (glogas i, v), silvas (il, vi, VIII, x), cuartetos (ni, ix), octavas (iv), verso blanco y sextinas (vn). Segn opinin de doctos crticos, dice el sevillano Fernndez Espino, es acaso la ms perfecta traduccin que de estas glogas se ha hecho en versos castellanos. Qudase, empero, a gran distancia de la elegancia y gracia virgilianas. Vaya una muestra. Es la traduccin, sumamente dbil, de aquel pasaje de la gloga vm (Saepibus in nostris.... cinco versos), que Voltaire y Macaulay no se cansaban de admirar.
Bien pequea e r a s cuando Con tu m a d r e t e vi l a vez p r i m e r a Q u e a m i h u e r t o viniste, Y y o d e l a n t e u f a n o os i b a g u i a n d o A coger las manzanas coloradas Que estaban rociadas. T r e c e abriles escasos yo tena, Y las r a m a s b a j e r a s empinado Alcanzar y a poda. Como te vi, a b r s e m e en vivo f u e g o , Y t r a s de ti llevme el e r r o r c i e g o .
En vez del ut vidi, ut periil qu lnguida perfrasis! Las notas estn fundadas en las francesas de Michaud.
18281838
Vrela (n. Buenos Aires, 1794, f Montevideo, 1839), dej traducidos los primeros libros de la Eneida y las odas de Horacio en su mayor parte. (J. M. Gutirrez, Amrica Potica, pgina 797). Vrela consagr sus ocios de desterrado (de su patria, en 1829; de Montevideo, en 1836) a estudiar el gran pico, y alcanz a dejar traducidos y castigados con es mero los dos primeros cantos de la Eneida, de los cuales se public por primera vez el i en la Revista del Plata, y en sta misma se han publicado tambin dos cartas de Vrela explicando sus ideas sobre la manera de traducir a Virgilio y haciendo una crtica de las traducciones ms conocidas en lengua espaola. (Carta del mismo seor Gutirrez al autor de estos apuntes, fechada en Buenos Aires, noviembre 27 de 1874). Es cuanto s de esta traduccin. El mismo Vrela (que era versificador robusto y hablista entendido) compuso una tragedia Dido, en que a veces sigue al pie de la letra a Virgilio. H aqu un pasaje citado por don Juan Mara Gutirrez:
P e r o yo dnde v o y ? C m o pretendo Con l l a n t o dbil a b l a n d a r l a p e a D e q u e e s f o r m a d o el corazn d e un m o n s t r u o ? Mis l g r i m a s qu v a l e n ? . . . . N a d a . . . . aumentan E l t r i u n f o del m a l v a d o , y e n g r e d o C o n t e m p l a mi dolor, y lo d e s p r e c i a ! S e le o y e a l g n s u s p i r o ? A l g n sollozo Interrumpe su hablar?Quiere que c r e a Q u e lo v i o l e n t a un dios, cerno s i fuesen L o s dioses como D i d o (1), q u e no p i e n s a E n n a d a m s q u e en l ; como s i un h o m b r e U n h o m b r e slo i n t e r e s a r p u d i e r a A los que en lo a l t o de s u g l o r i a m i r a n Como n a d a los cielos y l a t i e r r a . U n dios ! . . . . B l a s f e m o s ! . . . . P a r t e , p a r t e , i n i c u o ! L a a m b i c i n es t u dios ; te l l a m a . . . . vuela Donde e l l a te a r r e b a t a , m i e n t r a s Dido M o r i r de dolor. S ; p e r o t i e m b l a , T i e m b l a c u a n d o en el m a r el r a y o , el viento, Y los escollos q u e m i c o s t a c e r c a n , Y amotinadas las bramantes olas E n v e n g a n z a de D i d o se c o n m u e v a n ! Me l l a m a r s e n t o n c e s . . . .
!1) P e n s a m i e n t o i n g e r i d o g i l i a n o que t r a d u c e .
y no m a l , por V r e l a , en el
trozo vir-
135
BENITO PREZ VALDS 1832
La Eneida en castellano, por B. P. V. (Benito Prez Valds). Oviedo. Ao de 1832. Manuscrito que, junto con el de las Gergicas, vertidas por el mismo traductor, existe autgrafo en poder del seor Menndez Pelayo. La Eneida tiene 1,260 pginas, con el texto latino, y la traduccin en verso suelto. Prez Valds, boticario ovetense, amigo en sus mocedades de Jovellanos, era buen latinista y escritor puro y abundante, pero no poeta. Su traduccin en general es muy desaliada. Muri este farmacutico literato en 1842, a los ochenta aos de su edad. Tales son, sustancialmente, el juicio y noticia que acerca de l consigna el seor Menndez.
DON FRANCISCO LORENTE 1834
Su traduccin de las glogas en verso se imprimi en Madrid, en 1834, segn apunta don Eugenio de Ochoa.
DON MANUEL MONTES DE OCA 1834
En el propio ao public en Cdiz la suya de las glogas y iv, en un cuaderno, don Manuel Montes de Oca, siendo, dice Ochoasimple alfrez de marina; cuan ajeno ayldel desastroso fin que le reservaba la suerte. Reprodjolas el mismo Ochoa en sus notas. La I est en silva, la IV en octavas, y no carecen de algn mrito.
DON MANUEL URBINA Y DAOIZ 1835
Este tan recto magistrado como elegante y profundo humanista (segn lo califica Ochoa), public en 1835 en El Artista de Madrid una bellsima traducciu en octava rima del episodio de Orfeo (G. iv, 457-527). Son 16 octavas que insert el mismo Ochoa en su edicin virgiliana. Pasaje difcil de trasladar, por lo perfecto, es aquel en que Orfeo pierde por segunda vez, y ya para siempre, a la desdichada Eurdice:
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E l pie d e t i e n e , y a l t o c a r u f a n o D e l a luz l a s m a n s i o n e s , a y ! vencido Vuelve a s u a m o r los ojos, y el i n s a n o D e l a d i o s a el p r e c e p t o d a a l olvido, L<a o f e r t a entonces revoc el T i r a n o , E l esposo su a f n llor p e r d i d o , Y veces t r e s p o r el Cocito h o r r e n d o S e oy confuso pavoroso esti uendo. Q u i n , Orfeo, t r o c n u e s t r a v e n t u r a , E x c l a m a l a infelice, en duelo a m a r g o ? De dnde t a l furor? L a suerte d u r a Mndame atrs v o l v e r . . . . mortal letargo Mis ojos a d o r m e c e . . . . A d i s ! o s c u r a N o c h e m e envuelve en un s i l e n c i o l a r g o Y a y l de t u l a d o p a r a s i e m p r e h u y e n d o D b i l e s h a c i a ti l a s p a l m a s tiendo!
Y no es como se ha credo el nico pasaje virgiiiano traducido por Urbina y Daoiz. La Revista Andaluza que en 1841 publicaba el Liceo de Sevilla,dio a luz(l) el Elogio dla vida rstica, final del libro 2." de las Gergicas (457-541), puesto en octavas por el mismo traductor, y anunciado con la siguiente nota editorial, en que sealo de cursiva algunas frases significativas respecto a la extensin del trabajo emprendido por el seor Urbina: Nos apresuramos a publicar un fragmento de esta bellsima traduccin que la casualidad ha trado felizmente a nuestras manos. Ya en El Artista, peridico literario que se public en Madrid de 1834 a 36 se insert con universal aplauso alguna que otra muestra de ella. Dbense a la correcta pluma y delicado gusto del seor don Manuel de Urbina y Daoiz, jefe de seccin que ha sido en la Secretara de Gracia y Justicia. Ahora que las serias ocupaciones que hace tantos aos fatigaban al seor Urbina le dejan algn vagar, nosotros, en el inters de las letras espaolas, y en el de la gloria de su nombre, le exhortamos encarecidamente a que contine la empresa a que por algn tiempo haba dado de mano. Teniendo presente que si la inmortal obra de Virgilio es la misma perfeccin, quien traslade a nuestro idioma sus bellezas sin ajarlas (y el seor de Urbina ya ha demostrado prcticamente que sabe hacerlo) asociar su nombre al de uno de los ms grandes poetas que han admirado los siglos, lo cual es por cierto bien digno estmulo para la mayor ambicin literaria. Aunque este fragmento es inferior, Jcomo traduccin, al episodio de Orfeo, he de transcribirlo aqu para salvarlo del olvido, ya que publicado en la Revista Andaluza, Ochoa ni Menndez Pelayo han tenido noticia de su existencia, y puede decirse que en aquel peridico est sepultado y como indito:
D i c h o s o s veces mil los l a b r a d o r e s S i a conocer l l e g a r o n s u v e n t u r a ! L e j o s ellos de blicos h o r r o r e s , L a t i e r r a a s u s t e n t a r l o s se a p r e s u r a : S i un inmenso tropel de a d u l a d o r e s , A l r a y a r en el cielo el a l b a p u r a , No a b o r t a n s u s p a l a c i o s e n c u m b r a d o s Y de puertas magnficas armados. (1) T o m o 2 , p g i n a 176.
S i los u m b r a l e s de c a r e y vistosos S u corazn s e n c i l l o no c o d i c i a : S i ellos no p r e c i a n t r a j e s suntuosos O los p u r p r e o s tintes de F e n i c i a : N i e l corintio metal buscan ansiosos, N i e x t r a o a r o m a sus a c e i t e s vicia, L i b r e s al menos de doblez y e n g a o s , Ven deslizarse sus tranquilos aos. Y r i q u e z a s t a m b i n los c a m p o s vierten; Q u e en medio de l a s a n c h a s c a s e r a s N o f a l t a n d u l c e s ocios, y se advierten Perennes lagos y cavernas fras: L o s m u g i d o s del buey o r a divierten L a s verdes a l a m e d a s y s o m b r a s , Y d e b a j o de un r b o l h a l a g e o s O r a s o r p r e n d e n a l p a s t o r los sueos. De l a u n a pa.rte se d e s c u b r e el p r a d o , D e o t r a el a l b e r g u e de d a i n a f i e r a ; A l a pobreza el joven avezado L a fatiga dursima tolera: A l l a los dioses el honor es d a d o , Y a los a n c i a n o s p a d r e s se v e n e r a ; H u y e n d o al cielo l a J u s t i c i a s a n t a , A l l a s e n t p o r ltimo s u p l a n t a . P e r o de m l a s M u s a s son p r e c i a d a s S o b r e c u a n t o p r o d u c e el a n c h o suelo, Y en s u a m o r inflamado, s u s s a g r a d a s C e r e m o n i a s g u a r d a r t a n slo a n h e l o : Recbanme las Musas, y trazadas L a s v a r i a s zonas m u s t r e n m e del cielo, P o r q u el Sol y l a L u n a s e o s c u r e c e , O el seno de l a T i e r r a se e s t r e m e c e . D e do n a c e el impulso s o b r e h u m a n o Con q u e el profundo p i l a g o se a l t e r a , Rotos los d i q u e s , y el f u r o r i n s a n o C a l m a luego, b u s c a n d o l a r i b e r a ; P o r q u p a r a b a j a r al O c a n o E l Sol en el invierno se a c e l e r a , Y , si los d a s a r d o r o s o s vienen, P o r q u c a s a l a s noches se detienen? Y si l a s a n g r e , q u e c i r c u l a f r a D e n t r o del pecho, i m p i d e p o r v e n t u r a Q u e p u e d a p e n e t r a r l a mente m a L o s profundos a r c a n o s de n a t u r a ; A g r d e m e t a n slo l a a l q u e r a , Y el a g u a q u e en los v a l l e s s e a p r e s u r a ; Mi a m o r el bosque y el a r r o y o s e a , Q u e no o t r a s g l o r i a s mi a m b i c i n d e s e a . O h ! d n d e e s t n los c a m p o s deliciosos, E l raudo Esperquio y las alturas bellas D e l T a i g e t o , do en g r u p o s bulliciosos A c u d e n de L a c o n i a l a s d o n c e l l a s ! O h ! quin me t r a n s p o r t a r a a los umbroso V a l l e s q u e el H e m o f o r m a , y e n t r e a q u e l l a * R a m a s l a s m s c r e c i d a s escogiese, Y luego con su s o m b r a me c u b r i e s e !
F e l i z quien de l a s c o s a s h a podido E l o r i g e n s a b e r , y los t e m o r e s Del a 7 a r o A q u e r o n t e y s u ruido D e s p r e c i , y de l a m u e r t e los h o r r o r e s ; M a s dichoso t a m b i n quien h a ofrecido A Silvano y a P a n s a c r o s honores Y a las ninfas hermanas y deidades. Q u e h a b i t a n en l a s m u d a s s o l e d a d e s . A a q u e l en vano d o b l e g a r l e e m p r e n d e n F a s c e s del pueblo, p r p u r a s r e a l e s , E n vano l a s d i s c o r d i a s q u e s e e n c i e n d e n , Q u e b r a n t a d o s los lazos f r a t e r n a l e s : L o s D a c i o s f u r i b u n d o s q u e descienden, D e l D a n u b i o d e j a n d o los r a u d a l e s ; D e e x t r a o reino el v a c i l a n t e solio No le a t e r r a ni el g r a v e c a p i t o l i o . A q u e l no con s e m b l a n t e l a s t i m e r o Del pobre l a d e s g r a c i a c o m p a d e c e : N i envidioso se m u e s t r a , si el d i n e r o E n t a n t o el otro poderoso a c r e c e ; C o g e el fruto que el c a m p o p l a c e n t e r o Y que l a r a m a s i n t r a b a j o o f r e c e ; Ni f r r e a s l e y e s vio, ni del r o m a n o P u e b l o l a s t a b l a s , ni su foro i n s a n o . A s i d o de los remos uno a g i t a L a s o n d a s de los m a r e s t u r b u l e n t o s , O a l a s a r m a s feroz se p r e c i p i t a , O p e n e t r a en los r e g i o s p a v i m e n t o s ; E s t e ciudades asolar medita, C a e n los p e n a t e s , y e r a n s u s intentos S u c o p a o r l a r de r i c a p e d r e r a , D o r m i r en g r a n a q u e el F e n i c i o e n v a . S e p u l t a a q u l r i q u e z a s , y tendido E n c i m a y a c e : a l otro le e n a j e n a A r e n g a p o p u l a r , o el repetido A p l a u s o le embebece de l a e s c e n a : A l g u n o en s a n g r e p a t e r n a l teido, Gustoso a d e s t e r r a r s e se condena, Su dulce h o g a r y c a s a desestima P o r otra p a t r i a bajo e x t r a o c l i m a . E m p e r o el l a b r a d o r con corvo a r a d o A b r e los c a m p o s , y de a q u m a n t i e n e A su p a t r i a , s u s nietos, s u g a n a d o , De aqu a su y u n t a el g a l a r d n previene Y no d e s c a n s a h a s t a q u e el ao o r l a d o D e f r u t a , y c r a s y de e s p i g a s viene, Y del r i c o producto q u e le d i e r a , C u b r e los s u l c o s , h i n c h e l a p a n e r a . Y a q u e los c r u d o s m e s e s h a n l l e g a d o , L a oliva, que S i c i o n e frtil c r a S e e x p r i m e en el l a g a r , t o r n a c e b a d o D e b e l l o t a s el c e r d o a l a a l q u e r a ; R i n d e n los bosques fruto s a z o n a d o : Copiosos dones el otoo e n v a , Y al a b r i g o q u e ofrece a l g u n a a l t u r a D u l c e s r a c i m o s el c a l o r m a d u r a .
E n t r e t a n t o l a prole c a r i o s a L a c e r c a , y pende de s u faz a m a b l e : D e n t r o de su m o r a d a v e n t u r o s a T i e n e el pudor a s i l o i n v i o l a b l e : O r a llegan sus vacas, y rebosa D e l a s u b r e s el n c t a r a g r a d a b l e : O r a el g o r d o c a b r i t o en l a floresta A otro se e n c a r a , y a l u c h a r s e a p r e s t a . O en l a s fiestas con otros l a b r a d o r e s S o b r e el c s p e d tendido, junto al fuego, C u a n d o c o l m a n l a s t a z a s los l i c o r e s , T e i n v o c a oh B r o m i o ! y l a s d e r r a m a l u e g o : Y a les s e a l a un olmo a los p a s t o r e s , S i el d a r d o q u i e r e n d i s i p a r p o r j u e g o : Y a si l u c h a r prefiere l a forzuda R s t i c a gente, al luchador desnuda. A s en un tiempo se le vio a l S a b i n o L o s c a m p o s h a b i t a r ; e s t a inocente V i d a con R e m o d i s f r u t Q u i r i n o ; A s l a E t r u r i a se e s t e n d i potente; A R o m a a s t a m b i n l a g l o r i a vino D e s e r en todo el o r b e l a eminente, Y d e n t r o de s u s m u r o s l e v a n t a d o s E l l a s o l a e n c e r r siete c o l l a d o s . E s t a s c o s t u m b r e s en el s i g l o de oro Sigui S a t u r n o c u a n d o no t e n a E l c e t r o J o v e , c u a n d o no fue el toro S u s t e n t o al h o m b r e s o b r e m e s a i m p a : No en a q u e l l a s e d a d e s el sonoro C l a r n su a l i e n t o r e s o n a r h a c n , N i s o b r e d u r o y u n q u e el m o r t a l fiero O s f o r j a r el h o m i c i d a a c e r o . DON FRANCISCO MARIANO 1832 URRUTIA
Public en 1832 y 1833 en El Constitucional del Cauca, muestras de una traduccin en verso (romance endecaslabo) de las Gergicas. Trabajaba en colaboracin con su hermano don Manuel Jos. Lenguas malignas susurraban que Urrutia, habindose adueado de los manuscritos del difunto Padre Valds, publicaba como suya la traduccin virgiliana que era fama haba trabajado el docto franciscano. Pero de las obras inditas de Larraondo, amigo de Valds, consta, segn dije en su lugar, que el Padre no traslad sino algunos libros de la Eneida para completar la versin de Iriarte. El Constitucional de 24 de noviembre de 1832 anunci que dos ciudadanos, amantes de la literatura, trataban de publicar una traduccin en verso castellano de las obras de Virgilio; que los traductores haban procurado hacer su versin tan fiel como les fue posible...- siguiendo principalmente las interpretaciones de la edicin del Delfn y de Delille; y abri una sus-
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cripcin para publicar dicho trabajo en dos tomos en 8." El primer tomo comprendera las Buclicas y Gergicas, cuya versin estaba ya concluida,* y el segund la Eneida deque estaba traducida la mayor parte. Imprimir un libro en Popayn y aun en Bogot era en aquel tiempo obra magnae molis, y la suscripcin abierta no tuvo resultado. Las muestras publicadas son d o s : la primera (Constitucional, 15 diciembre 1832) es la versin del pasaje en que Virgilio describe una tempestad de verano (G. 1322-334) :
Con f r e c u e n c i a t a m b i n c a e r se h a visto L a e s p a n t o s a t o r m e n t a que l a s n u b e s E n s u e s p a c i o s o seno h a n r e c o g i d o . E l cielo se d e s p l o m a : l a g r a n l l u v i a B a r r e l a s m i e s e s y los s u r c o s m i s m o s : S e ven l l e n a r l a s f o s a s : los ros c r e c e n E n s u c u r s o f o r m a n d o ronco r u i d o : E l proceloso m a r todo se e n c r e s p a Y b r a m a con f u r o r d e s d e su a b i s m o . E l mismo P a d r e C e l e s t i a l s e n t a d o E n medio de los n e g r o s torbellinos T r e m e n d o s r a y o s con s u d i e s t r a lanza. S e conmueve l a t i e r r a de s u s q u i c i o s , L a s m i s m a s f i e r a s a t e r r a d a s huyen Y el m s e r o m o r t a l c a e a b a t i d o D e un pavor religioso p e n e t r a d o D e l r a y o con el golpe r e p e n t i n o . H i e n d e los montes Atoa y Rodope O a los C e r a u n i o s de p e n a c h o e r g u i d o . L o s fuertes vientos s u vigor r e d o b l a n Como l a d e n s a l l u v i a y el g r a n i z o : Gimen las a l t a s selvas q u e b r a n t a d a s . Y repiten l a s s e l v a s el g e m i d o
Menos mala es la segunda muestra, publicada con el texto latino enfrente (lo mismo que la anterior) en suplemento al Constitucional de 23 octubre de 1833. Comprende el elogio de la vida campestre, o sea el final del libro n (457-541). En 1855 reprodjose esta versin, con el nombre de Urrutia, en La Guirnalda de Bogot En el suplemento mencionado haba salido annima, precedida de una carta que dice a la letra:
c S e o r D i r e c t o r de El Constitucional :
Sin embargo de que en el nmero 21 de este peridico en que se repiti el aviso acerca de la traduccin de Virgilio en verso castellano se insera una muestra de la Gergica que contiene los horrores de la tempestad, pintada con toda la viveza propia del sublime ingenio del poeta, para que los literatos puedan juzgar con mejor acierto de la versin que se ha ofrecido al pblico, suplico a usted se sirva dar a luz en un suplemento del presente nmero la traduccin que acompao de la Vida del Camio, tomada de la Gergica 2cuyo rasgo es uno de los ms interesantes, tanto por la naturaleza del objeto como por las hermosas imgenes de que supo revestirlo su autor re-
tratando al vivo la frugalidad e inocencia de la vida campestre y los placeres puros y permanentes de los labradores en medio de! tumulto bullicioso del mundo. Parece que Virgilio quiso imprimir a esta clase privilegiada el carcter de la inmortalidad, pues cuando todo muda de faz sobre la tierra, solamente las costumbres de los campesinos son siempre sencillas y uniformes, sus trabajos constantes, su dicha imperturbable. Yo no puedo lisonjearme que mi trabajo tenga toda la propiedad y elegancia que se nota en su original, porque es indudable que el idioma latino hace infinitas ventajas al nuestro, en la concisin, en la riqueza de voces y en la energa de la frase, que ms bien pueden concebirse que expresarse. Pero las personas ilustradas conocern que he procurado, cuanto me ha sido posible, manifestar la mente del poeta, en un estilo medio para hacerme entender de todos, sin ceirme a la letra de! texto latino: lo primero por serme imposible una traduccin gramatical en verso rimado; y lo segundo, porque ella despojara al poema de sus adornos y bellezas. Por estas razones me ha sido preciso en algunos lugares usar de la perfrasis y de sinnimos, sin variar el concepto, y a veces para expresarlo mejor (!), a imitacin de varios traductores de crdito. Si mi obra, pues, mereciere ser aprobada por los hombres sabios, tendr la gran satisfaccin de haber hecho un pequeo servicio al pblico, y me halagar la esperanza de que algn dia otras manos ms diestras la llevarn a su perfeccin, como lo prometen las luces de nuestro siglo y lo desea un traductor de Virgilio. Urrutia era hijo de Popayn. Instruido como lo han sido muchos paisanos suyos, no'era, empero, poeta. Sostuvo ciertas polmicas sobre instruccin pblica que corren impresas. A l se dirige aquella invocacin satrica de Arboleda en Escenas Democrticas:
Don F r a n c i s c o M a r i a n o , d a m e a l i e n t o ! . . ,
CAMINO
En Burdeos, donde resida emigrado por las aos de 1815, ocupbase Prez de Camino en labores literarias. All parece que trabaj su traduccin de Tibulo (no Tbulo, como se lee en la edicin postuma de esta obra). Tal vez por entonces traduca tambin a Virgilio; pero lo nico que consta (y a esto me atengo para sealar la fecha al margen) es que en 1842, ao en que falleci Prez de Camino en Cussac-Medoc a los cuarenta y nueve de su edad, acababa de retocar y poner en limpio para darla a la imprenta, la traduccin en verso castellano de las Gergicas de Virgilio, las Elegas de Tibulo y los Amores de
142 Catulo (1). As lo dice don Santiago .Prez, hermano de don Manuel Norberto, en la Noticia Biogrfica publicada por el s e or Cueto en el tomo 3. de Poetas lricos del siglo XVIII (A A.
Prez de Camino, conocido en la antigua Colombia por su poema La Opinin (Burdeos, 1820), en que no faltan vulgaridades contra los Papas y los jesutas, escaso o ningn nombre tena en Espaa, hasta que el seor Cueto habl de l con elogio en su magistral Bosquejo histrico crtico de la poesa castellana en el siglo XVIII (1860); y ms adelante el Excelentsimo seor don Manuel Alonso Martnez, sobrino del olvidado poeta, sac a luz en Santander, en edicin bastante limpia, con el texto latino, la traduccin de Tibulo (imprenta de Julin Pea, 1874), y la de las Gergicas de Virgilio (imprenta de J . M. Martnez, 1876). A esta edicin de las Gergicas, seguidas de una Arte Potica, original de Prez de Camino, precede un prlogo en que el seor Alonso Martnez, poniendo a un lado, ya por anticuadas, ya por malas, las traducciones que del poema latino hicieron Len, Guzmn, Mesa y Lpez, asienta que en rigor no queda en pie ms traduccin que la que no h muchos aos public el malogrado don Eugenio de Ochoa (2), y coteja algunos pasajes de ambas para mostrar la superioridad de los versos de su seor to sobre la prosa del atildado acadmico. Prez de Camino, amigo e imitador de Moratn, era un conocedor, un hombre de buen gusto, pero no un poeta. No hay en su estilo fuerza, variedad ni gracia. Vase cuan inferior queda a Urbina y Daoiz en el pasaje que ya conocen mis lectores:
P i e r d e el l o g r a d o triunfo en un momento S u p r o m e s a el t i r a n o del infierno R e v o c a , y p o r t r e s veces de contento B r a m a r o n l a s l a g u n a s del A v e r n o . A y ! d e c a s u a m a d a ; el a r d i m i e n t o D e tu pasin nos p i e r d e , esposo t i e r n o , Mi v i s t a s e o s c u r e c e , y y a d e nuevo Me a r r a s t r a n c r u d o s h a d o s a l E r e b o . A d i s ! en t u s t i n i e b l a s m e envolviendo De ti m e a p a r t a o s c u r i d a d t r a i d o r a Y en vano a ti l a s f l a c a s p a l m a s t i e n d o . L. D. F. V. 1342
Son las iniciales de un profesor de Humanidades que public en Barcelona, en 1842, una traduccin en prosa paralas escuelas. De ella habl Roca y Cornet en La Civilizacin. Es noticia del seor Menndez Pelayo.
(1) Poesas de C a t u l o quiso d e c i r ; Amorum de Ovidio. equivoc el ttulo con el d e
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DON JUAN GUALBERTO 1844 GONZLEZ
Obras en verso y prosa. Madrid, 1844, 3 volmenes. En el 3. hay una traduccin potica de las glogas, que no conozco. Era Gonzlez, al par que respetable magistrado, profundo humanista, y las muestras que he visto de sus traducciones de Horacio, Nemesiano y Calpurnio, revelan su saber y talento.
DON ALEJANDRO 1845 DE ARRUE
Su traduccin de la Eneida en romance endecaslabo, se imprimi en Bilbao, 1845. Ctala e! seor Menndez y dice que no pasa de mediana.
DON FERMN DE LA PUENTE Y APEZECHEA 1845
Dido: libro IV de la Eneida traducido en verso castellano por don Fermn de la Puente y Apezechea. (Sevilla, 1845). Conservo con la debida estimacin un ejemplar que con obsequiosa y galante dedicatoria autgrafa me remiti en 1872 aquel estimabilsimo hijo de Mjico (n. 1812). Est en octavas, que Bendicho gradu de valientes, llenas de estro y armona. Estimulado por los Padres escolapios, sus maestros, a traducir la Eneida, hizo la del libro v con entusiasmo juvenil de estudiante y de poeta; este calor era necesario, y le anim en buen hora, para trasladar felizmente el libro ms dramtico y sentimental de la epopeya romana. De ah el mrito de esta traduccin; hay en ella sentimiento. En el lenguaje y versificacin se nota a las veces inexperiencia y falta de ejercicio en el arte. Como intrprete, tampoco es seguro Apezechea: la inteligencia absurda que dio a cierto vocablo le vali una pesada zumba, y esto fue, segn parece, lo que le desanim, por el pronto, de continuar con la traduccin del poema, aun cuando en la carta a los Padres de San Antonio Abad, puesta al principio de aquel primer ensayo, haba prometido seguir trabajando. Dido, devorada de amor y desesperacin, tiene unos sueos misteriosos y ttricos. Virgilio nos hace sentir ese delirio, con un solo rasgo, original y profundamente melanclico, y Apezechea supo interpretarlo:
Y p i e n s a q u e i a d e j a n de c o n c i e r t o S o l a ; q u e v a p o r un c a m i n o , donde N i n g u n o l a a c o m p a a . . . . en un d e s i e r t o . . . . . L l a m a a s u s T i r i o B : n a d i e le r e s p o n d e .
144 Torn a halagar a nuestro poeta la idea de traducir ntegra la Eneida. Obra que debe consumir largos aos (deca ya a los escolapios), especialmente porque ni yo s hacerla de prisa, ni en la agitacin de nuestra poca es dado abstraerse completamente de otros cuidados y tareas para vacar exclusivamente a las de amena literatura. Hasta el ao de 1874 (anterior al de su muerte) no public otros dos libros de la Eneida, el en las Memorias de la Academia, y el mismo con el vi en cuaderno suelto (Madrid, imprenta de Aribau y Compaa). Don Antonio Snchez Moguel dice que dej preparados para la prensa cinco libros ms. En los dos antedichos, lo mismo que en la versin de los Sapienciales de la Biblia, y en otros trabajos coetneos, apenas se descubre ya el autor de Dido y de la deliciosa Carona de Flora. Se conoce que trabajaba sin el entusiasmo de la mocedad, y con aliento tan desmayado, que a veces toma, advirtindolo honradamente, versos y aun octavas enteras de Hernndez de Velasco.
DON SINIBALDO DE MAS 184*-1852
Este estimable literato y honrado diplomtico, educado y favorecido por el Ilustrsimo seor Torres Amat, y cuya vida errante fue una serie de interesantes aventuras, dio por primera vez a la estampa en Barcelona, ao de 1832, su original y curioso, ms que bueno y til, Sistema musical de la lengua castellana. En la tercera edicin (ignoro la fecha) (1) incluy el seor Mas los cuatro primeros libros de la Eneida, traducidos en cierto gnero de verso blanco de diez y siete slabas, que l llama pico, y es un remedo de exmetro. En la cuarta edicin (Pars, Baudry, 1847), que es la que conozco, slo dej de aquellos cuatro libros una muestra, y aadi en apndice el v y el vi, en el mismo metro. En la edicin completa que hizo Mas de sus obras (Madrid, Rvadeneira, 1852), s que se halla toda la Eneida de Virgilio traducida en castellano. La versin aspira a ser literal, y cuenta menos versos que el original latino, segn advierte el traductor. La nueva versificacin, en descripciones breves, es ocasionalmente agradable:
E n t r e t a n t o ve E n e a s dentro un l e j a n o bosque r i s u e o U n v a l l e delicioso, do l a s r a m a s s o n a n d o s e mueven; Y el L e t e o a l l c o r r e , c a b e esos sitios f r e s c o s y d u l c e s ; Y en s u s o r i l l a s g e n t e s m u c h a s y pueblos m i l r e b u l l e n d o E s t a b a n como a b e j a s q u e v a n con avidez en a g o s t o E n t o r n o de l a s flores en b u s c a de m i e l s u s u r r a n d o .
(A vi, 703-709)
(1) No s s i s e a s e g u n d a o t e r c e r a e d i c i n l a r e i m p r e s i n q u e hino M a s de s u s i s t e m a m u s i c a l i n c o r p o r n d o l e en s u Pot-pourri literario, p a r t e p r i m e r a , M a u i l a , 1845.
(I)
( A . , iv, 522-528).
Algunos de estos versos imitan la armona del hexmetro, y recuerdan los que por primera vez en castellano y no sin primor y gusto ensay Villegas. Pero en la parte narrativa este gnero de metro, ya por las voces agudas que no siempre es posible eludir, ya por otros motivos, no corre con desembarazo; arrstrase y tropieza a menudo; y con esto, y la falta de rima, y lo inusitado del ritmo, la versificacin de Mas resulta a la larga insoportable. No se tildar de severo este juicio mo si se compara con el del seor Menndez Pelayo : Ms que como versin debe considerarse esta Eneida como un ensayo rtmico, y, mejor, como un monumento de paciencia. Ni aquellos son hexmetros, ni suenan como versos en lengua ninguna. Cree, sin embargo, en lo que mira al lenguaje, que de la versin de Mas pueden sacarse giros y frases felices y latinismos aprovechables.
(1) A n t e s de ver e s t a v e r s i n h a b a puesto yo t a m b i n en l a m a aves esmaltadas' en este l u g a r . E n el m i s m o sentido V e l a s c o , I r i a r te, H e r m o s i l l a , e t c . , t r a s l a d a r o n l i t e r a l m e n t e el p i c t a e volucres por pintadas a v e s . E x a m i n a n d o de nuevo el p a s a j e me he p e r s u a dido de q u e en estos modos de t r a d u c i r , fieles a l a l e t r a , h a y u n a f a l s a i n t e r p r e t a c i n . S i e n d o t a n conocido e s t e p a s a j e , no l l e v a r a m a l el lector c u r i o s o q u e d e mi c o m e n t a r i o m a n u s c r i t o t r a n s c r i b a a q u l a n o t a ad locum- D i c e a s : " P i c t a e " a p l i c a d o a " v o l u c r e s , " t o m a d o en sentido m a t e r i a l , p a r e c e t a n i m p e r t i n e n t e en l a o c a s i n como oportuno el " s a e v a " que va con " a e q u o r a " : c a e bien d e c i r q u e los bravos m a r e s e s t n en c a l m a ; p e r o en l a s aves q u e d u e r m e n en el regazo de l a noche qu i m p o r t a lo vistoso del p l u m a j e ? P o r lo t a n t o a q u , lo m i s m o que en l a s Gergicas, n i , 243, " p i c t a e " p r o b a b l e m e n t e d e n o t a , como d i c e L a C e r d a , " v a r i e t a t e m o m n i u m avium, in q u i b u s v a r i i c o l o r e s " ; es d e c i r , ave3 " d i s t i n t a s , " no " g a y a s . " A s l a i d e a " p i c t a e " se desenvuelve, b i f u r c n d o s e , en " q u a e q u e . . . . q u a e q u e . . . " " A v e s de t o d a s e s p e c i e s , a s l a s q u e r e v u e l a n s o b r e l a s a g u a s como l a s q u e m o r a n en los bosq u e s . " L u c r e c i o , i m i t a d o en este l u g a r p o r V i r g i l i o , d i c e " v a r i a e v o l u c r e s " ( n 3 4 4 ) , y V i r g i l i o mismo : " I a m v a r i a e p e l a g i v o l u c r e s " . . G. t,383 ; " V a r i a e v o l u c r e s . . . . A e t h e r a mulcebant c a n t u , " A . v n 3 2 - 3 4 . D e t e r m i n a r por l a v a r i e d a d d e p l u m a j e s l a v a r i e d a d de e s p e c i e s , es p i n t o r e s c o y g r a c i o s o . A l g u n a vez s e h a u s a d o " v a r i u s " p o r " p i c t u s , " ( G . , n i , 2 6 4 ) , l o c u a l slo p r u e b a q u e h a n podido e m p l e a r s e p r o m i s c u a m e n t e estos dos eptetos. Estudios literariosM, . A Caro10
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DON GRACILIANO ALFONSO 1853
La 'Eneida* de Virgilio traducida en verso endecaslabo por don Graciliano Alfonso, Doctoral de la Santa Iglesia de Canarias, etc. Palmas de la Gran Canaria, 1845, 2 vol. En Amrica, donde dice haber permanecido emigrado diez y ocho aos por la causa de la libertad, hizo una traduccin de la Eneida en prosa, y a su vuelta a la Pennsula, anciano ya de setenta y ocho aos, ocurrisele poner en verso la traduccin, lo que verific, con celeridad increble, desde el 25 de junio al 24 de octubre de 1853. Est en romance endecaslabo, de vez en cuando tiene arte de estilo y buenos versos en medio de un diluvio de prosasmos, repeticiones y negligencias. (Menndez Pelayo).
FRAY MATEO AMO 1858
Las Buclicas y Gergicas de Virgilio traducidas en verso endecasilavo (sic), por el Padre fray Mateo Amo, de la Orden de Santo Domingo. Manila, 1858,1 tomo 8. Ofrece la particularidad de no tener prlogo, introduccin, notas, comentarios, ni advertencia alguna: da la traduccin escuet , acompaada del texto latino algo expurgado. (Ochoa).
1
Hallndose en Washington como Secretario de la Legacin neogranadina, proyect el seor Pombo por los aos de 1858-1860, traducir la Eneida, en estilo enrgico y claro, y en lneas que en su conjunto imitasen el efecto del hexmetro. Principi por el libro n, y an no lo haba terminado cuando dio de mano a la empresa, ya por otras atenciones, ya por dudar que el resultado satisficiese a odos castellanos, observando s que la idea era de fcil ejecucin y que cada libro poda verterse as en igual nmero de versos. Su sistema semejaba al de don Sinibaldo de Mas, y sera curioso cotejar el trabajo del uno y del otro traductor. Del manuscrito que me ha franqueado mi buen amigo el seor Pombo, transcribir el episodio de Lacoonte. Quien pueda consultar la traduccin del mismo libro (que ni Pombo ni yo conocemos) por Mas, har la confrontacin.
E n esto, otro e s p e c t c u l o m s p a s m o s o y t r e m e n d o Ven n u e s t r o s ojos, y n u e s t r o p e c h o i m p r v i d o t u r b a . L a o c o o n , m i n i s t r o de N e p t u n o electo a l a s u e r t e , I n m o l a b a un toro robusto df 1 g r a n dios en l a s a r a s , C u a n d o h o r r o r z a m e el c o n t a r l o I d e T n e d o s vienen, O p i i m i e n d o con inmensos a n i l l o s el p i l a g o m a n s o , Dos s e r p i e n t e s q u e a v a n z a n . iintas v de f r e n t e i l a c o s t a .
- 147
E r e c t o el pecho en medio del a g u a , s o b r e l a s o n d a s Alzan s a n g r i e n t a c r e s t a ; s u vientre v a r a s a n d o el a b i s m o , Y a g i t a n en a n c h a s r o s c a s l a s c o l a s e n o r m e s . Hervir se oye l a onda espumosa ; y a alcanzan la p l a y a ; D e s a n g r e i n y e c t e s f u l g u r a n encendidos s u s ojos, Y l m e n s e l a s s i b i l a n t e s b o c a s con t r m u l a l e n g u a . A l v e r l a s , humos e x a n g e s . E l l a s van r e c t a m e n t e H a c i a L a o c o o n . y por s u s t i e r n o s hijos comienzan. C a d a u n a a b r a z a un nio, y de s u c u e r p o en torno se envuelve, M u r d e l o , y los b l a n d o s m i e m b r o s d e s g r r a l e vivos. A r m a s e el p a d r e , l n z a s e a s o c o r r e r l o s , y entonces S u t u r n o fue : los m o n s t r u o s con e s p i r a l i n g e n t e lo l i g a n . D a n l e a l c e n t r o dos v u e l t a s , y o t r a s dos v u e l t a s al cuello, Y , l a e s c a m o s a piel a lo l a r g o o n d u l a n t e r o d a n d o , Cerviz y a r m a d a c r e s t a e n c i m a de su v c t i m a y e r g u e n : M i e n t r a s l a dos m a n o s b r e g a n d o por forzar esos u d o s , M a n c h a de s a n g r e y n e g r a ponzoa l a s c a n d i d a s c i n t a s , Y a l z a h a s t a el cielo m i s m o r u g i d o s h o r i e n d o s .
En la coleccin de traducciones poticas que el mismo seor Pombo conserva manuscritas, hay dos pasajes escogidos dlas glogas de Virgilio. Son stos:
EGL. v m ,
37-41
Saepibus in nostris....
Y o te vi p e q u e u e l a , oh a m o r mo ! P i l l a n d o con t u m a d r e en n u e s t r o h u e r t o M a n z a n a s s a l p i c a d a s de roco, Y os i b a y o g u i a n d o , p o r m s c i e r t o . Y a c o n t a b a once, y c o m e n z a b a otro a o , Y del suelo e m p i n n d o m e a l c a n z a b a A las frgiles r a m a s . . .. E n mi dao A y ! cmo te m i r a b a ! Cmo me c o n s u m a ! Cmo me vino a e n l o q u e c e r mi e n g a o !
l-GL. X, 52-54
Cerium A g o r a y a del monte a l a a s p e r e z a , Y h a s t a a l a s c u e v a s do l a s fieras viven, L l e v a r de m i s a n s i a s l a m e m o r i a . E n la b l a n d a corteza De c a d a tronco, g r a b a r gimiendo M i a m o r y mi t r i s t e z a ; Y ellos i r n c r e c i e n d o , Y t con ellos, l a m e n t a b l e h i s t o r i a I DON VENTURA DE LA VEGA 1865 est in silvis....
Tradujo en verso blanco el libro I de la Eneida, y parece que se propona continuar la traduccin del poema cuando le sorprendi la muerte (29 noviembre 1865). As se explica que
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no incluyese aquel notable trabajo en la coleccin de sus obras poticas, que en edicin elegante, y en la forma en que l las dej dispuestas para la estampa, se imprimieron en Pars, el ao 1866. Por ese mismo tiempo se public aquella traduccin, como obra postuma, en el folletn de La Amrica, y luego, en 1870, apareci en edicin ms esmerada, en el tomo n de las Memorias de La Real Academia Espaola, la cual contaba entre sus ms conspicuos individuos de nmero al ilustre poeta argentino. Formado en la mejor escuela clsica, considerado ya por su sabio maestro Lista, entre condiscpulos que dieron despus honra y lustre a las letras castellanas, como el ms aventajado de todos, por su acendrado gusto y la pureza de su estilo, era versificador correcto y elegante, cualidades de que hace gallarda muestra en esta versin, pero que no alcanzan a justificar la parcialidad extremada con que del ensayo de su amigo dijo don Eugenio de Ochoa que era la mejor traduccin de Virgilio que conoca en lengua alguna. Muchosdice Menndez Pelayo citando estas p a l a b r a s sern del mismo parecer. Es, a lo menos, uno de los mejores trozos de verso suelto castellano. De esto ltimo no me aparto; pero s estoy muy distante de suscribir la rotunda afirmacin de Ochoa. El estilo de Ventura de la Vega, sencillo, limpio y fcil, en esta traduccin y en otras poesas anlogas, en nada se parece al de Virgilio, que es artificioso, o mejor, como dicen los humanistas ingleses, elaborado. Error sera pensar que la elocucin virgiliana es natural y perlcida. Los crticos modernos estn de acuerdo en reconocer entre los mritos de Virgilio, que en la expresin es muy mirado, sin rebuscamiento ; en la frase artificioso, y arcaico cuando conviene, sin afectacin; imitador entendido, no servil; y templada a las veces y graciosamente enigmtico, pero no embrollado ni tenebroso. Vase cmo describe Mr. Sidgwick (Aeneidos Liber VI, Cambridge, 1879), despus de un atento estudio, el estilo de nuestro poeta : Por regla general Virgilio expresa sus pensamientos no en la forma ms sencilla, sino de un modo raro e inesperado. Emplea a menudo "un lenguaje estudiado (an elaboration of lenguage) que excusa o no sabe expresar las cosas comunes y corrientes del modo comn y corriente" (!). Llama la atencin por el vigor, la fuerza, la intensidad, y, digmoslo as, por la nfasis de su lenguaje. Ensancha el valor de las construcciones y el sentido de los verbos, usa del trmino abstracto por el concreto, de la parte por el todo, del adjetivo por el adverbio; aplica con libertad los eptetos, introduce innovaciones e inversiones, y solicita frases inusitadas en vez de las ms obvias. En una palabra, sorprende constantemente a sus lectores. Ochoa, cuando trabajaba su traduccin de Virgilio, no dej de
(1) F r a s e de un eminente h u m a n i s t a v i r g i l i a n o , M r . N e t t l e s h i p , c o n t i n u a d o r de Conington.
149 notar en ciertos pasajes que el estilo virgiliano es mucho ms figurado de lo que se cree. Comentando l un pasaje difcil de las Gergicas (iv, 287 y siguientes), dice: Con toda la exquisita pureza de su gusto, con toda la incomparable elegancia de su estilo potico, Virgilio era un tanto aficionado a la anttesis, lindante alguna vez con el retrucano y nada enemigo, adems, de las metforas algo violentas. No lo es poco la del signo de Tauro, abriendo el ao de una cornada (i, 218). La tan cacareada del mismo toro que pace estrellas en las Soledades de Gngora, est tomada de Virgilio, y convengamos en que la purprea alma del libro ix de la Eneida.... es locucin que no desdeara un culterano de la corte de Felipe iv. Lo malo en esto, como en todo, es el abuso; y Virgilio, lejos de abusar, usa de las anttesis y de la metfora con tal discrecin, que las convierte en fuente de primores (1). Y en otro lugar (Aen., vn, 2 8 ) : Llamar tonsae a los remos, y lento marmore a la mar serena, no me parecen figuras de un gusto muy correcto (2). Podemos, pues, decir que Mantua est en el camino de Atenas a Crdoba. Y esto debe tener presente quien para traducir a Virgilio quiera imitar las peculiaridades de su estilo. Maury era original e ingenioso, pero no le asista el buen gusto necesario para cautelarse contra el intrincamiento y tenebrosidad culterana. Ventura de la Vega, al contrario, con su fcil y perpetua elegancia, carece de originalidad y energa de estilo, no tiene ingeniosa y variada elocucin; si jams lastima el odo del exigente lector, tampoco le sorprende agradablemente; si nunca lo deja a oscuras, tampoco le induce a pensar; y de aqu que al trasladar los pensamientos de Virgilio los despoje a menudo del vigor, de la concisin y frescura del original latino. No digo yo que en la traduccin de modelo tan perfecto sea posible competirle siempre, ni trasladar todas las clusulas latinas en otras castellanas que en todo las igualen; pero a lo menos han de conservarse las imgenes, o imitarse el efecto de la frase con cierta energa cuando es enrgica, con alguna gracia, si graciosa; y esto es lo que casi siempre, ni practica Ventura de la Vega, ni parece q i e le preocupase. El incedo Regina se convierte en un dbil ue apellido reina ; nec vox hominem sonat se explica vulgarizndose, ni humano es el sonido de tu voz; notos puer pueri indue voltus se desle en pues eres nio, de otro nio sabrs fingir el conocido aspecto. Del tremendo poder de los vientos, briosamente indicado por Virgilio, qu queda en la traduccin de las siguientes lneas ?
Ni f a c i a t , m a r i a a c t r r a s c a e l u m q u e p r o f u n d u m Q u i p p e f e r a n t r a p i d i s e c u m , v e r r a n t q u e per a u r a s . Q u e si no h i c i e s e t a l , por los e s p a c i o s Con r a p i d e z a r r e b a t a r a n ellos L a t i e r r a , el m a r , el firmamento m i s m o . (1) Virgilio de O c h o a , p g i n a 7 9 1 .
(2) I b d . , p g i n a 802-
150 Mas hagamos justicia a este traductor: si en vez de dejar correr la pluma por el campo del verso libre, adoptara la octava rima, difcil como el hexmetro, y como l agradecida, trabajara ms, y tambin con mejor resultado. Bien labrada la octava, es rotunda, mejestuosa, regia. La elegancia que en el verso blanco puso Moratn (excelente imitador, pero a mi juicio no tan feliz como Juregui, de los modelos italianos), considerada hoy como el ms perfecto dechado en ese gnero de versificacin, entretiene agradablemente en un trozo descriptivo, en una epstola o en una elega, pero a la larga descubre la pobreza de sus recursos, y fastidia. Cuando la narracin toca asuntos llanos y humildes, nuestro verso suelto no sabe levantarla del suelo; y cuando se remonta a las altas regiones picas, l con sus cortos vuelos no alcanza a seguirla. El discurso en que Jpiter profetiza a Venus la grandeza romana, transcrito por el seor Menndez Pelayo en la forma que le dio Ventura, como muestra de cuan bella sera una traduccin de Virgilio en versos sueltos y hecha de esta manera, me parece bien en la pluma de un versificador correcto, pero no en boca de un Dios. Desine referre sermones Deorum.... Ni es favorable el verso suelto a la concisin del estilo. Sin el freno saludable de la rima, la versin del libro i de la Eneida por Ventura de la Vega tiene 1,216 versos endecaslabos por 756 exmetros. Otros, en verso rimado, le han trasladado, bien o mal, en menor nmero de lneas.
DON PEDRO PAZ SOLDN Y UNANUE 1866
Este poeta peruano, que ha dado a luz sus producciones bajo el seudnimo Juan de Arona, public en Lima, primero en el folletn de El Nacional, 1866, y luego en cuaderno (4., 95 pginas) en la Imprenta de El Comercio, 1867, una traduccin en silva del libro i de las Gergicas. Preceden el texto de la traduccin una dedicatoria en una redondilla decasilbica (1), un breve prlogo de los editores, y una introduccin en que el traductor consigna de paso en su abono el hecho de haber asistido por dos aos a las lecciones de poesa latina que dict en la Sorbona M. Patin, y tributa justos elogios a don Andrs Bello, como a eminente poeta virgiliano. Tras el texto vienen unas notas, y luego en apndice otras muestras de poesa antigua, que son breves fragmentos, de Virgilio casi todos, traducidos en varia rima, y una parodia o trova de la gloga V, y del principio (unos 100 versos) del libro
(1) A MI PADRE DOCTOR DON PEDRO PAZ SOLDN
i de la Eneida, incluida ya, esta segunda versin jocosa, en las Ruinas del mismo poeta (Pars, 1863). Concluye, a estilo de libro publicado en siglos anteriores, con unas Detonaciones destempladas, que son unos sonetos de don Jos Arnaldo Mrquez contra las traducciones de Paz Soldn, y los que Arona lanz en contestacin a Jos Asnaldo Marcano. Juan de Arona versifica con gran soltura. Sirva de muestra de su ensayo de traduccin de las Gergicas el cuadro de la tempestad y sus seales:
D e l h u r a c n a n t e el p r i m e r silbido A g i t a el m a r y e n c r e s p a su m e l e n a (1), Con r i d o f r a g o r el monte t r u e n a , R e c o r r e el l i t o r a l sordo g e m i d o , y.\ lejano follaje al viento o n d e a , L a c e r c e t a en la p l a y a se p a s e a ; Y en a l t a m a r p e l i g r a E l navegante, cuando E l cuervo b u c e a d o r en l a r g o b a n d o Con c l a m o r ronco al l i t o r a l e m i g r a , M i e n t r a s l a g a r z a a u d a z el vuelo a p r o n t a , D e j a el j u n c a l y al cielo se r e m o n t a . M i r a r s deslizarse las estrellas P o r l a celeste a l f o m b r a , Dejando l a r g a s luminosas huellas E n l a m i t a d de l a n o c t u r n a s o m b r a . L a leve p a j a y l a s c a d u c a s f r o n d a s E l a i r e t u r b a n y l a luz se c i e g a , Y tal cual pluma sobrenada y juega P o r c i m a de l a s o n d a s . M a s c u a n d o el S e p t e n t r i n r e l a m p a g u e a Y t r u e n a por poniente y por levante. T o d o el c a m p o se i n u n d a en un i n s t a n t e ; N a d a h a y q u e enjuto en l a e x t e n s i n se vea ; Y l a m o j a d a vela a t o d a p r i s a R e c o g e en a l t a m a r el n a v e g a n t e . M a s n u n c a de improviso L l e g a l a t e m p e s t a d sin d a r aviso, Q u e todo l a p r e s i e n t e y l a r e v e l a : L a g r u l l a a a r e g i n del ter vuela ; L a b e c e r r a i m p a c i e n t e al cielo m i r a Y a n a r i z d e s p l e g a d a el a u r a a s p i r a ; L a golondrina g r r u l a y chillona Roza l a s a g u a s revolando i n q u i e t a , Mientras la r a n a quejumbrosa entona D e s d e el f a n g o s u a n t i g u a c a n t a l e t a ; Y h a s t a la pobre hormiga diminuta T a m b i n a m e n a z a d a se r e p u t a , Y a o t r a p a r t e por senda d e s u s a d a C a r g a los huevos de su prole a m a d a , B e b e el i r i s del m a r , y por el cielo D i l a t a su arco vasto, Y los cuervos a l j a n s e del p a s t o Con g r a z n a r ronco y e s t r i d e n t e vuelo. (1) L a c o m p a r a c i n t c i t a del m a r con un len, es de estilo moj d e r n o y no v i r g i l i a n a . V i r g i l i o d i c e alo que los m a r e s empiezan a g i t n d o s e a h i n c h a r s e . I n f i d e l i d a d e s de este g n e r o no puede m e nos de h a b e r en o b r a s de q u i e n e s t r a d u c e n como e s t n a c o s t u m b r a dos a escribirjugando.
152 Aun en pasajes como ste (en que por lo dems hay excelentes versos y selectas rimas), asoma de vez en cuando la inclinacin o el hbito que lleva a Juan de Arona a mezclar lo burlesco con lo serio, aun cuando haya de profanar la dignidad de la alta poesa. La nariz desplegada de la becerra, la golondrina chillona, la cantaleta de la rana, y la hormiga diminuta, tienen sabor de estilo festivo, inequvoco ya en los versos que siguen inmediatamente al trozo copiado:
Y los d i v e r s o s p j a r o s m a r i n o s Y los q u e d e C a i s t r o en los p a n t a n o s A los p r a d o s a s i t i c o s (1) vecinos Trinchan gusarapillos y gusanos....
Qu ms? All mismo donde un Jovellanos va a buscar ejemplo de pensamientos sublimes (2), nuestro bien humorado intrprete halla motivo de risa y broma. Refirome a la aparicin de Jpiter Tonante en medio de una tempestad de verano. Juan de Arona parafrasea as el pasaje:
Y del n u b l a d o en l a p r o f u n d a b r u m a Sereno, conflagrado, H e c h o sol el s e m b l a n t e , E l P a d r e omnipotente e s t s e n t a d o , P r o n t o en l a m a n o el r a y o c o r u s c a n t e , Que hace tremer a la universa tierra. L a s fieras i n q u i r i e n d o s u s g u a r i d a s Huyeron p a v o r i d a s S i n s a b e r d, y el corazn del h o m b r e S e prosterna, se a t e r r a , Y es vil e s c l a v o de un t e m o r s i n n o m b r e . E n t a n t o el f u l m i n a n t e m e n s a j e r o V a a h e r i r l a c u m b r e de un d e s i e r t o monte Del Athos o de! Rdope altanero ; C r e c e l a l l u v i a y v e l a el horizonte.
Son especies que el traductor aadi aqu de su cosecha el estar Jpiter sentado, sereno, conflagrado, con el semblante hecho un sol; el rayo convertido en mensajero fulminante, y por ltimo, ese desierto monte, de donde toma asidero el satrico expositor para anotar que este rayo con tanto aparato anunciado, con tanta expectacin esperado de parte de hombres y animales, va a estrellarse en la cumbre de un monte desierto; es decir, que no ganamos para sustos. En nota a otro lugar se lee: No poca risa causa en la Riada ver a Jpiter amenazando a su divina esposa con asentarle la mano.* Preciso es estar muy prevenido para tener calma bastante y no dar al traste con el libro al llegar a ciertas bruscas transiciones de tono. Despus de estos elegantes versos a la muerte de Dafnis (gloga v):
(1) A s i o s debi d e c i r a q u , y no a s i t i c o s ( A s i a p r a t a ) . . (2) Lecciones de Retrica.
153
No conozco ms parodia inocente que la de los libros de caballeras en el inmortal Don Quijote. Pero Cervantes es inimitable, as como Scarron no merece imitarse, ni aun leerse. En la poesa, como en las otras artes que dan culto a lo bello, la caricatura es un sacrilegio. Juan de Arona es uno de los pocos americanos que se han ejercitado en traducir los autores clsicos. Despus de don Bernardino Ruiz, que en Lima traduca a Horacio a principios del siglo, Juan de Arona es quizs el nico peruano que ha cultivado este gnero de literatura. Adems de la publicacin mencionada, ha sacado a luz en algunos peridicos, mayormente en El Comercio, fragmentos de Plauto, Lucrecio, Ovidio y otros poetas latinos.
DON EUGENIO DE OCHOA
1S68
P. Virgilii Maronis opera omnia: Obras completas de P. Virgilio Marn, traducidas al castellano por don Eugenio de Ochoa, de la Academia Espaola. Mad, id: imprenta y estereotipia de M. Rivadeneira, 1869, un tomo, 8. mayor, x x x v - 8 1 6 pginas, con un grabado que representa a Virgilio, y es copia del busto que se conserva en el Museo Capitolino. Esta edicin, bien conocida dentro y fuera de Espaa, es notable por la belleza y elegancia tipogrficas, y la mejor o quizs la nica que del texto virgiliano (el de Heyne) se ha hecho en la Pennsula en el presente siglo. No han acertado nunca los espaoles (que yo sepa) a sacar una buena y correcta edicin de ningn escritor clsico. Casi todas son como las que describe el seor Menndez Pelayo en su galana epstola a Horacio:
. . . . l i b r o viejo De mal papel e innmeras e r r a t a s . .. V e s t i d o de r u g o s o p e r g a m i n o . . . . N a c i en pobres p a a l e s : a l l en H u e s c a F a m l i c o i m p r e s o r m e c i su c u n a ; Ad usum scholarum destinle E l r e c t o r de l a e s t p i d a oficina, Y c o r r i por los b a n c o s de l a e s c u e l a A j a d o y roto, polvoriento y s u c i o . . . .
154 Sobre el texto de Heyne calcse tambin la edicin (tirada de 200 ejemplares) que hizo Bodoni de orden y bajo la direccin del Embajador Azara. En ella la esplendidez tipogrfica qued afeada y oscurecida con no pocas erratas, segn atestiguan los que la conocen;y con el propio sustancial defecto hubo de sacar Ochoa la suya de las prensas de Rivadeneira. Tomando, por ejemplo, el libro v de la Eneida, hallaremos fugat por fuga (v. 218), hoc por hos (233), illud por illuc, (408), grandin por grandine (458), mixto por mixtos (470), etc., etc. No culpar a Ochoa, que cuando se imprimi el libro estaba ya casi ciego, pero s a la tipografa espaola, que padece de mal de erratas, como de enfermedad endmica; y de sta, como de otras ediciones no menos pulcras y suntuosas, dir con Argensola:
Lstima grande Q u e no s e a v e r d a d t a n t a belleza !
Al pie del texto est la traduccin, bastante ajustada, y en prosa fcil y correcta. Con todo, el traductor con frecuencia lee de un modo y traslada de otro; de donde nacen infidelidades relativas, o discrepancias entre el latn y el castellano yuxtapuestos. As, por ejemplo, en el mismo libro V, verso 768, lee numen (1) apartndose del texto de Heyne, y traduce nombre (nomen, Heinsio, Heyne, Ribbeck). Ms adelante, 786-787, sigue en el texto la puntuacin moderna (omnem, Reliquias Troiae), y traslada segn la antigua (omnem Reliquias; Troiae). Es claro, pues, que Ochoa haba hecho, en gran parte al menos, su traduccin sobre un texto diferente del que estamp despus. En estos trminos determina Ochoa el carcter peculiar de su trabajo, y el modesto objeto que se propuso al publicarlo. No aspiro a que mi traduccin se lea de seguido y como por va de recreo; lo que con esta mira deben leer en mi libro los que sepan algo de latn, es el texto mismo de Virgilio, y cuando se encuentren un poco atascados (permtaseme lo vulgar de la expresin en gracia de su exactitud) en la inteligencia del original, en vez de soltar el libro para consultar el Diccionario, bajen los ojos al pie de a pgina, y vencida la dificultad, prosigan sin ms molestia la lectura hasta nuevo atasco.... Mi trabajo no es ms que una lucecita colgada al pie del texto para alumbrar en los pasajes oscuros. Algunas veces el traductor se toma mayor libertad de la que comporta una versin literal, como cuando traduce refulsit, hablando de una diosa (A. i, 402), por resplandeci como una estrella. Nuestra lengua no est educada para estas versiones prosaicas de obras poticas, y la de Ochoa, a pesar de sus defectos, es la mejor de su clase que conozco en castellano.
(1) S e r t a m b i n e r r a t a que c o i n c i d i c a s u a l m e n t e con l a l e c c i n de W a g n e r , numen ?
155 En las notas que van al fin, explicativas y no crticas, y tan escasas en la Eneida, que hay libros que o no llevan ms que una, o ninguna, apunta Ochoa algunos de los aciertos y deslices de los traductores que le precedieron. Incluy en su libro la traduccin de los Poemas menores, sin el texto latino. Agotada, segn parece, la edicin de Rivadeneira, el librero Hernando, de Madrid, ha publicado recientemente una reimpresin econmica de las glogas (8., 50 pgicas), y las Gergicas y la Eneida (impreso por separado uno y otro poema) haban alcanzado en 1880tres ediciones (Madrid, imprenta de F. Nozal).
DON J O S SEBASTIN SEGURA 1869
Don Victoriano Ageros, en unos artculos sobre literatura mejicana, publicados en La Ilustracin Espaola (8 de junio y 22 de julio de 1878), dice que en El Domingo de Mjico salieron a luz acabadas y perfectas traducciones de las glogas de Virgilio por el seor Segura, y otras, de las mismas, por don Francisco de P. Guzmn. Recientemente ha publicado el citado semanario ilustrado deMadrid el retrato y biografa del distinguido literato e ingeniero seor Segura. Guzmn y Segura son individuos de la ilustre Academia Mejicana, correspondiente de la Real Espaola.
DON FRANCISCO DE FAULA GUZMN 1869
Publicronse en Coria, en 1870, los seis primeros libros de X&'Eneida, y en 1873, all mismo, todo el poema (8., 304 pginas) traducido en versos endecaslabos sueltos por el seor Guerra, vecino de Gata, el cual hizo esta traduccin para enseanza de su hijo, estudiante de latn. Una y otra edicin fueron privadas, y adusum amicorum. Es traduccin ms recomendable por la fidelidad que no por la elegancia ni soltura. (Menndez Pelayo).
DON GABRIEL GARCA Y TASSARA 1872
En la coleccin de sus poesas (Madrid, Rivadeneira, 1872) hay dos trozos de Virgilio traducidos: en silva, el elo-
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gio de la vida del campo, con que finaliza el libro H de las Gergicas, y en verso suelto el episodio de a muerte de Pramo [Eneida, libro n). Ambas son traducciones de mrito. En la segunda hay nervioso estilo y robustos versos. Hubiera aventajado a Ventura de la Vega como traductor de la Eneida en este gnero de metro. Para trasladar las Gergicas faltbale blandura y gracia. Curioso es, por lo dems, ver cmo altera el espritu y gusto de Virgilio con algunos rasgos romnticos. Vanse en el citado pasaje de las Gergicas algunas expresiones que denuncian al autor de El Desvelo:
Quin, ay! quin, ay! me d i e r a Del H e m o en l a l a d e r a R e p o s a r , y m i s sienes ardorosas Orear con s u s r a m o s p r o t e c t o r e s
y hacia el fin:
Sonar y te sonat M. A. la ardiente e s p i d a . CARO
13731876
Llgale su turno, en la presente tabla cronoliica, al nombre del autor de estos apuntes. Obras de Virgilio traducidas en versos castellanos, etc. Bogot, Echeverra Hermanos, 1873, tomos l y II. Bogot, Echeverra Hermanos, 1876, tomo m La traduccin de la Eneida se ha reimpreso en este ao en Madrid, en dos tomos, IX y X de la Biblioteca Clsica que sale de las prensas de Vctor Saiz. No he visto ms que el primer tomo de esta reimpresin. Es edicin bonita, pero nada limpia de erratas. _S que preceden al II tomo los Apuntes bibliogrficos del seor Menndez Pelayo sobre traductores de la Eneida. Muchas y graves son las imperfecciones de que se acusa el autor de esta traduccin, y la edicin espaola pudo haber salido mejorada, y refundida en parte, con las enmiendas que l de buen grado hubiera comunicado al editor, si ste hubiese tenido la atencin de darle oportuno aviso.
DON RAIMUNDO D E MIGUEL
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En sus obras poticas (Madrid, 1876) incluy este reputado catedrtico de latinidad los dos primeros libros de la Eneida, traducidos en silva y romance endecaslabo, intercalados con otros metros aun menos propios de la epopeya, con lo cual queda el poeta romano vestido de arlequn (segn la frase de Hermosilla). El seor De Miguel proyect en un tiempo traducir ntegra la Eneida, pero suspendi su trabajo cuando vio el aviso
de que el seor c h o j se preparaba a publicar todas las obras de Virgilio en castellano, porque se le clav en la cabeza que la traduccin anunciada haba de ser en verso, y no se atreva a competir con el afamado acadmico. Pas tiempo, publcase la versin de Ochoa, resulta que est en prosa, y el bueno de don Raimundo, ya sin aliento, por sus aos y porque se haba extinguido el calor que tom al principio, para continuar su obra, se da por engaado, y exhala al aire candorosas quejas en el prlogo de sus Poesas. El seor De Miguel, como el Excelentsimo seor Alonso Martnez, no tena, segn parece, ni remota idea de que en Amrica se hubiesen emprendido trabajos virgilianos.
DON ANTONIO
187*
GUITERAS
Nuestro compatriota el ilustrado matancero seor don Antonio Guiteras ha concluido hace poco, y probablemente imprimir dentro de breves meses, una traduccin completa de la Eneida en verso castellano. (Jos Ignacio Rodrguez, Breve exposicin de la Eneida, en la Revista de Cuba de 31 de Agosto de 1877). Hasta aqu llegan mis noticias de traductores castellanos de Virgilio. En unos apuntes manuscritos de mi excelente amigo don Rafael Pombo sobre traducciones castellanas, se lee: Gergicas, libro I, en verso suelto, por Dionisio Alcal Galiano. La Eneida, por un Cannigo Salazar, de Santa Marta. El seor Pombo no recuerda de dnde tom estos datos y no ha habido medio de verificarlos. Aunque no entra en mi plan hablar de traducciones portuguesas, no omitir observar, como americano, que entre ellas figuran noblemente algunas de origen brasilero, como son la completa de Antonio Jos de Lima Leitao (Ro de Janeiro, 1819), y la de la Eneida en verso suelto, con excelentes notas explitivas, por Manuel Odorico Mndez (Pars, 1854). Esta Eneida Brazileira merece bien los elogios con que la citan Ochoa y Menndez Pelayo. El verso portugus, por la diferencia de los idiomas, no es tan musical como el castellano, pero lleva la ventaja de ser ms nutrido y comprensivo. H aqu una muestra del trabajo de Mndez (Libro i):
T r e p a e n t a n t o un p e n h a s c o , e ao l a r g o E n e a s R e g y r a a ver se u n d v a g o s a l c a n c a A n t h e u ou C a p y s , a s b y r e m e s p h r y g i a s , Ou a r m a s d e C a i c o e m a l t a s p o p a s B a i x e l n e n h u m ; a v i s t a s t r e s servos, N a p r a i a errantes; segu atrs o armento, E enfileirado pelos valle3 p a s t a .
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En esta breve descripcin no slo estn vaciados los pensamientos, sino imitados los cortes y pausas del original: Navem in conspectu nullam.... Prospicit errantes.... Concluyo implorando, como los antiguos comediantes, y no sin desconfianza, la indulgencia del pblico. Ha sido mi deseo, (lo repito) que estos ligeros apuntes sirvan de base y de estmulo para que otras personas completen y adicionen la parte americana, como datos destinados a la Bibliografa de traductores espaoles que prepara el seor Menndez Pelayo. Yo quedar muy contento si estos borrones contribuyen, aunque indirectamente, a la mejora y acrecimiento de ese extenso e importantsimo trabajo bibliogrfico y crtico en el libro del seor Menndez, monumento en que han de resplandecer en ordenadas muestras la erudicin clsica y la riqueza potica de la nacin espaola, los escritores peninsulares y americanos, lo mismo que en esta esbozo, formarn juntos como artfices de una misma lengua. As ha de ser; y no de otra suerte debe escribirse la historia literaria de Espaa; porque no es de creer, ni cabe tan daado intento en corazones honrados, que con la emancipacin de Ia3 que fueron colonias espaolas caduquen las tradiciones castellanas, sobre las cuales se asienta,, aquella patria comn, magna parens, en cuyos trminos podemos todava decir que nunca se pone el sol.
SAN CIRILO DE ALEJANDRA La impiedad tiene sus modas y sus muletillas. En los pases espaoles se ha hablado con insistencia, y de odas, como de monstruos engendrados y mimados por el catolicismo, de Santo Domingo de Guzmn, de Torquemada y de Felipe II. Las figuras histricas vienen as a quedar reducidas a palabras supersticiosas. Hoy, obedeciendo a la inspiracin de libros extranjeros recientes, empiezan a caer en desuso aquellos nombres misteriosos, y se repite con terror y escndalo, impuestos por el ceremonial de la impiedad, el peregrino nombre de San Cirilo. San Cirilo principia a ser ahora el tipo del victimario; Galileo contina siendo el tipo de la vctima, hasta que la moda, que es, o parece ser caprichosa, sustituya este smbolo gastado por otro flamante, aunque corresponda a personaje remoto o ignorado. Hasta los estudiantes de negaciones han hablado ya de San Cirilo asesino, sin caer en la cuenta de que un Patriarca alejandrino del siglo iv pertenece a la historia antigua. La actualidad no est en la cosa, sino en el nombre, o mejor dicho, en la sorpresa con que la ignorancia acoge como novedades las vejeces. Los amantes de la actualidad, del siglos xix y del progreso indefinido, suelen andar muy atrasados en sus citas, como se ve en este caso. Sera curioso indagar el origen y genealoga de estos descubrimientos. Cuando lemos a Draper nos pareci singular fenmeno la virulencia personal con que ataca a San Cirilo; y en el artculo precedente, (1) publicado en 1882, consignamos esta impresin. Entre los filsofos fciles se ha propagado bastante la obra del profesor de Nueva York, y en los dicterios contra San Cirilo con que procuran acreditar de erudita su saa contra la Iglesia, se descubren los payasos de Draper. Pero en Draper mismo el odio ponzooso con que ataca a San Cirilo, no es germen natural, no es brote espontneo de su espritu. Reflexionando sobre este punto creemos poder asegurar que Draper, a su vez, no hace ms que repetir la leccin de su maestro Gibbon, con la diferencia que hay entre un sabio y clsico historiador, aunque diablicamente inspirado en orden
(1) R e f i r e s e el a u t o r a l a r t c u l o Recuerdos y Rectificaciones pub l i c a d o en El Conservador, a g o s t o , 1882, e incluido en el tomo de s u s Artculos y Discursos, 1888. N . d l o s E .
160 ianismo, y un dentista con humos de filsofo y estilo de reprter. Las fuentes de la historia de San Cirilo son escasas, deficientes e inseguras. Ctanse principalmente a Scrates el Escolstico, dbil continuador de los anales eclesisticos de Eusebio; y a Severo, historiador arbigo del siglo x, Obispo de Hermpolis Magna o Ashmunein, a quien el propio Gibbon confiesa que no se puede prestar fe, salvo que los hechos lleven en s mismos caracteres de evidencia. No es dado, por tanto, conocer la vida de San Cirilo sino a grandes rasgos, siendo oscursimos los incidentes con que se la ha querido dramatizar. De ella slo consta de un modo cierto y preciso, por las actas originales de los Concilios y por copiosos documentos eclesisticos, todo lo referente a controversias religiosas, y al desenvolvimiento externo del dogma catlico, el celo ardiente, infatigable, que desde su elevacin a la silla patriarcal de Alejandra, como digno y no lejano sucesor de San Atanasio, despleg en defensa de la pureza de la doctrina catlica, que haba bebido en la tradicin apostlica, de los labios de sus maestros, y en la asidua lectura de los escritos de San Clemente, San Dionisio, San Atanasio y San Basilio, durante sus juveniles aos, que pas en el desierto, en los monasterios de Nitria, entregado a la penitencia y el estudio. Las cartas cannicas de San Cirilo, sus doce anatematismos, las controversias que suscitaron, y cuanto concierne a la definicin de la divina maternidad de la Virgen Mara, es honda materia teolgica. La historia de este Patriarca, est, por tanto, ntimamente ligada con la del dogma, y, razonable y provechosamente, slo ha de escribirse como pgina de historia eclesistica, o bien como ilustrativo prembulo de la doctrina de la Encarnacin en la Teologa Dogmtica ( 1 ) . Los pormenores de la biografa de este Patriarca, puesta a un lado su importancia como escogido instrumento de la Providencia en la declaracin de uno de los dogmas fundamentales del cristianismo, en poca de grandsima confusin de ideas, son apenas objeto curioso de indagacin para eruditos orientalistas, o para hagilogos tan minuciosos y eruditos como los Bolandos. De sus trminos propios sac Gibbon a este extraordinario personaje eclesistico para darle nueva vida e inters dramtico en el cuadro general de la Historia del Imperio Romano. Sin la obra de Gibbon no habra Draper probablemente colocado a San Cirilo en primera lnea como blanco de sus tiros; y si el entrometido qumico americano, siguiendo las pisadas del eminente Gibbon, no la hubiese emprendido con San Cirilo, no tendramos cirilfobos en Colombia.
(1) A s l a e s c r i b i P e t a v i o en s u m o n u m e n t a l o b r a De theologlcis dogmatibus, q u e hemos c o n s u l t a d o en l a e d i c i n d e A m b e r e s , 1700, 5 tomos en folio ; y a b r e v i a d a m e n t e Hottzlau, en l a t e o l o g a de los W i r c e b u r g e n s e s , P a r s , 1850, t o m o n . No se puede poseer c i e n c i a a l g u n a sin el a u x i l i o de l a H i s t o r i a de l a c i e n c i a m i s m a ; todo t r a t a d o de teologa d e b i e r a , como los c i t a d o s , contener p r o l e g m e n o s histricos.
161 Era Alejandra, a principios del siglo IV, una ciudad tumultuosa, donde hervan creencias diversas y opuestos fanatismos: los paganos, los judos y los herejes se agitaban, y a veces concertaban coaliciones contra el catolicismo pujante y dispuesto a defenderse en todo terreno. Pocos aos antes que San Cirilo ocupase la silla de Tefilo, habiendo abolido Teodosio la idolatra, los paisanos catlicos de Alejandra tuvieron el valor de demoler el templo de Serapis, y derribar a golpes la estatua colosal del dios infernal, arrostrando el tradicional y supersticioso terror con que los egipcios la adoraban. Era siglo de exaltacin, de lucha teolgica fundamental; no caba en aquel tiempo la discusin serena: el pueblo se amotinaba y pugnaba en las calles por cuestiones dogmticas: los monjes de Nitria acudan a veces a la ciudad como precursores de los caballeros cruzados; era Alejandra un lugar de cita, que se tornaba en campo de batalla; y el Patriarca necesitaba tener dotes singularsimas para poder entenderse con los agentes imperiales, reprimir los ataques de sus enemigos y corregir a sus adictos sin enervarlos; pero de ningn modo hombre alguno habra podido alterar las condiciones excepcionales de aquellos tiempos y de aquel pueblo exaltado y revuelto. No sera pues propio de una crtica reflexiva y justiciera tomar como un hecho aislado el deplorable suceso de Hipata. En uno de los frecuentes alborotos que ocurrieron en Alejandra, aquella filsofa y propagandista pagana, influyente consejera del Prefecto Orestes, fue detenida en su carro, muerta violentamente, y quemados sus miembros en un sitio llamado Cinarn. Gibbon dice que San Cirilo alent o acept el sacrificio de aquella virgen, que profesaba la religin de los griegos y a quien ligaban vnculos de amistad con Orestes. La disyuntiva alent o acept denota que el anticristiano historiador, enemigo de San Cirilo, pero temeroso de faltar abiertamente a la verdad, por cierto pundonor de exactitud que el hbito de compulsar documentos inspira, procura culpar al Patriarca y producir en el nimo de los lectores la impresin de complicidad, pero sin afirmar el hecho, sino en forma de presuncin. Algo ms audaz se muestra cuando, para preparar este efecto moral, dice que San Cirilo miraba con malos ojos el pomposo cortejo de esclavos y de caballos que rodeaban la puerta de la Academia, donde aquella joven, tan modesta como sabia, tan sabia como hermosa, dictaba sus lecciones. Gibbon no presenta, ni presentar poda, ninguna prueba de aquellas envidiosas miradas (1). Todos los historiadores serios, catlicos y anticatlicos, estn conformes en la relacin de las circunstancias de la muerte de Hipata. Pero slo por presunciones morales destituidas
(1) H e t h e s a i n t {ironice)soon prompted or accepted t h e s a c r i tice of a r i r g i n w h o profesed t h e religin o t h e Greeks, etc. Cyril beheld with a jealous eye t h e g o r g e o u s t r a i n of h o r s e s a n d s l a v e s who c r o w d e d t h e door of h e r a c a d e m y . G i b b o n ' s , Rome, c a p t u l o x r . v n . Estudios literariosM. A . Caro11
162 de todo fundamento histrico, los benvolos excusan y los malvolos complican a San Cirilo en aquel deplorable suceso. Vase la relacin de Croiset, Ao Cristiano: Principi el ejercicio de su alta dignidad por un rasgo de rigor contra los novacianos, haciendo cerrar las iglesias que tenan estos herejes en Alejandra, y apoderndose de todos los vasos y muebles que haba en ellas. Algn tiempo despus arroj los judos, culpables de muchas violencias contra los cristianos, lo que le indispuso con Oreste, Gobernador de Alejandra, quien fue picado vivamente de este acto de autoridad, y rompi pblicamente con el santo; y aunque ste dio todos los pasos para reconciliarse, envindole a pedir su amistad en nombre de los santos Evangelios, todo fue intil: Oreste prosigui en su odio, y fue ocasin de una funesta catstrofe. Una joven pagana, llamada Hipada, haba abierto en Alejandra una escuela de filosofa platnica; su reputacin era tal, que se atrajo un gran nmero de discpulos, y entre ellos al clebre Sinesio, quien la suplic revisase sus obras. Los filsofos ms afanados la consultaban de todas partes sobre cuestiones difciles, y reciban sus decisiones como orculos. Hipada tena estrechas relaciones con Oreste; y el pueblo de Alejandra, de una imaginacin fcil de ser inflamada, dio crdito al rumor de que ella era la que retraa al Gobernador de reconciliarse con el Patriarca. Su muerte fue jurada, y al salir un da de su casa, echndose sobre ella una tropa de hombres furiosos, la arrojaron del carro en que iba, la hicieron pedazos, y arrastraron sus miembros por los diferentes barrios de la ciudad. Pas esto el ao 415. Una accin tan horrible fue detestada por todas las personas de bien, y ms particularmente por San Cirilo, que buscaba los medios de sofocar toda semilla de divisin. No todos los santos pertenecen a cierto tipo de perfeccin: desde San Pedro hasta San Hermenegildo hubo muchos que fuera de sazn y con imprudente celo desnudaron la espada. Suponiendo que San Cirilo en un momento de impaciencia hubiese proferido contra Hipata alguna palabra imprudente, que pudo exaltar al pueblo, la supuesta falta no compromete con mancha imborrablean indelible stainla santidad de San Cirilo, porque falta que no se cometi o que se expi, no es imperdonable. Podemos suponer que pec San Cirilo, y presumir que se santific desde que abri su providencial y aun humanamente admirable campaa contra el nestorianismo. San Cirilo, carcter franco y resuelto, no excusaba responsabilidades; si l hubiese provocado la agresin, hubiera obrado, como siempre, a la luz del da, y no faltara algn escritor antiguo que le culpase. Si consta, por otra parte, que deseaba reconciliarse con Orestes, y que por los santos Evangelios le convidaba a amistarse, no parece natural que al mismo tiempo promoviese la muerte escandalosa y sangrienta de aquella mujer a quien el Prefecto y muchos cristianos trataban con marcada estimacin. De aqu la conjetura de Croiset. La que hace Gibbon
suponiendo al Patriarca instigador del atentado, no sabemos en qu principio, fuera de una mala pasin, haya de fundarse (1). Bstenos hacer constar que histricamente nada puede afirmarse; que Gibbon dramatiz la historia, en este como en otros incidentes, torciendo la vara de la justicia; y que hay muchos casos anlogos que persuaden que en lo dudoso y lo oscuro, la regla de pensar bien es ms segura que la de pensar mal. Quien apellide terminantemente asesino a San Cirilo, no se libra de la nota de calumniador (2). Gibbon, contra toda regla de caridad, de justicia y de crtica histrica, interpreta siniestramente todos los actos de San Cirilo, atribuyndolos a malas intenciones. Dichoso aquel diremos con un clebre escritordichoso aquel de quien slo se pueden culpar las intenciones! Ya citamos las miradas envidiosas que San Cirilo diriga al pomposo cortejo de Hipata, segn lo fantaseado por el historiador de la Decadencia de Roma. Nestorio, Patriarca de Constantinopla, empieza a propagar una nueva hereja; San Cirilo la combate. El Papa San Celestino hace condenar a Nestorio en un Concilio celebrado en Roma (430), y encarga a San Cirilo de ejecutar la sentencia de deposicin y de nombrarle
(1) R e s p e c t o a l a m u e r t e de H i p a t a , Gibbon c i t a a F a b r i c i o , B i b l , G r a e c . (1705-28) y a M e u r s i o (1613). E s t 0 3 e r u d i t o s , como se ve por l a s f e c h a s , que G i b b o n omite, son m o d e r n o s , y ellos a s u vez slo se refieren a n o t i c i a s i n c i d e n t a l e s e i n s e g u r a s , y no p r e c i s a m e n t e r e l a t i v a s a S a n C i r i l o , t o m a d a s de los L x i c o s de S u i d a s y de H e s y c h i o . L a n i c a fuente a n t i g u a es S c r a t e s , y n i n g u n o le c i t a p a r a p r o b a r the j e a l o u s eye ( G i b b o n ) ni l a c o m p l i c i d a d de S a n C i r i l o en l a m u e r t e da H i p a t a . L a c i t a c i n de m u c h o s e s c r i t o r e s es un a p a r a t o e n g a o s o , c u a n d o no h a y m s que un a u t o r o t e s t i m o n i o primitivo que, o no m e r e c e fe, o no c o n f i r m a l a e s p e c i e r e p e t i d a poll a fama,_/e pravique tenax. L o propio a c o n t e c e r e s p e c t o al e put si muove de G a l i l e o , como se ver en e s t e mismo a r t c u l o . L a c r t i c a de l a s fuentes es el mejor medio de d e p u r a r l a h i s t o r i a . ( 2 ) V i n d o s e u n a vez el C a r d e n a l N e w m a n i n f a m e m e n t e c a l u m n i a d o , dedujo l a f a c i l i d a d con q u e l a h i s t o r i a puede p e r p e t u a r l a d i f a m a c i n de p e r s o n a s inocentes, y d e s d e entonces hizo p r o p s i t o de s e r c a u t o y c a r i t a t i v o p a r a con los m u e r t o s , q u e no pueden defend e r s e . V a s e s u Apologa de vita mea. E n C o l o m b i a t e n e m o s un ejemplo m u y significativo. P r o p a g s e en 1876 l a f a l s a n o t i c i a de q u e el O b i s p o de P a s t o don M a n u e l C a n u t o R e s t r e p o , c u a l otro C u r a S a n t a c r u z , h a b a t o m a d o l a s a r r a . i s y a c a u d i l l a d o u n a t r o p a revolucionaria h a s t a P o p a y n : imputacin tanto ms a b s u r d a cuanto los mismos revolucionarios q u e j b a n s e por su p a r t e de l a n e g l i g e n c i a del P r e l a d o en a p o y a r u n a c a u s a q u e e s t i m a b a n s a n t a . No o b s t a n t e s e r notorio en el C a u c a , e.i C o l o m b i a t o d a , q u e a q u e l l o fue u n a f b u l a e s t p i d a , s i g u e r e p i t i n d o s e . No h mucho los e s t u d i a n tes del R o s a r i o , q u e a p e l l i d a b a n a s e s i n o a S a n C i r i l o , l l a m a b a n a r e n g l n s e g u i d o a l O b i s p o C a n u t o bendito l a n c e r o que p o r s u s c r m e n e s m e r e c e figurar en el c a l e n d a r i o de los s a n t o s c a t l i c o s Y a h o r a m i s m o tenemos a l a v i s t a u n a p u b l i c a c i n r e c i e n t e , en l a c u a l se lee q u e en l a g u e r r a civil de 1876, en C o l o m b i a , un O b i s p o , p a r o d i a n d o a J u l i o n , c a p i t a n e un e j r c i t o y llev t r a s s m u l t i t u des enarboland:o u n a b a n d e r a en q u e e s t a b a p i n t a d o un C r i s t o . {Las cosas de Venezuela, C u r a z a o , 1337, folleto sin f o l i a t u r a ) .
164 sucesor. Natural pareca que quien a cada paso, estudiando los primeros siglos del cristianismo, ha tenido que reconocer como un hecho histrico comprobado, aunque a los escpticos ignorantes parezca absurdo y estpido, la inclinacin del hombre a combatir, guerrear y sacrificarse por una idea; natural pareca que Gibbon atribuyese la conducta del fogoso Patriarca de Alejandra a su ardiente celo religioso, y siquiera lo llamase ciego y feroz fanatismo. No le concede este honor a San Cirilo. Por inters, y no por pasindice--profesaba enemistad a los Pontfices de Bizancio (1). Miraba con envidia la posicin ventajosa que ocupaban en medio del brillo de la corte imperial; infundale temor la ambicin que desplegaban oprimiendo a los metropolitanos de Europa y de Asia, invadiendo las Provincias de Alejandra y Antioqua, y tratando de igualar los trminos de sus dicesis con los del imperio. En suma, en aquellas guerras episcopales, la religin slo fue un pretexto; la ambicin constituy el verdadero mvil. Nada ms injusto que esta imputacin deshonrosa. Acsese a San Cirilo de intransigente, de fantico; pero cuidado con decir que obedeca a una ambicin interesada y fra, no al ardor de su celo, o si se quiere, a los arranques de la pasin. Entero y firmsimo se ostenta su carcter, consecuente y sostenida su conducta como Obispo catlico; sus actos se explican unos por otros lgicamente. Despus de la reida competencia que elev a San Cirilo a la silla de Alejandra, principi el nuevo Patriarca por perseguir a los novacianos, y luego a los judos, exponindose con esta intervencin enrgica a incurrir en el desagrado de las autoridades imperiales, y por lo mismo en desgracia, humanamente hablando. Y en efecto, la expulsin de los judos le ocasion el desabrimiento del Prefecto de Egipto, y pudo proporcionarle persecuciones como las que padeci San Atanasio, si Dios no hubiese permitido que el Emperador Teodosio n aprobase su conducta. Podr decirse que en esa sazn obr el Patriarca de Alejandra movido por emulacin hacia el de Constantinopla, cuando la ambicin egosta slo poda sugerirle providencias conciliatorias y cuantas hubiesen de hacerle grato a la corte imperial ? Si San Cirilo, oponindose a Nestorio, obedeci a un espritu de emulacin hacia la silla de Constantinopla, expliqese cmo pudo aquel santo Patriarca regir por treinta y dos aos la iglesia de Alejandra, habiendo siempre cultivado amistosas y cordiales relaciones con tico, predecesor de Nestorio, y con los inmediatos sucesores del depuesto heresiarca; y cmo despus de haber presidido un Concilio ecumnico, y haber merecido del Soberano Pontfice, de la gran mayora de los Obispos, de la cristiandad entera, testimonios de respeto y fervientes ovaciones, lejos de ensoberbecerse con este triunfo, que un
(1) H i s enmity t o t h e B y z a n t i n e P o n t i f f s w a s a s e n s e of i u t e r e s t , not a s a l l y of p a s s i o n , e t c .
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Obispo mundano hubiera tomado como gloria propia; en vez de humillar a unos cuantos Obispos obcecados que le haban injuriado, y aun tuvieron la audacia de excomulgarle en un concilibulo, dirige todos sus esfuerzos, con caridad y prudencia, a atraer a los disidentes, como los atrajo al fin, a la unidad. Con tal motivo deca el Papa San Sixto m, en su primera Encclica a los Obispos de Asia: Nunca habremos ponderado bastante la abnegacin con que nuestro venerable y santo colega Cirilo, olvidando los ultrajes que recibi en otro tiempo, no teniendo en cuenta las injurias personales, lejos de vengarse de sus enemigos, se esfuerza heroicamente por reconciliarlos con la Iglesia.Santa ambicin, gloriosamente coronada! Petavio, consultadas todas las fuentes, expone, fundado en todos los textos pertinentes al asunto, la historia de la competencia teolgica entre San Cirilo y Nestorio (1). Basta comparar esta relacin histrica con las mutiladas correspondientes pginas de la Historia de la decadencia dellmperio Romano, para penetrarse de la malignidad con que teji el historiador ingls esta parte de su grande obra. Casi todos los que despus de l, y siguindole, han narrado aquellos sucesos, presentan a San Cirilo oponindose de repente desde Egipto a la predicacin del Patriarca constantinopolitano. Nada ms falso. Cuando empez a predicarse en Constantinopla, con el beneplcito de Nestorio, la nueva hereja, los catlicos avisados se alarmaron y resistieron. El da de la Anunciacin (ao 429) en la gran baslica de Santa Sofa, Proclo, Obispo electo de Csica, deba predicar el sermn de la fiesta. El auditorio era inmenso, y Nestorio presida la solemnidad. El sermn del santo Obispo, que se conserva en la coleccin de los Padres de la Iglesia griega, fue una elocuente apologa de la maternidad divina de la Virgen, y el auditorio lo recibi con aplausos. Nestorio subi inmediatamente a la ctedra y rectific, a su modo, la hermosa doctrina de Proclo, fundndose en que un *nio Dios dara que rer a los paganos; cobarde argumento de cuantos, negando en su corazn la divinidad de Cristo, slo a medias la profesaban con los labios. No contento con la afectacin hipcrita de aquel lenguaje, autoriz y aprob en seguida abiertamente la predicacin de Doroteo, Obispo de Marcianpolis, que desde el pulpito lanzaba furiosos anatemas contra los que invocasen a Alara como a Madre de Dios. El primer sermn de este fantico adversario de la divina maternidad de la Virgen provoc espantoso tumulto: gran parte del auditorio se desat en clamores, interrumpiendo al orador, y desde entonces muchos se separaron de la comunin
(1) G-ibbon dice h a b e r c o n s u l t a d o a P e t a v i o , y a c e r c a de su g r a n d e o b r a De theologicis dogmatibus se e x p r e s a a s : P a s m o s a es l a i n m e n s i d a d del p l a n y l a (le t r a b a j o q u e supone. L a e r u d i c i n de este j e s u t a es c o p i o s a y exactacorred; su l a t n p u r o , c l a r o el mtodo, los argumentos profundos y bien enlazados; pero se o s t e n t a e s c l a v o de los P a d r e s , azote de los h e r e j e s y enemigo de l a v e r d a d y de l a s i n c e r i d a d c u a n d o e l l a s estn en c o n t r a d i c c i n con l a c a u s a catlica.
166 del Patriarca, juzgndole fautor de la hereja. En especial los monjes todos resistieron la nueva doctrina; se levanta ctedra contra ctedra, cunde el escndalo, y los de uno y otro partido claman por la indiccin de un Concilio ecumnico. De estos hechos, que Gibbon consigna en parte, y en parte considerable omite, se deduce claramente que la opos cin a Nestorio se inici en Constantinopla, y no en la ambiciosa cabeza de San Cirilo. Los ecos de la ruidosa disputa llegaron -dice Gibbona las celdas de Palestina y Egipto. Deber era de San Cirilo ilustrar la ignorancia y el celo de os innumerables monjes sometidos a su autoridad episcopal. La escuela de Alejandra le haba enseado la encarnacin de una naturaleza (1), y l haba adoptado esta doctrina; pero armndose contra un segundo Arrio, que ms amenazador y ms culpable que el primero ocupaba el segundo trono en la jerarqua eclesistica, el sucesor de San Atanasio slo consultaba su ambicin y su orgullo. Despus de una correspondencia que dur muy poco, en la cual los dos prelados rivales, bajo un lenguaje prfido, simulaban respeto y caridad, el Patriarca de Alejandra denunci al Prncipe y al pueblo, a Oriente, y a Occidente, los culpables errores del Pontfice de Bizancio. Los Obispos orientales, y en especial el de Anioqua, que eran favorables a Nestorio, aconsejaban moderacin y silencio; pero el Vaticano reciba con los brazos abiertos a los diputados de Egipto; Celestino se lisonjeaba de verse elegido Juez de la controversia; y la infiel versin de un monje determin la opinin del Papa, tan ignorante como todo el clero romano, en la lengua, las artes y la teologa de los griegos.
;
En este solo prrafo de su narracin incurre el autor en omisiones sustanciales y gravsimas tergiversaciones. Sealaremos las ms salientes :
(1) G i b b o n e m p l e a un l e n g u a j e i m p r o p i o . S a n C i r i l o s o s t e n a l a u n i d a d de l a p e r s o n a de C r i s t o , no l a u n i d a d d e n a t u r a l e z a . T o d a l a c o n f u s i n r e s u l t a , como lo d e m u e s t r a P e t a v i o , de l a m a l a t r a d u c c i n de t r m i n o s g r i e g o s q u e s e u s a r o n e n d i v e r s a s a c e p c i o n e s . L a m e n t e de S a n C i r i l o s e c o m p r u e b a con t e x t o s n t e g r o s d e l s a n t o , q u e no d e j a n l u g a r a n i n g u n a a m b i g e d a d . P u e d e n v e r s e en P e t a v i o , tomo v , l i b r o v i , q u e es u n a a p o l o g a c o m p l e t a de l a o r t o d o x i a de S a n C i r i l o . B a s t a d e c i r q u e en su s e g u n d a c a r t a a N e s t o r i o d e c a S a n C i r i l o : Volved a l e e r el s m b o l o de N i c e a , y os c o n v e n c e r i s q u e e l t t u l o de M a d r e de D i o s h a sido d a d o en todo t i e m p o a l a V i r g e n S a n t s i m a , p o r q u e e l l a llev en su seno a l V e r b o h e c h o c a r n e J e s u c r i s t o N u e s t r o S e o r , persona nica, la cual encierra dos naturalezas, divina y humana, indisolublemente unidas. E n nombre de este g r a n D i o s q u e nos m i r a , en n o m b r e d e los s a n t o s n g e l e s q u e l e a d o r a n , os c o n j u r o q u e volvis a l a i n t e g r i d a d d e l a f e , r e s t a b l e c i e n d o a s e l l3zo de pa?. y c o n c o r d i a q u e a todos d e b e l i g a r n o s . G i b b o n p a r e c e q u e d e s c o n o c e e s t a s p r u e b a s , o q u e pone o r e j a s de m e r c a d e r ; t r a t a a S a n C i r i l o de m o n o p h y s i t a , y r e p u t a a N e s t o r i o i n c u l p a b l e d e h e r e j a e i n j u s t a m e n t e c o n d e n a d o por el C o n c i l i o de E f e s o . E s f a l s o , por lo visto, q u e slo d e s p u s d s e s t e C o n c i l i o , v i n d o s e S a n C i r i l o o b l i g a d o y, vencer l a r e p u g n a n c i a q u e le c o s t a b a h a c e r e s t a c o n f e s i n , r e c o n o c i e s e t o d a v a d e un modo equvoco y a su d e s p e c h o , l a d o b l e n a t u r a l e z a de J e s u c r i s t o .
!. No slo llegaron a Egipto ecos o rumores del escndalo causado por Nestorio, sino cartas en que los fieles catlicos de Constantinopla consultaban a un tan ilustre doctor como San Cirilo, y le pedan que interviniese en el asunto. 2. Las cartas de San Cirilo a Nestorio, escritas en tono de conviccin profunda, son monumentos de ciencia teolgica, de celo apostlico, de caridad evanglica, y contrastan con las respuestas tan frivolas como injuriosas de Nestorio, despreciador de los santos Padres, de los exgetas y de la tradicin (1). Confundir estos documentos en un mismo juicio tan desfavorable como el que pronuncia Gibbon, es acto de temeridad, y tambin acaso efecto de ignorancia. La regla de no condenar sin or al reo pertenece lo mismo a la jurisprudencia que a la crtica histrica, puesto que el historiador hace oficio de altsimo juez. El historiador de la decadencia y ruina del Imperio Romano, a despecho de su erudicin incontestable, no se dign consultar las obras del personaje a quien condena, contentndose con declararlas intiles bajo la palabra de honor de La Croze (2,i. 3. Aquella correspondencia que dice Gibbon fue de poca duracin, como para insinuar la precipitacin con que se llev el negocio, se prolong durante un ao; tiempo sobrado para que los Obispos y doctos eclesisticos que en ella deban intervenir, formasen cabal concepto. 4.' Cuando San Cirilo se enter de las ruidosas disensiones de Constantinopla, dirigi a los solitarios no un denuncio del heresiarca, sino una instruccin pastoral razonada, en que exponiendo la verdadera doctrina, les exhortaba a premunirse contra las herticas novedades que se esparcan; pero no quiso culpar ni mencion siquiera a Nestorio; rasgo de moderacin muy digno de tomarse en cuenta. En sus primeras cartas a Nestorio le dice que no se ha resuelto a creerle fautor de la hereja, aunque as lo pregonaba la fama. 5." No fue San Cirilo quien llev a Roma la causa de Nestorio; fue Nestorio quien se apresur a denunciar a San Cirilo, pidiendo al Papa San Celestino la condenacin del P a (1) P u e d e n verse estos documentos en D a r r s Histoire genrale de l^Eglise, tomo X I I I . E l c a p t u l o q u e este e x c e l e n t e h i s t o r i a d o r d e d i c a al P o n t i f i c a d o de S a n Celestino ( 1, N e s t o r i o ; 2, S a n C i r i l o ; 3, Concilio de E f e s o ) , contiene u n a e x p o s i c i n c o m p l e t a del a s u n t o ( d o g m a de l a E n c a r n a c i n ) . S c r a t e s que, como n o v a c i a n o , es a u t o r i d a d n a d a s o s p e c h o s a r e s p e c t o de S a n C i r i l o , c i t a t e x t o s de P a d r e s g r i e g o s , en que se a d m i t e n y a f i r m a n l a s p r e r r o g a t i v a s de l a V i r g e n n e g a d a s por N e s t o r i o , y c o n c l u y e q u e este g r r u l o h e r e s i a r c a e r a i g n o r a n t s i mo en t e o l o g a . (2) II y en a peu ( d ' o u v r a g e s ) q u ' o n lise a v e c moins d ' u t i l i t , Hisi. du Christianisme des Indes, tomo i, p g i n a 24. E s t e juicio r e lativo a l a l i t e r a t u r a , y si se q u i e r e a l a t e o l o g a de S a n C i r i l o , no r e l e v a b a a un h i s t o r i a d o r de l a o b l i g a c i n de e x a m i n a r a q u e l l a s obras como documentos c u y o v a l o r h i s t r i c o h a n a p r o v e c h a d o y p a :entizado P e t a v i o , D a r r s y otros m u c h o s . N a d a h a y que se l e a con t a n p o c a u t i l i d a d como los e x p e d i e n t e s de u n a c a u s a , menos por el ucz que h a de conocer de e l l a , si q u i e r e p r o n u n c i a r j u s t a s e n t e n c i a .
168 triarca de Alejandra. San Cirilo, despus de agotar sus esfuerzos para detener a Nestorio por medio de las cartas que le escribi, y de su exposicin de recta fide, dirigida al Emperador, que hasta la celebracin del Concilio de Efeso favoreca al heresiarca, resolvise a escribir al Papa una carta que confi al dicono Posidonio, y en ella deca: Al santsimo y amadsimo de Dios, Celestino, Cirilo, salud en el Seor; si no estuviese yo obligado a informar a Vuestra Santidad de las causas graves relativas a la fe, y si me fuese permitido ahora sin reato guardar silencio, declaro que preferira mi sosiego y tranquilidad a afrontar las luchas que van a sobrevenir. Pero Dios mismo exige de nosotros infatigable vigilancia; la inmemorial tradicin de las iglesias me obliga a ocurrir a Vuestra Santidad (1). Escribo pues a impulsos de mi deber y de la necesidad. Tengo el dolor de anunciar a Vuestra Santidad que Satans dirige un nuevo ataque a la Iglesia de Cristo; y en su encono procura pervertir todas las almas que andan por los caminos de la fe verdadera. Hasta ahora no he querido escribir ni a Vuestra Santidad, ni a Obispo alguno acerca de aquel que administra la iglesia de Constantinopla, porque s que la precipitacin en estas materias puede hacer irremediable una falta. Mas habiendo tomado tan grandes proporciones el escndalo, debo romper el silencio y exponer a Vuestra Santidad la calamidad que nos aflige. En seguida expone el origen y progresos del error nestoriano, refiere el episodio del sermn blasfematorio predicado por Doroteo en Constantinopla, la escisin entre los catlicos de aquella capital y el Patriarca, los esfuerzos que haca la secta por atraerse adherentes en los monasterios de Egipto y en todas las iglesias de Siria. Luego aada: No dejar de consolar grandemente a Vuestra Santidad el saber que los Obispos de Oriente en general, y los de Macedonia en particular, reprueban unnimes los nuevos errores. Por aqu se ve que no era San Cirilo, como lo presenta Gibbon, aislado e imprudente opositor de Nestorio ; el Concilio de Efeso, compuesto de ms de doscientos miembros, demostr en breve que la opinin de San Cirilo no era particular suya, sino tradicin de la cristiandad entera. 6. Cuando el portador de las letras de San Cirilo lleg a Roma, ya los escritos de Nestorio eran materia de escrupuloso examen. Su versin latina haba sido revisada por el clebre Casiano, versadsimo en ambas lenguas y competentsimo en el punto teolgico discutido, como autor de un tratado de la Encarnacin. San Cirilo acompa a su carta los mismos escritos de Nestorio, traducidos en latn con la mayor fidelidad posible* por doctos intrpretes de Alejandra; por manera que pudieron cotejarse en Roma diversas y autorizadas versiones. Por
( i ) ra [W.xpu. r-us- 'Exx'yigtiv S6/\TTSOOOIU auaxoivovOc T> SY 3J*)TI.
Elocuente testimonio en favor de !a primaca del Romano Pontfice. Las referencias a los textos originales de San Cirilo, en a Patrologa griega, pueden verse en Darr,
169 otra parte, el punto esencial de la cuestin poda precisarse en pocas palabras. Era hecho reconocido y aceptado por ambas partes que Nestorio y sus secuaces rechazaban como impo y blasfematorio el ttulo de diormog dado a la Santsima Virgen. Declarbalo as el mismo Nestorio en su carta al Papa. Ahora bien, aquel trmino en la historia del Snodo Romano que presidi San Celestino, aparece literalmente traducido por Delpara: versin que no adolece de ms infidelidad que de la de una fidelidad extrema, pues la combinacin que en griego es naturalsima por la ndole del idioma, en latn no es eufnica (1). Por lo dems, el fragmento que se conserva del discurso pronunciado por San Celestino en el Snodo Romano, que unnime conden a Nestorio, demuestra que entenda perfectsimamente la cuestin. Cita la doctrina uniforme de San Ambrosio, San Hilario y otros Padres latinos (conformes con los griegos que por su parte citaba San Cirilo), y proclama que la Virgen es realmente madre de Dios, dndole en griego este ttulo. El hombre que deja cerradas por intiles las obras de San Cirilo, acoge en cambio, con escrupulosa diligencia, las calumnias esparcidas en Constantinopla contra el Patriarca de Alejandra por malhechores expulsos o prfugos de Egipto, y en parte acogidas en el calor de la disputa por Juan de Antioqua (2: y otros mulos de San Cirilo y amigos de Nestorio. <S que insignes calumniadores-deca San Cirilo en su segunda carta a Nestorio-engaan a Vuestra Piedad hacindome cargos tan odiosos como quimricos (3'. No me remuerde la conciencia de ningn acto de injusticia ni de tirana. Esos hombres fueron juzgados conforme a derecho, y su culpabilidad qued plenamente comprobada. Uno de ellos fue convicto de haber defraudado los bienes de los pobres y de los hurfanos; otro hiri a su madre con mano parricida; el tercero se concert con una moza de servicio para robar a una familia. Convendris en que no deben preocuparme acusaciones de tan vil origen. Dios me es testigo que no hablo as por orgullo. La experiencia me ha enseado que la inocencia ms notoria no
(1) G i b b o n en u n a n o t a se b u r l a del t r m i n o Dcipara, como zool g i c o . P e r o p r e c i s a m e n t e se emple ese t r m i n o p a r a que n a d i e pudiese j a m s d e c i r , como h a dicho G i b b o n , que l a v e r s i n fue infiel. (2) J u a n de A n t i o q u a , a m i g o de N e s t o r i o , fue el a u t o r del c r i m i n a l c o n c i l i b u l o q u e p r o t e s t c o n t r a el Concilio de E f e s o y conden a S a n C i r i l o y a Memnn, M s t a r d e a q u e l O b i s p o se rindi a l a a u t o r i d a d de l a I g l e s i a ; y S a n C i r i l o se a p r e s u r a i e c o n c i l i a r s e con l olvidando g e n e r o s a m e n t e s u s a g r a v i o s . H a y testimonios post e r i o r e s de J u a n de A n t i o q u a a l t a m e n t e f a v o r a b l e s a S a n C i r i l o ; Gibbon p r o h i j a t e x t u a l m e n t e l a s o f e n s a s , y a l a elocuente r e t r a c t a cin se r<;ere en giobo en estos t r m i n o s : D e s p u s de l a c o a l i c i n de S a n J u a n y de S a n C i r i l o l a s i n v e c t i v a s fueron r e c p r o c a m e n t e o l v i d a d a s . V a n a s d e c l a m a c i o n e s no deben e n g a a r n o s s o b r e l a opinin que enemigos r e s p e t a b l e s c o n s e r v a n de su m r i t o r e c p r o c o . (3) Del o r i g e n y n a t u r a l e z a de e s t a s c a l u m n i a s S a n C i r i l o s u s a p o c r i s i a r i o s en C o n s t a n t i n o p l a . informaron a
170 est al abrigo de la calumnia (1). Abandonemos a esos desgraciados a ios remordimientos de sus conciencias, y sobre todo al juicio de Dios, y volvamos al punto capital de este negocio. Ni Nestorio en su respuesta, ni escritor alguno, sali a la defensa de aquellos perversos calumniadores sealados con el dedo por San Cirilo. El lenguaje de este Patriarca, en las frases copiadas, si no fuese el de un Obispo justiciero, aborrecido de los malvados, seria el del ms audaz de los perjuros. Apelaramos al juicio que hubiese de pronunciar Gibbon mismo si viviese, sobre el texto de esta carta, que, como queda dicho, no mereci figurar entre los documentos que consult para escribir su Historia. Aun suponiendo que Gibbon acusase a San Cirilo en ejercicio de cargo legalmente conferido que le obligase a extremar la culpabilidad del reo, hubiera incurrido en extravagancia y delirio si le motejara de enemigo y perseguidor de la Ciencia. Pero Draper, que no traza la historia del Sacerdocio y del Imperio, sino soados conflictos entre la Religin y la Ciencia, al adoptar y acentuar las diatribas del historiador, se ve arrastrado por la ndole especial de su forzado argumento, a personificar la religin en San Cirilo y la ciencia en Hipata, para que resulte la Ciencia sacrificada por la Religindando por hecho que el Patriarca asesin a la filsofa,con lo cual no slo falta el profesor newyorkino a la verdad histrica, sino que incurre en un antropomorfismo cientfico ms ridculo que el teolgico, y adems, en manifiesta inconsecuencia con su teora fundamental, puesto que, para los cientistas de su escuela, la filosofa platnica que profesaba Hipata, por muchos de ellos despectivamente confundida con el cristianismo, es, ni ms ni menos, una especulacin tan intil y area como l a s , letras divinas y humanas en que era versado San Cirilo. Ningn personaje batallador careci de enemigos, y el que atac diversos y poderosos intereses, debi de granjearse diversas tambin y poderosas enemistades. En este caso se halla San Cirilo, que combati a un mismo tiempo y reprimi a todos los enemigos del cristianismo. Mas aquellos odios parece que debieran haberse extinguido con el largo transcurso de los tiempos, o buscado otras personas en quin cebarse, dejando descansar la memoria de San Cirilo. Ni el espritu de hostilidad general hacia el cristianismo, que envenena la pluma de Gibbon, ni el fanatismo cientista de Draper, explican suficientemente su encono personalsimo hacia San Cirilo, encono que parece hu' 1 ) Y en el d i s c u r s o apologtico que d i r i g i m s t a r d e a T e o d o sio c u a n d o este P r n c i p e empez a h a c e r l e j u s t i c i a , d e c a S a n C i r i l o : La calumnia es cosa amaiga ctertimene: lo s por experiencia: d u r o es a un h o m b r e inocente ver t o r c i d a m e n t e t r a d u c i d a s s u s intenciones y d e s n a t u r a l i z a d o s s u s a c t o s . Y o me consuelo leyendo a q u e l l a s p a l a b r a s de l a S a g r a d a E s c r i t u r a : S i m e h a n p e r s e g u i d o a m, d i c e N u e s t r o S e o r a los A p s t o l e s , t a m b i n os h a n de p e r s e g u i r a vosotros; no es el siervo m a y o r q u e el a m o . S i e r v o yo de C r i s t o , no debo q u e j a r m e c u a n d o me veo t r a t a r como a l miemo le t r a t a r o n .
171
biera provenido como por contagio, no d e j o s libros serenos y fros, sino de alguna tradicin. Las colectividades propagandistas u hostiles, combatidas o contrariadas por el santo Patriarca, desaparecieron o se transformaron; pero sobrevive una de ellas, no como secta, sino como nacin dispersa. Si novacianos y nestorianos no dejaron conocidos y conjurados sucesores en Occidente es permitido creer que los colonos judos expulsados de Alejandra, ni callaron, ni dejaron de transmitir a su numerosa y errante parentela la sana vengativa que consigo llevaban contra el precursor oriental de la poltica que los Reyes Catlicos acentuaron siglos despus en Occidente. Las leyes de los Csares y de los Tolomeosdice Gibbony la prescripcin establecida por el transcurso de siete siglos desde la fundacin de Alejandra, aseguraban la libertad de su culto y ciertos privilegios a los judos, que haban crecido en nmero hasta llegar a cuarenta mil en Alejandra. Sin previa sentencia legal, sin orden alguna del Emperador, el Patriarca se presenta un da temprano a la cabeza de una turba sediciosa, y ataca las sinagogas. Desarmados y acometidos de improviso no pudieron los judos hacer resistencia; fueron arrasados los lugares en que acostumbraban a reunirse a orar, y el Obispo guerrero, despus de entregar sus bienes al pillaje de las tropas, arroj de la ciudad los restos de aquella nacin incrdula. Acaso pudo alegar, en su abono, la insolencia de la prosperidad de los judos y el odio mortal que profesaban a los cristianos, cuya sangre haban derramado no haca mucho en un alboroto, casualmente oc?sionado o deliberadamente promovido ( 1 ) . Semejantes crmenes merecan la animadversin del magistrado; pero en aquella agresin se confundi a inocentes con culpables, y Alejandra perdi una colonia rica e industriosa. El celo desplegado por San Cirilo le haca incurrir en las penas de la ley Julia; pero con un Gobierno dbil, y un siglo supersticioso, tena asegurada la impunidad y aun el aplauso. Orestes, Prefecto de Egipto, se quej; pero los ministros de Teodosio echaron pronto tierra a sus reclamaciones, y qued olvidado el asunto. Advirtase que el doctsimo Gibbon hace gala de exactitud y fidelidad como narrador, citando al pie de las pginas con diligencia suma y escrupulosidad bibliogrfica, las fuentes de los hechos. Mas en el pasaje citado no hace una sola referencia para fundar los incidentes adulterados con que adorn su re'acin (2 . El nmero de cuarenta mil, a que se hace subir
(1) S e ve, por confesin de Gibbon, que A l e j a n d r a , como dijimos a n t e , e r a un c a m p o de b a t a l l a . S i los c a t l i c o s no se h u b i e s e n defendido, h a b r a n sido o p r i m i d o s . S a n C i r i l o c o m p r e n d a q u e el p r e c e p t o de l a c a r i d a d p e r s o n a l no e x c l u y e el d e r e c h o de d e f e n s a social. (2) L a fuente de e s t a s n o t i c i a s e s t en S c r a t e s , l i b r o vir, c a p tulo 13. L e s i g u e con a l g u n a s v a r i a n t e s f a v o r a b l e s al P a t r i a r c a , Nicforo C a l i s t o , l i b r o x i v , c a p t u l o 14.
los judos de Alejandra, es probablemente exagerado; pero Gibbon, que reduce el de los mrtires, no se detiene a discutir esta cifra. El hecho histrico se reduce a estos tres captulos sin exornaciones: 1.", que los judos de Alejandra, llenos de furor contra el cristianismo, haban hecho matanzas de catlicos, 2.", que San Cirilo reprimi su insolencia, cerrando sus sinagogas y expulsndolos de la ciudad; 3.", que el Emperador T e o dosio, a despecho del Prefecto de Egipto, aprob la conducta del Patriarca. Scrates refiere que la enemistad entre judos y cristianos se declar abiertamente con ocasin de un espectculo pblico, en que hubo algunas rias y muertes (el accidental o deliberado tumulto de que habla Gibbon); pero a esa ocurrencia se siguieron graves desrdenes. En vano el Patriarca previno a los principales judos que si no se contenan en sus demasas seran seberamente castigados. Una noche salen los judos con armas ocultas, y divisados para reconocerse, dando voces de incendio, y en medio de la confusin dan muerte a muchos cristianos. Indignado el Obispo, ocupa al da siguiente las sinagogas, y arroja de la ciudad a unos hombres ni desarmados ni desapercibidos, pero ms audaces que valientes. El Patriarca elev al Emperador una exposicin de los hechos, que desgraciadamente no se conserva 1'. Algunos de los expulsos, convertidos ms tarde al cristianismo, volvieron a Alejandra a ejercer all sus industrias, sin que nadie les molestase; uno de ellos Adamando, mdico famoso. Tal es, en resumen, la relacin de Scrates. Por lo dems, la justificacin de San Cirilo ante el Emperador, no ha de atribuirse ni a debilidad del Gobierno ni a la supersticin del siglo. El Emperador Teodosio limit las facultades de San Cirilo, privndole del derecho a escoger los parabolanos, y reduciendo considerablemente el nmero de los miembros de esta confraternidad, adictsima al Patriarca (2). A los principios del nestorianismo, Teodosio apoyaba decididamente al heresiarca, sus agentes ejercieron violencias contra los Padres del Concilio de Efeso, y trataron de estorbar la definicin del dogma de la Encarnacin. San Cirilo estuvo preso en Efeso por orden del Emperador. Al fin Teodosio se rindi al voto unnime de las Iglesias de Oriente y de Occidente, y San Cirilo volvi en triunfo a Alejandra como un nuevo Atanasio. Mas todo esto prueba que Teodosio no tena particular aficin a San Cirilo ni le favoreca; y poderosas razones legales y polticasno un sentimiento de debilidadle inclinaron a aprobar
(1) U t i n a m literas C y r i l l i e x t a r e n t ! M a j u s e;e p o n d u s q u a m f u rentes i l l i u s O r e s t i s a p u d r e c t e sentiente.s o b t i n e r e n t - > B o l l a n d o , Vita S. Cyrilli. (2) C r n f r a t e r n k l a d f u n d a d a p a r a a s i s t i r a los e n f e r m o s y onter r a r a los m u e r t o s . G i b b o n o b s e r v a q u e e s t o s p a r a b o l a n o s p o r el oficio q u e t e n a n e s t a b a n f a m i l i a r i z a d o s con e s c e n a s de i n u e r t c ; d a n d o a sce?ies of death un d o b ' e s e n t i d o , h o s p i t a l a r i o y s a n g r i e n t o , L a m i s m a t a c h a p o d r a p o n e r s e a l a s H e r m a n a s de l a C a r i d a d .
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la expulsin de los judos de Alejandra. En las primeras persecuciones del cristianismo los israelitas se unieron a los paganos como Herodes y Pilatos en odio a Jesucristo, y con los paganos concurran al circo y aplaudan el cruento martirio de los confesores. Sin embargo, al principio crean muchos que los cristianos eran slo un rama de judos. Poco a poco el mundo fue comprendiendo que los cristianos eran una sociedad universal, y los judos sus ms irreconciliables enemigos. Al principio del siglo m el Emperador Severo, a su regreso de Palestina a Egipto, al propio tiempo que se ensaaba en los cristianos, castig duramente a los judos de Alejandra: hecho que Gibbon olvida o afecta desconocer. Juliano, en odio a los cristianos, protegi a los judos y les prometi reedificar a Jerusaln. Era lgico que los Emperadores cristianos tuvieran un criterio contrario al del Apstata. La nacin deicida, ni muere ni perdona, y es natural que no olvide jams el nombre de Cirilo ni el de Justiniano:
N u l l u s a m o r populis neo fcedera sunto,
En el punto de vista de los escpticos, qut debiera ser, y e s de ordinario el de Gibbon, las disputas teolgicas en que tom tanta parte San Cirilo, fueron slo una fiebre, una epidemia de aquel tiempo, que cobij en Oriente todos los partidos religiosos. En este concepto a la causa general antedicha, y no a personal ambicin, han de atribuirse los esfuerzos constantes del doctor de la Encarnacin. Pero con criterio cristianoy no hay otro que explique la historia de la Iglesia en todos los tiemposSan Cirilo con su firmeza y constancia admirables, coron gloriosamente la misin de San Juan contra Cerinto, y de San Alejandro y San Atanasio contra Arrio. Todas las herejas de los primeros siglos se reducan bajo una u otra forma a negar la divinidad o la humanidad de Cristo: negacin ms radical y profunda la primera que la segunda, aunque la segunda, nacida a veces ms de fantstica ignorancia que de odio a Jesucristo (1), no dejara de atacar totalmente, por extremo opuesto, la verdad catlica. Nestorio no hizo sino renovar la primera rama de herejala negacin de la divinidad de Cristo, disputando a la Virgen Santsima el ttulo de Madre de Dios. Tocbale a San Cirilo, oponindose a este error, afirmar enrgicamente la unidad de Cristo. De aqu tomaron pie los seminestorianos para suponer que San Cirilo, en el calor de la disputa, haba incurrido en el extremo opuesto, en el apolinarismo, una de las formas de la hereja que niega la humana naturaleza de Jesucristo, o la declara absorbida por la naturaleza divina. Nada ms falso. San Cirilo expona la doctrina catlica con la mayor precisin teolgica, slo que a cada hereja, a cada determinada negacin, corresponde determinada afirmacin contradictoria. San Cirilo afirmaba contra Nestorio
(1) S a n L e n el G r a n d e d e s c u b r a en E u t y c h e s m s i g n o r a n c i a q u e m a l i c i a . Multum imprudens et nimis imperitas. E p i s . xjcviir.
la unidad personal de Cristo, sin insistir de un modo especial en otras afirmaciones dogmticas que Nestorio no rechazaba, o que tal vez acoga para extremar su alcance. Sin embargo, no por eso se ha de pensar que en aquellos documentos mismos escritos expresamente contra Nestorio, dejase San Cirilo de reconocer claramente la doble naturaleza de Jesucristo. Consigna terminantemente este sentimiento en su segunda carta al heresiarca. Sus doce anatematismos, tildados de apolinarismos por los seminestorianos, fueron adoptados no slo por el Concilio de Efeso que proclam a Mara Dei genitrix, sino por el de Calcedonia, que complet la definicin del dogma declarando la unidad de la persona de Cristo en dos naturalezas. San Cirilo en sus cartas a Nestorio, y en las que dirigi posteriormente a los orientales (1) para reducirlos, como al fin lo obtuvo, a la unin de la fe, protesta que nunca hizo otra cosa que insistir en la misma doctrina catlica que expuso en su libro sobre la Trinidad, por l escrito cuando presida la iglesia de Constantinopla tico, predecesor de Nestorio. Qu ms? Los Padres del Snodo de Constantinopla que conden a Eutyches (ano 448) porque negaba la distincin de dos naturalezas, leda el acta de acusacin contra el extraviado monje prorrumpieron en esta exclamacin: Honor eterno a Cirilol Su fe es nuestra fe. Anatema a quien no la profese! Maldicin sobre el que quiera quitar, aadir o cambiar nada en ella! Los Padres del Concilio de Calcedonia (iv ecumnico) que confirm la misma doctrina, exclamaron de igual modo: Nuestra fe es la de Cirilo. Honor inmortal a la memoria del Santo Patriarca! Y luego que se ley la famosa decretal de San Len el Grande, la acogieron con estas aclamaciones: Pedro ha hablado por boca de Len. Su voz es la del Colegio Apostlico. Su creencia es nuestra creencia. Len y Cirilo han enseado una misma doctrina. Puede bien asegurarse que despus de algunos Soberanos Pontfices, no ha habido ningn doctor de la Iglesia que reciba de diversos Concilios ecumnicos tan unnimes y esplndidos testimonios de adhesin y respeto como Cirilo de Alejandra. Los testimonios de los Papas y las tradiciones de la iglesia griega no son menos explcitos en favor de San Cirilo. San Celestino le dio el ttulo de doctor catlico, doctor del mundo le llaman los coitos, los telogos le conservan el dictado de doctor de la Encarnacin. En las Menaea de los griegos se ensalzan sus virtudes con varios himnos, odas y antfonas, tanto el 28 de enero como el 18 del mismo mes, en que le tributan tambin culto en unin con Atanasio, dedicndoles a entrambos iguales alabanzas. Y por ltimo, en el Oficio recientemente dado por Len xm se le apellida defensor preclarsimo de la fe catlica, lumbrera de la Iglesia oriental, e invicto mantenedor de la divina maternidad de la Santsima Virgen.
(1) L l a m b a s e o r i e n t a l e s n i c a m e n t e a los s u f r a g n e o s del P a t r i a r c a de A n t i o q u a . Gibbon e m p l e a el t r m i n o sin fijar su sentido r e s t r i c t o , d e j a n d o que el lector e n t i e n d a que la oposicin a S a n C i r i l o tuvo u n a e x t e n s i n que n u n c a alcanz-
CARTAS ABIERTAS
A BRAKE (1)
Carta
primera.
Medelin, m a y o 21 de 1 8 8 9
Mi querido B Hace algunos meses te dirig una carta semiliteraria sobre tu desdichado folleto Nez poeta, que recuerda (por el ttulo) el de Clarn, Cnovas escritor, u otros semejantes. La maledicencia literaria requiere tica agudeza, elegancia sostenida y uso sobrio de escogida erudicin, para merecer aplauso y hacerse perdonar el mal encubierto veneno; y aun as, de este gnero de escritos se dir siempre que el hecho aplace y el autor desplace. Conozco tus buenas partes, y me persuado que has escogido mala representacin para tu estreno, slo por espritu de imitacin : he deplorado tu extravo, y procur, con amistad bien entendida, darte consejos saludables. Pero ni me has contestado, despreciando acaso desde esas alturas a tu antiguo consultor, ni veo que des seales de enmienda. La Nacin, que lleg ayer por el correo, trae un trozo de artculo tuyo sobre las Traducciones que ha publicado en sa don Miguel Antonio. En este escrito te muestras ms moderado que en el folleto, pero no dejas de incurrir en graves inconveniencias que, como a paisano y antiguo amigo tuyo (aunque mal correspondido), no pueden menos que dolerme. Algn elogio haces de paso a Caro, pero con displicencia y de mala gana, y luego le tratas con ciertos aires de suficiencia y superioridad que sientan mal en escritor novel. Me llama la atencin que no hayas, o no te hayan publicado sino una parte del artculo. Dicen aqu que ese escrito tuyo est destinado a un peridico de esta ciudad; que ver pronto la luz pblica ntegro, y que all sali slo la parte publicable en la capital. Qu significa e s t o ? Qu contiene la parte que all no corre ? El Director de La Nacin dice no estar conforme con ella. No debe de ser muy favorable a don Miguel Antonio. Y a lo creoI En folleto no faltara imprenta que te lo publicase, y el anterior que soltaste contra el doctor Nez (que vale algo ms que Caro), lo est probando. T a m poco faltan en esa ciudad peridicos radicales, en que podras
(1) Con o c a s i n de un a r t c u l o s o b r e l a s Traducciones poticas d e l seor C a r o , p u b l i c a d o por un conocido l i t e r a t o antioqueo, el seor C a o, fingindose un p a i s a n o y c o p a r t i d a r i o del c r t i c o , e s c r i bi l a s p r e s e n t e s c a r t a s .
176 echar de tu lomo escama. Ser que aun sos, aunque muy firmes en sus opiniones polticas, no quieren participar de tus injusticias literarias? Pues yo de m te dir que aunque antiqueo y liberal (no radical), no entiendo como t el liberalismo ni el antioqueismo. No apruebo que se profanen las letras convirtindolas en armas de partido, ni que te ciege el odio poltico hasta el punto de negarle a Nez su talento extraordinario. La intolerancia catlica es ms justa; la Inquisicin puso en el ndice el Paraso de Milton, no expurgado de los pasajes que contiene contra el catolicismo, pero el inquisidor ms severo no ha sonado en negar a Milton el ttulo de gran poeta. Baja toda bandera obliga la justicia, y lo corts no quita lo valiente. Ms antioqueno que t me creo, puesto que me he quedado en mi tierra, y vivo aqu contento. Gutirrez Gonzlez es mi poeta favorito, y para mi est por encima de todos, porque canta e interpreta las cosas de mi tierra; con lo cual a nadie ofendo, pues entiendo que las glorias antioqueas son glorias colombianas. Antioquia no fue ni ser nunca nacin independiente, porque Dios y la naturaleza la destinaron para formar parte importantsima de una nacin llamada a grandes destinos. Y entiendo que se. sirve a Colombia ensalzando lo de nuestra casa y familia propias, pero no se sirve a Antioquia deprimiendo por sistema todo lo que es colombiano y no antioqueno; y no quiero que se diga que en estas montanas prosperan la ortiga ni el manzanillo; que no slo no aceptamos como nuestras, glorias colombianas que no se circunscriben a nuestros lmites departamentales, sino que las miramos con despego y con emulacin de mala ley; que estamos dispuestos a acoger cuanto propende a deprimirlas; que no slo no somos colombianos, sino que somos anticolombianos. Qu se dira si cada capital rechazara lo de provincia, y cada provincia lo de la capital o de otras provincias? Qu, si los de Cuman mirasen de mal ojo a Bello porque era caraqueo, los de Cuenca a Olmedo porque naci en Guayaquil, los bogotanos a Gutirrez Gonzlez, a J . E. Caro o a Arboleda, porque el uno naci en La Ceja, el otro en Ocaa, el tercero en Popayn? Y aun en pueblos que fueron diversas nacionalidades independientes, qu diramos si dentro de Italia y Espaa cada regin no admitiese por bueno en letras sino lo nativo de su recinto, y repudiara todo lo que caiga ms all de su ro o su montauela humildes ? Qu de los ingleses, ms enemigos de la autonoma irlandesa, si no colocasen a Moore entre sus escritores de primer orden, y de los ms apasionados autonomistas irlandeses, si renegasen de Shakespeare ? Los provenzales y los catalanes cultivan literaturas propias, porque cada una de aquellas regiones tiene su propia lengua, hija del latn, tan antigua como el francs y el castellano; pero no repudian la literatura nacional, y entienden cooperar a la gloria de la nacin, en la inteligencia deque la Nacin no pierde, sino gana, con abrazar maternalmente en su seno varias literaturas florecientes.
177 Qu mucho si la Repblica literaria es universal, si los franceses admiran al Jpiter de Weimar, a quien t, con la familiaridad que con todo mundo gastas, llamas pap, y los alemanes leen y traducen a Vctor Hugo, que desde Pars los maldeca en el Ao terrible ? Pues si esta justicia se hacen naciones enemigas, no se la harn unas a otras las regiones de una nacin misma, y de una nacin joven que no est bastante crecida para hacer impunemente eliminaciones? Semejante tendencia nos llevara a la guerra literaria de pueblo a pueblo y de familia a familia: especie de feudalismo no conocido. Se concibe en efecto el feudalismo poltico, como forma de barbarie, pero no ese feudalismo literario, porque feudalismo y literatura se oponen, porque la naturaleza de los espritus cultivados es expansiva y generosa. Nl ese sentimiento de antipata regional en literatura no existe en parte alguna; y en Antioquia, aunque algunos, so capa de antioqueismo y de federalismo absurdo, que a nada prctico conduce sino a alimentar desconfianzas, procuren hacernos odiosos, no predomina tampoco, no ha predominado nunca tal espritu. Recuerdo que un papelito dijo aqu que Caro no serva sino para palafrenero, y que un paisano nuestro, en el Correo Liberal, trat de burlarse del cocinero Miguel. Lo que de Nez dijo ese peridico no se puede repetir sin ofender el decoro. Pues bien, todos aqu, t inclusive, reprobamos unnimes esas indecencias. Lo que extrao es que ahora pienses que lo que ah no pasa por antinacional, puede pasar en Antioquia como cosa corriente. Porqu no se te ocurre acogerte a los peridicos de Santander, del Cauca, de Bolvar o_de otro Departamento? Porqu slo el periodismo antioqueo ha de ser receptculo de inconveniencias? Si amamos de veras a Antioquia con el corazn, y no con los labios slo,'no debemos olvidar nunca aquella sabia mxima: Respetad a los dems si queris ser respetados y respetables; y tratar de distinguirnos, como siempre nos hemos distinguido, por nuestros mritos y no por la detraccin del mrito ajeno. No me respondas dicindome que hago malas comparaciones. En Colombia no tenemos un Shakespeare, ni un Goethe. Demasiado lo s ! Yo no hago sino establecer un principio de elemental patriotismo, que lo mismo se aplica a lo grande que a lo pequeo, cuanto ms que estos conceptos, como todos los de peso y medida, son relativos en el mundo. Cada pas tiene sus eminencias, aunque haya pocos Himalayas. Si el doctor Nez no fuese un escritor y poeta eminente; si fuera de su historia poltica, de que aqu no trato, slo hubiese figurado como fabricante o industrial, como autor de un adelanto material cualquiera en el pas, no se justificara un folleto destinado a probar que los productos de aquella fbrica eran inferiores a los de los Estados Unidos, Inglaterra o Francia. Por lo que hace a Caro, ya sabes que no es escritor de mi predileccin; que en materia de escritores hay tambin variedad de gustos, y entre gustos no hay disputas. Pero ni yo le niego sus mritos, ni me doy a la triste tarea de buscar tachas
Estudios literariosM. A. Caro12
178 y defectillos en sus escritos. Sus Traducciones Poticas no han llegado a mis manos, y nada, por tanto, tengo que decir acerca de ellas. Por lo mismo que no las conozco puedo apreciar mejor la naturaleza de tu mal llamada crtica, en que nos dejas a oscuras sobre la obra que examinas, y perfectamente enterados de tus vastos conocimientos lingsticos. Con la restriccin, amicus Plato sed magis rnica veritas, quedo siempre a tus rdenes y besa tu mano.
MANUEL
Carta
segunda.
Medelln, 23 de m a y o de 1889
dos versos de
D e r a c i o n a l el ttulo se b o r r e A l q u e n u n c a en s u s o b r a s h a p e n s a d o .
Eres uu germanizante desaforado: mana slo interrumpida con citas del italiano Carducci, escritor pagano, cantor del buey, del asno y de Satans, versificador atildado, que por su falta absoluta de idealidad no merece en rigor el nombre de poeta, y de quien t andas enamorado, por la variedad de gustos que hace que se venda el calamaco verde, o por la fascinacin con que emboba al estudiante de idiomas el primer autor que acert a descifrar. Por donde llego a persuadirme que en tu antinacionalismo entra por ms el servil extranjerismo que el lugareismo estrecho de que habl en mi anterior, pues al mismo tiempo que no le dejas pasar a Nez rimas de las que llamas pobres, todo lo alemn te parece divino, y te extasas con la falta misma absoluta de rimas y con el ritmo, para ti ininteligible pero no por eso menos admirable, de las odas brbaras de Carducci. Escrito annimo con trocitos en alemn y versos de Carducci a cada lnea, puede jurararse que es tuyo; y aun dirase que es este el rasgo caracterstico de tu estilo, si al estilo perteneciera la eleccin o escogencia (como t dices de las rimas) de lo que ha de copiarse. Cuando no transcribes a Carducci, te enfrascas en una selva de citas alemanas, que mandas imprimir en la lengua original, con lo cual haces sudar ms al cajista que a las prensas; te figuras que todo lo escrito en alemn es sentencia sabia y profunda, o bien que, porque aqu se estudia poco esa lengua, nos has de dejar a todos con la boca abierta al ver tus citas germnicas. No s cmo habrs de componerte con Heine y Schopenhauer, a quienes sueles tambin citar, pues ambos declararon ms de cien veces que el pueblo alemn es el ms esto-
lido del mundo, por lo cual no se ha permitido que en Dusseldorf se le erija estatua al autor del libro Alemania. Yo admiro a los grandes poetas y escritores alemanes, pero no como t, slo por ser alemanes, sino por sus mritos individuales, y muy lejos estoy de participar del desprecio colectivo y apasionado que el autor del Intermezzo y el filsofo del pesimismo mostraron siempre hacia sus conterrneos. Tenas que principiar tu sermn precisamente con texto de Carducci (que es tu San Pablo) o de autores alemanes, que son tus profetas. El que elegiste est tomado de Schiler, y si no fuese por la inoportunidad te alabara muy de veras el gusto, porque Schiler honra las letras y a la humanidad. La sentencia es justa, aunque algo fortis in modo. Al principio de tu folleto dices que los hombres de letras usan siempre de lugares comunes, sea a sabiendas.... o sin estudio alguno, porque les vienen a la mano. Cul de estos dos sistemas de los hombres de letras sigues t en tus citas? Citaste a Schiler a sabiendas? Quisiste decir que el doctor Nez no merece el titulo de racional porque no reflexiona en lo que hace? La opinin general es que el doctor Nez es el poltico ms vigilante y previsor, ms medido en sus palabras y ms preciso en sus clculos. O nos dices t las cosas al revs para que las entendamos? O has elegido aquella sentencia sin estudio ninguno, porque te vino a la mano en la abundante trilla de tus conocimientos literarios? O es a ti a quien ex ore tuo, ha de aplicarse la campanada germnica con que empiezas tu discurso? No s, a la verdad, qu quisiste decir con la precitada sentencia; si pensaste o no pensaste; lo que puedo asegurar, y me propongo demostrar, es que te has metido a crtico sin averiguar previamente qu cosa es crtica, a qu personas o escritos puede aplicarse, y por quines y con qu condiciones ejercerse. T confundes la critica literaria, seria, que slo recae sobre escritores de nota, que generalmente se inspira en sentimientos de admiracin y respeto, y slo censura cuando viene al caso, con nimo justiciero y sereno, y no por comezn de morder al prjimo, con la stira personal, dictada a veces por una justa indignacin, pero ms frecuentemente obra de envidia y malignidad, y con la crtica gramatical y de menudencias de lenguaje, til dentro de sus justos lmites, pero ocasionada por las facilidades que ofrece, el manoseo de pedantes insufribles. SainteBeuve, Macaulay, Menndez Pelayo son verdaderos crticos; lo es Clarn en sus artculos sobre Pereda, sobre novelistas franceses y otros, mientras que en los que dedica a Cnovas y al nuevo acadmico Commelern se convierte en satrico mordaz, pero sin mezclar la intencin seria y las burlas en un mismo monstruoso razonamiento. Villergas y Antonio de Valbuena son satricos y crticos menudos. Se me figura que el ejemplo de ste te ha hecho bastante dao; y como varios peridicos de Colombia reproducen sus Ripios, me temo que dentro de poco tengamos una plaga de Valbuenistas de panela.
180 De crtica literaria propiamente dicha slo tienes brevsimos pujos en uno u otro lastimoso parrafillo; de nervio satrico careces; para la crtica ligera de menudencias, te falta la agudeza y donosura que no dio naturaleza en dote a nuestra gente antioquea, positiva y formalota, y te sobra la pesada carga de las citas alemanas. Eres un escritor sin carcter, y tus escritos colcha de sastre; pero en medio de ese abigarramiento, tus notas dominantes son la intencin de ridiculizar a hombres de mrito y el prurito de ostentar tus conocimientos filolgicos y lingsticos, con pretextos trados de los cabellos. Por estos lados me propongo mostrarte tu pasmosa incompetencia y llamarte al orden. La stira literaria se dirige contra los vicios introducidos en la literatura, as como la stira moral ataca la corrupcin social. Como obra literaria la stira es impersonal, como lo son las que nos dejaron los maestros de la antigedad en este gnero de composicin, y en los tiempos modernos, en nuestra lengua, las de Forner y Moratn, premiadas por la Academia Espaola en 1778, La Comedia Nueva, la Derrota de los Pedantes y otras producciones del mismo Moratn, el Fray Gerundio de Isla, y aun las Fbulas de Iriarte, el cual dice:
A todos y a n i n g u n o Mis advertencias tocan.
La stira literaria ha de ser impersonal, porque su objeto no es otro que desautorizar las escuelas corruptoras del buen gusto, ridiculizar las modas estrafalarias, extirpar los abusos y sandeces de todo linaje; no ridiculizar ni difamar a determinada persona. La stira dictada por un celo sincero de la verdad y la belleza, por la indignacin que causan la propagacin y triunfo del error y el vicio, merece h i n d e l o s hombres. El hbito de satirizar, por el gusto de descubrir faltas en el prjimo, acusa un ojo no limpio; la censura de los hombres de mrito mezclada con elogios de gente indigna, revela origen impuro; y el que no tiene otro oficio que deprimir eminencias y ensalzar nulidades, no se recomienda a la estimacin pblica. Y aunque el censurado merezca serlo, si no se le zahiere con otro fin que el de ofenderle, la stira sobre revelar mal carcter, implica deplorable prdida de tiempo. Si los hombres de talento se dedicasen a criticar menudamente los defectos literarios de ajenas producciones, no tendran tiempo para hacer otra cosa ni acabaran nunca su eterno comentario. Las producciones se dividiran en obras despreciables literariamente, y crticas ms despreciables moralmente. Adis creaciones del genio, libros tiles, brotes ingenuos de la imaginacin y el sentimiento! Quien slo a criticar acierta lo que otros hacen, sin produc