Teora tradicional y teora crtica MAX HORKHEIMER
Madrid, Amorrortu. 2003. __________________________ [34] La totalidad del mundo perceptible, tal como existe para el miembro de la sociedad burguesa y tal como se interpreta en la concepcin tradicional del mundo que se encuentra en interaccin, con aqulla, se presenta al sujeto como un conjunto de facticidades; el mundo est ah y debe ser aprehendido. El pensar organizador de cada individuo pertenece al conjunto de las relaciones sociales que tienden a adaptarse del modo ms adecuado posible a las necesidades. Pero entre el individuo y la sociedad existe en este [35] punto una diferencia esencial. El mismo mundo que para el individuo es algo existente en s, que l contempla y debe aprehender, es al mi smo tiempo, en la forma en que existe y subsiste, un producto de la praxis social general. Lo que percibimos en nuestro entorno, las ciudades, los pueblos, los campos y los bosques, lleva en s el sello de la elaboracin. Los hombres son un resultado de la historia no slo en sus vestidos y en su conducta, en su figura y en su forma de sentir, sino que tambin el modo en que ven y oyen es inseparable del proceso vital social tal como se ha desarrollado durante milenios. Los hechos que los sentidos nos presentan estn socialmente preformados de dos modos: a travs del carcter histrico del objeto percibido y a travs del carcter histrico del rgano percipiente. Ambos son no slo naturales, sino que tambin estn configurados por la actividad humana. Sin embargo el individuo se experimenta a s mismo en la percepcin como receptivo y pasivo. La oposicin entre actividad y pasividad, que se presenta en la teora del conocimiento como el dualismo de sensibilidad y entendimiento, no es vlida para la sociedad en la misma medida que para el individuo. Donde ste se experimenta a s mismo como pasivo y dependiente, es aqulla, que sin embargo se compone de individuos, un sujeto activo, aunque inconsciente y por tanto impropio. Esta diferencia en la existencia del hombre y la sociedad es una expresin de la escisin que hasta ahora era propia de las formas histricas de la vida social. La existencia de la sociedad o bien descansa sobre la opresin inmediata, o bien es el re sultado ciego de fuerzas en conflicto, pero en todo caso no es el resultado- de, la espontaneidad consciente de individuos libres. Por esta razn cambia el significado de los conceptos de actividad y pasividad, segn se apliquen a la sociedad o al individuo. En el sistema econmico burgus la actividad de la sociedad es ciega y concreta, y la del individuo es abstracta y consciente. La produccin humana contiene siempre un elemento de conformidad a un plan. En la medida en que el hecho, que para el individuo se aade a la teora desde fuera, ha sido producido socialmente, se ha de poder encontrar en l la razn, aunque en un sentido limitado. De hecho, en la praxis social siempre est involucrado el saber disponible y aplicado; por ello el hecho percibido est determinado por representaciones y conceptos humanos ya [36] antes de su elaboracin terica consciente, efectuada deliberadamente por el individuo. No se debe pensar nicamente en los experimentos de la ciencia natural. La supuesta pureza del desarrollo de los hechos que se debe alcanzar mediante procedimientos experimentales se encuentra ciertamente vinculada a condiciones tcnicas cuya relacin con el proceso material de produccin brilla por s misma. Pero en este punto se confunde fcilmente la cuestin de la mediacin de los hechos por la praxis social en su totalidad con la cuestin de la influencia que ejerce el instrumento de medicin sobre el objeto observado, es decir, la influencia del procedimiento concreto de que se trate. Este ltimo problema, cuya solucin persigue la fsica permanentemente, no est relacionado con la cuestin que aqu planteamos ms estrechamente que en el caso de la percepcin en general, incluida la percepcin co tidiana. El propio aparato sensorial fisiolgico del hombre trabaja en gran medida, desde hace tiempo, en la direccin de los experimentos de la fsica. El modo en que en la contemplacin receptiva se separan y componen las partes, de manera que ciertos elementos singulares no se perciben mientras que otros se acentan, es un resultado del modo de produccin moderno en la misma medida en que la percepcin de un hombre de cualquier tribu de cazadores y pescadores primitivos es el resultado de sus condiciones de existencia, y tambin, por supuesto, del objeto. En relacin con esto se puede invertir la tesis de que los instrumentos son prolongaciones de los rganos humanos y afirmar que los rganos son tambin prolongaciones de los instrumentos. En los niveles elevados de la civilizacin, la praxis humana consciente determina inconscientemente no slo el lado subjetivo de la percepcin, sino en buena medida tambin el objeto. Lo que el miembro de la sociedad industrial ve cotidianamente en torno a l (bloques de viviendas, fbricas, algodn, ganado, hombres) y no slo los cuerpos, sino tambin el movimiento en el que se perciben (empezando por los trenes subterrneos, las jaulas de extraccin, los automviles, los aviones), 1
todo este mundo sensible presenta los rasgos del trabajo consciente, y no se puede establecer realmente la diferencia entre lo que de todo ello pertenece a la naturaleza inconsciente y lo que pertenece a la praxis social. Incluso all donde se trata de la experiencia de objetos naturales en cuanto [37] tales, su carcter natural se determina por contraste con el mundo social, y por tanto depende de ste. Empero el individuo registra en rdenes conceptuales la realidad sensible como una mera sucesin de hechos. Tambin dichos rdenes se han desarrollado, por supuesto, en conexin variable con el proceso vital de la sociedad. Por eso cuando la clasificacin en los sistemas del entendimiento, el juicio sobre los objetos, tiene lugar re gularmente con gran evidencia y con notable concordancia por parte de los miembros de la sociedad dada, esta armona que se da tanto entre la percepcin y el pensamiento tradicional como entre las mnadas, es decir, entre los sujetos cognoscentes individuales, no se debe a un azar metafsico. El poder del sano entendimiento comn, del common sense, para el que no existen secretos, as como la validez general de puntos de vista acerca de mbitos no relacionados inmediatamente con los conflictos sociales, como pueda ser la ciencia natural, estn condicionados por el hecho de que el mundo de objetos que se ha de juzgar surge en buena medida de una actividad determinada por los mismos pensamientos mediante los cuales ese mundo se reconoce y conceptualiza a s mismo en el individuo. En la filosofa de Kant se expresa de manera idealista este estado de cosas. La doctrina de la sensibilidad meramente pasiva y del entendimiento activo conduce a Kant a la cuestin de cmo puede el entendimiento prever con seguridad que la multiplicidad dada en la sensibilidad podr ser sometida en todo tiempo a sus reglas. Kant combate expresamente la tesis de una armona preestablecida, de un sistema de preformacin de la razn pura, segn la cual son innatas al pensamiento las reglas conforme a las que tambin se rigen los objetos. (13) Su explicacin consiste en que los fenmenos sensibles estn ya configurados por el sujeto trascendental, es decir, por una actividad racional, cuando son aprehendidos en la percepcin y juzgados conscientemente. (14) La afinidad trascendental, el carcter subjetivamente determinado del material sensible, sobre el que el individuo nada sabe, intent fundamentarla Kant con ms detalle en los captulos ms importantes de la Crtica de la razn pura. [38] La dificultad y oscuridad que segn el propio Kant encierran los captulos relacionados con esta cuestin en la deduccin y en el esquematismo de los conceptos puros del entendimiento, se debe tal vez a que este filsofo se representaba la actividad supraindividual, inconsciente para el sujeto emprico, slo en la forma idealista de una conciencia en s, de una instancia puramente espiritual. Kant, conforme a la perspectiva terica accesible en su poca, no considera la realidad como e pro ucto (abajo social, catico en su conjunto pero orientado a fines en lo particular. Donde Hegel ya vislumbra la astucia de una razn objetiva que pese a todo dirige la historia del mundo, Kant ve un arte oculto en las profundidades del alma humana, cuyas verdaderas operaciones difcilmente arrancaremos nunca a la naturaleza de manera que se presenten descubiertas ante nuestros ojos.(15) En cualquier caso Kant entendi que tras la discrepancia entre los hechos y las teoras que el cientfico percibe en su ocupacin profesional, se oculta una unidad ms profunda, la subjetividad universal, de la que depende el conocimiento individual. La actividad social aparece como poder trascendental, es decir, como un conjunto de factores espirituales. La afirmacin de Kant de que su eficacia se encuentra rodeada de oscuridad, es decir, de que pese a toda racionalidad es irracional, no carece de un ncleo de verdad. La economa burguesa no se rige por un plan, pese a toda la sagacidad de los individuos en competencia mutua, ni se orienta conscientemente hacia un fin universal. La vida de la totalidad surge en este sistema slo bajo fricciones desmesuradas, en una forma atrofiada y como por casualidad. Las dificultades supremas en las que se encuentran atrapados los conceptos fundamentales de la filosofa kantiana, ante todo el Yo de la subjetividad trascendental, la apercepcin pura u originaria, la conciencia, dan testimonio de la profundidad y honestidad de su pensamiento. El doble carcter de estos conceptos kantianos, que por una parte designan la ms alta unidad y orientacin finalstica, y por otra parte denotan algo oscuro, inconsciente y opaco, corresponde con toda exactitud a la forma cargada de contradicciones de la actividad humana en la poca moderna. La accin conjunta de los hombres en la sociedad es el [39] modo de existencia de su razn, el modo en que emplean sus fuerzas y afirman su esencia. Pero al mismo tiempo este proceso, junto con sus resultados, es ajeno a ellos mismos, y se les presenta con todo su derroche de fuerza de trabajo y vida humana, con sus situaciones de guerra y con toda su miseria absurda, como una i nalterable violencia de la naturaleza, como un destino sobrehumano. La filosofa terica de Kant, su anlisis del conocimiento, contiene esta contradiccin. El problema no resuelto de la relacin entre actividad y pasividad, a priori y datos sensibles, filosofa y psicologa, no es por tanto una limitacin subjetiva, sino una insuficiencia objetivamente necesaria. Hegel puso de manifiesto y desarroll estas contradicciones, pero al final las reconcili en una esfera espiritual ms elevada. De la confusi n frente al sujeto universal, que Kant afirma y sin embargo no es capaz de caracterizar correctamente, se libera Hegel poniendo el espritu absoluto como lo mximamente real. Para l lo universal se ha desarrollado ya adecuadamente y es idntico con lo que se consuma. La razn ya no necesita ser meramente crtica frente a s misma; con Hegel se 2
ha tornado afirmativa, antes aun de que la realidad se pueda afirmar como racional. Pero a la vista de las contradicciones reales de la existencia humana que permanecen sin resolver, a la vista de la impotencia de los individuos frente a las condiciones producidas por ellos mismos, esta solucin parece una afirmacin privada, como el acuerdo de paz personal del filsofo con un mundo inhumano. La clasificacin de los hechos en sistemas conceptuales previamente dispuestos y su revisin mediante la simplificacin o la depuracin de contradicciones es, como se ha dicho, una parte de la praxis social general. Dada la divisin de la sociedad en grupos y clases, se comprende que las construcciones tericas mantengan una relacin diferente con dicha praxis general en funcin de su pertenencia a uno u otro grupo. Cuando se form la clase bur guesa en la sociedad feudal, la teora puramente cientfica que surgi con ella mostraba una tendencia sumamente disolvente y agresiva contra aquella poca, contra la vieja forma de la praxis. En el liberalismo la teora cientfica caracteriz el tipo humano dominante. Hoy el desarrollo est mucho menos (16) determinado por los [40] individuos medios, quienes en su mutua competencia se ven impelidos a mejorar el aparato material de produccin y sus productos, que por los antagonismos nacionales e internacionales de las camarillas de los dirigentes en los diversos niveles de las jerarquas de poder de la economa y del Estado. Dado que el pensamiento terico no apunta a fines concretos relacionados con estas luchas, ante todo la guerra y su industria, el inters que despierta ha ido disminuyendo. Se emplean menos energas en formar y desarrollar la capacidad de pensamiento independientemente de su aplicacin. Pero estas diferencias, a las que se podran aadir muchas otras, no cambian en nada el hecho de que la teora en su forma tradicional (esto es, como el juzgar lo dado mediante un aparato conceptual y judicativo heredado, activo incluso en la conciencia ms simple, as como la interaccin que tiene lugar entre los hechos y las formas tericas sobre la base de las tareas profesionales cotidianas) ejerce una funcin social positiva. En esta actividad intelectual intervienen las necesidades y los fines, las experiencias y las habilidades, las costumbres y las tendencias de la forma actual de la existencia humana. Como instrumento material de produccin, sus posibilidades representan un elemento no slo de la totalidad cultural del presente, sino tambin de otra ms justa, diferenciada y armnica. Mientras el pensamiento terico no se adapte a intereses externos, extraos al objeto, sino que permanezca realmente en los problemas tal como stos le asaltan en el curso de su desarrollo y, en relacin con ello, formule nuevos problemas y reformule viejos conceptos all donde parezca necesario hacerlo, este pensamiento tiene derecho a considerar los rendimientos de la tcnica y la industria de la era burguesa como su legitimacin, y puede estar seguro de s mismo. Por supuesto, se concibe a s mismo como pensamiento hipottico, y no como pensamiento cierto. Pero este carcter hipottico se compensa de varias maneras. La inseguridad no es mayor de lo que debe ser en razn de los medios tcnicos e intelectuales disponibles, cuya utilidad ha sido probada en general, y la formulacin de las hiptesis, incluso si su verosimilitud es escasa, es una actividad socialmente valiosa y necesaria, que en ningn caso es, ella misma, hipottica. La formacin de hiptesis, la actividad terica por antonomasia, es un trabajo para el que existe, en las condiciones sociales dadas, una posibilidad funda[41]mental de utilizacin, es decir, una demanda. Cuando se paga por debajo de su valor, o incluso si se devala por completo, simplemente comparte el destino de otros trabajos concretos y posiblemente ms tiles que naufragan en esta economa. Sin embargo, tales trabajos presuponen esta economa y pertenecen al conjunto del proceso econmico tal como se realiza en determinadas condiciones histricas. Esto no tiene nada que ver con la cuestin de si los esfuerzos de la ciencia son productivos en sentido estricto. Para una inmensa cantidad de los denominados productos cientficos hay demanda en este orden de cosas. Son remunerados de los ms diversos modos; una parte de los bienes que proceden del trabajo realmente productivo se intercambia por productos cientficos, sin que se ponga en cuestin en lo ms mnimo la productividad de stos. Tambin la actividad intil de ciertas parcelas del trabajo universitario, as como la profundidad que no dice nada o la construccin de ideologas metafsicas y no metafsicas, tienen tanta relevancia social como otras necesidades surgidas de los conflictos sociales, sin corresponder realmente en la poca presente a los intereses de ningn grupo social mayoritario digno de mencin. Una actividad que contribuye a perpetuar la existencia de la sociedad en su forma dada no necesita en absoluto ser productiva, es decir, producir valor para una empresa. Pese a todo puede pertenecer a este orden y contribuir a hacerlo posible, como realmente sucede en el caso de las ciencias especializadas. Ahora bien, existe una actitud (17) (Verhalten) humana que tiene por objeto la sociedad misma. No apunta tan slo a subsanar unas cuantas situaciones deficitarias, sino que stas le parecen ms bien necesariamente ligadas a la organizacin total del edificio social. Aunque esta actividad surge de la estructura social, ni su propsito consciente ni su significado objetivo apuntan a que algo en esta estructura funcione mejor. Las categoras de lo mejor, lo til, lo conforme a fines, lo productivo, lo valioso, que tienen validez en este orden, le resultan ms bien sospechosas, y en 3
modo alguno considera que sean presupuestos extracientficos sobre los que no [42] tenga nada que decir. Mientras que generalmente corresponde al individuo aceptar las determinaciones fundamentales de su existencia como algo dado y aspirar a cumplirlas, mientras que el individuo encuentra su satisfaccin y su honor en resolver en la medida de sus fuerzas las tareas ligadas a su puesto en la sociedad y en hacer eficazmente lo suyo, pese a la crtica, todo lo enrgica que se quiera, que pueda surgir en cuestiones de detalle, la actitud crtica, por el contrario, carece de toda confianza hacia las pautas que la vida social, tal cual es, le da a cada uno. La separacin de individuo y sociedad, en virtud de la cual el individuo acepta como naturales los lmites de su actividad que han sido trazados de antemano, se relativiza en la teora crtica. sta concibe el marco condicionado por la interaccin ciega de las actividades indivi duales, es decir, la divisin del trabajo dada y las diferencias de clase, como una funcin que, al surgir de la actividad humana, puede tambin someterse a la decisin planificada y a la eleccin racional de fines. El carcter escindido de la totalidad social en su forma actual se desarrolla en los sujetos de -la actitud crtica hasta convertirse en una contradiccin consciente. Reconociendo el sistema econmico actual y la totalidad de la cultura fundada en l como un producto del trabajo humano, como la organizacin que la humanidad se ha dad o y de la que es capaz en esta poca, los sujetos de la actitud crtica se identifican con esta totalidad y la conciben como voluntad y razn; es su propio mundo. Pero al mismo tiempo experimentan que la sociedad se puede comparar con procesos naturales no humanos, con meros mecanismos, porque las formas culturales que se basan en la lucha y la opresin no testimonian una voluntad unitaria y autoconsciente; este mundo no es el suyo, sino el del capital. En rigor, la historia no se puede comprender; en ella slo son comprensibles los individuos y los grupos individuales, y tampoco completamente, ya que en virtud de su interna dependencia de una sociedad inhumana, son incluso en su obrar consciente en buena medida funciones mecnicas. Por eso aquella ide ntificacin es contradictoria, es una contradiccin que caracteriza a todos los conceptos del pensamiento crtico. De este modo, para el pensamiento crtico las categoras econmicas de trabajo, valor y productividad significan exactamente lo que significan en este or[43]den de cosas, y se considera cualquier otra interpretacin como mal idealismo. Al mismo tiempo aparece como la ms burda falsedad aceptar sin ms su validez: el reconocimiento crtico de las categoras que dominan la vida social contiene al mismo tiempo su sentencia condenatoria. Este carcter dialctico de la autointerpretacin (18) del hombre actual condiciona en ltimo trmino tambin la oscuridad de la crtica kantiana de la razn. La razn no puede hacerse transparente a s misma mientras los hombres acten como miembros de un organismo irracional. El organismo como unidad que crece y perece naturalmente no es un modelo para la sociedad, sino una forma enmohecida de existencia de la que se ha de emancipar. Una actividad que, orientada hacia esa emancipacin, tiene por objetivo la transformacin de la totalidad se puede servir del trabajo terico, tal como tiene lugar dentro de los rdenes de la realidad existente. Pero prescinde del carcter pragmtico que resulta del pensamiento tr adicional entendido como una profesin socialmente til. Al pensamiento tradicional le son externos, tal como se ha expuesto, tanto el origen de los estados de cosas determinados como la utilizacin prctica de los sistemas conceptuales en los que aqullo s se recogen. Esta alienacin, que en terminologa filosfica se expresa como la separacin entre valor e investigacin, saber y actuar, y otras oposiciones, protege al cientfico de las contradicciones sealadas y dota a su trabajo de un marco fijo. Un pensamiento que no reconoce este marco parece haber perdido toda base sobre la que asentarse. Un proceder terico que no se identificase con la determinacin de los hechos partiendo de los sistemas conceptuales ms sencillos y diferenciados posibles, podra representar otra cosa que un juego intelectual desorientado, a caballo entre la poesa conceptual y la expresin impotente de estados de nimo? La investigacin del condicionamiento social tanto de los hechos como de las teoras tal vez entrae un problema cientfico, e incluso constituya todo un campo de trabajo terico, pero no se ve en qu medida los estudios de este tipo se deberan diferenci ar esencialmente de los esfuerzos de otras especialidades cientficas. El estudio de las ideologas o la sociologa del saber, que se han ex[44]trado de la teora crtica de la sociedad y establecido como disciplinas particulares, no se oponen ni por su esencia ni por sus ambiciones al ejercicio usual de las ciencias clasificadoras. La autocomprensin del pensamiento se reduce en estas disciplinas a poner de manifiesto las relaciones entre las posiciones espirituales y las posiciones sociales. La estructura de la actitud crtica, cuyos objetivos van ms all de la praxis social dominante, no est, ciertamente, ms emparentada con estas disciplinas sociales que con la ciencia natural. Su oposicin al concepto tradicional de teora no surge tanto de una diversidad de objetos cuanto de sujetos. Para quienes ejercitan la actitud crtica, los hechos, tal como surgen del trabajo en la sociedad, no son externos en la misma medida en que lo son para el investigador o para los miembros de otras profesiones que piensan como pequeos investigadores. Para stos se trata de una nueva organizacin del trabajo. Pero en la medida en que los estados de cosas dados en la percepcin se conciben como productos que pertenecen esencialmente al dominio del hombre y que en todo caso deberan quedar bajo control humano en el futuro, tales estados de cosas pierden su 4
carcter de mera facticidad. Mientras que el experto en una disciplina considera la realidad social y sus productos en tanto que cientfico como algo externo, y en tanto que ciudadano defiende sus intereses en dicha realidad social por medio de artculos polticos, la afiliacin a partidos o a organizaciones benficas y la participacin en las elecciones, sin reunir estos y otros comportamientos en su propia persona salvo, a lo sumo, mediante una interpretacin psicolgica, en cambio el pensamiento crtico est motivado hoy en da por el intento de trascender realmente esta tensin, de superar la oposicin entre la conciencia de los fines, la espontaneidad y racionalidad de las que el individuo se hace cargo y las relaciones del proceso de trabajo que son el sustrato de la sociedad. El pensamiento crtico contiene un concepto del hombre que entra en conflicto consigo mismo mientras no se produzca esta identidad. Cuando la accin determinada por la razn pertenece al hombre individual, la praxis social dada, que configura la existencia hasta en sus mnimos detalles, es inhumana, y esta inhumanidad revierte sobre todo lo que se realiza en la sociedad. Siempre habr algo que permanezca [45] externo a la actividad intelectual y material del hombre: la naturaleza, entendida como el conjunto de factores todava no dominados con los que la sociedad tiene que habrselas. Pero cuando a ellos se suman, como un pedazo ms de naturaleza, las condiciones que dependen nicamente de los propios hombres, las relaciones del trabajo o el curso de su propia historia, esta exterioridad no slo no es una categora eterna y suprahistrica (tampoco lo es la mera naturaleza en el sentido aludido), sino que es el signo de una impotencia lamentable. Someterse a ella es contrario al hombre y a la razn. El pensamiento burgus est constituido de tal modo que en la reflexin (19) sobre su propio sujeto reconoce con necesidad lgica un Ego que se cree autnomo. Es esencialmente abstracto, y su principio es una individualidad tan inflada que se toma a s misma como fundamento del mundo o incluso como el mundo mismo en general, y clausurada a todo devenir. En oposicin inmediata a este punto de vista est la conviccin que sirve a la expresin no problematizada de una comunidad ya existente, como por ejemplo la ideologa de los pueblos. El Nosotros retrico se toma aqu en serio. El discurso cree ser el rgano de la universalidad. En la desgarrada sociedad del presente este pensamiento es, sobre todo en las cuestiones sociales, armonizante e ilusorio. El pensamiento crtico y su teora se oponen a ambas formas de pensamiento. No es la funcin de un individuo aislado ni la de una universalidad de individuos. Antes bien, toma conscientemente como sujeto al individuo determinado en sus relaciones reales con otros individuos y grupos, en su confrontacin con una determinada clase, y por ltimo en su entrelazamiento, mediada de este modo, con el todo social y con la naturaleza. Este sujeto no es un punto, como el Yo de la filosofa burguesa. Su exposicin consiste en la construccin del presente histrico. Tampoco el sujeto pensante es el lugar en el que coinciden el saber y su objeto, y del que gracias a ello se pudiera obtener un saber absoluto. Esta ilusin, en la que vive el idealismo desde Descartes, es ideologa en sentido estricto: la libertad limitada del individuo burgus aparece en la forma de la libertad perfecta y la autonoma. [] Notas
13. Vase Kant, Crtica de la razn pura, B167 (pargrafo 27). 14. Op. cit., Seccin segunda de la deduccin de los conceptos puros del entendimiento, 4 : Explicacin preliminar de la posibilidad de las categoras como conocimientos a priori, A110. 15. Op. cit., El esquematismo de los conceptos puros del entendimiento, B181. 16. Mucho menos / 1937:ya no tanto. 17. Esta actitud ser caracterizada en lo sucesivo como actitud crtica. El trmino se entiende aqu no tanto en el sentido de la crtica idealista de la razn pura cuanto en el de la crtica dialctica de la economa poltica. Designa una propiedad esencial de la teora dialctica de la sociedad. 18. Autointerpretacin / 1937: autocomprensin. 19. Reflexin / 1937: repliegue.