Vida y obras de George Berkeley
Vida y obras de George Berkeley
1. Vida
George Berkeley naci en Kilcrene, cerca de Kilkenny (Irlanda) el 12 de marzo de 1685, de familia de origen ingls. A los once aos fue enviado al Kilkenny College y en marzo de 1700 ingres en el Trinity College, en Dubln, a la edad de quince aos. Despus de haber estudiado matemticas, idiomas, lgica y filosofa obtuvo su grado B. A. (Bachelor of Arts) en 1704. En 1707 public su Arithmetica y Miscellanea Mathematica, y en junio de este ao se convirti en profesor invitado del Colegio. Haba comenzado ya a dudar de la existencia de la materia, estimulado en su inters hacia este tema por la lectura de Locke y de Malebranche. Cumpliendo las formalidades establecidas fue ordenado dicono en 1709 y sacerdote en 1710 por la Iglesia protestante, y obtuvo varias dignidades acadmicas. Pero en 1724, al obtener el cargo de den de Derry, hubo de abandonar su profesorado. Bien es verdad que no haba residido ininterrumpidamente en el Colegio. Haba visitado Londres, en donde haba trabado
sobre la viabilidad del plan primitivo, cambi su propsito, intentando construir el proyectado Colegio en Rhode Island mejor que en Bermuda. Pero fallaron los recursos, y Berkeley volvi a Inglaterra, llegando Londres a fines de octubre de 1731. Despus de su vuelta a Inglaterra, Berkeley permaneci en Londres, hasta que fue nombrado obispo auxiliar de Cloyne. A este perodo de su vida pertenece la poca en que se dedic a la propaganda de las virtudes del agua de alquitrn, que consideraba como una panacea de las dolencias humanas. Cualquiera que sea la opinin que deba merecernos este supuesto remedio en concreto, es indudable el celo de Berkeley por aliviar el sufrimiento humano. En 1745 Berkeley rehus el ms lucrativo obispado de Clogher, y en 1752 se instal con su esposa y dems familia en Oxford, en donde alquil una casa en Holywell Street. Muri en paz el 14 de enero de 1753, y fue enterrado en la capilla de la iglesia de Cristo, catedral de la dicesis de Oxford.
conocimiento con Addison, Steele, Pope y otros hombres destacados; y haba visitado tambin dos veces el Continente. Poco despus de su nombramiento como den de Derry, Berkeley parti para Londres con la intencin de interesar a la Corona y al Gobierno en su proyecto de fundar un Colegio en la Isla de Bermuda para la educacin de los hijos de los plantadores ingleses y de los naturales indios. Consideraba, al parecer, que los jvenes ingleses e indios vendran desde lejanas tierras del continente americano para recibir educacin general, y muy particularmente educacin religiosa, para regresar, una vez recibida sta, al Continente. Berkeley obtuvo la aprobacin parlamentaria de la concesin y en 1728 puso rumbo con algunos compaeros a Newport, en Rhode Island. Al asaltarle dudas
2. Obras.
Las ms importantes obras filosficas de Berkeley fueron escritas en una poca temprana de su vida, cuando era profesor del Trinity College. En 1709 apareci An Essay towards a New Theory of Vision (Ensayo sobre una nueva teora de la visin). En esta obra Berkeley trata del problema de la visin, analizando, por ejemplo, la fundamentacin de los juicios de distancia, tamao y posicin. Pero aunque estaba ya convencido por esta poca de la verdad del inmaterialismo, no hizo explcita en su Ensayo la doctrina que le hizo famoso. Esta doctrina fue formulada explcitamente en A Treatise concerning the Principies of
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Human Knowledge (Tratado sobre los principios del conocimiento humano), parte I, que fue publicado en 1710, y en Three Dialogues between Hylas and Philonous (Tres dilogos entre Hilas y Filons), publicado en 1713. Diversos trabajos preliminares para el Ensayo y para los Principios estaban contenidos en cuadernos de Berkeley que fueron escritos en 1707 y 1708, y que fueron publicados por A. C. Fraser en 1871 bajo el ttulo de Commonplace Book of occasional Metaphysical Thougts y por el profesor A. A. Luce en 1944 bajo el ttulo de Philosophical Commentaries (Comentarios En 1745 Berkeley public dos cartas, una dirigida a sus propios fieles, otra a los catlicos de la dicesis de Cloyne. En la ltima, exhortaba a no participar en el movimiento jacobita. Sus ideas sobre la cuestin del banco irlands aparecieron annimamente en Dubln, en tres entregas en 1735, 1736 y 1737 bajo el ttulo de The Querist (El preguntn). Berkeley se interes considerablemente por los problemas irlandeses, y en 1749 dirigi a los clrigos catlicos del pas A Word to the Wise (Una palabra para el cuerdo) exhortndoles a unirse en un movimiento para promover el progreso de las condiciones econmicas y sociales. En conexin con su propaganda de las virtudes del agua de alquitrn, public en 1744 Siris, obra que tambin contena una cierta dosis de reflexiones filosficas. Su ltima obra conocida es Farther Thoughts on Tar-water (Ms pensamientos sobre el agua de alquitrn), incluida como pieza inicial en su Miscellany, publicada en 1752. atacaba la teora de Newton y aduca que si hay misterios en matemticas es razonable esperarlos en religin. Un tal doctor Jurin public una rplica, y Berkeley replic a su vez con A defence of Freethinking in Mathematics (Defensa del librepensamiento en
Filosficos). En 1712
Berkeley public su folleto Passive Obedience, en el que mantena la doctrina de la obediencia pasiva, aunque la matizaba admitiendo el derecho de rebelin en casos extremos de tirana. El tratado De motu de Berkeley, en latn, apareci en 1721, el mismo ao en que publicaba An Essay towards preventing the Ruin of Great Britain (Ensayo para impedir la ruina de la Gran Bretaa), con un llamamiento a la religiosidad, a la industriosidad, a la frugalidad y al espritu ciudadano motivado por las calamidades originadas por el "escndalo del Pacfico" Durante su estancia en Amrica escribi Alciphron or the Minute Philosopher (Alcifrn, o el filsofo menor), que public en Londres en 1732. Consta de siete dilogos, y es el ms largo de sus libros, constituyendo esencialmente una obra apologtica del cristianismo dirigida contra los librepensadores. En 1733 apareci la The Theory of Vision or Visual Language showing the immediate Presence and Providence of a Deity Vindicated and Explained (Teora de la visin o lenguaje visual, que muestra la presencia y providencia inmediatas de una divinidad vindicada y explicada) y en 1734 Berkeley public The Analyst or a Discourse addressed to an Infidel Mathematician (El analista o Discurso a un matemtico impo), en el que
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Berkeley public los Principios del conocimiento humano, su obra se convirti, no sin justificacin, en blanco de crticas y de sarcasmo. A muchos les pareca que haba negado lo ms obvio, lo que es tan obvio que ningn hombre normal lo pondra en cuestin, asegurando que no era ni mucho menos tan obvio. Tal filosofa era una pura extravagancia. Su autor deba ser un desequilibrado mental, como algunos pensaban, o un perseguidor de novedades paradjicas, o un humorista irlands entregado a un ingenioso juego. Pero nadie que creyera o que afectara creer que las casas, los rboles, las mesas y las montaas son ideas de las almas o de las inteligencias poda aspirar razonablemente a que los dems hombres compartieran sus opiniones. Algunos concedan que los argumentos de Berkeley eran ingeniosos, sutiles y difciles de rebatir. Al mismo tiempo, tales argumentos deban encerrar algn error cuando llevaban a conclusiones tan paradjicas. Otros pensaban, por el contrario, que era fcil refutar la posicin de Berkeley. Su reaccin ante la filosofa de ste estaba perfectamente simbolizada por la clebre refutacin de Samuel Johnson. El sabio doctor dio una patada a una gran piedra, exclamando, "yo le refuto as". Sin embargo Berkeley estaba muy lejos de considerar su filosofa como una pieza de fantasa extravagante, contraria al sentido comn o siquiera discrepante con la conviccin espontnea del hombre comn. Por el contrario, conjunto como ejemplo de rechazo de teoras metafsicas ; pero su negacin de la teora lockiana de la existencia de una sustancia material oculta, constitua, para Berkeley, un ejemplo de este proceder. Y, desde luego, no consideraba su tesis de que los cuerpos u objetos sensibles son dependientes de la mente que los percibe como incompatible con la concepcin del mundo del hombre normal. Ciertamente, ste dira que la mesa existe y est presente en la habitacin independientemente de que alguien la .perciba. Pero Berkeley le replicara que l no ha querido decir que no pueda decirse que la mesa existe en cierto sentido cuando no hay nadie en la habitacin que la perciba. La cuestin no consiste en si la afirmacin es verdadera o falsa, sino en qu sentido es verdadera. Qu quiere decir que la mesa est en la habitacin cuando no hay nadie presente y percibindola? Qu puede significar, salvo que si alguien entrara en la habitacin tendra la experiencia que llamamos "ver una mesa"? No es esto lo mismo que arguye el hombre normal cuando dice que la mesa est en la habitacin incluso si no hay nadie que la perciba? No sugiero, que el tema sea tan sencillo como parecen implicar estas apreciaciones; ni deseo comprometerme con las tesis de Berkeley. Pero deseo indicar brevemente que ste sostena opiniones que, aunque sus contemporneos se inclinaban a mirar como fantsticas, estaban de hecho bastante en consonancia con el sentido comn. Hemos hecho mencin de la pregunta: qu significa decir, refirindose a un cuerpo o a un objeto sensible, que existe, cuando no es realmente percibido? Berkeley no slo era un filsofo que es capaz de escribir bien su propio lenguaje; estaba tambin interesado profundamente por los significados y los usos de las palabras. sta es, por supuesto, una de las principales razones del inters que despiertan
comn, y se contaba explcitamente a l mismo entre "el vulgo" para distinguirse de los profesores, y en su opinin, descarriados metafsicos que proponan extraas teoras. En sus cuadernos leemos esta significativa anotacin: "Rec.: Rechazar continuamente metafsicos, etc. y volver a traer a los hombres al sentido comn." Es verdad que no podemos resolvernos a considerar la filosofa de Berkeley en su
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hoy sus escritos en los filsofos britnicos, que ven en l un precursor del movimiento de anlisis lingstico. Berkeley insisti, por ejemplo, en la necesidad de un anlisis minucioso del trmino "existencia". As, en sus cuadernos hace notar que muchos filsofos antiguos caen en el absurdo porque no saben qu es la existencia. Pero "yo insisto sobre todo en el descubrimiento, significado y sentido de Existencia". En la teora de Berkeley, esse est percipi, su conclusin, era resultado de un anlisis riguroso de la palabra "existe" cuando decimos que las cosas sensibles existen. Adems, Berkeley prestaba particular atencin al Dignificado y utilizacin de los trminos abstractos, tal y como eran utilizados en las teoras cientficas newtonianas. Y el anlisis del uso de estos trminos le capacit para anticiparse a concepciones que ms tarde se han hecho tpicas acerca del status de las teoras cientficas. Las teoras cientficas son hiptesis, y constituye un error pensar que cuando "entra en juego" una hiptesis cientfica debe ser necesariamente expresin del poder natural de la mente humana para penetrar la estructura ltima de la realidad y alcanzar la verdad definitiva. Adems, trminos como "gravedad", "atraccin", etc., tienen, sin duda alguna, sus usos: pero una cosa es atribuirles un valor instrumental y otra muy diferente sostener que connotan entidades o cualidades ocultas. La utilizacin de palabras abstractas, por otra parte inevitable, tiende a confundir fsica y metafsica y a sugerirnos una idea errnea del status y funcin de las teoras fsicas. Pero aunque Berkeley hable de relegar las metafsicas y de volver a llamar al hombre al sentido comn, era l mismo un metafsico. Por ejemplo pensaba que de su explicacin acerca de la existencia y naturaleza de los entes materiales se deduca la existencia de Dios. No existe ninguna sustancia material (el sustrato oculto y desconocido de que hablaba Locke) que sirva de soporte a las cualidades que Berkeley denominaba "ideas". Todo ente material puede reducirse, por tanto, a un haz de ideas. Y al propio tiempo, las ideas no pueden existir por s mismas aparte de alguna mente. Por otra parte es obvio que existe una diferencia entre las ideas que construimos nosotros mismos, criaturas de la imaginacin (por ejemplo, la idea de una sirena o de un unicornio) y los fenmenos o "ideas" que percibe un hombre en circunstancias y condiciones normales durante la vigilia. Puedo crear todo un mundo imaginativamente segn mi capricho; pero lo que yo veo cuando alzo los ojos del libro y miro por la ventana no depende de m. Por consiguiente, estas "ideas" deben hacrseme presentes por obra de una mente o espritu, es decir, por obra de Dios. Berkeley no se expresa exactamente con estas mismas palabras; pero lo dicho basta como breve explicacin de cmo segn su concepcin el fenomenismo lleva al tesmo. Que esto sea o no as, es otra cuestin. Pero en el pensamiento de Berkeley lo era, y eso explica que considerara que la fe en Dios era un asunto de mero sentido comn. Si partimos de un punto de vista de sentido comn acerca de la existencia y naturaleza de los entes materiales, nos veremos obligados a afirmar la existencia de Dios. Por el contrario, la creencia en la sustancia material conduce al atesmo. Todo lo expuesto constituye material de excepcional importancia si queremos penetrar en el espritu de la filosofa de Berkeley. Pues para l era bastante patente que su crtica de la sustancia material serva para abrir paso a la aceptacin del tesmo en general y del cristianismo en particular. Como ya hemos dicho, su filosofa era considerada por muchos de sus contemporneos como una extravagancia fantstica. Y
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su decisin de sacrificar un cargo en la Iglesia protestante de Irlanda para poder llevar a cabo su proyecto de Bermuda fue considerado por muchos como un sntoma de locura. Pero su filosofa inmaterialista y su proyecto de Bermuda reflejan el mismo carcter que se revelaba en su preocupacin por los sufrimientos de la pobre Irlanda y en su entusistica propaganda en favor de las virtudes del agua de alquitrn. Cualquiera que sea el valor que se atribuya a su filosofa y cualesquiera que sean los elementos que posteriores generaciones de filsofos hayan podido tomar de la misma, la opinin de Berkeley est admirablemente sintetizada en las palabras finales de los Principios: "Porque despus de todo, lo que merece el primer lugar en nuestros estudios es la consideracin de Dios y de nuestro deber, y esto es lo que yo trataba de proponer en mi obra; por lo cual la estimar a la vez intil e ineficaz si con lo que he dicho no he sabido alentar a mis lectores con una piadosa sensacin de la presencia de Dios, y, habiendo mostrado la falsedad o vanidad de esas estriles Deidad, frente a escpticos y ateos". Pero no debe inferirse de estas y otras afirmaciones parecidas de Berkeley la conclusin de que su filosofa est tan teida de preconceptos y preocupaciones de carcter religioso y apologtico que no presente ningn valor puramente filosfico. Berkeley era un filsofo serio y, se est o no de acuerdo con los argumentos que emple y con las conclusiones a las que lleg, es preciso reconocer que se trata de una corriente de pensamiento que merece ser detenidamente considerada, y que los problemas que suscit tienen gran inters e importancia. Ante todo, es interesante reparar en cmo fue un empirista y al mismo tiempo un metafsico y un fenomenista, convencido de que el fenomenismo tiene la ltima palabra en filosofa. Su filosofa puede, desde luego, parecer hbrida; sobre todo si la consideramos simplemente como un mojn en el camino que conduce desde Locke hasta Hume. Pero yo, por el contrario, creo que es interesante en s misma.
especulaciones que constituyen la principal ocupacin de los hombres instruidos, disponerles mejor a reverenciarle y a abrazar las verdades salvadoras del Evangelio, cuyo conocimiento y puesta en prctica constituyen la mxima perfeccin de la naturaleza humana." Berkeley era pues bastante explcito acerca de la finalidad prctica de su filosofa. El ttulo completo de los Principios es Tratado sobre los principios del conocimiento humano, en el que se inquieren las principales causas de errores y dificultades en las ciencias, as como las races del escepticismo, el atesmo y la irreligiosidad. Paralelamente, la finalidad de los Tres dilogos es, segn se dice, "demostrar con la mxima claridad la realidad y perfeccin del conocimiento humano, la naturaleza inmaterial del alma y la providencia inmediata de una
4. La teora de la visin.
Hemos mencionado ya el hecho de que Berkeley no comenz a dar al pblico su filosofa inmaterialista sin haber hecho antes algunos intentos de preparar las inteligencias para recibirla, ya que, aunque estaba convencido de la exactitud de sus concepciones, era al mismo tiempo consciente de que sus teoras iban a parecer extraas y aun extravagantes a muchos lectores. Intent, por consiguiente, preparar el camino a los Principios del conocimiento humano con la publicacin previa de su Ensayo sobre una nueva teora de la -visin. Sin embargo, incurriramos en un error si considerramos que este Ensayo constitua tan slo un recurso para predisponer las inteligencias
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a prestar una atencin benvola a lo que Berkeley intentaba decir en otros escritos posteriores. Se trata de un estudio riguroso de una serie de problemas relacionados con la percepcin, que encierra un gran inters, independientemente de su intencin preparatoria. La objeto se coloca primero a una cierta distancia del ojo y se aproxima a continuacin, se ve ms confusamente. Y de este modo "se origina en la mente una conexin habitual entre los diferentes grados de confusin y distancia, implicando la mayor confusin la menor distancia y viceversa, respecto del objeto". Pero cuando se acerca un objeto colocado a una cierta distancia, podemos, al menos por algn tiempo, evitar que llegue a hacrsenos confuso esforzando el ojo. Y la sensacin que acompaa a este esfuerzo nos ayuda a apreciar la distancia del objeto. Cuanto mayor es el esfuerzo, ms prximo est el objeto. En cuanto a nuestra percepcin de la magnitud o tamao de los objetos sensibles, debemos distinguir en primer lugar entre dos categoras de objetos aprehendidos por la vista. Unos son propia e inmediatamente visibles; otros no caen de manera inmediata bajo el sentido de la vista, sino que son ms bien objetos tangibles, y son vistos slo mediatamente, por medio de lo que es directamente visible. Cada una de estas categoras de objetos tiene su propia magnitud o extensin distinta. Por ejemplo, cuando miro la Luna, veo directamente un disco de cierto color. La Luna, en cuanto objeto visible, es mayor cuando est situada sobre el horizonte que cuando est situada sobre el meridiano. Pero nosotros no pensamos la magnitud de la Luna, cuando la consideramos como objeto tangible, como si cambiara segn hemos descrito. "La magnitud del objeto, que existe fuera de la mente, y se halla a una determinada distancia, permanece siempre invariable. Pero el objeto visible, cambiante en cuanto nos aproximamos a o nos alejamos de l, no tiene ningn tamao fijo y determinado. Por consiguiente, siempre que hablamos de la magnitud de algo, por ejemplo, de un rbol o una casa, nos referimos a la magnitud tangible;
construccin de los instrumentos pticos haba estimulado el desarrollo de teoras sobre la ptica. Haban aparecido ya una serie de trabajos, tales como Disertaciones pticas de Barrow (1669); y con su Ensayo, Berkeley realiz una aportacin al tema. Su finalidad, segn sus propias palabras, era "mostrar el modo como percibimos por la vista la distancia, magnitud y situacin de los objetos, as como la diferencia que hay entre las ideas de la vista y del tacto, y determinar si hay alguna idea comn a ambos sentidos". Berkeley da por comnmente admitido que no percibimos la distancia por s misma. "Se deduce, por consiguiente, que es introducida en la percepcin visual a travs de alguna otra idea que es inmediatamente percibida en el acto de la visin." Pero Berkeley rechaza la explicacin geomtrica ms comn, a base de lneas y ngulos. Por una parte, la experiencia rechaza la nocin de que computemos o apreciemos la distancia por clculo geomtrico. Por otra, las lneas y ngulos mencionados son hiptesis construidas por los matemticos para un tratamiento geomtrico de la ptica. En lugar de la explicacin geomtrica, Berkeley expone sugerencias. Cuando miro con ambos ojos un objeto prximo, el espacio entre mis pupilas disminuye o aumenta segn el objeto se aproxima o aleja. Esta alteracin que se produce en los ojos va acompaada de sensaciones. La consecuencia es que se origina una asociacin entre las diferentes sensaciones y las diferentes distancias, de modo que las sensaciones vienen a actuar de "ideas" intermedias en la percepcin de la distancia. Adems, si un
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de otro modo, nadie podra estar seguro ni hallarse libre de ambigedad al hablar de ello." "Cada vez que decimos de un objeto que es grande o pequeo, de estas o aquellas dimensiones determinadas, sostengo que nos referimos a la extensin tangible y no a la visible, que, aunque inmediatamente percibida, no se toma en consideracin." Sin embargo, la magnitud de los objetos tangibles no es directamente percibida; se aprecia a partir de la magnitud visible, segn la confusin o distincin, la debilidad o la intensidad de las apariencias visibles. En realidad no hay ninguna conexin de carcter necesario entre magnitud visible y magnitud tangible. Por ejemplo, una torre y un hombre, situados a una distancia apropiada, pueden tener aproximadamente la misma magnitud visible. Pero nosotros no juzgamos por ello que tengan la misma magnitud tangible. Nuestro juicio est afectado por una serie de factores experimentales. Esto no altera el hecho, no obstante, de que, antes de haber tocado un objeto, su magnitud tangible sea sugerida por la visible, aunque la ltima no tenga ninguna conexin necesaria con la primera. "Del mismo modo que vemos la distancia, vemos la magnitud. Y vemos las dos de la misma manera que vemos la vergenza o la ira en la mirada de un hombre. Tales pasiones son en s mismas invisibles; son en todas las ocasiones advertidas por el ojo en virtud de tonos y alteraciones del semblante que son inmediatamente objetos de visin; y que las significan por la sencilla razn de que hemos observado que se presentan acompandolas. Sin la experiencia, el rubor no sera tomado ms como signo de vergenza que de alegra." Las ideas de Berkeley acerca de la percepcin visual no eran enteramente originales. Pero utilizaba las ideas que haba tomado en la construccin de una teora cuidadosamente elaborada, que, aparte de concretos puntos valiosos, tena el gran mrito de ser el producto de una reflexin, con apoyo de ejemplos particulares, sobre el modo en que llevamos realmente a cabo la percepcin de distancia, magnitud y situacin. Berkeley no tena, por supuesto, ningn deseo de poner en cuestin la utilidad de una teora matemtica de la ptica, pero era para l claro que en la percepcin visual ordinaria no apreciamos la distancia y el tamao en base a clculos matemticos. Podemos, ciertamente, emplear las matemticas para determinar distancias; pero este proceso presupone, obviamente, la percepcin visual ordinaria de la que trata Berkeley. No creo necesario entrar en un anlisis detallado de la teora berkeleyana de la percepcin. nicamente nos referiremos a la distincin que establece entre vista y tacto, as como entre sus respectivos objetos. Hemos visto ya cmo distingua entre objetos que son, para hablar con propiedad, objetos de vista o visin y objetos que son de un modo tan slo mediato objetos de percepcin visual. La magnitud visible o extensin es diferente de la extensin tangible. Pero podemos ir ms lejos y decir que "no hay ninguna idea comn a ambos sentidos". Este extremo es fcil de demostrar. Los objetos inmediatos de la vista son luces y colores y no hay ningn otro objeto inmediato de la misma; pero las luces y colores no pueden ser percibidos por el tacto. De aqu que no haya objetos inmediatos comunes a ambos sentidos. Puede quiz parecer que Berkeley entra en contradiccin consigo mismo cuando afirma que los ltimos objetos inmediatos de la vista son luces y colores, mientras que habla al mismo tiempo de extensin visible. Pero lo que vemos son trozos de color, en cuanto colores extensos. Y la extensin visible, visible como trozos de color, es insiste Berkeley- completamente diferente de la extensin tangible.
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Puede decirse que afirmar la heterogeneidad de los objetos de la vista y del tacto es afirmar una perogrullada. Todo el mundo sabe, por ejemplo, que percibe los colores por medio de la vista y no del tacto. Decimos, verbigracia, que una cosa se ve verde, y no que se toca verde. Todos nosotros somos tan conscientes de que las luces y colores son los objetos propios de la vista como de que los sonidos lo son del odo y no del gusto. Pero al insistir sobre la heterogeneidad de los objetos de la vista y del tacto, Berkeley abriga un designio ulterior. Desea sostener que los objetos visuales, las "ideas de la vista" son smbolos o signos que nos sugieren ideas tangibles. No hay ninguna necesaria conexin entre estas dos categoras pero "estos signos son constantes y universales (y) su conexin con las ideas tangibles nos viene dada con nuestro ingreso en el mundo". "Por todo esto, pienso que podemos deducir que los objetos propios de la visin forman un lenguaje universal del Autor de la naturaleza, por el que se nos instruye acerca de cmo ordenar nuestras acciones para alcanzar aquellas cosas que son necesarias para la preservacin y bienestar de nuestros cuerpos, as como acerca de cmo evitar cualquier cosa que pueda ser daina o destructiva para ellos... Y el modo en que significan y sealan en nosotros los objetos que estn a distancia es el mismo que el de los lenguajes y signos convencionales entre los hombres, que no sugieren las cosas significadas por ningn gnero de semejanza o identidad de naturaleza, sino nicamente por una conexin habitual que la experiencia nos ha hecho observar entre ellos". Las palabras "significan y sealan en nosotros los objetos que estn a distancia" deben subrayarse. Implican que los objetos de la vista o de la visin no estn a distancia. Es decir, que estn, en algn sentido, dentro de la mente y no "ah fuera". Berkeley ya implicaba esto cuando haca notar que "la magnitud del objeto que existe fuera de la mente y est a una determinada distancia permanece invariable siempre"
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contraponiendo este objeto externo y tangible al objeto visible. Los objetos de la vista estn en cierto modo dentro de la mente, y actan como signos y smbolos de objetos exteriores a la mente, objetos tangibles. Esta distincin entre objetos visibles y tangibles no es compatible con la tesis, ms adelante mantenida en los Principios, segn la cual todos los objetos sensibles son "ideas" que existen en cierto modo dentro de la mente. Pero esto no quiere decir que Berkeley cambiara de opinin en el intervalo de tiempo que va desde que escribi el Ensayo hasta que escribi los Principios. Ms bien debe interpretarse en el sentido de que su propsito al escribir el Ensayo era tan slo dar una versin parcial de su teora general. Habla, por consiguiente, como si los objetos visibles estuvieran en la mente y los objetos tangibles fueran exteriores a la husma. Sin embargo, en los Principios considera todo gnero de objetos sensibles como interiores en cierto sentido a la mente, y ya no son slo los objetos de la vista los que se miran como un lenguaje determinado por Dios. Con otras palabras: en el Ensayo en el que se ocupa ante todo de una serie de problemas concretos relacionados con la percepcin, introduce al lector a una parte tan slo de su teora general, y de un modo por otra parte incidental, mientras que en, los Principios entra de lleno en la teora general. Cabe aadir que incluso en el marco de la teora general de Berkeley pueden plantearse problemas relacionados con nuestra percepcin de la distancia, de la magnitud y de la sudacin; pero la distancia y la situacin slo pueden ser relativas y no absolutas, desde el momento que no existen entes materiales independientes de la mente.
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BERKELEY II 1. Las palabras y sus significados. En el captulo anterior llam la atencin sobre la preocupacin de Berkeley por el lenguaje y los significados de las palabras. En los Comentarios filosficos, es decir, en sus cuadernos, subraya que las matemticas tienen sobre la metafsica y la tica la ventaja de que las definiciones matemticas definen palabras no conocidas de antemano por el lector, lo que motiva que su significado no est controvertido, mientras que los trminos definidos en metafsica y tica son conocidos por la mayora, lo que ocasiona que cualquier intento de definirlos tenga que vencer ideas preconcebidas y prejuicios acerca de sus significados. Adems, en muchos casos, podemos comprender lo que significa un trmino utilizado en filosofa y ser todava incapaces de dar una explicacin clara de su significado o definirlo. "Puedo comprender clara y enteramente lo que es mi propia alma, la extensin, etc., y no ser capaz de definirlos." Y Berkeley atribuye la dificultad para definir y hablar con claridad acerca de los entes a la "insuficiencia del lenguaje" en no menor medida que a la confusin de la inteligencia. Por lo tanto, el anlisis lingstico reviste gran importancia para la filosofa. "Nos encontramos con frecuencia sumidos en la perplejidad al intentar obtener los significados claros y precisos de las palabras que usamos comnmente." No son los trminos como "sustancia" o "ente" los que han dado lugar a errores, sino sobre todo "la falta de reflexin acerca de su significado. Pretendo conservar las palabras y slo deseo que los hombres piensen antes de hablar y establezcan con precisin el significado de las palabras que utilizan". "Lo primero que intento hacer consiste tan slo en remover la niebla, el velo de las palabras, que origina la ignorancia y la confusin, que ha sido la ruina de escolsticos Berkeley aplic este principio a la doctrina de Locke sobre la sustancia material. Puede decirse que su crtica a la teora de Locke adopt la forma de un anlisis de las proposiciones referentes a los objetos materiales. Sostena que el anlisis del significado de las proposiciones con trminos que designen objetos sensibles rechaza la concepcin segn la cual existira una sustancia material en el sentido que le atribua Locke, es decir, un sustrato oculto e incognoscible. Los entes son solamente lo que percibimos que son, y en modo alguno percibimos ninguna sustancia lockiana o sustrato. Las proposiciones referentes a los entes sensibles pueden ser analizadas como proposiciones sobre fenmenos o traducidas a afirmaciones sobre fenmenos. Podemos hablar de sustancias si nos referimos y matemticos, de abogados y de profetas de todo gnero." Algunas palabras no tienen ningn significado, o lo que es lo mismo, su pretendido significado se desvanece cuando se analizan; entonces se ve que no se refieren a nada. "Locke nos ha mostrado cmo puede haber discursos coherentes, metdicos, ricos en palabras que, con todo, no quieren decir absolutamente nada." Un apunte ejemplifica lo que Berkeley quiere decir, apunte que expresa una idea que se le ocurri, aunque no la desarrollara y desechara en realidad el punto de vista a que responde. "Dices que la mente no son las percepciones sino este ente que percibe. Yo te respondo que t has sido engaado por las palabras 'este' y 'ente'; se trata de palabras vagas, vacas de significacin." Por tanto, necesitamos del anlisis para precisar los significados cuando no estn claros y revelar el sin-sentido de los trminos no-significantes.
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sustancia material" no significa nada distinto de ellos y del fenmeno subyacente. El problema se complica, desde luego, cuando entra en juego la doctrina de Berkeley segn la cual los entes sensibles son" ideas". Pero podemos por el momento dejar a un lado esta doctrina. Y si atendemos a su argumentacin desde este nico punto de vista, podemos. decir que para Berkeley aquellos que creen en la sustancia material han sido movidos a engao por las palabras. Dado que predicamos contenan material preparatorio para aqullos, lo mismo que el Ensayo para una nueva teora de la visin. En su introduccin a los Principios Berkeley subraya que para preparar la mente del lector para la comprensin de su doctrina acerca de los primeros principios del conocimiento, es conveniente decir primero algo "acerca de la naturaleza y del abuso del lenguaje" y hace algunas observaciones de gran inters acerca de la funcin del lenguaje. Se suele dar por supuesto que la principal y en realidad nica funcin del lenguaje -dicees la comunicacin de las ideas que se hallan significadas por las palabras. Pero esto no es en modo alguno verdad. "Existen otros fines, tales como la manifestacin de una pasin, el impulsar a, o disuadir a alguien de una accin,. el poner la mente en una disposicin determinada, a los que el primero (es decir, la comunicacin de las ideas) est en multitud de casos simplemente subordinado, y en los que desaparece por completo, cuando los otros fines pueden obtenerse sin ste, casos ambos que estimo son bastante frecuentes en el uso habitual del lenguaje." Berkeley llama en este pasaje la atencin sobre los usos emotivos del lenguaje. Piensa que es necesario distinguir entre las varias funciones o fines del lenguaje y de las' categoras especiales de palabras y distinguir asimismo entre las controversias que son puramente verbales y las que no lo son, si se quiere evitar "ser manejado por las palabras".13 Se trata, obviamente, de un consejo excelente.
determinadas cualidades de una rosa, por ejemplo, filsofos como Locke se han inclinado a pensar que debe haber alguna sustancia oculta que sirva de soporte a las cualidades percibidas. Pero Berkeley arguye, como veremos ms adelante, .que la palabra "soporte" carece de significado claro alguno en este contexto. No intenta negar que haya sustancias en algn sentido del trmino, sino solamente que las haya filosficamente hablando. "No rechazo las sustancias, ni debo ser acusado de expulsar la sustancia fuera del mundo de la razn. Slo rechazo el sentido filosfico (que en realidad es un sin-sentido) del trmino 'sustancia'." Por otra parte, como veremos en el prximo captulo, Berkeley insista en la necesidad de un anlisis lcido de la palabra "existencia". Cuando afirma, refirindose a los entes sensibles, que su existencia consiste en ser percibidos (esse est percipi) no intenta decir que es falso que existan; su intencin es precisar el significado de la afirmacin segn la cual los entes sensibles existen. "No debe decirse que yo rechazo la Existencia. Slo intento aclarar el sentido del trmino en la medida de mi comprensin."
2. Ideas generales abstractas. En el marco de estas notas generales acerca del lenguaje, Berkeley
Estas notas acerca del lenguaje encuentran eco, desde luego, en los Principios del conocimiento humano,. los Comentarios filosficos
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ideas, aunque est dispuesto a admitir las ideas generales en algn sentido. "Hay que advertir que no niego en absoluto que haya ideas generales, sino slo que haya ideas generales abstractas".14 Su aseveracin merece que nos detengamos en ella. En primer lugar en la frase "no hay ideas generales abstractas" Berkeley carga el acento en la palabra "abstractas". Su intencin primaria es refutar la teora lockiana de las ideas abstractas. Menciona tambin a los escolsticos; pero es a Locke a quien cita. Adems interpreta a Locke en el sentido de que nosotros formamos imgenes generales abstractas, y desde este punto de vista, le resulta fcil refutarle. "La idea de hombre que construyo debe ser de un hombre blanco o negro, firme o encorvado, alto, bajo o de mediana estatura. Yo no puedo, por ms que me esfuerce de todas las maneras posibles, concebir la idea abstracta a que .me refiero." Es decir, no puedo construir una imagen de hombre que omita o incluya a la vez todas las caractersticas singulares de los hombres reales individuales. Del mismo modo "no hay nada ms fcil para cada uno que escudriar un poco en sus propios pensamientos y buscar a ver si tiene o puede llegar a tener una idea que corresponda a la descripcin dada de la idea general de un tringulo que no es oblicuo, ni rectngulo, ni equiltero, ni issceles, ni escaleno, sino que es todas y ninguna de estas cosas a la vez" . No puedo tener una idea (es decir, una imagen) de tringulo que incluya todas las caractersticas de los diferentes tipos de tringulo y que al mismo tiempo no pueda ser clasificada como la imagen de un tipo particular de tringulo. Este ltimo ejemplo est directamente tomado de Locke, que habla de la formacin de la idea general de tringulo que "no debe ser ni oblicuo, ni rectngulo, ni equiltero, ni issceles, ni escaleno; sino todas y ninguna de estas cosas a la vez". Pero las tesis de Locke sobre la abstraccin y sus resultados no son siempre coherentes. En otro lugar dice que "las ideas se convierten en ideas generales mediante su separacin de circunstancias de tiempo, lugar y de otras ideas que puedan determinarlas a esta o aquella existencia particular. Por esta va abstractiva se hacen capaces de representar a ms de un individuo...". Y afirma que en la idea general de hombre las caractersticas de los hombres individuales como individuos estn ausentes, conservndose nicamente aquellas notas que todos los hombres poseen en comn. Adems, aunque en la teora de Locke se halla implcito que las ideas generales abstractas son imgenes, no siempre funciona este supuesto. Pero Berkeley, que se' refiere' invariablemente a ideas de objetos que se presentan a la percepcin sensorial, persiste en interpretar a Locke como si ste se refiriera a imgenes generales abstractas, y de este modo puede mostrar fcilmente que no hay tales entes. En verdad, parece . suponer que las imgenes compuestas son ms claras de lo que son en realidad; pero esto no altera el hecho de que no pueda haber, por ejemplo, una imagen general abstracta de tringulo que cumpla todas las condiciones mencionadas, ni, para tomar otro ejemplo que da Berkeley, que no podamos tener una idea (imagen) de movimiento sin un cuerpo mvil y una determinada direccin o velocidad. Pero si consideramos esta parte de la teora berkeleyana que constituye una exgesis de Locke, no podemos menos de constatar que era decididamente infiel a ste, aunque algunos admiradores del buen obispo hayan intentado liberarle de este cargo. Como hemos visto, Berkeley acude a la introspeccin. Y mirando el interior de su mente en busca de las ideas generales abstractas ve solamente imgenes y pasa a identificar la imagen con la idea. Y como
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incluso la imagen compuesta es una imagen particular, aunque haya sido construida para representar una serie de entes particulares, niega la existencia de ideas generales abstractas. Esto puede ser cierto en gran medida; pero Berkeley no admite que tengamos ideas universales, si con esto quiere decirse que podemos tener ideas con un contenido positivo universal de las cualidades sensoriales que no pueden darse aisladas en la percepcin (como el movimiento sin un cuerpo que se mueve) o de cualidades generales puramente sensoriales como el color. A la acusacin de confundir las imgenes con las ideas, poda replicar desafiando a sus crticos a demostrar que hay algn tipo de ideas generales abstractas. No hay que olvidar que en el sistema filosfico de Berkeley las "esencias" quedan fuera de juego. Qu quiere decir, por lo tanto, Berkeley cuando afirma que, aunque niega las ideas generales abstractas, no intenta negar las ideas generales de un modo total? Su tesis es que "una idea, que considerada en s misma es particular, se convierte en general cuando es construida para representar o significar todas las dems ideas particulares de la misma especie". As, pues, la universalidad no consiste "en la absoluta, positiva naturaleza o concepcin de algo, sino en la relacin que mantiene con los particulares significados o representados por l". Puede atenderse a uno u otro aspecto de una cosa; y si es esto lo que entendemos por abstraccin, sta es posible sin ningn gnero de dudas. "Puede concederse que un hombre puede considerar una figura meramente como triangular, sin atender a las cualidades particulares de los ngulos, o a las relaciones entre los lados del mismo... podemos considerar a Pedro sucesivamente como hombre o como animal... " Si considero a Pedro teniendo en cuenta nicamente las caractersticas que tiene en comn con los animales, abstrayendo o prescindiendo de las caractersticas que posee en comn con otros hombres que le diferencian de los animales, mi idea de Pedro puede representar o significar a todos los animales: En este sentido se convierte en una idea general; pero la universalidad le pertenece nicamente en cuanto a su funcin representativa o significativa. Considerada en s misma, teniendo en cuenta su contenido positivo propio, se trata de una idea particular. Si no hay ideas generales abstractas, es obvio que el razonamiento se realiza sobre ideas particulares. El gemetra construye un tringulo particular para significar o representar a todos los tringulos, atendiendo ms bien a su triangularidad que a sus caractersticas particulares. Y en este caso, las propiedades demostradas en este tringulo particular valen para todos los tringulos. Pero el gemetra no demuestra propiedades de la idea general abstracta de la triangularidad, ya que no existe tal cosa. Su razonamiento versa sobre ideas particulares y la extensin que alcanzan es posible gracias a la capacidad que tenemos de hacer universal una idea particular, no por su contenido positivo, sino por su funcin representativa. Berkeley no niega, sin embargo, que existen trminos generales. Pero rechaza la opinin de Locke de que los trminos generales denotan, como dice, ideas generales, si con ello quiere decirse que estas ideas poseen un contenido universal positivo. Un nombre propio, William, por ejemplo, significa un ente particular, en tanto que una palabra general significa indistintamente una pluralidad de entes de la misma especie. Su universalidad radica en su uso o funcin. Si comprendemos esto, nos libraremos de la necesidad de dar caza a las misteriosas entidades designadas por estos trminos generales. Podemos pronunciar la frase "sustancia material". pero estos trminos
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no denotan ninguna idea general abstracta, y si suponemos que, dado que podemos construir el trmino, corresponde al mismo una entidad aparte de los objetos de la percepcin, habremos sido inducidos a error por las palabras. El nominalismo de Berkeley cobra as importancia en el marco de la crtica de la teora lockiana de la sustancia material. "Materia" no es un nombre en el mismo sentido que "William", aunque algunos filsofos parezcan haberlo credo as por error. Pero qu quiere esto decir -pregunta Berkeley- sino que si yo entrara en la habitacin percibira la mesa, o que si otra persona lo hiciera, la percibira o podra percibirla? Incluso cuando intento imaginar la mesa existiendo fuera de toda percepcin, imagino necesariamente que yo mismo o algn otro la percibe, es decir, introduzco subrepticiamente un sujeto perceptor, aunque sea inconscientemente. Por tanto, Berkeley afirma que "la existencia absoluta de entes no pensantes sin relacin alguna con el ser percibidos, es perfectamente ininteligible. Su esse es percipi, y no es posible que puedan tener existencia alguna fuera de las 3. El esse de las cosas sensibles es percipi. Ya en el comienzo de los Principios, Berkeley habla de los objetos sensoriales del conocimiento como de "ideas". Pero quiz sea mejor no ocupamos por el momento de este problema complejo y entrar antes en el anlisis de la teora segn la cual los objetos sensibles no tienen ninguna existencia absoluta por s mismos, aparte de su ser percibidos, teora que no implica necesariamente hablar de tales objetos como de "ideas". Segn Berkeley, toda persona puede darse cuenta de que los entes sensibles no existen ni pueden existir con independencia del ser percibidos, si atiende al significado de la palabra "existe" cuando se aplica a dichos entes. "La mesa sobre la que escribo digo que existe, esto es, que la veo y la toco; y si yo saliera de mi gabinete, yo dira que existe significando con eso que si estuviera en el mismo podra percibirla, o bien que alguna otra mente la percibe de hecho." As pues, Berkeley desafa al lector a que encuentre un significado para la proposicin "la mesa existe" que no equivalga a "la mesa es percibida o perceptible". Es absolutamente cierto que puede decirse, como dira cualquiera, que la mesa existe cuando no hay nadie en la habitacin. mentes o de los entes espirituales que los perciben". La tesis de Berkeley; por consiguiente, es que decir de un ente u objeto sensible que existe equivale a afirmar que es percibido o perceptible; en su opinin esta proposicin no puede significar ninguna otra cosa: Su anlisis por otra parte -mantiene- no afecta a la realidad de las cosas. "Existencia es percipi o percipere. Los caballos estn en la cuadra, los libros siguen en el gabinete como antes". Con otras palabras, no es falso decir que el caballo est en la cuadra cuando no hay nadie all; el anlisis de Berkeley afecta slo al significado de esta aseveracin. La frase que citamos a continuacin ha sido ya citada con anterioridad, pero es interesante volver a traerla a colacin: "No debe afirmarse que rechazo la Existencia. Slo intento aclarar el sentido del trmino en la medida de mi comprensin." Por otra parte Berkeley considera que su anlisis de las proposiciones de existencia sobre los entes sensibles est de acuerdo con el punto de vista del hombre comn cuya mente no ha sido seducida por las abstracciones metafsicas. Podra objetarse que aunque el hombre comn estara ciertamente de acuerdo con la afirmacin de que decir que el caballo est en la cuadra
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equivale a decir que si alguien entra en l tendr o podr tener la experiencia que llamamos ver un caballo, no estara conforme con la aseveracin de que la existencia del caballo es ser percibido. Porque cuando admite que decir que el caballo est en la cuadra" significa" que si alguien entra en el mismo percibir o podr percibir un caballo, en realidad quiere decir slo que lo segundo es consecuencia de lo primero. Si el caballo est en la cuadra, cualquier persona de vista normal puede percibido, dadas las dems condiciones que requiere la percepcin. Pero no quiere decir que fa existencia del caballo consista en ser percibido. La posicin de Berkeley, sin embargo, se aproxima bastante a la de algunos de los modernos neopositivistas que afirman que el significado de una proposicin emprica se identifica con el modo de verificacin; de la misma. Entrar en la cuadra y percibir el caballo es un modo de verificar la proposicin de que hay un caballo en la cuadra. Y cuando Berkeley sostiene que dicha proposicin puede nicamente significar que si un sujeto perceptor entra en la cuadra tendr o podr tener ciertas experiencias sensibles, parece otro modo de decir que el significado de la proposicin que afirma que hay un caballo en la cuadra se identifica con el modo de verificacin de la misma. Pero esto no constituira una exposicin fiel de su teora, ya que omitira no slo toda mencin de su tesis de que los objetos sensibles son ideas, sino tambin su consecuente introduccin de Dios como un perceptor universal y omnipresente. Ahora bien, en cuanto al aspecto lingstico de su doctrina parece existir cierta semejanza entre su posicin y la de algunos neopositivistas modernos. Y la posicin de Berkeley puede ser objeto de ciertas crticas que alcanzan tambin las opiniones de dichos neopositivistas. 4. Las cosas sensibles son ideas. Ya en los Comentarios filosficos encontramos una formulacin de la teora de Berkeley de que los entes sensibles son ideas o colecciones de ideas y de la conclusin que extrae de ello, a saber que no pueden existir independientemente de las mentes. "Todas las palabras significantes significan ideas. Todo conocimiento (versa) sobre nuestras ideas. Todas las ideas vienen del interior o del exterior". En el primer caso, las ideas reciben el nombre de sensaciones, y en el segundo, de pensamientos. Percibir es tener una idea. Cuando percibimos colores, por ejemplo, estamos percibiendo ideas. y como esas ideas nos vienen de fuera, son sensaciones. Pero "no puede haber ninguna sensacin en un ente no dotado de sensacin". Por consiguiente, las ideas que son los colores no pueden estar radicadas en la sustancia material, que es un sustrato inerte. De aqu se deduce el carcter innecesario del postulado de la sustancia. "Nada semejante a una idea puede ser un ente imperceptivo." Ser percibido implica la dependencia de un perceptor. Y existir significa o percibir o ser percibido. "Nada existe con propiedad salvo las personas, es decir, los entes conscientes; todos los otros entes no son tanto existencia como modos de existencia de las Antes de pasar a otra cuestin, dirigir la atencin a otros dos puntos relacionados con sta. En primer lugar, cuando Berkeley dice esse est percipi se refiere slo a los entes u objetos sensibles. En segundo lugar, la frmula completa es esse est aut percipi aut percipere, la existencia es ser percibido o percibir. Aparte de los entes sensibles, cuya existencia consiste en ser percibidos, hay mentes o sujetos de la percepcin, que son activos y cuya existencia consiste ms bien en percibir que en ser percibidos.
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personas." Por lo tanto, mostrar que los entes sensibles son ideas constituye una de las principales maneras, si no la principal, de mostrar que la existencia de estos entes consiste en ser percibidos y de refutar la teora de Locke sobre la sustancia material. En los Principios, Berkeley habla de los entes sensibles como de colecciones o combinaciones de "sensaciones o ideas" y extrae la conclusin de que "no pueden existir salvo si una mente los percibe". Pero aunque afirma que es evidente que los objetos del conocimiento son ideas se da cuenta de que esta tesis no es concorde con la opinin comn. Por eso hace notar que "es verdad que prevalece extraamente entre los hombres la opinin de que las casas, las montaas, los ros y en resumen todos los objetos sensibles tienen una existencia natural o real, distinta de su ser percibido por el entendimiento". Pero esta opinin que, sorprendentemente, prevalece, encierra una contradiccin y cualidades primarias como extensin y forma. Admiten que las primeras, cuando son percibidas, no son semejanzas de algo que exista fuera de la mente. Admiten, en otras palabras, su carcter subjetivo, el hecho de que son ideas. "Pero mantienen que nuestras ideas de las cualidades primarias son patrones o imgenes de cosas que existen sin la mente, en una sustancia no-pensante a la que llaman materia. Por consiguiente entienden por materia una sustancia inerte, privada de sensacin en la que subsisten realmente, extensin, forma y movimiento." Pero esta distincin no es vlida. Es imposible concebir cualidades primarias enteramente separadas de las secundarias. "La extensin, la forma, el movimiento, abstradas de las dems cualidades, son inconcebibles." Adems, si, como pensaba Locke, la relatividad de las cualidades secundarias proporciona un argumento de peso en favor de su existencia en nuestro espritu, lo mismo vale si nos referimos a las cualidades primarias. La forma o figura, por ejemplo, depende de la posicin del perceptor mientras que el movimiento es lento, o rpido, trminos que son relativos. La extensin en general y el movimiento en general son trminos sin significado, dependiendo "de esta extraa teora de las ideas abstractas". En resumen, las cualidades primarias no son ms independientes de la percepcin que las secundarias. Ambas son igualmente ideas. Y si son ideas, no pueden existir o radicar en un sustrato o sustancia no-pensante. Podemos, por tanto, rechazar la sustancia material de que hablaba Locke; y los objetos sensibles se convierten en haces o colecciones de ideas. Locke, como ya hemos dicho, no mantuvo en realidad que las cualidades secundarias fuesen subjetivas, ya que en su terminologa, las cualidades secundarias eran capacidades existentes en las cosas, La lnea de argumentacin de Berkeley es la siguiente. Algunos distinguen entre cualidades secundarias, como el color, sonido y sabor que producen en nosotros ciertas ideas; y estas capacidades eran
manifiesta. "Porque qu son los objetos antes mencionados sino las cosas que percibimos mediante nuestros sentidos, y qu percibimos salvo nuestras propias ideas y sensaciones? Y no es inconcebible que cualquiera de stas o sus combinaciones puedan existir sin ser percibidas?" La nocin de que estos entes puedan existir por s mismos, independientemente de la percepcin "depende en el fondo de la doctrina de las ideas abstractas". Porque puede haber mayor esfuerzo de abstraccin que distinguir la existencia de los objetos sensibles de su ser percibidos, concibiendo que existan percibidos? Desde luego, si los entes sensibles son ideas en el sentido ordinario del trmino, es evidente que no pueden existir aparte de alguna mente. Pero por qu se justifica que las llamemos ideas?
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objetivas, es decir, independientes de su existencia en nuestro espritu. Sin embargo, si nos referimos a las cualidades en cuanto percibidas, p. ej., los colores, podemos decir que para Locke eran algo subjetivo, ideas en la mente. Y ste es el punto del que Berke1ey arranca en el argumento que hemos expuesto lneas atrs. Pero la validez del argumento es, sin duda, problemtica. Parece que Berkeley piensa que la "relatividad" de las cualidades muestra que stas existen en la mente. No existen cualidades en general por encima o fuera de las cualidades particulares percibidas. Y cada cualidad particular percibida es percibida por y relativa a un sujeto determinado. Pero no es evidente que porque la hierba me parezca en este momento verde, y no amarilla o dorada, las cualidades de verde o de amarillo sean ideas en el sentido de que estn en mi espritu. Ni es tampoco evidente que porque una cosa determinada me parezca grande en unas circunstancias y pequea en otras, de una forma en una y de otra en otras, la extensin y la forma sean ideas. Por supuesto que si aceptamos que la objetividad de las cualidades presupone que las cosas deben siempre aparecer del mismo modo a todas las personas o a una persona en todos los momentos y circunstancias, al no ocurrir as, estas cualidades no son objetivas. Pero no parece que haya nada que nos fuerce a esta aceptacin. analizamos el significado del trmino vemos que consiste en "la idea de ser en general, juntamente con la nocin relativa de soporte de accidentes. La idea general de ser se me muestra como ms abstracta e incomprensible que las dems, y en cuanto a su ser soporte de
accidentes no puede, como acabamos de observar, ser comprendido en la acepcin comn de estos trminos; debe, por consiguiente, tomarse en algn otro sentido, que no se acierta a explicar". La expresin "soporte de accidentes" no puede ser tomada en sentido ordinario, como por ejemplo, cuando se dice" que los pilares soportan un edificio". Pues se supone que la sustancia material es anterior lgicamente a la extensin, que es un accidente, y la soporta. "En qu sentido ha de tomarse entonces?" En opinin de Berkeley la expresin carece de un significado definido. La misma tesis es ms ampliamente desarrollada en el primer Dilogo. Hilas es forzado a reconocer que la distincin entre sensacin y objeto, entre una accin del espritu y su objeto es insostenible cuando nos referimos a la percepcin. Las cosas sensibles pueden reducirse a sensaciones; y es inconcebible que las sensaciones puedan existir en una sustancia imperceptiva. "Pero por otra parte, cuando reflexiono sobre las cosas sensibles desde un punto de vista distinto, considerndolas como modos y cualidades, encuentro necesario suponer un substratum material sin el que no podran concebirse como existentes." Entonces Filons reta a Hilas a explicar qu entiende por
5. Sustancia material es una expresin sin significado. Sin embargo, si aceptamos que los entes sensibles son ideas, es evidente que la teora de Locke de la existencia de un sustrato material se hace innecesaria. Pero an podramos ir ms lejos y decir con Berke1ey que esta hiptesis no es slo innecesaria sino ininteligible. Si
sustrato material. Si significa que es algo que subyace a las cualidades sensibles o accidentes, ha de subyacer tambin a la extensin y por tanto l mismo ha de ser extenso. Y entonces nos vemos envueltos en una cadena sin fin. Adems las consecuencias lgicas son las mismas si sustituimos la idea de sustentar o soportar por la idea de un sustrato.
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Hilas protesta de que se le interprete al pie de la letra. Pero Filons replica: "Yo no intento imponer ningn sentido a tus palabras. Ests en libertad de explicadas como gustes. Slo te ruego que me hagas entender algo con ellas... Te suplico que me hagas conocer cualquier sentido, literal o no, que haya en ellas". Finalmente, Hilas se ve forzado a admitir que no puede asignar ningn significado definido a expresiones como" soporte de accidentes" y "sustrato material" . La conclusin de la discusin es que la afirmacin de que las cosas materiales existen absolutamente, independientemente del espritu, carece de sentido. "La existencia absoluta de entes no-pensantes son dos trminos que carecen de sentido, o que incluyen una contradiccin. Esto es lo que yo repito y trato de inculcar, y lo que someto a la atenta reflexin del lector." No obstante, si las cosas sensibles son ideas, se deduce que nosotros comemos y bebemos ideas y nos vestimos con ellas. Y este modo de hablar suena "muy raro". Desde luego, replica Berkeley, pero simplemente por la razn de que en lenguaje corriente el trmino "idea" no se utiliza normalmente para las cosas que vemos y tocamos. La condicin principal es que comprendamos en qu sentido se usa la 6. La realidad de los entes sensibles. Berkeley se preocupa de explicar que la afirmacin de que las cosas sensibles son ideas no implica que no posean ninguna realidad. "Dices que de este modo todo no es sino idea, mero fantasma. Yo respondo que las cosas son tan reales como antes. Espero que llamar 'idea' a un ente no lo haga menos real. Yo quiz me hubiera atenido al trmino 'ente' y no hubiera mencionado la palabra 'idea' si no hubiera una razn, que creo que es bastante importante, y que dar en el segundo libro." Adems, "segn mis principios hay una realidad, hay cosas, hay una rerum natura". En los Principios, Berkeley hace frente a la objecin de que en su teora "Todo lo que hay de real y sustancial en la Naturaleza es desterrado del mundo; y en su lugar se implanta un quimrico esquema de ideas... Qu es el sol, la luna y las estrellas? Qu debemos pensar de las casas, montaas, ros, rboles; piedras? Y, palabra en el contexto presente. "Yo no discuto la propiedad, sino la veracidad de la expresin. Por consiguiente, si se est de acuerdo conmigo en que comemos, bebemos y nos vestimos con los objetos inmediatos de la sensacin que no pueden existir sin ser percibidos o fuera de la mente, admitir que es ms propio o conforme con la costumbre llamarlos cosas que ideas." Cul es entonces la justificacin para emplear el trmino idea en un sentido que se admite no est de acuerdo con el uso comn del mismo? "Lo hago por dos razones; la primera, porque se supone. que el trmino cosa, en oposicin al de idea, denota algo que existe fuera de la mente; en segundo lugar, porque cosa tiene un sentido ms amplio que idea, ya que incluye los espritus o entes dotados de pensamiento adems de las ideas. Por consiguiente, puesto que los objetos de sensacin existen ms an, de nuestros propios cuerpos? As pues, todas estas cosas son meras quimeras e ilusiones de la fantasa?", respondiendo que "los principios sentados no nos privan de- ninguna cosa de las que hay en la Naturaleza. Lo que vemos, sentimos, omos o concebimos o comprendemos de cualquier modo, sigue siendo tan seguro como antes, y tan real como siempre. Hay una rerum natura y la distincin entre realidades y quimeras sigue plenamente vigente".
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slo en la mente y son no-pensantes e inactivos, decid designarlos con la palabra idea, que implica tales propiedades." Por tanto, puesto que Berkeley emplea el trmino "ideas" para referirse a los objetos inmediatos de sensacin, y puesto que no niega la existencia de objetos de percepcin sensorial, puede sostener que su teora de las ideas no afecta a la realidad del mundo sensible. Todo esto deja fuera de juego la teora de la sustancia material lockiana, que no es un objeto de sensacin y que escapa al entendimiento del sentido comn. "No refuto la existencia de ningn ente que yo pueda aprehender, por los sentidos o por la reflexin. ambos trminos fueran sinnimos, lo que dejando :1parte la impropiedad general que encierra equiparar ideas y sensaciones, sugiere inevitablemente que las cosas sensibles son meras
modificaciones subjetivas de nuestro espritu, ya que la palabra "idea" se refiere a algo subjetivo, y, en realidad, privado. Sugiere por lo tanto que no existe realmente un mundo sensible pblico, sino tantos mundos sensibles privados como sujetos perceptores. El mundo sensible se convierte de este modo en algo muy cercano al mundo del ensueo. Llegados a este punto, parece oportuno explicar la distincin de Berkeley entre ideas e imgenes de las cosas, aunque esto implique aludir a aspectos de su sistema filosfico que tratar en el prximo captulo. Las ideas, es decir, las cosas sensibles, se dice que estn
No tengo ninguna duda de que las cosas que veo con mis propios ojos y toco con mis propias manos existen, y de que existen realmente. Lo nico que niego es eso que los filsofos llaman materia o sustancia corprea. y al hacerlo no hago ningn dao al resto de los hombres, que, me atrevo a decir que nunca han entendido que sea eso. El ateo realmente necesita el color de un nombre vaco para apoyar su impiedad; y quiz los filsofos adviertan que han perdido un gran margen de superficialidad y discusin." Se puede argir que hay una cierta confusin o inconsistencia en el empleo que hace Berkeley del trmino "idea". En primer lugar, declara que utiliza el trmino simplemente para designar lo que percibimos, los objetos sensibles. Y aunque este uso del trmino pueda ser poco frecuente, no afecta a la realidad de los objetos de percepcin sensible. Esto sugiere al lector el pensamiento de que el trmino tiene para Berkeley un valor puramente tcnico. Llamar a los entes sensibles ideas en un sentido puramente tcnico no las reduce a ideas en un sentido ordinario. Al mismo tiempo, Berkeley habla, como hemos visto, de "sensaciones o ideas" como si
"impresas en los sentidos por el Autor de la naturaleza", son llamadas "cosas reales". Por ejemplo, cuando abro los ojos y veo una pgina de papel en blanco, esta visin no depende de mi voluntad, salvo en el sentido de que puedo decidir mirar en una direccin mejor que en otra. Yo no puedo mirar en la direccin del papel y ver en su lugar un trozo de queso verde. Usando el lenguaje de Berkeley, podemos decir que las ideas o cualidades que forman la pgina de papel blanco estn impresas en mis sentidos. En cambio, puedo tener imgenes de cosas que he visto, y combinar las imgenes a voluntad, para formar, por ejemplo, la imagen de un unicornio. En el lenguaje comn, la. hoja de papel blanco que veo encima de la mesa no recibe el nombre de idea, mientras que hablamos de tener la idea de un unicornio. Pero aunque en la terminologa de Berkeley la hoja de papel blanco es considerada como un haz o coleccin de ideas, tales ideas no dependen de la mente finita del mismo modo que la imagen de un unicornio. Y as hay lugar en
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la teora de Berkeley para la distincin entre la esfera de la realidad sensible y la esfera de las imgenes. Esta distincin reviste una gran importancia, ya que Berkeley insista, como mencionaremos en el prximo captulo, en que hay un "orden de la naturaleza", un modelo coherente de ideas que no depende del arbitrio humano. Al mismo tiempo, aunque las cosas reales, sensibles, no dependen simplemente del sujeto humano que las percibe, no por eso dejan de ser ideas, y no pueden existir con absoluta independencia de una mente. Por consiguiente, para Berkeley hay dos cosas ciertas; que las ideas (en su peculiar sentido del trmino) no son enteramente dependientes de la mente humana y que no dejan de ser ideas y por consiguiente dependientes de alguna mente. Estoy lejos de sugerir que esta distincin aclare todas las dificultades y responda a todas las objeciones posibles. De un lado, parece deducirse del sistema de Berkeley que hay tantos mundos privados como sujetos perceptores, y que no hay un mundo pblico. Desde luego, el filsofo irlands no era un solipsista. Pero que no fuera un solipsista no quiere decir que sus premisas no lleven al solipsismo. Crea, por supuesto, en una pluralidad de mentes y espritus; pero es muy difcil comprender cmo de sus premisas poda deducir la validez de esta opinin. Sin embargo, la distincin que hemos sealado sirve al menos para hacemos ver cmo Berkeley intentaba justificar que en su teora hay an una rerum natura y que las cosas sensibles no se reducen al plano de las quimeras, incluso aunque exista cierta discrepancia entre el aspecto de sentido comn de su teora (las cosas sensibles son simplemente lo que nosotros percibimos o podemos percibir que son) y su aspecto idealista (las cosas son ideas, trmino que equipara a sensaciones). Podemos formular la discrepancia del La cuestin parece bastante clara, si atendemos al sistema de Berkeley ms bien que al hecho de que Locke le proporcionara un punto de partida. Si consideramos simplemente el hecho ltimamente mencionado, podemos inclinamos con facilidad a encuadrar a Berkeley en la teora representacionista de la percepcin. Pero si atendemos sin precipitacin a sus propias ideas, nos daremos cuenta de que no puede considerrsele como partcipe de esta teora. Lo que Berkeley llama ideas no son ideas de las cosas, son cosas. No representan entidades que las trasciendan; son ellas mismas esas entidades. Al percibir ideas no percibimos imgenes de cosas sensibles, sino las mismas cosas sensibles. En los Comentarios filosficos Berkeley dice explcitamente: "la suposicin de que las cosas son Como conclusin del captulo podemos plantear la cuestin de si el empleo berkeleyano del trmino "idea" implica la teora representativa de la percepcin. Locke hablaba con frecuencia, aunque no siempre, de percibir ideas ms bien que cosas. Y en cuanto las ideas representaban cosas para l, este modo de hablar implica una teora representativa de la percepcin. Esto constituye una razn por la que Locke despreciaba el conocimiento sensible y la fsica en comparacin con la matemtica. La cuestin, por lo tanto, consiste en si Berkeley se vio envuelto en la misma teora y en las mismas dificultades. 7. Berkeley y la teora representativa de la percepcin. modo siguiente: Berkeley intenta describir el mundo del hombre comn excluyendo las adiciones no-significantes e innecesarias de los metafsicos; pero el resultado de su anlisis es una tesis que, como l mismo saba, el hombre comn no estara dispuesto a admitir.
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distintas de las ideas rechaza toda verdad real y nos lleva en consecuencia a un escepticismo radical, puesto que todo nuestro conocimiento se confina meramente al mundo de nuestras propias ideas". Adems, "referir las ideas a cosas que no son ideas, utilizar la expresin 'idea de' es uno de los principales motivos de error". Por tanto la teora representativa de la percepcin es incompatible con la filosofa de Berkeley. De sus premisas se deduce que no hay nada que representar salvo "ideas". Y como podemos ver en la primera de las citas que hemos dado sobre el tema, reprocha a esta teora que lleve al escepticismo. Porque si los objetos inmediatos del conocimiento sensible son ideas que se supone que representan algo distinto de s mismas, nunca podremos conocer qu representan de hecho las ideas. Berkeley tom sin duda de Locke el empleo del trmino "idea" para designar el objeto inmediato de la percepcin; pero esto en modo alguno significa que las ideas cumplan la misma funcin ni tengan el mismo status en los sistemas de Berkeley y Locke. Para el ltimo, segn su modo ms frecuente de hablar, las ideas actan de intermediarias entre la mente y las cosas, en el sentido de que aunque existen como objetos inmediatos del conocimiento, representan cosas exteriores que no dependen de nuestra mente; para el primero, las ideas no son intermediarias; son las cosas mismas.
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BERKELEY III 1. Espritus finitos; su existencia, naturaleza y carcter inmortal. Si los entes sensibles son ideas, slo pueden existir en una mente que los contenga: en las mentes de los espritus. As pues, los espritus son las nicas sustancias. Las ideas son pasivas e inertes; los espritus, que las perciben, son activos. "Cosa o ente es el trmino ms general de todos; pues comprende dos categoras completamente distintas y heterogneas, y que no tienen en comn sino esta denominacin, a saber, espritus e ideas. Las primeras son sustancias activas, indivisibles; las segundas son seres inertes, fugaces, dependientes, que no subsisten por s mismos sino que son soportados o existen en mentes o sustancias espirituales." Por consiguiente, los espritus no pueden ser considerados ideas ni asimilados a stas. "Por lo tanto es necesario, a fin de evitar equivocaciones y no confundir naturalezas completamente distintas, que distingamos entre espritu e idea." "Que la sustancia que sirve de soporte a o percibe las ideas sea una idea o algo asimilable a una idea, es evidentemente absurdo." Adems, no podemos tener, hablando con propiedad, idea alguna de espritu. En realidad, "es manifiestamente imposible que hubiera una tal idea". "Un espritu es un ser simple, sin partes, activo; en cuanto percibe ideas, es llamado entendimiento, y en cuanto las produce u opera sobre ellas recibe el nombre de voluntad. De aqu que no pueda haber ninguna idea integrada por un alma o espritu; ya que cualesquiera ideas que sean, al ser pasivas e inertes, no nos pueden representar, por va de imagen o semejanza, lo que acta." Cuando Berkeley dice que no podemos tener ninguna idea de espritu, emplea el trmino "idea" en su sentido tcnico. No quiere decir que no tenemos conciencia de lo que significa la palabra "espritu". Debe admitirse que "tenemos alguna nocin de alma, espritu y de las operaciones de la mente, tales como querer, amar, odiar, en cuanto que conocemos o comprendemos el significado de estas palabras". As, Berkeley establece una distincin entre "nocin", es decir, lo mental o espiritual como objeto, e "idea o lo que es lo mismo, lo sensible o corporal como objeto. Tenemos una nocin del espritu, pero no una idea en el sentido tcnico del trmino. "En realidad podemos decir que tenemos una idea, o ms bien una nocin de espritu; esto es, comprendemos el significado de la palabra, de lo contrario no podramos afirmar ni negar nada de l." Podemos describir un espritu como "lo que piensa, quiere y percibe; estas notas, y ellas solas, integran el significado de este trmino". Debe recordarse que una hojeada a los cuadernos de Berkeley lo sugiere que se le haba ocurrido la posibilidad de aplicar a la mente el mismo tipo de anlisis fenomenalista que aplic a los entes materiales, pero que haba rechazado esta idea. Le pareca evidente que si los entes sensibles se reducen a ideas, debe haber espritus o sustancias espirituales que posean o perciban tales ideas. El problema que se plantea es el de cmo conocemos la existencia de espritus, es decir, de una pluralidad de espritus finitos o yoes. "Comprendemos nuestra propia existencia a partir del sentimiento interior o reflexin, y la de los dems espritus, a partir de la inferencia racional." Despus de todo, que yo existo es algo evidente, puesto que percibo ideas y me doy cuenta de que soy distinto de las ideas que percibo. Pero slo puedo conocer la existencia de .otros espritus finitos
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o yoes acudiendo a la razn, es decir, por inferencia. "Es claro que podemos conocer la existencia de otros espritus slo mediante sus operaciones, o las ideas que provocan en nosotros. Percibo distintos movimientos, cambios y combinaciones de ideas que me informan de que existen determinados agentes particulares semejantes a m mismo, que las acompaan y concurren en su produccin. De aqu que el conocimiento que yo tengo de otros espritus no sea inmediato, como el conocimiento de mis propias ideas, sino dependiente de la intervencin de ideas, que yo refiero a agentes o espritus distintos de m, como efectos o signos concomitantes." Berkeley vuelve a ocuparse de este asunto en el Alcifrn. "En sentido estricto, no veo a Alcifrn, a este ente individual pensante, sino que veo slo ciertos signos visibles y seales que sugieren y hacen que deduzca el ser de este principio pensante invisible o alma." y establece una. analoga entre nuestro conocimiento mediato de los dems espritus finitos y nuestro conocimiento de Dios. En ambos casos, llegamos a conocer la existencia de un agente activo mediante signos sensibles. Aparte de otras objeciones que podran formularse, la presente explicacin' de nuestro conocimiento de la existencia de otros espritus finitos o yoes parece enfrentarse con la dificultad que a continuacin expongo. Segn Berkeley "cuando vemos el color, tamao, forma y movimientos de un hombre, percibimos slo ciertas sensaciones o ideas excitadas en nuestras propias mentes y al mostrrsenos tales seres en distintas agrupaciones nos sealan la existencia de espritus finitos y creados como nosotros". "No vemos un hombre, si por hombre queremos decir lo que vive, percibe, se mueve y piensa como nosotros; sino slo una cierta coleccin de ideas que nos incita a pensar que hay un principio de pensamiento y movimiento distinto, semejante a nosotros, acompaando a y representado por dicha coleccin." Pero, aun pensado de este modo, cmo puedo estar seguro de que estas ideas que se producen en m y que yo atribuyo a otros espritus finitos no son en realidad obra de Dios? Si Dios produce en m, sin que exista ninguna sustancia material, ideas que en la teora sustancialista seran consideradas como accidentes de la sustancia material o corprea, cmo puedo estar seguro de que no produce en m, sin que existan ningunos otros yoes finitos, las ideas que yo tomo por signos de la presencia de estos yoes, es decir, de otras sustancias espirituales distintas de m mismo? A primera vista, Berkeley parece haberse dado cuenta de esta dificultad, ya que afirma que la existencia de Dios es ms evidente que la de los seres humanos. Pero lo que le mueve a afirmar esto es que el nmero de seales de la existencia de Dios es mayor que el nmero de signos que indican la existencia de hombre alguno. As Alcifrn dice: "Cmo! Pretendes que puedes tener la misma seguridad de la existencia de un Dios que de la ma, cuando me ests viendo en este momento ante ti y me ests oyendo?" Y Eufranor contesta: "Exactamente la misma, si no mayor". Contina diciendo que, mientras que est convencido de la existencia de otro yo finito, slo por algunos signos "percibo en todos los momentos y lugares signos sensibles que evidencian la existencia de Dios". Paralelamente, en los Principios Berkeley afirma que "podemos asegurar incluso que la existencia de Dios es percibida de un modo mucho ms evidente que la de los hombres, ya que los efectos de la naturaleza son infinitamente ms numerosos y considerables que los que adscribimos a los agentes humanos". Pero no nos dice de qu manera podemos estar seguros de que las seales que tomamos como indicios de la presencia de
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sustancias finitas espirituales son en realidad lo que pensamos que son. Sin embargo, quiz. Berkeley podra contestar que, de hecho, distinguimos entre los efectos que adscribimos a agentes finitos y el orden general de la naturaleza que tales efectos presuponen, y que su teora no exige ningn otro fundamento de discriminacin que los que de hecho poseemos y utilizamos. De las ideas o efectos observables que son anlogos a los que somos conscientes de producir, inferimos la existencia de otros mismos; y esta evidencia basta. Pero si alguien no se da por satisfecho con tal respuesta y quiere saber qu justificacin hay, segn la teora de Berkeley, para realizar esta inferencia, no encontrar solucin en los escritos del mismo. Algunas de las descripciones berkeleyanas de la naturaleza de un espritu han sido ya mencionadas. Pero difcilmente puede mantenerse con xito que sus descripciones son siempre coherentes consigo mismas. En los Comentarios filosficos sugiere la idea de que la mente es "un conglomerado de percepciones. Aparta las percepciones y habrs apartado la mente; pon las percepciones y habrs puesto la mente". Como hemos destacado, Berkeley no prosigui este anlisis fenomenalista de la mente. Pero incluso ms tarde afirma que la existencia (esse) de los espritus es percibir (percipere), lo que implica que un espritu es esencialmente el acto de percibir. Sin embargo, dice tambin que el trmino "espritu" significa "lo que piensa, quiere y percibe; esto, y slo esto constituye la significacin del trmino". De aqu que pueda decirse que Berkeley rechazaba la posibilidad de aplicar a la mente el tipo de anlisis fenomenalista que aplic a los entes materiales y que aceptaba la teora de Locke respecto a la sustancia inmaterial o espiritua1. Y en base a sta mantuvo la inmortalidad del alma o espritu humano. Volviendo otra vez a los entes materiales, recordaremos que el anlisis de Berkeley, segn sus propias palabras, deja intacta la rerum natura. "Hay una rerum natura, y la distincin entre realidades y quimeras conserva intacta su vigencia." Es completamente razonable, por lo tanto, hablar de leyes de la naturaleza. "Hay ciertas leyes generales que se producen a lo largo de toda la cadena de efectos naturales; se aprenden por la observacin y el estudio de la naturaleza..." Berkeley habla del "sistema total, inmenso, hermoso, glorioso ms all de toda expresin y de todo pensamiento". Tenemos que recordar aqu que para l los entes sensibles o cosas son 2. El orden de la Naturaleza. Si, como mantienen algunos, el alma humana fuese una dbil llama vital o un sistema de espritus animales, sera corruptible como el cuerpo, y no sobrevivira" a la ruina del tabernculo en donde est encerrada" . Pero "hemos visto que el alma es indivisible, incorprea, inextensa, y por consiguiente, incorruptible". Esto no significa que el alma humana no pueda ser aniquilada en virtud del poder infinito de Dios, "sino slo que no es susceptible de descomposicin o disolucin por las leyes ordinarias de la Naturaleza o del cambio". Esto es lo que queremos decir cuando afirmamos que el alma humana es por naturaleza inmortal; que no puede ser afectada por los cambios y la decadencia "que vemos en cada momento afectar a los cuerpos naturales". "La nocin de que el alma humana es corprea y corruptible ha sido adoptada ansiosamente por la parte peor de la humanidad como antdoto contra todas las impresiones de virtud y religin." Pero el alma, como sustancia espiritual que es, es inmortal por naturaleza, y esta verdad reviste suma importancia para la religin y la moral.
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precisamente lo que percibimos o podemos percibir que son, y que l llama a esos fenmenos" ideas". Esas ideas forman un modelo coherente; podemos discernir en ellas secuencias ms o menos regulares. Las secuencias regulares o series pueden expresarse en forma de "leyes", que constituyen formulaciones acerca del fenmenos a nuestro alcance, podemos descubrir las leyes generales de la naturaleza, y deducir de ellas los restantes fenmenos. No digo demostrar, ya que todas las deducciones de este tipo dependen de la suposicin de que el Autor de la naturaleza obra de modo uniforme, y en una constante observacin de las reglas que tomamos como principios, lo que, evidentemente, no podemos conocer." Dios, en el lenguaje de las ideas, acostumbra infundrnoslas en un cierto orden o en ciertas secuencias regulares, lo que nos autoriza a transformarlas en "leyes 'de la naturaleza". Pero Dios no est constreido en modo alguno a infundirnos ideas siempre en el mismo orden. Por consiguiente, los milagros son posibles. Ellos no implican ninguna interferencia con conexiones necesarias entre las distintas ideas, ya que no hay tales conexiones necesarias. Hay, en realidad, una rerum natura, y hay un orden de la naturaleza, pero no se trata de un orden necesario.
comportamiento regular de los entes sensibles. Pero las conexiones naturales no son conexiones necesarias; pueden ser ms o menos regulares, pero son siempre contingentes. Las ideas se imprimen en nuestras mentes en series ms o menos regulares por el autor de la naturaleza, Dios, y decir que Y sigue regularmente a X significa que Dios imprime en nosotros las ideas en este orden. Y puesto que todas las series regulares particulares y todo el orden de la naturaleza en general depende de la actividad y voluntad incesantes de Dios, se cargan cada vez ms de contingencia. La fsica o filosofa natural, segn hemos dicho, no es negada por Berkeley. Pero las leyes fsicas que declaran, por ejemplo, que determinados cuerpos se atraen entre s enuncian conexiones puramente fcticas y no necesarias. Que ciertos cuerpos se comporten de un modo determinado depende de Dios; y aunque cabe esperar que Dios actuar del mismo modo, no podemos saber si siempre lo har. Si, generalmente hablando, Y sigue siempre a X, y, en una ocasin dada, no ocurre as tendramos que hablar de un milagro. Pero si Dios obra milagrosamente, es decir, de un modo completamente diferente a aquel en que habitualmente acta, no rompe, por as decirlo, una ley slida y firme de la naturaleza, ya que una ley de la naturaleza enuncia el modo en que las cosas se comportan por lo general como una cuestin de hecho, hasta donde alcanza nuestra experiencia, y no el modo en que deben comportarse. "Mediante una observacin diligente de los
3. La interpretacin empirista de la fsica, especialmente en el De motu. En el apartado anterior me he ocupado de la existencia de Dios y de la tesis de Berkeley acerca del modo de obrar del mismo, ya que quera mostrar el hecho de que para l el orden de la naturaleza no constituye un orden necesario. En este apartado quiero presentar la
marcadamente empirista, incluso positivista, posicin de Berkeley sobre la fsica, que se manifiesta especialmente en el De motu. La crtica de Berkeley de las ideas generales abstractas tiene naturalmente repercusiones sobre su interpretacin de la fsica. Est lejos de mantener que el empleo de trminos abstractos sea ilegtimo y no sirva para nada; pero sugiere que la utilizacin de dichos trminos
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puede llevar a la gente a imaginarse que posee ms conocimientos de los que tiene en realidad, ya que puede emplear una palabra para cubrir su ignorancia. "El gran principio mecnico de moda hoy es la atraccin. Parece que tal principio puede explicar suficientemente el hecho de que una piedra caiga al suelo, o la influencia de la Luna en las mareas. Pero qu es lo que nos aclara el mantener que esto sucede por atraccin?" El fsico (Berkeley se refiere frecuentemente al matemtico) o filsofo natural puede llegar a pensar que el trmino" atraccin" designa una cualidad esencial inherente a los cuerpos, que opera como causa real. Pero no hay tal cosa. Desde un punto de vista puramente emprico las relaciones observadas entre algunos cuerpos son de una especie tal que las describimos como casos de atraccin mutua; pero la palabra "atraccin" no significa entidad alguna, y es intil suponer que el comportamiento de los cuerpos queda explicado por el empleo de este trmino. Los fsicos atienden a la descripcin y agrupacin de analogas en "leyes" generales con miras a la prediccin y a la utilidad prctica; pero no se ocupan de la explicacin causal, si por causa entendemos una causa activa eficiente. Y es un grave error suponer que los fenmenos a, b y c se explican diciendo que son debidos a P si el trmino P es un trmino abstracto. Suponer esto es equivocarse sobre el sentido del empleo del trmino, que no designa ninguna entidad que pudiera ser una causa eficiente activa. En el De motu Berkeley desarrolla este punto de vista. Comienza el tratado subrayando que "en la bsqueda de la verdad, debemos cuidarnos de no ser equivocados por los trminos que no. entendemos en su verdadero sentido. Casi todos los filsofos expresan la necesidad de tomar esta precaucin, pero pocos observan la misma". Sean trminos del tipo "esfuerzo" o "volicin". Tales trminos son aplicables nicamente a los entes animados; cuando los aplicamos a cosas inanimadas, los empleamos metafricamente y en un sentido impreciso. Adems, los filsofos naturales acostumbran emplear trminos
generales abstractos, y existe una tendencia a pensar que significan entidades actuales ocultas. Algunos escritores hablan, por ejemplo, del espacio absoluto como si fuera algo, alguna entidad distinta. Pero al analizarla nos damos cuenta de que "las palabras que componen esta expresin no significan otra cosa que privacin o negacin pura, es decir mera nada". Segn Berkeley, debemos "distinguir las hiptesis matemticas de lo que son esencialmente las cosas". Trminos del gnero"fuerza", "gravedad'" y "atraccin" no designan entidades fsicas o metafsicas; son "hiptesis matemticas". "En cuanto a la atraccin, Newton la emplea no com una cualidad verdadera, fsica, sino como una hiptesis matemtica. Leibniz, aunque distingue entre el esfuerzo elemental o solicitacin y el impulso, admite que esas entidades no se fundan realmente en la naturaleza, sino que han sido formadas por abstraccin." La mecnica no puede progresar sino utilizando abstracciones e hiptesis matemticas, y el xito de la misma justifica este empleo. Pero la utilizacin prctica de una abstraccin matemtica no prueba que designe ninguna entidad fsica o metafsica. "El mecnico emplea ciertos trminos generales y abstractos, imaginando en los cuerpos fuerza, accin, atraccin... que les son de gran utilidad en sus teoras y formulaciones, as como en la computacin de los movimientos, aunque sera vano buscar tales cosas en la realidad de los entes, del mismo modo que las ficciones construidas por los gemetra s por medio de la abstraccin matemtica."
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Una de las razones principales por las que la gente est inclinada a dejarse engaar por trminos abstractos semejantes a los que se usan en la fsica es que piensa que el fsico tiene como finalidad hallar las verdaderas causas eficientes de los fenmenos. Se inclinan, por consiguiente, a pensar que la palabra "gravedad" ,designa una entidad o cualidad existente que constituye la verdadera causa eficiente de ciertos movimientos y que los explica. Pero" no es cosa de los fsicos o de los mecnicos el hallar las causas eficientes". Una de las razones de que Berkeley diga esto es, desde luego, que en su opinin las nicas causas verdaderas son agentes incorpreos. Esto aparece an ms claramente en la siguiente declaracin: "En filosofa fsica debemos buscar las causas y soluciones de los fenmenos partir de los fenmenos, llama a A causa y a B efecto. Pero los fenmenos son ideas y las ideas no pueden ser causas eficientes activas, y si esto es lo que entendemos por causas, el fsico no tiene nada que ver con ellas. La aseveracin de Berkeley, por lo tanto, es que la ciencia queda intacta en su teora de las ideas y en su metafsica, con tal que se comprenda la naturaleza de la misma. La metafsica debe eliminarse del campo de la fsica, y ambas no deben confundirse. Esta eliminacin purificar a la fsica de oscuridades y de vaguedades verbales y nos salvar de ser engaados por palabras que, por tiles que puedan ser, no denotan entidades ni cualidades reales de entidades. Al mismo tiempo hay que sealar que el propsito de Berkeley no es disolver la metafsica, sino sealarle su verdadero camino. Porque si
principios mecnicos. Por consiguiente, un ente queda fsicamente explicado, no asignndole a su causa incorprea y verdaderamente activa, sino demostrando su conexin con los principios mecnicos, tales como el de que la accin y la reaccin son siempre contrarias y equivalentes". Qu entiende Berkeley por principios mecnicos? Las leyes primarias del movimiento "probadas por los experimentos, desarrolladas por la razn, y convertidas en universales... reciben adecuadamente la denominacin de principios, puesto que de ellos derivan a la vez los teoremas generales de la mecnica y las explicaciones particulares de los fenmenos". Por tanto, para dar una explicacin fsica de un hecho, basta mostrar cmo puede deducirse de una hiptesis superior. Y las explicaciones de este gnero tienen mucho ms que ver con el comportamiento que con la existencia. La existencia de los fenmenos se explica en metafsica hacindolos derivar de su verdadera causa eficiente, que es incorprea. El fsico atiende a "causas" en el sentido de que cuando encuentra que B sigue constantemente a A y nunca ocurre el caso contrario, siendo A y B
comprendemos que la ciencia fsica no atiende a las causas eficientes verdaderamente activas de los fenmenos, no slo evitaremos interpretar equivocadamente la funcin y el significado de palabras como gravedad y atraccin sino que nos veremos urgidos a buscar en otra parte la causa de la existencia de los fenmenos. Berkeley habla un lenguaje positivista; pero en el fondo de su mente est el deseo de convencer al pblico de que no cabe una adecuada explicacin causal de un fenmeno en trminos de gravedad, atraccin, etc., trminos que no designan entidades ni cualidades existentes, sino que se usan por razones de conveniencia como hiptesis que demuestran su validez mediante su utilidad para agrupar los fenmenos y deducirlos de ciertos principios que describen el comportamiento de los entes materiales. y deseaba apartar a sus lectores de una interpretacin equivocada de la verdadera funcin de la ciencia fsica porque quera mostrarles que las verdaderas explicaciones causales de los fenmenos slo pueden darse en la metafsica, que establece la relacin de los fenmenos con
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Dios, la ltima causa eficiente incorprea y verdadera. "Slo mediante la meditacin y la reflexin pueden las causas verdaderamente activas ser sacadas fuera de la oscuridad en la que estn envueltas y ser de algn modo conocidas. Tratar con ellas es tarea propia del filsofo primero o metafsico." En esta seccin me he referido a la fsica o a la ciencia fsica, incluyendo dentro de la misma la mecnica. Pero en el De motu, Berkeley traza una curiosa distincin entre fsica y mecnica. "En la fsica predominan la sensacin y la experiencia, que alcanzan slo a los efectos aparentes; en la mecnica entran en juego las nociones abstractas de los matemticos." En otras palabras, la fsica se atiene a la descripcin de los fenmenos y de su comportamiento, mientras que la mecnica implica hiptesis tericas y explicativas del gnero de las que utiliza la matemtica. La razn de la distincin de Berkeley es que ste pretende distinguir entre los hechos observados y las teoras construidas para explicar esos hechos. Pues, salvo que establezcamos esta ltima distincin, estaremos siempre tentados a postular entidades ocultas que correspondan a los trminos abstractos" de los Por consiguiente, existe, segn Berkeley, un orden de la naturaleza, un sistema de fenmenos o ideas que hace posible la construccin de las ciencias naturales. Pero, como acabamos de ver, es intil esperar del cientfico que nos proporcione el conocimiento de la causa o causas de la existencia de los fenmenos. Y esto sugiere inmediatamente que la prueba que Berke1ey va a dar de la existencia de Dios es una prueba a posteriori, una variante del argumento causal. Cuando afirma en los Comentarios filosficos que" es absurdo deducir la existencia de Dios de su idea. No tenemos ninguna idea de Dios Eso es imposible", tiene sin duda en la mente el sentido tcnico de la palabra "idea", ya que es obvio que no podemos tener ninguna idea de Dios si con "Dios" designamos un ser espiritual y empleamos "idea" para referimos al objeto de la percepcin sensible. Y cuando hace decir a Alcifrn que no est dispuesto a dejarse persuadir por argumentos metafsicos, "tales, por ejemplo, como los que se derivan de la idea de un ser sumamente perfecto", hemos de recordar que A1cifrn es el "filsofo menor" y el defensor del atesmo. Sin embargo, est fuera de toda duda que Berkeley no aceptaba el llamado argumento onto1gico, que utilizaron de modos diferentes san Anse1mo y Descartes. Su prueba consiste en un argumento causal, que se basa en la existencia de las cosas sensibles. Y lo caracterstico del argumento de Berkeley radica precisamente en el empleo que hace de su teora de las" ideas". Si las 4. Existencia y naturaleza de Dios. se han creado por necesidades de transmitir los conocimientos." Al razonar acerca de los entes sensibles, razonamos acerca de cuerpos particulares; pero necesitamos trminos abstractos para formular proposiciones universales acerca de entes materiales particulares.
matemticos". Palabras como "gravedad" o "fuerza" no denotan ninguna clase de entidades observables. Por lo tanto, estaramos inclinados a pensar que hay entidades o cualidades ocultas que correspondan a tales trminos. "Pero es difcil concebir qu sea una cualidad oculta o cmo pueda actuar ni hacer algo... Lo que est oculto, no puede aclarar nada." Pero si distinguirnos cuidadosamente entre los efectos observados y las hiptesis construidas para explicarlos, estaremos en mejor posicin para comprender la funcin de los trminos abstractos que se usan en dichas hiptesis. "En parte los trminos se han inventado por la costumbre comn de hablar en abreviatura, y en parte
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cosas sensibles son ideas, y si esas ideas no dependen simplemente de nuestras mentes, habrn de estar referidas a otra mente distinta de las nuestras. "Es evidente para todos que esas cosas que llamamos obras de la naturaleza, es decir, la mayor parte de las ideas o sensaciones que percibimos, no son producidas por ni dependen de la voluntad humana. Hay, por tanto, algn otro espritu que las causa, puesto que no puede admitirse que subsistan por s mismas." En los Dilogos, la prueba de la existencia de Dios se formula de un modo ms sucinto. "Las cosas sensibles existen; y si existen son percibidas necesariamente por una mente infinita; luego hay una mente infinita, o Dios. Esto suministra una demostracin inmediata y directa, a partir de un principio ms evidente, de la existencia de un Dios. Berkeley no se ocupa con detenimiento de la cuestin de la unicidad de Dios; pasa de la afirmacin de que las cosas sensibles o ideas no dependen de nuestra mente a la conclusin de que dependen de una mente infinita. Da prcticamente por supuesto que la armona y belleza de la naturaleza muestran que sta es producto de un espritu perfecto e infinitamente sabio, Dios, que mantiene todas las cosas con su poder. Desde luego, no vemos a Dios. Pero de hecho, tampoco vemos espritus finitos. Inferimos la existencia de un espritu finito a partir de "una concurrencia limitada y finita de ideas 'mientras que' percibimos en todos los momentos y lugares seales manifiestas de la divinidad". Los defectos de la naturaleza no constituyen un argumento vlido contra esta inferencia. El aparente derroche de semillas y embriones y la destruccin accidental de plantas y animales inmaduros parecen denotar una carencia de plan y de organizacin, si se juzga con arreglo a criterios humanos, pero "la esplndida profusin de las cosas naturales no debe interpretarse (como) fragilidad o prodigalidad en el agente que las produce, sino ms bien servir de argumento para demostrar la riqueza de su poder" . Y muchas cosas que parecen daosas por afectamos dolorosamente, pueden resultar beneficiosas si se consideran desde el punto de vista de la totalidad. En Alcifrn, el que lleva este nombre dice que mientras que puede a1egarse con toda plausibilidad que una pequea sombra de mal en la creacin coloca al bien bajo una luz ms potente, este principio no puede servir para justificar "manchas tan grandes y tan negras... Que exista tanto vicio y tan poca virtud en la tierra y que las leyes del reino de Dios sean tan mal observadas por sus sbditos, no puede en modo alguno conciliarse con la prudencia y bondad sobresalientes del monarca supremo". A esto Berke1ey responde que las faltas morales .son resultado de elecciones humanas, y que, por otra parte, no debemos exagerar el peso de los seres humanos en el universo. "Parece que no slo la revelacin, sino el sentido comn, mediante la observacin y la inferencia ana1gica a partir de las cosas visibles, nos lleva a deducir que hay innumerables rdenes de seres inteligentes ms felices y perfectos que el hombre." Sera un error concluir de esta exposicin algo sumaria de la prueba berkeleyana de la existencia de Dios que el filsofo que se mostr tan capaz de someter a un anlisis crtico trminos tales como" sustancia material" no adverta las dificultades que pueden encontrarse a partir de un anlisis del significado de los trminos predicados de Dios. As, hace hablar a Lisicles de la siguiente manera: "Debes saber que en el fondo la existencia de Dios es un punto en s mismo de poca importancia. La verdadera cuestin estriba en el sentido en el que hay que tomar la palabra Dios." Ha habido, dice Lisicles, muchos que han sostenido que trminos tales como sabidura y bondad, cuando se predican de Dios" deben entenderse en un sentido completamente distinto del que tienen
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en la acepcin vulgar, o de cualquiera que podamos concebir o acerca del que podamos formamos una nocin". As encuentran numerosas objeciones a la predicacin de Dios de tales atributos, negando que puedan predicarse en ningn sentido conocido. Pero su negacin equivale a negar que los atributos pertenezcan realmente a Dios. "Y, de este modo, al negar los atributos de Dios, niegan .de hecho su ser, aunque quiz no sean conscientes de ello." En otras palabras, afirmar que los trminos predicados de Dios han de entenderse en un sentido puramente equvoco equivale a profesar el agnosticismo. Los que as proceden reducen la palabra "Dios" mediante cualificaciones que "no dejan sino el nombre sin ningn significado que vaya anejo al mismo". Lisicles sostiene que esta posicin agnstica fue mantenida por una serie de Padres y escolsticos. Pero Critn proporciona un resumen histrico abreviado de la doctrina de la predicacin analgica, en el que muestra que la posicin de escolsticos como santo Toms y Surez no era la misma que la del Pseudo-Dionisio. Aquellos escolsticos no negaban, por ejemplo, que pudiera atribuirse conocimiento a Dios en sentido propio, sino slo que pudiramos atribuir a Dios imperfecciones del conocimiento semejantes a las que hallamos en las criaturas. Cuando Surez, por ejemplo, dice que" el conocimiento no debe decirse existente en Dios en sentido propio, debe entenderse en el sentido de conocimiento que incluye imperfeccin, como el conocimiento entes creados, quieren decir que existe "de un modo ms perfecto y eminente". sta es la posicin del mismo Berkeley. De un lado, los atributos que se predican primero de las criaturas y despus de Dios, deben predicar se de l "en sentido propio... en la acepcin verdadera y formal de las palabras. De otro modo, es evidente que cada silogismo que se construya para probar esos atributos o (lo que es lo mismo) para probar la existencia de un Dios, constar de cuatro pies, y por consiguiente, no podr probar nada". De otro lado, las cualidades predicadas de Dios no pueden predicar se de ste en el mismo modo o grado imperfecto en que se predican de las criaturas. Mi nocin de Dios, afirma Berkeley, se obtiene reflexionando sobre mi propia alma, "realzando sus
capacidades, y desechando sus imperfecciones". Concibo a Dios segn la nocin de espritu que obtengo a partir de la introspeccin. La nocin sigue siendo esencialmente la misma, aunque al concebir a Dios deseche las limitaciones e imperfecciones ligadas a la nocin de espritu finito en cuanto tal. No puede decirse que Berkeley fuera ms lejos que los escolsticos en el anlisis de los trminos predicados de Dios. Ni prest mucha atencin, si es que prest alguna, a la posible objecin de que mediante el proceso de desechar las imperfecciones podemos eliminar tambin el contenido positivo descriptible de la cualidad en cuestin. Sin embargo, fue absolutamente consciente de la existencia de un problema relacionado con el significado de los trminos que se predican de Dios. Y fue asimismo uno de los pocos filsofos modernos de importancia que, estando fuera de la tradicin escolstica, dedic una seria atencin a este problema. Y sta es una de las razones por las que la consideracin del problema por los filsofos analticos contemporneos
discursivo... (Pero) del conocimiento considerado en general como la comprensin clara y evidente de toda realidad, afirma expresamente que se da en Dios, y que esto no fue negado nunca por ningn filsofo que creyera en l". Del mismo modo, cuando los escolsticos afirman que no debe suponerse que Dios exista en el mismo sentido que los
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aparece a los ojos de los creyentes como puramente destructiva. Desde luego, en ocasiones, lo ha sido. Pero es preciso comprender tambin que esta consideracin representa la resurreccin de un problema que apasionaba a los escolsticos y a Berkeley, pero que fue abordado en muy pequea medida por la mayora de los filsofos modernos ms conocidos. Pero Berkeley habla tambin de las cosas sensibles o ideas como si existieran en la mente de Dios. Las cosas naturales no depender! de m del mismo modo que la imagen de un unicornio. Pero, siendo ideas, no pueden subsistir por s mismas. Por lo tanto, "hay otra mente en la que existen". Adems, "los hombres suelen creer que todas las cosas son conocidas o percibidas por Dios porque creen en la existencia de un Dios, mientras que yo, por el contrario, deduzco de modo necesario e inmediato la existencia de un Dios. del hecho de que todas las cosas 5. La relacin de los entes sensibles con nosotros y con Dios. Ahora bien, Berkeley habla frecuentemente de las cosas sensibles como si existieran en nuestras mentes. As, leemos que Dios" excita estas ideas en nuestras mentes" y que las ideas" son impresas en nuestros sentidos". Esto sugiere que el mundo est siendo sensibles deben ser percibidas por l". Berkeley no pretenda negar toda exterioridad e intentaba dar sentido a la afirmacin de que las cosas existen cuando no las est percibiendo ningn espritu finito, es decir, intentaba dar un sentido a la proposicin segn la cual el caballo est en la cuadra que fuera ms all del sentido que se hace explcito al decir que esta proposicin equivale a otra que dijera que cualquiera que entrase en la cuadra tendra o podra tener la experiencia que llamamos ver un caballo. Y pudo encontrar este significado slo diciendo que Dios est siempre percibiendo el caballo, aunque ningn espritu finito lo haga. "Cuando niego la existencia de las cosas sensibles fuera de la mente, no me refiero a mi mente en particular, sino a todas las mentes. Ahora bien, es claro que tienen una existencia exterior a mi mente, puesto que la experiencia me muestra que son independientes de ella. Por lo tanto hay alguna otra mente en la que existen, duran(e los intervalos de tiempo en que no las percibo... y como esto mismo es verdad respecto de todos los otros espritus finitos creados, se deduce de modo necesario que hay una mente eterna omnipresente, que conoce y comprende todas las cosas y las manifiesta a nuestra mirada segn el modo y de acuerdo con las reglas que ella misma ha establecido y que acostumbramos llamar leyes de la naturaleza."
constantemente renovado, o mejor dicho, re-creado. "Hay una mente que me afecta en cada momento con todas las impresiones sensibles que percibo." Adems, aunque hay que rechazar la hiptesis metafsica de que vemos todas las cosas en Dios" este lenguaje ptico equivale a una creacin constante, significando un acto inmediato de poder y providencia". Y Berkeley habla de la "produccin y reproduccin instantnea de tantos signos, combinados, disueltos, traspuestos, diversificados, y adaptados a una variedad infinita de fines...". Esto sugiere tambin, como ya hemos hecho observar, que hay tantos mundos privados como sujetos perceptores. Y, desde luego, Berkeley admite que, mientras que en la acepcin vulgar "yo" puede referirse al hecho de percibir los mismos objetos, estrictamente hablando no podemos decir nada ms que un individuo dado ve el mismo objeto que toca, o que percibe el mismo objeto con el microscopio que cuando lo ve a simple vista.
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A primera vista al menos tropezamos con dos perspectivas divergentes en las que la proposicin de que existir es percibir o ser percibido asume dos significados diferentes. En la primera perspectiva, percibir se refiere al sujeto finito, y ser percibido significa ser percibido por este sujeto. Con arreglo al segundo punto de vista, percibir se refiere a Dios y ser percibido quiere decir ser percibido por Dios. Pero Berkeley intenta reconciliar las dos posiciones mediante una distincin entre existencia eterna y existencia relativa. "Todos los objetos son conocidos eternamente por Dios, o lo que es lo mismo, tienen una existencia eterna en su mente; pero cuando cosas antes imperceptibles a las criaturas se hacen, por voluntad de Dios, perceptibles a las mismas, se dice que comienzan una existencia relativa, con relacin a las mentes creadas." Las cosas sensibles, por lo tanto, tienen una existencia "eterna y arquetpica" en la mente divina y una existencia "natural o ectpica" en las mentes creadas. La creacin tiene lugar cuando las ideas reciben existencia "ectpica". Esta distincin justifica la afirmacin de Berkeley de que no sigue la teora de Malebranche de la visin de las ideas en Dios, ya que para aqul percibimos ideas que poseen existencia relativa o ectpica, y que vienen al ser cuando son impresas en nuestra mente por Dios, siendo de este modo distintas de las ideas entendidas como eternamente presentes en la mente divina. Pero de ello parece desprenderse que no podemos hablar de las ideas que percibimos como si existieran en la mente divina cuando no las estamos percibiendo, ya que no son las mismas como ideas presentes en la mente divina, y si lo fueran, le sera muy difcil a Berkeley dejar de compartir la teora segn la cual vemos las cosas en Dios, teora que rechaza expresamente. Puede decirse que esta distincin no puede llevarse hasta el extremo de suponer que Berkeley postulara la existencia de innumerables series de ideas; una serie de ideas para cada sujeto percipiente, poseyendo todas esas series (una existencia ectpi a y una serie existiendo en la mente divina, dotada de existencia arquetpica. Puede decirse que lo que Berkeley pretende, es, simplemente, que los mismos entes sensibles que, en cuanto percibidos por un sujeto finito, poseen existencia natural o ectpiea, poseen, en cuanto percibidos por Dios, existencia arquetpica. Despus de todo, Berke1ey habla explcitamente de objetos conocidos eternamente por Dios, que tienen una existencia eterna en su mente y que se hacen perceptibles a las criaturas comenzando de este modo una existencia relativa. Es verdad que Berkeley habla de este modo, y no tengo ninguna intencin de discutirlo. Pero me parece dudoso que este modo de hablar encaje con otros pasajes. Si percibimos objetos que existen en la mente de Dios, estamos en la teora de la visin de las cosas en Dios, que Berkeley rechaza de modo expreso. Si, por el contrario, los entes sensibles son nuestras sensaciones o ideas impresas en nosotros por Dios, deben ser distintos de las idea en cuanto existentes en la mente de Dios. El propsito fundamental de Berkeley es, desde luego, mostrar que los entes sensibles no tienen existencia absoluta independiente de la mente, y de este modo minar el terreno a materialistas y ateos. Y esto implica para l la necesidad de desembarazarse de la intil, y en realidad incomprensible, hiptesis de la teora del sustrato material de Locke, probando que los entes sensibles son ideas. Por consiguiente parecen ponerse de manifiesto dos puntos. En primer lugar, los entes sensibles son ideas en las mentes finitas, no en el sentido de que sean arbitrariamente construidos por stas, sino en el de que son impresas
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en o presentadas a las mentes finitas por la incesante actividad divina. Decir, por lo tanto, que el caballo est en la cuadra cuando no hay nadie all para percibirlo, es simplemente decir que, dadas las condiciones requeridas, Dios imprimira ciertas ideas en la mente de cualquiera que entrara en el establo. Y esto es un modo metafsico de decir que la proposicin de que el caballo est en la cuadra cuando no hay nadie en la misma para percibir su presencia significa que si alguien entrase en ella, dadas las condiciones que se requieren, tendra la experiencia que llamamos ver un caballo. Pero esta postura parece plantear dificultades en relacin con la existencia del mundo sensible antes de la llegada del hombre. De aqu que Berkeley introduzca un segundo punto de vista segn el cual las ideas (entes sensibles) son siempre percibidas por Dios. Pero esto no quiere decir que las cosas sensibles sean percibidas por Dios porque existen, ya que entonces seran independientes de la mente. Existen porque Dios las percibe. y esto quiere decir que son ideas en la mente divina. Pero Berkeley no quiere decir que veamos las cosas en Dios. De aqu que introduzca la distincin entre existencia natural y arquetpica, echando mano de la vieja teora de las" ideas divinas". Pero en este caso, los entes sensibles en cuanto ideas nuestras seran diferentes de las ideas poseyendo existencia que el filsofo describe, es decir imprimiendo ideas en nuestra mente o presentndolas a la misma. Quienes as hablan olvidan, sin embargo, que estn presuponiendo la existencia de Dios, mientras que Berkeley deduce dicha existencia del esse est percipi. No presupone el tesmo y lo emplea para probar el fenomenismo; por el contrario, basa el tesmo en el fenomenismo. Se trata de un punto de vista que ha sido escasamente compartido por los filsofos que le siguen en sus tesis empirista s y las han desarrollado. Pero, dejando esto aparte, su fenomenismo ofrece al anlisis dos elementos. Primero, la tesis de que los entes sensibles son solamente lo que percibimos o podemos percibir que son. ste es el elemento que podemos llamar de sentido comn, en tanto en cuanto el hombre comn no tiene nunca presente el sustrato material, inerte, permanente e incognoscible de Locke (por supuesto que la exclusin del sustrato material de Locke no entraa la exclusin de la sustancia en cualquier sentido). En segundo trmino, la tesis de que los entes sensibles son ideas. Y en cuanto esta tesis no puede reducirse a una simple decisin de usar un trmino de una manera distinta a la habitual, no puede mantenerse que represente el punto de vista del hombre comn, diga lo que diga Berkeley. Es discutible si estos dos elementos son, como crea Berkeley, inseparables. Por ltimo, hay un tema al que me vaya referir brevemente en este apartado. Se ha sostenido por algunos que Berkeley sustituy el esse est percipi por esse est concipi, evolucionando del empirismo al racionalismo. Los argumentos principales en favor de esta tesis se fundan en una serie de pasajes en Siris en los que menosprecia los sentidos en beneficio de la razn. As, dice que "conocemos una cosa cuando la comprendemos; y la comprendemos cuando podemos interpretada o decir lo que significa. Estrictamente hablando, el sentido
arquetpica en la mente divina. Y por lo tanto no sera exacto decir que el caballo est en la cuadra, cuando no es percibido por un espritu finito, porque lo percibe Dios, ya que Dios no tiene mis ideas cuando yo no las estoy teniendo. No sera riguroso afirmar dogmticamente que estos distintos modos de hablar no puedan reconciliarse, pero me parece muy difcil hacerla. Se ha dicho algunas veces que la posicin de Berkeley es difcil de refutar por la dificultad de mostrar que Dios pueda no actuar del modo
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no conoce nada. Es cierto que percibimos los sonidos por el odo, y los caracteres (letras) por la vista; pero con ello no podemos decir que los comprendemos". Y reprocha "a los cartesianos y sus discpulos el considerar la sensacin como un modo de pensamiento". Es verdad, desde luego, que en Siris podemos encontrar una operante influencia platnica, que lleva frecuentemente a Berkeley a formular apreciaciones despectivas sobre el valor cognitivo de la sensacin, as como a encontrar alguna dificultad en hablar de Dios como "perceptor" de las cosas. Refirindose a la idea newtoniana de considerar el espacio como sensorium divino, destaca que "no hay en Dios sentidos, ni sensorio, ni nada parecido. La sensacin implica una impresin de algn otro ser, y denota una dependencia en el alma que la tiene. La sensacin es una pasin; y las pasiones implican imperfeccin. Dios conoce todas las cosas como mente o intelecto puro, pero no por los sentidos, no en ni por medio de un sensorio. Por consiguiente, suponer en Dios cualquier especie de sensorio -sea ste el espacio u otro cualquiera- es un error, que nos llevara a concebir de un modo equivocado su esencia". Pero aunque la parte filosfica de Siris (la mayor parte de esta curiosa obra est dedicada a' mostrar las virtudes del agua de alquitrn) pone de manifiesto una atmsfera o disposicin bastante distinta de la de los primeros escritos de Berkeley, es discutible que este libro represente un cambio de posicin tan fundamental como se ha pretendido. La distincin entre sensacin y pensamiento, que se acenta en Siris, se hallaba ya presente en los primeros escritos de Berkeley. Como hemos visto, insista en la distincin entre observacin de los fenmenos y argumentacin o teorizacin sobre los mismos. Adems, Berkeley haba expuesto ya de modo expreso en los Dilogos que "Dios, al que no 6. Causalidad. Hemos visto ya que Berkeley lleva a cabo un anlisis empirista o fenomenista de la relacin causal en cuanto se refiere a la actividad de los entes sensibles. De hecho no podemos hablar con propiedad de ellos como causas activas. Si B sigue regularmente a A de modo que dado A se sigue B, y que, en ausencia de A, B no se produce, llamamos a A causa y a B efecto. Pero ello no significa que A intervenga eficientemente en la produccin de B. Lo ltimo sigue a lo primero de acuerdo con la disposicin de Dios. Las ideas, por ser tales, son pasivas y no pueden, propiamente hablando, ejercer una causalidad eficiente. El hecho de que se produzca A es el signo de que va a producirse B. "La conexin de ideas no implica relacin de causa y efecto, sino slo de sealo signo con la cosa significada. El fuego que puede afectar ningn ser exterior a l, que no percibe, como nosotros percibimos, ninguna cosa a travs de los sentidos... (no puede ser afectado por) ningn gnero de sensacin". Dios conoce o comprende todas las cosas, pero no a travs de la va sensible. De aqu que no piense que Siris represente ningn cambio fundamental en la teora filosfica de Berkeley. Lo ms que podemos decir es que si determinadas corrientes de pensamiento que estaban ya implcitas en sus primeras obras, hubieran experimentado un desarrollo suficiente, poda haberse producido una versin diferente de su filosofa, en la que hubieran encontrado solucin problemas tales como los que se derivan de hablar de Dios como percibiendo las cosas o de las" ideas" como existiendo en la mente divina cuando nosotros no las estamos percibiendo.
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veo no es la causa del dolor que sufro al tocado, sino la seal que me avisa de l." Hay por tanto, como caba esperar, dos elementos integrantes del anlisis berkeleyano de la relacin causal en cuanto referida a los entes sensibles. En primer lugar, un elemento empirista. Todo lo que observamos es una sucesin regular. En segundo trmino, un elemento de carcter metafsico. A es un signo proftico de B, dado por Dios; y el sistema total de la naturaleza es un sistema de signos, un lenguaje visual divino, que habla de Dios a nuestros espritus. Adems no se trata de que Dios haya establecido un sistema en un principio y le haya dejado luego actuar "al modo como un artista deja un reloj para que marche durante un cierto perodo de tiempo por s mismo, sino que este lenguaje visual prueba que hay, no un mero Creador, sino un Gobernador providente..." Dios produce todos y cada uno de los signos: es constantemente activo, est constantemente hablando a los espritus finitos por medio de signos. Quiz no sea demasiado fcil comprender por qu Dios habra de obrar de este modo, ya que los signos visuales solamente pueden ser tiles para los espritus dotados de cuerpo; y los cuerpos, segn los principios de Berkeley, son ellos mismos agrupaciones de ideas, y por consiguiente signos visuales. Pero esta dificultad no es abordada por Berkeley. En el tercer Dilogo, Hilas objeta que si consideramos a Dios autor inmediato de cuanto ocurre en la Naturaleza, hemos de considerarle autor del pecado y el crimen. Pero a esto contesta Filons: "Yo no he afirmado nunca que Dios sea el nico agente que produce movimientos en los cuerpos." Los espritus humanos son autnticas causas eficiencias activas. Adems, el pecado no consiste en la accin fsica" sino. en la desviacin interna de la voluntad de las leyes de la razn y 7. Berkeley y otros filsofos. Entre los filsofos continentales del primer perodo de la Edad Moderna, uno de los que cabra esperar que despertaran la simpata de Berkeley es Malebranche. Pero aunque haba estudiado a Malebranche, y puede suponerse que haba sufrido su influencia, Berkeley se esforz en establecer una neta distincin entre su filosofa y la del oratoriano francs. Varias veces expresa en sus cuadernos su desacuerdo con ste. Por ejemplo: "l (Malebranche) duda de la existencia de los cuerpos. Yo no abrigo la ms mnima duda sobre la misma". En otro pasaje, a propsito del ocasionalismo de Malebranche, dice: "Movemos nuestras piernas nosotros mismos. Somos nosotros los que queremos que se muevan. En esto, difiero de Malebranche." Y en los Dilogos habla prolijamente de la "gran distancia" que media entre su filosofa y el "entusiasmo" del francs. "Se sirve de las ideas generales ms abstractas, con lo que discrepo. Afirma un mundo eterno, absoluto, que yo niego. Sostiene que nuestros sentidos nos engaan y que no conocemos la naturaleza real ni la verdadera forma y figura de los de la religin" . La accin fsica de cometer un asesinato puede asemejarse a la de ejecutar un criminal; pero desde el punto de vista moral las dos acciones difieren entre s. All donde haya culpa o depravacin moral hay una separacin- de la voluntad de la ley moral, de la que es responsable el agente humano. As pues, Berkeley no dice que la causalidad sea tan slo una sucesin regular. Lo que mantiene es que slo los espritus son autnticas causas activas. Como ocurre a menudo en Berkeley, metafsica. y empirismo se entremezclan.
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cuerpos extensos; es decir, exactamente lo contrario de lo que yo mantengo sobre este punto. De modo que en conjunto no hay principios que estn ms opuestos en lo fundamental que los suyos y los mos." Berkeley era, desde luego, consciente de que muchas veces se establecan relaciones, comparaciones comprensibles, entre sus obras y las de Malebranche, sobre todo en relacin con la teora de este ltimo de que vemos todas las cosas en Dios, y tales comparaciones le irritaban. Con nuestra perspectiva parece ser algo difcil comprender esta irritacin, incluso si partimos del hecho de que en su interior Berkeley se hubiera disociado desde el primer momento de veracidad de Dios... Con la misma razn podra yo dudar de mi propia existencia que de la de las cosas que realmente veo y siento." En cuanto a Spinoza y Hobbes senta poca, si no ninguna, simpata por ellos. En los Dilogos los agrupa, juntamente con Vanini, con los ateos y "abades de la il11piedad",s3 bis y en sus cuadernos declara que si sus doctrinas son rectamente entendidas" toda esta filosofa de Epicuro, Hobbes, Spinoza, etc., que ha sido enemiga de la religin caer por tierra". "Hobbes y Spinoza hacen a Dios extenso." y "era una necedad de Hobbes hablar de la voluntad como si se tratara de movimiento, con el cual no tiene ninguna semejanza". Si Berkeley disenta de Descartes, disenta an mucho ms del materialismo hobbesiano. y no tena tampoco mucho que ver con los destas, a juzgar por el texto de su Ensayo sobre una nueva teora de la visin. La principal influencia que recibi Berkeley fue la proveniente de las obras de Locke, por quien senta un gran respeto. Le consideraba "un escritor inteligente" y hace observar que "era tal la sinceridad de este gran hombre que estoy convencido que si viviera no le ofendera que discrepara de l, viendo que de este modo segua su exhortacin, a saber, emplear mi propio juicio, ver con mis propios ojos y no con los de otro". Asimismo, despus de referirse a su intento intil y reiterado de aprehender la idea general de un tringulo, hace notar que" sin duda, i alguien fuera capaz de introducir esta idea en mi mente, habra sido el autor del Ensayo sobre el entendimiento humano, que tanto se ha distinguido de los dems autores por la claridad de lo que dice". Pero aunque Berkeley senta un profundo respeto por Locke, que le haba proporcionado en gran medida su punto de partida, su respeto no exclua un fuerte espritu crtico para con el mismo. En sus cuadernos destaca que Locke habra hecho mejor en comenzar su Ensayo en el
Malebranche. Pero aqul estimaba que el pensador francs era un "entusiasta" que prestaba poca atencin al razonamiento estrictamente filosfico. As, hace notar a propsito de la existencia de la materia: "La escritura y la posibilidad son las nicas pruebas de Malebranche. Adase a ellas lo que l llama una gran propensin a pensar as", Malebranche no estaba comprometido, en opinin de Berkeley, en la empresa de llevar a los hombres desde la metafsica al sentido comn y abusaba del empleo de ideas abstractas, pretendidamente generales. Sin embargo, aunque la actitud crtica de Berkeley hacia el oratoriano era sin duda sincera y expresaba honradamente su opinin, su preocupacin por disociarse de Malebranche muestra que se daba cuenta de que no faltaba base para establecer comparaciones entre sus sistemas. Tampoco comparte los puntos de vista filosficos de Descartes, que critica con frecuencia. Refirindose a la opinin del primero de que no tenemos una certeza inmediata de la existencia de los cuerpos, dice: "Es chocante que un filsofo ponga en duda la existencia de las cosas sensibles, hasta haber adquirido certeza de la misma a partir de la
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libro tercero. En otras palabras: si Locke hubiera comenzado por el examen y la crtica del lenguaje, no habra cado en su teora de las ideas generales abstractas, a la que, segn Berkeley, es achacable en gran medida la doctrina de la sustancia material. En general, Berkeley estimaba que Locke haba sido un empirista consecuente con sus propios principios. Locke, las matemticas estudian relaciones entre ideas abstractas y pueden llevar a cabo sus demostraciones por medio de las "ideas intermedias", mientras que Berkeley considera las relaciones, no entre ideas abstractas, sino entre signos o smbolos. La tica,
matemticamente tratada, no demostrara relaciones entre ideas abstractas: guardara ms bien relacin con las palabras. Parece, dice, que todo lo que es necesario para convertir la tica en una ciencia demostrativa es construir un diccionario de palabras y ver qu est
8. Algunas observaciones acerca de las ideas ticas de Berkeley. Es interesante destacar que Berkeley estaba influido por la idea de Locke de que la tica podra convertirse en una ciencia demostrativa del tipo de las matemticas. As, consider con detenimiento lo que Locke quera decir al hablar de lgebra" que proporciona ideas intermedias. Es preciso pensar tambin en un mtodo que permita el mismo empleo en moral, etc., al modo como se hace en las matemticas". La idea de que el mtodo matemtico puede ser aplicado a la tica, transformando a sta en una ciencia demostrativa era, desde luego, corriente en la poca, en parte a causa del prestigio obtenido por las matemticas por su afortunada aplicacin en la ciencia fsica y en parte porque era una idea tambin comn que la tica se haba basado anteriormente en la autoridad y que necesitaba una nueva fundamentacin, de carcter racional. Berkeley sostena, desde luego, que la tica no podra reducirse fcilmente a una rama de la matemtica pura; pero comparta, o al menos comparti durante un cierto tiempo, la esperanza de hacerla anloga a una rama de la matemtica aplicada, o, para emplear sus mismas palabras, de la "matemtica mixta". Nunca intent llevar al cabo esta aspiracin de un modo sistemtico; pero formul algunas observaciones que demuestran que difera de Locke en su punto de vista sobre la forma que habra de tomar la demostracin tica. Para
incluido en qu. Por tanto, la primera tarea importante sera la de definir las palabras. Sin embargo, parece claro, a partir de algunas observaciones de sus cuadernos, que Berkeley se daba cuenta de que es mucho ms difcil alcanzar un consenso acerca del significado de los trminos ticos que sobre el sentido de los smbolos algebraicos. Cuando aprendemos matemticas, aprendemos al mismo tiempo el significado de los smbolos, sin preconcepciones sobre el mismo; pero ste no es el caso de los trminos que se emplean en tica. sta fue posiblemente una de las razones de que Berkeley no escribiera nunca la parte de los Principios que habra de tratar de la tica. De este modo, la filosofa moral de Berkeley es fragmentaria y no tiene un desarrollo suficiente. En sus cuadernos encontramos la sorprendente afirmacin de que" el placer sensual es el bien sumo. ste (es) el gran principio de la moralidad", que parece a primera vista la expresin de un hedonismo craso. Pero esta conclusin sera apresurada, a juzgar por las frases que siguen a continuacin en la misma nota: "una vez entendido esto rectamente, todas las doctrinas, incluso las ms ridas de los evangelios pueden ser demostradas con toda claridad". Pero si la declaracin de que el placer sensual es el Summum bonum o bien supremo ha de ser concorde con las ms ridas doctrinas de los
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evangelios, no puede tomarse obviamente en su sentido aparente. Adems, en otros pasajes, Berkeley establece una distincin entre las distintas clases de placer. "El placer sensual qua placer es bueno y digno de ser deseado por un hombre sabio." Pero es despreciable "no qua placer sino qua dolor o causa de dolor, o (lo que es lo mismo) de privacin de un placer mayor." Adems, declara que "el que no acta para obtener la felicidad eterna debe ser un infiel; al menos, no est seguro de la existencia de un juicio futuro". Estos pasajes pueden parecer inconsecuentes; pero Berkeley, al parecer, entiende por "placer sensual" el que es sentido o percibido (placer concreto) ms que la gratificacin del apetito sensual en un sentido exclusivo. Si la felicidad constituye el fin de la vida humana, debe consistir en algo concreto, no en una mera abstraccin. "Cada cual puede pensar que conoce lo que es para un hombre ser feliz, o un objeto bueno. Pero pocos pueden pretender construir una idea abstracta de felicidad, prescindiendo de todo placer particular, de bondad, prescindiendo de todo lo que es bueno... Y, en efecto, la doctrina de la abstraccin ha contribuido en no poca medida a echar a perder las partes ms tiles del conocimiento." Berkeley acaba estableciendo una distincin entre placeres Algunas de las observaciones de Berkeley parecen inclinarse hacia el utilitarismo y expresar el punto de vista de que la meta del esfuerzo humano es el bien comn, ms bien que la felicidad privada. As, habla de "verdades morales o prcticas que guardan siempre conexin con el provecho universal". Y en su tratado sobre la obediencia pasiva, podemos leer que "Dios seala que el bienestar general de todos los hombres, de todas las naciones, de todas las pocas del mundo, se obtendr por la concurrencia de las acciones de cada individuo". Pero la insistencia sobre el bien comn no era en opinin de Berkeley incompatible con la insistencia sobre la primaca de un racional amor a s mismo. Pues ste no consiste slo en egosmo, sino que incluye en l lo que llamamos altruismo. Y Dios ha ordenado las cosas de tal modo que la bsqueda racional de la felicidad contribuya siempre al bienestar comn. Adems, al estar convencido de que la moralidad reclama leyes racionales, morales, Berkeley sostena que la razn puede descubrir una ley moral natural, que implica la libertad y las obligaciones humanas. Pero afirmar la existencia de modelos y reglas universales no es contradictorio con decir que cada cual busca su propio inters. Lo que ordena la ley moral es que busquemos nuestro inters verdadero de acuerdo con la razn, lo que nos capacitar para averiguar dnde radica nuestro verdadero inters. As, como Berkeley observa en Alcifrn "el verdadero inters de cada cual est combinado con su deber" y "sabidura y virtud son la misma cosa". Dada la creencia berkeleyana de que un amor racional a s mismo incluye en l el altruismo, no tiene nada de extrao que atacase lo que consideraba el egosmo estrecho de Hobbes. Tambin ataca en Alcifrn a Mandeville y Shaftesbury, en el segundo y tercer dilogo,
"naturales" que convienen al hombre tanto en cuanto ser racional como en cuanto ser sensitivo, y placeres "fantsticos" que alimentan el deseo sin satisfacerlo. Supona que el amor a uno mismo, juntamente con el deseo de felicidad, es el mvil que dirige la conducta; pero destacaba en un plano ms alto el amor racional a uno mismo y despreciaba los placeres de los sentidos, como inferiores a los placeres de la razn, al modo como en sus ltlpos escritos, especialmente en Siris, colocaba la sensacin en un rango inferior el conocimiento racional.
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respectivamente. Berkeley no aceptaba la teora del sentido moral, y en su opinin ninguno de estos filsofos comprendan la funcin de la razn en la vida moral, ni exponan un motivo efectivo de conducta altruista. Los defectos comunes de ambos, y los defectos propios de cada uno, nos ilustran sobre las insuficiencias morales de los librepensadores. Con Shaftesbury al menos Berkeley era claramente injusto, y reproduca de modo falso su posicin. Pero su crtica de los librepensadores ofrece inters porque muestra su conviccin de que la moralidad no es autnoma y debe estar ligada a la religin: "La conciencia ha supuesto siempre la existencia de Dios" .lo1 Puede ser que por la poca que escriba Alcifrn Berkeley estuviera influido por los sermones del obispo Butler, pero no hay ninguna prueba concreta de ello. Sin embargo, vino a creer, como Butler, que las normas racionales y universales de moralidad tienen una importancia real en la vida moral y que tica y religin estn ms estrechamente relacionadas de lo que algunos autores suponen. Estas observaciones pueden sugerir que Berkeley escribi una serie de notas sobre tica y moralidad, y que no intent darles consistencia, ni menos desarrollarlas sistemticamente. Y es cierto que no se encuentra en sus obras lo que podramos llamar un sistema tico articulado. Al mismo tiempo, encontramos en el tratado de Berkeley sobre la obediencia pasiva lo que pudiramos llamar prolegmenos al sistema tico de Berkeley. Y quiz valga la pena que llamemos la atencin en este apartado sobre algunos pasajes relevantes. El amor a s mismo tiene "la primaca como principio de accin. "Siendo el amor a uno mismo el principio ms universal de todos, y el ms profundamente inscrito en nuestros corazones, nos es natural considerar las cosas como si estuvieran hechas para aumento o menoscabo de nuestra propia felicidad; y segn supongan lo uno o lo otro las denominamos bien o mal." En un principio, el ser humano se gua por sus impresiones sensoriales, y el placer y el dolor sensibles se toman como seales inequvocas del bien y el mal. Pero conforme el ser humano crece, aprende por experiencia que a un placer presente sigue algunas veces un dolor mayor, y que el dolor presente puede ser ocasin de un mayor bien futuro. Adems, cuando las facultades ms nobles del alma despliegan sus actividades, descubrimos bienes que estn por encima de los que nos proporcionan los sentidos. "De aqu que se produzca una alteracin en nuestros juicios; no obedecemos ya a las primeras solicitaciones de los sentidos, sino que consideramos las consecuencias remotas de una accin, qu bien cabe esperar de ella, o qu mal temer, segn el curso acostumbrado de las cosas." Pero esto es an el primer paso. La consideracin de la eternidad en comparacin con el tiempo nos muestra que todo hombre razonable debe actuar del modo que ms eficazmente contribuya a su inters eterno. Por otra parte, la razn nos ensea que hay un Dios que puede hacer al hombre eternamente feliz o miserable. Y de esto se deduce que todo hombre razonable conformar sus actos a la voluntad expresa de Dios. Pero Berkeley no se queda slo en este utilitarismo teolgico. Si -dice- consideramos la relacin que Dios mantiene con las criaturas, habramos de extraer la misma conclusin, ya que Dios, n cuanto
creador y preservador de todas las cosas, es el legislador supremo. "Y los hombres estn constreidos, por todos los vnculos del deber, no menos que por el inters, a obedecer sus leyes." Deber e inters apuntan en la misma direccin. Pero, cmo podemos conocer esas leyes, dejando aparte la revelacin? "Siendo las leyes reglas que orientan nuestras acciones al
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fin pretendido por el legislador, para alcanzar el conocimiento de las leyes de Dios es preciso ante todo investigar cul es el fin que designa que ha de ser llevado a cabo por las acciones humanas." lo5 Este fin debe ser bueno, ya que Dios es infinitamente bueno. Pero no puede ser el bien de Dios, puesto que Dios es ya perfecto. De aqu que el fin no sea otro que el bien del hombre. Ahora bien, es la bondad moral la que hace que tal hombre sea ms aceptable que tal otro ante Dios. Y la bondad moral presupone la obediencia a la ley. De aqu que el fin pretendido por el legislador deba preceder de modo lgico a cualesquiera diferenciaciones entre individuos. Y esto quiere decir que el fin ser el bien, no de este o aquel otro individuo particular, sino del hombre en general; esto es, de todos los hombres. De esto se deduce que "cualesquiera proposiciones prcticas que aparezcan a la recta razn de manera evidente como conectadas de modo necesario con el bienestar universal incluido en ellas han de considerarse como verdaderamente ordenadas por la voluntad de Dios." Esas proposiciones reciben el nombre de "leyes naturales" porque son universales y derivan su fuerza de obligar, no de la sancin civil, sino de Dios. Se dicen impresas en la mente porque son bien conocidas por los hombres e inculcadas por la conciencia. Son designadas con el trmino de "normas eternas de la razn" porque "se derivan necesariamente de la naturaleza de las cosas, y pueden ser demostradas por las deducciones infalibles de la razn". Este pasaje tiene inters porque combina la consideracin de temas propios de la poca, tales como el lugar del amor a s mismo en la vida moral, la relacin del deber con el inters y el bien comn como finalidad de la conducta, con elementos tradicionales tales como la idea de una ley moral natural, derivada no de la arbitrariedad de Dios, sino Pero los elementos metafsicos de la filosofa. de Berkeley no puede decirse que ejercieran demasiada influencia. Hume, como veremos en Para comprender la actitud de Berkeley para con su propia filosofa, es necesario tener en cuenta su propsito de probar la existencia de Dios y su providencial actividad, as como la espiritualidad e inmortalidad del alma. Estaba convencido de que mediante su crtica de la teora de la sustancia material, haba desprovisto al materialismo de su principal sostn. "No es necesario relatar el apoyo que ha representado la sustancia material para los ateos de todas las pocas. Todos sus monstruosos sistemas tenan una dependencia tan visible y necesaria de ella, que una vez removida esta piedra angular, todo el edificio no puede hacer otra cosa que caer al suelo." Para ver la filosofa de Berkeley bajo el mismo ngulo que l la vio, es preciso no olvidar su inters religioso, apologtico y moral. 9. Nota sobre la influencia de Berkeley. de una finalidad objetiva. Tiene tambin inters porque muestra claramente la insistencia de Berkeley sobre la funcin de la razn en la moralidad. Sobre este punto es posible que estuviera influido, al menos de algn modo, por los platnicos de Cambridge. Como hemos visto, habla de "reglas eternas de razn" y asegura que" en moral, las normas eternas de actuacin tienen la misma verdad universal inmutable que las proposiciones geomtricas. Ninguna de ellas depende de
circunstancias o accidentes, siendo verdad en todas las pocas y lugares, sin limitaciones ni excepcin". Pero aunque el pasaje de Berkeley ofrezca inters, no cabe duda de que no est, como filsofo moral, a la altura de Butler.
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los captulos siguientes, desarroll el anlisis fenomenista berkeleyano. Y en el siglo XIX, J. S. Mill alab "sus tres principales descubrimientos filosficos, cada uno de ellos suficiente para haber dado lugar a una revolucin en la psicologa, y que, al combinarse, han determinado el curso total de la especulacin filosfica posterior". Estos tres descubrimientos son, segn Mill, la teora berkeleyana de la percepcin visual (esto es la .teora expuesta en el Ensayo sobre una nueva teora de la visin), su doctrina de que el razonamiento versa sobre ideas particulares y su opinin de que la realidad consiste en colecciones o grupos de sensaciones. (Mill mismo defini un ente corpreo como una posibilidad permanente de sensaciones.) Al ensalzar la importancia de Berkeley, Mill tena toda la razn. Berkeley es uno de los tres empiristas clsicos britnicos de fundamental importancia, y su pensamiento, en su faceta empirista, ha influido, directa o indirectamente, sobre el subsiguiente desarrollo de la filosofa inglesa. Hoy en da, cuando cobra tanto auge en el pensamiento britnico el movimiento de anlisis lingstico, se presta particular inters a sus anticipaciones en la teora y prctica de dicho anlisis. Pero Berkeley lamentara sin duda que los elementos ms metafsicos de su filosofa sean considerados inaceptables por los que tanto le valoran en otros campos.