Serge Literatura
Serge Literatura
El nombre de Victor Serge fue uno de los que, ya por entonces, comenzaron a sonar en nuestros crculos compuestos por estudiantes desafiantes y por jvenes obreros vidos de conocimientos. Por este hilo me viene a la memoria que por all 1966 o 1967 uno de mis amigos universitarios lleg a una de nuestras reuniones con uno libro de Vctor Serge, y adems publicado legalmente, algo que siempre suscitaba el comentario de alguien que deca algo as como: Vaya usted a saber. An y as, nuestro grupo de lectores vidos, ya un tanto distanciados de los jvenes comunistas, tan entusiastas como ajenos a aquel afn por leerlo, se haba aclarado sobre la cuestin. La habamos tenido con una revista igualmente legal llamada ndice que no nos ofreca precisamente confianza a pesar de que algunos de sus artculos, como los que Juan Gmez Casas sobre el sindicalismo revolucionario, nos haba servido para debatir de lo lindo, e incluso habamos hecho copias a mquina y en papel cebolla. Ya sabamos que el rgimen haba aprendido de la derecha internacional en general, y de sus colegas norteamericanos, a instrumentalizar autores revolucionarios contra el comunismo donde nosotros ya habamos establecido una frrea distincin con el estalinismo que segn y cmo, poda ser justo lo contrario. A veces decamos cosas muy fuerte, tales como !Stalin ha matado ms comunistas que Hitler y Franco juntos, que dejaba bocabierto a nuestros amigos del partido. El ttulo de aquel ejemplar era El caso Tulav, obra escrita por Vctor Serge poco antes de su muerte (1947) y editada por la no menos equvoca editorial Luis de Caralt en 1954 (en traduccin de Jess Ruz), y mi amigo universitario aseguraba que era mucho mejor que El cero y el infinito, de Arthur Koestler, y con esta recomendacin me quede con ella unas semanas durante las cuales pude percibir que Serge tena ms claro que nosotros la diferencia entre comunismo y estalinismo. En lneas generales, mantengo la memoria de que Serge ofreca una panormica de Rusia de finales de los aos treinta, rememora con detalle las trgicas consecuencias de las purgas de la que se haba librado en 1936 gracias a las gestiones de Andr Gide y de una potente campaa internacional ya que Serge, aunque ciudadano del mundo, era medio francs y escriba en esta lengua. Tambin sabamos que haba escrito un potente testimonio de la huelga general espaola de agosto de 1917 en El nacimiento de nuestra fuerza de la que exista una edicin de 1931, y que alguien guardaba tena por algn sitio, quizs el compaero Garca, el veterano cenetista que era algo as como una biblioteca andante, primero porque te pasaba los libros caminando, luego porque todo aquello, pareca un riesgo mayor que cualquier aventura del caballero de la Triste Figura. Tambin recuerdo un largo captulo sobre la derrota de la revolucin espaola y las implicaciones del aparato estalinista en la Barcelona que haba sido obrera, y como se pasa a un ambiente que preludia los prolegmenos de la II Guerra Mundial. En ste
contexto es donde tiene lugar el asesinato de Tulaev, mulo de Serguei Kirov, que haba sido uno de los hombres de Stalin, y que sirve de pretexto para un alud de detenciones, destierros y ejecuciones, de un monstruoso agujero negro que acabar con toda la generacin revolucionaria. No haba una sola lnea del libro que no estuviese escrita desde la perspectiva de un antiguo anarquista nacido en el seno de una familia de emigrados rusos ferviente antizaristas. No hace mucho que requera a Juan Manuel Vera, de la Fundacin Andrs Nin madrilea un ejemplar de la novela que figuraba en su catlogo (pero que ya no tena), y menos todava cuando conversaba con Andy Durgan las posibilidades de editar Ciudad sitiada en la magnfica traduccin del poeta republicano Toms Segovia (y en manos extraviadas en los vericuetos de las sugerencias a El Viejo Topo), y Andy que la haba ledo en fechas ms recientes, me aseguraba que el caso Tulaev, con toda probabilidad, era la mejor novela que se haba escrito sobre el gran terror estaliniano. Lejos quedaban los tiempos que la Fundacin haba publicado al menos un par de dossier sobre Vctor Serge que, entre los primeros compaeros de Trotsky y de Nin en la Oposicin de Izquierdas rusa e internacional, el mejor amigo del POUM. De ah que todos los poumistas fueran del maz que fueran, hablaran con entusiasmo de l y con l ya que mantuvo una extensa correspondencia con algunos de ellos.. Esperemos que esta edicin sea algo as como la seala para otros libros, al igual que sucedi en los aos sesenta-setenta con parte de su obra, entre ellas El ao 1 de la revolucin rusa (Siglo XXI, Madrid, 1972), uno de los mejores libros sobre Octubre; Los aos sin perdn (Planeta, Barcelona, 1977), que abunda en la misma materia, sin olvidar Medianoche en el siglo (Ayuso, Madrid, 1976), dedicado a los lderes del POUM asesinados o encarcelados...Como no poda ser menos, Fontamara public Todo lo que un revolucionario debe saber sobre la represin, un breve estudio sobre los mtodos de la polica zarista sobre el que la LCR hizo un uso de manual como lo haban hecho los camaradas galos. Lstima que no se hiciera de sus Memorias de un revolucionario, igualmente traducida tambin por Toms Segovia, y sobre la que Siglo XXI de Mxico ha hecho una reedicin reciente ilustrada con dibujos de su hijo, el destacado pintor Vlady Serge. Estas memorias han contado finalmente con una muy cuidada edicin espaola en la editorial Veintisiete Letras y que recomendamos con la conviccin de que se trata de unas memorias comparables a Mi vida, de Trotsky, aunque con ms perspectiva por lo dems sobre el inicio del gran terror estalinista contra la vieja guardia bolcheviques. Dada la infame sequa editorial que ha conocido su obra en los ltimos treinta aos, no debe de haber muchos jvenes que conozcan a este singular escritor exiliado de nacimiento, ligado a la subversin prcticamente desde su ms temprana infancia, alguien como Serge sobre el que Susan Sontang dice en su muy anticomunista y discutible prlogo: Serge fue para m un ejemplo de la fusin de dos cualidades opuestas: la intransigencia moral e intelectual con la tolerancia y la compasin. Aprend que la poltica no es slo accin... Y yo aado: del que tambin podra haber aprendido que puede (y deber ser) accin colectiva, debatida e ilustrada, amante de la verdad, algo a lo que la muy individualista escritora norteamericana no siempre resulta fiel, no hay ms que leer algunos de sus totalmente injusto y falsos comentarios sobre Trotsky. Nacido en 1890 en Rusia, criado en Blgica, milit a comienzos del siglo XX en la radicalizada Joven Guardia socialista de Bruselas, pero no tard en ligarse con los anarquistas franceses, concretamente con los llamados ilegalistas, all conoci al padre de Jean Vigo, y conoci la crcel durante 5 aos por sus no probadas implicaciones con la audaz banda de Bonnot. Escritor militante desde que nada ms salir denunci el sistema penal francs en Los Hombres en la crcel (y que segn nos cuenta Carmen Castillo, se ha convertido en una suerte de best seller entre los presos, y se vincul con los internacionalistas que se oponan a la Unin Sagrada, poca en la que colabor con grandes del sindicalismo revolucionario galo como Alfred Rosmer y Pierre Monatte, y con un tal Trotsky. Viajero incansable, Vctor vivi
en la Rosa de Fuego donde se hizo amigo de Salvador Segu. Sera en Barcelona donde naci como Vctor Serge ya que adopt el seudnimo para escribir en el semanario Tierra y Libertad y como tal firm la ya cita pginas catalanas de El nacimiento de nuestra fuerza, obra que est esperando su reedicin (y nueva traduccin) a gritos. No hace mucho que el urbanista (y antiguo izquierdista luego moderado y finalmente resucitado) Jordi Borja, la citaba en uno de su artculo, Hay un camino a la izquierda?: La ciudad fue nuestra universidad poltica y como los ciudadanos de la revolucin francesa nuestra patria fue la izquierda, la resistencia al franquismo, las causas populares, las esperanzas generadas por las ideas y los combates compartidos. Recuerdo haber ledo hace muchos aos El nacimiento de nuestra fuerza de Victor Serge, crnica novelada de la Barcelona obrera de 1916, relato dominado por la presencia de Daro, que as llama al lder sindicalista el Noi del Sucre. Daro, contemplando la ciudad desde la montaa le dice al cronista: esta ciudad la hicimos los trabajadores, la burguesa nos la ha arrebatado pero un da la conquistaremos, y ser nuestra. Conmocionado con la Revolucin rusa como tantos otros, Serge se incorpor a las tareas revolucionarias en Rusia aprovechando tanto su carcter de polglota como sus variadas relaciones con el anarcosindicalismo y el sindicalismo revolucionario, fracciones que desde la naciente Internacional Comunista se consideraban capitales para contrarrestar la previsible influencia socialdemcrata En Mosc trat nuevamente con su alma gemela, Alfred Rosmer, personaje no menos legendario, entre otras muchas cosas, autor de uno de los testimonios ms fehacientes de aquellos primeros aos: Mosc en tiempos de Lenin (Ed. ERA, Mxico, 1982, tr. de Ana M Palos), con Nin y con Joaqun Maurn, que aos ms tarde escribi que "Vctor Serge era claro y sincero; sealaba los defectos y las virtudes, los errores y los aciertos". Con semejantes actitudes y con un entusiasmo a toda prueba, Vctor Serge desarroll una intensa actividad en la Internacional, de entrada fue el principal animador de La Correspondencia Internacional (Imprecor), revista prestigiosa en su tiempo. Por entonces, Zinoviev le confi misiones importantes en Berln y en Viena, ciudades que vivan una notable efervescencia revolucionaria. Sacando tiempo del sueo, escribi obras como El ao I de la Revolucin rusa, Petrogrado en peligro (1919), amn de toda clase de ensayos, por ejemplo sobre la revolucin china de 1927, una faceta sobre la que se ha hablado poco pero sobre la que existe un hermoso libro publicado en Italia. Su nombre figuraba tambin entre los artistas y poetas y fue amigo de poetas Esenin y Mayakovsky, as como de escritores como Pasternak y Mandelstan. Aos ms tarde, su testimonio sera fundamental para mantener la memoria de lo que haba sido la literatura rusa de los primeros aos ms creativos de la revolucin. Serge fue entonces abogado de anarquistas y anarcosindicalistas, muchos de los cuales no le perdonaron su adhesin al bolchevismo, su apreciacin de figuras como Lenin y Trotsky, pero su impronta libertaria se hizo notar como militante de la Oposicin de izquierdas rusa desde el primer momento. Luego, ya en los aos 19271930, cuando Stalin comenzaba a deportar a los oposicionistas rusos, pero que no se atreva an a perseguir a los revolucionarios extranjeros conocidos, Vctor Serge y Andrs Nin, amigos fraternales desde 1921, constituyeron, con Alejandra Bronstein (primera esposa de Trotsky), uno de los escasos ncleos de resistencia organizada al despotismo burocrtico. Sobre estos aos, Vctor ser, despus de Trotsky, el ms infatigable e informado opositor. Obras como las de Panait Istrati (Vers lautre flame) de la que Victor Serge fue coautor aunque eso no consta en la edicin, o el Regreso de la URSS, de Gide, por no hablar de la temprana biografa de Stalin que escribi Boris Souvarine, le deben mucho a sus consejos e influencia. Nuevamente liberado, Serge asumi con una voluntad de hierro y una energa sorprendente una labor excepcional de desmitificacin del estalinismo y la defensa de sus compaeros, militantes e intelectuales perseguidos, deportados y asesinados.
Poco antes de su deportacin, Serge haba logrado enviar una carta-testamento a la entonces trotskista, la escritora Madeleine Paz, en la que deca que era "un resistente absoluto en tres principios: defensa del hombre, defensa de la verdad y defensa del pensamiento". Tanto es as, que en cuanto se produjo el primer proceso de Mosc, Serge cre el "Comit de defensa de la libertad de opinin en la Revolucin" y public Diecisis fusilados. El proceso Zinoviev-Kamenev-Smirrnov, el primer anlisis serio y preciso sobre el terror estalinista y los procesos de brujera que organiz la GPU y contra los que slo se levantaron el POUM en Espaa y pequeas minoras del movimiento obrero y algunos pocos intelectuales de izquierda, sobre todo los surrealistas con los que Serge tuvo una poderosa afinidad a pesar de que su escritura es ms deudora de Balzac y de Zola que del fantstico. Muy poco tiempo despus, ese mismo Comit tuvo que promover una fuerte campaa internacional en solidaridad con el POUM, para exigir una investigacin sobre el paradero de Andreu Nin. En aquella poca, Serge mantuvo una intensa correspondencia y un arduo debate con Trotsky en el que sobresalieron dos puntos: la cuestin del POUM, al que Serge apoyaba sin condiciones, y las condiciones para crear una nueva internacional, proyecto que Serge estimaba como precipitado y estrecho. Vctor Serge prosigui incansablemente su actividad en defensa de sus camaradas de la URSS y de Espaa. "Fue verdaderamente -escribi Serge aos despus- la lucha de un puado de conciencias contra el aplastamiento completo de la verdad, en presencia de crmenes que decapitaban a la URSS y preparaban para pronto la derrota de la Repblica espaola". Al mismo tiempo, Serge sigui trabajando como escritor, traduciendo a Trotsky al francs, suya es la mejor versin que se conoce de La revolucin traicionada, obra que, por cierto fue traducida al castellano por Juan Andrade y estaba de publicarse en la Editorial Marxista cuando estallaron las jornadas de mayo de 1937 en Barcelona y todo lo dems. . Tambin hizo obra propia, ttulos como los ya mencionados, y otros como De Lenin a Stalin, Retrato de Stalin, as como Destino de una Revolucin, recuperada por Los Libros de la Frontera (Barcelona, mayo 2010) en una edicin muy cuidada, con prlogo de Wilebaldo Solano que falleci antes de ver la edicin en las libreras ...La ocupacin alemana le llev al Mxico de Lzaro Crdenas donde falleci en 1947 despus de una ltima fase en la que reconsider algunas de sus concepciones marxistas para adoptar otras de mayor vocacin humanista. Es evidente que la experiencia estaliniana le marc profundamente, sin embargo, en sus novelas no se aport ni un milmetro de las ideas ni de la gente con las que haba combatido. Nunca habra aceptado esa frvola amalgama entre verdugos y vctimas que plumas como la de Susana Sontang (y no digamos otras todava menos rigurosas), pueden llegar a decir o a casi decir. Antes escribi junto con Natalia Sedova, un libro fundamental: La vida y la muerte de Len Trotsky...Un pequeo dato que desdice algunas de las opiniones aventuradas que Susan Sontag destila en su brillante pero a veces extraamente mal informado prlogo de esta edicin de El caso Tulyev en traduccin de David Huerta, y que recomiendo con el mismo entusiasmo con que lo le hace aora cerca de cuarenta aos, y por lo que he podido comprobar, se trata de un entusiasmo ampliamente compartido. Tanto es as que la editorial Capitn Swing la ha vuelta a publicar... Literatura y revolucin, el libro que ahora edita La Cosecha Anticapitalista, apareci originariamente en 1932 en los Cahiers Blue de la editorial de George Valoios. Algunos de sus captulos fueron traducidos por Juan Andrade para la revista Comunismo, rgano terico de la Izquierda Comunista espaola liderada por Nin y Andrade. Hubo una nueva edicin francesa en 1976 en chez Franois Maspero. En mayo de 1978 la public Editorial Fontamara de Barcelona, y cxsi al mismo tiempo apareci de la Biblioteca Jcar. En traduccin de Eduardo Mndez Riestra, que comprenda adems un apndice Literatura proletaria?, y un anexo con comentarios del traductor en los que reafirma la autonoma de la escritura en relacin a cualquier
otro factor, incluyendo la revolucin proletaria. Dado que existe otra materiales de Victor Serge sobre estas cuestiones, hemos proferido realizar una edicin juntando el citado apndice y estos materiales. Hay que entender Literatura y revolucin, como una suerte de prolongacin de la famosa homnima de Len Trotsky, su principal camarada de aquellos aos. Aborda casi los mismos problemas y debate con las mismas escuelas, e igualmente, refleja un punto de vista que tanto Trotsky como el propio Serge, modificaran en los aos treinta como consecuencia de sus propias reflexiones y del curso que haba tomado la URSS bajo el mandato totalitario de Stalin. Obviamente, tanto los temas como muchos de los autores con los que polemiza, quedan actualmente muy lejanos cuando no son pastos del ms absoluto olvido. Incluso algunos de los ms renombrados del momento como Julien Benda, han quedado apartados de la historia. Pero esto no desmerece el inters de esta obra que aborda, entre otras muchas cosas, el papel de los escritores e intelectuales en el sistema capitalista, los problemas de los trabajadores para acceder a la cultura, etc. Inmerso en un activismo extraordinario, Serge demuestra que no se ha olvidado de estar al tanto de la marcha de las letras en la URSS y en Francia, ni ha dejado de preocuparse por los problemas tericos y ticos que plantea este debate. En su preparacin, hemos tratado de corregir las erratas originales y las propias del escaneado, tambin hemos ordenado las notas a pie de pgina de una manera que nos ha parecido ms clara y asequible.
Ttulo original; Litterature et rvolution Editions Maspero Diseo portada: Estudi Dat Traduccin: Guiomar Eguiltor, captulos: 1, 3, 4, 6, 8, 12, 13, 15, 16, 17, 18, 19, 20, 21, 22. Revista Comunismo, captulos: 2, 5, 7, 9, 10, 11 y 14.
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Advertencia del autor El objeto de este ensayo no est circunscrito ms que a primera vista. La literatura no es ms que uno de los elementos de Habra que plantear, pues, la totalidad del problema de la cultura y de la revolucin, estudiar el papel de los intelectuales en la lucha de clases, detenerse largamente en el movimiento obrero. Sin embargo, por difcil e incluso peligroso que sea, debemos asignarnos tareas ms limitadas. No he dudado, sin embargo, en desbordar el tema para mejor abarcarlo. He querido discutir algunas obras recientes con objeto de integrar ms fcilmente este trabajo a un conjunto de investigaciones y de obras que van precisando, poco a poco, los contornos de la nueva literatura. Lamentablemente, me ha resultado imposible hacerme con varias obras que hubiera deseado utilizar: incluso cuando me los envan los autores o buenos amigos, no siempre me llegan los libros. De ah la insuficiencia, a veces demasiado evidente, de mi documentacin. Leningrado, febrero de 1932.
1. Condicin del escritor Estara por hacerse un curioso estudio sobre la condicin del literato en las distintas pocas de la historia. No nos remontemos demasiado lejos; en el Siglo de Luis XIV la misin principal de los hombres de letras es procurar a las cortes diversiones ms elevadas de las que pueden ofrecer los bufones. En vsperas de la Revolucin Francesa, segn una antigua tradicin, una corte deba tener hbiles retricos, agradables por su brillante conversacin, capaces de ilustrar al prncipe que los mantena; es decir, formaban parte del lujo que debe rodear a los personajes ricos. Georges Sorel, de quien tomo estas lneas, insiste en algunas edificantes pginas sobre el humillante papel de los enciclopedistas, de Diderot, de Voltaire, en las cortes del siglo XVIII. Sin duda, ellos pasaron a la historia por otras razones. El enemigo de la iglesia, el autor de Cndido, el defensor del caballero de La Barre sobrevivi, en Voltaire, al adulador de Catalina II. Pero Voltaire fue lo uno y lo otro. Tena que vivir. Los escritores de la burguesa conquistadora mucho ms poderosa en aquel momento de lo que el proletariado lo es hoy en las cinco sextas partes del mundo- no escapaban, a pesar de la misin revolucionaria que, no obstante, cumplieron perfectamente, al papel asignado siempre a los artistas de bufones de los poderosos. Mientras divertan a una aristocracia condenada (que no lo sospechaba en absoluto), pensaban para el tercer estado en marcha, despertaban su conciencia, le proporcionaban armas intelectuales y lo dotaban de una ideologa. De ah su grandeza (1). Ha cambiado en siglo y medio la condicin del escritor? El escritor de hoy depende del pblico con el que se comunica por mediacin de la librera. La entidad pblico, si se mira de cerca, se materializa bajo dos distintas formas: el pblico que lee y el pblico que compra. El escritor depende directamente del pblico que compra. Desde hace un cierto nmero de aos existe la costumbre de publicar las obras ms apreciadas por este pblico en ediciones lujosas, de excelentes beneficios para el autor y el editor, pero tan poco destinadas a la lectura, que a menudo tienen el formato ms incmodo. El biblifilo, personaje providencial para el literato de moda, no es forzosamente un gran lector; es coleccionista de obras maestras sin estrenar... Qu pblico compra el libro nuevo? Su precio ordinario, en Francia, equivale aproximadamente, para el obrero especializado, a media jornada salarial. El libro nuevo es an ms caro en Alemania, Inglaterra y Estados Unidos. Este simple hecho nos demuestra que se dirige a las clases medias y a la burguesa. Todo un vasto pblico lector, sin cuyo asenso no existe escritor popular, pero que no puede comparar el libro nuevo, se agrupa en torno a las bibliotecas y salas de lectura.
Son las preferencias del pblico comprador las que forman lo que hoy puede llamarse, segn el trmino en yoga, el clima literario. El escritor desdeado por este pblico no llegar, o slo llegar con gran dificultad, al pblico lector de las clases pobres, que, por lo dems, no ejerce ninguna influencia sobre la prensa y las revistas (2). La literatura tiende a clasificaciones que hacen depender en gran medida la reputacin literaria condicin de existencia del escritor del juicio de crculos restringidos pero ricos o al menos acomodados. Claudel y Valry, Duhamel y Giraudoux, Margueritte y Barbusse, con sus diferentes difusiones, dependen de pblicos entre los que no existen fronteras acentuadas, pero socialmente no menos diferentes; y la misma independencia que se explica por su profundo acuerdo con ciertas clases sociales. Incluso el escritor bien acogido por el pblico comprador, es decir, por ciertos medios de las clases doras, no puede a menudo vivir de su pluma. El xito de un Remarque cada diez aos puede ser una excepcin a esta regla, confirmada todava con ms evidencia por los xitos menores que hay que designar en librera. En este caso, la literatura se convierte segn un cruel trmino en la cosa literaria. El editor que no retrocede ante los gastos de una publicacin americana lanza un libro como Babbitt lanza una nueva pasta dentrfica. Un buen agente publicitario debe poder hacer sin dificultad el siguiente clculo: tanto para la propaganda, tales trucos, tales concursos, tal tiraje, tal xito. Nos encontramos en el mundo de los negocios; y vemos al escritor cotizado como una pura sangre o un boxeador. Forma de vivir de su trabajo que implica la negacin de su misin. A menudo el escritor debe recurrir a la segunda profesin. Mientras ms cercana es sta a la literatura, ms inmediata se vuelve la dependencia de quien la ejerce respecto a los fabricantes de papel impreso. El periodismo da al novelista un patrn; este patrn es siempre un capitalista al servicio de una fraccin de las clases poseedoras. El escritor debe tener a partir de entonces un color, o al menos, un matiz poltico acomodado al del patrn: si no, que se busque otra forma de ganarse el pan. La accin del medio hace el resto; se tiene la conviccin de sus intereses. Todo esto es archiconocido. Por ejemplo, un editor recibe juntos dos manuscritos de un mismo valor literario (hipotticamente: su verdadero valor, para nosotros, no sera el mismo). En uno: el Seor, la Seora y el Amante, palacios, bares, el amor convertido en lujo, el espritu (custico, evidentemente, pero bienpensante) del parisino inteligente que ha cenado bien; en el otro, la fatiga de vivir, el trabajo, el amor destruido, las casas grises de Charonne, la vida bulliciosa de una multitud, la inspiracin subversiva (parisina tambin) de un Valls, para quien todos los chalecos son demasiado grandes... Cul de los dos libros Ser aceptado o ser aceptado el primero? Cul, una vez editado, se vender mejor? Cul ser alabado por la crtica, recensionado en las revistas, coronado por los jurados? el menos humano de los dos. El que adula el gusto del pblico acomodado. El que est hecho, segn la antigua costumbre, para divertir a los ricos. Cul de los dos escritores podr vivir? El bufn de los ricos. Y aqu est el problema. El callejn sin salida. 2. Y hay treinta millones de proletarios! Una estadstica que producira vrtigo, sin dar por ello una elevada idea del espritu del tiempo, sera la de las novelas francesas publicadas desde hace veinte aos y que tratan del amor entre las gentes de mundo. Dar el nmero de las marquesas, de los pequeos burgueses, de los vizcondes y de los gigols. Reducir a cifras las complicaciones sentimentales de preguerra y las perversiones de posguerra. Evaluar la cantidad de agua de bidet que acarrea esta literatura: cubicacin y fuerza de su corriente... No habra cifras capaces de competir con ella. Francia tiene hoy catorce millones de proletarios; treinta millones con sus familias. Catorce millones de hombres que .ganan, segn la ley bblica la nica ley divina aplicada al pie de la letra desde la
creacin del mundo su pan con el sudor de su frente (3). El solo enunciado de estas cifras da a entender la palabra masas, una palabra aplastante. Se preguntar inmediatamente: cuntos libros han sido escritos para estos millones d seres, para contar su existencia, pata analizar su vida interior pues, a pesar de tod6, habr que conceder que la tienen, para hacer que se conozcan a s mismos, instruirles, distraerles (4), s, distraerles de otra manera que con el relato de las dormidas de la mujer de mundo y del bello bailarn brasileo? Cuntas obras se han escrito sobre los mineros despus de Germinal (1885)? Francia tiene 500.000 mineros, que por algo son en tan gran nmero. Los novelistas han ido en busca de exotismo y aventuras a Papeete, a Chad, a Siam, al ro Amur, entre los papes, los caribes y los tupinambos, a la misma luna. En cambio, no han sido capaces de descubrir a los pobres de Amiens: textil, trabajo a domicilio, etc., los pescadores de Bretaa hermosa decoracin para la obra literaria!, los obreros del muelle Es que no hay en los puertos nada ms que bares? Sin gran trabajo se podran encontrar, entre los millones de almas que de tal manera se ignoran, novelas de amor, novelas de aventura, y tambin otras novelas que abrazaran algo ms que el amor y la aventura se encontrarla con qu alimentar todos los gneros, disipar todos los spleens, renovar todos los viejos clichs amanerados, despertar el sentimiento trgico de la vida, descubrir nuevas razones de vivir. No se ha encontrado nada. Razones? Sin duda, son de gran peso. Con estos trabajos, el editor empezara por arruinarse. El pblico comprador no paga, qu diablos!, para que se le sirvan cosas tan desagradables cuando se vive una existencia placentera. Es que la lectura no tiene por objeto hacer olvidar? Treinta millones de trabajadores ocupan menos espacio en la literatura francesa que el faubourg SaintGermain. Los treinta mil muertos de la Commune, cuyo recuerdo vivo ha desempeado tan formidable funcin en la revolucin rusa, no han inspirado a los escritores franceses ms que contadas obras, casi por completo inencontrables en el da de hoy (5). La literatura conoce mejor a los pederastas que a los productores Son menester buenas rentas y un automvil para obtener derecho de ciudadana en la novela tradicional; no hace excepcin a esta regla ms que el personal femenino consagrado al placer de las gentes de automvil. 3. Cambio de tono La literatura de antes de la guerra tena un tono ms avanzado que la de hoy da. El radicalismo dominaba tanto en los espritus Como en los ministerios: por las mismas razones. Desde 1871, Europa disfrutaba la paz capitalista; en 43 aos no hubo profundas convulsiones sociales ms que en Espaa (una revolucin democrtica vencida en 1874) y en Rusia (una revolucin democrtica vencida en 1905). Las crisis del boulangismo y el caso Dreyfus, lejos de quebrantarla, afirmaron a la Tercera Repblica mediante la Victoria de la burgues y de la pequea burguesa republicana Sobre la reaccin agraria y aristocrtica. Tras la sangra infligida en mayo de 1871 al proletariado parisino, segunda diezma de los barrios obreros en menos de 25 aos (6), la burguesa se senta segura. El apogeo del maquinismo, coincidente con la expansin Colonial y el desarrollo del comercio internacional, abra una era de prosperidad La burgues tena fe en su destino. El darwinismo eriga la competencia en ley natural; el positivismo, continuado por el cientifismo, ofreca una doctrina tranquilizadora del progreso. El mismo socialismo, convertido al parlamentarismo, al reformismo, al pacifismo, mutilando los textos de Marx para olvidar la dictadura del proletariado, desaprobando la violencia y sustituyendo la revolucin por la evolucin, desarmaba al socialismo; para ms exactitud, desarmaba al proletariado en el momento en que las fundiciones de acero de Essen y de Creusot fundan los caones de la Gran Guerra, lo que aqul por lo dems no ignoraba. La literatura de esta poca, dirigida en suma por los mejores representantes de la sociedad cultivada, poda tener aspiraciones generosas, darse
aire de crtica. Los tiranos inteligentes permiten a los poetas cantar, en su mesa, a la libertad. El vigor mismo del movimiento obrero pienso en el hermoso sindicalismo combativo de Griffuelhes, Pouget, Pataud, Yvetot, lejos de amenazar al rgimen de aquel entonces, estimulaba ms bien su vitalidad, lo que Sorel observ perfectamente. Zola y Anatole France siguen siendo los escritores ms representativos de esta poca. El tono general de la literatura de hoy es muy distinto. Paul Morand Rien que la terre! recorre las costas de Italia, y la imagen del fascismo le devuelve la esperanza, pues est lleno de dudas sobre Francia, Europa, el planeta y l mismo: Han bastado cuatro aos para que renazca (la Italia de Mussolini), nueva, moderna, bien grupada prefiriendo los actos a las palabras. (...) Oigo a Paul Valry decirme: los griegos y romanos demostraron cmo actuar con los monstruos de Asia. Est bastante claro? Paul Morand no est solo. Muchos escritores se dan cuenta de la necesidad de una movilizacin de las conciencias en defensa del capitalismo Drieu La Rochelle suea con una derecha joven. Montherlant escribe afectuosamente a Romain Rolland, a quien admira: No se necesita mucha imaginacin para concebir unas circunstancias en las que yo cumplir con mi papel hacindoos fusilar (...) Muchas razones justificaran que lo hiciera. (Europe, 15 de febrero de 1926). Reaccin y pesimismo (7) en unos; desesperanza, encuestas sobre el suicidio y, a travs de este camino nada proletario adhesin final final? a la revolucin en otros: el equipo surrealista. 4. El callejn sin salida La literatura se encuentra en el mismo atolladero que las ciencias sociales, cuyo desarrollo se ha vuelto contrario a los intereses de las clases dirigentes. Marx haca la siguiente demostracin respecto a la economa poltica, desde 1872, en el segundo prefacio del Capital: En la medida en que es burguesa, es decir, en tanto que ve en la organizacin capitalista la forma ltima y absoluta de la produccin, y no una fase pasajera de la evolucin histrica, la economa poltica no puede seguir siendo una ciencia ms que si la lucha de clases permanece latente o no se manifiesta ms que en fenmenos aislados. En cuanto se encona la lucha de clases, la investigacin desinteresada deja lugar a la polmica pagada y el trabajo imparcial cede paso a la mala conciencia y a la apologtica Una literatura que planteara los grandes problemas de la vida moderna, se interesara por el destino del mundo, conociera el trabajo y a los trabajadores, es decir, en otros trminos, que descubriera las nueve dcimas partes, hasta el presente ignoradas, de la sociedad que no se contentara con describir el mundo, Sirio que pensara alguna vez en transformarlo, en Suma, que fuera activa y no pasiva, recurriese a todas las facultades del hombre, respondiera a todas sus necesidades espirituales en lugar de Iimitarse a distraer a los ricos una literatura de esta clase sera, independiente incluso de las intenciones de sus creadores poderosamente revolucionaria. Su desarrollo sera desde entonces contrario a los intereses de las clases poseedoras Por ello esta literatura nace a duras penas y con un gran retraso respecto a los acontecimientos; los elementos dispersos que Podran constituirla vegetan a menudo en viejos invernaderos mantenidos a la temperatura necesaria para hacer crecer los brotes ms enrgicos de las plantas enanas susceptibles de servir para la decoracin de interiores... Pero, desde el 2 de agost0 de 1914, no han dejado de llover piedras de cie0 calibre a travs de los vidrios del viejo invernadero El francs medio ya no ignota que el curso de las acciones de Wall Street, la realizacin del Plan quinquenal en la URSS, la cada de la libra inglesa la agitacin racista en Alemania y muchos otros factores alejados en apariencia de su dormitorio ejercen una influencia sensible a menudo muy sensible Sobre su vida personal Va a dejarse servir indefinidamente la sempiterna novela de la pareja (8) o del seor bien que se aburre, o de la mujer bonita que no
sabe lo que quiere, o del analista sutil que se pregunta porqu no sabe lo que quiere? Algunos indicios revelan en l otras aspiraciones. Desde la guerra, los escritores han iniciado una perseverante investigacin sobre el mundo. La moda del cosmopolitismo de los viajes, de las traducciones corresponde a grandes cambios en la psicologa del pblico, al que los acontecimientos catastrficos han revelado bruscamente la interdependencia de todos los hombres, el carcter universal de la civilizacin La moda de las vidas noveladas, prescindiendo de todo lo malo que puede decirse de un gnero hbrido en el que la invencin literaria, obstaculizada por la investigacin de la verdad histrica, la obstaculiza a su vez, no es menos significativa Testimonia un deseo, todava perezoso, de reencontrar la vida, las luchas y los problemas, a travs del hombre de accin. Se trata en ambos casos de sustituir una realidad casi documental por ficciones desusadas. Se necesita que la impotencia del arte se haya vuelto muy grande para que el lector llegue a pedir al escritor que le novele el Baedeker o la vida del seor Thiers. Pero este lector tiene razn. 5. Es tiempo ya de prepararse para la revolucin Hace ya quince aos que la revolucin viene trastocando el mundo. Tres imperios se hundieron en 1917-1918. Rusia, Alemania, Austria De 1918 a 1923 son vencidas cuatro revoluciones: Finlandia, Hungra, Alemania, Bulgaria; una contrarrevolucin preventiva triunfa en Italia a falta de una revolucin; una revolucin socialista aborta en Austria; una dictadura militar termina miserablemente en Espaa. Hace ms de catorce aos que la dictadura del proletariado se mantiene en la URSS. Revolucin china, fermentacin revolucionaria en las Indias, inestabilidad poltica en Amrica Latina. En fin, crisis general en los pases capitalistas ms resistentes Francia constituye, verdad es, una especie de oasis, en medio del universo enfermo; pero esto no es ni tranquilo ni durable. Los vientos fros de la crisis llegan hasta el oasis. En la misma burguesa se abre paso el sentimiento de que el rgimen tiene necesidad de una transformacin La Europa balcanizada, bancarrotista, pasto del paro forzoso, gobernada por financieros, politicastros, policas y aventureros multiplica en la inseguridad las alianzas militares, los pactos de seguridad, las negociaciones de desarme; y emplea lo ms saneado de su fortuna en fabricar gases, aviones, submarinos supertanques y fusiles ametralladores extrarrpidos. Es ya tiempo de considerar adnde conduce todo esto. La peor traicin de los clrigos no es quiz la que ha denunciado (Julien Benda). En veinte aos, los intelectuales han dado pruebas, en tres circunstancias decisivas, de una ceguera desesperante: ante la guerra mundial en 1914-1918, cuando no se vio entre ellos ms que muy contados hombres, en torno de Romain Rolland, para levantar contra el imperialismo la protesta de la inteligencia europea; en 1917-1920, por su incomprensin de la revolucin proletaria; en nuestros das, por su actitud ante la crisis, por su desconocimiento de la revolucin, por su incapacidad aun cuando se pongan de acuerdo, de penetrar el sentido de las contradicciones. Estos desfallecimientos tienen, sin duda, su origen en la situacin social de las clases medias, propicias siempre a oscilar entre la burguesa y el pro1e.j0 Tambin se explica por la debilidad actual del proletariado revolucionario. En tres grandes pases, por lo menos, el proletariado si estuviera a la altura de las circunstancias, debera prepararse hoy para la toma del poder: en Inglaterra, en Alemania, en Espaa. No existe nada de esto. La reaccin lleva la ventaja. La democracia patalea, recula y, por inconciencia, debilidad o inters llega con frecuencia a servir estpidamente a la reaccin. Obligada a elegir entre los riesgos de una revolucin obrera y la amenaza de una reaccin, la socialdemocracia alemana parece no vacilar nunca. Cuando su deber era fusilar a Ludendorff deja asesinar a (Karl) Liebknecht. Y contina realizando este juego peligroso. Maana quiz sabremos si es capaz de llegar hasta el fin, es decir, hasta el suicidio.
Los intelectuales burgueses y pequeo burgueses, a los que la comprensin terica del conjunto del movimiento histrico predispondr a unirse al proletariado revolucionario (9), participan de los errores de esta democracia indecisa, o, no encontrando apoyo en ninguna parte, buscan su camino en partidarios, en un aislamiento tanto ms penoso y desmoralizador cuanto que les es necesario, para vivir, acomodarse al rgimen. Los tcnicos forman los cuadros de la produccin capitalista; a excepcin de un personal pobre y subalterno, que los revolucionarios no podran desdear, las profesiones liberales estn atadas por una infinidad de lazos a la burguesa; la universidad desempea al servicio de sta una misin rigurosamente definida: mantiene, bajo sus formas especficas, la tradicin de la cultura burguesa. La especializacin restringe el horizonte de cada profesin. El ingeniero, el abogado, el entomlogo, el matemtico, juzgan insulso vivir fuera de su especialidad, sobre las ideas vulgares, es decir, sobre una pacotilla de ideas tan borrosas como viejas monedas con muchos aos de circulacin. Son necesarios grandes acontecimientos, como lo ha demostrado la revolucin rusa, para sacarlos de donde estn. Los escritores constituyen a este respecto una categora privilegiada de intelectuales, susceptibles, en mayor medida que los dems, de suministrar al proletariado aliados o servidores. No pertenecen a los estados mayores de la industria, estn libres de la estrechez de la especializacin, escapan, en mayor medida, al espritu de casta del foro y del mandarinato universitario; silo desean, pueden tener un contacto ms directo con las multitudes a cuyas preocupaciones responden sus mensajes. Las masas les piden opiniones ideas, ejemplos, hasta consejos; las masas esperan de ellos que expresen lo que ellas no aciertan a expresar por s mismas. El gran escritor de una poca o de un momento habla por millones de hombres sin voz. No olvido, desde luego, ni el snobismo y las modas literarias, ni la infatuacin bufonesca propia de muchas gentes de letras; pero hemos llegado a un punto en que el escritor debe elegir su destino; ni que decir tiene que slo nos interesan aquellos que quieren servir a algo superior a ellos mismos. La funcin ideolgica del escritor Los grandes escritores de una poca son siempre predicadores, algunas veces apstoles. Lo testimonia Balzac, del que algunas novelas son tesis de una ingenuidad burguesa tal que nos parecen extraamente satricas: vase Csar Birotteau o Le Martyr de la boutique, o tambin Thse sur la probit du petit commerant. Balzac construa su obra con una apasionada conviccin, en la poca en que la burguesa transformaba el mundo a su imagen. Las principales virtudes de la clase conquistadora no tenan entonces nada de ridculo. Debo citar otros contemporneos? Whitman, Zola, Tolsti, Rolland. Hay algo de apstol en estos cuatro, y quiz sea ello lo que les preste su grandeza. Hay algo de moralista y de predicador en Anatole France, Barrs, Gide, Barbusse, en suma, en todo escritor influyente. El escritor cumple una funcin ideolgica. Podra decirse que hay dos clases de escritores: los bufones de los ricos y los portavoces de las masas (10). En la realidad, siempre contradictoria, los dos hombres a menudo no son ms que uno, pero entonces uno de los dos domina. Nada sera ms falso que deducir de ello que el espritu poltico penetra o debe penetrar toda obra, lo que nos llevara casi directamente a la canonizacin de la pieza de tesis. Las obras de tesis, en el sentido usual de la palabra, son a menudo, por definicin, obras de calidad inferior y, a partir de ello, inferiores a su misin. La confusin entre agitacin, propaganda y literatura es igualmente funesta para estas tres formas de actividad intelectual y accin social (aunque puedan combinare poderosamente de formas variadas en casos concretos). El valor especial de la novela estriba en que propone al hombre otras cosas que consignas polticas o reivindicaciones: formas de sentir, de vivir en su fuero interno, de
comprender al otro, de comprenderse a s mismo, de amar, de apasionarse; no hace falta decir, repetimos, que estas formas de vivir que, elevadas a la conciencia, revisten la forma de una ideologa, corresponden necesariamente al credo escrito o no de ciertas clases sociales; pero de una forma indirecta y lejana, dbil en apariencia, invisible a cualquiera que no sea el analista. Los rusos dicen de forma un poco simplista pero aguda: El escritor es un organizador de lo psquico. Mal organizador el que os anuncia Veamos, os enseo a pensar y sentir!. Para empezar, es un poco pretencioso; y adems, incluso si no planteis la cuestin del amor propio, hace falta que estis completamente desprovistos de espritu crtico para que esta pequea declaracin no os ponga en guardia. Inferioridad de la literatura de tesis. Otro aspecto de esta inferioridad concierne al escritor mismo. Est atado por su tesis, sabe dnde tiene que llevaros, por tanto, donde l tiene que ir. No es ya dueo para dejar libres sus facultades creadoras y seguirlas con los ojos cerrados. Cerrados a las contingencias polticas diarias, por ejemplo, pero abiertos, abiertos maravillosamente sobre el vasto universo, como los ojos de Rimbaud! El mecanismo de la creacin artstica est lejos de sernos perfectamente conocido. Ciertamente para muchos artistas el esfuerzo tendente a subordinar completamente la actividad creadora, en la que entran en juego numerosos factores inconscientes y subconscientes, tiene una diseccin rigurosamente consciente este esfuerzo desembocara en un triste empobrecimiento de la obra y de la personalidad. Ganara el libro en claridad de ideas lo que perdera en espontaneidad, en complejidad humana, en sinceridad profunda, en ricas contradicciones? En algunos cas, quiz. Pero el encanto y eficacia de la obra literaria procede precisamente del ntimo contacto entre el autor y el lector, de un contacto a niveles en que el lenguaje puramente intelectual de las ideas ya no basta, una especie de comunin que no se alcanza ms que por la obra de arte y, debilitando los medios de esta comunin, se debilita todo; yo no veo lo que se gana, aunque entiendo bien al poltico que prefiere, entre todas las dems, las novelas construidas sobre los artculos de su programa. Este poltico es un ser muy miope, caracterizado por su incapacidad para subordinar sus intereses a otros ms amplios y duraderos; me gustara oponerle con gusto al poltico proletario, para el que una obra fuerte y viva, penetrada de un espritu revolucionario aunque difuso, una obra incluso tachonada de todo aquello que los pequeos doctrinarios denuncian tan speramente bajo el nombre de desviaciones ideolgicas, vale ms, nos es ms til que cualquier otra, conforme a todas las exigencias de la propaganda, pero desprovista de aquel elemento inexpresable e indefinible que os agarra y os conmueve hasta las entraas, enciende en vosotros la llamita bienhechora de un sentimiento profundo (11). Un ejemplo: la novela de Hlne Grace Carlisle, Mothers Cry, de la que Madeleine Paz ha realizado la versin francesa: Chair de ma chair. Conozco pocas obras recientes coladas de un metal tan puro; sta me hizo pensar en los trgicos bronces de Constantin Meunier; cuando se ha seguido paso a paso, expresado en su lenguaje tanto ms atrayente cuanto que posee todas las torpezas, todas las indigencias del verdadero lenguaje de una pobre mujer de Nueva York, cuando se ha seguido hasta el final el desarrollo de este destino, se tiene a las espaldas algo del peso inhumano de los rascacielos... He enseado este libro a un joven doctrinario que se las da ay! de poltico, y me ha respondido en sustancia. Dse cuenta que este libro es de un espritu pequeoburgus; no se condena en l al capitalismo americano; al final, reina un tono de resignacin mezclado de esperanza, que atestigua que el autor no se ha despojado de todas sus ilusiones sobre la democracia americana; al igual que sus personajes, no ha encontrado el camino del partido..., etc. Hace falta ser muy limitado para no ver que precisamente al abstenerse de formular una condena explcita del capitalismo americano, demostrando incluso que este rgimen logra tan perfectamente formar un alma de explotada que sta no puede ni siquiera concebir nada fuera de l, el escritor revela quizs a pesar de sus ilusiones democrticas
muy reales, con una fuerza inigualable, la obra de la civilizacin americana sobre los explotados. 7. Pensar en el hombre Qu es, pues, necesario para que el escritor hable a las masas, contribuya a la formacin de las conciencias, sea un ciudadano de nuestros tiempos? Salir de la murmuracin: considerar la realidad de una civilizacin admirable por sus posibilidades irritante, repulsiva y catastrfica por sus efectos. Ver al hombre presa de las luchas sociales, de las guerras, de las falsas prosperidades, de las crisis, de las hambres, de los terrores, de las dictaduras, de los armamentos; al hombre- hormiga caminando bajo tierra, al hombre forzado trabajando a la cadena, al hombre enmascarado preparando los gases infernales de la prxima guerra, ms burlado que los salvajes por sus hechiceros, abriendo por la maana su diario de gran informacin; al hombre contento a veces de Comer hambriento y de hacer el amor sobre este gran barco sin piloto que tantas veces parece a Punto de naufragar... Pensar en el hombre! Interrogarse sobre las causas, tomar partido, descender al campo de batalla. Descender? Pero es esto descender? Descender de dnde? De qu pedestal de cartn pintado? Ms bien elevar- se desde una mezquina labor a la altura de la lucha. Esto no es convertirse necesariamente en un revolucionario; pero toda meditacin desinteresa da sobre el destino del hombre de nuestro tiempo aproxima ms o menos el campo de la revolucin a menos que se proceda de un partido reaccionario, en cuyo caso se obedece al imperativo social de las clases conservadoras Poco nos importa dnde se detendr el escritor en su bsqueda de una solucin al problema humano; si su esfuerzo es honrado, har, slo con plantearse el problema, una labor inmensamente til. Los revolucionarios le reprocharn con frecuencia el no ver con bastante claridad, el ser juguete de las ilusiones cultivadas por las clases dirigentes, el ser en una medida ms o menos fastidiosa el cautivo y el conductor de su ideologa; y esto ser verdad; algunos le censurar colricamente el sembrar la confusin en las ideas de la clase obrera; y esto ser verdad tambin; pero esto tendr efectos mucho menos graves de lo que se cree, si los revolucionarios estn firmes en sus puestos. Es menos de temer la confusin en las ideas que la esterilidad y el vaco. El pensamiento del proletariado es suficientemente vigoroso para no temer los conflictos de las ideas, la variedad de los errores; de las investigaciones de las ilusiones y de los ensayos; pero s tiene necesidad de apoderarse de los seres, de penetrar en los cerebros, y para que el escritor pequeo burgus (segn el trmino clsico, que ha llegado a ser eterno) contribuya a ello, basta, por ejemplo, que se inspire en un verdadero sentimiento de justicia, sobre el cual no se podra edificar en poltica ms que el socialismo idealista ms nebuloso. Las organizacin del proletariado no le pedirn luz en la lucha de ciases; los militantes criticarn las oscuridades y las flaquezas de su pensamiento, pero sin desconocer por esto en l un aliado estimable. De todo lo que se escribe, yo no amo ms que aquello que se escribe con la propia sangre, dice Nietzsche. Lo que hay de romntico en esta reclamacin de una sinceridad apasionada no me parece desplazado en una poca en que se hace y se har sentir un romanticismo revolucionario. La sinceridad de las obras es una de las condiciones esenciales de su fuerza. La literatura proletaria no nacer ni de los esfuerzos, por muy perseverantes que sean, de las organizaciones burocrticas, ni de los congresos; las ms bellas mociones, concebidas en el espritu de la ms sana doctrina por los funcionarios ms celosos de las comisiones de propaganda, no harn nacer un buen libro (12), si no interviene la sinceridad apasionada. La literatura proletaria ser la obra espontnea de los escritores Conquistados al proletariado revolucionario. El divorcio corriente entre la vida efectiva, formada por la cultura, es decir, por el pasado, y la conviccin, se reducir suficientemente entre ellos
para ir alcanzando esa plenitud de la expresin que resulta de la armona profunda entre las aspiraciones subconscientes, el sentimiento, todo lo que constituye la pasin y la conciencia. Slo as puede ser definida la obra proletaria por su calidad. Los escritores acostumbrados a considerar el mundo a travs del pensamiento proletario incapaces en adelante cualquiera que sea su origen individual de separar sus intereses de los del proletariado penetrados de las tradiciones revolucionarias ya muy ricas, de nuestro tiempo, no podrn, cualquiera que sea la materia que traten, sus estados de espritu y hasta sus variaciones ideolgicas producir ms que obras proletarias Y las obras sern proletarias slo en la medida en que los escritores sean revolucionarios proletarios 8 El cautiverio interior Lo ms grave es el cautiverio interior del escritor. Emmanuel Berl anuncia la muerte del pensamiento burgus. Esto es un Poco precipitado: no hay muerto que mate tan bien. En dicho panfleto pueden tolerarse exageraciones expresivas y Berl tiene razn al denunciar la profunda debilidad de una literatura en el atolladero, muy inferior en su conjunto al pensamiento burgus en sus manifestaciones ms esenciales (13). Sin despreciar el panfleto, no querernos enterrar verbalmente al adversario antes de haberlo derribado, sobre todo si es un adversario que nos hostiga, corrompe a los nuestros, nos impone con su lenguaje hasta sus formas de sentir y pensar, y adems da pruebas de una gran energa. Nosotros vemos el mundo a travs de las categoras de un pensamiento formado por la Cultura capitalista El contacto no es directo entre el hombre y la realidad, entre el hombre y s mismo, ya que las categoras modeladas por la sociedad se interponen entre ellos. El hombre se ha perdido a s mismo (Marx). Las ciencias que tratan sobre las materias mS alejadas del hombre, la astronoma, la fsica, las matemticas, son las ms objetivas. En cuanto se acerca uno al hombre, la deformacin, inaprensible al principio, enorme al final, se acusa. sta se encuentra en el lenguaje; y al igual que existe toda una mitologa primitiva en las palabras y que, al decir el viento sopla, la ola se lanza, continuamos sirvindonos de expresiones que traducen el animismo de nuestros antepasados igualmente somos vctimas de la mitologa capitalista cuando formulamos las ideas ms simples. He aqu las primeras lneas del Manifiesto del surrealismo (Andr Breton). Primera: Tanto va la creencia a la vida... No profundicemos en el sentido de la palabra creencia en lo que para nosotros tiene de pasado cristiano, ni nos detengamos en la idea malsana de una creencia en la vida. Tercera lnea: El hombre, ese soador definitivo... Qu mitologa ms rica que la de la palabra soador pegada aqu a definitiva segn una concepcin esttica y abstracta del hombre, al gusto del positivismo clsico del siglo XIX, o de una concepcin intelectual de entidades tipo? El escritor surrealista no dispone ms que de un surtido de ideas y palabras formadas por un pensamiento situado en las antpodas del suyo. Sus mismos esfuerzos por escapar al pensamiento burgus de hoy, del cual procede y por el que se encuentra formado, tienen algo de heroico y ridculo al mismo tiempo (14). Tomad al azar en cualquier otro libro algunas frases; meditad un momento sobre sus trminos y descubriris en ellas, sin ni siquiera tener que recurrir a detenidos anlisis, nociones visiblemente marcadas por distintas huellas sucesivas, como sellos viejos obliterados por muchos lacres siendo el lacre ms fresco el de la sociedad burguesa. A travs de una seleccin implacable, de un modelado incesante, la sociedad, acudiendo a todas las fuentes de lo colectivo, individual, consciente e inconsciente, represin, sublimacin imitacin y dialctica utilitaria, ha formado todas nuestras ideas. Bergson resalta que la inteligencia trata primero de fabricar; se
dirige a la accin del hombre sobre lo slido (15). Esto es relacionar su mismo nacimiento con el trabajo. Habra que citar aqu por entero el hermoso captulo de Marx (16) sobre el fetichismo de la mercanca, con las ventanas que abre sobre algunas de las ideas fundamentales del hombre moderno, sobre todo sobre la idea de libertad. El pensamiento actual, formado por el capitalismo, tiene a menudo algo de profundamente antidialctico, sobre todo el pensamiento francs nutrido de cartesianismo y positivismo, y tan imbuido, en su expresin, de una claridad quizs incompatible con el dinamismo y las contradicciones de lo real. De ah sin duda, y en cierta medida, la impopularidad de Marx y sus seguidores en Francia. El intelectual no se liberar de este cautiverio interior ms que en la medida en que asimile la ideologa proletaria. En que se site junto a la nica clase cuyos fin y accin histricas se encuentran trazadas de forma tangible e irrevocable tanto en sus propias condiciones de existencia como en toda la organizacin de la sociedad burguesa, y que es la nica que puede y debe, al Iiberarse, liberar al hombre. Adhesin extremadamente difcil. Cmo sacudir el yugo espiritual del viejo humanismo burgus, cuando el socialismo ismo est infeudado a l? La lucha de algunos espritus valerosos contra las ideas fantasmas que .llevan en ellos mismos tiene algo de trgico. 9. Nuestra crisis La existencia de un movimiento obrero revolucionario potente facilitara mucho a los intelectuales esta adhesin impregnada de tendencias evasivas. Iran despojndose del hombre viejo y hacindose los servidores del proletariado. Servidores tanto mejores cuanto mejor se asimilaran a la clase revolucionaria; servidores tanto ms infieles, tanto ms peligrosos cuanto ms penetrados permanecieran de lo que hay de especficamente burgus en la cultura moderna. El sindicalismo revolucionario francs, aleccionado por la corrupcin parlamentaria de preguerra, indujo a la clase obrera a desconfiar de los intelectuales; el bolchevismo no observa a este respecto una actitud muy diferente. Pero todo depende del movimiento obrero; desarrollado, no habr por qu temer a las influencias extraas; sabr, por el contrario, utilizar a los aliados an vacilantes, a los compaeros de ruta, aunque sean momentneos; formar sus propios intelectuales, tendr su literatura. Convengamos que a este respecto la situacin es mala. Existe en la gran crisis del capitalismo una crisis de la revolucin. Lo que avanza en Alemania, en el momento que escribo, no esla revolucin proletaria, la ms valiosa que se puede concebir, sino la contrarrevolucin hitieriana. La clase obrera francesa est todava por debajo de la combatividad que posea en los buenos tiempos del sindicalismo revolucionario de preguerra. El magnfico sindicalismo revolucionario de Espaa, trabado en sus viejas frmulas anarquistas, no ha logrado impedir, en provecho del proletariado, la estabilizacin de una repblica burguesa; en ningn pas, en Occidente, el comunismo parece haber hallado abierto camino. El partido del proletariado, instrumento de revolucin por excelencia, tal como Lenin lo concibi y logr forjar en Rusia, no se ha podido forjar en los pases de Occidente, a excepcin de Alemania, y aqu tambin aparece claramente inferior a su cometido histrico. Los intelectuales pueden muy bien ejercer en estas circunstancias, sobre los obreros revolucionarios, una influencia perniciosa; la formacin de una intelligentsia revolucionaria est comprometida; la literatura revolucionaria, expuesta a girar en torno a la ideologa de las clases medias; el nacimiento de la literatura proletaria se ha hecho particularmente difcil. No hay que engaarse. Nada es ms extrao al realismo proletario que el miedo a ver las cosas de frente. Nosotros no tememos romper con todo optimismo de mando, pues procedemos con una confianza en el porvenir que hace, en las horas ms negras, disiparse todas las brumas del pesimismo. Son comunistas los que, en las prisiones de Mussolini encarnan magnficamente el herosmo del proletariado y su confianza en el porvenir.
Los Gramsci y los Terracinj saben que no son nada en estos momentos, que se les puede asesinar maana, que quiz no vuelvan a ver jams la gran luz del cielo; pero comprenden muy bien las leyes inexorables de la historia y saben cmo terminarn los vanos alardes; como nosotros sabamos, en los cijas en que la mitad de Europa esperaba la salud de la marcha de los cosacos sobre Berln, que el imperio ruso estaba condenado; como Lenin y algunos otros afirmaban en 1914, la transformacin de la guerra en revolucin; como tantos otros perseguidos, vencidos, desterrados... Nosotros vemos en el poder el capitalismo los grmenes de su descomposicin y de su muerte; en nuestra debilidad de hoy vemos germinar nuestro poder de maana. 10. Sobre una teora obrerista Los intelectuales pueden hacer al proletariado inmensos servicios; la parte que tomarn en la formacin de la literatura proletaria no ser menor. Yo siento aqu la necesidad de refutar una concepcin obrerista nacida en el sindicalismo revolucionario francs de una legtima desconfianza hacia los intelectuales pequeos burgueses y en el bolchevismo ruso, de la actitud de los intelectuales ante la revolucin proletaria, en 1917-1919. De los poetas, pensadores, artistas, el proletariado no puede esperar nada en calidad de ayuda directa... Los poetas, los pensadores, los artistas de la revolucin, no pueden nacer ms que del proletariado revolucionario victorioso. (Pierre NaviIle) (17). Lenin al cual cito porque tiene razn y no para invocar su autoridad- era de opinin contraria. l haca constar que: Por su situacin social, los fundadores del socialismo cientfico contemporneo, Marx y Engels, eran intelectuales burgueses. Lenin preconizaba la propaganda y la agitacin comunista en todas las clases de la poblacin, e insista en la necesidad de aprovechar la lite de las clases cultas que vienen hacia nosotros (18). No olvidemos los equipos de gran de militantes que los intelectuales han suministrado a la revolucin rusa. El origen obrero de un intelectual aminora, por otra parte, para l la cautividad interior? Parece ms bien que el autodidacta est, en muchos casos, ms inclinado que otros intelectuales a caer en los lazos de la cultura burguesa. 11. Es posible una cultura proletaria? Una mirada sobre la experiencia de la revolucin rusa nos va a permitir plantear los princjpa1 les problemas prcticos relativos a esta cuestin. Bajo el antiguo rgimen, los intelectuales rusos desempean, en general, una funcin revolucionaria. Su importancia es muy grande en los primeros combates contra la autocracia. Pero cuando el proletariado conquista el poder, se vuelven contra la nueva revolucin, en unin de la mayora de las clases medias, cuyo ideal no iba ms all de una democracia burguesa. Son las clases me-i dias quienes sufragan casi todos los gastos de la guerra civil contra los Soviets, defendiendo con encarnizamiento la causa de una burguesa incapaz de defenderse por s misma. Algunos poetas se adhieren los primeros al rgimen proletario. La adhesin es tanto ms dolorosa cuanto que la revolucin, que han puesto en peligro, no deja de maltratarles. Una intelligentsia sovitica de adheridos y de jvenes no comienza a formarse ms que despus de 1921, cuando la nueva poltica econmica, fundada sobre las concesiones a la pequea burguesa, restablece, con la paz, un cierto bienestar, y permite esperar a la larga el al miento de rgimen. Se ve formarse en dos aos (1921-1923) toda una joven literatura rica en talentos, copiosa en obras, confusamente revolucionaria, no socialista, desde luego. Es la generacin de Pilniak, de Fedin, de Vsevolod Ivanov, de Leonov, de Gladkov, que todava sigue dando el tono a la literatura sovitica rusa. Algunos comunistas han soado, en el entusiasmo del principio de la revolucin, edificar una cultura proletaria. Lenin insiste, por el contrario, sobre la necesidad de
asimilar la herencia intelectual de la burguesa y de asegurar el precioso concurso de los intelectuales formados por el capitalismo. Trotsky plantea la cuestin en toda su amplitud: Tendr el proletariado siquiera el tiempo de crear una cultura proletaria? A diferencia de los regmenes de esclavitud, feudal, burgus, el proletariado no concibe su dictadura ms que como una poca transitoria de corta duracin. Cuando queremos refutar opiniones demasiado optimistas sobre la transicin al socialismo, recordamos que la poca de revolucin social durar en el mundo no meses ni aos, sino dcadas dcadas de aos y no de siglos. Podr el proletariado en este lapso de tiempo crear su cultura? Las dudas a este respecto son tanto ms legtimas cuanto que los aos de revolucin social sern aos de lucha de clases encarnizada, durante la cual la destruccin figurar ms en el orden del da que la edificacin. En todo caso, el caudal mayor de energa del proletariado ser empleado en la conquista, la defensa, el reforzamiento, la utilizacin del poder... Una vez conquistada la paz, la victoria asegurada, cuanto ms favorables sean las condiciones a la obra de la cultura, tanto mas el proletariado se ir disolviendo en el seno de la comunidad socialista perdiendo Sus caracteres de clase cesando, en una palabra de ser proletariado En otros trminos en la poca de la dictadura no habr lugar para la creacin de un cultura nueva, que ser una obra de mayor envergadura histrica; y la edificacin cultural, de un amplitud sin precedentes, que comenzar tan pronto se desvanezca la necesidad de una dictadura de bronce, no tendr un carcter de clase... (19). Es precisamente la concepcin de Marx: El proletariado no puede libertarse si suprimir SUS propias condiciones de existencia; si el proletariado logra la Victoria esto no significa todava que se haya convertido por ello en e tipo absoluto de la Sociedad, ya que la victoria no ser completa ms que con la supresin de s mismo como tal proletariado suprimiendo a su contrario (20). El proletariado victorioso edifica un Sociedad sin clases, la primera sociedad simplemente humana de la historia. El arte de la poca de las revoluciones tiene necesidad de una conciencia nueva Este arte reflejar inevitablemente todas las contradicciones de la sociedad en el perodo de transicin, y no debe ser confundido por esta razn con el arte socialista, cuya base no existe todava (21). Admitiendo estas reservas, los trminos de literatura (o cultura) proletaria corresponden a una necesidad de la poca de transicin y corresponden tambin, en una medida apreciable, a valores nuevos. Varias generaciones de trabajadores o Conocern en realidad, otros tiempos Su principal misin ser combatir por doquier Tendrn mucho que destruir y mucho que sufrir: es necesario rehacer el mundo. Pero, al igual que los ejrcitos antiguos, tendrn sus bardos, sus narradores, sus msicos, sus filsofos. Esto es tanto ms cierto cuanto que el proletariado, para vencer, debe ser conducido por verdaderos jefes, pensadores y estrategas, que, al ejemplo de Marx y de Lenin, se habrn asimilado la cultura moderna; el proletariado necesita sus grandes intelectuales. Tambin tiene necesidad de intelectuales menores, para tareas menores, pero vitales. Lo; esencial es que tanto unos como otros sean sus servidores. Tambin la labor que el proletariado realiza tiene un valor cultural intrnseco. En este sentido histricamente limitado, habr, hay ya, una cultura del proletariado militante (22).
12. La poltica literaria del PC de la URSS El comit central del partido comunista de la URSS adopt el 1 de julio de 1925 una resolucin sobre la poltica literaria del partido, cuyo resumen es el siguiente: La dialctica materialista empieza a penetrar en terrenos completamente nuevos biologa, psicologa y ciencias naturales en general. La conquista de posiciones en el campo literario, debe igualmente, pronto o tarde, convertirse en un hecho.
Sin embargo, es importante recordar que esta tarea es infinitamente ms compleja que otras (...) porque el proletariado ha podido, dentro del rgimen capitalista, prepararse para una revolucin victoriosa, formar cuadros de combatientes y dirigentes, forjarse un arma ideolgica de admirable eficacia para dicha poltica. Pero no ha podido profundizar ni en cuestiones de ciencias naturales, ni en cuestiones tcnicas: clase oprimida desde el punto de vista de la cultura general no ha podido constituir su propia literatura crear su forma artstica, su estilo. Criterios infalibles le permiten hoy da juzgar el contenido social Y poltico de cualquier obra literaria, pero todava no posee respuestas definidas sobre todas las cuestiones concernientes a la forma literaria. Por estas razones, la resolucin recomienda a los comunistas considerar a los compaeros de ruta es decir a los escritores no proletarios ms o menos simpatizantes, como especialistas cualificados, y tener en cuenta sus tendencias. Hay que esforzarse en facilitarles el paso a la ideologa comunista, hay que combatir en ellos las tendencias antiproletarias (de hecho, completamente insignificantes en estos momentos), hay que combatir entre los adheridos la formacin de una ideologa de la nueva burguesa, hay que mostrarse tolerante hacia las corrientes intermedias. El partido alentar por todos los medios a los autores proletarios, pero sin dejar de ponerlos en guardia contra la suficiencia comunista que es el peor de los males. El partidos precisamente porque ve en ellos a los futuros dirigentes ideolgicos de la literatura sovitica, debe ponerlos en guardia por todos los medios contra el desprecio la ligereza frente a la vieja herencia cultural de los especialistas de la lengua literaria. Tambin hay que reprobar el subestimar la lucha por la hegemona ideolgica de los autores proletarios. El partido compartir los intentos de crear una literatura proletaria de presin se trata de abarcar ampliamente los fenmenos en toda su complejidad; de no encerrarse en la fbrica; de no describir la existencia de un taller, sino la de una gran clase militante que arrastra detrs suyo a millones de campesinos Se invita a la crtica a dar prueba de una intransigencia proletaria, a revelar la significacin Social objetiva de las obras, a denunciar sin tregua las manifestaciones de estado de espritu contrarrevolucionarias pero tambin a dar prueba de la mayor tolerancia y circunspeccin frente a medios literarios susceptibles de caminar con el proletariado.. La crtica comunista debe desterrar su tono mandatario sta no poseer un profundo alcance educativo si no procede de su superioridad ideolgica. Debe desterrar con decisin toda suficiencia comunista, pretenciosa, primaria y satisfecha de s misma. Debe aprender... El partido se declaraba en favor de la libre emulacin de las escuelas literarias, no pudiendo ser cualquier otra decisin ms que burocrtica. El partido se negaba a conferir a un grupo, fuera el que fuera, el monopolio de las ediciones: Conferir este monopolio a la literatura, incluso a las ms proletaria por sus ideas sera matar esta literatura El partido proclamaba la necesidad de poner trmino a las intervenciones administrativas, arbitrarias e incompetentes en la literatura. El partido, finalmente invitaba a los escritores a romper con los prejuicios aristocrticos y a poner al alcance de las masas el patrimonio de los grandes maestros. En suma, una excelente resolucin. La vida literaria ha sufrido desde 1925 las repercusiones de todas las luchas sociales; para explicarla, habra que volver a trazar la historia de la dictadura del proletariado a lo largo de los seis aos transcurridos. La prensa sovitica considera hoy como conquista la hegemona de la literatura proletaria; los compaeros de ruta s declaran todos sin excepcin alguna, socialistas resueltos y consagrados en la lneas general del partido. Sin embargo, la prensa denuncia cada semana el carcter antiproletario de las obras nuevas, que sus autores desaprueban de inmediato. En su conjunto, pocos nombres nuevos han salido a la luz, no existen obras de primera lnea o slo un pequeo numero. Vemos que la literatura sovitica revela al observador quiero decir al proletario revolucionario que la observa Iagunas evidentes y
tergiversaciones contra las que la resolucin del PCUS la pona en guardia As Pravda criticaba, en noviembre ltimo, las faltas de la Asociacin de Escritores Proletarios de Rusia, que perda a menudo de vista que constitua una organizacin literaria y educativa, no estatal y administrativa (23) Inmediatamente la asociacin convena en ello y c condenaba ella misma estos procedimientos e inmediatamente propona una nueva lneas. 13. Esquemas Actualmente, la orientacin general impresa a la literatura sovitica es hostil a la psicologa; se quiere una literatura social y no sociolgica, de accin y no de introspeccin, militante y no contemplativa o analtica, de propaganda y no de discusin, de afirmacin y no de investigacin. En un grupo de escritores que defendan la necesidad de comprender y crear en todo hombre un hombre vivo, se vio en dicha consigna una tentativa reaccionaria de sustraerse al espritu de clase, no se trata de comprender al enemigo concretamente: al pope, al campesino acomodado o rico, al profesor idealista se trata de combatirlo. Se quiere una literatura utilitaria e incluso especializada, de actualidad, que se consagre a grandes campaas polticas, al ejrcito rojo, a las juventudes comunistas, a la colectivizacin deI campo: una literatura de agitacin y de propaganda rigurosamente ortodoxa. Hay una tendencia muy fuerte a considerar quien no este con nosotros sin reservas est contra nosotros, por tanto, es contrarrevolucionario. En la aplicacin de estas concepciones es donde mejor se revela su debilidad. Hace unos aos poda verse en un buen film sovitico, en el que la representacin de Meyerhold sobre la pantalla aseguraba el xito (El guila blanca), a un gobernador, un buen hombre en la intimidad, ordenar casi a pesar suyo abrir fuego contra una manifestacin obrera, y ms tarde tener remordimientos. La crtica declar esta pelcula detestable. Desde su punto de vista, el gobernador deba ser, evidentemente, un bruto en uniforme, dar orden de abrir fuego con alegra y deleitarse a continuacin con el recuerdo... Estos dos tipos se encuentran en la naturaleza, quiero decir en la naturaleza de los gobernadores militares, pero, aparte de que es claramente absurdo pretender suprimir toda psicologa para no describir ms que a burgueses odiosos a ms no poder, No es mucho ms eficaz como propaganda, ms elevado, o ms susceptible de llegar a los espritus exigentes o simplemente despiertos mostrar al hombre frente a su funcin al buen gobernador realizando a pesar de l las bajas necesidades del rgimen? Se objetar que lo importante e inculcar a la masa de espectadores el odio de clases? El odio que queremos es hacia el sistema: es demasiado fcil hacer recaer sobre los individuos las responsabilidades del sistema, viejo truco de los conservadores que lo que querran es contentarse con un cambio de personal. Por lo dems, ms que de acudir a sentimientos e instintos quizs tiles en algunos momentos de lucha social, lo que nos importa es llevar a los trabajadores a un mayor grado de conciencia de clase. An menos que ninguna otra, dice Marx, mi concepcin, que ve en el desarrollo de la formacin econmica de la sociedad un proceso natural, puede hacer al individuo responsable de una situacin de la que es socialmente producto; en vez de considerar las cosas desde su lado subjetivo, las supera con mucho. (24) En este mismo orden de ideas, un peridico de Leningrado reprochaba a un joven escritor el haber dado a un personaje opuesto al comunismo rasgos simpticos Deba ser patituerto, bizco, tartaja y bribn? Tanta idiotez desarma. Esta misma gaceta criticaba a Alexis Tolsti el haber creado un personaje checo sin mostrar en l al verdadero checo bolchevique. Me parece or a la prensa bienpensante reprochar a Barbusse y a Leon Werth el no haber mostrado en sus obras sobre la guerra al verdadero soldado francs. En ambos casos su objetivo es imponer al escritor esquemas utilitarios. Y si se me responde, como sucede alguna
vez:condenemos lo esquemas tiles a la burguesa y utilicemos lo esquemas tiles al proletariado considero que esto es precisamente ndice de un estado de espritu perjudicial al arte proletario. No puede existir una identidad de procedimientos entre este ltimo y el arte burgus, sobre todo en sus ex presiones utilitarias, es decir, las ms burgues No tenemos que recoger todas las armas espirituales o falsamente espirituales de la burgues sta necesita la mentira de las convenciones embrutecedoras y el lavado de cerebros. Dejmosles! Nuestras necesidades son opuestas porque nuestras naturalezas y nuestros fines son opuestos. Ciertamente se puede, en simplificaciones tiles, emplear trminos generales tales como Obrero, Bolchevique, Checo, Soldado Rojo, con la condicin de no extraer de ellos tipos abstractos que sirvan de modelos ideales; con la condicin esencial para la obra de arte de no sustituir a los hombres de carne y hueso por seres convencionales. No intento negar a los esquemas utilitarios de una restringida utilidad todo valor literario. La imaginera de Espinal tiene su encanto y presenta un inters propagandstico innegable. Obras en las que se vea al Verdadero-Proletario. Marxista vencer las clsicas dudas del Intelectual-Pequeo burgus-Individualista y triunfar en la pgina 250, tras las peripecias requeridas, sobre el Gordo-Burgus-LiberalReaccionario-Y-Fascista (sombrero de copa, panza, cigarros) pueden convertirse, a condicin de que sus autores tengan realmente talento, en grandes frescos simplistas de netos contornos, a la vez idealistas y caricaturescos, de poderoso efecto; lo admito gustosamente, aunque todos los intentos de este tipo que conozco se encuentren muy lejos de l. E incluso aunque alcancen este valor, dichas obras podran ser las principales de una literatura relacionada con la transformacin social. stas encontraran su lugar junto o por debajo de obras distintas, destinadas a interesar, conmover, expresar, revelar, arrastrar a los hombres a necesidades ms Complejas demasiado sedientas de verdad, demasiado imbuidas de realidad, demasiado preocupadas por conocer al hombre, para contentarse con un simbolismo elemental e incluso rudimentario. 14. Del esquema a la idea falsa Acabo de leer una novela rusa, cuyo hroe es un chofer. Mejor dicho, el chofer por excelencia que no vive ms que para su garaje. Para l no hay otras personas que chferes buenos y malos todava la mitad de los malos se convierten, al fin, en buenos. El autor nos dice que su personaje piensa en socialismo; habr que creerle porque l lo dice. Un autor dramtico (25) sostiene que el obrero no tiene verdadera vida ms que en la fbrica. Parntesis personal: no he visto jams obreros de este gnero en la URSS. Es el triunfo del esquema. Y por aadidura, de un esquema fundado en una idea falsa, de ninguna manera socialista. La idea del productor para la produccin. La concepcin proletaria es diametralmente opuesta: es de la produccin para el productor. Reducir al obrero a no existir ms que en funcin de la fbrica, aun si se dota a la fbrica de una vida colectiva intensa e interesante, admitmoslo una vida colectiva en funcin de la produccin pero aqu el problema se plantea de otra manera, es amputarle de una parte enorme de sus cualidades de hombre social, es suprimir aspectos esenciales de su vida individual: el amor, la familia, la paternidad, es lo repito, crear un tipo de obrero que no existe y del cul el socialismo no tiene la menor necesidad. El socialismo quiere trabajadores que sean hombres completos, viviendo, as en la fbrica corno fuera de ella. Parece que es de sentido comn que todo el mundo deba saber esto: Pero, entonces, por qu estas obras? A un joven obrero, fatigado de ideologa, que le escribe dicindole que deseara distraerse (o querra que el campesino, en lugar de abrazar a su tractor abrazara la campesina yo quema campos en que no brotaran clavos, sino hierbas), el mismo Gorki responde "Distraerse, esta es la ms vieja divisa de los parsitos: que trabajen otros; nosotros, a distraernos "(26). Esta respuesta desconcertante a la demanda
ms natural entraa la idea subconsciente del productor para la produccin. El contraste me conduce en espritu al delicioso panfleto de Lafargue: El derecho a la, pereza, la ms formidable reivindicacin que se ha podido hacer del derecho al esparcimiento. La misin del socialismo es encontrar el hombre en el productor. A fines del verano de 1931, los escritores proletarios de Rusia se propusieron la tarea de dar a conocer los hroes del trabajo de las brigadas de choque. La Gaceta Literaria public listas de autores, por lo dems casi desconocidos para todo el mundo, incorporados a las grandes fbricas para cantar a los hroes del trabajo. Al mismo tiempo, escultores modelaban las efigies de estos trabajadores elegidos; litgrafos reproducan sus retratos en postales. Nada ms justo que concebir el trabajo como un nuevo ttulo de honor, segn la expresin de Pierre Hamp y esto es justo aun en rgimen capitalista pues no hay para nosotros en la sociedad moderna, figura ms alta que el trabajador; nada ms deseable que perpetuar en pruebas documentales la poesa, la novela, los rasgos de los hroes legtimos que hacen len medio de las ms duras privaciones del Plan de los Cinco Aos una formidable realidad revolucionaria solamente se establece el mtodo nada de psicologa, no es esto? La idea general ha sido establecida de antemano; el tipo general tambin; el fin, lo mismo: el obrero recibe la Orden de Lenin Todo est Preestablecido; d aqu el resultado desastroso. Ninguna literatura viva, es decir, verdadera puede salir de una fabricacin tan preparada Vuestro hroe puede ser mal marido?, creyente? enemigo?, alcohlico?, pendenciero en sus malos ratos? Que se me cite uno solo de este gnero entre los retrat publicados! No; es preciso que sea hroe del trabajo de los pies a la cabeza; y si no pertenece al partido, a punto de entrar en l... El ms insignifica personaje de Hamp o de Poulaille (El pan cotidiano) es un milln de veces ms humano. Se ve aparecer en la escena de uno de los mejores teatros de Mosc en la Plaza de Nicols Nikitin, La lnea de fuego (27), pieza bien representada y buen montada por Talroff (1931), un ingeniero saboteador tan perfecto en su gnero desde las polainas a la perilla, al verle pens inmediatamente en un traidor de intencin torcida, de figura, de ceo y de empaque como haca tiempo haba presenciado en los melodramas en Belleville. El contraste con la realidad es fcil de juzgar: los verdaderos saboteadores responden tan poco a estos rasgos, que han sabido, durante aos, inspirar confianza a los dirigentes ms competentes de la economa sovitica. El peligro de estos esquemas consiste en que desarman la inteligencia y falsean las ideas. Llega un momento en que la imagen convencional grabada en el espritu impide apercibirse de lo real. El arte pierde la riqueza y la variedad de la vida. No evita errores fecundos ms que para caer en errores infecundos La misma dialctica de la vida, este fuego constante de contradicciones que se confunden, se provocan y se entrechocan, se niegan, se anulan y renacen, les es desconocida. (28) 15. Escritores y proletarios Los ejemplos que he dado, lejos de ser excepcionales, son de una banalidad tpica. (Lo que digo, por lo dems, se encuentra ya en los escritos de dirigentes de organizaciones literarias soviticas. stos lo repiten peridicamente sin Ilegar a una rectificacin: prueba de que el mal es profundo). Este mismo espritu esquemtico parece haber inspirado las tentativas recientes de obrerizar al literato. El ao 1930 fue el de las brigadas de escritores. Grupos de escritores paga dos cada mes por las empresas industriales, viaje pagados y contratos firmados para obras doc mentales, recorrieron el pas haciendo agitacin. Millares de escritores participaron en este movimiento que debi costar bastante caro y no ha producido una sola obra notable. Ahora se est de vuelta. Sin embargo, exista en la base de este proyecto una idea interesante: la del trabajo en equipo de los escritores en contacto inmediato con la produccin.
Otra campaa empez un poco ms tarde. Los obreros de las brigadas de choque fueron invitados a entrar en la literatura. Pertenecen a las brigadas de choque los trabajadores que se responsabilizan de una labor especialmente continuada; admitiendo incluso que estas brigadas representen la lite de los trabajadores, lo que no poda erigirse en regla, absoluta, ya que el buen obrero no necesita tomar responsabilidades especiales para hacer todo lo que puede. Esos obreros, los gastan en la fbrica la mayor cantidad de energa, a los que les queda menos fuerzas y ocio, pueden pensar seriamente en convertirse en escritores es decir, hacer adems el aprendizaje de un nuevo oficio ms difcil que otros, que exige una aplicacin tan concienzuda como los otros, aos de preparacin, una formacin general, tiempo, ocio para no decir dones? No es imprudente olvidar esto? Los escritores rusos, entusiasmados, no han dejado por ello de saludar desde ayer en los trabajadores de las brigadas de choque a los maestros de la literatura. Incontinencia verbal de intelectuales todava demasiado ajenos a la conciencia proletaria como para permitirse un juicio serio. El minero sabe que uno no se improvisa como albail. (Tambin esta vez se parte de una idea correcta: no puede negarse que la clase obrera encierra innumerables talentos a los que no les falta para manifestarse ms que la cultura y la ocasin. A la sociedad proletaria le toca despertarlos y ofrecerles lo uno y lo otro. Pero la aplicacin mecnica de una idea justa no conduce ms que a una accin caricaturesca. Hay necesidad de recordar que grandes escritores contemporneos han procedido del proletariado o de ms abajo? Vase a los americanos OHenry y Jack London, al ingls Joseph Conrad, al ruso Gorki, al francs Pierre Hamp, al noruego Knut Hamsum, al rumano Panait Istrati. No tengo ms que nombres famosos, universalmente conocidos. Conrad, polaco de origen, no aprendi el ingls en barcos britnicos hasta los 20 aos; Istrati, tambin l, no aprendi el francs, su lengua como escritor, hasta bastante ms tarde.) De todo esto resulta un empobrecimiento cierto: la literatura se encuentra siempre atrasada respecto a la vida social, aunque afirme sin cesar a travs de sus rganos y sus conferencias, su voluntad de seguirla. Ni una sola vez, que yo sepa los escritores han denunciado los males, abusos errores, y peligros antes que los rganos oficiales (en cuanto a denunciarlos despus qu hay ms fcil?); ni una sola vez han preconizado una solucin, una mejora, una iniciativa antes que los rganos oficiales (en cuanto a aprobarlas a continuacin, qu mrito veis?). Conmociones histricas como la revolucin china de 1927, mejor conocida sin embargo por los rusos que por ningn otro pueblo europeo, no han aportado el equivalente de Les conqurants de Malraux, aunque hayan estado en China ms rusos que franceses e incluso se hayan acercado ms a la comprensin de los hechos (29). Con este punto tocamos la raz del mal: tema demasiado espinoso por numerosas razones ideolgicas. Por esta misma razn, escritores de talento prefieren tratar temas histricos. 16. El pensamiento proletario y el miedo al error Las causas de este estado de cosas residen ms all de una tutela administrativa sin duda excesiva; derivan de una concepcin demasiado estrecha de la literatura y de un horror a la hereja que conducen al miedo de toda variedad, de toda variacin, de toda investigacin es decir, de toda forma un poco nueva de formular verdades primordiales o ideas innegables. Es, pues, tan peligroso dicho error en las obras culturales? La dialctica materialista debera ayudarnos, parece ser, a comprender que en la incesante conquista de la verdad cientfica el error se encuentra siempre ms o menos mezclado Con sta, y no juega siempre el papel funesto que uno se inclina a prestarle despus. No hay, en fin, error completo. La ciencia no est terminada, el marxismo no es un dogma, sino una gua para la accin (Les gusta repetir en Rusia: y qu razn tienen!). La accin misma de un partido proletario victorioso se ve
necesariamente salpicada de empirismo, errores, balbuceos y frustraciones en sentidos distintos; sera ridculo hacerse una idea rgida y lineal. Finalmente la verdad, nuestra verdad proletaria po hay que ir hacindola sin cesar, con el esfuerzo de todos, dentro de una emulacin fecunda, a travs de la investigacin, discusiones y luchas fraternales? Los congresos de nuestras organizaciones pueden decidir soberanamente sobre las cuestiones ideolgicas que determinan la accin, y son determinadas por ella; ello es necesario porque lo que nos importa por encima de todo en la transformacin del mundo es la eficacia de la accin. No se les puede pedir resolver cuestiones de filosofa, de mtodo cientfico, de arte o de historia, sin volver de nuevo a la aparicin dogmtica de los concilios de la Iglesia Romana. La mquina universal de fabricar la verdad todava no se ha inventado y no somos nosotros, los marxistas revolucionarios, quienes debemos soar... Se puede entonces pedir a la literatura una ortodoxia ideolgica imposible en los campos cientfico y poltico? Se comprende que un gran partido proletario debe defender su pensamiento contra las influencias disgregadoras, defender su equiIibrio interno, luchar contra los elementos de descomposicin que se revelen en l, sobre todo cuando ejerce el poder y detenta su monopolio; pero es conveniente aplicar a los dems Campos de la vida intelectual, a la ciencia y a las artes, los mtodos por los cuales se mantiene una( sana intransigencia poltica (admitiendo que estos mtodos sean excelentes, ya que aqu no es el momento de juzgarlos)? El valor de una doctrina no puede considerarse en lo absoluto, fuera de toda contingencia; no existe Posesin de la verdad independientemente de la inteligencia, el talento, la probidad, la accin Individual y social del poseedor; si no, vamos a parar a lo dogmtico. Para algunos Padres de la Iglesia, el ltimo de los cristianos vale ms que el mayor de los paganos; para nosotros, revolucionarios de hoy, un gran idealista, cientfico o escritor, bastante lejano por su formacin espiritual al materialismo dialctico de Feuerbach, Marx, Engels y Lenin un Albert Einstein, un Nicolai, un Romain Rolland-, puede valer infinitamente ms que un mediocre materialista recin salido de la escuela y bueno para... no s verdaderamente para qu... La filosofa de este ltimo es en s misma superior al idealismo; pero el gran idealista, cuando llega al proletariado arroja en la balanza un tesoro de experiencia humana, de cultura, de saber y de talento, riquezas todas ellas de las que la humanidad de su siglo le ha hecho depositario mientras que nuestro mediocre. Que el lector me excuse por insistir en cosas tan evidentes utilizando imgenes que tienen algo ofensivo para el sentido comn. Es necesario, no puedo hacer de otra forma: crame el lector que intento expresarme en todo ello con la mayor moderacin. Lenin escriba en otra poca a Gorki Creo que un artista puede sacar de toda filosofa cuando usted expresa en esta materia (sobre la creacin artstica) opiniones basadas en su experiencia artstica, incluso si esta filosofa es idealista, llega a conclusiones que pueden ser un gran servicio para el partido obrero (30) Y no es menos verdad que a menudo se prefiere la letra al espritu, la mediocridad confinada en la repeticin de frmulas aprendidas a la inteligencia honesta e investigadora inclinada a las desviaciones. De nuevo los peridicos acaban de afirmar que no hay lugar en la Unin ms que para una crtica rigurosamente marxista. Esta crtica es a mis ojos la nica cientfica. Existe suficiente razn para preferir sobre Saint Beuve a cualquier joven redactor de la rbrica literaria de LHumanit: En la insurreccin, dicho redactor y yo estaramos del mismo lado de la barricada; y quizs el gran crtico estara al otro lados; pero sera ms bien ste ultimo ltimo a quien habra que pedir ms tarde que comentara a Goethe. Finalmente, la regla: Todos los que no estn completamente de acuerdo con nosotros estn en contra nuestra cuyas consecuencias prcticas van lejos es justa? Es tan falsa como una pe de veinte francos. Todos los revolucionarios saben muy bien que en la lucha han tenido a menudo necesidad de la ayuda de hombres muy alejados de ellos en distintos aspectos. Se empieza con el servicio individual, hecho por simpata al exiliado, para acabar con el trabajo de especialistas en el
ejrcito rojo y en la industrializacin. Se me contestar que no se puede prescindir del ingeniero y del artillero mientras que se puede prescindir del escritor pequeo burgus y del militante sindicalista? El proletariado en el poder debe temer menos las desviaciones del pensamiento individual que el mimetismo de la mediocridad, el camuflaje, la adaptacin interesada a su lenguaje, a sus ideas, a sus Costumbres, toda esta vasta falsificacin de la Cultura proletaria basada en el mnimo esfuerzo, el basta de historias, hay que aullar con los lobos el arreglmonoslas, eh!. La investigacin mecnica de la ortodoxia rigurosa desemboca en una seleccin a contrapelo. Pongamos por caso dos autores: uno, lleno de vigor, entregado a la revolucin, la cual entiende a su manera, se empea en defender en algunos puntos, indirectamente, como generalmente es el caso en la novela, ideas que se consideran errneas pongamos, para agravar su caso, que sea discpulo de Freud en psicologa, de Bergson en filosofa o de Sorel en sociologa; el otro, todo lo que se quiera de apagado, no tiene nada que defender a no ser una minscula Situacin personal: quin no puede ver que el segundo se adaptar ms a todas las exigencias que se le presentarn y que la intransigencia burocrtica acabar con la eliminacin del primero? La sociedad socialista en formacin debe temer esta adaptacin pasiva o interesada que, en las grandes luchas del futuro, puede muy bien volverse contra ella. Debe inculcar a sus ciudadanos el valor cvico. El hombre que no sabe defender enrgica o estoicamente segn el caso, sus convicciones, no ser nunca ni un verdadero revolucionario, ni un escritor digno, ni un buen ciudadano de las Repblicas del Trabajo. Y ms que los errores de ideologa hay que temer la esterilidad. Nuestra intransigencia de pensamiento no puede ser victoriosa ms que en la lucha: no en el vaco. 17. El problema de los intercambios intelectuales Como toda la vida intelectual, la literatura tiende cada vez ms a internacionalizarse El gran escritor es aquel cuya influencia irradia a todo el mundo. Un libro que tiene impacto es un libro que se traduce. La literatura instituye un constante intercambio de mensajes entre generaciones, clases, pases, razas, continentes; intercambio an no lo bastante amplio a nuestro grado, pero que va amplindose En ella debe desempear un papel capital la literatura nueva, quiero decir de inspiracin revolucionaria y proletaria. No debe sta afirmar, por encima de las fronteras erizadas de alambradas el espritu europeo, la fraternidad de razas, el internacionalismo obrero nica forma completa del espritu europeo? No puede Concebirse el que esta literatura pueda vivir sin intercambios internacionales muy activos. Pero tambin a este respecto, y en un punto capital, la situacin es mala, siendo la literatura sovitica la que ms la padece. Sus comunicaciones con el resto del mundo son extremadamente dbiles y escasas. Ignora casi por completo la vida literaria del extranjero. No hay en toda la Unin ninguna librera que venda las obras nuevas en lenguas extranjeras, ninguna biblioteca que posea colecciones completas de las principales revistas extranjeras. Ni una sola publicacin, fuera de algunos boletines espordicos, destinados a un restringido pblico de funcionarios, sigue realmente el movimiento literario internacional. Desde hace algunos aos (31), no se traduce a los autores extranjeros ms que excepcionalmente, y la crisis del papel no es la nica causa de este estado de cosas. Hay la tendencia a considerar intil, cuando no perniciosa, la literatura burguesa o pequeo burguesa siendo ste ltimo calificativo aplicado a los escritores de vanguardia del mundo capitalista. El esquematismo de crticos simplistas, que estn por debajo de toda crtica, que os ejecutan a un autor en dos palabras, con una suficiencia increble, hace lo dems (32). No es necesario que demuestre cun fastidiosa es esta tendencia. Encuentro en ella, agrandado, el temor malsano al error, y el miedo, apenas ms justificable, a la influencia intelectual 1de las clases ricas del
extranjero. Dentro del crculo menos amplio de la cultura proletaria, la situacin es an peor; aqu es donde el miedo al error produce sus ms amargos frutos. Los intercambios intelectuales, sean cuales fueren, se vuelven completamente imposibles, al ser los rganos oficiales de los partidos comunistas las nicas publicaciones obreras admitidas en la Unin. Por tanto, no puede establecerse ninguna comunicacin directa entre la literatura proletaria sovitica y los numerosos grupos proletarios de diversas tendencias que desde siempre, en l mundo entero, focos de cultura obrera, laboratorios en que elaboran las ideas y las tcticas, en que se forman los militantes Focos llenos de contradicciones, de debilidad e incluso de errores, s, pero focos vivos, irremplazables. Nos cegamos y los desmoralizamos ignorndolos de entrada. Si a todo esto se aade la dificultad, a menudo insuperable, de los viajes que hacerse una idea ms o menos correcta de la enorme dificultad en los intercambios intelectuales entre la literatura de la URSS y la nueva literatura de los dems partidos del mundo. Este problema es grave, yo no hago ms que esbozarlo a grandes rasgos. 18. Para responder al lector malintencionado
Tan grande es la fecundidad de una revolucin socialista (y de la experiencia humana que implica en el escritor arrancado por su fuerza viril de la contemplacin del yo, de las preocupaciones de escuelas, de los concursos literarios, etc.) que la produccin artstica, en las dos ramas ms necesarias a las masas de este tiempo, las letras y el cine, al principio, y en pocos aos, se vio prodigiosamente enriquecida en la URSS. El sabor de la vida, la calidad de la energa vital, la visin de la sociedad, las ideas sobre la vida, la muerte, el futuro, el individuo, la colectividad, todo qued ms o menos modificado. En relacin a las literaturas de Occidente, enriquecidas por la experiencia de la guerra, pero en un grado infinitamente menor, pues la guerra fue un cataclismo y no el principio de una renovacin social, una terrible prueba para los pueblos y no una titnica llamada a la energa de las masas, la literatura sovitica en sus inicios hace muy buen papel, a pesar de una cierta imperfeccin de la forma, por lo dems bastante conforme a las grandes tradiciones rusas. Dostoievski y Tolsti, dominados por su pensamiento, descuidaron a menudo la forma. Y es tal la diferencia de diapasn entre Occidente y la URSS que escritores considerados en Rusia casi como contrarrevolucionarios pasan en el extranjero por revolucionarios: por ejemplo Pilniak. Juicios viciados en los dos pases por prejuicios opuestos. Los males que he sealado no se han agravado ms que a lo largo de estos ltimos aos, pero se hacen ya sentir sobre la irradiacin de la literatura sovitica. Casi todos los escritores rusos que hoy se traducen pertenecen a la generacin de 1922-24; casi todas sus obras conocidas fuera de la URSS datan de algunos aos. Nos encontramos en el cuarto y ltimo ao del plan quinquenal y diosa de la revolucin se nos muestra asombrosamente pobre en obras literarias (33). A aquellos que podran verse tentados de explotar contra el comunismo estas observaciones crticas, he aqu mi respuesta. La burguesa ha tardado siglos en formarse, crecer, conquistar el poder, construir su civilizacin. Ello no se ha hecho sin mezclar en las mismas mareas la sangre de reyes y la sangre de las plebes. Ella ha visto, antes de aprender a gobernarse a s misma, ahogar sus repblicas. Soldados de fortuna perseguan sus parlamentos y le imponan dictaduras humillantes. Esto fue ayer. La historia de su prensa y de su literatura cuenta con demasiadas pginas sin gloria para que sus apologistas puedan sacar seriamente consecuencias de las dificultades que el desarrollo de una nueva literatura encuentra en la primera repblica de trabajadores El observador de buena fe no puede olvidar en ningn momento que nos encontramos ante la experiencia ejemplarmente valerosa, de una clase joven, todava dbil en su misma victoria, abrumada adems por una pesada herencia.
19. El doble deber Al tratar estas cuestiones me he inspirado en una regla que considero esencial para cualquiera que quiera servir a la revolucin: la regla del doble deber. La literatura, si quiere en nuestra poca cumplir por completo su misin, no puede cerrar los ojos ante los problemas externos de la revolucin. La revolucin, victoriosa o vencida madurando o retrocediendo preocupando a las vanguardias obreras o latente en el espritu de las masas, se encuentra hoy en todas partes; sus males son en todas partes los nuestros. Sin embargo, hay que defenderla a la vez contra sus enemigos externos y contra sus enemigos internos, es decir, contra los grmen5 destructores que lleva en s misma Grande es la dificultad de esta ltima tarea. Segn parece, al realizarla se corre el riesgo de dar armas a la reaccin y desalentar a los indecisos; admitmoslo; yo considero ms grave el riesgo contrario: el del lavado de cerebro involuntario y la creacin de un conformismo revolucionario tan convencional y embustero como cualquier otro. Los obreros que se levantan contra una repblica burguesa son agradables al principio no por mucho tiempo, es verdad a las personas de extrema derecha. Los enrgicos que en una comuna asediada se permitieran criticar la incapacidad del mando no dejaran de ser acusados de hacer el juego a los versalleses; pero se lo haran menos, a ciencia cierta, que la incapacidad del mando. Adoptemos la solucin viril, la nica digna del proletariado: la verdad cara a cara. Pues bien, hay que ahondar en la idea de revolucin; y si se dice s, que sea un s firme, sin tibiezas ni reticencias. En ciertas pocas, las ms terribles, la revolucin proletaria debe ser defendida en bloque; stas son precisamente aquellas horas en que se cree verla cometer errores estrepitosos en que toda clase de abusos, las violencias popular, l terror, le dan un aspecto terrible; horas de peligro mortal horas de las mayores tensiones de la energa, horas implacables Entonces, al menos el deber es simple, por fo menos para los espritus libres y los revolucionarios de otros pases; porque, dentro del mismo pas, el deber es siempre doble, aunque una de sus caras domine con mucho; la aceptacin de todas las responsabilidades no disminuye nunca la imperiosa obligacin de combatir cada da los males que sufre la revolucin; esto es precisamente lo que da lugar a la intensa actividad de millones de hombres que constituye, en definitiva, la revolucin misma: cada uo, dentro de la gran accin comn, hace cada da, por su propia iniciativa todo lo posible en una gran cantidad de puntos. Yo me inclino ante cualquier decisin capital de un congreso, incluso si la juzgo inoportuna, porque la disciplina es ms necesaria para la salud pblica que mi accin crtica; pero en la fbrica, en mi domicilio, en el batalln, en el comit, a cada instante tengo que reaccionar contra la ignorancia la tontera la brutalidad el desencadenamiento de instintos, la deshonestidad interesada. De forma que en la accin misma el deber es sIempre doble, pero sus dos aspectos de defensa general de Incesante rectificacin interiorvaran tanto en importancia corno en amplitud. Una vez llegada la paz, cuando la revolucin pasa a su labor constructiva la lucha por la rectificacin interior adquiere evidentemente una importancia creciente. Los fenmenos se desarrollan en virtud de sus contradicciones internas. Sorel escribe de la revolucin francesa: La revolucin pronto iba a liquidar el antiguo rgimen imitando muy a menudo prcticas de este, antiguo rgimen (34) Una revolucin vuelve forzosamente contra el antiguo rgimen las armas que le arranca. Lo contina en alguna forma en sentido inverso, recoge en el campo de batalla armas que ella no ha hecho, y que son a menudo contrarias a su carcter. De ah se desprenden una serie de contradicciones inevitables; se ve a socialistas, adversarios del principio de la pena de muerte, recurrir al terror, a antimilitaristas formar los ejrcitos rojos, a militantes preocupados por llevar al estado hacia su desaparicin; convertirse en
hombres de Estado, a presos polticos de ayer, cuya alegra ms seria el hacer saltar las prisiones defender celosamente las llaves... Se necesita la insondable incomprensin del pequeo burgus, repleto de nociones aprendidas, reducidas por lo dems a simples asociaciones de palabras, para concluir, del hecho de que la revolucin se realice por estos medios dados, que se niega, se desmiente y vuelve a empezar un viejo ciclo histrico. Pero estas contradicciones se encuentran llenas de peligros: Robert Louzon observaba no hace mucho, en La Rvolution Proltarienne, con qu peso inaudito las tradiciones de la historia de Rusia pesan sobre la Repblica de los Soviets. Hay ah pues esta observacin es de una justeza impresionante una fuente de males inevitables, a combatir con tanta ms energa cuanto que el nuevo rgimen no triunfar ms que si termina con ellos. Los diez das que conmovieron al mundo en octubre de 1917 y los 14 aos que han seguido vienen en la historia despus de tres siglos de despotismo. Una revolucin no constituye un proceso homogneo, nico, comparable a la cascada de un torrente; es ms bien la suma de una multitud de movimientos distintos, entre los que hay algunos felices y otros funestos, revolucionarios en el verdadero sentido de la palabra y reaccionarios, sanos y malsanos. De ah la imposibilidad de un conformismo revolucionario, de ah el doble deber. Yo no quiero decir con esto que un conformismo seudorevolucionario no pueda intentar imponerse, sino que ste estara en contradiccin con la naturaleza profunda la revolucin obrera y no lograra imponerse ms que en detrimento de esta. Cuando Julien Benda escribe: Sin embarco, habra que comprender que la idea revolucionaria, por el hecho de haberse realizado, ha dejado de ser revolucionaria, al igual que una laya que se ha petrificado ha dejado de ser una lava (35), utiliza una metfora muy engaosa. Comparar un proceso histrico que, por definicin, no termina jams, comparar el curso de la vida misma a una petrificacin de lava! Y es que Benda parte de una idea tpicamente burguesa de la revolucin. Para el tercer estado, cuando se ha conquistado el poder y el orden se ha asegurado, basta con dejar petrificar las lavas populares. Dios ha terminado su obra, descansa. La sociedad burguesa est construida para la eternidad... Los idelogos del tercer estado no pueden pensar de otra forma, porque la burguesa, en sus perodos de fuerza, no concibe sucesores. Pero algo por completo distinto es la dialctica proletaria; el proletariado no quiere vencer ms que para desaparecer; la dictadura del proletariado no pretende la eternidad; se sabe transitoria, quiere su propio fin para hacer pasar a la humanidad del rgimen de la necesidad al de la libertad. Se ve bastante bien donde termina la revolucin burguesa; pero la revolucin proletaria no termina; se quiere a s misma permanente, en trminos de Marx (36), hasta el establecimiento de una sociedad sin clases, sin Estados sin fronteras. Es una lava ardiente que contina su camino. Y si esta lava se petrificara, la revolucin no se habra realizado, Seor Benda, habra sido vencida. Los intelectuales en su deseo de servir a la revolucin, se dejan llevar a una especie de conformismo revolucionario faltan en realidad a un deber esencial ante la revolucin, que atestigua la dificultad que tienen en comprenderla, que revela que la consideran todava desde el exterior, como espectadores simpatizantes, y no desde como actores. Estn por debajo de su tarea. Les falta clarividencia o valor cvico, segn el caso. Lo que menos puede perdonarse a la revolucin es comprometer ella misma su destino. La situacin de los otros, por el contrario, puede no ser alegre en algunos momentos. La realizacin del doble deber puede situarlos entre la espada y la pared. Qu hacer? Cumplir con su deber! Quiz se me objete que los intelectuales se inclinan demasiado a un cierto noconformismo anarquizante, individualista, opuesto al esfuerzo de pensar con millones de trabajadores reacio a la disciplina proletaria de la accin, a la firmeza de los juicios de clase, a la claridad flexible pero rigurosa del marxismo. Este espritu de francotirador, pequeo burgus, no encuentra contrapeso decisivo ms que en la adhesin escrupulosa al marxismo.
20. La tradicin revolucionaria francesa Me queda por determinar las premisas principales de la literatura en formacin, bastante bien definida por Henry Poulaille como la de la nueva edad. Su muy amplia gama va, a travs de gradaciones a menudo insensibles, del humanismo burgus al humanismo proletario, de la literatura avanzada a la literatura proletaria. Sera muy absurdo el intento de clasificar a los hombres y las obras en compartimentos etiquetados. Los escritores del antiguo grupo de la Abbaye, Duhamel, Romains, Arcos, Durtain, Vildrac, estn muy lejos de ser revolucionarios; pero no les debemos el haber conseguido una calidad de sentimiento humano de un innegah1e y profundo alcance revolucionario? No les debemos el haber sido los primeros en afirmar ese sentido de la vida colectiva que todo hombre posee, pero que en un siglo de individualismo rabioso ha acabado por obliterar, de tal forma que se han necesitado poetas redescubrirlo? Finalmente, no olvidemos que, en una sociedad dividida en clases, el humanismo es forzosamente favorable a las clases oprimidas: no tiene por misin revelar el valor del hombre de las clases dirigentes, ya bastante cotizado al margen de l; recuerda la dignidad humana de aquellos cuyos amos querran olvidar a veces que son hombres. Poulaile ha sealado muy bien qu necesidades obligan a la literatura a renovarse y en qu sentido debe ir esta renovacin. Ha subrayado el papel del cine y de la TSH en esta transformacin. Esboza un censo de viejos y jvenes, de pioneros y nuevos equipos. Yo le reprochara el haberse atenido demasiado estrictamente a su tema, de ah un cierto desconocimiento de los factores sociales (ideologa y poltica) cuya influencia es esencial en el desarrollo de las letras (37). Francia posee toda una cultura revolucionaria, toda una tradicin espiritual viva, capaz, con tal de que no se desprecie su riqueza, de insuflar el alma a un gran movimiento literario que reencontrar a Proudhon, abrir de nuevo a Sorel, leer a Eduard Berth, este asombrosos barajador de ideas proletarias. Reencontrar tambin a Guesde de los buenos momentos, al panfletaria Lafargue. Conocer a Recls, ese pensamiento lmpido, esa ciencia segura, ese estilo tan lmpido como el pensamiento, esa pasin de la revolucin. Remontarse a las fuentes de la energa obrera en Babeuf, Blanqui, Varlin, los insurrectos de Lyon, del barrio de Saint-Antoine y de la Comuna. Remontarse a las fuentes de la literatura proletaria de lengua francesa con Valls, sacar del olvido a un Coeurderoy, no dejar caer en l a un Darien, un Zo dAxe, narrar la historia de un Pre Peinard, comprender a un Albert Thierry. Una antologa del periodismo revolucionario francs que echara mano a las hojas olvidadas socialistas, anarquistas, sindicalistas, y comunistas de las primeras horas no estara desprovista de valores literarios. Intencionalmente, sin temor a aproximar elementos contradictorios, no considero aqu ms que a los representantes de un pensamiento claramente obrero y claramente revolucionario: el horizonte se ampliara de una forma quiz desmesurada, aunque de todas formas Zola, Jaurs, Verhaeren, nos devolveran a concepciones menos contrastadas. Esta tradicin revolucionaria francesa se ha visto afectada, desde hace 15 aos, por su conflicto con el marxismo; el comunismo, por su parte, por haber hecho prueba de miopa respecto a esta tradicin, no ha encontrado todava en Francia lo que le hace falta para conquistar a las masas: una lengua y un estilo. La mayora de los escritos comunistas franceses, incluso los originales, tienen lago de la inevitable pesadez de las traducciones, lo que contribuye en buena medida a disminuir su eficacia. No considero esta tradicin esencialmente hostil al marxismo, del que ha tomado grandes prstamos; sostengo que los comunistas franceses, cuando desconocen su importancia, y ello se debe a menudo a no poderla afrontar, se privan del apoyo de una gran fuerza intelectual histrica y cometen un gran error de principio; no venimos a sustituir a los que nos han precedido, sino a retomar su tarea, a continuarla. Nos
sentimos los herederos naturales de todos aquellos que han pensado, luchado, actuado para y con la clase obrera. Fecundada con la experiencia de los alemanes y los rusos, esta tradicin dara originalidad cultural a los revolucionarios franceses Naturalmente, se trata de una asimilacin y una continuacin crticas y no pasivas. 21. La novela de la produccin. Hamp La produccin est llamada sin duda a ocupar en la literatura el lugar predominante que ha ocupado en la poltica, la sociologa y la misma filosofa. El hombre moderno reconoce en ella el eje de toda la vida social. Esto significa ya una revolucin del pensamiento. Pierre Hamp, ms que Zola, que se interesaba por los mineros y no por la mina, hace entrar la produccin en la novela (38) Procedente l mismo de la clase obrera, Hamp toma como tema de la novela una materia prima a la que sigue desde su aparicin hasta su consumicin: el pescado; pescado al principio de Mare Fraiche, consumido en un gran restaurante en las ltimas pginas; los perfumes en Le Cantique des cantiques, Le Lin, la Lame. El vocabulario tcnico, el habla de las gentes trabajadoras, los razonamientos de los hombres de negocios, los precios de coste, los clculos de beneficios colocan de golpe a la lengua literaria en pleno contacto con la vida. La mquina la mquina de prensar la fatiga ce los hombres para extraer oro de ella ocupa a justo ttulo, en esta novela, el lugar reservado en la novela clsica al corazn pensativo. Con estas innovaciones se revela brutalmente una nueva belleza. Lo que hoy da se intenta penosamente en la URSS, Hamp lo logr dentro de su esfera. Nos es ms fcil hacer justicia a esta obra slida en muchas partes al hacrsenos visibles claramente sus debilidades. La evolucin de Pierre Hamp ha perjudicado durante su talento. Desde Rail hasta sus ltimas obras se ve poco a poco a la fuerza obrera ceder paso al poder patronal en La Peine des hommes. El mismo escritor cambia tristemente. Los militantes sindicales que describe en Le Rail, con ocasin de la huelga de ferroviarios de 1930, son hombre graves, juiciosos por su duro trabajo, cuya costumbre de reflexionar mucho moderaba su habla. En Le Cantique des cantiques, que se refiere a la posguerra, un cabecilla sindicalista que canta la Internacional nos es presentado en los siguientes trminos: "Gritaba con vocalizaciones de caf-concierto el fnebre cntico socialista. Hay que pensar que el autor ha hecho fortuna entre ambos libros. Hamp, al no ver, ni poder ver nacer y afirmarse la conciencia de clase de los trabajadores, la sustituye por la conciencia profesional, viejo y estrecho concepto, formado por el artesanado, que el patrono est interesado en mantener. En realidad, la conciencia de clase aplasta de tal forma la conciencia profesional que ha hecho nacer la idea del sabotaje en los sindicalistas franceses y americanos y, durante las crisis sociales de 1918 a 1923, en los capitalistas rusos y alemanes. Hamp admira sin reservas la maquinaria capitalista, se encuentra profundamente cautivado. Es asombroso ver a un escritor que a veces sabe hacer hablar a los obreros con un espritu de clase tan verdico dejarse deslumbrar de manera complaciente por las apoteosis de la riqueza: La iglesia estaba llena nes (la escena final de la boda rica, en Le Lin). Sin embargo, algunas bellas pginas de su obra pertenecen innegablemente a la literatura proletaria. Qu le ha faltado para ser hoy en el ms grande protagonista de ella? Ser respaldado por la tradicin de la que he hablado. Sus trabajadores viven para el capitalismo, cuando en realidad quieren vivir para ellos mismos. Algo esencial ha quedado falseado.
22. El humanismo proletario Sus elementos se encuentran en distintos grados en muchos escritores; por dichos elementos considero el conjunto de sentimientos e ideas que surgen de una
concepcin proletaria de la vida, tal como se forma en el movimiento obrero, en las luchas revolucionarias, en la URSS, en los pensadores, los jefes y los militantes del proletariado. Y se trata realmente de un nuevo humanismo, notablemente emparentado con una nueva concepcin del hombre y del mundo, en la que el hombre es el valor esencial. No existe todava nada definitivo o esttico en esta concepcin llamada evolucionar con la clase obrera y a sufrir los vaivenes de fracasos y xitos de sta. As pues, no se puede ms que intentar deducir empricamente sus caractersticas principales. Estas caractersticas me parece que son las siguientes: ---el inters por la produccin, basado en la comprensin del papel primordial de sta, de su belleza y su grandeza; --- la preocupacin por el devenir social; la conciencia de que el destino del mundo se decide, que todos los problemas se plantean ante el hombre en trminos ineluctables, de que al capitalismo se le ha acabado la cuerda, de que la revolucin es una realidad; una, concepcin de las relaciones entre el hombre y la tcnica (entre el hombre y la mquina) que tienden a una transformacin total de estas relaciones, estando los trabajadores de hoy sometidos a la mquina ala que tienen que conquistar a fin de que est finalmente al servicio del hombre (39), y en relacin con lo que precede, una idea nueva, socialista, del lugar del trabajo y de los trabajadores en la vida. Desde este punto de vista, obras populistas cuyos autores no ven en el pueblo ms que una materia de novela ms o menos naturalista pueden pertenecer a la parte ms muerta de la vieja literatura, no se puede describir hoy a los obreros nicamente desde el exterior, sin poner en cuestin la nocin socialista del trabajo, como se describira a una tribu de canacos. De ah algunas otras nociones esenciales: --- las de las relaciones del individuo y de la colectividad; ---la antinomia, tan a menudo explotada por los filsofos burgueses, del individuo y la sociedad tiende a resolverse: se precisa un sentimiento de la vida colectiva para amplificar, enriquecer y multiplicar al individuo; (40) --- entrevemos un futuro en el que la colectividad, lejos de mutilar al individuo, le asegurar un desarrollo completo, condicin de su propia grandeza; el espritu obrero, con lo que comporta de rebelin, de sentido crtico, de temple de caracteres, de espritu de organizacin (dedicacin al sindicato, al partido), de aptitud a la solidaridad, de internacionalismo, n suma, de todos los elementos de una tica y derechos nuevos. (41) El humanismo proletario naciente recoge la herencia del humanismo burgus, menos en lo que este humanismo burgus tiene de utopa, de ilusin engaosa sobre el hombre y la sociedad, pacifismo abstracto y debilitante, de idealismo anticuado, casI pueril; no podemos fiarnos de un progreso que se haga solo el maana es verdaderamente demasiado negro; ni creer en la buena voluntad de las clases dirigentes, porque sabemos que las leyes de su propio desarrollo las superan; ni admitir el pacifismo en la poca de las grandes guerras de clase, nicas que nos permiten entrever el fin de las guerras suicidas del capitalismo y la llegada de la paz con la revolucin; ni confundir la libertad y la cultura de los hombres, ni profesar el culto, muy noble pero muy impotente, del espritu, como si existiera un espritu desencarnado planeando por encima de las refriegas y miserias humanas; ni fiarnos de la rebelin de las conciencias, que no es nada mientras no se haga carne en millones y millones a hombres... Pero queremos comprender al hombre, a todo hombre, a fondo; restituirle la conciencia de su valor, trabajar para desprender a la civilizacin moderna de la barbarie capitalista, ir hacia el futuro por caminos reales. El humanismo proletario, ms amplio que el otro, (42) es verdico, viril, innovador, heroico. Pero las luchas, en el seno de la sociedad sobre todo las de las ideas, no poseen la simplicidad que generalmente se les atribuye. Una lucha tiene siempre aspectos de
asociacin incluso de colaboracin, de interpenetracin, de enriquecimiento mutuo. As, los dos humanismos opuestos, a veces confundidos en los mismos medios, mezclados en los mismos hombres. Esta interpretacin no deja de tener para nosotros peligro porque, como hemos visto, en muchos aspectos somos los ms dbiles. ... Si queremos ofrece r al mundo principios de rejuvenecimiento susceptibles de reconstituir la Ciudad en plena descomposicin, debemos, como los cristianos, mantener la ideologa y la accin socialistas su carcter de intransigencia absoluta, y rechazar categricamente toda invitacin a incorporarnos. ... Este proletariado heroico y revolucionario (...) no podr realizar su misin histrica y promover una civilizacin original y verdaderamente proletaria ms que s constituye una filosofa que est a la altura de la gran transformacin de la que l es agente. Suscribo plenamente estas lneas de Edouard Berth (43) a condicin de entender por civilizacin proletaria la civilizacin de productores libres, humanos, en el sentido ms completo de la palabra, por la que la clase obrera combate por la supresin de las clases. *** Todos estos problemas parecen ms complejos de lo que son. Pasa como en la vida: si se quiere ver claro, se ve. Todos pueden confesrselo: se distingue sin dificultad lo verdadero y lo falso, lo justo y lo injusto, el deber y el inters, el valor y la vileza. Las virtudes ms antiguas, trabajan hoy en favor de aquellos que comprenden que el mundo en su plena transformacin necesita hombres valerosos. Para stos no se trata (y qu nos importan los dems) de sueos o beneficios; se trata, en el oficio literario como en cualquier otro, de sentirse til, segn sus propios medios, a la revolucin que viene o se realiza ineluctablemente. Hay muchas cosas en el presente que ya no pertenecen ms que al pasado; incluso muchas cosas que nacen llevan todava la huella del peor pasado. Son indefendibles unas y otras. Se necesita, para expresarlo, almas de leadores. Todas las sinceridades pueden servir, con tal que sean sin blandura ni tibieza. Estos tiempos exigen almas viriles. Su literatura tiende a identificarse con la vida; reclama obras que sean actos o justificaciones de actos, testimonios, llamadas, ejemplos. El escritor recupera su lugar entre los millones de hombres en marcha. Algunos, los ms felices porque habrn sido los ms decididos, darn a los proletarios, van guardia de estas masas, una literatura de comba tientes apasionados.
Notas - (1) Georges Sorel (Les ilusions du progrs, p. 124 y ss.) se inclina a no reconocer este papel de los enciclopedistas; Lenin fue ms justo. -- (2) La falta total de inters, es decir de curiosidad, de que hacen prueba las grandes revistas burguesas tales como "La Nouvelle Revue Franaise" respecto al lector que pertenece a las clases inferiores de la sociedad, tiene algo de asombroso e incluso, desde otro punto de vista, torpe. Estas revistas consideran visiblemente a la literatura como el monopolio de una pequea lite privilegiada. Su mismo lenguaje se resiente de ello. --(3) El censo de 1921 permiti establecer el siguiente cuadro de la composicin social de la poblacin de Francia: Poblacin activa (incluyendo extranjeros) 20.000.000 Burguesa 1.500.000 Clases medias (pequea burguesa, campesinos funcionarios y otros) 4.500.000 Proletarios (obreros, empleados, artesanos y campesinos pobres) 14.000.000.
--(4) Instruirles, distraerles. Toda la obra de Paul Bourget es claramente didctica. Paul Morand, en sus mejores pginas, obedece visiblemente al deseo de, divertir a su lector. En un sentido un poco diferente, puede decirse que Gide y Proust edifican al lector ampliando su experiencia intelectual. --(5) Yo conozco tres: LInsurg, de Valls; La Commune, de P. y V. Margueritte (1904), I.N.R.I., de Lon Cladel, recientemente editada por la Librairie Valois. Es de notar que la obra de un Valls no ha sido reeditada desde hace muchos aos. Hay que hacer constar que el espritu burgus de la librera impide, aun a los editores avanzados, reeditar al communard, lo cual podra ser un excelente negocio. Pero habra mucho que decir sobre este aspecto de la cuestin. Los partidos obreros tienen en Francia varios millones de electores; las diversas organizaciones sindicales agrupan aproximadamente a un milln de miembros; el partido socialista, el partido comunista, los grupos sindicalistas y libertarios representan, en su conjunto, unos cien mil militantes, y yo creo que el militante obrero, con su curiosidad de espritu, su independencia de carcter, su temperamento activo o incluso batallador, su sentido de las realidades, es un tipo humano de gran valor. Detrs de estas formaciones, las masas, propiamente dichas, constituyen un receptculo vasto como el ocano. Que exista aqu todo un pblico literario dispuesto, para el cual se puede y se debe trabajar, escribir, publicar, todo un pblico muy capaz, sabiendo interesarle, de hacer vivir su literatura, es algo que me parece incontestable. Si los editores no se han apercibido todava de ello, eso es debido, en primer lugar, a la presin que sobre ellos ejerce la librera burguesa, muy asustadiza y suspicaz respecto a todo revolucionarismo real. La dificultad de hacer vivir libreras obreras, tales como la heroica Librairie du Travail, es debida a la falta de recursos en un principio y, quiz ms todava, al funesto espritu sectario de las organizaciones obreras. El xito duradero de Zola es testimonio de las grandes posibilidades con que puede contar una literatura popular en el sentido proletario de la palabra. --(6) Establecimiento de la II Repblica: jornadas de junio de 1848. Establecimiento de la III Repblica. Semana sangrienta de mayo de 1871. --(7) De la misma obra de Paul Morand son tambin las siguientes lneas: Un da cercano (...), los chinos y negros vendrn a disputarnos las buenas tierras: habr una lucha de razas por los mejores climas como hay una lucha de clases por la posesin de las riquezas. Si no se inventan de aqu a entonces azotes cientficos e inundaciones artificiales habr que contar con numerosas guerras csmicas (...), lo nico que quedar es entrar en la Trapa). --(8) No quiero murmurar sobre la novela de pareja construida sobre el eterno tema; pero este eterno tema tiene que retomar su lugar entre otros ms vastos. El hombre y la mujer dependen, en cualquier momento de su existencia, de la vida social, la dictadura burguesa, cuando finge ignorar esta dependencia, falsea y empobrece la imagen que nos da de la realidad; sustituye el mundo real por n mundo tan convencional como un viejo decorado de pera. La literatura sovitica rusa, por otra parte, no tiene por qu enorgullecerse de no haber producido en 10 aos ni una sola novela de amor mnimamente notable: ello muestra solamente que no responde a todas las necesidades de la sociedad. --(9) Lo mismo que antes una parte de la nobleza se pas a la burguesa... Karl Marx y Friedrich Engels, Manifiesto comunista. (10) Intencionadamente no empleo aqu las palabras masas o clases, que parecen ms exactas a los aficionados al esquematismo seudomarxista. Las relaciones en tre los medios intelectuales y las categoras de la produccin estn lejos de ser tan directas como se imaginan esos simplificadores, que no encuentran nada mejor que suprimir dogmticamente las dificultades. Este mtodo n tiene nada que ver, evidentemente, con el anlisis marxista --(11) El punto de vista de la crtica habra que examinarlo aparte. Una crtica penetrante y combativa, que no se contentara con poner de relieve los mritos d la
obra, insistira a placer sobre sus debilidades ideolgicas. Una crtica de este tipo me parece condicin para el desarrollo de una literatura revolucionaria. --(12) Verdad es que no le ser difcil dar nacimiento a muchos malos, y ahogar algunos buenos, con la ayuda las circunstancias; pero esto no compensa aquello. --(13) Es muy falso reducir el pensamiento burgus a la literatura e incluso a la filosofa; no es ni por la literatura ni por la filosofa como la burguesa mantiene su dominio sobre el mundo sino por una accin constante, la que corresponde un pensamiento flexible, ingenioso, inventivo, endurecido por la voluntad de poder a la que se ala. Qu hombres han encamado el pensamiento burgus de despus de la guerra? Los escritores Heinrich Mann, Thomas Mann, Ludwig, Von Unruth, Remarque? No son ms bien un Hugo Stinnes, un Walter Rathenau, un Helferich, un Como, un Schaht, y los Hugenberg, Thyssen, Kloeckner, Krupp, a los que no hay que considerar aqu como individuos pensantes, como una clase pensante representada por individuos? Les dan cuerda y los idelogos se ponen a hablar; y se no es ms que uno de sus medios menores de dominio. Tomo por ejemplo a Alemania, literatura burguesa respecto a la burguesa misma es manifiesta sin que el burgus lo resienta. 14) Sobre los surrealistas escriba yo en 1926, en una revista sovitica: el error capital de los surrealistas es hablar tanto del hombre simplemente, e identificarse ellos mismos, jvenes intelectuales pertenecientes a una pequea burguesa aplastada por la historia de un pas capitalista desangrado, en una sociedad burguesa inquieta y debilitada, con el hombre moderno. Egocentrismo demasiado explicable, que sera ridculo si no fuera triste. El hombre frustrado para el que el suicidio es una el sueo una suprema fuente y el delirio una obra de arte no es en la Francia moderna ms que el producto de ciertos medios sociales circunscritos No trabaja. Millones de trabajadores sufren en el pas, a los que la realidad interesa, que no piensan en el suicidio y, prefieren la accin al sueo, para los que una palabra, conserva todo su poderoso sabor eterno, que saben o presienten que se ofrece toda ella ante sus ojos, para conquistarla. --(14) Sobre los surrealistas, escriba yo en 1926, en una revista sovitica: ...el error de los surrealistas es hablar tanto del hombre simplemente , e identificarse ellos mismos, jvenes intelectuales pertenecientes a una pequea burguesa aplastada por la historia de un pas capitalista desangrado, en una sociedad burguesa inquieta y debilitada, con el hombre moderno. Egocentrismo demasiado explicable, que sera ridculo si no fuera triste. El hombre frustrado para el que el suicidio es una solucin, el sueo es una suprema fuente y el deliro una obra de arte, no es, en la Francia moderna, ms que el producto de ciertos medios sociales circunscritos. No trabaja, Millones de trabajadores sufren en el pas, a los que la realidad interesa, que no piensan en el suicidio y, lejos de ellos, prefieren la accin al sueo, para lo que la vida, en una palabra, conserva todo su poderoso sabor eterno, porque saben o presienten que se ofrece toda ella ante sus ojos, para conquistarla. (15) LEvolution cratrice, p. 166 y s. (16) El Capital, t. 1, cap. (17) Les intellectuels et la rvolution, Gallimard, Pars, 1927, p. 128. Creo que esta obra habr sido superada hace ya tiempo por Pierre Naville. . (18) Lenin, Qu hacer? --(19) L. Trotsky, Literatura y revolucin. --(20) Carlos Marx, La sagrada familia --(21) L. Trotsky, Literatura y revolucin --(22) Victor Serge, "Une littrature proltarienne este-elle posible?" Clart, n. 72, 1.0 de marzo de 1925. --(23) Pravda 24 de noviembre de 1931. (25) Churkin, Brigadas de choque --(24) El Capital, prefacio a la primera edicin. (*) "Poilu" soldado francs de la Gran Guerra. Literalmente "peludo". N. del T. --(25) Churkin, Brigadas de Choque.
--(26) Pravda 20 de diciembre de 1931 --(27) Es necesario a propsito de este ttulo, sealar los inconvenientes y la falsedad de una concepcin militar de la produccin, an sobrentendida por el vocabulario. La produccin no es la guerra, la industrializacin socialista no es la lnea de fuego (pase todava para la industrializacin capitalista, esa devoradora de hombres), el trabajador no s un soldado. La produccin y la guerra reclaman organizaciones diferentes, mtodos diferentes, cualidades humanas diferentes. --(28) No puedo resistir el deseo de citar algunas lneas de Romain Rolland: Cualquiera que sea la obra emprendida () no existen ms que dos artes en el mundo: el que tiene por punto de partida la vida y el que tiene por punto de partida la convencin. Y, ms adelante: Se ha combatido valientemente por la verdad en poltica. No s menos necesario defenderla en el arte. Lo uno no es distinto de lo otro. El principio de la justicia no es el corazn, el vaporoso sentimentalismo: es la inteligencia, la lucidez de la inteligencia. La salud de la inteligencia importa en el ms alto grado a la accin y a la revolucin (La poison idealista, a Chales Pguy, julio de 1900). --(29) Aspectos distintos, valores distintos de un libro Les conqurants, descritos por Malraux, nietzscheano que viven de una revolucin, no tienen casi nada en comn con los revolucionarios proletarios. Con ello no quiero decir que no se encuentren hombres de este tipo en las revoluciones: stas fabrican de todo y el papel de los aventureros no es en ella despreciable. Pero el revolucionario de hoy es el revolucionario profesional de Lenin, el hombre del partido bolchevique, el militante de los pases latinos, y Garin est a mil leguas de estos hombres Malraux es completamente ajeno a la concepcin proletaria de la revolucin; analizndolas, sus ideas Se revelan quiz como las de un enemigo: perfectamente burguesas. Pero, por la sensacin que nos procura la calle en Cantn, por la revelacin, en algunos trazos, de la masa china a la que sabe ver y que nos hace ver, la intensa visin que nos da del drama cotidiano, su libro nos es precioso; y no hablo de su valor puramente literario, que es indudable. --(30) Carta del 25 de febrero de 1908. --(31) Al contrario que en el perodo anterior: se traduca enormemente hasta 1928. --(32) Un crtico calificaba incidentalmente, en la Gaceta Literaria de Mosc del 26 de enero de 1932 a Jean Giono como idelogo de los kulaks (campesinos ricos) () lo que le dispensa de toda demostracin... -- (33) Para sealar a ttulo de ejemplo no veo ms que tres obras interesantes sobre la industrializacin: Sed, de Leonid Lonov; El Volga desemboca en el Caspio, de Boris Pilniak, y La hidrocentral, de Marietta Chagunian --(34) Les Ilusions du progres, p. 118. --(35) "Scholies", "La Nouvelle Revue Franaise", 10 de noviembre de 1929. --(36) Karl Marx, Mensaje al Comit Central de la Liga de los Comunistas, 1850. --(37) Henry Poulaile, Nouvel Age Litteraire. Uno de los mritos de este libro estriba en reunir sobre nuestro tema una gran masa de textos difciles, a veces imposibles de encontrar, algunos de ellos notables, como las pginas de Martinet sobre el arte de clase. --(38) Sealemos una fecha a este propsito, escriba en 1897, J. M. Guyau: segn algunos esteticistas, como Ruskin y Sully-Prudhomme, la industria humana, se volver cada vez ms incompatible con el arte. Seguan reflexiones sobre lo que hay de poco artstico en los rales del tren, por lo dems llamados railways... Les problmes de lesttique contemporaine. --(39) Sealemos el sentimiento que inspiran libros tales como el de Georges Duhamel, Scenes de la vie future; en l veo ms que una protesta del viejo humanismo contra el americanismo, este apogeo del maquinismo capitalista. Me ha gustado mucho una novela de Luc Durtain Ma Kimbell, porque la relacin entre el hombre y la mquina se presenta bajo su aspecto ms feliz: en ella se ve simplemente lo que una moto puede dar de felicidad a un hombre que la monta;
cunto la mquina acrecienta las posibilidades del hombre, con qu poder y fidelidad le sirve y cmo hay que saber comprenderla. --(40) Walt Whitman es a este respecto un magnfico precursor. Ya he recordado la obra de los unanimistas. La obrita de Dominique Braga, 5.000, me impresion hace algunos aos por la fuerza con que descubra en la emulacin una asociacin y por la comunidad de existencia que revelaba entre el campen, sus rivales y la muchedumbre del estadio. --(41) Ejemplos: Le pain quotidien, de Henry Poulaille, es como una obra autnticamente proletaria, no ciertamente a causa del habla obrera reproducida con tanto cuidado o del tema que trata todo l de un momento de la vida de algunas familias obreras (podra tratarse este tema, con esta lengua, de una forma completamente burguesa), sino a causa del carcter del carpintero Magneux. Podra decir otro tanto del Collignon de Tristan Rmy (A lAncien Tonnelier). Los libros de Panait Istrati, que exaltan la rebelin y la amistad, son nuestros por ello mismo. Sealo en una novela poco conocida de Louis Hmon, Battling Malone, pugilista, un sentimiento de clase expresado con una fuerza excepcional. --(42) El humanismo burgus sigue siendo el de la raza blanca. Sus representantes ms avanzados son los nicos que respecto a las razas de color expresan una simpata comprensiva; y en ellos es un ndice de evolucin hacia el humanismo proletario. --(43) Guerre des tats ou guerre des classes, p. 155-160.