1_ Desde la dcada de 1570, la elite colonizadora despleg una serie de dispositivos estatales tendentes a asegurar su dominacin poltica, econmica
y social. Tales dispositivos contaron desde un principio con una doble particularidad: a) las elites colonizadoras necesitaban la imperiosa intervencin de un estado fuerte; y b) dicha necesidad se relacionaba explcitamente con el desarrollo econmico del sector minero. La historiografa caracteriz a estos dispositivos estatales bajo el tpico de reformas toledanas1. Har a continuacin, una breve resea de sus aspectos formales ms generales. Enmarcadas por el largo declive demogrfico de la poblacin nativa, las RT entraaron la monetizacin coactiva de la energa laboral excedentaria de las comunidades 2,. Precedidas por las visitas3, las RT fijaron las obligaciones en proporcin a las cifras de tributarios de cada repartimiento de encomienda 4. Sin ser eliminado, el tributo en especie se redujo sustancialmente, compensando dicha reduccin con un significativo aumento del tributo en dinero. La institucin de la mita (vg. turnos de trabajo obligatorios en las minas de Potos), pas a ser el mecanismo coercitivo por el cual cada mitayo obtena el salario5 para pagar su cuota dineraria del tributo. Dicho salario no sufragaba la reproduccin biolgica del trabajador, que corra a cargo del modo de produccin indgena. Este ltimo subsidiaba la tasa de ganancia minera, por cuanto reduca el costo de la mano de obra mitaya, suministrndole los valores de uso necesarios para su reproduccin. La viabilidad real de este sistema, como asimismo, las contradicciones y respuestas que gener en los explotados a lo largo del siglo XVII, es la materia de anlisis de cada uno de los autores que expondr a continuacin. Mientras Stern centraliza su anlisis de las RT como construccin del brazo poltico de la colonizacin, Assadourian las enfoca desde la perspectiva marxista de la transicin a nuevas relaciones sociales de produccin, basadas en la mercantilizacin de los factores productivos. Una doble implementacin, (vg. el azogue para beneficiar el mineral de baja ley extrado y la movilizacin coactiva de trabajo mitayo para extraer y moler dicho mineral), acaba produciendo un nuevo ciclo anual de la produccin de plata potosina. A diferencia del basado en la tecnologa nativa (huayras 6), el nuevo ciclo promueve una reproduccin a escala ampliada del mercado interno de medios de produccin y subsistencia. El anlisis de Assadourian se centra en las condiciones productivas de Potos, donde tienen lugar dos estrategias indgenas claves para sostener la reproduccin ampliada del mercado interno7: la corpa8 y el trabajo voluntario9 (de mitayos, yanaconas y mingados). Si bien estas estrategias aliviaron en alguna
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Al slo efecto de hacer ms gil la escritura y lectura de mi exposicin, designar con las iniciales RT a las reformas toledanas. Tambin pusieron bajo control estatal los yacimientos de Huancavelica y regularon el acceso a los desmontes de minerales en Potos. 3 Toledo orden que se cumpliesen a las diferentes provincias, a efectos de recopilar informacin demogrfica y econmica. 4 Stern lo caracteriza como, unidad jurisdiccional que afectaba la movilizacin compulsiva de mano de obra campesina 5 Dicho salario fue fijado por el estado toledano, quien tambin regul formalmente las condiciones de trabajo. 6 Desde 1545 hasta las RT de la dcada de 1570, la produccin y circulacin de plata se hallaba en manos de los indgenas, quienes disponan de los hornillos, como as tambin del combustible y soroche (metal para beneficiar el mineral fundido). 7 Assadourian sintetiza dicha reproduccin con la frmula T-D-M (Trabajo para extraer el Dinero que compra las Mercancas). 8 Mineral de alta ley que el trabajador guardaba para s y que segn palabras del autor, constitua cerca del 80% de la ganancia del indio. 9 Vg., el alquiler del mitayo durante sus dos semanas de descanso por cada semana de mita trabajada.
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medida la permanencia en el asiento minero, la mita agrav la coyuntura demogrfica depresiva con los efectos agregados de sus gravosas condiciones tributarias. Asimismo, el magro salario percibido en el asiento minero no resultaba un atractivo aliciente para cumplir con el turno. En vista de ello, tanto Assadourian, como el resto de los autores, mencionan entre las estrategias indgenas de oposicin a la mita, la huida del mitayo. Si bien dicha huida signific en la mayora de los casos el regreso del trabajador a su comunidad, donde ese regreso no se verific Assadourian sugiere que se han roto los vnculos con la comunidad de origen (vg. para el caso de los forasteros que aumentan cuantitativamente durante el siglo XVII). De su anlisis se deduce que dichos lazos permanecieron en general incomprometidos, pues de otra forma, el modo primitivo de produccin indgena no hubiese podido sostener el desarrollo econmico de los sectores minero y mercantil. Sin embargo, para Stern los efectos causados por las RT no producen una imagen tan funcionalista del proceso histrico. En principio, el sistema implementado por Toledo no previ las adaptaciones dinmicas de las comunidades10. Stern a diferencia de Assadourian, cuestiona la funcin del salario de mita como erogacin que hace posible el pago en dinero de la cuota tributaria. Los mitayos eran presionados bajo una forma de coaccin econmica (la deuda con el patrn de la mina) para que gastaran parte de su magro salario en comida y/o otros bienes de subsistencia, para l y los suyos 11. Esta situacin volva dificultoso reunir el total de su cuota tributaria una vez cumplido su turno. Buena parte de su salario era sustrada por el minero que le haba endeudado deliberadamente. Las estrategias a disposicin del trabajador para evitar estos abusos, dependan de factores como: su acceso a tierras de la comunidad 12, su entereza fsica13, su mayor cantidad de familiares 14, etc. Pero a su vez, dichas estrategias se hallaban sobredeterminadas por las tcticas ms generales que la comunidad desplegaba para mantener su autonoma econmica. Las comunidades alcanzaron este objetivo central, durante el ltimo quinto del siglo XVI. Durante el siglo XVII, dicha autonoma se vio comprometida por un proceso iniciado a fines del siglo anterior: la reorganizacin e integracin de las estructuras locales del poder en una red efectiva de dominacin estatal. Este proceso, fortalecedor de las RT, es caracterizado por Stern en trminos de sistema sifn, que drena trabajo y recursos locales de economas campesinas de alta autonoma reproductiva, a las elites coloniales. La extensin de los corregimientos de indios15, establecieron una instancia de dominacin con la cual
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En los decenios de 1580 y 1590, muchas comunidades estaban acumulando miles de pesos que depositaban en cajas de la comunidad. Los mitayos eran acompaados por sus familiares (esposa, hijos y otros allegados) agravando la escasez de mano de obra en el ayllu. 12 Donde slo se vean favorecidos aquellos cuyas comunidades se hallasen prximas al asiento minero (vg. de Potos, Huancavelica, Castrovirreyna, etc). 13 Los trabajadores sanos y fuertes, podan acumular mayores crditos laborales, por mayor cantidad de jornadas de trabajo efectuadas. 14 Quienes podan ayudarlo ya sea alquilndose en el asiento minero (vg. mujeres y nios en los obrajes) o produciendo mayor cantidad de valores de uso en sus ayllus. 15 Toledo agrup los repartimientos en distritos rurales o corregimientos, donde el principal agente administrativo, judicial y carcelero del Estado, era el corregidor de indios.
debieron contar comunidades, autoridades tnicas y elites privadas espaolas, al momento de disear sus respectivas estrategias. El corregidor, como autoridad coactiva, hubo de erosionar la autonoma econmica de las comunidades, de diversos modos16 a lo largo de este siglo. El anlisis de caso de Saignes17, establece como medida determinante para sostener la autonoma econmica campesina, el acceso tradicional a recursos ecolgicos complementarios. Las estrategias para acceder a dichos recursos, se basaban en las migraciones estacionales, temporales y permanentes. Dichos desplazamientos preocuparon a las autoridades coloniales del siglo XVII, que debatan acerca del abandono de las reducciones indgenas y la quiebra del trabajo forzado de las minas. Para 1645 y 1683 las pcias. haban perdido la mitad de los indios de los ayllus de altura contabilizados por Toledo en 1575. La Numeracin de la Palata, empadron cerca de la mitad de la poblacin de distintos pueblos, bajo las categoras de forasteros y yanaconas. De acuerdo a la interpretacin tradicional, estos sujetos se hallaran desvinculados de sus comunidades de origen. En la opinin de Saignes, dichas categoras encubren nuevas formas de vnculo entre migrantes y comunidades de origen, traducibles como nuevas estrategias originales frente al asedio colonial. En su elaboracin y aplicacin, participaron caciques, curas y corregidores. Los mova el inters comn de subvaluar la fuerza de trabajo para conseguir una rebaja de la cuota de mitayos a Potos 18 y de este modo aprovechar a los campesinos para otros trabajos. Siguiendo a Zulawski, podemos decir que las modalidades de inscripcin de los migrantes (respecto de sus comunidades de origen y de acogida), pueden sintetizarse de este modo: el forastero es acogido por una comunidad donde no retiene derechos sobre la tierra que explota, mientras que estos derechos s los retiene, en su comunidad de origen para la cual tributa. De esta manera queda readaptado el patrn tradicional de migracin de los mitimaes, en la figura del forastero, que asiste con bienes agrarios complementarios (vg. de los valles o yungas) a su ayllus de altura (vg. de la puna). Zulawski analiza el caso de Oruro, asiento minero que se pobl durante el perodo colonial con mano de obra migrante, procedente en su mayor parte de la misma provincia donde estaba el asiento (Paria). Siendo que Oruro no recibi contingentes de mita, tenemos en este caso puntual, el ejemplo colonial de formacin de un mercado de trabajo minero parcialmente dependiente de las relaciones salariales. La estabilidad laboral y la parcialidad del rgimen de salario, se debieron a que la mayor parte de los forasteros del asiento mantenan derechos sobre sus tierras de altura. A diferencia de los yanaconas de Oruro, los forasteros no dependan del salario minero para vivir, mientras que su tributo dinerario era colectado por los curacas o hilacatas que, a ese efecto, regenteaban Oruro regularmente.
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Durante el siglo XVII, los corregidores saquearon las cajas de la comunidad; hicieron repartos extraoficiales de mano de obra mitaya a sus amistades; encarcelaron, torturaron y hasta mataron a los curacas insumisos, a quienes tambin les confiscaron sus propiedades. 17 El autor estudia la Audiencia de Charcas Sur durante el perodo 1645-1685, basndose en la Numeracin de La Palata de 1683. 18 Esta complicidad mutua explica la sustraccin de muchos tributarios de las listas censales.
El yanacona que ha roto con su comunidad y se ha ladinizado, marca con su proceder una estrategia de corte individualista. Por su parte, el forastero que busca escapar a la mita y retener sus derechos a las tierras de su comunidad, continua pagando el tributo dinerario que lo exime de su cuota mitaya. Pero hacia 1690, los caciques-gobernadores que siguen cobrando las contribuciones de los ausentes, cobran tambin la de los forasteros instalados en su pueblo. Esto que Saignes revela en su estudio de caso, impone un lmite a los desplazamientos, pues de qu sirven, si hay que pagar doble? Las nuevas estrategias que se agudizan hacia fines del siglo XVII, pasan por un desplazamiento de tipo categorial y biolgico: el mestizaje. De este modo se logra evadir la mita, aunque no la inscripcin en un ayllu 19. Tanto Saignes, como Rasnake, concentran sus anlisis en el rol del curaca, por cuanto sus acciones resultan en muchos casos determinantes de las estrategias indgenas. Rasnake en su anlisis de la confederacin de los Charca, presenta a las RT como reorganizadoras del poder nativo, al tiempo que supresoras de una cantidad considerable de autoridades indgenas. Sin embargo, la centralizacin de la autoridad indgena en una misma reduccin, que propici la formacin de nuevas autoridades, acab subordinndose a las tradicionales hereditarias20. Al menos esto se corroborara para el caso de los wisija. Rasnake toma posicin en el debate abierto sobre el rol de los curacas, sealndolos como un producto colonial, resultado de la necesidad de amoldar la organizacin interna wisijsa a las demandas fiscales del rgimen espaol. Tanto Rasnake como Saignes, coinciden en que muchos curacas lograron mantener la continuidad y cohesin de sus pueblos. Esto se logr combinando dosis de violencia sobre los miembros del ayllu, junto a una cierta confusin entre los intereses privados y colectivos. 2_ Antes de examinar los casos particulares de la produccin agraria Iberoamericana, compendiar los elementos generales presentes en esta etapa de transicin al capitalismo agrario. Empezando por los tipos de explotacin del suelo dir que, la distribucin de sus recursos productivos implicaba una baja composicin orgnica del capital (excepcin hecha del sector azucarero), cuyo correlato era una alta demanda de mano de obra (estacional en la agricultura cerealera y permanente en las explotaciones ganaderas y haciendas azucareras). No exista un mercado libre de trabajo y ello se deba a dos factores fundamentales. Por un lado, la resistencia que al proceso de acumulacin originaria 21 (vg. a su proletarizacin) oponan los productores directos polticamente subordinados (en especial por las comunidades indgenas). Por otro lado, y como respuesta a esa resistencia, las estrategias de los
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A los mestizos se los adopta bajo el nombre genrico de caratullcas, designacin que combina el trmino cara (yerno) con tullca (pinta de un solo color, con connotacin de enfermizo). De este modo son simblicamente integrados al ayllu donde pagarn su tributo. 20 Durante el siglo XVII se habra desarrollado un modelo en el que los miembros de la elite hereditaria ya no tenan la indiscutible posicin vitalicia como kurakas principales del repartimiento. Sin embargo, aunque el cargo ya no era vitalicio, continuaba repartindose dentro de un grupo reducido. 21 Marx la define como: proceso histrico de separacin de productor y medios de produccin (XXIII, 742, [OME, 41, 360]); separacin de las condiciones de trabajo como fuerzas autnomas frente al trabajo y los trabajadores (XXVI, 3 267); Obras Completas de Marx y Engels (OME), Crtica, Barcelona, 1976 1980.
propietarios para limitar la movilidad de la fuerza de trabajo 22, que resultaban entorpecedoras de la consolidacin del mercado libre. Tampoco exista, en lneas generales, hegemona de la esfera productiva sobre la comercial23. El mercado, incentivo central de la produccin agraria, era al mismo tiempo un espacio donde se explotaba a los productores. Los mercaderes eran los agentes de dicha explotacin, pues controlaban el dinero, los circuitos regionales e internacionales y el crdito. Pasando al anlisis de los casos, y empezando por Florescano, encontramos en la Nueva Espaa del siglo XVIII, la presencia de haciendas 24 que producen desde azcar hasta cereales y ganado, padeciendo el problema general de la mano de obra escasa. En 1632 la Corona formaliza con la supresin del coatequitl25, los reclamos de los grandes hacendados por una fuerza de trabajo libre. En adelante, un espectro de modalidades que abarca desde el arrendamiento de tierras a campesinos (vg. haciendas de El Bajo), hasta el ms comn sistema de peonaje por deudas (haciendas del Centro y Sur) obtendr su mano de obra temporera para las actividades claves del calendario agrcola. Quienes aportan esta mano de obra no son los pueblos indios, sino los grupos racialmente mezclados que carecen de derecho a la tierra. La relacin hacienda-mercado prospera en relacin directamente proporcional a la mayor o menor proximidad de los grandes centros urbanos y mineros. Sin embargo, la serie de inestabilidades 26 que este tipo de explotacin afronta, acaban propiciando un modo clave de maximizar los beneficios mercantiles: reducir al mnimo la compra de insumos en el mercado . Los hacendados se ven obligados a ampliar su espacio productivo, aadiendo recursos que de otro modo deben comprar en el mercado. La hacienda pasa a ser una explotacin de policultivos 27, favoreciendo el asentamiento y reproduccin de la fuerza de trabajo (vg. terrazgueros, peones, etc.) por el suministro del bien ms barato que retiene en propiedad del hacendado: la tierra. Por ltimo, Florescano esclarece en la explotacin mercantil a que se ven sometidos los hacendados (habilitaciones 28) y en las gravosas cargas de censos y diezmos, dos elementos cruciales que socavan la continuidad de grandes haciendas. Slo los grandes propietarios, sirvindose de la institucin espaola del mayorazgo, lograron mantener indivisa la propiedad.
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Ya sea por coaccin extraeconmica (esclavitud y servilismo), o econmica (sistema de peonaje por deudas) Al mismo tiempo, ambas esferas se hallaban sobredeterminadas de modo ms o menos directo, por la superestructura legal del Antiguo Rgimen que (a pesar de las reformas ilustradas borbnicas del perodo tardocolonial), continuaba organizando en buena medida la distribucin de los recursos productivos. En conclusin, no exista en este perodo el mercado capitalista autorregulado (Cfr. La Gran Transformacin, Karl Polanyi, Madrid, ediciones La Piqueta, 1989). 24 Su definicin ms general sera esta: unidades de produccin de diversos bienes rurales, orientadas a los mercados en bsqueda de ganancias mercantiles. 25 El coatequitl o repartimiento, benefici a los hacendados con el reparto forzoso de trabajadores indgenas. Su vigencia cubri el perodo de 1550 a 1630. 26 Vg., las naturales relacionadas con la abundancia o escasez de las cosechas y las mercantiles que entraaban la competencia indgena y de los pequeos agricultores. 27 Dicho tipo de explotacin, acab desplazando a sus competidores (pequeos y medianos) del acceso a la tierra y al mercado. 28 Adelantos que haca el comerciante al productor, a cambio de la compra de la mayor parte de la cosecha.
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Carmagnani por su parte, aporta otro enfoque a este sucinto panorama agrario de la Nueva Espaa tardocolonial. En su estudio regional de Oaxaca, focaliza las estrategias indgenas que buscan reconstruir un tipo de racionalidad econmica basada en la etnicidad. En el Sur del virreinato, las relaciones comunitarias no solo perviven, sino que sirven de freno a la desestructuracin propiciada por la conquista y colonizacin espaola. La tierra, se halla en poder de las comunidades tnicas, y es explotada por la flexibilidad e intercambiabilidad de sus recursos. En este caso, la mano de obra agraria descansa en las unidades domsticas campesinas que explotan parcelas cedidas por la comunidad, en contrapartida por su cesin regular de trabajo y animales. Dichas unidades se ven favorecidas no solo por su acceso a los recursos naturales, sino tambin por hallarse protegidos en caso de reveses agrcolas por las cajas de la comunidad (siglo XVI) y de la cofrada o hermandad (siglos XVII y XVIII). La expansin mercantil de la regin de Oaxaca (1760-1770), afecta a la economa indgena aumentando su monetizacin. En esa coyuntura mercantil expansiva, los indios maximizan la intercambiabilidad y flexibilidad de los recursos, resultando de ello un aumento del volumen del producto agrario comerciado. La dicotoma valor de usovalor de cambio, no se ajusta al producto indio, que contiene ambos valores. Por otra parte, las modalidades de intercambio de la etnicidad convocan tres estructuras de circulacin de bienes y dinero: el tianguis, la tienda y el repartimiento. El tianguis remeda el mercado nativo prehispnico, presentndose como un mecanismo de relacin intertnica llamado a balancear los bienes insuficientes en los pueblos 29. La tienda es un punto de conexin con la economa mestizo-blanca, circulando bienes de integracin (no producidos por las comunidades indgenas) y sirvindose de pagos monetarios 30. El repartimiento encarna el polo ms mercantilizado y monetizado de la economa india., siendo adems de una prctica coercitiva superordenada, una instancia positiva y primordial, por cuanto provee el dinero efectivo (a cambio de la grana cochinilla) con que las sociedades indias sufragan el precio de su autonoma31. Pasemos ahora al examen de los Andes empezando por Susan Ramrez, que estudia las causales del relevo de la elite hacendada del valle de Yao y Lambayeque en el siglo XVIII. Desde 1650 hasta 1720, la demanda azucarera (local y supralocal) impulsa la extensin y crecimiento de las haciendas. A partir de 1700 condiciones adversas la ponen en crisis32. El ciclo negativo del precio del azcar deprime los beneficios e infla los costos. Mientras la hacienda cerealera y ganadera puede obtener su fuerza de trabajo de las sociedades indias, la hacienda azucarera depende para ello de la circulacin mercantil. La
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Su objetivo no es la ganancia mercantil, sino la compensacin va trueque. Y tambin por una anticipacin de bienes a futuro, costeada por los propietarios de tiendas interesados en productos indios de gran salida mercantil como la cochinilla. 31 Vg. Los tributos reales y las obvenciones eclesisticas. 32 Catstrofes naturales (roedores 1701-, inundaciones 1720-28) destruyen capital (vg. redes de acequias, salificacin de la tierra, destruccin de ganado y cosechas). Aumento de la competencia y supresin del sistema de flotas (1740), agravan la crisis de realizacin mercantil de una produccin en declive. Las reformas borbnicas hacen lo suyo aumentando las tasas impositivas.
crisis de ganancia interrumpe la importacin esclavista 33, mientras un ciclo de endeudamiento-quiebraembargo-venta, pone la tierra de las haciendas en un espacio mercantil supeditado polticamente. Las viejas haciendas se pierden en hipotecas improductivas y derroche consumista, renovndose el ciclo de expansin econmica mediante las nuevas haciendas que han reconvertido su produccin a la ganadera. Sus titulares del siglo XVIII, adquieren mayor relevancia socioeconmica en tanto remedan las estrategias vinculares de compadrazgo de la decadente elite. Ganados sueltos que destruyen cosechas indias, usurpaciones polticamente amparadas y repartimiento forzoso de mercancas, son algunas de las ms eficaces medidas colonialistas para separar a los indios de sus tierras, propiciando su integracin a las haciendas como fuerza laboral permanente. Brooke Larson se ocupa de Cochabamba, cuya produccin cerealera abasteci los asientos mineros de Potos y Oruro. En los valles centrales de tierras frtiles y bien regadas, dominaba la produccin maicera34. En los valles fluviales y mesetas occidentales, progresaron los cultivos nativos de subsistencia (tubrculos), el trigo y la cra de ganado. Las duras condiciones de vida de la poblacin indgena fueron registradas Francisco de Viedma en su Descripcin Geogrfica de 1788. Ahora bien, en un contexto de recuperacin demogrfica indgena, las elites hacendadas de los valles centrales que retenan el dominio productivo de las explotaciones, fueron incorporando como inquilinos y arrimados de la hacienda, al gran porcentaje de forasteros que careca de derechos sobre la tierra. A cambio de su tenencia sujeta a arriendo o aparcera, el inquilino proporcionaba su fuerza de trabajo para las faenas estacionales. Los montos y condiciones del arriendo, precisados por la costumbre y violados por los hacendados, fueron defendidos por los minifundistas en los tribunales coloniales. Sin embargo, uno de los factores 35 ms disruptivos no provino de la lucha de clases frontal, sino de la competencia mercantil que sus propios inquilinos le planteaban a los hacendados en los mercados locales. Sacando provecho de los recursos de la hacienda y produciendo un limitado excedente comerciable, los minifundistas consolidaron una red comercial campesina que facilitaba los bienes complementarios para estabilizar su subsistencia36. Resta examinar el caso de Brasil, que a diferencia de Mxico y los Andes, no contaba con un campesinado nativo en las zonas de asentamiento portugus. El objetivo de Schwartz busca reconstruir las relaciones histricas entre esclavismo y campesinado, que se articularon a travs de una explotacin agraria mercantil y regionalmente diferenciada. La plantacin caera encarnaba un polo econmico que
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En funcin de la alta demanda de trabajadores no cualificados se recurri a peones y jornaleros nativos, que percibieron salarios altos. Destinada fundamentalmente a la produccin de chicha, bebida que desplazaba del gran consumo de alcohol al vino, y encareca las fanegadas de tierra regada de los valles. 35 Al igual que en el caso analizado por Ramrez, las leyes de herencia que prohiban el mayorazgo fomentaban la fragmentacin de la propiedad. Tenemos aqu un factor clave que abre una brecha institucional a la consolidacin de la gran hacienda. 36 Esa pequea produccin excedentaria intercambiada en las ferias, propal una creciente diferenciacin social, dentro de una sociedad indgena abatida hacia fines del siglo XVIII, por rebeliones (1781) y crisis de subsistencia (1784). A causa de estas calamidades, muchos campesinos se haban convertido en mendigos.
orientaba su oferta al mercado externo, mientras el consumo de bienes de subsistencia para su mano de obra esclava, lo cumpla apelando al interno 37. El desarrollo de esta relacin, se profundiz a fines de siglo conduciendo a la temprana formacin de un mercado nacional de alimentos, con Baha como eje Norte38 y Ro de Janeiro como eje Sur 39. La diversificacin de la agricultura de exportacin (vg. ail, cacao, caf, tabaco, etc.) trajo consigo un aumento de la demanda de mano de obra esclava y consecuentemente de los bienes de subsistencia para ella. Las explotaciones agrarias del Sur proveyeron a los mercados del Norte, con ganado, charque, arroz, y otros productos de subsistencia. Las unidades de produccin sureas (pequeas y medianas, con empleo extensivo de mano de obra esclava), contrastaban con las del Norte (plantaciones que empleaban esclavos de modo intensivo)40. En Baha, los esclavos eran obligados a producir la caa y el azcar y su propia manutencin, para la cual se les provea una porcin de tierra conocida como roa, que Schwartz considera un paso adelante en la mejora de sus condiciones de vida. Por su parte, Barickman, toma una posicin diferente en el debate que cuestiona la funcionalidad de la roa en al interior de la plantacin esclavista. Su estudio, centrado en Baha (1780-1860), cuestiona las posiciones historiogrficas que presentan a estos terrenos de aprovisionamiento, como lenitivos del esclavismo. La renovada demanda externa de fines del siglo XVIII, oblig a los plantadores bahianos a resolver el problema de mantener los contingentes incorporados de fuerza de trabajo. Ahora bien, comparando a Brasil con el rea antillana, Barickman obtiene imgenes contrapuestas que esclareceran la roa. Mientras el Caribe era como una gran plantacin dependiente de la importacin de bienes primarios de subsistencia, Brasil contaba con un mercado interno en el cual los plantadores podan comprar las raciones con la que alimentar a su fuerza de trabajo. Desde esta perspectiva, la roa signific un refuerzo de la dieta en el mejor de los casos, y una sobrecargar de trabajo extra, en el peor41. En lo atae al excedente comercial de las roas, Barickman dictamina que la presencia de una produccin campesina fuerte, inhibe la formacin de un mercado de subsistencia esclavista provistos por bienes propiedad de los esclavos (caso antillano). El sentido ltimo de este modo de ocupacin de la tierra, consista en una estrategia del amo tendente a disminuir las probabilidades de una rebelin de sus esclavos.
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Vale aclarar que los esclavos procedan del sector externo va trata negrera, lo cual se deba a que este tipo de mano de obra no contaba con crecimiento vegetativo, su ndice de masculinidad altsimo chocaba con uno de nupcialidad irrisorio, y altsima tasa de explotacin reduca la esperanza de vida. No podan formar familias por hallarse condicionados en la desapropiacin legal de s mismos. 38 Inclua a la zona Sur y al recncavo. 39 Inclua a San Pablo, Minas Gerais y Ro Grande. 40 Tanto la demanda externa de azcar, como la mayor composicin orgnica del capital invertido en ella, tornaba antieconmica la distraccin de recursos en cosechas de subsistencia como la mandioca. La presin poltica de gobernadores reales y concejos municipales ante la caresta generalizada del siglo XVIII, acab abriendo a su cultivo, las tierras marginales que favorecan su ciclo anual con un bajo empleo de mano de obra a cargo de los sectores ms pobres del campesinado bahiense.
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Siendo que las raciones se componan de charque (producida comercialmente por el sur y el nordeste) y harina de mandioca, Barickman entiende que en las roas los esclavos deban producir este cultivo de subsistencia, que por otra parte, en general no los independizaba de la racin provista por su amo.