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Lourdes Arizpe-La Cultura Es Interactividad

La cultura es un concepto polisémico que se refiere al flujo continuo de significados que las personas crean e intercambian para construir su patrimonio cultural y su identidad. Sin embargo, también puede usarse para justificar el extremismo. En la actualidad, las culturas se ven más influenciadas por la globalización y la interactividad cultural, lo que plantea preguntas sobre cómo proteger las culturas locales y promover la diversidad cultural en un mundo globalizado.

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La cultura es un concepto polisémico que se refiere al flujo continuo de significados que las personas crean e intercambian para construir su patrimonio cultural y su identidad. Sin embargo, también puede usarse para justificar el extremismo. En la actualidad, las culturas se ven más influenciadas por la globalización y la interactividad cultural, lo que plantea preguntas sobre cómo proteger las culturas locales y promover la diversidad cultural en un mundo globalizado.

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Del Libro: Culturas en Movimiento: Interactividad Cultural y Procesos Globales. Mxico: CRIM/Ed. MA Porra, 1995.

I.2. La Cultura es interactividad


Lourdes Arizpe*

En el mundo contemporneo, la cultura se ha vuelto riesgo, utopa, peligro y solidaridad. Gran parte de su atractivo radica en que es un concepto polismico, es decir que tiene muchos significados. Ofrezco aqu una sntesis de esa multiplicidad de definiciones. La cultura es el fluir continuo de significados que la gente imagina, funde e intercambia. Con ellos construimos el patrimonio cultural y vivimos en su memoria, creamos lazos con la familia, la comunidad, los grupos lingsticos y el Estado-nacin, y nos identificamos como parte de la humanidad. Estos significados nos permiten, asimismo, tener conciencia de nosotros mismos. No obstante, la cultura puede ser utilizada tambin como bandera de guerra y extremismo. Por ello, nunca se le debe considerar como algo dado, sino como una fuerza que se debe moldear cuidadosamente para obtener logros positivos. Cabe destacar que las culturas nunca se detienen. Cada persona aporta nuevas obras e imgenes que se funden en los ros de la historia. Hoy en da, las naciones y los pueblos de todas las culturas tienen entre s un contacto ms cercano y continuo que nunca. Unos a otros se miran y se plantean las mismas preguntas: cmo cuidar el patrimonio cultural?, cmo pueden coexistir culturas mltiples en un mundo interactivo?, cmo alcanzar el desarrollo sin perder el propio ser cultural? El ritmo del cambio cultural se ha acelerado con la globalizacin de las telecomunicaciones y, ms recientemente, de la informtica. Las fronteras culturales se desplazan en forma inevitable, y la representacin de diferentes identidades se renegocia en un nuevo espacio local-global. An hay mucho por hacer. En primer lugar, el patrimonio de la humanidad, con su belleza y significacin, debe protegerse a toda costa. Y, en segundo trmino, la maestra en las artes y las artesanas debe promoverse de tal manera que siga creando nuevos significados para nuestro tiempo y para las generaciones futuras. La creatividad es el recurso distribuido ms homogneamente en el mundo y en el caso de los pueblos latinoamericanos y caribeos, al parecer constituye un talento especial. De hecho, la capacidad de imaginar es la que le ha permitido a la especie humana adaptarse a diferentes ecosistemas y formas de convivencia. La banalizacin de la cultura La cultura se encuentra hoy en todas las agendas nacionales e internacionales. Se le cita con frecuencia en relacin con la diversidad cultural, con los conflictos tnicos o religiosos, con los contenidos de los medios masivos de comunicacin, con el capital social o con los bienes de contenido cultural en el comercio internacional. Se invoca el trmino de cultura, porque -y cito de memoria lo dicho en muchas reuniones internacionales- representa el corazn de la sociedad, nos otorga conciencia de nosotros mismos, nos otorga identidad frente al otro, y as sucesivamente. De hecho, este trmino se ha reificado en el discurso poltico, es decir, se le ha convertido en un objeto, como si pudiera existir en la realidad algo que correspondiera a cultura. Hay que evitar esta cosificacin de la cultura y hablar, en cambio de individuos o grupos 1

que deciden asumir, portar o transmitir ciertos rasgos culturales a los que se otorga coherencia y derivacin histrica en el discurso. Varios autores, entre ellos Eric Hobsbawm, han anotado que una historia cultural involucra siempre una invencin, porque se seleccionan distintos rasgos culturales en diferentes pocas para construir una historia apropiada para cada tiempo. Por lo anterior, resulta equivocado atribuir a la cultura una naturaleza esencialista, es decir, ahistrica e inmutable. Este esencialismo se coloca como el centro de una tradicin que ha fortalecido a las doctrinas fundamentalistas en muchos pases. Los serbios la han invocado para la aberrante limpieza tnica durante las guerras en lo que fuera Yugoslavia, y los talibanes, para justificar el trato discriminatorio hacia las mujeres afganas, sin derecho a estudiar en la universidad ni ejercer profesin liberal alguna. Tambin invocaron la pureza religiosa para perpetrar un ataque deliberado al patrimonio cultural de la humanidad, con la destruccin de los Budas de Bamiyan. El fundamentalismos, que tambin existe en el Cristianismo, el Judaismo y el Hinduismo, es el que provocar conflictos perenes entre religiones, entre culturas y entre naciones por ello hay que rechazar todo fanatismo, en especial si se presenta como pseudociencia. Baste sealar que el Consejo Internacional para la Ciencia (ICSU) consider necesario poner de manifiesto su preocupacin por la frase sistemas tradicionales que intenta dar validez a las creencias tradicionales. La importancia del conocimiento emprico acumulado durante generaciones y basado en evidencias prcticas se reconoce, pero debe distinguirse de los enfoques que buscan promover la anti-ciencia y la pseudo-ciencia, y que degradan los valores de la ciencia tal como la entiende la comunidad del Consejo Internacional para la Ciencia, que reafirma su compromiso con los valores y los mtodos de la ciencia verificable. Linderos culturales y fronteras polticas La discusin sobre el concepto de cultura y su papel en mltiples aspectos del desarrollo humano cada da adquiere mayor relevancia. Esto es especialmente cierto en el contexto latinoamericano, donde, a diferencia de los modelos tradicionales europeos, se ha destacado el papel de la cultura en el desarrollo y los procesos de integracin regional. El final de la Guerra Fra marc un punto de inflexin, pues a partir de entonces se empez a entender la cultura como factor explicativo o determinante en procesos tan diversos como el crecimiento econmico, el bienestar humano, la calidad de vida, la participacin poltica, la difusin de los valores democrticos o la proliferacin de conflictos locales. Sin embargo, se le segua considerando como un factor de y no como una fuerza motriz bsica. Ya para los aos noventa quedaba claro era necesario trascender lo econmico sin abandonarlo. Los criterios econmicos no bastaban para facilitar un programa que propiciara una ampliacin de las libertades del ser humano por lo que era necesario ampliar tambin la nocin de desarrollo. La bsqueda de otros criterios llev al Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) a elaborar en 1989 la nocin de desarrollo humano. Este concepto se refiere a las posibilidades y capacidades del ser humano, desde la libertad social, econmica y poltica, hasta las oportunidades individuales para tener salud, educacin, ser productivo y creativo, y disfrutar del respeto personal y los derechos humanos. Aun cuando la cultura aparece implcita en esta nocin, no est explcitamente formulada. Del mismo modo en que la Comisin Brundtland logr convencer a la comunidad internacional acerca de la necesidad de establecer un equilibrio entre economa y ecologa, se consideraba necesario aclarar y profundizar la relacin entre cultura y desarrollo con el fin de renovar el discurso internacional en este terreno, reformular las estrategias para el siglo XXI y generar un verdadero debate internacional sobre la importancia del factor humano, tico y cultural en el desarrollo. En otras palabras, 2

consolidar un nuevo paradigma de desarrollo que fuera ms all del crecimiento del producto interno bruto (PIB). sta fue la tarea que se le asign a la Comisin Mundial de Cultura y Desarrollo, presidida por Javier Prez de Cullar. Como se especifica en otros captulos de este libro, el primer mensaje central de Nuestra diversidad creativa, el informe de la comisin, es que cultura y desarrollo significan comprender y analizar las distintas posibilidades de elegir que pueden tener los individuos en diversas formas de convivencia. Entonces, y slo entonces, reconoceremos plenamente el principio de la libertad individual y de respeto por otras culturas que, a su vez, tengan valores de respeto por otras culturas. Tal respeto debe entenderse, entonces, dentro de un marco mayor, que comprenda los derechos humanos, la democracia, la sustentabilidad y la equidad de gnero y la equidad entre generaciones. Las posibilidades de la cultura En el primer Informe mundial sobre la cultura de la Unesco (2000) se avanz en cuanto a precisiones conceptuales sobre los fenmenos culturales. La cultura, indica el antroplogo Robert Borovsky, ofrece posibilidades ms que realidades fijas. En el contexto actual, adems, este concepto expresa una contradiccin, ya que desde una perspectiva histrica incluye un programa poltico de homogeneizacin. Toda etnografa, aade Borovsky, implica una homogeneizacin. Adems, las pautas de comportamiento cultural que se tratan de definir no son acotables y cambian constantemente en el tiempo. En efecto, la autocrtica que hicieran los antroplogos a su propio quehacer en el decenio de 1990 lleva a esta nueva visin. Resulta altamente significativo que, en el momento en que el concepto de cultura empieza a figurar en las agendas nacionales e internacionales, ste se encuentra en vas de reformulacin en la antropologa, la ciencia que le dio origen. Las crticas ms recurrentes en torno al concepto de cultura se refieren a que se le utiliza para denotar jerarqua, homogeneizacin y simplificacin. El trmino cultura fue utilizado por Edward Taylor en el siglo pasado para referirse a los distintos pueblos que empezaban a vincularse a travs de la estructura poltica mundial de Estados-nacin, y cuyas culturas tenan que volverse inteligibles dentro de este nuevo contexto. Se afirm entonces una visin del mundo con una pluralidad de culturas que adquiran su sentido histrico por su posicin relativa dentro del esquema de la evolucin unilineal de la civilizacin humana, que iba del salvajismo, a la barbarie, a la civilizacin. La reaccin en contra de este esquema que impona una jerarqua a las civilizaciones y culturas, marcando a unas como superiores y a otras como inferiores, llev, a su rechazo y al surgimiento del difusionismo y el funcionalismo. Surgi tambin el relativismo cultural que le otorg validez relativa a todas las culturas. La equivalencia entre ellas se represent mediante la metfora de un mundo conformado por un mosaico de culturas, esto es, culturas rgidas, con fronteras claramente definidas y yuxtapuestas, lo que nunca ha sido una representacin vlida del mundo real. En el caso concreto de Mxico se desarrollaron tesis alternativas, como la de regiones de refugio o la de relaciones intertnicas centro-periferia, que se incorporaron al discurso poltico. Pero todava en los aos ochenta se describa al pas como un mosaico de culturas, imagen sobre la que se finc la poltica pluricultural y pluritnica del Estado: una imagen plana, irreal que hace pensar que las culturas en Mxico no se han mezclado nunca. Esta vieja imagen tiene que sustituirse por otra que refleje la interculturalidad de Mxico. El ro arco iris del siglo XXI Ya para el Segundo informe mundial sobre la cultura, publicado en 2001, resultaba insostenible el discurso del mosaico de culturas. Al abordar el tema de ese volumen, 3

Diversidad cultural, conflictos y pluralismo cultural, empezamos por sustituir aquella metfora por la del ro arco iris. La tomamos de las imgenes que se tom de las palabras de Nelson Mandela quien desde el inicio de su rgimen de refiri a Sudfrica como la nacin arco iris. En un ro, las distintas corrientes no tienen linderos ntidos, sino se van uniendo y diversificando segn los cauces. De la misma manera, las culturas en el mundo actual ya no tienen linderos fijos, si es que alguna vez los tuvieron. Por ello prefiero hablar de interactividad cultural. Se reconocen, mediante este concepto, los distintos legados histricos que contribuyeron a la formacin de cualquier perfil cultural. Por ejemplo, en Mxico, y especficamente en Oaxaca, los zapotecos del valle y los de la sierra comparten una misma cultura con dos variantes o corresponden a dos culturas distintas? O bien, a qu culturas pertenecen los nios zapotecos que viven en Chicago y hablan slo zapoteco e ingls? La vieja imagen del mosaico de culturas obligara a excluirlos de alguna. La nueva imagen del ro arco iris, en cambio, permite incorporarlos como una dinmica continua de corrientes culturales. Y el concepto de interactividad cultural hace posible entender la forma novedosa y creativa con la que revitalizan su legado cultural.

*Master en Etnologa, Doctora en Antropologa Social. Universidad Nacional Autnoma de Mexco (UNAM).

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