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Mons. Felipe Bacarreza Rodríguez - Domingo I de Cuaresma (C) - 4

El Evangelio de este I Domingo de Cuaresma relata las tentaciones de Jesús en el desierto, donde, guiado por el Espíritu Santo, resiste las pruebas del diablo, reafirmando su naturaleza divina y humana. A través de su victoria sobre las tentaciones, Jesús repara las caídas del hombre y se presenta como el nuevo Adán, obediente a la voluntad de Dios. Este episodio nos enseña a resistir las tentaciones y a vivir como verdaderos hijos de Dios, guiados por el Espíritu.

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El Evangelio de este I Domingo de Cuaresma relata las tentaciones de Jesús en el desierto, donde, guiado por el Espíritu Santo, resiste las pruebas del diablo, reafirmando su naturaleza divina y humana. A través de su victoria sobre las tentaciones, Jesús repara las caídas del hombre y se presenta como el nuevo Adán, obediente a la voluntad de Dios. Este episodio nos enseña a resistir las tentaciones y a vivir como verdaderos hijos de Dios, guiados por el Espíritu.

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Domingo 4 marzo 2001 El Evangelio de Hoy, Diario "El Sur" Lc 4,1-13 Si eres el Hijo de Dios El Evangelio de este I Domingo

de Cuaresma nos presenta el episodio de las tentaciones que sostuvo Jess en el desierto. El evangelista Lucas introduce el relato con estas palabras: "Jess, lleno de Espritu Santo, se volvi del Jordn, y era conducido por el Espritu en el desierto, durante cuarenta das, tentado por el diablo". Despus de esta introduccin sigue el detalle de las tentaciones. Todo el episodio de las tentaciones en el desierto va a quedar incluido entre dos claras menciones del Espritu Santo. "Acabada toda tentacin, el diablo se alej de l hasta un tiempo oportuno. Jess volvi a Galilea por la fuerza del Espritu, y su fama se extendi por toda la regin" (Lc 4,14). Nadie puede ser conducido por el Espritu a una emboscada. Si Jess fue conducido por el Espritu al desierto y all fue tentado, eso ocurri para un fin salvfico. En efecto, resistiendo la tentacin y venciendo al diablo, Jess repar las cadas del hombre -de Adn y de Israel en el desierto- y as dio gloria a su Padre. Esto es lo que nos ensea el Catecismo: "Los evangelistas indican el sentido salvfico de este acontecimiento misterioso. Jess es el nuevo Adn que permaneci fiel all donde el primero sucumbi a la tentacin. Jess cumpli perfectamente la vocacin de Israel: al contrario de los que anteriormente provocaron a Dios durante cuarenta aos por el desierto (cf. Sal 95,10), Cristo se revela como el Siervo de Dios totalmente obediente a la voluntad divina. En esto Jess es vencedor del diablo... La victoria de Jess en el desierto sobre el Tentador es un anticipo de la victoria de la Pasin, suprema obediencia de su amor filial al Padre" (N. 539). "Lleno del Espritu Santo, se volvi del Jordn". La mencin del Jordn nos lleva al momento en que Jess fue bautizado. All leemos: "Bautizado Jess... se abri el cielo y baj sobre l el Espritu Santo en forma corporal como una paloma; y vino una voz del cielo: 'T eres mi Hijo; yo hoy te he engendrado'" (Lc 3,21-22). Queda resonando la palabra "Hijo" pronunciada por la voz celestial. La voz del cielo aplica a Cristo el Salmo 2, que es el ms mesinico del Antiguo Testamento. En l se habla de un rey consagrado por Dios al cual Dios dice: "T eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy" (Sal 2,7). A esto se refiere el diablo cuando, en dos de las tentaciones, dice a Jess: "Si eres el Hijo de Dios...".

2 La primera de las tentaciones ocurri al cabo de los cuarenta das. "Jess no comi nada en aquellos das y, al cabo de ellos, sinti hambre". El hambre es uno de los reclamos ms evidentes de la naturaleza humana, tanto ms cuando se trata de un hombre que no ha comido "nada" durante cuarenta das. Que Jess haya sentido hambre es prueba de que es verdadero hombre. De esto no hay duda. Pero es necesario creer que l es verdadero Dios. Para creer esto es necesario tener fe sobrenatural. Y el diablo no puede tener esta fe. Por eso pide un milagro: "Si eres el Hijo de Dios di a esta piedra que se convierta en pan". Jess es el Hijo de Dios y habra podido hacer que esa piedra se convirtiera en pan; tena poder para eso y mucho ms. Pero entonces habra anulado las exigencias propias de la naturaleza humana, habra evitado el sufrimiento causado por la falta de alimento, y en esto habra sido infiel a su misin. Con razn el Catecismo dice que esta victoria de Cristo es anuncio de la que conquistara en la cruz, porque all la tentacin fue la misma: "Si eres Hijo se Dios, salvate a ti mismo y baja de la cruz" (Mt 27,40). Imaginemos qu hubiera ocurrido, si, en una hiptesis imposible, Jess hubiera cedido a esta tentacin y hubiera bajado de la cruz! No se habra consumado el sacrificio redentor y l no habra podido decir esas ltimas palabras: "Todo est cumplido" (Jn 19,30). Dentro de este "todo" estaba incluido el ofrecer la vida en sacrificio. En la segunda tentacin el diablo ofrece a Jess la gloria de este mundo; le muestra todos los reinos de esta tierra y le dice: "Te dar todo el poder y la gloria de estos reinos, porque a m me ha sido entregada, y se la doy a quien quiero. Si, pues, me adoras, toda ser tuya". En algo tiene razn el diablo: en que la gloria de este mundo es suya. Quien ambiciona la gloria de este mundo, para poseerla, tiene que entrar a pactos con el diablo, pues a l pertenece esta gloria y l la da a quien l quiere. Por eso Jess lo llama el "prncipe de este mundo". Jess despreci la gloria de este mundo; l naci en una pesebrera, l no tena dnde reclinar su cabeza, l muri la muerte ms humillante y menos gloriosa a los ojos del mundo. Pero precisamente l afirma: "Ahora es el juicio de este mundo; ahora el Prncipe de este mundo ser echado fuera" (Jn 12,31). Y ante Jess el diablo se ve obligado a reconocer: "Has venido a destruirnos? S quin eres: el Santo de Dios" (Mc 1,24). En la tercera tentacin nuevamente el diablo quiere inducir a Jess a demostrar que es el Hijo de Dios; lo lleva sobre el alero del templo de Jerusaln y le dice: "Tirate de aqu abajo", pues Dios no dejar que "su Hijo" se haga dao. Pero esto sera poner a prueba a Dios. Por eso Jess rechaza la tentacin con una cita de la Escritura: "No pondrs a prueba al Seor tu Dios".

3 Jess nos ensea el modo de resistir las tentaciones y de cumplir con la voluntad de Dios. Si imitamos a Jess, dejandonos conducir por el Espritu de Dios, seremos verdaderamente "hijos de Dios". San Pablo ciertamente tena en mente este episodio cuando escribe: "Todos lo que se dejan conducir por el Espritu de Dios son hijos de Dios". Y agrega: "Si somos hijos, tambin herederos; herederos de Dios y coherederos de Cristo, ya que sufrimos con l, para ser tambin con l glorificados" (Rom 8,14.17). + Felipe Bacarreza Rodrguez Obispo Auxiliar de Concepcin

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