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Falco 16 - en Busca de Infamia

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OSTIA, ITALIA AGOSTO, AO 76 D.C.

Si tira una piedra, lo mato dijo Petronio entre dientes. Agarrar a ese pillo y... Era un da caluroso a orillas de la desembocadura del Tber en Ostia. Petro y yo habamos tenido la imperiosa necesidad de beber algo. Haca tanto calor que apenas acabbamos de salir del cuartel de los vigiles que ya nos habamos metido en el primer bar. Aquello supona un triste retroceso. Nuestro lema siempre haba sido: Nunca entres en el primer bar que veas porque seguro que es una porquera. Durante los ltimos quince aos, ms o menos, desde que nos conocimos en la cola para alistarnos a las legiones, siempre que habamos querido tomar una copa nos habamos alejado un buen trecho de casa y del trabajo, no fuera el caso que nos siguieran y nos encontraran. La verdad es que nos habamos sentado en un sinfn de tascas inmundas, pero no en muchas que frecuentasen nuestros asociados, que queramos evitar, y en muy pocas que conocieran nuestras mujeres. No me malinterpretis. Los dos ramos unos romanos piadosos con valores tradicionales. Por supuesto que admirbamos a nuestros colegas y adorbamos a nuestras mujeres. Al igual que el viejo Bruto, cualquier orador podra decir de nosotros que Marco Didio Falco y Lucio Petronio Longo eran unos hombres honorables. Y s, el orador realizara dicha afirmacin con una irona tal que hasta el populacho ms estpido iba a entender... Como podis ver, con el calor me haba tomado la bebida demasiado deprisa; ya empezaba a divagar. Petronio, el experimentado jefe investigador de la Cuarta Cohorte de los vigiles en Roma, era un hombre mesurado. Sujetaba la taza de la bodega con una de sus formidables manos, mientras el pesado brazo descansaba sobre las calientes tablas de la mesa que ocupbamos en la acera, y l disfrutaba del lento y prolongado descenso hacia una ligera embriaguez. Se encontraba all tras haberse alistado en el servicio destacado. Era una vida agradable, sobre todo porque el villano al que estaba esperando nunca apareca. Yo haba venido para buscar a otra persona, aunque no se lo haba dicho todava a Petro. Ostia, el puerto de Roma, bulla de actividad, pero el cuartel de los vigiles se estaba viniendo abajo y el bar que haba fuera era terrible. El lugar era poco ms que una choza que se apoyaba contra la pared del cuartel. Despus de un incendio, los miembros de los vigiles bloqueaban la calle lateral amontonndose por ah con tazas de licor, desesperados por aliviar sus gargantas resecas y normalmente igual de desesperados por quejarse de sus oficiales. En aquel momento la calle estaba casi desierta, de modo que pudimos sentarnos en dos taburetes junto a una mesa diminuta con las piernas extendidas sobre la acera. No haba ningn otro cliente. Los del turno de da se haban echado un rato en el cuartel de la patrulla con la esperanza de que nadie prendiera fuego a una sartn aceitosa en un apartamento abarrotado, o si lo hacan, de que nadie hiciera sonar la alarma.

Petro y yo estbamos hablando de nuestro trabajo y de nuestras mujeres. Como an era capaz de hacer dos cosas a la vez, Petronio Longo no quitaba ojo al chico. El muchachito era demasiado decidido; tena el aspecto de quien va a crear problemas. Un grupo rindose tontamente ya sera bastante molesto. Pero si aquel solitario arrojaba una piedra por la entrada del cuartel, lanzaba unos improperios y sala corriendo, se tropezara directamente con mi viejo amigo. Pero claro, no tendra ms de siete aos. Probablemente Petronio se abstendra de romperle los brazos o las piernas. Despus de entrecerrar los ojos y observar durante un rato, Petronio sigui hablando: Y qu tal tu alojamiento, Falco? Se estaba burlando y yo me mof. Entiendo por qu no quieres quedarte en l! A Petro le haban asignado una habitacin en el cuartel de Ostia. El se neg a ocuparla, pero me haba prestado la lgubre celda durante aquella semana. Los dos nos habamos hartado de la vida cuartelera cuando estuvimos en la Segunda Augusta, nuestra legin en Britania. Hasta los campamentos de marcha en aquella remota provincia estaban mejor organizados que aquel lugar de mala muerte. Fundamentalmente Ostia era un destino de cuatro meses que se alternaba entre las siete cohortes de Roma; los recursos se estaban revisando constantemente, y eso se notaba. A una corta distancia del Decumano Mximo, en los terrenos que se extendan hasta la puerta Romana, se haban realizado a toda prisa obras de urbanismo haca tres dcadas, cuando Claudio construy su nuevo puerto. Primero trajo a algunas de las duras y dispuestas cohortes urbanas para que vigilaran los flamantes almacenes. Posteriormente, los incendios en los graneros provocaron un nuevo planteamiento: haban aumentado los recursos y se sustituyeron las cohortes urbanas, que eran tropas no especializadas, por los ms entrenados vigiles, que eran bomberos profesionales. El vital suministro de grano de Roma debera estar a salvo con ellos, la gente estara alimentada, la ciudad se vera libre de disturbios y todo el mundo querra al emperador, que lo haba arreglado todo. All ocurra lo mismo que en Roma: mientras realizaban la guardia para la prevencin de incendios, sobre todo por la noche, los vigiles se encontraban deteniendo no tan slo a pirmanos, sino a toda clase de delincuentes. Ahora patrullaban el puerto y le echaban un ojo a la ciudad. Los portuenses an estaban intentando acostumbrarse a ello.

Petronio, que saba cmo darles mil vueltas a sus superiores, slo se dedicaba a los asuntos cotidianos cuando le vena bien. Su operacin especial no tena lmite de tiempo, de manera que se haba trado a su familia con l. Petro cohabitaba entonces con mi hermana Maya, que tena cuatro hijos, y en Ostia tena a una jovencita hija suya con la que quera estar en contacto. Para alojarlos a todos haba logrado arreglrselas para que le prestaran una mansin, cedida por un contacto local de los vigiles sumamente adinerado. Yo an no haba logrado entender de qu iba todo aquel asunto. Pero a resultas de ello me qued con la habitacin del cuartel que l haba rechazado. Qu suerte la ma! Este gallinero para escuadrones hace ya tiempo que no sirve refunfu. Es demasiado pequeo, es oscuro, hay muy poco espacio, aparte de que est lleno de recuerdos de villanos a los que hicieron entrar a rastras por la puerta y a los que nunca ms se volvi a ver. La letrina apesta. No hay cocina. Dejan el equipo esparcido por todo el patio de ejercicios porque los destacamentos piensan que como slo van a quedarse cuatro meses pueden dejarlo all pudrindose para que el prximo grupo lo recoja. S, y hay moho en una gran cisterna subterrnea asinti Petro alegremente. Vaya, gracias. No le digas a mi madre que me has puesto encima de un piln de agua estancada. No se lo dir a tu madre prometi si t me prometes no decrselo a tu mujer. Le tena miedo a Helena Justina. Y con razn. Mi novia de alto rango tena una moralidad mucho ms estricta que la mayora de las hijas de senadores y saba cmo expresar su punto de vista. Petronio adopt un fingido aire arrepentido. Bueno, la habitacin carece de las comodidades bsicas y lo siento, Marco. Pero no vas a quedarte mucho tiempo, verdad? Claro que no, Lucio, viejo amigo. Estaba mintiendo. Lucio Petronio me haba recibido como si slo hubiera ido de visita para ver cmo estaba. Le estaba ocultando informacin sobre mi propio cometido en Ostia. El ao anterior, cuando el emperador me envi a Britania con ciertos mandados turbios para palacio, Petro me haba seguido hasta all. Slo por casualidad me enter de que era el protagonista de una seria operacin de bsqueda de un bandido importante. An me dola que lo hubiera mantenido en secreto. Ahora me estaba vengando. Se bebi el vino. Luego hizo una mueca. Yo asent con la cabeza; era una cosecha asquerosa. Sin mediar palabra, Petronio se puso de pie. Yo me qued donde estaba. Se dirigi lentamente hacia el muchacho, que segua inmvil frente a la puerta. Se hallaban a unas cinco zancadas de m. Eh, hola! el tono de Petro fue bastante amigable. Qu ests tramando? El chiquillo, algo flacucho, nadaba en una tnica rada, aunque bastante limpia, y de matiz terroso. Era una talla demasiado grande para l y dejaba entrever una manga blanca de la tnica interior. Hubiera resultado imposible adivinar su nacionalidad a la primera, pero las capas de ropa sugeran que era mediterrnea; slo los locos del norte se desnudan con el calor. No llevaba cinturn, aunque haba destrozado unas sandalias marrones cuyas tiras se haban rizado con el tiempo. Sus cabellos eran demasiado largos y unas oscuras ojeras se dilataban bajo sus ojos. Pero lo haban alimentado. Estaba sano.

Tena el habitual aspecto de un muchacho de las clases artesanas, tal vez lo hacan trabajar duro en el negocio familiar y luego le permitan quedarse levantado hasta demasiado tarde en las largas noches de verano. Alz la vista y mir fijamente a Petronio Longo. Lo que el chico vio fue a un hombretn que aguardaba en silencio con una expresin cordial, alguien que podra jugar a lanzar un saquito relleno en un callejn con los nios del lugar. El chico pareca avispado, aunque estaba claro que no era consciente de que aqul era un oficial cuyos violentos mtodos de interrogacin eran una leyenda. Todos los vigiles son duros, pero Petronio poda persuadir a delincuentes incorregibles para que, entre gemidos, proporcionaran pruebas condenatorias contra sus hermanos favoritos. Poda hacer que lo hicieran aunque los hermanos fueran inocentes, bien que por norma general prefera confesiones de verdadera culpabilidad. Cmo te llamas? le o preguntar. Zeno. Lo peor que podra imaginarse Zeno era que se le acercaba un pervertido. Pareca ser de los que saben gritar fuerte y echar a correr. Yo soy Petronio. Dime, qu pasa, Zeno? Zeno dijo algo, en voz muy baja. Entonces Petro le ofreci la mano y el chico se la tom. Vinieron caminando hacia m. Yo ya estaba dejando unas monedas sobre la mesa para pagar por nuestro vino. Haba odo la respuesta del muchacho y saba lo que mi amigo iba a hacer. Falco, Zeno dice que su mam no se despierta Petronio disimul su mal presentimiento. Vamos a ver lo que le ha pasado? Debido a una larga experiencia, l y yo creamos saberlo.

II

El chico nos gui mientras Petronio lo segua agarrando de su manita mugrienta. Fuimos caminando por el Decumano Mximo. Ostia era un asentamiento estable, de modo que tena una calle principal, larga y muy calurosa. Al tratarse de una importante ruta de artculos de comercio, ya estaba abarrotada con una interminable hilera de carretas que salan de la ciudad a empujones para llegar a Roma a la puesta de sol, hora en que se iniciaba el toque de queda diario para los vehculos rodados. Caminbamos contra corriente. El trfico se diriga hacia la plaza Victoria y la puerta Romana. En nuestra direccin, mucho ms adelante y a un buen trecho una vez pasado el Foro, estaba la Puerta Marina, tras la cual se extenda el mar abierto. A nuestra izquierda los caminos atravesaban un conjunto heterogneo de viviendas antes de llegar a la Puerta Laurentina, la salida a la encantadora campia en la que nuestro antepasado Eneas puso su mira. A la derecha, unas calles cortas conducan al Tber. El ro estara hasta los topes de barcos y transbordadores con rumbo a los mercados y al gran Emporio. Ms all haba otro camino hacia Roma que estara asimismo atestado de transportes cargados, todos los cuales se dirigiran tambin a la Ciudad Dorada al otro lado del Tber. No eres de por aqu tante Petronio. Dime, dnde est tu casa, Zeno? A Zeno lo haban entrenado para parecer tonto o bobo. Est muy lejos? Aquella vez el nio se permiti asentir con la cabeza. Viniste en un barco? Demasiado especfico: Zeno volvi a sumirse en la distraccin. Petro me mir por encima de la cabeza del muchacho y dej de preguntar. Sera mejor hacer las preguntas cuando hubiramos visto si la despreocupada madre haba recibido una paliza a manos de su marido o amante, o si (menos probable) simplemente alguna enfermedad natural la haba consumido mientras dorma. Pasamos junto al Teatro. Enfrente de aquel mezquino edificio augusto haba varios monumentos antiguos y salas de reuniones de los diversos gremios. Luego vena un podio que sostena una pulcra hilera de cuatro pequeos templos, todos ellos de un estilo pasado ya de moda, justo antes del camino de acceso al enorme granero construido por Claudio. Seguimos por el Decumano hasta llegar al final de aquel bloque de edificios. Entonces, el chico torci a la derecha, de cara al ro. Se detuvo delante de lo que en otro tiempo haba sido una torre de entrada fortificada, cuando Ostia era mucho ms pequea y mucho, mucho ms antigua. Aqulla habra sido la muralla que sealaba los lmites del asentamiento original. Probablemente se remontara a la supuesta fundacin del puerto por Anco Marcio, uno de los tradicionales reyes de Roma. En la Antigedad construan las cosas para que duraran, utilizando macizos sillares cuadrados. La inquebrantable puerta, que result intil cuando la ciudad se expandi, se haba vuelto a urbanizar en forma de comercios. Sobre ellos haba un par de habitaciones que se alquilaban a los visitantes extranjeros. Petronio dej a Zeno conmigo, pregunt brevemente en una de las tiendas y luego subi solo por una escalera exterior. Yo me sent en el bordillo al lado del chico, que dcilmente se puso en cuclillas junto a m.

Quin te dijo que fueras a pedir ayuda a los vigiles, Zeno? pregunt con indiferencia al tiempo que retirbamos los pies frente a un pesado carro lleno de bloques de mrmol. Ligon me dijo: Si alguna vez alguien no se despierta, los vigiles querrn saberlo. Lign se convirti al instante en un sospechoso clave. Es de la familia? Mi to. El muchacho pareca avergonzado. Hay tos y tos. A entender de los nios, hay algunos tos con los que no existe ningn parentesco. Dnde est en este momento? Se ha ido por negocios. Cundo crees que volver? Zeno se encogi de hombros. No me sorprendi. Petronio asom la cabeza por una ventana del piso de arriba. Sube, Falco. Dio la impresin de estar molesto, y no como un hombre que acaba de encontrarse con una tragedia domstica. Puedes traer al chico. Parece que tu madre est bien, Zeno. Subimos. La torre de entrada contena una maraa de pequeas habitaciones que se mantenan todas frescas a causa de su maciza construccin. Zeno viva en una nica habitacin alquilada a bajo precio, mal ventilada y sin prestaciones. La madre se hallaba inconsciente en lo que pasaba por ser una cama. Era la nica que haba; Zeno deba de dormir con ella, o bien en el suelo. Del sexo femenino, ella era de lo menos apetecible; ya nos lo habamos figurado. Iba vestida, con varias capas de ropa (una viajera que llevaba puesto todo su guardarropa para disuadir a los ladrones). Los pliegues de tela eran de una calidad mejor de lo que caba esperar, aunque cuando dorma la mona los llevaba como si fueran bandas desaliadas. Tumbada boca arriba y de forma poco elegante en el colchn, tena el aspecto de una persona avinagrada y de mediana edad, pero supuse que era mucho ms joven y que se haba quedado embarazada de Zeno en la adolescencia. Se trataba de un arreglo de ese tipo. El to Ligon sera su ltimo amante; podamos imaginrnoslo: un cerdo gorrn que en aquellos momentos se haca el importante en alguna bodega del puerto. Era de poner que a ambos les gustaba empinar el codo. La madre de Zeno haba bebido tanto que se haba quedado inconsciente. Supuse que haba sido el da anterior. Est como una mona. Petronio (a quien no le agradaban demasiado los simios) le cerr la boca, que babeaba, con el pulgar. Fue un gesto en consideracin hacia su joven hijo. Se limpi el dedo en la tnica, a la altura de la cadera, con una expresin de cansado disgusto. Haba pasado gran parte de su vida laboral entre gentes de baja ralea y ya haba perdido toda esperanza.

Si el nio hubiera sido mayor, nuestro inters habra terminado aqu. En cambio, puesto que mi hermana se hallaba a vuelta de la esquina en la casa que les haban prestado, Petro dijo que no me moviera de la torre de entrada mientras iba a buscar a Maya para que se quedara con la madre hasta que volviera en s. Nosotros cuidaramos de Zeno. A mi hermana le enfureci que se le asignara aquella tarea, pero ella tambin tena hijos. Nos llevamos a Zeno a jugar con su prole; Petro y yo aseguramos que era necesaria la presencia de ambos para supervisarlos. Maya, muy a su pesar, qued en la habitacin mascullando maldiciones. La mujer cobro el sentido al cabo de dos horas, y quien haba velado su sueo volvi a casa con un turgente ojo morado, le dio un coscorrn a Zeno, le dijo que se fuera y evitara que su madre se metiera en los y luego nos hizo sentir culpables toda la tarde. Vuestra borrachina se llama Pulia. La familia es de Soli, que no tengo ni idea de por dnde cae. Hay tambin un hombre al que, por cierto, nadie ve mucho. Pulia se queda sola mientras l sale y se divierte; y aunque ella se consume de aburrimiento, nunca deja el apartamento. El nio vaga por las calles. Me lo cont un vecino en la tienda de cojines. Es ms de lo que averig yo la calm Petro con admiracin. Ni siquiera me di cuenta de que era una tienda de cojines! La habilidad visual no se aplica a los vigiles? Deja de halagarme. Maya y Petro estaban enamorados. La felicidad no haba conseguido suavizar el toma y daca de su pltica. Maya desconfiaba de los hombres que intentaban congraciarse y Petro estaba descubriendo con rapidez de qu se haba enamorado. Estaban hechos el uno para el otro, aunque ello no significaba que aquella relacin fuera a durar. Anteriormente Petronio siempre haba sentido debilidad por las rubias, aparte de su ex mujer. Arria Silvia guardaba un cierto parecido con Maya, que era morena y lista, con un temperamento fuerte y un carcter brusco aun cuando nada la hubiera ofendido. Mi Helena pensaba que Petro haba contrado matrimonio con Silvia porque en aquel entonces Maya ya estaba casada y se negaba a mirarlo siquiera. Yo conoca a Petro y no poda creerlo, pero era consciente del parecido. Y esa familia de achispados paga el alquiler? le pregunt a Maya, fingiendo que slo quera conversacin. Averigalo t mismo replic Maya con un gruido, al tiempo que se palpaba el maltrecho pmulo. Era mi hermana favorita. Me cercior de que Petronio le aplicara un linimento balsmico en el ojo en cuanto se calm lo suficiente como para que pudiera acercarse a ella. Yo no iba a arriesgarme a hacerlo. Aquellos irresponsables de Soli constituan la tpica nota de color en la ajetreada sociedad marinera de Ostia. El lugar estaba inundado de gentes provenientes de todos los confines del Imperio. Relacionados de alguna manera con el comercio martimo, prolongaban su estancia durante semanas o meses a la espera de un cargamento, de un pago, de un amigo, de un pasaje.

Algunos de ellos encontraban trabajo, aunque casi todos los empleos estaban repartidos entre los lugareos, que se aferraban a ellos. Ahora que Pulia haba tenido un encuentro con los crculos oficiales, probablemente su pequeo grupo se marchara. Yo regres al cuartel. Poda haberme quedado a cenar. Los ricachones que le haban prestado la casa a Petro haban dejado all a sus esclavos de acuerdo con las normas de hospitalidad de la gente adinerada. Regularmente servan comidas de excelente calidad por las que a Petro no se le pasaba factura. La comida est ah... Comed, no la desperdiciis!, instaba el camarero. No haca falta repetrselo a nadie. Sin embargo, no era para m. Estaba esperando que Helena llegara aquella tarde. El cuartel estaba en un lugar en el que ninguna joven dama bien educada querra encontrarse a solas.

III

Frente a la puerta haba un carro tirado por burros: Helena ya haba llegado. Aguardaba en la entrada, bien arrebujada en su capa. A finales de julio haca demasiado calor para ir tan abrigada, pero el deber de toda mujer respetable es estar incmoda en pblico. Los muchachos de la Sexta Cohorte que estaban de servicio no se haban metido con ella, pero tampoco hubo ninguno entre ellos que la hiciera sentir bienvenida. Los soldados rasos de los vigiles son ex esclavos que realizan los trabajos ms desagradecidos como va rpida hacia la ciudadana; sus oficiales son ciudadanos, normalmente ex legionarios, pero son poco frecuentes. Helena ech un vistazo por aquel patio interior con sus muchas entradas ensombrecidas; stas conducan a almacenes para el equipo, a las desnudas celdas en las que dorman los hombres y a las oficinas donde hbilmente stos ejercan presin sobre los testigos. Incluso la entrada al santuario, erigido en el otro extremo, tena un aspecto intimidatorio. Al or unas voces speras y fuertes que provenan del interior, ella se estremeci. Helena Justina era una chica alta y briosa que procuraba eludir los problemas mencionando su posicin como hija de un senador pero que de entrada prefera siempre evitarlos. Yo le haba enseado algunas tcticas. Disimul su nerviosismo, aunque se alegr de verme. Es una suerte que en estos momentos no haya sospechosos dando gritos de agona, brome, consciente del ambiente que reinaba en el patio, sobre todo al anochecer. Nos dirigimos a la habitacin que yo haba estado ocupando. La falsa excusa fue ir a buscar mis pertenencias; la verdadera era darle la bienvenida a mi esposa en privado. Haca una semana que no la vea. Puesto que todas las personas que conoca juraban que sin duda me dejara algn da, tena que reafirmar mis sentimientos. Adems, me gustaba excitarme cuando Helena demostraba su afecto por m. All, incluso nosotros nos sentamos demasiado incmodos para coquetear. Promet un ambiente ms distendido en el apartamento que haba alquilado para los dos. No vamos a quedarnos con Lucio y Maya? Helena les tena mucho cario a ambos. Es poco probable. A Petro le ha prestado una ostentosa mansin un maldito magnate de la construccin. Y qu hay de malo en eso? Helena sonrea. Me conoca [Link] las limosnas. Ella asinti con la cabeza; yo saba que Helena tambin prefera que nuestra familia viviera tranquilamente, sin las obligaciones del patronazgo. La mayor parte de Roma se rige por medio de favores; nosotros dos siempre habamos salido adelante sin la ayuda de nadie. Pero podemos ir y cenar gratis! Mi altruismo tena un lmite.

En la casa de la ciudad Petro y Maya ya estaban cenando en uno de los comedores pintados al fresco de su anfitrin. Contaba con varios. Aqul era aireado gracias a unas puertas plegables que entonces se hallaban abiertas a un pequeo jardn en el que una hornacina revestida de azulejos color turquesa albergaba una estatua del dios del mar. De su caracola colgaba un gorro de nio. La zona del jardn estaba plagada de pequeas sandalias, animales de cermica y una cuadriga hecha en casa. Sin ms dilacin, nos hicieron hueco en los grandes divanes de cojines esparcidos. Maya nos dirigi una mirada calculadora mientras cambiaba de sitio a los nios: Mario, Cloelia, Anco y la pequea Rea, cuyas edades estaban comprendidas entre los doce y los seis aos y que eran todos ms listos que el hambre, adems de Petronila, la callada hija de Petro, que deba de tener alrededor de diez aos. Os vais a quedar o qu? quiso saber mi hermana. Los dos provenamos de una familia numerosa, escandalosa y pendenciera cuyos miembros dedicaban mucho esfuerzo a evitarse unos a otros. No, hemos alquilado un apartamento de veraneo al otro lado del Decumano dije para tranquilizarla. Maya no quera que abarrotramos su casa, concurrida ya de por s, pero se enfurru. Haced lo que os d la gana! Petronio regres de guardar en el establo la carreta del equipaje de Helena. Por todo lo que has trado da la impresin de que hayas venido a pasar el resto de la estacin! Ah! Es lectura para las vacaciones. Helena sonri con calma. Iba bastante atrasada con la Gaceta Diaria, de modo que mi padre me ha prestado sus viejos ejemplares. Tres sacos llenos de rollos? le pregunt Petro, incrdulo. Estaba claro que haba fisgado en el equipaje de Helena sin que sintiera vergenza alguna por ello. Todo el mundo saba que la extraa muchacha que haba elegido prefera no despegar la nariz de la literatura que ocuparse de sus dos hijas pequeas o ir hasta el mercado de la esquina a por un salmonete y unos cuantos cotilleos como una esposa normal del Aventino. Era ms probable que Helena Justina me desatendiera porque estuviera absorta en la lectura de una nueva pieza teatral griega que por tener una aventura con otro hombre. Se ocupaba de nuestras hijas a su manera; a los tres aos a Julia ya se le estaba enseando el alfabeto. Por suerte a m me gustaban las mujeres excntricas y no me daban miedo los nios descarados. O eso pensaba de momento. Helena me mir fijamente. En estos momentos las noticias parecen bastante aburridas. Los miembros de la familia imperial se encuentran en sus fincas rurales para pasar el verano... e incluso Infamia se ha tomado unas vacaciones. Infamia era el seudnimo de quienquiera que fuera el que compilaba los chismes obscenos sobre esposas de senadores que tenan aventuras con aurigas. Por casualidad yo saba que Infamia era veleidoso e informal, y si de verdad se haba tomado unas vacaciones, se haba olvidado de obtener el visto bueno sobre la fecha por parte de sus jefes. Si no hay ningn chisme anunci Maya resueltamente no tiene ningn sentido leer la Gaceta.

Helena sonri. Detestaba que fuera un artero e intentaba obligarme a decir lo que saba. Infamia debe de tener una villa muy animada en alguna parte. Piensa en todos los sobornos que recibe de la gente que no quiere que se cuenten sus secretos. T que opinas, Marco? Nos estamos perdiendo algo? Maya no soportaba que la excluyeran. Pareci irritable, cosa que, por otra parte, tampoco era ninguna novedad. Falco, canalla. Ests aqu por alguna de tus descabelladas investigaciones? pregunt Petronio, sumndose tambin a la conversacin. Lucio, mi ms querido y viejo amigo, cuando me encarguen algn trabajo, disparatado o sensato, te informar de ello inmediatamente... Ests trabajando! Acabo de negarlo, Petro. Petro se volvi hacia Maya. Tu bastardo y hermtico hermano est escondiendo un encargo en su sobaco peludo. Me mir con el ceo fruncido, luego centr su atencin en capturar una sopera de marisco con jengibre que los nios haban estado atacando como gaviotas hambrientas. Tuvo que vrselas con los gritos cuando lo vieron vaciar todos los pedazos buenos en su propio cuenco. Qu trabajo? me interrog bruscamente Maya. Es secreto. Hay una clusula en mi contrato que dice: No se lo cuentes a tu entrometida hermana ni a ese impertinente novio que tiene. Relev a Petro de su trofeo y compart con Helena las ltimas gambas. Maya birl una de mi cuenco para a continuacin reprenderme: No seas infantil, Marco! Ah, la vida familiar. Me pregunt si el hombre que haba venido a buscar tena algn pariente cercano. Cuando lo que buscas son mviles, nunca descuides el ms simple.

IV

Helena y yo tuvimos una noche para nosotros solos; y la supimos aprovechar. Al da siguiente se nos unira Albia, una jovencita de Britania que cuidaba de nuestras hijas en tanto que nosotros intentbamos cuidar de ella. Albia haba tenido un mal comienzo en la vida; correr por ah detrs de Julia y Favonia haca que no pensara en ello... en teora. Tena experiencia en los viajes de familia, de cuando la trajimos a Italia desde Londinium, pero controlar a una nia pequea y a un beb que estaba creciendo durante una excursin de dos horas en una carreta sera un desafo. Estamos seguros de que Albia podr encontrar el camino hasta aqu sola? me mostr receloso, aunque no demasiado crtico. Tranquilzate, Falco. Va a traerla mi hermano. Quinto? No, Aulo. Quinto se queda con Claudia y el beb. Cayo Camilo Ruo Constantino, nuestro nuevo sobrino de dos meses, estaba hacindose notar. El mundo y todos los planetas giraban alrededor de ese nio. Aqulla poda ser la razn por la que el otro hermano de Helena tuviese tantas ganas de abandonar el hogar familiar. Aulo viene de camino a la universidad. Expres su inters por la abogaca; pap aprovech la ocasin y van a mandar a Aulo a Atenas. A Grecia! Y a estudiar? Estamos hablando del mismo Eliano? Aulo Camilo Eliano era el hijo soltero de un senador, con dinero en el bolsillo y una actitud despreocupada; no me lo imaginaba asistiendo con gravedad a clases de jurisprudencia impartidas bajo una higuera en una antigua universidad. Para empezar, su griego era un desastre. No puede hacerse abogado en Roma? Eso me sera ms til. Siempre venan bien unos conocimientos de experto por los que no tuviera que pagar. Atenas es el mejor sitio. Bueno, tradicionalmente era el lugar donde mandaban a los romanos difciles que no acababan de encajar. Me re. Tenemos la certeza de que va a marcharse? Tenemos que comprobar t y yo que sube al barco? A poco de cumplir la treintena, las actividades favoritas del noble Aulo Camilo Eliano eran la caza, la bebida y la gimnasia, todas practicadas en exceso. Deba de tener otras costumbres, igualmente enrgicas y vergonzosas, que no intent descubrir. De ese modo poda asegurarles a sus progenitores que no estaba al corriente de ningn secreto desagradable. Para mis padres supone un fuerte golpe me reprendi Helena. Por fin uno de sus hijos puede ser mencionado en las comidas respetables. Me contuve de bromear. Su hija haba abandonado el hogar para irse a vivir con un tipo de los bajos fondos: yo. Ahora que Helena y yo tenamos nuestras propias hijas, comprenda lo que ello significaba.

Como padres que ramos, tenamos mejores cosas que hacer que hablar de Aulo. Libres por una vez de la amenaza de pequeos visitantes en el dormitorio, hicimos uso de nuestro apartamento con verdadera pasin. Haba alquilado una de las estancias distribuidas en habitaciones idnticas en un pequeo edificio situado en torno a un patio con pozo. En el lado que daba a la calle sobresalan unos balcones cuya nica funcin era la de adornar la fachada: los inquilinos no podan acceder a ellos. Haba ms familias visitantes a nuestro alrededor; oamos sus voces y los golpes de los muebles, pero como no los conocamos, no tenamos que preocuparnos por si estaban escuchando. Nos las arreglamos para no romper la cama. Detesto estar en desventaja cuando el casero viene a comprobar la lista de instalaciones y accesorios antes de dejarte marchar. Me despert bruscamente tras un sueo corto y profundo. Helena estaba boca abajo y dorma, apretada contra mi costado. Me qued con el brazo derecho extendido sobre su larga espalda desnuda, los dedos ligeramente separados. Si haba una almohada, sta se haba perdido. Tena la cabeza echada hacia atrs, con la barbilla hacia arriba. Tal y como ocurra siempre al principio de una misin, las ideas se agolpaban en mi mente. Me haban contratado para que encontrara al ausente cronista de la Gaceta Diaria. Fui un estpido al aceptar la misin, como ocurre con la mayora de trabajos que hago. La nica ventaja que ste tena era que no haba cadveres... o eso me dije para tranquilizarme. Mientras permaneca all quieto, record cmo haba empezado todo. En Roma, la peticin lleg primero indirectamente por medio de las secretaras imperiales donde un alto cargo llamado Claudio Laeta de tanto en cuanto me proporcionaba algn que otro caso; pero hasta el momento, todos se haban echado a perder, por lo que me alegr de que el nombre de Laeta no estuviera relacionado con aqul. Bueno, al menos, aparentemente. Nunca poda uno fiarse de ese cerdo falaz. Dos semanas antes, en casa, no s quin del Palatino haba recomendado mis dotes investigadoras a los escritorzuelos de la Gaceta. Mandaron a un pequeo y asustado esclavo pblico para tantearme; no me cont mucho, porque no saba nada. Me qued intrigado. En caso de que el problema tuviera alguna relevancia, como jefe de correspondencia que era, Claudio Laeta tendra que haber sido informado: la Gaceta Diaria era el portavoz oficial del gobierno. En realidad, cuando el esclavo apareci en mi despacho con actitud reservada, uno de los atractivos fue la deliciosa idea de que los cronistas de la Gaceta tal vez estuvieran tratando de burlar a Laeta. Haba algo que me hara an ms feliz que actuar a sus espaldas: engaar a Ancrites, el jefe de los servicios secretos. Aquella gloriosa esperanza pareca una posibilidad. Si es que haba un problema en la Gaceta Diana, Ancrites, al igual que Laeta, tendra que haber sido informado de ello. Su papel era proteger al emperador y actualmente la Gaceta exista para abrillantar su nombre.

Ancrites se haba marchado a su villa en la baha de Neapolis. Se lo haba contado a mi madre, de la que fue inquilino por un breve espacio de tiempo, y ella me lo haba transmitido a m para que me sintiera celoso de su prosperidad. Ya se poda meter su prosperidad por donde le cupiera. El simple hecho de que Ancrites hablara con mi madre ya me irritaba, y l lo saba. Lo que al parecer no saba era que los cronistas que elaboraban la Gaceta estaban buscando la ayuda de un experto. l estaba fuera, de modo que haban acudido a m. Eso me gust. Al principio el mensajero tan slo me revel que haba un problema con un empleado. Aun as, me pic la curiosidad; le dije al pequeo esclavo que estara encantado de ayudar y que aquella misma tarde me pasara por las oficinas de la Gaceta. En Roma trabajaba en un despacho situado en mi propia casa junto al muro de contencin, justo bajo la ladera escarpada de la colina del Aventino. En aquel perodo de mi carrera de informante, nominalmente contaba con dos jvenes ayudantes, los hermanos de Helena, Aulo y Quinto. Ambos tenan sus propias preocupaciones, de modo que me encontr yo solo ante el caso de la Gaceta. Me sent relajado; todo pareca indicar que se trataba de una pequea y agradable aventura de la que me poda ocupar con los ojos cerrados. Por lo tanto, aquel estupendo da de haca dos semanas, tras mi habitual comida con Helena, haba dado un agradable paseo hasta el foro. All llev a cabo algunas tareas preliminares. La mayora de los encargos llegaban a m sin previo aviso; en aquella ocasin estuvo bien no tener que tomar, como era habitual, una decisin precipitada sobre si aceptar o no la investigacin, Junto a la columna donde se cuelgan las noticias diariamente, un puado de haraganes se estaban contando disparates sobre las carreras de cuadrigas. Aquellos gandules no podan resolver hacia dnde miraban cuatro caballos, ya no digamos calcular las apuestas basndose en que los Azules se recuperaran con ese conductor altanero que compraron imprudentemente y su nuevo cuarteto de rucios estevados. Frente a la columna haba un esclavo solitario que copiaba titulares, escribiendo sus extractos con letras grandes de modo que llenaran la tablilla y quedaran bien. Lo ms probable era que su dueo fuera una babosa sobrealimentada que iba en palanqun y que de todas formas nunca lea lo que el otro apuntaba. Cuando digo lea quiero decir haca que le leyeran. Ya era tarde para leer detenidamente la columna. Las personas que necesitaran mantenerse al da habran obtenido la informacin haca horas. Los polticos de moda querran empezar a mostrarse ms hbiles que sus rivales antes de que stos se pusieran en marcha creando una red de conexiones. Los adlteros tendran que inventar una buena coartada antes de que sus esposas se despertaran. Incluso a los inocentes dueos de su casa les gustaba estar al corriente de los edictos: el padre de Helena Justina siempre mandaba a su secretario con tiempo para poder enfrascarse en su ejemplar mientras desayunaba. Yo estaba seguro de que aquello no tena nada que ver con que Dcimo Camilo quisiera evitar la conversacin con su noble esposa mientras que, medio adormilado, se coma sus deliciosos panecillos blancos matutinos.

Revis la lista de asuntos familiares del da. La mayora me hicieron bostezar. A quin le importa el nmero de nacimientos y muertes registrados el da de ayer en la ciudad, o el dinero que ha ingresado el Erario Pblico y las estadsticas relativas al suministro de grano? La lista de elecciones apestaba. De vez en cuando encontraba algn dato valioso e intrigante entre los edictos de los magistrados, los testamentos de personas famosas y las actas procesales, aunque esto no suceda muy a menudo. El Acta Diurna se cre para exponer una relacin de las actividades del Senado: tediosos decretos y aclamaciones aduladoras; me lo salt automticamente. A veces consultaba el boletn de la Corte si necesitaba ver al emperador y no quera perder tiempo esperando en el Palatino para acabar enterndome de que se haba ido a una fiesta en la villa de su abuelita. Entonces pas directo al final, la seccin ms popular. Aqu habra: prodigios y maravillas (los casos habituales de personas alcanzadas por un rayo y terneros nacidos con tres cabezas); anuncio de la construccin de nuevos edificios pblicos (hum!); conflagraciones (a todo el mundo le gusta un buen incendio en un templo); funerales (para las viejas); sacrificios (dem); el programa de cualesquiera juegos pblicos (para todo el mundo; la seccin ms consultada); y anuncios presentados a ttulo privado por esnobs que queran que el mundo entero supiera que tenan una hija recin prometida a un tribuno (aburrido! Bueno, aburrido a no ser que una vez hubieras flirteado con la hija) (o con el tribuno). Al final llegu a la mejor parte: lo que los cronistas llaman con discrecin aventuras amatorias, Chismorreos, con los nombres de los interesados revelados con vigor, porque somos una ciudad abierta. A los maridos engaados se les tiene que contar lo que pasa, no vaya a ser que los acusen de aprobarlo, lo cual es proxenetismo segn establece la ley. Y al resto de nosotros nos gusta un poco de diversin. Me llev una desilusin. All donde deberan estar los chismes slo haba una nota diciendo que Infamia, el columnista, estaba de vacaciones. Estaba de vacaciones con frecuencia. Todo el mundo bromeaba siempre sobre ello. Seamos claros: se crea que, a veces, las esposas de los senadores cuyas aventuras amorosas descubra se acostaban con l gratis para cerrarle la boca, pero entonces los senadores que se enteraban de ello contrataban a matones para que localizaran a Infamia... y a veces los matones lo encontraban. De vacaciones significaba que nuestro chismoso estaba otra vez herido en la cama. Sin historias jugosas que me demoraran ms, pronto estaba siendo entrevistado por los ms bien adustos cronistas que dirigan el servicio de informativos. O eso pensaban ellos. Yo tena ms experiencia. En realidad, era yo quien los estaba entrevistando a ellos. Eran dos: Holconio y Mutato. Tenan aspecto de rondar la cincuentena y parecan agotados tras aos de deplorable vida moderna. Holconio, el de ms edad y presumiblemente de mayor jerarqua, era un srdido chupatintas de rasgos enjutos que al final sonri cuando surgi la historia sobre la emperatriz Mesalina ejerciendo su oficio en un burdel. Mutato tena cara de pocos amigos. Apuesto a que ni siquiera se ri cuando el divino Claudio promulg su edicto por el que era lcito tirarse pedos en las comidas.

Consideremos minuciosamente vuestro problema indagu al tiempo que sacaba una tablilla de notas. Eso los puso nerviosos, de modo que sostuve las pginas enceradas en mi rodilla, con el estilo en reposo. Me contaron que haban perdido el contacto con un compaero suyo cuyo nombre, dijeron, era Diocles. Yo asent con la cabeza, tratando de dar la impresin de que ya haba odo, y por supuesto resuelto, semejantes misterios con anterioridad. Cunto tiempo hace que ha desaparecido? No ha desaparecido exactamente objet Holconio. Poda haberme burlado, Bueno, entonces por qu me habis llamado? Pero los que trabajan para el emperador dndoles barniz imperial a los acontecimientos (desfigurndolo todo para que pareciera correcto) tienen una habilidad especial con las palabras. Holconio tena que mandar todo lo que escriba al Palatino para que lo aprobaran, aunque fuera una simple relacin de los das de mercado. Entonces algn idiota volva a redactarle todas y cada una de las perlas entre sus frases hasta que estropeaba su impacto. De modo que dej que fuera pedante... por esa vez. Sabemos adonde fue murmur. Y adonde fue? A estarse con un familiar en Ostia. Una ta, dijo. Eso es lo que os cont? Supuse que ta era el nuevo trmino para referirse a una amiguita, pero no pens nada peor. Y no regres? As que la amiguita estaba buena. Eso es normal? l es un poco informal. Dado que no se me proporcionaron detalles, lo adorn yo mismo: Es un haragn, un borracho y un irresponsable, se olvida de estar donde debera estar y siempre hace quedar mal a la gente... Anda! Lo conoces? interrumpi Mutato, que pareci sorprendido. No. Conoca a muchos como l. Sobre todo cronistas, De manera que mi trabajo es: ir a Ostia, encontrar al rozagante Diocles, hacerle pasar la borrachera si me deja y luego traerle de vuelta, no? Los dos cronistas movieron la cabeza en seal de afirmacin. Parecan aliviados. Yo haba estado mirando mi tablilla de notas; entonces levant la mirada. Tiene problemas? No. Holconio segua sin esforzarse en lo ms mnimo. Ningn problema? repet en voz baja. En el trabajo, relacionado con l, problemas de mujeres, de dinero, preocupaciones con la salud? Ninguno que nosotros sepamos. Consider varias posibilidades. Estaba trabajando en alguna historia en particular? No, Falco. Me pareci que Holconio me la estaba dando con queso. Bueno, l era el escritorzuelo poltico; Holconio, yo ya lo saba, tomaba notas taquigrficas en el Senado, de manera que las falsedades eran su pan de cada da. Mulato slo escriba el programa de los juegos de aquel mes. Era capaz de cometer errores estpidos con una gracia natural, pero estaba ms flojo en el arte de la pura mentira. Y cul es la seccin de la Gaceta que Diocles escribira normalmente? Importa eso? se apresur a preguntar Mutato. Deduje que era relevante, pero dije con suavidad:

Probablemente no. Queremos ser tiles, de verdad el tono de su voz estaba lleno de reticencia. Me gustara estar plenamente informado el mo lo estaba de inocente encanto. Diocles escribe los artculos desenfadados expuso Holconio. Su aspecto era an ms sombro que antes. Como periodista de edictos que era, no aprobaba nada que fuera trivial. Aquel mismo da, segn pude entrever, antes de que yo llegara, Holconio y Mutato haban mantenido una detallada conversacin sobre cunto confiarme. Entend lo que aquello significaba. As pues vuestro absentista escribe las terrorficas y escandalosas noticias de sociedad? Los dos cronistas pusieron cara de resignacin. El seudnimo de Diocles es Infamia confirm Holconio. Antes incluso de que lo admitieran, yo ya quera el trabajo.

Al principio todo fue muy lento en mi primera semana de indagaciones en Ostia. Inform de mi falta de progreso a Helena la maana despus de su llegada. Si la casera de Diocles es su ta de verdad, yo soy los cuartos traseros de un camello sirio. Helena y yo estbamos comiendo pan recin hecho e higos, sentados en un fardo cerca del transbordador que llevaba a los trabajadores de un lado a otro entre la ciudad principal y el nuevo puerto. Habamos madrugado bastante aquel da y estbamos ahora entretenidos observando el torrente de cargadores, negociantes, aduaneros y rateros que se dirigan al puerto a trabajar como cada maana. Finalmente fueron transportados hasta all una multitud de mercaderes recin desembarcados junto con otros extranjeros de razas diversas y aspecto desconcertado. Los mercaderes, ya escarmentados por sus aos de experiencia, salieron disparados hacia las mulas de alquiler. Cuando se dieron cuenta de que ya no quedaba ningn animal de transporte, los viajeros inexpertos empezaron a deambular; algunos nos preguntaron el camino para ir a Roma, de la que fingimos no haber odo nunca hablar. Si insistan sealbamos el camino que deban tomar y les asegurbamos que podan recorrerlo perfectamente a pie. Ests siendo infantil, Marco. En el extranjero yo me he encontrado con lugareos que me han mandado a hacer excursiones de veinticuatro kilmetros. En Roma los barrenderos tambin me haban indicado mal el camino deliberadamente. Se te ocurri a ti. Espero que no volvamos a verlos. No te preocupes. Les explicar que eres la hija de un senador, criada en el lujo y la ignorancia, y que no tienes nocin de distancia, direccin ni tiempo. Y yo dir que eres un cerdo! Oink. La habitacin que tenamos alquilada cerca de all no inclua el desayuno ni un esclavo que lo sirviera. El alojamiento contaba con un cubo para el pozo y un par de lmparas vacas, pero ni siquiera tena un cuenco para la comida. Uno de los motivos por los que habamos salido a dar una vuelta era el de comprar lo esencial para comer al aire libre antes de que llegaran Albia y las nias. A mis hijitas quiz pudiera engatusarlas con eso de Pasemos hambre estas vacaciones para divertirnos!, pero Albia era una adolescente de apetito voraz y su humor se volva desagradable si no le dabas de comer cada tres horas.

Al menos, nos hallbamos en el centro comercial del Imperio. Eso ayudaba a la hora de hacer la compra. Las mercancas de importacin se apilaban en montones por todas partes y los serviciales mercaderes estaban encantados de sacar artculos de los fardos y venderlos a bajo precio. La verdad es que algunos de ellos tenan conexin con la carga; puede que uno, o dos incluso, le pasaran el precio pactado al armador. Yo ya haba comprado unas copas de vino haca una hora y por lo tanto consideraba que haba hecho mi parte. No haba necesidad de encargar unas nforas; yo ya haba reservado provisiones. Helena seal que me haba bastado apenas una semana en soledad para convertirme de nuevo en el clsico informante. Ahora crea que una habitacin estaba completamente amueblada si contena una cama y bebida, con una mujer como equipamiento opcional. La comida era algo que se tomaba rpidamente en una taberna mientras hacas guardia. De momento no tena a nadie a quien vigilar. Mi caso no iba a ninguna parte. Descubriste dnde estaba viviendo Diocles, no obstante? pregunt Helena tras terminarse un bocado de pan recin hecho. Cog unas olivas de un cucurucho hecho con el papiro de un rollo viejo. En una habitacin alquilada cerca de la Puerta Marina. De modo que lo de estarse con una ta era una invencin. No est con su familia? No. Es una casera comercial de las que intimidan. Y cmo la encontraste? Los cronistas saban el nombre de la calle. Luego fui llamando de puerta en puerta. La casera no tard en salir de su escondrijo porque Diocles le haba dejado a deber el alquiler y quera cobrarlo. Su versin concuerda con lo que ya me dijeron los cronistas: Diocles lleg aqu har unos dos meses y pareca decidido a quedarse durante la temporada de verano, pero desapareci sin previo aviso al cabo de unas cuatro semanas dejando todas sus cosas abandonadas. Sali a la luz porque la Gaceta haba quedado en mandar a un mensajero una vez a la semana para recoger el artculo. El mensajero no pudo encontrar a Diocles. Helena gorje alegremente. Un mensajero semanal? As pues en Ostia hay chismes en abundancia, no? Yo dira que Diocles se limita a sentarse en la playa y a soltar risitas mientras se lo inventa. La mitad de las personas a las que difama estn fuera y no llegan a enterarse, afortunadamente para l. Helena se lami los dedos. Pagaste el alquiler que deba y conseguiste su equipaje? Ni hablar! No voy a pagarle el alquiler a un tipo que hace novillos, especialmente por una habitacin que no ha ocupado. La mujer no ha vuelto a alquilar la habitacin? Oh, ya lo creo que la volvi a alquilar. Me negu a pagar, y he mandado un recado a la Gaceta.

Para pedirles el dinero? No se le tendra que pagar dos veces. Le expliqu a mi mujer que las caseras del puerto tradicionalmente cobran el doble, segn un edicto que se remonta a la primera vez que desembarc Eneas y lo alojaron en el cuarto de invitados de un pescador a un precio ridculo. Helena segua con cara de desaprobacin, pero entonces era con respecto a m. S razonable. Estoy intentando interesarme por tu trabajo, Marco. La mir. La quera mucho. La atraje hacia m, hice una pausa, me limpi el aceite de oliva de los labios con cuidado y luego la bes con ternura. He mandado a buscar un certificado muy severo en el que dir que tienen que dejar que me lleve las pertenencias de Diocles puesto que son propiedad del Estado. La casera ya las habr registrado; sabe que son tnicas bajeras sucias objet Helena. Segua aferrada a mi pecho. Los estibadores que pasaban silbaron. Entonces quedar impresionada de que el Estado tenga tanto inters por la ropa interior de ese hombre. Crees que podra haber algo ms til en su equipaje? Me educaron con dureza dije, y confieso tener algunas manas, pero de momento no he cado tan bajo que vaya olisqueando las manchas de las tnicas viejas de la gente. Necesitas tablillas de notas. Helena Justina se acurruc contra mi hombro y se qued un rato en silencio, observando el transbordador. Pginas de pistas amablemente anotadas. Al final, como saba que yo lo estaba esperando, murmur con educada curiosidad: Cario... qu manas son sas?

VI

La llegada de nuestras hijas nos ocup el resto de la maana. Aulo y yo tuvimos una charla jocosa sobre el viaje a Atenas que tena planeado en tanto que Helena y Albia hablaban con gravedad sobre por qu la perra pareca tener mala cara. Las nias caminaban con paso inseguro y gateaban por ah solas, buscando cosas para destruir en su nuevo hogar. La perra, Nux, corri con ellas un rato, luego se cans de aquel frenes y se escondi debajo de una cama. Haba un sinfn de cosas por desempacar. Todo el mundo intentaba evitar ser el idiota que acabara hacindolo. La persona que ordena el equipaje al llegar es la que siempre se lleva las culpas por todo lo que los dems se olvidan. S, por supuesto que es injusto. La vida es injusta. Despus de diez aos siendo informante, sa era la nica certeza filosfica que an sostena. Por lo que respecta a Aulo, dos horas en una calurosa carreta tirada por una mula cascarrabias supervisando a mi squito haban bastado para agotar todas sus reservas. Aquel sano y fornido joven, que debera tener un raudal de energa, no tard en apoyar los pies en la repisa de una ventana y quedarse dormido. Antes, me haba entregado el certificado de los cronistas que me otorgaba autoridad para conseguir las posesiones de Diocles. Aulo rehus interesarse en reclamar el botn. Hubiera pensado que se quedaba porque se haba encaprichado de Albia, pero era demasiado joven para l y tena un pasado demasiado lleno de incertidumbres para un conservador como Aulo. Ella provena de Britania; la haban recogido del arroyo siendo un beb, durante la rebelin. Pudiera ser que estuviera agraciada con un origen romano, pero tambin, bien pudiera no ser as. Nadie lo sabra nunca, de manera que en sociedad estaba condenada. En cuanto a Aulo, haba perdido a una heredera cuando su antigua prometida, Claudia Rufina, se haba casado con su hermano en vez de hacerlo con l; ahora l estaba decidido a posar sus anhelantes ojos castaos nicamente en una virgen de primera clase con toda una lnea de antepasados borrachos y ricachones a juego. Albia s que tal vez se hubiera enamorado de l de no haber sufrido abusos graves antes de que la rescatramos. Ahora evitaba a los hombres. Bueno, eso era lo que yo me deca a m mismo, si bien, por todo lo que nos explicaron cuando la acogimos, su pasado podra haberla convertido en una persona promiscua. Helena tena confianza en la chica. Eso me bastaba.

En otra poca, las tribulaciones domsticas no me hubieran inquietado. En otra poca no tena ataduras. Mis nicas preocupaciones eran cmo pagar el alquiler y si mi madre haba visto o no a mi nueva novia. El hecho de convertirme en marido y padre me haba condenado a la respetabilidad. Los informantes solteros estn orgullosos de tener una reputacin subida de tono, pero ahora me haba vuelto yo tan hogareo que no poda dejar solas a dos personas que no estuvieran casadas sin hacer examen de conciencia. Helena no tena reparos al respecto. Si fueran a dormir juntos ya se las habran arreglado para hacerlo de camino aqu. Que ocurrencia ms escandalosa! ocult una sonrisa. Marco, te asustas porque todava me acuerdo de lo que hubiramos hecho t y yo. Rememor aquellos tiempos con nostalgia. Luego me consol diciendo: Bueno, Albia odia a los hombres. Albia cree que odia a los hombres. Poda prever problemas en eso. Est demasiado gordo coment la propia Albia, que entr inesperadamente. Cunto llevaba escuchando? Era una adolescente esbelta de cabello oscuro que poda ser mediterrneo y ojos azules que podan ser celtas. Su latn necesitaba perfeccionarse pero Helena ya se ocupaba de ello. Albia no tardara en pasar por una liberta y se terminaran las preguntas. Con un poco de suerte podramos encontrarle un marido con un buen oficio y hasta podra ser que acabara siendo feliz. Bueno, el marido tal vez fuera feliz. Albia haba vivido una infancia solitaria y falta de atencin; eso siempre se nota. Quin? pregunt Helena de manera insincera. Tu hermano! brome Albia. Mi hermano es de constitucin fuerte, nada ms. No Albia haba vuelto a su habitual gravedad herida. Y no se toma en serio su vida. Acabar mal. Quin? pregunt Aulo, apareciendo a su vez por la misma puerta. T! coreamos todos. Aulo ense los dientes. Beba demasiado vino tinto y trataba de eliminar las manchas frotndose la dentadura con polvos de esmeril. Los dientes se le caeran, pero sin duda l crea que tendran un aspecto muy bonito en la bandeja de desechos del sacamuelas. Posea toda la vanidad normal en un chico de ciudad y dinero suficiente para hacer el idiota cada vez que entraba en una botica. En aquel momento apestaba a cinamomo. Acabar mal? Eso espero lanz una mirada lasciva: Con un poco de suerte en Grecia! Cuando se molestaba en sonrer, Aulo Camilo adquira un repentino atractivo. Eso poda haberme preocupado, en relacin con Albia. Pero los dejamos juntos de todas formas.

Para Helena y para m, tener a alguien que cuidara de las nias mientras nosotros salamos en equipo supona una oportunidad demasiado buena para perdrnosla. Era un da caluroso y la caminata hasta la Puerta Marina nos llev bastante tiempo. No nos apartamos de la sombra, dejando el Decumano y metindonos por umbras calles laterales siempre que era posible. Para tratarse de una ciudad prerrepublicana, Ostia posea un buen sistema de cuadrcula y encontramos el camino a travs de sus tranquilos callejones sin dificultad. Era por la tarde, hora de la siesta. Unas cuantas tabernas de comidas todava servan refrigerios prolongados a los asiduos, en tanto que unos furtivos gorriones picoteaban las sobras de los anteriores clientes. Los enjutos perros dorman contra los umbrales de las puertas y las mulas amarradas permanecan junto a los abrevaderos con la cabeza gacha y sacudiendo el rabo lnguidamente mientras fingan que sus amos las haban dejado abandonadas. Los amos, al igual que la mayora de la gente, se hallaban bajo techo. Disfrutaban de su vida normal a la hora de comer: un bocado rpido de salchicha con pan o un polvo apresurado con la mujer de su mejor amigo, una conversacin sin sentido con algn vecino, una partida a las damas, pedirle ms crdito a un usurero o la visita diaria a un anciano padre. Helena y yo rodeamos la parte trasera del foro y los edificios pblicos vinculados a l; pasamos por delante de batanes y templos, mercados y posadas mientras nos dirigamos hacia las ms frescas brisas y el sonido de las gaviotas. Dej que Helena echara una rpida mirada al panorama martimo y luego me la llev a rastras a ver a la casera. Sabamos que la mujer estara durmiendo y que se pondra de mal humor si la molestbamos, pero al menos a esa hora del da ningn plido esclavo nos comunicara que la seora haba salido de compras o a que la embellecieran, o que se haba marchado a un lugar a kilmetros de distancia para buscar camorra con su suegra. Es el mejor momento para encontrar a la gente, una tarde costera de las que aletargan, cuando los cormoranes toman el sol y en la pared del puerto las escamas del pescado de la maana se han cocido al calor del medioda hasta alcanzar una transparencia como la del papel. Vi que Helena estudiaba detenidamente a la mujer. sta, ancha de espaldas y rubicunda, llevaba un vestido color ciruela demasiado largo alrededor de las sandalias y una estola que no combinaba del todo. Sus pesados pendientes de oro eran de los de aro y luca un brazalete en forma de serpiente con unos siniestros ojos de cristal. Estaba claro que el colorete de las mejillas y la pintura de los prpados, con el color mal asentado en las arrugas, eran un ornamento de rutina (para ella, no para la serpiente del brazalete). O bien era una viuda o le convena parecerlo. Indudablemente no era una viuda de las desvalidas. La hubiera aceptado como clienta, aunque la perspectiva no me hubiera entusiasmado. A raz de mi visita previa saba que su actitud era de una agradable eficiencia pero que estaba ah para hacer dinero. Si la tratabas bien (y le pagabas ms de la cuenta) sera todo dulzura. No quera problemas, de manera que en cuanto saqu el certificado puso muy mala cara pero nos llev junto a las pertenencias de Diocles. Las guardaba fuera, en un viejo gallinero. Las consecuencias eran previsibles.

Ya veo que lo vigilas todo. Entonces no haba ningn pollo escarbando por el diminuto jardn de la cocina, pero haban dejado los recuerdos de siempre. Hay cosas peores que las plumas y la mierda de gallina pero, como almacn, aquello pareca un tanto rudimentario. No soy un depsito de equipajes. No, claro que no le asegur Helena con voz tranquilizadora. La mujer se haba fijado en la nitidez de las vocales y consonantes de Helena. Acostumbrada a calar a los inquilinos potenciales, estaba confundida. Yo era un informante, mi novia tendra que ser una tipa descarada con un vozarrn y el busto echado hacia arriba. Despus de seis aos juntos, Helena y yo ya no lo explicbamos. Diocles haba mencionado que vena a ver a unos parientes murmur Helena. Sabes si tuvo alguna visita o si se puso en contacto con alguien en particular? Su habitacin estaba en mi otro edificio de aqu al lado. La casera estaba orgullosa de poseer un par de casas, una en la que viva ella y otra que alquilaba de forma diversa a los visitantes de temporada. Poda ir y venir a su antojo. As que no viste a nadie con l? No muy a menudo. El esclavo de Roma, el que me alert de que el hombre haba desaparecido, pareca ser el nico. Se refera al esclavo que vino a recoger el artculo para la Gaceta. Siempre y cuando no haya problemas yo no me entrometo. Vaya, eres de la misma utilidad que una cabra con tres hgados para un augur novato coment. Helena cruz su mirada con la de la mujer. Tiene infinitas posibilidades, pero no dice nada claro explic Helena, y entonces las dos mujeres se burlaron de mi chiste. Me puse a examinar el equipaje. Haba tnicas sin lavar, tal como Helena haba vaticinado. Cosas peores haba olido; los cronistas pblicos que trabajan en las oficinas del gobierno saben cmo hacer uso de los baos. La ropa sucia de Diocles haba permanecido all durante un mes y luego la haban colocado en un corral de aves. Sera mucha casualidad poder aspirar alguna vez las dulces fragancias de blsamo. Crees que Diocles estaba en Ostia por motivos de trabajo? Helena posea una tranquila perseverancia que la gente nunca se senta capaz de desafiar. La casera detestaba contestar a tantas preguntas, sin embargo acab por colaborar. Eso es lo que dijo. Te cont cul era su ocupacin? Conservacin de archivos o algo por el estilo, creo. Parece razonable confirm la media mentira tras haber desenterrado un paquete de tablillas de notas. Al parecer estaban casi vacas. Vaya suerte la ma. Diocles era un cronista que lo guardaba todo en la cabeza. Los testigos pueden llegar a ser muy egostas. Lo que s encontr fue un nombre. Aqu hay anotado el nombre de alguien llamado Damgoras. Parece una cita... Sabes quin es este tal Damgoras? Nunca he odo hablar de l dijo la casera. Al menos era coherente.

VII

Helena y yo volvimos caminando lentamente. Aquella vez subimos por el Decumano. Yo llevaba la ropa sucia y otras pertenencias del cronista, todo ello envuelto en su capa. Aparte del tufillo, que era una extraa mezcla de sudor masculino y argamasa vieja, el hecho de estar en posesin de lo que claramente era un fardo de ropa nos converta en objetivo de los atracadores. Las prendas de vestir son el artculo ms popular para los ladrones. La mitad de los casos en los que trabajan los vigiles comprenden informes de tnicas robadas de los vestuarios de los baos. Apuesto a que no lo sabais. Me equivoco! Apuesto a que al menos en una ocasin habis sido vctimas de ello. No existe nada semejante a una casa de baos con una buena seguridad. No hay ms que ver a los propietarios. La mayora de ellos toman el dinero de tu entrada con una mano mientras que con la otra palpan el pelo de tus prendas antes de una transferencia de propiedad. Muchos de ellos tienen un primo peletero. Mientras t todava ests quitndote con la estrgila el aceite corporal elegido y quejndote de que el agua no est lo bastante caliente, tu preciada tnica de color pardo rojizo volver a teirse de un rojo sangre de toro, con lo cual ser imposible identificarla. Yo me llevo a la perra para que me vigile el vestuario. Dado que Nux guarda la ropa echndose encima de ella, el inconveniente es que me lavo para acabar oliendo igual que mi perro. Nux nunca est limpia. No obstante, a diferencia de un desventurado hombre junto al que pasamos en Ostia, nunca he tenido que escabullirme hacia mi casa desnudo y tapndome los atributos con un cucharn para el agua que hubiera tomado prestado del caldario. El Decumano era el camino de regreso ms corto, pero estaba muy concurrido. El nervioso nudista tena sus propios problemas eludiendo las burlas y las carcajadas. Nosotros no estbamos en mejor situacin. Todos los mozos con carretilla se apiaban en la sombreada acera, la calzada se hallaba atestada de carros y el lado caluroso de la calle se coca al sol. Las pertenencias de Diocles no pesaban, pero incluan un pequeo taburete plegable, artculos de aseo, un botelln de vino medio vaco y una caja de estilos; era difcil maniobrar el bulto de la capa atada por los reducidos espacios de una calle principal con su embotellamiento de la tarde. Helena no era de ninguna ayuda. Ella llevaba las tablillas, y como era una lectora insaciable, ello significaba que ya las estaba investigando minuciosamente mientras caminaba. Sus garabatos no sirven de nada. Deba de anotar slo un recordatorio como por ejemplo maana, sin decir para qu. Este tal Damgoras que encontraste es el nico nombre.

Haba unos cinco juegos atados, cada uno de ellos con cuatro o seis tablillas de madera de dos lados, de modo que Helena estaba muy ocupada manteniendo agarradas todas esas tablas de escritura al tiempo que intentaba abrirlas como poda de una en una. En una ocasin se le cayeron un par de ellas, pero fue porque un aguador la empuj. Helena se agach para recoger las tablillas cadas, frustrando el delito a cualquier transente servicial que hubiera pretendido ayudarla a recogerlas mientras birlaba alguna que otra. Cuando se inclin, el libidinoso camarero de un bar tuvo la clara intencin de tocarle el culo, pero el fardo de Diocles result una buena defensa, a cubierto de la cual le pegu una patada al camarero. l retrocedi tambalendose con su bandeja de vasos vacos. Ajena a todo ello, Helena continu leyendo. Por Juno! Este hombre era un pelmazo... aqu ha sumado la cuenta de una taberna. En el ltimo juego de tablillas hizo el esbozo de lo que parece ser una cuadrcula para jugar a damas en solitario. La cuenta de la taberna ascenda a tan poco que slo poda haberse tratado de estofado fro y una taza para uno. El cronista de los chismes sala a cenar solo. Al menos aquello evit que nos sintiramos frustrados frente a unas reuniones con contactos annimos de las que no se puede seguir la pista. El aparente juego de tablero podra haber sido un mapa para un encuentro, pero, de ser as, Diocles se haba dejado todos los nombres de las calles. Eso no ayudaba nada. Tal vez era uno de esos tristes desgraciados que pasan el tiempo libre dibujando ciudades imaginarias especul con pesimismo. No obstante, nada de lo que saba sobre l sugera que fuera rey de Atlantis en sus ratos libres. Marco, por lo que hasta ahora he ledo en la Gaceta Diaria, se lo pasaba bastante bien empleando su creatividad en cosas como: Flavia Conspicua parece haberse cansado muy pronto del matrimonio. Apenas ha sido arrebatada de brazos de su madre por el idneo pretendiente Cayo Mundano que se rumorea que la joven (heredera de las fincas de Esplndido y experimentada flautista aficionada) ya se vuelve a ver con su antiguo amor Gaudio.... Me lo invent yo me asegur Helena. Suena bien. Esta tal Flavia de la que hablas, est buena? Es popular en el crculo de solteros. Rubia? Caoba, dira yo. No tiene muy buen tipo, pero s un carcter encantador; hara cualquier cosa por cualquier persona. Eso te lo puedes tomar de varias maneras... Ya lo creo! Dime, eso de flautista, es alguna conveniente metfora en trminos de las columnas de chismes? pregunt. Algo as respondi Helena con la gravedad que tanto me gustaba. Se podra pensar que toda Roma sonara como una orquesta de instrumentos de viento, dada la moral disoluta del momento. La digitacin de Flavia es legendaria, su control de la respiracin es estupendo e incluso se cree que a veces prueba con la tibia doble. Para no alentar la mente calenturienta de mi amada, me concentr en apretujar el fardo de ropa entre el prtico de un templo y el carro de un mampostero que haban dejado aparcado a un lado de la calle, bastante cerca de la hilera de edificios.

Cansados y acalorados, pasamos por la casa en la que estaban viviendo Petronio y Maya, donde dejamos que sta nos abanicara y nos renovara con infusin de hierbabuena. Nos vimos obligados a ser presentados al propietario, que haba venido de visita para supervisar la instalacin de una fuente. Era una estatua de un Joven Dionisos desnudo; sumido en sus tempranas lecciones de beber vino, el atractivo dios (que yo encontraba que se pareca bastante a m de joven) meaba el chorro de agua. Puesto que el propietario de la casa era un empresario de la construccin, supongo que aquella obra de arte de buen gusto le haba sido robada a algn desafortunado cliente. Tal vez se haba desconchado un poco el racimo de uvas durante la entrega y se haba convertido en una devolucin sin ningn reembolso visible en la factura final. El benefactor de Petro se llamaba Privato y tena una calva reluciente sobre la que se haban recogido unas largas hebras de fino cabello grisceo. Se cruzaban en lo alto, creando un suelto zurcido de rizos falsos que se separaran al menor soplo de viento. Sin ser alto, el constructor era huesudo y patizambo. Haba conocido a hombres ms fanfarrones, pero l apestaba a ambicin social y a conciencia de su propio xito. Lo habis adivinado: no me gustaba. Petronio haba salido. Con aires de superioridad, Maya tuvo un enorme placer explicndole a Privato que yo era un informante y que me encontraba en Ostia para buscar a un cronista desaparecido. Yo prefiero no hablar sobre una misin hasta que no haya calado a la persona que acabo de conocer. Maya lo saba. Dime, qu posibilidades crees que tienes de encontrar a este tal Diocles? pregunt Privato. Era una pregunta razonable. Trat de no torcer el gesto. De momento parece poco probable que pueda avanzar mucho ms me mostr ms amable de lo que me senta. Marco Didio est siendo modesto declar Helena lealmente. Tiene un largo historial de casos difciles resueltos. Privato pareci nervioso. A la gente le da por ah. Qu crees que ocurri, Falco? En esta coyuntura es imposible decirlo. Qu hace un informante...? Perdona que te haga tantas preguntas, dicho sea de paso... Qu haces para encontrar a una persona desaparecida, Falco? La gente siempre muestra curiosidad por mi trabajo. Suspir y pas a contar la historia: Antes de salir de Roma, mir en el Templo de Esculapio por si haba sido hospitalizado... o si lo haban dejado all para que lo enterraran. Una vez aqu le ped a Petronio Longo que comprobara si los vigiles haban arrestado a mi hombre por algn motivo: negativo, y ahora las patrullas lo estn buscando. Si va deambulando por ah aturdido tendran que verlo. Si simplemente cambi de alojamiento porque no poda soportar a su casera, mi tarea ser mucho ms difcil. Parece un trabajo duro! exclam el constructor, nada convencido sin duda. Sonre con valenta. Has odo hablar de alguien en Ostia llamado Damgoras? Privato se hizo el interesante fingiendo que pensaba. Me temo que no, Falco.

Yo tambin tendra que haberle preguntado a Privato sobre su trabajo. De todas formas, probablemente ya hubiera odo que los informantes son famosos por su mala educacin. Supongo que su vida consista en una alegre y prolongada ronda de reconstruccin de los muelles cuando los agujeros que dej la ltima vez empezaban a dejar entrar el agua. Helena y yo nos terminamos rpidamente la infusin de hierbabuena y luego me la llev a casa. Ella se acord de las tablillas de notas. Con cierta habilidad, yo me las arregl para olvidarme la ropa sucia de Diocles, que dej sobre el bien barrido suelo de mrmol, en el atrio del distinguido hogar de Privato.

VIII

Al da siguiente regres al que haba sido el alojamiento del ahora desaparecido Diocles, en esta ocasin por la maana. Con un poco de suerte la casera habra salido y yo podra pedirle a su nuevo inquilino que me enseara la habitacin del cronista. A Helena la dej siguiendo con su tarea de leer ejemplares atrasados de la Gaceta. Lo estaba haciendo en presencia de nuestras hijas. Cuando se senta obstinada, Julia Junila, que el mes anterior haba cumplido tres aos, era capaz de iniciar un disturbio que necesitara de las cohortes urbanas para ser sofocado; en aquel momento se estaba haciendo la nia encantadora. Lo haca con estilo y me enternec. Sosia Favonia, una sombra matona de tan slo catorce meses, se hallaba de pie desnuda en su cuna, pues haba aprendido la manera de ponerse de pie aunque sta se meciera. El prximo truco: caerse y abrirse la cabeza. De todos modos, Albia haba colocado una alfombra de trapo junto a la cuna para limitar los daos. Para leer, Helena haba recurrido a la vieja treta: sacaba un juguete nuevo (todos los fabricantes de muecas, pelotas, aros, silbatos y animales de madera de Roma nos conocan y nos adoraban) y luego se alejaba en silencio mientras aumentaba el ensimismamiento de las nias. Estaba a salvo con sus rollos hasta que empezara la prxima pelea a gritos. Bes a las nias. Ellas no me hicieron ni caso; estaban acostumbradas a que me marchara de casa. A veces parecan pensar que no era ms que el chico del reparto de la verdulera. No, l hubiera despertado ms entusiasmo. Volv a la Puerta Marina mientras Nux pasaba como una flecha entre mis tobillos en un intento por ponerme la zancadilla. Tuve que andar un buen trecho slo para descubrir que el nuevo inquilino haba salido. Deprimido, fui a llamar a la puerta de la casera y en aquel momento las Parcas se compadecieron. Ella tambin haba salido, de manera que finalmente conoc a su esclavo para todo, Tito. A este tal Tito, un granuja de nariz respingona vestido con una holgada tnica que dejaba un hombro al descubierto, lo haban mantenido alejado de m en las anteriores visitas. Era ms listo que el hambre; al igual que toda su tribu, saba exactamente el valor que tena para un hombre necesitado. Como hubiera muchos como Tito no iba a llegar muy lejos con la miseria que me pagaban los cronistas de la Gaceta pero, segn l, era nico. As pues, no me import. En realidad fue Tito el que vaci la habitacin despus de que Diocles desapareciera. Excelente noticia. Y ahora gnate esas tintineantes monedas que me acabas de sacar, Tito. S lo que se supone que Diocles dej: unas cuantas tnicas usadas y algunas tablillas de notas vacas. Ahora dime qu ms haba, y no me ocultes nada.

Ests diciendo que afan algo? pregunt Tito con indignacin. Nux, siempre dispuesta a sumarse al jaleo, se acerc y lo olfate. El esclavo la mir, incmodo. Tienes derecho a beneficios extra, jovencito. Bueno, as es como yo lo veo. Se calm. Nux perdi el inters. Tena otro par de tnicas, limpias. Como no iba a volver, se las quit. Las vendiste en el mercado de artculos de segunda mano? Exactamente. Diocles vino a Ostia a pasar el verano cavil. No habra llegado con tan slo una mochila y un paquete de buuelos de calamar, pero aunque lo hiciera... Qu ests diciendo, Falco? Adonde ha ido a parar su mochila? Tena dos. Consegu un buen pellizco por ellas. Estaban vacas? Oh, s pareca cierto. Lo mir fijamente. Las sacud, Falco. Entonces, adonde ha ido a parar su dinero? Tito se encogi de hombros. No tengo ni idea, de verdad. No tena sentido insistir. Observ que el esclavo no me haba preguntado: Qu dinero?. Cunto equipaje llevaba al llegar? Diras que Diocles podra haberse llevado algunas cosas a otro alojamiento? Lo que trajo consigo se qued aqu cuando escurri el bulto. Un taburete, y cosas... Olvdate del taburete! Lo haba recuperado yo. El taburete plegable bailaba y me haba pellizcado el dedo al probarlo. Haba alguna arma? gru. No, seor! Eso no era correcto. En Roma es ilegal ir armado (no es que ello disuada a la gente), pero cuando viajamos, todos llevamos las herramientas necesarias. Saba por mediacin de Holconio y Mutato que Diocles siempre llevaba una daga consigo y en ocasiones tambin una espada. Los otros cronistas me haban dicho que se trataba de las precauciones habituales, por si se topaba con un marido ofendido o con el ltigo que blandiera el enorme conductor de una esposa furiosa. No quiero que me las devuelvas y no voy a denunciarte, Tito. Tan slo necesito saberlo. No haba ninguna. De acuerdo. No me crees! Te creo. Lo que crea era que ningn esclavo confesara nunca haber robado algo con lo que pudiera armarse, aunque hubiera vendido el arma. Los esclavos y las espadas no se mezclan. Entonces ya hemos terminado? pregunt Tito con aspecto optimista.

Casi. Pero como el nuevo inquilino ha salido, har que me ensees la habitacin, por favor. Como saba que se hallaba en una situacin delicada con respecto a los artculos robados, Tito accedi a ello. Pero nos encontramos con que el inquilino haba regresado mientras estaba hablando con Tito. Era un solapado factor de grano venido a menos que en aquel momento estaba sentado en su estrecha cama comiendo una empanada fra. Nux entr corriendo como si fuera la duea del lugar y l se levant de un salto con expresin de culpabilidad; tal vez la casera tena prohibido comer dentro de casa. Mientras se recuperaba sobre todo estaba avergonzado porque tena salsa por todas partes demostr ser un tipo duro. Registr la habitacin sin molestarme en pedir permiso. El factor de grano deba de saber que el anterior inquilino haba desaparecido; pacientemente me dej proceder a mis anchas. Tito y l se quedaron mirando mientras yo inspeccionaba todos los rincones especiales donde los viajeros esconden cosas en las habitaciones alquiladas, desde lo ms obvio, como debajo del colchn, hasta lo ms sutil, en lo alto del marco de la ventana. Las tablas del suelo estaban todas bien clavadas. El armario empotrado estaba vaco excepto por el polvo y una avispa muerta. No encontr nada. Le orden a Nux que buscara, cosa que, como siempre, se neg a hacer, prefiriendo quedarse sentada con la mirada fija en el pastel que coma el representante. Le di las gracias por poner las instalaciones a nuestra disposicin. Me ofreci un bocado de empanada, pero mi madre me educ para que rechazara la comida que me ofrecieran los desconocidos. Arrastr a Nux y a Tito hacia fuera, at a la perra con una cuerda para evitar que volviera adentro a mendigar comida y acribill al esclavo con ms preguntas. Quera conocer las costumbres de Diocles. Se quedaba sentado en su habitacin esperando a que tuviera lugar un terremoto, como ese callado individuo que tenis ahora arrendado? No, Diocles no paraba de entrar y salir. Era sociable? Dijo que estaba buscando trabajo, Falco. Siempre sala y lo iba intentando en distintos lugares. Aunque no tuvo mucha suerte. Como todo esclavo, que siempre que fuera posible se sacara unas monedas extra, a Tito aquello no le pareca extrao aun cuando Diocles ya tena un empleo. Adonde fue a solicitar trabajo? A toda clase de sitios, creo. Fue a los muelles, por supuesto. Todo el mundo lo hace. All los trabajos ya estn todos cubiertos. En una o dos ocasiones alquil una mula y se fue al campo; deba de apetecerle recoger lechugas. Quiso ser pen de albail una semana, pero no se le daba bien y lo echaron. Por el aliento de Vulcano, si creo que incluso intent unirse a los vigiles! Eso era un problema. No puede ser! No, tienes razn, Falco; deba de estar tomndome el pelo. No hay nadie tan tonto. Algo ms? No se me ocurre nada. Bien, gracias, Tito. Me has dado una idea de sus movimientos.

Era una idea vaga, una en la que Diocles o haba enloquecido y estaba intentando salir corriendo hacia otra vida, o bien haba dejado una pista falsa para ocultar cualquiera que fuera la historia sensacional que estuviera investigando como Infamia. Varias pistas falsas, por lo que pareca. Yo no descartaba del todo la primera posibilidad. El hombre haba desaparecido. Aunque los dems cronistas pensaran que Diocles era un irresponsable y fueran cuales fueran mis sospechas acerca de que su trabajo le haba salido mal, an poda ser que hubiera optado por desaparecer de manera deliberada. La gente se marcha sin avisar. Hay personas que deciden empezar de nuevo sin ningn motivo evidente y a menudo lo hacen en un nuevo papel que asombrara a sus amigos. Yo tena un to que se las pir de esa manera, el hermano mayor de mi madre. Era una persona ms extraa incluso que sus dos peculiares hermanos, Fabio y Junio. Ahora era se del que ya nadie hablaba.

IX

Cuando fui a casa a comer, en el rellano haba un perro, grande, blanco y negro, con ojos de loco, que escarbaba con las patas y enseaba los dientes. Por el Hades!: era Ajax. Saba lo que eso significaba. Nux le grua con prolongada animadversin. Le di unas palmaditas y acall a Ajax, que estaba desesperado, aunque era inofensivo. Cuando o que me llamaban por mi nombre, entr diligentemente con el rabo entre las piernas. La comida estaba en la mesa; y Julia, escondida debajo. Favonia intentaba con todas sus fuerzas encaramarse a la cuna para salir de ella. Mientras, Helena me reciba con expresin poco cordial. Julia se esconda porque nos haba visitado su primo, Marco Baebio Junilo, un nio que era sordo, bastante excitable y dado a repentinas y estridentes exclamaciones. La pequea Favonia, en cambio, estaba ansiosa por jugar con l; le encantaban las personas excntricas. Y Helena tena ese aspecto glacial porque al pequeo Marco (y tambin al baboso perro Ajax) lo haba trado de visita mi hermana Junia: famosa por su desagradable temperamento, su ridculo marido Cayo Baebio, el empleado de aduanas, y por arruinar la caupona de Flora, la en otro tiempo concurrida taberna que haba heredado as es como lo vea Junia cuando muri la amante de mi padre. Hola, hermano. Ave, hermana. Pareces salida de un cuadro. Junia me mir con los ojos entrecerrados, imaginndose, con razn, que me refera a un cuadro para el cual no encontrara clavo alguno. Vesta formalmente cada pliegue en su lugar y se arreglaba el pelo en unos rollos gordos y parejos. Era una esnob con pretensiones de superioridad moral y siempre haba imaginado que su acartonado atuendo le daba el aspecto de una de las matronas de la familia imperial, una de las severas y anticuadas que nunca dorma con sus hermanos o con el jefe de polica, sas que a nadie importan. Sin embargo, por ms que lo obligaran, no podran acicalar al hijito mimado de Julia para que pareciera un emperador. se era el motivo por el que Helena siempre me haca ser educado; al no tener hijos, Julia y Cayo haban adoptado a Marco de muy buen grado cuando ste fue abandonado siendo un beb. Saban que era sordo. Se enfrentaron a ello con entereza. Junia explotaba este acto de caridad cada vez que nos veamos. Nunca me haba cado bien, y mi paciencia estaba muy prxima a agotarse. Eso antes incluso de que ella dijera con todo descaro: Nos enteramos de que estabais de vacaciones en Ostia y toda la familia est planeando venir a quedarse con vosotros. Yo vine corriendo para llegar primero. Cayo Baebio trabajaba all en el puerto. Llevaba unos aos hacindolo y a esas alturas cualquiera hubiera adquirido un apartamento; en lugar de eso, la tacaera lo haca dormir en un camastro en la aduana cuando se quedaba a pasar la noche. Para l, la falta de un apartamento deba de tener el beneficio extra de poder evitar as las visitas de Junia. Yo no estoy de vacaciones dije en un tono cortante.

Mi mujer se apresur a aadir: Por desgracia, debo decir que no tenemos espacio para ti, Junia. Albia y Julia estn en el segundo dormitorio, el beb tiene que dormir con nosotros y el pobre Aulo va a tener que rumbarse aqu mismo en el suelo... Al tiempo que se arreglaba las numerosas vueltas de collar, mi hermana hizo caso omiso de cuanto deca Helena. Oh, no te preocupes. Ahora que he visto las dependencias de Maya en esa hermosa casa, nos quedaremos todos con ellos. Dije que Maya estara encantada. Junia me fulmin con la mirada. Si no ests aqu para descansar, Marco, supongo que ests metido en una de tus tontas hazaas. De qu se trata esta vez? Una persona desaparecida. Oh! Deberas pedirle ayuda a Cayo. Conoce absolutamente a todo el mundo en Ostia De quin partira semejante ocurrencia? Mi cuado era el ser ms insociable que he conocido nunca; la gente rehua su compaa. Era un zngano pesado, pedante, aburrido y fanfarrn. Y tambin saba cmo tomarme el pelo. Siempre se empeaba en quedarse conmigo si me pillaba en una bodega y todas las veces dejaba que pagara yo la cuenta. Tienes alguna pista? Junia se pavone de conocer la jerga de mi oficio. Pregntale a Cayo si alguna vez ha odo hablar de alguien llamado Damgoras le dijo Helena, con bastante ms bro que de costumbre. Seguro que lo sabe. Tu caso ya est resuelto. Si haba una persona que difcilmente me proporcionara informacin, se era Cayo Baebio. El hijo de mi hermana estaba quisquilloso, de modo que logramos quitrnosla de encima. Menos mal, porque Petronio lleg poco despus con la imperiosa necesidad de desahogar toda su furia porque Junia se hubiera reservado alojamiento con l y con Maya. No se puede pretender que Privato albergue a toda tu condenada familia, Falco! No soporto a esa mujer... Cuando se calm, le ped que comprobara si en alguna lista de los vigiles constaba un tal Damgoras. No hacemos listas insisti. No seas testarudo, Petra. Tenis listas de prostitutas, de actores, de matemticos, de manacos religiosos, de astrlogos... y de informantes! Todos coreamos el ltimo ejemplo, una vieja broma. No haca tanta gracia si pensabas que tu nombre estaba en los archivos. Como lo estaba el mo, sin duda. Entonces, Falco, ests buscando a un astrlogo evanglico que vende su cuerpo y acta en tragedias? No s qu es lo que estoy buscando, sa es la jodida verdad. Tendra que ser fcil encontrarlo.

No importa nos tranquiliz Helena con delicadeza al tiempo que colocaba los cuencos con la comida frente a nosotros. Junia tiene intencin de pedirle al genial Cayo Baebio que te ayude, de modo que todo ir bien. Por un instante, Petro se la qued mirando y estuvo a punto de dejarse engaar. Y una mierda de asno! Me muero de ganas de quitrmelos de encima. Puede que Petronio viviera y durmiera con la menor de mis hermanas, pero acerca de las dems, era de mi mismo parecer. Que conste que yo siempre he credo que l tuvo algn lo con Victorina. Aunque lo mismo hubiera podido decirse, bien es cierto, de mi difunta hermana y de prcticamente cualquier persona del sexo masculino de Roma. Hubo un tiempo en que, de haber sido una mujer de renombre, mi alborotadora hermana mayor hubiera tenido a Infamia metido en historias sucias durante meses. Acaso una sirena haba atrado al cronista hacia un nido de amor en la playa y lo tena atrapado como esclavo sexual? Sera divertido investigarlo. Helena me cont ms tarde que, segn el estudio que hasta el momento haba realizado de la Gaceta, varias mujeres de linaje bastante insigne eran las actuales favoritas a la hora de salir mencionadas. Las cabezas huecas que aparecen mucho en sociedad parecen acaparar la atencin me dijo. Las chicas bobas que se quedan embarazadas de sus estrafalarios novios casi buscan que se las descubra. Y eso es una novedad, cario? Pero estas muchachas estn en Roma, no en Ostia. La gran historia tendra que ser que Tito Csar est viviendo descaradamente en palacio con la reina Berenice. Eso nunca lo mencionarn. Para empezar, estn enamorados dije. Helena se rio de mi veta romntica. Bueno, Berenice est tan guapa que difcilmente puede ocultarla. Todos los hombres en el Circo Mximo creen que Tito es un tipo afortunado... y Tito no tiene inconveniente en que ellos lo sepan todo sobre su suerte. El emperador no lo aprueba replic Helena con cierta tristeza. Seguro que Vespasiano convence a Tito para que tarde o temprano ponga fin a esa historia. Tampoco lo mencionarn, excepto por un comentario en los acontecimientos diplomticos cuando manden a su casa a la pobre mujer. La reina de Judea ha concluido su visita de Estado y ha regresado al este. Cunto dolor genuino quedar sin expresar con eso? La reina de Judea es demasiado extica para ser recibida en los estirados hogares patricios. Su origen oriental la hace inaceptable como consorte para el heredero del Principado. Los mezquinos esnobs con valores "tradicionales" han ganado: van a arrancar a la encantadora Berenice de brazos de su amado y van a deshacerse de ella. Y mientras tanto asent, las horribles hijas de los horribles legados celebrarn orgas con los aurigas durante los Juegos de las fiestas Consualia y los senadores electos les levantarn las faldas a las sacerdotisas en el Templo de la Virgen Diana como si fueran gecnidos bajo las piedras.

En tanto que, para ligero alivio de todos, Infamia dir que el rumor de que los piratas vuelven a operar frente a la costa tirrena es falso. Me re. No, eso era real dijo Helena. Entonces tambin se ri. Lo nico que saben todos los escolares romanos es que hace cien aos Pompeyo el Grande limpi los mares de piratas. Mi antiguo maestro, Apolonio, sola aadir pensativamente que no haba tanta gente que recordara cmo el propio hijo de Pompeyo, Sexto Pompeyo, un aspirante al ms alto puesto en el poder, hizo salir de su pacfico retiro a algunos de aquellos mismos piratas y se uni a ellos para causar agitacin durante sus peleas con Augusto. Uno de los lugares que entonces asaltaron Sexto y sus vistosos compinches fue Ostia. Su estancia en tierra, con sus violaciones despiadadas y su saqueo meticulosamente organizado, permaneci en la memoria colectiva como un episodio horrible. No nos emocionemos demasiado, amor. Sobre todo si Infamia dice que el rumor sobre los piratas es falso. Cierto. Helena me dio un codazo en las costillas en broma. Pero existen toda clase de maneras convenientes de hacer insinuaciones en los artculos de chismes. Habamos vuelto al tema de la flauta. Y eso me estaba dando ideas.

Estaba rodeado de familiares y necesitaba escapar. Nosotros los informantes somos tipos duros. Nuestro trabajo es sombro. Cuando no andamos por un camino solitario nos gusta encontrarnos entre otros tipos tambin duros y sombros que tienen la sensacin de que la vida es asquerosa pero que ya la dominan. Buscaba compaeros de profesin: fui a visitar a los vigiles. Un cansado grupo trasladaba de vuelta la maquinaria de un sifn tras un incendio la noche anterior. Sucios y tosiendo todava a causa del humo, entraron pesadamente y con desgana por la alta puerta del cuartel del escuadrn. Un par de ellos arrastraban unas carbonizadas esteras de esparto. Dan la impresin de ser algo rudimentario, pero utilizadas en cantidad pueden sofocar un fuego pequeo mucho antes de que pueda traerse el agua. Un pobre tipo rechoncho, bajo y cejijunto que deba de tener servicio de castigo iba cargado con las hachas y palancas de todo el mundo y llevaba todas las cuerdas colgadas en rollos diagonales; los dems le tomaban el pelo y l solt su carga nada ms entrar y se desplom. Dejaron los cubos vacos en el suelo con una crepitacin metlica y poco a poco fueron a lavarse. Como eran todos ex esclavos estaban acostumbrados al agotamiento, a la suciedad y al peligro. Todos saban que si sobrevivan seis aos recibiran un diploma de ciudadana. Eran bastantes los que no sobrevivan. De los que s lo hacan, haba algunos locos que incluso optaran por quedarse despus. El instinto de supervivencia ocupaba un segundo lugar tras las comidas gratis y la camaradera. Y tal vez les gustase dar palizas a la poblacin durante su servicio contra la delincuencia. Los segu hacia el interior. Nadie me dio el alto. En algn lugar tendra que haber un oficial de turno, un ex legionario que quera un trabajo seguro con unas cuantas emociones y mucho de lo que quejarse, como Petro. Era invisible. Oa a los agentes intercambiando insultos mientras se limpiaban all dentro, pero la plaza de armas estaba desierta. Aquello aumentaba la impresin de que el servicio destacado en Ostia era la opcin despreocupada. Camin por los prticos bajo la densa sombra que proyectaban los edificios con aspecto de barracones. En una de las habitaciones, un arrugado administrativo estaba procesando a un puado de prisioneros, unos ladrones capturados durante la guardia nocturna. Los tena sometidos con su competente personalidad. Cuando tos, l levant la vista de su hoja de cargos; me conoca, y cuando pregunt por los aspirantes sugiri que podra encontrar a Rstico tres habitaciones ms abajo. Quin es? El oficial de reclutamiento. Es tu da de suerte. Viene una vez cada dos semanas, Falco. Yo no le haba recordado mi nombre al administrativo. Rstico encontrar tiempo para ti. Nunca est ocupado.

Rstico haba tomado un despacho fro, fuera del cual haba colgado una pizarra con un monigote y una flecha dibujados para decir: Entrad aqu. Recin llegado de Roma, mantena las apariencias. Estaba despierto. No haba pruebas evidentes de que estuviera comiendo o echando una partida a algn juego de tablero. Haba sacado un rollo para los juramentos de lealtad aun cuando no tena a nadie haciendo cola. Le hara falta un oficial que fuera testigo de cualquier alistamiento; imagin que tendra a uno de guardia. Caprichosamente, fingi creer que yo era un aspirante. Me ofreci la amplia sonrisa de bienvenida, aunque observ que ni siquiera se molestaba en coger su estilo para escribir nada. Saba perfectamente que tena alguna otra misin. A mis treinta y seis aos ya era demasiado viejo, para empezar. Posea un cuerpo bien ejercitado que ya haba tenido accin suficiente como para que me prestara voluntario para ms. Mi tnica, cruda, con ribete color arndano, lavada y planchada, era una prenda hecha a medida, un barbero medio decente haba domado mis rizos oscuros y me haba dado el gusto de que me hicieran una manicura profesional en unos baos pblicos. Aunque no se fijara en mi mirada firme y mi taimada actitud, en cuanto met los pulgares en el cinturn tendra que haberse percatado de que era un cinturn condenadamente bueno. En mi mano derecha se vea un anillo ecuestre de oro. Era un ciudadano libre y el emperador me haba ascendido al rango medio. Mi nombre es Falco. Soy amigo de Petronio Longo. Petro estaba en la Cuarta Cohorte. Rstico deba de pertenecer a otra, aunque no necesariamente a la Sexta, la cual se hallaba entonces de servicio all. Lo reconoci: S, Petronio Longo ha supervisado los enrolamientos conmigo.. Es un buen muchacho. Eso parece. Qu es lo que buscas, Falco? Me sent en un taburete que haba libre. Era ms bajo que el suyo, para que as los nerviosos reclutas se sintieran vulnerables mientras suplicaban para alistarse. Esta bsica estratagema no me preocup. Estoy llevando a cabo una investigacin oficial sobre un hombre que ha desaparecido de una secretara de palacio. Aunque decir oficial era algo exagerado, la Gaceta Diaria era un portavoz de palacio y los cronistas me pagaran de los fondos pblicos. Me sorprende que se hayan dado cuenta! Rstico y yo todava no ramos amigos. Pens que nunca lo seramos. Pero se mostr interesado. Y que lo digas. Rstico, puede que se trate de una pista falsa, pero alguien me ha dicho que hace poco mi hombre intent alistarse en los vigiles. Se llama Diocles. Claro que si dio un nombre falso estoy en un callejn sin salida. Rstico se encogi de hombros y luego se ech hacia atrs en su taburete, con los brazos cruzados. No hizo ademn de coger el rollo en el que constaban formalmente los reclutas recin alistados; ni siquiera lo mir. Diocles? No lo acept. Estaba claro que en Ostia no haba avalanchas de gente para ir a alistarse. Me guard de expresar el comentario.

Recuerdas las circunstancias? Frunci los labios. No pudo resistirse a jugar con un informante. S que me acuerdo, porque rechazar a alguien es algo poco comn, a menos que slo tenga una pierna... no, una vez aceptamos a un amputado de Moesia e iba dando saltos por ah estupendamente... hasta que se cay por el suelo... Haba algo en l que no fuera adecuado? Rstico volvi a tomarse su tiempo. Diocles. Un tipo enjuto. Un gusano de los discretos. Entr aqu al trote y fue el nico que habl. Haba sido esclavo pero fue manumitido. Se haba olvidado de traer su certificado, pero podra presentarlo. Quera una nueva vida, con una oportunidad para conseguir la ciudadana y el derecho al reparto de grano. Hasta dijo que quera servir al Imperio. Algunos de ellos consideran el hecho de ser patriota como una recomendacin, aunque personalmente me parece ms natural si lo que intentan es conseguir comida gratis y divertirse con las llamas. Un cnico. Sonre en seal de asentimiento. Tal vez se anim un poco. O no. Decid que sencillamente era un cabrn antiptico. Era demasiado viejo? Creo que dijo que tena treinta y ocho aos. No son demasiados si se trata de una persona fuerte. Entonces, por qu lo rechazaste? Ni idea. Rstico pens en ello, como si estuviera asombrado de s mismo. De la secretara de palacio, dices? Eso encaja. Su latn era un peln demasiado bueno. Pero por mi parte fue una cuestin de instinto. Confa siempre en el instinto, Falco. Yo no dije nada. El instinto poda ser un amigo veleidoso. A menudo, aquella significativa sensacin tan slo quera decir que la cena de anoche te haba fastidiado, o que te estaba saliendo una boquera. El oficial de reclutamiento se inclin hacia delante de pronto. Y qu hace ese cabrn? Una maldita inspeccin especial? Me re. l crea que Diocles estaba investigando a los vigiles, que indagaba algn caso de corrupcin. No vas muy desencaminado. Es Infamia. Fue en balde. Los vigiles nunca estn al tanto de las noticias. Escribe la seccin de chismes de la Gaceta Diaria. Estaba corriendo un riesgo; ahora poda ser que Rstico se cerrara en banda y callara como un muerto. Pero como reclutador que era, pens que sera un visitante de media jornada, sin ningn vnculo con la Sexta. As pues dije, bajando la voz, llegamos a la conclusin de que se cree necesario el escrutinio de algn miembro del actual destacamento... en pro del inters pblico? Podan ser varias las razones. Hurto de fondos. Tener a pervertidos como compaeros de juego. Incompetencia patente... Incorrecto: la incompetencia no es una noticia emocionante. Un asunto de faldas? pregunt Rstico, que adopt un aire sagaz mientras alumbraba sus propias ideas. No, est permitido acostarse con cualquiera! Serian, en todo caso, unas faldas equivocadas.

Es posible asent. Me aloj aqu por poco tiempo. Las cosas parecen verdaderamente mojigatas. Apenas he advertido que hubiera visitas de mujeres con toga a altas horas de la noche. En una mujer, la toga es el smbolo de la prostitucin. No; tendra que ser algo gordo dijo Rstico. Un oficial en la cama con la esposa de un edil? O enviando regalos de gran valor a la amante de un oficial superior? O adulando a la fulana de un sinvergenza... aun as, slo si el sinvergenza se halla bajo una investigacin especial. Por evasin de tasas de importacin como mnimo... Con sobornos... Por encima de la media! Los dos nos calmamos, al lmite de mencionar ofensas no muy escandalosas. No lo entiendo, Falco suspir Rstico. En Roma no provocara ni un parpadeo. Estaba a punto de marcharme. Tienes razn. Es insulso. No s por qu vino aqu, pero no creo que Diocles estuviera investigando a los propios vigiles. Para empezar, haba ido en busca de otros trabajos. As pues, hay algo ms que puedas decirme sobre mi hombre desaparecido? Estaba bien cuando se march de aqu. Le dije que no haba vacantes pero que dejara su nombre en la lista. Se lo tom con bastante calma. Ya haba llegado a la puerta cuando un impulso me hizo girar. Te dio una direccin de contacto? La de una habitacin cerca de la Puerta Marina? Rstico pareci sorprendido. Dijo que haba llegado aquel mismo da de fuera de la ciudad; me dio la impresin de que se alojaba en algn lugar de la costa. Me temo que no me molest en apuntar los detalles. Al fin y al cabo, no estaba interesado en l. Encontr al oficial de turno. Cuando yo me marchaba, l entraba por la puerta principal, rindose en compaa de Privato, ese constructor de cabello filamentoso que tena a Petro en su casa. Tal vez buscaba un contrato para reconstruir el cuartel del escuadrn. El constructor me salud con simpata, pero daba la impresin de no acordarse muy bien de dnde nos habamos conocido. All pareca encontrarse como en su casa. Era demasiado esperar que fuera debido a que lo arrestaban con frecuencia. Logr una entrevista privada con el oficial y le pregunt si apareca algn Damgoras en sus listas especiales. Me dijo que las listas eran confidenciales. Se neg a consultarlas. Harto de brutos poco dispuestos a ayudar, me fui a casa a comer. All, mi muy inteligente y normalmente servicial novia esperaba mi regreso. Pero incluso Helena Justina tena aspecto de haberse vuelto desagradable.

XI

Albia jugaba con las nias, la cabeza gacha y sin cruzar la mirada con nadie. Por una vez, las dos pequeas estaban muy calladas. Mi cuado Aulo se comportaba con indiferencia, como si, sea lo que fuere que hubiera pasado, l no tuviera culpa alguna; me salud con una mueca silenciosa y peg la nariz a una tablilla de notas. Ni siquiera pude ver a Nux. Todos parecan estar agradecidos por que hubiera llegado a casa para desviar la balstica y rescatarlos. Por un momento Helena Justina continu cortando puerros en una desagradable tabla de madera que habamos heredado con el apartamento. Los puerros son una especialidad de Ostia. Me haban prometido mi receta favorita. Pareca que fuese a quedar arenilla entre las hojas. A propsito. Helena, corazn mo! Qu te parece si salgo y vuelvo a entrar, ms contrito? Ests sugiriendo que algo va mal, Falco? Claro que no, cario. Slo me gustara dejar claro que no toqu a esa camarera, diga lo que diga la chica, y si alguien ha dejado una rata muerta en el rebosadero del desage, no fui yo; eso no tiene nada que ver con mi idea de la diversin. Helena respir honda y largamente y levant la vista de lo que estaba cortando con una mirada que deca que estaba considerando la sugerencia de la camarera muy, pero que muy a conciencia. Quiz la broma haba supuesto un riesgo demasiado grande. Segua sujetando el cuchillo. En realidad no se me ocurri ningn motivo para sentirme culpable, de manera que me qued callado y adopt un aspecto sumiso. No demasiado sumiso; Helena se irritaba con facilidad. Tambin segua aguantando la respiracin; entonces la dej salir toda, con extremada lentitud. No hay que culpar a nadie por la familia que le ha tocado anunci. Ah! Se trataba de uno de mis parientes. No era ninguna sorpresa. Poda haber repasado las posibilidades mentalmente, pero haba demasiadas. Vino tu hermana dijo Helena, como si eso no tuviera nada que ver con el ambiente que all se respiraba. Maya? Ni siquiera me molest en mencionar a Alia o Gala. Eran un par de zoquetes intiles que trataban de pedir cosas prestadas, pero estaban a buen recaudo en Roma. Junia. Bien. Junia regres. Qu tpico! Sea lo que sea lo que haya dicho o hecho, me disculpo por ella, querida.

No se trata de lo que haya hecho gru Helena, mi afable, tolerante y diplomtica compaera. Nunca se trata de lo que Junia haga. Se trata de lo que es. Se trata de cmo se sienta ah con su arreglado conjunto, sus cuidadas joyas, y ese pugnaz hijo suyo con su tnica inmaculada, y el baboso de su perro que husmea por todas partes, y la verdad es que no sabra decirte qu es lo que lo provoca, pero tal vez su trillada conversacin y su comportamiento autosuficiente... hacen... que... que me entren ganas de gritar! Ahora ya se senta mejor. Tom asiento y mov la cabeza con comprensin. Helena se puso otra vez a cortar. Para tratarse de una chica de quien nicamente se esperaba que pusiera los pies en las cocinas para proferir rdenes sobre recetas destinadas a banquetes patricios, ahora saba blandir cuchillos afilados con destreza. Vi que haba un trapo a mano que contendra la sangre, entonces observ con cautela. Le haba enseado a tratar de evitar cortarse los dedos, pero pareca mejor no distraerla hasta que hubiera terminado. Helena tena unas manos largas y hermosas. Al cabo de un rato ech los puerros en un cuenco con agua, los sacudi en ella para lavarlos, limpi el cuchillo, con un golpe puso una cacerola en el banco de cocina que yo haba improvisado, busc como una loca el aceite de oliva y me permiti que lo encontrara para ella. Agarr el asa de la cacerola. Ella me la arrebat de un manotazo. Me apart educadamente. De un codazo me hizo volver a ocupar mi puesto y dej que me hiciera cargo de la comida. Aulo, con un inslito sentido domstico, se desacomod y llen una taza con vino tinto que puso en manos de mi hermana ceremoniosamente. Helena se inclin contra la mesa mientras beba unos sorbos. Se le desfrunci el ceo. No tard en decirme con desnimo que Petronio haba pasado por ah aquella maana; haba consultado las listas de indeseables que tenan los vigiles y no haba encontrado a ningn Damgoras. Entonces pasamos al quid de la cuestin: Helena aadi que el motivo por el que haba venido Junia era para regodearse de que Cayo Baebio s tena cierta informacin acerca de aquel nombre. Como no poda ser de otro modo, tratndose de Junia, no solt prenda. Bueno, era por eso por lo que Helena estaba molesta. Tendra que ir a ver a Cayo Baebio. Ahora yo tambin estaba molesto. No obstante, los puerros estaban buenos. Los aderec con un poco de queso de cabra desmenuzado y unas cuantas aceitunas que previamente haba deshuesado, di unas cuantas vueltas a todo ello con un poco de escabeche de pescado salado, lo serv en cuencos y lo remat con un chorrito extra de aceite de oliva. Nos lo comimos con el pan del da anterior; Helena haba estado demasiado enojada como para salir a la panadera a por pan recin hecho.

XII

Tom el transbordador hacia Portus, donde trabajaba Cayo Baebio en su calidad de empleado de aduanas... o, como aadira l con pedantera, de supervisor. La decisiva tarea de acosar a los importadores para que pagaran su tasa tena lugar en el puerto principal, aquel que fuera uno de los grandes proyectos del emperador Claudio y que termin Nern. Destinado a reemplazar las atoradas instalaciones de Ostia, Portus haba resultado inadecuado para dicho cometido desde el da en que se inaugur. Saba que Cayo me lo volvera a explicar todo otra vez, tanto si vena al caso como si no, y eso pese a que yo le recordara que ya se haba quejado de lo mismo otras veces. Le haba prometido a Helena que aprovechara el viaje en transbordador para calmarme. Por el contrario, cuando me sent en el bote que, impulsado por remos, avanzaba lentamente, la tensin se apoder de m. Portus Augusti haba sido construido a unos tres kilmetros al norte de Ostia. Intent concentrarme en la geografa. Aqul era el nico puerto digno de as ser llamado que haba en muchos kilmetros de la costa occidental italiana en ambas direcciones, de lo contrario nunca nadie hubiera tomado tierra all. Probablemente tendrais que ir hasta Cosa para encontrar un atracadero decente hacia el norte, mientras que, en direccin sur, los barcos de grano que provenan de frica y Sicilia con frecuencia seguan descargando en Putelos, en la baha de Neapolis, tras lo cual el grano se transportaba por tierra para evitar las dificultades que haba que sortear aqu. Nern haba querido incluso construir un canal desde Putelos como una solucin ms sencilla que tratar de mejorar la puerta martima portuense. Roma se haba fundado ro arriba, en un terreno elevado en el primer punto salvable del Tber, pero eso presupona que el nuestro era un ro til. Rmulo era pastor. Cmo iba l a saberlo? Comparado con las grandiosas vas fluviales que discurren por la mayora de capitales de provincia, el viejo Padre Tber era como un hilo de meados de rata. Incluso en Ostia, su revuelta desembocadura no tena ms de unas cien zancadas de lado a lado; Helena y yo habamos estado muy distrados la otra maana, observando los grandes barcos que intentaban maniobrar para pasar uno junto a otro entre gritos de alarma y choque de remos. Y el ro era hostil. Con frecuencia los nadadores resultaban arrastrados all donde no tocaban fondo, succionados por un remolino, y moran ahogados. Los nios no se mojaban los pies en la orilla del Tber.

El pequeo y ondulante Tber era demasiado cenagoso, su corriente, impredecible, y serpenteaba por toda la campia. Aparte de esto, aunque se desbordaba a menudo y sufra sequas, rara vez era infranqueable. Las embarcaciones podan abrirse camino tierra adentro y amarrar al lado mismo del Emporio en Roma, y algunas an lo hacan. Sin embargo, remar ro arriba significaba tener la rpida corriente en contra. Navegar a vela era imposible debido a los meandros; los barcos de aparejo de cruz perdan el viento a cada viraje. De manera que eran remolcados. A algunos los atoaban con animales de tiro, pero la mayora eran arrastrados arriba o abajo, toda la distancia de ms de treinta kilmetros, por grupos de abatidos esclavos. Aquello impona un lmite de peso. Y era el motivo por el cual Ostia, ahora junto con Portus, era tan importante. Muchos barcos tenan que amarrar y descargar sus mercancas al llegar a la costa; all permaneceran hasta que los pasajeros y las nuevas cargas a transportar estuvieran a bordo. As pues, Ostia siempre haba servido como fondeadero y antesala de Roma. Por desgracia, haba sido elegida y fundada por trabajadores de las salinas, no por marineros. La desembocadura del Tber era perfecta para una industria que requiriera aguas poco profundas, pero all nunca haba habido amarraderos profundos. Peor todava, no era un embarcadero seguro. Las embarcaciones comerciales ms grandes incluyendo los enormes transportes de grano imperiales tenan que desembarcar al menos parte de su cargamento en gabarras, en mar abierto. Aquello era peligroso y slo era posible en verano. All donde el ro se precipitaba contra la marea que vena en direccin contraria, confluan dos corrientes. Haba que lidiar con unos traicioneros vientos del oeste. Si a ello sumamos los bajos costeros y la barrera de arena que se formaba en la desembocadura del ro, los mercaderes que llegaban del extranjero tenan muchas posibilidades de irse a pique. Mientras tanto, para las embarcaciones ms manejables que se aventuraban a llegar directamente a tierra segua habiendo problemas. Cuando finalmente alcanzaba la costa, el Tber se divida en dos canales, hoy en da demasiado obstruidos por el cieno para barcos de cualquier medida. Portus se haba diseado para mitigar el problema, y hasta cierto punto lo hizo. Muchos navios mercantes amarraban ahora en la ensenada de Portus. Los lodosos canales del Tber seguan estando concurridos con el trfico, especialmente el de los cuatro servicios del transbordador, todos ellos dirigidos por hombres adustos y desdentados cuyas familias eran anteriores a Rmulo. No sentan escrpulo de conciencia alguno a la hora de cobrar pasajes distintos a los locales y a los visitantes y eran capaces de timarte con el cambio en todas las divisas conocidas. Hice frente al transbordador y luego me par un carro de verduras que me llev al otro lado de la isla, una zona llana de huertas de tierra frtil ahora atravesada por una carretera muy transitada. A lo largo de los aos haba estado all varias veces, normalmente haciendo de Portus el punto de partida para misiones en el extranjero. Cada vez me haba encontrado con ms y ms edificios en obra, puesto que los almacenes se expandan y la gente optaba por construir casas nuevas cerca de su lugar de trabajo.

El nuevo puerto era de una magnificencia imperial incontestable. Unos muros circundantes rodeaban la amplia ensenada, formando dos malecones que se adentraban en el mar. En sus extremos ms alejados se alzaban templos y estatuas, y entre ellos, una isla artificial. sta estaba formada por el barco hundido que en otro tiempo trajo desde Egipto el enorme obelisco que actualmente adornaba la divisin central del Circo de Nern en Roma. El navo de transporte se haba hundido en aguas profundas cuando iba cargado de balasto y sobre esta base se erigi un faro de cuatro pisos coronado por una descomunal estatua de un desnudo monumental; a m me pareca un emperador, slo ligeramente cubierto por pudor. Bajo l los barcos entraban por la bocana del norte y salan por la del sur y los marineros y pasajeros alzaban la mirada hacia el trasero imperial y pensaban: Oh, qu vista tan espectacular! Las gigantescas pelotas julio-claudias todava eran ms espectaculares cuando por la noche los fanales las iluminaban por debajo. El puerto propiamente dicho se hallaba congestionado con toda clase de embarcaciones, incluso las de visitantes veraniegos procedentes de la flota de Miseno. En una memorable ocasin haba venido el buque insignia, la llamativa hexeris llamada Ops. Aquel da vi una hilera de tres trirremes desiertas, que sin duda eran militares, entre los mercantes transatlnticos. Los remolcadores, todos ellos con unos juegos de remos gruesos y un altsimo mstil, slido y resistente, iban de un lado a otro lentamente, en torno a las embarcaciones mayores, cuando haba que reorganizar los amarres. Las barcazas se deslizaban sobre el agua como si fueran pulgas, en medio de insultos o saludos proferidos a voz en cuello. Los esquifes iban de aqu para all sin rumbo fijo, a manos de los habituales pelmazos del puerto que merodeaban por all con gorras de marinero e intentando gorronearle una bebida a personas como yo. De vez en cuando las grandes embarcaciones entraban en el puerto o lo abandonaban silenciosamente, bajo la sombra del faro, provocando gran expectacin entre las gras y oficinas que haba en los malecones. No poda contar aquella selva de mstiles y altas proas picudas, pero deba de haber unos sesenta o setenta barcos de proporciones considerables amarrados en el puerto, adems de unos cuantos que haba anclados a cierta distancia de la costa y varias embarcaciones que surcaban el mar de un lado a otro. Yo haba viajado por el mundo, pero nunca haba visto un lugar como aqul. Ostia era el centro del ms amplio mercado comercial jams conocido. La Repblica haba constitudo una poca de modesta prosperidad que termin con la guerra civil y la penuria; los emperadores, que estaban respaldados por financieros legendarios y que andaban bien de dinero gracias a las expoliaciones, no tardaron en ensearnos a despilfarrar el dinero en lujos. Ahora Roma se atiborraba de productos. Se compraban remesas ilimitadas de mrmoles y maderas de primera calidad en todos los rincones del Imperio. Obras de arte, cristalera, bano, minerales, piedras preciosas y perlas orientales afluan a nuestra ciudad. Se traan especias, races y blsamos fabulosos en grandes cantidades. Los valientes importaban ostras de las aguas septentrionales que se transportaban vivas en barriles de turbia agua de mar. nforas llenas de pesca salada, encurtidos y aceitunas se disputaban la atencin entre miles y miles de otras nforas rebosantes de aceite de oliva.

Comerciantes de tez morena intentaban que los elefantes cruzaran por encima de las planchas, entre jaulas de leones y panteras furiosos. Se entregaban bibliotecas enteras de rollos destinados a grandes hombres demasiado ocupados para leerlos, junto con refinados libreros y remendones de papiros. Llegaban telas y tintes de precio exorbitante. Los comerciantes de esclavos explotaban el trfico humano. Algunas de esas mercancas volvan a exportarse para ilustrar a provincias distantes. Los vinos y salsas italianos se enviaban al ejrcito, a administradores en el extranjero, a provincianos que necesitaban ser educados en los valores romanos. Herramientas, artculos domsticos, nabos, carnes, plantas en maceta, gatos y conejos salan de all en cargamentos en los que tambin se mezclaban abogados y legionarios en direccin a lugares que en otra poca carecan de todo aquello, lugares que algn da nos exportaran de nuevo sus versiones locales. Cuando lo hicieran, les esperaba algo especial. Cayo Baebio estara all. Lo encontraran a la espera en el muelle de Portus, sentado tras su mesa de aduanas con su sonrisa fcil y su actitud exasperante, dispuesto a ofrecerles su primera experiencia, lenta, prolongada e insoportable, con un funcionario romano. Slo si tenan mucha, mucha suerte, aparecera yo para llevrmelo a rastras. Ven a beber algo, Cayo. Tranquilo, Marco; tengo que permanecer en mi puesto... Eres el supervisor. Dale a tu personal la oportunidad de cometer errores. Cmo vas a corregirlos si no? Es por su propio bien. Los subordinados me miraron con sentimientos encontrados. Una pequea cola de comerciantes solt una irnica aclamacin. Por el Hades! Junia haba hecho que Cayo se quedara con Ajax aquella tarde. Cuando lo arranqu de su asiento detrs de las tablillas y los cofres con dinero, el espantoso perro tambin vino. Un rabo incontrolable tir dos tinteros mientras Cayo alzaba su formidable trasero y se levantaba de su taburete a regaadientes. Aquella enorme lengua hmeda me toc la parte de atrs de las rodillas cuando la chiflada criatura nos sigui a trompicones. Cada vez que nos cruzbamos con un mozo transportando una carretilla, Ajax tena que ladrar. Dejar el mostrador es una mala costumbre, Marco. Tmate un respiro. Por una vez disfruta del gorroneo, como todos los dems. Ajax! Sultalo! Buen chico... Portus era el Elseo para un perro excitable. Los pasillos del puerto estaban llenos de norays en los que mear, sacos sobre los que saltar, nforas que lamer y gras alrededor de las cuales enrollar la correa. Por todas partes merodeaban hombres bajitos con aspecto sospechoso, pidiendo a gritos que los hostigaran con gruidos y que les ensearan los dientes, Haba olores muy intensos, fuertes ruidos repentinos y alimaas invisibles que se escabullan en las esquinas oscuras. Al final el perro encontr un pedazo de cuerda rada que transportar y entonces se calm.

Le hace falta disciplina, Cayo. Ahora mismo mi Nux ira andando reposadamente a mi lado. Cayo Baebio era un pelmazo, pero no era tonto. Si eso es cierto, debes de tener otro perro desde la ltima vez que te vi, Falco. Se desvi del tema, preguntndose cundo haba sido nuestro ltimo encuentro: en las Saturnales, por lo visto. Julia haba roto uno de los juguetes de su primo sordo y Favonia le contagi al pequen un resfriado horrible. Bueno, as eran los nios, dije cruelmente al tiempo que arrastraba a mi cuado hacia el mostrador de un fign que haba a un lado de la calle. Ped lo que queramos tomar. No me molest en disgustarme esperando a que Cayo Baebio hiciera el papel de anfitrin; habran terminado pidindonos que abandonramos el mostrador y dejramos paso a los clientes que pagan. Yo ped un plato pequeo de frutos secos y un vino especiado. Cayo Baebio sostuvo un prolongado debate sobre si quera el pur de lentejas o una vianda a la que llamaban la legumbre del da y que a m me parecan pedazos de carne de cerdo. Cayo, que no estaba convencido, expres sus dudas con mucho detenimiento sin conseguir que nadie ms se interesara por el dilema. Ya haba intentado resolverle problemas en el pasado. No tena ganas de volver a acabar babeando presa del delirio, as que me com los frutos secos. Los guisos de carne estaban prohibidos en los puntos de venta de comida rpida, por si acaso el disfrute de una comida decente incitaba a la gente a relajar la guardia y a expresar su desaprobacin respecto al gobierno. Ningn vendedor de comida iba a admitir ante Cayo Baebio que estaba desacatando e edicto abiertamente; con cada palabra que pronunciaba, Cayo daba la impresin de ser un inspector enviado por algn desagradable edil para comprobar la contravencin del reglamento de guisos del emperador. Al final se decidi tambin por un cuenco de frutos secos. El propietario nos lanz una mirada asesina a los dos y lo plant en el mostrador, slo lleno a medias, ante lo cual Cayo estuvo poniendo reparos con tesn durante un rato. En mi mente se filtraron unos siniestros planes para asesinarlo. Uno de los clientes se fue alejando de nosotros poco a poco, rehus que le volvieran a llenar el vaso y se fue a toda prisa. El otro se apart, enfurruado, y se deleit con su caldo al tiempo que se apoyaba en un pros y les gritaba improperios a las gaviotas. Ajax se sum a l y empez a ladrar con tanta fuerza que en las oficinas cercanas de los negociadores de grano y especias empezaron a asomar cabezas, en tanto que el gorila de la pensin Flor del Ciruelo (que pareca un burdel) miraba con actitud desafiante. A Ajax lo haban imbuido de la acartonada moralidad de mi hermana. Detestaba al gorila del burdel; se abalanzaba desde la posicin de ataque y tiraba de la correa, hasta que la tens tanto que empez a echar espuma por la boca y casi se asfixia. Haciendo caso omiso, Cayo Baebio me mir fijamente al tiempo que haca un gesto admonitorio con el dedo. Y ahora venga, Marco, no postergues ms el asunto. Quieres preguntarme sobre ese tipo llamado Damgoras. Pues por qu no lo haces de una vez?

Tard un poco en dejar de ahogarme con el vino, luego me tom unos momentos ms de reflexin sobre por qu sera desaconsejado estrangular a Cayo Baebio. (Junia me entregara.) Entonces formul la pregunta crucial en tono solemne, de manera que Cayo Baebio me cont lo que saba con aire de gravedad. Cre que me lo haba contado todo. Posteriormente supe que no era as. Mi cuado mencion una gran villa martima en algn lugar fuera de la ciudad. Las casas de veraneo propiedad de peces gordos adinerados y de la familia imperial haca tiempo que ocupaban la franja de costa cercana a Ostia. Se daba una atractiva conjuncin de bosques ideales para ir de caza y un refrescante panorama martimo; las vacaciones podan proporcionar ejercicio y esparcimiento, y cuando se aburran, Roma se encontraba a tan slo unas horas de distancia. Augusto, ese amante de los bienes inmuebles, haba posedo una finca que pas a Claudio, el cual tena elefantes en sus terrenos. En una ocasin, Cayo Baebio, que era un turista metomentodo, haba hecho un viaje para admirar boquiabierto aquellos lugares, hoy en da abandonados en su mayor parte; un vecino del lugar le haba sealado una casa grande que s estaba ocupada, en la que viva un hombre llamado Damgoras. Lo recuerdo, Marco, porque el nombre no es muy corriente; por cmo suena parece extranjero... Indcame cmo llegar a la villa del pudiente, Cayo. No la encontrars. Tendr que llevarte all. Ni hablar! Oh, no supone ningn problema declar Cayo (dando a entender que supona un enorme problema para que as yo me sintiera culpable). Como tan sabiamente has dicho, Marco, mi trabajo puede esperar. Dependen mucho de m, pero debera tomarme tiempo libre de vez en cuando. Tena que aguantarme. Ahora el peso muerto de mi pariente tena ganas de pasar un da de asueto en la playa. No haba alternativa. Sin ms pistas sobre el paradero de Diocles, el misterioso Damgoras era mi nica traza.

XIII

En cuanto lo arranqu de su escritorio, Cayo decidi sacar el mximo provecho a la ocasin. Sugiri que nos llevramos la comida, sombreros para el sol y a nuestras familias. Yo dije que parecera poco profesional. Respetando el concepto de trabajo, asinti aun cuando siempre haba pensado que mi mbito de actividad tena el mismo glamour que el enorme montn de estircol de caballo del exterior del Circo Mximo. Logr convencerlo de que todava quedaban bastantes horas de luz como para alquilar unos burros, visitar la villa y estar de vuelta antes de la cena. Podamos preparar una salida para ir a baarnos cualquier otro da... Cuando nos pusimos en camino tenamos tiempo suficiente. Salimos por la Puerta Laurentina y, cabalgando con rapidez, cruzamos la enorme necrpolis que se extenda a las afueras de la ciudad. Las granjas y los huertos cubran la llanura y entonces llegamos a la Va Severina, la carretera principal hacia Laurento, salpicada de una lujosa villa cada ochocientos metros. Despus de que Cayo se perdiera al doblar varias veces por el lugar equivocado ya anduvimos cortos de tiempo. Unos pescadores que no estaban de servicio se nos haban quedado mirando fijamente en una aldea diminuta cuando l nos hizo dejar la carretera principal. Cuando volvimos a ella, habamos recorrido kilmetros de bosque ralo. Cayo rechaz numerosas villas construidas para personas con insuficiente tiempo libre y demasiado dinero. La costa Laurentina al sur de Ostia constituye una continua franja de casas vigiladas construidas en lugares elegantes y ya habamos dejado atrs muchas de ellas. La luz del sol era ms tenue y las sombras alargadas cuando dejamos la carretera y tomamos un sendero desigual; nos dirigimos con pesimismo hacia el mar y aparecimos en el lugar que buscbamos: una gran propiedad vallada que por casualidad no tena a nadie en la entrada. La verja estaba cerrada. Dejamos a los burros amarrados fuera de la vista y trepamos por ella. Yo quera ir a explorar solo, pero nadie haca una incursin en solitario cuando haba salido con Cayo Baebio. No saba de diplomacia ni tena intenciones de cubrir la retaguardia. Subimos andando por el camino de entrada aguzando el odo. Si el propietario de aquel lugar era el habitual entusiasta adinerado con una coleccin de animales salvajes que deambulaban sueltos, nosotros ramos presa fcil. Las botas se nos hundieron en el suelo de arena caliente de un blando sendero, all donde el aire costero tena un intenso perfume a pinocha. Las cigarras cantaban en los grandes rboles por todo alrededor. Aparte de eso y del distante susurro de las olas, que rompan en forma de largas y bajas cabrillas en la costa hasta entonces oculta, reinaba el silencio.

La villa a la que llegamos estaba construida tan cerca del mar que con frecuencia deba de resultar incmodo desplegar las puertas panormicas de sus varios comedores, no fuera que las vistas al mar se acercaran demasiado y la rociada alcanzara las mesas, estropeando as el opulento contenido de las bandejas de plata y deslustrando su recargada decoracin. Las brisas marinas despertaran a los durmientes en los magnficos dormitorios de invitados. El aire salado ya me estaba secando la piel. Deba de causar problemas hortcolas en los huertos de al lado de la casa de baos, en las prgolas emparradas cubiertas de fuertes enredaderas y plantas ornamentales y en el ancho parterre, formalmente plantado, adonde fuimos a parar nosotros. All los caminos se haban cubierto de gravilla, pero el viento no dejaba de hacer volar la arena sobre ellos y los bordes de algunos bojes haban soportado un clima demasiado riguroso. No obstante, un jardinero obstinado haba creado una zona verde en la que haba dado rienda suelta a su imaginacin con el arte topiario. La finca s que contaba con bestias salvajes: un elefante de tamao medio alzando la trompa (que tena que apoyarse en unos alambres) y un par de leones a juego, todos ellos recortados en las matas. El artista de la poda estaba tan orgulloso de su esmerado trabajo que haba firmado con su nombre en arbustos de boj. Se llamaba Labo. O Libo. O Lubo. LBO Las letras se alzaban pulcramente en el extremo del jardn. Pero el artista de los setos no era afortunado. El propietario de la villa haba querido ver su propio nombre en arbustos de boj. La vocal que faltaba acababa de ser aplastada hasta quedar reducida a un tocn por un hombre furioso que en aquellos momentos tena al artista de la poda agarrado por el pelo. Cuando Cayo y yo llegamos, estaba a punto de cortarle la cabeza al gritn de L bo con sus tijeras de podar.

XIV

No nos haba visto nadie. An podamos largarnos y quitarnos de en medio. Perdonad! Cayo se precipit hacia delante, un recto empleado a todo meter con la barbilla levantada con tesn. Estaba interfiriendo de manera peligrosa y lo que tendra que haber hecho yo era abandonarlo. Tal vez las tijeras de podar nunca hubieran estado lo bastante afiladas como para decapitar al jardinero, pero s que haban hecho salir sangre. El hombre furioso tena las dos hojas agarradas con una mano y las hunda en el cuello del artista de los setos como si estuviera atacando una rama resistente. Era un hombre fuerte y habilidoso. Pedante y regordete, Cayo Baebio sacudi el dedo como un dbil maestro de escuela. Propongo que lo dejis ahora mismo. A juzgar por la expresin del hombre furioso, con toda seguridad seramos los prximos a los que les cortaran la fronda. Cayo sigui hablando tranquilamente. Estoy totalmente a favor de castigar a los esclavos descarriados, pero hay ciertos lmites que... El hombre de la podadera arroj al jardinero al suelo, donde se qued profiriendo unos gritos ahogados al tiempo que se agarraba el cuello. Es legal matar a tu esclavo, aunque por regla general est muy mal visto, a menos que lo pilles tirndose a tu mujer. El atacante le dio una patada al podador y se acerc a nosotros con paso decidido. No era romano. Su atuendo era suntuoso y colorido bajo una ptina de mugre descuidada; el cabello lacio le caa sobre los hombros; el oro brillaba en torno a su cuello. La mayor parte de los nudillos de la mano que aferraba la podadera de largas hojas estaban reforzados con anillos de piedras preciosas. Tena la piel morena, curtida por alguna ocupacin al aire libre; a juzgar por sus modales, haba llegado a lo ms alto de su carrera pisoteando a sus subordinados y coaccionando a sus rivales. Sea lo que fuere lo que su carrera profesional conllevara, no crea yo que se ganara la vida con delicados bordados de hilo de seda. Intent suavizar la tensin: Parece que tu amigo necesita ayuda dije en voz alta, todava a cierta distancia y con ganas de quedarme all. Puede que nunca vuelva a recortar una espiral... Es una lstima. Su trabajo es de una excelente calidad... Era discutible si aquel hombre entenda el latn o no, pero sin duda no estaba de acuerdo. Me esperaba problemas, pero no lo que ocurri. Me lanz las tijeras de podar. La herramienta se acerc volando a la altura del cuello. Si hubiera apuntado a Cayo, ste estara muerto. Cuando me apart bruscamente, mi cuado chill: Eh, que ste es Didio Falco! No irs a meterte con l!

Aquello era un desafo... que yo no hubiera proferido. Tem que nuestro atacante tuviera unos cuchillos muy afilados metidos en cada uno de los pliegues de sus abundantes capas de tnicas y fajas, aunque de todas formas pudiera matar a un enemigo slo con las manos. Ahora iba a matarme a m. Como tena experiencia en conflictos, tom una rpida decisin: Cayo... sal pitando! Nos largamos los dos. El hombre furioso solt un rugido. Sali detrs de nosotros pesadamente. Lo mismo hizo el jardinero, que en aquel momento se levantaba con un tambaleo para sumarse a la persecucin. Al llegar al extremo de un seto, aparecieron varios hombres ms. Pasamos corriendo junto a una solana y unas habitaciones de invitados separadas del edificio principal. Llegamos a las lindes del terreno. Alcanzamos la playa. La arena era un polvo seco, no se poda correr por ella. Cayo Baebio acarreaba demasiado peso e iba dando trompicones; lo agarr del brazo y lo arrastr para que fuera ms deprisa, y al ver su rostro colorado entend que aquello era lo ms emocionante que le haba ocurrido a mi aburrido cuado desde que Junia se rompi el dedo gordo del pie con una nfora vaca. A m me pareca un desastre. Estbamos desarmados en medio del campo, all donde los extranjeros reciben un trato aparte, a un buen trecho de nuestros burros y avanzando en sentido contrario. Nuestros perseguidores nos alcanzaron a unos cinco metros playa adentro. Primero nos dominaron algunos esclavos. Le orden a Cayo que no peleara. Rpidamente admit tener la culpa de haber entrado sin permiso en la villa y apel al sentido comn. Apenas me haba dado tiempo a presentarme cuando el hombre furioso se acerc paseando al tiempo que nos fulminaba con la mirada. Las cortesas fueron bien pocas por su parte. Me golpearon. Cayo Baebio sufri el destino del idiota: lo golpearon, lo tiraron al suelo y la emprendieron a patadas con l. Entonces cometi el error de tachar de ingrato al artista de los setos... y recibi unas cuantas patadas ms. Aquella vez fue el propio podador quien se las propin. Volvieron a llevarnos a rastras a la villa principal y nos empujaron de cabeza a algn sitio. Cuando los ojos se nos acostumbraron a la tenue luz que se filtraba por un respiradero que haba encima de la puerta, supimos que nos hallbamos encerrados en un pequeo almacn. Estuve un rato sin querer hablar. Cayo Baebio se qued all encogido; temporalmente, l tambin permaneci en silencio. Saba que se sentira dolorido, hambriento y aterrorizado. Iba a tener que aguantar un montn de quejas, ninguna de las cuales servira de nada. Lo que s pens fue que si tuvieran intencin de matarnos ya lo habran hecho. Pero todava podan sobrevenirnos otras muchas desgracias.

Aunque Helena Justina tena una ligera idea de adonde bamos, pasara algn tiempo antes de que cayera en la cuenta de que debamos de encontrarnos en apuros. Entonces tendramos que esperar a que ella alertara a Petronio Longo y a que l diera con nosotros. Pronto estara demasiado oscuro para que pudiera buscarnos. Dada la brutalidad de nuestro captor, la idea de pasar la noche como su prisionero no auguraba nada bueno. Me pregunt si era eso lo que le haba sucedido a Diocles. En tal caso, podra ser que an se encontrara all. Pero por algn motivo me pareca ms probable que el cronista se hubiera ido haca tiempo. Marco... Descansa un poco, Cayo. Pero, no vamos a intentar escapar? No. Haba echado un vistazo alrededor en busca de alguna escapatoria posible. No vi ninguna. De acuerdo. Entonces, los atacaremos la prxima vez que entre alguien? Estaba pensando en ello, pero no iba a advertir a Cayo, no fuera que lo echara todo a perder. No podemos hacer nada. Trata de reservar tus energas. Nos quedamos en la creciente oscuridad, tratando de concluir, a partir de un vago e inquietante olor, qu era lo que se haba guardado en aquel almacn antes que nosotros. Cayo Baebio refunfu cuando finalmente se percat de lo desesperado de nuestra situacin. Entonces la conciencia oblig al ridculo marido de mi hermana a confesar algo. Se haba reservado un hecho muy importante sobre aquella villa y su propietario. Me contaron algo curioso de Damgoras... Es momento de mencionarlo? Cayo, ese momento fue hace mucho. Antes de que trepramos por su verja, dira yo. Qu sabes sobre este hombre? Me han dicho que es un pirata retirado dijo Cayo Baebio. Tuvo la sensatez de dejarlo en una simple frase y de no provocarme ms.

XV

Las antorchas anunciaron nuestra prxima visita. Aqul no era un cerdo pirata de histrinicas vestiduras enseando los dientes a diestro y siniestro bajo la luz parpadeante. En lugar de eso. la puerta se abri y dej ver a un hombre de edad, alto y barrign, vestido con una tnica blanca y limpia de estilo romano y acompaado por dos pulcros esclavos domsticos. Hubiera dicho que era un banquero retirado. Tena aspecto de tener dinero, y no me refiero nicamente al hecho de que viviera en un palacete con vistas a la baha. Estaba muy seguro de s mismo... y tambin era muy seguro que nos despreciaba. Nos encontrbamos tumbados en el suelo, Cayo se haba apoltronado contra m para estar ms cmodo. Como no pude moverlo a tiempo para atacar a los que entraron, me qued quieto. Cayo, extremadamente deprimido y callado a esas alturas, sigui mi ejemplo. Quines sois? pregunt el hombre grandote sin rodeos al tiempo que nos miraba fijamente. Tena un marcado acento que no pude ubicar, pero hablaba latn como si estuviera acostumbrado a ello. Poda tratarse de un comerciante... uno de xito. Me llamo Didio Falco. Soy un informante privado. No tena sentido ocultar el motivo por el que estbamos all: Estoy buscando a una persona. Observ que Cayo no intent mencionar su propia ocupacin. Para ser un agente de aduanas era bueno e incluso brillante en su trabajo. La piratera y la recaudacin de tasas no se mezclan. Bueno, a menos que pienses que los del Erario Pblico son un atajo de piratas. Y tu compaero? Al hombre de discutible linaje no se le escapaba ni una. Se llama Cayo Baebio. Cayo se haba puesto rgido. Es mi cuado. Aquello fue aceptado, pero not que Cayo segua tenso. Esperamos a que correspondiera a las presentaciones, pero no lo hizo. El hombre sacudi la cabeza para indicar que nos levantramos y lo siguiramos. Hice caso omiso. l se dio la vuelta y dijo groseramente: Quedaos aqu y pudros, si as lo prefers. Me puse en pie, estremecindome de lo dolorido que estaba. A quin nos estamos dirigiendo? A Damgoras. As pues, quin era el manaco irascible que nos haba capturado? Damagoras habl como si tuviramos que saber exactamente quin era. Luego se fue. Los esclavos que llevaban las antorchas lo siguieron, de modo que tir de Cayo para que se levantara y, entumecidos, salimos tras ellos.

Damgoras haba regresado a una solana recientemente ocupada. No estaba seguro de si haba estado all solo previamente, aunque lo dudaba. Entonces no haba ni rastro de su furioso adltere; me imagin que los dos haban discutido su estrategia para ocuparse de nosotros. La actitud de Damgoras pareca bastante despreocupada. Poda tratarse de una estratagema. La villa estaba abarrotada de muebles de gran calidad y objetos lujosos. Mi padre, un subastador y marchante de las bellas artes, hubiera quedado extasiado ante aquel catico revoltijo de asientos de mrmol, lmparas de plata y estatuillas doradas. Aquellas cosas provenan de muchos pases, todos del extremo superior del espectro costero. A pap le hubiera encantado organizar una subasta con todo aquello. Tambin haba esclavos por todas partes; andaban por ah metidos en sus cosas, con aspecto eficiente, en tanto que su amo pasaba junto a ellos pisando fuerte y haciendo como si no existieran. Nos haba llevado a una habitacin caldeada mediante unos braseros para combatir el fro de la noche, aun cuando las puertas plegables estaban todava medio abiertas y dejaban entrar el olor y el murmullo del mar. All no haba lugar para la frugalidad. La luz brillaba en muchas lmparas, algunas de las cuales eran esos indefectibles falos pornogrficos, otras eran altos candelabros de muy buen gusto, adems de algunas lmparas de aceite comunes y corrientes que tenan forma de bota o de doble concha. Los cojines con fundas y flecos suntuosos acolchaban los sofs casi en exceso. Las alfombras estaban arrugadas de manera descuidada sobre el suelo geomtrico de mrmol. Las cosas caras lo abarrotaban todo, pero no estaban expuestas para provocar envidia como en muchas casas ricas; al igual que ocurra con mi padre, aquellos objetos formaban parte de la vida que su propietario siempre haba llevado. Le proporcionaban seguridad. Constituan una salvaguardia contra la necesidad de pedir un prstamo a los explotadores financieros. La propiedad como garanta real, en lugar de las tierras; transportable; de moda; beneficios rpidos cuando se requeran. La coleccin no mantena una unidad temtica. Aquella estancia contena tanto taburetes egipcios pintados de colores y adornados con piedras preciosas como una caja de marfil tallado que proceda de mucho ms al este. El mbar bltico se guardaba en una vitrina. En una esquina haba un enorme recipiente griego de bronce para el agua. Quiz Damgoras tambin coleccionaba personas. Entr una mujer que sin duda no era una de sus esclavas. Era ms joven que l y llevaba puesta una tnica de manga larga de un oscuro color carmes sobre la que bailaban muchos collares de oro e hileras de brazaletes. Llen la taza de la que haba estado bebiendo y de una patada acerc un taburete a los pies enfundados en zapatillas de l; nos mir a Cayo y a m, no hizo ningn comentario y acto seguido abandon la habitacin. Una pariente, tal vez. Quizs el hombre que haba estado a punto de matar al jardinero tambin fuera un pariente. Todos parecan tener la misma nacionalidad. Los miembros de la casa ya deban de haber cenado. Cayo estaba cada vez ms inquieto. Tena una rutina fija. Deba de estar muy nervioso por pasar toda la noche fuera sin haber avisado a Junia y necesitaba alimentarse con regularidad. Yo prefer no prestar atencin a las advertencias del hambre y de la preocupacin hasta que no hubiera calado de qu iba el juego. Damgoras pareca tener ms de ochenta aos. Para sobrevivir tanto tiempo deba de haber llevado una vida de lujo. Numerosas manchas marrones de la edad moteaban

su piel flcida, pero conservaba un aspecto atractivo y saludable y tena los huesos largos. Estaba menos bronceado que los dems. El pelo que le quedaba, probablemente blanco, lo llevaba muy corto. Se inclin hacia atrs y nos escudri con la mirada. Habis invadido mi casa dijo. Te pido disculpas por ello repliqu. Y el dueo de la casa fue todo sonrisas. Olvidado! me asegur. Me gustaba menos ahora que se mostraba amistoso. Me recordaba a mi padre, artero como el que ms. Soy un anciano, no tengo tiempo para rencillas. Soy una persona alegre, generosa, de trato fcil. Bueno, por qu pones esta cara? Haba dejado traslucir mi escepticismo. Los hombres que presumen de ser poco complicados, Damgoras, tienen tendencia a ser unos dspotas intolerantes. Sin embargo, me doy cuenta de que t eres un tipo maravilloso, todo afecto... Yo tambin poda fingir encanto. Quin era ese amigo tuyo que nos apres? le pregunt sin darle importancia. Ah! Tan slo era Crtidas. Siempre est irritado? Se sulfura un poco. Es pariente tuyo? Dio la casualidad de que estaba aqu. Damgoras eludi la pregunta. ltimamente no salgo. La gente pasa de vez en cuando para ver si sigo vivo. Qu amables! Te traen las noticias y una cajita de granadas... luego casi matan a tus esclavos, te demuelen el jardn y le dan una paliza a cualquier visita que encuentren? Damgoras me mir y sacudi la cabeza. Vamos, hombre! Si Crtidas es un simple conocido, eres muy tolerante. Crtidas es un compatriota. Intu que en aquella remota villa se apiaba una comunidad muy unida. Hay pocos extranjeros que se establezcan en la costa de Ostia. Me inquietaba su procedencia... y el motivo por el que haban venido. Entonces, vive aqu contigo? No, no. l tiene sus propias preocupaciones. Yo soy un viejo, completamente retirado del mundo. As que dime, qu es lo que quieres, Falco? Dej de esperar una invitacin para tomar asiento y me dirig al divn ms cercano. Cayo, como un dcil corderito, me sigui y se sent en el otro extremo. Se le vea torpe, contrariado y fuera de su elemento. La paliza haba acallado su pedantera. Mantuve un tono neutro. Estoy buscando a un hombre que ha desaparecido. Encontr tu nombre en una tablilla de notas que dej. Se llama Diocles.

Modific Damgoras su actitud? Probablemente no. No pareci inmutarse. Estir un brazo y lo dej caer de golpe a lo largo del respaldo del divn en el que estaba sentado. Bebi vino, sorbiendo de forma audible. Luego dej la taza dando un golpe sobre una mesa auxiliar de bronce con tres patas. Tanto la posicin del brazo como el golpe parecan constituir un comportamiento normal. No era nada significativo. Aun a sus ochenta aos era un hombre corpulento y relajado cuyos ademanes tambin eran desmesurados. Qu ha hecho este tal Diocles? Por lo que a m me pareci, su curiosidad era puro entrometimiento. Las personas que lo conocen estn preocupadas. Desapareci dejando todas sus cosas en una casa de huspedes. Tal vez haya cado enfermo o haya sufrido un accidente. Y un informante cobra por eso? se burl Damgoras. Estaba claro que comparta la opinin generalizada de que los informantes eran unas sanguijuelas avarientas. Eso tiene gracia viniendo de un hombre del que se dice que es un pirata! Damgoras se lo tom bien. En realidad se desternill de risa. Quin te ha contado esa estupidez? Le devolv la sonrisa. No puede ser cierto, verdad? Todo el mundo sabe que Pompeyo el Grande limpi los mares de piratas. Como Damgoras no contest, aad: Lo hizo? Claro que s. El bueno de Pompeyo. Entonces, cmo adquiriste tu emocionante reputacin? Soy de Cilicia. Vosotros los romanos creis que hasta el ltimo de nosotros es un pirata. Cierto. Cilicia siempre haba sido la base pirata ms conocida. Bueno, yo detesto las generalizaciones fciles. Hace poco tuve tratos con un cilicio. No era ms que un boticario... Dime, de qu parte de Cilicia eres, Damgoras? De Pompeipolis. Damgoras hizo aquella declaracin con orgullo fingido. Cualquier sitio con un nombre tan rimbombante como aqul tena que ser un lugar de mala muerte. Me re. Ya me imagino de quin lleva el nombre tu ciudad natal! Damgoras comparti la broma. S, es uno de los asentamientos donde todos los piratas reformados se han adaptado a la agricultura para ganarse la vida. Ahora resulta que eres descendiente de agricultores? Sonre. Claro que eso es historia pasada, pero no se hizo del todo bien: Pompeyo zarpa con su elevada misin de acabar con aquel azote. Acaso ante su aterradora llegada la flota pirata al completo dice que sienten muchsimo ser un incordio para la navegacin y que ahora se portarn bien? Creo dijo Damgoras que Pompeyo explic con mucho detenimiento qu es lo que haban hecho mal.

Quieres decir que los soborn? Para que as l, con sus ambiciones exageradas, pudiera quedar bien en casa? Acaso importa el cmo y el por qu? Fue hace mucho tiempo. Yo s que desciendo de una familia de campesinos dije. Por parte de mi madre era verdad. Bueno, mi abuelo tena una huerta, que dos de mis tos siguen haciendo lo posible por arruinar... Somos astuta gente del campo. Me temo que mi visin es cnica. No puedo creer que una nacin entera renuncie de pronto a un oficio lucrativo que llevan ejerciendo desde que la humanidad tiene memoria y que se sienten a hacer de pastores de unas condenadas cabras. Para empezar... y confa en lo que te digo, Damgoras... las cabras no reportan mucho beneficio. Ah, me ofendes, Falco! Con mi actitud hacia la agricultura... o con mi visin sobre la naturaleza humana? Vamos, seguro que ests de acuerdo. Los cargueros repletos siguen navegando ms all de Cilicia... ms que nunca, en realidad. Nunca he odo que Pompeyo quemara la flota pirata... cosa que en s es curiosa y huele a complicidad. De modo que salir de las ensenadas y hacerse con el botn debe de ser un acto reflejo. Quien roba una vez roba diez. Damgoras sigui poniendo reparos. No lo llames robo, Falco. Cualquiera que se dedicara al viejo oficio lo habra considerado un negocio. Adquirir mercancas y revenderlas. Hablas en pasado? cuestion. Oh, ya lo creo. Como si quisiera desviar el hilo de mi interrogatorio, Damgoras se volvi de repente hacia Cayo. Ests muy callado! T tambin eres informante? No, mi trabajo es de contabilidad. Un trabajo aburrido, todo el da cuadrando cifras... Aja, el recto Cayo Baebio! Luego iba a disfrutar rindome de sus tranquilizadoras medias mentiras. Cmo es que Diocles te conoca? Me enderec en mi asiento, asustado, cuando Cayo volvi a dirigir la conversacin hacia el tema de mi bsqueda. S, cuntanoslo, Damgoras. Cul es tu relacin con mi persona desaparecida? El hombre corpulento cambi de posicin y baj el brazo del respaldo del asiento, pero su aspecto sigui siendo relajado. Vino aqu un par de veces. Estbamos discutiendo un proyecto, trabajando juntos en l. Qu proyecto? Un hombre de tu edad tendra que pasar los das dormido bajo una manta en su huerto. Qu es lo que haces t, Damgoras? Era capitn de barco. Obviamente lo dej hace aos. Hace dcadas que no me hago a la mar. Por qu estaba interesado Diocles? Tal vez no lo estuviera. Supongo que perdi el inters pero que no quera ofenderme dicindomelo. Justo cuando yo crea que ya estbamos en marcha con un buen comienzo, l dej de venir. Eso sera... Damgoras se hizo el interesante mientras pensaba. ltimamente pierdo la nocin del tiempo. Me imagino que fue hace cosa de un mes. Entonces haba pasado ms de un mes desde que Diocles haba desaparecido de su alojamiento en Ostia.

Cmo lo conociste? Alguien debi de decirle que estaba buscando ayuda. l se puso en contacto conmigo. Y dime, cul era el proyecto? pregunt Cayo, con su obstinada perseverancia de siempre. Damgoras sonri y se mir las manos que tena en el regazo, casi con timidez. Bueno... la verdad es que no es ningn secreto. Tengo ochenta y seis aos, Falco. Puedes creerlo? Puedes estar orgulloso de lo que bebes, sea lo que sea lanc la indirecta con una voz bronca debido a la arena que haba en la atmsfera y al cansancio. Aun as, no nos ofreci refrigerio alguno. Para que luego digan de la hospitalidad de los hombres de mar! Damgoras era un conversador ajeno a las interrupciones. Cualquiera que diga que yo era un pirata puede esperar una citacin de un abogado por calumnias. Llevo viviendo en Italia tiempo suficiente como para saber cmo se hacen las cosas! Ya te lo he dicho, hoy en da el viejo oficio est en desuso. Completamente. Pero pas una larga vida en el mar. Muchas aventuras. Conoc a algunos personajes curiosos. Tengo opiniones sobre toda clase de cosas. Tuve xito: sa es una historia que siempre vale la pena contar. Soy el cabeza de una familia numerosa; me gustara dejar una parte de mis conocimientos para las generaciones futuras. Y por qu Diocles? Me senta intranquilo. Es escribiente o algo por el estilo, no? Bueno, l me dijo que quera trabajo. Iba a ayudarme a escribir mis memorias. Seal que, por lo que yo saba acerca del aspecto comercial del mundo editorial, podra ser que las memorias de un marinero que no haba sido pirata no atrajeran a los lectores. Eso es exactamente lo que dijo Diocles replic Damgoras con tristeza.

XVI

Tras afirmar una vez ms que l era un hombre viejo, Damgoras se retir a descansar. Me lo imagin tomando otra bebida, recin templada para l con especias selectas, y un tentempi en una bandeja de cocina. No me sorprendera que le calentaran la cama un par de mujeres jvenes y giles, perfumadas con aceites persas de gran calidad y expertas en las artes interpretativas. Nos aguardaban unos placeres muy bsicos. Se nos permiti quedarnos a pasar la noche en un cuarto de invitados. Tena dos camas estrechas, con un sencillo cobertor en cada una y nada de excitantes comodidades. Una jarra de agua llena de polvo, que podra llevar all desde el ltimo da de mercado, era el nico refresco. Ya no ramos prisioneros, pero no dejaron que rondramos por ah. Fuimos conducidos a nuestros aposentos por esclavos y cada vez que intentbamos asomar la cabeza haba ms esclavos merodeando por el pasillo. No hubo oportunidad de explorar la villa. Por la maana nos fue entregado un mnimo desayuno de manos de una callada criada. Apenas tuvimos tiempo de acompaar los mendrugos con ms agua salobre, luego nos condujeron fuera para que furamos a buscar a nuestros burros que esperaban. Una escolta en la puerta se cercior de que abandonbamos la propiedad. No volvimos a ver a Damgoras. Podramos volver ms tarde y entrar a escondidas afirm Cayo, envalentonado tras el sueo nocturno. Pues vas a venir solo. Vale, est bien capitul con aoranza. Ser mejor ser prudentes. Junia se estar preguntando dnde ests, Cayo. No, Marco discrep mi cuado, Junia estar esperndose problemas. Sabe que estoy contigo. An era temprano cuando entramos en Ostia por la Puerta Laurentina. Los juerguistas trasnochadores acababan de quedarse dormidos en las lgubres tabernas junto a la Puerta Marina; los visitantes veraniegos todava deban de estar durmiendo. Los comerciantes y los residentes habituales se ocupaban de sus cosas. Los baos no abriran hasta el medioda, pero unas delgadas columnas de humo sealaron las

lavanderas y batanes cuando sus hornos fueron reavivados, en tanto que el aroma de las hogazas y panecillos recin hechos en las panaderas flotaba deliciosamente en el aire. Los pescaderos colocaban los salmonetes y las sardinas en hileras bajo los pesados peces espada, que colgaban cabeza abajo de ganchos metlicos; las cajas de fruta y verdura estaban dispuestas segn unas pautas ordenadas; los comercios tenan los portones medio abiertos mientras sus propietarios echaban agua en la acera para limpiarla. Cuando recorramos las estrechas calles laterales a lomos de nuestras monturas, por encima de nosotros las atareadas amas de casa ya haban colgado la ropa de cama en los alfizares para que se aireara. Me imagin que, en casa del contratista, Junia ya estara levantada y mandoneando a los esclavos mientras se preocupaba por el desaparecido Cayo Baebio. Escondida en la cama, Maya enterrara la cabeza contra la espalda de Petro, como si el ajetreo le fuera indiferente. En mi apartamento, Helena yacera completamente despierta, intentando no inquietarse acerca de mi paradero. Preocupados por el recibimiento que nos daran, tanto Cayo como yo queramos ir ms deprisa, pero nos retras una calle cortada. Haba habido un incendio. Las primeras horas de la maana solan ser el momento en que los papanatas contemplaban los restos de un incendio, el frecuente resultado de los accidentes con lmparas de aceite. Una pequea multitud se haba congregado junto a una casa quemada de la que todava se estaba sacando el mobiliario carbonizado. El propietario se dej caer sobre los restos de un arcn destrozado con la cabeza entre las manos; su esposa, profundamente conmocionada, se limitaba a mirar fijamente la ennegrecida fachada de su hogar. Da la impresin de que lo han perdido todo! Cayo Baebio acoga la tragedia de otras personas con deleite. Nos hallbamos en un distrito residencial no muy alejado del foro. Se encontraba a cierta distancia del cuartel de los vigiles, por lo que tal vez no haba habido tiempo de llamarlos cuando se divisaron las llamas. En lugar del debido cuerpo de bomberos, eran algunos vecinos del lugar los que estaban supervisando la operacin. Parecan estar muy bien organizados. Cuando llegamos los vimos sacando enseres en medio del acre olor a humo y las nubes de sucio polvo. Omos el fuerte estrpito de las paredes y escaleras cuando el rezn las echaba abajo; supongo que crean que el interior haba quedado poco firme. Pareca que aquella situacin, con los civiles hacindose cargo de la situacin, era normal en Ostia. Como ya estaban agotados, se haban puesto de mal humor. Un grupo baj por la calle a grandes zancadas y empez a hacer retroceder a la multitud; el gento se dispers con rapidez, como si esperaran que los trataran con rudeza. Cayo y yo tardamos ms en reaccionar. Quitaos de ah, idiotas! Aquel bestia corpulento no nos dio oportunidad de soltarle alguna impertinencia. Un airado colega suyo le dio una palmada al burro que montaba Cayo; fue un golpe feroz, por lo que el asno se empin y se tambale prcticamente erguido sobre sus patas traseras. Nos cost sudores controlar al animal, en tanto que Cayo sigui aferrado a l; entonces fue el mo el que hizo de las suyas. Result ms fcil seguir calle abajo, calmando a nuestras monturas al tiempo que avanzbamos. Luego tuvimos que subirnos a la acera y apretujarnos contra las paredes de las casas cuando topamos con un corto convoy de carros de albail que se acercaban a nosotros anunciados por un traqueteo. Iban vacos excepto por los trabajadores, que sin

duda se dirigan a efectuar la demolicin. Todo aquello era extremadamente eficiente. No podra decir por qu experiment una cierta inquietud. Devolvimos nuestros borricos al establo donde los habamos alquilado y consegu deshacerme de Cayo en casa de Maya sin que me hicieran entrar. Lo ltimo a lo que poda enfrentarme era a un altercado con Junia. De hecho Helena estaba esperndome cuando entr en nuestro apartamento. Estaba sentada a una mesa enfrente de la puerta, con la barbilla apoyada en las manos. Iba vestida con un ligero vestido azul de manga corta, pero se haba dejado el fino cabello suelto y no llevaba ninguna joya. Sus grandes ojos castaos se cruzaron con los mos, preguntando si estaba bien. Sonre cansinamente, en seal de asentimiento. Cuando me acerqu a ella tan slo pude dejar el pan que haba comprado antes de que sus brazos me rodearan con fuerza. Not cmo le lata el corazn mientras absorba mi presencia y se calmaba. No pasa nada, cario. Hubo algo que nos retras anoche. Slo eso. Ah, saba que Cayo Baebio cuidara de ti! Helena Justina se ech hacia atrs para inspeccionar los moretones de la paliza que me haba propinado [Link] ya estaba en casa y, como novia de un informante, Helena haba visto daos mucho peores. Casi estaba calmada. Slo la fuerza con la que apretaba los labios hablaba de emociones ocultas. De modo que s es un pirata coment al tiempo que toqueteaba mi mejilla dolorida. Mientras estaba fuera, debi de persuadir a Junia para que confesara lo que Cayo Baebio saba acerca de Damgoras. l dice que no. Helena Justina me mir con sus oscuros e inteligentes ojos. Atribulados pensamientos cruzaban por aquella aguda mente. Creo que es un pirata que miente. Formar parte de su trabajo. Pero afirma no ser ms que un honesto capitn de barco retirado hace ya mucho tiempo... que quera que Diocles lo ayudara a escribir la historia de su vida. Helena volvi a estrecharme en sus brazos. Aquellas palabras que me susurr contra el cuello me cosquillearon de forma seductora: Un pirata que miente sobre su pasado... entonces lo que quera era que el negro desaparecido falseara sus memorias? Estuvimos de acuerdo en que pareca absurdo. Pero cuando Helena y yo hablamos de ello con detenimiento, nos preguntamos si Diocles haba iniciado el proyecto de forma inocente para sacar un dinero extra en vacaciones... slo para descubrir una historia inesperada. Acaso Damgoras, como un tonto, haba contratado a la persona equivocada? Acaso el cronista se enter de algo que despert sus instintos de investigador y haba estado a punto de sacar a la luz algn chisme en la Gaceta Diaria? Eso poda haberle causado serios problemas. Entonces Damgoras le haba hecho dao al cronista? No caba duda de que contaba con el inestimable respaldo de unos compinches Crtidas, por lo pronto que podan llegar a ser muy violentos.

Retroced a una etapa anterior. Podra ser que Diocles hubiera sospechado desde el principio que all se coca una suculenta historia? Vino a Ostia de manera deliberada con la intencin de poner en evidencia a Damgoras? Haba permitido que los dos colegas del cronista me engatusaran con relacin a sus motivos... o tal vez su compaero los haba dejado en la inopia a propsito. Fuera como fuera, tendra que averiguar por m mismo qu era aquello de lo que el cronista se haba enterado en la villa. Necesitaba ms informacin sobre los antecedentes de Damgoras... y la necesitaba deprisa.

XVII

Poco despus, me encontr con Petronio en el cuartel de los vigiles. No habamos quedado en nada concreto. Con Junia y Cayo enzarzados en sus discusiones maritales, no era de extraar que Petro se hubiera escapado pitando a trabajar. Fui andando hasta el cuartel y lo encontr en compaa del oficial al mando. Petro fingi que se sorprenda al verme, pero estaba haciendo el tonto. El oficial que diriga el destacamento de la Sexta Cohorte en Ostia era un ex matn del ejrcito bajito y con barba: la misma caricatura del liderazgo que encontr el da anterior. La poco servicial. Haba preguntado sus antecedentes, as pues saba que haba sido un centurin legionario y que se haba propuesto alcanzar metas ms elevadas. Segn l, haba tomado el camino de los vigiles para conseguir un puesto en la Guardia Pretoriana. No caba duda de que ocurrira. A m me pareca un idiota. Encajara estupendamente. Petro actu de intermediario con aquel encanto, que se llamaba Bruno. Expliqu mi inters con relacin a la piratera. Bruno se puso bravucn. Bueno, si el propietario de la villa es octogenario y se supone que est retirado, no es de extraar que no lo encontrara en nuestra lista de individuos de conducta desviada. Me abstuve de recordarle a Bruno que se haba negado a consultar las listas. Petronio lo haba hecho por m personalmente, de manera que no haba necesidad de provocar roces. Poda reservarme el placer de aplastar a ese gusano para ms adelante; es mejor dejar que las cosas buenas se tomen su tiempo. Actualmente cul es la postura con respecto a los piratas? segu el ejemplo de Petro y trat a ese hombre con cortesa aun cuando lo que quera era meterle su vara de vid en algn lugar oscuro e ntimo. No existen los piratas afirm Bruno, oficialmente. Petronio expres la pregunta de otra manera con una sonrisa pacfica: Cul es la postura no oficial? Los piratas no se marcharon; son como un asqueroso sarpullido que siempre reaparece. Pero actan frente a las costas de Sicilia, Cerdea y Cilicia. Los vigiles son una fuerza terrestre, de manera que, gracias a los dioses, esos cabrones no estn dentro de nuestra competencia.

Entiendo que un viejo pirata retirado que nunca abandona su hogar costero sera de muy poco inters suger, pero vuestra lista de indeseables de Ostia no incluye lderes actuales en caso de que hayan desembarcado? Ya tenemos bastantes cosas que hacer se quej Bruno guardando la reserva de grano y atrapando a los rateros de la zona de los muelles. La vigilancia, entonces, no es competencia vuestra?

De eso se encarga la marina. Fue seco; detect celos. Inevitablemente para alguien tan profundamente ambicioso, y que no era un idiota, Bruno saba ms de lo que haba dicho: Puedo sugeriros un contacto naval competente ofreci. Se encuentra en Portus por casualidad con una parte de la Flota de Miseno. Me acord de los tres trirremes que haba visto all. Petronio, que tena libre acceso a chambelanes, jefes de cocina y enormes divanes para comer, se ofreci voluntario para invitar a cenar al contacto naval. Puesto que Bruno era nuestro intermediario, terminamos por invitarlo a l tambin. Al menos confibamos en que no robara la ropa blanca de la casa; Bruno tena tantas ganas de ascender que seguro que posea su propia servilleta para la cena, lista para cuando se le permitiera atender a lujosos banquetes con la lite. No estaba lo suficientemente al tanto como para saber que la lite te da una para llevar. Apuesto a que Bruno ya tena un uniforme pretoriano y se lo probaba a escondidas cada noche. La hora convenida para la cena lleg, y tanto Bruno como nuestro contacto se hicieron esperar. Tal vez tuvieran esposa, pero fuera de su lugar de residencia se comportaban como hombres solteros. Imagin que habran hecho un alto en el camino para beber algo. Posiblemente se hubieran parado ms de una vez. Petro y yo no tardamos en tener problemas por su despreocupado comportamiento. Formbamos un gran grupo familiar en el que no faltaban bebs, nios y jvenes, todos ellos vociferando para que les dieran de comer a la hora adecuada... por no mencionar a las mujeres, que adoptaban una actitud glacial cuando les estropebamos sus planes domsticos. Afortunadamente, la casa del contratista de obras tena varios comedores. Mientras hacamos tiempo, Petronio pidi a un camarero que sirviera la cena al grupo familiar enseguida. Nosotros tomaramos aparte una colacin. Cada vez ms impacientes con nuestra ropa de fiesta, Petro y yo tambin bebimos algo con aire taciturno. Lleg Bruno, solo. El agregado naval deba de haber ido a tomar algo por su cuenta. No eran tan amigos como habamos supuesto. Le ofrecimos un poco de vino a nuestro comensal. Mientras picbamos unos frutos secos, para entablar conversacin mencion el incendio con el que Cayo y yo nos habamos topado aquella maana. El brusco comportamiento de los hombres que limpiaban la zona segua preocupndome. Parece que se hizo lo correcto! asinti Bruno sabiamente.

Me sorprendi que las tareas de extincin no las realizaran los vigiles di a entender al tiempo que miraba a Petro de reojo. Me pregunt si el destacamento de la Sexta no sera sino un atajo de vagos. Ojal! Lo que viste es lo que se acostumbra a hacer en Ostia, Falco. Se remonta a antes de que los vigiles llegaran aqu. Antes que nosotros, el gremio de constructores siempre extingua los incendios; tenan el equipo adecuado, sabes? Y se ha conservado esta costumbre hasta hoy. Cuando alc las cejas, Petronio intent aclarrmelo, Slo en los incendios de bienes domsticos. No lo entiendo dije. Exista un resentimiento local en cuanto al hecho de que hubieran emplazado aqu a los vigiles de Roma. Algn prefecto decidi que respetramos las susceptibilidades, de modo que dejamos que el gremio de constructores siguiera ocupndose, como antes, de las zonas residenciales. Deduzco que tu anfitrin, Privato, es el nmero uno del gremio, no? Es por eso que est tan dispuesto a ser hospitalario? Intent no dar una impresin sentenciosa, aunque me pareca una situacin extraa. Bruno se sirvi ms vino en una copa de plata de la elegante mesa de licores de Privato. Tampoco tenemos que hacernos arrumacos necesariamente. Problemas? pregunt. El gremio puede llegar a ser un poco prepotente admiti Bruno. Por lo que haba visto de su comportamiento en la calle, aquello era quedarse corto. Es muy poderoso este gremio? Demasiado poderoso! gru Petronio. Mira, Ostia est repleta de gremios y asociaciones me cont Bruno. No hacen ningn dao; los toleramos. Ya sabes cmo funciona: las estrellas de un oficio se renen para celebrar comidas, entre todos contribuyen a un fondo funerario, erigen estatuas municipales. Los mercaderes de vino tienen su propio foro; cuando quiero pasar una tarde agradable, bajo a comprobar sus licencias. Tradicionalmente los constructores navales han sido hasta ahora el grupo ms numeroso, pero los albailes estn creciendo rpidamente debido a todos los contratos de obras pblicas en el puerto y sus alrededores. De eso ya me daba cuenta. Nuestro ausente anfitrin Privato estaba forrado. Aquel comedor daba a un pequeo jardn interior pintado al fresco con escenas martimas. En el extremo ms alejado haba una gruta hecha con conchas de mar que formaban intrincados motivos. Unas lmparas flotantes se movan entre nenfares en un estanque alargado situado entre los divanes. Tuve la horrible sensacin de que nuestra cena vendra servida en unas maquetas de barcos de oro puro. Por lo que veo Prvato est haciendo mucho dinero. Privato ni siquiera ha empezado se quej Petronio. Quiere reurbanizar toda la maldita ciudad. As que dinos, Falco, hubo golpes y empujones inadmisibles en este incendio que presenciaste? Supuse que tanto a Bruno como a l les gustara

reunir pruebas de mal comportamiento para ejercer presin y que la direccin de los vigiles relevara a los albailes en su papel de bomberos. Y ahora, Lucio, viejo amigo, si tienes tantas ganas de salir de la cama de Privato, dime por qu accediste a alojarte aqu en su casa? Rubela. Rubela era el tribuno de la Cuarta Cohorte, el jefe de Petro. Rubela saba que Petronio Longo era un oficial condenadamente bueno, pero sospechaba de una ligera insubordinacin por su parte. Por regla general Rubela no proporcionara cartas de presentacin. Pero si a ti Rubela te da risa! Petronio fingi tener un tic nervioso provocado por la tensin resultante de mencionar a su oficial superior. Pero entonces dijo: Tengo que admitir que me consigui un alojamiento estupendo. Qu se trae entre manos? Es una iniciativa oficial para mejorar las relaciones con los contratistas. Rubela me pidi que confraternizara. Y a ti dnde te han alojado para que hagas vida social? pregunt, dirigindome a Bruno. No somos tan fraternales como eso. Yo tengo que pasar sin comodidades en el cuartel. Hubo una pausa, durante la cual todos nosotros confraternizamos mentalmente con el adinerado Privato bebiendo un poco ms de su buen vino. Contina, Falco. Qu es lo que te preocup de esos cabrones del servicio contra incendios? Bueno, seamos justos: eran unos tipos rudos y se trataba de una situacin de emergencia. Estaba justificada su rudeza? Lo nico que hicieron fue darle un empujn al burro que montaba Cayo. Petro y Bruno se miraron el uno al otro y se rieron. Decidieron conjuntamente que era aceptable: encontrarte a Cayo Baebio en tu camino se consideraba una provocacin. Probablemente los vigiles hubieran empujado a ese borrico hacia atrs hasta la Puerta Marina se mof Petro. Con Cayo Baebio atado por los pies debajo del animal ampli Bruno. Petronio se haba quedado callado mientras me observaba. Crees que tenemos que vigilar a esos constructores, Falco? S. Dejamos el tema.

XVIII

El hombre de la marina era mayor de lo que me haba esperado: un tipo de pelo cano, vestido de manera recargada y excesivamente escrupuloso en el hablar. Tena aspecto de ser un liberto que anteriormente hubiera trabajado como jefe de vestuario del emperador, cuando ste no era el antiguo soldado Vespasiano, sino una de las jvenes y disipadas divinidades Nern o Calgula a las que les gustaba el incesto y el asesinato. El marino lleg cargado de regalos para la anfitriona, a quien pidi disculpas por el retraso; tambin reparti un montn de guirnaldas entre nuestras mujeres, que no quedaron nada impresionadas. Encantador le murmur a Petro, que me respondi refunfuando entre dientes. Aquella galleta de barco se llamaba Canino. No nos sorprendi el hecho de que un contacto recomendado por Bruno terminara dndonos ms problemas que otra cosa. Era evidente que Canino llegaba con horas de retraso adondequiera que fuese y que crea que unas cuantas flores lo eximan de toda culpa. Maya fue poco educada cuando pas los regalos florales directamente a un esclavo; Junia dio un fuerte estornudo; Helena tena un brillo desafiante en los ojos. Slo los nios se pusieron a gritar de entusiasmo ante las largas ristras de rosas que en breve quedaran destrozadas por completo. Por fin pudimos comer. Espero que el cocinero pueda encontrar algo que todava est caliente nos grit Maya con sarcasmo. Tu hermana es una mujer adusta! observ Canino en voz demasiado alta. Es que acostumbra a beber un poco minti Petro en un tono ms cauteloso . La prxima vez prueba a traerle media nfora de vino de Falerno... Por desgracia para l, Maya todava no se haba ido, sino que estaba apoyada en una columna de imitacin de mrmol y al or aquella calumnia apret los labios con tanta fuerza que me record a mi madre.

Fue una buena cena. Dej que Petro disfrutara de su comida sin contarle el problema que tena por delante con mi hermana. Cuando, despus de tres elegantes platos, los esclavos se llevaron las mesas en las que sirvieron la comida, les indicamos por seas que entonces ya nos serviramos nosotros mismos el vino; nos dejaron muchas jarras, pues estaban bien entrenados de las veces en las que el gremio de constructores se acomodaba para pasar una larga noche discutiendo los mesurados precios para el cemento impermeable y sobre cmo amaar la votacin en las prximas elecciones del gremio. Hemos odo que eres un especialista en piratas, Petro tena la esperanza de hacerle una consulta experta a Canino y luego quitrselo de encima. No hubo esa suerte; le gustaba demasiado hablar. S, soy vuestro hombre! enton Canino al tiempo que extenda el brazo como un loco hacia el enlucido con motivos ornamentales y la cornisa cncava del techo que tenamos encima, como un orador que arrastrara las palabras en la sesin de tarde de los tribunales. Era zurdo. Me fij en eso. Sujetaba firmemente la copa con su mano izquierda, de manera que el rebosante lquido apenas se meci a pesar de su frentica pose. Mi entrenador personal, Glauco, era partidario de mantener el cuerpo inmvil mientras ejercitabas piernas y brazos hasta que se te saltaban las lgrimas; Canino le hubiera encantado. Naturalmente, depende de cmo lo mires delir Canino. Tomemos tierra y dmosles una paliza a los habitantes del lugar: eres un pirata; yo soy un guerrero heroico con pretensiones expansionistas en nombre de mi ciudad estado... Al menos se remonta a Atenas... Los griegos; grandes navegantes asinti Petro. Viniendo de l no era ningn cumplido. Canino pareci no darse cuenta. La piratera era la alternativa rpida a la diplomacia. Lo mismo que con las malditas islas. Rodas, Creta, Dlos... sobre todo Dlos... nada ms que unos grandes mercados libres donde los saqueadores podan vender su botn sin que les hicieran preguntas. Pensad en el puetero mercado de esclavos de Dlos: diez mil personas transportadas diariamente, tanto en tiempos de paz como de guerra. Dicen que los prisioneros se venden en cuanto un capitn los descarga, y nadie pregunta si antes eran hombres y mujeres libres que nunca hubieran tenido que estar encadenados. Todava? logr decir. Todava? Qu quieres decir con eso de todava, Falco? Es que algn gracioso te ha contado que el comercio de esclavos finaliz? No. El enorme apetito de Roma por los esclavos ha mantenido en funcionamiento el mercado de Dlos... Con cencerros de asno y todo! Tiln! Me refiero a si todava son los piratas quienes suministran esclavos. Y quin si no? Canino dej la copa de golpe. Poda hacerlo sin temer nada porque entonces estaba vaca. Bruno, que nos lo haba presentado, empezaba a

mostrarse nervioso ante la capacidad de aquel hombre. Al menos, ver sudar a Bruno hizo que la noche valiera la pena. Tenemos la paz romana, Falco. Nada de guerra, ni de prisioneros de guerra. Para preservar la bodega de su anfitrin, Petro intent no hacer caso de las copas vacas, de modo que Canino se llen la suya. Para ser justos, no era egosta: tambin nos sirvi a los dems. Bebe, joven le meti prisa a Petro el nutico borrachn, como si se dirigiera a un novato. Afortunadamente, mi viejo compaero de borracheras pudo fingir que era tolerante. Cuntanos ms cosas dije con voz ronca, aunque para entonces estaba tan bebido que haba perdido inters en la investigacin. Canino me complaci alegremente, como un horrible filsofo que, refunfuando, emprendiera la siguiente parte de un discurso de tres horas. Veamos algunas definiciones: piratera, caractersticas de... Podemos pedir que vayan a buscar una pizarra si necesitas hacer algn esquema Bruno dej de tomarse aquello en serio. Canino no le hizo ni caso. Riesgo, violencia, saqueo, muerte. Los cuatro pilares del robo martimo organizado. Para el ladrn marino medio la muerte es lo mejor. Los asaltos en tierra o los ataques a barcos mercantes, todos ellos implican el robo con violencia y parte de la emocin consiste en... Se detuvo, extraado de que hubiera podido pasar por alto un elemento vital. Emocin... Riesgo, emocin, violencia, saqueo, muerte... los cinco pilares. Bruno tena junto a l una mesa para una lmpara en la que dispuso cuidadosamente tres manzanas, un higo y un huevo duro a medio comer para representar el crucial quinario. Fue quinario la palabra que utiliz, y me qued francamente sorprendido de que la conociera, o de que fuera capaz de evocarla en su empaada mente. Especialmente la muerte enton Petronio. Estaba tumbado de espaldas en el divn que comparta conmigo, inspeccionando el techo. La tnica de color crudo que llevaba Petro con el ribete imitando una cuerda, su atuendo favorito para cuando no estaba de servicio, se le haba arrugado en torno a las axilas. l tena una expresin vidriosa que no haba visto desde nuestra ltima noche en Britania, la noche que abandonamos el ejrcito. Una historia en s misma. De pronto me entraron ganas de vomitar. Me dije que se me pasara. El asesinato nos inform Canino es el juego favorito en las fiestas de vuestros piratas. Y la violacin? sugiri Petro. La violacin est bien, pero el asesinato es mejor. Y con diferencia aplaudi Petronio. Gracias. Para esta gente... Canino era capaz de parlotear durante horas sin pensar en ello. Su modo de vida no es ms que un negocio. La piratera equivale al comercio. Los barcos equivalen a la inversin. El saqueo equivale a los beneficios. Para vuestro pirata son beneficios de actividades legtimas.

Acaso... Bruno se despert de repente, Es que les das esta charla a los reclutas? Conocer al enemigo confirm Canino al tiempo que se daba unos golpecitos en la nariz. Mi gran especialidad. Cada vez que tenemos a un maldito almirante nuevo que no ha sido ms que un beodo costero hasta que su mejor amigo el emperador le da una flota para que juegue... en tan desventurada ocasin, tengo que dar esta charla para el beodo. Entonces me pongo mi mejor ropa blanca. Aveces incluso permanezco sobrio mientras hablo sin decir nada para el beodo. En el intervalo, lo hago una vez al ao para los capitanes de los trirremes en su juerga de las Saturnales. Sumamente borrachas, todas las partes; con gestos. En Miseno? quiso saber Bruno por alguna razn. No, estoy en Rvena. Bruno, que previamente nos haba dicho que Canino era de la flota de Miseno, pareci molesto. Dime le rogu. Antes de que me desmaye bajo este pie de lmpara de tan buen gusto un peludo stiro de bronce dotado de un gran pene. Privato, su propietario, posea un gusto lamentable. Habame de Cilicia. Canino me lanz una mirada intensa y recelosa. Una vez ms, tena la copa vaca, aunque en aquella ocasin se abstuvo de llenarla. Petronio le puso ms vino. Con un gesto de la mano le indiqu a Petro que se detuviera, pero tambin llen mi copa; observ que dejaba la suya vaca. Qu inters tienes en Cilicia, Falco? Me obligu a sonrer. Si lo supiera no estara preguntando para conseguir pistas. Has estado all alguna vez? pregunt Canino. No. Lo cual es raro en Falco intervino Petronio lealmente. Es un hombre que ha viajado mucho. Didio Falco es un nombre que hace que las camareras se sonrojen en las bodegas de lugares tan alejados unos de otros como Londinium y Palmira. He odo que, si dices el nombre de este hombre en la ardiente Leptis Magna, vendrn corriendo veinte caseros esperando una enorme propina por el heno y la avena. Creo que me has confundido con mi hermano, Petro. Pues me da la impresin de que me gustara conocer a tu hermano dijo Canino. Gracias a los Dioses no podamos presentrselo; mi hermano, a quien le encantaban los aprovechados, haca tiempo que estaba muerto. Nunca doy propina por la avena. Puse fin a aquella tontera: Cilicia le record a Canino. Cilicia replic. Entonces hubo un prolongado silencio, durante el cual ni siquiera bebi.

Cilicia, Panfilia, Licia. Los tres bandidos de los mares orientales. Canino dej que su voz reflejara un deje atemorizado. Pases que han tocado fondo. Son vecinos; se dan refugio unos a otros. En Panfilia encontrars puertos que han sido creados expresamente para que los piratas cilicios los utilicen como puestos de venta y en Licia hay pueblos enteros ocupados por marineros cilicios. Durante largo tiempo la propia Cilicia ha sido la ms famosa de todas estas guaridas. Entre las montaas y el mar. Las gentes de las montaas afirman ser totalmente agrcolas. Tal vez lo sean. Pero hay infinitos puertos pequeos en una costa rocosa, bases y mercados ideales: las dos cosas que necesitan los piratas. Y en esos rocosos muelles suger viven personas cuyos barcos no incendi Pompeyo el Grande... por alguna razn. Son personas que dicen haber recurrido a la agricultura y que afirman que mantienen las embarcaciones para pescar de vez en cuando y navegar un poco en verano? Unos barcos que por casualidad son muy veloces, muy ligeros, a menudo son embarcaciones sin cubierta y con mucho bro asinti Canino con sequedad. Todas y cada una de ellas con una proa picuda y prominente. Algo a lo que agarrarse cuando se asoman con las redes para pescar langostinos! Eres un caso, Falco. Qu se cuenta de Pompeyo entonces? le insist. Canino tom una de las manzanas que Bruno haba colocado en su mesa auxiliar. No me acordaba de si representaba la emocin o la muerte. Pompeyo cavil mientras masticaba. Inmediatamente supimos cul era su actitud hacia el Grande. Ambicin con aletas. Me gusta la nueva definicin murmur. Preciosa! sonri Petronio. Comparta mi opinin sobre los hombres famosos. Queris saber lo que pienso de los Cuarenta y Nueve Das? Ser mejor que primero definas eso. No tena ni idea de lo que eran los Cuarenta y Nueve Das, aunque estaba empezando a pensar que sera el tiempo que bamos a estar all aguantando a esos dos. Canino suspir. Retrocedamos, entonces. Son los das de la antigua Repblica y Roma atraviesa momentos difciles. Los piratas se deslizan por todo el Mare Nostrum. Nuestro mar es su mar. Los piratas saquean las costas de Italia, atacan nuestras ciudades y llegan a Ostia. Cualquier lugar prspero en tierras bajas era una atraccin... De pronto haba cambiado el tiempo verbal, pero no era momento de correcciones. El suministro de grano se hallaba seriamente amenazado. Con el populacho romano furioso porque tena hambre, las costas eran condenadamente peligrosas. Haba suficientes violaciones y muertes como para llenar una novela, y lo que es peor (de hecho, fue su gran error), siempre que los piratas capturaban a un hombre importante, lo humillaban con insultos. Ay! grit Petronio, rindose.

Entonces, despus de que un nmero suficiente de vctimas de alta alcurnia hubieran sufrido estas vejaciones, Pompeyo sale a limpiar el mar de piratas dije. Y tarda cuarenta y nueve das? Ya llegar a eso Canino se neg a que le metieran prisa. Aunque yo estaba en lo cierto en cuanto a los malditos cuarenta y nueve das. Primero Pompeyo asegura el suministro de grano: acuartela legados en Cerdea, Sicilia y el norte de frica. Casualmente... nuestro mentor se fue por las ramas, el joven Sexto Pompeyo, cuando ms adelante se pele con el triunvirato, utiliz exactamente la misma tctica que su grandioso padre, pero a la inversa. Se uni a unos piratas y luego puso fin al comercio del este, del oeste y del sur. Cmo lo hizo? Se estableci en... Cerdea, Sicilia y el norte de frica! coreamos Petro y yo, que todava intentbamos meterle prisa. Pero, cmo se las arregl Pompeyo padre para dar su espectacular golpe maestro? Espectacular s que fue. Canino pareca hablar en serio. Por lo que yo s, no tena ms de un centenar de barcos. Patrullar por todo el Mediterrneo era como arar en el mar. Slo la mitad del contingente estara en condiciones. Seguro que algunas embarcaciones eran viejas carracas de pescar anchoas a las que haban sacado de su retiro. Fue un trabajo hecho deprisa y corriendo. Un clsico. Pero de algn modo Pompeyo hizo retroceder a la flotilla de piratas hasta Cilicia. Hubo algn combate, aunque nada digno de incluir en los anales. Entonces se ocup de ellos con ese especial milagro romano. La clemencia! Bromeas? Hasta Bruno se despert. No bromeo. Podra (o tal vez digas que debera) haberlos crucificado a todos. Ellos saban que era lo que corresponda hacer, y sin embargo Pompeyo prometi no matar a ninguno que se rindiese. Huyeron y se fueron a casa, temerosos de su reputacin. Entonces, tal como has dicho antes, Falco, Pompeyo no quem sus barcos. Dej que se supiera que haba visto a mucha gente a quien la pobreza haba conducido por el mal camino y ofreci el mejor trato a aquellos que se entregaron. Piratas arrepentidos acudiendo en masa a rendirse? Los piratas son unos cabrones sentimentales. Te sacarn las entraas... pero todos quieren a sus madres. Pompeyo los estableci en pequeas granjas. Todas cerca de un ro o de la costa... eso debi de ser por si acaso los piratas echaban de menos el agua salada. Adanos, Mallos, Epifana. Un gran contingente en Dimes, en Acaya. Y luego, por supuesto, estaba Pompeiopolis, por si acaso alguien se olvidaba alguna vez quin mereca todo el reconocimiento. Una ciudad nueva? No haba tiempo para construir una nueva. Es una antigua ciudad a la que se ha dado un nuevo nombre, Falco. He estado hablando con un hombre de Pompeiopolis le dije. Un tipo raro llamado Damgoras. Nunca he odo hablar de l. Es un pirata? Oh, no! Asegura que no lo ha sido nunca. Miente! se mof Canino. Parece probable. Tiene una mansin repleta de un lujoso botn procedente de todo el Mare Nostrum y no hay una explicacin evidente para sus adquisiciones... As pues, a pesar de las pequeas granjas, siguen saqueando los mares?

Roma necesita sus esclavos, Falco. Quieres decir que necesitamos que los piratas acten? Canino fingi escandalizarse. Yo no he dicho eso. Es una traicin sugerir que Pompeyo fracas. l resolvi el problema. Es un triunfo romano. Los mares estn limpios de piratas. Eso es oficial. Entonces es una gilipollez oficial. Vaya, muy bien, Falco, ahora s que pareces un poltico! Todos nos remos. Pero claro, puesto que algunos de nosotros no nos conocamos, lo hicimos con cautela.

XIX

Nada de todo aquello me estaba ayudando en mi misin de encontrar a Diocles. A Petro se le contagi mi descontento. De pronto se puso de costado y mir fijamente a Canino. Bruno dijo que eras un especialista en piratas. Si oficialmente no existen, cmo es eso? As es la marina respondi la galleta de barco, adoptando una actitud de resignada timidez. Qu ests haciendo aqu en Ostia? hice la pregunta con la mayor suavidad posible. Se encontraba muy lejos de Cilicia, si es que Cilicia era el centro de la piratera. Estoy en misin conciliadora. Con tres trirremes? Canino pareci sorprendido. Dej que se preguntara cmo saba yo eso. No era ningn secreto, ni mucho menos. Cualquiera que deambulara por Portus las poda haber visto y contado. Cuando necesitas un barco de guerra no hay ninguno y luego aparecen a puados sonri. Para unas maniobras costeras? Petronio, un tpico miembro de los vigiles, quera saber qu era lo que estaban organizando otras unidades en el territorio que actualmente ocupaba. Nos limitamos a ir de puerto en puerto y gritar el nombre del emperador. Cuando los mandamases deciden que merecemos permiso para bajar a tierra nos dejan venir aqu y sumarnos al mogolln atracado en Portus. Les enseamos las normas a los comerciantes extranjeros. No habis dado caza a ningn barco pirata en tierra? pregunt Petro.

Por Jpiter, no! No queremos escenas desagradables en el umbral del emperador. Hasta que la conversacin se volvi poltica, Canino se haba dejado llevar por la pasin en su discurso. Ahora se limitaba a soltar tpicos. No crea que el cambio lo hubiera ocasionado la bebida; haba demostrado ser inmune al vino. Estaba ocultando algo. Ser claro dije. Estaba demasiado achispado para pensar en algo complicado. Tena la esperanza de que pudieras explicarme por qu un cronista que escribe conocidas secciones de la Gaceta Diaria habra contactado con un hombre del que se cree que fue un pirata. Por qu no se lo preguntas? Lo siento; cre que eso ya lo haba explicado. El cronista ha desaparecido. Tal vez un cambio ensombreci el rostro de Canino. Piensas que lo han capturado? Bueno, ya sabes cmo solan trabajar en los viejos tiempos: si los piratas hubieran hecho prisionero a alguien que valiera algo, se mandara una nota a la gente que lo conociera, mediante un intermediario, fijando un rescate muy cuantioso. Te parece que es posible? No se me haba ocurrido que Diocles pudiera haber sido apresado por los piratas. En realidad, no lo crea. Pues claro que no repuso Canino con sequedad. Lo de pagar un rescate por un cautivo es historia. Ahora tenemos la paz romana. La anarqua slo existe fuera de los lmites del Imperio. En cualquier caso aadi, casi con desdn, un cronista no valdra mucho, verdad? Lo que podra haber sido importante era lo que saba dicho cronista, aunque no confiaba lo suficiente en Canino como para decirlo. As que alguien debi de pegarle un coscorrn a mi cronista y enterrarlo en el suelo tras una pelea de taberna. Lo nico que tienes que hacer es averiguar dnde sola beber asinti Canino, como si hablara con un principiante. Luego traes un escoplo para levantar las tablas del suelo. No habr estado escribiendo sobre piratas me asegur Canino; sus palabras sonaron demasiado insulsas. Tu cronista puede ponerse en contacto con tantos cilicios como quiera, pero ahora son ciudadanos romanos leales. Eso el cronista tiene que decirlo. La Gaceta Diaria es un portavoz del gobierno. Se supone que tiene que realzar el brillo de la paz romana. Cierto. No obstante, a Infamia s que se le permitira publicar si informaba de que la gloriosa paz romana se hallaba amenazada. Y era as? Eso explicaba la presencia de Canino? Era por ese motivo que aquel experto, que trabajaba en lo que segn daba a entender era un terreno extinto, haba atracado en Portus con sus tres trirremes? No tena sentido que se lo preguntara. Canino parloteara intilmente toda la noche sobre lo que haba ocurrido haca cien aos. No tena intencin de contarnos lo que estaba ocurriendo aquella misma semana.

Mir a Petronio. Tenamos que lidiar con nuestra propia situacin, Si nos hundamos ms en la disipacin de aquella noche, tanto Petro como yo deberamos hacer frente a otra amenaza: Maya y Helena. De algn modo tenamos que animar a nuestros tediosos invitados a que se fueran a casa. Al da siguiente ya inventaramos excusas para explicarle a Privato la merma de sus reservas de vino, que era mucho mayor de lo que respaldaran las reglas de la hospitalidad. Aquella noche tenamos que quitarnos de encima a los hombres que se lo estaban bebiendo. Creedme, el resto de la fiesta fue farragoso.

Al final, el primero en marcharse fue la galleta de barco Se despidi de nosotros con una nfora prcticamente llena de tinto de Rodas sobre el hombro. El camarero, un buen tipo haba procurado que a medida que continuaba la alegra disminuyera la calidad y el coste de la bebida, para limitar los daos. Su ltima eleccin fue apropiada. Rodas haba sido uno de los territorios histricos para la piratera que Pompeyo erradic. El tinto de Rodas es un vino de mesa pasable cuya calidad no se ve afectada por el transporte; eso es porque, tradicionalmente, la cida cosecha de esta isla se corta con agua de mar. Nos result ms difcil quitarnos de encima a Bruno. Cuando su contacto se march, l se desliz desde el divn hasta el suelo de mrmol; Petro y yo ya no podamos levantarlo. No obstante, aparecieron los esclavos, lo cual me hizo pensar que estaban acostumbrados a recogerlo todo despus de las prolongadas cenas. Tambin supuse que haban estado escuchando la conversacin. Canino... dijo Bruno, que hablaba con dificultad y que estaba desesperado por comunicarse. Mi contacto... S, es excelente le asegur. Yo estaba sentado en el borde de mi divn y no quera hacer ningn esfuerzo, por si acaso los resultados eran explosivos. Un hombre de pocas palabras... Petronio todava era capaz de soltar agudezas. Un montn de palabras engaosas farfull Bruno al tiempo que un par de esclavos grandotes lo recogan y se disponan a sacarlo de all. No me fo de l, lo he decidido. Artista solitario. No comparte absolutamente nada. No tiene absolutamente ningn contacto. Es absolutamente... En ese punto, Bruno se qued callado, absolutamente borracho. Yo me qued con Petronio. Dormimos ah, en el comedor, incapaces de movernos.

XX

Omitir todo cuanto se dijo en mi entorno domstico al da siguiente.

XXI

Pasemos rpidamente a la hora del almuerzo (que no me com) y sigamos hasta la dilatada tarde. Pas parte de ella tumbado con los ojos cerrados, en el suelo, detrs de un arcn del equipaje donde no se me vea. Me puse en pie como pude cuando Aulo regres de un viaje a Portus diciendo que haba encontrado un barco que lo llevara a Atenas, adems de otras noticias. Como miembro de Falco y Asociados, estaba entrenado para andarse con los ojos y odos bien abiertos. Le haba enseado a permanecer alerta en los barrios comerciales, no fuera que le dieran una paliza o le robaran. No quera que su madre, una mujer con carcter, me echara la culpa si alguna vez ocurra algo mientras estuviera trabajando para m. All pasaba algo, Falco Aulo saba reconocer las situaciones interesantes; a su estirada manera, era un cerdo entrometido. El capitn de mi barco tena un verdadero disgusto... Una de mis hijas pas junto a l dando empujones para as poder quedarse mirando fijamente a su pap, ms retrado que de costumbre. No lo molestes la reprendi Helena con frialdad (escogindome como blanco de su pulla). Hoy est pachucho. Tu padre ha hecho el ridculo. Ridculo! Julia Junila balbuci su primer polislabo con gran entusiasmo. Tena tres aos y era todo mujer. Ridculo repiti Aulo, sobrecogido. Una noche intensa, Falco? Incluso a ti te lo hubiera parecido. Oh! No me hubiera atrevido a participar. Por si acaso te lo preguntabas esboz una sonrisa burlona, traje a Helena a casa. Gracias dije con voz ronca.

Junia se ofreci para acompaarme coment Helena en tono de reproche. Ajax nos hubiera protegido. Pero Cayo Baebio la necesitaba. Junia cuida de l a todas horas. Se encuentra muy mal y ha tenido que guardar cama desde vuestra excursin a la costa. Est fingiendo. No, Cayo ha tenido que coger la baja. Quiere que intentes encontrar al hombre que lo atac, para que as pueda reclamar una indemnizacin por sus heridas. No la conseguir. El matn fue un salvaje, pero si el caso va a los tribunales tendr que decir que Cayo Baebio se lo busc. No es justo, Marco. Lo detestas porque es un funcionario. Lo detestaba porque era un idiota. Su estupidez en la villa fue peligrosamente real, amor mo. Hablas como si Cayo no fuera a trabajar nunca ms. Acaso el servicio de aduanas ha perdido a su estrella? Si Cayo ha resultado herido de verdad, esto no tiene gracia. No me estoy riendo. Sea lo que fuere lo que pensara de mi hermana Junia, ninguna mujer romana quiere un marido que ya no pueda trabajar. Si a Cayo lo despedan como recaudador de tasas, la familia slo dispondra de sus ahorros y siempre haban gastado mucho adems de unos ingresos simblicos del desagradable fign del Aventino que Junia regentaba como pasatiempo. Slo le llegaban parte de los beneficios. Apolonio, su sufrido camarero no especializado, amaaba las cuentas; en tiempos mejores haba sido profesor de geometra y le era muv fcil convencer a mi hermana de que un ngulo obtuso era agudo. Haba sido profesor mo, de modo que yo nunca me chivara de l. Obligu a mi nublada mente a volver al tema inicial. As pues, qu clase de barco es se, Aulo? Podras venir y echar un vistazo, Falco. Quiero que le preguntes al capitn sobre lo que pasaba cuando fui a pagarle. Pagaste el pasaje antes de subir a bordo? Ese muchacho nunca espabilara. Ni siquiera yo haba podido inculcarle un poco de sentido comn. Aulo Camilo Eliano, hijo de Dcimo, heredero de una vida rodeada de lujo, haba sido tribuno en el ejrcito en algn que otro lugar y haba formado parte del personal del gobernador provincial en la Btica. Quin sabe cmo logr alcanzar esos destinos en el extranjero? Cuando lo llev a Britania hizo que me encargara yo de todo. Soy hijo de un senador replic. El capitn no me engaar... no si quiere regresar a este puerto. Gana una fortuna con los pasajeros; tiene que conservar su buen nombre. Es tu dinero! Era el dinero de su padre. Aun as, probablemente Aulo estuviera en lo cierto en cuanto al capitn. Bueno, qu pas? Ests en condiciones de tomar el transbordador? Slo para ir en busca de una buena historia. La mejor! me asegur. Tena demasiada resaca como para poner objeciones. No obstante, l zanj el asunto: Ese bravucn de Canino que te emborrach meti las narices. Me pareci como si hubiera tenido roces con algunos piratas.

Acced a ir a Portus. La embarcacin elegida por nuestro viajero para que lo llevara en pos de su educacin jurdica era un transporte de considerables dimensiones en el que le haban prometido velocidad, estabilidad, lo ms parecido a un camarote y comida preparada por el propio cocinero del capitn. Si el tiempo se levantaba agitado, no habra comida y poco refugio, pero Eliano se mostraba demasiado confiado, como de costumbre. Bueno, se diriga a Grecia para recibir educacin. pues que aprendiera, pens.

Le haba asegurado a Helena que inspeccionara el transporte y me cerciorara de que su hermano estara tan seguro como fuera posible mientras recorra la ruta hacia Grecia en medio de tormentas veraniegas que bramaban surgidas de la nada en el Tirreno y el Egeo. El barco, llamado Esperanza, era en efecto, slido. En aquella poca Roma utilizaba los buques mercantes ms grandes que se conocan. Aqul acababa de traer un cargamento de pescado, aceitunas y artculos de lujo de Antioqua va el Peloponeso y por lo visto estaba esperando vino y cermica para zarpar de nuevo. El capitn, Antemon, era un sirio calmado y de pies grandes. Tena tres verrugas en la mejilla izquierda y una marca de nacimiento en la derecha. Mientras l encontraba tiempo para atendernos, Aulo me inform sobre lo que vio aquella maana, de manera que fui directo al grano. Antemon, me llamo Falco. He odo que la esposa de uno de tus pasajeros ha desaparecido. Se ha fugado con tu primer oficial o acaso el carpintero del barco le est tapando las goteras? No tiene nada que ver contigo fue la respuesta del capitn, que me escudriaba con expresin adusta. Ahora s. S sincero, por favor. Mientras Camilo Eliano esperaba para reservar su pasaje, oy el altercado que tuviste con un consternado pasajero. Cuando Eliano regres para pagarte el dinero no hara ningn dao establecer que Aulo tena un testigo, un agregado naval te estaba haciendo ms preguntas. Estaba armando un gran alboroto me apoy Eliano. Y a ti no te haca ninguna gracia, Antemon. Ese sopln de la marina se llama Canino dije. Ya sabemos a qu se dedica. Me lo dijo l, ayer mismo. As pues, canpitn, te molestaron los piratas en tu viaje a Roma? No! Antemon, por supuesto, estaba ansioso por evitar que los pasajeros se disuadieran. Nunca me ha molestado un barco pirata en toda mi carrera. Es lo que le dije a Canino... antes de indicarle de qu plancha poda saltar. Canino est totalmente de acuerdo con el mito de que antes de que Pompeyo perdiera la cabeza en Alejandra, convirti a todos los piratas cilicios en granjeros

dije. Canino dice que los ex piratas son hombres encantadores que ahora engordan cabras y adoran a sus madres. Pero, si es as, por qu estaba Canino a bordo de tu barco? Y por qu tenas t tantas ganas de quitrtelo de encima? Slo protega a mi pasajero. Con el que habas estado discutiendo? No, yo intentaba calmarlo para que estuviera en condiciones de afrontar la situacin. Tu pasajero tiene problemas? El capitn pareca ponerse cada vez ms testarudo, de modo que aad, sin darle importancia: Por supuesto que los tiene. Sabemos que ese hombre ha perdido a su esposa. Bueno, tal vez sea nuevo en Ostia y cometi un error al explicarle el camino de su alojamiento en la costa... O qu ocurri, Antemon? Sigo suponiendo que la mujer tena una aventura indecente. Ten cuidado con lo que dices. Es mi armador! gru Antemon. Quieres decir que ste es su barco? Es un fletador muy respetable. Su esposa, pobre mujer, es casta, consciente de sus deberes y probablemente est muerta de miedo. La recuperar. Necesita quedarse solo con ello: No quiere que una multitud de asesores a los que a nadie ha invitado... Asesores de qu? pregunt Eliano. La conversacin de la pasada noche me ayud a elucidarlo: Ests hablando de secuestro! El capitn se qued callado Volv a presionarlo con enojo. A la esposa de tu armador se la llevaron del barco durante el viaje... Al final, aquello irrit a Antemon. No, no se la llevaron! Nadie subi a bordo de mi barco Nadie interfiri con mis pasajeros protest airadamente. Los traje aqu perfectamente sanos y salvos. Abandonaron el barco. La nica razn por la que Bano regres aqu para consultarme fue porque crea que les haban tendido una trampa cuando llegaron y quera saber si algn miembro de la tripulacin haba visto algo. Su esposa y l desembarcaron ayer mismo. l crea que alguien vigil la llegada del barco, los evalu, decidi que eran ricos y luego los sigui y rapt a la mujer. Y pens que t estabas enterado! lo acus Aulo sin reflexionar. No, no. Clmate, Aulo. Yo me fiaba del capitn. El hombre estaba molesto por su mala posicin en todo aquello, sobre todo porque poda perder su trabajo si el armador le echaba la culpa. Si de verdad haba estado pasando informacin sobre sus pasajeros a unos secuestradores en tierra, hubiera tenido preparada alguna refutacin y su actitud hubiera sido ms descarada. Pero sera una locura elegir como vctima al propietario del barco. Antemon, entiendo que has vendido tu cargamento y tu armador tiene el dinero, no? Asinti con un movimiento de cabeza. Bano podr satisfacer a la gente que tiene a su mujer. Y ellos lo saben! Pues claro que s. No os metis en esto. No se lo echis todo a perder. Contesta a esto, entonces. Alguna vez hizo la travesa un anciano cilicio llamado Damgoras? No. Un hombre ms joven llamado Crtidas? No.

Bano sabe algn nombre de quienesquiera se llevaron a su mujer? No de nuevo. Era de esperar. Los secuestradores se sirven del anonimato para aumentar el miedo de sus vctimas. Y cuando Canino meti las narices, cmo es que saba que haba ocurrido algo? Antemon fue lacnico. Esto es un puerto. Quieres decir que en Portus todo el mundo sabe que se han llevado a la mujer de Bano para pedir un rescate? Slo los espas de la marina, que tienen soplones sentados en las tabernas, hombres que llevan meses rondando por los muelles, esperando or el cuchicheo de que ha sucedido otra vez. Me qued con lo de otra vez. O sea que ha ocurrido antes. Record el anticipo que Diocles haba introducido en la Gaceta Diana: Se dice que los rumores sobre el resurgir de la piratera son falsos. No lo bastante falsos para Bano. Soy un informante privado le dije al capitn. S ser discreto. Mi profesin depende de ello. Antemon segua dudando. Puedes confiar en Falco dijo Aulo en voz baja. El hijo de un senador tiene influencia, y Antemon podra haber flaqueado. Lo pinch un poco ms. Mira, ya estaba trabajando en un caso que tal vez est relacionado con ste. Dime dnde puedo encontrar a Bano. Es por su propio bien y por la seguridad de su esposa. Alguien tiene que ayudar a esta pareja dije. Si no quieres cooperar con Canino y la marina, quiz yo pueda hacer algo por Bano extraoficialmente. El capitn segua preocupado, pero entre dientes nos dijo dnde podramos encontrar Aulo y yo a su armador en tierra.

XXII

Bano era un hombre plido y nervioso, imagin que medio egipcio al menos, un negociador para la industria de la pesca salada. Trabajaba rpido: ya haba pagado y recuperado a su esposa. Nos quiso hacer creer que no haba pasado nada, pero no estaba preparado para discutir el asunto. Alcanzamos a ver fugazmente a la mujer, Aline, sentada en una silla de mimbre en sus aposentos, profundamente afectada. Nuestras voces subidas de tono en la puerta hicieron que se tapara la cabeza con el manto. Bano, que bloqueaba la puerta, nos impidi entrar en su apartamento a Aulo y a m. No haba duda de que estaba nervioso, como si hubiera vivido el miedo de cerca. Bano y Aline se marchaban hacia Roma en menos de una hora, y si regresaban a Ostia cuando dejaran Italia, pasaran por la ciudad sin detenerse y subiran directamente a bordo de su barco. Bien podra ser que ahora prefirieran embarcarse en el Esperanza en Putelos, o incluso tomar la larga ruta por tierra hasta el sur y encontrarse con l en Brindis. En voz baja, dije: La nica manera de detener a estos delincuentes es que nos digas lo que sabes. Bano, con voz ms queda an para que su esposa no lo oyera, replic: Si hablo con vosotros lo sabrn. No queremos que nos maten. Me ofrec para conseguirles proteccin. l me dio con la puerta en las narices.

Volvimos al barco. Aquella vez el capitn haba adoptado medidas defensivas: un marinero sostena que haba desembarcado, nadie saba adonde haba ido. Estbamos seguros de que Antemon se ocultaba bajo cubierta, pero era imposible fisgar Un tripulante extremadamente corpulento que enrollaba una cuerda luciendo bceps, hizo que nos diramos cuenta de que andar a hurtadillas en el Esperanza sin permiso sera poco aconsejable. Como no queramos acabar metidos cabeza abajo en una hilera de nforas muy apretadas con otra pesada hilera encima de nosotros, dimos media vuelta para volver a casa.

Era hora de retirarse para todo aqul que trabajaba diariamente en Portus. Horrorizados por la cola que se haba formado para cruzar al otro lado de la isla, llev a Eliano al bar en el que Cayo Baebio y yo habamos estado charlando haca un par de das. Un letrero tallado, con la cola hacia arriba, indicaba que se llamaba El Delfn. Una grata visin para los viajeros, posea abundantes existencias de vino y una seleccin aceptable de ollas con comida. Imagin que serva muchos desayunos cuando llegaban los primeros trabajadores de la maana, y la verdad es que tena una acera llena de clientes en aquella hora punta de la tarde. Como no tena nada que perder, le pregunt al propietario qu haba odo sobre secuestros. Asegur no saber nada pero les pregunt a sus asiduos en voz alta. Todos aquellos percebes fingieron perplejidad de forma instintiva; para ellos ramos unos chicos de ciudad con mucha labia. Cuando dije que una mujer adinerada, que haba desembarcado recientemen haba sido capturada y se haba pagado un rescate por ella anuel mismo da, sacudieron la cabeza y declararon que era terrible. Pero, gradualmente, uno o dos admitieron haber odo que tales cosas ocurran. Despus de que Aulo pagara una ronda para todo el mundo (me pidi el dinero prestado con la excusa de que era un gasto profesional), perdieron un poco los escrpulos y nos hicimos tan amigos como siempre quise ser de unos hombres bajos y sudorosos que se pasaban el da moviendo recipientes de salsa de pescado a pulso. Entre todos fueron capaces de recordar al menos tres historias de secuestros. Puesto que las vctimas queran mantenerlo en secreto, podan haberse producido muchos ms. Los detalles eran escasos: se llevaban a las mujeres, presionaban a sus parientes masculinos. El denominador comn era que despus las mujeres por las que se pagaba el rescate quedaban traumatizadas. Y la tendencia, abandonar Ostia enseguida. No sabis quin lo hace? Deben de ser extranjeros. Para aquella gente, un extranjero era cualquiera que viniera de fuera de Ostia. Lo que queran decir era que los secuestradores no formaban parte de los hurtos, la holgazanera, la estafa, la gorronera, la prdida de tiempo y los despistes ancestrales que las extensas generaciones de familias de matrimonios mixtos que trabajaban en los muelles consideraban prcticas normales del oficio.

Un estibador de manos nudosas que tena un hombro torcido sugiri que alguien haba informado del problema a los vigiles. Dadles a esos chicos de Roma otra cosa en la que pensar! esboz una sonrisa toda encas. Los hombres que trabajaban en los muelles y en los almacenes preferan no estar vigilados. Habis visto a alguien merodeando por aqu? pregunt. Aparte de nosotros, por supuesto. Hubo algunos comentarios por lo bajo y unas cuantas risas. Alguien mencion a Canino. Otra persona se volvi de espaldas a la conversacin, disgustada. Por lo visto aborrecan a la marina an ms que a los vigiles. Ya s lo de Canino. Yo estaba pensando en un tipo con aspecto de escribiente, un cronista que busca algo emocionante sobre lo que escribir. Se llama Diocles. Lo habis visto alguna vez? Pareca ser que no. Aulo y yo volvimos finalmente al transbordador en un lento carro que par para llevarnos, pero por todo lo que ellos denominaban la Isla, el embotellamiento era terrible. Al igual que hicieron muchos otros, no tardamos en saltar del carro e ir andando. En el muelle del transbordador nos apiamos con las multitudes, la gente nos clavaba sus juegos de herramientas en la espalda y los codos en los costados. En el bote no pudimos agarrarnos a la regala, nos aferrbamos a cualquier cosa y acabbamos contusionados con cada palada de los remos. Los remeros no tenan libertad de movimiento. Acostumbrados a aquella locura, dejaban de remar cuando se vean demasiado obstaculizados. Aquello aument la tortura cuando fuimos a la deriva corriente abajo y tuvimos que volver atrs. La nube de ajo, vino y sudor que se desprenda de las tnicas de trabajo formaba un miasma de los que te cortan la respiracin por encima del bote que avanzaba lentamente hacia Ostia. La roosa batea de Caronte deba de ser ms agradable. Al menos en ella sabes que te diriges al eterno descanso en los Campos Elseos. Otra cosa: Caronte hace pagar a todas las almas de los muertos. Aulo y yo ramos los nicos hombres de Roma que haba en el transbordador y al parecer fuimos los nicos a los que nos pidieron que apoquinramos el dinero del pasaje. Por fin desembarcamos y fuimos directos a casa. Era demasiado tarde para descubrir nada ms. Primero quera pensar, porque no haba venido a Ostia para investigar secuestros, nadie me dara las gracias... ni me pagara por ello. No deba perder de vista mi objetivo. Mis instrucciones eran encontrar al cronista, Diocles. De momento lo haba relacionado con un posible pirata retirado, pero la conexin con Damgoras no haba conducido a nada definitivo. No tena motivos para creer que Diocles hubiera sabido algo sobre los secuestros que acabbamos de sacar a la luz. Le hubiera gustado saberlo, eso s. Los raptos para pedir un rescate constituan una antigua tradicin pirata, pero no poda demostrar que Diocles se hubiese enterado de que estaban ocurriendo all. Por todo lo que de momento saba, podra ser que verdaderamente hubiera venido a Ostia para visitar a su ta tal como les cont a los otros cronistas. Una vez aqu tal vez considerara trabajar ademas en las memorias de Damgoras mientras se haca invisible a sus superiores de Roma. Quizs abandon la idea cuando se dio cuenta de que se sacara un mejor jornal en una obra de construccin. An podra ser que al final lo encontrara

vivito y coleando, mezclando argamasa para un equipo de albailes y ajeno al alboroto que haba provocado sin l saberlo. Pero claro, la construccin le parecera un trabajo duro; ya no era un mozalbete. Yo estaba en posesin de algunos detalles personales. El oficial de reclutamiento de los vigiles haba dicho que Diocles tena treinta y ocho aos... superaba en unos cuantos aos la edad de retiro de un liberto imperial. Normalmente los esclavos de palacio eran manumitidos y los jubilaban con una bolsa de oro al cumplir los treinta. Holconio y Mutato me haban dicho que la nica razn por la que Diocles segua trabajando en la Gaceta Diaria en lugar de casarse y abrir una tienda de rollos detrs del foro era que el emperador quera a veteranos de confianza para abrillantar el nombre imperial.

Por qu se preocupaba Vespasiano por la columna de Infamia? Segn Holconio, en el boletn de la Corte aparecan constantemente buenas noticias que afectaban a los miembros de la reinante dinasta Flavia: hechos admirables en los campos de la cultura, el ornato de la ciudad y las palizas a los brbaros. Pero Vespasiano, famoso por su tica pasada de moda tambin quera que se moderaran los chismes inmorales de la Gaceta para que as pareciera que l, como Padre de su Pueblo, haba limpiado la sociedad. El viejo aguafiestas necesitaba tener la sensacin de que la columna de chismes ya no se adornaba tanto como en la poca de Nern. Yo no vea o no entenda todava qu pintaba la piratera en todo aquello. Cierto, si de verdad an haba piratas recorriendo los mares, Vespasiano volvera a echarlos. Pero querra ser el nuevo Pompeyo? Pompeyo era un poltico sin suerte, asesinado en Egipto para deleite de su rival, Csar Al final, el gran Pompeyo result ser un perdedor. Vespasiano era demasiado astuto para caer en eso. Mensaje equivocado desde el puesto de seales. Y los mensajes equivocados no eran el estilo de Vespasiano.

XXIII

Lo primero que hice a la maana siguiente fue dirigirme al cuartel de los vigiles. Petronio no estaba. En realidad, no es que hubiera mucha gente por all. En primer lugar fui a hablar con el administrativo. Me dijo que Bruno haba salido a alguna parte. En aquel momento me lo tom como un buen augurio. Sin prestar atencin a los gritos de protesta de los pirmanos y ladrones que tendran que esperar ms tiempo a ser puestos en libertad bajo fianza, saqu de ah a Virto (descubr que as se llamaba el administrativo) y lo llev hacia el patio abierto donde nadie pudiera ornos. Esto supongo que ya lo sabrs le dije para halagarlo. Aqu eres el nico en quien puedo confiar que est al da con los casos... Deja de darme jabn, Falco. Qu pasa? Secuestro. Virto sacudi la cabeza. Se dio la vuelta para volver a sus obligaciones. Lo agarr del brazo. Le dije que eran varias las vctimas y que crea que como mnimo algunas haban dado parte a los vigiles. Virto adopt esa expresin distrada que a los administrativos les sale tan bien. Tal vez los raptos ocurrieran hace meses cuando estuvo aqu la ltima cohorte. Cul fue la que precedi a la Sexta? Lo he olvidado. La Cuarta? No, est previsto que la cuarta nos reemplace la semana que viene. Son la unidad de Petronio... Soy muy consciente de ello dije. Pero es un delito que se sigue produciendo, y t eres un administrativo permanente. No juegues conmigo. Ahora los

secuestradores emplean mtodos de intimidacin, pero la gente se enfada mucho cuando se les pasa el susto. Las vctimas han estado aqu y alguien las ha entrevistado. Virto vacil. Slo hay un lugar donde podran estar esos informes Falco. Saqu algo con lo que sobornarlo. A veces los administrativos me cuentan secretos porque les gusta que me dirija a ellos; a veces detestan a sus jefes y estn encantados de causar problemas. En el caso de Virto, su trabajo se vera amenazado si hablaba (protest l), por lo tanto era imprescindible un soborno. Le pagu. Me caa bien y pens que valdra la pena. l segua estando nervioso. Nos dirigimos hacia el extremo del patio de ejercicios y nos metimos directamente en el santuario. Era en honor al culto imperial. Una vez dentro quedamos ensombrecidos por los bustos del actual emperador flanqueado por sus hijos, Tito, y Domiciano Csar, junto a otras cabezas ms antiguas de Claudio el primero que trajo a los vigiles a Ostia y hasta del deshonrado Nern. Eran testigos ms que suficientes. Me cercior de que no hubiera nadie ms merodeando por ah. Entonces yo tambin estaba nervioso. La manera en que Virto y yo habamos entrado all debi de parecer sospechosa. Cualquiera que nos hubiera visto escabullirnos por el portico y entrar ah adentro se imaginara que estbamos planeando actos indecentes. La sodoma no era mi pecado, y la Cuarta Cohorte lo hubiera sabido, pero para la Sexta yo era una incgnita. Le acababa de dar dinero a un esclavo pblico y luego lo haba conducido a un lugar oscuro. Un acto semejante podra arruinar mi reputacin... y dado que estbamos en un santuario poda seguirse una acusacin de blasfemia. Habla de una vez, Virto. Ansioso por salir corriendo, Virto dijo entre dientes: Podra estar en el archivo de Iliria. Solt un gruido. Justo cuando ya haba investigado lo suficiente como para llegar a dominar una perspectiva cilicia, me encontraba con otro manojo de problemas provinciales. Iliria, en Dalmacia, se halla mucho ms cerca de Italia, pero es otra costa rocosa ms, igualmente llena de islas y ensenadas y que tambin alberga un nido de piratas en todas aquellas calas donde la pesca no reporta dinero suficiente. Qu pasa con los ilricos, Virto? Tenemos una serie de libros de anotaciones que se pasan a cada nuevo oficial siempre que tiene lugar el relevo de las cohortes. No preguntes qu hay en ellos. No lo sabes? Es secreto, Falco. No era la respuesta clara a mi pregunta. Aquel administrativo de los vigiles estaba recurriendo a trucos burocrticos: Siempre pens que era un asunto cerrado. Slo porque tenga una categora de alta seguridad no significa que el caso est vigente... estaba hablando sin decir nada. Caso o casos? No sabra decirte. Hay otra serie de notas igual, sobre Florio. Florio era el bandido que Petronio estaba persiguiendo como su asunto especial.

Florio es irrelevante. Me ests diciendo que hay otro conjunto de notas secreto que tiene relacin con alguna persona de origen ilrico. Hay algn contacto naval especial sobre este tema? Tuve la impresin de que Canino slo se dedica a Cilicia. No, es el mismo. Canino. Ests seguro de eso, Virto? Cada vez que llega un nuevo destacamento, Canino se pone en contacto con su oficial. A Bruno, por ejemplo se le tuvo que decir que tuviera especial consideracin con Canino. Quin le dijo eso a Bruno? Yo. Es mi trabajo informar a los oficiales sobre los asuntos delicados. Y a ti quin te dijo que Canino era un asunto delicado? Me lo dijo l mismo. Canino te ordena que le digas a todos los oficiales nuevos: Soy un contacto secreto importante? Pero si t no sabes sobre qu asuntos secretos los ests informando, no? Virto se rio. Y qu? Soy un administrativo. Es lo que hago continuamente. No supe verle la gracia. Cmo puedo consultar las notas de Iliria? No es posible, Falco. Ayudara ms dinero? Seguira sin ser posible dijo Virto... con pesar. Anoche Bruno durmi con las notas de Iliria bajo la almohada. No me preguntes por qu pero de pronto se ha interesado por ellas. Supuse que nuestra fiesta con Canino haba despertado su curiosidad. Hoy se ha ido con la tablilla metida en su cartera. Imagino que estar recordando los casos antiguos... Supone eso un problema, Falco? pregunt Virto con inocencia. Es un pequeo inconveniente. Si no quieres que Bruno sepa que ests interesado... S? No quieres saber lo que puedo ofrecerte? Si me engaas, lo lamentars. Pero he llegado a mi lmite en lo que respecta al dinero. As que cuntamelo y ya est. Virto se hizo el recatado. Yo me puse duro. Accedi. No haba ningn oficial que redactara sus propias notas sobre un caso, por confidenciales que fueran. Si un administrativo estaba preparando un informe secreto que fuera a tener que durar mucho tiempo es decir: notas que al final se entregaran a otras cohortes, el oficial querra que estuvieran bien presentadas. De modo que el administrativo redactara un borrador y luego volvera a escribirlo con pulcritud. A menos que el oficial fuera extremadamente eficiente y exigiera ver cmo se destrua dicho borrador, si el caso era emocionante, el administrativo lo conservara, por supuesto. Si me cayeras lo bastante bien dijo Virto, podra ensearte mis borradores.

Menudo cabrn. Saba desde el principio que poda darme lo que yo quera. Al cabo de una hora yo estaba la mar de contento con mi propia tablilla de notas en la mano. Haba copiado los nombres de varios denunciantes, algunos de los cuales tenan su domicilio en Ostia en la poca, aunque probablemente a estas alturas ya se hubieran mudado. Tena fechas de raptos. Un par de ellos haban ocurrido durante el perodo de servicio de la Sexta Cohorte, pero haba otros anteriores.

Pareca que slo retuvieran a un cautivo cada vez. Podra ser para minimizar el riesgo, o tal vez slo haba disponible un piso franco. Todos los secuestros denunciados eran de mujeres. Cuando regresaban con sus esposos nunca saban dnde haban estado retenidas y parecan muy confusas. En la mayora de los casos los maridos pagaron enseguida el rescate; todos llevaban grandes cantidades de dinero con propsitos mercantiles. En ocasiones la mujer haba sido raptada inmediatamente despus de que el marido hubiera acordado la venta de un gran cargamento, justo cuando andaba bien de dinero. En todos los casos las notas del administrativo decan que ahora la familia iba a marcharse de Ostia para dirigirse a Roma, o bien que iban a dejar el pas. Si aquel da Bruno haba salido para volver a comprobar si esas personas se alojaban en Ostia, no iba a tener mucha suerte; a juzgar por la pareja con la que habl, Bano y Aline, nadie se quedaba por ah. Tal vez fueran los mismos secuestradores quienes ordenaban a las vctimas que se marcharan. Los que se quejaron a los vigiles haban sido valientes. Intentaban proteger a otras personas de compartir su angustia. Con un gran sentido prctico, Bruno haba resumido sus ideas. Calculaba que haba varias personas involucradas en los secuestros y reteniendo a los prisioneros. De momento todos eran un misterio. Bruno sugera que podra ser que a las vctimas se las drogara para asegurarse de que no reconocieran a nadie. Uno de los captores saba escribir. Siempre se ponan en contacto con los maridos por carta. De aquellas notas se desprenda una pista importante: haba un intermediario. Todos los maridos haban tratado con un mediador, un hombre al que encontraban muy siniestro. Les peda que se reunieran con l en una taberna, distinta cada vez; no haba un lugar habitual. Para el tabernero sera un desconocido... o al menos as lo afirmaban despus todos ellos. Era muy persuasivo. Convenca a los maridos de que lo nico que quera era ayudar y, en aquellos momentos, de alguna manera ellos crean que slo era un generoso tercero. En las cartas con las que se pona en contacto (y que siempre recuperaba) se dira a los maridos que preguntaran al tabernero por El Ilrico.

El Ilrico se cea a la postura de que a l lo haban hecho intervenir para que actuara como intermediario. Daba a entender que era un hombre de negocios respetable y neutral cuya nica intencin era hacerles un favor a las vctimas. Adverta que los verdaderos secuestradores eran peligrosos y que los maridos deban evitar disgustarlos, no fuera que les hicieran dao a las mujeres desaparecidas. Su consejo era: paga, hazlo enseguida y no causes problemas. Cuando se llegaba a un acuerdo sobre ese punto, l reciba el dinero. Mandaba a su mensajero, un muchacho joven, a decirles a los secuestradores que ya tena el dinero, segua hablando con el marido durante un rato y luego, de repente, lo mandaba de vuelta a su alojamiento donde, tal como le haba prometido, encontrara a su esposa. No hubo ningn marido que se quedara a vigilar por dnde se esfumaba el Ilrico. Diga lo que diga, es un miembro de la banda... Bueno, gracias, Virto dije. Dime, Bruno se encarga de esto personalmente?

As es. Eso no lo acusa, Falco. No hay pistas. Cuando algn marido valiente viene a denunciar un nuevo secuestro, todo ha terminado. Siempre le ruegan a Bruno que no ponga a investigar a sus hombres de manera evidente. Bruno accede a ello porque cree que si atacan a cualquier vctima por haber denunciado el delito, ser l quien cargue con la culpa. En el fondo sabe que metera la pata. Esto es digno de admiracin dijo Virto. Quienquiera que lo planeara es muy inteligente. Y Bruno les est siguiendo el juego. Cuntame algo que no sepa! exclam su administrativo. Pero seamos justos, Falco. Bruno escucha cuando alguien nos trae informacin directamente a nosotros, pero la poltica oficial es que tendran que dejrselo todo a Canino. Entonces, confiamos en que la marina se encargue de esto? Qu dices? Un puado de marineros? Provisto de aquella nueva informacin, volv a mi apartamento. Me haba llevado la primera parte de la maana sacarle las notas de secuestro a Virto... tiempo suficiente para que algunos familiares ms llegaran a Ostia procedentes de Roma. Vi un carro que, con muy buen criterio, estaba aparcado a la sombra de una higuera en el patio. Entonces encontr a mi sobrino Cayo sentado en las escaleras, con cara de tener dolor de odos. Siempre ansioso por probar nuevas modas, se estaba dando con el dedo en el pecho desnudo, donde tena unas marcas de aguja infectadas producto de un reciente coqueteo con los tatuajes de tintura azul; una cosa que los poetas no te cuentan cuando ensalzan a los britanos es que dicha tintura apesta. Yo puse cara de asco; Cayo sonri con arrepentimiento. No hablamos. Oa los chillidos de mi hermana mayor arriba, y por experiencia supuse que le estaban cepillando el cabello y se lo estaban peinando en unas elaboradas y apretadas trenzas: una moda de la generacin de ms edad. Nux aullaba por solidaridad. Dentro, sobre una fuente que conoca de casa, haba un enorme salmonete con la cola colgando contra un manojo de puerros bien atados. Slo conoca a una persona que comprara pescado en Roma aun cuando se dirigan a la costa. Slo una persona tena acceso a una huerta que produca mejores puerros que los de Ostia.

Marco! grit Helena con una sonrisa radiante. Aqu tienes una gran sorpresa! Para tratarse de una sorpresa, aqulla me resultaba inquietantemente familiar. Met mi tablilla de notas bajo un frutero con indiferencia y me prepar. Hola, madre. Traes cara de no haber andado en nada bueno repuso mi madre. Estoy trabajando. No s por qu, son igual de atrayente que si hubiera dicho que estaba en cuarentena con la peste. Helena le habra contado a mi madre los detalles. Pequea, astuta, suspicaz y convencida de que el mundo estaba plagado de estafadores, mi querida madre no haba quedado impresionada. Mis hermanas y yo nos habamos pasado treinta aos intentando engaar a mam y slo conseguimos irritarla. Fue mi difunto hermano, su favorito, quien se las haba arreglapara embaucarla sistemticamente; incluso ahora, mam nunca reconoca el canalla mentiroso que Festo haba llegade a ser. Lamento mucho decir esto, madre, cuando acabas de llegar, pero debo regresar a Roma inmediatamente para seguir una pista y necesito que Helena venga conmigo... Pues es una suerte que haya venido yo! replic mi madre. Alguien tendr que cuidar de tus pobres hijas. Le gui un ojo a Albia. Albia ya conoca a mi madre; y pas por alto el menosprecio a su trabajo como niera. Y qu motivos te han trado de visita? me atrev a preguntar. No metas las narices en los asuntos del prjimo, jovencito! orden mam.

XXIV

Mi madre se traa algo entre manos, pero Helena y yo no nos molestamos en hacer averiguaciones. Sabamos que la respuesta podra habernos preocupado. Conseguimos viajar aquella misma tarde. Tras habernos librado de mam, la primera persona que encontramos al regresar a nuestra casa en Roma fue a pap. Por mucho que lo intentes, nunca pierdes de vista a tus padres. Ah estaba l, en nuestro comedor, masticando una de esas medias hogazas rellenas para llevar de la que una salsa color prpura goteaba sobre los cojines del divn. Quin te ha dejado entrar? Mi progenitor sonri. l mismo se haba dejado entrar. Segn Helena, la sonrisa de mi padre es idntica a la ma, pero yo la encuentro sumamente irritante. Yo ya saba que, siempre que estbamos fuera, mi padre entraba y sala de nuestra casa como si todava le perteneciera. Habamos realizado un intercambio de viviendas haca un par de aos; una dcada ms y puede que mi padre hasta cumpla con el trato. Marco, dile a Maya Favonia que deje a ese tontorrn amigo tuyo y que venga a casa a cuidar de los negocios de su pobre y anciano padre me engatus. Se lo dir. Maya har lo que quiera, pap. No s de dnde le viene esa actitud. A m tampoco se me ocurre! Y ahora que ests aqu, cundo te marchas?

No seas tan desagradable, muchacho. O que estbais en Ostia. Se present tu madre? Mis padres llevaban casi treinta aos sin hablarse, desde que pap se fug con una pelirroja. Sin embargo, ambos saban siempre por dnde andaba el otro. Lleg ayer. La trajo Cayo, el de Gala; es un pequeo brbaro. No estuve con mam tiempo suficiente como para averiguar qu engaos trama. Pap, que era un viejo embaucador de complexin recia y pelo cano, pareci complacido. Ah! Yo lo s. Se enter de que su hermano ha desembarcado furtivamente en Portus. Cul de ellos... Fabio o Junio? Mis dos tos de la granja familiar se turnaban para largarse cuando estaban de morros, a menudo por problemas de mujeres, siempre debido a algn enorme desprecio en el que el otro hermano estaba implicado. A los dos les gustaba afinar magnficos y embarazosos planes para una nueva vida, ideas descabelladas como convertirse en gladiador o dirigir una empresa de ostras. (se fue Fabio... ignorando el hecho de que el marisco le produca sarpullidos.) Ninguno de los dos. Pap solt la noticia y aguard mi asombro. Di un grito ahogado. No... se del que nadie habla nunca? Helena entr por detrs de m. Hola, Gmino; esto s que es una sorpresa! Era excelente con la irona. De quin no hablis, Marco? Es una historia demasiado larga! replicamos pap y yo a una. Tal unanimidad, dicho sea de paso, era poco habitual en nosotros. Helena Justina sonri y pas por alto nuestro enigma, a sabiendas de que poda extraerme la respuesta despus como si fuera una astilla clavada en el dedo. Se acurruc con elegancia en el divn junto a mi padre y se sirvi un poco de su rezumante refrigerio que despeda un delicado aroma a azafrn; l poda permitirse lujos. Unas hebras de vegetacin verde pendan del trozo de pan que Helena haba arrancado. Logr ocuparse de ellas con unos dedos largos y elegantes en tanto que pap se limit a chupar su trozo como un mirlo entusiasta engullendo pedacitos de gusano vivo. Gmino, ahora que te tenemos aqu... Helena consigui que sonara inofensivo, aunque pap le lanz una mirada astuta. Conoces a un hombre llamado Damgoras? Pap era la nica persona a quien yo no hubiera preguntado. Aun as, Helena lo vea como un hombre con contactos tiles. l respondi enseguida: El viejo forajido grandote? Le he comprado cosas. Qu cosas? espet. Cosas bastante buenas, generalmente. Bastante significaba sumamente buenas. Y generalmente quera decir siempre. Es un importador? Mi padre solt una tosca carcajada. Te refieres a si vende artculos robados?

Bueno, supongo que s. Mi padre era subastador y marchante de arte; la magnitud de sus beneficios me indicaba que haba aceptado artculos para la venta sin preocuparse mucho por su procedencia. Roma posea un floreciente mercado de reproducciones y pap era experto en fingir que crea verdaderamente que una copia descarada era mrmol griego original. En realidad tena buen ojo, y muchas de las estatuas autnticas que haban eludido a sus verdaderos propietarios deban de haber pasado tambin por su maza. Le cont que Damgoras me haba dicho que era demasiado viejo para aventurarse a salir de su villa. Mi padre me explic en detalle, como si le hablara al monaguillo de un sacerdote, que la gente mala a veces miente. l segua viendo a Damgoras muy activo. Activo en qu, pap? Oh!... En lo que sea que haga. Helena jugueteaba con un cuenco de olivas. Molesto, reconoc aquellas aceitunas. Al parecer pap haba abierto las reinas gigantes de Colimbadia que yo reservaba para ocasiones especiales. Ahora el sinvergenza de mi padre se llevara grandes cucharadas de esas exquisitas gemas verdes a su propia casa. Tendra suerte si luego quedaba un lengetazo de adobo en el fondo de una nfora vaca. Gmino, creemos que Damgoras es un pirata Helena mir severamente a mi padre. Delante de ella, l siempre finga ser un caso reformado. Tena razn: la gente miente. Si es que an existen los piratas, claro est. Es un maldito cilicio contest mi padre. Qu ms necesitas saber? Crees que todos los cilicios son piratas? Es la nica vida que conocen. Y por qu iban a renunciar a ella, siempre que los subastadores tunantes de Roma comercien con su botn? Me molestaba todo aquello que mi padre significaba, pero si tena informacin, yo la quera. Lamento decir que necesito tu ayuda, pap. Podra ser que Damgoras o sus socios ms prximos estuvieran relacionados con un tinglado de secuestros que parece centrarse en Portus? Ah, eso! exclam pap. Tal vez estuviera marcndose un farol, pero mi padre siempre estaba ojo avizor. Dijo entonces que haba odo hablar de gente a la que retenan para cobrar un rescate, aunque era incapaz de relacionar dichos secuestros con Damgoras. Jur que conoca al anciano propietario de la villa nicamente como el vendedor de una Afrodita Sorprendida particularmente buena, haca un par de aos. Unos ropajes estupendamente moldeados! Quieres decir que llevaba una tnica mojada? No es que la llevara del todo! Pap se relami.

Cuando saqu mi lista de las vctimas de los raptos, el primer resultado fue deprimente: pap saba con seguridad que un hombre llamado Isidoro, un mercader de aceite de oliva, haba abandonado Roma haca cosa de un mes. Los dems nombres le eran desconocidos, aparte de un tal Posidonio que, segn dijo, probablemente podra localizar para m. Ya saba que Posidonio haba sido una vctima: el hombre haba ido quejndose por todo el Emporio de tener que pagar un rescate por su hija... y mi padre aadi el detalle de que Posidonio crea que uno de los captores haba abusado de la chica. Prevenida en cuanto a ese aspecto, Helena Justina vino conmigo al da siguiente, cuando fui a entrevistar a las vctimas despus de que pap nos proporcionara los detalles para ponernos en contacto. Posidonio era un mercader maderero especializado en maderas exticas provenientes del extremo oriental del Mediterrneo. Traa por barco las vigas para manufacturarlas en Roma, donde se utilizaban para construir mesas destinadas a millonarios fanfarrones con hogares palaciegos. Exista un alto ndice de devoluciones debido al hecho de que los ansiosos compradores se olvidaban de que aquellas gruesas y resistentes mesas tenan que ser entregadas e instaladas.

Hubo artsticos suelos de mosaico que se desmenuzaron bajo las macizas piezas de exposicin y esclavos de dos casas distintas haban sufrido ataques al corazn mientras intentaban levantar los tableros para hacerlos pasar por la entrada. Uno de ellos haba muerto. En aquellos momentos Posidonio se hallaba retenido en Roma, aguardando el resultado de una reclamacin de indemnizacin presentada contra l. Pero le haba hecho bien. La publicidad le haba reportado ms trabajo. Su hija, llamada Rdope, tena unos diecisiete aos. Viajaba con su padre, que era viudo. Haba criado a Rdope l solo desde que sta naci. Pareca un hombre inteligente y cosmopolita, muy enojado consigo mismo por haber cado en una trampa tan tpica. Ella tena aspecto de ser una persona tranquila; no es que eso quisiera decir nada. Helena se llev aparte a la chica mientras yo hablaba del rapto con su padre. Pap haba dicho que hablaba sin tapujos con sus colegas del Emporio, pero con nosotros estuvo muy poco comunicativo. Quizs entonces se daba cuenta de los riesgos. Slo me confirm que lo ocurrido encajaba con las notas que Bruno haba redactado sobre el caso. La alusin al Ilrico, el siniestro intermediario, hizo que Posidonio se estremeciera. Era reacio a hablar de sus temores por Rdope, tal vez porque, si la haban seducido, ello poda afectarla a efectos matrimoniales. Adems, se quej de que se negaba a hablar con l. Helena tuvo ms suerte. Me cont despus que, en su opinin, la chica haba perdido definitivamente su corazn y todo aquello que tradicionalmente va con l. A Helena le haba parecido una muchacha sumamente ingenua. Mi visin de Rdope haba sido la de una adolescente con unos ojos como platos y con esa mirada inocente que por regla general significa que una joven les oculta peligrosos secretos a sus

preocupados padres. Si lo sabra yo, que en mis tiempos jvenes haba sido el secreto algunas veces! En tanto que Rdope finga estar concentrada en la sombra de ojos, probablemente estuviera acumulando el dinero que le daban para que se comprara ropa con intencin de usarlo para escaparse de casa. Helena haba averiguado que la chica, totalmente encaprichada, crea que el captor que le haba prestado atencin iba a regresar a buscarla para que as pudieran fugarse. Se llama Teopompo. Por lo visto es apuesto, viril y conocerlo es muy, muy excitante. Yo dije: Apuesto a que le hiede el aliento y ya tiene tres esposas. Si dices eso replic Helena con tristeza Rdope no va a escucharte. Y cmo convenciste t a esa boba chiflada para que hablara? Oh... Mi amada aquej una desacostumbrada imprecisin. Es encantadora, y quiz se encuentre bastante sola Podra haberse tratado de la mismsima Helena cuando la conoc... aunque en su caso yo habra aadido: furiosa con los hombres, despiadada conmigo y sumamente inteligente. Ella destacaba entre las chicas que conoca en aquella poca. De haber tenido esposas, les habra endilgado a todas una peticin de divorcio. Me imagino que eso fue lo que la hizo vulnerable, Marco. Tal vez haya sido franca conmigo porque le confes que una vez yo tambin me haba enamorado de un apuesto forajido. La mir con benevolencia. Helena Justina, qu forajido era se? Helena sonri. Los minoristas de artculos domsticos de moda no son mis ciudadanos favoritos, pero, como padre de unas nias, un profundo abismo de compasin por Posidonio se abri en mi corazn. Le dej una nota dicindole que poda ponerse en contacto con Camilo Justino en Roma si necesitaba ayuda profesional; no dije: si Rdope se escapaba. Con un poco de suerte slo andara deprimida y, cuando se diera cuenta de que Teopompo no iba a venir nunca, quizs algn que otro tipo espantoso andara rondando por ah para sacrselo de la cabeza. El rescate de Rdope se haba pagado unas semanas antes, durante el perodo en el que Diocles todava estaba alojado en Ostia. Lo comprob y el cronista no se haba puesto en contacto con esta familia en busca de informacin, ni durante esos das ni a partir de entonces. Poda ser que Diocles estuviera en Ostia con otro propsito totalmente distinto, o acaso estuviera enterado de los secuestros pero le hubieran impedido investigar la historia. Me inquietaba la manera en que el misterioso Ilrico recalba siempre que los secuestradores eran personas violentas. Si Diocles haba tenido algn escarceo con este asunto, empezaba a estar preocupado por la suerte del cronista desaparecido.

XXV

Prob suerte pero todos los dems nombres de mi lista fueron tiros fallidos. Pap me present a gente que saba algo de ellos, pero todas las personas con las que necesitaba hablar, los maridos que haban pagado el dinero del rescate, haban abandonado la ciudad. La mayora procedan del extranjero y haban regresado all. Tal vez ya nunca volveran. Para los secuestradores, estas vctimas no eran ms que rostros entre la multitud, pero si los mercaderes eran lo bastante ricos como para desplumarlos, algo haban tenido que ofrecer a Roma. La ciudad estaba perdiendo un valioso comercio. Aunque estaba ms enojado por el coste humano. Todas las personas del Emporio hablaban de agradables y cultos comerciantes de mercancas, hombres de buena familia, razn por la cual viajaban con sus esposas. Cuando Helena y yo averigubamos las direcciones, tuvimos la sensacin de que las vctimas haban dejado tras de s una fuerte aura de miedo y afliccin. Despus de reflexionar y hablar sobre el tema con Helena, fui caminando por el Aventino en direccin al Sector XII, rumbo al cuartel de los vigiles de la Cuarta Cohorte. Fui solo. Petronio Longo no me lo agradecera: iba a ver a Marco Rubela.

Rubela era el tribuno de la Cohorte, el odiado superior de Petro. Por lo general yo no lo encontraba tan malo, si podas pasar por alto algunos defectos: era un purista de las normas poco cualificado, interesado y demasiado exigente que ordenaba su escritorio y se pasaba el da comiendo pasas. Rubela era un tipo con el que Petro y yo nunca queramos ir a tomar una copa... lo cual ya estaba bien, porque nunca nos lo peda. Yo era ms conocido entre los soldados de la otra mitad de la cohorte, los que patrullaban el Sector XIII, mi distrito, pero mi cara resultaba familiar incluso en el XII. Me enfrent a unos abucheos; devolv las bromas y luego se me permiti entrar a ver al tribuno enseguida. Nunca pasaban muchas cosas en el despacho de Rubela, y l saba que slo iba a verle cuando haba algn gran acontecimiento del que no poda ocuparme solo. Era consciente de que, de haber estado all en Roma, le hubiera consultado a Petro en lugar de a l. Marco Rubela, he estado trabajando en Ostia. Creo que la Cuarta pronto va a salir para all. En los idus. Dime, qu es lo que no puede esperar, Falco? He tropezado con un chanchullo. Debe de hacer algn tiempo que funciona; las otras cohortes no han podido pillarlos. Rubela mostr los dientes, igual que un tiburn, como si supiera adonde quera ir a parar con mis halagos. Le gustaba pensar que sus muchachos tenan una oportunidad de poner en evidencia a sus rivales.

Expliqu resumidamente los secuestros, sin indicar en ningn momento que se remontaban demasiado en el tiempo. Perdonadme si esto suena como el problema de aritmtica de un escolar, pero si siete cohortes trabajan en turnos rotativos de cuatro meses, entonces deben de regresar al puesto destacado cada dos aos y cuatro meses. Daba la casualidad de que yo saba que Rubela se haba incorporado a la Cuarta Cohorte haca tres o cuatro aos, al recibir el nuevo nombramiento por parte de Vespasiano, de manera que tena que crear un bonito panorama en el cual todos los miembros de la gloriosa Cuarta hubieran mantenido sus feas narices apartadas de los problemas la ltima vez que sirvieron en Ostia y as ninguna pista de dichos secuestros hubiera llegado a odos de su tribuno. El nico propsito de que me encontrara all en el despacho de Rubela era empujarlo a la accin entonces. Funcion. En cuanto describ la situacin, Rubela decidi poner en prctica la respuesta que los oficiales tienen para todo: una operacin especial. Para darle rigor e mpetu (y para evitar el ardiente calor de Roma en agosto) Rubela dirigira aquella operacin en persona. Por el Hades! Rubela iba a trasladarse a Ostia. Ahora s que Lucio Petronio me odiara de verdad! Llev a cabo una ltima tarea durante mi visita relmpago a la ciudad. Se supona que tena que reunirme con Helena en casa, pero cuando dej a Rubela di un largo rodeo

y baj al foro. Comprob la columna de la Gaceta Diaria: por supuesto, se deca que Infamia an estaba de vacaciones. Entonces fui a ver a Holconio y Mutato en las oficinas de la Gaceta. Ninguno de los dos se encontraba, claro. La mayora de lectores de la Gaceta estn fuera en julio y agosto. No ocurre nada digno de mencin. Todo el mundo est en la costa. Cualquiera que tenga un poco de dinero se va a las montaas en busca de un aire ms fresco o al sur, al mar. Podrais crear una edicin especial llamada el Alborotador de Neapolis fantase dirigindome al esclavo que manejaba una esponja hmeda con lentitud por las habitaciones que, por lo dems, estaban desiertas. Chismes costeros. Secretos arenosos de Surrento. Escndalos de los baos de Bayas. Insinuaciones de que pronto podra haber escasez de tortillas de vieira a menos que los senadores que estn de vacaciones pongan freno a los banquetes en sus villas martimas. El da de mercado en Pompeya es el da de Saturno replic el esclavo con desnimo. Pareca que ya se hubiera considerado un Manual de la Campania... y que se hubiera descartado por resultar demasiado aburrido. En Nuceria es el da del Sol, en Atela es el da de la Luna... Le dije que ya entenda lo que quera decir. Cuando ya me iba se reaviv de pronto: Falco, que tal se encuentra Diocles? Todava est en casa de su ta? Me detuve. Aquello no me lo esperaba. Las dulces Parcas me haban dado una bonificacin. Por lo que me dijeron Holconio y Mutato tuve la impresin de que slo era una treta. Crea que en realidad Diocles no tena ninguna ta. El esclavo puso cara de menosprecio. Pues claro que la tiene. Va a verla todos los aos. Y t cmo lo sabes? El esclavo adopt un aire fanfarrn. La gente habla conmigo. Probablemente quera ser investigador cuando obtuviera la libertad. Si yo no consegua encontrar a Diocles, podra ser que hubiera un empleo disponible. As pues... Ta qu? Ta Vestina. Sabes dnde vive? Cerca de un templo. En Portus, en la misma Ostia? En Ostia. Ostia es una ciudad muy religiosa, amigo mo; alguna pista sobre cul es el templo? Lo nico que se le ocurri al esclavo fue que el agua tena algo que ver. Bueno, no tendra que ser difcil en una ciudad situada en la desembocadura de un ro, en la costa. Le di medio denario. l no era consciente de que tal vez hubiera puesto fin a mi agradable encarguito estival. Infamia ya no estaba desaparecido: se hallaba tumbado en

una hamaca como si tal cosa mientras una pariente afectuosa le serva constantemente bebidas fras y pat de olivas casero. Lo nico que tena que hacer entonces era localizar el templo correcto, recoger a Diocles del domicilio de su ta Vestina y traerlo de vuelta a casa. Ah, si hubiera sido as de fcil!

XXVI

Le haba dicho la verdad al esclavo: Ostia siempre haba sido muy devota. Haba templos absolutamente en todas partes, algunos de ellos flamantes y otros que se remontaban a la poca en que la ciudad no era ms que un grupo de chozas de trabajadores de las salinas situadas en las marismas. Si los portuenses tenan espacio para algn tipo de recinto destinado al culto, levantaban rpidamente una pared en tres de los lados y asentaban un podio sobre el que estribaran las columnas del santuario. Su lema era: por qu construir uno si hay espacio para cuatro? Un montn de altares era mejor que uno solo. Cuando se les terminaban los dioses, rendan honores a conceptos alegricos; cerca de nuestro apartamento haba una hilera de cuatro pequeos templos dedicados a Venus y Ceres, adems de a la Esperanza y a la Fortuna. Por mi parte, yo no tena tiempo para el amor, y con dos hijas muy pequeas siempre correteando alrededor en un pequeo apartamento estaba totalmente en contra de ms fecundidad. Como no pude encontrar a Diocles, no tard en ponerme a maldecir mi mala fortuna y a perder la esperanza. Al regresar, la bsqueda de la ta del cronista me llev por toda la ciudad. Consider que poda saltarme los gigantescos templos de Jpiter, Roma y Augusto que dominaban el foro; cualquiera que viviera all dira que su casa estaba cerca del foro.

Podra ser que los tipos pomposos lo llamaran el Capitolio. Los despistados diran que vivan en el centro de la ciudad. Aparte de eso, tena que visitarlos todos. Me volv un experto en olfatear el humo de las ofrendas expiatorias. Tambin me convert en un verdadero pelmazo de los nymphaeum. A los portuenses les gustaba alzar muros ornamentales con artesas de agua en los bordes, y aunque algunos sencillamente eran lugares para abrevar a las bestias de carga, muchos se haban levantado como santuarios decorativos para los dioses del agua. Helena tena que escucharme sumar el recorrido de cada da en tanto que los templos se convirtieron en mi obsesiva mana de coleccionista, peor que aquella vez que intent explorar las Siete Colinas de Roma cuando slo contaba ocho aos y se supona que no deba salir solo del Aventino. Ahora sera mortal en una fiesta: llevaba siempre conmigo unas tablillas con anotaciones de los detalles de los templos que haba visto, como si del diario de algn espantoso turista se tratara. Por poco que me animaran le enseaba a la gente mi croquis con los santuarios marcados en rojo. Mi madre, que se estaba alojando en casa de Maya, se emocion mucho cuando crey que Helena haba empezado a hacer sacrificios a la Buena Diosa. (Yo quedaba eximido de participar: los hombres son demasiado malos.) La Buena Diosa fue por un tiempo nuestra divinidad favorecida en aquel enigma, puesto que su cuidado templo con vistas al mar estaba ubicado al otro lado de la Puerta Marina. Nos preguntbamos si Diocles haba optado por alojarse en una zona que conociera... aunque si su ta viva en esa vecindad no nos explicbamos por qu haba alquilado una habitacin... No pudimos localizar a Vestina cerca de la Buena Diosa, de manera que mi bsqueda volvi a situarse en el centro de la ciudad. All la deidad ms destacada era Vulcano. Un franco dios del yunque con una atractiva cojera. Helena y yo pasamos un da agradable en su antiguo complejo; nos llevamos a Albia y a las nias y lo convertimos en una excusa para hacer una comida campestre, y menos mal, porque como ejercicio de trabajo nuestra excursin no sirvi de nada. Slo podamos asociar a Vulcano con el agua por medio de una largusima conexin que implicaba a los vigiles cuando sofocaban los incendios. Demasiado indirecto. Por razones que ya nadie saba, el sumo sacerdote del dios del fuego era el hombre ms importante de Ostia y trataba con prepotencia a los propios pretores y ediles del culto; era un cargo vitalicio de origen arcaico que, por lo que yo vea, hoy en da no conllevaba ninguna ventaja excepto la de que los concejales aduladores se postren ante ti, todos ellos con la esperanza de que el actual pontfice de Vulcano no tardara en caer muerto para as poder disputarse el puesto. Aquella noche Helena Justina se incorpor repentinamente en la cama dando un grito: Cibeles! Aquello no me cautiv. Por regla general los dioses orientales son deplorables y me estremezco de verdad ante la Gran Madre con su compaero, Atis, que se castr a s mismo. Ningn hombre que goce de una vida amorosa puede pensar con calma en un consorte que se amput los genitales. De todas formas, ya haba repasado los cultos orientales. Haba examinado las casas de los alrededores del Templo de Isis. Pareca una buena apuesta: Isis es igual al dios del Nilo, que es igual a un ro muy importante si vives en Egipto. Isis es tambin una diosa del mar y protege a los viajeros martimos. Su templo estaba situado en el extremo oeste de la ciudad, en la orilla del ro. Para encajar con la descripcin del esclavo, aquel lugar tena las mismas posibilidades de ser el que buscbamos que cualquier otro, de manera que recorr el vecindario buscando a conciencia. Incmodo como siempre con los sacerdotes que

agitaban el sistro, las sospechosas sacerdotisas con sus transparentes ropajes de lino plisado que les dejaban el pecho al descubierto y los enervantes retratos de unos tipos con cabeza de perro y los brazos cruzados, me alegr de escapar. Por los alrededores del recinto de Isis no haba tenido suerte en mi bsqueda de casas situadas en la orilla donde pudiera vivir la ta de un cronista. Para animarme me compr una buena lmpara colgante con forma de barco y hasta que no la llev a casa no me di cuenta de que tena tres pequeas hornacinas de Isis, Anubis y Serapis. El nuestro no era un hogar en el que gustaran las estatuillas de dioses. Ni siquiera poseamos nuestros propios Lares. (Al pensar en ello volv a salir y mir en los alrededores del santuario de los Lares urbanos que haba en el foro.) No, es Cibeles la que buscamos insisti Helena aquella noche. La estatua se trajo desde el este a Roma por mar cuando Claudio decidi legitimar el culto. Est esa historia de la joven con la reputacin mancillada... Me anim. Oh, el tipo de chica que me gusta! Pinsalo de nuevo, Falco. El barco qued varado en el estuario. sa como se llame fue y dijo que si su castidad permaneca intacta tocara el barco con su cinturn... Hizo el truco del cinturn: el barco se puso en marcha por el Tber. Ahora puedo volver a dormir? Maana puedes ir al templo de Cibeles, Marco. Lo hice; no encontr nada. Cibeles tena un enorme recinto junto a la Puerta Laurentina donde era atendida por varios dioses adjuntos en sus propios pequeos santuarios pero, por lo que pude descubrir, no haba tas. Helena me permiti reanudar mi obstinada bsqueda en otro lugar. Investigu en los templos de Castor, Plux, Marte, Diana, Neptuno, del Lber Pater, en templos circulares y rectangulares de divinidades cuyos nombres ni siquiera estaban claros, en el del Padre Tber y en el del Genio de la Colonia. Los gremios de artesanos tenan sus propios templos, el destacado Templo de Constructores de Barcos y un templo en el Foro de los Viticultores (aquella maana me lo pas bien). Me estaba quedando sin podios. En esos momentos, mi entregada caminata religiosa debi de haber llamado la atencin de alguna deidad del Olimpo con buen corazn. Haba estado fisgoneando por las calles secundarias del lado oeste del foro, donde alguien haba sugerido que podra ser que hubiera un santuario con barcos dentro. No los encontr. Abatido, volv a encaminarme hacia la calle que me llevara al Decumano. En ella haba un par de pequeos templos que ya haba descartado. Metido en el mismo emplazamiento haba un templo importante: el dedicado a Hrcules Invicto. Identificndome con cualquier otro hroe vctima de trabajos forzados, le prest ms atencin que antes y sub por las escaleras. Haba nueve escalones. En un da caluroso era un ascenso empinado, motivo por el cual lo haba evitado la ltima vez. Entr en el santuario. All realic un gran avance. En el interior, un conjunto de frisos representaba cmo haba sido descubierta la estatua de culto aos atrs: a Hrcules lo haban sacado del mar unos pescadores. Probablemente algn barco que transportaba obras de arte se haba ido a pique en los

bajos frente a las costas de Ostia y la estatua se haba hundido con l con garrote, piel de oso, barba y todo. Me inclin ante el atractivo y suave torso del hroe. Gracias, delicioso semidis. Ya propsito... bonito culo! Empec una rpida bsqueda por la zona de los alrededores. Algunas partes que parecan estar en proceso de reurbanizacin; haba espacios despejados y un par de viejas casas con atrio que estaban vacas. En una calle lateral, finalmente encontr el lugar donde Diocles sola alojarse. Me enter de que su ta Vestina, una liberta de la casa imperial, haba vivido muchos aos justo al lado del templo de Hrcules Invicto. La casa de la ta haba quedado reducida a cenizas el ao anterior por aquella misma poca. La primera mujer con la que habl no haba visto a la ta desde entonces. Aquello habra sido bastante malo, pero si Vestina se haba salvado y trasladado podra ser que al final la hubiese localizado. Por desgracia, me encontr a otra vecina que conoca toda la historia. El incendio se haba originado por la noche. Tardaron mucho en venir en su ayuda. Vestina estaba inmovilizada por la artritis y era asmtica. No pudo salir de su casa en llamas con la suficiente rapidez y el humo la mat antes de que pudieran rescatarla.

XXVII

Con un sentimiento melanclico me dirig otra vez al foro, para desde all poner rumbo a casa. Enseguida alcanc el cruce con el Decumano Mximo, donde ste describa una ligera curva al torcer hacia la Puerta Marina, desvindose de su eje original. Se trataba de una interseccin importante que contaba con un santuario y puestos de mercado, pescaderos y carniceros establecidos desde haca tiempo. Delante de m se alzaban los edificios pblicos, primero la Baslica y luego el foro propiamente dicho. stos tenan la impronta en mrmol de Augusto, dicindoles a los lugareos y recin llegados lo extremadamente rico que lo haba hecho el botn de Egipto y lo resuelto que estaba a que lo vieran como el soberano del mundo. La zona en la que confluan las calles bulla de vida. Constitua un triste contraste con los espacios muertos que tena a mis espaldas... aunque cuando los solares vacos volvieran a urbanizarse, aquella parte de la ciudad sera un lugar estupendo para vivir: cntrico y probablemente selecto. Algn constructor iba a hacer un gran negocio si poda hacerse con las tierras, y daba la impresin de que se haba iniciado un programa continuo de adquisicin.

Al doblar una esquina del Decumano, en un edificio con andamios que pareca estar ya destinado a la reurbanizacin, encontr a un pequeo grupo de vigiles. No me lo esperaba; Petro nunca haba hecho referencia a la existencia de unidad destacada alguna, si bien nos hallbamos a un buen trecho del chirriante cuartel, por lo que su presencia no estaba de ms. Haba que recorrer varios kilmetros hasta el cuartel principal para informar del incendio en una casa de baos o para pedir refuerzos cuando alguien haba dejado a su mujer sentada sobre un ladrn capturado. Disponan de una oficina improvisada en una tienda abandonada. La fachada de lo que una vez debi ser el taller de un artesano era entonces un agujero enorme, sin sus puertas correderas. Haba cuatro hombres de servicio, no eran precisamente el grupo ms animado que haba visto. Estaban apoltronados en torno a una mesa destartalada mientras esperaban a los ciudadanos con sus quejas. Vi pedazos de viejas hogazas masticadas en el suelo, que estaba lleno de escombros. Se perciba olor a vino, aunque no se vea. Tom nota mentalmente de advertir a Petronio que aquel campamento necesitaba ciertas mejoras. Me llamo Falco. Qu problema tienes? No esperaba que me ofrecieran una infusin de camomila y una delicia de almendra. Aun as, parecieron dirigirse a m con agresividad. Podis proporcionarme informacin? No somos vendedores de enciclopedias. Al plido zoquete que me hablaba se le notaban demasiado sus hoscos orgenes de esclavo.

Qu ha pasado para que le hablis as al pblico? Yo pago mis impuestos, cubo de suero descolorido! Bueno, se supona que tena que pagarlos, y en un anterior trabajo para el emperador haba hecho que muchos adinerados evasores de impuestos dijeran que lo sentan y aflojaran la mosca. Aquello le fue de ms utilidad al Estado que si yo hubiera pagado lo que me tocaba. Un nuevo rostro se dirigi a m: Vamos a ver, seor! Ese deba de haber asistido a una charla sobre relaciones vecinales. Qu es lo que quieres? Aparte de un poco de cortesa? Me gustara informarme sobre un incendio en la calle de al lado donde muri una mujer el ao pasado. Podemos ofrecerte cortesa, un saludo de lujo y una fuerte patada en el culo dijo el segundo hombre, el encantador e ingenioso, mientras los idiotas de sus amigotes miraban fijamente. No sabemos nada sobre ese incendio. Los detalles de los incidentes pasados no se ponen a disposicin del pblico. A menos que uno pague los honorarios de la inspeccin de informes interpuso un tercer espcimen. Vi que su compaero le propinaba un golpe y le deca que se callara. Honorarios de inspeccin? Cruc los brazos y adopt un aire meditabundo. De quin fue esa brillante idea? S que a Vespasiano le hace falta recaudar dinero para su programa de construccin municipal, pero esto es una novedad. Es una regla especial para la Sexta? Se aplica nicamente cuando est de servicio este

alegre grupo que formis o toda la cohorte sigue el mismo procedimiento? Esto es slo en Ostia? O lo rige Roma? Error, Falco. La atmsfera se volvi siniestra. Dos vigiles que hasta entonces no haban hecho otra cosa que masticar manzanas se acercaron entonces a m. El necio que haba pedido la tarifa se puso en guardia. El portavoz principal ya se hallaba a tan slo un paso de distancia. Ninguno de ellos era alto. Eran todos anchos y robustos. Por definicin tenan orgenes duros y los empleaban para trabajos duros, sin miedo al peligro. Eran unos chicos resistentes, mal afeitados y con las tnicas sucias, que apestaban a humo y polvo de construccin... y ninguno de ellos me tena miedo. Estaban lejos de su territorio, a treinta y dos kilmetros de Roma, y confiaban en que all era poco probable que sus acciones fueran criticadas. Entend por qu la gente de Ostia deba de tener sentimientos ambivalentes hacia ellos. El portavoz extendi un brazo demasiado musculoso delante de otros dos. Vamos a ver, muchachos. ste parece ser uno de esos grandes tipos que nos dir que es el mejor amigo del Prefecto Urbano. Dej bien claro que no le preocupaba. Mantuve la calma y le mir directamente a los ojos. Los prefectos son demasiado distantes como para tenerlos en cuenta, aun en el caso de que conociera a alguno. Poda haber mencionado a Bruno, pero lo ms probable era que lo detestaran; mentar a su oficial poda ser una muy mala idea. Me pregunt cules seran sus nombres, pero me lo pens mejor y no trat de averiguarlos. No sabemos nada en absoluto sobre ningn incendio del ao pasado repiti el portavoz a pocos centmetros de mi cara. Su dedo mugriento me pinchaba el pecho. As pues, Falco volvi a clavrmelo, mucho ms fuerte. Nos gustara que te marcharas! Todos los dems dieron un paso hacia m. A mis espaldas, la salida estaba despejada, de modo que la utilic. O cmo se rean. Continu mi camino hacia casa, sintindome mancillado y desconcertado. Durante el primer tramo del Decumano no dej de mirar por encima del hombro y en cuanto llegu al foro me asegur de mezclarme rpidamente con el gento. El imbcil que haba hablado de tarifas de inspeccin me haba pedido claramente un soborno. La amenaza de violencia generalizada era real. Me pregunt si eso era una muestra de la reaccin con la que los habitantes del lugar haban topado cuando fueron a buscar ayuda la noche en que la ta de Diocles se encontr la casa envuelta en llamas. Luego me pregunt si Diocles estara alojado en su casa el ao anterior, cuando tuvo lugar el incendio. Al regresar a nuestro apartamento estaba bajo de moral e introspectivo. Toda la alegra de haber localizado finalmente a la ta del cronista se haba desvanecido cuando me enter de su muerte. Mi enfrentamiento con los vigiles acrecent mi humor de perros. Le cont a Helena el episodio, restndole importancia. Hablamos sobre la tragedia de la ta.

Entiendo dije que si Diocles siempre se haba quedado a pasar el verano en casa de su ta, tal vez hubiera vuelto por inercia este ao. Una vez aqu poda haber reservado otro alojamiento y luego empezar a darle vueltas a lo que le pas a la mujer. Si es susceptible, ste poda ser el motivo por el que se hubiera marchado a alguna otra parte. Crees que no puede soportar estar aqu otra vez y que por eso se ha ido de vacaciones al lago Nemi en vez de quedarse? Despus, Helena pregunt: No creers que Diocles solicit el ingreso en los vigiles para as poder sacar a la luz la incompetencia que caus la muerte a su ta? Hice una mueca. S lo que Petro sospechara si Diocles siente fascinacin por los incendios: creer que Diocles es un pirmano. No! Los pirmanos no solamente inician los fuegos, sabes? A algunos de ellos les gusta esconderse en un prtico y observar lo que ocurre, pero hay otros que lo que quieren es lucirse como hroes que pueden salvar a gente y extinguir incendios. Con frecuencia los tipos como sos solicitan unirse a los vigiles. Los oficiales de reclutamiento inteligentes tienen olfato para estas cosas y los rechazan. Conociste a un oficial reclutador. Creas que Rstico era inteligente, verdad, Marco? Cavil sobre eso. S, lo crea. Pero, recordando lo que dijo, l estaba inquieto... El propio Rstico estaba desconcertado y no saba por qu le haba dicho que no al cronista. Diocles era un enigma, no un fenmeno que l reconociera. Pues no parece que Rstico sospechara que era un pirmano. Sigues creyendo que Diocles se traa algo entre manos? S, amor. Pero puede que no tuviera nada que ver con su ta. Helena se qued callada unos instantes. Entonces dijo: Tena a su ta en la cabeza, Marco. Cuando Diocles les cont a Holconio y Mutato que iba a venir a Ostia, dijo que se iba a quedar con ella. Cierto. Quiz subconscientemente se olvid de su muerte. Tal vez la mente le jugara una mala pasada. A Helena y a m nos preocupaba entonces que al llegar all, Diocles hubiera sufrido una crisis nerviosa. A propsito de crisis nerviosas dijo Helena con una sonrisa y cambiando de tema para intentar animarme un poco. Hoy he tenido una sorpresa: Conoc a tu to! Alc una ceja, intuyendo lo que vendra a continuacin: S, Marco. se del que nadie habla nunca.

XXVIII

Haba pasado un cuarto de siglo desde la ltima vez que haba visto a to Fulvio. Tena nombre, solo que estaba maldito en la memoria. Si la familia de mam hubiera podido encargar unas estatuas, Fabio y Junio hubiesen desmontado la suya y la hubiesen reutilizado para construir una pocilga. Tena curiosidad por saber cmo se las poda haber arreglado. Apenas intercambiamos unas cuantas palabras dijo Helena. Quera ver a tu madre; le dije que ahora Junila Tcita se alojaba con Maya, puesto que disponen de ms espacio que nosotros, y le indiqu el camino. Se detuvo un momento en el acto de volver a prenderse el broche esmaltado que llevaba en el hombro. Mira, tuve la impresin de que era un poco raro. En qu sentido? pregunt con una sonrisa.

Helena se limit a encogerse de hombros, indecisa. Es slo que me sent mejor cuando se fue. Albia levant la mirada del suelo, donde estaba jugando con las nias. Qu ha hecho tu to, Marco Didio? Me imagin que en aquel entonces yo era demasiado pequeo para que me contaran toda la historia. Le facilit la parte que no entraaba peligro. Se escap a Pesinunte, pero se subi al barco equivocado. Y ahora ha regresado? Le ha costado ms de veinte aos? exclam Helena, asombrada. Cuando sus hermanos estn inquietos, desaparecen durante un par de temporadas y luego vuelven a casa sigilosamente, no? Fabio y Junio son normales, comparados con l. Mis tos se pelean entre ellos le expliqu a Albia. Fabio cree que Junio lo estaf con su parte de la granja cuando mi abuelo muri; Junio est seguro de que Fabio lo arruinara todo debido a su imprudente amistad con la esposa de un vecino; Junio se deprimi cuando fall la cosecha de nueces y odia los planes que tiene su hermano para la cra de pollos... de todos modos, es un mal bicho con un humor de perros. Fabio sabe que podra ser alguien importante en el mundo slo con que pudiera encontrar el medio adecuado para sus hasta el momento indeterminados talentos. Junio busca el amor, concretamente; crea haberlo encontrado pero tuvo que ir al mercado con los huevos porque aquella semana le tocaba a l (hay muchos huevos porque la verdad es que Fabio ha dado en el clavo con sus gallinas puestas en cestos), y la chica se march de la ciudad. Me qued sin aliento. La ta Febe me dijo que, de todas formas, la chica que Junio quiere est prometida a un contratista de alcantarillas intervino Helena. La ta abuela Febe, la liberta de mi abuelo, mantiene unida la granja mientras los hermanos hacen el tonto por ah. Es la que contiene la sangre cuando intentan suicidarse. Los mantiene separados con una horca cuando tratan de matarse entre ellos. Ya veo! Arqueando sus finamente pobladas cejas, Albia se puso a jugar con mis hijas de nuevo. Llev a Helena a casa de Maya, con la esperanza de que el to Fulvio an estuviera all. Como era el esquivo de la familia, Fulvio haba estado all y se haba marchado. En cambio, me tropec con Cayo Baebio. Junia estaba intentando convencer a mam para que se llevara al invlido de vuelta a Roma en su carro. Mam desenga a Junia muy resueltamente. Pareca abatida; fuera lo que fuera lo que quera de Fulvio, ste deba de habrselo puesto difcil. Ahora que ya haba hablado con su hermano, mam iba a volver a su casa del Aventino, pero no haba ninguna posibilidad de que compartiera el viaje con mi hermana y su quejumbroso marido. Mam pensaba que uno de los beneficios de ser mayor era que ya no tena que ser educada con Cayo Baebio. De entrada, esto presupona que lo haba sido alguna vez.

Ah, Marco! repelido por mi madre, Cayo se peg a m. Estoy pensando que ir a la villa de Damgoras y presentar una queja formal por la manera en que nos trataron. Nunca volver a ser el mismo... una tos poco seria lo confirm. Junia tambin se volvi contra m. Tendrs que ir con l! Yo no puedo ponerme en peligro entre un grupo de piratas violentos y Cayo ya no est en condiciones de conducir. Vi que mi madre clavaba su mirada escptica en Cayo. Con picarda, me o a m mismo prometer que ira a quejarme. Tena una idea bastante aproximada de lo que diran Damgoras y Crtidas si les peda dinero. No tena intencin de hacerlos enfadar, pero pens que podra echar otro vistazo a los cilicios en inters propio. Tambin tendras que hablar seriamente con to Fulvio me orden Junia. T eres el cabeza de familia. Desde que muri mi abuelo, tendra que haberlo sido el propio Fulvio, pero rehus las obligaciones. Por lo que yo saba, sera capaz de vender los bustos de nuestros antepasados (si es que tuviramos alguno). Nuestra pobre madre intenta mediar y traerlo de vuelta a la familia y l se niega a tener nada que ver con nosotros. Le ha dado un gran disgusto a mam. No estoy disgustada minti mam. Le gustaba ser ella misma quien eligiera el momento de hacerse la desvalida. De verdad Fabio y Junio quieren que vuelva? pregunt. Fulvio es el inteligente replic mam como si la granja necesitara a alguien dotado de inteligencia. Era cierto, pero consideraba que sa era precisamente la razn por la que sus hermanos estaran ms contentos si Fulvio permaneca en el exilio. Y en qu negocios anda metido, mam, y por qu ha venido a Ostia? No me lo dijo. Qu? Y no pudiste sonsacrselo?

Mi madre deba de ocultar algo. Era evidente que el to Fulvio haba encontrado otra descabellada profesin ms que nos provocara un tremendo bochorno. Mam me ley el pensamiento. As que se apresur a decir entre dientes: Me dijo que se haba puesto a trabajar en la pesca de tiburones. Anunciaba las cosas de una manera como si no fuera su intencin que te las creyeras. No estaba nada seguro de la edad de mi madre, pero se saba que el to Fulvio tena diez aos ms que ella... un poco carcamal para luchar con los devoradores de hombres de las profundidades marinas. Era tpico de mi familia. Su locura rara vez llegaba a causar verdadero dao, pero nunca saban lo que era apropiado. Poda haberme puesto cmodo y verlos solamente como un buen entretenimiento, pero actualmente los miembros de la familia no dejaban de presionarme para que reformara a otros parientes, segn ese infalible edicto: T eres el cabeza de familia. Los informantes que optan por mostrar su lado insensato evitan todo esto. Rememor mi poca irresponsable con repentino cario.

Al da siguiente, una vez ms, alquil un burro y cabalgu siguiendo la costa. En aquella ocasin, la puerta de la villa del supuesto pirata tena un guardia, pero me dejo entrar sin problemas. Mientras recorra el sendero arenoso me cruc con un hombre que se marchaba. Llevaba un paso frentico e iba montado con los pies hacia fuera sobre una pequea mula, como los miembros de las tribus del desierto en Siria a quienes les gusta salir corriendo de los oasis de esta manera alocada. Debido a la nube de polvo, el jinete llevaba la cara envuelta en una larga bufanda, pero cuando hubo pasado y tos, llegu a ver una toga en forma de abrigo de corte parto, una calva incipiente y unos ojos que me miraban de reojo con curiosidad. Damgoras me recibi. Tal vez era cierta su afirmacin de que nunca sala de casa, as que reciba bien a las visitas. Una mujer que llevaba unas zapatillas de cuentas retiraba unas pequeas copas de bronce en una bandeja a juego despus de que se hubiera marchado el invitado anterior. No aparecieron nuevos aprovisionamientos para m. Tal como me esperaba, Damgoras rechaz de plano toda sugerencia de que mi cuado mereca ayuda con sus facturas mdicas y una recompensa por el tiempo que iba a pasar sin trabajar. Abandonamos esa conversacin rpidamente. Volv a insistirle con el tema de Diocles, pero eso tambin lleg a un punto muerto. Entonces mencion los secuestros. El viejo bribn estuvo un poco ms atento, pero me di cuenta de que consideraba que tena muy pocas pistas. Y qu es lo que te hace relacionar esto con la comunidad cilicia, Falco? Tena razn: ninguna de las vctimas haba mencionado ninguna nacionalidad provincial, aparte de al Ilrico. Exclu Iliria. Por qu complicar las cosas cuando hay un puado de sospechosos viable? Estoy estableciendo una conexin directa entre el inters de Diocles en los secuestros y las visitas que te hizo. Damgoras me ofreci su risa de tipo honesto. Nunca hablamos de secuestros. Qu inters poda haber tenido Diocles por los secuestros? Me fij en que usaba el pasado. Tal vez Damagoras supiera que le haba pasado al hombre desaparecido. Cuanto ms tiempo est desaparecido, ms a fondo examinarn todos sus intereses le advert. Esto est muy mal, Falco! Intentar asustar a un anciano que no ha hecho nada malo. T no te asustas tan fcilmente. Pero no nos peleemos por eso... al menos todava no! Ahora me gustara que me proporcionaras una direccin para ponerme en contacto con tu compinche pugilista, Crtidas. Damagoras se hizo el despistado. Mira, Damgoras, ser mejor que me dejes discutir lo que ese cerdo airado le hizo a mi cuado que no que Crtidas encuentre su nombre en una lista de vigilancia de forneos controlada por los vigiles. Yo era romano, de manera que Damagoras se tom en serio la amenaza. Lo ltimo que quiere un provinciano con residencia temporal es que los funcionarios se fijen en l. Un marino ya tiene bastante trabajo eludiendo tasas de importacin y chantajes y regateando con los negociantes que intentan apremiarlo para que se

desprenda de todos sus beneficios en un mercado hostil. El hecho de que te sealen para una investigacin y un acoso constantes es mortal. Incapaz de arriesgarse a ello, el anciano me habl a regaadientes de un bar en el que podra encontrar a Crtidas en Ostia. Tom nota del nombre. Y por casualidad no conocers a un aventurero llamado Teopompo? La expresin de Damagoras no cambi en lo ms mnimo. Es un nombre corriente entre los marineros dijo. Qu ha hecho este tal Teopompo? Es uno de tus secuestradores? Tuve la sensacin de que haba cometido un error. Al menos no haba mencionado a la chica, Rdope. No haba ninguna amenaza particular en el tono del presunto pirata, pero si saba algo sobre el chanchullo de los rescates, yo acababa de delatar a un miembro de la banda que deba de haber nuebrantado el cdigo del anonimato. La noticia de la estupidez cometida por Teopompo volvera a llegar hasta ellos. Bueno, si el resultado era que el que haba seducido a la joven reciba una paliza, no tena ningn reparo. Supongo que una de las vctimas femeninas dice que durmi con l, no? Damgoras me ley el pensamiento con la misma astucia que mi madre. Te lo voy a decir, Falco: la mujer estar mintiendo. Siempre fue una regla entre los viejos piratas no tocar nunca a sus invitados. Llamarlos invitados era un eufemismo brillante. Y por supuesto segua pretendiendo que la piratera haba cado en desuso. La cuestin era convencer a los amigos y parientes para que pagaran, sabiendo que podan estar seguros de que la... La vctima le ayud cuando hizo una pausa. Damgoras sonri, pero an as no pronunci la palabra. Les ser devuelta, viva e ilesa. Mujeres coment; siempre son una mercanca delicada.

Mienten dijo, otra vez sin rodeos. Quieren creer que han tenido una aventura amorosa romntica. Era bien sabido, Falco. Las mujeres causaban problemas. Los expertos en pedir rescates nunca se llevaban a mujeres si haba hombres disponibles. De esa forma evitaban consecuencias inconvenientes. Aqu todas las vctimas han sido mujeres. Es un chanchullo muy particular. Una locura dijo Damgoras. Tal vez termine como el secuestro ms famoso de todos. se cul es? pregunt Damgoras. Me mir intensamente con los ojos entrecerrados, igual que un hombre que pensara que haba insultado su oficio. El de Julio Csar. Prometi a sus captores que en cuanto pagaran su rescate volvera y los crucificara a todos. Cumpli su palabra. Un invitado noble observ Damagoras. Un hombre duro, muy astuto para hacer negocios con l! Haba desviado su atencin del tema de Rdope. No pareca que fuera a obtener nada ms de l, de modo que me march.

XXIX

Crtidas beba en una taberna llamada El Acuario. Me dio la impresin de que probablemente viviera all. Estaba al lado de la puerta de la Fortuna, que a su vez se hallaba prxima a la ribera del Tber y bastante cercana a mi apartamento, de modo que despus de regresar a lomos de mi montura, me desvi y lo encontr. Me esperaba un tugurio lleno de chinches donde el da sera tan negro como la noche, y la noche indescriptible. Sin embargo, la casa que llevaba el nombre del aguador del zodaco era un establecimiento grande con un exterior agradable y varios patios interiores sombreados. Careca de vistas al ro, pero el hecho de que estuviera apartado del bullicio de los muelles lo haca parecer ms refinado.

La clientela ocasional acuda al bar y se quedaba de pie en los mostradores que daban a la calle, a ambos lados de una esquina. All la minuta era ms abundante que en la mayora de establecimientos, y el lugar estaba bien equipado con estanteras de jarras y cuencos. Los olores que provenan de los hundidos cazos de comida encajados en los mostradores de mrmol eran menos repelentes que en los humildes figones de comida rpida de Roma; la camarera del bar iba limpia y pulcra y dijo que poda pasar por un corto pasillo y salir a la zona del patio de la planta baja sin ningn problema. All, los turistas estaban sentados en bancos situados bajo prgolas, felicitndose por haber encontrado un hotel tan bueno, justo al lado de los transbordadores de Portus. Un hombre de negocios que sin duda conoca el lugar desde haca tiempo cruz por all de camino a una habitacin del piso de arriba guiado por un fornido esclavo que llevaba el equipaje. Era alguien importante en el campo de los cereales; nos hallbamos en una zona de medidores de grano y agentes gubernamentales asociados. En aquel escenario un tanto inslito encontr a Crtidas. Estaba hablando con otro hombre, probablemente subordinado suyo en la jerarqua cilicia. Estaban sentados a una mesa debajo de una gran higuera, donde se haban instalado de una manera que sugera que aquel patio era su oficina privada y que sera mejor que los turistas hicieran uso de los dems espacios. Los turistas lo haban entendido. Tal vez pensaran que Crtidas era el propietario de El Acuario. En realidad, por lo que yo saba, lo era. Aunque quiz la gente lo evitaba porque un no s qu en su porte adverta de que era un tipo peligroso. Yo me haba topado con bravucones mucho peores, y por supuesto ms notorios, pero ste era diferente. Estaba preparado para la accin. Estaba claro que slo buscaba una excusa para ofenderse y esperaba ganar sus peleas. Probablemente eso era porque peleaba sucio... pero quejarse sobre sus mtodos no servira de mucho despus de que te hubiera rebanado la mano o te hubiera cegado. Tena cicatrices, incluyendo la de una larga herida de cuchillo, la cual se haba cerrado haca aos formando una arruga plateada que le iba desde la ceja a la mejilla. Le faltaba la punta de un dedo.

Su compaero tena un aspecto bastante presentable hasta que se ri; entonces vi que le quedaban muy pocos dientes, Crtidas todava llevaba puesta la larga vestidura color carmes de la que hizo alarde cuando nos atac a Cayo y a m en la villa; el otro vesta un conjunto de un apagado tono verdoso. Pareca sucio, pero el ribete del cuello y de los extremos de las largas mangas incluan hilo de oro autntico. Reconoc la incipiente calva de su coronilla y los luengos pauelos multicolor que llevaba alrededor de su grueso cuello peludo. Nadie confundira a esa pareja con un par de profesores de filosofa. Eran tipos duros. Muy duros. Mientras me acercaba haba odo unas voces speras y una risa brusca y ordinaria. Eso fue antes de que se percataran de mi presencia. Despus, su hostilidad flot entre nosotros, tan perceptible como si fuera humo de lea. Tienes una base estupenda! Te acuerdas de m? Soy Falco. Crtidas se volvi hacia su compaero y dijo algo en un idioma extranjero. Al parecer s se acordaba, y el recuerdo los hizo sonrer de manera desagradable a ambos. Lamento interrumpir dije. Se trata de un simposio de griego? Oh, s, estamos hablando de literatura! replic Crtidas. Los dos se rieron de alguna gran broma interna. Yo alc una ceja con frialdad.

El otro hombre se puso en pie. Tena aspecto de ser del este, y cuando pas tambalendose por mi lado, mirando de reojo con expresin desdeosa, lo reconoc definitivamente. La ltima vez que lo haba visto fue saliendo de la villa de Damgoras, cabalgando a toda pastilla. Yo me haba quedado de pie con los pulgares metidos en el cinturn, pero entonces me sent con Crtidas. Tom asiento en un banco delante de l, al otro lado de la mesa, y mientras me estiraba mov uno de los extremos y lo alej de la mesa para hacerme sitio. Empec a hablar de la discapacidad que le haba ocasionado a Cayo Baebio. Saba que iba a ser una prdida de tiempo. Crtidas escupi con ferocidad contra la higuera. A continuacin, tir la daga sobre la mesa. La punta no me dio en la mano por poco. La mantuve inmvil, y ni siquiera me estremec con el ruido. Que l mismo decidiera si eso fue porque era estpido o porque estaba tan aturdido que no poda ni moverme. Ese es un truco muy viejo. Hice que sonara seco y lnguido. Tenas intencin de fallar o es que eres un incompetente? Entonces, bajo la mesa, levant el muslo de una sacudida para atraparle las rodillas contra las tablas y que as no tuviera ningn apoyo; utilice mi otro pie para apartar de una patada el banco en el que estaba sentado. Se estrell contra el suelo; debi de llevarse una buena sacudida en la espalda Volvi a ponerse en pie al instante, claro est. Yo me lanc sobre la mesa y lo agarr por su larga cabellera. (Tal como dice mi entrenador, nunca lleves el pelo tan largo que te lo pueda agarrar un asaltante.) Cuando Crtidas arremeti contra m, me fui con la embestida, pero lo hice girar y lo puse de cara a la mesa con un brazo en la espalda. Le apretaba la cabeza con el peso de mi cuerpo. Tena la nariz tan doblada que le deba de resultar difcil respirar.

Y ahora escucha! Pareca indefenso, pero no tena intencin de acercarme demasiado, no fuera a zafarse de un tirn y se me llevara alguna parte de m. Creo que t y tu compaero el de la bata parta formis parte de un tinglado para secuestrar esposas de mercaderes. Probablemente es Damgoras quien dirige el chanchullo. Hay otras personas que lo estn investigando, de modo que puedes arriesgarte con ellas. Lo que quiero saber, y quiero saberlo ahora, Crtidas, es qu le ocurri al cronista, Diocles? No lo s! Oh, apuesto a que s lo sabes! Estaba investigando tu artimaa de los rescates? Lo neg con otro grito sofocado. Lo levant parcialmente y le estamp la cara contra la mesa. Como favor a Cayo Baebio, lo golpe con mucha fuerza. Si Crtidas estaba impresionado de que pudiera estar a su altura en cuanto a brutalidad, no lo demostr. Dnde est, Crtidas? Qu has hecho con l? Not que se tensaba para entrar en accin. Yo era vulnerable, tumbado a medias encima de l, de modo que me apart rpidamente cuando l se liber de sopetn. Se dio la vuelta, mostrando los dientes. Habamos quedado a un par de metros aproximadamente de distancia. Vio que haba agarrado su cuchillo de la mesa. Tena un

arma menos (aunque yo crea que llevaba otras), y an haba de descubrir las que portaba yo. Levant el banco del que se haba cado; en aquellos momentos la gente se estaba fijando en nosotros, por supuesto Probablemente Crtidas quera continuar su estancia all... de modo que necesitaba calmar la situacin o las excelentes personas que estaban sentadas bajo las prgolas le pediran enfurruadas al afable dueo de la taberna que lo desalojara. Hizo girar el banco, aproximadamente a la altura de mi cabeza, pero luego lo volvi a dejar en el suelo. Por lo visto la pelea haba terminado... y no es que me fiara de l. No s dijo con esa voz gruesa de tono spero lo que pas con el cronista. Damgoras juguete con l, pero incluso l perdi inters. Averigua por ti mismo adonde fue o qu quera ese hombre, Falco! Lo har dije, y entonces volver, Crtidas. Omitimos las despedidas. Al marcharme de El Acuario le regal a la chica del bar una muestra de la moneda imperial y mi mejor sonrisa. Ella saba que yo no haba pedido nada de comer ni de beber. De modo que acept el dinero y me devolvi la sonrisa divinamente... entonces, cuando le pregunt si saba cmo se llamaba el visitante de la sucia tnica color verde que haba venido a ver a Crtidas, me lo dijo. Se llamaba Lign. Ya haba odo antes ese nombre. Cuando sal a la calle ya haca rato que se haba ido, pero eso no me preocup. No tena necesidad de seguirlo hasta su casa. Ya saba dnde viva Lign... o al menos, dnde haba vivido hasta haca poco.

XXX

Cuando lo consult con Petronio, me pareci que ste tena una expresin taimada. Le haba dejado un mensaje en el cuartel; pas por nuestro apartamento a ltima hora de aquella misma tarde. Le expliqu cmo haba identificado a Lign, el mismo Lign, de eso estaba seguro, que nos haban nombrado como el novio de Pulia, la madre del joven Zeno. Haba decidido que los cilicios la haban apostado en la habitacin de la torre de entrada donde la encontramos inconsciente para que as, cuando raptaban a una vctima, Pulia pudiera ser su carcelera hasta que se pagara el rescate.

Por lo visto, las mujeres parecen confusas despus de su experiencia. Bruno cree que las drogan mientras las tienen retenidas. Recuerdas que el chico nos cont que el to Lign le haba dicho que si alguien no se despertaba los vigiles lo querran saber? Cmo es que sabes lo que piensa Bruno? pregunt Petronio. Fing sordera. Zeno debe de haber malinterpretado lo que Lign quera decir. Lign estaba hablando del riesgo de que los buscaran por asesinato si le daban una sobredosis a alguna vctima sin querer. En realidad, podra ser que Pulia se hubiera administrado ella misma una sobredosis. La vez que el chico nos llev a ver a su madre, ella no estaba borracha como cremos. Apuesto a que se aburra y prob ella las drogas. De modo que ya hace un buen rato que tropezamos con el chanchullo por casualidad! Petronio aspir entre dientes, molesto. No importa que lo pasramos por alto. Ahora podemos romper el crculo. Eso me gustara postergarlo, Marco. Tenemos que reunir pruebas... Desde cundo son importantes las pruebas en un arresto de los vigiles? me burl. No seas as! Tenemos que estar seguros... Las evasivas nunca haban sido el estilo de Petro. Sin embargo, imaginaba qu le mova a ello. Estamos esperando a que la Cuarta Cohorte llegue a Ostia? A fnales de semana dijo Petro con tono de eficiencia, ignorando que Rubela ya me lo haba dicho. Mencion que podra ser que Rubela acompaara al destacamento. Tuve que explicar por qu. Petronio Longo me dijo lo que pensaba de m. Su disertacin no fue nada agradable. Como ya estbamos impacientes por entrar en accin, llegamos a un acuerdo. sta me la vas a pagar, Falco! Perfecto. Mientras tanto, viejo amigo, cul es nuestro plan? Podemos turnarnos para vigilar la vieja torre de entrada. Estableceremos si Lign y la mujer todava viven all. Est justo a la vuelta de la esquina del lugar donde vi a Lign con Crtidas. S, la ubicacin de la torre es ideal. Petro lo haba desentraado rpidamente. Se halla cerca del ro, para cuando secuestran a las vctimas en Portus. Tambin est ubicado en un enclave cntrico si se las llevan de Ostia, y en un buen sitio para devolver a las mujeres tras cobrar el rescate. Crea que el hecho de que nos implicramos aquel da les hara abandonar el lugar. Puede ser que Pulia no les haya confesado a los dems lo que ocurri. Aunque lo hiciera, cuando la banda vio que no sospechbamos de ella, por qu sacrificar una buena ubicacin? As pues, podemos observar el lugar hasta la prxima vez que lleven all a una vctima. Entonces habr llegado la hora de hacer una detencin. Como haca siempre que haba establecido una buena conexin, me encontr queriendo comprobarla.

Pulia y el chico proceden de un lugar llamado Soli. Recuerda que Maya lo averigu. Sabemos si Soli est en Cilicia? Helena Justina estaba leyendo, tan silenciosamente que nos habamos olvidado de que estaba all. En aquel momento levant la vista de su rollo. S dijo, como si ya formara parte de nuestra conversacin. Antes Soli estaba en la costa cilicia. Antes estaba? tena mis dudas. Qu ocurri? Acaso le salieron alas a la ciudad y sali volando hacia las henchidas nubes? Suena como una metfora abstrusa de una stira ateniense. Pefronio estaba sonriendo... demasiado, pens. Yo estaba ms familiarizado con las dotes investigadoras de Helena. La mir. Sus ojos oscuros revelaron un modesto triunfo. Las matronas romanas no se regodean. Especialmente de sus cnyuges, claro est. Traje conmigo un mapa del Imperio, Marco. Por supuesto contest. Tenemos que estar equipados si una de nuestras muy avanzadas hijas empiezan a hacer preguntas encantadoras sobre provincias remotas. Espero Petronio se burl de nosotros con gravedad que Junia Junila Layetana ya sea capaz de recitar todos los ros de Germania. De la Alta y Baja Germania le asegur. El Rin y todos sus afluentes, en orden, de norte a sur. Tendra que ser de sur a norte, Falco. Va con la corriente, hombre. Ya lo s, pero es que cuando se lo enseaba estaba sujetando el mapa del revs. Estamos trabajando Germania Libera pero a la pobrecilla le asusta pensar que hay brbaros indmitos. Julia tena tres aos; an le costaba enumerar todos sus propios nombres. Me haba dejado llevar bastante a la hora de bautizar a mi primognita. Helena aguard pacientemente a que Petronio y yo dejramos de bromear.

Creo que esto os gustar; encaja con vuestras teoras. A Sol se le cambi oficialmente el nombre hace cien aos. Alz la mano derecha, un gesto caracterstico que dej libres el conjunto de brazaletes que llevaba en el antebrazo. Tintinearon unos contra otros cuando ella gir la mueca, en un movimiento inconsciente. Soli, loca pareja de bufones, ahora se llama Pompeiopolis. Y ahora dime, Marco, no es de all de donde tambin procede tu anciano pirata? Lo asimilamos y luego la aplaudimos gentilmente. Helena acababa de proporcionarnos nuestra primera conexin entre Damgoras y los secuestradores. Inspirados, Petronio y yo nos turnamos y vigilamos la torre de entrada.

Tendrs que andarte con cuidado le advert. Y si el grupo de Soli ya se ha dado cuenta de tu presencia? Vives tan slo dos puertas ms abajo. Te has paseado por delante de su casa casi cada da. Entonces har la guardia nocturna se ofreci voluntario. Como padre de unas nias pequeas, eso me convena. Podra contar cuentos a la hora de ir a dormir mientras Petro soportaba a los borrachos y a las prostitutas enzarzadas en rias constantes como perros y gatos. Empezamos inmediatamente y observamos el lugar durante el resto de la semana. Lign, un amante poco esforzado e insensible, apenas se molest en visitar a su desaliada amiga, aunque yo lo vi una vez y Petro inform de haberlo avistado dos noches despus. Pulia siempre estaba all. Mi mayor preocupacin era cmo evitar a su hijo de siete aos, Zeno. Jugaba en la calle con cara de aburrimiento. No tena juguetes, pero tiraba piedras, miraba fijamente a los transentes y daba patadas con sus sandalias contra los bordillos. Pulia rara vez sala, pero en ocasiones lo mandaba a l a hacer algn recado; a la hora de las comidas lo llamaba desde la ventana para que entrara, gritando su nombre de un modo brusco y desagradable. No lo trataban peor que a cualquiera de los hijos de mis hermanas mayores, pero su modo de vida significaba que exista un grave riesgo de que se fijara en uno de nosotros mientras merodebamos por el otro lado de la calle manteniendo la vigilancia. Pareca un chico inteligente que probablemente se acordara de nosotros. Al final alguien me vio, aunque ocurri de un modo inesperado. Era mi turno de guardia. Helena, con Favonia en sus brazos, me traa un cesto con la comida. Yo me haba apostado casi enfrente de la antigua torre de entrada. Haba un edificio vaco, destinado quizs a convertirse en un foro extra. A veces una anciana loca traa migas para dar de comer a los pjaros, pero eran una bandada engreda y andaban por ah pesadamente cuidndose mucho de no acercarse a m. Al otro lado de la calle haba dos casas cuyos ocupantes no dejaban de mirar hacia fuera como si yo fuera un posible ladrn.

Al menos, cuando vieron a Helena conmigo, pudieron respirar tranquilos imaginndose que deba de estar entretenindome ah con la esperanza de mantener una relacin adltera. Fue una buena excusa para hacernos arrumacos en pblico... cosa que siempre supona una emocin fcil. Mientras tanto, Sosia Favonia practic sus primeros pasos. Los portuenses no se caracterizaban por su sentido del humor precisamente y no aprobaban que nos besuqueramos a la luz del da. Por suerte nuestra hija de cabello rizado tena un aspecto tan dulce con su limpia tnica blanca y su diminuto collar de cuentas que enseguida pasaron por alto nuestro comportamiento. Dejamos de ser lujuriosos y nos hicimos pasar por orgullosos padres alardeando de su criatura. No era partidario de utilizar a mis hijas como utilera de un disfraz. Mi madre se hubiera puesto furiosa. Y la madre de Helena hubiera agarrado a Favonia y buscado refugio en el templo ms prximo.

En mi poca de informante en solitario haba contado con otros mtodos. En aquel caso, me hubiera sentado apoyado en una columna, arrebujado en unos sucios harapos, si no fuera porque Petronio se haba adjudicado este papel de arruinado y deprimido para sus observaciones nocturnas. Yo haba intentado fingir que era un artista, pero cuando me sent en un taburete dibujando paisajes urbanos en mi tablilla de notas, se congreg a mis espaldas el inevitable grupo de pazguatos. Dejaron muy claro que mis bosquejos eran horribles. Varias personas me aconsejaron que lo dejara y consiguiera un trabajo como es debido. No me encontraba en situacin de contestar que ya tena uno y de preguntarles si por casualidad conocan a Diocles. Al final, reun cuerdas y postes, un cubo y unas cuantas esponjas, levant una barrera contra el exterior de la casa de Privato (que estaba situada a un lado de la zona abierta), me puse una tnica de una sola manga sin cinturn e hice ver que limpiaba la manpostera. Eso sera aceptado por todo el mundo como un trabajo interminable, un trabajo en el que yo, el obrero intil, seguro que era un vago. Entonces estuve a salvo, siempre y cuando no apareciera Privato en persona exigiendo saber quin me haba dado instrucciones para estropear la ptina de su edificio. Cuando Helena trajo el cesto de la comida yo segua holgazaneando por ah en mi papel de restaurador. Para poder vigilar la torre de entrada de enfrente haba tenido que colocarme justo en la lnea de la calle. Todo el ajetreado trfico diario bajaba por el Decumano Mximo. Una interminable hilera de carros y borricos estaban entrando en la ciudad, en tanto que la lenta concentracin de siempre se acumulaba en la otra direccin, todos con intencin de salir de Ostia con sus artculos aquella tarde. Entonces circulando en sentido contrario, procedente de Roma y provocando un magnfico espectculo, lleg un conductor acompaado de un infernal traqueteo y sin el ms mnimo sentido de la oportunidad social. Maldicindolo, todos los grupos de trabajadores que intentaban avanzar en la otra direccin aminoraron la marcha y chocaron unos contra otros. Era un fanfarrn despreciable. Con un atuendo de color rojo intenso, de unos treinta aos, con aspecto de dudosa reputacin, orgulloso de su cabello hermoso y abundante y ataviado con kilos de oro, su porte de hombre adinerado llamaba la atencin. Llevaba a una chica con l. La admirativa presencia femenina, por supuesto, haca que fustigara a sus caballos; eran dos, excelentes sin duda alguna y bien conjuntados en cuanto al color (negro brillante, indefectiblemente). Por si acaso alguien no se percataba de su llegada, llevaban cascabeles en los arneses. Tiraban del ltimo modelo de carruaje para fanfarrones. Una llamativa Medusa cubra la parte frontal y en los laterales mostraba los relieves de unos hoplitas pseudo griegos en cuyas largas lanzas flicas y cascos, mayores de lo normal, se haba aplicado por lo visto autntico pan de oro. El equipaje deba de ser un encargo especial y probablemente su vendedor se estaba bronceando en Neapolis a cuenta de su comisin. La jovencita gritaba de jbilo. Al vernos, no pudo evitar saludarnos agitando la mano como una loca, a pesar de que tena que aferrarse con fuerza mientras su amado viraba bruscamente de un lado a otro, provocando tanta confusin como poda. Quera que supiramos lo orgullosa que estabha de atravesar Ostia con aquel extraordinario hombre suyo que lo destrozaba todo a su paso. Su hroe la amaba. Haba ido a buscarla. Ella estaba absolutamente radiante por estar con l. Aqul deba de ser Teopompo. La pasajera a la que tanto se esforzaba por impresionar era la hija de Posidonio, Rdope.

XXXI

No se detuvieron. Tanto mejor. Puede que Rdope estuviera eufrica, pero Helena y yo lo veamos con otros ojos. Oh, por Juno! Parece estar como pez en el agua. Marco, su pobre padre! Deb haberle advertido de que la vigilara. Si estaba resuelta a escaparse, lo hubiese hecho de un modo u otro.

T eres la experta en jovencitas soadoras. Siempre haba tenido la impresin de que Helena Justina, una joven mujer tmida y reservada, haba llevado no obstante una alocada e imaginativa vida antes de que la conociera. Ella nunca lo confirm. Bueno. Yo era escrupulosamente sensata... hasta que conoc a ese informante en Britania. A ese hombre sombro y peligroso, con esa mirada cautivadora y esa habilidad con las palabras... Te has quedado callado, cario. Ella siempre me comprenda. Esta aventura me daba mucho miedo. Entre las prisioneras ms maduras que solan raptar, Rdope deba de haber sido excepcional. No obstante, cuando se acost con ella, Teopompo no poda haber ido en serio. Despus, habamos tenido la certeza de que a la obsesionada criatura slo le esperaba un corazn roto. Rdope no era fea... pero tampoco era guapa. Por lo que habamos podido apreciar, se trataba de un alma candida, menuda y de tez plida, completamente inexperta. Careca de ese ardor que atrapa a un hombre de accin, y sin embargo tena demasiadas aspiraciones romnticas para adaptarse a la dura vida que las agotadas mujeres de los piratas llevaban en tierra. El hecho de que Teopompo hubiera regresado a buscar a la chica no pareca muy tpico de alguien como l. Sin embargo, supone unas ganancias fciles. S. Era joven, una chica fcil de llevarse a la cama y que no discutira, lo cual hara que despus a su padre le resultara violento perseguir a un seductor. Me refiero a que es la nica hija de un rico y afectuoso viudo coment Helena con astucia, Teopompo puede chuparle la sangre a Posidonio. El padre lo sabe; vi el terror en su rostro cuando hablamos con l. No se trata tan slo de que su hija haya perdido la virginidad y sea poco probable que acceda a hacer un buen matrimonio mientras est sufriendo. No, tienes razn. Posidonio ya ha pagado mucho dinero para recuperarla una vez... y aunque en esta ocasin Teopompo se la devuelva, seguro que eso supone un coste. El padre est indefenso, Marco; sabe que la chica est cometiendo un terrible error. Si Teopompo es un autntico canalla, le tomar el pelo a Rdope, quizs incluso se case con ella, y luego esperar a que su pap desembolse una cuota permanente para evitar que le hagan ningn dao. O algo peor. O algo peor asinti Helena, estremecindose. Al cabo de un momento le confes mi verdadera preocupacin. Slo espero que Teopompo no se la haya llevado porque se lo dijera Damgoras. Crees que eso sera culpa tuya. Helena me amaba, pero era una crtica implacable. Admitido. Tengo miedo de que Damgoras se enfadara cuando averigu, porque yo se lo dije, que Rdope haba nombrado a Teopompo. Puede que el viejo villano quiera quitarla de en medio. Que quiera matarla, quieres decir? Esperemos que no. Tal vez slo le hayan dicho a Teopompo que la traiga al clan para que puedan mantenerla calladita.

Helena se inclin hacia Favonia, que le tiraba de las faldas. Mientras sujetaba a nuestra hija contra su cadera, me mir largamente. No podemos pensar que el carioso Damgoras ha permitido una nueva cita porque le gusta ver cmo el amor triunfa sobre la adversidad? De qu adversidad hablas? me burl. De acuerdo. Una estpida infeliz se ha arrojado en brazos de un patn que malgasta el dinero en un transporte abigarrado... Helena, es rica y ridicula, pero se ha metido en algo peor de lo que piensa. Y no me refiero solamente a que est en peligro de llorar a moco tendido cuando su cupido la abandone. Helena suspir. Tienes que encontrarla, Marco. Ve a ver a Petronio. Al menos dile a su padre dnde est. sa era mi intencin. Quera enterarme de si Posidonio ya saba el paradero de la prfuga pareja. Si Teopompo le haba informado sobre sus planes, entonces podra relajarme. Aquello significara que esta vez Teopompo retena a la chica para sacar otra tajada de la fortuna de su padre. El padre tendra sus problemas y para l podran ser problemas a largo plazo, pero al menos la chica seguira con vida. Puesto que la casa del contratista se hallaba justo al lado del lugar en el que haba estado de guardia, abandon mi posicin y fui corriendo a ver si Petronio estaba en casa. Vaya, mira por donde ahora tenemos el juego de dados entero! me salud Maya. Me lo tom como una muestra de afecto. Dej que le diera un beso en la mejilla. Quin ha venido? Ve hasta el segundo patio de una tirada y lo vers. Petronio estaba hablando con Marco Rubela. Se les vea cmodos, alzando la mano para coger las uvas que colgaban de una prgola y hablando en voz queda. El tribuno deba de estar tan intrigado por lo que le haba contado acerca de los acontecimientos en Ostia que haba venido un da antes que el resto de su destacamento. Como hombres que hablan profesionalmente sobre su unidad, tanto Petro como l parecieron molestos al verme. Lamento interrumpir. Tenan los asientos ocupados. Petro estaba arrellanado en una silla tejida que normalmente utilizaba Maya: su cesto de lana estaba en el suelo a los pies de Petro. Rubela se haba tumbado todo despatarrado en un banco de mrmol, con una pierna estirada a lo largo de todo el asiento. No se incorpor. Yo me qued de pie. Estaba demasiado impaciente como para discutir sobre sus modales y simplemente cont mi historia. Ya saba que la chica, Rdope, haba desaparecido. Rubela permaneci calmado. El padre vino refunfuando al cuartel. Reljate, Falco. Estamos en ello.

Bueno, yo os he dicho que est en Ostia. No hace falta que me deis las gracias dije en tono desdeoso. l ni parpade siquiera. Es un latazo. Petronio fue ms comunicativo. Incluso sac un cojn de detrs de su espalda y me lo arroj para que pudiera sentarme en un bajo muro. Esa chica ha puesto en peligro toda la operacin. As que ahora se trataba de una operacin, eh? Rubela al mando y el mismsimo Petronio Longo, ni ms ni menos, obedeciendo las rdenes de su jefe. Ya saba en qu posicin me dejaba eso. El conductor de la cuadriga no par en la torre de entrada, Falco? Teopompo no le dirigi ni una mirada siquiera. Puede que fuera para no revelar el escondite... o tal vez se estaba divirtiendo demasiado con su conduccin temeraria. Y t crees que esta chica est en peligro? El tono de Rubela era lento y pesado, me record a Cayo Baebio. Cuando expliqu en detalle mis temores de que Damgoras eliminara a Rdope, el tribuno mostr un inters superficial. N0 ha habido una amenaza directa contra ella? No, no ha habido ninguna amenaza. Pero, qu villano hace pblica una declaracin de intenciones cuando est a punto de eliminar a un testigo? Saba lo que dira Rubela. Hasta Petronio iba a apoyarlo Podemos dar instrucciones de que mantengan vigilada a la chica. Pero no podemos ir y llevrnosla as, por las buenas. Hay demasiadas cosas en juego advirti Rubela sin rodeos. Hasta que no identifiquemos a los dems y no nos apostemos para efectuar una redada, Rdope no puede ser mi prioridad. Petronio Longo me sostuvo la mirada. S lo que ests pensando, Falco. No lo hagas! Rubela tambin se ceb conmigo: Falco, no quiero que lleves a cabo una misin independiente. De ahora en adelante deja a la chica y a su novio terminantemente en paz, me oyes? Nosotros nos encargaremos del dramatismo Petro reafirm sus palabras. Y qu pasa con la vigilancia de la torre de entrada? pregunt. Eso djanoslo a nosotros replic Rubela. Me puse en pie.

Bueno, gracias, a los dos. Me gustara decir que si la chica muere, tendris las manos manchadas con su sangre. Por desgracia, yo no puedo librarme tan a la ligera. Si muere ser culpa ma, culpa ma por haber confiado como un tonto en que los vigiles defenderan la ley y el orden. Somos responsables ante toda la comunidad. El tono de Rubela fue tan anodino que hubiera podido hacerle tragar los dientes. No quiero ver herida a esa chica. No quiero tener que explicarle eso a su padre. Ya sabes cul es la situacin, Marco dijo Petronio. La chica tiene que correr el riesgo. Era duro. As son los vigiles, que lo sepis. Rubela haca proclamas:

Quiero rodear a toda la banda y poner fin a estos secuestros de una vez por todas. De una vez por todas es jerigonza poltica... lo cual implica que no significa absolutamente nada. Cuando me iba de casa del contratista, a quin os parece que me encontr entrando en ella? A Bruno, el jefe del destacamento de la Sexta! Qu ests haciendo aqu, Bruno? Marco Rubela ha llegado a Ostia. Tenemos concertada una reunin, Falco. Conversaciones sobre cesin de funciones y estrategias conjuntas. Cagadas conjuntas, ms probablemente. Despus de que tanto Rubela como Petronio hubieran expresado el deseo de poner en evidencia a sus colegas de la Sexta, me resultaba difcil creerlo. Coordinacin entre las cohortes? Y qu ha pasado con la rivalidad? Bruno sonri alegremente. De qu rivalidad hablas, Falco? Era un ingenuo. Probablemente Rubela iba a consultarle antes de darle la patada a l y a su cohorte. Tenemos que aunar nuestros esfuerzos en algunas iniciativas fundamentales... Los secuestros afirm. Por lo que l saba, yo andaba a la caza de piratas en relacin con Diocles, pero nunca haba odo hablar del chanchullo de los secuestros. Entusiasmado, Bruno no se dio cuenta. Ser maravilloso se regode que los vigiles puedan tomarle la delantera a Canino y la marina! Sin duda Canino tena alguna otra unidad naval a la que l esperaba burlar. Hubiese apostado lo que fuera a que las flotas de Rvena y Miseno eran rivales. De modo que la cosa seguira adelante: cada una de las ramas del cuerpo empeada en menospreciar a la otra. Daba igual que Posidonio perdiera a su hija. Lo importante era establecer la supremaca de la cohorte. Lo nico que queran todos ellos era una mencin honorfica del emperador. Bruno se dirigi al interior para ver a los otros, pero lo agarr del brazo. Un consejo dije, dejndome llevar por la ira y con ganas de arrojar a alguien a un montn de estircol de mula; Tenis que meter en cintura a ese amodorrado grupo de matones que tenis subcontratados en el sector oeste. No tenemos a hombres subcontratados, Falco. No soy partidario de ello. Lleva a una falta de disciplina. Ya me di cuenta por m mismo. Cuatro grandes rezagados. A un lado de la calle, durmiendo en su lugar de trabajo en un solar abandonado, mangoneando por ah, justo pasando el foro principal. No son de los nuestros me asegur Bruno. Entonces id all y arrestadlos. Tenis a unos impostores que utilizan un falso puesto de guardia para estafar al pblico sobornndolo. Acaso no es un delito hacerse

pasar por vigiles? Aceptar un soborno tambin constitua delito, aunque eso era terico. Si los verdaderos vigiles hubieran sido unos santos, la banda que me haba encontrado nunca hubiera tenido xito en su estratagema. Se estaban comportando tal y como el pblico esperaba. A Bruno no se le poda molestar. Francamente, tenemos cosas ms emocionantes entre manos. Debes de haber estado soando, Falco. Me detuve y me di una palmada junto al odo. Tienes razn. Debo de haber visto a unos soldados fantasma que el divino emperador Claudio dej atrs hace dcadas... Olvida que lo he mencionado. Entonces Bruno puso cara de estar preocupado. Pero eso no le afectara por mucho tiempo. Bruno tena por delante una tarde emocionante tramando operaciones conjuntas con Marco Rubela y Petronio Longo de la Cuarta Cohorte. Relegado al papel de intruso, me busqu otra cosa que hacer. Si los hombres que me haban amenazado el otro da no tenan nada que ver con los vigiles, era libre de desafiarlos. Los vigiles son responsables ante la comunidad; como informante privado, yo no era responsable ante nadie... pero tena conciencia social. Poda respaldarla con inteligencia, astucia y, si haca falta, puetazos. Me puse en marcha para plantarles cara a esos cabrones, dispuesto a armarla bien gorda. Fue intil. Anduve por el Decumano hacia el lugar donde haba visto el cuartel falso. Al mismo tiempo me iba fijando bien por si vea la burda cuadriga que conduca Teopompo; el hecho de buscarlo me haca sentir mejor, y Marco Rubela no poda impedirme que utilizara mis ojos. La tienda vaca cercana al templo de Hrcules se hallaba entonces totalmente abandonada. Los impostores ya no estaban. Haban recogido los brtulos y se haban esfumado. Menos mal que Bruno no haba mandado a un equipo de investigacin, o habra quedado como un estpido.

Pero los mendrugos secos todava estaban en el suelo lleno de escombros desparramados; los vapores del licor an flotaban en el ambiente, as como tambin el ftido olor del engao. Los impostores haban estado all. Ahora estaban agazapados en algn otro lugar, aprovechndose de gente distinta en una nueva localidad. Al final los encontrara. Y la prxima vez, los echara del negocio.

XXXII

De nuevo en el Decumano cruc las vas y me encamin hacia una hilera de pescaderas de aspecto abandonado. No haba ninguna posibilidad de que yo y los mos comiramos con Maya y Petronio aquella noche. Ponerse de parte de Rubela y en mi contra era algo absolutamente hipcrita. Puede que los vigiles miren a los informantes privados por encima del hombro, pero cuando les convena ramos lo bastante buenos

como para echarles una mano con las cifras de casos resueltos. Petronio Longo lo saba perfectamente bien. Que le dieran morcilla! Llevara a casa algo que pudiera cocinar yo solo para cenar con mi prole. Haban pasado unos cuantos das desde que disfrutamos del salmonete de mi madre. Decid que estaba preparado para unas sardinas fritas. Era uno de mis platos favoritos, y fcil de preparar incluso en un apartamento con instalaciones limitadas. En los viejos tiempos, cuando viva en el ruinoso piso de alquiler de la plaza de la Fuente, coma sardinas continuamente. El puesto que eleg llevaba all un siglo. Seguro que algn emperador que quisiera quedar bien no tardara en proporcionar nuevos locales con unos depsitos para el pescado mejor arreglados y unas grandes losas de mrmol. Mientras tanto, limpiaban el pescado en una mesa de madera que fregaban todas las noches. El producto era fresco y el puestero simptico. Le pregunt si haba conocido a la ta del cronista. Bueno, Vestina era una clienta habitual hasta que empez a crujir demasiado. Entonces sola enviar a su criada, a menos que tuviera a su visitante. El la ayudaba a venir hasta aqu. Su sobrino? Diocles? De las reducidas dependencias que haba en la parte de atrs, apareci una mujer. mayor y metomentodo, me la presentaron como la madre del puestero. No me sorprendi. Compartan unas similares narices aplastadas. Fue una noche terrible dijo ella, refirindose sin duda a la del incendio. Puedes hablarme de ello? He odo que hubo problemas para conseguir ayuda. Pues claro que los hubo. Todos odiamos los incendios. Los vigiles estaban demasiado lejos para avisarlos? Oh! Demasiado lejos, ya lo creo. La gente de los alrededores nunca acudira a ellos coment el hijo, delatando el recelo de los portuenses hacia los hombres de Roma. A quin avisis? Al gremio de constructores? Movi la cabeza en seal de negacin. No, a menos que estemos desesperados. Cuando enarqu las cejas a modo de pregunta, la madre se apresur a quejarse del gremio. Son una gente desagradable. Cuidan de s mismos, ya sabes. Y cmo es eso? El hijo le dirigi una mirada de advertencia a la madre y sta se apacigu. Tuve que aguantarme, y entonces mir en el cubo de cigalas como si estuviera plantendome un entrante para la cena de aquella noche. No querra decir nada malo murmur la mujer mientras me ayudaba a echar unos buenos ejemplares en un pedazo de arpillera. Luego continu: Los bomberos entran en las casas de la gente y salen con las mochilas llenas. Se agencian objetos de valor? Son famosos por ello dijo el hijo, que ahora estaba dispuesto a desacreditarlos. Y por cosas peores. Peores?

Bueno, no se puede demostrar nada, pero hay gente que dice que cuando el gremio de constructores extingue un incendio no se esfuerzan demasiado fing estar perplejo, de modo que me explic: Si la propiedad queda totalmente destruida se harn con unos buenos beneficios levantando un edificio nuevo. Preferiran obtener un contrato que salvar una vivienda o un negocio. Me he fijado en que hay muchos solares vacos al otro lado del cruce. Es porque los constructores estn llevando a cabo un plan de reurbanizacin? Podra ser. No hay seales de mucho movimiento. Me parece que pasarn aos antes de que empiecen. Existen indicios de algn acto delictivo en todo esto? Alguna vez los constructores contribuyen a iniciar los incendios de manera deliberada? Tanto la madre como el hijo juraron no haber odo ninguna insinuacin al respecto. No tenan una actitud tan cnica como la ma. As pues, la noche que muri Vestina, quin apareci para sofocar las llamas? La gente del lugar respondi el pescadero. Tuvimos que ir a buscar agua a los baos y estaban cerrados, de modo que llev un poco de tiempo. No haba un cuartel de los vigiles por aqu cerca? Ah, ellos! No vinieron? No, Diocles se lo pidi. El hijo fue lacnico; la madre lo explic con ms detalle: Se rieron de l. Les suplic en vano. Lo primero que supimos la mayora de nosotros es que iba corriendo de un sitio a otro pidiendo ayuda a gritos... Bueno, ya sabes por qu estaba tan trastornado dijo su madre. Me volv hacia ella y coment en tono rotundo: Todo fue culpa suya. Siempre fue un irresponsable; algunos hombres lo son, ya sabes. Fue l quien provoc el fuego. Un accidente? inquir, sin dejar de pensar que Petronio Longo se preguntara si el cronista no sera un pirmano.

Oh, s! Dej caer una lmpara de una estantera, lo admiti. El pobre hombre estaba histrico por ello. Su ta haba sido una mujer estupenda... bastante culta, ya sabes; de joven haba trabajado para una emperatriz. Creo que Vestina y Diocles se tenan el uno al otro como nica familia, esclavos libertos pero absolutamente respetables, con contactos reales. Se qued solo al perderla. Y se fue de un modo tan terrible... Lo has vuelto a ver alguna otra vez? Ha estado aqu este ao? Oh, no. No cuento con que vuelva nunca dijo la madre del pescadero. No querr recordar lo que ocurri, no te parece? Separ algunas cigalas ms con actitud pensativa. Algunas no eran ms que gambas grandes, pero aun as estaran sabrosas. Ahora que me haba hecho una idea general, mis preocupaciones acerca de Diocles volvan a intensificarse de pronto.

Fueran los que fueran los motivos de trabajo que lo haban llevado all, se estaba buscando aquella angustia mental. O acaso sus motivos eran personales? Estoy preocupado por l les dije entonces. Tena una habitacin alquilada cerca de la Puerta Marina este verano. Luego desapareci de repente. Estar muerto en alguna cuneta dijo la madre del pescadero. No pudo soportar ms la pesadilla, si quieres que te lo diga. Habr acabado con su vida. Es como si lo estuviera viendo ahora mismo, su tormento era horroroso. Las lgrimas corrindole por la cara, toda ennegrecida a causa del fuego cuando intent volver a entrar en la casa. La gente tuvo que alejarlo a rastras. No poda hacer nada, el calor era demasiado intenso. De modo que entonces se sent en la calle y, lloriqueando, repeta para s una y otra vez: cabrones, cabrones!... Se refera a los hombres que se rieron de l, sos del Cuartel. Quera decir que podan haber acudido en su ayuda cuando l se lo rog, pero dejaron morir a Vestina.

XXXIII

Alicado, compr el pescado y me dirig a paso lento a casa. La multitud que se empujaba por la calle principal me pareci chabacana y burda. Todo tena un aspecto vibrante y floreciente en aquel puerto multicultural, pero la corrupcin corroa el corazn de la estructura local y apestaba como las algas

putrefactas. Muchas ciudades tenan callejones traseros que apestaban. All era sutil, pero universal. Los matones del gremio de constructores explotaban a su propia gente; los vigiles dejaban que se las arreglaran solos. Los intrusos de yermas provincias se nutran como parsitos de otros extranjeros. Haban arruinado la vida de una joven. Ella no se daba cuenta de su prdida, o de cmo arruinara eso a su padre. Una anciana tullida haba muerto porque nadie la haba ayudado. Haba desaparecido un cronista. Todas aquellas ajetreadas personas que haba en la calle chocaban y se empujaban, todos aquellos vehculos con pesadas cargas traqueteaban y daban sacudidas por las soleadas vas en nombre del comercio, haciendo caso omiso de la contaminada marea que iba y vena succionando en la oscuridad bajo los clidos embarcaderos de Ostia y Portus. Recorr la mitad del Decumano Mximo, un hombre silencioso en medio del bullicio. Iba pensando en otra persona que haba pasado por aquella calle en solitario. Me pregunt si el dolor por la muerte de un ser querido era la nica fuerza que actuaba sobre las emociones de Diocles, o si l tambin arda de furia contra aquella ciudad. Si saba de la existencia de algo que apestaba, yo me preguntaba qu haba hecho al respecto. No poda decir si me hallaba ms cerca de encontrarlo, pero mientras pensaba en Diocles aquella tarde, supe que lo que una vez me pareci una tarea fcil y desenfadada haba adquirido un carcter siniestro. Tena la esperanza de que estuviera all. Esperaba que estuviera cerca. Quera encontrarlo, simplemente lloriqueando y ahogando sus penas en una de sus cenas solitarias en una taberna. Pero cada vez tena ms miedo por l. Menos mal que haba tirado la casa por la ventana comprando el marisco extra. Tenamos a un puado de invitados. Tras habernos deshecho de mi madre, de repente habamos adquirido a la mam de Helena, por no mencionar a su padre y a su hermano menor. Haban venido todos a despedirse de Eliano, cuyo barco zarpara rumbo a Grecia al da siguiente. Por suerte, no se esperaba de m que embutiera en casa a todas esas personas. Las familias senatoriales siempre se alojan en la villa de algn noble amigo cuando viajan; tienen el don de encontrar una en la que el amigo no reside y no puede molestarlos.

A diferencia de mi propia familia, los parientes de aquel da iban a continuar su camino hacia una finca cercana para seguir las costumbres patricias tradicionales: criticar la ropa de cama de su amigo y sus esclavos favoritos antes de dejar una brevsima nota de agradecimiento y pilas de cuencos de comida sucios. Los esclavos se haban adelantado para asegurarse de que hubiera camas preparadas y agua caliente en los baos. Aquella noche los viajeros iban a quedarse a cenar con nosotros. Dcimo Camilo y Julia Justa queran ver a sus nietas. En el apartamento no podamos cocinar todo aquello en condiciones, de modo que preparamos un fuego al aire libre en el patio sobre el cual cocin el pescado por tandas: estaba suculento, aromatizado con hierbas. Un trabajo de hombres; tuve que luchar por mi posicin contra el senador y sus hijos. No tenan ni idea de cmo mantener vivo un fuego, yo dudaba de su tcnica para hacer brochetas. No importa de

dnde sacamos la lea... aunque o que el panadero local tuvo problemas para avivar el fuego de su horno al da siguiente Invadimos toda la zona exterior de la planta baja; los dems inquilinos del edificio de apartamentos no pudieron hacer otra cosa que mirar boquiabiertos y celosos y refunfuar que bloquebamos el acceso al pozo. Helena y su madre salieron a buscar ms provisiones; haba un pequeo mercado justo en la entrada de la puerta de la Fortuna. Normalmente las esposas de los senadores no van a comprar en persona, pero Julia Justa tena muy buen ojo para un manojo de eneldo. Estaban sumamente contentas cuando volvieron cargadas; probablemente fuera la primera vez en aos que haban salido juntas de compras. En realidad, soltaban tantas risitas que me pregunt si no habran entrado las dos en El Acuario para tomarse un vino caliente con especias. No es que quisiera olerle el aliento a mi suegra para ver si se notaba la canela, o algo ms fuerte. Para un miembro de la orden ecuestre probablemente suponga una traicin sugerir que la esposa de un senador ha estado bebiendo en un lugar pblico. Podra haberme ganado una bofetada, sin duda... y saba que las mujeres que se toman unas copas pierden todo el sentido de la fuerza con la que golpean. Record las veces que Maya, cuando era una jovencita, sola venir a casa histrica tras una escandalosa noche de diversin en el club funerario de los tejedores. Cuando se lo cont a Helena y Julia Justa, provoc tanta risa que estuve completamente seguro sobre lo del vino caliente. Era una noche muy clida. En Roma, los Camilos podran parecer poco seguros de s mismos en comparacin con sus majestuosos colegas, pero cuando les dejaban salir de parranda fuera de la ciudad saban cmo meterse de lleno en un festn campestre. Podramos haber estado en la cosecha de la oliva. Hablamos dando voces, comimos con ganas, remos y charlamos hasta que se hizo tan de noche que tuvimos que encender las lmparas de aceite y empezar a darles manotazos a los insectos. Las nias correteaban por ah. Nux olisqueaba y husmeaba entre las piernas de la gente. Nerviosa al principio, pero despus ms contenta de lo que nunca la haba visto, Albia distribuy cuencos y cucharas. Aulo sac agua del pozo; Quinto abri el nfora que de alguna manera se haba encontrado atada al portaequipajes del carruaje del senador sin que Julia Justa supiera por qu pareca haber tan poco espacio para sus pertenencias. El senador estaba sentado en medio de todo aquello, con cara de desear poder retirarse a un viedo bajo el sol. Tpico le dije al tiempo que le pasaba un plato de gambas que dejamos aparte para Julia y Favonia. Era un abuelo devoto. Al igual que muchos, probablemente disfrutara ms de la generacin ms joven de lo que se haba permitido hacerlo con sus propios hijos. Eres un romano tradicional, consagrado a la poltica urbana como un deber mientras anhelas la vida sencilla de cuando nuestros antepasados eran unos granjeros robustos. Y si hubieran seguido siendo granjeros, Marco, todos nosotros seramos arrendatarios dominados por alguna lite sabina! Trabajando a todas horas para pagarles el alquiler a nuestros crueles seores. Crea que eras republicano, muchacho. Me pregunt quin le habra dicho eso.

Es fcil ser republicano cuando vives en un imperio floreciente admit. No estoy seguro de que me gustaran de verdad los viejos y duros tiempos del arado y las gachas. Dcimo puso una gamba pelada en la pequea boca de Favonia mientras sta permaneca sentada a su lado en el banco de piedra y levantaba la vista pacientemente a la espera del siguiente bocado. Te has ablandado! dijo con una amplia sonrisa. Cuando te conoc eras igual de cnico que Digenes, un solitario malhumorado de negro carcter. Y ahora soy formal? Eso se debe a la suavizadora influencia de tu hija. En el otro extremo del patio, Helena y la noble matrona de su madre, que desenvolvan las verduras, parecan estar tirndose rabanitos la una a la otra entre ataques de risa. El senador y yo consideramos que era mejor no hacer caso. A los hombres nos desagrada el comportamiento demasiado inusitado. Las mujeres deberan ceirse a las normas que nosotros hemos aprendido. Ahora eres bastante sensato dijo Dcimo. Sigues haciendo un bien a la comunidad... pero no te sientes contrariado por ello. En una noche como sta, Marco Didio, creo que te las arreglas para estar contento con la vida. Cierto. Tal como he dicho, gracias a Helena. Siempre le reconoca el mrito por la manera en que la haba educado. Era un hombre justo, pero en el fondo Helena era su favorita. Le gustaba su disposicin a rebelarse; puede que se sintiera orgulloso de ella. Yo no le dara ms marisco a Favonia, al menos hasta que no le hayamos dado un poco de pan... Favonia se dio cuenta de que el juego se haba acabado. Sin echar una mirada atrs de agradecimiento hacia su abuelo, baj como pudo del banco. Se dirigi con paso inseguro directamente hacia Aulo y se sujet contra su rodilla con unos dedos pegajosos; haba visto que estaba pelando la cigala grande de verdad. A Favonia slo le gustaba lo mejor. Aulo, que segn pensaba l era siempre el to estirado, se hallara totalmente a merced de aquellos grandes ojos suplicantes. Nux vio que empezaba el gorroneo y se puso al acecho junto a Favonia, acometiendo su propia tctica de presin silenciosa. El senador le dio otra gamba a Julia, que se arrim a l fingiendo que se comportaba mucho mejor que su hermanita. S que no quieres hablar de trabajo esta noche, pero asegrate de que hablas con Quinto en algn momento. Un hombre vino a verle. Quinto te lo contar. Poda esperar. Tendra que hacerlo. De la hoguera se alz una repentina llamarada. Tuve unos momentos de crisis con el pescado. Ms tarde, cuando las estrellas alumbraban nuestra despedida, aprovech para hablar un momento con Justino. El senador supervisaba la recogida de los brtulos con el conductor de su carruaje. Helena tranquilizaba a una de las nias que lloriqueaba soolienta. Aulo tuvo que calmar a su madre que indudablemente haba bebido demasiado vino tinto, por lo que se haba puesto a llorar porque lo iba a perder al da siguiente. Quinto! He odo que tienes algo que decirme. Camilo Justino era ms delgado e iba ms acicalado que su hermano mayor, su apariencia era la de un joven tranquilo y de lo ms equilibrado, aunque yo saba que

tena otra faceta. Viva en casa con sus padres, su dedicada esposa y su nuevo hijo... pero tena aventuras en el extranjero a sus espaldas. Demasiadas, en mi opinin. Se apoy en mi hombro; para evitar llevarse envases vacos, haba contribuido a cerciorarse de que el nfora lo estuviera. Una buena noche! Una hermosa despedida para Aulo. Uf! Infl los carrillos y se despej de pronto. Tendra que haber trado a Claudia. Nunca traes a Claudia. Eres muy injusto con ella. Oh, bueno... Claro que poda haber venido. Prefiri quedarse con el pequeo. Yo ya saba el porqu de aquello. No tena nada que ver con darle de comer al nio o no sacarlo de la rutina. En otro tiempo Claudia haba estado prometida a Aulo. l haba aprendido a no ser grosero sobre el hecho de que lo plantaran, pero a ella la situacin se le haca incmoda. Era posible que ahora pensara que cuando se cas con Quinto se haba equivocado de hermano. Es triste decir que, en sus momentos bajos, aquella agradable y seria joven probablemente pensara que no deba haberse casado con ninguno de los dos. Cmo va todo, Quinto? le pregunt con prudencia Todo va bien, Marco. Me alegra orlo. S, las cosas van bien. La gente nunca lo dice en serio. Quinto se repuso de un breve acceso de melancola y me cont la noticia que me tena preparada: haba recibido la visita de Posidonio. (Yo mismo le haba dicho a Posidonio que poda ponerse en contacto con nosotros.) Despus de haber informado a los vigiles de que Rdope se haba fugado con su amante, no qued satisfecho y decidi buscar ms ayuda en nosotros. La situacin es deprimente dijo mi joven socio, que entonces haba adoptado un estilo eficiente y profesional. Sabe que puede hacer muy poca cosa. Teopompo ya le ha pedido dinero para una boda, y ms dinero para que la pareja se establezca en una casa. De modo que ya han empezado a presionarlo: No querrs que tu pequea sea infeliz, verdad, Posidonio?. Apelaciones a su amor respaldadas por amenazas no expresadas. Teopompo afirma que la adora, y mientras tanto se cerciora de que el padre sepa que podra hacerla sumamente desgraciada. Exactamente, Marco. Pobre diablo! A Posidonio ya le estn mendigando el ajuar y el servicio de comidas, y sabe que las facturas sern cada vez mayores. Poco consuelo pueden ofrecerle los vigiles... Acaso nos sorprende? pregunt con amargura. En cualquier caso, la chica cree que todos sus sueos se han convertido en realidad, pero el padre no es tan tonto. No obstante, no va a tolerarlo sin ms. Tiene intencin de venir a Ostia a buscar a Rdope; va a traer gente que conoce de Roma. En el Emporio se est congregando un grupo... Ouinto hizo una pausa, recelaba de cmo me iba a tomar aquello: Creo que podra ser que tu padre se uniera a l. Que el cielo nos asista!

De todas formas, le dije a Posidonio dnde encontrarte Ahora pap tambin lo sabra. Puedo quedarme si quieres Marco, pero preferira regresar y dirigir la oficina en Roma. Tena una manera muy elegante de decirlo. Nuestra oficina en Roma no era ms que mi casa, a la que quienquiera que llamase a la puerta traa sus problemas. Claudia se alegrara confes Quinto. Le dije que lo que hiciera feliz a Claudia me hara feliz a m. Con un socio que se largaba a Grecia, tena que tener contento al otro. De lo contrario volvera a patear las calles da y noche como investigador solitario. El senador tenia razn: actualmente me gustaba disfrutar de la vida. Mientras que Aulo ayudaba a su madre a subir al carruaje, lo cual ella logr con menos agilidad de lo normal, yo le dije a Quinto entre dientes: Cuando tu madre venga a Portus maana, advirtele que no se traiga las joyas. Julia Justa siempre fue elegante de una manera comedida. Elega sus tnicas para que combinaran o contrastaran estticamente con sus mantos; aquel da llevaba dos tonos de violeta. Hasta para un viaje y una cena informal al aire libre a base de pescado, llevaba puesto un collar formado con dos hileras de husos de oro, unos grandes pendientes con unas enormes perlas centrales y otras en forma de lgrima, brazaletes en ambos brazos y varios anillos en los dedos. Si utilizaba los baos pblicos su cinturn bordado sera como un imn para los rateros; lo mismo ocurrira con sus zapatos de cuentas. No creers que mi madre caer presa de un secuestrol se carcaje Quinto. Iban a obtener ms de lo que se esmeraran. Acabaran pagndonos el rescate a nosotros y rogndonos que nos llevramos a mam! La cuestin es suger que tiene aspecto de ser rica y puesto que tu padre se quita la toga con entusiasmo cuando sale de Roma, nadie sabr que es la esposa de un senador. No la asustes, pero procura que sea prudente. En aquellos momentos, Dcimo ya haba trepado al vehculo detrs de su dama y agitaba la mano alegremente a travs de la pequea ventanilla encortinada. Al principio el suyo haba sido un matrimonio de conveniencia. Yo saba que Julia Justa haba aportado dinero... aunque menos del que la empobrecida familia de los Camilos necesitaba realmente. Sin embargo, lo haban convertido en un matrimonio de afecto y estabilidad. Estar a salvo si conocen su rango? Quinto empez a avanzar para unirse a ellos. Son una banda inteligente. Procuran no buscarse problemas. Eligen a mercaderes extranjeros para limitar el apoyo al que sus vctimas puedan recurrir aqu en Italia. Despus les meten tanto miedo que lo nico que quieren es volver corriendo a casa. Funciona. Al escoger a forasteros han evitado las protestas generalizadas, al menos de momento. Diocles iba a revelar algo sobre ellos? Tal vez dio esa impresin sin querer.

Quinto esper mientras Helena se inclinaba hacia el interior del carruaje para darles un beso a sus padres. Entonces, qu le ha pasado a Diocles, Marco? Quizs algn sincero navegante cilicio ha explicado que le gustara que Diocles no dijera nada. Y se lo ha llevado? Tal vez... pero mi instinto me deca que Diocles no se haba alejado mucho de Ostia. En cuanto despedimos a nuestros invitados y la paz invadi la calle los dems subieron a casa. Yo me qued solo unos momentos respirando el aire nocturno. Helena y Albia estaran dentro baando a las nias y acostndolas. Pronto tendra que cumplir con mis deberes de arropador. Permanec de pie en la oscuridad y sent una dolorosa compasin por Posidonio, que haba perdido a su nica hija a manos de un aventurero.

XXXIV

A la maana siguiente salimos en tropel hacia Portus con Eliano y lo vimos embarcar en el Esperanza. La ltima vez que los hermanos Camilos fueron al extranjero haban venido con nosotros en un viaje a Britania. Helena y yo, a quienes siempre nos haba encantado viajar, sentimos entonces una punzada compartida mientras nos preparbamos para ver a uno de sus hermanos aventurarse fuera del pas sin nosotros. Intenta encontrar un misterio para Marco! brome Helena. Su madre sacudi la cabeza, pero su padre suspiraba como si tambin tuviera ganas de irse con l. Quinto miraba con particular anhelo, como si pensara en la vida disoluta que llevara su hermano entre el vino, las mujeres y las riquezas culturales de Grecia. Yo saba que, como mnimo, las dos primeras cosas s las tena en mente. Si algo hay seguro cuando te han dado una hora de salida es que el barco nunca se va cuando t esperas. Si no zarpa del puerto sin ti, cuando t apareces en el muelle se quedar all anclado durante varias horas ms. O das, tal vez. El Esperanza contaba con un segundo oficial cuyas funciones incluan la gestin de los pasajeros. Eso significaba que les ordenaba llegar pronto y los embarcaba cuando a l le iba bien mientras no ocurra nada ms; en alta mar su papel consista en escuchar sus quejas y mantenerlos calmados durante una tormenta. Inspeccionaba minuciosamente su equipaje la primera vez que suban a bordo porque en una tormenta mala, mientras los marineros luchaban por controlar los fuertes movimientos del barco, sera tarea suya decidir qu arrojar por la horda para aligerar la embarcacin. Hay normas, odiadas pero justas, sobre cmo dividir cualquier prdida entre los propietarios si la verdadera carga se lanzaba al agua en caso de emergencia, pero los pasajeros eventuales tenan pocos derechos. Vi que el segundo oficial le tena una particular simpata a Aulo. Aulo era un muchacho; su equipaje imprescindible era extremadamente pesado. Si se levantaba una tormenta, era el primero en la lista para ceder todos sus tesoros. Dejamos a Aulo a bordo del Esperanza. Luego tuvo que esperar tanto rato que se impacient y volvi a bajar. Fuimos paseando los dos por el puerto. Quera que sus padres se preocuparan por si perda el barco, en tanto que yo tena la excusa de tratar de encontrar unas bebidas para las nias. S, habamos trado a las nias. Tanto a Julia como a Favonia les encant tener la oportunidad de correr muy deprisa hacia el borde de un embarcadero sobre un puerto concurrido lleno de agua profunda.

La verdad es que Nux s que haba estado dentro del puerto. El agua llamaba a Nux igual que Circe en su faceta ms sirenia. Antes de que pudiera detenerla, Nux ya haba saltado del muro y empez a chapotear por ah hasta que se dio cuenta de que no haba manera de salir. En ese punto, pens que tendra que saltar yo mismo a salvarla; las nias chillaban ante la idea de perder a su perrita e incluso Helena estaba nerviosa ante el inminente ahogamiento. Puesto que no saba nadar, fue un alivio que un marinero pescara a Nux con su barcaza y nos devolviera aquel bulto empapado... a

cambio del acostumbrado soborno, o precio de una bebida como ridiculamente se le llama. Nunca cost tanto una bebida. Ahora estoy todo mojado por culpa de la maldita perra. Ese canalla de la barcaza la ha atrado a propsito... Tal vez tengamos que abandonarte, Aulo. No le ped a nadie que viniera refunfu Aulo. Eso era cierto, pero claro, no le gustaba la idea de que pudiramos dejarlo all plantado. Ahora se senta solo... y eso que ni siquiera haba dejado el pas. Bueno, Julia Justa nos har quedar. Tu madre todava te quiere. Vaya, gracias, Falco. Me sorprendi encontrarme con que el mostrador de aduanas del muelle de llegada estaba atendido por Cayo Baebio. Qu pas con tu baja permanente despus de aquella paliza? Todos los empleados a los que supervisaba se quedaron mirando con curiosidad. Cayo adopt una expresin furtiva. Sigo desesperado de dolor, Marco. Hay das en los que apenas puedo moverme del dao que me hace... Ahrratelo, Cayo. No tienes ni idea de cul es mi sufrimiento... Poda imaginarme la diatriba si empezaba. Le dije a Cayo que si de verdad quera presentar una queja, podra encontrar a Crtidas en El Acuario, aunque le advert que no fuera solo. Cuando oy mi breve e intensa historia de cuchillos y bancos levantados, a Cayo se le ocurri que en vez de eso, podra contratar a un abogado y presentar una demanda por daos y perjuicios. Una buena jugada, pens yo. Sera fantstico que una despiadada banda de secuestradores se desarticulara porque su lder hubiera tenido que huir de las acciones legales por parte de un funcionario que se finga enfermo. Y cmo est la querida Junia? Ha vuelto a casa, a Roma. No saba que le tuvieras tanto cario, Marco. Yo tampoco. Haba cometido un error al mencionarla siquiera.

En el muelle no haba mucho movimiento. El primer oficial paseaba por la borda. Nos lo tomamos como una buena seal. Lleg el contramaestre con algunos marineros. Eran los tpicos navegantes. Vi que Julia Justa se pona tensa cuando repar en aquel inconfundible acento de corral, las miradas perdidas y renqueras, sus burdas tnicas y sus pies descalzos. Quera que su nio estuviera seguro a manos de elegantes maestros navieros ataviados con botas, capas y gorras frigias. Ni Jasn y todos sus Argonautas seran lo suficientemente buenos

para llevarse remando a Eliano. La tranquilizamos. Julia Justa saba que no ramos sinceros. Lleg el capitn, Antemon. Apareci en el muelle con la guardia del barco que escoltaba con mucho cuidado a sus propietarios, Bano y Aline. La mujer rescatada subi rpidamente a bordo, todava con el rostro ceniciento. El marido se detuvo en el extremo de la plancha y se qued mirando fijamente hacia el puerto un momento, con expresin resentida. Me acerqu a l. Lamento que tu viaje terminara tan mal. Ahora que te marchas, ya sin nada que temer, hay algo que puedas decirme acerca de lo que le ocurri a tu esposa? Por encima de nosotros, en cubierta, Antemon nos observaba con recelo. En aquella ocasin, Bano, entonces ms furioso que asustado, me cont la historia. En su mayor parte coincida con los otros testimonios. Aline haba sido raptada all en Portus, casi en cuanto desembarcaron. A Bano no tardaron en entregarle una carta que concertaba un encuentro en una taberna. Tuvo que ir solo y preguntar por el Ilrico. Puedes describirlo? Bano puso cara de despistado, Alguna cosa que recuerdes sobre su estatura, su complexin, el color de su piel? Tena pelo o era calvo? Dientes? Orejas? Vestimenta? Qu ropa llevaba? No consegu nada. O el testigo era corto de vista, o estaba demasiado acobardado. S me dijo una cosa: la ubicacin del establecimiento. Estaba en el frente que daba al ro en Ostia, bastante cerca de El Acuario. Haba tenido que llevar el dinero del rescate a la taberna que haba justo al lado. Aline recuerda algo? Ella estaba segura de que la haban drogado y la haban dejado tendida en una cama de una habitacin pequea donde le pareci que haba una mujer, con nios. Podra ser que tan slo hubiera un nio Bano? Bano no poda responder a eso. No quera preguntarle a Aline, que an estaba traumatizada, y de todas formas no haba tiempo. Me dej bruscamente, casi a media frase. Finalmente el Esperanza se haca a la mar. Nos quedamos todos de pie en el muelle con ese sentimiento acongojado de que adolecen las personas cuando observan cmo otra se marcha del pas. Vimos cmo recogan la plancha y soltaban amarras. Nux ladr con fuerza. El barco fue maniobrado por los remolcadores y por sus propios remos, que poco a poco fueron arrancados de su abarrotado alojamiento, luego fue remolcado lentamente hacia el centro del gran puerto. Los marineros trabajaban frenticamente para ajustar la vela de cruz. La embarcacin vir laboriosamente hasta situarse en direccin correcta. En la baranda, Eliano, que llevaba puesta una tnica de color rojo oscuro, no tard en convertirse en un punto borroso; ya haca rato que todos habamos dejado de decirle adis con la mano. Nos quedamos all hasta que el Esperanza empez a moverse por s mismo. Los remolcadores con sus pesados botalones se quedaron atrs; la embarcacin se solt y se dirigi hacia la salida del puerto, navegando suavemente a travs de la bocana del lado sur del faro. Se ha ido! Aulo tena sus cosas buenas. Hasta yo lo echara de menos.

XXXV

El senador le haba dicho al conductor de su carruaje que esperara en nuestro apartamento. Si los Camilos regresaban directamente a Roma, llegaran con el toque de queda para vehculos rodados y tendran que detenerse en la puerta de la ciudad, de modo que retrasamos su viaje comiendo muy tarde. Helena fue a buscar a Albia, que haba optado por no venir con nosotros a Portus. No era una esclava; tena derecho a disponer de tiempo libre, y por lo visto Aulo no era una gran atraccin para ella. La propia Helena disfrutaba de sus momentos de soledad, de modo que siempre haba permitido que la joven tambin los tuviera. Acomod a todos los dems en uno de los patios de El Acuario. No haba otro sitio ms conveniente y ningn cilicio antisocial iba a disuadirme. El lugar era lo bastante grande para dar abasto a una gran afluencia de gente y contaba con una atmsfera agradable y respetable. Si pasabas por alto el hecho de que en ocasiones all se citaban los piratas, era una fonda familiar ideal. En cualquier caso, no haba ni rastro de Crtidas. Disfrutamos de una buena aunque un tanto apagada comida que, como el servicio era bastante lento, se prolong durante gran parte de la tarde. Por mucho que nos convenciramos a nosotros mismos de que Aulo estaba haciendo lo correcto y de que su barco era slido y estaba bien manejado, una travesa por mar siempre es peligrosa. Pasaran varias semanas antes de que desembarcara y pudiera enviar una carta para confirmar que haba llegado bien, luego una cuantas semanas ms antes de que la carta llegara a Roma. Eso si Aulo se acordaba de escribir. Su madre deca que no tena un buen historial en ese sentido. Al terminar, el senador y yo discutimos por la cuenta pero al final la pag l. Yo tena cosas que hacer, pero lo ms educado era volver al apartamento para despedirlos. No te preocupes, mam querida... Helena se senta traviesa. La Gaceta Diaria dice que los rumores de que los piratas vuelven a actuar no son ciertos... Cuando Julia Justa se la qued mirando horrorizada, rpidamente le hice una seal al conductor para que arrancara. Tras observar cmo el carruaje desapareca de nuestra vista, nos invadi una sensacin de anticlmax. En tanto que las nias se fueron corriendo en busca de los juguetes que haban abandonado la noche anterior, Helena, Albia y yo volvimos al patio con una vaga desazn. Pareca tener un aspecto desierto tras nuestro gran banquete familiar. Helena se enjug una lgrima. La abrac. Aulo estar bien. Claro. Se puso ms briosa. Ahora que estamos solos, Albia y yo tenemos que ensearte una cosa. Mientras ella estaba aqu esta maana tuvimos una visita. Entreteniendo a un admirador? le dije a Albia en son de burla. Pareca sulfurada. Calla me advirti Helena. Menos mal que llegu a casa a buscarla; a Albia le pareci que era un tipejo de armas tomar. Ahora era un cabeza de familia enfadado.

Ya lo arreglar yo a se! Quin era el cabrn? Un esclavo llamado Tito. Tito? se alegre extrovertido que trabajaba para la casera del piso alquilado en la Puerta Marina, el esclavo que limpiaba la habitacin de Diocles. Me imagin que ese pillo prepotente se pondra demasiado insinuante con Albia si la encontr sola. Para empezar, la tomara por una esclava o una liberta. Mir a Albia, que aguardaba con impaciencia. Helena haba interrumpido las insinuaciones no deseadas; no haba pasado nada. Te trajo algunas cosas, Marco Didio. Albia ya haba aprendido que necesitaba informes eficientes: Primero, su excusa fue que haba dos tnicas buenas que Diocles haba dejado en la lavandera. stas han aparecido inesperadamente, segn palabras de Tito. No son de su talla! sonre. Le dije que eso no bastaba para merecer una propina. Excelente. La ltima chica que tuve en la oficina para recibir los mensajes era una blandengue. Mentira murmur Helena, a la que me haba estado refiriendo. Cuntale el resto, Albia. Cuadernos de notas. Cuadernos de notas! Cre que ya los tenamos, la mayora en blanco. Estos otros estn escritos. Hay un buen montn. Creo que Tito los haba guardado con la esperanza de que pudieran ser valiosos. Ahora tiene miedo de meterse en algn lo! Albia escupi. Era una costumbre que todava tenamos que quitarle. Y es lo que har. Antes o despus, y yo creo que ser ms bien antes... A Albia le proporcionaba mucha satisfaccin vaticinarles fatalidad a los hombres. Tito dijo, o hizo ver, que tu cronista le haba pedido que le guardara las tablillas. Que las pusiera en un lugar seguro y que no se lo dijera a nadie. Por eso no te haba revelado su existencia. Pero ayer unos hombres fueron a la casa a preguntar por ellas y ahora Tito est muy asustado. Quin lo asust? No sabe ningn nombre. Ech un vistazo rpido a las tablillas dijo Helena. Me la imagin leyendo a toda velocidad antes de salir corriendo de vuelta al Acuario para comer. Dos autores distintos, dira yo. Hay algunas que parecen ser viejos diarios... no te emociones: no son aventuras amorosas de los famosos. Son cuadernos de bitcora o algo similar. Qu aburrimiento! Puedo pasar sin un montn de notas que digan viento del nornoroeste, mar picada; cen alubias, me tir unos pedos increbles. En las noches tranquilas, Helena haba estado enseando a Albia a leer. Albia tambin debi de haberles echado un vistazo a las tablillas y entonces salt: Marco Didio, es ms parecido a Termessos: vendidos cinco del Constancia; buen precio por el vino... nos encontramos con el Iris frente a las costas de Samos. Agitado, pero con buenos resultados. Quin escribi estos diarios?

No lo pone. Hay una lista larga de encuentros. Albia era una chica inteligente. Saba que habamos estado hablando de piratas. La mayora son agitados y terminan un inventario de buenos precios. Vendidos cinco qu? cruc la mirada con Helena. Al igual que yo, se imaginaba lo peor. Las listas de ventas son interminables me dijo Albia con tristeza, Esos nmeros son personas? Estos cincos y dieces y treces y hasta veintes? Son personas a las que han vendido como esclavos? Las tablillas son viejas y estn estropeadas intent tranquilizarla Helena. Creo que descubriremos que estos acontecimientos ocurrieron hace muchos aos. Siendo realista, Albia saba que no a todas las personas afligidas se las poda salvar de sus desgracias como le haba ocurrido a ella. Al final dijo en voz baja: Haba una espada envuelta en una de las tnicas limpias, Marco Didio. Tito te dijo algo sobre ella? Albia vea a Tito como uno de los personajes ms mezquinos del mundo. No, se encogi de hombros y le rest importancia... pero ahora tiene muchas ganas de desprenderse de ella y drtela a ti. Le dije que sera mejor que me la enseara, de modo que entramos en la casa. La espada era un modelo sencillo, de hoja corta, metida en una vaina de cuero retorcido que no encajaba bien. Ningn soldado o ex soldado se la hubiera mirado dos veces, pero un liberto del palacio imperial, criado entre burcratas, no sabra que estaba desequilibrada y desafilada. Haba herrumbre en la hoja, que nunca haba sido engrasada ni cuidada, y mucho ms xido all donde el mango estaba unido con una burda soldadura. Un golpe brusco y creo que todo el conjunto caera hecho pedazos. Dudaba que Diocles hubiera utilizado aquella arma alguna vez; deba de tenerla slo para estar ms tranquilo. As pues, cuando sali por ltima vez, Diocles haba dejado la espada en su habitacin porque crea que se diriga a un lugar seguro, ya fuera solo o entre personas que no le queran hacer ningn dao. Y, lo que es ms importante, haba credo que volvera.

XXXVI

Dej a Helena con las tablillas de notas. Las nias estaban satisfechas, de modo que ella poda dedicarse enseguida a leer e interpretar aquellos escritos. Haba suficientes tablillas para cubrir una mesa auxiliar. La mayora parecan ser antiguas, con sus tablas de madera desteidas y secas; estaban llenas de garabatos como los que Albia haba descrito antes. Haba unas cuantas tablillas ms nuevas que hacan juego con las que habamos encontrado con anterioridad en la habitacin de Diocles. Quiz nos daran una pista de lo que le haba ocurrido. Helena me asegur que la tarea requera de una persona que lo revisara todo... es decir, ella. Yo sal a investigar en las dos tabernas donde Bano me haba dicho que fue a negociar la liberacin de su esposa secuestrada. Me fue bastante fcil dar con ambas. Uno de aquellos rincones sin encanto se llamaba La Almeja y su vecina era La Venus. Unos pictogramas borrosos hacan de reclamo. Eran unos cuchitriles de sala nica, de esos que se encuentran en hileras que bordean las riberas de todos los mares y ros: interiores cargados de humo donde se preparaba comida y bebida, con unas mesas rudimentarias en el exterior que se apretaban contra el establecimiento de al lado en una lnea interminable. Los mozos, cuando los clientes podan encontrar a uno que se interesara por ellos, parecan intercambiables. Aquellos lugares se enorgullecan de servir excelentes platos de pescado lo cual significaba que te cobraban un precio sumamente excesivo por un cuenco de sopa aguada con conchas dentro, un trozo muy pequeo de pan del da anterior, adems de un vino tinto tan agrio que si te pintaran con l los callos de los pies se te caeran los dedos enteros. Primero me acerqu a la casita de la diosa del amor, por principios. Dado su nombre no me sorprendi encontrar a una plida camarera con expresin hastiada cuyas funciones deban de incluir el ascenso por las escaleras traseras con los clientes que queran un servicio extra. Queris comer algo, seor? No, gracias. Ya no era un cro. Saba lo que ocurrira si coma en un basurero como aqul. No dispona de tiempo para ponerme enfermo. Estoy buscando al Ilrico. No est. Pirdete. Alguna vez ha estado aqu? Si t lo dices. Todo el mundo parece pensar que s. Quin es todo el mundo? Un estpido estirado de los vigiles. Bruno. Me has odo? Lrgate! Bruno me haba echado a perder la escena tanto como haba podido. Entonces, cuando sal de La Venus, maldiciendo, de quin os parece que o la voz? Agach la cabeza y me escond. Me di cuenta de lo que estaba pasando: aquel da deban de ser los idus de agosto. La Cuarta Cohorte acababa de llegar para apostarse en Ostia y la saliente Sexta, con Bruno a la cabeza, les estaba mostrando los alrededores a su destacamento de vexilarios en el tradicional paseo de toma de contacto. Es decir, identificar los enormes almacenes de grano que se supona deban vigilar... como preludio antes de probar los bares locales. La Cuarta ya haba estado antes en Ostia. Seguro que recordaban el lugar de haca dos o tres aos, aunque, para ser sincero, puesto que las filas de los vigiles se renovaban cada seis aos, podra ser que una proporcin del destacamento actual fuera nueva. Los almacenes no haban cambiado de

ubicacin. Pero tal vez algunos bares hubieran cambiado de manos o de proveedores de vino, de manera que los lugares a los que solan ir quiz ya no fueran lo mismo. Los hombres de accin tenan que reconocer el terreno con urgencia. Antes de que pudieran verme me met en La Almeja. Pocos eran los clientes de las mesas que haba fuera que se molestaban en aventurarse al interior del establecimiento. Tal vez hubiera una letrina en la parte de atrs, pero la mayora de los hombres iban a mear al ro; vi a un cliente haciendo exactamente eso. Primero, el jefe de cocina y los camareros creyeron que vena a quejarme. Cuando les tranquilic, me trataron como a una novedad. Como ya estaba prevenido por lo de La Venus, all, en la puerta de al lado, enseguida me quej de Bruno. Funcion. No tardaron en decirme que a veces el Ilrico se dejaba caer por all por cuestiones de negocios. Por supuesto afirmaron no tener ni idea de qu tipo de negocios fomentaba. Hay muchos oficios que tienen que funcionar gracias a las reuniones que sus dueos celebran en los bares... o al menos esto es lo que os haran creer la mayora de los dueos. El mundo editorial; la propiedad de caballos de carreras; el proxenetismo; el comercio con artculos robados... El Ilrico ya saba cmo funcionaba todo. Les daba una propina a los camareros de antemano para que lo sealaran si alguien preguntaba por l. Al marcharse dejaba otra propina con la cuenta. En tanto que aquello significaba que poda estar seguro de ser bien recibido si volva otra vez, el comportamiento derrochador tambin quera decir que el personal lo recordaba con mucha claridad. Parece que sabe cmo comportarse... Pero me han dicho que es bastante siniestro, no? Mi informador, un joven lleno de granos y vestido con una tnica mugrienta, se rio. A m nunca me ha dado miedo! Quieres decir que no es tan temible como pretende? No, quiero decir que lleva los ojos pintados y unas zapatillas ridiculas. Tras toda una vida de respuestas inesperadas, aqulla fue una autntica sorpresa. El Ilrico? Al camarero mi comentario le pareci divertidsimo. Es igual de temible que una esponja hmeda. No es ms que una vieja reina esculida. Un par de vigiles echaron un vistazo por la puerta. Eso me dio pie a marcharme.

No tena ningn deseo de quedarme all mientras los miembros de la Cuarta Cohorte brincaban por todo el lugar como pulgas en un perro callejero. Pero la noche era joven y yo necesitaba pensar. Ech a andar. Un corto paseo me alej del ro y me llev al foro por su lado oeste. Como intento para eludir a los vigiles fue un fracaso: al pie del Capitolio haba ms miembros de la Cuarta Cohorte formados en filas. Vi que Rubela estaba con ellos, as pues, aunque parecan estar rabiosos por estar perdindose la inspeccin de las tabernas, se

comportaban lo mejor que podan. Por lo general, la mayora nunca vean al tribuno de la cohorte, por eso ahora lo miraban fijamente y con curiosidad. Petronio iba secundando a Rubela, mordisquendose el pulgar y con cara de aburrimiento. Tambin reconoc a Fsculo, el ayudante de Petro en Roma. Por lo visto, Fsculo, un tipo alegre y cada vez ms rechoncho, era el oficial de servicio que estaba al mando aquella noche. Haba formado a un pequeo grupo en una desganada guardia de honor. Los vigiles no llevan uniforme ni armadura, por lo que no podan desfilar con el atuendo extremadamente abrillantado, y, en lo referente a su instruccin, sta consiste en consejos para salvar vidas y prcticas con el equipo. Son reacios a las marchas. Un saludo de los vigiles es probable que sea desdeoso y burln. Las filas ordenadas no extinguen los incendios. Si alguna persona de entre el gento que haba por all hubiera gritado pidiendo ayuda, los miembros de la Cuarta hubieran demostrado que eran unos buenos soldados. Pero el ceremonial no era su fuerte. As pues, los miembros de un grupo catico, de todas las estaturas y pesos, se movan intranquilos por all con sus variopintas tnicas de andar por casa mientras que Fsculo daba unas benvolas instrucciones cuando le apeteca. Relajado por naturaleza, Fsculo disfrutaba atrapando villanos que luego interrogaba; bien pudiera desarrollar un tratado sobre los bajos fondos. Era un experto en jerga delictiva; este pasatiempo lo haba llevado mucho ms all de la norma del tirn en la lavandera y de la afortunada estratagema del estafador ante un pardillo con aspecto de tener pasta y lo haba introducido en la mercha, la siria y la larga pateada (que una vez me cont que se trataba de una versin ms corta de correr la maratn, que en el argot callejero significa huir de la justicia). Sin embargo, y con actitud desafiante, Fsculo no tena ningn inters en la interminable gansada cvica de aquella noche en la que sus hombres tenan que permanecer de pie con el culo dolorido junto a un podio diplomtico. Diplomacia? Los vigiles de Roma no se molestaban con semejante protocolo. Estaba claro que los nuestros no haban causado muy buena impresin a un grupo de lugareos que haba all. Cercados tras una barrera provisional, aquella gente estaba ovacionando a un equipo local: entr un numeroso y brutalmente bien organizado contingente del gremio de constructores que se dispuso a iniciar la puesta en escena preparada como bienvenida para los nuevos vigiles. Aquellos hombres eran buenos. Y ellos tambin lo saban. Aquel da haban salido sus mejores tropas, que desfilaron como si el emperador en persona les estuviera pasando revista. La demostracin fue profesional y meticulosa. Podan marchar y saludar... y saludar mientras marchaban. Mantenan la distancia correcta entre uno y otro como si la hubieran medido con bastn. Las filas estaban rectas. Sus dobles y triples columnas formaban un cuadrado. Viraban, daban la vuelta y se detenan en el acto como si la instruccin para los desfiles fuera una diversin extraordinaria. (Para cualquiera con un verdadero historial militar, aquello era una blasfemia.) Todos aquellos soldaditos de juguete llevaban falsos uniformes militares de colores chillones con unas tnicas ms cortas de lo normal. Unas asombrosas charreteras hinchaban los ya anchos hombros de sus supuestos oficiales. Todos llevaban una cuerda muy limpia y un brillante rezn. Me pareci que su atuendo era para morirse de risa, pero las pisadas de aquella concentracin de botas de albail haca temblar el suelo. Era siniestro y, a mi parecer, queran que as fuera. No tard en enterarme por mediacin de los transentes que a los miembros de otros gremios siempre se les conoca como la plebe, pero los constructores se hacan

llamar las tropas con botas. Tenan diecisis compaas. Cada compaa constaba de veintids hombres fornidos a las rdenes de un decurin. Todos los decuriones tenan la esperanza de convertirse en presidente. El gremio siempre tena, no uno, sino tres presidentes quinquenales. Tambin contaban con un sumiso edil. Nombrado aparentemente por el gobierno cvico por la extrema importancia que los constructores tienen en Ostia, era un conducto para obtener contratos. En cualquier otra ciudad a eso se le llamara corrupcin. Me informaron con orgullo de que Ostia era diferente. No pregunt de qu manera. Ninguna ciudad puede sustentar a un grupo paramilitar de ms de trescientos cincuenta cabrones de lo ms duro sin que su influencia en la vida cvica se vuelva peligrosa. Cayo Baebio y yo habamos visto a los chicos con botas comportarse de manera detestable durante el servicio contra incendios y el hecho de verlos ms de cerca no me llen de alegra. Optaban por las tnicas sin mangas con las que lucir unos bceps abultados. Tenan unos cuerpos grandes, de bebedor. Saba cmo seran fuera de servicio: todo fanfarroneo y pol de mierda. Los portuenses parecan estar contentos, pero aquel carnaval me haba provocado escalofros, Me qued de pie en medio del gento en el exterior de la Curia. El camino ms rpido para llegar a casa era cruzar frente al Capitolio, donde an estaban Rubela y Petro con expresin apesadumbrada bajo un toldo de lona que sujetaban unos postes; reacio a que me vieran, esper. Normalmente hubiera llamado a Petro, pero ahora no estaba de humor para confraternizar. Cuando la exhibicin alcanz su ruidoso climax y termin, los hombres ms importantes del gremio se acercaron a Rubela. Petronio y l se dieron la mano amablemente; su educada reaccin pareca genuina, aunque yo supona lo contrario. En primer lugar iba Privato, con sus oscuros mechones de cabello brillante pegados en lo alto de su cabeza calva. Se haba dejado crecer demasiado el pelo de atrs, de manera que visto de espaldas pareca un vagabundo a pesar de ir vestido con su tnica y toga de los das de fiesta, ambas de un blanco reluciente. Con l haba un hombre. Segn pude averiguar se trataba del edil sumiso; por lo visto el gremio estaba a punto de erigir una estatua en su honor como muestra de agradecimiento, y esto no era ningn secreto, por sus favores. Uno de los compaeros presidentes de Privato en el gremio era un liberto imperial. Ostia pareca atraer a antiguos funcionarios de palacio. Nunca podran ocupar una posicin formal en la vida cvica, pero gracias al gremio, donde podan ascender hasta alcanzar el ttulo ms alto, podran convertirse en grandes figuras de la regin. Aquella noche el invitado ms importante era el Pontfice de Vulcano, el sumo sacerdote, que iba asistido por su propio grupito de funcionarios y esclavos pblicos. Yo los despreciaba a todos. El motivo no eran sus orgenes. No soportaba que, con obsequiosidad excesiva, se abrieran camino hacia tratos comerciales gracias a la camaradera profesional. El edil, que en aquellos momentos estaba siendo corts con Rubela, sera elogiado en su pedestal por sus buenas obras; las buenas obras consistan nada menos que en beneficencia para los contratistas en forma de contratos amaados. Me pregunt si Diocles lo haba descubierto. El entretenimiento se terminaba. Quienquiera que lo planeara deba de tener la intencin de que, en aquel punto, los miembros de la Cuarta Cohorte se mezclaran con los chicos con botas. stos tenan sus propios colegas y no prestaron la menor atencin

a los vigiles, que ya se dispersaban. Las compaas que haban llevado a cabo la exhibicin reciban saludos y halagos de otros miembros de su gremio. Mientras se pavoneaban por all reconoc a uno de los que haban desfilado: tena unas patillas pobladas y unos rizos apelmazados, adems de un inolvidable porte fanfarrn y desdeoso. Era el vago cabecilla del falso cuartel de los vigiles, el de la calle donde haba muerto la ta del cronista. En cuanto lo vi, no tard en reconocer a los dems. Hubiera sido fatal revelar mi presencia. Haba demasiados miembros del gremio presentes y aqul era su territorio. Cuando la plaza del foro empez a vaciarse, cruc discretamente hacia el Decumano. Divis un espacioso fign, me detuve y ped un vino. Al or mi voz, un hombre que estaba de pie a mi lado frente al mostrador, se dio la vuelta al tiempo que le exclamaba al camarero: Tambin me va a pagar otro a m! El gorrn desvergonzado era mi padre, Didio Gemino. Estaba con un amigo, un amigo que no puso ninguna objecin a que le pagara otra copa a l tambin.

XXXVII

Mi hijo dijo pap, reconociendo nuestro parentesco. Logr no dar una impresin demasiado desdeosa. Yo no hice ningn comentario. Su compaero inclin la copa hacia m. No se present aunque tena un aspecto vagamente familiar y me miraba con un aire enigmtico, como si estuviera a punto de darme una palmada en la espalda y recordar algn incidente que yo preferira olvidar. Deba de haberlo visto por el Emporio. Supuse que era uno de los miembros del grupo que haba llegado de Roma aquel da: tal como Justino me haba advertido, Posidonio haba reclutado a unos cuantos colegas que haca aos que lo conocan para que lo ayudaran a encontrar a su hija. Mi padre haba bajado a Ostia entre una informal partida de hacedores de buenas obras. Si esos viejos y honrados canallas eran todos como pap, para ellos slo se trataba de una buena excusa para hacer un recorrido por las tabernas costeras. Si tenis planeado darle una paliza a Teopompo y dejarlo hecho unos despojos, pap, no me lo digas. Mi padre tena una expresin jovial. Estoy seguro de que el joven respetar nuestro punto de vista, hijo. Oh, s! Seis u ocho de vosotros lo haris retroceder hacia un callejn oscuro y le ofreceris vuestras opiniones a la manera tradicional... os devolver a la chica veloz como un rayo El problema ser lograr que la muchachita perdidamente enamorada entienda el aprieto en el que se encuentra su padre. Los padres ya saben cmo explicar las cosas. Viniendo del mo, eso tena gracia. Posidonio es un tipo bondadoso. No la presionar demasiado, la educ muy bien y ella entender su razonamiento... Me re con amargura. Est claro que no sabes nada sobre hijas! No seas as, hijo. Como siempre, mi padre se escandaliz al encontrarse con que alguien criticaba su comportamiento pasado. La verdad es que se haba convencido de que abandonar a una esposa y a unos nios pequeos estaba bien. Ahora l se senta herido y yo estaba enfadado. Hay cosas que no cambian. Me fij en que su silencioso compaero nos observaba con una especie de reserva. Era por lo menos una dcada mayor que mi padre... si todos los que apoyaban a Posidonio eran de ese tipo, los vigilantes no estaban ni mucho menos en la flor de la vida. Aquel hombre, adems, tena sobrepeso, los hombros ganchudos y estaba fofo. Me pregunt si sera otro subastador como pap; me lo imaginaba toqueteando objetos de arte con esos dedos regordetes y ms bien blancos. Llevaba puesto lo que deba de ser un valioso anillo de camafeo, cristal de un vivido color blanco sobre un intenso azul ultramar, que al parecer mostraba una escena pornogrfica en miniatura. Era la clase de cosa que atrae a los hombres que se llaman a s mismos entendidos, hombres de mirada fra que someten a sus esposas a la sodoma y luego hablan abiertamente sobre su veta pervertida, como si el hecho de haber probado el vicio los hiciera mejores que la mayora. Pap era completamente diferente; l no hizo ms que engendrar demasiados hijos y luego no pudo soportar los resultados domsticos. Su presencia me sacaba de quicio e intent terminarme la copa deprisa. El vino estaba aromatizado con especias y miel; era demasiado empalagoso para tomrselo con prisas. A modo de distraccin,

mencion al gremio de constructores. Aquellos dos deban de haber visto la ruidosa demostracin. Su presidente le ha prestado una casa a Petronio... bueno, uno de los tres presidentes. Segn parece no hacen nada individualmente que puedan hacer como terceto. Se comportan como si las calles fueran suyas dijo pap Quiz lo sean de verdad... Las obras pblicas son la principal actividad en Ostia. Me parece que intentan llegar a controlarlo todo. Me pas la lengua por los labios, la pegajosidad de la miel me pona nervioso. Esta ciudad es morbosa. A t qu te parece? le pregunt pap al hombre que estaba con l. Marco tiene razn. Qu descaro! Llamarme Marco era demasiado informal, diantre! Pero como mi padre siempre estaba dispuesto a verme como a un mojigato, contuve mi irritacin. A los hijos los tratan como nios los amigos de sus padres. Discutir por ello no te conduce a nada. Pap, que nunca fue de los que aceptaran perder una votacin, cambi de tema. Marco anda a la caza de piratas cilicios. Estoy buscando a un cronista desaparecido correg pacientemente para el otro hombre. S de fuentes fidedignas que los piratas no existen... y sin lugar a dudas no hay ninguno en Cilicia hoy en da. Entonces quin est llevando a cabo los secuestros? se mof pap mientras el otro hombre segua mirando sin decir nada. Aquella vez sonre. Ex piratas. Finalmente el compaero de pap nos hizo partcipes de su opinin al respecto. Era de esperar. Habl con un tono seco y deprimido que concordaba ms de lo que me haba imaginado con mi propia actitud. Una vez hecha aquella declaracin, dej de hablar. Pareca disfrutar dejando a medias a sus oyentes. Y cmo es eso? le apunt. Segua mostrndome educado, pero el hombre tena algo que me crispaba los nervios. Daba la impresin de que le gustaba ser controvertido. Tenan un estilo de vida dijo. Algunos lo llamaban piratera; para ellos era su modo natural de hacer negocios. Si les arrebataron todo eso, no les quedaba otra salida que encontrar una nueva ocupacin. La gente tiene que vivir. Parece que lo lamentes por ellos. Entiendo su posicin. Pareca indiferente, aun as, aadi: Aqu ocurri lo mismo con los granjeros desposedos. Caus el sufrimiento ms absoluto. Me acord de mi abuelo, el de la Campania, pontificando sobre las antiguas reformas agrarias que expulsaron a los campesinos de las tierras arrendadas que haban cultivado durante dcadas. Los abuelos conservaban su granja, pero todos pensbamos que lo haban conseguido engaando a alguna otra persona. Todos sus vecinos tambin pensaban lo mismo. De modo que consideras a los piratas cilicios personas desgraciadas y desplazadas?

Tienen un talento innato para la vida delictiva dijo pap con sorna. Aborreca a la mayor parte de las dems naciones. l deca que era porque haba hecho negocios con ellas y haba aprendido cmo eran. En cualquier caso, tienen un talento innato para que se les eche la culpa de todo dijo su amigo. Dime, qu tienen que ver los piratas cilicios con tu cronista desaparecido, joven Marco? Una vez ms, intent no hacer caso de su excesiva familiaridad. Puede que Diocles estuviera escribiendo unas memorias para uno de ellos, pero tengo el presentimiento de que estaba muy interesado en este chanchullo de los secuestros. Podra ser que Teopompo y la boba de la hija de Posidonio an consiguieran una mencin en la Gaceta Diaria. No vamos a ser los nicos que persigan a Teopompo! gru pap. Sus compaeros no van a darle las gracias por la publicidad. Has relacionado los raptos con los cilicios? me pregunt el otro hombre. Sin darse cuenta han dejado que identificara a un par de miembros de su grupo. Podra resultar peligroso para ti. Si aparece mi cronista me ir de aqu. En estos momentos los secuestradores tienen tanto a la marina como a los vigiles pisndoles los talones. No puede pasar mucho tiempo antes de que haya una confrontacin. Pues entonces adis, cilicios! Si la marina y los vigiles los estn cercando, tal vez ellos encuentren a tu cronista por ti. Podras quedarte sin honorarios. Vaya, muchas gracias por decrmelo!. Favonio, tengo que marcharme... El hombre se haba escabullido casi antes de que cayramos en la cuenta de su educada autoexpulsin. Dej tras de s un tufillo a ungento para el afeitado y, a m, una ligera sensacin de haber sido engaado. En el Emporio nadie llamaba Favonio a mi padre. Era Gemino, el sobrenombre que haba adoptado haca tiempo: Gemino para todo el mundo. Bueno, para todo el mundo menos para mam en una de sus venas vengativas. Ella se empeaba en utilizar el nombre que tena antes de que escapara de nuestro lado. Sabes quin era se? Pap le estaba haciendo una seal al camarero para que nos volviera a llenar las copas. Ya haba dejado dinero en el mrmol para cubrir el gasto, d modo que me encontr atrapado. Mov la cabeza en seal de negacin. Debera saberlo? Pues claro que s, hijo mo! Ese extrao individuo era tu to Fulvio. Mir fijamente a mi padre. l asinti con la cabeza. De pronto, le devolv la sonrisa. Entonces ca en la cuenta, aunque Fulvio haba ganado aos, peso y una actitud mucho ms malhumorada y agresiva. Tan sombro como lo recordaba! Cuesta entender a qu se debi tanto alboroto coment, si bien el modo deliberado en que mi to molestaba a la gente deca mucho sobre su reputacin. Tanto mi padre como yo nos considerbamos miembros del slido clan de los Didio; ramos dos chicos engredos de Roma, el nico lugar donde vala la pena vivir. De modo que entonces, los dos reyes de la sociedad alzamos nuestras copas de vino, nos saludamos con un tintineo y por una vez estuvimos juntos en paz. Ahora estbamos

haciendo lo que de verdad les gusta a los chicos de ciudad: rerse de un excntrico pariente del campo.

XXXVIII

Helena se qued intrigada cuando se enter de mi encuentro. Y cmo es que no reconociste a tu to? Han pasado muchos aos desde la ltima vez que lo vi. De todas formas, no lo vea con mucha frecuencia. La ltima vez no poda tener ms de cinco o seis aos, fue antes de que pap nos dejara. Mis largas vacaciones en la granja fueron despus; mam sola llevarnos a todos para que corriramos por ah y nos agotramos, cuando encontraba a alguien que pudiera llevarnos a todos a la Campania. En esa poca Fulvio ya se haba ido. Se haba ido a hacer qu? pregunt Helena. Cul es la verdadera historia? No encajaba. Lo echaron los otros? No. Fulvio se larg voluntariamente. Era infeliz? Difcil a matar, dira yo. Oh, entonces no es nada que heredara su sobrino! Sal de aquello preguntando cules eran los progresos de Helena con las tablillas de Diocles. Ya las haba ledo todas. No me sorprendi. En una tablilla encerada de las suyas haba copiado algunos fragmentos que quera que viera. Una gran parte de lo que haba recopilado tena relacin con los encuentros que Albia haba descrito, que sin duda eran confrontaciones entre barcos donde las embarcaciones citadas salieron perdiendo. Vendan a nersonas como esclavos. Las mercancas se confiscaban y se comercializaban para obtener beneficios. Tambin haba anotada alguna que otra muerte. Muertes? Por causas no naturales? Helena dej escapar un suspiro de impaciencia. No hay duda de ello. Tuvimos tres bajas. Otra vez: Demasiados para poder manejarlos; cinco por la borda. Creo que podra querer decir arrojados por la borda. Ms adelante: Ellos perdieron a diez, el capitn se llev una buena; no iba a rendirse... Lign termin con l. S, se menciona a Lign. Crees que es el mismo en el que ests interesado? Me encog de hombros. No tenamos manera de saberlo, aunque pareca una gran coincidencia. Alguna otra persona que nos sea familiar? Esperaba encontrar a Damgoras o a Crtidas, pero me llev una decepcin. Helena mir sus propias notas para estar segura. No, pero Lign aparece dos veces. La segunda es horrible: Una mujer gritando; Lign le cort la cabeza por nosotros; silencio!. Vaya! Lamento haberte dejado leer estas cosas. Cuando me estremec, Helena me abraz. Esperaba que eso la distrajera de aquel horror. Luego nos quedamos sentados, acurrucados el uno contra el otro, y echamos un vistazo a las tablillas. Por mucho que lo intentramos, no podamos encontrar ninguna evidencia interna en cuanto a quin las escribi. Por desgracia, slo los escolares firman

sus tablillas de notas personales con Esto es de Marco, no lo toques o las gentiles Furias caern sobre ti.... Los diarios deban ser de un capitn. En ningn momento deca cmo se llamaba su propio barco. Haba viajado mucho por el este del Mediterrneo, operando durante aos, desde las islas griegas hasta la costa fenicia. La suya era una profesin sangrienta, y no haba duda de que era delictiva. No poda considerarse otra cosa que piratera. Aquella embarcacin se aprovechaba de otros barcos. El saqueo era la nica razn por la que se hacan a la mar. Nunca zarpaba cargado, aunque casi siempre regresaba a tierra con uno o ms productos para vender. Para nosotros se trataba de un robo. Para el capitn del barco era comercio justo, Aunque no pudiramos identificarlo, las pistas nos indicaban sin lugar a dudas que era cilicio. En primer lugar estaba el nombre de su compinche, Lign, que si era el mismo que yo conoca provena de Soli/Pompeiopolis. Se nombraba a aprendices de marinero, en ocasiones con su lugar de origen tambin en Cilicia; muchos de ellos eran mozos de labranza y, a pesar de las afirmaciones en cuanto a que la gente de las montaas no participaba de la piratera, estaba claro que exista una regular progresin de jvenes a los que mandaban desde tierra para que encontraran experiencia, fama y riquezas en el mar. De vez en cuando en los diarios se registraban alianzas con otros grupos y nacionalidades. Concertado un tratado con los panfilios korakesios (Melantos). Los hombres estn de nuestro lado, pero no aguantarn... Frente a las costas de Akroterion encontramos al Fideliter y al Psique. Ganado y esclavos; Melantos se llev el ganado; su lealtad no durar... Meras de Antiphellos y sus licios se unieron a nosotros. Meras nos dej cuando no nos pusimos de acuerdo con las pieles... Navegamos frente a las costas de Janto. Buenas ganancias si el tiempo se mantiene, pero a los licios no les gusta que estemos aqu. Nos encontramos con otro gran mercante que sala de Sidn pero lleg Marin mientras estbamos en accin y tuvimos que rechazarlo. Despus sigui el Europa, que sala de Tera, pero no hubo suerte; lo cogi Melantos... Oferta para asociarnos con los ilricos, pero son desleales y demasiado violentos... Demasiado violentos? Eso era graciossimo. Una vez haba despojado a sus vctimas de los objetos valiosos, el escritor nunca dudaba en arrojar a la gente por la borda para que se ahogaran. Slo haca prisioneros si eran apropiados como esclavos. De lo contrario, eliminaba a los testigos. l y sus maeros se regan por la espada. Si las pualadas fallaban, utilizaban la estrangulacin. Helena haba encontrado repetidas anotaciones de heridas durante los robos, miembros perdidos en ambos bandos, frecuentes registros de mutilaciones y asesinatos a troche y moche. A veces desembarcaban en busca de botn; en una ocasin saquearon un santuario.

Busqu referencias a los ilricos dijo Helena Todo lo que hay es esta nica mencin a ellos como gentes desleales y violentas. Pero, suponiendo que el escritor sea cilicio, de vez en cuando se asocia con alguien, con frecuencia haciendo un juramento de alianza con aquellos con los que se ha peleado muy recientemente o a los que ha acusado de deslealtad. Podra ser que el Ilrico que nosotros conocemos sea solamente un mote?

Me imagino que s, Marco. Pero debe de estar relacionado de algn modo con el lugar de procedencia del negociador. Y ahora dijo Helena, al tiempo que recoga un pequeo montn de tablillas que haba dejado separadas la parte interesante. Voy a decirte lo que creo que estaba haciendo Diocles. Estas otras tablillas son sus propias notas? S. La caligrafa y su disposicin coinciden con las notas que encontramos en su cuarto. En stas prosigui, hablando con calma y sin dramatismos el cronista est realizando un resumen de los viejos diarios. Podra decirse que es un esquema de un nuevo trabajo que se propona hacer... Quieres decir que Damgoras me dijo la verdad? Que Diocles realmente iba a ayudarle a preparar sus memorias? No hay ninguna duda. Helena frunci los labios. Pero eso convierte a Damgoras en un mentiroso. Primero te asegur, Marco, que slo haba tenido un par de conversaciones breves con Diocles, tras las cuales el cronista decidi no seguir adelante. Pero para que Diocles tomara todas esas notas los dos debieron de haber entrado en ms detalles. Me desconcert el hecho de que le hubiera dado a Rstico, el oficial de reclutamiento de los vigiles, una direccin en el campo y no la de la casa alquilada en la Puerta Marina. S. Helena estaba conmigo. Probablemente Diocles se fue a vivir un tiempo a la villa. Elabor estas notas mientras estaba all. As pues, Damgoras minti sobre lo estrecha que era su relacin. Pero el tema principal sobre el que minti (y miente descaradamente, Marco) es ste. Si estos cuadernos de bitcora son la materia prima que Diocles tena que utilizar para las memorias, entonces no existe ninguna duda, absolutamente ninguna, sobre lo que Damgoras haca para ganarse la vida. El capitn que redact esos viejos registros era un pirata. Asent moviendo la cabeza. Yyo te dir algo ms, mi amor: No me creo la virtuosa afirmacin de que hace tiempo que est retirado. Era un pirata... y me parece que lo sigue siendo.

A la maana siguiente empec a leer yo las tablillas. Me las llev al patio y me sent en un banco bajo la veteada luz del sol, con Nux profundamente dormida apoyada en m y las nias por all cerca. De vez en cuando tena que hacer una pausa porque Julia Junila estaba jugando a las tiendas y quera que le comprara unos cuantos guijarros que se supona eran una tarta. Ocurra tan a menudo que le ped que me hiciera descuento, con lo cual slo consegu la misma respuesta hosca que hubiera obtenido frente al mostrador de una tienda de verdad.

Helena acababa de bajar para actuar de mediadora en nuestra ria comercial. Cuando le estaba dando la razn a Julia sobre que yo era un tacao, cruz la entrada una persona que me andaba buscando. Era Virto, el esclavo del cuartel de los vigiles. Me sorprendi verle, y an me sobresalt ms que Petronio Longo lo hubiera mandado con un mensaje. A Fsculo y a Petro los han llamado a causa de un incidente. Al parecer, te puede interesar, Falco. Algn loco hizo salir de la carretera a un carruaje en mitad de la pasada noche. Aunque, por lo visto, el supuesto accidente no fue tal: los dos caballos haban sido degollados. Encontraron un cadver. No puedo entretenerme; parece ser que se trata de un vehculo conocido y tengo que ir a ver a ese hombre, a Posidonio... Las tablillas se desparramaron cuando me puse en pie bruscamente. Suena como si hubiera ocurrido lo peor. Deben de haber matado a la chica. Fui demasiado abrupto. Helena solt un grito ahogado. Lo siento, amor. Indcame el camino, Virto. Helena ya estaba llamando a Albia para que le trajera una capa y cuidara de las nias. Normalmente la mantena tan alejada de la muerte como me era posible. Pero en Roma ella haba hablado con la idiota de la nia y la haba convencido de que le confiara sus esperanzas y sueos. Saba que ahora Helena estara decidida a presentar sus ltimos respetos a Rdope.

XXXIX

Tuvimos que salir y dirigirnos a las viejas salinas. La sal fue el principal producto por el cual se fund la ciudad de Roma. Justo antes de llegar a Ostia, si partimos desde Roma, en la Va Salaria (la calle de la sal) se extiende una amplia marisma. Virto dijo que el vehculo destrozado se encontraba all. Los conductores haban visto el carruaje aquella maana, fuera de la carretera y volcado. Helena y yo nos pusimos en camino a pie por el Decumano con la intencin de alquilar unos asnos en cuanto avistsemos un establo. La suerte estaba de nuestro lado; junto a nosotros pas traqueteando una carreta abierta que llevaba a un grupo de vigiles recin salidos de su cuartel. Se dirigan a la escena del crimen y nos dejaron subir de un salto para ir con ellos. Sera un viaje corto. Podamos haber ido andando, pero eso hubiera costado tiempo y esfuerzo. Qu es lo que sabis, muchachos? Al amanecer se advirti de que haba unos restos. Se alert a los trabajadores de las salinas que fueron a ver si haba algo que se pudiera salvar. Cuando vieron la situacin con los caballos muertos se asustaron y mandaron un mensajero a la ciudad. Rubela envi a Petronio; ste volvi a enviar un mensaje diciendo que tenamos que reunirnos con l en el lugar y que trajramos transporte y herramientas. El carruaje encaja con la descripcin de uno que estamos buscando. Para qu quiere Petronio las herramientas? Para llevarnos de vuelta el carruaje. Anda ya! No es de su estilo brome con desnimo. Este es carro de la pasin de un nio rico. Lucio Petronio es un hombre de carretas de bueyes majestuosas. Los vigiles esbozaron unas sonrisas nerviosas. Se contenan porque tena a Helena sentada a mi lado en silencio. Yo mismo me senta inquieto por haberla trado. El cadver que bamos a ver probablemente estuviera mutilado; si mis sospechas eran correctas, tenamos a un testigo silenciado, silenciado por unos hombres que controlaban a sus vctimas mediante el miedo. La prxima vez que tomaran prisionera a una mujer usaran y abusaran de los espantosos detalles sobre lo que le haba ocurrido al cadver de aquel da. Haba visto cuerpos violados. No quera que Helena pasara por eso. Aferrado a los laterales del carro en aquel breve viaje lleno de baches, no logr pensar en una solucin para ahorrrselo. Cuando el carro se detuvo, baj de un salto sintindome mareado.

Era un lugar muy solitario para que trajeran a nadie a morir en l. Delante nuestro y en direccin a Roma haba un terreno alto, pero aquellos humedales formaban una gran depresin pantanosa que probablemente se encontraba por debajo del nivel del mar. Haba partes que se haban llenado arrojando all los escombros de los edificios destruidos durante el Gran Incendio de Nern en Roma, pero los montones de residuos slo hacan que el lugar pareciera an ms inhspito. La mayor parte de la sal se produca entonces al norte del ro, pero all todava quedaban

unas cuantas salinas, tal como haba sido desde los albores de la historia de Roma. El camino principal transcurra por una carretera elevada. El Tber deba de discurrir a cierta distancia a nuestra izquierda. Una brisa fresca azotaba el terreno bajo cuando llegamos, aunque cuando de vez en cuando decaa, el sol quemaba. El viento y el calor son las herramientas en la produccin de la sal, En las marismas situadas a nuestra derecha se alzaban las encorvadas chozas de adobe y caas de los trabajadores de las salinas, en medio del resplandor de unas balsas de desecacin bajas y rectangulares. Unos carros desvencijados aguardaban junto a una de las chozas para ejercer su antiguo oficio recorriendo la Carretera de la Sal hasta Roma. Los montculos de centelleantes granos de sal se amontonaban al lado de una zona de maniobra donde se cargaban. No haba nadie por ah. Todo el mundo haba ido a mirar. El vehculo siniestrado estaba al otro lado de la carretera principal. Ser mejor que esperes aqu le sugiri uno de los vigiles a Helena, pero ella se mantuvo pegada a mi lado. Bajamos hacia las marismas por un camino largo y estrecho. A nuestros pies, el sendero lleno de rodadas tena un brillo blanquecino; pisamos con cuidado por si acaso era resbaladizo. El mayor riesgo era torcerse un tobillo en un agujero cenagoso. Haba balsas de cristalizacin por todas partes, aunque las de aquel lado del camino no tenan aspecto de utilizarse. No haba ningn motivo para que nadie se detuviera en aquel punto del trayecto a menos que tuvieran negocios en las salinas. Podra ser que un enamorado trajera all a su chica para rerse tontamente en la intimidad de algn lugar, pero para eso tendra que haber odo que aquella noche all haba muy buena luna para hacerle la corte. Era un sitio ridculo para hacer salir del camino a un carruaje de manera deliberada. Todo estaba demasiado esponjoso debajo de los pies. Los pjaros volaban sobre nuestras cabezas mientras caminbamos hacia el escenario del crimen. Tan slo distinguimos dos marcas de ruedas all donde el vehculo haba recorrido a toda velocidad una larga curva hacia el otro lado del inundado terreno salino, hundindose profundamente en el suelo mojado y aplastando la tosca vegetacin. Era asombroso que el carruaje hubiera llegado tan lejos sin quedar completamente empantanado. Tal vez lo hubieran ayudado bastante. Los tristes cadveres de los que una vez fueran dos hermosos caballos negros yacan juntos al lado del vehculo. Un puado de personas se haba congregado a su alrededor. Una de las ruedas del carruaje se haba salido, la otra estaba torcida. Desde el camino se poda pensar que simplemente se haba salido de la carretera a toda velocidad y se haba estrellado. Desde ms cerca, pens que alguien se haba servido de un mazo para terminar de destrozar la carrocera. Petronio Longo estaba hablando con algunas personas del lugar. Vio que nos acercbamos; me indic por gestos que mantuviera alejada a Helena. Qudate aqu. No, yo voy. Como quieras. Los vigiles que nos haban trado se emplearon inmediatamente en aquello para lo que estaban entrenados: hicieron retroceder a los papanatas. Los trabajadores de las salinas eran unos hombrecillos de manos nudosas con unos rasgos particulares y muy

poco que decir. Sus antepasados haban mirado a Eneas de la misma manera en que ellos nos miraban ahora a nosotros; los antepasados de sus antepasados conocieron al viejo Padre Tber cuando era un muchacho adolescente. Otros miembros del pblico eran conductores a sueldo que haban visto la multitud y haban dejado sus carros en el camino. Los hombres estaban por ah de pie con los pulgares metidos en el cinturn, dando opiniones. Los carreteros siempre lo saben todo... y normalmente se equivocan. Me acerqu a Petronio. Nos dimos un breve apretn de manos. Helena fue directa hacia el carruaje, pero estaba vaco. Tuvimos que buscar el cuerpo dijo Petro entre dientes, pero ella, siempre alerta, lo oy. Venid a verlo. Camin con nosotros por la marisma, lejos del montn de gente. Cuando llegamos a un punto en el que nadie poda ornos y en el que tenamos los pies empapados, vimos algo tumbado all delante. Helena avanz corriendo, pero se detuvo, horrorizada y sorprendida. No es la chica! Le sobrevino un repentino torrente de lgrimas. Yo me qued de pie a su lado, desconcertado. Supona un cierto alivio no estar mirando el cadver de Rdope, sino el de un hombre. Petronio nos observ a los dos. ste es Teopompo. Ya me lo imaginaba. Petro y yo habamos retomado nuestra antigua relacin. Helena se agach para mirarle la cara. No era agradable. Teopompo estaba tumbado de lado, ligeramente acurrucado. Deba de haberse pasado la mitad de la noche all muerto; lo que quedaba de su ropa estaba empapada. Lo haban golpeado y le haban robado sus mejores galas. Unas perturbadoras manchas cubran lo que veamos de l, aunque al menos haba poca sangre. Daba la impresin de que lo hubieran estrangulado. Cuesta entender qu es lo que vio esa chica en l! coment Petro. Teopompo deba de doblarle la edad a Rdope. Era robusto y de extremidades cortas, intensamente bronceado incluso all donde su ribeteada tnica carmes se alzaba por encima de un muslo; la magnfica tela estaba entonces sucia y manchada. Si hubiera estado limpia probablemente lo hubisemos encontrado desnudo; le haban quitado el cinturn, las botas y las joyas. Haba habido al menos algunas piezas de oro que haba llevado durante largo tiempo, pues al sacrselas haban dejado al descubierto la piel blanca: un apretado brazalete para el brazo, anillos, probablemente incluso pendientes, porque tena un hilo de sangre seca en el cuello. No estaba convencido de que los asesinos desnudaran el cadver. Los trabajadores de las salinas habran echado un buen vistazo aquella maana; eso podra explicar incluso por que Teopompo estaba tan lejos de su vehculo. Podran haber arrastrado el cadver antes de perder el valor y mandar llamar a los vigiles. Pero puede que estuviera vivo cuando se estrell el carruaje y que hubiera salido corriendo para salvar la vida hasta que lo derribaron y lo mataron. Aunque no era demasiado apuesto segn los parmetros clsicos, tena unos rasgos ms o menos uniformes antes de que alguien le rompiera la nariz la pasada noche. Su rostro triangular y muy moreno, tena una nariz un poco aguilea. Supongo que era atractivo... para una joven que era dada a la aventura. No me imagino que lo hiciera la chica. Petronio andaba con aquel humor crudo y seco que con frecuencia aquejaba cuando se enfrentaba a una muerte violenta

. Bueno, a menos que fuera corpulenta como un cuartel y acabara de descubrir que l era un canalla conquistador... Se llama Rdope dijo Helena con voz tensa. Es tmida y menuda, tiene diecisiete aos. Espero que no lo viera as. Mir a su alrededor con preocupacin. Espero que no est aqu! Petronio se encogi de hombros. En su opinin, la chica se haba enredado con las personas equivocadas y la suerte que corriera era responsabilidad suya. En todo caso, la culpaba por hacer que l y sus hombres hubieran tenido que acudir hasta all y ocuparse de aquello. Dnde estar, por el Hades? me pregunt. No sabemos si iba con l. Si es as y despus del accidente an poda caminar, puede que se fuera por ah dijo Petronio. Fsculo ha ido al ro a echar un vistazo. Vimos unas remotas figuras que se movan lentamente a lo largo de una lnea de vegetacin que sealaba lo que deba de ser el curso del Tber. Describa un largo meandro que se alejaba del camino y rodeaba la marisma. A Teopompo, lo mataron aqu o lo trajeron despus de muerto? No sabra decirte. Supongo que es igual de malo que te hagan picadillo de una paliza en una taberna, pero este lugar tiene algo... a Petro se le apag la voz. Era un habitante de la ciudad. Aborreca la idea de que hubiera asesinatos en lugares aislados del campo. Los trabajadores de las salinas vieron u oyeron algo anoche, Petro? T qu crees? Nada de nada. Se apian en sus chozas y si los que merodean a altas horas de la noche salen de Ostia conduciendo vehculos como locos echan el cerrojo a la puerta, no? No quieren los Petro daba la impresin de estar nervioso e irritable. Poda fingir que una escena como aqulla le dejaba indiferente, pero se equivocaba. Los borrachos vienen aqu para divertirse con desenfreno. Ven a la gente de las marismas como a unos raros duendecillos que estn ah esperando a que los sofisticados de la ciudad les golpeen en la cabeza. Y los juerguistas que buscan problemas suponen que se saldrn con la suya. Con los asesinos de Teopompo es probable que as sea. Empezamos a andar de vuelta al carruaje accidentado. No tenemos nada que inculpe a nadie refunfu Petro. No querra ir a los tribunales con esto. Un defensor podra alegar que las magulladuras se produjeron cuando el carruaje se sali del camino... Le costar explicar los cuellos rajados de los caballos le record. Cierto. Pero a menos que encontremos a alguien que realmente haya visto a Teopompo con sus asesinos, puede que stos queden libres de toda sospecha. Tal vez Rdope viera algo interrumpi Helena. Ni Petro ni yo sealamos que Rdope quizs estuviera muerta tambin. Si no era as, si vio a los asesinos, eso volva a ponerla en la clase de peligro que anteriormente me haba hecho suponer que el cadver que encontraramos all tendido sera el suyo. Petronio me mir.

Me han dicho que el padre de la chica est en Ostia tratando de encontrarla. Corre el rumor de que se ha trado a unos matones. T sabes algo de eso, Falco? Contempl la posibilidad de negarlo. Petro continuaba mirndome fijamente, de modo que dije: Por lo que yo s, los matones son unos cuantos vejestorios que buscan pasar un buen da fuera de casa. Preguntar dnde estuvieron anoche el pap y sus excursionistas replic mi viejo amigo con un resoplido desconfiado. Pareci como si les estuviera pasando un mensaje a travs de m. Apuesto a que se proporcionarn unas estupendas e irrebatibles coartadas los unos a los otros. Estoy seguro de que lo harn. No quera verme involucrado. Acaso puedes culparlos por ello, cuando averigen que los ests investigando? Sabes que los otros secuestradores hicieron callar a Teopompo gru. Ayer mismo alguien dijo que si llamaba la atencin sobre su chanchullo, sus compin ches no se lo iban a agradecer. Quin dijo eso? Estn relacionados con la banda? No, no fue ms que un to mo con el que me tropec por casualidad. Hablbamos en general. No saba que tenas un to aqu. Yo tampoco. Helena se alej de nosotros y regres al camino. Se qued de pie en la carretera elevada, donde un viento fresco le pegaba el manto al cuerpo. La excelente tela azul se agitaba como la lona de una tienda, batindose contra su extremo bordado, que era sacudido de un lado a otro con ms violencia. Helena se rode con los brazos y se qued mirando las marismas del otro lado. Qu planes tenis para el carruaje? le pregunt a Petro mientras me preparaba para irme con Helena. Arrastrarlo hasta el foro. Colocar un letrero que diga Alguien vio ayer este cachivache ornamentado?, y luego poner a un hombre al lado para que tome notas. Una cosa buena, era un vehculo que se haca notar mucho. Asent con la cabeza y me fui con mi chica. Intent abrazarla pero ella se apart. El viento le haba soltado la cabellera oscura; ella segua aferrando su mantn con una mano mientras recoga como poda las horquillas sueltas. Le acarici el pelo, reuniendo los largos y sueltos mechones entre mis dedos, y luego la sujet con fuerza contra mi pecho. Permanecimos unos instantes abstrados en la visin fugaz de cuando Rdope y Teopompo entraron en Ostia: l presumiendo como un loco y a duras penas capaz de controlar a sus excitables caballos negros, ella gritando de emocin por la mera ilusin de estar con l. Helena, que entonces ya estaba ms calmada, se volvi menos indiferente a mis carios. As pues, despus de todo, durante un corto espacio de tiempo hubo dos enamorados enlazados en un sentido abrazo para consolarse en aquel lugar inhspito.

XL

Vimos cmo recuperaban el carruaje, que subieron a pulso hacia la carretera y sujetaron luego a la carreta de los vigiles. Su helnica ornamentacin tena un aspecto ordinario y de mal gusto ahora que la pintura estaba desconchndose. Los cascabeles del arns tintineaban sin entusiasmo. Mientras se llevaba a cabo el rescate, tambin retiraron el cadver de Teopompo. Apareci Fsculo, sin haber encontrado ni rastro de cualquier otro posible pasajero. As pues, volvimos todos a pie a Ostia. En el cuartel comprob con Petro y Fsculo si haba alguna noticia. En vistas a la conexin que este ltimo suceso mantena con el secuestro, Rubela haba asumido el mando. Petro pareca molesto, y estuvo an ms agradable conmigo a espaldas de Rubela. La chica est viva. Vino el padre anunci Rubela. Se la devolvieron ayer a ltima hora de la noche. Llamaron a la puerta y cuando abri la empujaron dentro, arrebujada en una capa y gritando. Posidonio la agarr y ya est; afirma que no vio quin la trajo. Ella no le va a contar nada. Escuchamos. Estbamos todos cansados, nerviosos y deprimidos. Rubela se haba limitado a quedarse sentado en el cuartel y dejar que las pruebas acudieran a l. Ahora estbamos listos para dejar que tomara la iniciativa. Alguien tiene que entrevistarse con la chica. Petronio Longo, puedes traer aqu a tu esposa? Puede que la chica se sienta intimidada; creo que deberamos empezar con la aproximacin comprensiva de una acompaante. Helena Justina conoce a Rdope suger, Helena ya est aqu; me est esperando. Petro se encogi de hombros le daba lo mismo. Rubela estuvo de acuerdo. Fsculo estaba sentado fuera de la sala de interrogatorios con Posidonio. Si se le poda sacar algn dato ms al padre, era probable que Fsculo, que tena bastante mano izquierda lo consiguiera. Dentro de la habitacin, sentamos a Rdope en una silla. Ella puso cara de haba y se mostr poco dispuesta a cooperar, Helena trat de tranquilizarla, pero la chica persever en su hosca actitud. O le haban metido miedo para que mantuviera el pico cerrado o simplemente ahora odiaba a todo el mundo; decididamente no tena intencin de ayudarnos. Petronio se present a la joven y, discretamente, dijo que tena que informarle de que habamos encontrado muerto a su enamorado. Primero dio a entender que crea que se haba tratado de un accidente de trnsito y, con delicadeza, acab diciendo que Teopompo haba sido asesinado. No hubo reaccin alguna. Rubela hizo valer sus privilegios y lo intent mediante advertencias intimidatorias, pero tampoco tuvo suerte. Le dijeron a la chica que poda estar en peligro; estaba claro que no le importaba. Yo no s nada de eso era la constante cantinela de Rdope.

Entonces Rubela decidi recurrir a los mtodos drsticos de verdad y condujo a la muchacha hacia una habitacin en la que los soldados haban arrojado el maltrecho cuerpo de su amado. Con sequedad le orden que mirara. Ella se las arregl para no gritar ni desmayarse, lo cual tena mucho mrito, pues posiblemente nunca antes haba visto el cadver de un hombre asesinado. Las lgrimas que no pudo reprimir corrieron por sus mejillas, sin embargo, hizo acopio de entereza, como si nos desafiara. Lo haba perdido todo. Ya nada poda afectarla. Se qued de pie, rgida, y la mirada clavada en Teopompo, con sus grandes esperanzas todas arruinadas. Era una chica muy joven, a quien le haba faltado la tierra bajo los pies por algo que en realidad no fue culpa suya; el hecho de acosarla hizo que los dems nos sintiramos sucios. Su padre apareci en la puerta. Impresionado, Posidonio retrocedi al ver el cadver y tom a su hija entre sus brazos. La resguard y quizs entonces ella llor; ya no le podamos ver la cara. Helena estaba furiosa con Rubela y le dijo lo que pensaba. Al final los vigiles no tuvieron ms remedio que dejar marchar a la joven. Primero hubo un breve colofn. Helena cuid de Rdope mientras Rubela volva a entrevistar al padre, hacindole preguntas sobre el grupo de vigilancia. Posidonio dijo que sus amigos, incluido Gemino, se alojaban todos juntos cerca del puerto. Rubela mand a unos cuantos hombres para que los trajeran. Yo me qued por ah, por si acaso tena que pagarle la fianza a mi padre. Eso era ms de lo que se mereca por mi parte; se me ensombreci el humor. Posidonio y su desconsolada hija se haban ido. Helena fue a ver a Rubela. Tribuno, consegu que Rdope dijera algo mientras t estabas hablando con su padre. Si Rubela se sinti irritado, se oblig a ocultarlo; le hacan falta los detalles. Helena inform con frialdad: La pareja se alojaba en una habitacin cerca del templo de Isis. De repente, anoche llegaron unos hombres y les dijeron que tendran que separarse. A Teopompo lo golpearon para que no dijera nada y luego lo sacaron de la casa a rastras; ya deba de saber lo que le esperaba. A Rdope simplemente la arrebujaron y la devolvieron, ilesa, a su padre. Bueno, eso es lo que nos imaginbamos dijo Rubela buscando una escapatoria. Helena se empe en hacer que lo oyera todo. Lo que no sabis es esto: Rdope insisti mucho en que Teopompo conoca a los hombres que se lo llevaron. Entonces no eran los amigos romanos de su padre? Eso debis decidirlo vosotros replic Helena discretamente. Si bien la declaracin de Rdope los exculpaba, Rubela retuvo a los amigotes del Emporio mucho tiempo en el cuartel. Los trajeron malhumorados y agresivos, refunfuando. l mismo los interrog por separado. A eso podra llamrsele ser concienzudo y no ir con prisas... o una prdida de tiempo.

No se me permiti asistir a ningn interrogatorio, pero escuch a escondidas desde fuera. Todos dijeron lo mismo. Los hombres de la edad y el temperamento de mi padre saban preparar una coartada. Segn pap, que fue el ltimo en ser interrogado, todo fue inocente. No encontramos a ese cabrn, sa es la verdad. Y qu le hubierais hecho, de haberlo atrapado? pregunt Rubela con sarcasmo., Explicarle que tena que buscar el amor en otro sitio se sonri pap. Posidonio tena intencin de darle una buena compensacin, aunque todos creamos que era un gran error. Tendrais que haber sido ms listos. Hubierais podido acabar todos apaleados hasta morir en las salinas! vocifer Rubela con toda su pedantera. Eso es lo que le ocurri al muchacho? pregunt pap mansamente. No est nada bien! Entonces o que mi padre endureca el tono: Nosotros no lo hicimos, esto es lo que lo demuestra: nosotros no hubiramos dejado el cuerpo all donde un puado de transentes metomentodo lo encontraran enseguida! Eso tena cierto sentido. Rubela lo ech a patadas. Cuando salamos lentamente del cuartel, o que Rubela ordenaba con irascibilidad: Haced una redada de los sospechosos habituales! Seor, acabamos de llegar en los idus protest Fusculo. Entonces ya anocheca y nadie de los que haban ido a las salinas haba comido. Somos nuevos y no sabemos quin es quin en Ostia... Los cilicios le explic Rubela. Encontraris todos sus nombres en la lista de vigilancia Piratas cilicios. De modo que haba una lista. Y Rubela acababa de confirmar que los vigiles consideraban que los cilicios seguan involucrados en la piratera.

XLI

Me hubiera gustado ver la redada, pero contaba con lo mejor despus de eso: Petronio me lo explicara ms tarde. Fui a cenar a su casa. Cuando llegamos, despus de reunir a mi familia, pap tambin estaba all. Haba decidido mudarse y endilgarles su presencia a Maya y Petro. Los dems amigos de Posidonio iban a regresar a Roma, puesto que su tarea ya haba finalizado... o al menos los atacantes de Teopompo haban hecho que resultara innecesaria. Por un momento, Maya pareci ponerse nerviosa ante la repentina afluencia de gente. Estaba avergonzada porque Privato, el dueo de la casa, haba hecho una de sus visitas. Poco poda objetar ella si quera inspeccionar la instalacin de su nueva estatua el Dionisos haciendo pis, que ahora estaba colocado en un nuevo pedestal en un estanque del jardn, pero aunque Privato siempre les aseguraba que estara encantado de que trataran el lugar como si fuera su propia casa y los instaba a entretenerse tanto como gustasen, Maya comparta mi renuencia a tener demasiado que agradecer. Podramos salir todos a comer algo... No, no lo haremos decidi pap. Que nos invite el constructor! An no se haba recuperado de hacer que le construyeran unos baos nuevos. Slo me sorprendi que no invitara inmediatamente a todos los dems amigos de Posidonio a venir a tomar un refrigerio antes de ponerse en camino. Lo habra hecho si se le hubiera ocurrido. Le gui el ojo a Maya y fui a hablar yo mismo con el contratista, como un gesto de cortesa. Lo nico que se me ocurri fue mencionar que haba quedado impresionado por la demostracin presentada por las tropas con botas el da anterior en el foro. Vaya, gracias Falco! Nuestros muchachos siempre ofrecen un buen espectculo se pavone el hombre de los cabellos inclinados sobre su calvicie. Lo haba encontrado ajustando la presin del conducto de desage de su dios del vino. Llevaba puesta una tnica particularmente repugnante cuyo pelo tena un brillo muy malo y era obvio que se burlaba de la no tan imponente exhibicin realizada por los vigiles de Roma; lament haberme ofrecido para realizar una tentativa de acercamiento amistoso. Cmo va tu bsqueda? me pregunt. La ltima vez me hablaste de tu cronista desaparecido, no? Sigue desaparecido. Qu tal se ve esto? todava estaba toqueteando las vas urinarias de la fuente. Sus rones estn en plena forma, pero me inclino a decir que el efecto es un poco diurtico. Le ha ocurrido algo terrible? A tu Dionisos?... Ah, a mi cronista! Parece probable.

Pero no ests ms cerca de resolverlo? Privato pareca tener mucho inters en hacerlo notar. Apret los dientes y me encontr respondiendo: Por cierto, son algunos de tus soldados con botas los que han montado ese cuartel de vigiles falso junto al templo de Hrcules? Privato puso cara de susto. Ser mejor que les digas que el juego ha terminado dije con suavidad. Puede que Bruno se lo tomara con tranquilidad, pero Marco Rubela se sulfura mucho con los chanchullos. No tan slo ha llegado el momento de que tus chicos se vayan, Privato, tambin es hora de que cierren su tienda de sobornos. No creo que me guste lo que ests diciendo, Falco. A m tampoco me gusta me compadec. Una cosa que he descubierto sobre Diocles es que su ta muri en el incendio de un edificio, innecesariamente. Por lo visto Diocles haba acudido a tu falso cuartel en busca de ayuda. Los habitantes del lugar no son tan tontos, claro est, pero l era de Roma. Deba de creer realmente que si se daba la alarma ellos vendran corriendo. Ahora Privato estaba escuchando. Era como un autmata al que le hubieran dado cuerda, se mova levemente cambiando el peso de un pie al otro, lleno de patente energa, listo para lanzarse a la accin. Pero no poda hacer nada. Yo segu con el tormento. Claro que, ahora que los he reconocido como tus chicos con botas, eso podra suscitar todo un debate sobre el papel de los constructores en la extincin de incendios... Privato adopt la mirada totalmente razonable que utilizan los contratistas para engaar a los clientes que se quejan. Me esperaba que hablase de proveedores que lo haban defraudado a pesar de los increbles esfuerzos por su parte. O que le echara la culpa al tiempo. Qu pruebas tienes de que nosotros seamos los culpables, Falco? Suficientes le asegur. Ya hace un ao, verdad? Y como ves, el asunto de la ta del cronista no se resolver sin ms. Le di unas palmadas en el hombro. Vuestro gremio es extremadamente poderoso, por supuesto; estoy seguro de que podis sobrevivir a una demanda por negligencia, si llegara a darse el caso. Aunque, con Diocles desaparecido, quin hay que pueda reclamar? Pero podra ser que el emperador se enterara de lo ocurrido. Se le enviarn informes sobre cmo acta tu gremio... Sabas que la ta del cronista era una liberta imperial? La poca que Vestna pas en el Palacio habra sido anterior a la actual dinasta Flavia, pero eso no lo mencion. Privato saba que no deba dejar de sonrer. Lo tena dominado; dej que se quisiera morir de vergenza. Por cierto Privato, no me gusta el aspecto de ese surtidor. Creo que tu dios del vino necesita un buen mdico que le exprima la prstata. Privato no cen con nosotros. Petronio lleg cuando ya habamos terminado. En tanto que Maya sacaba un cuenco de comida que le haba guardado, l me cont que todo cilicio cuyo nombre fuera conocido por los vigiles se hallaba en aquellos momentos bajo custodia. Eran bastantes. Rubela estaba como pez en el agua procesndolos; Fsculo, que segua de servicio, estaba sumamente descontento; pronto tendran que llamar a los del servicio de

comidas para que les dieran gachas a los prisioneros, pero haba pocas esperanzas de que el propio Fsculo comiera algo aquella noche. Al regordete ayudante de Petro ya le rugan las tripas. Entiendo que la logstica no es fcil sonre. Apuesto a que Rubela tiene un tentempi de tres platos con un buen trago de vino tinto escondido en su despacho... Los cilicios vinieron tranquilamente? Correspondindome con una sonrisa irnica, Petro movi la cabeza en seal de afirmacin. Actualmente son todos granjeros, Marco, muchacho, Los granjeros son unos ciudadanos modlicos. Tendras que saberlo. Ni que fueras pueblerino. No es nada raro. Todos los buenos romanos tienen primos del campo... incluido t. Sin embargo, ninguno de nosotros puede igualarte en cuanto a la excentricidad de los primos. Petronio tena aspecto de estar cansado. Haba tenido un da muy largo que haba empezado cuando lo llamaron para que se fuera a las salinas. Su piel pareca estirada, el pelo le haba quedado alborotado en desordenadas puntas y sus ojos albergaban una mirada ausente. No pareca ser el momento de confesar que haba estado hostigando a su anfitrin. Alarg la mano para coger el vino y bebi deprisa, para quedarse adormecido. Dime, a quin atrapasteis? le pregunt. Quines son las estrellas de vuestra lista de vigilancia de cilicios? Crtidas, Lign, Damgoras... Crea que el anciano no tena antecedentes. Ahora los tiene. Lo puse en la lista despus de que hablaras de l. Vaya, es culpa ma! Y qu me dices del negociador, el llamado Ilrico? Todava no sabemos quin es. Rubela tiene que convencer a un prisionero para que se lo diga. No tiene ninguna posibilidad. Vendr a ser lo mismo que una confesin. Ya lo creo. Petronio estaba tan agotado que tena la mirada perdida en el espacio. Maya alarg la mano y le retir la copa de vino con suavidad, sabiendo que en cualquier momento lo vencera el sueo y la dejara caer. Estaba casi dormido, o habra evitado que ella le quitara la copa. Maya se bebi lo que quedaba. l sacudi ligeramente el puo; mi hermana le tom la mano y se la sostuvo. La cariosa pareja. Siempre y cuando uno de los dos estuviera demasiado exhausto para pelear, sobreviviran juntos. Me qued sentado un momento, pensando en el Ilrico. No crea esa historia que les contaba a las vctimas del secuestro de que era ajeno a la situacin, un intermediario neutral. Siempre se ocupaba del dinero del rescate; deba de tener un cordn umbilical unido directamente a la banda. Tal vez fuera el cabecilla. A esas alturas ya se habra enterado de que todos los dems haban sido detenidos. Me pregunt cmo iba a reaccionar. No poda hacer nada aparte de tratar de pasar desapercibido en la guarida que frecuentara, fuera cual fuera. Pero deba de estar plantendose si los vigiles tenan pruebas serias o si no era ms que una tentativa esperanzada. Se dara cuenta de que a l no lo haban identificado o a esas alturas ya

estara en una celda. En aquella situacin, algunos villanos huiran. A m me pareca que el Ilrico no perdera los nervios. Sigo preguntndome si ser un seudnimo de Florio dijo Petro de repente. Tena tantas ganas de capturar a ese bandido suyo que vea a Florio en todas partes. No, creo que se trata del taimado de mi hermano Festo, perdido hace mucho tiempo, que ha regresado de entre los muertos. Festo! Petro se incorpor con fingido horror. Ahora s que ests diciendo una verdadera imbecilidad! Volvi a dejarse caer en la silla y dejamos que empezara a dormirse de nuevo. Helena y yo nos fuimos sin hacer ruido. Helena, que le tena mucho cario a Petronio, se inclin sobre l y le dio un beso en la mejilla; l sonri medio dormido, admitiendo que ya era demasiado tarde para poder moverse. Maya aguardaba en el vestbulo con un fardo. Te dejaste esto! me acus al tiempo que retiraba sus faldas color carmes con desagrado. Era el equipaje de Diocles. Yo me haba deshecho de la ropa sucia con das de antelacin con la esperanza de que ya no la volvera a ver. Los esclavos de la casa haban lavado las tnicas al suponer que las prendas pertenecan a su amo; inspeccion los resultados, pero no haba nada con lo que me veran vestido por la ciudad. Aqulla pareca ser la ropa que Diocles llevaba puesta cuando iba disfrazado de algn tipo de pen. Haba un modelo de un color babosa particularmente horrible. Le dije a Maya que poda drselo todo a los esclavos. Aparecin pap. Era tpico de l entretenernos en mal momento. Qu opinin te merece Fulvio? me pregunt. Bostec groseramente. Pensaba que ya habamos pasado por eso. Qu est haciendo en Ostia? le pregunt Helena a pap mientras ste le sostena la capa para que ella llevara en brazos a nuestra durmiente hija Favonia. Regres a casa. Est permitido, incluso si eres Fulvio Y era cierta esa historia de que iba a Pesinunte pero subi al barco equivocado? Segn lo que cuenta ahora, el barco naufrag por el camino. Y dime, por qu iba a irse a Pesinunte, para empezar? Lo busqu en el mapa: est en medio de Frigia! El sndrome de Atis replic pap, intentando ser misterioso. Helena no se inmut. Quieres decir que Fulvio era un seguidor del culto de Cibeles? Bueno, Fulvio tena una personalidad un tanto confusa... Delante de Helena, mi padre se mostraba entonces curiosamente tmido. Ella no dej de mirarlo hasta que le cont lo que siempre se haba rumoreado sobre mi to. Helena, puede que esto te

escandalice, nosotros nos acostumbramos a ello pero, durante un tiempo, el pobre de Fulvio consideraba que quera ser mujer. Tratndose de uno de mis tos coment con delicadeza, tena que llevar la locura hasta el ltimo extremo. Pap complet la historia: Se fue de casa para ir a ver a los expertos del santuario de Cibeles para hablar de la extraccin de cierta parte del cuerpo... Castracin? quiso saber Helena framente. Mi padre parpade. Creo que en lugar de eso se enrol en la marina. Eso no es precisamente una solucin a su problema! No conoces a los marineros, cario. No? Qu ha pasado con la leyenda de que los marinos tienen una mujer en cada puerto? Echan de menos a sus esposas cuando estn en el mar. Helena sacudi la cabeza mirando a pap con reprobacin. Y ahora Fulvio ya es feliz? Feliz? Pap y yo nos miramos el uno al otro. Fulvio nunca ser feliz le dije a Helena. Si hubiera conseguido llegar a Pesinunte y le hubieran amputado el instrumento, para l no hubiera supuesto ms que otro problema. Hubiera pasado el resto de su vida lamentando haberse cortado el bastn coincidi conmigo pap. Con calma, Helena envolvi a la nia que llevaba en brazos con el extremo de su capa y dej que decayese la conversacin. Helena y yo salimos de vuelta a nuestro apartamento. El muro exterior de la casa de Privato todava tena las cuerdas y el material de limpieza que haba dejado junto a l cuando estaba de guardia. Eso no hubiera ocurrido en Roma. Recuper mi cubo. No haba ninguna luz en la habitacin del piso de arriba de la antigua puerta de la ciudad. Me haba olvidado de preguntarle a Petronio si a la mujer que vigilaba a las vctimas de los secuestros durante su terrible experiencia, Pulia, la haban detenido junto a su amante Lign. Y si era as, qu haba ocurrido con Zeno, el nio de siete aos que conocimos aquel da? Habamos llegado justo en el momento de averiguarlo: Fsculo y un par de sus hombres bajaron ruidosamente al nivel de la calle. Haban detenido a Pulia antes y acababan de registrar la torre de entrada. Encontramos todo un cargamento de drogas dijo Fsculo al tiempo que sealaba una cesta llena de ampollas de vidrio que sacaban en aquellos momentos. Adormidera, me parece. As que maana podemos esperarnos ver a los vigiles tambalendose por las calles felizmente comatosos? Fsculo sonri a su alegre manera. Quieres ofrecerte voluntario para probar los extractos?

No, no quiere dijo Helena. Pero si ninguna de las vctimas de secuestro va a testificar, no olvides que Marco y Lucio Petronio en una ocasin vieron a la propia Pulia inconsciente despus de probar el somnfero. Parece que esa mujer es la nica a la que podemos mantener encerrada con pruebas nos dijo Fsculo. Rubela cree que tal vez tenga que soltar a los hombres... Helena se enoj. Una banda entera de hombres est aterrorizando a vctimas, violando a adolescentes, extorsionando y asesinando... y vosotros slo vais a retener a su ayudante femenina! Cuando se fue como un vendaval, gruendo, uno de los vigiles solt un grito desde el interior de la torre de entrada. Una pequea figura sali rpidamente, se agach al pasar junto a Fsculo y se march calle arriba como una exhalacin. Era Zeno. Nadie hizo muchos intentos por atraparlo y l puso pies en polvorosa y se perdi de vista.

XLII

Dejar que los generales dirijan un campo de batalla supone varios problemas: fundamentalmente, prestan demasiada atencin a sus presupuestos. Marco Rubela, el tribuno de la Cuarta Cohorte de los vigiles, estaba preparado para resolver los secuestros de Ostia antes que las tropas rivales. No obstante, ya lo haban obligado a autorizar una cena ligera y retirar las excreciones nocturnas de treinta prisioneros inesperados. Cuando se dio cuenta de que, como consecuencia de ello, tena que elegir entre darles el desayuno u ofrecer a sus hombres el acostumbrado copeo de las Saturnales el prximo mes de diciembre, el resultado estaba cantado. La idea de que por la noche los piratas estaran cenando a expensas de un candelabro nuevo para su despacho en Roma resolvi la cuestin de forma contundente. Su mayor ilusin era mejorar la iluminacin y haba encontrado un modelo vertical de cuatro brazos de imitacin de bronce y con la parte superior jnica que crea que ira de maravilla. De modo que Rubela examin rigurosamente las escasas notas que tena de los interrogatorios; vio que no haba ni la ms jodida posibilidad de poder probar nada y solt a los cilicios. Dicho esto, Rubela no era estpido. Y, posiblemente, tampoco era corrupto. Su cerebro, segn Petronio Longo, parta de una base diferente a la de los seres humanos normales, pero sin duda era cerebro lo que haba bajo aquel crneo poco prominente de pelo corto. La verdad es que con frecuencia Petro intentaba convencer a Esctax, el mdico de los vigiles, de que el cerebro de Marco Rubela necesitaba mantenimiento, en forma de perforarle el crneo para examinarlo. La trepanacin hubiera sido una buena idea a efectos de lo normalmente prescrito: aliviar las tensiones. A Rubela le gustaba pensar. Eso era bien sabido. Pasaba largas horas en su despacho del Aventino aparentemente sin hacer nada en absoluto, pero en las raras ocasiones en las que confiaba en la gente, afirmaba que su mtodo como comandante de una cohorte era hacer la reflexin que otras personas optaban por omitir. Segn l (y Petronio haba obtenido el beneficio de esta teora con cierto detenimiento en una de las alcohlicas fiestas de la cohorte en las Saturnales) este mtodo de liderazgo permita a Rubela prever problemas, anticipar tendencias delictivas y planear astutas emboscadas que otros comandantes de cohorte, con sus mtodos menos intelectuales, nunca lograran. As pues, la soleada maana siguiente, mientras que muchos de los vigiles se desesperaban con la estpida accin de su jefe, fuimos informados de que cuando dej marchar a los cilicios, Marco Rubela tena un ingenioso plan. Dicho plan haba sido formulado como resultado de una investigacin que haba llevado a cabo durante los

pocos das que se sucedieron entre la visita que le hice en Roma y el traslado de sus hombres a Ostia.

Para estar en la cima de su profesin en cuanto a ser ms listo que los piratas, o que los descendientes de los piratas, o que los ex piratas, el hombre pensante haba acudido a una biblioteca y haba tomado algunos rollos en prstamo. El tribuno de la cohorte era entonces un experto en costumbres cilicias y en la manera de pensar de los cilicios. A la mierda sus costumbres! exclam entre dientes Lucio Petronio, que no era partidario de la investigacin literaria cuando se trataba de hombres que estrangulaban a sus socios en marismas solitarias. Quiero ver a esos cabrones colgados en cruces donde no puedan hacer ms dao. Yo tambin dijo Rubela (que adems de un cerebro en funcionamiento bajo el pelo cortado al rape tena dos grandes orejas, una a cada lado de la cabeza como era habitual, y ambas oan con la misma agudeza que la de un murcilago). Deja de protestar con Falco como un colegial en la ltima fila. En cualquier caso, qu est haciendo el maldito Falco aqu en mi sesin de instrucciones matutina? Todo el mundo me mir. Los vigiles estaban sumamente deprimidos, por lo que el hecho de meterse conmigo les supuso un ligero alivio. Por regla general se mostraban amistosos, pero en aquel preciso momento todos y cada uno de ellos hubieran tenido mucho gusto en verme ligeramente asado en un panecillo con un sabroso alio de escabeche de pescado. Expliqu, con mis suaves modales de informante, que haba pasado por el cuartel para informarme sobre los progresos si es que haba alguno que se haban hecho en la resolucin de los secuestros o del asesinato de Teopompo. Rubela me dijo que me fuera al diablo. Era lo que me esperaba de l: tena un repertorio limitado. Empec a alejarme lentamente, pero cuando empez a hablar de nuevo me detuve. Los informantes tambin tienen sus tradiciones. Merodear por las reuniones en las que no nos quieren es una de ellas. Tal vez creis que me he vuelto loco... diligentemente, los hombres de Rubela pusieron cara de estar pensando: Oh, no seor! Yo pensaba en cunto me alegraba de no ser uno de sus hombres. Confiad en m. He hecho bien los deberes, Lo que tenis que entender sobre los cilicios es que respetan mucho a sus ancianos. Tienen lderes clave a los que llaman Tymnnicoi; es un concepto griego, equivale a un rey local; nosotros los romanos vemos a los tiranos bajo una luz bastante distinta, por supuesto... Para entonces ya todos considerbamos que Rubela, finalmente, se haba vuelto loco. Pues bien, tanto si estn a bordo de un barco, donde eligen al capitn, o en tierra, donde sus lderes son ms territoriales, los ancianos tiranos son las personas a las que ms honran. Resulta que tenemos retenido a uno que es ms viejo de lo que vosotros llegaris a ser. As pues, aunque parezca que he cometido un error al dejar al resto en libertad, tened fe. No he soltado al tipo que importa. Todava tenemos detenido a Damgoras. Alguien solt una aclamacin. Rubela saba reconocer una burla: lanz una mirada fulminante. Me la lanz a m, por principios, aunque no era yo el culpable. Petronio fue franco:

Damgoras afirma estar retirado. Y todos los dems afirman ser inocentes! replic Rubela. Tampoco les creo, Lucio Petronio. Petro dio un resoplido, pero tuvo que reconocer que tena razn. Me gusta el ingenio de todo esto se congratul Rubela. La gente que toma rehenes se ve ahora tambin frente a un rehn. Damgoras est retenido en contra de su buen comportamiento. La ms mnima equivocacin y su estimado jefe se la carga. Rubela nos honr con una sonrisa benvola. Y para cerciorarme de que podemos volverlos a encontrar, les he ordenado que no abandonen la ciudad. Bueno, eso era tranquilizador. Claro que si los cilicios abandonaban la ciudad, los mtodos de Rubela quedaran en cierto sentido justificados. Se terminaran los secuestros. Despus, el tribuno podra afirmar que haba eliminado una red de extorsionadores utilizando el mnimo personal y con pequeo impacto en el presupuesto. En cualquier caso, no costara nada mantener a Damgoras: ahora que tena gente fuera, le mandaban provisiones diariamente. El jefe pirata llevara una vida de lujo, siendo su nica queja el hecho de tener que permanecer en su celda. Aun as, ya era una celda estupendamente amueblada. Por desgracia para Rubela, la prueba de que la extorsin continuara lleg casi inmediatamente. Mientras nos hallbamos todava en la reunin, Helena Justina vino a encontrarme a toda prisa con una noticia inquietante. Holconio y Mutato, los dos cronistas que me haban encargado el trabajo, acababan de llegar a Ostia desde Roma para que les aconsejara. La Gaceta Diaria haba recibido una carta que deca que unos secuestradores haban capturado a Diocles y se lo haban llevado a Cerdea. Ahora sus captores lo haban trado de vuelta a Ostia y se exiga un cuantioso rescate. Ordenaron a los cronistas que no dijeran nada a nadie sobre la demanda de rescate y que no involucraran a los vigiles. Y sin embargo, parece que es lo que habis hecho dijo Rubela con desdn. Pareca decisivo que lo supierais dijo Helena, que a duras penas logr no perder los estribos. Es una oportunidad para permanecer al acecho y atrapar a los cabecillas mientras se paga el rescate. Una emboscada! Marco Rubela, el comandante que pensaba, era entonces un tribuno feliz.

XLIII

Puede que Rubela estuviera contento. Yo estaba molesto. Helena Justina, te importara explicarme por qu hiciste eso exactamente? Helena enderez los hombros. bamos caminando hacia casa. Cuando nos pelebamos por la calle siempre exista el peligro de que uno de nosotros se fuera para siempre. (O al menos hasta que pensramos que el otro crea que para siempre podra ser tiempo suficiente para posibilitar una escena de reconciliacin.) Los dos ramos testarudos. El hecho de tener dos hijas, una hurfana adoptada y una perra en casa complicaba un poco las cosas. Antes de marcharse dando grandes zancadas y con demasiada altivez, alguien tena que mirar por encima del hombro y cerciorarse de que el otro iba a cuidar de la familia. Aquel da yo estaba siendo demasiado maduro para eso. Quera quedarme y hacer sentir mi presencia. Ya sabes por qu lo hice, Falco. Si era Falco, significaba que estaba resuelta a no dejarse impresionar por la grandilocuencia del cabeza de familia. A Marco se le aflojaba ms la rienda. Disclpame; hoy he dejado en casa a mi sacerdote particular. Leme los augurios! Deja de gritar. Creme, seora, cuando grite, lo sabrs. La gente se haba dado la vuelta para mirarnos. Por supuesto no estaba alzando la voz ms de lo que la ocasin exiga. Helena sigui andando. Un idiota entrometido par para preguntarle a la respetable matrona envuenta en una estola si ese hombre desagradable la estaba molestando. Helena dijo que s. No te preocupes, es mi marido. Oh, lo siento! Has considerado el divorcio? Con frecuencia respondi Helena. Continuamos andando. Yo iba mordindome el pulgar. Demasiado pronto, llegamos a la entrada del patio de nuestro apartamento. Nos detuvimos. Explcamelo ahora. Nosotros no discutimos delante de las nias. Te equivocas, Falco. De todos modos dijo Helena con voz tensa, creo que es mejor que sea yo quien decida lo que pase con las nias, soy yo la que tiene que contar con estar aqu cuidando de ellas... Te dir por qu acud a los vigiles. En realidad hay dos razones. Una es que creo sinceramente que Mutato y Holconio se equivocan al no involucrar a las autoridades. Y adems, qu hubiera ocurrido si te hubiera dejado ir

a verlos en privado, Marco? Lo sabes tan bien como yo: te hubieras hecho cargo del asunto, y lo hubieras hecho solo. Aulo ha zarpado, Quinto le est cantando suavemente a su beb, t no hubieses querido explicarle a Petronio lo que te traas entre manos, por lo que habras sido t quien se ocupara de las exigencias del rescate. Tengo razn? No dije nada. Intent pensar en lneas de accin alternativas que pudiera fingir que habran sido mi eleccin. No se me ocurri ninguna. Y una vez ms, Falco, yo hubiera tenido que vivir con el terror de que estuvieras en peligro, solo, haciendo odos sordos al sentido comn... Siempre hago caso del sentido comn. Ahora mismo no lo haces. No, me estoy adaptando. Hoy acabo de llevarme un buen susto. Crea que t y yo ramos socios. Que nos consultbamos sobre asuntos importantes... No estabas. Por una vez hice lo que yo quera. Y eleg salvarte. La verdad es que no pensaba que tuviera que decir esto, Helena: no interfieras en mi trabajo! Eso la hiri A m mismo me pareci detestable. Ahora s que estbamos peleando. Intent suavizarlo. S razonable. Todos estos aos desde que me conoces, he estado yndome solo para trabajar en casos... Siete dijo ella en tono sombro. Cmo? Siete aos. Es el tiempo que hace que te conozco. Podras estar muerto en siete minutos si tomas la decisin equivocada, en el lugar equivocado, sin nadie que te respalde... No hagas que me sienta demasiado viejo para arreglrmelas. No eres demasiado viejo. Pero ya no eres un informante solitario que entrega el alma a una misin. Eres un hombre de familia con una vida activa y necesitas readaptarte. Nos fulminamos el uno al otro con la mirada. No era fcil salir de aquella situacin. Son stos tus argumentos para el divorcio, Helena? No. Los argumentos todava los estoy pensando. Sern mucho ms originales; quiero que salga a toda plana en la Gaceta. Ni lo intentes. Yo soy el hombre de la casa. El divorcio es cosa ma; soy yo el que se ocupa de las sutilezas legales. Haz lo que quieras con las sutilezas se mof Helena con brusquedad. No olvides que soy yo la que se ocupa de las cuentas. S, puede que lo hagas, pero no esperes llegar a un acuerdo caro! Seguamos lanzndonos miradas feroces. Me convenc de que haba habido algn cambio en la mirada. Bueno. Ahora vas a comprar mi perdn dicindome dnde se alojan? Al ver que no reaccionaba, la code ligeramente. Holconio y Mutato. Y cmo sabes t que s dnde se alojan?

Helena Justina, eres la mejor socia que podra tener. Eres eficiente, tienes visin de futuro y, aunque lo niegues, eres autoritaria. No se lo mencionaste a Rubela, pero yo s, Helena, que les habrs pedido que te den su direccin. Saba la direccin, y me la dijo. Entonces neg que fuera autoritaria. Le di las gracias en tono grave. Estte tranquila, cario. Esto no es ms que la primera fase; slo estoy examinando la situacin. Ser absolutamente seguro. Me ir ahora. No me das un beso? Helena dijo que no con la cabeza, de modo que la bes yo, con mucha firmeza. Nos miramos el uno al otro y entonces me march. Me acerqu de nuevo a Helena. Ella segua de pie all donde la haba dejado, bajo la sombra del arco del patio. Pareca afectada. Lo comprenda: yo me senta igual Ven conmigo. No me necesitas para esto. No. Pero ven de todos modos. Es muy generoso por tu parte el permitirlo. Est bien dije. Le coloqu la mano bajo mi brazo y la retuve all. Me estoy haciendo viejo y fcil de burlar; aun as, todava tendra que ser capaz de poder hablar con un par de cronistas de la Gaceta. Pero de esta manera, si me encuentro en peligro, puedo utilizarte como escudo.

XLIV

Holconio y Mutato estaban sentados en su habitacin de alquiler; parecan apesadumbrados. Entre los dos, esparcido sobre una capa cuidadosamente dispuesta, haba un paquete de comida para llevar todava sin abrir, comida que pareca que haban trado de Roma. Lo haban dividido con cuidado en dos porciones, pero al parecer estaban demasiado desanimados para empezar. Les present a Helena, como si me hubiera olvidado de que los haba conocido aquella misma maana. Ambos los evaluamos a conciencia: dos libertos enjutos, de mediana edad, con un latn excelente tanto en el acento como en la gramtica y que deban de ser igualmente hbiles con el griego. Dos hombres cultos y sofisticados que parecan sentirse incmodos fuera de su medio. Marco haba odo que estabais los dos de permiso dijo Helena al tiempo que se acomodaba. Mientras ella extenda las faldas y volva a ponerse bien los brazaletes, Mutato movi la cabeza en seal de negacin. Fue un gesto rpido y nervioso. Con las responsabilidades que tenemos, siempre estamos disponibles en caso de emergencia. Me pregunt si Diocles se haba estado convirtiendo en un inadaptado calvo y con visos de desconcierto similar a se. No s por qu me pareca que no. El hombre desaparecido haba cubierto historias mundanas con regularidad; viajaba, poda ofrecerse para trabajar en distintos oficios. Diocles irresponsable y beba. Posea una espada. Aquel hombre podra haber sido un informante... si hubiera sido capaz de elegir una arma decente. Holconio y Mutato no parecan ser hombres que hubieran trado espadas. Dudaba de que alguno de los dos tuviera una. Tampoco me resultaba fcil imaginarme a ninguno de los dos con lazos familiares. Ambos tenan ese aire intolerante y obsesionado de expertos. Solteros, u hombres con esposas cortas de luces de las que se esperaba que admiraran la cultura e inteligencia de sus mandos desde un segundo plano. Holconio, el mayor, llevaba una tnica blanca con tonos color crema; Mutato iba tambin de blanco con un matiz grisceo. Por lo dems, combinaban igual de bien que un par de extremos de una mesa. Quieres ver la nota donde se exige el rescate, Falco? me pregunt Holconio. Todo a su debido tiempo. Es cierto que una banda de secuestradores ha estado operando en Ostia, y que podra ser que Diocles hubiera tropezado con ellos. Pero lo

primero que he de tomar en consideracin, cuando se entrega una peticin de rescate como sta, es si es autntica o no. Autntica? Parecieron asustados. Holconio se burl. Por qu tendras que dudarlo? Hace demasiado tiempo que desapareci vuestro hombre. Incluso Helena me estaba observando con curiosidad. Aqulla era nuestra primera oportunidad de evaluar lo que estaba pasando. Haba estado pensando en ello mientras Helena y yo nos dirigamos hacia all. Esto no sigue la pauta, Holconio. En los casos de secuestro que conocemos, existen unas normas estrictas: se llevan a mujeres, no a hombres; normalmente realizan sus demandas de dinero el mismo da; cierran el trato rpidamente; eligen a extranjeros que abandonarn la ciudad si se los amenaza. Fundamentalmente, evitan llamar la atencin de las autoridades. Holconio asinti con la cabeza. Su papel en la Gaceta era tomar notas en el Senado. Debi de suponer un cambio agradable escuchar un argumento que valiera la pena, con los distintos puntos enumerados con conviccin. Qu otra alternativa tenemos? pregunt Mutato. Ninguna. La carrera est amaada. Alguien tiene a Diocles, el resultado es ms que seguro. Mutato cubra los juegos. Como comentarista deportivo que era, realizaba evaluaciones rpidas, y luego quiz pensara en ello mientras la dems gente bramaba que era un verdadero idiota. Los secuestradores trabajan explotando la inexperiencia de sus vctimas le dije. Quieren que sintis tanto miedo por Diocles que sigis todas las instrucciones al pie de la letra. Vosotros dos no os habis visto nunca en esta situacin y os ha dejado consternados. Pero yo lo estoy considerando detenidamente. Para empezar, afirman que han tenido a Diocles desde que desapareci y que lo haban transportado a Cerdea. Es esto creble? Suena a encubrimiento. Helena reafirm mi argumento. Unos oportunistas se han aprovechado del hecho de que la gente est buscando a Diocles y esperan sacar tajada. Estuve de acuerdo. Alguien se ha enterado de que Cerdea est infestada de bandidos y decidieron que no parecera raro. Cuando la gente desaparece, sobre todo cuando existe una preocupacin prominente por su destino, ocurren tonteras semejantes. Las tragedias atraen a tipos raros, manacos y estafadores les cont Helena a los cronistas. Las familias que pierden a sus seres queridos en circunstancias inexplicables pueden ser explotadas de una manera horrible. Es por ello que os tengo que aconsejar sobre la conveniencia o no de tomarse esta peticin en serio dije. Francamente, yo tengo mis dudas. Acaso nos ests diciendo que no paguemos el rescate? pregunt Mutato. S, es lo que digo. Pero si hemos trado el dinero con nosotros! Este tipo de razonamiento ilgico sera un placer para una banda de secuestradores o para cualquier otra clase de explotador. Me di cuenta de que el dinero deba de estar guardado en el gran arcn que haba bajo la capa sobre la cual los dos cronistas haban dispuesto su almuerzo. Quiz

pensaron que los ladrones no miraran bajo su mantel. Lo ms probable era que ese par de bobos no hubieran pensado para nada en la seguridad. Les dije que llevaran su dinero a la cmara de alguno de los templos del foro para ponerlo a buen recaudo. Para estar seguros, decidles que estis depositando fondos imperiales hice una pausa. El emperador sabe algo de todo esto? Adoptaron un aire evasivo. Finalmente, Holconio admiti con un altivo gesto de la mano: En vista de las circunstancias y de la necesidad de mantenerlo en secreto, el cajero de la oficina del jefe de los servicios secretos nos ha concedido fondos. Respir profundamente. Me imagino que Ancrites sigue en su villa de veraneo, no? Ambos parecieron sorprendidos por la familiaridad con la que hablaba de l. Se pondr furioso cuando sepa que habis desviado su dinero para gastos menores. Es ms que dinero para gastos menores... Holconio se ruboriz. Les dijimos que t lo habas autorizado. Entonces les mentisteis repliqu con calma, contenindome para no perder los estribos. Helena se haba tapado los ojos con la mano, desesperada. Ancrites siempre haba supuesto una amenaza para m que la asustaba. Aquello era buscarse an ms problemas. Le debis una confesin al jefe de los servicios secretos, y a m una disculpa. Vuestra accin daar gravemente mi relacin con Ancrites... Nada poda daarla. No tenamos relacin. l y yo bamos permanentemente el uno a por el otro. Aquellos dos tontainas no haban hecho ms que darle la mejor baza. Ahora ensame la nota pidiendo el rescate, por favor La dejamos en Roma. Molesto por mi actitud, Mulato intent engaarme. Holconio me la ofreci. Seamos sensatos, de acuerdo? Sacaron el documento. Lo le y se lo devolv. Parecieron sorprendidos de que lo hiciera. Esa era la diferencia entre los cronistas y los informantes. Los cronistas queran guardarlo todo para sus archivos. Yo estaba acostumbrado a aprenderme las partes cruciales de la correspondencia y luego deshacerme de las pruebas. (O volverlas a dejar exactamente tal y como las haba encontrado en la caja de marfil donde el propietario guardaba sus rollos para que l o ella nunca supiera que las haba ledo...) Aqulla era una tablilla encerada, escrita en latn, legible pero que no haba sido escrita por un secretario. Deca lo de siempre: lo tenemos, vosotros lo queris de vuelta; dadnos el dinero o Diocles muere. Las instrucciones estaban en la carta. No se mencionaba a ningn Ilrico. Los cronistas tenan que dejar el dinero en un punto de entrega. Estaba en Portus Augusti, un establecimiento llamado La Flor del Ciruelo. Pude informarles de que el lugar se hallaba cerca de un bar llamado El Delfn y que crea probable que fuera un burdel. Helena pareci quedar impresionada por mi conocimiento del lugar. Los cronistas simplemente se miraron escandalizados. Esto es un timo les asegur. Si les dais el dinero lo perderis y nunca veris a Diocles. Lo matarn aunque les paguemos?

No lo matarn... porque no lo tienen. Ya habamos tratado este tema, pero Holconio y Mutato sencillamente no me haban escuchado. Mirad, ojal pudiera decir que mi investigacin conducir a que lo encontremos bebiendo con rostro sensiblero en alguna taberna de la zona del puerto. Todo lo que he averiguado hasta el momento me lleva a temer por su suerte... aunque en mi opinin, no lo han secuestrado. Crees que ya est muerto? Holconio fue directo. Parece una posibilidad, Quizs haya puesto fin a su propia vida, un suicidio por motivos personales tras sufrir una depresin. Pero hay otras alternativas, algunas de las cuales tienen relacin con personas e historias que tal vez quisiera escribir en la Gaceta. Ya lo he preguntado antes, pero os lo preguntar de nuevo: Diocles os habl de algn chisme en concreto sobre el que tuviera intencin de informar? Los cronistas dijeron que no con un movimiento de la cabeza. Les aconsej que no pagaran el rescate. Ellos me dieron las gracias por haber venido a darles aquel sensato consejo. No tenan ni la ms mnima intencin de seguirlo. Olvidaron que yo ya haba tenido muchos clientes anteriormente. Conoca los indicios.

XLV

Cuando Helena y yo salamos nos encontramos con Rubela y Petronio, que entraban. Nos paramos todos en el umbral de la casa de huspedes e intercambiamos impresiones. Es una estafa les anunci a los dos vigiles. Nada de esto encaja con la metodologa de la banda de los cilicios. Aconsej a Holconio y Mutato que no hicieran entrega del dinero. Lo prometieron, pero por supuesto no me harn caso. Voy a quedarme esperando en el punto de entrega. Te veremos all! exclam Rubela tan pancho, de un humor jovial. Sabes dnde es? Falco, si t puedes sonsacrselo a un par de cronistas, nosotros tambin podemos hacerlo sin problema. Rubela hizo una pausa y adopt una expresin menos jocosa. Y qu hay del hombre desaparecido? Podra ser que lo hubieran secuestrado? Es posible. Quin iba a hacer un prisionero y retenerlo durante dos o tres meses sin establecer contacto? pregunt Petro. La historia no tiene sentido. T qu opinas? me pregunt entonces. Uno: Diocles pudo haberse suicidado a causa de la fuerte depresin que sufra desde la muerte de su ta, su nico pariente. Dos: molest a Damgoras, un probable sospechoso. O tres: algo malo ocurri porque Diocles les guardaba rencor a algunos miembros del gremio de constructores... ms cabrones sospechosos. Petro y Rubela lanzaron un grito de alegra con la tercera opcin, encantados de tener implicados a sus bomberos rivales. T por cul de ellas te inclinas? pregunt Rubela. Sinceramente, no lo s. El tpico informante! Helena pareca estar a la defensiva, entonces le pregunt a Rubela: Cmo sabas que los cronistas vivan aqu? Uno tiene odos por todas partes, joven dama! Petronio se mostr ms abierto: Llegaron a Ostia en un gran carruaje que sin duda llevaba un cofre con oro y en la puerta Romana se detuvieron para preguntar el camino de una buena casa de huspedes.

Dej escapar un quejido. De manera que toda Ostia est al corriente de que hay algo que robarles? La caja con el dinero est en su habitacin; servos vosotros mismos antes de que lo haga otro... Les aconsej que escondieran el dinero en el templo de la Trada Capitolina. Nosotros recomendaremos el templo de Roma y Augusto se burl Rubela. Eso terminar de confundir a los chupatintas. Los dos oficiales de los vigiles se dirigan al piso de arriba, sin duda para repetir la conversacin que Helena y yo acabbamos de mantener all. Nos separamos de buen humor. Estbamos todos entusiasmados porque al fin podramos hacer algn progreso. Tanto si capturbamos a la verdadera banda de secuestradores o a algunos otros oportunistas, al menos ahora haba una oportunidad de entrar en accin. Ah! A propsito me grit Rubela, Esa tonta, la hija de Posidonio, vino a suplicar por el cuerpo para enterrarlo. Dej que se lo llevara. Me asombr que hubiera sido tan gentil con Rdope, pero saba por qu: eso ahorraba a los vigiles tener que disponer ellos mismos de Teopompo. Le dije que tena que celebrar un funeral romano decente en una tranquila necrpolis local, no un maldito festn pirata en la playa, y tiene que hacerme saber de antemano cundo y dnde se llevar a cabo la ceremonia. Le dirig un breve saludo. Pues ya os ver all tambin! Rubela haba vuelto a detenerse. Dos escalones por encima de l, Petronio nos miraba; ya saba lo que vena a continuacin. Otra cosa, Falco... se le escap un hecho curioso, Teopompo no era uno de los cilicios. Era ilrico. Arque las cejas. No es el mismo que acta como intermediario; su descripcin es totalmente distinta... Entonces, Rubela, qu significa esto? No tengo ni la menor idea admiti el tribuno. Pero si los ilricos y los cilicios han estado trabajando en sociedad, tal vez de algn modo podamos provocar un distanciamiento entre ellos. Jugar a la poltica! exclam Helena con admiracin. Rubela puso cara de desconfianza, pero no pudo saber si ella se estaba burlando. Cuando llegamos a nuestro apartamento, Julia y Favonia estaban enzarzadas en una pelea a gritos. Albia les solt un ltimo chillido exasperado que no consigui causar ningn efecto y a continuacin sali corriendo a sentarse sola en el patio. Helena y yo tomamos asiento uno a cada lado de ella y le tomamos cada uno una mano a modo de consuelo mientras escuchbamos las agudas explosiones que provenan de arriba. Slo para que lo sepas le dije a Helena por encima de la cabeza de Albia, cuando nos divorciemos, proporcionar lo necesario como es debido y sin protestar, y voy a renunciar a todos mis derechos paternales para con las nias. Pero deben vivir contigo, Falco. Soy una tradicionalista minti Helena.

No, insisto terminantemente en esto. Los nios pequeos deberan estar con sus afectuosas madres. Soy un hombre generoso. Voy a obligarme a hacer este sacrificio. Helena me devolvi la mirada. Podramos escaparnos los dos sugiri, en un tono bastante nostlgico. Tienen dos abuelas que van a pelearse por los derechos de adopcin. Hecho! grit, Huyamos juntos; suena divertido. Los dems inquilinos estaban empezando a sacar la cabeza para ver qu era aquel jaleo. Algn bromista nos pregunt si queramos que avisara al ejrcito para que sofocara la rebelin tribal. Dejando a Albia sentada en paz, Helena y yo subimos diligentemente para separar a tirones a nuestros retoos. Mientras tuviramos slo dos, podramos forcejear con una cada uno. Normalmente los morados se iban al cabo de unos cinco das. Si los dos cronistas seguan las instrucciones recibidas, tenan que llevar el dinero al punto de entrega a la maana siguiente. Me levant cuando an era de noche y me prepar para la accin. Volv a clavar las tachuelas sueltas de mis mejores botas. Nux estaba tumbada a mis pies. Albia haba venido de la otra habitacin y observaba el ritual. No tengo ningn zapatero remendn en Ostia. Tampoco acudiras a un zapatero remendn en Roma, Marco Didio ambos hablbamos con voz queda. Cierto. Bajo la luz de una lmpara de aceite revis las correas de las botas metdicamente. Los remendones son intiles. Limpi el aceite de mi espada, habiendo sacado primero el arma de mi escondite, para asombro de Albia. Volvindola hacia la luz, examin la hoja y la afil con mi gamuza de zapa. Luego lim mi daga con piedra pmez, slo para mantenerme ocupado. Dime, solemne chiquilla del agreste norte, por qu ests tan concentrada en lo que hago? Aulo Camilo dijo que si iba a haber accin deba observar cmo te preparabas. Aulo, eh? le gui un ojo. La gente sola dar por sentado que Albia era una criatura plida, pero saba encajar una broma. Observar qu, exactamente? Dijo que siempre quedaba impresionado al verte cambiar de payaso a soldado. Aulo tiene buen concepto de m, eh? Aquello lleg por sorpresa. Dijo: Cuando los ojos dejan de sonrer, puedes sentirte seguro, Claro qu se apresur a asegurarme Albia, que s que sonrea yo ahora me siento segura todo el tiempo. l se refera a que era as como se senta si estaba en accin contigo. Me puse en pie. La perra retrocedi de un salto y aull suavemente. Saba que algo se preparaba y que no me la llevara conmigo cuando me marchara. Me asegur de llevar puesta una tnica que me permitiera el libre movimiento de los brazos, me apret el cinturn un agujero ms y me abroch la espada. No saba que tenas una espada observ Albia en tono grave. En Roma nunca llevas espada. En Roma va contra la ley.

Entonces, es ms seguro aqu, donde puedes llevar una? No. Es ms peligroso, porque aqu puede que haya idiotas que lleven armas y no sepan utilizarlas como es debido. Pero t s? S. Alguna vez...? Albia, no preguntes. Entonces tena que decirle adis a Helena; se encontraba en la otra habitacin con las nias, fingiendo no saber lo que estaba haciendo yo. Hazme un favor, Albia. Cuando me haya ido, dile a Helena Justina lo que dijo su hermano. Albia asinti moviendo la cabeza lentamente. Eso la consolar. Quiz. Si no, recurdale que en esta operacin no estoy solo; voy a salir a jugar con los chicos mayores de los vigiles. El instinto haba trado a Helena hasta la puerta. Nux corri hacia ella en busca de ayuda para impedir que me fuera. Helena se inclin para evitar que la perra le tocara con las patas la ligera tnica interior que llevaba en la cama por la noche. Al verme listo y armado con la espada, Helena cerr la puerta con cuidado entre las nias y yo. Julia, que siempre estaba demasiado atenta como para que eso resultara prctico, ya se hallaba al otro lado de la puerta y miraba fijamente en silencio. Tras ella vi fugazmente a Favonia que estaba de pie en la cuna, medio dormida. Dado lo que s de los vigiles, debera tranquilizarme su presencia, Marco? Helena mantuvo la voz baja. Confa en lo que sabes de m. Me quit el anillo ecuestre de oro y se lo di a ella para que lo guardara en lugar seguro; a veces era mejor no revelar mi posicin social. La bes con suavidad. Slo Helena saba si mis ojos todava sonrean. No te caigas al agua respondi. Una vieja broma entre nosotros. Una vieja y muy cariosa broma. Ella segua preocupada, pero yo tena todo su afecto. Esto demuestra la gran tolerancia de Helena para conmigo... dado que saba que me marchaba para dirigirme a un burdel del puerto.

XLVI

El faro se haba quedado a oscuras. Haban dejado que su enorme hoguera se fuera extinguiendo a medida que el alba iluminaba lnguidamente los muelles. La jornada de trabajo en Portus haba empezado mucho antes de que yo llegara, aun cuando haba cruzado el ro en uno de los primeros transbordadores. Tan slo podan haber pasado unas pocas horas entre la retirada de los ltimos marineros tras su gaudeamus nocturno y la llegada de los peones que ms duro trabajaban. El burdel pareca estar cerrado. Avanc lentamente por el malecn, mirando los barcos amarrados. Todo estaba en calma, pero la actividad ya haba empezado en algunas embarcaciones. Un marinero adormilado escupi en el puerto; fing suponer que no era nada personal. En el puesto de aduanas un funcionario montaba la mesa con lentitud. Incluso a esa temprana hora podan llegar a puerto algunos barcos con artculos gravables; de hecho, haba una embarcacin cerca del faro, y maniobraba tan mal que era imposible saber si sala o entraba. El empleado y yo intercambiamos un leve saludo con la cabeza; quiz me hubiera visto ltimamente, hablando con Cayo Baebio. Ni l ni nadie parecan muy sorprendidos de ver a un extrao en el puerto tan temprano. En los muelles la gente lo da casi todo por sentado, al parecer. Lo ms probable era que hubiera unos ojos observando todos mis movimientos. Los tres trirremes de la marina seguan amarrados en fila, por lo visto aun desiertos. Unos gallardetes a juego pendan lnguidos en sus popas, de las que salan las cuerdas que bajaban hasta los norays del muelle. Los srdidos desperdicios habituales en un puerto cabeceaban en el agua oscura entre ellos. El aire era fro. Haba venido con una capa. Sera un incordio despus, cuando el sol empezara a quemar, pero de esta manera poda mantener oculta mi espada. Al llegar al extremo ms alejado del malecn, a la sombra del faro, di la vuelta y volv por donde haba venido, tropezando con la mitad de las cuerdas que haba conseguido evitar la primera vez. Podra haber continuado mi paseo hasta el otro malecn, pero estaba demasiado lejos del lugar fijado. En vez de eso, me un a los hombres que se hallaban de pie en el mostrador de El Delfn, entrando en calor con

bebidas calientes y desayunos ligeros. La mayora tenan ese apesadumbrado fatalismo de los que empiezan su jornada laboral. Haba uno que destacaba: mi cuado. Se me cay el alma a los pies. Hola, Cayo. Esto s que es una sorpresa. Marco! La verdad es que le he tomado el gusto a este lugar me inform Cayo Baebio. Su pomposidad ya era irritante. Se ha convertido en mi bar desde el da en que t y yo lo descubrimos. Cuando vino a ver qu quera yo, la evasiva mirada del propietario me dijo que el deleite no era mutuo. J! Decir descubrimos hace que parezcamos colonizadores territoriales. Lo nico que hicimos fue venir andando hasta aqu con Ajax. Cmo van tus achaques? Siguen martirizndome... Maldicindome por haber preguntado, interrump con crudeza: Bueno, y qu haces aqu tan temprano? Siempre bajo al puerto a esta hora. Vengo en busca de paz. A veces la vista del amanecer es muy conmovedora. No era capaz de responder a ideas poticas, no a esa hora... y menos an viniendo de Cayo, Y t tambin ests trabajando, supongo? me pregunt alzando la voz. Yo tambin disfruto con una buena salida del sol. No servira de nada darle una patada en la espinilla como indirecta para que se callara; querra saber, en voz igualmente alta, por qu le haba dado un puntapi. S, pens que debas de estar aqu en misin de vigilancia; hay algunos amigos tuyos de los vigiles. Dej escapar un quejido. Mientras los sombros trabajadores que haba en El Delfn apartaban la vista de su desayuno en un movimiento sincronizado para mirar, Petro, Fsculo y una seleccin de sus tropas se acercaban paseando como si tal cosa desde el transbordador, en parejas o grupos de tres, discretamente... o eso es lo que haban credo ellos. Puede que los estibadores y los remeros de las barcazas se hubieran fijado en los recin llegados de todos modos; los trabajadores del puerto podan olfatear a los hombres de la ley y el orden a ms de un kilmetro de distancia. Pero la llegada de los vigiles bast para dispersar a los que desayunaban, dejando nicamente a una pareja de cargadores tozudos que se quedaron observando lo que ocurrira a continuacin con cara de vinagre, masticando sus puados de pan y negndose a que los apartaran de su rutina. Los vigiles ocuparon el lugar de los clientes matutinos que se marchaban en el mostrador, donde pidieron algo de comer para ellos. Hoy tenis una operacin en marcha? pregunt Cayo con su habitual falta de tacto. Por suerte, Lucio Petrono tena la boca llena en aquel momento y no poda arrancarle la nariz de un bocado a mi cuado. La salida del sol ser preciosa inform a Petro cuando sus ojos castaos hablaron emotivamente de sentimientos exaltados. Estupendo! De pie en la barra de aquel fign, nos volvimos de espaldas al mostrador y apoyamos los codos en el mrmol. De esa forma podamos dirigir discretamente la mirada hacia La Flor del Ciruelo. Vi que un par de hombres se acercaban hasta el edificio y luego empezaban a buscar la puerta de atrs con disimulo. Tena que haber

una. Ninguna tasca o burdel que se precie carece de una puerta trasera por la que poder darse uno rpidamente a la fuga, o para que sirva de entrada secreta a los que irrumpen armados para cobrar una deuda o para efectuar el robo masivo y por sorpresa de los monederos de los clientes. Ese lugar al otro lado de la calle est haciendo su agosto observ Cayo. Para tratarse de un bicho amodorrado, sus antenas eran agudas. Haba hecho hincapi en el objeto de nuestra observacin de manera peligrosa. La Flor del Ciruelo. S, los primeros rayos de sol empiezan a brillar de un modo encantador en los sinuosos remates del tejado dijo Petro, que estaba que arda. Oh, mira! Ahora el gastado letrero pornogrfico resplandece bajo la luz recin nacida... Cayo Baebio, no deberas estar en tu mesa de impuestos? Cayo Baebio volvi sus grandes ojos llorosos hacia Petro y con grandes aspavientos demostr que lo haba entendido. S, Lucio Petronio, debo supervisar a esos vagos que trabajan para m. Buen chico. Cayo se march. El ambiente mejor de inmediato. La puerta de La Flor del Ciruelo se entreabri. Un joven vestido con una tnica del color de la herrumbre y con el pelo bastante corto se desliz hacia fuera y se acerc hasta el bar. Pidi pan y algo de beber, como si viniera de una juerga con una chica de vida alegre. Tal vez fuera as. Pero sin duda era un miembro de los vigiles. Le dirigi una leve inclinacin de cabeza a Petronio, se termin la bebida y se march. Otro hombre, con una tnica de un disparejo color verde, lleg a pie por el camino que llevaba a la Isla y fue directo al burdel, donde no tardaron en dejarle entrar. Definitivamente perteneca a la Cuarta Cohorte; lo reconoc. Le coment a Petronio: Hay gente que se ofrecera voluntaria para cualquier cosa! Es triste, no? sonri. Poco a poco el resto de sus hombres se dispersaron por los alrededores. La mayora de ellos se haban hecho primero con algo de comer; los vigiles consideran esto un rito sagrado que siguen de manera impecable para aplacar a los dioses y garantizar la supervivencia de Roma, del Senado y del pueblo. Una vez satisfechos, se perdieron por los rincones del puerto. Fsculo estaba tumbado con la espalda apoyada en la base de una gra y pareca un atado de harapos, o un socio en uno de esos chanchullos delictivos que tanto le fascinaban. Casi me esperaba que hubiera un compaero oculto por all cerca, listo para salir de un salto y robarle a cualquiera que se hubiera inclinado para ver si la aparente vctima de un ataque al corazn necesitaba ayuda. Petro y yo nos quedamos en El Delfn, disfrutando de sus excelentes vistas tanto de La Flor del Ciruelo como del camino de acceso desde los transbordadores. Estbamos hablando de asuntos familiares. Tomamos a Cayo Baebio como punto de partida, cosa que llev a lo de que siempre haba detestado a mis cuados y al curioso hecho de que mi mejor amigo fuera entonces uno de ellos. Puede que tengas que plantar a Maya.

Y qu te parece si la adopto? Entonces dejar de ser tu hermana, de modo que yo no podr ser tu cuado. Pero entonces Maya se convierte en tu hija y no se te permite dormir con ella. Mal plan! Seguimos matando el tiempo y discutimos a cul de mis cuados odiaba ms. Esto nos proporcion una pltica inagotable. No poda decidirme entre Veroncio, el constructor de carreteras, y Mico, el yesero, que daba la impresin de ser bastante inofensivo pero que tena un montn de defectos, especialmente su terrible enlucido. Pero Petronio le tena una ojeriza especial a Veroncio, al que una vez intent arrestar por soborno en contratas oficiales; Veroncio escap de aquello sin mancha en su reputacin (se libr de los cargos mediante el soborno). Evitamos mencionar a Famia, que haba estado casado con Maya hasta que muri haca un par de aos; no recordaba si a Petronio le haban contado alguna vez el mejor momento de Famia. Se mantena en secreto para evitarles la vergenza a los nios: a Famia lo haban enviado a la arena en Leptis Magna y se lo haba comido un len. Famia era un borracho con una lengua incontrolada, que fue lo que le acarre su suerte. Pero no haba alcanzado el nivel de inmundicia, engao, hediondez y absentismo que mezclaba, en un brebaje de sabor indeterminado, el desdentado barquero padre de mis sobrinos favoritos, Lario y Cayo. En cuanto mencionamos a Lolio, fue el indiscutible ganador. Pas el tiempo. El puerto haba cobrado vida a nuestro alrededor. A los pocos cargadores que a primera hora parecan estar trabajando por propia iniciativa se les haban unido entonces unos equipos organizados. Cantando y bromeando, emprendan complicadas maniobras que a menudo implicaban largos perodos de inactividad durante los cuales los hombres permanecan en el muelle y debatan sobre la manera de acometer su tarea. En otras ocasiones parecan no tener ningn problema y entraban en accin con la seguridad que da la experiencia. Entonces era cuando sacos y barriles se desembarcaban sin descanso o se llevaban a bordo en grandes cantidades. A ciertos intervalos a lo largo del malecn, las gras se haban puesto en marcha con sus chirridos e izaban mercancas desde profundas bodegas; normalmente la gra la manejaba una sola persona que trabajaba con compaeros invisibles que nunca parecan comunicarse con ella desde el barco. Si se caa una carga, el hombre tena que abandonar la gra y remediar el desastre l solo. Si tena suerte, una gaviota se acercaba a mirar. Los trajinantes que transportaban los productos manualmente cruzaban de un barco cargado hasta los topes a otro, en ocasiones varios a la vez, utilizando planchas a modo de puentes mientras cargaban con nforas de vino y aceitunas o se arrojaban sacos y pacas de mano en mano. Los artculos delicados nos proporcionaron mucha diversin. Tuvieron que convencer a toda una jaura de perros de Hispania para que bajaran por la plancha, que se tambale peligrosamente incluso cuando alguien sugiri que les vendaran los ojos. Llegaron los

submarinistas para trabajar en una zona del muelle donde un valioso artculo haba cado al agua el da anterior.

Estuvimos all media maana y los submarinistas todava no haban encontrado lo que buscaban. No descubrimos qu era. Petro fue paseando hasta all para hacerse amigo del supervisor, puesto que un contacto entre los submarinistas podra resultarles til a los vigiles. Otro soldado lleg de la Isla, con aspecto nervioso. Empez a acercarse a Fsculo y entonces vio a Petronio, que a su vez ya lo haba visto a l y se apresuraba a volver al bar. Lo siento, jefe. Malas noticias. Al final los cronistas no van a venir. Petronio ajust la posicin de su taza en el mostrador; el suave movimiento era engaoso y el asustado mensajero lo saba. Cuntamelo. Todo es un fraude. Temeroso de Petro, el ex esclavo explic la historia precipitadamente. Salieron, eso seguro, llegaron hasta el transbordador, luego les arrebataron el dinero mientras estaban en el bote. Entonces Petronio s que demostr que estaba furioso. No puedo creer lo que estoy oyendo! Cmo es que se fastidi? El transbordador fue atacado por otro bote. Qu? Como lo oyes, jefe. Una banda haba secuestrado un remolcador. Eran cuatro o cinco. Los dos cronistas venan en uno de los grandes transbordadores de Lculo. Cuatro servicios de transbordadores distintos navegaban de un lado a otro del Tber diariamente. La lnea de Lculo tena mltiples remeros y transportaba tanto pasajeros como mercancas pesadas. Eran unas embarcaciones grandes y difciles de manejar. Y dnde estabais todos vosotros? pregunt Petro con frialdad. Os dije que siguierais de cerca a los cronistas. La mayora bamos en uno de los esquifes de los vigiles. Se supona que Parvo tena que mantenerse pegado a ellos en el transbordador. Rubela dijo que slo un hombre iba a acercarse tanto, por si acaso sospechaban. Rubela! Petronio se acerc an ms al punto de ebullicin. Si un tribuno quiere venir en una misin, jefe... Si lo hace, lo perdis! Cuntame el resto del desastre. Parvo no pudo subirse en el transbordador adecuado por culpa de la multitud, de modo que lo arrastraron a bordo de uno de Rusticelio... No era ms que un bote de remos para pasajeros. Pero cruzaban al mismo tiempo, ms o menos en paralelo. Vio lo que estaba ocurriendo. La banda embisti el transbordador de Lculo, saltaron a bordo y saquearon los monederos de todo el mundo, de todos los pasajeros. Rubela cree que robaron a los dems para hacerlo ms creble... Cree que las instrucciones de La Flor del Ciruelo eran pillar a los cronistas en el ro? gru Petro. As es como iba a recogerse siempre el dinero? De modo que a los escribas les robaron el cofre en medio de la avalancha?

Se lo arrebataron rpidamente y lo pasaron al remolcador en un abrir y cerrar de ojos. Y dnde estaba Rubela mientras se desarrollaba esta escena pastoril? En nuestro esquife. Saltando arriba y abajo y echando fuego por la boca. No dejaba de gritar que se acercaran remando, pero para ser sinceros, ninguno de los muchachos es muy bueno al timn. Cada vez que un destacamento de vigiles era asignado a Ostia, las tropas tenan que aprender a manejar su bote. En Roma no necesitaban ninguno: haba puentes. Y dnde est Rubela ahora? En Ostia. Consolando a los cronistas y explicndoles que simplemente han sido vctimas de una jugarreta. Petronio se pas las manos por el pelo al tiempo que asimilaba aquello. Siempre preocupado por la seguridad de los hombres, pregunt, con voz ms comedida: Algn intento de defenderse? Alguna baja? Parvo. Salt al agua y nad desde el transbordador en el que iba. Consigui subir a bordo del Lucillo. Es un diablo enloquecido, golpe a un miembro de la banda con un remo y casi le abre la cabeza. Como bomberos, los vigiles son una fuerza que no va armada. Pueden hacer muchas cosas con los puos y los pies, o si no, improvisan. Pero entonces alguien golpe a Parvo en las tripas y se cay del transbordador. Est bien? Se hundi. Rubela y algunos muchachos saltaron tras l. Lo sacamos, pero eso nos retras. Para entonces la banda ya estaba otra vez en el remolcador, rindose de todos nosotros mientras se alejaban remando a toda velocidad corriente abajo. Intentamos seguirles pero los transbordadores se metieron en medio... A propsito? Bueno, era un caos. La corriente arremolinaba los botes por todas partes. Los ladrones parecan saber lo que hacan en el agua, pero hubo algunas colisiones. Cre que bamos a hundirnos. Poco despus encontramos el remolcador. Lo hicieron encallar junto al santuario de Isis; ahora no hay ni rastro de ellos y por supuesto nadie vio nada sospechoso cuando desembarcaron all... o al menos eso es lo que dicen todos. El hombre se qued callado, con una expresin de culpabilidad. AI cabo de un momento Petro dio unas palmadas en el hombro a los vigiles para demostrar que no estaba resentido. Entonces le hizo una seal a Fsculo (que haba estado escuchando, si bien a una distancia prudencial). Reunieron a las tropas y emprendieron un completo registro en el interior de La Flor del Ciruelo. Dejad este antro patas arriba! orden Petronio. En ocasiones mostraba mayor respeto por las personas y las propiedades. Pero de algn modo tena que aliviar sus sentimientos.

XLVII

No era la primera vez que Petro y yo estbamos en un burdel, siempre por motivos profesionales, por supuesto. En una ocasin habamos arriesgado nuestras vidas y nuestra reputacin en el mayor nido de amor que Roma poda ofrecer, buscando en vano al bandido que era el suegro de Florio, la pesadilla de Petro. En comparacin, La Flor del Ciruelo era un lugar diminuto y sus servicios sencillos, aunque, al igual que todos los establecimientos portuarios, tena su propio cariz hostil. Unas pequeas celdas en dos pisos ofrecan poco ms que unas camas estrechas y duras. Las que eran de lujo tenan todas un colgador para la ropa fuera en el pasillo. La suite imperial contaba con un armario que contena un orinal. A pesar de que desde el muelle el lugar pareca desierto, cuando irrumpimos por la puerta principal con los agresivos saludos de los vigiles, el interior solt a un montn de ocupantes de dudosa reputacin. De todas partes salan marineros avergonzados, muchos de ellos con una bolsa a cuestas y con cara de estar utilizando el lugar simplemente como un hotel barato. Las chicas eran de varios sabores, desde orientales de ojos de azabache, pasando por tipas morenas de las regiones interiores de frica con pechos y traseros increbles, hasta una gala flacucha que no tena busto y que le propin una inesperada patada en la entrepierna a Fsculo. A todas les ola el aliento a ajo y su lenguaje era ordinario. Hubo varias que intentaron el viejo truco de quitarse la ropa para desconcertarnos... las que, para empezar, iban vestidas. La madama se denominaba a s misma bailarina hispnica, pero en su vida no poda haber ido ms all de la puerta Romana de Ostia. Al dedicarse a este oficio durante dcadas, probablemente haba adquirido ms conocimientos tcnicos sobre bitcoras y trinquetes que muchos carpinteros de barco. l gorila al que Ajax haba ladrado con tanta ferocidad el otro da, llevaba puesta una tnica que haba tenido como huspedes a la mayor parte de la poblacin de polillas de Portus. Tena ms agujeros que tela haba entre ellos; cuando se movi cre que unas nubes de pequeas criaturas aladas saldran a raudales como si hubiramos perturbado una cueva de murcilagos. Has estado alguna vez en una cueva de murcilagos, Falco? quiso saber Petro en tono sarcstico. Yo era poeta en mis ratos libres; l siempre haba desaprobado mis tendencias imaginativas. La imaginacin es un talento poco frecuente. Qu tal si la aplicas a ayudarnos a ocuparnos de estos forajidos? La madama se haba negado a hablar con nosotros, siendo un principio de su oficio que, puesto que era una marginada legal por ser prostituta, los agentes de la ley de

Roma no tenan jurisdiccin sobre ella. Al menos, eso es lo que ella deca. Fsculo discuti aquella filosofa circular con el ingenio mordaz y los buenos modales de los vigiles: le propin un puetazo en la mandbula. Puede parecer duro, pero para entonces l intentaba arrastrarla hacia fuera y ella lo estaba pisando; pesaba mucho y deba de saber que sus supuestos zapatos de baile de la Hispania tenan unos formidables tacones altos. Debido a su falta de cooperacin, Petronio le estaba estrujando las pelotas al gorila. Queramos que nos dijera si alguno de los clientes era de Cilicia. O de Iliria aad. Petro reforz la pregunta manualmente. Eso est cerca de Agrigento? Al gorila lo haban entrenado bien en eso de hacerse el tonto, incluso cuando corra el riesgo de convertirse en un eunuco. No perdimos ms tiempo con l. Como smbolo de que lo dejbamos estar, Petronio le dio un tortazo en la oreja. Luego, explic a los clientes que miraban que tena muchas ganas de probar sus tcnicas de apretones y tortazos en otras partes de la anatoma, de modo que cualquiera que quisiera darle problemas podra ser un voluntario. Aquello era demasiado sofisticado y, de todas formas, la mayora eran extranjeros. O al menos eso afirmaban ellos. Cierto era que todos tenan gran dificultad incluso para entender el requerimiento de sus nombres y medios de vida. Petronio Longo puso a los hombres en fila, vigilados por sus tropas, y dijo que iba a llevar a cabo el proceso de comprobar si los clientes eran ciudadanos romanos libres o esclavos fugitivos; explic que aunque detestaba la xenofobia, estara obligado a prestar particular atencin a los que fueran extranjeros. A cualquiera que pareciera ser un fugitivo se le pondra un pesado collar y sera encarcelado hasta que se hubiera realizado la bsqueda de su amo por todo el pas; como el trabajo apremiaba, en aquellos momentos no haba ninguna garanta de cunto tiempo podran durar dichas bsquedas... Pero no haba nada que temer: lo nico que uno tena que hacer para quedar absuelto era presentar su certificado de ciudadana romana vlido. Nadie lleva ese certificado encima. Muchos ciudadanos de Roma s tienen un certificado de nacimiento (o lo tuvieron cuando nacieron y fueron registrados), a los esclavos libertos se les da una tablilla y todo el personal ex miembro del ejrcito adquiere su diploma de puesta en libertad (que solemos guardar cuidadosamente, no fuera el caso que tuviramos que desmentir acusaciones de desercin). En las provincias, de donde eran originarios la mayor parte de aquellos hombres, el concepto de ciudadana es poco preciso. La pandilla de marinos, cargadores, negociadores y cocineros de platos sencillos y rpidos parecieron todos avergonzados, luego les entr miedo y a continuacin siguieron nuestras reglas. Rpidamente se confeccion una lista de nombres, ciudades natales y profesiones. Nadie reconoci ser cilicio o ilrico. O panfilio, licio, rodio o delio. Haba un cretense, pero estaba solo, su estatura era de tan slo un metro y veinte centmetros, era patizambo y vomit de terror cuando lo interrogamos. Decidimos que de ningn modo poda formar parte del chanchullo con los dos cronistas de la Gaceta, de manera que le hicimos prometer que no lo volvera a hacer (cosa que hizo, aunque era inocente, mediante un peculiar juramento cretense). Lo dejamos marchar. Mientras se iba correteando por el muelle nos maldijo. Fsculo pareca estar nervioso.

Algo ha hecho, seguro decidi Petro misteriosamente, con la voz de la experiencia. Pero entonces ya era demasiado tarde. Para tener unas piernas tan arqueadas que podas hacer pasar tres cabras entre ellas, el cretense se mova como un velocista olmpico al que le hubieran prometido una excitante cita si regresaba del estadio con una corona. se fue otro motivo de sospecha: de los dems, la mayor parte se haban marchado paseando, adoptando una expresin despreocupada deliberadamente. Lemno dijo Fsculo, volviendo a revisar la lista. Lemno, de Pafos. Trabaja por su cuenta como mezclador de hormign en las obras de construccin. Actualmente no tiene trabajo. Entonces, qu est haciendo en los muelles? pregunt. Buscando empleo, dice. En el colchn barato de una puta? Todos nos remos. Entonces, la madama de La Flor del Ciruelo nos chill que todas sus mujeres estaban muy bien entrenadas y no eran baratas. La vida haba hecho de aquella arpa una excelente mujer de negocios. Cuando los vigiles recogan los brtulos para marcharse, ella les prometi hacerles descuento si venan de visita una noche tranquila.

Petronio Longo iba a llevar a sus hombres de vuelta a Ostia. A Rubela no le hara gracia mi presencia en la reunin para rendir informe del episodio de aquella maana en el ro. Le dije a Petro que si vea a Helena tena que tranquilizarla y decirle que nuestra misin nos haba abandonado. Pero ya que me encontraba all en Portus, se me ocurri quedarme por ah y husmear un poco. Los vigiles se marcharon. Volv al Delfn. Todo pareca haberse terminado, pero ahora estaba solo sin apoyo de nadie. Para m era entonces cuando empezaban las aventuras del da.

XLVIII

Me compr algo para comer. Desafiando abiertamente las normas de los figones imperiales, el plato del da en El Delfn era un guiso caliente de pescado. Tenan que haber sido legumbres, pero el camarero tena un sedal por encima del malecn; el pescado era gratis. Portus estaba lleno de funcionarios, desde los ediles del suministro de grano hasta los escarabajos de las tasas y el capitn de puerto, el personal del faro y los vigilantes; aqulla tendra que haber sido una zona completamente regulada. Ni en broma. En los puertos, la desobediencia es tan comn como el cieno. Me hallaba rebaando el cuenco con un pedazo de pan rstico cuando a quin os parece que veo trotando de vuelta a La Flor del Ciruelo? A Lemno! Sus arqueadas piernas cretenses seguan levantando el polvo como un esclavo domstico furibundo. Entr correteando en el burdel al tiempo que echaba una mirada furtiva por encima del hombro. Al cabo de un minuto yo hice lo mismo. El gorila se haba ido a comer. En aquellos momentos vigilaba la puerta una chica bajita, gorda y sombra. T otra vez! me salud. Me encanta ser tan memorable... Dnde est Lemno? Ten cuidado. Escucha, gordi; llvame con el cretense, rpido! O qu? Ella esperaba una amenaza, de modo que le mostr medio denario. O no te dar esto. No tena intencin de darle tanto dinero hiciera lo que hiciera, pero no era ni mucho menos inteligente y se lo trag. Con lo que ella consideraba una sonrisa seductora, me condujo a lo largo del pasillo. Era tan seductora como una pata preada, y slo aparentaba unos catorce aos. Ya es bastante malo ser gorda y desgraciada a esa edad si llevas una vida como es debido; trabajar adems en un burdel deba de ser mortal. Lemno estaba sentado solo en una de las celdas. Bueno, hombrecito de Pafos, qu haces otra vez aqu? No haba terminado. Los hombres de Petro ya haban establecido que Lemno llorique al ser interrogado. Slo mostraba su verdadero estilo cuando no podan alcanzarlo. Entonces sus maldiciones volaban tan rpido como sus piernecitas curvadas.

Puesto que ests aqu solo, los chistes son obvios y ordinarios, Lemno. Ha pagado? le pregunt a la chica de la puerta que segua esperando all con la esperanza de conseguir la moneda.

Tiene cuenta. Sacudi el pelo hacia atrs con aire burln, cosa que provoc una neblina de caspa y perfume barato. Dej que viera cmo me guardaba la moneda que le haba ofrecido, as pues regres a sus obligaciones. Remoln! exclam entre dientes y con el ceo fruncido. Me imagino que se refiere a ti le dije a Lemno alegremente... justo cuando dej de ser una rata tmida, abri rpidamente un cuchillo plegable y me atac. Ya me haba esperado problemas. Le ech el brazo hacia arriba de un codazo y por muy poco evit que me rajara. Lemno pas a trompicones por mi lado hacia el exterior de la celda, pero yo haba extendido la pierna y tena la bota a la altura de sus tobillos. Se estrell contra el suelo. Lo hubiera desarmado e inmovilizado, pero la vigilante de la puerta haba vuelto y se abalanz sobre m. An iba detrs del medio denario, y estaba dispuesta a pelear sucio por l. Me liber para que no me asfixiara y le propin un golpe con la rodilla que la dej doblada en dos y gritando. El cretense haba puesto pies en polvorosa a toda velocidad. Cuando sal detrs de l aparecieron mujeres de todas direcciones. La madama estaba en lo cierto: estaban todas muy bien entrenadas... entrenadas para interceptarme el paso. Apart a una princesa del desierto de un empujn, aplast a su plida amiga contra la jamba de una puerta y desvi a una fiera con la cadera y a otra con el antebrazo. Lemno haba salido fuera a todo correr y cuando sal precipitadamente al muelle ya se haba perdido de vista. No obstante, la gente estaba mirando fijamente hacia unas letrinas pblicas como si un fugitivo hubiera entrado all a toda prisa, de modo que yo tambin entr. Haba cinco hombres tomndose un descanso filosfico, todos ellos extranjeros, todos inmersos en sus tareas. Ni rastro de Lemno. No haba otra salida. Hubiera sido una grosera entrar corriendo y luego volver a salir corriendo de inmediato. Tom asiento. Entronizado en un sitio libre, recuper el aliento, gruendo en voz baja. No me hicieron ni caso. Siempre hay un perdedor que habla solo. Al menos haba algo provechoso en dar caza a un sospechoso en una zona imperial de alta categora: dado que podra ser que a Claudio y a sus sucesores les entraran unas ganas terribles de ir al bao mientras inspeccionaban las instalaciones portuarias, la letrina de veinte asientos era digna de un emperador. Los bancos, en los que haba asientos, para cinco personas en cada lado, estaban revestidos de mrmol y los bordes de sus agujeros de hermoso diseo, eran lo ms lisos posible. La estancia era un rectngulo espacioso y aireado, con ventanas en dos de los lados para que los transentes pudieran mirar dentro y ver a sus amigos; si Lemno haba entrado all tal vez haba saltado por la ventana. El agua para limpiarse corra por canales que nunca se desbordaban. Haba abundancia de esponjas en sus palos. Un esclavo limpiaba las gotas y salpicaduras. Y lo que es mas, llevaba una tnica muy cuidada y era discreto a la hora de esperar propina. La conversacin entre los mozos y los negociadores era banal, pero tras una larga maana fuera tena mejores cosas que hacer que charlar. Por norma general, los

informantes tienen que arreglrselas sin aliviar sus necesidades. En un imperio que se enorgullece de una higiene de categora, la retencin de las funciones fisiolgicas constituye el principal desafo para los hombres de mi profesin. Agarrarse a tortazos en una pelea o hacer tu declaracin de impuestos de manera creativa es pan comido en comparacin. Permanec sentado y sumido en la reflexin sobre los aspectos negativos de mi trabajo, las tpicas cavilaciones de un hombre que ha entrado solo en unos servicios. Un par de personas se marcharon. Entraron otras dos. De pronto o mi nombre: Vaya, hola Falco!. se era el otro inconveniente tradicional: el idiota que insiste en que debe hablar contigo. Levant la vista y vi a un anciano grun de cabello cano, muy manitico a la hora de comprobar que su asiento estuviera limpio y seco: Canino. Era natural encontrarse con la galleta de barco en Portas, aunque por supuesto me sent molesto. Cuando los hombres de la marina tienen la oportunidad de disfrutar de unas instalaciones decentes en tierra firme en lugar de andar colgados sobre la popa de un barco que brinca con un viento fortsimo, suelen tomarse su tiempo. Canino tena cara de estar dispuesto a quedarse all durante das, y yo tena que aguantarlo. Segn el protocolo de las letrinas, los presentes podan entonces volver a sumirse en ntima reflexin mientras me compadecan porque alguien me haba visto. Estaba obligado a ser agradable. Canino! Ave. No sueles frecuentar este lugar, Falco? Mov la cabeza en seal de negacin. Slo estoy de paso. Es un viejo chiste del ejrcito, pero al parecer la marina tambin lo conoce. No me digas! Estuviste involucrado en todo ese bullicio en La Flor del Ciruelo esta maana, Falco? solt tan campante esa amenaza nutica con una mirada significativa. Es confidencial le advert, en vano. S, pens que debas de estarlo. Por lo que he odo era un rescate que sali mal, no? Debes de tener a tus soplones apostados en los lugares adecuados. Tena alguna relacin con ese caso que mencionaste? El del cronista desaparecido? Supuestamente Diocles est a la espera del rescate. No vi que tuviera nada de malo admitirlo, aun cuando los otros cuatro hombres presentes escuchaban atentamente en tanto que fingan no hacerlo. Creo que fue una artimaa, nadie lo ha secuestrado. Slo me pregunto cmo supieron los especuladores que haba desaparecido... y que la gente estaba lo bastante preocupada por l como para responder a una demanda de dinero. Me estuviste preguntando por los cilicios dijo Canino. Comportamiento habitual. Se sientan en tabernas y burdeles, ojo avizor. Exactamente del mismo modo en que solan trabajar los piratas: consiguiendo informacin sobre barcos con cargamentos decentes a los que posteriormente seguiran fuera del puerto y atacaran. Ahora los cabrones se quedan de pie en los mostradores de los bares y escuchan, al acecho de hombres ricos recin desembarcados que lleven con ellos a

esposas o hijas coincid. Como cortesa profesional, baj la voz: La ltima vez que nos vimos no me contaste que estabas en el puerto investigando este chanchullo. Ah, no? Canino fue brusco. En ningn momento dijiste que incidiera en tu caso del cronista desaparecido. No lo saba. Nos quedamos callados. El cambio de ritmo de nuestra conversacin permiti que dos de los otros hombres terminaran y se marcharan. Los dos que quedaban, que era de suponer que se conocan, empezaron a hablar de caballos de carreras. Canino estaba muy simptico. Por cierto, Falco, hace poco alguien ha mencionado a un tipo que se supone que es to tuyo. Me sorprend de que en Portus se me considerara un personaje... o de or que mi rbol genealgico provocaba chismorreos de embarcadero. Ests seguro de que no te refieres a mi padre, Didio Gemino? Todo el mundo lo conoce como a un bribn. El subastador? Estaba en lo cierto. Todo el mundo conoca a pap, incluyendo los investigadores navales. No era una sorpresa. Gemino haba cerrado muchos tratos dudosos con un apretn de manos. De hecho, uno de los hombres que hablaba sobre caballos me lanz una rpida mirada cuando se escap; tal vez hubiera estado involucrado en una de las turbias adquisiciones artsticas de mi padre. El inacabable suministro de estatuas de artistas griegos que pap venda en el Prtico de Pompeyo lo fabricaba a golpes para l un especialista en reproducciones en mrmol de la Campania, pero me haba dicho que algunos ritones y vasos de alabastro que suministraba como antiguas vasijas baratas a diseadores de interiores venan por mar. Segn pap, eran griegas de verdad y sin duda casi antiguas, era la procedencia lo que prefera no discutir. No, estoy seguro de que era tu to insisti Canino. Fulvio reconoc. No lo haba visto desde que era un nio, hasta esta semana pasada... A qu viene el inters? Pens que podras estar trabajando con l. Qu? Con Fulvio? Te vieron bebiendo con l y tu padre. Gemino vino aqu para buscar a Teopompo, no? Por favor! estaba asombrado e indignado. Tom una copa tranquilamente con unos parientes en la taberna del foro; simplemente nos encontramos por casualidad. Sin embargo, te lo dicen y t decides que formamos un equipo organizado? Un equipo que podra causarte molestias, me imagino? Bueno... Entonces Canino se dio cuenta de que era ridculo y abandon. Estuve hablando con un tipo que crea que podra haber conocido a tu to en el extranjero. Ni siquiera s dnde ha estado le dije claramente. Es ms famoso por salir para Pesinunte y subirse al barco equivocado. Fue hace aos. Por lo que yo s, no era un barco que fuera a Cilicia. Si pareci que le estuviera diciendo a Canino que no era asunto suyo, estupendo entonces. Pesinunte? Canino puso cara de desconcierto.

El antiguo santuario de la Gran Madre confirm. Mantuve un tono solemne. Quera modificarse. En cuestiones religiosas, el to Fulvio lleva las cosas hasta el final. Crea que era ilegal que un ciudadano se mutilara su... S, lo es. Y disfrazarse y bailar por ah con ropa de mujer? S. Afortunadamente, Fulvio detesta el baile. Pero, como puede que sepas, los ciudadanos tienen permitido dar dinero al culto. El to Fulvio es tan caritativo que no pudo soportar la espera hasta el festival anual en Roma. Slo quera contribuir al mantenimiento de los sacerdotes eunucos lo ms rpidamente posible... Me lo estaba inventando libremente, incapaz de tomrmelo en serio, pero Canino se deleit con ello. Por lo que dices, parece una persona enigmtica. Con sus carencias en geografa al reservar un pasaje en un barco? No, no poda haber tenido un to ms interesante. Mam habra estado orgullosa de m. Y de verdad se ha cortado el chisme con un trozo de pedernal? No que yo sepa. Aunque creyera que Fulvio lo haba hecho, la auto castracin era un delito y l no dejaba de ser pariente mo. No iba a proporcionarle a la marina una excusa para levantarle la tnica y examinarlo. Que fueran a buscarse las emociones a otra parte. Mir fijamente al agregado, preguntndome por qu le fascinaba tanto aquel to mo al que haca mucho tiempo haba perdido de vista. El cuarto desconocido, un hombre discreto de unos cuarenta aos, estaba entretenido con una esponja. Canino lo mir y decidi que no haba peligro en continuar hablando. Sin cambiar el tono ni la expresin, me explic el tema: En los muelles se dice que tu to Fulvio regres aqu despus de haber estado viviendo en Iliria. Para m es una novedad repliqu con fastidio. Lo ltimo que o es que el to Fulvio estaba pescando tiburones. No vi ningn motivo para excusarme con educacin. Me levant y me fui.

XLIX

Cuando volv a salir al muelle estaba mareado. No tena ni idea de dnde haba pasado Fulvio el ltimo cuarto de siglo. Aunque hubiera estado en Iliria eso no demostraba que estuviera mezclado con los piratas y secuestradores. Pero la taimada insinuacin de la galleta de barco tena un dejo de certeza. Estaba emparentado con varios empresarios cuyos tratos comerciales era mejor dejar velados. Fabio y Junio daban vergenza ajena, pero su hermano mayor tena una veta de oscura inteligencia, adems de cierta aversin por las normas sociales; disfrutaba criticando a la gente. Lo vi claro: como intermediario de los secuestradores, Fulvio encajara. La imputacin de que el Ilrico era una vieja reina esculida tambin sonaba verosmil. Fulvio haba intentado escaparse para asistir a un culto cuya diosa, segn el mito, haba nacido andrgina; entonces se cre la pareja masculina de Cibeles a partir de los genitales masculinos extirpados de sta, slo para que se castrara a s mismo, extasiado... Era una familia a la que no envidiaba. Deba de ser macabro cuando en las Saturnales se sentaran en torno al fuego intercambiando historias mdicas. Pero ningn desafortunado sobrino haba tenido que explicarle a Cibeles, la Gran Madre del monte Ida con su corona almenada, que Atis no solamente era un eunuco con gorra estrellada, sino que adems jugaba un importante papel en un feo chanchullo de rescates. Yo era una persona fuerte. Pero no tan fuerte que quisiera apechugar con aquello. Los espectros de mi propia madre y de la ta abuela Febe se alzaron de forma alarmante en la granja de la familia. Puede que a los informantes no se nos conozca por tener miedo a nuestras madres, pero estamos acostumbrados a evaluar correctamente los peligros... as pues les tenemos miedo, por supuesto. Volv a entrar en los servicios. El otro cliente pas por mi lado al salir y me dirigi una extraa mirada. En aquellos momentos Canino mantena una estrecha conversacin con el joven encargado; dndole una propina, supongo. El joven dio media vuelta rpidamente. El hombre de la marina levant la mirada, sorprendido y receloso. Creo que te equivocas dije. Si te equivocas, acabas de difamar a un anciano miembro de mi familia. Si no, Canino, no me hagas perder el tiempo con insinuaciones. T sacaste el tema, t debes entregar a Fulvio. Volv a marcharme. Aquella vez no iba a volver.

Me diriga a grandes zancadas hacia la salida que me llevara a la Isla y a la ruta de vuelta a Ostia cuando los vi. Apenas los divis fugazmente. El sol estaba alto, era un da caluroso. Se haba levantado bruma sobre el mar abierto. El embarcadero de piedra brillaba en torno a m. A mis espaldas tena una larga maana, una comida y una eficiente redada. Estaba cansado y enojado. Enojado con el hombre de la marina y ms enojado an, mucho ms, con mi to por exponerme a las acusaciones del hombre de la marina. Quera irme a casa. Hubiera sido fcil dejar de lado lo que ocurri despus y marcharme de Portus. Pero acababa de ver a dos hombres con vistoso atavo que llevaban un arcn de madera. Primero me fij en ellos cuando pasaron entre una gra y un montn de sacos de grano. En un segundo quedaron ocultos por todo el revoltijo del muelle. Entonces, mientras esperaba, volvieron a aparecer ms adelante. Iban trotando a un paso cmodo, uno a cada extremo del arcn, que tena unas prcticas asas. Daba la impresin de que pesaba bastante pero no era imposible de maniobrar. El da anterior, cuando los dos cronistas estaban comiendo sobre la caja en la que guardaban el botn, no haba podido verla bien, pero aquel contenedor era aproximadamente del mismo tamao. Los dos porteadores tenan aspecto de ser marineros. Ech un vistazo a mi alrededor. A veces los muelles estn abarrotados de funcionarios. La hora de comer estaba demasiado prxima. No haba ninguna ayuda disponible. Sal detrs de aquellos dos hombres yo solo. Estuve tentado de gritar. Me hallaba demasiado lejos de ellos. Si echaban a correr con el arcn podra atraparlos, pero no haran eso; lo que haran sera soltarlo y dispersarse. Iba ganando terreno, pero seguan estando demasiado lejos para hacerles frente. Rode un montn de bloques de mrmol, salt por encima de un lo de amarras, me escurr entre descuidadas carretillas de mano... y me encontr con que los dos hombres se haban esfumado. Me puse a correr y llegu a una parte despejada del muelle. Haba estado all aquella misma maana. Pareca estar todo desierto. Las embarcaciones atracadas se dejaban mecer con las olas tranquilamente, apiadas en los amarraderos, todas vacas de gente, al parecer. Entonces un marinero arrugado asom la cabeza en un barco mercante. Le pregunt si haba visto pasar a los portadores del arcn; crea que haban subido el tesoro a bordo de un trirreme. Le ped si quera venir a ayudarme. De pronto fue incapaz de entender el latn y volvi a perderse de vista. Su explicacin pareca correcta. El primer trirreme era la siguiente embarcacin desde donde yo me encontraba, con la popa amarrada al muelle; el segundo y el tercero venan despus de aqul. Si los dos hombres hubieran continuado andando por el embarcadero ms all de los trirremes, todava estaran a la vista. No podan haber hecho otra cosa que doblar a un lado y embarcar.

El trirreme descollaba sobre el agua, su cubierta se alzaba unos dos metros y medio por encima de ella. La verdad es que no alcanzaba a ver la cubierta. Para acercar aquellas embarcaciones enormemente largas hasta sus lugares de amarre en el abarrotado puerto, deban de haberlas conducido marcha atrs por medio de prtigas o quiz lo haba hecho la tripulacin cobrando las sirgas. Ahora unas planchas empinadas descendan por cada lado de los extremos curvos de la popa; estaban acordonadas de un extremo a otro mediante unas ligeras drizas para disuadir a los que quisieran subir a bordo. Pas por encima de la ms prxima. Luego sub con cuidado por la pendiente, atraves las barandillas laterales que llegaban a la altura de la rodilla y sub al alczar. Ya haba estado en barcos militares en otras ocasiones. Cuando era un joven recluta haba navegado en transportes del ejrcito, tal vez la experiencia ms funesta de toda mi vida militar; an poda notar el sabor del miedo mientras nos llevaban hasta Britania, todos nosotros queriendo volver a casa con nuestras madres y vomitando durante toda aquella glida travesa. Ms adelante tuve una breve experiencia en aguas ms calmadas en la baha de Neapolis, donde sent la enorme fuerza de la velocidad mientras un trirreme persegua a unos conspiradores, la increble suavidad de movimiento cuando sus remeros viraron de manera experta sin apenas moverse del sitio, el crujido casi imperceptible cuando el espoln alcanz su objetivo e hizo naufragar el barco de nuestros sospechosos. Se supone que los trirremes no pueden hundirse. Es un consuelo. Aquella larga embarcacin dorma en silencio, los remos levantados y las velas recogidas y plegadas, inquietantemente desierta. Una estrecha pasarela se extenda hasta el centro. En el extremo ms alejado de la misma, un mascarn de proa con forma de ganso picudo cabeceaba suavemente. En la proa, a nivel del agua, saba que haba un gran espoln blindado que le enseaba los dientes a las olas: un metro ochenta o dos metros de mandbula de madera reforzada, revestida de bronce con dientes para hacer que se separaran los tablones de las embarcaciones que atacaban. Aquellos barcos de guerra eran el arma de control de Roma contra la amenaza pirata. Recorr el barco en toda su longitud. En el extremo del castillo de proa haba un camarote diminuto bajo cubierta, para el capitn y el centurin. La tripulacin completa, que era de unos doscientos hombres ms o menos, incluyendo un puado de soldados en tiempos de paz, contaba con muy poco refugio, aunque un ligero dosel los protega de los proyectiles y un poco del tiempo. El camarote estaba cerrado con llave, pero mir por su ventanita: no haba ningn arcn de madera. Mientras regresaba sobre mis pasos me pregunt dnde estaran todos. Seiscientos hombres, de los tres barcos, se haban esfumado. No haba notado una presencia clara de marineros ni en Portus ni en Ostia, ni a fanfarrones capitanes de trirreme emborrachndose a su legendaria manera escandalosa. Se supona que Canino haba puesto espas en los bares, pero seiscientos espas eran muchos para ocultarlos. Tal vez algunos se hubieran ido a Roma. Las dos flotas del Mediterrneo tenan oficinas permanentes all. El personal principal de la flota de Miseno se hallaba acuartelado en el Campamento Pretoriano, aunque corra el rumor de que pronto iban a ser trasladados cerca del Anfiteatro Flavio porque los marineros iban a poner los grandes toldos propuestos que daran sombra a las multitudes. El cuartel general de la flota de Rvena estaba situado en el sector trastiberino. All no haba nadie. El barco entero estaba vaco. Ni siquiera haba un vigilante. No haba ms remedio. Cruc hacia el otro lado del clido alczar y con cautela pas al siguiente trirreme. Poda haber bajado por una pasarela y subir por la otra, pero

ya haba perdido demasiado tiempo. Cada uno de los trirremes tena una aguja de carena en toda su longitud para sostener la fila de remos superior; trep por la borda y salt de un pescante de los remos a otro. Lo hice con temor, tena miedo de resbalar y caer al muelle.

El segundo trirreme tambin estaba vacio. Lo registr rpidamente y luego me abr camino por su cubierta con creciente incomodidad y salt a la tercera embarcacin. Verme solo en aquellos enormes barcos vacos empezaba a ponerme nervioso. Explicar mi presencia se converta en una opcin ms difcil cada vez que cruzaba a un nuevo barco. Subir a bordo de un barco de guerra sin permiso probablemente fuera traicin. Subir a bordo de tres sera tres veces igual de malo. Ya por costumbre, cruc al ltimo trirreme y mir por encima del extremo ms alejado de la embarcacin. All vi otro barco, de menor altura en el agua y, por lo tanto, previamente invisible. Era una liburna de un solo remo por banda, una clsica galera ligera. Por alguna razn, haba una plancha que iba desde el alczar de aquel trirreme hasta la liburna. Si los trirremes hubieran transportado carga, habra pensado que la liburna la estaba robando. Al estar amarrados en paralelo al muelle y hallarse la embarcacin pequea ms alejada del puerto, sera habitual permitir el acceso a tierra mediante una conexin... aunque el capitn de cualquier barco comercial se lo pensara dos veces antes de utilizar un barco de guerra de la marina como puente. Pero aquello no tena ninguna explicacin lgica. Aun as, el barco ms bajo tambin pareca desierto. Utilic la prctica plancha y baj por ella. Casi enseguida o que alguien se acercaba. No haba manera de regresar al muelle sin encontrarme cara a cara con los recin llegados. Me prepar para contar una buena historia. Aparecieron en el muelle y subieron rpidamente a bordo. Ataviados con estropeadas botas marineras y pantalones de colores vistosos, aquellos marinos de brazos desnudos y cabellos despeinados olan a los mares orientales. Slo haba dos, pero a uno de ellos lo estaban arrastrando, impotente y dando traspis. Un enorme y reciente morado le desfiguraba su moreno rostro y tena una oreja hinchada hasta el doble de su tamao normal. Lo ayudaba a subir a bordo un decidido marinero que llevaba unos grandes broches de oro en los hombros y que, a juzgar por la facilidad con la que llevaba a medias a su conmocionado amigte, deba de ser fuerte como un toro. Me vio a bordo de su barco. Qu le ha pasado a tu amigo? me lo tom con calma. Se ha dado contra un remo. Sent un escalofro. Uno de los miembros de la Cuarta Cohorte, Parvo, haba golpeado a un ladrn con un remo durante el altercado en el ro. Nos fulminamos el uno al otro con la mirada. El mandams era sombro, dominante y estaba contrariado. Su mirada feroz sugera que estaba listo para una pelea. Qu ests haciendo aqu? Realizando unas investigaciones rutinarias. Me llamo Falco. Cotis.

Y..? Arin. El hombre herido se haba erguido; ahora la pareja se separ, cubriendo mi ruta de escape. De dnde eres, Cotis? De Dirraquio. Dnde estaba eso, por el Hades? No est en mi ruta profesional... Conjetur a tontas y a locas: No estar en Iliria? Entonces, mientras Cotis asenta con la cabeza, me abalanc sobre su tripulante herido. Haba pensado que Arin sera el blanco fcil debido a sus heridas. Estaba equivocado. Arin arremeti contra m de forma muy brusca. Despachar los problemas era cosa de rutina, quera acabar cuanto antes y le daba igual si yo mora en sus brazos. Me liber, empuj a Arin contra Cotis para retrasarlos y corr como un loco hacia la plancha que bajaba a la costa. Alguien silb para llamar a los refuerzos. No me detuve a preocuparme de la tripulacin que suba a cubierta; otros haban llegado al muelle y me bloqueaban la huida. Entonces un tremendo golpe entre los hombros me derrib. Choqu contra el suelo de la cubierta y not que la espalda se me dislocaba dolorosamente, Tiraron de m para ponerme en pie. Muchas manos me arrojaban de unas a otras. Despus de jugar un poco a zarandear a Falco, me lanzaron de nuevo sobre cubierta casi inconsciente. En torno a m empez a desarrollarse ms accin de la que me gustaba. La tripulacin de aquella nave eran unos maestros de la huida rpida. Aquel barco tena cerca de cincuenta remos, en una sola hilera a cada banda; los remeros que los manejaban haban aparecido de la nada. De construccin ms pequea y maciza que los elegantes barcos de guerra, poda haber permanecido all amarrado junto a los trirremes durante das, incluso semanas... pero ahora se marchaba. La enrgica actividad hizo que la liburna saliera del puerto sin la ayuda de un remolcador. No todo estaba perdido... o al menos eso pens por un breve momento. Cuando salamos ms all del trirreme, de pronto vi por encima de m la cabeza canosa de Canino. Miraba por la barandilla del trirreme con curiosidad. Me incorpor como pude y grit pidiendo ayuda. Canino se limit a alzar un brazo lnguido. Tal vez me estuviera diciendo adis con la mano, pero pareca una seal dirigida a Cotis. Todas las esperanzas de que la marina me rescatara se desvanecieron de pronto. Tena una oportunidad de ayudarme a m mismo mientras los marineros seguan atareados con las maniobras de la partida. Ni siquiera me haban registrado. Cuando el barco se acercaba a la salida del puerto y al faro, desenvain rpidamente la espada y la sostuve contra el cuello de un marinero. Pero nadie me hizo caso. Los gritos desesperados que dirig a los funcionarios del faro se perdieron. A esa hora del da, los funcionarios del puerto que estaban all en lo alto tenan demasiadas embarcaciones a la vista.

Los marineros se lanzaron sobre m, haciendo caso omiso del peligro que corra su colega. Su reaccin fue automtica. Aquellos hombres estaban acostumbrados a actuar con rapidez. No se molestaron en desarmarme; me arrastraron hasta la barandilla y me arrojaron directamente por encima de ella.

Al igual que los barcos de guerra, aquella liburna tena agujas de carena. Estas estructuras que se extienden sobresaliendo del casco son habituales en los barcos de guerra con varias hileras de remos, pero normalmente no son necesarias en los monorremes. Pero si se esperaban entablar combate contra, digamos, un barco pirata podra esperarse que dichas estructuras protegan sus remos de que el enemigo los barriera y los hiciera aicos. Al menos me salvaron de la mar. Ca sobre la aguja de carena pero cuando me agarr a su baranda superior, la espada se me cay de la mano. Resbal por el hueco que haba junto al casco y cay al agua. Cuando yo mismo corra el riesgo de resbalar entre los soportes que sujetaban la baranda del pescante de los remos, los ilirios decidieron volver a subirme a bordo antes de que pudiera causar algn dao. Se desenvainaron los cuchillos; aferrndome a la frgil carpintera, no tena ganas de que me rebanaran. Cuando las manos se extendieron, dej que me volvieran a subir. Pas con dificultad de la aguja de carena a la baranda de cubierta y luego me dej caer de nuevo a bordo. No me mataran a plena vista de tierra firme. Esta vez me ataron con cuerdas al mstil para evitar que me metiera en los. Me calm. Mientras los latidos de mi corazn se estabilizaban, evalu la situacin. Por la manera en que aquel barco estaba cargado y tripulado, pareca estar claro que Cotis tena planeado realizar una larga travesa. Adonde os dirigs? le pregunt con voz ronca a un marinero que pasaba por all. Su rostro qued dividido por una sonrisa salvaje. Nos vamos a casa, Falco! Por el Hades. Aquellos cabrones se me estaban llevando a Iliria.

Desde la costa nadie poda percatarse de mi difcil situacin. Las esperanzas de una persecucin y un rescate pronto se desvanecieron. La galera liburna era otra embarcacin que yo ya conoca de una aventura anterior. Una vez Camilo Justino y yo habamos ido al mando de un barco como aqul por un ro en la Germania Libera. Era un muchacho con amigos bien situados, este Justino. Una de sus amigas era una hermosa sacerdotisa de un bosque germnico, el amor perdido del que nunca le hablaba a su mujer, Claudia. Result que la sacerdotisa estaba en posesin de una galera liburna (lo cual la haca ms til que cualquier amor perdido de los mos!) y dej que se la tomramos prestada... Aquella liburna de Dirraquio tena la clsica ligereza de su clase y alcanzaba una buena velocidad. Tena media cubierta, y con mi limitada experiencia supe que navegaba bastante hundida en el agua, como si fuera cargada del todo; a saber qu ilcito cargamento se ocultaba bajo cubierta, aunque hice algunas suposiciones. Son embarcaciones rpidas, lo bastante grandes para que uno se sienta seguro en ellas, pero excelentes para misiones de reconocimiento, navegacin fluvial... o piratera. En alta mar una liburna poda aparecer de la nada a toda velocidad, superar a un mercante muy cargado y entablar batalla con l antes de que pudiera efectuarse cualquier accin defensiva. No tardamos en salir del puerto, pasar frente a la desembocadura del Tber y poner rumbo hacia el sur siguiendo la costa. Haca un tiempo estupendo para navegar, la luz del sol de la tarde destellaba en las olas azules bajo un despejado cielo estival. Las elegantes villas de los ricos parecan casitas de juguete a lo largo de todo el litoral. Una vez fijado el rumbo, me soltaron del mstil y me llevaron a que Cotis se divirtiera conmigo. l se irgui con aire arrogante y un brillo de expectacin en sus ojos. Sus hombres me despojaron de la capa con expresin desdeosa; se trataba de una prenda sencilla y funcional que llevaba para camuflarme, no para ir a la moda. A juzgar por los exticos ropajes que vestan ellos, hubieran preferido capturar a unos playboys envueltos en lujosas sedas. Cotis estaba preparado para llevar a cabo la humillacin ritual. Vaya! Qu tenemos aqu? Cul es tu nombre de nuevo? Falco.

Esclavo o ciudadano? Nacido libre. Hubo un coro de abucheos. Entonces no era precisamente libre. Aja! Eres una persona con tres nombres, no? Cada vez tena ms ganas de extraerle las tripas a ese tipo con la bomba de achique. Soy Marco Didio Falco. Marco Didio Falco... hijo de? Cotis me tomaba el pelo con tanto entusiasmo como si ya lo hubiera hecho muchas otras veces. Hijo de Marco respond pacientemente. As pues, Marco Didio Falco, hijo de Marco... Las frases rituales tenan un dejo amenazador. Aqul era el epgrafe que alguien grabara en mi lpida algn da... si es que alguna vez encontraban mi cadver, De qu tribu eres? Ya haba tenido suficiente. La verdad es que no me acuerdo. Saba que los piratas tenan por costumbre soltar insultos antirromanos a sus cautivos. Los insultos de los piratas fingan admiracin por nuestro sistema social, y luego conducan rencorosamente a los ahogamientos. Bueno, Marco, hijo de Marco, de la tribu de la que no te acuerdas, dime: por qu estabas husmeando en m barco? Sub a bordo siguiendo a dos marineros con un arcn que cre reconocer. Mis grumetes, que me traan el arcn de viaje. La respuesta fue instantnea. Cotis estaba mintiendo. Baj la voz, que adquiri un tono ms amenazador. Los miembros de la tripulacin que nos rodeaban se estaban divirtiendo enormemente. Quieres ver mi arcn de viaje, Marco? Pensaba que contena el dinero del rescate de un hombre al que intento localizar. Quera discutir la situacin con la gente que dice que lo retiene. Quin es ese hombre? se burl Cotis, como si para l eso fuera una novedad. Los informantes siempre esperan tomar la iniciativa en los interrogatorios, pero cuando tu trabajo implica invadir lugares en los que no eres bienvenido, pronto aprendes a dejar que los interrogatorios vayan al revs. Se llama Diocles. Tambin es un espa? No es ms que un cronista. Lo tenis? pregunt en voz baja. No tena absolutamente ninguna esperanza de que Diocles estuviera a bordo de aquel barco, aunque podra ser que hubiera estado all en algn momento. No, no lo tenemos. La declaracin le caus gran satisfaccin a Cotis. Sabes quin lo tiene? Es que lo tiene alguien? Si me haces esta pregunta, acaso sabes que est muerto? No s nada de l, Falco. Sabas lo suficiente como para mandarles una nota pidiendo un rescate a sus amigos.

No fui yo. Cotis esboz una sonrisa burlona. Su manera de hablar en esa ocasin hizo que le creyera. Ah! Entonces sabas que otra persona haba enviado la nota? Entonces tendisteis una emboscada para conseguir el dinero y se lo robasteis delante de las narices... Hara yo eso?

Creo que eres lo bastante inteligente. Lo que estaba claro es que era lo bastante inteligente como para saber que le estaba dirigiendo cumplidos para ablandarlo. Cuando solt una carcajada ante el halago, le pregunt rpidamente: Entonces quin mand la nota pidiendo el rescate, Cotis? Se encogi de hombros. No tengo ni idea. Lo saba, seguro. Aquel hombre le robara a cualquiera, pero querra saber con certeza a quin perteneca el botn del que se estaba apropiando. Oh, vamos! Si te vas a casa a Iliria, qu pierdes en decrmelo? Si se iba a casa, su asociacin con los cilicios deba de haberse roto. As pues, podran haber sido ellos los que emitieron la nota pidiendo el rescate y Cotis se haba aprovechado de la situacin traicioneramente. No soy funcionario; mi misin es privada lo engatus. Lo nico que quiero es encontrar a Diocles y rescatar al pobre infeliz. Entonces dime, lo tienen los cilicios? Deberas preguntrselo a ellos. Espero tener la oportunidad de hacerlo! sonre, reconociendo que ello dependa de lo que Cotis me hiciera. l me devolvi la sonrisa. No me sent ms tranquilo. Los pelos de la nuca se me pusieron de punta. Por qu me llevas contigo? Alguien est preocupado! inform Cotis a su tripulacin, que miraba con lascivia. Reljate, Falco! exclam entonces con sorna. Slo estamos mojando los remos en el ocano en esta estupenda tarde mientras comprobamos unas fugas que hemos arreglado. El viaje de vuelta a nuestro pas es largo, pero tenemos que asistir a un funeral antes de zarpar hacia all. De modo que te devolveremos sano y salvo a Portus, no temas. No haba necesidad de que sacaras la espada ni de que gritaras pidiendo ayuda. Fui prudente y no pregunt de quin era el funeral. El de su compatriota, Teopompo. No confiaba en aquella promesa de devolverme a tierra sin ningn percance. Si la tripulacin decida que los haba estado vigilando demasiado de cerca, estaba definitivamente perdido. Dej de ser prioritario. Cotis se dio la vuelta para discutir algn asunto del barco con un hombre alto y de aspecto competente que pareca ser su experto en navegacin. Hacan comprobaciones mirando a intervalos por encima de la banda de la nave. Un marinero le pregunt algo a Cotis y me dirigi una mirada perversa: estaban planeando alguna otra travesura. El marinero, un mequetrefe con la nariz rota que tena aspecto de aprovechar cualquier oportunidad tanto en las travesas como en los permisos para bajar a tierra para pelear con todo el que quisiera hacerlo, desapareci por una media escalera que conduca a la bodega de carga.

Al cabo de unos minutos, el mismo marinero subi corriendo a cubierta con una banda de tela blanca. Refunfu para mis adentros, Cotis recuper de pronto su estilo provocador. Mirad, una toga! Marco, hijo de Marco, debe llevar su toga como es debido, muchachos! Me llevaron al centro de la cubierta. Me obligaron a extender los brazos y me envolvieron fuertemente en la tela blanca. Puede que fuera una sbana; daba la sensacin de ser una mortaja. Me hicieron dar vueltas y ms vueltas, como si esperaran que me mareara. As est mejor. Ahora tiene el aspecto adecuado. Cotis haba enronquecido con sus burlas proferidas a gritos. Se acerc ms, su mentn sin afeitar apenas a un par de centmetros del mo. Vuelves a estar nervioso, Falco. Fue un gruido en voz baja. Me pregunto... conoces este juego al que quieren jugar mis muchachos? Ah! Creo que s, Cotis. Apuesto a que s. Tienes aspecto de ser una persona que sabe un montn... Aquello era una advertencia de que Cotis era consciente de que yo estaba muy al tanto de su papel delictivo. Un chico se acerc corriendo y me coloc una corona en la cabeza en medio del alegre jolgorio de los dems. La guirnalda era de haca varios das, una reliquia de alguna fiesta, y sus frgiles hojas ahora estaban secas y pinchaban. Una corona para un hroe... Ave, Falco! Responde a nuestro homenaje, responde... Entonces me obligu a saludarlos. Tienes suerte. Cotis apunt su ltimo dardo. Has cado entre hombres de honor. Conocemos tus privilegios como ciudadano romano. Puedes recurrir al emperador. Es eso cierto, Marco, hijo de Marco? Asent con la cabeza cansinamente. Hubo un aplauso fingido cuando me empujaron y arrastraron hacia la barandilla de la liburna. Sabiendo lo que se avecinaba, intent resistirme. Fue intil. No pienses mal de nosotros, Falco orden Cotis. A ese hombre le encantaba hacer teatro para su tripulacin de mala fama. No queremos retener a un prisionero romano, todo lo contrario. Hizo un gesto hacia el extremo de una escalera de cuerda que uno de sus hombres acababa de colgar por encima de la borda en la parte posterior del barco. Ya haba odo hablar de esa jugada. Conoca el resto. Eres libre de marcharte, Falco. All est el camino hacia tu casa: tmalo. Mir por encima de la borda. La escalera se terminaba a unos sesenta centmetros del agua. Se balanceaba muchsimo. Lentamente, trep a la barandilla y me prepar para descender. Mi renuente movimiento fue recibido con unas carcajadas. Aferrndome a una cuerda, permanec derecho sobre la baranda. La parte superior de madera estaba mojada y resbaladiza. La estupenda cuerda de pelo de cabra que haba agarrado me cortaba la mano. Mientras el barco avanzaba surcando el agua, todas las olas amenazaban con tumbarme. En cuanto empec a bajar por la escalera ya no hubo la menor duda de cul iba a ser mi destino. Iba a caerme, ya fuera por accidente o con ayuda de la tripulacin. All a lo lejos en mar abierto, donde circulaban las famosas corrientes del Tirreno, hasta un buen nadador tendra pocas posibilidades. Y yo no saba nadar en absoluto.

LI

Los marineros empezaron a azotarme con cuerdas. Al menos el simulacro de toga con la que me haban envuelto me protega de los trallazos. Sub a la escalera. Muy bien... baja! exclam Cotis con una sonrisa. Buscando a tientas los peldaos que se combaban, descend con desnimo. Vi un par de barcas de pesca a una larga distancia de nosotros. La costa tambin pareca estar muy lejos. Nos hallbamos en una de las rutas de navegacin ms transitadas del Mediterrneo... la nica tarde en la que el camino hacia Portus pareca estar tranquilo. Por encima de mi cabeza o que los remeros regresaban a sus puestos: les haban dado una nueva orden. El barco retom su rumbo. Estaba tan cerca de los remos que al hundirse y alzarse me salpicaban. Algo hicieron en la vela mayor. Me aferr desesperadamente cuando viramos mar adentro dando una larga bordada contra la corriente y dejamos la costa an ms atrs, entonces me balance como un loco cuando volvimos a maniobrar. Los remeros trabajaban duramente. Cada vez que se giraba el timn para cambiar de rumbo, la escalera daba sacudidas hacia atrs o me haca rebotar contra el casco; cada vez se haca ms difcil evitar salir despedido. Consegu despojarme del simulacro de toga. Me quit la maltrecha corona y la dej caer. Un marinero que me miraba desde la barandilla se ro con socarronera. Puede que siguiera pareciendo un idiota a ojos de la tripulacin, pero yo me sent mejor. Estaba vivo. Siempre y cuando siguiera aferrndome an haba una oportunidad para m. No obstante, me hallaba en una escalera de cuerda sin poder hacer nada, a pocos centmetros de los remos que se alzaban, en un barco gobernado por unos secuestradores profesionales que saban que haba descubierto a qu se dedicaban. La promesa de devolverme a tierra no se iba a cumplir. Saba demasiado sobre sus actividades y no tena nada con lo que negociar. Quiz no me estuvieran haciendo caso de momento, pero no estaba a salvo ni mucho menos. Segua reconsiderando y descartando planes de accin cuando ocurri un nuevo desastre. Por encima de m, en cubierta, la tripulacin estaba atareada. El experto en navegacin segua yendo y viniendo, inspeccionando el casco; de vez en cuando le vea la cabeza cuando se asomaba. Cotis haba desaparecido. Cotis deba de haber ido a investigar el arcn de dinero robado. O un bramido, un grito de absoluta furia. En cubierta estall la confusin. Los remeros cesaron en sus

esfuerzos y deban de haber abandonado sus asientos: los remos colgaban, ociosos. El barco se tambale y perdi impulso. Esto es una caja llena de piedras!. En aquellos momentos Cotis estaba asomado a la barandilla por encima de m, dando gritos. En una mano alcanc a ver unas grandes monedas de oro. En la otra tena guijarros, que me arroj. Agach la cabeza. Me alcanzaron uno o dos. Los marineros abarrotaban la barandilla; aquella tarde deban de haber ms de cuarenta miembros de la tripulacin y la mayora de ellos haban abandonado sus puestos para abroncarme. Lo has hecho t! Me engaaste... Yo no tengo nada que ver con eso... No sirvi de nada. Cotis quera un culpable. Ancrites! le grit a Cotis, desgaitndome. Aquello era tpico del jefe de los servicios secretos y su personal: aun cuando l estaba fuera, los cajeros de Anacrites haban amaado las cosas automticamente. A sabiendas o no, Holconio y Mutato se haban convertido en cmplices de un clsico chanchullo. El arcn del rescate deba de contener monedas en lo ms alto para que todo pareciera correcto, pero estaba cargado principalmente con piedras. Normalmente esta artimaa no daba resultado: los delincuentes saben cmo inspeccionar una entrega de dinero a conciencia. Pero si un grupo de piratas le roba a otro con prisas, puede darse el caso de que pasen por alto dicha precaucin. Cotis, el dinero lo proporcion la oficina del jefe de los servicios secretos. Siempre juega sucio... Cotis no saba nada de Anacrites. Lo hiciste t! grit. ste es tu final, Falco! Los miembros de la tripulacin estaban todos profiriendo insultos a voz en grito. Algunos empezaron a sacudir un bichero, aunque yo estaba demasiado abajo para que pudieran alcanzarme. Cotis volvi a desaparecer por unos instantes y luego regres con un hacha. Su enojo era tan grande que estaba dispuesto a sacrificar una escalera decente slo para despacharme. Golpe para cortar la cuerda. Al igual que todos los marineros, saba cmo partir una cuerda en un momento difcil. Uno de los lados cedi. Al tiempo que me balanceaba y chocaba contra el casco, le grit que se detuviera. l cort la otra cuerda. Ca. Tuve el tiempo justo de esperar que algn delfn que pasara y al que le gustara jugar con chicos romanos subiera nadando a la superficie y me salvara la vida. Entonces tom una ltima bocanada de aire, me sacud como un loco en medio de los enredados travesaos de la escalera y me hund bajo las profundas y fras olas.

LII

No te caigas al agua... Helena haba sabido casi desde que la conoc que yo no saba nadar. En una ocasin haba evitado que me cayera en el ro Rdano, despus de lo cual su misin personal haba sido impedir que me ahogara. Haba intentado ensearme la manera de mantenerme a flote. Aguanta la respiracin y limtate a recostarte: flotars en el agua. Ten fe, Marco... Me fui hacia abajo. Sub. Aguant la respiracin y mir al cielo. El agua me pas con fuerza por encima de la cara y volv a hundirme inmediatamente en ella. Estaba atrapado entre los travesaos de la escalera. Su peso me arrastraba bajo el agua. Yo segua agarrado como un tonto. Me desas y luch para liberarme. El terror estuvo a punto de dominarme. Me solt. Sintindome de pronto ms ligero, supe que estaba libre. No te dejes llevar por el pnico, t qudate quieto... Sub y llegu a la superficie. El clido sol me ilumin el rostro. Tos y casi me hundo de nuevo. De espaldas, Marco, as estars perfectamente seguro. Me qued quieto. Tom aire y no me hund. Estupendo. Gracias, seora. El barco ilrico se alejaba rpidamente de m con la corriente costera que iba en direccin norte. La lnea de la costa quedaba tan lejos que prcticamente no se vea. Me haban maltratado y atormentado y luego me haban arrojado al agua. Flotaba, pero cuando intentaba moverme tena que luchar para no hundirme. Haba tragado agua de mar. Saba que no tardara en coger fro y quedarme exhausto. Me sent mareado. En unos momentos tendra calambres. No haba ningn simptico delfn que quisiera rescatarme, aunque saba que habra tiburones. Neptuno y Anfitrite podran haberme invitado a cenar, pero deban de haberse ido a retozar con sus hipocampos a algn otro lugar de sus salados dominios. Nadie saba siquiera que haba salido de Portus. Ahora estaba all, solo en mitad del mar Tirreno. Desesperado, me coloqu como pude en direccin a la costa. Entonces vi una barca de pesca.

El pequeo bote se hallaba inmvil con su vela tarquina recogida, no demasiado lejos de m. No haba nadie a la vista. Trat de gritar pidiendo ayuda, sin ningn resultado. Lentamente intent avanzar chapoteando y al final, tras siglos de esfuerzo, me coloqu con gran dificultad al lado del bote que cabeceaba. Era demasiado pronto para empezar a sentirme orgulloso de m mismo. Era demasiado pronto para respirar aliviado. Cuando grit e hice notar mi presencia, por fin alguien reaccion. Le molest mucho verme. De hecho, cuando intent agarrarme de una cuerda y solicitar ayuda para subir a bordo de la embarcacin, l se puso en pie de pronto por encima de m. Horrorizado, vi que alzaba un remo, a punto de estrellarlo en mi cabeza en un seguro intento de matarme. Patale para alejarme de su maldito bote. Lo hubiera maldecido pero no haba tiempo y volv a hundirme en el agua. El hombre al que haba visto era ancho, robusto, de unos sesenta aos y con un despeinado cabello gris y rizado. Aunque slo distingu un borroso perfil a travs del agua que me inundaba los ojos, lo conoca. Intent gritar su nombre pero en lugar de eso me tragu una pinta de mar. Era demasiado tarde. Iba a morir ahogado. Entonces me top con algo que casi me arranc la oreja y o un grito de Agarra el maldito remo!. Tras lo cual, aquella voz familiar dijo con despreocupada irritacin: He engendrado a un idiota.... De modo que me agarr al remo y, con mi acostumbrado respeto filial, dije, jadeando: Cllate y scame de aqu antes de que me muera, pap!

LIII

Es muy amable por tu parte haber venido a verme, Marco. Cmo es que ests haciendo el oso por aqu todo solo y medio muerto? Medio muerto era correcto. Estaba tumbado en el suelo de su bote, descalzo y totalmente desplomado. Ni siquiera pude darle las gracias a Gemino por su bienvenida. Alguien me golpe entre los omoplatos. Vomit un montn de agua de mar. Por todos los dioses, este chico no cambia nunca... era igual cuando tena tres meses... Uy, ah va otra vez! La prxima vez intentemos colocarlo por encima de la borda... Haba alguien ms en el bote. Con mucha concentracin, cuando las otras personas tiraron de m para ponerme derecho, logr volverme con dificultad para marearme por encima de la barandilla tal como me haban solicitado. Aquella proeza de fuerza de voluntad fue recibida con unos aplausos. Yo estaba tendido con la cara en la baranda, temblando de modo incontrolable. Llvame a casa, pap. Eso haremos, hijo. No ocurri nada. La barca de pesca continu cabeceando suavemente all donde estaba. Me di cuenta de que Gemino estaba reposando con total indiferencia. Al final logr darme la vuelta lo suficiente para ver a su compaero: Gornia, el ayudante de almacn de pap. A su lado, mi cinturn estaba enganchado en un palo y mis botas colocadas en vertical en los toletes para que se secaran. Tanto pap como Gornia llevaban sombrero. Haban colocado un diminuto trozo de arpillera de modo que me proporcionara sombra. El sol de agosto brillaba en el mar, su luz implacable y deslumbrante. No poda enfrentarme a la cuestin primordial de por qu daba la casualidad de que mi padre iba a la deriva por el mar Tirreno. As pues, me qued ensimismado preguntndome por qu Gornia, que tena que estar supervisando el almacn de la Saepta Julia en Roma, se hallaba, sin embargo, sentado con mi padre en el mismo bote ridculo. No poda entender la respuesta. Gornia, un viejo amigo de mi padre que haba pasado muchos aos con l, se limit a quedarse ah sentado sonrindome con unas

encas casi desdentadas. No malgast esfuerzos recurriendo a l. Siempre dejaba que pap llevara la iniciativa en una conversacin, y mi padre era un maestro ocultando hechos fundamentales. Gornia podra haber trabajado en algn establecimiento respetable donde hubiera tenido un sueldo igual de escaso dedicando tambin muchas horas, pero daba la extraa impresin de que disfrutaba con las emociones de la caverna de los misterios de Gemino. Llvame a casa, pap, por favor! Todo a su debido tiempo, chico. No haba cambiado nada. Era como si volviera a tener cinco aos otra vez y estuviera excesivamente cansado despus de haber comido demasiados dtiles con miel en alguna fiesta interminable de un subastador a la que le haban dicho a mi padre que me llevara para que mi madre me perdiera de vista unas cuantas horas. Yo tambin tena dos hijas pequeas y saba perfectamente bien cmo responder a eso: Quiero irme a casa ahora! Todava no, hijo. Me rend. Tal vez me hubiera ahogado de verdad y aqulla era una pesadilla en el Hades. Pap, si no es demasiado preguntar, qu estis haciendo aqu exactamente? Slo es una tranquila excursin de pesca, Marco. Tiburones? gru, pensando en el to Fulvio. Vi un par de sedales que pendan por encima de la borda, aunque ni pap ni Gornia les prestaban ninguna atencin. No recordaba que mi padre hubiera ido a pescar alguna vez. Era un hombre de cerdo a la parrilla. O tal como solamos bromear, de pavo real asado, si alguna vez poda abusar de la amabilidad del anfitrin de una cena en la que se sirviera un lujo semejante a los gorrones. Puesto que no iba a ocurrir nada hasta que mi irritante progenitor decidiera que estaba listo, me incorpor un poco y me despoj como pude de mi tnica mojada. Gornia tuvo la gentileza de extenderla para que se secara. Pap me dio un recipiente con agua. Tras dar unos vacilantes sorbos, me recuper lo suficiente para preguntarle si saba dnde haba pasado exactamente su exilio Fulvio despus de perder aquel barco a Pesinunte. Pap pareci sorprendido, pero respondi: En un lugar de mala muerte llamado Salona. Dnde est eso? Pap se encogi de hombros. Lo incit. Est en Iliria? Bueno... Lo haba sabido desde el primer momento. Creo que se encuentra un poco ms al norte. No lo cre. No ser en Dirraquio? En Salona, ya te lo he dicho. Y qu haca all Fulvio? Un poco de esto, un poco de aquello. No te escabullas. Esto podra ser grave. Beb un poco ms de agua. Un poco de qu, pap?

Cmo de grave? Pronto podran arrestar al to Fulvio... Por qu? Pap pareca alarmado. Por piratera. Ests de broma, hijo! No. Qu ha estado haciendo en Hia, lo sabes? Slo comprar y vender. Eso le dara cierto atractivo a Fulvio a ojos de pap; cualquiera que se dedicara al comercio con el extranjero era un contacto en potencia. Antes de que pudiera preguntar qu venda, mi padre me lo dijo de forma voluntaria: Era proveedor de la flota de Rvena. Un negociador. Un negociador abarca toda una gama de actividades, legtimas o no. Tienes pinta de volver a estar mareado, muchacho dijo pap con seriedad. No me distraigas. Estar bien si algn da me llevas a remo hasta la orilla. Estoy empapado y tengo fro, y he pasado por una mala experiencia. Si no hubieras aparecido me habra ahogado. Te estoy agradecido, creme, muy agradecido... pero, por qu no podemos marcharnos? Por todos los dioses, ya te comprar un poco de pescado, maldita sea. Te conseguir un condenado pez espada entero y dejar que digas que lo pescaste t solo, pap... Mi padre dej que despotricara. Cuando par, dijo sosegadamente: Todava no podemos irnos. Mir a Gornia. Aquel mozo emancipado se limit a sonrer. Tanto l como mi padre parecan encontrarse extraamente cmodos ah afuera. De quin es este bote? pregunt con recelo. Mo contest pap. Eso era una novedad. Era un bote viejo. Desde cundo tena un bote mi padre? Dnde lo guardas... y para qu es? Pap me sonri. Lo volv a probar: Lo haces muy a menudo esto de venir remando tan lejos para quedarte sentado silbando bajo el cielo? Es muy saludable. Es muy sospechoso, pap. A Gornia aquello le pareci tan ingenioso que se rio. Vaya, eso s era una primicia. l tambin pareca conformarse con permanecer all para siempre, sin hacer nada. Me puse de pie, consegu no desmayarme y agarr un largo remo. En teora saba manejar botes pequeos, aunque no era tan experto como Petronio. Si no me explicas a qu estamos esperando, voy a remar yo mismo hasta la orilla, pap. Mi padre no se molest en levantarse y coger el remo; saba que en cuanto diera tres golpes con l estara acabado. Estamos esperando a pescar algo, Marco. De momento lo nico que ha picado has sido t... una deliciosa sorpresa, no me entiendas mal, pero Helena no me dar las gracias si te aso para cenar... Sintate y deja de dar la lata. Si tienes hambre puedes quedarte con mi almuerzo.

Tiene cara de ir a vomitar de nuevo. Por una vez, Gornia se sinti impulsado a hacer un comentario. Le preocupaba que, si me pareca a mi padre, me comiera su parte. Aun as, el canasto pareca grande. Logr entender las cosas. Ya lo haban hecho antes. Ms veces de las que me gustara saber. No estaban pescando, por supuesto; tenan una cita. Poda imaginarme para qu. Pap estaba esperando a algn comerciante internacional que le echara por encima de la borda algunos artculos para l. Se llevara el botn a la costa en secreto, sin pagar derechos de importacin. Mal poda yo quejarme, puesto que me haba rescatado, pero entonces comprend por qu haba estado preparado para pegarle a cualquiera que intentara subir a bordo. Yo estaba furioso. Mi padre estaba contrabandeando con obras de arte, y si los vigiles o los de aduanas lo apresaban aquel da, a m tambin me arrestaran. Le expliqu lo inconveniente que eso sera para un hombre de la superior clase ecuestre como yo, y pap me dijo que me metiera mi anillo de oro donde me cupiera. Te van a pillar, pap. No veo por qu me asegur mi padre en un tono desabrido, No me han pillado nunca. Cunto tiempo llevas haciendo esto? Unos treinta aos. No puede merecer la pena... Pues claro que s, joder! Cul es la tasa de importacin... un dos, un dos y medio por ciento? Muy bien, as pues tienes que aadir un uno por ciento al precio de la subasta pero haces que tus clientes lo paguen... Los derechos de importacin de algunos artculos de lujo ascienden a un veinticinco por ciento recit pap, y dej que asimilara el por qu una tasa tan salvaje haca que valiera la pena estar sentado en aquel bote. Tengo una buena premonicin se rio mi padre al final cada vez que tu hermana Junia me impone la presencia de ese pedorro que tiene por marido! Ah, si estamos engaando a Cayo Baebio, bien hecho! Volv a dejarme caer en el bote y me prepar para que continuaran castigndome. Las horas que siguieron me las pas temblando, mareado, y sufr unas graves quemaduras de sol, hasta que lament no haber esperado ms pacientemente la oportunidad de que un delfn me llevara hasta la costa. Finalmente el barco esperado se acerc, se baj una bandera a modo de saludo, pap y Gornia se levantaron de un salto, agitaron la mano alegremente y cuando la embarcacin se puso al pairo ellos entraron en accin mientras varios paquetes pesados y de extraa forma se hacan descender en unos soportes hechos con cuerdas. Yo me qued donde estaba, fingiendo estar comatoso. Mis dos compaeros cogieron los bultos como un par de expertos y los guardaron, trabajando a toda velocidad, llenando aquella barca de pesca y el pequeo bote que llevaba a remolque. Gornia, que antes hubiera pasado por ser una persona de ciudad, trep entre los dos botes con inesperada agilidad. Incluso pap, cuando empez a orientar la vela, tena el aspecto de un viejo buccino que hubiera vivido en un pueblo pesquero toda su vida. Gornia se ocup de un remo con toda la aptitud de un barquero.

El barco mercante se haba puesto en marcha de nuevo y al fin nos estbamos dirigiendo hacia la costa. Volv a pasarme la tnica endurecida por la sal por la cabeza. Dnde tomars tierra, pap? No puedo afrontar un largo viaje de vuelta a Ostia. No hay necesidad de ello, hijo. Pronto habr terminado todo... estars arropado en una cama cmoda y calentita con un poco de vino tibio con especias para adormecerte... Nosotros cuidaremos de ti. Lo mir. Un nuevo secreto estaba a punto de hacerse pblico. Alguna espantosa revelacin que me sentira obligado a ocultarle a mi madre a toda costa. Tengo mi propia villa me inform pap mansamente. Bueno, claro que s, era de esperar. Abarrotada de galeras de arte llenas de estatuas griegas. Pagada con el dinero del contrabando. Deberas dejar que te ensee su coleccin, Marco confirm Gornia con entusiasmo. Pap adopt una expresin furtiva. Se me ocurri una idea mientras lo fulminaba con la mirada. Fulvio adquiere material para ti... hace tiempo que es proveedor? No se lo digas a tu madre. Mam estrangulara a Fulvio sin miramientos. Qu astuto! Vosotros dos habis estado en contacto durante aos, no? Pap movi la cabeza en seal de afirmacin. Eso significaba que, si el to Fulvio estaba aliado con los piratas modernos, pap tambin. Cerr los ojos, desesperado. Ya casi hemos llegado me tranquiliz pap. Esto ha sido un placer para m. Mar y sol. Un alegre da fuera en un bote de pesca, con mi chico...

Anocheca cuando llegamos a su villa. Era tan lujosa como me haba imaginado. Intent no mirar. No haba escasez de esclavos. Se mand a un mensajero con una nota para Helena. Tendras que haberme consultado. Qu has puesto en la nota, pap? No hay nada de lo que preocuparse, cario: he ido a pescar con Gemino. Oh, estupendo! Intent pensar en otras cosas. Esta villa est cerca de la de Damgoras? La suya est un poco ms arriba siguiendo la costa. Es cierto que lo han enchironado? sac a relucir pap. Est encarcelado en una celda de los vigiles. Es sa manera de tratar a un anciano? No, pero los vigiles no tienen corazn... as que ten cuidado! Qu sabes de Damgoras? No tenemos relacin dijo pap. Yo organizo mis veladas en mi casa de Roma; aqu slo estoy conmigo mismo. Hay un montn de intrusos, nunca sabes con qu clase de persona podras encontrarte tratando.

Dije que entenda perfectamente bien que un contrabandista no quisiera mezclarse con un jefe pirata... y fue entonces cuando me fui a la cama. La cama era cmoda, tal como se me prometi, y dorm tan profundamente como lo hubiese hecho cualquiera que hubiera sido atormentado y arrojado al mar para que se ahogara antes de soportar unas horribles revelaciones familiares y beber un montn de vino para olvidar un da horrendo. Lo nico que necesitaba era una noche para recuperarme. Estaba deseoso de seguir mi camino. Dorm ms de lo que pretenda, pero todava encontr el bufet del desayuno (servido por ms esclavos an) antes de que pap hiciera acto de presencia. Gornia, un tipo ansioso, ya estaba levantado y cargaba una carreta discretamente cubierta. Me llevo a Ostia. Me dejo cerca de mi apartamento y luego sigui conduciendo hasta Roma. Me fui andando rpidamente a casa slo para encontrarme con una nota escrita en el reverso de la que pap le haba enviado a Helena el da anterior. Querido haragn, si apareces, hemos ido al funeral. En la Necrpolis de la puerta Romana. Confo en que pescaras un pez bien gordo. HJ. Me lav con agua fra, me cambi de ropa y me puse mis segundas mejores botas, trat de pasarme un peine por mis salados rizos pero no pude y luego me qued de pie un segundo junto a la cuna de Favonia. Mi familia estaba ausente, pero eso me ayud a volver a conectar con ellos. Di un rodeo y pas por casa de Privato. Mis hijas estaban all, bien atendidas; no las molest. El joven Mario y Cloelia se divertan en el jardn del peristilo; haban descubierto cmo juguetear con el chorro de la estatua de Dionisos. En aquellos momentos el dios del vino estaba haciendo un enorme pis que describa un arco, ante lo cual ellos se desternillaban, atacados de risa. Entonces levantaron la vista, me vieron y se abalanzaron sobre m con deleite. Nux y Argos, el joven perro de Mario, que estaban durmiendo en una zona sombreada, levantaron la mirada, menearon unos rabos perezosos y volvieron a dormir. To Marco! Todo el mundo te ha estado buscando. Entonces estoy metido en un lo. Bueno, si te matan en el funeral me consol Cloelia, al menos ser prctico. Te gustaran rosas rojas o blancas en tu fretro? Elige t por m. Mis favoritas son las rosas dobles. Perd mi espada le dije a Mario. Petronio tiene aqu una de repuesto? Mi sobrino no tena por qu saberlo, pero lo saba, y fue a buscrmela inmediatamente. Era un arma simple, con una vaina sencilla, pero se adaptaba bien a la mano y estaba perfectamente afilada. Al abrochrmela, en la familiar posicin militar, en alto bajo mi axila derecha, enseguida me sent mejor. Gracias, Mario. Dales un beso a las nias de mi parte. Seremos sus guardianes me asegur Cloelia a su manera solemne si mam y ta Helena hacen que te caigas sobre la espada. Cuando Mario fue a por el arma, ella tambin se haba alejado correteando para traerme la segunda mejor toga de Petro y

as poder ir yo al funeral vestido de manera adecuada, con la cabeza oculta en sus amplios pliegues. Unos nios estupendos. Decid no mencionar que su to abuelo se asociaba con piratas y que su abuelo haca contrabando de obras de arte.

LIV

Tal vez la intencin de Marco Rubela fuera evitar que el funeral de Teopompo se convirtiera en una fiesta desenfrenada en la playa; lo que haba conseguido fue una fiesta desenfrenada en una necrpolis. Puesto que Rdope haba optado por despedir a su amado en la puerta Romana, aquello era tan pblico como poda llegar a ser. Cuando llegu, el acontecimiento llevaba en pleno auge desde la salida del sol y su fervor no daba muestras de aplacarse. Cualquiera que pasara por la carretera principal de ida o de vuelta a Ostia deba de haberse percatado de ello. Rubela tena una expresin cabizbaja mientras supervisaba a un grupo de vigiles que estaban intentando desviar a las multitudes. Prohibido el paso! Dselo a ellos, hijo. Salud alegremente con la mano al tribuno y fui avanzando poco a poco junto a sus controles de trfico. Me dirig hacia el ruido y me abr paso entre las hileras de columbarios. La necrpolis estaba diseada como una pequea ciudad de casas en miniatura para los muertos. Eran construcciones slidas de ladrillo, muchas de ellas con tejados embreados. Algunas tenan las puertas abiertas: la mayora constaban de una habitacin principal con dos niveles de nichos en todas las paredes para recibir las urnas. Una ancha calle enlosada con mrmol travertino corra paralela a la carretera principal de Roma; estaba llena de gente, todos dirigindose a la despedida de Teopompo. Alto ah! Un puo me golpe en el pecho, Es sta mi toga? Oh, maldicin! Pens que haba tapado esa mancha de salsa que te hiciste la ltima vez que la llevaste. Petronio Longo era un cabrn con ojo de lince... y estaba gruendo. Esta toga estaba limpia cuando la birlaste, Falco. Puedo ver que es la ma, no ese modelo peludo tuyo con el que normalmente tropiezas y te caes. Mi toga, que haba dejado en Roma, la haba heredado de mi hermano Festo, el cual haba sido

partidario de un pelo lujoso y unos bajos excesivamente largos. Todava no la haba hecho arreglar porque no soportaba llevarla. Aqulla tambin me vena demasiado larga; Petronio Longo me saca media cabeza. Me coloqu un pliegue de la prenda que haba tomado prestada sobre mis rizos de punta. Aquello cre una parodia de un devoto dirigindose a un sacrificio, pero puse cara larga y di unos pasos menudos y afectados para aadirle efecto. Pedro profiri un silbido insinuante. Deja de parecer un albail en un andamio, Petro. Tengo que ir disfrazado. Te escondes de Helena? Y dnde has estado, por el Hades? Ayer tuve que registrar el puerto de arriba abajo buscndote, luego lleg un disparatado mensaje. Pap, que estaba en vena. No lo delat. Cmo est Helena? Aparte de furiosa? Soy inocente. Si el capitn de puerto hubiera hecho su trabajo hubiera visto cmo se me llevaban a la fuerza una salvaje banda de ilricos. Los que estn hoy aqu? Petronio se anim y se peg a m. Qu divertido! Estarn enfadados de que escaparas? Vendr a fisgonear. Me dio en la toga, not la espada y entonces me ense el pomo de la que l llevaba bajo su capa. Admit que le haba tomado prestada la de repuesto. La ma est en el fondo del mar. Ojal no hubiera malgastado esfuerzos limpindola primero. Fue una suerte que no fueras t el que se cayera. Esboc una dbil sonrisa. El funeral iba a celebrarse en el centro del ancho camino que en aquellos momentos estaba abarrotado de gente. La ceremonia ya haba comenzado, pero daba la impresin de que en varias horas no haba ocurrido mucho. Los dolientes que se conocan estaban sentados por ah en grupos, intentando recordar el nombre de aquel hombre gordo que se emborrach la ltima vez que fueron a un funeral. Las personas que no conocan a nadie estiraban sus miembros entumecidos y ponan cara de aburrimiento. No haba ni rastro del padre de la consternada chica, pero su dinero era manifiesto. El pobre Posidonio deba de haberlo pagado todo, empezando por una enorme pira, de la que se ocupaban la mitad de los directores funerarios de Ostia, con todo un squito romano: una orquesta, toda una concentracin de plaideras a sueldo y oficiantes religiosos. Rdope fue prodigada con la mejor ropa de luto blanca, adems de un imponente festn para todos los asistentes. Los parsitos que no haban conocido a Teopompo ya se haban puesto a comer con glotonera. La procesin haba hecho un alto en el camino; era de suponer que Posidonio no posea una tumba en Ostia, de modo que la incineracin tendra lugar en medio de la calzada. Una urna cineraria, en forma de negra figura griega de las que mi padre importaba, estaba dispuesta en una base. Pap conoca a Posidonio; me pregunt si esa obra de arte antigua no se haba cado de un barco cerca de la costa Laurentina ayer mismo. El cadver todava yaca sobre sus andas llenas de flores. Estas parecan estar un poco torcidas; los miembros del squito nivelaron una de las patas del fretro

metindole piedras debajo. Los floristas y los tejedores de guirnaldas se lo haban pasado muy bien, pero los perfumistas se llevaran el premio a los mejores esfuerzos. Los aceites exticos se olan desde treinta zancadas de distancia. A Teopompo, a quien la ltima vez se le vio desnudo y descalzo, lo haban vestido entonces como a un rey brbaro. Le habran encantado esas galas. Tambin se haba realizado un trabajo muy hbil con sus morados. Me pareci que el efecto de la pintura del rostro era un poco exagerado, y Petronio critic a su barbero. Petro era un purista de los clsicos flequillos rectos. Los de la funeraria haban encrespado el lujoso corte de pelo de Teopompo y le haban proporcionado una radiante corona de rizos. Muy griego! dijo Petronio. Con lo cual quera decir... lo que los romanos quieren decir con muy griego. Todava estbamos admirando el arte del embalsamamiento cuando nos encontraron nuestras mujeres. Helena iba flanqueada por Maya y Albia; se acercaron a m como un tro de Furias que tuvieran jaqueca premenstrual y unas cuantas facturas impagadas sobre las que pedir explicaciones. Algo que decir? quiso saber Maya, con ganas de avergonzarme. Helena Justina, arrebujada en una pesada estola, no dijo nada. Albia pareca estar muerta de miedo. No fue culpa ma. Nunca lo es, hermano! Pas junto a mi hermana con paso enrgico y estrech a Helena en mis brazos. Ella vio mi pelo hecho un desastre bajo su velo formal y not que me estremeca por el dolor de las quemaduras del sol. Supo que haba ocurrido algo malo. Yo me limit a abrazarla. Ella hundi el rostro en los pliegues del hombro de la toga de Petro, temblando. Yo tambin poda haberme inclinado y puesto a llorar, pero la gente hubiera pensado que estaba afectado por lo de Teopompo. Maya nos haba estado observando, con la cabeza echada a un lado. Nos rode con los brazos a los dos por un momento, me retir la toga de la cara y me dio un beso en la mejilla. Su vida no haba sido un camino de rosas; el hecho de ver a otras personas con las emociones a punto de estallar la haca reaccionar con aspereza. Se llev a Albia a ver cmo encendan las antorchas para quemar las andas. Petronio se qued con nosotros, paseando la mirada por los invitados al funeral en busca de caras conocidas. Para reafirmarme, empec a contarle rpidamente todo lo ocurrido el da anterior despus de que me dejara en Portus. Con la cabeza apoyada en mi hombro, Helena escuch. Llegu hasta cuando me secuestraron en el barco, intentando decir lo ms mnimo sobre el ahogamiento. Entonces result que Cotis tena el arcn con el dinero del rescate de los cronistas; debieron de ser los ilricos los que asaltaron el transbordador... Me gustara arrestar a ese tal Cotis, si se deja ver rezong Petro. El maldito Rubela ha ordenado que, a menos que resulte inevitable, tenemos que eludir enfrentamientos. Y no podemos hacer que resulte inevitable? Acaso Rubela obedece algn escrpulo religioso o diplomacia poltica? Simplemente son demasiados, Falco. Aqu tenemos ilricos... adems de cilicios. Enarqu una ceja. l se explic lacnicamente. Creemos que han estado trabajando juntos en los secuestros, una alianza.

Hermanos de sangre? Entonces quin pregunt, bajando un poco la voz es el actual favorito de haber matado a Teopompo? Las apuestas estn al cincuenta por ciento. Y qu hay del intento de pagar el rescate? Deba de haber muchos testigos cuando el transbordador fue asaltado. Petronio puso cara de pocos amigos. S, y lo nico que dirn todos es que los asaltantes iban vestidos de manera extica. Cotis y los ilricos. S, pero, fueron ellos los que enviaron la peticin de rescate? O dijo Petro es que saban quines eran los verdaderos secuestradores? Suponiendo que a Diocles lo secuestraran en realidad. Limpi el rostro mojado de Helena con una esquina de mi toga. Con la severa mirada de Petro clavada en m, comprob nerviosamente si por casualidad la pintura haba manchado su preciosa prenda, pero Helena no llevaba maquillaje. Cuando la estola cay hacia atrs vi tambin que llevaba el pelo suelto; tampoco se haba puesto pendientes ni collares. Era apropiado no prestar atencin a tu aspecto en un funeral. Aun as, volv a sentir ese nudo en la garganta. Ser mejor que lo confiese, amor: me he dado un chapuzn en el mar. Marco, te dije que no te cayeras al agua. No me ca; me tiraron del barco de los ilricos. Pero segu tus instrucciones y me tumb panza arriba y mirando al cielo. La abrac ms fuerte. Gracias, cario. Debes de ser mucho mejor alumno de lo que crea. Era mejor alumno de lo que yo crea. Y qu pinta tu padre en todo esto? pregunt Helena de forma harto significativa. Petronio tambin me estaba mirando con escepticismo. Cualquier cosa que involucrara a Gemino deba implicar un chanchullo; aun as, investigar a mi querido padre causara ms problemas de los que vala la pena. Pap estaba pescando. Y pesc algo? pregunt Petro en tono adusto. Slo a m. Me sorprende que el viejo bribn no volviera a arrojarte al agua. Reprim una repentina visin de Gemino con ese remo alzado para darme con l en la cabeza. Maya regres con Albia. Mi hermana dijo que ya haba tenido suficiente y que se iba a casa. Detestaba los funerales. Podra tener algo que ver con el hecho de que perdiera a su marido mientras ste se encontraba en el extranjero y su culpabilidad por no haber podido asistir a su despedida. Nunca me gust recalcar lo poco que haba quedado de Famia para darle una despedida; el len que lo despacho no haba sido muy quisquilloso con la comida.

Helena haba recibido una invitacin personal de Rdope, aunque de momento no haba podido hablar con la chica. Fue a buscarla y la encontr, ataviada con un vestido de luto de un blanco reluciente y un velo (y varios collares de oro), instalada en una silla parecida a un trono sobre un bajo pedestal, entre un gran grupo de mujeres delgadas y morenas que se supona eran ilricas. Haban hecho una enramada con una corona de modestas cortinas y luego haban metido a la chica en ella, sola. Aquello daba la impresin de que Rdope era un apreciado miembro de su clan, sin embargo todas estaban hablando entre ellas mientras la chica permaneca sentada sola con su sufrimiento. Era una viuda digna de lstima, aunque sospechosamente parecida a una prisionera. Helena se abri camino con firmeza entre las mujeres, la mayora de las cuales se hallaban sentadas en el suelo con las piernas cruzadas. Tenan un aspecto hostil, pero cada vez que pisaba una mano o aplastaba una falda, ella le ofreca una dulce sonrisa patricia a la vctima. Hija de un senador de pies a cabeza, Helena Justina fue a dar el psame y a ofrecer su patrocinio sin cuestionarse si era o no bienvenida. Pisotear a los provincianos pareca ser su herencia. Saba que estaba enojada por la desconsolada joven. Fuera cual fuera el apoyo del que careca la adolescente, Helena tena intencin de ofrecrselo entonces. Rdope! ste ser un da duro para ti, pero mira qu hermosa afluencia de pblico. Debi de haber sido extremadamente popular. Espero que te sirva de algn consuelo. La plida chica pareca desconfiar. Slo Rdope tena sus grandes ojos tristes clavados en las andas. Todos los dems estaban utilizando el funeral como una excusa para divertirse. Con comida y msica gratis, ninguno de ellos dedic un solo pensamiento a Posidonio, al que haban desplumado una vez ms, y a pocas personas pareca importarles mucho despedir a Teopompo en su marcha hacia la otra vida. Era un acontecimiento segregado. Las mujeres estaban juntas; lo mismo ocurra con los hombres. stos se apiaban en grupos distintos y separados los unos de los otros. Los formales trabajadores romanos de la funeraria iban de un lado a otro con sus cosas, pasando ms o menos desapercibidos, en tanto que unos msicos extranjeros tocaban instrumentos exticos entre los puados de marineros, haciendo caso omiso de las lastimeras flautas romanas que supuestamente sealaban los puntos culminantes de la ceremonia. El aroma a carne y pescado asados que emanaba de las hogueras privadas para cocinar se mezclaba con el incienso. El efecto global era totalmente desorganizado. Tambin daba la sensacin de tratarse de una fiesta que se prolongara durante los tres das siguientes. Un hombre con la cabeza cubierta pas por mi lado dando empujones mientras que sus brazos velludos sostenan un altar porttil que llevaba en el hombro. Los aclitos corran tras l tirando de una cabra y portando instrumentos para el sacrificio. Hubo exclamaciones por parte de los elementos rudos, que consideraban la cabra como carne de asador en potencia.

Puesto que nadie ms requera la atencin de Rdope, Helena pudo quedarse all y hablar con ella. Mientras le presentaba a Albia, yo me par con ellas. Despus de haberse ido Maya, Petronio se fue a dar una vuelta por ah para inspeccionar a los dolientes. Como era el nico elemento masculino del grupo, yo estaba fuera de lugar, pero no era ni por asomo tan peligroso para m como unirme a unos hombres enojados con cuchillos de marinero en sus fajas. Estaba costando encender la pira. Vi cmo el sacerdote mova los labios y maldeca entre dientes. Qu vas a hacer ahora? le pregunt Helena a Rdope en voz baja. Voy a marcharme a Iliria con su gente. Es una buena idea? Unirte a ellos con Teopompo hubiera sido distinto. Sin l, sers bien recibida? Oh, s! Son amigos mos por l. Un par de viejas desdentadas levantaron la mirada y sonrieron vagamente. Puede que no estuvieran hablando con Rdope, pero sin duda estaban escuchando. Helena dej el tema. Fue Albia, ella misma hija de la soledad y el sufrimiento, quien salt de repente y con irritacin: Ests cometiendo una estupidez! La vida ser dura y t sers una forastera. Harn que te cases con algn hombre que ser cruel contigo. Vas a ser una esclava. Rdope le lanz una mirada de desagrado. En otras circunstancias las dos jvenes podan haberse hecho amigas, T no sabes nada de eso! S ms de lo que crees! replic Albia. Cruc la mirada con la de Helena mientras las dos adolescentes discutan; ella pareca sentirse orgullosa de Albia, que entonces dijo lisa y llanamente: Yo he vivido sin una familia, entre gente muy pobre! Ellos no son pobres! se apresur a exclamar Rdope. Mira esas mujeres... mira cmo van vestidas. Era cierto que iban ricamente engalanadas: entre sus vestiduras de color carmes, azul y prpura llevaban collares de cadenas agrupadas, hileras de brazaletes cubran sus delgados brazos y los pendientes y tobilleras centelleaban con discos y husos de oro. Segura de su victoria, Albia proclam: Ah arde tu hombre. Tus esperanzas alzan el vuelo hacia el cielo con el humo. Sintate y llora por l. Helena Justina te consolar. Albia se recogi las faldas con una mano y empez a andar con mucho cuidado y con expresin desdeosa entre las mujeres ilricas que haba all sentadas. Como si quisiera enfatizar su falta de inters en Rdope, dijo, ofrecindose: Ir a buscarte un poco de comida y vino. Lo que llevan colgando es oro! insisti Rdope, casi en tono de splica. Albia se dio la vuelta. Era unos aos ms joven que Rdope, aunque obviamente ms sensata. Tal vez se dio cuenta de que el padre de Rdope deba de haberle permitido que comprara de manera incontrolada durante su corta vida. Oro coment Albia con sequedad que no se les permite gastar, creo.

LV

Cuando empezaron los problemas, todo ocurri de forma fortuita. Le cortaron el cuello a la cabra, cosa que motiv unos aplausos inusitadamente fuertes. El sacerdote apenas tuvo tiempo de dejar las entraas en un plato antes de que unos ayudantes inesperados agarraran el cuerpo del animal muerto y lo pusieran a asar lentamente. La pira ya se haba encendido, aunque no tiraba bien. Cuando las humeantes llamas empezaron a parpadear en torno al cadver, los parientes masculinos ms prximos a Teopompo tendran que haberle ofrecido su panegrico, pero ninguno de los ilricos se brind para ese papel. Aun as, todos sabamos que haba sido un hombre que vesta de forma llamativa y conduca demasiado rpido. Probablemente Rdope le dedicara una enorme lpida conmemorativa, encomiando unas virtudes en las que sus colegas nunca haban reparado. A pesar de su conviccin de que se hallaba entre amigos, pens que pocos de ellos se quedaran hasta que inaugurara la lpida. Las llamas empezaron a crepitar por fin en torno a las andas engalanadas con flores. Vi que Albia buscaba con atrevimiento un refrigerio para Rdope tal y como le haba prometido. Se haba abierto camino a empujones cerca de los grupos cercanos que cocinaban sus propios calderos y se haba acercado a un magnfico banquete colocado en una mesa provisional, el servicio de comida y bebida oficial que haba proporcionado Posidonio. Cogi un cuenco y una copa y esper su turno para la comida y bebida. Los gapes campestres con los muertos en la necrpolis eran estndar. Aqul simplemente se estaba haciendo a gran escala. Haba una desorganizada cola para acceder al bufet. El encargado del servicio de comidas haba mandado a unos esclavos a que vaciaran las cestas y dispusieran las exquisiteces con cuidado, pero los nerviosos camareros parecieron abrumados cuando ilricos y cilicios empezaron a hacerse con el control. Las mujeres agarraban las fuentes de servir; los hombres se inclinaban para hacerse con los mejores bocados en tanto que sostenan las copas para que se las llenaran unos camareros con exceso de trabajo. Albia se neg a que no le hicieran caso o a que la apartaran de un empujn.

Helena no le quitaba los ojos de encima a nuestra chica, ni yo tampoco. All Albia era joven y estaba sola. No sorprenda el hecho de que uno de los hombres con botas de marinero la estuviera mirando de arriba a abajo. Cuando ella se dio la vuelta para volver con nosotros, l la sigui, ajeno por completo al hecho de que Albia tena un pasado salvaje. Hizo su jugada. Sin apenas detener sus pasos, ella lo apart de un codazo y le lanz el contenido de la copa que llevaba en toda la jeta. Luego, impasible, le trajo el cuenco de comida a Rdope. Alguien me ha dado una sacudida. Te ir a buscar ms vino... Yo ir contigo! Rdope haba visto lo que haba pasado. Se puso en pie con repentina solidaridad. Entonces la pequea reina de la fiesta enrojeci de vergenza y se convirti en una buena anfitriona. Yo ya estaba echando a aquel hombre, con una severa advertencia que l no quera or: No estropees la fiesta. Supn que te pierdes... Aguarda, Falco! la voz de Rdope se oy por encima de los gemidos de las plaideras de alquiler. Algo la haba inquietado. Agarr una de las antorchas de encender la pira y la blandi por encima de su cabeza. Estbamos a plena luz de un glorioso da de agosto; no le haca falta iluminar la escena. Albia, que pareci impresionada ante aquella teatral postura, se puso en guardia tras ella. Rdope extendi su brazo vestido de blanco de forma dramtica. Pregntale a ese hombre de dnde ha sacado las botas que lleva! l intent escabullirse y perderse de vista. Lo agarr del brazo. Era un desgraciado de piel cetrina y sin afeitar con unos ojos que vagaban por su cuenta cada vez que alguien lo miraba. Llevaba una tnica holgada de color gris y un cinturn negro bastante bueno, probablemente robado. Las botas que Rdope sealaba eran de suave piel de becerro de color habano con unas tiras rojas que se entrecruzaban de la espinilla hacia arriba. Tenan unos ganchos de bronce y unos diminutos remates tambin de bronce en los extremos de los cordones. A m no me habran visto muerto con ellas puestas, pero no caba duda de que aquel fabuloso calzado era especial para la afligida adolescente. Haban empezado los problemas. Rdope estaba demasiado disgustada para mantener su anterior furia, pero an poda dominar el dramatismo. Conozco esas botas susurr horrorizada. Le compr esas botas a Teopompo. Las llevaba puestas cuando se lo llevaron, la noche en que lo arrancaron de mi lado. Quienquiera que lo mat debi de robrselas... Decidi desmayarse. Albia no iba a tolerarlo y la volvi a poner derecha. Es un asesino! chill Albia. No lo dejis escapar. Yo era consciente de que estbamos rodeados de una enorme multitud entre la que se encontraban muchos de los parientes de aquel hombre. Poco a poco la gente se puso en pie en medio de una oleada de murmullos. Petronio Longo apareci a mi lado. Ahora tenan a dos personas que atacar. De momento se estaban conteniendo. Petro era el ms corpulento entre los presentes. Mucho ms corpulento que el hombre que llevaba las polmicas botas a quien entonces agarr por el brazo, doblndoselo a la espalda, y levant por el cuello de la tnica de modo que le quedaron los pies colgando.

Quitmosle las botas, Falco. Le quit las botas. Ello supuso esquivar unas patadas desenfrenadas hasta que Petro se asegur, de manera muy eficiente, de que aquel cautivo dejaba de forcejear. Aquello era un entretenimiento para la multitud, que vio que podamos ser violentos y empez a deleitarse con aquella escena. El hombre que haba llevado las estupendas botas con remates de bronce termin con el rostro lvido y temblando; Petronio lo meci juguetonamente. Helena avanz un paso, cogi las botas y se las llev a Rdope. Ests del todo segura de que son stas las botas que le compraste a Teopompo? Al ser el centro de atencin, Rdope se reanim. S! Intent volverse a desmayar, pero de nuevo Albia tir de ella para ponerla derecha y la sacudi con fiereza, igual que haca Nux con una de las marionetas de trapo de las nias. En lo referente a los primeros auxilios, Albia adoptaba una actitud que no permita tonteras. No se toleraban desplomes ni gimoteos. Petronio le dijo al cautivo que no le diera problemas o terminara convertido en cenizas en la pira. Paro entonces, algunos miembros de los vigiles que se haban percatado del problema se acercaban poco a poco a nosotros entre los dolientes. Petronio se volvi hacia los grupos de marineros all reunidos. Empujando al cautivo en una direccin y luego en otra, grit con aspereza: Quin de vosotros ha trado a Italia a este ladrn de botas? Quin es ste? Se oy la risa de Crtidas, que estaba rodeado de unos cilicios sonrientes. Petro lo apunt con el cautivo. l respondi con su habitual expresin desdeosa: Nosotros no. Lign, que se hallaba junto a l con su llamativo abrigo, tambin sacudi rpidamente la cabeza en seal de negacin. Entonces abuchearon a otro grupo, que deban de ser ilricos. Yo finga observar la accin, pero estaba escrutando el gento. Al final encontr al hombre que estaba buscando: Cotis. Quera enfrentarme a l yo solo, pero all haba demasiada oposicin. Me fui aproximando poco a poco a Rubela y dije entre dientes: Un grupo all delante junto a la mesa de la comida: el granuja con la capa de color zumo de ciruela, podis cogerle, muchachos? Dio la impresin de que el tribuno no me oa. Yo tena confianza. El propio Rubela se acerc paseando hasta el bufet como si quisiera un puado de pinchos de carne y les hizo una seal con la cabeza a uno o dos miembros de los vigiles mientras avanzaba. Estaba en forma y no tena miedo; una de las cosas que siempre podas decir a favor de Rubela era que, cuando se trataba de entrar en accin, era absolutamente competente. Un posadero borracho lo golpe una vez y dijo que era como darle puetazos a la manpostera. Cotis intuy problemas. Pero an estaba sacando el cuchillo cuando Rubela con una sola mano lo tumb. A continuacin el tribuno le pis el brazo con el que agarraba el cuchillo y, con calma, se comi sus exquisiteces ensartadas en un pincho mientras aguardaba a que se apaciguara el ruido. Se hizo el silencio. Cuando un pesado ex centurin permaneca de pie sobre la mueca de una persona con todo su peso, todo el mundo poda compadecerlo, pero de ningn modo intentar ayudar al hombre que estaba en el suelo.

ste es el que quieres, Falco? me grit Rubela en tono distendido, como si acabara de elegir un lenguado en la pescadera. Se limpi los dientes con la ua del dedo meique. Quin es y qu ha hecho este cabrn? Recuper las botas de manos de Helena. Es Cotis, un ilrico arrogante. Me llev a dar una vuelta obligada en su agujereada liburna, intent que muriera ahogado y me rob la espada, para empezar. Estas botas entran en la historia. Ayer vi al hombre que haba arrestado Petronio andar por ah pesadamente con ellas. l y otro individuo mugriento llevaron un arcn a bordo del barco. Cotis afirm que era su arcn de viaje, pero... esto te va a interesar, tribuno... es el mismo que los cronistas trajeron a Ostia con el rescate para Diocles.

Gracias. Me gustan las acusaciones claras! Rubela ense los dientes en lo que pasaba por ser una sonrisa. Entonces alz el pie e hizo levantar a Cotis tirndole del brazo con un movimiento fuerte, un movimiento con el que Rubela deba saber que era probable que le dislocara el hombro al hombre. Cotis profiri un alarido de dolor. Parece un poco flojo coment Rubela. Los vigiles tienen normas sencillas. Una es: debilita siempre la confianza del jefe de la banda con insultos cuando sus hombres estn mirando. Despus de mi terrible experiencia a bordo del barco, me pareca bien. Entonces ayer asaltaste el transbordador y robaste el arcn, verdad? pregunt Rubela. No tengo nada que ver en eso gimi Cotis. Enviaste la peticin de rescate? No! Ya se lo dije a Falco. Esta vez estaba indignado de verdad. Entonces, cmo sabas lo del dinero? Un rumor en un burdel: un montn de dinero iba a intercambiarse en La Flor del Ciruelo. Y decidiste aduertelo antes de que llegara a su destino? A quin estabas traicionando, Cotis? A tus amigos los cilicios? Los cilicios empezaron a rezongar. Nunca engaaramos a un aliado! Cotis no los estaba convenciendo. Los cilicios empezaron a dar alaridos y se prepararon para ponerse desagradables. Tienen a Diocles? Vi que Rubela evaluaba con la mirada la situacin con la multitud. El mutuo recelo entre los dos grupos nacionales fermentaba peligrosamente. El tribuno resopl. Cotis, te voy a arrestar por robarle la espada a Falco. Discutamos el resto en mi cuartel... Vosotros, dejad paso. Trae a la maravilla descalza, Petro. Hubo una rfaga de color blanco. No! Esperad! Una vez ms, la joven Rdope trat de intervenir. Segua agarrando la antorcha, cuyas llamas amenazaban con prender fuego a su ligero vestido. Helena y Albia salieron corriendo a disuadirla. Tiene que haber un error. ste es Cotis... Hemos tomado nota replic Rubela con brusquedad. Tena que salir de all. Aparentando toda la calma posible, empez a conducir a su prisionero a travs del gento. Algunos de sus hombres intentaron unir los brazos para formar un pasillo despejado.

No, no... Cotis era el jefe de Teopompo. Cotis gimi la muchacha nunca hubiera hecho matar a Teopompo! Rubela se detuvo. Segua sujetando a Cotis con su brutal agarre militar. Fuera cual fuera la clase de centurin que Rubela hubiese sido en las legiones, ello nunca haba conllevado arropar a los reclutas en sus catres de campaa con una dulce nana de buenas noches. Escucha esto! se maravill Rubela dirigindose a Cotis, a pocos centmetros del rostro del pirata. La princesita dice que t no pudiste haberlo hecho, porque eras el jefe del muerto. Encantador, no te parece? Entonces hizo dar media vuelta al prisionero y lo empuj por delante de l con brusquedad. El tribuno grit por encima del hombro: Aclraselo, Falco! Llvatela a algn sitio y charla con ella... viglala. Lo que quera decir era: aleja a la chica del resto de los ilricos urgentemente. Mi tarea era delicada. Unos hombres a los que recordaba de la liburna estaban rodeando a Rdope con intenciones claras. Petronio, alerta, pas su prisionero a un par de vigiles y se acerc a nosotros. Incluso las mujeres avanzaban a empujones, fulminando abiertamente con la mirada a Rdope. Ingeniosas como siempre, Helena y Albia intentaron coger a la muchacha para sacarla de all a toda prisa. Se hallaba en peligro, aunque no era en absoluto consciente de ello. Los ilrcos saban que poda proporcionar pruebas sobre su secuestro para pedir un rescate, quiz facilitara algunos nombres. Poda identificar a la cuadrilla de raptores que se llevaron a Teopompo la noche en que lo mataron. Teopompo poda haberle confiado toda clase de secretos. Hasta los cilicios empezaban a darse cuenta del peligro. Los ilrcos, entonces sin cabecilla, pululaban por ah intilmente, pero Crtidas y Lign intercambiaron una mirada y se dirigieron directos a Rdope. Con las espadas desenvainadas, Petro y yo estbamos preparados para tomar cartas en el asunto. Vete, Helena! Los vigiles se hallaban a ambos lados de nosotros, oficialmente desarmados, pero equipados de pronto con palos y travesanos. Podamos haber contenido a los cilicios y an podramos haber salido del apuro. Pero Rdope, una desconsolada adolescente con emociones exaltadas, haba recordado que estaba presidiendo el funeral de su amado. Se zaf de Helena y Albia y atraves precipitadamente nuestro cordn de seguridad. Apart de su camino a Lign golpendolo de lleno en los ojos con la antorcha llameante. Esquiv a Crtidas con unos pies hbiles. Los grupos de mujeres se quedaron atrs, gritando. Los hombres se adelantaron, desconcertados. Yo lo amaba! chill Rdope mientras se abra paso con dificultad hacia la pira. Tumb el altar porttil de un puntapi. Maldijo al sacerdote que haba realizado el sacrificio en tanto que ste vociferaba frente al arruinado augurio. Pas a empujones entre los aclitos que se dispersaban y se desliz entre los msicos (stos ya haban visto problemas en los funerales muchas veces y se estaban haciendo a un lado). Las plaideras a sueldo daban vueltas lentamente en torno a la pira, que por fin estaba ardiendo bien, mientras salmodiaban y se mesaban el pelo. Rdope se abri paso entre ellas a empujones; estaba claro que tena intencin de arrojarse sobre las ardientes andas. Un atento joven flautista la agarr de la cintura. Mientras la consternada muchacha intentaba inmolarse, l la asi como un dios bastante torpe forcejeando con una renuente ninfa justo antes de que sta se convirtiera en rbol. Su flauta y la antorcha

de Rdope cayeron al suelo. Ella se sacuda en sus brazos; el joven, que estaba gordo y que sin duda era de natural bondadoso, clav los talones y no abandon el forcejeo. Las manos de la muchacha trataron de aferrarse a los floreados bordes de la pira. El flautista sigui tirando de ella. Rdope intentaba avanzar con todas sus fuerzas, tirando desesperadamente de las caras guirnaldas. El muchacho la retuvo de manera incondicional, con lo que de pronto salieron los dos impelidos hacia atrs. Largas serpientes de lirios y rosas trenzados se desprendieron de las andas. Entonces el fretro se torci. Dos de las patas de la pira cedieron y sta se puso en posicin vertical. Las guirnaldas se partieron. La pira volvi a caer en su lugar. Pero primero haba catapultado hacia arriba a Teopompo, que permaneca de pie, en rgida posicin de firmes. Su cadver se perfilaba en las ms hermosas llamas que lo envolvan. Su cabeza, con su elaborado y largo peinado, se hallaba rodeada de un enorme halo de fuego verdoso.

LVI

La gente se dispers presa del histerismo. Petronio y yo corramos hacia delante. Sea cual sea la pomada que tena ese cadver, yo quiero un poco! Fuimos a buscar a la muchacha, que sollozaba, y nos llevamos tambin al flautista por su propia seguridad. Con Helena y Albia pisndonos los talones, abandonamos la zona del funeral a todo correr. Pasamos junto a una calle lateral, de la cual salieron algunos vigiles. Petro grit una orden. Ellos se enfrentaron a nuestros perseguidores; aunque eran muchos ms que nosotros, eso nos proporcion espacio. Estbamos a punto de llegar al extremo de la necrpolis antes de que unos pesados pasos vinieran retumbando detrs de nosotros. Rpido, metmonos aqu dentro... Petro nos empuj a todos dentro de un sepulcro abierto y empuj la puerta con el hombro para cerrarla. Los cinco nos quedamos unos instantes jadeando y luego nos sentamos en el suelo en medio de la oscuridad. Hice un rpido recuento de memoria. ramos seis, no cinco. Mientras intentbamos recuperar el aliento, dije, respirando con dificultad: Lucio, muchacho, puede que sea lo ms estpido que has hecho en tu vida. Se anim a decir una tontera: Me pregunto quin vive aqu. Helena Justina encontr mi mano y me la sujet. Y yo que pensaba que eras t el irresponsable. Cmo te llamas, hijo? le murmur Petro al flautista. Quern. Bueno, Quern, muchacho, antes de que una desagradable banda de piratas nos saque de aqu, nos pique finamente y nos conviertan en sopa, slo me gustara decir: bien hecho. El flautista se rio tontamente.

Nadie intent abrir la puerta. Fuera no oamos nada. Petro decidi que eso significaba que ellos tampoco podan ornos a nosotros. Y ahora, joven Rdope apremi, dirigindose con firmeza a la invisible causa de nuestra incomodidad, puede que tengamos que quedarnos aqu un buen rato. Mientras estamos retenidos voy a hacerte algunas preguntas. Yo quiero preguntar una cosa. Rdope tena temple. Abandon el histerismo y volvi a su veta testaruda. De verdad a mi Teopompo lo mat su propia gente? S. Por qu? Porque... Petronio poda ser muy bueno, con las nias. Se enamor de ti. A Cotis le habr molestado que Teopompo haya puesto en peligro al grupo. Cmo? Yo le amaba. Nunca hubiera revelado ningn secreto. Petronio no saba cmo decirle que ya lo haba hecho. Era joven y vulnerable; su padre haba estado tan desesperado que hizo caso omiso de las instrucciones de mantener la boca cerrada sobre el secuestro y fue a ver a los vigiles. El nombre de Posidonio en los archivos del cuartel me hizo llegar hasta l, y luego hasta ella. Rdope nos hizo llegar hasta Teopompo. Teopompo nos condujo hasta los ilricos, que no haban sido sospechosos hasta entonces. Despus de meses, si no aos, los vigiles tenan una pista sobre los secuestradores, Cotis se encontraba bajo custodia y a ello seguiran ms arrestos. Poda haber ocurrido de alguna otra manera, pero Rdope segua siendo la nica vctima que nos haba dicho algo que valiera la pena. Desde el punto de vista de los secuestradores, el verdadero culpable era Teopompo por seducir a la chica. Desde aquel momento, el ingenioso plan de los rescates, que dependa del terror y del silencio, haba empezado a desentraarse. Le dijo su nombre a Rdope. Luego, por algn motivo, se fug con ella. Sus colegas saban quin se mereca un castigo. Me pregunt por qu haban dejado a Rdope con vida. Podan haberla matado al mismo tiempo que a su amado. Quiz tenan demasiado miedo de las repercusiones que ello pudiera desencadenar. Ya no crea que los ilricos hubieran ordenado a Teopompo que fuera a buscar a la chica a Roma. De haber querido que dejara de hablar, ella tambin hubiera aparecido muerta en la marisma. l debi de ir a buscarla por su cuenta. La agradable deduccin era que la amaba de verdad y que no pudo soportar separarse de ella. El motivo cnico, y ms probable, era que no pudo soportar separarse de su padre y de su dinero. Teopompo se dio cuenta de que si conservaba a Rdope, siempre podra sacarle ms a Posidonio. Si el dinero recaudado era para l y no para el grupo, era eso lo que bien haba podido hacer que sus compinches se volvieran contra l. Al actuar solo haba hecho de l un marginado. Teopompo haba firmado su propia sentencia de muerte. Yo haba temido que Rdope fuera considerada peligrosa cuando se la mencion a Damgoras. Pero entonces pensaba que Teopompo era un cilicio que trabajaba con Lign y que haba muerto a manos del grupo liderado por Crtidas. Es probable que mi charla con Damgoras no hubiera tenido nada que ver con la fuga o con el hecho de que mataran a Teopompo. Poda ser que los ilricos nunca hubieran odo hablar de mi visita a Damgoras. Se tomaron su propia venganza.

O tal vez ya se estuvieran avecinando problemas entre los cilicios y los ilricos. Yo les proporcion municin a los cilicios. Ellos se quejaron sobre Teopompo a su propia gente; los ilricos se vieron obligados a actuar, quiz? En cualquier caso, el resentimiento entonces se encon y ms tarde los ilricos robaron el arcn del dinero de los cronistas... aunque pareca probable que fueran los cilicios los que haban mandado la peticin de rescate de Diocles. Tal vez Cotis estaba molesto por no haber sido informado del plan. En aquellos momentos cada uno de los bandos vea al otro como desleal, todo a causa de mi cronista desaparecido. Me pregunt cmo se sentira l acerca de todo aquello. Siempre haba credo que Diocles disfrutaba viendo los problemas en accin y que no le disgustaba la idea de causar unos cuantos. Nada de ello me llev a estar ms cerca de encontrarlo. Cada vez haca ms calor en aquella cmara sin iluminacin. Dentro el aire ya estaba viciado. Aquellos sepulcros eran de construccin slida, tal como ya haba observado con anterioridad. La intencin no era que ningn ser vivo estuviera dentro con la puerta cerrada. No se haba tenido en cuenta la ventilacin. Haba terminado con la espalda apoyada contra la puerta. Entonces intent moverla. Estaba firmemente atrancada. Le coment a Petro que las puertas de los sepulcros no estn hechas para ser abiertas desde dentro. Tengo miedo. sa fue Rdope. Estoy segura de que todos estamos un poco nerviosos. Helena era consciente del peligro de dejar que las chicas se pusieran histricas. Yo mismo estaba tenso. Al menos estamos todos juntos. Lucio, es probable que venga alguien y nos deje salir? No os preocupis. No, claro; t nos llevars a todos a un lugar seguro. Slo alguien que conociera bien a Helena detectara su ligero tono sarcstico. Como no era de las que se detena demasiado en una situacin que no poda controlar, aadi entonces: Bueno, Rdope, espero que te hayas dado cuenta de la verdad. Teopompo estaba locamente enamorado de ti, pero su gente opina de un modo distinto. No puedes ir a vivir con ellos... Pero dije que lo hara! Olvdalo le dije con delicadeza. O que Albia rechinaba los dientes ante la falta de lgica de la otra chica. Las promesas hechas bajo coaccin no tienen ninguna validez le asegur Petronio a Rdope con solemnidad. Fue por decisin propia... Estabas coartada... por el amor. El tena una hija de diez aos. Era un buen padre: saba cmo mentir sinceramente cuando era por el bien de alguna jovencita. No va siendo hora de que nos expliques, Rdope, qu ocurri cuando te secuestraron la primera vez? pregunt entonces Helena. Nos cost un poco convencerla. Pero con la calmada presin de Helena y amparada por la oscuridad, al final Rdope cedi. Nos cont que la haban raptado junto a los muelles de Portus, que se la haban llevado a toda prisa entre un grupo formado tanto por hombres como por mujeres y luego la haban trasladado a Ostia; haban

cruzado el ro, no en un transbordador sino en un pequeo bote que tenan. La envolvieron con una capa para que su rostro quedara oculto a los dems y ella no pudiera ver adonde la llevaban. Por lo que ella saba, la haban conducido a una gran distancia del ro. Crees que te drogaron mientras te tenan prisionera? No. Ests segura, Rdope? S. Los ilricos no drogan a la gente. El tono de la muchacha era tmido entonces; saba que estaba revelando secretos. Estaba segura de su informacin: Teopompo explic que los cilicios trabajan de una manera que sus amigos consideran peligrosa. Tienen una mujer llamada Pulia que sabe de hierbas. S, Pulia. Prueba ella misma las hierbas... Entonces ests segura de que tanto los cilicios como los ilricos estn involucrados en estos secuestros. S asinti Rdope en un hilo de voz. Solan trabajar juntos? S. Intercambian (o intercambiaban) informacin y compartan los beneficios? Eso creo. Helena lo expres con tacto: Entonces, si no utilizan drogas, dime, cario, cmo someten los ilricos a sus prisioneros? Qu te pas, Rdope? Entonces pudimos or el verdadero pnico cuando Rdope dijo entre dientes: Yo... no quiero acordarme. Ocurri algo malo de verdad? No! Fue categrico. Helena aguard. No repiti Rdope. Entonces suspir en voz baja. Fue eso precisamente. Yo tena demasiado miedo para hacerlo. Teopompo intervino y dijo que no tena que ir all. Ir adonde, Rdope? Al hoyo. Qu hoyo? pregunt Petronio, asombrado. AI igual que yo, haba esperado que la chica dijera que la haban sometido a algn tipo de abuso fsico. Desagradable... pero sencillo a su manera. No lo s. Era algn sitio... Ola a incienso. Lo he recordado hoy, en el funeral... Omos que se le haca un nudo en la garganta. Se desvi del tema. Qu va a pasarle a mi Teopompo? El sacerdote reconstruir las andas le asegur rpidamente. Teopompo ir a su encuentro con los dioses como es debido. Los de la funeraria te traern las cenizas ms tarde. Tom nota mentalmente de cerciorarme que le llevaran algunas cenizas, las que fueran. De ser posible en la urna que ella misma haba elegido. Posidonio haba pagado a una empresa de pompas fnebres de lujo. Una vez dejaran de alejarse correteando asustados, esperaba que los de la funeraria regresaran sigilosamente para continuar con la cremacin... No poda decirle a la chica: Por todos los dioses, si no era ms que un pirata estpido y libidinoso! Todava ocultaba

informacin. Y an tena el resto de su vida por delante; el deber dictaba que la guiramos hacia el futuro con gentileza. Hablanos de ese hoyo le record Petronio Longo. Estaba bajo tierra. Me aterrorizaba entrar ah... fue entonces cuando Teopompo se hizo amigo mo. Era maravilloso... Casi podamos or a Rdope intentando pensar. Estaba en un lugar religioso. No recuerdo cmo llegamos all, no recuerdo nada de eso. Entonces tena demasiado miedo. Cuntanos lo que puedas la persuadi Helena.

Una habitacin estrecha... lmparas... Haba una entrada en forma de arco y unas escaleras que descendan; la gente se mete bajo tierra como una prueba de su devocin. Los dems hombres me empujaban para intentar meterme all abajo y mantenerme oculta. Empec a gritar... aquel da tena mucho miedo... no entenda por qu me haban capturado. Cre que iba a morir en aquel subterrneo. Me apremiaron; me empujaron; trataban de obligarme a bajar a la oscuridad Volvi a dominarla el terror. Aquel sepulcro oscuro como boca de lobo no era el lugar adecuado para recordarle a Rdope su terrible experiencia. Se desmoron. Helena tranquiliz y consol a la chica en tanto que, a mi lado, oa a nuestra fuerte Albia expresando su menosprecio entre dientes. Pero Teopompo fue amable contigo murmur Helena. Rdope asinti y a continuacin se dej vencer por su dolor por l. Cuando por fin la consternada muchacha volvi a calmarse, Helena prob una nueva tctica. Debes ayudarnos para que nadie ms tenga que sufrir una experiencia tan espantosa como la tuya. Esto es importante, Rdope. En algn momento viste al hombre que se encarga de negociar el dinero del rescate? Una vez. Cmo fue? Vino a vernos cuando Teopompo me trajo de vuelta desde Roma. Estaba enojado? Estaba furioso. Despus Teopompo se rio de ello, aunque a m no me gust aquel hombre. Daba mucho miedo. Qu aspecto tena? Era viejo.

Qu ms? Rdope vacil. Helena sugiri en tono calmado: Hemos odo que viste de manera extraa. S. Pintura en los ojos y zapatillas, segn alguien le dijo a Marco. S. Bueno, eso parece extraordinario. As pues, pareca una mujer? No, pareca un hombre, pero llevaba un montn de pintura en los ojos, ms de la que t deberas llevar, y unas zapatillas muy elegantes. Tena ademanes afeminados? No. Y tiene nombre? Lo llaman el Ilrico. Rdope volvi a hacer una pausa. Es una broma. Y eso? Bueno, los ilricos eran Cotis y sus hombres, pero l no lo es. Eso es muy til! dijo Petronio con voz apagada. A mi lado, Albia se sacudi con una breve carcajada traviesa. Entonces, qu nacionalidad tiene este hombre? pregunt Helena, sin prestarles atencin. Es romano contest Rdope. La gente se qued en silencio. Todos tenamos problemas para encontrar aire. Al cabo de un rato Petronio me dijo: S qu hoyo debe de ser. Es la zanja de la ordala para los iniciados... la chica estuvo en un Mithraeum. Pens en ello. Mi mente se haba ralentizado, privada de aire. Tiene sentido, Falco. Escucha, Rdope. Existe un culto religioso al que se unen muchos soldados y que creo que es comn entre los piratas. Su dios se llama Mitra. Este culto es hermtico, pero los iniciados tienen que ascender siete rangos. Una de sus pruebas consiste en quedarse solos en una zanja cubierta toda la noche. Creo que es all donde tenan intencin de meterte. No lo s. Te llevaron a un santuario cubierto de alguna parte, tal vez en una casa privada? Habras pasado por un vestuario donde los hombres se ponen diferentes vestiduras de color. El altar estara en el piso de abajo, quiz con una estatua de un dios montado en un toro. Intenta recordar. Haba una estancia subterrnea donde celebraban ceremonias diarias y el hoyo bajo la nave? No creo que fuera como dices. Adormilada por la pena y la falta de aire, Rdope haba perdido el inters y ya no se mostraba nada dispuesta a ayudar. No sirve de nada que me insistis, no me acuerdo! Helena la hizo callar. Le dije a Petro:

No es Mitra. Recorr toda la ciudad buscando templos. Conozco todos y cada uno de los malditos lugares de culto que hay en Ostia. No encontr ningn Mithraeum. La de Mitra es una religin secreta. No tienen templos. Sabas qu buscar? S tanto como t! Me sent obligado a preguntarle: Perteneces t al culto? No. Petronio tambin se lo estaba preguntando. Y t? No. Los dos nos alegramos de haberlo aclarado. Estaba casi seguro de que, antes de morir, mi hermano Festo haba intentado todo el ritual mitraico de permanecer en una zanja oscura y de que le lloviera encima la sangre de un toro sacrificado. Tengo mis dudas sobre si pas del primer nivel; tras la curiosidad inicial, tener que tomarse el culto en serio le habra quitado las ganas. Para disuadirme a m hubiera bastado con la sangre de toro. Claro que se resisti Helena, al ser un culto masculino secreto, si uno de los dos perteneciera a l, ninguno lo admitira. Ni Petro ni yo le respondimos. Petronio tiene razn dije al fin. Si este hoyo est en un Mithraeum estar oculto en la parte trasera de una casa particular o un lugar de trabajo, y nunca lo encontraremos. Con malicia, aad: A menos, Petro, que tengas un archivo en el cuartel de los vigiles con una lista de ellos. Tenemos el archivo replic l, un poco a regaadientes. Es el que est vaco. El joven flautista empez a toser. Pareca una tos asmtica. Puede que fuera una contradiccin, pero el control de la respiracin cuando tocaba la flauta lo ayudaba. Eso fue lo que le dijo a Helena cuando ella asumi la nueva tarea de calmarlo. Este es un joven maravilloso, Rdope. La manera en que te rescat fue absolutamente magnfica. Es valiente, atltico, educado, sensato... y tiene un trabajo fijo. Cuando te recuperes de tu dolor deberas pensar en sentar la cabeza con alguien as. Me esperaba una protesta por parte de la chica, pero siempre estaba a punto para nuevas aventuras. Ests casado, Quern? pregunt Helena. No! respondi l, con entusiasmo. Quin sabe adonde podra haber conducido eso de hacer de casamentera! Pero Helena se qued callada con aprensin cuando en nuestro caluroso y concurrido sepulcro resonaron de pronto unos fuertes golpes.

LVII

Not que Petronio, a mi lado, cambiaba de postura. Alarg la mano por detrs de nosotros para poder devolver el mismo golpe con el pomo de una daga. Entonces alguien empuj la pesada puerta hacia adentro, contra nuestras espaldas, de modo que rodamos unos sobre otros. Unas voces que nos resultaban familiares entraron con el aire fresco. Unas manos se extendieron para sacarnos a la calzada. Fsculo y algunos de los vigiles eran nuestros salvadores. Al limpiarme el sudor de la frente mientras me calmaba, cruc mi mirada con la de Petro. Un refugio fijado de antemano! Aplaud su previsin. Del sendero que conduca al emplazamiento del funeral segua llegando un furioso ruido. Lanzando miradas nerviosas a diestro y siniestro, Fsculo decidi rpidamente que una escolta llevara a las mujeres a casa de Petronio; la escolta se quedara all de guardia. Rdope era una valiosa testigo. Con la excusa de que su padre haba denunciado su desaparicin, se la mantendra en lugar seguro... tanto si lo quera como si no. Di un beso a Helena y le promet portarme bien. No hagas promesas que no puedas cumplir, Marco! Petro y yo, con Fsculo y el resto de los hombres, regresamos andando al escenario de la fiesta.

Tal como haba esperado, los de la funeraria eran unos verdaderos profesionales. Haban reconstruido la pira, haban amarrado el cadver como si nunca se hubiera levantado de un salto para echar un vistazo a su alrededor y haban reavivado las llamas en medio de una fresca irrigacin con aceite aromtico. El sacerdote estaba ocupado en su altar mientras que el resto se cercioraban de que Teopompo descendiera al averno con al menos alguien que le prestara atencin. Pero en torno a aquel sombro y estoico grupo reinaba el caos por doquier. Tanto los ilricos como los cilicios haban decidido que sus hermanos de sangre eran unos bastardos. Fsculo se preguntaba por qu haban tardado tanto en pelearse; Petro fingi ser un romntico que pensaba que no era ms que una pelea de enamorados. Para empezar, yo nunca haba credo que fueran sinceros. Ahora haban roto su pacto y se estaban aporreando unos a otros como cnyuges al borde del divorcio. La pelea era tan buena como cualquier reyerta de ltima hora despus de una serie de juegos en un anfiteatro provinciano, una refriega cuando un grupo de lugareos piensa que los otros matones jactanciosos se han pasado todo el verano haciendo trampas en connivencia con el magistrado, en tanto que los otros acaban de descubrir que el jefe de gladiadores del primer bando acept su soborno pero luego no se dej ganar. Y que el obseso sexual de su hermano no se present al entrenamiento porque estaba demasiado ocupado dejando embarazada a la esposa del entrenador... Petronio, Fsculo y yo nos hicimos con una fuente que contena una gran variedad de tapas, eran los restos del bufet, y observamos admirados mientras masticbamos. La verdad es que aquellos hombres a los que no se deba llamar piratas saban cmo montar una pelea teatral. Los puos arremetan por todas partes. Aquello slo era el comienzo. Se utilizaban armas, cuchillos incluidos; no tard en brotar la sangre, que manaba libremente. Adems, dedos, pies, codos, rodillas y cabezas formaban todos parte de la accin. Lign ejecut su especialidad varias veces: se impulsaba hacia lo alto y luego derribaba a algn desafortunado oponente de una patada con ambos pies. Crtidas propinaba cabezazos a todos los que se acercaban, acometiendo la tarea como un pjaro carpintero enloquecido. Algunas de las mujeres deban de haber huido. Las pocas que quedaban azuzaban a sus favoritos. Llegamos justo a tiempo de conseguir nuestros bocados: acto seguido, la mesa se volc. Tres hombres, fundidos en un apasionado nudo, echaron abajo la endeble estructura. La comida qued espachurrada y pringosa sobre las losas grises de la calzada, aumentando el riesgo de patinar y caerse. Petronio aconsej a los esclavos del servicio de comidas que se fueran a casa. Como todo sirviente sensato, se llevaron el vino con ellos. Dejamos que lo hicieran. Ya sabamos que el sabor era simplemente adecuado. Yo, por lo pronto, iba a tener que agradecer mi abstinencia ms tarde. Los miembros de los vigiles pululaban discretamente de aqu para all, de puntillas, y rescataban a aqullos a los que podan sacar de en medio. Tras ser clasificados por nacionalidades, los cuerpos se colocaban en ordenadas hileras a ambos lados del camino, los ilricos a la izquierda, los cilicios a la derecha. Luego, un soldado particularmente pedante los dividi en ms categoras: muertos, moribundos y comatosos. En el tiempo que le qued libre comprob que los hubiese colocado a todos en cada categora de manera satisfactoria por orden de estatura. Debi de pensar que eso ayudara a la posterior identificacin. Un ilrico (o cilicio) abandon el centro de la pelea y retrocedi tambalendose hasta meterse en nuestro grupo. Petronio se limpi rpidamente la boca con una servilleta y a continuacin volvi a lanzar al marinero de vuelta al altercado dndole un empujn con su bota en el trasero.

La pelea iba hacindose cada vez menos densa. Entre los que an se aguantaban de pie, Crtidas y Lign eran los que ms destacaban. Hasta ellos daban tumbos con aire vacilante. Todava podan hacer acopio de sus recursos fsicos pero, al igual que todos los dems, sus fuerzas empezaban a flaquear. Petro decidi que los luchadores ya se haban agotado lo suficiente. Dio un silbido. Lo que sigui fue algo breve y metdico. Sus hombres se sumaron a la accin y, yo entre ellos, nos pusimos a derribar a cualquiera que quedara en pie, Al cabo de poco, ya haba huido la mayora, y los que an quedaban se haban tumbado en el suelo para rendirse. Petronio y Fsculo arrestaron a Crtidas y a Lign. Los dejamos hacindose cargo de los muertos y de quienes no podan moverse y nosotros emprendimos el camino por la carretera llevndonos a los prisioneros que an eran capaces de caminar. A nuestras espaldas, o el silbido lastimero de la pira cuando el sacerdote la sofoc con el agua de un recipiente ritual. Teopompo ya haba viajado con toda la pompa romana para encontrarse con los dioses brbaros a los que honraba, fueran cuales fueran. Slo quedaban sus cenizas. Selladas en su urna con forma de negra figura, le recordaran a su joven amante el breve tiempo que pasaron juntos y la inocencia que ella haba desperdiciado con tanto entusiasmo. Al menos, cuando poco a poco el pasado llegara a ser una vergenza, Rdope siempre sabra que el amor de sus sueos haba tenido una despedida espectacular. Si resultaba que la haba dejado embarazada, cada vez que peinara a su hijo pensara en Teopompo con su halo de fuego verdoso.

LVIII

Una vez fuera de la necrpolis, llegamos a la carretera principal y nos acercamos a la puerta Romana. Estaba constituda por una entrada y una salida entre unas torres cuadradas acopladas a las murallas de la ciudad, las mismas murallas que fueron construidas por Cicern cuando era cnsul, tras el devastador saqueo de Ostia a manos de los piratas. Los muros de proteccin se hallaban entonces medio ocultos por las viviendas. A los pocos aos de su construccin, Pompeyo haba limpiado los mares. Libres del miedo a un ataque, la gente haba construido casas y talleres al otro lado, colindando con las defensas y, en ocasiones, situados justo en lo alto de las mismas. Una placa de mrmol contaba una historia conmovedora. Primero conmemoraba la creacin de las murallas de la ciudad por Cicern; cinco aos despus, Clodio, enemigo acrrimo de Cicern y l mismo una especie de pirata urbano, haba borrado el nombre del cnsul y lo haba tapado con el suyo, escrito en letras del color de la sangre. Cicern, que se acercaba a su decadencia poltica, se haba quejado amargamente. El viejo orador hubiera tenido algunas cosas mordaces que decir sobre los modernos intrusos que tenamos bajo custodia. Los vigiles provocaron bastante revuelo cuando llegaron a la carretera principal y detuvieron el trfico en las dos direcciones para as poder conducir a su desfile de abatidos prisioneros a travs de la puerta. Cuando nuestros apaleados trofeos humanos salan por el lado de Ostia, una figura canosa y familiar apareci ante nuestra vista. Era el hombre de la marina, Canino. Los vigiles ni lo miraron ni se detuvieron. Pero yo hice las dos cosas. Lo mir a los ojos y me plant justo delante de l. Si vas al funeral, se ha terminado.

No lo he sabido hasta que ya era demasiado tarde. Tendra que haber estado ah para vigilar. Bueno, los vigiles han puesto fin al problema de los secuestros y han resuelto el asesinato de Teopompo. Me ofreci una sonrisa insulsa. Yo me qued impasible, Ayer fuiste un condenado intil, Canino! Est claro que no sufriste ningn dao, Falco... No gracias a ti precisamente! No esperaba que salieras t solo con un trirreme, pero hubiera sido de ayuda que hubieses avisado al capitn de puerto y a una partida de rescate. Me sorprende que cuando se llevan a un ciudadano a la fuerza, la marina se limite a decirle adis alegremente. Lo siento. Pens que me estabas saludando con la mano... Canino, t dejaste que los ilricos se me llevaran. En ningn momento esperabas verme hoy con vida.

Vamos, s razonable, hombre. Un trirreme en el puerto no puede moverse sin volver a tensar los cables principales, los hypozomata. Arque una ceja y dej que hablara atropellada y nerviosamente. Corre de popa a proa; sujeta las cuadernas a lo largo de toda la embarcacin. Cuando atracamos durante un perodo de tiempo, aflojamos los calabrotes para que descanse el armazn, es la prctica habitual. Es imposible navegar as, podra romperse la parte trasera del barco. El agregado, que siempre haba hablado demasiado, finalmente dej de hacerlo. Canino, no esperaba que me persiguieras en un trirreme. Dime, cmo es que un grupo de ilricos que se dedican a la puesta en prctica de nuevas versiones del antiguo oficio pueden sentirse cmodos con sus liburnas bien amarradas al costado de tres barcos de guerra de la marina? Los cilicios se hacen amigos vuestros de la misma manera? Canino, a qu juegas exactamente? Disculpa... se estaba dando la vuelta. Van a necesitar que informe a Marco Rubela. Yo ya haba informado a Lucio Petronio de mis propias ideas sobre Canino. Caminamos en silencio hasta llegar a la calle lateral que conduca al cuartel de los vigiles. Los prisioneros y su escolta ya deban de estar dentro. No vienes, Falco? me pregunt Canino con cierta sorpresa cuando se hizo evidente que yo segua por el Decumano. Todava estoy buscando a mi cronista. Adems, poseo el sentido del honor familiar. No tengo ningn deseo de estar presente si tienes intencin de proscribir a mi to Fulvio. Una breve sonrisa con los labios apretados desfigur el rostro bien afeitado del hombre de la marina. l dobl por la calle lateral. Yo continu por la carretera principal hacia nuestro apartamento, con la esperanza de encontrar all a Helena Justina. No llegu. Me encontr con Paso. Formaba parte del equipo de Petro y era prcticamente nuevo, aunque deba de llevar un par de aos con la Cuarta. Paso, a quien Petronio le haba ofrecido un puesto entre los vigiles, era un muchacho de baja estatura, pelo corto, manos grandes y unos pies como los de un cachorro. Aquello desdeca de su

despreocupada competencia. Le hice un rpido resumen de los acontecimientos del da. Me cont que Rubela haba confiado en l para que fuera el nico encargado de vigilar a Holconio y Mutato y estaba acechando su apartamento a la espera de novedades. Y qu noticias hay, Paso? Anteriormente habamos trabajado juntos en el asesinato de un mecenas de las artes; Paso me conoca lo suficientemente bien como para ser franco conmigo. Creo que he metido la pata dijo. Estabas solo. Me mostr comprensivo. Todos los dems estaban en la operacin de la necrpolis, de modo que tuve que arreglrmelas solo... Un nio les trajo una nota. No tena a nadie a quien mandar en busca de refuerzos. O los cronistas me haban visto, o alguien les haba advertido. De modo que salieron los dos, pero se separaron. Segu al que iba con el chico, Holconio. Pero el muchacho y l se limitaron a caminar describiendo un gran crculo y luego esos malditos volvieron a entrar en el apartamento. El nio sali corriendo. Estoy deprimido, Falco. Crees que los cronistas tienen una nueva peticin de rescate? Mutato te dio esquinazo y se fue l solo a reunirse con alguien? Paso asinti con la cabeza y maldijo sombramente. Luego se march para informar a Rubela. Yo abandon mis planes de encontrar a Helena y me fui a ver a Holconio. Al principio lo neg todo, claro est. Pero el hecho de haberse quedado solo en el apartamento min su coraje. Reconoci la nueva peticin de rescate. Rubela haba advertido firmemente a los cronistas que no hicieran nada, pero ellos volvieron a ignorar la advertencia, no fuera el caso que ello tuviera malas consecuencias para el presunto cautivo Diocles. Todava tenan dinero. Mutato haba ido a buscarlo. La nueva nota pidiendo un rescate deca que slo una persona tena que encargarse del intercambio. Se pondran en contacto con Mutato. As que ya ves, Falco declar Holconio en tono de superioridad moral. No puedo contarte nada sobre cmo se entregar el dinero, porque no lo s! Le orden que fuera al cuartel de los vigiles y se lo confesara a Rubela. Hice que me dijera en qu templo tenan el banco. Entonces sal para all.

LIX

Me detuve al pie de las escaleras del templo de Roma y Augusto, pensativo. Ese templo deba de haber sido uno de los primeros smbolos del poder imperial. Construido por Tiberio en honor a su padrastro y a nuestra afortunada ciudad, estaba hecho totalmente de mrmol. Seis columnas acanaladas adornaban la parte frontal, que contaba con una tribuna desde la cual los oradores polticos podan aburrir a las desafortunadas multitudes los das festivos. A cada lado, un par de columnas adicionales flanqueaban, respectivamente, las dos entradas cuyas escaleras de piedra conducan al interior. Calificar ese edificio de triunfalista sera quedarse corto. No solamente la diosa Victoria encumbraba de puntillas toda la grandeza de sus carnes a unos doce metros de altura en el pinculo del elaborado friso, sino que adems, la estatua de culto era la de Roma Victrix, una muchacha corpulenta con traje de amazona. Tena una figura como la de Helena, aunque sta me dara un puntapi por decir eso. Digamos que Roma Victrix estaba en buena forma, pero, como personificacin de la Ciudad Dorada, estaba a la cabeza de un grande y nuevo imperio comercial que importaba exquisiteces desde todas las partes del mundo... y estaba clarsimo que disfrutaba de la gastronoma. Roma se mostraba como una amazona, con un pecho incmodamente prominente y sumamente redondo que se dejaba ver, desnudo, entre sus ropajes, curiosamente amplios. Las amazonas suelen ser famosas por aparecer sobre un gruido llevando una falda corta por nico atuendo. Roma iba vestida fundamentalmente con ropa cmoda y prctica. Su otro pecho estaba cubierto como es debido y no pareca tan bien desarrollado. Puede que se lo hubieran amputado, como se supone que ocurre en los mejores crculos amaznicos con el propsito de evitar la cuerda del arco. Tena un pie

robusto que sujetaba una pequea esfera y daba la impresin de que fuera a realizar el saque para iniciar un juego de pelota. Haba tenido mucho tiempo para dejarme llevar por estas reflexiones. Haba entrado, pero en aquellos momentos volva a encontrarme fuera. Dentro haba vislumbrado a un sacerdote del culto, un flamen estirado que crey que iba a robar las vasijas rituales y el tesoro donado. En cuanto aquel facttum altanero me vio, envi al guardin del templo un ex esclavo de la ciudad que haca todo el trabajo para que me preguntara si poda ayudarme en algo. Eso significaba ayudarme a volver a salir al podio de la entrada. Ahora estaba all de pie, hacindome pasar por un nio pequeo que quera ser orador. Inspeccion el foro. Era un alargado espacio rectangular con el alto capitolio en el extremo ms alejado, el templo dedicado a la Trada Capitolina. All era donde haban tenido que aguantar Rubela y Petro el otro da, cuando observaban a los del gremio de constructores pisando fuerte por ah en su exhibicin de marcha. Vi un santuario, que saba que estaba dedicado a los Lares de la ciudad.

El Decumano Mximo pasaba por en medio del foro. A la izquierda tena la Baslica y la Curia. A la derecha y a mis espaldas estaban los baos, las letrinas pblicas y las tiendas. Delante de m, a lo lejos, en la esquina de mano derecha aunque ms o menos fuera de mi vista, se hallaba la casa de Privato en la que se alojaba Petronio. All las cosas no avanzaban. Si Mutato se encontraba en el edificio, deba de estar en el piso de abajo, en las cmaras acorazadas que haba bajo el podio del templo. El guardin se haba negado a dejarme bajar hasta all. No le convenc dicindole que quera hablar con un visitante que estaba retirando fondos. El guardin estaba haciendo su trabajo, protegiendo el dinero que haba en depsito. Tal vez supiera ya que a Mutato y Horconio les haban robado parte de su dinero, y por lo que l saba fueron unos ladrones que los haban seguido despus de que fueran all a retirar fondos. El guardin del templo me haba prometido cortsmente que me avisara cuando Mutato saliera de las cmaras acorazadas. Dicho sea en su honor, s que me hizo una seal con la cabeza, aunque se esper hasta que el cronista ya se hubiera ido. Saba que Mutato no haba pasado por el foro. Lo hubiese visto. La plaza estaba abarrotada de gente, la oleada de peatones que iban a los baos y los obreros que regresaban a casa a ltima hora de la tarde, pero me hallaba en una posicin estratgica y tena una clara vista de toda la zona del foro. Mutato deba de haber salido por la parte de atrs y por el lado de la Baslica; desde mi posicin, situada en una esquina, yo haba estado observando la otra salida. Baj las escaleras y me dirig hacia la parte de atrs del templo. En una caupona que haba en la esquina de una calle nadie pudo decirme nada. Cruc la parte trasera del templo. All empezaba la carretera principal hacia la Puerta Laurentina. Aqulla era una parte muy importante de la ciudad, y aunque la industria ligera molinos de grano y lavanderas acechaba entre las casas particulares, el vecindario careca de la proliferacin de bares y burdeles que se amontonaban en los alrededores de la Puerta Marina y la ribera del ro. No era la clase de zona que los ilrcos preferan para los encuentros. Ello me convenci de que alguien ms se haba metido por medio. La peticin de rescate para mi cronista era un nuevo chanchullo.

Mi cronista. Entonces era mo. Estaba resuelto a no dejarlo plantado hasta que supiera lo que le haba sucedido. Prstame una moneda para un bao! En las sombras de la parte trasera de los edificios ms prestigiosos, los mendigos erraban entre las basuras esparcidas. Aquel listo saba cmo sugerir que su peticin tena que ser concedida con urgencia: iba hecho un guarro. De hecho iba tan rooso que pareca que se hubiera cubierto de mugre a propsito. Cualquier persona caritativa lo hara meterse en agua caliente con una estrgila. (Cualquiera que luego lo pensara dos veces, recordara que la mayora de ciudades ofrecen baos pblicos gratuitos. Aquel mendigo iba sucio porque quera.) Saqu una moneda y la sostuve en alto. Luego se la di. No tena sentido postergarlo: slo me dira lo que quera or para conseguir el dinero. Has visto salir a alguien del templo justo antes de que yo apareciera por la esquina? Por dnde se fue? Un brazo mugriento, envuelto en unos espantosos harapos, seal de manera imprecisa hacia la distante Puerta Laurentina. Probablemente el hombre estuviera borracho. Tena un aspecto demasiado piojoso para interrogarlo ms de cerca. Tena que decidir si lo crea o no. Como no se me ofreca ninguna otra opcin, me puse en marcha camino arriba. Soy Casio! exclam detrs de m con voz ronca. Lo recordar! ment al tiempo que me daba a la fuga. Lo ltimo que quera era tener que aguantar a un loco con peligrosas ideas polticas. Tener un busto de Casio en tu casa todava se considera traicin. En los cumpleaos de Bruto y Casio, todos los hombres sensatos se cuidan mucho de no celebrar cenas que puedan parecer conmemorativas. Comparado con el Decumano, el Cardo era una calle pequea y estrecha que descenda en suave pendiente colina abajo y que se hallaba sumida en las sombras proyectadas por los edificios que la bordeaban. Ya haba estado all antes, aunque entonces iba a lomos de una montura, no a pie, cuando fui a ver a Damgoras. Aquella maana en la que Cayo Baebio y yo nos encontramos por primera vez con los matones del gremio de constructores que combatan los incendios, una de las casas cercanas al templo de Roma y Augusto se encontraba en humeantes ruinas. Tambin haba pasado por all cuando anduve a la caza de templos. El camino que llevaba a la Puerta Laurentina se haba convertido en un tema de esta misin. Casio no me fall: me hallaba a medio camino de la puerta cuando el trfico que vena de cara disminuy y por delante de m vi a un chico. Reconoc aquella figura menuda: Zeno. Zeno, el de la torre de entrada, ese flaco granuja callejero cuya madre era Pulia, la reina de las drogas de los secuestradores cilicios. Caminando al lado de

Zeno y hablando con l con seriedad, haba un anciano fornido. Tambin lo conoca. Era mi to Fulvio. Fulvio tena una mano apoyada en el hombro de Zeno. El chiquillo lo miraba con expresin confiada. Pulia ya llevaba varios das bajo custodia. A Lign lo haban capturado aquel mismo da, pero l nunca haba vivido en la torre de entrada y daba la impresin de que al hijo de Pulia le fuera indiferente. Sin su madre, Zeno habra tenido que arreglrselas solo. Fulvio deba de haberse hecho amigo suyo. Tal vez se conocieran incluso de antes del arresto de Pulia. Si Canino no se equivocaba al identificar a mi to como el negociador, el Ilrico se serva de un nio que le haca de mensajero. El pequeo Zeno poda haber sido ese chico desde el principio. Ahora, si la peticin de rescate de Diocles, despus de todo, provena de la banda cilicia, la pareja poda estar dirigindose a su encuentro con Mutato. Aunque no fuera as, haba buenas razones para investigar qu haca un nio en compaa de mi to.

Los segu a toda prisa. Me pregunt si se dirigan hacia el otro lado de la puerta, pues si as era, iba a terminar el da tal como lo haba empezado: en una necrpolis. Estar sentado en un sepulcro oscuro como boca de lobo haba sido suficiente. Entonces, y ojal lo hubiera sabido, me estaba dirigiendo a un lugar an peor.

LX

Torcieron por el Cardo justo antes de llegar a la puerta de la ciudad, pero, aunque no se dirigan a la necrpolis, tuve un mal presentimiento. Conoca aquel lugar. Haba estado all una maana tranquila durante mi obstinada bsqueda de templos. Entonces no me sirvi de nada y en aquellos momentos hubiese preferido que no se convirtiera en algo significativo. Fulvio y Zeno haban entrado en el santuario de la Gran Madre: Cibeles. Eso ya era bastante malo. Antes incluso de llegar all, o que aqulla no era una ocasin tranquila. Las antiguas murallas de la ciudad proporcionaban una lnea divisoria a una gran zona triangular; era el recinto ms extenso que haba visto en cualquier otro templo de Ostia, mayor que las abarrotadas zonas pblicas de cualquier santuario religioso de Roma, aparte de las sagradas alturas del Capitolio y el Arx. Entramos en aquel lugar de encuentro desde el Cardo, a medio camino del mismo, a travs de una hilera de pequeas tiendas. Justo enfrente se alzaba el principal templo de Cibeles. En una esquina a mi izquierda haba un grupo de edificios, uno de los cuales saba que era el santuario de Atis. Cibeles mantena a su castrado consorte a cierta distancia, aunque un prtico con columnatas situado junto a la antigua muralla de la ciudad s que proporcionaba un camino resguardado para que se reunieran sus sacerdotes eunucos. A mi derecha haba un revoltijo de edificios destinados, pensaba yo, a los partidarios del culto. Tal vez fueran las dependencias de los sacerdotes si, al igual que en Roma, a los oficiantes de aquel extico culto los mantenan alejados de la vida diaria, no fuera que el misticismo oriental contaminara nuestros frreos valores occidentales.

En aquellos momentos mi tarea era imposible. Haba demasiado ajetreo en el santuario. Haba gente por todas partes; aquel emplazamiento haba sido elegido con astucia como lugar de reunin donde secuestradores y vctimas podan pasar desapercibidos. Ya no vea ni a Fulvio ni al chico. Tampoco divis a Mutato, ni a nadie que pudiera tener intencin de reunirse con l. Me haba formado unas cuantas ideas sobre a quin esperar. La presencia de mi to dondequiera que se hubiese metido haba implicado que todava me enfrentaba a la vieja banda. Canino deba de estar en lo cierto: to Fulvio era el Ilrico y aquello sera, al fin y al cabo, otro intercambio ms, manipulado por la misma gente que todo el resto. Al parecer estaba prevista una iniciacin al culto para el da siguiente. Los sacerdotes, ataviados con sus afeminadas y largas vestiduras, daban vueltas por ah, algunos escoltando un gran toro negro hasta el corral en el que pasara la noche antes de ser sacrificado. Lo conducan en corta procesin, con msica y danza orientales, y l intua que todo aquel alboroto auguraba algo peligroso. Tal vez ola la sangre de sus predecesores. En todo caso, los coloridos disfraces y el poco corriente entorno lo estaban trastornando de mala manera. Empez a bramar y trat de soltarse. Era un muchacho grandote. Afortunadamente lo haban asegurado con algo ms que guirnaldas de flores; el resistente trabajo hecho con las cuerdas lo retuvo hasta que, medio a rastras, medio a empujones con el hombro, lograron meterlo en el corral. Rociaron el lugar con agua lustral; eso tampoco le gust mucho. Todo aquello tena lugar en el complejo de pequeos templos situado a mi izquierda. Haba an ms actividad en la larga columnata. All nunca identificara a ninguna persona de las que buscaba. Me coloqu la toga de manera que me cubriera la cabeza, como un hombre que asiste a un sacrificio; proporcionaba cierto anonimato. Nadie que me conociera como informante esperara verme ataviado con vestimenta formal... bueno, a menos que ya supieran que aquel da haba estado en un funeral. Empec a andar en lnea recta por la hierba en direccin al templo principal, en la esquina ms alejada del emplazamiento. Era media tarde. El sol se hallaba por encima del templo, convirtindolo en nada ms que un oscuro contorno. Cualquiera que se hallara all se perda de vista, invisible contra el edificio. Sin embargo, si miraban en aquella direccin me veran, una figura con toga bien iluminada que se acercaba a ellos a grandes zancadas y al aire libre, completamente sola. Si me aproximaba a los villanos, podra ser que stos no sospecharan que llevaba la espada de Petro oculta entre la ropa. Por otro lado, si saban por qu les estaba siguiendo la pista, tal vez supusieran que vendra armado. Ellos tambin iran armados. Puesto que se encontraban en un complejo religioso, sus armas tambin estaran ocultas. Podra haber infinidad de ellos merodeando por all. Era probable que me conocieran; yo tal vez no los reconociera a ellos. Llegu al templo de Cibeles. Lo registr con discrecin. La toga ayud a que mi presencia no resultara ingrata. En el interior de su templo, rectangular y de proporciones modestas, la Gran Madre estaba reclinada con su corona almenada; me dirigi una mirada calmada cuando invad su silencioso sanctasanctrum. En presencia de mujeres poderosas los informantes son personas respetuosas: me disculp por molestarla. Volv a salir con las manos vacas. Me retir la toga de la cabeza con impaciencia, no soportaba por ms tiempo aquel embozo; me pas la mano por los rizos, que todava estaban endurecidos por la sal del chapuzn forzoso del da anterior. Desde los grises escalones del templo, tena entonces la luz a mi favor. Deberan haber sido unos momentos mgicos: ltima hora de la tarde, con el sol de agosto an ardiendo y que no

se pondra hasta al cabo de unas horas, el cielo de un azul intenso en lo alto, la fuerza de la luz del sol sin menguar todava, aunque entonces el da avanzaba hacia el tardo crepsculo. Las piedras del templo irradiaban calor. Atento a todas esas sensaciones, y con la conviccin creciente de estar viviendo una pesadilla, tom conciencia del mar, cercano a mis espaldas, y de la ciudad que se extenda a la izquierda. Muchas de las personas que estaban en el santuario haca unos momentos ya haban desaparecido. Las que quedaban caminaban por ah en silencio. La msica se haba acallado. En aquellos instantes todo estaba tranquilo dentro del recinto. Los sonidos de la ciudad, del puerto y de la cercana puerta que daba a campo abierto parecan proceder de otro mundo. Me llegaba el olor del organo silvestre. Las gaviotas planeaban suavemente en las alturas. Me qued inmvil, observ y escuch. Mi mano derecha se haba abierto camino entre los pesados pliegues de la toga hasta la empuadura de la espada. Entonces, mientras continuaba escudriando el recinto en busca de alguien a quien pudiera reconocer, divis por fin a to Fulvio. Se encontraba justo en el extremo opuesto del recinto, caminando por el concurrido santuario de Atis. Baj las escaleras del templo de la Gran Madre dando saltos y empec a correr por la larga columnata sin hacer ruido. Fulvio haba dado la vuelta al santuario. Cre que haba entrado en el edificio pero, cuando llegu all, jadeando, no tuve suerte. Empec a registrar la estancia. En aquel rincn del santuario parecan haber proliferado recovecos, fuentes, altares y entradas misteriosas. Los devotos no necesitaban que hubiera losetas con un rtulo en las jambas de las puertas como si los edificios albergaran a mdicos o contables. Pero yo no saba a dnde conducan en realidad ninguna de ellas. Haba una espantosa posibilidad: saba que tena que encontrarla. Los ritos de Cibeles son igual de terribles que los ritos de Mitra, y hay uno de ellos que es muy similar. En algn lugar por all cerca tena que haber un hoyo para el taurobolio: un agujero bajo tierra de la altura de una persona al que los iniciados deban descender. All permaneceran solos en la oscuridad como espantosa prueba de su devocin. Sera algn tipo de stano, con una rejilla sobre el hoyo subterrneo; al da siguiente, sobre dicha rejilla, los sacerdotes sacrificaran al gran toro que segua bramando lastimeramente en su corral cercano. Su sangre derramada caera sobre el novicio, que estara solo en la ms completa oscuridad mientras la sangre hedionda lo baaba de la cabeza a los pies. El rito de sacar a los iniciados del hoyo con sus vestiduras manchadas de sangre de toro tena fama de ser repulsivo. Encontr el taurobolio. La parte trasera del templo de Atis daba a una torre construida en la esquina de la muralla de la ciudad. Parte de ella formaba entonces un estrecho santuario. Los pinos proyectaban una fragante sombra. En el interior, los nichos sostenan estatuas del consorte de Cibeles, representado con su estrellada gorra frigia y sus pinas. La nave ya se hallaba iluminada con lmparas, adornada con flores y perfumada con incienso. En cuanto entr supe que aqul era el lugar donde una vez los ilricos trajeron a la aterrorizada Rdope. Delante de m haba unas escaleras, tal como ella haba dicho: un corto tramo descendiente por el que habran forcejeado con la chica cuando trataban de obligara a entrar en la oscura y arqueada boca del hoyo del taurobolio. Las iniciaciones deban de ser poco frecuentes. Los das en los que no se utilizaba el santuario, su remoto

taurobolio una especie de espantoso sumidero o alcantarilla hubiera constituido un escondite perfecto. Por mucho que gritaran las vctimas, nadie las oira. Y despus, las mujeres que haban sido encerradas all quedaran completamente traumatizadas, y su silencio en el futuro asegurado. Me encontraba dentro del santuario dbilmente iluminado cuando me pareci or a alguien fuera. No saba que hacer, pero el hoyo del taurobolio estaba ms cerca que la salida, de modo que fui en esa direccin. Al bajar las escaleras tuve que agacharme mucho para escudriar el interior; ah abajo estaba demasiado oscuro para ver nada, aunque el tenue resplandor de las lmparas que haba detrs habra acentuado mi contorno. Desde el exterior del santuario, una voz grit: Quin anda ah?. Me col escaleras abajo. Demasiado tarde, o movimiento y luego unas manos se alzaron para agarrarme por la ropa y arrastrarme hacia abajo y bajo tierra. Alguien me propin un doloroso codazo en las costillas y me hizo callar. Estbamos demasiado apretujados, lo cual no me permita desenvainar la espada. No es que quisiera hacerlo. Mi compaero no me estaba amenazando. Bueno, no en el modo en que es habitual. De alguna manera saba quin estaba all conmigo: era Fulvio. Estaba sobrellevando bien el nuevo rumbo que haban tomado las cosas hasta que alguien que estaba por encima de nosotros en el santuario cerr de golpe una puerta metlica sobre el hoyo y nos encerr dentro. Marco, maldito estpido! exclam Fulvio entre dientes, Eso fue un jodido descuido... ahora s que estamos atrapados de verdad. Me negu a considerarlo culpa ma, pero lo que haba dicho era cierto. Nuestra prisin era hmeda, ola a moho y no estaba pensada para dos personas. Podamos ponernos de pie, pero aquel hoyo haba sido construido para una sola persona. No pude evitar recordar que, cuando era pequeo, la gente me haba dicho que evitara al to Fulvio porque no le gustaban los nios. Muchos aos despus me haba dado cuenta de que sa era la manera que tena la familia de decir que los nios pequeos le gustaban demasiado. Ahora me encontraba atrapado en un hoyo oscuro con l. Oh, madre ma!

LXI

No se ve demasiado, pero la luz entra por la rejilla y el aire tambin. Para mi sorpresa, m to pareca estar hacindose cargo de la situacin. Entonces empez a calcular las posibilidades. Yo era el ex soldado: eso era cosa ma. l es slo uno, y nosotros somos dos... Tengo una espada, aunque no hay espacio para utilizarla. Estbamos muy apretujados. Fulvio pudo comprobar que yo haba venido armado. Estamos lo bastante seguros aqu abajo. Mi to era un cerdo sumiso. Eso es estupendo dije con sarcasmo. Un manaco nos ha encerrado y estamos atrapados hasta que maana por la maana venga con el iniciado tembloroso. Tienes miedo, Marco? Slo de lo que estoy a punto de descubrir... La verdad es que quiero saber dije, con toda la paciencia de la que fui capaz cul es tu posicin en todo esto. Canino me dijo que t eres el Ilrico. Te inform mal. Pues aclramelo. Te crees lo que te ha dicho?

Cmo quieres que lo sepa, to? Existe una alternativa... Lo dije primero: Poda ser el propio Canino el Ilrico? Vaya, un chico listo! As pues, la marina no est investigando el chanchullo de las peticiones de rescate... Puede que s lo hagan dijo Fulvio. Qu crees que estoy haciendo yo aqu? Mi to era un agente? Puedes demostrar esta afirmacin? No tengo que demostrarla. Al ver que yo no deca nada, to Fulvio insisti: Nunca me has visto vestido como una mujer, maldita sea. El maquillaje y las zapatillas no son tu estilo? Es un alivio para mi familia! Lo nico que s es que ibas a marcharte a Pesinunte pero te subiste al barco equivocado... Fulvio se rio. Tom el barco que quera. Conoces a Casio? No... Me acord del mendigo en la parte de atrs del templo de Roma y Augusto. Casio?... Claro. Me pareci que la mugre se la haba puesto l mismo. Le gusta meterse de lleno en lo que se propone alarde Fulvio. En el aire qued una grosera insinuacin que prefer pasar por alto. Casio y yo llevamos juntos un cuarto de siglo. Bueno, eso responda a una cuestin. Eran una pareja estable. Mam estar tan contenta de que hayas sentado la cabeza! Casio estaba en el barco, me imagino. El barco que decidiste que era el adecuado,no? Estaba en el barco. Me alegro por ti, to. Pero estamos desaprovechando el tiempo. Tenemos que salir de aqu. Tenemos que quedarnos. Perdona, to, pero preferira no provocar los celos de Casio quedndonos aqu... Trat de empujar la puerta. To Fulvio dej que me agotara, lanzando gruidos de protesta cuando lo aplastaba. Cllate, sintate y estte quieto. El santuario de aqu arriba es el lugar de encuentro. Me lo dijo Zeno. Cuando se entregue el dinero podemos escuchar y reunir pruebas. Zeno era el mensajero? Estaba recuperando el aliento Te hiciste amigo de l? Y dnde est ahora Zeno? Un sacerdote de Atis le est dando leche caliente y galletas de ssamo. Eso no me tranquiliz. De todos modos, al chico podamos sacarlo de all despus. Ms difcil sera que pudiramos salir nosotros.

Tu Casio traer ayuda? Por supuesto. Era un consuelo, pero aun as, no me gustaba estar atrapado bajo tierra en la oscuridad. Oleadas de pnico me recorran el cuerpo. Deba de haber un desage, pero las cavernas que han sido empapadas de sangre adquieren un olor horrendo. Luch contra la claustrofobia. Si los iniciados podan soportar aquello solos, yo poda sobrellevar el miedo... Posiblemente. Qu tomaste para comer? me pregunt pomposamente mi to. Estaba respirando en su cara; no haba alternativa. La carta del funeral. Cebollas. Vaya! Fulvio era un manitico. Entonces me entraron ganas de rer. Mientras esperbamos que ocurriera algo, le di la lata a mi to para que me contara cul era su papel en aquel fiasco. Dijo que trabajaba para la marina, como factor de grano; pap ya me lo haba dicho. Y saba que el Ejrcito y por lo tanto, presumiblemente tambin la marina solan utilizar a sus factores de grano para reunir informacin. Fulvio se haba dedicado a abastecer a la tropa durante aos. Desde Salona, donde viva, estaba en contacto con la flota de Rvena. Estaba en Rvena... Canino? Lo has pillado! Soy informante, to. Sea lo que sea lo que te haya dicho la familia, resulta que soy bueno en eso... Me parece inverosmil me pareca espantoso, pero, ests diciendo que haces un trabajo similar al mo? Quiz. No hay necesidad de ser tan reservado. Fui explorador en el Ejrcito. Ahora acepto misiones imperiales. Bien por ti, chico! Fulvio cambi de tema sin admitir nada. Nuestros caminos nunca se cruzaron directamente hasta ahora. Bueno, me alegro de que este asunto no haya roto viejas amistades... As que l me dice que t eres el Ilrico, y t dices que es l. T hazme caso a m orden Fulvio. Tal vez lo haga... O tal vez no. Cmo se ech a perder Canino? Hizo las amistades equivocadas cuando se supona que tena que estar controlando el litoral ilrico. Amistades equivocadas? Cuando hablamos en esa taberna con Gemino, t mismo defendas a la gente de la costa. Estaba explicando lo que les ha ocurrido a los desposedos argy Fulvio. Los hombres a los que llamis piratas provienen de comunidades sumidas en la pobreza, donde las alternativas son escasas. A los jvenes del interior los mandan al mar porque es la nica opcin. Cotis y los dems, la comunidad cilicia, parecen contentos con lo que les ha tocado en suerte. No los desprecies como si fueran chusma dijo Fulvio. Haba una larga tradicin de grupos costeros que daban refugio a hombres que huan de la pobreza, a

menudo marineros de talento que simplemente se encontraban con que no podan adquirir un barco. Lo que vosotros llamis barcos piratas eran embarcaciones de excelente calidad, gobernadas por unos marineros de primera. Yo haba captado un matiz. Una de esas comunidades os dio refugio a Casio y a t? Oh, Salona es un lugar perfectamente civilizado! exclam Fulvio con enojo. Pero conozco a gente en Iliria. Conozco a los buenos y a los malos. Haba estado en Dirraquio. De modo que me pidieron que vigilara a Cotis de manera no oficial cuando dio la impresin de que se haba sentido atrado por nuevas e inaceptables empresas. No tard en descubrir que lo protega una manzana podrida de la flota de Rvena. Cuando Canino consigui que lo trasladaran aqu, con el pretexto de seguir de cerca a Cotis, entonces me pidieron a m que lo siguiera a l. Era la primera vez que te utilizaban para reunir informacin? No. Se me ocurri algo horrible. Quin te pidi que lo hicieras? No trabajars para Ancrites? To Fulvio musit alguna grosera. No, no trabajo para l. Interesante. Aunque estaba claro que saba quin era Ancrites. Entonces quin te encarga los cometidos? Quin quiere ver los mares limpios y despejados? El emperador? Supongo que s, aunque intentamos no tener en cuenta ese aspecto deprimente. Intentamos? Te refieres a Casio y a ti? Yquin os paga? No hace falta que lo sepas, Marco. Si quera llegar a confiar en l, necesitaba saberlo. No me trates como si fuera un muchacho. Yo tambin he llevado a cabo muchas de esas apestosas misiones oficiales. No te estamos ofreciendo una asociacin. No la aceptara! Ambos nos hicimos mala sangre en silencio. Fue como un momento bajo en una fiesta de cumpleaos familiar. Al cabo de un rato formul la inevitable pregunta profesional: Y qu es lo que se suele pagar por la informacin en la flota de Rvena? Ms de lo que ganas t, probablemente. Su arrogancia era difcil de encajar. Entonces supe por qu, en la familia, Fulvio siempre haba cado mal a todo el mundo. No ests tan seguro! repliqu.

La incomodidad estaba convirtindose en algo fastidioso. Qu ha pasado? me pregunt nerviosamente. Hace horas que Mutato sali del templo con el dinero. Si ste es el lugar de encuentro, adonde ha ido? Una pista falsa dijo Fulvio de manera cortante. Segn Zeno, a Mutato lo han mandado a una serie de puntos de entrega falsos. Le van a llegar unos tres mensajes hasta que lo pasen aqu. Es para ponerlo nervioso, y tal vez para deshacerse de los que pudieran seguirle... A propsito dijo mi to con brusquedad. Puede que antes haya dejado que llegaras a una conclusin equivocada. No fue Canino quien nos encerr aqu dentro, fue Casio. Qu? Si Canino ve la puerta cerrada, nunca sospechar que hay alguien aqu abajo escuchando. Necesito or lo que ocurre. Es un oficial, tenemos que atraparlo con pruebas concluyentes. Estupendo! As que Fulvio y el compaero de su vida no tan slo eran agentes del gobierno, sino que adems eran un par de idiotas. Tena que haberlo previsto. No se trataba de compartir una operacin bien planeada con un experto espa; estaba atrapado en un agujero con el hermano mayor de mi madre. Fulvio era hermano de Fabio y Junio. Ello implicaba que era un luntico. Ingenioso? pregunt Fulvio con condescendencia. No es ingenioso! Al menos Casio sigue en libertad, en el exterior. No podemos fiarnos de la marina. Ha ido a buscar a los vigiles. Y supongo dije en tono malicioso que t y Casio creis que viven en una vieja tienda junto al templo de Hrcules Invicto, no? Eso provoc un silencio. Tena que mantener la esperanza de que el to Fulvio estuviera hacindome enfadar de forma deliberada. Fulvio se quej de que tena los tobillos hinchados. Yo tambin tena las piernas y los pies doloridos, y adems me dola la espalda de tratar de evitar desplomarme encima de mi to. De pronto omos voces por encima de nosotros. Pasos. Aguzamos el odo para intentar distinguir quines estaban en el santuario. Poda tratarse de un sacerdote que no tuviera nada que ver con nuestra misin. Tena calor y cada vez estaba ms inquieto. Ninguno de mis asociados saba dnde me encontraba. Nuestro nico apoyo era Casio. Qu emocin! Alguien daba vueltas por ah con unos pasos apenas audibles. Estaba dispuesto a arriesgarme y gritar preguntando si era Mutato cuando se reuni con l otra persona. Dnde est el dinero? Canino... la voz quedaba amortiguada, pero era reconocible. No estaban muy cerca, probablemente prximos a la puerta del santuario. Fulvio me dio un suave codazo, nervioso. Mutato, cuya voz son ms fuerte y ms cercana, respondi: El dinero est en lugar seguro. Mutato deba de estar justo al lado de la rejilla del suelo, justo encima de nuestras cabezas.

Dnde? Puedo ir a buscarlo. Falco tena razn. No creemos que tengas a Diocles, pero si de verdad puedes traerlo... Falco... J! Entonces hubo un movimiento brusco. Las cosas iban mal. Omos un grito enojado. Canino, desde ms cerca, exclam: Eres un idiota! Se oy un sonido metlico y algo que resbalaba, como si un arma hubiera cado sobre la rejilla. All abajo en nuestro stano, Fulvio lanz un grito, pero nadie le oy. Unos pasos pesados se alejaron del santuario. Eran los de dos personas? Me pareci que s. Lo nico que tenas que hacer era entregar el dinero! Era Canino, cuya voz se iba alejando, desde algn lugar de all afuera. Un corto grito y luego ms gemidos de miedo y dolor. El toro expiatorio empez a bramar en la distancia, agitado por el alboroto. Alguien regres al santuario, movindose lentamente. Aterrorizados, Fulvio y yo nos quedamos callados. Se oyeron tres pasos torpes, un golpazo directamente encima de nosotros y luego ms pasos que se alejaban corriendo. Los vestigios de luz que antes haban penetrado en el hoyo del taurobolio a travs de la rejilla superior haban desaparecido. Tengo un mal presentimiento dije en voz baja. Fulvio escuch. Algo nos gotea encima... y aadi con horror. Parece sangre! No era el toro. An lo oamos bramar... Fulvio y yo nos dimos cuenta de la terrible verdad: justo encima de nuestras cabezas yaca Mutato que, o ya estaba muerto, o se estaba desangrando hasta morir.

LXII

Mi to solt un solo gemido y llam al cronista. No hubo respuesta. No podamos hacer nada para ayudar a Mutato... y yo saba que probablemente todo haba terminado. Por el bien del cronista, esperaba que as fuera. Al igual que Diocles, deba de tener una espada y la haba trado, en un peligroso acto de desafo y valenta. Increble. Permanecimos all durante lo que parecieron horas. Al final omos llegar a Casio. Solt una maldicin y luego se apresur a sacarnos de all. Salimos por la puerta abierta, camos al suelo, jadeando, y l nos arrastr escaleras arriba. La luz y el aire nos aturdieron. Me limpi el sudor de la frente, junto con quin sabe qu, y me acerqu al cuerpo a trompicones. Era Mutato, por supuesto... y, por supuesto, estaba muerto. Tir de l para apartarlo de la rejilla; no era ningn maldito sacrificio del culto. Lo puse derecho en el suelo del santuario. Los dedos le haban quedado hechos trizas al haber intentado esquivar los golpes de su propia espada. Canino lo haba cosido a pualadas de un modo tan rudimentario como lo habra hecho un recluta novato. Podis confiar en que en la condenada marina no saben cmo manejar las armas. Me arrodill junto al charco de

sangre y le cerr los ojos al viejo cronista. Despus, le dediqu unos momentos de silencio, apenado de verdad. Cuando me levant, los otros dos me estaban observando. Casio, que ahora ya me resultaba familiar, deba de tener unos quince aos menos que mi to. Se haba despojado de los harapos de mendigo y se haba limpiado un poco la mugre, aunque unas vetas de suciedad del camuflaje todava le ennegrecan el rostro. El tipo era pura pose. Yo no me haba ensuciado la cara para una operacin desde que dej de recorrer sigilosamente los bosques septentrionales como explorador en el Ejrcito. Con slo un puado de hongos tras los que ocultarme, al menos entonces eso tena cierto sentido. Con las patillas grises que tena ahora, y en su nariz recta y ojos castaos, an poda ver el rastro del apuesto hombre ms joven del que Fulvio se haba enamorado. Los bceps estaban tensos bajo las apretadas mangas de su tnica, sus grandes pantorrillas eran musculosas y no tena ni un gramo de grasa. Ya lo haba visto antes: era el cuarto hombre que haba en la letrina pblica cuando el da anterior Canino me haba hostigado hablndome de Fulvio. Juntos, parecan igual de evasivos que una pareja casada; compartiran algn comentario ms tarde, en la cama, posiblemente. Prefer no pensar en ello. Se las arregl para evitarme se quej Casio. Era el hombre de accin de la sociedad y no estaba haciendo mucho para ayudarnos. Encontr un rastro de sangre que sala del santuario, pero no s cmo me dio esquinazo... Malditos aficionados! Estaba enojado. A mis pies yaca un cronista que se haba excedido en sus atribuciones con la mxima valenta. Mutato tendra que haberse jubilado con honor, y no acabar burdamente asesinado, con cuatro o cinco golpes mal dados, porque aquel par de incompetentes no podan rodear a un avejentado y corrupto agregado que ya haba resultado herido. Fulvio y Casio cruzaron una mirada. Ir tras l se ofreci Casio. Lo apart de un empujn. No, ir yo! Pero ya no fue necesario. Paso y un grupo de vigiles irrumpieron en el santuario. Ya tenan a unos cuantos hombres fuera buscando a Canino y siguindole la pista mucho ms de cerca de lo que ahora llegaramos a estar nosotros. Paso se inclin e inspeccion el rastro de gotas de sangre que se alejaba. Traer a un perro para que siga el rastro. Sabes que vamos tras Canino? Bruno nos lo cont. Ha estado haciendo averiguaciones en Roma. Los chicos de Rvena tratan de mantenerlo en secreto, pero las grandes charreteras de la flota de Miseno han anulado sus decisiones. Se ha puesto en marcha una bsqueda a gran escala, pero ya conoces a Rubela, intenta que la Cuarta se lleve todo el mrito. Con el alboroto ocasionado por la llegada de los vigiles, el toro haba empezado a vocalizar de nuevo; el ruido me pareci insoportable. Entonces la Cuarta tendr que atrapar a Canino... Ya nos conoces, Falco! Poda relajarme. Los expertos se estaban haciendo cargo. Sal de all tambalendome, con el cuerpo dbil y el nimo angustiado. La noche era preciosa.

Nuestra tragedia no debi de conmover a los dioses egostas. Vomit en las escaleras del Templo de Atis, para horror de un sacerdote. To Fulvio calm al toro a su debido tiempo. Al fin y al cabo haba nacido en una granja. En cuanto qued claro que ya no me necesitaban, los dej sin decir ni una palabra y me fui a casa con mi mujer y mi familia.

LXIII

A la maana siguiente Helena mantuvo calladas a las nias, de modo que dorm hasta mucho despus de que todo el mundo hubiera desayunado. Cuando me despert, estaba hecho un cromo. La pasada noche, el rudo intento de lavarme la sal, la sangre, el sudor y la suciedad no haba logrado producir mucha mejora. Haba descansado, pero estaba afectado y me senta profundamente deprimido. Helena estaba al corriente de todo cuanto haba ocurrido. Me haba desahogado con ella antes de quedarme dormido. Entonces me dio de comer y luego me dijo que haba venido un mensajero aquella maana. Damgoras, al que Rubela segua reteniendo, haba pedido verme. Helena crea saber lo que quera. Mientras t sales a jugar a los desafos con los chicos, Marco, yo me quedo aqu sentada sola en casa, rodeada de viejas tablillas de notas... La verdad es que he estado pensando en las tablillas. Me figuro que Damgoras quiere recuperar sus viejos diarios. Recuerdas que me dijiste que Crtidas y Lign hicieron algn chiste sobre hablar de literatura? Si ella lo deca, deba de tener razn. Haban ocurrido demasiadas cosas ltimamente como para que yo me acordara. Tal vez Damgoras haba pedido a Crtidas y Lign que recuperaran sus notas; cuando ese espantoso esclavo, Tito, vino aqu y vio a Albia, dijo que alguien haba estado preguntando por las tablillas. Albia dijo que Tito estaba asustado. S, Marco; si haba sido amenazado por Crtidas o Lign estara muerto de miedo. Daba la impresin de que haca mucho tiempo de todo aquello. Pero yo segua queriendo encontrar a Diocles; la verdad era que, con la muerte de Mutato que no paraba de rondarme por la cabeza, lo deseaba ms que nunca. Mutato haba pagado un precio terrible por su colega desaparecido. No poda rendirme ahora, se lo deba a ambos. Ve a ver a Damgoras. Podra devolverle los cuadernos de bitcora. No! Helena me dio instrucciones con su estilo escueto. T limtate a averiguar si Damgoras est dispuesto a proporcionar informacin a cambio. Me mir, con la cabeza ladeada. Ests muy callado. No dejes que se salga con la suya. De ningn modo le asegur en tono suave. Creme, cario, hoy voy a parecerle implacable a cualquiera que se interponga en mi camino. Helena sac ropa limpia y mi frasco de aceite, y acept mi mugrienta condicin sin hacer ningn otro comentario. Mis hijas, que jugaban abajo en el patio, fueron menos diplomticas; corrieron para saludarme, se dieron cuenta de mi asqueroso estado... y se alejaron corriendo y dando gritos. Albia tambin arrug la nariz. Nux se acerc a m alegremente. A Nux le gustaba tener un amo que apestara y anduviera gruendo por la casa.

Me dirig al conjunto de baos que haba junto al cuartel de los vigiles. Fue deliberado. Los baos eran magnficos y cmodos, construidos por el viejo emperador Claudio la primera vez que trajo a los vigiles para que custodiaran sus nuevos almacenes de grano. En cuanto me lav y me puse una tnica limpia, dej a la perra durmiendo tranquilamente encima de la sucia que llevaba antes. Era una perra fiel, pero no vi motivo para someterla a la clase de escenas que saba que me iba a encontrar en el cuartel. Mientras sus hombres continuaban registrando Ostia y Portus en busca de Canino, Marco Rubela estara interrogando a los prisioneros. Conoca sus mtodos. Puesto que obtena resultados, nadie se lo discuta nunca. Pero para l, los interrogatorios nunca eran un ejercicio intelectual. Al salir de los baos cruc la calle y penetr por la oscura torre de entrada. Con el nimo taciturno, me pareci que ese cuartel que se desmoronaba apestaba a sufrimiento. No oa gritar ni a cilicios ni a ilricos, pero la apagada actitud de los vigiles en el patio de ejercicios lo deca todo. Marco Rubela era un maestro en el manejo del dolor: la insoportable mezcla de tortura y demora. Me encontr con Fsculo. Me dijo que los prisioneros seguan mostrndose reacios a hablar, pero que poco a poco Rubela estaba reuniendo argumentos. Los vigiles le haban seguido la pista a Arin, el hombre que haba resultado herido con el remo durante el atraco al transbordador; con mi prueba de que vi a Cotis llevarlo a bordo de la liburna, era suficiente para relacionar a Cotis y los ilricos con el robo del arcn que contena el dinero del rescate. El testimonio de Rdope los condenara por haberla secuestrado. Las pruebas contra Crtidas, Lign y los cilicios eran ms circunstanciales. Por todos los dioses, Fsculo... no me digas que los cilicios se van a librar de la parte que les toca! No, Petronio se encarga de ese aspecto. Ha salido a ver si encontraba a ese muchacho, Zeno. Me par en seco. Fue visto por ltima vez en el templo de Atis. Mi to tiene a un sacerdote que lo cuida... No hay ni rastro de tu to dijo Fsculo, mirndome con detenimiento. Puse mala cara. To Fulvio es famoso por una cosa: huir. Bueno, ya sabes que ayer vino Bruno con informacin del cuartel general de la flota. Segn l, no quieren desenmascarar a su agente. Le dije a Fsculo que, segn mi experiencia, to Fulvio era un cabrn malhumorado e intil de todos modos y a continuacin me fui a ver a ese otro reprobo, el jefe cilicio.

Eres mi nica esperanza, Falco! Ese tribuno dice que tengo que renunciar a todos mis pequeos lujos. Me apoy en el marco de la puerta de la celda de Damgoras. Hasta el momento haba logrado aferrarse a cojines, alfombras, mesillas auxiliares de bronce, un altar porttil y un jergn bien acolchado. Hay crceles peores que sta, Damgoras. Si quieres ver un agujero horrible prueba con el sepulcro subterrneo del Mamertino en Roma. El viejo pirata se estremeci. Nadie sale de all. El tono de mi voz fue glido. Yo lo hice! l me dirigi una larga mirada. Eres una caja de sorpresas, Falco. En ocasiones me sorprendo a m mismo. En este momento, a sabiendas de que organizaste unos chanchullos relacionados con secuestros, me sorprende encontrarme hablando contigo... No tenas nada que decir cuando me acerqu a ti anteriormente en busca de ayuda. Para qu quieres verme, viejo? Entonces me di cuenta de que Damgoras tena un aspecto ms delgado y envejecido que cuando se ocup de m con tanta arrogancia en su villa. Se le estaba acabando el tiempo. Aquella celda en el deteriorado cuartel no era lugar para sus ancianos huesos que ya le dolan tras una larga y activa vida en el mar. Todava quieres encontrar a Diocles, Falco? pregunt. Y a cambio, tengo que ofrecerte... qu? Mis viejos cuadernos de bitcora. Los tienes t, no es cierto? Son pruebas. Eso era forzarlo un poco. Slo el propio Damgoras estaba implicado en aquellas viejas luchas martimas, y slo si admita que los diarios eran suyos. Las referencias al pasado violento de los cilicios no eran ms que una nota de color. Pero por la manera en que trabajaba Rubela, se le pedira a un magistrado comprensivo que revisara pruebas como aqullas (circunstanciales pero aun as espeluznantes) y entonces su condena mandara a los secuestradores directos a la crucifixin o a las bestias de la arena. Ninguno ira a juicio. Los marineros eran gentes de origen humilde, era poco probable que poseyeran pruebas de ciudadana y, lo que es ms, eran extranjeros. Con eso he dicho suficiente. Me adentr ms en la celda. De acuerdo. Qu tienes para m? Me dars los diarios? pregunt Damgoras con impaciencia. Si encuentro al cronista, te dar los diarios. Tena ochenta y seis aos. Sus propias actividades deban de verse limitadas y a cualquiera de sus compinches que permaneciera en libertad tras la purga de Rubela lo echaran de Italia a patadas, de modo que le iban a faltar subordinados. En cualquier caso, las cosas eran distintas entonces. Damgoras estaba en una lista de vigilancia. Se inclin hacia delante en una maltrecha silla.

El cronista y yo tenamos una relacin ms estrecha de lo que pueda haber dicho. Asent con la cabeza. Diocles saba muchsimas cosas sobre m. Se aloj en tu casa. Lo sabas? Estuvo conmigo un par de semanas. Cuando desapareci, hice que mis muchachos averiguaran qu haba pasado. Est muerto, verdad? Creo que s, Falco. Por eso dej de buscarlo. Me puse en cuclillas delante de Damgoras, con los codos apoyados en las rodillas. Y dime, qu averigUaste? La verdad es que iba a escribir mis memorias, ya sabes. Damgoras habl entonces como si estuviera describiendo una buena amistad. Hablamos de todo en detalle... Eso ya lo s. Diocles tom abundantes notas. Tienes sus notas? pregunt Damgoras. Le ofrec una sonrisa seductora. Nos llevbamos bien. Confiaba en l, Falco. Se lo cont todo sobre mi pasado... Y cuando haba bebido un poco, l me contaba lo que le pasaba por la cabeza. Tena problemas. Haban asesinado a su ta. l culpaba a los bomberos... no a los vigiles, sino a los del gremio de constructores. Tienes razn. Haba venido a Ostia para hacer algo al respecto. Es as como se vio metido en problemas? Lo nico que s dijo Damgoras es que empez a trabajar para uno de esos constructores. Consigui trabajo como trajinante para un fabricante de cemento, Lemno... Lemno de Pafos! grit al tiempo que me levantaba de un salto. Lemno... el cretense patizambo que me atac en La Flor del Ciruelo y que luego se larg... a Petronio le haba parecido que tena algn cargo de conciencia... Bueno, ahora Petro poda detenerlo, si es que an poda encontrarlo. De todos modos, Lemno trabajaba por su cuenta. En qu contrata estaban trabajando? No lo s, Falco. Mentiras. El viejo pirata estaba demasiado ocupado asegurndose de no parecer demasiado sospechoso. No lo has hecho suficientemente bien, Damgoras! Dime quin es el contratista. A ese hombre no puedes tocarlo; es demasiado importante en esta ciudad... Nadie es demasiado importante para m. Agarr a Damgoras por la pechera de su tnica blanca y lo hice levantar de la silla. Era ms alto que yo, pero tembl. Era el hombre al que Diocles culpaba por la muerte de su ta, no es cierto? Lo sacud. Damgoras baj la voz. Sh! Siempre merodea por aqu; anda detrs del contrato para reconstruir este cuartel. Desliz el dedo por la parte superior de la cabeza, para representar los mechones de pelo. Privato.

Dej que el anciano retrocediera tambalendose y encontrara su asiento. Me cre la historia. Las tnicas de trabajo del cronista estaban cubiertas de salpicaduras de argamasa. Privato diriga el gremio. Lo anunciaba a bombo y platillo. Si los del gremio de constructores haban pecado de incompetentes con funestas consecuencias, Privato parecera responsable. Tal vez Diocles simplemente haba querido poner en evidencia al gremio, pero si habl sobre sus planes, quizs ellos se haban enterado. Si se quej a Lemno, puede que ste se hubiera chivado. Para Privato, Diocles auguraba problemas delicados. En su angustia personal, Diocles podra no haberse dado cuenta de lo mucho que tena que perder Privato. Amenazado con la prdida de su posicin social en Ostia, el constructor podra haber reaccionado con ms brutalidad que cualquier senador al que Diocles acusara de acostarse con cualquiera. El cronista haba calculado mal el peligro. Pero Privato tena contratos por todo el lugar, tanto en Ostia como en Portus. A menos que pudiera identificar dnde estaba empleado Diocles cuando desapareci, haba poca esperanza de descubrir la suerte que haba corrido. Sal al patio con paso resuelto. Los miembros de la Cuarta se esforzaban en llevarse de all el equipo abandonado. Dej un mensaje para Petronio sobre Lemno. Fui a recoger a Nux de su prolongada cabezadita en los baos y me march a casa. All la vida era normal: el perodo que segua a las pataletas. La pequea Julia se hallaba entonces sentada y muy callada, chupndose el dedo con una cara manchada por las lgrimas. Albia estaba colorada. Helena pareca tensa. Por lo que yo saba, ninguna de las dos mujeres utilizaba nunca la amenaza de esperar a que pap llegara a casa e impusiera el castigo... Bueno, todava no. Pregunt qu haba hecho Julia. Haba encontrado las tablillas de notas vacas que Diocles haba dejado y las haba cubierto de absurdos garabatos. Debido al riesgo de que estropearan notas importantes sobre algn caso, tenamos la regla familiar de que las nias slo podan jugar con artculos de escritura cuando alguien las supervisara. Haba habido incidentes con los tinteros, para empezar. No puedes esperar que un cro de tres aos recuerde y obedezca una regla familiar. Claro que es probable que dijera lo mismo cuando Junia y Favonia tuvieran veinticinco aos y estuvieran casadas. Helena haba rescatado las tablillas. Julia slo haba pintarrajeado las vacas; los cuadernos de bitcora y las notas del cronista estaban puestos a buen recaudo en un arcn junto con la espada de este ltimo. La nica tablilla en la que mi hija haba echado a perder algo importante era aqulla en la que Diocles haba trazado lo que creamos que era un juego de tablero. Claro! De pronto, cuando necesitaba la respuesta, lo vi. El diagrama no era ningn ajedrez para jugar en solitario. Era un mapa, el esbozo de un plano bosquejado a modo de recordatorio, con un par de puntos sealados con unas iniciales. Era la clase de bosquejo que uno hara para acordarse de cmo llegar a una obra en la que deba trabajar al da siguiente.

Entonces reconoc el emplazamiento. Al haber venido directamente desde el cuartel, pude imaginar exactamente el lugar que representaba el esbozo: haba una V para los vigiles, una B para los baos Claudios en los que me haba lavado aquella maana, un garabato para la bodega de la calle... y una importante C. sa estaba rodeada por un crculo. En una ocasin Petronio Longo me haba dicho que bajo el cuartel haba una vieja y mohosa cisterna de agua.

LXIV

No me gustan las cisternas. Siempre son oscuras y siniestras. Nunca sabes lo profundas que son, o lo que puede haber movindose bajo esas suaves ondas de la superficie. Aqulla no me decepcion. Habamos asustado a las ratas al entrar pisando fuerte en los pasillos, pero intuamos problemas. El lugar estaba separado del cuartel, al otro lado de un pequeo sendero que corra paralelo al Decumano. Llevaba aos sin utilizarse y nadie pareca saber por qu estaba all, aunque todos estaban de acuerdo en que la respuesta evidente, proporcionar agua para combatir los incendios, no se aplicaba en este caso. Fsculo se estaba haciendo cargo del registro; l crea que la cisterna se haba construido para suministrar agua potable a los barcos en la poca en que solan amarrar a lo largo del ro antes de que se fundara Portus. Prendimos unas luces. Su parpadeo fantasmagrico mostr un interior cavernoso, dividido en cinco o seis espacios resonantes. Virto, el administrativo, haba consultado los archivos de gestin de obras. stos confirmaron que Privato y su empresa haban estado haciendo reparaciones estructurales all cuando Diocles desapareci. Pasamos un rato escuchando el goteo y el corretear de las ratas mientras esperbamos al submarinista. ste, que saba que no iba a cobrar honorarios de salvamento por aquella bsqueda, se tom su tiempo para venir desde Portus. De todos modos, no haba prisa. Lleg el submarinista. Sin dejar de soltar bravatas tcnicas, nos asegur que el peso no supona un problema: estaba acostumbrado a recuperar nforas, de modo que si encontraba un cuerpo no necesitara ayuda para llevarlo a la superficie. Se jact de que no le daba miedo la tarea. No lo desengaamos. Cuando, despus de estar un par de horas nadando por ah y registrando varios de los espacios, el submarinista sali de repente profiriendo un alarido de terror, los vigiles a sabiendas de lo que se podan esperar fueron tolerantes. Alguien se lo llev enseguida de all para que se tomara un buen trago. Una vez identificada la localizacin correcta, los vigiles hicieron el resto. El hormign es un material fabuloso: fragua bajo el agua. A pesar de que el cuerpo tena un gran pedazo de dicho material a modo de lastre, lo liberaron y sacaron los restos a media tarde. Dejaron lo que quedaba de Diocles sobre una vieja estera de esparto en la calle. Deba de haber permanecido en el agua desde el da que desapareci. Estaba tan abotargado que resultaba irreconocible; ahora ya nunca sabra qu aspecto tena cuando estaba vivo. Pero estbamos seguros de que era l.

El cronista an llevaba su daga, en la vaina. Ms tarde se le pedira a Holconio que la identificara. No sabamos cmo haban matado a Diocles, pero Fsculo tena la certeza de que los vigiles podran convencer a Lemno de Pafos de que quera revelar los detalles. Dudaba de que el contratista, Privato, recibiera algn castigo. Habra sido un estpido de matar a Diocles con sus propias manos; los presidentes de los gremios se sirven de otras personas para que les hagan el trabajo sucio... y para que paguen el pato. Aun as, Rubela le poda complicar la vida a corto plazo, y los informes quedaran archivados... en uno de esos archivos que las cohortes se pasaban cada vez que un nuevo destacamento llegaba para tomar el relevo. Tuvo lugar el alboroto habitual, el habitual quedarse por ah interminablemente mientras los hombres discutan teoras sobre lo que poda haber pasado. Al final llevaron el cadaver al cuartel en una carreta, los vigiles se marcharon para lavarse y el submarinista se despidi. Yo me qued fuera, sentado solo en la bodega adyacente, alzando una triste copa a la memoria del cronista. Petronio Longo baj por la calle lateral cuando yo empezaba mi segunda copa. Llevaba al pequeo Zeno de la mano. Petronio me hizo un gesto con la cabeza, pero pasaron junto a m sin decir ni ripio. En la entrada del cuartel, Petronio se detuvo; le o pronunciar unas palabras tranquilizadoras. Luego, condujo al chico dentro. Zeno se fue con l con actitud resentida, pero con aire de resignacin. Estaba acostumbrado a que le dijeran lo que tena que hacer; all alguien iba a engatusarlo para que cooperara. Si lo trataban bien, Zeno les proporcionara a los vigiles nombres y sucesos. Quiz ms tarde, si resultaba lo bastante til, alguien tendra la amabilidad de soltar a su madre. Esperaba a Petronio cuando poco despus ste regres a la calle. Saba que no iba a procesar al propio Zeno. No le gustaba interrogar a los nios. Se sent a mi lado. Yo ya haba obtenido otra copa y le estaba sirviendo vino de mi jarra. Hablamos brevemente de la situacin. Me pregunt por Fulvio. Le dije francamente que la historia de que Fulvio trabajaba como agente para la marina pareca convincente, pero que no me sorprendera que sus contactos con los ilricos de Dirraquio fueran turbios. Dada su historia, me pareca que haba huido otra vez al extranjero. Aquella visita a Ostia supondra haberlo visto una vez ms, de forma confusa, circunstancia sobre la cual mi familia rezongara y discutira durante todas las Saturnales. Entonces Petronio me dijo que los vigiles haban obtenido una pista sobre el paradero de Canino. Cayo Baebio, precisamente l, dijo haberlo visto. Cuando Cayo estaba desayunando aquella maana en El Delfn, en Portus, Canino haba entrado a hurtadillas en el burdel de enfrente, La Flor del Ciruelo. Rubela y Bruno se haban llevado a un grupo de hombres y arrestaran al agregado si todava se hallaba en el local. Bruno sigue codiciando la gloria para la Sexta. En tanto que Rubela, por supuesto, est por encima de semejantes ambiciones! Queremos ir y unirnos a la fiesta? Dejemos que se peleen ellos. Nosotros dos tenemos ms sentido comn. No tuvimos que esperar mucho. Mientras estbamos all sentados, Rubela, Bruno y un grupo armado trajeron al agregado capturado para juzgarlo. Permanecimos en nuestro puesto y nos limitamos a apartar los pies para evitar el polvo que levantaban. Al prisionero

casi no se le vea, en el centro de la escolta. Pero me fij en que, tal vez para disfrazarse en el burdel, Canino iba muy maquillado. De sus legendarias zapatillas con cuentas no haba ni rastro: llevaba los pies descalzos. Su larga tnica le colgaba hecha un guiapo. Desplomado y sin fuerzas, los vigiles lo sujetaban por los brazos. Deban de haber empezado a darle una paliza en el burdel. Petronio y yo nos quedamos observando con gravedad mientras arrastraban al prisionero hacia atrs por la calle lateral hasta la puerta del cuartel. Era un funcionario corrupto; los ex esclavos de los vigiles no tendran piedad. Vespasiano ya haba tenido que limpiar muchas legiones que se haban echado a perder; no querra adems un escndalo naval. Al asunto de Canino se le echara tierra encima. En los informes de los tribunales de la Gaceta Diaria no aparecera ningn juicio o condena. A Canino le corresponda una eliminacin silenciosa. Vimos cmo lo arrastraban hacia el interior del cuartel. Nadie sabra cundo saldra, o si iba a salir alguna vez. El prisionero y la escolta desaparecieron en el sombreado interior. Entonces, por una vez, alguien empuj las enormes puertas tras ellos. Los vigiles buscaban su terrible intimidad para lo que iba a ocurrir a continuacin. El golpe sordo de la pesada tranca que cerraba las altas puertas reson en la calle vaca. Petronio y yo nos quedamos sentados bajo la luz del sol de la tarde, dos viejos amigos con recuerdos de haca mucho tiempo, compartiendo una copa tranquilamente.

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