Jvenes e Identidad-Tiffosi.
Dr. Mario Ortega Olivares1
Crisis de identidad La condicin juvenil latinoamericana es de crisis de identidad, desempleo y depresin salarial. Bajo la sombra neoliberal los jvenes abandonan con frecuencia la escuela para ingresar en alguna actividad temporal de bajos ingresos, y dependen para sobrevivir del jefe de su familia. En Mxico la crisis econmica y el llamado baby boom casi han clausurado el acceso de los ms jvenes a un puesto de trabajo formal. Las familias concentran sus escasos recursos en los ms dbiles como nios y ancianos. El apoyo a la identidad juvenil ofrecido por la familia, la escuela y el empleo se va desdibujando. Aunque los medios lanzan el estigma de ladrones a los jvenes en general, su participacin en delitos es limitada. Por ejemplo en Mxico el titular de la Secretara de Seguridad Pblica del Distrito Federal inform que slo el 12 por ciento del total de detenidos en 2007 fueron menores de edad, es decir 5 mil 806 jvenes. La participacin de los adolescentes destac en robos a cuenta habientes con un 33.3, de telfonos celulares con un 27.8 y en el tren metropolitano con una tasa 33.3 por ciento. Decir juventud puede adquirir muchos sentidos y diversos significados, actualmente no hay una sino diversas identidades juveniles. Intentar reducirlos a un nmero de aos, a una estadstica de desempleo o a ndice de criminalidad o drogadiccin conduce a un estereotipo, el del joven como un des-adaptado social.
La generacin que ha nacido y crecido en medio de la crisis econmica Los jvenes de la crisis nacieron y han crecido en medio de las carencias y recesiones econmicas, son los hijos del crecimiento cero de nuestra economa, esto determina su forma de ser. Pero tambin han participado en la revolucin tecnolgica, estn viviendo la emergencia de nuevos paradigmas, formas inditas de relacin social, tanto en el trabajo como en el tiempo libre y en los afectos. Son jvenes inquietos por un futuro incierto que les angustia, y los lleva a ser escpticos, apticos e
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Profesor-investigador, Universidad Autnoma Metropolitana-Xochimilco [email protected]
incluso, vistos desde fuera, poco comprometidos con su realidad (Gmez y Gonzlez 2003: 22). Vivimos en la era del vaco donde la identidad de los adolescentes debe adecuarse a un modo de control social emergente distinto al que predomin en la dcada de 1950. Para Jean Braudillard (1990: 84) es otra visin del mundo, una lgica de la aceleracin de lo vaco donde la identidad es una forma de integracin simblica y un tipo de sujecin hegemnica a los designios del poder. Hay tal vaciamiento poltico de los jvenes en tanto sujeto sociales que no pueden alcanzar una autonoma como sujetos. Un poder geritrico Nuestra sociedad somete a los jvenes a la autoridad de sus mayores, a los cuales vive consignado, estos responden con una actitud de reclamo que genera una imagen de juventud. Vivimos en una sociedad bajo un dominio geritrico y desigual; a mayor edad mayores privilegios (Guilln: 42). Los mayores reclaman mayores recursos por haber acumulado experiencia de la cual carecen los menores, a quienes se le es asigna el papel de sujetos de aprendizaje y formacin. En el aspecto laboral desempean las labores que demandan menor calificacin. En lo legal se limita la edad para trabajar, votar o contraer matrimonio. Lo jvenes reclaman reconocimiento social. La violencia paterna y la falta de respeto a sus derechos los conduce a socializar fuera de la familia, a formar lazos directos con otros adolescentes semejantes a ellos, por eso desarrollan un sentimiento de particularidades propias y una conciencia comn de identidad. Comparten gustos, forma de vestir, msica, lenguaje y espacios, a travs de estos rasgos se identifican entre s y se diferencian de los otros, crean sus propios cdigos de pertenencia (Gmez y Gonzlez 2003: 16). Como coment Horco un writer grafitero: Todos nos empezamos a juntar nada ms porque nos gustaba pintar, pero luego ya hicimos el crew o equipo. Las culturas juveniles Ante la ausencia de un empleo o un lugar en la universidad, una cultura juvenil requiere de smbolos visibles de identificacin y diferenciacin, que comnmente se expresa a travs de la ropa, los tatuajes, el graffiti o el lenguaje. En los aos cincuentas y parte de los sesentas del siglo pasado, emergieron los llamados rebeldes sin causa entre las capas medias y colonias populares. Los jvenes de 1968 enarbolaban ideas revolucionarias, cuestionaban la moral del sistema y ejercan la libertad sexual (Nateras 2002: 57). Entre los setenta y los ochentas apareci un nuevo actor social, el joven marginado de los barrios 2
populares, de las favelas. Ampliaron sus mbitos de expresin, construyeron nuevas formas de recreacin y de resistencia cultural, nuevos umbrales de adscripcin identitaria. La respuesta social dominante trat de reducirlos a la imagen amenazante de delincuencia y crimen, pero sus redes socioculturales resultaron ms fuertes de lo imaginado. Sus campos de definicin identitaria mostraron enorme capacidad de convocatoria. Su persecucin, acoso y proscripcin les permitieron desarrollar nuevos umbrales de adscripcin definidos por referentes simblicos de clase y generacionales (Gmez y Gonzlez 2003: 18). A principios de los aos ochenta aparecieron los chavos banda en la Ciudad de Mxico, especficamente la de Los Panchitos en Santa Fe, vistiendo pantalones de mezclilla entubados, chamarras de cuero, playera de sus grupos favoritos, cabello largo al hombre y tenis convers o flexibota. Eran jvenes subempleados que se reunan en las esquinas del barrio, tenan una fuerte rivalidad con la tira o polica, y desarrollaron un lenguaje peculiar, mezcla del habla de los pachuchos, la onda, las lenguas indgenas y las jergas marginales, crearon un lenguaje incomprensible para el extrao. La esquina para la banda es un espacio donde pueden tener cierta privacidad para charlar, beber algo consumir drogas, hacen suya a la esquina. Estas bandas perviven en la periferia de la ciudad de Mxico en lugares como Chalco, Chimalhuacan y el cerro del Chiquihuite. Identidad juvenil Hablar de identidad es hablar de grupo social, de oficios, de nombres y de prcticas cotidianas, de espacios y territorios. La identidad implica la fusin de identificaciones pasadas, aspiraciones futuras y valores culturales contemporneos. El termino identidad expresa una relacin mutua tal, que connota tanto una igualdad constante dentro de uno mismo, como una constante compartir algn tipo de carcter esencial con otros, la solucin de las bsqueda de identidad es el paso final en la internacionalizacin de valores culturales (Newman: 87). El nosotros de los punks, los rockeros, los graffiteros, los X, los ravers; se constituye a partir de la diferenciacin con los otros los discolocos, los charangueros, las barras futboleras, los oos, los fresas. La pertenencia a una banda acta como una especie de filtro, que organiza y jerarquiza de manera selectiva las visiones del mundo Los sujetos renuncian a la diferencia para crear la ilusin de un nosotros, ego slo tendr conciencia de su identidad diferencial, en la medida en que la alteridad sea ms clara, ms definitiva, en la medida en que la frontera entre uno y otro, sea la visible lnea de separacin entre dos mundos distintos (Reguillo: 235).
La identidad requiere de una puesta en escena para garantizar su eficacia, tiene que mover la creencia del actor social, conferirle la seguridad de que al ser portador de determinados smbolos y objetos lo convierte en miembro del grupo, lo autoriza, lo legitima y lo sostiene. Los miembros del grupo confirman mutuamente su identidad, mientras estn ah, sentados en la esquina, son objetos del dedo flamgero que los acusan. En la esquina del barrio tambin sufren el acoso policial, este es un elemento primordial en la conformacin de la identidad de la banda. Los jvenes carecen de espacios de poder y decisin, mantienen sus adscripciones de identidad en el barrio, en la banda o en comunidades imaginarias. A excepcin del Consejo General de Huelga, han carecido de proyectos alternativos, han tenido experiencias de coordinacin, pero tambin son frecuentes la rivalidad y el conflicto. Barras juveniles futboleras Ante la crisis de los paradigmas y el derrumbe del estado benefactor, los jvenes se refugian en barras de futbol y otras culturas urbanas que expresan sus necesidades sociales pero no llegan a resolverlas. Las gradas del estadio son una especie de foro teatral, donde la violencia representa la resistencia ritual de los jvenes a su falta de opciones, a veces como comedia agresiva y en algunos casos como tragedia violenta. Las barras juveniles son espejos deformantes de una sociedad que fue vaciada por las reformas neoliberales. Las gradas son una arena dramtica que simboliza la sociedad del desencanto, donde la violencia es resultado de la indiferencia ante lo real y el vaco de una cultura, que pregona el individualismo y el placer egosta de vivir el presente con intensidad. Hoy la juventud no tiene nada que esperar ni valores que merezcan ser apoyados, vuelca sus voluntades y anhelos en el ftbol para compensar su frustracin, las barras son una forma distorsionada de resistencia al vaciamiento neoliberal. Se estimula una violencia hard sin proyecto, sin ambiciones donde hay una desproporcin entre riesgos y beneficios, entre un fin insignificante y medios extremos (Cajueiro, 2003:77). Los jvenes adolecen de una conciencia colectiva y viven atrapados a una sociedad de consumo donde lo nico que interesa es el individualismo. La reestructuracin neoliberal y la despolitizacin concomitante han fragmentado las sociedades de masas en mltiples y pequeos grupos que se agrupan alrededor de algn producto de la industria cultural, como ocurre con las barras seguidoras de los clubes de ftbol. Estas barras son una expresin de la cultura juvenil urbana.
Las barras, los darks, los eskatos, los punketos y los emos, a pesar de sus diferencias simblicas comparten la ausencia de proyectos, sus esfuerzos por diferenciarse de la generalidad, la construccin de un lenguaje y una tica particular. La pobreza generalizada en la Ciudad de Mxico, ha debilitado la eficacia de las estrategias de supervivencia entre las familias de recursos medios y escasos. Las bandas les ofrecen una asociacin defensiva para encarar las penurias cotidianas de una economa neoliberal hostil. Y conductas innovadoras algunas ilcitas- que les ofrecen ingresos para completar la reproduccin familiar. En la tribu urbana los ms jvenes aprenden a sobrevivir a cualquier precio por las buenas o por las malas. La banda es un grupo que se refugia en los intersticios, que se forma de manera espontnea y se cohesiona alrededor del conflicto. El comportamiento colectivo agresivo, violento y las escaramuzas simblicas les ofrecen una nueva tradicin y un espritu de cuerpo. Los muchachos responden a la hostilidad neoliberal y al anonimato que los despersonaliza, con la tribalizacin y con una expresin fsica a veces agresiva, del choque de cuerpos durante los forcejeos en el estadio. Estas bandas se constituyen por lo regular con jvenes masculinos de entre 12 y 24 aos. El periodo de adolescencia social que sola ser breve, ahora se est prolongando ante la falta de oportunidades para los adultos jvenes, fenmeno conocido como la moratoria de la edad adulta. Violencia simblica en las gradas Con coros de trasgresin y las fintas rituales de ferocidad, los jvenes fanticos evaden el entorno social adverso. Los rituales en el estadio proclaman su superioridad en la coyuntura y reafirman su identidad con los colores del equipo. Como la megalpolis neoliberal condena a los jvenes al vacio del anonimato, ellos construyen una identidad-tifossi (as se denomina a los fanticos del ftbol italiano por virulentos). Identidad edificada sobre la negacin del estatuto humano a los miembros de la barra rival, quienes se transforman en cosas o animales salvajes que se pueden violentar sin remordimientos. Los estereotipos futbolsticos tienden a codificarse como identidades negativas. En los encuentros de ftbol el mecanismo de identidad es binario, unos colores victoriosos sern reconocidos, otros enfrentarn el fracaso. La palabra hincha se deriva de hinchar, porque el aficionado exagera sus emociones con la esperanza de vencer. De una demarcacin dualista, cognitiva y ritual tratan estas tres hiptesis etnolgicas: a) el ftbol promueve la divisin del mundo en amigos-enemigos a travs de smbolos; 2) paralelo al encuentro en la cancha ocurre un enfrentamiento ritual entre amigos y enemigos que puede llegar a la violencia; y 3) el estadio no slo 5
alberga a los jugadores tambin es el marco de la conmemoracin ritual entre los adversarios (Dal Lago, 1990:30). Para los tifossi la violencia es un elemento central en la estructuracin de sus relaciones sociales, reproduciendo representaciones, cdigos y estilos de vida, a veces como proteccin a las hostilidades de nuestro tiempo (Mximo, 2003:47). Al formar parte de una barra el yo individual del joven es subsumido por el yo colectivo, que piensa y acta en forma alterna. La identidad-tiffosi organiza su espacio-tiempo y le otorga una cultura diferencial con sus propios cdigos, smbolos, cnticos, rituales y ceremonias. En su barra el adolescente puede oponer energa a la pasividad individual de la sociedad de masas, construyendo una alternativa de resistencia. La disputa con los adversarios en el estadio les permite gozar la fisicalidad de las experiencias, interactuar con fuerza al golpearse, codearse y beber con la consecuente segregacin de estimulante adrenalina. El amor a los colores del equipo parece ser la razn de ser de las barras bravas, pero lo que las mantiene cohesionadas es un mecanismo de diferenciacin negativo, es el reconocerse como adversarios de los otros equipos, a quienes niegan y consideran por definicin ilegtimos. Sus lazos se amalgaman mediante actos espectaculares y performticos de violenta agresividad hacia los otros hinchas. Estn seguros de que la barra rival no tiene la estatura suficiente para ser un verdadero rival, de entrada est simblicamente derrotada an en el caso de que su equipo pudiera triunfar en el pasto. Metfora social Se supone que en la lucha por la supremaca entre las barras, predomina la violencia prctica sobre la violencia simblica. Pero algunos autores sealan que la violencia de estos grupos tiende a ser ms ritual que corporal. Las disputas entre barras tienden a ser ms bravatas que enfrentamientos violentos. La ferocidad de las barras futbolsticas es una metfora crptica de la sociedad, un espejo demasiado realista de un Mxico donde imperan las carencias. Su agresividad no es fruto del azar, sino el producto de una ptica interna segn la cual la sociedad expresa sus contradicciones e intenta suprimirlas en sectores localizados y las ve resurgir en otros lados bajo nuevas formas (Monod, 1970:313-314). El ftbol puede analizarse desde la perspectiva de los rituales de rebelin, pues como dira Georges Balandier (1994) el supremo ardid del poder es impugnarse ritualmente para as consolidarse con mayor eficiencia. El ftbol se transforma en ritual al romper la cotidianeidad en un tiempo y en un espacio determinado. Cuenta con unos marcadores de entrada y unos de salida, desde que se lanza la moneda al aire para iniciar el partido, cuando el aficionado se transforma en un virulento tifossi; 6
hasta que el momento en que el silbato del rbitro finaliza la representacin del drama. Un gol marca el clmax ritual del encuentro como una metfora machista de la culminacin del coito. El conjunto de rituales, cnticos, smbolos, expresiones y el ttem de las barras conforma un tipo de cultura juvenil conocida como la subcultura del hincha (Villena, 2003:23). Todo hincha est convencido de que su equipo tiene una oportunidad de ganar, siempre y cuando reciba el apoyo de su barra de fanticos con coros y coreografas. Por ello estimula a sus jugadores y desanima a los contrincantes. La influencia del apoyo de los hinchas se manifiesta en la llamada ventaja del equipo local, cuando el coro de aficionados en el estadio est a su disposicin, obligando al rbitro a no provocar a la muchedumbre. Pero eso los jugadores deben salir a la cancha del rival ignorando lo que ocurre en las gradas. El entusiasmo se desborda cuando el equipo gana, pues los tifossi atribuyen la victoria al apoyo desplegado, por tanto tambin son vencedores. El ftbol en cuanto espectculo es una arena pblica, un escenario de dramas simblicos donde se construyen identidades comunitarias. Como su poder simblico permite a los hinchas expresar sus afectos, angustias, inhibiciones y pulsiones, crea la ilusin de la existencia de una comunidad fraterna alrededor de los colores del equipo, una communitas irreal donde confluyen individuos con desiguales intereses econmicos y sociales. Ese sentimiento comunitario de las barras refuerza la cohesin social mediante el conjuro catrtico de las fuerzas disgregantes, a la manera de otras celebraciones festivas, como los carnavales (Villena, 2003:29). El estadio es como una pirmide invertida, los empresarios negocian en los palcos y ven el partido por el televisor, la clase media se ubica en la cmoda sombra. Los pobres quedan cerca del cielo prometido y lejos de la cancha pero en el centro de la accin (Fbregas, 2001:272-273). Como dira Vicente Verd (1980) el ftbol-espectculo como ritual cuenta con un templo, un escenario, sacerdotes, sabios, hroes, mrtires, vctimas y victimarios. En el estadio la emotividad se aleja de la racionalidad, el ftbol es un complejo ritual que incluye dos subprocesos uno en la cancha y otro en las graderas. La disputa entre barras corre paralela al juego en cancha, se manifiesta principalmente como enfrentamiento ritual pero puede llegar a la agresin. En todo partido hay tres actores, dos combatientes y un testigo que polemizan. Los jugadores ofrendan sus tiradas y el pblico los retribuye con su admiracin. Durante el drama ritual los actores despliegan y definen preguntas y respuestas acerca de su identidad o pasin por el equipo. En la disputa se busca la reafirmacin propia, se construye una auto-imagen que sea reconocible por los otros, a quienes se denigra o se aprende a respetar. El enfrentamiento ritual 7
parece tener una secuencia, cuando es disturbada, esto es si la agresin no puede ser expresada de manera ritual, estallar en una forma no ritual o violenta (Roadburg, 1980:267). La imprudencia de un rbitro, un desliz de la polica, o la escasez de cerveza pueden alterar a los tifossi y desatar el conflicto. Los hinchas perciben mala intencin en toda accin de sus oponentes, aun cuando ella no exista. Reaccionan con odio y rabia pues se consideran vctimas inocentes del injusto rbitro o del intimidante polica. En la psicologa de la multitud todos los otros, desde el rbitro hasta el vendedor pueden volverse blancos de agresin de las barras. El ftbol atrae a las masas por ser una va de ascenso social. Un humilde personaje nacido en lo profundo de la favela. Puede convertirse como jugador en un hombre de xito y gozar de fama olmpica. En el ftbol latinoamericano la epopeya deportiva se integra con la epopeya del ascenso desde el fondo del espectro social. La pasin por jugadores como Pel no es otra cosa que una de las formas que reviste la pasin que por la igualdad sienten las masas que no tienen ningn acceso a ella (Medina, 1995:73). En el mundo contemporneo es difcil sobresalir en la vida, por eso los tifossi delegan en las estrellas del equipo su ilusin de xito. Cada victoria del equipo es una victoria del fantico, de su cultura y de su patria, en forma mimtica se comparte la victoria y la derrota. La lealtad del aficionado se compensa al ostentar con vanidad el triunfo del equipo. Otras veces exige soportar las burlas y las agresiones ante la derrota. La relacin del aficionado con su equipo una especie de relacin amorosa entre el eros y el tanatos, el amor y la muerte se expresan en la cancha. En el subcdigo ertico el gol es como un coito (Medina, 1995:91). Parte del ritual futbolstico consiste en marchar colectivamente al estadio. A medida que se estrecha el camino y crecer la afluencia, el grupo de tifossi tiene una profunda vivencia cultural, se transforma en una muchedumbre que vibra al unsono con un poderoso sentimiento de masa proclive al estallido. A inicios de la dcada de los ochentas los fanticos al ftbol vivieron una profunda transformacin en Brasil y en Chile. En el entorno urbano brasileo los hinchas se agruparon en organizaciones burocratizadas listas para combatir o torcidas. Se ha asociado el crecimiento de las barras bravas con el incremento de la violencia. Una clave de la agresividad en el ftbol ingls es que el alcohol y el ftbol son culturalmente inseparables, La propia lgica del juego de ftbol acta como vector de la agresividad de los aficionados. Su poder de estimular las emociones explica la atraccin del aficionado hacia este deporte. Como lo confirma el testimonio de un adolescente aficionado: Es por la atmsfera que asistimos. Tienes que detener el ftbol para detener la violencia (Roadburg, 1980:274). 8
En Chile como despus en Mxico, las directivas de los equipos estimularon la creacin de barras bravas al estilo argentino, que agregaban la agresin verbal masiva al empleo de cnticos y banderas. La prensa recibi con beneplcito su espectacularidad y justific su conducta violenta. A diferencia de los viejos fanticos localistas y parroquiales, las nuevas barras ostentan elementos ldicos y simblicos propios de la sociedad de consumo como logos y prendas deportivas de marca. Los tifossi tambin se preparan para los choque fsicos contra sus rivales. Conceptos militares como tcticas, estrategias, lnea de combate y pelotn forman parte de su discurso cotidiano. La emergencia de las barras bravas represent la militarizacin del hicha del ftbol (Duke y Crolley, 1996:107). El ftbol-espectculo contemporneo expande y festeja la agresividad de los fanticos. El ejercicio de la violencia ha transformado a las barras en corporaciones tipo mafia cuyo dirigente es una especie de capo. Que vende seguridad a quien la necesite y pueda pagar, como a los dirigentes de la federacin o los candidatos municipales. La prctica de la violencia se ha convertido en una lucrativa fuente de ingresos. Los actos violentos de las barras llegan a poner en riesgo las inversiones de los dueos del equipo. Entre mayor sea la agresividad de una barra ms se cotizan en el mercado, a mayor posibilidad de peligro ms dinero hay que pagar para conseguir ms policas (Ferreiro, 1993:68-69). Medios e identidad-tiffosi El ftbol es un espectculo porque permite emitir y recibir mensaje, elaborar signos y smbolos y concentrar emociones. No slo los jugadores son actores en el foro del estadio, los espectadores tambin lo son porque forman el coro que los glorifica o humilla. El foro del ftbol va ms all del estadio, se constituye tambin con la audiencia que lo sigue en la prensa, la radio y el televisor. Cuando se obtiene un gran triunfo el coro se torna multitudinario pues incluye hasta los ausentes en el estadio. Estas celebraciones son, dicho sea de paso, tan parte del espectculo como la cada teatral para motivar, en nuestro ejemplo, un penal (Antezana, 2003:87-88). Dirigentes de barras bravas y torcidas atribuyen el incremento de la violencia a dos factores, el primero es la influencia de los medios y el segundo la agresividad entre jugadores propia del ftbol. Los hinchas anhelan aparecer televisin o lograr una nota en el peridico sin importar que los presenten de manera negativa, pues de todos modos se refuerza su identidad-tifossi. Cuando la televisin difunde imgenes de sus conductas violentas les otorga el reconocimiento en el barrio, los convierte en estrellas ante sus novias y amigas.
Ante la aguda mercantilizacin del ftbol como espectculo, los comentaristas que sustentaban sus juicios con su experiencia prctica y analtica fueron desplazados por periodistas pasionales proclives a dar credibilidad y legitimidad a sus opiniones en base sus estridentes afectos y odios. Esos reporteros apasionados incitan a los fanticos para imponer la condicin de local a cualquier costo. La promocin artificial de las barras bravas por parte de las directivas de los clubes, las carencias generalizadas y el vaco en las sociedades latinoamericanas ha sido el caldo de cultivo de la virulencia en los estadios. Cual aprendiz de brujo, dicho sector de la prensa contribuy a desatar fuerzas ocultas imposibles de controlar (Santa Cruz, 2003:209). La convivencia con imgenes repetitivas de agresiones por televisin genera temor. Segn Jean Baudillard (1990) lo social ha muerto y fue sustituido por una saturacin de informacin meditica que nos torna indiferentes ante lo que ocurre a los dems. Caemos en una vorgine de violencia, devoramos con morbo las imgenes de la violencia en espera de ser victimas o victimarios. La prensa en vez de colaborar y querer saber cuales son los puntos para tener una solucin, prefiere vender una imagen, vender un peridico (Mximo, 2003:45).
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