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Fe y Razón en "Fides et Ratio"

La encíclica "Fides et ratio" de Juan Pablo II resume la relación entre fe y razón en 3 oraciones: 1) La fe y la razón son como dos alas que permiten al espíritu humano elevarse hacia la contemplación de la verdad. 2) La separación entre fe y razón trae consecuencias negativas, ya que la razón encuentra su apoyo en la fe y la fe necesita de la razón para justificar sus actos. 3) La encíclica propone que la fe no teme a la razón sino que la busca y confía en ella.

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Fe y Razón en "Fides et Ratio"

La encíclica "Fides et ratio" de Juan Pablo II resume la relación entre fe y razón en 3 oraciones: 1) La fe y la razón son como dos alas que permiten al espíritu humano elevarse hacia la contemplación de la verdad. 2) La separación entre fe y razón trae consecuencias negativas, ya que la razón encuentra su apoyo en la fe y la fe necesita de la razón para justificar sus actos. 3) La encíclica propone que la fe no teme a la razón sino que la busca y confía en ella.

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Resumen de la encíclica "Fides et ratio".

Fe y razón

Introducción

El presente trabajo de la materia Fe y Revelación, es un resumen de la


encíclica “Fides et ratio”, en la cual el beato Juan Pablo II, plantea un problema que
sublevará la voz entre todos los hombres de todas las culturas, en ella Juan Pablo II,
quiere referirse a la verdad misma y su fundamento en relación con la fe. La Iglesia
propone un planteamiento; “Considera la filosofía como una ayuda indispensable para
profundizar en la inteligencia de la fe y comunicar la verdad del evangelio a cuantos
aun no la conocen”.

“Fides et Ratio” inicia proponiendo que la fe y la razón, son como las dos alas
con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad. En
esta encíclica, Juan Pablo II, propone que la separación de entre Fe y Razón, trae
consigo consecuencias negativas. El papa, haciendo un estudio más profundo, indica
que la razón, encuentra su apoyo más preciso en la fe, mientras que la fe cristiana,
tiene necesidad de una razón que se fundamente en la verdad, para justificar la plena
libertad de sus actos.
Primer Capítulo

El primer capítulo presenta la Revelación como conocimiento que Dios mismo


ofrece al hombre. Recuerda que, "además del conocimiento propio de la razón
humana, capaz por su naturaleza de llegar hasta el Creador, existe un conocimiento
que es peculiar de la fe". Son dos verdades que no se confunden, ni una hace
superflua a la otra. La Revelación, al expresar el misterio, impulsa a la razón a intuir
unas razones que ella misma no puede pretender agotar, sino sólo acoger.

Además, fuera de esta perspectiva, el misterio de la existencia humana resulta


un enigma insoluble. "¿Dónde podría el hombre buscar la respuesta a las cuestiones
dramáticas como el dolor, el sufrimiento de los inocentes y la muerte, si no en la luz
que brota del misterio de la pasión, muerte y resurrección de Cristo?".

Segundo Capítulo

En el segundo capítulo se pone de relieve que la peculiaridad que distingue el texto


bíblico consiste en la convicción de que hay una profunda e inseparable unidad entre
el conocimiento de la razón y el de la fe. Se demuestra cómo el pensamiento bíblico,
basado en esta unidad, había ya descubierto una vía maestra hacia el conocimiento de
la verdad: la imposibilidad de prescindir del conocimiento ofrecido por Dios, si se
quiere conocer plenamente el camino que todo hombre debe recorrer para responder a
las preguntas fundamentales sobre la existencia.

Tercer Capítulo

En el tercer capítulo, el Papa parte de la experiencia de que todo hombre desea


saber, y de que la verdad es el objeto propio de ese deseo. El hombre, con su razón,
que pregunta siempre y sobre todas las cosas, tiene la posibilidad de alcanzar la
verdad sobre su existencia, una verdad que por su naturaleza es "universal", válida
para todos y para siempre, y "absoluta", es decir, definitiva: "las hipótesis pueden ser
fascinantes, pero no satisfacen".

El hombre busca la verdad, pero "esta búsqueda no está destinada sólo a la


conquista de verdades parciales, fácticas o científicas. Su búsqueda tiende hacia una
verdad ulterior que pueda explicar el sentido de la vida; por eso es una búsqueda que
no puede encontrar respuesta más que en el absoluto". Esta verdad se logra no sólo
por vía racional, sino también mediante la confianza en el testimonio de los otros, lo
cual forma parte de la existencia normal de una persona: "En la vida de un hombre,
las verdades simplemente creídas son mucho más numerosas que las adquiridas
mediante la constatación personal".
Cuarto Capítulo

El capítulo cuarto realiza una síntesis histórica, filosófica y teológica de cómo el


cristianismo entró en relación con el pensamiento filosófico antiguo. "Los primeros
cristianos, para hacerse comprender por los paganos, no podían referirse sólo a
'Moisés y los Profetas'; debían también apoyarse en el conocimiento natural de Dios y
en la voz de la conciencia moral de cada hombre".

En este capítulo, el Papa expresa que "Los primeros cristianos, para hacerse
comprender por los paganos, no podían referirse sólo a 'Moisés y los Profetas'; debían
también apoyarse en el conocimiento natural de Dios y en la voz de la conciencia
moral de cada hombre". También los Padres de la Iglesia fueron capaces de sacar a la
luz plenamente lo que todavía permanecía implícito y propedéutico en el pensamiento
de los grandes filósofos antiguos. Estos cristianos tenían ambas fe y razón, y las
utilizaban para hacer aclaraciones y encontrar la verdad. En la Edad Media se pone el
esfuerzo en encontrar las razones que permitan a todos entender los contenidos de la
fe. Entonces esta fe busca la razón y confía en ella. También el Papa hace referencia a
la razón descubierta por Santo Tomas de Aquino, y al drama de la separación que
algunos han hecho entre la fe y la razón.

El papa, también presenta, el ejemplo de los Padres de la Iglesia, los cuales,


con la aportación de la riqueza de la fe, "fueron capaces de sacar a la luz plenamente
lo que todavía permanecía implícito y propedéutico en el pensamiento de los grandes
filósofos antiguos". En la Edad Media se pone el esfuerzo en encontrar las razones
que permitan a todos entender los contenidos de la fe. De perenne actualidad es la
aportación del pensamiento de santo Tomás de Aquino y su visión de una completa
armonía entre la fe y la razón, basada en el principio de que "lo que es verdadero,
quienquiera que lo haya dicho, viene del Espíritu Santo". "La fe no teme a la razón,
sino que la busca y confía en ella".

La fe y la razón, con el consiguiente cambio del papel desempeñado por la


filosofía: de sabiduría y saber universal se fue empequeñeciendo hasta considerarse
una más de las tantas parcelas del saber humano. "Algunos filósofos, abandonando la
búsqueda de la verdad por sí misma, han adoptado como único objetivo el lograr la
certeza subjetiva o la utilidad práctica".

Dice el Papa, "que buena parte del pensamiento filosófico moderno se ha


desarrollado alejándose progresivamente de la Revelación cristiana, hasta llegar a
contraposiciones explícitas". Algunas de esas filosofías "desembocaron en sistemas
totalitarios, traumáticos para toda la humanidad".

El Papa va más lejos y subraya que es "ilusorio pensar que la fe, ante una
razón débil, tenga mayor incisividad; al contrario, cae en el grave peligro de ser
reducida a mito o superstición. Del mismo modo, una razón que no tenga ante sí una
fe adulta no se siente motivada a dirigir la mirada hacia la novedad y radicalidad del
ser".
Quinto Capítulo

En este quinto capítulo, se presenta que la Iglesia no propone una filosofía


propia ni canoniza una filosofía en particular con menoscabo de otras. El motivo
profundo de esta cautela está en el hecho de que la filosofía, incluso cuando se
relaciona con la teología, debe proceder según sus métodos y sus reglas; de otro
modo, no habría garantías de que permanezca orientada hacia la verdad, tendiendo a
ella con un procedimiento racionalmente controlable. En el fondo, la raíz de la
autonomía de la que goza la filosofía radica en el hecho de que la razón está por
naturaleza orientada a la verdad y cuenta en sí misma con los medios necesarios para
alcanzarla. Corresponde al Magisterio indicar, ante todo, los presupuestos y
conclusiones filosóficas que fueran incompatibles con la verdad revelada, formulando
así las exigencias que desde el punto de vista de la fe.

Se recorren las censuras del Magisterio a propósito de doctrinas como el


fideísmo, el tradicionalismo radical, el racionalismo. Son intervenciones que "se han
ocupado no tanto de tesis filosóficas concretas, como de la necesidad del
conocimiento racional y, por tanto, filosófico para la inteligencia de la fe". A pesar de
que la Iglesia ha animado a la filosofía a recuperar su misión, el Papa constata "con
sorpresa y pena" que incluso entre teólogos existe un desinterés por el estudio de la
filosofía. De ahí que haya querido proponer algunos puntos de referencia "para
instaurar una relación armoniosa y eficaz entre la filosofía y la teología".

Sexto Capítulo

El capítulo sexto, en consecuencia, está dedicado a las exigencias que las


diversas disciplinas teológicas deben mantener en relación con el saber filosófico. La
idea central es que sin la aportación de la filosofía no se podrían ilustrar determinados
contenidos teológicos. El Papa precisa que el patrimonio filosófico asumido por la
Iglesia tiene valor universal. El hecho de que la misión evangelizadora haya
encontrado en su camino primero a la filosofía griega, no significa en modo alguno
que excluya otras aportaciones, rechazar esta herencia sería ir en contra del designio
providencial de Dios, que conduce a su Iglesia por los caminos del tiempo y de la
historia. El Papa se refiere concretamente a la inculturación de la fe en lugares, como
la India, China, Japón, que cuentan con tradiciones religiosas y filosóficas muy
antiguas. Corresponde a los cristianos de hoy "sacar de ese rico patrimonio los
elementos compatibles con su fe de modo que enriquezcan el pensamiento cristiano".

El Papa se refiere concretamente a la inculturación de la fe en lugares, como la


India, China, Japón, que cuentan con tradiciones religiosas y filosóficas muy antiguas.
Corresponde a los cristianos de hoy "sacar de ese rico patrimonio los elementos
compatibles con su fe de modo que enriquezcan el pensamiento cristiano". El
documento señala algunos criterios para que el encuentro pueda ser fructífero, entre
los que figura el tener presente la universalidad del espíritu humano, cuyas exigencias
son idénticas en las culturas más diversas.
Séptimo Capítulo

El capítulo séptimo trata de la revelación como el "punto de referencia y de


confrontación" entre la filosofía y la fe es el tema del capítulo séptimo. La Sagrada
Escritura contiene una serie de elementos que permiten obtener una visión del hombre
y del mundo de gran valor filosófico. De ella se deduce que "la realidad que
experimentamos no es el absoluto". La convicción fundamental de esta "filosofía"
contenida en la Biblia es que "la vida humana y el mundo tienen un sentido y están
orientados hacia su cumplimiento, que se realiza en Jesucristo".

La Sagrada Escritura contiene, de manera explícita o implícita, una serie de


elementos que permiten obtener una visión del hombre y del mundo de gran valor
filosófico. En fin, la palabra de Dios plantea el problema del sentido de la existencia
y ofrece su respuesta orientando al hombre hacia Jesucristo, el Verbo de Dios, que
realiza en plenitud la existencia humana.

Una filosofía que no responda a la cuestión sobre el sentido corre el peligro de


degradar la razón a funciones puramente instrumentales. "Para estar en consonancia
con la palabra de Dios es necesario, ante todo, que la filosofía encuentre de nuevo su
dimensión sapiencial de búsqueda del sentido último y global de la vida".
CONCLUSION

Creo que el Papa se ve obligado a escribir esta encíclica con el motivo de


reconciliar a la razón y la fe, la teología y la filosofía moderna. Expresa que "lo más
urgente hoy es llevar a los hombres a descubrir su capacidad de conocer la verdad".
"Una de las mayores amenazas en este fin de siglo es la tentación de la
desesperación". “La Iglesia está profundamente convencida de que fe y razón « se
ayudan mutuamente », ejerciendo recíprocamente una función tanto de examen
crítico y purificador, como de estímulo para progresar en la búsqueda y en la
profundización.” Para conocer la verdad de Dios, de nosotros mismos y del mundo es
necesaria una filosofía de una dimensión metafísica. Es necesaria una filosofía abierta
a los interrogantes fundamentales de la existencia. “¿Será que el origen de esa crisis
está en el hecho de que el hombre ya no es capaz de pensar o deliberar como
corresponde?” El plantea que la razón científica no es un adversario para la fe, porque
ha renunciado a interesarse por las verdades últimas y definitivas de la existencia,
limitando su horizonte a los conocimientos experimentables.

A modo de resumen, la encíclica realiza un breve análisis que muestra los


límites de algunos sistemas filosóficos contemporáneos que rechazan la instancia
metafísica de una apertura perenne a la verdad. Eclecticismo, historicismo,
cientifismo, pragmatismo y nihilismo son sistemas y formas de pensamiento que, al
no estar abiertos a las exigencias fundamentales de la verdad, tampoco pueden ser
asumidos como filosofías aptas para explicar la fe. "Una teología sin un horizonte
metafísico no conseguirá ir más allá del análisis de la experiencia religiosa" y será
incapaz de "expresar con coherencia el valor universal y trascendente de la verdad
revelada".

Por otra parte, también hay que tener en cuenta que el papa tiene "la negación
del ser comporta inevitablemente la pérdida de contacto con la verdad objetiva y, por
consiguiente, con el fundamento de la dignidad humana". "Verdad y libertad, o bien
van juntas o juntas perecen miserablemente". Creer en la posibilidad de conocer una
verdad universalmente válida "no es en modo alguno fuente de intolerancia; al
contrario, es una condición necesaria para un diálogo sincero y auténtico entre las
personas". En las páginas de conclusión, el Papa retoma algunas de las ideas
desarrolladas en el texto y señala que "lo más urgente hoy es llevar a los hombres a
descubrir su capacidad de conocer la verdad". "Una de las mayores amenazas en este
fin de siglo es la tentación de la desesperación". Y el origen de esa crisis está en el
hecho de que se ha perdido la capacidad de pensar a lo grande.
UNIVERSIDAD CATOLICA DE SANTO DOMINGO
FACULTAD DE TEOLOGIA
COMUNIDAD DE LA VISITACION Y DE LA EUCARISTIA

MATERIA:
FE Y REVELACION

TEMA:
RESUMEN DE LA ENCICLICA FIDES ET RATIO
DE JUAN PABLO II

PROFESOR:
RVD. GERALDO D`OLEO

ALUMNO:
RANFIS ANTONIO OVALLE CANELA.
2011 - 1533

FECHA DE ENTRGA:
2 DE FEBRERO 2012.
SANTO DOMINGO, R.D.

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