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Acompañamiento en la Pastoral Juvenil

El documento habla sobre el acompañamiento espiritual en la pastoral juvenil. Explica que el acompañamiento es un ministerio de ayudar a los jóvenes a encontrar a Dios de manera personal y a dejarse guiar por el Espíritu Santo en sus vidas. También describe que el objetivo del acompañamiento es ayudar al joven a descubrir su camino hacia Dios por sí mismo, y no imponerle un camino determinado. Finalmente, define el acompañamiento como la ayuda que un cristiano ofrece a otro para facilitar su comunicación

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El documento habla sobre el acompañamiento espiritual en la pastoral juvenil. Explica que el acompañamiento es un ministerio de ayudar a los jóvenes a encontrar a Dios de manera personal y a dejarse guiar por el Espíritu Santo en sus vidas. También describe que el objetivo del acompañamiento es ayudar al joven a descubrir su camino hacia Dios por sí mismo, y no imponerle un camino determinado. Finalmente, define el acompañamiento como la ayuda que un cristiano ofrece a otro para facilitar su comunicación

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Instituto Nacional de Formacin de Pastoral de Juventud Cardenal Eduardo Francisco Pironio - Pastoral de Juventud.

Conferencia Episcopal Argentina

Acompaamiento y asesora

La quinta opcin pedaggica de la Pastoral Juvenil a la que hace referencia Civilizacin del Amor: tarea y esperanza se refiere al acompaamiento y a la asesora. La prctica del acompaamiento fue un aprendizaje de la Accin Catlica. En aquel tiempo se les llamaba asistentes. La Pastoral Juvenil Latinoamericana, inspirada en esta prctica, propone la persona del/la asesor/a. La asesora es un servicio, por tanto, un ministerio de acompaar, en nombre de la Iglesia, los Procesos de Educacin de la Fe de los jvenes2. La ministerialidad de la asesora se fundamenta: a) en Jesucristo servidor (Mt 20,28), que realiza el proyecto liberador de Dios; b) en la ministerialidad de la Iglesia, que sirve a la humanidad actualizando la liberacin integral realizada en Jesucristo; c) en el carcter bautismal, por el cual todo cristiano/a participa de la misin ministerial de la Iglesia por obra del Espritu y de la opcin preferencial por los jvenes asumida por la Iglesia Latinoamericana, como fruto del discernimiento del proyecto de Dios para la juventud del Continente 3. El/la educador/a de adolescentes y jvenes es capaz de mantener encendida la llama del deseo de la vida frente a tantas situaciones de muerte que vive este continente. Para ello, necesita educarse en la escucha, en el mirar, en el hablar, para que haya una empata profunda entre los deseos de vida expresados en esta relacin. El/la educador/a de adolescentes y jvenes es un/a aprendiz de Juan Bautista que seala a Jess y afirma que l es el Cordero de Dios. Sealar hacia fuera de s mismo, creyendo que el adolescente y el joven de hoy, participando de un Proceso de Educacin en la Fe, planeado y acompaado, tendrn condiciones para ir mucho ms lejos que l mismo. Preparar y multiplicar diversos tipos de lderes para la comunidad. El/la educador/a es provocador/a. Provoca para crecer. Para crecer hay que enfrentar muchas prdidas, muchas decisiones que dejan cicatrices en nosotros. l/ella tendr la sabidura y el coraje de hacer suscitar las nuevas preguntas que harn la diferencia en la vida de los que estn siendo acompaados/as. Una de las herramientas del acompaamiento es la revisin de vida y la revisin de prctica para que, como grupo, puedan ir acompaando las coherencias y las incoherencias que cada uno y cada una van asumiendo en su proceso de formacin en la accin. La tarea primordial de quien acompaa es la planeacin. Aquel o aquella que acompaa es el/la que tiene claro adnde se quiere llegar y la memoria del camino hecho. Por tal razn, junto con los otros adultos y jvenes que estn viviendo el proceso, ha de planear la accin de modo que ninguna actividad sea realizada sin una intencin clara. Actividades que van desde el acompaamiento de los jvenes que aceptaron la vida en grupo y, principalmente, de cmo estos jvenes que viven en grupo van a HACER Pastoral Juvenil junto a los otros jvenes: misiones juveniles, convocando nuevos grupos, nucleando grupos en todos los ambientes, etc.

SEJ - CELAM Proyecto de Vida: Camino Vocacional de la Pastoral Juvenil. Aportes y reflexiones de la Pastoral Juvenil Latinoamericana, Bogot, 2003. 2 Cf. SEJ-CELAM, "Civilizacin del Amor, Tarea y Esperanza", Bogot, 1995. 3 Idem, p. 275.

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Sobre el acompaamiento espiritual


Generalidades4: E l acompaamiento es una relacin especfica de ayuda: se trata de ayudar a la gente en su relacin con Dios 5 , ayudarlos a encontrarse con Dios en forma personal y a dejarse animar por e l Espritu en todas las decisiones de sus vidas. Antropolgicamente, es una forma de relacin interpersonal, dado que los seres humanos somos seres sociales, siempre necesitamos de otros para crecer y buscamos consciente o inconscientemente maestros que nos sirven de gua en el camino. De esta realidad humana no escapa el crecimiento de la fe, de la misma manera que hemos aprendido de otros desde las cosas ms bsicas (caminar, hablar, etc.) hasta las ms complejas, tambin necesitamos maestros y compaeros de camino en la vida cristiana. El acompaamiento espiritual es una mediacin que pertenece a la tradicin y que en algunas pocas ha sido junto con la oracin, la mas valorada. Nace en la vida de la Iglesia como una prctica propia de los clrigos y religiosos que se extendi a los laicos como beneficiarios. En este marco, se generaba una relacin entre discpulo y maestro de obediencia ciega: el maestro era el responsable de llevar a la perfeccin al discpulo, y para ello le sealaba valores y metas, le programaba el camino, y el discpulo asimilaba responsablemente lo dado. Sin embargo, y an teniendo en cuenta las caractersticas patriarcales de la sociedad occidental tradicional, el camino de la mejor tradicin ha sido sustancialmente distinto a esta idea de direccin espiritual. Cuando la espiritualidad ha estado atenta a la subjetividad del creyente, es decir, a la obra del Espritu Santo en el corazn del hombre/mujer, el objetivo de la direccin espiritual no era otro que la bsqueda mutua de la obediencia a Dios. Si bien el maestro segua siendo quien tena autoridad para discernir y era el encargado de sacar del discpulo lo mejor de s mismo (relacin socrtica o mayutica en la que el maestro es como un partero que ayudaba al alumno a dar a luz el conocimiento), la pasividad del discpulo era realmente activa . A la luz de esta tradicin y con el aporte de otras ciencias, como la psicologa, y la valoracin del sentido de autonoma de la persona, los planteamientos han ido cambiando y hay una manera nueva de concebir la relacin entre dirigido y director. De entrada es significativo el cambio de lenguaje, preferimos hablar de acompaamiento que de direccin espiritual. As, no se acepta la figura del sabio porque no respeta ni la autonoma de la persona (es sospechosa de posibles transferencias inconscientes) ni permite al acompaante enriquecerse y crecer en la bsqueda mutua de Dios. Actualmente el acompaamiento se centra en el acompaado. La sabidura consiste no en sealar a ste el camino, sino en ayudarlo a que l lo descubra liberando la relacin de todo autoritarismo y reconociendo el valor de los autoprocesos, ya que en realidad todo encuentro verdadero y vital con el Seor de la vida es personal y arrolladoramente solitario. Pero como afirmbamos en el comienzo del artculo, Dios nos ha hecho seres sociales, nos ha regalado hermanos de camino, y nuestra soledad puede ser acompaada e iluminada por el misterio de la comunin. As concebimos al acompaamiento como la ayuda que un cristiano da a otro, y que lo hace capaz de atender a la comunicacin personal que Dios tiene con l, para responder personalmente a ese Dios comunicante, para crecer en la intimidad con l y afrontar las consecuencias de esta relacin.6 Ahondemos en los trminos de esta definicin: ayuda que un cristiano da a otro: El acompaamiento pertenece a la misin del cuidado pastoral que se encontraba ya en los orgenes de la cristiandad. Es un ministerio de ayuda, es un llamado, una vocacin a la que se debe responder con responsabilidad, capacitndose a tal efecto, y siempre con conciencia de Iglesia. Nadie se autodesigna director espiritual, sino que se responde al llamado a acompaar la vida de fe de otros, siendo fiel a la comunidad eclesial que delega esta tarea. Por esta razn es que puede desarrollar este ministerio tanto un religioso, como un laico o sacerdote. comunicacin personal con Dios: Nos permite estar atentos al dilogo real que Dios quiere establecer con cada persona. Nuestro Dios es un Dios que se comunica indirecta y directamente de muchas maneras: a travs de realidades histricas, personas, eventos,
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Fuentes de este apartado: Proceso humano y gracia de Dios. Apuntes de espiritualidad Cristina. de Javier Garrido. Bilbao, Sal Terrae, 1996. y Una visin Integradora del Acompaamiento Espiritual, de Salvador C. Vern Crdenas. S. J. CEIA. (Tesis de Licenciatura en Teologia Sagrada. Cambridge, Massachusetts. 5 William A. Barry sj. y William J. Conolly sj. Prctica de la Direccin Espiritual NY. Harper Collins, 1982. PH. 6 dem. n 1.

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y por supuesto, de su Palabra, los Sacramentos, el Magisterio. El acompaamiento, por un lado, nos ayuda a escuchar la voz de Dios en nuestra vida, y por o tro es mediacin que nos ayuda a confiar en Dios. La forma en que confiamos en una persona real, es ejercicio, reflejo y anticipo de la confianza en Dios. crecer en la intimidad con l y afrontar las consecuencias: La experiencia del acompaamiento debe favorecer a la integracin y a la personalizacin del individuo, a la vivencia de una espiritualidad encarnada. Crecer en el encuentro personal con Dios, conlleva el descubrimiento de que nada escapa a la mirada misericordiosa y sanadora de Dios, de que podemos entregar con confianza toda nuestra vida en sus manos, porque l nos ama y nos valora como somos. ste amor fundamenta el deseo de ser cada vez ms de Dios, y por eso de ser cada vez ms libres y fieles a nosotros mismos. Todos los mbitos de nuestra vida se ven inmersos en este proceso de personalizacin, ya que la intimidad con Dios no implica ni alienacin ni dependencia: no nos escapamos de nuestra realidad ni colocamos en manos de Dios lo que l coloca en las nuestras... Estar unido a Dios nos trae el desafo de vivir el Evangelio en nuestra relacin con nosotros mismos, con nuestra familia, amigos, afectos, estudio, trabajo, barrio, parroquia, etc.

Algunas confusiones peligrosas Para poder avanzar en nuestra reflexin se hace necesario clarificar qu cosa no es el acompaamiento, y diferenciarlo de otras disciplinas, ministerios y relaciones interpersonales con las que podemos confundirnos, deformando el verdadero sentido de ste ministerio. Y esto porque el acompaamiento difiere por ejemplo, de una gua moral, de una consultora psicolgica, de la prctica de ministerios profesionales, moralizantes o sanadores. S es cierto que muchas veces, un buen acompaamiento puede dejar a la luz necesidades del individuo que deben ser atendidas por profesionales capacitados a tal efecto. En tal caso el acompaante debe ayudar a la persona a dirigirse ya sea al sacerdote, al terapeuta etc. para tratar cuestiones especficas. Pero sigue siendo necesario acompaar a la persona desde este servicio que asiste directamente a individuos que estn en desarrollo y crecimiento en relacin con Dios. Entonces, para no confundirnos debemos clarificar que el acompaamiento: Es un ministerio de ayuda pero que no soluciona problemas, ya que frente a patologas o situaciones delicadas es necesario derivar a un profesional. Es un proceso formativo, pero no educacional, ya que tiene un objetivo ms amplio que la transmisin de conocimientos. No es slo un tiempo para aprender mtodos de oracin, ni una simple charla de caf. Implica una relacin de confianza y empata, establecida desde una relacin de libertad interior que trae el enriquecimiento de las dos personas. No debe deformarse en una relacin intimista de codependencia, manipulacin, idolatra, etc. Es una experiencia religiosa, pero tambin humana, y por lo tanto integra la persona entera, corazn, afectividad, cuerpo y mente.

Alentarnos en el desafo de Acompaar a los jvenes Teniendo en cuenta las generalidades de lo que es el acompaamiento en la vida de la Iglesia, ahora comenzaremos a reflexionar en las condiciones en las que esta mediacin se da en el trabajo pastoral con los jvenes. Leemos en Civilizacin del amor: Como para todos los aspectos del proceso de educacin en la fe que viven los jvenes, tambin la formacin en la espiritualidad exige un acompaamiento personal que debe estar atento a los signos que van percibiendo en sus vidas. De modo especial, debe estar atento a los cuestionamientos que viven en el seguimiento de Jess, en la experiencia de Iglesia, en la vivencia de su sexualidad, en la toma de decisiones para su insercin social y su opcin vocacional. Un acompaamiento adecuado los ayudar a madurar en su proyecto de vida y a alcanzar su realizacin personal y su maduracin cristiana. Si bien es clara la necesidad y la importancia de este ministerio, sobre todo entre los jvenes, debemos asumir que las carencias que se dan en nuestra prctica pastoral son preocupantes: falta de formacin, clericalismo, falta de fuerza en la opcin pastoral, desinters por la formacin integral de los jvenes, voluntarismo, utilitarismo, manipulacin... la lista se hace larga y puede desanimarnos, cuando justamente es la accin del Espritu la que debe motivarnos a aceptar el desafo, disfrutando de los numerosos frutos y asumiendo las responsabilidades que este ministerio conlleva.

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Para alentarnos en esta tarea hace falta tener en cuenta algunas condiciones que no slo posibilitarn el desarrollo de un buen acompaamiento sino que nos harn crecer en nuestra propia relacin con Dios. 1. Respetar la libertad: El acompaamiento debe ser un servicio que se brinde con apertura y sin imposiciones o restricciones. Respetar la necesidad que surge del mismo joven es primordial, ya que no todos transitan el camino hacia Dios del mismo modo, y por lo tanto no todos estarn abiertos a realizar esta experiencia. Gestar una sana relacin interpersonal: a)La relacin entre acompaante y acompaado debe ser asimtrica, sin llegar a confundirse con simpata o amistad. El que debe estar en el centro de la relacin es el joven y su bsqueda de Dios, y nos las vivencias o experiencias del adulto, por ms interesantes y msticas que sean. Es el joven quien debe sentirse contenido y comprendido (relacin de empata). Los roles debe estar claramente distinguidos, ya que no es conveniente que el adulto manifieste al joven sus propios procesos de crisis. b)El acompaante debe invitar a la confianza, sin generar dependencia y sin invadir la intimidad del joven. El encuentro ntimo es de Dios con cada joven, y si bien la relacin con el adulto est llamada a ser anticipo de este encuentro, no es una condicin indispensable desnudar la propia interioridad. Por lo tanto el acompaante debe tener cuidado con las preguntas que puedan afectar la autoestima y la autoimagen del acompaado, y no buscar desestructurarlo cuando no se est capacitado para contener las posibles reacciones. c)Confidencialidad: La vida de cada joven es un tesoro entre las manos del acompaante, que debe cuidar y no exponer en pblico, ni siquiera resguardando el anonimato. El respeto que debe primar en la relacin, tambin se extiende fuera de la misma. d) Escucha activa y reflexiva de los sentimientos: significa entrar en el mundo del otro, atendiendo no slo a lo que cuenta, sino a su tono de voz, su lenguaje corporal, sus emociones... Y a partir de esa escucha atenta y manteniendo la distancia objetiva, sentir empata: sentir con el otro. Al comprenderlo lo ayudamos a descubrir la presencia de Dios en su vida, y a la luz de esa presencia, redimensionamos hechos, sentimientos, etc. El papel del acompaante es el de un testigo atento de la gracia de Dios en la vida del otro. 3. Tener la conviccin de que el Espritu Santo es el verdadero Gua : La clave de este ministerio es la certeza de que Dios es el verdadero acompaante. Nosotros debemos reconocernos como instrumentos, y muchas veces slo testigos de lo que el Seor va obrando en los jvenes, sin dejar de asumir las responsabilidades que la tarea demanda (un proceso de formacin que aclare roles, mtodos, etc). Habilidad para confrontar y desafiar con delicadeza y paciencia Con la prudencia y el respeto que ya mencionamos, hay que tener en claro que el objetivo del acompaamiento es que el joven realice un proceso de crecimiento en el que su fe se manifieste en todos los mbitos de su vida, para esto debe tomar conciencia de su realidad por s mismo. La ayuda que el acompaante puede darle para que esto suceda es mostrarle desde un punto de vista ms objetivo la realidad que vive, a esto lo llamamos confrontacin y no pocas veces generar un conflicto. No hay que temerle al generar conflictos en la medida en que la confrontacin sea hecha con delicadeza y con paciencia, buscando que el joven est maduro para escuchar lo que el adulto le pueda decir. Tener en cuenta las tres fases del acompaamiento Primera: de iniciacin. La tarea del acompaante es decisiva, se caracteriza por cierta dependencia, que habr que vigilar Segunda: de dilogo de discernimiento. El acompaado lleva las riendas de su vida y aprende a discernir en dilogo continuado con el acompaante. Tercera: de dar cuenta de conciencia. No se necesita ni es conveniente mantener una relacin continuada, pero se tienen encuentros peridicos de cuando en cuando.

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1. Por qu el acompaamiento surge como una mediacin necesaria en el crecimiento de la vida de fe de las personas? 2. Qu camino se fue recorriendo en la vida de la Iglesia hasta llegar al actual concepto de acompaamiento espiritual? 3. Reconocer los distintos conceptos y caractersticas que se desarrollan en la definicin de acompaamiento espiritual dada en el texto. Sealar si alguno de ellos nos resulta novedoso y por qu. Sealar aquellos que ya estamos poniendo en prctica. 4. Pensar ejemplos concretos en los cuales el acompaamiento se confunde con otras disciplinas o relaciones interpersonales. Qu consecuencias negativas trae esta confusin tanto para el acompaado como para el acompaante? 5. Revisando cmo se vive el ministerio de acompaamiento espiritual en la Pastoral de Juventud de nuestra dicesis, congregacin, movimiento, parroquia... A) Qu carencias, dificultades, confusiones descubrimos? Por qu creemos que se dan?

B) Teniendo en cuenta las condiciones que posibilitan el desarrollo de un buen acompaamiento cules son las riquezas en la vida de los jvenes de nuestra realidad que podemos reconocer como frutos de haber sido bien acompaados?

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