0% encontró este documento útil (0 votos)
1K vistas97 páginas

Weinberg. Ilustración y Educación en Hisp PDF

Este documento resume un trabajo presentado en 1988 sobre la Ilustración y la educación superior en Hispanoamérica durante el siglo XVIII. El autor destaca las dificultades de abarcar todo el panorama de la Ilustración en América Latina debido a factores como las historias nacionales limitadas y la falta de estudios abarcadores. Propone dividir el período en cultura impuesta durante la colonia, cultura aceptada en la época independiente y cultura discutida desde 1930 en adelante. La Ilustración en América Latina fue un

Cargado por

valefhycs
Derechos de autor
© Attribution Non-Commercial (BY-NC)
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
1K vistas97 páginas

Weinberg. Ilustración y Educación en Hisp PDF

Este documento resume un trabajo presentado en 1988 sobre la Ilustración y la educación superior en Hispanoamérica durante el siglo XVIII. El autor destaca las dificultades de abarcar todo el panorama de la Ilustración en América Latina debido a factores como las historias nacionales limitadas y la falta de estudios abarcadores. Propone dividir el período en cultura impuesta durante la colonia, cultura aceptada en la época independiente y cultura discutida desde 1930 en adelante. La Ilustración en América Latina fue un

Cargado por

valefhycs
Derechos de autor
© Attribution Non-Commercial (BY-NC)
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

1 3

ACADEMIA NACIONAL DE EDUCACION

" IL

U S T R A C I O N " Y E D U C A C I O N

S U P E R I O R E N

I S P A N O A M E R I C A

Gregorio Weinberg

BUENOS AIRES 1997

IL U S T R A C I O N

Y EDUCACION SUPERIOR EN

H ISPANOAMERICA

ACADEMIA NACIONAL DE EDUCACION Prof. Maria Celia Agudo de Crsico Dr. Juan Carlos Agulla Dr. Jaime Bernstein ( t ) Mons. Guillermo Blanco Dr. Jorge Bosch Dr. Hctor Flix Bravo Dr. Jos Luis Cantini Ing. Alberto Costantini ( t ) Prof. Ana Maria Eichelbaum de Babini Dr. Ing. Hilario Fernndez Long Dr. Pedro J. Fras Prof. Alfredo Manuel van Gelderen Prof. Amrico Ghioldi ( t ) Prof. Regina Elena Gibaja Prof. Jorge Cristian Hansen Prof. Plcido A. Horas ( t ) Prof. Gilda Lamarque de Romero Brest Prof. Elida Leibovich de Gueventter Dr. Mario Justo Lpez ( t ) Prof. Mabel Manacorda de Rosetti Dr. Fernando Martnez Paz Dr. Emilio Fermn Mignone Dr. Adelmo Montenegro ( t ) Prof. Rosa Moure de Vicien Dr. Ricardo Nassif ( t ) Dr. Oscar Oativia ( t ) Dr. Antonio Pires ( t ) Dr. Avelino J. Porto Dr. Horacio Rimoldi Dr. Horacio Rodriguez Castells Prof. Antonio F. Salonia Dr. Luis Antonio Santal Dr. Luis Ricardo Silva Ing. Marcelo Sobrevila R.P. Fernando Storni, S. J. Dr. Alberto C. Taquini (h) Dr. Gregorio Weinberg Prof. Luis Jorge Zanotti ( t )

" I

L U S T R A C I O N " Y E D U C A C I O N

S U P E R I O R E N

I S P A N O A M E R I C A

Gregorio Weinberg
Acadmico

Los juicios y opiniones que se expresan en esta obra corresponden a su autor y no reflejan necesariamente la posicin oficial de la Academia Nacional de Educacin. ILUSTRACION Y EDUCACION SUPERIOR EN HISPANOAMERICA SIGLO XVIII

Academia Nacional de Educacin Pacheco de Melo 2084 1126 Buenos Aires Repblica Argentina

La edicin de la serie Estudios est coordinada por los acadmicos Juan Carlos Agulla y Antonio Francisco Salonia, quien asimismo es coordinador de la Comisin de Publicaciones divisin que integran los acadmicos Regina Elena Gibaja, Marcelo Antonio Sobrevila y Gregorio Wwinberg.
Hecho el depsito previsto por la ley N 11.723. I.S.B.N. 987-9145-05-4 Primera edicin. Buenos Aires, 1997. Compuso los originales: Academia Nacional de Educacin Imprimid: ESTUDIO SIGMA S.R.L. (J.E.URIBURU 1252 piso 8, Buenos Aires). Impreso en la Argentina.

Printed in Argentina.

ILUSTRACION Y EDUCACION SUPERIOR EN HISPANOAMERICA

Trabajo presentado al Simposium Internacional Educacin e Ilustra.cin. Dos siglos de reformas de la enseanza, realizado en Madrid entre el 7 y el 10 de noviembre de 1988. Las ponencias fueron recogidas en un libro editado por el Ministerio de Educacin y Ciencia de Esparta (Madrid, 1988) y adems publicados en la Revista de Educacin (Madrid, Secretarta de Estado de Educacin, 1988, Nmero Extraordinario: La educacin en la Ilustracin espaola).

Introduccin
Abundantes son las dificultades que suscita cualquier intento de esbozar un panorama de la Ilustracin en Amrica Latina, acrecentadas cuando se intenta una perspectiva de la educacin durante dicho perodo que abarque sus diferentes niveles y modalidades. Las posibles explicaciones de esta situacin son plurales y consienten diversas variantes y matices. Por un lado, estamos superando de alguna manera la moda de las historias limitadamente cuantitativistas o las esclerosis de las polticomilitares; son cada vez ms frecuentes los aportes encuadrados dentro de concepciones ms abarcadoras, esto es, que no desatienden los aspectos sociales ni omiten mentalidades, ideas, instituciones, etctera. Seguimos persuadidos de que van quedando atrs las historias simplificadoras, pero, de todos modos, todava escasean los enfoques que engloben efectivamente a toda Amrica Latina. En este sentido cabe aadir que durante las ltimas dcadas trabajamos zafndonos del ahogo de las angostas historias nacionales (y tradicionales) o de las supuestas latinoamericanas que suelen no ser otra cosa que una adicin de aquellas, montadas siguiendo algn dbil hilo conductor. Adems, por otra parte, la paulatina recuperacin de la normalidad acadmica en la mayora de nuestros pases, fracturada durante aos por abundantes golpes de Estado y dictadu-

ras, favorecer la consolidacin de una continuidad en la tradicin de estos estudios. Apuntalan nuestro optimismo al respecto la bibliografa ms reciente y determinados estudios en curso de ejecucin 1. Confiemos, pues, en que esta oportunidad que nos ofrece el bicentenario de la muerte de Carlos III incentive estas orientaciones renovadoras. Y otro factor ms especfico: la insuficiencia de estudios abarcadores y actualizados; abundan, en cambio, los de ndole nacional y, mas an, los referidos a un establecimiento, una modalidad o una poca determinados que siguen respondiendo a criterios convencionales. Estamos faltos, infortunadamente, de monografas sobre puntos clave o protagonistas esenciales. Estos y otros factores desfavorecen cualquier intento orgnico y crtico de abordar el perodo. De todos modos, intentaremos responder al generoso requerimiento.

Periodizacin
En una propuesta de periodizacin de la vida cultural y educativa de Amrica Latina que expusimos hace varios aos mencionbamos tres etapas. La primera, la de la cultura impuesta, correspondera al perodo colonial, cualquiera que haya sido la fecha de su extincin, esto es, cuando entre otras cosas se trasplantan instituciones. La Universidad, por ejemplo, es una de ellas, cuyo desenvolvimiento no atenda la nueva realidad y tampoco asimilaba ni elaboraba los conocimientos acumulados por los pueblos sometidos, experiencias que s solan ser aprovechadas en el campo de la prctica cotidiana. En el plano social recuerdese otra institucin trasplantada: la encomienda; en lo poltico-administrativo, el cabildo; etctera. Basten estas refe1 Algunos ejemp los: los valiosos trabajos de Ildefonso Leal sobre historia de la Universidad de Caracas; La educacin ilustrada, 1786-1836, de Dorothy Tanck Estrada;Las mujeres de la Nueva Espaa: Educacin y vida cotidiana, de Pilar Gonzalbo Aizpuru (mexicanas ambas autoras); etctera, por solo citar algunas obras muy diferentes entre si por su origen y modalidades, que corresponden a la poca aqu abordada. 4

rencias para corroborar la legitimidad de la idea de trasplante y percibir todas sus implicaciones. La segunda, cultura aceptada o admitida, engloba el perodo independiente hasta la crisis de 1930; durante esta etapa las ideas predominantes son las procedentes de Europa y, en menor escala, de los Estados Unidos, que precisamente se aceptan o admiten por su supuesta eficacia explicativa de la nueva fase, cuando las nacionalidades en proceso de constitucin no solo niegan --con manifiesta vehemencia- el pasado colonial sino que adems buscan renovados puntos de referencia o modelos. Desde luego que durante este lapso las ideas tradicionales no quedaron desplazadas, ni mucho menos, pues perduraban en parte significativa de la sociedad (as, entre los grupos de intereses emparentados con la situacin anterior y, sobre todo, en los sectores rurales). El contraste rural-urbano aparentaba profundizarse. Y la tercera, cultura discutida o criticada, desde la fecha antes sealada hasta nuestros das2, cuando se advierte y comprueba su carcter insatisfactorio para entender la crisis que denuncia la inviabilidad de la hasta entonces admitida divisin internacional del trabajo. La guerra civil espaola, la segunda guerra mundial, ahondan an mas las divergencias frente al modelo correspondiente al momento anterior (considerado natural y, por tanto, estable); los conflictos pueden percibirse hasta en el seno mismo de los grupos ideolgicos aparentemente ms slidos y coherentes: la iglesia catlica, las corrientes marxistas, el liberalismo decimonnico, etctera. Ahora bien, las contradicciones del proceso histrico, en el sentido hegeliano del concepto, nos llevan a sostener que en el seno mismo de cada uno de esos momentos se incubaba el siguiente, nsito en el anterior. Aceptada esta premisa, y por lo que aqu interesa, correspondera sealar que la ideologa oficial de la poca colonial vease negada por aquellas corrientes
Gregorio Weinberg, Sobre el quehacer filosfico latinoamericano. Algunas consideraciones histricas y reflexiones actuales, Revista de la Universidad de Mxico, vol. XXVI, N 6-7 (febrero-marzo de 1972).
2

de ideas que comenzaban a poner en duda la racionalidad del rgimen, el tradicionalismo, el principio de autoridad, y ms tarde, a la luz de los perturbadores acontecimientos europeos, incluso su legitimidad; de este modo, y gradualmente, abrieron las compuertas que posibilitaron, en ltima instancia, incorporar nuevas actitudes, pautas y valores en sustitucin de los anteriores. Por supuesto que entretanto fueron modificndose paulatinamente los grupos sociales portadores de esas ideas y variando la gravitacin de dichos sectores. Como punto de partida digamos que la Ilustracin fue un movimiento modernizador (por tanto, en modo alguno revolucionario, por lo menos en sus inicios), aunque retrasado en el Nuevo Mundo con respecto a lo que ocurra en Europa, y aun en la Pennsula Ibrica. Este destiempo o asincrona constituye para nosotros una caracterstica significativa de toda la historia latinoamericana, pues aqu llegaban siempre rezagadas las novedades, y amortiguadas sern por tanto las respuestas. Durante el perodo colonial perdurar la concepcin del mundo impuesta, como llevamos dicho, por Espaa y Portugal, que responda alineamientos ortodoxos; sin desconocer tampoco que hasta cierto punto aparecen manifestaciones heterodoxas, favorecidas estas tanto por el nuevo clima de ideas que se estaba incubando entre las clases dirigentes de las mismas metrpolis como as tambin por las distancias y las particularidades del medio. Estas ideas inspiraran tanto las realizaciones como las polticas educativas que, si bien pudieron parecer funcionales y satisfactorias para las metrpolis, en cambio no aparentaban serlo para las necesidades y requerimientos americanos. Los modelos educativos y culturales se elaboraban en Espaa y Portugal y desde all se propagaban; respondan, pues, a intereses extralatinoamericanos, o dicho con otras palabras, desatendan los rasgos especficos del Nuevo Mundo. Por tanto, importa saber qu influencias contribuyeron a modificar los criterios tradicionales y en qu forma dichos cambios -casi siempre lentos, y por momentos imperceptibles- se manifestaron en

Amrica Latina. A su vez, ambos pases mencionados, rezagados con referencia al movimiento intelectual europeo, sienten el influjo de las corrientes ilustradas; de la francesa, en primer lugar, y de la italiana, en menor escala, pero ambas decisivas. Si esas ideas llegan a Amrica Latina en forma refleja e indirecta, no por ello tendrn menos vigor, pues se insertaran en una realidad diferente y mucho ms fluida que la sociedad de la Pennsula. La Ilustracin francesa puso el acento sobre problemas educativos, religiosos, econmicos, polticos y estticos; pero dej de lado, en cierto modo, otros como los referentes al concepto de Estado. Esta particularidad es fcilmente comprensible y explicable si se recuerda la temprana consolidacin en Francia del Estado absolutista, que culmin con Luis XIV. En cambio, en Italia, fragmentada en pequeas unidades polticas ms o menos dependientes o de independencia ms aparente que efectiva, la idea de la organizacin de un Estado nacional revesta particular importancia. Por lo tanto, Amrica Latina debe en buena parte al pensamiento italiano el impulso que llev a reflexionar sobre cuales factores contribuiran a forjar una conciencia nacional o por lo menos, apercibir las especificidades regionales. En suma, si se admite nuestro criterio de periodizacin, parte de las dificultades aludidas al comienzo deben atribuirse al hecho de ser la Ilustracin un momento que niega una etapa, la primera, que llamamos de la cultura impuesta, y prepara la segunda, la de la cultura aceptada o admitida. Reviste, pues, los complejos rasgos de las pocas de acentuada mudanza, tan difciles de captar y transmitir en su torbellino de luces y sombras, pasado y porvenir, temeridades y flaquezas.

La Ilustracin espaola
El filsofo Jos Ortega y Gasset lamento muchas veces el hecho de que Espaa no hubiera tenido su propio Siglo de las Luces, su propia Ilustracin, y esto lo condujo a interrogarse si aquella centuria haba tenido (o no) algn efecto en la modificacin de su pas, sus hbitos y sus instituciones. Su respuesta fue negativa, y atribua los problemas del siguiente siglo en gran medida a esta ausencia. Estudios ms modernos acerca del problema plantean la cuestin en trminos harto diferentes, aunque sus conclusiones no contradicen necesariamente las opiniones del autor de La rebelin de las masas. Una vez perdida su hegemona europea, y a pesar de sus esfuerzos por una rehabilitacin, Espaa no pudo recobrar su posicin internacional ni su dinamismo interno. Las colonias, en un tiempo dependientes del Imperio, haban iniciado un proceso de transformacin y de enriquecimiento propio, mientras que la madre patria se encaminaba por un rumbo opuesto, comprensible si lo referimos a una serie de sucesos turbulentos, hasta desconcertantes por momentos3. La nueva dinasta se aboc a un febril intento por reformar una economa desorganizada y empobrecida, restablecer el podero de las fuerzas armadas, reafirmar el sistema de gobierno y establecer las bases de una administracin ms eficiente y moderna. Sin embargo, las estructuras sociales vigentes y la gravitacin de las ideas consagradas obstaculizaron un cambio ms enrgico. An mas, faltaba una clase o grupo interesado en recoger el desafo para dicho cambio; con el resultado de que esos ideales encontraron apoyo solo dentro de un crculo relativamente pequeo cuyos esfuerzos, en su mayora, no fueron demasiado eficaces y limitada su influencia. Una penetrante y
3

Richard Herr, Thc Eightccnth Ccntury Revolution in Spain (Princeton: Princeton University Press, 1958). Hay una versin espaola: Espaa y la revolucin del siglo XVIII (Madrid: Aguil ar, 1964). Copiosa es la bibliografia publicada con posterioridad sobre el perodo.

actualizada caracterizacin del momento y sus contradicciones podr encontrarse, por ejemplo, en los valiosos ensayos de Alberto Gil Novales recogidos en un libro reciente, Del antiguo 4 al nuevo rgimen en Espaa , quien, a nuestro juicio, utilizando categoras y bibliografa adecuadas, sita las cuestiones acerca del carcter de los grupos sociales protagonistas, sus ideas contradictorias e inconsecuencias, adems de registrar los alcances de los complejos avatares de la poltica espaola. As, cuando observa: Iglesia, Monarqua, Amrica, stos son los lmites de la Ilustracin clsica en Espaa, precisamente porque de sus filas se nutre. Pero no sin tensiones internas, responsables de que una Ilustracin administrativa llegue a veces ms lejos de lo que habamos imaginado. La Ilustracin ser progresista mientras la Monarqua, fundamentalmente, y la Iglesia y la Aristocracia, en segundo lugar, lo sean5. 0 ms adelante, con relacin al inquietante protagonismo del pueblo durante la Guerra de la Independencia, advierte: ... apoderarse del Estado, modernizndolo, y que pague la Iglesia es el programa burgus, es poner las bases de la revolucin burguesa. Pero nada con el pueblo, a no ser tcitamente para arrancarle concesiones al Rey o a la Iglesia6. Rescatemos el panorama general: un importante aunque reducido sector se constituy en vocero de la renovacin. Su plataforma comprenda un amplio espectro de temas, tales como
4

Caracas: Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia (de Venezuela), 1986.

5 Ibidem,
6

pg. pg.

64. 68.

Ibidem,

la lucha contra la rutina y la conducta social tradicional, en una atmsfera donde la reaccin frente al cambio era casi siempre adversa (de todos modos, los nuevos grupos fueron hacindose escuchar cuando reclamaban un sistema de educacin ms prctico, la diversificacin de los cultivos, la adopcin de tcnicas agrcolas con nfasis en mtodos modernos de labranza, la utilizacin de fertilizantes y semillas seleccionadas, la reforestacin), o temas de otra ndole, tales como la pobreza, los gremios, el fanatismo, etctera. Instituciones como las Sociedades Econmicas de Amigos del Pas -la primera de las cuales fue organizada en 1763 con el nombre de Real Sociedad Bascongada de los Amigos del Pas, luego fusionada con los Caballeritos de Azcoitia- tenan entre sus objetivos, planes de mediano y largo alcance para lograr la prosperidad econmica, rescatar al pais del estancamiento y modificar el espritu fatalista que pareca haberse apoderado de significativos sectores de la poblacin. Para lograr estos designios proponan un amplio programa educativo como herramienta ideal y efectiva destinada a sustituir mtodos y tcnicas obsoletos, que solo perduran por rutina, con predominio de los criterios de autoridad y carencia del espritu crtico7. En otro plano, la calidad de la educacin superior se haba deteriorado hasta un grado increble: en universidades otrora prestigiosas no se diferenciaba entre astronoma y astrologa, o entre qumica y alquimia, mientras que la fsica se enseaba como parte de la filosofa escolstica. En 1745 Andrs Piquer, por citar un nombre, distingui estas dos disciplinas. Por eso, Jovellanos tena sus buenos motivos para escribir: "... no parece sino que nos hemos empeado tanto en descuidar los conoci-

7 Robert Jones Shafer, Thc Economic Societies in thc Spnish World, 17631821 (Syracuse: Syracuse University Presa, 1958).

10

mientos tiles como en multiplicar los institutos de intil enseanza8. Si tuviramos que recurrir a un nombre para simbolizar el punto de partida de la renovacin de la vida intelectual en la Espaa del siglo XVIII, optaramos por el de Benito Jernimo Feijoo y Montenegro (1676-1764). Hombre entreverado en los vientos del cambio de un perodo de transicin, ha sido descrito como alguien demasiado atrevido para los tradicionalistas y demasiado tmido para los ilustrados. Desde su celda monacal emple, con tenacidad y buen tino, las herramientas de la razn y el experimento y explor crticamente los temas relacionados con la Naturaleza, soslayando aqu toda connotacin trascendente. El pensador uruguayo contemporneo Arturo Ardao escribe: La crtica de Feijoo fue fundamentalmente una crtica de la Espaa de su tiempo. Abarc diversos dominios, desde las supersticiones ms elementales hasta las ms altas tradiciones acadmicas. La totalidad de la cultura espaola, popular como intelectual, result puesta en cuestin de una manera inslita a nivel excepcional9. Su crtica del dogmatismo despej diferentes y promisorias perspectivas para las nuevas generaciones. Su empleo de la lengua castellana, en lugar del latn, constituye otro ejemplo de una actitud francamente renovadora; al adoptarla para el dis8 Jean Sarrailh, L'Espagne claire de la seconde moiti duXVIII siecle (Pars: Klincksieck, 1954). Hay una versin espaola: La Espaa ilustrada de la segunda mitad del siglo XVIII, trad. de Antonio Alatorre (Mxico: Fondo de Cultura Econmica, 1957), pg. 177. Vicente Palacios Atard, Los espaoles de la Ilustracin (Madrid: Guadal-rama, 1964).
e

9 Arturo Ardao, La filosofia polmica de Feijoo (Buenos Aires: Losada, 1962), pg. 22. Asimismo, por el mismo autor, puede verse Feijoo, fundador de la filosofia de lengua espaola, en Filosofa de lengua espaola (Montevideo:

ll

curso cientfico, Feijoo continulos pasos de los filsofos ingleses y franceses contemporneos. Numerosos pensadores, siguiendo los caminos desbrozados por el benedictino, recorrieron ms cmodamente los senderos de la actividad intelectual. Pese a su importancia, estara fuera de lugar enumerar aqu a todos aquellos que manifestaron una comn devocin por el bienestar pblico y una confianza en el poder de las nuevas tcnicas. Estaban convencidos de que participaban de un movimiento, de un impulso: el progreso, que tenda hacia la secularizacin de los conceptos tanto de libertad y felicidad como de utilidad10. Perduraban muchos prejuicios que atacar y era preciso propugnar otras ideas como las de dignidad de la labor manual, considerada legalmente degradante hasta 1783. Ms an, no obstante su reputacin de afrancesados, fueron aquellos ilustrados quienes lucharon por el reemplazo del latn y la introduccin del espaol como lengua culta; fueron quienes publicaron El cantar del Mio Cid, El libro de Aleixandre, El libro de Buen Amor, y recordaron el Dilogo de la lengua de Juan de Valds, El latn, decadente y debilitado, haba perdido su fuerza expresiva y mal poda transmitir el nuevo universo conmovido de objetos e ideas que asomaban en el medio urbano del hombre del siglo XVIII. Ramn de la Cruz reconoce
Alfa, 1963)Abundan los testimonios sobre la amplia y tempranainfluencia de Feijoo en Amrica Latina (as, el Elogio del P. Feijoo[] de 1765, de Ignacio Escandn, cuyo texto completo puede leerse en Arturo Andres Roig, El humanismo ecuatoriano de la segunda mitad del siglo XVIII (Quito: Banco Central del Ecuador, Corporacin Editora Nacional, 1984), t. II, pags. 182 y sigs. De su barroco y extenso titulo original entresacamos estos trminos:".. corto panegrico, mnimo tributo de sus afectos, al inmortal blasn de las glorias de Espaa, y aun de todo el mundo, al querido Adonis de la America, a su adorado Maestro, el Ilustrsimo Seor y Reverendsimo P. Maestro Don Benito Jernimo Feijoo, el Gran Feijoo, por antonomasia...,,. En cambio, desconocemos estudios panormicos sobre dicho credito en Amrica Latina. Vase, asimismo, Olga Quiroz-Martnez, La introduccin de la filosofa moderna en Espaa (Mxico: El Colegio de Mxico, 1949).
10

Sarrailh, LEspagne claire...

12

este hecho cuando escribe: Estudi cosas muy buenas /que, ano estar en latn, todas / sin duda las entendera. Las palabras crtica y mtodo eran frecuentes en todas las bocas, desde los claustros hasta los mercados, segn la sabrosa observacin de fray Martn Sarmiento. Viajes, libros, intercambios epistolares y una acrecentada movilidad de la poblacin contribuyeron a intensificar el intercambio cultural; a lo que deben sumarse las modas, los hbitos, manifestaciones que se advierten hasta en el lenguaje. Injsto sera dejar de mencionar siquiera unos pocos nombres para evocar la efectiva influencia que tuvieron en la Amrica Latina en aquella poca; recordemos, as, al conde de Aranda, el conde de Floridablanca, Gaspar Melchor de Jovellanos ll, el conde de Cabarrsl2, el conde de Campomanesl3, todos ellos presentes en las bibliotecas aquende el Ocano. Tambin es sugestivo que algunos latinoamericanos, como el peruano Olavide, desempeasen un importante papel en el desarrollo de la Ilustracin espaolal4.

Especialmente, en Informe sobre la ley agraria y Bases para la formacin de un plan de estudios de Instruccin Pblica. Asimismo, en su Memoria sobre educacin pblica, o sea, tratado terico-prctico de enseanza, con aplicacin a las escuelas y colegios de nios se pregunta: Es la instruccin pblica el
11

primer origen de la prosperidad social?; a lo cual responde categricamente: Sin duda. 12 En Cartas sobre los obstculos que la naturaleza, la opinin y las leyes oponen a la felicidad pblica (1808); particularmente, en la segunda carta, en donde describe un sistema general de educacin. 13. En Discurso sobre la educacin popular de los artesanos y su fomento (17751777) y en 1774, Discursos sobre el fomento de la industria popular. l4 Marcelin Defourneaux, Pablo de Olavide ou LAfrancesado (1725-1803) (Paris: Presses Universitaires de France, 1959).

13

La Ilustracin en Hispanoamrica
A travs del modificado clima intelectual que empezaba a prevalecer en Espaa o por medio de la lectura de muchos libros que, a pesar de las prohibiciones y la censura de la Inquisicin, haban logrado llegar al Nuevo Mundo con relativa profusin, las ideas de la Ilustracin empezaron a difundirse, primero lenta y cautamente y luego con mayor vigor y energa a medida que avanzaba el siglo XVIII15. Con la expulsin de la Compana de Jess (de Portugal en 1759 y de Espaa y sus posesiones en 1767), baluarte del viejo orden y fortaleza de ideologas tradicionales, se produjo un cambio decididamente favorable hacia un ambiente espiritual menos restrictivo. Ahora bien, con el advenimiento de la dinasta borbnica se inicia un paulatino esfuerzo hacia la modernizacin de Espaa y de la administracin y explotacin del Imperio colonial. Modernizar, desde luego, no significaba necesariamente propiciar siempre cambios fundamentales. Pocos fueron, cierto es, los que osaron cuestionar sus principios, pero las preocupaciones o las denuncias de unos cuantos estadistas y economistas notables comenzaron a surtir efectos. De este modo, con referencia al Nuevo Mundo podemos llamar la atencin sobre determinados datos significativos: la organizacin de un diferente sistema administrativo (as, los nuevos virreinatos y sobre todo las Intendencias), la creciente liberalizacin de medidas econmicas proteccionistas, como el desmantelamiento del sistema de la flota, la abolicin de puertos monoplicos y el levantamiento de la prohibicin del comercio entre las colonias. Todas estas medidas condujeron y contribuyeron a un paso final: la regla15 Arthur P. Whitaker, comp., Latin America and the Enlightcnmcnt (Ithaca: Great Seal Books, 1961). (Esta es la segunda edicin; la primera fue de 1942.) Tratase de un trabajo precursor y ya anticuado. La abundancia de nuevos estudios sobre aspectos parciales o nacionales reclama ahora una obra de conjunto que confiamos no tarde en aparecer y responda a los actuales requerimientos; de todas maneras, resta por reeditarse mucho material hoy inaccesible para el estudioso, amen de la publicacin de otro, todavia inedito.

14

mentacin del libre comercio y, ms tarde, el establecimiento de los Consulados de Comercio (en Caracas y Guatemala en 1793, en Buenos Aires y La Habana en 1794, en Santiago de Chile en 1795, etctera) y de las Sociedades Econmicas de Amigos del Pas (en Manila en 1781, en Quito en 1791, en La Habana en 1792, en Guatemala en 1794, etctera). A travs de sus diversas actividades, estos centros se esforzaron por modificar las condiciones sociales y econmicas vigentes, alentar la asimilacin de nuevas ideas y mtodos, y promover un especial inters por la reforma educativa, juzgada como la herramienta idnea para el cambio social; como se advierte, idea tpica de la Ilustracin. Aqu deberamos mencionar el surgimiento de lo que dio en llamarse los intelectuales no acadmicos, entre los cuales, uno de los ms significativos -y esto por muchas razones- sera Eugenio Santa Cruz y Espejo, de obra conocida e influyente, cuya misma compleja riqueza nos impide analizarla aqu y sobre la cual existe una abundante bibliografa actualizada. Es asimismo reveladora la designacin de algunos funcionarios importantes (entre ellos, virreyes y arzobispos), tales como el Visitador Jos de Glvez, Caballero y Gngora en el virreinato de Nueva Granada, Revillagigedo en Mxico, Vrtiz en Buenos Aires, etctera, quienes adoptaron una actitud ms benvola y hasta apoyaron y auspiciaron personalmente algunas manifestaciones que favorecan los cambios. La estructura, la organizacin y sobre todo el espritu que inspira la enseanza de las universidades instaladas en Amrica a -partir de la de San Marcos (Lima, Per, mayo de 1551) y la de Mxico (de setiembre del mismo ao), que son, con la de Santo Domingo, las primeras entre aquellas que luego de una existencia accidentada han perdurado hasta nuestros das, corresponden a los de la Contrarreforma, con su filosofa y su ceremonial barrocos. En cierto sentido, parece elocuente recordar que la de San Marcos se asemeja a la de Salamanca, y en otro, es significativo que el nmero de ttulos de doctores en teolooga y en derecho, otorgados por la universidad limea hasta fines del siglo XVIII, sea diez veces superior al de doctores en medicina. 15

Tambin importa sealar que las universidades languidecieron durante el siglo XVII y primeras dcadas del siguiente; predominaba las prescripciones sobre el contenido, las frmulas vacas de sentido sobre una realidad acuciante e indcil para las categoras mentales con las cuales pretenda aprehendrsela. A nuestro juicio, la Universidad fue agotndose paulatinamente como resultado de la censura, discriminacin, impermeabilidad a las novedades, prejuicios, contradiccin de intereses, Visfuncionalidad de la cosmovisin, etctera; dicho sea esto con las debidas salvedades, comoveremos en seguida. Las inquietudes cientficas, las nuevas ideas filosficas y econmicas se manifestarn casi siempre fuera de los claustros (las universidades permanecan ajenas a los requerimientos y desafos del medio; estaban enzarzadas en interminables conflictos entre rdenes religiosas o delimitacin de jurisdicciones; su espritu reformista se agotaba en debates reglamentaristas o pedidos de modificaciones estatutarias) y lo harn a travs de instituciones y movimientos menos rgidos, menos formalizados, ms permeables a las innovaciones y a las inquietudes, es decir, donde gravitasen menos el peso de la rutina y de la inercial 16 Otro tanto ocurri con el incipiente periodismo, los grandes viajeros y las expediciones cientficas, y con algunas actitudes polmicas; as pues, su consideracin previa es indispensable para reconstruir en parte el clima espiritual de la segunda mitad del siglo XVIII.

EE periodismo
Con respecto al periodismo ilustrado17 corresponderla mencionar (dejando de lado la referencia a las primeras publicaciones, pues carecera de sentido hacerlo aqu) el Diario literario de
Gregorio Weinberg, El agotamiento de la Universidad latinoamericana durante el siglo XVIII, estudio que integra esta publicacin.
l6

17 Jos Torre Revello, El libro, la imprenta y el periodismo en Amrica Latina durante la dominacin espaola (Buenos Aires: Facultad de Filosofa y Letras,

16

Mxico, dispuesto para la utilidad pblica a quien se dedica

Mercurio Volante con noticias importantes y curiosas sobre varios asuntos de Fsica y Medicina, orientado por un sabio

(1768) -su director fue uno de los sabios ms notables de aquella sociedad, Jos Antonio Alzate y Ramrez, conocido como el paladn de las luces-; prohibida su publicacin, reincide con otras no menos significativas. Adems, es del caso mencionar, en el mismo Mxico, que diecisis nmeros alcanz el

Mercurio Peruano de historia, literatura y noticias pblicas que da a Luz La Sociedad Acadmica de Lima; donde escribieron

singular, Jos Ignacio Bartolache. En Lima, el 2 de enero de 1791, apareci otro de los peridicos mas fecundos de la poca:

hombres tan notables como Pablo de Olavide, Jos Baqujano y Carrillo, Jos Hiplito Unnue y otros. Fue excepcional e influyente por el alto nivel de sus inquietudes18.

No son ellas, desde luego, las nicas manifestaciones del periodismo, pero s posiblemente algunas de las ms acreditadas con relacin al tema que nos interesa aqu, porque los sealados, como as tambin la gran mayora de los papeles publicados hasta las vsperas de la emancipacin, acogieron --en distinta medida y con diferente energa- un material singularmente valioso desde todo punto de vista: analisis de la realidad y sealamiento crtico, tmido u osado, segn las circunstancias o protagonistas, de las posibilidades de superar
1940). Tambien son validas aqui las consideraciones antes expuestas sobre el ya citado libro de Arthur P. Whitaker, etcetera. Durante los ltimos anos, ademas de multiplicados trabajos sobre laimprenta en la mayora de los paises latinoamericanos, se han reeditado los clasicos sobre el tema de Jos Toribio Medina, Joaqun Garca Icazbalceta, etctera. 18 Una reedicin, relativamente reciente, del Mercurio Peruano, llevada a cabo por la Biblioteca Nacional de este pas (12 volmenes, Lima, 1964-1966), ala cual debe sumarse el utilisimo trabajo de Jean-Pierre Clement, Indices del Mercurio Peruano, 1790-1795 (mucho ms rico de lo que hace suponer SU titulo), ha hecho accesible a los estudiosos una publicacin de sobresaliente importancia para un conocimiento pormenorizado de una de las piezas capitales de la Ilustracin peruana.

17

las inadecuaciones sociales, econmicas y culturales. Y ademas, como expositores de las soluciones postuladas: educacin, quehacer econmico diversificado, dignidad del trabajo mecnico y manual, participacin creciente de la mujer, importancia de las ciencias, denuncias de las distorsiones provocadas por el monopolio, amenazas de contrabando, y en mucha menor escala, acusaciones, mas o menos veladas, contra las autoridades locales, sus descuidos y su inoperancia, etctera. Esto ultimo es comprensible, pues tanto la monarqua como la Iglesia, como instituciones, seguan siendo inatacables; ms desprotegidos estaban, en cambio, ciertos representantes de las mismas.

Las expediciones
Las grandes expediciones tuvieron, si bien en otro plano, una trascendencia parangonable con la que hemos atribuido al periodismo, pues contribuyeron a una mas ajustada comprensin de la realidad (geografa, flora, fauna, minerales, revelacin de los recursos naturales si nos atenemos a nuestra jerga contempornea-, etctera, de la regin) y, sobre todo, al avance de los conocimientos cientficos, en general, expresado por una actitud ms moderna, y al convencimiento de su inters, importancia y utilidad. Sin entrar en mayores distingos entre el espritu de las realizadas durante los siglos XVI y XVII y el de las del perodo de la Ilustracin, que nos importan en este momento, recordemos las de Charles Marie de La Condamine, Louis Godin, Pierre Bouguer, Joseph de Jussieu, etctera, y las actividades a ellas vinculadas, como las publicaciones de Jorge Juan y Antonio de Ulloa19; ciclo que podra cerrarse con la de Alexander von Humboldt y sus espectaculares aportaciones.
19 Jorge Juan y Antonio de Ulloa, Relacin histrica del viaje a la Amrica Meridional, hecho de orden de Su Mag. para medir algunos grados dc meridiano terrestre y venir por ellos en conocimiento de la verdadera Figura y Magnitud de la Tierra, con otras varias observaciones Astronmicas y Phisicas (1748). Asimismo, vase la reimpresin de sus Noticias secretas de Amrica, con introduccin de Gregorio Weinberg (Buenos Aires: Mar Ocano, 1953).

18

Infortunadamente no podemos analizar la sobresaliente influencia de la contribucin del sabio germano, como as tampoco su copiosa bibliografa; de todos modos, creemos no errar si la damos por conocida siquiera en sus lneas esenciales. Entre ambas, evoquemos las de Hiplito Ruiz y Jos Pavn20, durante ms de un decenio por Per y Chile, de las cuales obtuvieron resultados tan notables como los valiosos volmenes de su Flora Peruviana et Chilensis; la expedicin de Alejandro Malaspina21, con quien llegan cientficos tan importantes como Tadeus Henke 22; o la justamente clebre Expedicin Botnica que dirigi el padre Jos Celestino Mutisza, un sabio de excepcionales merecimientos y condiciones morales, quien personalmente divulg las para entonces atrevidas ideas de Coprnico. Pero mucho importa subrayar que cerca del ilustrado Mutis se formaron otros hombres de ciencia de sobresaliente actuacin poltica posterior, como Francisco Jos Caldas, Jorge Tadeo Lozano y Francisco Antonio Zea. Otras notables expediciones y exploraciones podran sumarse a las mencionadas; as, las de Martn Sess en Nueva Espaa y la de Flix de Azara en el Ro de la Plata24.
2o Arthur Robert Steele, Flowers for the King: The Expedition of Ruiz and Pavon and the Flora of Peru (Durham: Duke University Press, 1964). Hay versin espaola: Flores para el Rey: La expedicin de Ruiz y Pavn y la flora del Per, trad. de Antonio M. Regueiro (Barcelona: Ediciones del Serbal, 1982). 21 Los resultados fundamentales de sus andanzas solo fueron publicados en forma parcial y casi un siglo despus de su realizacin: Viaje politico-cientfico
alrededor del mundo por las corbetas Descubierta y Atrevida a mando del capitn de navo, don Alejandro Malaspina, y don Jos Bustamante y Guerra desde 1789 a 1794.

22 Entre otras, a Haenke se atribuyen las obras: Descripcin del reino del Per; Descripcin del reino de Chile; Viaje por el Virreinato del Ro de la Plata; etctera. 23 Su impresionante Flora de Bogot est en proceso de publicacin. 24 DeFlix de Azara pueden verse Descripcin e historia del Paraguay del Ro dela Plata;Memorias sobre el estado rural del Ro de la Plata en 1801;Historia

19

Varios indicadores podran adoptarse para rastrear el manifiesto proceso de incorporacin de las nuevas ideas de la Ilustracin ala vida universitaria y, ms en general, ala cultura de Amrica Latina. Uno de esos indicadores podra ser un rastreo de las ideas filosficas; el otro, de muy diferente ndole, la presencia o la importancia relativa atribuida a estudios tales como los de medicina o derecho, manifestaciones ya de otra actitud y de la bsqueda de diferentes horizontes por parte de los nuevos grupos sociales que iban emergiendo y consolidndose en las ciudades.

Presencia de la filosofa
Por supuesto que no debe buscarse, como alguna vez se ha hecho, originalidad en el desenvolvimiento de las ideas filosficas, pero su anlisis reviste inters por varios motivos25. Primero, porque su enseanza segua hasta entonces en manos poco menos que excluyentes de la Iglesia26 -vale decir que era incipiente el proceso de secularizacin- y por otro lado, la filosofa aqu profesada conservaba un sensible rezago con respecto ala conocida y discutida en Europa; es la asincrona que al comienzo sealamos como una nota significativa y perduranatural de Los cuudrpedos; Los pjaros del Paraguay; etctera. Asimismo, Julio Cesar Gonzalez, Don Flix de Azara: Apuntes bio-bibliogrficos (Buenos

Aires: Bajel, 1943). 25 Ramn Insa Rodrguez, Historia de la filosofa en Hispanoamrica (Guayaquil: Universidad de Guayaquil, 1945); Manfredo Kempff Mercado, Historia de la flosofa en Latinoamrica (Santiago de Chile: Zig-Zag, 1958). Las referencias bibliograficas sobre la historia de las filosofas nacionales son muy extensas, pero no corresponde mencionarlas aqui. Nos limitamos, por tanto, a sealar apenas dos libros harto superados, pero precursores. 26 Las contribuciones de los jesuitas expulsados de Espaa y el Nuevo Mundo constituyen un capitulo en el proceso aqui explorado; por ejemplo: Miguel Batllori, La cultura hispano-italiana de los jesuitas expulsos (Madrid: Gredos, 1966); asimismo, Gabriel Mndez Plancarte, comp., Humanistas del siglo
XVIII(Mxico,1941).

20

ble. En suma, las huellas de la renovacin filosfica deben buscarse ante todo en las primeras referencias al pensamiento moderno: Descartes, Gassendi, Newton, Locke, etctera, quienes son refutados con vehemencia aun antes de ser ledos. Inicialmente fueron conocidos en forma indirecta a travs de las impugnaciones de los catedrticos ms alertas, aquellos que seguan las mudanzas en la materia registradas en la Pennsula27. Luego, quiz bajo el estmulo, entre otros, de las ideas del padre Feijoo, comienzan a manifestarse actitudes crticas, ms o menos vigorosas, con respecto al pensamiento tradicional y sus mtodos, cuyos resultados parecan cada vez menos satisfactorios. Pero por otro lado, debe comprenderse cun dificil era poner en duda la cosmovisin impuesta, impugnarla y, ms todava, pretender sustituirla; predominaban la ortodoxia y un conformismo ms o menos matizado. Si el nombre de Voltaire aparece en algunos procesos inquisitoriales y en el registro de ciertas bibliotecas de altos funcionarios, el de Condillac se conoci por la temprana versin al castellano de sus obras; as, La lgica, o los primeros elementos del arte de pensar, con traduccin de Bernardo M. de la Calzada (Madrid, 1784, con reediciones posteriores)28; y ade27 Solo como indicacin de la amplitud de la bibliografia existente, mencionaremos dos trabajos precursores: Monelisa Lina Prez-Marchand,
Dos etapas ideolgicas del siglo XVIII en Mxico a travs de los papeles de la Inquisicin, y Bernab Navarro, La introduccin de la filosofia moderna en

Mxico; ambos libros editados por El Colegio de Mxico en 1945 y 1948, respectivamente. La decisiva influencia del espaol Jos Gaos y del mexicano Leopoldo Zea han alentado estos estudios sobre historia de las ideas, los que alcanzan hoy una profusin e importancia sobresalientes, aunque todava carecemos de un estudio panoramico y actualizado que recoja y elabore los aportes de las ultimas cuatro dcadas. 28 Con ocasin del 150 aniversario de la Independencia de Venezuela, la Biblioteca de la Academia Nacional dela Historia de Venezuela public la obra de Condillac, La Lgica o los primeros elementos del arte de pensar, con una introduccin de Guillermo Morn y en laversin de B. M. de la Calzada (1959).

21

ms, Lgica puesta en dilogo, por Valentn de Foronda (Madrid, 1794). Tambin en Madrid, aunque en 1805, se imprimi La lengua de los clculos, traducido por la Marquesa de Espeja (seudnimo de Vicenta Corbaln y Castro). Todos estos libros de Condillac fueron frecuentados y estudiados por los precursores de la emancipacin latinoamericana, junto a los de otros ms de la Ilustracin, como los del abate Antonio Genoves, traducidos por Victorin de Villava, Lecciones de comercio o bien de economa civil (3 volmenes, Madrid, 1784). Dejando de lado tantas figuras menores, merecen citarse dos personalidades extraordinariamente destacadas, en particular desde el punto de vista poltico: Jean-Jacques Rousseau y el abate Guillaume Thomas Raynal. La heterodoxia de ambos indica por s sola cuan ajenos eran a las orientaciones oficiales; o dicho de otro modo, no estaban bien vistos como autores y por tanto, perseguidos. Por su parte, las ideas de Jean-Jacques Rousseau, en torno alas cuales se desarrolla un intenso debate (el padre Feijoo, por ejemplo, lo impugn con vehemencia), fueron realmente influyentes; pero parecen haber encontrado mayor crdito con posterioridad a las grandes revoluciones norteamericanas y francesas y, por supuesto, a las conmociones cada vez ms frecuentes en la Colona29 -la de Tpac Amaru es apenas la ms conocida-. Segn Boleslao Lewin, la primera mencin pblica de EL contrato social se debe al den Gregorio Funes en 1790; a partir de entonces, es nombrado cada vez con mayor frecuencia. Sus huellas son numerosas y muy visibles, como lo han demostrado muchos estudios sobre el particular; estn en Simn Rodrguez,
29 Universidad Nacional Autnoma de Mxico, Presencia de Rousseau: A los 250 aos de su nacimiento y a los dos siglos de la aparicin del Emilio y El contrato social (Mxico: UNAM, 1962). Asimismo: Boleslao Lewin, Rousscau; y la independencia argentina y americana (Buenos Aires, 1967); Jefferson Rea Spell, Rousseai in thc Spanish World bcfore 1933 (Austin: The University of Texas Press, 1938). El tema ha suscitado polmicas persistentes y an inacabadas.

22

maestro del libertador Simn Bolvar, y, claro est, tambin en este, su discpulo, y las hallamos en muchos otros. Fueron ingredientes valiosos de la formacin ideolgica de los precursores de la emancipacin y de sus primeros protagonistas. Para culminar este punto especfico de la incorporacin de dicha vertiente de ideas baste memorar que el argentino Mariano Moreno ordena, en 1810, la impresin de una versin castellana de El contrato social para ser utilizada como libro de texto. Y tambin de incuestionable predicamento ser, por su lado, la Histoire philosophique et politique des tablissements et du commerce des europens dans Les Deux-Indes (1770), en cuya redaccin colabor Diderot, una de las figuras fundamentales de aquel momento histrico. La obra de Raynal, verdadero y apasionado alegato anticolonialista, que suele asociarse a la historia de la leyenda negra antiespaola, alcanz multiplicadas reediciones y fue perseguida como un texto peligroso por los regmenes coloniales; de todos modos, abundan las constancias de su presencia en numerosas bibliotecas del Nuevo Mundo, donde su circulacin y lectura desempe un papel bastante significativo en la toma de conciencia de los problemas polticos. Mereci, hecho infrecuente y sugestivo, ser traducida por Eduardo Malo de Luque (seudnimo del Duque de Almodvar) como

Historia poltica de los establecimientos ultramarinos de las naciones europeas (Madrid, 1784 y siguientes). Laversin qued

interrumpida luego de publicado el quinto volumen. Un estudio reciente analiza con cuidado el contenido, ordenamiento, etctera, del texto espaol, pero sobre todo, cules haban sido los propsitos de la empresa encarada por Almodvar al intentar verter al castellano una obra indudablemente subversiva para los rdenes social y religioso imperantes y como tal, condenada por las autoridades civiles y eclesisticas...30.
30 Ovidio Garca Regueiro, Ilustracin e intereses estamentales; la versin de la Historia de Raynal, en Homenaje a Noel Salomon: Ilustracin espaola e independencia de Amrica (Barcelona: Universidad Autnoma de Barcelona, 1979) pgs. 165-205.

23

Si dejamos de lado las influencias europeas ejercidas sobre el pensamiento latinoamericano y pasamos a sealar la presencia de filsofos en el Nuevo Mundo, quiz la figura de perfiles ms definidos entre aquellos que podramos considerar precursores, por lo menos en el momento inmediato anterior al de la Ilustracin, sea Juan Benito Daz de Gamarra, autor, entre 31 otros, de un libro valioso: Elementa recentionis philosophiae . De todas maneras, Gamarra reviste importancia porque sus ideas tienen un evidente signo cartesiano y su texto fue adoptado por la Universidad de Mxico. Por lo dems, l mismo se consideraba un eclctico: Quien con el nombre de filsofo se glorie, quien con Animo ardiente se consagre a la investigacin de la verdad, no confesarninguna secta; ni la peripattica, ni la platnica, ni la leibniciana, ni la newtoniana; seguir la verdad, sin jurar por la palabra del maestro. Lo que por entonces era mucho decir, pues adems de su eclecticismo aparece su antitradicionalismo. Enfrentado al principio de autoridad y al dogmatismo, esgrime la razn como instrumento: La filosofa -escribe- es el conocimiento de lo verdadero, lo bueno y lo honesto, obtenido por la sola luz de la razn y el ejercicio del razonamiento. Represe que a pesar de la fecha, ltimo cuarto del siglo XVIII, una innovacin atrevida consiste en mentar el pensamiento cartesiano.

31 Juan Benito Diaz de Gamarra y Dvalos, Tratados (Mxico: Universidad Nacional Autnoma, 1947). El volumen de la UNAM incluye: Errores dcl
entendimiento humano, Memorial ajustado y Elementos de flosofa moderna,

traduccin, edicin y prlogo de Jos Gaos. Con posterioridad pusironse en circulacin tres breves obras del mismo Diaz de Gamarra: Mximas de educacin, Academias de filosofia y Academias de geometra, edicin facsimilar de sus manuscritos en un mismo volumen (Zamora, Mxico: El Colegio de Michoacn, 1983).Vase adems: Elementos de filosofia moderna, presentacin, traduccin y notas de Bernab Navarro (Mxico: UNAM, 1984).

24

Con ms reducida importancia podra citarse al padre Jos Agustn Caballero, cubano, cuya obra Philosophia electiva (1797)32 muestra tambin la fractura y el debilitamiento de las ideas tradicionales. Obsrvase en l una mezcla de escolasticismo y modernidad: No se debe emprender ningn estudio sino despus de haber purgado la mente de los prejuicios temerarios que hayamos adquirido a travs de la lectura de malos libros, bien del trato con gentes vulgares. Debemos escoger un buen autor. Lase mucho, pero no muchas cosas... Posiciones asaz semejantes podran permitirnos caracterizar a otros pensadores preocupados siempre por los problemas y la enseanza de la filosofa cuya permeabilidad a las ideas modernas los destaca entre el resto de sus contemporneos; mas de todos modos, todava no deben ser confundidos con los ilustrados. As, en Bogot, Francisco Antonio Moreno y Escandn, que propone una notable reforma (1774) de los planes aplicados para la disciplina; otro tanto ocurri, en 1808, con el den Gregorio Funes en Crdoba (Argentina). Ms nombres podran aadirse, por cierto, a los mencionados, pero seran casi con seguridad menos originales aun y por tanto menos vigorosos que los mentados. El fenmeno se repite desde Mxico hasta el Ro de la Plata, pero por doquier nos hallaremos con divulgadores inquietos y, por momentos, informados de las nuevas corrientes ms que con creadores en el sentido exacto del vocablo. Proponen, y a veces logran, actualizar la enseanza adoptando textos como los de Condillac o propiciando la separacin de la fsica de la filosofa, hasta entonces entreveradas. La ruptura se profundizar al secularizarse la actividad; fenmeno que coincide casi con los primeros pasos que llevan al perodo de la emancipacin.
32 Jos Agustn Caballero, Philosophia electiva (1797; reimpresin, ed. de Jenaro Artiles, Francisco Gonzlez del Valle y Roberto Agramonte, La Habana: Universidad de La Habana, 1944).

25

Las ciencias tiles


La renovacion de los estudios superiores adquiere caractersticas singulares segn las regiones, o ms particularmente, segn la localizacin de las estructuras administrativas. Pero importa destacar que nunca las nuevas exigencias hicieron posible repensar en suconjunto la institucin universitaria para adecuarla a las nuevas necesidades --cosa imposible, por lo dems, por su misma organizacin y filosofa implcita-. En el mejor de los casos, cuando las omisiones eran demasiado evidentes y las quejas reiteradas, sola agregrsele nuevos estudios (tal ocurre en varias universidades con Medicina y Derecho durante la segunda mitad del siglo XVIII) o se los modernizaba cuando ya existan en las casas de estudio ms antiguas. Un tercer indicador, nada desdeable, podra constituirlo el anlisis de las solicitudes de creacin de universidades, desatendidas casi siempre por diversos motivos dignos de reflexionar. Pero de todos modos, perdura el espritu tradicional; las innovaciones no expresan tanto la sensibilidad de las instituciones y su capacidad de adaptacin frente a los nuevos requerimientos como su negacin dialctica. Los estudios ms francamente renovadores se establecan (aunque no siempre con xito) fuera de los claustros; los inspiraban tanto las inditas condiciones socioeconmicas como la influencia de las ideas de la Ilustracin, expresadas sobre todo a travs de instituciones que, como las Sociedades Econmicas de Amigos del Pas y los Consulados, estaban ms sensibilizados con respecto a las aspiraciones y demandas que cada regin planteaba, Inclusive la aplicacin de Reales Cdulas se coloreaba de caracteres locales en manos de funcionarios ilustrados; as, advertimos en dos pases de desarrollo cultural tardo, como Venezuela y la Argentina, una sugestiva y coincidente preocupacin por dotar tanto a Caracas como a Buenos Aires de ciencias tiles o artes mecnicas. El agudo historiador de la educacin venezolana, Ildefonso Leal, recuerda en este sentido que:

26

... desde el Real Consulado sealaron los medios para la construccin de caminos, puertos, y canales, y tambin ofrecer premios para los que redactaran las mejores memorias sobre el cultivo del tabaco, algodn, ail, caa de azcar y cacao en las que con claridad y evidencia se detallaran completa y circunstancialmente los hechos y combinaciones que encadenaran la cultura, el beneficio, la fabricacin, el consumo y el giro de estos preciosos frutos y cuanto es necesario para organizar una hacienda33. En el extremo sur del mismo continente, en Buenos Aires, Manuel Belgrano, secretario del Consulado, se plantea una serie de iniciativas tendientes al mejoramiento de la situacin del pas, aumento de sus riquezas y felicidad de sus pobladores. De aqu su preocupacin, que todo lo abarca, desde los caminos, puertos, faros, estudios agronmicos, escuelas de comercio, agricultura, nutica, supresin de gravmenes, simplificacin de trmites, difusin de cartillas vertidas a nuestro idioma con indicaciones de nuevos y mejores mtodos de trabajo en el campo, abonos, cercos, forestacin, rotacin de cultivos, exposiciones y congresos para discutir y exhibir los resultad o s 34 Adems, escuelas gratuitas, donde pudiesen los infelices [labradores] mandar a sus hijos sin tener que pagar cosa alguna por su instruccin.. .; igualmente se deben poner escuelas gratuitas para las nias. La capacidad de iniciativa de Belgrano
33 Documentos para La historia de la educacin en Venezuela (Epoca colonial),

con una introduccin de Ildefonso Leal (Caracas: Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia, 1968), pg. 32. Contiene asimismo la historia de los estudios en matemticas, la historia de la Escuela Naval de La Guayra, etctera. 34 Manuel Belgrano, Escritos econmicos, con una introduccin de Gregorio Weinberg (Buenos Aires: Raigal, 1954), pgs. 40-41.

27

queda demostrada tambin cuando propicia premios para fomentar la agricultura, artes y comercio, segn consta en el acta del 17 de julio de 1798. Los temas propuestos y para los cuales establece premios son: 1) al labrador que haya introducido un nuevo cultivo provechoso; 2) al que haya establecido una huerta y monte de frutales en el Puerto de la Ensenada de Barragn; 3) medios que deben adoptarse para hacer grandes plantaciones de rboles tiles dentro de la jurisdiccin de la Capital; 4) modo de tener aguadas permanentes en la campana; 5) mtodo fcil y poco costoso de exterminar los perros cimarrones; 6) cmo preservar los cueros de la polilla; 7) estado de la poblacin de cualquier provincia del Virreinato, con preferencia la provincia de la Capital, con distincin de clases, ocupaciones, cultivo, industria, consumo, etc.35 [en rigor un verdadero censo]. Como puede advertirse, todo un programa prctico inspirado en las ideas de la Ilustracin y tambin de la fisiocracia. La accidentada historia de las tramitaciones padecidas por cada una de esas iniciativas, en algunos casos desautorizadas o suprimidas, no es menos elocuente; revelan, es cierto, la insensibilidad de la burocracia colonial, pero tambin el predominio de los intereses creados y las rivalidades entre ciudades que no siempre la Corte poda dirimir satisfactoriamente. Que esa actitud de los consulados caraqueos y porteos frente a los problemas no constitua una coincidencia es fcil demostrarlo citando a otros funcionarios que desde cargos semejantes y en lugares alejados entre s, adoptaban posiciones casi idnticas porque compartan el mismo espritu. As, el
35 Ibidem, pgs. 41-42. 36 Germn 0. E. Tjarks, El Consulado de Buenos Aires y sus proyecciones en la historia del Rio de la Plata (Buenos Aires, 1962).

28

chileno Manuel de Salas, a quien se ha llamado campen de la difusin de las luces, de la ilustracin general y del desenvolvimiento de la industria y el comercio, y en todo, patriota egregio"37.

Jobet cita la Representacin sobre el estado de la agricultura, industria y comercio del reino de Chile; a su juicio, documento capital para conocer la situacin del pas al final de la Colonia y en vsperas del movimiento emancipador. En l, adems del anlisis econmico y social, enfoca tambin la situacin educacional y luego, junto a los arbitrios propuestos para remediar el atraso y el decaimiento de Chile..., propiciaba propagar la enseanza de las ciencias que tuvieran aplicacin a la agricultura, minera e industria y a perfeccionar los oficios38 Las referencias podran multiplicarse mencionando otros pases y otras personalidades en cada uno de los ya citados; pero basten los referidos para sugerir un estado de nimo y una posicin frente a los problemas. Es el fermento de la Ilustracin frente ala rutina de la tradicin. Estamos ahora ante una nueva mentalidad, la de hombres preocupados por desechar las viejas recetas y dispuestos a proponer otras; critican el estado de la educacin en todos sus niveles y al mismo tiempo se sienten calificados para sugerir alternativas. La reforma favorecida por los ilustrados iba ms all de imponer nuevos mtodos; pretenda, con audacia creciente, sustituir la vieja tabla de valores por otra nueva donde se privilegiaba el espritu prctico y secular.

37 Julio Csar Jobet, Doctrina y praxis de los educadores representativos chilenos (Santiago de Chile: Andrs Bello, 1970); particularmente, Don Manuel de Salas, puente entre la colonia y la Repblica, pgs. 99-153.
38 Ibidem, pg. 103.

29

La Universidad
En un trabajo nuestro, publicado originalmente hace algunos aos y reeditado varias veces desde entonces39, indicbamos que, antes de abordar el tema ms especficamente, era indispensable sealar que los espaoles manifestaron una preocupacin totalmente distinta de la expresada por los portugueses en Brasil o de la evidenciada por los ingleses y franceses en sus posesiones. La diferencia fundamental parece consistir en que, desde el primer momento, se advierte por parte de Espaa la intencin de organizar en Amrica una sociedad compleja con bases sociales y culturales estables; se propona, como es evidente, formar in situ una clase dirigente fiel, un sacerdocio y una burocracia eficientes. Dentro de ese proyecto adquiere sentido la temprana fundacin de colegios y universidades. As pues, se percibe una concepcin global de objetivos colonizadores que solo muchsimo ms tarde pusieron de manifiesto otros imperios. El estudio prolijo de las universidades hispanoamericanas hasta mediados del siglo XVIII, de sus facultades o ctedras, su espritu y sus reglamentos, la actuacin de docentes y la reaccin de los estudiantes -cuando esta puede documentarse-, etctera, y en particular su insercin social, nos brindara un panorama muy rico y matizado; pero de todos modos, no hara otra cosa que confirmarnos algo ya conocido en la enseanza superior: las limitaciones que a su acceso imponan las distancias, el latn, los costos y las probanzas, las ceremonias y los trajes. Eran gajos, vigorosos o dbiles, de la universidad del barroco injertados en otro medio, con sus oropeles y tradiciones, su rutina deductiva y libresca, donde estaba firmemente anclado el principio de autoridad como mtodo; copia ms o menos fiel de las orientaciones de la Metrpoli espaola. Eran qu duda c a b e ! - una manifestacin de lo que llamamos cultura impucs39 Gregorio Weinberg, Modelos educativos en la historia de Amrica Latina (4a. ed.; Buenos Aires: UNESCO-CEPAL-PNUD, A-Z Editora, 1995).

30

ta, como puede comprobarse por sus contenidos (celosamente resguardados por la ortodoxia religiosa), por sus procedimientos (protegidos por estatutos minuciosos de inspiracin salmantina), por sus formas exteriores (que la tradicin consolidaba y revesta de un complejo y costoso tejido ceremonial). Todo esto contribua, una vez ms, a distanciar la institucin universitaria del resto de la poblacin; consolidaba as el papel de la educacin formal como legitimadora de una sociedad rgidamente estratificada. Ms todava, la educacin, en todos sus niveles, se convirti paulatinamente en un importante factor de diferenciacin que se sumaba a los muchos ya existentes.
Por su lado, la sociedad lusitana, asentada sobre el latifundio, donde estaban casi ausentes del todo las manifestaciones de la vida urbana, tena exigencias muy peculiares y adjetivas. Sus escasas expresiones culturales revestan un carcter ornamental, libresco, verbalista; careca, como ocurre con toda cultura implantada que se asla, de rasgos especficos que la definieran y otorgaran personalidad. A todo esto debe aadirse el profundo desprecio del colonizador portugus por el trabajo manual, por las tareas prcticas o las labores mecnicas, asociadas todas ellas al trabajo esclavo, y por tanto considerado degradante e indigno de un hombre libre. En el actual territorio de Brasil, durante este perodo que nos importa, no hubo universidad alguna ni estudios superiores. Los colegios, cuyo acceso estaba limitado por razones de ndole econmica como tambin por las exigencias de pureza de sangre, constituan casi los nicos centros culturales. Se concurra a los mismos tanto por prestigio como por ser en la prctica el nico medio que permitira ms adelante completar los estudios. en la Metrpoli y as incorporarse ala burocracia y administracin del Imperio; lo que no dejaba de ser una forma de desarraigo. Este rezago quiz pueda ejemplificarse diciendo que la imprenta llega al Brasil en 1808, casi tres siglos despus de instalada la mexicana. Un anlisis de la Universidad hispanoamericana del perodo que nos interesa mal podra desatender los grandes cambios

31

a los que antes solo se aludi de paso; o para decirlo con palabras de Arturo Andrs Roig, quien si bien se refiere al Ecuador especficamente, hace un planteamiento sagaz y abarcador que consideramos generalizable: "... la crisis de la primera Universidad colonial y la aparicin de un nuevo tipo de universidades enmarcado dentro de las transformaciones econmicas y sociales que se experimentaron en la segunda mitad del siglo XVIII. De aquella Universidad, en la que tuvieron un papel preponderante las rdenes religiosas, entregadas al aspecto misional de la conquista y colonizacin -entre las que jug un papel ciertamente singular la Compaa de Jess-, se dio el paso hacia la Universidad haciendaria (proceso en el que tuvo que ver tambin la misma Compaa). El hecho se relaciona con la decadencia del sistema de encomiendas y el fortalecimiento y extensin del sistema de haciendas; en particular, en la region ecuatoriana andina. De una Universidad plenamente confesional y fuertemente eclesistica se dara el paso hacia una Universidad estatal que abrira las puertas a un moderado proceso de secularizacin. El fenmeno se produjo en la veintena de aos que van de 1767 a 1787, desde la expulsin de los jesuitas -hecho que hizo entrar en abierta decadencia a la Universidad de San Gregorio, clausurada de modo definitivo en 1776-hasta la estatizacin de la Universidad de los dominicos, la de Santo Toms, convertida en 1787 en universidad rea.l40. Desde luego que para un examen prolijo deberan sumarse a esta fundada exposicin otros elementos, como recuerda el
40

Arturo Andrs Roig, El humanismo ecuatoriano de la segunda mitad del siglo XVII (Qito: Banco Central del Ecuador, Corporacin Editora Nacional, 1984), t. II, pg. 36-36. Coincide este criterio con el expuesto por Jos Medina Echavarra, el ilustre socilogo espaol cuya fecunda labor aquende el Ocano dej huellas perdurables a travs de su influyente reflexin vertebrada sobre los problemas del desarrollo y la educacin.

32

mismo Roig, es decir, el ahondamiento de las rivalidades entre criollos y espaoles, el mestizaje, el creciente abismo entre campo y ciudad, las transformaciones de los sectores artesanales urbanos, etctera41; factores condicionantes del nuevo humanismo ilustrado que este autor caracteriza como antipopular y aristocratizante (inflexin que expresa, entre otros datos, la desaparicin en la Universidad pblica de Santo Toms de la ctedra de quechua). Ahora bien, as como antes sealamos el agotamiento de la Universidad como institucin y las respuestas que dio (o busc) la sociedad fuera de los claustros e insistimos sobre el papel de las ideas ilustradas-y acabamos de indicar muy someramente algunos de los cambios que registraban en las colonias-, creemos preferible al estudio pormenorizado de dichas casas de altos estudios destacar ahora determinados aspectos a nuestro juicio reveladores. (Recordemos que sobre el tema disponemos de estudios panormicos, como el de Agueda Mara Rodrguez Cruz, o parciales, como los de John T. Lanning, Ildefonso Leal, etctera.) As, solicitudes de ereccin de universidades (para conocer los argumentos esgrimidos), propuestas de modificacin de estructuras anquilosadas (por su contenido crtico y simultneamente las nuevas intenciones) o la bsqueda de algn indicador posible de sus procesos de modernizacin. Desde luego que nos vemos forzados a dejar de lado muchos otros problemas no menos importantes y atractivos, como la extraccin social de los estudiantes o las polmicas sobre los mtodos, para mencionar dos muy dismiles y tentadores. (Con respecto a la cuestin del mtodo restara por estudiar la influencia en Hispanoamrica de, entre otros autores, Luis Antonio Verney, el Barbadinho, que autoridades como Sarrailh consideran de tanta importancia en Portugal y en Espaa.)

41 Ibidem,

pg.

44.

33

Reclamos y frustraciones
La distribucin geogrfica de las universidades por el vasto territorio colonizado no responda ya, mediado el siglo XVIII, a las necesidades poblacionales. As, la poltica borbnica haba favorecido, entre otras cosas, un proceso de litoralizacin en el extremo sur del Imperio; la ereccin del nuevo Virreinato del Ro de la Plata lo corrobora. La situacin creada generara pedidos que elevaran corporaciones y autoridades. Tal es, por ejemplo, lo que ocurri en Buenos Aires, cuyo desarrollo suscitaba reclamaciones y pedidos siempre desatendidos. Dentro del actual territorio de la Repblica Argentina estaba, cierto es, la Universidad de Crdoba, pero los jvenes porteos optaban por ir a estudiar a Santiago de Chile, Charcas y an ms lejos, a Espaa, cuando trataban de orientarse hacia disciplinas ms modernas y tiles, hasta ms atractivas si se quiere. Juan Mara Gutirrez, uno de los rectores ms eminentes de la Universidad de Buenos Aires del siglo pasado e historiador de la misma, recogi en uno de sus libros capitales dos testimonios elocuentes de esos reclamos; nos referimos a los Informes del Cabildo Eclesistico (diciembre 5 de 1771) y del Cabildo Secular (diciembre 28 del mismo ao), donde se exponen los motivos que justifican sus demandas% As, le expresan al gobernador del Ro de la Plata qu destino debe darse, ajuicio de ellos, a las Temporalidades: el establecimiento de un Colegio y de una Universidad. Informan a las autoridades: ..- que muchos aos hace, suspira esta ciudad por un Colegio y una Universidad en que formen sus jvenes para
42 Juan Mara Gutirrez, Noticias histricas sobre cl origen y desarrollo de la enseanza pblica superior en Buenos Aires desde la poca de la cxtincin dc la Compaa dc Jess en cl ao 1767 hasta poco despus de fundada la Universidad en 1821, con notas, biografas, datos estadsticos, documentos curiosos inditos y poco conocidos, por-.. (Buenos Aires: Imprenta El Siglo, 1868), pg. 350.

34

el servicio til de la Iglesia y del Estado. Su numerosa y populosa extensin en el estado que hoy tiene no cede a ninguna de esta Amrica Meridional; al ver que muchas le son del todo inferiores gozaban ya de tan propicio beneficio y decoroso blasn, le produca una especie de sensible emulacin que le haca insoportable sus penas. Pues no solo la ciudad de Lima, sino tambin las de Quito, el Cuzco, Chile, Chuquisaca y Crdoba tienen Universidades, con varios colegios cada una, donde sin necesidad de que sus hijos abandonen su pas, logran la instruccin de las ciencias a que los adaptan sus talentos con los grados que coronan sus trabajos. Y slo de Buenos Aires se ha visto y an se ve con mengua de su mayor grandeza, hecha la excepcin de una regla tan general, sin tener siquiera un seminario conciliar de que ninguna carece en estos Reinos. El perjuicio que de aqu ha resultado es demasiado visible para que lo deje de comprender la perspicacia de V. E. Este pas, en la opinin de sus mayores mulos, es por extremo fecundo en sobresalientes ingenios, pero son innumerables los que se han malogrado por no tener medios con que conducirse a la ciudad de Crdoba y subsistir el tiempo necesario para vencer los cursos de filosofa y teologa que slo ensea aquella Universidad. Aun de los que podan llegar hasta Crdoba, eran muy pocos los que pasaban a los Reinos del Per o Chile para actuarse en la Jurisprudencia civil y cannica, y los progresos rpidos que stos hacan en una ciencia tan proficua a la Iglesia y al Estado demostraban el dao que sufra esta ciudad en los muchos que por falta de medios no podan seguir la carrera de estos estudios. Hasta aqu, la consideracin de no tener los fondos competentes para una obra tan til y necesaria le ha mitigado de algn modo el dolor de la privacin. Pero hoy que la Providencia le proporciona no solo los ms oportunos medios para el logro ms pronto de sus deseos, sino que le presenta en V.S. un superior y padre que haciendo valer el celo con que se interesa en su mayor bien, puede fcilmente

35

perfeccionar tan soberanos designios, sera mas insoportable que nunca su pena si por algn fatal accidente dejaran de tener efecto sus votos, despus que tuvo la gloria de ser como la alma que dio a todas estas provincias el movimiento para el feliz acierto de la expulsin de los Jesuitas y ocupacin de sus temporalidades.... Y por su parte, el Informe del Cabildo Secular no es menos elocuente: "... Y a la verdad que no se lograra el fin primario de nuestro monarca de instruir y honrar a los naturales si efectivamente no se plantease el nico medio de conseguirlo que es la ereccin de una pblica Universidad en esta muy fiel ciudad, pues en este reino son eternos monumentos de la soberana propensin las de Lima, Cuzco, Chile y Chuquisaca y Crdoba; las cuatro primeras, sumamente distantes, imposibilitan la enseanza de los patricios montevideanos, paraguayos, correntinos y santafesinos; que las ciencias, como las aguas, se alteran y corrompen a proporcin que se apartan de su fuente y origen43. Estn, por tanto, los costos de viaje, que muchas veces ni siquiera parecen justificarse, habida cuenta del estado de abandono de la Universidad de Crdoba. No corresponde reproducir ms extensamente los significativos documentos, donde a las crticas de la situacin heredada se suman propuestas reveladoras de las nacientes necesidades, que se expresan a travs de las nuevas inquietudes manifestadas por los miembros de ambos Cabildos; pero s es sugestivo reiterar el argumento all esgrimido: si hasta entonces, de algn modo, poda aducirse la falta de universidad por la escasez de recursos para dotarla, cuando estos aparecen (evidentemente son los de procedencia jesutica), trnase inaceptable dicha situacin, ms an cuando la region

43 Ibdem, pg. 388.

36

se ha poblado, enriquecido y necesita Ya instruccin de la ciencia.

La enseanza de la medicina como indicador de la renouacin de los estudios superiores


La Real y Pontificia Universidad instalada en Caracas se inaugur solemnemente el l de agosto de 1725; su primer estatuto ser de dos anos mas tarde. Pero de todos modos, la aparicin de los estudios mdicos es bastante posterior a la creacin de la Universidad. El ejercicio dela profesin hipocrtica estaba a cargo de los pocos facultativos europeos que llegaban a Caracas y se decidan por permanecer en un medio donde deban competir con curanderos muchasveces acreditados. Tres gestiones, por lo menos, se registraron en favor de la creacin de una ctedra de medicina (1727,1738 y 1740). En esta ciudad -claman las autoridades-y justamente en todo el resto de la Provincia no hay otro mdico revalidado que el dicho doctor Carlos Alfonzo y Barrios,.. [La falta de esos estudios permite que se hayan] aplicado a usar de dicha facultad diversos mulatos y algunos extranjeros sin ms ciencia ni examen que el decidir si saben; siendo esto contra la docencia y profundidad de la facultad mdica 44. La escasez de galenos abre las puertas de la profesin a mulatos y extranjeros sin titulo ni experiencia; por otro lado, se arguye que tal estado de cosas desalienta a los jvenes blancos (est en juego lo que hoy llamaramos prestigio social y profesional) y como corolario, se reivindican privilegios para las personas decentes. Pero el Consejo de Indias hace odos sordos a todos los pedidos. Solo con la presencia del doctor Lorenzo Campins y Ballester comienza a cambiar el panorama. Solicita este a la
44 Ildefonso Leal, Historia de la Universidad de Caracas, 1721-1827(Caracas: Universidad Central de Venezuela, 1963).

37

Universidad la apertura de la Ctedra de Medicina (12 de abril de 1763), que ser inaugurada el 10 de octubre del mismo alio. Sin entrar en demasiados detalles, digamos que pocos paises pueden, como Venezuela, y a travs de un solo hombre, expresar el paso de la antigua universidad colonial a la moderna, de la aneja enseanza de la medicina ala nueva, del espritu tradicional a las concepciones cientficas y humansticas ms avanzadas. Aludimos a Jos Mara Vargas, galeno ejemplar y lector de Rousseau, quien llego a ser presidente de la Repblica; su vida paradigmtica constituye un eje en torno al cual se produjo una verdadera revolucin en los estudios superiores de su pas. En 1752, el Rey de Espaa autoriza la creacin de un curso de anatoma en Lima; importaba la innovacin porque todava se estaba en los tiempos de las disertaciones literarias, en latn, sobre los mejores mtodos de curacin, y el juicio privilegiaba la retrica sobre la experiencia. Los estudios mdicos de carcter moderno y cientfico se vinculan en el Per a la brillante figura de Jos Hiplito Unnue, el "verdadero padre de la medicina peruana, quien lleg a desempear las mas altas funciones gubernamentales luego de la emancipacin; esta circunstancia establece entre Vargas y Unnue un significativo paralelo. Tambin hombre de la Ilustracin, Unnue, quien a su vez fue en su momento Protomdico, solicito y obtuvo del Virrey la fundacin de un establecimiento de enseanza: el Colegio de Medicina y Ciruga (llamado de San Fernando), establecido con donaciones de particulares, entre las cuales sobresale una de 6.000 pesos del Arzobispo, y la asignacin complementaria de recursos provenientes de cuatro corridas de toros. All comenzaron a dictarse matemtica, anatoma, medicina clnica, botnica, qumica y mineraloga. Las ciencias modernas desplazaban la filosofa escolstica.

38

Veamos algunas de las razones que impulsan el pedido: Yo no quiero repetir las vivas y penetrantes expresiones con que siente el estado calamitoso del Per y los grandes males que sufra por falta de mdicos, Fcil es verlas en la oracin de apertura del Anfiteatro. Pero quin no conoce que a excepcin de uno u otro facultativo que habita en las capitales, el resto de toda la Amrica Meridional es la presa de ignorantes, aventureros, charlatanes y pcaros, que se fingen Mdicos y Cirujanos para pasar la vida sin trabajo y sin encontrar el fomento de sus vicios? Causa dolor or las relaciones que sobre sus desaciertos hacen as personas de juicio que han vivido en las provincias. De Panam a Lima, casi no encontr la Real Expedicin de la Vacuna un cirujano mediocre que conservase el fluido salutfero. La raz de estos males es la falta de instruccin mdica. Teniendo la Teologa y la Jurisprudencia una multitud de Colegios, el Virreinato donde se ensenan no tiene uno solo de la Medicina. Las ctedras destinadas a este fin en la Universidad de San Marcos estn por varias causas sin ejercicio. Las ideas de Unnue evidentemente apuntan a una enseanza terica y prctica, insistiendo sobre la segunda, y a la urgencia de trabajar en un hospital y con enfermos, en vez de fatigar infolios latinos. Tambin sobre la enseanza de la medicina podran multiplicarse los ejemplos; pero parece innecesario hacerlo. Como una faceta complementaria digamos que es mexicana la primera revista mdica editada en el Nuevo Mundo; nos referimos al ya citado Mercurio Volante, cuyo nmero inicial es del 17 de octubre de 1772. Su director fue el inquieto y renovador doctor Jos Ignacio Bartolache, tres veces doctor (en leyes, medicina y teologa), quien, segn autorizados crticos, triunf en doce oposiciones paraobtener ctedras en la Universidad de Mxico.

39

Fue Bartolache un impugnador enrgico de la escolstica decadente y un propagandista elocuente de los nuevos conocimientos; sobre todo, de los modernos mtodos cientficos.

Crticas y propuestas
Un caso bastante fuera de lo comn es el de fray Jos Prez Calama, obispo de Quito y figura cuyo conocimiento pudimos profundizar gracias a datos y bibliografa facilitados por el estudioso argentino Arturo Andrs Roig, quien durante muchos aos desempeo en Ecuador una labor fecunda y renovadora. En respuesta al Auto de Buen Gobierno (9 de agosto de 1791), que hizo conocer el Presidente de la Real Audiencia de Quito, don Luis Muoz de Guzmn, el referido prelado hizo pblico a los pocos das (1 de setiembre de 1791) un significativo Edicto exhortatorio45, cuyas speras crticas a la enseanza tradicional universitaria -harto severas por momentos- se suman a una llamativa propuesta: Plan de Estudios de la Universidad de Santo Toms de Quito46, del 29 de setiembre del mismo ao. Jose Toribio Medina, por su parte, recuerda un "curioso oficio que el prelado dirigi al Rey con motivo de este edicto,,, donde podemos leer pasajes tan llamativos como este:

45 Edicto exhortatorio del Ilmo. Dr. D. Jos Prez Calama, Obispo de Quito, sobre la Ejecucin del Auto de Buen Gobierno Politico y Econmico, que en 9 de agosto mand publicar el M.I.S. Don Luis M U OZ de Guzmn, actual Presidente de esa Real Audiencia. Utilizamos el texto reproducido en Pensamiento universitario ecuatoriano, con estudio introductorio y seleccin del Dr. Hernn Malo Gonzlez, vol. XIV de la Biblioteca Bsica del Pensamiento Ecuatoriano (Quito: Banco Central del Ecuador, Corporacin Editora Nacional, sin fecha). 46 Su titulo completo es de suyo sugestivo: Plan slido, fcil y agradable de los Estudios y Ctedra que puede y conviene poner en ejercicio desde el prximo curso de 1791 a 1792 en la Real Universidad de Santo Toms de la Ciudad de Quito; en Pensamiento universitario ccuatoriano, pgs. 176-203.

40

La slida literatura eclesistica (y lo mismo sucede con la civil) tiene muy poco partido. Ambos seminarios de Quito estn a cual peor, y la Universidad est en las mantillas de papel de estraza. Ni tiene rentas ni tiene catedrticos, pero tiene pleito con los padres dominicos. No faltan aqu (como en todas partes) muchos acadmicos de la Universidad o pas de las monas... Semejantes acadmicos son, en la verdad, sabios a la violeta...47. Ambos documentos -aludimos al Edicto y al Plan-, exiguamente difundidos hoy, revelan de algn modo el radical cambio de actitud registrado en los aos inmediatos que siguen a los graves acontecimientos franceses. Por fortuna, y siempre a juicio del Obispo Prez Calama, la muy Ilustrada Poltica Gubernativa se vio favorecida por los libros que el mismo prelado trajo consigo: Coleccin bastante completa de los autores ms selectos en las tiles e importantes ciencias de Poltica Gubernativa y Economa Poltica, de las que por desgracia, muy digna de llorarse, nada se ensea en las universidades y colegios, ni de Espaa ni de Indias, a excepcin del muy ilustrado y moderno colegio que la Sabia Sociedad Bascongada ha establecido en Vergara y tambin en los Estudios Reales de San Isidro de Madrid48. Entre los libros de que dispone el Obispo, recordemos algunos pocos reveladores por su temtica renovadora tanto como por su importancia intrnseca: El Proyecto Econmico, de del Campillo; La Industria y Educacin Popular (probablemente se trate del Discurso sobre el fomento de la industria popular, hasta hace pocos aos atribuido al conde de Campomanes, u obra similar
47

por...

Jos Toribio Medina, La imprenta en Quito (l760-1818): Notas bibliogrficas (Santiago de Chile: Imprenta Elzeviriana, 1904), pgs. 60-61.

48 Pensamiento universitario ecuatoriano, pg. 162.

41

entre las que ala sazn comenzaban a difundirse); Lecciones de Comercio, o Economa Civil, de Genovesi (sic); Ciencia de la Legislacion, de Filagiere (sic); Los Tomos de Memorias, que hasta el da han dado a luz la Sociedad Econmica de Madrid, la de Tudela, la Matriz Bascongada y otras sociedades de nuestra Espaa; y otros ttulos no menos sugestivos a los que deben aadirse, por supuesto, los convencionales y esperables. Menciona adems a "dos sabios Autores del Mercurio Peruano y el papel Peridico de Santa Fe de Bogot, que en el presente ao ha comenzado a salir a la luz" 49. En este Edictillo, como l0 denomina su propio autor, l mismo se pregunta: Qu cosa es Poltica Gubernativa y Economa Cientfica? Su respuesta asegura que desatender estas disciplinas tan tiles contribuye a la declinacin de los estudios que llevan a conocer las verdaderas causas de la decadencia poltica y mercantil de esta vuestra muy amada patria y los remedios convenientes para que resucite,,. En el aludido Plan de Estudios,,, rescata la importancia que para todas las disciplinas tienen las de carcter histrico (sin nociones historicas, sern muy Tuertos y muy Cojos); indica metodos adoptados (sigue al Barbadinho, entre otros, y a mi Santo Toms; pues en algunas partes trato el Santo del verda50 dero y legtimo mtodo de adquirir la verdad cientifica) . Prontamente su exhortacin a la juventud,, remonta vuelo: Mis queridos y muy ingeniosos jvenes Quiteos: Os engaaris, y Yo sera muy responsable de vuestro engao, si pensais ser verdaderos sabios siguiendo el mal mtodo de
49

Ibidem, pg. 165. El Obispo Prez Calama aparece mencionado varias veces en el Mercurio Peruano, que reproduce algunos de sus escritos. As, en el N112, del 29 de enero de 1792, un Discurso como Director de la Nueva Sociedad Econmica, donde opina sobre agricultura, artes, ciencias, comercio maritimo, laboreo de las minas, etcetera.
50

Pensamiento universitario ecuatoriano, pg. 196. Destacado en el original.

42

estudiar que hasta aqu se ha observado. Desde el primer instante, en que fui nombrado vuestro Obispo y Maestro, no he pensado en otra cosa con mayor atencin y preferencia que en preservaros de la lepra, que a m me cubri en Salamanca,,. Hasta entonces, los tiempos no haban sido propicios -insina- para alentar reformas; ahora, en cambio, parecen ms favorables: ... Aqu, adverta ignorancia muy densa. All, preocupacin envejecida. Aqu, partido de litigio. All, otro ejrcito de contraposicin. En una palabra, form dictamen de que poda esperar tiempo ms bonancible. Mucha guerra me ha hecho el comn enemigo para hablaros y franquearos a manos llenas los arbitrios y Libros medicinales que desde luego encargu para vuestra salud y sanidad" 51. La actitud del Obispo encuentra eco rpidamente; lo corrobora, por ejemplo, el Agradecimiento de los jvenes estudiantes quiteos al Presidente de la Real Audiencia, Sr. Luis Muoz de Guzmn, 12 de octubre de 1791, donde podemos leer:

Todos los Jovenes Quiteos nos hallbamos con el descrdito y sambenito de que aunque en Filosofa, Teologa y Jurisprudencia, posetamos algunas luces, ramos muy cortos y escasos en las noticias Politicas, en las Histricas y en las otras Ciencias Naturales que contribuyen al mayor cultivo de los entendimientos y a la verdadera utilidad de la 52 Patria..."
Pero vayamos alo esencial; en el Plan de Estudios, elaborado por Prez Calama, al mencionar las ctedras, leemos:
51

Ibidem, pg. 198. Ibidem, pg. 207. Destacado en el original

52

43

La de Poltica personal y Gubernativa y Economa publica ha de ser de once a doce... A esta Ctedra tan importante (en la que tambin se ha de ensear el Comercio Cientifico por las Lecciones de Genovesi) han de asistir no solamente los Telogos y Juristas jvenes, sino que se ha de dar permiso para que asistan todos los Ciudadanos que quieran, sean Jvenes o sean Ancianos, pues todos aprenderan mucho. Y tambin se les ha de permitir que vayan en cualquier traje y que en el Aula no haya distincin de asientos. Esta Ctedra, en el modo expresado, viene a ser principio o ensayo para la Sociedad Econmica de Amigos del Pais. Ya se dir al Catedrtico el verdadero mtodo con que debe manejarse 53. Desde luego (aunque tampoco cabe hacerlo aqu), revestira interes sobresaliente un cotejo entre el espritu y la realidad de otras universidades tambin quiteas, como la de San Gregorio Magno (orientada por los jesuitas y clausurada por Real Cdula del 9 de julio de 1769, con motivo de la expulsin de la Compaia), la de San Fulgencio (agustina y extinguida por Real Cdula de Carlos III del 25 de agosto de 1786), la de Santo Tomas (dominica, reorganizada a su vez por Real Cdula del 4 de abril de 1786), a cuya modificacin hizo las mencionadas contribuciones el Obispo Prez Calama. Su propuesta la convierte en una nueva universidad pblica y trata de vincularla, como acabamos de ver, a una Sociedad Econmica, es decir, abre sus ventanas a la realidad; intenta alcanzar dichos objetivos renovando los planes de estudio, los mtodos y, sobre todo, modificando la extraccin de los cursantes (amn de expresar otros objetivos). Fuera de lugar estara profundizar aqu los alcances delas ideas del Obispo Prez Calama, pues correramos el riesgo de alterar la estructura lgica de este trabajo; y por idnticas

53

Ibidem, pag. 186.

razones pasaremos por alto La oposicin a la Ilustracin en Quito, que estudia John Tate Lanninga 54 Quiz fuese til, adems de historiar con criterios institucionales las universidades latinoamericanas de la segunda mitad del siglo XVIII, recordar propuestas generadas aqu, en Amrica, como el Proyecto para la ereccin en la ciudad de Santa Fe de Bogot de una Universidad de Estudios Generales, presentado a la Junta General de Aplicaciones por el doctor don Francisco Antonio Moreno y Escandn, Fiscal Protector de Indios, de la Real Audiencia del Nuevo Reino de Granada (Bogot, 1768), revelador de la actitud de los ilustrados inmediata a la expulsin de los jesuitas, es decir, dos dcadas antes de los escritos del obispo quiteo.

Consideraciones finales
Muchos otros aspectos podran sealarse acerca de la influencia, directa o indirecta, que tuvo la Ilustracin en Amrica Latina sobre la enseanza superior impartida en las universidades y fuera de ellas. Pero las diferencias -existentes entre las diseminadas casas de altos estudios, donde habra que ponderar la diversa y contradictoriagravitacin de elementos tan dismiles como el peso de la tradicin y los requerimientos sociales, obligaran a un estudio harto minucioso y extenso. Por consiguiente, y llegados a este punto, parecera prudente ya efectuar una recapitulacin de los ms significativos. As pues, digamos que las corrientes ilustradas (recibidas en forma directa o indirecta) se propagaron en Hispanoamrica con retraso; y esta asincrona es explicable tanto por la censura y por las diversas trabas impuestas a la propagacin de las novedades como por la debilidad de los grupos sociales que podan reivindicarla y
54

Revista Bimestre Cubana, vol. LIII, N3 (mayo-junio de 1944): pgs. 224241.

45

hacerla suya (esta circunstancia afecta tambin al ritmo de propagacin). Por otro lado, la expulsin de la Compaa de Jess de los territorios coloniales espaoles y lusitanos -verdadero baluarte de la ortodoxia- fragmenta las fuentes de aprendizaje, como escribe Nelson Werneck Sodr; y esto en cierto modo posibilita que se intensifique la velocidad de la onda propagadora de las nuevas ideas. Se apropian de este pensamiento los nacientes grupos de la estrecha y dbil burguesa urbana y ciertos estratos de la administracin, cuyas aspiraciones trascienden las de las corrientes tradicionales, y se plantean objetivos en funcin de otras necesidades y valores que aunque borrosamente al comienzo, ya se perfilan en forma sostenida. Los hijos de dichos sectores sociales u ocupacionales, de uno a otro extremo, mustranse insatisfechos por la enseanza impartida, por su sentido ornamental inscrito en una cosmovisin arcaica y poco funcional, por tanto, y por la estructura de las carreras universitarias predominantes; todo esto contribuye a identificarlos cada vez mas con las corrientes antitradicionalistas. Ademas, redoblan los reclamos en favor de modificaciones en la organizacin y espritu de los planes de estudio, persiguen el aditamento de nuevas carreras (derecho, sobre todo, y en menor escala, medicina, que aparentan brindar horizontes profesionales ms satisfactorios y ser ms atractivas para las nuevas clases en ascenso), etctera. Y en las ciudades que se desarrollan tardamente, como Caracas o Buenos Aires, arrecian los reclamos por la instalacin de nuevas universidades, los que sern cumplimentados, como en la primera ciudad mencionada, o postergados hasta despus de la emancipacin, como ocurri en la segunda. Es fcil comprender por qu las filosofas implcitas y la poltica educativa oficial de las metrpolis eran puestas en duda y criticadas con vehemencia creciente; las nuevas condiciones planteaban requerimientos que mal podan satisfacer las estructuras existentes. Apuntan, por tanto, a lograrlo de alguna manera fuera del sistema; todo esto esclarece las creaciones de

46

diversas e importantes instituciones que bajo el patrocinio o la inspiracin de las Sociedades de Amigos del Pas o de los Consulados, se multiplicaron por doquier. La medicina o el derecho desempeaban hasta entonces un papel secundario en los planes de estudio, o eran de creacin tarda. La autonomizacin creciente de las distintas regiones, con los desarrollos de economas cada vez ms diferenciadas, reclama cuadros para funciones como las que requieren actividades comerciales y administrativas ms complejas; de todos modos, la estructura productiva an no exige un nmero importante de profesionales calificados. En suma, con los nuevos fermentos y estmulos que difunde la Ilustracin, la enseanza va perdiendo su mencionado carcter ornamental, adjetivo, y de algn modo tambin marginal a las necesidades, para adoptar a partir de entonces caractersticas distintivas, en el sentido de prestar mayor atencin a las actividades tiles y alas artes mecnicas; aunque esto ltimo, insistimos, casi siempre fuera del sistema. Completa el significado del aporte de la Ilustracin en materia de enseanza superior el esfuerzo realizado en diversas universidades para sustituir el latn por el espaol; pero sobre todo, es reveladora la creciente presin de los grupos tnicos relegados (mestizos, indios, pardos) contra una rancia legislacin que pretenda conservar la pureza de sangre como factor diferenciador y conservador de las prerrogativas de los blancos. Para finalizar, digamos que las ideas inicialmente modernizadoras de la Ilustracin se transformarn, al injertarse en la realidad hispanoamericana, en uno de los factores decisivos que permitieron, primero, la crtica de las instituciones y los valores de la sociedad dependiente, caracterizada por una cultura impuesta, y luego contribuyeron ala emancipacin poltica y a estimular una paulatina secularizacin de la educacin superior. Simultneamente, se harn cada vez ms numerosos los grupos sociales que tendrn acceso a los claustros y disminuirn las trabas impuestas por las discriminaciones; es decir, que el

47

horizonte ser cada vez ms amplio, socialmente hablando, y cada vez ms prctico e instrumental, desde el punto de vista de los fines atribuidos a la educacin. Pero las guerras de la emancipacin y las civiles que las siguieron dislocaron todo el renovado sistema educativo. Superadas las crisis, la Ilustracin reaparecer como ingrediente de las nuevas corrientes liberales, volver a hacerse presente luego de las guerras independentistas, cuando otra vez se recurra a la educacin consideradacomo una de las herramientas esenciales para el logro de las transformaciones entrevistas. Mas en las cambiadas circunstancias, esta misma educacin adquirir otro carcter y mucho se habr modificado ya la extraccin de los estudiantes. Diverso ser el contenido y muy diferentes las expectativas.

Bibliografa sumaria
aqui las obras de indole general sobre la Ilustracion (P. Hazard, E. Cassirer, L. G. Crooker, R. R. Palnter, etcetera); tampoco lo hacemos con autores espaoles corno Cabarrs, Campomanes, Feijoo, Jovellanos, etctera, o extranjeros corno Condillac, Rousseau, Voltaire, A. von Humboldt, etcetera. Salvo excepciones justificadas, excluimos las historias nacionales, las de universidades singulares o las de los viajeros y periodicos debidamente citados en el texto.

Advertencia: Para evitar reiteraciones innecesarias, no recordaremos

Ajo Gonzalez de Rapariegos y Sainz de Ziga, Cndido M. Historia de las universidades hispnicas: Origenes y desarrollo desde su aparicion a nuestros dias. ll volmenes. Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Cientficas, 1957-1979. [Obra totalmente superada, con un apndice documental rescatable, en particular en el volumen IV, Perodo de los primeros Borbones, paginas Ardao, Arturo. La filosofia polernica de Feijoo. Buenos Aires: Losada, 1962.
162-605.1

48

-. Feijoo, fundador de la filosofa de lengua espaola. En Filosofia de lengua espaola. Montevideo: Alfa, 1963. Astuto, Philip L. Eugenio Espejo (1747-l 795): Reformador ecuatoriano de la Ilustracin. Mxico: Fondo de Cultura Econmica, 1969. Batllori, Miguel. La cultura hispano-italiana de los jesuitas expulsos. Madrid: Gredos, 1966. Belgrano, Manuel. Escritos econmicos. Introduccin de Gregorio Weinberg. Buenos Aires: Raigal, 1954. Caballero, Jos G Philosophia electiva. 1797. Reimpresin, edicin de Jenaro Astiles, Francisco Gonzlez del Valley Roberto Agramonte, La Habana: Universidad de La Habana, 1944. Chiaramonte, Jos C., comp. Pensamiento de la. Ilustracin: Economia y sociedad iberoamericanas en el siglo XVIII. Compilacin, prlogo, notas y cronologa de... Biblioteca Ayacucho 51. Caracas: Biblioteca Ayacucho, 1970. Defourneaux, Marcelin. Pablo de Olavide ou LAfrancesado (17251803). Pars: Presses Universitaires de France, 1959. Daz de Gamarra y Dvalos, Juan B. Tratados. Traduccin, edicin y notas de Jos Gaos. Mxico: Universidad Nacional Autnoma, 1947. -. Maximas de educacion, Academias de filosofia y Academias de geometria. Edicin facsimilar, Zamora (Mxico): El Colegio de Michoacn, 1983. Espejo, Eugenio de Santa Cruz y. Obra educativa. Edicin, prlogo, notas y cronologa de Philip L. Astuto. Biblioteca Ayacucho 89. Caracas: Biblioteca Ayacucho, 1981. Garca Regueiro, Ovidio. Ilustracin e intereses estamentales; la versin de la Historia de Raynal. En Homenajea Noel Salomon: Ilustracin espaola e independencia de Amrica. Barcelona: Universidad Autnoma de Barcelona, 1979. Gil Novales, Alberto. Del antiguo al nuevo regimen en Espaa. Caracas: Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia [de Venezuela], 1981. -. comp. Homenaje a Nol Salomon: Ilustracin espaola e independencia de Amrica. Barcelona: Universidad Autnoma de Barcelona, 1979. Gonzalbo Aizpuru, Pilar. Las mujeres en la Nueva Espaa: Educacin y vida cotidiana. Mxico: El Colegio de Mxico, 1987. Gonzalez, Julio C. Don Flix de Asara: Apuntes bio-bibliogrficos. Buenos Aires: Bajel, 1943.

49

Gutirrez, Juan M. Noticias histricas sobre el origen y desarrollo de la enseanza publica superior en Buenos Aires desde la poca de la extincin de la compaia de Jess en el ao 1767 hasta poco despues de fundada la Universidad en 1821, con notas, biografias, datos estadsticos, documentos curiosos ineditos y poco conocidos, por... Buenos Aires: Imprenta El Siglo, 1868. Herr, Richard. The Eighteenfh Century Revolution in Spain. Princeton: Princeton University Press, 1958. [Hay una versin espaola: Espaa y la revolucion del siglo XVIII. Traduccin de Elena Fernandez Mel. Madrid: Aguilar, 1964.] Insa Rodrguez, Ramn. Historia de la flosofia en Hispanoamerica. Guayaquil: Universidad de Guayaquil, 1945. Jobet, Julio C. Doctrina y praxis de los educadores representativos chilenos. Santiago de Chile: Andrs Bello, 1970. Juan, Jorge y Antonio de Ulloa. Relacin historica del viaje a la Amrica Meridional, h-echo de orden de Su Mag. para medir algunosgrados de meridiano terrestre y venir por ellos en conocimiento de la verdadera Figura y Magnitud de la Tierra, con otras varias observaciones Astronmicas y Phisicas... Impressa de orden del Rey Nuestro Seor, en Madrid, por Antonio Marn. 1748. Edicin facsimilar, Madrid: Fundacin Universitaria Espaola, 1978. -. Noticias secretas de Amrica. Reimpresin, con una introduccin de Gregorio Weinberg, Buenos Aires: Mar Ocano, 1953. Kempff Mercado, Manfredo. Historia de la filosofa en Latinoamerica. Santiago de Chile: Zig-Zag, 1958. Lanning, John T. La oposicin a la Ilustracin en Quito. Revista Bimestre Cubana, vol. LIII, N3 (mayo-junio de 1944): pgs. 224241. -. The Eighteenth. Century Enlightenment in the University of San Carlos de Guatemala. Ithaca: Cornell University Press, 1956. Leal, Ildefonso. Historia de la Universidad de Caracas, 1721-1827. Caracas: Universidad Central de Venezuela, 1963. - 7 comp. Documentos para la historia de la educacin en Venezuela (Epoca colonial). Introduccin y estudio preliminar de Ildefonso Leal. Caracas: Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia [de Venezuela], 1968. Lewin, Boleslao. Rousseau y la independencia argentina y americana. Buenos Aires, 1967.

50

Malo Gonzlez, Hernn, comp. Pensamiento universitario ecuatoriano. Estudio introductorio y seleccin de Hernn Malo G. Biblioteca Bsica del Pensamiento Ecuatoriano 14. Quito: Banco Central de Ecuador, Corporacin Editora Nacional, sin fecha. Medina, Jos T. La imprenta en Quito (1760-1818): Notas bibliograficas por... Santiago de Chile: Imprenta Elzeviriana, 1904. Melndez, Carlos. La Ilustracin en el Antiguo Reino de Guatemala. 2ed. San Jos de Costa Rica: Educa, 1974. Mndez Plantarte, Gabriel, comp. Humanistas del siglo XVIII. Mxico, 1941. Ministerio de Educacin de Espaa. Historia de la educacion en Espaa: Textos y documentos. Madrid: Secretara General Tcnica del Ministerio de Educacin, 1979. [En especial, el tomo 1: Del despotismo ilustrado a las Cortes de Cdiz.] Navarro, Bernab. La introduccin de la filosofa moderna en Mxico. Mxico: El Colegio de Mxico, 1948. Palacios Atard, Vicente. Los espaoles de la Ilustracin. Madrid: Guadarrama, 1964. Paladines, Carlos, comp. Pensamiento ilustrado ecuatoriano. Estudio introductorio y seleccin de Carlos Paladines. Biblioteca Bsica del Pensamiento Ecuatoriano 9. Quito: Banco Central del Ecuador, Corporacin Editora Nacional, 1981. Paim, Antnio, comp. O nascimento da moderna pedagogia: Verney. Introduccin de Antonio Paim. Ro de Janeiro: Pontificia Universidade Catlica, Rio-Conselho Federal de Cultura, Editora Documentario, 1979. [Contiene varios ensayos importantes.] Prez Calama, Jos. Edicto exhortatorio del Ilmo. Dr. D. Jos Prez Calama, Obispo de Quito, sobre la Ejecucin del Auto de Buen Gobierno Poltico y Econmico, que en 9 de agosto mand publicar el M.I.S. Don Luis Muoz de Guzmn, actual Presidente de esa Rea.1 Audiencia. 1791. Reproducido en Pensamiento universitario ecuatoriano; con estudio introductorio y seleccin de Hernn Malo Gonzlez. Biblioteca Bsica del Pensamiento Ecuatoriano 14. Quito: Banco Central del Ecuador, Corporacin Editora Nacional, sin fecha. Prez-Marchand, Monelisa L. Dos etapas ideolgicas del sigloXVIII en Mxico a travs de los papeles de la Inquisicin. Mxico: El Colegio de Mxico, 1945. Quiroz-Martnez, Olga. La introduccion de la. filosofia. moderna en Espaa. Mxico: El Colegio de Mxico, 1949.

51

Rodrguez Cruz O. P., Agueda RI. Historia de las universidades hispanoamericanas: Periodo hispnico. 2 tomos. Bogot: Patronato Colombiano de Artes y Ciencias, Instituto Caro y Cuervo, 1973. Roig, Arturo A. El humanismo ecuatoriano de la segunda mitad del siglo XVIII. 2 tomos. Biblioteca Bsica del Pensamiento Ecuatoriano 18 y 19. Quito: Banco Central del Ecuador, Corporacin Editora Nacional, 1984. Sarrailh, Jean. LEspagne clairee de la seconde moitie du XVIIIc siecle. Pars: Klincksieck, 1954. [Hay una versin espaola: La Espaa ilustrada de la segunda mitad del sigloXVIII. Traduccin de Antonio Alatorre. Mxico: Fondo de Cultura Econmica, 1957] Shafer, Robert J. The Economic Societies in the Spanish World, 17631821. Syracuse: Syracuse University Press, 1958. Spell, Jefferson R. Rousseau in, the Spanish World before 1933. Austin: The University of Texas Press, 1938. Steele, Arthur R. Flowers for the Kitrg: The Expedition of Ruiz and Pauon and the Flora of Peru. Durham: Duke University Press, 1964. [Hay versin espaola: Flores para el Rey: La expedicion de Ruiz y Pavon y la floro del Per. Traduccin de Antonio M. Regueiro. Barcelona: Ediciones del Serbal, 1982.] Steger, Hans A. Las universidades en el desarrollo social de America Latina. Traduccin de Ernesto Garzn Valdez. Mxico: Fondo de Cultura Econmica, 1974. Stoetzer, O. Carlos. El pensamiento poltico en America espaola durante el periodo de la emancipacin,, 1789-1825 (Las bases hispnicas y las corrientes europeas). 2 volmenes. Madrid: Instituto de Estudios Polticos, 1966. Tanck Estrada, Dorothy. La educacion ilustrada, 1786-1836. Mxico: El Colegio de Mxico, 1977. Tjarks, Germn O. E. El Consulado de Buenos Aires y sus proyecciones en la historia del Ro de la Plata. 2 tomos. Buenos Aires, 1962. Torre Revello, Jos. El libro, la imprenta y el periodismo en Amrica Latina durante la dominacin espaola. Buenos Aires: Facultad de Filosofa y Letras, 1940. Trabulse, Elas y colaboradores. Historia de la ciencia en Mexico: Estudios y textos. 6 volmnes. Mxico: CONACYT, Fondo de Cultura Econmica, 1985. [El tercer volumen de los seis que integran la obra se subtitula La ciencia mexicana en el Siglo de las Luces.]

52

Universidad Nacional Autnoma de Mxico. Presencia de Rousseau:A los 250 aos de su nacimiento y a los dos siglos de la aparicion del Emilio y El contrato social. Mxico: UNAM, 1962. Weinberg, Gregorio. Sobre el quehacer filosfico latinoamericano. Algunas consideraciones histricas y reflexiones actuales. Revista de la Universidad de Mxico, N6-7 (febrero-marzo de 1972). -. The Enlightenment and some aspects of culture and higher education in Spanish America. En Studies on Voltaire and the Eighteenth Century. Oxford: The Voltaire Foundation and The Taylor Institution, 1977. [Hay separata.] -. Modelos educativos en la historia de Amrica Latina. 4 e d . Buenos Aires: UNESCO-CEPAL-PNUD, A-Z Editora, 1995. Whitaker, Arthur P., comp. Latin America and the Enlightenment. 2 ed. Ithaca: Great Sea1 Books, 1961.

53

EL AGOTAMIENTO DE LA UNIVERSIDAD LATINOAMERICANA DEL SIGLO XVIII: PERDURACION Y VIGENCIADE ALGUNOS DE SUS PROBLEMAS

Trabajo publicado en Arturo Roig, Carlos Zubillaga y otros, Ensayos en homenaje al doctor Arturo Ardao (Montevideo, Uruguay: Departamento de Publicaciones de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educacin de la Universidad de la Repblica., 1995, 171-198).

Introduccin
Las Universidades, como tantas otras instituciones, solo podrn entenderse en aquello que tienen de permanente y de transitorio, si las referimos a su proceso histrico; fuera de la historia difcil ser comprender adecuadamente su gnesis, su funcin social o las asechanzas que muchas veces aparentaron desafiarlas. Ningn enfoque actualizado podr prescindir de estudiarlas en su animado desarrollo a travs del tiempo. En este breve ensayo abordaremos un aspecto, nos referimos al supuesto agotamiento de las Universidades durante un determinado perodo y en un preciso espacio geogrfico (siglo XVIII en Hispanoamrica), y cmo parte de sus funciones fueron ejercidas por diversas instituciones ajenas al sistema educativo superior; las ltimas llenaron las necesidades que aquellas en apariencia por lo menos no cumplieron. Y esto con el propsito de contribuir a esclarecer un importante fenmeno de la vida cultural cuyas caractersticas a nuestro juicio todava no fueron adecuadamente captadas, y ms an, que conservan llamativas semejanzas con otros momentos, el actual para decirlo categricamente, y sobre los cuales podra quizs arrojar luces esclarecedoras. Mas antes de penetrar de lleno al fondo mismo de las cuestiones suscitadas desearamos exponer ciertas reflexiones

57

previas, de ndole doctrinaria algunas y metodolgicas otras, las que probablemente favorezcan el mejor planteamiento del tema, sin que aqui pretendamos encontrarles respuestas a todas. En primer lugar debemos insistir en caracterizar la Universidad de que estamos hablando; aqu lo hacemos de la espaola trasplantada al Nuevo Mundo con sus tradiciones, objetivos, valores, constituciones, etctera, los que por otra parte no respondan a una tradicin autctona, con su consiguiente desarrollo y arraigo legitimador. La cosmovisin imperante no facilito el estrechamiento de los vnculos con el medio desde el punto de vista humano ni el reconocimiento de la originalidad de la Naturaleza; tampoco los requerimientos de la nueva estructura productiva y las necesidades que esta planteaba. Vale decir que, ante todo, correspondera abrir una suerte de parntesis y situar esta Universidad -sin antecedentes locales por lo menos en el sentido habitual del concepto tal cual lo utilizamos- con relacin a su contempornea europea y advertir la asincrona a la sazn existente entre ellas, y agravada a partir del alejamiento de Espaa de la modernidad. Complementando esto ltimo con la interrogante sobre si el siglo XVIII signific una continuidad o una franca ruptura con relacin a los siglos anteriores; o, dicho con otros trminos, hasta dnde el trnsito de una dinasta a otra implic un cambio profundo. Recordemos, siquiera de paso, que alguna vez Ortega y Gasset se lament de que Espaa no hubiese tenido su Siglo Ilustrado, circunstancia a la que atribuyo entonces serias y lejanas consecuencias. Ms todava si admitimos -como aqu lo manifestamos desde el ttulo mismo- el agotamiento de la institucin, o si se lo prefiere su debilitamiento, dada su evidente incapacidad de buscar respuestas a requerimientos y necesidades que los nuevos tiempos planteaban en materia de formacin humana y de expresiones originales, o por lo menos satisfactorias para el entendimiento de los datos de la realidad; en el fondo la pregunta debera plantearse en estos trminos: por qu razones no se reform o adapto, o si ello era inevitable que ocurriese as. Reparemos en que la Ilustracin ya comenzaba a impregnar todos los mecanis58

mos de elaboracin y transmisin culturales. Retornando ahora al punto de partida podramos inquirir si como institucin aquella Universidad (concebida dentro de y al servicio de una determinada cosmovisin), estaba en condiciones de repensarse a s misma, exigencia muy de nuestros das y -estimo- inaplicable para juzgar problemas de aquella poca. De uno u otro modo se estaba conformando una nueva sociedad, con caracteres de relacin originales e ininteligibles por solo sus antecedentes peninsulares; tambin la Naturaleza era muy otra e inabordable si se utilizaban como herramientas conceptuales las forjadas por los prestigiosos y anejos Plinio o Dioscrides, para mencionar apenas dos nombres tan mentados en las obras del siglo XVII y primera mitad del siguiente. Estamos aqu una vez ms frente a una cuestin que podramos reputar milenaria y casi inescapable: cmo aprehender una nueva realidad con categoras pretritas? Y durante el momento que estamos considerando aquellas mismas categoras mostrbanse empobrecidas por diversas razones, lo que plantea una situacin bastante crtica como era enfrentar un mundo tan desbordado, tan fuera de escala y magnitud, como el que ofreca Amrica para deslumbramiento europeo. Otro de los puntos que reclama respuesta consiste en analizar si la perduracin de los mismos estratos o, dicho de otro modo, si la exclusin por razones de pureza de sangre o marginacin por tantos otros motivos de los mestizos, negros, pardos, indios, etctera, no contribuy a acelerar el agotamiento o decadencia a que nos estamos refiriendo; pero tambin correspondera inquirir hasta dnde sera vlido aplicar al anlisis de dicho momento ideas como las esgrimidas para justificar muchos puntos de vista que estiman necesaria la democratizacin para el mejor aprovechamiento del potencial de calificaciones tericamente existente. En otros trminos: si las limitaciones no significaron un factor adicional de este empobrecimiento. Y decimos esto sin desconocer tampoco que las transgresiones a las normas no fueron escasas (Santa Cruz

59

y Espejo sera un ejemplo sobresaliente) y sobre los argumentos en defensa de los criterios restrictivos, aunque fueron vehementes, no estamos tan seguros de que hayan sido efectivos, por lo menos en el grado que se supone. Nuestra opinin al respecto es clara y queda bien definida por Carlos Fuentes: quien excluye empobrece; quien incluye enriquece. Nuestra Universidad debe seguir profundizando los procesos democratizadores. Entre los varios factores que asimismo podramos aducir como posibles causas explicadoras del rezago o agotamiento de aquella Universidad que estamos considerando, evocaramos la perduracin del latn como vehculo de enseanza, pero no sin demandarnos antes, como lo hace Daniel Cano, en el sentido de saber si en nuestra Amrica el latn desempeaba idntico papel que en aquel mismo momento cumpla en los claustros europeos; o desandando algo mas el camino parecera pertinente averiguar si el obstculo que significaba el pasaje del mundo oral al escrito no era todava ms grave que el sealado abismo entre la lengua clsica y la romance. Tampoco es este un problema acadmico: en algunas disciplinas el ingls hoy est desplazando nuestras lenguas; y se lo rodea de un prestigio equivalente al que tuvo entonces el latn. Un paper en ingls parece mas importante que otro escrito en espaol o portugus; tambin se lo aprecia como mas importante si aparece publicado en una revista inglesa o alemana. Al evaluar estamos actuando prejuiciosamente. Y dejamos de lado lo que afirman algunos: que la cultura de la imagen sustituira a la cultura del alfabeto. Como es evidente, llegados a este punto, tampoco podramos omitir los efectos directos e indirectos que tuvo la censura sobre la propagacin autorizada o tolerada de las novedades en materia de conocimientos y de mtodos, sin olvidar aqu que la palabra novedad segua conservando, en castellano, como lo recuerda M. Angeles Galino, el sentido de desgracia. Aunque, claro est, las ideas heterodoxas, con muy diferentes matices y en muy distintos planos, alcanzan relativa difusin entre las elites intelectuales como lo prueban, adems de significativas

60

publicaciones de la poca, los inventarios de bibliotecas o testamentaras que acuciosamente exhumaron o hicieron conocer distinguidos historiadores de uno a otro extremo de Amrica Latina. Hoy las cuestiones son muy otras -y lo decimos sin olvidar que la censura y el temor a las novedades suelen reaparecer bajo gobiernos autoritarios; hay formas sutiles y otras muy groseras, como aquella prohibicin de funcionarios militares argentinos de la matemtica moderna, en particular de la teora de los conjuntos considerada subversiva por dichos ridculos censores-. De manera muy indirecta, si se quiere, estamos reivindicando una vez ms la libertad de ctedra.

El problema en Europa
Suficientemente conocido y estudiado es el origen de las Universidades del Viejo Mundo como para insistir al respecto, pero estamos persuadidos de que importa sealar alguna nota sobre puntos relativamente desatendidos y que ataen al desarrollo de este trabajo. Recordemos asi aspectos de la trayectoria de algunas menos analizadas entre nosotros que las clsicas como la de Pars, nos referimos a las de Salerno y Bolonia, cuya instruccin avanzada les permiti bien pronto superar la fuerte dosis de profesionalismo inicial que las caracteriza (orientadas, como se recordar, una hacia la medicina y hacia el derecho la otra) para transformarse en centros cuyo espritu universitario irradi por siglos, y luego empobrecerse cuando volvieron a convertirse en aquello que haban superado. Es decir, llegan a ser verdaderas universidades cuando dejan de ser escuelas profesionales, especializadas, trayectoria que cambia de signo cuando aminoran su campo de accin cultural y educativa, y por consiguiente estrechan su horizonte. Sin detenernos demasiado en aquellas tempranas instituciones, incipientes como estructuras organizativas, subrayemos en ellas ciertas peculiaridades que las marcaron por siglos, as la circunstancia de que, como

61

gremios especializados que eran, se fuesen apartando cada vez ms de los restantes gremios de ndole claramente artesanal, de manera que se torn cada vez mas pronunciada la separacin entre teora y prctica, distanciamiento que se expresar en el antagonismo entre trabajo intelectual y manual, tan profundo y perdurable que por siglos lleg a ser considerado natural. Pero vayamos ms lejos; aunque rudimentarios, aportes hicieron los artesanos auna protociencia experimental, emprica, que mantuvo vnculos con ciertas esferas de la produccin de la cual se estaba alejando cada vez ms la Universidad. Adems, la profesionalizacin requerida por las necesidades educativas hizo de la docencia poco menos que un monopolio de los clrigos. (Y permtasenos aqu un parntesis: en Mxico, durante el siglo XVIII algunos aportes artesanales -sobre todo en materia de procedimientos vinculados a la metalurgia- enriquecieron el quehacer cientfico que bien poco tena que ver con el quehacer universitario.) Uno de los crticos ms radicales del siglo XVIII, Helvecio, escribi en De lhomme *La Sorbona, como la Iglesia, se considera infalible e inmutable; en qu consiste su inmutabilidad? En su confianza en contradecir toda idea nueva. Por otra parte siempre opuesta a s misma en todas sus decisiones, esta Sorbona protegi primero a Aristteles contra Descartes, excomulg a los cartesianos; ense despus el sistema de este, dando al mismo Descartes la autoridad de un Padre de la Iglesia; finalmente, adopt sus errores para combatir las verdades mas probadas. Mas, a qu atribuir tanta inconstancia en las opiniones de la Sorbona? A su ignorancia de los verdaderos principios de la ciencia. Pocas cosas seran ms curiosas que una recopilacin de esas contradicciones sucesivamente condenatorias de las tesis del abate de Prades, y las obras de los Rousseau y los Marmontel, etctera (citamos por sus Oeuures compltes, Pars, 1795, vol. IV, sec. X, cap. VI, nota al pie de la pg. 353).

62

Los juicios de este carcter no son escasos en la poca, pero poco aadiramos a nuestro propsito con multiplicar las referencias en idntico sentido; bstenos, pues, con el mencionado, de suyo elocuente. Ahora bien, para no abundar en mayores referencias bibliogrficas sobre estudios contemporneos nos remitimos a la veintena de importantes ensayos contenidos en el volumen Studies on Voltaire and the Eighteenth Century (Oxford, 1977), los que permiten formarse una idea de los trabajos sobre la materia, aunque su estructura lgica -casi todos los captulos versan sobre pases- conspira contra la comprensin de ciertos procesos e influencias que se desarrollan allende las fronteras nacionales y muchas veces tambin continentales. Hechas estas observaciones avancemos en el tiempo para confirmar que de algn modo las Universidades se desarrollaronentonces desatendiendo las voces renovadoras y los estmulos que procedan tanto del humanismo como de la incipiente ciencia experimental; ms an, pasaron a la defensiva, cristalizndose muchas veces en instituciones cuidadosamente reglamentadas, cuyo espritu estaba impregnado en exceso del principio de autoridad y cuya orientacin expresa el mtodo deductivo, que por momentos alcanz lo que un estudioso denomin delirio lgico,,. La insercin de Espaa en el mundo de la Contrarreforma la alej de las tendencias secularizadoras y tambin de algo que en el resto de Europa Occidental se advierte a partir de la Reforma: el papel creciente del Estado nacional en detrimento del de la Iglesia. Pues bien, esta situacin, sumada a las necesidades del desarrollo de la navegacin, del arte de la guerra, de las nuevas fuerzas productivas, constituye el caldo de cultivo donde surgirn las Academias, nuevas instituciones en cuyo seno se trataba de hallar respuestas a numerosos temas y problemas suscitados. Es decir que, de algn modo, podemos hablar de causas endgenas del agotamiento y tambin de otras exgenas; algunas de estas ltimas quedaron ya sealadas.

63

Si dejamos de lado la Accademia dei Lincei (1603-1630) y la del Cimento (1657-1667), ambas de vida efmera pero de influencia perdurable en el desarrollo del quehacer cientfico, quizs baste mencionar otras dos que s tuvieron una existencia prolongada; nos referimos a la Acadmie des Sciences (Pars, 1666) y la Royal Society (Londres, 1662), cuyas publicaciones Journal des Sauants y Philosophical Transactions hicieron poca y llegaron a influir en Amrica, sobre todo la primera. Y adems no deja de ser revelador el nuevo y enfrentado espritu que caracterizaba a los sabios de las academias y a los docentes universitarios, sus estrepitosas querellas y disputas, cuyo sentido ltimo podr entenderse, ms all de lo circunstancial, por sus actitudes encontradas y diferentes orientaciones; y, por supuesto, tambin diferan en sus objetivos. Durante esta etapa igualmente se verifica una indecisin entre el empleo del latn -lengua clsica, lastrada de prestigio y autoridad-y las lenguas modernas, que an deban legitimar su capacidad expresiva y su plasticidad para crear los abundantes neologismos que el uso requeria. Algunas curiosas estadsticas indican las relaciones entre los libros de filosofia y ciencia publicados en latn y alemn, por ejemplo, y cmo paulatinamente van predominando estos ltimos; en cambio dicha modificacin no se advierte en los correspondientes a teologa. Recurdese por otra parte que esta misma indecisin es comprobable en pensadores como Descartes y Bacon, curiosamente los padres de las dos vertientes de la modernidad: racionalista y empirista. Por supuesto que las Academias y otras instituciones a ellas asimilables optaron por las lenguas nacionales, proceso cuyo significado poltico y cultural mal podemos ahondar aqu. Pero no se trata solo del medio expresivo sino de algo tambin importante como son los nuevos mtodos que atienden ala observacin y la experimentacin, y marcaron una distancia creciente con respecto a la estructura de un pensamiento deductivo nada fcil de conciliar este ltimo con los datos

64

procedentes de las nuevas comprobaciones. Las ciencias naturales y la medicina se van convirtiendo gradualmente en el campo donde se enfrentan los razonadores a la antigua usanza y los observadores a la nueva, por decirlo de algn modo harto simplificador. Recordemos, asimismo, el proceso que llevar de la actividad individual, solitaria, a la paulatina institucionalizacin de la ciencia fuera de la Universidad, aunque la preocupacin por sus aplicaciones efectivas ser posterior. Recordemos tambin que durante el siglo XVIII el savant va siendo desplazado por el scientifique; es decir del sabio al cientfico, dato a nuestro juicio importante.

El problema en Espaa
Acabamos de observar que el problema del agotamiento de las Universidades comienza a manifestarse ya en Europa occidental a partir del siglo XVII -y quizs antes, segn cules sean los indicadores utilizados-, de manera que es incorrecto y simplificador referirlo a la sola experiencia hispnica, donde el proceso tuvo sus singularidades por cierto. La primera de estas, sin entrar a jerarquizar su importancia por ahora, sera el desfase con respecto a lo que sincrnicamente ocurra en los pases antes mencionados. Para aclarar este concepto bstenos algunos ejemplos; as, comparar el rezago en materia de enseanza de la fsica o de la medicina de los establecimientos universitarios espaoles con referencia a los de otras naciones como Inglaterra, Francia o Italia; yen un plano bien distinto, en el de las ideas ahora, recordemos que el padre Benito Jernimo Feijoo, contemporneo de la Ilustracin gala, en rigor no lo es puesto que, desde el punto de vista de la historia del pensamiento debera ser considerado como retaguardia del pensamiento moderno, mas de todos modos, y con especial referencia al tempo intelectual de la Pennsula, constituye un adelantado; fue un padre de la Ilustracin, dice Arturo Ardao, pero no un ilustrado. Y como ocurre con tantos otros hombres de transicin fue

65

considerado muy atrevido por los tradicionalistas y demasiado tmido por los innovadores. De todos modos, insistimos, los elementos de juicio que pueden escogerse para caracterizar qu ocurra en otras latitudes europeas y la ndole insatisfactoria o poco eficaz de las respuestas all acometidas por la Universidad como institucin se reprodujeron en Espaa y muchas veces agravadas. La bibliografa sobre la educacin superior, dentro o fuera de los sistemas establecidos, abunda; as tenemos el panormico y ya clsico libro de Jean Sarrailh (LEspagne claire de la seconde moiti du XVIII sicle) hasta el eruditamente documentado de Cndido M. Ajo Gonzlez de Rapariegos y Sinz de Ziga (Historia de las universidades hispnicas: Orgenes y desarrollo desde su aparicin a nuestros das), en especial su volumen V, para solo mentar dos de muy diferente ndole y signo interpretativo pero igualmente tiles. (Durante los ltimos aos la bibliografa sobre el tema se ha multiplicado en forma notable.) As pues, parece mas lgico dejar de lado por ahora el anlisis de aquellas causas comunes, aunque estamos inclinados a pensar que de un estudio prolijo pudiesen inferirse ciertas conclusiones reveladoras acerca de diversos aspectos y de la asincrona muy en especial; y tambin para advertir algunos de los factores que establecieron diferencias por momentos significativas. Veamos uno de ellos: la censura que con caracteres ms severos agravo, en Espaa, las posibilidades de actualizacin del pensamiento ibrico y lo fue confinando en un provincanismo que lleg a preocupar no solo a los intelectuales ms evolucionados de la poca, por llamar de alguna manera a un grupo tan heterogneo por su extraccin social como por sus inquietudes culturales, sino tambin a un sector, si bien reducido no por ello menos influyente, que nosotros denominaramos, faltos de un termino ms preciso y unvoco, como los sentidores. Conformmonos, por lo menos aqu, con evocarla contribucin de Marcelin Defourneaux (LInquisition espagnole et les livres francais au XVIII sicle) que, sumada a los estudios de tantos otros historiadores especializados en el tema, completan una faceta que en

66

modo alguno puede ser desatendida, porque sus consecuencias no solo fueron serias sino tambin lejanas. Y con respecto a las crticas a la decadencia de la Universidad ibrica la bibliografa no es menos abundante y conocida, por consiguiente casi innecesario ser que aqu recapitulemos sus argumentos, algunos ya enunciados. Para no incursionar en densas monografas altamente especializadas baste quizs con mencionar algunos pocos textos, realmente testimoniales; as, en primer lugar, uno literario: Vida, ascendencia, nacimiento,

crianza y aventuras de Torres de Villarroel, catedrtico deprima de matemticas en la Universidad de Salamanca, escrita por el mismo, que refracta, si bien desde un ngulo y un estilo particulares, el ocaso de la Universidad espaola para utilizar idntico trmino al empleado por Alberto Jimnez en su conocida aportacin al tema.

Otro testimonio que nos-parece altamente ilustrativo es el de Jos Cadalso, quien escribe: Salamanca, doctsima universidad, donde no se ensena matemtica, fsica, anatoma, historia natural, derecho de gentes, lenguas orientales ni otras frioleras semejantes, pero produce gentes que con voz campanuda pondrn sus setenta y siete mil setecientos setenta y siete silogismos en Baralipton, Frisesomorum o Fapesmo sobre cmo hablan los ngeles en su tertulia, sobre si los cielos son de metal de campanas, o lquidos como el vino ms ligero, y otras cosas de semejante entidad, que Vmd. y yo nunca sabremos, aprenderemos ni estudiaremos. Por su parte Jean Sarrailh (de quien hemos tomado tambin la cita anterior), seala que por entonces se confunda astronoma con astrologa, qumica con alquimia, y la fsica formaba parte de la filosofa; smese a esto la escasez de instrumentos modernos como telescopios, microscopios, etctera, para que tengamos un diagnstico bastante aproximado, aun dejando de lado las

67

posibles exageraciones retricas. Quienes criticaban este estado de cosas, y no son escasos por cierto ni autores desconocidos, lo hacan desde diversos ngulos. Pero a los efectos que aqu nos importa recordemos que la confianza, mejor todava, la fe en la cultura-n una cultura por supuesto que renovada tanto en sus contenidos como en sus metodos- es una nota tipica caracterizadora de la Ilustracion; y por si ello no bastase retengamos adems que se le atribuye una funcin regeneradora de la sociedad toda y se la reputa fuente de felicidad para el individuo, y para cuyo logro las ciencias estaban llamadas a desempear un papel sobresaliente. Y todo esto puede demostrarse de un modo muy inteligible observando el problema desde un doble punto de vista; el negativo, esto es, examinando las crticas a la supersticin, la ignorancia, los prejuicios, la credibilidad; y el positivo, si volvemos del revs este enfoque, para porfiar sobre las ideas de progreso y los beneficios para ellos indiscutibles de la cultura. Hay por ventura sobre la tierra cosa ms noble ni ms preciosa que la sabidura?, se interroga Gaspar Melchor de Jovellanos al inaugurar el Instituto de Gijn. Si en el citado Cadalso (Cartas marruecas o Los eruditos a la violeta;) se advierte una crtica certera a la pedantera, al

esnobismo de una cultura superficialmente modernizante injertada todava en la pretrita que se denuncia por estril -y pocas veces el trmino denuncia parece ms adecuado para expresar una actitud- como insatisfactoria, ridiculizndola duramente por momentos; el conde de Cabarrs (Cartas sobre los obstculos que la naturaleza, la opinin y las leyes oponen a la felicidad publica) insiste sobre la urgencia de un planteamiento ms prctico, ms til; el ya mencionado Jovellanos (Informe sobre Za ley agraria., Plan para. arreglar los estudios de las universidades, Bases para la formacion de un plan general de Instruccion Pblica y tantas otras pginas sobresalientes) la concibe como fuente de prosperidad social, y por consiguiente de la riqueza, de manera que no parece sino que nos hemos empeado tanto 68

en descuidar los conocimientos tiles como en multiplicar los institutos de intil enseanza, y en otros escritos (Memoria para el arreglo de la policia de los espectculos) el mismo autor pretende poner al servicio de su causa hasta las manifestaciones artsticas ms diversas. Tendremos que citar tambin al conde de Campomanes (Discurso sobre la educacin popular de los artesanos y su fomento) y a tantos otros que en idntico sentido expresaron sus preocupaciones y propusieron soluciones alternativas? De todos modos no creemos que las sugerencias de aquella generacin implicaban sostener que las ideas prcticas sustituyesen o se antepusieran siempre a las tericas, como alguna corriente pragmtica pudiese interpretar con ligereza, sino que, antes bien, se preocupaban por hacerlas coexistir; de donde, los esfuerzos, arduos, por compatibilizar ambas vertientes dentro de una concepcin de mundo ms actualizada. Observemos adems, siquiera incidentalmente, que las ideas ilustradas eran en Espaa, en gran parte importadas (afrancesadas se las juzgaba con un dejo desdeoso), pero sobre todo que carecan de los grupos sociales que las respaldasen e impulsasen, se apropiasen de ellas para ponerlas al servicio de sus propios intereses y las integrasen a una nueva constelacin de valores, donde, pongamos por caso, la idea de trabajo desempenase una funcin por entero diferente. Este rasgo al que acabamos de aludir constituye precisamente una de las debilidades mayores de aquel momento que, con motivos sobrados, Ortega y Gasset consider el siglo irreemplazable o el siglo educador y por cuya omisin en la historia de Espaa se lamentaba. No era suficiente, para ceirnos ms a nuestro tema, con denunciar la multiplicacin y empobrecimiento espiritual de los establecimientos de enseanza disfuncionales, y de donde sala un verdadero proletariado intelectual sin porvenir cierto. Y utilizamos aqu, de propsito, nomenclatura bien actual para facilitar la comprensin del problema. Tampoco era suficiente, como lo haca fray Martn Sarmiento, con denunciar

69

tanto a las Universidades como a las Academias: ... si las primeras se fundaron en el tiempo de la barbarie, las segundas [lo fueron] en el de la charlatanera. El desafo consista, pues, en hallar nuevos rumbos institucionales, diferentes modalidades para reagrupar tanto a los curiosos como a los estudiosos, y una de esas alternativas fue precisamente la creacion de las Sociedades Econmicas de Amigos del Pais, testigos ciertos y tambin protagonistas eficaces de los cambios que registraba la estructura econmica y social. Atravs de estas instituciones los nuevos rumbos de las ciencias se vinculan cada vez ms con las preocupaciones prcticas tanto para generar riquezas como para evitar males. Estos vnculos entre las teoras y sus aplicaciones se comprende, por ejemplo, si analizamos la difusin de las corrientes fisiocrticas que llamaron poderosamente la atencion sobre la agricultura, rutinaria hasta entonces y por ende de muy escaso rendimiento, y sobre la miserable condicin del campesino, y por lo tanto siempre forzado a sobrevivir abandonando la tierra. Y esto porque a partir de Quesnay y su escuela, se atribua un papel protagnico al campo en la produccin de riquezas, contrariando los supuestos mercantilistas. Otros estimulos fueron la minera, la navegacin, los procedimientos tecnicos, las ciencias mdicas, las innovaciones en las manufacturas, etctera, a partir de cada uno de estos sectores, y otros varios podramos aadir, sera posible repensar el mismo problema, es decir, las causas del agotamiento de las universidades confrontadas con una nueva realidad y las exigencias que suscitaba. El tema es de antigua data y posee copiosa bibliografa; as, entre muchas, mencionaremos la obra de Robert Jones Shafer (The Economic Societies in the Spanish World, 17631821), la que debe ser complementada con otras de ndole nacional y ms actualizadas; con todas ellas podrn documentarse abundantemente las actividades de dichas instituciones tanto en el Viejo como en el Nuevo Mundo en el terreno que aqu nos importa. Mas lo que sobre todo interesa subrayar son aquellas que registran las inquietudes en punto a temas tales como economa, educacin, ciencias, tcnicas, etctera, que all se debatan y no inquietaban por cierto a la Universidad, o -si 70

se prefiere- aquellas ideas que no alcanzaron a preocupar los claustros ni sacudir la rutina, pero s interesaban a sectores cada vez ms gravitantes en la Pennsula. Otra de las modalidades de actividad rescatables a nuestro objetivo son las Sociedades Econmicas, y que en esto mucho se asemejan a las Academias, fueron sus llamados a concursos peridicos que tuvieron como resultado en tantas oportunidades importantes memorias sobre asuntos que seducan a muchos y quizs preocupaban a ms: nuevos procedimientos tcnicos, rgimen de propiedad de la tierra. el lujo, supresin de privilegios, libertad econmica, comercio con las Indias, la pobreza, las pesqueras, artes, administracin, etctera. Evidentemente dado el espritu nsito en las Universidades y la cosmovisin sobre la cual estaban edificadas poco y nada podan aportar al esclarecimiento de estas cuestiones, y adems la desatencin de las mismas contribuy a perpetuar su actitud tradicionalista, ajena al debate pblico y sorda a los intereses nacionales; de tanto negarse aver terminaron por cerrar los ojos. Sin ambicionar en modo alguno un anlisis de todos los temas vinculados a este contrapunto que pretendemos establecer entre Sociedades Econmicas y Universidades, recordemos que las primeras formaron colecciones de objetos y sobre todo bibliotecas accesibles para sus socios y pblico en general, relativamente actualizadas en punto a ciencias experimentales y sobre todo referidas a aplicaciones prcticas, recetarios, etctera. Los abundantes estudios existentes sobre los contenidos de dichas libreras son harto reveladores. En suma, el libro (y acerca de las publicaciones de las mismas Sociedades Econmicas nada hemos dicho hasta aqu) instrumento clave de la renovacin cultural aparece ocupando all un lugar de privilegio, como el que le otorga la sociedad ilustrada que estaba conformndose con miembros de diversos sectores sociales, desde algunos representantes de la vieja aristocracia, los profesionales curiosos, los funcionarios inquietos, los integrantes de grupos urbanos recientes, etctera, cuyo numero aumentaba a ojos vista y perseguan nuevos horizontes.

71

El problema en Latinoamerica
En nuestro libro Modelos educativos en la historia de Amrica Latina intentamos caracterizar como las Universida-

des trasplantadas por el proceso colonizador de Espaa (y excluimos de propsito el area lusitana cuyas orientaciones en la materia fueron harto diferentes y sus creaciones muy posteriores) languidecieron durante el siglo XVIII por el franco predominio de las ideas tradicionales, lo que acarre como consecuencia que la enseanza se fuera vaciando de contenido y enajenando los instrumentos conceptuales que le permitiesen entender la realidad. Por eso las nuevas necesidades que planteaba el modelo en proceso de adopcin pudieron en parte ser satisfechas por el desarrollo de otras ideas y tcnicas, pero ahora fuera de los claustros, anticipndose asi en muchas dcadas a los cambios profundos en las Universidades. Las novedades cientificas, econmicas, culturales, buscarn un clima ms propicio en instituciones menos rgidas, menos formalizadas, esto es, ms permeables a la innovacin y alas inquietudes, donde fuese menor el peso de la rutina, de la inercia; as, habra que recordar, por su fecundidad ya que fueron verdaderos fermentos y actuaron sobre crculos muy amplios, el naciente periodismo, las grandes expediciones cientficas, y tambin algunas polmicas en muy diversos campos suscitadas por la difusin de ideas filosficas o cientficas heterodoxas, siguiendo el rumbo abierto ya por el padre Feijoo, un precursor que influye en muchos sentidos, aunque por sus ideas estuviese sensiblemente retrasado con respecto al desarrollo del pensamiento contemporneo. De todos modos, los pocos cambios registrados en los establecimientos de enseanza superior (en algunos casos con la incorporacin tarda de nuevas carreras, particularmente derecho y medicina, que crecen en detrimento de la orientacin teolgica, u otras materias en el contexto de programas envejecidos, as Tsica recreativa a expensas de la fsica filosfica, etctera), como tambin las desatendidas solicitudes de ereccin de nuevos establecimientos de enseanza, indican que la renovacin se gestaba por otras vas. Y dicho sea de paso, si elocuentes son las 72

creaciones no lo son menos las listas de proyectos frustrados, en diversas etapas de su tramitacin, y por distintas motivaciones. En muchas oportunidades, la aplicacin de las Reales Cdulas por parte de funcionarios ilustrados y eficaces -dejando de lado los virreinatos mayores como Mxico y Per-podr comprobarse mejor en los pases de desarrollo tardo como Venezuela, Argentina o Chile: esfuerzos por dotar tanto a Caracas como a Buenos Aires o Santiago de Chile de ciencias tiles o artes mecnicas. Recordemos, a ttulo de ilustracin, algunos casos, como los que menciona, por -ejemplo, el sagaz historiador de la educacin Ildefonso Leal con referencia al Consulado de Venezuela; ciertos anlisis sobre la misma institucin en Buenos Aires; o los estudios realizados con referencia a otros pases, de todos los cuales se infiere el papel que desempearon las antes recordadas sociedades, o instituciones equivalentes, ante la falta de respuesta de las Universidades. (Hemos examinado el tema en un trabajo, The Enlightenment and some aspects of culture and higher education in Spanish America -en el ya citado libro Studies on Voltaire and the Eighteenth Century-, que puede ser hoy completado con diversas monografas nacionales, lo que torna innecesario, a nuestro juicio, insistir sobre estos temas, por lo dems adecuadamente trabajados.) Como no desearamos repetir lo que llevamos dicho con referencia a lo que ocurra en Francia, Inglaterra o Italia (esto es, la funcin que all llenaron las academias, observatorios, museos, etctera), o en Espaa (con las Sociedades Econmicas de Amigos del Pas, etctera), nos parece preferible buscar otros elementos ms caractersticos de Amrica Latina y su singular sociedad; percibir qu notas diferencian este proceso del registrado en la propia Metrpoli. As, podramos considerar, por ejemplo, el papel de la medicina como indicador de cambios, resistencias, actualizacin y rezagos en la educacin superior. Veamos, entonces, algunas situaciones comenzando por un pas de desarrollo demorado, o tardo si se prefiere, para proseguir luego con otros.

73

En el captulo dedicado a La ctedra de medicina de su ejemplar Historia de la Universidad de Caracas, 1721-1827, Ildefonso Leal aporta un valioso material documental y crtico que solo en parte rescataremos a los efectos de este trabajo. Como se recordar, la ereccin de dicha Universidad es de 1721; luego de sucesivas frustraciones la primera ctedra de medicina se inaugura el 10 de octubre de 1763, mas el primer bachiller en medicina solo se gradua el 21 de enero de 1775. Una sntesis estadstica elaborada por el citado autor muestra que hasta 1809 se haban diplomado apenas 32 bachilleres y ll doctores en medicina. Ahora bien, Leal (siguiendo aqu a Ricardo Archila) hace el siguiente y sugestivo balance de los elementos positivos y negativos sealables durante ese proceso de ms de cuarenta aos. Entre los primeros observa: 1) Creacin de la Catedra de Prima de Medicina; 2) Establecimiento del Protomedicato; 3) Dignificacin del ejercicio profesional, gracias a los dos factores anteriores. Entre los segundos menciona: 1) Ausencia de periodismo mdico y de literatura cientfica propia en forma de libros o textos; 2) Tarda presencia de la ctedra de Prima y del Protomedicato; 3) Intervencin de la Inquisicin en el mercado de libros. Pero no menos importan, a los efectos aqu propuestos, los restantes factores que por su parte adiciona Leal, pues en ellos advertimos abundantes motivos en favor de nuestra hiptesis acerca del agotamiento, o si se prefiere escasa funcionalidad de la Universidad latinoamericana durante el siglo XVIII. A) Escaso nmero de mdicos graduados en nuestra Universidad, debido a la poca estimacin que mereci la carrera mdica, por considerrsela como un oficio manual; 74

B) La tolerancia de curanderos y curiosos; C) Divorcio entre la Medicina y la Ciruga; D) Escasez de ctedras ya que con una sola, la de Prima, se intentaba cubrir el amplio campo de la Medicina; E) Tarda reorganizacin del Protomedicato, que hasta 1792 no cont con fiscal y asesor; y F) El espritu clasista de la educacin universitaria que no permita a los indios, negros, zambos, y mulatos, el acceso a las aulas. Es decir, el sistema de valores y las causas sociales en general, como as el reducido prestigio profesional y el distanciamiento entre las actividades manuales e intelectuales mas en particular, son decisivos en este caso. En suma, entendemos que un examen cuantitativo de la relacin entre los estudiantes de medicina y el total de estudiantes de la Universidad, y la proporcin de graduados en medicina sobre el total de graduados por una parte; y un escrutinio, cualitativo a la vez, sobre la incidencia de los restantes factores con relacin al microcosmos de la Universidad misma y el macrocosmos de la sociedad global, seran harto reveladores en el sentido antes observado. Por supuesto que, como llevamos dicho, si bien el peso o gravitacin de la medicina constituye un indicador altamente significativo, no sera legtimo inferir de este solo dato el papel que desempeaba la ciencia en la Universidad, aun cuando lo hagamos con los debidos recaudos, es decir, evitando atribuirle al concepto de ciencia los amplios alcances que hoy le otorgamos. Tampoco sera suficiente para perfilar la situacin hacer una referencia adicional a la incorporacin de la fsica llamada experimental, pongamos por caso. De todos modos, ambas (medicina y fsica experimental) evidencian ser excelentes muestras de los esfuerzos por modernizar la Universidad, aunque contra ese empeo haya gravitado la inercia de la institucin, por un lado, y, por otro, la capacidad de generar respuestas parciales que no lograron obtener el efecto modificador que solo poda brindarle un modelo de sociedad distinta y una cosmovisin renovada y renovadora.

75

Cuando, en 1826, Francisco de Paula Santander institucionaliza la Universidad Central de Bogot, los estudios superiores tenan ya en Colombia una antigua y honrosa tradicin: el Real Colegio de San Bartolom (desde 1604 a cargo de la Compaa de Jess) y el Colegio Mayor de Nuestra Seora del Rosario (a partir de 1653 bajo la responsabilidad de la orden dominica), establecimientos ambos que, con sus altibajos y dificultades, transmitan una enseanza sistemtica. De todos modos el primer esfuerzo de renovacin debe buscarse en el Plan de estudios proyectado [en 1774] por el fiscal de la Real Audiencia Francisco Antonio Moreno y Escandn, por encargo del Virrey Guirior, donde se postula la creacin de una universidad y la reforma de los planes de estudio de los establecimientos antes citados, como escribe Jaime Jaramillo Uribe (El pensamiento colombiano en el siglo XIX). De todas maneras la primera enseanza formal de la medicina estuvo a cargo de Vicente Romn Camino, quien, adems de ser Protomdico, se hizo cargo de la Ctedra de Prima de Medicina en 1758, y que constituye por tanto la fecha fundacional de los estudios mdicos, si bien la enseanza queda suspendida diez aos despus; solo reiniciara sus actividades en 1801. Por su parte la Universidad de San Felipe, en Santiago de Chile, comienza sus actividades en 1756 con diez ctedras, una de las cuales era de medicina. El primer catedrtico de Prima de Medicina, Domingo Nevin, fue designado el 19 de mayo de ese mismo ao. Pero interesa memorar que, en su documentada Historia de la Real Universidad de San Felipe, el erudito Jos Toribio Medina menciona la presencia en los claustros de jvenes originarios del Paraguay, Bolivia, Ecuador y aun del Uruguay actuales; el mismo autor cuantifica as el nmero de graduados segn las constancias existentes: filosofa, 620; teologa, 569; cnones y leyes, 520; matemticas, 40; y medicina, 33. Como se advierte, escaso parece haber sido el inters por la ltima carrera porque menguado era, evidentemente, el prestigio profesional de los galenos.

76

Distinto es el caso argentino, pues en su territorio funcionaba la Universidad de Crdoba cuyas primeras constituciones son de 1664, aunque haya funcionado desde antes pero sin la facultad de conferir grados. La primera innovacin en materia de estudios no teolgicos -recurdese que era una tpica institucin de la Contrarreforma- fue la creacin de la ctedra de Instituta (1791) el ms temprano antecedente de la enseanza del derecho y solo de 1809 ser la ctedra de matemticas. Para superar la prolongada crisis que sigui a la expulsin de los jesuitas se la funda de nuevo bajo el nombre de Real Universidad de San Carlos y de Nuestra Seora de Montserrat, en 1808, esto es ya en vsperas de la emancipacin. Ahora bien, jams tuvo, durante el perodo colonial, estudios de medicina, cuyos orgenes deben buscarse en Buenos Aires, nuevo centro dinmico del territorio. El progresista virrey Vrtiz designa, con fecha 1 de febrero de 1779, al doctor Miguel OGorman como Protomdico General y Alcalde Mayor de todos los Facultativos de Medicina, Ciruga, Pharmacia y Phlebotoma; de todas maneras la fecha inaugural de los estudios mdicos en el actual territorio de la Repblica Argentina puede considerarse el 2 de marzo de 1801, si bien el primer plan de estudios es algo anterior: 22 de julio de 1799. Es decir, la enseanza de la medicina se inicia fuera de la Universidad y se desarrolla al margen de la misma. No obstante su inters pasamos por alto el proyecto de reforma de la Universidad de Crdoba presentado, en 1808, por el den Gregorio Funes, ya que el mismo corresponde al siglo XIX y su anlisis requerira la incorporacin de otras variables que lo hagan comprensible en toda su originalidad. Prosigamos entonces con dos de las Universidades ms antiguas y, por ende, con mayor tradicin. En la Universidad de San Marcos de Lima (cuya ereccin data del 12 de mayo de 1551) el proceso que podramos rastrear vendra a descubrir muchas semejanzas con los caracteres de las yavistas, por eso solo destacaremos aqu otros elementos distintos, pero complementarios de todos modos, de los citados. As,

77

luego de las reformas introducidas por Carlos III -y tal como lo recuerda Agueda Mara Rodrguez Cruz 0. P.-se fija el nmero de ctedras (diecisiete en total, de las cuales apenas tres de medicina), y adems se establece: Todas quedan igualadas en categoras y en el salario anual de mil pesos, excepto la de medicina cuyo salario queda fijado en la mitad por el menor numero de alumnos y trabajo (Historia de las universidades hispanoamericanas: Periodo hispnico); la misma autora recuerda la obligatoriedad del latn como lengua acadmica: en cuyo idioma se ha de hablar nicamente baxo graves penas,,. Ahora bien, mencionemos que los estudios mdicos sufrieron eclipses muy prolongados durante la historia de los primeros siglos de la Universidad. Ms aun, era una ciencia de tinte filosfico, nada prctica; la formacin de profesionales del arte de curar, si bien constituy una preocupacin, no alcanz, hasta muchos aos ms tarde, su verdadera institucionalizacin. Sin abundar en detalles destaquemos que los estudios mdicos de carcter moderno y cientfico se vinculan en Per a la brillante figura de Jos Hiplito Unnue, acerca de cuyo papel renovador vase en este mismo volumen el trabajo anterior. En otra de las viejas e ilustres Universidades nuestras, la de Mxico (erigida segn cdulas reales del 21 de setiembre de 1551), podramos hallar mltiples referencias que corroboraran muchos de los aspectos y temas hasta ahora sealados, pero preferimos siempre buscar en su historia otros que vayan enriqueciendo la imagen que aspiramos reconstruir. El siguiente alude a los mtodos empleados y la resistencia a las novedades: Es de advertir -leemos en el Escrito del Dr. Jose Ignacio Bartolache en el que manifiesta que el Dr. Gamarra y 81 mismo han sufrido insultos y vejaciones por ensear mtodos filosficos distintos de los de Aristteles, del 18 de marzo de 1774) que el Doctor Gamarra, muy desde el principio de su Lectura de Filosofa, tuvo que sufrir las ms

78

fuertes contradicciones de parte de aquellas gentes, que por ignorancia y preocupacin se declararon contra cualquiera novedad en asunto de Mtodo de Estudios Filosficos, como se hiciese algo contra la Religin o contra el Estado. Procurndose siempre as en la Villa de San Miguel como en los lugares inmediatos, desacreditar el Nuevo Mtodo, esparciendo rumores sediciosos, calumniando, satirizando y haciendo las mas horribles pinturas de la que llaman Nueva o Moderna Filosofa, para distinguirla de la comn de las aulas, que se atribuye al famoso Estagyrita Aristteles. No faltaron sus libelos, y declamaciones tratando al profesor y a sus discpulos de herejes; en fin se jugo con todas las armas para ministrar el furor de una ciega preocupacin ayudada de motivos y fines particulares. En un paso donde los estudios no pueden tener el ms slido establecimiento, donde el buen gusto en ellos... y donde los literatos que hubiere, viven en una especie de anarqua, como en todas partes donde no hay estudios generales aprobados, es fcil concebir cuan expuesto estar a los insultos y vejaciones de la multitud preocupada, un pobre profesor que piensa ensear algo que no se enseaba en tiempo de sus abuelos...,, (En Francisco Fernndez del Castillo, La Facultad de

Medicina segn el Archivo de la Real y Pontificia Universidad de Mexico).

El autor de este elocuente pasaje que hemos considerado til transcribir ha pasado a la historia de nuestra cultura sobre todo por publicar la primera revista mdica editada en el Nuevo Mundo: Mercurio Volante con noticias importantes y curiosas sobre varios asuntos de Fsica y Medicina, cuyo primer nmero es del sbado 17 de octubre de 1772 y el ltimo del 10 de febrero del ao siguiente, con un total de diecisis entregas. El inquieto y renovador Bartolache fue tres veces doctor (en leyes, medicina y teologa) y, segn algunos autorizados crticos, habra triunfado en doce oposiciones para obtener ctedras en la Universidad de Mxico; constituyse, como es dable inferir de sus actitudes y escritos, en un crtico enrgico de la escolstica decadente y en

79

un propagandista vehemente de los nuevos conocimientos, sobre todo, de los modernos mtodos cientficos. En este sentido su artculo Verdadera idea de la buena fsica y de su grande utilidad, publicado el mircoles 28 de octubre de 1772 en el segundo nmero del Mercurio Volante carece de desperdicio a los efectos que aqui nos importan. As: a... el latn solo es necesario para entender libros latinos, pero no para pensar bien, ni para alcanzar las ciencias, las cuales son tratables en todo idioma... Porque yo pregunto es esto, lo que ha de habilitar para ser algn da buen ciudadano, buen padre de familia, buen ministro, buen labrador, buen negociante, o para los dems oficios en que consiste la vida civil, o algn vnculo de la humana sociedad? Y esta tercera y ultima referencia: La base y fundamento de la buena fsica es la historia natural, esto es, las exactas y bien averiguadas noticias de

la existencia de los cuerpos..."

Quizs dentro de la estructura lgica de este trabajo pueda parecer excesivo el espacio concedido a analizar la enseanza de la medicina en las Universidades latinoamericanas del siglo XVIII. Mas juzgamos que no es as. Del examen hasta aqu realizado -y omitimos adrede el de las consecuencias desorganizadoras que, para la enseanza superior tuvo la expulsin de la Compaa de Jess; cuestiones como las suscitadas por las remuneraciones; escrutinio de los textos empleados e idioma de los mismos; modificaciones a travs del tiempo de las estrategias globales en la materia tanto de la Corona como de la Iglesia; estudio de las constituciones, etctera- se advierte cuanta riqueza podra depararnos el tema si aplicsemos nuevos mtodos y releemos con ojos nuevos la abundante documcntacin, edita e indita, disponible.

80

Un ngulo muy distinto podra procurarnos tambin conclusiones reveladoras, nos referimos al origen social del estudiantado, y ms en particular si se quiere, la discriminacin para el acceso a los claustros. Mas infortunadamente todava son muy escasos los trabajos serios existentes sobre la materia, por lo que su planteamiento requerira prolijas investigaciones previas. Una excepcin igualmente. notable es el aporte de Ildefonso Leal, quien, con suma sagacidad y penetracin interpretativa, aborda el tema en el captulo XII (La Universidad y la sociedad colonial venezolana) de su ya mencionada Historia de la Universidad de Caracas. Bstenos transcribir fragmentos de un documento en dicha obra reproducido, para advertir qusugestivas perspectivas se abren para mejor entender el papel legitimador de las diferencias sociales atribuido ala Universidad por los estratos superiores de la Colonia, y cmo esta situacin conspiro contra tendencias -muy incipientes si se quiere, pero no por ello menos reveladoras- de democratizacin. Veamos la carta del 20 de octubre de 1803 del Claustro de la Universidad de Caracas al Monarca: "... Si se introducen en el cuerpo literario los pardos, si tienen opcin a sus premios y remuneraciones, se extingui para siempre entre nosotros, el esplendor de las letras, se arruin eternamente nuestra Universidad... El Claustro se horroriza y tiembla al considerarla deplorable situacin en que se hallara en caso semejante la ms noble porcin de los vasallos de Vuestra Majestad en estas Provincias... sumergidos en el hondo abismo de la barbarie y de la confusin mientras la posteridad africana, una vergonzosa descendencia de esclavos... unos hombres tan abatidos que no tienen motivo alguno para amar a la Espaa... estos hombres ocuparan nuestro lugar, eclipsaran el esplendor de la literatura, y acaso se atreveran a vulnerar insolentemente los derechos de Vuestra Majestad, consecuencia la ms funesta para el Estado...

81

... Estos hombres dotados de un talento perverso y de una oposicion tan declarada al cuerpo de los blancos, si la carrera de las letras les abre las puertas a los honores y empleos, si las luces y los conocimientos desenrrollan la perniciosa semilla de sus ideas de igualdad y predominio, si el empeo de acopiar libros y formar bibliotecas, empeo consiguiente a la profesin literaria, pone entre sus manos alguna de las monstrosas producciones subversivas de las maximas de nuestro gobierno destructoras de todo orden social y enemigas de toda dominacin; si estas obras inicuas, infames, sediciosas que produjo la falsa y detestable poltica de tantos publicistas extranjeros llegan a ser frecuente lectura; si estos libros que halagan tanto su amor propio que exaltan con tanto atrevimiento los derechos del hombre y que alimentan el orgullo del bajo pueblo los hace reflexionar sobre su pasada esclavitud, sobre su actual abatimiento.. . Desde luego que mal podramos generalizar esta situacin, habida cuenta que en otras latitudes los criterios y valoraciones tuvieron, en la prctica, manifestaciones menos extremosas. Para finalizar digamos que en las pginas anteriores hemos acumulado referencias y observaciones vlidas, por lo menos a nuestro entender, para alcanzar una descripcin siquiera aproximada de los problemas y de las condiciones en que se desenvolvian las Universidades latinoamericanas del siglo XVIII. Al mismo tiempo ellas pueden servir de marco de referencia para establecer un diagnstico que, estamos ciertos, pondra de relieve la multiplicidad de factores que las llevaron a su agotamiento: censura, discriminacin, impermeabilidad alas novedades, contradicciones, prejuicios, disfuncionalidad, etctera, y hechas las debidas salvedades en favor de algunos esfuerzos heterodoxos de mayor o menor audacia, pero insuficientes de todos modos para modificar una situacin caracterizada esencialmente por su ndole dependiente de una Metrpoli que tena sus propios intereses e ideologa, sus objetivos y valores. Esta 82

situacin forz el surgimiento de propuestas, iniciativas e instituciones fuera de la Universidad, cuando no enfrentadas a ella y con las cuales de cierta forma trataron de suplir necesidades y aspiraciones, tan legtimas como desatendidas; y el fenmeno parece repetirse en otros tiempos y lugares con sugestiva frecuencia. Pero al subrayar los rasgos especficos del proceso latinoamericano tampoco debe omitirse que muchos factores eran exgenos, pues tambin afectaban la actualizacin de los establecimientos de enseanza superior en el Viejo Mundo. De este modo la situacin de la Universidad muchas veces se convierte en un indicador de crisis y presagia transformaciones profundas.

83

CONDORCET Y LA INSTRUCCION PUBLICA

Trabajo publicado en La Nacin, de Buenos Aires, el 16 de julio de 1989, en ocasion del bicentenario de la Revolucin Francesa, 4 seccin, pginas 1 y 2. Reeditado en Cuadernos Americanos, nueva poca, ao III, volumen V, nmero 17, setiembre-octubre de 1989 (hay separata).

"... le dernier des philosophes..."


Michelet

La copiosa bibliografa generada en torno del bicentenario de la Revolucin Francesa y de la Declaracin de los Derechos del Hombre y del Ciudadano revel una sensible inflexin: puso las nuevas dimensiones del quehacer histrico al servicio de la interpretacin de este vasto acontecimiento, de su gnesis y de sus consecuencias; tambin rescata nombres opacados quiz por la incomprensin, la tendenciosidad o la inadvertencia de las efectivas proyecciones de la obra de determinadas figuras. Entre estas, la de Condorcet ha crecido sorprendentemente; lo prueban los numerosos estudios y los abundantes libros a l dedicados, que lo sitan ahora en un merecido primer plano. Convirtese de este modo en uno de los protagonistas del arduo e inacabado proceso de desarrollo de ideas creadoras; es, ninguna duda cabe al respecto, el forjador de ciertas herramientas conceptuales que el tiempo ha demostrado eficaces y fecundas tanto para repensar y mejor comprender el pasado como a nuestra realidad contempornea. El marqus de Condorcet (17 de setiembre de 1743 - 29 de marzo de 1794) fue, como lo caracteriza Keith Michael Baker, un matemtico clebre, secretario perpetuo de la Real Academia de Ciencias y, por lo tanto, portavoz de la ciencia institucionalizada en Francia, y aun en Europa; representaba la convergencia entre los valores y los intereses orga-

87

nizados y los del Estado reformista. Racionalizar la vida social y poltica por la elaboracin de principios cientficos y por la aplicacin del anlisis matemtico, transformar una sociedad de rdenes y de Estados en una sociedad de ciudadanos poseedores de iguales derechos ante la ley, salvar el orden monrquico mediante una administracin ilustrada y un debate pblico racional; tal era su ideal, tal el programa por el cual haba trabajado y combatido bajo el antiguo regimen... Este es el certero perfil de un hombre madurado bajo la influencia, decisiva, de Voltaire, Turgot y la Encyclopedic, a quien la vorgine de los acontecimientos polticos precipitaron a desempear un papel para el cual estaba preparado por decadas de reflexin, pero cuyo carcter no se compadeca con el estrpito y las pasiones de las disputas sectarias. Su actitud reformista le hizo temer que la convocatoria de los Estados Generales, a la cual se opuso en su Ensayo sobre las instituciones y las funciones de Las asambleas provinciales, pudiese convertirse en el creptisculo de la razn y en una guerra de reivindicaciones colectivas. Intelectual tpico, contribuy como pocos al esfuerzo por racionalizar el entendimiento de los procesos sociales y polticos o desentraar el sentido de la historia; y como suele ocurrir con casi todos los precursores, solo las perspectivas revelan su formidable originalidad l. Los doce volmenes de sus Obras, publicadas en Pars por A. Condorcet OConnor y M. F. Arago, entre 1847 y 1849, que tenemos ante nosotros, y no recogen toda su produccin, plantean un desafo difcil de aceptar en el sentido de exponer su ideario en unas pocas cuartillas. Pero adems restara abordar su influencia, la que se hizo sentir en muy diversos campos del conocimiento, desde las matematicas hasta la teora poltica.
1 Keith Michael Baker, Condorcct: From Natural Phikxophy to Social Mathmatics (Chicago: The University of Chicago Press, 1975). Citamos segun la reedicin de 19852. Hay una versin francesa: Condorcet: Raison ct pobitique. con una presentacion de F. Furet (Paris: Hermann, 1988).

88

Consecuente racionalista, esta actitud explica en cierto modo los cargos de ingenuo o utpico que se le hicieron: Toda sociedad --observ- no ilustrada por los filsofos es engaada por los charlatanes. Sus escritos no aparecen impregnados por las emociones ni su pensamiento estrechado por la retrica; su formacin cientfica torna severo y elegante su razonamiento. Todo lo que sostiene, sea su oposicion a los ttulos de nobleza o a la pena de muerte, su defensa de la abolicin de la esclavitud de los negros, la igualdad de derechos para la mujer y su restitucin a los protestantes y judos, su convencimiento de la trascendencia de la educacin, la idea de progreso, su intuicin acerca de la influencia de la revolucin norteamericana2, etctera, est profundamente articulado dentro de una concepcin de mundo. Y quiz sea el nico de los grandes filsofos del siglo XVIII que llego a vivir los acontecimientos de la Revolucin Francesa, lo que explica el sentido del epgrafe de este trabajo. En la hermosa biografa intelectual de Keith Michael Baker aparece indicado el espectro de sus preocupaciones: cumplieron en ellas un lugar de excepcin los esfuerzos por cuantificar los fenmenos sociales o, dicho de otro modo, por entenderlos cientificamente o, mejor an, por darles el rigor de la fsica. En consideraba su obra mas slida, encara otro aspecto fundamental de sus intereses legitimar la representacin, es decir, de qu manera establecer que ella expresa la razn pblica y lograr el reconocimiento de las decisiones adoptadas por las mayoras por parte de las minoras que no las votaron. Sobre este punto, su influencia tuvo menos fortuna que la obtenida para la idea de progreso, retornada esta, casi siempre crticamente como es lgico, por casi todos los que han reflexionado sobre el desenvolvimiento de los procesos humanos a travs del tiempos.
2

su Ensayo sobre La aplicacin del anlisis de probabilidades de Las decisiones adoptadas por pluralidad de votos (1785), que l

Condorcet, Influencia de la revolucin de Amrica sobre Europa, trad. de T. Ruiz Ibarlucea y prlogo de Alberto Palcos (Buenos Aires: Elevacin, 1945). Elisabeth y Robert Badinter, Condorcet: Un intellectnel en politique (Paris: Fayard, 1988).

Condorcet, girondino un tanto atpico, voto por la prisin perpetua, pero contra la ejecucin de Luis XVI; luego se opuso al proyecto de constitucin aprobado el 24 de junio; acusado de enemigo de la Repblica, viose constreido a huir; hall6 refugio en casa de una protectora y durante aquellos meses de forzoso enclaustramiento escribi, sin disponer de comodidades ni bibliografa alguna, su Bosquejo de un cuadro historico de los progresos del espiritu humanos, una obra optimista; pero luego, para no comprometer a su benefactora, abandon la hospitalidad para escapar a campo traviesa hasta ser denunciado por sospechoso (disfrazado con una rada indumentaria campesina llevaba en uno de sus bolsillos la edicin latina de Horacio) y arrestado. Al da siguiente apareci muerto en su celda; la explicacin ms verosmil de su muerte es que este martir de la Revolucin, como lo calific Jean Jaurs, se envenen.

Como todos los ilustrados, Condorcet depositaba su confianza ciega en la educacin como instrumento idneo para contribuir ala realizacin del progreso indefinido, tomando este concepto en su acepcin ms amplia, desde las estructuras productivas, cientficas, tcnicas, sociales, jurdicas, etctera, hasta la perfectibilidad del hombre. Las fuentes de su pensamiento en materia educativa deben buscarse, sobre todo, en las ideas de los enciclopedistas, quienes, si bien nunca elaboraron una doctrina organica sobre la materia (algunos de ellos, como Diderot, se ocuparon de aspectos fundamentales de la enseanza superior), generaron un clima favorable a la secularizacion, a considerar la enseanza como un servicio pblico, adems de exigir una orientacin ms realista a travs del estudio de las ciencias, entre las cuales se mencionan las morales y polticas, y las tcnicas, nociones de economa y agricultura, etctera; por
4 Su publicacion fue pstuma. Hay traduccion espaola de Domingo Barnes, Coleccin Universal (Madrid, 1921), 2 volumenes (1: Los progresos realizados; II: Los propesos futuros).

90

otro lado reclamaban un saber ms diversificado y enciclopdico. La gratuidad se vincula con sus concepciones democratizadoras. Significativo, mas imposible de exponer aqu, sera rastrear otros antecedentes; pero al efecto bstenos citar el Ensayo sobre educacin nacional y plan de estudios para la juventud (1763), de La Chalotais, de repercusin europea gracias a sus versiones en diversas lenguas, que reivindicaba el papel del Estado en la enseanza y reclamaba que su organizacin respondiese a los intereses de toda la sociedad. Desde luego que no podemos seguir, ya durante el proceso de la Revolucin Francesa, en sus distintas etapas -Asamblea Constituyente, Asamblea Legislativa, Convencin-, todos los intentos de modificar el sistema escolar heredado del antiguo rgimen, como tampoco los trabajos ni los debates suscitados, con excepcin de los de Mirabeau, precursor de pensar la experiencia revolucionaria en trminos de educacin, de definir los nuevos objetivos y sus nuevos medios, y los de Talleyrad, quien sostena la libertad de enseanza, no estableca su obligatoriedad ni limitacin alguna al clero; la gratuidad corresponda solo a la primaria.

objeto de la instruccin pblica, De la instruccin comn para los nios-, Sobre la instruccin comn para los hombres, Sobre la instruccin relativa a las profesiones, Sobre la instruccin relativa a las ciencias). Electo diputado, integr el Comit de Instruccin Pblica, al cual someti sus ideas. Ms que las peripecias parlamentarias deben interesarnos sus opiniones, que l expuso en forma orgnica y abarcadora. Como escribe un estudioso de aquel momento: propona no solo un modelo de escuela para la Revolucin, sino que se situaba en el centro mismo de todo el debate de este perodo sobre las relaciones entre cultura y poder,

cinco Memorias sobre la instruccin pblica Y Naturaleza y

Limitndonos a Condorcet digamos que prepar, en 1790,

91

libertad e igualdad, instruccin y educacin, etctera, en una sociedad democrtica por inventar" 5 Como era previsible, sus ideas fueron criticadas desde el angulo tradicionalista por su tendencia secularizadora y el papel concedido al Estado; y desde la otra orilla se apuntaba contra su liberalismo individualista, amn de reprochrsele el supuesto carcter elitista de los niveles superiores y su falta de espritu revolucionario6. Pues bien, veamos en qu consistan sus criterios y utilizaremos para exponerlos, dentro de lo posible, sus propias palabras, tal como ellas aparecen en el clebre Informe y Proyecto de Decreto sobre la organizacin general de la instruccin pblica presentada a la Asamblea Nacional en nombre de la Comisin de Instruccin Pblica el 20 y 21 de abril de 1792 7 Los objetivos son, segn Condorcet: Ofrecer a todos los individuos de la especie humana los medios de proveer a sus necesidades, de asegurar su bienestar, de conocer y ejercer sus derechos, de comprender y de cumplir sus deberes. Asegurar a cada uno la facilidad de perfeccionar su industria, de capacitarse para las funciones sociales a las que ha de ser llamado, de desarrollar toda la extensin de las aptitudes que ha recibido de la naturaleza; y establecer
5

presentacin, noticias introductorias y notas de Bronislaw Baczko (Paris:


Garnier,1982).
6

Une ducation pour la democratie: Textes et projets del epoque revolutionnairc,

Folio, 1988).
7

Catherine Kintzler,

Linstruction publique et la naissance du citoycn (Pars:

Utilizamos la versin espaola que aparece en Antologa de Condorcct, seleccion eintroduccin de Antonio Ballesteros (Madrid: Revista de Pedagogia, 1932), que cotejamos con el texto que ofrece el vol. VII de las Ocuvrcs de Condorcet en la ya citada edicion.

92

de este modo entre los ciudadanos una igualdad de hecho y dar realidad a la igualdad poltica reconocida por la ley. Tal debe ser la primera finalidad de una instruccin nacional que, desde este punto de vista, constituye para el .poder pblico un deber de justicia. La instruccin debe ser universal, es decir, extenderse a todos los ciudadanos. Debe repartirse con toda la igualdad que permitan los lmites necesarios de los gastos, la distribucin de los hombres en el territorio y el tiempo mas o menos largo que los nios puedan consagrarle. Debe, en sus diversos grados, abrazar el sistema entero de los conocimientos humanos y asegurar a los hombres en todas las edades de la vida, la facilidad de conservar sus conocimientos o de adquirir otros nuevos. La estructura del sistema propuesto tiene cinco niveles: primero, una escuela mixta de cuatro anos cada 400 habitantes; segundo, tres aos y una cada 4.000 habitantes; tercero, una por departamento, es decir 110 establecimientos en total y cinco anos de escolaridad; cuatro establecimientos equivalentes a nuestra enseanza superior actual, y por ltimo, la Sociedad Nacional de Ciencias y de Artes, una suerte de Academia, pero encargada a su vez de la supervisin del sistema educativo. Distingue instruccin de educacin; la primera ser estatal y asegura libertad para la segunda. Despus de la primaria, la enseanza deja de ser rigurosamente universal y gratuita (no establece la obligatoriedad pues ella sera incompatible con sus ideas liberales), contempla adems la posibilidad de ofrecer, bajo la denominacin de alumnos de Za patria, una suerte de beca a los jvenes ms dotados. La instruccin pblica ser laica, pues de otro modo contrariara la independencia de las opiniones... que no son las mismas entre todos los ciudadanos.

93

Y ahora destaquemos dos intuiciones a nuestro juicio geniales por tan anticipadas: A medida que las manufacturas perfeccionan sus operaciones se dividen cada vez ms o tienden sin cesara destinar a cada individuo a un trabajo puramente mecnico y reducido a un pequeo nmero de movimientos simples... De este modo el perfeccionamiento acabada por convertirse, para una parte de la especie humana, en motivo de estupidez... Es indispensable encontrar remedio contra el efecto infalible de la monotona en sus diarias ocupaciones. Preocupaba a Condorcet la atomizacin del trabajo humano, problema que adquirir verdadera entidad mucho ms tarde con el desarrollo de la industria moderna. La segunda alude alo que hoy denominamos educacin permanente: "... procurar por todos los medios de ilustrar a aquellos ciudadanos que no han podido recibir una instruccin completa o que no la han aprovechado bastante; ofrecerles la facultad de adquirir a cualquier edad los conocimientos que pueden serles tiles... En fin, prosigue, la enseanza de las ciencias no debe estar reservada solo a los sabios y a los jvenes; y aspira a que los padres puedan ser testigos y campaeros de la enseanza de sus hijos. Condorcet fue un pensador con un sistema articulado sobre algunas ideas clave: educacin -acabamos de verlo-, ciencia, progreso, democracia y libertad. Al recuperarlo para nosotros, el bicentenario ha hecho una excelente contribucin.

94

Bibliografa sumaria
Baczko, Bronislaw, comp. Une ducation pour la democratie: Textes et projets de lpoque rvolutionnaire. Presentacin, noticias introductorias y notas de... Pars: Garnier, 1982. Badinter, Elisabeth y Robert Badinter. Condorcet: Un intellectuel en politigue. Pars: Fayard, 1988. Baker, Keith M. Condorcet: From Natural Philosophy to Social Mathentatics. Reimpresin, Chicago: The University of Chicago Press, 1982. [La edicin original es de 1975. Hay una versin francesa: Condorcet: Raison et politique, con una presentacin de F. Furet. Pars: Hermann, 1988.] Ballesteros, Antonio, comp. Antologia de Condorcet. Seleccin e introduccin de... Madrid: Revista de Pedagoga, 1932. Condorcet. Oeuvres. Publicadas por A. Condorcet OConnor y M. F. Arago. 12 tomos. Pars, 1847-1849. . Bosquejo de un cuadro historico de los progresos del espritu humano. Traduccin de Domingo Barns. 2 volmenes. Coleccin Universal. Madrid, 1921. -. Influencia de la revolucin de Amrica sobre Europa. Traduccin de T. Ruiz Ibarlucea. Prlogo de Alberto Palcos. Buenos Aires: Elevacin, 1945. Kintzler, Catherine. Linstruction publique et la naissance du citoyen. Pars: Folio, 1988.

95

INDICE

Ilustracin y educacin superior en Hispanoamrica Introduccin Periodizacin La Ilustracin espaola La Ilustracin en Hispanoamrica El periodismo (16); Las expediciones (18); Presencia de la filosofa (20); Las ciencias tiles (26) La Universidad Reclamos y frustraciones (34); La enseanza de la medicina como indicador de la renovacin de los estudios superiores (37); Crticas y propuestas (40) Consideraciones finales Bibliografa sumaria El agotamiento de la Universidad latinoamericana del siglo XVIII: Perduracin y vigencia de algunos de sus problemas Introduccin El problema en Europa El problema en Espaa El problema en Latinoamrica Condorcet y la instruccin pblica Bibliografa sumaria

1 3 4 8 14 30

45 48

55 57 61 65 72 85 95

Edicin realizada por Estudio Sigma S.R.L. J. E. Uriburu 1252 - 8 F - Buenos Aires Impreso en el mes de Abril de 1997

También podría gustarte