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Teoria de La Conservación

El documento discute la falta de una teoría unificada de la conservación y restauración de bienes patrimoniales. Menciona las contribuciones de figuras como Alberti, Palladio, Ruskin y Viollet-le-Duc a los primeros intentos de establecer una base teórica para la restauración. Explica que mientras Ruskin se oponía a la restauración, Viollet-le-Duc propuso una visión más amplia que consideraba la restauración como un concepto nuevo y necesario para preservar el patrimonio cultural.

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Teoria de La Conservación

El documento discute la falta de una teoría unificada de la conservación y restauración de bienes patrimoniales. Menciona las contribuciones de figuras como Alberti, Palladio, Ruskin y Viollet-le-Duc a los primeros intentos de establecer una base teórica para la restauración. Explica que mientras Ruskin se oponía a la restauración, Viollet-le-Duc propuso una visión más amplia que consideraba la restauración como un concepto nuevo y necesario para preservar el patrimonio cultural.

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¿EXISTE UNA TEORÍA DE LA CONSERVACIÓN Y/O RESTAURACIÓN DE LOS BIENES PATRIMONIALES?

Introducción:

En el presente trabajo se pretende abordar la problemática de la falta de estudios en materia de teoría de restauración para conformar
una base teórica de la misma, si bien desde tiempos muy remotos el hombre se ha preocupado por conservar físicamente cualquier
testimonio que de fe de su paso por este mundo (en particular de la arquitectura), no es sino hasta fechas muy recientes que la
preocupación por la preservación de cualquier tipo de evidencia es elemento fundamental y de identidad de una nación.

La restauración se ha convertido en una disciplina que necesita un cuerpo sólido sobre el cual cimentar sus bases teóricas, los
cambios relativamente recientes de los criterios que la orientan (aproximadamente desde hace dos siglos) y el progreso
extraordinario de las ciencias sociales hacen necesario un viraje en las nuevos enfoques sobre las problemáticas que se plantean en
la actualidad para llegar a la solución de las mismas (Chánfon; 1984).

La restauración se convierte entonces en una doctrina que necesita un sustento teórico y una metodología de trabajo; en el entendido
que todo vestigio de culturas pasadas es una muestra del devenir histórico y del grado de menor o mayor adecuación que ha tenido el
hombre a su paso por la tierra, en este marco la arquitectura se convierte en un testimonio clave, ya que es esta, la materialización de
necesidades individuales y/o colectivas que llegan hasta nuestros tiempos; por esta razón se hace evidente la falta de una base teórica
sobre la cual un especialista en restauración pueda ser objetivo en sus propuestas de conservación y restauración del ahora patrimonio
de una sociedad.

La visión occidental en materia de restauración y conservación, la falta de estudios y análisis sobre la actitud que hemos tomado frente
a nuestro propio pasado nos ha conllevado a lo que a mi parecer ha sido la desaparición de muchos de nuestros testimonios de
incalculable valor, la industrialización, el consumo de masas, los intereses de un grupo minoritario de la sociedad y la aparente
modernidad en la que nos vemos envueltos desde mediados del siglo XX, hacen en muchos casos, imposible la coexistencia armónica
de los monumentos o bienes patrimoniales con la vida actual, convirtiéndose los primeros en un estorbo e inclusive en un obstáculo
para el crecimiento o desarrollo de esta sociedad.
En el entendido de la falta de una teoría de la restauración aceptada universalmente, la aplicación de cualquiera de las corrientes
existentes en materia de restauración, obliga a el especialista a ser muy cuidadoso sobre el como y el por que de una intervención, y es
justamente aquí, donde el restaurador o conservador al enfrentarse a diferentes tipos de bienes patrimoniales, tiene una disyuntiva
sobre el como proceder, si bien el objetivo terminal es el mismo, la preservación de la memoria colectiva para futuras generaciones, la
base teórica y la metodología de trabajo no pueden ser las mismas, ya que hay una gran diferencia entre los distintos bienes
patrimoniales; pongamos como ejemplo la arquitectura arqueológica y la arquitectura histórica; “las estructuras arqueológicas no
tienen como objetivo de su preservación el ser habitadas nuevamente y los edificios históricos a partir del siglo XVI sí”

Esta diferencia de el posible uso en que se ven envueltos los monumentos a conservar, hacen de suyo un problema sobre el como
deben intervenirse, la falta de preparación en esta materia colocan un velo en el conservador y/o restaurador, que no nos permite
entender o asimilar como debe intervenirse los bienes patrimoniales, dejando en muchos casos esta tarea a pseudo especialistas, que
debido a su formación no tienen la preparación necesaria para integrar una propuesta de intervención y conservación de los bienes
patrimoniales.

En el presente ensayo no se pretende llegar a la solución de estos problemas, ni mucho menos dar respuesta a las preguntas planteadas
de manera contundente, lo que implicaría un estudio mas profundo que el de la actual propuesta, más bien se pretende dar una visión
de lo que hasta ahora ha sido la posición del teórico frente a la conservación y restauración de nuestro patrimonio monumental, para
que, desde una visión individual se llegue a ser objetivo o tener mayores elementos de juicio, para la intervención en los bienes
patrimoniales de la humanidad
Las incursiones de diferentes pensadores a lo largo de la historia en materia de restauración tienen remotos orígenes, León Battista
Alberti (1404-1472) si bien es mas acertado llamarlo historiador y crítico de arte, que arquitecto o restaurador, hace incursiones en el
campo de la arquitectura y más específicamente en el campo de la restauración, al ser nombrado Consejero de Urbanística del Papa y
Conservador Oficial de Ruinas Clásicas alrededor de los años de 1440, escribe el primer tratado de arquitectura del renacimiento y otro
más sobre el arte, siendo de los primeros tratadistas del renacimiento, es importante mencionarlo como uno de los primeros teóricos
que sobre arquitectura y restauración escribió; y fue sin lugar a dudas influencia de muchos teóricos posteriores, otro gran tratadista es
Andrea Di Pietro de la Gondola “Palladio” nacido en 1508 escribe los “Cuatro Libros de Arquitectura” en 1570, manejando el
tratado de Alberti de “ Re Edificatori” hace mención a la arquitectura antigua en algunos de los conceptos esenciales que maneja,
Superioridad de la Arquitectura Romana Antigua, Autoridad de Vitrubio y Testimonio Esencial de las Ruinas de la Antigüedad
Clásica; Palladio escribe algunos otros libros sobre la historia de la arquitectura romana antigua y es por estos escritos que se le
etiqueta como un magnífico conocedor de la antigüedad, si bien el renacimiento dejo una abundante literatura sobre arquitectura y un
amplio estudio en materia de teoría, el campo específico de la restauración no queda muy claro en lo que respecta a la parte teórica
puesto que los escritos de Alberti son mas bien de carácter critico y los tratados de Palladio tienen un sentido historicista, pero quedan
como antecedente histórico que sobre restauración y/o conservación aparecieran en forma especializada desde principios del siglo
XIX.

Durante el renacimiento, en que proliferan los tratados de arquitectura, pintura y escultura, se iniciaron las menciones eventuales a
la restauración, pero como ya se dijo antes, es hasta principios del siglo XIX que aparece de forma especializada, tratados prácticos
y monografías sobre casos específicos (Chanfón; 1984), John Ruskin (1819-1900), estudioso de la arquitectura, escritor y crítico de
arte escribe dos grandes obras sobre arquitectura, “Las siete Lámparas de la Arquitectura (1849) y Las Piedras de Venecia (1851)”, en
las que refleja grandes estudios de arquitectura y sus implicaciones históricas y sociales; el primero de estos, sin duda el más célebre;
es un verdadero manual de conceptos arquitectónicos vistos a través de su condición de crítico de arte, de su magnífica observación de
las edificaciones, de su extenso acervo cultural y de un minucioso estudio de sus componentes, decía que la arquitectura debía ser la
madre de todas las artes, consiente de la diferencia de esta y la construcción.

En su libro las siete lámparas de la arquitectura John Ruskin divide su estudio en: La Lámpara del Sacrificio, La Lámpara de la
Verdad, La Lámpara de la Belleza, La Lámpara de la Vida, La Lámpara de la Memoria y La Lámpara de la Obediencia; para nuestro
estudio es el capítulo concerniente a la memoria el que nos interesa, pues es aquí donde vierte sus ideas respecto a la restauración
señalando a grandes rasgos lo siguiente:
La restauración es la peor destrucción que puede sufrir un edificio. Se refiere a la falsedad de restituir, al engaño de reconstruir y añade
que restaurar es tan imposible como tratar de resucitar a los muertos, no acepta la de que el edificio en realidad no este muerto sino
solo enfermo.

No obstante reconoce el valor testimonial de los monumentos y se preocupa ampliamente por la autenticidad de los mismos, renuncia a
cualquier intervención restaurativa en una actitud claramente romántica; otorga un valor superlativo al arte, reflejando la
intelectualidad europea de su época, que busca una identidad en la exaltación de los tiempos pasados.

Eugéne Emmanuel Viollet-le-Duc (1814-1879), contemporáneo de Ruskin, escribe el “Diccionario Razonado de la Arquitectura” y en
él hace conciencia sobre la trascendencia de la actividad de restaurar: Nuestro tiempo, y solamente nuestro tiempo, desde principio de
los siglos históricos, ha tomado frente al pasado una actitud inusitada. Ha querido analizarlo, compararlo, clasificarlo y formar su
verdadera historia, siguiendo paso a paso la marcha, los progresos, las transformaciones de la humanidad. Un hecho tan singular no
puede ser, como lo suponen algunos espíritus superficiales, una moda, un capricho, una debilidad, por que el fenómeno es complejo.
(tomado de Chanfón C.; 1984).

Viollet-le-Duc dice en esta obra haciendo referencia a la restauración de un monumento, “reestablecerlo en un estado completo que no
pudo haber existido en un momento dado”; en clara contraposición a lo propuesto por Ruskin, Viollet-le-Duc es el primero en
visualizar a la restauración en un panorama completo con respecto a las ciencias de su tiempo y entenderlo como un concepto
totalmente nuevo. Las aportaciones en materia de teoría de la restauración de Viollet-le-Duc si bien han sido remontadas en nuestros
tiempos al cambiar radicalmente conceptos como el de monumento, patrimonio y cultura no pueden ser excluidas del devenir histórico
en la conformación de una teoría de la restauración; Viollet-le-Duc se instituye como uno de los principales teóricos que sin haberse
separado de la actividad práctica, encuentra un modelo claro de fundamentación histórico-crítico, que en su propuesta debe respaldar
todo proyecto de conservación. Y en su Diccionario Razonado de la Arquitectura nos presenta la disección metódica de un
monumento para comprender hasta sus más mínimos detalles, tal como necesita hacerlo el restaurador, para quien no es suficiente el
conocimiento global de la obra de arte, sino que debe llegar al análisis de cada elemento, por pequeño e insignificante que parezca
(Chanfón; 1984).

Otro de los teóricos que tienen gran impacto en el ámbito de la restauración es Cesare Brandi (1906-1988); él entendía por
restauración cualquier intervención dirigida a devolver la eficiencia a un producto de la actividad humana. Frase en la cual hace
posteriormente una acotación sobre una restauración relativa a manufacturas industriales y a una restauración relativa a las obras de
arte; en la primera se evidencia el restablecimiento de la funcionalidad del producto industrializado, pero cuando hace mención a las
obras de arte, incluso aunque se cuenten entre ellas, aquellas obras que poseen estructuralmente una finalidad funcional, como las
arquitectónicas; “resultará claramente que el restablecimiento de la funcionalidad, aunque también se incluya en la intervención
restauradora, no representa en definitiva más que un aspecto secundario o colateral de está, nunca lo primario en lo que respecta a la
obra de arte como tal”.

Cesare Brandi define en su obra de Teoría de la Restauración, el concepto de restauración de obra de arte con base en dos principios:

Primero: La restauración constituye el momento metodológico del reconocimiento de la obra de arte, en su consistencia física y
en su doble polaridad estética e histórica, en orden a su transmisión al futuro.

Segundo: La restauración debe dirigirse al restablecimiento de la unidad potencial de la obra de arte, siempre que esto sea
posible sin cometer una falsificación artística o una falsificación histórica y sin borrar huella alguna del transcurso de la obra de arte a
través del tiempo.

A pesar de todo, como teórico, Brandi es parcial, pues aún sin tomar en cuenta los aspectos idealistas ya superados de su dialéctica,
su obra se refiere únicamente al problema de la pintura, por más que aluda continuamente a obras de arte en general, incluida la
arquitectura. Sus amplios aportes, sin embargo, hacen de él un auténtico teórico de la restauración (Chanfón C.; 1984 ).

Finalmente hablaremos de un magnífico teórico mexicano José Villagrán García (1902-1982), contemporáneo de Cesare Brandi, su
teoría se enfoca más a la arquitectura aunque hace grandes aportes a la restauración con gran calidad crítica; Villagrán nunca se erige
como un teórico de la restauración pero si aprecia y expone con audacia los problemas de la restauración arquitectónica, en una de sus
obras publicadas (Arquitectura y Restauración de Monumentos; memorias de El Colegio Nacional, tomo VI, n°1: 1966) define la
actividad de restaurar como: “el arte de salvaguardar la solidez y la forma-materia histórica del monumento mediante operaciones y
agregados que evidencien su actualidad y su finalidad programal”, también define de manera clara la materia de trabajo del
restaurador al decir: “el eslabón ultimo de hacer arquitectura, con el tiempo, se convierte en el primer eslabón de hacer
restauración”; finalmente hace cuatro conclusiones sobre restauración:
Primera: La definición de restauración anteriormente expuesta.
Segunda: La utilidad habitable del monumento respecto a un nuevo destino, así como la perdurable validez factológica de lo
mecánico-resistente y el sacrificio ineludible, en la mayoría de los casos, de lo factológico en razón de las operaciones de
consolidación o de adaptación.
Tercera: La validez estética de una obra de arquitectura, persiste por encima de la permanencia de su materia arqueológica,
pues procede de la creación objetivada y no de la perduración de lo físico-histórico del material.
Cuarta: La validez social que empalmado con lo antes dicho, manifiesta que en todos los casos, en la ruina, en el monumento
vivo y adaptado y aún en la perfecta reconstrucción, el mensaje de una cultura se halla presente por encima de la autenticidad
arqueológica.

Finalmente la tesis del “estado completo” propuesta desde el punto de vista de la Teoría del Arte, mencionada por los teóricos antes
citados; queda justificada como de autenticidad histórico-estética, y parece apta parta el monumento vivo. La validez social y estética
perdurará en toda restitución sabia y apta, de igual modo cuando se complementa o cuando se adapta a funciones nuevas, no hay que
olvidar: es condición imprescindible la preparación, la aptitud y la auténtica capacidad para una correcta restauración (Villagrán;
1966).

En cuanto al enfoque arqueológico, sin bien Ruskin lo aborda de manera clara, su propuesta es altamente prohibitiva y no deja paso a
ninguna intervención; la arqueología a su vez contempla a la restauración desde su actividad y la define como: “El conjunto de
acciones tendientes a garantizar la permanencia de los bienes del patrimonio monumental” (Villalobos).

Así entonces, el conservador debe utilizar las plataformas de trabajo de las ciencias y/o disciplinas a las que compete el estudio de un
bien patrimonial, como pueden ser la antropología, la arqueología, la historia, etc. para conformar su propia plataforma teórica y
fundamentar su actuación o intervención. Es competencia del conservador la creación de postulados, paradigmas y leyes que
fundamenten una teoría de la restauración acoplada a nuestra realidad, en la que el patrimonio es tan grande que puede sobrepasar su
capacidad ce comprensión.

Si bien, hasta ahora ciencias como la arqueología, la antropología e inclusive la medicina han prestado su plataforma de trabajo para
sustentar nuestra intervención; no debe continuar de esta manera, por que, al ser actividades que sientan sus bases en una metodología
comprobable (método científico); difieren en algunas cosas del campo de la conservación y la actividad del restaurador, en el que al
estar en contacto con las obras del hombre de las que en la mayoría de las veces priva la subjetividad, se hace necesario una base
teórica firme, sobre la cual sustentar la intervención del especialista, sin menoscabo de lo que otras ciencias le puedan aportar.

La conservación entonces debe ser llevada a cabo más allá de los postulados planteados en cartas internacionales de restauración como
la Carta de Atenas o la de Venecia que suscriben solo las bases sobre las cuales se enmarca la acción del restaurador en este campo,
pero que caen en las generalidades, quedando muy en claro que toda producción cultural sujeto de restauración es un caso particular
que requiere un estudio de especificidad de cada una de las partes que la componen.
Bibliografía:

Palladio, Andrea
Los cuatro libros de la arquitectura.

Rivadeneyra, Patricia;
“La teoría de la arquitectura en el renacimiento y Andrea Palladio, tratadista y arquitecto”; Tesis doctoral en arquitectura.

John Ruskin,
“Las siete lámparas de la arquitectura”
edit. Dialogo abierto arquitectura

Leonardo Benévolo
Historia de la arquitectura moderna vol. I y II
Edit. Revolucionaria, Instituto cubano del libro

Brandi Cesare
Teoría de la restauración. Traducción al español María Angeles Toajas Roger
Edit. Alianza 1996; España

Chanfón Olmos Carlos


Fundamentos teóricos de la restauración
UNAM; Fac. de Arquitectura
Tercera edición 1996

José Villagrán García


Arquitectura y Restauración de Monumentos
Sobretiro de la Memoria de El Colegio Nacional
Tomo VI, vol. 1, año de 1966

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