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Diario de Chispa: Aventuras y Reflexiones

Este documento es el diario de Chispa, una niña de 10 años que vive en la selva misionera con su familia. Describe a cada miembro de su familia, incluyendo a su padre Pablo que es guardabosques, su madre María Celeste que es profesora, su hermana Alhué, su hermano Francisco y su perra Leila. También habla sobre su cumpleaños reciente y los regalos que recibió. Relata recuerdos de cuando vivía más joven en el Parque Nacional Calilegua en Jujuy.
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Diario de Chispa: Aventuras y Reflexiones

Este documento es el diario de Chispa, una niña de 10 años que vive en la selva misionera con su familia. Describe a cada miembro de su familia, incluyendo a su padre Pablo que es guardabosques, su madre María Celeste que es profesora, su hermana Alhué, su hermano Francisco y su perra Leila. También habla sobre su cumpleaños reciente y los regalos que recibió. Relata recuerdos de cuando vivía más joven en el Parque Nacional Calilegua en Jujuy.
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Rama Arco Iris Diario de Chispa 57

DIARIO DE CHISPA

Prlogo
Este libro pretende ser un mtodo generador de fantasas y reflexiones. Creemos que no est terminado. Toda expresin, para que cause placer, debe ser re-creable, es decir que cada uno de quienes lo disfrutan, sean copartcipes en su elaboracin. Por eso El Diario de Chispa no est escrito para que se lea a los nios; hay que vivirlo, hay que re-crearlo, hay que expresarlo. Y es en esta instancia en la que comienzan a intervenir las singularidades de cada una de las personas que empiezan a conocer estas historias. Cada uno empieza a descubrir: ideas, situaciones, reflexiones, personajes, aventuras, que emergen, an sin proponrselo, de la propia imaginacin. Es nuestro deseo convertir al Diario de Chispa en un libro dinmico, dando cabida a la participacin de aquellos que lo deseen. Nuestra tarea consistir en ordenar las ideas e incluirlas en el contexto; y as podremos lograr que cada nueva edicin se enriquezca con el aporte de todos.

El Equipo Autor

Primer Relato
Despert temprano como siempre: el canto de los pjaros y el estruendoso sonar de las cataratas interrumpieron mi descanso. Para mi sorpresa, sobre la mesita haba dos paquetes. Con ansiedad y entusiasmo los puse sobre la cama para abrirlos y en ese mismo momento entraron pap, mam, Alhu, Francisco entonando alegre y cariosamente el Feliz Cumpleaos. Sin quedarse atrs, salt sobre la cama, nuestra mascota Leila, para saludarme con un lengetazo. Al desenvolver uno de los regalos encontr un hermoso rosario para colgar en una de las paredes de mi habitacin. Sus cuentas fueron confeccionadas con grandes semillas unidas entre s con hilos de nylon por las habilidosas manos de mam y la colaboracin de pap y Francisco. El otro era un diario ntimo, en el que ahora estoy escribiendo y donde podr atesorar mis lindos recuerdos. Alhu lo haba comprado porque yo siempre trataba de husmear en el de ella y consider que yo soy capaz de escribir el mo. Agradec con cario tan hermosos presentes y me levant. Desayunamos todos juntos con el acostumbrado mate cocido acompaado de pan tostado con manteca y mermeladas; y sal con Leila a jugar. Corrimos hasta mi gran rbol, y me sorprend al ver que all me estaban esperando mis amigos. Jugamos y disfrutamos toda la maana hasta que escuch la voz de mi mam que nos llamaba para almorzar. Compartimos la apetitosa comida preparada por ella y ahora, durante la siesta, recostada sobre la sombra de mi rbol, estoy lista para comenzar a contar, en este diario, muchos e importantes recuerdos. Ante todo, deseo expresar como es el ms hermoso regalo que Dios me renueva cada da: mi Familia. En ella encuentro y encontr siempre el afecto y el calor necesario para salir adelante, an en los momentos ms difciles. Pap se llama Pablo; en este momento es el guarda parque de la hermosa selva misionera. Con su tarea diaria nos ensea a cuidar y querer la naturaleza dando a todos ejemplo del respeto que la misma merece. Es muy carioso y nos lo demuestra compartiendo, en la medida de lo posible, su tarea con nosotros. A veces debe alejarse por varios das, porque su trabajo as lo requiere, y al regresar brinda todo su amor, dedicacin y preocupacin a nuestras actividades. Desde muy temprano ayuda a mam con las tareas; una de las favoritas es amasar y cocer el pan por las maanas, mientras ella organiza la cocina. Por las noches, junto al fuego, nos cuenta leyendas y tradiciones que est estudiando acerca de nuestro pas. Estoy muy orgullosa de l como de toda mi familia. Mam se llama Mara Celeste, se ocupa de la tarea del hogar, y adems es profesora de actividades plsticas en un colegio cercano, hasta donde puede llegar gracias al Jeep que pap le regal el ao pasado. Con hacendoso cario y responsabilidad lleva adelante la casa y la familia. Demuestras gran inters y preocupacin por las actividades de todos, velando siempre por satisfacer nuestras necesidades. Le encanta cocinar y lo manifiesta preparndonos ricas comidas acordes a nuestros gustos y caprichos. Durante las reuniones familiares, junto al fuego, ocupa sus hbiles manos en la confeccin de nuestras vestimentas. Le gusta leer y hacer gimnasia, pero su actividad preferida es la pintura. La casa est adornada con acuarelas que ella misma pint, de los lugares donde antes vivimos, manteniendo as fresco, los momentos del pasado. Alhu, mi hermana, es y ser siempre mi compinche. Ya casi es una seorita, le falta poco y ya termina el secundario. Siempre est cerca para ayudarnos con paciencia, a interpretar las cosas que me suceden, compartimos juegos con nuestros amigos, esconder las travesuras que hago, y como va a ser maestra, es mi apoyo para resolver las tareas ms difciles. Es alegre, activa, cariosa, entusiasta y muy observadora. Le interesa mucho la ecologa y lee sobre el tema en revistas nacionales y extranjeras, tratando de inculcar a todos respeto por la naturaleza. ltimamente, se preocupa por estar siempre coqueta y ordenada cuando viene Emiliano, el hijo del otro guarda parque, con quien pasea y conversa durante largas horas. No s porque pero me parece que se est enamorando, Francisco, mi hermano, es un gran chico de 14 aos. Revoltoso, cmplice para algunas travesuras, defensor mo y muy compaero. Cumple con modesta responsabilidad sus estudios secundarios. Le gusta desarrollar mucha actividad al aire libre; sobre todo acompaar a pap en sus tareas.

Se interesa por las revistas cientficas, es alegre, vivaz, atrevido y cara dura. Le encanta tocar la guitarra a la que acompaa con voz melosa y dulce alegrando los momentos de alegre sobremesa y encuentros de amigos. Leila, mi perra, es alta de pelaje renegrido y corto, movimientos giles y ligeros, sumamente dcil, mimosa y juguetona. Su mirada despejada permite ver sus pcaros ojos que parecen entender toda conversacin y situacin familiar, permitindole participar en sus cambios de expresin. Es cmplice de todas mis aventuras, escondindose bajo la mesa o en mi habitacin cuando teme que pap nos descubra. Sus ladridos agudos nos advierten cuando algn extrao se acerca a la casa, y a pesar de parecer tan osada y audaz como una fiera, cuando su adversario la acosa, se refugia tras las piernas de pap. Por estar siempre conmigo cuidndome y protegindome, siento gran afecto por ella, y la considero un miembro ms de la familia. Ahora lleg mi turno. Yo soy Chispa, tengo 10 aos recin cumplidos. Voy a quinto grado de la escuela rural ms cercana. Me llamo as porque cuando nac, segn pap, mis ojitos bailoteaban y brillaban intensamente como lo hacen las chispitas, al destellar sobre los troncos encendidos en el fuego del hogar. Y segn mam, a medida que crezco, ms me parezco a ellas pues dice que soy vivaz, alegre, ingeniosa, siempre inquieta y capaz de encender los ms fogosos y fuertes sentimientos hacia cualquier ser que as lo necesite. Me gusta investigar, escudriar en lo desconocido y prohibido, provocar la aventura, resolver mis propios conflictos, discutir y avalar mis opiniones cuando estoy segura de lo que digo. Soy tesonera en todo lo que emprendo para lograr satisfacer mi propia estima. Adems tengo una gran suerte: cuento con el apoyo de Alhu y mis seres queridos, lo que facilita enormemente los grandes esfuerzos que realiz. En la escuela tengo muchos amigos que comparten conmigo no solo las aventuras, sino el estudio, los juegos y las travesuras. Y con su amistad me dan la alegra necesaria para que pueda cumplir con las obligaciones escolares, gratificando, as, a mis padres.

Segundo Relato
Mis recuerdos se remontan a Calilegua, Parque Nacional en la provincia de Jujuy, cuando todava era chica, apenas tena seis!!! Era un lugar rido, seco y muy amarillo, con elevadas y coloridas sierras y una extensin de 76,000 hectreas. Las pequeas praderas bordeaban solamente los arroyos que surcaban los valles. La flora y la fauna se encontraban protegidas por la densidad de la maraa de enredaderas, helechos y otros arbustos. En las primaveras llamaban mucho la atencin las sencillas y rosadas flores de los lapachos, los celestes jacarands, las orqudeas y las begonias. Algunos rboles eran muy altos, como los palos blancos, los troncos molle, las quinas, los cedros salteos y las tipas. Y en lo ms alto de los cerros crecan los pinos de cerro, los alisos y los queos. En la maana vivan tapires, zorros de monte, hurones, coates, ardillas, tates peludos, zorros colorados, gatos de los pajonales, tapetes, carzuelas pardas y rojas. Las aves que habitaban el lugar eran: gavilanes, tijeretas, murcilagos, harpas, guilas cazadoras blancas, cuervos negros, tucanes, urracas, pavos del monte y guacamayos. Adems estaban las grandes aves de las alturas como los cndores reales y las guilas coronadas. Recuerdo cuando en uno de mis primeros paseos por la tarde, sobre el lomo de Ben, mi suave y peludo burrito, por los senderos que suban hacia las sierras, descubr un precioso colibr revoloteando sobre las flores de la maraa. Mi fascinacin me llev a perseguirlo observndolo en su gil vuelo, si darme cuenta que suba y suba, desoyendo hasta el chillido del guila coronada que, sobrevolando en lo alto, me adverta no proseguir; quien sabe por qu. Al perder al pequeo pajarito o un rumor que cada vez se haca ms fuerte y naca en las aguas del arroyo. Ben se asust porque reconoci la tormenta que se avecinaba con las negras nubes por detrs de los cerros, y comenz a correr sendero abajo, sin control. Yo reciba los golpes de las ramas en mi cuerpo hasta que de pronto ca en el suelo y el golpe me desvaneci. Ben sin darse cuenta y sin siquiera mirar atrs prosigui su carrera buscando refugio. A los pocos segundos despert, pero el dolor me obligaba estar tirada, inmvil. Vi entonces a una gran

ardilla que muy rpido saltaba entre las plantas; y con movimientos giles y fuertes chillidos daba indicaciones a otras ardillas. Logr as que todas se dirigieran hacia el mismo sitio. De pronto me descubri. Quiso irse pero regres al ver que me mova. Observ curiosa desde lejos, como estudindome. Al caer las primeras gotas, se anim, vino rpido hacia m y comenz a mojarme con sus manitas, tironendome el cabello, las piernas y los brazos. Insista para que me levantara. Cuando logr pararme, comenz a brincar en la misma direccin que las otras ardillas y despus de varios saltos se daba vuelta como para asegurarse que yo la segua. En pocos minutos llegamos frente a un gran rbol. Ella subi y sus ojitos me miraron desde lo alto. Yo no la entend. Comenz, entones, a subir y a bajar. Y al bajar me tironeaba nuevamente con sus manitas. As varias veces hasta que comprend lo que quera: tena que subir con ella. As lo hice. Trep por varias ramas hasta que de pronto ella se perdi en un enorme hueco del tronco. Con un poco de miedo la segu. Descubr dentro, con asombro muchas suaves y peludas ardillas que me miraban con ojos inquisidores y asustados, haban dejado un gran espacio en el cual me recost porque estaba muy cansada. Fuera, se oa el fuerte soplido del viento y la furia de la tormenta que se desataba en todo su esplendor. Tuve miedo. Comenc a rezar, al tranquilizarme, me quede dormida entre las gordas y suaves colas que me abrigaban. Paso la noche; regres la calma; y en la maana un tmido rayito de sol entro, jugo sobre mis prpados y me despert. Al entreabrir los ojos, trate de ayudarlos restregndome varias veces con las manos ya que no poda creer lo que vea: una hermosa y radiante doncella, vestida con todos los colores del cielo, del ro, de la selva y de los montes, apareca quieta y serena, mirndome penetrante y dulcemente. -Quin eres?-finalmente atine a preguntar. - Soy la Dama del Arco Iris. Mi misin es recordar a los hombres la bondad de Dios y proteger a los animalitos y nios perdidos. Hoy abrir tus odos a las voces de la naturaleza y podrs entender el lenguaje de los animales y as no tendrs miedo, porque nunca estars sola. Cuando me veas en el cielo recuerda que yo te protejo-y as diciendo se desvaneci. Yo estaba sorprendida. Haba sido verdad o an estaba soando?. Me desperec y bostec varias veces. Tena hambre y mi panza haca muchos ruidos. Las ardillas empezaron a traer nueces y bellotas, y parloteaban alrededor como hablndome. Pareca que nos entendamos!!. La servicial ardilla que me acogi en su rbol se acerc y se present diciendo: -Yo soy Tuca, que significa Ojo que Brilla. Soy la jefa de las ardillas y te he trado a nuestra guarida, hueco del rbol donde vivimos para protegerte del aluvin que transform el arroyito junto al que paseabas en un furioso y caudaloso ri que no podrs cruzar sin mi ayuda. Yo desesper al instante, pero ella serena y reflexiva llam a mi calma, diciendo que pronto encontraramos una solucin y yo regresara a mi casa. -Yo soy Chispa, la hija del guarda parque, y vivo arroyo abajo con mi familia. Sal a pasear con mi burrito y me sorprendi la tormenta. Tuca chill, organizando a las ardillas en una gran tarea. Unas salieron y treparon de rbol en rbol, subiendo hacia lo alto de la sierra; y otras lo hicieron en sentido contrario; todas con la orden de buscar un lugar por donde cruzar el ro. Regresaron despus de varias horas, con la misma noticia: es imposible.

Tuca medito un poco y pregunt a las que haban seguido el ri hacia lo alto: -Qu sucede con las aguas en la gran piedra?. La ms pequea e inquieta, que saltaba en la yacija molestando sin dar importancia a lo que suceda: -se ve como golpean las aguas con fuerza; sobresale nicamente la parte superior de la roca ms grande. Tuca ingeniosa y creativa, rpidamente encontr la solucin y grit: -Ya lo tengo!, Pediremos colaboracin a nuestros amigos los tates y los armadillos para construir un gran pozo, un poco ms debajo de la zona de las piedras, unido por un canal en declive con el ro y as, al bajar el nivel del agua, nosotras uniremos las piedras con ramas y maraas sacadas del bosque, para fabricar un puente que Chispa podra cruzar sin inconveniente. Velozmente la ardilla mensajera fue a solicitar, en nombre de Tuca, la jefa de las ardillas, ayuda de los vecinos y amigos: tates y armadillos. Pronto la fauna completa de la regin estaba trabajando para llevar a cabo la tarea. Las manitas de los tates y los armadillos excavan velozmente en la tierra. Unos haciendo el pozo, otros delimitando el canal. Y los giles saltos de las ardillas permitieron levantar una gran parda de ramas en muy poco tiempo. Culminado el trabajo en el pozo, solo quedaba abrir la seccin mas alta del canal para unirlo al ri y sacarle, de esta forma, parte de su caudal. Tuca, desconfiando del tamao del hoyo, ya que por fuera era solo una boca de tamao mediano, comparndolo con el hueco del rbol donde ellas vivan, penetr para poder cotejar su profundidad. Sali admirada nunca haba entrado en la casa de sus vecinos. Qued sorprendida de la cantidad de pasadizos que comunicaban grandes espacios, unos con otros y la distancia que se poda recorrer por ellos. Atenta y cariosa, felicit a los tates y a los armadillos, quienes agradecieron su reconocimiento. Comenzaba el momento del trabajo de las ardillas, que deba ser veloz, para aprovechar el bajo nivel de las aguas. Pero no funcionaba: las ramas caan entre piedra y piedra pero la fuerza de la corriente las rebotaba hacia la superficie. De pronto un hocico bigotudo y mojado sali a la superficie con una rama en la boca. Muy quisquilloso y rezongn la revole hacia la orilla, rpidamente se sumergi y apareci por otro sector arrojando otra rama. Lo hizo varias veces y as comenz la discusin entre una de las ardillas y este habitante del ri. -Por qu retirs nuestras ramas?. Debemos construir un puente para que Chispa pueda volver a su casa y vos te interpons. dijo la ardilla molesta. -Qu yo me interpongo? Si son ustedes las que molestan en nuestro almacn y arrastran con las ramas nuestro alimento. A nosotros, los lobitos de ro, nos cuesta mucho conseguirlo y guardarlo bien para que cuando viene el aluvin no se lo lleve. Tuca, siempre alerta, escucho la conversacin, e inmediatamente pidi disculpas al lobito del ro, aludiendo, ingeniosamente, a la ignorancia de las ardillas respecto de los habitantes del ro. Explic al animalito cul era la situacin y solicit, si era posible, ya que ellos eran tan hbiles para movilizarse en el agua que colaboren en la tarea. -Quin es Chispa?- pregunt el lobito-Yo no conozco ningn animal con ese nombre. -Soy yo!- contest acercndome a la orilla y acariciando sus pelos mojados. -Pero si es una nia! -Quiero y necesito volver con los mos; por eso necesito de tu ayuda. -De acuerdo! Vamos a ayudarla. Toda la colonia de lobitos comparti gustosa la empresa. Ellos, veloces nadadores, amontonaron las ramas entre piedra y piedra a medida que las ardillas las arrimaban al agua; y pronto culmin la labor. Yo pude saltar pisando sobre las rocas y con mucha suavidad sobre los troncos; y as cruc el ro. No bien alcanc la otra orilla, el caudal de agua subi nuevamente. El pozo ya se haba colmado. Cunta emocin sent!!.Haba sido posible!!. Ya poda regresar a casa. La tristeza me invadi. Dejaba tan buenos amigos. Cmo iba a extraarlos!! Tuca y las ardillas: qu bondadosos haban sido los armadillos y los tates al ofrecer su trabajo desinteresado y los lobitos del ro!! A pesar del mal genio. Qu bien se portaron!!. Entonces atin a gritarles: Adis amigos Cmo podr devolverles tanto amor? Las ardillas chillaban alegres en la otra margen del ro, brincando de un lado a otro Lo haban conseguido! Tuca, serena, me observaba desde lo alto de una piedra. De pronto, entre los rpidos del agua, asomaron un montn de hocicos bigotudos a los que envi un sin fin de dulces besotes. Emprend entonces el camino sendero abajo, regresando la mirada varias veces y encontrando siempre la de Tuca que, sentada en la piedra,

controlaba mi marcha. Cuando ya no la vi ms, en una de mis vueltas, me di cuenta de que estaba acostada sobre un montn de hojas secas. Restregu mis ojos; observ en derredor; me par; corr unos metros sendero arriba buscando los ojitos vigilantes de Tuca pero no se vea rastro alguno. Camin cabizbaja y tristona unos minutos. Vi a Ben pastando plcidamente sendero abajo y decid buscarlo para regresar a casa. Mont sobre su lomo acariciando el suave pelaje del cuello. Todava apenada, acongojada, pero sin resignarme a que haba soado, volv a mirar hacia la sierra y Qu sorpresa!!!. Sobre ella, brillaba majestuoso El Arco Iris. Una extraa pero jubilosa sensacin invadi todo mi cuerpo y al llegar a mi casa, hasta mam se sorprendi por la rapidez y entusiasmo con que realic las tareas de la escuela, que tanto mal humor me causaban durante aquel primer grado porque me restaban tiempo de paseo y de juego. Por la noche, durante la sobremesa familiar, coment tmidamente todo lo que haba vivido aquella tarde. Todos siguieron atentamente mi relato y al finalizar ste intercambiaron miradas como no entendiendo... Francisco le dio importancia, pero no me crey... p y m sonriendo explicaron que lo que haba sucedido era producto de mi imaginacin. Dijeron que era como soar, pero estando despierta. En cambio Alhu, se interes algo ms por mi historia, as es que por la noche antes de dormirnos, me pidi que se la contase nuevamente; cosa que hice con mucha alegra entusiasmo y orgullo.

Tercer Relato
Despus de aquel mgico encuentro con la Dama del Arco Iris y las ardillas, me pareci importante conseguir un lugar que fuese muy especial, agradable, acogedor, donde me sintiera protegida y pudiera al mismo tiempo disfrutar toda la naturaleza. Si lo encontraba, seguro que ella volvera a visitarme y compartira muchas aventuras mas con los animales. Cmo seleccionar ese lugar?. Todo era tan hermoso: el matorral con las begonias y tantos animalitos escondidos; los rboles, uno mas lindo que otro. Bueno, yo los vea siempre como en primavera: al lapacho con sus flores rosadas, las celestes de los jacarandas, el amarillo de los pinos. De pronto lo descubr; de tronco grueso y recto, con ramas horizontales y hojas persistentes; un enorme cedro, ideal para cobijar bajo su follaje a las personas y animales del intenso fro del invierno, como de los calurosos das de verano en Calilegua. Me acerqu a l, lo recorr todo; desde muy cerca y desde lejos. Para mis ojos era el adecuado, pero necesitaba conocer ms. Me arrim y tmidamente decid acariciarlo. Algo dentro de m me impuls a abrazarlo, a transmitirle ese sentimiento que surga en m. Suavemente, experiment la sensacin que me provocaba el tocar las hojas, la corteza; no quera daarlo. Solamente quera atrapar su textura, su aroma, el refugio al que me invitaban sus ramas. Despus charl un largo rato con l, contndole a qu se deba mi actitud; yo no esperaba nada a cambio,

slo lo que l por don divino poda ofrecer y el secreto compartido de mis aventuras. Repos, apoyada en el tronco, disfrutando de su compaa y vivenciando la misma proteccin que me haba ofrecido el rbol donde Tuca me cobij durante la tormenta. Luego, emocionada por el hallazgo, corr en busca de Alhu. Le cont y la llev para que lo conociera. Ella se alegr y lo llam a Francisco. Todos podramos all compartir juegos con mis amigos, cuentos, leyendas e historias narradas por Alhu. Lo haca tan bien!.

Cuarto Relato
Era una maana como todas: pap amasaba pan mientras mam preparaba el almuerzo. Yo, iba saliendo con Leila a jugar porque era sbado, no haba clases. Al pasar por la sala, escucho que papi la comenta a mam que pronto partiramos; ya haba llegado la comunicacin que era el momento de cambiar de destino e irse de Calilegua. Que desesperacin. Sal corriendo, y Leila detrs. Llegu al cedro, a mi gran rbol; trep por sus ramas bien alto y me acurruqu junto a su tronco, triste y enojada. Leila ladraba desde abajo, saltando y saltando contra el tronco para alcanzarme. Yo la miraba y la echaba con mis ademanes. Vinieron mis amigos, como todos los das, para jugar. Yo segua firme, enojada y apenada, sentada en lo alto. No quera compaa. No contestaba preguntas. Jugaron un poco y luego se retiraron, dejndome sola. Mas tarde Leila, despus de estar largo rato echada, bostezando junto al rbol se fue a casa buscando con quien estar. Transcurri la maana y ni cuenta me di que lleg la hora del almuerzo hasta que de pronto vi como gil, ligera, casi como si flotara en el aire, vena hacia m, Leila, sin distraerse con los animalitos que cruzaban su camino, decidida a descubrirme. Detrs corran fatigados, asustados, Alhu y Francisco. A lo lejos, se escuchaban las voces de pap y mam que pedan que los esperaran. Leila, con gran flexibilidad y vigorosa como siempre, comenz a saltar contra el tronco, y con ladridos agudos, suplicantes, llorosos, me peda que bajara. Mis hermanos llegaron, tomaron aire varias veces porque estaban cansados, y se sentaron bajo las ramas de mi rbol. Yo permaneca callada, enmulada. Francisco, mas repuesto, pregunt que me ocurra. Por qu estaba all, sola y enojada, y me ofreci chicle. Alhu, ms perspicaz me salud para obligarme a contestar y me pidi que por favor bajara para que pudiramos conversar sin necesidad de gritar. Respetuosa para con todos, como siempre deba ser, le contest el saludo y baj. Me volv a sentar, ahora en el suelo, pero tan emberrinchada como antes. Cuando volvieron a cuestionarme, con mucho mal humor les contest lo que haba odo comentar a pap. Ellos, de inmediato, cambiaron su expresin porque tambin se sintieron mortificados; pero, ms grandes, tararon de consolarme contando cual haba sido su experiencia en otras oportunidades. Francisco y Alhu recordaron como ellos haban reaccionado igual porque les pareca que perdan todo lo que era muy querido, los amigos, el mundo que conocan. -Igual me siento yo- repliqu. -Pero en verdad no es as- observ Alhu muy segura-Ya vers como otros paisajes, otros animales, nuevos amigos, un refugio por descubrir, es una aventura emocionante por emprender ya que contaremos con el apoyo de toda la familia. Lo nico que va a modificarse es el marco natural, pero el resto de la vida ser igual, o mejor, porque tendremos mas conocimiento de la misma. Yo qued pensativa. Tratando de aceptar, aunque todava dudaba. Tena miedo. En pocos minutos mas llegaron pap y mam, deseosos por saber que ocurra y por que estbamos los tres con caras tan largas y tristes. Alhu, la ms tranquila, puso a ambos al tanto de los sucesos. Papi, al principio se molest un poco consigo mismo, porque esa no era la forma en la que l pretenda que nos entersemos del cambio. Pero se calmo enseguida y nos dijo: -No siempre las cosas nos salen tal como las pensamos. Lo importante es saber encontrarles el lado bueno y seguir adelante con alegra.- luego continu- Esto lo aprend de los scouts- y empez a contarnos ancdotas de sus campamentos, como siempre lo haca.

Ese da nos cont una experiencia muy pero muy divertida que les haba sucedido durante un campamento que su grupo scout haba organizado en el parque nacional El Palmar, y como excelente guarda parque que era, nos comenz a hablar de todas las cosas lindas que encerraba la naturaleza en El Palmar, Parque nacional que sera nuestro nuevo lugar de residencia. Habl del ro Uruguay, de las altsimas palmeas y de los animales que all vivan. Cuando ya todos estbamos mas convencidos, mam, tan maestra como era, nos hizo reflexionar sobre la importancia de trabajar, como pap de lugar en lugar, y de mantener a pesar de ello, el amor, el calor de toda la familia, gracias a la confianza depositada en Dios nuestro Gran Creado, que nos vigila y guarda a travs de su Hijo Jess y de su Madre, la Santsima Virgen Mara. Adems colaboraramos con pap en la maravillosa tarea de cuidar y proteger los bellsimos lugares de nuestra patria, conocindola y amndola cada vez ms. Despus de unos pocos minutos de silencio familiar, silencio cargado de afecto y sosiego, todos juntos rezamos agradeciendo a Dios la posibilidad que nos brindaba de conocer las maravillas que l cre. Le pedimos fuerza para reconocerlo y amarlo bajo su nuevo aspecto en El Palmar, para superarnos mas y cumplir con sus designios, para ser bondadosos y compaeros con nuestros padres, confiando siempre en su proteccin, en su respaldo e iluminacin. Luego regresamos a casa. La caminata abri an ms nuestro apetito, pero la sensacin de paz que compartamos en familia no nos permiti darnos cuenta que el almuerzo ya estaba pasado y disfrutamos de l con alegra.

Quinto Relato
Haba comenzado diciembre, faltaban pocos das mas y terminaban las clases. La escuela era un revuelo; todos preparaban actos y festejos. Mi casa era otro alboroto: cajas para embalar nuestras pertenencias en cualquier lugar, algunas llenas, otras an vacas, desordenando cada habitacin y alterndonos a todos. Adems estbamos en Adviento, el tiempo anterior a la Navidad. Llegaba la fiesta de la Virgen; todos eran preparativos. En Jujuy, durante las fiestas de la iglesia, se confundan viejos ritos y tradiciones con una profunda fe catlica. Se organizaban coloridas celebraciones que se extendan casi todo el mes, llenando el aire jujeo de villancicos y canciones marianas. Todo anunciaba nuestra prxima partida. Tena deseos de ver otra vez a Tuca. En casa, cada uno estaba acomodando sus libros en una caja. Yo deba hacer lo mismo pero mi cabeza estaba pensando en las ardillas y su rbol. Mis manos no trabajaban. -Vamos Chispa!, hay mucho que hacer, Qu te ocurre?- grit pap desde el otro lado de la sala. Muy tmidamente y entrecortado: casi tartamudeando coment: -Eh..., bueno..., es que yo quiero ir hasta el arroyo. En el cerro. Ya falta tan poco para irnos. Quiero ver a mis amigos; fueron tan buenos conmigo... -Yo voy..., yo voy tambin...- exclam Francisco. Y mam poniendo un poco de orden, nos dijo: -Chicos ahora estamos muy atareados. Todos tenemos que colaborar mis labios se transformaron en algo as como una trompita, mis cachetes se inflaron y mis ojitos se entristecieron y enojaron. -Ufa!- respond, y levant los hombros con un gesto que molestaba mucho a mam, quien enseguida llam mi atencin diciendo: -Chispa, que es eso? -Bueno, pero yo tengo necesidad de ir. Son mis amigos- respond casi llorando. Mam y pap cruzaron miradas, sonrieron y, compartiendo mis aventuras, dieron el permiso pero con dos condiciones: que no tardara mas de una hora y que, lo mas complicado, fuera uno de mis hermanos. Yo saba que Francisco quera venir. Estaba demasiado intrigado por lo que le contaba y, adems, ese da pareca muy entusiasmado con la idea de explorar, Alhu!!, no nos acompaas..., tena que convencerla... Despus de ronronearle, de ayudarla con los libros que traa desde la habitacin, y, habiendo conseguido que pap me prestara la ltima revista de ecologa que haba llegado a la intendencia, logr que aceptara acompaarme. Fuimos las dos montadas sobre el lomo de Ben. Mientras subamos hacia la sierra le comentaba a mi hermana que cuando Francisco comenzara con su expedicin ella iba a

poder leer tranquilamente la revista de pap a la sombra de alguna planta. Llegamos a pocos metros de las piedras que nos permitan cruzar el arrollo, desmontamos, Francisco desapareci y Alhu se sent a la sombra de un lapacho totalmente florecido. Me desped y comenc a subir junto al arroyo. Qu cristalinas corran las aguas!, bajaban desde lo alto entonando una hermosa meloda ejecutada por su suave caudal al encontrarse con las rocas y piedras que le servan de lecho. Con gran facilidad lo cruc saltando por sobre las grandes piedras que haban sido el sitio de mi cruce triunfal. Preocupada por cierto temor, busqu con la vista el rbol de las ardillas. Todo era tan distinto. La calma de la naturaleza reinaba ese da. De pronto, a lo lejos, vi un Jacaranda totalmente florecido; pareca casi completamente celeste por los brillantes rayos de sol que lo iluminaban. S, era ese!. All sentada, vigilante y serena, estaba Tuca, controlando mi ascenso. Cuando me acerqu, comenzaron a aparecer por todos lados, brincando y chillando alegremente, montones de ardillas, Eran muchsimas!!. Salud a Tuca y enseguida se form una ronda a nuestro alrededor. Las frondosas ramas cargadas de celeste nos reparaban del fuerte sol de diciembre. Enseguida, muy curiosas, quisieron saber quien me acompaaba, ya que ojo que vigila nos haba visto venir. Les cont sobre ella y tambin el motivo de mi visita, lo que me entristeca mucho. Tuca, cariosa como siempre, busc la forma de ayudarme a comprender, preguntando a las dems ardillas si recordaban su hogar anterior en el parque nacional Barit. Una de ellas de color rojizo, coment: -Estbamos a 200 metros de altura y protegidas por el aislamiento del lugar, en el noroeste de la provincia de Salta. Era un parque un poco ms chico que este, de casi 72000 hectreas; y era bastante inexplorado por los hombres, pues se hallaba cubierto de selvas. Su flora principal consista en helechos, chunas y palmeras. En cuanto a los animalitos que vivamos en l, haba entre otros, puerco espines, perezosos y nuestra familia de ardillas. Al finalizar, comenz un alboroto total; la ronda se desarm y se oan cuchichear por doquier sucesos del pasado, provocando alegras y tristezas. A la orden de la jefa, la ronda tom nuevamente su posicin correcta y ella exclam: -Bueno, ardillas, veo que tienen gran memoria. Chispa, nosotras tambin en su oportunidad debimos partir de nuestro hogar que estaba muy cerca, en el parque nacional vecino. Pero vos, como pods observar, a pesar de las lamentaciones y dolores que provoca toda prdida y los gratos recuerdos que perduran, has logrado organizar nuestra vida en Calilegua y somos felices en este hermossimo lugar. Al principio cost, pero ahora todo es calma y tranquilidad para nosotras. Qued pensativa, distrada, pero no por mucho tiempo porque la ronda se vio interrumpida por la presencia de los tates y armadillos que al enterarse de mi presencia, vinieron a saludarme. Ellos, que eran una familia muy grande, cuando supieron porque estaba all, enseguida se acordaron que tenan familiares en el parque nacional El Palmar y agradecieron mucho que les avisara del traslado pues as les podra llevar sus saludos al resto de los familiares con los que no se vean muy frecuentemente. Se haca tarde. Pap se iba a enojar si no cumpla la palabra dada. Salud cariosamente a mis amigos y Tuca me acompa hasta el arroyo. All se despidi y dijo: -No te desesperes, nos volveremos a ver antes de lo que espers. Volvi entonces a su piedra, se sent en ella y, quieta como una estatua, comenz a vigilar. De lo alto llegaban los chirridos del guila que baj y revolote sobre mi cabeza deteniendo mi marcha. -Escuch tu conversacin con las ardillas, tates y armadillos y no puedo comprender tu preocupacin por la mudanza.- y muy seguro agreg: -Desde lo alto todos los lugares son hermosos, no tienen diferencia. Siempre podes ver un buen sitio donde refugiarte, donde construir un nido, una presa para saciar el apetito y donde conseguir agua. Todo es igualmente bello y reconfortante de acuerdo con las necesidades. Trata de verlo de este modo y no tendrs tanta preocupacin. Remont vuelo chillando, despidindose y volvi a planear sobre el difano cielo de diciembre, mientras yo la saludaba con mis brazos extendidos. Al cruzar el arroyo, record a los lobitos del ro y arroj una piedra con fuerza hacia el fondo del agua. Rpidamente asomaron un montn de bigotes rezongones preguntando quien molestaba. -Soy yo, Chispa- respond. -Esa no es forma de llamar- continuaron gruendo todos a la vez.

-Bueno, no se enojen. Solo quera saludarlos ya que pronto me ir y no nos volveremos a ver. -Ah... disculpa nuestro mal humor, Chispa. Gracias por acordarte de nosotros. Que tengas un buen viaje y una agradable estada en tu nuevo hogar. Y enseguida volvieron bajo el agua. Cuando llegu al rbol donde haba dejado a Alhu, le comente la alegra que senta al saber que todos mis amigos haban reafirmado lo que toda la familia me haba explicado sobre el ya prximo cambio de domicilio. Estaba conversando cuando, con sorpresa, vimos llegando corriendo a nuestro hermano Francisco. Mientras corra gritaba: -Menos mal!!, Menos mal!!. -Menos mal que, Francisco?- pregunt Alhu. -Menos mal que estaba yo para defenderla!, sin que se diera cuenta Chispa, yo la segu. Primero fuiste a jugar con las ardillas, les hacas moneras, no?. Y despus, lo terrible, menos mal que estaba yo para defenderla!- contaba, an agitado por la carrera, Francisco. -Bueno, tranquilo hermanito, me decs qu fue lo que paso?- pregunt Alhu que estaba cada vez mas intrigada. Y Francisco le dijo por fin: -Vino un guila y casi la picotea, pero yo hice un ruido con una rama y la espant Chillando se fue!Qu susto!No es cierto Chispa?. -S, Francisco, pero el guila es mi amiga- le contest. Igual creo que mucho no me entendi, pero ahora que veo de ese modo fue mejor, porque le permiti a l sentirse muy bien al darse cuenta que siendo ya un hombrecito poda protegerme de los peligros. Con Ben al trotecito, llegamos a casa y con mucho entusiasmo comenc a guardar los libros en un canasto, como lo haba prometido, mientras le contaba a pap, mam y el resto de la familia, inclusive Leila, la nueva vivencia con mis amigos, los animalitos... Comenz el ao, pasaron las fiestas, los reyes trajeron revistas, fotos y estatuillas relacionados con El Palmar. Tal vez para animarnos y familiarizarnos con el lugar. La casa estaba desierta; en las paredes, los clavos vacos nos recordaban los cuadros o adornos antes colgados. Ya avanzaba enero. Finalmente lleg el da. Cargamos la camioneta con todas las cajas y canastos apilados en la sala. Algunos iban en el techo para que nosotros tuvisemos ms lugar en la parte de atrs. Salimos a la madrugada; an no haba salido el sol. Por entre las plantas y rboles del camino, a medida que nos bamos alejando, brillaban los ojitos de los animales, mis amigos que silenciosamente estaban despidindose. Yo los senta. Eso me provocaba alegra y tambin tristeza, y fue as como algunas lgrimas corrieron por mis mejillas. Alhu pas su brazo por sobre mis hombros; me acurruqu junto a ella y poco a poco me fui quedando dormida. Cuando despert, habamos llegado al parque nacional El Rey, en Salta. Pap y mam saludaban a sus amigos y compaeros guarda parques, quienes les dieron lugar para descansar. Y a nosotros tres, que habamos dormido durante el viaje, nos llevaron a pasear para que pudiramos apreciar las bellezas del lugar. Estaba rodeado de montaas de mas de 1800 metros de altura, tomando la forma de un enorme anfiteatro. Vimos los verdes laureles, las tipas y los pinos, con su aroma caracterstico. Algunas nueces perdidas en las ramas mas altas, descubrieron a los nogales. Los animales de la zona eran los tapires, los pecares y tambin vimos un puma que hua entre la maleza. Llam poderosamente mi atencin un pjaro de pico curvo y amarillo, de plumaje negro, que dijeron se llamaba Tucn. All, en la casa del guarda parque, descansamos hasta la noche. Despus de la cena, que fue frugal para pap porque tena que conducir nuevamente, emprendimos el viaje por la ruta n 16 que cruza, en direccin sudeste, la provincia de Salta, el noreste de Santiago del Estero y atraviesa el centro de Chaco de oeste a este segn nos cont pap. Como haba tenido un da muy intenso de largas caminatas en El Rey, pronto me dorm, a la maana siguiente llegamos al parque nacional Chaco, donde pap se present, junto a mam, a los guarda parques del lugar, quienes amablemente nos brindaron hospedaje. La variedad d ecosistemas del ambiente interes mucho a Alhu, la que se sorprendi mucho al descubrir bosques, sabanas y lagunas, durante el paseo por el parque. Nos mostraron los quebrachos colorados, cuyos leos tantas veces habamos encendido en los inviernos de Calilega, y las palmeras caranday que si bien no eran iguales, nos iban dando una idea de las que veramos en El Palmar. El bosque y la laguna estaban poblados por gran variedades de pjaros y algunos mamferos, pero no muchos. Despert la curiosidad de Francisco un mono de escasos sesenta centmetros de largo, de extremidades robustas que, con movimientos cautelosos, profera aullidos ante la presencia de extraos. Era el mono aullador, caracterstico del parque.

Otra vez por la noche, iniciamos la ltima etapa del viaje. Pap y mam nos aconsejaron que nos quedramos despiertos ya que a poco de mas de cien kilmetros cruzaramos el puente General Manuel Belgrano que se alza sobre el ro Paran, uniendo Caco con la provincia de Corrientes. Gigantesca y esbeltas lneas nos permitan ver la tupida vegetacin con aoranza de selva, sobre las costas. Por ser de noche solo se distinguan las luces de los rascacielos correntinos y quedaban ocultos, entre la fronda, las viejas y tradicionales casonas coloniales tpicas de una ciudad tan antigua como Corrientes. Despus de tan alto paseo, tomamos la ruta n 12 que cruza la provincia de Corrientes por el este, de norte a sur. Enseguida, por el cansancio, el sueo nos atrap. Al despertar, ya estbamos en la provincia de Entre Ros. Faltaba poco y por ello no hicimos alto en ningn lugar. Pap tenia deseos de llegar pronto al Palmar.

Sexto Relato
Qu lindo fue ver el parque nacional El Palmar!. Recuerdo lo ansiosa que estaba por recorrerlo con Alhu y Francisco, qu distinto era al Calilega!. Yo saba, porque pap nos hablaba de nuestro pas, que en Entre Ros haba una vegetacin diferente y que tambin la fauna era distinta; pero verla era otra cosa. Despus de habernos instalado en una casa preciosa sobre una de las barrancas, al margen del ro Uruguay, fui con Alhu a visitar el museo. Haba fotografas de toda la fauna y flora de la regin, qu cantidad de cosas interesantes, cuantas cosas iba a aprender all esos aos!. Esa misma tarde recorr la zona con pap mientras mam se quedaba con Alhu y Francisco ordenaba los muebles, cuadros y dems cosas que habamos trado de Jujuy. Caminamos hacia el bosque de palmeras que, para nuestro asombro, se desplegaba ante nosotros. A medida que nos aproximbamos, iba distinguiendo las plantas separadas, luego las pequeas copas que cubran un tronco finsimo; y por fin llegamos a las primeras..., estaba encantada con la nueva vegetacin. Haba palmeras por todas partes: palmeras de Yatay, la especie que protege ese parque nacional. Las copas redondas, de un color azulado, se componan de largas hojas curvadas. Los troncos eran delgadsimos: algunos derechitos como un lpiz, otros con formas muy graciosas; pero todos muy pero muy altos. Segn cont Pap, ese parque se haba fundado en el ao 1966 para rescatar un gran sector de palmeras, unas 8,500 hectreas, como ley Alhu en el museo, pues el ganado vacuno se coma los brotes pudiendo llevarlas a la extincin. Todo el tiempo que caminamos vimos pjaros y martinetas. Me intrigaba saber que animales conocera, que aventuras vivira con ellos. Aunque saba que encontrara a los armadillos, pues para ellos traa saludos. Vera all al hermoso Arco Iris y a su Dama? Qu cantidad de interrogantes tena!. Pero ellos, poco a poco iban a tener respuesta, hermosas respuestas. Pap no dejaba de sealar lindos pjaros para que yo aprendiese a reconocerlos. Vimos montones de bulliciosas catas o cotorras, con sus grandes nidos comunales construidos con ramas. En las palmeras pudimos observar varios carpinteros que las frecuentaban, como el campestre de pecho amarillo, el real y el blanco. Haba otros, llamados trepadores, como el Chinchero y el Cachalote, ambos de grandes dimensiones y hermoso colorido. Volvimos para la merienda, y para nuestra sorpresa la casa pareca otra. Mam, tan hbil para las decoraciones, haba hecho maravillas en la sala y en las habitaciones. Alhu ordenaba la inmensa cantidad de revistas y libros que habamos trado en la biblioteca; y Francisco acababa de servir el mate cocido y sacaba las primeras tostadas calientitas del horno. Durante la merienda nos comentamos todo lo vivido hasta ese momento. Luego ayud a mam en la limpieza y, ya a ltima hora de la tarde, sal a caminar por los alrededores y la zona de camping. Qu gracioso atardecer contempl desde el camino!. El sol, como una pelota naranjada, se ubicaba detrs de un bosque de palmeras obscurecindolas y resaltando su particular figura. Qu contenta estaba!. Mientras caminaba con ojos atentos para atrapar con la vista toda la naturaleza, cruz, varios metros delante, un peludo con su cra. Iban muy rpido hacia su madriguera buscando refugio. Les chist y les grit: -Paren por favor. Sus parientes de Calilegua enviaron carios para ustedes. Rpidamente la mam meti a sus hijos en la casa y se volvi para contestar:

-Muchas gracias; nos alegra saber que nos recuerdan y que una nia tan amable como vos pueda traer un mensaje en vez de molestarnos. Toda mi familia estar siempre complacida con vos. -Tu familia me ha ayudado mucho y no voy a olvidarlos nunca, algn da te voy a contar como los conoc; me gustara que nos hiciramos amigas, yo no tengo amigos aqu todava. -Muy bien, muy bien, a m tambin me gustara que nos veamos para charlar y contarnos ancdotas. Qu te parece si otro da pasas por estos lados y jugamos juntas... -Perfecto!, no quiero entretenerte mas ya que tus hijos reclaman atencin y no debes descuidarlos ahora. -Tienen hambre ya que volvimos de una larga caminata, es mejor que me vaya. Hasta pronto y buena senda hermosa nia.- y velozmente ingres en su clida cueva. Luego de este encuentro, decid comenzar la bsqueda de un rbol, mi nuevo gran rbol. Pero, podra elegir entre tantos. Haba laureles, espina de coronas, ings, talas, algarrobos, quebrachos blancos, sauces y otros cuyos nombres no recuerdo en este momento. Mientras recorra la zona llam mi atencin un bellsimo sauce a la orilla del arroyo Los Loros. Enorme y majestuoso, se alzaba solitario entre algunas lomas que luego descubr como cuevas. -Perfecto, ste ser!- dije y corr hacia l para contemplarlo mejor. El gran rbol era muy fuerte y deba ser muy viejo. Jugu y cant dando vueltas y subindome sobre sus slidas ramas. De repente, vi como adentro de una de las cuevas sala una vizcacha, luego otra y otra. Al rato haba mas de veinte. Iban de un lado a otro buscando alimento; los ms chiquitos jugaban entre ellos y el gran vizcachn vigilaba al grupo por si apareca algn peligro inminente. -Hola!- les grit; pero se asustaron y todas se metieron dentro de sus casas. -No se asusten- les dije- solo quera saludarlas, conocerlas y que me conociesen, ya que hoy es mi primer da aqu y hasta ahora solo conozco a una mam peluda muy simptica. De uno de los agujeros sali una graciosa vizcacha. Era gris con partes ms claras y manchas blancas negras en la cabeza. -Quin eres?- pregunt. -Me dicen Chispita y soy la hija del nuevo guarda parque. Qudense tranquilas que mi pap va a cuidarlas mucho y yo tambin quiero hacerlo. -Mi nombre es Maya y soy la madre del grupo. Me alegra lo que decs Chispita, te lo agradezco en nombre del resto de las vizcachas, y por favor transmit a tu familia nuestra gratitud. Qu haces por estos lados?. Tu casa est mas all del camping y ya se est haciendo tarde. Es que no le tienes miedo a la noche. -No!, la noche no me asusta; me gusta mucho porque puedo observar cosas que el da no me deja ver, como la luna, la inmensa cantidad de chispeantes estrellas que salpican el cielo oscuro, y puedo, adems, conocer animales que duermen durante el da. Igualmente ya es hora de volver a casa. Maana temprano voy a estar de nuevo por ac, ya que si a tu familia no le molesta mi presencia, voy a venir a jugar a este rbol. -Vamos a estar contentas de tenerte cerca. Pero ten en cuenta que nosotras no salimos de nuestras cuevas hasta el crepsculo, as que no esperes vernos antes. Dime niita: por que vienes hasta este viejo sauce a jugar habiendo muchos otros por ah. -Maya, creo que no podrs entender, pero tratar de explicarte. Yo quiero muchsimo a los rboles, tanto a los viejos como a los jvenes. Me encanta jugar y reunirme en ellos con mis amigos. Gracias a ste te conoc a vos y a tu pueblo. En otro muy lejano, conoc a una familia de ardillas que me ayud en una fuerte tormenta. Y para serte sincera, ste lo eleg porque parece maravilloso y est en un lugar muy bello. Pero hay algo mas que siento aqu, en el corazn, que no puedo explicar. Es algo muy lindo que se despert cuando vi este clido sauce. -Te comprendo- dijo Maya- a nosotras a pesar que todos los lugares nos gustan, tambin nos atrajo ste. Detrs de Maya cuyo nombre significa madre, haba muchsimos ojitos brillantes y atentos. Ya la noche reinaba orgullosa y la luna llena de esos das nos daba su intensa luz. Qu cantidad tan grande de vizcachas haba a mi alrededor. Pero esto, lejos de asustarme, me haca sentir muy feliz, acompaada, incluso protegida. Haba decidido regresar a casa; por eso baj del tronco en el que estaba trepada, y al darme vuelta no vi ninguna vizcacha. Un profundo silencio se cerraba en derredor. Asombrada por lo vivido y muy contenta emprend la marcha cantando tenuemente. Pap y mam estaban un poco enojados por la hora en que regresaba. Dijeron que por ser el primer da aceptaban la llegada tarde, pero que a partir de ese momento deba cumplir los horarios. Entendan cunto me agradaba caminar de noche, pero poda ser peligroso ya que haba vboras y yo no conoca mucho el lugar; as que de ah en mas alguien me acompaara en ese tipo de excursiones o no ira. Comprend lo que ambos me

explicaban, aunque en aquel momento mucho no me gust. Despus de la cena les comente a todos que haba elegido un rbol especial para mis travesuras; noticia que aprobaron con mucha alegra. Alhu prometi acompaarme al da siguiente para aprender juntas mas cosas del lugar. Pap se haba dedicado a repasar la flora y la fauna del parque y nos comentaba algunas cosas que an hoy recuerdo bien. Alhu que saba que nuestro pas estaba dividido en provincias botnicas, le preguntaba a cul de stas perteneca ese parque. -Pertenece a la provincia del espinal y es una mezcla entre dos tipos de vegetacin: el monte y la vegetacin patagnica. Aqu no hay inmensas selvas como en el noroeste. Hay una sola llamada selva en galera, que comienza detrs de esta casa y se extiende sobre esta margen, y a lo largo del ro Uruguay; pero no puede compararse con las que vimos en Jujuy y Salta. En este parque predomina la vegetacin herbcea y el suelo es arenoso. Aqu en la zona de Intendencia no hay palmeras sino que podemos encontrar andubay, coronillas, molles, talas, algunos algarrobos y quebrachos blancos. Todos escuchamos atentos el relato de pap pero se haba hecho tarde y haba que descansar. Mucho nos hubiera gustado saber ms acerca de los animales que vivan en la zona y otras tantas cosas, pero ya iba a haber tiempo para eso, mucho tiempo. Una vez en la cama y despus de haber rezado y agradecido a Dios por aquel da, qued profundamente dormida. Me olvidaba de escribir sobre Leila. Pobrecita estaba desesperada. Tres veces salt de la camioneta y regres velozmente a echarse en la galera de la casa en Calilega. Finalmente pap decidi darle un tranquilizante para que durmiera durante el viaje. Presenta que nos bamos. La camioneta llena de bultos la pona sobre aviso. Al llegar a El Palmar todava le duraba el efecto del remedio, entonces la dejamos dormir pero, se le puso el collar y atamos la cadena en uno de los parantes del techo de la galera. Durmi profundamente como un beb durante todo el da, ni siquiera comi. Al despertar estuvo atontada un rato pero cuando estuvo realmente despierta comenz realmente el problema. Ladraba y tironeaba de su collar tratando de soltarse. Uno tras otro nos fuimos acercando para confortarla pero era en vano. Le acercamos agua y comida y la rechaz. Luego, pap acompaado de Francisco la llev, sostenida con la correa, a caminar por los alrededores. Pero se vea asustada, su intencin era correr en cuanto alguno se descuidara. Por supuesto que eso no ocurri. Cuando regresaron, todos reunidos, concluimos en que Leila permanecera atada en la galera hasta que con el paso de los das, reconociera la nueva casa y aceptara el nuevo medio. Todos, a excepcin de pap, debimos quedar en la casa, conteniendo los deseos de conocer el lugar para ayudar a Leila a adaptarse. Personalmente me cost mucho, pero como ella era mi gran amiga pude tolerarlo. Cuando su comportamiento volvi a ser el mismo, al igual que su expresin: la cabeza erguida, con ojos brillantes y atentos y felices, su cola siempre inquieta y alegre, mam la solt. Nos festej a todos, saltando hasta nuestra cabeza y dndonos lengetazos. La hicimos correr jugando con una rama. Iba y vena rpidamente, pero no trataba de fugarse, ya estaba tranquila. Entr en la casa y reconoci cada una de las habitaciones oliendo sobre las camas y la ropa y al llegar a la cocina se par en dos patas junto a la mesada mirando fijamente a mam quien la gratific con un trozo de carne que era su habitual golosina. Todos nos miramos, sentamos alegra y alivio a la vez. Ya podamos disfrutar juntos el nuevo hogar...

Sptimo Relato
Los das y yo cada vez me senta mejor en aquel lugar. Ya haba hecho amigos: los chicos que vivan en la zona de intendencia y otros que venan a reunirse con nosotros desde Coln, lugar donde pronto ira a la escuela. Todos los das jugbamos en la canchita de ftbol y de voley que estn delante del museo, o en el camping. Nos bamos a baar al Ro Uruguay o a veces a algunos de los arroyos: Los Loros o El Palmar, y comparta con ellos mi gran rbol. Pap nos pas, en esos das, unas pelculas sobre todos los parques nacionales del pas. Que belleza!. No podamos creer que hubiese lugares tan lindos. Los que ms me emocionaron fueron los del sur, las montaas nevadas, los glaciares y los animales que solo haba visto en libros y revistas de Alhu. Frecuentemente visitaba y hablaba con las vizcachas. Siempre saludaba a Maya y a su familia, quienes me contaron muchas historias de su pueblo. Ella me explic un da:

-Nuestras cuevas son enormes y con muchsimas salidas; vivimos todas juntas y dentro de las mismas caminamos por largas galeras y pasadizos que comunican a otras partes. -Por que sus casas tienen muchas salidas, tantas vizcachas viven all para que no les alcance con una. -No Chispita, ese no es el motivo por el que hacemos esto. Es una manera de defendernos de nuestros enemigos ya que habiendo muchas galeras es ms fcil escapar de ellos. Por eso vivimos aqu cerca del camping. Los zorros no se acercan donde ven hombres y esto hace que nos sintamos ms tranquilas y protegidas. Por qu teman las vizcachas a los zorros?. Por qu los animales hacan cosas que yo no entenda?. Por qu no todos coman hierbas en vez de matarse unos a otros?. Esas preguntas empezaban a rondar en mi cabeza. Alhu me contaba sobre la naturaleza y yo cada da tena mas dudas. En casa explicaban muchas cosas pero yo no las entenda y esto no me conformaba. Por qu pap me adverta tanto acerca de lo peligrosas que eran las vboras?. Por qu me causaran dao a m?. Y si eran malas para qu vivan?. Una maana sal a caminar con Leila. Nos divertimos y tambin nos cansamos mucho ya que recorrimos los caminos y senderos que haba en las cercanas de la intendencia. Nunca nos salimos de ellos para evitar perdernos o evitar tener algn problema ya que si bien los animales eran mis amigos, todava no los entenda como quera. De regreso, fuimos a descansar al gran rbol. Nos apoyamos sobre el tronco y cerramos los ojos para escuchar el canto de los pjaros. Sobre mi cabeza montones de horneros, cardenales, calandrias y zorzales saltaban de rama en rama entonando preciosas melodas. -Chispita!- pronunci una dulce voz no muy lejos de donde dorma Leila. Abr los ojos y qu alegra!, All se encontraba la bella Dama del Arco Iris. Corr a abrazarla. Estaba realmente muy emocionada y muy feliz

de verla nuevamente. -Pens que te habas olvidado de m- le dije. -El que siga entendiendo el idioma de los animales, no es prueba de que te recuerdo y cumplo con mis palabras?. -Tens razn, no lo haba pensado. En realidad te extraaba mucho y al Arco Iris tambin; no volv a verlos desde que sal de Jujuy. -Siempre que estuviste con las vizcachas y los peludos te acompabamos. Pero sucede que por la noche no pods vernos, si en cambio pods sentirnos. -Es cierto, esa era la sensacin que tena, que estaban cerca y que eran mi compaa. Gracias por venir a hablar conmigo de nuevo! -No solo vine a hablar, sino a ayudarte. Si no me equivoco hay un montn de preguntas a las que ests buscando respuestas, no es as? -S, es verdad. Mi familia me est ayudando mucho pero hay cosas que no pueden explicar. Me

comprenden y es lo ms importante que puede sucederme, no te parece? -Por supuesto. Y en recompensa a la alegra que sents a pesar de las dificultades que tens para entender algunas cosas, te dar un nombre. El nombre de quien podrs guiarte hacia donde vos quers ir. Le llaman Dan, que significa justicia que da la experiencia. No s decirte donde encontrar a este viejo aguaraguaz, as que esto debers hacerlo sola. Y antes de que pudiera decirle algo, desapareci. Levant los ojos y sobre el cielo despejado se desplegaba un bellsimo Arco Iris. Leila dorma a mi lado y no pareca haberse enterado de lo sucedido, si es que haba sucedido algo o lo haba soado una vez ms. Que animal era el guara-guaz?. Hasta ese momento nunca haba odo algo de l. A partir de aquel da comenc a buscar a Dan. Segn me haba contado Alhu, un aguara-guaz es un lobo, tambin llamado lobo de crines por su largo pelo o lobo colorado. Pap me prest una revista en la que se hablaba de este increble animal en grave peligro de extincin en nuestro pas. Averig que esta especie pertenece a la misma familia que los perros, los zorros, los coyotes, los chacales y los lobos pero si bien eran parientes, tambin era cierto que era muy diferente a ellos ya sea por su aspecto, sus costumbres y su forma de vida. Yo buscaba algo que me diese una pista, una direccin que tomar y ese algo tardaba en aparecer. Durante esos das caminaba incansablemente de un lado a otro sin encontrar nada. Estaba muy ansiosa y las cosas no me salan como yo esperaba. Un da, estando un tanto desilusionada, me sent en mi rbol y Leila a mi lado. Se me ocurri pensar que si me pona tan mal poco iba a solucionar. Despus de todo, la Dama haba aparecido en un momento de tranquilidad; yo no la haba buscado, sino que ella vino para ayudarme. -Bueno- me dije-por que no hacer lo mismo!, No es seguro que lo encuentre, pero o que si es seguro es que estando tranquila me voy a sentir mejor. Me acurruqu al lado de Leila que dorma profundamente y trat de pensar, con mas calma, en lo que poda hacer. En eso o una voz que dijo: -No siempre se encuentra lo que se busca en la direccin en que se lo busca.... Me par de un salto para ver quien deca algo tan lindo y all estaba. Recuerdo que se me cayeron algunas lagrimitas de emocin y alegra al ver la impotente figura de un aguar-guaz delante de m. Era hermoso, mucho mas de lo que mostraban sus fotografas en los libros!. Su cuerpo era esbelto, delgado y de gran alzada, su pelo era muy largo y de color rojizo-dorado y sus patas muy largas, tenan una coloracin ms oscura. Sus orejas bien paradas significaban cuan atento estaba. Su expresin era de tranquilidad. Y el solo hecho de verlo me haca sentir confiada y segura. Y eso era solo la primera impresin, luego me dara cuenta de lo importante que seran para m sus enseanzas. -Dan?- pregunt dbilmente. Me sonri y me dijo: -Acaso no queras encontrarme?. -Claro!, Pero no saba como hacerlo. No conozco tu casa, ni los lugares que te agradan, ni el arroyo o ro del que bebes. -Sin embargo aqu estoy y an desconoces esas cosas. Estar impaciente es como colocarse una venda en los ojos que no deja ver, al calmarte te la sacaste y simplemente me viste delante. -Mam siempre me dice algo parecido cuando me enojo por que no me salen las tareas del cole. -Chispita, soy muy viejo ya y muchas cosas me ha tocado vivir. La experiencia me ense que las cosas que nosotros mismos nos damos cuenta por que nos sucede, nos llegan a lo profundo del corazn, las entendemos y nos comprendemos, y eso es muy lindo. -Ahora entiendo por que la hermosa dama me dio tu nombre y algo me dice que debo agradecrselo mucho. Que alegra siento en este momento!. Y an hoy siento una gran alegra al recordarlo y al recordar las cosas que a partir de aquel momento iba a vivir, no solo con l, sino con amigos que no mucho despus iba a conocer. -Quers acompaarme?- me pregunt. -Claro me gustara mucho, voy a despertar a Leila para que venga con nosotros. -Es mejor que se quede descansando, hoy caminaron mucho, vamos?. Dan y yo rodeamos la zona del camping por la orilla del arroyo y luego del ro internndonos en la selva en galera. Abandonamos el sendero para acortar camino. Cruzamos los viejos hornos de ladrillos y unas construcciones abandonadas que no parecan muy antiguas. Nos detuvimos un momento en una especie de gruta que tena una figura de la Virgen Mara a quien le rezamos una oracin en agradecimiento por nuestro encuentro.

Dan era incansable, siempre al mismo ritmo sorteaba cualquier obstculo y se diriga por los lugares ms inslitos. Hubo que cruzar varios vados y pequeos charcos con alta vegetacin. En los momentos en que para mi se haca difcil el terreno, me suba sobre l y seguamos adelante. Ni siquiera mi peso pareca cansarlo. Nos detuvimos frente a unos pastizales de donde sali un aguar-guaz tan linda como Dan, de un color mas claro y rojizo y un poco ms pequea. -Es Ruth- me dijo l-nombre que significa La Fiel Compaera. Vivimos juntos toda la vida y estamos en este territorio desde hace ya muchos aos. -Hola Chispita- me dijo Ruth. -Hola- respond con timidez. Su voz era dulce y su actitud era de calidez y bienvenida a su hogar. Entramos en una especie de cueva hecha con los mismos pastos y arbustos muy confortable, limpia y segura. Con razn, pens, es tan difcil encontrar estos animales como deca la revista. Es prcticamente imposible llegar a sus territorios y an llegando a ellos es difcil verlos por el tipo de vegetacin y por sus hbitos nocturnos. Aquel mundo pareca muy diferente al que vea en la zona de intendencia, incluso en mi gran rbol Solo haca unos minutos que estbamos all y ya haba visto cerca de diez animales de distintas especies: pjaros por doquier, andes, guanacos, gatos de los pajonales y monteses, jaguarondes, zorrinos, zorros, comadrejas, jabals, liebres, lagartos, overos, tortugas pintadas, coipos y vizcachas. Todo el que pasaba por la zona, se detena y saludaba al viejo Dan; algunos charlaban un poco, se contaban cosas y luego se despedan cordialmente. All no pareca haber dudas, todo pareca bastante claro... -por qu todos los animales se muestran tan cordiales y respetuosos con Dan?. -tratar de explicarte- me dijo Ruth-hemos vivido en todos los territorios del noreste del pas. Dan a recorrido continuamente miles de lugares y esto lo llev a conocer y a vivir muchas situaciones difciles, lo que hizo que poco a poco fuera adquiriendo gran experiencia y sabidura. Conoce unos montones de historia, leyes, costumbres, leyendas, supersticiones y el lenguaje de todos los animales. Por esto he consultado por muchos quienes ven en el no solo a un consejero, sino a alguien que los comprende y anima a resolver los problemas si los hubiere. No da soluciones sino que ensea a encontrarlas. Es considerado l mas justo; pero no olvides que si lo es, es porque la vida le ha enseado a hacerlo en un continuo superarse. Lo respetan porque sabe hacerse respetar, dando el ejemplo y mostrndose con todos comprensivo y paciente. En su hablar hay mucha firmeza, alegra y buen humor como as tambin, y solo si fuese necesario, dureza y energa diciendo las cosas tal cual son y como deben ser con intenciones de corregirlas. Es un magnifico compaero, fiel y protector hasta la muerte, juguetn con nuestros cachorros o quien acepte jugar con l. Amigos de todos los animales que existen, aun con los que nunca vio porque viven en lugares remotos del pas. -Me doy cuenta, por tu forma de hablar, de cunto lo quers y cuan orgullosa ests de l. Yo misma, a pesar de muy poco que lo conozco, estoy querindolo cada instante ms. -Chispita-dijo Dan suavemente-Vos tens muchas respuestas que encontrar y yo estoy junto a vos para ayudarte a descubrirlas. Es mejor que nos ocupemos del asunto. Quers contarme tus inquietudes?. -Por supuesto!, Desde hace un tiempo estoy observando comportamientos muy extraos de los animales. Hacen cosas que no entiendo; parece que no se quisiesen entre ellos ni se respeten. Se atacan unos a otros dando pruebas de maldad y egosmo a quienes los miramos es necesario todo esto? . Dan me miraba fijamente y me oa con mucha atencin. Sus ojos expresaban comprensin y afecto; lo que hacia que me sintiese muy confiada y segura con su compaa. Estuve en silencio varios minutos en que solo se oyeron los dulces cantos de los pjaros y las ranas. Luego miro tiernamente a su compaera: -La tarea ser larga. Promteme ser perseverante y paciente en la bsqueda, en tu bsqueda. Me llevo a descubrir esas cosas, pero valioso fue encontrarlas porque mucho aprend buscndolas, -Prometido!- afirm alegremente. -Buen comienzo-apenas murmur; luego se par y observ atentamente hacia todos lados con sus orejas bien paraditas y una expresin calma en su rostro. -Ven Chispita, es por aqu-me dijo, y avanzo entre los grandes pastos desapareciendo rpidamente. Mir a Ruth como esperando de ella algo que por supuesto obtuve. Guindome un ojo afirmo: -Confa en l. Corr detrs de Dan hasta alcanzarlo y a partir de ah camine a su lado en silencio, disfrutando del recorrido y de los nuevos y fantsticos paisajes que nos rodeaban. Avanzbamos lentamente como si buscsemos algo. En silencio y con gran atencin mi compaero marcaba el camino. Luego de unos instantes nos detuvimos. Estbamos en medio de un amplio campo. Podan verse no muy lejos, pequeas lagunas. Los pastos eran altos y haban gran cantidad de arbustos bajos. Hacia mucho calor y el DIA era muy agradable. Ni una nube paseaba por

el cielo que, de un intenso celeste, se mostraba limpio y grandioso. Una brisa fugaz rondaba por la zona haciendo bailotear pastos y florecas. Dan llamo con voz suave y firme: -Amira!, El viejo Dan quiere hablarte, siento mucho molestar tu descanso pero es importante que dialoguemos. Me hizo sea para que me sentara y l se ech a mi lado sin decir ms nada esperando que su amiga apareciese. -Siempre fue muy grato hablar con vos viejo lobo, as que de muy buena gana interrumpo mi siesta-dijo una aguda y fra voz que provena de debajo de un arbusto, no muy lejos y delante de nosotros. Y luego agrego: -Viniendo de vos, importantes deben ser las noticias ya que tambin dorms a estas horas del da. Ambos solemos encontrarnos en la oscura noche en la que buscamos nuestro alimento. Haz por favor que esa hermosa nia que te acompaa permanezca quieta delante de m. Mucho me asustan los movimientos rpidos. Voy a acercarme... Por breves instantes no se oy otro sonido que de la madre naturaleza. No sabia de que animal se trataba ni oa acercarse a nadie. En otro momento hubiera corrido desesperada y con gran miedo hacia mi casa, pero ahora no era necesario. Mi protector amigo no iba a exponerme a un peligro. Quera ayudarme y solo el sabia como hacerlo mejor. De repente y justo delante nuestro se alz de entre unas rocas una enorme cabeza de forma triangular con ojos malvados y una larga lengua que entraba y sala nerviosa de su boca cerrada. Amira era una gran vbora que casi un metro y medio de largo. Estaba sorprendida; nunca haba visto una. Estas eran las peligrosas enemigas de las que tanto me adverta pap. No tenias miedo, pero algo hizo que abrazara a Dan que sereno como siempre observaba a su amiga. -Chispita -me explic Dan-Amira es una de las miles yarars que viven en el parque. Temida por muchos y respetada siempre por miedo y nunca por comprensin y amor. Si tu pap te habl de ellas sabrs de su mortal veneno y otras cosas ms. Ella es un ejemplo claro de las cosas de las naturalezas que vos tratas de comprender aunque no el nico; pero recuerda lo que dijimos al comenzar: ser un largo camino, pero bello y sorprendente como ningn otro. Pregunta a esta gran vbora lo que quieras que tratar de responderte. -Dime Amira-dije con un poquito de miedo-Por qu atacas a los hombres y a los animales con tu peligrossimo veneno?, Eres cruel y despiadada al cazar. Hay maldad en vos y en todas las serpientes. Es que no se dan cuenta del dao que causan?, no tens buen corazn... -Bueno, bueno. Vayamos por parte nia de ojos chispeantes- dijo casi silbando Amira; ya que sin darme cuenta me estaba enojando con ella y por eso me interrumpi. -Me ofenden tus palabras pero entiendo que es no es tu intencin. A ver si podemos entendernos. Yo no cazo hombres ya que no me alimento de ellos y ninguna serpiente del mundo hace algo as. -Entonces por qu mueren tantos por mordeduras de vboras?. -La respuesta es simple Chispita. En la naturaleza nosotras estamos expuestas a muchos peligros. De todos ellos el hombre es l ms injusto con nosotras ya que nos mata por costumbre o porque eso dicen que deben hacer las leyendas y supersticiones del lugar. Casi nadie nos caza para alimentarse, lo hacen para usar nuestros cueros y muchas veces sin motivos. Dios nos ha dado a todos lo necesario para vivir segn la especie y el lugar donde habitamos. -Dios no pudo haberles dado veneno para que lastimen a los dems-interrump. -El veneno que tenemos nosotras, no es para lastimar a alguien. Las vboras tenemos una digestin lenta, estamos das, semanas y a veces meses sin movernos. Una vez que comimos, el mismo, nos ayuda a digerir el alimento adems, yo no ando de aqu por all mordiendo a todo el mundo Te parece que esto es injusto?. -Caramba!, Yo no sabia esas cosas Amira creme, por favor. -Claro que te creo Chispita. Djame explicarte un poquito mejor. Si yo tuviese mal corazn y fuese tan cruel y despiadada como dijiste te hubiera mordido sin que siquiera te des cuenta de ello. Soy veloz y no podras defenderte, no te dara tiempo para esto. Sin embargo vos no me molestaste; obedeciste lo que le dije a Dan de los movimientos bruscos y me trataste con respeto. -Por qu no puedo moverme con brusquedad delante tuyo? -Muchos de los animales se alimentan de nosotras y tenemos que defender nuestra vida con lo que Dios nos dio. A veces estamos tan alertan que ante un movimiento violento mordemos asustadas. Esto sucede siempre con los hombres que imprudentemente que caminan por los pastos sin mirar que debajo dormimos o andamos nosotras. Nos pisan por accidente y los mordemos por miedo a que nos daen. Acordare que actuamos por instinto, no pensamos lo que hacemos por eso digo que injustos son los hombres que pudiendo usar su

inteligencia para comprendernos, lo hacen para entretejer falsas historias que no hacen ms que perjudicarlos y perjudicarnos a todos. Niita, no soy mala. Vivo de acuerdo a mis posibilidades y agradezco a Dios da a da por que me dio la vida. Sabe bien cuanto ayudamos nosotras al hombre sin que salvo raras excepciones se den cuenta de ello. Muchas de mi pueblo se alimentan de roedores y si no lo hicisemos estos mamferos invadiran y destruiran depsitos de comida y llegaran a miles a las ciudades provocando enfermedades y otros problemas. -Quiero agradecerte esto Amira y a toda tu familia. -No lo hacemos para que nos lo agradezcan pero es muy lindo lo que decs y me pone muy contenta porque quiere decir que algo de toda esta charla fue comprendido, a pesar de lo difcil que debe ser para vos. -Es cierto, no todo lo que me contaste es fcil de entender, pero te prometo que esta noche cuando me acueste voy a pensar mucho y voy a pedirle a Dios por ustedes y por todos los animales que todava no conozco. Para que podamos entenderlos a todos y puedan vivir tranquilos. Sabes que siento un gran cario hacia vos, tanto que tengo ganas de abrazarte para expresarte lo feliz que me siento. -No lo hagas, yo puedo sentir ese cario y tu emocin igualmente. Acordate siempre que nosotras no pensamos y puedo llegar a morderte aunque no quiera hacerlo. Desde hoy todo el pueblo de las serpientes sabr que hay una nia que nos ha comprendido y nos respeta porque tambin somos una criatura de Dios. Vayas donde vayas, todas sabrn quien eres. Pero promteme que no te acercars demasiado a nosotras, danos amor y no nos tengas miedo que todo siempre saldr bien. Chispita, cuando quieras saber mas cosas de nuestra familia no tendrs mas que buscarme y hablaremos de nuevo. -Prometido Amira, y claro que voy a volver a hablar con vos en otra oportunidad. -Debo dejarte ya, es necesario que descanse para poder cazar esta noche. Ojal te haya [Link] senda y hasta pronto querida amiguita! . -Adis Amira, te estoy muy agradecida por la ayuda. Rpida y elegantemente gir su hbil y flexible cuerpo sobre s mismo y desapareci entre las rocas. Dan, que segua a mi lado, haba escuchado cada palabra de la conversacin y en ese momento me miraba silencioso. -Es asombroso- dije a mi amigo- Y pensar que yo me preguntaba si serviran las vboras para algo. Se me ocurre que esto mismo debe suceder con todos los animalitos que vienen en la tierra, No es as Dan? -Cada uno cumple con una importante tarea y todos juntos expresamos la belleza y el amor con que Dios nos cre. -Me siento mucho mejor que antes y ms tranquila. -Chispita, vos tens el don de poder hablar con los animales. Si alguna vez llegas a tener alguna duda de alguno, no tens que hacer mas que buscar a ese pueblo y hablar con ellos. Es la mejor manera de aprender y por lo tanto comprender y crecer da a da. La naturaleza se supera y mejora continuamente con gran alegra. Esta es la ley, una ley que todos cumplimos porque nos permite madurar y ser cada vez mejores. Este es el motivo por el que me respetan, y no solo a m sino a todos los viejos de todos los pueblos, o como ustedes los llaman Mayores. El futuro de la naturaleza descansa en las manos de os que tenemos mas experiencia. Valora mucho esto y vas a ver cuantos cambios lindos va a haber en vos a medida que vaya creciendo. Record cmo nos encontramos y quizs el hacer lo mismo te d nuevos buenos resultados. -Decime Dan, porqu hablan tanto del conservacionismo los hombres?, tanto pap como Alhu me han explicado mucho sobre este tema, adems, le cosas de revistas y libros; pero an no termino de entenderlo. Siempre viv en contacto con la naturaleza y no hago mas que respetarla y cuidarla. Toda mi familia lo hace y tratamos adems de ensear ese respeto y transmitir nuestro amor por ella a los dems. -Es muy difcil respetar algo sino se lo valora y se lo ama. Para ustedes es sencillo por que viven en la naturaleza y pueden contactarse con ella diariamente. Pero en las ciudades no sucede lo mismo. Mir, tocame aqu en mi pata delantera y aqu en el flanco derecho. -Dios mo!, son enormes heridas. No las haba visto antes. -Son viejas heridas ya cicatrizadas y cubiertas por el pelo largo. Fueron causadas por cazadores que con escopetas buscaban lobos de mi pueblo. Me cost mucho defenderme y defender a mi compaera de ellos. Pero al fin pudimos huir y escondernos de ellos. Luego con continuos baos en los arroyos fuimos curndonos poco a poco hasta quedar nuevamente saludables y fuertes. -Por qu queran cazarte, es que no saban quien eras?. -No lo saban y creo que no les importaba saberlo. Solo buscaban pieles y no averiguaban quienes las llevaban puestas. Chispita, mi pueblo viva desde la patagonia hasta el ro Amazonas en Brasil y ahora ya somos muy pocos. El territorio se achico a la mitad y la cantidad de animales a una cuarta parte... -Debes odiar a los hombres. -No, los comprendo. Prefiero no juzgar, ni condenar lo que hacen, ni justificarlo, solo comprenderlos

con cario sincero. Vos sos una nia, hija de los hombres y si yo los odiara o estuviera en contra de ellos, no nos habras encontrado. Adems hay muchos hombres que piensan como vos y tu familia. Vale mucho hacer las cosas por amor, ya que aunque ese amor sea para unos pocos siempre nos enriquece y enriquece a quienes nos rodean. -Estoy empezando a sentir la importancia que tienen todas las cosas de la naturaleza, estoy vindola con otros ojos y todo ahora me causa admiracin. -Me siento muy feliz Chispita ya que ahora ests usando los ojos de la comprensin... Recuerdo que abrace fuerte a Dan y montones de pequeas gotitas resbalaron por mis mejillas. No era tristeza, era una profunda alegra. An no puedo explicar lo que sent en aquel momento. Supe que algo realmente importante comenzaba. Ya todo era diferente, las dudas permanecan pero ahora estaban acompaadas de la esperanza necesaria para disiparlas algn da. Despus de haber estado horas hablando con aquel viejo aguara-guaz, nos decidimos a regresar. En aquella charla entend verdaderamente el trabajo de pap y el porqu haba Parques nacionales y otras cosas que contar mas adelante. Saban todo eso pap, mam, Alhu y Francisco. Ellos eran ms grandes que yo y probablemente ya saban todo lo que yo estaba aprendiendo, pero lo ms lindo, como dijo Dan, es que las cosas que descubrimos nosotros llegan a lo profundo del corazn. Senta un inmenso amor por Dios y por todas las criaturas. Tuve ganas de abrazar al mundo y contagiarle mi alegra. Y eso mismo siento ahora al escribir esto; mi corazn late rpido al recordar esos momentos y otros que no mucho despus iban a vivir con Dan y otros animalitos. Al comprender el camino hacia la cueva de Dan y Ruth nos detuvimos varias veces para dialogar con distintos pueblos. As como es Laro, el lagarto overo cuyo nombre significa paciente, me cont como en sus comunidades los jvenes respetan a los mayores a tal punto de llevarles la comida a los que por ser muy viejos apenas salen de sus cuevas para calentarse al sol. Conoc tambin a Ada, la gran araa cuyo nombre significa alegre y a Daira, que quiere decir la que sabe, una and muy chistosa que me cont historias sobre su pueblo. En realidad da a da paseaba con Dan visitando otras familias y conociendo otros amigos. Munira, la tortuga pintada cuyo nombre significa fuente de luz, me relat hermosas leyendas acerca de sus antepasadas tortugas gigantes. Tambin conoc a Marlo, que quiere decir trabajo incansable, quien me explic como hacer una cueva como la suya y me mostr las hermosas construcciones que hace su familia. Dan me acompa hasta el gran rbol donde todava estaba Leila, dormilona como siempre, que no se haba enterado de nada. Al despedirme, mi fiel compaero desapareci de mi vista. Me restregu los ojos para ver si era una ilusin ma, pero all no haba nadie. Despert a Leila para contarle todo lo sucedido pero mi voz tembl cuando entre los altos rboles de la zona pude ver un esplndido Arco Iris.

Octavo Relato
En aquel atardecer me encontraba jugando en la sala ya que el da era lluvioso y muy fro. Haba terminado de hacer los deberes del colegio. Era un da hermoso, porque a m me gustan mucho los das que suelen llamarse feos. Todos son lindos. Adems, la lluvia es muy importante para los animales y vegetales. Es tan lindo jugar bajo la lluvia. Pero mam dice que eso no es cosa para hacer en el invierno ya que puedo enfermarme. Leila me miraba como invitndome a jugar con ella. Acept entusiasmada y fui a buscar la pelota. Corramos para todos lados, subindonos a la mesa, a los sillones, pasando por debajo de las sillas. Era muy divertido, pero esa alegra se acab muy pronto ya que en un momento me resbal y ca sobre la mesita, rompiendo un jarrn hermoso y varios adornos. Menos mal que no me lastim, pens. No saba que hacer. Mis padres se enojaran mucho si saban que mi cada haba sido por un juego de pelota nada menos que en la sala, ya que siempre repiten que esos juegos son para hacerlos afuera o en la galera. Decid no decir nada. Me fui con Leila a la habitacin, cabizbaja y sintindome un poquito culpable por lo que haba sucedido. Por la noche, en la cena, mam estaba muy seria y callada. Todos comamos el rico guiso que ella haba preparado. Alhu y Francisco discutan sobre unas tareas de matemticas y pap los escuchaba con atencin. Yo estaba muda y Leila, cuando mam la mir para darle su comida, se fue con la cola entre las patas y se ech frente

al hogar. -Quin sabe algo de un jarrn y varios adornos rotos?- pregunt mam. Se hizo un silencio que me pareci largusimo, en el cual todos intercambiaban miradas. Yo segua comiendo. Senta miedo de hablar y no lo hice. Pap agreg luego de unos instantes: -Celeste no ves que no fue nadie?, y si hoy no tuvimos visitas, quiere decir que hay solo una posibilidad: Leila. Yo saba que tanto pap como mam saban que Leila no era capaz de romper nada y que el o la causante estaba sentado en la mesa. -Muy bien, vamos a hacer lo siguiente: desde hoy, nuestra mascota dormir en el galpn de las herramientas y no podr volver a entrar ms en la casa- replico mam. A mi se me cay el tenedor con la comida fuera del plato. No haba pensado que podan hacer una cosa as. Mis hermanos me miraban como esperando que diga o haga algo. No poda seguir callada. -No pueden hacerme esto. Leila siempre durmi conmigo. Adems, afuera hace mucho fro y se va a sentir sola y abandonada. Por favor denle otra oportunidad- dije sabiendo que no era ella la que la necesitaba, sino yo. -Ya est decidido- contest mam con firmeza. No saba lo que me suceda. Tena un nudo en la garganta. No poda contar lo que haba pasado y me senta muy mal. No termin la comida, pero igualmente me qued sentada en la mesa. Luego fui con Leila y la abrac con fuerza. Estaba triste, pero me mir con dulzura como dicindome te perdono. Me acost temprano pero no me poda dormir. Ya no llova as que abr la ventana para dejar entrar un poco de la fra brisa invernal. Me apoy en el marco y cerr los ojos. Estaba preocupada... De repente, sent como si alguien me estuviera observando. Abr los ojos y vi una lucecita delante y ms all otra y otra. Se prendan y se apagaban como las luces de un rbol de navidad. Pronto se empezaron a alejar hacia los rboles. Algo me deca que deba seguirlas. Salt por la ventana y corr detrs e ellas. Hacia mucho fro y no tena abrigo, pero eso no me import; segu adelante impulsada por mi curiosidad. Me alej tanto que me perd. Yo no saba dnde estaba y para peor no vea las lucecitas por ningn lado. Senta los ruidos por todos lados ya que el viento haca de las suyas a mi alrededor. Empec a sentir un poco de miedo. Pens en lo bueno que sera encontrarme con Dan; pero l estara consiguiendo comida estas horas de la noche. Me acurruqu contra un rbol y empec a rezar, era lo mejor que poda hacer para tranquilizarme. Al rato, sent unas cosquillas en la nariz y, al abrir los ojos, vi una lucecita parada all que me dijo: -Vos debes ser Chispa no es cierto?. -Cmo me conoces?. -Hace mucho tiempo que te estamos esperando y supimos que llegaste gracias a un viejo amigo que nos cont cosas de vos. Te conoce mucho. -Dan?. -Quin otro poda ser?, somos muy amigos. El pueblo de la luz lo quiere mucho. -Quin eres?- pregunt un poco ms tranquila. -Mi nombre es Jar y en tu lenguaje significa luz que gua . -Qu animalito eres?. -No conoces a las lucirnagas?, somos una familia muy numerosa y vivimos en gran parte del pas. -S, las conozco gracias a Francisco. A l le encanta salir de la casa antes de acostarse y verlas brillar en la noche oscura. Pero nunca antes las haba visto tan cerca de m. Jar tengo mucho fro. Creo que fui imprudente al salir de casa sin un abrigo. -Nosotras podemos ayudarte- afirm la lucirnaga y encendi bien fuerte su luz. De entre los rboles salieron miles de lucecitas y se fueron acercando a m de a poco. Pareca un espectculo de fuegos artificiales. Se reunieron a m alrededor y prendieron sus lucecitas con toda su intensidad. Estaba maravillada. Un calorcito empezaba a correr por mi cuerpo, haciendo desaparecer los temblores que me produca el fro. -Gracias Pueblo de la Luz; ya me siento muy bien. -Nos pones muy contentas esto que nos decs- dijo una lucirnaga chiquita y luego agreg: -Soy Tix, bienvenida al Bosque de la Luz quers quedarte con nosotras?. Hace ya un tiempo que queramos encontrarte. Es muy importante que hablemos. -S, claro que quiero que hablemos. Me gustara conocerlas a todas- dije. -Ya habr tiempo para eso- dijo una vieja lucirnaga- Soy Cril, y pienso que ahora debemos ocuparnos de lo ms importante. -S. , es mejor que comencemos- dijo Jar.

-Yo no estoy segura de que sea el momento para hacerlo- replic una lucirnaga que se llamaba Tesia. -De qu estn hablando?. No entiendo nada, por favor pueden explicarme. -Claro, pero todo a su debido tiempo- dijo Jar, y luego agreg: -Es tiempo de la gran reunin. -S- gritaron todas a coro y con alegra empezaron a volar de un lado para otro como preparndose para algo. Jar diriga la reunin, a su lado estaban Tix y Cril, y justo enfrente se hallaban Tesia y el resto de las lucirnagas. -Ella es la nia- dijo Jar, y un murmullo corri entre todas las lucirnagas que me miraban asombradas. -Estn de acuerdo?interrog Jar. -S, es la indicada, todas la reconocemoscontestaron. -Pido permiso para hablar- dijo Tesia. -Adelante, te escuchamos con atencin. -Creo que ella es la nia que tanto buscamos, pero me parece que an no es el momento de darle tan difcil misin. Es necesario esperar un tiempo ms. -Qu piensan los dems?- pregunt Jar. -Yo, Atri pido permiso para hablar . -S, por favor, danos tu opinin. -Creo que Tesia puede tener razn. Pero me parece que nosotras no estamos en condiciones de decidir algo tan importante sin saber lo que piensan de ello las cinco sabias lucirnagas. Hay que consultarlas. -S, debemos or sus consejos una vez ms- respondieron todas. -Bien, que as sea- dijo Jar y luego agreg: -Una comisin partir de inmediato con la nia hacia el bosque plateado en busca de las consejeras y el resto del pueblo aguardar nuestro regreso. Ru qudate junto con el pueblo de la luz!, yo ir con Tesia, Cril, Tix, Atri y Chispita, Estn todas de acuerdo?. -Claro- respondieron todas a una sola voz. -Bien, solo resta saber si Chispita quiere venir. Chispa debes acompaarnos. Quizs sea una de las cosas ms importantes de tu vida, pero igualmente es una decisin que solo vos pods tomar... -Adnde iremos? y porqu y para qu?, no entiendo nada de lo que dicen -todava no podemos explicarte. Debers confiar en nosotras, no creo que te arrepientas. -Est bien!, ir con las cinco a donde quieren llevarme- afirm con entusiasmo. -En marcha!, entonces- grit Jar. -Mucha suerte- gritaron todas. Comenzamos la caminata. Jar iba adelante y el resto de las lucirnagas volaban a mi lado, salvo Atri que viajaba sobre mi hombro. La noche era muy cerrada, as que se vea muy poco. Cuando el camino desapareca en la negrura del bosque, Jar encenda bien fuerte su luz y as con este brillo de gua seguamos adelante. -Hacia donde nos dirigimos?- pregunt. -Vamos a visitar a Fri, la lucirnaga de la alegra- dijo Atri. Despus de mucho caminar Jar anunci que ya estbamos por llegar al bosque plateado. No mucho tiempo despus, ingresbamos en el hueco de un rbol y descendamos por un tnel. Yo apenas entraba. All estaba Fri. Era una lucirnaga muy vieja pero a su alegra pareca rejuvenecerla muchsimo. Con gran simpata

me mir y sonriendo dijo: -Te esperaba Chispita. Soy Fri, cuyo nombre significa Canto de Pjaro y tengo una pregunta para hacerte: qu es para vos la alegra?. -Es algo hermoso que sents aqu en el corazn y que te permite ver las cosas de una manera distinta, ms lindas...- dije mientras pensaba que nunca antes haba explicado a alguien algo as. Me qued pensativa y en silencio algunos instantes, dndome cuenta lo difcil que era expresar con palabras algo tan sencillo. -Bien- dijo Fri a Jar-pueden seguir adelante, nos veremos en el rbol plateado. Seguimos caminando. Estaba cansada, adems, el sendero a veces se haca difcil de transitar y ellas no podan ayudarme. Deba esforzarme mucho para avanzar y tambin empezaba a tener un poquito de sueo. Despus de muchos minutos entramos a otro rbol exactamente igual al anterior. -Hola!, soy Marli, la lucirnaga del entusiasmo y mi nombre quiere decir Luz de Luna. Pods contestarme esta pregunta: De qu te sirve hacer las cosas con ganas?. Estaba sorprendida por las preguntas que me hacan. Por lo general yo no pensaba esas cosas. Luego de pensar unos instantes dije a Marli: -Las ganas son las que te ayudan a lograr lo que te propusiste hacer. Yo siempre hago mis tareas as. Mam me dice que soy muy activa y que me gusta observar las cosas... -Perfecto!, deben continuar, Hasta pronto!, nos volveremos a ver en el rbol plateado. Continuamos lentamente nuestro camino. Jar siempre guiaba e indicaba el camino en silencio. No pronunciaba palabra alguna sin embargo todas entendamos. Yo mientras tanto pensaba... qu era el rbol plateado?, yo jams haba visto uno de ese color. Fuimos luego a ver a Crixa, otra sabia lucirnaga cuyo nombre quiere decir gotita de roco. -Soy la lucirnaga del orden y yo tambin tengo una pregunta para vos: por qu es importante la limpieza?. -Crixa, mi familia me ense que la limpieza y el orden nos ayudan a estar sanos y a ser cada vez mejores, fuertes y saludables. Y, aunque a veces me cuesta un poquito, siempre intento estar bien arreglada y con mis cosas en orden -Muy bien-contest-deben visitar a Nicai, luego nos veremos en el rbol plateado Yo tena ganas de hacer muchas preguntas. Pero todava Jar y las otras compaeras no decan nada. Ellas volaban en silencio, solo hablbamos las lucirnagas sabias y yo. Tena que tener paciencia... -Querida nia, dijo Nicai con gran cario y dulzura- Soy la lucirnaga de la comprensin y mi nombre significa en tu lenguaje Canto de Lluvia, pods responderme una pregunta?. -S, decime- dije con alegra. -Cmo debes llevarte con tu familia y amigos?- interrog. -Debo esforzarme por respetarlos. Los quiero mucho y quiero para ellos lo mejor. Siempre pienso en todos e intento ser buena. Claro que tambin me enojo, pero se me pasa rpido... -Bien!-contest- nos vemos en un rato en el rbol plateado. Seguimos la marcha a pesar de mi sueo y mi cansancio. Haca muchsimo que habamos abandonado al pueblo de la luz y en aquel momento lloviznaba un poco. Lo que me complicaba mas la situacin. Por fin llegamos al rbol de la quinta lucirnaga. Este tambin era igual a los anteriores, asombrosamente igual... -Soy Taili, la lucirnaga del amor y mi nombre significa Luz del Sol. Chispita debo hacerte una pregunta difcil, decs la verdad?. -Bueno, esteeee..., trato de hacerlo, pero a veces no puedo; hay algo que no me deja hacerlo. Ayer romp unos adornos y no pude contarles a mis papas que yo era la responsable de eso. Ellos creyeron que Leila era la culpable y la castigaron mandndola a dormir al galpn en vez de la casa. -Ese castigo no fue para ella, ms bien creo que fue para vos. No te parece que tus padres deben suponer que tu perra no hizo tal cosa?. -Creo que si, me siento mal por haberlos engaado. -Es lo mejor. Gracias por tu ayuda Taili. -No hay nada que agradecer. Vamos, nos esperan Fri, Marli, Crixa y Nicai en el rbol plateado. Ya es hora que te empecemos a contar cosas. Tuviste mucha paciencia y confiaste en nosotras, ahora soy yo la que te agradece esto. -Desde que sal de casa algo me deca que deba venir y ahora veo que mi intuicin no me fall. Hice un gran esfuerzo en la caminata, pero vali la pena ya que las conoc a ustedes y esto me ayud mucho. Me hicieron pensar en cosas lindas y muy importantes. Luego de la conversacin con Taili, avanzamos todas juntas y guiadas siempre por Jar. Llegamos a un

claro donde se alzaba un eucalipto, solo, en medio de lomas y pastos altos. La oscuridad era total. No pareca ser plateado sin embargo las cinco lucirnagas lo llaman as. Nos acercamos. Nos quedamos unos instantes quietas y calladas. All encontramos a las cuatro sabias, quienes se sumaron a nuestra quietud y silencio. Luego de unos instantes vi aparecer pequeas lucecitas entre los rboles. Primero unos pocos y luego miles, millones. Todas volaban hacia donde estbamos nosotras. -Lleg el momento tan esperado por todas- me dijo Jar en el odo -prest mucha atencin- agreg luego y dirigindose a todas dijo: -Muy bien, esperaremos a que las cinco consejeras den su opinin. Las hemos visitado a las cinco y todas hablaron con Chispita. Las cinco se miraron entre s, en silencio y despus de unos instantes contestaron al mismo tiempo: -Es el momento exacto. En ese momento ocurri algo increble. Las nubes empezaron a abrirse y nos dejaron ver el oscuro cielo. La luna llena se descubri majestuosa ante nosotras y proyect un intenso rayo sobre el rbol en que nos encontrbamos. Ahora si que era plateado... la luz lo haca brillar como si fuese una piedra preciosa. Los alrededores seguan en sombras. Era un espectculo emocionante. Llor de alegra. Todas las lucirnagas gritaban de alegra y volaban de un lado a otro aprobando la decisin. Haba clima de fiesta. -Chispita ya es hora de que te expliquemos- dijo Jar y luego continu: -Todos los seres tenemos una luz, no solo las lucirnagas. Lo que pasa es que los hombres y algunos animales lo han olvidado y muchos incluso ya la han apagado. Nosotras descubrimos que la tuya es muy fuerte y si vos acepts te encomendamos una misin. Lucirnagas piensan que Chispita ser capaz de cumplir con esta misin?. -S!!!!- contestaron a coro-seguro que lo har. -Debes mostrar tu luz a los dems. Sers luz entre las sombras; la llevars a los hombres; sers La Mensajera de la Luz. Abrirs tu corazn y as lograras que ellos tambin lo hagan. Y si todos lo lograran, juntos haran brillar una luz ms intensa que la del sol. Pero vos no vas a poder hacer brillar la luz de los dems; debes dejar que ellos lo hagan. Solamente les mostrars la tuya y luego esperars que descubran la propia. -Pero yo no tengo ninguna luz- dije preocupada. -No podes verla, pero todos los que te rodeamos podemos sentirla. Es la luz de tu corazn, el amor que derramas sobre todas las criaturas. Para guiarte recuerda siempre la ley que te ense Dan y lo que estas cinco sabias lucirnagas te preguntaron. No ser una tarea fcil, pero sabemos que vas a lograrlo. -Pienso que no es una misin sencilla, pero me gusta, Acepto hacer todo lo posible por cumplirla!. -Excelente!- grit Jar- Formaremos un enorme crculo de luz a tu alrededor para sellar tu compromiso. Me rodearon un montn de tenues lucecitas y cuando Jar dio una indicacin, todas iluminaron el lugar con toda su fuerza. La luna segua derramando su luz sobre nosotras, haciendo que todo fuese muy esplndido y muy emocionante. Montones de lgrimas resbalaban por mis mejillas. Todas me felicitaron. Me senta muy feliz y aunque todava no saba como cumplir con su misin, estaba tranquila. Ya, ms adelante, iba a tener oportunidad de aprender... Despus de la fiesta haba llegado el momento de despedirme. Empezaba a hacerse de da y el pueblo de la luz deba descansar. Me acompaaron hasta mi casa y all nos saludamos con alegra. Pronto bamos a volver a encontrarnos... Entr por la ventana y, al darme vuelta para mandarles un besote, ya no estaban. Era de da!. Se oan los cantos matinales de los pjaros y brillaba, entre las grises nubes, un maravilloso arco iris. Llor de alegra mientras lo miraba y recordaba todo lo vivido aquella noche.. Despus de unos momentos record tambin lo sucedido con los adornos y sal corriendo arrepentida hacia la pieza de pap y mam. Los despert y les cont lo sucedido. Les dije que yo era la responsable de la rotura, que deban perdonar a Leila. Ella solo estaba jugando conmigo, yo deba haberme dado cuenta que la sala no es lugar de juegos de ese tipo. Me explicaron que los adornos rotos no importaban, que en realidad era peor no decir la verdad que romperlos. Dijeron que no deba mentir ya que eso nunca me salvaba de nada, ni tampoco ocultar las cosas. Me demostraron comprensin y me preguntaron si me pareca justo que me castigaran. Les respond que si aunque mucho no me gustaba la idea, pero ambos se rieron y afirmaron que pensaban que no haca falta. Yo haba aprendido mucho con este accidente y eso era lo importante. Luego les ped permiso para poder entrar a Leila y pap riendo me dijo que haba dormido adentro. Los mir sin entender y en eso, sale mi mascota de debajo de la cama de ellos, da un salto y subida sobre m me dio un lengetazo de felicidad en la cara.

Nos remos todos y despus de haberles contado mis aventuras con las lucirnagas me ofrec a preparar el desayuno de todos.

Noveno Relato
Pap trabaj y estudi mucho durante ese tiempo en El Palmar. Averigu sobre los lugares cercanos y atractivos para los turistas, obteniendo informacin para brindar a los visitantes. Nos enteramos as de la riqueza histrica de la provincia: el Palacio San Jos en Concepcin del Uruguay, que encierra toda la historia Urquicina en la fabulosa mansin. Esta reuna la comodidad criolla y la lujosa belleza Europea, lo que haca de esta casona colonial que data de 1850, una esplendorosa y confortable residencia muy poco comn para esa poca. Y tambin el Palacio San Carlos, ruinas que guardan leyendas y misterio entre el aroma de los azahares de la ciudad de Concordia. Aprendimos adems sobre las obras modernas y tecnolgicas. La represa de Salto Grande, sobre el mismo ro Uruguay. El puente internacional que une las localidades de Puerto Unzu (Entre Ros) con la de Fray Bentos en Uruguay y el puente Paysand (Uruguay) con Coln (Entre Ros) que acelera tanto las comunicaciones. Y hacia el sur, el complejo ferrovial Zrate- Brazo Largo sobre el Paran de Las Palmas. De todo vimos pelculas y fotos. Adems lemos folletos despus que pap los estudi. Se lo vea cansado, y como contaba con la colaboracin de otro guarda parque, mam insisti para que tuviramos vacaciones. La alegra nos invadi a nosotros, los chicos, ante la noticia de pasear. Haca un ao que estbamos all disfrutando del bellsimo paisaje de El Palmar y otra vez, a viajar, para conocer lugares nuevos. No hubo grandes preparativos. Pronto comenzaban las clases. Tena que ser un viaje interesante, agradable y descansado. Mam aclar que Leila quedaba haciendo compaa al otro guarda-parque. Estbamos tan contentos que aceptamos sin discusin. Mam eligi el lugar, la pennsula Valdez, enseguida corrimos al mapa para ver donde quedaba, por supuesto tena que ser sobre el mar porque su nombre hablaba de un accidente costero. Comenzamos a correr con el dedo la costa de Buenos Aires, cruzamos la provincia de Ro Negro y finalmente, al norte de la provincia de Chubut sala hacia el mar la nombrada pennsula Valdez. En dos das estuvo todo organizado colaboramos como nunca!, la idea de conocer el mar me fascinaba. Fuimos solos con la camioneta, todos juntos, en pocas horas llegamos al complejo ferroviario, dos enormes puentes distanciados varios kilmetros entre s, muy altos, sobre el agua qu chiquito se vea todo desde all arriba!, y el tren, por un puente mucho ms alto todava Qu impresin nos causaba!. Entramos as en la provincia de Buenos Aires, pronto nos encontramos en medio de grandes y frtiles llanuras, extensiones enormes de campo, unos cultivados y otros dedicados a la cra de ganado. Hermosos y grandes rboles a la vera de las rutas. Frondosos montes interrumpiendo los campos y cobijando las casas de las estancias y otros protegiendo a los animales del intenso calor del verano. Al atardecer llegamos a la ciudad de Baha Blanca, donde pasamos la noche. Temprano, antes del amanecer, comenzamos otra vez el viaja. Cruzamos el Ro Colorado, al sur de la provincia de La Pampa y penetramos en la provincia de Ro Negro. Al rato encontramos al mismo ro del mismo nombre y pronto llegamos a San Antonio Oeste, las playas al norte del golfo San Matas, de aguas marinas muy serenas, enormes al medioda, debido a los cambios de la marea. Descansamos, jugamos con la arena, nos baamos en el mar, almorzamos y otra vez a viajar. Desde horas atrs el paisaje haba cambiado radicalmente, cruzbamos grandes extensiones de desierto, solo pastos duros y bajos y as continu hasta el final. Cuando pap nos avis que comenzaba el territorio de la pennsula, Alhu, Francisco y yo nos miramos. El istmo continuaba siendo un desierto, no pareca regin de emociones ni belleza. De pronto un cartel anunciaba la isla de los pjaros pero como iba concluyendo el da continuamos viajando. El sol desapareci y con las ltimas luces naturales llegamos a Puerto Pirmides. Ya en la Pennsula solo la tenue visin del mar desde lo alto, su rumor e intensidad nos entusiasmaron. Pap baj las dos carpas de la camioneta y entre todos las armamos. Alhu, Francisco y yo compartamos una y mam y pap compartan la otra. Extendimos las bolsas de dormir y

ayudamos a mam con la preparacin de la cena, en torno al fuego organizamos las responsabilidades que asumiramos cada uno de nosotros en los das venideros. Francisco era el encargado de la lea, Alhu y yo de mantener los bidones con agua potable, y mam y pap nos ensearan a encender y mantener el fuego. Cada uno se ocupaba de su equipo personal y entre todos cocinaramos. Estbamos muy cansados de tanto viajar y por lo tanto nos dormimos muy temprano. Con los primeros albores me despert. Francisco y Alhu estaban tan ansiosos como yo y tambin despertaron temprano. Pap y mam dorman y como eran sus vacaciones nos quedamos charlando en la carpa. Al or crujir algunas ramas, cortadas por pap para encender el fuego, salimos. Detrs de los matorrales que hacan de refugio posterior a las carpas, se extenda inmenso y sereno el mar. Este llegaba suavemente a una enorme playa solitaria, totalmente plana, casi redonda. Lo veamos todo como desde un primer piso. Entonces pap nos explic que Puerto Pirmides estaba sobre el Golfo Nuevo, al sur de la pennsula cuyas costas eran casi totalmente acantiladas. Mam detuvo nuestro impulso de salir corriendo a investigar, diciendo: -Tomemos el desayuno y luego a pasear y disfrutar! Hicimos todo con gran velocidad y tuvimos as oportunidad de recorrer e investigar. Me invada la curiosidad por saber si encontraran animales con los cuales dialogar y entenderme. El lugar estaba poco habitado, haba una estacin de servicio, un hotel y un pequeo poblada de cientos de personas, no ms. Recorrimos los tres juntos la playa llegando hasta el sitio donde salan de las aguas los restos de una embarcacin hundida. Francisco comenz a fantasear historias de piratas, asaltos marinos y peleas de navos. Alhu y yo lo escuchbamos atentas, nunca imaginamos que l pudiera ser tan buen narrador. Ya pasaba media maana, llegamos a la zona prxima al camping, haca calor!. Tena deseos de entrar al agua, pero me asustaba su inmensidad y senta miedo de que pudiera estar fra. Finalmente me decid, avanc hacia el mar azul y calmo que se confunda con un cielo intenso del mismo color. Camin por la orilla jugando con las pequeas olitas y mis pies. Era clida, tibia. Me anim y me met ms hondo. Sin darme cuenta me encontr con el agua en la cintura y al mirar hacia abajo descubr que era totalmente cristalina. Lograba verme los pies sin dificultad. Ya ms segura comenc a jugar con ella y pronto se uni Francisco a la diversin. Retozamos y gozamos como nunca lo habamos hecho. Nos cansamos y sentimos hambre, as que salimos del agua y fuimos hacia las carpas a encontrarnos con la familia. Almorzamos, compartimos nuestras experiencias y descansamos porque el calor era agobiante. Al despertar pap nos propuso aprender a armar y encender el fuego, lo que nos encant. Fue ms simple de lo que suponamos ya que antes lo habamos visto hacer en la estufa-hogar de Calilegua. Entusiasmados, alrededor del fuego, Francisco hizo sonar las cuerdas de la guitarra con la misma gracia y alegra con que lo haca siempre, mientras entonbamos canciones conocidas por todos y disfrutbamos de la compaa de nuestros seres queridos. A la maana siguiente, sal a caminar por los alrededores, en la inmensidad del desierto pastaban tranquilas las maras, roedores muy semejantes a liebres. Ante mi presencia, algunos grupos ms prximos, inquietos, levantaron sus orejas, interrumpieron su actividad y se quedaron observando alrededor y escuchando por unos minutos. A pesar de ser asustadizos, aceptaron mi compaa; algunos continuaron pastando; otros se tiraron al sol como gatos, de panza al suelo, con las patas delanteras extendidas y las hembras, se sentaron cmodamente, sobre sus patas traseras, como los perros, e inmediatamente las cras se aproximaron a mamar. A pesar de ello, las mams estaban atentas a cualquier peligro. Yo no las atemorizaba, pero de pronto algo se movi bruscamente entre los pastos y huyeron en loca carrera hacia sus madrigueras subterrneas, que no estaban muy lejanas. Decepcionada por no haber conservado con ellas, me dirig hacia la playa. El sol ya brillaba muy fuerte. Senta mucho calor. Me met al agua para sacarme el mal humor, jugando con ella. Mientras caminaba hacia una zona ms profunda, algo apareci, de repente, buceando con gran velocidad a mi alrededor. Al principio me asust, no saba si salir corriendo o quedarme quieta. Me detuve y trat de observar que era. Se iba aproximando; as que pude reconocerlo. Era un pingino, chiquito, de unos cuarenta centmetros de largo. De pronto asom su cabeza, seguro que para respirar y volvi a sumergirse. Despus, apareci nadando sobre el agua y se acerc a m, emitiendo con voz spera algunos sonidos. Comprend rpidamente lo que deca. Contaba que la Dama del Arco Iris, les haba comentado sobre mi visita a la pennsula y que todos los animales estaban dispuestos a recibirme con alegra. Era muy bonito, su plumaje negro en la espalda y blanco en su pecho con dos bandas negras en su cuello. Ya en la playa, este gracioso animalito que se mova con torpeza se dirigi directamente hacia un hueco en la arena, cubierto con piedras. All sentado, como el seor del lugar me cont sobre su familia:

-Mi nombre es Gini, que significa travieso y pertenezco a una colonia muy grande de pjaros bobos, aves marinas que perdimos la capacidad de volar, pero lo hemos compensado con nuestra habilidad para la natacin y la vida acutica. Mi especie es la de los pinginos de Magallanes. Aqu donde estoy sentada es mi nido, que comparto todos los aos con mi pareja. Yo miso lo prepar, cavando con mis patas, mis aletas y la ayuda de mi pico. Las piedras alrededor de la puerta son para que las gaviotas o los zorros no se roben los huevos. Yo estaba atontada, pero sin embargo quera saber como me haba reconocido. El no hizo caso a mi pregunta y sigui diciendo: -Ya s que te encontraste hoy con las maras. Como habrs notado son tan miedosas que no hablaron, pero haban prometido buen comportamiento y aceptaron tu incursin en su ambiente. Yo soy el comportamiento de ser tu gua. Por favor te pido que volvamos al mar, ya que all estoy ms cmodo. Una vez en el agua yo trataba de flotar, haciendo la plancha, para permanecer junto a l que nadaba con agilidad. Me senta como en mi propio medio ambiente. El pinginito haba avanzado; yo solo escuchaba unos sonidos agudos que se iban acercando hasta sonar junto a m. Casi, sin darme cuentas estaba jugando con un gran animal, que imitaba mis movimientos. Trat de llegar a un lugar donde ponerme de pie. Ya parada observ como saltaba por encima del agua, desplazndose por el aire con gracia. Luego de demostrar sus habilidades, se present diciendo: -Me llamo Fina, nombre que significa juguetona, y pertenezco a la familia de los delfinidos; ustedes los chicos me conocen con el nombre de delfn. Soy solo un representante de ella ya que nosotros en esta poca del ao no acostumbramos venir por ac. As como atraje tu atencin con mi voz, si quisiera, con mis sonidos mucho ms agudos, podra comunicarme con mi grupo y avisarle de algn peligro o simplemente dialogar con ellos. Igualmente lo puedo hacer con mi cra. Con ella estamos unidas durante un largo perodo hasta que logra independizarse. Alguna otra hembra puede ayudarme en esta tarea maternal. Estamos muy unidos a nuestro grupo, siendo capaces de socorrer a un compaero herido, mantenindolo a flote entre todos. Lo mismo hacemos con las cras, cuando nacen y deben respirar por s mismas. Las empujamos a la superficie para que puedan tomar la primera bocanada de aire. Ah... me olvidaba de contarte que somos mamferos y que respiramos por un orificio nasal localizado en lo alto de nuestra cabeza. Por l emitimos los sonidos que escuchaste. Se reuni con nosotros entonces el pingino gua, quien vena asustado por la presencia de una orca. Ella rpidamente, les aclar, tanto al delfn como al pingino, que no temieran, ya que mi presencia le impeda causarles dao, adems no estaba buscando alimento en ese momento; y despus aadi: -Yo soy Baar, la orca, y mi nombre significa 'veloz'. Soy un cetceo y sobre m hay muchas leyendas, dado mi voracidad y el calificativo que me otorga 'asesina'. Me alimento con peces de distinto tamao, como de focas, pjaros bobos, delfines y ballenas. Pero no soy agresiva como los humanos... Comenz nuevamente el dilogo con el pingino. l me cont que an deba conocer a los elefantes marinos y los lobos marinos que habitaban en Punta Norte y posiblemente les vera si recorramos la pennsula con mi familia. Casi al instante me sent nadando tan gil, tan veloz y tan suavemente como los cetceos que me acompaaban. Pareca uno de ellos y as comenz el juego. De pronto estaba subida al lomo de la orca que avanzaba por el mar en compaa del delfn. Ambos dialogaban, cada uno emitiendo sus sonidos particularidades. Lenta y cariosamente se aproxim el delfn para que yo pudiera pasar a su lomo y as continuar el paseo. Sin darme cuenta nos habamos acercado a la orilla. Juguetn como suelen ser siempre los delfines dio un salto y me hizo caer al agua. Yo ya poda pararme sola. Entonces mir hacia la playa. No era la misma. All estaban los elefantes y lobos marinos. Una enorme colonia de ellos, buscando sus refugios para la muda de piel, en una pequea playa protegida por el acantilado. Que enormes y gordos eran!, Pesadsimos!, movindose sobre su panza, ayudados por las aletas. Un macho de elefante, con su nariz prolongndose cual una trompa, levant su cabeza y comenz a mugir. Su mugido se acentuaba al chocar contra las rocas, pero no indic peligro ya que pronto fui rodeada por un gran nmeros de ellos. En general eran hembras y pequeas que suspiraban, ladraban, gruan, rugan, estornudaban y graznaban todos a la vez sin permitirme entender lo que decan. Solo pude apreciar el afecto que me brindaban tocndome algunos con sus trompas y otros hacindome cosquillas con sus bigotes. Nuevamente el mugido llamado a la colonia. Todos regresaron a la playa, se acostaron sobre la arena y

desde all me miraban. Volvieron mis amigos y transportes. Otra vez a lomo de delfn sobre las serenas y cristalinas aguas, conversando y jugando hasta llegar a Puerto Pirmides. De pronto aparecieron ante nosotros varias orcas. Eran enormes y venan muy deprisa hacia Baar, quien las interrog: -Qu sucede queridas amigas? -Estamos preocupadsimas porque Ged no aparece por ningn lado. Se alej del grupo para ir a jugar al barco hundido y la llamamos varias veces y no responde. -Quin es Ged?- pregunt a Baar. -Es el chiquitn de la familia. Naci hace unos meses y es tan revoltoso que siempre anda de aqu para all asustndonos cada vez que se marcha y no regresa. -Perdn Chispita-dijo una de las orcas-con o nerviosas que estamos creo que no te saludamos. No es que no seamos ambles, lo que sucede es que estamos un poco desesperadas. -Las comprendo, no se hagan problema por el saludo. Ahora es necesario que busquemos a Ged, pero con tranquilidad. Es importante que logren serenarse para poder buscar una solucin. -Yo s donde est el barco hundido, muchas veces paseamos por ah con mi grupo- dijo Fina con entusiasmo. -Entonces no nos entretengamos ms-dijo Gini. -Pongamos en marcha- indic Baar con firmeza. Y as emprendimos la bsqueda, yo viajaba sobre Fina que con gran agilidad y destreza guiaba a las dems, el recorrido era largo y para peor unas nubes negras se cerraban sobre nosotros. -Lo que faltaba-dijo Baar- una tormenta y un mar revuelto, la bsqueda ser ms difcil. En unos minutos comenz a llover torrencialmente y el mar se sacuda espumoso contra nuestros cuerpos. Estos amigos s que eran incansables nadadores. -Ya llegamos!-grit Fina. Es increble la orientacin de estos animalitos. Para mi todos los lugares eran iguales. En el medio del mar no hay puntos de referencia paro ellos no los necesitan. -El barco est justo debajo de nosotros-dijo Fina. -Intentemos llamar a Ged desde aqu- indic Baar. Comenzaron todos a llamar en coro al pequeo. Nadaban en crculos y se sumergan, pero nada. No haba respuestas. Las orcas madres estaban muy preocupadas. -Tengo una idea!-dije; y todas se reunieron a mi alrededor. -Debemos bajar al barco. Es posible que se haya perdido en l y no se sepa como salir. -Es cierto, pero el barco est a una gran profundidad y si l est atrapado all, se debe haber quedado sin aire-dijo la madre sollozando. -No hay tiempo que perder!- dijo Gini- a bajar!. Baar y dos orcas ms, se sumergieron y desaparecieron en la negrura de las profundidades. Arriba aguardbamos con un poco de nervios. La tormenta haca de las suyas iluminndonos con sus rayos y sacudindonos con sus truenos. Volvieron en unos minutos y gritaron con alegra: -Est all, Ged est all, est vivo!. -Pero como, no vino con ustedes?- pregunt Gini. -Es que est atascado en el ancla. Segn nos cont, estaba jugando con los caballitos de mar y de improvisto el ancla se movi aplastando su cuerpo contra la madera de la proa del barco. Es un ancla enorme y pesa muchsimo. No hemos podido moverla entre los tres. -No entiendo como hace el pequeo para respirar- dijo Fina- debe hacer mucho tiempo que est all. -Los hipocampos le salvaron la vida ya que continuamente le llevaban burbujas de aire que recogen en la superficie-afirm Baar. -Qu les parece si bajamos todos e intentamos correr el ancla juntos?-dije entusiasmada-quizs los simpticos caballitos quieran darme burbujas a m tambin, y as podr respirar bajo el agua. -Es una buena idea!-dijo Baar-quizs haya otra forma de salvarlo y nosotros no la encontramos. La inteligencia de Fina y el ingenio de Chispita y Gini pueden ayudarnos. Llamar a Hico, el hipocampo, para que te traiga los globos de aire. -Aqu estoy!, no hace falta que me llames, suba justo a buscar burbujas para Ged y escuche la idea que tuvieron, confa en mi Chispa, yo te mantendr rodeada de miles de globos de aire. -Gracias Hico-dije-Ya podemos bajar. Nadamos con velocidad para llegar al fondo del mar. Montones de curiosos ojitos nos observaban. Yo iba

agarrada del hocico de Fina. En unos minutos llegamos a un enorme barco. Si lo viera Francisco, pens. Nos acercamos a Ged, que con una sonrisa y un guio de ojo, me salud. Era cierto lo que deca Baar. El ancla era muy grande y adems estaba clavada en el piso de arena. No bamos a poder moverla con facilidad. -Lo tengo!-grit Fina-ya que el ancla no se mueve y no podremos correr el barco, nos meteremos dentro del casco y romperemos las maderas que sostienen a Ged y as podr salir por adentro de nosotros. -Brillante idea!-dijo Gini-yo buscar una entrada al barco. Nad con velocidad por todos lados. Volvi al rato medio enojado porque no haba manera de entrar al casco. Solo haba ventanillas chicas. Las puertas estaban cerradas. -Quizs yo pueda entrar por una ventanita de esas redondas e intentar abrir una puerta grande-dije. -Podemos intentarlo-dijo Baar-adelante y suerte nia. Entrar fue fcil. Lo difcil fue encontrar una puerta tan grande como para que entrasen las orcas. Hico me acompaaba a todos lados; hasta que vimos una que solo tena una traba oxidada por el agua salada y el tiempo. Pudimos abrirla para alegra de todos, entraron las orcas y en unos segundos destrozaron las podridas maderas que aprisionaban a Ged; quien nad libremente alrededor del barco como prueba de agradecimiento y alegra. Subimos todos a la superficie y all estuvimos reunidos mientras la pequea orca nos contaba las peripecias de su aventura. Luego saludamos a Hico y su familia y regresamos contentos a la zona del puerto. El mar segua embravecido y el cielo se mostraba entre medio de los grises nubarrones que ya haban dejado de lanzar su agua furiosamente. El regreso lo hice sobre el lomo de Ged, quien me cont la historia de aquel viejo barco y me dio el significado de su nombre: 'pequeito'. Con caricias, besos y piruetas en el agua se despidieron ya que deban regresar con sus familias, y yo con la ma. Los salud con la mano y sal a secarme al sol, sobre la arena. Muy lejano escuch mi nombre. Era la voz de mam. En realidad no era lejano sino que yo estaba medio dormida y ella me despert. Me senta an ms atontada, no comprenda, al llegar al campamento el sol ya asomaba entre las nubes. Mir el mar que ahora estaba sereno, confundindose a la distancia con el cielo azul intenso. All apareca tenuemente el arco iris. Grit entusiasmada: -Miren, que hermoso!-pero en realidad, solamente yo lo vea brillante y magnfico, as que nadie acot expresin alguna. Durante la merienda cont lo sucedido y esta vez fue Francisco el ms maravillado con mi aventura. Tanto que despus se acerc para pedirme ms detalles sobre el barco y sobre como era el fondo del mar. Por la tarde, pap propuso recorrer la pennsula, fuimos primero hacia el lugar ms cercano que era Punta Delgada. All haba un centro meteorolgico con escasa poblacin, apenas unos marineros que comentaban con pap y Alhu la tarea que all se realizaba. Luego de recorrer el desrtico camino, junto al acantilado, que se extenda del sur al norte de la pennsula, presentando hermosas vistas del ocano, llegamos a Punta Norte. All estaban mis amigos. No podamos aproximarnos pues una valla los alejaba de los turistas. Sin embargo un mugido, ya conocido por m, alert a la colonia. Un sinfn de sonidos alborot el lugar, no saba dnde esconderme, pap pens que estaba asustada y me aclar que era la forma en que ellos se defendan de una posible agresin. Yo escuchaba y saba que me llamaban y saludaban. Despus de un rato nos retiramos y as, poco a poco, se fue calmando el barullo en la playa. A la maana siguiente ya emprendimos el regreso...

Dcimo Relato
-Chispita!, la comida est servida-grit pap desde la galera y volvi a entrar a la casa. -Ya voy!-contest y empec a saludar a mis amigos- almuerzo, descanso un rato, y salgo a jugar de nuevo-les dije y sal corriendo. Las clases ya haban terminado haca unas semanas, as que los das pasaban y nosotras nos entretenamos de diferentes maneras. Pap, Alhu y Francisco, cada vez que podan nos enseaban juegos, y

nosotros, por supuesto, estbamos encantadsimos con ello. -Me lavo las manos volando y enseguida estoy en la mesa!- grit. -Rpido, que tengo hambre!- dijo Francisco Mam haba cocinado unas riqusimas milanesas con queso y tomate y Alhu haba preparado una ensalada y el pur. Despus de haber bendecido los alimentos y, mientras comamos, empez la charla. -Tenemos una importante noticia que darles-dijo pap, Alhu y Francisco se miraron como entendiendo que se trataba. Yo, en cambio, no sospechaba nada. -Te escuchamos, pap, dale, que estoy ansiosa...-dije. -Hace ya dos aos que estamos en este parque-comenz a decir pap -Y es mucho ms lindo que el otro-dije como interrumpindolo. -Los parques no son ni ms lindos ni ms feos, son distintos-agreg Alhu. -Lo que pasa es que ya sos ms grande y ves y vivs las cosas de otra manera distinta, tens muchos amiguitos y muchos animalitos te quieren mucho. -En Calilegua tambin los tena y los extrao; nunca voy a olvidarme de Tuca y sus ardillas, de Ben, los lobitos de mal genio, los tates, los armadillos, ni tampoco de aquella hermosa guila. -Chispita, lo que quiere decir mam es que ahora vos vivs las cosas con un entusiasmo distinto, penss de otra forma. Cambiaste mucho desde que conociste a Dan y a Jar. Todos nos dimos cuenta de ello. -S, les debo muchas cosas a ambos-dije emocionada. -Pero esto no termina aqu-dijo pap- seguirs viviendo aventuras que sern tan apasionantes como las anteriores. No olvides lo que te dijo la Dama del Arco Iris: 'vayas donde vayas estaremos con vos...', adems tenemos que tener siempre presente que gracias a mi trabajo nosotros tenemos la oportunidad de vivir unos aos en cada parque.... recin en ese momento me di cuenta de que se trataba. Me puse mal. Claro, ya hacan dos aos que vivamos en el Palmar, y debamos mudarnos a otro lado. Me desesper con solo pensar que no veramos ms a Jar, ni al viejo Dan, ni a todos los dems animalitos. All todos me conocan, todos me saludaban y jugaban conmigo. En cambio, si me iba a otro lugar, no conocera a nadie. Tendra que empezar de nuevo, y esto me pona muy mal. Mi familia se debi dar cuenta de cmo estaba yo, porque me explicaron lo lindo que sera conocer nuevos animalitos y otros lugares. Me recordaron, adems, la charla que tuvimos en Caleligua, en mi gran rbol, cuando de tan enojada no quera hablar con nadie. Era muy cierto lo que deca Alhu, yo ya era ms grande y entenda otras cosas. Ser por eso que entonces no me puse como aquella vez. Si bien mucho no me gustaba la idea de no ver por un tiempo a mis amigos, tambin quera conocer a otros y esto ltimo me haca sentir un entusiasmo muy especial. Nuestra nueva casa estara en el Parque Nacional Iguaz, desde donde hoy estoy escribiendo todos estos recuerdos. Segn Alhu, los libros y las revistas, contaban de miles de atractivos en la zona, de la selva misionera... ms tarde descubr que conocerla sera estupendo. Terminamos de almorzar, ya todos estbamos ms tranquilos y nos disponamos a preparar de a poco el viaje, disfrutando los das que nos quedaban en el Palmar. Debamos preparar las fiestas navideas y el fin de ao. Por dentro de m, creca una emocin muy grande. En Calilegua haba conocido a Tuca y a la Dama del Arco Iris; all, en el Palmar, a Dan y a Jar; y en Iguaz a quin conocera, que nuevas aventuras vivira?. Para aquella navidad trabajamos muchsimo con mam y Alhu hicimos adornos para nuestro rbol de navidad, qu hermoso!, lo armamos entre los cinco. Lo pusimos en la sala, con lucecitas de colores y un hermoso pesebre al pi. Con los chicos con quien jugaba, decidimos adornar uno de los pinos que estaban cerca del museo. Pedimos autorizacin a pap quien accedi gustoso a nuestro pedido a cambio de que furamos cuidadosos con el rbol y no lo lastimramos. Trabajamos muchsimo en las decoraciones. Francisco y los chicos trepaban lentamente y colocaban los adornos y las enormes guirnaldas. Cuntas cosas que hicimos entre todos, una vez terminado fue el comentario de todo el mundo. -Y si nosotros hacemos un pesebre viviente-exclam. -Claro!-dijeron todos-qu buena idea!. As que entonces seguimos trabajando con el vestuario, mam nos ayud mucho, y otras mams tambin. Y cuando todo estuvo listo vinieron a verlo desde muchos lados. Todos conocieron nuestro rbol navideo y vieron nuestro pesebre, nos sentamos muy bien y habamos hecho sentir eso a muchas personas. Les

contagiamos nuestras ganas, nuestro entusiasmo, nuestra alegra y nuestras ganas de compartir juntos una nueva Navidad, un nuevo nacimiento del Nio Jess. Pasaron unas semanas en las que tuvimos que preparar y embalar nuestras pertenencias, para trabajar ms ordenadamente nos repartimos las tareas, as que cada uno cumpla con sus deberes. El da del viaje se acercaba y en mi casa creca un poquito la ansiedad. Tena que despedirme de mis amigos. Esto me pareca triste, pero no estaba mal. Comprenda la situacin; adems siempre recordaba las palabras de Tuca y el guila pronunciaron cuando me desped de ellos. Mis padres me dieron permiso para ir a hablar con Dan y con Jar. As que sal corriendo hacia mi gran rbol, porque algo me indicaba que all los encontrara. Al llegar me sent contra el tronco y cerr los ojos agitada. Estaba muy cansada por el trote y porque ese da habamos trabajado en casa desde muy temprano, estuve as unos momentos, gozando de la tranquilidad del lugar y oyendo la armoniosa meloda de los pjaros, que para mi asombro, me cantaban una dulce cancin de despedida. Me emocion mucho. Abr los ojos y mir hacia lo alto de mi rbol, all haba de cientos de pjaros saludndome con alegra, cmo saban ellos que me ira del parque?, yo lo haba comentado solo con los chicos, pero todava no lo haba hecho con los animalitos, quin les habra dicho? -Buena senda!, espero que quieras hablar con un viejo lobo que ha venido a visitarte-reson una voz detrs de m. De un salto corr hacia Dan y lo abrac, en ese momento me olvid de toda pregunta. -Saba que ibas a venir, tengo muchas cosas que contarte. -Bien, sentmonos en tu rbol as hablamos-dijo Dan. Nos acomodamos y me dispuse a contarle que estbamos preparando la mudanza, pero algo me deca que l ya lo saba. -Sabes que en unos das nos vamos de este hermoso parque?, mi pap tiene que ir a trabajar en Iguaz, as que iremos a vivir all algunos aos- habl con dificultad, ya que a medida que lo haca senta una presin en el pecho. -Saba de tu viaje. Todos los animales lo saben porque siempre nos interes saber como estabas y que cosas hacas, vimos el hermoso trabajo que hicieron en el rbol y tambin estuvimos presentes cuando hicieron el pesebre. Haba ojitos espiando por entre los rboles y las cuevas de la zona. Fue algo muy lindo y estbamos muy orgullosos de vos y tus amigos. -Pero, cmo saben que me voy a otro parque?. -Vos nos lo dijiste. -Yo?, no puede ser, si no habl con ningn animalito. -No dije que lo hayas hecho hablando. -No entiendo lo que me quers decir. -Sos la Mensajera de la Luz y tens la capacidad de hacer sentir esa Luz a los dems. Todo lo que te pasa nos lo conts con el corazn. Claro, que no todos pueden sentirlo, al menos por ahora. Pero nosotros nos damos cuenta de que haba cambios importantes. -Quiere decir que el pueblo de la luz ya sabe tambin de mi partida?. -Por supuesto. Fueron los primeros en enterarse, luego sentimos con Ruth y ahora ya lo saben todos los pueblos del Parque, hasta los malvados murcilagos que no sienten los mensajes de amor. -Por eso los pjaros me contaban hoy una cancin de despedida tan dulce y llena de amor y alegra. Pero... qu les pasa a los murcilagos, acaso ellos no sienten lo mismo que nosotros?. -Lo sentan hace mucho tiempo, pero su luz se fue apagando, como la de muchos seres, siendo ellos hoy el pueblo que menos luz tiene. Algunos se han vuelto locos y ya no saben lo que hacen y otros cazan cuando no tienen hambre para divertirse y molestar a otros pueblos. La noche caa a nuestro alrededor sin que nosotros prestramos atencin a ello. Dan me haba contado algunas leyendas sobre el pueblo de las sombras y en eso, cuando estbamos en la mejor charla. Alguien nos interrumpi: -Socorro!, necesitamos ayuda-deca una vocecita que se acercaba por el ro volando muy rpido. -Es Tix-dijo Dan, cuyo olfato y visin eran envidiables. Yo, ni la lucecita vea y l ya reconoca a la lucirnaga. -Qu suceder?-pregunt. -Aguardemos que llegue-dijo Dan con calma y luego agreg-aqu estamos, en el rbol. Tix vol con gran velocidad y se pas agitada en mi nombre, pero apenas poda hablar. -Tranquila, Tix. As pods contarnos lo que sucede-dije.

-Son los murcilagos, se han vuelto locos. Han decidido divertirse con nuestro pueblo esta noche, porque dicen que nuestra luz les molesta y debemos apagarla como lo hicieron ellos. -Chispita, vos sos la persona indicada para ayudar a las lucirnagas-dijo Dan- debemos apurarnos antes que Lendri ordene a su pueblo que apague la luz de las lucirnagas para siempre.... -Es que yo no s como ayudarlas-dije con tristeza. -Eso lo veremos all, debemos emprender la marcha, sube a mi lomo Chispa y vos Tix agarrate bien fuerte de su pelo. Eso era velocidad!, Dan corra por entre los rboles bajos sin parar. Yo reconoca el camino porque lo haba hecho el da que visit a las cinco lucirnagas sabias. Nos dirigamos hacia el rbol plateado. No tardamos ms que unos minutos en llegar, all nos encontramos con el pueblo de la luz reunido junto a Jar, quienes nos recibieron con gran alegra. -Cmo estn las cosas, Jar?- pregunt Dan. -Todava no se han acercado, se los ve volar en la oscuridad, de un lado como preparndose y organizando el ataque, son ms de un milln informaron las lucirnagas guardianas, necesitaremos ayuda de tu pueblo viejo amigo. -De acuerdo, los llamar, pero no somos nosotros quienes ms vamos a ayudarlas, sino Chispita, es su luz la que las salvar- y diciendo esto se apart un poco del rbol que en ese momento brillaba debido a las lucecitas de millones de las lucirnagas que se haban reunido. Emiti un aullido tan fuerte que los dos o tres murcilagos que pasaban cerca huyeron aterrorizados, luego de breves instantes omos la respuesta, cientos de aullidos se oan a la distancia y cada vez se acercaban ms. Todo aquello era emocionante. -Jar, prepara tu pueblo, Lendri est loco pero no es tonto, no dejar que lleguen los de mi familia, creo que atacar antes. Chispita, sube al rbol y espera all las indicaciones de Jar, estamos a su disposicin. Sub de un salto y me qued all, alerta, en una rama baja. No tena miedo, saba que todo saldra bien. Mir hacia arriba porque sent que alguien me chistaba desde all y me encontr con las cinco sabias lucirnagas que escondidas daban las indicaciones a su pueblo. Les gui un ojo dicindoles que no haba problemas que pudisemos superar, y me qued atenta esperando el momento. Jar, mientras tanto, daba rdenes a su pueblo, deban permanecer juntas, ya que as, con su luz ms fuerte no dejaran acercarse al pueblo de las sombras. -Ahora!- se oy aullar a un murcilago en la oscuridad. Y montones de alas oscuras volaron hacia el rbol plateado. -No se separen-gritaba, Jar, mientras prenda su luz con toda intensidad. Los murcilagos que estaban ms cerca cayeron al suelo enceguecidos, y los dems se alejaron para defenderse de la luz. Pero eran muchos, tantos, que la luz de las lucirnagas no alcanzaba para alejarlos a todos. -Cuidado!-aullaba Lendri, el jefe-No se acerquen a la nia, est en la rama ms baja del rbol! Por qu no se deban acercar a m, si yo no les poda hacer dao, si yo quera a todos los animales, sera por eso que no se tendran que acercar?, en ese momento estaba confundida. Debajo de m, Dan estaba envuelto de un montn de alas negras. Los murcilagos haban secuestrado por muchas lucirnagas. En eso salieron desde un montn de lugares ms de cien aguara guases, encabezados por Ruth. Rpidamente y a los saltos empezaron a rodear el rbol protegiendo a las lucirnagas que se ocultaban en l. No conseguan ms que entretener a un montn de murcilagos. Pero Landri era muy astuto, as que se retir con su pueblo al bosque para una mejor ocasin. Jar y Dan reunieron a todos al pie del rbol, justo debajo del lugar donde yo estaba. Jar dijo que ya se haban llevado muchas lucirnagas y que mucho ms no resistiran. Dan agreg: -No hemos querido lastimar a ningn murcilago y no debemos hacerlo, ya que ninguno de nuestro pueblo se alimenta de ellos. Solo defendamos el territorio, ya vienen otra vez, preparmonos!. Dos lobos colorados formaron un cordn alrededor del rbol y desde all, a los saltos, evitaban que los murcilagos pasaran, algunos lobos rodaban envueltos en murcilagos. -Por qu no atacan los lobos?, muchos estn heridos y sin embargo no pelean, eso es Por eso me tienen a m!-pude entender en ese momento-ellos me temen por que saben que no quiero luchar con ellos, por que saben que puedo quererlos igual, aunque se porten mal y ataquen al pueblo de la luz. Y en ese momento sucedi algo maravilloso, desde mi pecho empez a brillar una luz que cada vez se fue haciendo ms intensa, extend los brazos, cerr los ojos porque la luz era tan fuerte que me encegueca, en ese momento sent un profundo amor por todos los animalitos y quise contagirselos. As estuve un tiempo, no s cuanto, y luego, al abrir los

ojos, vi que todo el pueblo de la luz me rodeaba y que detrs estaban los aguar guaz, todo pareca haber terminado. Dan se me acerc y sonriendo me dijo: -Saba que lo lograras. -Qu sucedi?-pregunt entonces. -Nos has demostrado lo grande que es tu luz-dijo Jar. -Todos nos sentimos repletos de un gran amor-dijo Taili. -Dnde estn Landri y el Pueblo de la Sombra?- pregunt. -Se marcharon, fueron contagiados por tu luz y se dieron cuenta de que estaban equivocados, sintieron tu amor y renaci la bondad en ellos, y como no estaban acostumbrados a ello salieron volando hacia el bosque, te asegura que ya desde hoy no molestarn ms a nadie-dijo Jar. -Creo que ya no deberamos llamarlos ms 'pueblo de las sombras'-dijo Dan con humor-ahora su luz ha vuelto ha brillar nuevamente gracias a vos, vos lograste eso, Chispita, mostrndoles lo sencillo de tu corazn. -Estamos orgullosas de vos-dijo Ruth, sonriente como siempre. -Y las lucirnagas que haban sido atrapadas?-interrogu. -Las han dejado libres- dijo Crixa, la lucirnaga sabia-"Y estn aqu entre nosotras." Ellas contaron que Lendri las dej ir, pidindoles disculpas y que despus de esto vol a su pueblo murmurando: Gracias a la nia nos dimos cuenta del error. -Ustedes s que son valientes-dije a todos-yo no me hubiera animado a pelear con tantos murcilagos, a mi no me gusta pelear. -Nosotros no peleamos-dijo Jar- Sabs como es la historia en la que se cuenta como todos los seres tenamos luz?. -No-respond-nunca me lo contaron. -Escucha atentamente que yo voy a hacerlo: hace mucho, mucho, pero mucho tiempo, nuestro Gran Padre cre al mundo. Da a da fue creando distintas cosas, hasta que le lleg el turno de los animales, y nos cre sin colores, pero ms tarde nos avis que lo repartira. Entonces la gran lucirnaga madre, se apresur y se preocup por llegar a tiempo, se present ante Dios, que estaba paseando por la orilla de un lago y le dijo: -'hola mi Gran Padre, ests ocupado?' -'Hola, Gran Lucirnaga, no, no estoy ocupado, estaba pensando en mi prxima creacin. Maana crear al hombre y le voy a dar el mejor de los regalos, los voy a hacer iguales a m, les voy a dar mi amistad, mi amor... sern mis hijos y cuidarn de todos ustedes' -'Es hermoso esto que decs' -'S, claro que lo es, y despus de haberlos creado voy a descansar tranquilo y a contemplar toda mi creacin, viniste a buscar tu color, madre de todas las lucirnagas?' -'S'-contest ella con gran entusiasmo. -'Y qu color quieres'- pregunt Dios sonriente -'El que vos quieras darme, cualquiera estar bien'-y Dios encantado por la humildad de la gran madre le dijo: -'En premio a tu humildad y a que llegaste a tiempo voy a recompensarte, como lo primero que cre en este mundo fue la luz no te dar un color, sino que llevars en ti la luz y ella ser parte de tu cuerpo'-y diciendo esto Dios pos su mano en la lucirnaga y agreg: -'Qu se haga en vos la luz!'- y en ese momento la madre de las lucirnagas comenz a brillar. Luego Dios le dijo: -'Esta luz que llevas, la llevarn todos tus hijos y sern llamado pueblo de la luz. Todos los dems seres la llevarn pero no podrn verla, ustedes sern las encargadas de mostrar su luz y recordar a los dems que tambin la tienen, sern luz entre las sombras...' La gran lucirnaga estaba muy contenta y emocionada y en agradecimiento le dio al Gran Padre un abrazo y unos besitos. -'Muy bien'-dijo Dios-'ya puedes marcharte y cumplir con tu misin'-y diciendo esto desapareci. La lucirnaga estaba tan feliz que vol de un lado a otro mostrando su luz a los dems animalitos que la miraban sorprendidos y muy contentos. Y as termina esta historia. Ahora podrs comprender por que nosotras llevamos esta lucecita, y porque vos tens la tuya, esa que nos mostraste a todos hace unos momentos. -Es una historia maravillosa-dije-la mas linda que o hasta hoy. -Y la mas linda que oirs-agreg Dan que saba miles de historias, leyendas y cuentos. Aquella noche estuvimos hasta el amanecer escuchando historias y leyendas que Jar y Dan contaron

para todos en el rbol plateado. Luego ambos me acompaaron hasta mi gran rbol y all nos despedimos. Muchas lgrimas cayeron de nuestros ojos. Ambos aseguraron que los volvera a ver muy pronto, pero yo no estaba muy segura de ello. Dan me dio varios nombres de lobos colorados que vivan en Iguaz para que los visitase y agreg: -As como nosotros supimos de tu viaje, en Iguaz tambin lo saben, todos all te estn esperando. -Las lucirnagas te reconocern como la mensajera de la luz, vayas donde vayas-dijo Jar. -Gracias amigos-contest-fue muy lindo vivir dos aos con ustedes, me ensearon tantas cosas.... -Y vos a nosotros-dijo Dan, y luego agreg: pero como esto no es una despedida sino un 'hasta pronto' es mejor que vayas a casa ahora, quizs ya estn listos para salir. Ambos comenzaron a alejarse y desde la orilla del ro gritaron : -Buena senda y no lo olvides S siempre mejor!- y desaparecieron en el oscuro bosquecito. En ese momento vinieron otros amigos a despedirse, estuve un ratito con cada uno, casi todos me dieron saludos para su familia en Iguaz. As es como despus de haber hablado con Moya, Laro, Daira, Ada, Marlo y Munira me qued cantando una suave cancin que pap me ense en Calilegua, la cancin del adis. Senta un poco de sueo, quise desperezarme y al hacerlo me di cuenta que estaba en mi cama. Mir por la ventana y vi un hermoso Arco Iris en el cielo, entremezclndose con los colores del amanecer. Durante el desayuno pap me cont que me haba quedado dormida en el rbol y mam me haba llevado alzada hasta mi cama, para que descansara all.

Undcimo Relato
Haba concluido nuestra estada en El Palmar. Otra vez las expectativas de un nuevo hogar, nuevos paisajes, nuevos amigos, de una nueva vida, se sentan presentes en cada uno de nosotros. Por momentos la tristeza de los abandonos y luego la emocin de lo desconocido. Todos estos sentimientos brillaban en la mirada de mi familia. Largos 800 Km nos separaban del Parque Nacional Iguaz. Mam y pap, como siempre nos alentaban con su confianza en lo entretenido e interesante que sera tan largo viaje, y la promesa de un flamante descubrimiento compartido en familia con la majestuosidad de las cataratas. Recorrimos toda la costa del ro Uruguay(voz guaran que significa ro de los caracoles), desde el Palmar hacia el norte, hasta santo Tom, en el lmite este de la provincia de Corrientes. All nos alejamos de las mrgenes del ro para tomar la ruta que mejor nos llevaba a nuestro destino en la provincia de Misiones. Durante nuestra travesa por Corrientes, a veces prximos a las altas y escarpadas riberas del ro, fuimos comprobando la continuidad del clima hmedo y templado que ya conocamos del Palmar. Los esteros, la gran cantidad de arroyos, las lagunas y baados que cruzbamos nos explicaban el crecimiento de una abundante vegetacin, que por momentos se pareca a una selva, perdindose en otros parajes ms abiertos y ms claros. Mientras observbamos curiosos la espesura de los rboles y pastos, pap nos comentaba sobre la cantidad de animales que viven en la regin y la gran variedad de aves que habitan en los rboles y lagunas. Aparecieron entonces, para demostrarlo, alguna garza o chaj en los pantanos y se oy el parloteo intenso de los loros en lo alto de las palmeras 'yatay- poi'. Mam tambin comparta la informacin y acotaba sobre la importancia histrica de la provincia. Fue cuna de nuestro libertador Gral. San Martn, en su localidad de Yapey, sobre el mismo ro Uruguay, uno de los antiguos poblados de la colonizacin, dedicado a la crianza de ganado vacuno y la agricultura, las dos grandes riquezas de nuestro pas. Dejamos as el parque mesopotmico que comprende las provincias de Entre Ros y Corrientes y penetramos en la Selva Misionera. Ya no aparecieron ms los claros sobre el camino. Una extensa y angosta ruta de tierra colorada, que toma ese color debido a su riqueza de hierro, iba siendo como devorada por la camioneta. Cada vez se oscureca ms las sombras que descendan sobre ella de la exuberante y tupida vegetacin. Haba rboles muy altos como el lapacho, el pino misionero, el laurel; y otros ms bajos que cruzaban su follaje con los anteriores, como el

peterib y el pind. Cerramos esta pared impenetrable, ms bajos an, arbustos, helechos, caas, plantas trepadoras, orqudeas y muchas plantas con flores. El verde era intenso y variado debido a la elevada humedad de la zona y a las intensas lluvias. El paisaje, iluminado de vez en cuando por algn rayo de sol que lograba atravesar la espesura, aparentaba serenidad, reposo, calma... sin embargo se intua la presencia de muchsimos ojitos; algunos en lo alto, otros muy cerca del camino, los cuales, observando nuestro paso, esconda gran misterio. Todos estbamos en silencio; mirando ac y all; tratando de traspasar la espesura, de descubrir la vida encerrada en la selva. Pap muy suavemente, comenz a entonar una cancin que deca: En la selva hay un misterio Que jams sabrn los blancos. Un misterio que se oculta Con el eco del tambor... Un misterio que no explora, Ni la luna con sus rayos Es el rito de una tribu Con el eco del tambor... Nadie sabr De la jungla el misterio Nadie sabr La seal del tambor Cuando danzan las hogueras En la impenetrable selva Solo dicen los tambores Que es la danza del tambor... EO EO AE OA EO EO AE OH EO EO AE OA EO EO AE OH Mam se uni rpidamente al canto. Alhu, Francisco y yo lo escuchbamos atentos, sin dejar de observar a nuestro alrededor, como transportados por la melancola hacia el interior de la selva. Poco a poco y repitindola, la memorizamos hasta que logramos contarla entre todos. Mas avanzbamos en la selva... Pap nos cont que esa cancin la haba aprendido cuando, de adolescente, iba de campamento con el grupo scout, y recin entonces, en medio de la selva, poda relacionar su mstica con la geografa propia. Quedamos pensativos... Los ruidos misteriosos parecan animarse; el aire se inundaba con los perfumes que brotaban de la selva. Fue entonces cuando romp el silencio de la familia y dije: -Toda la naturaleza habla, se comunica a travs de sus aromas, de sus trinos, de silbidos, rugidos o gritos. Nos transmite un mensaje... su 'oracin', nos dice con sus sonidos, de la existencia del amor de Dios... y lo podemos ver en la grandeza y esplendor de los paisajes. Mam y pap intercambiaron miradas, creo que no podan creer lo que yo estaba diciendo. Y en ese momento por mi mente, pasaron todas las imgenes de las Navidades y de las demostraciones religiosas que compart en distintos lugares. Una gran alegra y paz me invadan... -Que hermosa reflexin-acot mam- nos demuestra como creciste y maduraste. Ya es tiempo de que comencemos a ocuparnos de la preparacin necesaria para tu primera comunin. As lo haremos cuando estemos instalados en nuestro nuevo hogar, todos estuvieron de acuerdo y yo me sent muy contenta con la decisin. Finalmente llegamos a destino, nos dirigimos a la intendencia del parque nacional y mientras que pap se presentaba y haca los trmites correspondientes, nosotros observamos la cartelera donde informaba acerca de la flora y la fauna del lugar. La vegetacin ya no era mi curiosidad; habamos observado mucho de ella durante el viaje. Si, en cambio, me interesaba conocer el nombre de aquellos ojitos que sent me miraban y no pude descubrir desde la camioneta. Encontr una larga lista de nombres, conocidos algunos como: aguar-guaz, con ellos me encontrara

tiempo despus y conversaramos sobre mi viejo amigo Dan, sobre quien reconoceran autoridad, sapiencia y justicia, esta familia a quienes contara lo importante que fue Dan para que yo comprendiera la organizacin de la naturaleza, en ellos encontr mis primeros compaeros y pase con ellos recordando al sabio y sereno amigo del Palmar. Aquel catlogo nombraba, en las aguas, a los lobitos del ro y a roedores como los tates. Con ellos me cost bastante entablar dilogo debido al mal humor de los primeros y la vergenza de los otros. Les habl de sus parientes y de los tiles y colaboradores que haban sido conmigo en Calilegua. Tambin les cont lo mucho que los quera y la gratitud que senta por toda la familia. Me llam la atencin los nombres de los felinos: yaguaret o tigre, puma, acalote, y uno totalmente nuevo para m: caaguar, que se engulle los panales de abejas. Este listado tambin mencionaba animales arbcolas como los monos, coates, y las comadrejas. Me interesaron tambin los reptiles como: lagartos, culebras, boas, y las peligrosa vboras de coral, serpientes de cascabel y yarars. Enseguida record a la gentil Amira, que interrumpi su siesta para informarme acerca de su vida y relacin con los dems animales. Gracias a ella podra encontrarme con sus hermanas, en realidad fue as. Yo saba que tena que prestar mucha atencin al suelo y a mis movimientos y gracias a ello, pude saludar con respeto y calma otra yarar. Esto ocurri mucho despus de nuestra llegada al lugar. Iba yo caminando por una de esas angostas veredas, con cautela y observando detenidamente donde mova cada uno de mis pies, cuando o una voz aguda y silbante que me llamaba: -Hola Chispa! Mir a mi alrededor sin moverme, prestando atencin a la direccin de ese silbido que me llamaba. Lo reconoca... antes ya lo haba odo, sino era el mismo, era casi igual... -Ac escondida entre los arbustos, prudencia!, da vuelta con serenidad. Soy yo, Vira, una yarar amiga de Amira. La dama del arco iris me avis de tu visita. Debes tener mucho cuidado ya que somos muchos los reptiles del lugar, y si nos asustamos, sin querer te podemos causar dao, trat de permanecer cerca de tu casa cuando juegues, porque al estar el suelo ms despejado es menor la posibilidad de nuestra presencia. Recuerda que no queremos lastimarte. Busca quien te ensee como alejarnos sin matarnos cuando nos crucemos en tu camino. La lista de las aves era muy extensa, algunas de las que recuerdo eran: guacamayos, urutaes, cotorras, loros, palomas y tucanes. Despus de pasar por la intendencia, fuimos directamente a conocer las cataratas. Pap nos cont que Iguaz es una voz guaran que significa: 'aguas grandes', hicimos una breve parada en la vivienda para dejar las cosas y decidimos salir inmediatamente de recorrida. Mam y pap nos aconsejaron ponernos las botas de cuero antes de salir y no alejarnos demasiado hasta que ellos no nos pudieran acompaar. La selva nos invitaba a internarnos. Cada vuelta encerraba un misterio; ganas de avanzar y tambin deseos de regresar a la compaa de nuestros padres. Pero, nuestro afn de descubrir lo imposible, nos animamos a caminar solo un poco. Francisco, valiente y aguerrido, tom la punta; y aunque sin penetrar en lo desconocido, pudimos apreciar tucanes y monitos sobre las ramas de los rboles. Los monos muy graciosos, se colgaban de sus colas, enredadas en las ramas y parecan acariciar con sus manos nuestras cabezas. Uno de ellos alcanz los cabellos de Alhu y le dio un buen tirn. Francisco comenz a trepar un rbol con la intencin de jugar con algunos de ellos, pero las ramas estaban muy hmedas y se resbal. Por suerte no haba trepado demasiado y todo no pas mas que un susto. Las cotorras parloteaban y no hacan ms que festejar las travesuras de los monos. Los pjaros cantaban sin para, y los tucanes serenos, graciosos, con sus picos encorvados, miraban inmviles sentados en sus ramas. Cerca de los arroyos e hilos de agua que cruzbamos en todas las direcciones, corran con seguridad y confianza las lagartijas, que se escondan en el follaje, incluso vimos algn lagarto sin inquietarse por nuestra presencia, buscaba su cueva bajo las races de los arbustos. El calor nos agobiaba. El monte cerrado no permita corrientes de aire, llegamos hasta un claro, donde haba un gran charco como una pequesima laguna, donde un copioso enjambre de mariposas, de varios y brillantes colores, sorban del agua. Algunas abejas se detuvieron sobre nuestras frentes tratando de beber las pequeas gotas de sudor, lo que nos asust un poco. Yo estaba un poco confundida, habamos dado tantas vueltas que ya no reconoca el sendero de regreso,

me asust, Alhu con calma, me tom de la mano y me uni la otra a la de Francisco, quien seguro e intrpido nos llev en la direccin correcta diciendo: -Me extraa Chispita que conociendo tanto a los animales te asustes as, por estas lianas que cuelgan aqu fue donde me resbal ves?, all estn los monos chillando y saludndonos... y all est el tucn. Fue recin cuando reaccion, mi inseguridad por lo desconocido, no me haba permitido reconocer a mis amigos, no haba podido descubrir su recibimiento y su deseo de aproximarse. Habamos estado siempre muy cercanos a la casa, y al mismo tiempo que la alcanzbamos a ver, vimos como mam y pap se aproximaban, calzados en sus botas, para encontrarnos y conocer finalmente las cataratas. Seguimos las indicaciones, por veredas angostas que doblaban, bajaban y volvan a doblar constantemente hasta llegar al ro. Un delgado y largo puentecito de finas maderas se extenda sobre las aguas del Iguaz, era tan dbil que asustaba caminar por all, avanzbamos sobre las aguas, muy cerca de ellas, podamos apreciar al otro lado los numerosos saltos, muy altos algunos, que cubran la vegetacin con una gasa hmeda que no nos permiti distinguir con nitidez. Caminbamos de la mano, yo me afirmaba cada vez mas en la fuerza y seguridad de pap, una vez del otro lado nos pareci como si el sol otra vez hubiera salido, plantas y flores de intensos colores nos acompaaban por senderos y puentes. Tomamos algunas fotos junto a la cada de las aguas y en varias oportunidades observ como el sol, al jugar con las gotas que rebotaban sobre las piedras formando espuma, dibujaba el arco iris junto a los saltos qu significa?, acaso la Dama del Arco Iris me estaba hablando, yo no lo senta y eso me preocupaba mucho. Todos lo vean con naturalidad, mas nos adentrbamos por los senderos, mas los helechos y trepadoras entorpecan nuestra marcha, los hongos formaban construcciones indefinidas en los troncos y en el suelo, el sonido del ro se volvi furioso, no veamos ningn salto, cruzbamos hilos de agua y la humedad aumentaba a nuestro alrededor, pareca que todo estaba nublado, el rumor intenso me invadi de miedo y me aferr con fuerza a pap, quien dijo: -Calma Chispita, este es el ruido de la naturaleza, es lo que vos hablabas cuando bamos llegando, es el ro que est cantando su fortaleza y el poder de su cauce, estamos llegando a un gran rpido: 'La Garganta del Diablo', se lo llama as por su furia, su poder y la cantidad de agua que cae como en un profundo pozo. Me sent un poco mejor, pero igual caminaba de la mano de mis hermanos, la vista fue impotente, y el ruido infernal. Todos mis sentidos estaban maravillados, la humedad penetraba y nos salpicaban las gotas de una inmensa nube blanca que cubra la cada, mojando nuestra piel. Quedamos sin movernos por un largo rato, como paralizados, en silencio frente a la naturaleza. Sin hablar nuevamente cruzamos puentecitos que parecan caerse en cualquier momento, regresamos a casa. Era la hora de empezar a transformar esa casa en un hogar, de ubicar nuestras cosas, nuestros recuerdos y reservar espacio para nuestros tesoros. Mientras trasladbamos los canastos a los distintos cuartos, Alhu detect cierta preocupacin en mi, cuando estuvimos a solas en nuestro dormitorio, en compaa de Leila, que observaba lo que hacamos, pregunt: -Chispa Qu te pasa, acaso no es hermoso este nuevo hogar, porqu hay tanta preocupacin en tu cabecita?. Y yo con timidez me atrev a contarle: -Te acords de la cantidad de arco iris que encontramos hoy en los saltos, cada vez que juega el sol con la nube de gotitas? -S Chispa, cul es el problema?-preguntndome, dndome mas confianza -que no s como voy a hacer para comprender cuando el arco iris se abre para mi y reconocer mis autnticas experiencias. Francisco, que si bien no estaba en el cuarto, alcanz a or mis dudas, le dijo a Alhu que me contara la leyenda del Dios Arco Iris y la flor de la kantuta, esa leyenda que pap nos haba contado, cuando yo era pequea, en una noche junto al fuego en Calilegua. Alhu sonri y lo mir a Francisco con un gesto de aprobacin: l haba encontrado la respuesta adecuada, entonces comenz su relato diciendo: -El joven Dios del arco iris siempre estaba triste porque a pesar de poseer la belleza de todos los colores no los poda compartir con alguien. Su belleza era fugaz, brillaba breves momentos y luego volva a esconderse y sumirse en la tristeza, entonces el Dios Viracocha, padre de los dioses, escuchando los lamentos del joven dios, le permiti unirse a la flor kantuta que, al ser rozada por el viento produca una hermosa msica en los valles del

kollasuyo. En este casamiento, durante una noche de luna llena, el joven arco iris aspir profundamente la fragancia de la preciosa flor blanca y ella se impregn con sus colores. As Viracocha, maravillado por tan extraordinario milagro, orden que su semilla se esparciera por todas partes para cumplir con el deseo del Arco Iris: extenderse por toda la tierra. -Ah...-exclam- como en la verde selva y en el agua, siempre inquieta de los saltos no pueden crecer las flores, aparece el dios arco iris. - Grande Chispita!-grit contento Francisco- entendiste todo?, tu arco iris no es ese, ya te vas a dar cuenta... ya vas a ver! Y Alhu agreg: -aun en la espesura de la selva, cuando los animales y la Dama lo crean conveniente, podrs reconocerlo. -Gracias, hermanos, cuanto los quiero!-dije llena de alegra y con gran paz interior dentro de m. Tantos rboles vivan en el Iguaz, que era dificilsimo hacer una eleccin. Todos eran hermosos, todos tenan alguna particularidad, todos se confundan entre s, entremezclando su follaje y sus ramas. Estaba yo ocupada en tan importante tarea, cuando pap me advirti que no permitira que jugara en la zona selvtica. l me aconsejaba quedarme en los claros cercanos a la casa, para poder estar tranquilos cuando yo saliera por largo tiempo. Haba vboras y deba ser prudente. No saba si esta novedad retrasara la bsqueda de mi gran rbol, o si a lo mejor lo facilitara. Lo cierto es que comenc a pasar largas horas sentada en los escalones de la galera mirando, pero en realidad sin contemplar. Cuando me di cuenta de ello me enoj: -No puede ser, Chispa!, tens que animarte a descubrir la vida que hay en los rboles. Ellos, como yo, encierran el espritu del creador. En alguno tengo que encontrar mis sentimientos. Alguno debe atraerme, sin saber por qu. Debo sentir una afinidad al estar frente a l. Slo debo estar dispuesta a abrirme y a saber escuchar lo que ellos palpitan. Fue as como me present a cada uno de los rboles que haba cerca: Un cedro con flores blancas y pequeas. Su nombre me recordaba a Calilegua. Me pareca hermoso, pero sus ramas quedaran despobladas de hojas en el invierno, no sentira su abrigo. Me par frente a un Guatamb, a un palo rosa, a un ibirpit y muchos otros. Demasiados altos, demasiados fuertes, pero muy distantes a m; no encontraba parentesco con su naturaleza. Segu caminando. Tocaba con mi palma sus cuerpos como si la piel pudiera captar los sentimientos, hasta que llegu a una corteza gruesa y blanda. Transmita calor, como si encerrara un corazn blando, tibio... su follaje era frondoso y me protega bajo sus hojas. Podra sentarme y treparme por sus races salientes, y ofreca muchas posibilidades para jugar con nuevos amigos. Ese, el omb, sera mi gran rbol en el Iguaz. Ya, sentada a sus pies, senta seguridad y afecto. Pareca que mi corazn era su corazn...

Dcimo segundo Relato


Era la hora de la siesta. El calor era agobiante. Todo el parque estaba en silencio. La naturaleza descansaba y yo dormitaba a la sombra fresca de mi gran rbol. Sin embargo, una familia continuaba su tarea. No podan desperdiciar su nica referencia: la luz del sol. Mientras estaba recostada sobre las races del omb, sent que unas delgadas patitas caminaban sobre mi rostro. Abr los ojos suavemente, como para no asustar a aquel visitante. Era una abejita, de piel aterciopelada, gordita, y con ojitos vivaces y dulces. Al darse cuenta que la observaba, dejo de sorber las gotas de sudor y exclamo: - Hola Chispita! Disclpame! Mi intencin no era despertarte. Simplemente estoy realizando mi trabajo Espero que no te moleste!Todo me lo deca dando vueltas en una y otra direccin sobre mis ojos, dando, como suelen hacer ellas, para comunicarse. Yo, sin entender demasiado, respond: -Cmo me conocs?Quin te dijo mi nombre?-Pero si t eres la Mensajera de la luz. Eres famosa entre los animales y tendras que saberlo...-Si, pero siempre me maravillo cuando ustedes me reconocen... Es algo que aun me cuesta mucho acostumbrarme. Me resulta difcil de entender cmo puede ser que, por ejemplo, comprenda tus movimientos ya que vos no habls, y con ellos todo lo que quers decirme.-

-Pero sabs perfectamente que son tus sentimientos, es tu corazn dispuesto a amar el que lo logra O lo olvidaste?-Claro que no! Pero todava me sorprendo!La abejita llamada Gunfi, ya tenia que regresar a su colmena y me invit a acompaarla y conocer as a sus hermanas. All fuimos, internndonos en la selva hasta el lugar donde viva. -Tus amigas no se enojarn? Ser bien recibida?- pregunt tratando de no ofender a Gunfi. - Qudate tranquila Chispita! Todos sabemos que la madre naturaleza te protege, y as como vos no nos haces dao, nosotras tampoco debemos [Link] llegamos a la piquera, que es la puerta de la colmena, una abejita guardiana comenz a batir sus alas con el abdomen levantado, perfumando as el aire y alertando de mi grata presencia a las dems. La primera en salir a mi encuentro fue una ms grande que se presento diciendo: -Yo soy Libuk, la abeja reina. Este es nuestro hogar. Aqu vivo con mis hijas y me alegra mucho tu presencia, ya que era nuestro deseo conocerte. Las hijas haban formado una ronda alrededor de Libuk. Enseguida, una de ellas sali de entre las dems y danzando graciosamente se presento: - Yo soy Dasi, y les enseo a las abejas todos los secretos de las viejas recetas para fabricar una deliciosa miel- dijo entre contenta y revoltosa. Otra, ms seria y serena, en su revoloteo cuestiono>: -As que t eres la Mensajera de la Luz. Y dime niita... No es demasiada misin para una criatura tan joven como tu?- y continu presentndose-me llamo Ruba, y soy la encargada de ensear buenos modales a estas pequeuelas tan [Link] ms amable y segura, Libak volvi a iniciar la danza preguntando: -En qu consiste tu labor?Con timidez, tal vez intentando no parecer orgullosa, respond que mi tarea tiene como principal objetivo llevar mi luz interior a todos los dems y lograr que cada uno de los que me rodean descubra la propia y la haga brillar. Luego, una bailarina cariosa y atenta, dijo que no era fcil mi misin, pero lo importante era mi intencin de llevarla a cabo, y agrego: -Yo soy Chin, que quiere decir Piedra y creo que es un nombre muy acertado para m porque soy muy cabeza dura. Te invito a pasear y conocer nuestros dominios-Encantadsima, Chin!-contest. Chin, con un poco de vergenza y bajando sus ojitos danz frente a la reina dando sus disculpas diciendo: -Perdn, Libuk!"Nos das permiso para pasear?Libuk, no solo accedi al pedido, sino que ordeno y organizo la tarea de la colmena de modo de poder acompaarnos. Y as, en compaa de Gunfi, Chin, Dasi y Libuk partimos a explorar la zona en donde vivan. La reina, muy complacida con su colmena, me mostr los campos donde salan las recolectoras a buscar nctar. Me mostr el rbol propio de la zona, muy alto, llamado Palo Rosa, es el ms escondido y casi en extincin. Tambin me mostr un trbol amarillo, sumamente extrao. Era una riqueza de la familia y yo pegunt extraada: -Qu es?Cmo lo consiguieron?-

Fue cuando Chin cont la historia de Yaia, una abejita con capacidades diferentes a las nuestras, que quiso pertenecer a la colmena y ahora vive en ella. -Al entrar a nuestra colmena tanto ella como nosotros tuvimos que adaptarnos. Era situacin poco comn, por lo que Ruba nos seal que debamos tener con ella mucha paciencia y comprensin. A Yaia, en cambio, le pidi que manifestara sus deseos de integrar nuestra comunidad, a travs del esfuerzo puesto en el cumplimiento de algunas tareas, que Ruba misma le haba sealado, y que eran adecuadas a su capacidad 1) Encontrar el rbol casi perdido y treparlo. 2) Traer el trbol dorado, que no se saba dnde hallarlo. 3) Demostrar la valenta y deseos reales de compartir con nosotras la [Link] entusiasmada con el relato pregunt: -Lo consigui?-Por supuesto Chispa- respondi Chin-En su primer tarea con la inestimable ayuda de Kiri, la solidaria mariposa, que con su grandes y hermosas alas la protegi del viento y la tormenta, logro as su cometido. En la segunda etapa, ya le fue ms fcil porque Kiri la acompaaba, lo que simplifico la bsqueda. Encontraron a Fi, la conocida, negra y peluda araa, que con gran habilidad teji una tela para envolver al trbol. Luego entre Kiri y Zixza, el picaflor de hermosos colores, la transportaron a la colmena. Como te dars cuenta, Yaia trajo gran riqueza a la familia, ya que tuvo muchas vivencias y aprendi grandes cosas de sus amigos, que en otra oportunidad te voy a contar. Cuando finalmente apareci en la colmena, habiendo encontrado al Palo Rosa y habiendo trado al trbol amarillo desde el lejano Valle Dorado, donde la armona de la vida y los colores existentes eran perfectos, el alboroto y la aprobacin fueron totales. Libuk felicito a Yaia por el esfuerzo y agradeci su colaboracin al enriquecimiento de la familia. Luego invit a todas nosotras a manifestar con zumbidos la aceptacin que desde siempre haba tenido Yaia. Todas estbamos muy contentas ese da, hasta la desconfiada y seria Ruba. Nuestra querida nueva hermana danzo para nosotros en agradecimiento... Fue un da maravilloso... fue un da de [Link] tan interesante relato no nos dimos cuenta que una fuerte tormenta comenzaba a desatarse. Libuk, con preocupacin y responsabilidad, nos llevo rpidamente a la colmena. Sus abejitas estaban, la mayora, trabajando en las flores y necesitaban de su seguridad, organizacin y proteccin para mantenerse calmas hasta que el viento dejara de soplar. Ya haban egresado casi todas. Yo me refugie bajo la frondosa capa del algarrobo donde se encontraba la colmena. Libuk danz en la puerta de cada panal comprobando la presencia de todas sus hijas; al llegar a las ltimas celdas, descubri que faltaba Yaia. Una de las abejas, llamada Beki, coment que la haba visto cerca del ro, sorbiendo polen de un irup y que no haba regresado para dejarlo con las nodrizas. Eficaz y organizadamente, Libuk danz la seal de ubicacin; y con habilidad y precisin en sus movimientos, tom la iniciativa, como su reinado lo permita, para planificar la bsqueda. Acertadamente y transmitiendo confianza, dividi al grupo en cuatro, orientndolas por las flores y lugares donde deban buscar a su hermanita. Deberan recorrer palmo a palmo, en el sector determinado, tratando de reconocer el sonido de las alas batientes de Yaia, que estaran pidiendo auxilio. Deban trabajar rpidamente pero con mucha atencin. Libuk, reconocindome como una chica servicial, me solicit ayuda para buscar a la pequea. Antes de comenzar con su arriesgada tarea, recogi mieles de los panales y la fue repartiendo entre sus hijas, inclusive me dio un poco par que llevara en mis bolsillos. Ya haba transcurrido mucho tiempo, y la vida de Yaia corra peligro. El dulce era para alimentar a la abejita en cuanto la encontrramos. Sin miedo, emprendi el vuelo hacia la regin de las orqudeas donde seguramente haba estado trabajando la abejita y, al meternos en la maraa de arbustos y lianas habamos llegado a los dominios de Mirna, la araa venenosa de cuya tela haba escapado la reina cuando joven. Ya cerca del jardn de pensamientos del insecto, vimos una grande, tensa , pegajosa y atrevida telaraa que protega sus dominios y en la cual colgaba Yaia, cansada de tanto luchar por soltarse. - Aqu estamos- danz Libuk sobre la tela. -No te acerques-dijo-estoes muy pegajoso y vas a quedar atrapada como yo-agrego Yaia. - No importa, tengo que ayudarte!-grito Libuk. -Calma aqu estoy yo!- dije. Tal vez rompa la tela, pero no existe posibilidad de perjudicarme-aclar con serenidad a ambas abejitas, una demasiado desesperada y la otra demasiado preocupada. Cuando estaba a punto de tomar delicadamente de su suave cuerpecito a Yaia, para retirarla de su prisin, apareci la seora del lugar, exclamando: -Qu tratas de hacer, nia entrometida?Can permiso de quien vas a destruir mi tela y sacarme el alimento?-

Revoloteo entonces Libuk y Mirna pareci encrespar mas sus peludas patas y su negro cuerpo. - Ah, conque esta pequea es una de tus hijas...-musito la araa moviendo velozmente sus patitas y trepando a la tela para cuidar su presa. -Perdonen, antes de continuar esta discusin quisiera presentarme: yo soy Chispa y debo tratar por todos los medios de mantener la amistad entre mis amigas, todos los animales.-Qu amistad es esa?, si tratas de quitarme mi alimento-respondi Mirna. - Yo supona que a esta hora del da, tu hambre ya estara satisfecha. Y esta pequea abejita, por ser aun inexperta, haba cado a tu tela sin darse cuenta.-No!, la tela fue hecha a propsito. Cuando la vi venir volando, asustada por la oscuridad, sin reconocer su rumbo, me apur a tejerla para poder atraparla. Yo sabia que Libuk vendra en su ayuda, podra atraparla a ella tambin. Siento aun sobre mi cuerpo el dolor que me provoc su aguijn hace muchos aos atrs cuando quise comerla.-Dejemos de lado los rencores, lo que pas, ya no tiene solucin. Ahora estoy aqu y debemos caminar todas juntas hacia delante, compartiendo, reconociendo nuestras necesidades, aceptando nuestras costumbres y hbitos y tratando de resolver juntos los problemas, sin perjudicar a nadie.-decir esto fue lo nico que se me ocurri en aquel momento. No quera verlas pelear. Una estaba cargada de fuerza para defender a su hija y la otra, adversaria, bronca y ganas de vengarse. La tenebrosa araa comenz a cambiar de aspecto, como si algo hubiese actuado sobre ella. Las que antes eran sus rgidas patas, caminaban suavemente, descendiendo por la tela. Los ojos agresivos, con los que haba frenado mi acercamiento al lugar, miraban con serenidad. Libuk an no haba notado el cambio y estaba en guardia. Mirna se aproxim a ella sin decir palabra. Libuk, enojada le cuestion: -Si realmente tienes hambre porqu no la comes?-No deseo hacerlo ahora, no siento apetito... Si quers salvarla porqu no la ayuds?- respondi la araa. Yo escuchaba con atencin y me anim a interferir: -Si Yaia no es tu alimento qu necesidad tienes de atraparla? Vos sabs muy bien que ningn animal atrapa por placer. No estars actuando por venganza?-Y si ella fuese mi alimento qu sucedera?-replic Mirna. Libuk, segura de su respuesta, afirm: -Me sorprende tu respuesta!Realmente no me atacaran? pregunt Mirna. -La ley as lo manda, aunque nos duelaMirna, ya ms tranquila, pareca reflexionar sobre las palabras de Libuk. Hubo un momento de silencio. Libuk pidi respuesta a la pregunta por ella antes planteada. -Realmente no encuentro motivos para seguir teniendo a Yaia en mi tela. Tengo que reconocer que no era mi alimento. Pido disculpas por no reconocer la ley respetada por todos. Creo que todava guardada un poco de rencor en mi corazn. -Reconozco tu actitud favorable y la agradezco. No faltarn oportunidades en que podamos colaborar con vos. La Ley del Gran Creador as lo [Link] camin gil sobre su tela y sin darnos cuenta cmo, solt a Yaia, dejando la tela intacta. Libuk, me mostr el sendero por el cual deba regresar a casa. Antes de irme la felicit por la seguridad y vigor con que haba resuelto tan difcil situacin. Llagando ya a mi omb, en el claro de la selva, mirando el cielo contempl extendiendo sobre la espesura de la selva, al Arco Iris.

Dcimo tercer Relato.


Haba llegado mi cumpleaos. Ya tena nueve! Recuerdo que en aquel da, por la maana, me encontrada todava medio dormida. La primera en saludarme haba sido Leila, que, ni bien abr los ojos, se acerc moviendo la cola y de un salt se subi a la cama y me dio un sin fin de lengetazos.

Haba decidido levantarme a desayunar as que salt de la cama y comenc a vestirme. En eso, sent ruidos que venan de afuera de mi casa. Me acerqu a la ventana, la abr, me asom y descubr en primer lugar que era el da hermoso. Me costaba fijar la vista debido a que el sol iluminaba con gran intensidad. Me restregu los ojos y al abrirlos nuevamente... Qu sorpresa! All estaban mis ms grandes amigos: Dan, Jar, Tuca y Libuk. Corr un banquito cerca de la ventana para poder subirme y salir por ella. En cuestin de segundos estaba afuera corriendo por el parque para poder alcanzarlos. Me abrace fuertemente a Dan, mientras que Libuk y Jar se posaban en mi hombro para saludarme con un carioso besote. Tuca, tan linda como siempre, saltaba a mis manos y me brindaba afectuosos abracitos. No poda creerlo! Los tena ah delante. Haban venido a visitarme. Se seguan acordando de m... - No s que decir. Quiero expresar lo que siento en este momento, pero no encuentro las palabras para hacerlo-dije muy emocionada y con los ojos llenos de lgrimas. - A nosotros no tens porqu decirnos nada. Compartamos el silencio y eso maravilloso que sentimos aqu, en el corazn- me contest Jar y luego contino-Desde que te marchaste de El Palmar, estuvimos sintiendo tu compaa. Y no me refiero a tu recuerdo, sino a tu presencia. Algo tuyo qued entre nosotros; y algo nuestro se march con vos.-No olvides que tu luz es muy intensa y la distancia no es el obstculo para que nos la hagas sentir a quienes te queremos.- agreg Dan con firmeza. -Los extraaba mucho!-dije. - Y nosotros a ti- dijo Tuca alegremente y luego agreg- Hace casi tres aos que no nos veamos. Me siento muy contenta de verte tan bien, y tan crecida. Cuntos hermosos cambios se produjeron en vos? Durante nuestro largo viaje, Dan y Jar, me contaron todo. Igual yo ya lo saba. Lo de tu misin nos lo cont la Dama del Arco Iris en Calilegua. Todos nos enteramos por ella: los lobitos, el guila, los tates y otros animalitos. Ahora que me acuerdo, todos ellos me mandaron saludos y besos para vos y un Feliz cumpleaos! clido y afectuoso. -Pero cmo, quiere decir que ustedes saban que hoy es mi cumpleaos?- pregunt. -Por supuesto! Y vinimos a saludarte trayendo adems los carios de nuestros pueblos y de muchos otros animales que se acordaban de tu da-contesto Libuk -Podemos ir a mi gran rbol, si les parece. Deben estar muy cansados por el viaje.-dije, y ellos aceptaron con gusto, as que nos dirigimos hacia l. Una vez all les pregunt- Cunto tiempo se quedarn conmigo en Iguaz?-Aun no lo sabemos- respondi Dan- todos queremos visitar a nuestras familias y descansar antes de emprender el largo camino a casa.-Qu suerte! Quiere decir que en los prximos das voy a verlos y voy a poder compartir con ustedes muchas aventuras...-As es"- me dijo Jar sonriente. Y despus de tan grato reencuentro nos dispusimos a contarnos experiencias y chimentos. As me enter que Daira haba sido mam; que la familia de Tuca ya era tan numerosa que vivan en otro rbol mucho ms grande que el anterior; que Lendri visitaba amistosamente a las lucirnagas para compartir con ellas juegos, cantos y conversaciones; que Maya y su familia vivan ahora cerca de la casa de los guarda-parques porque desde que me fui se quisieron estar ms cerquita del lugar donde yo haba vivido; y muchas otras cosas emocionantes y graciosa. Todo estaba casi igual que cuando me march. Me pareca un sueo, ellos hablaban y yo pareca vivir lo que narraban, era casi como si estuviese en otro lugar, en lugares donde yo ya estuve... Despus de mucho hablar, decidimos pasear un poco por los alrededores para poder saludar a otros pueblos, y conocer sitios nuevos y ocultos. Caminamos los cinco de un lado a otro, estudiando atentamente los territorios. -Conocen las ruinas?-pregunt Dan. -No-respondimos nosotros. -Podramos recorrerlas. Yo las conozco bien ya que estos eran mis territorios en mi juventud. Mis padres vivieron siempre en Misiones y de ellos hered gran parte de las historias y leyendas que conozco. Muchas de ellas fueron pasando de generacin en generacin maravillando as a quienes las escuchaban, esta es una provincia llena de tradiciones y leyendas. Y si ustedes quieren puedo narrarles algunas mientras recorremos las ruinas...-sugiri Dan. -A m me encantara orlas-dije-siempre me atraparon las cosas del pasado. Todas esas cosas que son como misteriosas, que nunca se supieron bien y que cada uno la cuenta de manera distinta. -A m tambin-dijo Libuk-Aunque vivo en la zona, mi pueblo no conoce mucho esas cosas. Te

escucharemos con gran atencin. -Y nosotras tambin...-agregaron Tuca y Jar. -Bien, recorreremos las ruinas de Santa Ana y las de San Ignacio-afirm Dan. Caminamos por los montes abrindonos paso como podamos, ya que la vegetacin era muy tupida y cerraba el paso a quienes trataban internarse en ella como queriendo ocultar sus tesoros. bamos todos sobre Dan; yo, en su lomo; Tuca en mis brazos; Jar y Libuk uno en cada uno de mis hombros. As avanzamos cuidando de no molestar a la gran cantidad de habitantes de la selva. Muchos nos saludaban amablemente como reconocindonos y otros, los ms asustadizos, nos observaban ocultos por entre el follaje. De pronto llegamos a una de las ruinas: la de San Ignacio, declarada monumento histrico Nacional y restaurada para poder ser visitada por los turistas. Recorrimos los restos de la misin. En algunos rincones pudimos ver como la naturaleza atrapaba a columnas y paredes que sustentaban los techos de las casas indgenas. Las races brotaban por millares entre las piedras, mientras los helechos decoraban las paredes rojas, hechas con piedra Tacur. El edificio ms importante era el templo, con un monumental prtico labrado. Frente a la iglesia vimos la plaza central, flanqueada por el Cabildo, las oficinas pblicas y las casas de los caciques de ubicacin preferencial. A un costado del templo, vimos un enorme patio con habitaciones sacerdotales, aulas, talleres y [Link] a lo que sera un aula y all nos sentamos. Estaba maravillada por el espectculo, fascinada por semejante obra indgena. -Fue la misin mas trabajada de la poca-dijo Dan-Y segn cuentan fue construida por cientos de artistas indios quienes la convirtieron en un valioso monumento arquitectnico. Llegaron a vivir en ella alrededor de cinco mil habitantes y posean vacas, caballos, yerbales, algodones y otras plantos. Es la que mejor se conserva de las once misiones que florecieron aqu, en el territorio misionero. -Es apasionante pensar en las cosas que deben haberse vivido en ellas-dijo Tuca. -S que fueron pocas difciles-agreg Libuk. -Yo s quines la construyeron: los jesuitas-coment Jar -Y nadie mejor que los antiguos misioneros jesuitas conocan a los antiguos pobladores de esta reduccin, la actividad de ellos era grandiosa y dio origen al nombre de la provincia...-dijo Dan. -Sabes lo que hicieron los jesuitas?-pregunt. -Conozco algunas cosas, pero si es un tema que te interesa debes averiguar mas, trata de consultar a otras personas y lee sobre ellas en los libros-contesto Dan y luego agreg-llegaron a Amrica desde Espaa con una misin. -Yo tambin llegu con una misin-grit entusiasmada interrumpiendo las palabras de mi viejo amigo. -Y creo que la tuya es muy parecida a la de ellos-dijo Jar-no es as Dan?. -As es, ellos queran catequizar a los indios, educarlos, reunirlos para que crezcan juntos y organizados. As es como fundaron muchos poblados, todos ellos conducidos por la compaa de Jess. Miles de guaranes vivan en sus reducciones formando as una cultura social, religiosa y poltica. -Ellos mismos enseaban a los indios-pregunt. -Hasta donde yo s, s. Ellos los educaban con un gran amor, y una dedicada preocupacin por los dems. Con un trabajo desinteresado ayudaban a todos los guaranes en todas las artes tiles. Eran muy habilidosos con la ganadera, la construccin de canoas y carretas, en el curtido de cueros, en la carpintera, la herrera y dems actividades, cada misin estaba organizada y en ella cada uno tena una tarea asignada, los indios, los religiosos y los caciques. -Eran como una familia-dije. -S, y vivan con entusiasmo aprendiendo da a da las cosas que sus maestras les enseaban-agreg Dan y continu-qu tal si seguimos la marcha?, podemos recorrer otras ruinas y pedir a otros pueblos que nos cuenten leyendas del lugar. -Continuemos!-afirm. Recorrimos montones de lugares, algunos tan ocultos que casi ni se vean ya que la selva haba hecho de las suyas tragndose las viejas construcciones con su historia. Compartimos momentos inolvidables, enriquecedores. Disfrutamos del paseo y de nuestras compaas. Son cuatro amigos excepcionales. Viajaron cientos de kilmetros para visitarme y ese fue el regalo mas lindo que pudieran hacerme. De regreso llegamos a la ventana de mi cuarto y all nos saludamos. Los volvera a encontrar otras veces esos das para compartir aventuras todos juntos, pero en ese momento tena que entrar. Mi familia seguramente

estara esperndome felicitarme, me ayudaron a entrar y al darme vuelta para sacudir mi mano y decirles 'Hasta Pronto', descubr con sorpresa que ya no estaban, en su lugar brillaba el Arco Iris. -Gracias!-susurr, y en eso escuch a mi familia que se acercaba cantndome el Feliz Cumpleaos.

Dcimo Cuarto Relato


Voy a contar como conoc al pueblo cantor, era una tarde fra y ventosa. Yo me encontraba jugando en un pequeo arroyito, observando los peces y las distintas piedras que, baadas por el agua, tomaban colores vivaces. -Pst...-sent detrs de m y luego-Nia Chispita, aqu estoy!-al darme vuelta me encontr con una ranita pequea que me miraba con ojos saltones. Su color era verde esmeralda intenso. -Hola, ranita-contest-cmo estas?. -Tengo que reconocer que no muy bien, djame que me presente: soy Cloti, una de las ms chiquitas entre las integrantes del pueblo cantor. -Hola Cloti, yo creo que no necesito presentarme, ya que me llamaste por mi nombre. -Es que hace mucho tiempo que te estoy buscando para contarte algunas cosas que estn sucediendo en mi familia. -Tu familia es muy numerosa verdad que s?. -Ya lo creo, somos millones en esta zona. -Bueno-dije mientras me sentaba al lado de mi amiguita-Contme, soy toda odos. -Las cosas en mi pueblo no estn saliendo muy bien. Crumi, nuestra gua no nos permite participar de las decisiones ni colaborar con la marcha del pueblo. Todos reconocemos que ella es muy sabia, pero as la cosa no funciona. Todo lo resuelve ella. No nos comenta ningn problema; y lo peor de esto es que como nada consulta y todo lo hace, se est cansando mucho. Y es ese cansancio el que no la deja hacer las cosas tan bien como debera. Se est equivocando muy seguido y eso nos preocupa. No porque no nos gusten los errores, sino porque a pesar de ellos sigue resolviendo las cosas ella y vamos cada vez peor. Nosotros la queremos mucho, y no queremos que le pase algo malo. -Entiendo-dije-Y a vos te parece que yo pueda ayudarte en algo?. -Creo que s, pero no s decirte que es lo que podemos hacer. -Djame pensar un poquito...-transcurrieron unos minutos en los que mi cabecita trabajaba en busca de una manera de ayudar a las cantoras y luego dije a Cloti: -Es que de tan ocupada que est no creo que acepte perder tiempo con nosotras. -No ser una prdida de tiempo?. -Para ella s.... -Eso est por verse, dnde podemos encontrarla?. -Es por aqu, seguime-dijo, y empez a avanzar con saltos largos. Yo iba detrs de ella caminando con precaucin ya que el lugar por donde bamos no era terreno muy firme, sino ms bien flojo y con agua, luego de un rato de andar se detuvo y me dijo: -Aqu es, mejor llamala vos, si lo hago yo no creo que se acerque. -Crumi, Crumi!, soy yo, Chispa Necesito hablar con vos!, es urgente, as que por favor acrcate unos minutos. -Ahora estoy ocupada, vuelve en otro momento-grit Crumi desde la maleza alta. -Es que tiene que ser ahora, no despus-dije con mucha seguridad y tratando de convencerla. -No tens otra cosa que hacer que venir a molestarme cuando estoy trabajando?-grit. -S que tengo que hacer... pero igualmente cada vez que yo venga me vas a decir lo mismo; por que yo s que no tens momento de descanso. -Y vos como sabes eso-dijo con sorpresa y sali saltando hasta ubicarse delante de m. -No importa como, lo importante es que hablemos sobre eso. -Est bien Qu quers saber?.

-Saber nada, porque Cloti ya me cont todo. -Me imaginaba!-dijo Crumi con bronca, mientras la miraba a Cloti. -No es motivo para enojarse. Ella como el resto del pueblo, quiere ayudarte, quiere que las cosas salgan lo mejor posible, y por eso vine a conversar. -Te escucho-dijo Crumi, que tena una expresin de cansancio en sus ojos. -Pienso que Cloti tiene razn, no podes resolver todo vos sola, sin ayuda, sin consultar a tu pueblo sobre algo que les interesa. Ellos pueden ser grandes consejeros y adems acompaarte en los trabajos ms duros. -S, lo s, lo que sucede es que si los consulto pierdo mucho tiempo, igual que si me ayudan a hacer algo. -Y por que tanto apuro-pregunt. -Porque a m me gusta hacer las cosas hoy y no dejarlas para maana. -Me parece bien, pero todo no se puede hacer hoy, hay que emprender las cosas en la medida de las posibilidades. Adems hay muchas cosas que necesitan su tiempo, estn viviendo tan deprisa que no gozas de los das. Y el hecho de resolver sola, en realidad, en vez de hacerte ganar tiempo, lo perds. -Cmo que as pierdo el tiempo?. -Claro, porque no ests dando oportunidad de aprender a los dems. Al no compartir las decisiones no dejas posibilidad de que todos crezcan junto a vos. Y si alguna vez te llega a pasar algo o te enferms, tu pueblo no sabr que hacer y andarn perdidos de aqu para all, esto es para vos ganar tiempo?, lo mejor es plantar semillas para asegurarte lindas plantas en el futuro. Y vos sos muy capaz para hacer esto, y adems, lo ms importante es que conts con el apoyo de todos ya que te quieren mucho. -Nunca lo haba pensado de esta forma, Chispita, Creo que comet un grave error en este tiempo. Con razn cada vez saban menos, si yo no les enseaba con mi actitud... hice mal en desconfiar de sus capacidades.... -Pero podes corregirlo. Adems tens un pueblo maravilloso que se preocupa por mejorar; si no Cloti no me hubiera encontrado para que las ayude, verdad que s?. -Fue tuya la idea de ir en busca de Chispita?- pregunt Crumi a la ranita, que haba seguido el dilogo con atencin. -No, fue idea de todos. Nos reunimos y decidimos que eso era lo mejor ya que hablarte era imposible. No escuchabas a nadie-contest Cloti. -Esto me prueba lo bueno que es el pueblo cantor y la paciencia que tuvieron. Creo que les debo una explicacin a todos. Vamos, haremos una reunin.... -Puedo acompaarlas?-pregunt. -Claro!, queremos que ests presente-contest Crumi. Llegamos a una zona abierta y con agua. Crumi subi de un salto a una gran piedra y desde all empez a croar con fuerza llamando a todos. Yo me acomod en otra piedra con Cloti y esperamos. Pronto comenzaron a llegar cientos de ranas. Las haba de todos los tamaos y mltiples coloridos. Todo el claro se cubri de ellas, yo no imaginaba ver a tantas!, todas me miraban sonrientes aprobando mi presencia, algunas me saludan guindome sus ojos saltones. -Bueno-coment Crumi-debo hablarles, queridas cantoras. Chispa estuvo conversando largamente conmigo y gracias a ella me di cuenta de muchos errores. Comprend que no se debe conducir un pueblo ignorando su opinin y negando su participacin. Estoy arrepentida de haberlo hecho as, cranme, por favordijo con un poco de tristeza y luego continu-Debo hacerles una pregunta: Quieren que siga guindolas yo, o prefieren que otra lo haga?, yo acepto lo que ustedes propongan. -Queremos a Crumi para que nos gue, no a otra!-gritaban con alegra. Los ojos de Crumi cambiaron de expresin y se llenaron de lgrimas, luego de unos instantes habl emocionada: -Gracias a todas por comprenderme y confiar en m, desde hoy trabajaremos en equipo y escuchndonos, respetando la opinin de todos. Creceremos juntas, se los aseguro. -Sabemos que ser as-contestaron. Crumi me mir y me dijo: -Sos algo especial, Chispita, nunca conocimos a alguien as. Quiero que sepas que siempre vamos a recordarte y en agradecimiento a tus palabras y tu amor a nosotras, todas las noches, cuando nos juntemos a cantar, lo haremos para vos. Le pediremos al Gran Padre que te proteja y cantaremos todo lo que nos enseaste. Buena Senda, Amiguita!. -Buena senda!-contest y me alej feliz. Unos pasos ms adelante me sorprendi el Arco Iris que se

asomaba curioso entre las nubes. Detrs de m no haba nadie, tampoco se oa croar ninguna rana. Por la noche, antes de dormir, yo tambin agradec el encuentro y ped a Dios por ellas. A partir de aquella vez, todas las noches escucho el canto de las ranas; a veces me parece que hablan de m.

Dcimo Quinto Relato


Paseaba por la zona de Intendencia cuando de pronto o furiosos maullidos entre los arbustos, en donde comenzaba la tupida selva. Me acerqu con lentitud y atencin observando todo lo que me rodeaba. Los sonidos eran como quejidos y provenan de lo alto de un algarrobo. Me detuve ante su tronco, y al mirar arriba, descubr un puma. Enorme y hermoso, estaba recostado en una rama sobre su vientre y con las patas cayendo a ambos costados. Su pelo era corto y de color pardo uniforme. Su cola se mova en el aire indicando nerviosismo y mal humor, sus garras estaban hinchadas y lastimadas, y sus patas tambin. Estaba agitado y sus maullidos eran quejidos de dolor. -Hola!, espero no molestarte, paseaba por aqu y te vi necesits ayuda?, veo que ests herido y quizs yo pueda ayudarte-dije, con un poco de temor. -Hola...-dijo con suavidad y luego habl con voz spera y entrecortada por su respiracin agitada-no me molestas, aunque hoy no estoy de buen humor para conversaciones. Me duelen mis patas y mi cuerpo debido al cansancio, por las heridas no te preocupes, ya que pronto sanarn. Ahora debo recuperarme para volver y ayudar a mi pueblo con la lucha -Lucha, qu lucha, con quien estn peleando y por qu?-interrogu curiosa y preocupada. -Ven, sub aqu a mi lado que voy a contarte la historia: es larga y prefiero tenerte cerca as hablo ms bajo y me canso menos. Debo ahorrar energas -Voy a subir pero antes decime como te llams, yo soy Chispa y vos? -Perdn por no haberme presentado, pero estoy pensando en cosas difciles y me olvid de eso. Mi nombre es Cambay, y tu nombre ya lo conoca. Sos la Mensajera de la Luz, la hija del guarda parque verdad? -S - dije emocionada mientras empezaba a trepar el rbol; l comenz a narrar su historia: -Todo empez hace unas semanas. Cuando las grandes tormentas castigaron a la selva amaznica, en Brasil. Duros temporales azotaron a esos territorios, inundando y matando a muchos animales. Algunos se salvaron y se quedaron all como pudieron, en cambio otros se vieron arrastrados por las aguas hacia estas zonas y esto nos est causando grandes problemas -Aqu no lleg ninguna inundacin, Cambay -No, claro que no, las que llegaron fueron las enormes boas, que como buenas nadadoras que son, no tuvieron problemas y tradas por la corriente se establecieron aqu en la selva misionera. Son miles y las hay de todos los tamaos y con gran brillo y colorido. Aqu fueron recibidas por su familia, quienes le permitieron quedarse -Me parece muy buena decisin por parte de la familia -No tan buena, Chispita, no tan buena... esto nos esta causando serios trastornos a nosotros. Dejame explicarte. Las grandes boas se alimentan con distintos animales y a pesar de que en esta poca duermen pesadamente en las ramas de los rboles, ahora estn hambrientas y sin sueo, ya que el viaje les abri el apetito -Y, cul es el inconveniente?-dije -Que en nuestra selva no hay alimento para tantas. Adems, ahora estn en peligro algunos de nuestro pueblo felino que vive por la zona. Nosotros, el pueblo vigoroso de los pumas, decidimos atacarlas para defender el territorio. Desde hace dos das que estamos luchando con ellas, pero no logramos nada. Solo heridas y cansancio -Tantas son como para que no puedan echarlas? -Son muchas, adems algunas miden como ocho metros de largo, son fuertes y veloces, y hasta ahora nos han hecho fracasar en el intento de alejarlas. En realidad, hasta hoy, nadie consigui nada y todos los felinos del lugar intentamos hacer algo al respecto. El pueblo veloz de los ocelotes y el pueblo astuto de los chivs intentaron huir, pero ellas estn por todos lados y no les permiten irse. El pueblo habilidoso de los gatos pintados

les explic con bronca y con furia los problemas que les estaban causando, pero ellas testarudas y obstinadas, no oyeron sus palabras. Tambin el pueblo perseverante de los jaguarets intent luchar con ellas pero fracasaron. Cada pueblo hizo algo, pero result intil. No nos quedan muchas salidas; solo espero que nosotros, los pumas, no tengamos los mismos resultados -Decime Cambia por qu no intentan reunirse entre todos los pueblos para ayudarse entre s?, adems, es ms probable que se les ocurra algo para hacer. Todos juntos tomen una decisin pero que sta sea en comunidad, aprovechando lo que cada pueblo hace mejor: el vigor de ustedes, la velocidad de los ocelotes, la astucia de los chivs, la habilidad de los gatos pintados y la perseverancia de los jaguarets -Me parece una idea excelente, Chispa. adems podemos pedir ayuda a otros felinos, a pueblos de otros territorios. Convocar a un representante de cada pueblo. Haremos la gran reunin dentro de dos das. Mientras tanto pedir a los mos que dejen de luchar y descansen. Lo necesitan mucho, hasta entonces, nia y muchas gracias por tu consejo Despus de decir esto se incorpor y dando un salto increble desapareci entre los rboles. Esos das se me hicieron interminables. Trataba de pensar en una solucin pero no era tan sencillo. Busqu la calma y prefer esperar. Entre todos la respuesta se encontrara con facilidad. El da de la reunin yo me hallaba recostada en el mismo rbol donde haba hablado con Cambay. De pronto sent un maullido cerca de m y al abrir los ojos me encontr con un gato de color ceniza, con estras pardas y rojas formadas por manchas que aparecan espaciadas y eran de color caf en el lomo y pardo blanco en los flancos. En sus patas tena pintas oscuras y su cola era blancuzca con anillos pardos con negro. -Buenos tardes!-me dijo-soy Ganara, la representante del pueblo paciente de los gatos andinos y vengo a la gran reunin. Vos debes ser la nia que tuvo la idea que nos juntemos para solucionar el inconveniente de los felinos de la selva -As es!-contest-es un gusto conocerte, debes venir de muy lejos, no? -Desde la cordillera, pero no importa la distancia, bien vale el viaje si es cuestin de ayudar a alguien En eso se acerc por detrs nuestro otro gato, ms pequeo que el primero. De color gris amarillento claro con rayas castaas. A cada lado de la cabeza se destacaban dos bandas de color canela, en el cuello se vean tres bandas pardas, como medios collares y su cuerpo presentaba rayas oscuras. Su vientre era manchado, sus patas con rayas transversales negras y su cola con anillos oscuros. Se saludaron entre ellos y luego dirigindose a m me dijo: -Soy Saha, del pueblo inteligente de los gatos de los pajonales, qu tal Chispa -Bien, ustedes ya se conocan? -Claro!, la comunidad de los felinos se rene frecuentemente para contarse las novedades-contest Ganara. A medida que pasaba el tiempo iban llegando los distintos gatos desde diferentes lugares del pas. As es como conoc a Misha del pueblo astuto de los chivs; a Monti del pueblo entusiasta de los gatos monteses; a Jamani, del pueblo habilidoso de los gatos pintados; luego lleg Cambay junto a Mikiri, del pueblo veloz de los ocelotes; despus llegaron Shitana y Shamy, del pueblo creativo de los jaguaronds y el pueblo experto de los gatos guias. Por ltimo lleg Jandar, el representante del pueblo perseverante de los jaguarets. Ya estaban todos; los diez, uno ms lindo que otro, con bellos colores y ojos encantadores. Algunos pequeos como Shamy y Misha y otros grandes y fuertes como Cambay y Jandar, que eran los felinos ms robustos de toda Amrica del Sur. A medida que se hicieron presentes se saludaron entre s y me saludaron a m con mucha alegra y cario. Mikiri, el ocelote se ech a mis pies y apoy su cabeza en mi pierna. Ya estaban listos para comenzar. -Bueno-dijo Jamini- Ser mejor que contemos a Shamy, Saha, Monti y Ganara lo que est sucediendo. La historia dur casi una hora. Una vez finalizada sta, Jandar habl: -Y hasta hoy todo lo que hicimos no sirvi para nada, la situacin sigue igual o peor -Chispita nos aconsej unir nuestras cualidades y virtudes y buscar entre todos una solucin-dijo Cambay. -Considero que eso es lo mejor-afirm Shany-Sumemos la experiencia, la inteligencia, el vigor, la habilidad, la creatividad, el entusiasmo, la astucia, la rapidez, la paciencia y la perseverancia y vamos a encontrar la respuesta. Tenemos que lograrlo. -Bien-dijo Saha-Yo pienso que no podemos echar a las boas de la selva ni tampoco debemos matarlas -Estoy de acuerdo-dijo Shamy-Ellas merecen un trato justo ya que tienen el mismo derecho a vivir

que nosotras -Adems no vinieron aqu de paseo ni porque s, sino para salvar sus vidas, debemos comprenderlas y ayudarlas en lugar de luchar contra ellas, sino conseguimos nada peleando es que ese es un camino equivocado, el correcto es estar a favor de ellas, no tenerles bronca-sigui Saha. -Pienso que podramos explicarles y hacerles entender nuestro problema-dijo Monti. -Ya lo intentamos nosotras y no conseguimos que esas boas tozudas nos escucharan-dijo Jamani. -Si no oyeron lo que decan es porque ustedes hablaron enojadas, con bronca y furia, no por otra cosa. Debemos intentarlo de nuevo, pero esta vez con calma y con nimo de ayudarlas y as entendern las razonesdijo Shamy. -Es una buena idea, podemos probar nuevamente-afirm Jandar-Pero que sea con tranquilidad y amor hacia ellas porque si bien las comprendemos, tambin sabemos que por el bien de todos no pueden quedarse -Creo que tengo la solucin a nuestro problema-coment Shitana-Muchas de estas boas tienen familias en otras partes del norte del pas. Podemos repartirlas por esos territorios haciendo que se unan a sus pueblos. Y las que no son de aqu no deben quedarse. Tienen que volver a sus tierras -Nadar contra la corriente no es cosa fcil Shitana-dijo Cambay. -Yo no dije que deban volver nadando por donde vinieron, podramos hacerlas viajar dando un rodeo por el oeste y as llegarn a sus territorios por el norte y no por el sur -Sera exponerlas a muchos peligros, adems no deben conocer esos caminos-dijo Ganara. -Nosotros las acompaaremos y las cuidaremos de sus enemigos, adems seremos sus guas, eso siempre y cuando ellas acepten nuestra ayuda, desconfiarn de nosotros ya que hasta ahora no hemos hecho otra cosa que atacarlas-dijo Cambay. -Ya est todo listo-dije con alegra-Yo creo que debemos buscar a las boas y hablar con ellas como dijo Shamy Qu les parece? -Al trabajo!-gritaron los diez y emprendimos la marcha en busca de Morla, la gran anaconda, y las dems serpientes. No fue difcil encontrarlas, caminbamos juntos, cuando delante de nosotros se oy un fuerte soplido capaz de helar la sangre a cualquiera, all estaba Morla. Era gigantesca, y estaba rodeada de otras boas: arco iris, curiges, constrictoras y otras anacondas. Luego silb: -Alto!, no sigan adelante o les doler mucho, fuera de aqu gatos malvados!, queremos estar solas, ya estamos cansadas que nos molesten... -Tranquila Morla!-dijo Ganara con una serenidad admirable-Slo vinimos a hablar con ustedes. Por favor nos gustara que nos escuchen -Bien!-contest la gran anaconda-si lo peds de esa forma no puedo negarme, te omos, pueden acercarse ms. La charla fue larga y muy interesante. Las grandes serpientes entendieron a los felinos y aceptaron su ayuda. Comprendieron que deban irse para el bien de todos y enseguida organizaron los viajes: las boas arco iris iran con Ganara hacia Tucumn; las ampalaguas a Crdoba con Cambay y su pueblo; las curuges a Corrientes y Entre Ros con Monti, Shitana y sus pueblos; las constrictoras a Chaca y Formosa con Mikiri y su pueblo y por ltimo Morla y las gigantescas anacondas volveran a Brasil, guiadas por Andar y su pueblo, solo se quedaran unas pocas en la selva misionera. Todo estaba listo, deban partir cuando antes y as lo hicieron, las acompa hasta el camino; no quera ir mas all ya que pap no quera que me aleje, adems, las boas estaban en muy buenas manos. Los salud a todos y Cambay me dijo: -Gracias, Chispita. Vos nos mostraste lo bueno que es el trabajo en conjunto. Fue muy fcil, ms de lo que creamos al principio, y el xito te lo debemos a vos. Ser una marcha largusima quizs de semanas y para algunos meses, porque las boas son lentas, pero prometo visitarte al regresar aqu a Iguaz y contarte los pormenores del viaje -Te espero, ahora es mejor que regrese, Buena Senda amigas!Que tengan un buen viaje! -Adis Chispita-gritaron todos, felinos y boas y empezaron su andar, formando una largusima caravana. Las salud con la mano desde lejos y al volver contempl el arco iris, mi arco iris. Se asomaba entre los rboles. Cant con alegra mientras avanzaba hacia casa, quera contar a mi familia lo vivido en esta aventura con tantas enseanzas tiles para todos...

Dcimo Sexto Relato


Las fiestas haban pasado con grandes preparativos, las habamos vivido intensamente en familia y con amigos, recin comenzaba el ao cuando pap coment con todos que era muy posible que nos furamos de vacaciones. A m, sin saber todava el lugar, se me presentaron las imgenes de la pennsula Valdez y de los amigos que all haba hecho, dnde iremos esta vez? Fue la pregunta general. Al sur, haba respondido pap sonriente, recuerdo la alegra que sentimos todos en ese momento, ninguno, salvo pap, conoca el Sur ms que por fotos o pelculas. -Por qu decidiste ir all?-pregunt Francisco a pap. -Porque se ser nuestro lugar de residencia el ao que viene y probablemente nos quedemos en el sur algunos aos. La idea de conocer el lugar donde viviramos me agradaba. Era como ganar tiempo para conocer amigos que despus iba a ver al llegar definitivamente. No me sent mal, esta vez, por el traslado. Algo era diferente. Mi actitud no fue la de los aos anteriores quizs porque todava faltaba un ao para el viaje, o porque el hecho de conocer el lugar antes me ayudaba para el cambio. Pap confirm el viaje en los das siguientes y con ello comenzaron los preparativos. Esta vez voy a encargarme yo misma de investigar, me dije entonces. Consegu libros y vi pelculas de aquel lugar al cual iramos solo unas semanas despus: el Parque Nacional los Glaciares. Este parque se encuentra al sudoeste de la provincia de Santa Cruz, all se encuentra el Glaciar Perito Moreno, entre otros, considerado como la octava maravilla del mundo por la comunidad internacional. Pero no eran los glaciares la nica maravilla que haba en este parque, sino sus bosques subtropicales y estepas, y los animales que habitan este tipo de lugares. Del clima haba averiguado que era fro y hmedo. La vegetacin era la que se encuentra entre el bosque y la estepa. Los nombres de los rboles eran desconocidos para m: ires, lengos, cohues magallnicos, este ltimo un rbol gigantesco que llega a medir 35 metros de altura. Se pueden encontrar, aunque muy pocos, los cipreses de las guaiteras en lugares de difcil acceso. Entre los arbustos: el notro, con hermosas flores rojas; el calafate, con sus frutos violeta y las flores amarillas; el sauco del diablo en las partes ms hmedas. Entre las hierbas: orqudeas, topa-topa, musgos, helechos y lquenes. Tambin podan verse las alverjillas que son plantas carnvoras que se alimentan de insectos. La lista de animales era bastante interesante: cauquenes comunes y de cabeza gris, guilas moras, cndores, liebres, guanacos, andes petisos, zorros grises, zorrinos patagnicos, hurones, piches, carpinteros negros, picaflores, zorzales patagnicos, lechuzas, cisnes de cuello negro, gallaretas, patos, pumas, zorros colorados y los huemules. Tambin averig la forma de llegar al parque y las excursiones que all podamos hacer con mi familia. Despus de haber investigado todo lo que crea necesario, me puse a pensar en las cosas que llevara en alas vacaciones. Mi mayor preocupacin era la ropa. Tena que llevar lo mas adecuado para el lugar, bastante abrigo, por supuesto. Mi bolso rebalsaba. Mam y Alhu me aconsejaron que no llevara tanta ropa, pero yo quera intentar hacerlo sola. Pero sera si me tuviese que mudar directamente... el conocer el lugar me iba a servir tambin para darme cuenta si alguna ropa no me iba a ser mas til, y entonces la regalara, o si tal vez alguna otra necesitara ciertas reformas. Pap y mam nos comentaron que viajaramos en avin qu sorpresa! Eso s que no lo esperbamos Sera emocionante! El entusiasmo era general, el da anterior al viaje tenamos todo listo, recuerdo que esa noche casi ni dorm de lo ansiosa que estaba. La maana del da que comenzaban nuestras vacaciones nos levantamos temprano. Cargamos las cosas en la camioneta y partimos hacia el aeropuerto. Nos llevaba Alfonso, el pap de Emiliano. Al llegar vimos los aviones. Yo nunca los haba visto desde tan cerca. Eran como grandes pjaros de metal, pero con las alas quietas, duras, sin movimiento. La hora de subir ya haba llegado, ya habamos acomodado las cosas en un carrito que transportaba el equipaje y nos disponamos a ubicarnos en nuestros asientos. Yo iba sentada entre Alhu y mam, y pap viajaba junto a Francisco. Las turbinas y hlices se encendieron y mi corazn empez a latir rpidamente. Agarr a Alhu fuerte de la mano y comenzamos a movernos, pap coment que el avin iba a ubicarse en la cabecera de la pista. Una vez all avanzamos a gran velocidad y sin darnos cuenta como nos comenzamos a elevar. La

sensacin que me produca era rara, estbamos volando!. En ese momento comprend lo que el guila me haba querido decir al despedirse de m en Calilegua, nunca haba visto todo desde esa perspectiva. Estaba maravillada, le cambi el lugar a Alhu para poder mirar por la ventanilla. Las cosas se vean chiquitas, y los campos cultivados parecan dibujados y pintados con lpices de colores. Todo era nuevo para m, sorprendentemente nuevo. El avin fue subiendo cada vez ms hasta volar por encima de las nubes que parecan un colchn de algodn. Anunciaron que el vuelo tendra dos paradas, Buenos Aires y Comodoro Rivadavia, para finalizar en el Calafate, en la provincia de Santa Cruz, lugar donde se encontraba la intendencia del parque Nacional, el tiempo del viaje sera de cinco horas aproximadamente. Era increble, 4.500 Km recorridos en tan poco tiempo No dorm en todo el viaje, dos cosas me dejaron como atontada, la ciudad de Buenos Aires vista desde el avin y la baha de Comodoro Rivadavia, ya que volamos sobre el mar y al descender vimos el continente a lo lejos. Un espectculo fuera de serie. Aunque me lo hubieran contado no me lo hubiera imaginado as como lo vea en esos momentos. Los aterrizajes no me asustaron. Lo nico que no me gust fueron los sacudones que dio el avin antes de llegar a Santa Cruz, debido, segn la azafata, a pozos de aire y a zonas de turbulencias. Llegamos a El Calafate, el da era agradable y muy ventoso. All nos esperaban dos guarda parques que saban de nuestra llegada ya que pap se comunic varias veces por radio con ellos para arreglar los horarios del avin. Nos hospedamos en la casa que hay para los guarda parques en trnsito y ese da descansamos sin movernos del lugar. A partir de entonces todos fueron paseos. Visitamos tres de los cuarenta y siete glaciares que tiene el parque; el museo regional, el mirador, baha redonda y la laguna de los cisnes. Yo estaba fascinada con todo, es que era todo tan diferente a lo que estaba acostumbrada a ver..., este lugar brindaba otras posibilidades, y como deca Alhu, no era ni ms feo ni ms lino, era simplemente distinto. A medida que iban pasando los das yo iba ganando confianza y comenc a recorrer algunas cosas solas. Lo primero que hice fue ir a recorrer sola el centro de Calafate. Me llam la atencin un negocio que venda lanas. Estaba muy cerca de la intendencia y entr para elegir con que hacerme un suter tejido. Me atendi una chica muy simptica que me explic que quera decir la esquila. Ese era el nombre del negocio y como yo no saba su significado, pens que se llamaba la esquina y estaba mal escrito el cartel. La duea me invit a conocer la esquila de las ovejas, que justamente se produca en esa altura del ao. Yo estaba contenta con la invitacin. La historia de ese paseo es larga, as que la voy a contar otro da, pero puedo adelantar que nuestra conversacin fue de lo ms interesante, haba conocido ya a mi primera amiga en ese parque... Una fui hasta Banderas, y una vez en la orilla del lago me sent a mirar la inmensidad de sus aguas cristalinas y fras. Una de las cosas que ms me llamaba la atencin era la combinacin del paisaje. Me senta muy bien, cmoda, sera estupendo vivir aqu, la verdad que este viaje me haba entusiasmado, y si bien crea que iba extraar al irme de Iguaz, el cambio me atrapaba como nunca antes lo haba hecho. Estaba reflexionando cuando de pronto o unos chillidos en lo alto, era un sonido parecido al que haba escuchado en Calilegua. Levant la mirada a lo alto y all, en el cielo majestuoso, giraba un pjaro, planeando con elegancia. Volvi a chillar, pero esta vez le entend lo que deca: me llamaba preguntando si quera hablar con l. -Siiiii!- grit con todas mis fuerzas. Entonces comenz a descender lentamente y en forma espiral. Cuando estaba mas cerca la reconoc. Era un guila mora. Se pos con delicadeza sobre mi mueca y me habl: -Es que no me reconoces?-su voz era inconfundible, no poda creerlo, era la misma guila que me dio sus consejos en Calilegua. -Querida amiga, me sorprende y emociona mucho verte aqu-dije con voz entrecortada. -Igualmente a m, Chispita. Saba que nos encontraramos nuevamente en algn lugar del pas. -Vinimos de vacaciones aqu, a los glaciares, porque a partir del ao que viene ste ser nuestro hogardije con alegra. -Me alegra descubrir que tomas las cosas de otra forma, con otro humor -En este viaje pude comprender tus sabias palabras. En aquel momento las escuch, imagin lo que decas, pero no pude hacer mucho ms. En cambio ahora tuve la oportunidad de viajar en avin y observar la hermosura y la belleza desde lo alto. Y es cierto que todos los lugares ofrecen algo distinto y reconfortable. -Cada cosa a su momento, nia, las cosas ms difciles de entender tienen su explicacin. Muchas veces debemos mirarlas desde otros puntos de vista, pero esto no es nada fcil; entonces, es en esos momentos cuando debemos escuchar consejos de quienes pueden ver lo que nos sucede, desde otro lado. As te pas conmigo en aquella oportunidad.

-Claro, como si yo les contara a todos mis amigos todo lo que vi. Al no haberlo vivido ellos les pasara lo mismo que a m en ese momento. -Por eso, las experiencias personales son tan importantes y hay que saber aprovecharlas. -Como me dijo Dan, las cosas de las que nosotros mismos nos damos cuenta porque nos suceden, nos llegan a lo profundo del corazn y nos permite conocernos y comprendernos a nosotros mismos -As es, bueno, Chispita, debo marchar. Nos volveremos a ver en un ao, ya que ahora son estos mis territorios. Buena senda, amiga Y vol con gran velocidad en crculos, subiendo cada vez ms. En esos momentos me sucedi algo extrao, fue como si me transportara con ella hacia lo alto y pudiese ver todo desde all... Despus de algunos instantes grit al guila que todava giraba sobre mi cabeza: -Tu nombre?, todava no lo conozco -Gira!, la que ve desde lo alto, Adis y diciendo esto se perdi en la lejana, en direccin a la cordillera de los Andes. Regres a la casa, satisfecha. Me sent feliz, sobre el cielo descubr el arco iris. No poda faltar... por mas lejos que estuviese, sera siempre mi compaa. El ao en que cumpl los 9 haba transcurrido lleno de grandes vivencias y experiencias. Mi famila, la naturaleza y todos mis amigos me ayudaban a crecer. Al llegar a Iguaz para vivir ah, haba comenzado mi preparacin para la Comunin. Las vacaciones al comenzar ese ao, haban transcurrido en un clima de paz y serenidad. A poco de comenzar las clases tuvimos un fin de semana largo. Los chicos estbamos muy felices de ello. Pero sobre todo porque, era Pascua, mucho era lo que habamos conversado con la catequista sobre el tema, pero de todos modos necesit la ayuda de pap y mam para comprenderlo un poco mejor. Todas las celebraciones religiosas fueron solemnes e interesantes, sobre todo porque era como ir representando una historia... la que ms me gust fue la procesin de las antorchas, otro da la contar mas en detalle. Pero lo ms divertido de aquella vez fue la aventura fantstica que tuve con unos conejos, Los conejos de Pascua, pero eso ya es otra historia.

Dcimo Sptimo Relato.


Cuntas aventuras, cuntos amigos!Verdad que s?, tres meses me ha llevado contar algo sobre mi vida en los ltimos aos. Y eso que no me puse a escribir todo. Estuve pensando que tal vez tenga que agregar un cuaderno porque casi no me quedan hojas vacas para seguir escribiendo. Estoy preocupada y necesito averiguar cmo puedo hacer para engrosar la encuadernacin de mi diario. Cuando lo miro me siento muy orgullosa porque cada da se est pareciendo ms y ms a un hermoso libro, cmo esos tan importantes que tiene pap en la biblioteca. Ayer mientras ojeaba el diario, apareci Francisco: -Chispa qu hacs con ese diario?Porqu no me mostrs lo que escribs?- haba gran curiosidad en sus preguntas. - Mir Francisco, vos disculpame, pero los diarios son cosas que escribimos las mujeres para guardar nuestros secretos y los secretos no se cuentan -Pero... vos sabs que yo no se lo voy a decir a nadie Dale! Mostrame... En el fondo a m me gustaba que Francisco estuviera interesado por mis cosas. Me hacia sentir como ms grande... As es que, para no pasar por egosta le dije: -Bueno, te dejo que lo veas, pero nada ms que diez segundos- y tom rpidamente el reloj para controlar el tiempo. -As no vale- contest, mientras sin desaprovechar la oportunidad, tomaba el libro en sus manos-A ver cmo es?- dijo, y lo revis algunos segundos como inspeccionndolo-Y... cunto escribiste ya- pregunt como insistiendo en observar qu haba adentro. Tom el diario entre mis manos y ojendolo frente a l con orgullo pasaron por mi dedo pulgar un montn de hojas que formaban un hermoso abanico. Me gustaba el vientito que hacan al pasar una tras la otra.

-Mir- le dije-Son como mil... -Ehhhhhhh... no seas exagerada, ah debe haber... Mhhhhhhhh... Cmo trescientas! Su respuesta demostraba tanta seguridad que hasta m me convenci de tal cosa, claro que solo hasta la noche, porque cuando las cont resultaron ser solo 46. Pero en ese momento haba algo que me tena ms preocupada que las hojas que ya estaban escritas: y eran las hijas que me faltaban para seguir escribiendo. -Decime Francisco- le pregunt a mi hermano como para cambiar de tema-Cmo puedo hacer para poner ms hojas a mi diario? -Y bueno...- me contest como orgulloso de que yo le hubiera consultado a l-Yo en el colegio estoy aprendiendo encuadernacin si quers te puedo ensear... pero... claro, voy a tener que abrir tu diario- me pareci que ya insista ms de lo normal, entonces tuve que averiguar porqu. -Cmo insists eh?- le dije como invitndolo a explicar. Antes el absoluto silencio le pregunt: -Se puede saber para qu quers leer mi diario, acaso yo no les cuento lo que me pasa, que es lo que quers leer...?. -Nada... nada...-respondi ponindose ms rojo que un tomate. Y ah me di cuenta. Lo que pasa es que me parece que a Francisco le gusta Rosarito, la hermana mayor de mi compaera de banco en el colegio. Yo saba que a Diego, el amigo de Francisco, le gustaba Flavia, la amiga de Rosarito; pero no me imaginaba que la cosa fuese tan complicada. Seguramente, Francisco, quera averiguar algo, pero le dio vergenza preguntarme Claro! El debe pensar que yo escribo en mi diario los secretos de mis amigas... de los chicos... del colegio... la verdad es que no es mala idea. Ahora que ms o menos cont todo lo que me fue pasando con los animales que conoc, es hora que empiece a escribir tambin mis secretos. Ya est, lo tengo decidido! Voy a escribir este Diario durante el resto de mi vida. Escribir mis memorias, como una pelcula que v el otro da, y cuando tenga una hija se las voy a dar para que las lea, qu lindo, no?...tendr tiempo para hacerlo... Seguro, los das son tan largos! Bueno, creo que ya me estoy yendo por las ramas, como dice mam, por que... en qu hojas voy a escribir tantas cosas?, mam me ense que cuando alguien vuela demasiado en sus pensamientos generalmente se olvida de o que est haciendo. Ella dice que es muy bueno pensar, proponerse metas, tener ilusiones que vayan mucho ms all de las cosas de todos los das, pero es necesario aterrizar en el momento justo para no perder de vista la meta ms inmediata, por menos importante que sta parezca. Entonces me organizo: 1 paso: aceptarle a Francisco la ayuda que me ofreci y consultarle que materiales se necesitan. 2 paso: acompaar a pap al pueblo para comprar los materiales. 3 paso: arreglar mi diario para poder seguir escribiendo. Me gusta as!, me parece que soy como una secretaria que anota las cosas que se tienen que ir haciendo. O como mam, que escribe... y escribe... ella dice que anota todas las cosas que les gusta a sus alumnos y que al juntarlo con las cosas que ella tiene que ensear en las clases, stas se hacen ms divertidas. Yo no s para que escribe, si en realidad las clases son de dibujo... A m me gusta hacer mis propios proyectos y ahora que tengo Diario voy a anotarlos as no me olvido. Bueno: manos a la obra!. Hoy a la tarde estuvimos trabajando con Francisco, Sin Parar! Haba que ver con que cuidado y dedicacin me explicaba como hacer para encuadernar. Francisco se est pareciendo cada da ms a pap, pero no solo porque est mas alto o porque tiene la voz ms gruesa, sino tambin porque ahora me habla como ensendome. Mientras trabajbamos me cont que ya haba arreglado con Diego para ir juntos al encuentro. Me dijo que ellos ya estaban anotados con los 'ms grandes'. Yo no s bien de que encuentro se trata, pero se confirm lo que yo pensaba porque como al descuido me pregunt: -Y... Vos sabs si Rosarito va al Encuentro del sbado que viene, por que no habls con Mariana y le pregunts? Lo que es estar enamorado, pierden la cabeza! Si yo llego a usar la radio para hablar con Mariana por eso pap me cuelga! Por supuesto que voy a cumplir con Francisco averigundole todo lo posible y ms sobre el tema... pero lo har maana por la maana... Lo cierto es que la encuadernacin qued preciosa y pap nos felicit por lo bien que habamos compartido nuestro trabajo. Creo que esto merece un festejo, as que voy a pedirle a cada uno que me escriba algn mensaje firmado antes de continuar mi Diario.

Espacio para que me escriban todos una dedicatoria en mi Diario Chispita

Muchsimas Gracias Hoy como todos los domingos, me levant bien temprano, lo ayud a pap a hacer tostadas y despus nos fuimos todos, en la camioneta, a misa. Creo que despus de casi dos aos de catequesis estoy aprovechando cada vez mejor lo que el padre Frenando nos explica en la misa. Hoy nos habl sobre el Encuentro del prximo sbado 8 de este mes, septiembre; se del que me estuvo preguntando Francisco ayer. Nos dijo que se era el da de la Virgen Nia, obviamente y como su nombre lo indica protectora de los nios. Tambin nos dijo que el 5 de septiembre se festeja el da del Scout, y como en la parroquia hay un grupo scout, los 'ms grandes'haban propuesto organizar un encuentro con todos los chicos para festejar, compartiendo un da de paseo, juegos y alegras; y de paso conocer nuevos amigos de otras parroquias que haban sido invitados. Algo saba yo, porque Alhu me estuvo contando durante el viaje al pueblo, que ella estaba organizando con los maestros scout las actividades para las nenas que quisieron participar del encuentro. Yo no s si voy a ir, porque en ese grupo son todos varones... ser que las mujeres no quieren ser scout? Creo que a m me gustara ser scout... le voy a decir a Mariana que vayamos juntas. Bueno, pero volviendo a lo que habl el padre Frenando, resulta que cont que existe en el mundo una lista de reglas que se llama 'los derechos del nio'. Nos explic que son como las leyes en las que estn escritas todas las cosas que hacen felices a los chicos y que la gente grande debe tratar de cumplir para que todos los chicos del mundo puedan vivir con alegra. A la salida nos reparti una fotocopia a cada uno para que la leyramos con nuestras familias. Antes de cena, mientras mam pona la mesa, pap ley 'los derechos del nio' con voz fuerte y clara para que todos escuchramos. Se me ocurri que, como ya las lemos, puedo pegarlo en mi Diario para que no se pierda, por que me parece muy justo todo lo que dice y quiero aprendrmelo muy bien porque son reglas, y las reglas se cumplen, para eso se escriben... como cuando jugamos en la hora de gimnasia: si la pelota se te va afuera de la raya, no vale. Pods seguir jugando, pero te perdiste una oportunidad y despus, cuando toca el timbre, a lo mejor tu equipo pierde por desaprovechar la oportunidad que tuviste. Bueno, espero que tener estas reglas en mi Diario me sirva para que, cuando llegue a 'grande', no me olvide de ellas. Hoy es el da del scout. Por la maana salud a pap y lo felicit porque l fue scout cuando era chico. Durante el desayuno nos explic, con mucha emocin, como haba sido la ceremonia en la que hizo sus promesas. Nos cont que l haba descubierto su vocacin de guarda parques gracias a los scouts; y que, por mas que no usara ya el uniforme, segua sindolo para toda la vida y su trabajo lo cumpla como un servicio a los dems. Estbamos en lo mejor de la charla, cuando nos interrumpi la bocina de la camioneta de Alfonso, el pap de Emiliano, que hoy nos llev al colegio porque pap tiene que acompaar a mam al mdico. Durante todo el lunes y todo el martes estuve convencido a las chicas del colegio para que furamos todas al encuentro que organizan en la parroquia. Estuve haciendo una lista con las que van 'seguro'. Alhu ya me pidi

que la ayudara en la organizacin con algo que me guste hacer. Tengo que pensarlo bien. A m me gusta mucho dibujar animales, y como en el encuentro vamos a formar equipos, le voy a proponer que los equipos tengan nombres de animales y yo hara cartelitos con animales dibujados para cada integrante de los equipos. Lo que me pas hoy fue fantstico, inolvidable! Resulta que pap se haba ofrecido para ir a buscar a los chicos de los guarda parques que participaban del encuentro, porque tena que entregar unos papeles de la Intendencia. Como tena que hacer una recorrida bastante grande nos ofreci a Alhu, Francisco y a m acompaarlo hasta la casa de Alfonso, y quedarnos all hasta que regresara de la recorrida. Alhu se qued hablando con la mam de Emiliano sobre las actividades que tenan planificadas. Francisco se qued con Emiliano charlando sobre la posibilidad de ingresar al Grupo Scout. Veran hoy que tal era... como yo me estaba aburriendo, fui hasta el jardn de atrs de la casa y me sent al pie de un hermoso Ybirpyt en flor. Estaba como dormitando mientras pensaba si vendran o no al encuentro todas las chicas que se haban comprometido. De repente una luz muy fuerte me despert quin podra estar en esa luz? S, era la Dama del Arco Iris! Me miraba muy dulcemente, toda ella brillaba; su rostro tena una expresin entre tierna y melanclica. Lo que ms me llam la atencin fue ver entre sus dedos un rosario de un color rosa muy6 oscuro, y el perfume a rosas que haba en ese momento era fascinante. Nunca haba sentido un perfume tan intensamente. La Dama del Arco Iris se acerc y me dijo: -Hoy participars de un ENCUENTRO especial, es tu gran oportunidad, Chispa. All no habr animalitos. Ahora son nios, como vos, y adultos tambin... ellos estn dispuestos, como todos. Solo necesitan que se los estimule. Abre tu corazn y brndales tu luz, y deja que ellos manifiesten la propia Comprtanla y enriquzcanla! Y logren que hoy, los scouts en su servicio y todos los chicos del lugar, con su necesidad de aprender y disfrutar, enciendan este 8 de septiembre una gran luz que irradie calor en todo lugar, en toda esta selva que, aunque sombra, est llena de vida... ese calor que no se enfra nunca, porque est lleno de hermandad y Amor-y as, diciendo esto, se desvaneci su imagen. El encuentro fue fantstico! Fue un paseo maravilloso. Fuimos hasta un lugar del ro, muy cercano a las cataratas. Otra vez por los frgiles puentecitos, entre la gasa formada por las gotas, haba que tener mucho cuidado. Formamos equipos y les pusimos nombres de animales del lugar. Tuvimos que contar acerca de ellos; sus caractersticas, cualidades, hbitos y costumbres. Recordaba las palabras de mi gran amiga, la Dama del Arco Iris; y, aunque me daba vergenza porque a algunos no conoca, fui compartiendo con cada grupo y haciendo mi mximo esfuerzo para lograr su pedido. Jugamos, nos divertimos, exploramos un camino que haba por entre los saltos; pero siempre bamos con Alhu, para no perdernos. Mariana y yo, que conocamos un poco mejor el lugar, ayudbamos a los otros chicos. Alhu nunca nos tuvo que llamar la atencin y pudimos hacer todo lo que habamos propuesto. Ya estbamos regresando, culminaba la actividad... marchbamos en una larga fila de chicos, por el puente, sobre el ro. En los rostros de los encargados y los maestros scout se vea la expresin cambiante de satisfaccin y preocupacin. La sonrisa en sus labios pareca decir: 'MISION CUMPLIDA'. Cay una llovizna tenue pero montona, pero luego, como coronando nuestro paso, apareci el Arco Iris.

Dcimoctavo Relato
Comenz diciembre, todo es preparativo porque el 8 tomo la Primera Comunin, mam pas todas las tardes cosiendo y cosiendo mi vestido Es hermoso! Todo blanco con puntillas y voladitos. Bueno, en realidad arregl el de mi hermana, que estaba muy bien guardado. Y por haber sido anteriormente el de su casamiento est cargado de alegra y emocin, lo mismo que yo voy a dejar impregnado en su tela, el sbado prximo: el da de la Inmaculada Concepcin de Mara. Todos los das ensayamos la ceremonia con la catequista Menos mal!, porque todava hay algunos

chicos que no saben dnde ubicarse. Hoy jueves, finalmente me prueban el vestido. Mam me oblig a baarme antes, a ponerme los zapatos y las medias nuevas; luego ensay varios peinados para mi pelo, y al fin... la prueba. Cuando asom en la sala todos se quedaron mirndome con la boca abierta y los ojos grandes. Mam me segua, como protegindome, sin hablar. An no me haba visto en el espejo, pero la expresin de ellos me asustaba, mi cabeza se preguntaba estar tan mal? Me pararon frente al espejo y yo me qued tan atnita como ellos. Ni yo me reconoca. Mam haba realizado una obra de arte. Hoy, viernes, el padre Fernando, dispuso la tarde para las confesiones. Desde temprano estoy muy nerviosa. Mucho charlamos con la catequista y comentamos en casa; pero de arrodillarse frente a la ventanita del confesionario me preocupa. Alhu y Francisco prometieron acompaarme y estar un rato en el templo mientras yo participo de la celebracin de la Penitencia con el resto de los chicos Que alegra! Yo saba que el Padre Fernando no nos iba a fallar. Que brillante idea!, sentarse bajo los rboles en el patio de la parroquia y all charlar con cada uno de nosotros. En calma, en la naturaleza y con total tranquilidad. Que fcil me result confesarme! Ahora estoy ms serena, solo me queda el nerviosismo de la misa de la Comunin. Ahora voy a juntar los ptalos de rosa y voy a llenar la canastita con ellos. Es costumbre que las chicas de Primera Comunin, al entrar al Templo, vayan repartindolo, entregando su perfume, sus sentimientos a todos los que comparten su vida, ya llega el viernes a su fin. No s si podr dormir. Estoy en la cama pero no me tranquiliza. Ya s, tomar el rosario que est colgado en la pared y me pondr a rezar, siempre de esa forma pude calmarme... Hoy por la maana fue mi comunin, es tan difcil contar con palabras la emocin que sent... El templo estaba hermoso, con flores por todos lados y lleno de gente. Mis amigas estaban ms lindas que la otra. Todos sacaban fotos, nos saludaban y besaban. Finalmente empez la ceremonia. Recuerdo que algunos paps participaron de las lecturas. El padre Fernando ley el evangelio y luego nos habl, no me vayan a preguntar que dijo, porque yo estaba concentrada mirndolo a Jess todo el tiempo. Era como si l me hablara. Cuantas cosas hermosas deca a mi corazn... Luego de la misa, los paps haban organizado un brindis para compartir entre todas las familias, cuando mam me alcanz las estampitas para repartir, mi emocin fue enorme, si hasta llor!, ella las haba pintado por la noche para no ser vista. Las haba escrito con una letra hermosa que haba aprendido en el colegio. Ya no doy ms. Mi cuerpo est agotado y mi corazn feliz...

Dcimo Noveno Relato


Hoy nos vamos... Desde la ventana de mi cuarto alcanc a ver la camioneta. La caja est repleta. Solo los asientos quedaron vacos. Durante el desayuno pap nos dijo que era importante llevar muy pocas cosas en las manos para poder viajar ms cmodos Nos espera un largo camino. Tendremos que hacer varias paradas, todo est dispuesto, pasaremos por paisajes conocidos, descubriremos otros nuevos, o a lo mejor en algn lugar me quede dormida y no pueda

ver mucho pero qu lindo es el lugar adonde vamos, todo es tan diferente!, sin embargo me parece como si lo conociera desde hace muchos aos. Estar all es como estar ac... Es como cuando me pruebo un vestido nuevo. En el espejo yo soy la misma de siempre, lo que cambia es la ropa; y aunque al principio me veo diferente, enseguidita me acostumbro y me gusta! La casa est vaca... Ayer por la tarde vino un camin y se llev todos los muebles. Tambin cargaron como cinco canastos con libros, cuadros, cacerolas, algo de ropa, y algunas cajitas con 'cosas'. En las paredes de mi cuarto qued como recuerdo de lo que en ellas se apoyaba. Esas aureolas marrones te cuentan la historia: all estaban las camas, en esta pared estaba una mueca de patas largas, un perchero con florcitas, los posters de Alhu y el rosario... todo dej una huella... Nosotros tambin dejamos nuestras huellas, pero no se ve en las paredes, ni tampoco marcada en la tierra, como la dejan los animales. Nuestra huella es la que la Dama del Arco Iris me quiso decir el da del encuentro; es aquello que nosotros vamos dejando mientras caminamos por las sendas de nuestra vida, y que sirve para que aquellos que vienen detrs puedan orientarse. Seguramente ellos dejarn otras huellas, y las nuestras quedarn fundidas en stos, haciendo a esa senda cada da ms marcada, mas enriquecida; y algn da se transformar en camino, y ya nadie podr perderse. La casa est vaca... Y sin embargo yo la siento llena. Es como si en el aire flotaran alegras, sueos, fantasas, esperanzas; creo que esta casa esta llena de AMOR, ese amor que no se gasta, ese amor que cuando lo damos llena las cosas, los lugares, el alma de la gente... ese AMOR que se queda para siempre donde lo ponemos, y si sigue creciendo tambin en nosotros. Es como cuando podamos una planta y hacemos otras nuevas con los gajos. Cuando ms damos ese AMOR, con ms fuerza crece en nosotros. Crece en nosotros y se multiplica en los dems, Qu hermoso! Me gust esto que escrib, voy a leerlo en voz alta... Alhu vino a buscarme para irnos. Al llegar a la prueba apoy su cabeza contra el marco y qued en silencio, escuchando lo que yo estaba leyendo. Cuando termin la mir y le dije: -En verdad no saba que yo era capaz de pensar estas cosas tan lindas. -S, Chispa-me respondi-Seguramente que lo que pensabas aunque no te dieras cuenta o no supieras como expresarlo. Es muy hermoso tu pensamiento. Tengo que felicitarte; de corazn; porque entender las despedidas no es nada fcil. A m me ayud mucho en este momento escuchar lo que vos penss sabs que yo no lo haba pensado?. Acabo de entender que lo importante es despedirse con alegra, con esa alegra de saber que siempre se compartirn los mejores recuerdos, los sentimientos ms puros; y como decs vos: 'dejando huellas'. -Vamos chicos!-reson la voz de mam. Se acerc a nosotras, nos mir con ternura, y muy dulcemente rode nuestras cinturas con sus brazos, como ayudndonos a partir... luego, como retomando el entusiasmo nos dijo: -Vamos... Francisco y pap ya estn esperndonos hace rato, vamos hijas, no nos demoremos ms! La aventura que hoy comienza...

Es Maravillosa! Fin.

Este libro ha sido elaborado en equipo, con el invalorable aporte de las nias:

Paula Mariel Orsini Andre Jenko Mariana Andrea Piwarczuk Mariana Ferrara

Quienes estuvieron a cargo de la tarea de elaboracin general y de las historias: Sr. Gustavo Horacio Vega Prof. Zulema de Iannone Prof. Cecilia H. Gonzlez de Palumbo

Quienes colaboraron aportando ideas y sugiriendo tramas: Sra. Hayde de Unamuno Sra. Alicia de Borghi Sr. Jorge Camao Sra. Susana Fuentes de Bonifacio Prof. Francisco Jos Palumbo Lic. Isabel Villar de Amor

Quienes a nuestro criterio, nos asesoraron: Lic. En Cs. De la Educacin Nora Patricia Nardo Prof. En Cs. De la Educacin Francisco Jos Polumbo

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