ALBERTO BLANCO CARRILLO
Padre, hace ya algo ms de dos dcadas que tu y yo nos conocemos, y desde ese instante siempre me has cuidado y has estado conmigo en todos los momentos de mi vida. Conforme iba creciendo me has enseado tu vida, tu pasin, tu muerte, y has inculcado en m la Esperanza en tu resurreccin. De tu mano me has llevado a conocer a esa mujer, que me has dejado llamar Madre.
Juntos, hemos recorrido los rincones de esta ciudad de reyes. Tu bondad y su consuelo me llevaron a descubrir la belleza de un estrecho pasaje cercano a esa casa donde mientras te coronan de espinas, te ponen en manos de tu madre y te trasladan al sepulcro, me invitas una vez ms a perdonar. Tu Piedad y sus dolores me hicieron pasear por ese paseo del Prado que huele al soleado mes de agosto, donde la Flor ms bella aguarda en su Camarn a la visita de todos sus cofrades.
Me llevaste a conocer sus barrios de gente humilde. En los ngeles te prenden, en el Carmen el cirineo carga con tus Penas, en los remedios te descienden de la cruz, en la cuna de los estudiantes una coral de voces te canta, en el perchel te condenan, te crucifican y nuestra madre llora mientras las monjas le cantan y le rezan. Y en el Pilar un encuentro con tu madre que bien podra ser eterno.
En el centro de la ciudad que me vio creer, un arco de palmas se forma de ao en ao. Y en la rampa empedrada de San Pedro multitud de imgenes tuyas me vienen a la cabeza, sin poder olvidar la mirada del Mayor Dolor de tu Madre que te ve volver a casa despus de una noche entera predicando tu Buena Muerte.
Hoy, con el recuerdo de las saetas de la calle Lirio y la luz encendida en el convento de las Terreras, una vez ms, ests aqu conmigo, en la casa donde se educan y se forjan nuevos corazones cofrades.
Que tu luz Seor, me haga ver la luz Que tus enseanzas me guen en este caminar Que nuestros pecados cargados en tu cruz Sean la fuerza que me ayude a predicar
Sobre estas lneas comienza el pregn Vean la luz mi prosa y mis versos Palabras que se convierten en oracin Para volver a soar despierto
Muy ilustre consiliario de la cofrada, D. Antonio Lizcano, Concejal de Juventud, Carlos Alberto Gutirrez Fernndez. Presidente, Emilio Martn Aguirre, y miembros de la Asociacin de Cofradas de la Semana Santa de Ciudad Real, Hermano Mayor, Junta de Gobierno y Grupo Joven de la Hermandad del Santsimo Cristo de la Piedad, Hermanos Mayores, Juntas de Gobierno y Grupos Jvenes de las distintas hermandades y cofradas de Ciudad Real, Seoras, Seores, Cofrades siempre todos.
Saba que la decisin tomada el da de Diciembre en el que la Esperanza de la Madre de Dios se desborda, no iba a ser errnea y que la eleccin de mi antecesora en este atril como la encargada de hacer mi presentacin era la ms acertada. Podra haber personas ms allegadas, ms conocidas, ms cercanas a m, pero sin duda alguna, saba que eras la nica persona capaz de expresar los sentimientos adecuados, de pronunciar las palabras precisas, de hacer que el ltimo paso hacia este atril, que fue tuyo la cuaresma pasada, fuera el ms fcil de dar. Gracias Sonia.
Hoy nos hemos reunido aqu para hablar y pregonar a la juventud cofrade y por ello, no poda dejar pasar un hecho que hace poco ti nuestros corazones cuaresmales de color negro. La juventud cofrade desde hace poco ms de una semana se encuentra de luto. Hace algo ms de siete das los cofrades, no slo los jvenes, perdimos un corazn que lata por y para sus cofradas de la capital y de su amado Daimiel. David, no tena el placer de conocerte, pero por amar este mundo como los que estamos aqu reunidos lo amamos, estoy seguro de que las palabras que he odo de ti por la boca de tus tesoros en la tierra, tus amigos, se quedan cortas.
Tu sueo de cada Domingo de Ramos se volver hacer realidad el prximo 24 de Marzo, cuando el Cautivo de los ngeles salga a su barrio y a las calles de la ciudad abarrotada de gente cautivada en su prendimiento. Podemos estar seguros de que el Seor de los ngeles lo tiene en su gloria y desde all arriba cuida y mima a su gente tanto o ms como lo haca cuando estaba entre nosotros. Amigos, Ya hay una estrella ms en el cielo.
An recuerdo el pasado 20 de Octubre Eran las siete de la tarde y como cada ao me acercaba al Convento de las Carmelitas horas antes de la Procesin de Santa Teresa de Jess. Mi atuendo era diferente al de situaciones similares, pues mi faja y mi costal se haban quedado en casa aguardando nuestra ansiada Cuaresma que a da de hoy estamos viviendo. Una vez el paso se encontraba realizando su primera revir hacia la calle Estacin Va Crucis, y notando la presencia de las carmelitas a travs de la luz que se encenda y se apagaba en los ventanales del convento, Mara Bernal se acerc para decirme que el presidente del Grupo Joven de la Piedad, Carlos, quera hablar conmigo. El hecho de que ella, como miembro del Grupo Joven, no quisiera decirme el motivo por el cual debamos de hablar me dej intrigado, pero por mi cabeza no pas la idea de ser yo el encargado de representar a la juventud cofrade de mi ciudad.
Fue al da siguiente, en la Casa de Hermandad de la Soledad, cuando, por indisposicin de Carlos, fue ella misma, la que me comunic que el Grupo Joven de la Piedad haba pensado, que el que ahora os habla, era la persona ms indicada para dar el IV Pregn de la Juventud.
Tuvo que ser Mara compaera de esfuerzos, fatigas, vivencias, oraciones y eucaristas la pasada Jornada Mundial de la Juventud, que a buen seguro, cambi la vida de todos los que de algn modo u otro fuimos partcipes de ella, la encargada de darme la noticia. Tuvo que ser el primer ao que consegua vislumbrar esa luz cargada de humildad y oracin del convento de las carmelitas. Casualidad?, No lo creo.
Desde ese momento, fui hablando con las personas ms cercanas a m, escuchando consejos, recibiendo apoyos. Fueron muchos los pensamientos que pasaron por delante m durante esa semana de duda, de indecisin. Adems, este ao es de especial importancia para m y para todos los cristianos, con la proclamacin del ao de la fe por parte del Papa Emrito Benedicto XVI y que comenzamos a vivir el pasado mes de Octubre. Finalmente, no sin temores y comprendiendo la dificultad de esta nueva chicota en mi andadura cofrade, mir a los ojos a nuestra Madre y
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recordando sus palabras He aqu la esclava del Seor, hgase en m segn tu Palabra Lc (1,38), decid dar el paso de aceptar ser un privilegiado.
Pero, Quin soy yo para alzar la voz delante de mi ciudad cofrade? Quin soy yo para que las palabras que hoy resuenan en este saln puedan servir de aliento a la juventud cofrade? Amigo, soy como t. Te miro y somos iguales. Miro tus ojos y veo esfuerzo, ilusin, sacrificio, devocin, entrega, fe, para poner tu tiempo al servicio del Hijo de Dios y de su Santa Madre en sus diferentes advocaciones. Trabajo constante que muchas veces no se ve, trabajo callado cuyos mritos no siempre son recibidos por las personas ms indicadas, trabajo humilde que muchas veces no es reconocido, TRABAJO con maysculas que denota el buen hacer de las nuevas generaciones y que muchas veces no es ni siquiera valorado. Que este hecho no nos preocupe, y mucho menos nos haga sentirnos imprescindibles por encima de los dems porque slo Ellos lo son, y continuemos con nuestro trabajo humilde y callado, con nuestra ilusin intacta pese a las adversidades y desilusiones, con nuestra entrega porque amigos Cuando des limosna, no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha (Mt 6,3), porque Cuando oris, no seis como los hipcritas, que gustan de orar en pie en las sinagogas y en los ngulos de las plazas, para ser vistos por los hombres, en verdad os digo que ya recibieron su paga(Mt 6,4), que todo nuestros esfuerzos sean por y para l, por y para Ella Y tu Padre que ve en lo escondido, te recompensar (Mt 6,6).
Para poder ponerme delante de todos ustedes he querido ahondar en las races de lo que me ha llevado hasta aqu, profundizar en el origen de m ser cofrade Buceando entre recuerdos, navegando entre vivencias, top de lleno con aquella poesa que pone fin a las tertulias de El Codal de Plata con las que los cofrades tenemos una cita en el bar El Peatonal los jueves de Cuaresma. Gran labor la que hacen estas y otras tertulias, como las de El Sanedrn que nos permiten opinar, aprender y comprender, pero sobre todo, VIVIR en plenitud las vsperas de esa Semana tan esperada por todos nosotros.
Soy cofrade, porque nac cofrade, por tradicin familiar son los primeros versos de esta poesa que marcan claramente el por qu de nuestro devenir en este mundo tan especial. Bendita tradicin la que nos ha llevado hasta aqu, bendita tradicin la que nos inculcado esta forma de ser y de vivir. Bendita tradicin la que nos ha enseado a limpiar plata, a poner una flor y a colocar la cera en la candelera, a vestir una tnica y calzar sandalias de nazareno, a llevar un costal y a cargar con el peso de tu cruz, a tocar un martillo y ser el timn de tus pasos, a perfumar el aire con incienso y a iluminar tu caminar con la luz que desprende un cirial.
Tradicin con nombres y apellidos. Personas que nos han enseado, no solo a aprender, sino a comprender de manera plena el significado de lo ms mnimo. Quin no recuerda a esa persona que dejaba su tnica en casa, para hacer su estacin de penitencia particular, estando pendiente de cada uno de nosotros ofrecindonos agua o algn caramelo? Quin no recuerda a esa persona que se emociona la primera vez que cubres tu cara para acompaar a su titular que es ahora tambin el tuyo? Quin no recuerda a esa persona que te ha llevado de la mano a los ensayos de las cuadrillas de costaleros?
Quin no recuerda el abrazo al finalizar tu estacin de penitencia con esa persona de la que has aprendido todo lo que sabes? Ahora que ya tengo uso de razn, ahora que se lo que significa ponerme una tnica que tu
llevaste, ahora que he conseguido hacer mo lo que era y es vuestro Pap, mam, gracias por haberme hecho cofrade.
Aos atrs, cuando la curiosidad de este mundo estaba empezando a entrar en nuestros corazones, descubras que sin motivo aparente en las puertas de las habitaciones de tu casa aparecen colgadas unas ropas que nunca habas visto antes. Ante nuestra ignorancia, nuestros familiares se esmeraban en explicarnos que esas ropas, extraas hasta el momento para nosotros, se llamaban tnicas, que las haba de diferentes formas y colores y que es el atuendo que visten aquellas personas que acompaan a Jess y a Mara en la Semana Santa. A partir de este momento, ya nada es igual. Esa conversacin en la que los primeros conceptos del mundo cofrade empiezan a grabarse a fuego dentro de ti para nunca borrarse, te hace estar expectante a todo lo que se acontece en los prximos das.
Y llega el da. Llega el momento de vestir esa tnica que tu madre o tu abuela haba planchado cuidadosamente para que estuviera impecable. Te encuentras en el saln de la casa, con dos pares de calcetas hasta las rodillas, abrigado al mximo para no pasar frio, cuando de repente resuena la puerta de tu casa y ves aparecer a tus familiares, tos, primos, abuelos, que van a compartir contigo tu primera experiencia cofrade. Slo puede dibujarse una sonrisa en tu cara, ves a tu familia junta, unida, todos ataviados de la misma manera, hecho que, sin todava poder comprender toda su magnitud, ya era especial.
Es el momento de comenzar tu primera estacin de penitencia. Durante su recorrido haces nuevas amistades, que hacen ms llevadero el camino. Despus de unas cuantas horas en la calle, cuando el frio y el cansancio se hacen ya presentes, llegas al lugar de donde partiste y, sin saber por qu, tus familiares y todos aquellos que se encuentran a tu alrededor, con los que has compartido un largo caminar, lloran, se abrazan, pero no logras entender ese aflorar de sentimientos.
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Y al igual que empez todo, termina todo. A los pocos das, tu casa recobra el aspecto que tena antes. No hay rastro de tnicas, ni de sandalias parece que todo ha terminado.
Van pasando los aos, vas creciendo y todo esto que empezaste a vivir y has continuado viviendo ao tras ao cobra sentido pleno. Ahora eres t el que est deseando desempolvar la tnica de nazareno. Cuentas los das que quedan para volver a vivir esta bendita semana. Ests ansioso de que tu casa vuelva a ser el punto de partida de toda la familia compartiendo una misma fe y devocin. Siempre lo bueno se hace esperar, hasta que llega. Elevas tus oraciones, dando gracias, pidiendo por tus seres queridos y deseando con todas tus fuerzas que las nicas gotas de agua que hagan presentes esa tarde sean las que derrames tus ojos. Es ahora, despus de los aos, cuando disfrutas y vives cada uno de los momentos previos a la estacin de penitencia: ponerte la tnica, atarte las sandalias, ponerte la medalla, llevar contigo ese amuleto que siempre te acompaa en los momentos importantes de tu vida, el recuerdo de aquellos que vivieron contigo estos momentos y que ya no estn entre nosotros.
Llegas a la Iglesia y all est l, como cada ao te est esperando a que le acompaes en su caminar por las calles de la ciudad, en la catequesis viva que es el discurrir de una hermandad. Muy cerca est su Madre, esa mujer que momentos antes de su muerte, l mismo quiso dejrnosla como herencia viva, como protectora nuestra. El reloj marca la hora, las campanas repican, las puertas de la iglesia se abren y se hace realidad el sueo de cada ao
Que importante es tu figura nazareno y que poquito se te valora. Qu fcil es ponerse un costal y una faja para que todo el mundo te vea. Que sera de una cofrada sin ti nazareno, cirineo de los tiempos que corren, t, que en silencio, callado y en el anonimato acompaas en su caminar al Hijo de Dios hacia el monte Calvario...
Qu valor el tuyo nazareno Cargando con el peso de tus pecados Acompaas a Cristo hacia Madero Hasta un final ya anunciado.
Qu valor el tuyo nazareno, No esperas recompensa alguna Solo el abrazo sincero De l que desde pequeo te cuidaba en la cuna.
El rezo de tu oracin callada Es ms fuerte que cualquier voz Porque a cada paso de tu zancada Ms cerca ests del Reino de Dios.
Buena estacin de penitencia Que Dios oiga tus rezos, Que sera de mi Semana Santa, Sin ti, nazareno.
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Aqu, en mi tierra, podemos presumir de tener una cuaresma de autntico jartible, con cantidad de actos, cultos, va crucis, pregones, presentaciones de carteles, conciertos, triduos, funciones solemnes Estamos expectantes a que llegue ese mircoles en el que se da el pistoletazo de salida a una carrera de 40 das a la que no querramos ponerle punto y final. Es el momento en el que se da cita el comienzo de otras tradiciones como el ayuno de carne durante los viernes de las semanas venideras.
Que cuarenta das nos esperan, cuarenta das y cuarenta noches de disfrute, de vivencias, de casas de hermandades Sin embargo, dnde queda ese pistoletazo de salida? Es gracias a Dios por l que podemos disfrutar de lo que tanto nos gusta y tanto amamos. Amigos, no nos equivoquemos, no nos quedemos nicamente en que el mircoles de ceniza es fin de los Carnavales y el inicio de la Cuaresma, aunque aqu tengamos que convivir con un Domingo de Piata desubicado en el tiempo.
Convirtete y cree en el Evangelio es el verdadero punto de partida de la Cuaresma y el porqu de todo lo que se acontecer en los prximos das.
En este proceso de conversin cuaresmal, avanzando entre pregones, cultos y presentaciones de carteles, me despierto un domingo en el que su aroma es diferente. Algo se cuece en la ciudad, como si no fuera un domingo cualquiera. Cualquier forastero estara desconcertado y no le cuadraran las cuentas, pues queda an una semana para el Domingo de Ramos. Pero nosotros sabemos muy bien lo que en este da acontece... La tradicin que hered la Hermandad en su fundacin, all por 1725, sigue viva. Es Domingo de Pasin en Ciudad Real.
Son las seis de la tarde, las campanas de la torre de San Pedro resuenan en toda la ciudad, las puertas de la iglesia se abren, un cortejo de hermanos con traje empieza a inundar la rampa de piedra que tantas y
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tantas veces nos ha llevado A la Gloria y a lo lejos un rachear de zapatillas. Te veo venir de lejos y cuando tu cruz atraviesa el arco abocinado de la Puerta del Sol, suenan los primeros sones de la agrupacin que te acompaar en este caminar hacia el monte calvario
La tarde va cayendo y los compases de las marchas van marcando el devenir de tu camino. Te acompao en tu caminar, busco tu mirada, cada, agotada, pero no desfalleces. Te abrazas a la Cruz como ltimo anhelo, en ella van mis pecados y los de mis hermanos. Y T, sin mancha alguna, cargas con ellos dando una muestra ms de tu amor infinito.
Y de nuevo vuelvo a tu casa, deseoso por verte llegar, como el nio que espera a su padre en casa para darle un abrazo. Ah ests T, una vez ms, para escuchar mis ruegos, mis plegarias, mis oraciones. Ahora eres T el que me busca a m, es tu mirada la que busca cruzarse con la ma para recordarme que en pocos das todo se habr consumado, que la cuaresma toca a su fin y que nuestra Semana Grande est cerca
Las puertas de San Pedro se cierran, emprendo el camino de vuelta a casa y vuelvo a soar despierto. Hoy solo te acompaa el silencio y el rachear de las zapatillas de una cuadrilla que con paso largo y lento te reza, te ruega, te pide y comparte contigo el peso de la cruz cargada de problemas, enfermedades, dolencias y sufrimientos. Vuelves a salir a la calle y yo voy en tu bsqueda, y una vez ms, eres T el que me encuentras. Cada paso que das es una muestra de aliento, una brisa de esperanza que inunda hasta el corazn ms frio. Padre, Con tu tnica morada recorres las calles de mi ciudad, tu amor se desborda camino del Golgota Seor de la Madrug
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Ha llegado el momento de ultimar preparativos, de pasar las ltimas noches limpiando plata, montando el paso, colocando la cera en la candelera, preparando tnicas, planchando costales
Ya llega, ya est aqu. Vuelvo de misa con una rama de olivo, dispuesto a deshojarla con el rezo de infinitos Padre Nuestro. Los primeros y ms jvenes nazarenos comienzan su estacin de penitencia desde la Catedral. Resuenan en los odos los primeros compases de una marcha. El olor de las calles es diferente, estn perfumadas de incienso, fe y devocin. Toda la Ciudad va en tu bsqueda Seor, para arrodillarse ante ti al grito de Hosanna. Ya es Domingo de Ramos.
La cuenta atrs que comenzamos aquel Mircoles de Ceniza ya lejano toca a su fin. Y yo me pregunto, Hay algo ms bonito que la maana de un Domingo de Ramos con el sol iluminando las calles y rodeado de tu gente cofrade? No lo creo. Y si alguien no est de acuerdo conmigo, creo que no ha vivido un Domingo de Ramos pleno.
Despus de que la Pasin de Nuestro Seor Jesucristo segn San Mateo, San Marcos o San Lucas resuene en lo ms profundo de m ser, salgo dispuesto a encontrarme contigo. Vienes a lomos de un borrico, todo el pueblo se arrodilla ante ti, te recibe con Palmas pidiendo su salvacin. T y yo sabemos lo que va a acontecer en esta semana. El pueblo que hoy te aclama, en unos das te traicionar llevndote hacia la Cruz Y sin embargo, un ao ms, vienes a salvarnos.
La maana de hoy es un derroche de jbilo, de alegra, pero sobre todo de juventud. Cuanta ilusin hay en esos nios que an no tapan su rostro. Cuanta devocin hay debajo de esos capillos blancos que portan palmas de alabanza. Cuanto esfuerzo hay debajo de esos hombros que cargan con el peso de la Paz del mundo reflejada en el nio que trajo paz a los hombres.
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Qu gran responsabilidad la nuestra. Al igual que Jess entra Triunfal en Jerusaln, debe entrar en los corazones de esta juventud para que la ilusin, la devocin y el esfuerzo no se pierdan y pasen a convertirse en entrega y sacrificio para continuar con la labor de la hermandad y conseguir vivir momentos histricos como aquel 26 de Septiembre de 2009, cuando Jess entr triunfal en la Iglesia de San Ignacio de Loyola.
Sin tiempo para descansos, me dispongo a disfrutar de una tarde no menos apasionante que la maana, con dos de las hermandades ms jvenes en nuestra Semana Santa.
El Domingo de Ramos puede pillarte por sorpresa viendo la tele, escuchando la radio o tomado una copa en un bar Pero en el barrio de los ngeles, el Domingo de Ramos entra como un vendaval que abre las puertas de la parroquia para que el ngel que cuida de sus vecinos pueda ser visto por aquellos que all se concentran. No suenan tambores ni trompetas, no suenan aplausos slo suena el sonido de la oracin de sus hijos que le piden y le ruegan. Yo, he tenido la suerte de descubrir este momento, y os aseguro, que pocas formas puede haber mejores para empezar la Semana Santa.
Volviendo a la atardecida del da soado por todos los cofrades, me dirijo a esa plaza y a ese pasaje que tantos momentos nos han hecho vivir y tantas lgrimas nos han hecho derramar. Hecho que hoy me parece normal, hace cinco aos resultaba imposible de imaginar, cuando era en la madrugada del Viernes Santo cuando tena fijada esta cita en el calendario.
Mientras que en el barrio de los ngeles conciben a Cristo prendido por los romanos, en la Parroquia de Santa Mara del Prado te ven coronado de espinas. Solo, sentado en una piedra, que bien mereca ser un altar, indefenso. Los soldados te azotan, se burlan y te coronan de espinas. Y cerca de ti, tu Madre, con sus manos y sus ojos verdes cargados de infinito Perdn.
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Gracias a la hermandad por intentar luchar por una salida procesional en Lunes Santo, pero como todos sabemos, el Va Crucis de la ciudad tiene un sitio privilegiado. Va Crucis que muestra la fe del pueblo. Va Crucis que no puede faltar en estas fechas cuaresmales y que marca un punto de inflexin, de rezo y de oracin para toda la ciudad. Se queda pequea la catedral cuando al finalizar el Va Crucis, la Reina de Ciudad Real, y digo bien, Reina y Madre de esta ciudad de reyes, te acoge con los brazos abiertos desde su camarn, Cristo de la Buena Muerte, mientras el pueblo te aclama con fe diciendo Creo en Jess. Va crucis cuya celebracin es imprescindible, muestra de FE con maysculas, que a buen seguro sera la misma muestra de fe cualquier otro da de cuaresma.
Han pasado pocas horas desde que te recibiera con palmas y ramos, y ya te han prendido y coronado de espinas. Judas te ha traicionado por 30 monedas de plata, Pedro no puede contenerse y corta la oreja al criado del sumo sacerdote que manda tu prendimiento; y T, aun conociendo lo que va a suceder, no huyes, no te defiendes, recriminas a tu discpulo y asumes el cliz que has de beber. Llegas ante Caifs y Pilato, que ordenan tu castigo, castigo que paga un justo por miles de pecadores. Los soldados te azotan, te escupen, te abofetean, te coronan de espinas y echan sobre ti un manto de color prpura; y T, aun conociendo lo que va a suceder, no huyes, no te defiendes y asumes el cliz que has de beber.
Dolor fsico reflejado en la sangre que brota de tus heridas, pero muy cerca de ti, un corazn se rompe a cada latigazo que recibes. Tu madre de la Salud, te dio a luz, te vio crecer y ahora te acompaa en el preludio de tu muerte. Ella que te dio de comer, te vio jugar y rer ahora te ve arrodillado y atado a una columna, dbil e indefenso. Madre, aguantas todo el sufrimiento de tu hijo y tus fuerzas no vencen, bendito dolor que guardas dentro de tu corazn, y an as nos enseas a perdonar a los que nos ofenden, Santa Mara del Perdn.
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En esta tierra manchega tenemos la suerte de contar con uno de los barrios cofrades por excelencia, y ms suerte tenemos an aquellos que vivimos en l. Barrio cuyo epicentro es una plaza, un templo y un convento.
Plaza empedrada que nos ha visto crecer, que nos ha visto cambiar nuestros juegos de pelota y bicicleta por el disfrute de un paso revirando por la calle Norte o por la calle ngel. Y todo esto, bajo los cuidados de unas hermanitas que bien ganado tienen el ttulo de madres. Dios quiso darle al mundo un ngel que cuidara de nosotros y le puso por nombre Mara de los ngeles.
Cuanto amor guardado en ese convento, corazones entregados a Dios y al servicio a los dems, sin pedir nada a cambio. Nios, jvenes y adultos, cuanto debemos aprender de estas humildes mujeres cuya nica pasin es dar sin recibir, orar por su barrio, por su gente, por su ciudad, por todos los hijos de Dios en la Tierra. Y si en este mundo cargado de desdicha alguien os dice que una hermanita de la cruz no le ha recibido con una sonrisa y con un gracias en sus labios, ya puede acercarse al templo que tiene a pocos pasos, que el sacramento de la confesin le espera.
Y por ltimo, el templo, piedra angular sobre la que se asienta el sentir religioso y cofrade los corazones de un barrio. Templo bautizado con el nombre del apstol hijo de Zebedeo y protector de Espaa, que alberga en su interior cuatro hermandades que dan luz, olor, sonido e imagen al primer da del Triduo Pascual.
Cuando las palabras Jueves Santo resuenan en nuestros odos el Perchel es la primera imagen y pensamiento que se nos viene a la cabeza. Y ya que estamos en el Perchel, pasemos a su templo y que resuenen en nuestros odos otros acontecimientos ms importantes que sucedieron en el primer Jueves Santo de la historia: El lavatorio de los pies, la ordenacin de los apstoles como sacerdotes, la instauracin de la eucarista son las
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principales premisas del da que acontece, pero ante todo, un mensaje: Haced esto en memoria ma.
Y en el Perchel, la instauracin de la eucarista tiene su representacin en la hermandad de los estudiantes, que est ao cumple cincuenta aos dando testimonio de la principal fuente de fe de un cristiano, el sacramento eucarstico.
Y los tres pilares del barrio vuelven a unirse haciendo una comunin perfecta. Con que mimo te cuidan y rezan Mara Santsima del Dulce Nombre las hermanitas de la cruz en su convento, intentando hacer ms llevadero el dolor de tu corazn. Dulce es tu nombre Mara, al igual que dulce es tu mirada. Dulces son las manos que sostienen ese pauelo para enjugar las lgrimas derramadas por una cena que ser la ltima que tu hijo celebre en comunin con sus discpulos. Y a pocos metros de ti, y como si de un espejismo se tratase y del que no me gustara despertar, puedo pasar a Santiago y ver la Santa y ltima Cena de tu hijo. Esfuerzos de una hermandad que se tornan en momentos histricos al ver a Jess de la Cena presidiendo el Altar Mayor, acompaado de sus doce discpulos. Estampa que quedar siempre en la retina de todos los cofrades, pero ms an en la de todo aquel que vaya a or misa y ver como son dos los Sacerdotes lo que consagran el pan y el vino. Una vez ms, me invitas a tu banquete Seor, aun sabiendo que no soy digno de que entres en mi casa y que una palabra tuya bastar para sanarme.
No he terminado de degustar el pan de la vida eterna, cuando mis ojos se vuelven hacia el Pretorio. De nuevo ests indefenso, ante un pueblo que da la espalda a tus palabras de salvacin. Una vez ms la justicia vuelve alejarse del justo. Pilato no es capaz de ejercer su autoridad y se lava las manos en el mayor acto de cobarda llevado a cabo en la historia de la humanidad. Ya has sido azotado, flagelado y coronado de espinas pero tu sufrimiento no llega a su fin Todava queda llegar al calvario para morir en la Cruz.
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Caridad infinita la tuya Seor, amando a tu padre Dios por encima de todas las cosas y tus hermanos como a ti mismo. Caridad que en el Perchel se lleva viviendo desde hace algo ms de cuatrocientos aos. Caridad que durante el pasado ao ha inundado las calles de nuestra ciudad dando ejemplo de cmo debe llevarse a cabo un acontecimiento de estas caractersticas, aunque el trabajo realizado y el agradecimiento obtenido no siempre hayan seguido lneas paralelas en el tiempo.
Siempre has estado ah, en tu capilla, para escuchar rezos y oraciones, problemas y peticiones. Pero el pasado ao has sido algo ms para todos nosotros, ms cercano que nunca. Un ao cargado de actos que han hecho que la caridad se haga presente en nuestros corazones, desde el da que empez tu centenario, hasta el da de tu exaltacin. Miguel, espero que puedas perdonarme.
Nunca podr olvidar el da en el que, reunidos en oracin, pude arrodillarme ante ti , mientras mis manos tocaban tus pies ensangrentados. Esa tarde noche me sent como Longino, traspasndote el costado con mis pecados y una vez ms y como siempre me pasa contigo, me purificaste con el agua de tu costado volviendo a tomar las riendas de una conversacin, en la que palabras no salan de mi boca.
Y en el barrio, su Reina. Esa reina a la que las gentes del barrio le cantan y le rezan. Si el cofrade arde en deseos de que llegue el Domingo de Ramos, no es menos el anhelo de vivir un Viernes de Dolores en el que, ya no solo el barrio, sino toda la ciudad viene a ver ese palio azul surcar la Plaza de Santiago.
Madre de los siete dolores, Dolores que uno a uno se convierten en espadas que atraviesan tu corazn como anunci Simen en su profeca. Dolores que no te hacen desfallecer, continas fiel al Seor tu Dios, guardndolos y meditndolos en tu corazn.
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Y me pongo frente a ti para pedirte, rogarte pero, quien soy yo para comparar mis dolores con los tuyos, t que has visto como te arrebatan a tu hijo que muere en la cruz. Aunque eres dolorosa, eres Madre. Y como madre vuelves a dejar de lado tus dolores para preocuparte por los mos, volvindote a preocupar de los hijos que Cristo te dej en herencia eterna. Ese pauelo que sostienen tus manos deja de ser tuyo para convertirse en mo y secar mis lgrimas. Esas manos cruzadas en oracin elevan al cielo mis splicas que son ahora las tuyas. Llega la hora de partir, mis ojos ya no se entrelazan con los tuyos, pero el cobijo de tu mirada me acompaa en mi caminar diario.
El triduo pascual comienza Jess celebra la ltima cena Y el final anunciado se acerca.
A juicio llevan a un hombre justo Mientras Pilato lava sus manos Comienza un castigo injusto
En el calvario ponen fin a tu vida, La lanza de Longino atraviesa tu costado Y el agua de salvacin brota sin medida
Y a los pies de la cruz, tu madre dolorosa Con el corazn traspasado por siete puales Nos acoge como hijos de la manera ms hermosa
Este es mi barrio, Mi perchel!
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Hace algo ms de dos aos, con el ttulo de Ingeniero Tcnico en Informtica de Sistemas recin estrenado y con la aplicacin de los nuevos planes de estudio que por aquel entonces me impedan continuar estudiando, me diriga a mi primera entrevista de trabajo. Las cosas haban ido demasiado deprisa y, por suerte o por desgracia, no pude acercarme a ver a mi madre que como siempre me espera desde ese rincn lleno de luz verde en la Iglesia de Ntra. Sra. del Pilar.
Lleno de nervios y haciendo caso de los consejos de mis familiares sal con tiempo de mi casa, con demasiado tiempo. Por suerte, la empresa tena su sucursal en una calle cntrica de la ciudad y camino a ella top de frente con la ventana del camarn de nuestra amada catedral, donde tantas veces hemos dirigido nuestras oraciones. No lo pens dos veces y desvi mi camino para pasar a verla, a darle gracias, pero sobre todo a pedirle porque todo saliera bien.
Atraves la Puerta de los Reyes y all estabas T, en el centro del retablo del altar mayor, en tu camarn. Cruc toda la nave, me acerqu a la capilla del Santsimo para arrodillarme y santiguarme, y finalmente tener un ratito de oracin delante de ti. Cuando acabamos nuestra conversacin me dispuse a salir de tu casa y no habiendo llegado a la puerta que me haba visto entrar minutos antes, hubo algo que me hizo volver sobre mis pasos.
Algo dentro de m me deca que mi visita estaba quedando coja, que algo faltaba; y qu razn llevaba. Me haba arrodillado ante el Seor Sacramentado, haba hablado con mi Patrona de la que ya me haba despedido con un abrazo y a la salida un Ave Mara empezaba a dirigir a la Madre Dolorosa, pero me faltaba verte a ti, Piedad Eterna.
Sin dudarlo dos veces me puse de rodillas ante ti, te ped perdn por tan descabellado despiste preso de mis nervios y comenc a orar al igual que momentos antes haba hecho con tu madre. Como joven recin titulado
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iba con el afn de comerme el mundo y de darlo todo por conseguir el puesto de trabajo, pero despus de verte, una frase qued grabada en mi cabeza: Suceder lo que est de la mano del Padre
Realic la entrevista, el director qued encantado, como la mayora de los directores en una entrevista de trabajo, y volv para casa con la esperanza de realizar una prueba de nivel para comprobar mis conocimientos. Prueba que fue retrasndose en el tiempo y que nunca lleg a realizarse.
Con los continuos retrasos de esa prueba, mi disgusto fue en aumento, incluso llegando a pensar que mi visita aquella maana a la Catedral no haba sido fructfera. Pensamiento que siempre nos aborda cuando las cosas no nos van bien. Pero en ese momento record aquello que me dijiste: Suceder lo que est de la mano del Padre, volviendo a pensar que buenas noticias podran llegar en das venideros.
Pasadas un par de semanas de aquella visita, me dijeron que se haban solucionado los problemas de implantacin de los nuevos planes de estudio y que podra continuar con ellos en la universidad para ser Ingeniero en Informtica. Adems recib un correo electrnico con la noticia de que haba sido seleccionado para realizar unas prcticas durante los tres meses de verano en Toledo. Qu razn llevabas: Suceder lo que est de la mano del Padre
Y como pasa en estas ocasiones, qu predispuestos estamos para pedir, cunto nos enojamos si no nos dan Y cuando recibimos, cunto trabajo nos supone dar las gracias. Como ser humano que soy, con mis defectos y mis imperfecciones, ca en el error de no darte las gracias, y sin embargo, aqu estoy, poniendo voz al pregn que organiza la juventud que ms te vive, te siente y te ama.
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En la maana de tu da grande, recordamos la oracin en el huerto de los olivos con tus amados discpulos, discpulos que son incapaces de velar y orar contigo en la ltima noche que pasaris juntos.
Sin poder pararme a pensar en tu condicin de hombre pidiendo a tu padre que apartara de ti el cliz que ibas a beber, ya vas camino al calvario. Y en ese caminar el encuentro con tu Madre. Qu momento ms doloroso para ambos, el hijo que se encuentra con su madre con el corazn desgarrado de dolor y la madre que ve como le arrebatan a su hijo para darle muerte.
Los soldados no permiten que este encuentro dure mucho tiempo, te obligan a seguir caminando. El dolor es demasiado grande, la cruz es demasiado pesada, ni la ayuda del cirineo impide que tu cuerpo se desplome en el suelo. Jess cae una, dos y hasta tres veces bajo el peso de nuestra cruz, pero siempre se levanta y contina con su misin de salvar al hombre de sus pecados.
El camino ya ha terminado, ya ests en el calvario. Los soldados se reparten tus ropas y echan a suertes tu tnica, cumplindose una vez ms la escritura. El final de tu sufrimiento est cerca. Ests crucificado como si fueras un semejante de los dos ladrones que te acompaan en los ltimos momentos de tu vida. Y estando en el borde de la muerte, con tu Perdn infinito absuelves los pecados de Dimas y le haces un sitio en el paraso para bautizarlo con tu Agua bendita. Mientras, tu madre observa todo esto rezando al Padre: Misericordia, Dios mo, Misericordia.
Llega la hora nona, todo est cumplido y expiras dando un fuerte grito. Despus de que el centurin romano comprobara que estabas muerto, tus amigos Jos de Arimatea y Nicodemo, junto con tu discpulo amado te bajan de la cruz, postrndote en los brazos de tu angustiada madre. Te trasladan a un sepulcro vacio y virgen y all ponen fin a tu calvario. Ahora tu madre que ha vivido toda la Pasin, se queda sola con sus Dolores.
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El segundo da del Triduo Pascual se ha consumado y en mi corazn resuenan cada una de las ltimas palabras que dijiste desde la cruz. Palabras que se ven reflejadas en cada uno de los estandartes que una monja confeccion a partir de 1958 ao tras ao para esta bendita hermandad.
Eterna Piedad la tuya, que en los ltimos momentos de tu vida ruegas y pides perdn para nosotros porque no sabemos lo que hacemos. Eterna Piedad la tuya, asegurndole al ladrn un sitio contigo en el paraso. Eterna Piedad la tuya, convirtindonos en hijos de Dios, hermanos tuyos. Eterna Piedad la tuya, dejndonos poder llamar a tu Madre, Madre nuestra.
Santsimo Cristo de la Piedad, por todo esto, y con el recuerdo de aquella maana de oracin en tu capilla, dos cosas me quedan por decirte: PERDN y GRACIAS.
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Antes de dar mi ltima chicota, quiero tener unas palabras de agradecimiento con todos aquellos que han puesto su granito de arena para que este mundo, el cofrade, se haya convertido en mi vida. Lo primero es dar las gracias a todos los que amis este mundo, porque con ello he podido conocer a gente que bien merece un trozo de cielo.
Gracias a la antigua Junta de Gobierno de la Hermandad de Ntra. Sra. de la Esperanza, encabezada por Luis Galiano, hermano mayor por no llamarle padre, por pensar que poda servir para formar parte del Grupo Joven.
Gracias a la Junta de Gobierno a la que pertenezco, a los que son mis compaeros de fatigas, de esfuerzos y de ilusiones, en especial a Carlos, a Esther y a Juanjo, por confiar en m para ser lo que soy hoy en la hermandad.
Gracias a todos y cada uno de los que han pasado por el Grupo Joven de la Esperanza durante los siete aos que llevo formando parte del mismo, por aguantar mi pasin y mi perfeccionismo y porque de cada uno de vosotros he aprendido algo y seguir aprendiendo.
Gracias a mi compaero, cofrade, amigo y hermano Acevedo porque desde el da en que te conoc has sido un apoyo fundamental en mi vida, para lo bueno y para lo malo. Sabas que tenas que tener un sitio especial en el da de hoy. Gracias hermano.
Pero sobre todo, no puedo dejar de agradecer a esas personas que han estado desde el primer momento dndome sus fuerzas y su aliento para que el da de hoy fuera real. En especial a Maribel, sin olvidarme de Alba, Bea, Jess, Manu, Silvia, Bego, Ana a vosotros, GRACIAS DE CORAZN.
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Durante estos das de cuaresma que pasan a una velocidad vertiginosa y que muchas veces no somos capaces ni de saborear, una cantidad infinita de porqus invaden mis pensamientos. Por qu podemos reunirnos hoy aqu? Por qu en una semana viviremos uno de los actos ms importantes de nuestra cuaresma cofrade en el teatro Quijano? Por qu podemos disfrutar de estos cuarenta das que esperamos con deseo? Por qu cada ao podemos volver a vivir lo soado en nuestra Semana Grande?
La respuesta a todas estas preguntas y otras muchas es bien sencilla y tiene nombre de mujer. Esa mujer que fiel al Seor, el da de la Anunciacin, pronunci el SI con ms carga de amor en la historia de la humanidad. Si hoy estamos aqu es porque Mara as lo quiso.
Dios te salve, Mara, llena eres de gracia y de esperanza. Gracia que el Seor puso en ti desde el primer momento, desde tu concepcin, porque saba que eras la indicada para ser la Madre del Redentor. Esperanza que llevas en tu vientre del que dars a luz al Salvador del Mundo.
Madre de la Esperanza, hay advocacin ms bonita para ti? T que fiel a los profetas esperabas la llegada del Mesas, T que en cada adviento nos enseas a esperar, que el que viene en nombre del Seor est cerca
Tu hijo yace en el sepulcro, tu amargura y tu soledad no tienen consuelo, pero una vez ms, ah est tu esperanza. Esa que desde el primer momento te acompa, esa Esperanza que ahora es esperanza de resurreccin, esa que te ayuda a seguir adelante en estos momentos difciles sabiendo que esta espera slo durar tres das.
Esperanza con casa en el Barrio del Pilar que cada Martes Santo surca las calles de la ciudad repartiendo esa esperanza que a tantos nos hace falta en estos tiempos tan duros. Esperanza de un barrio que toca los
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corazones de todos los que van en tu bsqueda para que le des tu aliento para seguir adelante. Esperanza que con tu manto de terciopelo verde das cobijo a tantas oraciones, a tantos ruegos y a tantas peticiones de todos los que sufren.
Y ahora, permtanmelo, soy yo el que me pongo ante ti, Mi Esperanza. Mi Esperanza que est presente en todas las habitaciones de mi casa. Mi Esperanza, a la que dirijo cada oracin. Mi esperanza que me acompaa en todos los momentos de mi vida. Mi esperanza que nunca me suelta de su mano a cada paso que doy. Mi Esperanza que no permite que me caiga, y si me caigo, Ella es la que me levanta.
Que fuerza tienen tus ojos Madre, que cada vez que los miro un escalofro me recorre, una lgrima sale de mis ojos y un temblor invade mi cuerpo. Esos ojos que son ternura y proteccin, de los que me qued prendado cuando todava no era capaz de sostenerme sobre mis propios pies.
Benditas manos las tuyas Madre, manos sobre las que sostienes un barrio, manos que me regalan un abrazo sin necesidad de pedirlo, manos que siempre sostienen un pauelo para enjugar mis lgrimas. Manos de las que sin saber lo que haca un da cog, y de las que, delante de todos ustedes, prometo no soltarme jams.
Y tener por seguro, que si algn da la necesitis, podis ir a buscarla. Y si no la encontris, decid qu vais de su parte. Se llama Esperanza. HE DICHO.
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