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Los conflictos como fuente de aprendizaje
Las desventajas de la mala memoria
Profesor Julio Csar Can Rodrguez Facultad de Ingeniera Sede Bogot
[email protected]Bogot, 26 de mayo de 2008
La historia reciente de la Universidad Nacional registra una sucesin de conflictos cuya evolucin obedece a un patrn relativamente fcil de identificar y caracterizar. Con independencia del origen de conflicto parecen repetirse algunos factores: atribuciones de intangibilidad de las normas cuya aplicacin detona las crisis; defectuosos mecanismos de comunicacin entre los estamentos institucionales; reacciones desproporcionadas que incluyen acciones irracionales y elementos de violencia; niveles de incertidumbre y desorientacin impropios de una comunidad soportada en la razn y la inteligencia y como corolario inevitable un efecto pernicioso sobre la calidad y sostenibilidad de las funciones esenciales de la Institucin. La prolongada crisis derivada de las protestas contra el recientemente aprobado Estatuto Estudiantil (Acuerdo 008 de 2008 del Consejo Superior Universitario) repite escenas y circunstancias semejantes a las que se desencadenaron en 2006 a propsito del Acuerdo 37 (Reforma Acadmica) y en 2007 como consecuencia del rechazo al artculo 38 del Plan Nacional de Desarrollo. Esta saga de cortes intrasemestrales no ha sido aprovechada para mejorar las respuestas institucionales convirtindose de esa forma en un despilfarro de costos polticos, sociales, acadmicos y financieros reflejo de la incapacidad institucional de capitalizar las lecciones heredadas de los conflictos. Estas consideraciones no tienen pretensin distinta de registrar una percepcin personal, necesariamente sesgada por la visin de universidad, la confianza en el compromiso social implcito en la educacin superior y la inevitable pasin que lleva implcita la discusin sobre las cosas que nos interesan. Desde un punto de vista ms prosaico, estas lneas son el mensaje que desenterrar como material de lectura retrospectiva cuando se presente la prxima crisis en la Universidad Nacional. Ya se sabe que una de las ventajas de la mala memoria es que uno se sorprende siempre con las mismas cosas y por eso vale la pena estar alerta.
1. / Normas perfectas e intocables
Es un hecho notable que las crisis que se presentan en la Universidad se desatan generalmente como respuesta a la expedicin de un documento curiosamente denominado Acuerdo. Lejos de ser el punto de partida de las acciones concertadas y la gua para avanzar hacia los propsitos comunes, los Acuerdos se convierten en una lnea divisoria que separa en bandos irreconciliables a los miembros de la comunidad universitaria. La defensa a ultranza de las bondades y efectos positivos esperados de la aplicacin de las normas contenidas en los documentos se convierte en la estrategia favorita de las directivas institucionales. Es interesante notar que los argumentos que se esgrimen en defensa de las normas exceden largamente a los rutinarios versculos empleados como considerandos de las mismas. A pesar de que las normas se suponen el resultado de la discusin colegiada y la esmerada accin colectiva de los organismos directivos finalmente se convierten en productos personales que se defienden con una ardiente mezcla de amor propio y orgullo profesional. Las declaraciones de los directivos universitarios no se apartan una lnea de la defensa centrada en la perfeccin de las
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, normas en un arrebatador despliegue pigmalinico en la cual pesa mucho la autoridad del Consejo Superior, organismo de aplastante mayora gubernamental al cual se presentan los proyectos de acuerdo como verdaderos modelos de participacin efectiva y calificada, cocciones normativas en su punto para ser devoradas por la comunidad universitaria hambrienta de cambios y reformas que la rescaten del atraso y la libren de la oscuridad. Y, por supuesto, nadie que quiera conservar el respaldo del gobierno para su gestin directiva estar francamente dispuesto a regresar contrito y mohino a reconocer que la degustacin real de su receta encontr ingredientes errados y notables defectos de sazn. As las cosas, la defensa de los mal llamados acuerdos ignora toda crtica por considerarla un agravio a los actos heroicos de sus autores, una intromisin indebida en el ordenado cosmos normativo, un desacato a las disposiciones bien intencionadas. No obstante, esos despliegues terminan cediendo y las normas que se defendieron como intangibles resultan grises objetos de ajuste, susceptibles de controversia jurdica, productos perfectibles que como tales terminan convertidos en documentos distintos a los que se presentan originalmente como nuevas tablas recibidas entre zarzas ardientes. Es el caso del acuerdo 33 de 2007, versin todava susceptible de mejoramiento pero de todas maneras formato de orientacin acadmica atemperado y mucho ms sosegado que el Acuerdo 37 de 2005, norma que en su momento se defendi como inmodificable debido a sus virtudes y alcances insospechados. De ese documento, izado como emblema de su poca, solo se conserva una mencin discreta dentro de los considerandos del Acuerdo 33 de 2007. El debate sobre el Acuerdo 008 de 2008 no es la excepcin. Se present a la comunidad universitaria como el mejor producto posible del proceso de discusin ms prolongado en la historia de la institucin. Con esta tarjeta de presentacin es muy difcil esperar una disposicin sincera por parte de la direccin de la Universidad para recibir observaciones y crticas provenientes de los estamentos directamente involucrados en la aplicacin de la norma. La posibilidad de que alguna razn asista a quienes controvierten el acuerdo se eclipsa con las estadsticas sobre las presentaciones realizadas durante los meses que antecedieron a la expedicin del acuerdo. No obstante, a despecho de la perfeccin anunciada, abundan las observaciones y glosas tanto a los aspectos de fondo como a las formalidades del acuerdo 008/08. Profesores y estudiantes aceptan la invitacin institucional para evaluar la disposicin y la prtesis normativa que la acompaa y responden con una copiosa lista de observaciones que desnudan inconsistencias, fallas procedimentales y errores francos en el articulado evaluado. Ante la imposibilidad de negar la razn que puede asistir a las objeciones presentadas luego de sesudas jornadas de trabajo colegiado, los directivos de la Universidad aceptan la remota posibilidad de que haya algunas fisuras sin importancia en la estructura del Titanic normativo. Se abre la posibilidad de aceptar algunas observaciones, eso si, siempre y cuando se presenten bien documentadas, estribillo que se incorpora hasta el cansancio y de verdad que cansa- en todas las declaraciones institucionales. Al margen vale la pena anotar que las observaciones hechas al acuerdo y a los mecanismos de transicin propuestos se han documentado con mucho ms detalle y escrpulo que el acuerdo mismo, porque es bueno dejar claro que el nmero de presentaciones de los antecedentes del acuerdo no es en si mismo una fuente de calidad de la discusin previa.
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, Borrador de conclusin: los acuerdos no son intocables, no son perfectos, no son el final de los procesos. Deberan ser excusas normativas para movilizar a una comunidad convencida que se convierte en la garanta de xito de las iniciativas. Con todo el respeto que merece el trabajo creativo de los colegas que literalmente se echan al hombro la carga de escribir letra y msica de los acuerdos vale la pena reflexionar sobre la conveniencia de vincular en la construccin de las normas cruciales para la vida universitaria a las dependencias a las cuales los reglamentos institucionales confan la responsabilidad de disear e implementar las polticas acadmicas y los instrumentos que deben materializarlas. En el caso del acuerdo 008 es notable el silencio de las dependencias que se presumen directamente involucradas en el debate: Vicerrectora Acadmica, Direcciones de Programas Curriculares, Direcciones Acadmicas de las Sedes. Tal vez porque a despecho de que el acuerdo sea presentado como un producto del trabajo colegiado es realmente, como es costumbre, el resultado del esfuerzo aislado de un reducido equipo de docentes y asesores.
2. / Lluvia de comunicados y sequa de informacin
Los comunicados y declaraciones que circulan durante los periodos de irregularidad acadmica carecen en general de la profundidad, el rigor y la objetividad deseables por la naturaleza, impacto y alcances de los conflictos generados. La informacin circula principalmente por los medios institucionales, cada vez ms cercanos al papel de canales de propaganda, sesgados por su formato e intenciones hacia el privilegio de las voces oficiales y de muy poca utilidad para promover el debate o alojar las opiniones divergentes. En el conflicto actual se agrega la inestabilidad de las declaraciones y las contradicciones entre las afirmaciones de directivos nacionales y voceros de las Sedes. Es inevitable agregar a este cuadro de vacilaciones informativas institucionales las pintorescas y parcializadas noticias y despliegues editoriales de los despistados y ligeros medios de comunicacin. Las declaraciones de funcionarios y los comentarios malintencionados de algunos columnistas de prensa muestran a la sociedad una imagen enferma y macilenta de la institucin. En su afn de ponderar las virtudes profilcticas de las recin expedidas normas no encuentran reparo en sealar a un porcentaje significativo de estudiantes como un lastre para la calidad de la institucin. Hace unos aos la administracin que inaugur esta nueva era de direccin proclam impdicamente que los profesores de la Universidad Nacional eran, en general, de mediocre condicin y de precarias capacidades de produccin acadmica. La combinacin de dos formas de lucha contra esa amenaza: la jubilacin just on time y la vinculacin de nuevos profesores a travs de convocatorias de excelencia se utiliz para corregir el entuerto docente. No existe todava, o al menos no que se sepa, una evaluacin juiciosa de los efectos de esa combinacin de estrategias de salvacin y mientras tanto, por supuesto, queda espacio para la duda. Ahora, son los estudiantes de bajo rendimiento el objeto de las descalificaciones institucionales y el blanco del morboso inters del amarillismo acadmico que domina a la mayor parte de la prensa nacional. Con este cuadro de pronstico sombro sobre profesores y estudiantes cmo creer en los clichs institucionales que proponen la excelencia como meta cercana de la gestin directiva? Cmo pueden combinarse racionalmente los fines purificadores del acuerdo 008/08 con las promesas de inmunidad sobre las que se construyen los planes de transicin? Cmo explicar desde la perspectiva de economa de recursos institucionales el hecho de que un conflicto se convierta concientemente en dos al separar el debate de lo acadmico del debate sobre lo disciplinario? Estas son respuestas que tienen que ver con el clima institucional, con la calidad de las relaciones entre los miembros de la comunidad universitaria, con la racionalidad de la gestin y con la obligatoria rendicin de cuentas que la sociedad espera de quienes administran uno de sus recursos ms valiosos. Estos son factores que indudablemente han de pesar en el momento de las decisiones sobre acreditacin institucional que en el corto plazo acometer la Universidad.
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, Estarn al tanto los acuciosos portavoces oficiales en los efectos que sus descalificaciones alarmistas pueden tener en la imagen social de la Universidad? Para los superficiales juicios de los periodistas y la voltil memoria de la sociedad quedan algunos fragmentos anecdticos de estudiantes que envejecen en la universidad, y los compungidos anlisis que hace el responsable del cierre de la sede Bogot sobre los costos que acarrean esas medidas en los flacos presupuestos de la Universidad se confunden con el pesar de los reporteros por los menguados ingresos de los vendedores ambulantes y la cada vertical de las ventas de los comerciantes que conforman el escudo de seguridad alimentaria del Campus. Esa precaria suma de superficialidades es el mensaje a la sociedad, junto con las feas imgenes de pupitres apilados y las versiones sobre presuntas amenazas a miembros de la comunidad. Aproximacin a una conclusin: la comunicacin franca, oportuna, sin segundas intenciones, resulta imperativa para reducir los riesgos de una escalada de las dificultades. El uso privilegiado y excluyente de los medios institucionales por parte de los directivos no ayuda a una reduccin de las fricciones y por el contrario refuerza la imagen de confrontacin que se hace ostensible con el manejo de las cifras, las declaraciones o los mensajes de ultimtum que se lanzan desde la administracin. Si los responsables del manejo de los medios institucionales se esmeran por desaparecer el conflicto, reemplazndolo por noticias que refuerzan la imagen del gobierno y su apoyo a la administracin, no hay formas de evitar que los actores que rechazan las medidas deban apelar a mecanismos de denuncia desproporcionados e inusuales. Vale la pena recordar que los medios de comunicacin de la Universidad no pertenecen a los directivos, no son su caja menor de imgenes; son parte de la infraestructura universitaria necesaria para garantizar el cumplimiento de la Misin y los compromisos institucionales y estn o al menos deberan estarabiertos a todos los involucrados en el quehacer de la Universidad Nacional.
3. / Reacciones desproporcionadas, acciones irracionales y propuestas peligrosas
La expresin material del conflicto son los grotescos bloqueos fsicos a los edificios de la Universidad y su complemento de maltrato y ofensas a profesores y estudiantes que desean ejercer su derecho a la movilidad y al uso de los recursos institucionales. Esas actitudes revelan serias deficiencias de liderazgo efectivo por parte de los orientadores del movimiento estudiantil y confirman el enorme pasivo de las promesas institucionales de formacin integral. Es ms, para analistas un poco ms osados podran ser parte de las secuelas del modelo de la denominada participacin no vinculante, encargado de mostrar en repetidas ocasiones la inutilidad de la contribucin reposada y pacfica al debate serio y frente a cuya inocuidad se revela como salida la utilizacin de groseras medidas de fuerza que el espritu universitario debe rechazar sin vacilaciones. Las agresiones fsicas contra la institucin, los miembros de su comunidad, sus instalaciones y dotaciones merecen un rechazo sin excepciones. Nadie puede estar de acuerdo con las expresiones de salvajismo y acciones primitivas que impiden la libre movilizacin de los universitarios. El grotesco espectculo de los pupitres utilizados como barricadas es deprimente por varias razones. Los pupitres son muebles muy especiales, estn asociados indeleblemente con el ser humano dispuesto a aprender y son el smbolo por excelencia del encuentro de profesores y estudiantes en las aulas. Encontrarlos apilados frente a las puertas de los edificios o arrumados en los corredores desmoraliza e irrita, es tan ignominioso, primitivo y ofensivo como encontrar los accesos a un hospital bloqueados con las camas destinadas al reposo y cuidado de los pacientes. La prctica de los bloqueos fsicos es el reconocimiento de la impotencia de los lderes para concitar las voluntades de los representados a travs de otros mecanismos. El bajo nivel de la argumentacin se compensa usualmente con el despliegue de fuerza y la reaccin generalizada es
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, de rechazo a estas manifestaciones. Pero, que ambiente tiene la existencia de propuestas o iniciativas alternativas que puedan ser utilizadas en circunstancias de crisis? Aceptaran los lderes del movimiento estudiantil el desafo de convencer a sus representados de suspender las clases o alterar su ritmo sin necesidad de destruir las instalaciones de la universidad o impedir fsicamente el acceso a sus instalaciones? Estaran de acuerdo con la iniciativa de aprovechar los conflictos institucionales para ilustrar a la sociedad sobre nuevas formas de presin distintas a la accin vandlica, por otra parte al alcance de cualquier actor sin mayor exigencia de discernimiento? Tienen los profesores de la Universidad Nacional una actitud favorable hacia la participacin de los estudiantes en el anlisis de los problemas y en la construccin de propuestas de solucin? Estn preparados para ser solidarios con iniciativas bien documentadas que impulsen movimientos y acciones de protesta pacfica cuando sea menester? Apoyaran el empleo de tiempo de sus clases para abordar la discusin de temas apremiantes de naturaleza distinta a las de las asignaturas a su cargo? Disponen de la informacin y la actitud favorable para afrontar ese debate, sobre todo los profesores ocasionales y los docentes de ctedra? La dicotoma forzosa entre estudiar juiciosos y bloquear las aulas debe resolverse a favor de un modelo de evaluacin crtica permanente que pueda coexistir con la atencin rigurosa de los compromisos acadmicos. Una propuesta relativamente novedosa surgida durante el actual periodo de anormalidad tiene que ver con la creacin de grupos de reaccin contra los bloqueos y acciones violentas. En algunos documentos que se han hecho pblicos como contribuciones en la bsqueda de soluciones a la crisis 2008 se deslizan propuestas de creacin de cuerpos de choque para enfrentar en nombre de la razn a quienes se denomina en esos mismos documentos como guardianes de la revolucin. En un lenguaje guerrerista de evocaciones fundamentalistas de distintos signos se presentan en sociedad ideas como la creacin de cuerpos de milicianos encargados de responder a la violencia irreflexiva con expresiones de fuerza fsica institucionalizada. Estas son propuestas que an a una sociedad amnsica como la nuestra deberan recordarle el origen ingenuo de grupos de limpieza social, de ejrcitos privados creados para imponer por la fuerza el orden en sectores abandonados por el derecho, el respeto y la razn. Ese por supuesto no es el caso de la Universidad Nacional. Adems, si de aritmtica se trata es preciso recordar que la misin institucional no pasa por las amenazas ni por el fomento del choque cuerpo a cuerpo. La bsqueda de la verdad desde las aulas precisa contar con el compromiso racional de toda la comunidad universitaria, incluidos sobre todo ellos los equivocados defensores de las barricadas, la amenaza y la destruccin como mecanismos de discrepancia y protesta. Boceto de conclusin: La desconfianza en la capacidad de los estudiantes para intervenir seria y decisivamente en la discusin de los asuntos de inters institucional contrasta de manera notoria con la retrica de considerarlos como protagonistas de su proceso de formacin y pone en duda la sinceridad institucional en las peridicas invitaciones a participar en las consultas empleadas para validar decisiones como las relacionadas con la designacin de directivos, en una peregrina modalidad de seudodemocracia cuya pertinencia y continuidad conviene evaluar con rigor y seriedad pensando siempre en el efecto que todas las actuaciones institucionales tienen en la formacin de los estudiantes. Es preciso convocar un gran acuerdo para que en lo sucesivo no se repitan las manifestaciones de violencia fsica contra la Universidad y para que se desestimen definitivamente las insinuaciones de promocin de brigadas antibloqueo, contrarias al que debe ser compromiso indeclinable con la razn, en el que no caben ni las tanquetas, ni las amenazas, ni el ultimtum ni los escuadrones de higiene y disciplina. Esa es una tentacin en la que no puede caer jams la Universidad Nacional de Colombia.
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4. / Una comunidad desorientada y dispersa
La consigna de dividir para reinar se apodera de las orientaciones institucionales durante los periodos de crisis. Una primera avanzada divide a los miembros de la comunidad de acuerdo con su posicin relativa respecto a las medidas. Defensores a ultranza usualmente los directivos y sus crculos ms allegados- y contradictores extremos, en medio de los cuales se sita una importante franja de profesores y estudiantes que se reservan el derecho de evaluar y criticar las actuaciones de los directivos y la pertinencia de las normas expedidas, sin hacer explcitas sus posiciones. Una tendencia que se refuerza en cada crisis es la insistencia de la direccin de la Universidad por diferenciar a los estudiantes de pregrado de los de postgrado. Esta divisin no est soportada, no est bien documentada para usar un estribillo que se ha hecho popular en estos das, es simplemente una categorizacin de origen maniqueo, basado en la presuncin de culpa de unos e inocencia de otros frente a la crisis, es dar por hecho que los estudiantes de postgrado aceptan de buen grado las medidas, bien sea porque su mayor nivel de formacin conspira contra su espritu crtico o bien porque las medidas estn dirigidas a los estudiantes de pregrado en quienes se concentra la preocupacin por los efectos de las normas. Se presenta como un claro intento de dividir a los estudiantes y fragmentar el inters institucional por los integrantes de una comunidad que de acuerdo con el proyecto formativo debe transitar de manera armnica y acompasada por el continuo del aprendizaje. La incertidumbre generada por las contradicciones de los directivos en sus declaraciones, por los plazos que no se cumplen, por las escaramuzas verbales y la concentracin de las opciones de solucin en posiciones radicales y aparentemente irreconciliables se traduce en un comportamiento errtico por parte de los miembros de la comunidad universitaria. Los profesores y estudiantes buscan salidas de tipo marginal para encontrarse y desarrollar sus tareas, algunos buscan escenarios atpicos para remplazar las aulas y replican el efecto cambuche que suele suceder a la ocurrencia de una catstrofe que desplaza a las personas de su hbitat. En situaciones como la presente el ambiente se llena de convocatorias, asambleas, reuniones, conversatorios, declaraciones, manifiestos, debates y comunicados que hablan muy bien del nivel de discusin y del espritu crtico de una universidad.cerrada. Esos ejercicios de retrica, que algunos consideran insultos para la inteligencia, no conducen a soluciones rpidas, desestimulan aceleradamente la participacin y conducen a nuevas manifestaciones de perplejidad. Se habla, se discute, se propone, se anima el debate pero todo parece estrellarse contra la pared inamovible de la posicin oficial ms cercana a la fidelidad de los polticos con las posiciones que defienden que a la actitud de evaluacin crtica vital para el desarrollo de la vida acadmica. Cuando la situacin de incertidumbre se prolonga por periodos francamente insoportables el efecto sobre la moral colectiva es indudable y la desesperacin parece tomarse la vocera. En esas condiciones es natural la aparicin de propuestas que animan al choque fsico, a la solucin prosaica de los problemas, a la invitacin a la obediencia ciega de las normas a pesar de los errores e inconsistencias identificados en ellas. El pnico remplaza a la razn, el miedo de ser sancionado vence a la tentacin de ejercer la crtica y el conjunto universitario se fracciona en subconjuntos dispersos e incomunicados que intentan soluciones egostas, actos heroicos y capitulaciones sin conviccin. Los estudiantes, desorientados y temerosos, se aproximan a las aulas con una actitud a medio camino entre la del pecador y la del conspirador, al tiempo que los profesores se preguntan por qu la atencin de sus compromisos debe hacerse en un ambiente de clandestinidad e improvisacin. Este es, por supuesto, un paisaje completamente opuesto al de una universidad que encara sin temor el juicio racional de sus
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, actuaciones y atiende sin cortapisas el control social sobre las medidas originadas en los organismos de direccin institucional. Idea para una conclusin de mediano alcance: Es conmovedor registrar como una de las solicitudes enarboladas durante los dilogos que intentan resolver la fase aguda del conflicto actual es la de contar con franjas y espacios para discusin de los asuntos institucionales, expresin que muestra en verdadera magnitud la realidad del abandono que el oficio crtico tiene en la agenda de los universitarios contemporneos en la principal universidad del pas.
5. / Estn a salvo la calidad y la sostenibilidad de nuestras funciones esenciales?
Una inevitable inquietud inicial tiene que ver con la parsimonia que caracteriza la reaccin institucional frente a las irregularidades acadmicas producidas por el rechazo a las medidas expedidas. En una sociedad con los problemas educativos y de desarrollo cientfico que tiene la nuestra, sera de esperarse que un solo da de suspensin de actividades acadmicas en la principal universidad del pas causara una alarma de color encarnado y desencadenara un rpido proceso de bsqueda de soluciones para proteger la calidad efectiva de las actividades docentes e investigativas de la institucin. Cmo explicar entonces que transcurran seis semanas antes de que se muestren los primeros indicios de preocupacin por la calidad de sus programas? La preocupacin de ltima hora por la calidad de los programas relacionada exclusivamente con la cobertura de un porcentaje del tiempo ha suscitado un curioso movimiento de sondeos sobre tiempo faltante para alcanzar la norma dispuesta por la direccin de la universidad. Este afn es expresin de una curiosa forma de academia extrema y ciertamente es una muestra de decoro institucional aunque acaso un poco extemporneo. Ms de que de ser capaces de correr contra el reloj la reflexin debera conducir a la evaluacin detallada de los efectos que sobre la calidad y pertinencia de nuestros programas de pregrado y de postgrado tienen esos episodios de apnea acadmica. Es claro que la Universidad Nacional de Colombia dispone del conocimiento y los instrumentos necesarios para una evaluacin rigurosa de los efectos de estas interrupciones sobre la calidad de sus programas. Esta sera sin duda una forma notable de obtener provecho de las situaciones crticas que se han vuelto parte del calendario de la institucin. La propuesta de regulacin contenida en el acuerdo 008/08 carece de compromisos serios en relacin con la asignacin de recursos y la formulacin de proyectos concretos para desarrollar una propuesta acadmica consistente y sustentable, de la cual el reglamento acadmico estudiantil es apenas una expresin. No es fcil alentar esperanzas fundadas sobre la seriedad de la implementacin de las medidas cuando se considera que iniciativas previas de consolidacin de proyectos de formacin de la dimensin pedaggica necesaria para aclimatar un proceso basado en la flexibilidad y el fomento a la autoformacin fueron abandonados en facultades como la de ingeniera en Bogot, convirtiendo proyectos de valor estratgico que hoy seran un excelente soporte para la orientacin de nuevas corrientes formativas en inocuas oficinas marginadas confiadas a contratistas sin vnculo alguno con la docencia, justo en el momento en que se superponen fenmenos como el relevo generacional, la vinculacin creciente de docentes temporales y el conflicto entre los investigadores recientemente vinculados que se muestran reacios a atender compromisos de docencia en los programas de pregrado. Los temores de que se repitan los errores que dieron al traste con iniciativas como el Acuerdo 14 de 1990 y produjeron efectos contrarios asociados a la total ausencia de apoyo y formacin en pedagoga y gestin curricular tienen asidero real. Las prioridades presupuestales y el
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, inters de las administraciones parecen estar orientadas en otras direcciones. En el caso de la Sede Bogot podra pensarse que las prioridades tienen que ver con la regulacin territorial, las vanidades de ornato y embellecimiento y las delicadas tareas de contratacin. Muy poco y muy pobre seran calificativos para el balance de la orientacin acadmica que la comunidad de la sede Bogot ha recibido en este trance. En este nivel parece claro que la preocupacin est por el lado de la valoracin del costo de la suspensin de actividades en una actitud que, si bien interpreta adecuadamente las lecturas de eficiencia financiera tan cara a los gerentes acadmicos que gobiernan actualmente la educacin superior, est completamente alejada de la comprensin de los efectos que estas suspensiones de actividades tienen sobre la calidad del aprendizaje y sobre el cumplimiento del proyecto institucional. Intento final de conclusin: No es posible construir verdaderos procesos de modernizacin normativa, soporte necesario para la actualizacin de los planes de estudio inscritos dentro de los proyectos educativos institucionales, sin la participacin calificada y convencida de docentes y estudiantes. Ignorar la importancia de la formacin y la orientacin de ambos estamentos para encarar los nuevos compromisos de aprendizaje, en medio de exigencias de flexibilidad y formacin autnoma sera dar pasos en falso en el cumplimiento del compromiso institucional para garantizar la idoneidad de los resultados que se obtengan al final del proceso de renovacin curricular y como parte de la asimilacin de los nuevas responsabilidades derivadas de la autoevaluacin y el mejoramiento en la construccin de una verdadera cultura universitaria. El proceso de modernizacin normativa y curricular debe involucrar racionalmente a todos los estamentos: directivos, docentes, estudiantes, administradores y egresados; as como representantes gremiales y voceros de los distintos sectores de la sociedad. Un principio rector del proceso de modernizacin curricular debe ser el compromiso de acercar la accin universitaria a las necesidades y expectativas de la sociedad dentro de un ambiente tico que contribuya, con su ejemplo, a elevar la confianza pblica; y a mejorar la calidad de vida de toda la comunidad. Ese compromiso es permanente y no es sano que se interrumpa peridicamente solo porque insistimos en repetir los errores y nos negamos a aprender de ellos.
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