Pablo Neruda
M E G US T A C U ANDO C AL L AS Me g u s t a s c u a n d o c a l l a s p o rq u e e s t s c om o aus ent e, y m e o ye s d e s d e l e j os , y m i vo z n o t e t oc a. P a re c e q u e l o s o j os s e t e h u b i e ra n vo l ad o y p a re c e q u e u n b e s o t e c e rra ra l a b o c a.
Co m o t o d a s l as c o s a s e st n l l e n a s d e m i alm a e m e rg e s d e l a s c o s as , l l e n a d e l a lm a m a. Ma ri p o s a d e s u e o , t e p a re c e s a m i a lm a, y t e p a re c e s a l a p a l a b ra m e l a n c o l a .
Me g u s t a s c u a n d o c a l l a s y e s t s c om o di st ant e. Y e st s c om o q u e j n d o t e , m a ri p o s a e n arrul l o. Y m e o ye s d e s d e l e j o s, y m i vo z n o t e al c anza: d j a m e q u e m e c a l l e c o n e l s i l e n c i o t u yo.
D j a m e q u e t e h a b l e t am b i n c o n t u s i l enc i o c l a ro c om o u n a l m p a ra , s im p l e c om o un ani l l o. E re s c om o l a n oc h e , c a l l a d a y c o n s t e l ada. T u s i l e n ci o e s d e e s t re l l a , ta n l e j a n o y s enc i l l o.
Me g u s t a s c u a n d o c a l l a s p o rq u e e s t s c om o aus ent e. Di s t a n t e y d o l o ro s a c om o s i h u b i e ra s m uert o. Un a p a l a b ra e n t o n c e s , u n a s o n ri s a b a st an. Y e st o y a l e g re , a l e g re d e q u e n o s e a c i ert o.
El abandonado
No pregunt por ti ningn da, salido de los dientes del alba, del estertor nacido, no busc tu coraza, tu piel, tu continente para lavar tus pies, tu salud, tu destreza un da de racimos indicados? No naci para ti solo, para ti sola, para ti la campana con sus graves circuitos de primavera azul: lo extenso de los gritos del mundo, el desarrollo de los grmenes fros que tiemblan en la tierra, el silencio de la nave en la noche, todo lo que vivi lleno de prpados para desfallecer y derramar? Te pregunto: a nadie, a ti, a lo que eres, a tu pared, al viento si en el agua del ro ves a ti corriendo una rosa magnnima de canto y transparencia, o si en la desbocada primavera agredida por el primer temblor de las cuerdas humanas cuando canta el cuartel a la luz de la luna invadiendo la sombra del cerezo salvaje, no has visto la guitarra que te era destinada, y la cadera ciega que quera besarte? Yo no s: yo slo sufro de no saber quin eres y de tener la slaba guardada por tu boca,
de detener los das ms altos y enterrarlos en el bosque, bajo las hojas speras y mojadas, a veces, resguardado bajo el cicln, sacudido por los ms asustados rboles, por el pecho horadado de las tierras profundas, entumecido por los ltimos clavos boreales, estoy cavando ms all de los ojos humanos, ms all de las uas del tigre, lo que a mis brazos llega para ser repartido ms all de los das glaciales. Te busco, busco tu efigie entre las medallas que el cielo gris modela y abandona, no s quin eres pero tanto te debo que la tierra est llena de mi tesoro amargo. Qu sal, qu geografa, qu piedra no levanta su estandarte secreto de lo que resguardaba? Qu hoja al caer no fue para m un libro largo de palabras por alguien dirigidas y amadas? Bajo qu mueble oscuro no escond los ms dulces suspiros enterrados que buscaban seales y slabas que a nadie pertenecieron? Eres, eres tal vez, el hombre o la mujer o la ternura que no descifr nada. O tal vez no apretaste el firmamento oscuro de los seres, la estrella palpitante, tal vez al pisar no sabas que de la tierra ciega emana el da ardiente de pasos que te buscan. Pero nos hallaremos inermes, apretados entre los dones mudos de la tierra final. HOY, QUE ES EL CUMPLEAOS DE MI HERMANA HOY que es el cumpleaos de mi hermana, no tengo nada que darle, nada. No tengo nada, hermana. Todo lo que poseo siempre lo llevo lejos. A veces hasta mi alma me parece lejana. Pobre como una hoja amarilla de otoo y cantor como un hilo de agua sobre una huerta: los dolores, t sabes cmo me caen todos como al camino caen todas las hojas muertas. Mis alegras nunca las sabrs, hermanita, y mi dolor es se, no te las puedo dar: vinieron como pjaros a posarse en mi vida, una palabra dura las hara volar. Pienso que tambin ellas me dejarn un da, que me quedar solo, como nunca lo estuve. T lo sabes, hermana, la soledad me lleva hacia el fin de la tierra como el viento a las nubes! Pero para qu es esto de pensamientos tristes! A ti menos que a nadie debe afligir mi voz!
Despus de todo nada de esto que digo existe... No vayas a contrselo a mi madre, por Dios! Uno no sabe cmo va hilvanando mentiras, y uno dice por ellas, y ellas hablan por uno. Piensa que tengo el alma toda llena de risas, y no te engaars, hermana, te lo juro. OCTAVIO PAZ:::: Ms all del amor Todo nos amenaza: el tiempo, que en vivientes fragmentos divide al que fui del que ser, como el machete a la culebra; la conciencia, la transparencia traspasada, la mirada ciega de mirarse mirar; las palabras, guantes grises, polvo mental sobre la yerba, el agua, la piel; nuestros nombres, que entre t y yo se levantan, murallas de vaco que ninguna trompeta derrumba. Ni el sueo y su pueblo de imgenes rotas, ni el delirio y su espuma proftica, ni el amor con sus dientes y uas nos bastan. Ms all de nosotros, en las fronteras del ser y el estar, una vida ms vida nos reclama. Afuera la noche respira, se extiende, llena de grandes hojas calientes, de espejos que combaten: frutos, garras, ojos, follajes, espaldas que relucen, cuerpos que se abren paso entre otros cuerpos. Tindete aqu a la orilla de tanta espuma, de tanta vida que se ignora y se entrega: t tambin perteneces a la noche. Extindete, blancura que respira, late, oh estrella repartida, copa, pan que inclinas la balanza del lado de la aurora, pausa de sangre entre este tiempo y otro sin medida. Otoo
En llamas, en otoos incendiados, arde a veces mi corazn, puro y solo. El viento lo despierta, toca su centro y lo suspende en luz que sonre para nadie: cunta belleza suelta! Busco unas manos, una presencia, un cuerpo, lo que rompe los muros y hace nacer las formas embriagadas, un roce, un son, un giro, un ala apenas; busco dentro m, huesos, violines intocados, vrtebras delicadas y sombras, labios que suean labios, manos que suean pjaros... Y algo que no se sabe y dice nunca cae del cielo, de ti, mi Dios y mi adversario. ADOLFO BECQUER Rima III
Sacudimiento extrao que agita las ideas, como huracn que empuja las olas en tropel. Murmullo que en el alma se eleva y va creciendo como volcn que sordo anuncia que va a arder. Deformes siluetas de seres imposibles; paisajes que aparecen como al travs de un tul. Colores que fundindose remedan en el aire los tomos del iris que nadan en la luz. Ideas sin palabras, palabras sin sentido; cadencias que no tienen ni ritmo ni comps. Memorias y deseos de cosas que no existen; accesos de alegra, impulsos de llorar. Actividad nerviosa que no halla en qu emplearse; sin riendas que le guen, caballo volador.
Locura que el espritu exalta y desfallece, embriaguez divina del genio creador... Tal es la inspiracin. Gigante voz que el caos ordena en el cerebro y entre las sombras hace la luz aparecer. Brillante rienda de oro que poderosa enfrena de la exaltada mente el volador corcel. Hilo de luz que en haces los pensamientos ata; sol que las nubes rompe y toca en el zent. Inteligente mano que en un collar de perlas consigue las indciles palabras reunir. Armonioso ritmo que con cadencia y nmero las fugitivas notas encierra en el comps. Cincel que el bloque muerde la estatua modelando, y la belleza plstica aade a la ideal. Atmsfera en que giran con orden las ideas, cual tomos que agrupa recndita atraccin. Raudal en cuyas ondas su sed la fiebre apaga, oasis que al espritu devuelve su vigor... Tal es nuestra razn. Con ambas siempre en lucha y de ambas vencedor, tan slo al genio es dado a un yugo atar las dos. Rima II Saeta que voladora cruza, arrojada al azar, y que no se sabe dnde temblando se clavar; hoja que del rbol seca arrebata el vendaval, sin que nadie acierte el surco donde al polvo volver; gigante ola que el viento
riza y empuja en el mar, y rueda y pasa, y se ignora qu playa buscando va; luz que en cercos temblorosos brilla, prxima a expirar, y que no se sabe de ellos cul el ltimo ser; eso soy yo, que al acaso cruzo el mundo sin pensar de dnde vengo ni a dnde mis pasos me llevarn. Rima XXV
Cuando en la noche te envuelven las alas de tul del sueo y tus tendidas pestaas semejan arcos de bano, por escuchar los latidos de tu corazn inquieto y reclinar tu dormida cabeza sobre mi pecho, diera, alma ma, cuanto posea: la luz, el aire y el pensamiento! Cuando se clavan tus ojos en un invisible objeto y tus labios ilumina de una sonrisa el reflejo, por leer sobre tu frente el callado pensamiento que pasa como la nube del mar sobre el ancho espejo, diera, alma ma, cuanto deseo: la fama, el oro, la gloria, el genio! Cuando enmudece tu lengua y se apresura tu aliento y tus mejillas se encienden y entornas tus ojos negros, por ver entre sus pestaas brillar con hmedo fuego
la ardiente chispa que brota del volcn de los deseos, diera, alma ma, por cuanto espero, la fe, el espritu, la tierra, el cielo.
ANTONIO MACHADO
A un olmo seco Al olmo viejo, hendido por el rayo y en su mitad podrido, con las lluvias de abril y el sol de mayo algunas hojas verdes le han salido. El olmo centenario en la colina que lame el Duero! Un musgo amarillento le mancha la corteza blanquecina al tronco carcomido y polvoriento. No ser, cual los lamos cantores que guardan el camino y la ribera, habitado de pardos ruiseores. Ejrcito de hormigas en hilera va trepando por l, y en sus entraas urden sus telas grises las araas. Antes que te derribe, olmo del Duero, con su hacha el leador, y el carpintero te convierta en melena de campana, lanza de carro o yugo de carreta; antes que rojo en el hogar, maana, ardas de alguna msera caseta, al borde de un camino; antes que te descuaje un torbellino y tronche el soplo de las sierras blancas; antes que el ro hasta la mar te empuje por valles y barrancas, olmo, quiero anotar en mi cartera la gracia de tu rama verdecida. Mi corazn espera tambin, hacia la luz y hacia la vida, otro milagro de la primavera. En el entierro de un amigo
Tierra le dieron una tarde horrible del mes de julio, bajo el sol de fuego. A un paso de la abierta sepultura, haba rosas de podridos ptalos, entre geranios de spera fragancia y roja flor. El cielo puro y azul. Corra un aire fuerte y seco. De los gruesos cordeles suspendido, pesadamente, descender hicieron el atad al fondo de la fosa los dos sepultureros... Y al reposar son con recio golpe, solemne, en el silencio. Un golpe de atad en tierra es algo perfectamente serio. Sobre la negra caja se rompan los pesados terrones polvorientos... El aire se llevaba de la honda fosa el blanquecino aliento. ?Y t, sin sombra ya, duerme y reposa, larga paz a tus huesos... Definitivamente, duerme un sueo tranquilo y verdadero.
RAFAEL ALBERTI
Marinero en tierra ... Y ya estarn los esteros rezumando azul de mar. Dejadme ser, salineros, granito del salinar! Qu bien, a la madrugada, correr en las vagonetas, llenas de nieve salada, hacia las blancas casetas! Dejo de ser marinero, madre, por ser salinero! Si mi voz muriera en tierra, llevadla al nivel del mar y nombradla capitana de un blanco bajel de guerra. Oh mi voz condecorada con la insignia marinera: sobre el corazn un ancla y sobre el ancla una estrella
y sobre la estrella el viento y sobre el viento la vela! EL NGEL BUENO Vino el que yo quera el que yo llamaba. No aquel que barre cielos sin defensas. luceros sin cabaas, lunas sin patria, nieves. Nieves de esas cadas de una mano, un nombre, un sueo, una frente. No aquel que a sus cabellos at la muerte. El que yo quera. Sin araar los aires, sin herir hojas ni mover cristales. Aquel que a sus cabellos at el silencio. Para sin lastimarme, cavar una ribera de luz dulce en mi pecho y hacerme el alma navegable.
A ROSA DE ALBERTI, QUE TOCABA, PENSATIVA, EL ARPA (SIGLO XIX) Rosa de Alberti all en el rodapi del mirador del cielo se entreabra, pulsadora del aire y prima ma, al cuello un lazo blanco de moar. El barandal del arpa, desde el pie hasta el bucle en la nieve, la cubra. Enredando sus cuerdas, verdeca, alga en hilos, la mano que se fue. Llena de suavidades y carmines, fanal de ensueo, vaga y voladora, vol hacia los ms altos miradores. Miradla querubn de querubines, del vergel de los aires pulsadora. Pensativa de Alberti entre las flores! ROSARIO SANSORES
Cuando t te hayas ido por Rosario Sansores Prn Sombras Cuando t te hayas ido Me envolvern las sombras, Cuando t te hayas ido Con mi dolor a solas Evocar este idilio Con sus azules horas, Cuando t te hayas ido Me envolvern las sombras. Y en la penumbra vaga De la pequea alcoba, Donde una tibia tarde Me acariciaste toda, Te buscarn mis brazos, Te buscar mi boca Y aspirar en el aire Como un olor de rosas, Cuando tu te hayas ido Me envolvern las sombras. Cuando tu te hayas ido Me envolvern las sombras, Cuando tu te hayas ido En pos de otra quimera, Te llorar en las noches Mi corazn que espera, Cuando t te hayas ido Me morir en las sombras. Cuando tu te hayas ido Me envolvern las sombras, Cuando tu te hayas ido En pos de otra quimera, Te llorar en las noches Mi corazn que espera, Cuando t te hayas ido Me morir en las sombras. Del pecado de amarte por Rosario Sansores Prn Del pecado de amarte no estoy arrepentida, aunque un oscuro abismo nos separe a los dos, en tanto que risuea te doy mi despedida, mis ojos se iluminan para decirte adis. No nos debemos nada. T me diste tu boca limpia como el agua fresca del manantial; y te enlac en mis brazos, amorosa y sensual, y apagu en la cisterna mi sed ardiente y loca. Peregrinos errantes, nuestra ruta seguimos. Si dos sendas opuestas al azar elegimos, por qu nos rebelamos con violenta actitud?
El retorno por Rosario Sansores Prn Yo s que volvers. Yo s que un da suspirarn unidas nuestras bocas y otra vez en la noche quieta y fra se juntarn nuestras cabezas locas... S que en tus horas de nostalgia evocas el mbar de mi piel y s que sueas que estremecido entre tus manos tocas dos palomas nevadas y sedeas... Ah! Yo tambin cuando la alondra canta, sueo en tu amor y mi tristeza es tanta que ya su peso el corazn ahoga...
Mi vida silenciosa pasajera en el esquife azul de la quimera sobre las aguas del recuerdo, boga...
Violeta Luna Cada uno Cada uno construye su casa como quiere. La pone sobre el aire, la siembra en la cintura de la luna o encima de las olas. Cada uno la pinta de manera diferente, la baa con el cielo y el oro verdidulce de la tarde. La llena de jilgueros, de msica y hortensias. Encima del verano la edifica. Le pone una ventana al horizonte, una terraza al mar y un pjaro de bronce en el tejado. Cada uno la salva de la furia del invierno, le pone verjas altas, faroles importados de Neptuno, estufas de Chicago y espejos fabricados en Arabia. Cada uno la mide y la corrige. En forma vertical la va agrandando. Le pone un tiembre elctrico y un nmero de plata. La cuida del mendigo que la ensucia, del nio que le roba una gardenia, del pobre que la mira. Cada uno acomoda su casa a su manera, presume y aparenta, construye su existencia tontamente con trapos, pergaminos y billetes, con vigas antissmicas coac y pararrayos. Qu lstima pero ninguno construye a su medida su refugio con slo la verdad de cada da y el sol bien compartido. Qu lstima que nadie se haga casas
a prueba de mentiras, olvido y desamor. Yo quiero hacer mi casa a mi manera sin puertas ni cortinas. La quiero dulce y tibia en medio del camino de tus brazos.
Violeta Luna naci en Ecuador en 1943. Poeta, narradora, crtica literaria y catedrtica. Entre otros reconocimientos ha obtenido: Premio A los mejores cuent Premio Nacional de Poesa Ismael Prez Pazmio, Diario El Universo, Guayaquil, 1970; Premio Nacional Jorge Carrera Andrade, Municipio del Distrito Metropolitano de Quito, 1994. Libros publicados: Poesa: Poesa universitaria (Quito, 1964); El ventanal del agua (Quito, 1965); Y con el sol me cubro (Quito, Posiblemente el aire (Quito, 1970); Ayer me llamaba primavera (Quito, 1973); La sortija de la lluvia (Guayaquil, 1980); Corazn acrbata (Quito, 1983); Mem humo (Quito, 1987); Las puertas de la hierba (Quito, 1994); Solo una vez la vida (Quito, 2000). Cuento: Los pasos amarillos (Quito, 1970). Ensayo: La lrica e (Guayaquil, 1973). Consta en las antologas: Lrica ecuatoriana contempornea (Bogot, 1979); Diez escritoras ecuatorianas y sus cuentos (Guayaquil, 1982); P del Ecuador (Quito, 1990); Antologa de narradoras ecuatorianas (Quito, 1997); Poesa ertica de mujeres: Antologa del Ecuador (Quito, 2001).
Violeta Luna(Poeta Ecuatoriana)
Palabras en el Vidrio-Violeta Luna
Violeta Luna naci en Guayaquil, el 24 de Febrero de 1943. Es una poetisa, narradora, crtica literaria, ensayista y catedrtica ecuatoriana. Sus primeros aos vivi en San Gabriel provincia del Carchi. Se doctor en la Facultad de Filosofa, Letras y Ciencias de la Educacin de la Universidad Central. Profesora de los colegios: Gran Colombia, San Pablo del Lago y Manuela Caizares. Miembro de la Casa de la Cultura Ecuatoriana. Fue integrante del Jurado del Premio Casa de las Amricas (1986). Entre otros reconocimientos ha obtenido: Premio "A los mejores cuentos", 1969; Premio Nacional de Poesa "Ismael Prez Pazmio", Diario El Universo, Guayaquil, 1970; Premio Nacional "Jorge Carrera Andrade", Municipio del Distrito Metropolitano de Quito, 1994. Segn el ensayista y novelista, Gonzalo Humberto Mata, "la poesa de Violeta es un permanente prodigio de revelaciones y de hallazgos eficazmente logrados; poesa viva, despojada de broza, corazn al aire." Su poesa se caracteriza en lo formal por el verso libre, el lxico comn, la imagen pura, la metfora fuertemente emotiva y sugerente. Y en cuanto al contenido sobresale como motivacin constante el rechazo a lo convencional e inautntico, a las injusticias y alienaciones, a las etiquetas y mentiras. * Obras: Poesa: * Poesa universitaria (Quito, 1964) * El ventanal del agua (Quito, 1965) * Y con el sol me cubro (Quito, 1967) * Posiblemente el aire (Quito, 1970) * Ayer me llamaba primavera (Quito, 1973) * La sortija de la lluvia (Guayaquil, 1980) * Corazn acrbata (Quito, 1983) * Memorias de humo (Quito, 1987) * Las puertas de la hierba (Quito, 1994) * Solo una vez la vida (Quito, 2000) Cuento: * Los pasos amarillos (Quito, 1970) Ensayo: * La lrica ecuatoriana (Guayaquil, 1973) Antologa: * Lrica ecuatoriana contempornea (Bogot, 1979)
Adems ha participado en las siguientes antologas: * Lrica ecuatoriana contempornea (Bogot, 1979) * Diez escritoras ecuatorianas y sus cuentos (Guayaquil, 1982) * Poesa viva del Ecuador (Quito, 1990) * Between the Silence of Voices: An Anthology of Contemporary Ecuadorean Women Poets (Quito, 1997) * Antologa de narradoras ecuatorianas (Quito, 1997) * Poesa ertica de mujeres: Antologa del Ecuador (Quito, 2001) LOS TIEMPOS JUBILOSOS I Quisiera adivinar lo que te suena adentro. saber si como yo te rompes en cascadas o campanas. Saber con ms certeza si somos dos guitarras minerales o ctaras frenticas. Poder adivinar si el mismo caracol nos canta adentro mojndonos de estrellas y de olvido II Ests aqu conmigo puntual como la luz en la ventana, abierto como un libro y lleno de palabras especiales. Te veo como un barco que trata de llegar a mi pupila, o como un sabio mago que logra sacar lunas de mi nombre. III Contigo todo es nuevo an lo conocido y repetido, y hasta los das lunes son distintos. Tal vez el almanaque no regrese, y aunque los vientos ladren y muerda el aguacero, no ha de morir mi espacio, aquel a donde llegan y florecen tus tiempos jubilosos. IV Te acercas y es como si a lo largo de mi cuerpo se recostara un sol estremecido, o como si en los brazos se detuviera un ro deleitoso. Entonces me recorres y siento que hay abejas en mis poros y msica en mi sangre. Y sobre las palabras, aquellas que se dicen y se escriben est la llama misma de nosotros. V Por todo lo que tengo entre tus das, tus brazos y tus cosas, por todo lo que somos en palabras,
en tiempo y en recuerdos, por todas las maanas con violines, con vientos o llovizna, por todo lo que somos en el sueo y todo lo que somos en la vida, por ambos que nos damos sin rompernos confieso que el amor tiene tu nombre. Mil disparos al amor Matamos al amor como se mata un pjaro: mirando para arriba, pensando que en el aire la herida no tendra cicatrices. Miramos largamente la curva del paisaje y del crepsculo. Tomamos posiciones. Medimos las distancias. Lanzamos cada tiro estrepitosamente. Matamos al amor acribillndolo, hacindolo pedazos en el viento, torciendo y desplumando cada sueo, haciendo de la curva del crepsculo un arco de dolor y de veneno. Ahora es el amor un punto negro debajo de un rengln escrito en blanco.
Luis Enrique Fierro Naci en Tulcn, el 14 de noviembre de 1936. Realiz sus estudios superiores en la Facultad de Medicina de la Universidad Central del Ecuador. Miembro fundador y ex presidente del Grupo Caminos de Tulcn, tambin ha sido presidente de la Sociedad Ecuatoriana de Escritores Ncleo del Carchi y miembro de la Sociedad Bolivariana. En los periodos 1983-1987; 1992-1997; 2001-2005 fue Presidente del Ncleo del Carchi de la Casa de la Cultura Ecuatoriana. De las varias obras poticas y ensayos que ha escrito podemos destacar: Lgrima triangular, Baratillo de esperanza, De muelles y caminos, Al sur de los recuerdos, Recuerdos de verano y laAntologa Potica que se public en la Coleccin Palabra Viva de la Casa de la Cultura Ecuatoriana. Su obra literaria ha sido difundida en varios medios de Ecuador y Amrica. Entre los comentarios a su obra se destacan los siguientes: En el panorama de la Literatura Ecuatoriana, Luis Enrique Fierro tiene un lugar de merecida nombrada, Franklin Barriga Lpez. Luis Enrique Fierro ha sido siempre una voz azul, clara y desnuda. Palabra sencilla, capturadora de luz y de altura, cauce propicio de las circunstancias poticas, Violeta Luna. Luis Enrique Fierro, desde la nada, de los climas y las estaciones, desde el silencio acezante de la tierra ha ido templando su canto, redondendolo, buscndole sonoridades que le ayuden a destruir el rostro de las cosas, Euler Granda.
Perpendicularidad y Ortogonalidad Dos rectas se denominan perpendiculares si se cortan formando un ngulo recto y ortogonales si forman un ngulo recto pero no se cortan. Para mayor comprensin, obsrvese el paraleleppedo mostrado en la fig.3a, en el cual sus aristas (a y b) son perpendiculares; mientras que las aristas (a y c) son ortogonales al igual que las aristas (b y c). fig.3.\ Perpendicularidad y ortogonalidad
En la fig.3b1, se muestra, la doble proyeccin ortogonal, de una recta (r) ortogonal a una recta frontal (f); y en la fig.3b2, de una recta (r) ortogonal a una recta horizontal (h). . La pregunta es muy amplia, y como no especificas en que nivel de estudios ests, es imposible dar una respuesta precisa: todo depende de cuales entes geometricos estamos tratando. Si hablamos de rectas en el plano, son ortogonales cuando forman angulos rectos. Dos planos en el espacio son ortogonales cuando forman angulos diedros rectos. Dos vectores son ortogonales cuando su producto escalar es igual a cero. Una matriz es ortogonal si es invertible y su inversa coincide con su transpuesta. Dos funciones son ortogonales si la integral de su producto sobre un dado intervalo es cero. .