La Raza Cosmica
La Raza Cosmica
'
"'
i
t
f.i
f.
Primera edicin, 1948
Primera edicin en la Coleccin "Sepan cuantos ... ", 2001
Copyright 2007
La introduccin y las caractersticas de esta edicin son propiedad ele
EDITORIAL PORRA, S. A. de C. V. - 2
Av. Repblica Argentina, 15, 06020 Mxico, D. F.
Queda hecho el depsito que marca la ley
Derechos reservados
ISBN 970-07-7129-6 Rstica
ISBN 970-07-7130-X Tela
IMPRESO EN MXICO
PRINTED IN MEXICO
LA
RAlA
INTRODUCCIN
La obra toda de ese egregio mexicano que fue Jos Vasconcelos cons-
tituye una vasta y minuciosa autobiografia. En ella se exhiben, como en
un retablo, las ambiciones, los sueos, los ideales, los amores y desamores,
los logros, los fracasos, las simpatas, los menosprecios de aquel hombre
singular y apasionado. Y eso no slo en las ms de dos mil pginas que
integran la tetraloga de sus memorias, sino hasta en sus ms intrascen-
dentes artculos.
Su infancia y juventud narradas estn, con impar emotividad, en ese
hermoso libro que es el Ulises criollo, uno de los ms logrados frutos de
nuestra literatura. Naci Vasconcelos en Oaxaca, el 27 de febrero de 1882.
Un tanto accidentados, son sus estudios primarios, ya que la familia hubo
de trasladarse de un lugar a otro de la Repblica, al tener que desempear
su padre diversos cargos aduanales. Tras vivir el despertar de la infancia
en su ciudad natal, curs las primeras letras en Piedras Negras, Coahuila,
y en Eagle Pass, Estados Unidos, y, ya desde entonces, no le abandonar
nunca un acucioso afn por leer libros. "Mi pasin de entonces era la
lectura y me posea con avidez. Devoraba lo que en la escuela nos daban
y cada ao nos ampliaban el crculo de los autores ingleses y norteame-
ricanos. Lea por mi cuenta en la casa todos los libros hallados a mano.
, Acogido al umbral de mi puerta, frente a la calle arenosa, todava sin
pavimento, pero ya de bombilla elctrica en lo alto de un poste, recapa-
citaba una noche sobre mi saber, y al consumar el recuento de libros ledos
pensaba: Ningn nio en los dos pueblos ha ledo tanto como yo. Tal vez
entre los nios de la capital habra alguno que hubiese ledo igual; pero
de todas maneras era evidente que estaba yo llamado a manejar ideas.
Sera uno a quien se consulta y a quien se sigue."
Recorri a continuacin varias ciudades del pas y en el Instituto
Campechano realiz sus estudios elementales, despus de pasar por Du-
rango y por Toluca. En 1897 se instal en la ciudad de Mxico, ingres
en la Escuela Nacional Preparatoria y de ah pas a la Facultad de Juris-
prudencia para obtener, con la tesis Teora dinmica del Derecho, el ttulo
de abogado en 1907.
Todava pasante trabaj en una notara y en un juzgado; consigui
posteriormente un puesto de fiscal federal en el Estado de Durango, y no
VIl
Vlll INTRODUCCIN
tardando mucho tom el empleo en que lo encontrara el estallido de la
Revolucin; abogado en el bufete norteamericano "Warner, Johnson and
Galston".
Desde que ingres en la preparatoria entr en contacto con el crculo
de jvenes intelectuales de la poca, que pugnaban contra la corriente
positivista impuesta por Jos "cientficos" y buscaban una apertura cultural.
As en 1907 particip en la Sociedad de Conferencias y en 1909 fue
miembro fundador del Ateneo de la Juventud, aquella institucin de tanto
relieve en la vida intelectual de Mxico. No tard en convertirse el Ateneo
en un centro de renovacin tanto en lo poltico como en lo artstico y
filosfico. Los jvenes en l inscritos llenarn toda una poca de la crea-
cin y del pensamiento. Es el propio Vasconcelos quien nos proporciona,
en una conferencia suya de 1916, una lista de los ms distinguidos par-
ticipantes: los escritores Alfonso Reyes, Pedro Enrquez Urea, Julio Torri,
Enrique Gonzlez Martnez, Rafael Lpez, Roberto Argelles, Eduardo
Coln, Joaqun Mndez Rivas, Antonio Mdiz Bolio, Rafael Cabrera,
Alfonso Cravioto, Martn Luis Guzmn, Carlos Gonzlez Pea, Manuel
de la Parra, Mariano Silva y Aceves, Jos Vasconcelos; el jurista Isidro
Favela; el filsofo Antonio Caso; los arquitectos Jess Acevedo y Federico
Mariscal; los pintores Diego Rivera, Roberto Montenegro, Ramos Martnez;
los msicos Manuel Ponce y Julin Carrillo. Unos pocos de ellos siguen
afectos a la dictadura p01'firista, pero la mayora se decantar por el
movimiento maderista. Minan las bases sociales y educativas del positi-
vismo, renuevan el sentido cultural y cientfico de Mxico y resultan los
precursores inmediatos de la Revolucin en puertas. En 191 O organizan un
ciclo de conferencias -no ha sido el primero-, en el cual interviene
Vasconcelos con una disertacin sobre Don Gabino Barreda y las ideas
contemporneas, donde se declara incompatible con el sistema ideolgico
imperante.
Ya vena conspirando contra el rgimen dictatorial de Porfirio Daz y
haba padecido algunos meses de destierro en los Estados Unidos. Sumado
al movimiento maderista figur como uno de los cuatro secretarios del
Centro Antirreeleccionista de Mxico y, junto con Flix F. Palavicini, fue
el encargado de su rgano de difusin, El Antirreeleccionista. Durante el
levantamiento annaclo en contra de Daz fungi como secretario -y luego
sustituto- de F. Vzquez Gmez, quien era entonces agente confidencial
de Madero en Washington. Particip, pues, activamente en la poltica, mas
al triunfar la Revolucin y ocupar ya Madero la Presidencia de la Rep-
blica se abstuvo Vasconcelos de ocupar cargo pblico alguno. Traicionada
la causa democrtica, sufre persecucin por parte de Victoriano Huerta y
se ve obligado a desterrarse al pas del norte en 1913.
INTRODUCCIN IX
Miembro fundador del Pa1iido Constitucionalista Progresista se ad-
hiere al constitucionalismo a raz de la usurpacin huertista. Venustiano
Carranza lo design su agente confidencial en Inglaterra y Francia, con la
encomienda de impedir que se otorgaran a Huerta Jos prstamos que haba
solicitado. Desempe a continuacin diferentes comisiones en Estados
Unidos y Canad; hasta lleg a asistir a las conferencias de Nigara Falls,
que versaron en torno a la invasin norteamericana al puerto de Veracruz.
A su regreso al pas, triunfante ya la Revolucin, fue nombrado director
de la Escuela Nacional Preparatoria. Sus fuertes crticas a Carranza
motivaron que tuviera que escapar una vez ms y viajara por Estados
Unidos y por algunos pases de Amrica Latina. Un ao entero se detuvo
en Lima, donde dict una de sus ms brillantes conferencias, la que lleva
por ttulo El movimiento intelectual contemporneo de Mxico. De vuelta
en su pas asisti a la convencin de Aguascalientes y apoy al sector civil
y moderado. Importante fue su participacin durante la presidencia de
Eulalia Gutirrez, pues tuvo influencia en la destitucin de Villa y en la
lucha contra Carranza. Se desempe como ministro de Instruccin P-
blica y Bellas Artes y fue enviado a Washington para conseguir el apoyo
de los Estados unidos. Desde mediados de 1 915 hasta bien entrado el ao de
1919 permaneci Vasconcelos relativamente alejado de la poltica y con-
sagrado a la vida intelectual.
Es ya por esta poca una de las personalidades ms vigorosas y
admiradas del continente. En junio de 1919 sostuvo una entrevista en Los
ngeles, California, con lvaro Obregn, a quien brind todo su apoyo
en contra de don Venustiano Carranza. A la derrota de ste, que justific en
varios escritos, regres a su patria. El 9 de junio de 1920 Adolfo de la
Huerta le confi la direccin de la Universidad Nacional, puesto en el que
permaneci hasta el primero de octubre de 1921.
"La he aceptado porque he sentido que este nuevo gobierno, en que
la Revolucin cristaliza como en su ltima esperanza, tiene delante de
s una obra vasta y patriota en la que es deber ineludible colaborar.
La pobreza y la ignorancia son nuestros peores enemigos y a nosotros nos
toca resolver el problema de la ignorancia. Yo soy en estos instantes, ms
que un nuevo rector que sucede a los anteriores, un delegado de la Re-
volucin que no viene a buscar refugio para meditar en el ambiente tran-
quilo de las aulas sino a invitaros a que salgis con l a la lucha, a que
compartis con nosotros las responsabilidades y los esfuerzos. En estos
momentos yo no vengo a trabajar por la Universidad sino a pedir a la
Universidad que trabaje por el pueblo." As se expres en el discurso de
la toma de posesin, y de inmediato emprendi una autntica revolucin
en la vida educativa y cultural. Muchas einpresas inici; una de las pri-
X INTRODUCCIN
meras, a todo vapor, fue la coleccin de clsicos de la Universidad.
La educacin y la cultura no podan ni deban quedar confinadas al aula
escolar, sino que tendran que llegar a las masas, al "pueblo". Y deba y
tena que confiarse en la capacidad y en el buen gusto de ste, pues lo
dificil de paladear es la obra literaria mediocre.
Logra, en 1921, que el gobierno restablezca el ministerio de Educa-
cin Pblica y Obregn le designa titular del mismo el da 2 de octubre.
La obra de Vasconcelos, tanto en su rpido paso por la Universidad como
en los breves tres aos en el ministerio fue extraordinaria y memorable,
y el propio protagonista nos ha dejado un resumen de la misma en su libro
De Robinsn a Odisea. Fuerza es compendiada, pues es harto conocida
y reconocida: no hay nadie que no se haya expresado acerca de ella con
elogio. Crea bibliotecas, agota un amplio programa de publicaciones, celebra
la primera exposicin del libro en el Palacio de Minera, edita la revista
El maestro y mejora la Biblioteca Nacional. Organiza la educacin popu-
lar concebida como actividad evangelizadora a travs de misiones rurales
que suscitan el entusiasmo; se imparten cursillos para maestros rurales y
brotan mil escuelas en el campo; trata de incorporar la minora indgena
a la nacin por medio de un sistema escolar nacional. Viaja a Sudamrica
e importa educadores como Enrquez Urea y Gabriela Mistral y econo-
mistas como Alfonso Goldschmidt. Funda un departamento de Bellas Artes,
cuya obligacin es multiplicar pedaggicamente el entusiasmo por la pin-
tura, la escultura, la msica y el canto; impulsa los festivales de msica
y danzas populares y no descuida el patrocinio de las artesanas. La pin-
tura mural mexicana adquiere una trascendencia y calidad universal gracias
a su entusiasmo, al ofrecer a los pintores mexicanos y extranjeros Diego
Rivera, Jos Clemente Orozco, David Alfara Siqueiros, Roberto Monte-
negro, Juan Charlot, etc., los muros de los edificios de la nacin.
Nuevamente los avatares polticos lo alejan del pas. Reprob el ase-
sinato del senador Field Jurado y renunci a la Secretara de Educacin
Pblica. Quiso ser candidato a la gubernatura de su estado natal, Oaxaca,
pero Obregn le cetT el paso. Fund por aquellos das La Antorcha, con
la colaboracin de Vito Alessio Robles, Julio Torri y Carlos Pellicer, en
cuyos editoriales fustig con dureza los actos del gobierno. Pero desde
antes de dejar la Secretara de Educacin su gestin haba provocado
que los congresos estudiantiles de Colombia, Argentina, Per y Panam
lo designasen "Maestro de la juventud de Amrica". Ahora s le es
dado realizar un largo viaje por Europa. Pronuncia conferencias en Puerto
Rico y a la postre se ve obligado a trabajar en la Universidad de Chicago
como profesor de la ctedra de sociologa hispanoamericana.
INTRODUCCIN XI
Retorn a su patria en 1928, cuando se aproximaban elecciones pre-
sidenciales. Contaba con decididos apoyos para lanzarlo como candidato
frente al oficial, Pascual Ortiz Rubio. Galvaniz en torno a su pensamiento
a un buen sector estudiantil. Por ms que realiz una animosa campaa
su esfuerzo se estrell contra el podero del partido en el poder. Conven-
cido de haber sido vctima de un escandaloso fraude, al que sigui una
sangrienta represin, promulg el 1 O de diciembre el Plan de Guaymas,
con un llamado a las armas. Pero .sus seguidores no se rebelaron y el lder
tuvo que saborear una vez ms la amargura del destierro, donde se enco-
nara el radicalismo propio de su personalidad apasionada. En 1940, durante
la presidencia de vil a Camacho, se encarga de la direccin de la Biblio-
teca de Mxico y es miembro fundador del Colegio Nacional. Pertenece
a incontables agrupaciones culturales extranjeras y patrias. Doctor honoris
causa por las universidades Nacional de Mxico y de Puerto Rico, Chile,
Guatemala y El Salvador. Acadmico de la Lengua. Falleci en el Distrito
Federal en 1959.
La obra escrita de Vasconcelos abarca numerosas disciplinas del pen-
samiento. Jos Luis Martnez clarifica su produccin en cinco apartados:
obras filosficas; obras sociolgicas y pedaggicas; ensayos y otros traba-
jos; obras histricas, y obras autobiogrficas. Nosotros daremos al final
la lista de sus obras, siguiendo el orden cronolgico de su aparicin.
Varia en extremo es la trayectoria del pensamiento de Vasconcelos.
Partiendo de Nietzsche y de Schopenhauer, siguiendo los pasos de Rod,
se erige en campen frente al positivismo y al utilitarismo, tan en boga en
Amrica, y acaba haciendo paladina profesin de fe catlica, sin rubori-
zarse por sus coincidencias con algn rgimen totalitario. Destacan, en el
conjunto de su produccin, algunos libros filosficos y otros que patenti-
zan sus preocupaciones por la cultura hispanoamericana. Pero entre todos
sobresalen los cuatro que conforman sus memorias propiamente dichas:
Ulises criollo, La tormenta, El desastre y El proconsulado. Aunque nunca
disimul sus preferencias por los de tema filosfico -en 1952 public un
compendio de su sistema: Todologa-, en el campo de las letras ser
recordado siempre por su Ulises criollo, sin duda su obra maestra.
El volumen que aqu ofrecemos, La raza csmica, consta de un largo
ensayo acerca del mestizaje y de una serie de notas de viaje por Brasil y
por Argentina. Expnese en el libro la tesis de que "las distintas razas del
mundo tienden a mezclarse cada vez ms hasta conformar un nuevo tipo
humano surgido de la seleccin de cada uno de los pueblos existentes".
Anuncia el advenimiento de una "quinta raza", que en las tierras sin
prejuicios de Amrica fusionarn a todas las dems, sin distincin de color
o de nmero, y crear una nueva civilizacin, que erigir en las mrgenes
XII INTRODUCCIN
del Amazonas una ciudad, "Universpolis", desde la cual "aviones y ejr-
citos irn por todo el planeta educando a la gente para su ingreso a la
sabidura". Decidido opositor de las tesis darwinianas, de la seleccin
natural y despiadada de las razas, Vasconcelos, reconoce en la Espaa
colonizadora y catlica a la madre de esta futura raza que preconiza a Jo
largo de su brillante ensayo.
ESCRJTOS DE V ASCONCELOS
Teora dinmica del Derecho (Tesis profesional), 1907.
Gabino Barreda y las ideas contemporneas, 1910.
El movimiento intelectual contemporneo de Mxico, 1916.
Pitgoras. Una teora del ritmo, 1916.
Prometeo vencedor, 1916.
Monismo esttico, 1917.
Estudios indostnicos, 1918.
Divagaciones literarias, 1919.
Ideario de accin, 1924.
Teora de los cinco estados, 1924.
La revulsin de la energa, 1924.
La raza csmica, 1925.
!ndologa, 1926.
Tratado de metafsica, 1929.
tica, 1931.
Pesimismo alegre, 1931.
La sonata mgica, 1933.
Carta a la intelectualidad mexicana, 1933.
Bolivarismo y Monrosmo, 1934.
Esttica, 1935.
De Robinsn a Odisea, 1935.
Ulises criollo, 1936.
Breve historia de Mxico, 1936.
Qu es el comunismo?, 1936.
Qu es la revolucin?, 1937.
La tormenta, 193 7.
Historia del pensamiento filosfico, 193 7.
El desastre, 1938.
Simn Bolvar, 1939.
El proconsulado, 1939.
Manual de filosofa, 1940.
Pginas escogidas, 1940.
Hernn Corts, creador de la nacionalidad, 1941.
El realismo cientfico, !942.
XIII
tf'i'
;;
...
fj
.;.
;
r
;/
,,
{
':
.
XIV ESCRITOS DE VASCONCELOS
Apuntes para la historia de Mxico. Desde la conquista hasta la
revolucin, 1943.
La cita, 1945.
El viento de Bagdad, 1945.
Lgica orgnica, 1945.
Los robachicos, 1946.
Discursos, 1950.
Todologa (Filosofa de la coordinacin), 1952.
Temas contemporneos, 1955.
La flama, 1956.
PRLOGO
Es tesis central del presente libro que las distintas razas del mundo
tienden a mezclarse cada vez ms, hasta formar un nuevo tipo humano,
compuesto con la seleccin de cada uno de los pueblos existentes. Se
public por primera vez tal presagio en la poca en que prevaleca, en el
mundo cientfico, la doctrina darwinista de la seleccin natural que salva
a Jos aptos, condena a los dbiles; doctrina que llevada al terreno social
por Gobineau, dio origen a la teora del ario puro, defendida por los
ingleses, llevada a imposicin aberrante por el nazismo.
Contra esta teora surgieron en Francia bilogos como Leclerc de
Sablon y Niuy, que interpretan la evolucin en forma diversa del darwi-
nismo, acaso opuesta al darwinismo. Por su parte, los hechos sociales de
los ltimos aos, muy patiicularmente el fracaso de la ltima gran guerr,
que a todos dej disgustados, cuando no arruinados, han determinado una
coniente de doctrinas ms humanas. Y se da el caso de que aun darwinistas
distinguidos, viejos sostenedores del espencerianismo, que desdeaban a
las razas de color y las mestizas, militan hoy en asociaciones internacio-
nales, que como la Unesco, proclaman la necesidad de abolir toda discri-
minacin racial y de educar a todos los hombres en la igualdad, lo que
no es otra cosa que la vieja doctrina catlica que afirm la aptitud del
indio para los sacramentos y por lo mismo su derecho de casarse con
blanca o con amarilla.
Vuelve, pues, la doctrina poltica reinante a reconocer. la legitimidad
de los mestizajes y con ello sienta las bases de una fusin interracial
reconocida por el derecho. Si a esto se aade que las comunicaciones
modernas tienden a suprimir las barreras geogrficas y la educacin ge-
neralizada, contribuirn a elevar el nivel econmico de todos los hombres,
y se comprender que lentamente irn desapareciendo los obstculos para
la fusin acelerada de las estirpes.
Las circunstancias actuales favorecen, en consecuencia, el desarrollo
de las relaciones sexuales interraciales, lo que presta apoyo inesperado a
la tesis que, a falta de nombre mejor, titul: de la Raza Csmica futura.
Queda, sin embargo, por averiguar si la mezcla ilimitada e inevitable
es un hecho ventajoso para el incremento de la cultura o si, al contrario,
ha de producir decadencias, que ahora, ya no slo seran nacionales, sino
XV
,;
1:
I
r:
ll
XVI
PRLOGO
mundiales. Problema que revive la pregunta que se ha hecho a menudo el
mestizo: Puede compararse mi aportacin a la cultura con la obra de las
razas relativamente puras que han hecho la historia hasta nuestros das,
los griegos, los wmanos, los europeos') Y dentro ele cada pueblo, cmo
se comparan los periodos de mestizaje con Jos periodos de homogeneidad
racial creadora?
A fin de no extendernos demasiado, nos limitaremos a observar algu-
nos ejemplos:
Comenzando por la raza ms antigua de la Historia, la de los egipcios,
observaciones recientes han demostrado que fue la egipcia una civilizacin
que avanz de Sur a Norte, desde el Alto Nilo al Meditenneo. Una raza
bastante blanca y relativamente homognea cre en torno de Luxor un
primer gran imperio floreciente. Guerras y conquistas debilitaron aquel
imperio y Jo pusieron a merced de la penetracin negra, pero el avance
hacia el Norte no se interrumpi. Sin embargo, durante una etapa de varios
siglos, la decadencia ele la cultura fue evidente. Se presume entonces que
ya para la poca del segundo imperio, se haba fonnado una raza nueva,
mestiza con caracteres mezclados de blanco y de negro, que es la que
produce el Segundo Imperio, ms avanzado y floreciente que el primero.
La etapa en que se construyen las pirmides, y en que la civilizacin
egipcia alcanza su cumbre, es una etapa mestiza.
Los historiadores griegos estn hoy de acuerdo en que la edad de oro
de la cultura helnica aparece como el resultado de una mezcla de razas,
en la cual, sin embargo, no se presenta el contraste del negro y el blanco,
sino que ms bien se trata de una mezcla de razas de color claro. Sin
embargo, hubo mezcla de linajes y de corrientes.
La civilizacin griega decae al extenderse el Imperio con Alejandro
y esto facilita la conquista romana. En las tropas de Julio Csar ya se
advierte el nuevo mestizaje romano de galos, espaoles, britnicos y aun
germanos, que colaboran en las hazaas del Imperio y convierten a Roma
en centro cosmopolita. Sabido es que hubo emperadores de sangre
hispanorrorhana. De todas maneras, los contrastes no eran violentos, ya
que la mezcla en lo esencial era de razas europeas.
Las invasiones de los brbaros, al mezclarse con los aborgenes, galos,
hispanos, celtas, toscanos, producen las nacionalidades europeas, que han
sido la fuente ele la cultura moderna.
Pasando al Nuevo Mundo vemos que la poderosa nacin estadouni-
dense no ha sido otra cosa que crisol de razas europeas. Los negros, en
realidad, se han mantenido aparte, en lo que hace a la creacin delpodero,
sin que deje de tener importancia la penetracin espiritual que han con-
PRLOGO XVII
sumado a travs de la msica, el baile y no pocos aspectos de la sensi-
bilidad artstica.
Despus de Jos Estados Unidos la nacin de ms vigoroso empuje es
la Repblica Argentina, en donde se repite el caso de una mezcla de razas
afines, todas de origen europeo, con predominio del tipo mediterrneo, al
revs de Jos Estados Unidos, en donde predomina el nrdico.
Resulta entonces fcil afirmar que es fecunda la mezcla de los linajes
similares y que es dudosa la mezcla de tipos muy distantes segn ocurri
en el trato de espaoles y de indgenas americanos. El atraso de los pue-
blos hispanoamericanos, donde predomina el elemento indgena, es difcil
de explicar, como no sea remontndonos al primer ejemplo citado de la
civilizacin egipcia. Sucede que el mestizaje de factores muy dismiles
tarda mucho tiempo en plasmar. Entre nosotros, el mestizaje se suspendi
antes de que acabase de estar tornado el tipo racial, con motivo de la
exclusin de Jos espaoles, decretada con posterioridad a la Independen-
cia. En pueblos como Ecuador o el Per, la pobreza del terreno, adems
de los motivos polticos, contuvo la inmigracin espaola.
En todo caso, la conclusin ms optimista que se puede derivar de Jos
hechos observados es que aun los mestizajes ms contradictorios pueden
resolverse benficamente siempre que el factor espiritual contribuya a
levantarlos. En efecto, la decadencia de los pueblos asiticos es atribuible
a su ajslamiento, pero tambin, y sin duda, en primer trmino, al hecho
de que no han sido cristianizados. Una religin como la cristiana hizo
avanzar a los indios americanos, en pocas centurias, desde el canibalismo
hasta la relativa civilizacin.
ORIGEN Y OBJETO DEL CONTINENTE. LA TINOS
Y SAJONES. PROBABLE MISIN DE AMBAS RAZAS.
LA QUINTA RAZA O RAZA CSMICA
I
Opinan gelogos autorizados que el continente americano contiene
algunas de las ms antiguas zonas del mundo. La masa de los Andes
es, sin duda, tan vieja como la que ms del planeta. Y si la tierra es
antigua, tambin las trazas de vida y de cultura humana se remontan
adonde no alcanzan los clculos. Las ruinas arquitectnicas de mayas,
quechuas y toltecas legendarios son testimonio de vida civilizada an-
terior a las ms viejas fundaciones de los pueblos del Oriente y de
Europa. A medida que las investigaciones progresan, se afirma la
hiptesis de la atlntida, como cuna de una civilizacin que hace millares
de aos floreci en el continente desaparecido y en parte de lo que es
hoy Amrica. El pensamiento de la atlntida evoca el recuerdo de sus
antecedentes misteriosos. El continente hiperbreo desaparecido, sin
dejar otras huellas que los rastros de vida y de cultura que a veces se
descubren bajo las nieves de Groenlandia; los lemurianos o raza negra
d ~ l Sur; la civilizacin atlntida de los hombres rojos; en seguida la
aparicin de los amarillos, y por ltimo, la civilizacin de los blancos.
Explica mejor el proceso de los pueblos esta profunda hiptesis legen-
daria que las elucubraciones de gelogos como Ameghino, que ponen
el origen del hombre en la Patagonia, una tierra que desde luego se
sabe es de formacin geolgica reciente. En cambio, la versin de los
Imperios tnicos de la prehistoria se afirma extraordinariamente con la
tedria de Wegener de hi traslacin de los continentes. Segn esta tesis,
todas las tierras estaban unidas, formando un solo continente, que se
ha ido disgregando. Es entonces fcil suponer que en determinada regin
de una masa continua se desarrollaba una raza que despus de progre-
sar y decaer era sustituida por otra, en vez de recurrir a la hiptesis
de las emigraciones de un continente a otro por medio de puentes
3
4
JOS VASCONCELOS
desaparecidos. Tambin es curioso advertir otra coincidencia de la
antigua tradicin con Jos datos ms modernos de la geologa, pues
segn el mismo Wegener, la comunicacin entre Australia, la India y
Madagascar se interrumpi antes que la comunicacin entre la Amrica
del Sur y el frica. Lo cual equivale a confirmar que el sitio de la
civilizacin lemuriana desapareci antes de que floreciera la Atlntida,
y tambin que el ltimo continente desaparecido es la Atlntida, puesto
que las exploraciones cientficas han venido a demostrar que es el
Atlntico el mar de formacin ms reciente.
Confundidos ms o menos los antecedentes de esta teora en una
tradicin tan oscura como rica de sentido, queda, sin embargo, viva la
leyenda de una civilizacin nacida de nuestros bosques o derramada
hasta ellos despus de un poderoso crecimiento, y cuyas huellas estn
an visibles en Chichn Itz y en Palenque y en todos los sitios donde
perdura el misterio atlante. El misterio de los hombres rojos que despus
de dominar el mundo, hicieron grabar los preceptos de su sabidura en
la tabla de Esmeralda, alguna maravillosa esmeralda colombiana, que
a la hora de las conmociones telricas fue llevada al Egipto, donde
Hermes y sus adeptos conocieron y transmitieron sus secretos.
Si, pues, somos antiguos geolgicamente y tambin en lo que r e s p e c t ~
a la tradicin, cmo podremos seguir aceptando esta ficcin inventada
por nuestros padres europeos, de la novedad de un continente que
exista desde antes de que apareciese la tierra de donde procedan
descubridores y reconquistadores?
La cuestin tiene una importancia enorme para quienes se empean
en buscar un plan en la Historia. La comprobacin de la gran antige-
dad de nuestro continente parecer ociosa a los que no ven en los
sucesos sino una cadena fatal de repeticiones sin objeto. Con pereza
contemplaramos la obra de la civilizacin contempornea si los pala-
cios toltecas no nos dijesen otra cosa que el que las civilizaciones pasan
sin dejar ms fruto que unas cuantas piedras labradas puestas unas
sobre otras, o formando techumbre de bveda arqueada, o de dos su-
perficies que se encuentran en ngulo. A qu volver a comenzar, si
dentro de cuatro o cinco mil aos otros nuevos emigrantes divertirn
sus ocios cavilando sobre los restos de nuestra trivial arquitectura
contempornea? La historia cientfica se confunde y deja sin respuesta
todas estas cavilaciones. La historia emprica enferma de miopa, se
pierde en el detalle, pero no acierta a determinar un solo antecedente
LA RAZA CSMICA 5
de los tiempos histricos. Huye de las conclusiones generales, de las
hiptesis trascendentales, pero cae en la puerilidad de la descripcin de
los utensilios y de los ndices ceflicos y tantos otros pormenores,
meramente externos, que carecen de importancia si se les desliga de
una teora vasta y comprensiva.
Slo un salto del espritu, nutrido de datos, podr damos una
visin que nos levante por encima de la microideologa del especialista.
Sondeamos entonces en el conjunto de Jos sucesos para descubrir en
ellos una direccin, un ritmo y un propsito. Y justamente all donde
nada descubre el analista, el sintetizador y el creador se iluminan.
Ensayemos, pues, explicaciones, no con fantasa de novelista, pero
s con una intuicin que se apoya en los datos de la historia y la ciencia.
La raza que hemos convenido en llamar atlntida prosper y de-
cay en Amrica. Despus de un extraordinario florecimiento, tras de
cumplir su ciclo, terminada su misin particular, entr en silencio y fue
decayendo hasta quedar reducida a los menguados Imperios azteca e
inca, indignos totalmente de la antigua y superior cultura. Al decaer
los atlantes, la civilizacin intensa se traslad a otros sitios y cambi
de estirpes; deslumbr en Egipto; se ensanch en la India y en Grecia
injeriando en razas nuevas. El ario, mezclndose con los dravidios,
produjo el indostn, y a la vez, mediante otras mezclas, cre la cultura
helnica. En Grecia se funda el desarrollo de la civilizacin Occiden-
tal o europea, la civilizacin blanca, que al expandirse lleg hasta las
playas olvidadas del continente americano para consumar una obra de
recivilizacin y repoblacin. Tenemos entonces las cuatro etapas y los
cuatro troncos: el negro, el indio, el mogol y el blanco. Este ltimo,
despus de organizarse en Europa, se ha convertido en invasor del
mundo, y se ha credo llamado a predominar lo mismo que lo creyeron
las razas anteriores, cada una en la poca de su podero. Es claro que
el predominio del blanco ser tambin temporal, pero su misin es
diferente de la de sus predecesores; su misin es servir de puente.
El blanco ha puesto al mundo en situacin de que todos los tipos y
todas las culturas puedan fundirse. La civilizacin conquistada por Jos
blancos, organizada por nuestra poca, ha puesto las bases materiales
y morales para la unin de todos Jos hombres en una quinta raza
universal, fruto de las anteriores y superacin de todo lo pasado.
La cultura del blanco es emigradora; pero no fue Europa en con-
junto la encargada de iniciar la reincorporacin del mundo rojo a las
6 JOS VASCONCELOS
modalidades de la cultura preuniversal, representada, desde hace siglos,
por el blanco. La misin trascendental correspondi a las dos ms
audaces ramas de la familia europea; a los dos tipos humanos ms fuer-
tes y ms dismiles: el espaol y el ingls.
* * *
Desde los primeros tiempos, desde el descubrimiento y la conquis-
ta, fueron castellanos y britnicos, o latinos y sajones, para incluir por
una parte a los portugueses y por otra al holands, los que consumaron
la tarea de iniciar un nuevo periodo de la Historia conquistando y
poblando el hemisferio nuevo. Aunque ellos mismos solamente se hayan
sentido colonizadores, trasplantadores de cultura en realidad estable-
can las bases de una etapa de general y definitiva transformacin. Los
llamados latinos, poseedores de genio y de arrojo, se apoderaron de las
mejores regiones, de las que creyeron ms ricas, y los ingleses, enton-
ces, tuvieron que conformarse con lo que les dejaban gentes ms aptas
que ellos. Ni Espaa ni Portugal permitan que a sus dominios se
acercase el sajn, ya no digo para guenear, ni siquiera para tomar
parte en el comercio. El predominio latino fue indiscutible en los co-
mienzos. Nadie hubiera sospechado, en los tiempos del laudo papal que
dividi el Nuevo Mundo entre Portugal y Espaa, que unos siglos ms
tarde, ya no sera el Nuevo Mundo portugus ni espaol, sino ms bien
ingls. Nadie hubiera imaginado que los humildes colonos del Hudson
y el Delaware, pacficos y hacendosos, se iran apoderando paso a paso
de las mejores y mayores extensiones de la tierra, hasta formar la Re-
pblica que hoy constituye uno de los mayores imperios de la Historia.
Pugna de latinidad contra sajonismo ha llegado a ser, sigue siendo
nuestra poca, pugna de instituciones, de propsitos y de ideales. Crisis
de una lucha secular que se inicia con el desastre de la Armada Inven-
cible y se agrava con la derrota de Trafalgar. Slo que desde entonces
el sitio del conflicto comienza a desplazarse y se traslada al continente
nuevo, donde tuvo todava episodios fatales. Las derrotas de Santiago
de Cuba y de Cavite y Manila son ecos distantes pero lgicos de las
catstrofes de la Invencible y de Trafalgar. Y el conflicto est ahora
. planteado totalmente en el Nuevo Mundo .. En la Historia, los siglos
suelen ser como das; nada tiene de extrao que no acabemos todava
de salir de la impresin de la derrota. Atravesamos pocas de des-
LA RAZA CSMICA
7
aliento, seguimos perdiendo, no slo en soberana geogrfica, sino
tambin en podero moral. Lejos de sentimos unidos frente al desastre,
la voluntad se nos dispersa en pequeos y vanos fines. La derrota nos
ha trado la con.fusin de los valores y los conceptos; la diplomacia de
Jos vencedores nos engaa despus de vencemos; el comercio nos
conquista con sus pequeas ventajas. Despojados de la antigua gran-
deza, nos ufanamos de un patriotismo exclusivamente nacional, y ni
siquiera advertimos los peligros que amenazan a nuestra raza en con-
junto. Nos negamos los unos a los otros. La derrota nos ha envilecido
a tal punto, que, sin damos cuenta, servimos los fines de la poltica
enemiga, de batimos en detalle, de ofrecer ventajas particulares a cada
uno de nuestros hermanos, mientras al otro se le sacrifica en intereses
vitales. No slo nos derrotaron en el combate, ideolgicamente tambin
nos siguen venciendo. Se perdi la mayor de las batallas el da en que
cada una de las repblicas ibricas se lanz a hacer vida propia, vida
desligada de sus hermanos, concertando tratados y recibiendo benefi-
cios falsos, sin atender a los intereses comunes de la raza. Los crea-
dores de nuestro nacionalismo fueron, sin saberlo, los mejores aliados
del sajn, nuestro rival en la posesin del continente. El despliegue de
nuestras veinte banderas de la Unin Panamericana de Washington
deberamos verlo como una burla de enemigos hbiles. Sin embargo,
nos ufanamos, cada uno, de nuestro humilde trapo, que dice ilusin
vana, y ni siquiera nos ruboriza el hecho de nuestra discordia delante
de la furte unin norteamericana. No advertimos el contraste de la
unidad sajona frente a la anarqua y soledad de los escudos iberoame-
ricanos. Nos mantenemos celosamente independientes respecto de no-
sotros mismos; pero de una o de otramanera nos sometemos o nos
aliamos con la Unin sajona. Ni siquiera se ha podido lograr la unidad
nacional de los cinco pueblos centroamericanos, porque no ha querido
damos su venia un extrao, y porque nos falta el patriotismo verdadero
que sacrifique el presente al porvenir. Una carencia de pensamiento
creador y un exceso de afn crtico, que por cierto tomamos prestado
de otras culturas, nos lleva a discusiones estriles, en las que tan pronto
se niega como se afirma la comunidad de nuestras aspiraciones; pero .
no advertimos que a la hora de obrar, y pese a todas las dudas de los
sabios ingleses, el ingls busca la alianza de sus hermanos de Amrica
y de Australia, y entonces el yanqui se siente tan ingls como el ingls
en Inglaterra. Nosotros no seremos grandes mientras el espaol de la
,.;1
ji
8 JOS VASCONCELOS
Amrica no se sienta tan espaol como los hijos de Espaa. Lo cual
no impide que seamos distintos cada vez que sea necesario, pero sin
apartamos de la ms alta misin comn. As es menester que proce-
damos, si hemos de lograr que la cultura ibrica acabe de dar todos
sus frutos, si hemos de impedir que en la Amrica triunfe sin oposicin
la cultura sajona. Intil es imaginar otras soluciones. La civilizacin
no se improvisa ni se trunca, ni puede hacerse partir del papel de una
constitucin poltica; se deriva siempre de una larga, de una secular
preparacin y depuracin de elementos que se transmiten y se combi-
nan desde los comienzos de la Historia. Por eso resulta tan torpe hacer
comenzar nuestro patriotismo con el grito de independencia del padre
Hidalgo, o con la conspiracin de Quito; o con las hazaas de Bolvar,
pues si no lo arraigamos en Cuauhtmoc y en Atahualpa no tendr
sostn, y al mismo tiempo es necesario remontarlo a su fuente hisp-
nica y educarlo en las enseanzas que deberamos derivar de las derro-
tas, que son tambin nuestras, de las derrotas de la Invencible y de
Trafalgar. Si nuestro patriotismo no se identifica con las diversas
etapas del viejo conflicto de latinos y sajones, jamas lograremos que
sobrepase los caracteres de un regionalismo sin aliento universal y lo
veremos fatalmente degenerar en estrechez y miopa de campanario y
en inercia impotente de molusco que se apega a su roca.
Para no tener que renegar alguna vez de la patria misma es me-
nester que vivamos conforme al alto inters de la raza, aun cuando ste
no sea todava el ms alto inters de a Humanidad. Es claro que el
corazn slo se conforma con un internacionalismo cabal; pero en las
actuales circunstancias del mundo, el internacionalismo slo servira
para acabar de consumar el triunfo de las naciones ms fuertes; ser-
vira exclusivamente a Jos fines del ingls. Los mismos rusos, con sus
doscientos millones de poblacin, han tenido que aplazar su interna-
cionalismo terico, para dedicarse a apoyar nacionalidades oprimidas
como la India y Egipto. A la vez han reforzado su propio nacionalismo
para defenderse de una desintegracin que slo podra favorecer a los
grandes Estados imperialistas. Resultara, pues, infantil que pueblos
dbiles como los nuestros se pusieran a renegar de todo lo que les es
propio, en nombre de propsitos que no podran cristalizar en realidad.
El estado actual de la civilizacin nos impone todava el patriotismo
como una necesidad de defensa de intereses materiales y morales, pero
es indispensable que ese patriotismo persiga finalidades vastas y tras-
LA RAZA CSMICA 9
cendentales. Su misin se trunc en cierto sentido con la Independen-
cia, y ahora es menester devolverlo al cauce de su destino histrico
universal.
En Europa se decidi la primera etapa del profundo conflicto y nos
toc perder. Despus, as que todas las ventajas estaban de nuestra parte
en el Nuevo Mundo, ya que Espaa haba dominado la Amrica, la
estupidez napolenica fue causa de que la Luisiana se entregara a los
ingleses del otro lado del mar, a los yanquis, con lo que se decidi en
favor del sajn la suerte del Nuevo Mundo. El genio de la guerra, no
miraba ms all de las miserables disputas de fronteras entre los estaditos
de Europa y no se dio cuenta de que la causa de la latinidad, que l
pretenda representar, fracas el mismo da de la proclamacin del Imperio
por el solo hecho de que los destinos comunes quedaron confiados a un
incapaz. Por otra parte, el prejuicio europeo impidi ver que en Amrica
estaba ya planteado, con caracteres de universalidad, el conflicto que
Napolen no pudo ni concebir en toda su trascendencia. La tontera
napolenica no pudo sospechar que era en el Nuevo Mundo donde iba
a decidirse el destino de las razas de Europa, y al destruir de la manera
ms inconsciente el podero francs de la Amrica debilit tambin a
los espaoles; nos traicion, nos puso a merced del enemigo comn.
Sin Napolen no existiran los Estados Unidos como imperio mundial,
y la Luisiana, todava francesa, tendra que ser parte de la Confede-
racin Latinoamericana. Trafalgar entonces hubiese quedado burlado.
Nada de esto se pens siquiera, porque el destino de la raza estaba en
manos de un necio; porque el cesarismo es el azote de la raza latina.
La traicin de Napolen a los destinos mundiales de Francia hiri
tambin de muerte al Imperio espaol de Amrica en los instantes de
su mayor debilidad. Las gentes de habla inglesa se apoderan de la
. Luisiana sin combatir y reservando sus pertrechos para la ya fcil
conquista de Texas y California. Sin la base del Mississipi, los ingleses,
que se llaman asimismo yanquis por una simple riqueza de expresin,
no hubieran logrado aduearse del Pacfico, no seran hoy los amos del
continente, se habran quedado en una especie de Holanda trasplantada
a la Amrica, y el Nuevo Mundo sera espaol y francs. Bonaparte
lo hizo sajn.
Claro que no slo las causas externas, los tratados, la guerra y la
poltica resuelven el destino de los pueblos. Los Napoleones no son
ms que membrete de vanidades y corrupciones. La decadencia de las
10
JOS VASCONCELOS
costumbres, la prdida de las libertades pblicas y la ignorancia ge-
neral causan el efecto de paralizar la energa de toda una raza en
determinadas pocas.
Los espaoles fueron al Nuevo Mundo con el bro que les sobraba
despus del xito de la Reconquista. Los hombres libres que se llama-
ron Corts y Pizarra y Alvarado y Belalczar no eran csares ni la-
cayos, sino grandes capitanes que al mpetu destructivo adunaban el
genio creador. En seguida de la victoria trazaban el plano de las nuevas
ciudades y redactaban los estatutos de su fundacin. Ms tarde, a la
hora de las agrias disputas con la Metrpoli, saban devolver injuria
por injuria, como lo hizo uno de los Pizarras en un clebre juicio.
Todos ellos se sentan los iguales ante el rey, como se sinti el Cid,
como se sentan los grandes escritores del siglo de oro, como se sienten
en las grandes pocas todos los hombres libres.
Pero a medida que la conquista se consumaba, toda la nueva
organizacin iba quedando en manos de cortesanos y validos del
monarca. Hombres incapaces ya no digo de conquistar, ni siquiera de
defender lo que otros conquistaron con talento y arrojo. Palaciegos
degenerados, capaces de oprimir y humillar al nativo, pero sumisos al
poder real, ellos y sus amos no hicieron otra cosa que echar a perder
la obra del genio espaol en Amrica. La obra portentosa iniciada por
Jos frreos conquistadores y consumada por los sabios y abnegados
misioneros fue quedando anulada. Una serie de monarcas extranjeros,
tan justicieramente pintados por Velzquez y Goya, en compaa de
enanos, bufones y cortesanos, consumaron el desastre de la adminis-
tracin colonial. La mana de imitar al Imperio romano, que tanto dafo
ha causado lo mismo en Espaa que en Italia y en Francia; el mili-
tarismo y el absolutismo, trajeron la decadencia en la misma poca en
que nuestros rivales, fortalecidos por la virtud, crecan y se ensancha-
ban en libertad.
Junto con la fortaleza material se les desarroll el ingenio prctico,
la intuicin del xito. Los antiguos colonos de Nueva Inglaterra y de
Virginia se separaron de Inglaterra, pero slo para crecer mejor y
hacerse ms fue1ies. La separacin poltica nunca ha sido entre ellos
obstculo para que en el asunto de la comn misin tnica se manten-
gan unidos y acordes. La emancipacin, en vez de debilitar a la gran
raza, la bifurc, la multiplic, la desbord poderosa sobre el mundo;
, ..
LA RAZA CSMICA 11
desde el ncleo imponente de uno de los ms grandes Imperios que han
conocido los tiempos. Y ya desde entonces, lo que no conquista el
ingls en las Islas, se lo toma y lo guarda el ingls del nuevo continente.
En cambio, nosotros los espaoles, por la sangre, o por la cultura
a la hora de nuestra emancipacin comenzamos por renegar de nuestras
tradiciones; rompimos con el pasado y no falt quien renegara la sangre
diciendo que hubiera sido mejor que la conquista de nuestras regiones
la hubiesen consumado los ingleses. Palabras de traicin que se excusan
por el asco que engendra la tirana, y por la ceguedad que trae la derrota.
Pero perder por esta suerte el sentido histrico de una raza equivale a
un absurdo, es lo mismo que negar a los padres fuertes y sabios cuando
somos nosotros mismos, no ellos, los culpables de la decadencia.
De todas maneras las prdicas desespaolizantes y el inglesamiento
correlativo, hbilmente difundido por los mismos ingleses, pervirti
nuestros juicios desde el origen: nos hizo olvidar que en los agravios
de Trafalgar tambin tenemos parte. La injerencia de oficiales ingleses
en los Estados Mayores de los guerreros de la Independencia hubiera
acabado por deshonramos, si no fuese porque la vieja sangre altiva
reviva ante la injuria y castigaba a los piratas de Albin cada vez que
se acercaban con el propsito de consumar un despojo. La rebelda
ancestral supo responder a caonazos lo mismo en Buenos Aires que en
Veracruz, en La Habana, o en Campeche y Panam, cada vez que el
corsario ingls, disfrazado de pirata para eludir las responsabilidades
de un fracaso, atacaba, confiado en lograr, si venca, un puesto de
honor en la nobleza britnica.
A pesar de esta firme cohesin ante un enemigo invasor, nuestra
guerra de Independencia se vio amenguada por el provincialismo y por
la ausencia de planes trascendentales. La raza que haba soado con
el imperio del mundo, los supuestos descendientes de la gloria romana,
cayeron en la pueril satisfaccin de crear nacioncitas y soberanas de
principado, alentadas por almas que en cada cordillera vean un muro
y no una cspide. Glorias balcnicas soaron nuestros emancipadores,
con la ilustre excepcin de Bolvar, y Sucre y Petion el negro, y media
docena ms, a lo sumo. Pero los otros, obsesionados por el concepto
local y enredados en una confusa fraseologa seudo revolucionaria, slo
se ocuparon en empequeecer un conflicto que pudo haber sido el
principio del despertar de un continente. Dividir, despedazar el sueo
de un gran podero latino, tal pareca ser el propsito de ciertos prc-
12 JOS VASCONCELOS
ticos ignorantes que colaboraron en la Independencia, y dentro de ese
movimiento merecen puesto de honor; pero no supieron, no quisieron
ni escuchar las advertencias geniales de Bolvar.
Claro que en todo proceso social hay que tener en cuenta las
causas profundas, inevitables, que determinan un momento dado. Nuestra
geografia, por ejemplo, era y sigue siendo un obstculo de la unin;
pero si hemos de dominarlo, ser menester que antes pongamos en
orden al espritu, depurando las ideas y sealando orientaciones pre-
cisas. Mientras no logremos corregir los conceptos, no ser posible que
obremos sobre el medio fisico en tal forma que lo hagamos servir a
nuestro propsito.
En Mxico, por ejemplo, fuera de Mina, casi nadie pens en los
intereses del continente; peor aun, el patriotismo vernculo estuvo
enseando, durante un siglo, que triunfamos de Espaa gracias al valor
indomable de nuestros soldados, y casi ni se mencionan las Cortes de
Cdiz, ni el levantamiento contra Napolen, que electriz a la raza, ni
las victorias y martirios de los pueblos hermanos del continente. Este
pecado, comn a cada una de nuestras patrias, es resultado de pocas
en que la Historia se escribe para halagar a los dspotas. Entonces la
patriotera no se conforma con presentar a sus hroes como unidades
de un movimiento continental, y los presenta autnomos, sin darse
cuenta que al obrar de esta suerte los empequeece en vez de agran-
darlos.
Se explican tambin estas aberraciones porque el elemento indgena
no se haba fusionado, no se ha fusionado an en su totalidad, con la
sangre espaola; pero esta discordia es ms aparente que real. Hblese
al ms exaltado indianista de la conveniencia de adaptarnos a la lati-
nidad y no opondr el menor reparo; dgasele que nuestra cultura es
espaola y en seguida formular objeciones. Subsiste la huella de la
sangre vertida: huella maldita que no borran los siglos, pero que el
peligro comn debe anular. Y no hay otro recurso. Los mismos indios
.Puros estn espaolizados, estn latinizados, como est latinizado el
ambiente. Dgase lo que se quiera, los rojos, los ilustres atlantes de
quienes viene el indio, se durmieron hace millares de aos para no
despertar. En la Historia no hay retornos, porque toda ella es transfor-
macin y novedad. Ninguna raza vuelve; cada una plantea su misin,
la cumple y se va. Esta verdad rige lo mismo en los tiempos bblicos
que en los nuestros, todos los historiadores antiguos la han formulado.
LA RAZA CSMICA
13
Los das de los blancos puros, los vencedores de hoy, estn tan con-
tados como lo estuvieron los de sus antecesores. Al cumplir su destino
de mecanizar el mundo, ellos mismos han puesto, sin saberlo, las bases
de un periodo nuevo, el periodo de la fusin y la mezcla de todos los
pueblos. El indio no tiene otra puerta hacia el porvenir que la puerta
de la cultura moderna, ni otro camino que el camino ya desbrozado de
la civilizacin latina. Tambin el blanco tendr que deponer su orgullo,
y buscar progreso y redencin posterior en el alma de sus hern1anos
de las otras castas, y se confundir y se perfeccionar en cada una de
las variedades superiores de la especie, en cada una de las modalidades
que tornan mltiple la revelacin y ms poderoso el genio.
* * *
En el proceso de nuestra misin tnica, la guerra de emancipacin
de Espaa significa una crisis peligrosa. No quiero decir con esto que
la guerra no debi hacerse ni que no debi triunfar. En determinadas
pocas el fin trascendente tiene que quedar aplazado; la raza espera,
en tanto que la patria urge, y la patria es el presente inmediato e
indispensable. Era imposible seguir dependiendo de un cetro que de
tropiezo en tropiezo y de descalabro en bochorno haba ido bajando
hasta-caer en las manos sin honra de un Fernando VII. Se pudo haber
tratado en las Cortes de Cdiz para organizar una libre Federacin
Castellana; no se poda responder a la Monarqua sino batindole sus
enviados. En este punto la visin de Mina fue cabal: implantar la
libertad en el Nuevo Mundo y derrocar despus la Monarqua en Espaa.
Ya que la imbecilidad de la poca impidi que se cumpliera este genial
designio, procuremos al menos tenerlo presente. Reconozcamos que fue
una desgracia no haber procedido con la cohesin que demostraron los
del Norte; la raza prodigiosa, a la que solemos llenar de improperios,
slo porque nos ha ganado cada partida de la lucha secular. Ella triunfa
porque aduna sus capacidades prcticas con la visin clara de un gran
destino. Conserva presente la intuicin de una misin histrica defini-
da, en tanto que nosotros nos perdemos en el laberinto de quimeras
verbales. Parece que Dios mismo conduce los pasos del sajonismo, en
tanto que nosotros nos matamos por el dogma o nos proclamamos
ateos. Cmo deben de rer de nuestros desplantes y vanidades latinas
estos' fuertes constructores de imperios\ Ellos no tienen en la mente el
14
JOS VASCONCELOS
lastre ciceroniano de la fraseologa, ni en la sangre los instintos con-
tradictorios de la mezcla de razas dismiles; pero cometieron el pecado
de destruir esas razas, en tanto que nosotros las asimilamos, y esto
nos da derechos nuevos y esperanzas de una misin sin precedente
en la Historia.
De aqu que los tropiezos adversos no nos inclinen a claudicar;
vagamente sentimos que han de servimos para descubrir nuestra ruta.
Precisamente, en las diferencias encontramos el camino, si no ms
imitamos, perdemos; si descubrimos, si creamos, triunfaremos. La
ventaja de nuestra tradicin es que posee mayor facilidad de simpata
con los extraos. Esto implica que nuestra civilizacin, con todos sus
defectos, puede ser la elegida para asimilar y convertir a un nuevo tipo
a todos los hombres. En ella se prepara de esta suerte la trama, el
mltiple y rico plasma de la Humanidad futura. Comienza a advertirse
este mandato de la Historia en esa abundancia de amor que permiti
a los espaoles crear una raza nueva con el indio y con el negro;
prodigando la estirpe blanca a travs del soldado que engendraba familia
indgena y la cultura de Occidente por medio de la doctrina y el ejem-
plo de las misioneros que pusieron al indio en condiciones de penetrar
en la nueva etapa, la etapa del mundo Uno. La colonizacin espaola
cre mestizaje; esto seala su carcter, fija su responsabilidad y define
su porvenir. El ingls sigui cruzndose slo con el blanco, y extem1in
al indgena; lo sigue exterminando en la sorda lucha econmica ms
eficaz que la conquista armada. Esto prueba su limitacin y es el
indicio de su decadencia. Equivale, en grande, a los matrimonios
incestuosos de los Faraones, que minaron la virtud de aquella raza, y
contradice el fin ulterior de la Historia, que es lograr la fusin de los
pueblos y las culturas. Hacer un mundo ingls; extem1inar a los rojos,
para que en toda la Amrica se renueve el norte de Europa, hecho de
blancos puros, no es ms que repetir el proceso victorioso de una raza
vencedora. Ya esto lo hicieron los rojos; lo han hecho o lo han intentado
todas las razas fuertes y homogneas; pero eso no resuelve el problema
humano, para un objetivo tan menguado no se qued en reserva cinco
mil aos la Amrica. El objeto del continente nuevo y antiguo es mucho
ms importante. Su predestinacin obedece al designio de constituir la
cuna de una raza quinta en la que se fundirn todos los pueblos, para
reemplazar a las cuatro que aisladamente han venido forjando la His-
toria. En el suelo de Amrica hallar trmino la dispersin, all se
LA RAZA CSMICA 15
consumar la unidad por el triunfo del amor fecundo, y la superacin
de todas las estirpes.
Y se engendrar de tal suerte el tipo sntesis que ha de juntar los
tesoros de la Historia, para dar expresin al anhelo total del mundo.
Los pueblos llamados latinos, por haber sido ms fieles a su misin
divina de Amrica, son los llamados a consumarla. Y tal fidelidad al
oculto designio es la garanta de nuestro triunfo.
En el mismo periodo catico de la Independencia, que tantas cen-
suras merece, se advierten, sin embargo, vislumbres de ese afn de uni-
versalidad que ya anuncia el. deseo de fundir lo humano en un tipo
universal y sinttico. Desde luego, Bolvar, en parte porque se dio
cuenta del peligro en que caamos, repartidos en nacionalidades aisla-
das, y tambin por su don de profeca, formul aquel plan de federa-
cin iberoamericana que ciertos necios todava hoy discuten.
Y si los dems caudillos de la independencia latinoamericana, en
general, no tuvieron un concepto claro del futuro, si es verdad que,
llevados del provincialismo, que hoy llamamos patriotismo, o de la
limitacin, que hoy se titula soberana nacional, cada uno se preocup
no ms que de la suerte inmediata de su propio pueblo, tambin es sor-
prendente observar que casi todos se sintieron animados de un senti-
miento humano universal que coincide con el destino que hoy asigna-
mos al continente iberoamericano. Hidalgo, Morelos, Bolvar, Petion el
haitiano, los argentinos en Tucumn, Sucre, todos se preocuparon de
libertar a Jos esclavos, de declarar la igualdad de todos Jos hombres
por derecho natural; la igualdad social y cvica de los blancos, negros
e indios. En un instante de crisis histrica, formularon la misin tras-
cendental asignada a aquella zona del globo: misin de fundir tnica
y espiritualmente a las gentes.
De tal suerte se hizo en el bando latino Jo que nadie ni pens hacer
en el continente sajn. All sigui imperando la tesis contraria el pro-
psito confesado o tcito de limpiar la tierra de indios, mogoles y
negros, para mayor gloria y ventura del blanco. En realidad, desde
aquella poca quedaron bien definidos los sistemas que, perdurando
hasta la fecha, colocan en campos sociolgicos opuestos a las dos
civilizaciones: la que quiere el predominio exclusivo del blanco, y la
que est fom1ando una raza nueva, raza de sntesis, que aspira a en-
globar y expresar todo lo humano en maneras de constante superacin.
Si fuese menester aducir pruebas, bastara observar la mezcla creciente
16
JOS VASCONCELOS
y espontnea que en todo el continente latino se opera entre todos los
pueblos, y por la otra parte, la lnea inflexible que separa al negro del
blanco en los Estados Unidos, y las leyes, cada vez ms rigurosas, para
la exclusin de los japoneses y chinos de California.
Los llamados latinos, tal vez porque desde un principio no son
propiamente tales latinos, sino un conglomerado de tipos y razas, per-
sisten en no tomar muy en cuenta el factor tnico para sus relacio-
nes sexuales. Sean cuales fueren las opiniones que a este respecto se
emitan, y aun la repugnancia que el prejuicio nos causa, lo cierto es
que se ha producido y se sigue consumando la mezcla de sangres.
Y es en esta fusin de estirpes donde debemos buscar el rastro funda-
mental de la idiosincrasia iberoamericana. Ocurrir algunas veces, y ha
ocunido ya, en efecto, que la competencia econmica nos obligue a
cerrar nuestras puertas, tal como lo hace el sajn a una desmedida
irrupcin de orientales. Pero al proceder de esta suerte, nosotros no
obedecemos ms que a razones de orden econmico; reconocemos que
no es justo que pueblos como el chino, que bajo el santo consejo de
la moral confuciana se multiplican como los ratones, vengan a degra-
dar la condicin humana, justamente en los instantes en que comenza-
mos a comprender que la inteligencia sirve para refrenar y regular
bajos instintos zoolgicos, contrarios a un concepto verdaderamente
religioso de la vida. Si los rechazamos es porque el hombre, a medida
que progresa, se multiplica menos y siente el honor del nmero, por
lo mismo que ha llegado a estimar la calidad. En los Estados Unidos
rechazan a los asiticos, por el mismo temor del desbordamiento fsico
propio de las especies superiores; pero tambin lo hacen porque no les
simpatiza el asitico, porque lo desdean y seran incapaces de cruzar-
se con l. Las seoritas de San Francisco se han negado a bailar con
oficiales de la marina japonesa, que son hombres tan aseados, inteli-
gentes y, a su manera, tan bellos, como los de cualquiera otra marina
del mundo. Sin embargo, ellas jams comprendern que un japons
pueda ser bello. Tampoco es fcil convencer al sajn de que si el ama-
rillo y el negro tienen su tufo, tambin el blanco lo tiene para el
extrao, aunque nosotros no nos demos cuenta de ello. En la Amrica
Latina existe, pero infinitamente ms atenuada, la repulsin de una
sangre que se encuentra con otra sangre extraa. All hay mil puentes
para la fusin sincera y cordial de todas las razas. El amurallamiento
tnico de los del Norte frente a la simpata mucho ms fcil de los del
LA RAZA CSMICA 17
Sur, tal es el dato ms importante y a la vez el ms favorable para
nosotros, si se reflexiona, aunque sea superficialmente, en el porvenir.
Pues se ver en seguida que somos nosotros de maana, en tanto que
ellos van siendo de ayer. Acabarn de formar los yanquis el ltimo gran
imperio de una sola raza: el imperio final del podero blanco. Entre
tanto, nosotros seguiremos padeciendo en el vasto caos de una estirpe
en fom1acin, contagiados de la le_vadura de todos los tipos, pero seguros
del avatar de una estirpe mejor. En la Amrica espaola ya no repetir
la Naturaleza uno de sus ensayos parciales, ya no ser la raza de un
solo color, de rasgos particulares, la que en esta vez salga de la olvi-
dada Atlntida; no ser la futura ni una quinta ni una sexta raza,
destinada a prevalecer sobre sus antecesoras; lo que de all va a salir
es la raza definitiva, la raza sntesis o raza integral, hecha con el genio
y con la sangre de .todos los pueblos y, por lo mismo, ms capaz de
verdadera fratemidad y de visin realmente universal.
Para acercarnos a este propsito sublime es preciso ir creando,
como si dijramos, el tejido celular que ha de servir de carne y sostn
a la nueva aparicin biolgica. Y a fin de crear ese tejido proteico,
maleable, profundo, etreo y esencial, ser menester que la raza ibe-
roamericana se penetre de su misin y la abrace como un misticismo.
Quiz no haya nada intil en los procesos de la Historia; nuestro
mismo aislamiento material y el enor de crear naciones nos ha servido,
junto con la mezcla original de la sangre, para no caer en la limitacin
sajona de constituir castas de raza pura. La Historia demuestra que
estas selecciones prolongadas y rigurosas dan tipos de refinamiento
fsico, curiosos, pero sin vigor; bellos con una extraa belleza, como
la de la casta brahmnica milenaria, pero a la postre decadentes.
Jams se ha visto que aventajen a los otros hombres ni en talento, ni
en bondad, ni en vigor. El camino que hemos iniciado nosotros es
mucho ms atrevido, rompe los prejuicios antiguos, y casi no se ex-
plicara, si no se fundase en una suerte de clamor que llega de una
lejana remota, que no es la del pasado, sino la misteriosa lejana de
donde vienen los presagios del porvenir.
Si la Amrica Latina fuese no ms otra Espaa, en el mismo grado
que los Estados Unidos son otra Inglaterra, entonces la vieja lucha de
las dos estirpes no hara otra cosa que repetir sus episodios en la tierra
ms vasta, y uno de los dos rivales acabara por imponerse y llegara
a prevalecer. Pero no es sta la ley natural de los choques, ni en la
18 JOSt VASCONCELOS
mecnica ni en la vida. La oposicin y la lucha, particularmente cuan-
do ellas se trasladan al campo del espritu, sirven para definir mejor
Jos contrarios, para llevar a cada uno a la cspide de su destino, y, a
la postre, para sumarlos en una comn y victoriosa superacin.
La misin del sajn se ha cumplido ms pronto que la nuestra, porque
era ms inmediata y ya conocida en la Historia; para cumplirla no haba
ms que seguir el ejemplo ele otros pueblos victoriosos. Meros continua-
dores ele Europa, en la regin del continente que ellos ocuparon, los valores
del blanco llegaron al cenit. He ah por qu la historia de Nmteam-
rica es como un ininterrumpido y vigoroso allegro de marcha triunfal.
Cun distintos los sones de la formacin iberoamericana! Semejan
el profundo scherzo de una sinfona infinita y honda: voces que traen
acentos de la Atlntida; abismos contenidos en la pupila del hombre
rojo, que supo tanto, hace tantos miles de aos, y ahora parece que se
ha olvidado ele tocio. Se parece su alma al viejo cenote maya, de aguas
verdes, profundas, inmviles, en el centro del bosque, desde hace tantos
siglos que ya ni su leyenda perdura. Y se remueve esta quietud de
infinito con la gota que en nuestra sangre pone el negro, vido de dicha
sensual, ebrio de danzas y desenfrenadas lujurias. Asoma tambin el
mogol con el misterio ele su ojo oblicuo, que toda cosa la m.ira con-
forme a un ngulo extrao, que descubre no s qu pliegues y dimen-
siones nuevas. Interviene asimismo la mente clara del blanco, parecida
a su tez y a su ensueo. Se revelan estras judaicas que se escondieron
en la sangre castellana desde los das de la cruel expulsin; melancolas
del rabe, que son un dejo de la enfermiza sensualidad musulmana;
quin no tiene algo de todo esto o no desea tenerlo todo? He ah al
hind, que tambin llegar, que ha llegado ya por el espritu, y aunque
es el ltimo en venir parece el ms prximo par-iente. Tantos que han
venido y otros ms que vendrn, y as se nos ha de ir haciendo un
corazn sensible y ancho que todo lo abarca y contiene, y se conmueve;
pero henchido de vigor, impone leyes nuevas al mundo. Y presentimos
como otra cabeza, que dispondr de todos los ngulos, para cumplir
el prodigio de superar a la esfera.
II
Despus de examinar las potencialidades remotas y prximas de la
raza mixta que habita el continente iberoamericano y el destino que
LA RAZA CSMfCA 19
la lleva a convertirse en la primera raza sntesis del globo, se hace
necesario investigar si el medio fisico en que se desarrolla dicha estirpe
corresponde a los fines que le marca su bitica. La extensin de que
ya dispone es enorme; no hay, desde luego, problema ele superficie.
La circunstancia de que sus costas no tienen muchos puertos de pri-
mera clase, casi no tiene importancia, dados los adelantos crecientes
de la ingeniera. En cambio, lo que es fundamental abunda en cantidad
superior, sin duda, a cualquiera otra regin de la tierra; recursos na-
turales, superficie cultivable y frtil, agua y clima. Sobre este ltimo
factor se adelantar, desde luego, una objecin: el clima, se dir, es
adverso a la nueva raza, porque la mayor parte de las tierras dispo-
nibles est situada en la regin ms clida del globo. Sin embargo, tal
es, precisamente, la ventaja y el secreto de su futuro. Las grandes
civilizaciones se iniciaron entre trpicos y la civilizacin final volver
al trpico. La nueva raza comenzar a cumplir su destino a medida que
se inventen los nuevos medios de combatir el calor en lo que tiene de
hostil para el hombre, pero dejndole todo su podero benfico para la
produccin de la vida. El triunfo del blanco se inici con la conquista
de la nieve y del fro. La base de la civilizacin blanca es el combusti-
ble. Sirvi primeramente de proteccin en los largos inviernos; despus
se advirti que tena una fuerza capaz ele ser utilizada no slo en el
abrigo sino tambin en el trabajo; entonces naci el motor, y de esta suer-
te, del fogn y de la estufa procede todo el maquinismo que est
transformando al mundo. Una invencin semejante hubiera sido impo-
sible en el clido Egipto, y en efecto no ocurri all, a pesar de que
aquella raza superaba infinitamente en capacidad intelectual a la raza
inglesa. Para comprobar esta ltima afirmacin basta comparar la
metafsica sublime del Libro de los Muertos de los sacerdotes egipcios,
con las chabacaneras del darwinismo spenceriano. El abismo que separa
a Spencer de Hermes Trimegisto no lo franquea el dolicocfalo rubio
ni en otros mil aos de adiestramiento y seleccin.
En cambio, el barco ingls, esa mquina maravillosa que procede
de los tiriteos del Norte, no la soaron siquiera los egipcios. La lucha
ruda contra el medio oblig al blanco a dedicar sus aptitudes a la
conquista de la naturaleza temporal, y esto precisamente constituye el
aporte del blanco a la civilizacin del futuro. El blanco ense el domi-
nio de lo material. La ciencia de los blancos invertir alguna vez los
mtodos que emple para alcanzar el dominio del fuego y aprovechar
20 JOSt VASCONCELOS
nieves condensadas o corrientes de electroquimia, o gases casi de magia
sutil, para destruir moscas y alimaas, para disipar el bochorno y la
fiebre. Entonces la Humanidad entera se derramar sobre el trpico, y
en la inmensidad solemne de sus paisajes, las almas conquistarn la
plenitud.
Los blancos intentarn, al principio, aprovechar sus inventos en
beneficio propio, pero como la ciencia ya no es esotrica, no ser fcil
que lo logren; los absorber la avalancha de todos los dems pueblos,
y finalmente, deponiendo su orgullo, entrarn con los dems a compo-
ner la nueva raza sntesis, la quinta raza futura.
La conquista del trpico transfom1ar todos los aspectos de la vida;
la arquitectura abandonar la ojiva, la bveda, y en general, la techum-
bre, qlle responde a la necesidad de buscar abrigo; se desarrollar otra
vez la pirmide; se levantarn columnatas en intiles alardes de belleza,
y quiz construcciones en caracol, porque la nueva esttica tratar de
amoldarse a la curva sin fin de la espiral, que representa el anhelo
libre; el triunfo del ser en la conquista del infinito. El paisaje pleno
de colores y ritmos comunicar su riqueza a la emocin; la realidad
ser como la fantasa. La esttica de los nublados y de los grises se ver
como un arte enfermizo del pasado. Una civilizacin refinada e intensa
responder a los esplendores de una Naturaleza henchida de potencias,
generosa de hbito, luciente de claridades. El panorama de Ro de Janeiro
actual o de Santos con la ciudad y su baha nos pueden dar una idea
de lo que ser ese emporio futuro de la raza cabal, que est por venir.
Supuesta, pues, la conquista del trpico por medio de los recursos
cientficos, resulta que vendr un periodo en el cual la Humanidad
entera se establecer en las regiones clidas del planeta. La tiena de
promisin estar entonces en la zona que hoy comprende el Brasil
entero, ms Colombia, Venezuela, Ecuador, parte de Per, parte de
Bolivia y la regin superior de la Argentina.
Existe el peligro de que la ciencia se adelante al proceso tnico,
de suerte que la invasin del trpico ocurra antes que la quinta raza
acabe de formarse. Si as sucede, por la posesin del Amazonas se
librarn batallas que decidirn el destino del mundo y la suerte de la
raza definitiva. Si el Amazonas lo dominan los ingleses de las islas o
del continente, que son ambos campeones del blanco puro, la aparicin
de la quinta raza quedar vencida. Pero tal desenlace resultara absur-
do; la Historia no tuerce sus caminos; los mismos ingleses, en el nuevo
LA RAZA CSMICA 21
clima, se tomaran maleables, se volveran mestizos, pero con ellos el
proceso de integracin y de superacin sera ms lento. Conviene, pues,
que el Amazonas sea brasileo, sea ibrico, junto con el Orinoco y el
Magdalena. Con los' recursos de semejante zona, la ms rica del globo
en tesoros de todo gnero, la raza sntesis podr consolidar su cultura.
El mundo futuro ser de quien conquiste la regin amaznica. Cerca
del gran ro se levantar Universpolis y de all saldrn las predicaciones,
las escuadras y los aviones de propaganda de buenas nuevas. Si el
Amazonas se hiciese ingls, la metrpoli del mundo ya no se llamara
Universpolis, sino Anglotown, y las armadas guerreras saldran de all
para imponer en los otros continentes la ley severa del predominio del
blanco de cabellos rubios y el exterminio de sus rivales oscuros.
En cambio, si la quinta. raza se aduea del eje del mundo futuro,
entonces aviones y ejrcitos irn por todo el planeta, educando a las
gentes para su ingreso a la sabidura. La vida fundada en el amor
llegar a expresarse en formas de belleza.
Naturalmente, la quinta raza no pretender excluir a los blancos
como no se propone excluir a ninguno de los dems pueblos; precisa-
mente, la norma de su formacin es el aprovechamiento de todas las
capacidades para mayor integracin de poder. No es la guerra contra
el blanco nuestra mira, pero s una guerra contra toda clase de pre-
dominio violento, lo mismo el del blanco que en su caso el del amarillo,
si el Japn llegare a convertirse en amenaza continental. Por lo que
hace al blanco y a su cultura la quinta raza cuenta ya con ellos y
todava espera beneficios de su genio. La Amrica Latina debe lo que
es al europeo blanco y no va a renegar de l; al mismo norteamericano
le debe gran parte de sus ferrocarriles, y puentes y empresas, y de igual
suerte necesita de todas las otras razas. Sin embargo, aceptamos los
ideales superiores del blanco, pero no su arrogancia; queremos brin-
darle, lo mismo que a todas las gentes, una patria libre, en la que
encuentre hogar y refugio, pero no una prolongacin de sus conquistas.
Los mismos blancos, descontentos del materialismo y de la injusticia
social en que ha cado su raza, la cuarta raza, vendrn a nosotros para
ayudar en la conquista de la libertad.
Quizs entre todos los caracteres de la quinta raza predominen los
caracteres del blanco, pero tal supremaca debe ser fruto de eleccin
libre del gusto y, no resultado de la violencia o de la presin econ-
mica. Los caracteres superiores de la cultura y de la naturaleza tendrn
22 JOS VASCONCELOS
que triunfar, pero ese triunfo slo ser fnne si se funda en la acep-
tacin voluntaria de la conciencia y en la eleccin libre de la fantasa.
Hasta la fecha, la vida ha recibido su carcter de las potencias bajas
del hombre; la quinta raza ser el fruto de las potencias superiores.
La quinta raza no excluye, acapara vida; por eso la exclusin del
yanqui como la exclusin ele cualquier otro tipo humano equivaldra a
una mutilacin anticipada, ms funesta aun que un corte posterior.
Si no queremos excluir ni a las razas que pudieran ser consideradas
como inferiores, mucho menos cuerdo sera apartar de nuestra empresa
a una raza llena de empuje y ele firmes virtudes sociales.
Expuesta ya la teora de la formacin de la raza futura iberoame-
ricana y la manera como podr aprovechar el medio en que vive, resta
slo considerar el tercer factor de la transformacin que se verifica en
el nuevo continente; el factor espiritual que ha ele dirigir y consumar
la extraordinaria empresa. Se pensar, tal vez, que la fusin ele las
distintas razas contemporneas en una nueva que complete y supere a
todas, va a ser un proceso repugnante ele anrquico hibridismo, delante
del cual, la prctica inglesa de celebrar matrimonios slo dentro ele la
propia estirpe se ver como un ideal ele refinamiento y ele pureza. Los
arios primitivos del lnclostn ensayaron precisamente este sistema in-
gls, para defenderse de la mezcla con las razas ele color, pero como
esas razas oscuras posean una sabidura necesaria para completar la
ele los invasores rubios, la verdadera cultura indostnica no se produjo
sino despus ele que los siglos consumaron la mezcla, a pesar de todas
las prohibiciones escritas. Y la mezcla fatal fue til, no slo por ra-
zones de cultural sino porque el mismo individuo fsico necesita reno-
varse en sus semejantes. Los norteamericanos se sostienen muy firmes
en su resoluc.in de mantener pura su estirpe, pero eso depende de que
tienen delante al negro, que es como el otro polo, como el contrario
ele los elementos que pueden mezclarse. En el mundo iberoamericano,
el problema no se presenta con caracteres tan crudos; tenemos poqu-
simos negros y la mayor parte de ellos se han ido transformando ya
en poblaciones mulatas. El indio es buen puente de mestizaje. Adems,
el clima clido es propicio al trato y reunin de todas las gentes. Por
otra parte, y esto es fundamental, el cruce de las distintas razas no va
a obedecer a razones de simple proximidad, como suceda al principio,
cuando el colono blanco tomaba mujer indgena o negra porque no
haba otra a mano. En lo sucesivo, a medida que las condiciones so-
LA RAZA CSMICA 23
ciales mejoren, el cruce de sangre ser cada vez ms espontneo, a tal
punto que no estar ya sujeto a la necesidad, sino al gusto; en ltimo
caso a la curiosidad. El motivo espiritual se ir sobreponiendo de esta
suerte a las contingencias de lo fisico. Por motivo espiritual ha ele
entenderse, ms bien que la reflexin, el gusto que dirige el misterio
de la eleccin ele una persona entre una multitud.
III
Dicha ley del gusto, como norma de las relaciones humanas, la
hemos enunciado en diversas ocasiones con el nombre de la ley de los
tres estados sociales, definidos, no a la manera comtiana, sino con una
comprensin ms vasta. Los tres estados que esta ley seala son: el
material o guerrero, el intelectual o poltico y el espiritual o esttico.
Los tres estados representan un proceso que gradualmente nos va li-
bertando del imperio de la necesidad, y poco a poco va sometiendo la
vida entera a las normas superiores del sentimiento y de la fantasa.
En el primer estado manda slo la materia; los pueblos, al encontrarse,
combaten o se juntan sin ms ley que la violencia y el podero relativo.
Se exterminan unas veces o celebran acuerdos atendiendo a la conve-
niencia o a la necesidad. As viven la horda y la tribu de todas las
razas. En semejante situacin la mezcla de sangres se ha impuesto
tambin por la fuerza material, nico elemento de cohesin de un grupo.
No puede haber eleccin donde el fuerte toma o rechaza, conforme a
su capricho, la hembra sometida.
Por supuesto que ya desde ese periodo late en el fondo de las
relaciones humanas el instinto de simpata que atrae o repele confom1e
a ese misterio que llamamos el gusto, misterio que es la secreta razn
de toda esttica; pero la sugestin del gusto no constituye el mvil
predominante del primer periodo, como no lo es tampoco del segundo,
sometido a la inflexible norma de la razn. Tambin la razn est
contenida en el primer periodo, como origen de conducta y de accin
humana, pero es una razn dbil, como el gusto oprimido; no es ella
quien decide, sino la fuerza, y a esa fuerza, comnmente brutal, se
somete el juicio, convertido en esclavo de la voluntad primitiva. Co-
rrompido as el juicio en astucia, se envilece para servir la injusticia.
En el primer periodo no es posible trabajar por la fusin cordial de las
razas, tanto porque la misma ley de la violencia a que est sometido
24 JOS VASCONCELOS
excluye las posibilidades de cohesin espontnea, cuanto porque ni
siquiera las condiciones geogrficas permitan la comunicacin cons-
tante de todos los pueblos del planeta.
En el segundo periodo tiende a prevalecer la razn que artificio-
samente aprovecha las ventajas conquistadas por la fuerza y corrige
sus errores. Las fronteras se definen en tratados y las costumbres se
organizan conforme a las leyes derivadas de las conveniencias recprocas
y la lgica: el romanismo es el ms acabado modelo de este sistema
social racional, aunque, en realidad, comenz antes de Roma y se
prolonga todava en esta poca de las nacionalidades. En este rgimen,
la mezcla de las razas obedece, en parte, al capricho de un instinto libre
que se ejerce por debajo de los rigores de la norma social, y obedece
especialmente a las conveniencias ticas o polticas del momento.
En nombre de la moral, por ejemplo, se imponen ligas matrimoniales
difciles de romper, entre personas que no se aman; en nombre de lapo-
ltica se restringen libertades interiores y exteriores; en nombre de la
religin, que debiera ser la inspiracin sublime, se imponen dogmas y
tiranas; pero cada caso se justifica con el dictado de la razn, recono-
cido como supremo de los asuntos humanos. Proceden tambin confor-
me a lgica superficial y a saber equvoco, quienes condenan la mezcla
de razas, en nombre de una eugnica que, por fundarse en datos cient-
ficos incompletos y falsos, no ha podido dar resultados vlidos. La ca-
racterstica de este segundo periodo es la fe en la frmula, por eso en
todos sentidos no hace otra cosa que dar norma a la inteligencia, lmites
a la accin, fronteras a la patria y frenos al sentimiento. Regla, norma
y tirana, tal es la ley del segundo periodo en que estamos presos, y
del cual es menester salir.
En el tercer periodo, cuyo advenimiento se anuncia ya en mil formas,
la orientacin de la conducta no se buscar en la pobre razn, que
explica pero no descubre; se bucar en el sentimiento creador y en la
belleza que convence. Las normas las dar la facultad suprema, la fan-
tasa; es decir, se vivir sin norma, en un estado en que todo cuanto
nace del sentimiento es un acierto. En vez de reglas, inspiracin cons-
tante. Y no se buscar el mrito de una accin en su resultado inme- 'f
diato y palpable, como ocurre en el primer periodo; ni tampoco se
a se a de pura; el mismo
Imperativo etJco sera sobrepuJado y mas alla del b1en y del mal, en el . [
mundo del pathos esttico, slo importar que el acto, por ser bello,
t
LA RAZA CSMICA
25
produzca dicha. Hacer nuestro antojo, no nuestro deber; seguir el sendero
del gusto, no el del apetito ni el del silogismo; vivir el jbilo fundado
en amor, sa es la tercera etapa.
Desgraciadamente somos tan imperfectos, que para lograr seme-
jante vida de dioses, ser menester que pasemos antes por todos los ca-
minos, por el camino del deber, donde se depuran y superan los apetitos
bajos, por el camino de la ilusin, que estimuia las aspiraciones ms
altas. Vendr enseguida la pasin que redime de la baja sensualidad.
Vivir en pathos, sentir por todo una emocin tan intensa, que el
movimiento de las cosas adopte ritmos de dicha, he ah un rasgo del
tercer periodo. A l se llega soltando el anhelo divino para que alcance,
sin puentes de moral y de lgica, de un solo gil salto, las zonas de
revelacin. Don artstico es esa intuicin inmediata que brinca sobre
la cadena de los sorites, y por ser pasin, supera desde el principio el
deber, y lo reemplaza con el amor exaltado. Deber y lgica, ya se
entiende que uno y otro son andamios y mecnica de la construccin;
pero el alma de la arquitectura es ritmo que trasciende el mecanismo,
y no conoce ms ley que el misterio de la belleza divina.
Qu papel desempea en este proceso, ese nervio de los destinos
humanos, la voluntad que esta cuarta raza lleg a deificar en el instante
de. embriaguez de su triunfo? La voluntad es fuerza, la fuerza ciega que
corre tras de fines confusos; en el primer periodo la dirige el apetito,
que se sirve de ella para todos sus caprichos; prende despus su luz
la razn, y la voluntad se refrena en el deber, y se da formas en el
pensamiento lgico. En el tercer periodo, la voluntad se hace libre,
sobrepuja lo finito, y estalla y se anega en una especie de realidad
infinita; se llena de rumores y de propsitos remotos; no le basta la
lgica y se pone las alas de la fantasa; se hunde en lo ms profundo
y vislumbra lo ms alto; se ensancha en la armona y asciende en el
misterio creador de la meloda; se satisface y se disuelve en la emocin
y se confunde con la alegra del Universo: se hace pasin de belleza.
Si reconocemos que la Humanidad gradualmente se acerca al tercer
periodo de su destino, comprenderemos que la obra de fusin de las
razas se va a verificar en el continente iberoamericano, conforme a una
ley derivada del goce de las funciones ms altas. Las leyes de la
emocin, la belleza y la alegra regirn la eleccin de parejas, con un
resultado infinitamente superior al de esa eugnica fundada en la razn
cientfica, que nunca mira ms que la porcin menos importante del
26 JOS VASCONCELOS
suceso amoroso. Por encima de la eugnica cientfica prevalecer la
eugnica misteriosa del gusto esttico. Donde manda la pasin ilumi-
nada no es menester ningn correctivo. Los muy feos no procrearn,
no desearn procrear, que importa entonces que todas las razas se
mezclen si la fealdad no encontrar cuna? La pobreza, la educacin
defectuosa, la escasez de tipos bellos, la miseria que vuelve a la gente
fea, todas estas calamidades desaparecern del estado social futuro.
Se ver entonces repugnante, parecer un crimen el hecho hoy cotidia-
no de que una pareja mediocre se ufane de haber multiplicado miseria.
El matrimonio dejar de ser consuelo de desventuras, que no hay por
qu perpetuar, y se convertir en una obra de arte.
Tan pronto como la educacin y el bienestar se difundan, ya no
habr peligro de que se mezclen los ms opuestos tipos. Las uniones
se efectuarn conforme a la ley singular del tercer periodo, la ley de
simpata, refinada por el sentido de la belleza. Una simpata verdadera
y no la falsa que hoy nos imponen la necesidad y la ignorancia. Las
uniones sinceramente apasionadas y fcilmente deshechas en caso de
error, producirn vstagos despejados y hermosos. La especie entera
cambiar de tipo fsico y de temperamento, prevalecern los instintos
superiores, y perdurarn, como en sntesis feliz, los elementos ele her-
mosura, que hoy estn repartidos en los distintos pueblos.
Actualmente, en parte por hipocresa y en pmie porque las uniones
se verifican entre personas miserables dentro de un medio desventu-
rado, vemos con profundo horror el casamiento de una negra con un
blanco; no sentiramos repugnancia alguna si se tratara del enlace de
un A polo negro con una Venus rubia, lo que prueba que todo lo san-
tifica la belleza. En cambio, es repugnante mirar esas parejas de ca-
sados que salen a diario ele los juzgados o los templos, feas en una
proporcin, ms o menos, del noventa por ciento de los contrayentes.
El mundo est as lleno ele fealdad a causa de nuestros vicios, nuestros
prejuicios y nuestra miseria. La procreacin por amor es ya un buen
antecedente ele progenie lozana; pero hace falta que el amor sea en s
mismo una obra de arte, y no un recurso de desesperados. Si lo que
se va a transmitir es estupidez, entonces lo que Jiga a los padres no
es amor, sino instinto oprobioso y ru-in.
Una mezcla de razas consumada de acuerdo con las leyes de la
comodidad social, la simpata y la belleza, conducir a la formacin
de LIIl tipo inlinitanH.:ntc superior a todos los que han existido. El cruce
LA RAZA CSMICA
27
de contrarios conforme a la ley mendeliana de la herencia, producir
variaciones discontinuas y sumamente complejas, como son mltiples
y diversos Jos elementos de la cruza humana. Pero esto mismo es
garanta de las po'sibilidades sin lmites que un instito bien orientado
ofrece para la perfeccin gradual de la especie. Si hasta hoy no ha
mejorado gran cosa, es porque ha vivido en condiciones de aglomera-
cin y de miseria en las que no ha sido posible que funcione el instinto
libre de la belleza; la reproduccin se ha hecho a la manera de las
bestias, sin lmite de cantidad y sin aspiracin de mejoramiento. No ha
intervenido en ella el espritu, sino el apetito, que se satisface como
puede. As es que no estamos en condiciones ni de imaginar las mo-
dalidades y los efectos de una serie de cruzamientos verdaderamente
inspirados. Uniones fundadas en la capacidad y la belleza de los tipos,
tendran que producir un gran nmero de individuos dotados con las
cualidades dominantes. Eligiendo en seguida, no con la reflexin, sino
con el gusto, las cualidades que deseamos hacer predominar, los tipos
de seleccin se irn multiplicando, a medida que los recesivos tendern
a desaparecer. Los vstagos recesivos ya no se uniran entre s,
sino a su vez iran en busca de mejoramiento rpido, o extinguiran
voluntariamente todo deseo de reproduccin fsica. La conciencia mis-
ma de la especie ir desarrollando un mendelismo astuto, as que se vea
libre del apremio fsico, de la ignorancia y la miseria, y de esta suerte,
en muy pocas generaciones desaparecern las monstruosidades; lo que
hoy es normal llegar a aparecer abominable. Los tipos bajos de la
especie sern absorbidos por el tipo superior. De esta suerte podra
redimirse, por ejemplo, el negro, y poco a poco, por extincin volun-
taria, las estirpes ms feas irn cediendo el paso a las ms hermosas.
Las razas inferiores, al educarse, se haran menos prolficas, y los
mejores especmenes irn ascendiendo en una escala de mejoramiento
tnico, cuyo tipo mximo no es precisamente el blanco, sino esa nueva
raza, p la que el mismo blanco tendr que aspirar con el objeto de
conquistar la sntesis. El indio, por medio del injerto en la raza atln,
dara el salto de los millares de aos que median de la Atlntida a
nuestra poca, y en unas cuantas dcadas de eugenesia esttica podra
desaparecer el negro junto con los tipos que el libre instinto de hermo-
sura vaya sealando como fundamentalmente recesivos e indignos, por
lo mismo, de perpetuacin. Se operara en esta forma una seleccin
por el gusto, mucho ms eficaz que la brutal seleccin darwiniana, que
28
JOS VASCONCELOS
slo es vlida, si acaso, para las especies inferiores, pero ya no para
el hombre.
Ninguna raza contempornea puede presentarse por s sola como
un modelo acabado que todas las otras hayan de imitar. El mestizo y
el indio, aun el negro, superan al blanco en una infinidad ele capaci-
dades propiamente espirituales. Ni en la antigedad, ni en el presente,
se ha dado jams el caso ele una raza que se baste a s misma para
forjar civilizacin. Las pocas ms ilustres ele la Humanidad han sido,
precisamente, aquellas en que varios pueblos dismiles se ponen en
contacto y se mezclan. La India, Grecia, Alejandra, Roma, no sonsino
ejemplos ele que slo una universalidad, geogrfica y tnica es capaz
ele dar frutos ele civilizacin. En la poca contempornea, cuando el
orgullo ele los actuales amos del mundo afirma por la boca de sus
hombres de ciencia la superioridad tnica y mental del blanco del Norte,
cualquier profesor puede comprobar que los grupos ele nios y ele
jvenes descendientes ele escandinavos, holandeses e ingleses ele las
universidades norteamericanas son mucho ms lentos, casi torpes,
comparados con los nios y jvenes mestizos del Sur. Tal vez se explica
esta ventaja por efecto ele un mendelismo espiritual benfico, a causa
de una combinacin ele elementos contrarios. Lo cierto es que el vigor
se renueva con los injertos y que el alma misma busca lo dismil para
enriquecer la monotona de su propio contenido. Slo una prolongada
experiencia podr poner de manifiesto los resultados de una mezcla
realizada, ya no por la violencia ni por efecto ele la necesidad, sino por
eleccin, fundada en el deslumbramiento que produce la belleza, y
confirmada por el pathos del amor.
En los periodos primero y segundo en que vivimos, a causa del
aislamiento y de la guerra, la especie humana vive en cie1to sentido
conforme a las leyes darwinianas. Los ingleses, que slo ven el presente
del mundo externo, no vacilaron en aplicar teoras zoolgicas al campo
de la sociologa humana. Si la falsa traslacin de la ley fisiolgica a
la zona del espritu fuese aceptable, entonces hablar de la incorporacin
tnica del negro sera tanto como defender el retroceso. La teora in-
glesa supone, implcita o francamente, que el negro es una especie de
eslabn que est ms cerca del mono que del hombre rubio. No queda,
por lo mismo, otro recurso que hacerlo desaparecer. En cambio, el
blanco, particularmente el blanco de habla inglesa, es presentado como
el trmino sublime ele la evolucin humana; cruzarlo con otra raza
i
f.
l
l
LA RAZA CSMICA
29
equivaldra a ensuciar su estirpe. Pero semejante manera de ver no es
ms que la ilusin, de cada pueblo afortunado en el periodo ele su
podero. Cada uno de los grandes pueblos de la Historia se ha credo
el final y el elegido. Cuando se comparan unas con otras estas infan-
tiles soberbias, se ve que la misin que cada pueblo se atribuye no es
en el fondo otra cosa que afn de botn y deseo de exterminar a la
potencia rival. La misma ciencia oficial es en cada poca un reflejo de
esa soberbia ele la raza dominante. Los hebreos fundaron la creencia
de su superioridad en orculos y promesas divinas. Los ingleses radi-
can la suya en observaciones relativas a los animales domsticos.
De la observacin de cruzamientos y variedades hereditarias de dichos
a n i m a l e ~ fue saliendo el darwinismo, primero como una modesta teora
zoolgica, despus como biologa social que otorga la preponderancia
definitiva al ingls sobre todas las dems razas. Todo imperialismo
necesita de una filosofla que Jo justifique; el Imperio romano predicaba
el orden, es decir, la jerarqua; primero el romano, despus sus aliados,
y el brbaro en la esclavitud. Los britnicos predican la seleccin
natural, con la consecuencia tcita de que el reino del mundo corres-
ponde por derecho natural y divino al dolicocfalo de las Islas y sus
descendientes. Pero esta ciencia que lleg a invadimos junto con los
artefactos del comercio conquistador, se combate como se combate
todo imperialismo, ponindole enfrente una ciencia superior, una civi-
lizacin ms amplia y vigorosa. Lo cierto es que ninguna raza se basta
a s sola, y que la Humanidad perdera, pierde, cada vez que una raza
desaparece por medios violentos. Enhorabuena que cada una se trans-
forme segn su arbitrio, pero dentro de su propia visin de belleza, y
sin romper el desarrollo armnico de los elementos humanos.
Cada raza que se levanta necesita constituir su propia filosofa, el
deus ex machina de su xito. Nosotros nos hemos educado bajo la
influencia humillante de una filosofa ideada por nuestros enemigos, si
se quiere de una manera sincera, pero con el propsito de exaltar sus
propios fines y anular los nuestros. De esta suerte nosotros mismos
hemos llegado a creer en la inferioridad del mestizo, en la irredencin
del indio, enla condenacin del negro, en la decadencia irreparable del
oriental. La rebelin de las armas no fue seguida de la rebelin de las
conciencias. Nos rebelamos contra el poder poltico de Espaa, y no
advertimos que, junto con Espaa, camos en la dominacin econmica
y moral de la raza que ha sido seora del mundo desde que termin
30 JOS VASCONCELOS
la grandeza de Espaa. Sacudimos un yugo para caer bajo otro nuevo.
El movimiento de desplazamiento de que fuimos vctimas no se hubiese
podido evitar aunque lo hubisemos comprendido a tiempo. Hay cierta
fatalidad en el destino de los pueblos lo mismo que en el destino de
los individuos; pero ahora que se inicia una nueva fase de la Historia,
se hace necesario reconstit11ir nuestra ideologa y organizar conforme
a una nueva doctrina tnica toda nuestra vida continental. Comencemos
entonces haciendo vida propia y ciencia propia. Si no se liberta primero
el espritu, jams lograremos redimir la materia.
* * *
Tenemos el deber de formular las bases de una nueva civilizacin;
y por eso mismo es menester que tengamos presente que las civiliza-
ciones no se repiten ni en la forma ni en el fondo. La teora de la
superioridad tnica ha sido simplemente un recurso de combate comn
a todos los pueblos batalladores; pero la batalla que nosotros debemos
de librar es tan importante que no admite ningn ardid falso. Nosotros
no sostenemos que somos ni que llegaremos a ser la primera raza del
mundo, la ms ilustrada, la ms fuerte y la ms hermosa. Nuestro
propsito es todava ms alto y ms dificil que lograr una seleccin
temporal. Nuestros valores estn en potencia a tal punto, que nada
somos an. Sin embargo, la raza hebrea no era para los egipcios
arrogantes otra cosa que una ruin casta de esclavos y de ella naci
Jesucristo, el autor del mayor movimiento de la Historia; el que anun-
ci el amor de todos los hombres. Este amor ser uno de los dogmas
fundamentales de la quinta raza, que ha de producirse en Amrica.
El cristianismo liberta y engendra vida, porque contiene revelacin
universal, no nacional; por eso tuvieron que rechazarlo los propios judos,
que no se decidieron a cqmulgar con gentiles. Pero la Amrica es lapa-
tria de la gentilidad, la verdadera tierra de promisin cristiana. Si nuestra
raza se muestra indigna de este suelo consagrado, si llega a faltarle el
amor, se ver suplantada por pueblos ms capaces de realizar la misin
fatal de aquellas tierras; la misin de servir de asiento a una humanidad
hecha de todas las naciones y todas las estirpes. La bitica que el
progreso del mundo impone a la Amrica de origen hispnico no es un
credo rival que; frente al adversario, dice: te supero, o me basto, sino
una ansia infinita de ii1tegracin y de totalidad que por lo mismo invoca
LA RAZA CSMICA 31
al Universo. La infinitud de su anhelo le asegura fuerza para combatir
el credo exclusivista del bando enemigo y confianza en la victoria que
siempre corresponde a los gentiles. El peligro ms bien est en que nos
ocurra a nosotros lo que a la mayora de los hebreos, que por no
hacerse gentiles perdieron la gracia originada en su seno. As ocuiTira
si no sabemos ofrecer hogar y fraternidad a todos los hombres; enton-
ces otro pueblo servir de eje, alguna otra lengua ser el vehculo; pero
ya nadie puede contener la fusin de las gentes, la aparicin de la
quinta era del mundo, la era de la universalidad y el sentimiento csmico.
La doctrina de formacin sociolgica, de fom1acin biolgica que
en estas pginas enunciamos, no es un simple esfuerzo ideolgico para
levantar el nimo de una raza deprimida, ofrecindole una tesis que
contradice la doctrina con que haban querido condenarla sus rivales.
Lo que sucede es que a medida que se descubre la falsedad de la
premisa cientfica en que descansa la dominacin de las potencias
contemporneas, se vislumbran tambin, en la ciencia experimental
misma, orientaciones que sealan un camino ya no para el triunfo de
una raza sola, sino para la redencin de todos los hombres. Sucede
como si la palingenesia anunciada por el cristianismo con una antici-
pacin de millares de aos, se viera confirmada actualmente en las
distintas ramas del conocimiento cientfico. El cristianismo predic el
amor como base de las relaciones humanas, y ahora comienza a verse
que slo el amor es capaz de producir una Humanidad excelsa. La po-
ltica de los Estados y la ciencia de Jos positivistas, influenciada de una
manera directa por esa poltica, dijeron que no era el amor la ley, sino
el antagonismo, la lucha y el triunfo del apto, sin otro criterio para
juzgar la aptitud que la curiosa peticin de principio contenida en la
misma tesis, puesto que el apto es el que triunfa, y slo triunfa el apto.
Y as, a frmulas verbales y viciosas de esta ndole se va reducien-
do todo el saber pequeo que quiso desentenderse de las revelaciones
geniales para sustituirlas con generalizaciones fundadas en la mera
suma de los detalles.
* * *
El descrdito de semejantes doctrinas se agrava con los descubri-
mientos y observaciones que hoy revolucionan las ciencias. No era
posible combatir la teora de la Historia como un proceso de frivoli-
32 JOS VASCONCELOS
dades, cuando se crea que la vida individual estaba tambin despro-
vista de fin metafisico y de plan providencial. Pero si la matemtica
vacila y reforma sus conclusiones para darnos el concepto de un mundo
movible cuyo misterio cambia, de acuerdo con nuestra posicin rela-
tiva, y la naturaleza de nuestros conceptos; si la fisica y la qumica
no se atreven ya a declarar que en los procesos del tomo no hay otra
cosa que accin de masas y fuerzas; si la biologa tambin en sus
nuevas hiptesis afirma, por ejemplo, con Uexkull que en el curso de
la vida "las clulas se mueven como si obrasen dentro de un organismo
acabado cuyos rganos armonizan conforme a plan y trabajan en comn,
esto es, posee un plan de funcin", "habiendo un engrane de factores
vitales en la rueda motriz fsico-qumica" -lo que contrara el
darwinismo, por lo menos, en la interpretacin de los darwinistas que
niegan que la Naturaleza obedezca a un plan--; si tambin el
mendelismo demuestra, conforme a las palabras de Uexkull, que el pro-
toplasma es una mezcla de sustancias de las cuales puede ser hecho
todo, sobre poco ms o menos; delante de todos estos cambios de
conceptos de la ciencia, es preciso reconocer que se ha derrumbado
tambin el edificio terico de la dominacin de una sola raza. Esto a
la vez es presagio de que no tardar en caer tambin el podero material
de quienes han constituido toda esa falsa ciencia de ocasin y de
conquista.
La ley de Mendel, particularmente cuando confirma "la interven-
cin de vitales en la rueda motriz fisico-qumica", debe formar
parte de nuestro nuevo patriotismo. Pues de su texto puede derivarse
la conclusin de que las distintas facultades del espritu toman parte
en los procesos del destino.
Qu importa que el materialismo spenceriano nos tuviese conde-
nados, si hoy resulta que podemos juzgarnos como una especie de
reserva de la Humanidad, como una promesa de un futuro que sobre-
pujara a todo tiempo anterior? Nos hallamos entonces en una de esas
pocas de palingenesia, y en el centro del maelstren universal, y urge
llamar a conciencia todas nuestras facultades, para que, alertas y activas,
intervengan desde ya, como dicen los argentinos, en los procesos de la
redencin colectiva. Esplende la aurora de una poca sin par. Se dira
que es el cristianismo el que va a consumarse, pero ya no slo en las
almas, sino en la raz de los seres. Como instrumento de la trascen-
dental transformacin se ha ido formando en el continente ibrico una
LA RAZA CSMICA
33
raza llena de vicios y defectos, pero dotada de maleabilidad, compren-
sin rpida y emocin fcil, fecundos elementos para el plasma germinal
de la especie futura. Reunidos estn ya en abundancia los materiales
biolgicos, las pre.disposiciones, los caracteres, las genas de que hablan
los mendelistas, y slo ha estado faltando el impulso organizador, el
plan de formacin de la especie nueva. Cules debern ser los rasgos
de ese impulso creador?
Si procedisemos conforme a la ley de pura energa confusa del
primer periodo, conforme al primitivo darwinismo biolgico, entonces,
la fuerza ciega, por imposicin casi mecnica de los elementos ms
vigorosos, decidira de una manera sencilla y brutal, exterminando a
los dbiles, ms bien dicho, a los que no se acomodan al plan de la
raza nueva. Pero en el nuevo orden, por su misma ley, los elementos
perdurables no se apoyarn en la violencia, sino en el gusto, y, por lo
mismo, la seleccin se har espontnea, como lo hace el pintor cuando
de todos los colores toma slo los que convienen a su obra.
Si para constituir la quinta raza se procediese conforme a la ley
del segundo periodo, entonces vendra una pugna de astucias, en la cual
los listos y faltos de escrpulos ganaran la partida a los soadores y
a los bondadosos. Probablemente entonces la nueva Humanidad sera
predominantemente malaya, pues se asegura que nadie les gana en cau-
tela y habilidad, y aun, si es necesario, en perfidia. Por el camino de
la inteligencia se podra llegar, an si se quiere a una Humanidad
de estoicos, que adoptara como norma suprema el deber. El mundo se
volvera como un vasto pueblo de cuqueros, en donde el plan del
espritu acabara por sentirse estrangulado y contrahecho por la regla.
Pues la razn, la pura razn, puede reconocer las ventajas de la ley
moral, pero no es capaz de imprimir a la accin el ardor combativo
que la vuelve fecunda. En cambio, la verdadera potencia creadora de
jbilo est contenida en la ley del tercer periodo, que es emocin
de belleza y un amor tan acendrado que se confunde con la revelacin
divina. Propiedad de antiguo sealada a la belleza, por ejemplo, en el
Fredo, es la de ser pattica; su dinamismo contagia y mueve los ni-
mos, transforma las cosas y el mismo destino. La raza ms apta para
adivinar y para imponer semejante ley en la vida y en las cosas, sa
ser la raza matriz de la nueva era de civilizacin. Por fortuna, tal don,
necesario a la quinta raza, lo posee en grado subido la gente mestiza
del continente iberoamericano; gente para quien la belleza es la razn
34
JOS VASCONCELOS
mayor de toda cosa. Una fina sensibilidad esttica y un amor de belleza
profunda, ajenos a todo inters bastardo y libre de trabas fom1ales,
todo eso es necesario al tercer periodo impregnado de esteticismo
cristiano que sobre la misma fealdad pone el toque redentor de la
piedad que enciende un halo alrededor de todo lo creado.
Tenemos, pues, en el continente todos los elementos de la nueva
Humanidad; una ley que ir seleccionando factores para la creacin ele
tipos predominantes, ley que operar no confom1e a criterio nacional,
como tendra que hacerlo una sola raza conquistadora, sino con criterio
de universalidad y belleza; y tenemos tambin el territorio y los recur-
sos naturales. Ningn pueblo de Europa podra reemplazar al ibero-
americano en esta misin, por bien dotado que est, pues todos tienen
su cultura ya hecha y una tradicin que para obras semejantes cons-
tituye un peso. No podra sustituirnos una raza conquistadora, porque
fatalmente impondra sus propios rasgos, aunque slo sea por la ne-
cesidad de ejercer la violencia para mantener su conquista, No pueden
llenar esta misin universal tampoco los pueblos del Asia, que estn
exhaustos o, por lo menos, faltos del arrojo necesario a las empresas
nuevas.
La gente que est formando la Amrica hispnica, un poco desba-
ratada, pero libre de espritu y con el anhelo en tensin a causa de las
graneles regiones inexploradas, puede todava repetir las proezas de los
conquistadores castellanos y portugueses. La raza hispana en general
tiene todava por delante esta misin de descubrir nuevas zonas en el
espritu ahora que todas las tierras estn exploradas.
Solamente la parte ibrica del continente dispone de los factores
espirituales, raza y el territorio que son necesarios para la gran empre-
sa de iniciar la era universal de la Humanidad. Estn all todas las razas
que han de ir dando su aporte; el hombre nrdico, que hoy es maestro
de accin, pero que tuvo comienzos humildes y pareca inferior, en una
poca en que ya haban aparecido y decado varias grandes culturas;
el negro, como una reserva de potencialidades que arrancan de los das
remotos de la Lemuria; el indio, que vio perecer la Atlntida, pero guar-
da un quieto misterio en la conciencia; tenemos todos los pueblos y to-
das las aptitudes, y slo hace falta que el amor verdadero organice y
ponga en marcha la ley de la Historia.
Muchos obstculos se oponen al plan del espritu, pero son obs-
tculos comunes a todo progreso. Desde luego ocurre objetar que cmo
*'.
LA RAZA CSMICA
35
se van a unir en concordia las distintas razas si ni siquiera los hijos
de una misma estirpe pueden vivir en paz y alegra dentro del rgimen
econmico y social que hoy oprime a los hombres? Pero tal estado de
los nimos tendr que cambiar rpidamente. Las tendencias todas del
futuro se entrelazan en la actualidad: mendelismo en biologa, socia-
lismo en el gobierno, simpata creciente en las almas, progreso gene-
ralizado y aparicin de la quinta raza que llenar el planeta, con los
triunfos de la primera cultura verdaderamente universal, verdadera-
mente csmica.
Si contemplamos el proceso en panorama, nos encontraremos con
las tres etapas ele la ley de los tres estados de la sociedad, vivificadas,
cada una, con el aporte de las cuatro razas fundamentales que consu-
man su misin, y en seguida desaparecen para crear un quinto tipo
tnico superior. Lo que da cinco razas y tres estados, o sea el nmero
ocho, que en la gnosis pitagrica representa el ideal de la igualdad de
todos los hombres. Semejantes coincidencias o aciertos sorprenden
cuando se les descubre, aunque despus parezcan triviales.
Para expresar todas estas ideas que hoy procuro exponer en rpida
sntesis, hace algunos aos, cuando todava no se hallaban bien defi-
nidas, procur darles signos en el nuevo Palacio de la Educacin Pblica
de Mxico. Sin elementos bastantes para hacer exactamente lo que
deseaba, tuve que conformarme con una construccin renacentista
espaola, ele dos patios, con arqueras y pasarelas, que tienen algo de
la impresin de un ala. En los tableros de los cuatro ngulos del patio
anterior hice labrar alegoras de Espaa, de Mxico, Grecia y la India,
las cuatro civilizaciones particulares que ms tienen que contribuir
a la fom1acin de la Amrica Latina. En seguida, debajo de estas
cuatro alegoras, debieron levantarse cuatro grandes estatuas de piedra
de las cuatro grandes razas contemporneas: la Blanca, la Roja, la
Negra y la Amarilla, para indicar que la Amrica es hogar de todas,
y de todas necesita. Finalmente, en el centro deba erigirse un monu-
mento que en alguna forma simbolizara la ley de los tres estados: el
material, el intelectual y el esttico. Todo para indicar que, mediante
el ejercicio de la triple ley, llegaremos en Amrica, antes que en parte
alguna del globo, a la creacin de una raza hecha con el tesoro de todas
las anteriores, la raza final, la raza csmica.