Relatos Místicos del Nacimiento de Jesús
Relatos Místicos del Nacimiento de Jesús
Visiones de Mara Valtorta, Italia 1944 Visiones de Ana Catalina Emmerich, Alemania, 1820 Relato narrado al Padre Steffano Gobbi, Italia, 1995 Visiones y revelaciones a Sor Mara de Jess de greda, Espaa, siglo XVII Relato narrado a Gladys Quiroga de Motta, Argentina, 1985 Visiones de Luisa Piccarreta, Italia, 1900
El primer relato es el de Mara Valtorta, que naci en Caserta, Italia, el 14 de marzo de 1897, hija de un militar. Sufri a lo largo de su vida el fuerte carcter de su madre, y muchas tribulaciones que purificaron su alma. Hacia el ao 1942, por mediacin de un sacerdote de la Orden de los Siervos de Mara, que durante cuatro aos fue su director Espiritual, Mara empieza a escribir y describir sus visiones y dictados celestiales. En poco tiempo se transform en un instrumento dcil, a travs del cual Dios nos entreg revelaciones en cantidad: en medio de dolores y enfermedad Mara escribi quince mil pginas de cuaderno. Ella misma reconoci que no dispuso de medio humano alguno para elaborar sus escritos: absolutamente todo le fue dictado o revelado en visiones, que ella transcribi en sus escritos. Esta obra maestra, monumento de doctrina y literatura, es una coleccin de varios tomos denominada El Poema de El Hombre-Dios. La vida pblica de Jess es relatada all en forma casi diaria, como una ampliacin de los testimonios recogidos por los Evangelios sobre la vida del Salvador y Su Madre. Esta obra fue aprobada por el Obispo Monseor Roman Danylak el 13 de febrero de 2002. El relato que Mara Valtorta realiza sobre la llegada de Mara y Jos a lomo de burrito a Beln, la bsqueda infructuosa de hospedaje, el hallazgo de la humilde cueva, Jos arreglando con amor el lugar, el Nacimiento de Nuestro Salvador, la aparicin de los ngeles a los pastores y su adoracin a Jess, todo esto configura el ms maravilloso relato de la llegada del mayor regalo que Dios hizo a la humanidad: el Verbo Divino. El siguiente relato de la Navidad de Jess corresponde a Ana Catalina Emmerich, que naci en Alemania en 1774. Esta Religiosa, desde el 29 de diciembre de 1812 hasta el 9 de febrero de 1824, da 2
de su muerte, llev en su cuerpo los estigmas de Jess. Ana tuvo tambin revelaciones y visiones sobre la vida de Cristo, de la Virgen Mara y del futuro de la humanidad. Pablo VI aprob, el 18 de mayo de 1973, el decreto de reanudacin del proceso de beatificacin de la Hermana Ana Catalina Emmerich, que se materializ en octubre de 2004. En el texto que presentamos, Ana realiza un relato detallado del Nacimiento del Hijo de Dios, que se asemeja a un pesebre viviente descrito por una persona que lo vio desde la primera fila, como ocurri en realidad!. En tercer trmino presentamos un mensaje entregado por la Virgen Mara al Padre Steffano Gobbi. Este sacerdote reflej en su libro denominado A los sacerdotes, hijos predilectos de la Santsima Virgen todos los mensajes que la Madre de Dios le revel a lo largo de 24 aos de su vida, finalizando en el ao 1997. Su obra culminante, comandada por Mara, es la creacin del Movimiento Sacerdotal Mariano, que bajo la consigna de la Consagracin total al Corazn Inmaculado de Mara rene a decenas de miles de sacerdotes alrededor del mundo. En esta descripcin del nacimiento de Jess, la propia Virgen Mara nos refleja el amor que Ella siempre sinti por el Padre Celestial, a la vez que nos recuerda el abandono que hace el mundo actual del mayor regalo que hemos recibido: la venida de Cristo!. Los invitamos a visitar nuestra pagina dedicada al Padre Gobbi en la seccion Apariciones y milagros. En Espaa, Sor Mara de Jess de greda recibe en pleno siglo XVII revelaciones de la Virgen Mara. El libro Ciudad Mstica de Dios es la obra culminante de este instrumento del Seor, donde la Madre del Salvador relata en palabras plenas de contenido teolgico, las ms hermosas visiones sobre lo acontecido en aquella fra noche de invierno en Beln de Jud. Mara, verdadera Madre de la Iglesia, nos conduce por el sendero de la verdad, presentndonos a los ngeles como fieles obreros del Padre, rodeando a Jos, al Nio Dios y a Ella misma, en tan gloriosas circunstancias. El cielo todo se abre ante las palabras de la Madre, escuchemos su tierna voz. Con gran alegra, presentamos tambin la narracin que nuestra amadsima Madre Celestial le realiza a la vidente Gladys Quiroga de Motta en San Nicols de los Arroyos, en la provincia de Buenos Aires, Repblica Argentina. Esta aparicin mueve a cientos de miles de personas cada ao al lugar donde Mara hizo levantar un Santuario en su honor. Miles de mensajes han sido entregados all por la Virgen, bajo la advocacin de Mara del Rosario de San Nicols. La Virgen Mara aqu, en pocas pero amorosas palabras, nos muestra a la Inmaculada Concepcin, Pursima Madre de Dios, recibiendo al Hijo de Dios ! Ms all de que las Sagradas Escrituras hacen breves y escasas referencias a la vida de Mara y Jess con anterioridad a los aos de vida pblica, las revelaciones privadas que tenemos el honor de poder presentar nos permiten entender desde el lado humano, cuanta humildad tuvo Dios al hacerse hombre. Esto nos demuestra cun pequeos debemos ser nosotros, si es que Dios se hizo hombre en el lugar ms alejado, ms pobre, ms desprotejido, ms cercano a los
humildes de corazn! En nuestra seccin Apariciones y milagros pueden encontrar el relato completo de lo acontecido en San Nicols. Luisa Piccarreta, la mstica italiana que desde el pueblo de Corato vivi una vida plena de fenmenos msticos y revelaciones de Jess. La misin de Luisa gira en torno al misterio de la Divina Voluntad de Dios. El FIAT Divino, puesto en boca de Luisa, adquiere una sabidura que no es de los hombres, sino del mismo Creador. En este caso, recogemos revelaciones que Luisa recibe sobre el Nacimiento de nuestro Seor y de la visita de los Reyes. En un lenguaje pleno de significado espiritual, encontremos en estas palabras inspiradas un camino a la comprensin del misterio de la Venida de Dios, hecho Hombre, a nuestro mundo.
Veo un camino principal. Viene por l mucha gente. Borriquillos cargados de utensilios y de personas. Borriquillos que regresan. La gente los espolea. Quien va a pie, va aprisa porque hace fro. El aire es limpio y seco. El cielo est sereno, pero tiene ese fro cortante de 4
los das invernales. La campia sin hojas parece ms extensa, y los pastizales apenas si tienen hierba un poco crecida, quemada con los vientos invernales; en los pastizales las ovejas buscan algo de comer y buscan el sol que poco a poco se levanta; se estrechan una a la otra, porque tambin ellas tienen fro y balan levantando su trompa hacia el sol como si le dijesen: Baja pronto, que hace fro! . El terreno tiene ondulaciones que cada vez son ms claras. Es en realidad un terreno de colinas. Hay concavidades con hierba lo mismo que valles pequeos. El camino pasa por en medio de ellos y se dirige hacia el sureste. Mara viene montada en un borriquillo gris. Envuelta en un manto pesado. Delante de la silla est el arns que llev en el viaje a Hebrn, y sobre el cofre van las cosas necesarias. Jos camina a su lado, llevando la rienda. Ests cansada?: le pregunta de cuando en cuando. Mara lo mira. Le sonre. Le contesta: No. A la tercera vez aade: Ms bien tu debes sentirte cansado con el camino que hemos hecho. Oh, yo ni por nada! Creo que si hubiese encontrado otro asno, podras venir ms cmoda y caminaramos ms pronto. Pero no lo encontr. Todos necesitan en estos das de una cabalgadura. Lo siento. Pronto llegaremos a Beln. Ms all de aquel monte est Efrata. Ambos guardan silencio. La Virgen, cuando no habla, parece como si se recogiese en plegaria. Dulcemente se sonre con un pensamiento que entreteje en s misma. Si mira a la gente, parece como si no viera lo que hay: hombres, mujeres, ancianos, pastores ricos, pobres, sino lo que Ella sola ve. Tienes fro? pregunta Jos, porque sopla el aire. No. Gracias. Pero Jos no se fa. Le toca los pies que cuelgan al lado del borriquillo, calzados con sandalias y que apenas si se dejan ver a travs del largo vestido. Debe haberlos sentido fros, porque sacude su cabeza y se quita una especie de capa pequea, y la pone en las rodillas de Mara, la extiende sobre sus muslos, de modo que sus manitas estn bien calientes bajo ella y bajo el manto. Encuentran a un pastor que atraviesa con su ganado de un lado a otro. Jos se le acerca y le dice algo. El pastor dice que s, Jos toma el borriquillo y lo lleva detrs del ganado que est paciendo. El pastor toma una rstica taza de su alforja y ordea una robusta oveja. Entrega a Jos la taza que la da a Mara. Dios os bendiga dice Mara. A ti por tu amor, y a ti por tu bondad. Rogar por ti. Vens de lejos? 5
De Nazaret responde Jos. Y vais? A Beln. El camino es largo para la mujer en este estado. Es tu mujer? S. Tenis a donde ir? No. Va mal todo! Beln est llena de gente que ha llegado de todas partes para empadronarse o para ir a otras partes. No s si encontris alojo. Conoces bien el lugar? No muy bien. Bueno te voy a ensear... porque se trata de Ella (y seala a Mara). Buscad el alojo. Estar lleno. Te lo digo para darte una idea. Est en una plaza. Es la ms grande. Se llega a ella por este camino principal. No podis equivocaros. Delante de ella hay una fuente. El albergue es grande y bajo con un gran portal. Estar lleno. Pero si no podis alojaros en l o en alguna casa, dad vuelta por detrs del albergue, como yendo a la campia. Hay apriscos en el monte. Algunas veces los mercaderes que van a Jerusaln los emplean como albergue. Hay apriscos en el monte, no lo olvidis: hmedos, fros y sin puerta, pero siempre son un refugio, porque la mujer... no puede quedarse en la mitad del camino. Tal vez all encontris un lugar... y tambin heno para dormir y para el asno. Que Dios os acompae. Y a ti te d su alegra responde la Virgen. Jos por su parte dice: La paz sea contigo. Vuelve a continuar su camino. Una concavidad ms extensa se deja ver desde la cresta a la que han llegado. En la concavidad, arribo y abajo, a lo largo de las suaves pendientes que la rodean, se ven casas y casas. Es Beln. Hemos llegado a la tierra de David, Mara. Ahora vas a descansar. Me parece que ests muy cansada... No. Pensaba yo... estoy pensando... Mara aprieta la mano de Jos y le dice con una sonrisa de bienaventurada: Estoy pensando que el momento ha llegado. Que Dios nos socorra! Qu vamos a hacer? No temas, Jos. Ten constancia. Ves qu tranquila estoy yo? 6
Pero sufres mucho. Oh no! . Me encuentro llena de alegra. Una alegra tal, tan fuerte, tan grande, incontenible, que mi corazn palpita muy fuerte y me dice: " i Va a nacer! Va a nacer! "Lo dice a cada palpitar. Es mi Hijo que toca a mi corazn y que dice: "Mam: ya vine. Vengo a darte un beso de parte de Dios. Oh, qu alegra, Jos mo! Pero Jos no participa de la misma alegra. Piensa en lo urgente que es encontrar un refugio, y apresura el paso. Puerta tras puerta pide alojo. Nada. Todo est ocupado. Llegan al albergue. Est lleno hasta en los portales, que rodean el patio interior. Jos deja a Mara que sigue sentada sobre el borriquillo en el patio y sale en busca de algunas otras casas. Regresa desconsolado. No hay ningn alojo. El crepsculo invernal pronto se echa encima y empieza a extender sus velos. Jos suplica al dueo del albergue. Suplica a viajeros. Ellos son varones y estn sanos. Se trata ahora de una mujer prxima a dar a luz. Que tengan piedad. Nada. Hay un rico fariseo que los mira con manifiesto desprecio, y cuando Mara se acerca, se separa de ella como si se hubiera acercado una leprosa. Jos lo mira y la indignacin le cruza por la cara. Mara pone su mano sobre la mueca de Jos para calmarlo. Le dice: No insistas. Vmonos. Dios proveer. Salen. Siguen por los muros del albergue. Dan vuelta por una callejuela metida entre ellos y casuchas. Le dan vuelta. Buscan. All hay algo como cuevas, bodegas, ms bien que apriscos, porque son bajas y hmedas. Las mejores estn ya ocupadas. Jos se siente descorazonado. Oye, galileo le grita por detrs un viejo. All en el fondo, bajo aquellas ruinas, hay una cueva. Tal vez no haya nadie. Se apresuran a ir a esa cueva. Y que si es una madriguera. Entre los escombros que se ven hay un agujero, ms all del cual se ve una cueva, una madriguera excavada en el monte, ms bien que gruta. Parece que sean los antiguos fundamentos de una vieja construccin, a la que sirven de techo los escombros cados sobre troncos de rboles. Como hay muy poca luz y para ver mejor, Jos saca la yesca y prende una candileja que toma de la alforja que trae sobre la espalda. Entra y un mugido lo saluda. Ven, Mara. Est vaca. No hay sino un buey. Jos sonre. Mejor que nada... Mara baja del borriquillo y entra. Jos puso ya la candileja en un clavo que hay sobre un tronco que hace de pilar. Se ve que todo est lleno de telaraas. El suelo, que est batido, revuelto, con hoyos, guijarros, desperdicios, excrementos, tiene paja. En el fondo, un buey se vuelve y mira con 7
sus quietos ojos. Le cuelga hierba del hocico. Hay un rstico asiento y dos piedras en un rincn cerca de una hendidura. Lo negro del rincn dice que all suele hacerse fuego. Mara se acerca al buey. Tiene fro. Le pone las manos sobre su pescuezo para sentir lo tibio de l. El buey muge, pero no hace ms, parece como si comprendiera. Lo mismo cuando Jos lo empuja para tomar mucho heno del pesebre y hacer un lecho para Mara - el pesebre es doble, esto es, donde come el buey, y arriba una especie de estante con heno de repuesto, y de este toma Jos - no se opone. Hace lugar aun al borriquillo que cansado y hambriento, se pone al punto a comer. Jos voltea tambin un cubo con abolladuras. Sale, porque afuera vio un riachuelo, y vuelve con agua para el borriquillo. Toma un manojo de varas secas que hay en un rincn y se pone a limpiar un poco el suelo. Luego desparrama el heno. Hace una especie de lecho, cerca del buey, en el rincn ms seco y ms defendido del viento. Pero siente que est hmedo el heno y suspira. Prende fuego, y con una paciencia de trapista, seca poco a poco el heno junto al fuego. Mara sentada en el banco, cansada, mira y sonre. Todo est ya pronto. Mara se acomoda lo mejor que puede sobre el muelle de heno, con las espaldas apoyadas contra un tronco. Jos adorna todo aquel... ajuar, pone su manto como una cortina en la entrada que hace de puerta, Una defensa muy pobre. Luego da a la Virgen pan y queso, y le da a beber agua de una cantimplora. Duerme ahora le dice. Yo velar para que el fuego no se apague. Afortunadamente hay lea. Esperamos que dure y que arda. As podemos ahorrar el aceite de la lmpara. Mara obediente se acuesta. Jos la cubre con el manto de ella, y con la capa que tena antes en los pies. Pero tu vas a tener fro... No, Mara. Estoy cerca del fuego. Trata de descansar. Maana ser mejor. Mara cierra los ojos. No insiste. Jos se va a su rincn. Se sienta sobre una piedra, con pedazos de lea cerca. Pocos, que no durarn mucho por lo que veo. Estn del siguiente modo: Mara a la derecha con las espaldas a la... puerta, semi-escondida por el tronco y por el cuerpo del buey que se ha echado en tierra. Jos a la izquierda y hacia la puerta, por lo tanto, diagonalmente, y as su cara da al fuego, con las espaldas a Mara. Pero de vez en vez se voltea a mirarla y la ve tranquila, como si durmiese.
Despacio rompe las varas y las echa una por una en la hoguera pequea para que no se apague, para que d luz, y para que la lea dure. No hay ms que el brillo del luego que ahora se reaviva, ahora casi est por apagarse. Como est apagada la lmpara de aceite, en la penumbra resaltan slo la figura del buey, la cara y manos de Jos. Todo lo dems es un montn que se confunde en la gruesa penumbra. Nacimiento de Nuestro Seor Jesucristo (Escrito el 6 de junio de 1944) Veo el interior de este pobre albergue rocoso que Mara y Jos comparten con los animales. La pequea hoguera est a punto de apagarse, como quien la vigila a punto de quedarse dormido. Mara levanta su cabeza de la especie de lecho y mira. Ve que Jos tiene la cabeza inclinada sobre el pecho como si estuviese pensando, y est segura que el cansancio ha vencido su deseo de estar despierto. Qu hermosa sonrisa le aflora por los labios! Haciendo menos ruido que hara una mariposa al posarse sobre una rosa, se sienta, y luego se arrodilla. Ora. Es una sonrisa de bienaventurada la que llena su rostro. Ora con los brazos abiertos no en forma de cruz, sino con las palmas hacia arriba y hacia adelante, y parece como si no se cansase con esta posicin. Luego se postra contra el heno orando ms intensamente. Una larga plegaria. Jos se despierta. Ve que el fuego casi se ha apagado y que el lugar est casi oscuro. Echa unas cuantas varas. La llama prende. Le echa unas cuantas ramas gruesas, y luego otras ms, porque el fro debe ser agudo. Un fro nocturno invernal que penetra por todas las partes de estas ruinas. El pobre Jos, como est junto a la puerta - llamemos as a la entrada sobre la que su manto hace las veces de puerta debe estar congelado. Acerca sus manos al fuego. Se quita las sandalias y acerca los pies al fuego. Cuando ve que ste va bien y que alumbra lo suficiente, se da media vuelta. No ve nada, ni siquiera lo blanco del velo de Mara que formaba antes una lnea clara en el heno oscuro. Se pone de pie y despacio se acerca a donde est Mara. No te has dormido? le pregunta. Y por tres veces lo hace, hasta que Ella se estremece, y responde: Estoy orando. Te hace falta algo? Nada, Jos. Trata de dormir un poco. Al menos de descansar. Lo har. Pero el orar no me cansa. Buenas noches, Mara. Buenas noches, Jos. Mara vuelve a su antigua posicin. Jos, para no dejarse vencer otra vez del sueo, se pone de rodillas cerca del fuego y ora. Ora con las manos juntas sobre la cara. Las mueve algunas veces para echar ms 9
lea al fuego y luego vuelve a su ferviente plegaria. Fuera del rumor de la lea que chisporrotea, y del que produce el borriquillo que algunas veces golpea su pesua contra el suelo, otra cosa no se oye. Un rayo de luna se cuela por entre una grieta del techo y parece como hilo plateado que buscase a Mara. Se alarga, conforme la luna se alza en lo alto del cielo, y finalmente la alcanza. Ahora est sobre su cabeza que ora. La nimba de su candor. Mara levanta su cabeza como si de lo alto alguien la llamase, nuevamente se pone de rodillas. Oh, qu bello es aqu! Levanta su cabeza que parece brillar con la luz blanca de la luna, y una sonrisa sobrehumana transforma su rostro. Qu cosa est viendo? Qu oyendo? Qu cosa experimenta? Slo Ella puede decir lo que vio, sinti y experiment en la hora dichosa de su Maternidad. Yo slo veo que a su alrededor la luz aumenta, aumenta, aumenta. Parece como si bajara del cielo, parece como si manara de las pobres cosas que estn a su alrededor, sobre todo parece como si de Ella procediese. Su vestido azul oscuro, ahora parece estar teido de un suave color de miosotis, sus manos y su rostro parecen tomar el azulino de un zafiro intensamente plido puesto al fuego. Este color, que me recuerda, aunque muy tenue, el que veo en las visiones del santo paraso, y el que vi en la visin de cuando vinieron los Magos, se difunde cada vez ms sobre todas las cosas, las viste, purifica, las hace brillantes. La luz emana cada vez con ms fuerza del cuerpo de Mara; absorbe la de la luna, parece como que Ella atrajese hacia s la que le pudiese venir de lo alto. Ya es la Depositaria de la Luz. La que ser la Luz del mundo. Y esta beatfica, incalculable, inconmensurable, eterna, divina Luz que est para darse, se anuncia con un alba, una alborada, un coro de tomos de luz que aumentan, aumentan cual marea, que suben, que suben cual incienso, que bajan como una avenida, que se esparcen cual un velo... La bveda, llena de agujeros, telaraas, escombros que por milagro se balancean en el aire y no se caen; la bveda negra, llena de humo, apestosa, parece la bveda de una sala real. Cualquier piedra es un macizo de plata, cualquier agujero un brillar de palos, cualquier telaraa un preciosismo baldaqun tejido de plata y diamantes. Una lagartija que est entre dos piedras, parece un collar de esmeraldas que alguna reina dejara all; y unos murcilagos que descansan parecen una hoguera preciosa de nix. El heno que sale de la parte superior del pesebre, no es ms hierba, es hilo de plata y plata pura que se balancea en el aire cual se mece una cabellera suelta. El pesebre es, en su madera negra, un bloque de plata bruida. Las paredes estn cubiertas con un brocado en que el candor de la seda desaparece ante el recamo de perlas en relieve; y el suelo... qu es 10
ahora? Un cristal encendido con luz blanca; los salientes parecen rosas de luz tiradas como homenaje a l; y los hoyos, copas preciosas de las que broten aromas y perfumes. La luz crece cada vez ms. Es irresistible a los ojos. En medio de ella desaparece, como absorbida por un velo de incandescencia, la Virgen... y de ella emerge la Madre. S. Cuando soy capaz de ver nuevamente la luz, veo a Mara con su Hijo recin nacido entre los brazos. Un Pequen, de color rosado y gordito, que gesticula y mueve Sus manitas gorditas como capullo de rosa, y Sus piecitos que podran estar en la corola de una rosa; que llora con una vocecita trmula, como la de un corderito que acaba de nacer, abriendo Su boquita que parece una fresa selvtica y que ensea una lengita que se mueve contra el paladar rosado; que mueve Su cabecita tan rubia que parece como si no tuviese ni un cabello, una cabecita redonda que la Mam sostiene en la palma de su mano, mientras mira a su Hijito, y lo adora ya sonriendo, ya llorando; se inclina a besarlo no sobre Su cabecita, sino sobre Su pecho, donde palpita Su corazoncito, que palpita por nosotros... all donde un da recibir la lanzada. Se la cura de antemano Su Mamita con un beso inmaculado. El buey, que se ha despertado al ver la claridad, se levanta dando fuertes patadas sobre el suelo y muge. El borrico vuelve su cabeza y rebuzna. Es la luz la que lo despierta, pero yo me imagino que quisieron saludar a su Creador, creador de ellos, creador de todos los animales. Jos que oraba tan profundamente que apenas si caa en la cuenta de lo que le rodeaba, se estremece, y por entre sus dedos que tiene ante la cara, ve que se filtra una luz. Se quita las manos de la cara, levanta la cabeza, se voltea. El buey que est parado no deja ver a Mara. Ella grita: Jos, ven. Jos corre. Y cuando ve, se detiene, presa de reverencia, y est para caer de rodillas donde se encuentra, si no es que Mara insiste: Ven, Jos, se sostiene con la mano izquierda sobre el heno, mientras que con la derecha aprieta contra su corazn al Pequen. Se levanta y va a Jos que camina temeroso, entre el deseo de ir y el temor de ser irreverente. A los pies de la cama de paja ambos esposos se encuentran y se miran con lgrimas llenas de felicidad. Ven, ofrezcamos a Jess al Padre dice Mara. Y mientras Jos se arrodilla, Ella de pie entre dos troncos que sostienen la bveda, levanta a su Hijo entre los brazos y dice: Heme aqu. En Su Nombre, oh Dios! te digo esto. Heme aqu para hacer Tu Voluntad. Y con El, yo, Mara y Jos, mi esposo. Aqu estn Tus siervos, Seor. Que siempre hagamos a cada momento, en cualquier cosa, Tu Voluntad, para gloria Tuya y por amor Tuyo. Luego Mara se inclina y dice: Tmalo, Jos y ofrece al Pequen. 11
Yo? Me toca a m? Oh, no! No soy digno! Jos est terriblemente despavorido, aniquilado ante la idea de tocar a Dios. Pero Mara sonriente insiste: Eres digno de ello. Nadie ms que t, y por eso el Altsimo te escogi. Tmalo, Jos y tenlo mientras voy a buscar los paales. Jos, rojo como la prpura, extiende sus brazos, toma ese montoncito de carne que chilla de fro y cuando lo tiene entre sus brazos no siente ms el deseo de tenerlo separado de s por respeto, se lo estrecha contra el corazn diciendo en medio de un estallido de lgrimas: Oh, Seor, Dios mo! y se inclina a besar los piececitos y los siente fros. Se sienta, lo pone sobre sus rodillas y con su vestido caf, con sus manos procura cubrirlo, calentarlo, defenderlo del viento helado de la noche. Quisiera ir al fuego, pero all la corriente de aire que entra es peor. Es mejor quedarse aqu. No. Mejor ir entre los dos animales que defienden del aire y que despiden calor. Y se va entre el buey y el asno y se est con las espaldas contra la entrada, inclinado sobre el Recin nacido para hacer de su pecho una hornacina cuyas paredes laterales son una cabeza gris de largas orejas, un grande hocico blanco cuya nariz despide vapor y cuyos ojos miran bonachonamente. Mara abri ya el cofre, y sac ya lienzos y fajas. Ha ido a la hoguera a calentarlos. Viene a donde est Jos, envuelve al Nio en lienzos tibios y luego en su velo para proteger Su cabecita. Dnde lo pondremos ahora? pregunta. Jos mira a su alrededor. Piensa... Espera dice. Vamos a echar ms ac a los dos animales y su paja. Tomaremos ms de aquella que est all arriba, y la ponemos aqu dentro. Las tablas del pesebre lo protegern del aire; el heno le servir de almohada y el buey con su aliento lo calentar un poco. Mejor el buey. Es ms paciente y quieto. Y se pone hacer lo dicho, entre tanto Mara arrulla a su Pequen apretndoselo contra su corazn, y poniendo sus mejillas sobre la cabecita para darle calor. Jos vuelve a atizar la hoguera, sin darse descanso, para que se levante una buena llama. Seca el heno y segn lo va sintiendo un poco caliente lo mete dentro para que no se enfre. Cuando tiene suficiente, va al pesebre y lo coloca de modo que sirva para hacer una cunita. Ya est dice. Ahora se necesita una manta, porque el heno espina y para cubrirlo completamente Toma mi manto dice Mara. Tendrs fro. Oh, no importa! La capa es muy tosca; el manto es delicado y caliente. No tengo fro para nada. Con tal de que no sufra l.
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Jos toma el ancho manto de delicada lana de color azul oscuro, y lo pone doblado sobre el heno, con una punta que pende fuera del pesebre. El primer lecho del Salvador est ya preparado. Mara, con su dulce caminar, lo trae, lo coloca, lo cubre con la extremidad del manto; le envuelve la cabecita desnuda que sobresale del heno y la que protege muy flojamente su velo sutil. Tan solo su rostro pequeito queda descubierto, gordito como el puo de un hombre, y los dos, inclinados sobre el pesebre, bienaventurados, lo ven dormir su primer sueo, porque el calor de los paales y del heno han calmado Su llanto y han hecho dormir al dulce Jess.
Yo, Mara, redim a la mujer con mi Maternidad divina (Escrito el mismo da) Dice Mara: Yo, Mara, redim a la mujer con mi Maternidad divina. Pero no fue sino el principio de su redencin. Al haberme negado a casarme por el voto de virginidad, haba rechazado cualquier satisfaccin de concupiscencia y as merec la gracia de Dios. Pero no era suficiente. Porque el pecado de Eva era un rbol de cuatro ramas: soberbia, avaricia, glotonera, lujuria. Y las cuatro tenan que cortarse antes de que el rbol fuera hecho estril en sus races. Humillndome hasta lo profundo, venc la soberbia. Me humill delante de todos. No me refiero a mi humildad para con Dios, que toda criatura debe tributarle. Su Verbo la tuvo. Tambin yo, mujer, tena que tenerla. Pero has pensado qu humillacin deb sufrir, y sin defenderme en modo alguno de parte de los hombres? Aun Jos, que era un hombre justo, me haba acusado en su corazn. Los dems, que no lo eran, haban pecado de murmuracin contra mi estado, y el rumor de sus palabras haba llegado cual amarga aura a romperse contra mi persona humana. Y fue el principio de las innumerables humillaciones que mi vida de Madre de Jess y del linaje humano me proporcionaron. Humillaciones de pobreza, humillaciones de perseguida, humillaciones por los reproches de parientes y amigos que, ignorando la verdad, tomaban como dbil mi modo de ser madre para con mi Jess que se haba convertido en un jovenzuelo, humillaciones en los tres aos de su ministerio, humillaciones crueles en la hora del Calvario, humillaciones hasta reconocer que no tena con qu comprar un lugar para sepultar a mi Hijo, ni aromas para envolver su cuerpo. Venc la avaricia de los Primeros Padres renunciando anticipadamente a mi Hijo. Una madre jams renuncia, a no ser que se vea forzada, a su hijo. Pdasele a su corazn la patria, el amor de esposa, o de Dios mismo, ella se opondr a tal separacin. Es natural. 13
El hijo crece en el seno, y jams se corta completamente el lazo que une su persona con la nuestra. Aun cuando se corta el ombligo, siempre queda un nervio que parte del corazn de la madre, un nervio espiritual ms vivo, ms sensible que un nervio fsico, que se injerta en el corazn del hijo. Se siente extenderse hasta una afliccin sin nombre, si el amor de Dios o de una criatura, o las necesidades de la patria, alejan al hijo de la madre. Se despedaza hiriendo el corazn, si la muerte arranca a una madre su hijo. Desde el momento que tuve a mi Hijo renunci a l. Lo di a Dios. Lo di a vosotros. Yo me despoj del fruto de mi vientre para reparar el fruto que Eva rob a Dios. Venc la glotonera del saber y del gozar, aceptando saber slo lo que Dios quera que yo supiese, sin preguntarme a mi o a El ms de lo que me fuese dicho. Cre sin hacer preguntas. Venc la glotonera del placer porque me negu a cualquier experiencia de los sentidos. Mi carne la puse bajo mis pies. La carne, instrumento de Satans, la puse con Satans junta bajo mi calcaal para hacer de ella un escabel desde el cual subiese al cielo. El cielo: mi meta. Donde est Dios. Era mi nica hambre, hambre que no es gula, sino necesidad que l bendice y que quiere que siempre lo deseemos. Venc la lujuria, que es glotonera llevada hasta la voracidad; pues cualquier vicio que no se refrena, conduce a otro peor. La glotonera de Eva, que era algo ya reprobable, la llev a la lujuria. No le bast haberse proporcionado a s misma una satisfaccin. Quiso llevar su crimen a una intensidad refinada y conoci y ense a su compaero la lujuria. Yo tergivers los trminos y en vez de descender, sub siempre. En lugar de hacer bajar, siempre he llamado a lo alto, y de mi compaero, que era un hombre justo, hice un ngel. Ahora que tenia a Dios y con l sus infinitas riquezas, me apresur a despojarme de ellas, dicindole: "Mira: se cumpla en l y en mi Tu Voluntad". Casto es el que tiene moderacin no slo en su cuerpo, sino tambin en sus afectos y pensamientos. Deba yo ser la Casta para borrar la mancha de la carne, del corazn, de la mente. No sal de mi discrecin diciendo ni siquiera de mi Hijo - nicamente mo en la tierra como nico de Dios en el Cielo - " Esto es mo y lo quiero. Y sin embargo no era suficiente para obtener a la mujer la paz que Eva perdi, la obtuve al pie de la Cruz, cuando vi morir al que acabas de ver nacer. Cuando sent desgarrarse mis entraas al grito de mi Hijo que mora, me sent vaca de todo feminismo: no ms carne, sino ngel. Mara, la Virgen ante el Espritu Santo, muri en ese momento. Qued siendo la Madre de la gracia, la que con sus tormentos os la dio. La mujer que haba vuelto yo a consagrar en la noche de Navidad, adquiri al pie de la Cruz los medios para convertirse en una criatura del Cielo. 14
Esto lo hice por vosotros, abstenindome de toda satisfaccin, aun la ms santa. A vosotras mujeres a quienes Eva hizo compaeras no superiores a los animales, yo os he hecho, con tal de que lo queris, las santas de Dios. Por vosotras sub. Os he hecho subir muy arriba como Jos. La roca del Calvario es mi monte de los Olivos. De all sub llevando a los Cielos el alma nuevamente santificada de la mujer junto con mi cuerpo glorificado porque llev al Verbo de Dios y que cancel en mi los ltimos vestigios de Eva, la ltima raz de aquel rbol de las cuatro ramas venenosas y de la raz derrotada en los sentidos que haba arrastrado al linaje decado, y que hasta el fin de los siglos y hasta la ltima mujer, os morder las entraas. Os llamo desde ahora, desde donde resplandezco en medio de los rayos del Amor y os sealo la medicina con que os podis venceros a vosotras mismas: la gracia de mi Seor y la Sangre de mi Hijo.
Adoracin de los pastores (Escrito el 7 de junio de 1944) Veo una extensa campia. La luna est en el zenit. En un cielo recamado de estrellas va bogando. Parecen otras tantas chapitas de diamantes clavadas en un inmenso baldaqun de color azul subido, y la luna se re en medio de ellas con su cara blanqusima de la que bajan ros de luz que blanquean la tierra. Los rboles que no tienen follaje parecen ms altos y negros; mientras que las paredes que hay ac y all parecen como si fueran de leche; y una casita lejana parece un bloque de mrmol de Carrara. A mi derecha veo un lugar rodeado de una valla de espinos por dos lados y de una pared baja y spera por los otros dos. Sobre esta pared descansa el techo de una clase de tinglado largo y bajo, que por dentro est construido parte de piedra, parte de madera, algo as como si en el verano se quitase, y el tinglado se cambiase en portal. De este lugar sale de cuando en cuando un balido de muchas ovejas. Estarn durmiendo o tal vez crean que el da ya est cerca por el claror de la luna tan intenso, tan fuerte y que aumenta como si se acercase a la tierra o resplandeciese por un misterioso incendio. Un pastor se asoma a la puerta, y levantando un brazo a la altura de su frente para ver mejor, mira hacia arriba. Parece imposible que deba protegerse de la claridad de la luna, pero es tan fuerte que deslumbra, sobre todo a quien sale de un lugar cerrado y oscuro. Todo est en calma. Pero esa luz es rara. El pastor llama a sus compaeros. Salen a la puerta. Un grupo de hombres irsutos, de diversas edades. Hay algunos que son jovencillos y otros con canas. Entre si hablan del hecho extrao. Los ms jvenes tienen miedo, sobre todo uno, un nio de 12 aos que se pone a llorar, atrayendo sobre si las burlas de los otros.
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De qu tienes miedo, tonto? le reprocha el de mayor edad. No ves qu aire tan tranquilo? Nunca habas visto brillar la luna? Has estado siempre bajo las enaguas de tu mam como un pollito bajo el ala de la gallina? Otras cosas vers! Una vez fui por los montes del Lbano, mucho ms all. Era joven entonces y no me costaba trabajo caminar. Tambin era yo rico entonces... Una noche vi una luz tal que pens que probablemente Elas volva sobre su carro de fuego. El cielo pareca estar ardiendo. Un viejo - entonces el viejo era l - me dijo: "Gran desventura est por venir al mundo". Y lo fue, porque llegaron los soldados romanos. Oh, que vers cosas! ... si vives! Pero el pastorcillo no lo escucha. Parece como si no tuviese ya miedo, porque sale del umbral, se desliza por detrs de un nervudo pastor, detrs del cual se haba refugiado, y avanza a un lugar de hierba que est enfrente del tinglado. Mira en alto, camina como sonmbulo, como hipnotizado por algo que lo atrae. En un cierto punto lanza un Oh! y se queda como petrificado, con los brazos un poco abiertos. Los otros se miran estupefactos. Pero qu le pasa a ese tonto? pregunta uno. Maana lo devuelvo a su madre. No quiero tontos que guarden las ovejas dice otro. El viejo que poco antes haba hablado, dice: Vamos a ver antes de juzgar. Llamad a los otros que estn durmiendo y tomad garrotes. No sea que vaya a ser una fiera o algunos malhechores. Entran, llaman a los otros, salen con antorchas y garrotes. Alcanzan al nio. All, all! murmura sonriente. Ms all del rbol. Mirad esa luz que se acerca. Parece como si caminara sobre los rayos de la luna. Ved que se acerca. Qu bella! Yo veo tan solo una fuerte claridad. Yo tambin. Tambin yo dicen otros. No. Yo veo algo as como un cuerpo dice uno y reconozco en l al pastor que dio la leche a Mara. Es un... es un ngel! ... grita el nio. Mirad que baja... que se acerca. .. De rodillas todos ante el ngel de Dios! Un oh! largo y lleno de veneracin se levanta del grupo de los pastores, que caen de cara hacia el suelo, y los de mayor edad parecen ms abatidos. Los ms jvenes estn de rodillas, miran al ngel que se acerca cada vez ms y que se detiene, sacudiendo sus grandes alas, candor de perla en la claridad de la luna que lo rodea, encima de la pared del lugar. No tengis miedo. No os traigo ninguna desventura. Os traigo el anuncio de una gran alegra para el pueblo de Israel y para todos los pueblos de la tierra. La voz del ngel es armoniosa cual arpa en la que cantasen ruiseores.
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Hoy en la ciudad de sus grandes alas, las como si una lluvia de ellas. Un hermossimo pobre aprisco.
David, naci el Salvador. Al decir esto, abre mueve como muestras de alegra, y parece oro y piedras preciosas se desprendiesen de arco iris que forma un arco de triunfo en el
El Salvador que es el Mesas. El ngel brilla con una luz ms extraordinaria. Sus dos alas, ahora firmes, extendidas de punta a punta hacia el cielo como dos velas inmviles sobre el mar azul, parecen dos llamas que subiesen ardiendo. El Mesas, el Seor! El ngel recoge sus dos resplandecientes alas, se pone como un manto de diamantes en su vestido de perlas, se inclina como si adorase, con los brazos sobre el pecho y su rostro que desaparece, pues lo tiene muy inclinado, entre la sombra de las puntas de las alas plegadas. No se ve sino una larga forma luminosa, inmvil por el espacio de unos instantes. Pero ved que se mueve. Abre nuevamente las alas, levanta su rostro en que la luz se une a una sonrisa hermossima y dice: Lo reconoceris por estas seales: detrs de Beln, en un pobre establo encontraris un nio envuelto en paales, pues para el Mesas no hubo alojo en la ciudad de David. El rostro del ngel se pone serio, como triste. Pero de los cielos vienen muchos, oh! muchos, pero muchos ngeles semejantes a l, un ejrcito de ngeles que baja alborozndose y opacando la luna con su resplandor de paraso. Se unen al ngel que haba dado la noticia con un agitar de alas, con un exhalo de perfumes, con arpegio de notas en cuya comparacin todas las voces ms bellas de la tierra juntas, no seran ms que un remedo. Si la pintura es el intento de la materia para ser luz, aqu la meloda es el esfuerzo de la msica para baar completamente a los hombres en la belleza de Dios, y or esta meloda es conocer el paraso donde todo es armona de amor que de Dios mana para alegrar a los bienaventurados, y que de ellos va a El para decirle: Te amamos. El " Gloria " anglico se desparrama en ondas siempre ms largas por la quieta campia, y con ella la luz. Los pajaritos unen su cntico que es un saludo a esta luz que ha salido antes, y las ovejas lanzan sus balidos por este sol anticipado. Pero yo me imagino, como en la gruta al hablar del buey y del asno, que los animales saludan a su Creador, que ha venido en medio de ellos para amarlos como Hombre, adems de como Dios. El canto disminuye y la luz tambin, entre tanto que los ngeles vuelven a subir al cielo... Los pastores vuelven en s. Oste? Vamos a ver? Y los animales? Nada les pasar. Vamos y obedezcamos la palabra de Dios! ... Pero a dnde vamos? . Dijo que naci hoy! Y que no encontr 17
alojo en Beln? Es el pastor que dio la leche, el que ahora habla. Venid, yo s. Vi a la mujer y me dio compasin. Ense un lugar para Ella, porque pens que no encontrara alojo, y al hombre le di leche para Ella. Es muy joven y hermosa. Debe ser buena como el ngel que nos habl. Venid, venid. Vamos a tomar leche, quesos, corderos y pieles curtidas. Deben ser muy pobres... y quin sabe cunto fro tendr l a quien no me atrevo a nombrar! Y pensar que yo habl con Su Madre como si fuese una pobre mujer! Van al tinglado; poco despus salen unos con jarros de leche, otros con redecillas de esparto entretejido y dentro quesos redondos, otros con cestas en una de las cuales hay un corderito, y otros con pieles curtidas. Yo le llevo una oveja. Hace un mes que pari. La leche le har bien. Les podr servir si la mujer no tiene leche, me pareci todava muy joven y tan, blanca... Un rostro de jazmn bajo los rayos de la luna! dice el pastor del camino y los gua. Van bajo la luz de la luna y de antorchas, despus de que cerraron el tinglado y el recinto. Caminan por senderos entre vallas de espinos despojados de todo en el invierno. Dan vuelta por detrs de Beln. Llegan al establo, no por la parte por donde lleg Mara, sino por la parte contraria, de modo que no pasan por delante de los apriscos mejores, sino que es el primero que encuentran. Se acercan a la entrada. Entra! No me atrevo! Entra t! No. Asmate al menos! T, Lev, que fuiste el primero en ver al ngel, seal de que eres mejor que nosotros, mira. Antes lo tacharon de tonto... ahora para su conveniencia quieren que haga algo a lo que no se atreven. El nio titubea, pero se decide. Se acerca a la entrada, separa un poco el manto, mira... y se queda exttico. Qu ves? le preguntan ansiosos en voz baja. Veo a una mujer joven y bella y a un hombre inclinados sobre un pesebre... oigo que llora un recin nacido, y la mujer le habla con una voz... oh ! qu voz! . Qu le dice? Dice: " Jess mo! Jess, cario de tu Mam! No llores, Pequen " Dice: " Oh! pudiera decirte: `Toma leche, Pequen', pero todava no tengo!" Dice: "Tienes mucho fro, amorcito mo! Te molesta el heno Qu dolor para tu Mamita orte llorar as y no poderte consolar!" Dice: "Duerme, vidita ma! Que se me rompe el corazn con orte llorar y con verte esas lgrimas! " lo besa, le calienta sus piececitos con sus manos, porque est agachada con los brazos en el pesebre. Llama! Haz que te oigan! Yo no. T que nos trajiste y la conoces.
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El pastor abre la boca y se limita tan slo a dar una especie de gaido. Jos se voltea, y viene a la puerta. Quines sois? Pastores. Os traemos alimentos y lana. Vinimos a adorar al Salvador. Entrad. Entran y el establo se hace ms claro a la luz de las antorchas. Los mayores empujan a los jovenzuelos a que caminen ante ellos. Mara se vuelve y sonre. Venid dice. Venid y los invita con la mano, con la sonrisa, toma al que vio el ngel, lo acerca a s, contra el pesebre. El nio mira cual un bienaventurado. Los dems, a quienes tambin invita Jos, se acercan con sus presentes y los ponen con pocas palabras, pero llenas de emocin, a los pies de Mara. Luego contemplan al Nio que llora un poco y conmovidos y felices sonren. Uno al final se atreve a decir: Toma, Madre. Es suave y limpia. La haba preparado para mi hijo que va a nacerme, pero te la doy. Pon a tu Hijo en esta lana. Es delicada y caliente. Le ofrece la piel de una oveja, una bellsima piel lanuda, blanca y grande. Mara levanta a Jess y lo envuelve en ella, Lo ensea a los pastores, que de rodillas sobre el heno del suelo lo contemplan extticos. Toman ms confianza. Uno propone: Sera bueno darle un poco de leche. Mejor: agua y miel. Pero no tenemos miel. Se da a los pequeitos. Tengo siete hijos y conozco... Aqu hay leche. Toma, Mujer. Pero est fra. Se necesita caliente. Dnde est Elas? El trae la oveja. Elas debe ser el hombre del camino. Pero no est. Se qued afuera, mira por la rendija, y no se le ve por la oscuridad de la noche. Quin os trajo? Un ngel nos dijo que viniramos y Elas nos gui hasta aqu... Pero dnde est? La oveja lo denuncia con un balido. Acrcate, se te necesita. Entra con su oveja, avergonzado de que todos le vean.
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T eres? Dice Jos que lo reconoce y Mara con la sonrisa le dice: Eres bueno. Ordea la oveja y con la punta de un lienzo empapado en leche caliente y espumosa Mara baa los labios del Recin nacido que chupa. Todos se echan a rer y ms cuando, con el pedacito de tela entre los diminutos labios, Jess se duerme al calor de la lana. Pero no podis estaros aqu. Hace fro y est hmedo. Y. luego... huele mucho a animales. No est bien... y no hace bien al Salvador. Lo s dice Mara con un gran suspiro. Pero no hay lugar para nosotros en Beln. No te desanimes, Mujer. Te buscaremos una casa. Lo dir a mi duea dice el del camino, Elas. Es buena. Os acoger, aun cuando tuviera que daros su habitacin. Apenas amanezca se lo dir. Tiene la casa llena de gente, pero os dar un lugar. Para mi Hijo, al menos. Yo y Jos podemos estar en el suelo, pero mi Hijito... No suspires, Mujer. Yo me encargo de ello. Diremos a muchos lo que se nos dijo. Nada os faltar. Por ahora tomad esto que nuestra pobreza os da. Somos pastores... Tambin nosotros somos pobres, y no podemos recompensaros con algo dice Jos. Oh, no queremos! Y aunque lo pudieseis, no lo aceptaramos! El Seor ya nos recompens. Ha prometido la paz a todos. Los ngeles decan: "Paz a los hombres de buena voluntad". A nosotros ya nos la dio, porque el ngel dijo que este Nio es el Salvador, que es el Mesas, el Seor. Somos pobres e ignorantes, pero sabemos que los Profetas dijeron que el Salvador ser el Prncipe de la Paz. A nosotros nos dijo que vinisemos a adorarlo, por esto nos dio Su Paz. Gloria a Dios en los altsimos Cielos y gloria a este su Mesas, y bendita seas t, Mujer, que lo engendraste! Eres santa, porque mereciste llevarlo en tu vientre! Mndanos como Reina, que estaremos felices de servirte. Qu podemos hacer por ti? Amar a mi Hijo y conservar siempre en el corazn los pensamientos de ahora. Pero, t no deseas nada? No tienes familiares a los cuales quieras que se les haga hacer saber que ya naci l? S. Me gustara, pero no estn cerca. Estn en Hebrn... Yo voy , dice Elas. Quines son? Zacaras el sacerdote e Isabel mi prima.
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Zacaras? Oh, lo conozco bien! En el verano voy por aquellos montes porque los pastizales son buenos y grandes y soy amigo de su pastor. Cuando vea que te has acomodado, voy a ver a Zacaras. Gracias, Elas. No tienes por qu. Es una gran honra para m, pobre pastor, ir a hablar al sacerdote y decirle: " Naci ya el Salvador ". No. Le dirs: " Dice Mara de Nazaret, tu prima, que naci ya Jess, y que vengas a Beln ". As se lo dir. Dios te lo pague. Me acordar de ti, y de todos vosotros... Le hablars a tu Hijito de nosotros? Le hablar. Yo soy Elas. Yo Lev. Yo Samuel. Yo Jons. Yo Isaac. Yo Tobas. Yo Jonats. Yo Daniel. Yo Simen. Yo me llamo Juan. Yo soy Jos y mi hermano es Benjamn, somos gemelos. Me acordar de vuestros nombres. Ya nos vamos,... pero regresaremos... Traeremos a otros a adorar... Cmo regresar al aprisco dejando al Nio? i Gloria a Dios que nos lo mostr ! Djanos besar su vestidito dice Lev con una sonrisa angelical. Mara levanta despacio a Jess, y sentada en el heno, ofrece los piececitos, envueltos en lino, para que los besen. Los pastores se inclinan hasta el suelo y besan esos diminutos pies, envueltos en tela. Quien tiene barba se la hace a un lado, y casi todos lloran y cuando estn para irse, salen retrocediendo, sin dar la espalda, dejando dentro su corazn...La visin termina as: Mara sentada en la paja con el Nio sobre su seno; y Jos, apoyado en el pesebre sobre su brazo, lo mira y lo adora. En los pastores estn todos los requisitos necesarios para ser adoradores del Verbo (Escrito el mismo da) Dice Jess: Los pastores fueron los primeros adoradores del Cuerpo de Dios. En ellos estn todos los requisitos necesarios para ser adoradores de Mi 21
Cuerpo, almas eucarsticas. Fe segura: creyeron pronta y ciegamente al ngel. Generosidad: dieron toda su riqueza a su Seor. Humildad: se acercan a ms pobres que ellos, hablando humanamente, con modestia de gestos que no envilecen, y se profesan sus siervos. Deseo: cuando no pueden dar porque no tienen, se industrian en buscar por medio del apostolado y de la fatiga. Pronta obediencia: Mara desea que se le avise a Zacaras y Elas va al punto. No lo deja para otro da. Amor, sobre todo no saben separarse de all. Tu has dicho: "Dejan all su corazn". Dijiste bien. Pero no se necesitara hacer igual cosa con Mi Sacramento? Y otra cosa y solo para ti: observa a quin se revela primeramente el ngel y quin merece ser el primero en sentir el cario de Mara. Lev: el nio. Dios se muestra a quien tiene alma infantil y le muestra sus misterios y le concede que oiga las palabras divinas y de Mara. Quien tiene alma de nio, tambin tiene el santo atrevimiento de Lev, y dice: " Permteme que bese el vestido de Jess". Lo dice a Mara. Porque Mara es siempre la que os da a Jess. Es Ella la que conduce a la Eucarista. Es Ella el Copn viviente. Quien va a Mara, me encuentra. Quien me pide por medio de Ella, por medio de Ella me recibe. La sonrisa de Mi Madre cuando alguien le dice: "Dame tu Jess, porque quiero amarlo" hace estremecer los Cielos con un vivo esplendor de alegra, pues se siente feliz Ella.
Relato del Nacimiento de Jess segn una visin dada a la Beata Catalina Emmerich ALEMANIA, 1820 VISIN DE LA NATIVIDAD "He visto que la luz que envolva a la Virgen se haca cada vez ms deslumbrante, de modo que la luz de las lmparas encendidas por Jos no eran ya visibles. Mara, con su amplio vestido desceido, estaba arrodillada con la cara vuelta hacia Oriente. Llegada la medianoche la vi arrebatada en xtasis, suspendida en el pecho. El resplandor en torno a ella creca por momentos. Toda la naturaleza pareca sentir una emocin de jbilo, hasta los seres inanimados. La roca de que estaban formados el suelo y el atrio pareca palpitar bajo la luz intensa que los envolva. Luego ya no vi ms la bveda. Una estela luminosa, que aumentaba sin cesar en claridad, iba desde Mara hasta lo ms alto de los cielos. All arriba haba un movimiento maravilloso de glorias celestiales, que se acercaban a la Tierra, y aparecieron con claridad seis coros de ngeles celestiales. La Virgen Santsima, levantada de la tierra en medio del xtasis, oraba y bajaba las miradas sobre su Dios, de quien se haba convertido en Madre. El 22
Verbo eterno, dbil Nio, estaba acostado en el suelo delante de Mara". "Vi a Nuestro Seor bajo la forma de un pequeo Nio todo luminoso, cuyo brillo eclipsaba el resplandor circundante, acostado sobre una alfombrita ante las rodillas de Mara. Me pareca muy pequeito y que iba creciendo ante mis ojos; pero todo esto era la irradiacin de una luz tan potente y deslumbradora que no puedo explicar cmo pude mirarla. La Virgen permaneci algn tiempo en xtasis; luego cubri al Nio con un pao, sin tocarlo y sin tomarlo an en sus brazos. Poco tiempo despus vi al Nio que se mova y le o llorar. En ese momento fue cuando Mara pareci volver en s misma y, tomando al Nio, lo envolvi en el pao con que lo haba cubierto y lo tuvo en sus brazos, estrechndole contra su pecho. Se sent, ocultndose toda ella con el Nio bajo su amplio velo, y creo que le dio el pecho. Vi entonces que los ngeles, en forma humana, se hincaban delante del Nio recin nacido para adorarlo. " "Cuando haba transcurrido una hora desde el nacimiento del Nio Jess, Mara llam a Jos, que estaba an orando con el rostro pegado a la tierra. Se acerc, lleno de jbilo, de humildad y de fervor. Slo cuando Mara le pidi que apretase contra su corazn el Don Sagrado del Altsimo, se levant Jos, recibi al Nio entre sus brazos, y derramando lgrimas de pura alegra, dio gracias a Dios por el Don recibido del Cielo. " "Mara faj al Nio: tena slo cuatro paales. Ms tarde vi a Mara y a Jos sentados en el suelo, uno junto al otro: no hablaban, parecan absortos en muda contemplacin. Ante Mara, fajado como un nio comn, estaba recostado Jess recin nacido, bello y brillante como un relmpago. "Ah, deca yo, este lugar encierra la salvacin del mundo entero y nadie lo sospecha" "He visto en muchos lugares, hasta en los ms lejanos, una inslita alegra, un extraordinario movimiento en esta noche. He visto los corazones de muchos hombres de buena voluntad reanimados por un ansia, plena de alegra, y en cambio, los corazones de los perversos llenos de temores. Hasta en los animales he visto manifestarse alegra en sus movimientos y brincos. Las flores levantaban sus corolas, las plantas y los rboles tomaban nuevo vigor y verdor y esparcan sus fragancias y perfumes. He visto brotar fuentes de agua de la tierra. En el momento mismo del nacimiento de Jess brot una fuente abundante en la gruta de la colina del Norte. " "A legua y media ms o menos de la gruta de Beln, en el valle de los pastores, haba una colina. En las faldas de la colina estaban las chozas de tres pastores. Al nacimiento de Jesucristo vi a estos tres pastores muy impresionados ante el aspecto de aquella noche tan maravillosa; por eso se quedaron alrededor de sus cabaas mirando a todos lados. "
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"Entonces vieron maravillados la luz extraordinaria sobre la gruta del pesebre. Mientras los tres pastores estaban mirando hacia aquel lado del cielo, he visto descender sobre ellos una nube luminosa, dentro de la cual not un movimiento a medida que se acercaba. Primero vi que se dibujaban formas vagas, luego rostros, y finalmente o cantos muy armoniosos, muy alegres, cada vez ms claros. Como al principio se asustaron los pastores, apareci un ngel entre ellos, que les dijo: "No temis, pues vengo a anunciaros una gran alegra para todo el pueblo de Israel. Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo, el Seor. Por seal os doy sta: encontraris al Nio envuelto en paales, echado en un pesebre". Mientras el ngel deca estas palabras, el resplandor se haca cada vez ms intenso a su alrededor. Vi a cinco o siete grandes figuras de ngeles muy bellos y luminosos. O que alababan a Dios cantando: "Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad". Ms tarde tuvieron la misma aparicin los pastores que estaban junto a la torre. Unos ngeles tambin aparecieron a otro grupo de pastores cerca de una fuente, al Este de la torre, a unas tres leguas de Beln. Los he visto consultndose unos a otros acerca de lo que llevaran al recin nacido y preparando los regalos con toda premura. Llegaron a la gruta del pesebre al rayar el alba." (ver ndice)
Ciudad Mstica de Dios, Mara de Jess de greda Visiones y revelaciones relacionadas con el Nacimiento de Nuestro Seor Jesucristo Volvi la gran Reina del cielo con la respuesta a San Jos y le declar la Voluntad del Altsimo de que le obedeciese y acompaase en su jornada a Beln. Con que el santo esposo qued lleno de nuevo jbilo y consuelo, y reconociendo este gran favor de la mano del Seor, le dio gracias con profundos actos de humildad y reverencia, y hablando a su divina esposa, la dijo: Seora ma, y causa de mi alegra, de mi felicidad y dicha, slo me resta dolerme en este viaje de los trabajos que en l habis de padecer, por no tener caudal para vencerlos y llevaros con la comodidad que yo quisiera preveniros para la peregrinacin. Pero deudos y conocidos y amigos hallaremos en Beln de nuestra familia, que yo espero nos recibirn con caridad, y all descansaris de la molestia del camino, si lo dispone el Altsimo, como yo vuestro siervo lo deseo. Era verdad que el santo esposo Jos lo prevena as con su afecto, mas el Seor tena dispuesto lo que l entonces ignoraba; y porque se le frustraron sus deseos sinti despus mayor amargura y dolor, como se ver. No declar Mara santsima a San Jos lo que en el Seor tena previsto del misterio de su divino parto, aunque saba no sucedera lo que l pensaba, pero antes bien animndole, le dijo: 24
Esposo y seor mo, yo voy con mucho gusto en vuestra compaa y haremos la jornada como pobres en el nombre del Altsimo, pues no desprecia Su Alteza la misma pobreza, que viene a buscar con tanto amor. Y supuesto ser su proteccin y amparo con nosotros en la necesidad y en el trabajo, pongamos en ella nuestra confianza. Y vos, seor mo, poned por su cuenta todos vuestros cuidados. Determinaron luego el da de su partida, y el santo esposo con diligencia sali por Nazaret a buscar alguna bestezuela en que llevar a la Seora del mundo; y no fcilmente pudo hallarla, por la mucha gente que sala a diferentes ciudades a cumplir con el mismo edicto del emperador. Pero despus de muchas diligencias y penoso cuidado hall San Jos un jumentillo humilde, que si pudiramos llamarle dichoso, lo haba sido entre todos los animales irracionales, pues no slo llev a la Reina de todo lo criado, y en ella al Rey y Seor de los reyes y seores, pero despus se hall en el nacimiento del nio (Is 1, 3) y dio a su Criador el obsequio que los hombres le negaron, como adelante se dir (Cf. infra n. 485). Previnieron lo necesario para el viaje, que fue jornada de cinco das; y era la recmara de los divinos caminantes con el mismo aparato que llevaron en la primera peregrinacin que hicieron a casa de San Zacaras, como arriba se dijo, libro ni, captulo 15, nmero 196, porque slo llevaban pan y fruta y algunos peces, que era el ordinario manjar y regalo de que usaban. Y como la prudentsima Virgen tena luz de que tardara mucho tiempo en volver a su casa, no slo llev consigo las mantillas y fajos prevenidos para su divino parto, pero dispuso las cosas con disimulacin, de manera que todas estuviesen al intento de los fines del Seor y sucesos que esperaba; y dejaron encargada su casa a quien cuidase de ella mientras volvan. Lleg el da y hora de partir para Beln, y como el fidelsimo y dichoso San Jos trataba ya con nueva y suma reverencia a su soberana esposa, andaba como vigilante y cuidadoso siervo inquiriendo y procurando en qu darla gusto y servirla, y la pidi con grande afecto le advirtiese de todo lo que deseaba y que l ignorase para su agrado, descanso y alivio, y dar beneplcito al Seor que llevaba en su virginal vientre. Agradeci la humilde Reina estos afectos santos de su esposo, y remitindolos a la gloria y obsequio de su Hijo santsimo, le consol y anim para el trabajo del camino, con asegurarle de nuevo el agrado que tena Su Majestad de todos sus cuidados, y que recibiesen con igualdad y alegra del corazn las penalidades que como pobres se les seguiran en la jornada. Y para darle principio se hinc de rodillas la Emperatriz de las alturas y pidi a San Jos le diese su bendicin. Y aunque el varn de Dios se encogi mucho y dificult el hacerlo por la dignidad de su esposa, pero ella venci en humildad y le oblig a que se la diese. Hzolo San Jos con gran temor y reverencia, y luego con abundantes lgrimas se postr en tierra y la pidi le ofreciese de nuevo a su Hijo 25
santsimo y le alcanzase perdn y su divina gracia. Con esta preparacin partieron de Nazaret a Beln, en medio del invierno, que haca el viaje ms penoso y desacomodado. Pero la Madre de la vida, que la llevaba en su vientre, slo atenda a sus divinos efectos y recprocos coloquios, mirndole siempre en su tlamo virginal, imitndole en sus obras y dndole mayor agrado y gloria que todo el resto de las criaturas juntas.
Doctrina que me dio la Reina Santsima Mara Hija ma, todo el discurso de mi vida y en cada uno de los captulos y misterios que vas escribiendo conocers la divina y admirable providencia del Altsimo y su paternal amor para conmigo, su humilde sierva. Y aunque la capacidad humana no puede dignamente penetrar y ponderar estas obras admirables y de tan alta sabidura, pero debe venerarlas con todas sus fuerzas y disponerse para mi imitacin y para la participacin de los favores que el Seor me hizo. Porque no han de imaginar los mortales que slo en m y para m se quiso mostrar Dios santo, poderoso y bueno infinitamente; y es cierto que si alguna y todas las almas se entregasen del todo a la disposicin y gobierno de este Seor, conocieran luego con experiencia aquella misma fidelidad, puntualidad y suavsima eficacia con que dispona Su Majestad conmigo todas las cosas que tocaban a su gloria y servicio y tambin gustaran aquellos dulcsimos efectos y movimientos divinos que yo senta con el rendimiento que tena a su santsima voluntad, y no menos recibieran respectivamente la abundancia de sus dones, que como en un pilago infinito estn casi represados en su divinidad. Y de la manera que si al peso de las aguas del mar se les diese algn conducto por donde segn su inclinacin hallasen despedida, correran con invencible mpetu, as procederan la gracia y beneficios del Seor sobre las criaturas racionales si ellas diesen lugar y no impidiesen su corriente. Esta ciencia ignoran los mortales, porque no se detienen a pensar y considerar las obras del Altsimo. De ti quiero que la estudies y escribas en tu pecho, y que asimismo aprendas de mis obras el secreto que debes guardar de tu interior y lo que en l tienes, y la pronta obediencia y rendimiento a todos, anteponiendo siempre el parecer ajeno a tu dictamen propio. Pero esto ha de ser de manera que para obedecer a tus superiores y padre espiritual has de cerrar los ojos, aunque conozcas que en alguna cosa que te mandan ha de suceder lo contrario, como saba yo que no sera lo que mi santo esposo Jos esperaba sucedera en la jornada de Beln. Y si esto te mandase otro inferior o igual, calla y disimula y ejecuta todo lo que no fuere culpa o imperfeccin. Oye a todos con silencio y advertencia para que aprendas. En hablar sers muy tarda y detenida, que esto es ser prudente y advertida. Tambin te acuerdo de nuevo, que para todo lo que hicieres pidas al Seor te d su 26
bendicin, para que no te apartes de su divino beneplcito. Y si tuvieres oportunidad, pide tambin licencia y bendicin a tu padre espiritual y maestro, porque no te falte el gran merecimiento y perfeccin de estas obras, y me des a m el agrado que de ti deseo. La jornada que Mara santsima hizo de Nazaret a Beln en compaa del santo esposo Jos, y los ngeles que la asistan Partieron de Nazaret para Beln Mara pursima y el glorioso San Jos, a los ojos del mundo tan solos comopobres y humildes peregrinos, sin que nadie de los mortales los reputase ni estimase ms de lo que con l tienen granjeado la humildad y pobreza. Pero, oh admirables sacramentos del Altsimo, ocultos a los soberbios e inescrutables para la prudencia carnal! No caminaban solos, pobres ni despreciados, sino prsperos, abundantes y magnficos: eran el objeto ms digno del eterno Padre y de su amor inmenso y lo ms estimable de sus ojos, llevaban consigo el tesoro del cielo y de la misma divinidad, venerbanlos toda la corte de los ciudadanos celestiales y reconocan las criaturas insensibles la viva y verdadera arca del Testamento, mejor que las aguas del Jordn a su figura y sombra cuando corteses se dividieron para hacerle franco el paso a ella y a los que la seguan (Jos 3, 16). Acomparonlos los diez mil ngeles que arriba dije, nm. 450; fueron sealados por el mismo Dios para que sirviesen a Su Majestad y a su santsima Madre en toda esta jornada; y estos escuadrones celestiales iban en forma humana visible para la divina Seora, ms refulgentes cada uno que otros tantos soles, hacindola escolta, y ella iba en medio de todos ms guarnecida y defendida que el lecho de Salomn con los sesenta valentsimos de Israel (Cant 3, 7) que ceidas las espadas le rodeaban. Fuera de estos diez mil ngeles asistan otros muchos que bajaban y suban a los cielos, enviados del Padre eterno a su Unignito humanado y a su Madre santsima, y de ellos volvan con las legacas que eran enviados y despachados. Con este real aparato oculto a los mortales caminaban Mara santsima y San Jos, seguros de que a sus pies no les ofendera la piedra (Sal 90, 12) de la tribulacin, porque mand a sus ngeles el Seor que los llevasen en las manos de su defensa y custodia. Y este mandato cumplan los ministros fidelsimos, sirviendo como vasallos a su gran Reina, con admiracin de alabanza y gozo, viendo recopilados en una pura criatura tantos sacramentos juntos, tales perfecciones, grandezas y tesoros de la divinidad, y todo con la dignidad y decencia que aun a su misma capacidad anglica exceda. Hacan nuevos cnticos al Seor, contemplndole sumo Rey de gloria descansando en su reclinatorio de oro (Cant 3, 10), y a la divina Madre, ya como carroza incorruptible y viva, ya como espiga frtil de la tierra prometida (Lev 23, 10) que encerraba el grano vivo, ya como nave rica del mercader (Prov 31, 14), que le llevaba a que naciera en la "casa del pan" (Beln), para que muriendo en la tierra (Jn 12, 24) 27
fuese multiplicado en el cielo. Durles cinco das la jornada; que por el preado de la Madre Virgen, orden su Esposo llevarla muy despacio. Y nunca la soberana Reina conoci noche en este viaje; porque, algunos das que caminaban parte de ella, despedan los ngeles tan grande resplandor como todas las iluminaras del cielo juntas cuando al medioda tienen su mayor fuerza en la ms clara serenidad. Y de este beneficio y de la vista de los ngeles gozaba San Jos en aquellas horas de las noches; y entonces se formaba un coro celestial de todos juntos, en que la gran Seora y su esposo alternaban con los soberanos espritus admirables cnticos e himnos de alabanza, con que los campos se convertan en nuevos cielos. Y de la vista y resplandor de sus ministros y vasallos goz la Reina en todo el viaje, y de dulcsimos coloquios interiores que tena con ellos. Con estos admirables favores y regalos mezclaba el Seor algunas penalidades y molestias que se ofrecan a su divina Madre en el viaje. Porque el concurso de la gente en las posadas, por los muchos que caminaban con la ocasin del imperial edicto, era muy penoso e incmodo para el recato y modestia de la pursima Madre y Virgen y para su esposo, porque como pobres y encogidos eran menos admitidos que otros y les alcanzaba ms descomodidad que a los muy ricos; que el mundo, gobernado por lo sensible, de ordinario distribuye sus favores al revs y con acepcin de personas. Oan nuestros santos peregrinos repetidas palabras speras en las posadas a donde llegaban fatigados, y en algunas los despedan como a gente intil y despreciable, y muchas veces admitan a la Seora de cielo y tierra en un rincn de un portal, y otras aun no le alcanzaba; y se retiraban ella y su esposo a otros lugares ms humildes y menos decentes en la estimacin del mundo; pero en cualquiera lugar, por contentible que fuese, estaba la corte de los ciudadanos del cielo con su Rey supremo y Reina soberana, y luego todos la rodeaban y encerraban como un impenetrable muro, con que el tlamo de Salomn estaba seguro y defendido de los temores nocturnos Cant 3, 8). Y su fidelsimo esposo San Jos, viendo a la Seora de los cielos tan guarnecida de sus ejrcitos divinos, descansaba y dorma, porque ella tambin cuidaba de esto, para que se aliviase algo del trabajo del camino. Y ella se quedaba en coloquios celestiales con los diez mil ngeles que la asistan. Aunque Salomn en los Cantares comprendi grandes misterios de la Reina del cielo por diversas metforas y similitudes, pero en el captulo 3 habl ms expresamente de lo que sucedi a la divina Madre en el preado de su Hijo santsimo y en esta jornada que hizo para su sagrado parto; porque entonces fue cuando se cumpli a la letra todo lo que all se dice del lecho de Salomn, de su carroza y reclinatorio de oro, de la guarda que le puso de los fortsimos de Israel que gozan de la visin divina y todo lo dems que contiene aquella profeca, cuya inteligencia basta haberla apuntado en lo que 28
se ha dicho para convertir toda mi admiracin al sacramento de la sabidura infinita en estas obras tan venerables para la criatura. Quin habr de los mortales tan duro que no se ablande su corazn, o tan soberbio que no se confunda, o tan inadvertido que no se admire de ver una maravilla compuesta de tan varios y contrarios extremos? Dios infinito y verdaderamente oculto y escondido en el tlamo virginal de una doncella tierna llena de hermosura y gracia, inocente, pura, suave, dulce, amable a los ojos de Dios y de los hombres, sobre todo cuanto el mismo Seor ha criado y criar jams! Esta gran Seora, con el tesoro de la divinidad, despreciada, afligida, desestimada y arrojada de la ciega ignorancia y soberbia mundana! Y por otra parte, en los lugares ms contentibles, amada y estimada de la beatsima Trinidad, regalada de sus caricias, servida de sus ngeles, reverenciada, defendida y amparada de su grande y vigilante custodia! Oh hijos de los hombres, tardos y duros de corazn (Sal 4, 3), qu engaosos son vuestros pesos y juicio, como dice Santo Rey David (Sal 61, 10)), que estimis a los ricos, despreciis a los pobres, levantis a los soberbios y abats a los humildes, arrojis a los justos y aplauds a los vanos! Ciego es vuestro dictamen, y errada vuestra eleccin, con que os hallis frustrados en vuestros mismos deseos. Ambiciosos que buscis riquezas y tesoros y os hallis pobres y abrazados con el aire, si recibierais al Arca verdadera de Dios, recibierais y consiguierais muchas bendiciones de la diestra divina, como Obededn (2 Sam 6, 11), pero porque la despreciasteis, os sucedi a muchos lo que a Oza (2 Sam 6, 7), que quedasteis castigados. Conoca y miraba la divina Seora entre todo esto la variedad de almas que haba en todos los que iban y venan y penetraba sus pensamientos ms ocultos y el estado que cada una tena, en gracia o en pecado, y los grados que en estos diferentes extremos tenan; y de muchas almas conoca si eran predestinadas (al Cielo) o rprobas [precitas Dios quiere que todos se salven y da gracia suficiente para salvacin a todos. Los que se condenen, se condenen por su propia culpa ya que no hay predestinacin al infierno], si haban de perseverar o caer o levantarse; y toda esta variedad le daba motivos de ejercitar heroicos actos de virtudes con unos y por otros; porque para muchos alcanzaba la perseverancia, para otros eficaz auxilio con que se levantasen del pecado a la gracia, por otros lloraba y clamaba al Seor con ntimos afectos, y por los rprobos, aunque no pidiese tan eficazmente, senta intenssimo dolor de su final perdicin. Y fatigada muchas veces con estas penas, ms sin comparacin que con el trabajo del camino, senta algn desfallecimiento en el cuerpo, y los santos ngeles, llenos de refulgente luz y hermosura, la reclinaban en sus brazos, para que en ellos descansase y recibiese algn alivio. A los enfermos, afligidos y necesitados consolaba por el camino, slo con orar por ellos y pedir a su Hijo santsimo el remedio de sus trabajos y necesidades; porque en esta jornada, por la 29
multitud y concurso de la gente, se retiraba a solas sin hablar, atendiendo mucho a su divino preado, que ya se manifestaba a todos. Este era el retorno que la Madre de misericordia daba a los mortales por el mal hospedaje que de ellos reciba. Y para mayor confusin de la ingratitud humana, sucedi alguna vez que, como era invierno, llegaban a las posadas con grandes fros de las nieves y lluvias que no quiso el Seor les faltase esta penalidad y era necesario retirarse a los mismos lugares viles donde estaban los animales, porque no les daban otro mejor los hombres; y la cortesa y humanidad que les faltaba a ellos, tenan las bestias, retirndose y respetando a su Hacedor y a su Madre, que le tena en su virginal vientre. Bien pudiera la Seora de las criaturas mandar a los vientos, a la escarcha y a la nieve que no la ofendieran, pero no lo haca por no privarse de la imitacin de Cristo su Hijo santsimo en padecer, aun antes que l saliese de su virgneo vientre, y as la fatigaron algo estas inclemencias en el camino. Pero el cuidadoso y fiel esposo San Jos atenda mucho a abrigarla, y ms lo hacan los espritus anglicos, en especial el prncipe San Miguel, que siempre asisti al lado diestro de su Reina, sin desampararla un punto en este viaje, y repetidas veces la serva, llevndola del brazo cuando se hallaba algo cansada. Y cuando era voluntad del Seor la defenda de los temporales inclementes y haca otros muchos oficios en obsequio de la divina Seora y del bendito fruto de su vientre, Jess. Con la variedad alternada de estas maravillas llegaron nuestros peregrinos, Mara santsima y San Jos, a la ciudad de Beln el quinto da de su jornada a las cuatro de la tarde, sbado, que en aquel tiempo del solsticio hiemal ya a la hora dicha se despide el sol y se acerca la noche. Entraron en la ciudad buscando alguna casa de posada, y discurriendo muchas calles, no slo por posadas y mesones, pero por las casas de los conocidos y de su familia ms cercanos, de ninguno fueron admitidos y de muchos despedidos con desgracia y con desprecios. Segua la honestsima Reina a su esposo, llamando l de casa en casa y de puerta en puerta, entre el tumulto de la mucha gente. Y aunque no ignoraba que los corazones y las casas de los hombres estaran cerrados para ellos, con todo eso por obedecer a San Jos quiso padecer aquel trabajo y honestsimo pudor o vergenza que para su recato, y en el estado y edad que se hallaba, fue de mayor pena que faltarles la posada. Discurriendo por la ciudad llegaron a la casa donde estaba el registro y padrn pblico, y por no volver a ella se escribieron, y pagaron el fisco y la moneda del tributo real, con que salieron ya de este cuidado. Prosiguieron su diligencia y fueron a otras posadas, y habindola buscado en ms de cincuenta casas, de todas fueron arrojados y despedidos; admirndose los espritus soberanos de los altsimos misterios del Seor, de la paciencia y mansedumbre de su Madre Virgen y de la insensible dureza de los hombres. Con esta 30
admiracin bendecan al Altsimo en sus obras y ocultos sacramentos, porque desde aquel da quiso acreditar y levantar a tanta gloria la humildad y pobreza despreciada de los mortales. Eran las nueve de la noche cuando el fidelsimo San Jos lleno de amargura e ntimo dolor se volvi a su esposa prudentsima, y la dijo: Seora ma dulcsima, mi corazn desfallece de dolor en esta ocasin viendo que no puedo acomodaros, no slo como vos lo merecis y mi afecto lo deseaba, pero ningn abrigo ni descanso, que raras veces o nunca se le niega al ms pobre y despreciado del mundo. Misterio sin duda tiene esta permisin del cielo, que no se muevan los corazones de los hombres a recibirnos en sus casas. Acurdome, Seora, que fuera de los muros de la ciudad est una cueva que suele servir de albergue a los pastores y a su ganado. Llegumonos all, que si por dicha est desocupada, all tendris del cielo algn amparo cuando nos falta de la tierra. Respondile la prudentsima Virgen: Esposo y seor mo, no se aflija vuestro piadossimo corazn, porque no se ejecutan los deseos ardentsimos que produce el afecto que tenis al Seor. Y pues le tengo en mis entraas, por l mismo os suplico que le demos gracias por lo que as dispone. El lugar que me decs ser muy a propsito para mi deseo. Convirtanse vuestras lgrimas en gozo con el amor y posesin de la pobreza, que es el tesoro rico e inestimable de mi Hijo santsimo. Este viene a buscar desde los cielos, preparmosele con jbilo del alma, que no tiene la ma otro consuelo, y vea yo que me le dais en esto. Vamos contentos a donde el Seor nos gua. Encaminaron para all los Santos ngeles a los divinos esposos, sirvindoles de lucidsimas antorchas, y llegando al portal o cueva, la hallaron desocupada y sola. Y llenos de celestial consuelo, por este beneficio alabaron al Seor, y sucedi lo que dir en el captulo siguiente. Doctrina que me dio la Reina del cielo Mara santsima. Hija ma carsima, si eres de corazn blando y dcil para el Seor, poderosos sern los misterios divinos que has escrito y entendido para mover en ti afectos dulces y amorosos con el Autor de tantas y tales maravillas, en cuya presencia quiero de ti que desde hoy hagas nuevo y grande aprecio de verte desechada y desestimada del mundo. Y dime, amiga, si en recambio de este olvido y menosprecio admitido con voluntad alegre, pone Dios en ti los ojos y la fuerza de su amor suavsimo, por qu no comprars tan barato lo que vale no menos que infinito precio? Qu te darn los hombres cuando ms te celebren y te estimen? Y qu dejars si los desprecias? No es todo mentira y vanidad? No es una sombra fugitiva y momentnea que se les desvanece entre las manos a los que trabajan por cogerla? Pues cuando todo lo tuvieras en las tuyas, qu hicieras en despreciarlo de balde? Considera bien cunto menos hars en arrojarlo por granjear el amor del mismo Dios, el mo y de sus ngeles; nigalo todo, carsima, y de 31
corazn; y si no te despreciare el mundo tanto como debes desearlo, desprecale t a l y queda libre, expedita y sola, para que te acompae el todo y sumo bien y recibas con plenitud los felicsimos efectos de su amor y con libertad le correspondas. Es tan fiel amante mi Hijo santsimo de las almas, que me puso a m por maestra y ejemplar vivo para ensearlas el amor de la humildad y el eficaz desprecio de la vanidad y soberbia. Y tambin fue orden suya que para su grandeza y para m, su sierva y Madre, faltase abrigo y acogida entre los hombres, dando motivo con este desamparo para que despus las almas enamoradas y afectuosas se le ofrezcan, y obligarse con tan fina voluntad a venir y estar en ellas; como tambin busc la soledad y la pobreza, no porque para s tuviese necesidad de estos medios para obrar las virtudes en grado perfectsimo, sino para ensear a los mortales que ste era el camino ms breve y seguro para lo levantado del amor divino y unin con el mismo Dios. Bien sabes, carsima, que incesantemente eres enseada y amonestada con la luz de lo alto, para que olvidada de lo terreno y visible te cias de fortaleza (Prov 31, 17) y te levantes a imitarme, copiando en ti, segn tus fuerzas, los actos y virtudes que de mi vida te manifiesto. Y ste es el primer intento de la ciencia que recibes para escribirla, porque tengas en m este arancel y de l te valgas para componer tu vida y obras al modo que yo imitaba las de mi Hijo dulcsimo. Y el temor que te ha causado este mandato, imaginndole superior a tus fuerzas, le has de moderar y cobrar nimo con lo que dice mi Hijo santsimo por el Evangelista San Mateo (Mt5, 48): Sed perfectos, como lo es vuestro Padre celestial. Esta voluntad del Altsimo que propone a su Iglesia santa no es imposible a sus hijos, y si ellos de su parte se disponen, a ninguno le negar esta gracia, para conseguir la semejanza con el Padre celestial, porque esto les mereci mi Hijo santsimo; pero el pesado olvido y desprecio que hacen los hombres de su redencin impide que se consiga en ellos eficazmente su fruto. De ti, hija ma, quiero especialmente esta perfeccin y te convido para ella por medio de la suave ley del amor a que encamino mi doctrina. Considera y pesa con la divina luz en qu obligacin te pongo, y trabaja para corresponder a ella con prudencia de hija fiel y solcita, sin que te embarace dificultad o trabajo alguno, ni omitir virtud ni accin de perfeccin por ardua que sea. Ni te has de contentar con solicitar tu amistad con Dios y la salvacin propia, pero si quieres ser perfecta a mi imitacin y cumplir con lo que ensea el Evangelio, has de procurar la salud de otras almas y la exaltacin del santo nombre de mi Hijo y ser instrumento en su mano poderosa para cosas fuertes y de su mayor agrado y gloria.
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CAPITULO 10 Nace Cristo nuestro bien de Mara Virgen en Beln de Judea El palacio que tena prevenido el supremo Rey de los reyes y Seor de los seores para hospedar en el mundo a su eterno Hijo humanado para los hombres, era la ms pobre y humilde choza o cueva, a donde Mara santsima y San Jos se retiraron despedidos de los hospicios y piedad natural de los mismos hombres, como queda dicho en el captulo pasado. Era este lugar tan despreciado y contentible, que con estar la ciudad de Beln tan llena de forasteros que faltaban posadas en que habitar, con todo eso nadie se dign de ocuparle ni bajar a l, porque era cierto no les competa ni les vena bien sino a los maestros de la humildad y pobreza, Cristo nuestro bien y su pursima Madre. Y por este medio les reserv para ellos la sabidura del eterno Padre, consagrndole con los adornos de desnudez, soledad y pobreza por el primer templo de la luz y casa del verdadero Sol de Justicia (Mt 5, 48) , que para los rectos de corazn haba de nacer de la candidsima aurora Mara, en medio de las tinieblas de la noche smbolo de las del pecado que ocupaban todo el mundo. Entraron Mara santsima y San Jos en este prevenido hospicio, y con el resplandor que despedan los diez mil ngeles que los acompaaban pudieron fcilmente reconocerle pobre y solo, como lo deseaban, con gran consuelo y lgrimas de alegra. Luego los dos santos peregrinos hincados de rodillas alabaron al Seor y le dieron gracias por aquel beneficio, que no ignoraban era dispuesto por los ocultos juicios de la eterna Sabidura. De este gran sacramento estuvo ms capaz la divina princesa Mara, porque en santificando con sus plantas aquella felicsima cuevecitla, sinti una plenitud de jbilo interior que la elev y vivific toda, y pidi al Seor pagase con liberal mano a todos los vecinos de la ciudad que, despidindola de sus casas, la haban ocasionado tanto bien como en aquella humildsima choza la esperaba. Era toda de unos peascos naturales y toscos, sin gnero de curiosidad ni artificio y tal que los hombres la juzgaron por conveniente para solo albergue de animales, pero el eterno Padre la tena destinada para abrigo y habitacin de su mismo Hijo. Los espritus anglicos, que como milicia celestial guardaban a su Reina y Seora, se ordenaron en forma de escuadrones, como quien haca cuerpo de guardia en el palacio real. Y en la forma corprea y humana que tenan, se le manifestaban tambin al santo esposo Jos, que en aquella ocasin era conveniente gozase de este favor, as por aliviar su pena, viendo tan adornado y hermoso aquel pobre hospicio con las riquezas del cielo, como para aliviar y animar su corazn y levantarle ms para los sucesos que prevena el Seor aquella noche y en tan despreciado lugar. La gran Reina y Emperatriz del cielo, que ya estaba informada del misterio que se haba de celebrar, determin 33
limpiar con sus manos aquella cueva que luego haba de servir de trono real y propiciatorio sagrado, porque ni a ella le faltase ejercicio de humildad, ni a su Hijo unignito aquel culto y reverencia que era el que en tal ocasin poda prevenirle por adorno de su templo. El santo esposo Jos, atento a la majestad de su divina esposa, que ella parece olvidaba en presencia de la humildad, la suplic no le quitase a l aquel oficio que entonces le tocaba y, adelantndose, comenz a limpiar el suelo y rincones de la cueva, aunque no por eso dej de hacerlo juntamente con l la humilde Seora. Y porque estando los Santos ngeles en forma humana visibleparece que, a nuestro entender, se hallaran corridos a vista de tan devota porfa y de la humildad de su Reina, luego con emulacin santa ayudaron a este ejercicio o, por mejor decir, en brevsimo espacio limpiaron y despejaron toda aquella caverna, dejndola aliada y llena de fragancia. San Jos encendi fuego con el aderezo que para ello traa, y porque el fro era grande, se llegaron a l para recibir algn alivio, y del pobre sustento que llevaban comieron o cenaron con incomparable alegra de sus almas; aunque la Reina del cielo y tierra con la vecina hora de su divino parto estaba tan absorta y abstrada en el misterio, que nada comiera si no mediara la obediencia de su esposo. Dieron gracias al Seor, como acostumbraban, despus de haber comido; y detenindose un breve espacio en esto y en conferir los misterios del Verbo humanado, la prudentsima Virgen reconoca se le llegaba el parto felicsimo. Rog a su esposo San Jos se recogiese a descansar y dormir un poco, porque ya la noche corra muy adelante. Obedeci el varn divino a su esposa y la pidi que tambin ella hiciese lo mismo, y para esto ali y previno con las ropas que traan un pesebre algo ancho, que estaba en el suelo de la cueva para servicio de los animales que en ella recogan. Y dejando a Mara santsima acomodada en este tlamo, se retir el santo Jos a un rincn del portal, donde se puso en oracin. Fue luego visitado del Espritu divino y sinti una fuerza suavsima y extraordinaria con que fue arrebatado y elevado en un xtasis altsimo, do se le mostr todo lo que sucedi aquella noche en la cueva dichosa; porque no volvi a sus sentidos hasta que le llam la divina esposa. Y este fue el sueo que all recibi Jos, ms alto y ms feliz que el de Adn en el paraso (Gen 2, 21). En el lugar que estaba la Reina de las criaturas fue al mismo tiempo, movida de un fuerte llamamiento del Altsimo con eficaz y dulce transformacin que la levant sobre todo lo criado y sinti nuevos efectos del poder divino, porque fue este xtasis de los ms raros y admirables de su vida santsima. Luego fue levantndose ms con nuevos lumines y cualidades que la dio el Altsimo, de los que en otras ocasiones he declarado, para llegar a la visin clara de la divinidad. Con estas disposiciones se le corri la cortina y vio intuitivamente al mismo Dios con tanta gloria y plenitud de ciencia, 34
que todo entendimiento anglico y humano ni lo puede explicar, ni adecuadamente entender. Renovse en ella la noticia de los misterios de la divinidad y humanidad santsima de su Hijo, que en otras visiones se le haba dado, y de nuevo se le manifestaron otros secretos encerrados en aquel archivo inexhausto del divino pecho. Y yo no tengo bastantes, capaces y adecuados trminos ni palabras para manifestar lo que de estos sacramentos he conocido con la luz divina; que su abundancia y fecundidad me hace pobre de razones. Declarle el Altsimo a su Madre Virgen cmo era tiempo de salir al mundo de su virginal tlamo, y el modo cmo esto haba de ser cumplido y ejecutado. Y conoci la prudentsima Seora en esta visin las razones y fines altsimos de tan admirables obras y sacramentos, as de parte del mismo Seor, como de lo que tocaba a las criaturas, para quien se ordenaban inmediatamente. Postrse ante el trono real de la divinidad y, dndole gloria y magnificencia, gracias y alabanzas por s y las que todas las criaturas le deban por tan inefable misericordia y dignacin de su inmenso amor, pidi a Su Majestad nueva luz y gracia para obrar dignamente en el servicio, obsequio, educacin del Verbo humanado, que haba de recibir en sus brazos y alimentar con su virginal leche. sta peticin hizo la divina Madre con humildad profundsima, como quien entenda la alteza de tan nuevo sacramento, cual era el criar y tratar como madre a Dios hecho hombre, y porque se juzgaba indigna de tal oficio, para cuyo cumplimiento los supremos serafines eran insuficientes. Prudente y humildemente lo pensaba y pesaba la Madre de la sabidura (Eclo 24, 24), y porque se humill hasta el polvo y se deshizo toda en presencia del Altsimo, la levant Su Majestad y de nuevo la dio ttulo de Madre suya, y la mand que como Madre legtima y verdadera ejercitase este oficio y ministerio: que le tratase como a Hijo del eterno Padre y juntamente Hijo de sus entraas. Y todo se le pudo fiar a tal Madre, en que encierro todo lo que no puedo explicar con ms palabras. Estuvo Mara santsima en este rapto y visin beatfica ms de una hora inmediata a su divino parto; y al mismo tiempo que sala de ella y volva en sus sentidos, reconoci y vio que el cuerpo del nio Dios se mova en su virginal vientre, soltndose y despidindose de aquel natural lugar donde haba estado nueve meses, y se encaminaba a salir de aquel sagrado tlamo. Este movimiento del nio no slo no caus en la Virgen Madre dolor y pena, como sucede a las dems hijas de Adn y Eva en sus partos, pero antes la renov toda en jbilo y alegra incomparable, causando en su alma y cuerpo virgneo efectos tan divinos y levantados, que sobrepujan y exceden a todo pensamiento criado. Qued en el cuerpo tan espiritualizada y, tan hermosa y refulgente, que no pareca criatura humana y terrena: el rostro despeda rayos de luz como un sol entre color encarnado bellsimo, el semblante gravsimo con admirable majestad y el afecto inflamado y fervoroso. 35
Estaba puesta de rodillas en el pesebre, los ojos levantados al cielo, las manos juntas y llegadas al pecho, el espritu elevado en la divinidad y toda ella deificada. Y con esta disposicin, en el trmino de aquel divino rapto, dio al mundo la eminentsima Seora al Unignito del Padre y suyo (Lc 2, 7) y nuestro Salvador Jess, Dios y hombre verdadero, a la hora de media noche, da de domingo, y el ao de la creacin del mundo, que la Iglesia romana ensea, de cinco mil ciento noventa y nueve; que esta cuenta se me ha declarado es la cierta y verdadera. Otras circunstancias y condiciones de este divinsimo parto, aunque todos los fieles las suponen por milagrosas, pero como no tuvieron otros testigos ms que a la misma Reina del cielo y sus cortesanos, no se pueden saber todas en particular, salvo las que el mismo Seor ha manifestado a su santa Iglesia en comn, o a particulares almas por diversos modos. Y porque en esto creo hay alguna variedad, y la materia es altsima y en todo venerable, habiendo yo declarado a mis Prelados que me gobiernan lo que conoc de estos misterios para escribirlos, me orden la obediencia que de nuevo los consultase con la divina luz y preguntase a la Emperatriz del cielo, mi madre y maestra, y a los Santos ngeles que me asisten y sueltan las dificultades que se me ofrecen, algunas particularidades que convenan a la mayor declaracin del parto sacratsimo de Mara, Madre de Jess, Redentor nuestro. Y habiendo cumplido con este mandato, volv a entender lo mismo, y me fue declarado que sucedi en la forma siguiente: En el trmino de la visin beatfica y rapto de la Madre siempre Virgen, que dejo declarado (Cf. supra n. 473), naci de ella el Sol de Justicia, Hijo del eterno Padre y suyo, limpio, hermossimo, refulgente y puro, dejndola en su virginal entereza y pureza ms divinizada y consagrada; porque no dividi, sino que penetr el virginal claustro, como los rayos del sol, que sin herir la vidriera cristalina, la penetra y deja ms hermosa y refulgente. Y antes de explicar el modo milagroso como esto se ejecut, digo que naci el nio Dios solo y puro, sin aquella tnica que llaman secundina en la que nacen comnmente enredados los otros nios y estn envueltos en ella en los vientres de sus madres. Y no me detengo en declarar la causa de donde pudo nacer y originarse el error que se ha introducido de lo contrario. Basta saber y suponer que en la generacin del Verbo humanado y en su nacimiento, el brazo poderoso del Altsimo tom y eligi de la naturaleza todo aquello que perteneca a la verdad y sustancia de la generacin humana, para que el Verbo hecho hombre verdadero, verdaderamente se llamase concebido, engendrado y nacido como hijo de la sustancia de su Madre siempre Virgen. Pero en las dems condiciones que no son de esencia, sino accidentales a la generacin y natividad, no slo se han de apartar de Cristo Seor nuestro y de su Madre santsima las que tienen relacin y dependencia de la culpa original o actual, pero otras muchas que no derogan a la sustancia de la generacin o nacimiento y en los mismos trminos de la naturaleza contienen alguna impuridad o superfluidad 36
no necesaria para que la Reina del cielo se llame Madre verdadera y Cristo Seor nuestro hijo suyo y que naci de ella. Porque ni estos efectos del pecado o naturaleza eran necesarios para la verdad de la humanidad santsima, ni tampoco para el oficio de Redentor o Maestro; y lo que no fue necesario para estos tres fines, y por otra parte redundaba en mayor excelencia de Cristo y de su Madre santsimos, no se ha de negar a entrambos? Ni los milagros que para ello fueron necesarios se han de recatear con el Autor de la naturaleza y gracia y con la que fue su digna Madre, prevenida, adornada y siempre favorecida y hermoseada; que la divina diestra en todos tiempos la estuvo enriqueciendo de gracias y dones y se extendi con su poder a todo lo que en pura criatura fue posible. Conforme a esta verdad, no derogaba a la razn de madre verdadera que fuese virgen en concebir y parir por obra del Espritu Santo, quedando siempre virgen. Y aunque sin culpa suya pudiera perder este privilegio la naturaleza, pero faltrale a la divina Madre tan rara y singular excelencia; y porque no estuviese y careciese de ella, se la concedi el poder de su Hijo santsimo. Tambin pudiera nacer el nio Dios con aquella tnica o piel que los dems, pero esto no era necesario para nacer como hijo de su legtima Madre, y por esto no la sac consigo del vientre virginal y materno, como tampoco pag a la naturaleza este parto otras pensiones y tributos de menos pureza que contribuyen los dems por el orden comn de nacer. El Verbo humanado no era justo que pasase por las leyes comunes de los hijos de Adn, antes era como consiguiente al milagroso modo de nacer, que fuese privilegiado y libre de todo lo que pudiera ser materia de corrupcin o menos limpieza; y aquella tnica secundina no se haba de corromper fuera del virginal vientre, por haber estado tan contigua o continua con su cuerpo santsimo y ser parte de la sangre y sustancia materna; ni tampoco era conveniente guardarla y conservarla, ni que la tocasen a ella las condiciones y privilegios que se le comunican al divino cuerpo, para salir penetrando el de su Madre santsima, como dir luego. Y el milagro con que se haba de disponer de esta piel sagrada, si saliera del vientre, se pudo obrar mejor quedndose en l, sin salir fuera. Naci, pues, el nio Dios del tlamo virginal solo y sin otra cosa material o corporal que le acompaase, pero sali glorioso y transfigurado; porque la divinidad y sabidura infinita dispuso y orden que la gloria del alma santsima redundase y se comunicase al cuerpo del nio Dios al tiempo del nacer, participando los dotes de gloria, como sucedi despus en el Tabor (Mt 17, 2) en presencia de los tres Apstoles. Y no fue necesaria esta maravilla para penetrar el claustro virginal y dejarle ileso en su virginal integridad, porque sin estos dotes pudiera Dios hacer otros milagros: que naciera el nio dejando virgen a la Madre, como lo dicen los doctores santos (S. Toms, Summa, III, q. 28 a. 2 ad 2) que no conocieron otro misterio en esta natividad. Pero la voluntad divina fue que la beatsima Madre viese a su Hijo hombre-Dios la primera vez glorioso en el cuerpo para dos fines: el uno, que con la vista de aquel objeto divino la 37
prudentsima Madre concibiese la reverencia altsima con que haba de tratar a su Hijo, Dios y hombre verdadero; y aunque antes haba sido informada de esto, con todo eso orden el Seor que por este medio como experimental se la infundiese nueva gracia, correspondiente a la experiencia que tomaba de la divina excelencia de su dulcsimo Hijo y de su majestad y grandeza; el segundo fin de esta maravilla fue como premio de la fidelidad y santidad de la divina Madre, para que sus ojos pursimos y castsimos, que a todo lo terreno se haban cerrado por el amor de su Hijo santsimo, le viesen luego en naciendo con tanta gloria y recibiesen aquel gozo y premio de su lealtad y fineza. El sagrado Evangelista San Lucas dice (Lc 2, 7) que la Madre Virgen, habiendo parido a su Hijo primognito, le envolvi en paos y le reclin en un pesebre. Y no declara quin le llev a sus manos desde su virginal vientre, porque esto no perteneca a su intento. Pero fueron ministros de esta accin los dos prncipes soberanos San Miguel y San Gabriel, que como asistan en forma humana corprea al misterio, al punto que el Verbo humanado, penetrndose con su virtud por el tlamo virginal, sali a luz, en debida distancia le recibieron en sus manos con incomparable reverencia, y al modo que el Sacerdote propone al pueblo la Sagrada Hostia para que la adore, as estos dos celestiales ministros presentaron a los ojos de la divina Madre a su Hijo glorioso y refulgente. Todo esto sucedi en breve espacio. Y al punto que los santos ngeles presentaron al nio Dios a su Madre, recprocamente se miraron Hijo y Madre santsimos, hiriendo ella el corazn del dulce nio y quedando juntamente llevada y transformada en l. Y desde las manos de los dos santos prncipes habl el Prncipe celestial a su feliz Madre, y la dijo: Madre, asimlate a m, que por el ser humano que me has dado quiero desde hoy darte otro nuevo ser de gracia ms levantado, que siendo de pura criatura se asimile al mo, que soy Dios y hombre por imitacin perfecta. Respondi la prudentsima Madre: Trahe me post te, in odorem unguentorum tuorum curremos (Cant 1, 3). Llvame, Seor, tras de ti y correremos en el olor de tus ungentos. Aqu se cumplieron muchos de los ocultos misterios de los Cantares; y entre el nio Dios y su Madre Virgen pasaron otros de los divinos coloquios que all se refieren, como: Mi amado para m y yo para l (Cant 2,16), y se convierte para m (Cant 7, 10) . Atiende qu hermosa eres, amiga ma, y tus ojos son de paloma. Atiende qu hermoso eres, dilecto mo (Cant 1, 14-15); y otros muchos sacramentos que para referirlos sera necesario dilatar ms de lo que es necesario este captulo. Con las palabras que oy Mara santsima de la boca de su Hijo dilectsimo juntamente la fueron patentes los actos interiores de su alma santsima unida a la divinidad, para que imitndolos se asimilase a l. Y este beneficio fue el mayor que recibi la fidelsima y dichosa Madre de su Hijo, hombre y Dios verdadero no slo porque desde aquella hora fue continuo por toda su vida, pero porque fue el ejemplar vivo de donde ella copi la suya, con toda la similitud posible entre la que era pura criatura y Cristo hombre y Dios 38
verdadero. Al mismo tiempo conoci y sinti la divina Seora la presencia de la Santsima Trinidad, y oy la voz del Padre eterno que deca: Este es mi Hijo amado, en quien recibo grande agrado y complacencia (Mt 17, 5).Y la prudentsima Madre, divinizada toda entre tan encumbrados sacramentos, respondi y dijo: Eterno Padre y Dios altsimo, Seor y Criador del universo, dadme de nuevo vuestra licencia y bendicin para que con ella reciba en mis brazos al deseado de las gentes (Ag 2, 8), y enseadme a cumplir en el ministerio de madre indigna y de esclava fiel vuestra divina [Link] luego una voz que le deca: Recibe a tu unignito Hijo, imtale, crale y advierte que me lo has de sacrificar cuando yo te le pida. Alimntale como madre y reverencale como a tu verdadero Dios. Respondi la divina Madre: Aqu est la hechura de vuestras divinas manos, adornadme de vuestra gracia para que vuestro Hijo y mi Dios me admita por su esclava; y dndome la suficiencia de vuestro gran poder, yo acierte en su servicio, y no sea atrevimiento que la humilde criatura tenga en sus manos y alimente con su leche a su mismo Seor y Criador. Acabados estos coloquios tan llenos de divinos misterios, el nio Dios suspendi el milagro o volvi a continuar el que suspenda los dotes y gloria de su cuerpo santsimo, quedando represada slo en el alma, y se mostr sin ellos en su ser natural y pasible. Y en este estado le vio tambin su Madre pursima, y con profunda humildad y reverencia, adorndole en la postura que ella estaba de rodillas, le recibi de manos de los Santos ngeles que le tenan. Y cuando le vio en las suyas, le habl y le dijo: Dulcsimo amor mo, lumbre de mis ojos y ser de mi alma, venid en hora buena al mundo, Sol de Justicia (Mal 4, 2), para desterrar las tinieblas del pecado y de la muerte. Dios verdadero de Dios verdadero, redimid a vuestros siervos, y vea toda carne a quien le trae la salud (Is 52, 10). Recibid para vuestro obsequio a vuestra esclava y suplid mi insuficiencia para serviros. Hacedme, Hijo mo, tal como queris que sea con vos. Luego se convirti la prudentsima Madre a ofrecer su Unignito al eterno Padre, y dijo: Altsimo Criador de todo el universo, aqu est el altar y el sacrificio aceptable a vuestros ojos. Desde esta hora, Seor mo, mirad al linaje humano con misericordia, y cuando merezcamos vuestra indignacin, tiempo es de que se aplaque con vuestro Hijo y mo. Descanse ya la justicia, y magnifquese vuestra misericordia, pues para esto se ha vestido el Verbo divino la similitud de la carne del pecado (Rom 8, 3) y se ha hecho hermano de los mortales y pecadores. Por este ttulo los reconozco por hijos y pido con lo ntimo de mi corazn por ellos. Vos, Seor poderoso, me habis hecho Madre de vuestro Unignito sin merecerlo, porque esta dignidad es sobre todos merecimientos de criaturas, pero debo a los hombres en parte la ocasin que han dado a mi incomparable dicha, pues por ellos soy Madre del Verbo humanado pasible y Redentor de todos. No les negar mi amor, mi cuidado y desvelo para su remedio. Recibid, eterno Dios, mis deseos y peticiones para lo que es de vuestro mismo agrado y voluntad. 39
Convirtise tambin la Madre de Misericordia a todos los mortales, y hablando con ellos dijo: Consulense los afligidos, algrense los desconsolados, levntense los cados, pacifquense los turbados, resuciten los muertos, letifquense los justos, algrense los santos, reciban nuevo jbilo los espritus celestiales, alviense los profetas y patriarcas del limbo y todas las generaciones alaben y magnifiquen al Seor que renov sus maravillas. Venid, venid, pobres; llegad, prvulos, sin temor, que en mis manos tengo hecho cordero manso al que se llama len; al poderoso, flaco; al invencible, rendido. Venid por la vida, llegad por la salud, acercaos por el descanso eterno, que para todos le tengo y se os dar de balde y le comunicar sin envidia. No queris ser tardos y pesados de corazn, oh hijos de los hombres. Y vos, dulce bien de mi alma, dadme licencia para que reciba de vos aquel deseado sculo de todas las criaturas. Con esto la felicsima Madre aplic sus divinos y castsimos labios a las caricias tiernas y amorosas del nio Dios, que las esperaba como Hijo suyo verdadero. Y sin dejarle de sus brazos, sirvi de altar y de sagrario donde los diez mil ngeles en forma humana adoraron a su Criador hecho hombre. Y como la beatsima Trinidad asista con especial modo al nacimiento del Verbo encarnado, qued el cielo como desierto de sus moradores, porque toda aquella corte invisible se traslad a la feliz cueva de Beln y ador tambin a su Criador en hbito nuevo y peregrino. Y en su alabanza entonaron los Santos ngeles aquel nuevo cntico: Gloria in excelsis Deo, et in terra pax hominibus bonae voluntatis (Lc 2, 14). Y con dulcsima y sonora armona le repitieron, admirados de las nuevas maravillas que vean puestas en ejecucin y de la indecible prudencia, gracia, humildad y hermosura de una doncella tierna de quince aos, depositara y ministra digna de tales y tantos sacramentos. Ya era hora que la prudentsima y advertida Seora llamase a su fidelsimo esposo San Jos, que, como arriba dije (Cf. supra n. 472), estaba en divino xtasis, donde conoci por revelacin todos los misterios del sagrado parto que en aquella noche se celebraron. Pero convena tambin que con los sentidos corporales viese y tratase, adorase y reverenciase al Verbo humanado, antes que otro alguno de los mortales, pues l solo era entre todos escogido para despensero fiel de tan alto sacramento. Volvi del xtasis mediante la voluntad de su divina Esposa, y restituido en sus sentidos, lo primero que vio fue el nio Dios en los brazos de su virgen Madre, arrimado a su sagrado rostro y pecho. All le ador con profundsima humildad y lgrimas. Besle los pies con nuevo jbilo y admiracin, que le arrebatara y disolviera la vida, si no le conservara la virtud divina, y los sentidos perdiera, si no fuera necesario usar de ellos en aquella ocasin. Luego que el santo Jos ador al nio, la prudentsima Madre pidi licencia a su mismo Hijo para asentarse, que hasta entonces haba estado de rodillas, y administrndole San Jos los fajos y paales que traan, le envolvi en ellos con incomparable reverencia, devocin y alio, y as empaado y fajado, con sabidura divina le reclin la misma Madre en el pesebre, como el Evangelista San Lucas 40
dice (Lc 2, 7), aplicando algunas pajas y heno a una piedra, para acomodarle en el primer lecho que tuvo Dios hombre en la tierra fuera de los brazos de su Madre. Vino luego, por voluntad divina, de aquellos campos un buey con suma presteza, y entrando en la cueva se junt al jumentillo que la misma Reina haba llevado; y ella les mand adorasen con la reverencia que podan y reconociesen a su Criador. Obedecieron los humildes animales al mandato de su Seora y se postraron ante el nio y con su aliento le calentaron y sirvieron con el obsequio que le negaron los hombres. As estuvo Dios hecho hombre envuelto en paos, reclinado en el pesebre entre dos animales, y se cumpli milagrosamente la profeca: que conoci el buey a su dueo y el jumento al pesebre de su seor, y no lo conoci Israel, ni su pueblo tuvo inteligencia (Is 1, 3). Doctrina de la Reina Mara santsima. Hija ma, si los mortales tuvieran desocupado el corazn y sano juicio para considerar dignamente este gran sacramento de piedad que el Altsimo obr por ellos, poderosa fuera su memoria para reducirlos al camino de la vida y rendirlos al amor de su Criador y Reparador. Porque siendo los hombres capaces de razn, si de ella usaran con la dignidad y libertad que deben, quin fuera tan insensible y duro que no se enterneciera y moviera a la vista de su Dios humanado y humillado a nacer pobre, despreciado, desconocido, en un pesebre entre animales brutos, slo con el abrigo de una madre pobre y desechada de la estulticia y arrogancia del mundo? En presencia de tan alta sabidura y misterio, quin se atrever a amar la vanidad y soberbia, que aborrece y condena el Criador de cielo y tierra con su ejemplo? Ni tampoco podr aborrecer la humildad, pobreza y desnudez, que el mismo Seor am y eligi para s, enseando el medio verdadero de la vida eterna. Pocos son los que se detienen a considerar esta verdad y ejemplo, y con tan fea ingratitud son pocos los que consiguen el fruto de tan grandes sacramentos. Pero si la dignacin de mi Hijo santsimo se ha mostrado tan liberal contigo en la ciencia y luz tan clara que te ha dado de estos admirables beneficios del linaje humano, considera bien, carsima, tu obligacin y pondera cunto y cmo debes obrar con la luz que recibes. Y para que correspondas a esta deuda, te advierto y exhorto de nuevo que olvides todo lo terreno y lo pierdas de vista y no quieras ni admitas otra cosa del mundo ms de lo que te puede alejar y ocultar de l y de sus moradores, para que desnudo el corazn de todo afecto terreno, te dispongas para celebrar en l los misterios de la pobreza, humildad y amor de tu Dios humanado. Aprende de mi ejemplo la reverencia, temor y respeto con que le has de tratar, como yo lo haca cuando le tena en mis brazos; y ejecutars esta doctrina cuando t le recibas en tu pecho en el venerable Sacramento de la Eucarista, donde est el mismo Dios y hombre verdadero que naci de mis entraas. Y en este Sacramento le recibes y tienes realmente tan cerca, que est dentro de ti misma con la verdad que yo le trataba y tena, aunque por otro modo.
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En esta reverencia y temor santo quiero que seas extremada, y que tambin adviertas y entiendas, que con la obra de entrar Dios sacramentado en tu pecho te dice lo mismo que a m me dijo en aquellas razones: Que me asimilase a l, como lo has entendido y escrito. El bajar del cielo a la tierra, nacer en pobreza y humildad, vivir y morir en ella con tan raro ejemplo y enseanza del desprecio del mundo y de sus engaos, y la ciencia que de estas obras te ha dado, sealndose contigo en alta y encumbrada inteligencia y penetracin, todo esto ha de ser para ti una voz viva que debes or con ntima atencin de tu alma y escribirla en tu corazn, para que con discrecin hagas propios los beneficios comunes y entiendas que de ti quiere mi Hijo santsimo y mi Seor los agradezcas y recibas, como si por ti (Gal 2, 20) sola hubiera bajado del cielo a redimirte y obrar todas las maravillas y doctrina que dej en su Iglesia santa.
CAPITULO 11 Cmo los santos ngeles evangelizaron en diversas partes el nacimiento de nuestro Salvador, y los pastores vinieron a adorarle Habiendo celebrado los cortesanos del cielo en el portal de Beln el nacimiento de su Dios humanado y nuestro Reparador, fueron luego despachados algunos de ellos por el mismo Seor a diversas partes, para que evangelizasen las dichosas nuevas a los que segn la divina voluntad estaban dispuestos para orlas. El santo prncipe Miguel fue a los santos padres del limbo y les anunci cmo el Unignito del Padre eterno hecho hombre haba ya nacido y quedaba en el mundo y en un pesebre entre animales, humilde y manso cual ellos le haban profetizado. Y especialmente habl a los santos Joaqun y Ana de parte de la dichosa Madre, porque ella misma se lo orden, y les dio la enhorabuena de que ya tena en sus brazos al deseado de las gentes y prenunciado de todos los profetas y patriarcas. Fue el da de mayor consuelo y alegra que en su largo destierro haba tenido toda aquella gran congregacin de justos y santos. Y reconociendo todos al nuevo Hombre y Dios verdadero por autor de la salud eterna, hicieron nuevos cnticos en su alabanza y le adoraron y dieron culto. San Joaqun y Santa Ana, por medio del paraninfo del cielo San Miguel, pidieron a Mara su hija santsima que en su nombre reverenciase al nio Dios, fruto bendito de su virginal vientre, y as lo hizo luego la gran Reina del mundo, oyendo con extremado jbilo todo lo que el santo Prncipe le refiri de los padres del limbo. Otro ngel de los que guardaban y asistan a la divina Madre fue enviado a Santa Isabel y su hijo San Juan Bautista, y habindoles anunciado la nueva natividad del Redentor, la prudente matrona con su hijo, aunque era tan nio y tierno, se postraron en tierra y adoraron a su Dios humanado en espritu y verdad (Jn 4, 23) . Y el nio que estaba consagrado para su precursor fue renovado 42
interiormente con nuevo espritu ms inflamado que el de Elas, causando estos misterios en los mismos ngeles nueva admiracin y alabanza. Pidieron tambin San Juan Bautista y su madre a nuestra Reina, por medio de los ngeles, que en nombre de los dos adorase a su Hijo santsimo y los ofreciese de nuevo a su servicio; y todo lo cumpli luego la Reina celestial. Con este aviso despach luego Santa Isabel un propio a Beln y con l envi un regalo a la feliz Madre del nio Dios, que fue algn dinero, lienzo y otras cosas para abrigo del recin nacido y de su pobre Madre y esposo. Fue el propio con solo orden que visitase a su prima y a San Jos y que atendiese a la comodidad y necesidad que tuviesen, y de esto y su salud trajese nuevas ciertas. No tuvo este hombre ms noticia del sacramento que slo lo exterior que vio y reconoci, pero admirado y tocado de una fuerza divina volvi renovado interiormente y con jbilo admirable cont a Santa Isabel la pobreza y agrado de su deuda y del nio y San Jos, y los efectos que de verlo todo haba sentido; y en el corazn dispuesto de la piadosa matrona fueron admirables los que obr tan sincera relacin. Y si no interviniera la voluntad divina para el secreto y recato de tan alto sacramento, no se pudiera contener para dejar de visitar a la Madre Virgen y al nio Dios recin nacido. De las cosas que les envi tom alguna parte la Reina, para suplir en algo la pobreza en que se hallaba, y lo dems distribuy con los pobres; que de stos no quiso le faltase compaa los das que estuvo en el portal o cueva del nacimiento. Fueron tambin otros ngeles a dar las mismas nuevas a San Zacaras, a San Simen y Santa Ana la Profetisa, y a otros algunos justos y santos, de quienes se pudo fiar el nuevo misterio de nuestra redencin; porque hallndolos el Seor dignamente prevenidos para recibirle con alabanza y fruto, pareca como deuda a su virtud no ocultarle el beneficio que se conceda al linaje humano. Y aunque no todos los justos de la tierra conocieron entonces este sacramento, pero en todos hubo algunos efectos divinos en la hora que naci el Salvador del mundo, porque todos los que estaban en gracia sintieron interior jbilo, nuevo y sobrenatural, ignorando la causa en particular. Y no slo hubo mutaciones en los ngeles y en los justos, sino en otras criaturas insensibles, porque todas las influencias de los planetas se renovaron y mejoraron. El sol apresur mucho su curso, las estrellas dieron mayor resplandor, y para los Reyes magos se form aquella noche la milagrosa estrella (Mt 2, 2) que los encamin a Beln; muchos rboles dieron flor y otros frutos, algunos templos de dolos se arruinaron y otros dolos cayeron y salieron de ellos demonios. Y de todos estos milagros, y otros que fueron manifiestos al mundo aquel da, daban diferentes causas los hombres desatinando en la verdad. Slo entre los justos hubo muchos que con impulso divino sospecharon o creyeren que Dios haba venido al mundo, aunque con 43
certeza nadie lo supo, fuera de aquellos a quienes l mismo lo revel. Entre ellos fueron los tres Reyes magos, a quienes enviaron otros ngeles de los custodios de la Reina, que a cada uno singularmente, donde estaban en las partes del oriente, les revelaran intelectualmente por habla interior cmo el Redentor del linaje humano haba nacido en pobreza y humildad. Y con esta revelacin se les infundieron nuevos deseos de buscarle y adorarle, y luego vieron la sealada estrella que los encamin a Beln, como dir adelante (Cf. Infra [Link] n. 552ss). Entre todos fueron muy dichosos los pastores (Lc 2, 8) de aquella regin, que desvelados guardaban sus rebaos a la misma hora del nacimiento. Y no slo porque velaban con aquel honesto cuidado y trabajo que padecan por Dios, mas tambin porque eran pobres, humildes y despreciados del mundo, justos y sencillos de corazn, eran de los que en el pueblo de Israel esperaban con fervor y deseaban la venida del Mesas, y de ella hablaban y conferan repetidas veces. Tenan mayor semejanza con el autor de la vida, tanto cuanto eran ms dismiles del fausto, vanidad y ostentacin mundana y lejos de su diablica astucia. Representaban con estas nobles condiciones el oficio que vena a ejercer el pastor bueno, a reconocer sus ovejas y ser de ellas reconocido (Jn 10, 14). Por estar en tan conveniente disposicin, merecieron ser citados y convidados como primicias de los Santos por el mismo Seor, para que entre los mortales fuesen ellos los primeros a quien se manifestase y comunicase el Verbo eterno humanado, y de quien se diese por alabado, servido y adorado. Para esto fue enviado el mismo Arcngel San Gabriel y, hallndolos en su vigilia, se les apareci en forma humana visible con gran resplandor de candidsima luz. Hallronse los pastores repentinamente rodeados y baados de celestial resplandor, y con la vista del ngel, como poco ejercitados en tales revelaciones, temieron con gran pavor. Y el santo prncipe los anim, y les dijo: Hombres sinceros, no queris temer, que os Evangelizo un grande gozo, y es que para vosotros ha nacido hoy el Salvador Cristo Seor nuestro en la ciudad de David. Y os doy por seal de esta verdad, que hallaris al infante envuelto en paos y puesto en un pesebre. A estas palabras del Santo Arcngel sobrevino de improviso gran multitud de celestial milicia, que con dulces voces y armona alabaron al Muy Alto, y dijeron: Gloria en las alturas a Dios y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad (Lc 2, 9ss). Y repitiendo este divino cntico tan nuevo en el mundo, desaparecieron los Santos ngeles; sucediendo todo esto en la cuarta vigilia de la noche. Con esta visin anglica quedaron los humildes y dichosos pastores llenos de luz divina, encendidos y fervorosos, con deseo uniforme de lograr su felicidad y llegar a reconocer con sus ojos el misterio altsimo que ya haban percibido por el odo. 44
Las seas que les dio el Santo ngel no parecan muy a propsito ni proporcionadas con los ojos de la carne para la grandeza del recin nacido; porque estar en un pesebre envuelto en humildes y pobres paos, no fueran indicios eficaces para conocer la majestad de rey, si no la penetraran con divina luz, de que fueron ilustrados y enseados. Y porque estaban desnudos de la arrogancia y sabidura mundana, fueron brevemente instruidos en la divina. Y confiriendo entre s mismos lo que cada uno senta de la nueva embajada, se determinaron de ir a toda prisa a Beln y ver la maravilla que haban odo de parte del Seor. Partieron luego sin dilacin, y entrando en la cueva o portal hallaron, como dice el Evangelista San Lucas (Lc 2, 9ss), a Mara, a Jos y al infante reclinado en el pesebre. Y viendo todo esto, conocieron la verdad de lo que haban odo del nio. A esta experiencia y visin se sigui una ilustracin interior que recibieron con la vista del Verbo humanado; porque cuando los pastores pusieron en l los ojos, el mismo nio divino tambin los mir, despidiendo de su rostro grande resplandor, con cuyos rayos y refulgencia hiri el corazn sencillo de cada uno de aquellos pobres y felices hombres, y con eficacia divina los troc y renov en nuevo ser de gracia y santidad, dejndolos elevados y llenos de ciencia divina de los misterios altsimos de la encarnacin y redencin del linaje humano. Postrronse todos en tierra y adoraron al Verbo humanado, y no ya como hombres rsticos e ignorantes, sino como sabios y prudentes le alabaron, confesaron y engrandecieron por verdadero Dios y hombre, Reparador y Redentor del linaje humano. La divina Seora y Madre del infante Dios estaba atenta a todo lo que decan, hacan y obraban los pastores, exterior e interior, por que penetraba lo ntimo de sus corazones. Y con altsima sabidura y prudencia confera y guardaba todas estas cosas en su pecho (Lc 2, 19), carendolas con los misterios que en l tena y con las Santas Escrituras y profecas. Y como ella era entonces el rgano del Espritu Santo y la lengua del infante, habl a los pastores y los instruy, amonest y exhort a la perseverancia en el amor divino y servicio del Altsimo. Ellos tambin le preguntaron a su modo y respondieron muchas cosas de los misterios que haban conocido; y estuvieron en el portal desde el punto de amanecer hasta despus del medioda, que habindoles dado de comer nuestra gran Reina, los despidi llenos de gracias y consolacin celestial. En los das que estuvieron en el portal Mara santsima, el Nio Dios y San Jos, volvieron algunas veces a visitarlos estos Santos Pastores y les trajeron algunos regalos de lo que su pobreza alcanzaba. Y lo que el Evangelista San Lucas dice (Lc 2, 18), que se admiraban los que oyeron hablar a los pastores de lo que haban visto, no sucedi hasta despus que la Reina con el Nio Dios y San Jos se fue y se alej de Beln; porque lo dispuso as la divina sabidura y que no lo pudiesen publicar antes los pastores. 45
Y no todos los que los oyeron les dieron crdito, juzgndolos algunos por gente rstica e ignorante, pero ellos fueron santos y llenos de ciencia divina hasta la muerte. Entre los que les dieron crdito fue Herodes, aunque no por fe ni piedad santa, sino por el temor mundano y psimo de perder el reino. Y entre los nios que quit la vida, fueron algunos hijos de estos santos hombres, que tambin merecieron esta grande dicha, y sus padres los ofrecieron con alegra al martirio, que ellos deseaban, y a padecer por el Seor que conocan
Visiones de Luisa Piccarreta, Italia, 1900 El Nacimiento de JESS, por Luisa Piccarreta El prodigio del Nacimiento de Jess. Luisa es llamada a recibir a Jess despus de la Madre. Finalidad de la Cruz de Jess desde su Encarnacin y su Nacimiento. 25 de Dicembre de 1900 Encontrndome en mi habitual estado, me he sentido fuera de m misma. Despus de dar una vuelta me he hallado dentro de una cueva y he visto a la Mam Reina, en el acto de dar a luz al Nio Jess. Qu extraordinario prodigio! Me pareca que tanto la Madre cuanto el Hijo se hubieran transformado en luz pursima, pero en esa luz se vea muy bien la naturaleza humana de Jess, que contena en s a la Divinidad y le serva como de velo para cubrirla, de tal modo que, rasgando el velo de su naturaleza humana era Dios y cubierto con ese velo era hombre, y he aqu el prodigio de los prodigios: Dios y hombre, hombre y Dios, que sin dejar al Padre y al Espritu Santo viene a habitar con nosotros tomando carne humana, porque el verdadero amor no permite jams separacin. Pues bien, me ha parecido que la Madre y el Hijo en aquel felicsimo instante se han vuelto como espiritualizados, y sin la menor dificultad Jess ha salido del seno de su Madre. Desbordndose Ambos en un exceso de amor, o sea, transformndose en Luz sus santsimos cuerpos, sin el menor obstculo, Jess Luz ha brotado de dentro de la luz de la Madre, quedando sanos e ntegros tanto El como Ella, volviendo despus al estado natural. Pero quin podr decir la hermosura del Nio, que en aquel momento de su nacimiento derramaba aun externamente los rayos de su Divinidad? Quin podr describir la belleza de la Madre, que quedaba toda absorbida en aquellos rayos divinos? Y San Jos? Me pareci que no estaba presente en el momento del Nacimiento, sino que estaba en otro rincn de la cueva, totalmente absorto en aquel profundo Misterio, y aunque no vi
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con los ojos del cuerpo, vio muy bien con los ojos del alma, porque estaba arrebatado en sublime xtasis. Ahora bien, en el acto que el Nio sali a la luz, yo hubiera querido volar para tomarlo en mis brazos, pero los ngeles me lo impidieron, dicindome que a la Madre le corresponda el honor de ser la primera en tomarlo. Entonces la Santsima. Virgen, como despertndose, ha vuelto en s y de manos de un ngel ha recibido al Hijo entre sus brazos, lo ha estrechado tan fuerte en el ardor de su amor, que pareca como si quisiera encerrarlo de nuevo en sus entraas; y luego, como queriendo dar desahogo a su ardiente amor, lo ha puesto a mamar a su pecho. Entre tanto, yo estaba toda anonadada, esperando que me llamara, para que los ngeles no volvieran a regaarme. Entonces La Reina me ha dicho: Ven, ven y toma a tu Amado y disfrtalo t tambin, desahoga con El tu amor. Diciendo esto, me he acercado y la Mam me lo ha puesto en brazos. Quin podr decir mi contento, los besos, las caricias, las ternuras? Despus de haberme desahogado un poco, Le he dicho: Querido mo, T has tomado la leche de nuestra Mam, dame a m un poco. Y El, consintiendo, de su boca ha derramado parte de esa leche en la ma y despus me ha dicho: Amada ma, Yo fui concebido junto con el dolor, nac al dolor y mor en el dolor, y con los tres clavos con que Me crucificaron dej clavadas las tres potencias, inteligencia, memoria y voluntad, de las almas que desean amarme, haciendo que quedasen atradas del todo a M, porque la culpa las haba hecho estar enfermas y separadas da su Creador, sin freno alguno. Mientras esto deca, ha dirigido una mirada al mondo y ha empezado a llorar por sus miserias. Al verle llorar, Le he dicho: Nio querido, no entristezcas con tu llanto una noche tan gozosa para quien Te ama. En vez de desahogar el llanto, desahogumonos con el canto. Y diciendo as, he empezado a cantar; oyndome cantar, Jess se ha distrado y ha dejado de llorar, y al acabar mi verso ha cantado el suyo, con una voz tan fuerte y armoniosa, que todas las otras voces desaparecan ante su voz dulcsima. Despus le he pedido al Nio Jess por mi Confesor, por los que me pertenecen y, por ltimo, por todos, y El pareca condescender a todo. Mientras haca esto me ha desaparecido y yo he vuelto en s.
Para Mara y Jos fue un prodigio poder vivir la vida normal, a pesar del continuo arrobo que el Nio les produca. 6 de Diciembre de 1900
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Viendo de nuevo al santo Nio, vea a la Reina Madre por un lado y a San Jos por otro, que estaban adorando profundamente al Nio divino. Estando totalmente atentos a El, me pareca que la continua presencia del Niito los tena absortos en xtasis continuo, y si hacan cualquier cosa, era un prodigio que el Seor realizaba en ellos; de lo contrario hubieran quedado inmviles, sin poder cumplir con sus deberes exteriormente. Yo tambin he hecho mi adoracin y me he hallado en m misma. La adoracin de los Reyes Magos: Jess se comunic a ellos con amor, con belleza y con potencia, y as obtuvo tres efectos. Luisa quiere ser la primera en el amor a Jess. 6 de Enero de 1901 Hallndome fuera de m misma, me pareca ver cuando los santos reyes Magos llegaron a la cueva de Beln. Apenas estuvieron en presencia del Nio, tuvo a bien hacer que externamente resplandecieran los rayos de su Divinidad, comunicndose a los Magos de tres maneras: con el amor, con la belleza y con la potencia, de forma que quedaron arrebatados y sumidos en la presencia del Nio Jess, tanto que si el Seor no hubiera retirado otra vez interiormente los rayos de su Divinidad, se hubieran quedado all para siempre, sin poderse mover ms. As que, apenas el Nio retir su Divinidad, volviendo en s los santos reyes Magos, se sacudieron estupefactos al ver un exceso de amor tan grande, porque en esa luz el Seor les hizo comprender el misterio de la Encarnacin. Se levantaron, pues, y ofrecieron sus dones a la Reina Madre y Ella les habl largamente, pero no s decir todo lo que les dijo; slo recuerdo que les inculc fuertemente, no slo su salvacin, sino que tuvieran muy en el corazn la salvacin de sus pueblos, sin miedo de exponer incluso la vida con tal de obtenerla. Despus de eso me he retirado dentro de m misma y me he encontrado junto con Jess, y quera que yo Le dijese algo, pero yo me vea ser tan mala y confusa, que no me atreva a decirle nada; pero viendo que yo no Le deca nada, El mismo ha vuelto a hablar de los santos Magos, dicindome: Con haberme comunicado a los Magos de tres maneras, obtuve tres efectos para ellos, pues nunca Me comunico a las almas intilmente, sino que siempre reciben algn provecho.
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Por tanto, comunicndome con el amor obtuvieron el desapego de s mismos, con la belleza obtuvieron el desprecio de las cosas terrenas, y con la potencia sus corazones quedaron completamente vinculados a M y obtuvieron el valor para dar la sangre y la vida por M. Luego ha aadido: Y t, qu quieres? Dime, Me quieres? Cmo quisieras amarme? No sabiendo qu decir, aumentando mi confusin, he dicho: Seor, no quisiera nada ms que a Ti, y si me preguntas si Te quiero, no tengo palabras para sabrtelo manifestar; tan slo s decir que siento esta pasin, de querer que nadie pudiera superarme en amarte, de ser yo la primera en amarte ms que nadie y que nadie Te amara ms que yo; pero eso an no me satisface, para sentirme contenta Te quisiera amar con tu mismo Amor y as poderte amar como T Te amas a T mismo. Ah, s, slo entonces cesaran mis temores de no amarte. Y Jess, contento, se puede decir, de mis disparates, me ha abrazado, estrechndome tanto a El, que me vea dentro y fuera trasformada en El, y me ha comunicado parte de su Amor. Despus de lo cual he vuelto en m misma y me pareca que en la medida del amor que se me da, tanto poseo a mi Bien; y si poco Lo amo, poco Lo poseo. Relato del Nacimiento de Jess narrado por la Virgen a Gladys Motta Bajo la advocacin de Mara del Rosario de San Nicols (mensaje n 759 del 23/12/85, pgina 303 edicin 1997 del Movimiento Mariano de San Nicols). "Hija, hoy te revelar el nacimiento de mi amado y dulcsimo Hijo. Sali de mi vientre de la misma manera que fue introducido, quiero decir, sin ser tocado. Naci impulsado por el Espritu del Seor Todopoderoso. No sent ningn dolor, slo sent que mi vientre se abra y se cerraba, mas fue slo una sensacin, porque no me qued rastro alguno, quedando Yo intacta como antes. Ese fue su maravilloso nacimiento, por la Gracia de Dios Padre." Relato del Nacimiento de Jess narrado por la Virgen al Padre Gobbi Del libro A los sacerdotes, hijos predilectos de La Santsima Virgen. (Dongo, Lago di Como, mensaje del 24 de diciembre de 1995). EL AMOR MISERICORDIOSO
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"Hijos predilectos, vivid Conmigo en el silencio y en la oracin la anhelante hora de la vigilia. Caminad con mi castsimo esposo Jos y con vuestra Madre Celeste por el largo camino, que de Nazareth nos conduce a Beln. Sentid tambin vosotros la fatiga del viaje, el cansancio que se apodera de nosotros, la confianza que nos gua, la oracin que acompaa cada paso, mientras una felicidad sobrehumana llena nuestros corazones, unidos ahora en comunin perfecta con el corazn del Padre Celeste, que est a punto de abrirse al don de su Hijo Unignito. No nos turba el rumor de la numerosa caravana, ni el desconsuelo se apodera de nosotros al ver que todas las puertas se cierran a nuestra peticin de ser acogidos. La mano piadosa de un pastor nos indica una pobre Gruta, que se abre al mayor y divino prodigio. Est a punto de nacer a su vida humana el Hijo Unignito del Padre. Est a punto de descender sobre el mundo su Amor Misericordioso, hecho hombre en el Hijo que nace de M, su Madre Virgen. Despus de largos siglos de espera y de orante imploracin, finalmente llega a vosotros vuestro Salvador y Redentor. Es la noche santa. Es el alba que surge sobre el nuevo da de vuestra salvacin. Es la Luz que resplandece en: La tiniebla profunda de toda la Historia. Mi esposo Jos trata de hacer ms hospitalaria la glida Gruta y se afana para transformar en cuna un pobre pesebre. Yo estoy absorta en una intensa oracin y entro en xtasis con el Padre Celeste, que me envuelve con su luz y con su amor me llena de su plenitud de vida y bienaventuranza, mientras el Paraso, con todas sus milicias Anglicas, se postra en acto de adoracin profunda. Cuando salgo de este xtasis, me encuentro entre los brazos a mi Divino Nio, milagrosamente nacido de Mi, su Madre Virgen. Lo estrecho a mi Corazn, lo recubro de tiernos besos, lo caliento con mi amor de madre, lo envuelvo en blancos paales, lo deposito en el pesebre ya preparado. Mi Dios est todo presente en este Mi Nio. La Misericordia del Padre se transparenta en el recin nacido, que emite sus primeros gemidos de llanto. La Divina Misericordia os ha dado su fruto: postrmonos juntos y adoremos al Amor Misericordioso que ha nacido por nosotros. - Miremos juntos sus ojos, que se abren para traer sobre el mundo la luz de la Verdad y de Divina Sabidura. - Enjuguemos juntos sus lgrimas, que descienden para compadecerse de todo sufrimiento, para lavar toda mancha de pecado y de mal, para cerrar toda herida, para dar alivio a todos los oprimidos, para hacer descender la esperada rociada sobre el glido desierto del mundo.
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- Estrechemos juntos sus manos, que se abren para llevar la caricia del Padre sobre las humanas miserias, para dar ayuda a los pobres y a los pequeos, apoyo a los dbiles, confianza a los desalentados, perdn a los pecadores, salud a los enfermos, a todos el don de la Redencin y de la Salvacin. - Calentemos juntos sus pies, que seguirn caminos ridos e inseguros, para buscar a los extraviados, encontrar a los perdidos, dar esperanza a los desesperados, para llevar la libertar a los presos y la buena nueva a los pobres. - Besemos juntos su pequeo corazn, que apenas ha comenzado a latir de amor por nosotros. Es el corazn mismo de Dios. Es el corazn del Hijo Unignito del Padre que se hace Hombre para devolver a Dios la humanidad por l redimida y salvada. Es el corazn que late para renovar el corazn de toda criatura. Es el corazn nuevo del mundo. Es el Amor Misericordioso que desciendo del seno del Padre, para llevar a toda la humanidad la Redencin, la Salvacin y la Paz. Acogedlo con amor, con alegra y con felicidad inmensa. Y elvese de vuestro corazn el himno de la perenne gratitud por este Nio, que os ha sido dado virginalmente por Mi que, en esta Noche Santa, me convierto para todos en la Madre de la Divina Misericordia."
Jess, Jos y Maria, os doy el corazn y el alma ma. Jess, Jos y Maria, asistidme en mi ltima agona. Jess, Jos y Maria, en Vos descanse en paz el alma ma. Oh Glorioso San Jos! Haznos llevar una vida inocente y que est siempre segura bajo tu patrocinio. Amn
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