Samuel Johnson Rasselas
Samuel Johnson Rasselas
La
historia
de
CENTRO
EDITOR
DE
AMRICA
LATINA
La traduccin de esta obra fue efectuada por Elvio E. Gandolfo Ttulo original: Rasselas, prince of Abyssinia
ESTUDIO PRELIMINAR
La figura de Samuel Johnson, tambin conocido como Doctor Johnson, domina de manera contradictoria y elusiva el panorama intelectual ingls de la segunda mitad del siglo XVIII. Para los siglos posteriores, y sobre todo en Inglaterra, ms que un autor pas a ser un personaje inolvidable: el que compusiera con meticulosidad y cario el escocs James Boswell en su Vida de Samuel Johnson. En parte, ello se debe a que casi toda su enorme produccin est constituida por trabajos clsicamente considerados impersonales o menores (transcripcin de debates parlamentarios, prlogos, comentarios bibliogrficos, miscelnea, biografas), aunque se trate de obras monumentales (un Diccionario de la lengua inglesa, y una edicin crtica y anotada de las obras completas de Shakespeare). Haba tambin un violento contraste entre su aspecto fsico (de cuerpo grande y desgarbado, afectado por una especie de oscilacin y temblor permanente, con cicatrices de una cercana viruela, ciego de un ojo y miope del otro, vestido desaliadamente) y la excepcional claridad para expresarse verbalmente (alguien coment que sus palabras parecan una segunda edicin corregida); y entre su capacidad de organizar con lgica y buen sentido cualquier tipo de tema o trabajo y sus peligrosos ataques de melancola e inercia, que l era el primero en temer por su cercana a la demencia. Su vida estuvo dividida en dos perodos ntidamente delimitados, incluso en lo creativo. El primero, con mucho el ms prolongado y difcil, se extendi a lo largo de cincuenta aos, y representa una permanente lucha a brazo partido contra la miseria y sus propias limitaciones; en ese perodo escribi casi toda su obra. El segundo, que comienza a partir de una pensin acordada por el rey Jorge III, est constituido por las dos dcadas en que rein como una especie de soberano de las letras inglesas, sobre todo a travs de su versatilidad y profundidad como conversador en reuniones sociales o en las reuniones de un Club Literario cuya sede era una taberna. Es el aspecto que ha dejado registrado con fidelidad Boswell en su Vida, salvando as para la posteridad una parte de la obra de Johnson tan importante como la escrita. Rasselas, un relato filosfico publicado en 1759, marca con claridad la divisin entre las dos etapas. Samuel Johnson naci el 18 de septiembre de 1709 en una casa (ahora convertida en museo dedicado a su memoria) de la Plaza del Mercado de Lichfield, localidad de la regin de las Midlands. El estado de salud del recin nacido era tan precario que se temi por su vida y se apresuraron a bautizarlo esa misma noche. Poco despus se vio afectado por la escrfula, segn se cree contagiada por una nodriza que lo amamantaba. Esta enfermedad le dej un ojo prcticamente inutilizado y el otro miope. Su padre, Michael Johnson, era librero. Aunque respetado por sus vecinos, nunca pudo salir de la miseria, a la que haba colaborado en su momento la compra de la enorme biblioteca
del conde de Derby. Con su habitual precisin para definir problemas propios o ajenos, su hijo Samuel escribira ms tarde: mi padre, que en la primera parte de su vida haba contrado deudas, nunca comerciaba lo suficiente para pagarlas y mantener a su familia; sacaba algo, pero no lo suficiente. Su madre, creyente y puntillosa (que fomentara en Johnson cierta tendencia a la culpa de raz religiosa), lo llev a los tres aos a Londres en un breve viaje, con la intencin de curarlo mediante el toque de la Reina Ana, siguiendo una creencia de la poca. A su regreso tuvo un segundo y ltimo hijo, Nathaniel, con quien Samuel nunca se llevara bien. La biblioteca de Michael Johnson constituy la base de ese saber enciclopdico y variado que caracterizara a su hijo Samuel. En los momentos de quietud o melancola iba descubriendo a los poetas ingleses, a Petrarca, profundizaba el dominio del latn o tena su primer memorable contacto con Shakespeare. Lo que ms le atraa, sin embargo, eran los relatos sobre costumbres y creencias de pases lejanos. Pronto la fabulosa capacidad del nio para memorizar y ordenar lo ledo se destac en el medio provincial de Lichfield. En 1717 Samuel comenz sus estudios en la escuela primaria del pueblo, para continuarlos luego en la Escuela de Stourbridge, ayudado por distintos mentores impresionados por su capacidad intelectual. Ya en esa poca comenzaron a sucederse sus perodos de actividad o concentracin frentica, y sus ataques a veces prolongados de enorme inercia, durante los cuales era incapaz de trabajar. En 1728 comenz sus estudios en Oxford: la imposibilidad de poder terminarlos, por falta de medios (vesta con harapos, sus zapatos estaban casi destrozados) fue una de las primeras grandes frustraciones de su vida. Tuvo que regresar a Lichfield, y con su costumbre de encarar pragmticamente los momentos difciles, buscando el movimiento antes que la resignacin, adquiri la costumbre de realizar extensas caminatas, sobre todo entre Lichfield y Birmingham, que distaban unos veinte kilmetros entre s. Ser famoso por su erudicin no le haba servido de nada, y a veces incluso dificultaba sus relaciones con los dems. En Birmingham viva un Dr. Swinfen, padrino de Johnson. Samuel acudi a l para consultarlo sobre una cura para sus depresiones: le entreg un relato completo de sus sntomas, escrito en latn. La agudeza profesional con que estaba escrito impresion tanto al mdico que lo mostr a algunos amigos, infidencia que Samuel no pudo perdonarle y agri su amistad durante aos. Poco a poco Johnson se fue quedando en Birmingham, donde contaba con la amistad de Edmund Hector. Para sacarlo en parte de su difcil situacin econmica a ste se le ocurri hacerle traducir un libro que Johnson haba ledo en Oxford: el Viaje a Abisinia del padre portugus Jerome Lobo, basndose en la versin francesa. El librero Warren se encargara de editarlo y venderlo. Poco despus de empezar el trabajo Johnson cay vctima de un ataque depresivo. Su amigo consigui convencerlo de seguir, pero tuvo que desempear el papel de ayudante: Johnson dictaba la traduccin desde su lecho y Hector la transcriba fielmente.
El volumen apareci en 1735. Ese mismo ao Johnson se cas con Elizabeth Porter, una viuda casi veinte aos mayor que l. Empeando en ello parte de su dote, instalaron una academia privada para ensear griego y latn, empresa que termin en el fracaso, ya que slo cont con un mximo de siete alumnos. Al fin parti a Londres, en compaa de David Garrick, que llegara a alcanzar gran fama como actor dramtico, y adaptador de las obras de Shakespeare. Su esposa, a quien llamaba Tetty, se qued en Hampstead, y durante un tiempo Johnson se entreg a una vida bohemia, recorriendo las calles a altas horas de la noche y disfrutando del clima de los bodegones donde coman personajes tan annimos y pobres como l. Al fin entr en contacto con el editor Cave, quien publicaba un peridico de naturaleza miscelnea: The Gentleman's Magazine, pionero de ese tipo de publicaciones y al que el propio Johnson atribuye en su Diccionario el origen de la acepcin de la palabra magazine que significa revista. Johnson empez a colaborar con el variado equipo de redactores, y su primer trabajo fue un poema publicado en marzo de 1738, en el que defenda a Cave contra editores rivales que lo haban atacado. Poco despus dio a conocer su primer trabajo personal: Londres, un poema sobre la gran capital, escrito como imitacin de una stira de Juvenal. Sus actividades en la revista se interrumpieron un tanto cuando, luego de la partida de Londres de su gran compaero de caminatas el poeta Richard Savage, viaj a las Midlands, donde pas varios meses, haciendo serena vida social, perodo que ms tarde recordara como uno de los ms felices de su vida. A partir de 1741 Johnson se encarg de una seccin fija de la revista: la transcripcin de los debates del Parlamento. La misma se realizaba de modo indirecto: un decreto de 1738 prohiba la transcripcin literal. Se recurri entonces al ardid de presentarlos como debates del Parlamento de Liliput (la obra de Swift era muy popular en ese momento). A fines de 1739 la revista public una clave de todos los nombres ficticios. Johnson haba comenzado a colaborar con William Guthrie desde un principio, y a partir de 1741 fue nico autor de la seccin. La misma se elaboraba sobre resmenes preparados por ujieres del Parlamento, o relatos verbales de terceros a empleados de Cave. De manera que se trataba de textos totalmente elaborados por Johnson sobre una gua previa, a una velocidad prodigiosa, y con una calidad oratoria digna de Demstenes. La experiencia le fue til adems como panorama pragmtico y completo de la poltica y la sociedad de su tiempo, aunque ms tarde mencionara esa parte de su obra como la que menos apreciaba. La causa quiz resida en su radical honestidad: las palabras escritas por l se tomaban al pie de la letra como dichas por los polticos en los debates, y es posible que le irritara ver reproducidas en publicaciones extranjeras esas supuestas transcripciones literarias. El 31 de julio de 1743 mora Richard Savage, el poeta y bohemio que lo acompaara en sus primeros vagabundeos londinenses. Savage se deca hijo bastardo de la condesa de Macclesfield, y viva bsicamente de los prstamos
de los amigos que admiraban su talento. Eran ellos quienes lo haban convencido de abandonar Londres, en busca de una vida ms ordenada. Ante su muerte Johnson propuso a Cave escribir una biografa de aquel personaje tpico de la ciudad. Esta Vida de Savage fue su primera obra importante, y obtuvo cierta resonancia en el ambiente literario. Estaba estructurada como un conmovido homenaje, que no ahorraba los aspectos extravagantes de Savage ni la admiracin por sus cualidades. Despus de cinco aos de trabajo ininterrumpido, sin embargo, Johnson segua siendo pobre. La casa de Lichfield, en la que viva su madre, segua hipotecada, y l y su esposa deban vivir de lo que ganaba con su pluma. La misma estuvo ocupada por una serie de trabajos diversos para Cave (sobre todo biografas en las que reelaboraba material preexistente). Aparte de lo escrito para Cave, entre 1742 y 1744 Johnson se encarg de una de esas empresas al mismo tiempo ciclpeas y formadoras de la enorme amplitud de su conocimiento. El librero Thomas Osborne haba comprado por trece mil libras una de las bibliotecas ms completas de su tiempo: la de Edward Harley, conde de Oxford. Decidido a hacer valer su adquisicin, pens en un catlogo fuera de lo comn, que constituyera una obra en s mismo: descripcin completa de los libros, indicacin sumaria de su contenido, y precio. Para ello contrat a Johnson, que manej y anot (en colaboracin con William Oldys) nada menos que cuarenta mil volmenes, repartidos en cuatro tomos de catlogo. El trabajo dio origen a una de las innumerables ancdotas sobre el carcter de Johnson. En una discusin con Osborne llegaron a las manos, y el Doctor lo habra derribado. En 1812 se exhibi en una librera una voluminosa Biblia Graeca Septuaginta de 1594, objeto con el que Johnson habra golpeado al veterano librero. En los primeros meses de 1745 comenz a elaborar su plan de una edicin anotada completa de las obras de Shakespeare, y para exhibir sus aptitudes para la tarea escribi un folleto sobre Macbeth. Un ao despus se firma el contrato para una de sus obras inmortales: el Diccionario de la lengua inglesa. Para el proyecto se reunieron siete libreros en una especie de consorcio, y acordaron pagar mil quinientas setenta y cinco libras por el trabajo. John Wain, en una esplndida biografa sobre Johnson1, determina con concisin y orgullo dignos de Churchill la diferencia de la empresa con las de otras naciones: ...ofrecieron adems un ejemplo paradigmtico del comportamiento ilustrado que puede ejercer a veces la libre empresa. Francia e Italia tenan academias, enormes comits de hombres instruidos, financiados por el dinero pblico y el mecenazgo privado, para hacer este tipo de trabajo. Inglaterra contaba con siete libreros y Samuel Johnson. El trabajo se extendi a lo largo de nueve aos, con la colaboracin de seis ayudantes encargados del trabajo de encolar y pegar definiciones. Johnson fue
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Samuel Johnson, MacMillan, Londres, 1794. En ella nos basamos para los datos biogrficos de este estudio.
quien impuso el sistema, ms tarde clsico, de ofrecer citas como ejemplos de buen uso. Su obra representa el momento en que el idioma ingls se regulariza, en un gran esfuerzo colectivo, y permite adems rastrear convicciones y matices personales del propio Johnson, no slo en la seleccin de autores citados, sino tambin en algunas de las definiciones (en donde dejaba filtrar prejuicios como su clsico disgusto hacia los escoceses aunque cinco de sus seis ayudantes lo eran, o hacia su propio trabajo: la palabra lexicographer significa segn l: Escritor de diccionarios; ganapn inofensivo, que se ocupa de rastrear el origen, y detallar el significado de las palabras). Justamente el trabajoso aspecto filolgico es el menos slido de la obra, y el que hizo que su diccionario fuera criticado en exceso a partir de mediados del siglo XIX, cuando esa disciplina se desarroll ms. En el momento de su publicacin (1755), sin embargo, el Diccionario se convirti en un objeto imprescindible en todo hogar ingls, y lo sigui siendo durante todo un siglo. El mismo ao de publicacin del Diccionario Johnson recibi un ttulo honorfico de Master of Arts de la universidad de Oxford, y redact su famosa carta a lord Chesterfield. A este noble con intereses culturales haba dedicado Johnson su Plan para el Diccionario, escrito antes de emprender la monumental tarea. Pero lord Chesterfield no volvi a ocuparse de l, hasta que en el preciso momento en que apareca publicada la obra escribi dos supuestas alabanzas, de ndole frvola y muy poco felices. Johnson reaccion entonces con una majestuosa carta de rechazo que los historiadores de la sociologa literaria toman como el mejor documento y testimonio del momento en que se acaba el sistema del mecenazgo y el hombre de letras pasa a depender de su propio trabajo. Para expresar su desagrado ante esa sospechosa ayuda de ltimo momento Johnson escribi: No es un padrino, milord, quien mira despreocupado cmo un hombre lucha por la vida en el agua y, cuando ste ha llegado a tierra, lo estorba con su ayuda. Si la atencin que usted ha tenido a bien conceder a mis esfuerzos hubiese sido ms temprana, habra sido bondadosa; pero se demor hasta que estoy indiferente y no puedo disfrutarla, hasta que estoy solo y no puedo compartirla, hasta que soy conocido y no la necesito. La referencia a su soledad se relaciona con la muerte de su esposa Tetty, en 1752. Aunque en los ltimos tiempos ambos se haban distanciado, su desaparicin hundi a Johnson en una profunda pena. A partir de entonces no volver a casarse, y se rodear en cambio de una serie de personajes extravagantes a quienes albergar bajo su techo poco a poco. Ante todo estaba Francis (o Frank) Barber, un muchacho negro liberto, a quien tom bajo su proteccin quince das despus de la muerte de Tetty. Lo tratara siempre con gran respeto (se cuenta, por ejemplo, que se encargaba siempre de comprar en persona la comida de Hodges, su gato, para no ofender a Francis al encargarle el cuidado de un animal domstico). Cuando en 1765 Johnson ocup una casa en el Nro. 7 de la calle Fleet, residiran all (adems de l y Francis), Anna Williams, una mujer madura y ciega; el anciano Levet, delgado mdico cuya prctica a veces rozaba el curanderismo; la viuda Desmoulins,
hija de su padrino el Dr. Swinfen; y una mujer llamada Poli Carmichael, quienes vivan todos en un estado de hostilidad mutua permanente. Como el propio Johnson escribiera una vez a Hester Thrale: la seora Williams odia a todos; Levet odia a Desmoulins y no aprecia a la seora Williams; Desmoulins odia a los dos; Poli no aprecia a nadie. Pero nos hemos adelantado en el tiempo. Aparte de sus numerosos trabajos de ndole miscelnea (prefacios o contribuciones a obras sobre intercambio comercial, educacin, etc.). Johnson escribe en 1749 otro poema importante: Sobre la vanidad de los deseos humanos, tambin basado en Juvenal. En 1750 se impone escribir dos ensayos semanales, que se publicaban bajo el nombre The Rambler (algo as como el paseante), y que constituyen en su mayor parte reflexiones sobre la conducta en la vida, pero tambin sobre temas histricos, literarios o generales. Se extendieron a lo largo de dos aos, al igual que otra serie peridica, The Idler, publicada a partir de 1758. Como en el momento de escribir la primera serie se encontraba concentrado en el Diccionario, la necesidad econmica no parece haber sido el impulso bsico para emprenderla. Se trataba ms bien de crear un mecanismo para combatir su propensin a la inercia y para ejercitar su viejo hbito de trabajar con un plazo lmite, que sola cumplir siempre a ltimo momento. Anteriormente haba realizado, por ejemplo, planes que a veces rozaban lo pattico para organizar su tiempo y sus lecturas: Boswell cita diversas listas en las que precisaba la cantidad de lneas de distintas obras y el promedio de tiempo en que podra leerlas. Tambin en estos aos Johnson funda un club informal, que se reuna en King's Head, una taberna famosa por sus beefsteaks. All asistan personajes como el abogado John Hawkins (quien escribira ms tarde una biografa de Johnson), Hawkesworth (que registrara los viajes del capitn Cook), la escritora Charlotte Lennox, y sobre todo el doctor Richard Bathurst, a quien Johnson apreciaba profundamente. El trabajo a destajo, ininterrumpido, y las conversaciones y polmicas con los amigos fueron siempre para Johnson el mejor remedio contra la melancola y el temor a la locura. Segn su clebre frase: una silla de taberna es el trono de la felicidad humana. Entre los numerosos amigos que hizo en esa poca se destaca el pintor Joshua Reynolds, que dejara a la posteridad los mejores retratos de Johnson, en los que capt con fidelidad su personalidad a lo largo del tiempo. Tambin provendra de l el principal impulso para la fundacin del Club Literario de los ltimos veinte aos, que se transformara en una de las reuniones de eruditos y talentos ms famosa de la cultura inglesa. En 1756 Johnson escribi una enorme cantidad de artculos, comentarios bibliogrficos (para la Literary Gazette) y un importante Plan para la edicin de las obras completas de Shakespeare, viejo proyecto incumplido. Como crtico de literatura, se mantuvo un tanto distante con respecto a la novela,
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que era el principal fenmeno literario del momento. Le desagradaban tanto Sterne como Fielding, y admiraba a Richardson por su inclinacin moralizante. Una carta a este ltimo, pidindole unas libras prestadas para evitar la crcel por deudas (que en esa poca poda equivaler a una condena a cadena perpetua, o a muerte), indica que sus problemas econmicos estaban lejos de verse resueltos. En 1758 se encontraba otra vez bajo arresto, por una deuda de cuarenta libras, oportunidad en que acudi en su ayuda el editor Jacob Tonson, que estaba interesado en su edicin de Shakespeare. Y para culminar esta dcada crucial, en 1759 muere su madre. Es entonces cuando escribe, en el plazo de una semana, y para pagar el funeral de Sarah Johnson, el relato filosfico Rasselas, prncipe de Abisinia, sobre el que volveremos ms adelante. Este texto seala el momento en que su vida entra en un remanso final en cuanto a las dificultades econmicas y su ya sobradamente merecida fama. Rasselas tuvo una celebridad inmediata, y pronto fue traducida al francs, el italiano y el alemn. Por fin, en 1762, el rey Jorge III le otorga una pensin de 300 libras anuales, que le bastaban y sobraban para sus necesidades. A partir de ese ao su produccin escrita declina notablemente, y se acenta en cambio su actividad de polemista y conversador. Comienza tambin a viajar cada vez con mayor frecuencia y placer. La obra ms importante publicada en estas dos dcadas es la esperada edicin completa da Shakespeare, que, prometida para 1757, aparece recin en 1765, en ocho volmenes y con una tirada de mil ejemplares. Dueo al fin de su tiempo, Johnson realiza uno de sus primeros viajes invitado por Joshua Reynolds a su Devonshire natal. No deja de ser conmovedor que en aquella isla de gran podero naval que era la Inglaterra del siglo XVIII, sea sa la primera ocasin en que uno de sus hombres literarios ms importantes ve el mar, a la edad de 52 aos. Reynolds qued tan impactado en ese viaje por la conversacin de Johnson, que ms adelante se ocup de proponer y llevar adelante un club informal de amigos, que se reuniera peridicamente en una taberna a discutir los ms diversos asuntos. La idea se convirti en realidad en 1764, y sus ocho miembros originales fueron (aparte de Johnson) Reynolds, Burke, Nugent, Beauclerk, Langston, Goldsmith, Chamier y Hawkins. La fama del Club Literario era tan grande que pasar a integrarlo equivala a ser elegido para el Parlamento. En diez aos pas de los ocho miembros originales a diecisis, y en el momento de la muerte de Johnson haba alcanzado un record de treinta y cinco integrantes. Otros nombres importantes de esa especie de universidad heterodoxa fueron Gibbon, Garrick, William Jones y Warton. En 1763 se haba producido el histrico encuentro entre Johnson y Boswell, en la trastienda de la librera de Tom Davies. A partir de entonces la pareja del corpulento Johnson y del inquieto escocs ira conformando poco a poco esa inquebrantable amistad con momentos de sublime buen y mal humor que quedara fijada en un do de personajes tan imperecedero como el de Don Quijote y Sancho Panza, o el de Laurel y Hardy. Ya en el primer encuentro Johnson sometera a Boswell a un rudo
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tratamiento que en l pareca ser lo ms cercano al afecto. Ms tarde, fatigado por su persistencia en obtener datos de su vida, le dira: Hay dos cosas que me tienen harto: usted y yo. Boswell se encarg sin embargo de registrar esos veinte aos de escasa actividad escrita de Johnson con una penetracin y flexibilidad magistrales, brindando una imagen matizada, real, nada beata del gran hombre. Baste dar dos ejemplos. En el primero es posible advertir la aspereza de Johnson en las discusiones (segn Goldsmith no se poda discutir con l porque cuando su pistola yerra el tiro, te voltea con la empuadura). Un caballero aficionado a las teoras curiosas plante la posibilidad de vida futura tambin para los seres irracionales, cosa que irrit a Johnson, como toda opinin religiosa no ortodoxa. As, cuando el pobre teorizador cuenta Boswell, con serio y pensativo semblante metafsico, dijo, dirigindose a l: 'Pues es verdad, seor, que cuando vemos a un perro inteligente no sabemos qu pensar de l', Johnson, balancendose con regocijo por la idea que brillaba en sus ojos, se volvi rpidamente y replic: Es cierto, Sir; y cuando vemos a un sujeto muy necio, tampoco sabemos qu pensar de l. Entonces se levant, fue hacia el fuego, y se qued all un rato, riendo y regocijndose. El segundo ofrece un ejemplo del mtodo contundente de sentido comn que segua Johnson, por pequeo que fuese el tema. Boswell cont que en Italia haba visto cmo colocaban a un escorpin dentro de un crculo de carbones encendidos, y cmo el animal se retiraba al centro del mismo y se clavaba el aguijn de la cola en la cabeza, lo cual sera un curioso ejemplo de suicidio deliberado. Johnson manifiesta en cambio que el animal se retira al centro por ser el sitio menos caliente, que muere slo por el calor, y que volver la cola sobre su cabeza es slo un reflejo convulsivo. Para creer en la teora de Boswell exige que el gran anatomista Morgagui diseque un escorpin sometido al experimento, y certifique la presencia del aguijn en su cabeza. En 1765 Henry y Hester Thrale, una acaudalada pareja que haba conocido el ao anterior, lo visitan en su antro de la calle Fleet, donde se encuentra abatido por la enfermedad y la depresin, y lo invitan a vivir en su mansin de Streatham. Nace entonces una gran amistad entre los Thrale y Johnson, de la que quedara abundante testimonio epistolar y anecdtico. Siempre sera bien atendido por ellos, hasta que la muerte de Henry provocara algunos roces con Hester que terminaron por destruir sus vnculos amistosos. Aparte de hacer peridicas sus excursiones a las Midlands, Johnson emprendi un prolongado viaje a Escocia y las Hbridas en compaa de Boswell, en 1773. El tena 64 aos, Boswell 32. Fue all donde ms conversaron, donde compartieron momentos de peligro (estuvieron a punto de naufragar) y donde Johnson conoci el placer de encontrarse a la altura de las circunstancias a pesar de su edad. Como escribira a su amigo John Taylor: No est mi vida cabeza abajo? Clavado a un solo sitio cuando joven, y vagando por el mundo cuando otros se ven obligados a quedarse sentados: me siento desencajado. Soy como un barco de vela ancha, y sin ancla. Al regresar, cada uno de ellos escribi un volumen sobre la experiencia.
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Ms tarde Johnson viajara en compaa de los Thrale a Gales, y, por ltimo, a Pars. De este ltimo viaje (en el que exasperaba a sus acompaantes por su fervor en visitar meticulosamente cuanta biblioteca se cruzaba en su camino) guard un diario cuya temtica da una idea de su curiosidad siempre vida: las reglas que gobiernan la vida de los monjes benedictinos; el hecho de que los perros del Rey fueran casi todos ingleses; la insipidez de las lentejas en s mismas, y as sucesivamente. Johnson era ya una celebridad pblica, a la que se consultaba como a un orculo, y con cuya efigie llegaron a acuarse monedas de medio penique en Birmingham. Lejos de mantenerse inactivo, no escatimaba esfuerzos cuando se recurra a su capacidad o su caridad. Colabor en pesadas tesis de amigos; se present como testigo cuando su amigo, el erudito italiano Giuseppe Baretti, fue acusado de asesinato luego de una trifulca callejera; e incluso intervino, infructuosamente, en favor de la vida de un clrigo a quien se conden a muerte por falsificacin, y para quien escribi no slo la carta donde solicitaba el perdn (y con la exigencia de que no se supiera que l lo haba hecho) sino tambin un sermn para ser ledo en la crcel, y numerosas notas de aliento. Un grupo de editores le propuso redactar una serie de biografas sobre poetas ingleses, para enriquecer una antologa. Aparecidas en 1779 con el nombre de Vidas de los poetas ingleses, constituyen una digna coronacin de su trayectoria, y una de las cumbres de la crtica literaria de la poca. A partir de 1782 su salud declina rpidamente. Sufra lo que l llamaba un asma espasmdica, y tambin de hidropesa. Siempre haba temido a la muerte, creyndose indigno del juicio al que sera sometido por Dios. En 1777, en plena fama, haba escrito: Cuando examino mi vida pasada no descubro ms que un derroche estril de tiempo con algunos trastornos del cuerpo y perturbaciones de la mente muy cercanas a la locura. Poco a poco fue quedando postrado en su casa. Sus ansias de vivir eran intensas: tres o cuatro das antes de su muerte declar a Boswell: Dara una de estas piernas por un ao ms de vida, de vida cmoda, quiero decir, y no como la que ahora padezco. Ante lo inevitable, sin embargo, dio muestras de un alto estoicismo: pidi a su mdico que le confirmara la gravedad irremediable de su estado, y entonces dej de tomar los tranquilizantes y medicamentos, para entregar su alma limpia de nubes al Creador. Leg sus bienes terrenales a Francis Barber. A su gran amigo Joshua Reynolds le pidi tres cosas: que le perdonara treinta libras que le haba pedido prestadas, que leyera la Biblia, y que nunca empleara su lpiz en domingo. Sus ltimas palabras fueron una bendicin para la seorita Morris, hija de un amigo. Muri el 13 de diciembre de 1784, y sus restos fueron enterrados en la Abada de Westminster. Cuando Johnson expuso en una carta al editor William Straham su propsito de escribir Rasselas, con abundantes precisiones profesionales acerca de la extensin del texto y lo que esperaba cobrar por el trabajo, an no le haba
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dado ese nombre. El ttulo que sugera era La eleccin de vida o La historia del prncipe de Abisinia. Tampoco ofreca en la carta precisiones sobre el argumento, aunque se refera a una conversacin sobre el tema que haba mantenido con Straham la noche antes. La forma que eligi para expresar gran parte de sus ideas sobre el mundo fue la del cuento oriental, gnero que ya haba practicado anteriormente. La eleccin de Abisinia como lugar de la accin recuerda de inmediato su primera traduccin profesional: El viaje a Abisinia del padre Lobo. Tambin haba ledo volmenes sobre Etiopa y otras regiones africanas, y se haba enterado de la costumbre de enterrar a los prncipes de esas regiones en un valle aislado por montaas (el Valle Feliz que aburre a Rasselas y del que huye a conocer el mundo). El libro de Johnson tiene numerosos puntos de contacto con otro cuento filosfico de extensin similar publicado el mismo ao, felizmente a tan poca distancia cronolgica que no justifica presunciones de imitacin: el Cndido de Voltaire. El tono es totalmente distinto, sin embargo: Johnson se expresa con voz reposada, aunque no desprovista de humor, y se concentra ms en lo conceptual que en lo visual o los hechos. Los personajes deambulan con mucho menos frenes que en Voltaire, y ste, que ya presiente y hasta colabora con los estremecimientos de la cercana Revolucin, se concentra en las mismas catstrofes generales (terremotos, matanzas, desastres) que el prncipe Rasselas desecha como demasiado amplias para ser efectivamente experimentadas por seres humanos. La conclusin a la que ambos llegan, sin embargo, es similar: Cndido decide dedicarse humildemente a cultivar su jardn, Johnson hace regresar a sus peregrinos a Abisinia, luego de una conclusin en la que nada se concluye. No faltan en el texto pasajes donde Johnson expresa sus contradicciones y preocupaciones existenciales, encaradas con objetividad y limpieza expresiva. Es lo que ocurre con el mecanismo de la obsesin, brillantemente expuesto en los captulos sobre el astrnomo; o con la contraposicin entre el elevado sentido comn del sabio Imlac, y su brusca defensa de la creencia en las apariciones de ultratumba. Injustamente, se ha achacado a Rasselas cierto carcter artificioso, acentuando el adjetivo filosfico por encima del sustantivo cuento. Su lectura, sin embargo, deja la misma impresin de generosidad y falta de dogmatismo exagerado de la propia biografa de Johnson. Como sus dos sabios (Imlac y el astrnomo), el autor parece dejarse llevar por la corriente de la vida, sin dirigir su rumbo a ningn puerto en especial. Elvio E. Gandolfo
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proponer cualquier cosa que pudiera contribuir a hacer ms agradable el encierro, a llenar los vacos de la atencin, y a aminorar el aburrimiento del paso del tiempo. Cada deseo era concebido de inmediato. Todos los artfices del placer eran convocados para alegrar el festejo; los msicos ejercan el poder de la armona, y los bailarines exhiban su actividad ante los prncipes, con la esperanza de poder pasar la vida en aquel cautiverio bendito, al que slo eran admitidos aquellos cuya actuacin agregara novedad al lujo. La apariencia de seguridad y deleite que comunicaba este retiro era tal, que aquellos para quienes era nuevo siempre deseaban que pudiera ser perpetuo; y como a aquellos sobre los que el portn de hierro se haba cerrado una vez no se les permita el retorno, el efecto de una experiencia ms prolongada no poda conocerse. De modo que cada ao produca nuevos proyectos placenteros, y nuevos competidores en busca de quedar prisioneros. El palacio se alzaba sobre una elevacin, a unos treinta pasos por encima de la superficie del lago. Estaba dividido en numerosas zonas, construidas con mayor o menor magnificencia, segn el rango de aquellos para quienes estaban planeadas. Los techos estaban transformados en arcos de piedra maciza, unida por un cemento que se endureca an ms con el paso del tiempo; y el edificio segua en pie de siglo en siglo, burlndose de las lluvias del solsticio y de los huracanes del equinoccio, sin necesitar reparaciones. Ese edificio, tan amplio que slo era conocido en su totalidad por ancianos funcionarios que haban heredado sucesivamente los secretos del lugar, estaba construido como si la sospecha en persona hubiese dictado los planos. Para cada cuarto haba un pasadizo abierto y uno oculto; cada zona se comunicaba con el resto, ya sea desde los pisos superiores y mediante galeras privadas, o mediante pasajes subterrneos que partan de los departamentos inferiores. Muchas de las columnas tenan cavidades insospechadas, en las que una larga estirpe de monarcas haban depositado sus tesoros. Despus cerraron la abertura con mrmol, que nunca deba ser quitado salvo en caso de extrema urgencia para el reino; y registraron sus tesoros en un libro, que a su vez estaba oculto en una torre, a la que slo poda entrar el emperador, asistido por el prncipe que tuviera que sucederlo.
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pblica, y describan todo lo que se extenda ms all de las montaas como regiones calamitosas, donde siempre imperaba la discordia, y donde el hombre era presa del hombre. Para aumentar la opinin de la propia felicidad que sentan, se los entretena diariamente con canciones, cuyo tema era el Valle Feliz. Sus apetitos eran excitados con enumeraciones frecuentes de distintos goces; y el festejo y la diversin eran las ocupaciones permanentes, de la maana a la noche. Por lo general estos mtodos tenan xito: pocos de los prncipes haban deseado alguna vez ampliar sus horizontes, y pasaban la vida con la plena conviccin de que tenan al alcance de la mano todo lo que el arte o la naturaleza podan otorgar, y compadecan a aquellos excluidos por el destino de aquel refugio de la tranquilidad, como a vctimas de la suerte y esclavos de la desdicha. As es como se levantaban por la maana y se acostaban por la noche, complacidos de los dems y de s mismos, todos menos Rasselas, que, en su vigsimo sexto ao de vida, empez a retirarse de los pasatiempos y las reuniones, y a entregarse a las caminatas solitarias y la meditacin silenciosa. Con frecuencia se quedaba sentado ante mesas cubiertas de delicias, y olvidaba probar las golosinas que colocaban ante l; se levantaba bruscamente a media cancin, y se retiraba apresuradamente hasta donde no le llegara el sonido de la msica. Sus servidores observaron el cambio, y se esforzaron por renovar su amor por el placer; l desdeaba sus atenciones, rechazaba sus invitaciones, y se pasaba da tras da en las riberas de arroyuelos resguardados por rboles, donde a veces prestaba atencin a los pjaros en las ramas, a veces observaba jugar un pez en la corriente, y con frecuencia recorra con los ojos las praderas y las montaas llenas de animales, algunos de los cuales mordan la hierba, y otros dorman entre los arbustos. Esta singularidad de su humor hizo que se destacara. Uno de los sabios con cuya conversacin Rasselas se haba deleitado en otros tiempos lo sigui en secreto, con la esperanza de descubrir la causa de su inquietud. Rasselas, que no saba que haba alguien cerca de l, despus de fijar por cierto tiempo los ojos sobre las cabras que coman hierba entre las rocas, empez a comparar la condicin de los animales con la propia. Cul es la diferencia entre el hombre y el resto de la creacin animal? Cada animal que vaga junto ami tiene las mismas necesidades corporales que yo: tiene hambre y mordisquea la hierba, tiene sed y bebe de la corriente; su sed y su hambre quedan saciados, est satisfecho y duerme; se levanta otra vez y tiene hambre; se alimenta de nuevo y queda en paz. Yo tengo sed y hambre como l, pero cuando la sed y el hambre terminan no quedo en paz; como a l, la necesidad me hace sufrir, pero no quedo satisfecho como l con la saciedad. Las horas intermedias son aburridas y lgubres; anso tener hambre otra vez, para poder aguzar mi atencin. Los pjaros picotean las bayas o el maz, y vuelan de regreso a las arboledas, donde se sientan en apa-
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rente felicidad sobre las ramas, y pasan sus vidas modulando una serie invariable de sonidos. Del mismo modo puedo llamar al laudista y al cantor; pero los sonidos que me agradaban ayer hoy me cansan, y se me harn an ms pesados maana. No puedo descubrir en mi interior ningn poder de percepcin que no quede ahto con su propio placer; sin embargo no me siento complacido. Seguramente el hombre cuenta con un sentido latente para el que este sitio no ofrece gratificacin; o tiene algunos deseos distintos de los sentidos, que deben ser satisfechos para que pueda ser feliz. Despus de decir esto alz la cabeza, y al ver que se elevaba la luna, camin hacia el palacio. Cuando atraves los campos y vio los animales que lo rodeaban dijo: Ustedes son felices, y no necesitan envidiarme a m, que camino entre ustedes, cargado conmigo mismo; tampoco yo, dulces criaturas, envidio vuestra felicidad, porque no es la felicidad del hombre. Sufro muchas angustias que no los aquejan a ustedes; temo al dolor cuando no lo siento ; a veces me retraigo ante maldades recordadas, y a veces respingo ante maldades anticipadas: seguramente la justicia de la providencia ha equilibrado los sufrimientos especiales con goces especiales. El prncipe se entretena con observaciones semejantes mientras regresaba, expresndolas con voz quejosa, aunque con una expresin que dejaba ver cierta complacencia en su propia perspicacia, y en recibir cierto consuelo de las desdichas de la vida, gracias a la conciencia de la sensibilidad con que senta, y la elocuencia con que se quejaba de ellas. Se mezcl alegremente en las diversiones de la noche, y todos se regocijaron al descubrir que su corazn se haba descargado.
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amado, lo invit a sentarse junto a l sobre la ribera. El anciano, as alentado, empez a lamentar el cambio que haba observado ltimamente en el prncipe, y a preguntar por qu se retiraba con tanta frecuencia de los placeres del palacio para entregarse a la soledad y el silencio. Huyo del placer dijo el prncipe, porque el placer me ha dejado de complacer; me entrego a la soledad porque soy desdichado, y no deseo nublar con mi presencia la felicidad de los dems. Seor dijo el sabio, usted es el primero que se queja de la desdicha en el Valle Feliz. Espero convencerlo de que sus quejas no tienen un motivo real. Usted posee aqu todo lo que el Emperador de Abisinia puede otorgar; aqu no hay trabajo que soportar ni peligro que temer, y sin embargo hay todo lo que el trabajo o el peligro pueden conseguir o comprar. Mire a su alrededor y dgame cul de sus necesidades est insatisfecha: si no necesita nada, por qu est infeliz? El motivo de mi queja es que no necesito nada, o que no s qu necesito dijo el prncipe; si tuviera una necesidad conocida, tendra un deseo preciso, y entonces no me afligira ver que el sol se mueve con tanta lentitud hacia la montaa occidental, ni me lamentara cuando rompe el da y el sueo ya no me oculta de m mismo. Cuando veo a los nios y los corderos persiguindose unos a otros, se me ocurre que sera feliz si tuviera algo que perseguir. Pero como poseo todo lo que necesito, encuentro que cada da y cada hora son exactamente iguales, salvo que la ltima es an ms aburrida que el primero. Que su experiencia me informe cmo el da puede parecerme ahora tan corto como en la infancia, cuando la naturaleza an era fresca y nueva, y cada instante me mostraba algo que nunca haba observado antes. Ya he disfrutado demasiado; dme algo que desear. El anciano qued sorprendido ante ese tipo nuevo de afliccin, y no supo qu contestar, aunque no quera permanecer en silencio. Seor dijo, si hubiese visto usted las desdichas del mundo, sabra valorar el estado en el que se encuentra. Ahora me has dado algo que desear dijo el prncipe; ansiar ver las desdichas del mundo, dado que verlas es necesario para ser feliz.
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evitar. Pero en la declinacin de la vida la vergenza y la pena duran poco: ya sea porque soportamos con facilidad lo que hemos soportado durante mucho tiempo; o porque, al encontrar que con la edad se preocupan menos de nosotros, nos preocupamos menos de los dems; o porque vemos con menos angustia las aflicciones a las que sabemos que la mano de la muerte est por poner fin. El prncipe, cuyos puntos de vista se haban extendido a un espacio ms amplio, no poda calmar con rapidez sus emociones. Antes lo haba aterrado la longitud de la vida que la naturaleza le prometa, porque consideraba que en un tiempo tan largo sera mucho lo que deba soportarse; ahora se regocijaba por su juventud, porque en muchos aos mucho poda hacerse. Aquel primer rayo de esperanza que entraba en su mente, reaviv la juventud en sus mejillas, y redobl el brillo de sus ojos. Arda en deseos de hacer algo, aunque an no conoca con claridad el fin o los medios. Haba dejado de estar melanclico o aislado; pero como se consideraba dueo de un caudal secreto de felicidad, que slo poda disfrutar ocultndolo, fingi ocuparse de todos los proyectos de diversin, y se esforz por hacer que los dems se sintieran complacidos con el estado que a l mismo lo cansaba. Pero los placeres nunca son tan mltiples o continuados como para no dejar gran parte de la vida sin emplear; haba muchas horas, tanto de la noche como del da, que poda pasar pensando a solas sin despertar sospechas. La carga de la vida se haba alivianado mucho: asista con ahnco a las reuniones, porque supona que la frecuencia de sus apariciones era necesaria para el xito de sus propsitos; se retiraba alegremente a la intimidad, porque ahora tena en qu pensar. Su principal diversin era imaginar ese mundo que nunca haba visto; situarse en condiciones distintas, verse enredado en dificultades imaginarias, y comprometido en locas aventuras; pero su benevolencia siempre haca terminar sus proyectos en el alivio de la angustia, el descubrimiento del fraude, la derrota de la opresin, y la difusin de la felicidad. As pasaron veinte meses de la vida de Rasselas. Se ocupaba tan intensamente de la actividad visionaria, que olvid su soledad real, y, en medio de los preparativos continuos para los diversos incidentes de los asuntos humanos, dejaba de lado considerar por qu medios poda mezclarse con la humanidad. Un da, mientras estaba sentado en una ribera, imagin para sus adentros que una virgen hurfana era despojada de su pequea dote por un amante traidor, y que gritaba pidindole a l la devolucin y el desagravio. La imagen estaba grabada con tanta fuerza en su mente, que se puso en pie de un salto para defender a la doncella, y se precipit a atrapar al malhechor, con toda la ansiedad de una persecucin real. Como es natural el miedo acelera la huida del culpable. Rasselas no pudo capturar al fugitivo a pesar de todos sus esfuerzos; pero decidi cansar mediante la perseverancia a quien no poda superar en velocidad, y sigui corriendo hasta que el pie de la montaa detuvo su marcha.
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All volvi en s, y sonri de su impetuosidad intil. Despus alz los ojos hacia la montaa y dijo: Este es el obstculo fatal que impide al mismo tiempo el disfrute del placer, y el ejercicio de la virtud. Cunto hace que mis esperanzas y deseos han volado ms all de este lmite de mi vida, que sin embargo no he tratado an de sobrepasar! Impresionado por esta reflexin, se sent a meditar; y record que desde que haba decidido por vez primera escapar de su confinamiento, el sol haba pasado dos veces sobre l en su trayectoria anual. Ahora senta una pena que no haba conocido antes. Consider cunto poda haber hecho en el tiempo que haba pasado y no haba dejado nada real detrs. Compar los veinte meses con la vida del hombre. En la vida dijo, no hay que contar la ignorancia de la infancia, ni la imbecilidad de la edad. Pasa mucho tiempo antes de que podamos pensar, y pronto dejamos de tener el poder de actuar. El perodo real de la existencia humana puede calcularse razonablemente en cuarenta aos, de los cuales me he pasado meditando la vigsimo cuarta parte. Lo que he perdido es seguro, porque por cierto lo posea; pero quin puede darme seguridades sobre los prximos veinte meses? La conciencia de su propia estupidez lo hiri muy hondamente, y pas un largo tiempo antes de que pudiera reconciliarse consigo mismo. El resto de mi tiempo dijo, se ha perdido por culpa o estupidez de mis ancestros, y de las absurdas instituciones de mi pas; lo recuerdo con disgusto, aunque sin remordimiento: pero los meses que han pasado desde que una nueva luz se clav en mi alma, desde que conform un proyecto de felicidad razonable, se han despilfarrado por mi culpa. He perdido lo que no puede recobrarse; durante veinte meses he visto cmo se alzaba y se pona el sol, un ocioso contemplador de la luz del cielo: en ese perodo los pjaros han abandonado el nido de la madre, y se han entregado a los bosques y los cielos; el nio ha abandonado el pezn, y aprendido poco a poco a trepar las rocas en busca de un sustento independiente. Slo yo no hice progresos, y sigo impotente e ignorante. La luna me ha advertido acerca del fluir de la vida con ms de veinte cambios; la corriente que rodaba a mis pies me echaba en cara mi inactividad. Me qued sentado refocilndome en el lujo intelectual, sin tener en cuenta ni los ejemplos de la tierra, ni las instrucciones de los planetas. Veinte meses han pasado; quin los devolver? Estas penosas lamentaciones se asentaron en su mente; pas cuatro meses en decidir que no perdera ms tiempo en decisiones ociosas, y se vio llevado a una actividad ms vigorosa, cuando oy observar a una doncella, que acababa de romper una taza de porcelana, que lo que no poda repararse no deba lamentarse. Era algo obvio; y Rasselas se reproch no haberlo descubierto; no haba sabido, o no haba considerado, cuntas sugerencias tiles se obtienen por azar, y con qu frecuencia la mente, empujada por su propio ardor hacia panoramas lejanos, pasa por alto las verdades que descansan evidentes ante ella. Por unas pocas horas se apen de su pena, y desde ese momento
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concentr toda su mente en buscar los medios de escapar del Valle de la Felicidad.
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lo que el aire puede desviarse debido a la presin. Pero el esfuerzo de nadar es muy arduo dijo el prncipe; incluso los miembros ms fuertes pronto se cansan: me temo que el acto de volar ser an ms violento; y las alas no servirn de mucho, a menos que podamos volar ms lejos de lo que podemos nadar. El esfuerzo de elevarse del suelo dijo el artista, ser grande, como podemos verlo en las aves domsticas ms pesadas; pero a medida que subamos, la atraccin de la tierra, y la gravedad del cuerpo, disminuirn poco a poco, hasta que llegaremos a una regin donde el hombre flotar en el aire sin la menor tendencia a caer: entonces no habr que preocuparse por moverse hacia adelante, ya que el menor impulso bastar. Usted, seor, cuya curiosidad es tan amplia, imaginar con facilidad con qu placer un filsofo, provisto de alas y suspendido en el cielo, vera la tierra y todos sus habitantes rodando debajo de l, y ofrecindole de modo sucesivo, gracias a su movimiento diurno, todos los pases que queden dentro de un mismo paralelo. Cmo entretendra al espectador suspendido ver la escena en movimiento de la tierra y el ocano, de las ciudades y los desiertos! Registrar con la misma seguridad los mercados, y los campos de batalla; las montaas infestadas de brbaros, y las regiones fructferas alegradas por la abundancia y acunadas por la paz! Con qu facilidad rastrearemos entonces todo el curso del Nilo; con qu facilidad nos trasladaremos a regiones lejanas, y estudiaremos el rostro de la naturaleza de un extremo a otro de la tierra! Todo eso es muy deseable dijo el prncipe; pero me temo que ningn hombre podr respirar en esas regiones de especulacin y serenidad. Me han dicho que la respiracin es dificultosa sobre las montaas altas; sin embargo en esos precipicios, aunque tan altos como para producir un aire muy tenue, es muy fcil caer; en consecuencia sospecho que en cualquier altura donde la vida pueda sostenerse, puede haber peligro de un descenso demasiado rpido. Nada se intentara nunca replic el artista, si hubiese que superar antes toda objecin posible. Si quiere usted apoyar mi proyecto, har el primer vuelo arriesgndome yo mismo. Ha estudiado la estructura de todos los animales voladores, y encontr que la continuidad plegadiza de las alas del murcilago es la que ms se acomoda a la forma humana. A partir de ese modelo empezar mi tarea maana, y en un ao espero estar en el aire, ms all de la malicia y del alcance del hombre. Pero slo trabajar con la condicin de que la habilidad no sea divulgada, y que usted no me pida hacer alas para nadie fuera de nosotros. Por qu hacer que otros envidien tal ventaja? dijo Rasselas. Toda habilidad debera ejercerse para provecho universal; todo hombre debe mucho a los dems, y debera devolver la bondad que ha recibido. Si todos los hombres fueran virtuosos replic el artista, les enseara prontamente a volar. Pero cul sera la seguridad de los buenos, si los malos pudiesen invadirlos a placer desde el cielo? Contra un ejrcito que surcara las nubes, ni muros, ni montaas, ni mares podran ofrecer la menor seguridad.
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Una bandada de salvajes norteos podra flotar en el viento, y aterrizar de inmediato con violencia irresistible sobre la capital de una regin rica que pasara debajo de ellos. Incluso este valle, retiro de prncipes, mansin de la felicidad, podra ser violado por el brusco descenso de alguna de las naciones desnudas que pululan en la costa del mar del sur. El prncipe prometi guardar el secreto, y esper la realizacin del proyecto, no del todo desesperanzado de la posibilidad de xito. Visitaba el taller de cuando en cuando, observaba los progresos, y adverta muchas invenciones ingeniosas que facilitaban el movimiento, y sumaban la liviandad al vigor. El artista estaba cada da ms seguro de que dejara atrs a los buitres y las guilas, y pronto su confianza contagi al prncipe. Las alas quedaron terminadas en un ao; y en la maana designada, el fabricante apareci equipado para volar sobre un pequeo promontorio: agit un momento los alones para juntar aire, despus salt desde su sitio, y en un instante cay al lago. Sus alas, intiles en el aire, lo sostuvieron en el agua, y el prncipe lo arrastr a tierra, medio muerto de terror y humillacin.
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por segunda vez; despus, cuando conversaron familiarmente, se sinti feliz de haber encontrado a un hombre que conoca tan bien el mundo, y poda pintar con tal habilidad las escenas de la vida. Le hizo mil preguntas sobre cosas que, aunque comunes para los dems mortales, le resultaban extraas a l, debido a su encierro desde la infancia. El poeta se compadeci de su ignorancia, y qued encantado con su curiosidad, y lo entretuvo da tras da con novedades e instruccin, a tal extremo que el prncipe lament la necesidad de dormir, y ansiaba que llegara la maana para renovar su placer. Mientras estaban sentados juntos, el prncipe orden a Imlac que contara su historia, y que le dijera qu accidente lo haba obligado, o qu motivo lo haba inducido a pasar su vida encerrado en el Valle Feliz. En el momento en que Imlac iba a comenzar su relato, llamaron a Rasselas a un concierto, de modo que se vio obligado a contener su curiosidad hasta la noche.
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gobernador que rob al pueblo, para que pueda exponer sus crmenes al emperador. Seor dijo Imlac, su ardor es el efecto natural de la virtud impulsada por la juventud: llegar la poca en que usted absolver a su padre, y en que tal vez oiga hablar del gobernador con ms paciencia. En el reino abisinio la opresin no es frecuente ni tolerada; pero an no se ha descubierto ninguna forma de gobierno que pueda impedir por completo la crueldad. La subordinacin supone poder por una parte, y sometimiento por la otra; y si el poder est en manos de hombres, a veces se abusar de l. La vigilancia del magistrado supremo puede hacer mucho, pero mucho quedar sin hacer. El nunca puede conocer todos los crmenes que se cometen, y rara vez puede castigar todos los que conoce. Eso no lo comprendo dijo el prncipe; pero prefiero orte en vez de discutir. Sigue con tu relato. Mi padre prosigui el prncipe, pretenda en un principio que yo slo tuviera la educacin que me capacitara para el comercio; y como haba descubierto en m un gran poder de memorizar y una gran rapidez de captacin, declaraba con frecuencia su esperanza de que alguna vez yo me convirtiera en el hombre ms rico de Abisinia. Por qu deseaba tu padre pregunt el prncipe aumentar su riqueza, si sta ya era mayor de lo que l poda descubrir o disfrutar? No deseo dudar de tu veracidad, pero dos cosas que se contradicen no pueden ser ciertas al mismo tiempo. Dos cosas que se contradicen contest Imlac no pueden ser ciertas al mismo tiempo, pero si se las imputa al hombre, pueden serlo. Sin embargo la diversidad no es inconsistencia. Mi padre poda esperar una poca de mayor seguridad. Sin embargo siempre es necesario algn deseo para mantener la vida en movimiento; y quien ve satisfechas sus necesidades concretas puede admitir las necesidades de la fantasa. Eso puedo concebirlo hasta cierto punto dijo el prncipe. Lamento haberte interrumpido. Con esta esperanza prosigui Imlac, mi padre me envi a la escuela; pero una vez que descubr el deleite del conocimiento, y experiment el placer de la inteligencia y el orgullo de la invencin, empec a despreciar las riquezas en silencio, y decid desilusionar las intenciones de mi padre, cuyas groseras concepciones provocaban mi piedad. Cumpl veinte aos antes de que su ternura me expusiera a la fatiga del viaje, lapso durante el cual haba sido instruido, por maestros sucesivos, en toda la literatura de mi regin natal. Como cada hora me enseaba algo nuevo, viva en una serie continua de gratificaciones; pero a medida que me acercaba a la mayora de edad, fui perdiendo gran parte de la reverencia con la que sola considerar antes a mis instructores; porque, cuando mi leccin terminaba, no me encontraba ni ms sabio ni mejor que el comn de los hombres. Con el tiempo mi padre resolvi iniciarme en el comercio, y abriendo uno de sus depsitos subterrneos, extrajo y cont diez mil piezas de oro. 'Esto, jovencito' dijo, es el capital con el
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que debers negociar. Yo empec con menos de la quinta parte, y ya ves cmo la diligencia y la parsimonia lo aumentaron. Esto te pertenece, para derrocharlo o aumentarlo. Si lo despilfarras por negligencia o capricho, debers esperar mi muerte para ser rico; si en cuatro aos duplicas tu capital, entonces dejaremos que cese toda subordinacin, y viviremos juntos como socios y amigos; porque quien tenga la misma habilidad que yo en el arte de hacerse rico ser mi igual. Cargamos nuestro dinero sobre camellos, oculto en fardos de mercancas baratas, y viajamos hasta la costa del Mar Rojo. Cuando pase mi mirada sobre la extensin de las aguas, mi corazn salt como el de un prisionero escapado. Sent que se encenda en mi mente una curiosidad inagotable, y decid aprovechar esta oportunidad de ver las costumbres de otras naciones, y de aprender ciencias desconocidas en Abisinia. Record que mi padre me haba urgido a que mejorara mi capital, no mediante una promesa que yo no deba violar, sino mediante un castigo en el que tena la libertad de incurrir; y en consecuencia decid complacer mi deseo predominante, y, bebiendo en las fuentes del conocimiento, aplicar la sed de la curiosidad. Como se supona que deba comerciar sin relacin con mi padre, me fue fcil entrar en conocimiento con el capitn de un barco, y conseguir un pasaje a otro pas. No tena motivos para elegir el derrotero de mi viaje; me bastaba con saber que, hacia dondequiera que viajara, vera un pas que nunca antes haba visto. En consecuencia sub a un barco que se diriga hacia Surat, dejando una carta a mi padre donde le expona mi intencin.
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entretuve a veces aprendiendo de los marineros el arte de la navegacin, que nunca haba practicado, y a veces haciendo planes para mi conducta en situaciones distintas, en ninguna de las cuales me he visto nunca. Estaba casi hastiado de mis diversiones navales cuando desembarcamos sin inconvenientes en Surat. Puse a buen recaudo mi dinero, y una vez que compr algunas mercaderas para exhibir, me un a una caravana que pasaba hacia el interior del pas. Mis compaeros conjeturaron por uno u otro motivo que yo era rico, y a travs de mis preguntas y mi admiracin, descubrieron que era ignorante, y me consideraron un novicio al que tenan derecho a engaar, y que deba aprender al costo usual el arte del fraude. Me expusieron al hurto de los sirvientes y a la extorsin de los funcionarios, y me vieron despojado con falsos pretextos, sin ninguna ventaja para ellos mismos, como no fuera la de regocijarse en la superioridad de su propio conocimiento. Un momento dijo el prncipe. Existe en el hombre una depravacin tal como para hacer dao a otro sin beneficio para l mismo? No me cuesta imaginar que todos se complazcan con la superioridad; pero tu ignorancia era simplemente accidental, y, al no deberse a un crimen o tontera tuyo no poda darles motivos para aplaudirse a s mismos; y el conocimiento que tenan, y del que t carecas podran habrtelo mostrado tan efectivamente advirtindote como traicionndote. El orgullo rara vez es delicado dijo Imlac, se complace con viles ventajas; y la envidia no se siente feliz sino cuando puede compararse con las desdichas de los dems. Eran mis enemigos, porque los agraviaba creerme rico; y mis opresores, porque les encantaba encontrarme dbil. Adelante dijo el prncipe: No dudo de los hechos que cuentas, pero supongo que los atribuyes a motivos equivocados. Con semejante compaa dijo Imlac llegu a Agra, la capital del Indostn, la ciudad en la que reside por lo comn el Gran Mogol. Me dediqu a aprender el idioma de la regin, y en unos meses poda conversar con los hombres eruditos; a algunos los encontr hoscos y reservados, a otros accesibles y comunicativos; algunos no queran ensear a otros lo que haban aprendido con tanta dificultad; y algunos mostraban que la meta de sus estudios era adquirir la dignidad de instruir. Me hice acreedor de tanta consideracin por parte del tutor de los jvenes prncipes, que me presentaron al emperador como hombre de conocimiento inusual. El emperador me hizo muchas preguntas respecto a mi pas y mis viajes; y aunque no puedo recordar ahora nada de lo que dijo acerca del poder de un hombre comn, me separ de l sorprendido por su sabidura, y enamorado de su bondad. Ahora mi reputacin era tan grande, que los mercaderes con los que haba viajado me solicitaron recomendaciones para las damas de la corte. Me sorprendi la confianza con que lo hacan, y les reproch de buena manera sus prcticas en el camino. Me oyeron con fra indiferencia, y no dieron seales de vergenza o pena. Despus estimularon su pedido con el ofrecimiento de un soborno; pero lo
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que yo no hara por bondad, no lo hara por dinero, y los rechac, no porque me hubiesen hecho dao, sino porque no les permitira daar a otros; porque saba que usaran mi reputacin para engaar a aquellos que les compraran su mercadera. Cuando no me qued nada por aprender en Agra, viaj a Persia, donde vi muchos restos de la antigua magnificencia, y observ muchos modos distintos de vida. Los persas constituyen una nacin eminentemente social, y sus reuniones me brindaron oportunidades diarias de observar personajes y conductas, y de rastrear la naturaleza humana a travs de todas sus variaciones. De Persia pas a Arabia, donde vi una nacin a la vez pastoral y guerrera; que vive sin residencia fija; cuya nica riqueza la constituyen sus hatos y manadas; y que sin embargo ha emprendido a travs de todas las pocas una guerra hereditaria con el resto de la humanidad, aunque nunca codiciaron ni envidiaron sus posesiones.
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comprenda. Como ahora estaba decidido a ser poeta, vea todo con un nuevo propsito; mi esfera de atencin creci de pronto; no poda pasar por alto ningn tipo de conocimiento. Recorra las montaas y los desiertos en busca de imgenes y semejanzas, y dejaba impresos en mi mente cada rbol del bosque y cada flor del valle. Observaba con igual cuidado las asperezas de la roca y los remates del palacio. A veces vagaba entre los laberintos del arroyo, y a veces contemplaba los cambios de las nubes estivales. Para un poeta nada puede ser intil. Todo lo que es bello, y todo lo que es horrible, debe ser familiar para su imaginacin: debe ser versado en todo lo que es espantosamente vasto o elegantemente pequeo. Las plantas del jardn, los animales del bosque, los minerales de la tierra, y los meteoros del cielo, todo debe colaborar a almacenar en su mente una variedad inagotable: porque toda idea es til para reforzar o decorar la moral o la verdad religiosa; y quien ms sepa ms poder tendr de diversificar sus escenas, y de complacer a su lector con alusiones remotas e instruccin inesperada. En consecuencia tena que estudiar con cuidado todas las apariencias de la naturaleza; y cada pas que he visitado ha contribuido en cierta medida a mis poderes poticos. En un estudio tan amplio dijo el prncipe, seguramente habrs dejado mucho sin observar. Hasta ahora he vivido dentro del permetro de estas montaas, y sin embargo no puedo salir sin encontrarme con algo que nunca he visto o escuchado antes. Al poeta dijo Imlac le corresponde examinar no lo individual, sino la especie; tomar nota de las propiedades generales y las apariencias mayores. No enumera las vetas del tulipn, ni describe los diferentes matices del follaje del bosque: en sus retratos de la naturaleza debe exhibir rasgos lo bastante destacados e impactantes como para recordar el original a todas las mentes; y debe pasar por alto las discriminaciones menores, que alguien puede haber advertido, y otro haber pasado por alto, en favor de las caractersticas que son obvias tanto a la vigilancia como a la negligencia. Pero conocer la naturaleza es slo la mitad de la tarea de un poeta: debe conocer de la misma manera todos los modos de vida. Su ndole exige que estime la felicidad y la desdicha de cada condicin, que observe el poder de todas las pasiones en todas sus combinaciones, y rastree los cambios de la mente humana cuando es modificada por las diversas instituciones y las influencias accidentales del clima o la costumbre, desde la vivacidad de la infancia hasta el abatimiento de la decrepitud. Debe despojarse de los prejuicios de su poca y pas; debe considerar el bien y el mal en su estado abstracto e invariable; debe hacer caso omiso de las leyes y las opiniones presentes, y elevarse a las verdades generales y trascendentales, que siempre sern las mismas. Debe contentarse en consecuencia con el lento proceso de su nombre, desdear el aplauso de su propia poca, y confiar sus pretensiones a la justicia de la posteridad. Debe escribir como intrprete de la naturaleza, y legislador de la humanidad, y considerar que preside los
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pensamientos y los modales de las generaciones futuras, como un ser superior al tiempo y el espacio. Su esfuerzo an no ha terminado; debe conocer muchos idiomas y muchas ciencias; y para que su estilo sea digno de sus pensamientos, debe, mediante la prctica incesante, familiarizarse con cada delicadeza del habla y cada gracia armnica.
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me das. No ignoro el motivo que rene a tantas personas en ese sitio, y no puedo dejar de considerarlo como el centro de la sabidura y la piedad, al que deben acudir continuamente los hombres mejores y ms sabios de todas las tierras. Hay algunas naciones dijo Imlac, que envan pocos visitantes a Palestina; porque muchas sectas eruditas y de numerosos miembros de Europa concuerdan en censurar el peregrinaje como supersticioso, o en desdearlo como ridculo. T sabes dijo el prncipe, lo poco que me ha familiarizado mi vida con la diversidad de opiniones; or los argumentos de ambas partes ser demasiado largo; t, como los has meditado, dime el resultado. El peregrinaje dijo Imlac, como muchos otros actos piadosos, puede ser razonable o supersticioso, segn los principios bajo los cuales se realiza. Los largos viajes en busca de la verdad no son obligatorios. La verdad, tal como se la necesita para ordenar la vida, siempre se encuentra donde se la busca con honestidad. El cambio de lugar no es una causa natural del aumento de piedad, porque inevitablemente produce disipacin mental. Sien embargo, si se tiene en cuenta que los hombres se dirigen todos los das a contemplar los campos donde se llevaron a cabo grandes acciones, y regresan con impresiones ms intensas del acontecimiento, una curiosidad similar puede predisponernos a contemplar la regin donde tuvo su principio nuestra religin; y creo que ningn hombre examina esas escenas terribles sin cierta confirmacin de sus decisiones sagradas. Que el Ser Supremo pueda ser calmado con mayor facilidad en un sitio que en otro, es el sueo de la supersticin ociosa; pero que algunos sitios puedan obrar sobre nuestras mentes de un modo fuera de lo comn, es una opinin justificada por la experiencia diaria. Quien suponga que sus vicios pueden combatirse con mayor resultado en Palestina, tal vez descubra que est equivocado; an as puede ir all sin mayores daos: quien piense que se lo perdonar con mayor libertad, deshonra al mismo tiempo a su razn y a la religin. Esas son distinciones europeas dijo el prncipe. Las meditar en otro momento. En tu opinin, cul es el efecto del conocimiento? Esas naciones son ms felices que nosotros? En el mundo dijo el poeta, existe tanta infelicidad, que a un hombre apenas le queda tiempo libre de sus propias desdichas como para calcular la felicidad relativa de los dems. Por cierto el conocimiento es uno de los medios de placer, como lo confiesa el deseo natural que toda mente siente de aumentar sus ideas. La ignorancia es simple privacin, mediante la cual nada puede producirse: es un vaco en el que el alma se siente inmvil y aletargada por falta de atraccin; y sin saber por qu, siempre nos regocijamos con lo que aprendemos, y lamentamos lo que olvidamos. Por lo tanto me siento inclinado a concluir que si nada contrarresta la consecuencia natural del aprendizaje, nos volvemos ms felices a medida que nuestras mentes abarcan un panorama ms amplio. Cuando enumeramos las comodidades especiales de la vida, descubrimos
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muchas ventajas por parte de los europeos. Curan heridas y enfermedades que a nosotros nos hacen languidecer y perecer. Sufrimos inclemencias climticas que ellos pueden evitar. Tienen aparatos que se encargan de muchos trabajos difciles que nosotros debemos ejecutar mediante el esfuerzo manual. Existe tal comunicacin) entre sitios distantes, que difcilmente pueda decirse que un amigo est ausente en relacin a otro. La sagacidad que poseen elimina todos los inconvenientes pblicos; atraviesan las montaas con sus caminos, y construyen puentes sobre sus ros. Y si descendemos a las cosas ntimas de la vida, sus habitaciones son ms cmodas, y sus posesiones estn ms seguras. Quienes tienen tales comodidades dijo el prncipe, de las cuales ninguna envidio ms que la facilidad con que mis amigos separados pueden intercambiar sus pensamientos, seguramente son felices. Los europeos contest Imlac, son menos infelices que nosotros; pero no son felices. La vida humana es en todas partes un estado en el que hay mucho por soportar, y poco por disfrutar.
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contemplacin de su antigua magnificencia, y en investigaciones entre los restos de su antigua sabidura. En El Cairo encontr una mezcla de todas las naciones; algunos haban llegado all impulsados por el amor al conocimiento, otros por la esperanza del lucro, y muchos por el deseo de vivir de acuerdo con su propio modo sin que los observaran, y de quedarse ocultos en la obscuridad de las multitudes: porque en una ciudad populosa como El Cairo, es posible obtener al mismo tiempo las gratificaciones de la vida social, y la reserva de la soledad. De El Cairo viaj a Suez, y me embarqu en el Mar Rojo, siguiendo la costa hasta que llegu al puerto desde el que haba partido veinte aos antes. All me un a una caravana, y volv a entrar en mi pas natal. Ahora esperaba las caricias de mis iguales, y las felicitaciones de mis amigos, y no dejaba de tener esperanzas de que mi padre, fuera cual fuese el valor que hubiera asignado a sus riquezas, se sintiera orgulloso y alegre de tener un hijo capaz de aumentar la felicidad y el honor de la nacin. Pero pronto me convenc de que mis pensamientos eran vanos. Mi padre haba muerto haca catorce aos, despus de dividir su riqueza entre mis hermanos, que se haban mudado a otras provincias. De mis compaeros, la mayor parte estaba en la tumba; de los dems, algunos pudieron recordarme con dificultad, y otros me consideraron corrompido por las costumbres extranjeras. Un hombre acostumbrado a las vicisitudes no se desanima con facilidad. Despus de un tiempo olvid mi desilusin, y me propuse destacarme ante los nobles del reino; me admitieron a sus mesas, oyeron mi historia, y me despidieron. Abr una escuela, y me prohibieron ensear. Decid entonces instalarme en la serenidad de la vida domstica, y cortej a una dama a quien le gustaba mi conversacin, pero que rechaz mis propuestas porque mi padre era un mercader. Fatigado al fin de requerimientos y rechazos, decid separarme para siempre del mundo, y dejar de depender de la opinin o el capricho de los dems. Esper la poca en que se abra la puerta del Valle Feliz, para poder despedir a la esperanza y el temor: lleg el da; mi actuacin fue bien recibida; y me entregu con jbilo al encierro perpetuo. Has encontrado al fin la felicidad? dijo Rasselas. Dmelo sin reservas; ests satisfecho con tu condicin? O an deseas estar otra vez vagando e investigando? Todos los habitantes del valle celebran su suerte y, en la visita anual del emperador, invitan a otros a compartir su felicidad. Gran prncipe dijo Imlac, dir la verdad; no conozco a uno solo de tus servidores que no lamente la hora en que entr en este retiro. Yo soy menos infeliz que el resto, porque tengo la mente repleta de imgenes que puedo variar y combinar a placer. Puedo entretener mi soledad renovando el conocimiento que empieza a esfumarse de mi memoria, y recordando los accidentes de mi vida pasada. Sin embargo, todo esto termina con la triste consideracin de que mis adquisiciones ahora son intiles, y que ninguno de mis placeres puede disfrutarse otra vez. Los dems, cuyas mentes slo llevan impreso el momento presente, estn o corrodos por pasiones malignas, o se
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quedan sentados estpidamente en las tinieblas del vaco perpetuo. Qu pasiones pueden infestar a quienes no tienen rivales? dijo el prncipe. Nos encontramos en un sitio donde la impotencia excluye la malicia, y donde toda envidia es reprimida por el disfrute comn de los placeres. Puede haber comunidad de disfrute de las posesiones materiales dijo Imlac, pero nunca puede haber comunidad de disfrute del amor o la estima. Siempre habr uno que agrade ms que otro; quien se sabe despreciado siempre ser envidioso; y aun ms envidioso y malevolente, si est condenado a vivir en presencia de quienes lo desprecian. Las invitaciones con que incitan a los dems a unirse a un estado que sienten como infeliz, provienen de la malignidad natural de la desdicha sin esperanzas. Estn cansados de s mismos y de cada uno de los dems, y esperan encontrar alivio en nuevos compaeros. Envidian la libertad que su tontera les ha quitado, y veran alegremente a toda la humanidad prisionera como ellos. Sin embargo, yo estoy libre por completo de ese crimen. Ningn hombre puede decir que es desdichado porque yo lo he convencido. Miro con piedad las multitudes que anualmente solicitan ser admitidas en el cautiverio, y me gustara que fuera lcito advertirles del peligro. Mi querido Imlac dijo el prncipe, te abrir todo mi corazn. Desde hace tiempo medito una huida del Valle Feliz. He examinado las montaas en todos los costados, pero me encontr insuperablemente dificultado por barreras: ensame el modo de romper mi prisin; sers el compaero de mi huida, el gua de mis vagabundeos, el socio de mi fortuna, y mi nico director en la eleccin de vida. Seor contest el poeta, su escape ser difcil, y, tal vez, pronto se arrepienta de su curiosidad. Descubrir que el mundo, que imagina liso y sereno como el lago del valle, es un mar espumeante de tempestades y que hierve de remolinos: a veces se ver abrumado por las olas de la violencia, y a veces arrojado contra las rocas de la traicin. En medio de las equivocaciones y los fraudes, las competiciones y las ansiedades, desear mil veces estos parajes serenos, y abandonar de buena gana la esperanza para verse libre del miedo. No trates de apartarme de mi propsito dijo el prncipe. Estoy impaciente por ver lo que t has visto; y como t mismo ests cansado del valle, es evidente que tu estado anterior era mejor que ste. Sean cuales fueren las consecuencias de mi experimento, estoy decidido a juzgar con mis propios ojos las diversas condiciones de los hombres, y a hacer despus deliberadamente mi eleccin de vida. Me temo dijo Imlac que est usted obstaculizado por frenos ms fuertes que mis opiniones; aun as, si su decisin est tomada, no le aconsejo desesperar. Pocas cosas son imposibles para la dedicacin y la habilidad.
Captulo XIII
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alzado con simples piedras, pero ya puede ver usted su altura y amplitud. Quien camina con vigor tres horas al da, en siete aos recorrer un espacio igual a la circunferencia del globo. Siguieron trabajando da tras da, y en poco tiempo encontraron una fisura en la roca que les permiti llegar lejos con muy pocos obstculos. Rasselas lo consider un buen augurio. No trastorne su mente dijo Imlac con esperanzas o temores distintos de los que la razn puede sugerir: si los pronsticos buenos lo complacen, del mismo modo se sentir aterrado con las seales que anuncien el mal, y toda su vida ser presa de la supersticin. Cualquier cosa que facilite nuestro trabajo es ms que un augurio, es una causa de xito. Esta es una de las sorpresas agradables que se presentan con frecuencia a la decisin activa. Muchas cosas difciles de planear demuestran ser fciles de ejecutar.
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viaje, y en el pensamiento ya se vea trasportado ms all de los dominios de su padre. Imlac, aunque muy alegre por la fuga, esperaba menos placer en el mundo, que ya haba recorrido, y del que ya se haba cansado. Rasselas estaba tan encantado ante los horizontes ms amplios, que no pudieron convencerlo fcilmente de que regresara al valle. Inform a la hermana que el camino estaba abierto, y que ahora slo restaba preparar la partida.
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temor a que traicionaran su rango mediante un comportamiento inusual, e hizo que se detuvieran durante varias semanas en la primera aldea, para acostumbrarlos a verse rodeados de simples mortales. Poco a poco los vagabundos reales aprendieron a comprender que por un tiempo haban dejado a un lado su dignidad, y que slo podan esperar la consideracin que la generosidad y la cortesa podan brindar. Y una vez que Imlac los prepar, con muchas advertencias, para soportar el tumulto de un puerto, y la rudeza de la casta comercial, los gui hasta la costa del mar. El prncipe y su hermana, para quienes todo era nuevo, se sentan complacidos en todos los lugares, y por lo tanto se quedaron unos meses en el puerto, sin deseos de seguir adelante. Imlac estaba satisfecho de que permanecieran all, porque no crea seguro exponerlos, inexpertos como eran en el mundo, a los azares de un pas extranjero. Al fin empez a temer que los descubrieran, y propuso fijar un da para la partida. No pretendan juzgar por s mismos, y dejaron todo el plan en manos de Imlac. En consecuencia, ste sac pasaje en un barco que se diriga a Suez; y, cuando lleg el momento, convenci con gran dificultad a la princesa de que subiera a la nave. Hicieron un viaje rpido y venturoso, y desde Suez viajaron por tierra hasta El Cairo.
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considerado de inmediato como un mercader de gran riqueza. Su cortesa dio origen a numerosas relaciones, y su generosidad hizo que fuera asediado por numerosos dependientes. En su mesa se apiaban hombres de todas las naciones, que admiraban su conocimiento y solicitaban su apoyo. Como sus compaeros no podan mezclarse en la conversacin, no podan poner al descubierto su ignorancia o sorpresa, y poco a poco se iniciaban en el mundo a medida que dominaban el idioma. Mediante frecuentes lecciones, el prncipe haba aprendido el uso y la naturaleza del dinero; pero durante largo tiempo las damas no pudieron comprender lo que hacan los mercaderes con pequeas piezas de oro y plata, y por qu cosas de tan poca utilidad eran recibidas como equivalentes de las cosas necesarias para la vida. Estudiaron el idioma durante dos aos, mientras Imlac se preparaba a presentarles los diversos rangos y condiciones de la humanidad. Lleg a conocer a todos los que tenan una fortuna o una conducta fuera de lo comn. Frecuent al voluptuoso y al frugal, al ocioso y al atareado, a los mercaderes y a los hombres sabios. Como el prncipe ya poda conversar con fluidez, y haba aprendido a tener la cautela que deba observar en su relacin con los extraos, empez a acompaar a Imlac a lugares de reunin, y a participar en todas las asambleas, para poder hacer su eleccin de vida. Durante cierto tiempo pens que la eleccin era intil, porque todos le parecan igualmente felices. Dondequiera que iba encontraba alegra y amistad, y oa la cancin del jbilo o la risa de la despreocupacin. Empez a creer que el mundo rebalsaba de abundancia universal, y que nada era negado, por necesidad o mrito; que toda mano daba con generosidad, y que todos los corazones se derretan de benevolencia. Y entonces quin puede ser desdichado? se deca. Imlac permiti la agradable ilusin, y no quiso triturar la esperanza de la inexperiencia, hasta que un da en que estaban sentados en silencio, el prncipe dijo: No s cul puede ser el motivo de que yo sea ms infeliz que cualquiera de nuestros amigos. Los veo perpetua e invariablemente contentos, pero siento mi propia mente intranquila e impaciente. No me satisfacen los placeres que la mayora parece perseguir. Vivo entre las multitudes jubilosas, no tanto para disfrutar de la compaa como para ocultarme, y solo hablo en voz alta y me regocijo para esconder mi tristeza. Todo hombre dijo Imlac puede adivinar lo que pasa en la mente de los dems examinando su propia mente; cuando sientes que tu alegra es falsificada, eso puede llevarte con justicia a sospechar que la de tus compaeros no es sincera. La envidia es por lo comn recproca. Pasa mucho tiempo antes de que quedemos convencidos de que la felicidad no se encuentra nunca; y cada uno cree que los dems la poseen, para mantener viva la esperanza de obtenerla l mismo. En la reunin donde estuviste anoche pareca hacer una animacin en el aire y una volubilidad de la fantasa
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como slo pueden corresponder a seres de un orden ms alto, formados para habitar regiones ms serenas, inaccesibles a la preocupacin o la pena; sin embargo, prncipe, creme que no haba uno solo que no temiera el momento en que la soledad lo entregara a la tirana de la reflexin. Eso puede ser cierto de los dems, dado que es cierto en relacin a m dijo el prncipe. Sin embargo, sea cual fuere la infelicidad general del hombre, una condicin es ms feliz que otra, y seguramente la sabidura nos lleva a tomar el mal menor en la eleccin de vida. Las causas del bien y del mal contest Imlac son tan diversas e imprecisas, estn con tanta frecuencia entreveradas entre s, tan diversificadas por diversas relaciones, y tan sujetas a accidentes que no podemos prever, que quien quiera fundar su condicin sobre razones indiscutibles de preferencia deber vivir y morir investigando y deliberando. Pero seguramente los sabios dijo Rasselas, a quienes escuchamos con reverencia y maravilla, eligen para s el modo de vida que segn creen los har feliz ms probablemente. Muy pocos viven por eleccin dijo el poeta. Todo hombre est colocado en su condicin actual por causas que actuaron sin su previsin, y con las cuales no siempre coopera de buena gana; y en consecuencia rara vez encontrars a alguien que no crea que la suerte de su vecino es mejor que la propia. Prefiero pensar dijo el prncipe que mi cuna me ha dado al menos una ventaja sobre los dems, al permitirme decidir por m mismo. Aqu tengo el mundo ante m; lo estudiar a gusto: seguramente la felicidad se encuentra en alguna parte.
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La felicidad dijo debe ser algo slido y permanente, sin temor y sin incertidumbre. Pero la franqueza y cortesa de sus compaeros haba hecho que los apreciara tanto, que no pudo abandonarlos sin hacerles una advertencia y una reconvencin: Amigos mos dijo, he meditado seriamente en nuestra conducta y nuestras perspectivas, y creo que nos equivocamos contra nuestro propio inters. Los primeros aos del hombre deben proveer para los ltimos. Quien nunca piensa no puede ser sabio. La liviandad permanente termina en la ignorancia; y la intemperancia, aunque pueda encender los humores durante una hora, har que la vida sea breve o desdichada. Pensemos que la juventud no dura mucho, y que en la madurez, cuando cesen los encantos de la fantasa, y los fantasmas del placer ya no dancen a nuestro alrededor, slo nos quedar el alivio de la estima de los hombres sabios, y de los medios de hacer el bien. Detengmonos, por lo tanto, mientras podamos: vivamos como hombres a quienes les falta cierto tiempo para crecer, y para quienes el mayor de los males ser no poder contar los arios pasados sino por las tonteras cometidas, y recordar la antigua exuberancia de la salud slo por las enfermedades que el desorden ha provocado. Se miraron unos a otros en silencio por un momento y al fin lo hicieron ir en un coro general de risa ininterrumpida. La conciencia de que sus sentimientos eran justos, y sus intenciones bondadosas, apenas bastaron para sostenerlo contra el horror del escarnio. Pero recobr la serenidad, y prosigui su bsqueda.
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duradera; y a la fantasa con un meteoro, de fulgor brillante, pero transitorio, irregular en su movimiento, y engaoso en su direccin. Despus comunic los diversos preceptos que se han dado a travs del tiempo para conquistar la pasin, y expuso la felicidad de aquellos que han logrado la importante victoria, despus de la cual ningn hombre es esclavo del miedo, ni vctima de la esperanza; deja de estar agotado por la envidia, inflamado por la ira, castrado por la ternura, o deprimido por la pena; en vez de ello atraviesa caminando con calma los tumultos de la vida cotidiana, as como el sol prosigue su curso a travs del cielo calmo o tormentoso. Cit numerosos ejemplos de hroes inconmovibles por el dolor o el placer, que consideraban con indiferencia esos modos o accidentes a los que el vulgo les da los nombres de bien y mal. Exhort a sus oyentes a dejar a un lado los prejuicios, y armarse contra los dardos de la malicia o la desdicha mediante la paciencia invulnerable; concluyendo que slo ese estado era la felicidad, y que la felicidad estaba al alcance de todos. Rasselas lo escuchaba con la veneracin debida a las instrucciones de un ser superior, y despus de esperarlo junto a la puerta, implor humildemente el permiso de visitar a tan gran maestro de la verdadera sabidura. El conferenciante vacil un momento, cuando Rasselas coloc en su mano una bolsa de oro, que el hombre recibi con una mezcla de jbilo y asombro. Cuando el prncipe regres, le dijo a Imlac: He descubierto un hombre que puede ensear todo lo que es necesario saber, que, desde el trono inamovible dla fortaleza racional, baja los ojos sobre las escenas de la vida, que cambian debajo de l. Habla, y la atencin contempla sus labios; razona, y la conviccin pone punto final a sus prrafos. Este hombre ser mi gua futuro. Aprender sus doctrinas, e imitar su vida. No te apresures demasiado dijo Imlac en confiar o admirar a los maestros de la moralidad: peroran como ngeles, pero viven como hombres. Rasselas, que no poda imaginar cmo un hombre poda razonar con tanta fuerza sin sentir el peso lgico de sus propios argumentos, fue a visitarlo unos das despus, y le negaron la entrada. Ahora haba aprendido el poder del dinero, y mediante una pieza de oro pudo entrar en el departamento interior, donde encontr al filsofo, en un cuarto en penumbras, con los ojos empaados, y el rostro plido. Seor dijo, ha venido usted en un momento en que toda amistad humana es intil: lo que sufro no tiene remedio; lo que he perdido no puede recobrarse. Mi hija, mi nica hija, muri anoche despus de una fuerte fiebre. Mis perspectivas, mis propsitos, mis esperanzas han terminado: ahora soy un ser solitario separado del trato social. Seor dijo el prncipe, la mortalidad es un acontecimiento que nunca puede sorprender a un hombre sabio: sabemos que la muerte est siempre cerca, y en consecuencia siempre deberamos esperarla. Joven contest el filsofo, habla usted como alguien que nunca ha sentido los tormentos de la separacin. Entonces ha olvidado usted los preceptos que apoy con tanta energa? dijo Rasselas. Acaso la sabidura
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no tiene fuerzas para armar el corazn contra la calamidad? Piense que las cosas externas son naturalmente variables, pero la verdad y la razn son siempre iguales. Qu alivio pueden darme la verdad y la razn? dijo el doliente. De qu sirven ahora, sino para indicarme que mi hija no regresar? El prncipe, cuya humanidad no le permita insultar la desdicha con un reproche, se alej convencido de la vacuidad del sonido retrico, y de la ineficacia de los prrafos pulidos y las frases estudiadas.
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sin preocupaciones, entre arroyos y brisas campestres, lo que una de sus doncellas le leera a la sombra.
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presente la primera alarma, estoy preparado para seguirlos. Entonces mis enemigos entrarn a saco en mi casa, y disfrutarn de los jardines que yo he plantado. Todos se unieron a l para lamentar el peligro que corra y el exilio; y la princesa qued tan perturbada por la pena y la indignacin, que se retir a su departamento. Siguieron unos das ms con su bondadoso anfitrin, y despus continuaron la marcha para encontrar al ermitao.
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todo mal evidente. Por cierto se apartar de todo mal dijo el prncipe quien se entrega a esa soledad que usted ha aconsejado con el ejemplo. Es verdad que he vivido quince aos en soledad dijo el ermitao, pero no deseo que mi ejemplo sea imitado. En la juventud me dediqu a las armas, y poco a poco ascend al rango militar ms alto. Atraves amplios pases a la cabeza de mis tropas, y vi muchas batallas y sitios. Al fin, disgustado por el ascenso de un oficial ms joven, y sintiendo que mi vigor empezaba a decaer, decid terminar mi vida en paz, una vez que descubr que el mundo estaba lleno de artimaas, discordia y desdicha. Una vez haba escapado de la persecucin de mis enemigos refugindome en esta caverna, y por lo tanto la eleg como mi residencia definitiva. Emple artesanos para que la dividieran en cmaras, y almacen en ella todo lo que poda necesitar. Despus de mi retiro durante un tiempo me regocij como un marino golpeado por las tormentas cuando entra a puerto, encantado por el brusco cambio del ruido y el frenes de la guerra a la inmovilidad y el reposo. Cuando el placer de la novedad se disip, utilic mis horas en examinar las plantas que crecen en el valle, y los minerales que recoga en las rocas. Pero ahora ese tipo de investigacin se ha vuelto inspida y aburrida. Desde hace un tiempo me siento inestable y distrado: mi mente es perturbada por mil perplejidades vacilantes y por las vanidades de la imaginacin, que se impone a m continuamente, porque no tengo oportunidades de relajamiento o diversin. A veces me avergenza pensar que no pude defenderme del vicio, sino retirndome del ejercicio de la virtud, y empiezo a sospechar que me vi impulsado a la soledad ms por el resentimiento que por la devocin. Mi fantasa se rebela en escenas alocadas, y lamento haber perdido tanto y ganado tan poco. Si en la soledad escapo al ejemplo de los malos hombres, del mismo modo carezco del consejo y la conversacin de los buenos. Durante largo tiempo he comparado los males con las ventajas del trato social, y he decidido regresar al mundo maana. La vida de un hombre solitario es seguramente desdichada, pero no seguramente devota. Oyeron su decisin con sorpresa, pero despus de una breve pausa le ofrecieron llevarlo a El Cairo. El ermitao desenterr un tesoro considerable que haba ocultado entre las rocas, y los acompa a la ciudad, que empez a contemplar embelesado a medida que se acercaban.
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opiniones. Sus modales eran un poco groseros, pero la conversacin instructiva, y sus disputas agudas, aunque a veces demasiado violentas, y a menudo continuaban hasta que ningn polemista recordaba cul haba sido el tema inicial. Algunos defectos eran casi generales entre ellos: todos deseaban imponerse a los dems, y todos quedaban complacidos cuando oan que se despreciaba el genio o el conocimiento de otro. Rasselas estaba contando en esta asamblea su entrevista con el ermitao, y el asombro con que lo haba odo censurar un modo de vida elegido con tanta deliberacin, y seguido tan admirablemente. Los sentimientos de los oyentes fueron variados. Algunos opinaron que la insensatez de la eleccin haba sido castigada con justicia mediante la condena a la perseverancia eterna. Uno de los ms jvenes declar hipcrita al ermitao, con gran vehemencia. Algunos hablaron del derecho de la sociedad al esfuerzo de los individuos, y consideraron el aislamiento como una desercin con respecto al deber. Otros admitieron de buena gana que llegaba un momento en que las exigencias pblicas quedaban satisfechas, y en que era adecuado que un hombre se retirara a la soledad, para repasar su vida y purificar su corazn. Uno que pareca ms afectado por el relato que los dems crey probable que el ermitao regresara en pocos aos a su retiro, y tal vez, si la vergenza no lo retena o la muerte no lo interceptaba, regresara una vez ms del retiro al mundo: Porque la esperanza de la felicidad dijo est grabada con tanta fuerza, que la mayor experiencia no es capaz de borrarla. Sea cual fuere nuestra condicin presente, sentimos y nos vemos obligados a confesar su desdicha; sin embargo, cuando la misma condicin queda distante una vez ms, la imaginacin la pinta como deseable. Pero seguramente llegar la poca en que el deseo ya no ser nuestro tormento, y ningn hombre ser desgraciado salvo por su propia culpa. Esa es la condicin actual de un hombre sabio dijo un filsofo, que lo haba odo dando muestras de gran impaciencia. Ya ha llegado la poca en que nadie es desgraciado sino por su propia culpa. Nada es ms ocioso que perseguir la felicidad, cuando la naturaleza la ha colocado bondadosamente al alcance de la mano. La manera de ser feliz es vivir de acuerdo con la naturaleza, obedeciendo esa ley universal e inmutable que lleva impresa todo corazn; que no est escrita en l mediante un precepto, sino grabada por el destino, no inspirada por la educacin, sino inculcada en nuestro nacimiento. Quien vive de acuerdo con la naturaleza no sufrir nada por las ilusiones de la esperanza, o las importunidades del deseo; recibir y rechazar con temperamento ecunime, y actuar o sufrir segn la razn de las cosas lo prescriba alternadamente. Otros hombres pueden entretenerse con definiciones sutiles, o razonamientos intrincados. Dejmosles aprender a ser sabios por medios ms sencillos: permitmosles observar al ciervo del bosque, o el jilguero de la alameda; que observen la vida de los animales, cuyos movimientos estn regulados por el instinto: obedecen esa gua, y son felices. Por ltimo, dejemos de disputar, y aprendamos a vivir; apartemos el estorbo de los
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preceptos, que aquellos que los expresan con tanto orgullo y pompa no comprenden, y llevemos con nosotros esta mxima simple y comprensible: apartarse de la naturaleza es apartarse de la felicidad. Cuando termin de hablar, mir a su alrededor con aire plcido, y disfrut la conciencia de su propia bondad. Seor dijo el prncipe con gran modestia, como yo, al igual que los dems mortales, deseo la felicidad, he escuchado su discurso con la mayor atencin; no dudo de la verdad de una posicin que hombre tan instruido ha presentado con tanta confianza. Slo deseo saber qu es vivir de acuerdo con la naturaleza. Cuando encuentro jvenes tan humildes y dciles dijo el filsofo, no puedo negarles la informacin que mis estudios me han permitido ofrecer. Vivir de acuerdo con la naturaleza es actuar siempre con el debido respeto a la propiedad que surge de las relaciones y cualidades de causas y efectos; concordar con el plan enorme e inmutable de la felicidad universal; cooperar con la disposicin general y la tendencia del actual sistema de cosas. El prncipe pronto descubri que aquel era uno de esos sabios a quienes se entiende menos a medida que ms se los escucha. En consecuencia, hizo una reverencia y se qued en silencio; y el filsofo, suponindolo satisfecho, y a los dems vencidos, se levant, y parti con la actitud de un hombre que ha cooperado con el actual sistema.
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entre nosotros: t vers qu puede encontrarse en el esplendor de las cortes, y yo recorrer los matices de la vida ms humilde. Tal vez el gobierno y la autoridad sean bendiciones supremas, porque ofrecen las mejores oportunidades de hacer el bien; o tal vez lo que este mundo puede dar se encuentre en las viviendas modestas de la fortuna intermedia, demasiado baja para grandes propsitos, y demasiado alta para la penuria y la zozobra.
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enemigos? En poco tiempo depusieron al segundo baj; el sultn que lo haba apoyado haba sido asesinado por los jenzaros, y su sucesor tena otro modo de ver las cosas y favoritos distintos.
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Entonces dijo Rasselas, no has tenido ms suerte en las casas privadas que yo en las cortes. Desde que nos dividimos la tarea dijo la princesa pude hacerme conocer en muchas familias, donde haba hasta la menor muestra de prosperidad y paz, y no conoc ni una sola casa que no estuviera habitada por alguna furia que destrua su tranquilidad. No busqu la serenidad entre los pobres, porque decid que no poda encontrrsela all. Pero vi a muchos pobres a quienes supona viviendo en la abundancia. En las grandes ciudades, la pobreza tiene apariencias muy distintas: con frecuencia se la oculta en el esplendor, o en la extravagancia. La preocupacin de gran parte de la humanidad es ocultar su indigencia a los dems; se sustentan con recursos transitorios, y pierden cada da en ingenirselas para el maana. Sin embargo ste era un mal que, aunque frecuente, vea con menos dolor, porque poda aliviarlo. Sin embargo algunos rechazaron mis obsequios, ms ofendidos por mi rapidez en detectar sus necesidades que complacidos por mi prontitud en socorrerlos; y otros, cuyas exigencias los obligaban a aceptar mi bondad, nunca pudieron perdonar a su benefactora. Sin embargo muchos me agradecieron sinceramente, sin ostentar la gratitud, ni esperar otros favores.
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confianza en el padre, y otros en la madre, y poco a poco la casa se ve saturada de artimaas y disputas. Como es natural las opiniones de hijos y padres, de jvenes y viejos, son opuestas, por los efectos contrarios de la esperanza y el desnimo, de la expectativa y la experiencia, sin que haya crimen o insensatez por alguna de ambas partes. Los colores de la vida se ven distintos en la juventud y en la madurez, as como se ve distinto el rostro de la naturaleza en la primavera y el invierno. Y cmo podran los hijos dar crdito a las aseveraciones de los padres, si sus propios ojos les muestran que son falsas? Pocos padres actan de tal modo como para dar fuerza a sus mximas con el ejemplo de sus propias vidas. El anciano confa todo al lento planificar y al adelanto progresivo; el joven espera forzar su camino mediante el genio, el vigor y la precipitacin. El anciano tiene en cuenta las riquezas, y el joven reverencia la virtud. El anciano deifica la prudencia; el joven se entrega a la magnanimidad y el azar. El joven, que no tiene malas intenciones, cree que nadie las tiene, y en consecuencia acta con franqueza y candor; pero su padre, que ha sufrido las heridas del fraude, se ve llevado a la sospecha, y con demasiada frecuencia se siente atrado a practicarlo. La madurez mira con furia la temeridad de la juventud, y la juventud mira con desprecio la escrupulosidad de la madurez. Por ello la mayor parte de padres e hijos siguen viviendo cada vez con menos amor; y si aquellos a quien la naturaleza ha unido de modo tan estrecho se convierten en tormento el uno del otro, dnde buscaremos ternura y consuelo? Seguramente fuiste desafortunada en la eleccin de tus conocidos dijo el prncipe: no quiero creer que el ms tierno de los vnculos se vea as estorbado en sus efectos por la necesidad natural. La discordia domstica no es inevitable y fatalmente necesaria contest ella; pero an as no se la puede evitar con facilidad. Rara vez vemos que toda una familia es virtuosa; el bien y el mal no pueden entenderse; y el mal puede entenderse an menos con los dems; incluso los virtuosos caen vctimas a veces de las desavenencias, cuando sus virtudes son de clases distintas, y tienden a los extremos. En general, los padres que ms gozan de la reverencia son los que ms la merecen; porque quien vive bien no puede ser despreciado. Muchos otros males infestan la vida privada. Algunos son esclavos de los servidores a quienes han confiado sus asuntos. Algunos viven en una ansiedad perpetua por el capricho de parientes ricos, a quienes no pueden complacer y a quienes no se atreven a ofender. Algunos esposos son imperiosos, y algunas esposas perversas: y como siempre es ms fcil hacer el mal que hacer el bien, aunque la sabidura o la virtud de una persona rara vez puede hacer felices a muchos, la insensatez o el vicio de una persona con frecuencia puede hacer desdichados a muchos. Si tal es el efecto general del matrimonio dijo el prncipe, en el futuro creer peligroso unir mis intereses con otra persona, por temor a ser infeliz por los defectos de mi pareja.
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He conocido a muchos que viven solteros por ese motivo dijo la princesa; pero nunca he descubierto que la prudencia que tuvieron fuera digna de envidia. Pasan el tiempo vanamente sin amistad, sin afecto, y se ven llevados a librarse a s mismos del da, para el que no encuentran utilidad, mediante pueriles entretenimientos o placeres viciosos. Actan como seres que se encuentran bajo la sensacin constante de una inferioridad desconocida, que llena sus mentes de rencor, y sus lenguas de censura. Son irritables en casa, y malvolos afuera; y, como proscriptos de la naturaleza humana, se ocupan y se complacen en perturbar esa sociedad que los excluye de sus privilegios. Vivir sin sentir ni incitar la simpata, ser afortunado sin aumentar la felicidad de otros, o estar afligidos sin saborear el blsamo de la piedad, es un estado ms sombro que la soledad: no es retirarse, sino excluirse de la humanidad. El matrimonio incluye muchos dolores, pero el celibato no tiene placeres. Qu debe hacerse entonces? dijo Rasselas. Cuanto ms averiguamos, menos podemos resolver. Seguramente es probable que se sienta ms complacido consigo mismo aquel que no tenga inclinacin alguna, ni miramientos.
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pblicas contest Rasselas, la insatisfaccin no siempre ser poco razonable. Nadie, por atento que sea, puede descubrir siempre ese mrito que la indigencia o la parcialidad de las facciones pueden haber ocultado por casualidad; y nadie, por poderoso que sea, puede siempre recompensarlo. Sin embargo quien vea que el que menos lo merece es ascendido por encima de l naturalmente atribuir esa preferencia a la parcialidad o el capricho; y en realidad es difcil que todo hombre, por magnnimo que sea por naturaleza, o exaltado por su condicin, pueda perseverar para siempre en la justicia prefijada e inexorable de la distribucin: a veces dar rienda suelta a sus inclinaciones, y a veces a las de sus favoritos; permitir que le agraden quienes nunca podrn servirle; descubrir en quienes ama cualidades que en realidad no poseen; y se esforzar por dar placer a aquellos de quienes lo recibe. De modo que a veces prevalecern recomendaciones compradas con dinero, o con el soborno an ms destructivo de la adulacin o el servilismo. Quien tiene mucho por hacer har algo mal, y deber sufrir las consecuencias de la equivocacin; y aunque fuera posible que siempre actuara bien, sin embargo con tal cantidad de personas para juzgar su conducta, los malos lo censurarn y obstruirn por malevolencia, y los buenos a veces por error. En consecuencia, los cargos ms altos no pueden tener la esperanza de ser morada de la felicidad, la cual estoy dispuesto a creer que ha huido de los tronos y los palacios hacia los sitios de humilde intimidad y tranquila obscuridad. Porque, qu puede impedir la satisfaccin, o interceptar las expectativas de aquel cuyas habilidades guardan relacin con su empleo, que ve con sus propios ojos todo el radio de su influencia, que elige de acuerdo a su propio conocimiento a todo en lo que confa, y a quien nadie se ve tentado a engaar con la esperanza o el temor? Seguramente slo tiene que amar y ser amado, ser virtuoso y feliz. Este mundo nunca ofrecer la oportunidad de decidir si la felicidad perfecta puede ser brindada por la bondad perfecta dijo Nekaya. Pero al menos podemos afirmar esto: que no siempre encontramos la felicidad visible en proporcin a la virtud visible. Todos los males naturales y casi todos los males polticos son incidentales tanto para el bien como para el mal: quedan confundidos en la desgracia de una hambruna, y no se distinguen mucho en la furia de una faccin; se hunden juntos en una tempestad, y son expulsados juntos de su pas por los invasores. Todo lo que la virtud puede otorgar es tranquilidad de conciencia y la firme perspectiva de una condicin ms feliz; esto puede capacitarnos para soportar la calamidad con paciencia; pero recuerda que la paciencia presupone dolor.
Querida princesa dijo Rasselas, caes en los errores comunes de la declamacin exagerada, al presentar, dentro de una disquisicin familiar, ejemplos de calamidades nacionales, y escenas de vasta miseria, que se encuentran en los libros ms que en el mundo, y que, como son espantosas, son necesariamente raras. No imaginemos males que no podamos sentir, ni agraviemos a la vida con tergiversaciones. No puedo soportar esa elocuencia quejosa que amenaza a toda ciudad con un sitio como el de Jerusaln, que hace que la hambruna se presente con cada manga de langostas, y que hace colgar la pestilencia del ala de cada rfaga de viento que llega del sur. Toda disputa sobre los males necesarios e inevitables que abruman a todo un reino de una sola vez, es vana: cuando ocurren deben soportarse. Pero es evidente que estos estallidos de zozobra universal son ms temidos que sentidos; miles y decenas de miles florecen en la juventud y se marchitan en la vejez, sin conocer otros males que los domsticos, y compartir los mismos placeres y humillaciones, ya sean sus reyes benvolos o crueles, ya se dediquen los ejrcitos de sus pases a perseguir a sus enemigos o a retirarse ante ellos. Mientras las cortes son perturbadas por rivalidades intestinas, y los embajadores realizan negociaciones en pases extranjeros, el herrero sigue trabajando con ahnco sobre su yunque, y el labriego empuja su arado; las cosas necesarias de la vida son exigidas y conseguidas; y la marcha sucesiva de las estaciones sigue su ronda de costumbre. Dejemos de considerar lo que tal vez nunca ocurra, y lo que, cuando ocurra, se reir de la especulacin humana. No nos esforcemos por modificar los movimientos de los elementos, o por fijar el destino de los reinos. Lo que nos atae es considerar lo que seres como nosotros pueden ejecutar; cada uno esforzndose por su propia felicidad, promoviendo dentro de su crculo, por estrecho que sea, la felicidad de los dems. Evidentemente el matrimonio es un dictado de la naturaleza; los hombres y las mujeres estn hechos para ser compaeros entre s; y en consecuencia no puedo dejar de convencerme de que el matrimonio es uno de los medios para llegar ala felicidad. No s dijo la princesa si el matrimonio ser algo ms que uno de los modos innumerables de la desdicha humana. Cuando veo y enumero las diversas formas de la infelicidad conyugal, las causas inesperadas de la discordia duradera, las diferencias de temperamento, las contradicciones de opinin, los bruscos choques de los deseos contrarios en los que ambos son incitados por impulsos violentos, las obstinadas contiendas de virtudes en desacuerdo en las que ambos son apoyados por la conciencia de la buena intencin, a veces me siento inclinada a pensar junto con los ms severos casuistas de la mayora de las naciones, que el matrimonio es ms permitido que aprobado, y que nadie, salvo que est instigado por una pasin a la que se ha entregado en exceso, se enrieda con un pacto indisoluble. Pareces olvidar replic Rasselas que hace un momento representaste el celibato como menos feliz que el matrimonio. Ambas condiciones pueden ser malas, pero no pueden ser ambas la peor. Esto ocurre cuando se sostienen
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opiniones equivocadas, que se destruyen entre s, y dejan la mente abierta a la verdad. No esperaba contest la princesa or que se atribua a la falsedad lo que es slo consecuencia de la fragilidad. Para la mente, como para el ojo, es difcil comparar con exactitud objetos de gran extensin, y de partes diversas. Donde vemos o concebimos el todo de una sola vez, pronto advertimos las discriminaciones, y decidimos qu preferir; pero cuando son dos sistemas, ninguno de los cuales puede ser estudiado por ningn ser humano en toda su magnitud y en toda la multiplicidad de su complejidad, es de asombrarse que, al juzgar el todo por las partes, yo me vea afectada alternativamente por una y otra, a medida que cada una impresiona mi memoria y mi imaginacin? Nos diferenciamos de nosotros mismos, as como nos diferenciamos el uno del otro, cuando slo vemos parte de la cuestin, como en las relaciones mltiples de la poltica y la moral; pero cuando percibimos el todo de una sola vez, como en los clculos numricos, todos estamos de acuerdo en un juicio, y nadie vara nunca su opinin. No agreguemos a los dems males de la vida la amargura de la controversia dijo el prncipe, ni nos esforcemos por disputar por sutilezas de argumentacin. Estamos comprometidos en una bsqueda de la que ambos disfrutaremos el xito, o sufriremos el fracaso. Por lo tanto lo adecuado es que nos ayudemos mutuamente. Seguramente extrajiste de la infelicidad del matrimonio una conclusin demasiado apresurada contra la institucin: acaso la desdicha de la vida no demostrar igualmente que la vida no puede ser un don del cielo? El mundo debe ser poblado por el matrimonio, o poblado sin l. Cmo debe ser poblado el mundo no es lo que me preocupa replic Nekaya, ni necesita preocuparte a ti. No veo peligro en que la generacin actual pase por alto dejar sucesores detrs de ella; ahora no estamos investigando para el mundo, sino para nosotros mismos.
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benevolencia pueden volver feliz un matrimonio. La insensatez general de la humanidad es motivo de queja general. Qu puede esperarse sino desilusin y arrepentimiento de una eleccin hecha en la inmadurez de la juventud, en el ardor del deseo, sin juicio, sin previsin, sin averiguar si hay conformidad de opiniones, similitud de modales, rectitud de juicio, o pureza de sentimientos? Tal es el proceso comn del matrimonio. Un joven y una doncella, que se encuentran por azar o son reunidos mediante artificios, intercambian miradas, cortesas recprocas, se van a casa, y suean el uno con el otro. Como tienen poco en qu ocupar la atencin, o en qu matice sus pensamientos, se encuentran inquietos cuando estn separados, y en consecuencia deciden que sern felices juntos. Se casan, y descubren lo que slo la ceguera voluntaria haba ocultado antes: consumen la vida en altercados, y acusan a la naturaleza de crueldad. De estos matrimonios prematuros proviene tambin la rivalidad entre padres e hijos. El hijo est ansioso por disfrutar del mundo antes de que el padre desee abandonarlo, y difcilmente hay espacio para dos generaciones a la vez. La hija empieza a florecer antes de que la madre se conforme con marchitarse, y ninguna de las dos puede dejar de desear la ausencia de la otra. Sin duda estos males puede evitarse mediante la deliberacin y la demora que la prudencia indica para la eleccin irrevocable. En la variedad y la alegra de los placeres juveniles, la vida puede soportarse bastante bien sin ayuda de un cnyuge. El paso del tiempo aumentar la experiencia, y las perspectivas ms amplias permitirn mejores oportunidades de averiguacin y seleccin: al menos una ventaja ser segura; los padres sern notablemente ms viejos que sus hijos. Lo que la razn no puede percibir dijo Nekaya y lo que la experimentacin an no ha enseado, slo puede saberse por boca de los dems. Me han dicho que los matrimonios tardos no se destacan por su felicidad. Esta es una cuestin demasiado importante como para ser pasada por alto, y la he planteado con frecuencia a aquellos cuya exactitud en las observaciones, y la amplitud de su conocimiento convierten en personas dignas de ser escuchadas con atencin. Por lo general han determinado que para un hombre y una mujer es peligroso hacer depender sus destinos el uno del otro, en una poca en que las opiniones estn fijadas, y las costumbres establecidas; en que ambas partes ya tienen sus amistades; en que la vida ha sido planificada dentro de un mtodo, y la mente disfruta desde hace tiempo la contemplacin de sus propios panoramas. Es muy poco probable que dos personas que atraviesan el mundo bajo la gua del azar, se hayan dirigido ambas por el mismo camino, y no es frecuente que una de las dos abandone la senda que la costumbre ha hecho placentera. Cuando la liviandad caprichosa de la juventud se ha asentado en la regularidad, pronto es seguida por el orgullo que se avergenza de ceder, o por la obstinacin deseosa de disputar. Y an cuando la estima mutua produzca el deseo mutuo de agradar, el propio tiempo, a medida que modifica
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de modo inalterable el aspecto externo, determina tambin la direccin de las pasiones, y brinda una rigidez inflexible a los modales. Los hbitos de larga data no se quiebran con facilidad: quien intenta cambiar el curso de su propia vida con frecuencia se esfuerza en vano: y cmo haremos por los dems lo que tan rara vez podemos hacer por nosotros mismos? Pero sin duda interrumpi el prncipe, supones que el motivo principal de la eleccin ha sido olvidado o pasado por alto. Cuando busque una esposa, mi primera pregunta ser si ella desea ser guiada por la razn. Es as como se engaan los filsofos dijo Nekaya. Hay mil disputas familiares que la razn nunca puede decidir; preguntas que esquivan la investigacin, y vuelven ridcula la lgica; casos donde debe hacerse algo, y donde poco puede ser dicho. Piensa en el estado de la humanidad, y averigua cuan pocos puede suponerse que actuarn en toda ocasin, sea grande o pequea, con todos los motivos de la accin presentes en su mente. Desgraciada en extremo la pareja que se vea condenada a ajustar mediante la razn, cada maana, todos los minsculos detalles de un da domstico. Es probable que quienes se casen a edad avanzada escapen a las intrusiones de los hijos; pero, en desmedro de esta ventaja, tambin es probable que los dejen, ignorantes e indefensos, en manos de un guardin; o que, si esto no ocurriera, deban irse del mundo antes de ver a quienes ms aman ya sabios o desarrollados. Si tienen menos que temer de sus hijos, tambin tienen menos que esperar, y pierden, sin ganar nada, los goces del amor temprano, y la conveniencia de unirse con modales flexibles, y mentes susceptibles de nuevas impresiones, que podran eliminar sus diferencias mediante la prolongada convivencia, as como los cuerpos blandos, mediante el continuo roce, adaptan sus superficies entre s. Creo que puede afirmarse que quienes se casan tarde se sienten ms complacidos con sus hijos, y quienes se casan pronto, con sus parejas. La unin de estos dos afectos dijo Rasselas, dara como resultado todo lo deseable. Tal vez haya una poca en que el matrimonio podra unirlos, una poca ni demasiado prematura para el padre, ni demasiado tarda para el esposo. Cada hora que pasa contest la princesa, confirma mi prejuicio en favor de la posicin que con tanta frecuencia ha expresado Imlac: La naturaleza reparte sus dones a diestra y a siniestra. Las condiciones que alientan la esperanza y atraen el deseo estn constituidas de tal modo que, a medida que nos acercamos a una, nos alejamos de otra. Hay bienes tan opuestos que no podemos tenerlos a ambos, sino ms bien, mediante una extrema prudencia, pasar entre ellos a una distancia demasiado grande como para alcanzar alguno de los dos. Tal es con frecuencia el destino de la prolongada meditacin: quien se esfuerza por hacer ms de lo que le est concedido hacer a la humanidad no hace nada. No te hagas ilusiones con las contrariedades del placer. Elige entre las bendiciones que estn a tu alcance, y confrmate. Ningn hombre puede saborear los frutos del otoo mientras se
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deleita con el aroma de las flores primaverales: ningn hombre puede, al mismo tiempo, llenar su taza en las aguas de las fuentes y de la desembocadura del Nilo.
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el pasado, porque la causa tiene que estar antes del efecto. El estado de cosas presente es consecuencia del anterior, y es natural investigar cules fueron las fuentes del bien que disfrutamos, o del mal que sufrimos. Si actuamos slo por nosotros mismos, descuidar el estudio de la historia no es prudente; si nos confan el cuidado de otros, no es justo. La ignorancia, cuando es voluntaria, es criminal; y puede ser correctamente acusado de maldad quien se niega a aprender cmo puede impedirla. No hay parte de la historia tan til en general como aquella que narra el progreso de la mente humana, el mejoramiento gradual de la razn, los adelantos sucesivos de la ciencia, las vicisitudes del saber y la ignorancia, que son la luz y la sombra de los seres vivientes, la extincin y la resurreccin de las artes, y las revoluciones del mundo intelectual. Si los relatos de batallas e invasiones son especialmente asunto de prncipes, las artes tiles o elegantes no deben descuidarse; quienes tienen reinos por gobernar, tienen que cultivar el entendimiento. El ejemplo siempre es ms eficaz que el precepto. Un soldado se forma en la guerra, y un pintor debe copiar cuadros. En esto, la vida contemplativa tiene una ventaja: rara vez se ven grandes acciones, pero los esfuerzos del arte siempre estn a mano para los que desean saber qu ha sido capaz de lograr el arte. Cuando el ojo de la imaginacin es impactado por una obra fuera de lo comn, el prximo paso de una mente activa es concentrarse en los medios con los que fue ejecutada. Aqu comienza la verdadera utilidad de tal contemplacin; aumentamos nuestra comprensin con nuevas ideas, y tal vez recobramos alguna habilidad perdida para la humanidad, o aprendemos lo que se conoce con menos perfeccin en nuestro propio pas. Al menos comparamos; nuestros tiempos con los antiguos, y o nos regocijamos de nuestros adelantos, o, lo que constituye el primer movimiento hacia el bien, descubrimos nuestros defectos. De buena gana ver todo lo que sea digno de mi investigacin dijo el prncipe. Y a m me alegrar aprender algo sobre las costumbres de la antigedad dijo la princesa. Los monumentos ms majestuosos de la grandeza egipcia, y una de las obras ms voluminosas del esfuerzo manual dijo Imlac, son las Pirmides; edificios elevados antes de que hubiera historia, y sobre los cuales las antiguas narraciones slo nos brindan tradiciones inciertas. Las ms grandes de ellas an estn en pie, muy poco daadas por el tiempo. Visitmoslas maana dijo Nekaya. He odo hablar con frecuencia de las Pirmides, y no descansar hasta haberlas visto por dentro y por fuera con mis propios ojos.
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quitarles nada, por qu van a ofenderse entonces? Mi querida Pekua dijo la princesa, siempre ir delante de ti, e Imlac te seguir. Recuerda que eres la acompaante de la Princesa de Abisinia. Si a la princesa le agrada que su servidora muera replic la dama, que le ordene una muerte menos espantosa que el encierro en esta horrible caverna. Usted sabe que no me atrevo a desobedecerla: si me lo ordena debo ir; pero una vez que entre, nunca regresar. La princesa comprendi que el temor de Pekua era demasiado intenso como para disuadirla o hacerle reproches, y abrazndola, le dijo que poda quedarse en la tienda hasta que ellos regresaran. Pekua no se qued satisfecha, y rog a la princesa que no emprendiera algo tan espantoso como entrar a los rincones apartados de la Pirmide. Aunque no puedo ensear el valor dijo Nekaya, no debo aprender la cobarda; ni dejar por ltimo sin hacer lo nico que he venido a realizar.
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Considero esta estructura imponente como un monumento a la insuficiencia de los goces humanos. Un rey cuyo poder no tiene lmites, se ve impulsado a consolar, mediante la ereccin de una Pirmide, el hartazgo de dominio y la insipidez de los placeres, y a entretener el aburrimiento de la vida declinante, contemplando cmo se esfuerzan sin fin miles de personas, y cmo se pone piedra sobre piedra, sin propsito. T, quienquiera seas, que no te satisfaces con una condicin humilde, que imaginas la felicidad en la magnificencia real, y sueas que el gobierno o las riquezas pueden alimentar el apetito de novedad con satisfacciones perpetuas, contempla las Pirmides, y confiesa tu insensatez!
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habra atrevido a hablar de sus terrores. Tendra que haberme temido ms que a los espectros. Una mirada severa la habra dominado; una orden perentoria la habra obligado a obedecer. Por qu prevaleci en m la insensata indulgencia? Por qu no habl, y me negu a or? Gran princesa dijo Imlac, no te reproches tu virtud, o consideres que puedes ser acusada de algo que el mal ha causado por accidente. Tu ternura por la timidez de Pekua fue generosa y buena. Cuando actuamos de acuerdo a nuestro deber, dejamos el hecho en manos de Aquel cuyas leyes gobiernan nuestras acciones, y que no permitir que nadie sea castigado al fin por su obediencia. Cuando, en vistas de un bien, ya sea natural o moral, quebramos las leyes que nos estn proscriptas, nos apartamos de la gua de la sabidura superior, y aceptamos todas las consecuencias. El hombre no conoce la conexin de las causas y los hechos como para arriesgarse a obrar ilcitamente para hacer el bien. Cuando perseguimos nuestro objetivo por medio lcitos, siempre podemos consolarnos de nuestro fracaso con la esperanza de la recompensa futura. Cuando slo consultamos nuestras reglas, y tratamos de encontrar un camino ms cercano hacia el bien, salteando los lmites establecidos de lo correcto y lo incorrecto, ni siquiera el xito puede hacernos felices, porque no podemos escapar a la conciencia de nuestra falta: pero si fracasamos, la desilusin queda irremediablemente amargada. Qu incmoda es la pena de aquel que siente al mismo tiempo las punzadas de la culpa, y la humillacin de la calamidad que la culpa le ha acarreado! Piensa, princesa, en cul sera tu estado, si la Dama Pekua hubiese rogado acompaarte, y al verse obligada a quedarse en las tiendas, hubiese sido arrebatada; o cmo habras soportado la idea, si la hubieses obligado a entrar en la Pirmide, y hubiese muerto ante ti en agonas de terror. Si hubiese ocurrido cualquiera de las dos cosas dijo Nekaya, no habra soportado la vida hasta ahora: me habra sentido torturada hasta la locura por el recuerdo de semejante crueldad, o me habra consumido aborrecindome a m misma. Al menos sa es la recompensa presente de la conducta virtuosa dijo Imlac: que ninguna consecuencia infortunada puede obligarnos a arrepentimos de ella.
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tranquilidad. Se quedaba sentada de la maana a la noche recordando todo lo que haba dicho o hecho su Pekua, atesoraba con cuidado cada chuchera a la que Pekua le haba dado un valor accidental, y que pudiese traer a la mente cualquier pequeo incidente o conversacin despreocupada. Atesoraba en su recuerdo los sentimientos de aquella a quien no esperaba ver ms, y reflexionaba sin otro fin que conjeturar, en toda ocasin, acerca de cul habra sido la opinin y el consejo de Pekua. Las mujeres que la servan no saban nada sobre su autntica condicin social, y por lo tanto no poda hablarles sino con cautela y reserva. Empez a aflojar su curiosidad, ya que no deseaba provocar nociones que no le convena expresar. Rasselas se esforz en un principio por consolarla, y despus por divertirla; contrat msicos, a quienes ella pareca escuchar, pero no escuchaba, y consigui maestros que la instruyeran en diversas artes, cuyas conferencias, cuando la visitaban nuevamente, deban repetir por segunda vez. La princesa haba perdido el gusto por el placer, y su ambicin por la excelencia. Y su mente, aunque forzada a hacer breves excursiones, siempre volva a la imagen de su amiga. Todas las maanas se le peda formalmente a Imlac que renovara sus investigaciones, y todas las noches se le preguntaba si haba tenido noticias de Pekua, hasta que, al no poder darle a la princesa la respuesta que ella esperaba, fue sintiendo cada vez menos deseos de presentarse ante ella. Ella observ su reticencia, y le orden ir ante ella. No debes confundir la impaciencia con el enojo dijo, ni suponer que te acuso de negligencia, porque me queje de tu falta de xito. Tu ausencia no me asombra; s que los infelices nunca quedan satisfechos, y que naturalmente todos evitan el contagio de la desdicha. Or quejas es tan cansador para los desgraciados como para los dichosos; porque quin nublara, con penas ajenas, los breves resplandores de alegra que nos otorga la vida? O quien que se encuentre forcejeando bajo sus propios males, les aadir las desdichas de otro? Llegar el momento en que nadie se vea importunado ya por los suspiros de Nekaya; ahora mi bsqueda de la felicidad ha terminado. Estoy decidida a retirarme del mundo con todos sus halagos y engaos, y me recluir en soledad, sin otra preocupacin que ordenar mis pensamientos, y regular mis horas con una sucesin constante de ocupaciones inocentes, hasta que con la mente purificada de todo deseo terrenal, entre en ese estado al que todos se apresuran por llegar, y en el que espero disfrutar otra vez de la amistad de Pekua. No embrolles tu mente con determinaciones irrevocables dijo Imlac, ni aumentes la carga de la vida con una acumulacin voluntaria de desdicha: el aburrimiento del retiro seguir o aumentar cuando la prdida de Pekua quede olvidada. Que hayas sido privada de un placer no es buena razn para rechazar el resto. Dado que me fue arrebatada Pekua dijo la princesa, no tengo placeres que rechazar o conservar. Quien no tiene a nadie a quien amar o en quien
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confiar tiene pocas esperanzas. Carece del principio radical de la felicidad. Tal vez podamos aceptar que la satisfaccin que este mundo puede otorgar surge de la unin de la riqueza, el conocimiento y la bondad; la riqueza no es nada sino cuando es obsequiada, y el conocimiento no es nada sino cuando se lo comunica; o sea que deben ser dados a otros, y a quin podra ahora yo entregarlos con agrado? La bondad proporciona el nico bien que puede disfrutarse sin compaa, y la bondad puede practicarse en el retiro. Por el momento no discutir hasta qu punto la soledad puede admitir la bondad o fomentarla replic Imlac. Recuerda la confesin del ermitao piadoso. Desears regresar al mundo, cuando la imagen de tu compaera haya abandonado tus pensamientos. Ese momento no llegar nunca dijo Nekaya. La franqueza generosa, el modo de servir con modestia, y la discrecin fiel de mi querida Pekua sern cada vez ms echados de menos a medida que siga viviendo para conocer ms vicio e insensatez. El estado de una mente oprimida por una calamidad repentina dijo Imlac es como el de los habitantes fabulosos de la tierra recin creada, quienes, cuando la primera noche cay sobre ellos, supusieron que el da no regresara jams. Cuando las nubes del pesar se juntan sobre nosotros, no vemos nada ms all de ellas, ni podemos imaginar cmo se disiparn; sin embargo un nuevo da sucede a la noche, y nunca pasa mucho tiempo sin que el pesar conozca un alba de alivio. Pero quienes se prohben a s mismos recibir consuelo actan como habran hecho los salvajes si se hubiesen arrancado los ojos cuando estaba obscuro. Nuestras mentes, como nuestros cuerpos, estn en un flujo permanente; algo se pierde sin cesar, y algo se obtiene. Perder mucho de una sola vez es perjudicial tanto para la mente como para el cuerpo, pero mientras los poderes vitales permanezcan ilesos, la naturaleza encontrar medios de reparacin. La distancia tiene para la mente el mismo efecto que para los ojos, y mientras nos deslizamos a lo largo de la corriente del tiempo, el tamao de todo lo que queda detrs nuestro disminuye, y el de aquello a lo que nos acercamos, aumenta. No dejes que la vida se estanque; se pondr barrosa por falta de movimiento; entrgate otra vez a la corriente del mundo; Pekua desaparecer poco a poco: encontrars en tu camino alguna otra favorita, o aprenders a entretenerte en la conversacin general. Al menos no desesperes hasta que hayamos probado todos los remedios dijo el prncipe. An proseguimos la investigacin en busca de la infortunada dama, y la seguiremos con mayor diligencia an con la condicin de que prometas esperar un ao por el hecho, sin tomar ninguna decisin inalterable. Nekaya pens que el pedido era razonable, e hizo la promesa al hermano, a quien Imlac haba aconsejado que se la pidiera. En realidad Imlac no tena grandes esperanzas de recobrar a Pekua pero supona que si poda asegurar un intervalo de un ao, la princesa ya no estara en peligro de enclaustrarse.
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pensar en demorar un instante la felicidad de Pekua o la propia, as que rog a su hermano que regresara con el mensajero y la suma exigida. Cuando consultaron a Imlac, ste no se mostr muy confiado en la veracidad del infamante, y dud an ms de la buena fe del rabe, quien podra retener, si se confiaba demasiado generosamente en l, tanto el dinero como las cautivas. Crea peligroso quedar en manos del rabe al entrar en su territorio, y no poda esperarse que el bandido se expusiera tanto como para entrar en las regiones inferiores, donde podra ser atrapado por las fuerzas del Baj. Es difcil negociar cuando ninguna de las dos partes confa. Pero Imlac, despus de cierta reflexin, dio instrucciones al mensajero para que propusiera que Pekua fuera llevada por diez jinetes al monasterio de San Antonio, que est ubicado en los desiertos de Egipto Superior, donde le saldran al encuentro otros tantos, y se pagara el rescate. Para no perder tiempo, ya que esperaban que la propuesta no sera rechazada, emprendieron de inmediato el viaje al monasterio; y cuando llegaron, Imlac se adelant con el mensajero hasta la fortaleza del rabe. Rasselas deseaba acompaarlos, pero ni su hermana ni Imlac lo aceptaron. El rabe segn las costumbres de su nacin, observ con gran fidelidad las reglas de la hospitalidad con quienes estaban en su poder, y en pocos das llev a Pekua con sus doncellas, en cmodas jornadas, hasta el lugar designado, donde, al recibir el precio estipulado, la devolvi con gran respeto a la libertad y sus amigos, y se ocup de acompaarlos en direccin a El Cairo hasta que estuvieron ms all de todo peligro de robo o violencia. La princesa y su favorita se abrazaron con un arrebato demasiado intenso como para ser expresado, y fueron juntas a derramar lgrimas tiernas en privado, y a intercambiar expresiones de afecto y gratitud. Despus de unas horas regresaron al refectorio del convento, donde, en presencia del prior y sus hermanos, el prncipe pidi a Pekua que contara sus aventuras.
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empec a sentir todo el peso de mi desgracia. Las muchachas se quedaron sentadas y llorando en silencio, y de vez en cuando alzaban los ojos hacia m en busca de ayuda. Yo no saba a qu condicin estbamos condenadas, ni poda imaginar dnde sera el sitio de nuestro cautiverio, o si poda tener alguna esperanza de ser liberada. Estaba en manos de ladrones y salvajes, y no tena motivos para suponer que su piedad fuera mayor que su justicia, o que reprimiran la gratificacin de cualquier ardor o deseo, o capricho o crueldad. Sin embargo bes a mis doncellas, y trat de calmarlas hacindoles notar que hasta entonces habamos sido tratadas con decencia, y que dado que ahora estbamos fuera del alcance de toda persecucin, no haba peligro de violencia contra nuestras vidas. Cuando nos subieron una vez ms a las monturas, mis doncellas se aferraron a m, y se negaron a que nos separaran; pero les orden que no irritaran a quienes nos tenan en su poder. Viajamos el resto del da a travs de una regin poco frecuentada y sin caminos, y llegamos bajo la luz de la luna al flanco de una colina, donde estaba apostado el resto de la tropa. Las tiendas estaban armadas y los fuegos encendidos, y nuestro jefe fue recibido como alguien muy amado por sus subalternos. Nos hicieron entrar en una amplia tienda, donde encontramos mujeres que haban acompaado a sus esposos en la expedicin. Sirvieron ante nosotros la comida que haban llevado, y com ms para animar a mis doncellas, que para satisfacer un apetito que no senta. Cuando se llevaron los alimentos, tendieron los tapetes para descansar. Estaba cansada, y esperaba encontrar en el sueo ese aflojamiento de la zozobra que la naturaleza rara vez niega. Al ordenar por lo tanto que me desvistieran, observ que las mujeres me miraban con gran atencin, supongo que sin esperar verme atendida con tanta sumisin. Cuando me quitaron el chaleco, aparentemente quedaron impactadas por el esplendor de mis prendas, y una de ellas apoy con timidez la mano sobre los bordados. Despus sali, y un momento ms tarde regres con otra mujer, que pareca de rango ms alto y mayor autoridad. Al entrar sta hizo la reverencia de costumbre, y tomndome de la mano, me gui a una tienda ms pequea, sembrada de tapetes ms finos, donde pas tranquilamente la noche con mis doncellas. Por la maana, mientras estaba sentada sobre la hierba, el jefe de la tropa se me acerc. Me levant para recibirlo, y me hizo una reverencia con gran respeto. 'Insigne dama' dijo, 'he tenido ms suerte de lo que esperaba: mis mujeres me han dicho que tengo a una princesa en mi campamento.' 'Seor' contest, 'sus mujeres se engaaron a s mismas y lo engaaron a usted; no soy una princesa, sino una extranjera infeliz, que pronto pensaba abandonar este pas, en el que ahora me veo prisionera para siempre.' 'Sea usted quien sea, venga usted de donde venga' replic el rabe, su atuendo, y el de sus servidoras, muestran que su rango es alto y su riqueza grande. Por qu va a creerse en peligro de cautiverio perpetuo alguien como usted, que puede pagar con facilidad el rescate? El propsito de mis incursiones es aumentar mis riquezas, o, mejor dicho, recoger tributo. Los hijos de Ismael son los seores naturales y hereditarios de
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esta parte del continente, usurpada por invasores tardos y tiranos de baja extraccin, a quienes nos vemos obligados a quitarles con la espada lo que la justicia nos niega. La violencia de la guerra no admite distincin: la lanza que se alza contra la culpa y el poder a veces cae sobre la inocencia y la mansedumbre. No esperaba dije que ayer cayera sobre m! Siempre hay que esperar desgracias contest el rabe. Si los ojos de la hostilidad pudiesen aprender a ser reverentes o compasivos, una excelencia como la de usted se vera exenta de daos. Pero los ngeles de la afliccin distribuyen sus afanes tanto entre los virtuosos como entre los malvados, entre los poderosos como entre los humildes. No se desconsuele: no soy uno de los bandidos crueles y sin ley del desierto; conozco las reglas de la vida civilizada; fijar su rescate, le dar un pasaporte a su mensajero, y llevar a cabo lo que estipule con perfecta exactitud. Como podrn imaginar, me sent complacida con su cortesa, y al descubrir que su pasin predominante era el deseo de dinero, empec a considerar menor el peligro que corra, porque saba que ninguna suma sera demasiado grande para liberar a Pekua. Le dije que no tendra motivos para acusarme de ingratitud, si era tratada con amabilidad, y que se pagara cualquier rescate que pudiera esperarse por una doncella de rango comn; pero que no deba insistir en tasarme como una princesa. Dije que meditara lo que exigira, y despus, con una sonrisa, hizo una reverencia y se retir. Poco despus las mujeres me rodearon, cada una compitiendo por ser ms solcita que las dems, y mis propias doncellas fueron servidas con reverencia. Seguimos viajando en breves jornadas. Al cuarto da, el jefe me dijo que mi rescate sera de doscientas onzas de oro; no slo se las promet, sino que le dije que aadira cincuenta ms, si mis doncellas y yo ramos tratadas honorablemente. Nunca antes haba conocido el poder del oro. Desde ese momento me convert en la jefa de la tropa. La marcha de cada da era ms o menos prolongada segn yo lo ordenara, y las tiendas se alzaban donde yo decida descansar. Ahora tenamos camellos y otras comodidades para viajar; mis propias mujeres iban siempre a mi lado; y yo me entretena en observar las costumbres de las naciones nmades, y en contemplar los restos de edificios antiguos, con los que parecen haber estado adornados en abundancia estas regiones desiertas en una poca remota. El jefe de la banda distaba de ser ignorante: poda viajar mediante las estrellas o la brjula, y haba tomado nota, en sus expediciones errticas, de los lugares dignos de la atencin de un pasajero. Me coment que los edificios siempre se conservan mejor en sitios poco frecuentados y de difcil acceso: porque una vez que el primitivo esplendor de una regin declina, cuantos ms habitantes quedan, ms pronto sobreviene la ruina. Los muros proporcionan piedras con ms facilidad que las canteras, y los palacios y los templos son demolidos para hacer establos de granito y cabaas de porfirio.
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Al caer la noche el rabe siempre me llevaba a una torre ubicada aparte para observaciones astronmicas, donde se esforzaba por ensearme los nombres y las trayectorias de las estrellas. No me senta muy inclinada a este estudio, pero era necesario aparentar inters para agradar a mi instructor, que se jactaba de su habilidad; y en poco tiempo descubr que sera necesaria alguna ocupacin para combatir el aburrimiento del tiempo que deba pasar siempre entre los mismos objetos. Estaba cansada de ver por la maana las cosas de las que me haba apartado cansada por la noche; por lo tanto al fin iba de buena gana a ver las estrellas en vez de no hacer nada, pero no siempre poda ordenar mis pensamientos, y pensaba en Nekaya con mucha frecuencia, cuando los otros me imaginaban contemplando el cielo. Poco despus el rabe parti en otra expedicin, y entonces mi nico placer fue hablar con mis doncellas acerca del accidente por el que habamos sido secuestradas, y la felicidad de la que disfrutaramos todas al fin de nuestro cautiverio. En la fortaleza rabe haba mujeres dijo la princesa Por qu no se hicieron compaeras de ellas, disfrutaron de su conversacin y compartieron sus diversiones? En un sitio donde ellas encontraban ocupacin o diversin, por qu slo ustedes se quedaban sentadas corrodas por la ociosa melancola? O por qu no podan soportar ustedes por unos meses esa condicin a la que ellas estaban condenadas de por vida? Las diversiones de las mujeres eran slo juegos pueriles contest Pekua, con los que la mente acostumbrada a operaciones ms intensas no poda mantenerse ocupada. Yo poda hacer todo lo que ellas se deleitaban en hacer, mediante los poderes meramente sensibles, mientras mis facultades intelectuales se desviaban a El Cairo. Corran de cuarto en cuarto, as como un pjaro salta de alambre en alambre dentro de la jaula. Bailaban por el gusto de moverse, as como los corderos juguetean en un prado. A veces una pretenda estar herida, para que las dems pudieran alarmarse: o se esconda, para que otra pudiera buscarla. Pasaban parte del tiempo en observar como flotaban por el ro los cuerpos livianos, y parte en tomar nota de las formas diversas en que se dividen las nubes en el cielo. Su nica ocupacin era el bordado, en el que mis doncellas y yo a veces las ayudbamos; pero como ustedes saben la mente se aparta con facilidad de los dedos, y como imaginarn estar cautiva y lejos de Nekaya era algo que no poda ser consolado con flores de seda. Tampoco poda esperarse mucha satisfaccin de la conversacin que tenan: porque de qu poda esperarse que hablaran? No haban visto nada, porque haban vivido desde la temprana juventud en aquel paraje estrecho; no podan tener conocimiento, porque no podan leer. No tenan idea ms que de las pocas cosas que estaban al alcance de su vista, y apenas tenan nombres para lo que no fuera sus ropas y su comida. Como se me consideraba un carcter superior, me llamaban a menudo para poner punto final a sus disputas, que yo decida lo ms equitativamente posible. Si pudiese haberme divertido escuchar las quejas de cada una contra las dems, podra haber sido
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retenida a menudo por largas historias; pero los motivos de su animosidad eran tan mezquinos, que no poda escuchar sin interrumpir el cuento. Cmo puede el rabe dijo Rasselas, a quien pintaste como nombre de prendas nada comunes, encontrar placer en su serrallo, cuando est lleno slo de mujeres como sas? Son exquisitamente hermosas? No carecen dijo Pekua de esa belleza innoble y sin afectacin que puede subsistir sin vivacidad ni elevacin, sin energa mental ni dignidad de virtud. Pero para un hombre como el rabe tal belleza era slo una flor que se arranca al azar y se arroja con indiferencia. Sean cuales fueren los placeres que encuentra en ellas, no son los de la amistad y la compaa. Cuando jugaban a su alrededor, las miraba con superioridad desatenta, cuando competan por su mirada, a veces se apartaba disgustado. Como carecan de conocimiento, sus palabras no podan eliminar nada del aburrimiento de la vida; como no tenan eleccin, su afecto, o apariencia de afecto, no excitaba en l ni el orgullo ni la gratitud; no se vea exaltado en la estima de s mismo por las sonrisas de una mujer que no vea a otro hombre, ni se senta agradado por esa consideracin de la que nunca poda conocer la sinceridad, y que a menudo poda percibir era ejercitada no tanto para complacerlo a l como para herir a una rival. Lo que l daba y ellas reciban como amor, era slo la distribucin despreocupada del tiempo superfluo, el amor que un hombre puede conceder a lo que desprecia, sin esperanza ni temor, sin alegra ni pena. Tiene usted razn, estimada dama dijo Imlac, al considerarse feliz por haber sido liberada con tanta facilidad. Cmo pudo una mente, hambrienta de conocimiento en semejante desierto intelectual, perder un banquete como la conversacin de Pekua? Me siento inclinada a creer contest Pekua que el rabe vacil por cierto tiempo; porque, a pesar de su promesa, cada vez que yo le propona despachar un mensajero a El Cairo, encontraba una excusa para postergarlo. Mientras estuve retenida en su casa, l hizo muchas incursiones en las regiones vecinas; y tal vez se habra negado a soltarme, si el botn logrado hubiese estado a la altura de sus deseos. Regresaba siempre corts, narraba sus aventuras, encantado de or mis observaciones, y se esforzaba por hacer avanzar mi conocimiento de las estrellas. Cuando lo instaba a enviar mis cartas, me calmaba con expresiones de honor y sinceridad; y cuando ya no poda negarse decentemente, pona otra vez su tropa en movimiento, y me permita gobernar en su ausencia. Yo estaba muy afligida por esta dilacin premeditada, y a veces tema que me olvidaran; que ustedes se fueran de El Cairo, y yo me viese obligada a terminar mis das en una isla del Nilo. Al fin me sent sin esperanzas y desalentada, y me import tan poco entretenerlo, que por un tiempo habl ms a menudo con mis doncellas. Que cayera enamorado de ellas o de m era igualmente fatal, y yo no me senta muy complacida con la creciente amistad. Mi inquietud no dur mucho, porque, cuando recobr cierto grado de alegra, regres a m, y no pude dejar de despreciar mi molestia anterior.
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Sigui postergando el pedido del rescate, y tal vez nunca lo habra decidido, si el agente enviado por ustedes no hubiese llegado a l. El oro, que no viniera a buscar, era algo que no poda rechazar cuando se lo ofrecan. Se apresur a preparar nuestro viaje hasta aqu, como un hombre que se ve libre de un conflicto interno. Me desped de mis compaeras de la casa, que se separaron de m con fra indiferencia. Una vez que Nekaya oy el relato de su favorita, se levant y la abraz, y Rasselas le entreg cien onzas de oro, que ella obsequi al rabe en vez de las cincuenta que le haba prometido.
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favoritos por cualquier oportunidad de hacer el bien mediante su consejo o sus riquezas. Todos los que necesitan su ayuda son admitidos en su cuarto ms retirado, en los momentos de mayor ocupacin. 'Porque aunque excluyo el ocio y el placer, nunca cerrar mis puertas a la caridad' afirma. Al hombre le est permitida la contemplacin de los cielos, pero la prctica de la virtud le es exigida. Seguramente ese hombre es feliz dijo la princesa. Lo visit cada vez con mayor frecuencia dijo Imlac, y cada vez me senta ms enamorado de su conversacin; era elevado sin altanera, corts sin formalidad, y comunicativo sin ostentacin. Al principio, gran princesa, tena la misma opinin que usted: lo crea el hombre ms feliz de la humanidad, y a menudo lo felicitaba por la bendicin de la que disfrutaba. El no pareca or nada con indiferencia, salvo las alabanzas a su condicin, a las que siempre daba una respuesta general, y desviaba la conversacin a algn otro tema. En medio de esta voluntad de ser complacido y este esfuerzo por complacer, pronto tuve motivos para imaginar que un sentimiento doloroso afliga su mente. A menudo alzaba los ojos con seriedad hacia el sol, y dejaba que su voz se apagara en medio de su discurso. A veces, cuando estbamos a solas, me miraba en silencio, con la actitud de un hombre que ansiaba decir lo que an estaba decidido a ocultar. Con frecuencia me enviaba a buscar con vehementes pedidos de que me apresurara, aunque cuando llegaba a l, no tena nada extraordinario que decir; y a veces, cuando me iba, me llamaba otra vez, haca una pausa, y despus me despeda.
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estoy encargado de regular el clima, y de distribuir las estaciones; el sol presta atencin a mis dictmenes, y pasa de un trpico a otro bajo mi direccin; las nubes derraman su agua cuando las convoco a hacerlo, y el Nilo desborda por orden ma; he refrenado la clera de la estrella del Perro, y mitigado los fervores del Cangrejo. De todos los poderes elementales, slo los vientos han rechazado hasta ahora mi autoridad, y han perecido multitudes en las tempestades equinocciales, que no pudo prohibir ni refrenar. He ejercido este cargo importante con justicia exacta, y divid imparcialmente las lluvias y el sol entre las distintas naciones de la tierra Porque hasta qu punto habra llegado la desdicha de la mitad del globo, si hubiese limitado las nubes a regiones particulares, o confinado el sol a uno de los dos lados del ecuador?
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contra la verdad con la mayor obstinacin. A veces me sospechaba loco, y no me habra atrevido a compartir el secreto sino con un hombre como t, capaz de distinguir lo maravilloso de lo imposible, y lo increble de lo falso. Seor dije, por qu dice que es increble lo que usted sabe, o cree saber, que es cierto? Porque no puedo probarlo con ninguna evidencia externa dijo. Y conozco demasiado bien las leyes de la demostracin como para creer que mi conviccin poda influir a quien no fuera conciente como yo de su fuerza. Por lo tanto no tratar de que me crean mediante la disputa. Me basta con sentir este poder, que he posedo desde hace tiempo, y ejercido todos los das. Pero la vida del hombre es breve, los achaques de la edad aumentan sobre m, y pronto llegar la hora en que el regulador del ao se mezclar con el polvo. La preocupacin de designar un sucesor me ha perturbado desde hace tiempo; he pasado el da y la noche comparando la personalidad de todos los que conozco, y an no he encontrado a alguien ms digno que ti.
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El prncipe escuch este relato con gran seriedad; pero la princesa sonri, y Pekua entr en convulsiones de risa. Estimadas damas dijo Imlac, burlarse de la ms opresiva de las aflicciones humanas no es caritativo ni prudente. Pocos pueden llegar a tener el conocimiento de este hombre, y pocos practican sus virtudes; pero todos pueden sufrir su desgracia: De las incertidumbres de nuestra condicin presente, la ms temible y alarmante es la insegura persistencia de la razn. La princesa se control, y la favorita qued avergonzada. Rasselas, afectado ms profundamente, pregunt a Imlac si crea que tales enfermedades de la mente eran frecuentes, y cmo se contraan.
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cansada u ociosa, vuelve sin cesar a la idea favorita, y se regocija en la empalagosa falsedad cada vez que es ofendida por la amargura de la verdad. Poco a poco se confirma el reinado de la fantasa; al principio se vuelve imperiosa, y con el tiempo desptica. Entonces las ficciones empiezan a funcionar como realidades, opiniones falsas se afirman en la mente, y la vida pasa en ensoaciones de xtasis o angustia. Este, seor, es uno de los peligros de la soledad, que segn ha confesado el ermitao no siempre fomenta el bien, y que la desgracia del astrnomo ha demostrado que no siempre es propicia para la sabidura. Dejar de imaginarme reina de Abisinia dijo la favorita. A menudo me he pasado las horas que la princesa dejaba a mi disposicin en disponer ceremonias y regular los movimientos de la corte; he reprimido el orgullo de los poderosos y dado respuesta a las peticiones de los pobres; he construido palacios nuevos en sitios ms felices, plantado bosques sobre las cimas de las montaas, y disfrutado de los beneficios de la realeza, hasta que, cuando la princesa entraba, casi me olvidaba de inclinarme ante ella. Y yo dijo la princesa, dejar de interpretar en mis ensoaciones el papel de pastora. A menudo he calmado mis pensamientos con la serenidad y la inocencia de las ocupaciones pastoriles, hasta llegar a or el silbido del viento en mi cuarto, y el balido de las ovejas; a veces liberaba al cordero que se haba enredado en los arbustos, y a veces sala al encuentro del lobo con mi cayado. Tengo un vestido como el de las aldeanas, que me pona para ayudar a la imaginacin, y una flauta en la que tocaba con suavidad, y me supona seguida por mis rebaos. Confesar que me entregado a placeres fantsticos ms peligrosos que los tuyos dijo el prncipe. Frecuentemente me he esforzado por imaginar la posibilidad de un gobierno perfecto, mediante el cual todo mal sera controlado, todo vicio reformado, y todos los sbditos preservados en la tranquilidad y la inocencia. Este pensamiento provocaba innumerables planes de reforma, y dictaba muchas regulaciones tiles y leyes saludables. Tal ha sido el pasatiempo, y a veces la tarea, en mi soledad; y empiezo cuando pienso con qu poca angustia imagin una vez la muerte de mi padre y mis hermanos. Tales son los efectos de los esquemas visionarios dijo Imlac. Cuando los formamos por vez primera, sabemos que son absurdos, pero cuando nos familiarizamos poco a poco con ellos, con el tiempo perdemos de vista su insensatez.
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caminaban por la orilla del ro, encantados por el temblor de los rayos de la luna sobre el agua, vieron a poca distancia a un anciano a quien el prncipe haba escuchado con frecuencia en la reunin de los sabios. All hay alguien a quien los aos han calmado las pasiones, sin nublarle la razn dijo. Terminemos las disquisiciones de la noche preguntndole qu siente en su estado, para que podamos saber si slo la juventud debe luchar con el disgusto y si hay alguna esperanza mejor en la ltima parte de la vida. En ese momento el sabio se acerc y los salud. Lo invitaron a que los acompaara en la caminata, y conversaron como conocidos que se encuentran por casualidad. El anciano era alegre y locuaz, y el camino se hizo corto en su compaa. A l le agradaba ver que le prestaban atencin, los acompa hasta la casa, y, a pedido del prncipe, entr con ellos. Lo ubicaron en el sitio de honor, y le sirvieron vino y dulce. Seor dijo la princesa, una caminata nocturna debe darle a un hombre instruido como usted placeres que la ignorancia y la juventud apenas pueden concebir. Usted conoce las cualidades y las causas de todo lo que contempla, las leyes por las que fluye el ro, los perodos en los que los planetas llevan a cabo sus revoluciones. Todo debe ofrecerle tema de meditacin, y renovar la conciencia de su propia dignidad. Seora ma contest l, deje que las personas alegres y vigorosas esperen el placer en sus paseos; para la vejez basta con conseguir cierta comodidad. Para m el mundo ha perdido su novedad: miro a m alrededor, y veo lo que recuerdo haber visto en das ms felices. Me apoyo contra un rbol, y pienso que a la misma sombra un da discut sobre la inundacin anual del Nilo con un amigo que ahora est callado en la tumba. Alzo los ojos, los fijo en una luna cambiante, y pienso con dolor en las vicisitudes de la vida. He dejado de complacerme mucho en la verdad fsica: porque qu puedo hacer con esas cosas que pronto dejar? Al menos usted puede recrearse dijo Imlac con el recuerdo de una vida honorable y til, y disfrutar las alabanzas que todos estn de acuerdo en brindarle. Para un anciano la alabanza es un sonido hueco dijo el sabio con un suspiro. No tengo madre a quien le complazca la reputacin de su hijo, ni esposa que comparta los honores de su esposo. He sobrevivido a mis amigos y rivales. Ahora nada tiene mucha importancia; porque no puedo extender mi inters ms all de m mismo. A la juventud le agrada el aplauso, porque lo considera como la seal de un bien futuro, y porque la perspectiva de la vida se extiende hasta lejos; pero para m, que ahora entro en la decrepitud, hay poco que temer de la malevolencia de los hombres, y an menos que esperar de su afecto o estima. An pueden arrebatar algo, pero no pueden darme nada. Las riquezas ahora seran intiles, y un alto puesto sera penoso. Mi panorama retrospectivo de la vida me recuerda con imgenes las numerosas oportunidades de hacer el bien pasadas por alto, el mucho tiempo derrochado en trivialidades, y ms an el perdido en la pereza y la vacuidad. Dejo muchos grandes intentos sin terminar. Mi mente no est agobiada por ningn crimen
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importante, y por lo tanto me entrego a la tranquilidad; me esfuerzo por abstraer mis pensamientos de esperanzas y preocupaciones, que, aunque la razn sabe que son vanos, siguen tratando de retener su antiguo dominio sobre el corazn; aguardo, con serena humildad, esa hora que la naturaleza no puede postergar mucho; y espero poseer, en un estado mejor, esa felicidad que aqu no pude encontrar, y esa virtud que aqu no pude alcanzar. Se levant y se alej, dejando a su pblico no muy entusiasmado con la esperanza de una larga vida. El prncipe se consol observando que no era razonable sentirse desilusionado con aquellas palabras, porque la vejez nunca fue considerada la estacin de la felicidad, y que si era posible estar sereno en la declinacin y la debilidad, era probable que los das de vigor y vivacidad pudieran ser felices; que el medioda de la vida poda ser brillante, si la noche poda ser calma. La princesa sospechaba que la vejez era quejosa y nociva, y se deleitaba en reprimir las expectativas de quienes recin entraban al mundo. Ella haba visto a los dueos de posesiones mirar con envidia a sus herederos, y conocido a muchos que slo disfrutaban del placer que podan confinar a s mismos. Pekua conjetur que el hombre era ms viejo de lo que pareca, y quiso atribuir sus quejas a un delirio melanclico; o si no supona que haba sido infortunado, y por lo tanto haba quedado insatisfecho: Porque nada es ms comn que decir que nuestra propia condicin es la condicin de la vida dijo. Imlac, que no deseaba verlos deprimidos, sonri ante los consuelos que podan procurarse con tal facilidad, y record que a la misma edad l confiaba igualmente en la prosperidad inmaculada, y era igualmente frtil en recursos consoladores. Se abstuvo de imponerles un conocimiento poco bienvenido, que el propio tiempo les inculcara. La princesa y su dama se retiraron; la locura del astrnomo haba quedado flotando en sus mentes, y desearon que Imlac se hiciera cargo de su puesto, y demorara hasta la maana la ascensin del sol.
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rechazadas, y propusieron varios planes para cumplir su fin. Se propuso presentarlas como extranjeras en apuros, para quienes el sabio siempre era accesible; pero despus de pensarlo un poco, fue evidente que con ese artificio no podran entablar conocimiento, porque la conversacin sera breve, y no era decente importunar al astrnomo con frecuencia. Eso es cierto dijo Rasselas; pero tengo una objecin an mayor contra la tergiversacin del estado de ustedes. Siempre he considerado como una traicin contra la gran repblica de la naturaleza humana convertir las virtudes de cualquier hombre en el medio de engaarlo, ya sea en grandes o pequeas ocasiones. Toda impostura debilita la confianza, y congela la benevolencia. Cuando el sabio descubra que ustedes no son lo que parecan, sentir el resentimiento natural de un hombre que, conciente de grandes facultades, descubre que ha sido engaado por inteligencias menores que la suya, y tal vez la desconfianza que nunca podr dejar totalmente de lado ms tarde pueda detener la voz del consejo y cerrar la mano de la caridad; y dnde encontrarn ustedes el poder necesario para devolver sus beneficios a la humanidad, o su propia tranquilidad? No intentaron contestar la pregunta, e Imlac empez a tener la esperanza de que la curiosidad de las mujeres disminuyera; pero al da siguiente Pekua le dijo que haba encontrado un pretexto honesto para hacer una visita al astrnomo, porque le solicitara permiso para continuar con l los estudios que haba iniciado con el rabe, y la princesa podra ir con ella como compaera de estudios, o porque no era decente que una mujer fuera sola. Me temo que l pronto se cansar de su compaa dijo Imlac. A los hombres que han adelantado mucho en el conocimiento no les gusta repetir los principios elementales de su arte, y no estoy seguro de que ustedes puedan ser oyentes capacitadas incluso de los principios elementales tal como l los presentar, relacionados con inferencias y mezclados con reflexiones. Eso ser problema mo dijo Pekua. Slo le pido que nos lleve all. Tal vez mi conocimiento sea mayor de lo que usted se imagina; y si estoy siempre de acuerdo con sus opiniones, le har creer que es ms de lo que es. Para cumplir la decisin, dijeron al astrnomo que una dama extranjera, que viajaba en busca de conocimiento, haba odo hablar de su reputacin, y deseaba convertirse en su alumna. Lo extraordinario de la propuesta provoc al mismo tiempo su sorpresa y su curiosidad; y cuando, despus de pensarlo brevemente, acept recibirla, le cost esperar sin impaciencia hasta el da siguiente. Las damas se vistieron con magnificencia, e Imlac las acompa a casa del astrnomo, a quien le agrad ver que se dirigan a l personas de aspecto tan esplndido. En el intercambio de las primeras cortesas se mostr temeroso y avergonzado; pero cuando la conversacin se normaliz, recobr sus poderes, y justific el carcter que Imlac le haba atribuido. Cuando pregunt a Pekua qu poda haberla inclinado al estudio de la astronoma, ella le cont su aventura en la Pirmide, y la poca que haba pasado en la isla del rabe. Narr su historia con naturalidad y elegancia, y el modo en que hablaba le lleg al
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corazn al astrnomo. Despus sus palabras se volvieron hacia la astronoma: Pekua expuso lo que saba: el astrnomo la consider un prodigio de genio, y le rog que no desistiera de un estudio comenzado con tanta felicidad. Lo visitaron una y otra vez, y en cada ocasin eran mejor recibidos que en la anterior. El sabio se esforzaba por entretenerlas, para que pudieran prolongar sus visitas, porque encontraba que sus pensamientos se hacan ms brillantes en compaa de ellas; las nubes de la preocupacin desaparecan poco a poco, a medida que l se superaba en entretenerlas, y se lamentaba cuando partan y quedaba librado una vez ms a su vieja ocupacin de regular las estaciones. Ahora la princesa y su favorita haban prestado atencin a sus labios durante varios meses, sin poder captar una sola palabra que les permitiera juzgar si segua entregado o no, en su opinin, a su misin sobrenatural. A menudo buscaban el medio de obtener de l una franca declaracin; pero eluda con facilidad sus ataques, y fuera cual fuese el ngulo desde el que lo presionaban, pasaba a otro tema. Cuando el trato se hizo ms familiar, lo invitaban con frecuencia a la casa de Imlac, donde lo distinguan con un respeto extraordinario. Poco a poco el astrnomo empez a disfrutar de los placeres sublunares. Llegaba temprano, y se iba tarde; se esforzaba por destacarse por su asiduidad y complacencia; excitaba la curiosidad de sus anfitriones por perseguir nuevas artes, para que pudieran seguir necesitando su ayuda; y cuando emprendan un paseo de placer o de estudio, les rogaba que permitieran que los acompaara. Una vez que experimentaron durante largo tiempo su integridad y sabidura, el prncipe y la hermana quedaron convencidos de que podan confiar en l sin peligro; y por temor a que pudiera hacerse falsas esperanzas tomando en cuenta el trato corts que reciba, le revelaron su condicin real, con los motivos de su viaje, y le pidieron su opinin sobre la eleccin de vida. No puedo instruirlos acerca de cul de las diversas condiciones que el mundo despliega ante ustedes deben elegir dijo el sabio. Slo puedo decirles que mi eleccin fue equivocada. Me he pasado el tiempo en el estudio sin experiencia, en dominar ciencias que, en su mayor parte, son slo remotamente tiles a la humanidad. He comprado el conocimiento al precio de todas las comodidades comunes de la vida; me ha faltado la cariosa elegancia de la amistad femenina, y el intercambio feliz de la ternura domstica. Si he obtenido privilegios sobre otros estudiantes, stos estuvieron acompaados por temor, inquietud y escrupulosidad; pero desde que mis pensamientos se han diversificado por una relacin mayor con el mundo, he empezado a cuestionar incluso la realidad de tales privilegios. Cuando me pierdo por unos das en un agradable departir con los dems, siempre me veo tentado a pensar que mis investigaciones han terminado en el error, y que he sufrido mucho y en vano. A Imlac le encant descubrir que la inteligencia del sabio iba disipando las nieblas que la rodeaban, y resolvi mantenerlo apartado de los planetas hasta que pudiera olvidar su tarea de gobernarlos, y la razn pudiese recobrar su
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influencia original. Desde ese momento el astrnomo fue recibido con amistosa familiaridad, y comparti todos los proyectos y placeres de ellos; su trato los mantena atentos, y la actividad de Rasselas no le dejaba mucho tiempo desocupado. Siempre haba algo por hacer: el da pasaba en hacer observaciones que suministraban tareas para la noche, y la noche terminaba con un plan para el da siguiente. El sabio le confes a Imlac que desde que se mezclaba con las alegres agitaciones de la vida, y divida sus horas mediante una sucesin de diversiones, encontraba que la conviccin acerca de su autoridad sobre los cielos se esfumaba poco a poco de su mente, y empezaba a confiar menos en una opinin que nunca haba podido demostrar a otros, y que ahora encontraba sujeta a variacin, por causas en las que no intervena la razn. Si accidentalmente me dejan slo unas horas dijo, mi creencia inveterada se precipita sobre mi alma, y mis pensamientos se ven encadenados con una violencia irresistible; pero pronto se desenriedan ante la conversacin del prncipe, y se liberan al instante cuando entra Pekua. Soy como un hombre que suele temer a los espectros, que es tranquilizado por una lmpara, y se asombra del temor que lo acosaba en la obscuridad; sin embargo, si la lmpara se apaga, siente otra vez los terrores que sabe que cuando haya luz ya no sentir. Pero a veces temo entregarme en la tranquilidad a la negligencia criminal, y olvidar voluntariamente el importante cargo que me ha sido confiado. Si yo mismo me apoyo en un error conocido, o me veo determinado por mi propia comodidad en una cuestin dudosa de tal importancia qu horrendo es mi crimen! Ninguna enfermedad de la imaginacin contest Imlac es tan difcil de curar como cuando se ve complicada con el temor de la culpa; la fantasa y la conciencia pueden actuar entonces de modo intercambiable sobre nosotros, y cambian de lugar con tanta frecuencia, que las ilusiones de la primera no se distinguen de los dictmenes de la segunda. Si la fantasa presenta imgenes que no son morales o religiosas, la mente las ahuyenta cuando provocan dolor; pero cuando las nociones melanclicas adoptan la forma del deber, se apoderan de las facultades sin oposicin, porque tememos excluirlas o desterrarlas. Por eso los supersticiosos son con frecuencia melanclicos, y los melanclicos son casi siempre supersticiosos. Pero no permita que las sugestiones de la timidez se impongan a lo mejor de su razn: el peligro de la negligencia slo puede existir en relacin a la verosimilitud de la obligacin, que, cuando usted piensa en ella con libertad, encuentra muy pequea, y menor con cada da que pasa. Abra su corazn a la influencia de la luz que de vez en cuando irrumpe en usted; cuando los escrpulos lo estorben, escrpulos que en sus momentos de lucidez usted reconoce como vanos, no se detenga a parlamentar, vuelva en cambio a una ocupacin, o a Pekua, y haga prevalecer siempre el pensamiento de que usted es slo un tomo de la masa de la humanidad, y que no tiene ni tantos vicios ni tantas virtudes, como para ser distinguido con favores o aflicciones
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sobrenaturales.
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imperfecto que cualquier otro? dijo Nekaya. No puede tener las mismas esperanzas de felicidad futura quien tiene un trato franco con la humanidad, quien socorre a los angustiados mediante su caridad, instruye al ignorante con su erudicin, y contribuye con su esfuerzo al sistema general d vida, an cuando omita algunas de las mortificaciones que se practican en el claustro, y se permitan los placeres inofensivos que su condicin ponga a su alcance? Esa es una pregunta que ha dividido durante mucho tiempo a los sabios, y dejado perplejos a los buenos dijo Imlac. Me da miedo elegir alguna de las dos posibilidades. Quien vive bien en el mundo es mejor que quien vive bien en un monasterio. Pero tal vez no todos puedan hacer frente a las tentaciones de la vida pblica; y quien no puede conquistar, es adecuado que se retire. Algunos tienen poco poder de hacer el bien, y tambin poco vigor para resistir el mal. Muchos estn cansados de sus conflictos con la adversidad, y desean rechazar esas pasiones que los han ocupado en vano durante mucho tiempo. Y muchos son impedidos por la edad y las enfermedades de cumplir los deberes ms duros de la sociedad. En los monasterios, los dbiles y los tmidos pueden encontrar un refugio feliz, los cansados pueden descansar, y los penitentes pueden meditar. Estos retiros de plegaria y contemplacin tienen algo que congenia tanto con la mente del hombre, que tal vez sea difcil encontrar a alguien que no pretenda terminar su vida en piadoso recogimiento, con unos pocos compaeros tan graves como l. Tal ha sido con frecuencia mi deseo dijo Pekua, y he odo declarar a la princesa que no morira de buena gana en una multitud. La libertad de hacer uso de placeres inofensivos no puede discutirse prosigui Imlac. Pero queda por verse qu placeres son inofensivos. El mal de cualquier placer que Nekaya pueda imaginar no reside en el acto mismo, sino en sus consecuencias. El placer, en s mismo inofensivo, puede volverse daoso al hacernos apreciar un estado que sabemos transitorio y de prueba, y al apartar nuestros pensamientos de aquello a lo que cada hora nos acerca al principio, y de lo cual ninguna extensin de tiempo nos apartar al final. La mortificacin no es virtuosa en s misma, ni tiene otra utilidad que desembarazarnos de la seduccin de los sentidos. En el estado de perfeccin futura al que todos aspiramos, habr placer sin peligro, y seguridad sin limitaciones. La princesa qued en silencio; y Rasselas, volvindose hacia el astrnomo, le pregunt si no poda demorar el enclaustramiento de la muchacha, mostrndole algo que ella nunca hubiese visto antes. La curiosidad de ustedes ha sido tan general dijo el sabio, y su bsqueda del conocimiento tan vigorosa, que ahora las novedades no pueden encontrarse con facilidad; pero lo que no pudieron conseguir entre los vivos, tal vez les sea dado por los muertos. Entre las maravillas de este pas estn las Catacumbas, o los antiguos depsitos en el que fueron alojados los cadveres de las generaciones anteriores, y donde, gracias a las gomas con las que se los embalsamaron, an permanecen incorruptos. No s qu placer puede ofrecer ver las Catacumbas dijo Rasselas; pero
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dado que nada ms se presenta, estoy decidido a contemplarlas, y lo contar entre las otras muchas cosas que he hecho porque algo tena que hacer. Contrataron una guardia de jinetes, y al da siguiente visitaron las Catacumbas. Cuando estaban por bajar a las cuevas sepulcrales, la princesa dijo: Pekua, estamos invadiendo una vez ms la morada de los muertos; s que te quedars atrs; espero encontrarte a salvo cuando regrese. No, no me quedar contest Pekua. Bajar entre usted y el prncipe. Entonces todos descendieron, y vagaron maravillados por el laberinto de pasajes subterrneos, donde los cadveres descansaban en hileras a cada lado de ellos.
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ser materia lo que, sin embargo, creen que es inmortal. Es cierto contest Imlac que algunos han dicho que el alma es material, pero me cuesta creer que lo haya pensado algn hombre que sepa cmo pensar; porque todas las conclusiones de la razn refuerzan la inmaterialidad de la mente, y todas las noticias de los sentidos y las investigaciones de la ciencia coinciden en demostrar la inconsciencia de la materia. Nunca se ha supuesto que la reflexin sea inherente a la materia, o que toda partcula sea un ser pensante. Sin embargo, si cualquier parte de la materia est desprovista de pensamiento, qu parte podemos suponer que piensa? La materia puede diferenciarse de la materia slo en la forma, la densidad, el bulto, el movimiento, y la direccin del movimiento: a cul de esos factores, por variados o combinados que estn, podemos anexarle la conciencia? Ser redonda o cuadrada, slida o fluida, grande o pequea, moverse lenta o rpidamente en una direccin u otra, son los modos de la existencia material, todos igualmente ajenos a la naturaleza de la reflexin. Una vez que la materia existe sin pensamiento, slo puede lograrse que piense mediante una nueva modificacin; pero todas las modificaciones que la materia puede admitir estn igualmente desconectadas de los poderes de reflexin. Pero los materialistas insisten en que la materia puede tener cualidades que nos son desconocidas dijo el astrnomo. Quien decida en contra de lo que conoce replic Imlac, porque puede haber algo que no conoce (quien pueda plantear una posibilidad hipottica contra una certeza reconocida), no debe ser admitido entre los seres que razonan. Todo lo que sabemos de la materia es que la materia es inerte, insensible, e inanimada, y si a esta conviccin slo podemos oponernos refirindonos a algo que no sabemos, contamos con toda la evidencia que el intelecto humano puede admitir. Si lo conocido puede ser destronado por lo que es desconocido, ningn ser, no omnisciente, puede llegar a la certidumbre. No limitemos con demasiada arrogancia el poder del Creador dijo el astrnomo. No es limitar la omnipotencia replic el poeta suponer que una cosa no es consistente con otra, que la misma proposicin no puede ser al mismo tiempo verdadera y falsa, que el mismo nmero no puede ser par e impar, que la reflexin no puede atribuirse a lo que fue creado incapaz de reflexionar. No veo que esta cuestin sea muy til dijo Nekaya. Acaso esa inmaterialidad, que en mi opinin ustedes han demostrado suficientemente, no incluye necesariamente la duracin eterna? Nuestras ideas de la inmaterialidad son negativas, y por lo tanto obscuras dijo Imlac. La inmaterialidad parece implicar un poder natural de duracin perpetua como consecuencia de estar exenta de todas las causas de deterioro; lo que perece es destruido por la disolucin de su contextura, y la separacin de sus partes; no podemos concebir cmo lo que no tiene partes, y por lo tanto no admite disolucin, puede verse naturalmente corrompido o
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daado. No s cmo concebir algo sin extensin dijo Rasselas. Lo que tiene extensin debe tener partes, y reconoces que todo lo que tiene partes puede ser destruido. Piensa en tus propias reflexiones contest Imlac y la dificultad ser menor. Encontrars sustancia sin extensin. Una forma ideal, no es menos real que el bulto material; sin embargo una forma ideal no tiene extensin. Cuando piensas en una pirmide no es menos cierto que tu mente posee la imagen de una pirmide que el hecho de que la propia pirmide existe. En qu sentido la idea de una pirmide ocupa ms espacio que la idea de un grano de maz? O cmo puede cualquiera de las dos ideas sufrir desgarramiento? Como es el efecto, as es la causa: como es el pensamiento, as es el poder que piensa; un poder impasible e indiscernible. Pero el Ser a quien temo nombrar, el Ser que hizo el alma, puede destruirla dijo Nekaya. Seguramente puede destruirla contest Imlac, dado que, por imperecedera que sea, recibe de una naturaleza superior su poder de duracin. Que no perecer por ninguna causa inherente de deterioro, o principio de corrupcin, es algo que puede ser demostrado por la filosofa; pero la filosofa no puede ir ms all. Que no pueda ser aniquilada por Aquel que la hizo, debemos aprenderlo humildemente de una autoridad superior. Todo el grupo permaneci un momento recogido y en silencio. Salgamos de este escenario de mortalidad dijo Rasselas. Qu lbregas seran estas moradas de los muertos para quien no conociera que nunca morira, que lo que ahora acta puede continuar su accin, y que lo que ahora piensa seguir pensando para siempre. Los que yacen tendidos ante nosotros, los sabios y los poderosos de las pocas antiguas, nos advierten recordar la brevedad de nuestro estado presente: tal vez fueron arrebatados mientras estaban ocupados como nosotros en la eleccin de vida. Para m la eleccin de vida se ha vuelto menos importante dijo la princesa. De aqu en adelante espero pensar slo en la eleccin de eternidad. Despus se apresuraron a salir de las cavernas, y bajo la proteccin de la guardia regresaron a El Cairo.
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vida que haban observado, y con los diversos proyectos de felicidad que cada uno haba formado. A Pekua ningn sitio le haba gustado ms que el convento de San Antonio, donde el rabe la haba devuelto a la princesa, y slo deseaba llenarlo de doncellas piadosas, y que la nombraran superiora de la orden; estaba cansada de la expectativa y el disgusto, y estara satisfecha en una situacin invariable. La princesa pensaba que de todas las cosas sublunares el conocimiento era la mejor: deseaba primero aprender todas las ciencias, y despus se propona fundar un colegio de mujeres instruidas, del que sera presidente, para, conversando con las ancianas y educando a las jvenes, poder dividir su tiempo entre la adquisicin y la comunicacin de la sabidura, y construir para la prxima poca modelos de prudencia, y ejemplos de piedad. El prncipe deseaba un reino pequeo, en el que pudiese administrar justicia en persona, y ver todas las partes del gobierno con sus propios ojos; pero nunca poda fijar los lmites de su dominio, y siempre aumentaba el nmero de sus sbditos. Imlac y el astrnomo se contentaban con ser arrastrados por la corriente de la vida, sin dirigir su curso hacia ningn puerto en especial. Todos saban bien que no podan obtener ninguno de los deseos que haban proclamado. Deliberaron un tiempo acerca de lo que haba que hacer, y decidieron que cuando la inundacin terminara, regresaran a Abisinia.
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No sin buenas razones, hay quienes sostienen que la Revolucin Francesa estuvo virtualmente prefigurada a travs de todo el siglo XVIII por los avances britnicos en el campo de la filosofa, la poltica, la economa y aun las artes. En tal sentido el Diccionario de la lengua inglesa del Doctor Johnson no sera en absoluto ajeno al proyecto de la famosa Enciclopedia, ni su Vidas de los poetas dejara de abonar las mejores races de la crtica gala del XIX. Pero no es slo este carcter precursor el que ha cimentado la celebridad de Samuel Johnson (17091784), hijo de un librero de Lichfield, frustrado estudiante de Oxford, eminente intelectual cuya versatilidad de conversador brillante y erudito dio origen al insoslayable volumen de James Boswell (los dilogos platnicos, las conversaciones de Eckermann con Goethe o los reportajes a Sartre pueden vinculrsele). Su obra ms personal es Rasselas, donde conviven el metafrico Oriente, la ficcin fantstica de sesgo filosfico y el sutil deleite esttico.
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