PARTE PRIMERA
EL COMIENZO DEL GRAN VIAJE
Nuestra nave parte hacia la gran odisea a lo largo del ro. Las rocas se levantan amenazadoras y la corriente nos zarandea sin cesar. El temor se apodera de los tripulantes. Todo es desconcierto. La sabidura adquirida es una mezcla amorfa de observaciones naturales y contribuciones divinas. Todo parece mezclarse sin sentido, incluso en las mentes ms privilegiadas. La ignorancia es la mejor aliada de los dioses y estos parecen atacar a la razn desde todos los frentes. La herencia recibida es muy dbil; insostenible por la lgica y por lo tanto por el intelecto de los puros, si es que los hay. Todo est por hacer. Nadie conoce a Ciencia cierta rutas seguras para alcanzar el conocimiento. La noche cae y, a lo lejos, las luces tenues de unas antorchas intentan dar esperanzas al navo. Guiados por ellas, llegamos a aguas mansas. Varios hombres, desde lo alto de la colina, vienen a recibirnos. Nos entregarn un cargamento inslito que nos permitir crear un mundo intelectual, donde la razn luchar por amansar la exuberante espuma de las aguas. As hallaremos una senda segura. Hagamos una pequea parada y escuchmosles. 1.1 El legado indeleble. Siempre me he preguntado qu hubiese sido de nuestro presente si los conocimientos de la cultura clsica no hubiesen sido frenados por tantos siglos de oscurantismo. Desde hace milenios se desarrollaron civilizaciones extraordinarias cuya visin del Cosmos, apoyada por una infinita curiosidad, sirvi de pilar para la Ciencia actual. A los egipcios, fenicios o babilnicos, a los pueblos de oriente, a los griegos y romanos les preocupaba enormemente todo lo que les rodeaba; en especial la gran maquinaria del Universo y la influencia de este sobre sus vidas. Por eso fueron muchos los observadores del cielo; los estudiosos de la Astronoma, una ciencia que en principio fue teolgica y que, paulatinamente, se fue transformando en racional. En este trayecto se observa el poderoso influjo de la simetra y de la repeticin como ideas recurrentes en la explicacin de los fenmenos.
Figura 1 En la Cosmogona India la Tierra era sostenida por gigantescos elefantes que se sustentaban sobre el caparazn de una tortuga. Un gran spid que se morda la cola encerraba el conjunto de Tierra y cielo.
Ya los egipcios establecieron un calendario que se basaba en la observacin de un acontecimiento peridico: la aparicin de la estrella Sirio en el horizonte. Como este hecho se produca coincidiendo con la gran crecida del Nilo, consideraron ese da como el primero del primer mes del ao: el Mes de la Inundacin. Dividieron entonces el ao en doce meses de treinta das repartidos en tres estaciones y, para completarlo, aadieron cinco das en un intento somero pero racional de soslayar las desviaciones. Continuaron con esta divisin; pero el paso de los aos hizo olvidar a los gobernantes y legisladores el fenmeno fsico que la haba originado. La consecuencia de esto fue un alejamiento entre el ao civil y el astronmico. En lugar de aadir un da "de vez en cuando", para atenuar la discrepancia, mantuvieron el sistema, de modo que, cada 120 aos, el calendario civil adelantaba un mes entero al astronmico. Si reflexionamos sobre estos hechos, podemos constatar que la arbitrariedad est presente en su aplicacin, pero fue una base peridica, es decir, sustentada en una armona espaciotemporal, la que permiti la organizacin de la vida egipcia.
Figura 2. Para los egipcios antiguos, la bveda celeste era la diosa Nut que estaba enamorada de la Tierra. Todos los das, Ra, el dios del Sol, naca y mora, despus de recorrer el cuerpo de su madre en una embarcacin.
Este pueblo no tuvo un soporte matemtico consistente para fundamentar sus observaciones astronmicas. Por eso causa extraeza la orientacin de sus pirmides, que apuntan de manera casi perfecta a los puntos cardinales, los cuales se localizaban tomando como punto de referencia tambin, acontecimientos fijos o peridicos, como la posicin de la Estrella Polar o de una determinada constelacin o, simplemente, el tamao de la sombra en sus instrumentos de medida del tiempo. La experiencia les haba enseado que la sombra ms corta es la que seala el norte. Desde el siglo XIX han proliferado los trabajos que pretenden demostrar cientficamente la cuidada disposicin de las pirmides, en especial de las de la planicie de Gizeh. De entre ellos son reseables los que han realizado la egiptloga inglesa Kate Spence y el espaol Juan Antonio Belmonte, investigador del Instituto de Astrofsica de Canarias. Segn estos autores la perfecta alineacin de las pirmides pudo ser debida a la posicin de dos estrellas, cuya prolongacin permita a los egipcios localizar el norte. Este hecho, junto a otros muchos parece corroborar el asombroso control intelectual que este pueblo tena de los fenmenos naturales, muchos de ellos indispensables en la organizacin de sus vidas. Pero no es necesario remontarse al principio de los tiempos para darse cuenta de esta afirmacin. Para los campesinos, an hoy, tiene importancia primordial el calendario lunar, fundamentado en la periodicidad del movimiento de nuestro satlite natural. Ya los antiguos tomaron buena nota de ello y as, los babilnicos, por ejemplo, construyeron un calendario que se ajustaba a estas observaciones. Este pueblo fue el creador del legado primigenio de la divisin de nuestro tiempo.
El astrnomo Naburiano, (siglo V a.C), calcul la duracin del ao solar en 365 das, 6 horas y 15 minutos. En Babilonia se concibi la semana de siete das y la hora, el minuto y el segundo con la relacin que hoy mantenemos. Este sistema fue heredado por los hebreos y los griegos. Los desajustes entre el ao lunar y las estaciones, basadas en el ao solar, eran compensados, de un modo arbitrario, por ley. El rey, cada cierto tiempo, decretaba la ampliacin en un mes de un ao determinado. Metn, astrnomo griego del siglo V a.C., encontr una regla llamada ciclo metdico que permita una correccin cientfica de estos desajustes: 19 aos solares equivalen a cada 235 meses lunares1 (19 aos lunares + 7 meses lunares), es decir, cada 19 aos solares las mismas fechas del ao corresponden con las mismas fases de la luna. En el llamado calendario tico lunisolar usado por los griegos se intercalaban siete meses lunares en el perodo de 19 aos lunares para lograr la concordancia entre el calendario solar y el lunar. Todas estas reflexiones me conducen a pensar que la periodicidad del Universo es la madre del conocimiento astronmico antiguo y que las desviaciones no son ms que el fruto de errores matemticos, mecnicos o humanos; ya que era ms fcil fijarse en el fenmeno y construir un sistema arbitrario, que depender continuamente de la observacin. Podemos concluir pues, que de la periodicidad, el arbitrio y las aportaciones de lo sobrenatural surge la concepcin del mundo y la actitud ante la vida de los pueblos de la antigedad. La cumbre del saber antiguo lleg, sin duda, con los griegos, que dieron el gran salto existente entre lo espiritual y lo racional: el paso del mithos al logos. Poco a poco, sus sabios disearon un sistema matemtico y geomtrico que les permiti la explicacin coherente de muchos fenmenos. Se parta siempre de suposiciones o hiptesis, muchas veces imposibles de demostrar, pero siempre basadas en la observacin y en el razonamiento, evitando usar como pretexto dioses y hroes.
Figura 3. Anaximandro propona una Tierra con forma cilndrica. La superficie del planeta se ajustaba a la base plana superior y flotaba en un mar universal.
La diferencia es de unas dos horas. Cada mes lunar tiene 29,5 das y cada ao lunar 354 das. Por lo tanto 354 das x 19 aos lunares + 7 meses lunares x 29,53 das = 6932,5 das que son 19 aos solares.
Cuntas veces en nuestros ratos de ocio nos entretenemos haciendo pedacitos una hoja de papel o troceando una ramita con la navaja. Seguro que algo parecido sugiri la "primera teora atmica". Dos griegos del siglo V a.C., Leucipo y Demcrito, defendieron la idea de la existencia de unas partculas elementales, indivisibles (tomo = sin divisin), eternas, indestructibles, dinmicas, inmersas en un vaco infinito, que constituan toda la materia. Tambin concibieron la existencia de diferentes clases de tomos que originaran los distintos tipos de materia. Poco se sabe de las vidas de estos dos filsofos. El primero pudiera ser natural de Elea o de feso. Lo que s es conocido es que Demcrito de Abdera era ms joven que Leucipo y fue uno de sus discpulos. Como no se tiene certeza sobre las partes de la doctrina atomista que fueron aportadas por uno o por el otro, la filosofa atomista se les atribuye a ambos por igual. Los atomistas propusieron que de la idea esencial de que el nmero de tomos es infinito se deriva necesariamente la existencia de otros mundos. Esta idea se alejaba considerablemente de la lgica sustentada en la observacin. Sin embargo cuan acertadas eran sus suposiciones, pues hoy sabemos que el Universo est plagado de galaxias, soles y planetas que se rigen por cdigos espacio-temporales idnticos los que soportan nuestro sistema mundo. Adems su audacia les llev a afirmar que la estructura de estos mundos no tiene por que ser un calco de la nuestra. Puesto que el comportamiento de los tomos tiene un carcter completamente aleatorio esa condicin es suficiente para que los resultados de sus combinaciones produzcan universos totalmente distintos del nuestro. El propio Aristteles (384 a.C-322 a.C.) compara los tomos con las letras de un alfabeto, con piezas de un rompecabezas gigantesco. Pero, quizs, lo ms atrayente de esta teora atmica sea la introduccin del principio de azar y aleatoriedad. El comportamiento de los tomos griegos es casual y no est predeterminado. El lector que guste de estos temas puede aplicar este comportamiento catico y de probabilidades al nacimiento de la Fsica Cuntica. Cunta coincidencia. Qu distinto resulta el determinismo newtoniano, que puso las cosas en su sitio durante tres siglos, haciendo creer a toda la comunidad cientfica la predestinacin del Cosmos y ms an, de la propia vida humana. Incluso podemos ir mucho ms all postulando teoras que hace unos aos pudieran parecer ideadas por un escritor de ciencia ficcin. Es sencillo retomar hoy en da estos planteamientos y abstraerlos incluso ms all de la propia materia, proponiendo la existencia de la antimateria y por lo tanto de los antitomos y de los antiuniversos. La antimateria es materia compuesta de antipartculas de las partculas que constituyen la materia normal. El ejemplo ms sencillo es el tomo de antihidrgeno, que est compuesto de un antiprotn de carga negativa y un antielectrn de carga positiva. Si una pareja partcula/antipartcula entra en contacto se aniquilan entre s y producen una enorme energa, que puede invertirse en crear partculas, antipartculas o radiacin. Experimentalmente se ha conseguido, hace ya ms de cuarenta aos, producir antitomos de hidrgeno, e incluso ncleos de antideuterio, creados a partir de un antiprotn y un antineutrn, pero no se ha logrado crear antimateria de mayor complejidad. La antimateria se crea en el Universo all donde haya colisiones entre partculas de alta energa, como en el centro de la galaxia; pero an no se ha encontrado ningn tipo de antimateria como residuo del Big Bang. Las preguntas que podemos derivar de la anterior exposicin son muchas y muy variadas. Es nuestro Universo una consecuencia aleatoria del comportamiento de las partculas y las antipartculas? Existen universos paralelos de antimateria susceptibles de conjugacin o simetra con el nuestro? Qu implicaciones filosficas subyacen bajo
todo este ingente acopio de informacin cientfica? La Ciencia no prueba que el Universo sea eterno, sino que, hoy por hoy, la comunidad cientfica y por ende, la gente de a pie piensa de que el Universo tuvo un comienzo absoluto en el tiempo cero. La teora de la Gran Explosin implica el comienzo de un tiempo absoluto, indisolublemente ligado al concepto de espacio. La Ciencia no puede explicar, ni podr nunca, lo que pas antes del tiempo cero. Tal explicacin rebasa los lmites del conocimiento cientfico y slo puede ser alcanzada por medio de la Filosofa. Es en esto en lo que puede basarse la justificacin primigenia de la existencia de un ser superior. Llegados a este punto es obvio que la idea de la existencia de Dios se apunta como algo recurrente; pero sustancialmente se tratara de un ente completamente distinto al que tradicionalmente nos presentan las religiones; pues estas, contagiadas de un espiritualismo excesivamente humanizado, le confieren forma, nombre, historia y caractersticas que terminan alejndolas completamente de la propiedad autntica de su concepcin. La educacin se encarga luego de manifestar estas circunstancias en la vida de cada uno difuminando la verdadera esencia del ser supremo: el concepto de eternidad. El caos de Demcrito parece, en una primera abstraccin, lo ms alejado a la idea de este libro, pero si reflexionamos desde nuestro conocimiento actual, No es una distribucin estadstica de cualquier fenmeno aleatorio un ente matemtico simtrico en su ms pura esencia? Evidentemente s. Pensemos, por ejemplo, que la campana de Gauss est presente en la mayora de los sucesos del azar. El mundo atmico desordenado y convulso que nos plantea el sabio griego posee sentido gracias a las Matemticas. Las Matemticas han puesto orden en el caos. En este punto no quisiera abundar en ms disquisiciones filosficas o teolgicas y s alabar la acertada visin de los griegos cuyas interpretaciones nos han permitido llegar tan lejos. Muchos griegos intentaron dar forma intelectual al Universo, aplicando, casi siempre, formas geomtricas. Para Tales de Mileto (624 a.C?-548 a.C) era una brbuja semiesfrica rodeada de agua. Para Anaximandro (611 a.C-547 a.C), los astros son anillos huecos de aire opaco semejantes a gigantescas arandelas y su brillo es debido a pequeos orificios abiertos en ellos; Platn (427 a.C?-347 a.C?) se imagina un Universo ordenado y susceptible de ser descrito matemticamente; esfrico en su totalidad y en sus constituyentes, coincidiendo con su discpulo Aristteles en su concepto de tiempo como fluir de las cosas a travs de una recta infinita. En sus Dilogos lo define como la imagen mvil de la eternidad. Definicin que es retomada por Aristteles al decir que es el nmero del movimiento segn el antes y el despus. Esta visin lineal del devenir del tiempo perdur durante milenios hasta la Teora de la Relatividad, que nos propone la existencia de un espacio-tiempo interdependiente que se cierra sobre s mismo, que se geometriza y se hace peridico. El Universo es, adems, segn estos dos filsofos, nico y limitado; y es precisamente en su limitacin donde se sustenta la posibilidad de representarlo. Fuera de la esfera celeste no existe ni siquiera la nada. Casi todos los filsofos antiguos han planteado tambin mecnicas celestes para explicar el movimiento de los planetas, del Sol y de la Luna. El pionero por excelencia de todos estos intentos geomtricos de ordenar el Universo fue Eudoxo (408 a.C-355 a.C). Describi en sus libros las constelaciones observadas en sus viajes por Grecia y Egipto. Ide una esfera celeste en la que explicaba el movimiento de los astros con un sistema de 24 esferas mviles. En su sistema mundo las esferas celestes se encontraban unas dentro de otras y contenan en su superficie los diferentes astros. Los planetas giraban en esferas perfectas, con los polos situados en otra esfera que a su vez tena sus polos en otra
[Link] girar estas esferas a diferentes velocidades en torno a un eje comn se obtenan las posiciones relativas de cada cuerpo. El sistema presentaba gran complejidad estructural y, a medida que aumentaban los conocimientos del cielo el nmero de esferas necesarias aumentaba tambin. As, uno de sus discpulos, llamado Calipo de Czico (370 a.C- 300 a.C) necesit 34. El propio Aristteles retom este modelo geomtrico pleno de simetra, elevando el nmero de esferas a 54. Hiparco (161 a.C - 127 a.C), quizs abrumado por tanta complejidad, redujo el nmero de esferas a 7, una por cada planeta conocido; y puso a la Tierra en el centro de su modelo.
Figura 4 El mapa de los cielos de Hiparlo descansa sobre los hombros del Atlas Farnesio, un gigante de mrmol del s. II que encuentra en el Museo Arqueolgico Nacional de Npoles. El coloso sostiene un globo de 65 cm de dimetro en el que se muestran cuarenta y una 41 constelaciones dispuestas con precisin y un sistema de crculos de referencia, entre ellos el ecuador, los trpicos, el crculo polar rtico y el antrtico. Fue el primer mapa estelar y se crea perdido hasta que un arquelogo lo descubri en 2005.
Las enseanzas de Hiparco no cayeron en saco roto, a pesar de la complejidad. Claudio Ptolomeo, adopt y desarroll su sistema. A nosotros han llegado la mayora de sus obras, pero el desconocimiento sobre su vida es casi absoluto. Algunos estudiosos afirman que vivi en el siglo II a.C. y otros lo fechan aproximadamente en el ao 100 al 150 de nuestra era. El poder geomtrico de su teora y su conveniencia teolgica hicieron que su modelo geocntrico triunfase y fuera adoptado por la cristiandad hasta bien entrada la Edad Media. En esta vorgine, que acab eludiendo la racionalidad para acomodarse en la teologa, la Historia de la Ciencia se esforz en olvidarse de otro personaje que con el paso
de los siglos recibira el pago de su extraordinaria audacia. Fue el astrnomo y matemtico Aristarco de Samos (310 a.C230 a.C). Como se ve por las fechas fue muy anterior a Ptolomeo. Su teora, llamada Heliocntrica, porque situaba al Sol en el centro del sistema mundo, fue arrinconada y olvidada durante siglos. Era matemticamente correcta pero constitua un error moral. Ambos personajes parecen pues, totalmente antitticos sin embargo tuvieron algo en comn: su relacin con la ciudad de Alejandra: la Meca del saber antiguo. Antes de adentrarnos en el pensamiento de estos dos genios, atraquemos nuestro barco en su concurrido puerto interior del lago Mareotis. Vistamos unas tnicas griegas y perdmonos entre la multitud, entrando por la puerta de la muralla a Va del Domo, la calle empedrada que nos mostrar la urbe ms grande y floreciente del mundo. Alejandra fue concebida, ubicada y fundada por Alejandro Magno (356 a.C-323 a.C.) , hacia el 331 a. C, durante la campaa de Egipto. La leyenda cuenta que el insigne militar viaj al Oasis de Siwa en el desierto libio para escuchar al Orculo de Amn. All el dios se le present como su padre abrindole as camino hacia la divinidad. Y dicen que el propio Amn le inspir la ciudad de sus sueos. Cuando Alejandro vio aquella planicie junto al mar, en la parte occidental del delta del Nilo, supo que aquel era el lugar. Orden a Dincrates, el jefe de sus arquitectos, que marcara el emplazamiento de las murallas y dentro de ellas la localizacin de las calles y edificios ms importantes. La misma leyenda cuenta que los trabajadores, siguiendo sus rdenes, fueron trazando el permetro de la ciudad y sus principales vas -la Canopia y la del Domo- con chorros de harina y que unas aves se la comieron, hecho interpretado como un presagio de que la ciudad alimentara al mundo civilizado. Pero el gran Alejandro, el preclaro mecenas de la sabidura, no pudo ver ms que el esbozo de su gran proyecto. Tras su precoz muerte, acaecida a los 33 aos, se sucedieron las luchas internas por alcanzar el poder. El imperio se fragment en muchos pedazos y sus lugartenientes y generales se los fueron repartiendo segn su poder e influencia. Uno de ellos, Ptolomeo Lagos se hizo con Egipto y su hijo Ptolomeo Soter el Salvador, (367 a.C-283 a.C), fund la dinasta Lgida. Este soberano, desde Menphis, la capital del reino, fue el ejecutor del sueo de Alejandro, haciendo un esfuerzo ingente por levantar y engrandecer Alejandra desde todos los mbitos: urbano, social, cultural y espiritual. Escogi al arquitecto Dincrates de Rodas para comenzar la descomunal obra. Fue este arquitecto el que materializ la ciudad y el que uni la isla de Pharos con la costa a travs de un dique, el Heptastadion. Con la colaboracin de Demetrio Falero, que probablemente fue primer bibliotecario, (aunque el primero registrado fue Zenodoto de feso, preceptor de los hijos del rey Soter), el rey concibi el Musein, un centro de investigacin e intercambio de conocimientos, es decir, la universidad mas antigua de la que se tiene constancia. Como parte de l naci la renombrada Biblioteca, que probablemente no tuvo un edificio propio sino que estaba integrada en la gran institucin dedicada a las musas. El proyecto del primer Ptolomeo se complet durante el reinado de su sucesor Ptolomeo II Filadelfo (284 a.C-246 a.C), que se apoy en el arquitecto Sostrato de Cnido, de origen jnico, encargado de materializar el proyecto de construccin del faro y el Serapeum: un grandioso templo en honor al dios egipcio-griego Serapis, que su hijo Ptolomeo III Evrgetes ampliara para albergar libros, pues la biblioteca original estaba ya repleta. El propio Evrgetes respald a su astrnomo real, el insigne Conn de Samos para que se comenzase a utilizar en Alejandra el polmico calendario que propuesto por el sabio, en el que se divida el ao en doce meses de treinta das,
intercalando en esos meses cinco das adicionales y un da ms cada cuatro aos para corregir los errores acumulados. Aunque los comienzos de este calendario fueron titubeantes y nunca fue aceptado por la comunidad egipcia, que continu utilizando el suyo, lo cierto es que el de Conn termin imponindose entre los griegos, hasta tal punto que fue adoptado por los romanos (calendario juliano) y luego en el medievo (calendario gregoriano) se perpetu hasta llegar nuestros das. Los sucesivos monarcas de la saga de los Ptolomeos continuaron fomentando, durante tres siglos, el desarrollo econmico y cultural de la ciudad hasta su ltimo representante: la enigmtica Cleopatra VII (69 a.C-30 a.C). Bajo tan acertados mandatarios Alejandra irradi cultura, pensamiento y Ciencia con una luz tan fuerte como la del colosal faro que la anunciaba. Si continuamos nuestro paseo imaginario podemos adentrarnos en las magnficas instalaciones de la Biblioteca, en la pudo haber ms de un milln de papiros en el momento de mximo esplendor segn estimaciones de los historiadores ms optimistas; pasear por el Musein, escuchando las disputas de los intelectuales; curiosear por el Jardn Botnico, con especies exticas del Oriente y de frica; contemplar los raros ejemplares de su zoolgico; pasar una noche en el observatorio astronmico; y todo ello en un ambiente paradisaco de estanques y jardines. Emisarios reales viajaban a los confines del mundo para copiar o comprar bibliotecas enteras. Incluso los barcos que llegaban a puerto eran registrados meticulosamente no en busca de oro, sino de libros, los cuales, despus de ser copiados y clasificados eran devueltos a sus dueos. Sabios de todas partes soaban con Alejandra y los ms destacados eran llevados all. Tal era la fascinacin que les produca la ciudad que se quedaban viviendo en ella, amparados por el respeto y la admiracin de sus conciudadanos. Por eso no nos extraemos si en nuestro camino nos encontramos a Hiparco, Arqumedes, Euclides, a Eratstenes o a tantos otros. Pues bien, una vez hecho este recorrido para ponernos en situacin y poder sentir lo mismo que los grandes hombres que all llegaban, retomemos de nuevo el discurso que dejamos en manos de Aristarco y Ptolomeo. Cuando Aristarco lleg a la ciudad, se encontr con que la mayora de los intelectuales aceptaba las ideas de Platn y Aristteles sobre una Tierra inmvil en el centro de un Universo esttico y limitado. Aristarco arremeti contra estas ideas de los "consagrados" dando una visin nueva, revolucionaria y peligrosa. Supuso que el Sol y las estrellas estaban inmviles en la bveda celeste, pero que la Tierra y los dems planetas giraban en torno al astro rey en crculos. Por eso podemos considerarle como un pionero, como el antecesor ms directo de Coprnico. Lamentablemente, su ingeniosa teora fracas, dado que iba en contra del egocentrismo humano que hace que nos sintamos el centro de todas las cosas y tambin en contra de las ideas de filsofos ejemplares. Defenda las mismas razones que, como veremos ms adelante, costaron la vida, varios siglos despus, al bueno de Giordano; o que aconsejaron el proceso a Galileo.
Figura 5. Claudio Ptolomeo
Ptolomeo, sin embargo tuvo ms fortuna, pues su concepto del Cosmos era ms conveniente. Debido a ello, su teora fue aclamada y aceptada en la Antigedad y en el Medievo, profundamente, fanticamente religioso. Sus ideas no eran ni mucho menos originales, como ya hemos visto, pero l les dio la solidez y confianza matemtica de las que adolecan. La esencia de su teora se encuentra en el libro "Sintaxis Matemtica", llamada por los rabes "Almagesto", que significa "el gran libro". En ella, junto a las hiptesis de los planetas, se expone de manera completa y elaborada la estructura de un Universo que gira en torno a la Tierra, sustituyendo las "esferas slidas" de sus predecesores por esferas matemticas. El resultado es un complicado sistema que emplea trminos como los de movimiento excntrico, que nos quiere indicar que la Tierra no est exactamente en el centro de la trayectoria circular del Sol, es decir, que la distancia entre ambos vara y nos sirve para explicar el cambio de brillo en los planetas y que el Sol parezca mayor en invierno que en verano, por ejemplo; epiciclo o bucle generado por el movimiento de traslacin del planeta en una esfera pequea cuyo centro se desplaza en otra esfera mayor; ecuante: punto necesario para justificar el movimiento de algunos planetas.
Figura 6. Los epiciclos de Ptolomeo.
La teora se ajustaba de modo excelente a las observaciones de la poca y fue de suma utilidad para astrnomos y navegantes durante siglos, sin embargo el sistema de combinacin de movimientos de traslacin era mucho ms complicado que el de Aristarco y esta complejidad aumentaba con el perfeccionamiento de los aparatos de observacin. Sirva de ejemplo que en el siglo XVI se necesitaban 70 movimientos simultneos para justificarlo.
Figura 7. El Sistema Mundo segn Ptolomeo. La Tierra est en el centro del Universo y el Sol y los planetas conocidos (Mercurio, Venus, Marte, Jpiter y Saturno) giran a su alrededor. Ms lejos la esfera de las estrellas fijas, que da una vuelta cada 24 horas.
La historia de Ptolomeo es, desde luego, la historia de un gran error; pero yo dira que se trata de un error relativo. Un principio de la Astronoma actual nos dice que un observador que se site en cualquier punto del Universo creer estar en el centro del mismo y ver alejarse de l, en todas direcciones, a las estrellas, constelaciones y galaxias, en una hermosa imagen de la expansin csmica. Pues bien; imaginmonos que somos observadores situados fuera del Sistema Solar. Nuestra visin de este ser "absoluta" y nos daremos cuenta de que la Tierra gira alrededor del Sol. Pero si ahora nos colocamos en nuestro planeta la visin se relativiza y -con los instrumentos de los antiguos- no podemos constatar si nos movemos nosotros o si lo hace el resto del firmamento. Por eso cuando pienso en Ptolomeo no puedo dejar de defenderlo. Construy una mecnica celeste que se ajustaba a la experiencia y que predeca aceptablemente las posiciones relativas de los astros. Realmente era incorrecta, pero matemticamente acertada, ya que en estos trminos, el movimiento relativo de un punto respecto a otro puede ser descrito desde un sistema de referencia que tome el primero como punto fijo u origen, describiendo la posicin del segundo en cada momento o viceversa. Nuestros dos puntos en cuestin son la Tierra y el Sol. Para Aristarco el Sol era ese punto invariable y estudiaba las posiciones relativas de la Tierra y, por extensin, las del resto de los cuerpos celestes. Para Ptolomeo en cambio, el origen del sistema de referencia era la Tierra; a cuya posicin se referan las de los dems astros. Qu le dira Einstein a Ptolomeo si hubiesen mantenido una conversacin? Tal vez le relatase el didctico cuento del nio que, sentado en el portal, ve pasar un carruaje o de cmo los pasajeros de este "ven pasar" al nio... Sumergidos en tan filosficos pensamientos hemos caminado un buen trecho por la ciudad de amplias avenidas y verdes jardines. Recuperando la visin de nuestro entorno nos descubrimos de nuevo ante la imponente puerta de la Biblioteca alejandrina. Dentro, murmullos de conversaciones y debates nos empujan a entrar. Al fondo de la gran sala un hombre sostiene que la Tierra es esfrica y que puede probarlo: es de Cirene (276 a.C- 194 a.C). La elocuencia de sus palabras y su seguridad nos promete unos momentos interesantes.
Figura 8. Eratstenes de Cirene
De todas las medidas de Geografa Astronmica, a las cuales los griegos eran muy aficionados, la suya resulta asombrosa por su ingenio, sencillez y exactitud. Con la simple ayuda de su inteligencia demostr, hace ms de 2200 aos, que una nutrida coleccin de
leyendas sobre la forma de la Tierra eran falsas, argumentando cientficamente sus afirmaciones. Nuestro orador lleg a ser director de la Biblioteca. Un buen da, leyendo uno de los numerosos papiros encontr una antigua leyenda: Cerca de la ciudad de Siena, en la primera catarata del Nilo, en el da ms largo del ao, a las doce en punto del medioda, las columnas de los templos no dan sombra y el Sol se refleja en las aguas de un profundo pozo. Lejos de quedarse sencillamente admirado de tal suceso y continuar dedicndose a sus mltiples obligaciones su mentalidad cientfica le hizo plantearse una pregunta: Ocurrir lo mismo en otra parte del mundo, por ejemplo, en Alejandra? Tras la comprobacin vino seguramente la perplejidad. En Alejandra las columnas s producan sombra ese da y a esa hora. Juguemos unos instantes con una hoja de papel. Clavemos en ella dos simples palillos, suficientemente separados y situmosla bastante alejada de un foco luminoso para que el tamao de este y la distancia, nos permitan afirmar que los rayos inciden perpendicularmente en la hoja. En tales condiciones ambos palillos producirn una sombra idntica y si, casualmente, consiguiramos realizar un movimiento del papel que nos permitiese hacer desaparecer la sombra de un palillo, la otra, inexorablemente, desaparecer tambin. Tan simple fenmeno se repetira, igualmente, en las columnas de las dos ciudades: Siena y Alejandra, si la Tierra fuera plana. La experiencia de Eratstenes niega de manera elemental lo que tan evidentemente se manifiesta a los sentidos. La nica posibilidad de que el comportamiento de nuestros dos palillos se parezca al de las columnas africanas es que doblemos, curvemos el papel y an ms, cuanto mayor sea la curvatura mayor ser la diferencia entre las citadas sombras, ajustndose perfectamente a criterios geomtricos sencillos2. Eratstenes concibi seguramente algo similar a este juego, concluyendo que el comportamiento de la sombra de las columnas y de los reflejos del pozo era debido a la diferente orientacin de estos con respecto al Sol. La variacin en la orientacin, es decir, el paso de una posicin vertical a una oblicua slo tiene sentido en una superficie curva. Cmo midi el anciano sabio la distancia entre las dos ciudades? Lo ms probable es que hiciera uso de distintas mediciones. Pudo calcularla a travs de la informacin de las caravanas de camellos que venan del sur, pero esta medida hubiera sido del todo grosera. Pudo obtener datos tambin del conocimiento de los marineros que conducan las barcazas que traan mercancas de Sudn. Adems, animado por su extraordinaria conviccin, emple a unos hombres que midieran cuidadosamente, a pasos segn la leyenda, la distancia entre Siena y Alejandra. El valor obtenido se acercaba a los 800 km. Una vez obtenido el dato fundamental de la distancia y conociendo la medida de la sombra de un palo clavado en el suelo de Alejandra el da ms largo del ao, a travs de una sencilla semejanza de ngulos averigu que el ngulo central cuyo arco corresponda a la distancia entre Siena y Alejandra corresponda la cincuentava parte de una circunferencia completa (unos 7). Utilizando estas medidas podemos imaginar el clculo que realiz el sabio:
2
Ya en pocas anteriores a Eratstenes en el mundo griego era generalmente aceptada la idea de una Tierra esfrica. Uno de los argumentos cualitativos ms utilizados para argumentarlo era que cuando un barco se aleja en el mar lo ltimo que deja de verse es la punta del mstil.
(800 360)/7 = 41.143 km El radio del planeta se deduce de manera inmediata: Radio = 41.143/2 = 6.548 km Si tenemos en cuenta los clculos actuales, que nos presentan un radio medio de 6371 km podemos calcular el error cometido por Eratstenes: (6.548-6.371) 100/6.371 = 2,8% Un valor extraordinariamente correcto y dentro de unos lmites razonables de error.
Figura 9. El razonamiento de Eratstenes para el clculo de la circunferencia terrestre.
Cuntos marinos y cientficos creyeron a Eratstenes y se aventuraron en la inmensidad del ocano? No lo sabemos. Seguramente fueron muchos los que soaron con el gran viaje de circunvalacin. No obstante, an habremos de esperar diecisiete siglos para comprobar experimentalmente la redondez del planeta de la mano de Magallanes y Elcano. El gegrafo Estrabn (63 a.C-21) escribi: "Quienes han regresado del un intento de circunnavegar la Tierra no dicen que se lo haya impedido la presencia de un continente en su camino, porque el mar se mantena perfectamente abierto, sino ms bien la falta de decisin y la escasez de provisiones..." Hoy nuestro planeta es aquel limitado mediterrneo de los antiguos. Como dice el eminente divulgador cientfico Carl Sagan la Tierra est en "la orilla del ocano csmico" y nuestros marineros salen al espacio, temerosos de su negrura. Que un egosta sentimiento no nos haga creer que somos el centro de nada. Solamente somos "una mota de polvo en el tibio Sol de la maana"; un mundo entre los millones de mundos que giran alrededor de miles de millones de estrellas como la nuestra. Hemos anclado nuestra nave durante cientos de aos en un paraso intelectual; pero ha llegado el momento de partir. Despus de siete siglos de bonanza soplan malos vientos en Alejandra. Lo que el hombre construy y cuid tan delicadamente durante tanto tiempo ser borrado de la faz de la Tierra. El esplendor se tornar en ruina y como nico recuerdo nos quedar en herencia un oscuro stano: el Serapeum y unos cuantos papiros que apenas sirven para endulzar la boca a los estudiosos y para soar qu hubiera sido si la Ciencia y el hombre se entendieran mejor.