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Homilías del Año Litúrgico

Este documento es un índice de homilías del sacerdote Juan José Blanco Oliver para diferentes días litúrgicos del año, incluyendo Adviento, Navidad, Cuaresma, Semana Santa y Pascua. El índice contiene títulos y páginas para cientos de homilías organizadas por fecha y tema litúrgico.

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Fe Colao García
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Homilías del Año Litúrgico

Este documento es un índice de homilías del sacerdote Juan José Blanco Oliver para diferentes días litúrgicos del año, incluyendo Adviento, Navidad, Cuaresma, Semana Santa y Pascua. El índice contiene títulos y páginas para cientos de homilías organizadas por fecha y tema litúrgico.

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Seleccin de Homilas del Ao Litrgico y otros escritos de JUAN JOS B LANCO O LIVER

(Sacerdote)
(26-septiembre-1944 - 24-julio-1999)

Dedicado a nuestra madre: MARA (del cielo y de la tierra)

Recopilado por sus hermanos: MARUJA, RAFAEL y PASCUAL

NDICE
Pg. I.- TIEMPO DE ADVIENTO. El adviento y el Jubileo del 2000 Domingo I de Adviento (A) Domingo I de Adviento (B) Domingo I de Adviento (C) Domingo II de Adviento Domingo II de Adviento (A) Domingo II de Adviento (A) Domingo II de Adviento (C) Domingo III de Adviento (A) Domingo III de Adviento (B) Domingo III de Adviento (C) Domingo III de Adviento (C) Domingo IV de Adviento Domingo IV de Adviento (A) Domingo IV de Adviento (C) . . . . . . . . . . . . . . . 5 7 9 11 13 15 17 19 21 23 25 27 29 31 33 35 38 40 41 43 45 47 49 51 53 55 57 59 61 63 66 68 70 71 73 75 78 82 84 86 88 90 92 93 95 97 100 101 103 107

Jueves Santo Viernes Santo

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112 119 123 125 127 129 130 133 134 136 138 140 142 144 146 148 150 152 154 156 160 162 164 166 168 170 172 174 176 178 180 182 184 186 188 190 192 194 196 198 200 202 205 207 209 211 213 215 217 219 221 223 225 227 229 231 233 236 238 240

II.- TIEMPO DE NAVIDAD. Navidad. . . . Navidad (A) . . . Navidad (C) . . . Domingo infraoctava de Navidad: La Sagrada Familia . . La Sagrada Familia . . La Sagrada Familia . . La Sagrada Familia . . Octava de Navidad: Santa Mara Madre de Dios . Santa Mara Madre de Dios. Ao Nuevo. Presentacin del Seor . . Domingo II despus de Navidad . Epifana del Seor . . Epifana del Seor. Reyes . . Epifana del Seor (B). Reyes . Domingo despus de Epifana: El Bautismo del Seor. Epifana del Seor El Bautismo del Seor (B) . . El Bautismo del Seor . . III.- TIEMPO DE CUARESMA Mircoles de Ceniza . Domingo I de Cuaresma (A) Domingo I de Cuaresma (A) Domingo I de Cuaresma (B) Domingo I de Cuaresma (B) Domingo I de Cuaresma (B) Domingo II de Cuaresma (A) Domingo III de Cuaresma (A) Domingo III de Cuaresma (A) Domingo III de Cuaresma (B) Domingo IV de Cuaresma . Domingo IV de Cuaresma (A) Domingo IV de Cuaresma (B) Domingo V de Cuaresma IV.- SEMANA SANTA Domingo de Ramos Mircoles Santo . Jueves Santo . Jueves Santo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

V.- TIEMPO PASCUAL Vigilia Pascual . . . Vigilia Pascual (A) . . Vigilia Pascual (B) . . Vigilia Pascual . . . Domingo de Pascua. Vigilia Pascual. Domingo de Pascua. . . Domingo de Pascua. . . Domingo de Pascua (A) . . Domingo de Pascua (B) . . Domingo de Pascua (C) . . Domingo II de Pascua . Domingo II de Pascua (A) . Domingo II de Pascua (B) . Domingo II de Pascua (B) . Domingo II de Pascua (C) . Domingo II de Pascua (C) . Domingo III de Pascua (A) . Domingo III de Pascua (A) . Domingo III de Pascua (B) . Domingo IV de Pascua . Domingo IV de Pascua (A) . Domingo IV de Pascua (B) . Domingo IV de Pascua (C) . Domingo V de Pascua (A) . Domingo VI de Pascua . Domingo VI de Pascua (A) . Ascensin del Seor . Ascensin del Seor . Ascensin del Seor (B) . Domingo de Pentecosts . Domingo de Pentecosts (A) . Domingo de Pentecosts (B) . VI.- TIEMPO ORDINARIO (1) Domingo II del Tiempo Ordinario . Domingo II del Tiempo Ordinario (B) Domingo II del T.O. (C) . Domingo III del T.O. (A) . Domingo III del T.O. (C) . Domingo IV del T.O. (A) . Domingo IV del T.O. (C) . Domingo V del T.O. . Domingo V del T.O. (A) . Domingo V del T.O. (A) . Domingo V del T.O. (C) . Domingo VI del T.O. . Domingo VI del T.O. (A) . Domingo VI del T.O. (A) . Domingo VI del T.O. (C) . Domingo VII del T.O. . Domingo VII del T.O. (C) . Domingo VIII del T.O. . Domingo XI del T.O. (A) . Domingo XII del T.O. . Domingo XII del T.O. (A) . Domingo XII del T.O. (C) . Domingo XIII del T.O. (A) . Domingo XIV del T.O. (A) . Domingo XIV del T.O. (B) . Domingo XIV del T.O. (C) .

Domingo XV del T.O. (B) . Domingo XVI del T.O. . . Domingo XVI del T.O. (A) . Domingo XVI del T.O. (B) . Domingo XVII del T.O. . . Domingo XVII del T.O. (A). . Domingo XVII del T.O. (B) . Domingo XVIII del T.O. (A) . Domingo XIX del T.O. (B) . Domingo XIX del T.O. (C) . Domingo XXIV del T.O. (A) . Domingo XXV del T.O. (A). . Domingo XXV del T.O. (C) . Domingo XXVI del T.O. . . Domingo XXVI del T.O. (A) . Domingo XXVI del T.O. (B) . Domingo XXVII del T.O. . Domingo XXVII del T.O. (A) . Domingo XXVII del T.O. (B) . Domingo XXVIII del T.O. . Domingo XXIX del T.O.: Domund (2) Domingo XXX del T.O. (A). . Domingo XXX del T.O. (B) . Domingo XXX del T.O. (C) . Domingo XXXI del T.O. (A) . Domingo XXXII del T.O. (A) . Domingo XXXII del T.O. (C) . Domingo XXXIII del T.O. (A) . Domingo XXXIII del T.O. (C) . Domingo XXXIV del T.O.: Solemnidad de Cristo Rey . Solemnidad de Cristo Rey . Solemnidad de Cristo Rey (A) . VII.- FIESTAS DEL SEOR Santsima Trinidad . . Santsimo Cuerpo y Sangre del Seor (A) Corpus Christi . . . VIII.- FIESTAS DE LA VIRGEN Inmaculada Concepcin . Inmaculada Concepcin . Inmaculada Concepcin . Inmaculada Concepcin . Inmaculada Concepcin (B) . . . . .

242 244 246 248 250 252 254 256 258 260 262 265 267 269 271 273 275 277 279 281 ---283 285 287 289 291 293 295 297 299 301 303 305 307 309 312 315 317 319 322

Domund Domund Domund.

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367 369 371 373 376 378 381 391 392 398 401 403 407 413 417 423 427 432 445 450 453 455 457 463 466 469 470 472 474 475 478 479 480 488 494 502 502 503 505

X.- OTROS ESCRITOS La mano amiga de Dios . . El futuro ya . . . Funeral . . . . Via Crucis . . . Novena a la Virgen. Novenario . Novena Virgen de Aguas Vivas. Da 1. Clavariesas . . . Virgen de la Cabeza. He ah a tu madre Novena Virgen de la Cabeza. Da 4 Novena Virgen de la Cabeza. Da 5. Novena Virgen de la Cabeza. Da 6 Novena Virgen de la Cabeza. Da 8 Novena Virgen de la Cabeza. Da 9 Familia . . . . Veritatis Splendor. . . La Prctica Religiosa . . Fidelidad a la Vocacin . . Vicente Cars. Ms que un amigo . Crculo Catlico . . . Boda . . . . Homila de Boda . . . Bodas de Plata . . . En las Bodas de Plata. Preces . Sobre el amor . . . Examen y Reflexin . . Oraciones . . . Poemas Varios (3) . . . Pregn Pascual (4) . . . Oracin de Splica . . Confirmacin . . . Religin y Sociedad en Espaa 1991 Evangelizacin y Solidaridad . ... Y Sers Hombre (5) . . Adora y Confa (6) . . . Mi Padre. Juan Blanco Catal . Canta Villancicos con nosotros (7). . NOTAS:

IX.- FIESTAS DE LOS SANTOS Y OTRAS FIESTAS San Jos . . . . 324 San Jos . . . . 326 San Jos (A) . . . 329 San Jos (B) . . . 331 San Jos (C) . . . 333 San Pedro y San Pablo . . 335 San Pedro y San Pablo . . 337 San Pedro y San Pablo . . 339 San Pedro y San Pablo . . 343 Todos los Santos . . 345 Todos los Santos . . 347 Difuntos. . . 349 San Vicente mrtir . . 351 San Vicente mrtir . . 353 San Vicente mrtir . . 356 San Vicente Ferrer . . 358 San Roque . . . 360

(1) Las Homilas del Tiempo Ordinario comienzan con la correspondiente al Domingo II. En la estructura del ao litrgico, el Tiempo Ordinario comienza el lunes a continuacin del Domingo despus de Epifana, fiesta del Bautismo del Seor. Pero el Domingo que cierra esa semana, es ya el Domingo II del Tiempo Ordinario No existe un Domingo I del Tiempo Ordinario (2) El domingo XXIX del Tiempo Ordinario se celebr el Domund. La homila de ese da se encuentra en la seccin de Fiestas de los Santos y otras fiestas. (3) a (7): Son textos encontrados en su ordenador, aunque no de su autora.

I.- TIEMPO DE ADVIENTO


EL ADVIENTO Y EL JUBILEO DEL 2000 La liturgia del Adviento alimenta en los fieles la espera confiada de la Parusa, iluminada por los textos mesinicos del Antiguo Testamento y vivida en la perspectiva de la Navidad, que renueva la memoria de las promesas divinas ya cumplidas, aunque no definitivamente an. As pues, el Adviento, con su carcter de espera de la venida del Seor, que es a la vez la del pasado y la del futuro, es un tiempo adecuado para redescubrir en la propia vida el proyecto de Dios y prepararse a esa nueva primavera de vida cristiana que deber manifestar el gran Jubileo, si los cristianos son dciles a la accin del Espritu Santo. El Adviento es tiempo del Espritu Santo, que fue el verdadero Precursor de Cristo en su primera venida. El Espritu Santo habl por medio de los profetas: Has tenido paciencia con ellos muchos aos y les has advertido por tu Espritu por boca de tus profetas. Es el inspirador de los orculos mesinicos. Por el poder del Espritu, el Verbo se encarn en el seno de la Virgen. Isabel, llena del Espritu Santo, reconoci y proclam a Mara madre del Seor. Y sigue siendo en el Espritu Santo en el que la Iglesia vive la espera del retorno del Seor. El Espritu y la Esposa dicen: ven. El Espritu suscita en el corazn de la Esposa la nostalgia y el deseo del Esposo. He aqu por qu la comunidad en oracin implora el don del Espritu para salir al encuentro de Cristo: Padre todopoderoso, haz que, inflamados en tu Espritu, brillemos como lmparas ante el Cristo que viene. El Adviento contiene en s el consuelo, el poder y la riqueza de Pentecosts. Lo recuerda San Bernardo: En la primera venida, el Seor vino en la debilidad de la carne; en esta intermedia (la que celebramos en la liturgia), viene en la potencia del Espritu; y, en la ltima, en gloria y majestad. En este contexto, el Adviento invita a la Iglesia a tomar conciencia de que, en su misin de anunciar al Mesas a todas las gentes, es siempre el Espritu Santo el agente principal de la evangelizacin. El Adviento es tiempo de esperanza. En el Espritu de Cristo est ya presente en la historia la comunin definitiva con Dios Padre, aunque de modo invisible y misterioso. Para el creyente, esperar no slo es aguardar a que suceda algo: es compromiso, aqu y ahora, en la construccin del Reino de Dios. La esperanza, por una parte, impulsa al cristiano a no perder de vista la meta final que da sentido y valor a toda su existencia y, por otra, le ofrece motivaciones slidas y profundas para su esfuerzo cotidiano en la transformacin de la realidad, para hacerla conforme al proyecto de Dios. El motivo de la esperanza est ntimamente unido a la espera gozosa que caracteriza la liturgia del III domingo: Estad siempre alegres en el Seor; os lo repito: estad alegres. El Seor est cerca (Flp 4, 4-5). En efecto, el objeto de la
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esperanza cristiana es Cristo mismo, el misterio escondido desde antiguo y ahora revelado: Cristo en vosotros, esperanza de la gloria (Col 1,27). El Adviento, sobre todo los das del 17 al 23 de diciembre, es el tiempo mariano por excelencia: la Iglesia recuerda a la Hija de Sin, Virgen de la espera y de la acogida del Verbo de Dios. En el IV domingo, la liturgia romana celebra a Mara la que ha credo en el cumplimiento de las palabras del Seor (Lc 1,45). La colecta de la Misa hace referencia a la Anunciacin, misterio de vocacin-misin y de consagracin mediante el Espritu. Sobre la Virgen el Espritu desciende con plenitud y de manera estable, como sobre los personajes carismticos y sobre los profetas de la Antigua Alianza, consagrados a la salvacin del pueblo. Siguiendo el modelo de Mara, mujer de esperanza que supo acoger, como Abraham, la voluntad de Dios, esperando contra toda esperanza, el Papa invita a los fieles a prepararse a salir al encuentro del Salvador que viene. En la primera parte del Adviento, la solemnidad de la Inmaculada concepcin exhorta a la Iglesia a contemplar las maravillas del amor de Dios obradas en Mara, libre de toda mancha de pecado, plasmada y hecha nueva criatura por el Espritu Santo. La Virgen Madre de Cristo aparece ante toda la humanidad como signo inmutable e inviolable de la eleccin por parte de Dios. Signo de segura esperanza. (Juan Pablo II, Redemptoris Mater).

DOMINGO I DE ADVIENTO (A) Hermanos, casi me cuesta decirlo, pero es mi misin. Casi me cuesta decirlo porque a todos nos cuesta de aceptar, pero es lo que nos ha dicho la palabra de Dios y la palabra de Dios es tiene que ser nuestra gua, nuestra maestra y seora. Y mi obligacin es decirme y deciros con toda caridad pero con toda firmeza que YA ES HORA DE LEVANTARNOS. Casi como la madre que tiene que despertar a sus hijos para que se levanten para ir al colegio. Como la mayora de nosotros nos lo decimos cada maana cuando toca el despertador y nos hemos de despertar para acudir a nuestro trabajo. Aunque el nio proteste, aunque nosotros tengamos sueo o pereza, la obligacin es levantarse. No sirve de nada protestar, sera peor dejarse vencer por la pereza. Porque si hoy no nos levantamos, maana nos costar ms. Y por este camino no vamos a ninguna parte. No hay excusas que valgan. Por eso, las palabras que nos ha dicho San Pablo en la segunda lectura ya es hora de levantarse las hemos de escuchar como dichas a cada uno de nosotros. Dichas este primer domingo de Adviento, cuando comenzamos la preparacin para la gran celebracin de la Navidad del Seor: SI QUEREMOS QUE L VENGA A NOSOTROS, a cada uno de nosotros, a nuestra sociedad, a nuestro mundo, no nos queda otro camino ms que escuchar y acoger estas palabras como la voz del despertador de cada maana: Ya es hora de levantarse. Pero hay DOS MANERAS de escuchar este despertador, esta exhortacin a despertarse. Una es hacerlo de MALA GANA, tan solo por obligacin, porque no tenemos ms remedio (Me permits que diga que es un mal camino, el camino de quien se hace el llorn que se destruye a s mismo y cansa y molesta a los dems por su constante mal humor?). Otra manera posible posible para todos, aunque no nos sea fcil es el hacerlo CON ESPERANZA, incluso con alegra e ilusin. Si el nio o la nia va al colegio de mala gana, aprendern muy poco. Si el trabajador va a su tarea de mala gana, trabajar poco y mal (y si tiene otros trabajadores a sus rdenes, an peor: descargar sobre ellos su mal humor Pecado grave del que casi nadie se confiesa hoy). Pero si el nio va a la escuela con ilusin, aprender y comunicar alegra a sus compaeros. Si el trabajador sea quien sea su grado es responsable en su tarea, sabe convivir con cordialidad y buen humor con sus compaeros de trabajo, les sabe ayudar, su trabajo y todo el ambiente de esfuerzo de cada da, puede ser mejor, ms agradable. Son ejemplos, como otros que podramos proponer sobre nuestra vida de familia, sobre nuestra colaboracin en las tareas de la comunidad cristiana o de la comunidad social. Pero en todo esto hay algo en comn: LA POSIBILIDAD DE VIVIR CON UNA MAYOR ESPERANZA. Y esta es la invitacin propiamente cristiana del Adviento. Si creemos que Dios viene a nosotros, siempre, en toda circunstancia, nos hemos de despertar, nos hemos de quitar de encima la rutina, la pereza, el mal humor, y
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abrirnos con toda esperanza a esta posibilidad: nuestra vida puede ser mejor si acogemos la VENIDA CONSTANTE DE DIOS. Por Navidad celebraremos con alegra su venida en la debilidad grvida de esperanza del Nio Jess. El Adviento nos anuncia tambin su venida gloriosa, vencedora de todo mal, instauradora de la plenitud de vida, al fin de los tiempos. Pero entre aquella primera venida y el futuro lejano, est el HOY. Y es en este hoy de cada da donde hemos de vivir la venida del Seor. Y no vale buscar excusas: que si la sociedad como hay quien dice est muy mal, que si los problemas que pueda vivir la Iglesia, o nuestras dificultades de cada da. Todo esto puede ser real aunque a veces sean las ms excusas que la realidad: Jess no nos prometi un camino de rosas. Pero Jesucristo nos asegur que l estara con nosotros para vencer estas dificultades. DE QU MANERA? En esto no tenemos respuestas prefabricadas. Cada uno las tiene que buscar. Cada uno cada cristiano tiene que BUSCAR SU CAMINO DE ESPERANZA para vencer el mal y aportar su parte de bien. Lo que es seguro es que no hay excusas que valgan a la hora de despertarse, a la hora de superar la desesperanza, a la hora de apuntarse ms en serio en la obra de difundir ms amor, ms bondad, ms justicia Es decir, de apuntarse al camino de Jess, al camino de construir hoy, aqu, en aquella parcela que todos podemos el Reino de Dios. En el Salmo hemos dicho: Qu alegra cuando me dijeron: Vamos a la casa del Seor!. Esta alegra, esta esperanza, la manifestamos cada domingo en la Eucarista. Pidamos, este primer domingo de Adviento, que esta alegra, esta esperanza, se manifieste en toda nuestra vida. Sera nuestra mejor preparacin para la fiesta de Navidad.

DOMINGO I DE ADVIENTO (B) An insistiendo en el mismo tema de estos ltimos domingos del ao litrgico, acabamos de escuchar en el evangelio de hoy, primer domingo de adviento y comienzo de un nuevo ao del Seor otra llamada de atencin sobre la necesidad de la vigilancia como actitud fundamental del cristiano: Estad atentos, velad. Y, segn las palabras que el evangelista Marcos pone en los labios de Jess, la razn de esta necesidad de estar atentos y de velar es que no sabis cuando vendr el tiempo decisivo. (Cada momento puede ser el momento decisivo) La expresin tiempo decisivo (segn otras versiones, el momento por antonomasia) es la traduccin de una palabra griega kairs, que en el lenguaje del Nuevo Testamento puede significar diferentes cosas, y todas, sin embargo, ntimamente entrelazadas. Se puede referir, en primer lugar, a la plenitud de los tiempos, anunciada por los profetas y realizada por la obra salvadora de Jesucristo, a travs sobre todo de su muerte y resurreccin. Puede significar tambin la consumacin total de la obra de Cristo, que se realizar al final de los tiempos por medio de su segunda venida gloriosa, de la que el pasado domingo escuchamos una descripcin verdaderamente sorprendente. Y, finalmente, tiempo decisivo indica con mucha frecuencia el momento oportuno para cada persona o cada comunidad de entrar en contacto real con la salvacin aportada por Cristo. Es este tercer sentido el que nos interesa de una manera especial para captar el autntico alcance de la recomendacin evanglica a la vigilancia. El primer momento histrico, es ya un hecho consumado e irrepetible. El segundo momento, el del fin de los tiempos, no est sujeto a clculos cronolgicos. En cambio, cada momento presente puede convertirse realmente para nosotros en el tiempo decisivo, el instante oportuno de salvacin que, si es aprovechado cuando llega, es posible que ya no vuelva a pasar nunca ms. Cada hora de nuestra vida puede ser aquella hora menos pensada de que nos ha hablado el evangelio de hoy. Procuremos que no nos encuentre dormidos, porque nadie nos asegura que haya siempre una segunda oportunidad. (Hay que tener conciencia de la necesidad de salvacin) Una condicin indispensable para saber aprovechar los instantes oportunos de cara a la salvacin es la de estar convencidos de que la necesitamos. Cuando uno piensa que no le falta nada, que tiene todo lo que necesita, no acostumbra a ponerse en una actitud de vigilancia activa, sino que duerme plcidamente muy satisfecho de sus posesiones y riquezas. Uno solamente se preocupa de buscar trabajo, por ejemplo, cuando se encuentra en la situacin angustiosa de parado forzoso. En todos los ordenes de la vida, para poder sacar partido de las oportunidades favorables, es menester tener una clara conciencia de las propias necesidades y limitaciones. En el campo de la salvacin cristiana ocurre exactamente lo mismo. Mal podemos estar atentos a las continuas venidas salvadoras del Seor, si no
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estamos plenamente convencidos de la necesidad de ser salvados. El Seor pasar ofrecindonos una vez ms una oportunidad de salvacin, y nosotros continuaremos durmiendo, satisfechos y complacidos de nuestra aparente autosuficiencia. Es muy aleccionadora la actitud que el profeta Isaas inculca en el pueblo de Israel, segn la primera lectura de la misa de hoy: la condicin indispensable para que Israel considere a Dios como salvador y redentor es que reconozca su situacin presente miserable, y necesitada de un relanzamiento urgente: Todos ramos impuros, deca nuestra justicia era un pao manchado; todos nos marchitbamos como follaje, nuestras culpas nos arrebatan como el viento. Solamente a partir de esta constatacin de nuestra propia miseria, puede brotar la afirmacin: Y, sin embargo, Seor, t eres nuestro padre, nosotros la arcilla y t el alfarero; somos todos obra de tu mano, y puede subir a los labios el clamor: Ojal rasgases el cielo y bajases! Es necesario que nos hagamos conscientes de nuestras carencias si queremos saber acoger la salvacin del Seor cuando pasa cerca de nosotros. Y es menester que despertemos en todos los hombres y mujeres, nuestros hermanos, esta misma conciencia, no para fomentar un sentimiento morboso de las propias deficiencias, sino para crear las condiciones de acogida de la salvacin redentora y liberadora. (La eucarista es un momento privilegiado de salvacin) Mirada con los ojos de la fe, cada celebracin eucarstica es uno de estos momentos oportunos y tiempos decisivos a travs de los cuales el Seor se hace presente con toda la fuerza de su salvacin. Abramos bien los ojos de la fe, para que la eucarista de este primer domingo del ao litrgico como hemos pedido a Dios Padre en la oracin primera avive en nosotros el deseo de salir al encuentro de Cristo, acompaados por las buenas obras.

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DOMINGO I DE ADVIENTO (C) Una vez ms hemos sido convocados a celebrar el Adviento y la Navidad. Sern seis semanas hasta el 11 de enero, con la fiesta del bautismo del Seor en que celebraremos el mismo acontecimiento. Las tres palabras significan lo mismo: Adviento, venida; Navidad, nacimiento; Epifana, manifestacin. Es decir, la venida del Seor, de Jess el Salvador, a nuestras vidas. Este mismo Seor que nos ha anunciado hoy el profeta Jeremas. El mismo que vino hace ya dos mil aos; el que vendr glorioso al fin de los tiempos. Y a quien nunca acabamos de acoger en nuestra mentalidad y en nuestra existencia. Quiz nos parecer extrao que esta convocatoria para la Navidad se nos haya hecho, con las palabras del evangelista Lucas, no tanto hablndonos de Beln y del Nacimiento, sino con la mirada puesta en el final de los tiempos, cuando el Seor aparezca en toda su gloria para juzgar al mundo. Pero es as. El Adviento que acabamos de inaugurar nos hace mirar, en un primer momento, hacia el futuro, y no hacia el pasado. A todos nos conviene recordar de donde venimos, pero tambin hacia donde vamos, para no quedarnos satisfechos con lo que ya hemos alcanzado, sino que mirando hacia delante con valenta, y continuemos avanzando, porque todava nos queda mucho camino que recorrer. Lo que Cristo inici con su venida a Beln, hace veinte siglos, todava no se ha realizado del todo. Es un programa dinmico, ms que una historia: un programa que se nos encomend a nosotros, a su Iglesia, y que cada ao estamos invitados a reemprenderlo. Hoy miramos hacia el final: como el estudiante que desde el principio de curso piensa en los exmenes; como el viajero que no se queda en las paradas intermedias, sino que recuerda el destino ultimo que consta en su billete; como el sembrador que trabaja sin dejar de pensar en la cosecha Acabamos de escuchar la llamada de Jess, en el evangelio: estad alerta para que podis manteneros en pie ante el Hijo del Hombre. A pesar de que somos cristianos, fcilmente podemos olvidar las cosas que son esenciales en nuestra vida. Por eso hoy, el primer da del Adviento y del Ao nuevo cristiano, estamos invitados a estar alerta, a mantenernos despiertos. Lo contrario de estar alerta es lo que tambin nos advierte Jess: Que el vicio, la bebida, y los agobios de la vida no os embote la mente. Estamos dormidos o amodorrados siempre que nos dejamos apartar de nuestro camino central, cuando olvidamos lo que verdad es importante en nuestra vida. Estar alerta, mantenerse en pie. Este tiempo de Adviento nos invita a abrir los ojos, y reorientar nuestros caminos. Para descubrir la presencia de Jess, el Salvador, en la historia de cada da. Porque no se trata de que l tenga que venir: l est siempre presente y prximo. Los que no estamos prximos y atentos somos nosotros, distrados por mil cosas.
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Por eso San Pablo nos ha hablado de crecer y de avanzar y fortalecer nuestra fe: Que el Seor os fortalezca internamente Habis aprendido de nosotros cmo proceder para agradar a Dios: pues proceded as y seguid adelante. Es todo un programa de marcha dinmica para cada persona y para toda la comunidad cristiana, lo que se nos propone de nuevo este ao en el Adviento. Para que de verdad le hagamos a Cristo Jess el lugar que le corresponde en nuestra vida, en nuestra mentalidad, en nuestro proyecto de vida. Pero si la llamada de estas lecturas parece exigente, y si el camino que se nos propone es marcha dinmica y comprometida hacia delante, el Adviento quiere tambin llenarnos de esperanza. Levantaos, nos ha dicho Jess en el evangelio: alzad la cabeza; se acerca vuestra liberacin. No hay mejor noticia que esta que nos trae el Adviento y la Navidad: que Dios viene continuamente a nuestra historia, que quiere renovarla, que pretende ser para todos el Dioscon-nosotros, envindonos a su Hijo, el Salvador. Puede ser que sintamos la tentacin del cansancio o del desnimo ante una sociedad humana en crisis, o ante una Iglesia que no acaba de mostrar al mundo una imagen viva y evanglica, o ante una historia personal que puede no ser muy gloriosa. Sea el que sea nuestro estado de nimo, Dios nos anuncia su Palabra de salvacin y de proximidad: Es el un Dios que viene, en Cristo Jess, y que quiere comunicarnos en este tiempo de gracia que se llama Adviento y Navidad toda su alegra y su vida. Cada vez que nos reunimos para celebrar la Eucarista tenemos una experiencia expresiva de esta proximidad de Cristo a nuestra historia: escuchamos su Palabra y participamos en la donacin que l nos hace de su propia Persona. Que la Eucarista de hoy nos ayude a comenzar bien el Adviento. Para que escuchemos de veras la llamada a estar alerta, para que aceptemos en lo ms ntimo de nuestro corazn la salvacin que nos quiere comunicar Cristo Jess.

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DOMINGO II DE ADVIENTO Convertos, porque est cerca el Reino de los Cielos. Y despus: Preparad el camino del Seor, allanad sus senderos. Son palabras de Juan Bautista, dichas hace ya 2.000 aos, pero que hemos ledo hoy y aqu, para nosotros, como Palabra de Dios. COMO PROGRAMA PARA ESTE TIEMPO DE ADVIENTO. De saberlas escuchar y acoger, de saberlas sentir como dichas hoy a cada uno de nosotros, de intentar que encuentren respuesta concreta y practica en nosotros, depender que sepamos vivir con provecho esta semanas de Adviento y as nos preparemos en serio a la constante venida de Jesucristo a nuestra vida de cada da, nos preparemos con autenticidad a la gran celebracin de su Navidad. CONVERTOS, PORQUE EST CERCA EL REINO DE LOS CIELOS. Y despus: PREPARAD EL CAMINO DEL SEOR, ALLANAD SUS SENDEROS. Son palabras que hoy han de resonar, una y otra vez, en nuestra celebracin. Para que encuentren respuesta en nuestra vida. Pero, para no divagar, para no equivocarnos, nos hemos de preguntar: CUL ES ESTE REINO QUE EST CERCA, que hemos de acoger y por el que hemos de trabajar? Y la respuesta la podemos encontrar en la primera lectura que hoy hemos escuchado, del profeta Isaas. Y tambin en el salmo. Isaas y el salmo nos han hablado de JUSTICIA Y DE PAZ. La fiesta de Cristo Rey, celebrada hace dos domingos, nos lo recordaba: El Reino de Jess de Nazaret, de Jess hijo de Dios y hermano nuestro, es Reino de justicia y de paz. Acoger su Reino, trabajar por su Reino, nos obliga si queremos tomarnos en serio esto de ser cristianos, discpulos y creyentes en Jesucristo a PREGUNTARNOS QU HACEMOS para que en nuestro mundo, en nuestra vida, haya ms justicia y ms paz. Quizs alguien podra sorprenderse de que aqu, en la iglesia, en misa, hablemos de lo que podran parecer temas polticos, sociales, econmicos: justicia y paz. Pero como seal el Concilio Vaticano II la homila, estas palabras del sacerdote, han de comentar lo que se ha ledo en las lecturas de la Palabra de Dios. Y las lecturas de la Palabra de Dios nos ha hablado de justicia y de paz. De desear la justicia, la mayor justicia entre los hombres, como voluntad de Dios aqu y ahora. De desear la paz fraternal entre todos los hombres, tambin como voluntad de Dios aqu y ahora. Por eso, hermanos, si de veras queremos acoger la venida del Seor, si nos queremos convertir para que venga a nosotros el Reino de Dios, si queremos preparar el camino del Seor, allanar sus senderos, NUESTRA PRIMERA OBLIGACIN ES trabajar por la justicia y la paz. Y eso no es mi palabra, sino la Palabra de Dios quien lo seala. Por eso me atrevo a decirlo con toda la fuerza, con toda energa, con absoluta conviccin. Permitidme, para completar este comentario, recordar unas palabras que tambin hemos escuchado hoy. Es la promesa del precursor, de Juan Bautista,

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anunciando la obra del Mesas Jess: L OS BAUTIZAR CON ESPRITU SANTO Y FUEGO. Hemos de trabajar por el Reino, hemos de trabajar a favor de la justicia y de la paz. Y, por eso, NO BASTA CON NUESTRAS BUENAS INTENCIONES. El trabajo de luchar contra la justicia, contra la violencia, contra lo que divide a los hombres, contra los intereses de los poderosos que oprimen y esclavizan, que siembran semillas de guerra la carrera de los armamentos, la competicin constante por el material blico, por dedicar ms y ms dinero a las armas y no al servicio de la paz y la justicia todo este trabajo inmenso a favor de la paz y de la justicia es muy explicable que nos parezca superar nuestras posibilidades. Lo ms fcil es lamentarse y resignarse. Lo ms fcil es o luchar. PERO LA PROMESA ES: l os bautizar con Espritu Santo y fuego. Es decir, con la fuerza de Dios, que es inmensamente superior a la fuerza del mal. Y esta es la apuesta que hemos de hacer: o resignarnos ante nuestra impotencia o creer de veras en la fuerza de Dios, en su Espritu, en este FUEGO renovador, que no destruye sino que alimenta el trabajo de construccin de renovacin. Y es en este Espritu, en este fuego de Dios, que el cristiano ha sido bautizado, ha sido sumergido para resucitar a una vida nueva. Este es, hermanos, EL MENSAJE DE ESPERANZA del tiempo de Adviento. El Seor viene a nosotros, nos comunica su Espritu y su fuego renovador para que seamos capaces de luchar cada uno segn sus posibilidades, en su vida de cada da para vencer el mal y promover la justicia, para superar la violencia y sembrar la paz. Tal como nos ha dicho San Pablo en la segunda lectura: MANTENGAMOS LA ESPERANZA. S, hermanos, vivamos de esta esperanza. Alimentemos esta esperanza. Proclamemos y pidamos esta esperanza, hoy, ahora, en nuestra celebracin, cuando renovemos el memorial del amor de Jesucristo y cuando comulguemos con l. Porque su Reino est quiz muy cerca.

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DOMINGO II DE ADVIENTO (A) En las lecturas que acabamos de escuchar resuena una buena noticia que nos llena de esperanza. El adviento no es un tiempo triste. No insiste en la penitencia acentuando el pecado. Es la preparacin de una fiesta, y nos invita a gozar ya de esta fiesta: la llegada de Dios hecho Hombre a nuestra historia. El profeta Isaas ha utilizado una imagen muy expresiva: de un tronco cortado el tronco de Israel brotar un renuevo, una rama nueva, llena de vigor. Es el Mesas, el enviado de Dios. El Espritu de Dios reposar sobre l con todos sus dones. Y vendr a nuestra historia para defender a los pobres, para hacer que reinen la paz y la justicia entre los hombres. Tambin San Pablo, en la carta a los cristianos de Roma, nos anuncia que Dios nos anima y nos conforta y por eso quiere que mantengamos la esperanza. Juan el Bautista ha hecho or su voz de nuevo: El Reino de los cielos est cerca Yo os bautizo con agua, pero el que viene detrs de mi os bautizar con Espritu Santo y fuego. Es bueno que alguien nos anuncie estas buenas noticias y que nosotros las escuchemos con gusto. Es menester que alguien nos infunda un poco de optimismo y alegra, en medio de un mundo que parece aportar tan solo malas noticias, en medio de una historia, la particular de cada uno, que no es siempre es muy gloriosa y esperanzada. Muchos ya estn atareados preparando los aspectos materiales de la Navidad. Nosotros, los cristianos, damos importancia sobre todo el misterio que celebraremos: la gran noticia de que Dios se ha hecho uno de nosotros, que se ha acercado a nuestra vida para siempre. Pero esta buena noticia es comprometedora. No hay nada ms exigente que el amor y la amistad. La buena noticia que acabamos de escuchar nos presenta un programa lleno de dinamismo. La primera consecuencia que Juan el Bautista nos ha invitado a sacar de su buena noticia de la proximidad del Reino es esta: Convertos, Preparad el camino al Seor, allanad sus senderos. No es preciso para ello ser unos grandes pecadores. A todos nosotros, desde nuestra existencia concreta, se nos pide que, en las vigilias de la Navidad, para poder celebrar bien la venida de Cristo Jess a nuestra existencia, reorientemos nuestra vida. Su venida es portadora de esperanza y de salvacin. Pero tambin lo es de juicio y de discernimiento. Si se nos dice que nos bautizar con fuego y Espritu, es porque viene a cambiar alguna cosa, a quemar, a purificar, a transformar nuestras actitudes. Las imgenes son claras: Ya toca el hacha la base de los rboles intiles, el fuego est ya a punto para quemar todo lo que sobra, el segador tiene la pala en la mano para aventar la parva. Es decir, el Adviento y la Navidad son a la vez la fiesta de la venida salvadora de Dios y una llamada a que tomemos en serio esta venida y le
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hagamos un sitio en nuestro proyecto de vida. No puede quedar todo igual ni en nuestra vida ni en nuestra persona ni en nuestra comunidad despus de esta Navidad: hemos de abrir caminos al Seor y allanar sus senderos. En que direcciones nos invita a cambiar? El salmo responsorial nos ha hecho cantar una frase que resuma muy bien las promesas del profeta Isaas: Que en sus das florezca la justicia y la paz abunde eternamente. Justicia y paz parece que son distintivos de los das del Mesas, es decir, de nuestro tiempo, si es que lo estamos viviendo en cristiano. 1. El profeta deca que el enviado de Dios har justicia (no juzgar por las apariencias, har justicia a los desvalidos) y har reinar la paz y la concordia (el lobo habitar con el cordero) Escuchando todas estas cosas es cuando uno se da cuenta que la Navidad de hace dos mil aos, cuando Jess naci en Beln, no fue ms que la inauguracin de un tiempo nuevo, pero no el hecho final y pleno. Porque todava hemos de crecer mucho en la justicia y la paz. Todava hemos de cambiar muchas cosas en nuestra vida personal y comunitaria, tanto de la Iglesia como de la sociedad, para que de verdad podamos decir que ya estamos en los das del Salvador, das de justicia y de paz. Tambin Pablo nos invitaba a este crecimiento en la concordia y la paz: que l os conceda estar de acuerdo entre vosotros para que a una voz alabis al Dios y Padre de N. S. Jesucristo. Acogeos mutuamente como Cristo os acogi para gloria de Dios Si durante este Adviento cambia algo en este sentido, si conseguimos que haya ms comprensin y armona en nuestras familias o grupos o comunidades, si comenzando por nosotros mismos hacemos que haya cada vez ms justicia en nuestras relaciones con los dems, habr valido la pena preparar y celebrar la Navidad de 1998.

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DOMINGO II DE ADVIENTO (A) El pasado domingo inicibamos el tiempo de Adviento: tiempo de preparacin a la Navidad, a la celebracin del encuentro con el Seor que viene, pues vino y prometi que vendr gloriosamente. Y decamos que convena DESPERTAR de nuestro sopor; Hablbamos de la necesidad de CONVERSIN para preparar ese encuentro. Y todo ello vivido desde una ESPERANZA que desebamos ACTIVA. Hoy, con la ayuda de San Juan Bautista, la liturgia de la Iglesia va concretndonos esa necesidad de CONVERSIN, de la que tambin nos hablar el prximo domingo. Quisiera destacar para vosotros algunas ideas que considero importantes: 1. La proximidad del Reino. La llamada del Bautista no es una simple llamada moral, porque siempre es bueno que los hombres sean mejores. La llamada del Bautista viene motivada porque se acerca el cumplimiento de las esperanzas. Dios viene a salvar a su pueblo. El Reino llega como salvacin liberadora y es preciso por la conversin abrirse a l, entrar en la dinmica de vida nueva que ofrece y entraa. Por eso hay que preparar el camino del Seor, allanar sus senderos. No sera correcto entender nuestro camino cristiano como un voluntarioso esfuerzo personal. Caminamos al encuentro, por eso nuestro camino de conversin es un camino de apertura, de preparacin para recibir como se merece el gran don del Dios presente en medio de los hombres. Nosotros hoy hemos de sentirnos en comunin con aquella multitud que senta, all a la orilla del Jordn, el convencimiento de que por fin la larga historia de espera y de desesperanza del pueblo de Israel, y de toda la humanidad, llega a su trmino; llega a una luz que le permitira caminar con confianza. 2. La conversin exigente. El deseo de conversin est siempre puesto en relacin con la realidad a la que uno va a convertirse. As si no valoramos el motivo de la conversin nos ser muy difcil hacer el esfuerzo de ponernos en camino hacia alcanzarlo. La conversin de que nos habla la Escritura es una conversin para un encuentro con aquel que es la Verdad. Si nuestro camino de bsqueda y seguimiento de la Verdad est trastocado, no nos cuesta mucho de imaginar que llevando la verdad a la espalda cada vez que caminamos nos alejamos ms de ella. Se trata de un proceso de conversin que valora la Verdad, y que quiere dejarse encontrar por ella. Encuentro que el Seor quiere realizar con nosotros siempre, y cuya memoria realizamos en la Navidad. La inminencia del Reino de los cielos con la que nos urge el ministerio proftico de Juan es propia del Nuevo Testamento. Y con ella indica que slo si se vive hoy este reino ser posible entrar un da en el reino de Dios Convendra que cada uno de nosotros, sinceramente, busque un momento, un tiempo de ms o menos desierto, para considerar que paso de conversin le
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exige el Seor en este tiempo de Adviento. Y comprometerse a intentar ponerlo en marcha. 3. El evangelio que hemos escuchado nos ha mostrado dos niveles en la exigencia. En efecto, San Juan Bautista invita al pueblo a convertirse. En cambio a los fariseos y a los saduceos les increpa (podra ocurrirnos a nosotros de manera semejante, pues tambin se nos han concedido muchas oportunidades de conocimiento y de relacin con el Seor). Juan hace hincapi en la reaccin ante el llamamiento a la penitencia que Juan dirige a todo Israel. Desde el principio aparecen dos grupos claramente diferenciados: en primer lugar, el pueblo que confiesa sus pecados y se hace bautizar; en segundo lugar los fariseos y saduceos que se creen justificados por ser hijos de Abraham, pero no dan el fruto que pide la conversin. Esta diferencia tiene que llevarnos a considerar la actitud de la Iglesia ante los alejados y practicantes ocasionales, a quienes no se puede exigir lo que el Seor quiere de nosotros. A ellos lo que hemos de hacer es ayudarlos a dar el pequeo paso de conversin desde la situacin en que se encuentren. La segunda lectura nos invita a descubrir las Escrituras en su capacidad para ensearnos, para darnos fuerza y consuelo que nos mantengan en la esperanza, y entonces, en comunin con Jesucristo, y unidos entre nosotros, daremos gloria al Padre. Como hacemos cada domingo.

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DOMINGO II DE ADVIENTO (C) Comenzamos la segunda semana de nuestro camino de Adviento, es decir, de la celebracin de la Manifestacin del Seor en nuestra historia. Maana haremos fiesta con motivo de nuestra alegra por el conocimiento del misterio de Mara Inmaculada. La memoria que la Iglesia hace de la Madre de Dios nos ayuda a vivir mejor el Adviento y la Navidad. Pero seguimos dentro de la primera parte del Adviento, y por eso seguimos fijando nuestra mirada en la ultima venida al fin de los tiempos. Este ao, los tres primeros domingos del Adviento se enmarcan dentro de lo que podemos llamar la zona escatolgica de este tiempo porque todo, prefacios, cantos, y temas de las lecturas apuntan claramente hacia esta meta futura. Es bueno que a todos, pequeos y grandes, se nos recuerde que nuestro camino va hacia delante; que lo presente, aun siendo importante y comprometedor, es camino y maduracin hacia el Reino definitivo, porque la salvacin es un don que entre nosotros ha quedado inaugurado, pero que exige de nuestra parte un esfuerzo serio y fiel a la gracia para caminar hacia delante, hacia la plenitud. La Navidad es siempre ciertamente un recordatorio del pasado, pero al mismo tiempo es una anticipacin y profeca del futuro. Con todo, el Adviento no pretende amenazarnos con tonos lacrimgenos. Como el pasado domingo, hoy tambin las lecturas nos han hecho escuchar un anuncio gozoso. La primera lectura describa la alegra que Dios quiere para su pueblo, con diademas en la frente, con la cabeza levantada por la ilusin, con la fiesta que l piensa organizar, con los caminos que prepara para la liberacin de su pueblo como dice el salmo, El Seor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres. El pueblo de Israel deca eso en verdad, aun en medio de una experiencia dolorosa de ruina y fracaso. Entendieron el pregn de alegra: Dios conducir a Israel, lleno de alegra, a la luz de su gloria. Nosotros tenemos todava ms motivos para creer en estos planes optimistas de Dios. Si no estamos ciegos o hemos optado por entender tan solo palabras tristes, y no el programa de alegra que nos ha preparado Dios. La salvacin de Dios, la gracia que nos quiere comunicar en estas prximas navidades, nos alcanza exactamente en medio de la historia que vivimos, buena o mala, triste o gloriosa. Quizs a alguien le llegue el Adviento en una crisis de cansancio o desilusin; quizs a otro, en momentos de euforia y serenidad. Es igual: la convocatoria que hoy ha sonado es una garanta del hecho de que Dios nos ama, que nos prepara caminos de gracia y de alegra. Como en el caso de la madre de Dios, cuya festividad nos hablar maana de un s total que Dios le dio, aun antes de que ella existiera, y, en ella, a toda la humanidad.

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Dejmonos convencer de este plan salvador de Dios y alegrmonos con l. Mirad, la salvacin es un don de Dios, y no una conquista nuestra: es un don gratuito, aunque al mismo tiempo exige una respuesta activa. Si en la primera lectura era el mismo Dios quien preparaba los caminos para su Pueblo, en el evangelio, por la voz del Bautista, se nos lanza un llamamiento urgente para que cada uno acepte la salvacin de Dios (al salvador enviado por l) con una clara opcin, con un compromiso de cambiar de mentalidad. Estamos invitados a allanar los senderos, elevar los valles, y hacer descender montes y colinas. No porque necesariamente seamos grandes pecadores. Tambin la pereza, la mediocridad, la falta de esperanza, la conformidad autosuficiente, merecen este tono despertador del Adviento. Si escuchamos esta llamada, entonces s que todos vern la salvacin de Dios. El apstol Pablo nos ha presentado un programa exigente: llevar adelante la obra iniciada, continuar creciendo ms y ms en la sensibilidad cristiana, apreciando los valores autnticos, para que el da del Seor (la Navidad?, el momento de nuestra muerte?, el fin de la historia?, cada da, porque siempre nos podemos encontrar con Dios?) nos encuentre limpios e irreprochables, cargados de frutos de justicia. Hermanos, el Adviento y la Navidad no nos pueden dejar tal cual. Algo ha de cambiar en nuestra esfera personas y en nuestros alrededores comunitarios. En algo de ha de notar que vamos madurando y creciendo en estos valores cristianos. Que lo que es siempre la Eucarista, con su doble mesa de la palabra y el Cuerpo y la Sangre del Seor, nos quiere ayudar a alcanzar.

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DOMINGO III DE ADVIENTO (A) Con qu bellas comparaciones, llenas de gozosa poesa, nos ha anunciado el profeta Isaas como es la salvacin que el Enviado de Dios, el Mesas, viene a traernos! El desierto se convertir en un jardn. Las manos de los dbiles se fortalecern. Las rodillas que vacilan volvern a sentirse seguras. Los cobardes vern como se les quita el miedo. Es que viene Dios, y viene a salvar, a cambiar la situacin de desventura de su pueblo. Los ciegos vern, los sordos oirn, los mudos volvern a hablar, los que estn en la crcel recuperarn la libertad Todo lo que era pena ahora se convertir en alegra. Vale la pena escuchar otra vez este cuadro, aunque nos pueda parecer utpico. Como lo que despus hemos cantado en el salmo responsorial, repitiendo la invocacin: Seor, ven a salvarnos. Nosotros tambin ya que vivimos los tiempos del Mesas queremos que, en efecto, sea verdad todo eso en nuestra historia de este ao. Santiago en la segunda lectura nos ha invitado tambin a la esperanza, porque la venida del Seor est cerca. Es realidad todo eso, o es pura poesa? No ha venido ya, hace dos mil aos, el Salvador esperado? Cmo es que no se estn cumpliendo ya estos anuncios del profeta? Las promesas se cumplen en Jess En el evangelio, Mateo nos ha asegurado que, en efecto, todos los anuncios profticos han comenzado a cumplirse en Cristo Jess, el salvador que Dios ha enviado al mundo. El retrato que Jess hace de s mismo, respondiendo a la pregunta que le hacen de parte del precursor, Juan Bautista, es que, como haba anunciado Isaas, los ciegos ven, los muertos resucitan, y los pobres pueden escuchar entusiasmados la Buena Noticia de la salvacin, Tal como diremos en el prefacio: A quien todos los profetas anunciaron, la Virgen esper con inefable amor de madre, Juan lo proclam ya prximo y seal despus entre los hombres. La seal de que ya han comenzado los tiempos definitivos es que ya se producen los cambios anunciados. Jesucristo cura a los enfermos, libera de desventuras a quienes se le acercan: he aqu el Reino, he aqu ya en accin el amor misericordioso de Dios. Nosotros los cristianos celebramos esto en el Adviento y en la Navidad: que en Cristo Jess, Dios ha salido al encuentro de todos nuestros males y se dispone a curarlos. Los signos de nuestro cambio en Adviento Lo que Dios quiere para nosotros, tambin en este ao de 1995, es que cambie algo en nuestra vida. Si celebramos la venida de Jess, una vez ms, es porque queremos que repita sus signos mesinicos en nuestra historia. El pasado domingo se nos invitaba a crecer en paz y en justicia. Qu cambiar esta semana en nuestra persona, en nuestra familia, en la comunidad religiosa, en la parroquia? Porque los signos no pueden consistir tan slo en palabras. De
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discursos ya vamos estando todos cansados. Tampoco Cristo Jess respondi con un discurso a la pregunta del Bautista, sino apelando a las obras que haca. Nosotros tendremos un buen Adviento y despus una buena Navidad, es decir, celebraremos en profundidad la Venida del Seor, si realmente entre nosotros alguien recupera la vista, la valenta, la esperanza. Si los que sufren sienten una mano amiga que los fortalece, si los que no saben lo que es amor pueden experimentarlo estos das, si crece la ilusin de vivir en la Iglesia y en la sociedad, en las familias y en las personas. El retrato de los tiempos mesinicos tiene que ser repetido en nuestra vida. Pero es que, adems, Dios quiere que los cristianos, no podamos sentir tan solo el gozo de ver cmo cambia algo en nosotros mismos, sino que seamos portavoces, anunciadores, colaboradores del cambio en este mundo, precursores de Jesucristo y de su Reino en esta sociedad en que vivimos. Si ahora la gente volviera a preguntarse sobre Jess: Es este el que esperamos?, la respuesta tendra que poder ser: Ahora a Cristo Jess no lo vemos ni lo sentimos, ahora no va por la calle curando enfermos y resucitando muertos: pero mirad la Iglesia, mirad esta familia cristiana, esta comunidad de religiosas, este cristiano sencillo y valiente, mirad sus obras, fijaros como a su lado crece la esperanza y la gente se siente amada por Dios, y se les curan las heridas y el desencanto. Estas son las seales de la Venida del Salvador. Este es el Adviento y la Navidad. Jesucristo que viene y salva, ahora tambin a travs de su comunidad de cristianos. Los tiempos mesinicos comenzaron hace dos mil aos, pero todava tienen todo un programa por realizar. Nosotros, los cristianos, somos los que colaboramos con Jess para que se cumpla. Navidad viene con fuerza: Dios quiere transformar, consolar, cambiar, curar. Si cada uno de nosotros pone su grano de arena, la venida de Jess Salvador ser ms clara en medio de este mundo, y la celebracin de la Navidad habr valido la pena. La sociedad ser ms fraterna; la Iglesia ms alegre; las parroquias ms vivas; cada persona ms llena de esperanza.

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DOMINGO III DE ADVIENTO (B) En el primer domingo de Adviento decamos que el gran anuncio de este tiempo litrgico que nos conduce hacia la Navidad es EL ANUNCIO DE LA VENIDA CONSTANTE DEL SEOR (El Seor vino, el Seor viene ahora, el Seor vendr en plenitud al fin de la historia). Y el pasado domingo aadamos que esta venida de Dios a nosotros, a nuestra sociedad, a nuestra Iglesia nos peda una respuesta eficaz: HEMOS DE PREPARAR DE VERDAD SU VENIDA. O dicho de otra manera, hemos de ponernos a trabajar con l con su Espritu para que venga a nosotros y a todos los hombres su Reino. Venida de Dios y trabajo par abrir camino a su Reino, son dos caras de la misma realidad. Incluso, el pasado domingo veamos en Mara Inmaculada a la Mujer nueva dispuesta a comprometerse en la causa y el proyecto de Dios sobre la humanidad, a pesar de que dicho proyecto le exigiera un esfuerzo, un sacrificio y un cambio en su orientacin personal. Hoy, en este domingo tercero de este tiempo de esperanza que es el Adviento, se nos invita a dar un paso ms. UN PASO MUY IMPORTANTE, un paso necesario, indispensable. Pero que, posiblemente, nos sorprenda, no entre en nuestros clculos. Este nuevo paso es sencillamente el PASO DE LA ALEGRA. Para acoger la venida del Seor, para trabajar por su venida, tenemos necesidad de abrirnos a la alegra. Quiz sorprendente, pero indispensable. Sin vivir abiertos a la alegra, sin vivir con ilusin, no estamos en un autntico Adviento, como evidentemente tampoco tendramos una autntica Navidad. Una alegra profunda que no nace por generacin espontnea, que no es de fuegos artificiales, ni ligera ni superficial. Alegra que no viene de fuera adentro. El gozo nace del interior, de lo profundo de nuestro corazn. Hemos pedido en la PRIMERA ORACIN de este domingo, antes de las lecturas, que el Seor nos conceda llegar con alegra a las fiestas de Navidad y celebrarlas solemnemente con el gozo del Espritu. Y me atrevera a decir que si este celebrarlas solemnemente, con gran alegra, es muy propio, y muy caracterstico de las fiestas de Navidad, de alguna manera tiene que estar SIEMPRE PRESENTE en nuestro camino cristiano. Porque, al fin y al cabo, la venida constante de Dios a nuestra vida es siempre un anuncio y una realizacin de lo que define y resume la vida y el mensaje de Jesucristo: el anuncio y la realizacin de la BUENA NOTICIA. Lo hemos escuchado en la primera lectura, en la profeca de Isaas: El Espritu del Seor est sobre m, porque el Seor me ha ungido. Me ha enviado para dar la buena noticia a los que sufren Desbordo de gozo con el Seor, y me alegro con mi Dios. Lo hemos cantado en el salmo, con las mismas palabras de MARA: Mi alma proclama la grandeza del Seor. Y San PABLO nos lo ha dicho en la segunda lectura: Estad siempre alegres En toda ocasin tened la Accin de Gracias.

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Pero detengmonos un momento y preguntmonos por qu es tan importante, tan indispensable esta alegra. Y preguntmonoslo sin escamotear que se trata de una ALEGRA DIFCIL. Difcil porque como recordbamos el primer domingo de Adviento hay muchas cosas en nuestra vida, tambin en nuestra Iglesia, y tambin en nuestra sociedad, que no hacen fcil el vivir contentos, el estar alegres. Y, aadimos incluso, que esta alegra necesaria no puede ser una alegra superficial, fingida. De nada nos servira. Ha de ser una alegra que ENCUENTRE SU FUENTE Y SU FUERZA EN ALGO MUY PROFUNDO, muy real para nosotros. Porque solamente as, esta alegra podr ser fuente de nueva vida, fuerza de renovacin para nosotros, para nuestra Iglesia y para nuestro mundo. Por qu es tan importante esta alegra? Me parece que la respuesta es sencilla: porque NADIE PUEDE CREER DE VERDAD en la presencia viva y actuante de Dios en nosotros, en la Iglesia y en la sociedad, sin comulgar con su buena noticia, sin comulgar con la alegra que es de Dios. Un cristiano triste es un triste cristiano, como una Iglesia triste en una triste Iglesia. La lucha, el trabajo por el Reino de Dios, no se puede realizar sin ilusin. Sin una dosis notable de alegra, de saber dar gracias, de saber valorar todo lo que de bueno hay en nosotros y en nuestros hermanos y en nuestra Iglesia y en nuestro mundo a pesar de todo. Sin este saber alegrarse, me parece que difcilmente descubriremos que Dios est aqu, en medio de nosotros, en nuestro tiempo, en nuestro mundo. Tenemos dificultades en descubrirlo. El Bautista as lo deca: en medio de vosotros hay uno que no conocis. Y nosotros miramos hacia fuera, hacia arriba. Buscamos fuera al que est dentro. A donde sea, con tal de no mirar hacia dentro, con tal de no mirar en medio de nosotros. Y el Mesas Jess, fuente de gozo, est con nosotros, est en nosotros. Termino. Juan Bautista, el que vino para dar testimonio de la luz, nos ha vuelto a recordar en el evangelio de hoy el lema del Adviento: Allanad el camino del Seor. Si el domingo pasado decamos que este trabajo de preparar el camino de Dios supone esfuerzo y lucha, completamos hoy el mensaje del Adviento aadiendo que supone tambin abrirse a la alegra, saber vivir en accin de gracias. Cuando falta poco ms de una semana para la gran fiesta de la Navidad, pidamos hoy, en esta Accin de Gracias que es siempre y sobre todo la Misa que el Seor nos encuentre preparados para comulgar con su gran don, que es un don de alegra. Que as sea.

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DOMINGO III DE ADVIENTO (C) La celebracin eucarstica de hoy est presidida por la proximidad de la Navidad El Seor est cerca, escuchbamos y nos pide consecuentemente algunas actitudes fundamentales, con el fin de que nos preparemos bien para la venida del Seor. La Palabra de Dios nos exhorta a la alegra profunda de la fe. Existe una alegra que proviene de la salud, de la buena salud o de la juventud y fuerza de la vida; hay otra que brota del xito alcanzado; existe la que nos rodea cuando nos sentimos estimados o apreciados, y todava existe otra, menos frecuente, que proviene del gozo que da poder, querer y saber ser til a quien lo necesita. Incluso la generosidad da alegra. Ms la primera lectura, habla a un pueblo que vive precisamente en tiempos de desastres para Israel, cuando se adverta una triste descomposicin en el aspecto social, poltico y tambin religioso, ante la inminente amenaza del exilio. Y en este contexto de conflicto, dice palabras de alegra para todos. Alegra, fiesta, libertad para los condenados, confianza para quienes tienen la tentacin del miedo, animo para quienes desfallecen. Y el motivo es, dice Sofonas profeta, que Dios est en medio de su pueblo, que lo ama, que se complace en l, porque el Santo de Israel es grande en medio de ti. San Pablo, desde la perspectiva del Nuevo Testamento, con mayor motivo, nos invita a vivir siempre y radicalmente alegres, porque somos amados por Dios, por un Dios que est cerca de cada uno de nosotros y que se nos da como paz del corazn. Dios se ha acercado definitivamente a nuestra historia en Cristo Jess. Por eso, los cristianos, los que creemos en el Salvador enviado por Dios, nos llenamos de alegra, dejamos que nos llene la confianza y la paz interior, superando nuestras tentaciones de angustia o de miedo, que tambin abundan en nuestra historia. Es una alegra que va ms all y ms profundo que las de la salud o del xito. Y que, incluso trasciende las fronteras de nuestra generosidad humana. Es la alegra de saber que desde que la muerte de Dios se ha hecho presente en nuestra vida y en la del mundo, ninguna chispa de amor autntico que hayamos derramado en esta tierra hasta un sencillo vaso de agua fresca al hermano sediento quedar sin recompensa. Si en este Adviento y en esta Navidad creciramos en alegra cristiana Alegra que no es superficialidad, ni despreocupacin, ni pasividad, pero s conviccin del hecho de que Dios nos ama, que estamos en sus manos, que en Cristo Jess est muy presente en nuestras vidas. Es un mensaje que todos podemos entender, pequeos y grandes, como experimentamos la alegra de la amistad y del sentirnos aceptados por los dems, o la del sacrificio hecho para el bien de los dems o la de un xito en la construccin comn de algo o en una victoria personal o comunitaria en tantos campos de la vida: de esta forma estamos invitados a la alegra cristiana, cristolgica, dejndonos seducir por la visin positiva de una Navidad que es la conviccin del Dios-con-nosotros.
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San Pablo en la segunda lectura junto al anuncio de la alegra una una invitacin para que vuestra mesura la conozca todo el mundo. Un cristiano tiene un estilo de vida que tiene su origen precisamente en la vida de quien Dios ha enviado para salvarnos, Jess. Pero hoy es sobre todo el Bautista, en el Evangelio, quien nos sita ante un programa tico de vida, con un estilo de accin, que es, segn l, lo que demostrar de veras que nos convertimos al Salvador y que queremos prepararle los caminos en nuestra vida. No hay nada que despierte y comprometa ms a una accin diligente de preparacin, orden y limpieza, que el anuncio de la llegada de una persona muy importante o muy querida. Lo que nos propone el Bautista no es algo extraordinario: huir al desierto, como l, o hacer milagros; o pasarnos el da rezando o haciendo penitencia. Sencillamente, desde la vida de cada da, nos dice que vivamos en una actitud de caridad, justicia y noviolencia. Juan invitaba a compartir lo que cada uno tiene, invitaba a ser honesto de verdad, invitaba a no aprovecharse de la propia posicin. Que tendramos que hacer nosotros? Yo dira que son como tres los sentimientos que tendramos que tener: Primero, darnos cuenta y ser conscientes del mal que hay en nuestro mundo: el sufrimiento, la desigualdad, la poca generosidad, el desinters hacia los pobres (personas y pases), el afn de dominio, las envidias Segundo, darnos cuenta tambin del mal que hay en nosotros: desde el desinters por el sufrimiento de los dems hasta las pequeas o grandes injusticias que cometemos; desde nuestras ganas de mandar y de imponer nuestra opinin hasta nuestra poca amabilidad o nuestra pereza. Y el tercero, vivir muy a fondo el deseo de Dios, el anhelo de que nuestra vida y la de todos este llena de este Dios que es amor, confianza, esperanza, fuerza para seguir adelante. Este Dios cercano que quiere un mundo de hombres y mujeres libres, felices, generosos. Un mundo de hombres y mujeres hijos suyos. No podemos vivir la vida con desinters, con pereza, como si nada tuviera importancia. No podemos vivir sin sentimientos fuertes, sin esperanzas fuertes, sin ilusiones fuertes. No podemos vivir marcados por la indiferencia, o por la superficialidad, o por el desengao. Tenemos que vivir como aquella gente que iba a escuchar a Juan Bautista. Si no cmo podramos atrevernos a mirar a aquel nio cuyo nacimiento en Beln, en los brazos de Mara, celebraremos dentro de diez das? Y como podramos acercarnos hoy a recibirlo en el pan de la Eucarista? Solamente Cristo puede ponernos en la intimidad de Dios. Solamente l nos puede bautizar en el Espritu, pero tiene que traslucirse su presencia escondida en una vida de paz y de justicia, o como hemos visto, de alegra de la fe y de honradez profesional y generosidad humanas.

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DOMINGO III DE ADVIENTO (C) Las lecturas de hoy nos han invitado insistentemente a la ALEGRA. En este mundo nuestro de hoy, con tantos quebraderos de cabezas para la sociedad y para cada persona, no deja de ser sorprendente que se nos proclamen unas palabras tan optimistas y llenas de esperanza. Pero es que escuchamos de veras la BUENA NOTICIA, el Evangelio de Cristo Jess en la preparacin de la Navidad. SOFONAS, desde su circunstancia de destierro, hace ms de 2.500 aos, se dirige a un pueblo humillado y vencido, y con un lenguaje potico, entona un canto a la alegra, que hoy escuchan miles y miles de comunidades cristianas por todo el mundo: Regocjate, hija de Sin Aclama Israel. Algrate y gzate de todo corazn, Jerusaln El motivo est claro: Tienes dentro de ti al Seor, no vers nunca ms ningn desastre el Seor, tu Dios, lo tienes dentro de ti, como Salvador poderoso; para ti se ha transportado de alegra, te renueva su amor, est de fiesta y grita de gozo como en das de reunin. Lo que el profeta ve como promesa, nosotros lo celebramos hoy con la conviccin de que Dios nos ha mostrado su proximidad y su amor envindonos ya, hace dos mil aos, a su Hijo como Seor y Salvador nuestro. SAN PABLO lo ha dicho con ms fuerza: Vivid siempre alegres en el Seor; os lo repito, vivid alegres El Seor est cerca. No os inquietis por nada As la paz de Dios guardar vuestros corazones. Os he repetido estas frases que ya habais escuchado en las lecturas, porque este es de veras un mensaje que vale la pena proclamarlo en medio de una comunidad cristiana y de una sociedad tan falta de esperanza. Hoy y aqu, a nosotros, Dios ha dirigido una Palabra de nimo, an dicindonos que no tengamos miedo, que nuestro corazn viva en paz, porque l siempre est cerca de nosotros. Este es el motivo do nuestra alegra y confianza: la proximidad del Seor. La celebracin de la Navidad, en este tiempo de preparacin, en una llamada a la confianza y al optimismo: nos asegura de que Dios persona, ama. No estamos solos en nuestro camino, aunque muchas veces nos lo parezca. La situacin de uno, o de la humanidad, en conjunto, puede ser preocupante. Como la del pueblo de Israel en tiempo de Sofonas o la de la comunidad cristiana en tiempos de Pablo. Y al mismo tiempo, a ellos y a nosotros nos ha sido proclamada una palabra de amor y de alegra. Cristo Jess, desde su nacimiento en Beln, est con nosotros, en medio de nosotros, aunque no lo veamos. El da de la Ascensin se despidi de los suyos con una promesa: yo estar con vosotros todos los das hasta el fin del mundo Por eso lo que celebramos en estos das nos llena de serenidad y de esperanza: No estamos solos. La fuerza de Dios nos asiste. El Seor est cerca. Pero al mismo tiempo hemos escuchado OTRA VOZ MS SERIA.

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El profeta precursor de Jess, Juan Bautista, que tambin anunciaba la Buena Noticia al pueblo, les propuso, y nos propone hoy a nosotros, un programa de vida exigente para preparar la venida del Mesas. El Bautista, en la orilla del ro Jordn, ha sido muy concreto en su exigencia: El que tenga dos vestidos que d uno al que no tiene, el que tenga comida que la comparta con los dems No exijis ms de lo que est establecido No obliguis a nadie amenazndolo Muchos esperan la Navidad por las vacaciones, por los regalos, por la fiesta; ojal que sea un tiempo de autntica felicidad para todos! Pero los cristianos miramos estos das con ojos especiales: celebramos la venida del Hijo de Dios en nuestra historia, y eso da una nueva profundidad a la fiesta. Y al mismo tiempo, esta mirada cristiana nos hace pensar: si queremos celebrar de veras la Navidad, hemos de acoger a Cristo Jess en nuestras vidas, en nuestro proyecto existencial. Algo ha de cambiar en nuestro estilo de vida. [Nuestra Iglesia se ha impuesto un compromiso de vivir con mayor decisin y anunciar con mayor credibilidad al mundo la Buena Noticia de Jess. El Proyecto diocesano de pastoral Iglesia en misin supone esa voluntad de renovacin y de vida, para ser testigos del Dios vivo.] Tambin a cada uno de nosotros se nos invita a pensar como podra cada uno cumplir en estos das el programa del Bautista. Cmo compartir nuestros bienes: no slo nuestros bienes materiales, sino incluso nuestra vida y nuestro tiempo, con los ms necesitados? Cmo seramos ms amantes de la justicia y de la verdad? Los caminos para encontrar al Mesas pasan por la solidaridad, la no-violencia y el amor. Qu debemos hacer? Juan ensea a compartir, a respetar, a no hacer sufrir, a esperar, a convertirse. Cuando llegue el Mesas, todo lo llenar de Espritu. Hoy se nos invita a la alegra, pero tambin al trabajo y a la seriedad en nuestro camino, como cristianos que quieren vivir conforme al evangelio de Cristo Jess. Que se note este tono de alegre esperanza en nuestra eucarista, elevando a Dios, con ms conviccin que nunca nuestra accin de gracias y nuestro cntico de alabanza. Que se note tambin en nuestra vida este mayor optimismo, esta alegra y esta paz interior que nos da el sabernos salvados por Dios. Que se note sobre todo en nuestra actitud de mayor comprensin y proximidad hacia los dems, como nos ha dicho el Bautista. Entonces, seguro que la Navidad de 1994 ser para todos una gracia y una felicidad autntica.

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DOMINGO IV DE ADVIENTO Llegados al cuarto domingo, a cinco das de la Navidad, esta se va haciendo presente en nuestras calles, en nuestras ocupaciones y en nuestros hogares. Todos vamos advirtiendo como quisiramos vivirla desde la cordialidad, desde la ternura y desde los mejores deseos. Nosotros, seguidores de Jesucristo, quisiramos, adems, vivirla como lo que es en profundidad: Manifestacin de la ternura de Dios hacia los hombres. No quisiramos quedarnos en lo que significa superficialmente para la calle; antes bien, quisiramos animarnos a hacer que nuestros deseos de felicidad sean todo lo sinceros posible; a no confundir la fiesta con un incremento desmesurado del consumo; a intentar algn rato de oracin y agradecimiento ante el nacimiento; a valorar como se merece la limosna a los pobres. El tema nuclear de las lecturas de hoy es EL CUMPLIMIENTO DE LAS PROMESAS por parte de Dios. Dios es fiel. Toda la historia de Israel ha sido una larga preparacin y un largo anuncio para este momento decisivo: Dios viene a comprometerse de lleno con la historia humana, viene a ser el Emmanuel. La historia de los hombres ya no ser una historia solitaria, sino que es la historia misma de Dios. Y ello nos hace sentir el gozo de vivir en un mundo salvado y divinizado, al tiempo que se convierte en una profunda exigencia: Hemos de hacer que de verdad este mundo sea el mundo de Dios, y que todos los hombres puedan notar y experimentar que estn en una tierra redimida. Dios se llama Diosconnosotros, su gloria de ha manifestado en la carne; la Vida ahora la podemos tocar y no solo creer que existe alejado. En el tiempo de la ESPERA que ha sido el Adviento, las lecturas de hoy nos han hecho conocer las actitudes de diversos personajes: Isaas, Acaz, Pablo, Jos y Mara. Isaas, smbolo de todo el Antiguo Testamento, nos anuncia constantemente que Dios est cerca de los hombres y que quiere que los hombres sean consecuentes con esta proximidad; y al mismo tiempo, nos hace ver que Dios se sirve de los hombres tambin de nosotros para decir su palabra. Acaz el rey que, en la situacin dramtica que est viviendo Israel, prefiere fiarse de sus propias fuerzas y no quiere saber nada de las promesas que Dios le hace. Pablo, el hombre que ha vivido tan a fondo el gozo de la salvacin de Dios, que sera incapaz de quedrselo tan slo para l y vivir dedicado a transmitirlo a los dems. Jos, el que es capaz de reconocer en medio de la oscuridad cual es el camino que Dios le pide y no tiene miedo de seguirlo; de suerte que por su fidelidad llega a ser camino de la realizacin de las promesas. Y Mara, que en este evangelio aparece como instrumento silencioso de Dios para llevar a trmino su plan de salvacin: en su disponibilidad se realizarn todas las maravillas. Todos ellos nos han conducido al personaje clave: Jess, el Emmanuel. El nio que ha de tener Mara lo hemos odo en el Evangelio ser DIOS CON NOSOTROS. Nuestro Dios no es como el que nos presentaban las religiones primitivas, Un Dios lejano e irascible y rpido para castigar, a quien
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haba que aplacar. Nuestro Dios no es un Dios ajeno a la vida humana. Nuestro Dios no quiere estar ausente de la humanidad, como algunos grupos presentaran. Es un Dios que tiene su dicha en estar con los hijos de los hombres, y su gloria es la felicidad de sus hijos. Eso es lo que significa el anuncio de Isaas: Dios ser el Emmanuel, el Diosconnosotros; el Dios que se nos ha dado a conocer en el nio, en el hombre, en el crucificado, en el resucitado Jess de Nazaret, Jess el Cristo de Dios, el Enviado de Dios, el Hijo de Dios. En la segunda lectura, San Pablo nos ha dicho que es, al mismo tiempo, DIOS PARA TODOS, Evangelio de salvacin, anuncio y realidad de salvacin para todos los hombres. Este es el gran Evangelio, la gran Buena Noticia, que los cristianos todos los cristianos no podemos considerar como una PROPIEDAD PRIVADA, como un privilegio particular, sino como algo que hemos de intentar comunicar a los dems. Las fiestas que se acercan nos invitan a vivir nuestra fe con alegra y esperanza, con bondad y humildad. Y con el corazn lleno de los mejores deseos nos invitan a comunicar a todos que Dios cuenta con ellos, que tambin han nacido para ellos, que la Buena Noticia de los ngeles tambin los concierne. Y que por eso hemos de intentar vivir la fraternidad que Dios proporciona a todos los hombres. Cuando faltan tan pocos das para recibir al Seor es urgente profundizar en nuestra actitud de espera. Ser verdad que la venida de Dios a nosotros, a nuestro mundo de hoy, al mundo mo no cambiar nada en mi actitud ante los dems y ante los mos, ante mi trabajo, y en mi relacin con l? Ser verdad que todos los preparativos para las fiestas navideas no me harn cambiar para nada en mi consideracin a los dems? Pidmoslo hoy. Y pidmoslo intentando seguir el ejemplo de aquella que supo cumplir del todo estas dos condiciones. Quin como Mara crey en el Dios humano que era su Hijo? Quin como Mara no se alej en absoluto de los otros hombres por el hecho de ser la madre de Dios? Que el ejemplo de Mara, en estos ltimos das de preparacin inmediata para la navidad, nos ayude a creer ms en el Diosconnosotros que es Dios para todos.

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DOMINGO IV DE ADVIENTO (A) El nio que ha de tener Mara lo hemos odo en el Evangelio ser DIOS CON NOSOTROS. Y antes, en la segunda lectura, San Pablo nos ha dicho que es, al mismo tiempo, DIOS PARA TODOS, Evangelio de salvacin, anuncio y realidad de salvacin para todos los hombres. Cuando tan slo falta unos das para la gran celebracin de la Navidad, reflexionemos un poco sobre estas dos afirmaciones: Dios con nosotros, Dios para todos. Siempre tenemos el peligro de quedarnos con una celebracin superficial de las fiestas de navidad. Es bueno y conveniente celebrarla con alegra, que se sepa que son fiestas entraables para nosotros, y abiertas para todos. Pero hemos de procurar que cada ao signifique tambin un PROGRESO en nuestra vida cristiana, de seguidores de aquel Hombre que es nuestro Seor, es decir, nuestro Dios. Navidad, repitmoslo un ao ms, no puede ser un parntesis que se abre y se cierra y despus todo continua igual. Ha de ser mucho ms. Y por eso, estara bien que hoy y durante esta semana procurramos detenernos y reflexionar y orar antes esta afirmacin de nuestra fe: Jess es Dios-con-nosotros. NO SOLAMENTE fijmonos en ello Dios SINO Dios-con-nosotros. Y esto que supone? La mayora de las religiones primitivas situaban un DIOS LEJANO, casi ajeno a la vida humana, que para comunicarse en determinados tiempos y lugares se serva de intermediarios; a quien haba que apaciguar porque era un Dios terrible, irascible, rpido en castigar. Y hoy, en buena parte del pensamiento contemporneo, se dice que Dios si es que existe es el gran AUSENTE, el gran silencioso, el gran parado ha dicho alguien (especialmente ausente y silencioso ante el mal, el dolor, la injusticia que hay en el mundo) LA AFIRMACIN DE NUESTRA FE es distinta: no es que nosotros sepamos muchas cosas de Dios, pero si que creemos que Dios se nos ha dado a conocer se nos ha manifestado, se nos ha revelado en el nio, en el hombre, en el crucificado, en el resucitado Jess de Nazaret, Jess el Cristo de Dios, el Enviado de Dios, el Hijo de Dios, Y eso ES LO QUE CELEBRAREMOS sobre todo el domingo prximo: que Dios no es el lejano o el ausente, sino que Dios esta en el Nio de Beln. Y que, por eso mismo, nuestra manera de ver nuestra vida y el mundo, nuestra manera de amar y de luchar, tiene que ser distinta. Porque tenemos un Dios con nosotros, un Dios de nuestra familia humana, que conoce y comparte. El cristianismo es la fe en UN DIOS HUMANO. Y este es el gran Evangelio, la gran Buena Noticia, que los cristianos todos los cristianos no podemos considerar como una PROPIEDAD PRIVADA, como un privilegio particular, sino como una cosa que hemos de intentar comunicar a los dems. Porque, como hemos ledo en la carta de San Pablo, este Dios es para todos. Nacido en el pueblo judo para ser de todos.

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LA NAVIDAD PUEDE AYUDARNOS en este anuncio para todos. Porque la Navidad nos ayuda a vivir con alegra y esperanza, con bondad y humildad, nuestra fe. Esta fe que CON DEMASIADA FRECUENCIA los cristianos y la Iglesia presentamos de manera severa en exceso, demasiado como si fuera propiedad nuestra, hablando ms de nuestros derechos que de nuestra fraternidad con todos los hombres. Con demasiada frecuencia olvidamos que creer en un Dios humano implica vivir como hermanos de todos los hombres y, por ello, querer que tambin ellos descubran el Evangelio de Jesucristo. Pero para hacerlo hacen falta DOS CONDICIONES: la primera es que realmente nosotros creamos en el Dios humano que es Jess, y la segunda es que realmente nos sintamos hermanos de todos los hombres. Como Jess. Pidmoslo hoy. Y pidmoslo intentando seguir el ejemplo de aquella que supo cumplir del todo estas dos condiciones. Quin como mara crey en el Dios humano que era su Hijo? Quin como Mara no se alej en absoluto de los otros hombres por el hecho de ser la madre de Dios? Que el ejemplo de mara, en estos ltimos das de preparacin inmediata para la navidad, nos ayude a creer ms en el Dios-con-nosotros que es Dios para todos.

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DOMINGO IV DE ADVIENTO (C) Faltan pocos das para la Navidad. Por eso las profecas cada vez son ms concretas y el anuncio es ms urgente. MIQUEAS es el profeta que hoy hemos escuchado, y nos ha hablado de Beln, un pequeo pueblo cerca de Jerusaln, que ser famoso para siempre porque de l saldr el rey de Israel, el Mesas. Tambin nos ha anunciado que una madre tendr un hijo, y que este no ser un nacimiento cualquiera: su Hijo ser el Salvador de la Humanidad: porque se mostrar grande hasta los confines de la tierra. l ser la paz. Es esta una profeca que nos hace anticipar con gozo la Navidad. Los cristianos miramos estos das que se acercan con ojos de fe, intentando vivirlos con todo su significado, y no solamente en el sentido comercial o afectivo o familiar. Nos alegramos porque Navidad es el misterio de un Dios no lejano, sino cercano, que viene a nosotros. El resto ser muy bueno, pero lo que es ms importante es la llegada salvadora del Hijo de Dios a nuestra historia. La carta a los HEBREOS, la segunda lectura de hoy, nos ha dado la perspectiva para interpretar la Navidad. Este Jess que nace de Mara, en Beln, el Mesas esperado por la humanidad, es el mismo que el Viernes Santo subir a la Cruz y el que resucitar el tercer da por el poder de Dios. NAVIDAD NOS HACE MIRAR HACIA LA PASCUA. Porque fue precisamente en la Pascua, en la Muerte y Resurreccin donde Jess realiz de una manera intensa y dramtica la salvacin de la humanidad. Por eso, la carta a los Hebreos nos describe la actitud de Jess desde el primer momento de la Encarnacin: Aqu estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad No quieres ni aceptas sacrificios ni ofrendas, holocaustos ni vctimas expiatorias Aqu estoy para hacer tu voluntad. Con la entrega de la propia vida en solidaridad con la humanidad pecadora, Cristo alcanzar la reconciliacin de todos los hombres y Dios. Por eso nace por Navidad. Siempre que celebramos LA EUCARISTA hacemos memoria y participamos de la Pascua de Jess. Tambin nuestra celebracin central de Navidad, a medianoche o el da 25, ser la Eucarista: el memorial de la Muerte y Resurreccin de Cristo, que es tambin lo que celebramos cada domingo, el da del Seor. No nos quedamos solamente enamorados ante la figura del Nio recin nacido aunque tambin este momento tiene una leccin entraable de proximidad, sino que celebramos siempre al Seor que naci, vivi entre nosotros, muri y resucit, y permanece ahora, como Seor Glorioso, permanentemente con nosotros. Esta es la dimensin plena de la Navidad: Jess es, hoy y todos los das, el Dios-con-nosotros, que va dando sentido y fuerza a nuestra existencia cristiana. En este cuarto domingo de Adviento, recordamos cada ao de una manera especial a MARA, LA MADRE DEL MESAS, la que dio a luz al Salvador.

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Hemos escuchado, en el evangelio de Lucas, la visita que hizo Mara a su prima Isabel, para ayudarla en los momentos de su maternidad. Isabel qued cautivada por el hecho de ser visitada ni ms ni menos que por la Madre del Seor. Supo estar a la altura de la visita que reciba. Y valorar la grandeza del favor que el Seor le haba hecho, por lo que llena del Espritu, prorrumpi en alabanzas. As nos invita a una fe consciente y a la gratitud que colma siempre la Eucarista. Mara es LA QUE MEJOR HA VIVIDO LA ACTITUD DEL ADVIENTO Y LA NAVIDAD. Crey en Dios. Acept su plan de salvacin y la misin que se le encomendaba: ser la Madre del Mesas, al que esper llena de amor, (tal como recordaremos en el prefacio de hoy) y despus lo dio a luz. Pero tambin la vemos en otra actitud: adems de ser la mujer creyente, tambin fue, como en esta escena de la visita a su prima, como la portadora de Cristo para la humanidad, una evangelizadora que trajo la Buena Noticia a los dems, como lo hara despus con los pastores y reyes magos de Oriente. Tal vez no es esta precisamente la actitud que se espera de nosotros, los cristianos, en nuestro mundo de hoy? No es este el compromiso que la Iglesia ha asumido sintindose una comunidad misionera en medio de la sociedad? Es positivo que nos alegremos de la presencia salvadora de Jess en nuestras vidas, pero hemos de llevar esta buena noticia a un mundo que necesita de veras nuestro testimonio de esperanza y de fe. La Navidad que se acerca lleva a la Virgen mara a un acto de solidaridad hacia los dems. La Navidad que se acerca y la Eucarista que celebramos, nos ha de llevar tambin a nosotros a crecer en el amor a los dems. La Eucarista, cada vez que la celebramos, por ejemplo con el gesto de paz que hacemos antes de acercarnos a comulgar con Cristo, nos compromete a comulgar con los dems en nuestra vida de cada da. Con esta actitud, y siguiendo el ejemplo de la Virgen Mara, dispongmonos ya que es el mismo Seor el que ahora nos da EL GOZO DE PREPARARNOS PARA EL MISTERIO DE SU NACIMIENTO. El Espritu Santo acta ahora, de nuevo, transformando los dones del altar y santificndonos a travs de ellos. Nuestra participacin en la Eucarista nos vincula de esta forma a la Encarnacin del Hijo de Dios, y al mismo tiempo nos hace portadores de la salvacin. Que as sea.

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II.- TIEMPO DE NAVIDAD NAVIDAD Las manifestaciones divinas solan describirse de manera muy distinta a la de Cristo. Parece que lo que haba que dejar en claro era el poder maravilloso de Dios, que raja los rboles del bosque y hace temblar a las montaas. En un tiempo de opresiones y guerras continuas, Dios tena que ser el ms fuerte. La bondad contaba menos; la ternura, la caricia, la brisa, las lgrimas, la lluvia mansa, eran cosas dbiles y balades. Esas cosas no podan ser epifanas de Dios. Nuestro tiempo se ha dulcificado un poco. Todava se admira a los fuertes, pero ya no tanto a los violentos. Hoy se gusta ms de lo esttico, de lo bonito, de lo bien presentado. Hemos ganado en sensibilidad. Para algunos es lo nico que vale: la tica y la esttica se confunden; bueno es lo que gusta, lo que agrada, lo que est bien; bueno es lo bello, lo guapo y lo elegante, y bueno es el que sabe estar, sabe decir, sabe hacer, sabe triunfar. Lo bueno en s hoy tampoco se cotiza mucho, a no ser que lleve, como en algunos personajes, a un triunfo esttico. En la verdadera manifestacin de Dios, en la Navidad de Nuestro Seor Jesucristo, han aparecido la bondad de Dios y su amor a los hombres. No apareci en absoluto el poder de Dios. l, siendo fuerte, se hizo dbil. Tampoco apareci para nada la esttica de Dios. l, siendo hermosura soberana, cuya contemplacin alegra a los ngeles, se hizo un nio vulgar. Su nacimiento se convirti en un espectculo, s, pero deprimente. Lo que ha aparecido ha sido benevolencia y filantropa de Dios. Han aparecido la ternura y la misericordia de Dios. Han aparecido el cario y el perdn de Dios. Han aparecido la cercana y la amistad de Dios. Han aparecido la humildad y la paciencia de Dios. Han aparecido las entraas de Dios. La Navidad es eso: que se abri el cielo y empez a llover Dios, tierna y mansamente. Dios se convirti en una lluvia de besos, en una tormenta de caricias, en un aluvin de abrazos. Llovan los perdones y las reconciliaciones de Dios. Llovan las alegras y generosidades de Dios. Llovan los sentimientos entraables de Dios. Llova Dios. Lo que en el nacimiento de Cristo se manifiesta es la bondad y el amor de Dios; pero es que no poda ser de otra manera porque realmente en Dios no hay ms que bondad y amor. Estbamos equivocados. Habamos hecho un Dios a nuestra imagen y semejanza. Jess nos viene a decir que Dios no es otra cosa que bondad y amor. La definicin de Dios ya se haba ido perfilando en Moiss y los profetas. Pero ahora Jess viene a abrir de par en par el corazn de Dios. En l no hay ms que un amor infinito, ocano infinito de ternura, hoguera inmensa de misericordia. Quin tena miedo a la justicia de Dios? Toda su justicia se

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resuelve en los abrazos de un padre al hijo que se haba perdido. La Navidad es eso, el camino que emprende un padre en busca del hijo perdido. Han aparecido la bondad y su amor a los hombres. El nio que ha nacido es la visibilizacin de la naturaleza divina. En l iremos descubriendo todo el misterio de Dios. El rostro invisible de Dios en Cristo se nos ir dibujando. Y qu retrato, Dios mo! Qu riqueza y abundancia de bondad y de amor iremos descubriendo! Qu amplitud, qu longitud, qu altura y profundidad de misericordia iremos aprendiendo! Qu intensidad de ternura, de paciencia, de perdn iremos experimentando! Qu calidad y finura de amistad iremos sintiendo! Este Dios nio nos ir haciendo entender que lo fuerte y lo bonito est en la bondad y en el amor, que no hay nada ms fuerte que vivir y morir por los dems, que no hay nada ms hermoso que hacer de la vida un poema de amor. En Navidad aparece la sonrisa de Dios. Quiere decir que Dios acepta al hombre, lo mira benvolamente, se pone de su parte y toma partido por l. Jess es la mano tendida de Dios, el guio amistoso, el gesto apasionado, la sonrisa de Dios. Jess es el rostro iluminado de Dios hacia el hombre,. Quiere decir que nos quiere, que se agrada en nosotros, que pone en nosotros su complacencia. En Navidad aparece la generosidad de Dios. Todas sus bendiciones se concentran en Jess: una catarata de donaciones, gracia sobre gracia. Es que ya no nos da cosas, se da l mismo., Ya no sern necesarios el man, el agua de la roca, la tierra prometida, la victoria sobre los enemigos, la curacin de los males, porque Jess ser todo eso en su ms honda verdad. Tanto am Dios al mismo, que nos dio a su Hijo. En Navidad aparece el perdn de Dios. Jess nos trae la paz, y es la paz. Viene a repetir palabras de perdn. Viene a cargar con nuestros pecados y a pagar por ellos. Viene a sentar a la mesa a los pecadores y desgraciados. Viene a poner gracia en las desgracias. Viene a cargar con la oveja perdida. Viene a cambiar las leyes justicieras por la ley del amor. Viene a cambiar las piedras por las caricias., Viene a clavar en la cruz todas las sentencias que nos condenaban. Ha aparecido un nio. Es el resumen de todo lo que decimos. Un nio nos ha nacido, un hijo se nos ha dado. Y ese nio es Dios. Y ese hijo es Emmanuel, el Dios-con-nosotros. Hermanos y amigos mos, gritadlo a todos los medios de comunicacin. Un nio nos ha nacido. Decidlo en todos los telediarios. Un hijo se nos ha dado. Ponedlo como noticia de primera pgina. Una virgen ha dado a luz al Emmanuel. Romped a cantar todos los coros y las corales. Dios se ha hecho nio. Escribid todos los literatos narraciones sobre el tema. Un Dios ha aparecido como nio. Tienes ah tema para meditar. Dios poda haberse manifestado de otra manera. Digamos, ms digna, ms esplndida, ms independiente, ms fuerte. Pero se ha manifestado como nio. Ha optado por los valores del nio. Despus remachara, por si no lo entendimos bien, que debemos hacernos
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como nios si queremos parecernos a l. Pues repasa, hermano, los valores del nio. Dios ha escogido la pequeez, la debilidad, la ternura, Dios ha escogido la humanidad, la humildad, la sencillez. Dios ha escogido la bondad, la confianza, el amor. Buena leccin para nuestras ambiciones, orgullos y soberbias. Saba muy bien el Seor que la raz primera de nuestros males est ah, en ese instinto envenenado de querer ser como Dios. Por eso, el verdadero Dios quiere ser como hombre enteramente igual al hombres, menos en el pecado, incluso por debajo de muchos hombres. Bastara recordar cmo y donde naci; cmo y donde vivi; cmo y donde muri. Nosotros queremos ser los primeros; l quiere ser el ltimo. Nosotros queremos dominar, l quiere servir. Nosotros queremos triunfar; l slo quiere amar. Decir, pues, que Dios se ha manifestado como nio, equivale a decir que han aparecido la bondad y la filantropa divinas, que ha aparecido la sencillez de Dios, la pequeez de Dios, la agradabilidad y benevolencia de Dios. Y ya sabemos, todo el que quiera ser como Dios que empiece a ser como nio, que aparezcan siempre en l la bondad, la humildad y el amor. Me escriba una hermana. Al decir esta frase me intim tanto que me dije: eso es lo que tiene que aparecer en m de cara a Dios y para hacerle presente entre mis hermanos. Resume aqu la segunda vertiente de este misterio. La Navidad, sabemos se prolonga y se actualiza en cada uno de nosotros y en el conjunto de comunidades cristianas. No podemos hablar slo del pasado: apareci, sino que tenemos que decir: aparece, se manifiesta, nace. Todos los misterios de Cristo permanecen. Cristo sigue naciendo, predicando, curando, expulsando demonios, padeciendo, resucitando. Esta actualizacin no slo es litrgica o sacramental, sino experimental, hacindose vida en nosotros. Cuando nosotros asumimos el misterio de Cristo, lo prolongamos, somos sus testigos, lo reencarnamos. Hoy debo abrirme al misterio de la Navidad, debo dejar que Dios nazca en m, o sea, que aparezcan en m su bondad y su amor a los hombres.

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NAVIDAD (A) El Papa Juan Pablo II, en su primer mensaje de Navidad (hace veinte aos) dijo estas palabras que (esta noche) ahora quisiera leer con vosotros: Este mensaje lo dirijo a cada hombre: al hombre en su humanidad. Navidad es la fiesta del hombre. Nace el Hombre. Uno de los miles de millones de hombres que han nacido, que nacen y que nacern en la tierra. Es la humanidad continuaba el Papa la que es elevada en el nacimiento terrenal de Dios. La humanidad, la naturaleza humana es asumida en la unidad del Verbo divino, en el que Dios se expresa eternamente a s mismo. En nombre de este valor irrepetible de cada hombre, en nombre de esta fuerza que da a cada hombre el Hijo de Dios al hacerse hombre, me dirijo sobre todo al hombre. A cada hombre, dondequiera que trabaje, crea, luche, peque, ame, odie, o dude, dondequiera que viva y muera; hoy me dirijo con toda la verdad del nacimiento de Dios. Con su mensaje. Y deca Juan Pablo II estas palabras que hoy podramos escuchar como dirigidas a nosotros: Dios se ha acercado. Est en medio de nosotros. Es el Hombre. Dios, por medio de Cristo, se ha complacido en el hombre. No se puede destruir al hombre. No est permitido humillarlo! No est permitido odiarlo! Paz a los hombres de buena voluntad! Feliz Navidad a todos los hombres y a cada hombre!. He querido leer estas palabras del santo padre porque me parece que resumen el sentido de nuestra celebracin en esta noche santa. Me parece que son un excelente comentario a las lecturas que hemos escuchado. Y que nos pueden ayudar a profundizar en el esfuerzo por captar el sentido primordial de la fiesta de hoy y no quedarse en la superficie de una celebracin con sentimientos fcilmente fugaces. Navidad es la fiesta del hombre, dijo Juan Pablo II. Porque creemos que aquel nio era es el Hijo de Dios. Y por eso queremos seguir su camino, hacer nuestro su Evangelio. Celebrar el nacimiento nos compromete a acoger del todo la Palabra, la vida, el Evangelio, la muerte y resurreccin de Jess. No se puede celebrar el Nacimiento impunemente, como si no representara nada para nuestra vida. Aquel Nacimiento la transforma, la ilumina, porque abre un camino de fe, de esperanza, de amor para el hombre, y para cada uno de nosotros. Repitmoslo: Navidad es la fiesta del hombre. Porque celebrar aquel nacimiento nos conduce a respetar, valorar y amar a todo hombre. La fe cristiana dice: Dios est presente en cada hombre. La esperanza cristiana dice: todo hombre se puede salvar; Dios quiere que se salve y viva, ahora y por siempre. El amor cristiano dice: ningn hombre puede ser menospreciado, violentado; todo hombre ha de ser querido, todo hombre tiene derecho a vivir en paz, con justicia y libertad: en el bienestar debido y propio de la dignidad humana que tanto ha valorado el mismo Dios.
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Quisiera ahora aadir algo que podra sorprender a alguno. Celebrar la Navidad no es tan solo recordar el Nacimiento humilde y en la pobreza del Hijo de Dios. Sino tambin, esperar su Venida gloriosa al fin de los tiempos. El Hijo de Dios, el HombreDios vino entonces, viene ahora y vendr al fin de la historia humana. Lo decimos cada domingo en el Credo: Y de nuevo vendr con gloria para juzgar a vivos y muertos y su reino no tendr fin. Por eso, hoy, hemos de recordar tambin lo que Jess nos dijo al hablar como en una parbola del juicio final: Venid, benditos de mi Padre: tomad posesin del Reino preparado para vosotros desde la creacin del mundo. Porque cuando tuve hambre, me disteis de comer, cuando tuve sed, me disteis de beber, cuando era forastero me acogisteis etc., etc. Os acordis? Y os acordis tambin de la pregunta de los justos: cundo te vimos hambriento, y forastero, desnudo? Y la respuesta importantsima de Jess: Lo que hicisteis a cada uno de estos hermanos mos, por pequeo que fuera, me lo hicisteis a m. O tambin, despus, al revs: Todo lo que no hicisteis con cada uno de estos, por poco que fuera, me lo negasteis a m. Celebrar la Navidad ha de significar para nosotros hacer realidad esto mismo: creer que en cada hombre y en especial en los ms necesitados, en los ms pequeos de poder o de dinero o de consideracin en cada uno de ellos, est Dios. Que no se puede amar a Dios sin amar a cada hombre sin excepciones; y tambin que amar de verdad a cada hombre o mujer, nio o anciano, rico o pobre, de los nuestros o de los otros, ya es amar a Dios. S, hermanos: amar al hombre es amar a Dios. Y no amar al hombre, es no amar a Dios. Celebremos la Navidad con alegra. Con la gran alegra que nos da una esperanza que es cierta y que no puede fallar: es Dios quien hace posible que pueda ser verdad que el hombre pueda amar al hombre. Quiz nos parezca imposible en nuestro mundo lleno de injusticias, de dolor y de pobreza, de egosmos y violencias. Pero el Nio, Dios hecho hombre, nos dice que l lo ha hecho posible, que l lo hace posible. El camino que se inici en Beln contina ahora. Porque Jess el Hijo de Dios e Hijo del hombre, es ahora nuestro camino, el camino que queremos seguir. Porque aquel nio se hizo hombre, anunci una palabra de vida, de fraternidad. Anunci una gran esperanza que comenz aqu y se fue realizando plenamente. Nosotros creemos que vive resucitado y que es Camino de Vida. Y queremos que su luz ilumine nuestro caminar. Pidamos, hermanos, creerlo, creerle de verdad. Y si nos cuesta mucho creer en l y a todos nos cuesta acerqumonos al Nio y pidmosle que l nos ayude. Pidmoselo con toda confianza, con toda esperanza en esta Eucarista.

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NAVIDAD (C) Nos hemos reunido, hermanas y hermanos, para celebrar una vez ms con la Iglesia la fiesta de la Navidad de Nuestro Seor Jesucristo. Si en cada misa, y, sobretodo en las de los domingos damos gloria a Dios y le agradecemos su Amor hacia nosotros, hoy tenemos el gozo particular de hacerlo porque en Beln se nos ha dado l mismo, hecho realmente uno de nosotros, sin por ello dejar de ser el Verbo de Dios, para quien toda cosa fue creada. (Reconocimiento al Dios que se nos hace prximo) Al plantar su tienda en nuestro campamento, Jess nos ha revelado, antes que cualquier predicacin de su vida pblica, nuestra dignidad, puesto que Dios nos ha escogido para ser no solo testigos de sus maravillas, sino antes que nada y sobre todo hijos del Padre y hermanos de Jesucristo. Dios se ha hecho uno de nosotros. Ante el pesebre los hombres aprendemos que no es por miedo al mal, o a la muerte o al absurdo, por lo que volvemos nuestros ojos al ms all, sino, ciertamente por un amor sencillo y agradecido, de reconocimiento a un Dios que se nos hace prximo y que quiere estar siempre con nosotros en cualquier circunstancia de la vida. Cuando los santos de ayer y de hoy, Martn Luther King o Madre Teresa de Calcuta, o tantos y tantos hombres y mujeres annimos, luchan y se desviven para que el rostro del hombre no sea escupido, sus derechos pisoteados, y sobre todo, no se sea robada la esperanza, lo hacen porque cuando miran a Jess, Verbo encarnado y en brazos de Mara, han descubierto que ms all de los fracasos y debilidades, ms all tambin de los aparentes xitos de las modas huidizas, vale la pena amar al hombre, sacrificarse por el y ofrecerle ternura y paz. Gracias a Jess comprendemos como hemos de ayudarnos y perdonarnos una y otra vez, como es menester dejar siempre una puerta abierta a la ternura, y sobre todo, como no podemos desfallecer en el camino de la fidelidad al Padre. Un don de consuelo y de fortaleza en el camino Desde el silencio del establo, Cristo consuela y da fuerzas. l como hombre sabe desde su nacimiento que los pobres no son bien recibidos en los grandes hoteles de la vida, conoce tambin el dolor del enfermo solo y del viejo para quien la ciudad es cada vez ms esquiva. El Dios hecho hombre se solidariza con todos aquellos que queremos un mundo ms humano, y al mismo tiempo, recuerda que si l ha venido es para que nunca olvidemos su oferta de una ultima y definitiva patria. Se ha manifestado la bondad de Dios, nuestro salvador, y el amor que tiene a los hombres, dice la carta a Tito. S, por eso lo glorificamos y por eso daremos todo lo que est a nuestro alcance para que se viva en esta tierra la segunda parte del canto de los ngeles, y que merece un comentario ms amplio: y paz en la tierra a los hombres que Dios ama. Lo haremos, si Dios quiere, el da de Ao Nuevo, de acuerdo con la peticin del Para, en la Jornada mundial de la Paz. De momento y con todo afecto: hermanos y hermanas que Jess nos d a todos una buena y cristiana Navidad.
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DOMINGO INFRAOCTAVA DE NAVIDAD: LA SAGRADA FAMILIA De los cuatro evangelios, dos Marcos y Juan no nos dicen nada sobre el nacimiento y los primeros treinta aos de la vida de Jess; y los otros dos Mateo y Lucas lo hacen ms con el propsito de presentarnos quien es Jess para nosotros (qu significa Jess para nosotros) que de describirnos como vivi realmente Jess durante aquellos treinta primeros aos. Concretamente, el evangelio de Mateo el que leeremos predominantemente este ao despus de la narracin que acabamos de escuchar, despus de decirnos que Jos con su familia se retir a la regin de Galilea, y se fue a vivir al pueblo de Nazaret, ya no dice nada ms sobre estos aos y salta al encuentro decisivo de Jess ya adulto con Juan el Bautista. Por eso nos podramos sorprender de que en las oraciones propias de la misa de esta fiesta pidamos repetidamente imitar fielmente los ejemplos de la Sagrada Familia o imitar sus virtudes domsticas o digamos que Dios nos ha propuesto a la Sagrada Familia como maravilloso ejemplo Cmo podemos imitar unos ejemplos que conocemos tan poco? Aunque a decir verdad, tambin es cierto que aun conociendo con toda clase de detalles la vida de los esposos Jos y Mara y de su hijo Jess, es posible que nos fuera muy difcil imitar ms o menos al pie de la letra su vida porque las circunstancias familiares de aquel tiempo eran muy diferentes de las actuales. Tal vez lo hemos pensado al escuchar hoy la primera y la segunda lecturas: sus consejos y exhortaciones son ciertamente provechosos, pero buena parte de la concrecin que nos presentaban de las virtudes familiares reflejaban otras circunstancias culturales, sociales y econmicas muy lejanas de las actuales. Si los que sois ya un tanto mayores sabis por experiencia como ha cambiado la manera de vivir familiarmente de los tiempos de vuestros abuelos, o como quiz ya vuelve a ser distinta la de vuestros hijos o nietos, cmo podramos ahora reproducir la manera de vivir de hace veinte siglos? La conclusin es que no hay un nico modelo vlido para siempre de familia cristiana, sino que en cada poca y en cada circunstancia cada familia ha de buscar su manera de vivir cristianamente la relacin familiar. De aqu que pedir saber imitar el ejemplo de la Sagrada Familia no significa reproducir con toda clase de detalles su manera de relacionarse, sino intentar descubrir cmo en nuestras circunstancias, en nuestra realidad presente, habran vivido Jess, Mara y Jos. Me parece que para hacerlo, para ayudar a nuestra reflexin cristiana y nuestra plegaria de hoy, nos puede ser muy til repasar lo que deca San Pablo en la segunda lectura. Nos hablaba de la necesidad de llenar nuestra vida y, por tanto, tambin nuestras relaciones familiares de misericordia entraable, de bondad, de humildad, de dulzura, de comprensin. No os parece que con frecuencia nuestras relaciones familiares son excesivamente cargantes, fcilmente crispadas, demasiado duras? Nos falta con frecuencia esta serenidad y paciencia de que nos habla San Pablo. Y dira que no se trata tanto de actos concretos, como del clima habitual que hemos de conseguir en
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las familias con la aportacin de todos, comenzando por aquellos que tienen una mayor responsabilidad. No dejemos que el clima violento, agresivo, cargante que domina en tantos aspectos de la sociedad, entre en nuestros hogares. Al contrario, construyamos unas relaciones tejidas de bondad, serenidad y comprensin. Soportaos los unos a los otros y, si alguien tiene algo contra otro, perdonaos mutuamente, hemos tambin ledo. Todos sabemos por experiencia que en la vida de familia es inevitable que surjan a veces motivos de queja de uno contra otros. No se trata de irlo disimulando siempre, de no decirlo nunca con claridad. Pero tampoco de convertir nuestra vida familiar en una queja continuada, es una especie de reivindicacin exigente ante los dems. Tendramos que tener presente siempre tres cosas: primero, que los defectos no son exclusiva de los dems, pues cada uno tiene los suyos; segundo, que la mejor manera de ayudar a los dems a curarse de sus defectos es la cordialidad y dira que tambin el buen humor; y tercero, que para mejorar en toda relacin de pareja, en toda relacin entre padres e hijos, o con los dems miembros de la familia, lo ms inteligente es poner siempre la mirada ms en las cosas positivas que en las negativas. De alguna manera perdonarse es eso: mejorar nuestra manera de mirarnos. San Pablo nos habla an del amor, de la paz y de ser agradecidos. Ya no tenemos tiempo de extendernos ms y, por otra parte, son palabras que todos sabemos interpretar. Pidamos hoy saber mejorar la calidad de nuestro amor (que es lo mismo que decir ms cristiano, ms como el de Dios). Pidamos saber apostar siempre que nos sea posible por la paz (lo que decamos antes: conseguir un clima habitual pacfico, de buen humor, gracias al estilo que nos sugiere: Exhortaos Enseaos Respetaos). Pidamos tambin el saber ser cada vez ms agradecidos con los dems, no dando por supuesto que los dems nos tienen que amar, sino sabiendo valorar y agradecer todo este tejido de cosas pequeas quiz ya convertidas en costumbre que hacen posible la buena relacin familiar. En fin. Los cristianos sabemos que existe una familia ms grande que la propia, que la de la sangre: la nueva familia de la Iglesia, nacida en Cristo. La familia-Iglesia ha de ser, por su fe y su testimonio, fermento de una nueva vida cristiana, capaz de influir de modo directo o indirecto en las familias de la sangre, hacindolas partcipes de los dones del Reino de Dios. Termino. Hemos ledo tambin en la carta de San Pablo: Todo lo que hagis, sea de palabra, sea de obra, hacedlo en nombre de Jess, dirigiendo la accin de gracias a Dios Padre por medio de l. Es lo que haremos ahora, en la Eucarista, es decir, en la Accin de gracias. Incluyamos hoy muy especialmente en esta accin de gracias todo el amor, la generosidad, el esfuerzo que a pesar de todo hay en nuestras familias. Y pidamos al Padre de todos que nos ayude a saber descubrir como viviran hoy, en las circunstancias de cada uno de nosotros, Jos, Mara y Jess.

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LA SAGRADA FAMILIA 1. Los misterios de la vida oculta Supuesta la encarnacin, todos los episodios de la vida de Jess tienen la misma densidad de misterios: tanto esta vida oculta y familiar que hoy celebramos como la vida pblica y la misma Pasin. La Palabra se hizo carne y acamp entre nosotros. Sin aquella, sin los procesos callados y silenciosos de la vida oculta, esta no habra tenido lugar. No son horas estelares de la historia humana, sino silenciosas y olvidadas. Lo que es verdaderamente grande, crece en silencio. Nacemos y nos hacemos en el seno de ese tero social que es una familia. El da de hoy nos coloca ante el misterio de la vida familiar, como esa imagen y espejo del amor de Dios. Todo lo que Cristo asume ha quedado santificado. Y Jess asumi calladamente la vida familiar por muchos aos. Esta vida oculta es la de la ambigedad de los signos; los signos pueden estar vacos o pueden estar llenos. Es tiempo de la incertidumbre acerca de la propia misin. La vida humana sigue siendo el misterio oscuro que el hombre ha de afrontar valientemente. La vida oculta es la de la aceptacin de la oscura voluntad de Dios. Llegaremos a conocer a Dios en la medida en que hagamos sitio a su presencia. 2. Familia, vocacin y gratuidad. El ser humano nace y se hace en esa comunidad de personas, de vida y amor, que es la familia. Para que la persona humana se desarrolle, potencie sus talentos, se abra a sueos y esperanzas requiere de ese recinto sagrado; es en la familia, donde el nio comienza a conocer su nombre y su identidad; donde se siente llamado, lo que quiere decir estima y aprecio; donde se sabe distinto, con unos valores propios que ha de desarrollar; donde aprende a llenarse de ilusin, proyectos de vida e ideales. Cada ser humano, cada nio, es portador de un misterio, con una vocacin personal, nica e irrepetible. Esa vida familiar es el mbito primario para aprender ese valor poco el alza de la gratuidad: se viene a la existencia por el amor de dos personas, se empieza a encontrar acogida y cario inmerecidos, siendo objeto de un amor por s mismo. La primera llamada la tiene la familia, la primera interpelacin, la primera oportunidad y exigencia, el primer amor. Creemos en el amor desinteresado que viene de Dios, creemos en la familia como hogar de convivencia y del amor que son tarea y compromiso constantes. 3. La realidad de nuestras familias No se trata de establecer un modelo ideal e inalcanzable de familia; se trata de apuntar algunos elementos que se descubren en la naturaleza y en la gracia de la familia, cuando se la considera misterio de Dios, esto es, mediacin visible del amor invisible de Dios. El sabio autor del Eclesistico aporta su grado de arena a la consolidacin y valoracin de la familia en los siglos que preceden a la era cristiana. Las estadsticas hablan desgraciadamente de nios no deseados, y los peridicos dan noticias de padres indeseables, de hogares que no son escuelas
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de amor, sino de violencia. No es ocasin, por eso, de ocultar las dificultades, sino de replantear los problemas de la convivencia. Es momento, asimismo, de preguntarse si en nuestras familias vivimos la gratuidad, la generosidad, la puesta en comn; podemos encontrar ejemplos positivos y negativos al examinar nuestra vida. Es momento de reflexionar sobre la educacin de los hijos, si se da una bsqueda en comn a travs del dilogo, de la comprensin y de la tolerancia. Es hora tambin de preguntarse si se educa en los valores del Reino: del esfuerzo, de la exigencia, de la austeridad, de la creatividad, de la solidaridad. 4. La familia, como tarea comn. Del Evangelio de hoy se deduce que la familia de Jess le ayud a crecer como persona humana en todas las facetas (en sabidura, estatura y gracia). La familia se construye cada da; no basta el hecho de tener la misma sangre y los mismos apellidos; no basta cohabitar bajo el mismo techo, ni siquiera basta la dependencia econmica. Es una cuestin de relaciones, de relaciones saneadas: honra a tu padre, ten indulgencia Es una tarea en la que todos y cada uno de los miembros estn implicados. Es posible construir esa familia que sea reflejo de la misma comunin del Dios trinitario.

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LA SAGRADA FAMILIA En este ltimo domingo del ao celebramos una fiesta entraable. En pleno ambiente navideo tenemos un recuerdo de la Familia de Jess, Mara y Jos en Nazaret. No sabemos muchas cosas de su vida. Pero una cosa es cierta: Jess quiso nacer y vivir en una familia, quiso experimentar nuestra existencia humana, y, adems, en una familia pobre, trabajadora, que tendra muchos momentos de paz y serenidad, pero que tambin conoci el vivir en la estrechez, la emigracin, la persecucin y la muerte. Las lecturas que hemos escuchado quieren iluminar con una luz cristiana y navidea la historia de todas nuestras familias. Precisamente ahora en que tantos interrogantes se plantean en torno a esta institucin, y tantas dificultades encontramos todos para la convivencia y para la estabilidad en nuestras opciones. Jess hijo de Sira, en la primera lectura, nos dibujaba un pequeo tratado sobre el comportamiento de los hijos hacia sus padres. El marco social ha cambiado mucho desde entonces. Pero la actitud que seala contina siendo actual: atender a los padres, tambin cuando se hacen mayores y comienzan a perder la memoria. Que fcil es tratarlos bien cuando los ellos quienes nos ayudan a nosotros! Y cuan difcil cuando ya no pueden valerse y dependen de nuestra ayuda! El motivo que ha dado Jess hijo de Sira para este amor a los padres no es solamente humano. Se remonta a Dios y a su mandamiento: Honrar padre y madre. Quien honra a su padre, ser escuchado por Dios cuando rece quien honra a su madre, obtendr recompensa. Habr cambiado el sistema de las relaciones en la familia. La autoridad de los padres tendr ahora mucho ms en cuenta la libertad y la personalidad de los hijos. Pero el mandamiento de Dios contina, y ha de tener aplicacin en cualquier circunstancia: y hoy es iluminado por el ejemplo de Jess, que en su casa, en Nazaret, viva sujeto. Pablo nos ha hecho ver otro ambiente donde poder realizar este mismo ideal de convivencia cristiana: el de una comunidad. Las recomendaciones que da continan siendo validas: Tener sentimientos de misericordia entraable, de bondad, de humildad, de dulzura, de comprensin perdonaros, cuando alguno tenga quejas contra otro Y por encima de todo esto, el amor, que es el ceidor de la unidad consumada. Es precisamente la actitud que nos suele faltar: la acogida mutua entre nosotros, en cualquier tipo de convivencia. Las relaciones interpersonales nos resultan cada vez ms difciles. La fiesta de hoy no nos da soluciones tcnicas para la vida familiar o social, pero si que nos ofrece unos caminos bsicos, humanos y cristianos a un tiempo: el amor, la comprensin, la acogida y el perdn. (maridos, amad a vuestras esposas, y no seis speros con ellas padres, no exasperis a vuestros hijos, no sea que pierdan los nimos)
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Pero todava hay un camino superior: porque todo eso no hace una familia cristiana solo por motivos de coexistencia humana, sino desde la fe cristiana: en el Seor. Porque Dios nos ha perdonado, es por eso que nosotros perdonamos a los dems. Porque Cristo ha aparecido entre nosotros, es por lo que nos sentimos agradecidos y unidos los unos a los otros. La familia cristiana, adems de las motivaciones que tienen los dems para una convivencia constructiva, tiene otras: quiere ser un signo del amor de Dios en medio de la sociedad humana, tan falta de amor y de testimonios de esperanza. Existe tambin otro elemento de cohesin familiar para los cristianos. La familia de Nazaret aparece como una familia que va al Templo a orar, a celebrar la Pascua anual. Modelo de toda familia cristiana, que es invitada a rezar unida. A celebrar, tambin como familia, la Eucarista del domingo. Es lo que Pablo recomendaba a los suyos: Que la Palabra de Cristo habite entre vosotros todo lo que de palabra o de otra realicis, sea todo en nombre de Jess, ofreciendo la Accin de Gracias a Dios padre por medio de l. No es aqu, en la oracin familiar, en la Eucarista celebrada en comn, donde mejor pueden las familias alimentar su fe, su unin, su compromiso diario de amor y de fidelidad? Es lo que pediremos en una oracin que dentro de unos breves momentos diremos: al ofrecerte, Seor, este sacrificio de expiacin, te suplicamos por intercesin de la Virgen, madre de Dios y de San Jos, que guardes nuestras familias en tu gracia y en tu paz verdadera. Que as sea.

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LA SAGRADA FAMILIA De los cuatro evangelios, dos Marcos y Juan no os dicen nada sobre el nacimiento y los primeros treinta aos de la vida de Jess; y los otros dos Mateo y Lucas lo hacen ms con el propsito de presentarnos quien es Jess para nosotros (qu significa Jess para nosotros) que de describirnos como vivi realmente Jess durante aquellos primeros treinta aos. Concretamente, el evangelio de Mateo el que leeremos predominantemente durante este ao, despus de la narracin que acabamos de escuchar, despus de decirnos que Jos con su familia se retir a la regin de Galilea, y se fue a vivir al pueblo de Nazaret, ya no dice nada ms sobre estos aos y salta al encuentro decisivo de Jess ya adulto con Juan el bautista. Por eso podramos sorprendernos de que en las oraciones propias de la misa de esta fiesta pidamos repetidamente imitar fielmente los ejemplos de la Sagrada Familia o imitar sus virtudes domsticas o digamos que Dios, nos ha propuesto a la Sagrada Familia como maravilloso ejemplo Cmo podemos imitar unos ejemplos que conocemos tan poco? Por mucho que tambin es cierto que por ms que conociramos con toda clase de detalles la vida de los esposos Jos y Mara y de su hijo Jess, es posible que nos fuera muy difcil imitar ms o menos al pie de la letra su vida porque las circunstancias familiares de aquel tiempo eran muy diferentes de las actuales. Tal vez lo hemos pensado al escuchar hoy la primera y segunda lectura: los consejos y exhortaciones que nos ofrecen son ciertamente aprovechables, pero buena parte de la concrecin que nos presentan de las virtudes familiares reflejan otras circunstancias culturales, sociales y econmicas muy lejanas de las actuales. Si los que vais siendo un poco mayores sabis por experiencia como ha cambiado la manera de vivir familiarmente de los tiempos de vuestros abuelos, o como quiz ya vuelve a ser distinta de la de vuestros hijos o nietos, cmo podramos ahora reproducir las maneras de vivir de veinte siglos atrs? La conclusin es que no hay un nico modelo casi eterno de familia cristiana, sino que en cada poca y en cada circunstancia cada familia ha de buscar su manera de vivir cristianamente la relacin familiar. De ah que pedir saber imitar el ejemplo de la Sagrada Familia no signifique reproducir con toda suerte de detalles su manera de relacionarse, sino intentar descubrir cmo en nuestras circunstancias, en nuestra realidad presente, habran vivido Jess, Mara y Jos. Me parece que para hacerlo, para ayudar nuestra reflexin cristiana y nuestra plegaria de hoy, puede sernos muy til repasar lo que deca San Pablo en la segunda lectura. Nos hablaba de la necesidad de llenar nuestra vida y, por tanto, tambin nuestras relaciones familiares de compasin, bondad, humildad, serenidad, comprensin. No os parece que con frecuencia nuestras relaciones familias son hoy excesivamente cargantes, fcilmente crispadas, demasiado duras? Nos falta con frecuencia esta serenidad y paciencia de que nos habla San Pablo. Y dira que no se trata tanto de actos concretos, como del
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clima habitual que hemos de conseguir en las familias con la aportacin de todos, comenzando por aquellos que tienen en ella una mayor responsabilidad. No dejemos que el clima violento, agresivo, cargante que domina en tantos aspectos de la sociedad entre en nuestros hogares, Al contrario, construyamos unas relaciones tejidas de bondad, de serenidad y comprensin. Sobrellevaos mutuamente y, si alguno tiene cosas contra otro, perdonoslo, hemos ledo tambin. Todos sabemos por experiencia que en la vida de familia es inevitable que surjan a veces motivos de quejas de uno contra otros. No se trata de irlo disimulando siempre, de no decirlo nunca con claridad. Pero tampoco de convertir nuestra vida familiar en una queja continuada, en una especie de reivindicacin exigente ante los dems. Tendramos que tener presente siempre tres cosas: primero, que los defectos no son exclusiva de los dems, pues que todos tenemos los nuestros; segundo, que la mejor manera de ayudar a los dems a curarse de sus defectos es la cordialidad y dira que tambin el buen humor; y tercer, que para mejorar en toda relacin de pareja, en toda relacin entre padres e hijos, o con los otros miembros de la familia, lo ms inteligente es fijar siempre la mirada ms en las cosas positivas que no en las negativas. En cierta forma perdonarse es eso: mejorar nuestra manera de mirarnos. San Pablo nos habla todava del amor, de la paz y del ser agradecidos. Ya no tenemos tiempo de extendernos ms y, por otra parte, son palabras que todos sabemos interpretar. Pidamos hoy saber mejorar la calidad de nuestro amor (que es lo mismo que decir ms cristiano, ms como el de Dios). Pidamos el saber apostar siempre que nos sea posible por la paz (lo que decamos antes: conseguir un clima habitual pacfico, de buen humor). Pidamos tambin el saber ser cada vez ms agradecidos a los dems, no dando por supuesto que los dems tienen que amarnos, sino sabiendo valorar y agradecer todo este tejido de cosas pequeas quizs ya convertidas en costumbres que hacen posible la buena relacin familiar. Termino. Hemos ledo tambin en la carta de San Pablo: todo lo que hagis, sea de palabra, sea de obra, hacedlo todo en nombre de Jess, ofreciendo la Accin de Gracias a Dios Padre por medio de l. Es lo que ahora haremos, en la Eucarista, es decir, en la Accin de gracias. Incluyamos hoy muy especialmente en esta accin de gracias todo el amor, la generosidad, el esfuerzo que a pesar de todo hay en nuestras familias. Y pidamos al Padre de todos que nos ayude a saber descubrir como viviran hoy, en las circunstancias de cada uno de nosotros, Jos, Mara y Jess.

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OCTAVA DE NAVIDAD: SANTA MARA MADRE DE DIOS Dice el refrn que el pez grande se come al pequeo. As funciona la naturaleza. Y No obstante, la razn y, sobre todo, el corazn nos dicen que no tendra que ser as. Estamos dentro del tiempo festivo de la Navidad, y en el evangelio se nos ha hablado de unos pastores que buscaban a un Nio. Qu seal tenan para reconocerlo? Lo encontraris acostado en un pesebre, les haba dicho el ngel. Mientras que los animales buscan convertir su hbitat en el propio comedor y devorar a los ms dbiles, Jess es puesto en un Pesebre. El pesebre es el lugar donde se pone el alimento para ser comido. Y cuando, ocho das despus de nacer, le pondrn un nombre, este nombre ser Jess, que significa salvador. Los pastores reconocern a Jess, el Salvador, precisamente porque lo encontraron en un pesebre. El evangelio une la Navidad con la idea de la paz. Desde el principio Jess es saludado como el prncipe de la paz, o si se quiere, como el principio de la paz. Existe la paz, la imaginaria paz de quienes se imponen y devoran. Jess es el Prncipe de otra paz, desde un pesebre. Eso nos descubre que con el Hombre da comienzo la posibilidad de un nuevo estilo de paz. A la paz del dominio (propio de la vida pre-humana, bestial) sigue la Paz del Servicio que es la propia y caracterstica del Hombre, del Hombre-Hombre. Hoy, primer da de enero, como cada ao, celebramos la jornada de la paz. El lema de esta 31 jornada, desde que el Papa Pablo VI la instaur, es para este ao es: De la justicia de cada uno nace la paz para todos. Un mensaje sobre la paz dedicado a la justicia? S, y no tendra que sorprendernos porque la paz y la justicia se conjugan siempre juntan, o mejor, como dice el salmista: La justicia y la paz se besan. Ambas hunden sus races en el amor misericordioso de Dios. Y sealan que el amor de Dios por los hombres es lo que funda el respeto de la dignidad de toda persona y hace posible las relaciones armoniosas entre los individuos, pueblos e incluso los Estados. Adems, conviene caer en la cuenta de la relacin entre cada uno y todos, entre el individuo y la sociedad. De hecho, el individuo, sujeto de derechos inalienables tiene deberes en relacin con sus semejantes, y del mismo modo toda sociedad y, por tanto, todo Estado tiene la obligacin moral de promover el bien de sus miembros sin ninguna excepcin. El conjunto de los estados deber actuar en favor del bien de la humanidad entera, a fin de que llegue a ser una verdadera familia de naciones. Tales deberes ligados a la justicia se encuentran efectivamente en la base de una paz autntica. Es lo mismo que decir: para construir la paz, el pez grande no ha de comerse al chico, sino que tiene que servirlo. No basta con propuestas

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universalistas que exceden de las posibilidades reales de cada uno. Hacen falta estas y as alcanzar fortaleza todas. Nuestra historia y nuestra situacin cultural nos hace especialmente sensibles a las iniciativas sociales y a los problemas de las minoras. Ello nos hace especialmente preparados para ayudar a difundir esta nueva paz en nuestro mundo. Es necesaria una globalizacin en la solidaridad, una globalizacin sin marginalizacin. Pero hemos de concretarlo en nuestro esfuerzo personal. Hemos descubierto nuestras necesidades de paz? Hemos estudiado nuestras posibilidades de generar paz? Cmo hacemos por olvidar nuestros compromisos y tranquilizar nuestra conciencia? Cmo luchamos contra la corrupcin en nuestros ambientes? Qu hacemos para luchar contra la injusticia de un mundo roto entre pobres y ricos? El Papa concluye su mensaje lleno de esperanza, porque el Espritu Santo todo lo llena. Concluye manifestando que ve ya un mundo en el que la bsqueda de la justicia conduce a la paz. Y cita al profeta Isaas: El efecto de la justicia ser la paz, la funcin de la justicia, calma y tranquilidad perpetuas (Is 32,17). Hoy es tambin la fiesta de Santa Mara, Madre de Dios. Fue Ella quien puso a Jess en un pesebre. Saba que as colaboraba al nacimiento del Hombre nuevo. Desde el principio la comunidad cristiana puso en su boca aquellas palabras profticas: Derrib a los poderosos de sus tronos y ensalz a los humildes. Con justicia la invocamos como Reina de la paz. Que ella nos ayude a descubrir el significado de la Eucarista de cada domingo. Sobre la mesa, el Pan y el Vino harn visible la presencia del Hombre nuevo que ella dio a luz para ser comido. No se trata, evidentemente, de un acto de canibalismo, sino de un acto de comunin. El Pan de la Eucarista es tambin nuestra vida que, por el trabajo, se ha convertido, como la del mismo Jess, en alimento de fraternidad universal. En la naturaleza el pez grande se come al chico. Pero entre nosotros quien quiera ser grande que sea el servidor de todos. Es la nueva paz; la paz de Jesucristo.

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SANTA MARA MADRE DE DIOS AO NUEVO Hermanos, la figura de Mara ocupa un lugar preeminente en el plan de salvacin de Dios. Su colaboracin tiene una doble lectura. Por una parte, la sorpresa de constatar que Dios quiere contar con ella y con nosotros para llevar a trmino su obra. Y por otra, el inexcusable compromiso de Mara y el nuestro para secundar sin dilaciones los proyectos de Dios en bien de nuestros semejantes. Eleccin inicial de Dios y respuesta afirmativa del hombre. Hoy hemos de reflexionar sobre el estilo de la respuesta de Mara, Madre de Dios. Se le propone ser la madre del Mesas esperado. Y ella contesta con un s, cargado de discrecin y de humildad, pero al mismo tiempo un s activo y exigente. Prcticamente estamos en el centro de estas fiestas tan entraables de la Navidad. El protagonismo ciertamente le corresponde a Jesucristo, Dios encarnado. Pero vale la pena centrar nuestra mirada en mara. Ella nos da la clave de actuacin para la vida. Mara siempre ha estado presente, pero sin destacar y en un segundo plano, a lo largo de todo el tiempo de Adviento, en la Fiesta de la Navidad, en la de la Sagrada Familia que celebrbamos ayer. Ella no es el mensaje de Dios, pero sin ella no nos llega el mensaje de Dios. Ella no es la encarnacin de Dios, pero con ella y en ella Dios quiere encarnarse. Aqu descansa la fuerza ejemplar de Mara. Se sabe elegida no para figurar sino para servir. La proximidad de Dios transforma la persona de solitaria en solidaria. La respuesta a la iniciativa de Dios hermana en una misma fe y en una misma esperanza para llevar a trmino los planes de Dios a travs del amor universal. A esta mujer sencilla, creyente y comprometida con Dios en favor de todos los hombres, a esta mujer le rendimos hoy un homenaje especial. En ella, que es una de nosotros, reconocemos a la Madre de nuestro Dios. En la progresiva revelacin de Dios a los hombres, hoy comenzamos a entender que lo que Dios busca es nuestra transformacin, nuestra divinizacin a partir de una actitud de proximidad, de adhesin y de colaboracin con l. La posibilidad de reconocer a Mara como Madre de Dios nos confirma la voluntad amorosa de Dios de convertirnos en hijos suyos, si recreamos en nuestras circunstancias la misma actitud de Mara. Uno de los grandes valores que Mara nos ha alcanzado en Cristo es la paz, la jornada que celebramos hoy. Si somos hijos de Dios, somos hijos de la paz. Si somos hermanos de Jesucristo, somos hermanos de la paz. No hay duda de que todo el misterio de navidad se resume hoy en dos palabras: Madre y Paz. Madre de Dios y Paz de Dios. La intimidad familiar y la fraternidad social que caracterizan estos das hay que traducirla en hechos constantes. Al estilo de Mara. La paz es uno de estos
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bienes a los que el cristiano no puede renunciar en ningn momento de su vida. Estamos faltos de armona familiar, de armona eclesial, de armona social. Pero tal vez necesitamos, antes que nada, de la armona personal, esta serenidad que desprende Mara, la llena de Dios. Cuanto ms grande sea la comunin o la presencia de Dios en la vida del hombre, mayor ser tambin su capacidad de transmitir paz. Nosotros, los creyentes, hemos de ser decididos y convencidos defensores de la paz. Cada cristiano es un forjador de paz. Este valor evanglico y mariano es fuente de felicidad personal y social. Cualquier actitud que rompa la propia felicidad o la de los dems buscando otros intereses egostas, atenta contra Dios y contra el hombre. Hermanos, estos das son muy apropiados para meditar y saborear la grandeza del nacimiento del Salvador, y tambin para dejarnos admirar por la disponibilidad de Mara a los planes de Dios. Hoy comenzamos un ao nuevo, llenos de esperanza, y tambin cargado de dificultades y problemas que nos vienen de lejos. Hemos de afrontarlo con decisin, pero sobre todo sin rebajar las exigencias de nuestra fe. Tomando como punto de referencia cuanto hemos comentado, no pensis que nuestra mejor felicitacin de hoy sera confirmar nuestras palabras con un poco ms de oracin, un poco ms de Dios en nuestras vidas para que nuestra relacin con los dems est llena de ms paz, mejor buen humor y ms buen amor? Que Mara, madre de Dios y madre nuestra vele por todos, y nos ensee desde su discrecin, y desde la plegaria; desde el silencio, pero con toda atencin a ser constructores comprometidos de paz para nuestra sociedad.

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PRESENTACIN DEL SEOR Recordis sin duda que en los dos ltimos domingos hemos ledo en el evangelio la PRESENTACIN que Jess de Nazaret haca de su programa, aquello de: El Espritu del Seor est sobre m porque me ha ungido. Me ha enviado a anunciar la Buena Noticia a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos la vista. Hoy en la fiesta de la Presentacin del Seor en el Templo encontramos tambin en el evangelio como otra presentacin de la persona y de la obra de Jesucristo. El evangelista Lucas aprovecha la descripcin del rito de la presentacin del nio Jess en el templo, que hacen Jos y Mara, segn las costumbres judas cuarenta das despus del nacimiento, para ofrecernos su visin su presentacin de la persona y obra de Jesucristo. Una presentacin que puede servirnos para subrayar brevemente algunos aspectos caractersticos del evangelio de Lucas que leemos habitualmente los domingos de este ao. Segn el evangelio de Lucas, el anciano Simen da gracias a Dios diciendo: mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones, y gloria de tu pueblo Israel. Encontramos con frecuencia en los evangelios la palabra LUZ como definicin de lo que es Jesucristo. (Hoy esta palabra est reforzada por el smbolo de las candelas que se bendicen como signo de la luz que es Jesucristo). Pero fijmonos que siempre expresa lo que indica hoy el evangelio de Lucas: no se trata solamente de una luz que ayude a caminar, sino que es ms: es una Luz que salva, es decir, que gua por un camino que conduce a la vida. Por eso Lucas define a Jesucristo como el ttulo de SALVADOR. Luz, Salvador Y tambin GLORIA. Quizs esta expresin nos cueste ms de entender. En el lenguaje bblico la palabra gloria significa la manifestacin de Dios mismo. Y para comprender el sentido que tiene en esta narracin, es importante advertir que para el pueblo judo la gloria de Dios se manifestaba especialmente en su Templo: es decir, el Templo era el lugar donde Dios se haca ms presente. Para el evangelio de Lucas, Jesucristo es la gloria del pueblo porque es la mxima manifestacin de Dios en su pueblo. Y, a la vez, Jesucristo ser el nuevo y verdadero TEMPLO de Dios porque l ser el camino de encuentro ms autntico con Dios. Quedando as superado el Templo como un lugar, y sustituido el Templo como una persona: la persona de Jesucristo, pero tambin cualquier hombre en quien habita el Espritu de Dios. Intentemos examinar an otro aspecto, tpico tambin del evangelio de Lucas. Un aspecto que puede parecer una contradiccin, pero que Lucas acenta como lo hace tambin San Pablo. Y que quiz nosotros subrayamos poco. Es lo que podramos llamar el LUGAR DE JESUCRISTO EN LA HISTORIA DE LOS PUEBLOS. Por una parte, Lucas que no era judo insiste una y otra vez en el hecho de que Jesucristo es el fruto del pueblo judo, es su gloria es
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decir, su culminacin. Pero al mismo tiempo insiste, tambin una y otra vez, que Jesucristo es para todos los pueblos. Por eso Simen dice de Jess que es luz para alumbrar a las naciones y gloria de Israel. Podramos decir que Jesucristo est plenamente inserto, plenamente puesto, en la historia de una humanidad que progresa. Por eso Simen habla de una PREPARACIN que fue necesaria a travs de los siglos, en el seno del pueblo judo, para hacer posible la plena manifestacin de la luz de Dios en Jesucristo. Pero esta explosin no queda encerrada en un pueblo como tampoco despus ningn pueblo, ninguna clase, ninguna cultura tendr derecho a monopolizar esta Luz de Dios, sino que es PARA TODOS. La misin del pueblo judo fue preparar el advenimiento de este estallido de luz que es Jesucristo; la misin de la Iglesia es comunicar esta Luz a todos los pueblos, a todos los tiempos. Y si la tentacin del pueblo judo fue la de resistirse a traspasar lo que haba nacido en su seno, tambin la tentacin de los cristianos es no hacernos transmisores para todos de la Luz de Jesucristo. Es quedarnos encerrados en la Iglesia en sus problemas, y secuestrar de esta forma la Luz para todos que es Jesucristo. Quedaran an aspectos del evangelio de hoy que podramos comentar. Por ejemplo, el lugar de MARA como portadora de la luz de la vida que es su Hijo. Ella, siempre muy cercana a Jesucristo, manifiesta que ha acogido en su seno la Palabra del Padre para ofrecrnosla a los hombres como Luz. No renuncia a la misin recibida, aunque ir cada vez siendo ms consciente de que una espada le traspasar el alma al conocer la actitud de muchos corazones. San Juan de Ribera, el fundador de esta Capilla y Colegio de Corpus Christi, quiso contar con la Virgen Madre y que la venersemos en este da, viendo la profunda unin de Mara con Jesucristo. Que todos los que aqu nos reunimos para la oracin no nos sintamos desligados de la misin de Mara, sino que con Ella tengamos capacidad para discernir la presencia del Seor y su accin, imprevisibles e inesperadas, en medio de las cosas ms normales y corrientes de la vida de cada da. Y que no nos aferremos a la comodidad y al disfrute del bienestar, nosotros que seguimos al que es una bandera discutida: CRISTO, que obliga al hombre a definirse causando dolor y oposicin. Hermanos: sigamos celebrando con Jesucristo nuestra accin de gracias al Padre como Simen porque nos ha revelado su luz y nos ha comunicado su Espritu. Que, durante toda la semana, y siempre, vivamos segn esta luz de Jesucristo y seamos fieles a su Espritu para continuar difundiendo su Luz.

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DOMINGO II DESPUS DE NAVIDAD 1. Palabra definitiva. Muchas veces y de muchos modos habl Dios en el pasado a nuestros padres por medio de los profetas; en estos ltimos tiempos nos ha hablado por medio de su Hijo (Hb 1,1-2). As comienza la epstola a los Hebreos, haciendo de Jesucristo la Palabra definitiva y ltima de Dios en perfecta sintona con el Prlogo del Evangelio de Juan. Porque antes Dios se haba comunicado indirectamente, de forma fragmentaria, como de lejos. Antes se comunicaba, pero oculto en la zarza ardiente, o en la montaa humeante, o escondido en el templo. En Jesucristo la comunicacin es plena y directa, entraable y amistosa, visible y cercana; pues l es resplandor de la gloria e impronta de la sustancia de Dios. 2 Preguntas humanas y silencio de Dios. Tal vez hoy estemos ms cansados y fatigados de palabras que en otro tiempo, sometidos a muchas y ms rpidas formas de informacin y de publicidad engaosa; en cualquier caso, en toda poca se ha credo ms en las obras que en la pura doctrina, en la vida y en los hechos ms que en las teoras. Wolfgang Borchert, en una pieza teatral que tiene por trasfondo los desastres y el horror provocados por la Segunda Guerra Mundial hace que su protagonista un tal Beckmann entable una conversacin con Dios. Y Beckmann pregunta airado: Dnde est ese viejo que se llama Dios?; Dnde ests t, el que suele estar en todas partes?; Dnde est ese viejo que se llama Dios? Por qu no habla? Responded! Por qu os callis? Por qu? Nadie, nadie responde 3 Dios ha hablado en Jesucristo. l es la respuesta a las preguntas angustiadas que anidan en las entraas del corazn humano. En Jess todo es comunicacin directa de Dios. Es comunicacin y Palabra de Dios no slo cuando habla y ensea, sino cuando nace, cuando trabaja, cuando vive en familia, cuando obra curaciones y milagros, cuando lava los pies, cuando sufre persecucin y violencia, cuando muere y cuando resucita. Es Palabra de Dios cuando se bautiza y cuando parte el pan, cuando es tentado, cuando se transfigura, cuando acoge y se rodea de pecadores. Y es Palabra cuando est en lo alto del madero de la cruz y cuando asciende glorioso al cielo, cuando est en el seno de la tierra o cuando est en el vientre de su madre. Dios ha hablado de muchas maneras y en muchas ocasiones; pero al llegar la plenitud de los tiempos, nos ha hablado en su Hijo. Siempre y en todo Jess es Palabra viva. Esta Palabra de Jess no ha sido, preferentemente, doctrina y ley, sino vivencia de amor y dedicacin a los ms necesitados. En l vemos al Padre (Jn 14, 9). Contemplando a Jesucristo es como llegamos a saber quien es Dios. A Dios nadie lo ha visto jams: el Hijo nico, que est en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.
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4. El Dios de Jesucristo. El que viene del regazo del Padre (Jn 1,18) nos ha explicado quin es Dios. Para la imagen de Dios son decisivos los captulos centrales de la historia de Jess: encarnacin, cruz, resurreccin, elevacin a la diestra, envo del Espritu. Dios es de tal manera que puede hacerse hombre; y quiso hacerse hombre. Ello muestra que el ser del hombre est tan cerca de Dios, que Dios piensa, habla y ama como hombre. Pero a la vez est tan lejos, que en esta cercana el hombre no lo reconoce. En la cruz debemos aprender lo que significa omnipotencia: el amor se hace mortal para que la verdad de la encarnacin y de la divinidad se muestre en su esplendor; desde el Crucificado queda reinterpretada la realidad de Dios. Y en la resurreccin de Jess, Dios se revela como un Dios de la vida, como el Dios creador de un mundo construido lleno de sentido. Nos muestra a un Dios que es el soporte de toda la esperanza humana. En Jess se ha revelado quin es Dios; ms no de modo completo; en su Espritu l sigue con nosotros, pero el espacio que Dios y el hombre andan juntos an no ha sido recorrido por completo. 5. Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron El Prlogo de Juan enuncia, adems, este juicio y reproche: el pueblo que desde haca siglos vena esperando al Mesas, cuando viene, le cierra las puertas. La Palabra era la luz verdadera, pero el mundo no la conoci. Los suyos no la recibieron, ni la escucharon, ni la quisieron. Prevaleci la ceguera, la dureza del corazn. Hemos de apropiarnos de la Palabra, hacerla nuestra, para que vuelva a salir caliente de nuestros labios como evangelio, buena noticia. Nuestra predicacin sobre Dios, nuestra palabra sobre Dios, no puede ser pura teora, afirmacin de segunda mano; todo el mundo puede conocerle, puede ser predicador de primera mano, con la condicin de que frecuente con l la comunidad de la oracin.

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EPIFANA DEL SEOR Para quin ha venido Cristo Jess? Para todos los pueblos de la tierra. Esta es la respuesta de las lecturas que acabamos de escuchar. No solamente para Israel, tambin para los paganos. No solamente para los catlicos: tambin para los otros pueblos y religiones; para los hombres de toda raza y condicin. Lo que hoy celebramos en la fiesta de la epifana es la MANIFESTACIN DE JESS a todos los pueblos de la tierra, representados en los Magos de Oriente. Con un lenguaje potico y entusiasta lo haba anunciado ya el profeta ISAAS, y lo hemos proclamado en la primera lectura: Levntate, brilla, Jerusaln, que llega tu luz Los pueblos caminarn a tu luz Levanta la vista en torno, mira: todos sos se han reunido, vienen a ti. Ahora no es Jerusaln, la capital de Israel, la que atrae a los paganos. Es Cristo Jess, el Salvador, el que se ha convertido en el centro de la humanidad. Precisamente los que venan del Oriente a buscarlo no han encontrado acogida en Jerusaln. Ha sido cuando han visto al nio en brazos de su Madre cuando se ha alegrado su corazn y se ha prosternado para adorarlo. Todo esto, como nos ha dicho SAN PABLO, responde al plan de Dios: el misterio, como l lo llama, que estaba escondido durante siglos y que se ha manifestado ahora en Cristo Jess: que todos los pueblos, en Jesucristo, tienen parte en la misma herencia, forman un mismo cuerpo y comparten la misma Promesa. Es una de las ideas de las que Pablo est ms convencido. Todos forman el mismo cuerpo de Cristo. Todos somos coherederos con l de las promesas de Dios. Todos somos hermanos en la nica familia de Dios, porque ha aparecido entre nosotros el Hijo de Dios, hecho hermano nuestro. Esto es lo que hoy celebramos: que Cristo se ha manifestado como Salvador de todos. (No somos universales) Esta fiesta de la Epifana nos conviene porque no nos resulta nada fcil ser universales en nuestra conducta hacia los dems. No lo somos A NIVEL ECLESIAL. Cerrados en nuestro grupo, con bastante trabajo nos damos cuenta de que Dios ha llamado a la fe de Cristo a hombres de todos los colores, que pertenecen a naciones que casi no conocemos, de culturas que nos resultan misteriosas: pases del Este de Europa, de frica, de Asia, de Amrica La Iglesia de Dios es para todos, es universal, y no patrimonio exclusivo de ninguna cultura. Tambin otras personas de nuestra ciudad, que no pertenecen a nuestro grupo, siguen a Cristo Jess. Nadie tiene la exclusiva. Esta actitud de apertura nos va muy bien, tambin, en NUESTRO PEQUEO MUNDO DE CADA DA. Porque no somos pluralistas. Nos encerramos en nuestras ideas, en nuestros gustos, y a quienes no coinciden con
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nosotros los excluimos, los ignoramos. Quiz no ser por el color de la piel. Pero la discriminacin la ejercemos muchas veces segn muy diversos criterios: segn las opciones polticas, las ideologas religiosas, la cultura, el grado de simpata, la situacin econmica En una palabra: no somos universales. Pues bien. La fiesta de hoy es la fiesta de un Dios que se ha mostrado radicalmente universal, enviando a su Hijo tambin a los otros, a los paganos, a los que nosotros, en nuestra estrechez de miras, no conocemos ni apreciamos. Es una fiesta que nos alegra, pero tambin que nos educa y nos corrige. Hay un proverbio chino que dice: Si quieres amar al otro, has de empezar por perdonarle que sea otro. Y quien nos ha dado una leccin soberana de esta apertura al otro es Cristo Jess, tal como celebramos en estas fiestas de Navidad. El hecho de vincular socialmente la fiesta de la Epifana, la fiesta de los Reyes Magos, con los nios, no ser entre otras cosas porque ellos, que estn sometidos a tantas presiones educativas, son en su natural mucho ms abiertos y universales que los mayores? Estamos celebrando la EUCARISTA. En este momento privilegiado de la vida cristiana, s que ejercemos oficialmente la apertura a los dems: han venido a nuestra celebracin personas de diversas edades, culturas, y situacin social muy diferente, de opciones sociales y polticas tambin desiguales. Y a pesar de todo celebramos juntos la Eucarista. Y el GESTO DE LA PAZ nos lo damos sin mirar casi si el que tenemos al lado es conocido o desconocido. Es un pequeo signo expresivo del hecho de que queremos acoger a todos, tal como Dios nos ha acogido a nosotros. Que la manifestacin de Jess como Salvador de todos haga de nosotros personas abiertas, universales. Como lo es Dios, el Padre de todos, tal como lo es Cristo, que nos ha salvado a todos y que en la Eucarista se nos da a todos sin distinciones. Y que seamos permanentes buscadores de Dios hasta encontrarle y ofrecerle nuestros mejores logros.

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EPIFANA DEL SEOR REYES La fiesta de hoy, de origen oriental, es uno de los polos bsicos del ciclo navideo, y es como su resumen. Celebramos una dimensin constitutiva del misterio del Dios-con-nosotros: la manifestacin de Cristo como hermano y salvador de todos los pueblos. HOY HAS REVELADO EN CRISTO, PARA LUZ DE LOS PUEBLOS, EL VERDADERO MISTERIO DE NUESTRA SALVACIN (Prefacio). La narracin de los magos, tiene este profundo sentido. Dios ama a todos los pueblos y este amor se manifiesta en Cristo como Luz y Salvador de todos, no slo de los judos sino tambin de los paganos, representados por los magos. La expresin todos los hombres a menudo nos resulta etrea e inconcreta. Esforcmonos en entenderla: todos los pueblos, los de nuestro mundo occidental y los de Oriente y de frica, los que hace siglos habitaban Amrica, los que existieron hace miles de aos y cuyas costumbres estudiamos Dios, por Cristo, a todos nos llama a la fe y a la comunin con l. Tambin los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partcipes de la promesa en Jesucristo, por el Evangelio (2 lect). Lo cual comporta diversos acentos centrales en la experiencia cristiana. El primero es que todas las culturas estn llamadas a vivir el Espritu evanglico. A ninguna le es ajeno. Tampoco ninguna lo posee en exclusiva o lo tiene como ms propio. Es el tema de la inculturacin de la fe que tan a menudo hemos reflexionado. No es cristiano que el Evangelio aparezca como propio de una cultura o de una tradicin humana; el sermn del monte, las parbolas del buen samaritano o del hijo prdigo, la cruz y la resurreccin de Jess estn llamados a ser luz para todos y a integrarse en toda cultura. Tambin significa que todos los pueblos y todas las culturas, acogiendo la luz que es Cristo han de corregir lo que en ellos hay de tiniebla. Inculturar no significa bautizarlo todo. Tampoco nuestra propia cultura. Al entrar la luz del evangelio en la cultura occidental y en las orientales, en las africanas y en todas, halla mucha inhumanidad que ha de ser purificada, salvada. El misterio que hoy celebramos Cristo, Luz de todos los pueblos expresa la manera cristiana de entender la raz de la igualdad, la fraternidad y el camino de los pueblos. HEMOS VISTO SALIR SU ESTRELLA Y VENIMOS A ADORARLO (Ev). El relato de los magos es una descripcin catequtica, entraable, de algunos aspectos centrales del proceso de la fe, de la acogida de la luz. * La bsqueda. Dnde est el rey de los judos? Ev. Buscad y hallaris (Mt 7,7). Invitacin habitual de Jess: Buscad el Reino de Dios (Mt 6,33) Nuestra vida est marcada por muchos retos: la relacin entre los esposos, la manera de ser de un hijo, la cuestin de los emigrantes, la actitud ante los marginados, la responsabilidad con el tercer mundo Quien vive tranquilo y satisfecho se engaa. Hemos de dudar de nuestras espontaneidades y buscar.
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Buscar siempre el conocimiento del seor, explorando constantemente a Dios y abiertos a la sorpresa. Tan solo busca la luz aquel que de algn modo ya la ha encontrado, como los magos. Nuestra poca queda muy marcada por el desengao. No se hace difcil hallar hoy da personas nobles que viven con una amarga conviccin: no merece la pena buscar, pues nunca encontraremos nada seguro. El mensaje evanglico supera esta postura. Los magos encarnan la actitud adecuada: dejan su pas porque han visto una luz y viven la seguridad de la meta. Hay que abandonar todas las aparentes evidencias y poner la seguridad en la luz. Quien ha visto la luz del amor, la justicia, la paz, sabe que la bsqueda no le llevar a la oscuridad. Dios est en el horizonte de toda bsqueda noble. Del Evangelio sale la exigencia: slo quien busca, encuentra. Pero, quiz, sale incluso ms marcada la gozosa seguridad: quien busca, encuentra. * La alegra del encuentro. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegra (Ev). Esta frase expresa, sin duda alguna, la experiencia de los primeros cristianos y la de los de todos los tiempos. La fe tiene mucho de encuentro gozoso de la luz. Creer es leer las bienaventuranzas, o la parbola del hijo prdigo, o las palabras de Jess a Simn sobre la pecadora, o ponerse ante la cruz de Jess y su resurreccin, y decir: Nadie ha hablado nunca como este hombre (Jn 7,46); Es cierto, Maestro, tienes razn (Mc 12,32). No sabremos cmo aplicarlo a los problemas sociales o a las cuestiones religiosas, pero la ntima seguridad de la luz nada ni nadie puede apagarla. Os escribimos todo esto para que vuestra alegra sea completa (IJn 1,4); Nadie os quitar vuestra alegra (Jn 16,22). * La entrega de la vida entera. Y cayendo de rodillas lo adoraron (Ev). La fe acaba en la donacin personal a la luz, al amor, alcanza la vida entera. Acoger el misterio de Jess, presencia viva de Dios, es entrar en comunin con su Espritu y vivir, pase lo que pase, perdonando, amando, construyendo en justicia y paz. As, nuestra vida entera se transforma en regalo a Dios Padre. CUYA FE SLO T CONOCISTE. Celebramos la universalidad de la salvacin y su acogida por medio de la fe. Acaso la fe puede erigirse en barrera que excluya a tantos millones de todos los pueblos no creyentes, amados de Dios? La frase de la plegaria eucarstica es un soplo del Espritu; la fe es bsqueda, gozo por la luz, entrega de la vida, y eso sucede en lo ntimo del corazn que solo T conociste. Todos los pueblos en el sentido ms real e histrico, son llamados a la vida. As lo formula el Vaticano II: Ya que Cristo muri por todos y ya que, en realidad, la vocacin suprema del hombre es una sola, es decir, divina, hemos de creer que el Espritu Santo ofrece a todos los hombres la posibilidad de asociarse, de una forma slo conocida por Dios, a este misterio pascual (GS 22e).

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EPIFANA DEL SEOR (B) REYES Acabamos de escuchar una historia llena de ternura, llena de ingenuidad. Como si San Mateo, el evangelista, quisiera hacer entender a unos nios, o a una gente muy sencilla, cosas muy importantes, y las explicase de la manera ms fcil: con una narracin llena de inters. Porque esta historia que acabamos de escuchar est llena de inters, llena de fascinacin. Al mismo tiempo muy tierna, muy ingenua, nada complicada. Pero tambin al mismo tiempo, est llena de enseanzas muy importantes, transcendentales, sobre quien es Jess para nosotros, y sobre qu viene l a hacer en medio de este mundo nuestro. Imaginmonos la escena, con todos sus detalles. Qu sorpresa, en la ciudad de Jerusaln y en la corte del rey Herodes debieron de provocar aquellos personales extraos, desconocidos que llegaban del Oriente! Jerusaln era entonces una ciudad pequea, alejada de las grandes rutas, muy poco acostumbrada a recibir a gentes como aquellas. Pero mucho mayor tuvo que ser la sorpresa ante la pregunta que los magos iban formulando a cuantos les salan al paso: Dnde est el rey de los judos que acaba de nacer?. Ellos explicaban que una luz fuerte, una estrella vivsima, les haba hecho salir de sus tierras y los haba conducido hacia aquel pequeo pas. Y en aquel pequeo pas nadie saba nada de aquel nacimiento. Claro est, no podan saberlo: el Hijo de Dios, el rey de Israel, haba nacido en un establo en Beln y se haba dado a conocer solamente a un grupo de pastores que vivan perdidos en la montaa y que no tenan ni voz ni reconocimiento social alguno. La sorpresa, de hecho, se convirti en angustia para Herodes y su gente. Angustia y crueldad: ya conocemos la historia. Herodes se imaginaba el peligro de un rey que le pudiera destronar con la fuerza de las armas, y en eso se equivocaba. Pero no se equivocaba en lo ms importante: aquel nio que acababa de nacer y que desconoca, vena a iniciar un cambio radical en la vida de los hombres: vena a proponer a los hombres una manera de vivir en que el valor y la dignidad de cada hombre fuera la nica cosa importante, y no lo fuera ni el poder de la fuerza, ni el orgullo de la raza, ni ninguna otra clase de dominio. Por eso aquel nio se haba dado a conocer a los pastores de las montaas y a los magos del Oriente, y por eso el rey y los sabios de Israel se haban quedado marginados. Por eso aquel nio era realmente un peligro para Herodes y para todos los poderosos y discriminadores que pudiera haber en el mundo a lo largo de todos los tiempos! Pero todava hay algo ms importante que podemos mirar e imaginar en este relato. Es la actitud y los sentimientos que deba tener los magos. Ellos haban visto la estrella, y haban entendido que significaba una llamada, una

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luz que vala infinitamente la pena encontrar, aunque hubiera que llegar hasta el final del mundo. Y ellos se haban puesto en camino. Haban hecho un largo viaje. Y debieron de quedar muy parados al ver que en Jerusaln no haba un gran esplendor de alegra por aquel nio que buscaban. Pero no se desanimaron, y continuaron buscando. Y, en el camino hacia Beln, la estrella se les volvi viva. Y dice el relato, su alegra fue inmensa. Y la alegra, entonces, se convierte en profundo agradecimiento, en adoracin, en homenaje, en ofrecimiento de todo lo que ellos podan ofrecer. Aquel nio en brazos de Mara es definitivamente, para ellos, la luz capaz de iluminarlo todo, la estrella capaz de guiar en todos los caminos. Ellos, los magos, personajes venidos de tierras extraas, nos representan a todos nosotros: en ellos, en su alegra, en su agradecimiento, en su adoracin, en su ofrenda, nos alegramos inmensamente, y agradecemos, y adoramos, y nos ofrecemos, todos nosotros. Todos: hombres y mujeres, blancos y negros, jvenes y viejos, gente de ciudad y gente de pueblo, gente de derechas y gentes de izquierdas. Todos: los de antes y los de ahora, y los que vendrn. Porque la luz de la estrella es para todos, la luz de la estrella es capaz de iluminarnos a todos. Siempre y cuando no seamos como Herodes y sus sabios. Que en la Eucarista de hoy, vivamos la misma alegra inmensa que vivieron los magos cuando llegaron a Beln y se encontraron con Jess.

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DOMINGO DESPUS DE EPIFANA: EL BAUTISMO DEL SEOR 1. Todo lo que Dios quiere. En el evangelio, Juan, el precursor, no se atreve a bautizar al que viene detrs de l y ha sido anunciado por l; pero Jess insiste porque debe cumplirse todo lo que Dios quiere (la justicia). La justicia es la que Dios ha ofrecido al pueblo en su alianza y que se cumple cuando el pueblo elegido le corresponde perfectamente. Esto es lo que sucede precisamente aqu, donde Jess ser la alianza consumada entre Dios y la humanidad, pero sin la cooperacin de Israel, que ha caminado en la fe hacia su Mesas y que debe incluir esta su fe en el acto divino de la gracia. Teniendo en cuenta la humildad del bautista, pareca ms conveniente dejar a Dios solo la gracia del cumplimiento, pero ahora es ms adecuado que resplandezca su obediencia. Muchos aos despus de la primera epifana con la adoracin de los Magos, tiene lugar ahora la segunda epifana con la apertura del mismo cielo: el mismo Dios unitrino confirma el cumplimiento de la alianza; la voz del Padre muestra a Jess como su hijo predilecto y el Espritu Santo desciende sobre l para ungirlo como Mesas desde el cielo. 2. La luz sobre Israel. Isaas, en el texto elegido como primera lectura, habla del elegido de Dios, que no es Israel como pueblo, sino una figura determinada. Esto queda definitivamente claro cuando Dios dice: Te he hecho alianza de un pueblo, luz de las naciones. La alianza con Israel est ya pactada desde hace mucho tiempo, pero Israel la rompi, y ahora este elegido viene a concluir la alianza con Israel de un modo nuevo y definitivo. Jess es la epifana de la alianza cumplida: es hijo de Dios y de una mujer juda, Dios y hombre a la vez, la alianza concluida indestructiblemente. Y como tal es la luz de los pueblos paganos a la vez que encarna en s mismo el destino de Israel: llevar la salvacin de Dios hasta los confines de la tierra. Jess llevar a cabo esta potente iluminacin del mundo en la humildad y el silencio de un hombre concreto, no gritar; pero precisamente en este silencio no vacilar hasta que la justicia de la alianza de Dios se implante en toda la tierra. l es la luz que se eleva sobre la trgica historia de Israel, pero tambin sobre la trgica historia del mundo en su totalidad: l abre los ojos de los ciegos, saca a la luz a los que estn encerrados en s mismos, a los que habitan en las tinieblas. 3. En la segunda lectura Pedro nos dice que la uncin de Jess por el Espritu Santo, cuando fue bautizado por Juan, era el preludio no slo de su actividad en Israel, sino tambin de su actividad por toda la humanidad. Pedro pronuncia estas palabras despus de haber bautizado al centurin pagano Cornelio y haber comprendido verdaderamente que Dios acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nacin que sea. Tambin la actividad mesinica de Jess en Israel donde pas haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con l estaba ya concebida para todo el mundo, como lo muestran los evangelios que informan sobre todo esto
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y estn escritos para todos los pueblos y para todos los tiempos. En la accin bautismal del Bautista, Israel crece ms all de s mismo: por una parte se convierte en el amigo del Esposo, en la medida en que se alegra de haber colaborado para que Cristo encontrara a la Iglesia universal como su esposa; pero por otra parte est dispuesto a disminuir para que el Amigo crezca, y, en esta humilde disminucin dentro de la Nueva Alianza, se equipara a la disminucin de Jess hasta la cruz, concretamente visible en la degollacin del Bautista.

EPIFANA DEL SEOR La historia de Navidad fue, a pesar del canto de alabanza celeste, una manifestacin de Dios discreta, limitada a unos pocos. Pero vala no slo para Israel, sino para todo el mundo; y esto es precisamente lo que se celebra en la fiesta de hoy: la epifana de Dios est concebida para el mundo en su totalidad, tambin para los pueblos paganos que, aunque no haban recibido ningn anuncio proftico previo como los judos, son ahora los primeros en venir a rendirle homenaje. 1. El evangelio describe la llegada de los astrlogos paganos que han visto salir la estrella de la salvacin y la han seguido. Dios les ha dirigido una palabra mediante una estrella inslita en medio de sus constelaciones habituales; y esta palabra les ha sobresaltado y les ha hecho aguzar el odo, mientras que Israel, acostumbrado a la palabra de Dios, ha cerrado sus odos a las palabras de la revelacin: no quiere que nada turbe el curso habitual de sus dinastas (lo mismo suele ocurrir en la Iglesia, cuando se siente molesta por el mensaje inesperado de un santo). La pregunta ingenua de estos extranjeros: Dnde est el Rey que ha nacido?, provoca desazn e incluso susto. La consecuencia ser, en el caso de Herodes, un plan criminal secreta y arteramente urdido; pero los Magos, guiados por la estrella, consiguen su meta: rinden homenaje al Nio, y, conducidos por la providencia divina, evitan a Herodes, volviendo a su tierra por otro camino. El acontecimiento es claramente simblico: anuncia y preludia la eleccin de los paganos; ms de una vez, Jess encontrar en ellos una fe ms grande que en Israel. A menudo son los conversos (raramente deseados) los que abren caminos nuevos y fecundos a la Iglesia. 2. Vienen todos de Sab. Isaas (en la primera lectura) exhorta a Jerusaln a brillar, ahora que no quiere reconocer a su salvador, porque llega tu luz. Jerusaln no tiene luz en s misma, aunque ella crea que la tiene: debe ver a los pueblos y a los reyes venir con sus tesoros, pero no a ella, sino a su luz. Slo a esta luz podr reunirse de nuevo a s misma y salir de su fatal dispora, pero no cerrndose ya a los pueblos que le traen los tesoros del mar desde los pases ms remotos, sino nicamente unindose con ellos. La multitud que as se congregar ser un nuevo pueblo, el Israel de Dios, y por este motivo
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Israel debera estar radiante de alegra y ensanchar su corazn. Ahora vienen todos de Sab, pero no como cuando la reina de Sab vino a Jerusaln para ver la sabidura de Salomn; ahora se trata realmente de un pueblo de Dios elegido entre todos los pueblos de la tierra, y representado por los primeros en venir: unos Magos que han seguido la luz y han rendido homenaje y adorado al Nio. 3. Miembros del mismo cuerpo. En el fondo Israel tendra que haber presentido algo del Mysterium que ahora se revela a Pablo (en la segunda lectura): que el viejo Israel va a abrirse a todos los pueblos, que stos son tambin partcipes de la promesa en Jesucristo y coherederos junto con Israel. Pero a pesar del anuncio hecho por Dios a Abraham de que los pueblos seran bendecidos en l, Israel no ha comprendido la promesa e incluso ha rechazado al rey de los judos que acaba de nacer; nicamente por el Espritu Santo se revel a los apstoles y a los profetas del Nuevo Testamento que la antigua promesa hecha a Abraham y la alianza de No ms antigua todava con la creacin se ha cumplido en este recin nacido. Slo la Iglesia de Cristo ve la estrella que de l sale y cmo su epifana brilla sobre el mundo entero.

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EL BAUTISMO DEL SEOR (B) Queridos hermanos y hermanas: hoy celebramos la fiesta del Bautismo del Seor. Es, en verdad, una fiesta desconcertante. As como la Epifana nos mostr la parte luminosa del misterio de la encarnacin, la fiesta del Bautismo nos pone ante nosotros el espectacular descenso que significa la encarnacin. Y de verdad! es desconcertante ver al alto tan bajo, al grande tan pequeo, al poderoso tan necesitado, al Seor tan servidor. Es una fiesta que, al tiempo que nos desconcierta, nos hace comprender la profunda realidad del amor de Dios. Tiene que amar mucho para bajar tanto. Estamos en el corazn mismo del evangelio. (Lleg Jess desde Nazaret) Es un cuadro que impresiona: El que puede ms que yo, como ha dicho Juan, lleg desde Nazaret para que lo bautizara. Es el resumen de todo el Evangelio. Evangelio que habla de que Dios sirve a los hombres y mujeres del mundo. Evangelio que habla de acercarse al centro de lo humano. Y el bautismo es el momento en que Jess asume el servicio hasta la cruz. Es el momento en el que Jess toma como programa llevar el amor de Dios a lo ms profundo del ser humano, a lo ms profundo del corazn humano. Esas aguas en las que entra Jess son las aguas sucias de nuestra vida. Somos nosotros el agua donde entre Jess. Nos conoce desde dentro. Porque Dios no salva desde fuera de la barrera. Dios no nos mira desde fuera. Dios nos ha conocido y nos ha amado desde dentro. Desde nuestro ser ms profundo. Cuando se ha bautizado en nuestras aguas, nos ha asumido, ha asumido toda nuestra historia, todo nuestro ser, toda nuestra impotencia, todo nuestro pecado. Dios le hizo pecado por nosotros, por m. Y justo en el momento en que Jess entra en nuestras aguas, se oye la voz de que Jess es el Hijo amado, el preferido. Y en l, en Jess, la preferencia del Padre llega hasta nosotros. En el bautismo de Jess somos objeto de la preferencia de Dios. Nuestra realidad ha sido curada desde dentro. Nuestra vida ha sido tocada por la vida de Dios. Hemos sido salvados. En el Espritu Santo de Jess hemos recibido la gracia de ser hijos en el Hijo. Y todo esto, aunque nos suena a conocido a fuerza de escucharlo, todo esto no es normal. (Aguas de vida nueva) El bautismo de Jess se convierte as para nosotros en fuente de aguas vivas, de aguas gratuitas, de aguas buenas. Aguas que antes nos hacan dao, ahora se han hecho aguas potables, aguas de salvacin. El agua se convierte anticipadamente, tal como nos dice la primera lectura, en imagen de la gracia dispensada desde lo alto, sin la que tanto la tierra como el corazn sediento del hombre se quedaran resecos. Ahora los sedientos pueden acudir a beber en las fuentes de agua viva. Ahora el amor de Dios se ha hecho fuente de aguas vivas dentro de nosotros mismos. Todo ello gratuitamente, porque Dios nos ha

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amado. Todo lo que se compra con dinero no alimenta, ni da hartura. Con Dios no hay trueque que valga, simplemente hay que aceptar sus dones. Qu absurdo que gastemos nuestras fuerzas buscando ansiosamente la vida en otras cosas! Se nos ha dado gratuitamente la vida. Dios ha sellado con nosotros una relacin irrompible. En el bautismo hasta la muerte de Jess, hemos recibido la garanta de que Dios nos amar y salvar siempre. Estamos salvados porque hemos sido amados. En las aguas nos hemos encontrado Dios y cada uno de nosotros. Dios nos ha encontrado en nosotros mismos. Y nos ha lavado con la sangre del Hijo entregado. Y hemos sentido que nuestro interior vive. Hemos percibido como Dios nos hace renacer. Vivimos, y vivimos de otra vida. Hemos entrado en los planes de Dios. Porque Dios nos ha fecundado con las aguas de su palabra y de su amor. (Nuestro bautismo) Todo esto que estamos comentando nos lleva directamente a nuestro bautismo. Un da fuimos introducidos en agua, en el agua purificada por el Seor. Y comenzamos a ser otros. Se nos dio el vivir desde otras fuentes. Nos sentimos hijos de Dios. Dios nos haba tocado dejndonos marcados para siempre. El Espritu, el agua y la sangre se han convertido en un nico testimonio de su Hijo. Todo bautizado tiene que comprender que debe su filiacin divina a esta unidad de agua y sangre de Cristo. Y ahora somos conscientes de que aquellas aguas nos hacen una propuesta de vida diferente. El bautismo es gracia y es invitacin. Es invitacin a asumir las actitudes de Jess. Es invitacin a entrar en las aguas necesitadas de los pobres, a entrar en la vida de los que no conocen el gozo del Evangelio. Es invitacin a servir la necesidad de los dems. El bautismo nos ha hecho participar del bautismo de servicio de quien nos sirvi hasta la muerte de cruz. Los esquemas de grandeza, la jerarqua de valores, las valoraciones de la realidad, todo eso ha quedado profundamente tocado. Hermanas y hermanos, vamos a celebrar la Eucarista en actitud de admiracin. Vamos a dejar que las aguas del amor nos baen por dentro. Vamos a celebrar el misterio de quien nos ha servido hasta hacerse comida y bebida para nuestra felicidad. Vamos a bautizarnos en el Bautismo de amor.

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EL BAUTISMO DEL SEOR Hoy es el ltimo da del tiempo de Navidad. La manifestacin de Dios y su acercamiento a nuestra historia ha tenido etapas sucesivas: la espera del Adviento, el gozo de la Natividad, la fiesta de la Madre, la invitacin a los pueblos paganos en los Magos Ahora, con el bautismo de Jess en el Jordn se completa esta manifestacin y se proclama su misin de Mesas ante todo el pueblo. Hace unos das nos reunamos para celebrar que, en el Nio de Beln, Dios se manifest a todos los pueblos (representados por los ingenuos pero intrpidos buscadores de luz que fueron los Magos de Oriente). Hoy el Nio ya es Adulto. Hemos dado un gran salto, pero en realidad continuamos recordando y celebrando lo mismo. Lo mismo que por Navidad (hace poco ms de quince das), lo mismo que el martes pasado en la fiesta de la Epifana. Continuamos celebrando la manifestacin de Dios en el hombre Jess, ayer pequeo, hoy ya adulto. Los nios y nias todava juegan con los juguetes recin estrenados del gran da de Reyes, pero muchas cosas han cambiado ya en el ambiente de los adultos. Rpidamente han desaparecido de la televisin muchos de los anuncios que nos incitaban a comer turrn o beber champaa, o nos deseaban no s si con una cierta hipocresa paz y felicidad. Sin solucin de continuidad, hemos pasado a las rebajas, las famosas rebajas de enero (que para muchos supone una dura cuesta de enero). Habr terminado tambin para nosotros el gran anuncio de salvacin de la Navidad, el gran anuncio de la manifestacin de Jess a todos los hombres que proclamaba la Epifana? Guardaremos la imagen del Nio Jess hasta el ao que viene olvidando su mensaje de nueva esperanza? Olvidaremos todo lo que hemos expresado de deseos de felicidad, de amor, de alegra compartida? Tambin, para vuestra vida cristiana, entramos en un perodo de rebajas, de liquidacin, de volver a una rutina que significa olvidar que nuestro camino cristiano puede y ha de ser siempre un camino de progreso, sin rebajas ni liquidaciones? Alguien indispensable Evidentemente, es comprensible, dira que casi inevitable, que pase eso si nos olvidamos de Alguien que ha salido en las tres lecturas de hoy. Sin este Alguien, nos quedamos solos y es inevitable que una vez pasado el ambiente extra de la navidad volvamos a la rutina de la subida en cuesta de nuestra vida de cada da. Necesitamos de este Alguien. Es de Alguien de quien nos hablar con frecuencia el evangelio de San Lucas, el evangelio que leeremos durante la mayora de los domingos de este 1998 (el evangelio de Lucas y tambin su otro libro del Nuevo Testamento, Los Hechos de los Apstoles, durante los 7 domingos de Pascua). Alguien que, segn Lucas, es indispensable para comprender la vida de Jess y ms todava la vida de los primeros cristianos.

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Este Alguien es el Espritu Santo, el Espritu de Dios, el Espritu que tena Jess. En la segunda lectura, del libro de los Hechos de los Apstoles, Lucas escribe que el apstol Pedro resuma su predicacin diciendo: Me refiero a Jess de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espritu Santo; que pas haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con l (Hech 10,38). En el Evangelio nuevamente Lucas nos ha dicho dos cosas en cuanto al Espritu Santo: una, que en este momento cumbre de la manifestacin inicial de Jess de Nazaret que fue su bautismo se abri el cielo, baj el Espritu Santo sobre l; y otra, que Juan Bautista haba descrito a Jess diciendo: l os bautizar con Espritu Santo y fuego. Hemos sido bautizados en el Espritu Santo Que despus del tiempo extra que es el perodo navideo volvamos a la dificultad de la rutina, de la difcil cuesta de cada da, es inevitable. Hemos de ser realistas y no soar como si espersemos sorprendentes regalos de misteriosos Reyes Magos. Hemos de ser realistas. Pero ser realistas para nosotros, cristianos, es precisamente darnos cuenta que no estamos solos. Solos es imposible seguir el camino del Jess adulto que nos hablar cada domingo a travs de su palabra, de su Evangelio. Nosotros ya no estamos solos, porque tenemos en nosotros el mismo Espritu Santo que tena Jess. Hemos sido bautizados es decir, sumergidos en el Espritu de Jess, en el Espritu Santo. Y es l quien hace posible que superemos la rutina y las cuestas cotidianas. Es el Espritu quien enciende en nosotros el fuego que hace posible vivir cristianamente, es decir, vivir como Jess que pas haciendo el bien. San Lucas nos lo recordar con frecuencia durante este ao: es el Espritu quien acta en nosotros, quien hace posible vivir con ms amor, con ms fe, con ms esperanza. El Espritu est en nosotros como el fuego que en estos meses de invierno calienta al atardecer muchos hogares de nuestros pueblos. Si Jess era el Ungido, es decir, el lleno del Espritu de Dios, nosotros tambin hemos sido ungidos y Dios nos ha encomendado una misin: ser testigos de Dios y de su Buena Noticia en el mundo de hoy. La Eucarista dominical es nuestro alimento y nuestra continua reorientacin en la Escuela y en la mesa de Cristo. Pidamos en la Eucarista de hoy saber darnos cuenta de esta presencia y accin y aliento del Espritu Santo en nosotros. Del Espritu que recibimos en el bautismo, y que confirm la confirmacin. Del Espritu que hace posible que no nos encontremos solos en el propsito de seguir el camino del Jess adulto.

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III.- TIEMPO DE CUARESMA MIRCOLES DE CENIZA. La llamada a la conversin y a un tiempo de penitencia parte (en la segunda lectura) de la Iglesia; su portavoz es Pablo con sus colaboradores: Somos embajadores de Cristo; os lo pedimos por Cristo: dejaos reconciliar con Dios. Esto significa dos cosas: dejaos reconciliar con Dios, personalmente, cada uno de vosotros, y dejaos reconciliar con Dios por nosotros, los representantes de su Iglesia. Son estos colaboradores de Dios los que nos exhortan y se permiten llamar nuestra atencin: Ahora es el tiempo de la gracia; ahora es el da de la salvacin. Aunque ciertamente somos libres para hacer penitencia cuando queramos, forma parte de nuestra obediencia a la Iglesia hacerla precisamente ahora en el marco del Ao Litrgico. El motivo que la Iglesia nos da es la accin de Dios, que por nosotros hizo pecado al que no conoca el pecado, para que por l llegramos a ser justicia de Dios. Esta enorme gesta, que Cristo haya hecho ya por nosotros la mayor penitencia posible, debe impulsarnos a no dejarle solo, alegrndonos de que otro en nuestro lugar se haya convertido en el representante del pecado ante Dios, pero estimulndonos tambin a participar en su pasin con lo poco que nosotros podemos contribuir a la expiacin del pecado del mundo. Ya la Antigua Alianza invitaba al pueblo (en la primera lectura) a entrar en un tiempo general de conversin y expiacin. Tambin aqu hay que hacer penitencia, no como obra externa, sino como actitud interior: Rasgad los corazones, no las vestiduras. Tambin aqu no para hacer que Dios cambie sus sentimientos y actitudes respecto a nosotros, sino para convertirnos nosotros al Dios de la gracia y de la misericordia. Tambin en este caso como un acto litrgico comn: el ayuno sagrado se entiende como servicio a Dios de toda la comunidad. Aqu tampoco se trata de un querer influir mgicamente sobre Dios, sino de una oracin sencilla e intensa para implorar la compasin divina. Jess no suprime, en el evangelio, esta penitencia, sino que la preserva definitivamente del farisesmo y de cualquier devaluacin mediante la propia justicia: si queremos que esta penitencia tenga algn sentido y algn valor ante Dios, debemos trasladarla al interior, a lo invisible. Si Jess, en los tres consejos que nos da sobre cmo hacer limosna, cmo rezar y cmo ayunar insiste en la conveniencia de la discrecin para que nuestra accin conserve todo su sentido cristiano, al enfatizar esta invisibilidad hacia fuera, nada dice contra la necesidad de tales obras, sino que subraya que esas obras son agradables a los ojos del Padre celeste, que sabe valorarlas y recompensarlas adecuadamente. Pero que quede claro: si hacemos penitencia no es para ser recompensados por Dios, sino ante todo simplemente porque queremos seguir a Cristo con reconocimiento y agradecimiento, y despus porque percibimos claramente que la mejor manera de ayudar al mundo en que vivimos es hacer penitencia. Jess nos sugiere tres formas eficaces para ello: limosna, oracin y ayuno. Se puede ayunar de muchas maneras: renunciando a la comida, a los placeres y comodidades de todo tipo, al sueo, a los amigos, para preferir a los pobres, a los necesitados, a los enfermos, a aquellos que no pueden pagarnos.
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DOMINGO I DE CUARESMA (A) (Qu significa la Cuaresma?) Cada uno de nosotros, en cualquier edad de nuestra vida, siempre estamos en camino, siempre vamos haciendo camino. Pero con sorpresa comprobamos que no siempre avanzamos: y a veces incluso retrocedemos. El camino de cada uno de nosotros pequeos y grandes, jvenes y mayores tendra que llevarnos a tener cada vez ms una mayor densidad de amor en nuestra vida, una mayor profundidad de verdad en nuestro pensar y en nuestro obrar Y, como todos sabemos, no siempre es as: con frecuencia, en vez de avanzar, retrocedemos, o al menos nos quedamos parados, como si ya tuviramos bastante amor, bastante verdad, suficiente bondad y generosidad. El tiempo de Cuaresma que acabamos de comenzar es una invitacin a revisar como va nuestro camino. Es, sobre todo, una invitacin una invitacin de Dios, evidentemente a llenarnos de esperanza porque es posible para nosotros el avanzar ms y mejor por nuestro camino de cada da, vivir ms abiertos a la verdad, ms penetrados de amor, ms transparentes a la bondad. Es decir, ms abiertos al Padre, ms cercanos a Jess, ms confiados en el Espritu Santo. A veces se ridiculiza la Cuaresma tal vez porque en otros tiempos se entendi mal lo que significaba realmente y se la presenta como si fuera tan solo un tiempo de privaciones y sacrificios ms o menos impuestos y sin casi sentido. Algo as como si fuera un tiempo de muerte. Y es tiene que ser todo lo contrario: un tiempo de vida, de renovacin, de esperanza, precisamente porque es para nosotros para los creyentes en Jess el tiempo de preparacin ascendente hacia la gran fiesta de la Pascua, celebracin de la gran victoria sobre la muerte, la gran victoria sobre todo lo que hay en nosotros de mal, de falta de vida autntica. Si durante estas semanas cuaresmales sabemos privarnos de algunas cosas, no lo hacemos porque s, sino porque creemos que nos ayudar en nuestro camino de renovacin, de mejora. Por ejemplo: si decidimos ayunar un poco de TV, no lo hacemos porque creamos que sea mal el verla, sino porque necesitamos algn espacio ms de silencio, de tranquilidad, de oracin, de lectura del Evangelio, en nuestro camino de preparacin hacia la Pascua. (Dos narraciones de tentaciones) Hemos escuchado en la misa de este primer domingo de Cuaresma dos narraciones de tentaciones. Dos narraciones tejidas de lenguaje simblico, es decir, que no han de interpretarse literalmente. Pero dos narraciones llenas de contenido. En la primera, los protagonistas son Adn y Eva. Pero en ellos estamos como simbolizados todos nosotros (significativamente el texto que hemos escuchado habla del hombre y de la mujer). Creo que queda simbolizado lo que decamos al comenzar este comentario: todo hombre, toda mujer, est en camino y hace camino, pero no siempre avanza, en ocasiones incluso retrocede
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(o, si queris, yerra el camino). Dios nos ha dado el gran don de la libertad y por eso siempre tenemos la posibilidad la tentacin de no avanzar, de escoger un camino equivocado. Dios nos ha comunicado su aliento de vida y nosotros podemos serle fieles, y tener cada vez ms vida, o podemos ceder a la tentacin de alejarnos de su vida tal vez con el pretexto de buscarnos nuestra vida y as entra poco o mucho la muerte en nosotros. La segunda narracin nos habla tambin con un lenguaje lleno de smbolos de las tentaciones de Jess. Es posible que nosotros tendamos a olvidar que Jess, como hombre que era tambin, tena que pasar necesariamente por la tentacin, no slo en este momento del inicio de su misin pblica, sino en toda su vida (hasta el umbral de su muerte, en el huerto de Getseman, incluso en la misma cruz cuando se sinti abandonado del Padre). Tuvo que convivir con la tentacin, ya que como todo hombre tuvo que hacer su camino; incluso podramos decir que fue ms tentado que cualquier otro hombre, ya que su camino fue el ms difcil, el que fue ms all, el que tuvo ms amor y ms generosidad. Segn la narracin del evangelio de Mateo, a Jess se le ofrece abundancia para l (podra convertir las piedras en pan), triunfo para l (ser sostenido por ngeles al tirarse desde la cornisa del templo), poder para l (todo te lo dar si, postrndote, me adoras). Jess no quiso convertir las piedras en pan para l, pero despus multiplic unos panes para alimentar a otros; Jess no quiso bajar gloriosamente de la cornisa del templo, como no quiso bajar de la cruz, porque su camino fue compartir su vida con los sencillo, con los pobres, con los pecadores; Jess no se quiso arrodillar ante ningn dolo, ante ningn poder de este mundo, solamente ante sus doce discpulos para lavarles los pies. As Jess, fiel y obediente a la voluntad del Padre, avanz por su camino y nos dej el camino abierto para que tambin nosotros lo sigamos. Revisar nuestro camino, avanzar por el mejor: este es el programa de esta Cuaresma que acabamos de comenzar. Siguiendo el ejemplo de Jess, encaminndonos hacia la celebracin de la Pascua. Busqumonos tiempo para leer el Evangelio, busqumonos tiempo intentemos encontrar algn poco de desierto en nuestra vida para abrirnos a una plegaria sencilla y profunda. Y sobre todo, como Jess, confiemos que superaremos nuestras tentaciones si no nos preocupamos tanto por nosotros y nos ocupamos ms de los dems, si nos abrimos ms a los dems. Es lo que nos conviene pedir hoy, con toda confianza, sabiendo que el Seor camina con nosotros.

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DOMINGO I DE CUARESMA (A) Iniciamos hoy un camino. Un camino muy importante, un camino que merece la pena tomrselo en serio, pues puede aportarnos mucha felicidad. Un camino que repetimos cada ao. Y seguro que recordamos que, los aos que hemos intentado vivirlo de verdad, hemos constatado que haba merecido la pena. Iniciamos el camino de la Cuaresma, camino que nos conducir hacia la Pascua. Ni en la calle ni en la tele se nota para nada que estemos en Cuaresma. Y porque no se nota y el ambiente no ayuda, se trata de que cada uno de nosotros se haga el propsito firme de vivirla de verdad. Cada cual se ha de hacer su propio programa personal de Cuaresma. Antes hemos afirmado que vivir este camino nos puede aportar mucha felicidad. Por qu? Porque Jess da felicidad. Creer en l, amarle, seguirle, intentar vivir como l, esto es la fuente mayor de felicidad. Y la Cuaresma consiste precisamente en esto: se trata de un tiempo en el que de manera especial resuena esta llamada a seguir a Jess, a caminar junto a l, a transformar nuestras vidas para acercarnos a l. Para poder celebrar de forma autntica y verdadera su vida nueva, su Pascua. Pero atencin. Afirmar que este camino, esta conversin que ahora nos proponemos, es fuente de felicidad, no significa que sea algo fcil. Ms bien no lo es: ms bien es exigente e incluso, a veces, duro. No podemos dejarnos engaar olvidando que el mal, el engao, el sufrimiento existe en el mundo, en la Iglesia y en nosotros mismos (nios, jvenes y mayores). As nos lo han recordado las lecturas de hoy, y el evangelio nos lo ha escenificado de manera muy clara, al mostrarnos a Jess rechazando las proposiciones de vida cmoda y de xito fcil que Satans le diriga. Se trata de las mismas tentaciones que tenemos nosotros, las tentaciones realmente importantes y decisivas. Porque nosotros, como Jess, somos gente con ganas de vivir la fe y la Buena Noticia de Dios. Pero nos ocurre que a menudo hay otras cosas que nos atraen ms, y pasan por delante de nuestros deseos de seguir el camino de Dios. Muchas veces, lo que realmente deseamos y buscamos es vivir cmodamente y sin complicaciones, o quedar bien y ser bien considerados, o imponer sea como sea aquello que nosotros creemos y queremos stas son nuestras tentaciones, ste es el mal que hay en nosotros y que nos priva de acercarnos a Jess. El pecado de Adn y Eva es el prototipo de tantos fallos que cometemos nosotros contra la alianza de Dios y su proyecto de vida. Los textos de hoy denuncian este mal como algo anti-pascual y anticristiano. El pecado social y tambin el pecado personal de cada uno. Jess dedic su vida entera a anunciar la Buena Noticia de Dios y a ofrecer el amor de Dios a todos, y sobre todo a los pobres. Pero para hacerlo, tuvo que renunciar a la vida tranquila que podra hacer disfrutado en su pueblo trabajando de carpintero, oficio que sin duda dominaba bien. Y no quiso buscar nunca el xito fcil y el aplauso de la gente, porque esto no sirve para
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transformar los corazones sino tan slo para quedar satisfecho. Y no quiso, tampoco, imponerse por la fuerza ni obligar a nadie a aceptar su mensaje, porque esto habra sido contrario al amor de Dios que anunciaba Jess eligi este camino, y no el que Satans le propona. Y por eso, su vida consisti en vivir y anunciar el amor a Dios y el amor a los dems, y mantener este amor como nico objetivo realmente importante, el objetivo que determinada su manera entera de obrar. Y que comportaba, por la misma razn, luchar contra todo aquello que estuviera en contra: tanto el propio afn de comodidad, de xito y de poder, como la maldad y la injusticia que pulula por el mundo. La Cuaresma es una invitacin a vivir de la misma manera que Jess viva. Invitacin a tener como objetivos de nuestra vida el amor a Dios y el amor a los dems; y una invitacin a combatir todo aquello que, en nosotros mismos y en nuestro mundo, impide este amor. Caminar con Jess es siempre motivo de gran alegra, es siempre motivo de gran felicidad. En este nuestro mundo, a veces jardn y a veces desierto, acosados por no pocas tentaciones, damos inicio a nuestra subida a la Pascua con Cristo. Es subida y, por tanto, supone fatiga y lucha. Arriba est la cruz y la nueva vida de Cristo: su Pascua. Cuaresma es un tiempo comprometedor, estimulante. Pero slo nos conducir a un aleluya cantado con autenticidad si tambin nosotros tomamos con seriedad el camino que sigui con fidelidad Cristo Jess. Esta puede ser nuestra experiencia a lo largo de esta Cuaresma. Que la vivamos en nuestras reuniones de cada domingo (o ms frecuentes) en la Eucarista; que la vivamos cada cual en cada uno de los momentos de su vida, al ser fieles a los compromisos concretos que decidamos marcarnos. Y que el Seor Jess nos conceda sentirnos unidos a l, con gran gozo, en la culminacin de este camino, en la noche santa de Pascua.

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DOMINGO I DE CUARESMA (B) Estamos en el primer domingo de Cuaresma, el tiempo que la Iglesia ha establecido como preparacin a la Pascua, para que los fieles se dispongan a una participacin ms plena del misterio de Cristo, mediante la escucha asidua de la palabra de Dios, la celebracin de los sacramentos, la oracin, la limosna, el ayuno y la prctica de las buenas obras, de forma que se consiga la verdadera penitencia, es decir, el cambio de mentalidad y de comportamientos. La Cuaresma tiene pues, tres finalidades: preparacin para la pascua, revisin del proceso catecumenal y perdn de los pecados. Precisamente por ello, la oracin colecta de este domingo nos sita en el momento justo cuando dice: Al comenzar un ao ms la santa Cuaresma concdenos, Dios todopoderoso, avanzar en la inteligencia del misterio de Cristo y vivirlo en su plenitud. Antiguamente, durante la Cuaresma se preparaban los candidatos a recibir el Bautismo en la Vigilia Pascual. Tambin nosotros, durante este tiempo vamos a rezar por los actuales catecmenos, y tambin por los nios y jvenes que van a completar su iniciacin cristiana. Pero la Iglesia quiere asimismo que nosotros vivamos este tiempo como una experiencia catecumenal: que volvamos a ser catecmenos (que significa: aquellos que escuchan). En esta Cuaresma del ao 1997, primero de la preparacin para el Gran Jubileo del ao 2000, vamos a hacer de modo especial lo que hacemos todos los aos: Unirnos al deseo del Papa que desea que todos los cristianos hagamos una solemne profesin de fe en la Vigilia Pascual, de modo que este sea el momento central de este curso dedicado a Jesucristo, a la fe y al bautismo. El camino de la Cuaresma es paralelo al de la historia de la salvacin, que hoy ha comenzado a narrarse a partir de la alianza sellada por Dios con No despus del diluvio. Tanto el apstol Pedro, en la carta que hemos escuchado, como los santos Padres, se sirvieron de este episodio para tratar del bautismo que nos salva. Toda la Cuaresma de este ao nos va a ayudar a conocer mejor el misterio de nuestra regeneracin. Por eso ya desde ahora, al comenzar a recorrer la historia de nuestra salvacin, hemos de tomar conciencia de nuestro ser cristiano y preguntarnos: De dnde venimos? Del agua bautismal, que destruy nuestra antigua condicin de pecadores y nos restituy una conciencia inocente. Venimos de Dios y estamos aqu por su gracia. A dnde vamos? Al encuentro pascual con Cristo, que iremos renovando cada domingo en la Eucarista, pero que debe ir perfeccionndose a medida que tomamos conciencia de la necesidad de renovarnos por la escucha de la palabra de Dios y nos purificamos por el sacramento de la penitencia, por la oracin y las dems buenas obras, que son frutos dignos del perdn. Al comienzo de este tiempo de esfuerzo espiritual se nos proclama que Jess, despus de ser bautizado, se traslad al desierto para que all, como un nuevo Adn, sostuviese en aquella soledad un combate personal con el
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maligno, en una prueba que representaba todas las tentaciones que tuvo que superar hasta la cruz, para mantenerse fiel al Padre. La victoria de Jess se cimienta sobre tres grandes pilares: la oracin, el ayuno, y el amor. En primer lugar, bsqueda de la Palabra de Dios, o sea, de la voluntad de Dios. Que quede claro: puede que Dios no me hable directamente, puede que yo me engae, puede que los dems me confundan Qu es lo que de verdad est escrito? No hay que fijarse en un texto aislado; hay que ver todo el conjunto. Oracin es tambin escucha atenta a la mocin del Espritu que mora en nosotros. l habla delicadamente, pero eficazmente. Importa hacer silencio y escucharle, sin confundir su querer con mi deseo, su embriaguez con mi entusiasmo. Oracin es, adems, renovacin de la entrega al Padre. Es renovar la Palabra clave: Abba! con todo lo que ello comporta. Abba, no lo que yo quiero, rezaba Jess con gritos y con lgrimas. Abba, siempre lo que quieras Tu, repeta entre sudores y sangre. Para terminar con confianza victoriosa: Abba, en tus manos encomiendo mi espritu. Como vemos la oracin de Jess es consciente y consecuente; no como tantas veces la nuestra, que oramos para seguir siendo lo que somos y seguir haciendo lo que queremos, pero nos quedamos tranquilos, porque ya hemos hablado con el Seor. Hemos hablado, pero no le hemos escuchado. Nos hemos escuchado a nosotros mismos, porque hemos puesto entre Dios y nosotros la barrera de nuestro inters y nuestra comodidad. Dicen que Dios nunca deja en paz, aunque siempre da la paz; nosotros al contrario, despus de la oracin nos quedamos en paz, aunque sin paz. Y esta oracin resulta un desprestigio, y, a veces, hasta un escndalo. b) Desde la austeridad. Hay cierto tipo de demonios, deca Jess, que slo pueden ser vencidos con la oracin y el ayuno. (Mc. 9,29). Quiz lo poda saber por la propia experiencia. El ayuno, convenientemente utilizado, es una fuerza liberadora. El ayuno de Jess es el signo de una dedicacin total al Padre: Mi comida es hacer la voluntad del que me envi y que acabe su obra (Jn 4,34). Dejar de comer, lo mismo que permanecer virgen, es porque tiene que dedicarse por entero al Padre y a la obra que el Padre le haba encomendado; un signo. No quiere decir que no tenga que alimentarse: incluso le llamaron comiln y borracho (Mt 11,19); pero esos banquetes de Jess con los pecadores son tambin parte de la tarea encomendada por el Padre. Por otra parte, sabemos con qu libertad ms soberana se mueve Jess en relacin con las leyes del ayuno. Jess no ayunaba por obligacin legal, por pura negatividad o afn de mortificacin. Ayuna para entregarse al Padre en cuerpo y alma. En Jess, el ayuno es tambin signo de una vida austera, lejos de todo apego al consumo y a los bienes materiales, porque el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar la cabeza (Lc. 9, 58).

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La causa del ayuno en la sociedad de hoy est perdida, si no es como dieta para adelgazar o como signo proftico: la huelga de hambre, que naturalmente ha de ser publicada y conocida. Para el cristiano, el ayuno sigue teniendo sentido cuando se hace por la causa del reino, cuando se hace desde la libertad, la austeridad y la solidaridad. Cuando ayunamos para no dejarnos esclavizar por el consumo, para no convertirnos en un simple cliente del mercado; o cuando ayunamos para no vivir apegados a cosas y bienes materiales; o cuando ayunamos para compartir, para amar. Ayunar es amar. Hoy debemos ayunar asumiendo el dolor de los millones de hambrientos y luchando para que otros no ayunen forzosamente. El ayuno que Dios quiere es que otros no tengan que ayunar. No importa tanto quedarnos nosotros un da sin comer por Dios, sino dar un da de comer a Dios. Lo nuestro no es la ley del ayuno, sino la ley del amor. c) Desde el amor. Un amor hecho obediencia y entrega. Vence Jess, porque nunca se busca a s mismo, sino que vive, vaco de s, para el Padre y para los dems. Si se hubiera buscado a s mismo, hubiese retenido alguna migaja de gloria. Pero lo entregar todo y se entregar del todo. Aprendi sufriendo a obedecer (Hb 5,8) Lo entregar todo y se entregar del todo, para que otros vivan. Antepone el bien de sus hermanos a su propia satisfaccin (Hb 2,10) Jess no ama para sacar algn provecho personal, buscando proteccin segura, recompensa grande, agradecimiento generoso. El amor de Jess es oblativo y desinteresado. No habr nada que le aparte de este amor: ni el dolor, ni la espada, ni la afrenta, ni el fracaso, ni la muerte. Podra l mejor que nadie repetir: Quin me separar del amor del Padre? (Rom 8, 35) Es realmente un amor grande y fuerte, por encima de toda dificultad, de toda seduccin, de todo sufrimiento, de toda tentacin. Que el divino Maestro, que hoy desciende de su retiro en la montaa y comienza la vida pblica, del mismo modo que sus palabras son una llamada a la conversin, sea siempre nuestro ejemplo y nuestra vida.

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DOMINGO I DE CUARESMA (B) Meditacin cuaresmal La Cuaresma, es el tiempo que la Iglesia ha establecido como preparacin a la Pascua, para que los fieles se dispongan a una participacin ms plena del misterio de Cristo, mediante la escucha asidua de la palabra de Dios, la celebracin de los sacramentos, y la oracin; la limosna, el ayuno y la prctica de las buenas obras, de forma que se consiga la verdadera conversin y penitencia, es decir, el cambio de mentalidad y de comportamientos. La Cuaresma tiene pues, tres finalidades: preparacin para la pascua, revisin del proceso catecumenal y alcanzar el perdn de los pecados. Precisamente por ello, la oracin colecta de este domingo nos sita en el momento justo cuando dice: Al comenzar un ao ms la santa Cuaresma concdenos, Dios todopoderoso, avanzar en la inteligencia del misterio de Cristo y vivirlo en su plenitud. Antiguamente, durante la Cuaresma se preparaban los candidatos a recibir el Bautismo en la Vigilia Pascual. (Tambin nosotros, durante este tiempo vamos a rezar por los actuales catecmenos, y tambin por los nios y jvenes que van a completar su iniciacin cristiana.) Pero la Iglesia quiere asimismo que nosotros vivamos este tiempo como una experiencia catecumenal: que volvamos a ser catecmenos (que significa: aquellos que escuchan). En esta Cuaresma del ao 1997, primero de la preparacin para el Gran Jubileo del ao 2000, vamos a hacer lo que hacemos todos los aos, pero de modo especial: Unirnos al deseo del Papa de que todos los cristianos hagamos una solemne profesin de fe en la Vigilia Pascual, de suerte que este sea el momento central de este curso dedicado a Jesucristo, a la fe y al bautismo. (Al comienzo de este tiempo de esfuerzo espiritual se nos proclama que Jess, despus de ser bautizado, se traslad al desierto para que all, como un nuevo Adn, sostuviese en aquella soledad un combate personal con el maligno, en una prueba que representaba todas las tentaciones que tuvo que superar hasta la cruz, para mantenerse fiel al Padre.) 1. Empujado al desierto Cuando Jess fue bautizado, todo pareca que estaba ya a punto. Para Jess fue una experiencia decisiva, sintindose embriagado del Espritu y del Padre. La Palabra poda empezar ya a manifestarse y hacerse escuchar. pero convena todava un nuevo comps de espera. La paciencia de Dios es infinita. El que ha esperado tanto aos en Nazaret, ha de esperar muchos das en el desierto. Tal vez convena que la voz de Juan se fuera apagando, para coger el relevo. Pero lo ms importante era la necesidad de la prueba. Para eso le empuj el Espritu Santo al desierto. Qu cosas hace el Espritu Santo! Ir al desierto es cosa arriesgada. Es vivir el desarraigo total. Es enfrentarse consigo mismo, sin ayudas, sin caretas, en lo ms ntimo, en eso que llamamos el corazn. Es escuchar al buen Espritu o, tal vez, a los malos espritus que anidan en ese corazn o, al menos lo conmueven. Es tratar de encontrarse con
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el mismo Dios, frente a frente, y descubrir su voluntad. Es tomar una decisin fundamental, quiz definitiva, sobre su persona y su misin. Es ser uno mismo. Ir al desierto es soledad, es verdad, es combate, es oracin, es fe, es libertad, es decisin. Ir al desierto es dar respuesta a los ms hondos interrogantes del hombre y a sus ms grandes aspiraciones. Es ser uno mismo hasta donde uno est llamado a ser. Naturalmente que no se trata de un lugar geogrfico. Este puede ser un marco apropiado, cuando uno llega al lmite de sus debilidades o sus posibilidades, como sucedi con el antiguo pueblo de Dios. Se trata ms bien de ese desierto de la vida, por el que todos tenemos que pasar cuando debemos clarificar definitivamente nuestra postura ante la propia historia, ante los dems, ante Dios. Puede que sea una crisis especialmente lcida, una enfermedad, una opcin comprometida, una eleccin de carrera o de vocacin, una responsabilidad nueva. Jess pas por este desierto. Jess fue tentado en el desierto de la vida, como el primer hombre fue tentado en el paraso de la vida, como todos los hombres son tentados en las encrucijadas de la vida. La tentacin est ah, en la propia naturaleza libre y limitada del hombre, capaz de superacin y degradacin, hambrienta de justicia y enferma de egosmo, sedienta de verdad y cegada con espejismos, sensible hasta las lgrimas y cruel hasta la sangre, hecha a imagen de Dios y empeada en destruirla, llamada a participar de Dios y queriendo llegar a ser Dios. La tentacin de Jess se enmarca inmediatamente despus de la experiencia del bautismo. All se ha sentido gozosamente, enteramente, hijo de Dios; ha sido proclamado el Mesas, el Ungido esperado. Entonces, habr que sacar las consecuencias y medir los pasos a dar: Si eres hijo de Dios, si eres el Mesas, rebosando la fuerza del Espritu, todo te resultar fcil, todo lo podrs conseguir. La del desierto es una experiencia que est en el polo opuesto a la del bautismo: all todo era seguridad, aqu todo son dudas; all todo era dicha aqu angustia; all paz, aqu lucha; all confianza, aqu inquietud; all obediencia, aqu independencia. La cuestin puede reducirse a sta: Realmente eres hijo de Dios y Mesas? Y si lo eres, por qu no darlo a conocer?, por qu no utilizar el poder que tienes?, por qu has de ser siervo y no seor o rey? Si he de predicar el reino de Dios, por qu no derrotar a todos sus enemigos? Si he de salvar a los hombres, por qu no empezar a hacer milagros en su favor? Si soy el hijo de Dios, por qu no presentarse como Dios, igual en todo al Padre? Jess trataba de encontrar respuesta en la Escritura; pero la verdad es que en la Escritura, al menos leda superficialmente, hay respuestas para todo. Y precisamente la imagen que los profetas pintaron del Mesas, la que el pueblo esperaba, era la del rey justo y victorioso, irresistible, ms parecida a la del tentador. Marcos no especifica las tentaciones; stas se irn presentando a lo largo de su vida y, sobre todo, en los momentos finales. Algo parecido sucedi al pueblo
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de Dios en el desierto. Ante una necesidad, recurrir al milagro fcil, a la intervencin directa de Dios. Si Dios est con nosotros, pues que se note, que nos libre del hambre y la sed, que derrote a los enemigos, que nos lleve en volandas hasta la tierra prometida. Buen negocio eso de ser amigo de Dios! Aqu, lo mismo, un mesianismo primario: si eres el Mesas, multiplica los panes o lo que sea, cura a todos los enfermos, baja del cielo, hazte rey, machaca a tus enemigos, no permitas que te crucifiquen, baja de la cruz A Jess le costar renunciar a este camino fcil y tendr que hacerse violencia muchas veces. Es la tentacin. Pero conseguir vencer en todo momento. Desde el principio, desde el bautismo, qued claro para l que era el hijo, no el Padre, y que no poda hacer otras cosas que su voluntad; qued claro que era el Mesas siervo, no el rey; qued clara su opcin fundamental por los pobres y los dbiles, y que deba compartir con ellos en todo; qued claro que deba desandar el camino de Adn y de los padres del desierto, no tentando a Dios ni queriendo ser igual a l; qued claro que la salvacin ira, no por la lnea del triunfo, que alimenta el orgullo y los viejos instintos del hombre, sino por la lnea del amor, que da origen a una humanidad nueva. No importa que estas opciones le hicieran padecer y le llevaran a la muerte; el Padre no lo abandonara y el amor triunfara siempre. 2. La victoria de Jess. a) Desde la oracin. En primer lugar, bsqueda de la Palabra de Dios, o sea, de la voluntad de Dios. Que quede claro: puede que Dios no me hable directamente, puede que yo me engae, puede que los dems me confundan Qu es lo que de verdad est escrito? No hay que fijarse en un texto aislado; hay que ver todo el conjunto. Oracin es tambin escucha atenta a la mocin del Espritu que mora en nosotros. l habla delicadamente, pero eficazmente. Importa hacer silencio y escucharle, sin confundir su querer con mi deseo, su embriaguez con mi entusiasmo. Oracin es, adems, renovacin de la entrega al Padre. Es renovar la Palabra clave: Abba! con todo lo que ello comporta,. Abba!, no lo que yo quiero, rezaba Jess con gritos y con lgrimas. Abba!, siempre lo que quieras Tu, repeta entre sudores y sangre. Para terminar con confianza victoriosa: Abba!, en tus manos encomiendo mi espritu. Como vemos la oracin de Jess es consciente y consecuente; no como tantas veces la nuestra, que oramos para seguir siendo lo que somos y seguir haciendo lo que queremos, pero nos quedamos tranquilos, porque ya hemos hablado con el Seor. Hemos hablado, pero no le hemos escuchado. Nos hemos escuchado a nosotros mismos, porque hemos puesto entre Dios y nosotros la barrera de nuestro inters y nuestra comodidad. Dicen que Dios nunca deja en paz, aunque siempre da la paz; nosotros al contrario, despus de la oracin nos quedamos en paz, aunque sin paz. Y esta oracin resulta un desprestigio, y, a veces, hasta un escndalo. b) Desde la austeridad.
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Hay cierto tipo de demonios, deca Jess, que slo pueden ser vencidos con la oracin y el ayuno. (Mc. 9,29). Quiz lo poda saber por la propia experiencia. El ayuno, convenientemente utilizado, es una fuerza liberadora. El ayuno de Jess es el signo de una dedicacin total al Padre: Mi comida es hacer la voluntad del que me envi y que acabe su obra (Jn 4,34). Dejar de comer, lo mismo que permanecer virgen, es porque tiene que dedicarse por entero al Padre y a la obra que el Padre le haba encomendado; un signo. No quiere decir que no tenga que alimentarse: incluso le llamaron comiln y borracho (Mt 11,19); pero esos banquetes de Jess con los pecadores son tambin parte de la tarea encomendada por el Padre. Por otra parte, sabemos con qu libertad ms soberana se mueve Jess en relacin a las leyes del ayuno. Jess no ayunaba por obligacin legal, por pura negatividad o afn de mortificacin. Ayuna para entregarse al Padre en cuerpo y alma. En Jess, el ayuno es tambin signo de una vida austera, lejos de todo apego al consumo y a los bienes materiales, porque el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar la cabeza (Lc. 9, 58). La causa del ayuno en la sociedad de hoy est perdida, si no es como dieta para adelgazar o como signo proftico: la huelga de hambre, que naturalmente ha de ser publicada y conocida. Para el cristiano, el ayuno sigue teniendo sentido cuando se hace por la causa del reino, cuando se hace desde la libertad, la austeridad y la solidaridad. Cuando ayunamos para no dejarnos esclavizar por el consumo, para no convertirnos en un simple cliente del mercado; o cuando ayunamos para no vivir apegados a cosas y bienes materiales; o cuando ayunamos para compartir, para amar. Ayunar es amar. Hoy debemos ayunar asumiendo el dolor de los millones de hambrientos y luchando para que otros no ayunen forzosamente. El ayuno que Dios quiere es que otros no tengan que ayunar. No importa tanto quedarnos nosotros un da sin comer por Dios, sino dar un da de comer a Dios. Lo nuestro no es la ley del ayuno, sino la ley del amor. c) Desde el amor. Un amor hecho obediencia y entrega. Vence Jess, porque nunca se busca a s mismo, sino que vive, vaco de s, para el Padre y para los dems. Si se hubiera buscado a s mismo, hubiese retenido alguna migaja de gloria. Pero lo entregar todo y se entregar del todo. Aprendi sufriendo a obedecer (Hb 5,8) Lo entregar todo y se entregar del todo, para que otros vivan. Antepone el bien de sus hermanos a su propia satisfaccin (Hb 2,10). Jess no ama para sacar algn provecho personal, buscando proteccin segura, recompensa grande, agradecimiento generoso. El amor de Jess es oblativo y desinteresado. No habr nada que le aparte de este amor: ni el dolor, ni la espada, ni la afrenta, ni el fracaso, ni la muerte. Podra l mejor que nadie repetir: Quin me separar del amor del Padre? (Rom 8, 35) Es realmente un amor grande y fuerte, por encima de toda dificultad, de toda seduccin, de todo sufrimiento, de toda tentacin.

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DOMINGO I DE CUARESMA (B) NO NOS DEJES CAER EN LA TENTACIN de creer que no tenemos tentaciones y de tragrnoslo todo aunque sea bien venenoso o imperfecto de creer que todas nuestras ideas, sentimientos y tomas de postura ante los dems y ante las situaciones, son ya tan correctas y exactas que nada tenemos que replantearnos de dejarnos amarrar y guiar por el tremendo peso de nuestro inconsciente colectivo e individual; por la persistencia clandestina de nuestras falsas evidencias; por las fantasas caducas que una y otra vez realimentamos; por nuestras alergias espontneas o construidas interesadamente; por las torpezas y tropezones repetidos; por las comodidades y costumbres anquilosadas y anquilosadoras de seguir empeados en pedir peras al olmo y en lamentarnos en que no las d, en vez de arrancar el olmo y plantar un peral de creer que nuestras tentaciones y pruebas las podemos superar nosotros solitos, todopoderosos, sin recurrir a Ti, a la fuerza de tu Espritu y al apoyo de nuestros hermanos de creer que ya no somos capaces de acudir al oxgeno que nos es imprescindible para respirar: como es el dilogo oracional contigo, la reflexin, el ayuno de todo lo contaminante, el amor prctico y efectivo a los dems de juguetear con las tentaciones sin querer caer en la cuenta de que quien juega con el fuego termina por quemarse de dejarnos arrullar por las primeras seducciones del placer a bajo precio, de la prepotencia de la mentira y la trampa, sin ser conscientes de que son drogas que terminan finalmente por engancharnos en las encrucijadas cotidianas en que estamos dispuestos a adorar y prosternarnos ante cualquier cosa, persona o situacin, con tal de conseguir nuestro plato de lentejas en las crisis y dudas, en los cansancios y abatimientos, que necesariamente se producen en la vida misma y en el camino cristiano llevado con intensidad en los momentos y tiempos en que nos parece que la ruta evanglica es demasiado ardua, que es una aguafiestas para la vida, y tendemos a no darte crdito, a perder la confianza en Ti y en los modos de vida que T nos propones cuando queremos que todo se arregle de inmediato y a golpe de varita mgica, sin aceptar que hace falta mucho tiempo y empeo, serenos y constantes, para que crezca un rbol, para que un hombre se haga hijo de Dios, para que la Iglesia se convierta en un Pueblo de Dios conjuntado, en el que fluyan la comunicacin y el servicio

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ORACIN DE LOS FIELES Oremos, hermanos, a Dios, Padre nuestro, como haca el mismo Jess. l nos fortalece en nuestras necesidades, nos conforta en las pruebas y nos consuela en toda tribulacin. Por toda la Iglesia, para que aproveche este tiempo cuaresmal, siguiendo ms de cerca a Jesucristo. Por todos los pueblos marginados, por todos los hombres que sufren, que viven en los desiertos de la vida, para que encuentren ngeles que les ayuden y les sirvan. Por todos los que se preparan a recibir los sacramentos de la iniciacin cristiana, para que, siguiendo a Jesucristo, crezcan en una fe personalizada. Por todos los que se encuentran en tentacin y dificultad, para que, dciles a la palabra de Dios, encuentren luz y fuerza para superarla. Por todos nosotros, para que en este santo tiempo de Cuaresma nos ejercitemos ms en la oracin, en la caridad y servicio a los pobres. Escchanos, Padre, ten misericordia de nosotros, perdona nuestras debilidades y lbranos de todo mal.

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DOMINGO II DE CUARESMA (A) En la 1. lectura hemos escuchado como Dios llama a Abraham a emprender un camino, un camino incierto que tendr que ir descubriendo, pero un camino que es de bendicin, es decir, de vida. El pasado domingo decamos que estas semanas de Cuaresma son para nosotros una gracia una llamada de Dios para revisar, renovar y mejorar nuestro camino cristiano. Las lecturas de hoy nos ayudan a recordar cual es el origen de este camino, cual es la meta hacia la que nos conduce y tambin que, como el camino no es fcil, tenemos una brjula de indudable solvencia para orientarnos en nuestro avanzar. (La transfiguracin, en un momento crtico) Pero fijmonos primeramente en la narracin del evangelio. Los evangelistas y especialmente Mateo, Marcos y Lucas no nos presentan a Jess como si fuera un Dios disfrazado de hombre, sino que nos hablan de un hombre que como cualquier hombre avanza por un camino humano, un camino hecho de bsqueda y de lucha, de descubrimientos y de decisiones. Y es as, siguiendo su camino, como Jess segn los evangelistas transparenta a Dios. Jess acaba de anunciar a sus discpulos que vea que su camino tendra que pasar por el fracaso y el mximo sufrimiento, es decir, por la pasin y muerte, aunque crea que acabara en la resurreccin. Porque vea que los poderosos estaban cada vez ms contra l, el pueblo dudaba y solamente lo seguan unos pocos discpulos. Es en este momento crtico cuando Jess siente ms necesidad de orar, de sentirse en comunin con su Padre. Por eso sube a la montaa y por eso porque tambin l se siente dbil quiere hacerlo en compaa de los tres discpulos Pedro, Santiago y Juan que consideraba como ms cercanos, ms amigos. Y es all, la nica vez en su camino humano, donde el hombre Jess transparenta visiblemente al Dios que tambin es. Su rostro resplandeca como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz, dice San Mateo en un intento de describir con palabras humanas esta transparencia de Dios en Jess. Y cuando dice que una nube luminosa los cubri, y que de la nube sali una voz, hemos de tener presente que segn el lenguaje de la Biblia del Antiguo Testamento esta nube significa la presencia de Dios, y es desde la nube de donde habla el Dios a quien nadie ha visto nunca. El Dios que, entonces y para los atribulados discpulos que no tardarn en ver este rostro de Jess cubierto de sangre y de salivazos, para ellos el Dios del cielo dice: Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo. Palabras para Pedro, Santiago y Juan, palabras para todos nosotros, palabras tambin, aunque nos cueste entenderlo para el mismo Jess que, en la cruz, se sentir como abandonado de su Padre. (Nuestro camino: origen y meta; para recorrerlo)

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Pero volvamos a lo que decamos al comenzar. Las lecturas de hoy nos han hablado de nuestro camino personal, del camino que Dios nos invita a revisar y a renovar durante estas semanas, que nos llevar a la gran celebracin de la Pascua. Nos ha recordado el origen del camino. Como en aquel antiguo personaje al que nuestra tradicin llama el padre de los creyentes, como en Abraham, el origen de nuestro camino personal es una vocacin de Dios, es decir: una llamada que Dios nos dirige de forma personal e intransferible a cada uno de nosotros. Como nos ha dicho tambin la 2. lectura: Dios nos llam. Y aada San Pablo: No porque nuestras obras lo hayan merecido, sino por gracia, es decir, por amor. Por amor a cada uno de nosotros Dios nos llama. Nos ha recordado tambin la meta de nuestro camino. Para Abraham, hace muchos siglos, era una tierra nueva y un gran pueblo, o tambin en lenguaje bblico una bendicin, es decir, vida nueva y plena, vida de Dios. San Pablo nos hablaba de una vocacin santa que ha llegado a ser posible porque Dios, por Jesucristo, ha desposedo a la muerte del poder que tena y ha hecho resplandecer la luz de la vida y de la inmortalidad. No seamos modestos o escpticos o pesimistas al pensar en la meta de nuestro camino una meta que ya vamos alcanzando tambin ahora porque Dios no es para nosotros ni modesto ni escptico ni pesimista: quiere darnos, y nos da ya, una vida plena que es bendicin, tierra nueva, fecundidad. La muerte y todo lo que la muerte significa sigue presente en nuestro camino, pero Dios nos asegura que la muerte no es la vencedora, que la muerte ha sido destruida, que tiene y tendr ms fuerza tendr en nosotros la victoria la vida, el amor, Dios. Es decir, lo que afirmaremos y celebraremos en la gran fiesta de Pascua. Y finalmente, las lecturas nos han recordado que si bien en nuestro camino hay dificultades, y crisis, tenemos una brjula de indudable solvencia: Este es mi hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo. La palabra de Jess, el mismo Jess, nuestro hermano y Seor, es nuestra brjula para el camino y es tambin deca la primera oracin de la misa. nuestro alimento para este camino. En las dificultades, dudas, luchas y crisis de cada da, si sabemos subir a la montaa para orar, es muy posible que de una forma o de otra intuyamos que tambin por nuestra vida pasa la gracia transfiguradora de Dios, la bendicin de Dios, Jesucristo nuestro hermano y seor que nos gua con su palabra, nos ayuda con su ejemplo, nos alimenta con su cuerpo y su sangre. Es decir, con su amor misericordioso que viene sobre nosotros, como lo esperamos siempre y que no nos deja nunca.

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DOMINGO III DE CUARESMA (A) Este evangelio tan largo que acabamos de escuchar, es de esos que valdra la pena sentarse con calma e ir repasndolo escena por escena, fragmento por fragmento, e ir descubriendo la gran riqueza que lleva en su interior. Eso es lo que hacan, en los primeros siglos de la Iglesia, quienes se preparaban para bautizarse en la noche de Pascua: el evangelio de hoy, y el de los dos prximos domingos (el del ciego de nacimiento y el de la resurreccin de Lzaro) eran el punto de partida de las ultimas catequesis que reciban para conocer profundamente la fe. Nosotros ahora no tenemos tiempo para hacer este repaso minucioso. Pero si queris, cada uno puede hacerlo en su casa: sera un buen trabajo de reflexin y de plegaria cuaresmal. Yo lo que har ahora ser solamente destacar un par de cosas que nos puedan ayudar un poco en este domingo y de cara a prepararnos ms para la Pascua. * (La clase de persona que es Jess) Lo primero es caer en la cuenta de que clase de persona es Jess. De su carcter, si queris llamarlo as. Jess es una persona prxima, a quien no le gusta marcar distancias, que no se hace el importante, que no tiene ninguna ganas de poner barreras con nadie. Y que, por ser de esta forma, no tiene ningn miedo de romper con las costumbres y prejuicios sociales. Por ejemplo, hoy esto lo vemos muy claro en la tranquilidad con que pide agua a aquella mujer samaritana. l est cansado del camino y tiene sed. Y aquella mujer viene con un cntaro para sacar agua del pozo y Jess, sin ms cuestiones, le pide agua. La mujer se sorprende, y los discpulos tambin se sorprendern despus. Porque los buenos maestros de Israel no trataban con mujeres, y menos con mujeres del pueblo de herejes que era Samaria. Pero Jess no tiene estas manas. Jess no tiene un carcter cerrado, que rechace a este o mire ms a aquel. Porque, si tuviera un carcter as, Jess no podra ser fiel a su misin. Jess quiere aportar el amor de Dios a todos, y, por tanto, es capaz de tratar con todos y de hacerse amigo de todos, aunque ello no est bien visto. De hecho, ahora, Jess tambin tratara con gente que no est bien vista, y tambin sera criticado (quiz por nosotros?) como lo era entonces * (Jess propone buscar un agua que de vida) La segunda cosa que podramos destacar del evangelio de hoy es ver que es lo que Jess le quiere decir, de qu le quiere hacer caer en la cuenta a aquella mujer. La mujer est muy ocupada con la faena de cada da, con el tener que ir a buscar cada da agua al pozo, con sus los familiares Y Jess le habla de un agua que da vida para siempre, un agua que hace vivir de verdad, un agua que, cuando uno se llena de ella, ya no se le acaba nunca.

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A aquella mujer probablemente nunca se le haba pasado por la cabeza tener otro anhelo que el ir comiendo y tirando cada da; nunca se le haba ocurrido que pudiera haber cosas ms importantes, cosas que dieran ms vida. Y Jess le hace caer en la cuenta de que estas cosas existen, y valen la pena. De hecho, todo el evangelio de Jess ser esto mismo: hacer caer en la cuenta a todos los que le escuchen que la felicidad y la vida, donde se encuentran de verdad es en la apertura a los dems, en el servicio a los pobres, en la renuncia a los afanes del dinero y del poder, en la bsqueda del amor; en Dios, en fin de cuentas. Ciertamente, Jess no le dice a la mujer que no vaya ms a buscar agua: eso, tendr que continuar hacindolo; pero podr vivir mucho ms de verdad si su vida no se termina con estas pequeas preocupaciones cotidianas. Despus, cuando los discpulos vuelvan del pueblo de comprar comida, Jess les resume lo mismo que ha estado dicindole a la mujer. Mi comida es hacer la voluntad del que me ha enviado y cumplir su obra, les dice. Y de esto se trata: de cambiar el corazn y el alma de tal suerte que lo que deseemos, lo que nos alimente y satisfaga sea el seguimiento del camino de Dios, el seguimiento de su Evangelio. * Jess nos llama a ser felices. Y aqu entraramos en el ltimo aspecto que quisiera destacar, y que me parece que es el gran mensaje del evangelio de hoy. Y es que, lo que Jess propone, lo que Jess ofrece, lo que Jess quiere para nosotros, es que seamos felices. Y lo que nos dice es esto: Si segus mi camino, si buscis lo mismo que yo busco, vuestra vida ser como un torrente de agua en medio del desierto, como una fuente viva que lo llena todo, que lo convierte todo en una maravilla de verdor y fecundidad. La Cuaresma nos llama a convertir nuestras vidas y a acercarnos a la vida del Evangelio de Jess. Pero eso no porque s o porque alguien nos lo mande. Sino porque queremos ser felices, y sabemos que este es el camino de la felicidad. El Evangelio de Jess, el camino de Jess que lleva a la cruz, nos abre la fuente de agua viva de la Pascua, la luz sin ocaso de la Pascua.

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DOMINGO III DE CUARESMA (A) Est o no el Seor con nosotros? El pueblo judo haba sentido la presencia y la fuerza de Dios que lo haba liberado de la esclavitud den Egipto. Y guiado por Moiss haba emprendido el largo camino por el desierto hacia la gran promesa de una tierra que sera suya, una tierra donde vivira libre. Pero el camino se hace largo y difcil, el pueblo experimenta la terrible tortura de la sed. Por eso primero duda, despus se rebela contra Moiss y contra su Dios. Y por eso se pregunta: Est o no el Seor con nosotros?. Una pregunta que es posible que tambin nosotros nos planteemos, sobre todo cuando nuestro camino se nos hace largo y difcil. O cuando somos nosotros quienes, por lo que sea, y a veces sin casi ser conscientes, interiormente nos hemos ido alejando de la presencia de Dios en nosotros. En este tercer domingo de Cuaresma, cuando comienza la etapa ms importante de nuestro camino hacia la gran celebracin de la Pascua, atrevmonos a preguntarnos si realmente creemos de verdad en la presencia de Dios en nosotros, en aquella presencia de su Espritu que puede fecundar nuestra vida. Cerca del pozo de Jacob, Jess cansado de caminar, conversa con una mujer (y en aquellos tiempos no era normal que un hombre religioso hablara pblicamente con una mujer desconocida). Y con una mujer que por el hecho de ser una samaritana era tenida por los judos como una hereje. Ms an: una mujer hereje con una conducta moral no precisamente ejemplar (mujer, hereje y con una historia de seis hombres) y, sin embargo, a ella Jess le pide agua, habla con ella ampliamente y se le da a conocer como el Mesas, el Cristo, el que es capaz de dar un agua que puede convertirse dentro de nosotros en un manantial que salta siempre para darnos vida eterna. A nuestra pregunta de si Est o no el Seor con nosotros, Jess responde que l puede estar dentro de nosotros como un manantial de vida. Como una fuente de agua viva que ya non haga necesario nuestro constante y pesado ir y venir buscando fuentes de amor, de verdad, de libertad, de vida Jess tiene la radical pretensin de ser l la fuente inagotable y fecunda de amor, de verdad, de libertad, de vida Y no solo una fuente a la que nosotros vamos a beber, sino una fuente que puede brotar en nuestro interior, en nuestro corazn. Como hemos ledo en la segunda lectura: Dios, al darnos su Espritu Santo, ha derramado en nuestros corazones su amor. Este evangelio que hoy hemos proclamado, juntamente con los que escucharemos en los dos prximos domingos, son los que utilizaba la Iglesia antigua como la mejor catequesis para aquellos hombres y mujeres que se preparaban para el bautismo en la noche de la Vigilia Pascual. Por qu estos tres evangelios? Porque nos dan respuesta a la pregunta decisiva de la fe, la pregunta que es: Quin es Jesucristo para nosotros?. Una pregunta que nosotros tambin nos hemos de plantear una vez ms en esta semana de preparacin para la Pascua.

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La respuesta de hoy es: Jess es para nosotros la fuente interior de vida. Tal como el agua fecunda la tierra, el agua que brota de esta fuente interior que es Jess que es su palabra, su ejemplo, su persona puede fecundar toda nuestra existencia. Eso es lo que signific aquella agua de nuestro bautismo: un agua que se derramaba sobre nosotros para fecundarnos, para darnos vida, para que demos fruto segn la voluntad de Dios que ha de ser nuestro alimento. En otro lugar de su evangelio, Juan nos transmite estas palabras de Jess: Si alguien tiene sed, que venga a m, y que beba. Como dice la Escritura: nacern ros de agua viva del interior de quien cree en m. Y comenta inmediatamente el evangelista: Decs esto refirindose al Espritu que tenan que recibir los que creyeran en l (Juan 7, 38-39). Nosotros, gracias a la fe, gracias al bautismo tenemos en nuestro interior en el corazn de nuestra vida el Espritu de Jess. Ms all de nuestras dudas, y dificultades, incluso cuando parece que nos hemos alejado de l, el Espritu de Jess est en nosotros para ayudarnos, para guiarnos, para impulsarnos a vivir segn su ejemplo de amor bondadoso y abierto. Renovar nuestra fe en esta presencia activa del Espritu de Jess es este camino cuaresmal hacia la Pascua es la primera respuesta a la pregunta: Quin es Jess para nosotros?.

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DOMINGO III DE CUARESMA (B) La Cuaresma de este ao, adems de orientarnos claramente hacia la vivencia de la Pascua, insiste en un tema importante: la Alianza. La Alianza que Dios ha realizado en Cristo, y que l quiere que en la Pascua de este ao de gracia de 1997 renovemos con todas las consecuencias. La primera lectura nos ha presentado un gran personaje del Antiguo Testamento: Moiss, de quien se sirvi Dios para liberar a su pueblo de la esclavitud de Egipto. En este momento tan crucial, Dios, en la montaa del Sina, sell una Alianza muy expresiva con Moiss e Israel. Hemos escuchado un resumen: lo que llamamos el declogo, o los diez mandamientos, de los cuales queda subrayado sobretodo el primero: no tendrs otros dioses frente a m. A la accin liberadora de Dios, que ha tomado la iniciativa para salvar a su pueblo y lo conduce a la tierra prometida, corresponde ahora, por parte del hombre, un compromiso de vida. La Alianza, como el amor, es de doble direccin. Y no tiene que quedarse tan slo en puras teoras, se pide a Israel que viva un estilo de vida diferente del de los otros pueblos paganos. Dios ha sido fiel. Ahora le toca al hombre demostrar su fidelidad y su aceptacin de la Alianza viviendo segn la voluntad de Dios. (Nosotros pertenecemos a otra Alianza) Nosotros los cristianos vivimos en el Nuevo Testamento, es decir, en la Nueva Alianza. La que Dios ha sellado definitivamente por medio de alguien muy superior a Moiss: Cristo Jess, su Hijo. La primera Alianza, la de Moiss, a la salida de Egipto, la sellaron con un gesto muy expresivo: con la sangre de animales rociaron el altar (Smbolo de Dios) y tambin al pueblo: as quedaba expresada la unin entre Dios y su Pueblo. Ahora, la Nueva Alianza, queda sellada con la Sangre de Cristo, en la Cruz. Esta es la prueba de la seriedad con que Dios se ha tomado la Alianza. Nuevamente se ha avanzado para salvar la humanidad. Ha entregado su propio Hijo. Pablo, en la segunda lectura, dice muy convencido que para nosotros la autntica sabidura y fuerza son Cristo Crucificado. La Mirada a la Cruz de Cristo es la que explica nuestra nueva relacin con Dios. Cristo no ha conseguido solamente una nueva Alianza en cuando que nos explica la doctrina sobre la voluntad salvadora de Dios. Los diez mandamientos del antiguo Testamento tambin valen para nosotros, pero, eso s, han quedado completados y perfeccionados por Cristo, por ejemplo, en las bienaventuranzas, mucho ms profundas que el declogo de Moiss. Pero Cristo, sobretodo, lo que ha hecho es entregarse, por solidaridad con la humanidad, hasta la muerte, sellando as la Nueva Alianza con Dios. El amor de Dios se ha manifestado en Cristo, ha vencido nuestro pecado. En la Pascua de Cristo se ha realizado la reconciliacin.
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Tambin el evangelio de hoy puede ser considerado como un anuncio simblico de la muerte de Cristo. l se compara con el Templo de Jerusaln: Destruid este templo, y yo lo reconstruir en tres das. Pero como explica Juan, el se refera al templo de su Cuerpo, entregado a la muerte pero glorificado por el poder de Dios. (Una comunidad que mira la Cruz) Esta es la perspectiva de nuestra Cuaresma. Nosotros, en este tiempo de Cuaresma miramos al frente, hacia la cruz de Cristo. Miramos hacia la Pascua. Y vemos en ella la razn de ser de nuestra vida y de nuestra identidad: la Alianza que Dios nos ha ofrecido en Cristo Jess, que nosotros hemos aceptado ya desde nuestro bautismo, pero que en esta Pascua estamos invitados a renovar con una mayor fidelidad. En la Vigilia Pascual renovaremos comunitariamente nuestro compromiso de fidelidad a Dios, las promesas bautismales. Afirmaremos pblicamente que renunciamos a todo lo que no est de acuerdo con la Alianza de Cristo. Que creemos en Dios, en Cristo, en su Espritu, en la Iglesia. Renuncia y profesin de fe. Estilo de vida que queremos est de acuerdo ms con la Pascua de Cristo. Pascua es paso a la novedad. Pascua nos interpela. No han de ser solamente aleluyas y admiracin por la poderosa accin de Dios que resucita a Cristo. Pascua es tambin nuestra respuesta a Dios. Como lo fue el declogo para los israelitas. Estamos ya en el tercer domingo de Cuaresma. Pensemos en nuestra renovacin pascual. En las direcciones de nuestra conversin. Pensemos tambin en el sacramento de la Reconciliacin, que tiene particular sentido en las proximidades de la pascua. Respondamos a Dios con generosidad. Su fidelidad reclama de nosotros una actitud de mayor coherencia con la Alianza. En la Eucarista repetimos cada vez que el cliz de la Sangre de Disto es la Sangre de la Nueva Alianza, comulgar con el Cristo que se nos entrega en la comunin es aceptar una vez ms la Alianza que se alcanz en la Cruz. La Eucarista es, por tanto, la que mejor nos prepara para la Pascua, y la que ms impulso nos da para que tambin en nuestra existencia, en nuestro estilo de vida, sea pascua.

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DOMINGO IV DE CUARESMA Con este cuarto domingo el camino de conversin cuaresmal se acerca a su trmino. Se nos ha propuesto el misterio de Jess en su humanidad, sometida a la prueba de la tentacin (1 domingo), en su glorificacin anticipada sobre el monte Tabor (2 domingo); despus la parbola de la higuera (3 domingo), en que la paciencia de Dios nos deja an un tiempo de conversin (djala an este ao). Y ahora se nos abre para nosotros la perspectiva de la reconciliacin y del perdn, con el hijo prdigo y la adultera. El dinamismo de la conversin encuentra una representacin ideal en la parbola que recorres todas las etapas del arrepentimiento. Ms la figura del hijo menor nos ofrece algunos apuntes, mucho menos evidentes, que vale la pena subrayar: 1. El hijo menor no se va de casa rebelndose contra el padre, sino se va con su bendicin: llama, y recibe, su parte de la herencia. Es como el siervo de la parbola de mateo que recibe cinco talentos, segn su capacidad. Como hubiera reaccionado el padre, si a su regreso el siervo le hubiera dicho: He negociado los cinco talentos, pero no tuve suerte, y los perd? 2. No prefiere, como su hermano, la vida tranquila a la sombra del padre, sino que va por el mundo y negocia sus talentos. Ciertamente, se equivoca en la inversin despilfarra todo. Y, sin embargo, no comete el error del tercer siervo de Mateo, que entierra su talento por miedo a perderlo. Probablemente es mejor arriesgar y perder, que no hacer nada. 3. Ama la aventura, afronta el riesgo, es audaz e intrpido, y quiz se habra repuesto si no hubiera intervenido un elemento independiente de su voluntad, la caresta. El texto deja transparentar una cierta simpata al hablar de este muchacho desenfrenado, ms no cautivo: es el comportamiento de Jess hacia los pecadores, que produca escndalo a sus contemporneos. 4. Acepta las consecuencias de sus propias acciones y est disponible a pagar personalmente. Al coraje de marcharse de casa, sigue el coraje de adaptarse a un trabajo humilde ms honrado. No va enseguida a llorarle al padre, sino que busca un trabajo, afronta la fatiga y las incomodidades. 5. Es capaz de reflexionar y de cambiar de comportamiento: recapacit en s mismo. No pretende recuperar su puesto como si nada hubiera ocurrido, no reclama derechos, sino que reconoce su pecado y pide ser tratado como un siervo. 6. Tiene confianza en su padre y le habla directamente, a corazn abierto, mientras el hermano se informa con uno de los criados, y no quiere entrar en casa. Posiblemente nunca haba tenido la confidencia de pedirle simplemente al padre un cabrito para hacer fiesta con los amigos.

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DOMINGO IV DE CUARESMA (A) En la celebracin ms importante del ao cristiano, en la noche de la Vigilia Pascual, entraremos en la iglesia que estar a oscuras siguiendo la luz del cirio pascual, smbolo de Jesucristo resucitado. El dicono, o el sacerdote, cantar tres veces: La luz de Cristo, y responderemos Demos gracias a Dios, y de la llama del cirio pascual encenderemos nuestras candelas, de suerte que la luz del cirio que representa a Cristo y las luces que cada uno de nosotros tendremos en la mano iluminen la oscuridad de la iglesia. Y, cuando ms tarde renovemos en aquella noche las promesas de nuestro bautismo, volveremos a tener en la mano la candela encendida en memoria de la que nos fue entregada el da de nuestro bautismo, aquel cirio encendido que signific que al unirnos por el bautismo a Cristo viviente somos iluminados con su luz para que en adelante tambin nosotros seamos luz que ilumina. (Jesucristo, luz; nosotros, tambin, luz) En el evangelio de este cuarto domingo de Cuaresma hemos escuchado que Jess deca: Yo soy la luz del mundo. Pero tambin hemos escuchado que San Pablo deca a los cristianos nos deca a nosotros: ahora sois luz. El pasado domingo al leer el primer de estos tres Evangelios que en la Iglesia antigua servan para preparar a los adultos que tenan que recibir el bautismo la noche de Pascua reconocamos a Jess como la fuente de agua viva, pero el mismo nos deca que su agua poda convertirse en nuestro interior en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna. Es decir, siempre hay una doble afirmacin en la fe cristiana, como nos recuerda hoy el prefacio de la misa. La primera, la fundamental, es que Jess es fuente, que Jess es luz. Pero inmediatamente hay una segunda afirmacin: nosotros tambin podemos llegar a ser fuente, nosotros tambin podemos llegar a ser luz. Dos momentos sucesivos e ntimamente vinculados: el misterio de Cristo en s mismo, y nuestra participacin sacramental en l. Y en los dos momentos, el protagonista es Cristo, Seor nuestro. Y en los dos momentos, la accin de Cristo est vista en funcin de los hombres. Y si a veces no somos consecuentes con nuestra fe en Jesucristo resucitado como fuente y como luz, muchas ms nos olvidamos parece como si no nos atrevisemos a creerlo que nosotros somos tambin fuente, somos tambin luz. Si creemos realmente a pesar de nuestra debilidad y de nuestro ser pecadores que Jess es fuente y es luz, lo seremos tambin nosotros. Porque la fe cristiana no consiste tanto en creer en un Jesucristo resucitado que est all arriba, sino en un Jesucristo viviente aqu en medio de nosotros, que derrama sobre nosotros su Espritu y por eso por su gracia y voluntad, no por mritos nuestros nos hace fuente de agua que da vida, de luz que ilumina para caminar como nos ha dicho San Pablo en la bondad, la justicia y la verdad. Y solamente as, si dejamos nacer y brotar en nuestra vida esta fuente de vida y esta luz de vida, solamente de esta forma a travs nuestro, a travs de

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nosotros pecadores Jesucristo podr llegar a los hombres y a las mujeres de ahora y aqu. (Los personajes de la narracin) Antes de terminar, permitidme recordar rpidamente algunos de los personajes que han salido en la riqusima narracin del evangelio de hoy. Los fariseos, por ejemplo, quiz caricaturizados un poco por el evangelista. Su argumento para no querer reconocer para no querer ver la obra extraordinaria que ha obrado Jess es sorprendente: Jess es un pecador, porque al hacer barro con sus manos ha trabajado y as ha violado el sagrado descanso del sbado. Me pregunto si a veces tambin algunos cristianos no somos tan ciegos que con argumentos parecidos, mirando tanto al detalle de lo que nos parece sagrado, no vemos las obras que Dios realiza quizs en aquellos que nosotros menospreciamos y excluimos. Otros personajes tambin poco ejemplares son los padres del ciego. Son los que no quieren comprometerse, prefieren salvar su tranquilidad desentendindose, quedando neutrales. Y me pregunto si tambin nosotros, muchas veces, no hacemos igual, no nos pronunciamos ni a favor ni en contra, no nos comportamos como simples pasotas, sin querer ser ni luz ni tinieblas. Triste e imposible eleccin. Y finalmente, el ciego. l no ha pedido nada a Jess quiz, porque con bastante trabajo consegua sobrevivir con las escasas limosnas que reciba pero es en l en quien se fija Jess. Y el que haba nacido ciego no solamente ve sino que se convierte l en luz, porque descubre en Jess a su Seor, el Enviado de Dios. Los fariseos lo expulsan y lo excomulgan, sus padres se desentienden, pero Jess lo acoge y el ex-ciego cree sencillamente en l. Y as su fe se convierte en ejemplo para nuestra fe, para que tambin nosotros queramos caminar como hijos de la luz y demos frutos de bondad, de justicia y de verdad. Pidmoslo hoy, en este cuarto domingo de Cuaresma, cuando ya tan slo faltan tres semanas para la Pascua. Y miremos de hacer luz en medio de nuestras tinieblas, a travs del sacramento de la reconciliacin. Cristo ha venido para hacernos caer en la cuenta a los humanos de que necesitamos de esta luz, para salir de nuestros pecados y llevar una vida cada vez ms luminosa.

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DOMINGO IV DE CUARESMA (B) Slo el amor es digno de fe Que hay de ms convincente que el amor? Qu es lo que nos hace cambiar sino la estima? Es bueno que la Palabra de Dios nos site hoy ante el gran amor que Dios nos tiene, porque solamente seguiremos el camino de conversin hacia la Pascua si nos mueve un gran amor. Solamente el amor es digno de fe. No son nuestras programaciones las que producirn un gran cambio, sino el amor. Es el mejor impulso que poseemos las personas. Revela que estamos hechos a imagen y semejanza de Dios porque Dios es Amor. Dejemos que nos penetren en nuestro interior las palabras profundas del Evangelio. Tanto amor Dios al mundo que le ha dado a su nico Hijo, para que no se pierda ninguno de los que creen en l. El amor de Dios tiene un nombre: es Jesucristo. Sin l no podemos hacer nada, sin l nuestra conversin ser una pasin intil, una quimera, y sin l, la fe ser una necedad o un esfuerzo orgulloso. Es menester que amemos nuestra fe, y que nos convenzamos de que para crecer y progresar necesitamos amar y dejarnos amar por Dios. Este Dios a quien, como nos decan las lecturas, le saba mal perder a su pueblo, porque somos su obra, ha querido salvaros por pura gracia; no viene de nosotros, es un don de Dios. Y nos ha salvado por la muerte y la resurreccin de su Hijo. l ha sido el primero en amarnos, dndose l mismo en su Hijo, y atrayndonos a su comunin. La luz ha venido a disipar las tinieblas; ahora bien, slo falta que nos acerquemos a la luz. Quienes viven de acuerdo con la verdad, s que buscan la plena luz. Si sabemos que Cristo es esta luz, por qu no iramos hacia l? Por qu no hemos de dejarlo que nos trabaje y que nos vuelva a crear de nuevo con su Espritu Santo? Si queremos aprender a amar, miremos al hijo del hombre, que es nuestro modelo, levantado para que todos los que creen en l tengan vida eterna: su amor radical a los pobres, a los marginados, a las multitudes, a los enfermos, al pueblo le haca uno de los suyos. Todo el Evangelio transpira ternura y amor por todos lo que lo tiene. Los nios, los pequeos, quienes no cuentan a los ojos del mundo, son sus preferidos. Se acercaba a los pecadores, a los ms desvalidos, porque no son los sanos quienes necesitan del mdico; y a su lado las personas cambiaban, porque se sentan profundamente amadas, como nunca nadie les haba amado. Solamente el amor cambia, y mueve los corazones; solamente el amor es autnticamente revolucionario. Especialmente cuando llega incluso a los enemigos: Padre, perdnalos porque no saben lo que hacen Jesucristo se nos aparece como elhombre-para-los-dems. Y nos indica con su mandamiento nuevo que la medida del amor es amar sin medida, como l mismo lo ha hecho. Seremos capaces de imitarle? 2. Revisemos nuestra manera de amar. Por eso nos conviene interrogarnos sobre si realmente amamos, si nos amamos como Cristo lo haca. En el camino de conversin, qu calidad tiene nuestro amor?
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Primero, antes que nada, el amor a Dios: es l el primero de todo en nuestra vida? le damos tiempo? le expresamos nuestro amor con la plegaria, con la Eucarista? Lo acogemos en las personas que tratamos, es decir, sabemos ver el rostro de Dios en quienes estn cerca de nosotros? le agradecemos las muestras de su amor? le confiamos todos nuestros esfuerzos y trabajos, alegras y esperanzas? lo amamos de verdad como Jess amaba al Padre? Y al prjimo? Si decimos que amamos a Dios, a quien no vemos, y no amamos al prjimo a quien vemos, somos unos mentirosos. Sabemos acoger, escuchar, y ayudar a quienes nos necesitan? Solamente cuando nos lo piden, o sabemos adelantarnos a descubrir cuando alguien tiene necesidad de nosotros? Amar quiere decir adelantarse en el amor: todo lo que hagis a uno de estos hermanos mos pequeos, a m me lo hacis, y eso implica dar de comer, dar de beber, vestir al desnudo, visitar al enfermo y al encarcelado, acoger a los forasteros Sabremos traducir todas estas exigencias a nuestra vida de familia, de trabajo, de amistad, de vida social? Sabremos imitar a Cristo que amaba con libertad a las personas, siempre estndoles disponible, pero sin atarlas ni manipularlas nunca? Sabremos imitar su disponibilidad total, si espritu de servicio, su situarse en el ltimo lugar? Queremos aprender a amar a los enemigos, a quienes nos incomodan, o simplemente a quienes con cuesta de soportar? Y Jess nos animaba a amar al prjimo, como a ti mismo y presupona que nos amaramos a nosotros mismos. Y es que es preciso un aprecio sencillo y moderado por nosotros mismos. Ello supone aceptarse tal como uno es, acogerse con las propias debilidades, y echar adelante, con coraje y esperanza. No nos hemos de desesperar de nosotros mismos, por ms que sepamos que somos pecadores y muy dbiles. Dios nos ama, y por eso nos hemos de amar nosotros mismos; sin egosmo, claro est, pero con ternura y humor. Sabremos encontrar esta justa estima? Queremos que Cristo nos ayude a ser humildes, y a esperar el perdn y la paz con un corazn agradecido? Pidamos en esta Eucarista, que es el amor de Jess por los suyos hasta el extremo, que Dios nos haga perfectos en la caridad, y que por el don de su Espritu Santo, purifique y renueve nuestro amor.

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DOMINGO V DE CUARESMA El tema de nuestra reflexin sobre la Palabra de Dios escuchada, podra ser el del camino. Me viene a la memoria un hecho que ocurri en la veladaconcierto del Congreso Eucarstico de Bolonia del pasado mes de septiembre, al que acudi tambin el Papa. Algunos jvenes, utilizando expresiones de canciones de moda, formularon algunas preguntas a Su Santidad. Uno sobre un poema de Bob Dylan, le dijo la siguiente: Cuntos caminos debo recorrer para llegar a ser hombre? La respuesta de Juan Pablo II fue inmediata: para llegar a ser un verdadero hombre no hay ms que un camino: Cristo. Durante unos segundos se produjo, en el inmenso auditorio, un total silencio y real suspense, como para dejarse penetrar por estas palabras. Inmediatamente se desencaden un aplauso. 1. Las tres lecturas de este domingo conducen a una idntica conclusin. El profeta Isaas hablaba de un camino nuevo abierto en el desierto. Encontrar un camino en el desierto quiere decir la salvacin. Cuando en el Antiguo Testamento se habla de novedad, se anuncia a Cristo. Conservar una tradicin, un recuerdo, un monumento es un signo de inteligencia y de fidelidad. Con tal que no represente un modo de impedir lo nuevo. No recordis lo de antao, no pensis en lo antiguo. Isaas es un profeta y tambin un poeta: mirad que realizo algo nuevo; ya est brotando, no lo notis?. Jess mismo se atribuir este papel. A Toms, que pide donde podr encontrar el camino para llegar al Padre, le responde: yo soy el camino. (Jn 14, 6) A Cristo que es el camino que conduce al Padre mira tambin San Pablo. Lo que hemos escuchado es una de las tantas pginas sugestivas con sabor autobiogrfico del Apstol. En esta carta que hemos escuchado dirigida a los Filipenses, Pablo habla de su conversin: desde su situacin de hebreo convencido, devoto fantico de la ley mosaica, perseguidor de lo que consideraba la hereja cristiana. Pero una vez conocido Jess, deja perder todo, y lo considera basura con tal de ganar a Cristo. Es conmovedor releer este fragmento tambin por este otro motivo: Pablo no se considera un vencedor; es solamente un corredor para alcanzar el premio. Yo me considero como si an no hubiera conseguido el premio. Solo busco una cosa: olvidndome de lo que queda atrs y lanzndome hacia lo que est por delante, corro hacia la meta, para ganar el premio, al que Dios desde arriba llama en Cristo Jess. 2. El tema del camino es uno de los ms caractersticos en la revelacin bblica. (Entre parntesis, en la perspectiva del dilogo interreligioso, no est de ms observar que el Taosmo, esa decir la forma ms alta de la reflexin moral china, indica justamente la misma cosa. Tao es el camino.) En el Antiguo como en el Nuevo Testamento hay innumerables llamadas textuales al camino, al andar, al caminar, al moverse. Camino que unas veces es sinnimo de doctrina, y en otras subraya el dinamismo que la fe debe imprimir a la vida.

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El camino del Seor o los caminos de Dios indican los caminos que conducen a Dios. La Cuaresma es un tiempo de conversin, es decir, de camino hacia Dios. Pero no basta. Un estudio ms detenido de los textos bblicos muestra que antes que ser un recorrido del hombre hacia Dios, el cristianismo es un venir de Dios hacia el hombre. La Encarnacin es la culminacin y la forma ms completa de esta aproximacin. Caminar hacia Dios representa, por tanto, imitar a Dios, seguir sus pasos. Es Dios quien precede en la marcha de libertad a su pueblo en el xodo de Egipto; es el Seor quien precede en el camino del Calvario y de la Resurreccin. El misterio pascual est precisamente aqu. A Dios no lo encontramos al trmino del camino; est ya presente en nosotros; camina con nosotros. Los grandes msticos tenan costumbre de expresarse de esta forma. Pensemos en Santo Tomas y sus vas; en San Buenaventura y su Itinerario de la mente hacia Dios; en San Juan de la Cruz y su Subida al Monte Carmelo; en Santa Teresa del Nio Jess, proclamada recientemente doctora de la Iglesia por el pequeo camino que ha propuesto a la gente de nuestro tiempo. 3. Nuestro itinerario cuaresmal tiene mucho que ganar si lo vemos desde esta perspectiva. As comprendemos que los caminos del Seor no son los nuestros, y que todo, en su voluntad, concurre a nuestro bien. El mal moral, esto es el pecado, es la quiebra del hombre en su pretensin de honradez. No es cierto que Dios sea la causa del mal moral. Pero, subraya el Catecismo de la Iglesia catlica, respetando la libertad de su criatura, lo permite, y, misteriosamente, lo transforma para el bien. De hecho, Dios omnipotente, siendo sumamente bueno, no permitira nunca que un mal cualquiera existiese en sus obras, si no fuera suficientemente poderoso y bueno para obtener del mismo mal el bien. As con el tiempo se puede descubrir que Dios, en su Providencia omnipotente pudo sacar un bien de las consecuencias de un mal, aunque moral, causado a sus criaturas: No habis sido vosotros, dice Jos a sus hermanos, quienes me habis enviado aqu, sino Dios; si vosotros habais pensado mal contra mi, Dios ha pensado hacerlo servir para un bien para hacer vivir un pueblo numeroso (Gen 45,8; 50,20). Del mal moral ms grande que nunca haya sido cometido, el rechazo y la muerte del Hijo de Dios, causado por el pecado de todos los hombres, Dios, con la superabundancia de su gracia ha obtenido el ms grande bien: la glorificacin de Cristo y nuestra Redencin. Con esto, sin embargo, el mal no se convierte en bien. Todo concurre al bien de quienes aman a Dios (Rm 8,28). El testimonio de los santos no cesa de confirmar esta verdad. As Santa Catalina de Siena dice a quienes se escandalizan y se rebelan ante lo que les sucede: Todo viene del amor, todo est ordenado para la salvacin del hombre, Dios no hace nada sino con esta finalidad. 4. A primera vista el fragmento del Evangelio puede parecer fuera de esta prospectiva delineada en la primera lectura. Al contrario, se trata de una profundizacin. Hojeando toda la literatura que se ha formado sobre este episodio, se puede deducir unas normas de vida muy concretas. En tiempos
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como los nuestros, un hecho como el de la adultera, que ha hecho contener la respiracin en siglos como si fuera una exageracin imputable a cualquier amanuense deslizada en el texto sagrado, parecera no interpelar ya a nadie. Estamos todos tan habituados a ser tolerantes y a no sealar con el dedo contra quien se equivoca. Hasta invocamos el ejemplo de magnanimidad de Jess para justificar nuestros juicios de manga ancha. Ms la diferencia entre nuestro comportamiento y el de Jess est en que nosotros excusamos o no reparamos en el pecado, mientras que Jess perdona a la adultera pero condena el pecado. Ve, y no peques ms. El camino. He recordado que el camino de Dios es sinnimo de doctrina. Cristo Jess no nos ha mostrado el camino de Dios con discursos sobre la verdad, sino con su enseanza sobre el amor. El ejemplo de la adultera es una prueba. Dios es Verdad; no se puede vivir sin buscar la verdad. Quizs el mayor mal de nuestra generacin es que acepta con facilidad un pensamiento dbil y una situacin de niebla sistemtica. Pero la actualidad de esta pgina evanglica est en el mtodo que usa Jess, y deberemos usar tambin nosotros. Ms que enfadarnos, quiz partiendo en cuatro un pelo de verdad, probemos a usar mayor caridad. La ms alta forma de caridad es hacer la verdad y no limitarse a predicarla. En este ao del Espritu Santo no estar de ms pedir la luz y la fuerza de sus dones si queremos en verdad caminar sobre la va del Seor. La caridad no es solo el camino por excelencia (ICo. 12,31), sino el camino escogido por Dios. Ni es solo un don del Espritu Santo, como lo son los carismas, sino el modo de actuar de la Santsima Trinidad en nuestro corazn. Pablo VI, en un texto bellsimo deca: Presente en el alma, el Espritu le comunica con la gracia la vida misma de la Santsima Trinidad, el amor mismo con que el Padre ama al Hijo en el Espritu, el amor con el que Cristo nos ha amado, y con el que, a nuestra vez, podemos y debemos amar a nuestros hermanos, no solo de palabra, con la boca, sino con hechos, y de verdad. Escriba hace tiempo el Padre Lyonnet: Este aspecto dinmico, concreto, humansimo del Cristianismo, que por la gracia de Cristo resucitado ofrece a todos la capacidad de recorrer el camino de la caridad, es al mismo tiempo la realidad ms profunda, y la novedad ms arrolladora. La verdad cristiana no es una cosa abstracta, sino una forma de pensar que es al mismo tiempo una forma de actuar. La ortodoxia demuestra la propia autenticidad en la ortopraxis reconocida por todos.

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IV.- SEMANA SANTA


DOMINGO DE RAMOS Nuestros ojos son hoy como los de Mara Magdalena y de la otra Mara, sentadas ante el sepulcro, observando cmo aquel hombre rico de Arimatea llamado Jos bajaba el cuerpo de Jess de la cruz y lo colocaba en el sepulcro que tena preparado para cuando le llegara a l la hora de la muerte, y que ahora servira para enterrar al propio Hijo de Dios. Los ojos de Mara Magdalena y de la otra Mara son ojos de tristeza, porque han perdido a aquel a quien ms amaban, aquel que les haba tocado el corazn y les haba renovado el alma, aquel que les haba abierto horizontes de alegra y de esperanza que ellas nunca hubieran podido imaginar. Los suyos son ojos de tristeza. Pero a la vez son ojos en los que brilla una claridad que nadie sera capaz de describir ni de explicar. Mientras los sumos sacerdotes y los fariseos van en corporacin al encuentro de Pilato para que ponga guardia ante el sepulcro, las dos mujeres estn all, haciendo tambin ellas guardia, pero una guardia muy distinta. All estn, acompaando, amando en profundidad, y confiando con mayor profundidad si cabe. All estn porque creen en el amor de Jess, all estn porque creen en aquel Dios Padre de quien Jess tanto les haba hablado, all estn porque creen, saben, estn seguras de que la entrega fiel de Jess no puede haber fracasado para siempre. Tambin nosotros iniciamos hoy estos das santos con esos mismos ojos. Acompaaremos a Jess en el calvario de la persecucin, de la traicin, de la tortura, del juicio inicuo y perverso, de la muerte humillante y dolorosa de la cruz,. Pero mientras contemplamos este camino de Jess, y mientras descubrimos en su rostro el rostro del dolor y del mal que tantas veces cubren nuestro mundo, nuestros ojos tendrn tambin el brillo de los ojos de aquellas mujeres, las amigas de Jess que nunca le abandonaron. Nosotros, como ellas, creemos y esperamos. Creemos y esperamos en la vida nueva que brotar de la cruz de Jess, la vida nueva de su Pascua.

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MIRCOLES SANTO Estamos de lleno en la semana ms grande de nuestra vida comunitaria en el seguimiento del Seor. Semana que culmina en el misterio de la resurreccin, misterio que da sentido de verdad a nuestra vida. San Pablo dir: que si Cristo no ha resucitado vana es nuestra fe, nuestra vida carece de sentido, e incluso somos los mayores defraudadores de la humanidad y los mayores ofensores de la verdad de Dios, de quien afirmaramos que ha resucitado a Cristo, siendo ello incierto si el Seor no hubiera resucitado. Y esta semana santa la vivimos en dos niveles distintos: Uno: santa porque contemplamos cosas santas, es decir, que nos hace estar cerca de Cristo el Seor, viviendo en presente