G. E.
MENDENHALL
LA ALIANZA EN ISRAEL Y LOS PACTOS EN EL ANTIGUO ORIENTE
El origen y fundamento de las relaciones entre Dios e Israel lo constituye el Pacto de la Alianza. Los investigadores -y telogos de los ltimos aos, al intentar analizar la estructura y el sentido de la Alianza han encontrado aleccionadoras analogas entre los Pactos de Israel y tos tratados del antiguo Prximo Oriente. Los recientes trabajos que reflejan el desarrollo y resultados de estas investigaciones sealan al estudio de G. E. Mendenhall como el primer gran intento aclaratorio de ta, influencia que tuvieron los pactos hititas en la Alianza de Israel. Presentamos la segunda parte de su trabajo, para centrarnos en el tema de la Alianza prescindiendo de sus implicaciones con la ley. El autor nos muestra no slo la naturaleza y estructura de los pactos hititas y sus semejanzas con las Alianzas de Moiss y de Josu, sino tambin un interesante estudio de las modificaciones de la estructura del Pacto a partir de la monarqua. Las siguientes etapas de la Alianza entre Yahv y David, y los mensajes de sus profetas culminan en el redescubrimiento de la esencia de la antigua Alianza mosaica, y, de un modo definitivo, en la Nueva Alianza del Cristianismo. Law and COnvenant in Israel and the Ancient Near East. Part II. The Biblical Archaeologist, 17 n.3 (1954) 49-76 El Pacto o Alianza del Sina ha sido considerado por la tradicin israelita como el acontecimiento que hizo de Israel una comunidad religiosa distinta. Creemos que, adems, fue el instrumento fo rmal por el que los clanes seminmadas, salidos de su estado de esclavitud, fueron unidos en una comunidad no slo religiosa, sino tambin poltica. Por su parte, la tradicin cristiana, al hablar del Antiguo y Nuevo Testamento se fundamenta en la idea de que las relaciones entre Dios y el hombre estn establecidas por una Alianza. Es necesario, pues, estudiar el origen del Pacto y su estructura en la tradicin israelita. Y como constituye una verdadera dificultad el reconstruir la historia de la religin de Israel slo con las tradiciones conservadas en la Biblia, es necesario recurrir tambin a algn otro criterio externo. El primer problema histrico que nos planteamos es el del parentesco que exista entre los varios grupos premosaicos que llegaron a ser el pueblo de Israel. Eran solamente descendientes de Abraham, Isaac y Jacob, es decir, clanes unidos por lazos de sangre? Entonces no parece que hubiera sido necesario un Pacto para unirlo como grupo religioso; sin embargo resulta cada vez ms difcil el seguir manteniendo que los lazos de sangre fueron suficientes para unir a todo el pueblo de Israel; y por ello creemos que no pudo existir otra base de solidaridad que el parentesco de un Pacto. Son varias las dificultades que se suscitan cuando se intenta describir el punto inicial de la religin israelita, y cul fue el trabajo de Moiss. Como intento de solucin sugerimos que existe un tipo de pacto conservado en los orgenes del Antiguo Oriente que puede ser til analizar en su naturaleza y estructura.
G. E. MENDENHALL LOS PACTOS HITITAS El bien de la sociedad pide que las promesas o pactos entre sus miembros deban ser seguidas de su ejecucin; para ello suelen utilizarse ciertas formas o procedimientos que garanticen ese cumplimiento. Estos procedimientos estn, en los comienzos de la ley, ms estrechamente vinculados con la religin por los juramentos, es decir, por la apelacin a los dioses para el castigo del trasgresor de la promesa. Sin embargo, es la sociedad la que en la prctica garantiza los contratos, ms que la directa intervencin de los dioses. Los pactos internacionales del Antiguo Oriente tuvieron esa forma obligatoria sostenida por juramento, y de ellos tenemos referencias ya en los textos sumerios del tercer milenio antes de Cristo, en Babilonia y Asiria. Pero solamente conservamos un adecuado material para estudiarlos en los pactos del Imperio Ilitita, en los aos que van del 1450 al 1200 antes de Jesucristo. Este! material es inestimable para nuestro propsito, puesto que: es contemporneo a los comienzos del pueblo de Israel y es un modelo comn de los tratados que se hacan entre los pueblos de aquel milenio. Por las estrechas relaciones entre el Israel primitivo y la Mesopotamia del Norte, esta forma de tratado debi serle familiar a Israel. Los pactos hititas han sido cuidadosamente estudiados por Korosec con los siguientes resultados: se clasifican en tratados de, soberana y tratados de paridad. La diferencia entre ellos estriba en que en los: tratados de paridad ambas partes se obligaban a, cumplir idnticas estipulaciones; el pacto entre los hititas y Ramss II es un clsico ejemplo. En cambio, en los de soberana, el inferior o vasallo se obligaba con juramento a obedecer los mandatos del rey hitita. Este pacto, que: tena como objeto una mutua ayuda, especialmente militar, entre las dos partes, era unilateral, pues las estipulaciones obligaban slo al vasallo. El rey no se ligaba con obligaciones especficas; slo le concerna la proteccin de sus sbditos. Esta forma de pacto es la ms importante, y la que ms nos interesa para nuestro estudio.
La estructura del pacto Como el lenguaje hitita nunca tuvo una nica palabra para designar los pactos o contratos, utilizaban una frase equivalente a "juramentos y obligaciones", ya que en realidad en los pactos el soberano impona las obligaciones. En los textos de los tratados hititas casi siempre se han encontrado los seis elementos que se exponen a continuacin. Pero debe recalcarse que esta forma jurdica no es rgida, sino que alguno de esos elementos puede estar omitido. 1. Prembulo. El tratado comienza con una frmula que pone el nfasis sobre el gran rey (autor del pacto), quien confiere un parentesco a su vasallo por medio del pacto. 2. Prlogo histrico. Describe las relaciones previas entre los dos pactantes. En los tratados de soberana se recalcan los actos de benevolencia que el rey hitita ha realizado en beneficio de su vasallo; en los de paridad este prlogo es ms breve, porque no se podan aducir tales beneficios. La importancia de este apartado es grande porque, como dice Korosec: "Lo que la descripcin manifiesta es que el vasallo est obligado a
G. E. MENDENHALL perpetua gratitud hacia el gran rey, por causa de su benevolencia." Con ello se intercambia una futura obediencia por los pasados beneficio s. Una interesante caracterstica de este prlogo es la forma de tratar el rey a su vasallo. Como autor del pacto, le habla en primera persona: ,"Yo ...; a ti.:.", porque hay una relacin personal que tiene llamativos paralelos en el pensamiento religioso israelita. 3. Las estipulaciones. Esta seccin manifiesta en detalle las obligaciones impuestas al sbdito y aceptadas por l: a) la prohibicin de una relacin con un extrao al imperio hitita; b) la prohibicin de enemistad con cualquier otro sbdito del rey; c) el deber de responder al llamamiento a las armas: su incumplimiento implicaba el rompimiento del pacto;d) el vasallo debe tener una ilimitada confianza en el rey, no dando crdito a los rumores desleales; e) no debe refugiarse bajo otro cobijo que el de su rey; f) ha de aparecer ante el rey hitita una vez al ao, probablemente con ocasin del tributo anual (cf. Ex 23,17), g) por fin, las controversias entre los sbditos deben ser sometidas al juicio del rey. Estas obligaciones indican cmo estaban protegidos los intereses del rey en el contrato. Pero casi no haba interferencias en los asuntos internos del vasallo. Al soberano slo le incumba el procurar la sucesin en el trono de un heredero que permaneciera fiel a lo tratado. 4. Las disposiciones sobre las lecturas pblicas del tratado y su "depsito" en el templo. Las lecturas en pblico servan para familiarizar al pueblo con las obligaciones contradas, y para aumentar el respeto del sbdito para con su seor, al recordarle todas sus benevolencias. Y se depositaba el pacto en el santuario de la deidad para indicar que estaba bajo su proteccin. 5. La lista de los dioses como testigos. De un modo semejante a los contratos legales, que eran testimoniados por varios individuos, tambin actuaban los dioses como testigos de los contratos internacionales. As se enumeraban las deidades hititas e incluso los dioses de los vasallos, como para reforzar el convenio (cf. Ez 17,12-21). Y es interesante la inclusin de las (deificadas) montaas, ros y mares, cielos y tierra, vientos y nubes (cf. Dt 32,1; Is 1,2). 6. La frmula de las bendiciones y maldiciones. En algunos aspectos es el rasgo ms interesante del convenio. Porque por ellas todo el tratado permaneca dentro de un clima de ley sagrada, ya que las nicas sanciones que se exponan eran las religiosas. Se omita el decir que en caso de quebrantamiento el rey procedera contra el vasallo. Las bendiciones y maldiciones del texto son acciones de los dioses, y se enumeran muchas como las que se encuentran en Dt 28.
Otros factores del pacto Hemos descrito el texto de los tratados hititas. Pero sabemos que otros factores estaban implicados, pues la ratificacin del convenio no tena lugar por la sola forma escrita. Por eso debemos aadir los siguientes elementos: 7) el juramento formal por el que el vasallo se someta a obediencia; 8) la ceremonia solemne que acompaaba al juramento
G. E. MENDENHALL (de estos dos factores no tenemos una idea cierta sobre su forma y contenido); y finalmente, 9) alguna forma para entablar procedimiento contra el sbdito rebelde. Hemos indicado, pues, nueve elementos diferentes de esos pactos que eran familiares a las tierras de la costa mediterrnea en la poca anterior al tiempo de Moiss. Hay que recalcar un aspecto muy importante: esta estructura particular de los pactos no fue usada en ningn perodo subsiguiente. Pudieron quedar algunas supervivencias de esa forma hasta el fin del imperio hitita, pero su estructura es slo del segundo milenio a. C. Algo parecido sucedi en Israel, aunque, como luego veremos, esa antigua forma del pacto, no muy conocida despus de la monarqua, continu jugando un importante papel en el posterior desenvolvimiento de las ideas religiosas, especialmente en los profetas.
LAS FORMAS DEL PACTO EN ISRAEL El problema que se nos presenta es el de si tenemos, o no, algunas tradiciones histricas o legales en la Biblia que hayan conservado el texto del Pacto entre Dios e Israel. Opinamos que tenemos tales tradiciones, en concreto en los libros del xodo, Deuteronomio y Josu, estrechamente conectados con la tradicin legal. De las tradiciones bblicas, que nos han conservado referencias a convenios o pactos de diversas clases, slo hay dos que se encuadren en la estructura descrita ms arriba: las del Declogo y la del cap. 4 de Josu. Los Pactos con Abraham y No son de forma distinta. En Gn 15 y 17 se aprecia claramente que es el mismo Yahv quien se compromete a que ciertas promesas se realicen en el futuro. No se imponen obligaciones sobre Abraham, ya que la circuncisin originariamente no era una obligacin, sino que es un "signo" del Pacto, que serva para identificar al que haca el convenio.
El Pacto de Moiss Es precisamente el tipo de Pacto casi opuesto al de Abraham, puesto que impone obligaciones especficas sobre las tribus o clanes, sin comprometer a Yahv a obligaciones especiales, aunque se sobreentiende que Dios proteger a Israel. Puesta la dificultad, que cada da aumenta, de asignar el pacto de la Alianza a los tiempos postmonrquicos, vale la pena plantear cul es el sentido y la funcin del Declogo en la temprana historia de Israel, haciendo resaltar que este intento de solucin es una posibilidad entre otras que se pueden ofrecer al investigador. Varios hechos de la primitiva historia de Israel estn ya actualmente aceptados. En primer lugar, el hecho de que Moiss dio un nuevo sentimiento de unidad a las tribus, y que la naturaleza de esta unidad era de orden religioso y no poltico. Tambin est comprobado que las tribus israelitas no constituan un grupo, tnicamente homogneo, derivado de un antepasado comn, ni que Israel creci solamente por reproduccin biolgica: grupos enteros de la poblacin de Palestina debieron ingresar en la federacin israelita. Por fin, la primitiva organizacin de las tribus constitua una federacin religiosa, basada en la fidelidad comn a una misma divinidad, y ordenada en torno a un santuario nacional, smbolo de su unidad.
G. E. MENDENHALL Todos estos elementos de las tradiciones de Israel se combinan entre s, lo cual slo tiene sentido en el supuesto d que existiera, como base del sistema, una relacin de contrato o Alianza. La federacin israelita parece que era una adaptacin de las estructuras polticas de los pueblos palestinenses y de Siria, agrupaciones de pequeos grupos para defenderse de enemigos ms poderosos Varias de estas federaciones lucharon en el segundo milenio a. C. contra enemigos tan poderosos como Egipto y Asiria. Pero fueron desapareciendo en poco tiempo, mientras que la federacin israelita tuvo una influencia perdurable. A qu se debi esto? En primer lugar, una respuesta parcial puede encontrarse en las circunstancias que acompaaron a la formacin de la comunidad del Pacto o Alianza. Los clanes que abandonaron Egipto bajo el liderato de Moiss posean un pasado diverso, quiz con un ncleo que remontaba su origen a Jacob. Y haba en medio de ellos un vulgo adventicio, al que se refiere Nm. 11,4. Tanto en el desierto como en Egipto, el grupo entero no posea una situacin, un "status" de comunidad social que asegurara su supervivencia. De ah que se constituyeran en una nueva comunidad por medio de un Pacto, cuyo texto poseemos en el Declogo.
La estructura del Pacto de Moiss Contrariamente al procedimiento habitual en estos pactos, los israelitas no se ligaron por juramento a obedecer a Moiss como a su Jefe; pero s se obligaron a observar ciertas estipulaciones impuestas por Yahv. El Pacto segua, por consiguiente, la forma de los tratados de soberana. El papel de Moiss fue el de un simple mensajero, ya que no constitua una de las partes contratantes. La estructura de la Alianza es la misma a la que nos hemos referido en la primera parte. Precede un prologo histrico, la liberacin de Egipto, que es el primer acontecimiento en las relaciones entre las dos partes que establece la obligacin de Israel para con su benefactor; el pueblo se obliga a obedecer las estipulaciones del Declogo (x 19,8). Sigue luego una solemne ceremonia que ratifica el Pacto: el rociar con sangre el altar y el pueblo, y el banquete en presencia de Yahv. Como resultado, cada clan se convierte en vasallo de Yahv al mismo tiempo que queda ligado a los dems; pero no siendo ninguno de los clanes soberano, los trminos del Pacto dejaban que cada uno regulara libremente sus asuntos internos. Esta unidad se reforzaba porque la primera obligacin del Pacto era la de rechazar toda relacin exterior con los dioses extraos, y, por consiguiente, con otros grupos polticos. Ello significaba que no podan hacer alianza con sus vecinos ni en el desierto ni en Palestina; pero la historia de Israel manifiesta que existieron diferencias de opinin respecto a la interpretacin de esta obligacin. Las condiciones del Pacto, sin embargo, daban libertad para adoptar lo que de la cultura de Canan les pareciera bueno, incluso en el sistema sacrificial. Es interesante sealar que esta forma o estructura actual no aclara solamente el Declogo, sino que nos ayuda tambin a comprender otras costumbres israelitas. As, por ejemplo, la de conservar la Ley en la Arca de la Alianza, el santuario porttil del tiempo de Moiss... La costumbre de "las murmuraciones" en el desierto es tambin un rasgo que recibe un nuevo sentido a la luz de la Alianza. Israel difiere de las "religiones naturales" en las que el fiel puede dirigirse a su dios de una forma violenta e injuriosa. Exceptuando el posterior libro de Job, no encontramos en la primitiva religin israelita tan vehementes reproches contra la divinidad. Y es porque un parentesco de Alianza es
G. E. MENDENHALL algo demasiado delicado como para soportar esta forma de reproches. Tal accin constituye una ruptura del Pacto, que concede a Yahv la libertad para destruir a los culpables. No se agotan an los paralelismos entre las tradiciones mosaicas y los tratados extrabblicos. Hay, ciertas diferencias entre ambos sistemas, pues un examen del Declogo nos muestra que faltan en el texto los tres elementos ltimos de la forma hitita: no hay ninguna disposicin referente a su depsito en el santuario, ni a su lectura pblica peridica, ni tenemos tampoco listas de testigos, ni de maldiciones y bendiciones (excepto en la prohibicin de servir a otras deidades). Por fin, no hay referencia alguna a un juramento como fundamento de la relacin contractual. Pero, siendo explicable, p. e., que no exista una lista de testigos, porque no era posible apelar a un garante de la Alianza entre Yahv e Israel, es bastante significativo que escritos posteriores usen de un modo potico la invocacin a los cielos y a la tierra, montes y colinas, como testigos o como jueces, cuando se acusa a Israel de haber violado el Pacto. De un modo semejante, aunque no exista en el mismo Declogo la frmula de bendicin y maldicin, es un elemento muy importante y primitivo en la tradicin "legal" israelita. La tradicin del Deuteronomio indica que las maldiciones y bendiciones pueden haber sido consideradas no como un elemento del texto de la Alianza, sino como una accin que acompaaba la ratificacin del Pacto. Finalmente, la disposicin sobre una lectura pblica peridica del Pacto, aunque ausente tambin del mismo Declogo, es uno de los elementos ms persistentes de la tradicin israelita. Para explicarlo; se da la posibilidad de una estipulacin similar a la de los pactos hititas. Pero hay otra, que parece ms verosmil o interesante. Supuesto que no se consideraba que las Alianzas obligaran a perpetuidad desde un principio, serla necesaria la renovacin del Pacto de vez en cuando, porque los descendientes podran sentirse no obligados, ya que ellos no haban prestado juramento. Las ceremonias de renovacin d la Alianza, referidas en el Deuteronomio, podran ser algo de est tipo, como para obligar a una nueva generacin, aunque la muerte de la generacin precedente nos les haba liberado de toda obligacin contractual.
La Alianza de Josu (Jos 24). No tenemos la seguridad de poseer el, texto (oral o escrito) de la Alianza que fue ratificada en la ocasin que describe este captulo. La forma de la narracin incluye algunos elementos de los que hemos sealado, como la frmula introductoria que identifica al autor del Pacto (v. 2b) y el prlogo histrico en la forma personal "Yo... T". Sin embargo, al final de este prlogo faltan las estipulaciones, puesto que al llegar al v. 14 sbitamente habla Josu en primera persona en vez de Yahv. La nica clusula es la del apartamiento de otros dioses (v. 16). A continuacin (vv. 21 ss) el mismo pueblo se constituye en testigo del Pacto. De nuevo falta aqu la frmula de bendicin y maldicin. Es muy difcil por ello sustraerse a la conclusin de que este relato se basa en tradiciones del perodo anterior, en el que la forma era todava viva, actual. Pero el escritor posterior emple otros materiales ulteriores de la tradicin y los adapt a su propia situacin contempornea. Las tradiciones insisten en el hecho de que se dio una discontinuidad entre las generaciones de Moiss y de Josu, y de que adems no exista
G. E. MENDENHALL slo una nueva generacin, sino tambin una mezcla con las poblaciones ya establecidas en Palestina. Parece, pues, que hay que concluir que se formul una nueva Alianza, la que lleg a ser la base de la federacin de tribus. Se deduce tambin del hecho de que no hay indicacin ninguna en Josu de que se trate de una continuacin de la Alianza Mosaica, excepto en el prlogo histrico. Y no se incluyen otras clusulas que son caractersticas, como la prohibicin de entablar relaciones con otras deidades. El prlogo histrico de Jos 24 es un interesante ejemplo de cmo esta primera parte de los pactos fundamenta la obligacin y motiva la aceptacin de las estipulaciones. El rescate de Egipto no es aqu el nico motivo de las relaciones entre Yahv e Israel. Todas las relaciones previas que se remontan al perodo patriarcal son hechos que se consideran como acciones de Yahv que establecen obligacin, y consecuentemente identifican a Yahv con el Dios de los Padres (x 3 y 6). Y adems, estos actos de Yahv se extienden hasta el inmediato pasado de aquellos que ingresaron en el Pacto; el ltimo pudo haber sido la derrota de una coalicin de reyes de Palestina (cf. Jos 10). El punto que hay que recalcar es el hecho de que la Alianza proporcion al menos el ncleo alrededor del cual cristalizaron las tradiciones histricas en el antiguo Israel. Ese fue el origen del "sentimiento de la historia", que es como un enigma en la literatura israelita. Y quiz sea an ms importante el hecho de que lo que nosotros llamamos "historia" y "ley" estuvieron enlazados en una orgnica unidad desde los orgenes de Israel. Y desde que se uni el "culto" a la proclamacin o renovacin de la Alianza, la historia, el culto y la ley quedaron ligados en adelante. Por lo que la historia de la religin israelita no es la historia de un gradual surgimiento de nuevos conceptos teolgicos, sino la separacin y combinacin de estos tres elementos tan caractersticos de la religin israelita.
La ruptura de la forma de la Alianza La cada de Silo en poder de los filisteos presagi el final de una poca. Como la federacin religiosa, perdida su organizacin, no poda en adelante atajar a los invasores filisteos, se sinti la necesidad de un rey. Se estableci, pues, la monarqua. Qu papel tenan las antiguas tradiciones religiosas en esta nueva situacin? Tenan no slo un gran valor para mantener el sentimiento de unidad, sino adems una gran responsabilidad para la proteccin de una autntica autonoma e independencia. La monarqua deba conservar la continuidad de las tradiciones religiosas, pero al mismo tiempo suprimir, ignorar o alterar ciertas caractersticas ntimamente vinculadas a ellas. No es sorprendente que el primer rey cayera vctima de las grandes dificultades que ello implicaba. Fue David quien consigui un "modus vivendi" tan satisfactorio que su reinado fue siempre mirado como la edad de oro por las generaciones posteriores. Varias consecuencias se siguieron de este cambio. Aparte de que ya no fue posible bajo los reyes aquella antigua independencia individual, la forma de la Alianza tom un rasgo diferente. El prlogo histrico del Pacto se utiliz para soporte de la monarqua. Sus estipulaciones no eran ya importantes en la realidad, pues la organizacin poltica y la monarqua era ahora el fundamento de la obligacin legal. Las obligaciones religiosas para con Yahv no podan originar un conflicto con la ley oficial, porque se redujeron a trminos puramente cultuales (x 34). Cada comunidad no posea el derecho de autodeterminacin en tales materias (Dt 12,8). Las exigencias polticas y la necesidades
G. E. MENDENHALL de la nueva situacin eran las que tenan preferencia sobre las obligaciones religiosas del individuo, del clan, o de la ciudad. Para que todo esto fuera posible se sobreentiende que el Estado deba tener un fuerte soporte religioso. Una de las formas como esto se garantiz fue asumiendo la idea de la relacin de Alianza. Por una parte, el rey se constitua como tal por medio de un pacto. Aunque no conocemos en detalle su forma, no puede dudarse de que Israel se lig por un juramento a reconocer y obedecer al rey, actuando Yahv como testigo. Pero no se poda esperar que Yahv, en su calidad de testigo, castigara a Israel por el incumplimiento de un pacto, si el rey exiga algo que fuera una violacin de la tradicin religiosa. Por esto, durante la monarqua de David, la tradicin de la Alianza de Abraham vino a ser el pacto modelo. que llen una insuficiencia, ya que en su poca no tena inters la tradicin mosaica. Por la Alianza entre Yahv y David, Aqul prometa mantener la descendencia de David en el trono (2 Sam 23,5); Yahv se lig a s mismo igual que lo hizo con Abraham y No. Y por ello Israel no pudo eludir ya la responsabilidad ante el rey. La Alianza con Abraham fue la "profeca", la de David el "cumplimiento". Todo esto se acept en el Sur, pero no en el Norte: la Alianza de David fue normativa slo en Jud. No lleg a conseguir la estabilidad de una nica dinasta en el trono. Sin embargo, el centro original de la antigua federacin preserv mucho de las antiguas tradiciones mosaicas de la Alianza. El silencio de los profetas para con la Alianza es comprensible si se tiene en cuenta que ese tipo de Pacto normativo no poda ser recordado porque garantizaba la continuacin de la monarqua, y con ello de un estado de cosas que no era aceptado por Yahv; y el afirmar que Yahv destruira la nacin, sera atribuirle a l una ruptura de la Alianza. Este era el dilema de los profetas, y por ello su nica escapatoria era ignorar la Alianza, y es posible que la mosaica fuera casi olvidada por completo. Pero, conocieran o no la naturaleza de la Alianza mosaica, es cierto que los profetas del siglo VII daban sus mensajes en armona con su estructura bsica. Acusaban Israel de la ruptura de la Alianza, pero empleando una serie de figuras para transmitir y encubrir su mensaje. Para dar slo una idea, he aqu algunos detalles: 1) el uso del proftico "YoT", que es una continuacin de la forma en la Alianza; 2) el mencionar el contraste entre la benevolencia previa de Yahv y la desobediencia de Israel daba a entender que se mantiene la acusacin, y las acusaciones bajo la Alianza incluan siempre la destruccin del Estado; 3) los ataques al sacrificio y el nfasis sobre lo "tico" presuponen que las autnticas obligaciones religiosas son las de tipo social moral, como en los tiempos del Declogo y de la federacin; 4) el rechazar el lmite entre Israel y Jud, lo que por su significado religioso haca recordar la federacin religiosa; 5) la asociacin entre la historia y la obligacin moral es una indicacin de la continuidad del modelo mosaico del Pacto. Estos son slo algunos de los puntos desemejanza. Los profetas actuaron as, no porque no fueran capaces de originalidad, sino porque no deseaban condenar todo lo que haba sucedido desde la cada de Silo. No haba por qu volver la vista hacia "los dorados das" de la federacin antigua y amorfa.
G. E. MENDENHALL El redescubriento de Moiss En el ao 18 del rey Josas un acontecimiento vino a producir un inmenso impacto en Israel. Fue descubierto el Libro de la Ley en el Templo de Jerusaln. El rey, despus de haberlo ledo efectu una limpieza general de todos los cultos paganos, y junto con el pueblo renov la Alianza ante Yahv (es decir, actuando Dios como testigo, no como una parte de la Alianza) de guardar los mandamientos del Seor. Se considera ge neralmente este libro de la Ley como una parte del Deuteronomio. Pero pudieron las leyes del Deuteronomio haber producido un efecto tan profundo? Eran tan desconocidas como para que su redescubrimiento produjera tal reforma? Por eso sugerimos que lo que redescubri no fue la antigua legislacin, sino la esencia bsica de la antigua Alianza. Se volvi a encontrar a Moiss tras un letargo de casi tres siglos y medio. Todo ello hizo ver al rey Josas que los mandamientos de la ley religiosa tenan una nueva urgencia (2 Re 22,13). Con todo, los logros e ideas dominantes durante siglos no podan ser desplazadas con tanta facilidad. Haba que encuadrar lo nuevo dentro del marco de lo antiguo y armonizar la Alianza mosaica con la de Abraham; y esto se realiz gradualmente en los aos posteriores. El libro del Deutoronomio nos da algn interesante indicio. Ya no es Yahv, sino Moiss, el que habla en primera persona en la Alianza (excepto en el Declogo). Moiss se convierte en un ser regio a quien Yahv ha confiado los asuntos legislativos. La misma conciencia religiosa del pueblo motiva ese cambio de actitud (Dt 5,25-33). De esta forma se armonizaron las tradiciones de un mandato directo de Dios con el hecho de que la monarqua haba desarrollado una costumbre legal fundamentada en lo religioso y por ello le otorgaba una autoridad divina. La necesidad de una motivacin religiosa para obedecer a las leyes de la sociedad se junt con la tradicin de la responsabilidad personal ante el mandato divino de la Alianza. Ello implicaba un restablecimiento de la autoridad de los jefes polticos, a la vez que les converta en responsables de la tradicin religiosa. Fue un ajuste muy efectivo que conserv cuanto de valor haba en lo viejo y en lo nuevo. As la responsabilidad r ligiosa fue lo e suficientemente fuerte como para preservar a la comunidad, a despecho de una destruccin completa; y evitando la anarqua y el individualismo pudo preparar la formacin de una nueva unidad poltica despus de la Restauracin. Todo esto no e quivale a decir que el restablecimiento de las antiguas tradiciones restaurara las condiciones del periodo anterior a la monarqua. Se haba llegado a una poca sofisticada y cosmopolita en la que era difcil definir cules eran los actos de Dios que imponan obligacin. El futuro y el pasado remoto eran cada vez ms las bases de la obligacin. De este modo la filosofa o teologa deuteronmica de la historia lleg a convertirse en el pensamiento popular en una caricatura de la original estructura de la religin. Por eso las correlaciones entre obediencia y bendicin, desobediencia y maldicin llegaron a ser un principio mtico-csmico. Segn esta ley inevitable del universo, todo bienestar dependa del conocimiento y obediencia a la ley, a fin de recibir la bendicin y no la maldicin. Pero la jefatura religiosa de Israel fue lo suficientemente profunda para no caer en esta trampa que hubiera reducido la religin a una transaccin comercial.
G. E. MENDENHALL La Nueva Alianza La armonizacin de las dos tradiciones de Alianza vino a indicar que se haba de acentuar mucho el perdn divino, y esto lleva a la base de la Nueva Alianza, predicha por Jeremas. Este perdn era lo nico que poda armonizar el hecho de la ruptura de la Alianza por parte del hombre, con la promesa divina de proteger y conservar a Israel. Esto es lo que ocupa el centro tanto del judasmo como de la religin del NT. La nueva Alianza del cristianismo contina la Alianza de Abraham y de David, con el nfasis en el Mesas, hijo de David. Pablo emplea la Alianza de Abraham para mostrar la validez temporal de la Alianza de Moiss, pero la estructura bsica del Nuevo Testamento es la continuacin de la religin mosaica. Es un acontecimiento histrico el que establece la obligacin: el acto precedente de Dios, que confiere un beneficio al individuo y al grupo y ello constituye la causa de una relacin de Alianza, al obtener una obediencia voluntaria al mandato divino. Este beneficio no es de naturaleza poltica, sino religiosa. La liberacin de la esclavitud por a actuacin de Dios no es una liberacin de la l opresin poltica, sino de la esclavitud del pecado. La obligacin, por consiguiente, no est referida a una nueva ley poltica, ni est ligada a ninguna cultura o Estado: la nueva comunidad religiosa tiene su ciudadana en los cielos. Y las mismas maldiciones o bendiciones no se pueden reducir a una correlacin de obediencia -prosperidad, desobediencia- desgracia, sino que son escatolgicas, es decir, sern impuestas al fin de los tiempos. En definitiva, la Nueva Alianza es un acontecimiento histrico, que se diferencia de la antigua en que no se ha establecido en el marco csmico de una majestuosa manifestacin de Dios en la naturaleza, sino en el de la insignificante reunin de un pequeo grupo de discpulos, que quedan ligados a su Seor como el nuevo Israel. Y las nuevas estipulaciones de esta Alianza no son como en el pasado una serie de leyes que definan al detalle toda obligacin, sino que se reducen a la ley del amor. Los hechos del Sina no nos son conocidos ms que a travs del prisma de una literatura posterior a ellos en varios siglos. La "tradicin" es siempre nuestra nica fuente de historia; y sabemos muy bien que esta fuente no nos proporciona slo historia. Tradujo y condens: AGUSTN DE GOYTISOLO