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Petronila: La Hija del Rey Monje

Este documento presenta un resumen de la novela histórica "Petronila, la hija del rey monje" de Miguel Cruz. Narra la historia de Petronila, la única hija de Ramiro II de Aragón, quien se vio obligado a casarse y tener hijos para asegurar la sucesión a pesar de ser monje. Petronila creció sin sus padres y fue manipulada políticamente, pero logró cumplir con su deber de casarse con Ramón Berenguer IV, uniendo así los reinos de Aragón y Barcelona.

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Petronila: La Hija del Rey Monje

Este documento presenta un resumen de la novela histórica "Petronila, la hija del rey monje" de Miguel Cruz. Narra la historia de Petronila, la única hija de Ramiro II de Aragón, quien se vio obligado a casarse y tener hijos para asegurar la sucesión a pesar de ser monje. Petronila creció sin sus padres y fue manipulada políticamente, pero logró cumplir con su deber de casarse con Ramón Berenguer IV, uniendo así los reinos de Aragón y Barcelona.

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Petronila, la hija del rey monje

Novela histrica de Miguel Cruz

Olvidar, es difcil. Recordar, es peor.

Habr que hacer un gran esfuerzo para tratar de entender la inmoralidad, pero por muy grande y mucho que sea el esfuerzo que se haga, nunca se llegar a comprender la crueldad.

PRLOGO

Soy Astudillo de Lupin, hijo de Diego y de Mara, campesinos honrados y asesinados junto a mi hermano Andrs a manos de un rufin que haba sido servidor del conde de Bolea, y he vivido desde que tena 15 aos al lado del virtuoso y querido fray Ramiro y, despus, llorado monarca Ramiro II, que me acogi bajo su tutela, me protegi, me educ y procur siempre que yo fuera un hombre ntegro. Vine al mundo corriendo el ao del Seor de 1117, reinando Alfonso I, y estuve al lado de fray Ramiro, su hermano de madre y cuarto hijo del segundo matrimonio del padre comn Sancho Ramrez, hasta su muerte en el monasterio de San Pedro el Viejo, en Huesca, acaecida en 1157, cuando l contaba ms de los 71 aos. Bajo la tutela de fray Ramiro, aprend a leer y a escribir en San Pedro el Viejo y, desde entonces, me propuse plasmar en un texto todo lo que viv a su lado y lo que aconteca a su alrededor, ya como fraile, ya como rey, y lo que aqu escribo, cuando friso los 58, es la experiencia vivida que guardo con celo en mi memoria. Lo que cuento en primera persona, lo he vivido yo mismo y digo verdad. Lo que me contaron, lo relato sin ser testigo directo, pero s dicho por personas dignas de crdito y de probada lealtad y honradez. Si a juicio del lector cree que falto a la verdad en lo que cuento o me dijeron, que nunca piense que me mueve afn alguno de mentir, nada ms lejos de mi nimo, y le ruego que sea benevolente conmigo y achaque los errores que encuentre a una mala memoria o a la deformacin de mis recuerdos.

Astudillo de Lupin, caballero y hombre de confianza al servicio del rey Ramiro II, de la reina Petronila y de su esposo, el conde Ramn Berenguer IV Ao del Seor de 1175

INTRODUCCIN

La Historia nunca podra haberse escrito si no estuviera nutrida de historias, unas de nombres ilustres que pasaron a la posteridad, y otras, las ms, de gentes no tan notables, sencillas y annimas, pero siempre humanas y preadas de vicisitudes y penalidades, injusticias y abusos del poder. Es el caso de Astudillo de Lupin, un joven que queda hurfano al ser asesinados sus padres y su nico hermano a manos de un rufin que haba servido al conde de Bolea y que es acogido en el monasterio de San Pedro el Viejo, de Huesca, bajo la tutela y proteccin de fray Ramiro, quien, andando el tiempo, llegar a ser Ramiro II, rey de Aragn. Astudillo de Lupin es testigo de lo que acontece alrededor de la vida de fray Ramiro, primero, y de Ramiro II, despus, y es el protagonista de la novela en primera persona y autor de lo que cuenta cuando los hechos le son referidos o los pone en manos de terceros. La accin transcurre en Huesca entre la segunda mitad del siglo XI y la primera del XII y se centra en el cuarto hijo del rey aragons Sancho Ramrez, nacido de su segundo matrimonio y de nombre Ramiro. Del primer matrimonio con Isabel de Urgell, naci el que sera su inmediato sucesor, Pedro I, y del segundo enlace, con Felicia de Roucy, vinieron al mundo tres infantes: Fernando, Alfonso y Ramiro. Visto el lugar que ocupaba en el orden sucesorio, era bastante improbable que Ramiro pudiera acceder al trono, de ah que su padre decidiera destinarlo a la Iglesia, deseo que se cumpli el 3 de mayo de 1093, con siete aos recin cumplidos. Ramiro haba nacido el 24 de abril de 1086 Pero los acontecimientos se desarrollaron de distinta manera a como haba previsto el rey Sancho Ramrez, quien morira a los 51 aos de edad, el 6 de junio de 1094, tras ser herido en el sitio de Huesca a manos de los almorvides. Le sucede el primognito, Pedro, que muere a los 37 aos, y cuyos hijos tambin fallecieron prematuramente, por lo que la corona pasa a su hermano Alfonso, con el nombre de Alfonso I El Batallador. El matrimonio de Alfonso con la castellana Urraca termina en divorcio y sin descendencia, y a la muerte del rey en 1134, despus de la derrota sufrida en Fraga ante los agarenos, Ramiro hereda la corona, tiene 48 aos y es
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monje. Una grave crisis geopoltica provocada por el cuestionable testamento de Alfonso I, segn el cual el reino deba pasar a las rdenes Militares del Hospital, Temple y Santo Sepulcro, obliga a la nobleza aragonesa a que el monje abandone el cenobio y se convierta en Ramiro II. Pero un rey no slo debe limitarse a sentarse en el trono y gobernar, sino, adems, tiene la obligatoriedad de contraer matrimonio cannico, con arras, para poder transmitir el reino a un futuro hijo. Ramiro, a sus 49 aos, tuvo que casarse y eligi a una mujer viuda de 32 aos de probada fertilidad. Agns de Poitiers fue la elegida y nueve meses despus, el 11 de agosto de 1136, naca una nia, Petronila, concebida de propio y quien, por razones de estado, era casada el 11 de agosto de 1137 con Ramn Berenguer IV, conde de Barcelona, 25 aos mayor que ella, sentando la base de la futura Corona de Aragn. La consumacin del matrimonio tuvo lugar, por razones evidentes, en 1150, cuando la novia tuvo 14 aos, la edad cannica exigida. Ramiro II, consolidado el reino, se separa de su esposa, que se refugia en la abada francesa de Fontevrault, en donde muri hacia 1159, y, tras dos aos como monarca y seglar, cumplidas sus obligaciones, se retira de nuevo al monasterio de San Pedro el Viejo, en Huesca, donde morira el 16 de agosto de 1157 Petronila, la hija del rey monje, a los pocos meses de nacer, fue separada de su madre y crecer con esta carencia y, tambin, sin padre, pasando su infancia y niez en la corte castellana, en las faldas de su cuada Berenguela, quien no slo debi recoger sus penas y llantos infantiles, sino enfrentarse a una serie de intrigas y manipulaciones urdidas por su esposo, el rey Alfonso VII, que deberan haber conducido a Petronila a casarse con Sancho, su hijo, tres aos mayor y futuro rey de Castilla, o con Fernando, el segundo hijo y futuro rey de Len y un ao mayor que ella. Petronila fue educada segn las costumbres castellanas y, durante los 14 aos de su obligada estancia bajo la tutela de Berenguela, sin conocer regazo del que recibiera ternura y amor, sus llantos de infancia, sus sueos de nia, sus ilusiones de jovencita, su esperanza de mujer, su alegra, sus penas, sus anhelos, sus desengaos, todo, absolutamente todo, se qued en lgrimas silenciosas que ninguna mano maternal pudo enjugar, vindose, a cambio, como un objeto de oscuros manejos para que la vieja aspiracin de Alfonso VII de anexionarse Aragn pudiera cumplirse, pretensin truncada por la inteligencia que adornaba a
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Petronila, analfabeta, que supo afrontar con talento las intrigas y mantenerse firme para cumplir con la promesa hecha por su padre al conde de Barcelona. Esta es la historia de aquella nia, engendrada por razn de estado por un padre monje que se ve obligado a abandonar el cenobio y contraer matrimonio, tambin por razn de estado, abandonada por su madre por razn de estado y nacida para reinar por razn de estado, la primera mujer reina de Aragn por derecho propio y no por casamiento, una de las mujeres ms extraordinarias de nuestra Historia e inmerecidamente olvidada. Muri a los 37 aos y alumbr, entre otros, a Alfonso II rey de Aragn y conde de Barcelona.

M. Cruz

CAPTULO I

Monasterio de San Pedro el Viejo, Huesca, ao 1132

Soplaba el viento del norte con fuerza y traa los primeros fros del invierno, arrastrando consigo nubes que, pronto, cubrieron el cielo de un amenazador gris plomizo. Los rboles, desnudos y privados de sus hojas desde que se iniciara octubre, desafiaban estoicos las rfagas del cierzo que silbaba inquietante entre las ramas desguarnecidas. Una fina lluvia empez a empapar la tierra y todo anunciaba que aquella tarde nevara, la primera nevada del ao. Los cuervos y grajos ms rezagados, sobrevolaban las alturas del monasterio oteando los huecos entre los sillares en busca de refugio. Unos apremiantes golpes en el portn del monasterio propinados con apurada insistencia, sacaron de su modorra a fray Benito, aquel da encargado de la puerta, y, de mala gana, abandon el acomodo que el calor de la chimenea le proporcionaba en su chiscn para acudir a ver quin importunaba su siesta. Los golpes, cada vez ms contundentes, se filtraron por el claustro y resonaron fuertes en la estancia del abad, quien, ante la porfa de los toques, crey dormido a fray Benito y se dirigi a la puerta, alarmando con su presencia en hora de ocio al resto de los clrigos, inquietos ya por el ruido inusual que rompa el silencio de sus celdas. El abad Gregorio arrastraba su humanidad enfundado en un austero hbito de tela gruesa y oscura, escondiendo del fro sus manos en las bocamangas, pero sus pies, desnudos, los calzaban unas toscas sandalias que en nada los aliviaban de las glidas corrientes. Cubra su cabeza calva con la capucha y destacaba su barba blanca y su mirada noble. Renqueaba de la pierna derecha desde el da en que, regresando al convento montado en su mula despus de visitar al prior de la cercana cartuja de San Juan, el animal se asustara al divisar a lo lejos un lobo aullando y, de un brinco, lo arrojara sin miramiento de su lomo, dando con sus huesos en el suelo y rompindose el fmur. A pesar de los esmerados cuidados y del reposo prescrito, tard tiempo en recuperarse y de aquella cada qued una ostensible cojera como recuerdo perdurable. Con la lentitud propia del que carga todo el peso de su cuerpo sobre una de las piernas que obedece, fray Gregorio recorri el claustro y, en la distancia, observ cmo fray Benito abra la puerta y dos figuras se recortaban en el umbral. El abad sigui avanzando y, pronto, distingui a un hombre de complexin fuerte, alto, abrigado con un rado capote que cea a su cuerpo con cuerdas y daba la mano a un jovenzuelo, mal cubierto del intenso fro con una manta llena de agujeros. El hombre y el joven descubrieron sus cabezas al verse dentro de un
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recinto sagrado. Ateridos de fro, apenas si pudo el hombre farfullar un saludo cuando fray Benito le pregunt quines eran, qu queran y de dnde venan. Al llegar fray Gregorio a su altura, el hombre se aproxim a l, se arrodill y le bes la mano, gestos que oblig a hacer al joven que lo acompaaba. Tomando por los hombros a los recin llegados, el abad los invit a que se levantaran y los hizo pasar al chiscn de fray Benito para que se calentaran y secaran sus ropas en la chimenea. En ese momento lleg otro clrigo con dos escudillas humeantes que portaba sobre una tabla. Es caldo, paternidad, y les vendr muy bien para entrar en calor.

Quien as habl y ofreca la reconfortante refaccin a los recin llegados era fray Ramiro, uno de los monjes que haban odo los golpes y que haba seguido a distancia al abad. Cuando se percat de lo que ocurra y vio a las dos figuras temblorosas, advirti desmayo en sus semblantes, pas por la cocina y acudi a la portera. Siempre tan oportuno, hermano!

De mirada bondadosa y sonrisa clida, fray Ramiro cogi el cobertor con el que se amodorraba fray Benito al amor de la lumbre, y que haba abandonado para ir a abrir la puerta, y se lo ech por los hombros al joven tembln, quien dej asomar a su rostro un gesto de gratitud. Fray Ramiro gozaba de un reconocido prestigio en el monasterio por la sabidura de sus reflexiones y sus vastos conocimientos en materia religiosa. Bajo su custodia estaban el cuidado y conservacin de la biblioteca y el taller en donde los clrigos designados se encargaban de copiar los textos antiguos que l vigilaba con extremo celo y mayor dedicacin. Cuando los recin llegados hubieron repuesto fuerzas y calentado el cuerpo, el abad los hizo pasar a la estancia en la que se dedicaba a los asuntos ordinarios fuera de la vida monstica. El abad Gregorio advirti en fray Ramiro una extraa inclinacin hacia el muchacho y orden que tambin los acompaara. Tras cerrar la puerta de la austera sala, fray Gregorio se sent detrs de una mesa, presidida por un sencillo crucifijo de madera, y fray Ramiro y los visitantes se acomodaron en sendos taburetes enfrente de l, al otro lado de la mesa. A un significativo gesto del abad, un profundo silencio inund la sala, tenuemente iluminada por dos grandes velones, y, transcurridos unos minutos en la quietud invocada, se hizo presente el sosiego y, aquietados los espritus, fue entonces cuando fray Gregorio inquiri al desconocido de mayor edad el motivo de su inesperada visita.

Soy Diego de Lupin y ste es mi hijo Astudillo. Vivimos en el valle del Alerte, en donde tengo en arrendamiento una propiedad que pertenece al conde de Bolea. Hace tres das, lleg un comisionado del conde custodiado por dos guardias, los tres muy bien armados y pertrechados, y un cuarto hombre que conduca una carreta. Venan a recoger los tributos anuales. El mandatario se dirigi a m en tono spero y, sin mediar ms palabra que Ya sabes a lo que vengo, orden a los guardias que entraran en el granero y que cargaran con seis costales de trigo. Con buenas maneras quise hacerle ver al delegado que lo convenido eran tres, y no seis, los costales que deba llevarse. Desde su caballo y por toda respuesta, me dio un puntapi que me hizo rodar por el suelo. Tendido, protest y me amenaz picando espuelas a su montura y haciendo que el animal se abalanzara sobre m con clara intencin de pisotearme con sus patas. Di un brinco y me zaf de la embestida. Cuando intentaba una nueva arremetida, en ese preciso instante salan los guardias del granero con el primer costal, que cargaron en la carreta, y distrajeron al emisario con sus resoplidos, lo que, a buen seguro, me salv de una mala herida o algo ms serio. Cuando el sexto costal reposaba ya en el carromato, y a pesar de que yo les haca ver que si se llevaban todo el trigo almacenado no slo nos dejaban a m y a mi familia sin sustento, sino que no podra sembrar y que, el ao siguiente, no habra cosecha, mis protestas no sirvieron de nada y nada me dejaron para moler y para sembrar. No contentos con llevarse ms de lo acordado, a una seal del representante del conde, los guardias me apartaron a empellones y a puntapis y se metieron en el establo, de donde salieron con los nicos animales que tenamos: una vaca que nos daba leche y manteca, dos ovejas para cra, cada una con su cordero lechal, el cerdo que cebbamos para Navidad y las cinco gallinas y los siete conejos que componan toda nuestra despensa viviente. Se llevaron todo cuanto tenamos para pasar el invierno, sembrar la prxima cosecha y para hacer trueque en el mercado semanal por vestidos, herramientas y otras cosas necesarias. Ante mis reproches por el abusivo tributo que se me haca pagar, sin precedentes hasta entonces, ya que el conde siempre se mostr comprensivo conmigo, lo mismo que con sus otros vasallos y slo exiga lo acordado, acus al comisionado de ladrn. Me mir con la ira proyectada en sus ojos y orden a los guardias que me ataran a un rbol y que hicieran lo mismo con mis dos hijos. Entonces, de una zancada, entr en la casa, persigui a mi mujer, la acorral y, cuando la hubo reducido, la sac al prtico, la tumb sobre el
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suelo, rasg su vestimenta y, ante m y mis hijos, la profan. Yo gritaba pidiendo piedad para ella y para mis hijos que, atemorizados y sin comprender por qu ocurra todo aquello, gritaban conmigo llenos de espanto. Mi hijo mayor, Astudillo, logr desasirse de las ligaduras y en pleno ajetreo, cogi a uno de los guardias distrado con el trajn del comisionado y trat de hincarle una hoz en el vientre, pero la hoja choc con el correaje y slo le hizo una herida de la que empez a manar sangre. Encendido, mi hijo quiso enmendar el golpe con el otro guardia y ensaarse, y, despus, con el comisionado, pero ste, al or el grito de dolor del guardia, abandon a toda prisa el ayuntamiento y desenfund la espada, blandindola con furia y dando alaridos de clera. Astudillo, viendo que l solo no poda hacer gran cosa en defensa del ultraje, sali corriendo y se escondi entre la espesura del bosque, juramentndose hacer pagar la ofensa, no slo a quienes la infligieron, sino al propio conde y seor de aquellos desalmados. Al ver al guardia herido, el comisionado crey que corra peligro de muerte y me exigi vendajes y ungentos para curar la herida, lo que le hizo desistir de la persecucin de mi hijo, y orden al segundo escolta desatarme a m y a mi otro hijo para prestar auxilio, exigencia que lanz tambin sobre mi maltrecha mujer, tendida en el suelo, pasmada y atemorizada, que mostraba el horror en la lividez de su rostro y en sus ojos huidizos. Como pudo, se incorpor y con la torpeza propia del aturdimiento y sin dejar de sollozar, intent recomponer su figura escondiendo sus vergenzas con los jirones que le quedaban del vestido. Entonces, el emisario del conde me pregunt que adnde se haba escondido mi hijo. Yo ment y le dije que haba tenido un forcejeo con el guardia y que ste lo haba malherido, y que, a buen seguro, estara agonizando en alguna cueva y que sera devorado por las alimaas. Diego de Lupin hizo una pausa para recuperar el resuello tras su larga explicacin y, de nuevo, un cortante y sobrecogedor silencio invadi la estancia, roto al cabo de un tiempo por fray Gregorio. Tienes ms que aadir, Diego? S, paternidad. Contina, te lo ruego.

A medida que Diego relataba lo acontecido a l y su familia, en el nimo de los dos frailes se iba instalando el estupor, y la opinin que tenan del conde, amo y seor del valle, se contradeca con la imagen que estaba dando el inesperado visitante. Al conde de Bolea se le atribua y otorgaba por cuna e hidalgua, un comportamiento intachable con sus tributarios, pero si Diego deca verdad, y no
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haba motivos para la duda, la felona sera obra exclusiva del comisionado, que se habra excedido en sus atribuciones para provecho propio, traicionando, as, el buen nombre y la honra del conde. Diego continu con su relato y cont cmo, despus del estupro y del expolio, tras la partida de los agraviadores, l y su familia se quedaron observando, inermes e impotentes, la devastacin causada, preguntndose qu hacer en tan lamentable situacin de carencia. El llanto de la mujer era inconsolable. Fray Ramiro, aturdido por los detalles de la narracin, escuchaba atento, posando su mirada dulce y comprensiva en Astudillo, quien se encontraba cmodo con la figura bonachona y humana del fraile, establecindose entre ambos una corriente de mutua simpata. Cuando el padre de Astudillo hubo terminado, fray Gregorio advirti que, sin embargo, an quedaba algo importante por esclarecer. Si lo que dices es cierto, Diego, nos enfrentamos a dos causas de justicia. A dos, paternidad? S, a dos. Una, tu hijo, que ha cometido delito al herir a un servidor del conde, seor que debe juzgar los hechos y sancionarlos. Y, dos, porque si el mandatario del conde ha cometido traicin, es un asunto grave que slo al conde compete, pero, quin osar denunciarlo para que se haga justicia? Yo, paternidad. Todo lo he perdido y ya nada poseo, qu ms puedo perder si denuncio al traidor?

Fray Gregorio cruz los dedos de sus manos sobre el pecho y le dijo: Tu vida y la de toda tu familia, Diego, pues os perseguir y averiguar dnde estis para mataros a todos, porque slo t y los tuyos sois la prueba inculpatoria.

Diego contrajo su rostro en una mueca de contrariedad, pero su confianza no se quebr por las palabras del abad. Al contrario, le sirvieron de acicate para no demorar su propuesta. sa es la verdadera razn de nuestra visita, paternidad. Mi mujer y mi otro hijo estn bien escondidos en casa de unos familiares y, en cuanto termine mi negocio aqu, me reunir con ellos, pero, qu ser de Astudillo? Mientras el traidor no sea inculpado, el conde slo puede mandar detenerlo, pero si mi hijo est amparado por el auxilio de la Iglesia y protegido tras los muros de este monasterio, nada malo le ocurrir.
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El abad, al fin, tuvo la certeza de lo que ya intuyera desde que Diego iniciara su relato. El abad y fray Ramiro se miraron con la perplejidad reflejada en sus rostros por lo que a la figura del conde ataa, aunque sus miradas denotaban una complicidad que haba nacido haca horas, cuando fray Gregorio decidi atender a los visitantes. La sonrisa bonachona de fray Ramiro ilumin la estancia y Diego se llen de esperanza cuando el abad le orden que abandonara la habitacin con su hijo por unos momentos. Los dos monjes se quedaron a solas. Qu te ha parecido la historia, hermano Ramiro? Obra de un prfido servidor del conde, sin duda. Y, qu haremos con el muchacho? Fuera, corre un grave peligro, hermano Gregorio. Aqu, entre nosotros, no slo estar a salvo, sino que nos servira de gran ayuda. T sabes, hermano abad, cunto necesitamos un lego, no tanto para las labores del huerto, que de ello nos encargamos nosotros, sino como asistente en la biblioteca donde hay que traer y llevar grandes y pesados legajos. Astudillo parece un joven espabilado y fuerte. No ser demasiada responsabilidad consentir la entrada de un perseguido del conde? vacil el abad. Que sepamos, an no lo es, y dudo mucho que estos muros dejen traspasar una acusacin contra l. Nadie sabr que est aqu asever fray Ramiro.

Fray Gregorio conoca muy bien a fray Ramiro y saba que la gran humanidad del hermano ya haba espoleado su natural sentimiento de amparo hacia el dbil y menesteroso. Si lo defiendes con tanto entusiasmo y tan convencido ests de que nadie lo buscar en el monasterio, ser seal de que crees en su inocencia y que su arrebato slo fue causado por el ultraje a su madre. Seguro estoy de que, adems, ya has vislumbrado qu labores le encomendaras, acierto? Aciertas, paternidad! exclam exaltado. Puesto que sa parece ser la voluntad del Seor, s t, Ramiro, quien les diga que entren y escuchen lo que tengo que decirles. Si Dios as lo ha querido, quin soy yo para enmendarle la plana al Creador?

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Sali fray Ramiro al claustro y encontr a Diego, sentado en el poyete corrido, con la cabeza escondida entre las manos, turbado, y a Astudillo con los ojos abiertos todo lo que daban de s contemplando, absorto, las columnas pareadas que se levantan sobre el poyete y que sustentan arcos de medio punto con un nico capitel, deteniendo su mirada curiosa y maravillada en las figuras esculpidas en relieve. Son treinta y ocho los capiteles que con tanta admiracin contemplas, Astudillo aclar con voz paternal fray Ramiro - , y esas figuras en relieve, representan escenas de la redencin humana, de la vida de la Virgen, del nacimiento de Jess, de su muerte, resurreccin y ascensin al cielo, y de otros hechos, adems de otras historias bblicas que ya aprenders ms adelante. Qu edad tienes, muchacho? Quince aos, hermano respondi Diego viendo que su hijo titubeaba. Eres joven y fuerte, aunque un poco delgado, Astudillo, pero, ahora, pasad los dos, que el abad os quiere decir algo.

Fray Gregorio les dirigi unas palabras que contenan toda la franqueza que la realidad de la situacin impona y ofreci asilo temporal al muchacho, al tiempo que advirti a Diego que la proteccin del monasterio poda ser tan frgil como la violencia desatada de su inculpado lo permitiera. Tras la reflexin del superior, Diego de Lupin se arroj en sus brazos y bes sus manos con la gratitud dibujada en su rostro. La seguridad de haber acertado asom a su mirada y la complacencia invadi todo el ser del hombre sencillo. Abraz a su hijo con emocin y se despidi del abad con expresivos gestos de reconocimiento, quedando en venir a recoger a Astudillo transcurrido un ao, pero el abad los acompa hasta el claustro y all se qued, contemplando la marcha de Diego. Fray Ramiro acompa a padre e hijo hasta la puerta del convento para que se despidieran. Se abrazaron con fuerza y lgrimas contenidas. Era la primera vez que Astudillo se separaba de su padre y an estaba bajo la conmocin de todo lo sucedido. En el momento de la despedida, una pareja de cuervos revolote por encima de sus cabezas y Diego hizo un gesto de contrariedad, como si las aves anunciaran un presagio tan negro como el color de su plumaje. Fray Ramiro agit las manos para ahuyentar a los cuervos y el mal pensamiento que intuy se haba instalado en el padre de Astudillo.

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Los cuervos ahuyentados encontraron el cobijo buscado en algn hueco que an quedara libre y al abrigo de la nevada, que ya cuajaba y cubra los campos, el huerto, la via y el cementerio anexos al monasterio. El fro arreciaba y el viento era cortante. El abad observ toda la escena desde una cierta distancia. El portn se cerr con un golpe seco seguido de los cerrojazos que aplicara fray Benito para asegurar la clausura del monasterio de San Pedro el Viejo. La quietud del convento volvi a su ser. En silencio, el abad se retir a su celda y fray Ramiro y Astudillo se quedaron solos, en medio de una de las cuatro crujas, la que daba al oratorio. Fray Ramiro le hizo un ademn para que lo siguiera y ambos se adentraron en la capilla. El fraile se arrodill frente al Cristo que presida el austero recinto sagrado y, viendo que el muchacho permaneca de pie y confuso, lo invit a que lo imitara. Astudillo, desconcertado, dobl las rodillas y adopt la postura de fray Ramiro. Todo daba a entender que el fraile y Astudillo haban entrado en la iglesia para dar gracias a Dios por la feliz conclusin del negocio, pero, al punto, el fraile se dio cuenta de que el muchacho no saba rezar. Tras una breve plegaria, fray Ramiro se levant y se hizo seguir por Astudillo. De nuevo en la cruja del claustro, el fraile quiso saber. Slo algunas cosas, buen fraile se excus Astudillo -. No tenamos tiempo para ir a la iglesia, que quedaba muy lejos de nuestra casa, y slo recuerdo lo que mi madre me ense de nio.

Fray Ramiro asinti con la benevolencia del maestro que sorprende al alumno sin los deberes hechos, pero presto a ayudar. Al menos, deberas aprender la oracin que el propio Jess nos ense. Es un rezo hermoso que invoca y afirma la existencia de Dios a la vez que nos permite pedirle lo que necesitamos. Pedirle a Dios, buen fraile? pregunt con desasosiego el muchacho. S, claro, no lo sabas? Y, cmo se dirige uno a Dios para pedirle? volvi a indagar lleno de curiosidad no exenta de vacilacin. De la misma manera que a un padre, hijo tranquiliz el fraile. Me gustar saber esa oracin, buen fraile fue la respuesta de Astudillo. Tendrs tiempo, Astudillo, pero, ahora, es menester que te indique cules sern tus quehaceres y en dnde dormirs. Ven, sgueme: se acerca la hora de la cena.
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Pero, antes, dime cmo he de dirigirme a ti se atrevi Astudillo -, pues veo que otros frailes te llaman hermano y yo no soy tu hermano titube. S, eres mi hermano, aunque te parezca lo contrario, porque ambos tenemos el mismo padre, que es Dios. Y, a propsito de lo que me preguntas, he de decirte que ando estudiando la manera en que debemos tratarnos unos y otros para que el respeto y la dignidad de las personas queden salvaguardados, no importa si se trata de reyes, nobles o plebeyos, segn la nueva expresin que sali del monasterio de San Milln de la Cogolla para que todos hablemos la misma lengua y nos entendamos, pero, me gusta como me llamas, aunque ser mejor que me digas fray Ramiro: se es mi nombre.

Aunque no entendi nada de lo que el fraile le deca, Astudillo mostr su satisfaccin dibujando una sonrisa tan amplia que sus dientes dejaron ver la suciedad que escondan. Iniciaron el camino hacia el refectorio, rompiendo el muchacho el silencio del claustro con sus pisadas. Tambin he de ensearte cmo andar sin hacer ruido sentenci fray Ramiro.

Cuando entraron en la pequea cmara del comedor, tenuemente iluminada por los velones que algn fraile haba encendido y cuyas llamas titilantes hacan recordar la brevedad de la vida, diez frailes ocupaban la estancia. Cuando fray Ramiro entr, todos los hermanos se desearon la paz de Dios y se situaron a ambos lados de una gran mesa central, flanqueada por dos bancos corridos en los que tomaron asiento, cinco a cada lado, mientras que otro fraile permaneca de pie, en un alto, leyendo textos sagrados. Fray Ramiro ocup un hueco en el banco de la derecha y se sent, despus del abad, y lo mismo hicieron al tiempo los dems hermanos. Indic a Astudillo que se situara junto a l y, en ese momento, entr otro fraile con una gran perola humeante y la deposit en la cabecera de la mesa, ocupando ese mismo sitio para proceder al reparto de la comida, con lo que haca un total de doce frailes. Fray Gregorio bendijo a los hermanos tras rezar un Padrenuestro. Tras la bendicin, el fraile que ocupaba el puesto de la cabecera, se levant, sirvi la pitanza en su escudilla y, repleta, se la dio al hermano que tena a su derecha para que la fuera pasando, de mano en mano, hasta el ms alejado de su lado, que result no ser un monje, sino Astudillo, que haca de nmero seis y vio reemplazado su plato vaco por una bien cumplida escudilla de un prometedor puchero y que, por la forma de mirarlo con tanta fijeza, fray Ramiro dedujo que haca tiempo que el muchacho estaba hambriento.
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Maravillado por la forma de repartir el sustento, Astudillo observ cmo el monje de la cabecera iniciaba el mismo ritual con los hermanos situados a su izquierda, y, mientras se ultimaba el reparto de las raciones, los monjes se mantenan cabizbajos, en actitud orante, hasta que el ceremonial terminara y cada fraile tuviera su sustento servido, todo lo cual se desarrollaba en el ms absoluto y estricto silencio, roto por la sola voz lectora de la Biblia. Cuando Astudillo tuvo delante de s su colmado y reparador pote, tan apetitoso y sugerente como los otros cinco que vio detenerse para los monjes situados a su izquierda y los cuatro que desfilaron frente a l, despus de que le llegara el suyo, sus tripas, excitadas por el tentador condumio, le empezaron a rugir, pero a una mirada de fray Ramiro, el muchacho supo que tena que reprimir el natural deseo hasta que el repartidor fuera servido por el monje que haca el diez y el abad iniciara la cena tras dar gracias a Dios por los alimentos que iban a tomar y bendecir la mesa. Astudillo, a lo largo de los das que pasara en el monasterio, pudo comprobar que los hermanos se iban turnando a diario, tanto en los bancos corridos como en el facistol, y que, slo cuando haba tenido lugar una rotacin completa, los monjes ocupaban los mismos sitios que el da en que l lleg al monasterio y tom su primera cena. Slo uno de ellos, el cocinero, estaba exento del ceremonial que a todos igualaba en servidumbre, ya que a su cargo estaba siempre la grave responsabilidad de preparar el puchero para todos, era el que lo sacaba de los fogones a la mesa, ocupaba siempre la cabecera, se encargaba del reparto y, como acto de humildad y gratitud por su esmero, era servido por el monje que ocupaba el ltimo lugar a su izquierda, que, segn fuera el da, poda ser el propio abad. Lo que permaneca igual era el contenido del puchero, siempre a base de verduras, hortalizas y garbanzos al que, en los das de fiesta y del patrono, ya fuera de la ciudad o de la orden, se le aada algn costillar de carnero, palomo, huevos cocidos o gallina vieja, de todo lo cual se obtena un sustancioso y reparador caldo que sola tomarse a media maana. Como la comida del medioda, la cena siempre iba acompaada de un cuenco de recio y estimulante vino prpura, elaborado con las uvas del viedo comunal y guardado en tinajas en la oscura quietud del stano del monasterio, al abrigo de fros y calores, y por una buena racin de hogaza de pan de centeno y trigo recin cocido que elaboraba en el horno rabe de barro fray Martn, hijo de maese Lucas, un afamado tahonero que surta su benfico producto al obispo y al prior de San Juan, as como a varias casas de la nobleza. Fray Martn, en das de celebracin, se afanaba en elaborar tortas amasadas con aceite de oliva, salpicando la corteza superior con gruesos granos de sal. De la limpieza de los utensilios usados en las comidas y fogones, se encargaban dos fornidas mujeres, esposas de legos al servicio del monasterio, que usaban
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manojos de albardn majado para restregar, untado con una papilla hecha a base de ceniza y limo del ro Isuela y a la que aadan un buen chorren de vinagre. Escudillas, ollas, cacerolas, cucharas y dems se enjuagaban con agua caliente y se dejaban escurrir en una espetera para que terminaran de secarse al aire, cuando no al calorcillo que desprendan la cocina y el horno de pan. Despus, las sirvientes completaban la faena recogiendo las pocas migajas que hubieran quedado encima de la mesa y las cadas descuidadamente al piso, solado con bloques de piedra caliza, como el resto de la solera del monasterio, que fregaban con paos de lino empapados en agua y vinagre. Terminada la cena, culminada por una sabrosa manzana cosechada en el huerto del cenobio, todos en pie, dieron gracias a Dios por los alimentos que haban tomado, se volvieron a desear la paz y, en fila silenciosa, se dirigieron cada uno a su celda. Fray Ramiro abri una puerta y en su interior se pudo ver un jergn y un crucifijo en la pared. Un ventanuco era, a la vez, ventilacin y luminaria. Aqu es donde vas a dormir. Mi celda es la contigua, igual que sta. Qu Dios vele por tu sueo, Astudillo. Maana, antes de que salga el sol, te despertar y empezars a ganarte tu sustento y tu descanso.

Ante de cerrar la puerta de la celda que se me asign, Fray Ramiro pareci recordar algo: Tengo que ensearte el monasterio y quiero explicarte la mucha historia que alberga y sus preciados tesoros, que no son otra cosa que el arte y la belleza que hay entre sus muros, pero que hay que saber ver para apreciarlos.

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CAPTULO II

Al da siguiente y tras una noche de agitado reposo, antes de que el sol alumbrara las tierras de las que se nutran los hermanos, y tal y como me haba prometido, Fray Ramiro llam a mi puerta y, sin esperar respuesta, penetr en mi celda y me zarande hasta que estuve bien despierto. An estabas dormido, Astudillo, seal de que has descansado me dijo con afecto -, pero ya es hora de empezar el trabajo. Dormir mucho hace flaquear el cuerpo, y no es bueno para el alma. Ven, acompame.

Como vea que titubeaba, me agarr del brazo y tir de m hasta que me sac del jergn y, ya de pie, me ayud a ponerme a toda prisa las calzas y el jubn, empujndome fuera de la celda sin que me diera tiempo a calzarme las albarcas, que me las ajust cuando ambos estuvimos fuera y en el preciso momento en que una fila de hermanos, en absoluto silencio y en perfecto orden, pasaba por delante de nosotros. Con un gesto, fray Ramiro me orden que me uniera a ellos, ocupando el ltimo lugar, el de la cola, detrs de l. Fuimos directos a la iglesia, donde se arrodillaron todos y entonaron cnticos que me eran gratos al odo. Hice lo mismo que ellos, me arrodill y, sorprendido y emocionado, me qued escuchando el coro. Al cabo, los hermanos seguan con sus cnticos, pero mis tripas empezaron a protestar de forma ruidosa, lo que me vali una severa mirada reprobatoria de fray Ramiro. Cuando la ceremonia termin, los hermanos abandonaron la iglesia y, ya en la cruja, formaron la misma y ordenada fila silenciosa, cuya cabeza se dirigi al refectorio. El olorcillo que despeda el recinto pona alas a mis pies, pero la mano de mi benefactor se asi a mi brazo y, de nuevo, me vi ocupando mi lugar en el desfile. Una sopa de ajo humeante con buenos trozos de pan recio, pusieron en calma mis tripas y levantaron mi nimo, que ya decaa. Por el cambio de semblante de los hermanos, advert que tambin el nimo de ellos necesitaba recuperarse. Todo transcurri con la misma quietud y sosiego de la noche anterior, siempre en compaa de la lectura de textos sagrados. Como en la cena de la noche anterior, una oronda manzana fue el postre que todos los hermanos comieron con extrema apetencia y deleite. Extraado y curioso, pregunt a fray Ramiro el porqu. La manzana es fruto que tiene muchas propiedades saludables para los hombres que hemos consagrado nuestra vida a Dios y permanecemos largos ratos sentados. Es como si fuera una compensacin del cielo. La manzana tent a Eva por medio de la serpiente y les vali a nuestros primeros padres la expulsin del Paraso, y, ahora, pareciera como si Dios hubiera querido regalar a todos los seres humanos y, de forma particular, a los clrigos, ese mismo fruto en forma de suculenta ayuda para combatir
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ciertos males que slo ataen a los varones, sobre todo a los de cierta edad. Me qued boquiabierto. Nunca imagin que fruta tan humilde fuera tan beneficiosa, y comprend por qu todos los frutales del huerto eran manzanos, cuyos frutos se conservaban durante muchos meses en el ajarafe cubierto del monasterio. Fray Ramiro tena algo ms que decirme: Lo que has odo en la iglesia, no slo son cnticos, que lo son, sino nuestra forma de rezar. Se llama canto gregoriano y es una oracin cantada, la primera del da, y debes saber, Astudillo, que San Agustn nos dej dicho que el que canta, ora dos veces. Imagina el placer de dirigirse a Dios cantando! Con el tiempo, t tambin aprenders a rezar cantando y otras muchas cosas ms - me asegur.

Fray Ramiro, siempre atento, trataba de instruirme sobre aquello que ignoraba y, hasta tal punto tom afecto por mi inopia, que me hablaba de todo y todo me lo explicaba, desmigando los detalles con su gran paciencia para que lo entendiera, y yo, atololondrado por el raudal de conocimientos nuevos que se me venan encima, era incapaz de ordenar ideas y conceptos, lo que me llevaba a permanecer despierto gran parte de la noche, inquieto, intentando entresacar las enseanzas, pero las dudas, que eran las ms, me mantenan soliviantado hasta que, a la maana siguiente, se resolvan en cuanto se las preguntaba al buen fraile en tiempo de ocio. Tard mucho tiempo en darme cuenta de por qu me haba tomado tanto aprecio fray Ramiro. Cuando llegu al monasterio, hace ya ms de 40 aos, yo no era ms que un pobre e ignorante jovenzuelo, carente de modales, de formacin y, lo que era an peor, un fugitivo de la ley del conde, aunque la ley que amparaba su poder fuera injusta. Entre las paredes del convento crec, me fui haciendo hombre, a la vez que mi entendimiento se abra a los conocimientos del mundo y de la ciencia con los que me instrua fray Ramiro, sin descuidar la salvacin de mi alma, en la que todos los hermanos, no slo mi benefactor, parecan tener empeo personal. Una noche de nerviosidades sin sueo, descubr con asombro que mi virilidad perda su habitual lasitud para convertirse en ptreo apndice, reclamando con mpetu una caricia en lugar de la mirada que mi pasmo le conceda. Acud a la llamada de mi humanidad y alivi con la torpeza propia del que intuye sin saber, la tensin que me impeda aquietarme y que sacuda todo mi cuerpo con estremecimientos. A la maana siguiente, al levantarme, observ la mancha que haba dejado mi agitacin y un inconsciente pudor se apoder de m, dejndome sin habla, pero, al mismo tiempo, con muchas preguntas y muchas dudas. A esas alturas de mi estancia en el monasterio, ya se haba fraguado entre fray
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Ramiro y yo una gran confianza, as que, en cuanto pude, le expliqu lo que me haba sucedido. Es cosa natural, Astudillo, y no debes preocuparte por ello, pues ya eres un hombre y tu cuerpo te lo est indicando me tranquiliz - , pero es menester que no caigas en vicio, sino que encauces bien y por el camino recto esa cualidad. Tu sexo, que as es como se llama ese remate, es para la procreacin y creo llegado el momento de buscarte una moza con la que te puedas casar, antes de que te despees por el extravo. Y, t tambin tienes estas experiencias? pregunt lleno de cndida ingenuidad. Naturalmente, Astudillo, sobre todo cuando era ms joven, pero yo he consagrado mi vida a Dios y a mis hermanos, y la oracin me ayuda a obtener del cielo lo que a ti te da la tierra. No te entiendo, buen fraile, me lo puedes explicar mejor? insist sincero y con toda la expectante candidez de quien espera descubrir un enigma largamente oculto. Para nosotros, los frailes, mantenernos ajenos a la llamada de la carne, es una decisin personal y una experiencia nica e intransferible, que aceptamos voluntariamente y sin ningn pesar cuando tomamos la decisin de consagrar nuestras vidas a la regla por la que nos regimos. Pero si, como me explicaste un da, todos somos hijos de Dios y Dios nos ha dado a cada ser un sexo, mantenerse al margen de la sexualidad es como negar la propia naturaleza del ser humano como criatura de Dios, no? No te digo que no haya flaquezas, que las hay, pero la oracin ayuda y, aunque algunos caigan, no se puede decir que todos lo hagan. Vers, te explicar: consagrar la vida a Dios y a los hermanos es tan gratificante y, a la vez, tan exigente, que no hay lugar para otros placeres, ni siquiera el de tener una familia. Imaginas si un fraile tuviera esposa e hijos, qu parte de su tiempo no se lo estara quitando a Dios y a los hermanos para dedicrselo a la familia? Por esa razn, y otras ms complejas, un fraile debe mantenerse clibe, lo entiendes? La mujer, los hijos, la familia en definitiva, es para vosotros, los laicos.

Aquel da me sent muy orgulloso de mi amistad con fray Ramiro, pues, de haber sucedido aquello en otras circunstancias, mi padre, o mi madre, no hubieran podido explicarme con tanta normalidad lo que era tan natural.

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Fray Ramiro guard silencio para darme tiempo a que asimilara lo que me haba explicado, y advert que perdi su mirada en algn punto para encontrar respuesta a mi insaciable curiosidad. Al cabo, me dijo: El papa Inocencio II presidi un concilio en Letrn, el segundo que se convocaba en aquella ciudad italiana, para dirimir materias de honda gravedad que inquietaban a la Iglesia, como era la existencia de dos papas en Roma y el consiguiente cisma que se haba iniciado un ao antes, temas de los que ya te hablar ms adelante porque son complejos de explicar y ms de entender, pero en cuestiones como las que preguntas, el Pontfice tambin est preocupado, porque hasta sus odos han llegado noticias de que, a pesar de las admoniciones de Gregorio VII, que ya adverta hace unos sesenta aos la falta de rigor en el clero y proclamaba la vuelta de la normalidad a los claustros, con todo, cardenales, obispos, sacerdotes, diconos, subdiconos y monjes viven en amancebamiento con mozuelos y muchachas, motivos ms que suficientes por los que el Santo Padre ha condenado estas pecaminosas prcticas, a la vez que ordena la persecucin de los matrimonios secretos y los concubinatos de los servidores de la Iglesia.

Mis ojos de asombro deberan parecer platos a punto de saltar de sus rbitas, pues fray Ramiro me dio una palmadita en la cara para sosegarme. No saba que muchachos como yo compartieran lecho con los clrigos! Calma, hijo mo, calma, que aqu, en este monasterio no hay nada de eso, aunque la solidez de los muros no es lo bastante robusta como para impedir que se hayan colado noticias de que ocurre en otros conventos. Qu me quieres decir, buen fraile? Vers, Astudillo: hace ya algn tiempo, se celebr en Girona un concilio territorial que presidi un obispo, delegado del Papa, quien tuvo que enfrentarse a las duras crticas de los otros obispos convocados en aquella reunin. Tan violenta y agresiva fue la asamblea que el representante pontificio se vio en la necesidad de abandonar Girona y refugiarse en Besal, poblacin cercana, porque estuvieron a punto de matarlo. Si matar a un servidor de un noble es pecado, qu clase de falta comete quien mata a un prelado? pregunt con toda la ingenuidad que mi ignorancia me impulsaba a sentirme osado. Matar es siempre pecado, sin importar la cuna de la vctima, Astudillo, y bien deberas saberlo a estas alturas, pero djame seguir. Continua, buen fraile, y disculpa mi torpeza.

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Bien, como te deca, el obispo huy de Girona y encontr refugio en la villa de Besal, y fue el propio conde Bernat II de Tallaferro quien ofreci la segura localidad de su condado para que pudiera finalizar el concilio. Por lo que deduzco, buen fraile, la maldad no es patrimonio slo de los villanos. No, Astudillo, no. Desgraciadamente, la maldad, como la crueldad, slo pertenecen al gnero humano, pues ningn animal, por muy salvaje que sea, se ensaa con su vctima como lo hace el hombre. Los animales matan slo para comer y sobrevivir.

Se estableci un silencio entre nosotros que se poda cortar con una daga. Uno de los asistentes a aquel concilio, era el obispo de Narbona, de nombre Guifr y sobrino del poderoso y rico abad Oliba. Siendo an un adolescente Guifr, compr la investidura de obispo a cambio de 100.000 sueldos (*). De carcter polmico y habituado a ejercer el poder, se dedic durante las sesiones previas del concilio a emponzoar el ambiente y en urdir una conjura entre todos los prelados para no acatar la voluntad del reformista Gregorio VII, que exiga volver a la rectitud, al orden, a la austeridad y a las costumbres rgidas que siempre han de ser santo y gua de quienes visten hbitos. El Papa saba con toda certeza que haba actos de simona, de concubinato y que, con todo descaro y sin recato alguno, se llevaba una doble vida que se practicaba, incluso, en los propios monasterios, iglesias, conventos... Guifr no estaba de acuerdo con volver a la rigidez clerical y defenda el matrimonio de los prelados arguyendo que si la Iglesia tiene tanta riqueza es porque los obispos, al ser clibes, o sin esposa e hijos legtimos, al morir, sus fortunas pasan a manos de la Iglesia, situacin que tanto le conviene a Roma y es la razn de defender con tanto ahnco el celibato entre el clero. Guifr fue excomulgado varias veces por reincidir en sta y otras graves cuestiones contrarias a Roma. Fray Ramiro, yo no saba nada de todo eso! Ya lo imagino, Astudillo, pero es bueno que lo sepas, porque el hombre que no est informado, incrementa su ignorancia y yo pretendo que t no seas uno ms entre las tinieblas del conocimiento. Adems, he preferido que todo este delicado problema lo supieras por m antes de que te enteraras por alguien de fuera de estos muros. Yo puedo aclararte tus dudas, pero si es un ignorante malintencionado quien te informa, tu

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1 sueldo de la poca 80,00 Euros del ao 2010 (N. del A.)

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ignorancia aumentar, lo mismo que tu confusin. El cultivo de la inteligencia nos hace crecer como personas y nos ayuda a madurar. Y, t qu opinas de todo esto, fray Ramiro? Mi opinin es que si un hombre decide vestir los hbitos, es porque siente que tiene vocacin para ello y est dispuesto a una total entrega a Dios y a los dems por encima de todo, y, entre los votos que ha de hacer antes de ordenarse, est el del celibato, que debe mantener hasta la muerte. Por lo tanto, como ya te dije, permanecer clibe es una opcin personal y si no se est dispuesto a respetar su propio juramento, es mejor que se quite el sayal, que abandone la Iglesia y que se dedique a otros menesteres.

Fray Ramiro guard silencio y creo que repas sus propias palabras, pues, al cabo, me dijo: Pero este problema, que no es nuevo, por muchas reformas que se introduzcan en la Iglesia y a pesar de lo que se divulgue en los concilios, asambleas, snodos, encclicas se mantendr de manera oculta en el tiempo y ser un escndalo cuando se descubra, no importa que pasen muchas generaciones. El asunto me preocupa, y mucho, porque pone de manifiesto que no todos los que visten hbitos son aptos para el ministerio y slo ven entre los muros de los conventos una ocasin para escapar del hambre y asegurarse un porvenir, sin importarles su carencia de religiosidad. Muchos segundones sin posibilidad de participar en la herencia paterna, mujeres humildes y sin dote que les asegure un buen casamiento, hijos de familias numerosas sin medios, son los primeros en llamar a las puertas de los conventos. Tambin lo hacen los hijos ilegtimos de los curas, obispos y cardenales, as como los de la nobleza nacidos fuera del matrimonio, pero todos esos no llaman: entran por conveniencia de sus progenitores y no les faltarn medios ni poder para llevar una vida holgada y licenciosa entre muros venerables. Mientras fray Ramiro y yo estbamos enfrascados en tan instructiva charla, me di cuenta de que el abad meditaba sentado en el poyete, entre dos de las treinta y ocho columnas que circundan el claustro, y me fij que a su rostro asomaba una gravedad nunca antes vista por m. Tena las facciones muy marcadas, y la frente, en cuyo interior anidaran sus ideas y reflexiones, pareca estar surcada por ms de las mil arrugas que habitualmente delataban el paso del tiempo, tal vez ms acusadas ese da por la seriedad del negocio que deambulaba por su sesera. Sin embargo, su mirada segua siendo bondadosa y confiable. Fray Ramiro me advirti que estas meditaciones en silencio eran fruto de su gran inquietud por alcanzar la verdad y que, luego, las comparta con los hermanos para que todos deliberaran sobre aquello, y lo haca con la solemne sencillez de
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la autoridad que desprendan sus conocimientos y su manera afable de exponerlos, por lo que todos le tenan un gran respeto. En efecto, tal y como me haba dicho fray Ramiro, el abad convoc a la comunidad en la sala de capitulaciones, donde se ventilan los negocios de la vida conventual, y departi aquella tarde sobre lo que, al parecer, le inquiet durante un tiempo. Fray Ramiro saba que su discurso sera breve, pero profundo. Hermanos en Cristo, nuestro Seor! solicit atencin el abad a los all congregados - . A menudo me pregunto si somos conscientes, cuando rezamos, de lo que significan nuestras oraciones, y si sabemos transmitir nuestro entender a los feligreses que nos escuchan.

Se quedaron boquiabiertos ante semejante invocacin. Viendo el abad la confusin que haba creado, situacin que, segn fray Ramiro, se produca siempre que el abad comparta sus meditaciones con los hermanos, se apresur a aclarar: Recordad, hermanos, que, a peticin de los apstoles, Jess les ense a rezar y les dej una hermosa oracin que, desde entonces, los creyentes repetimos varias veces al da: el Padrenuestro, plegaria que es, a la vez, una afirmacin de nuestra fe y siete ruegos a Dios. Esa oracin es la que mandamos rezar a los que vienen a nosotros en busca de confesin, pero, nos hemos fijado bien en lo que invocamos cuando decimos perdona nuestras deudas, como nosotros perdonamos a nuestros deudores?

Fray Ramiro, que conoca muy bien al abad, saba que la pregunta no era ociosa y que no pretenda sanear las mentes de los que se pudieran embrutecer por la rutina de la repeticin sin sentimiento, sino hacerles ver que esta meditacin deba fructificar en sus corazones y hacerla frtil para dar autoridad a sus palabras cuando se dirigieran a los feligreses. No sintis confusin, hermanos, porque he meditado, y mucho, antes de hablaros y he pedido la ayuda a nuestro seor Jesucristo para que me ilumine y ponga en mi boca palabras sabias dijo el abad.

Los frailes se miraban entre s buscando la respuesta a una pregunta inquietante. El abad no tard en aquietarlos. Estoy convencido de que en nuestra primorosa y bellsima oracin deberamos decir ... perdona nuestras deudas y ensanos a perdonar a nuestros deudores y me aplico a m mismo y en primer lugar la reflexin a la que he llegado, pues no somos perfectos y olvidamos nuestra promesa en cuando termina el recogimiento. Es lo que me agradara que los feligreses aprendiesen de nuestros sermones y homilas: a perdonarse entre s, a perfeccionarnos por el perdn, a ser mejores, ms humanos, y, para ello, debemos dar ejemplo con nuestra actitud.
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Pero, an hay ms, pues Mateo lo dej escrito muy claro cuando recoge en su evangelio este mismo pasaje: perdnanos nuestras ofensas, pues nosotros hemos perdonado a los que nos han ofendido Es decir, Mateo propone que nos perdonemos entre nosotros mismos antes de invocar el perdn de Dios. Qu hermosa leccin de humildad! Los hermanos quedaron confundidos, no porque creyeran que no le asista razn al abad, que no lo cuestionaban por la mucha sabidura que se le reconoca, ni por el voto de obediencia otorgado, sino por la novedad que introduca sin el permiso previo de la jerarqua eclesistica. Al notar la mudanza en los rostros de los hermanos, fray Ramiro pidi permiso al abad en un aparte para tomar la palabra, pues estaba persuadido de que su decir, por ser de un igual, suscitara una complacencia sin reservas. S, fray Ramiro, adems, t tienes una autoridad moral superior que te viene dada por tu sapiencia, adems de por tu cuna. Calla, fray Gregorio! Habamos quedado en que esa cuestin quedara siempre al margen y que yo solo sera un clrigo ms, sin ninguna otra consideracin. Tienes razn, hermano, y no lo olvido: slo te lo recuerdo.

Fray Ramiro convers con los hermanos y todos vieron conveniencia en la reflexin del abad, que era tan acertada como otras tantas recomendaciones que les haba hecho desde su nombramiento como superior del convento. Porque, hermanos aclar fray Ramiro -, si nos damos cuenta de la reflexin, concluiremos que le pedimos al Padre que nos perdone como nosotros perdonamos, es decir, estamos condicionando nuestro perdn si l nos perdona, no veis en ello un desatino? Me gustara que lo vieseis claro para que transmitis la esencia de lo dicho a nuestros feligreses y, sobre todo, inculcarles que lo ms importante en la vida del ser humano, queridos hermanos, es amar a Dios y que debemos ser consecuentes con ese amor, que lleva implcito el perdn. Perdonar es amar.

Los hermanos haban comprendido y, uno a uno, fueron abrazando al abad en seal de respeto y gratitud por su celo en compartir sus lecturas y meditaciones con la comunidad. Yo observaba toda la escena desde un rincn, guardando un respetuoso silencio, a cuyo trmino qued tan admirado como confuso, de manera que, en cuanto me fue posible, me acerqu a fray Ramiro. Buen fraile! Hablas de perdonar y eso me parece fcil para vosotros, que estis todo el santo da aqu, rezando al abrigo de los muros del convento y sin salir al mundo exterior, sin que nada ni nadie os haga dao, pero,
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qu me dices de los que vivimos fuera y estamos a expensas de los caprichos de los poderosos? Fray Ramiro supo enseguida que yo tena una confusin dentro de m y que no iba conmigo aquello de perdonar. Cmo puedo yo perdonar las fechoras del conde y de su mandatario que nos agredieron, saquearon, abusaron de mi madre, maltrataron a mi padre y a mi hermano, nos dejaron sin vveres y me acusaron a m de asesinato? Cmo, dime, cmo, fray Ramiro?

Yo estaba furioso, pero con la paciencia que siempre lo caracteriz, fray Ramiro dej que saliera por mi boca todo el rencor y todo el odio que me corroa desde que me vi despojado de mi familia y fui un perseguido de la justicia. Ah!, he dejado de ser buen fraile como me llamas siempre?

Como siempre que haba un punto de desencuentro entre nosotros, fray Ramiro echaba mano a su sentido del humor para rebajar la tensin. Fray Ramiro era sabio por muchas razones, una de ellas, por su enorme paciencia, pero lo que yo ms admiraba de l era su capacidad para encontrar respuesta a cualquier pregunta, y era tanta y tan grande la conviccin de sus argumentos que, un da, me pregunt si fray Ramiro, en realidad, lo saba todo o, aquello que ignoraba, se lo inventaba. No, buen fraile, no, pero debes entender que estoy rabioso. S que la clera te domina, Astudillo, como tambin s que en esa situacin no es fcil para ti que me comprendas.

Fray Ramiro hizo una pausa. Tal vez buscaba en su memoria las palabras adecuadas para mis entendederas, que no eran muchas en aquellos das. Yo estaba expectante. Al cabo, prosigui: Aunque no lo entiendas hoy, Astudillo, te dir que el odio mata al que lo tiene, no al odiado. El odio no deja vivir y te mantiene en un estado de continua zozobra imaginando la mayor maldad para vengarte. Odio, rencor y venganza son los peores compaeros de la paz.

Indignado, interrump a fray Ramiro porque sus palabras no contestaban a mis preguntas, pero l me escuch con serenidad. Perdonar tanta injusticia y que todo quede impune, buen fraile? - repliqu Nada queda impune a los ojos de Dios, Astudillo afirm con recogimiento S, pero la justicia de Dios es lenta y nunca vemos su resultado protest, sabiendo que mis palabras iban a escandalizar al clrigo.
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Me qued mirndolo, con mi descarada mirada clavada en la suya, que era amable, apacible, pero, lejos de que ocurriera lo que me tema, fray Ramiro se mostr benvolo y procur mi desahogo para que tuvieran sitio en mi alma sus palabras. Cuando me hube sosegado, fray Ramiro cruz sus manos sobre su vientre y con la ms bondadosa de las sonrisas que yo recuerde, me mir con ternura y me dijo: Te contar un hermoso evangelio, Astudillo. Es una parbola que les dijo Jess a sus apstoles para explicarles cmo es el reino de los cielos, y la recoge san Mateo, recordndonos las propias palabras de Jess: El reino de los cielos se parece a un propietario que, al amanecer, sali a contratar jornaleros para su via. Despus de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mand a la via. Sali otra vez a media maana y vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: Id tambin vosotros a mi via y os pagar lo debido. Sali de nuevo hacia medio da y a media tarde e hizo lo mismo. Sali al caer la tarde y encontr a otros, parados, y les dijo: Cmo es que estis aqu el da entero sin trabajar?. Le respondieron: Nadie nos ha contratado. El les dijo: Id tambin vosotros a mi via. Cuando oscureci, el dueo de la via dijo al capataz: Llama a los jornaleros y pgales el jornal, empezando por los ltimos y acabando por los primeros. Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibiran ms, pero ellos tambin recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo: Estos ltimos han trabajado slo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del da y el bochorno. l replic a uno de ellos: Amigo, no te hago ninguna injusticia. No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este ltimo igual que a ti. Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? O vas a tener t envidia porque yo soy bueno? As, los primeros, sern los ltimos y los primeros, los ltimos. Lo entiendes Astudillo? me pregunt fray Ramiro al terminar. No! contest con rotunda conviccin.

De nuevo, con su exquisita paciencia, me explic: Seguramente, amigo Astudillo, ste es el evangelio que ms confusin y enfados provoque, incluso entre los cristianos, y te lo he contado a propsito, porque, cmo es posible que Dios premie por igual a los que llevaron todo el peso del buen obrar a lo largo de su vida que a los que se hacen buenos a ltima hora?
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Me parece injusto, buen fraile respond, ligeramente aturdido, porque, enseguida, me di cuenta de que mi respuesta pecaba de ingenua, a la vez que de imprudente. Ah!, te parece injusto Dios? observ fray Ramiro con irona -. De verdad crees que es injusto? , repiti con semblante ms serio - . Y, no ser, Astudillo, que la fe, es decir, saberse hijos de Dios, es una suerte y que unos la han disfrutado ms y antes que otros? De ser as, seguira siendo injusto manifest, sabiendo que mi respuesta no se ajustaba a lo que esperaba fray Ramiro de m. No, Astudillo: creo que no lo has comprendido. El premio, en realidad, es Dios, y no hay otro premio, entiendes ahora? Me resulta complicado entenderlo - conced. De verdad, Astudillo, puedes tener envidia de los de la ltima hora? Pues, si he de decir la verdad, s. Entones, para ayudarte a comprender, te explicar qu es la fe y qu la gracia. Eso ya lo s, pero no lo entiendo. Ser porque no te lo he explicado bien. No, no fuiste t, buen fraile. Me lo dijo mi madre, que rezaba a diario lo que saba en un rincn de la casa cuando terminaba la faena. Bueno, no importa quien fuera: yo te lo explicar y, si no lo entiendes, me lo dices, de acuerdo? S. Fe, Astudillo, es saber que somos hijos de Dios. Eso lo entiendes, no? S, lo has dicho antes. Bien, Astudillo: te lo repet para ver si lo recordabas. La gracia es saber que Dios nos ama, lo entiendes? No. Te har una pregunta: cundo crees t que Dios nos quiere? Cuando me da lo que deseo. Ah! se es el buen Dios para ti, no?
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S. No, Astudillo, no, porque confundes tus deseos con la voluntad de Dios. Pues, ahora, entiendo menos qu es la gracia, o, tal vez, yo no sea un amado de Dios. Por qu lo dices? Porque si soy su hijo y me ama, cmo es que consinti la canallada que cometi el conde con mi familia? El primer lugar, no la cometi el conde, sino su mandatario, aunque del conde es la responsabilidad, y, en segundo lugar, he de recordarte que Dios nos hizo libres de voluntad y que la decisin del legado la tom l libremente sin la intervencin de Dios, pero para reparar la repugnante afrenta, por encima de la autoridad del feln, est la del conde, pero, por encima de la del conde, est la del rey, y por encima de todos, la de Dios, y t ests cobijado en este convento que est bajo la proteccin del rey y de Dios, te dice esto algo? Me quedo perplejo y cada vez entiendo menos. Considera por un momento esta realidad: t, ests vivo y has sobrevivido a la felona del mandatario, que te aseguro no quedar impune su infamia, y, sobre todo, considera que t puedes ser uno de los muchos instrumentos de los que se sirve Dios para anunciar la buena nueva del evangelio. Sigo sin comprender y eso es muy complicado para m. Te hago una pregunta y no para cambiar de tema: sabes quin soy yo, Astudillo? Un fraile, fray Ramiro. En efecto! S, soy un fraile, un religioso dedicado al estudio de los libros sagrados y del comportamiento de los hombres para hacerles comprender la Verdad en la que creo: la verdad de que Jess es Dios, que muri, resucit y est sentado a la derecha del Padre, pero, tambin soy algo ms. Qu ms, buen fraile?

En el momento que me iba a responder, el abad se aproximaba a nosotros y fray Ramiro se fue hacia l y me dej sin respuesta. Ellos se pusieron a hablar y algo de m deban traerse entre manos porque no dejaban de mirarme a la vez que peroraban. Tal vez, haba llegado el tiempo en que mi padre deba cumplir su promesa y recogerme del monasterio, y l esperaba a que yo estuviera listo.
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Sin embargo, nada me decan, pero no dejaban de mirarme. En un determinado momento, los dos frailes me volvieron la espalda e iniciaron un deambular por una de las crujas del claustro con palabras que yo intua graves por la cortedad de sus pasos y sus ademanes. Pas un buen rato y pude ver cmo, a la altura de la puerta de la sala de capitulaciones, los dos frailes se inclinaron, uno hacia el otro, con la misma reverencia, y, despus, se abrazaron, antes de que el abad desapareciera por la puerta que da a la estancia donde se resuelven los asuntos ordinarios. Fray Ramiro vino hacia m. Astudillo, hijo: hay nuevas de tu padre que el abad desea participarte. Ven, acompame a su presencia.

El semblante de fray Ramiro era sombro, triste, como nunca antes lo vi. Me hablaba con palabras pesadas que le costaba sacar de sus adentros. Mi anterior confusin dio paso a otra an mayor, porque si aqulla qued interrumpida y sin respuesta, ahora todo pareca indicar que tendra respuesta a una pregunta no formulada. Como la primera vez que traspas las puertas del monasterio, me encontraba, de nuevo, en la misma sala en la que el abad nos recibi a mi padre y a m. Todo estaba igual, nada haba cambiado, ni siquiera la postura y el lugar que ahora ocupaban los clrigos, la misma de entonces. Pero, no todo era exactamente igual: faltaba mi padre. Astudillo, hijo reclam mi atencin fray Ramiro -: el padre abad tiene que decirte algo.

Con los ojos abiertos como platos, no slo porque as lo requera lo que el abad me tena que decir, sino porque era tal la oscuridad de la estancia que con la sola luz del veln, al venir del exterior, qued deslumbrado y no vea nada. Ests a gusto en el monasterio, Astudillo? me sorprendi el abad. S, paternidad, claro que estoy muy a gusto respond, temiendo que ya hubiera llegado el trmino de mi estancia -. Y t, abad? Ests conforme conmigo? me atrev a formular, en un intento de demorar lo que pareca inevitable. S, hijo, s que estoy contento contigo, lo mismo que todos los hermanos. Como bien sabes, tu estancia entre nosotros es una excepcin que ha venido avalada desde muy arriba. De Dios, paternidad? record las palabras de fray Ramiro cuando me hizo ver que yo poda ser un instrumento divino.
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Todo procede de Dios, Astudillo, pero el aval a que me refiero ha venido, como te deca, de muy arriba, pero desde un poco ms abajo que el cielo.

Yo esperaba una buena reprimenda por mi osada, pero, una vez ms, el abad me sorprendi: Pues, si tan a gusto te encuentras entre nosotros, menester ser que prolonguemos tu permanencia en l.

Mi asombro era, a la vez, un consuelo y una incgnita, pero lo primero que me vino a la boca fue un grito de alegra. Gracias, gracias, paternidad!

El abad y fray Ramiro proyectaban sobre m sus miradas bondadosas, pero algo haba en sus semblantes que yo no acababa de comprender. Con mi natural frescura, estimulada por la buena nueva, quise saber: Si de tan arriba viene el aval, debe ser

Fray Ramiro se anticip y no me dej terminar: Del rey! Del rey? pregunt asustado de que mi humilde persona fuera negocio del rey. Sabes, Astudillo, quin nombra al abad? me espet fray Ramiro por respuesta a mi pregunta. No, no lo s. El rey. Ah! exclam sin comprender nada. Y, por lo tanto, puedes imaginar que el abad est obligado a dar cuenta al rey de lo que ocurre en el monasterio, lo entiendes? S. Pues, bien, como habrs deducido, no se poda mantener en secreto tu estancia entre nosotros, as que, cuando el abad march a la corte para dar cuentas al rey, le explic la historia que nos cont tu padre, la felona del mandatario del conde, las consecuencias de su maldad y le explic que t estabas entre nosotros. El rey me escuch muy atento intervino fray Gregorio y me otorg su gracia para que permanecieras en el monasterio por tiempo indefinido y hasta que se aclarara todo el asunto, a la vez que se comprometi a
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parlamentar con el conde y pedirle cuentas de lo sucedido. Adems, Astudillo, debes saber que es obligacin de reyes, por mandato papal, la de dispensar justicia de acuerdo con los obispos, y el obispo de nuestra dicesis es amigo mo y lo tengo por justo y buen hombre de Dios. Cuando el conde supo por el rey lo que haba ocurrido volvi a tomar la palabra fray Ramiro - , le orden que aplicara justicia, pues ningn ser humano, por muy noble que sea su cuna, estar jams por encima de la vida de otro ser humano, no importa lo humilde que ste sea. El conde someti a juicio a su mandatario dijo fray Gregorio - y al no presentarse ningn testigo que volcara cargos contra l, por temor a las represalias, el conde, que debe obediencia y lealtad al rey, a pesar de que su servidor negara los hechos, le aplic la pena de destierro temporal. Pero, antes de marchar fuera del territorio, el malvado se quiso asegurar de que nunca tendra testigos que lo acusaran, pensando que, as, cuando cumpliera la pena impuesta y regresara, el conde le volvera a dar su confianza, y dio muerte a los dos guardias que lo acompaaron y se dedic a buscar a tus padres y hermano, las nicas personas que podran testificar en su contra.

Yo atenda con los ojos y los odos bien abiertos, alternando la mirada, ya a fray Ramiro, ya a fray Gregorio. Escuchaba, pensaba y en el fondo de mi alma algo me deca que an no haban terminado de hablarme los frailes y un pavoroso temor me invadi y me sacudi todo el cuerpo como si hubiese recibido una pedrada en la frente. Qu le ha pasado a mi familia? me apresur a preguntar temiendo la respuesta. Astudillo, hijo mo me dijo el abad, levantndose de su asiento y dirigindose hacia m para abrazarme con ternura -: tu familia tuvo la desgracia de ser sorprendida por el truhn y han muerto todos.

Al or aquellas palabras, el temblor de mi cuerpo aument, la sangre pareca hervir en mi interior y cre volverme loco cuando en mi cabeza empec a sentir unas fuertes sacudidas, como si en ella se golpeara un tambor. Entonces, dej de ver, de escuchar. Sent cmo la sangre se me suba a la cabeza y deb caer al suelo sin sentido porque, cuando despert, estaba en mi celda y fray Ramiro me aplicaba un pao con agua fra sobre mi rostro. Recuperada la nocin, le di un manotazo al buen fraile y el pao sali volando. Me incorpor en el jergn y me encar con l: Si antes me decas que deba perdonar a ese canalla hasta setenta veces siete, ahora que ha matado a toda mi familia, cuntas veces he de perdonarlo? No sera ms justo que yo fuera en su busca y vengara a los mos?
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Astudillo, hijo mo, an no hemos terminado de contarte todo. An hay ms? S, Astudillo, an hay ms, porque, al saber el conde quin mat a sus guardias, mand ir en busca del feln y lo detuvieron cuando, por desgracia, ya haba estado antes en tu casa. Est siendo interrogado por su seor, pero el rey ha pedido que lo lleven a su presencia porque ha atentado contra la familia de un protegido del abad, que es lo mismo que decir del rey. Y, qu? El rey ser el juez y aplicar la justicia con todo su peso, te lo aseguro. Y, crees que eso me compensa? Qu pretendes, pues? Ser yo su verdugo! Eso es venganza, Astudillo y Y qu es lo que l ha hecho con mi familia por ser vctimas y testigos de su crueldad? Deja la justicia de los hombres a los hombres que, por encima de ellos, est la de Dios. Palabras, slo palabras, fray Ramiro! Intentas tranquilizarme y

La rabia, la clera, el odio y todos los malos sentimientos que merodeaban por mi alma y por mi mente debieron ser ms fuertes que mi cuerpo porque, segn me explic horas ms tarde fray Ramiro, ca otra vez desmayado. Pasaron varios das y yo estaba muy dbil. Cada pensamiento vengativo que me vena a la mente, me haca caer en un estado que fray Ramiro llam alfereca y me debilitaba ms an. Por orden del abad, me qued en mi celda y me dispensaron de hacer vida ordinaria hasta reponerme. Los primeros das, fray Toms, el que haca de cocinero en aquellas fechas, me traa la comida y se quedaba conmigo hacindome compaa y asegurndose de que me lo coma todo. Como los dems hermanos, era bondadoso y tena una mirada limpia. Mientras yo coma, l me lea pasajes del evangelio, como si yo estuviera en el refectorio. Tena una voz muy dulce y debo confesar que, a propsito, cada da yo tardaba ms en comer para que a l le diera ms tiempo el leerme.

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Tambin me explicaba lo que no saba, o no comprenda. Aprend mucho con fray Toms mientras estuve doliente. Las infusiones que me daba con hierbas que l mismo recoga del campo, eran muy agradables al paladar, y algo de santidad deban tener porque me aliviaban el cuerpo y el alma y, poco a poco, fueron disminuyendo los arrebatos vengativos. Cuando me hube repuesto del todo y me incorpor a la vida normal del monasterio, en cuanto pude quedarme a solas con fray Ramiro, le pregunt: Y, quin me garantiza que habr justicia? El rey! El rey se va a preocupar de m, este humilde servidor? Te lo garantizo yo, Astudillo. Y, quin eres t, buen fraile, para garantizar la justicia de los hombres? Porque soy Ramiro, hermano de nuestro monarca Alfonso I, el que todos llaman El Batallador por su mpetu guerrero y por la cantidad de batallas que present y gan al enemigo.

Me qued atnito y no supe si fray Ramiro bromeaba conmigo para aliviar mi agitacin o deca verdad. l vio la duda en mi semblante. Soy hermano del rey, Astudillo, no lo dudes y creme que se har justicia.

Desconcertado, por la seriedad con la que me hablaba, termin por creer quin era fray Ramiro. Adems record unas palabras inconclusas del abad a propsito de su cuna, lo que termin por convencerme. Perdona mi ignorancia, buen fraile o debo decir mi Seor? No, no es necesario, Astudillo. Aqu soy un simple fraile ms. Pues, perdname, buen fraile, porque no entiendo qu tiene que ver la gracia, el perdn, la voluntad de Dios y tu condicin de fraile y hermano del rey para Te interrumpo, Astudillo, porque he de explicarte por qu estoy aqu para que comprendas todo lo que intento explicarte, pero antes, he de decirte que el perdn que invocamos en el Padrenuestro no debe ser una simple palabrera, sino un sentimiento nacido del corazn. Hablas de perdn y me pides que perdone lo que hizo el mandatario del conde, pero ahora, con lo que le ha hecho a mi familia, es imposible para m. Nunca podr perdonar tanta monstruosidad.
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Te comprendo, Astudillo, pero debes aprender a hacerlo. Y, cmo se aprende a perdonar? Perdonando, Astudillo, perdonando. Lo dices y no lo siento, pero te pregunto: he de perdonar al conde y a su mandatario? A todos. Es la nica manera de que saques todo el odio y el rencor que te corroe, y que comprendo que tengas como ser humano que eres, pero tambin eres hijo de Dios a su semejanza. Semejante a Dios? S, semejante, pero no en cuanto a lo fsico, sino a su espiritualidad, es decir, a su capacidad de amar y de perdonar. Aceptando lo que dices, que no estoy seguro de hacerlo, esta nueva afrenta, tambin debera perdonarla? S. Cuntas veces he de perdonar? Como ya te expliqu en otro momento, Jess fue tajante cuando le hicieron la misma pregunta: No siete, sino hasta setenta veces siete, respondi.

Yo estaba confuso, rabioso, y slo vea cmo poder vengarme. Haca planes y pensaba que, aunque el mandatario estuviera bajo la justicia del rey, tendra familia, hijos, esposa, bienes, y yo debera hacer lo mismo que l hizo con los mos. Fray Ramiro me conoca bien y saba qu riada de intenciones malvolas suban a mi mente. Por eso, me dijo que lo acompaara. Adnde vamos? A la capilla. Ven, te voy a presentar a un viejo amigo al que, seguramente, ves todos los das pero que, con tu rabia, no has reparado en l. Quiero que le hables y, sobre todo, quiero que lo escuches. Qu le hable, qu lo escuche?- balbuc -. Pero, a quin te refieres? A Cristo Jess, Astudillo, a quin creas? Me confundes, buen fraile.

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A Cristo Jess, Astudillo, a Dios, hay que rezarle mucho, y no slo para que te oiga, sino hasta que t lo oigas. Ahora, me confundes ms an.

Fray Ramiro call y su boca dibuj una sonrisa paternal. Por el camino, yo mascullaba las cosas que le dira a Cristo, entre ellas, cmo permiti la matanza de mi familia. Fray Ramiro me observaba y pareca adivinar mis pensamientos porque, antes de entrar en la capilla, me dijo conciliador: Te recuerdo, Astudillo, lo que ya sabes. Qu? Que no vayas a confundir tus deseos con la voluntad de Dios. Nuestra ignorancia nos lleva a mezclar la bondad de Dios con la maldad de los hombres y a l le echamos la culpa de todas las calamidades y desgracias evitables, sin reparar en que son consecuencia de las decisiones del propio ser humano. Dios hizo libre al hombre y ste toma sus propias decisiones y no tiene en cuenta a Dios para ello. Tenlo siempre presente.

Fray Ramiro deca verdad, lo supe ms tarde, pero yo tard muchos das en asimilar sus palabras, y, a pesar de que me sonaron bien, me percutan la cabeza con la misma contundencia que el martillo sobre el yunque. Al fin, llegamos a la capilla y mi cabeza arda. Entramos en el oratorio. El silencio ese da era sobrecogedor, slo tmidamente interrumpido por el crepitar de los pabilos. No haba nadie, slo fray Ramiro y yo. Nos arrodillamos frente al Crucificado, el mismo que preside el altar y al que van dirigidos todos los rezos de los hermanos y feligreses, el mismo de siempre, doloroso, solitario, abandonado, inerme y, sin embargo, ese da me pareci que recobraba vida, tal vez porque el titilante centelleo de las velas que iluminaban su rostro me daba la impresin de que palpitaba, de que sus labios se movan y que sus ojos me miraban. Qued sobrecogido y sent que todo lo que quera reprocharle, desapareci de mi mente en ese instante y una desconocida calma invadi todo mi ser. Sorprendido por la sbita serenidad que anidaba en mi corazn, sent que parte de su sangre derramada tambin era la de los mos. Me pregunt por qu y para qu, pero la respuesta no acudi a mi mente y esperaba que viniera del Cristo que pareca mirarme con inmensa compasin. Su mirada era dulce, serena, y su elocuente silencio era muy expresivo y me llen de paz, un blsamo para mi alma. Entre conmovido y confuso, alguna lgrima asom a mis ojos. Cre que la dureza de mi corazn haba agotado mi capacidad de emocionarme, pero, ese da, al verlo clavado en la cruz, supe que mis ansias de venganza tambin eran causa de su sangre. Escond mi rostro entre las manos y sent una rebelin en mi alma, una lucha entre el desquite y el perdn, una pugna a la que deba dar
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trmino si quera ver qu es lo ms importante. El rostro de Cristo pareca sonrerme, me haba comprendido y su humana divinidad me hizo caer en un ensimismamiento. Necesito saber que me escuchas, Seor musitaba para mis adentros.

De pronto, una mano amiga se pos en mi hombro y unos golpecitos me trajeron de nuevo a la realidad. Veo, Astudillo, que has encontrado a ese viejo amigo. S, creo que s Pues, te voy a aconsejar que le hagas un regalo. Un regalo? S, Astudillo. Qu clase de regalo? Escchame, Astudillo: ves a Jess con los brazos extendidos clavado en la cruz, esos brazos que, si no fuera por los clavos que los retienen en el crucero, te abrazaran con la ternura y el amor que su rostro te inspira, pero l es paciente y espera que lo desclavemos con nuestros actos. S, lo veo, pero no entiendo lo del regalo, buen fraile. No he terminado, Astudillo: deja tus plegarias y tus peticiones en uno de los extremos del crucero, y tus pecados, en el otro. Eso es lo que l espera de ti y de todos nosotros. Mis pecados son muchos, buen fraile, y no s si aguantar la cruz sin quebrarse. No te preocupes por ello, Astudillo, que si la madera llegara a rajarse por el peso de tus pecados, el brazo extendido de Jess los soportara sin esfuerzo y con mucha complacencia. se es el regalo? S, se es, qu te parece? Demasiado poco! Pues, para l, es suficiente y nos lo pide con insistencia. As, poco a poco, las peticiones que le hagas a favor de quienes tengas en tu pensamiento, irn equilibrando el peso de tus pecados, y, cada da que visites a este
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viejo amigo, djale un regalo, el que sea: t te sentirs ms aliviado y l ms contento. Procurar hacerlo, buen fraile respond sosegado y convencido. Pronto descubrirs que ese viejo amigo es ms que un amigo y te sentirs orgulloso de su amistad.

Hice lo que promet y cada da que visitaba al Cristo, comprobaba que el extremo de la cruz donde dejaba mis pecados, por muchos que fueran, no llegaba nunca a debilitarse, como tampoco lo haca el de las peticiones. Arrodillado ante el Cristo, admirado de su infinita ternura, de su paciente amor y del placentero coloquio que se estableca entre nosotros en modo silente, poco a poco hizo que naciera en m la duda, una duda que fue creciendo y que no era otra cosa que si yo corresponda en alguna medida a su afecto, que si yo lograba amarlo como l me amaba a m, y comprend que verlo clavado me haca sufrir y que su dolor tena que hacerlo mo para entender por qu quiso morir de esa manera por m y por todos y cada uno de nosotros. En un brazo del crucero te dejo mis pecados, mis dudas, mis sufrimientos, y te los ofrezco. En el otro, mis peticiones. A tus pies, la esperanza le deca siempre al despedirme.

Mis preguntas, mis dudas, tambin se las contaba a fray Ramiro y l siempre encontraba una palabra de consuelo para que fuera con ms esperanza a hablar con Cristo, porque eso era lo que hacamos: hablar con el corazn. Ahora que s que me escuchas, Seor, necesito orte con claridad musitaba en mi interior, reflexivo , porque me siento muy solo y no tengo a nadie ms en la vida a quien me pueda dirigir que a ti, y al bueno de fray Ramiro, claro.

Un da que mi turbacin era motivo de detenida reflexin y que me encontraba arrodillado ante el Cristo sumido en mi recogimiento, de pronto, me sobresalt un inesperado cntico a mis espaldas. En el ms estricto silencio, los hermanos se haban ido colocando detrs de m y, al unsono, empezaron a cantar. De sus voces siempre silenciosas en el convento, sali una meloda agradable que inund el recinto y que recorri las paredes y pilares del templo para enriquecerse con los ecos que su reverberacin provocaba en su trayecto aumentando en intensidad, muy grata al odo y que traspasaba el alma sin herir. Eran cnticos como los que o en la capilla al da siguiente de mi llegada al convento, pero esta vez me sonaban ms hermosos y me emocionaron. Cuando terminaron los cnticos y se retiraron los hermanos, fray Ramiro se qued a solas conmigo y, viendo la emocin en mi rostro, me record que lo que acababa de or era canto gregoriano, una explicacin que ya me haba dado y que me ensimismaba por la belleza del coral.
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Desde ese da, no perd nunca ms ninguna de las melodas corales y pude comprobar que el recogimiento en el templo, la visin del Cristo y las voces del coro, hacan que la vida me fuera grata, que mis ideas de venganza se fueran mitigando y que mi gratitud fuera en aumento. Viendo el cambio que se haba obrado en m, un da fray Ramiro me hizo una propuesta que me llen de alegra: Astudillo, hijo: tengo que decirte algo.

Su voz era tierna, paternal, augurio de que algo grato me iba a comunicar. Dime, buen fraile. El abad y yo hemos estado hablando y hemos llegado a la conclusin de que nos seras de gran utilidad si ocuparas un puesto en la biblioteca. Qu se hace all? Veras, Astudillo: en la biblioteca, algunos hermanos se dedican a copiar libros y a cuidarlos de una manera muy especial para que la humedad, el fro o el calor no los estropeen. Mucho me gustara, buen fraile, pero yo no s leer ni escribir. De eso, no tienes que preocuparte, porque yo te ensear y lo nico que debes hacer t es dedicarte a aprender, qu te parece? Un regalo!

Fray Ramiro se ech a rer con ganas. La palabra regalo nos traa una evocacin muy entraable. Saber, te instruir y te ayudar a conocer, a comprender y a ser mejor persona. Entonces, qu har en la biblioteca? El primer trabajo que se te encomendar, a la vez que te instruyo, ser el de ocuparte que las lminas de pergamino y de vitela estn bien secas para poder escribir sobre ellas, de colgarlas una vez escritas para que las tintas sequen, de preparar los pigmentos para las tintas, algunas, de color, de afilar las plumas, de traer y llevar legajos de los anaqueles a los pupitres, de que haya buena luz y ventilacin en el recinto, de limpiar y eliminar el polvo Sers el ayudante de fray Onofre, el amanuense a cuyo cuidado est la grafa, y l te proveer de conocimientos relacionados con la escritura. ------------------38

CAPTULO III

Haca ya tiempo que fray Ramiro no tena necesidad de entrar en mi celda para despabilarme. Yo ya haba adquirido la costumbre de despertar antes de que el sol lamiera las cumbres cercanas para procurarme unos minutos de remoloneo, una de las cosas ms placenteras que conozco y que me puedo permitir antes de levantarme y unirme a la fila de hermanos camino del primer rezo en la capilla. Aquel da, despus del rezo y de la menguada colacin matinal, un tazn con leche bien caliente con un buen pedazo de la rica hogaza de fray Martn para migar y una de las prodigiosas manzanas, fray Ramiro me sorprendi al liberarme de una de las tareas que tena asignada en el viedo, antes de ocuparme en la biblioteca, para mostrarme el monasterio. Si alguna palabra que te diga no la comprendes, me lo dices y te explico su significado me advirti -, pero quiero que conozcas las cosas por su nombre, entendido, Astudillo? No quisiera interrumpirte, buen fraile, as que las guardar en mi memoria y te las preguntar ms tarde. No, Astudillo, no: lo que no entiendas, en el acto me lo debes decir, pues si aadimos conceptos desconocidos y no bien comprendidos a otros que tampoco entiendes, al final, todo ser un costal de enigmas. De acuerdo, te lo prometo. Bien, Astudillo. Este monasterio, llamado de San Pedro el Viejo, dependiente del de Saint Pons de Thomires, del que ya te hablar otro da, es muy antiguo, de ah su apelativo de Viejo, y no siempre fue monasterio, que antes fue templo romano, posteriormente visigodo, y, desde el ao 719 y durante la poca en que nuestras tierras tenan por dueos a los almorvides, gente venida de frica y de religin islmica que se destacaron por su gran intransigencia religiosa entre los propios musulmanes, fue iglesia mozrabe y la nica de la ciudad que conserv su carcter cristiano y lugar sagrado en donde rezaban los mozrabes

Fray Ramiro me mir y comprendi que no entenda esa palabra. Eran los cristianos que, an bajo el dominio musulmn, mantuvieron su religin y costumbres con plena libertad, entendido? Gracias, buen fraile.

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La iglesia, por tanto, era mozrabe y tena su cementerio extendido alrededor de ella, como hoy lo est. Es una costumbre que no se ha perdido por el paso del tiempo. Cuando Pedro I, mi hermano de padre, conquista Huesca en 1096, tras la batalla del Alcoraz, al entrar triunfalmente en la ciudad, dio gracias a Dios en este templo por la victoria alcanzada y, despus, don la iglesia al monasterio francs de Saint Pons de Thomires, nombre que ya has odo, en pago por la ayuda que haba recibido de los ultra pirenaicos para vencer a los musulmanes, gesto al que aadi sus dos matrimonios con mujeres extranjeras, convenidos, para estrechar lazos y merecer esa ayuda y la que pudiera necesitar, pero esa es otra historia de la que te hablar ms tarde. El hecho es que, desde entonces, la iglesia pas a manos de monjes benedictinos.

Me sigues, Astudillo? S, fray Ramiro, con toda mi atencin. Pues, contino. En el ao 1116 y al comprobar que la ciudad creca y la iglesia se encontraba cada vez ms apretujada por el casero junto a sus muros, se decidi convertirla en monasterio y se iniciaron las obras para el alojamiento de los monjes y la construccin del claustro. Los monjes benedictinos gozaron bien pronto de gran popularidad en Huesca, puesto que era el primer monasterio que se fundaba en la ciudad, y a las donaciones de reyes, ms que generosas, se unieron las de los nobles y burgueses, tanto o ms esplndidas que aqullas, con cuyos donativos pretendan ser enterrados dentro del templo y lo ms cerca del altar, para asegurarse, as, un lugar prximo a Dios cuando resucitaran, y era tal la ofrenda de donaciones que el obispo hubo de poner lmite a los derechos monacales. Ya ves, Astudillo: el oro, siempre el oro, gran seor que todo lo puede. Los frailes que fallecan, deban dejar su sepultura al primer noble que mora y hubiera pagado su derecho a ser enterrado en este recinto. Lo que sucedi fue que, por una parte, la iglesia quedaba encajonada entre las casas y, por otra, el enriquecimiento de las arcas monacales no dejaba de crecer, todo lo cual hizo que los monjes benedictinos derribaran la iglesia mozrabe en el ao 1117, es decir, un ao despus del inicio de las primeras obras, para edificar un nuevo templo y claustro. Como ya te he dicho, Astudillo, el primitivo claustro sufri alteraciones al edificarse la nueva iglesia y, entonces, se construyeron estas hermosas arqueras que hoy vemos, con esos labrados capiteles historiados de los
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que ya te he hablado. Observars que, adems de los episodios de los que te coment, tambin figura la expulsin de Adn y Eva, la visita de los Magos a Jess, la huida a Egipto, as como otros motivos y pasajes bblicos, escenas religiosas, leyendas llegadas de Oriente, relatos mitolgicos del viejo mundo pagano con sus vicios y pecados, guerreros y monjes, reyes y obispos, msicos y juglares Es como si los maestros canteros quisieran dejar para la eternidad un cuadro que representara la sociedad de este siglo XII. No podra haber reparado en todo ello si t no me lo explicas, fray Ramiro. Lo s, Astudillo, lo s. Ahora vayamos hacia la iglesia que, con las nuevas y modernas formas de construccin de templos, est edificada siguiendo el estilo romnico europeo, que procede del otro lado de Los Pirineos y que han difundido los maestros alarifes por la ruta del Camino de Santiago, del que habrs odo hablar. Las piedras que se han utilizado para las obras se llaman sillares. Sillares, fray Ramiro? Se llaman as a los bloques de piedra que han sido labrados para darles una forma regular, para que encajen bien unos con otros, como todos estos que te muestro. Evitan las filtraciones de agua y protegen del fro, lo mismo que del calor.

Fray Ramiro me hizo observar los sillares y comprend su significado. Luego, continu. Comprueba que el claustro se comunica con la iglesia a travs de una portada de arco de medio punto fray Ramiro me describi con el dedo el significado de la palabra, dibujando en el aire la portada - , donde hay un tmpano tambin me lo seal con la Adoracin de los Reyes en la parte baja y un crismn con ngeles en la parte alta. Crismn, fray Ramiro? Te explicar, Astudillo. La palabra crismn se configur a partir de las tres primeras letras del nombre en griego de Cristo y su significado simboliza la perfeccin, en este caso, la perfeccin de Dios. Griego, fray Ramiro? Es un idioma muy antiguo en el que se expresan los habitantes de un pas muy lejano, cerca de las tierras por donde vivi Jess, y que el propio Cristo utilizaba. Estas letras, como ves, son extraas por desconocidas para los que no son clrigos fray Ramiro me las seal y son una X, una P y una J sigui
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con su dedo cada letra aunque su pronunciacin es diferente, pero ya tendrs tiempo de saber eso. Lo que est escrito sera la palabra CRI en nuestra lengua, y XPJ en griego, expresin a la que se suele aadir otras dos letras griegas ms, alfa y omega, que representan el principio y el fin de todas las cosas. Te ha quedado claro, Astudillo? S, fray Ramiro, pero no deja de ser complicado que las mismas letras se escriban de un modo y se pronuncien de otro. No es exactamente as, pero es algo similar a lo que dices. Tendrs ocasin de aprender para comprender. Ahora, pasemos al interior y arrodillmonos en seal de respeto. No olvides que estamos en lugar sagrado.

Con su ejemplo, no slo me instrua, sino que aprend que un simple gesto, como el de hincar la rodilla en el suelo y santiguarme, encerraba el smbolo de lo que, ms tarde, sera lo ms importante en mi vida. Fray Ramiro se percataba de mi predisposicin a aprender y aprovechaba la ocasin, porque yo tambin notaba que a l le gustaba explicar. Me nutra de sus sabias explicaciones. Observa, Astudillo, que hay tres naves paralelas, mayor y ms alta la del centro, y las dos laterales, ms pequeas e iguales en dimensiones. Todas las naves terminan en bsides semicirculares cubiertas con bvedas de can fray Ramiro, como hiciera en todas sus explicaciones, me indicaba con el dedo el lugar y su significado -, y fjate que el conjunto es todo ello muy sobrio y austero, como corresponde a un lugar de oracin. Te hago notar que el bside de la derecha fray Ramiro volvi a utilizar su dedo didctico para sealarme el lugar est dedicado a Santa Mara y la imagen de la Virgen descansa sobre un pedestal. El de la izquierda, a San Ponce, santo al que le tengo mucha devocin. Por ltimo, en el bside central, el Cristo que has descubierto hace poco y que tanta y tan grata impresin te causa. Aqu, en el centro de la iglesia, donde nos encontramos ahora, est lo que llamamos el coro, que ya conoces y en donde todos los das oramos. En los festivos y pocas de gran significado religioso, como Navidad y Pascua, nuestros cnticos son plegarias nacidas de un sentimiento que sale de nuestros corazones y que se dirige directamente al cielo, porque estamos reviviendo en nuestro interior y de una manera mstica, el nacimiento y la pasin de nuestro Seor. Al final de esta nave central, detrs del coro y frente al altar mayor, est la entrada principal, y la puerta lateral que vemos en la nave de la izquierda,

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es la que da al cementerio. Pero todo esto ya lo sabes. Salgamos de nuevo al claustro: he dejado para el final mostrarte una estancia muy importante. Salimos de la iglesia por la puerta opuesta a la que da al cementerio y nos vimos en medio de una de las cuatro hermosas galeras. Fray Ramiro apoy su mano derecha sobre mi hombro y, con paso lento pero solemne, me llev haca la estancia prometida.
-

Lo primero que quiero que observes, Astudillo, me dijo fray Ramiro al llegar a la puerta de la pieza - es que esta sala est situada en el ala este del monasterio, hacia donde se levanta el sol, una orientacin similar a la de los templos de oracin de los musulmanes, las mezquitas, que edifican en la misma direccin el lugar santo para ellos, llamado mihrab, una especie de hornacina que alberga Al Coran, su libro sagrado, que recoge la palabra de Allah, Dios en rabe, revelada a Mahoma por medio de San Gabriel, y donde se sita el imn, sacerdote islmico que dirige el rezo. El mihrab mira hacia La Meca, ciudad en la que naci Mahoma y considerada santa por los mahometanos, y est construido en el muro llamado quibla. Me hablas de la religin de los moros, fray Ramiro? S, Astudillo, y te lo he recordado para que veas la gran similitud que hay entre las dos creencias, pues Dios para nosotros, o Al para ellos, es el mismo Dios de todos los seres humanos, y a todos nos debera hermanar. Pero, si son nuestros enemigos, cmo puedes hablar de hermanar? Lo digo como clrigo y como cristiano, pero he de aadir enseguida que, como sbdito, siento que son lo que t dices, y eso me crea una gran confusin. Pienso que lo ms conveniente sera que todos vivisemos en paz, como ocurre en otros reinos, pero el fanatismo es lo que impide la convivencia pacfica. Pero, si tuvieras que enfrentarte a uno de ellos, qu haras, buen fraile? Si tuviera que enfrentarme a uno de ellos, como dices, y mi vida corriera peligro, tendra que defenderla, como es mi obligacin, y en ese instante mi conciencia y mi deber entraran en conflicto y Mataras, entonces, fray Ramiro? Al parecer, Astudillo, pretendes tenderme una trampa y que con mi respuesta te justifique aquellas ansias de venganza que tenas, pero te responder como lo siento. Matar en defensa propia, que no es ni era tu caso, se justifica tanto por parte del rey, que imparte justicia en este mundo, como por parte de la Iglesia, que nos recuerda que la vida hay que preservarla como un bien de Dios que nos ha sido otorgado.
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No me respondes, fray Ramiro. S, te he respondido, pero parece que t no quieres escucharme, Astudillo. Te he hecho una pregunta que slo tiene una respuesta. Cuando est en juego la vida, la respuesta no es tan simple, pero, para contentarte, te digo que s, que lo hara, pero slo en defensa propia. Y te dir algo ms que, posiblemente, te sorprenda: la Iglesia no desaprueba la muerte del criminal confeso y ejecutado porque, si quedara libre, hara mucho ms dao matando a personas inocentes.

No esperaba semejante conclusin, pero estaba razonada y me convenci. Fray Ramiro me mir con ojos paternales y, en su mirada limpia, pude apreciar el conflicto que yo haba creado en su nimo. De nuevo, pos sus manos sobre mis hombros y, con voz amable, me propuso:
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Pero dejemos este asunto que no est en nuestras manos resolverlo, y vayamos a lo que quiero mostrarte.

Cada vez me sorprenda ms fray Ramiro por su forma de razonar y por la sencillez con la que me explicaba todo.
-

Pasemos adentro. Es la Sala Capitular, una estancia severa, austera, en la que an quedan restos del antiguo oratorio visigodo. Como ya has tenido ocasin de ver, en este lugar nos reunimos toda la comunidad con el abad para hacer captulo, es decir, para recordar las escrituras de las normas de nuestra regla y conversar sobre asuntos concernientes al monasterio y sus moradores. Las reuniones las tenemos por la maana, despus de misa y, al contrario que en la mesa del refectorio, aqu los monjes nos sentamos a lo largo de los muros segn la antigedad en el cenobio. El abad, que preside la asamblea, se sienta all, enfrente y en el centro de todos. S, fray Ramiro, claro que os he visto cmo os reuns y debo decirte que, como no puedo asistir, me quedo a un lado de la puerta para escuchar, pero no entiendo nada de lo que tratis. Es natural que no entiendas, Astudillo. Pero lo que s me sorprende es que, antes de terminar, hacis un acto de confesin en voz alta, reconociendo faltas cometidas. As es, Astudillo, es lo que se llama una confesin pblica. S, pero tambin me ha parecido escuchar cmo algn monje denuncia la actitud de otro compaero, y eso no me parece bien.

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Cuando se da ese caso, Astudillo, el monje que denuncia omite el nombre del denunciado, que ya tiene bastante con que su actitud no haya pasado inadvertida para uno o varios de la comunidad. El abad imparte la penitencia a seguir, siempre en el ms absoluto anonimato. Esto nos ayuda a ser mejores. Prosigamos, Astudillo. La Sala Capitular es la primera estancia que se construy en el claustro del monasterio, de ah que tenga restos antiguos que han sido aprovechados, y se empez a edificar al poco de haber levantado la iglesia. Esta sala ejerce sobre m una atraccin muy especial que no s de dnde me viene, seguramente de ms arriba, y en ella me paso horas rezando y meditando cuando no hay captulo, y te confesar una cosa, Astudillo.

Dime, buen fraile. Me gustara ser enterrado en ella. Es lo ms cercano al cielo, si lo merezco

No haba aprensin en sus palabras al citar la muerte, sino alegra. La muerte, Astudillo, forma parte de la vida y, para los que creemos en la resurreccin, es un acto que, lejos de temer, debemos aceptar en paz y con alegra, porque, al otro lado, nos espera Dios. Me temo que nunca llegar a comprender lo que me dices, porque las muertes de las que tengo constancia, las de mi familia, han sido crueles, sanguinarias, y no creo que ninguno de ellos hubiera aceptado en paz ese tipo de muerte. Claro, Astudillo, claro que tienes razn. La muerte, por muy anunciada que la tenemos desde que nacemos, siempre nos sorprende cuando se presenta, pero morir de la forma que me dices, es muy duro, lo s. Entonces, no s a qu viene eso de morir en paz. Lo digo, Astudillo, porque si Cristo no hubiera resucitado y todo fuera una enorme patraa, para qu ser cristiano? No te entiendo y cada vez me confundes ms. No crees, Astudillo, que, en el momento de la muerte, sea pacfica o cruenta, Dios no nos da unos hlitos de vida para ponernos en paz con l? Qu sabes t de eso, si nadie que haya muerto ha venido a contarlo? Porque creo firmemente en la otra vida y s positivamente, aunque no pueda demostrarlo, que Dios me ayudar a pasar el trance de sta a la otra, pero no slo a m, sino a todos sus hijos!
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Fray Ramiro se haba puesto serio y, sin embargo, irradiaba emocin cuando expona sus convicciones. Guard silencio y se puso a contemplar en redondo la Sala Capitular y vi en su mirada un brillo especial. As permaneci un buen rato, en la misma actitud contemplativa, hasta que se volvi hacia m y, sin dejar el tema de la muerte, pero evitando nombrarla, me dijo: Contemplando la austera belleza de esta sala, la de todo el monasterio y considerando que, como te he dicho, la iglesia fue un oratorio romano, acabo de llegar a la conclusin de que vivimos en la eternidad.

Me qued estupefacto. Yo asociaba la palabra eternidad a Dios, y el hecho de vivir en ese mismo espacio, me sobrecogi. Fray Ramiro lo not, porque l mismo haba provocado mi asombro. Imagina por un momento, Astudillo, el tiempo que vive una persona. Por muy longeva que sea, no alcanzar ms all de los 50 60 aos, pongo como ejemplo. Pues bien, qu son esos 50 60 aos en el espacio de tiempo que va desde la creacin del mundo hasta su final, es decir, en la eternidad? No lo s, fray Ramiro. A poco que caviles, te dars cuenta que 50 60 aos son slo un instante dentro de la eternidad, lo entiendes? S. Pues si lo entiendes, llegars a la conclusin de que, sea cual fuere el tiempo que vivamos en la tierra, siempre viviremos en la eternidad, lo comprendes? S, y es muy hermoso lo que me has explicado.

Fray Ramiro me explicaba con emocin y yo notaba en su rostro la complacencia del disfrute de la belleza que encerraban los muros del monasterio y que l descubra con su mirada escrutadora, y le faltaba tiempo para compartirla conmigo, lo mismo que las sabias reflexiones que me diriga, a m, un jovenzuelo ignorante que todo lo desconoca y que slo haba vivido sus primeros 15 aos entre animales, las labores del campo, abonando la tierra, vigilando que zorros y lobos no se metieran en el corral e hicieran una matanza, acarreando haces de lea, reparando los daos que la lluvia y el viento ocasionaban en la casa Pareci darse cuenta de mi agradecimiento interior por su generosa dedicacin. Me puso sus manos sobre mis hombros, su forma amable de dirigirse a m cuando quera transmitirme confianza, y me dijo:
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S quin eres, Astudillo, y s que eres un joven inteligente, laborioso, espabilado, dispuesto a aprender, y todas esas cualidades, que ya vislumbr cuando entraste al monasterio, son las que me animan a hacer de ti un hombre instruido y preparado para afrontar la vida fuera de estos muros, porque algn da te irs de aqu, te casars y tendrs una familia, ya que madera de clrigo, no tienes.

Sus palabras me sorprendieron por ciertas. Sin duda, fray Ramiro me conoca muy bien o tena una gran experiencia en el trato con las personas, pues, no en vano, contaba 46 aos de edad y siempre adivinaba mis pensamientos. Es mi gran duda, fray Ramiro, pues, aunque aqu me encuentro muy a gusto y a salvo, no es menos cierto que, sin tener madera de monje, poco puedo prosperar en el monasterio si mis miras estn en formar una familia, porque aoro mucho la que tena. Astudillo, hijo, no te apures ni tengas prisa. Mi propsito es que seas un hombre instruido porque slo as podrs prosperar en la vida, valerte por ti mismo o ponerte al servicio de algn noble que aprecie tus mritos y los valore. Lo mismo que digo al servicio de un noble, digo de un prncipe o de un rey, quin sabe? La vida da muchas vueltas, Astudillo.

Haba algo de enigmtico en sus ltimas palabras, pronunciadas en un tono poco habitual en fray Ramiro, pero no pude averiguar ms. Sin embargo, me vino a la mente algo que me inquiet, y se lo dije: Pero, tambin he pensado que, tal vez, yo no valga para crear una familia, aunque aore a la ma, porque, al estar solo y no tener a nadie en la vida, quiz lo que busque sea la seguridad que da el hogar, la esposa, los hijos, lo propio Qu intentas decirme, Astudillo? Pues, que si yo pusiera empeo y aprendiera todos los conocimientos que se necesitan para ser monje, tal vez t podras ensearme esos secretos y quedarme aqu, con vosotros Astudillo, hijo mo: en primer lugar, no se trata de secretos, sino de saber qu es el ministerio del sacerdocio y, una vez sabido y comprendido, estar dispuesto a asumir esa gran responsabilidad, pero para que todo ello concurra, es necesario tener algo muy esencial y de lo que ya hemos tratado largamente. Qu, fray Ramiro? Vocacin, Astudillo, vocacin religiosa. Y, no se puede aprender la vocacin?
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No, Astudillo, no: o se tiene, o no se tiene, y ten por seguro que esa llamada viene de Dios. Cmo te llam Dios a ti? Yo entr en un convento a la edad de siete aos, menos de la mitad de la que t tienes ahora, y an estoy entre muros sagrados y tengo 46 aos, pero ya te explicar este asunto otro da. Para responder a tu pregunta, debo recordarte lo que ya te expliqu: si yo aprovechara tu estancia en el convento y tu condicin de hurfano sin medios y te persuadiera de que fueras monje, an sabiendo como s que no tienes vocacin, yo mismo estara en clara contradiccin con mis propias convicciones y t seras uno ms de los que tanto censuro y persigue la Iglesia, te das cuenta?

Se haba instalado la razn del fraile en forma de cortante silencio y, para romperlo, cambi por completo de tema. A propsito de familia, fray Ramiro me atrev a recordarle - : me dijiste un da que me ibas a buscar una buena mujer para casarme, te acuerdas, buen fraile? S que lo recuerdo, pero an no ha llegado la hora. Cunto tendr que esperar? No te apresures, que cuando llegue el momento, no har falta que te avise Y, cmo lo sabr? Simplemente, lo sabrs. Pero, cmo, si no conozco moza alguna? Entre los legos que se ocupan de los campos y el huerto, hay muchachas hijas de campesinos, que ya deberas conocer, pero quisiera que te conocieras a varias antes de decidirte, porque el matrimonio es un sacramento para toda la vida y no debes apresurarte. Adems, debes elegir a la muchacha adecuada. Y, cmo sabr que es la adecuada? Ya te lo he dicho: lo sabrs sin darte cuenta. Puedo hacerte una pregunta, buen fraile?

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Astudillo, qu novedad es sa? Desde que llegaste aqu, slo me has hecho preguntas, cmo es que ahora me pides permiso para plantearme una duda? Bueno, es que no s si debo Anda, anda, dime de qu se trata. Podras t ayudarme a encontrar la muchacha adecuada? sa es una decisin tuya, Astudillo. Yo slo puedo aconsejarte, pero la decisin final, siempre ser tuya. Bueno, la verdad es que no s cmo dirigirme a una muchacha, nunca lo he hecho y temo no saber hablar y Acabramos, Astudillo! Ya hablar con maese Tancredo, un buen hombre que se ocupa de esos menesteres y Eso, eso! Habla con maese Tancredo le interrump entusiasmado.

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CAPTULO IV

Monasterio de San Pedro el Viejo, Huesca, ao 1134

Haban transcurrido dos aos de mi llegada al monasterio y tanto entusiasmo y empeo puso fray Ramiro en que yo aprendiera todo lo que un joven instruido debe saber que hasta yo mismo estaba sorprendido de mis progresos, sobre todo en aquello en lo que me era tan desconocido, como la lectura y la escritura, disciplinas que, a medida que mejoraba en su aprendizaje, ms me cautivaban y me diverta, pues todo daba a entender que las letras ya estuvieran en algn lugar de mi cabeza y mi protector estimulara su orden y sentido incitando mi curiosidad por descubrir los secretos que hay en los libros, de manera que, en menos tiempo del que se esperaba, manejaba yo los textos con tal facilidad que, tanto fray Ramiro como el abad y los dems hermanos, iban de la extraeza a la admiracin. Por primera vez en mi vida sent que mi persona tena algn valor y empec a considerarme importante. Fray Onofre fue un maestro amable y paciente, virtudes que deben provenir de algn lugar del cielo y se recrea en adornar a los frailes, porque, cierto es, que en ninguno hall un mal gesto o un ademn de contrariedad por mi torpeza. Tienes la mollera dura, Astudillo me sola decir fray Onofre cuando no entenda algo que me explicaba -, pero no hay piedra por muy recia que sea que no se doblegue a la gota de agua que, una a una, con paciencia y tiempo, termina por horadarla.

Fray Onofre tena mltiples ocupaciones en el recinto que llamaban biblioteca, pues lo mismo copiaba tratados en rabe del sabio cordobs Ibn Roschd sobre medicina, filosofa y teologa, que traduca a nuestra lengua y que deca que se deban conservar por esenciales, que dispona sobre cuatro lneas horizontales unas anotaciones en forma de cuadrado negro que suban y bajaban por ellas a las que acompaaba un texto en latn y que no era otra cosa que las plegarias que cantaban los monjes en el coro, el canto gregoriano del que me hablaba fray Ramiro, que registraba frmulas de probados remedios contra las quiebras de salud y otros males humanos, que inventaba linimentos, pcimas y ungentos contra heridas, picaduras de insectos y vboras, cadas y torceduras Era el amanuense y boticario del monasterio y su recetario magistral estaba siempre a disposicin de quien lo necesitara, no slo de los monjes. A diario, despus de maitines y de la hora prima, fray Onofre se adentraba en el bosque y recoga hierbas y plantas medicinales con las que haca sus remedios,
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maestra que haba llegado a palacio y sus servicios eran requeridos cuando el rey o algn noble cortesano se senta mal o tena que curar heridas despus de alguna refriega, convirtindose en un acreditado asistente para el galeno real. Pero su mayor ocupacin era la de iniciar la copia de algn texto que luego completaban otros dos frailes, fray Celestino y fray Andrs, que se encargaban de ilustrar los pergaminos con imgenes de colores. Cuando fray Onofre iba a empezar a escribir, los otros dos frailes y yo nos quedbamos expectantes, porque trazar la letra inicial del texto, mucho mayor que las que le seguan, constitua una autntica ceremonia para contemplar en silencio y no interrumpir la concentracin del amanuense. Algo de magia haba cuando, abstrado en su quehacer, empuaba la pluma entintada y empezaba a girar la mano en el aire haciendo filigranas, como si la letra convocada a ser prima tuviese alas y la buscara con la punta del clamo para ensartarla y fijarla en el pergamino. Atrapada la letra, rpidamente la plasmaba sobre la piel y, con una habilidad asombrosa, la encerraba en un cuadro, como si fuese una jaula que impidiera su fuga, y tintaba de colores diversos, tanto la letra como el entorno del encierro para que la grafa se sintiera a gusto en su nuevo emplazamiento y no intentara escapar. Una sonrisa de satisfaccin dibujada en su rostro nos daba a entender que fray Onofre haba logrado lo que pretenda. Comprend lo mucho que hay de magia en el arte. Despus, con la lentitud propia del artesano que crea una obra nica, las letras ms pequeas que acompaaban a la inicial, se sucedan primorosamente, como si el clamo las tuviera ordenadas en su interior e hiciera una evacuacin regular y uniforme, lo mismo que hacen las cabritillas por el campo cuando han digerido su ramoneo. Lo que menos me gustaba de mi tarea era ir al taller del sobadero, situado a orillas del ro, a por pergaminos y vitelas. El fuerte olor que despedan los recipientes para el curtido de las pieles, actividad principal de la tenera, era tan penetrante y nauseabundo que me pona enfermo. Felizmente para m, los pergaminos y vitelas no se curten, sino que se lavan muy cuidadosamente, se raspa el velln con una hoja afilada y se eliminan los restos restregando la piel con arcilla. La suavidad final se consigue frotando con pumita, por lo que no quedan restos del mal olor. Pronto dejars de ir al taller de la pellejera intentaba contentarme fray Onofre. Por qu? Pues porque a los monasterios y escuelas de copistas han llegado noticias de que los rabes establecieron en el ao 1036, en Crdoba, un taller para
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fabricar un producto nuevo para escribir, mucho ms flexible y que cuesta menos que los pergaminos y vitelas. Se trata de un material similar y si se extiende su uso, las pellejeras desaparecern. Se llama papel. Nunca o semejante nombre respond -. Y, cmo lo lavan y suavizan? No es necesario, Astudillo. Lo fabrican con lino y camo, y, en Jtiva, donde acaban de instalar los rabes otro taller, lo hacen con algodn. El origen de este nuevo material es China, un pas muy lejano. Y si es de un pas tan lejano, cmo es que se fabrica en Jtiva y, antes, en Crdoba? Parece ser que los rabes haban odo hablar de este material e hicieron una incursin por China con el nimo de aprender la tcnica de su fabricacin, pero result ser un secreto penado con la muerte para quien lo divulgara. Y, cmo se hicieron con l? Tomaron prisioneros a varios chinos que conocan el secreto y se lo hicieron revelar a cambio de sus vidas. De Arabia, pas a frica y de frica a Al-ndalus, a Crdoba como te he dicho, y, de ah y con la expansin de los rabes, a los territorios donde se han instalado y asentado con xito y han llevado su cultura y sus tradiciones. Es un material nuevo y desconocido todava para nosotros, pero han llegado noticias de que en el monasterio burgals de Santo Domingo de Silos lo usan desde hace tiempo, seguramente procedente de Crdoba, donde, como en Toledo, ya lleva en uso varios aos en las escuelas de traductores. Se comprende, pues, que sabios tan prestigiosos de Al-ndalus como los cordobeses Ibn Roschd y Maimnides, hayan dejado sus clebres tratados en papel. No haca falta que fray Onofre me sealara sobre una carta la situacin de las ciudades que nombraba: fray Ramiro ya me haba instruido en geografa. En los momentos en que mi tarea en la biblioteca disminua, con la autorizacin adecuada, sala del monasterio a dar un paseo, sobre todo los das de mercado. Me gustaba ver el ir y venir de los campesinos con sus productos, los ganaderos con sus animales, los alfareros con sus vasijas, los artesanos con los frutos de su imaginacin, los comerciantes con sus vestidos, jubones, albarcas y herramientas de labor, los vidrieros con sus mgicas fragilidades, los matarifes con los animales recin degollados y colgados de ganchos para facilitar su desangre y, al
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lado, los carniceros descuartizndolos, y todos ellos pregonando a gritos la buena calidad y el buen precio de lo que ofrecan, y las mujeres regateando despus de examinar el gnero y comprobar que haba ms palabrera que bondad en lo anunciado. Tambin haba contadores de cuentos, recitadores que narraban historias sealando las figuras aludidas pintadas en una tela, juglares que lanzaban requiebros a las muchachas al son de una msica salida de una extraa caja con manubrio, timadores, ladronzuelos, harapientos Era un mundo muy distinto al que yo viva en el monasterio y, sin embargo, era el mundo que yo conoca mejor porque me era familiar. Al deambular entre la gente examinando los productos expuestos, mi curiosidad me llev al reclamo de una agradable voz femenina que aseguraba que las hembras de las aves que venda eran excelentes ponedoras y, para demostrarlo, presentaba una cesta que contena huevos de buen tamao, mezclados los de gallina con los de pava, oca y pata, y prometa que los machos tenan generosa chicha muy tierna y sabrosa. Me detuve ante ese puesto, confundido entre los compradores, y mis ojos se quedaron prendados en los de la muchacha que pregonaba las bondades de su mercanca. Era alta, espigada, con agraciadas hechuras y hermosa sonrisa. Cubra su cabeza con una cofia que slo dejaba ver la crencha que parta en dos su cabello negro por encima de frente y el remate de la melena recogida sobre su cuello. Protega su vestido de posibles manchas con un mandil. Me qued mirndola sin pestaear y sin poder moverme de mi sitio, y as deb permanecer un buen rato porque, sin darme cuenta, la muchacha se estaba dirigiendo a m y, cuando sal de mi embeleso y volv a la realidad, un desconocido calor me subi a la cara y por ms intentos que hice, mi lengua enmudeci y se negaba a obedecer mis pensamientos. Me sent ridculo y hu, pero sus ojos y su sonrisa se me quedaron grabados en la mente con la misma firmeza con la que fray Onofre esculpa sus letras, que quedaban indelebles en la vitela. Me mezcl entre el gento para ocultar mi grotesco comportamiento, que tan cmico debi parecerle a la gentil vendedora, pero, a cada paso que daba alejndome del lugar, me senta ms necio, por lo que, en un arranque de superacin, gir los talones y decid volver al puesto, dispuesto a entablar una conversacin con la joven. Con el nimo recuperado, aspir profundamente y, con ms seguridad en m mismo, hacia la joven me diriga cuando ocurri algo inesperado. Algn comprador se sinti engaado por un vendedor o, tal vez, alguien sinti que su faltriquera era aliviada sin su permiso por algn descuidero, y se oyeron gritos llamando a los alguaciles. Nada ms verlos, desist de mi empeo y me escabull, confundido entre la gente. Mis piernas corran tanto como mi pensamiento y no me sent seguro hasta traspasar los muros del monasterio.
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Si un alguacil me detuviera y me entregara a la justicia, poco podra yo hacer sin la proteccin que me otorgaba el monasterio y sin la ayuda de fray Ramiro. Ya en la seguridad del monasterio, cuando recapacitaba sobre lo que me haba ocurrido en el mercado, que deseaba contar cuanto antes a fray Ramiro, una oleada de recuerdos estaba remontando las riberas de mi memoria y decid trasladar a lo escrito, cuando tuviera tiempo y dinero para comprar vitelas, todo lo que me aconteciera, incluyendo lo que fray Ramiro me cont sobre su vida y lo que yo considerara merecedor de ser plasmado. De momento, deba confiar todo a mi memoria, prodigiosa segn los hermanos frailes. No encontr el momento adecuado para hablar con fray Ramiro y, hasta que lo hiciera, desist de volver al mercado. Aquel da se origin un inslito y gran revuelo en el monasterio. Los frailes iban y venan por las crujas con paso apresurado para dirigirse a la sala capitular, donde estaban reunidos el abad y fray Ramiro. Al verlos abatidos y apenados, imaginaron que algn acontecimiento indeseado se habra producido y con los dedos entrecruzados, hincaron las rodillas en tierra y elevaron rogativas al cielo. Fray Onofre estaba elaborando un texto muy delicado y de la conmocin creada, las letras se le salieron de su sitio y todo el pergamino vino a mancharse con la tinta corrida. Yo no saba qu hacer, pero mi curiosidad era ms fuerte que mi prudencia y, sin hacer caso de las advertencias de fray Onofre, abandon la biblioteca y me dirig al origen del tumulto. Al verme llegar, los monjes dieron un suspiro de alivio y se santiguaron, viniendo a abrazarme y a dar gracias a Dios. No entend nada hasta que un monje me dijo: Habamos credo que te haban arrestado, Astudillo.

Aquella confesin, lejos de calmarme, me produjo una gran pesadumbre, pues la causa del alboroto no era yo, evidentemente, sino que algo de mayor gravedad haba acontecido. Me atrev a adentrarme en la sala capitular y vi que fray Ramiro estaba de rodillas, orando y lgrimas en los ojos, mientras el abad intentaba consolarlo. Cuando me hice a la oscuridad de la sala, me sobresalt ver junto a fray Ramiro y al abad, a un heraldo del rey y a varios escuderos con el pendn real a media asta y crespn negro. El tiempo transcurri lento y los hermanos se saltaron todas las horas cannicas que haba que saltarse. Al cabo, viendo el abad que toda la comunidad se haba congregado en la sala capitular, les habl: Un enviado real acaba de llegar con malas nuevas procedentes del campo de batalla. Durante el asalto a la ciudad de Fraga, en manos de los
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almorvides, nuestro amado rey Alfonso I, ha muerto tras sufrir una humillante derrota las huestes cristianas. Qu Dios lo tenga en su gloria! Pero, con el permiso de fray Ramiro, hermano del rey fallecido, ruego al caballero Beltrn que nos refiera todo lo sucedido para que todos estemos informados, qu opinas, hermano Ramiro? Estoy conforme, fray Gregorio respondi fray Ramiro con voz queda, entre sollozos. En ese caso, hablad, caballero Beltrn orden fray Gregorio al heraldo.

El caballero Beltrn hizo una reverencia a fray Ramiro, luego al abad, y relat: Como es bien sabido, nuestro querido monarca, El Batallador Alfonso I, a sus 49 aos y corriendo el ao del Seor de 1122, encabez con las huestes cristianas incursiones por Lrida y Fraga, dos importantes centros en poder de los almorvides, con la justa pretensin de vencer y echar a los islamitas, pero le sali al paso Ramn Berenguer III, quien venci a nuestro rey porque el conde estaba en acuerdos y amistad con los sarracenos. Sin embargo, Alfonso, a pesar de las fuerzas que le aventajaban, decidi no levantar el cerco a Fraga hasta que cayera en sus manos, un empeo que llevara aos. Supimos que el conde haba pactado con el rey musulmn de Lrida una tregua recibiendo, a cambio, unas parias anuales de 12.000 dinares(), bajo promesa de que el barcelons no atacara la frontera leridana. El tiempo pasaba y el asedio a Fraga se presentaba duro y difcil. El castillo estaba muy bien fortificado y, segn supimos ms tarde, posee una red de subterrneos por los que huir, facilitar la entrada de tropas de refresco, recibir armas, vveres, suministros, pero eso no lo saba nuestro rey cuando decidi sitiar y asediar por hambre a los agarenos. Salieron correos sarracenos por los pasadizos camino de Valencia y el rey Ibn Gaya envi un ejrcito que nos sorprendi por la retaguardia. Nuestro cronista cont 2.800 caballeros y 200 camellos, a los que se unieron 200 caballeros ms del rey de Lrida y otros 2.000 jinetes de Crdoba. Las huestes de Alfonso ascendan a un total de 12.000 entre caballera, infantes, ballesteros y peones, pero los pertrechos musulmanes eran ms ligeros, modernos y eficaces, con lo cual se estim que, a pesar de la ventaja numrica, nada haca asegurar una victoria. Alfonso comprendi

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1 dinar de la poca 9,00 Euros del ao 2010 (N. del A.)

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que el asedio sera largo y muchos nobles hicieron testamento ante una ms que posible muerte. Las tormentas de primavera ya haban cesado, los caminos estaban transitables y los campos presentaban grandes extensiones de hierba fresca para alimentar a las bestias, tanto las de carga como las de carne. Las cosechas de grano ya haban sido recolectadas y se presuma que haban sido abundantes. Mientras una parte del ejrcito se mantena en el asedio a Fraga, otra, con nuestro rey al frente, haca incursiones por territorios prximos, hostigando a los mahometanos y recuperando algunas plazas, lo que logr levantar la moral de sus tropas. En vista de los xitos obtenidos, Alfonso I decidi iniciar el ataque a Fraga y eligi la llanura de Monreal, entre Fraga y Zaidn, pero nuestro rey se vio amargamente sorprendido ante el espectacular ejrcito almorvide que se desplegaba para presentar batalla y que, sin amedrentarse, avanzaba con lenta seguridad hacia nosotros, dirigidos por un extraordinario estratega, el afamado Ibn Ganya venido de Valencia. Era el 17 de julio del presente ao del Seor de 1134. 10.000 hombres de Alfonso chocaron de frente con 3.000 caballeros sarracenos muy bien armados y mejor situados, provocando un gran desconcierto en las filas cristianas, lo que aprovech Ibn Ganya para flanquear el ejrcito aragons y atacar por la retaguardia, dando inicio a una gran matanza. Viendo que su vida peligraba, nuestro monarca fue rodeado por setenta hombres que le sirvieron de escudo y lo ayudaron a escapar, y cuando se creyeron seguros donde se haban refugiado, Alfonso pudo recapacitar sobre el desastre y record que los musulmanes haban empleado la misma tctica que en la batalla de Zalaca, o Sagrajas, en la que sali duramente derrotado Alfonso VI de Castilla y Len, es decir, elegir un da trrido de verano, al que ellos estn acostumbrados y presentar caballeras que no soportan pesadas armaduras, como las nuestras, y evolucionan con mayor rapidez, atacando de frente como seuelo para sorprender por los flancos y la retaguardia, sembrando el pnico en el campamento cristiano. Pero el rey, en su retirada, fue herido y, desde lo alto de la colina donde se haba refugiado, observaba la tragedia. Ante una segura muerte y dispuesto a todo, se hizo acompaar de los caballeros an vlidos para el combate e intent abrir cerco entre los atacantes, pero era intil. Escoltado por diez caballeros de su squito que lograron sobrevivir, y, tras
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un gran nmero de vicisitudes, consigui llegar a San Juan de la Pea donde su herida se agrav. Sin embargo, tuvo tiempo para ratificar su testamento a favor de las rdenes Militares, muchas de las cuales l haba creado, a las que dejaba sus reinos. Ayer, da 7 de septiembre, nuestro monarca entreg su alma a Dios, a los 61 aos de edad, en la localidad de Poleino, y su cuerpo descansa en la abada de Montearagn por expreso deseo suyo. El caballero Beltrn guard silencio. No tena nada ms que aadir y, de nuevo, volvi a inclinarse ante fray Ramiro y el abad y, con el consentimiento de ambos, abandon el monasterio encaminndose hacia el palacio real, donde se encontraba reunida toda la nobleza aragonesa. En efecto, haba ms que motivos para estar conmocionados, pues no slo el reino quedaba sin cabeza, sino que haba sido entregado a rdenes Militares, todo un reto para la nobleza, los seores, los potentados, los magnates y, por supuesto, para la ciudad y el futuro de Aragn. Cmo se resolveran estos graves problemas? Cuando regres a la biblioteca, fray Onofre no estaba, pero acudi enseguida, tan perplejo como aturdido, pero era hombre de Iglesia y su voto de obediencia le obligaba a hacer lo que ordenara el abad, y le haba ordenado que continuara con su trabajo, como cada uno de los dems monjes, hasta que se acordara la misa de funeral y dems honras pstumas, actos que fray Ramiro y la nobleza resolveran cmo organizar. Fray Onofre, al ver mi semblante demudado, me invit a sentarme junto a l. Permanecimos un buen rato en silencio, cada uno con deseos de hablar sobre lo que habamos vivido, pero las palabras no acudan y se instal una destemplada mudez. La vida ha de seguir su camino, Astudillo dijo al fin fray Onofre.

Sus palabras me animaron a entablar la conversacin que ambos desebamos y que se negaba a nacer, pero, no obstante, me atrev: Quin va a suceder al rey Alfonso? Su hijo?

Roto el incmodo silencio, Fray Onofre fue locuaz y su lengua no conoci freno. No ha dejado heredero legtimo, Astudillo. Estaba casado con Urraca I de Len, pero no tuvieron hijos y el matrimonio, que nunca fue bien acogido
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por los partidarios de una y otra parcialidad, lo quiso sancionar el monarca dejando bien claro en las capitulaciones nupciales que l actuara como rey de Castilla, lo que provoc mayores desavenencias, incluso conyugales. Los castellanos queran que se anulara el matrimonio alegando que ambos cnyuges eran biznietos de Sancho el Mayor y, por lo tanto, haba un problema de consanguinidad. El Papa Pascual II estudi los fundamentos de la peticin y, finalmente, decidi anular el matrimonio, pero Alfonso y Urraca, a pesar de las amonestaciones papales, siguieron cohabitando y fueron excomulgados. Urraca se haba casado en primeras nupcias con Raimundo de Borgoa, de cuya unin naci el que sera Alfonso VII de Castilla, llamado a s mismo El Emperador, quien, ahora, al saber muerto a su padrastro, nuestro recin difunto Alfonso, no tardar mucho en reclamar para s la corona de Aragn alegando que es biznieto del navarro Sancho III, rey de Pamplona. Pero tambin le saldr otro pretendiente al trono que ha dejado caliente nuestro Alfonso: Garca Ramrez, y otro ms, Pedro Taresa, arguyendo que desciende por lnea bastarda de Ramiro I. Tampoco hay que olvidar las apetencias del conde de Barcelona. Vaya lo, fray Onofre! Pues, an hay ms, Astudillo, porque a mis cortas luces de fraile, intuyo que el testamento que ha dejado nuestro monarca no va a contentar a la nobleza. Y, qu va a pasar? Eso es algo que compete exclusivamente a la voluntad de fray Ramiro, y que Dios le asista en su decisin, pero an hay otros graves problemas. Cules, fray Onofre? Uno, quin ser el nuevo monarca, y, sea quien fuere, que lo acepte la nobleza. Y, el otro? Que el nuevo monarca tenga pronto un heredero para que el reino se estabilice y frene las apetencias de los pretendientes. Y, a tu juicio, fray Onofre, quin crees que ser nuestro nuevo rey? Miedo me da decirlo, pero son tan adversas las circunstancias creadas que todo aconseja que sea un heredero legtimo del difunto Alfonso I
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Vacil un instante fray Onofre, como si fuera a violar un secreto. Insist: Pero, quin?

Al fin pronunci el nombre: Nuestro fray Ramiro.

Qued pasmado. No supe qu decir y fray Onofre, en efecto, estaba aterrorizado por lo que acababa de decir. Sin embargo, al cabo, aadi: Es la nica opcin legtima y, con ayuda de Dios, slo fray Ramiro puede resolver los graves problemas creados.

Me mantuve pensativo. Mi mente estaba bloqueada por la cantidad de preguntas que acudan a mi cabeza y que no hallaban respuesta, pero yo no poda permanecer en la ignorancia, una vez que la puertecita para resolver el enigma se haba abierto, y me atrev a preguntar, a saber ms. Adems, fray Onofre estaba especialmente hablador y predispuesto a aclararme todo lo que fuera necesario. Me pregunto, fray Onofre, que si fray Ramiro es la solucin al trono, no hay que olvidar que es monje y que no se puede matrimoniar, por lo que no habr posibilidad de un heredero, y la situacin actual se volver a repetir cuando l fallezca, y qu Dios guarde su vida por muchos aos! En este punto, Astudillo, debo referirte algo que ignoras y que te voy a contar. No traiciono ningn secreto porque lo que te voy a decir es notorio. Me inquietas, fray Onofre. No hay motivo para ello, Astudillo. Dime, pues, fray Onofre. No s si sabrs que fray Ramiro es el cuarto hijo del que fue nuestro monarca Sancho Ramrez, que falleci en el ao 1094, a los 51 aos de edad. No, no lo saba, aunque s me dijo fray Ramiro que era hermano del rey Alfonso I Sancho Ramrez, el padre de fray Ramiro, se cas con Isabel de Urgell y del matrimonio naci el que sera Pedro I, que sube al trono a los 27 aos y muere prematuramente a los 37, diez aos despus que el padre.
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Pedro busc y hall, como su padre, apoyo ultra pirenaico para reducir a los agarenos, y, tambin como su padre, contrajo matrimonio dos veces, pero con mujeres extranjeras, sin duda para estrechar lazos y agradecer la ayuda recibida, y una tercera vez con la castellana Urraca, de la que ya te he hablado. De su primer matrimonio con la francesa Ins de Aquitania, nacieron dos hijos: Isabel y Pedro, para quien el padre lo tena destinado como esposo de Mara, hija de Rodrigo Daz de Vivar. Eran los nietos de Sancho Ramrez y, por tanto, herederos y con derecho al trono, adems de la prole que engendraran llegada la hora de sus casamientos. La segunda esposa de Pedro I fue la piamontesa Berta, pero el casamiento fue infecundo. Por su parte, Sancho Ramrez, se despos en segundas nupcias con Felicia de Roucy, que le dio tres hijos varones: Fernando, Alfonso y Ramiro. Como puedes comprobar, Astudillo, delante del cuarto hijo de Sancho Ramrez, de nuestro fray Ramiro, haba tres sucesores al trono, y lo que viniera por legitimidad conyugal de los hijos de los hijos, ocupando Ramiro el ltimo lugar de la sucesin, por lo que resultaba bastante improbable que pudiera acceder al trono, razn por la cual su padre lo destin a la Iglesia, deseo que se cumpli el 3 de mayo de 1093, con siete aos de edad recin cumplidos, recluyndolo en el monasterio francs de Saint Pons de Thomires, con cuyo abad, Frotardo, tena el rey una estrecha amistad, llegando a ser su consejero. Pero, como se suele decir, el hombre propone y Dios dispone, y el rey Sancho Ramrez tiene la desgracia de ver morir a su segundo hijo, Fernando, y de asistir a la temprana muerte de sus nietos Isabel y Pedro, ambos de naturaleza enfermiza, por lo que los acontecimientos se van a encargar de trastocar las previsiones de Sancho Ramrez. Y, cunto estuvo fray Ramiro en ese monasterio francs? Alfonso y Ramiro se llevaban muy bien, se admiraban, se queran, se respetaban, confiaban mutuamente, se contaban sus problemas y no haba secreto entre ellos y, que se conozca, nunca hubo desavenencias entre los hermanos. Alfonso saba que Ramiro no tena vocacin eclesistica, a pesar de haber ingresado en un convento siendo un nio, de manera que, en cuanto pudo, lo ayud a superar esa carencia. Esto me suena muy cercano, fray Onofre. Fray Ramiro me descubri que yo no tena madera de monje, sus palabras y su verdad me sorprendieron.
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Fray Ramiro, a lo largo de sus muchos aos como clrigo, cuarenta y uno, creo recordar, ha adquirido una profunda experiencia al tratar y conocer a mucha gente de todas las clases sociales y est capacitado para saber qu piensan en su interior de las personas sin que le hablen. S, eso supuse. Pero, sigue contndome. Te interesa? S, y mucho, porque me ests contando la historia de nuestro pasado. Cuando fray Ramiro alcanz los 25 aos cannicamente requeridos, en 1111, y reinando su hermano Alfonso I en Castilla en virtud de su casamiento con Urraca, lo saca de Thomires y lo nombra abad de Sahagn, dando, as, comienzo a una carrera eclesistica vinculada totalmente al conquistador de Zaragoza, quien movi a Ramiro como si se tratara de un pen de ajedrez, enfrentndose continuamente con el pontificado. Las luchas castellano-aragonesas que originaron el fracasado casamiento de Alfonso, obligaron a Ramiro a huir precipitadamente del convento: las tropas de Urraca se estaban acercando a la villa. A los 28 aos, Ramiro es nombrado por su hermano obispo de Burgos, ciudad que tuvo que abandonar dos aos ms tarde merced al triunfo del arzobispo de Toledo, enfrentado con El Batallador y protegido de Urraca. Alfonso lo destin a Pamplona en 1117, cuando Ramiro tena 31 aos de edad, pero tambin fue desplazado por otro candidato pontificio. Como vers, Astudillo, en la trayectoria clerical de nuestro amado fray Ramiro, siempre aparece como un perdedor, y es porque su hermano, el rey Alfonso, lo nombra sin contar con el beneplcito del papado, de manera que Ramiro nunca fue confirmado cannicamente como obispo, como tampoco haba accedido al sacerdocio

Cmo dices, fray Onofre? Qu fray Ramiro nunca fue ordenado? S, eso es lo que te digo, Astudillo, y si te lo cuento con tanto detalle es para que comprendas que el problema del casamiento de Ramiro, si es que, finalmente, es proclamado rey, es una dificultad menor, puesto que bastara una secularizacin que concedera el Papa con agrado, si es que se llega a un acuerdo con Roma sobre el testamento del difunto monarca.

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Cansado por ese peregrinaje siempre fallido, fray Ramiro, a sus cuarenta y cuatro aos, se recluye en 1130 en este monasterio de San Pedro el Viejo, sufragneo del de Saint Pons de Thomires. Asi que, desde hace cuatro aos, tenemos un monje de estirpe real, libre de todo cargo de relevancia, desarrollando una importante tarea cultural y favoreciendo a todo aquel que necesite ayuda.

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CAPTULO V

San Pedro el Viejo y Palacio Real, Huesca, ao 1134

Cuando el heraldo real abandon el monasterio y se acercaba la hora de vsperas, el abad, de acuerdo con fray Ramiro, decidi convocar a todos los hermanos para celebrar, antes de que dieran las completas, una misa funeral, ntima y cantada, por el eterno descanso del alma del monarca. La iglesia estaba en una penumbra tenebrosa, alumbrada slo por dos velones situados a cada extremo del altar. Fray Ramiro y el abad ocuparon sitiales de cabecera y los dems hermanos se situaron en los bancos inmediatamente detrs. El silencio en el templo apenas si se quebr por las etreas pisadas de los frailes al entrar y sentarse. Yo me qued detrs de todos. El oficio fue sencillo, conmovedor, doliente, sentido por todos los hermanos, llegando el momento de mxima intensidad cuando el coro enton el Sanctus, Sanctus seguido de la invocacin a Dios para convertir el pan y el vino en el cuerpo y sangre de Jess. Terminada la misa, Fray Ramiro recibi las condolencias de cada hermano, uno a uno, con un abrazo y un beso. Despus, los monjes se retiraron y l se qued solo, orando en el altar. Quise acercarme a fray Ramiro, pero tem importunarlo y decid esperarlo sentado en el ltimo banco a que terminara sus rezos. Cuando se alz y me vio, vino hacia m. Con la emocin en el rostro y los ojos hmedos, me abraz. Nos fundimos en uno y mi entereza se vino abajo. Llor como si nunca hubiera llorado y mis lgrimas no eran slo por la prdida del hermano de mi protector, sino porque, si se cumpla lo que haba dicho fray Onofre, yo perdera a fray Ramiro y todo lo que para m representaba. Mi mundo, mi pequeo y entraable mundo, tambin haba sido herido por los agarenos y estaba agonizando. Pero en el semblante de fray Ramiro haba algo ms que pena por la prdida de su hermano. Intu que negros e inquietantes nubarrones se haban instalado en su nimo y que en su interior se estaba desarrollando una lucha tremenda entre sus creencias, su vocacin y los problemas que deba afrontar: presenta su porvenir. Sus rezos eran splicas a Dios para que le concediera la claridad de mente y la sabidura necesaria para enfrentarse y resolver lo que se haba encontrado. Aquella noche nadie tuvo ganas de cenar y el caldo que no hubo tiempo de tomar a media maana, supli la cena y fue ms que reparador para nuestros cuerpos destemplados, pero cuando ya estaba formada la fila para irnos cada
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uno a nuestra celda en busca del reposo necesario, sonaron en el portn unos inusitados golpes aplicados con material contundente que nos impresionaron. La fila se detuvo y como era hora tarda, ningn hermano ocupaba el chiscn de la puerta. Imaginando de qu se trataba, fray Ramiro y el abad se apresuraron a abrir la puerta, seguidos a cierta distancia por el resto de la comunidad. Yo, ms que sobresaltado, me refugi entre los ltimos y observaba todo. Abrieron el portn y, en la oscuridad de la noche, se recortaron las siluetas de varios hombres, dos de ellos provistos con hachones para iluminar el camino. Se adelant uno de ellos, que vesta indumentaria real, y se present como un enviado de palacio con su escolta. Pregunt por fray Ramiro. Mi buen fraile dio un paso adelante, se identific y, de inmediato, los recin venidos hincaron la rodilla en tierra e inclinaron la cabeza. El legado real solicit de fray Ramiro su mano para besarla. l se la ofreci, creyendo que era la frmula acostumbrada cuando se saluda a un clrigo, pero la retir dando un respingo cuando oy la salutacin del enviado: Fray Ramiro, mi seor.

Aquella ceremonia era desconocida para m y mir en mi derredor, con la pregunta en mis ojos. Fray Onofre encontr mi mirada y con un elocuente gesto me vino a decir que era lo esperado. Yo no soy seor de nadie, caballero, sino siervo del Seor.

Como si no hubiera odo, el emisario real volvi a repetir: Mi seor Ramiro Snchez

Fray Ramiro protest y el caballero dijo lo que vino a decir: Vengo designado por el Consejo del Reino que est en reunin permanente constituido en regencia desde que se supo la muerte de nuestro amado Alfonso I y traigo un correo para ti, mi seor. Dame el mensaje y deja de llamarme mi seor - dijo con tono severo fray Ramiro. Toma, mi seor y disculpa el tratamiento, pero no puedo omitirlo. Por qu? inquiri molesto mi protector. Cuando leas lo que te traigo, lo entenders, mi seor.

Visiblemente contrariado, fray Ramiro tom el mensaje. He de darte respuesta de inmediato?


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No, mi seor: el Consejo del Reino te espera en palacio maana con la respuesta. No ir a ningn sitio para responder lo que no s qu se me pregunta. Lee, pues, mi seor. Lo har esta noche y di a quien te enva que venga maana despus de la tercia a por mi respuesta. As lo har, mi seor.

Luego de las reverencias formales, el comisionado se march y en la puerta se quedaron pensativos los dos frailes, viendo cmo se alejaba entre la oscuridad de la calle el portador del mensaje. Su silueta iba menguando a cada paso que daba y adquiri un aspecto tenebroso al ser iluminado por el bamboleo de los hachones de la guardia. Cerrado y asegurado el portn, la mirada de fray Ramiro busc refugio en la del abad, tan desconcertado como l, y encontr ternura y comprensin, a la vez que seguridad y firmeza de nimo. La mirada de fray Gregorio era ms expresiva y elocuente que la ms brillante de las palabras. Sin mirarlo, fray Ramiro daba vueltas al rollo de vitela que tena entre sus manos nerviosas. Pronto, sus dedos encontraron la cera del precinto presionando dos cintas que imaginaba con los colores de la ensea del reino. A su lado, fray Gregorio, los dos quietos, absortos, como dos estatuas que hubieran puesto detrs del portn. As permanecieron un tiempo que no se podra precisar hasta que el relente de la noche hizo mella en sus cuerpos y el abad tom del brazo a fray Ramiro y le hizo ver la conveniencia de alejarse del lugar. Ambos se dirigieron a la sala capitular. Fray Gregorio invit a fray Ramiro a que leyera cuanto antes el contenido del rollo. Has quedado en contestar maana, y es tarde, hermano. Cuanto antes lo leas, mejor para ti y para todos y podrs irte a tu celda a descansar y reflexionar sobre lo que sea. Tienes razn, hermano, y me servir de mucha ayuda tenerte a mi lado en estos momentos. Siempre estar a tu lado cuando me necesites. Gracias, hermano Gregorio.

Fray Ramiro rompi el sello, desenroll la misiva y ley para s. El texto era breve pero contundente y no daba lugar a que la indecisin anidara, ni siquiera por un instante, en el nimo del destinatario. Cuando hubo terminado, el semblante de
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fray Ramiro denotaba su honda preocupacin. La mirada de fray Gregorio era todo un interrogante, cuya respuesta le vino enseguida. Toma, hermano Gregorio, lee t y lelo en voz alta para que no me quepa ninguna duda de que lo he ledo bien.

La voz serena y firme del abad rompi el silencio: A nuestro seor Ramiro Snchez, para dar cumplimiento de lo acordado en el Consejo de Regencia en representacin de todos los reinos, con la excepcin de los rebeldes de Monzn y Tudela: La gravedad de los infortunios que se ciernen sobre nuestros territorios, nos autoriza a exigir al nico heredero legtimo al trono que ha dejado vacante nuestro recin desaparecido monarca, que en gloria est, que asuma la responsabilidad que le ocupa como hermano del difunto Alfonso I y nico hijo vivo de Sancho Ramrez y que acepte ser proclamado nuevo rey cuanto antes como Ramiro II. El acostumbrado silencio del monasterio se hizo impenetrable, slido y fro, como los mismos muros del cenobio. El abad y fray Ramiro se abrazaron, el nico calor que se podra percibir en el ambiente. Al fin, Fray Gregorio, casi en un susurro, dijo: San Pedro el Viejo perder un buen monje, fray Ramiro, pero todos ganaremos un buen rey como Ramiro II

El abrazo se deshizo. Fray Ramiro contest: Pero, t sabes, hermano, que yo soy y seguir siendo monje. No te das cuenta de que no es posible cambiar 48 aos de dedicacin a la Iglesia por una corona? Qu clase de rey podr ser yo, si nunca tuve experiencia en el gobierno de las cosas, ajeno siempre a las intrigas palaciegas, a los intereses de los nobles, a la poltica, a la justicia de los hombres, a los halagos, a las vanidades de la vida, a la soberbia, a la corrupcin que va aneja al poder? Qu ser de m, hermano Gregorio? Lo s, hermano Ramiro, pero tambin s que sers un rey justo porque te rodears de gente buena y de confianza, de buenos consejeros y, en caso de duda, siempre podrs recurrir a Dios para que te ilumine y te d entendimiento para obrar con justicia. Pero, ser un rey dbil y harn de m lo que quieran! Yo s que t no eres dbil, como tambin s que tu carcter es fuerte y decidido. La imagen que de ti tienen todos es la del buen fraile, pero no conocen el hombre que viste tu hbito.
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Crees, acaso, hermano Gregorio, que a un monje lo hace el hbito? Te entiendo, hermano, pero confa en Dios. Ahora, vete a descansar y maana saldr el sol que nos iluminar a todos. Rezar por ti esta noche. Pasar la noche en vela, como hacen los caballeros que van a ser armados, pero mi vela ser para pedir a Dios luz.

Yo esperaba apostado en la puerta de la sala capitular a que la reunin entre los dos frailes terminara. La espera fue larga y cuando, al fin, vi aparecer a fray Ramiro, me fui hacia l, lo abrac y l me bes la cabeza. Cmo es que an andas por aqu, Astudillo? Deberas estar en tu celda, durmiendo. Quera despedirme de ti. Maana te irs y ya no nos volveremos a ver. Qu tonteras se te ocurren, Astudillo! No me ir maana y, si me fuera, por supuesto que nos veramos, y no para despedirnos. T y yo vamos a estar siempre juntos.

Sus palabras, no s si en este momento las senta o eran slo para consolarme, pero me sentaron bien y los dos nos fuimos a nuestras celdas. La noche pareca no tener horas que cumplir y se hizo extremadamente larga. Yo senta desde mi celda, contigua a la suya, cmo fray Ramiro vagaba de un lado a otro, ya se echaba en el jergn como se levantaba. Lo imagin toda la noche en rezos y plegarias. Fue una noche de pesadumbre para todos, y el da, como todos los das desde la creacin del mundo, sucedi a la noche. La fila para el rezo de maitines pas por delante de mi celda a la hora acostumbrada y fray Ramiro y yo nos incorporamos a ella en los lugares que nos corresponda. Todos bamos con los ojos ensombrecidos, seal de haber pasado una noche de inquietud. Despus de maitines, laudes y prima, la hora tercia se aproximaba, pero nadie pareca darse cuenta y cada uno de nosotros se afanaba en la labor asignada. Nada ms terminar el rezo de tercia, llamaron al portn. Los golpes eran suaves, pero se oyeron en todo el recinto con una claridad meridiana, lo que llev a la conclusin de que la serenidad que mantenamos era slo apariencia y nuestros odos estaban ms que atentos y capaces de detectar el aleteo de una abeja lejana. Fray Benito sali de su chiscn, pero no se atrevi a abrir la puerta. Los golpes apremiaban y el portero se puso nervioso, pues bien saba de quin podran provenir. Mir hacia el claustro y vio que Fray Ramiro se acercaba, acompaado
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del abad, y se tranquiliz. Fray Gregorio hizo una sea al encargado de la portera para que fuera abriendo mientras ellos llegaban. Apareci un caballero, distinto de los otros dos que ya haban visitado el monasterio la vspera, vestido con traje de gala y flanqueado por cuatro guardias de escolta, igualmente engalanados. El abad salud al caballero desconocido, quien pregunt si era l fray Ramiro. Mi bienhechor respondi por fray Gregorio: Yo soy fray Ramiro. Quin eres t y qu quieres de m?

Caballero y escoltas hincaron la rodilla y doblaron la cerviz. El caballero, levantando la cabeza pero permaneciendo arrodillado, solicit la mano del fraile para besarla, pero le fue negada al tiempo que se le invitaba a que se alzara y hablara. Soy Fortes, mi seor, cortesano y ayudante de nuestro llorado Alfonso, tu hermano, y vengo a por la respuesta al recado que ayer te fue entregado en nombre del Consejo de Regencia.

Al escuchar que Fortes haba sido el hombre de confianza de su hermano, el recelo inicial con que lo recibi se troc en simpata y pens que si lo tomaba como aliado, tendra la posibilidad de saber cmo actuaba el rey Alfonso y de su consejero aprendera cosas de gobierno. Me alegra saber que estuviste siempre cerca de mi hermano y, en su nombre y en el mo propio, te agradezco los desvelos y cuidados que, sin duda, le has prodigado. Qu Dios te bendiga por tus bondades! Me abrumas, mi seor, pero, me permito recordarte que he venido a otro negocio. Una respuesta a un requerimiento tan exigente y trascendental, no se puede resumir en un s o un no. Quiero ir a palacio y hablar con los que te mandan. Necesito saber ms, conocer detalles. Llvame contigo! Pero, mi seor: no tengo escolta suficiente para protegerte y Cundo se ha visto que un fraile necesite escolta?

Fray Ramiro se abraz al abad y, con un gesto, salud al resto de los hermanos que se haban agrupado alrededor de la puerta, yo entre ellos. Aunque nos dio a entender que regresara cuanto antes, nos bendijo a todos antes de abandonar el cenobio. Un amn a coro susurrante fue nuestra despedida. A una seal del caballero Fortes, un guardia abandon la reducida escolta y sali raudo para el palacio a anunciar al Consejo que la respuesta solicitada la traa en persona el propio fray Ramiro.
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Camino a palacio, la gente, sorprendida, se agolpaba a los lados de la calle para ver la extraa procesin. Un caballero cortesano, un fraile y tres escoltas daban a entender que se trataba del vitico requerido por alguien de la corte y se preguntaban de quin se tratara. Al paso de fray Ramiro, al que presuman portador de la comunin, se arrodillaban y hacan la seal de la cruz, implorando por el restablecimiento del annimo enfermo. Fray Ramiro era conocido y muy querido en la ciudad, ya que haca frecuentes salidas del monasterio para socorrer a los menesterosos, pero nadie imagin la realidad de su caminar en tan inslita compaa y, menos an, que no volveran a verlo vestido con su indumentaria habitual. Muchos viandantes curiosos siguieron a la comitiva para ver dnde se paraba y a quin atenda fray Ramiro. A medida que el cortejo avanzaba, se incorporaba ms gente, de manera que, al llegar a palacio, la muchedumbre tambin form parte del squito. Llegados a palacio, fray Ramiro qued turbado ante la profusa congregacin de prceres y notables que lo esperaba en la puerta. Repartidos entre los escalones de acceso, condes, magnates, hidalgos, seores, caballeros, eclesisticos de otras poblaciones y personajes varios de la nobleza, haban salido a recibirlo, flanqueados por dos largas filas de guardias que le rendan honores rodilla en tierra y lanzas inclinadas con la divisa de los Ramrez. El que pareca el de mayor edad de todos los presentes, baj los escalones y, llegado a la altura de fray Ramiro, se arrodill ante l y, aprovechando el estado de confusin del fraile, le bes la mano en seal de pleitesa. Fortes se puso al lado de fray Ramiro y le present al que acababa de honrarlo, Gonzalo de Alerre, haciendo lo propio con cada uno de los que se sucedieron en las reverencias. Por la forma en que los nobles se inclinaron ante fray Ramiro, la muchedumbre dedujo que se tratara de una formalidad que desconocan y empezaron a interrogarse unos a otros, hasta que de entre los notables oyeron un expresivo Viva el rey! Viva Ramiro II!, grito que disip la incertidumbre creada y el gento comprendi y tambin empez a dar gritos de Viva nuestro rey! Viva Ramiro II! y a recorrer las calles gritando Tenemos nuevo rey! y toda la ciudad estuvo al cabo sin que fray Ramiro an se hubiera pronunciado. Conmocionado por lo que aconteca a su alrededor, el buen fraile se pregunt si todo aquello no sera obra del destino que se burlaba de l y si sera un presagio que le adverta que, lo mismo que su hermano decidi por l y lo utiliz como un pen de ajedrez, la nobleza tambin haban decidido por l sin darle oportunidad de participar. Pero fray Ramiro no se haba desplazado a palacio para interpretar augurios ni premoniciones, as que, subi los escalones y penetr en el que fuera alczar de los reyes sarracenos, teniendo a su lado a Fortes. El Consejo no perdi el tiempo en bienvenidas, halagos y parabienes, sino que fue directamente al grano y enumer los graves problemas que se cernan sobre
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el reino, tras la desaparicin de Alfonso I. La palabra la tom en nombre de todos, Gonzalo de Alerre, elegido representante de la asamblea de la Regencia. Cuatro son, mi seor Ramiro, y los dir por orden de importancia, ya que, sin resolver el primero, los dems no podran solucionarse. Son estos: 1. Que aceptes la corona y el trono del reino, porque necesitas la autoridad real para solventar los otros. 2. Proclamado rey, que revoques el absurdo testamento de Alfonso I que lesiona los intereses del reino al dejarlo en poder de las rdenes Militares. 3. Que debes acallar las pretensiones de navarros, castellanos y barceloneses al reino de Aragn y atraerte a los reinos rebeldes de Monzn y Tudela. 4. Que debes casarte y tener herederos que den legitimidad al reino. Fray Ramiro, sentado en una jamuga y flanqueado por Fortes, escuch en silencio y con la mxima atencin, el breve y sobrio discurso de Gonzalo de Alerre, captando y analizando todas y cada una de las palabras y, lo que era ms importante, fijndose en el matiz y el tono, al tiempo que escrutaba las miradas de los asistentes, que todas las tena clavadas en la suya. Cuando Gonzalo de Alerre hubo terminado, la expectacin de los asambleistas era mxima. Fray Ramiro, barriendo con la mirada su derredor, hizo una sea a Fortes, quien inclin la cabeza hasta poner su odo a la altura de la boca del fraile. Fortes, echo de menos algo muy personal y lo necesito. Sera conveniente que Perdona que te interrumpa, mi seor, pero esperamos tu respuesta y se atrevi a reclamar Gonzalo de Alerre. Ahora mismo requieres mi respuesta? respondi fray Ramiro visiblemente contrariado por la interrupcin. S, ahora, mi seor exigi el de Alerre - . Son muchos los das con sus noches que llevamos estudiando la solucin a los terribles problemas que se ciernen sobre el reino y cada da de demora, se agravan y, adems, cunto tiempo ms necesitas para asumir la responsabilidad que te cumple por cuna?

Fray Ramiro se levant con solemnidad y se dirigi a Gonzalo de Alerre: Cmo te atreves a interrumpir a tu rey cuando habla con su consejero?
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Cuando la asamblea se dio cuenta de lo que acababa de or de boca de fray Ramiro, prorrumpi en una clamorosa ovacin y, todos en pie, dieron vivas al rey. Fortes, amigo mo, te deca que necesito que vayas a San Pedro el Viejo, que preguntes por Astudillo y que le digas que, con permiso del abad, entre en mi celda y me traiga mi rosario, mi Biblia y la cruz que tengo a la cabecera de mi jergn.

Con estas breves y sencillas rdenes, fray Ramiro se haba convertido en Ramiro II e iniciaba su reinado.

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CAPTULO VI

Palacio Real de Huesca, ao 1134


Fortes le agradeci al monarca la confianza que le brindaba al llamarlo amigo, pero pidi autorizacin para declinar el encargo real. Empezamos bien, amigo Fortes, por qu me aconsejas que vaya otro en tu lugar? observ Ramiro con aire jocoso. Por la sencilla razn, mi seor, de que aqu, y en estos momentos, te ser de ms utilidad que yendo al convento a buscar a tu protegido. Razn tienes, buen Fortes, que fortes son tus razonamientos, de los que espero ser beneficiario en este nuevo quehacer tan desconocido para m. Merced que me haces, mi seor, y te prometo esmerarme para ser siempre merecedor de la confianza que en m has depositado. Creo conocer a las personas, y en ti, buen Fortes, he visto que eres de natural noble y honrado, lo que es de agradecer a Dios para los tiempos que corren.

A requerimiento del monarca, Ramiro y Fortes se quedaron hablando a solas. El rey ya haba decidido que Fortes sera su sirviente personal, su consejero, su hombre de confianza, todo ello descansando en su experiencia como fraile y entendido en el comportamiento de la personas, y opinaba que un hombre de palacio como Fortes era el llamado a que le pusiera al da en los muchos pormenores cortesanos y polticos en los que debera desenvolverse en adelante. Gonzalo de Alerre entr en la sala en la que se desarrollaba la conversacin entre el monarca y Fortes e interrumpi la charla. Se disculp diciendo que el negocio que le traa no admita demora. Terminar por nombrarte quebrantador de charlas del reino, seor de Alerre dijo con cierta sorna Ramiro, haciendo gala de su sentido del humor - Tambin obrabas as con mi hermano Alfonso? Te ruego, mi seor Ramiro, que aceptes mi quebranto y te prometo ser breve respondi el de Alerre visiblemente cohibido. Dime, Alerre, de qu negocio se trata? Debemos convenir cuanto antes la fecha y el lugar de tu coronacin y ajustar la ceremonia a tus gustos particulares, mi seor. Justo es que hagamos lo principal para poder atender lo que sigue.
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Entonces, mi seor? requiri el caballero de Alerre.

Ramiro pareci meditar la respuesta, pero la impresin que tuvieron el de Alerre y Fortes fue la de que la tena decidida desde que acept ser rey. Con voz solemne, dijo: Mi querido hermano Alfonso muri anteayer, da 7, y es mi deseo ser proclamado rey pasado maana, da 11 de septiembre, despus de cumplidos los cuatro das que establece el luto reglado. Bien, mi seor, y, en dnde? En la catedral de Jaca, en San Pedro, que la mand edificar mi padre, y ser, adems, un homenaje a su memoria. Es una decisin muy acertada, mi seor. El rey Sancho Ramrez ser recordado en la homila. Una cosa ms, seor de Alerre. Dime, mi seor. Despus de la ceremonia, que deseo sea lo ms sencilla y breve posible, sin pompa ni boato, quiero visitar la tumba de mi hermano en la abada de Montearagn y, luego, cumplimentar a mis hermanos los frailes de San Pedro el Viejo: incluye mis deseos entre lo que hayas de disponer.

Gonzalo de Alerre sali de la cmara claramente satisfecho, pues una vez el rey coronado y sentado en el trono, supuso que el resto de los problemas del reino se solucionaran con facilidad y a conveniencia de la nobleza y de los poderosos. Todos imaginaron que un rey que antes haba sido fraile, sera dbil y moldeable, de fcil manejo para sus intereses. Su bondadoso rostro haca concebir que as fuera. Sin embargo, nadie, salvo Fortes, se haba planteado la necesidad de conocer bien al rey antes de hacer conjeturas en beneficio propio, porque quedaba por descubrir la verdadera personalidad que fray Ramiro escondi durante 48 aos bajo el hbito de monje. Y bien poco tardara en manifestarla para sorpresa y desconcierto de propios y ajenos. El guardia que envi Fortes en busca de Astudillo, regres, pero solo. Con permiso del rey, Fortes lo hizo pasar. El monarca quera saber de primeras las nuevas que portaba el mandado. Rodilla en tierra, el enviado solicit la mano real para ser besada, gesto que neg el monarca y lo invit a levantarse para que hablara libremente. Llegu al monasterio y pregunt al abad por Astudillo. Al contestarme que no estaba, le di tu encargo, mi seor, que aqu te lo traigo todo
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S, bien, pero, dime, qu hay de Astudillo? Me dijo el abad que se senta muy solo y que se haba ido a dar un paseo por el mercado, pero eso fue en cuanto t, mi seor, dejaste el monasterio, y an no haba regresado. Ciertamente, este muchacho est muy solo y no es conveniente que ande por ah, vagando. Puede caer en manos de algn rufin y Fortes: haz lo preciso para que lo localicen y lo traigan a mi presencia! As se har, mi seor.

A las pocas horas, yo estaba en palacio. En cuanto franque la puerta de la estancia y me encontr delante del rey, Ramiro se levant de su sitial y se fue corriendo a mi encuentro. Como en ocasiones anteriores, ambos nos fundimos en un abrazo que encerraba toda la ternura y la concordia que el mundo necesita. Astudillo, hijo mo, qu preocupado me has tenido! Perdname, fray Ramiro, pero me dejaste muy solo y me sent hurfano otra vez y yo no poda soportar la soledad sin tenerte cerca, sin poder hablar contigo, sin tu compaa. T, tal vez sin querer, contrajiste conmigo una gran responsabilidad cuando me acogiste como protegido, porque t te convertiste en todo lo que yo tena en la vida y al marcharte Te olvidas de Cristo, Astudillo: l siempre est contigo. S, cierto, pero soy un ser humano que necesita calor humano, comprensin, afecto, y eso no lo tena en el monasterio sin ti, pero no me he escapado, no, te lo ju Astudillo! No jures, que es cosa de marranos. S, es cierto, perdname, pero te aseguro que no me he escapado del monasterio. He ido al mercado, a distraerme y a ver a la muchacha vendedora de aves que conoc das atrs y de la que no me dio tiempo a hablarte de ella. Ah, mi buen Astudillo! Te has enamorado? No lo s, buen fraile, pero he hablado con ella y es muy gentil, es una muchacha agradable, que no tiene padre y que vive con su madre y un hermano en una pequea alquera a orillas del Isuela en la que cran aves para vender, pero sabe mucho. Habrs de conocer algo ms de esa muchacha que tanto te atrae, pero, dime, puedo saber cmo se llama?
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S, buen fraile: Marta es su nombre. Bonito nombre, Astudillo, y qu edad tiene Marta? Qu bien suena su nombre cuando lo has dicho, fray Ramiro! S, me gusta, es muy bonito, pero no s su edad, aunque debe ser como yo, si no, no me habra hablado, no crees? Bien, bien, y, por qu dices que sabe mucho? Porque me ha preguntado quin era yo y, al contarle mi vida y hablarle mucho de ti, me ha dicho que si yo quera ser fraile, como t, y le he respondido que, al estar solo en la vida y haber compartido mis dos ltimos aos con los frailes de San Pedro el Viejo, no conoca otra forma de vivir, y ella me ha dicho que s hay otras maneras, como la suya, y que para ser fraile hay que estar muy seguro, palabras que me recordaron las tuyas cuando me dijiste que no tena madera, te acuerdas? S, Astudillo, claro que lo recuerdo. Marta me ha contado que en donde est su alquera, era un barrio en donde vivan los cristianos en armona con los moros, y que stos respetaron sus costumbres y religin, y, recordando tus palabras, le pregunt si era mozrabe, esperando que yo tuviera que explicarle el significado de la palabra, pero ella lo saba y me contest que s, que todos los cristianos de su arrabal nunca fueron molestados pos sus creencias religiosas. Vaya, con Marta! dijo gratamente sorprendido Ramiro. Otra cosa que me cont Marta es que la mezquita que hay cerca del mercado, hace tiempo que ya no es templo de moros, sino que tu hermano, el rey Pedro I, cuando conquist la ciudad, la convirti en iglesia y quiso que se consagrara como catedral, pero conservando la edificacin propia del oratorio islmico, lo que a mucha gente le pareci indecoroso celebrar culto donde antes se adoraba a Al, razn por la cual iban a San Pedro el Viejo a or misa. S, Astudillo, as es. Y tambin me ha dicho que vino un arzobispo de Francia para consagrarla. Cierto, Astudillo, cierto. Fue el arzobispo de Burdeos, y aquello sucedi el 5 de abril de 1098, hace ahora 36 aos, y dos aos despus de que Huesca pasara de ser musulmana a cristiana. Vaya con Marta! repiti. S, ya te he dicho que sabe mucho.

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Bien, bien, ya seguiremos hablando de Marta, pero, ahora, lo que me preocupa es saber cundo fue la ltima vez que comiste. Creo que ayer, pero no me acuerdo muy bien. Ah! Esta vendedora de aves te ha robado no slo el corazn, sino la memoria tambin. Fortes, dispn que este joven hambriento coma y quede satisfecho! As se har, mi seor.

En esta ocasin, Fortes acompa personalmente a Astudillo a la cocina: tena algo que decirle. Astudillo: soy Fortes, secretario del rey, y aunque en la intimidad lo llames fray Ramiro o como tengas por costumbre, debes reparar que es el rey y que, cuando haya otras personas delante de vosotros, debes dirigirte a l con el tratamiento adecuado. Y, cmo he de hacer? Dirgete a l como mi seor, a pesar de que lo veas todava con hbito de fraile. No s si podr acostumbrarme, pero lo intentar. Por qu no se ha cambiado de vestimenta? Se le ha propuesto, pero objet que lo hara tan pronto como fuera coronado. En cuanto al tratamiento, te acostumbrars, ya lo vers, y si yo estoy cerca, mrame y con un gesto te recordar cmo debes tratarlo, de acuerdo?

Di buena cuenta de una comida a la que no estaba acostumbrado, muy lejana del sempiterno puchero de legumbres y verduras del convento, aunque nunca me quej. Ramiro hizo llamar a su lado a su secretario y le encomend dos tareas. Una, que supieran en la cocina que el monarca prefera una comida sobria y sin carne, como hacia aos que llevaba consumiendo, y que si haba alguna celebracin en la que era menester incluir carne, l mismo elegira la parte y cantidad que se servira. Y, la segunda, mi seor? Te voy a pedir que te ocupes de Astudillo y que vigiles que se haga un hombre instruido en letras, matemticas, geografa y dems disciplinas escolsticas, al tiempo que aprenda a comportarse como un caballero de la corte con la educacin adecuada, sin olvidar que debe ejercitarse en el manejo de todas las armas y montar a caballo.
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Fray Ramiro record que, cuando entr en Saint Pons de Thomires siendo un nio, su madre haba recomendado a su maestro la necesidad de que, siendo novicio, adquiriera una formacin caballeresca, por si renunciaba a su condicin, y lo hizo apelando al Canon VI del X Concilio de Toledo. Pero Frotardo, su preceptor, se encarg de que Ramiro recibiera una profunda educacin en letras, en estudios sagrados y en la regla de San Benito, lo ms alejado de la recomendacin materna. Como fray Ramiro haba apreciado que Astudillo no haba nacido para clrigo, s tendra, por el contrario, una formacin de caballero. Era su manera de compensar el consejo materno desodo y hacerlo realidad en su protegido. Se har lo que dispongas, mi seor. Una ms, amigo Fortes: da instrucciones para que averigen quin es esa joven llamada Marta que vende aves en el mercado. As lo har, mi seor. Deseo hacerte un encargo ms, amigo Fortes. Tu voluntad es una orden para m, seor. No es una orden: es un deseo. Dime, mi seor. Deseo que el aposento que se haya reservado para dormir, sea semejante al que estoy acostumbrado. Temo no entenderte, mi seor. Quiero que sea austero, libre de adornos y ornamentos baldos. Deseo que mi crucifijo se disponga en cabecera de la cama y, al pie, un reclinatorio. Que haya un ventanal para ver la luz del da con sus amaneceres y ocasos, que me gue en mis oraciones, y una mesa con asiento para leer mi biblia y escribir. Dispn que haya vitelas, calamos y tinta. Todo lo dems en que se haya pensado poner a mi disposicin, me sobra. Mi seor, te hago notar que los inviernos son muy fros en palacio y que la cmara que se te ha reservado dispone de chimenea y Crees, amigo Fortes, que acaso no s lo qu es un invierno en Huesca? No ser muy distinto el invierno en palacio de los que he vivido en San Pedro el Viejo, no te parece? Perdona, mi seor, si te ha molestado mi observacin, pero he de insistir en algo que, tal vez, no has reparado.
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Dime, buen Fortes. En que las bvedas de las estancias de palacio son ms elevadas que los techos de las celdas del monasterio y el fro se acusa ms. Tienes razn, Fortes, y yo te hago observar que en San Pedro el Viejo, cuando salamos de nuestras celdas para acudir a los rezos de las horas cannicas, ya nevara, lloviera o se paralizara la vida por las heladas, lo hacamos a la intemperie, a travs de las crujas. Mi seor: el aposento ya est dispuesto y, para daros contento, bastar con que no se encienda la chimenea, a menos que, llegado el momento, se hiciera necesario hacerlo. Estamos de acuerdo, buen Fortes. Ahora, te ruego que vayas en busca de Astudillo y le digas que quiero verlo. Enseguida estar en tu presencia, mi seor.

Despus de haber dado buena cuenta de un apetitoso almuerzo, me encontr de nuevo con Fortes, quien me hizo saber los deseos del monarca. Me encamin a la estancia y encontr al rey solo. Deseabas verme, buen fraile? S, Astudillo, porque quiero hablarte de algo que s que hace tiempo merodea por tu cabeza y creo llegada la hora de sacarte de dudas. No s a qu te refieres. Lo que voy a explicarte est relacionado con la conversacin que hemos mantenido antes, cuando me has hablado de esa muchacha. Me tienes sorprendido y expectante, buen fraile. Te preguntaste por qu te tom simpata nada ms llegar al convento. Descontando tu tragedia personal de entonces y la que acaeci despus, mi inters por ti se despert de inmediato, nada ms verte. Cuando supe tu edad, record que cuando yo tena menos de la mitad de la tuya, mi padre me confin en un monasterio, en Saint Pons de Thomires. Con siete aos empec una educacin monstica, sin saber absolutamente nada de la vida eclesistica y, a pesar de haber permanecido all ms de 17 aos, no sent en mi interior que se me despertara la vocacin de fraile, aunque mi hermano Alfonso me nombrara, un ao despus, abad de Sahagn y, ms adelante, de otras localidades. Debo confesarte, fray Ramiro, que algo de eso me habl fray Onofre, pero sin entrar en detalles, y espero que no te moleste.
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No, en absoluto, Astudillo: al contrario, eso me facilita lo que tengo que decirte. Me alegro. Por un momento tem que hubiera traicionado la confianza de fray Onofre. Lo que quiero que sepas es que, a pesar de haberme pasado la vida entre muros de abadas, conventos y monasterios, a mis 48 aos an no he sentido la llamada de Dios y, sin embargo, siempre he pretendido que mi comportamiento fuera el de un buen fraile, y en eso he puesto todo mi empeo, pero ya ves dnde estoy ahora. No te entiendo, buen fraile. S, me entenders cuando te recuerde que un da te dije que no tienes madera de fraile y que para serlo no basta con vivir en monasterios ni vestir hbito, sino que hay que sentir la vocacin como una llamada de Dios. No quiero que te pase lo que a m, fraile a mi pesar. Tambin te recuerdo que me dijiste que echabas de menos a tu familia y que te gustara tener la tuya propia, incluso aceptaste mi idea de que yo hablara con maese Tancredo para que te encontrara una moza entre las hijas de los legos servidores de San Pedro el Viejo, recuerdas ahora? S, lo recuerdo todo muy bien, pero No me interrumpas, Astudillo, que an no he terminado. Parece como si este palacio diera alas a la gente para interrumpirme Pero sigamos con lo que bamos. Puesto que has conocido a una joven y yo considero que no seras un buen fraile, es mi deseo que te eduques en la corte como un caballero, que conozcas bien a Marta y que si sientes que es la mujer con la que puedes casarte y crear tu propia familia, encontrars mi apoyo y mi ayuda para conseguirlo. Sin embargo, debes estar muy seguro, tan seguro como si de una vocacin religiosa se tratara, pues el matrimonio es un sacramento, como el sacerdocio, para toda la vida, creo habrtelo dicho en otro momento. Hay otra cosa ms que quiero que sepas. Fortes, el bueno de Fortes, mi secretario y hombre de confianza, ser el encargado de dirigir y vigilar tu educacin, y, aunque la amistad es una cuestin de sentimiento, me gustara que fueras amigo suyo: no te defraudar y te vendr muy bien tener en la corte a alguien a quien recurrir.

Me qued impresionado. Acababa de descubrir en fray Ramiro a un padre que se ocupa y preocupa por su hijo, y entend lo que un da me dijo mi protector: Tal vez seas para Dios uno de los muchos instrumentos de los que se vale para completar su obra, pues no hay que concluirla, sino continuarla, y pens que el instrumento no era yo, sino fray Ramiro.
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Yo siempre haba considerado a fray Ramiro como mi protector, como el amigo que dice verdad, como un buen fraile, como un hombre lleno de virtudes y bondad, y, sin embargo, el monarca acababa de revelarme que no fue un eclesistico, pero, no le haba dicho el propio Ramiro que el hbito no hace al monje? Sin embargo, me sent feliz al verme favorecido por la confianza de mi buen fraile, de quien siempre recib los mejores consejos y enseanzas, y que, ahora, como rey, me descubra sus pensamientos e inquietudes ms ntimas. Y lleg el da 11 de septiembre del ao del Seor de 1134 y Ramiro Snchez fue proclamado solemnemente rey con el nombre de Ramiro II en la catedral de San Pedro de Jaca, ignorando el testamento del hermano a quien tan fiel haba sido. A la ceremonia, que fue ms pomposa de lo que deseara Ramiro, asistieron todos los nobles y caballeros de las tierras de Aragn, obispos y abades y todo el pueblo. Los prelados se sustituyeron en la homila, que fue larga y fragmentada. Cada uno de ellos, evoc a un antecesor del monarca, empezando por el padre, Sancho Ramrez, continuando por Pedro I y sus malogrados hijos, el infante Fernando, que no lleg a reinar, el recin fallecido Alfonso I, terminando por Ramiro, cuya obra como fraile y como hombre de bien, empeado en socorrer a los necesitados y entregado a los dems, alab el abad de San Pedro el Viejo, haciendo hincapi en que si su comportamiento como eclesistico fue ejemplar, ms lo sera como rey que ha de impartir justicia y gobernar con equidad. Ramiro II se sinti emocionado y, una vez coronado, se cant un Te Deum en agradecimiento a Dios y pidiendo por el nuevo monarca. A la salida de la catedral, Ramiro fue aclamado por el pueblo, que se desgaitaba en vivas al rey. Mezclado entre la multitud estaba yo, con lgrimas de emocin que regaban su rostro cuando vio a fray Ramiro con vestimenta real.

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CAPTULO VII

Antiguo Alczar de Huesca

Cuando Ramiro II regres a palacio y entr en la cmara dedicada a despachar con los secretarios y notables del reino, un amplio saln rectangular, presidido por un crucifijo en la pared y, debajo, una gran mesa de madera recia con sitial, los palaciegos y cortesanos lo esperaban para rendirle pleitesa, ceremonia que se prolong ms de lo que hubiera deseado el monarca. Ramiro II se situ delante de la mesa, de pie, flanqueado por Gonzalo de Alerre y Fortes, quienes se encargaron de ir presentando y nombrando a cada miembro de la nobleza con su dignidad y procedencia. Seguidamente, el Justicia de Aragn se acerc a Ramiro II para que jurara los fueros, cumplirlos y hacerlos cumplir. Mi seor y rey Ramiro II son la voz del Justicia en la sala creando un ambiente de expectante solemnidad -: como bien sabes, desde antiguo existe un pacto de derechos y obligaciones mutuas entre el rey y los sbditos, acuerdo que a todos nos acomoda y que proporciona garantas a los ciudadanos contra los posibles abusos de la corona o de personajes de la corte, y una mayor seguridad para el reino. Ante la Sagrada Biblia y teniendo a Dios por testigo y a la nobleza presente por notarios, juras mantener, respetar y hacer respetar los fueros que nos hemos dado, y mantener los medios para hacerlos cumplir, tanto por parte de quienes mandan como por parte de quienes obedecen? S, lo juro manifest Ramiro II poniendo una mano sobre la Biblia y la otra sobre su corazn. Qu as sea y que Dios te lo premie; si no, que Dios te lo demande respondi el Justicia.

Ramiro II y el Justicia se abrazaron y la sala prorrumpi en aplausos y vivas. Fortes aprovech el momento de animacin para recordarle al de Alerre que el Justicia no slo vela por el cumplimiento de la jura, sino que, cuando un sbdito se considera perjudicado por alguna accin que parta de la corte, o del mismo rey, ampara y custodia su persona y sus posesiones mientras se estudia la ley para defenderlo o, segn el caso, castigarlo. La figura del Justicia simboliz siempre las libertades de nuestras gentes, y su figura es tan importante y poderosa que, desde el ltimo campesino hasta el rey,
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todos quedan bajo su determinacin, e, incluso, las rdenes reales no se pueden cumplir hasta que el Justicia d su aquiescencia. As es, amigo Fortes. Tenemos leyes y fueros que muchos otros reinos envidian asever el de Alerre con natural orgullo.

Terminado el acto, Fortes y el de Alerre se quedaron en la estancia con el rey, que fue a ocupar asiento detrs de la mesa. Cuando sus dedos terminaron de frotarse los prpados en seal de cansancio y deposit su mirada en la superficie de la mesa, dio un respingo: Pero, qu es esto? pregunt a sus hombres de cuenta sealando unas cubiertas de badana. Contienen los documentos de los problemas que an hay que solventar, mi seor contest el de Alerre. Ya veo escrito el ttulo del contenido sobre cada una observ el rey. Tal vez, mi seor, antes que despachar otros asuntos, lo ms urgente sea resolver los presentes opin Fortes. Veamos dijo el rey - : Pretendientes al trono, Matrimonio del rey y Herederos legtimos.

Despus de sopesar en sus manos los tres cartapacios, Ramiro II medit por unos minutos y, al cabo, dijo: Y, ser menester que se resuelvan todos a un tiempo? No necesariamente, mi seor, que cada uno llevar el suyo arguy Fortes , si bien es cierto que se podrn abordar de forma simultnea, aunque tengan recorridos distintos y diferentes conductos. Aclrate, buen Fortes exigi el monarca. Conociendo la naturaleza y personalidad de nuestro rey, seguro estoy de no equivocarme si anticipo que dos de los problemas los abordars de forma diplomtica, actitud, por otra parte, muy conveniente y necesaria puesto que an estamos rodeados por los almorvides y no sera prudente meternos en campaas que slo nos desgastaran, exigiran costo en vidas, armamento y soldadas, cuando con inteligencia y tiempo, se pueden resolver sin costo alguno. Buen consejo, amigo Fortes, y, qu opinas t, Gonzalo de Alerre?
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Opino lo mismo, mi seor respondi escuetamente, lo que dio a entender al monarca que la nobleza ya haba concretado un plan a seguir. Bien, puesto que ambos estis de acuerdo, bueno sera que me dijerais en qu habis pensado.

El de Alerre tom la palabra: Cuando Alfonso I fue herido en Fraga y se temi por su vida, la noticia se divulg con gran rapidez por los distintos reinos y, adems, cre una gran inquietud cuando se supo que haba hecho testamento disponiendo de sus dominios como si de un patrimonio privado se tratara, dejando testado que todo pasara a manos de varias rdenes Militares como coherederos. Pero es lo cierto que villas, seores y prelados se opusieron a semejante dislate, excepto el Papa, por lo que se produjo una grave crisis aadi Fortes. Ante el temor de que tal disparate se cumpliera, varios fueron los pretendientes que surgieron alegando derechos a esos territorios asever el de Alerre. Sabido es que, a pesar de que an est caliente el cuerpo de Alfonso I, no ha sido impedimento alguno para las apetencias de unos y otros el hecho de que el hermano monje del difunto rey haya accedido a trocar el hbito por la corona, sino que, ms bien, parece que ha servido de acicate para sus ambiciones territoriales, dando por hecho que un monje rey sera blando y aquiescente apunt Fortes. Por lo que es conveniente que, cuanto antes, visites todos los territorios de Aragn, Sobrarbe, Ribagorza y Zaragoza buscando adhesiones y afectos de los nobles y seores, siendo muy provechoso, adems, que te des a conocer al pueblo llano y hagas felices a aquellos campesinos que quieran homenajearte ofrecindote compartir con ellos su comida, su pan, su queso y el vino que elaboran y que te intereses por sus problemas propuso Fortes con lealtad. De esta manera, mi seor, obtendrs fidelidades y apegos, no hay duda, y, tal vez, sean unnimes, pero mucho me temo que los de Monzn y Tudela no cambiarn de parcialidad. intervino el de Alerre. Por qu motivo? inquiri el monarca. Porque se han puesto del lado del pretendiente navarro, Garca Ramrez.

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El monarca, aconsejado por sus secretarios, la nobleza y dems jerarquas, se puso en camino con un sobrio pero llamativo cortejo expresamente dispuesto para atraer la atencin de los campesinos que trabajaran las tierras al borde del camino, y obtuvo las aclamaciones y afecciones buscadas, lo que content mucho al propio rey y a los nobles y seores aragoneses. Ramiro II se sinti complacido con el fruto de su beneficioso recorrido por sus dominios, y lo repiti tantas veces como le plugo, pudiendo comprobar que el acercamiento al pueblo llano y las simpatas que despertaba, le haca sentirse, no amo, sino amigo de sus vasallos. El tiempo transcurra en palacio de forma que el monarca poda compaginar con entusiasmo y eficacia sus obligaciones como gobernante, desplegando una actividad inusitada desde hora bien temprana, pues no en vano estaba acostumbrado a madrugar y a retirarse pronto, reservndose las horas a las que estaba habituado para orar ante el Crucifijo de su aposento privado. Este cambio provoc un gran revuelo en la rutina palaciega, apegada a horarios ms sosegados y a costumbres ms relajadas, pero no tardaron mucho en aceptar el cambio como un hecho inevitable. Sin embargo, apenas transcurridos tres meses de la proclamacin de Ramiro II, el rey castellano Alfonso VII, arrogndose una legitimidad superior a la de los otros pretendientes a la herencia de El Batallador, por ser su madre, la reina Urraca, esposa de Alfonso I, ocup militarmente el 26 de diciembre de 1134 el reino de Zaragoza. Al tener noticias de esta ocupacin, Ramiro II le hizo saber al monarca castellano que su accin no sera contestada con las armas y, aunque el territorio invadido se debatiera por uno, dos aos, o los que fueran necesarios, entre ser castellano o aragons, al final, terminara comprendiendo que le sera muy difcil mantener unas tierras tan alejadas de su reino y muy costoso su mantenimiento, por lo que sera conveniente que ambos discutieran los trminos de un acuerdo que saldara la cuestin de forma pacfica. Finalmente, las tierras del reino de Zaragoza fueron recuperadas para la corona de Ramiro II tal y, como haba predicho el monarca oscense, mediante acuerdo diplomtico, un pacto que tardara en firmarse con la solemnidad requerida ms tiempo del previsto y que se fijara para el mes de agosto del ao 1136. Unas semanas despus de la ocupacin de Zaragoza por Alfonso VII, en la villa de Valdoluengo y corriendo el mes de enero de 1135, Ramiro II logr concertar con Garca Ramrez, el pretendiente navarro a la herencia territorial de Alfonso I, la complicada lnea divisoria entre Navarra y Aragn, trastocada tantas veces por las luchas civiles entre reinos cristianos prximos, a las que haba que aadir la
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guerra abierta contra los almorvides, lmites que lo mismo se extendan que menguaban. Como haban sealado Gonzalo de Alerre y Fortes, la solucin lleg por va del acuerdo y, como todo en diplomacia, exigi un tiempo que se prolongara lo necesario para no invertir vidas mientras se pudiera utilizar y aceptar la palabra. En Huesca todos estaban contentos y satisfechos, a la vez que asombrados de la facilidad con la que Ramiro II negociaba y llegaba a acuerdos con sus encontrados. Cierto es que la guerra abierta declarada contra los almorvides en varios reinos exiga prudencia y no malgastar fuerzas y vidas en dirimir los derechos de una herencia cuando las tropas se necesitaban en otros frentes. Pero an quedaba un escollo para el monarca: negociar con Roma la revocacin del testamento de su hermano Alfonso. Para la Santa Sede, no caba duda que la soberana aragonesa pas de Alfonso I a las rdenes Militares, y el Papa Inocencio II se mostraba tajante al ordenar el acatamiento de la donacin del fallecido rey, lo que iba a crear una insostenible situacin que Ramiro II no tardar en estudiar cmo resolverla cuanto antes. Creo, mi seor intervino Fortes - , que este espinoso asunto se solucionar en cuanto contraigas matrimonio y tengas un heredero a quien transferir los bienes del reino, los heredados de tu hermano Alfonso, y, adems, caeran dos pjaros con un solo tiro de ballesta. Explcate, Fortes demand el monarca. Para contraer matrimonio, antes debers secularizarte, a lo que se opondr Roma arguyendo que, para ello, debes cumplir con el testamento de Alfonso. Es decir, el Papa te har una imposicin que esperar que respetes. No veo los dos pjaros cados, Fortes. Casndote, mi seor, aunque sea a regaadientes del Papa, porque recurriremos a una costumbre muy antigua, pero an vigente, segn la cual cabe una unin conyugal jurdicamente vlida, fuera de la norma cannica, siempre que haya entrega de arras, como as lo establece el derecho aragons. Esa es la manera de evitar contravenir el derecho pblico y no desagradar a la Santa Sede? requiri el rey. S, mi seor, pero no olvidemos el segundo pjaro. No, no lo he olvidado.
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En cuanto te cases y engendres un heredero, Roma terminar por aceptar la frmula y renunciar a la ejecucin del testamento de Alfonso respondi con conviccin el de Alerre, porque ira contra natura. Pero, caballeros, cmo voy a tener un heredero si no conozco mujer? protest el rey. Eso tiene fcil arreglo, mi seor. Bastar tu decisin para encontrar a la mujer adecuada y que asegure descendencia asever Fortes. De modo que se ha conseguido engarzar el pasado y, para consolidarlo, he de contraer matrimonio y traer al mundo un heredero? S, mi seor, esa es la realidad repuso el de Alerre. Qu cosas exige la corona y qu sacrificios obliga al hombre que la lleva!

Al terminar de escuchar los consejos de sus hombres de confianza, Ramiro II se inclin sobre la mesa y sostuvo su cabeza con las palmas de las manos. As qued un buen rato, en silencio, pensativo, serio. Sus hombres de cuenta observaban y se intercambian miradas interrogantes. Cuando Ramiro II abandon la postura de desaliento, se alz del sitial y puso las manos sobre los hombros de los dos caballeros, su postura predilecta para la confidencia: Nada es lo que parece y todo lo que es, no se parece a nada!

Palabras enigmticas que no supieron interpretar sus interlocutores hasta que, dirigindose cabizbajo hacia la puerta para ir a su aposento privado, Ramiro II gir sobre sus talones y les dijo: Todo, absolutamente todo lo que concierne al reino, es poltica y diplomacia, tambin mi unin marital. Por lo tanto, si todos los problemas se derivan porque no hay un heredero legtimo a quien transmitir la corona y sus derechos, justo y necesario es que se sea el primer tema a abordar.

Alerre y Fortes se quedaron muy sorprendidos. El monarca acababa de dar un vuelco a los planes iniciales que la nobleza haba pergeado, y, ahora, habra que saber las intenciones de Ramiro II en cuanto a su forma de dirigir la poltica, pues, si bien el desaparecido Alfonso I era un rey batallador, siempre metido en luchas y conquistas, Ramiro II no se pareca en nada a su hermano, sino que prometa ser un rey diplomtico, contrario a la espada y amante de la palabra. Al salir, en la puerta de la estancia, Ramiro II se encontr conmigo, que lo aguardaba. El monarca se alegr al verme. Yo no tena nada que decirle, pero haba advertido un gran cambio en mi protector y notaba que mi presencia era solicitada por el rey sin pedrmelo. Si yo me encontr solo en el convento al
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echar de menos la presencia de fray Ramiro, ahora era Ramiro II quien se encontraba solo al extraarme a m, su joven amigo, y las plcidas charlas que sostenamos juntos. Descubr que la soledad puede ser abrumadora cuando se necesita un abrazo y no hay nadie cerca que lo d. Me percat de esta nueva situacin y me mostr predispuesto a devolver la parte que fuera de lo mucho que haba recibido de mi mentor. Ven conmigo, Astudillo, y acompame hasta mi cmara: he de decirte algo importante.

Yo no me haba engaado y mi intuicin me haba sido fiel. En ese momento, me sent el ser ms importante del universo y, aunque mi contento era mucho, lejos de sentirme engredo, en mi corazn slo haba lugar para atender las palabras de mi buen fraile. Estamos solos? pregunt con aire misterioso. S, amigo, estamos solos, por qu lo preguntas? Porque te veo as, vestido de esa guisa y me gustara seguir llamndote fray Ramiro en lugar de mi seor, porque yo nunca me sent siervo tuyo, sino un igual y

Ramiro II no pudo impedir que una gran carcajada saliera de su garganta y resonara con fuerza por todo el recinto, atrayendo las miradas de algunos palaciegos que deambulaban por las cercanas. Qu es lo que te ha hecho gracia, buen fraile? Nada, Astudillo, nada, que con tu frescura y tu espontaneidad, me has hecho retroceder a tiempos pasados. S, pero no me has contestado y Lo consideras necesario? S. Fortes me ha dicho que ya ha hablado contigo sobre ese asunto y, como ves, estamos solos, te basta? S. Pues, sigamos. Qu queras decirme, buen fraile?
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Faltaban unos pasos para llegar a la puerta de la cmara real y Ramiro se detuvo en seco. Yo, por inercia, segu el paso hasta que me di cuenta que caminaba solo y retroced hasta ponerme delante del rey, quien, adoptando la postura de la confidencia, apoy sus manos sobre mis hombros y en un tono neutro, me dijo: Me voy a casar, Astudillo.

El monarca se dirigi a la puerta, la abri, se introdujo en su estancia y la cerr a sus espaldas. Yo me qued boquiabierto, atnito, sin saber qu pensar. Cuando me hube recuperado, sal de palacio y me dirig corriendo al mercado, sin reparar que mi carrera podra atraer la atencin de los alguaciles de ronda y poner en un compromiso al rey. Tan pronto tropezaba con unos como otros me daban empellones al chocar, pero yo no me detena ni para disculparme. Tena prisa por acudir al puesto de Marta, hablar con ella y contarle todo lo que haba sucedido. Sin darme cuenta, Marta se haba convertido en una mujer muy especial para m y ansiaba estar con ella, a su lado, donde me senta a gusto y seguro, darle detalles de lo que pensaba, de lo que me inquietaba, de lo que fray Ramiro haba decidido para su educacin, de Y lo ltimo que me ha dicho es que va a contraer nupcias, qu opinas? No veo nada raro en ello, Astudillo. No? Olvidas que es fraile? No, no lo olvido, pero creo que eres t quien olvida que, antes que fraile, es hombre y que un hombre que es rey, debe tener esposa y descendencia. Adems, hay leyes que permiten ese casamiento que a ti parece escandalizarte, Astudillo. Cada vez que hablo contigo, de lo que sea, me sorprendes con tus acertadas respuestas. Eres una joven muy inteligente, Marta, instruida y despierta, adems de muy hermosa...

Me ruboric por mis propias palabras, pero Marta le quit importancia al darlas por no escuchadas, evitando que me sintiera ms cohibido, y me explic: Mi padre fue el hombre de confianza de la hacienda de Moiss ibn Osca, un judo converso oscense que, al bautizarse, tom el nombre de Pedro Alfonso, versado en medicina, astrologa y matemticas, materias que estudi en los tratados de los clsicos griegos que tradujeron los rabes y en los textos de los sabios de Crdoba y Sevilla.
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- No lo saba, Marta.
Ibn Osca fund un centro para la difusin del conocimiento y se ocup de ilustrarnos personalmente a m y a mi hermano Rodrigo, lo mismo que a todos aquellos jvenes que procedan de la paulatina incorporacin de las villas islmicas y cuyos progenitores desearan que fueran educados en su escuela. La enseanza para el maestro ibn Osca era una actividad complementaria a sus quehaceres cientficos y le complaca enormemente. Deca que los ilustrados tienen la enorme responsabilidad personal de transmitir a los jvenes sus conocimientos y que debamos conocer la cultura y la ciencia del mundo rabe. Seguro estoy de que t seras su alumna ms aventajada, Marta. Exageras, Astudillo. Por qu se puso ese nombre? Es muy simple, Astudillo. Se puso el nombre de Pedro Alfonso en honor a los dos reyes cristianos coetneos suyos y para que no hubieran dudas sobre su conversin aclar Marta. Cunto sabes, Marta, y qu orgulloso estoy de ti! T tambin eres un mozo espabilado e inteligente, y muy agradable, pero no debemos confundir a este Pedro Alfonso con otro que adopt el mismo nombre, llamado originariamente Moiss Sefard, tambin judo converso, rabino y mdico de la aljama, hombre sabio y erudito en las mismas material que aqul y, adems, en teologa. Escribi muchos libros, entre ellos Disciplina Clericalis, una coleccin de cuentos ejemplarizantes extrados de fuentes cristianas, hebreas y rabes, con gran provecho didctico, y tambin Dilogo contra los Judos, en donde cuenta su conversin al cristianismo y su bautismo, que tuvo lugar en 1106 y Alfonso I estuvo presente como padrino, escrito para responder al clamor surgido en la judera debido a su abandono del judasmo. Sus extensos conocimientos de la Torah, el libro que recoge la ley juda, le ayud a polemizar contra sus antiguos correligionarios utilizando sus mismos argumentos para defender su fe cristiana. Escribi otros muchos tratados relacionados con la ciencia y, adems, fue mdico personal del rey Alfonso I, quien propici su conversin al cristianismo y lo protegi. Es muy posible que Moiss Ibn Osca fuera discpulo de este otro Pedro Alonso.
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Y, cmo se les ocurri ponerse el mismo nombre a los dos? Es lo habitual cuando se produce una conversin. El nuevo converso elije un nombre que tenga un significado lo ms cercano posible al cristianismo, a la Iglesia o al poder real, para que su identificacin con la nueva creencia no levante recelo y se acepte como sincera su mudanza. As, podemos encontrar apellidos de conversos como los que te he dicho y, tambin, los de Peregrino, Romero Otras veces, adoptan como apellido el de su oficio, como Herrero, Carretero Qu ilustrada eres! Y, cmo se te ocurri criar aves ponedoras? No fue idea ma, como puedes imaginar, sino de mi padre. Yo era muy pequea, apenas si levantaba un palmo del suelo, y lo que recuerdo es porque me lo ha contado mi madre. En agradecimiento a mi padre por los servicios prestados, el propio Ibn Osca le concedi un terreno, la alquera donde vivimos ahora, y le recomend que se dedicara a labores del campo y, adems, a criar aves, porque tanto la carne como los huevos sern siempre productos muy solicitados, dijo. Por qu? Esa misma pregunta se la hizo mi padre, y Osca le contest que haba una razn muy sencilla. Cul, Marta? Los judos y los musulmanes no comen carne de cerdo, porque, segn ellos, es un animal impuro. Tampoco comen carne de animales que no sean sacrificados siguiendo un ritual que slo pueden celebrar hombres purificados que, actualmente, escasean en nuestra ciudad. Por lo tanto, el consumo de huevos est ms que asegurado, ya que sobre ellos no pesa ningn prejuicio y son demandados por igual por cristianos, musulmanes y judos. Vaya, qu ingenioso era el tal Ibn Osca! Ingenioso y avispado, no crees? Pero yo no quiero ser siempre una vendedora de aves. Qu te gustara ser? Dedicarme a la enseanza, pero s que no podr. Por qu?
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Por mi condicin de mujer y por mi origen humilde. No olvides que soy una campesina. Pero eres una mujer instruida y puedes dedicarte a ensear, porque conocimientos no te faltan. Es lo que yo cre cuando el monarca alent la creacin de centros de enseanza para que la clase dirigente del maana sea culta y est preparada. Hablar con el rey. Ser intil, Astudillo. Por qu, si el rey es mi amigo? S, es tu amigo, pero es el rey. Y qu? El rey puede promulgar leyes y tener buenas ideas sobre lo que desea para el futuro del reino, pero lo que no puede hacer es cambiar la mentalidad de la nobleza. No pierdas la esperanza, Marta. An no la he perdido titube la joven. Parece que no ests muy segura, Marta. S que estoy segura, pero es difcil expresarme volvi a vacilar. Cmo que no sabes expresarte? Precisamente lo que menos te falta es labia, Marta le anim Astudillo. Lo que intento decir es que t eres hombre y no me vas a entender respondi decidida Marta. Qu no te voy a entender? Ests en un error, Marta. Sin que yo me diera cuenta, te has convertido en una persona muy importante para m y ya no me siento solo, y te lo digo porque me he dado cuenta de que no hay mayor soledad que cuando quieres compartir algo con alguien y no tienes con quin, pero ya no es mi caso, porque todo lo que me inquieta, todo lo que me alegra, todo lo que me preocupa, todo te lo cuento a ti y s que me comprendes, cmo no te voy a comprender a ti, Marta?
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Antes me decas que no te sentas solo porque tenas a Fray Ramiro observ Marta con cierto aire provocador. S, claro que es verdad que Fray Ramiro es mi amigo y me siento solo cuando no tengo su compaa, pero contigo es diferente. T y estar cerca de ti me produce una sensacin muy placentera y te echo de menos en cuanto nos despedimos. Vaya, vaya, Astudillo! exclam Marta alborozada. Qu? Tengo la impresin de que me quieres decir algo y que dejas que yo lo adivine, Astudillo dijo Marta mientras sus labios dibujaban una amplia sonrisa de satisfaccin. A mi mente acuden una recomendacin de fray Ramiro Astudillo se tom un tiempo para evitar una respuesta directa que pudiera resultar precipitada. Qu palabras, Astudillo? inquiri Marta sin abandonar su seductora sonrisa. Pues, me dijo que cuando llegara el momento, lo sabra respondi enigmtico. Saber, qu, Astudillo? Y creo que ya lo s eludi responder de forma directa. Ahora soy yo quien no te entiende, Astudillo respondi Marta un tanto decepcionada a no or lo que esperaba, pero, no obstante, ella insisti: quera saber. No s por qu, pero cuando estoy solo se me ocurren miles de cosas bonitas que decirte, pero cuando estoy a tu lado, mi mente parece que se me nubla y Las nubes, Astudillo interrumpi Marta en su afn por ayudar a su amigo a superar el trance -, suelen traer tormenta, pero, cuando la descargan, todo vuelve a la normalidad y viene la calma. No sera bueno que dejaras que esas nubes alivien su carga para que se sientas mejor? S, Marta, s, pero es que no s si lo que siento por ti es porque ha llegado el momento
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Momento, de qu, Astudillo? Me gustara saber si lo que siento por ti es porque me he enamorado. Fray Ramiro me dijo que lo descubrira slo cuando estuviera seguro y que la nica manera de saberlo es desear compartir la vida con la mujer elegida.

Marta escuchaba muy atenta, sin dejar que ninguna de las palabras que yo pronunciaba se perdiera sin atraparlas. Me miraba con intensa dulzura y en sus ojos haba un brillo especial. Serena, como si se hubiera cumplido su deseo y escuchara lo que deseaba, dijo: Yo no saba nada de lo que me dices, Astudillo, de tus sentimientos, pero he de ser sincera contigo y debo decirte que t tampoco me eres indiferente, pero no estoy segura y me pasa lo mismo que a ti. Tal vez, t te hayas precipitado porque te sientes solo y puede que confundas mi compaa con lo que t llamas enamoramiento, que puede ser, s, pero ten paciencia y dmonos tiempo. Estamos hablando de algo muy serio, Astudillo exterioriz la muchacha con amable firmeza. Yo no necesito ms tiempo para asegurarme de lo que ya estoy seguro, pero an no s por qu me has dicho que no te voy a comprender, qu quieres decirme? retom el hilo de la conversacin. Pues, lo que quera decirte es que no deseo ser una mujer ms de las que slo aspiran a casarse para cocinar, tener contento al marido y a traer hijos al mundo, y me temo que t me contestars lo mismo que mi hermano, que me dice que las mujeres son para la casa. Yo no he dicho nada, Marta. Ya lo s, pero, tal vez, lo pensars, y es la esperanza de que haya un cambio en mi vida lo que me mantiene con ilusin. Pero, t querrs casarte, no? S, claro que quiero casarme y tener una familia, pero, para eso, antes, he de encontrar al hombre adecuado y que me trate como mujer y no como una sirvienta, que es a lo que estn acostumbrados los hombres. Tambin yo quiero casarme, Marta, y como la vida ensea al que quiere aprender, tampoco yo quisiera que mi esposa fuera mi criada.

Marta y yo continuamos nuestra charla adentrndose cada vez ms en el terreno personal e ntimo, hasta que acert a pasar por all el encargado de dar las horas.
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No saba que fuera tan tarde! Qu tienes que hacer, Astudillo? inquiri Marta con cierto desnimo, viendo que su grata compaa pronto se desvanecera. Ms lo siento yo, Marta, pero he de acudir a las lecciones que ha establecido el secretario del rey para mi adiestramiento y no me gustara hacer esperar al maestro. Adems, tambin es tarde para ti y estar al llegar tu hermano para ayudarte a recoger y acompaarte a tu casa. Hasta maana, Marta! Hasta maana, Astudillo!

Despus de asistir a las lecciones del da en palacio, dese ver al monarca para contarle mi conversacin con Marta. Me dijeron que estaba despachando con su secretario y que aguardara en la puerta de la estancia hasta ser anunciado. Sin embargo, mi impaciencia me llev a cometer la imprudencia de entreabrir la puerta para hacerme ver por el rey y que me hiciera pasar, confiando que el asunto que lo mantena con Fortes no fuera de gran importancia. Pero el rey estaba concentrado en una cuestin con su secretario que, por el semblante que mostraban, deba ser serio. No me atrev a cerrar la puerta por temor a hacer ruido e interrumpir, por lo que, de manera involuntaria, escuch lo que se ventilaba en esos momentos en la cmara real. Toma nota de este despacho, amigo Fortes escuch Astudillo decir al rey.

Cuando Fortes hubo terminado de escribir el dictado de Ramiro II, le present al monarca la vitela para que estampara su firma, hecho lo cual, se la devolvi con el encargo de que un correo hiciera llegar al conde de Bolea el despacho y aguardara respuesta. Slo Ramirus Rex, mi seor? Qu ms, Fortes? Tu Signum Regis, mi seor respondi Fortes, alertado, al observar la ausencia.

Ramiro II alarg la mano a Fortes para que le devolviera el documento a la vez que perda la mirada en lo inconcreto en busca de lo que echaba de menos su secretario. Cuando pareci encontrarlo, dijo: - Tienes razn, mi leal Fortes. El rey traz su signo y le devolvi la cdula, reiterndole el encargo inicial. Fortes observ con curiosidad la contrasea y, admirado, dijo:
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No poda ser de otra manera, mi seor. A qu te refieres, amigo? El contenido religioso de tu signo es evidente, mi seor. Es un smbolo trinitario, Fortes. S, mi seor, y muy apropiado, si me permites la observacin. Una cruz dentro de un crculo flanqueado por dos cadenillas de las que de la izquierda pende la letra y, de la derecha, la letra (*). Al punto saldr un correo, mi seor.

Al salir Fortes de la estancia, se encontr conmigo. Se gir hacia el monarca y me anunci. Ramiro II me hizo pasar con un gesto amable y ambos nos enfrascamos en una conversacin ntima y entraable, muy alejada de los asuntos que a diario tena que despachar el monarca. Yo le cont lo hablado con Marta y el rey se mostr interesado por las inquietudes de la muchacha, poco habituales en la juventud y, menos, en una joven casadera. Creo que esa joven, amigo Astudillo, merece una atencin especial. Veremos qu se puede hacer para no despreciar tanto talento dijo Ramiro con aire de saber la solucin de un problema todava no enunciado.

Me mostr contento y, pronto, advert en el rey un semblante de complacencia que no era debido a que atendiera mi glosa en favor de Marta. Haba algo ms, algo de espiritual y, a la vez, mundano, personal e ntimo, que alborozaba al rey. Entonces ca en la cuenta de lo que me haba dicho el monarca horas antes y, con mi natural espontaneidad, le dije: Tengo una duda enorme, fray Ramiro. T dirs, Astudillo. Cuando te cases y ests con tu esposa, podr seguir llamndote fray Ramiro en su presencia?

El smbolo trinitario expresa grficamente que Cristo es el principio y fin de todas las cosas y utiliza el alfabeto griego para representarlo. Como en cualquier alfabeto, la primera letra siempre es mayscula, seguida de su homnima minscula y, as, sucesivamente, hasta llegar a la ltima, que siempre ser minscula. Ejemplo en castellano: A a, B b, C c Z z (N. del A.)

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Las carcajadas de Ramiro retumbaron en la estancia con estruendo y hasta se oyeron fuera la cmara. Fortes, que en ese momento volva, no pudo resistirse y dijo para s: Alguna ocurrencia de Astudillo, sin duda.

El rey, al ver entrar a su secretario, se alz de su asiento y se dispuso a marcharse, pero, antes, le dijo en tono jocoso: Creo que Astudillo tiene algo que hablar contigo. Os dejo solos. He de ocuparme de mis otras obligaciones. Fray Gregorio estar al llegar.

Cuando ya se encontraba junto a la puerta y a punto de abandonar la estancia, Ramiro II se dirigi a Fortes en el mismo tono ocurrente: Tenemos que hablar de las interesadas a pedir mi mano, amigo Fortes.

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CAPTULO VIII

Como todos los das, fray Gregorio acudi a palacio para celebrar con Ramiro II una misa ntima en la capilla real, a cuyo trmino el monarca tomaba el pan eucarstico. Pero, ese da, el rey deseaba hablar con quien siempre consider su hermano y amigo, antes que abad, sobre una de las obligaciones que deba cumplir al aceptar la corona, tal vez la ms espinosa porque tocaba su monja. Fray Gregorio no era ajeno a esta delicada situacin y, tras escuchar la inquietud que perturbaba el nimo del monarca, con su paternal cordialidad, le dijo:

- No creo, hermano Ramiro, que tu necesaria secularizacin para que


puedas contraer matrimonio sea un obstculo insalvable. Muchas veces lo he pensado y, con ayuda de Dios, creo que he encontrado la solucin.

- Te escucho, paternidad, y seguro estoy de que, como siempre, tus


palabras y tu consejo sern fruto de tus sabias reflexiones respondi Ramiro esperanzado.

- En mi opinin, hermano Ramiro, hay que considerar tres aspectos. Por una
parte, hay que temer la reaccin de Roma en cuanto llegue la noticia de tu obligacin de casarte, aunque sea por razones de estado. El Papa no querr comprenderlo y, ante el temor de ver perdidos los bienes que tu hermano dejara a las rdenes Militares a manos de tu heredero, te exigir que cumplas de inmediato el testamento de Alfonso I, a menos que Fray Gregorio se detuvo. Quiso sopesar las consecuencias de lo que iba a decir, argumentos contrarios a los que se les supone a un clrigo con voto de obediencia al Papa y se tom una breve pausa. No es grato para m decirlo, pero he de hacerlo justific el abad su interrupcin. Ramiro.

- Dime, hermano, que nada que venga de ti puede contrariarme le anim - Pues, a menos que compenses a la Santa Sede. - Compensar, dices? - S, y econmicamente, para que anule la cdula de excomunin que, sin
duda, promulgar el Papa por ese doble motivo, aunque es presumible que Roma no quede satisfecha del todo e insista en sus pretensiones, pero, tan pronto como Dios bendiga tu matrimonio con un heredero, lo reconocer y cejar en sus apetencias.
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- Bien expuesto tu razonamiento, fray Gregorio, y considero que, como


siempre, tienes razn. Ahora, cul es la segunda reflexin? inquiri el monarca dando por buena la recomendacin recibida.

- La segunda es cosa de que tu matrimonio se celebre amparado en el fuero


aragons, es decir, con entrega de arras y la posterior bendicin de los anillos. Nadie, ni siquiera la Santa Sede, podr oponerse a esta costumbre que es ley.

- Muy bien pensado, fray Gregorio. Coincides en tu consejo con los nobles y
juristas de palacio respondi Ramiro con satisfaccin -, pero, cul es tu tercera conclusin?

- sa no me atae a m por ser negocio de tus consejeros seglares. - Dime, al menos a qu te refieres. - A la eleccin de la mujer adecuada para ser tu esposa que, eso s, debe
ser buena cristiana, virtuosa, honorable y ejemplar respondi el abad, y en su semblante se vea que deseaba dar por terminada la conversacin porque, de proseguir, se iba a adentrar en un terreno que no le competa.

- Te doy las gracias por todo, paternidad, y que Dios te bendiga y te


acompae.

- Que Dios se quede contigo y te ilumine, hermano Ramiro.


Al quedarse solo Ramiro, medit en todo lo que le haba dicho el abad y pens que lo mejor sera poner manos a la obra sin ms prdida de tiempo. Se dirigi a la sala donde despachaba con sus secretarios y los encontr esperndolo, de pie, situados a ambos lado de la mesa. Saludaron al monarca con la reverencia habitual y observaron que Ramiro tena el semblante menos serio de lo habitual. El rey tom asiento y fue directamente al meollo. Imagino, caballeros, que ya tendris un detalle de las damas que pueden convertirse en mi consorte, no?

Ramiro II estaba de buen humor. S, mi seor respondi Fortes sonriendo -, pero, de todas, una destaca. Ah! Tenemos suerte si una destaca, pues seguro estoy de que ser insuperable ya que las dems sern extraordinarias, si he de dar crdito a vuestro buen quehacer en estos menesteres. Hemos hecho la seleccin intervino el de Alerre teniendo en cuenta tres aspectos
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Vaya! Parece que el tres ha invadido el palacio y me lo encuentro en todas partes observ jocoso el monarca. Qu quieres decir, mi seor? dijo un sorprendido Fortes. Nada, nada. Continuad. Te deca, mi seor volvi a tomar la palabra el de Alerre -, que hemos considerado que, dada tu edad, la mujer elegida debe ser joven, viuda y que haya dado pruebas de fertilidad. Acaso dudas de mi hombra, Gonzalo? sonde Ramiro sin abandonar su buen humor. No, mi seor, que no lo dudo, pero estars de acuerdo conmigo en que si exigimos a la que ser vuestra esposa pruebas de su fertilidad, no es menos cierto que no tenemos constancia de la tuya - se excus el de Alerre. No creo que mi futura consorte te pida prueba alguna despus de que se le diga que soy que era fraile se corrigi. Perdona, mi seor, pero la condicin de clrigo no es virtud suficiente que garantice castidad, y, vive Dios que no me estoy refiriendo a ti! No es precisa tanta vehemencia, Gonzalo. Ya s a qu te refieres y conveniente ser que la dama elegida sepa muy bien con quin se va a desposar. Gracias por tu comprensin, mi seor respondi el de Alerre un tanto azorado por su falta de tacto. Podemos dejarnos de rodeos e ir directamente al asunto, seores? exigi Ramiro. La dama que sobresale de entre las dems elegidas no es una desconocida en Aragn, aunque es extranjera, mi seor advirti Fortes animado. Hasta cundo he de esperar a saber de quin se trata? volvi a hacer gala el monarca de su buen humor.

Fortes tom aire y dijo sin pausa: Se llama Agns de Poitiers, es francesa, nacida en 1100 y viuda desde hace 8 aos. Contrajo matrimonio el 11 de abril de 1124 con Aymeric de Thouars, con quien tuvo cuatro hijos. Es hija de Guillermo IX, duque de Aquitania y conde de Poitiers, y de Philippe de Toulouse. Tiene 32 aos, buenas hechuras de hembra, es muy hermosa y sus ojos son de un gris
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verdoso que adquiere irisaciones azuladas al atardecer. Noble, virtuosa y muy cristiana. Mientras Fortes recuperaba el resuello, Ramiro qued pensativo, dando vida en su mente a la imagen que le acababan de trasmitir sus secretarios. Por su semblante, pareca que Agns le agradaba. Adems, segn acababa de or, no era ajena a la Casa de Aragn. Al cabo, dio una palmada sobre la mesa y, con aire de triunfo, exclam: Hija de Guillermo El Trovador, gran amigo de mi hermano Alfonso! Y sobrina de la reina Ins, esposa de tu hermano Pedro I agreg Fortes, eufrico. Es la mujer idnea, mi seor, pues ha tenido descendencia, es joven, de noble linaje y unida a Aragn por lazos de amistad y casamiento ratific un de Alerre contagiado por la euforia de Fortes. Por vuestro entusiasmo, da la impresin de que la princesa Agns es vuestra futura esposa, no la ma observ ocurrente Ramiro. Nuestro contento, mi seor, no ser tan grande como el tuyo, pero todos nos alegraremos de ver en palacio a una dama tan noble como reina de Aragn concluy Fortes. Bien, bien, puesto que la candidata propuesta parece ser una aventajada sobresaliente y, segn vosotros, no ha lugar a que yo sepa de las dems, bueno ser confiar en vuestro juicio, pero no deseara que se ofendieran observ un corts Ramiro. No habr ofensa, mi seor, que es la costumbre en estas circunstancias, a menos que, como fraile secularizado y clibe, quieras casarte con todas se permiti la licencia Fortes. Caballeros, caballeros, no habis reparado que de tomar a todas por esposas, no slo se tratara de pasar de fraile a ser sultn y tener un harn, sino que, adems, tendra que hacerme musulmn, imaginis semejante cambio? Qu dira el pueblo, el abad, el Papa? Qu escndalo! rebati con humor el rey Ramiro, provocando las carcajadas de sus secretarios con su ingeniosa exageracin. En ese caso, mi seor, slo te podras casar con cuatro mujeres, que es lo que dicen la ley cornica expuso Fortes con conocimiento y agudeza. Slo con cuatro? pregunt el de Alerre con fingida preocupacin . Y, qu hara con las otras damas, pues los mahometanos tienen varias mujeres?
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Un musulmn slo tiene cuatro esposas, Gonzalo, y siempre que las pueda mantener aclar Fortes con conviccin. Y, las dems mujeres que tiene? insisti el de Alerre con su falsa inquietud. Son concubinas, y puede tener las que quiera finaliz Fortes adornando sus palabras con imaginaria envidia.

Regresando con cierto esfuerzo a la seriedad que el caso requera, Fortes tom la palabra, conteniendo a duras penas las carcajadas al ver el semblante jocoso del monarca. En conclusin, mi seor, creemos que la princesa Agns de Poitiers es la mejor eleccin para ti y para el Reino. Confo en vosotros y voy a dejar este negocio en vuestras manos, que siempre sern mucho ms expertas que las mas en los quehaceres del casorio. Haced los preparativos para que una embajada se desplace a la corte de Aquitania a pedir la mano de la princesa Agns. En esa embajada irs t, Fortes, y te acompaar Astudillo.

Ramiro II se interrumpi. Un deseo se hizo presente, pero no quiso aflorarlo. Fortes lo percibi y le anim al rey a que dijera lo que pensaba. Me agradara que, antes de llegar al palacio de la princesa, visitaseis a mi querido amigo y hermano fraile, Frotardo, abad del monasterio de Saint Pons de Thomires, para presentarle mis respetos, explicarle la razn de tal viaje y pedirle su bendicin para mis futuras nupcias, pero es un periplo muy largo y arriesgado y supondra un enorme retraso. No hay nada que mi seor desee que no se pueda cumplir, si es la voluntad de Dios respondi Fortes animando al monarca . Se dispondr de correos suficientes por los caminos de postas hasta llegar a Thomires, atravesando territorios del conde Ramn Berenguer, para quien debers proveer una cdula solicitando licencia de paso. Qu Dios te lo premie, buen Fortes! Har llegar tus deseos al capitn de la tropa para que prepare una escolta para el correo y al responsable de las postas para que elija a los mejores. Te estar muy agradecido, buen Fortes dijo Ramiro II, emocionado y reconocido.

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Ramiro II no deseaba ordenar, que sera lo fcil y adecuado en un rey, sino que pretenda que sus servidores fuesen, tambin, sus amigos, y se congratul al comprobar que estaba en el buen camino. Su hermano Alfonso, por el contrario, haba sido un monarca personalista y Ramiro deploraba esa actitud. Su educacin y su estancia en varios monasterios haban hecho de Ramiro un hombre que pensaba y viva en comunidad y para la comunidad. De acuerdo, amigo Fortes, vamos a redactar el salvoconducto para el conde y un despacho para mi querido abad, rogndole que vaya a vuestro encuentro y acte ante la princesa como mi valedor. Cuando la princesa haya aceptado mi peticin, que ella y su squito se unan a la embajada de regreso a Huesca y que los correos y parte de la escolta dejen al abad Frotardo en su monasterio y, luego, prosigan viaje a palacio. Yo estar esperando la caravana de la princesa a este lado del Pirineo para darle la bienvenida a mi futura consorte. Desde el lugar del encuentro, viajaremos juntos y tendremos tiempo de fraternizar y conocernos. Llegado a este punto, Ramiro II se interrumpi. A su mente acudi una duda sin ser convocada. Cuando crey solventarla, continu: Soy era fraile y no estoy muy entendido en estos asuntos, pero oigo una vocecita en mi interior que me est diciendo que si dejara que la princesa Agns llegara a palacio y se encontrara de pronto conmigo, el encuentro resultara demasiado fro, muy propio deun fraile, y no quiero dar esa impresin, aunque tampoco quiero que crea que es la carne la que llama a desposarme.

Fortes pidi permiso para hablar: Mi seor, ya sabes lo bromista que es el pueblo, siempre dado a festejar todo con ocurrencias, no siempre de buen gusto y No le des ms vueltas y dime qu ests pensando apremi el monarca. Pues que no sabr pronunciar adecuadamente el nombre de la princesa y podra ser motivo de chanza dijo Fortes. Y, qu se te ocurre? Pues que nos anticipemos y que, con tu permiso, empecemos a referirnos a ella como Ins, su nombre en nuestra lengua, Ins de Poitou, que es como se llama la comarca de donde procede, y, as, de forma natural, se divulgar su nombre y ser conocido por el pueblo.
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Me parece acertado, Fortes. Quiero que se lo hagas saber a la princesa, cosa que no le extraar, ya que tuvo una ta llamada Ins.

Ese mismo da empezaron los preparativos para la larga y siempre arriesgada jornada que durara varios das, una operacin que llevara su tiempo, en la que no deban faltar los pertrechos defensivos contra posibles atacantes, carros con vveres y provisiones, jamas, tinajas con agua y otras con vino, animales de carga y de carne, soldados de proteccin y defensa, guardia de honor para la princesa, cocineros, carniceros, tahoneros y herreros. Se pens en incluir una litera para la princesa Agns, pero, con buen criterio, Fortes, convino que, como no se saba el modo de viajar de la princesa, que fuera ella quien decidiera el tipo de transporte. Se haban dado rdenes de que, tan pronto estuviera todo listo, se partiera a hora bien temprana, considerando que la distancia estimada a recorrer sera de unas 36 leguas por terreno desigual, unas veces llano, otras escarpado, sin olvidar el acceso al Pirineo, y, aunque los caminos estaban expeditos, no era conveniente viajar ms de unas 6 leguas por jornada, y siempre durante el da, por lo que el desplazamiento a la corte de Aquitania llevara una semana, si es que no se producan incidentes. Los exploradores iran un cuarto de legua por delante para asegurar el camino y avisar de posibles contingencias. Yo estaba pletrico, alegre, contento, lleno de vitalidad. En cuanto supe que formara parte de la comitiva, me falt tiempo para ir a encontrarme con Marta, quien, alborozada, me estaba esperando en su puesto del mercado, radiante, ilusionada. Al vernos en la distancia, yo ech a correr a su encuentro y Marta abandon el puesto y se fue hacia m con los brazos abiertos. Nuestra desenfadada actitud de dos jvenes enamorados, no pas inadvertida para los deambulantes que, cuando nos abrazamos y unimos nuestros sus cuerpos como si se hubieran fundido en uno, sonrieron con complicidad. El abrazo no se pudo romper sin que nuestros labios se buscaran. El primer beso, la primera caricia entre los dos enamorados que an no sabamos el nombre de nuestros sentimientos. La primera unin espontnea, inocente y natural de sus cuerpos. No hubo palabras, no poda haberlas, slo nuestras miradas decan todo lo que no hizo falta decir. Al fin, el abrazo se deshizo y todo un torrente de palabras llen el vaco, y, si yo hablaba, Marta me quitaba la palabra, y, si no, al contrario. Era imposible entenderse y fue necesario establecer un turno. S que se est preparando una expedicin que ir a buscar a la futura reina de Aragn! Cmo lo sabes, Marta? En el pueblo no se habla de otra cosa, Astudillo, y todo el mundo est contento, alegre!
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Y, tambin sabes que el rey me ha invitado a formar parte de esa comitiva? S, claro que lo s, y ayer se lo cont a mi madre, y a Ramiro, y se pusieron muy contentos. Qu est contenta tu familia? No lo entiendo. Llevo muchos das, bueno, no muchas noches que no duermo y mi madre, una noche, al notarme inquieta, se levant y se acerc a mi lecho. Me pregunt si estaba enferma, pero al verme la cara, enseguida dijo: Una muchacha con esa carita de alegra, no puede estar enferma. Lo que tiene es que est enamorada! Dios mo! Te ha pasado lo mismo que a m, que llevo varios das que no me puedo concentrar en las lecciones y me paso las noches en vela con tu imagen revoloteando por mi mente. S que te vas y me alegro por ti, porque tendrs oportunidad de ver paisajes nuevos y de conocer a gentes de otros lugares, y eso, segn deca Ibn Osca, es la mejor escuela que se puede tener para aprender. Marta, si ya te echo de menos en cuanto me separo de ti y s que voy a volver a verte al da siguiente, imagina el suplicio que voy a sufrir sin poder verte en varios das. Pero, volvers, no? Pues claro que s, Marta, qu cosas se te ocurren. Lo deca para que, como a m me pasa lo mismo, el tiempo se nos haga ms llevadero, comprendes? La ilusin de volver a vernos y de tenernos, har que el encuentro sea ms deseado y, mientras, tendremos ocasin de razonar lo que ha pasado y de ponerle un nombre, aunque yo creo que mi madre ya se lo ha puesto. Yo se lo puse hace das, pero tena que esperar a que t lo supieras tambin. Hoy, nuestro beso, nuestro primer beso, ha sellado sin palabras un sentimiento mutuo que, sin saber cmo, creci en nuestros corazones. Tienes razn, Astudillo, y ahora s que te quiero y que nada me importara ms en el mundo que ser tu esposa. Ahora, Marta, ya s que mi quehacer ms importante en la vida es hacerte feliz, para ser feliz yo, y tener una familia feliz. No te anticipas un poco, Astudillo?
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En qu? An tienes que terminar tu formacin, es lo que me dijiste, recuerdas? No, no lo olvido, pero s que, a partir de hoy, mi vida ya ha cambiado, para mejor, y que tambin la tuya va a cambiar. Por qu ests tan seguro? Hablo de mi vida, Astudillo. S lo que me digo y muy poco valdra yo si no te veo en palacio dentro de unas tres semanas Yo, en palacio, Astudillo? Te has vuelto loco? S, loco, pero loco de Cree en lo que te he dicho.

Rodrigo se acercaba. Era casi medioda, la hora en que el sol empezaba a calentar demasiado y los huevos corran el riesgo de echarse a perder. Haba que levantar el puesto cuanto antes, marchar a la alquera y poner los huevos que no se hubieran vendido en la cueva, al fresco, aunque muchos das la mercanca era tan solicitada que se agotaba a las pocas horas de poner el puesto, al amanecer. Rodrigo y yo nos conocimos y simpatizamos de inmediato. Rodrigo era alto, enjuto, fuerte y su rostro estaba ennegrecido por las horas que se pasaba en el campo atendiendo las labores de la alquera. Lleg el momento de la despedida y Marta se mostr muy recatada en presencia de su hermano, por lo que los besos que pensbamos darnos ella y yo tendran que esperar a ocasin ms propicia. Antes de marcharme, se me ocurri una idea que, muy solcito, expuse a los hermanos: Voy a hablar con el responsable de los aprovisionamientos de la caravana para que os compre aves para carne. Harn falta, pues somos muchos los componentes de la expedicin. Y si os ponis de acuerdo en el precio y la calidad es la esperada, nada extrao tendra que vuestra alquera se convirtiera en abastecedora de palacio. Haras eso, Astudillo? pregunt Rodrigo, atnito, con los ojos como platos de la sorpresa. Claro que s, Rodrigo, por qu no? No sabes el tiempo que llevamos intentando vender a palacio! El rey Ramiro II es un hombre, antes que rey, a quien le gusta ayudar a todos, por qu no a vosotros si a cambio le dais un buen producto?
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Aprovechando la euforia de Rodrigo, me acerqu a Marta, la abrac y la bes con ternura. Marta me devolvi el beso y ya no le import que su hermano estuviera presente. Si algo le dijera, ella contestara que Astudillo es el hombre con quien se va a desposar, y lo mismo le dira a su madre. Lo acababa de decidir. Das ms tarde, la expedicin que se iba al trasladar al otro lado del Pirineo, estaba lista. Una guardia de honor a caballo, la misma que escoltara a la princesa en su venida a Huesca, abra la marcha. Estandartes, gallardetes y divisas del reino y de la casa ramirense ondeaban al viento prendidas de sus lanzas y alabardas. Le seguan los infantes ataviados con prendas de gala, la trompetera y timbales. A continuacin, los carros con bastimentos y pertrechos, seguidos por las bestias de carga y carne. Cerraba la marcha un escuadrn de caballera, arqueros y ballesteros, y, cmo no, la inevitable muchedumbre que se dio cita para la despedida y que form parte de la comitiva hasta la salida de la ciudad. El rey despidi la comitiva saludando desde un mirador y, cuando el gento lo advirti, se desgaitaba gritando Viva el rey! Viva Ramiro II! Marta tambin acudi a ver el espectculo y pudo despedirse a gusto de m. El monarca, al ver a la pareja de jvenes abrazados, imagin quin era ella y mand que un guardia la invitara a su presencia. Marta, sorprendida por tan inslita invitacin, acudi a la estancia real, temblorosa, asustada, como si hubiera hecho algo reprensible y temiera un castigo. El guardia le dijo que aguardara en la puerta hasta que l regresara con licencia del rey. Marta, desde el exterior pudo or al monarca que le deca al guardia que no la hiciera esperar y que entrara sin ms demora. Marta atraves el umbral y encontr al fondo de la sala al rey, sentado detrs de su mesa. Al verla, Ramiro se alz y se dirigi hacia ella, instndole a que se acercara. Marta estaba impresionada y sinti cmo acuda a su rostro el mismo rubor que cuando vea a Astudillo, pero la situacin era muy diferente. Ahora se encontraba frente al rey, cosa que nunca lleg a imaginar que sucedera. Se encontraba cohibida y not que el ligero temblor que recorra todo su cuerpo desde que entrara en la sala, empez a aumentar a medida que se aproximaba al monarca y a punto estuvo de perder el sentido y caer al suelo si no llega a ser porque Ramiro, ya a su altura, se dio cuenta, le puso las manos sobre sus hombros y la sostuvo. Qu te ocurre, muchacha? pregunt el rey con aire paternal.

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Marta se qued sin palabras. Estaba inquieta, nerviosa, pero ella, de natural, aunque algo tmida, no era as. Hizo un esfuerzo y su temple le devolvi la serenidad poco a poco. Quieres un poco de agua, muchacha? inquiri el monarca.

Sin esperar respuesta, Ramiro verti en un pocillo agua que contena el jarro que tena cerca de su mesa y se la ofreci a la muchacha, que la bebi de un trago, sin respirar. Ya recompuesta, Marta recuper la palabra y pudo responder: Estoy muy confusa, mi seor, porque no s por qu he sido llamada a tu presencia, qu es lo que he hecho y es la primera vez que estoy delante de mi rey y no s cmo comportarme. Sernate, muchacha, que ni has hecho nada, ni nada has de temer tranquiliz el monarca con palabras dulces y paternales -. Tal vez, he sido yo quien ha cometido el error al no decirte enseguida por qu te he hecho llamar. T, mi seor, darme explicaciones a m? respondi Marta extraada ante tan inslita excusa, ya recuperada del todo. S, por qu no? Soy un hombre, no? S, pero eres el rey y el rey ordena, no da explicaciones observ Marta cada vez ms extraada. Bueno, dejemos el asunto porque veo que a cada palabra ma me respondes con otra similar y, as, no vamos a terminar nunca. Te he hecho llamar porque imagino que t eres Marta, no? S, mi seor, pero cmo sabes mi nombre? Te extraa? Si te digo que Astudillo me ha hablado mucho de ti, dejars el recelo a un lado? Perdona mi torpeza, mi seor. Ya te dije que no s comportarme No lo creo, Marta. Sabes comportarte, y muy bien, lo que sucede es que an ests sorprendida y no has recuperado tu templanza, esa moderacin de la que tanto me ha hablado Astudillo y que tanto admira en ti. Eres inteligente, prudente y tienes una preparacin que pocas veces se da en una joven. S por Astudillo que recibiste educacin de Moiss Sefard.

El rey hizo una pausa para dar tiempo a que Marta se fuera familiarizando con el entorno y recuperara su confianza. El monarca segua mostrndose paternal.

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Marta, hija ma, qu pensaras si te digo que me puedes ser de gran ayuda?

Marta record en ese instante que Astudillo le haba prometido hablar con alguien para que pudiera vender en palacio sus aves y huevos. Te estoy muy agradecida, mi seor, y ser un gran honor para mi familia y para m abastecer de carne de ave y huevos tu mesa. De qu me hablas, Marta? Pues, de mi alquera, de - balbuci Marta, dndose cuenta de que se haba precipitado y que no era se el asunto por el que el rey le haba hecho llamar. Marta, escchame bien, hija adopt de nuevo el tono comprensivo y paternal el monarca - . S que eres una joven instruida, educada

La imaginacin de Marta empez a volar y estim que ahora era cuando el rey le iba a hablar de sus centros de educacin y que le iba a proponer Si me prestas atencin, hija ma, terminaremos pronto reprendi el monarca con amabilidad. Perdname otra vez, mi seor, ya te he dicho que Escchame Marta, y escchame sin interrumpirme, te lo ruego exigi Ramiro. Como ya sabrs, voy a desposarme y esa comitiva que has visto partir, va en busca de la futura reina de Aragn, a la que espero encontrar dentro de cuatro semanas en este lado del Pirineo. Como tambin sabrs, mi futura esposa es extranjera y, aunque traiga a sus propias damas de su corte, necesitar a alguien de esta tierra que le pueda ensear nuestras costumbres, nuestras tradiciones, nuestros hbitos, que pasee con ella, me vas comprendiendo, Marta? S, mi seor, pero Calla, muchacha, y sigue escuchando. Me gustara que t fueras una de sus damas de compaa y que me transmitieras sus inquietudes, sus deseos, sus ilusiones Dama de compaa de la reina, mi seor? S, Marta, s, y para ello ser necesario que vengas a vivir a palacio para que te vayas habituando a moverte con soltura en este ambiente. Recibirs la adecuada instruccin que sea precisa.
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Por qu yo, mi seor? Porque Astudillo confa en ti y yo confo en Astudillo. l es mi amigo y yo quiero que t seas amiga de la reina y me cuentes todo lo que a ella se le ocurra y necesite. No es algo que a slo a ti te compete, mi seor? No te das cuenta, hija ma, que mi tiempo lo tengo que repartir entre mis obligaciones como monarca, mis compromisos como gobernante y mi devocin como fraile que fui y que sigo siendo, porque me puedo quitar el hbito, pero no mis convicciones? Tendr poco tiempo para estar al lado de mi esposa, pero si te tengo a ti como confidente, todo resultar fcil y mejor para todos.

Marta no acababa de convencerse, pero haba una cosa positiva: estara cerca de Astudillo y a l le podra referir con ms confianza lo que aconteciera alrededor de la reina. No puedo negar a mi seor una peticin hecha con tanta sinceridad y bondad. Procurar servir a la reina con todo mi corazn y a ti con toda mi lealtad. Cuanto antes hables con tu familia y te traslades a palacio, antes empezaremos tu instruccin, Marta. El tiempo apremia. As lo har, mi seor. Dame unos das, te lo ruego. No puedo dejar de golpe todo el peso de la alquera en manos de mi madre y de mi hermano. No te preocupes: mandar a alguien para que los ayude.

Ya no encontraba excusa Marta y, adems, la idea de servir a la reina le gustaba, pues seguro que aprendera muchas cosas que ignoraba y que nunca tendra acceso a ellas. Y tendra a Astudillo cerca Crea que la conversacin haba terminado y, tras hacer la reverencia de rigor, se dispona a salir de la sala, pero la voz del monarca la detuvo. Una cosa ms, Marta. Dime, mi seor. Como te he dicho, en cuatro semanas me encontrar con mi futura esposa: quiero que me acompaes para que la conozcas y te pongas a su servicio desde el primer instante.

Marta dio un respingo por la emocin.


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Y podrs encontrarte con Astudillo, que lo estars deseando, no?

Marta, de nuevo, empez a temblar, pero esta vez por la nueva situacin que se le presentaba vivir. Un mundo de sueos y fantasas que jams haba imaginado afloraba a su mente y, todava incrdula pero ilusionada, se senta feliz. Se imaginaba la placentera sensacin que le producira viajar y encontrarse de nuevo con Astudillo, conocer a la reina, disfrutar de su compaa y aprender de sus consejos, formar parte de las damas de su confianza S, tena razn Astudillo cuando le dijo que su vida iba a experimentar un cambio.

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CAPTULO IX

Antes de partir la comitiva real a su encuentro con Agns de Poitiers, Gonzalo de Alerre anunci al rey la visita del conde de Bolea. Ramiro II orden que lo hicieran pasar a la sala de audiencias y que aguardara. El monarca medit sobre el motivo de aquella visita y, de pronto, el buen humor del que disfrutaba en los ltimos das, se troc en moderada gravedad. Entr en la sala y, al verlo, el conde hinc la rodilla derecha en el suelo y baj la cerviz, y en esa postura se mantuvo hasta que Ramiro II lleg a su altura y el de Bolea, sin alzar la cabeza, le pidi la mano para besarla en seal de pleitesa. El monarca, inusual en l, se la ofreci. Con semblante serio, pero con palabras amables, orden al conde que se alzara mientras l se diriga a su mesa y tomaba asiento. Te ech de menos en la jura de los fueros, conde reprendi el rey con corts seriedad. Estaba enfermo, mi seor, y excus mi ausencia con un despacho respondi el conde sorprendido por el spero inicio de la audiencia. Era la primera vez que se vea con el rey despus de su coronacin y esperaba una acogida tan cordial como la que se le reconoca en todo el reino. S, lo recuerdo. Por eso te hice llamar en cuanto te recuperaras. Ests bien? pregunt Ramiro con sobria cortesa. S, mi seor, gracias por tu inters - respondi el de Bolea, consciente ya del motivo de su llamada a palacio y preparado para recibir la prdica real. Te hice llamar porque an tenemos un asunto pendiente que resolver, conde, y lo debes recordar.

Las palabras de Ramiro no fueron inesperadas y el conde de Bolea puso su mejor voluntad en complacer al rey. S, mi seor, claro que lo recuerdo. Con la autoridad que me dio el monarca, tu hermano Alfonso, desterr a aquel infiel servidor que se excedi en su encargo de recaudador No me refiero slo a eso, conde, sino a que cuando lo desterraste, pas a cuchillo a toda la familia Lupin, menos a un miembro, que sigue siendo protegido mo.

El conde se desconcert ante la revelacin del rey y respondi con prontitud.


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Tambin se aplic justicia en aquel crimen horrendo. No tengo constancia. El infame fue castigado por sus crmenes, mi seor. Adems de esa inocente familia, asesin a los dos guardias que le dieron escolta. Se le aplic la pena de muerte cinco veces, tantas como vctimas caus, y cinco veces fue ahorcado, dejando su cuerpo en la horca para ser devorado por los buitres. Todo el condado fue testigo del ajusticiamiento, mi seor. Esa es tu justicia, conde, y a todo acto de justicia debe seguirle una justa reparacin replic el rey haciendo un gesto de repulsa por la crueldad empleada con el ajusticiado. No te entiendo, mi seor, y te ruego que me hables ms claro. Mi protegido se qued sin familia y sin tierras, que eran tuyas y se las tenas en arriendo, pero eran su medio de vida y tu mandatario les quit sus vidas y su hacienda, por lo que t, como dueo de la heredad y seor de tu servidor, eres responsable de lo que pas.

Ms que una amonestacin, el conde de Bolea entendi que las palabras del rey eran el veredicto de un juicio no celebrado, pero s sancionado. Yo lo supe todo mucho despus, mi seor se excus el de Bolea. No importa cundo, porque tu responsabilidad no est en funcin del tiempo, sino de los hechos sentenci el monarca. Qu debo hacer, mi seor? Dare cuique suum Y, cmo? Ya has dado a tu servidor lo suyo, ahora te queda dar a la parte agraviada lo que tambin es suyo. Eso es lo justo, dar a cada uno lo suyo, y dejo a tu eleccin cmo resolver la segunda parte del aforismo, ya que cumpliste con la primera, pero, respondindote, me complacera que mi protegido tuviera como regalo de boda un seoro con rentas de tu propiedad y que se lo otorgaras sin cargas y que as constara en una cdula sellada por ti y visada por m y el Justicia, como notario del reino, qu te parece?

El conde de Bolea puso todo su empeo en dar contento al rey y desagraviar a su protegido. Deseaba ganarse la simpata del monarca y, en verdad, desprenderse de uno de sus seoros, no era un precio excesivo. Era dueo y seor de grandes extensiones de terreno, algunas de los cuales tena en arriendo
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y, otras, abandonadas por las guerras y an no repobladas, en espera de nuevos arrendatarios. El de Bolea record para s que Alfonso El Batallador premiaba las fidelidades de los caballeros que aportaban sus mesnadas a la guerra otorgndoles territorios, prebendas, privilegios, dispensa del pago de tributos y, adems, proporcionaba repobladores para consolidar las nuevas fronteras que se originaban al conquistar terreno a los almorvides. En una incursin por Al-ndalus a finales de septiembre de 1125, El Batallador quiso instaurar en Granada un principado cristiano. Invirti en la marcha cerca de un ao, recorriendo y asolando tierras levantinas y del sur, y, aunque no logr su objetivo principal, regres con varios miles de mozrabes que asent en tierras aragonesas tras concederles un ventajoso fuero. Despus de este fugaz pensamiento, contest: Me parece justo, mi seor, y, has pensado en algn terreno en concreto? No, en ninguno, pero mira si entre tus heredades tienes alguna cerca de una alquera que hay a orillas del Isuela y que fue de Moiss Sefard, hoy en manos de otros propietarios muy estimados por m.

Terminando sus palabras, el rey se alz, abandon su asiento y, con los brazos extendidos, se dirigi al conde, quien crey que se los ofreca para besarlos, pero qued gratamente sorprendido cuando el monarca evit el gesto de acatamiento y lo abraz. Es mi deseo, conde, que me honres con tu amistad, no con tu sumisin. Yo ser el honorado con la tuya, mi seor. Y, ahora, mi querido conde, debo marcharme, pues, como sabrs, me caso y he de ir al encuentro con mi prometida. S que lo s, mi seor, que no se habla de otra cosa en el reino y todos esperamos que el sol de una princesa aquitana luzca con el resplandor de una reina aragonesa respondi un galante de Bolea. Loables palabras las tuyas, querido conde, que te agradezco en nombre de Ins de Poitou. Deseo que el itinerario est pleno de ventura y sin contratiempo, mi seor. Gracias, conde.

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Tras un nuevo abrazo de despedida, Gonzalo de Alerre acompa al de Bolea a la salida de palacio y, durante el recorrido, el conde, haciendo uso de la recin estrenada fraternidad con el rey, le dijo a su acompaante: Se ve que el rey es feliz, querido Gonzalo. Y no es para menos, pues ha atendido un problema de conciencia que le pesaba como una losa, y, pronto, se unir en casamiento a una hermosa dama.

La comitiva se puso en marcha y el squito era tan austero y sobrio que nadie dira que el rey iba a lomos de una de las caballeras, sin jaeces ostentosos ni llamativos, rechazando la litera que tena a su disposicin y que slo utilizara en caso de extrema fatiga. Cabalgaba con indumentaria de viaje y la vestimenta de gala se custodiaba en bales transportados en carros, como todo lo necesario para tan larga expedicin. Slo una guardia a caballo daba escolta a los integrantes. Al paso de los distintos territorios, se unan a la comitiva seores con una pequea hueste, a pesar de que no haba que temer peligro por parte de los almorvides, pues haba pactadas treguas, ni tampoco al atravesar el territorio de Garca Ramrez, con quien haba tratado de paz. Marta viajaba tramos en litera, otros, a pie, y, los ms, a caballo, charlando con las otras damas de la comitiva y mantenindose siempre cerca de Ramiro II. Cuando se produca un alto para descansar, reponer fuerzas o dar reposo a las caballeras, la joven aprovechaba el momento para hablar con el rey sobre lo que le preocupaba en sus futuros quehaceres como dama de la reina. Mi seor, advierto que te has hecho grandes expectativas sobre mi diligencia con la reina y yo no quisiera defraudarte. No te preocupes de eso, muchacha. Siempre parece que lo desconocido es ms imponente de lo que en realidad es y nos consideramos incapaces de asumir una responsabilidad para la que nos cremos no poder desempear nunca, cuando lo cierto es que, con ayuda de Dios y gracias a la inteligencia que nos otorg, podemos desempearla con xito le contest Ramiro para llevar sosiego a la manifiesta inquietud de Marta.

Marta comprendi que el rey hablaba de s mismo y que su corta experiencia de cambiar el hbito por el armio ya era suficiente como para aconsejar a una joven que lo importante era saber afrontar lo que la vida depara y no poner trabas en su trayectoria, pues ya se encargara la propia vida de colocarlas, y de forma inesperada. Te sugiero, Marta, que disfrutes del paisaje, que hables con las gentes que nos salen al paso, con los de la comitiva. Hablar, intercambiar ideas y saber escuchar a los dems, enriquece nuestros conocimientos y ensancha el corazn. Siempre se aprende, incluso del ms humilde de los humanos y
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que creemos no merecedor de nuestra atencin, porque la humildad es la ms hermosa de las virtudes y es preciso ser humildes para entender. Ramiro mir a la muchacha con la ternura proyectada en su mirada. Hizo descansar sus manos sobre los hombros de Marta, la postura de la confidencia, y con palabras dulces, le dijo: Jess nos dej dicho y lo recoge Mateo en su evangelio: Os aseguro que si no volvis a ser como nios, no entraris en el reino de los cielos, lo que viene a decir que debemos ser humildes de corazn y sencillos de alma para aspirar a que Dios nos considere dignos de su promesa.

Ramiro se mantena alegre, afable, risueo. En su faz se haba instalado una serenidad que armonizaba con todo su ser. Disfrutaba del viaje, hablaba con cuantos se le acercaban, ya fueran del squito o campesinos que laboraban a los bordes del camino y a todos saludaba con cordial cortesa. Acababan de dejar atrs tierras aragonesas y se iban a adentrar en el reino de Navarra, en cuya frontera aguardaba a la comitiva de Ramiro II una guardia de bienvenida con pabelln de Garca Ramrez, cuyo heraldo excus la ausencia de su rey porque estaba por tierras castellanas. Esta guardia navarra se unira a las mesnadas de los seores aragoneses y, todos juntos, atravesaran el territorio hasta tierras de Gascua. El paisaje haba cambiado y todo era de un verde esplendoroso, con montaas que parecan elevarse al cielo y, algunas de ellas, las ms altas, exhiban orgullosas la exultante blancura de la nieve. Los navarros utilizaban vocablos que a Marta le sorprendieron por desconocidos. Es una lengua muy antigua, tan lejana en el tiempo como la memoria de los ms antiguos de los antiguos no recuerda aclar gustoso Ramiro al ver el semblante ambiguo de Marta. Cre, mi seor, que todos hablbamos igual se excus Marta. Oh, no, muchacha! Pero no hay mucha diferencia y habr menos cuando se generalice la nueva norma que dejar el latn slo para los escritos, aunque tambin ser sustituido, no lo dudes dijo el monarca -. Pero oirs cosas que te contar Astudillo que te asombrarn aadi Ramiro. Cmo cules, mi seor? pregunt Marta, espoleada por la curiosidad y estimulada su imaginacin al intuir que Astudillo pudiera haber visto cosas maravillosas. austera y sobria; la ptrea firmeza de sus castillos, verdaderas fortalezas rodeadas por fosos defensivos; la grandeza de sus iglesias; la belleza de la
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- Como la galanura de la corte de Aquitania, tan distinta de la nuestra,

campia que se extiende por sus frtiles llanuras; el clima, mucho ms benigno que el de Huesca, templado y acogedor; la gente, distinta a nosotros en costumbres y tradiciones; su forma de hablarPero hay una cosa que s tenemos en comn: nuestra fe cristiana.

- Segura estoy, mi seor, que mi seora la reina echar de menos los guisos
de su tierra, pues la nuestra tiene influencias rabes y ella no estar acostumbrada a nuestras especias ni al aceite advirti Marta.

- No slo eso, muchacha, que pronto se acostumbrar a nuestra mesa, sino


que Huesca est cerca del Pirineo, con un clima ms extremo, y la corte de Aquitania est en una llanura templada y hmeda, suavizada por los aires del mar.

- El mar, mi seor? Lo veremos nosotros? exclam Marta en un grito de


entusiasmo ante la posibilidad de contemplar lo que siempre imagin y nunca lleg a ver.

- S, hija ma, s, tan pronto como lleguemos a la divisoria con el Pirineo,


aunque nosotros nos quedaremos aqu, en este lado, aguardando a la reina y a su squito. Pasaremos las jornadas que sean precisas en el castillo del seor de Haro, a orillas del mar, y lo podrs contemplar cuanto quieras, y te prometo que, por mucho que lo mires, nunca te cansars de hacerlo. Qu alegra me das, mi seor! celebr jubilosa Marta. Tambin ser un descubrimiento para otras muchas personas de las que viajan con nosotros repar el rey. He odo, mi seor, que mirando el mar hacia poniente, donde se une con el cielo y forma una lnea horizontal, es donde se acaba la tierra. Dicen que ningn barco se ha atrevido a navegar cerca de aquellos confines mostr su preocupacin Marta, confiando que el rey, al que se le supone que sabe ms que nadie, le dijera lo contrario. Has odo bien, Marta, y lo cierto es que nadie nos ha contado qu ocurre cuando se llega a esa lnea que t dices, porque nadie que haya ido ha regresado para describirlo manifest con gravedad Ramiro.

Cuando llegaron al castillo del seor de Haro, la tarde declinaba y el sol se ocultara enseguida. Sali el de Haro a recibir la comitiva, escoltada desde que llegara a sus dominios por su propia guardia, y, luego de las salutaciones, orden a sus sirvientes que se ocuparan de alojar a los ilustres huspedes en los aposentos dispuestos. Ramiro II, despus de abrazar y agradecer a su anfitrin su hospitalidad, pregunt por la capilla. Quera dar gracias a Dios por no haber tenido contratiempo durante el viaje y pedir que la reina y los suyos gozaran de
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igual dicha. Marta, cuando supo que deseaba orar, le pregunt al monarca si poda acompaarlo. El rey acept de buen grado la grata compaa de la joven. Marta deseaba elevar una oracin de gratitud por el cambio que haba dado su existencia despus de conocer a Astudillo y por las oportunidades que la vida le ofreca. Al da siguiente y a hora bien temprana, despus de haber descansado en jergones blandos y en aposentos caldeados, antes de que de la cocina saliera el olorcillo de que algo rico se estaba pergeando para el desayuno, Marta ya estaba en lo ms alto del torren para ver el mar. Tal era su impaciencia que no repar en que la brisa maanera era fresca y sali al adarve sin mucho abrigo. Uno de los soldados de guardia observ la imprudencia de la joven y le trajo una frazada para que se envolviera en ella. Marta, abstrada, con la cabellera al viento, estaba embelesada. Nunca habra imaginado lo que tena ante sus ojos. El soldado, viendo que la muchacha no haca caso de su ofrecimiento, le puso la cobija sobre los hombros y fue entonces cuando Marta repar que no estaba sola. Se estremeci doblemente: por el fro que ya hacia mella en sus carnes, y por la gentileza del soldado, cuando crea que estaba sola. Lo llamamos Cantbrico, mi seora dijo el soldado. Un nombre muy hermoso respondi Marta, arrebujndose en el cobertor . Y, siempre est as? - pregunt. Cmo, mi seora? se extra el soldado. As, tan agitado, tan ruidoso, con esa espuma blanca Da miedo! Oh, no, mi seora! As suele estar por las maanas, pero, en esta poca del ao, se suele calmar al medioda, a menos que haya una galerna y, entonces, se pone ms bravo y, a veces, las olas llegan a esta altura aclar el soldado haciendo expresivos gestos -. Pero es cierto que es un mar muy agitado y siempre est en movimiento. Es precioso contemplar el ir y venir del agua! No se cansa, no se agota exclam admirada -. Parece como si quisiera arrancar un trozo de roca y llevrselo como regalo a alguna sirena termin susurrando Marta. As es, mi seora. El mar nunca se cansa y dicen los pescadores que si alguna vez lo hiciera, sera por cosa de encantamiento y los peces moriran porque huiran al fin de la tierra y all desapareceran. Por eso, cuando se levantan, lo primero que hacen es lo mismo que ha hecho mi seora. Qu? Ver el mar para comprobar si se mueve. Si se agita, entonces se gritan unos a otros alborozados: Est vivo, est vivo! y salen a pescar.
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Es una historia muy bonita y te doy las gracias por el abrigo y la compaa. Debo ausentarme: extraarn mi ausencia y no me gusta preocupar a nadie. Adis, soldado, y buena guardia.

Marta baj las escaleras de dos en dos, o de tres en tres, que abajo se sentan sus pasos con tal estruendo que llegaron a creer que se trataba de un caballo desbocado. Marta estaba feliz, pletrica, llena de vida. Haba descubierto el mar y quera contrselo a todo el mundo, pero todo el mundo estaba a la mesa esperando que ella llegara. Se sonroj: no estaba vestida adecuadamente y No te preocupes, muchacha le dijo un afable y comprensivo Ramiro que encontr acompaado por el seor de Haro, ambos sentados en la mesa de cabecera del saln y donde unos sirvientes atendan sus requerimientos para aplacar el apetito maanero -. Una vez le dije a Astudillo que el hbito no hace al monje, y me viene muy bien recordarlo porque t seguirs siendo Marta, no importa que vestido lleves. Lo importante es lo que has descubierto y que tienes hambre. Bendita juventud!, ests de acuerdo, de Haro? Totalmente de acuerdo, mi seor Ramiro respondi el anfitrin con una sonrisa de complacencia. Qu te ha parecido el mar, muchacha? pregunt el de Haro antes de que Marta se dirigiera a su aposento a ponerse ropa adecuada y reunirse con las otras damas para desayunar. Grande, muy grande, seor, tan grande que no cabe en mis ojos! exclam con un entusiasmo desbordante.

Marta, despus de componerse como era lo esperado, se reuni en el saln con sus compaeras de comitiva, sentadas en una mesa lateral, enfrente de la de los caballeros, y se puso a hablar con ellas animadamente y transmitirles las emociones que le haba suscitado su gran descubrimiento, sin reparar que la primera colacin ya haba sido despachada con voraz apetito por los invitados y el seor de la casa. Todas las miradas se concentraban en ella tratando de seguir el relato de sus impresiones sobre el maravilloso encuentro que haba tenido con el mar. Pero, come, Marta, que si no, cmo podrs mantenerte fresca y lozana para esta tarde? le hizo observar una de las damas en un tono un tanto burln. Qu ocurre esta tarde? pregunt extraada. No lo sabes, Marta? Claro, tanto entusiasmo por el mar, te ha dejado helada dijo otra.
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No, no s qu ocurrir esta tarde, pero podis decrmelo? inquiri un tanto desconcertada. Pues, que llega la comitiva de Agns de Poitiers y, con ella, tu Astudillo! le respondi pcara una tercera dama.

Al or estas palabras, Marta dio un respingo y el cuenco que tena entre sus manos con gachas de harina tostada, leche, miel y cuscurrones, se le cay y el contenido fue a parar a su regazo. Una noticia tan esperada se present en un momento de mxima emocin y, de sbito, Marta qued tan turbada que no se habra dado cuenta de lo ocurrido si no llega a ser porque las gachas estaban muy calientes y, traspasada la tela del vestido, el calor lleg a su piel y sinti la quemazn. Sobresaltada, abandon el asiento, se sacudi como pudo, con ms torpeza que arte, y no dio tiempo a que el efecto de su desmaa hiciera aparecer el sonrojo a sus mejillas. Farfullando excusas, desapareci como corcel perseguido por enjambre de abejas, y, con lgrimas de contento y el corazn acelerado, entr en su aposento. La sigui una de las damas, Florinda, con quien haba intimado ms que con las otras, en razn de que compartan cmara, y entr con ella. Estars ms que contenta, no, Marta? Oh, s, Florinda, pero qu vergenza he pasado! se excus sin mucha conviccin. De todas maneras, Marta, tenas que cambiarte de vestido para recibir a la reina, as que, con el percance, slo has acelerado el momento del cambio, no te parece? le anim Florinda. S, s, es verdad, pero Pero, qu, Marta? Pues, te confieso, Florinda, que yo estaba pensando en Astudillo, pero una vez que lo has dicho, tienes razn, quien viene, es la reina. S, la reina, pero Astudillo con ella continu animosa Florinda. Puedo confiarte un secreto, amiga ma? pregunt con recelo Marta. Naturalmente, Marta. Antes de hacer este viaje, no nos conocamos de nada y, despus de tantas leguas de marcha juntas, compartiendo cielo y tierra, fatiga y descanso, comida y bebida, charlas y mojigangas, da a da nos hemos avenido y nuestro aprecio ha ido en aumento y nos ha permitido hablar de cosas ntimasy, ahora me preguntas si puedes confiarme un secreto? Es que an no te doy suficiente confianza? respondi Florinda con tono ocurrente, pues de sobra saba que a Marta,
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como a cualquier joven en su lugar, le faltaba poco para contar a una amiga lo que senta en sus adentros. Gracias, Florinda! De qu se trata? Anda, dilo de una vez le anim. Pues, que no s cmo comportarme con Astudillo y tengo muchas dudas. Qu tontera es esa, Marta? Pero, no me has dicho que ests enamorada de l y os vais a casar? S, por eso, precisamente, porque nos vamos a casar y hay que guardar el recato hasta despus del casorio, pero mi cuerpo me pide Qu te pide? Unirme a l, ser suya y que l sea mo. Y, t crees que no podrs mantener tu honestidad en cuanto lo tengas a tu lado y estis a solas? No estoy muy segura, pero tampoco s lo que pensar l si me comporto como me dicta el corazn. Y tampoco sabes, Marta, qu es lo que l trae en su pensamiento, pues no debes olvidar que ha estado muchas semanas en una corte donde, segn dicen, estn las mujeres ms hermosas y apasionadas del mundo y Astudillo es un hombre joven y fuerte, en la flor de la vida, y Qu me quieres decir, Florinda? pregunt Marta con el alma en un hilo. Nada de lo que puedas pensar, Marta, sino que l vendr hacia ti con los mismos deseos que t tienes, o ms, y estar enardecido por estar tantos das junto a damas tan desenvueltas. Y, qu crees que debo hacer, Florinda? S natural en todo y guate por lo que el corazn te dicte, pero s prudente y pdele a l que sea juicioso y que no precipite una entrega que debe tener su fecha y su lugar. Es muy sensato lo que dices, pero creo que juventud, sensatez y amor no conciertan bien. Todo lo que ahora rezagues, tendr ms valor cuando lo goces, Marta. Bien, Florinda, hablamos de m, pero y t? quiso conocer Marta.

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Confianza por confianza, Marta: estoy en tu mismo caso y tampoco s qu hacer, aunque lo que te he aconsejado me lo apropiar como si fuera sugerencia tuya. Nunca te has entregado a Rufino, Florinda? indag con cndida ingenuidad Marta. No, nunca, por ms que l insiste, pero le tengo dicho que le entregar mi virginidad cuando nos casamentemos y mi madre ponga esa noche a la puerta de nuestra alcoba un gran pote de miel. Rufino y t llevis mucho tiempo de esposos y yo crea que Cundo os vais a desposar? Tan pronto como los alarifes terminen de construir la casa que estamos levantando en unas tierras que ha heredado Rufino. Lo que no entiendo muy bien, Florinda, es por qu guardamos nuestra virginidad para la noche del desposorio cuando los seores tienen el lus primae noctis, me lo puedes decir? Es un derecho que viene de muy antiguo y que ejercitan los seores con las doncellas villanas de sus seoros que van a desposarse, pero, en muchos casos, esta entrega se puede evitar si el seor acepta el ofrecimiento de una tasa que paga el padre de la joven o su esposo. Menos mal que yo no tengo seor dijo Marta suspirando de alivio , pero me asalta una duda, Florinda. Qu duda, Marta? Tiene el rey ese derecho?

Florinda solt una carcajada. Y si lo tuviera, crees que lo ejercitara, Marta? Bastante tendr con atender a su lozana consorte, aquitana por dems, mujer joven y ardiente, como dicen. Tienes razn, Florinda: no haba reparado en su condicin de monje.

Las dos jvenes, como el resto de las damas que formaban parte de la comitiva, unas matrimoniadas y otras casaderas comprometidas, pero todas de edad inferior, o igual, a la de la reina, fueron elegidas e instruidas por el responsable de la etiqueta real en razn de que la futura reina de Aragn no estuviera rodeada de palaciegas de mayor edad que ella. Ramiro II quiso que su consorte se viera acompaada de personas jvenes, promesa de alegra y diversin, para
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que Agns de Poitiers no echara de menos su corte, pudiera sobrellevar mejor el duro clima oscense, adaptarse a las costumbres, cocina y locucin locales. Ramiro II, por su larga estancia en el monasterio de Saint Pons de Thomires, conoca perfectamente la langue doc de aquella comarca, lengua utilizada por juglares y trovadores, como el propio padre de Agns, Guillermo, a quien por su destreza en el arte de la trova lo llamaron el trovador. Tambin Ramiro II, haba adquirido conocimientos del nuevo lenguaje hablado que se abra paso por Occitania desde haca varios aos, una variante del latn con influencia de otros pueblos, germnicos sobre todo, que empezaba a llamarse el franciano, pero que no se escriba, permaneciendo el latn como lengua exclusiva para la escritura. Por lo tanto, entre Ramiro II y Agns de Poitiers no habra traba de entendimiento verbal. En cuanto a los cortesanos aragoneses de la comitiva real, tampoco tendran mayor dificultad en hacerse entender con sus pares aquitanos, pues, si procedan de tierras situadas al oeste del reino aragons, donde se hablaba el euskera con gran influencia de trminos procedentes de los francos y monjes del otro lado del Pirineo, su locucin era occitana, muy similar a la navarra, tan prxima a la de Huesca, aunque en la aragonesa figuran vocablos de procedencia rabe. Si, por el contrario, procedan de las comarcas orientales de Aragn, dominaban las hablas romances, tambin comunes en Aquitania. De cualquier forma, en poco tiempo, todos, los de un lado y otro del Pirineo, se expresaran en Huesca con fluidez en una misma lengua, estimulados por el inters de aprender de la juventud, otra de las razones que asistan al responsable del protocolo para que la corte estuviera compuesta por jvenes de ambos sexos. Las dos damas siguieron con su charla en forma desenfadada y amena. Para tu tranquilidad, Marta, te recuerdo que el amor es el nico sentimiento que nos da la felicidad, y un ser feliz lo es porque dentro de s tiene a Dios. Florinda, que te pareces a nuestro rey! repar Marta en tono burlesco. No en vano hemos estado algn tiempo junto a l y sus palabras son siempre una enseanza se justific Florinda.

Las dos amigas permanecieron en el aposento hablando y cambiando opiniones hasta que fueron interrumpidas por unos golpecitos en la puerta. Tras solicitar identificacin y conceder licencia, irrumpi una camarera que vena a advertir a las damas de la proximidad de la comitiva aquitana y se ofreca por si su ayuda era precisa para que se compusieran adecuadamente para la recepcin. Pero, no me decais que llegara esta tarde? dijo Marta un tanto confusa.
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S, as lo haban anunciado los exploradores que mand el rey esta maana, pero, al parecer, la reina tambin tiene prisa por encontrarse con su futuro cnyuge respondi socarrona Florinda -. Adems, ella tambin es mujer aadi divertida.

Las dos damas se asomaron a un ajimez y pudieron ver en la lejana la polvareda que levantaban las monturas de los caballeros avanzados que abran la comitiva al trote. Marta crey ver lo que no vea y, desde ese momento, todo fueron prisas y agobios por estar prestas. En el patio de armas estaba formada la guardia de honor aguardando la orden de partir al encuentro de la reina. Ramiro II, con atavo de gala y montado sobre un manso palafrn, dio la orden e inici la marcha rodeado de sus nobles. El seor de Haro marchaba junto a Ramiro II, formando su guardia parte de la real para recibir con honores a la dama aquitana. Apenas habran recorrido dos quintos de legua cuando las cabeceras de ambas comitivas se encontraron. Me anticip para ir al encuentro del rey, saludarlo pie a tierra y rendirle pleitesa. Ramiro II se alegr al verme, me abraz, pero su mirada estaba en otro sitio, lo mismo que su corazn. El rey se dirigi presto a la litera de la princesa, cuya carroza luca al viento su divisa y gallardete, descabalg y se situ en el flanco por donde deba bajarse la dama. Una espesa cortina protectora del polvo del camino impidi al rey ver el interior. Con voz clida y en medio de un extrao y profundo silencio en el que slo se poda or la mies vencida por la brisa, el rey dio la bienvenida a quien an no haba visto. Sbitamente, la cortina se descorri y apareci el rostro de una bellsima y elegante seora, revestida de una dignidad y nobleza que cautiv a todos los que tuvieron la fortuna de contemplarla, respondiendo agradecida al cumplido del rey. Al punto se apresuraron dos servidores a la litera para liberar a la ilustre dama de los impedimentos que retardaban su salida. Ramiro II ofreci gallardo su mano y ayud a la egregia seora a abandonar el carruaje, haciendo alarde de una galantera inaudita: Mi seora Agns de Poitiers, s bienvenida a estas tierras que jams vieron tanta belleza y dignidad juntas en una dama de tan noble linaje. Seas t bien hallado, mi galante seor Ramiro sorprendi al rey la voz dulce y amable de Agns de Poitiers.

Ramiro II, a pesar de su falta de experiencia, o, tal vez debido a ello, descubri que Agns de Poitiers era una dama alta, bella, distinguida, de modales suaves, sonrisa fcil, voz melodiosa, ojos de un color maravillosamente indefinido entre
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gris, verde y azul, mirada serena y confiable. Qued prendado ante tanta abundancia de gracias. Tan pronto como Agns de Poitiers pis tierra, un grito unnime y sobrecogedor de todos los presentes dando vivas a la futura reina y al rey, rompi aquel extrao silencio que se haba instalado de forma premeditada para que ninguno pudiera perderse las primeras palabras de los futuros reyes de Aragn. Desde que la descubri, Ramiro II no quitaba los ojos de su futura consorte y ella, de forma ms recatada, lo miraba de reojo, escudriando su figura, su porte, sus gestos. Ambos se subieron a la carroza de la princesa y Ramiro dio orden de iniciar la marcha hacia el castillo del seor de Haro. En el corto trayecto de regreso, Agns y Ramiro pareca que no existan, que haban desaparecido de este mundo y que acababan de crear otro, minsculo y clido, en el que slo caban ellos dos. Uno de los nobles se hizo cargo del caballo del monarca. Llegados al patio de armas del castillo, las damas y caballeros cortesanos que estaran al servicio de la futura reina, prorrumpieron en aplausos y vivas. Ramiro II y Agns de Poitiers, despus de abandonar su corta intimidad y de saludar cortsmente en la distancia, pasaron al gran saln. All, el rey fue presentando una a una a cada persona de la corte aragonesa que, desde ese instante, estaba a disposicin y asistencia de la futura reina. Al llegar a m, la reina, muy corts y amable, me dedic una sonrisa y le dijo a Ramiro II: Conozco al caballero Astudillo, un servidor leal y noble, y muy agradable.

Agradec con una reverencia sus gentiles palabras. Por su parte, Agns de Poitiers hizo lo propio con su comitiva y elev preces para que entre todos ellos hubiera pronto entendimiento y buena avenencia. Tras la ceremonia, que fue breve debido a la fatiga que denotaba el rostro de la princesa y de sus cortesanos, Agns de Poitiers solicit licencia para reposar antes de la cena. El rey, solcito, excus ante el de Haro la ausencia requerida y el seor del castillo se apresur a ordenar a los sirvientes que condujeran a su ilustre invitada el aposento reservado para ella. En ese instante, Ramiro pidi a Agns si autorizaba que una de las damas aragonesas que tendra por compaa en Huesca, la acompaara a su aposento, a lo que la princesa respondi que ella ya dispona de su propia camarera, pero que sera bienvenida la tal dama. Marta, hija ma, acompaa a la princesa inst el rey.
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Marta, agradecida al rey por la confianza depositada en ella y por la pronta oportunidad que se le brindaba de servir a la futura reina de Aragn, luego de una reverencia, se present ante la princesa. Soy Marta, tu servidora, mi seora Ins de Poitou.

Agns de Poitiers qued muy sorprendida por la forma en que una dama de la corte a su servicio se dirigiera a ella utilizando una expresin tan familiar a la que no estaba habituada. No quiso darle mayor importancia y dej para cuando estuviera descansada tratar ese tema con el rey. Una vez que Marta e Isabelle, la camarera aquitana de la princesa, dejaron bien acomodada a su seora, ambas abandonaron el aposento y convinieron volver a encontrarse en el mismo lugar antes de la cena, para ayudar a su duea a componerse. Marta no ignoraba que Astudillo nada saba de ella ni de su presencia en el castillo, por lo que, en cuanto se vio libre de obligaciones, sali al patio corriendo, preguntado a unos y otros dnde podra encontrarlo, pero no tuvo fortuna. Unos, respondan que no lo haban visto, y, otros, decan no conocerlo. Haba mesnaderos de varias procedencias y era natural que no todos lo conocieran y, a causa de la fatiga del camino, algunos no respondan con la delicadeza adecuada. Sin embargo, la ausencia de Astudillo y las respuestas que recibi de los soldados, hicieron que a la mente de Marta acudieran las insinuaciones de Florinda y nubarrones de intranquilidad se instalaron donde deba haber alegra y entusiasmo. Marta resolvi ir en busca de Florinda, no porque ella tuviera respuesta, sino para que le ayudara a encontrarlo preguntando las dos por todas partes. Pero, cmo es que no lo has visto? le pregunt extraada Florinda - . Yo crea que estabais juntos conjetur la amiga. Cmo juntos? Es que t lo has visto? inquiri con premura una ansiosa Marta. Yo, no, pero Rufino me ha dicho que Astudillo estaba muy fatigado y que se haba ido a dormir. Dnde? A su tienda. Dnde est? En el seto, cerca del arroyo seal el lugar - . Hay muchas y tendrs que averiguar cul es la suya.
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Presa de un irrefrenable impulso, Marta sali corriendo hacia el soto, pero apenas si haba dado unos pasos cuando la prudencia y el recato hicieron acto de presencia y sirvieron de freno. Girando sobre sus talones, se dirigi a su amiga: No sera juicioso que yo me adentrara sola por el campamento y me sera menos violento si me acompaarais t y Rufino. Tienes razn, Marta. Iremos los tres y tardaremos menos en averiguar el paradero de Astudillo.

Ms tranquila, pero excitada por el acontecimiento que en su imaginacin sobrevendra al encontrase con Astudillo, mientras sus amigos preguntaban a los soldados que permanecan fuera de sus jaimas, Marta se fue directa hacia las carpas cerradas, en una de las cuales debera encontrar a Astudillo. Con extrema precaucin, se fue asomando al interior de aquellas que encontr fcil el acceso y as, una tras otra, hasta que, finalmente, al abrir el cierre de una de las ltimas, lo hall, y ms dormido y sereno de lo que jams imaginara. Escudri su rostro plcido y le invadi una gran ternura. Se sonri complacida y a punto estuvo de arrojarse sobre l y despertarlo a besos, pero recapacit, dio media vuelta, asegur el cierre de la tienda y se alej en busca de sus amigos, tratando de contener su alegra dentro de s protegindola con los brazos cruzados. Puesto que Astudillo no sabe que t ests aqu, por qu no lo sorprendes esta noche, durante la cena o la danza posterior que ha anunciado el seor de Haro en honor a sus huspedes? propuso Florinda, que ya se haba convertido en su cmplice. Tienes razn, Florinda: eso har respondi resuelta Marta.

Desde que Marta tom su decisin, hizo partcipes de ella a cuantas damas conocan su vnculo con Astudillo, hacindoles prometer que no le descubriran su presencia por nada en el mundo. Todas sus amigas y servidoras de la reina se implicaron en la sorpresa que Marta quera reservarle a Astudillo y todas compartieron el contento y la ilusin de la que un da fuera vendedora de aves, ahora convertida en dama de compaa de la futura consorte de Ramiro II Ramiro II y el seor de Haro departan animadamente dando cortos paseos por el saln en donde se iba a servir la cena. Aguardaban la presencia de la duea de la casa, la condesa de Haro, y de la princesa Agns de Poitiers. Los caballeros con sus respectivas damas, tambin se unieron a la peripattica espera. Astudillo estaba en un rincn de la sala, con Florinda y Rufino. A pesar de la compaa de amigos, que se forzaban en darle chchara y distraccin, l permaneca ausente, con el semblante serio y mustio, sin duda pensando que
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estara mucho mejor lejos de all, en otro lugar, pero gozando de la compaa de Marta, cuyo pensamiento inund todo su ser desde que abandon Huesca y, cada hora que pasaba sin verla, su recuerdo se haca ms penetrante, ms intenso, rayando con lo insufrible. Como las dos damas se hacan aorar ms de lo debido, cosa que todos entendieron como natural y esperado, el seor de Haro hizo un comentario al monarca acorde con el acontecimiento y en clara alusin a lo que an estaba por venir: Mi seor Ramiro: en este ambiente de alegra y contento que todos disfrutamos, imagino que no considerars un desatino si te hago cavilar que la espera de una dama siempre se ve recompensada con el gozo de sus clidas caricias, que pueden llegar a encender una tea hmeda y hasta un haz de lea sobre el que haya llovido semanas.

En el momento en que Ramiro II se dispona a responder, se hizo el silencio en la sala y todas las miradas se dirigieron hacia una de las puertas donde el maestresala del castillo anunciaba con gran solemnidad la entrada de la condesa de Haro y la princesa Agns de Poitiers. Creme, mi seor Ramiro, que nunca se dio cita en este castillo semejante hermosura y tanta belleza como las que nuestras damas nos regalan esta noche dijo el de Haro embelesado.

Un murmullo de admiracin recorri la sala y, poco a poco, se fue trocando en tmidas lisonjas que terminaron en aclamaciones y entusiastas galanteras. Las damas recin llegadas estaban radiantes, pero no menos lo estaban las seoras de ambas cortes, que parecan rivalizar entre ellas en elegancia y belleza. Marta, Isabelle y las doncellas de la seora de Haro, iban unos pasos ms atrs por lo que su aparicin en la sala pas un tanto inadvertida. Entonces, el maestresala seal la mesa que deban presidir los anfitriones y huspedes de honor. Despus, seal una de las mesas laterales que deberan ocupar los dos matrimoniados, alternndose dama y caballero, y quedando todos alineados y avecinados a la pared, pero dejando espacio suficiente para el paso de los sirvientes y para que las pavesas de los hachones cayeran libremente al suelo sin daar a nadie. La otra mesa, y con igual distribucin, para los caballeros y damas casaderas y comprometidas. Ningn comensal daba la espalda a la mesa de cabecera, que sera considerado como una reprobable descortesa. Con el revuelo inicial y pese a que Marta y Astudillo se deberan sentar en la misma mesa, todava no se haban encontrado. Al estar todos alineados, era difcil ver ms all del comensal contiguo. Ella lo buscaba, le haca seas a
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Florinda y a Rufino, pero como los sirvientes entraron en tropel a servir la cena, el barullo impidi que lo localizaran. Cuando el primer plato estuvo en el saln para ser servido, una sopa de ave con piones asados y hojas de hierbabuena, planta que haba conocido el de Haro en una de sus incursiones por territorios almorvides y que le pareci exquisita para aderezo de los caldos, el maestresala orden a los sirvientes que no procedieran a dispensar el alimento hasta que el seor de la casa lo decretara. Mientras, el enorme perol descansaba sobre las ascuas de un brasero. La indicacin extra a todos los invitados, pues no haban presenciado antes semejante formalidad. Tal vez, pensaron los asistentes, habra un discurso previo a la cena, cuando lo habitual era hacerlo antes de los postres y previo a la danza que seguira. Sea como fuere, los sirvientes aguardaron a recibir la orden. Mientras los comensales discurran a qu se deba tal interrupcin, aparecieron dos sirvientes portando una gran cntara de vino que acababan de subir de la bodega y la depositaron al lado del perol, pero alejada del brasero. Con ayuda de un pocillo, el maestresala verti vino en un pote y, junto con una escudilla con sopa, se lo entreg a un hombrecillo todo vestido de negro y tocado con una extraa cofia, tambin negra, que le cubra toda la cabeza y orejas, dejando al descubierto slo el rostro. El sombro hombrecillo, que pareca embutido en su propio sudario, permaneca cerca de la mesa de cabecera, al lado del seor de Haro. Todos esperaban el desenlace de tan singular ceremonia. El hombrecillo tom una cucharada de sopa, luego otra, una tercera y, as, hasta que acab, que era un plato crecido. Procedi de igual manera con el vino, sorbo a sorbo, degustando y saboreando antes de meterlo en el coleto. Mientras, los ojos del maestresala, del bodeguero y de los seores de Haro no se los quitaban de encima. Los dems asistentes, se interrogaban con la mirada unos a otros, pero nadie saba qu ocurra. Al cabo, el hombrecillo se alz de su asiento y, dirigindose a los dueos del castillo, sus amos, habl: Seoras: la comida y la bebida no estn envenenadas.

Y aguard en su lugar hasta hacer lo propio con el segundo plato y todos los que le sucedieran. En ese instante, el maestresala orden a los sirvientes que repartieran la sopa y el vino. Cuando todos los comensales estuvieron servidos, el seor del castillo se alz con una copa de vino en la mano y el maestresala solicit atencin. El conde de Haro dijo:

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Sean bienvenidos el rey Ramiro II de Aragn y su futura cnyuge, la princesa Agns de Poitiers, que han honrado con su presencia mi casa y que Dios llene de ventura y de dicha sus vidas.

Al punto, todos los asistentes, puestos en pie, brindaron por los futuros desposados, los reyes de Aragn, brindis al que correspondi el rey Ramiro: Gracias por vuestra hospitalidad, seores de Haro. Elevo preces a nuestro Seor Jesucristo para que nos otorgue la dicha de poder celebrar juntos acontecimientos de contento como ste y retribuiros como os merecis en vuestra visita a nuestra corte. Y, ahora, comamos y bebamos antes de que se enfre la sopa y que a todos nos aproveche concluy el seor de Haro.

Ramiro II, extraado por el ceremonial que acababa de producirse y viendo que aquel extrao hombrecillo permaneca en silencio detrs del seor del castillo, le dijo al de Haro: Acaso temes que alguien ponga veneno en tus alimentos? Cuando se llega al poder, mi seor Ramiro, siempre hay que temer que la envidia de unos o el recelo de otros, puedan atentar contra nuestra vida. El catador se hace imprescindible porque es en la comida y en la bebida donde se puede esconder un potente veneno que cumpla con los deseos de los envidiosos. Imagino, seor de Haro, que eso ocurrira slo en el caso de que se llegue al poder por malas artes convino el rey. No te fes, seor Ramiro, que t, con haberte concedido la corona y el trono tu nobleza, no todos son nobles de corazn respondi enigmtico el de Haro. Qu me quieres decir, conde? se inquiet el monarca. Lo que te he dicho, seor Ramiro: no te fes de tus nobles y ten los ojos siempre bien abiertos insisti el de Haro. Jams me ver necesitado de un catador concluy el rey. Pues, enemigos, los tienes y, si no, al tiempo sentenci el de Haro. Y, dime, seor de Haro, Qu haras si por una desgracia ese pobre hombre encontrara veneno en tu condumio? se interes Ramiro. Pues, morira y sera sustituido por otro respondi seca y firmemente resuelto el de Haro - . Es una tarea que se paga muy bien y se hereda de
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padres a hijos, pues lo primero que un seor debe tener en su catador es plena confianza. Se han dado casos en que los enemigos del teniente de un seoro han entregado gran cantidad de sueldos a su catador para que, una vez probada la comida envenenada, fingiera durante el mayor tiempo posible que no lo estaba y diera tiempo a que el seor la ingiriera, resultando ambos muertos. Y, cmo un catador puede fingir una muerte? indag Ramiro. No es que la finja, no: es que la demora, aunque no siempre lo logra respondi de Haro. Y, cmo puede llegar a semejante situacin? insisti Ramiro, cada vez ms sorprendido por lo que ocurra en ese desconocido mundo para l. Es fcil, seor Ramiro. Cuando un catador acepta fondos de terceros para envenenar a su seor, lo primero que hace es poner a buen recaudo la paga, entregndosela a su familia para que la esconda en lugar seguro. Despus, durante varios das va tomando pequeas cantidades del mismo veneno que va a utilizar contra su seor, y, poco a poco, aumenta la dosis hasta que el cuerpo se acostumbra y se hace resistente al veneno, de tal manera que, cuando llega el da indicado, el seor puede caer fulminado al primer bocado, mientras que el catador slo tiene grandes dolores en el vientre y, con un poco de suerte, logra salvarse. Si eso ocurriera, tendr que salir huyendo enseguida porque sera perseguido y acusado de asesinato. Es decir, que el catador se va envenenando poco a poco y logra que su cuerpo se haga invulnerable a ese veneno, no es as, seor de Haro? quiso saber el monarca, cada vez ms sobrecogido. As es, mi seor Ramiro concluy el de Haro.

Dando por terminada la desagradable charla, el rey barri con su mirada a todos los asistentes y, al reparar en m, su corazn se alegr y le hizo una sea a uno de los sirvientes para que se acercara. A tu servicio, mi seor reverenci el sirviente. Ve a aquel caballero me seal y dile que el rey desea verlo.

Al sentirme llamado por el rey y al verlo, salt de alegra en mi asiento y mi primer impulso fue el de acudir corriendo hacia l y abrazarlo, pero la mesura que impona la etiqueta, evit la carrera como hubiese deseado, y me aproxim a la mesa de cabecera con gran formalidad. Salud con el tratamiento palaciego a Ramiro II; despus, a la princesa, a la que haba acompaado como caballero de confianza del monarca; a continuacin, a
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la condesa de Haro y, por ltimo, al seor y amo del castillo. Cuando las salutaciones hubieron finalizado, el rey se interes en saber todo lo que yo haba vivido desde que sal de Huesca y, de forma particular, que le hablara de la princesa, pero no en ese momento, que era inadecuado, acordando vernos ms tarde, o a la maana siguiente, antes de partir para Huesca. Despus de la breve charla, yo me dispona a regresar a mi asiento cuando el monarca me hizo una observacin: Cmo es que ests solo, Astudillo? No estoy solo, mi seor, que estoy con los compaeros de la comitiva respond lleno de ingenuidad. No me refiero a eso, Astudillo. Me extraa no verte con Marta. Marta, mi seor? Pero, est aqu? Pues claro, Astudillo. Lo mismo que t has acompaado a la princesa, Marta me ha acompao a m. No est contigo? No, mi seor, no est y lo peor es que no la he visto. Pues debera estar sentada en tu mesa.

Mientras se desarrollaba la conversacin entre el monarca y yo en la mesa de cabecera, de entre las miradas que estaban atentas a lo que all se estaba cociendo, haba una muy especial que lo acababa de descubrir. Marta se hizo la encontradiza cuando yo regresaba a mi puesto en la mesa. Nos miramos incrdulos, nos sonremos, nos aproximamos, y cuando el aliento de uno se confundi con el del otro, nos abrazamos con la ternura y la emocin de dos seres que en sus corazones late un inequvoco sentimiento compartido que, aunque fuera sentido y confesado, deba tener nombre: Marta! Astudillo!

El rey nos miraba complacido, testigo y cmplice de un amor puro y limpio que l no tardara en santificar o, en su nombre, lo hara fray Gregorio, pero no en otra iglesia, ni siquiera en la capilla real, sino en el monasterio de San Pedro el Viejo, donde, segn me dijo un da fray Ramiro, yo vine al mundo por segunda vez y, desde ese mundo nuevo, conoc a Marta. Tanto Marta como yo, esta noble pareja de jvenes enamorados, como deca Ramiro II, tuvimos un valedor excepcional que entr en nuestras vidas para reacomodarlas en la felicidad.

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Marta y yo nos sentamos en la mesa, uno al lado del otro, como as estaba previsto, pero nuestras miradas quedaron prendidas sin que nada ni nadie pudieran hacernos ver que no estbamos solos. El segundo plato ya estaba en el saln y el catador procedi a degustar lo que prometa estar delicioso. Tras la cata y con el beneplcito del seor de Haro, los comensales fueron servidos y, a medida que los platos se cumplan, un clamor de admiracin fue creciendo hasta convertirse en cerrados encomios de sorpresa y satisfaccin. Faisn al horno relleno de palomo y codorniz, aderezado con crema de arndanos y almendras fritas troceadas, con papilla de manzana. Ramiro II, poco amigo de las carnes, para no afrentar a los anfitriones, se hizo servir slo un muslo, pero con mucha crema. Agns de Poitiers se extra y al odo, muy quedamente, le pregunt: Ests desganado, Ramiro? No, Ins, no: es que prefiero las hortalizas a la carne, pero no te preocupes. Ahora que me llamas Ins, debo decirte algo que me ha ocurrido esta tarde. Dime, Ins. La camarera de nombre Marta, se ha dirigido a mi llamndome Ins de Poitou y, adems, usando un tratamiento de cortesa que me resulta extrao y desconocido.

Ramiro se tom un tiempo para indagar en su mente qu tratamiento habra utilizado Marta para contrariar a su futura consorte, y, al cabo, respondi: Imagino que Fortes te habr explicado la razn de llamarte Ins de Poitou. S, claro, y lo comprendo, pero no me refiero a eso aleg Agns. A qu, entonces? A que la dama de nombre Marta se ha dirigido a m con descortesa, pero convencida de que as deba ser, y eso me ha molestado confes la princesa. Qu descortesa, Ins? Me ha dicho: Soy Marta, tu servidora, mi seora Ins de Poitou. Y, dnde est la desconsideracin?

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En el tu servidora, mi querido seor Ramiro, en el t aclar finalmente Agns. En el t, dices? Pues no veo que haya descortesa alguna. Ya me he dado cuenta de que entre vosotros usis el mismo tratamiento, pero, sin embargo, crea que slo era entre iguales, pero, ms tarde, he comprendido que es de uso comn entre todos vosotros, sin distincin de linajes. No estoy acostumbrada. Creo que tu inquietud necesita una explicacin, Ins. Estoy deseando escucharla invit la dama aquitana. Vers, Ins: nuestra lengua, como todas las lenguas romnicas, conserva el sistema latino de tres personas en el pronombre, aunque, ltimamente y por influencia de la Iglesia, se han producido interferencias debidas al intento de introducir designaciones de cortesa desconocidas en el latn clsico, pero que han tenido fortuna en el uso mayesttico. As, se intenta sustituir el ego por el nos en las locuciones eclesisticas y se pretende que sea adoptado por la nobleza. En cuanto al vocablo vos que tanto parece haberte llamado la atencin su ausencia, debo decirte que su uso no est generalizado, pese a existen tmidos intentos por implantarlo. Comprendo que en el caso del nuevo franciano, las incipientes voces nous y vous formen parte del tratamiento occitano, pero en estas tierras, sus semejantes nos y vos, todava no son de uso comn, aunque si persisten las influencias forneas, lo puedan ser en el futuro. Hay otra razn ms por la que usamos el t. Nuestra lengua tiene influencias de los rabes y no debes olvidar que los musulmanes arabizados llevan ms de cuatro siglos presentes en nuestros reinos y en su lengua no existe otro pronombre que el t como tratamiento, con independencia de la alcurnia del interlocutor. Lo mismo ocurre con el euskera que se habla al oeste del reino y en Navarra, que slo tiene el t con el aadido de que se trata de una lengua ancestral y dudo mucho que alguna vez se imponga el uso del nos y el vos. Como te he explicado, son muchas las razones por las que usamos el t y, para distinguir la nobleza o la prosapia de nuestro interlocutor, en seal de respeto aadimos mi seor, o mi seora, segn sea el caso. Pero an me queda una razn muy fundamental para m. Si cuando rezamos nos dirigimos a Dios con el tratamiento de t, cmo se explicara que a un ser humano se le tratara con una cortesa superior?

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Creo entenderte, pero no me negars que me haya extraado sin haber sido advertida previamente se excus Agns de Poitiers.

Al trmino de la conversacin privada que mantenan el rey y la princesa, el maestresala anunci el postre y, enseguida, los sirvientes presentaron una gran bandeja que desprenda una apetitosa fragancia y que colocaron en la mesa central de servicio. Se trataba de un pastel de notable tamao en forma de rueda, elaborado con manzanas asadas y descorazonadas y cuyo centro haban rellenado los cocineros con crema de zarzamoras y miel. El pastel se serva en porciones sobre platos anchos y se acompaaban con finas lonchas de queso fresco de oveja. Como ya sucediera con los platos anteriores, se le sirvi al chocante hombrecillo una racin de aquel pastel con todos los ingredientes. Cuando la hubo engullido y se dej transcurrir un tiempo, se alz y pronunci las palabras del ritual: Mis seoras: el postre no est envenenado.

Llegado el fin de la cena, que estuvo entretenida por juglares y msicos, el seor de Haro se inclin sobre Ramiro II y le hizo una confesin: Habitualmente, es el maestresala el servidor responsable de servirnos la comida a mi esposa y a m y de hacer la salva para garantizarnos que no contiene veneno. Entonces, quin es ese ttrico hombrecillo que ha catado los alimentos? pregunt Ramiro II an ms sorprendido. Es un catador eventual que ha sido asalariado para esta cena especial. Dormir esta noche en el pajar de la cuadra, vigilado por los guardias que custodian los caballos, y maana, despus del desayuno, partir.

Viendo que la sorpresa no desapareca del rostro del monarca, el de Haro aadi: Mi maestresala es un servidor muy valioso y de probada lealtad que no quisiera sacrificar por una causa que a m no me concierne. Qu me quieres decir, conde? inquiri con inquietud Ramiro II. Sinceridad ante todo, mi seor Ramiro: he sabido que, a pesar de lo que ocurri este verano y del escarmiento que les diste a aquellos belicosos magnates que, con su actitud pendenciera, a punto estuvieron de provocar una guerra abierta contra los almorvides cuando saquearon una caravana islmica que tena paso libre por tu territorio, quebrantando una tregua acordada con Aben Ganya, muchos de tus nobles todava no terminan de aceptarte como su rey y recelan porque temen que, finalmente y por tu
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identificacin con la Iglesia, ejecutes el testamento de tu hermano y yo, anticipndome a lo que pudiera ocurrir, he tomado mis precauciones, no fuera que por atentar contra ti, pagramos todos. Ramiro II se torn abatido. Record aquel triste acontecimiento que, al pasar al habla popular, se magnific hasta el punto de convertirse en letrilla de juglares y tema apetecido por los contadores de historias. Yo no comprenda cmo la nobleza de mi reino me haba ofrecido la corona de Aragn y obligado a abandonar mi monja para, poco despus, mostrarme su animosidad hasta el punto de verme forzado a enfrentarme a una violenta revuelta provocada por algunos de ellos intent explicar Ramiro II a su anfitrin. Tal vez yo haya exagerado, mi seor Ramiro, y todo sea producto de mis desconfianzas. Corren malos tiempos y la ms mnima duda se convierte en sospecha, casi siempre sin fundamento aquiet el de Haro. Lo cierto es que, seor de Haro, sabiendo que yo careca de experiencia poltica, o, tal vez, precisamente por eso, la nobleza me oblig a ceir la corona en un momento en el que en el reino haba varios bandos nobiliarios que luchaban entre s para alcanzar mayores cotas de poder y de riqueza. Estos bandos, al morir mi hermano Alfonso, se enfrentaron entre ellos aprovechando el cambio de monarca y pensando que como yo era fraile, sera blando, complaciente y accedera a todas sus aspiraciones explic Ramiro II y en una de esas disputas, a punto estuve de perder el trono en el que apenas si me haba sentado y refugiarme en Besal. Recuerdo muy bien aquel episodio, mi seor Ramiro dijo el de Haro y lo que ocurri despus. Como bien dices, la historia se escucha en los mercados y en las fiestas populares y, cada vez que la repiten, cambian el argumento y exageran el romance para atraer ms concurrencia y obtener mayores ganancias con la coplilla. Estando en Besal, envi un servidor de confianza al monasterio de Saint Pons de Thomires para que le contara al abad, mi gran amigo y padre espiritual, Frotardo, lo que me haba sucedido. El abad escuch con toda la atencin a mi sirviente y, cuando hubo acabado su relato, le dijo que lo acompaara. Se introdujo en el huerto y, con una segur, fue cortando las coles que sobresalan de las dems.

Ramiro II haca esfuerzos para narrar aquel desgraciado hecho ahogando la pena que le produca, pero era su deber continuar una vez iniciado el relato. Desde que el abad Frotardo se introdujo en el huerto seguido de mi criado, no hubo entre ellos la ms mnima palabra. Cuando termin de cortar las coles, se dirigi a mi enviado y le dijo:
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Ve y cuntale al rey lo que has visto - , y lo despidi. El servidor as me lo hizo saber y yo di por entendido que lo que pretenda el abad Frotardo con su mensaje no era otra cosa que aconsejarme mi regreso a Huesca y decapitar a los nobles que destacaban sobre los dems, pues esos seran los cabecillas responsables del asalto a la caravana y de la revuelta, cuyas consecuencias fueron la prdida, entre otros territorios, de Mequinenza. Aquel castigo ejemplarizante debi servir para que los dems nobles que salvaron su cabeza se dieran cuenta de que, a pesar de tu procedencia cenobial, tienes carcter firme y eres resolutivo en cuanto a la defensa de los intereses del reino de refiere, no de unos pocos observ de Haro. Estoy apesadumbrado al recordar, seor de Haro. Soy un hombre pacfico, enemigo de la violencia, de cualquier tipo de violencia, venga de donde venga, y cuando tuve que ejercer de rey y mostrarme cumplidor con mis obligaciones de gobernante, lo demostr, pero bien a mi pesar y grandes sufrimientos me est causando aquel hecho. Yo soyera un hombre de iglesia, un fraile, y la violencia que tuve que emplear me est provocando una lucha interna entre mis convicciones y la realidad que me atormenta de da y de noche. Y cuando a mis odos llega la leyenda de que con las cabezas de los siete ejecutados hice un crculo debajo de una imaginaria campana y puse la del obispo en el centro, como badajo, mi sufrimiento se me hace insoportable. No te amargues, mi seor Ramiro, que ya se sabe qu son las leyendas en boca del vulgo intent el de Haro levantar el nimo del monarca - . Adems, para tu tranquilidad y serenidad de espritu, cumpliste con tu obligacin de rey y, quien sabe lo que habra ocurrido si no llegas a actuar de la manera que lo hiciste. S, as debe ser, conde. Gracias por tu comprensin. Es la pura realidad, mi seor Ramiro. Yo creo, conde, que ya no tengo esos enemigos que han anidado en tu imaginacin, pero s te digo que tu sinceridad me ha inquietado tanto o ms que si fuera verdad lo que dices, y no porque yo pudiera ser diana de esas maldades, sino porque habran pagado justos por un pecador. A Dios gracias, no ha sucedido nada y maana a hora bien temprana partiremos para Huesca, no sin antes agradecerte, a ti y a tu distinguida esposa, vuestra grata acogida y la esplndida hospitalidad que nos habis dispensado. Como bien dices, nada ha pasado. Maana veremos partir al catador y la normalidad se asentar de nuevo en nuestra morada.
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Convocar a la nobleza en cuanto llegue para presentar a Agns de Poitiers, fijar la fecha de nuestro casamiento y, si me es posible, tratar de averiguar qu hay de cierto en tus sospechas.

Mientras tena lugar la delicada conversacin entre Ramiro II y el seor de Haro, la msica no haba cesado de sonar y el maestresala, sabedor de los deseos de su amo, haba invitado a los comensales a que abandonaran sus asientos y se dispusieran a danzar. Fue el momento en que Marta y Astudillo pudieron estar juntos, hablarse y, era tanto lo que se tenan que decir, que las palabras de uno quedaban confundidas por las del otro, pero lo que no se haca entender era comprendido por la mirada, por la sonrisa, por el semblante pleno de contento y felicidad. Agns de Poitiers, viendo el desnimo en el rostro de su prometido, sospech que algo desagradable haban tratado los dos seores y se dispuso a poner una nota de entusiasmo. Se dirigi a Ramiro clavando su dulce mirada en sus ojos y, dibujando sus labios una clida sonrisa, con voz cautivadora, le dijo: No permitas que nada te amargue esta noche, Ramiro, por muy ingrata que sea la cuestin que habis tratado e invtame a bailar.

La peticin de la princesa no admita excusa alguna, sobre todo cuando, con medida coquetera no exenta de femenina galanura, se alz y extendi sus brazos a Ramiro, quien, saliendo de su momentnea turbacin, sonri con dulzura y tom las manos de su prometida para besarlas. Ambos abandonaron la mesa, seguidos de los condes de Haro, y se unieron a la danza. En un primer momento, los danzantes se ahuecaron y dejaron a los egregios personajes que se exhibieran a sus anchas. Agns de Poitiers era una excelente danzante, que caus admiracin, y sus ligeros movimientos contrastaban con la natural torpeza del rey, pero Ramiro II no se arredr y su empeo en complacer a la princesa fue emocionante. Cuando se dio cuenta de que la msica sonaba slo para ellos dos, el monarca hizo una seal para que todos se unieran a la danza y, con gran jbilo, Marta y yo nos acercamos a nuestros seores para felicitarlos por su buen danzar. Ah, si tuviera tu edad, Astudillo! exclam Ramiro II entre complacido y con falsa aoranza. Qu haras si tuvieras su edad, Ramiro? le provoc insinuante Agns de Poitiers.

Por toda respuesta, Agns de Poitiers recibi de su prometido una sonrisa de complicidad. -----------------------137

CAPTULO X

Desde que se supo que Ramiro II e Ins de Poitou contraeran nupcias en la catedral de Jaca, la ciudad regia empez a engalanarse y la alegra se notaba en los lugareos, sobre todo en los posaderos y mesoneros que ya se frotaban las manos imaginando la crecida de sus ganancias merced a que acudiran a sus establecimientos gentes de otras villas y aldeas que no querran perderse tan fausto acontecimiento. El alfoz de Jaca se llen de mercaderes, ganaderos y artesanos con la intencin de hacer buenos negocios y obtener pinges beneficios. La nobleza, caballeros y prelados que acudiran de los territorios prximos, se alojaran en castillos de sus pares y en centros eclesisticos. Las casas particulares alquilaran aposentos y tambin se subastara la contemplacin del acto desde los ajimeces. Convocada la nobleza y la prelaca por Ramiro II para hacer la presentacin oficial de su prometida a la corte y, llegada la hora de la fecha, con el saln de audiencias rebosante de lo ms granado del reino, Agns de Poitiers hizo su entrada apoyada en el antebrazo derecho que le ofreca el monarca y ambos fueron recibidos con reverencias y murmullos de aprobacin. La eximia pareja atraves la sala con paso lento y ceremonioso, dirigindose al estrado y, en cuanto subieron las dos gradas que lo separaban del piso, se volvieron hacia los all convocados. Ramiro II, con semblante jovial y la mirada refulgente, tom una mano de la princesa y, sin dejar de admirar su agraciada silueta y prendido en sus hermosos y enigmticos ojos, con la otra la seal pronunciando su nombre y abolengo, aadiendo seguidamente con jbilo: Mi prometida y futura reina de Aragn.

Todos inclinaron la cabeza en una salutacin de cortesa. Una vez presentada la princesa de manera colectiva a los all reunidos, se procedi a hacerlo de uno en uno, de forma individual, iniciando la fila el Justicia, secundado por los nobles segn la edad, no por el linaje. Fortes y el de Alerre, situados a cada flanco de la egregia pareja, se fueron alternando en hacer las presentaciones, pronunciando nombre, rango y procedencia de cada uno, quienes correspondan con rodilla en tierra y besando la mano que ofreca la dama aquitana. A continuacin, hacan lo propio ante el rey en seal de pleitesa. El obispo de Pamplona, Sancho de Larrosa, que a la sazn se encontraba en Huesca visitando a su igual, el obispo Dodn, que haba enfermado, acudi en su nombre a la asamblea. Dodn, gran amigo de Ramiro II, estaba representado por quien no era, precisamente, un partidario declarado del monarca y s un adepto de El Batallador. Sancho Larrosa cerr la fila de las presentaciones y, por distincin hacia el poder celestial que representaba, tena dispensa de cumplidos,
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por lo que se limit a estrechar entre las suyas las manos de Agns de Poitiers y hacerle una leve inclinacin de cabeza, lo mismo que hizo ante el rey. De acuerdo con la corte, la ceremonia nupcial haba sido fijada para el da 13 de noviembre del ao del Seor de 1135, un ao y dos meses despus de haber sido coronado fray Ramiro como Ramiro II de Aragn, y a la semana escasa de haber llegado a Huesca su futura consorte, quien se convertira en reina de Aragn en el mismo instante de ser bendecido su casamiento. Ramiro II tena 49 aos y hara los 50 en abril. Quedaban tres das para el feliz acontecimiento. Una vez hechas las presentaciones, el rey acompa a su prometida a sus aposentos. Agns de Poitiers tena a los alfayates pendientes de su decisin sobre el color y el forro del manto que estaba obligada a llevar, pues, adems de elegante, debera tener un cierto grosor ya que el fro arreciaba y el da de las nupcias, y a la altura de Jaca, se tema que nevara. Dispnsame, Ins, pero he de volver a la sala a despachar un asunto con la corte al que quiero dar solucin antes de nuestro enlace. Ve con Dios, Ramiro, y que l te ilumine para el buen fin que persigues.

Los esposos se besaron las manos y, luego, en la frente. Mientras, se ultimaban los preparativos en el palacio de Huesca, anteriormente alczar agareno, que ms que recinto real pareca un hervidero de sirvientes en un incesante ir y venir acudiendo a los requerimientos de la futura reina y de sus damas de compaa, turnndose los alfayates en las labores de corte, hilvanado, costura y pruebas de vestimenta en un frentico hacer y deshacer hasta quedar la prenda a gusto de la dama solicitante, que todas queran estrenar en ese da tan especial el ms elegante de los atuendos, a pesar de que Ramiro II haba advertido su preferencia por la austeridad. Cuando regres Ramiro II a la sala de audiencias, todos permanecan en su sitio. El obispo de Pamplona, intuyendo el negocio que se iba a ventilar, prefiri no estar presente y con una banal disculpa, solicit ausentarse. El rey atendi de buen grado su requerimiento. El monarca, pues, estaba acompaado por sus hombres de confianza, Alerre y Fortes, el Justicia de Aragn y el nutrido grupo que representaba lo ms granado de la nobleza aragonesa. El rey, despus de la presentacin de su prometida, les haba rogado que aguardaran su breve ausencia. Los mantena convocados porque se tema que, inmediatamente despus de celebrado su casamiento, se produjera una nueva reaccin de la Santa Sede
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volviendo a insistir sobre lo que ya era de todos conocido, y quera dar lectura en alta voz al testamento de su hermano Alfonso I para tener un ltimo intercambio de opiniones sobre tan transcendental documento, y, si le era posible, de este modo averiguar quienes eran sus leales y quienes no. La ausencia del obispo Sancho de Larrosa fue muy reveladora y no pas inadvertida. Hecho un silencio que permita or el zumbido del ms insignificante de los insectos, con gran solemnidad y pose de ritual, el rey, de pie, tom entre sus manos el pergamino sellado por su hermano durante el asedio a Bayona en 1131, ampliado en Fraga el 17 de julio de 1134, a raz de la herida mortal que recibi durante el asalto a la villa, y ratificado a los casi dos meses ms tarde, el 7 de septiembre, estando agonizante en la aldea de Poleino. Ramiro II ley lo ms significativo y que ataa a la herencia del reino con voz clara y lentamente: En nombre del bien ms grande e incomparable que es Dios. Yo, Alfonso, rey

de Aragn, de Pamplona () pensando en mi muerte y reflexionando que la naturaleza hace mortales a todos los hombres, me propuse, mientras tuviera vida y salud, distribuir el reino que Dios me concedi y mis posesiones y rentas de la manera ms conveniente para despus de mi existencia. Por consiguiente, temiendo el juicio divino, para la salvacin de mi alma y tambin la de mi padre y mi madre y la de todos mis familiares, hago testamento a Dios, Nuestro Seor Jesucristo y a todos sus santos. Y con buen nimo y espontnea voluntad, ofrezco a Dios, a la Virgen Mara de Pamplona y a San Salvador de Leyre, el castillo de Estella con toda la villa (); dono a Santa Mara de Njera y a San Milln (); dono tambin a San Jaime de Galicia (); dono a San Juan de la Pea ()y tambin para despus de mi muerte dejo como heredero y sucesor mo al Sepulcro del Seor que est en Jerusaln (), y todo esto lo hago para la salvacin del alma de mi padre y de mi madre y la remisin de todos mis pecados y para merecer un lugar en la vida eterna
Mientras Ramiro II lea, los all presentes se interrogaban con las miradas y en ellas se adverta su disconformidad y disgusto, nada nuevo. Al concluir, se oyeron las primeras protestas, repeticin de las que ya se oyeron en una anterior sesin. Sin embargo, el Justicia se adelant y dijo con gran conviccin: El testamento est lleno de errores jurdicos, con el absurdo aadido de testar a favor de Dios, lo que lo hace irrealizable. Pensis todos de igual manera, caballeros? pregunt el monarca a los all presentes que lo circundaban.

Respondieron todos como uno solo: S, mi seor Ramiro!


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Es lo que quera or, caballeros sentenci el rey.

A partir de ese mismo instante, Ramiro II resolvi enfrentarse con la Santa Sede y apechugar con las consecuencias. Cuando disolvi la asamblea, dando las gracias por su asistencia, me hizo llamar. Me llamabas, fray Ramiro? pregunt con cndida ingenuidad.

Al escucharme, Ramiro II se ri de buena gana, falta le haca despus de la tensa lectura que acababa de hacer. S, hijo, s. Te he llamado porque el conde de Bolea ha dejado para ti una pequea compensacin al mucho dao que hizo el que fuera su servidor a tu familia, y a ti, por supuesto. De qu se trata, buen fraile?

Yo no perd jams la costumbre de dirigirme a Ramiro II con el tratamiento que durante dos largos aos vena usando en el monasterio de San Pedro el Viejo, aunque, eso s, cuando no estbamos solos ya me haba advertido Fortes cmo deba actuar. Toma y lee le alarg el rey un pergamino. Yo, conde de Bolea, dueo y seor de la heredad situada entre los lindes

abajo indicados, ubicada en la orilla izquierda del ro Isuela y anexa a la alquera de la seora Mara de Lacarre y sus hijos, Rodrigo y Marta, la otorgo en propiedad y sin cargas al caballero Astudillo de Lupin y sello la presente donacin el 10 de noviembre del ao del seor de 1135, con el beneplcito del Justicia de Aragn, que sella el documento, y con la venia de Ramiro II, rey de Aragn, que igualmente graba su sello.
A medida que yo iba leyendo, pasaba de la sorpresa al asombro y mi rostro denotaba ya mi complacencia, ya mi perplejidad. Es lo menos que poda hacer por ti el conde, Astudillo dijo el rey queriendo no prolongar demasiado la charla, pues tena que atender otros quehaceres. Seguro estoy, mi buen fraile, que t has tenido mucho que ver en este negocio observ todava incrdulo. Lo que importa, Astudillo, es que ya tienes una propiedad anexa a la de Marta y no tendrs excusa para demorar mucho tu casamiento con ella.

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Me abrac a Ramiro II con la fuerza de la gratitud, no por haber sido mi benefactor en el negocio que yo ignoraba, sino por contar con la amistad de un ser tan noble y justo como lo era mi buen fraile, como lo llamara siempre. Ramiro II se detuvo a contemplar el contento reflejado en mi rostro y no me fue difcil vislumbrar que por su mente pasaba el recuerdo de la primera vez que nos vimos a mi llegada a San Pedro el Viejo y el tiempo que haba transcurrido desde entonces. Para m y desde entonces, fray Ramiro se haba convertido en un ejemplo de bondad, de justicia, de generosidad, de equilibrada imparcialidad, de rectitud, de integridad. En varias oportunidades habamos hablado de lo gratificante que es el perdn frente a la venganza y cmo la muerte violenta de un ser humano nunca est justificada, a menos que sea en defensa propia. Pese a la alegra que inundaba mi corazn, present que el pensamiento de Ramiro II se inundaba con una riada de ideas e imgenes que acudan a su mente en un desorden inquietante, pero tena que afrontar la situacin para liberarse de un peso insoportable. Astudillo, hijo mo, no es mi deseo mitigar tu contento con lo que te voy a decir, pero es preciso que lo haga y que sepas por m lo que ha sucedido durante tu ausencia, pues temo que te enteres por boca de desaprensivos que siempre alteran la realidad. A qu te refieres, buen fraile? me inquiet. As me gustara que me llamaras despus de que sepas lo que te voy a contar, pero eso ser decisin tuya.

Ramiro II me relat cmo tuvo que vrselas con una revuelta de los nobles y sofocarla de forma ejemplarizante con el descabezamiento de los siete ms levantiscos y que pusieron en pie de guerra a los almorvides de los territorios que estaban protegidos por una tregua real. Yo escuchaba sobrecogido, meditando sobre cada frase del rey y tratando descifrar el significado de una accin tan contraria y alejada de su proceder y sus convicciones. Un hondo pesar se reflejaba en el rostro del monarca y advert la gran lucha interior que se estaba produciendo en el nimo de protector. de de yo mi

Cuando Ramiro II dio por terminada su explicacin, yo me qued aturdido y ahora era yo quien senta en mis entraas la batalla que se estaba dando entre la imagen que tena de mi buen fraile idealizado y elevado a la categora de santo terrenal, y la realidad de ese mismo fraile convertido en rey que acta y gobierna como rey, siendo los dos el mismo hombre, un ser humano en definitiva, con sus aciertos, sus errores.
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Cuando reaccion, vi que Ramiro II me miraba con ojos suplicantes, esperando un poco de comprensin. Le devolv la mirada con la impotencia dibujada en mi rostro y le dije: Te agradezco el esfuerzo que has hecho contndome esa historia y s que has tenido que enfrentarte a ti mismo para hacerlo, dndome prueba, una vez ms, de tu valor y de tu generosidad. Gracias, Astudillo! Pero no est en m lo que necesitas y, aunque tarde en comprenderte, porque no entiendo de acciones de gobierno, cuando lo haga, llegar a perdonarte, pero recuerda que el perdn viene de arriba y a Dios debes encomendarte para que tu pesar te sea ms llevadero. Eres una gran persona, Astudillo, y con tu actitud, me demuestras que has dejado de ser un joven para convertirte en un hombre, en un buen hombre!

Yo saba que en esos momentos Ramiro II necesitaba un abrazo, un abrazo consolador y sanador, y, con los ojos hmedos por la emocin, abr mis brazos y no tard el rey en cobijarse en ellos y cerrarlos con los suyos. Sent que yo tambin necesitaba ese tipo de abrazo, un abrazo conciliador y purificador. Al pronto, not que mi rostro se humedeca y que no era por mis propias lgrimas. No seas demasiado duro conmigo, Astudillo me suplic un Ramiro II humano. Nunca lo ser, buen fraile respond con el corazn agradecido. Necesitaba ortelo decir, Astudillo! exclam Ramiro II deshaciendo el abrazo. Siempre sers mi buen fraile respond con sentida franqueza. Bien, Astudillo, hijo mo amigo mo! exclam el rey - . Me siento ms tranquilo despus de todo y ahora, te ruego que me dispenses: est al llegar fray Gregorio y he de hablar con l de varios asuntos en privado.

Al da siguiente y a pesar de que an no haba salido el sol, el trajn en palacio era mucho ms agitado que lo habitual en los das que recordaban los sirvientes de grandes recepciones y agasajos, y, sin embargo, todos estaban contentos, alegres y deseaban dar el mximo de s para que todo saliera como mereca un rey bueno y amigable como Ramiro II y una princesa tan bella, elegante y cordial como Ins de Poitou.
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El pueblo tambin manifestaba por las calles su contento con alborozadas canciones, msicas, vivas y todo tipo de parabienes para los esposos. Las campanas de todas las iglesias y monasterios repicaban con tonalidad y tiempo diferentes, de manera que, en su conjunto, formaban un carilln de alegres acordes. Haba llegado el da 13 de noviembre. Fray Gregorio acudi a palacio despus de la hora prima. Era portador de una clula sellada por Frotardo en la que el abad de Saint Pons de Thomires figuraba como padrino de la princesa y, despus de cumplidos los trmites legales cerca de la corte de Aquitania, en nombre de sus hijos menores de edad, la otorgaba en casamiento a Ramiro II El abad de San Pedro el Viejo deseaba tener una pltica privada con los contrayentes antes de que l diera lectura de la cdula en la catedral de Jaca y era preciso que tanto el rey como la futura reina conocieran el contenido de la cdula del padrinazgo para que, unas vez matrimoniados y en presencia de los prelados y de la corte convocados en la catedral de Jaca, cada uno estampara su signo en prueba de conformidad y aceptacin, ltimo requisito legal y exigible. Por otra parte, Fray Gregorio tena particular inters en dialogar a solas con la futura reina y, aparte de darle algunos consejos paternales, deseaba ofrecerle su amistad como una prolongacin natural de la que ya se tenan el rey y l. Despus de asistir juntos a una misa de accin de gracias que celebr fray Gregorio en la capilla real del palacio, los futuros cnyuges, secundados por sus caballeros y damas de compaa, se dirigieron a la plaza en donde los esperaba la guardia de honor a caballo que les dara escolta hasta Jaca en la carroza nupcial tirada por un tronco de cuatro caballeras de color blanco, ms otros cuatro jacos de refresco por si se produca algn percance por el camino. Al salir al exterior, Ramiro II y Agns de Poitiers fueron agasajados por la muchedumbre que aguardaba paciente desde el amanecer, prorrumpiendo en vivas, aplausos y espontneas galanteras dirigidas a la princesa, que luca una belleza serena y una delicada elegancia que arrancaba gritos y suspiros de admiracin y algn que otro requiebro de buen gusto. Ramiro II sonrea mientras saludaba a la multitud y la princesa reparta besos con las dos manos, un gesto poco habitual pero que, lejos de merecer censura, result ser muy bien acogido por todos, ganndose las simpatas del pueblo. La ilustre pareja se introdujo en la carroza nupcial en medio de las aclamaciones populares que no cesaban, y las damas de compaa se acomodaron en los carruajes que se haban dispuesto para ellas, mientras los caballeros montaron sus jamelgos y se colocaron inmediatamente detrs de las damas. La guardia de
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escolta se despleg y un escuadrn tom la cabecera de la comitiva, a guisa de grupo de despeje, otro grupo hizo de custodia de la carroza real, flanquendola y situndose el abanderado de Aragn con su divisa en el extremo frontal derecho, y el de Aquitania, en el izquierdo con su gallardete. El resto de la tropa cerr el squito situndose detrs de los caballeros de compaa. Como ya era costumbre, el gento acompa a la comitiva hasta la salida de la ciudad sin abandonar sus cnticos y sus requiebros. Era un da de fiesta, de fiesta grande y haba que celebrarlo. Las tascas y cantinas se llenaron pronto de madrugadores amantes del recio vino que servan en aquellas tabernas, an si era muy temprano para empinar el codo. La ceremonia haba quedado sealada para una hora despus del ngelus, pues haba que recorrer unas 7 leguas. Los caminos estaban poblados de gentes que haban salido de sus aldeas, alqueras y predios para asomarse a ver el paso de la inusual comitiva. Tambin para los aldeanos era un da de fiesta y ofrecan productos de su propia cosecha, ya miel, ya queso, ya frutas desecadas y los que tenan criaturas pequeas, las alzaban para que las bendijeran los futuros reyes. Y en ese ambiente de jbilo, que no ces en todo el trayecto, llegaron a Jaca, que acogi a la comitiva ms engalanada que nunca, limpia, sin pordioseros, pillos ni gente de mal vivir. Las divisas de las casas de Aragn y Aquitania se alternaban en los miradores y balaustradas, abarrotadas de gente como si el fro reinante no tuviera nada que ver con ellos. La ilustre pareja abandon la carroza con el nimo de dirigirse a la catedral, pero los gritos y vtores de la gente concurrida hicieron que el corto trayecto se hiciera interminable por la cantidad de veces que se detenan a saludar. Los aplausos eran incesantes y la princesa mostr su alegra al sentirse tan bien acogida. En el prtico de la catedral se encontraban prelados y nobles llegados de otras tierras para darles la bienvenida. Ramiro II busc con la mirada la figura de fray Gregorio, que formaba parte de la comitiva, y lo encontr detrs de l. Fray Gregorio iba a concelebrar con otros prelados la ceremonia y su momentnea ausencia caus un amago de preocupacin al rey. Estoy todo el tiempo unos pasos detrs de ti porque apenas si me permite avanzar se excus fray Gregorio.

Como toda la ciudad, la catedral tambin estaba engalanada y sus tres soberbias naves lucan los distintivos de las casas de los contrayentes, emergiendo la imponente nave central, ms ancha y alta que las otras dos que la flanqueaban, como si para la ocasin las arcadas y pilares se hubieran elevado ms de lo permitido para no perderse ni un pice del acontecimiento. Al ser ms alta, los
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maestros canteros se permitieron abrir culos en los muros de la nave central y por encima de los laterales para disfrutar en su interior de iluminacin natural. Cuando los futuros reyes de Aragn atravesaron el prtico y se adentraron en la catedral, dirigindose al presbiterio por el corredor de la nave central, los asistentes al acto reverenciaban a su paso y los esposos correspondan con sobriedad, ya una sonrisa afectuosa, ya una leve inclinacin de cabeza. Antes de llegar al altar, la ilustre pareja hizo un alto y elev los ojos para admirar la armoniosa belleza de la cpula nervada que se eleva sobre el centro del crucero, momento en que el sol quiso asistir como invitado especial y se hizo regalar filtrndose por las vidrieras, dando al conjunto una clida luminosidad de maravilloso cromatismo. La ceremonia fue concelebrada por dos obispos y fray Gregorio, para quien slo tenan ojos los ilustres contrayentes, turnndose en la lectura de textos sagrados y en la homila, compartida igualmente. Hubo memoria para los anteriores monarcas de Aragn y prole y se elevaron preces y cnticos por la felicidad de los futuros reyes, para quienes se implor sabidura, justicia y equidad. Tras la consagracin del pan y del vino, los esposos tomaron la comunin bajo las dos especies y pasaron a ser desposados cuando confirmaron su entrega mutua y las alianzas fueron bendecidas, tomando mayor carta de naturaleza la unin cuando se otorgaron recprocamente. En ese momento, fray Gregorio hizo que un aclito le entregara la cdula que le haba confiado y procedi a dar lectura en voz alta y clara:

Yo, Frotardo, abad de Saint Pons de Thomires, desplazado a la corte de Aquitania por requerimiento del rey Ramiro II de Aragn, y presentndome a la princesa Agns de Poitiers como legado y valedor del monarca, mi hermano en Dios, he solicitado y obtenido de la ilustre dama aquitana su disponibilidad y consentimiento para contraer nupcias con mi representado, aqu presente, as como la aceptacin por parte de sus hijos, ausentes en este acto, habidos en su anterior casamiento con el vizconde de Thouars, figurando al pie de este documento los sellos de conformidad y otorgacin del prelado de Poitiers, de los hijos de Agns de Poitiers y el mo propio, padre espiritual de Ramiro II, siendo este documento de otorgacin vlido y legal ante Dios y ante los hombres en el preciso instante en que los sellos del rey y la princesa sean estampados.
Haba un codicillo anexo, firmado por el prelado de Poitiers y del que Fray Gregorio dio lectura a continuacin, en el que el ilustre clrigo afirmaba, poniendo a Dios por testigo:

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La princesa Agns de Poitiers en toda su vida, de clibe, desposada y viuda, ha

dado sobradas muestras de ser buena cristiana, noble de persona y casta mujer y as hago entrega de ella al rey de Aragn Ramiro.
Fray Gregorio excus la ausencia del abad Frotardo por motivos de salud. Sellado el documento por los contrayentes, Agns de Poitiers dejaba de ser princesa para convertirse en reina de Aragn, la segunda con el mismo nombre. Tras el sellado, los tres prelados, como una sola voz, fueron los primeros en exclamar con jbilo: Viva la reina Ins de Poitou, viva el rey Ramiro II!

y contagiaron a los asistentes que no tardaron en unirse al homenaje formando un improvisado coro de vtores y aclamaciones que se hizo ms ostensible cuando los monarcas abandonaron el altar y se encaminaron hacia la salida de la catedral. La muchedumbre aglomerada en el atrio, al ver a sus reyes, prorrumpi en una atronadora salva con gritos de lisonjas que no ces mientras los desposados recorran, con paso lento y sin dejar de saludar, el trayecto hasta la carroza real, dando un largo rodeo aposta para que todos tuvieran tiempo de ver a la pareja real y admirar la serena belleza de su reina, a pesar de que el fro arreciaba y se presagiaba una inminente nevada. Los reyes mostraban su ntima felicidad en sus rostros y Marta y yo fuimos testigos privilegiados de primera lnea del regocijo real cuando nos acercamos felicitarlos. Estaba prevista una salutacin personal de todos los cortesanos al pie de la carroza, pero como el fro era cada vez ms intenso, la prudencia aconsej suspender el acto y rezagarlo para la llegada al palacio de Huesca. No obstante, Marta tuvo ocasin de mostrarme dos curiosidades que adornaban el exterior de la catedral. Ven Astudillo, es slo un momento - inst Marta.

Nos acercaron a la puerta lateral de la catedral. Ves? me dijo sealando un labrado. S, lo veo, pero, qu es? Es el patrn de nuestra unidad de medida que se utiliza en el mercado y que, como te habrs dado cuenta a pesar del gento, se ubica en la plaza de la catedral. Ah! Se trata de la vara jaquesa, que se utiliza en todo Aragn.
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As es, Astudillo. Ahora, ven, que te quiero mostrar un reloj de sol, aunque no creo que merezca la pena porque una nube acaba de ocultarlo y, por supuesto, cuando est nublado, no tiene ninguna utilidad.

Marta y yo nos fuimos corriendo hacia la comitiva, que parta en ese momento. Apenas si se habra iniciado la marcha cuando, dentro del carruaje, la reina se dirigi con gran desenfado y mayor sutileza a su esposo: Deseo, mi querido Ramiro, delimitar los terrenos de nuestras actividades. No te entiendo, Ins, pero advierto en ti un desconocido sentido del humor que me satisface. Dime, de qu se trata? T, mi querido esposo el rey no estaba acostumbrado a semejante trato de intimidad, pero se vea que le agradaba eres el rey y, como tal, debes gobernar y despachar con tus secretarios, para lo que dispones de una sala de despacho. Tambin tienes que recibir en audiencia a los nobles, prelados y otros ilustres, para lo que dispones de una sala de audiencias Recibes a fray Gregorio y dialogas con l asuntos celestiales en la capilla real Ins, te lo ruego, ve al grano porque no se qu me quieres decir. Pues, lo que quiero decirte, es que cada actividad del rey tiene su sitio, su tiempo y su lugar, verdad? Verdad, Ins asinti el rey. Pues no debes olvidar que yo soy la reina y que los asuntos que debas tratar conmigo, tambin tienen un lugar y un tiempo. No te entiendo, Ins objet el rey un tanto desconcertado. Es natural, querido Ramiro, pero te lo voy a aclarar. Soy la reina, s, pero, antes, soy mujer y para atenderme como mujer, hay un sitio y un tiempo, lo entiendes? S, pero dime, qu sitio? pregunt con entraable candidez. El lecho, Ramiro, el lecho aclar rotunda la reina.

Era la primera vez que Ramiro II se enfrentaba a una hembra y que le estaba marcando el tiempo y el lugar del trato con ella, pero Ins lo haca con tanta gracia, inteligencia y feminidad que encontr el eco adecuado. Tambin es el lugar donde la reina mujer debe tratar al rey hombre.

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Ambos se rieron con tan estruendosas carcajadas que se oyeron desde el exterior del carruaje. Queda dicho, querido esposo: en el lecho es el lugar nico donde debemos dirimir nuestros asuntos.

Nuevas carcajadas atrajeron las miradas de los escoltas ms prximos y unos a otros se decan con cierta malicia: Pronto empieza la fiesta!

La picaresca insinuacin de Ins le trajo a Ramiro el recuerdo de lo que se comentaba sobre el padre de su esposa, Guillermo el trovador, muerto en 1126, que alardeaba de sus proezas amatorias y se autodenominaba con ufana vanidad y complacencia trinchador de dmnas, llegando a arrebatar por la fuerza la esposa de uno de sus vasallos, de la que se haba enamorado, y la convirti en su amante, dedicndole numerosos y lascivos poemas. Habra heredado Ins semejante condicin de su padre? se pregunt Ramiro Ins de Poitou permaneca viuda desde haca ocho aos y haba tenido con Aymerico, vizconde de Thouars, cuatro hijos, de los cuales, tres eran varones, y su castidad estaba fuera de toda duda, como as lo afirmaba, y por escrito, el prelado de Aquitania. Bueno, si hubiera heredado los fogosos ardores de su padre, tanto mejor para m se content Ramiro.

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CAPTULO XI

Marta e Isabelle, las dos damas de compaa ms allegadas a la reina, la haban acompaado a la cmara nupcial para ayudarle a despojarse de la vestimenta de ese memorable da y ponerse el atuendo adecuado. Antes, unos servidores se haban ocupado de encender el amplio hogar para caldear la estancia y haban pasado sobre las ropas del tlamo unos calentadores. Ramiro llegara instantes ms tarde. Era la primera vez que iba a compartir aposento y lecho con su esposa. Isabelle, con ms prctica que Marta en el trato con la reina, advirti en ella un atisbo de natural vacilacin y se ofreci como la leal confidente que era para acoger y mitigar las inquietudes de su seora. Si me lo permits, mi seora Isabelle usaba el tratamiento que se abra paso en Aquitania y al que se estaba acostumbrando, lo mismo que haca con el usual en Aragn -, tal vez venga bien que os recuerde que esta noche ha sido creada para el placer y el amor y que toda inquietud debe quedar desterrada de esta cmara.

Marta qued perpleja ante la soltura de Isabelle y dedujo que su homloga aquitana deba ser una mujer experimentada en las artes amatorias. Escuch con atencin. No tengo ninguna inquietud por m, Isabelle, sino por mi esposo se explic Ins. En ese caso, mi seora, no debis preocuparos por nada, pues vuestro esposo es un hombre y vos una mujer, y una mujer siempre sabe qu desean los hombres y cmo complacerlos arguy Isabelle. Tened presente, Isabelle, que mi esposo no ha conocido mujer alguna y que yo ser la primera a sus 49 aos advirti la reina. Mejor as, mi seora, pues sois vos la llamada a despertar el deseo carnal que subyace en todos los hombres, no importa la edad ni la condicin, y tenis una gran ventaja a vuestro favor. Decidme cul, Isabelle inquiri exigente la reina. Permitidle que contemple vuestra desnudez, pero no completa, sino cubierta sutilmente con alguna seda insinuante, que se embriague con vuestra belleza, pero no accedis a que os acaricie an. Dejad que os contemple y vos misma veris nacer en sus ojos la chispa del deseo.
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Qu ms, Isabelle? Oh, mi seora! Vos sois una experta, habis estado casada. S, pero al ser vos ms joven que yo, sois ms vehemente, y, por otra parte, no creo necesario recordaros que llevo ocho aos de castidad.

En ese instante, Isabelle advirti por el tono de voz que Agns de Poitiers estaba ms necesitada que nunca de comprensin. Mir con ternura a su seora y encontr en sus enigmticos ojos el deseo de un alivio que pareca no encontrar el cauce adecuado. No era la reina quien aspiraba a ser entendida, ni siquiera su seora. Era una mujer que deseaba ser tratada como mujer por otra mujer, y nadie ms apropiada, en ese momento, que su leal servidora y confidente. Permitidme una pregunta muy personal, mi seora, y, si os incomoda, asumir vuestro castigo como merecido por impertinente. Decidme, Isabelle, y no temis, que esta noche es noche de confidencias. Gracias por la merced que me hacis, mi seora, y la pregunta es si amis a vuestro esposo, y perdonadme si os parezco insolente. No slo no me desagrada vuestra duda, Isabelle, sino que me brinda la ocasin de confesaros lo que todava silenciaba porque no estaba segura de mis sentimientos, pero ahora lo s y, s, amo a mi esposo y jams disfrut de tanta dulzura y de tanto afecto como los que me prodiga mi esposo. En tal caso, mi seora, decidle a vuestro esposo con voz susurrante y sugerente y sin que an le permitis que os acaricie, qu os gustara que l os hiciese en el lecho. A los hombres les agrada saber que ellos son el objeto de placer de sus esposas, les da confianza y seguridad. Poco a poco, acercaos a vuestro esposo, rozad su piel con suavidad y alabad su virilidad mientras la acariciis y le decid palabras picantes al odo. Cuando veis llegado el momento, desprendeos poco a poco de la seda, jugando con ella y con vuestro agraciado cuerpo, y cuando el juego haya provocado la splica y la desesperacin, mostradle toda vuestra hermosa desnudez. Por muy casto que sea vuestro esposo, la naturaleza har lo que tenga que hacer y vos ayudaris: recordad que sabis el camino y aunque hayis estado ocho aos privada, no se os habr olvidado. Gracias, Isabelle. Tendr en cuenta todo lo que me habis dicho, pero ignoro si mi esposo habr tomado alguna leccin y de quin, si es que se ha aprestado a consultar con algn experimentado cortesano.

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Ah! Una cosa ms, mi seora: no temis si vuestros gemidos o los de vuestro esposo traspasan los muros de este aposento y son odos fuera, pues, segura estoy de que sern bien acogidos. No debis olvidar, mi seora, que sois una mujer joven, hermosa, cortesana y que vuestros encantos y vuestras caricias harn pronto mella en la humana naturaleza de vuestro esposo, por muy casto y clibe que se haya mantenido durante aos.

Marta aprendi en aquel rato lo que habra tardado tiempo en descubrir. Isabelle se le antojaba una maestra en asuntos de intimidad y, quin sabe, algn da tendra que recurrir a ella para que le diera algn consejo. Isabelle y Marta se ausentaron al or los pasos del monarca. Isabelle tena su aposento contiguo al de los reyes y el de Marta un poco ms alejado. Ramiro dio unos tmidos golpecitos en la puerta del aposento y fue la misma reina quien la abri y le franqueo la entrada. La estancia estaba caldeada por el calor que desprenda el hogar, algo a lo que Ramiro no estaba acostumbrado. Vesta el rey el mismo atuendo que haba lucido durante el banquete y, al reparar en ello e intentar despojarse de la vestimenta, solicit permiso a Ins para ausentarse, ir a su aposento privado, desnudarse all con ayuda de su camarero y vestirse con el jubn de dormir. Ins intent disuadirlo por los apremiantes deseos que se estaban suscitando ante la idea de compartir, por fin, el lecho con su esposo, pero fue intil. Quera hacerle ver que, desde ese da, la cmara real deba ser compartida por los dos, lo mismo que el lecho. Era indudable que Ramiro ya se estaba enfrentando a la realidad y que los muros del aposento no eran como el estrecho recinto del carruaje que, dada la proximidad que facilitaba el contacto, se poda permitir alguna licencia, pues todo quedara en la impunidad. Regres Ramiro con un jubn que pareca haberlo trado de San Pedro el Viejo, o, tal vez, as fuera. La reina apenas pudo disimular una divertida sonrisa, a la que aadi una frase no menos aguda: As piensas seducir a tu esposa, Ramiro?

Ramiro no respondi. La noche de sus nupcias fue una noche de autntica conmocin para Ramiro. Fue la noche de los descubrimientos, la noche de las decisiones, la noche de los tormentos, la noche en que la castidad del clibe monje se enfrent a la carnalidad de una esposa joven, deseosa y ardiente, fue la noche en que la inteligencia de Ins puso a prueba la resistencia de un esposo al que le costaba cumplir con su doble obligacin: como hombre, satisfacer a su consorte, y como rey, aplicarse en engendrar cuanto antes un heredero.
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Como el sentido del humor es patrimonio de la inteligencia, Ins se emple a fondo, dicindose a s misma que si no lo consegua esa noche, lo intentara en cualquier otro momento hasta lograr que el comprensible pudor de su esposo quedara superado por el despertar del deseo que la naturaleza humana se encargara de avivar, pues, segn le record Isabelle, el apetito y la carnalidad subyacen en todo varn. Ins hizo todo cuanto Isabelle le haba dicho y se aplic en utilizar todos los recursos que tiene una mujer frente a un hombre poco habilidoso y primerizo. Cuando consigui lo que pareca imposible, Ins hizo que su esposo quedara en la postura requerida y fue tanta la excitacin del principiante que su derrame qued esparcido por el vientre de la anhelante esposa. Ins, con su agudo sentido del humor, despus de mirar el dosel del lecho como si fuera lo ms interesante a contemplar en esa noche, le dijo a su esposo: Ramiro, querido esposo mo: si queremos tener un hijo, has de saber que saldr por la misma abertura por donde hay que introducir la materia prima.

Ramiro, superado el primer intento, pareci envalentonarse y decidi probar suerte nuevamente, pero el resultado no fue muy diferente y ambos acordaron que sera beneficioso que la prctica fuera ms asidua, sin perjuicio de que l consultara con algn caballero avezado en semejantes menesteres. Tratar de expresar los tormentos que la noble pareja padeci aquella noche es una tarea tan ardua como intentar pintar un sufrimiento. La noche pas con ms lentitud de lo normal y, al fin, amaneci un nuevo da. Ramiro abandon el lecho y, vestido en su aposento privado, se fue a la capilla. Sus meditaciones le condujeron a dos determinantes conclusiones: una, que no caba duda de que l amaba a Ins, pero era necesario saber si su amor por la reina era el mismo que siente un hombre por una mujer, o si, por el contrario, era un amor fraternal cuyo nico fin era el de engendrar un heredero, reflexin que sembr en su nimo una gran incertidumbre, como si se tratara de un amplio horizonte sin lmites. La segunda conclusin a la que lleg es que Ins lo amaba, lo amaba de verdad, lo amaba como una mujer ama a un hombre, le prodigaba ternura, afecto, cario, comprensin, caricias S, cierto, l no tena ninguna experiencia del amor entre un hombre y una mujer, pero saba de amor, o, mejor dicho, de amar. Ramiro, en sus abstracciones, lleg a concluir que tambin se sirve a Dios en el tlamo y en el trono lo mismo que en los altares, y que, si Dios le haba designado el destino que estaba viviendo, nada malo habra que el amor de su esposa, sus caricias, sus lisonjas y el cumplimiento de su obligatoriedad, le apartaran de su memoria los cicilios y el monasterio.
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Mientras Ramiro permaneca en la capilla, Isabelle y Marta se presentaron en el aposento de la reina, que la encontraron en el lecho, sola, y hacindose la remolona. Tena semblante de cansancio, lo que no extra a las damas. Mientras Ins se alzaba, Marta fue hacia uno de los bales para extraer varios trajes y mostrar a la reina cul deseaba vestir ese da. Isabelle, por su parte, con ojos de pcara curiosidad, se permiti preguntar a su seora: Sali todo como esperado, mi seora? Salir, salir, sali, pero no fue a parar donde se esperaba. Qu me queris decir, seora?

La reina no quiso ser descorts con su dama, pues en las lides amorosas siempre le podra echar una mano, pero tampoco quiso relatarle de manera cruda y spera la verdad de lo ocurrido por respeto a su egregio cnyuge, asi que recurri a su sentido del humor y fingi un ms que expresivo e irnico dilogo con su esposo: Amado esposo: talla la das, pero no el tono, a pesar de tus cualidades cantoras, que no son, precisamente, las invocadas en estos menesteres. No te entiendo, Ins. Para ti, soy prima, pero me tienes de vspera y no veo llegada la hora en que tu tono logre la tercia para alcanzar la completa. Me hablas de canto, Ins? S, del canto sin voz, pero con otras habilidades que ya deberamos haber empleado despus de maitines para que me hicieras tuya por sexta y nona vez, despus de haber cantado laudes de gozo. Isabelle no poda contener la risa que, rpidamente, contagi a Marta. Tanto empeo puso Ramiro en los intentos sucesivos y tanto entusiasmo prodig su esposa que, a las pocas semanas, la reina anunci que estaba fecundada. Pareciera que los 49 aos de celibato y castidad de Ramiro II hubieran conjurado un hechizo que le aportara un vigor y una virilidad con tanta vala y podero que fueron suficientes unos pocos envites para dejar a la real hembra encinta. Esta nueva, cuando se supo, provoc gran jbilo en palacio, entre la nobleza, la prelaca, los cortesanos y en el pueblo llano. Se celebraron festejos con tragafuegos, saltimbanquis, juglares, bufones y de todos los territorios aledaos se recibieron presentes de gente sencilla que portaban los propios aldeanos, labradores y pastores que deseaban agasajar a
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sus reyes. El patio del palacio se llen de cabras, ovejas, corderos, y las alacenas quedaron abarrotadas de quesos, miel, fruta, vino, aceite La familia Lacarre tambin quiso hacer su ofrenda con hermosos pavos, gansos y gallinas. Con un heredero en ciernes, pensaba el rey que, despus de sofocada la revuelta de los nobles y restablecida la paz con Aben Ganya, una vez matrimoniado con una bella y joven esposa, podra entregarse tranquilo a los negocios del gobierno y a las dulzuras del matrimonio, pero el temido nubarrn vaticano vino a echar un jarrn de agua sobre el contento general. Cuando a odos del Papa Inocencio II llegaron las noticias de que Ramiro II se haba maridado, el Sumo Pontfice guard un taimado silencio y ni siquiera le exigi al rey que hiciera apostasa previa, aguardando que de motu propio el monarca recordara sus obligaciones para con la Iglesia. El tiempo pasaba y, aunque siempre se esperaba que la Santa Sede hiciera valer lo que estimaba sus derechos, lo cierto es que cuando el Papa supo que a Ins de Poitou se le empezaba a redondear el talle de forma ostensible, le falt tiempo para recordar a Ramiro que deba ejecutar el testamento de su hermano y, para ello, escribi una cdula al rey de Castilla en junio de 1135 ordenando que hiciera cumplir la voluntad de El Batallador. Exigi, pues, que se enviaran a Jerusaln las rentas de la tercera parte de los bienes del reino aragons. La bula, que Alfonso VII dio a conocer a Ramiro II, comunicaba, tambin, la invalidez de su matrimonio con Ins de Poitou y la excomunin. El nacimiento de un heredero significaba que el trono, la corona, el reino y todas las rentas reales pasaran a ser propiedad del delfn, con lo que, legalmente, la Santa Sede dejara de aspirar a su posesin porque sus pretensiones quedaran en evidencia. Ramiro, apesadumbrado por las noticias que le llegaban de Castilla, se encontr conmigo, entretenido en contemplar extasiado la esbelta torre que levantaron los agarenos en el alczar. Se par ante m, me puso las manos sobre los hombros y con palabras enigmticas, me dijo: Hace poco he descubierto que la donacin de uno mismo poda ser ms enriquecedora que todas las experiencias, y que una emocin, por muy intensa que sea, puede ser ms intensa an cuando es compartida.

El rey continu su caminar y yo no supe qu decir ni cmo interpretar las palabras del monarca, hasta que, encontrndome con Marta, ella me explic que el rey haba descubierto que estaba enamorado de su esposa y que, conocidas las mieles del casorio, la vida lo pona en una tesitura de difcil eleccin. Creo, Marta, que, en el fondo, fray Ramiro siempre seguir siendo fraile y, ms tarde o ms pronto, lo veremos regresar a su monasterio.
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Qu dices? Te has vuelto loco, Astudillo? Si locura es ese punto de lucidez clarividente que se produce en el instante previo al de perder la razn de forma definitiva, entonces, s, me he vuelto loco, porque, con la explicacin que t me has dado a las palabras de fray Ramiro, acabo de verlo todo con meridiana claridad. No sabes lo que dices, Astudillo. Por primera vez en mi vidano, no, por segunda, por segunda vez, que la primera fue cuando te dije que te amaba, he sabido la respuesta antes de que la pregunta sea formulada. Eso slo les ocurre a los sabios, Astudillo. Yo no soy sabio, y bien lo sabes, lo que sucede es que me precio en conocer a fray Ramiro. Bah! Dejemos el tema que a nada nos conduce.

Marta y yo, aprovechando que disponamos de unos momentos francos de tareas, nos dedicamos a pasear por los jardines del alczar, intentando recrear en la imaginacin lo grandioso y esplendoroso que deba ser en otros tiempos aquel recinto, con el ir y venir del sultn y el de sus caballeros, todos ellos ataviados con vistosas y coloridas vestimentas. Dnde estara el serrallo? nos preguntamos casi al unsono. Seguramente, en aquel lugar seal los restos de una amplia estancia que an conservaba parte de las celosas que debieron servir para que las odaliscas pudieran mirar sin ser vistas -, pero sera lo primero que destruira Pedro I al ocupar la ciudad. Es lo habitual cuando se conquista una plaza. Te corrijo, Astudillo, porque lo habitual, antes de nada, es destruir las mezquitas y convertirlas en iglesias o, en su defecto, consagrarlas. Es lo que ocurri con la Mezquita Mayor, que el rey Pedro la cristianiz como catedral, aunque con poca fortuna, porque la gente no se acostumbra a rezar a Dios donde antes lo hacan los musulmanes a Al.

Transcurra el tiempo para nosotros, jvenes y enamorados, con una placidez y calma que, mirndonos a los ojos con las manos cogidas, me hizo suspirar: Ojala siempre fuera as! Y vivir en armona y concordia el maridaje para que uno d testimonio de la vida del otro concluy Marta encandilada. -------------------156

CAPTULO XII

Marta sola acompaar a la reina en sus paseos por los jardines de palacio, menos frondosos y cuidados que cuando el recinto era alczar agareno. Cuando las circunstancias lo permitan, tambin salan juntas por la ciudad, vestidas de incgnito y seguidas de una discreta guardia, y Marta se complaca en explicarle a su seora todo aquello por lo que la reina se interesaba. Ins de Poitou senta gran curiosidad por visitar el mercado, el alma de la ciudad, deca, donde late el corazn en el ir y venir de los mercaderes, campesinos y compradores. Se paraba en los puestos y se interesaba por los productos expuestos, por su procedencia, todo era novedad para ella, y no era raro que adquiriera algo que le llamaba la atencin o, simplemente, por recompensar al vendedor. De los paseos por el mercado, Ins de Poitou se familiariz con las especies y los guisos de la tierra, que se cocinaban en los mesones contiguos y sus aromas invadan las calles como el mejor reclamo de la bondad de lo que all se poda comer. Marta explicaba a su seora lo que, por el olor, podra ser lo que con tan grato aroma se anunciaba. Tentada estuvo la reina ms de una vez de entrar en uno de esos figones y degustar lo que tan suculento se imaginaba, pero, de inmediato, Marta se lo desaconsejaba, prometindole, a cambio, meterse ella en la cocina de palacio y hacerle el guiso que tanto entusiasmo le haba despertado. Uno de esos das, la propia reina le pidi a Marta que le mostrara el puesto de su hermano. Marta se sinti henchida de satisfaccin cuando llegaron al lugar y, con la ms absoluta discrecin, le present a Rodrigo, quien no supo qu hacer ni qu decir, farfullando palabras ininteligibles. Ins de Poitou no deseaba que la turbacin del muchacho atrajera la atencin de los viandantes y de los vendedores de los puestos prximos, por lo que se mostr interesada como compradora de lo que Rodrigo exhiba. Para evitar cuchicheos, compr media docena de huevos recin puestos, acert a decir Rodrigo, finalmente. Marta se mostraba complacida y dispuesta en explicarle a la reina todo aquello por lo que se interesaba, de manera que, poco a poco, Ins de Poitou fue apreciando en Marta su discrecin, su lealtad y, sobre todo, su aprecio, y, de forma natural, fue depositando confianza en su dama de compaa. Un da mantuvieron una conversacin ms ntima que lo acostumbrado: Tu gravidez me suscita muchas preguntas, mi seora, pero no s si debo Eres mujer, como yo, por qu no vas a poder preguntarme lo que me ocurre? Gracias por tu merced, mi seora. Quisiera saber cmo te sientes, qu notas, si te das cuenta cmo crece tu criatura, si llora, si re, si me mueve.
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Son preguntas muy propias de una joven casadera, Marta, y lo nico que te puedo decir es que las respuestas las tendrs t cuando ests en mi situacin. Pero hay una cosa muy importante y que no debes olvidar nunca: el amor humano es amor de Dios y toda criatura que nace de ese amor, es una bendicin de Dios.

Como la a reina Ins de Poitou haba alumbrado cuatro hijos, tres de los cuales fueron varones, caba esperar que la criatura que llevaba en sus entraas no fuera una fmina. Corra el mes de julio y el calor era agobiante, nada conocido por Ins de Poitou en tierras de Aquitania, refrescadas por la brisa marina, por lo que a la reina se le haca insoportable su gravidez. Alguien record que los agarenos mantenan frescas las estancias palaciegas haciendo que el agua se deslizara por las paredes desde un canal situado por debajo del artesonado a un colector practicado en el zcalo que la conduca a la alberca, desde donde se volva a elevar por medio de un sistema de norias y conductos. Al lamer el agua las paredes, se evaporaba y robaba calor del ambiente, quedando el aire refrescado, a la vez que su murmullo creaba una atmsfera de placentera calma. Pero el ingenio sarraceno no se conserv y la reina, sofocada, beba y beba agua en un intento de mitigar el bochorno. Tambin record que, en contra de la creencia general, cuando el calor aprieta, hay que mantener portones y postigos cerrados, para evitar que entre el aire caliente, y abrirlos cuando el sol se oculta. En ms de una ocasin Ins de Poitou haba sentido el estremecimiento de que el parto podra anticiparse, con lo que el miedo a que el heredero naciera antes de su tiempo, o muerto, empez a crearle una zozobra que no quiso compartir con su esposo ni con nadie. La madre lo es desde que concibe y, sin saber cmo es la criatura engendrada, ya la ama y la hace carne de su carne. Si alumbraba una criatura muerta, ella misma morira. Ajena al sofoco de las gentes, la vida continuaba en palacio, en los campos, en los seoros, y su paso, ms lento y cansino que en los meses de fro, iba a poner a prueba el talante de la reina. Ramiro II, amparado por el derecho aragons, arropado por la nobleza y sobrando obispos que dieran por bueno y legtimo su casamiento, se mantuvo firme, y, fiel a su palabra, se enfrent a la Santa Sede, aunque para l quedaban los duelos y quebrantos en que se traduca la bula de excomunin. Lucha intensa, lucha ntima, lucha sin tregua, llegando a creer que era un castigo divino y se pregunt si se le puede exigir a un hombre tanto sacrificio como para poner en peligro la vida eterna.
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Lleg el mes de agosto y los calores arreciaron, aunque las atardecidas se anticipaban y traan algo de frescor de las montaas, dando, as, una pequea tregua a tanto sofoco. La reina se senta muy pesada y sus damas de compaa auguraban que de un da a otro vendra al mundo un angelito sin alas. Parteras y galenos estaban prestos a que sus servicios fueran requeridos en cualquier momento. El pueblo llano tambin saba la noticia de un pronto nacimiento real y todos intentaban adivinar si sera varn o hembra, lo que propici a los amantes del juego para que en apostaran sumas a favor o en contra del discutido asunto. Tampoco faltaron agoreros que se ofrecieron a palacio para presagiar el atributo del heredero, costumbre muy arraigada desde antiguo en las gentes, pero el monarca orden rechazar su presencia.
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Dios es el nico que decide sobre esta cuestin refutaba el rey.

El da 13, de amanecida, la reina sinti que su hijo llamaba a la puerta de este mundo y que lo haca con prisa, prontitud que contagi a todo el palacio, y, pronto, el pueblo supo de la inminencia del parto, aglomerndose en la plaza del palacio. Haban transcurrido nueve meses exactos desde que Ins de Poitou y Ramiro II contrajeron nupcias. El rey, fascinado por la puntera de su diana en los primeros intentos, vivi con gozo el crecimiento de su semilla en el vientre de Ins. En contra de lo que todos esperaban, fue nia la hija de Ins de Poitou y Ramiro II, sin que ello supusiera contratiempo alguno para los padres.
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Las criaturas que manda Dios, todas son benditas y recibidas con jbilo dijo el rey, cuando supo por una matrona que era fmina.

Despus, acercndose al lecho donde yaca su esposa, se arrodill a su lado, le tom una mano y, besndosela con ternura, le dijo:
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Me has hecho padre cuando friso el medio siglo y pido a Dios que te bendiga por tu maternidad, por haberme dado una preciosa hija y un heredero para el reino. Qu Dios te lo premie, mi querida esposa!

El rey permaneci haciendo compaa a su esposa mientras la criatura era atendida por matronas, hasta que un galeno le aconsej que a la reina le convena descansar. La bes en la frente y en su rostro pudo ver dibujada la felicidad de una madre que respiraba tranquila al saber que su hija no slo era bien recibida, sino que careca de lacra, que fue lo primero por lo que se interes nada ms nacer. Ins de Poitou mir a su esposo y dio gracias a Dios. Ramiro, antes de obedecer la orden del galeno, hincndose de hinojos ante el lecho, tom de nuevo las manos de su esposa y la invit a que se uniera a l entonando un Padrenuestro, oracin que fue seguida en silencio por todos los asistentes.
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Un caballero con vestimenta de gala se asom a un ajimez y, precedido por la trompetera real, con voz potente inform al pueblo que haba nacido la heredera del reino sin traba ni defecto. Un clamoroso gritero de vtores y vivas inund la plaza, por lo que el mismo caballero, despus de la espontnea y natural aclamacin del pueblo, solicit silencio ya que la reina y la recin nacida necesitaban descanso y reposo. La princesita sera bautizada al da siguiente con la jubilosa magnificencia que gua y reconforta la cristianizacin de un neonato y, por avenencia mutua entre los padres, no se le impondra el esperado nombre de Ins, sino el de Petronila y en doble recuerdo: por el hermano del rey y conquistador de Huesca y por el monasterio de San Pedro el Viejo. Fray Gregorio le administrara el sacramento del bautismo. El monarca, acompaado por dos nodrizas, un galeno, una partera, secretarios y guardias de honor, llev en brazos a su hija a la capilla real, en cuyos aledaos aguardaban los caballeros y damas de la corte, nobleza y prelados invitados al acto, muchos de los cuales tuvieron que quedarse fuera, pues el oratorio no daba cabida a todos. Eran muchos los recin nacidos que no lograban sobrevivir despus del parto, por lo que la razn impona el bautismo al da contiguo al nacimiento para que el alma de la criatura, si llegaba a morir, volara a las alturas y fuera recogida por el Divino Pastor. Marta y yo logramos entrar en el baptisterio y presenciar la ceremonia. El rey, ms padre de lo que nunca llegara a imaginar, acoga con ternura y delicadeza a su hija entre sus brazos y, radiante de humano orgullo, inclin su frgil cuerpecito sobre la pila bautismal y la ofreci a fray Gregorio para que derramara sobre su cabecita el agua bendita y pronunciara las palabras rituales. Petronila protest con unos pucheros y su queja se hizo ms ostensible cuando la desnudaron para ungirle los santos leos. Terminado el acto y como la nia no cesaba en sus lloros, una de las nodrizas, la ms rolliza y provista de unas buenas despensas lcteas, supuso que los sollozos obedecan a que la infanta estaba hambrienta. La tom en sus brazos y se dirigi a la cmara real, donde yaca la madre, para aplicarle una toma. Cuando la nodriza sali de la capilla con la nia llorando, alguien dijo: Buenos pulmones tiene la infanta, vive Dios! A ver quin la aguanta cuando sea moza casadera.

Marta y yo estbamos exultantes, como si nosotros furamos los protagonistas del fausto acontecimiento.
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Cunto me gustara estar ya desposada y ser madre! confes Marta arrobada por la emocin. Pronto, Marta, pronto! respond ms enamorado que nunca.

Al poco de alumbrar Ins de Poitou, de naturaleza fuerte y gozando siempre de buena salud, sin embargo, empez a encontrarse dbil, fatigada, sin apetito, con un cansancio que pareca haberse asentado con pertinaz querencia en su nimo. Los sirvientes se afanaban en prodigarle todo tipo de cuidados. En la cocina se inventaban platos que despertaran su apetito. Algunos galenos opinaban que sera a causa del clima, o de la altura, de Huesca y aconsejaban que saliera y paseara con compaa agradable y distrada para aclimatarse, a lo que otros objetaban que en ms de nueve meses de estancia ya tendra que estar acostumbrada, por lo que se inclinaban por otro mal. Una de las parteras vino a decir que era el mal de las madres primerizas, pero Ins de Poitou no lo era. Marta se esforzaba en darle conversacin entretenida. En el rey encontraba comprensin y ternura y, por ms que ella quisiera complacer a su esposo y a todos los que estaban pendientes de ella, pareca que su coraje haba desaparecido. El rey, desconcertado, vino a creer que el inexplicable padecimiento de su esposa formaba parte de un castigo del cielo que se manifestaba haciendo sufrir a los suyos y reservndole el desconsuelo de ver el deterioro en los dems sin poder hacer nada por remediarlo. Necesitaba comunicar su angustia a fray Gregorio cuanto antes. Una tarde le vino a la memoria a Marta un remedio que record que Moiss Ibn Osca recomendaba a las madres recientes para hacerles recuperar el apetito. Sin encomendarse a nadie, se meti en la cocina, prepar aquella receta y con un nimo desbordante, se fue a buscar a la reina para ofrecerle la panacea. El aspecto de lo aviado era agradable y el olorcillo que desprenda, apetitoso. Qu es, Marta? No recuerdo su nombre, pero te aseguro que te gustar, te alimentar y, lo ms importante, te abrir el apetito. Cmo lo sabes? Porque procede de un sabio y los ingredientes que lleva son muy ricos y nutritivos.

Marta le ofreci un pote que contena un lquido anaranjado muy aromtico. Cierto es que el aspecto y la fragancia son deseables, pero, de qu se trata, Marta? Prubalo, mi seora, mientras te explico.
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La reina, con una cierta precaucin, se llev a los labios el contenido del pote, y la cata le result agradable. Prob otro poco y le gust ms. Sigui probando sorbo tras sorbo y, cuando ya no quedaba nada por beber, relamindose, insisti en la pregunta que no le haba dado tiempo a Marta responder. He batido una yema de huevo de oca en vino crdeno templado y he aadido un poco de miel y canela: es todo. Pues es un brebaje muy rico, Marta.

Ins de Poitou se aficion al remedio de Marta con tanto entusiasmo que, al poco, su apetito hizo acto de presencia y todo fue jbilo y alegra en palacio: el fatdico y enigmtico mal haba desaparecido. Lo llamaremos vino de Marta, qu te parece? propuso la reina. No, mi seora, no! rechaz Marta azorada -. En todo caso, vino de Osca.

Mientras, fray Gregorio haba recibido el aviso del monarca y se present ante l en cuanto pudo. Estoy muy inquieto, hermano empez diciendo el rey y, aunque creer en supersticiones va en contra de la razn y de nuestras creencias, tengo para m que la bula de excomunin del Pontfice est pesando demasiado sobre mi nimo y creo que todo lo malo o imprevisto que ocurre a mi alrededor es por mi causa y hago pagar a los justos por mi pecado. Hermano Ramiro: no debes mortificarte con tus suposiciones y es intil que pretendas atribuir a los designios de Dios lo que pertenece a la propia naturaleza humana. El cansancio de la reina y la bula de excomunin son hechos que slo dependen de esa naturaleza y, en el caso particular de Roma, del egosmo y la codicia de un hombre que, revestido de toda autoridad que le confiere su eleccin como cabeza de la Iglesia, abusa de su poder.

Ramiro II haba acertado al confesar a su amigo y hermano en Dios sus temores, pues su sabidura y sus meditadas palabras siempre eran acertadas. Hay otra cosa que no debes olvidar, hermano Ramiro. Cul, fray Gregorio? La bula de excomunin, como otras, desaparece con dinero

Las palabras de fray Gregorio causaron un momentneo estremecimiento en Ramiro, pero se repuso enseguida porque no ignoraba la realidad.

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- Cunta razn tienes, mi buen abad! Hay algo ms que te quiero confesar,
fray Gregorio. T mejor que nadie sabes que acced a contraer nupcias por la nica razn de la necesidad de asegurar un heredero al reino. Bien, hermano, ya lo tienes, y es una hija preciosa, pero, qu intentas decirme? se inquiet el abad Gregorio. Pues, he pensado que si dejo de tener relaciones carnales con mi esposa, tal vez mi pecado sea menor y

Fray Gregorio lo interrumpi con la indignacin reflejada en su rostro: De qu me ha servido todo lo que te he dicho, hermano? Acaso pretendes ser ms que el propio Dios desobedeciendo su mandato? No, no hermano, que eso sera hereja y otro pecado ms a aadir a la ya larga lista! exclam el rey. Dios dijo creced y multiplicaos y el casorio se estableci para que los frutos del amor tuviera su cauce dentro de las leyes humanas, y t pretendes privar a tu esposa y a ti mismo del gozo de engendrar descendencia y traer al mundo hijos de Dios y para Dios, eso es lo que quieres? Creo, hermano, que con los tiempos que corren, con un solo heredero no es suficiente garanta para el reino y menester sera que buscaras ms descendencia. Fray Gregorio: esta vida no es para m. Son demasiadas las presiones que he de soportar. T bien sabes que, desde muy nio, mi vida se desenvolvi entre muros de monasterios y nunca tuve vocacin de guerrero, ni estoy preparado para la poltica. Tampoco soy un hombre concupiscente. S que no he sido un clrigo ejemplar como lo eres t, pero echo de menos la tranquilidad del convento. Considero, mi querido hermano Ramiro, que este problema no lo es tanto y que t mismo te engaas ocultndote la solucin. Por la parte que a m me toca, ya te he dicho lo que pienso. Por la parte que le toca a tu esposa, es tu deber hablar con la reina y que ella sepa tu inquietud. Seguro estoy de que entre los dos hallaris la respuesta adecuada.

Las palabras de fray Gregorio slo llegaron a proporcionarle un alivio transitorio y no el blsamo perdurable que su alma necesitaba para apaciguar su angustia. Mientras buscaba en su corazn las palabras ms tiernas y dulces para comunicar a su esposa el motivo de su preocupacin, Ins, sin ser advertida su presencia, a pasos quedos se acerc a Ramiro, abstrado en sus pensamientos, y, de pronto, de coloc delante de l. El rey se sobresalt al verla. No poda haber aparecido en momento ms propicio.
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Ins haba recuperado el apetito, pero fue un recobro pasajero como pudo advertir Ramiro al verla tan plida. En su rostro haba anidado la tristeza, cuando deba ser la alegra y el contento de su maternidad lo que reflejara su semblante. La tristeza de Ins la tena marcada en la cara como si se tratara de la cicatriz anticipada de una herida intuida, no causada an y que nunca llegara a sanar, pero no era llaga porque, para que haya alforza, la herida tiene que sanar y la herida, por el contrario, sospechaba Ins que se le hara cada vez ms profunda sin que llegara a vislumbrar cunto. Se encontraron frente a frente dos almas infelices. Desde que fue madre y su esposo abandonara el lecho conyugal renunciando a buscar ms descendencia, que era lo prudente y aconsejado, Ins se senta desplazada, despechada, rehusada como mujer y como reina. Ramiro le haba confesado que ya no tendra ms relaciones ntimas con ella porque el objetivo de engendrar un heredero ya se haba cumplido. La infelicidad de Ramiro obedeca a sus remordimientos que no le daban tregua y aparecan en forma de pesadillas cuando lograba conciliar el sueo. Desde que Petronila vino al mundo, Ramiro, lejos de sentirse orgulloso y satisfecho como padre y como rey, sus inquietudes ensombrecieron su rostro y empez a temer la llegada de los atardeceres, precursores de noches en blanco y de penitencia, de recogimiento, de plegarias, de inculpaciones sin trmino, sin que el frescor de los ocasos lograra templar en lo ms mnimo el ardor de su alma. Al observar Ramiro a la reina tan demacrada, al contemplar doloridos sus enigmticos y bellsimo ojos en donde tantas veces se mir gozoso, el rey sinti que la compasin embargaba su alma y aflor el afecto humano que le tena a su esposa. Dio unos pasos vacilantes hacia Ins y, ya iba a hablarle cuando fue ella quien se anticip: Tienes tiempo para escucharme, Ramiro?

La voz de la reina era suplicante y su tono dulce ofreca confianza. Habla, Ins, te lo ruego respondi el rey abatido. Mi querido esposo Ramiro, no te inquietes, que no vengo a reclamar el amor que ya me has vedado.

Oy Ramiro la mesurada queja de su esposa, que no era reproche, sino lamento de mujer vencida. A pesar de su profundo agobio, exclam: Ojala pudiera devolvrtelo, Ins!

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Tampoco vengo a demandarte la causa de mi desdicha, que bien la sabes, lo mismo que yo s que en nada te he faltado prosigui la reina -. Vengo a ofrecerme en tu ayuda para que desahogues tu alma y, sin querer ocupar el puesto de fray Gregorio, como tu esposa que soy y con el deber que me incumbe, soy quien mejor puede escuchar y comprender tus pretextos y tus razones de hombre para dejar de amarme.

Ramiro qued conmovido. Era ella, Ins de Poitou, quien le estaba tendiendo el puente para que cruzara el foso sin peligro. Ella lo acogera en la otra orilla; ella lo atendera si resultaba herido en el intento; ella era su salvacin, la de su cuerpo y la de su alma. Habra en el mundo otra mujer tan comprensiva y humana, tan generosa y sensible como ella?, se pregunt Ramiro en un fugaz refulgir de su amor no desaparecido, pero s disimulado. En nada me has faltado, dulce Ins, pero es cierto que a m, y slo a m, me sobran razones para apartarme de ti. Jams ha habido una mujer ms digna que t para ocupar un trono ni ms capaz de hacer feliz a un esposo como yo, a pesar del anatema del cielo que pesa sobre m. No te parece algo injusto, Ramiro? La injusticia, si la ha habido, estuvo en que yo te tomara como esposa y uniera mi suerte a la tuya, en compartir el tlamo. Injusticia, si la hubo, estuvo en que te amara tanto como te he amado y en que t me correspondieras tan fielmente como me has correspondido. La injusticia, si la hubo, estuvo en que los dos hayamos sido tan dichosos como hemos sido. No me has entendido, esposo mo. Qu no? Quera decir que has sido muy injusto, pero contigo mismo, no conmigo, porque, despus de lo que me has dicho con tanta sinceridad confiando en mi comprensin, s que te has roto el alma y has puesto en mis manos tus inquietudes, lo mismo que yo he puesto las mas en las tuyas, y esta confianza nos debe hacer fuertes, aunque la tristeza nos embargue para toda la vida. Como todas las mujeres, he odo hablar desde siempre de los avisos del cielo, y doy por muy cierto lo que me confiesas. No te aflijas por mis lgrimas, que son de liberacin. De liberacin, Ins? S, querido esposo, de liberacin porque me has quitado un gran peso de encima. No te comprendo, Ins: explcate, te lo ruego.
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Porque s que no me aborreces como mujer y si, como me dices, el cielo te ha avisado de que no debes hacer vida de esposo conmigo, separmonos y ammonos como Cmo, qu, Ins? Como hermanos, Ramiro. Imposible, Ins. Cmo ignorar que nuestras vidas han caminado juntas por la senda del amor y han reposado en el tlamo gozando de nuestra humana naturaleza? Eso, nunca lo olvidaremos, Ramiro.

Ramiro clav su mirada en la de su esposa. Toda ella era comprensin y amor sin lmite, capaz de llegar a la renuncia como prueba de su entrega. Medit las palabras que acababa de or y lleno de inmensa ternura, contest: Sea como dices, Ins, y doy gracias a Dios por haberme permitido tenerte a mi lado todo este tiempo, por haberme dado una hija y, sobre todo, por haberme escuchado en este instante. Eres una santa, Ins. Al orte y al permitirme explicarme, mi alma se ha aliviado. Resignmonos a la voluntad del cielo, Ramiro propuso Ins. Dios, que sabe encaminar todas las cosas, lo mismo que nos uni, nos separa ahora para probar nuestra felicidad expres Ramiro.

Ramiro estaba enternecido. Ins, con el nimo ms tranquilo, no poda remediar que abundantes lgrimas humedecieran su rostro, y esa humedad espesa y clara acab por formar gruesas perlas grises al resbalar por sus mejillas. Ramiro record la primera vez que se mir en los ojos de Ins de Poitou y cmo se qued embelesado al contemplar su extrao y maravilloso color gris verdoso azulado. Eran grandes y expresivos, con una luz y un brillo capaces de iluminar toda una estancia, y su mirada era clida, profunda y apacible. Mirarse en ellos era como sumergirse en un universo de ternura y de paz. Hay algo ms, esposo mo, alguien todava mucho ms importante que nosotros mismos: ya que me dejas a m, qu haremos con nuestra hija? Quin cuidar de ella? Quin de los dos habr de ensearle el nombre del otro? Qu culpa tiene ella? Algn da preguntar por nosotros si la dejamos al cuidado de otras manos y es ms que probable que nos reproche este cruel abandono. Qu culpa tiene ella? Qu haremos con ella?

Las palabras de Ins sumieron a Ramiro en un estado de meditacin absoluto. De nuevo, la dulce y comprensiva esposa le haca enfrentarse consigo mismo y
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con sus aparentes contradicciones, exigindole una resolucin. La reina consider que en semejante situacin lo ms conveniente era dejar a su esposo a solas con sus pensamientos y solicit permiso a Ramiro para abandonar la estancia, en cuya puerta aguardaba su fiel dama y confidente. Me alegro de encontraros, Isabelle. Siempre estoy all donde me necesitis, mi seora. Sabis una cosa? No, mi seora, pero decidme, os lo ruego. Por primera vez desde que llegamos a Huesca, aoro Aquitania, a mis hijos, y deseo que vos y yo nos hablemos en franciano. Por qu razn, mi seora, si me permits la pregunta? Rehso hablar la lengua de esta tierra, pues he vislumbrado que mi futuro en este reino no se ha de prolongar mucho tiempo manifest la reina marcando con su tristeza cada una de sus palabras. Observo, mi seora, que la melancola os abruma y, si segus as, vais a enfermar seriamente reconvino Isabelle con exquisita amabilidad. La melancola es la que se ha adueado del nimo del rey, mi esposo. Qu preocupacin aflige a nuestro seor, mi seora? pregunt Isabelle con cndida ingenuidad. Mi esposo dice haber recibido una revelacin en la que un ser misterioso le hizo ver que todo lo que l crea que haba hecho a lo largo de su vida de bueno y de correcto, siempre ajustado a la ley divina, de nada serva si persista en lo que vino a llamar pecado de la carne y que, de no renunciar, pona en grave peligro su vida eterna. Perdonadme, mi seora, pero, cmo es que un hombre inteligente, docto, cultivado, con una profunda fe en Dios puede creer en semejantes revelaciones? El rey, mi esposo, aora su vida de monje. Se debe a la Iglesia desde que tena siete aos y, como a todos los novicios, le pusieron un maestro a su cuidado que, con el paso del tiempo, fue ms que maestro: fue su consejero y amigo, y vos lo habis conocido. S, el abad Frotardo, pero l fue quien vino a Aquitania a concertar vuestro casamiento con el rey Ramiro y no entiendo que aludis a l para razonar el deseo de vuestro esposo de regresar al convento, pero si el rey tomara tal decisin, qu sera de vuestra hija?
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Intuyo, Isabelle, que el abad Frotardo dej una profunda huella en mi esposo siendo novicio y es l quien se le aparece en esas extraas manifestaciones, estoy segura. Entonces, mi seora, qu porvenir le espera a la indefensa y vulnerable criatura? Es la gran decisin que debe tomar el rey, mi esposo!

Ramiro II se mantena recogido en su aposento privado, discurriendo sobre la gran preocupacin de la reina, su esposa, preocupacin que, poco a poco, como la mancha de grasa se extiende sobre la tela, lo sabra todo el mundo en palacio y, sin remedio, acabara en boca del pueblo llano. Haba, pues, que tomar una decisin rpida y que fuera ajustada a la ley, aceptada por Ins, por la nobleza, la prelaca y los antiguos aspirantes a ocupar el trono. La medida tena que satisfacer a todos, pero, cmo preguntar a Petronila si estaba de acuerdo? Cmo imaginar que un ser tan tierno, primoroso y deseado era moneda de cambio para que todos estuvieran conformes? Mientras la respuesta se haca esperar, Ins de Poitou empez a contarle a Isabelle su apetencia, en caso de que se resolviera la conveniencia de regresar a Aquitania, por retirarse hasta el fin de sus das a la abada de Fontevrault. ()
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En aquella abada vivi mi madre cuando enviud y all est enterrada. Nada de extrao tiene que yo desee seguir los pasos de mi madre. La abada es, a la vez, monasterio tanto para hombres como para mujeres, pero en conventos separados, y desde el primer instante de su fundacin, Robert dArbrissel estipul que siempre estuviera regida por abadesas que hubieren conocido varn, es decir, casadas y viudas. Fontevrault es una abada real y no depende de ninguna orden, aunque su inspiracin es benedictina y sirve de panten para reyes. Soy viuda con esposo, Isabelle! exclam la reina en un grito liberador.

Ramiro II deba hallar una solucin que pudiera aplicarse con doble propsito. Por una parte, contentar a su esposa en cuanto al porvenir de Petronila, y, por otra, que fuera lo que fuese lo convenido, estuviera ajustado a derecho, y, para ello, necesitaba el asesoramiento de sus consejeros y del Justicia, a los que hizo llamar.
La abada de Fontevrault, fundada en 1099 por Robert dArbrissel, tuvo como primera abadesa a Petronille de Chemin, sucedida por Isabelle dAnjou, ta de Enrique II de Inglaterra y gran benefactor de la abada, que acogi en reclusin a su esposa, Leonor de Aquitania, tras ser repudiada por haber tenido amores adlteros con ms amantes de los que l pudiera imaginar e, incluso, con el mismsimo Saladino. En la iglesia de la abada se encuentran las tumbas de Enrique II de Inglaterra, de su esposa, Leonor de Aquitania, y del hijo de ambos, Ricardo I de Inglaterra, ms conocido como Ricardo Corazn de Len. (N. del A.)
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Tengo que recordarte, mi seor, que en el primer testamento de tu abuelo, el rey Ramiro I, entre otras disposiciones hereditarias, dejaba muy claro que el derecho sucesorio de las hembras, en el supuesto de llegar a reinar, no ejercen la potestas regia, que se transmite ntegramente al marido elegido por ellas aclar con toda solemnidad el Justicia.

Ramiro II atenda con toda atencin las palabras del Justicia y, cuando finaliz su declaracin, el rey ocult su cabeza entre sus manos en un claro signo de decepcin. Y, si la hembra no llegara a casarse, no tiene ningn derecho ni a la tierra ni a la autoridad, por lo que se debe elegir un sucesor varn de sangre real, prescindiendo completamente de las mujeres existentes aadi el de Alerre para mayor desnimo del monarca. Pero, es que no hay una solucin para mi hija? protest Ramiro II S que la hay, mi seor se apresur Fortes para apaciguar el nimo del rey. Cul, buen Fortes, cul? inquiri con ansiedad el monarca. De acuerdo con el derecho aragons, t, mi seor, debes traspasar a tu hija todo el patrimonium recibido de tus antecesores, ignorando la bula de Inocencio II que exige la ejecucin del legado de Alfonso I y que, en la prctica, equivale a la nulidad de tu matrimonio y a considerar a Petronila ilegtima, un dislate ms de la Santa Sede dijo Fortes. S, entiendo, pero no veo dnde est la solucin aleg el rey. Si me lo permites, mi seor tom la palabra el Justicia -, yo puedo completar el prembulo de Fortes. Adelante, adelante, te lo ruego! apremi el rey. Tenemos un recurso viable para asegurar la transmisin de tus bienes a tu hija sin contravenir la normativa legal y sin desagradar a la Santa Sede dijo con aire triunfal el Justicia. Y, cmo es que tardas tanto en decrmelo? se desesperaba el rey.

Ufano como un pavo real haciendo la corte a la pava, el Justicia esboz una sonrisa de triunfo y expuso: Como bien sabes, mi seor, y te ruego que me disculpes por recordarte lo que es notorio, tenemos una institucin tpicamente local, desconocida en otros mbitos territoriales, que es el Casamiento en Casa. Tampoco hace
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falta que te aclare cul es el concepto de Casa, pero he de mencionarlo para recalcar mi propuesta. El Justicia call para ver la reaccin de su seor ante una explicacin que resultaba superflua por conocida, pero que l eligi para justificar su consejo. Sigue, te lo ruego, sigue exigi el monarca. Casa no es slo el nombre que se aplica a la morada, sino que comprende, adems, todas las tierras y posesiones familiares, as como el grupo social parental, incluidos los sirvientes y todos los acogidos bajo su proteccin.

El Justicia hizo una pausa a propsito para comprobar la expectacin que haban despertado sus palabras en el rey y sus consejeros. Despus, aadi: Dentro de ese colectivo se elige al futuro heredero del patrimonio y la nica condicin que se le impone en el traspaso de la herencia es que el elegido contraiga nupcias para asegurar, por medio de uno de sus hijos, el mantenimiento y continuidad de la Casa.

Aunque el argumento del Justicia era conocido, la turbacin que vena sufriendo ltimamente el monarca no le haba permitido reparar en ello. Ramiro II respir profundamente. Pareca haberse encontrado la solucin satisfactoria para todos. En ese caso, mis nobles amigos, poniendo en prctica esta costumbre, lo nico que queda por hacer es encontrar un marido para Petronila que le d descendencia para, as, poder mantener la Casa Real, y que ese marido ejerza el gobierno del reino aragons, recibiendo la transmisin de la Potestas Regia que efecte Petronila. Reconocida Petronila como legtima heredera del reino, el Papa tendr que aceptarla como tu hija, revocar la bula de la nulidad de tu matrimonio, renunciar a sus pretensiones, definitivamente, y derogar tu excomunin dijo Fortes exultante al observar que la mueca de contrariedad del monarca se trocaba en esbozo de sonrisa. En efecto, mi seor! sa es la mejor solucin dijo el de Alerre que haba permanecido callado escuchando las explicaciones del Justicia. Te corrijo, mi buen de Alerre rebati Ramiro II pues no es la mejor, sino la nica.

Ramiro II, una vez llegado a este punto y estando todo bien aclarado, agradeci a sus hombres de confianza sus consejos, los despidi con una sonrisa de satisfaccin y se dirigi a los aposentos de Ins de Poitou.

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Mi querida esposa Ins salud Ramiro afable -. Tengo buenas noticias que darte. Pero, an queda algo bueno por escuchar, mi querido esposo? ironiz la reina. S, porque ataen a Petronila. A nuestra hija? Cuenta, cuenta, esposo mo! urgi la reina.

Una vez que Ramiro le relat a su esposa la conclusin a la que se haba llegado para resolver el trance, la reina quiso saber: Has encontrado cmo deshacer un nudo que se rebelaba a ser liberado y pareca que iba a permanecer trabado para siempre, pero an hay tres cuestiones por resolver, mi querido esposo. Tres ms, Ins? S, esposo mo, y la primera es encontrar un marido para Petronila que est en disposicin de aceptar a una cra por esposa. No te anticipes, esposa ma, que la ley cannica exige que, al menos, la criatura cumpla los dos aos para poder prometerla en casorio. Cul es la segunda? La segunda, que, tal vez, sea la primera, es que convoques a los magnates, nobleza, prelaca y caballeros para que juren como leales y reconozcan como legtima heredera del reino a Petronila. Precisamente, pensaba en eso cuando hablaba con mis consejeros, pero has dicho tres, cul es la ltima? La ms dolorosa, esposo mo, la ms dolorosa. Cul, Ins, te lo suplico? No me atormentes con la dilacin. Cuando todo est solucionado, t regresars a San Pedro el Viejo, cierto? S, esposa ma, se es mi deseo, ya lo sabes, pero cul es la tercera? La tercera y ltima es: qu ser de m, esposo mo?

Ramiro II qued sin habla. No esperaba una pregunta tan directa y contundente que slo admita una respuesta que no hallaba en su afligido corazn. La reina se anticip: Acaso vas a permitir que nuestra hija crezca sin un padre y que yo me convierta en una viuda con esposo? --------------------171

CAPTULO XIII

Ramiro II convoc en el gran saln de audiencias del alczar a los ricos hombres, magnates, nobleza, prelados y caballeros del reino, entretenidos todos, mientras el rey haca acto de presencia, unos en admirar los primorosos artesonados de madera y otros en general conversacin. Al cabo, se abri la puerta y dos heraldos anunciaron en voz alta al rey, que apareci flanqueado por sus secretarios Fortes y de Alerre. Yo, Astudillo, cerraba el terceto: asista a la asamblea como invitado real, y mi presencia levant recelos en algunos de los asistentes porque yo no era noble. Es noble de alma, noble de corazn, noble como persona acredit el rey tomando asiento al or los murmullos de desaprobacin -, por lo que es tres veces noble y, adems, es mi protegido y mi invitado, qu ms nobleza necesita?

Frente a la contundencia de los argumentos reales, los cuchicheos se trocaron en un impresionante silencio. Ramiro II, en un gesto, indic a los asistentes que se congregaran entorno a l. El rey, abandonando el asiento, los salud uno por uno pronunciando el nombre de cada cul y dirigindole unas palabras de salutacin. Cuando hubo terminado, me hizo una seal convenida y me ausent del saln para regresar minutos despus acompaando a la reina, que llevaba en sus brazos a Petronila, seguida de una nodriza. La entrada de la reina y de la futura heredera levant murmullos de admiracin y, a su paso, los caballeros y prelados se inclinaban en reverencia. La reina con su preciada carga envuelta en sedas, rasos y preciosos brocados, tom asiento en la jamuga que el rey no ocup. Renovado el silencio, Ramiro II indic al Justicia y al prelado de Huesca que se situaran enfrente de la reina y de su hija, y a ellos se dirigi: Juris como fieles y leales a m y a la reina, Ins de Poitou, reconociendo a nuestra hija, Petronila, por legtima seora del reino de Aragn? S, juramos dijeron a la vez los dos interpelados. As os lo premie Dios respondi el rey a la frmula.

Hecho el juramento, el rey dispuso que el Justicia se colocara a su derecha y el prelado a su izquierda, y, actuando ambos como notarios del reino, cada uno de los convocados fue llamado por su nombre, ya por Fortes, ya por de Alerre, alternndose en la tarea, y a cada uno se le repiti el ritual del juramento, sin que en ninguno hubiera la ms mnima vacilacin. Luego, todos los concurrentes
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manifestaron su asentimiento general hiriendo el suelo con las puntas de los aceros envainados. La nodriza recogi a Petronila de los brazos de la reina llevando en su precioso rostro la impronta de los besos ms dulces y tiernos de la madre, y abandon el saln. La criatura ya haba dado muestras de inquietud, que no era otra cosa que una indicacin de su buen apetito. Ins de Poitou permaneci sentada y el rey, de pie. Despus del juramento, Ramiro II se mostraba satisfecho, pero serio y sereno, y con palabras medidas, habl a los convocados: En presencia de mi esposa, la reina Ins de Poitou, me dirijo a mis leales para recordaros con qu disgusto sal del monasterio para entender los negocios del gobierno y tomar mujer. La salud del reino fue lo nico que pudo moverme a abandonar la vida tranquila y de oracin que llevaba y faltar a los votos de monje que hice.

Escudriaba el rey a los all presentes para intentar vislumbrar su reaccin, lo mismo que observaba a la reina, cabizbaja y dolorida, pues pareca intuir la continuacin del discurso. Mientras ha sido necesaria mi persona prosigui Ramiro II -, he atendido el gobierno como mejor he sabido, si no siempre con acierto, s con buena voluntad en todas las ocasiones.

De nuevo mir a su esposa Ramiro II, pues lo que iba a decir saba que le hara dao: Pero, ahora siento que ya no hago falta y es hora de que vuelva a la vida penitente, para la que me juzgo ms a propsito. Os dejo una hija que debe sucederme en el trono, segn es razn, y con ella, a la que habis jurado lealtad y fidelidad como mi heredera, estaris mejor gobernados.

Alguien coment en voz alta sin poder saberse de quin proceda: Qu rareza es sta, la de tener una nia de pecho por gobernante?

A lo que otro, oculto en el anonimato, respondi: Cierto es que el rey no deja de mostrar sus rarezas, pero ms indigno es tener por monarca a un monje que tener a una nia.

El rey haca como que no oa nada. Cuando los nobles terminaron de escuchar las palabras del monarca y se enteraron de sus verdaderas intenciones, sin guardar la debida compostura ni el
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respeto que obligaba la presencia de los reyes, los nobles empezaron a formar pequeos corros y a mascullar entre ellos. No era lo mismo jurar como heredera a la hija del rey para que l se ausentara y abandonara el trono que dejar el gobierno en manos de una nia, y decan que el juramento que acababan de hacer ya no era vlido porque tenan que haber sido informados previamente de los propsitos del rey y consideraban que se deba convocar cortes para que fueran ellas las que juraran, pero conociendo de antemano las pretensiones del monarca. Unos opinaban que perder a un rey flexible y comprensivo como Ramiro II, slo les traeran dificultades. Otros estimaban que el rey deba abandonar su intencin de volver a la monja y afanarse en traer al mundo un heredero varn. La mayora recelaba del futuro y desconocido esposo de la princesa Petronila, aunque se prometan moldear a la nia para que, siendo ya mujer cuando se casamentara, hacer lo propio con el cnyuge. Todos, en fin, creyeron que mientras la nia creciera y el padre estuviera en el monasterio, haran lo que ms les conviniera en su propio beneficio e inters. La reina permaneca atenta a todo lo que se cuchicheaba y, aunque los secreteos fueran en bisbiseos, ella pareca leer los labios e interpretar los gestos de los rostros y las miradas de las camarillas que se haban formado. Con gran desconsuelo pudo comprobar que nadie, ninguno de los presentes, le prestaba la ms mnima atencin y que ser la reina de Aragn no haba representado para la nobleza otra cosa que un vientre de hembra para engendrar un heredero. Ins de Poitou sinti que su mente era invadida por negros pensamientos y una inquietante pesadumbre se adueaba de ella. Imaginaba que, una vez vuelto su esposo al monasterio, ella sera apartada de su hija para que la nobleza se encargara de moldearla a su beneficio. Ins era la reina, s, pero reina consorte, no reina por herencia, y era consciente de que slo haba sido aceptada como hembra para procurar un sucesor al trono. Su esposo Ramiro ya haba renunciado a tener ms descendencia y aoraba la vida en el cenobio. Entonces, qu ser de m? se oy que susurraba conteniendo el sollozo.

La reina record la conversacin con su dama Isabelle, a quien le haba confiado su aoranza por Aquitania, pero, cada hora que transcurra en la incertidumbre creada, la aoranza se trocaba en deseo y el deseo en ave voladora que la transportara lo ms rpido posible a su tierra. Consciente de que su futuro ya no estaba en sus manos, Ins de Poitou empez a preguntarse si no sera mejor dejar a su hija cuanto antes para evitar que el amor de madre creciera sin posibilidad de ejercerlo. Sera una forma de evitar el terrible sufrimiento de verse dejada por su esposo, rechazada por la nobleza y
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apartada de su hija. La madre de encargo tena corazn, sentimientos y, sobre todo, amor, mucho amor para dar a la hija que quedara hurfana con padres. Sumida en los terrorficos pesares que su nimo se vea obligado a soportar, con el desaliento propio de una madre prxima a verse desposeda de su hija, exhal un suspiro: El sufrimiento es el ms intil de los sentimientos.

Pero Ramiro II an no haba dicho la ltima palabra. Se la reservaba. Antes, quiso tener la certeza de quines eran sus nobles, qu pensaban y qu queran. Ya se haban descubierto y, con gran pesar, el monarca comprob que sus esfuerzos en hacer las cosas bien, que su sacrificio al abandonar la monja, que su desobediencia a su voto de castidad, nada de lo hecho, nada de lo ofrecido al reino, nada en absoluto contaba para unos egostas y falsos como los que tena delante de s. Yo no me aparte ni un solo instante de los reyes durante el revuelo y escuch de labios del monarca lo que le deca a su esposa: Acabo de darme cuenta, mi querida Ins, que de todas las pasiones que dominan al ser humano, la que prevalece sobre todas ellas, es la ambicin del poder.

Ramiro II no pudo soportar por ms tiempo la atrevida desconsideracin de sus nobles. Ya haba odo bastante, pero lo que ms le dola era el obsceno desplante hacia su esposa, que era la reina, la reina del reino, la reina de todos. Se alz airado y, sin disimulo alguno, como ellos haban hecho, les habl con palabras duras: Soy el rey, caballeros, pero no el reino. El reino lo somos todos y todos deberais mirar por el buen gobierno del reino, como he pretendido hacerlo yo, con la ayuda de Dios y de mi esposa, vuestra reina, antes que fijaros en el tamao de vuestras faltriqueras.

Todos clavaron sus miradas en el rey. No recordaban haberlo visto tan irascible desde que desmochara la cabeza a los siete cabecillas de la reciente revuelta. Quedaron en silencio, expectantes. El rey prosigui: No me duele tanto vuestra insolencia para conmigo como la ofensa que habis infligido a vuestra reina, a mi esposa, al desconsiderarla por ser mujer, olvidndoos que la mujer es la criatura ms perfecta de la creacin y que Dios le otorg una gracia que a los hombres nos neg: su capacidad para ser madre, y todos vosotros, lo mismo que yo, hemos venido a este mundo del vientre de una mujer.

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Cuando la mujer es madre, el amor de madre lo genera la mujer al saberse encinta y, desde ese instante, empieza a amar a la criatura que porta en su seno aceptndola como un bien divino. El amor de madre es dulce y generoso, desprendido y sacrificado, puede haber mayor dignidad en un solo ser? Habis ofendido a mi esposa, la reina de todos vosotros y la madre de mi hija Petronila, vuestra futura reina. Los nobles estaban que no saban si escuchaban un discurso real, un reproche o una homila. Y t, Sancho de Larrosa, obispo de Pamplona que figuras en este acto en nombre de mi amigo, el obispo Dodn de Huesca, an enfermo, eres el peor de todos, pues lejos de sofocar el incendio, has echado ms lea al fuego, siendo tu deber recordar y hacer recordar que Jess, poco antes de expirar en la cruz, nos dej el ltimo y ms preciado regalo que poda hacernos.

El obispo, sintindose reprobado, lejos de humillarse se adelant unos pasos para ponerse frente al rey y, en tono desafiante, dijo: Qu debo recordar y hacer recordar, mi seor? Ah tienes a tu madre, lo recuerdas? S, mi seor. Disculpa mi torpeza. Tal vez he quedado ciego por un momento. Ciego y sordo, pero no manco, que bien alargas la mano para pedir lo que deberas dar.

La ira regia no se minoraba y el obispo tuvo que contener la mirada reprobatoria de Ramiro II, cargada de razn. Algunos de los convocados empezaron a temer que el rey se tomara el desquite y descabezara a los que huyeron de la reciente escabechina. Tambin olvidas, obispo, que Jess engrandeci a la mujer cuando eligi a Mara Magdalena, antes que a ninguna otra persona, cuando ella acudi al sepulcro y, al encontrarlo vaco, corri a decrselo a los apstoles, pero, por el camino, fue la primera que lo vio cuando lo confundi con el hortelano y no lo reconoci hasta que l la llam por su nombre, Mara! y reconoci su voz. Qu ejemplos nos dio Jess y qu olvidadizos nos volvemos cuando no interesa que toquen nuestra conciencia y, mucho menos, nuestras bolsas! A qu esta reiterada ofensa a la mujer que ha dado un heredero al reino? Acaso por ser mujer no es merecedora de vuestro respeto y reverencia? As os comportaris con Petronila por ser mujer? recrimin Ramiro.
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Todos quedaron atnitos. El rey, algo ms aplacado, porque tampoco quera ir ms all en sus reprimendas, continu: S, ya s que, en vuestra opinin, hay muchos frailes que oran y por uno que falte, no se va a notar, por lo que bien me podra quedar en el trono. No os digo que no os falte razn, pero tambin os digo que estoy convencido de que, una vez cumplido mi cometido, mi lugar no est aqu y ser mi hija Petronila quien gobierne.

Algo ms sosegados y entrados en razn, el conde Yusque pareci ser quien hablara en nombre de todos, y as se expres: Te suplico que perdones nuestra insolencia, mi seor. No hemos sabido comportarnos y pido clemencia para m y para todos, lo mismo que pido a nuestra reina que nos absuelva de nuestro gran desatino. Psimos cristianos seramos si el perdn nos fuera ajeno: quedad en paz. Vuestra merced es grande, mi rey y mi reina, y en la paz de Dios deseo hacerte una pregunta, mi seor: Pregunta, que sers respondido. Cmo una nia de pecho puede gobernar un reino, mi seor? Tenis al rey monje por necio? contest mordiente el rey. Dios me valga, mi seor, nada ms lejos de mi nimo! Es lo que pretenda explicaros cuando me habis interrumpido con vuestros secreteos.

Retomado este punto, el rey solicit la proximidad de sus hombres de confianza. Necesitaba apoyar sus palabras en los consejos de Fortes y el de Alerre, sin descuidar las acertadas reflexiones del Justicia. Yo asista como impensado testigo de todo lo que aconteca en aquella asamblea. El Justicia plante la cuestin: Si se dejara el gobierno en manos de una nia de pecho, conde de Yusque y dems caballeros, conocindoos como os conozco, al poco estarais riendo entre vosotros por manejarla a vuestro antojo y conquistar poder, territorios y sinecuras, por no citar otros lucros, y eso dara pie para que
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los pretendientes al reino lo creyeran dbil y asequible, con lo que haran todo lo posible por apoderrselo y, de seores, pasaramos a ser vasallos. La exposicin del Justicia fue considerada especialmente reveladora. Prosigui Fortes, el ms entendido en poltica: Pamplona y Castilla nos acechan.

Un rumor de aprobacin recorri el saln, al tiempo que una duda pareca pasearse por el artesonado y los muros de la estancia. El de Yusque la plante: Entonces, qu hacer, mi seor?

Ramiro II, totalmente sosegado, habl con voz firme y convincente: Vuestras murmuraciones no han hecho ms que emponzoar el ambiente y retrasar lo que tanto deseo comunicaros. La solucin est en que Petronila sea prometida en casorio con un hombre de sangre real, que acepte desde ya matrimoniarse con ella cuando mi hija tenga la edad cannica exigida, que sea un varn con aos y capacidad para gobernar desde el momento en que puedan firmarse las capitulaciones maritales y que el casamiento sea en Casa, para que cuando hayan descendencia ella pueda transmitir la Potestas Regia.

Por los semblantes de los congregados, pareca que la explicacin del rey los haba convencido. El conde de Yesque pregunt: Mi seor, quin impondr las condiciones de las capitulaciones? Yo, naturalmente contest sin vacilar Ramiro II y, adems, tendrn que ser aceptadas en su integridad por mi futuro yerno, capitulaciones que sern redactadas bajo mi orden y validadas por las cortes.

Por si haba alguna duda, el rey vino a disiparla con su fuerte conviccin, y todos parecieron quedar satisfechos, pero an quedaba algo por saber y fue de nuevo el de Yesque quien lo plante: Y, podramos saber quin ser el futuro rey de Aragn, mi seor?

Ramiro II hizo una sea a Fortes y l fue quien dijo: Slo hay uno, seores. S, pero, quin, Fortes? insisti el conde.

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El rey tom la palabra, pues, al fin y al cabo, aunque Fortes fuese el entendido en poltica, se trataba de su yerno: Ramn Berenguer IV, el conde de Barcelona. Se han tenido conversaciones con l, mi seor? Nunca lo hara a espaldas de mis nobles, pues, aunque yerno, tambin ser rey de Aragn. Y, cundo piensas negociar con el conde, mi seor? inquiri el de Yesque. Tan pronto tenga la autorizacin de la asamblea, enviar una embajada a Barcelona, y ser un muy allegado y muy afecto mo quien porte la cdula del ofrecimiento de mi hija en casamiento y la peticin de inicio de negociaciones.

El de Yesque barri con la mirada a todos los presentes y en ellos advirti la conformidad general. Ya la tienes, mi seor.

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CAPTULO XIV

Obtenida la aprobacin, la asamblea qued disuelta y en el saln permanecieron los reyes, los secretarios y yo, que me sent aludido y no caba en m de contento y de cmo haba definido el rey a su embajador, pero, al mismo tiempo, estaba un tanto temeroso por la gran responsabilidad que recaa sobre m. Si el rey confa en m, ser porque, en su sabidura, habr considerado que soy vlido, y si l lo cree, quin soy yo para llevarle la contraria? me dije, exultante.

El Justicia tambin haba abandonado el saln. Su presencia ya no era necesaria, y Fortes y el de Alerre fueron invitados a dejar a los reyes solos. Yo tambin me marchaba y estaba cerca de la puerta cuando el rey me retuvo y con un gesto me vino a decir que me acercara. Mientras lo haca, pude escuchar cmo la reina reconvena a su esposo: Te contradices, esposo mo. En qu, Ins? Cuando has recordado el ltimo y ms preciado regalo que Jess nos dej y que fue lo que ms quera, a su madre, y t, en cambio se la quitas a tu hija.

No lo esperaba. Era un golpe muy doloroso. Ramiro hubiese preferido mil veces que le atravesaran el corazn con una espada y no que se lo destrozaran con la palabra. Ins, Ins, te lo suplico! No lo he hecho para mortificarte, esposo mo, sino para que te des cuenta de cmo unas palabras dirigidas en una direccin pueden volverse contra quien las dice se excus la reina tomando entre las suyas las manos de Ramiro y llevndoselas a los labios, que forjaron el ms dulce y hermoso de los besos que una esposa puede dar a un esposo en apuros.

Ramiro reconoci que la reconvencin de su esposa era adecuada y se sinti avergonzado. Ins se arrepinti al pronto y quiso compensar el dao causado. Se alz y Ramiro hizo lo propio. Uno frente a otro, Ins de Poitou, esbozando una sonrisa de calidez extrema y clavando sus enigmticos ojos en los de su esposo, abri los brazos y Ramiro se refugi en ellos, y as permanecieron, abrazados y prodigndose besos, hasta que Ins habl: Saba que en este momento necesitabas un abrazo sanador.
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Y el que me has dado es sanador y consolador. Gracias, esposa ma. Hemos acrisolado una hija con amor y bondad. Demos gracias a Dios, Ramiro. Nuestra hija, an siendo tan pequea, ya refleja en su rostro la bondad y sus hermosos ojos son tan luminosos y refulgentes como los tuyos, Ins. Es una hija con amor, bondad y belleza. Qu Dios la bendiga y la proteja! ultim Ins de Poitou. Con respecto a lo que hemos presenciado, creo que estamos ante un juego tan viejo como la noche de los tiempos, y mucho me temo que perdurar mientras el hombre no obtenga sabidura, es decir, hasta el amanecer del Juicio Final. Desde ahora, esposo mo, contrapongo el silencio y la quietud a todo lo doloroso que an pueda suceder en mi vida, y te prometo que, antes de que t regreses a San Pedro el Viejo, lo har yo a la abada de Fontevrault. Unidos por el rezo y la espiritualidad hasta que Dios nos llame de este mundo concluy Ramiro.

Yo no daba crdito a lo que mis ojos vean y mis odos escuchaban. Senta que no deba estar en aquel lugar. Los esposos, sin proponrselo, daban la impresin de que anticipaban su despedida y yo lo estaba presenciando, presa de un gran desconcierto. Para qu me habr requerido el rey? me preguntaba sin poder salir de mi turbacin, pero al or la voz amiga de mi buen fraile, tuve un sobresalto y desapareci mi asombro. Es que no me oyes, buen amigo? me ri con exquisita amabilidad -. Te he llamado por tres veces, Astudillo, te ocurre algo? No, nada, mi seor - ment. Bien, entonces, hablemos, Astudillo, que lo que tengo que decirte, es justo que lo oiga la reina, si es que mi esposa dispone de tiempo para ello y no tiene otro quehacer se dirigi a Ins de Poitou. Creo, mi querido esposo, que mi presencia no ser imprescindible para los negocios que tengis que tratar y te pido licencia para retirarme a mis aposentos, pues deseo estar con Petronila. Quedaos con Dios, caballeros! salud la reina.
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Qu l te acompae, mi seora! respond, mientras el rey conduca a su esposa hasta la puerta de salida. All volvieron a besarse con ternura y Ramiro no cerr la puerta hasta que Ins desapareci de su vista.

De regreso al estrado, el rey tom asiento y me invit a hacer lo propio, a su lado. Bien, Astudillo. He hablado con Fortes sobre tu instruccin caballeresca y me inform que tienes una formacin aceptable, que eres diestro tanto con armas cortas como con largas, que manejas con acierto la lanza y el escudo, que has ganado en flexibilidad y reflejos, pero me record que un buen caballero slo se forma con la prctica de los aos, y... Creo, buen fraile, que Fortes ha omitido lo ms importante me permit corregir. Ah, s?! Qu ha olvidado? Que soy un discpulo muy aventajado en matemticas, filosofa, astrologa, textos sagrados y Basta, basta, Astudillo, que me dars envidia! ataj el rey con la satisfaccin en su semblante -. No, no lo ha omitido, lo que sucede es que t me has interrumpido, pero no tiene importancia. La impaciencia de los jvenes, qu bendita impaciencia! Esa leccin tambin me la han enseado, buen fraile, pero se me olvid. Cul, Astudillo? La de no interrumpir cuando alguien est en el uso de la palabra. Te ruego que me disculpes. No es cuestin de que yo te disculpe, Astudillo, sino de que seas paciente, prudente y que, antes de hablar, pienses en lo que vas a decir. No lo olvidar jams, buen fraile. As debe ser, pues lo que voy a encomendarte exige la mxima diligencia, y, aunque t an no ests preparado para ello, te voy a confiar una misin de mucha responsabilidad, pero no temas, que no estars solo. De qu se trata, buen fraile? pregunt, imaginando que, tal vez, me haba hecho llamar para cosa distinta a la que sugiri en la asamblea.

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Ahora te lo dir, Astudillo, pero, antes, debo estar seguro de que tienes la formacin adecuada para armarte caballero. Mi misin ha de llevarla un caballero real.

Con las palabras del rey, la duda que poda cobijar qued disipada y ya estuve seguro de saber a qu aluda al hablar de una delicada misin. Sin embargo, mi natural sinceridad me llev a plantearle al rey una pregunta: Por qu yo, buen fraile, si hay caballeros y cortesanos en palacio mejor preparados? Porque tengo plena confianza en ti, Astudillo fue su rotunda respuesta.

El monarca hizo llamar a Fortes para informarle de sus propsitos de investirme caballero real tan pronto como los preparativos para la ceremonia estuvieren dispuestos. Y la embajada, buen amigo Fortes, la compondris t y Astudillo, con la escolta necesaria. Atravesaris territorio de los almorvides, con quienes mantenemos tregua, antes de internaros en dominios del conde de Barcelona. Habr que redactar salvoconductos de paso y la cdula de ofrecimiento de la princesa Petronila como futura cnyuge del conde. Tan pronto como abandone este aposento, ordenar que preparen los atavos para armar al caballero Astudillo dijo Fortes -, y si no me requieres para otro ms, te pido tu autorizacin para retirarme y hacer cumplir tus deseos, mi seor.

Yo no caba en mi propio cuerpo. Iba de sorpresa en sorpresa y, cada una de ellas, era mayor que la anterior. Quise ir en busca de Marta y contarle todo lo ocurrido, pero el rey an no me haba dado licencia para retirarme y yo no poda contener por ms tiempo mi impaciencia. Creo que podremos llevar a cabo la ceremonia de tu investidura en dos das, qu te parece, Astudillo? No me corresponde a m decidirlo, buen fraile, y, desde luego no me lo esperaba, y es una muy grande y muy agradable sorpresa para m respond sincero. Bueno, bueno, vete y desahoga tu entusiasmo contndole a Marta lo que debas contarle me despidi el rey con una sonrisa paternal que reflejaba su comprensin.

Pero, antes de marcharme, puse en prctica la primera regla que identifica a todo caballero: el saludo. Me puse delante del rey, hinqu una rodilla en tierra,
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inclin la cerviz y alargu la mano derecha solicitando la misma del monarca. Ramiro II me sigui el juego: era la primera vez que yo, su protegido, me mostraba tan protocolario y quiso ayudarme. Bes la mano del monarca y me incorpor con cabeza humillada. Di unos pasos hacia atrs y cuando estuve algo retirado del rey, ergu la cabeza para volverla a inclinar acompaada de la voz: Siempre a tu servicio, mi seor!

A duras penas pudo contener Ramiro la risa, no porque yo actuara con torpeza, todo lo contrario, sino porque era la primera vez que ambos nos ajustbamos al ceremonial. Al verlo rer tan llanamente, me contagi y, con mi frescura habitual, tambin me ech a rer, y ambos celebramos con gran contento la formalidad representada. Con licencia del rey, me fui en busca de Marta y la encontr paseando por los jardines con Isabelle en animada charla. Ah viene tu enamorado, Marta, y por sus andares, parece que tiene prisa. Te dejo con l.

Marta y yo nos fundimos en un abrazo del que emanaba una alegra y un contento capaces de contagiar a todo el palacio con nuestra dicha. Tratando de que mi lengua fuera tan veloz como mis pensamientos, intentaba transmitirle en pocas palabras toda la intensa emocin vivida en las ltimas horas. Calma, Astudillo, calma! me suplicaba Marta, plena de gozo y con el alma henchida del jbilo que yo le transmita -. Habla despacio, te lo ruego.

Como pude, comuniqu a Marta lo que haba sucedido en el saln de audiencias y cmo el rey me haba sorprendido eligindome para participar en la embajada a Barcelona. Pero, antes, ha de investirme caballero real. Astudillo, te das cuenta de que todo es como si fuera un sueo? S, y lo ms importante, segn me ha dicho el monarca, es lo mucho que voy a aprender en este viaje, pues vamos a atravesar varios territorios y conocer, lo mismo que cuando fui a Aquitania, a gentes nuevas, sus costumbres, su cultura, su forma de vivir Qu interesante, Astudillo!

Las ltimas palabras las pronunci Marta con cierto viso de decepcin.
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Qu te ocurre, Marta? Es que no te alegras? Por supuesto que s me alegro, Astudillo, pero lo que me gustara es que ya estuvisemos desposados para que pudiramos hacer el viaje juntos. Llevo muchos das con la idea del casamiento en la cabeza y de ello he hablado con la reina, con Isabelle, con Florinda, y todas ellas me aconsejan que, cuanto antes me despose contigo, mejor, porque la juventud dura poco y la vida es muy corta. Si no aprovechamos ahora que somos jvenes, cundo, Astudillo, cundo nos desposaremos? Adems, debo aadir una nueva razn, la que t me acabas de comunicar: te investirn caballero real. Y qu, Marta? Pues, que hay muchas jvenes en palacio que aspiran a casamentarse con un caballero y te acosarn con sus atenciones y desenvoltura, ya lo vers. No, Marta, eso no ocurrir nunca. Yo te amo y slo tengo ojos para ti. S, eso lo dices para contentarme, pero Hablar con mi amigo el rey para que te quedes ms tranquila y contenta. Te quiero ver feliz, Marta.

Volv sobre mis pasos y me encamin hacia el saln de audiencias, confiando que an estuviera el monarca. En efecto, lo encontr y me apliqu en emplear la formalidad caballeresca, pues deba acostumbrarse y utilizarla en los territorios que iba a visitar. El rey me dijo que me acercara. Te noto especialmente contento, mi buen Astudillo, y no es para menos, pero creo leer en tus ojos que tienes algo que te inquieta. S, mi seor. Astudillo, no te reconozco con ese tratamiento! Te lo ruego: apalo, no ves que estamos solos?

Relat al rey los deseos e inquietudes que me haba transmitido Marta. El rey se qued pensativo. Al cabo, tom la palabra: Escchame, Astudillo, y escchame bien, porque es muy importante lo que voy a decirte. Comprendo que Marta y t sois jvenes, que la pasin que desencadena el amor y la naturaleza humana os mueve a desposaros porquen os amis, que es lo primordial, pero ahora debes comprender t,
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y Marta tambin, que si os desposis antes de emprender el viaje de embajada, los afectos, los arrullos, las demostraciones de cario y todo lo propio del amor, haran que te distrajeras de tu cometido y pudieras fracasar. Adems, hay otra razn que debes ponderar en su justo valor, Astudillo, y es que apremia el tiempo para llevar a cabo la misin encomendada. Hay poderosos motivos polticos, de los que Fortes te har partcipe durante los das que dure vuestro viaje, para no demorar esta encomienda, que por algo he calificado de delicada. El monarca hizo una pausa. Deseaba comprobar que sus palabras eran entendidas por m, su protegido, y, cuando estuvo seguro de que as era, me hizo una ofrenda tranquilizadora: Te he dicho, Astudillo, que confo en ti. Confa t en m ahora y creme porque te prometo que, a tu regreso, se harn los preparativos para vuestros esponsales. Lo entiendo, buen fraile, y as se lo har comprender a Marta. No me gustara que hubiera disgusto en tu nimo, mi buen amigo. No lo hay, te lo aseguro, buen fraile. Es mi impaciencia la que me hace confundir mis deseos con lo que debe ser. Cuidaremos de Marta durante tu ausencia, Astudillo. Ah, por cierto! Fortes me dijo que deberas ir a su presencia para informarte en qu consistir la ceremonia de tu investidura.

Llegado el da sealado para la ceremonia, Ramiro II e Ins de Poitou, ambos flanqueados por sus hombres de confianza y damas de compaa, caballeros, cortesanos y palaciegos, tomaron asiento en las jamugas que se haban dispuesto en el estrado. Un heraldo hizo abrir la puerta y aparecieron dos figuras ataviadas con vestimenta de gala ceremoniosa. Fortes, portando en sus manos un cojn de terciopelo azul con borlas de oro, sobre el que descansaba una espada envainada con su correaje y unos guanteletes, me precedi, yo vestido ntegramente de azul con el escudo de Aragn bordado en el pecho. Fortes y yo atravesamos el saln con paso solemne hasta llegar a la altura de los reyes, por debajo del estrado, arrancando murmullos de admiracin a nuestro paso, bisbiseos que atribu a mi vestimenta y a la galanura de mi caminar. Fortes se anticip y extendi los brazos para que Ramiro II revisara el arma y las manoplas y, acto seguido, con la conformidad del rey, se situ a un lado y qued frente al rey.
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En ese instante, clav una rodilla en tierra, humill la cabeza y solicit la mano de mi seor para ser besada en seal de pleitesa. El rey se alz y me ofreci su mano. Seguidamente, me orden que me alzara y, con la mirada, indic a Fortes que se acercara. El rey tom la espada con su correaje y me los puso en mis manos extendidas. El rey habl con solemnidad: Juras por tu honor y por tu vida, poniendo a Dios por testigo, que con esta espada impartirs justicia, defenders a los dbiles y servirs a tus reyes con lealtad y fidelidad?

Alzando las manos y elevando la espada al cielo, respond: S, lo juro. Si as fuera, que Dios te lo premie, y, si no, que te lo demande.

Hecha la jura, baj las manos y las dej extendidas. El rey tom la espada que yo le ofreca y la bes. Descendi del estrado, se acerc a m y me ci el acero. Seguidamente, recogi los guanteletes del cojn que portaba Fortes y me los ofreci. Los tom y me los enfund. A continuacin, desenvain la espada y la empu por la hoja hasta poner la cruz en mis labios. La bes y exclam: Que mi mano no tiemble nunca para defender una causa justa!

Despus, me gir hacia la reina y dije: Mi reina y mi seora, te ofrezco mi espada para proteger tu vida con la ma. Me bastar con que tu espada no salga nunca de su vaina si no es para defender a Petronila, mi hija y, si Dios lo quiere, futura reina de Aragn.

En ese preciso instante y como si de una revelacin se tratara, vi claro que mi anticipada investidura y la delicada misin que se me encomendaba el rey, y que tan grandes experiencias y riqueza de conocimientos me iba a proporcionar, no era tanto para servir a mis reyes, que s, sino para, llegado, el da y con la experiencia apropiada, estar al servicio de la princesa Petronila. Un honor. Mi semblante deba mostrarse en ese momento tan difano como el cristal, pues dej traslucir mi complacencia al verme elegido hombre de confianza para guardar y proteger a la infanta, todo un insospechado privilegio en el que empeara toda mi vida en merecer. Los reyes percibieron con toda claridad y mucha satisfaccin la aquiescencia de su recin investido caballero, se miraron e intercambiaron una sonrisa de complicidad. No se haban equivocado en su eleccin, como tampoco lo haran al decidir apadrinar mi casorio con Marta, una noble criatura que aportara como dote su desprendida generosidad y bondad.
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Tom el rey la palabra para concluir la ceremonia: Desde este momento, quedas nombrado caballero real, Astudillo, y tendrs el tratamiento que te corresponde.

Esa parte del discurso no me la saba yo y me preguntaba cul sera el tratamiento, pero un coro de voces con cumplidos de felicitacin vino a sacarme de la duda. Viva el caballero Astudillo de Lupin!

El rey me abraz y, como era protocolario, me bes en la frente y en las mejillas, describiendo el signo de la cruz con su gesto. La reina me dio la bienvenida al linaje caballeresco.

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CAPTULO XV

Redactados los documentos e investido caballero, se me confi la ensea de la Casa de Aragn y figur como heraldo real de la embajada que encabezaba Fortes en su condicin de secretario del rey, autoridad poltica y veterano legado. La ruta que haban fijado los estrategas pasara por Barbastro, Lrida, Igualada y Sant Pere de Vilamajor, donde se encontraba el palacio condal. Los dos cabalgbamos uno al lado del otro y marchbamos flanqueados por una reducida escolta, dado que los mandatarios reales siempre haban sido respetados y, adems, se atravesaran territorios en tregua y otros en donde no exista hostilidad. Un carruaje nos acompaaba en caso de que la fatiga hiciera acto de presencia y deseramos cambiar la montura por asientos. Tambin se dispona de caballos de refresco por si los de las postas no eran adecuados. Una reata de mulas bien adiestradas cargaba sobre sus lomos grano para las bestias, pertrechos, vveres y las vestimentas de gala. Como haba anticipado el rey, Fortes me explic el significado de delicada con la que haba sido apodada la misin. Hemos sabido, Astudillo, que el rey castellano Alfonso VII, haciendo valer que su madre, Urraca, estuvo desposada con El Batallador, negocia con el rey de Pamplona, Garca Ramrez, una alianza para que le sea reconocido su pretendido derecho sobre nuestro reino. Tendra graves consecuencias esa coalicin, Fortes, lo comprendo. Por otra parte, tambin se ha conocido que el monarca pamplons ha ofrecido la mano de su hija Blanca al conde Ramn Berenguer IV, quien no la ha rechazado. Pero, si no la ha rechazado, a qu viene este viaje, Fortes? Djame explicarte, Astudillo. An no hay nada formalizado, pero si se llevaran a cabo esas nupcias, Aragn quedara en medio de Catalua y Pamplona, y rodeado por Castilla, comprendes las consecuencias? S, Fortes. Entonces, para que el rey nuestro seor pueda regresar a su vida clerical como desea y queden el gobierno y el territorio del reino asegurados en su integridad, hemos urdido una sutil estrategia diplomtica con un doble propsito. Por una parte, la que ya sabes, lo que nos proporcionara un gran podero al unir Aragn con el condado de Barcelona. Por otra, ofrecer
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la educacin de la princesa Petronila a Berenguela de Barcelona, desposada en el ao 1128 con Alfonso VII y madre de varios hijos varones, hacindole concebir al rey castellano la esperanza de que llegara el da en que pudiera desposarla con alguno de sus hijos, con el primognito, Sancho o con su otro hijo, Fernando, lo que, de momento, hara que el monarca olvidara sus pretensiones. Me parece, Fortes, que ms que una estrategia diplomtica, se ha tejido una tela de araa en donde alguien quedar prendido. No olvides, Astudillo, que la reina Berenguela es hija de Ramn Berenguer III y, por tanto, hermana del actual conde Ramn Berenguer IV, por lo que todo puede quedar en familia. Entonces, Fortes, si el conde de Barcelona acepta desposarse con nuestra princesa, Berenguela y Petronila sern cuadas, no? As es, Astudillo. Por eso te he dicho que todo puede quedar en familia.

Y, dialogando y conversando, llegamos al lmite del territorio aragons. Al cruzar la demarcacin de las tierras bajo dominio almorvide, la noche estaba a punto de caer y los ltimos rayos de sol nos permitieron a los componentes de la legacin observar cmo una guardia agarena nos esperaba. Nos cruzamos los preceptivos saludos de cortesa y yo mostr al capitn sarraceno el salvoconducto que portaba, sigilado con el signum regis de Ramiro II. Despus de leerlo atentamente, me lo devolvi y, ceremoniosamente, nos dio la bienvenida como representantes del rey de Aragn, dicindonos que, desde ese momento, quedbamos bajo la custodia y cuidado como invitados de Sadik as Salm, el val de la comarca, en nuestra lengua, gobernador, casualmente de viaje de supervisin por el territorio. Con un ademn de exquisita correccin, el superior de la tropa nos invit a que dejramos nuestras monturas y echramos pie a tierra, dando l ejemplo, lo mismo que sus guardias. Mi nombre es Al ben Yusuf, adalid de la guardia. Tenamos anunciada vuestra presencia por vuestros exploradores, que se la anticiparon a los nuestros. En nombre de mi seor, he venido a ofreceros leche y dtiles en seal de salutacin y bienvenida a nuestras tierras.

Fortes, el veterano poltico y conocedor de la tradicin islamita, agradeci la gentileza y degust los productos del ofrecimiento, haciendo que yo y nuestra guardia lo imitramos. Era la primera vez que yo me encontraba con un agareno frente a frente y lo escudri con mucha curiosidad. Qued admirado por el lujo y colorido de su vestimenta, por sus modales tan educados y, sobre todo, por el hermoso caballo
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que montaba y la rara espada que cea. Por ms que examinaba, no logr encontrar lo que con tanto ahnco buscaba, pero mi indagacin no pas inadvertida para el vistoso personaje. Qu es lo que buscas, joven? me pregunt con desenfado el agareno.

Me sent molesto y respond con cierto desdn: No soy joven, que soy caballero. Te ruego que disculpes mi larga lengua, caballero, pero no estaba en mis palabras la ofensa al advertir que eres muy joven: es una realidad.

Fortes clav una mirada reprobatoria en mi rostro azorado y me dijo al odo: Un invitado para un musulmn es lo mismo que si fuera un hermano, y a un hermano no se le ofende. No ha habido intencin de insulto, Astudillo y te ruego que te disculpes. Disclpame t, Al ben Yusuf. S, soy joven y no slo por edad, sino por torpeza, como te habrs dado cuenta me excus. El tiempo da paso a la madurez y a la sabidura, pero, para ello, hace falta haber sido joven. Dame tu mano y saldemos el malentendido como hombres de paz.

Acog la mano que me tenda el mahometano, quien, al desprenderse de ella, se la llev al corazn. Cmo te llamas, joven caballero? pregunt en tono alegre Ali ben Yusuf, aunque imaginaba que, de los nombres que figuraban en el salvoconducto, el suyo respondera al de menor edad. Mi nombre es Astudillo y ste caballero seal a mi moderador es Fortes, ambos caballeros de nuestro rey Ramiro II en misin que nos lleva al condado de Barcelona. Y, puedo preguntarte, caballero Astudillo, qu edad tienes? Es slo curiosidad. Tengo 19 aos. Muy joven para ser caballero cristiano observ el agareno -. Y, puedo hacerte otra pregunta, caballero Astudillo? S, claro, pregunta. Qu buscabas en m con tanta dedicacin?
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El tono de Al ben Yusuf era festivo. Fortes imaginaba la respuesta que no se hizo esperar: Ver si tenas rabo y cuernos respond con ingenua candidez.

Al ben Yusuf se ech a rer a carcajadas y contagi a su tropa. Fortes y los soldados tambin rieron de buena gana ante mi estupefaccin. Cuando la risa mengu, el islamita me pregunt divertido: Qu te ha hecho pensar que yo pudiera tener rabo y cuernos, Astudillo? Lo escuch una vez de un obispo, pero ya veo que menta me excus. Eres un caballero joven muy divertido, Astudillo, pero ya es momento de encaminarnos hacia la jaima de mi seor. Esta noche cenaris con l.

Me volv a sorprender cuando nos adentramos en territorio almorvide porque, tanto a m como a mis compaeros de jornada, se nos permiti portar las armas. Forma parte de la cortesa agarena, Astudillo me hizo observar Fortes -. Lo mismo que nosotros somos tratados como sus hermanos por ser invitados, ellos, de un hermano, nunca esperaran agresin alguna.

La noche ya se haba echado encima y el cielo empezaba a vestirse de estrellas. Al poco, llegamos a un campamento con varias jaimas de entre las cuales se destacaba una, la ms grande, con guardias engalanados en la puerta. Es la de mi seor nos advirti Al ben Yusuf.

Sali el val de su tienda a recibirnos como sus invitados y la ceremonia de la cortesa agarena se puso otra vez de manifiesto en un lujo de salutaciones, gestos y ademanes cargados de simbolismo que Fortes qued en explicarme en cuanto pudiera. Soy Sadik as Salm, que en vuestra lengua quiere decir Amigo de la Paz y me sentir muy honrado si comparts mi modesta tienda y mi humilde comida conmigo.

Cuando Fortes y yo intentamos penetrar en la jaima, lo que vimos desde la entrada era de un lujo y de una belleza tan espectaculares que pareca increble reunir tanto esplendor en tan reducido espacio. Antes de traspasar el umbral, fuimos amablemente invitados a despojarnos de nuestros calzados. Al ben Yusuf explic el motivo de la peticin: El hogar es sagrado, sea un alczar, un chamizo o una jaima, y en lugar honorable no se debe entrar con el calzado manchado por el polvo del exterior, pues sera una grave ofensa para el anfitrin.
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Fortes conoca la costumbre y me aleccion tras la aclaracin del capitn ben Yusuf. Gruesas y llamativas alfombras anudadas a mano cubran el suelo y de las paredes caan tendidos preciosos tapices de seda de vistosos y elegantes colores. Alrededor de la jaima haba dispuestos cojines y jergones como asiento. Unas garbosas y amables jvenes envueltas en sedas con el cabello y el rostro cubiertos, nos ofrecieron unas babuchas y, calzados de esa guisa, el val nos hizo pasar y que tomramos asiento a su alrededor. Al ben Yusuf tambin fue invitado, mientras que los soldados de la escolta cristiana fueron alojados en otra jaima contigua. A unas palmadas del anfitrin, otras dos muchachas de una hermosura inigualable, pero desprovistas de velo y con el cabello descubierto de un negro intenssimo y brillante, partido por una crencha que haca caer a los lados seductores rizos sutilmente perfumados, nos ofrecieron una jofaina con agua y paos de lino. Fortes conoca aquella costumbre y me indic con la mirada que yo hiciera lo que viera. No era prctica arraigada fuera del mundo musulmn lavarse las manos antes de comer. Yo estaba fascinado. La higiene es la mejor manera de prevenir infecciones, dicen nuestros sabios ponder Sadik as Salm.

Acto seguido, un hombretn calvo, pero de factura noble a pesar de su apariencia de gigante, ataviado con vestimenta de una intachable blancura, hizo aparicin llevando entre sus manos una gran fuente tapada con una extraa cubierta en forma de puntiagudo capuz de gran tamao y con pequeos orificios por los que se desprenda un apetitoso olorcillo capaz de abrir el apetito al ms desganado de los mortales. El mocero de las cuatro bellezas, todas con la cabellera y el rostro sin ocultar, aparecieron en la jaima y se acomodaron delante de los comensales. Una, portaba un lad. Otra, un atambor para percutir con los dedos, y las otras dos tenan las manos desnudas. Las cuatro lucan los pies descalzos adornados con tintineantes cascabeles en los tobillos. El negro resplandeciente de sus cabellos competa con el azabache de sus ojos. El cocinero gigante libr el plato de su inslito capuchn y apareci un guiso que, slo por la fragancia que desprenda, haca presumir su exquisitez. Examin con atencin aquel gustoso manjar que acababa de descubrir y cre ver carne de cordero, de gallina, almendras y pasas fritas, verduras de varios tipos, nueces, smola y una variedad de especias que no reconoc pero que eran muy aromticas, y todo ello me pareci hervido y tamizado hasta dejarlo con la humedad precisa.
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Yo estaba maravillado por todo lo que suceda delante de m. Mi rostro, tan expresivo y elocuente siempre, expresaba mi extraeza por la falta de platos y cubiertos para degustar tan suculento manjar. Sadik as Salm se dio cuenta de lo que yo imagin un olvido y, aunque el anfitrin no debe comer el primero porque sera considerado como una ofensa, ya que ese honor les corresponde a los invitados, distincin que, cuando son varios los convidados, recae sobre el de mayor edad, se sirvi adrede el primero para que lo imitramos ya que, como cristianos, no estbamos iniciados en los hbitos islamitas. Con la mano derecha, la mano bendita, el val tom entre sus dedos un pellizco de guiso y se lo llev a la boca. Al instante comprendimos y nos afanamos en saborear aquella exquisitez, momento en que dos de las jvenes empezaron a danzar mientras las otras dos taan sus instrumentos. Al son de una seductora meloda, las danzarinas se contorsionaban en grciles evoluciones como si sus cuerpos estuvieran hechos de mimbre. Sus rostros no dejaban de sonrer y los brazos, manos y pies los articulaban al ritmo de la msica como si fueran juncos danzando dentro de la misma seda que vestan. Qu nombre tiene esta comida, seor gobernador? pregunt. Al-Kuskus, caballero, que significa, precisamente, comida aclar as Salm. Exquisita, seor! exclam con conviccin.

La cena culmin con unos pasteles elaborados con miel y pasta de almendra, acompaados de la bebida de la fraternidad. Qu es esta bebida? volv a preguntar, espoleado por mi curiosidad al probar aquel jugo de tan agradable sabor. Es leche de chufa me respondi Al ben Yusuf, esperando una nueva pregunta de quien l llamaba joven caballero, que no tard en exponerla. Yo no perda ocasin de saciar mi curiosidad sin lmite y en mi rostro se advirti mi sorpresa por el extrao nombre.

Al ben Yusuf, orgulloso porque sus parientes procedan de la comarca por donde se levanta el sol y donde arraig con xito el cultivo del tubrculo que trajeron sus correligionarios cuatrocientos aos antes, aadi: Est elaborada con agua, chufa triturada, miel de caa y aromatizada con almendra amarga respondi Al ben Yusuf, quien aadi con ponderada satisfaccin: La miel de caa procede del sur de Al-Andalus, de la clida costa de Gharnata, nica zona donde se cultiva.

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Es una bebida deliciosa! insist en elogiar los delicados y sensuales presentes que nos ofreca el anfitrin. Y de muy delicada conservacin porque se agra enseguida, razn por la que se elabora antes de tomarla. Las chufas se traen de las tierras por donde se levanta el sol y se conservan en sacos de lino que mantiene el fruto con la humedad adecuada.

Al terminar el convite, el anfitrin, seguido por su capitn, emiti una serie de eructos que me llamaron la atencin, no de Fortes, que conoca la costumbre. Es la manera que tienen de demostrar que la comida les ha satisfecho. Intntalo, Astudillo, o se sentirn ofendidos. Haz como yo, te lo ruego.

Despus de varios intentos, lo consegu y, al unsono, el val y su capitn me contestaron: Buen provecho, caballero Astudillo!

Fortes permaneci un rato en la jaima departiendo con el anfitrin y yo, con licencia de Sadik as Salm, sal al exterior y qued gratamente sorprendido por el silencio absoluto reinante. Alc la vista y descubr un cielo raso y oscuro que se haba vestido de luminosas estrellas. Me qued embelesado contemplando el maravilloso espectculo celeste. Para observarlo en mejor posicin, me tumb en el mullido verdor de la tierra. La noche an era clida. En mi embeleso estaba cuando, al pronto, not que estaba acompaado. Una de las jvenes vino a hacerme compaa y se acababa de tender a mi lado. Me llamo Uafa fue su saludo. Otra palabra rabe nueva para m. Qu significa tu nombre? Sinceridad. Hermoso nombre, Uafa. Mi amo me enva para hacerte compaa y calentar tu lecho esta noche.

Al orla, qued sobrecogido. Nunca haba odo semejante ofrecimiento y no saba qu hacer. La joven era muy hermosa y dejaba entrever entre las sedas de su envoltura un cuerpo lozano y esculpido para el placer. La intuicin y el recuerdo de las advertencias de Marta, me ayudaron a reanimarme. Dile a tu amo que se lo agradezco, pero que yo ya estoy comprometido con una mujer en mi tierra y con ella me voy a desposar en cuanto regrese.

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No es un impedimento que ests comprometido para que yo te acompae en tu lecho. Yo debo obedecer a mi amo y t tienes que comprenderlo.

Yo me debata entre la duda y la ignorancia. Era la primera vez que me vea en semejante trance y no quera, ni deba, ofender a nadie, menos a una mujer y a su amo, el gobernador. Y, qu pasara si yo no te acepto? pregunt candoroso. Mi amo se dara por muy ofendido porque, al rechazarme t, creera que yo no soy una buena hembra para ti, cuando s lo soy para l.

Record que la mayora de los jvenes nobles de mi edad ya haban tenido aventuras espordicas y furtivos encuentros con campesinas y sirvientas, pero nada parecido al amor. Me pones en un dilema, Uafa, pero soy un hombre fiel y leal y no deseo tomarte, aunque podramos llegar a un acuerdo. Qu acuerdo? Quedmonos aqu, contemplando el cielo, hablando y, cuando pase un tiempo, regresas y le dices a tu amo que has cumplido con el mandato, te parece bien? Mucho debes querer a tu amada y muy enamorado de ella debes estar para guardarle tu castidad con tanto celo! S, en efecto, as es. Puedo saber cmo se llama ella? Marta es su nombre. Dulce nombre. Tal vez la estabas buscando en el cielo cuando te he interrumpido? Marta est en la tierra, no en el cielo. No me has entendido. Entre nosotros decimos que cuando los enamorados se separan, se encuentran en el cielo en forma de estrellas. Tal vez aquella, la que ms reluce, sea tu Marta. Por qu?
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Porque la fuerza de tu pensamiento, unida a la suya, hacen que nazca una nueva estrella y se distingue de las dems en que su fulgor es ms intenso. Mira, mira all! seal Uafa la esfera celeste -, no es Marta? S, puede ser conced. Permteme que te d un consejo, Astudillo. Dime, Uafa. Cuando ests con Marta, disfruta intensamente, porque el placer no va ms all de su propio gozo. Es un hermoso consejo, Uafa. De qu quieres que hablemos, Astudillo? Ya que esta noche estoy aprendiendo palabras, significados y costumbres nuevas para m, te importara explicarme por qu las damas sarracenas tenis el cabello y el rostro cubiertos cuando no estis dentro de vuestro hogar? No tengo inconveniente, Astudillo. Desde tiempos de Moiss, la mujer ha llevado el cabello cubierto porque es la parte ms sugerente y seductora, y debe cuidar que slo su esposo o parientes muy allegados lo puedan contemplar. Ahora que recuerdo, Marta tambin lo lleva cubierto, y todas las mujeres de mi tierra, aunque no tanto como vosotras, y slo se descubren cuando estn en la casa. Qu curioso, no haba cado en ese detalle! Lo del velo tiene un significado similar, pues la boca y los labios de la mujer pueden despertar el deseo en el hombre que no est llamado a ser deseado. Y como seductor presente, nos obsequiis a quienes os contemplamos con unos asombrosos ojos que enamoran sin querer y son diana de nuestras miradas.

Entretenidos en la chchara, ninguno de los dos nos dimos cuenta de que el tiempo pasaba y que, al menos yo, tena que alzarme a hora bien temprana para reemprender el viaje con mis compaeros. Crees, Uafa, que ser hora de regresar?

Uafa se ech a rer abiertamente.


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De qu te res, Uafa? De lo poco que entiendes de estas cosas.

No comprend. Me levant del suelo, ayud a Uafa a incorporarse y la acompa a su tienda. All nos despedimos. No creo que vuelva a conocer un hombre como t, Astudillo.

Segu sin comprender. Me encog de hombros y dese a la joven que pasara una noche apacible. Cuando gir sobre mis talones para encaminarme a mi jaima, o la dulce voz de Uafa que me dirigi unas palabras en su lengua: -

As-Salmu Allahykum
Qu significan, Uafa? La paz de Dios est contigo.

Maravillado por la similitud entre las dos creencias del deseo invocado, acert a responder: Y contigo, Uafa.

En la hora ms oscura, la que precede al nacimiento del sol, ya estbamos todos prestos para reanudar el viaje y, apenas los primeros rayos laman los campos, las delicadas sirvientes nos ofrecieron una colacin caliente y pastelillos de pasta de almendra y miel. Los agradecimientos y las salutaciones precedieron a la partida. Al ben Yusuf y su tropa os conducirn por terreno seguro hasta el siguiente puesto de guardia, que os llevar hasta la frontera con Barcelona ofreci con afectuosa cortesa el val antes de despedirse.

Fortes y yo montamos en nuestros jamelgos y las tropas cristiana y agarena se entremezclaron formando un heterogneo y poco frecuente cortejo. Uafa quiso despedirse de m: Qu Dios proteja tus pasos en esta jornada y en la vida, y que su paz sea la luz que ilumine tus pasos all por donde vayas, ahora y siempre!

Me emocionaron aquellas sentidas palabras y Fortes se qued muy sorprendido. Por un momento crey estar oyendo a fray Ramiro. Yo quise corresponder a su invocacin y, como mejor pude, farfull en rabe:
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As-Salmu Allahykum

A lo que Uafa respondi: -

UaAllahykum as Salm
Qu me has dicho, Uafa? Y contigo.

Fortes no daba crdito a lo acababa de or. Tambin ests aprendiendo rabe, Astudillo? me pregunt con cierta malicia. El saber est en aprenderlo, no en ignorarlo respond en el mismo tono.

Por los rostros divertidos de Al ben Yusuf y los suyos, imagin que estaban festejando con bromas la despedida entre Uafa y yo, y, a buen seguro, que estaran haciendo chanza sobre lo que sospecharon que pudo haber pasado entre nosotros dos la noche anterior. Fortes, ms avezado, me mir con un gesto que equivala a que no le diera ninguna importancia a la chchara agarena. Al ben Yusuf vino a aproximar su montura a la ma para decirme que era muy afortunado: Por qu? le pregunt extraado. Porque Uafa es la mujer ms delicada y hermosa que hay sobre la tierra y se ha venido a fijar en ti.

Me pens la respuesta. No quera ser descorts ni con Uafa ni con Al, y, por supuesto, ni con el gobernador, pues en unas semanas regresaramos a Huesca por ese mismo camino. Uafa me ha distinguido con su amistad y yo me siento muy honrado, Al, y as se lo he hecho saber a ella termin por responder. La amistad para nosotros, Astudillo, es un sentimiento mucho ms noble y sincero que el amor, pues el amor puede traicionar y la amistad, no. Tampoco traiciona el amor respond acordndome de Marta. El amor, para que no traicione, debe ser generoso, y, casi siempre se muestra egosta me replic Al.

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No estoy de acuerdo contigo, Al, y no te ofendas por mi postura. Considero que el amor verdadero es generoso, noble y sincero. Creo que no habla tu lengua, sino lengua de enamorado y tu razn est dominada por el corazn. S, as es confes con rotunda conviccin. En ese caso, Astudillo, s generoso mientras vivas porque, al final, saldrs beneficiado, pero piensa que de este mundo slo te podrs llevar tu sudario. Creo que no te entiendo, Al. Tal vez no lo entiendas ahora, pero reflexiona sobre lo que te he dicho y amars ms y mejor, y tu enamorada, ms an. concluy el agareno al avistar en la lejana que aguardaban las tropas que le daran el relevo.

Al encontrarse, todos desmontamos y nos saludamos con la cortesa sarracena habitual. Hubo presentaciones, saludos, parabienes, cumplidos y toda suerte de buenos deseos en el feliz logro de la misin. Al abraz a Fortes, luego a m, y para ambos tuvo palabras amables y el ofrecimiento de su amistad. Despus mont y lo mismo hizo su tropa, que volvi grupas hacia el lugar de donde venan. El nuevo capitn, un hombre fornido, de mediana edad, grandes bigotes y barba luenga, tena el aspecto de un soldado experimentado y, tal vez cansado y deseoso de retirarse y aguardar la muerte tranquilamente en su hogar, rodeado de los suyos, a los que les contara las mil y una peripecias que habra vivido. Era poco hablador, pero tan corts y amable como Al ben Yusuf. Fortes crey reconocer su rostro, quiz se haba encontrado con l en alguna escaramuza reciente, pero la prudencia de su veterana, le aconsej evitar identificaciones. Mi nombre es Hussein y estoy a vuestro servicio. Tengo encomendado acompaaros hasta el territorio del conde, nuestro amigo, y nada debis temer fue su saludo de bienvenida.

Como el viaje era largo, los vveres y la comida para las bestias se agotaban y, para no abusar de la hospitalidad de nuestros acompaantes, nos abastecamos en los poblados y alqueras que encontrbamos a nuestro paso, o en las que buscbamos adrede. El agua era abundante por todo el territorio, con numerosos manantiales, fuentes y alfaguaras. El agua manaba tambin a flor de tierra y provena del deshielo de los cercanos Pirineos. Tampoco faltaban frecuentes arroyos y ros de fundamento, como el Segre.
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Pernoctbamos en jaimas, fondas, ventas, alqueras, y siempre bajo la custodia y seguridad de los sarracenos, de quienes seguimos aprendiendo sus costumbres y tradiciones. Recordando el rico vino que se elabora en tierras de Huesca, ca en la cuenta de que los agarenos no lo servan en la mesa y quise saber el motivo, pero Hussein no era tan asequible como Al ben Yusuf ni Sadik as Salm. Se lo pregunt a Fortes, y, aunque l lo saba, quiso romper el largo silencio del viaje traspasando mi duda al capitn que nos custodiaba. Lo tenemos prohibido. Por qu? me atrev a inquirir. Est prohibido slo por una razn. Cul? Cuando el hombre bebe y se embriaga, se le suelta la lengua y empieza a blasfemar, a insultar, a reir, a faltar al orden, a pecar en definitiva. Es como si mantenerse sobrio fuera una proteccin contra el desfogue del descontento. Hay muchos hombres decepcionados que recurren a la bebida para inhibir y olvidar sus penas, cuando lo que ocurre es que el vino desata al animal que llevan dentro. Entonces, eso que dices se puede interpretar como si el beber con moderacin no fuese pecado, es as? S, as se puede interpretar y, de hecho, beber con moderacin y en el hogar, no en pblico, no es pecado, y cualquier ulema as lo afirmara. En otras palabras, en la moderacin est la virtud. Y, estara mal visto que un cristiano ofreciera vino a un musulmn? quise saber. Vuelvo a lo que acabo de decir: si es un invitado y el anfitrin se lo ofrece y lo bebe con mesura, no es pecado. Pecado sera beber en la calle o donde te vea todo el mundo. En ese caso, el pecado sera de escndalo.

Otra cosa nueva que aprend. Desaconsejados por el capitn sarraceno, no llegamos a penetrar en Lrida por ser una gran ciudad en la que los nimos estaban un poco soliviantados y era conveniente dar un rodeo para evitarla, consejo que de buen grado acept Fortes. Sin embargo, yo vi truncadas mis ansias de saber y mi curiosidad tuvo que tomarse una tregua, pero s pudimos admirar, cruzando el caudaloso Segre, el impresionante alminar de la Mezquita Mayor. Contemplndolo, record lo que me haba explicado Marta sobre lo que fue la catedral de Huesca y me pregunt si algn da ocurrira lo mismo con ese majestuoso oratorio islamita.
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Fue construida en el ao 832 sobre los restos de un templo visigodo me explic Fortes al observar la admiracin en mi rostro.

Las horas desde la partida se fueron sumando y se transformaron en das, y los das, en una decena de ellos, cuando, al fin, estando a punto de terminar de atravesar territorio almorvide, custodiados siempre por milicias agarenas que se relevaban en cada puesto de vigilancia, avistamos tropas con el inconfundible emblema del conde de Barcelona: un yelmo coronado por un dragn alado, ambos de perfil, y, debajo, el escudo con los cuatro gules rojos sobre campo de oro, orlado por hojas de acanto.

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CAPTULO XVI

Fortes, a medida que nos aproximbamos a territorio del conde, me fue explicando algunos de los pormenores que l estimaba necesarios que yo conociera antes de llegar a presencia del IV de los condes de nombre Ramn Berenguer. Ramn Berenguer III, en primeras nupcias, despos a Mara Rodrguez, hija del Cid, con quien tuvo dos hijas, Mara y Jimena, y, en segundas, a Dulce de Provenza, quien le cedi los derechos sobre el condado de Provenza en 1113. De esta unin, nacieron Berenguela de Barcelona que, como sabes, se despos con Alfonso VII de Castilla, y dos gemelos, Ramn Berenguer y Berenguer Ramn. De quin fue la ocurrencia de ponerle el mismo nombre a los hermanos, pero al revs? pregunt lleno de curiosidad. Los gemelos eran tan idnticos como dos gotas de agua y tan confundibles que uno pareca el reflejo del otro en un disco de acero bruido me dijo Fortes -, lo que llev a sus padres, en un rasgo de humor, a imponer al que naci primero el nombre de Ramn Berenguer y al hermano, Berenguer Ramn. Como fcilmente puedes imaginar, andando el tiempo, esa doble peculiaridad producira ms de una divertida equivocacin. S, ya me supongo que los gemelos sacaran provecho de los equvocos observ con cierta malicia. Ramn Berenguer III, por su parentesco con gran parte de la nobleza occitana y en razn de su segundo casamiento, lleg a poseer un extenso condado que abarcaba territorios a uno y otro lado del Pirineo. A su muerte, acaecida en 1131, dej testado que el territorio quedara dividido en dos, y Ramn Berenguer, el primognito, que slo contaba con diecisiete aos, se convirti en el IV conde de Barcelona, mientras su hermano gemelo recibi en herencia el condado de Provenza, con el ttulo de Berenguer Ramn I de Provenza, quien test a favor de su hermano en caso de muerte. Ya habamos llegado a la altura de la guardia condal y, como de costumbre, la recepcin se hizo pie a tierra, la manera de expresar la situacin de tregua que ambos bandos respetaban. Los sarracenos saludaron con su cortesa habitual a los recin hallados, saludo que fue correspondido con no menos caballerosidad, salutacin que, igualmente, recibimos Fortes y yo, as como nuestra escolta, a la que el capitn agareno uni la invocacin de buenos deseos de larga vida y prosperidad para los seores a cuyo servicio estbamos todos los all presentes.
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Tras la ceremonia de la salutacin, todos montamos a lomos de nuestros caballos y los sarracenos regresaron a su puesto de guardia, territorio adentro. Soy Gilbert, capitn de nuestro conde y seor de Barcelona.

Fortes y yo nos identificamos igualmente y mostr al capitn Gilbert el documento que nos acreditaba como legados del rey Ramiro II de Aragn. Sed bienvenidos a nuestras tierras, caballeros. Con gran placer os llevaremos al palacio de Sant Pere manifest Gilbert, devolvindome la cdula.

En cuanto nos pusimos en marcha, yo, tan observador como curioso, hice advertir a Fortes que, entre la tropa condal, unos hablaban de una manera y otros de otra. Y aquellos de all me seal a unos con casco emplumado - , hablan la misma lengua que nuestra reina.

El comentario lo oy Gilbert y se apresur a aclarar: Son caballeros de los territorios francos al servicio de nuestro seor. Algunos son de Provenza, otros, de Narbona, otros ms de Aquitania, y, tambin, hay genoveses e ingleses. Nuestro seor mantiene alianzas y tratos de amistad con reyes francos, con Gnova y la casa Plantagenet de Inglaterra.

Al or Aquitania, se le ilumin el rostro y dirig un gesto de complicidad a Fortes, quien, con una elocuente mirada, me pidi calma y me aconsej que dejara el entusiasmo para cuando llegara la hora. A Gilbert no le pas inadvertida esta nueva observacin ma, aunque fuera gestual y sin palabras. Sabemos que vuestra reina es de Aquitania, una dama muy ilustre y, tambin, dotada de gran belleza, a juzgar por lo que cuentan de ella los juglares. Mi seor se sentira muy honrado si en alguna ocasin llegara a conocer a Agns de Poitiers.

Evidentemente, el capitn Gilbert no estaba al tanto de los propsitos de la legacin, o era muy discreto, una cualidad que se les reconoca a los naturales de aquellas tierras, heredada de los fenicios, acreditados mercaderes y sutiles diplomticos. Llegamos a Sant Pere de Vilamajor donde, segn nos inform Gilbert, los hermanos gemelos hicieron construir un palacio que acoga dentro de sus murallas el ncleo antiguo de la villa, conocido con el nombre de La Fora.
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Desde cierta distancia se distingua en toda su magnificencia la Torre Roja, torre de unas 30 varas de altura() y situada delante de la capilla, que es parte inferior de la torre del homenaje. Ya estamos llegando, caballeros! exclam triunfante Gilbert, a lo que contestaron los guardias de la escolta lanzando un grito a coro de loa y exaltacin en varias lenguas que equivala a decir: Viva el conde, viva nuestro seor!

Dentro ya del impresionante palacio, en la plaza de armas, la tropa se despidi y se encamin a sus quehaceres. Fortes, Gilbert y yo desmontamos y unos palafreneros se hicieron cargo de las monturas. Cuidarn de los caballos como si de sus vidas se tratara. Les darn de comer, los abrevarn, los limpiarn del polvo del camino y los acomodarn en el establo, donde estarn vigilados nos aclar el capitn condal. Gracias por todos los desvelos, Gilbert manifest agradecido Fortes. Sabemos muy bien lo valioso que es un caballo y qu cuidados necesita. Si no los atendemos como merecen estos nobles animales, cmo podramos disponer de ellos a cualquier hora del da o de la noche y exigirles largas caminatas? respondi Gilbert. Se ve que entiendes de caballos, Gilbert apreci yo. No slo entiendo, sino que los quiero, y ellos se dan cuenta y me corresponden confes Gilbert.

A una indicacin del capitn, nos dirigimos a la entrada del palacio y Gilbert, respetuoso y corts, nos pidi licencia a Fortes y a m para ir delante y hacer camino, pues l conoca las instalaciones, ruego que fue correspondido con recproca cortesa. Despus de atravesar largos corredores, llegamos a una sala magnficamente decorada en la que se destacaba un gran mural donde estaban representados los dominios del condado. En ese instante, Gilbert me solicit el salvoconducto para entregrselo a su seor e informarle. Se ausent, ausencia que yo aprovech para examinar con detenimiento el enorme mural. Al cabo, apareci Gilbert y se fij en el inters con que yo estudiaba la pintura. Veo que te llama la atencin el fresco, Astudillo, y, si es de tu apetencia, con mucho gusto te lo explicar, pero, antes he de deciros que mi seor os da la bienvenida al condado y os pide que lo disculpis porque est despachando con sus consejeros un negocio de mxima importancia que no admite demora. Mi seor os ruega que, si es de vuestra conveniencia,

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25 metros de altura. Una vara = 835,9 mm (N. del A.)

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vayis a los aposentos que se os han destinado y que descansis. Esta noche seris los invitados de honor del conde. -Y, Cundo podrs explicarme el significado de la representacin, Gilbert? inquir, ms ansioso por saber que por descansar. Si lo deseas, ahora mismo, Astudillo, pero, no necesitas reposar? concedi Gilbert. Creo que es mejor que nos vayamos a nuestros aposentos y, antes de la cena, quedemos con Gilbert para que nos lo explique, te parece bien Astudillo? Adems, creo que Gilbert tambin estar cansado sugiri Fortes con una insistencia que no caba duda de su intencin. S, creo que s otorgu a regaadientes. Ir un servidor a vuestras estancias para acompaaros hasta aqu - dijo Gilbert, dando una palmada, a cuya respuesta se present el servidor aludido, a quien le dio rdenes precisas: Conduce a los caballeros a sus recmaras. Ya sabes a qu hora cena el conde, as que, una media hora antes, presntate a los seores y acompalos hasta aqu. Sers servido como ordenas, seor Gilbert! respondi el sirviente.

A la hora convenida y vestidos con indumentaria apropiada, Fortes y yo fuimos conducidos a presencia de Gilbert, que nos aguardaba en la sala del fresco. La puntualidad es algo de lo que hacemos gala en este condado dijo Gilbert a ttulo de salutacin.

Puestos delante de la pintura, Gilbert explic: Debo empezar recordando algo que ya conocis, y espero no aburriros con ello, pero es menester mencionarlo para fijar bien las ideas. Como sabis, los bereberes, raza del norte de frica que haba sido sometida por los rabes y obligada a adoptar el islamismo, fueron trados a la pennsula por Tarik en el ao 711, acudiendo a la llamada de gila, hijo del difunto Witiza, a cuya muerte le sucedi Rodrigo. gila, creyndose con el derecho a la corona, pidi auxilio a Musa, val del norte de frica, quien, no muy entusiasmado, envi en su nombre a su lugarteniente Tarik. Tarik, al comprobar la fragilidad de la descompuesta monarqua visigoda, concibi la idea de aduearse de toda la pennsula, idea que puso en prctica y se apoder de muchas ciudades, Toledo entre ellas.

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Musa, al saber las fciles victorias de su lugarteniente y los extraordinarios botines que obtena, dedujo que si Tarik hubiese dispuesto de tropas ms numerosas, los beneficios habran sido ms abultados y mayores las extensiones de terreno conquistado. Sin ms consideraciones y con un ejrcito de diez mil rabes mahometanos, desembarc en la pennsula, fue avanzando y con las tropas de Tarik, se enfrentaron a un numeroso ejrcito visigodo al que derrotaron estruendosamente y, poco a poco, los musulmanes se fueron adentrando y conquistando ms territorios, llegando hasta el norte y cambiando el antiguo nombre visigodo de Hispania por el de Al-ndalus. Los rabes, en su expansin, llegaron hasta el otro lado de los Pirineos y la confrontacin entre los francos y las fuerzas musulmanas en la batalla de Tours, conocida tambin como batalla de Poitiers, comandada por Carlos Martel y en la que muri el val Al Gafiki, puso freno a la extensin islamista y condujo a una respuesta defensiva de los monarcas carolingios, creando la llamada Marca Hispnica, consistente en la dominacin de los territorios fronterizos a uno y otro lado de los Pirineos, lo que deriv en la formacin de un conjunto de pequeos condados. La dominacin franca se hizo efectiva tras la conquista de Girona, en el ao 785, y, principalmente, cuando en el ao 801 la ciudad de Barcelona fue conquistada por el rey de Aquitania, Luis el Piadoso, tambin llamado Ludovico Po, y es incorporada al reino franco, establecindose el condado de Barcelona con dependencia del rey franco. El primer conde de Barcelona fue Bera, que gobern desde la conquista en el 801 hasta el ao 820. Gilbert iba ilustrando sus palabras con indicaciones sobre el mural para que su explicacin tuviera el doble objetivo de informar y aleccionar. Por segunda vez, y en boca del mismo personaje, escuch el nombre de Aquitania, y me entusiasm, pues cre comprender, contemplando la pintura, que, por muchas leguas que hubiera de por medio, los reinos no estaban tan distantes, ya que los nacidos en uno u otro lugar, terminaban dndose cita sin importar la lejana. Gilbert, tras una breve pausa, prosigui: Inicialmente, la autoridad condal recay en la aristocracia local, tribal o visigoda, pero la poltica de Bera, favorable a preservar la paz con Alndalus, motiv que fuera acusado de traicin ante el rey franco. Tras perder un duelo, segn la tradicin jurdica visigoda, Bera fue destituido y exiliado, y el gobierno del condado pas a nobles francos.
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Sin embargo, la nobleza visigoda recuper la confianza real en el 844 con el nombramiento como conde de Barcelona de Sunifredo I de UrgellCerdaa. Pese a todo, los lazos de dependencia de los condados barceloneses con respecto a la monarqua franca se fueron debilitando, hasta que la autonoma se consolid al afirmarse los derechos de herencia entre las familias condales, tendencia que fue acompaada de un proceso de unificacin de los condados hasta formar entidades polticas de mayor fundamento. El conde Wifredo el Velloso, hijo de Sunifredo y ltimo nombrado por los reyes francos, fue el primer conde independiente y consigui reunir bajo su hegemona una serie de condados y transmitirlos en herencia a sus hijos. Aunque la muerte de Wifredo el Velloso a manos de los musulmanes dividi sus condados entre sus hijos, el ncleo formado por los de Barcelona, Girona y Osona, se mantuvo indiviso. Poco a poco, los condes de Barcelona fueron reforzando su autoridad poltica a la vez que se iban alejando de la influencia franca. En el 985, Barcelona, entonces gobernada por el conde Borell II, es atacada e incendiada por los musulmanes que lideraba Al-Mansur y el conde se ve obligado a refugiarse en las montaas de Montserrat, en espera de la ayuda del rey franco al que haba acudido, pero no aparecieron las tropas aliadas, lo que gener un gran malestar. En el ao 988, termina la dinasta caloringia en el reino franco y es sustituida por la dinasta capeta. Borrell II es requerido para prestar juramento de fidelidad al nuevo rey franco, pero no acudi a la llamada, situacin que signific el punto de partida de la independencia del condado. Gilbert hizo una nueva pausa y comprob si sus improvisados discpulos seguan las explicaciones con atencin, circunstancia que evidenci con agrado, y yo demostraba estar del todo deslumbrado por la leccin de historia reciente que reciba. Gilbert continu: Posteriormente, el condado de Barcelona fue creciendo en importancia y en territorio con los sucesivos condes, absorbiendo otros condados de la Marca Hispnica y expandindose hacia el sur ganando batallas a los rabes. Al desposarse Ramn Berenguer III con Dulce de Provenza, su condado se une al de Barcelona y, a la muerte del conde, pasa a dominio de nuestro seor, quien, por lnea paterna, es nieto de Ramn Berenguer II y de
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Mafalda de Pulla-Calabria, y por lnea materna, de Gerbert de Gavald y de Gerberge de Provenza. Debo decirte, Astudillo se dirigi a m sealando un lugar en la pintura que Carlomagno pas a Hispania a combatir a los musulmanes, tras ser frenada su expansin por la Galia en Poitiers, dando, as, inicio a la expulsin sistemtica de los agarenos de nuestros territorios, misin en la que estamos todos los cristianos empeados, a pesar de las necesarias treguas, y, al parecer, la primera batalla librada contra ellos no tuvo lugar en Covadonga, como a todos se nos ha hecho saber. Por qu niegas los hechos de Covadonga, Gilbert? pregunt sacudido por la sorpresa. No lo niego, Astudillo, sencillamente lo menciono como una posibilidad, ya que parece ms razonable que el inicio del retroceso de los musulmanes se debiera a hechos blicos, como los de Carlomagno en Poitiers, y no a un suceso milagroso. No es negacin lo que acabas de decir, Gilbert? pregunt imprudente. La religin y la razn no estn reidas, Astudillo. Te recuerdo que la inteligencia es patrimonio del ser humano y nos viene dada por Dios, nuestro Creador. Cuando la razn no es respetada y se impone la religin, hay que sospechar que hay intereses ocultos para negar lo que es de Dios y, fcilmente, se cae en el fanatismo, una enfermedad difcil de sanar.

Me di cuenta que Gilbert se expresaba con la misma libertad de pensamiento que la que yo practicaba con mi buen fraile, y me preguntaba si todos los habitantes del condado haran gala del libre albedro. Agradablemente impresionado por la sinceridad de Gilbert, not que de mi interior emanaba una espontnea simpata hacia el templado y sincero capitn. Justo en ese momento, y precedido por un servidor que anunci su presencia, el conde se present en la sala, quedando interrumpida la instructiva y animada charla. Extendiendo los brazos en un gesto de entraable cordialidad, dirigi sus pasos con una amplia sonrisa en su rostro hacia donde estbamos Fortes y yo. Con una natural calidez, nos acogi dicindonos: Espero no interrumpir nada que no se pueda posponer para otro momento, mis queridos caballeros. Me he permitido la licencia de abusar de vuestra comprensin porque no tenan espera los asuntos que me retenan, pero confo que mi forzada ausencia os haya permitido descansar del viaje.

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Fortes y yo, legados del rey de Aragn, nos inclinamos ante el anfitrin para cumplimentarlo, y el conde, con gran sencillez, nos abraz a cada uno de nosotros con natural amabilidad. Si nos habamos formado algn juicio precipitado sobre el trato que nos dispensara el conde, en ese instante se desvaneci, y, tanto Fortes como yo, quedamos gratamente sorprendidos por la afable acogida del anfitrin, haciendo nuestra la opinin que nos haba anticipado Gilbert de lo mucho y bien que se comportaba con sus vasallos y servidores y de la confianza que inspiraba Ramn Berenguer por su bonhoma y sentido de la justicia. No tienes que excusarte, seor conde, pues ya nos advirti Gilbert de los motivos de tu ausencia, que comprendemos, y eso nos ha permitido que tu capitn nos explique el interesante significado de este mural dijo Fortes, a lo que el aludido hizo un gesto de agradecimiento.

Debo confesar que qued fascinado y ya me imaginaba al conde convertido en mi seor a travs del maridaje con la princesa Petronila, pero, recordando los consejos de Fortes, sacud ligeramente la cabeza para ahuyentar pensamientos precipitados. Bien, caballeros, creo que nos espera una apetitosa cena, pero, antes, decidme el motivo de vuestra estancia en mi condado, pues, hasta ahora, slo he visto un salvoconducto en el que el rey Ramiro II solicita para vosotros paso franco por varios territorios, figurando vuestros nombres y linaje en comisin delegada. Astudillo es la persona encargada de hacerte entrega de una cdula de nuestro seor respondi Fortes. As que t eres Astudillo, eh? me seal el conde, dedicndome una fresca sonrisa de complacencia -. Gilbert me ha hablado de tu insaciable curiosidad, Astudillo. Qu edad tienes, joven caballero aragons?

Record que la misma pregunta me la haba hecho el amanero Al ben Yusuf, y que me molest su tono, pero la situacin era muy distinta e intu que la peticin del conde encerraba otro inters y pronto comprend por sus palabras que se trataba de una evocacin. Diecinueve, seor conde respond solcito. A tu edad, Astudillo, yo ya llevaba dos aos ejerciendo de conde. Qu tiempo aqul y qu pronto pasa! Ya son 22 los aos que cuento.

El conde rememor el momento en que su padre muri y dej que su mirada se perdiera en la ma, tratando de ver en ella la poca en la que an se adiestraba para gobernar, al tiempo que su juventud le peda diversin, y que ya llegara el
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da en que debiera tomar las riendas, sin poder vislumbrar que ese da sera bien pronto una realidad. Eres joven, inteligente y leal, Astudillo, las mejores cualidades, de entre otras ms, que debe reunir un buen caballero para servir a un buen seor, como tu rey Ramiro.

Gratamente complacido por la sutileza del conde, cre lo que no quera creer, y, sustrayendo mi mente de donde se haba instalado, extraje de mi cinto la cdula y se la ofrec al conde con una reverencia. Ramn Berenguer la sostuvo entre sus manos, sopesndola, como si por el tamao y el peso pudiera averiguar su contenido. Con mesura, rompi el sello, desat el legajo y lo desenroll, disponindose a leerlo a la luz de uno de los hachones que iluminaban la sala. Mientras el conde lea, yo escudriaba su figura y sus gestos. Era un hombre joven, gallardo, elegante, alto, magro y de constitucin fuerte, de modales y verbo exquisitos. Vesta con natural distincin y su cabeza la cubra con un extrao sombrero de gran amplitud y con reborde que le cubra la frente y parte de los flancos, coronado por una esplendorosa pluma blanca que, por el tamao, deba pertenecer a un ave enorme. Transcurrido un tiempo y cuando hubo terminado de leer, el conde se dirigi a sus invitados: Caballeros, slo he ledo lo de mayor fundamento. La lectura cabal y reposada del pergamino, la har maana, con mis consejeros. Seor conde intervino Fortes -: si no es un impedimento, nos gustara estar presentes en la lectura, pues, tal vez, os pudiramos explicar alguna de las dudas que suscite el documento. Ya haba pensado en ello respondi el conde -, pero despus de que me haya reunido con mis consejeros y juristas. Puesto que conocis el contenido, sabris que se trata de un asunto muy delicado y de gran trascendencia poltica. Os ruego, pues, que maana disfrutis del campo y de la caza, si os apetece, y que nos reunamos pasado maana para aclarar y puntualizar lo que haya menester. De acuerdo, caballeros?

Un gesto de asentimiento de Fortes, al que yo acompa, dio por terminada la sesin y el conde, con su ya conocida afabilidad, propuso: Y, ahora, caballeros, dispongmonos a hacer los honores al trabajo que se han tomado los cocineroso son cocineras? Hay cambios con frecuencia en la cocina porque la habilidad culinaria no es privativa de varones, que hay guisos que en manos de una mujer adquieren categora de arte.
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Abriendo los brazos como si fueran las alas de un ave colosal que emprendiera el vuelo, el imaginario viento que haba levantado con sus alas se troc en cortesa y los presentes nos vimos delicadamente invitados a preceder al conde camino de la sala de banquetes, donde ya esperaba una gran mesa bien dispuesta y mejor servida. El ltimo en aparecer en la sala fue el conde y uno de los servidores le pregunt con un gesto si su seor tomara asiento en la cabecera de la mesa o, por el contrario, se lo ceda al invitado de ms edad. Ramn Berenguer, acogedor y respetuoso con las tradiciones, se fue hacia la cabecera, retir un poco el asiento y se lo ofreci a Fortes, quien correspondi con igual cortesa rechazando el lugar de honor. No, seor conde, ese lugar te corresponde a ti dijo Fortes con sencillez. No, Fortes, te equivocas. Eres t quien me hace el honor a m al ocupar el sitio que te ofrezco.

Viendo que la cortesa de uno era correspondida con la caballerosidad del otro y que el tiempo pasaba sin llegar a un acuerdo, finalmente Fortes acept. Gracias, caballero Fortes concluy el conde.

Acto seguido, se sirvi el primer plato, consistente en carne de ave asada guarnecida con una fina crema de setas, almendras y trufas. Estos patos hace slo unas horas que volaban por el bosque. Mis arqueros los abatieron y los entregaron en la cocina, donde los han preparado con esmero para nuestro deleite dijo el conde con cierto orgullo al ponderar la puntera de sus ballesteros y las habilidosas manos de sus cocineros -, pero, antes, llenemos nuestras copas y brindemos por el rey de Aragn, por nuestros invitados y por el negocio que los ha trado a mis dominios.

Puestos en pie, se brind por la evocacin citada, a la que contestamos Fortes y yo: Y por el seor conde, Ramn Berenguer!

Nuevo brindis al que se unieron todos. Comamos sin ms dilacin, caballeros solicit el conde, que pareca hambriento y ya me diris despus si habis adivinado qu manos han elaborado esta deliciosa pitanza, si de varn o de mujer.

Cuando no quedaba ni rastro de los suculentos nsares y su rica compaa, el agasajo continu con un nuevo manjar de excelente y apetitoso aspecto: pernil de jabal a la brasa, aderezado con crema de castaas, manzanas y zarzamoras.
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El jabal tambin sucumbi a mis lanceros en el bosque, pero ayer por la maana, pues ya sabis que la carne de estos animales debe reposar al fresco al menos un da y una noche explic el conde.

La cena estuvo entretenida por juglares francos que relataban historias de hermosas damas enamoradizas que, no logrando el amor de un apuesto trovador, despechadas, se dejaban seducir por los diablos que habitaban en las oscuridades, engendrando criaturas perversas que slo podan ser redimidas del hechizo si superaban ciertas pruebas de supervivencia y conseguan que algn ser humano se apiadara de ellas y fuera capaz de sentir compasin por alguna, lo que les devolvera su condicin humana. Segn los juglares, ninguna criatura consigui que se conjurara el hechizo, por lo que siguen vagando por bosques y selvas sin descanso y atemorizando a la gente. An sobrecogidos por los tildes de veracidad que impriman los bardos a sus historias, los comensales aplaudimos con ganas al trmino de las fbulas. Contentos y satisfechos, los invitados nos alzamos de la mesa, nos saludamos y nos deseamos el paso de una noche apacible, abandonando la sala. El conde retuvo a tres de sus hombres de confianza y los cit para despus del amanecer, en su estancia privada, pero, antes de que desapareciramos de la sala, se dirigi a nosotros con tono festivo: Habis logrado adivinar qu manos han cocinado el condumio?

Fortes y yo nos miramos, pero no sabamos qu decir. Si de varn, tal vez se ofendieran las mujeres, si hubieran sido ellas; si de mujer, los ofendidos sean ellos, caso de ser los autores. El conde reclamaba con su mirada una respuesta. Fortes se atrevi a darla: Qu importa, mi seor conde, si de varn o de hembra, si lo importante es el resultado? Sean quienes fueran, son unos artistas de los fogones y te felicito, mi seor, por disfrutar de tan excelentes creadores.

El conde solt una sonora carcajada de complicidad.

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CAPTULO XVII

Fortes y yo habamos decidido prescindir de la caza, una diversin muy usual y que podramos practicar en cualquier otro momento y lugar, prefiriendo conocer la villa, que tan original y hermosa nos haba descrito Gilbert, suscitando nuestro inters y curiosidad. Nos pasamos gran parte de la maana deambulando por la localidad, paseando por sus intrincadas y angostas callejuelas, algunas de ellas muy empinadas, hablando con la gente, observando la diferencia de sus vestimentas, visitando el mercado, verdadero latido del corazn de la villa, e interesndonos por los desconocidos productos y objetos que descubramos, entre ellos, una gran variedad de vasijas y escudillas de barro y madera de formas y colores diferentes a las de nuestra tierra, creadas por artesanos que faenaban a la puerta de sus talleres y a la vista de todos. Un hervidero de gente concentrada en el centro de la plaza del mercado nos llam la atencin y hasta all acudimos, pudiendo ver a unos feriantes que se ganaban el sustento con sus entretenimientos, entre los que haba malabaristas, sacamuelas, sacasuertes, magos, adivinos, vendedores de ungentos, hierbas sanadoras, pcimas y sortilegios. Seguimos nuestro deambular y descubrimos un pequeo oratorio, muy hermoso en su factura exterior que invitaba a ser visitado, y cuando nos disponamos a entrar, sonaron las campanas a rebato y la gente empez a correr a cobijarse en sus casas, cerrando puertas y ventanas a cal y canto, incluso las del templo. Todo el gento, feriantes incluidos, desapareci como si la tierra se los hubiera tragado. Los menos apresurados y los forasteros que desconocan la seal, como nosotros, nos vimos sorprendidos por un colosal aguacero que haba sido precedido por pavorosos truenos, y apenas si tuvimos tiempo de refugiarnos bajo los atrios. Es la primera de las lluvias que anuncia la proximidad de un invierno anticipado dijo uno de los forasteros que se haban refugiado en el mismo atrio que Fortes y Astudillo. O la ltima de un otoo que se va respondi otro.

Sea como fuere, la repentina desaparicin de los lugareos, conocedores de lo que se les vena encima, haca presagiar que la lluvia, lejos de escampar, arreciara, y que los aldeanos ya haban tomado precauciones para evitar que sus hogares se inundaran. En efecto, cada vez llova ms fuerte y, pronto, las callejas se convirtieron en arroyos y, desde las ms elevadas, el agua se precipitaba a raudales.
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Como el tiempo transcurra y la lluvia no cesaba, haba que tomar una decisin: O vamos al palacio condal, donde llegaremos embarrados y ensopados dijo Fortes. O, qu? pregunt. O buscamos un fign donde resguardarnos, secar las ropas y comer algo caliente - me respondi Fortes. sa es la sugerencia ms inteligente que jams haya odo! exclam entusiasmado,

La propuesta era buena, cierto, pero difcil de poner en prctica, pues todas las puertas estaban atrancadas. Pero, si vemos una puerta con rtulo y llamamos, seguro que nos abrirn me dijo esperanzado Fortes. La dificultad reside en que no conocemos la villa y estos seores son forasteros como nosotros desanim yo, ms realista.

Uno de los forasteros refugiados bajo el atrio me oy y se ofreci a prestarnos ayuda: He odo vuestros comentarios, caballeros, y, con vuestra conformidad, me permito indicaros un lugar donde se come y se bebe bien y a precio justo. Dnde? pregunt ansioso.

El providencial forastero indic el lugar, no muy alejado del prtico, y para all nos encaminamos Fortes y yo, corriendo, sin ms impedimento que la copiosa e incesante lluvia que apenas si nos dejaba ver. Os mojaris, pero disponen de buen hogar y, pronto, secarn vuestras ropas - nos advirti el forneo antes de desaparecer de nuestra vista.

Unos persistentes golpes en la puerta del fign fueron tan eficaces como las palabras con las que las brujas conjuran un hechizo. Dentro, el ambiente estaba caldeado. El mesonero, al ver nuestra planta de caballeros y a pesar de nuestro aspecto desaliado, distingui que ramos gente noble y nos acomod en una mesa cerca del fuego. Nos ayud a despojarnos de los pellotes y los puso al amor de la lumbre. Como primera providencia, nos ofreci una jarra de vino del pas, un vino recio y oscuro, pero de buen beber. Este vino tiene la virtud de resucitar a los muertos, si es que los muertos llegaran algn da a catar mi vino se permiti el mesonero elogiar la
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bebida de su establecimiento con lengua tan suelta como ocurrente, aadiendo: Puedo recomendar a los caballeros nuestros ms afamados condumios? Tambin resucitan a los muertos o llevan a la tumba a los vivos? le devolv la pregunta usando un poco de su propia frescura. Advierto que el caballero es jacarandoso y oportuno, y me alegro de ello, pues no hay nada ms tedioso que un joven cariacontecido. Hagamos una cosa propuse, animado por la situacin creada. Vosotros diris, caballeros. Se trata de un juego. Un juego, caballeros? Aclaradme las reglas, caballeros, que ya ver si me acomodan. El juego es ste: si lo que nos ofreces de comida nos gusta, te pagamos lo estipulado y un poco ms. Si no nos agrada, no te pagamos nada. Y, cmo sabr yo si os ha gustado o no? Muy bien podis comer a dos carrillos y decirme que no era de vuestro agrado. No engaaremos: somos caballeros y hombres de palabra. Mirad, caballeros, mi padre me dej dicho antes de morir que con las cosas de comer no se juega. Dejmonos, pues, de tentar a la fortuna en las cosas serias y disponeos a degustar lo que os ponga en la mesa.

Sin ms parlamento, el mesonero desapareci volviendo al poco con una joven que le ayudaba en las faenas, a buen seguro su hija, y coloc sobre la mesa dos escudillas con una rebanada de hogaza y, encima, varias rodajas finas de berenjena. Tanto el pan como las berenjenas se haban asado al rescoldo de las brasas. La joven esparci unos granos de sal y verti un generoso chorren de aceite de oliva. El aspecto que adquiri la escueta pitanza era inmejorable. La joven nos dese un buen provecho y, antes de que se retirara, yo quise saciar mi curiosidad y la retuve con amabilidad: Qu es esto y cmo se llama, joven mesonera? Es una comida propia del pas, heredada de los rabes, y nosotros la llamamos albergnia escalivada.

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Sorprendidos por la sencillez de una humilde comida, agradecieron al mesonero la sugerencia. Mal mesonero sera si no estuviera seguro de la bondad de lo que os ofrezco, caballeros, pero lo que os tengo preparado, os va a sorprender y a gustar ms an prometi.

Lo que presentaba el mesonero necesitaba la ayuda de su hija. Mientras la joven dispona sobre la mesa escudillas ms amplias y profundas que las primeras, el padre portaba una perola con agua hirviendo con ramas de tomillo en su interior. La joven coloc sobre cada escudilla una rebanada de hogaza braseada y, al lado, un huevo cascado y crudo. El padre, con sumo cuidado, fue vertiendo poco a poco sobre el huevo el agua de tomillo hirviendo, llen la escudilla hasta los bordes, y la tap. Dej transcurrir un tiempo que consider suficiente para escaldar el huevo y liber la tapa. Agreg unos granos de sal y bautiz el contenido con un largo goteo de esplndido aceite de oliva. La hija del mesonero, que ya me haba asignado la condicin de curioso vido de saber, se anticip a mi pregunta y con rumboso orgullo, me explic: Se llama sopes de farigola y las hace mi madre, caballeros, y tambin es de origen rabe. S que en el sur de Al-ndalus se llama sopa de huevo y all, en lugar de pan braseado, ponen cuscurrones fritos.

Cuando hubimos terminado de degustar manjares tan simples como delicados, se present el mesonero para preguntarnos si habamos encontrado todo de nuestro agrado, a lo que me apresur a contestar: Todo estuvo bien, muy bien, mesonero, y si hubieras aceptado mi juego, ahora te daramos ms dinero Me considero bien pagado con lo justo y, sobre todo, con vuestro contento, que para m es el mejor pago, caballeros. As s que vendris otra vez por mi establecimiento.

Fortes se asom a un ventanuco y comprob que segua lloviendo. Y as estar hasta que pasen dos o tres das, caballeros, que se trata de un temporal muy serio. Cmo podremos llegar a palacio en estas circunstancias? pregunt en voz queda a Fortes.

El mesonero, que como los de su oficio, tena el odo tan fino que era capaz de escuchar la cada de una hebra sobre el suelo, se sobresalt al escuchar la palabra palacio.
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Son, acaso, invitados del conde, caballeros? inquiri respetuoso. S, lo somos, por qu? Porque, en ese caso, puedo haceros servir un carruaje cubierto. Es una propuesta excelente, pero no conocemos el camino ni la destreza del tiro y podramos perdernos o, algo peor, sufrir algn percance - objet Fortes. Mi torpeza no me ha permitido expresarme con claridad, caballeros. Mi ofrecimiento es llevaros a palacio, no que conduzcis un carruaje. Ah! respir aliviado -, entonces, ajustemos el precio del servicio. No tenemos que ajustar nada, caballeros, es un obsequio que os hago. Vosotros sois invitados de mi seor y el conde me castigara si osara aprovecharme de esta situacin. Eres honrado, buen mesonero, y as se lo har saber al seor conde. Que Dios os lo pague, caballeros! Os llevar mi hijo. He de quedarme a atender a los parroquianos. Volveremos a tu establecimiento, buen mesonero. Merced que me haris, caballeros.

Mientras aguardbamos la llegada del carruaje, le pregunt a Fortes con cierta malicia: Es un mesonero honrado o un mesonero temeroso de su amo? Nunca lo sabremos, Astudillo me confes Fortes.

En palacio estaban preocupados por nuestra tardanza. ramos sus huspedes y, aunque imaginaran que estaramos retenidos a causa de la repentina lluvia torrencial, se sentan responsables. Cuando Gilbert, que aguardaba en el portn, nos vio aparecer, lanz un suspiro de alivio y orden que unos sirvientes se apresuraran a ofrecernos paos para enjugarnos manos y rostro. Esta lluvia nos suele visitar en esta poca y no nos abandona hasta pasados tres largos das concret Gilbert a ttulo de saludo y quitando importancia a la inquietud que nuestra tardanza haba causado en palacio. Ha preguntado el seor conde por nosotros? se interes Fortes. S, y me ha dicho que os haga saber su deseo de anticipar la entrevista de maana a esta noche, qu debo comunicar a mi seor?
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Que con sumo agrado estamos a su disposicin. As se lo har saber. Esperadme aqu, si no es inconveniente: no deseo que se produzcan demoras por mi causa.

Gilbert se apresur en ir a presencia del conde. Mientras, Fortes y yo nos intercambiamos miradas y gestos de complicidad sin poder disimular un contento interior, tal vez precipitado, tal vez premonitorio de buenos augurios. Gilbert apareci al poco y la sorpresa fue que preceda al conde, quien se adelant a abrazar a sus nobles huspedes e interesarse por lo que habamos visto y vivido en la villa, y, como no poda ser motivo de omisin, aludiendo a la intempestiva lluvia. Mis queridos Fortes y Astudillo exclam el conde cuando se dieron por terminadas las cortesas preliminares -. Precisamente el temporal que nos visita ha sido razn para apremiar mi respuesta al ofrecimiento de vuestro rey Ramiro.

Fortes y yo nos miramos sin comprender. El conde advirti nuestro desconcierto y aclar: Las lluvias como la que nos ha visitado antes de tiempo, son pertinaces y no dan tregua, ni de da ni de noche, haciendo que los caminos sean impracticables, cuando no desaparecen, y si algn viajero osara desafiar a la naturaleza, correra peligro de sufrir graves percances, porque las caballeras hunden sus cascos en el barro, lo mismo que las ruedas de los carruajes, y el agua cada sobre el terreno oculta los boquetes y los animales se desploman y se rompen las ancas, lo mismo que se parten las ruedas, y el osado viajero quedara aislado y sin posibilidad de socorro, porque nadie se aventurara a hacer ese recorrido en poca de lluvias.

Nos quedamos sobrecogidos ante tan detallada y adversa descripcin. Quieres decirnos con tus palabras, seor conde, que estamos obligados a abusar de tu hospitalidad hasta que pase el otoo y el invierno? se me ocurri decir, visiblemente estremecido y llevado por mi natural llaneza, entreviendo que mi deseo de reunirme con Marta se retrasara. En ningn caso sera abuso, caballero Astudillo, que sera para m muy grato disfrutar de vuestra presencia, pero no he querido decir que debis permanecer por ms tiempo que el necesario entre nosotros. No te entiendo y te ruego que tengas la gentileza de ser seas ms explcito, seor conde solicit, preso de cierta turbacin.

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Es muy simple. Comprendo que debis cumplir con la misin que os ha encomendado vuestro seor y es muy natural que deseis ultimarla cuanto antes, y, casualmente, hoy han empezado las lluvias y no sabemos si cesarn maana, pasado o, tal vez, en una semana, razn por la cual debis aprestaros para el viaje de regreso maana mismo y antes de que el agua borre los caminos. Qu quieres decir, seor conde? insist, vislumbrando un cierto alivio para mi alterado nimo. Que tengo la respuesta para el rey Ramiro II y que acepto todas sus condiciones.

Fortes y yo dimos un respingo de moderada satisfaccin hasta conocer en detalle el consentimiento. Aunque todo quedar escrito y os har entrega cabal del documento, deseo explicaros lo que ni las letras ms brillantes pueden expresar: mi sentir ms profundo habl el conde, atrayendo sobre s la atencin de todos y, en especial, la de Fortes y la ma, que escuchbamos muy atentos para que lo trasmitis a Ramiro II en la forma ms ajustada a este momento.

Ramn Berenguer se tom un respiro. Deseaba ordenar en su mente las ideas y que las pudiera expresar tal y como afloraban de su corazn. Mir en su derredor y, de manera muy particular, se dirigi a nosotros: Caballeros aragoneses: el ofrecimiento que me hace el rey Ramiro fragua sobre m una respuesta sincera y honesta que he sopesado como hombre y como gobernante. Como hombre, desposarme con la princesa Petronila, que apenas si tiene un par de meses, mientras yo sobrepaso los 22 aos, es un completo desatino, aunque he de decir, seguidamente, que la diferencia de edad no es impedimento alguno para el casorio. Os recuerdo que muchas reinas y damas de la nobleza, por citar slo las que nos interesan, fenecen al dar a luz, razn por la cual sus viudos vuelven a tomar esposa, y ms joven para que ella asegure descendencia, y ah es donde se manifiesta y se acepta la diferencia de edad, pero ste no es el caso. Por otra parte, y as me lo explica el rey Ramiro, Petronila ha sido trada al mundo por pura razn de estado, la misma que lo llev a abandonar su monja para desposarse con Agns de Poitiers. Sin embargo, Petronila no es una razn de estado, sino un ser vivo y humano al que la razn de estado puede truncarle una vida normal y apacible, como sera de esperar en circunstancias normales.
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Y yo soy la segunda razn de estado por la que el rey Ramiro recurre a m, y no slo para desposar a su hija en los trminos que me impone, y que acepto, os repito, sino para desvelarme mi propia razn de estado. Ramn Berenguer hizo una pausa y comprob que todos escuchbamos sus palabras con la misma atencin con la que un discpulo atiende a su maestro en espera de que le desvele un enigma. Mi razn de estado es combatir a los almorvides asentados en el norte y oeste de mi territorio, expulsarlos y repoblar las tierras conquistadas para tener las espaldas cubiertas, y, despus, con ayuda de Castilla y Aragn, y aprovechando que el descontento que se extiende entre los musulmanes provocar que su fortaleza se trueque en debilidad, hacer que abandonen las tierras del sur. A qu descontento te refieres, seor conde? pregunt. Creo que se debe a que muchos creyentes musulmanes que observan con ortodoxo rigor los preceptos de Al-Corn, estn enojados con aquellos otros correligionarios suyos que desoyen los mandatos de Mahoma y estn abandonando sus costumbres y se dejan contagiar por la vida regalada que procede de Al-ndalus. Y, qu nos va en ello, seor conde? insist. Mucho y no s decir si bueno o malo, porque lo que se presume es que se pueda originar una nueva secta religiosa, ms intransigente an que los almorvides, que castigue con severidad a los que se hayan apartado de la ortodoxia y que ese posible movimiento religioso fantico repercuta en nosotros de forma violenta. Por eso digo que una coalicin de Castilla, Barcelona, Aragn, francos, genoveses, provenzales, ingleses, teutones y otros nos podr asegurar el xito en cuanto se den las condiciones oportunas. No debis olvidar que en mis territorios hay seores a mi servicio con verdaderos ejrcitos de hombres diestros en el uso de las armas y curtidos en mil batallas, como mi vasallo y amigo en conde Ermengol IV de Urgell. Y la razn de estado en que me convierte Ramiro II es que, por casamiento, la princesa Petronila me traspasara la potestas regia sin que yo fuera rey de Aragn, ttulo que desea Ramiro conservar hasta el da de su muerte, sino prncipe de Aragn, pero con capacidad para gobernar en vuestros territorios desde el primer da de mi consentimiento y firma de las capitulaciones nupciales. Petronila sera reina de los aragoneses, pero no podr ejercer ningn poder inherente a su ttulo.

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La potestas regia, en virtud de nuestro fuero y derecho, slo la recibira vuestro hijo y de la princesa, siendo varn y heredero legal, seor conde explic Fortes. S, cierto, Fortes, pero si la reina muriese sin haberme dado heredero, yo me convertira en dueo de todo el patrimonio real aportado por Petronila y con la libertad de contraer nuevas nupcias, si lo estimara oportuno. Si, como todos esperamos y deseamos, nuestra princesa, convertida en reina, engendra hijos, ellos seran, de facto, los reyes de Aragn aclar Fortes. Cierto, caballero Fortes, lo mismo que es cierto que si la reina muriese sin descendencia, el reino quedara en mis manos, pudiendo ser traspasado a los supuestos hijos que tuviera en un segundo casamiento.

Pareca que el conde haba terminado la exposicin y se asegur de que no haba dudas ni preguntas que hacer, momento en que alarg la mano y uno de sus secretarios le entreg el documento en el que constaba que el conde de Barcelona se comprometa a desposar a la princesa Petronila en los trminos impuestos por su padre. Y para que todo lo negociado quede sellado, estampado, inviolable y respetado, firmar las capitulaciones cuando la princesa cumpla un ao, en el lugar que el rey Ramiro II me convoque y a ti, Astudillo, en presencia de estos testigos, te hago responsable de hacerle llegar mi acuerdo a tu rey y mi futuro suegro.

Tom en mis manos el documento y me lo ce al cinto, en el mismo lugar donde portaba la cdula de ofrecimiento, al tiempo que inclinaba la cabeza en seal de pleitesa, lo mismo que hizo Fortes. Estoy autorizado, mi seor conde, a deciros el lugar y la fecha en que mi seor Ramiro II desea que se lleve a cabo la firma de las capitulaciones. No se cita en documento alguno porque hubiera sido prematuro ignorando tu decisin. Dnde y cundo, Fortes? En Barbastro, el da 11 de agosto del prximo ao, justo cuando la princesa cumpla un ao de edad. Y, puesto que sabes tanto, Fortes, tambin conoces el lugar en que nos desposaremos Petronila y yo? Oh, no, mi seor conde!, cmo se os ocurre pensar eso? se azor Fortes -. Es un tema que slo compete a los contrayentes y seris vosotros quienes lo decidis.
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En ese caso, Fortes, voy a hacerle mi primer regalo a mi futura cnyuge nos sorprendi el conde. Un dominguillo de recreo, mi seor conde? pregunt con jocosidad, pues no podra tratarse de otra cosa. No, desde luego: la conquista de la ciudad de Lrida para poder desposarnos en su catedral, despus de haber cristianizado la Mezquita Mayor.

Conociendo los suyos el valor de la palabra de Ramn Berenguer IV, la promesa que acababa de pronunciar el conde no era una ofrenda balad y dej a todos boquiabiertos, con la sorpresa en el rostro. Cuando pudieron salir de su pasmo, se apresuraron a elevar loas al cielo para que permitiera ofrecer ese prodigioso presente a la princesa. No haba pasado inadvertido para el conde el repentino y sutil cambio en el tratamiento que empezamos a utilizar cuando nos dirigamos a l, y nos lo quiso decir: Descubro que, cuando ahora os dirigs a m, lo hacis llamndome mi seor conde, a qu ese cambio, si no sois vasallos mos? Pero, desde el momento en que has aceptado las clusulas de nuestro rey, te tomamos como nuestro conde, con el deseo de llamarte nuestro seor prncipe en breve respondi Fortes. As lo haba entendido, pero quise asegurarme. Espero ser tan buen seor como vosotros sois tan buenos caballeros brind el conde, quien aadi: Sin embargo, hay dos asuntos que me inquietan y que deseo exponeros, caballeros aragoneses. T dirs, mi seor conde se ofreci Fortes. El primero, y, tal vez, el ms delicado, es cmo se explica la ausencia de la madre de Petronila, de Agns de Poitiers, cuando su hija es todava una criaturita tan tierna y desvalida. S la respuesta, puesto que me la explica el rey Ramiro, pero dejadme que exprese mis reparos sobre la decisin de la reina. Agns de Poitiers, cuando el rey se enclaustre en San Pedro el Viejo, dice que ser una viuda con esposo y, como la nobleza le quitar de sus manos a Petronila para que la cren nodrizas en algn convento, ella vislumbra que su soledad en Aragn ser abrumadora y su sufrimiento, espantoso. La reina no quiere presenciar semejante crueldad y prefiere regresar a su

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tierra, a Aquitania, donde se refugiar en un monasterio y dedicar el resto de su vida ntegramente a Dios, lo mismo que har su esposo. Pero, abandona a su hija reprob el conde. Es lo que todos decimos, mi seor conde, pero Agns de Poitiers considera la situacin como si ella fuera la abandonada, por su esposo y por la nobleza.

Ramn Berenguer frunci el ceo en un claro gesto de contrariedad en el que haba mucha rabia contenida, pero, tambin, compasin, estima y afecto. Yo quise saber: Te ocurre algo, mi seor conde?

La respuesta estaba en el nimo de todos, pero slo poda provenir del aludido: Pobre Agns de Poitiers! se doli el conde con sinceridad -. Que intil ser su sufrimiento y qu amargura de dolor de madre, de esposa y de reina llevar consigo hasta la tumba! Merece mi respeto, mi admiracin y se ha hecho acreedora de que la tenga presente en mis oraciones. Qu Dios la bendiga, haga que sea serena la vida que le quede y que le d una muerte plcida! Amn! concluimos a coro los presentes.

No fue fcil recuperar la normalidad despus de la emocin vivida con las palabras del conde, pero era preciso hacerlo. Y, cul es el segundo asunto, mi seor conde? record Fortes. El segundo es una peticin, un ruego que os pido transmitis a mi futuro suegro. Tus rdenes sern transmitidas tal cual nos las des, mi seor conde. Tiene que ver con el primero y se trata de mi hermana Berenguela, desposada, como sabis, con Alfonso VII de Castilla. Propongo que Petronila, en lugar de ser criada por nodrizas en un convento en Huesca, sea alejada de la nobleza aragonesa para evitar manejos interesados, trasladada a la corte castellana, a Burgos, y sea formada y educada bajo la vigilancia y cuidados de mi hermana, que siempre sern ms entraables y afectuosos que los de una nodriza. As se lo haremos saber a nuestro rey, mi seor conde respondi Fortes.

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Dada la reunin por concluida y al comprobar que la lluvia haba dado un respiro, el conde apremi para que aprovechramos la oportunidad y nos pusiramos en ruta. Los caminos an no estarn encharcados y podris avanzar sin peligro. Mejor ahora que aguardar a maana, pues no sabemos qu tiempo har aconsej el conde. Os entrego salvoconductos para el regreso. Gilbert y su tropa os darn escolta hasta los lmites del territorio y, all, de la misma manera que a la venida, sern los agarenos quienes os conduzcan hasta Huesca. Os deseo un feliz retorno a casa. Qu Dios os premie tanta generosidad, mi seor conde! agradec con gran entusiasmo, vindome ya, y no lo consideraba prematuro, caballero al servicio de la reina Petronila de Aragn y condesa de Barcelona, y del prncipe de Aragn y conde de Barcelona. Tambin os hago entrega de algo muy preciado que no puede escribirse: dad testimonio de mis respetos y buenos deseos a vuestros reyes. As lo haremos, mi seor conde, y ten la seguridad de que nuestros seores aceptan y te devuelven tus atenciones con el corazn y te dan sus bendiciones. Qu Dios os acompae, caballeros!

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CAPTULO XVIII

Ramiro II no dejaba de recorrer la amplia sala de audiencias de un extremo a otro. Ya detena su mirada en el magnfico artesonado, como si all encontrara la respuesta a su inquietud, ya contaba los pasos que daba como si al llegar a una cifra concreta, resultara mgica y apaciguara su nerviosismo. Cunto hace que los exploradores avistaron el squito de los legados? pregunt de nuevo el rey a uno de sus hombres de confianza, como si la respuesta que le diera a la misma pregunta, formulada haca slo unos instantes, se hubiera trocado en horas. Segn la marca del nivel del agua, apenas nada, mi seor respondi el nombrado. Clmate, Ramiro le aconsej Agns de Poitiers, que tambin aguardaba en la sala la llegada de los emisarios, pero saba disimular mejor su ansiedad. No estar daada esa clepsidra? volvi a preguntar el rey con creciente impaciencia al recin interpelado, pero fue la reina quien respondi por l. Lo has preguntado hace un momento, mi querido esposo, y por ms que insistas, el agua no va a caer ms deprisa.

Reparando Ramiro que su actitud era un tanto pueril, detuvo en seco su deambular y se plant delante de su esposa, a quien le espet: Sabes, Ins, cuntos pasos hay de un extremo a otro de la sala? No, por cierto, mi querido esposo, pero t me lo dirs respondi festiva la reina. Pues, yo tampoco, porque por ms que los cuento, nunca me coinciden los nmeros, y eso que he hecho ms de dos docenas de veces el recorrido! Tres, mi querido esposo, tres corrigi Ins con jocosidad. Tres, dices? S, que yo s he contado las veces que has recorrido la sala, pero no tus pasos, que esa tarea me pareca muy tuya, mi querido esposo.

Ramiro celebr la donosura de Ins de Poitou y, mirndose a los ojos, ambos se echaron a rer con ganas, carcajadas que sirvieron de desahogo a la emocin a
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duras penas contenida, risas que terminaron por contagiar al resto de los presentes, entre los que se encontraban damas y caballeros palaciegos. Cuando el rey se diriga a la jamuga vaca que le sealaba su esposa para que tomara asiento a su lado, y en pleno trance de sentar sus reales sobre el cuero, un heraldo abri la puerta y anunci la llegada de la comitiva. Qu pasen sin tardanza! exigi el rey incorporndose sin haberse sentado.

Con la fatiga en el rostro y sin apenas habernos sacudido de nuestras vestimentas el polvo del camino, Fortes y yo hicimos acto de presencia en la sala y el rey, saltndose toda formalidad, se fue hacia nosotros sin permitir que le hiciramos los preceptivos saludos de cortesa. Oh, mi buen amigo Fortes, qu alegra volver a verte! exclam el monarca abrazndolo -. Por tu semblante risueo, advierto que traes buenas nuevas, no? S, mi seor, pero es el caballero Astudillo quien porta el manifiesto del conde de Barcelona.

Ramiro II, que no haba dejado de mirarme desde que hiciera entrada en la estancia, me reservaba una acogida ms entraable e ntima. Se vino hacia m, me abraz como un padre hiciera con el hijo que no ve desde hace tiempo, cubriendo mi rostro de besos mientras me acariciaba la cabeza. Astudillo, Astudillo, hijo mo! me susurr paternal y afectuoso Ramiro con la voz quebrada por la emocin y los ojos vidriosos.

Aprovechando la proximidad en el abrazo y como nadie ms que el rey podra orme, le susurr: No sabes cunto te he echado de menos, mi buen fraile!

El rey, animado y desaparecida toda la tensin acumulada, me contest sin dejar de abrazarme y besarme: Seguro que me echabas de menos a m, Astudillo? Bueno, tambin a Marta, no puedo negarlo - confes. Eso est mejor, Astudillo, porque me consta que Marta tambin te ha aorado mucho, ms de lo que ella quisiera me dijo deshaciendo el abrazo.

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La reina asista conmovida al trato que me dispensaba su esposo y saba que, para el rey, el momento de nuestro encuentro era mgico, como si ninguna otra cosa que la llegada de los legados debiera ser celebrada, ni siquiera las noticias que portbamos. Se alz cuando fuimos a cumplimentarla, pero Ins de Poitou, ignorando adrede el protocolo, no consinti que ninguno de los dos nos arrodillramos ante ella. Nos ofreci las manos y retuvo entre las suyas las de Fortes y, despus, las mas, y para cada uno de nosotros tuvo palabras cordiales y afectuosas de bienvenida. El encuentro se haba convertido en una acogedora fiesta en la que el afecto y la cordialidad se aduearon del ambiente. Terminadas las salutaciones, ech mano a mi cinto y extraje un pergamino que, sin ms dilacin, entregu a Ramiro II ante la atenta mirada de la reina. La reina y yo tendremos tiempo de leer el contenido con detalle, pero, dime, Astudillo, me puedes anticipar lo que vislumbro en tu sonrisa?

Volv la cabeza hacia Fortes y le hice un significativo ademn. A l le corresponda participar al rey, pero el caballero Fortes me hizo un gesto de deferencia otorgndome esa distincin. Entonces, inclin la cabeza ante mi compaero en seal de gratitud y le dije al rey: Tengo la satisfaccin de decirte, mi seor, que el conde de Barcelona acepta tu ofrecimiento y todos los compromisos. Loado sea Dios! prorrumpi el rey Ramiro, invocacin a la que se uni la reina, y con los dedos de las manos entrecruzados y la mirada elevada, no saba si llorar o sonrer, porque la aquiescencia del conde significaba un paso ms hacia su forzado exilio.

Desde ese momento, Ins de Poitou rogara a Dios que le diera una gran fuerza interior para poder afrontar la separacin de su querido esposo y, sobre todo, de su hija, criatura engendrada con tanto cario, pese a su razn de estado, y de la que no crea poder separarse por mucho acopio de fuerzas que hiciera, sin que le supusiera un martirio, una muerte lenta. La reina y esposa de Ramiro II, empezaba a morir en ese instante, y, como madre de Petronila, ya haba asistido a su propio sepelio y estaba siendo sepultada. Cada instante que transcurra, cada grano de arena que caa del reloj, era una paletada de tierra sobre su atad. Reparando en los gestos y en la seriedad de la reina, Fortes y yo no sabamos qu hacer. Cierto que el encuentro haba sido mgico y pareca que el imaginado hechizo haba afectado a todos los que se encontraban en la sala, pero haba que conjurarlo y volver a la realidad, y fue, precisamente, Ins de Poitou quien, haciendo un esfuerzo supremo y anteponiendo su dignidad a su dolor, lo
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deshizo. La reina tambin quera demostrarme su afecto, que tena mucho, y a todos les tena reservado el suyo, y con su melodiosa voz, me dijo: Astudillo, no ves que alguien ms espera darte la bienvenida?

Me sobresalt por lo inesperado y, liberando mi sofocado anhelo, barr con la mirada mi derredor y cuando la descubr entre los dems, grit: Marta!

Exclamacin que fue respondida de inmediato con otro grito y en el mismo tono de alborozo: Astudillo!

Ins de Poitou, esposa y madre, pero mujer ante todo y antes que reina, se emocion al vernos tan enamorados, abrazndonos y besndonos sin recato alguno. Qu haba que ocultar si Dios se haba complacido en crear el sentimiento que nos una? Cuando la efusin y el embeleso nos trajo de nuevo a la sala, la reina, sonriente y con la aoranza de otros tiempos an recientes, nos hizo comprender, a travs de su maravillosa y enigmtica mirada, que deseaba hablar con nosotros en un aparte. Se dirigi a m: Y, cmo es el conde? Es gallardo, es atractivo, es educado, es buen cristiano?

No era frecuente ver a la reina como madre interesndose por el futuro cnyuge de su hija. Adems de lo que dices, mi seora, el conde es valiente, justo y prudente respond expresando mi propio sentir. Y, qu piensa el conde sobre la educacin de Petronila hasta que llegue el da de las nupcias?

Sin rodeos, anticip a la reina lo que opinaba Ramn Berenguer acerca del asunto. En el documento que le he entregado al rey, mi seor, estn todos los detalles de la respuesta del conde puntualmente descritos, mi seora.

Era la primera vez que yo vea a la reina hablar como madre, con el corazn en la mano y con una desconocida ternura que se proyectaba hacia nosotros como si Ins de Poitou quisiera aprovechar los pocos das que le quedaban de estancia en Huesca para darnos, a Marta y a m, todo su amor sobrante, todo el cario
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que no recibira Petronila de ella, todo el afecto sin lmite y sin cauce que senta, toda su cordialidad desbordante. Marta y yo vimos a Ins de Poitou como madre, no como la reina que era, y como madre nos habl, una vez que nos llev lejos del centro de la reunin. No es ningn secreto que muy pronto me marchar, y no es necesario que os recuerde los motivos, que los sabis de sobra, y quisiera llevarme un obsequio vuestro, a la vez que haceros una peticin.

Yo no estaba acostumbrado a semejante familiaridad. Nunca haba tenido acceso al ambiente ntimo y afable que era capaz de crear la reina y del que Marta me haba hablado. Yo estaba desconcertado. Marta, ms habituada a tratar con Ins de Poitou, salv la situacin: T dirs, mi seora, que bien sabes que tus deseos sern cumplidos. Lo que os quiero pedir es ms que un deseo. No importa, mi seora. T sabes mejor que nadie, Marta, que en ti he encontrado ms que una dama de compaa y no puedes imaginar lo agradecida que le estoy a mi esposo porque te hubiera elegido a ti para este cometido. Merced que me haces, mi seora, que yo tena mis temores y dudada si valdra para ello. Permteme terminar, Marta, y djame que te diga que me has infundido tanta confianza con tu lealtad y tu desinteresado afecto, que has hecho que mi corazn se llene de gratitud y de cario hacia ti y que salte de alegra cuando te veo, y que te he tomado tanto apego como si fueras una hija, y que nada me gustara ms que me permitieras ser tu madrina cuando celebres tus nupcias con Astudillo, este leal y buen caballero que tiene la llaneza de llamar a mi esposo buen fraile y mi esposo a l, hijo mo, mientras yo soy madre sin hija. Qu paradojas nos reserva la vida!

Yo, al sentirme aludido con la naturalidad con que lo hizo la reina, not que un sbito rubor enrojeca mi rostro y que el azoramiento se apoderaba de mi, hurtndome el habla. Menos mal que Marta estaba all. Mi seora y reina de Aragn, Ins de Poitou: nunca podramos imaginar que, consintiendo en que fueras nuestra madrina, te haramos un obsequio, sino todo lo contrario, pues seramos nosotros los honrados sin merecerlo respondi Marta, igualmente turbada por el inesperado honor que le brindaba su seora.

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Insisto, Marta, en que es un obsequio porque ese honor le corresponde a tu madre. Visto as, no creo que mi madre tuviera inconveniente alguno en cederte esa distincin, pues ya tendr ella ocasin de ser madrina de sus nietos, mi seora.

Yo estaba cada vez ms aturdido. Apenas si acababa de llegar de un largo viaje y haba besado a mi enamorada, cuando ya estaban hablando la reina y ella con la mayor naturalidad de casorio y de tener hijos. Marta me mir sonriente y feliz, lo mismo que la reina, y ambas me estaban preguntando con la mirada mi parecer. Como pude, sal de mi aturdimiento. T, mi seora, deseas ser madrina de Marta y mi buen mi seor, el rey, me correg hace tiempo que me dijo que sera mi padrino, qu podemos decir ante semejante obsequio? Me alegro, Astudillo, de que ests de acuerdo me dijo la reina, dndome una palmadita en la cara. Antes, mi seora, has hablado de un obsequio y de una peticin. Lo primero, ya est expuesto y resuelto, pero, cul es la peticin?

Ins de Poitou se tom un tiempo. Lo que iba a decir no poda dar lugar a que fuera malentendido. Al marcharme de Huesca tan pronto como el rey vuelva a vestirse los hbitos de monje, no hago dejacin de mis deberes como madre, porque ya decidi la nobleza por m que no lo fuera. Sin embargo, tampoco es de mi agrado que Petronila est en manos de nodrizas o alejada de su tierra, como sugiere su futuro esposo.

La reina hizo otra breve pausa, no slo para ordenar las ideas, sino para dominar las lgrimas que ya asomaban a sus misteriosos ojos. Al cabo, prosigui: Confo en vosotros y a vosotros, Marta y Astudillo, me permito pediros que procuris estar cerca de mi hija, que le hablis de sus padres, de cmo y por qu vino al mundo, del mucho amor con que fue concebida, que no reproche a sus padres la situacin en la que va a crecer y vivir sus primeros aos y que, si nos lo reprocha, que sea clemente. Habladle de su tierra, que es hermosa, y, sobre todo, mantened informado a su padre de los progresos de Petronila y, si queris, dadme noticias de mi hija de vez en cuando.

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La madre de Petronila se estaba despidiendo de su hija sin que la criatura lo supiera. Las lgrimas se hacan incontenibles por ms esfuerzos que hiciera Ins de Poitou en sofocarlas, y la emocin termin por contagiar a Marta y a m. Visitad al rey, a tu buen fraile, Astudillo, y no pensis que l se desentiende de su hija, que mucho y grande es su sufrimiento, que slo Dios lo sabe, lo mismo que es mucho y grande su amor por ella.

Antes de que la reina se reintegrara al corro donde estaba su esposo, yo tuve la percepcin de que los deseos de la reina eran mi obligacin desde ese momento en adelante. Mi seora y reina de Aragn Ins de Poitou: me permito corregirte con toda la humildad y cortesa de las que soy capaz de poner en mis palabras. No es un obsequio y un deseo lo que nos has expuesto, sino que nos otorgas el mayor privilegio que podramos esperar en este mundo. Cuidar de la princesa Petronila ser un honor y cumpliremos tus deseos como si fueran nuestros, porque tu hija, mi seora, sabr que fue su madre, te lo prometo por mi honor, lo mismo que sabr quin fue su padre.

Ins de Poitou agradeci mis promesas y nos dej solos, yendo al encuentro de su esposo, que ya la echaba de menos, y ambos se retiraron a sus aposentos para dedicarse a la lectura del documento condal. Por nuestra parte, Marta y yo convinimos ir a visitar a la madre de ella, Mara, pues se daba la paradoja de que ya se hablaba de esponsales y yo, el enamorado, an no conoca a mi futura suegra. Despus de las presentaciones, saludos y de cumplir con los usos propios de la situacin, una vez que Marta hubo explicado a su madre la peticin de la reina, Mara, aceptando a regaadientes lo que le vena impuesto, al final, accedi a que tan egregia dama ocupara su lugar. Ten presente, madre, que le debemos mucho, tanto a la reina como al rey, y que se nos pide muy poco, pues t an puedes amadrinar a Rodrigo, cuando se despose, y a nuestros hijos, si Dios nos bendice con su celestial obsequio.

La madre de Marta an tendra que comprender los motivos que alegaba su hija, pero s tuvo la gallarda de ponerse en el lugar de la madre reina e imaginar su sufrimiento. Una madre es madre, no importa la condicin ni linaje. Mara nos lanz la pregunta cuya respuesta ninguno de los dos podamos dar en ese momento: Y, para cundo el casorio, hijos?
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Marta y yo nos miramos, y la madre, perpleja, volvi a preguntar: Pero, es que os vais a desposar y no sabis cundo?

Haba cierta pcara sutileza en el tono de Mara. Slo te podemos decir, madre, que la reina desea que se celebre antes de su regreso a Aquitania. Y, tampoco sabe la reina cundo se va a marchar? insisti Mara. Te podemos dar una fecha aproximada, madre, pero nada ms. Bueno, algo es algo, qu fecha? Antes de que el rey nuestro seor regrese al cenobio. Pues s que me lo habis aclarado!

Marta y yo remos de buena gana la ocurrencia de Mara, cargada de razn, pero no tenamos respuesta. La madre de Marta continu con su indagacin. Se sabe, al menos, en qu templo se celebrarn los esponsales? A eso s podemos responder! exclam yo, deseoso de complacer a mi futura suegra. Vaya, al fin sabr algo! Dime, hijo, dnde? En San Pedro el Viejo y celebrar la ceremonia el abad del monasterio, fray Gregorio.

En el transcurso de la animada charla que sigui, Astudillo ofreci a Mara parte de las tierras que haba obtenido del conde de Bolea, anexas a la alquera, para que ampliara la actividad de la cra de aves. Y, dnde vais a vivir cuando estis casamentados? En palacio, mientras la reina permanezca en Huesca y el rey me necesite respond con conviccin. Y, despus? Ordenar que levanten una casa en el resto de mis tierras, as estaremos juntos, qu te parece, Mara? Hay terreno para frutales, hortalizas, cereal. Mi vivienda es grande ofreci Mara - y hay sitio suficiente para acomodarnos todos, por qu levantar otra casa? objet.
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Porque los desposados casa han de tener respondi Marta. Bien, bien concedi Mara -, pero una casa lleva su tiempo alzarla y, mientras tanto, y cuando la reina se vaya y tus servicios, Marta, ya no sean necesarios, puedes vivir aqu, como siempre, y, cuando os desposis, podis ocupar la estancia mayor, que acomodaremos como vuestra alcoba, y yo me ocupar de poner los potes de miel a la puerta. Despus, si te quedas encinta, hija ma, yo cuidar de ti y ayudar a traer a mi nieto al mundo.

Mara no dej nada al azar. Todo lo que dijo pareca que lo tena escrito en su mente y slo le bast que la situacin fuera propicia para leer de corrido. Marta y yo nos miramos, buscando en nuestros ojos la complicidad y, lograda, manifestamos nuestro, agradeciendo a Mara su disposicin. Durante muy pocos aos pude disfrutar de mi madre, Mara, y procurar ser para ti un hijo ms y merecer tu cario como si fueras la madre que siempre aor le confes a la madre de Marta, abrazndola.

Lleg el momento en que haba que regresar a palacio y, con gran contrariedad por parte de todos, hubo que poner trmino a la visita que tanta armona y filial concordia se haba establecido entre los miembros de la futura familia comn. Llegados a palacio, Marta se apresur en ir en busca de la reina para confirmarle que su madre estaba de acuerdo con el madrinazgo real, y lo propio fui a hacer yo con mi buen fraile, pero ni ella ni yo tuvimos fortuna: los reyes estaban reunidos en su estancia privada y haban dado rdenes de que no se les molestara, a menos que se hubiera declarado la guerra. Qu opinas, Ins? le pregunt Ramiro despus de haber ledo y reledo varias veces el documento condal. No hay nada que se pueda objetar, mi querido esposo observ la reina -, pues todo lo que t le exigiste, porque fue una exigencia, no una propuesta, lo ha aceptado Ramn Berenguer, incluso la fecha de la firma de las capitulaciones nupciales. S, el 11 de agosto del ao prximo confirm Ramiro.

Ins de Poitou se retorca las manos. Tena que hacerle una peticin a su esposo y no saba cmo plantearla para que le causara el menor dao posible. El rey se fij en la alteracin de su esposa. Se acerc a ella, la abraz, la atrajo delicadamente hacia s, la bes con ternura y se interes: Qu te perturba, esposa ma? le susurr.
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La habitual dulzura de Ramiro aflor de nuevo y justo cuando ms lo necesitaba su esposa. Ins busc refugio para sus lgrimas en el amoroso abrazo que se le ofreca con cario. Gracias, mi querido esposo, por reparar en m! Debo decirte que no estar en Huesca para esa fecha. Por qu, Ins? repuso Ramiro dando un respingo, como si acabara de recibir la estocada de una daga. Porque Petronila tendr un ao entonces y yo ya me habra encariado tanto que me sera imposible separarme de ella, debes comprenderlo. Este asunto ya lo hemos hablado en otras ocasiones, pero ha llegado la hora de tomar una decisin.

Ins se separ de su esposo y lo mir con ojos en los que se proyectaba su amarga determinacin, dicindole: Como madre que soy, he sopesado mi deber y, con todas las dudas y vacilaciones que se concitaron durante mis largas reflexiones, he llegado a la audaz conclusin que quiero referirte, y te suplico que no me interrumpas, mi querido esposo, porque, si lo haces, toda la fuerza que he acumulado para este momento, se trocara en debilidad y me derrumbara.

Ramiro atenda a su esposa con desasosiego. Ins, con voz emocionada, dijo: Ya te he manifestado en varias ocasiones mi deseo de regresar cuanto antes a Aquitania para evitar encariarme ms con nuestra hija y, esperar ms tiempo, me producira un gran dolor al tener que separarme de ella, pero esa actitud ma, que no deja de ser egosta en exceso, encubre otra razn de ms peso, Ramiro.

El rey segua la escucha sin apenas respirar para no perder detalle. S, esposo mo, que el amor que siento por Petronila ir aumentando con el tiempo, no importa que yo est cerca o lejos de ella. Es un amor que ya le tena antes de ser concebida, mientras estuvo creciendo en mi vientre, cuando vi su preciosa carita al nacer, en estos meses que he visto cmo creca, cmo progresaba, y te aseguro, Ramiro, que el cario de madre es inconmensurable, pero pienso que, cuanto ms tiempo pase a su lado dando lugar a que Petronila llegara a reconocerme y a quererme, la inexorable separacin sera mucho ms dolorosa para ella que para m, y eso es, precisamente, lo que quiero evitarle a nuestra hija con mi marcha, me comprendes, Ramiro? Por ltimo, hay otra razn ms para que me vaya de Huesca, Ramiro, y es que para que t puedas volver a tu monja libre de ataduras, es preciso
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que, antes, nos desuna la Iglesia ante Dios alegando el mutuo acuerdo del cese del affectio maritalis, y, una vez desunidos, qu hara yo aqu? La afable armona que exista en la cmara real al comienzo de la pltica entre los esposos, se desvaneci, y Ramiro, a partir de ese instante, ya no era capaz de entender nada ni de pensar siquiera. Su mente estaba embotada y las palabras de Ins, lejos de abrirle la razn, slo haban conseguido espolear su obsesiva idea del pecado de haber transgredido los votos de celibato y castidad al desposarse con ella y el de obediencia al Papa, pecado que, en su obstinada creencia, pagaran los que estaban a su lado mientras l no regresara al monasterio a pechar con su culpa. Ins se abraz a su esposo, consciente del sufrimiento que le haban causado sus palabras. Perdname, esposo mo, perdname!

Y sigui abrazada a Ramiro, intentando transmitirle la seguridad de que Dios entendera todo lo que se ha visto obligado a hacer por su reino, sus sacrificios y su dolor, que Dios es amor, que Dios es infinitamente clemente y comprensivo y que de nada servira creer en un Dios muerto y resucitado que perdon a los que lo crucificaron, perdn que se extiende a todos los seres humanos. Cuando, al fin, pudo reaccionar Ramiro, afligido y con voz quebrada, dijo: S que por delicadeza hacia el rey y por dignidad como mujer, has omitido inculpar a la nobleza de tu forzada marcha, y no s si agradecerte tu gesto y dejar que se salgan con la suya, u obligar a que te acepten. Te confundes, querido esposo. La nobleza no se deshara de m si t siguieras sentado en el trono, y s que lo que te digo te duele, pero de nada sirve eludir la realidad. No te culpo, que bastante tienes con tu propia inculpacin, slo te lo recuerdo.

Ramiro saba que su esposa acumulaba toda la razn, pero, y su alma, su vida eterna? Tambin tendra que dar por el reino la condena de su alma? No, estaba decidido. Cundo tienes planeado regresar a Aquitania, Ins? Antes de que finalice el ao respondi Ins de Poitou ocultando sus dudas y titubeos, aparentando firmeza y resolucin. Antes de que yo vuelva al cenobio? S, esposo mo, y despus de los esponsales de Marta y Astudillo. ---------------------236

CAPTULO XIX

En la fra madrugada del 10 de diciembre del ao del Seor de 1136 y algo ms de un ao despus de haber sido recibida en Huesca con honores de reina y gran contento popular, Agns de Poitiers regresaba a Aquitania, la tierra que la vio nacer y la que abandon para desposarse con el rey Ramiro II de Aragn. Con su squito de aquitanos y sin otros testigos que la guardia palaciega que pudieran confirmar su partida, cubierto el rostro con un grueso cendal, se introdujo en el interior de su carruaje, seguida de Isabelle, su dama de compaa y nica persona que podra dar fe de este viaje sin retorno. La ruta que se haba trazado para la jornada era la misma por donde haba venido. Antes, Agns de Poitiers haba acudido a la estancia donde dorma plcidamente su hija. La contempl y vio un angelito sin alas. Se inclin para darle un beso y, al contacto, sbitamente, Petronila se despert y lanz un gemido doliente. Agns se sobresalt y trat de calmar a su hija tomndola en brazos y prodigndole arrullos y mimos. La madre crey que el lamento de su hija era premonitorio, pero, finalmente, la criatura se calm y el sueo volvi a ella. Al recostarla, despus de llenarle el rostro de besos, Agns de Poitiers vio cmo se dibujaba en la carita de su hija una sonrisa celestial, una inocente seal que pareca querer transmitir a su madre la quietud que Agns necesitaba en esos momentos tan cruciales. Con qu inquietudes iniciaba Agns de Poitiers este viaje, tan diferente al que hiciera cuando su esposo fue a su encuentro en la frontera con el Pirineo? Qu peso llevaba en su alma dejndose a su hija en Aragn? Cmo cuidaran de ella? Cundo volvera a verla? Y si volviera, llegara a reconocerla? Y Petronila, se acordara de su madre o terminara olvidndola? Astudillo y Marta haban convenido con Agns de Poitiers hacerle llegar noticias de su hija, pero cundo sabra de Petronila? Slo la desolada alma de Agns de Poitiers era capaz de plantear preguntas que quedaban sin respuestas, una forma ms de martirizar su apenado corazn, y eran las mismas preguntas que, sin atreverse a exponerlas, tambin se haca una impotente Isabelle. Cuando el capitn de la escolta dio la seal de partida y se oy el estallido del ltigo del cochero, Agns de Poitiers crey que era su ltimo latido y fue incapaz de entreabrir el cortinaje para ver por ltima vez el palacio. Bes con fuerza el crucifijo del rosario que llevaba entre las manos y, perdida ya la aparente entereza y presa de incontenibles lgrimas, rezaba por su hija, por Ramiro y peda a Dios que velara por ellos. El taido de unas campanas la trajo a la realidad: eran los toques de la hora prima de San Pedro el Viejo.
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A medida que el tiempo transcurra y los caballos seguan tirando del carruaje en la misma direccin, Agns de Poitiers fue tomando conciencia de que por mucho que se lamentara y que sufriera, en nada iba a cambiar la situacin. El destino le haba jugado una mala pasada y, an siendo consciente de que haba sido una buena esposa y leal reina, nadie, salvo su esposo y algunos allegados, reconoceran su gran labor y la valenta de las decisiones que tuvo que tomar, casi todas ellas muy duras, pero siempre a favor de la estabilidad del reino. Slo Isabelle podra contar, algn da, si durante algn instante del sombro viaje hubo momentos de debilidad en los que Agns de Poitiers lleg a confesarle desahogo alguno, o si todo se lo guard la reina para sus adentros, su nica compaa en la frialdad de la sepultura. Mientras, en palacio, el rey Ramiro que haba acudido a despedir a su esposa, luego de los ltimos abrazos, de los ntimos y postreros besos, del cruce de parabienes y buenos deseos mutuos, se haba encerrado en la capilla real y all permaneci toda la maana, elevando preces por su esposa, orando por su hija, rezando por el reino y meditando sobre s mismo y su futuro. Agns de Poitiers deseaba pasar la Navidad con sus hijos y el resto de sus prximos en Aquitania y aguardar all a que el ao nuevo de 1137 le trajera la paz y la quietud que su alma necesitaba. Llegara el mes de agosto, el trrido mes de agosto oscense, y Ramiro II se reunira en Barbastro el da 11 con Ramn Berenguer IV, al que Agns de Poitiers le hubiera gustado conocer y llamar yerno, para firmar las capitulaciones nupciales. Y Petronila, la que quedara comprometida a desposarse con el conde, slo tendra un ao de edad. Slo un ao de edad y qu responsabilidad contraa! An mamara? Balbuceara alguna palabra? Cmo era su voz? Quin consolara a la pequea cuando llorara? Quin sabra si su llanto sera a causa de una enfermedad? Gateara ya? Tal vez, alguien le habra ayudado a poner los pies en el suelo y dar los primeros y vacilantes pasos? A quin acudira a refugiarse cuando se sintiera sola? Quin enjugara sus lgrimas? Cuando Ramiro II abandon la capilla y se dej ver por palacio, los que lo vieron decan que pareca la sombra de s mismo. Profundas ojeras marcaban su rostro. La boca, con las mandbulas encajadas. La mirada, triste y perdida. Los andares, lentos y pesados, como si con ellos arrastrara todos los pecados del mundo. La seriedad de su semblante denotaba el conflicto de sus pensamientos. Haba obrado bien? Sus decisiones, tomadas siempre con su esposa del alma, haban sido las correctas? Comprendera alguna vez el reino los sacrificios que le exigieron y que l otorg? No buscaba agradecimiento, sino comprensin y que, si se le juzgaba en la tierra, que fueran clementes, porque, como humano,
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poda equivocarse, que siempre actu con buena intencin, pero el juicio que ms tema era el postrero y se preguntaba si an tendra tiempo para prepararse y purgar sus muchas culpas. Ramiro II era en exceso severo consigo mismo, un juez implacable, inmisericorde, sin concesin al error humano. Y Petronila? En manos de nodrizas que la alimentaban, limpiaban, vestan y vigilaban su sueo, s, pero, le daban cario, afecto? Le dedicaban palabras dulces, mimos y carantoas? Jugaban con ella? La sacaban los das de sol a que sus rayos lamieran su delicada carita? Es de imaginar que una criaturita tan frgil y tan delicada se ganara de inmediato los apegos de sus cuidadoras, pero, en definitiva, se trataba de mujeres que se dedicaban a amamantar y atender a hijos que no eran los suyos, por lo que no haba garanta de que naciera en ellas ningn afecto emanado del amor y de la sensibilidad de una madre. Tan pequeita y en la celda de un convento! Astudillo y Marta ya se haban desposado y ella viva en la morada familiar, donde vigilaba las obras de la nueva casa, mientras que yo segua al servicio del rey hasta que Ramiro II dispusiera otra cosa. Para estar ms cerca de su prxima reclusin, contando con la anuencia de fray Gregorio, Ramiro II emprendi una serie de obras de mejora y reforma en San Pedro el Viejo de las que l mismo se ocup, y lo hizo con tanta dedicacin y entusiasmo como si en ello le fuera la vida. Apareca por el monasterio a hora bien temprana y rea a los canteros y alarifes que llegaban despus que l. Les meta prisa, pero, al mismo tiempo, exiga un trabajo meticuloso y preciso. Departa con los hermanos como siempre lo haba hecho y se entregaba a largas meditaciones arrodillado frente al crucifijo de la iglesia. Buscaba consuelo en las justas y sabias palabras de fray Gregorio. Das la impresin de que aoras tanto este lugar, hermano Ramiro, que parece que deseas desquitarte del tiempo de ausencia advirti el abad. S, paternidad, claro que echo de menos la tranquilidad y el sosiego que proporcionan a mi alma este santo lugar, y es tanta mi aoranza que no veo llegado el momento de entregar a mi yerno la potestas regia.

Ramiro II me hizo llamar a su presencia. El rey me aguardaba en la sala de audiencias y haba ordenado a sus secretarios y hombres de confianza que lo dejaran solo. Cuando acud, un guardia me abri la puerta, me anunci al rey y la volvi a cerrar a sus espaldas, pero me dio tiempo de ver a mi buen fraile pensativo, inclinado sobre la mesa y sosteniendo su cabeza con las manos. El guardia sali y me dijo que el rey me aguardaba. Al verme, le falt tiempo para abandonar la inusual postura en el siempre alegre y risueo Ramiro.
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Astudillo, hijo mo, ven a mis brazos! Parece que la tristeza se ha adueado de ti, buen fraile, justo cuando ms cerca est tu regreso a San Pedro el Viejo le dije observando su rostro ajado. Precisamente por eso te he llamado, hijo mo. T me dirs, buen fraile. Quiero encomendarte una misin muy personal, Astudillo, y s que la cumplirs con la misma diligencia y entrega que siempre has demostrado. Se trata de Petronila. Te escucho, mi buen fraile, y te aseguro que no desmerecer tu confianza. Lo s, lo s, Astudillo, y por eso te la encargo a ti. Despus de que el conde de Barcelona y yo firmemos en Barbastro los esponsales, es mi deseo que se cumpla la voluntad de mi futuro yerno y que mi hija sea educada en Burgos por su hermana, la reina Berenguela. Cuando esto suceda, te pido, Astudillo, que frecuentes a mi hija en la corte castellana, que le hables de sus padres y que me traigas noticias suyas.

Algo parecido nos pidi a Marta y a m la reina antes de marcharse y, lo mismo que a ella le prometimos cumplir su peticin, lo mismo te prometo a ti, buen fraile. Qu ms os pidi mi querida esposa, Astudillo? se interes el rey, ansioso por hablar de Ins de Poitou.

Astudillo explic al rey con todo detalle la conversacin que mantuvieron los tres y el rey escuchaba embelesado, y, cada vez que Astudillo se refera a la reina, Ramiro II le peda que omitiera el ttulo y que la nombrara Ins de Poitou. Suena tan bonito su nombre que no me cansar nunca de escucharlo! Qu otra cosa ordenas? Usas palabras extraas, Astudillo, ordeno yo, o solicito? pregunt el rey extraado del tono que emple -. Me gustara que se me recordara por mi talante de monje y no por el de rey de orden y mando. Es posible que la permanencia en palacio me haya llevado a la confusin. Lo siento, buen fraile, disculpa mi torpeza. Otra cosa que quiero de ti, Astudillo, es que me acompaes a Barbastro y que seas t mi heraldo y portes mi insignia. Despus de abrazar a mi
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futuro yerno, t ostentars el honor de hacer las presentaciones al conde de los cortesanos aragoneses que me acompaen, Fortes incluido. Cumplir con tus deseos, buen fraile. Ah, una cosa ms, Astudillo! Dime, buen fraile. Recuerdas lo que te respond cuando te envi a Barcelona y me pediste hacer el viaje con Marta, requirindome que os matrimoniara antes? S, lo recuerdo muy bien. Pues ha llegado el momento en que, mientras la salud de tu esposa lo permita, hagis juntos los desplazamientos, ya sea a Barbastro, a Burgos, o a donde sea, qu te parece? Me parece muy bien, pero, de qu salud hablas, buen fraile? Ah, Astudillo, qu ingenuo eres! Me desconciertas, buen fraile. Astudillo, hijo mo. Dios se ha fijado en ti y te ha bendecido con una mujer maravillosa que, ms pronto o ms tarde, te dar un hijo y, ms adelante, otros, y tendris una familia. Ah! exclam al pronto Astudillo. Disfruta de Marta y de su compaa mientras no se quede encinta, que, luego, ya no podr acompaarte. Y, cuando tengas una familia, disfruta de ella plenamente y deja que la vida transcurra a vuestro alrededor plcidamente. La muerte llegar, como a todos los mortales, y sin avisar, pero, mientras llega, envejeceris juntos y, permaneciendo juntos y unidos, no os daris cuenta que vais caminando a su encuentro. Cuando se vive solo, se muere ms deprisa porque uno se da cuenta cmo da a da se acerca el fin. Las palabras de Ramiro II sonaron en mis los odos al paternal fraile de siempre, al monje de los consejos, al amigo aleccionador, al protector generoso, al bienhechor desinteresado. Mir a mi buen fraile con el cario y la complacencia del hijo que se siente seguro al lado del padre. La unin filial que haba entre nosotros creca, como lo hace el rbol que enraza en tierra frtil y recibe el cuidado del buen jardinero. Me abrac a mi buen fraile y Ramiro se dej envolver complacido por mis brazos. Se estableci entre nosotros el elocuente silencio de las palabras no dichas y que
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pertenecen al mundo de los sentimientos, comprensibles slo desde y con el corazn. An ceido a mi buen fraile, romp la mudez: Por qu en Barbastro?

Ramiro se sorprendi por mi pregunta, pues, hasta ese momento, nadie se haba interesado por el lugar elegido para la ceremonia. Barbastro tiene una gran carga emocional para m, Astudillo, y he optado por esa villa por la gran simbologa que representa. Me gustara escuchar tu explicacin y saber a qu smbolo te refieres, fray Ramiro. Nada ms grato para m, Astudillo. Un poco antes de morir mi hermano El Batallador, me nombr obispo de Barbastro y apenas si tuve tiempo de ejercer, pues, a su muerte, ya sabes qu ocurri. Y como una de las consecuencias de mi salida del monasterio fue la venida al mundo de Petronila, en Barbastro, y en recuerdo de mi hermano Alfonso, deseo entregarla al conde de Barcelona. Tu carrera eclesistica siempre estuvo vinculada a tu hermano Alfonso, y permteme que te diga, buen fraile, que el rey te movi de ac para all como si fueras un pen de ajedrez, siempre en su propio inters. Tienes razn, Astudillo, y es cierto que as fue, lo que nos vali a l y a m un enfrentamiento casi constante con el pontificado, pugna en la que yo fui siempre el perdedor. Pero, abandonemos ese asunto, que el agua pasada no muele harina, y djame que te explique otro motivo de mi predileccin por Barbastro. Obispo de aquella urbe me nombr mi hermano sin tiempo para calentar el solio, y en Barbastro quiero despedirme de mi vida seglar. Advert que las palabras de mi buen fraile encubran su alejamiento del mundo y su irrevocable decisin de regresar a su aorado monasterio. La firma de los esponsales, tendr lugar en la catedral? No, Astudillo, que no existe. Pero, yo tena entendido que en las villas conquistadas a los sarracenos, donde haba mezquitas, stas se convertan en iglesias, no es el caso de Barbastro? pregunt un tanto sorprendido. Tienes razn, Astudillo, y, de hecho, la mezquita mayor de Barbastro, desde donde se dirigi durante siglos la oracin de los viernes para los
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musulmanes, fue cristianizada catedral en el ao 1101, un ao despus de su conquista, siendo su primer obispo Poncio, pero fue reducida a parroquia perteneciente al obispado de Huesca. Mi extraeza iba pareja con mi curiosidad: Por qu? El poder y la ambicin, pasiones y escndalos que no son ajenos a la Iglesia, y bien que siento tener que reconocerlo, una vez ms. Qu ocurri, buen fraile? Durante el asedio a Barbastro, mi hermano, el rey Pedro I, envi a Roma al obispo de Roda, Poncio, para pedir al Papa Pascual II el traslado de la sede de Roda a Barbastro. Poncio obtuvo la bula pontificia en Letrn el 26 de abril de 1100, seis meses antes de que las tropas aragonesas tomaran la villa, en cuya mezquita mayor, como ya te he dicho, se estableci la catedral en enero del ao siguiente. Nada extraordinario hasta aqu, buen fraile, qu ms pas? Aguarda y no seas impaciente, Astudillo. Ocurri que el obispado de Huesca defenda el ro Cinca como lmite oriental de su jurisdiccin, en la que inclua Barbastro, motivando un costoso pleito que an perdura, y el sucesor de Poncio, el obispo Ramn Guillermo, fue expulsado de su sede violentamente en 1116 por mi otro hermano y rey, Alfonso I, a peticin del obispo Esteban de Huesca y de los nobles de la propia villa de Barbastro, instalndose en la catedral de Roda. No hace mucho, en el ao 1133, durante el ao anterior a la muerte de mi hermano, el obispo Pedro logr que Alfonso I restituyera la sede episcopal en Barbastro, pero el sucesor de aqul, el obispo Gaufrido, fue expulsado por parte del obispo Dodn de Huesca, gran amigo mo y el que me apoy cuando me la ofreci mi hermano, que todo hay que decirlo, pero, finalmente, el Papa, harto de los malogros y expulsiones de sus obispos, advirti que, si seguan las luchas intestinas por la dicesis de Barbastro, la pondra definitivamente bajo la autoridad del obispado oscense. Y, se cumpli la amenaza del Papa? Las comunicaciones con Roma son lentas y tardan meses en llegar, pero todo hace pensar que as ser y que la bula de la disolucin llegar de un momento a otro. Dndolo por hecho, y con el contento general de todos los discrepantes, la catedral ha quedado reducida a una simple parroquia, ya te lo he dicho. Entonces, dnde tendr lugar la firma?
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En el arrabal Entremuro, un primoroso trazado urbano que construyeron los rabes de Jalef Ibn Rashid hace ms de trescientos aos, en el 800, con un envidiable sistema de saneamiento y de riego, y en cuya parte ms elevada se encuentra el ncleo fundacional de Barbastro. Las calles se adaptan al terreno y van siguiendo su orografa, dando origen a empinadas cuestas. En una zona ligeramente ms baja, se encuentra la que fue efmera catedral, antes mezquita y, despus, iglesia. Hay en el arrabal una hermosa plaza que es el centro y el latir de toda la poblacin de Barbastro, no slo del Entremuro, y en esa plaza se levantar un estrado en donde el conde de Barcelona y yo nos daremos cita para firmar los esponsales de Petronila. La plaza es un lugar suficientemente amplio para que encuentren acomodo los nobles, palaciegos, caballeros y prelados que den testimonio de un hecho de tanta relevancia. Tambin hay espacio para todo el mundo que desee asistir a la ceremonia y quiera ver lo que all acontezca. Las tropas aragonesas y condales podrn acantonarse sin dificultad.

Yo esperaba una breve explicacin, pero, como siempre suceda en casos similares, Ramiro se explayaba en sus ilustraciones, pretendiendo que no se le escapara ningn detalle y yo, su ahijado, quedara bien ilustrado. Hay algo ms que quiero decirte, Astudillo me dijo el rey. Dime, buen fraile me ofrec solcito. Deseo que permanezcas cerca de m cuando haya regresado al monasterio y as se lo har saber al conde de Barcelona. Quieres que vuelva a San Pedro el Viejo? pregunt sorprendido. No, por cierto, que la orden lo prohbe, pues slo pueden ingresar varones clibes me respondi el rey -, y, adems, tu deber es dormir con tu esposa en el mismo lecho. Entonces? Solicitar al conde que tus servicios en palacio me sean reservados en exclusiva, porque yo retendr el ttulo de rey de Aragn mientras nace un heredero. Yo en el monasterio, t sers mis ojos, mis odos y mis manos en el mundo exterior y me mantendrs informado de todo cuanto acontezca, pero no te apures, que nada contra la ley y el orden he de encomendarte. Ya sabes, buen fraile, que siempre te he servido con honradez y nada cambiar mi forma de ser. Dime, pues, qu he de hacer.
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De momento, nada, Astudillo. Ms adelante, que Marta y t os mantengis cerca de Petronila y que me deis noticias de ella. Para ello, buen fraile, ser preciso contar con la anuencia del conde y de su hermana, la reina Berenguela. As se lo har saber y no creo que haya inconveniente alguno. Gracias por renovar tu confianza en m, buen fraile. En quin si no, Astudillo?

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CAPTULO XX

Lleg el abrasador verano a Huesca y tan slo en las maanas y en los atardeceres se vea gente por las calles en busca de un poco de brisa refrescante. El mercado empezaba al despuntar el sol y los mercaderes desaparecan con los productos que no haban logrado vender tan pronto como en San Pedro el Viejo tocaban la hora sexta. Puertas, ajimeces y postigos se cerraban sin concesin para evitar que el aire caliente penetrara dentro de las moradas. Colgaduras de albardn trenzado sujetas al dintel del portn impedan que moscas, mosquitos y otros insectos molestos se introdujeran en los hogares. La gente que, por necesidad o requerida, pisaba las calles en horas de mximo calor, buscaba la sombra de los atrios, de los aleros y la de algn que otro rbol y caminaba con pesadez, apenas sin resuello, buscando refrescarse en el piln de algn abrevadero. A palacio haban llegado noticias de Aquitania. El recorrido de la ltima posta lo hizo el jinete en plena madrugada para que su caballo cabalgara ms animado y fresco. Hizo entrega del correo que portaba al capitn de la guardia que, tan pronto como lo tuvo en sus manos, se dirigi hacia los aposentos del rey para entregrselo. El palacio estaba en silencio. Nadie deambulaba por los pasillos ni por los jardines. El capitn prosigui sus pasos y, llegado a la estancia real, los dos guardias apostados en la puerta le dieron la noticia de que el monarca se encontraba en la capilla desde la hora prima, y que si no estaba all, lo ms probable sera que estuviera en San Pedro, vigilando los ltimos toques de la reforma emprendida meses atrs. No encontr al rey en la capilla y, al salir, se top conmigo. Sabiendo el capitn que yo era un hombre de confianza de Ramiro II, me pregunt dnde lo poda localizar. A qu viene tanta prisa, capitn? interpel al capitn. Debo hacerle entrega de un correo que proviene de Aquitania fue la seca respuesta. Si no te importa, capitn, yo se lo entregar. S dnde est. Pues a ti te lo encomiendo, caballero Astudillo.

Comprob el sello y, s, era del ducado de Aquitania, y, por el color de las cintas, de Ins de Poitou. Pens que mi buen fraile se pondra muy contento y, sin ms demora, me encamin a toda prisa hacia el monasterio y all llegu sudoroso, sin aliento, sediento. Al verme en tal estado, Ramiro me llev hacia la boca del pozo del claustro, extrajo un balde con agua y, sin ningn miramiento, me lo ech a la
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cabeza. Antes, me haba quitado de las manos el rollo, sin saber de qu se trataba, slo para evitar que el agua hiciera correr la tinta. Vaya apremio el tuyo, Astudillo!

Ligeramente repuesto y sealando el rollo que ya tena Ramiro entre sus manos, le dije: Supuse que no deba hacerte esperar. Me ofrec al capitn de la guardia a trartelo.

En ese momento, Ramiro repar en el sello y en las cintas. Su corazn dio un salto y sus ojos refulgieron como el mosaico cuando lo acaricia el sol. Gracias, hijo mo, gracias! Espero y confo que su contenido sean buenas nuevas. Disclpame, Astudillo, deseo leerlo a solas. Me refugiar en la sombra de aquel ciprs seal una zona del poyete del claustro entre dos capiteles. Espero? S, aguarda, pues seguro estoy de que habr algo para ti o para Marta.

Busqu cobijo en el frescor natural de la iglesia y all permanec, orando, una costumbre que enriqueca mi espritu al hacerlo como me ense fray Ramiro, meditando sobre el significado de la oracin. Al cabo de un rato, o la inconfundible voz de mi buen fraile que me llamaba a su lado. Fui a su encuentro y comprob que permaneca sentado en el mismo lugar, a la sombra del ciprs y rodeado por la impresionante belleza austera de los 38 capiteles. Estaba tranquilo, risueo, aunque con la emocin contenida. Me sent a su lado y agradec al enorme ciprs la acogedora sombra que proyectaba. Ramiro apoy uno de sus brazos en mis hombros, manteniendo en la otra mano el pergamino desplegado. Escucha lo que dice mi dulce esposa

La voz de Ramiro II se quebr y no pudo proseguir. La emocin se le hizo incontenible al recordar la ternura de su esposa y revivir, a travs de las lneas que acababa de leer, el amor que expresaba por Petronila y la delicadeza con la que refera su afecto a su esposo, emociones que pusieron a prueba la sensibilidad y la entereza del rey, que no dejaba de mirarme buscando en mis ojos la calma que necesitaba. Ser pecado nombrar como lo he hecho a Ins de Poitou? se pregunt sin dejar de mirarme.
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La pregunta no iba dirigida a m, pero me sent aludido: Creo, mi buen fraile, que te obsesionas por tus propios pensamientos, que te escandalizas cuando los exteriorizas y que tratas de ocultarlos, como si fuera posible encubrrselos a Dios, que todo lo ve, que todo lo sabe. Da libertad a lo que sientas y, si lo deseas porque as te puedas sentir mejor, reza un Padrenuestro.

Ramiro II estaba atnito. Estaba recibiendo lecciones de su alumno? Por qu un Padrenuestro? pregunt Ramiro con nimo de atenuar la seriedad que se haba instalado. Porque el perdn y la reconciliacin son sentimientos tan serios, que es lo nico que Jess comenta en la oracin que nos ense, imponiendo como condicin para que se cumpla, que perdonemos a quienes nos ofenden, porque, si no, tampoco nos perdonar el Padre. De ti aprend la humildad para pedir perdn y el amor para reconciliarme con quienes tienen algo contra m. S, pero, dnde estoy yo en este negocio tan extrao? inquiri Ramiro. Ests en el centro y no lo ves. Ama a tu prjimo como a ti mismo, recuerdas? Pues, mate en lugar de martirizarte inculpndote. Recuerdo que un da te dije que llegara el momento en que progresaras tanto en tus estudios que me daras lecciones a m. Creo que ese momento ha llegado o me estoy haciendo viejo, Astudillo. No digas eso, buen fraile, que slo he repetido lo que me enseaste!

Su brazo por encima de mi hombro termin unindose al otro en un abrazo lleno de ternura y complicidad en que qued gratamente prisionero. Luego, me mir, sonri y me cont: Sigamos con lo que estbamos, Astudillo. Ins de Poitou me cuenta que pas la Navidad con los suyos, pero que aora mucho a Petronila, para quien desea salud y bienestar, lo mismo que a m y para vosotros, que, como intu, os nombra. Me dice que surgieron trabas con la abadesa de Fontevrault cuando solicit el ingreso en la abada y que an est a la espera de la resolucin que han de tomar los rectores. Qu es lo que ha ocurrido? Pues, segn me cuenta Ins, la abadesa se empe en hacer cumplir a rajatabla la regla por la que se rige el convento y el rechazo viene dado porque vos, seora, sois casada con esposo, que la separacin no est
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reconocida en nuestra orden, y que de nada le sirvi recordar que su madre vivi all muchos aos y que est enterrada en la abada. Ha acudido al obispo de su dicesis para que interceda por ella, y el obispo le ha recordado a la abadesa que Agns de Poitiers es viuda de Aymerico, vizconde de Thouars, por lo que cumple con el requisito de viudedad. Entonces, ya no tendr ms inconvenientes, cierto? Lo nico que dice es que el consejo ha de reunirse y estudiar el caso, porque no hay precedente alguno. Imagino que esta dificultad terminar por resolverse de manera favorable e Ins ingresar en Fontevrault. Pero hay otra cosa y, curiosamente, incide sobre lo que te dije das pasados. Qu, buen fraile? Os ruega que Marta y t permanezcis cerca de Petronila y que le hagis llegar noticias de ella. Puede estar segura la reina que as se har, ya lo hemos hablado t y yo. Tambin pregunta si, cuando yo lea su correo, Petronila estar ya comprometida con el conde Ramn Berenguer. Para eso falta muy poco, aunque la fecha est al caer observ.

Slo faltaban dos das para que se produjera el acontecimiento del que se hablaba en todo el reino y territorios aledaos, y en la plaza de Barbastro ya se haba levantado un amplio estrado para dar cabida en sitiales al rey Ramiro II de Aragn y a Ramn Berenguer IV, conde de Barcelona, y a sus correspondientes squitos. De las balconadas de las casas anexas a la plaza y en las de las calles por donde deban pasar los egregios cortejos, colgaban insignias y estandartes de las casas real y condal, admirndose la gente de que ambas lucieran los mismos colores, todo un smbolo que haca presagiar una feliz y duradera alianza entre el reino de Aragn y el condado de Barcelona. El da 11 de agosto del ao del Seor de 1137, justo cuando Petronila de Aragn cumpla un ao de edad, amaneci lmpido, sin una nubecilla que rompiera el inmenso azul del cielo y con una ligera brisa que bajaba de las montaas para hacer ms llevadero el ajetreado da que se presentaba. Con la austeridad que siempre caracteriz a Ramiro II, dispuso que su squito fuera lo menos ostentoso posible y que slo lo compusieran aquellos personajes que fueran imprescindibles en la ceremonia, adems de la guardia de escolta que debera rendir los honores pertinentes al rey y al conde tras la firma de las capitulaciones.
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La comitiva se acomod en los carruajes que se haban preparado. Yo tom la cabecera de la guardia enarbolando el estandarte del rey y abr la marcha, seguido de una tropa que se reparti a lo largo del cortejo, reforzando los flancos de la carroza real y cerrando la marcha seis caballeros en fila de a dos. A hora bien temprana, la comitiva se puso en marcha para llegar a Barbastro en el tiempo convenido. Por su parte y con la anuencia previa de Ramiro II, el conde de Barcelona haba pernoctado en el castillo de Monzn, cerca de Barbastro, elegido adrede el lugar como si con su presencia deseara confirmar la paz sellada por su padre y Alfonso I, disipando, as, cualquier recelo que an pudiera quedar entre los viejos nobles aragoneses y sus vasallos de ms edad. Conquistado el castillo a los rabes en 1089 por el infante Pedro cuando su padre, Sancho Ramrez, era rey de Aragn, una traicin en 1127 entreg la villa a Ramn Berenguer III y tuvo que ser reconquistada en 1130 por El Batallador. El cortejo condal, mucho ms florido y espectacular que el de Ramiro II, acudi a la cita a caballo, jinetes y monturas engalanados con coloridas vestimentas de gala. Los carruajes los haban dejado en Monzn. Llegada la hora convenida y con la plaza abarrotada de gente, el squito de Ramiro II hizo su entrada por el oeste, mientras que el del conde lo haca por el este. La comitiva aragonesa abandon los carruajes y se dispuso a un flanco del trayecto que deba recorrer Ramiro II desde su carroza hasta las gradas para subir al estrado. Lo propio hizo el cortejo del conde, ocupando el lado contrario. Cuando Ramiro II ech pie a tierra, lo esperaba el conde. Se inclin ante el rey e intent besarle la mano, pero Ramiro II se lo impidi y, en su lugar, le ofreci los brazos. Rey y conde se fundieron en un abrazo de bienvenida, vaticinio de la amistad y concordia que presidiran para siempre sus relaciones. Ramiro II y Ramn Berenguer IV, uno al lado del otro, juntos, iniciaron el corto recorrido que los llevara hasta el estrado, flanqueados por sus respectivos squitos dispuestos en fila. Yo, sin dejar de lucir el estandarte real, abra paso a los ilustres personajes junto con el capitn Gilbert, y me ocupaba de ir presentando al conde a los miembros de la comitiva aragonesa, la misma encomienda que le haba confiado el conde a su capitn Gilbert con el cortejo barcelons, de manera que, uno tras otro, los integrantes de las dos comitivas fueron presentados y saludados por el rey y el conde. Tras cada presentacin, los squitos fueron situndose detrs del rey y del conde, dndoles escolta. Mientras, la guardia de una y otra procedencia se haba colocado de forma alternada rodeando todo el entarimado. El rey y el conde subieron codo con codo las gradas, seguidos por las dos filas de sus propias comitivas, precedidas ambas por Gilbert y por m. En el estrado se
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haban dispuesto los sitiales en forma circular, situando en el centro los dos ms elevados que el resto, de manera que todos se pudieran ver y observar sin dificultad. Frente a los asientos principales, haba una mesa sobre la que los consejeros real y condal haban depositado el contrato nupcial. El rey y el conde ocuparon los asientos centrales. A la derecha de Ramiro II se colocaron el Justicia de Aragn, fray Gregorio, el obispo de Huesca, los secretarios y hombres de confianza, caballeros y cortesanos. A la izquierda del conde se sent el obispo de la Seu de Barcelona, prelados y seores de sus condados, consejeros, secretarios y caballeros francos venidos de los territorios ultra pirenaicos. La plaza era un hervidero de gente ansiosa por no perder detalle de lo que all iba a ocurrir, conscientes de que seran annimos testigos de un acontecimiento de gran trascendencia y, sin duda, lo ms importante que ocurra en Barbastro, aparte de los festejos tras la reconquista de la ciudad siete aos antes. A una seal ma, reson en la plaza y en toda la villa la trompetera y redobles de tambor llamando a silencio y atencin. Hecho el mutismo, el rey Ramiro II de Aragn se alz, solicit a Fortes el pergamino de que era portador, y con voz potente y clara, dijo: En el da de hoy y en esta plaza de Barbastro, nos hemos dado cita el seor conde de Barcelona y yo para sellar los acuerdos del contrato nupcial que hemos negociado con antelacin y que es conocido por las dos partes, no habiendo habido ninguna disensin en momento alguno, por lo que procedo ante vosotros, prelados, clrigos, nobles, caballeros, vecinos de esta villa y de otras venidos a este acto, a dar lectura pblica de lo ms importante de lo convenido, para que seis testigos de lo que digo y que escrito est en su integridad en el protocolo que hay sobre esta mesa.

El silencio en el recinto era absoluto. El rey despleg el pergamino y ley: En nombre de Dios: Yo, Ramiro, por la gracia de Dios rey de Aragn, te doy a ti, Ramn Berenguer, conde de Barcelona, mi hija Petronila por mujer, con todo el reino de Aragn ntegramente, tal y como mi padre Sancho, y mis hermanos Pedro y Alfonso no lo tuvieron ni poseyeron nunca mejor, ellos ni nadie a travs de ellos, salvados los usos y costumbres que mi padre Sancho y mis hermanos Pedro y Alfonso, tuvieron en su reino. Y te encomiendo todos los hombres del predicho reino en homenaje y juramento, que te sean fieles en lo que se refiere a tu vida, a tu cuerpo, y a todos los miembros que tienes en tu cuerpo, sin fraude ni engao, y que

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te sean fieles en lo que se refiere al predicho reino y a todas las cosas que se refieren a l, salvada la fidelidad a m y a mi hija. Todas estas cosas citadas anteriormente yo, el predicho Ramiro, te las concedo a ti, Ramn, conde de Barcelona, de tal manera que si mi hija muriese, t conserves la donacin del predicho reino libremente y sin variarla y sin ningn impedimento despus de su muerte, si le sobrevivieras. El rey haba ledo la parte fundamental del convenio. Entre loas y vivas, se gir hacia el conde y encamin sus pasos a su encuentro. Ramn Berenguer, al verlo venir, se alz del sitial y se fue hacia el rey. En el centro del estrado se reunieron y se abrazaron entre mutuos y recprocos parabienes. Y, ahora, mi querido yerno, firmemos y sellemos, que los testigos nos aguardan en la mesa propuso Ramiro II con una amplia sonrisa de satisfaccin. Vayamos y no los hagamos esperar, querido suegro! respondi el conde no menos contento.

Estampados los sellos real y condal, se fueron turnando en el refrendo del documento los testigos previamente sealados, cada uno de los cuales fue dejando constancia con su cuo. Ramiro II se dirigi a los cortesanos y al pueblo: A partir de este momento, el conde Ramn Berenguer IV es mi yerno, a quien cedo la potestas regia tanquam regis, pero me reservo el ttulo de rey hasta mi muerte y Aragn queda bajo su autoridad y obediencia, estando obligados los aragoneses a jurarle fidelidad.

Los prelados y nobles presentes en el estrado juraron fidelidad al conde bajo el ttulo de Prncipe de Aragn. En el instante en que me inclin ante el conde y bes su mano, se acababa de cumplir uno de mis sueos. El conde tom la palabra y, por primera vez, se dirigi a los nobles aragoneses, barceloneses y al pueblo como prncipe de Aragn, utilizando un tono solemne: En el da de hoy y como resultado del pacto conyugal que hemos firmado, se crea un nuevo estado, nacido de la confederacin del reino de Aragn y del condado de Barcelona que, en adelante, se llamar Estado de la Corona Aragonesa. Nobles y vasallos: grabad en vuestras mentes esta fecha que ser histrica, 11 del mes de agosto del ao del Seor de 1137
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Se oyeron los primeros vivas al prncipe, quien, despus de corresponder a las loas con cariosos saludos, se dirigi al rey Ramiro: Sin embargo, mi querido suegro, an tenemos que resolver un asunto grave y que no deseo demorar por ms tiempo dijo el conde. T dirs respondi Ramiro II, que ya se vea a las puertas de San Pedro el Viejo. Prcticamente, me has cedido la potestas regia, con lo cual dejas en mis manos la obligacin de saldar la deuda con las rdenes Militares repuso el conde. Haz lo que ms convenga concluy Ramiro, viendo retrasar con esta evocacin el ansiado disfrute de la quietud del monasterio. S que las rdenes estn pasando penurias, por lo que no ser difcil llegar a un acuerdo con ellas que satisfaga a ambas partes, lo que equivaldra a silenciar de una vez por todas a Roma, qu opinas, Ramiro? Me parece muy acertada tu observacin y seguro estoy de que hars lo ms apropiado.

Yo no apartaba mi atencin de lo que hablaban mis seores, enterndome de todo y guardndomelo como la prudencia me haba enseado. Seguro estaba de que, pronto, el conde, ya mi seor, me encomendara alguna delicada misin.

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CAPTULO XXI

Ramn Berenguer IV, prncipe de Aragn y conde de Barcelona, ya haba tenido ocasin de saludar a Astudillo durante el acto protocolario de las presentaciones formales, pero deseaba tener una charla a solas con l. El recin nombrado seor de Aragn necesitaba disponer de un hombre en quien confiar plenamente en el nuevo y desconocido territorio que quedaba bajo su jurisdiccin y que le sirviera de puente para su mejor conocimiento y enlace con la nobleza aragonesa, y Astudillo, caballero fiel y leal donde los hubiere, le haba asegurado el rey, era la persona adecuada. Alguien me dijo que el prncipe deseaba verme y me dirig hacia l. Con la misma llaneza con la que me haba tratado durante mi estancia en el palacio de Sant Pere de Vilamajor, Ramn Berenguer, al verme, me salud con afecto. Es un placer volver a verte, caballero Astudillo. El placer ser siempre mo al poder servirte, mi seor respond con franqueza. Me agradara tener una amistosa conversacin contigo. Es menester que en Huesca disponga de alguien en quien confiar plenamente y Ramiro II me ha dicho que t eres la persona justa. Merced que me hacen mis seores, aunque debo confesarte que, desde hoy, t sers mi seor y que el rey, por decisin suya, nunca lo fue, salvo cuando haba que observar el protocolo, y que l seguir siendo para m, como lo ha sido y lo ser hasta el fin de mis das, mi buen fraile. Gracias por tu confianza, Astudillo. Lo saba, l me lo ha dicho, y es un buen comienzo emplear la claridad desde el principio, madre de la honradez y la sinceridad me respondi complacido el conde -. Me agradara que me acompaaras en el viaje que deseo hacer a Zaragoza, lo que nos dar ocasin de conocernos y de que yo te notifique mis planes. Nunca estuve en aquella villa, mi seor. Mejor as, Astudillo, porque tendrs ocasin de conocer una hermosa y gran urbe, rodeada por un caudaloso e impresionante ro, que nuestros antepasados llamaron Iber y, ms recientemente, los rabes, Ab-Uad, que significa Padre Ro, porque, a lo largo de su extenso recorrido, hace frtiles las tierras que riega y produce abundantes cosechas, proporcionando bienestar a los moradores de las comarcas que atraviesa, lo mismo que hara un padre con sus hijos. Caesaraugusta la llamaron los romanos en honor a su emperador Csar Augusto, y los rabes, Medina al-Baida
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Saraqusta, que en nuestra lengua significa Zaragoza la Blanca. Tambin


intent su conquista Carlomagno, pero sin xito. Zaragoza siempre fue codiciada por unos y otros por la situacin estratgica que ocupa. Me permit interrumpir la ilustrativa charla del conde porque su forma de narrar me recordaba mucho a la de mi buen fraile, a quien, por el momento, haba perdido de vista. No veo al rey, mi seor conde. No tengas motivo de preocupacin, Astudillo, que yo lo he visto departir con varios personajes y, lo ms probable, es que nos lo volvamos a encontrar en breve. Entonces, contina con lo que me estabas contando, te lo ruego, mi seor. Te interesa? Mucho, mi seor! Hace unos veinte aos, siendo yo un nio, Alfonso I, con la ayuda de castellanos y sus tropas aragonesas, la pudo conquistar en 1118 y las poblaciones musulmana y juda tuvieron que trasladarse fuera de los muros de la ciudad, donde fundaron nuevos barrios, mientras que el ncleo urbano era repoblado por francos y dado en feudo a Gastn IV de Barn, su gran amigo y aliado, cuyo apoyo en la toma de Zaragoza fue crucial, por lo que recibi de manos de El Batallador y en reconocimiento de su trascendental aportacin blica, el ttulo de Seor de Zaragoza, Seor de Barbastro y Ricohombre de Aragn, mxima de las grandezas nobiliarias que otorgaba el rey. Gastn reparti y organiz las nuevas tierras, privilegiando a sus vasallos de Barn, y sigui llevando a cabo campaas militares junto a los aragoneses y castellanos, lo que lo llev hasta Al-Andalus, donde muri hace seis aos a manos de los musulmanes, que pasearon triunfantes su cabeza por Granada. Su cuerpo, decapitado, fue llevado a Zaragoza, donde est sepultado. Hice un gesto de repugnancia y de rechazo. Las palabras del conde me hicieron recordar las cantilenas que entonaban juglares y trovadores sobre el suceso en el palacio de Huesca cuando el rey Ramiro II tuvo que escarmentar a los nobles belicosos.
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Observo, caballero Astudillo, que los hechos de sangre no son de tu agrado, tampoco del mo, pero, a veces, no hay ms remedio que protagonizarlos, o sufrirlos, cuando la seguridad y la paz se ven alteradas o nuestros territorios son invadidos y hay que defenderlos sostuvo el
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conde -. Tal vez, nunca te has visto implicado en ninguno de esos hechos, verdad? aadi.
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Verdad, mi seor, y no me agradara verme envuelto en ninguno de ellos confes, acompaando mis palabras con una mueca de rechazo. En ese caso, procurar encomendarte misiones sosegadas y pacficas me prometi Ramn Berenguer y en sus ojos se notaba que sus pensamientos eran el anticipo de lo que me tena preparado como su nuevo vasallo. Te lo agradecer siempre y siempre tendr una deuda contigo, mi seor, aunque mucho ms agradecida te estar Marta, mi esposa. Ah! Ahora recuerdo que cuando fuiste a Sant Pere de Vilamajor, temiste quedarte entre nosotros largo tiempo a causa de las lluvias, y no era slo por ti, que s, sino por tu amada Marta. As fue, mi seor. As que ya la has desposado y, eres padre? No, an no, mi seor, que lo mismo me pregunt el rey Ramiro y le contest de igual forma. Cunto tiempo hace que os desposasteis? Ocho meses, mi seor. Y, an no se le notan las redondeces a Marta? No, mi seor, que la madre de Marta, mi suegra, dice que an es pronto y tiene muy bien aleccionada a su hija.

El conde lanz una serie de carcajadas tan fuertes y sonoras que atrajeron la atencin de los presentes. Ramiro II, que observaba la escena desde el corro de los suyos que se haba formado a su alrededor, se acerc al odo de fray Gregorio y le susurr:
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Seguro que Astudillo ha dicho alguna de las suyas, y me congratula ver que el conde y l llevan un buen rato hablando. Parece que se entienden, y eso es muy bueno. Pues, asegrate, Astudillo, de que tu esposa no est encinta, porque, en caso afirmativo, tendras que ir solo a Burgos. A Burgos, mi seor? me sorprendi -. Otra villa que no conozco complet.

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Bueno, Astudillo. Termino dicindote que a Gastn le sucedi su hijo, Cntulo VI, quien leg sus tierras en Zaragoza a la Orden del Temple. Comprenders que ahora he de ir all a ver in situ cmo est la situacin. Y ese viaje a Zaragoza, mi seor, lo iniciaremos aqu? pregunt, un tanto alarmado, pues nada sabra Marta de su ausencia y se alarmara al ver llegar el squito del rey sin que l formara parte de la comitiva. S y no, Astudillo respondi con dubitativa jocosidad el conde. Debers explicarte, mi seor, porque no te comprendo. S, porque Zaragoza queda al oeste, y no porque, antes, iremos a Huesca, satisfecho?

Respir ms tranquilo. Entonces, iremos a Huesca las dos comitivas? Por supuesto, Astudillo. He de presentarme ante mis nuevos vasallos y conocer los territorios que deja el rey Ramiro II bajo mi autoridad, pero, sobre todo, deseo visitar el convento donde est Petronila - te confieso que me parece un delirio llamarla mi esposa, cuando ella tiene un ao y yo friso los 25 -, porque tengo el propsito de que sea mi hermana Berenguela quien se ocupe de ella, y t, Astudillo, quedars encomendado para que se cumplan mis deseos.

Acababa de enunciarse la primera de las misiones sosegadas y pacficas que el conde me haba dejado entrever con sus palabras. Haba llegado el momento de que el rey retornara a Huesca. Se dirigi hacia donde estbamos el conde y yo, que seguamos departiendo animadamente, y propuso: Regreso en mi carruaje y me acompaarn fray Gregorio, el obispo Dodn y el Justicia. T, conde, puedes viajar en otro carruaje con Astudillo. As tendris ms tiempo de intimar y conoceros. Tus tropas y las mas, que ya son las tuyas, nos darn escolta mientras reconocen el terreno. Algunos de los caballeros que me han acompaado, y parte de la tropa, volvern a Monzn para llevar a Sant Pere de Vilamajor los carruajes que all dejamos. Para viajar a Zaragoza, utilizar, con tu licencia, algunos de los que haya en palacio, pues tengo el deseo de visitar, adems, al rey de Pamplona y, ms tarde, al de Castilla, y son recorridos luengos y desconocidos.

Cuando el conde y yo nos quedamos solos en el interior del carruaje, en la intimidad que nos envolva, puse de manifiesto mi fresca naturalidad, aliada con
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buenas dosis de mi insaciable curiosidad, ingredientes todos que utilizaba con notoria prodigalidad. Si t, mi seor, fueras Ramiro II, ya me habra atrevido a preguntarte algo en relacin con ese viaje al oeste resolv, finalmente, desahogar mi impaciencia.

El conde me mir con el ceo fruncido y una sonrisa socarrona en el rostro. Si has de ser mi hombre de confianza, lo que equivale a decir mi otro yo, justo es que ests informado de todo lo que yo haga o vaya a hacer, de que ests al corriente de lo que me interesa o me inquieta, de mis deseos y de mis frustraciones, incluso que sepas lo que pienso y te anticipes a mi voluntad, que me reprendas cuando no acte en justicia, pero no me alabes cuando obre correctamente. Por todo ello y por ser quien eres, Astudillo, tienes plena libertad para preguntarme todo aquello que quieras o necesites saber me respondi solcito el conde.

Yo escuch con extremo cuidado las palabras de mi seor, las medit y me las guard en lo ms profundo de mi mente, como si acabara de serme revelada la clave que descifra todos los secretos. Mientras atenda, mis ojos quedaron clavados en la mirada del conde porque, segn aprend de mi buen fraile, los ojos dicen siempre lo que el alma expresa. Espero merecer la confianza que en m depositas, mi seor, y te aseguro que pondr en ello todo mi empeo respond agradecido. Y, qu deseas saber sobre el viaje? Varias cosas, mi seor. Pues, empieza por la primera, que tiempo tendremos para conversar. La primera, mi seor, es que no comprendo por qu quieres conocer a la princesa Petronila, cuando es una criatura tan pequea que slo te puede inspirar un sentimiento de padre, no de esposo que, como has dicho antes, parece un dislate.

Ramn Berenguer juzg acertada mi observacin. Acabas de darme la prueba de que no me he equivocado en elegirte como hombre de confianza. Ya lo haba considerado antes de que me lo dijeras, Astudillo, y he de decirte en honor a la verdad, que considero una imprudencia esa visita. Conocer a mi esposa cuando la despose, cuando cumpla la edad cannica de 14 aos y celebremos los esponsales En la catedral de Lrida, como prometiste en tu palacio barcelons! interrump doblemente gozoso.
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As es, caballero: ser mi obsesin hasta que consiga convertir en catedral su mezquita me respondi el conde con contundente conviccin. Otra de mis curiosidades es saber por qu quieres entrevistarte con el rey de Pamplona y con el de Castilla. Lo de Castilla requiere una ms larga explicacin, pero mi entrevista con el rey pamplons es para acordar una alianza que me permita afianzar los lmites del reino de Aragn por el norte y oeste, queda claro? S, muy claro, pero me viene a la mente un viejo rumor que mantiene que a Garca Ramrez le interesa un acuerdo contigo para que le cedas territorio, a cambio de ofrecerte en matrimonio a una de sus hijas, a la princesa Blanca, es cierto? S, tienes razn, es un antiguo cuchicheo que cada da se va agrandando como si a fuerza de mentarlo una y otra vez se convirtiera en realidad. Estoy preparado contra esa argucia, Astudillo, y confa en que Petronila ser la dama con quien me despose. En cuanto a Castilla, el rey Alfonso VII, mi cuado, mantiene guarniciones en Zaragoza, que ya no tienen ningn sentido, y he de convenir con l que retire sus tropas. Yo fui a Len hace tres aos para asistir a su coronacin y le rend honores, y espero y deseo que comprenda que su actitud en Zaragoza no puede mantenerse. De esta forma, la frontera sur de Aragn, quedar afianzada. Por otra parte, no se me escapa que Alfonso VII, precisamente por esa actitud beligerante contra Zaragoza, no goza de la aceptacin de los aragoneses y no es bien visto en estos territorios. Me parece poco loable que, habiendo buena armona entre el rey castellano y yo, mis nobles y vasallos no lo toleren. He de hacer que las cosas cambien para beneficio de todos, pues parece que todos hemos olvidado que el enemigo comn son los almorvides. Pero an hay ms. Mi hermana menor, Berenguela, nacida en 1116, se matrimoni con Alfonso VII en noviembre de 1128, hace nueve aos, cuando ella tena doce y mi cuado veintitrs, y tienen varios hijos, algunos de edad similar a la de Petronila, con lo que una educacin y estancia en un ambiente cortesano y familiar, rodeada de infantes y prncipes, primos, disfrutando de juegos, paseos por los jardines, bailes, fiestas, justas, acompaada de damas y asistida por preceptores en materia religiosa y en otras disciplinas, ser mucho ms apropiada e instructiva para una princesa que permanecer en una celda y entre las rejas de un convento.

Qued muy complacido por la corts amabilidad de mi seor.


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Hay algo ms que quieras saber, Astudillo? S, mi seor. Dime. Al rey Ramiro II le has recordado que queda por resolver el asunto del testamento de El Batallador y, antes, has mencionado a la Orden del Temple, qu piensas hacer? Astudillo, Astudillo, cmo me recuerdas mis aos de juventud en los que todo lo quera saber! Pero, mi seor, apenas si me llevas siete aos, cmo es que hablas de tu juventud? Eres muy joven, mi seor. No es slo la edad lo que hace madurar a un hombre y que aparente ms edad, pero, dejando ese tema y respondiendo a tu pregunta, te dir que una de mis prioridades es la de resolver esa espinosa cuestin y quiero iniciar negociaciones con los representantes de las rdenes Militares, empezando por la del Temple, que presumo sern largas y duras, a menos que ocurra algn hecho favorable. Despus, con los Hospitalarios y los Caballeros del Santo Sepulcro, y a todas las rdenes les pedir que renuncien a la parte del reino de Aragn que, segn dej testado el rey Alfonso I, les pertenece, a cambio de concederles derechos para que construyan iglesias y centros propios en las poblaciones que deseen dentro de mi jurisdiccin. Estas propuestas se las har a las rdenes militares sabiendo, como s, que estn pasando por una situacin de penuria, el hecho favorable al que antes aluda. Sin embargo, ya te he anticipado que las negociaciones sern largas, y, cuando se terminen, el Papa deber confirmar por una bula la cesin de los derechos para zanjar, definitivamente, la cuestin testamentaria del rey Alfonso.

Entretenidos en la sabrosa e ilustrativa conversacin, habamos llegado al palacio de Huesca sin darnos cuenta. El rey Ramiro II abandon el carruaje, seguido de sus compaeros de viaje, y se dirigi a la capilla real con fray Gregorio y el obispo Dodn, donde dieron gracias a Dios por el feliz trmino del acontecimiento. Mientras, el Justicia se haba reunido con Fortes y el de Alerre y, por orden del monarca, haban convocado a la nobleza. La plaza del palacio estaba casi desierta, no por falta de curiosos, que siempre los haba deambulando por los alrededores, sino por el agobiante calor que haca, a pesar de ser hora ya de la atardecida.

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Al descender Ramn Berenguer del carruaje, qued gratamente sorprendido por la amplitud y elegancia de la plaza y por la hermosa fachada del palacio. Yo, solcito, advert el entusiasmo de mi seor y le dije: Pues, lo que contemplars dentro, mi seor, es an ms sorprendente, a pesar de que gran parte ha sido destruida. Como ya habrs advertido, es un alczar agareno. Te agradecer que me lo hagas descubrir, Astudillo. Con agrado lo har, mi seor, pero es mi esposa, Marta, quien conoce mejor cada rincn de este magnfico espacio. Ella pas mucho tiempo con la reina Ins de Poitou paseando por los an frondosos jardines y parterres, y disfrutando del apacible murmullo del borboteo de los surtidores. Y te puedo asegurar, mi seor, y no temo caer en exageracin, que la princesa Petronila pas sus primeros nueve meses de vida en el vientre de su madre paseando por estos jardines y escuchando las jugosas y divertidas conversaciones que mantenan la reina y Marta. Interesante observacin, Astudillo! Me complace saberlo.

Acompa a Ramn Berenguer a traspasar el umbral de lo que le haba anticipado ser un esplndido recinto palaciego. Cuando el prncipe pas ante la guardia que le renda honores en el portn, le sorprendi su austera vestimenta, el mismo atuendo que el de la tropa que haba escoltado al rey a Barbastro, aunque esperaba algo ms colorida la de las gradas principales, lo que le hizo comprender que la adusta sobriedad real era la impronta que Ramiro II deseaba que se advirtiera en todo lo tocante a su persona y ttulo. Los nobles haban formado una doble hilera en las gradas para darle la bienvenida al prncipe y se inclinaban a su paso en seal de pleitesa. A medida que Ramn Berenguer iba saludando y andando, se colocaban detrs de l, formando un cortejo cuya cabecera la tomaron el Justicia, Fortes y el de Alerre, conduciendo al nuevo seor hasta la sala de audiencias, a la que acudieron instantes ms tarde Ramiro II, fray Gregorio y el obispo Dodn. El prncipe, aprovechando un momento, me susurr al odo: Lo que me has contado sobre el palacio, nada tiene que ver con los fros sillares y muros de Sant Pere de Vilamajor. Oh, mi seor! Slo te he hablado de los patios, no de las estancias, cuya austeridad contrasta con la belleza de los parterres. Tendremos ocasin de comprobarlo, Astudillo.
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Ramn Berenguer era diana de todas las miradas y objeto de cuchicheos por parte de la corte palaciega all convocada, nobles, caballeros y damas. El rey tom del brazo a su yerno y ambos subieron al estrado. Hecho el silencio, el monarca habl con voz firme y amable para todos los presentes, dirigindose primeramente a su yerno: Mi querido yerno, Ramn Berenguer IV, prncipe de Aragn y conde de Barcelona: s bienvenido a tu nuevo reino, que espero y deseo que gobiernes con acierto, sentido de justicia y en paz. El pueblo no ha salido a recibirte porque, como has comprobado, el trrido verano oscense es muy distinto del plcido clima que disfrutis en Sant Pere de Vilamajor. No creas, querido suegro, que tambin por all aprieta el calor record para sus adentros el prncipe.

El rey sonrea. Estaba contento y satisfecho, pero haba algo que no se ajustaba a lo que tena en su pensamiento. Sacudi la cabeza y ahuyent la pasajera nube que pretenda nublar el acto. Seguidamente, dirigi sus palabras a los cortesanos: Y vosotros, nobles representantes del reino, prelados, seores, damas y caballeros de la corte: aqu tenis a vuestro prncipe, vuestro seor, el que desposar a la princesa Petronila a su tiempo y bajo cuya autoridad y obediencias quedis desde ahora, y es preciso que le juris fidelidad como ya lo han hecho los que han acudido a Barbastro. Como bien conocis, tan pronto como sea hecho el traspaso de poderes, del que me reservo el ttulo de rey de Aragn, me trasladar al monasterio de San Pedro el Viejo, de donde me sacasteis por razones de estado para servir al reino, servicio que espero haber realizado a satisfaccin, si bien no puedo ocultar que algunas de las obligaciones impuestas lo eran en contra de mis convicciones morales y de mis votos monsticos, razn ms que suficiente para que, cumplido el trmite, regrese a donde sal. No dejo de ser Ramiro II de Aragn aunque, en adelante, vuelva a vestir el hbito de monje y, de nuevo, ser fray Ramiro, pero slo en los documentos oficiales que haya de firmar, har constar mi ttulo real y siempre detrs de mi nombre de preste, que no en el trato normal con mis hermanos en Cristo, nuestro Seor. Nada traje y nada me llevo. Con sudario vine y con sudario me voy. Servid a Ramn Berenguer IV con la lealtad que lo habis hecho conmigo y Dios y el reino os lo premiarn. Qu Dios os bendiga a todos!
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Ramn Berenguer se qued perplejo cuando comprendi que aquella ceremonia, en apariencia imprevista, era, a la vez, el acto de su bienvenida, de su presentacin a la nobleza y de despedida del rey. Su extraeza vena del ambiente ntimo y sin lujos, toda una demostracin ms de la mstica austeridad que rodeaba la corte de Ramiro. Yo, siempre atento a mi buen fraile, haba observado la fugaz contrariedad que pretenda instalarse en Ramiro II y, tan pronto como tuve una oportunidad, despus de haberse disuelto la asamblea, me acerque a l y le pregunt: Qu te preocupa, buen fraile? Acaso tienes ojos donde los dems humanos no los tenemos, Astudillo? T me enseaste a ver donde hay oscuridad y a escuchar lo que no se oye Aprendiste bien, hijo mo. Es cierto que me preocupan las ausencias que he notado y que anuncian inconvenientes con los que se puede encontrar mi yerno, porque l no podr instalarse en Huesca de forma permanente. Temo que los nobles que no han asistido, y otros ms que les sigan, harn creer al resto que el prncipe deja a sus sbditos aragoneses en un estado de indefensin y esta creencia los obligar en algunas ocasiones a resolver por su cuenta los problemas que se les presenten, con lo que surgirn desavenencias. Pero tambin s que el prncipe no es un ingenuo, que pronto se dar cuenta y que tomar las medidas oportunas. Nada me complacera ms que estuvieras a su lado cuando lleguen momentos difciles, Astudillo. Algo parecido me ha pedido el prncipe, buen fraile. Te lo digo para tu tranquilidad, pero yo no creo ser la persona adecuada. l es un hombre de carcter, de temple, aguerrido, tiene muy claras las ideas de lo que quiere hacer, con quin negociar y qu negociar. Maneja con la misma habilidad el verbo que la espada y sus vasallos, barceloneses o francos, son de una lealtad absoluta y le seguiran hasta el fin del mundo si se lo pidiera. Entonces, qu te ha pedido? Algo mucho ms simple, mi buen fraile: que le allane el camino para que llegue a conocer y comprender a la nobleza y al pueblo aragoneses y que no vean en l a un advenedizo, sino un amigo, su seor, s, pero amigo. Creo que Ramn Berenguer es un gran poltico, adems de luchador y buen guerrero. El reino de Aragn estar en las manos adecuadas.

Ramiro II se uni a su yerno y juntos iniciaron un paseo por palacio que les llevara a lo que, desde ese momento, sera la cmara privada del prncipe mientras permaneciera en Huesca.
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Si no es de tu agrado, ordena que hagan los cambios que sean pertinentes. No, querido suegro, no es necesario. Est todo en orden y correcto.

Ramn Berenguer, aprovechando que estaban solos, le dijo a Ramiro: Me agradara que retrasaras tu regreso al monasterio unos meses, Ramiro. Por qu? se sobrecogi Ramiro que, prcticamente, ya tena un pie en el claustro. Slo hasta que el verano pase. Es un ruego ms que un favor. Explcate, Ramn. Slo el tiempo que me lleve el viaje a Zaragoza y Burgos y para que se organice una expedicin que lleve a Petronila a la corte castellana despus del verano, cuando el clima acompae y sea ms cmodo el traslado.

Ramiro sopesaba las palabras del prncipe. Razn no le faltaba. Sera demasiado brusco que el pueblo se quedara, de pronto, sin rey y que el prncipe estuviera ausente. S, Ramn, s puedo demorar mi marcha, pero, en ese caso, no te lleves a Astudillo, que me ser ms necesario a m que a ti. Adems, segn has prometido, Marta y l sern quienes cuiden de Petronila y las nodrizas la atiendan en sus necesidades naturales. As es, mi querido suegro, y gracias por comprenderme. Espero que Astudillo sepa digerir este contratiempo, pues se haba hecho mucha ilusin con acompaarme a Zaragoza. Habr ocasiones. Cuando la expedicin llegue a Burgos, ya estar todo preparado y dispuesto para recibir a Petronila y a sus cuidadores. El squito ser escoltado por tropas mixtas de Aragn y Barcelona. Al abandonar los aposentos del prncipe, el rey y el conde nos encontraron paseando por los jardines a mi esposa y a m. Al verlos, nos falt tiempo para acudir hacia ellos. Tena que presentar a Marta al prncipe y, mientras lo haca, Ramiro permaneci unos pasos atrs, con las manos cogidas y el semblante lleno de paternal satisfaccin.

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CAPTULO XXII

El largo verano del ao 1137 pareca no querer dar paso al otoo, y su pertinaz querencia a quedarse daba a entender que se prolongara ms all de su tiempo, como si quisiera asistir a la despedida de Petronila acariciando su carita con los tibios rayos de sol de un templado septiembre. La princesita, como la llamaban los vecinos oscenses, apareci por la puerta del convento en brazos de una de sus nodrizas, levantando un clamor de admiracin y cario en los curiosos que se haban dado cita en el lugar. Marta aguardaba en la puerta del convento dentro del carruaje, especialmente adaptado para transportar a la delicada y preciosa carga, provisto de ruedas particulares que los herreros haban preparado y que aseguraban que atenuara el traqueteo. Tambin se haba instalado un doble palio para aislar el interior tanto del calor como del fro. Al llegar la nodriza a la puerta del carruaje, Marta tom en sus brazos a la tierna criaturita para acunarla en el pequeo lecho que haban acomodado los carpinteros en el centro del carruaje. Unas cinchas verticales lo suspendan de los largueros longitudinales que atravesaban el techo de extremo a extremo, mientras otras correas, fijadas a los laterales del carro, lo aseguraban en sentido horizontal. Herreros y carpinteros se haban esmerado en sus labores para proporcionar a la princesita un viaje en el que las irregularidades del camino quedaban convertidas en un plcido balanceo. Tambin los alfayates se haban dedicado a confeccionar con telas suaves rellenas de mullidos tejidos una acogedora cuna, en la que no faltaron detalles y adornos. Creyendo que Petronila protestara de la nica manera que saba hacerlo, si es que se sobresaltaba al sentirse en un ambiente desconocido, Marta se apresur a arrullarla cantndole cancioncillas, uniendo su rostro contra el de la princesita. Petronila pareci seguir con la vista los movimientos que haca su cuidadora para acostarla e, incluso, Marta, crey que sus canturreos les eran recompensados por unas sonrisitas. La bes con la ternura de una madre y la aoranza de una mujer que, sin haber experimentado la maternidad, ya senta despertar dentro de s el poderoso instinto maternal. Al contemplar a Petronila y acomodarla para el largo viaje, se sorprendi a s misma al percibir el ntimo disfrute de unos instantes de intensa felicidad. La princesita se qued plcidamente dormida.

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El carruaje parti hacia el palacio, donde aguardbamos el rey Ramiro II, la guardia condal que se unira a la aragonesa para dar escolta a la futura reina de Aragn y condesa de Barcelona, y yo. El rey esperaba ansioso en las gradas. Al ver venir el carruaje precedido de la guardia aragonesa, Ramiro, sin ms ttulo ni oropel que el de padre, el ms noble entre los nobles por su naturaleza divina, se fue corriendo hacia l, lo que produjo un desconcierto entre la guardia, a pesar de estar acostumbrada a que el rey se saltara el protocolo en el momento ms inesperado. Dejadlo en paz, caballeros, que un padre que desea despedirse de su hija no ha de temer nada de nadie! exclam, convencido de que mi buen fraile no corra ningn peligro.

Los curiosos que haban seguido el carruaje hasta palacio, al presenciar la escena, prorrumpieron en loas, aplausos y vivas. Alguna dama tuvo que enjugarse con disimulo las lgrimas que le fluan. Ramiro se acerc con precaucin a la puerta del carruaje. Marta le sonri y le dijo que su hija estaba tranquila. Ramiro asom la cabeza y vio a Petronila dormida con la boquita abierta, los brazos extendidos y los puos cerrados. Se acerc ms, tanto que percibi el suave aliento de su hija. El padre se emocion y sus lgrimas fueron a herir el rostro de su tierna hija, que despert. Marta temi que se pusiera a llorar, pero, lejos de eso, Petronila se qued mirando fijamente a su padre, cuya mirada ya estaba prendida en la de su hija, y le lanzaba la mano como si lo invitara a que se la cogiera. Ramiro le ofreci un dedo y, al instante, qued dulcemente aprisionado. La criatura pareca seguir los movimientos de los labios de su padre hablando con Marta, y ya mova la cabecita a un lado, ya a otro, como si estuviera interesada en la conversacin y quisiera participar con sus balbuceos. Es una criatura muy dulce, mi seor, y no tengas temor por ella porque sabremos cuidarla tranquiliz Marta. No tengo ningn temor, que ya s en qu manos queda Petronila. Tengo temor por m, hija ma dijo enigmtico.

Ramiro bes a su hija una y otra vez, y Petronila sonrea, como si le estuviera diciendo que ella saba quin era y qu papel le corresponda representar, y que eso no deba ser motivo para que l se sintiera reprobado. Finalmente, el padre Ramiro, fray Ramiro, con los ojos hmedos por la emocin, bendijo a su hija y abandon el carruaje, camino de palacio. Yo lo segu y observ cmo se introduca en la capilla real. Lo aguard fuera: tena que hablar con l y despedirme.
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Cuando hubo transcurrido un buen rato y todos los componentes del squito ya empezaban a dar muestras de impaciencia por el inusitado retraso, Ramiro sali de la capilla y, al encontrarse conmigo, me dijo: La emocin me ha impedido verte y desearte buen viaje, Astudillo se excus el rey. Qu vas a hacer ahora, buen fraile? inquir por respuesta y con toda intencin. Ir a San Pedro el Viejo a ver cmo van las obras y a preparar mi celda. No deseo estar ms tiempo fuera del monasterio fue la rotunda rplica. A qu viene tanta prisa por terminar las obras que t mismo has encargado? Siempre he sido sincero contigo y te lo dir: estoy preparando mi sepulcro y, cuando est terminado, har traer el cuerpo de mi hermano Alfonso I y all estaremos juntos. Y, mientras te llega tu hora, fray Ramiro?

No hubo respuesta. Mi mirada era acusadora y, al mismo tiempo, absolutoria y esperanzadora. Ramiro aguard como un alumno que ha sido sorprendido por su maestro en una falta y espera ser reprendido y aleccionado. No, mi buen fraile, no. Mientras, t vas a expiar las penas que crees merecer porque te has obsesionado en que tu alma no se salvar. Deseas atormentarte por haber quebrado tus votos y quieres que, cuanto antes, empiece tu penitencia, dime que no es cierto? Astudillo, hijo mo, advierto un cierto desdn en tus palabras y yo te pregunto si crees que lo merezco. Yo no soy quin para juzgar, y bien lo sabes, pero s me voy a permitir ser insolente contigo, y bien sabe Dios que lo hago por tu bien, mi buen fraile.

Ramiro se sinti confuso, aturdido. Su pensamiento estaba ya en el monasterio y, sin embargo, yo lo retena en palacio para ser el objeto de mi insolencia, como le haba anunciado. Qu estaba sucediendo? Pero Ramiro no pudo sustraerse a mi persuasiva mirada y se prest a escuchar. Siempre tendra ocasin de reprender mi impertinencia. Un buen da, mi buen fraile, me leste una parbola de Jess que deca algo as: un amo prest a sus asalariados dinero. A uno, 5 denarios; a otro, 50, y, al tercero, 500. Cuando pas el tiempo y ninguno de los tres devolvi el dinero, el amo los llam y les pregunt por el impago. Uno dijo que no le haban ido bien las cosas y que, gastado el dinero, no lo pudo
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recuperar. El segundo cont una historia similar y lo mismo hizo el tercero. El amo, viendo que eran buenos sirvientes, les perdon la deuda a todos. Jess les pregunt a quienes lo escuchaban que a quin haba perdonado ms el amo, al que le deba 5, al que le adeudaba 50 o, tal vez, al que no pudo devolver los 500 y todos respondieron que al ltimo, a lo que Jess contest que, en efecto, a quien ms peca, ms se le perdona, lo recuerdas, buen fraile? S, lo recuerdo muy bien, pero no veo Qu es lo que no ves, buen fraile? T consideras que has pecado mucho, mucho ms que todos los hombres juntos, no? Pues, si tanto has pecado, ms se te perdonar.

Ramiro qued confuso y pensativo. Yo lo miraba con la ternura y la comprensin de un hijo que ha pillado al padre en un error. El perdn, mi buen fraile, es un misterio, y slo amando mucho se puede comprender este misterio, porque slo el que ama es capaz de perdonar.

Mis palabras provocaron en Ramiro una tremenda sacudida, como si un rayo hubiera atravesado su cuerpo causndole una profunda herida pero sin sangrar. Me mir, me abri los brazos y me envolvi contra su cuerpo. Astudillo, Astudillo, bendita insolencia la tuya, hijo mo! Qu har yo sin ti? Te pido que disculpes mi crudeza, buen fraile, y que comprendas que no poda marcharme sin decirte lo que siento, porque yo tambin he sido siempre sincero contigo. Perdnate, mi buen fraile, porque mucho has amado y mucho amas, y tanto amor te ayudar a encontrar la paz que crees haber perdido, cuando siempre estuvo contigo y no te dabas cuenta de que se haba convertido en una deliciosa princesita. Nos volvimos a abrazar, emocionados, y nos despedimos. Ninguno de los dos quera, pero haba que hacerlo. Acud a la plaza del palacio y, ya sobre mi montura, di la orden de partida hacia Burgos. Mientras, Ramiro iniciaba camino a San Pedro el Viejo con la sola compaa de su sombra y sus pensamientos. La serenidad de aquella maana del otoo retrasado de 1137 qued quebrada cuando, al traspasar el squito de Petronila la puerta de la ciudad y su padre el umbral de su aorado monasterio, las campanas de todas las iglesias parecan haberse puesto de acuerdo para taer al unsono, aunque en honor a la verdad,
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las primeras que se oyeron procedan de San Pedro el Viejo, mientras que las dems le hacan un sonoro cortejo. No le faltaron enemigos a Ramiro II celosos de su buen crdito y del afecto que le tena el pueblo para que, movidos por inconfesables intereses, alimentaran con sus maledicencias la morbosidad de las letras que los vates difundan en sus coplas: el infundio de que Ins de Poitou ya estaba encinta de algn amante de su corte antes de tener carne con su esposo, pues el primerizo no poda ser tan acertado en un quehacer que le era tan ajeno al monje hecho rey. Pero el cario y la devocin que sentan los leales y el pueblo por su rey pusieron freno a la calumnia que pretenda desprestigiarlo, y los bardos eran abucheados y diana de basuras y huevos podridos cuando iniciaban sus insolentes cantinelas, teniendo que abandonar Huesca, seguidos de su propio descrdito. Se supo que nunca ms lo intentaron en otros territorios. Ramn Berenguer IV haba visitado al rey de Pamplona, despus de haber estado en Zaragoza y nombrar a su adelantado, y ahora se encontraba en la corte castellana. Deba tener conversaciones con su cuado y con Berenguela, a quienes ya les haba encomendado la educacin de su futura cnyuge en la corte de Burgos. En mal momento vienes, hermano - le confes Berenguela en un aparte. Pues, qu ocurre? En estos tiempos tan agitados, todos son malos o todos son buenos, porque no hay otros para elegir, qu me quieres decir, Berenguela? Sucede que el reino de Portugal se ha separado del de Len. Era algo que, ms tarde o ms pronto, sucedera, hermana, y lo sabas. Lo cierto es que, de esta manera, los reinos cristianos tendrn un mayor equilibrio confes Berenguela, sabiendo que grandes extensiones de territorio bajo un solo rey, era como un pajar en el que se entra con un hachn. S, pero no consentir que mi reino se desmiembre ms, cuando todo mi empeo, desde que lo hered, ha sido mantener su integridad y ampliarlo admiti su esposo, el rey Alfonso. Creo, querido cuado, que tengo algo que decirte en ese sentido que no te va a agradar, pero es necesario que comprendas que debes reparar un dao y acordar nuevas alianzas que eviten reincidir respondi Ramn Berenguer. A qu te refieres? indag Alfonso, temiendo conocer la respuesta.
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Como prncipe de Aragn que soy, t, Alfonso, deberas apresurarte a que el Regnum Caeseraugustanum deje de estar bajo tu sumisin respondi con toda la serena conviccin del que le asiste la certeza en su discurso.

Alfonso guard silencio. En el fondo, saba que su cuado tena razn y que ya no tena sentido insistir en una causa perdida. Petronila era ya la heredera del reino aragons. Qu alianzas me propones, Ramn? cambi de argumento Alfonso. Una vez afianzados los nuevos lmites de Aragn, unamos nuestros esfuerzos para avanzar, t, hacia el sur, yo, hacia levante. A esta unin, podrn vincularse los reinos de Pamplona, Len y el recin segregado Portugal sugiri Alfonso, acariciando la idea de ver ampliados sus territorios. Por supuesto, Alfonso. De esta forma, haremos que los sarracenos huyan hacia el sur de Al-Andalus donde slo tendrn a sus espaldas el mar, a donde los arrojaremos respondi Ramn Berenguer, nutriendo la visin expansionista de su cuado. Sin embargo, todo eso nos llevar mucho tiempo, tal vez, aos, e, incluso, que ni siquiera nosotros veamos el fin rebati un Alfonso ms moderado. No importa cuando termine. Lo importante es continuar la tarea que otros emprendieron para que los que vengan despus de nosotros, prosigan. Es nuestro deber y nuestro destino, Alfonso intent reanimar Ramn a su cuado.

Rey y prncipe continuaron esbozando estrategias y estudiando coaliciones hasta que lleg la hora en que Ramn deba abandonar la corte. Se despidi de su cuado y departi unos minutos a solas con su hermana. T, Berenguela, como mujer y esposa del rey, seguro de que terminars por convencer a Alfonso. Por qu yo, Ramn? Porque las mujeres tenis artes especiales de las que carecemos los hombres. Lo intentar, Ramn, pero Alfonso es un hombre obstinado y con ideas fijas. Est muy resentido por la separacin de Portugal. Tal vez, si t estuvieras desposado y tuvieras una hija, la podramos matrimoniar con el rey de Portugal y todo quedara en casa. Eso hara ms que todos los esfuerzos diplomticos que se desplegaran y afianzara tu reino con el recin separado de Len.
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Pero, Berenguela, para que ocurra eso, tendr que pasar mucho tiempo, no te das cuenta? Petronila apenas si tiene algo ms de un ao S, pero de la misma manera que t te has comprometido con ella siendo una nia, de igual forma puedes comprometer a tu futura hija Si ya me pareci un dislate esposarme con una infanta de un ao, ms dislate y despropsito me parece tu propuesta, Berenguela. Es preferible que Alfonso despliegue su diplomacia para reintegrar Portugal a Len que intentar hacerlo por la fuerza, que ya tendr tiempo el futuro de hacerse presente. Hablemos de otra cosa, Berenguela, que tu valiosa ayuda para convencer a tu esposo har que Alfonso despliegue una adecuada diplomacia. Petronila llegar en unos das. El paso del squito por territorio pamplons est asegurado. El matrimonio que la acompaa, Marta y Astudillo, es de toda mi confianza y debe tener las puertas abiertas en todo lo que concierna al cuidado y educacin de la princesa. Regularmente, harn visitas a esta corte para mantener informado al padre de los progresos de su hija. T, Berenguela, tambin me informars a m.

Un par de das ms tarde de la partida de Ramn Berenguer, los guas de la comitiva aragonesa se encontraron con los exploradores castellanos, a los que se unieron, y, juntos, cabalgaron hasta hacerse notar en la lejana desde las atalayas del castillo burgals.

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CAPTULO XXIII

Berenguela y sus damas de compaa salieron al encuentro de la infanta. Todos los caballeros que formaban la guardia de Petronila desmontaron y le hicieron las reverencias de pleitesa a la reina de Castilla, quien correspondi con amables saludos. Yo me aproxim a la soberana, me inclin ante ella, tom su mano y la bes, irguindome para presentarme: Soy Astudillo de Lupin, mi seora, heraldo del prncipe de Aragn y conde de Barcelona.

Seguidamente, acompa a la reina al carruaje de Petronila, del que, en ese momento, sala Marta, mientras se quedaban dentro las dos nodrizas. Soy Marta, mi seora, esposa de Astudillo de Lupin se present haciendo una inclinacin.

Se asom Berenguela al interior del carruaje y contempl a su pequea cuada. La boca de la reina dibuj una sonrisa de complacencia y se apresur a hacerse la seal de la cruz en la frente en un gesto de bienvenida. Despus, la bes suavemente. Berenguela era madre, entre otros, de Fernando, un ao menor que Petronila, y de Sancho, que contaba tres aos ms que la infanta. Sed todos bienvenidos a la corte dijo la reina desplegando los brazos, acogiendo en ellos a los recin llegados. Imagino que estaris fatigados de tan largo viaje y querris descansar. En cuanto a Petronila, decidle a las nodrizas que la lleven al aposento que se ha reservado para ellas y que un sirviente indicar. Permteme, mi seora, que sea yo quien lleve a Petronila rog Marta. No hay inconveniente, si es vuestro deseo, seora, pero he de advertiros que en Castilla se est imponiendo el tratamiento de los francos y llamar la atencin vuestra forma de dirigiros a un noble que no sea vuestro igual.

Marta se sonroj. Nadie le haba advertido de ese cambio y le costara esfuerzo y yerros adaptarse. Os ruego, mi seora, que sepis perdonar mi torpeza, porque no estoy habituada a esa forma de trato, aunque intentar aplicarme se excus Marta.

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Perdonadme a m tambin, mi seora, que de donde vengo, no existe esa costumbre me anticip yo. Tampoco exista aqu y el rey Alfonso VI, nacido en Toledo y gran amante de las costumbres rabes, introdujo el tratamiento propio de los agarenos. Sin embargo, la reina Urraca I de Len, desposada en primeras nupcias con Raimundo de Borgoa, padres de mi esposo, cay bajo la influencia del trato que empleaba su cnyuge con sus amigos y aliados francos y empez a generalizarse en la corte su uso que, segn auguraba mi suegra, algn da ser comn en todos los reinos.

Marta y yo nos intercambiamos miradas de complicidad prometindonos hacer todo lo posible por no incomodar a la reina Berenguela. Marta acudi al carruaje y tom entre sus brazos a la infanta, despierta por las voces que escuch a su alrededor, pero estaba tranquila, y cuando vio que su cuidadora se inclinaba ante ella, le ech los brazos y le dedic una candorosa sonrisa. Sus ojos abiertos parecan soles refulgiendo en la penumbra del interior del carruaje, y al darle la luz natural, Marta crey ver que, con el paso del tiempo, iban adquiriendo un color an indefinido que recordaba mucho el de los ojos de su madre. El aposento que haban preparado para la infanta era amplio, pero tan austero como las estancias del palacio oscense, aunque bien orientado hacia el sur y con luz natural que penetraba por los dos ventanucos. Haba una cuna con balancn y dos lechos, para las nodrizas. Berenguela se interes por la alimentacin de la pequea y lleg a insinuar si no sera conveniente cambiar las nodrizas por otras castellanas, a lo que Marta, con todo el respeto, objet que la criatura estaba acostumbrada a la misma leche desde su nacimiento y que, tal vez, un cambio tras el largo viaje no sera aconsejable. Pero, vos, mi seora, sois madre, y de un infante de semanas, y sabris qu es lo ms conveniente expuso Marta. Ah! todava no habis sido madre? desvi la observacin y curiose extraada la reina. No, mi seora, an no se excus Marta -, pero, si me lo consents, os confesar que estando tanto tiempo tan cerca cuidando de una criatura tan buena y hermosa como la infanta, se han despertado en m dormidas ansias de ser madre, si Dios as lo quiere. No es slo cosa de Dios, que s, seora, sino, adems, de vuestro esposo y de vos misma ilustr la reina no exenta de pcara insinuacin.

Mientras, yo haba subido a dar un paseo por el adarve del castillo para contemplar la ciudad. Me qued extasiado. El castillo, como todos, estaba
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situado en una elevacin del terreno y las vistas que se podan disfrutar desde ese lugar eran nicas. A sus pies se extendan inmensas llanuras de campos de cereal, grandes rebaos de ovejas, y un caudaloso ro con varios afluentes. Mi curiosidad se acentuaba a medida que descubra lo desconocido, como la forma tan extraa del castillo. Me acerqu a uno de los guardias y, recordando el tratamiento que deba usar, pregunt: Caballero, os importara decirme a qu se debe la forma tan poco habitual de este castillo? Soy capitn de la guardia, mi seor, y con gusto os dir lo que sepa de lo que os interese. El castillo, si os parece rara su planta, guarda, sin embargo, el mejor tesoro del que se puede disponer en caso de asedio. Lo levant don Diego Rodrguez hace ms de doscientos aos, cuando se independiz del reino de Len y convirti Burgos en condado de Castilla. Para que este castillo fuese ms seguro y no lo pudiesen tomar por sed, dispuso su autor cerca de la entrada y por la parte interior el capitn seal el lugar un pozo tan profundo que, para bajar al nacimiento del agua, tiene una escalera de piedra en forma de caracol de trescientos treinta y cinco gradas con sus claraboyas que la iluminan a trechos con luz natural, menos luz a medida que se desciende, y est tan hbilmente obrado que ms parece fruto de un encantamiento. Qued impresionado y, aunque el capitn burgals me ofreci bajar para visitarlo, declin la invitacin para mejor momento. Quise saber ms: Y aquel templo que se ve en lontananza? Oh, mi seor! Es el monasterio de San Pedro de Cardea, un lugar muy venerado por los burgaleses respondi con cierto orgullo el soldado. Qu tiene de particular, capitn? insist. All estn las tumbas de nuestro campeador, El Cid, y su esposa, doa Jimena. Lo ignoraba - me excus, tratando de recordar las empresas del infanzn que puso su mesnada al servicio del almorvide Al-Muktadir, de la taifa de Zaragoza, vasallo de Castilla, en la batalla de Graus y en la que los aragoneses salieron derrotados y el rey Ramiro I encontr la muerte el 8 de mayo de 1063.

El capitn burgals, advirtiendo una seal de contrariedad en m, trat de justificar a Rodrigo Daz de Vivar, al que consideraba un hroe, lo mismo que
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todos los castellanos, y contaba, adems, con el reconocimiento de sus hechos por parte de los otros reinos. Todo es poltica, mi seor, y de nada que lo sea os debis escandalizar. Compruebo que ignoris qu es un hombre de frontera, un mercenario, un seor que pone su espada y su mesnada al servicio del mejor postor. S, ignoraba que El Cid lo fuera. La guerra es lucrativa para quien vence en ella y, a pesar de la sangre derramada en uno y otro bando, produce grandes beneficios al triunfador, por lo que me temo, mi seor, que all donde haya ambicin y ansias de poder, habr guerras. Terrible conclusin, capitn respond apesadumbrado. S lo que os digo, mi seor, porque soy un hombre de armas, un soldado, y he de obedecer a mi amo e ir donde me mande y hacer lo que me diga, pero sigamos con lo que os contaba. Como sin duda sabris, El Cid acord matrimoniar a sus dos hijas. Mara se despos con el conde Ramn Berenguer III, padre de vuestro prncipe, y Cristina, la mayor, contrajo nupcias con Ramiro de Pamplona. Tambin sabris que padeci pena de destierro, pero, sin embargo, sigui peleando y luchando en nombre de su rey Alfonso VI y, a medida que conquistaba territorios, ampliaba los dominios de Castilla. Tom la ciudad de Valencia y su comarca y se convirti en Seor de Valencia, rodendose de una corte de estilo oriental en lujo y ornamentacin. Muri el 10 de julio de 1099, que era domingo y haba escuchado la santa misa, y tanto cristianos como sarracenos lloraron su muerte. Su esposa doa Jimena mantuvo durante tres aos ms el dominio castellano sobre la ciudad de Valencia, hasta que en 1102 fue evacuada por orden de Alfonso VI tras comprobar que era imposible seguir defendindola. Entonces, los restos de El Cid fueron trasladados hasta el monasterio de San Pedro de Cardea que os ha llamado la atencin, mi seor, donde se erigi el panten familiar. Por qu la preferencia de ese monasterio, capitn? pregunt. Se debe a que, durante su destierro, El Cid encomend el cuidado de su esposa e hijas a los monjes benedictinos de Cardea. Doa Jimena
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sobrevivi a su esposo diecisis aos, muri en 1115 y est sepultada a su lado. Tanto contribuyeron a sus victorias la espada de El Cid, que l llam Tizona, que la empua el cadver de su dueo en el sepulcro, como su caballo, conocido por Babieca, que al no poder ser enterrados sus restos en lugar sagrado, encontraron sepultura en el centro de la plaza que preside el monasterio de San Pedro de Cardea. Yo estaba entusiasmado por los nuevos conocimientos que adquira y, agradeciendo al capitn sus amplias explicaciones, abandon el adarve para reunirme con Marta y contarle todo lo que haba visto y aprendido. Entretanto, Marta, por su parte, haba sido requerida por la reina y, tan veloz como pudo, acudi a los aposentos privados de Berenguela, quien, al serle anunciada su presencia, la invit a pasar con una amabilidad que contrastaba con la brusca bienvenida. Seoras! Os ruego que nos dejis solas solicit la reina a sus damas de compaa.

Marta crey que alguna cosa habra hecho que causara desagrado en la reina y que le reprobara su comportamiento en cuanto las damas se alejaran, pero, sin embargo, record que Berenguela no tuvo reparo alguno en advertirle en pblico el tratamiento que deba usar en la corte, lo cual creaba una desconcertante y contradictoria situacin. Marta aguardaba un tanto confusa. Cuando las damas se hubieron retirado y en la estancia se quedaron la reina y Marta solas, Berenguela se dirigi a ella con una amplia sonrisa y le abri los brazos invitndola a que se acercara e hiciera lo propio, actitudes equvocas que Marta no acertaba a comprender. No obstante, abraz a la reina y de ella recibi un clido abrazo y unas palabras aclaratorias en tono carioso: Te ruego que me disculpes, Marta. Creo que he obrado con brusquedad y desatino al saludarte a tu llegada.

El desconcierto era an mayor porque la reina utilizaba el tratamiento al uso en Aragn. No tenis que darme explicacin alguna, mi seora dijo con llaneza. Sin embargo, deseo decirte algo para que no te formes de m un concepto que no me es propio. Soy vuestra servidora, mi seora se ofreci Marta.
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Como bien sabes, procedo del condado de Barcelona, donde nac, y entre mi padre y sus vasallos siempre se emple el mismo tratamiento que usis en Aragn y en todos los territorios cristianos en donde la usanza franca an no ha prosperado.

Marta escuchaba atenta y ya haba advertido el cambio de trato al dirigirse la reina a ella, pero no se atreva a corresponder. Me desposaron muy joven con el rey castellano y, aunque no llegu a conocer a mi suegra, la reina Urraca I de Len, que muri dos aos antes de mi casamiento, s me alcanz su influencia. Era una hermosa dama cuya belleza no dejaba indiferente a ningn cortesano, pero tambin tena un difcil contento, aunque tuvo varios hijos fuera del lecho conyugal. Era de carcter fuerte y de gran coraje, decidida, audaz, autoritaria, adusta, arrogante, actitudes que fueron causa de las muchas desavenencias con su esposo, el hermano del padre de Petronila, y que acabaron en separacin conyugal. Esa impronta qued en la corte burgalesa, que pasa por ser la ms austera de todos los reinos, y, para darle un tilde de mayor diferencia, aplic el uso del tratamiento franco de su primer esposo. Cuando llegu a Burgos, me pareci que estaba en el final del mundo, tan lejos de mis montaas, de mis ros, de mis costumbres y tradiciones tan arraigadas, de mis seres queridos, y me vi recluida en este castillo, lejos de la urbe. Llor mucho, nadie lo sabe, y te lo digo a ti sin saber por qu, o tal vez s lo s, porque me das confianza y me gratificas con tu gentileza a pesar de mi brusquedad, porque mi hermano te aprecia y ha puesto en tus manos el cuidado de la princesa Petronila. Y, a propsito de Petronila y mi suegra, segura estoy, Marta, de que si ella viviera, ya habra urdido una sutil tela de araa en la que alguno de sus nietos y mi pequea cuadita cayeran para ser unidos en casamiento y recuperar, as, el reino de Aragn, del que era rey su esposo, El Batallador, aunque, conociendo a mi esposo como lo conozco y siendo hijo de Urraca, es muy probable que algo se le ocurrir en ese sentido. Berenguela estaba sorprendida de s misma. Nunca antes haba confesado a nadie sus debilidades, sus deseos, sus frustraciones. No s qu deciros, mi seora, y bien sabe Dios que nada me agradara ms que serviros de utilidad se excus Marta. Marta, ya me ayudas, que no me sirves, slo con escucharme y tratar de comprender que mi natural es el de una mujer sensible, educada, amable, y no el de la persona brusca que te hice sentir al poner tu pie en Burgos.
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Merced que me hacis, mi seora, pero no necesitis excusaros. No lo hago, Marta, que me complace confiar en ti, pues las damas que hay en la corte, al margen de las que son elegidas por m como compaa, son cortesanas aduladoras, frvolas, vacas, prestas a alcanzar cualquier distincin de algn caballero a cambio de sus favores, cuando no del propio rey. Estoy tan confusa, mi seora, que no acierto a saber cmo complaceros en la forma que parece que esperis de m que lo haga confes Marta. Soy la reina consorte de Castilla y de Len, pero, antes, soy una mujer y, por lo tanto, sujeta a cometer errores como todos los humanos, aunque la reina, como el rey, nunca se equivocan ante terceros. Como mujer, comet errores con mi hermano hace unos das, y hoy los he cometido contigo y con tu esposo. Probablemente, todo sea a causa de mi soledad entre tanta compaa ftil lo que estimula mi soberbia. Una reina debe tener a su lado una persona de confianza que le haga ver lo errores y que se los corrija. Vuestras palabras, mi seora, me traen a la memoria las del sabio Ibn Osca. Deca que los csares romanos se hacan acompaar de un esclavo al que le haban concedido libertad de habla para que, cuando cometieran excesos, les recordara su condicin de mortales, an siendo dioses. Pero, yo ya s que soy mortal y lo nico que pretendo es llegar a la muerte con el menor nmero de faltas debidas al orgullo y la soberbia y, para corregirlas, que no evitarlas, que es cosa de mi voluntad, preciso una amiga en quien confiar y que me haga ver mi falta de humildad cuando me exceda, no me comprendes, Marta?

Marta se qued sorprendida a la vez que conmovida. Las palabras de la reina haban llegado a su corazn y su sensibilidad se mostraba a flor de piel. Pero, mi seora, yo no soy una persona sabia que pueda corresponder a vuestra amistad con consejos, pues soy yo quien los necesita se expres Marta sincera. Me basta con tu amistad, Marta. A pesar de lo poco que te conozco, s he podido apreciar que eres leal, desprendida, generosa, clida, todo lo cual, sumado, lleva a que eres una buena persona, lo ms importante. Adems, ambas somos de la misma edad, no? - resumi Berenguela. Tengo veinte aos, mi seora, Pues te llevo uno, Marta. No s cmo agradecer tanto aprecio inmerecido, mi seora.
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Tal vez, no charlando ms sobre el tema y acompandome a dar un paseo por el adarve del castillo propuso Berenguela, ofrecindose a Marta en un nuevo abrazo que sellara el compromiso no escrito y sutil que debera enraizar con el paso del tiempo. Pero, mi seora, parece que hay algo en lo que no has reparado. En qu Marta? En que yo debo regresar a Huesca. Cundo? Tan pronto como la princesa se haya acomodado a su nuevo entorno y no me extrae. Ah! En ese caso, no hay ninguna prisa.

Camino del adarve, me encontraron a m, que vena corriendo a buscar a mi esposa. Al verlas, mi natural mpetu me contuvo, me par en seco e hice una exagerada reverencia que denotaba mi falta de costumbre. La reina, al llegar a mi altura, me agradeci mi extravagante inclinacin y me salud prodigndome una amable sonrisa e invitndome a que me uniera a ellas. Os quiero mostrar un espectculo que no se da en ninguna otra parte ofreci la reina, a la que se haban unido algunas damas de su compaa.

Desconcertado, escudri con la mirada la de Marta tratando de averiguar el motivo del sbito cambio en el trato. Marta se limit a encogerse de hombros y esbozar una expresiva mueca en su rostro. Subimos las gradas y el soldado de guardia de la puerta hizo saber al resto de la tropa que se encontraba presente la reina y que vena acompaada. Rpidamente, el capitn se present y, tras las reverencias de rigor, condujo a la reina y su compaa al adarve ms alto de la torre del homenaje. El sol acariciaba con sus ltimos rayos los campos y las copas de los rboles, muchos de los cuales vestan de ocre y amarillo en claro contraste con el verde perenne de los pinos y el blanco del alegre trotar de los grandes rebaos de corderos camino de sus rediles. La brisa de la atardecida anunciaba que el otoo ya haba llegado a Castilla. Desde este lugar podremos contemplar cmo el sol se apaga al sumergirse en el mar, ms all de las tierras portuguesas, y las pocas nubes que hay en el cielo van a adquirir una tonalidad crdena antes de enrojecer y ponerse la vestimenta de la noche. Hoy, mi seora, la hermosa visin durar un poco ms porque no se aprecian nubes en la lejana hizo notar el capitn, de lo que deduje que
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el espectculo lo contemplaba la reina a diario, o con mucha frecuencia, lo cual denotaba su sensibilidad. En los ltimos instantes en que el sol era an visible, el silencio entre los que observaban era tan penetrante que slo se oa su propia respiracin y el paso de la brisa por entre las ramas de los rboles. Marta crey asistir a una suerte de silenciosa invocacin y de agradecimiento al sol por la luz y el calor que nos concede como obsequio diario y, cuando las nubes lo ocultan, hace caer agua vivificadora que fecunda los campos. Cuando el ltimo rayo se hundi en el mar, la noche tardara poco en cubrir todo lo que la vista alcanza, momento en que la comitiva abandon el adarve. No os promet que sera maravilloso? record cordial Berenguela. Cierto, mi seora, y an estoy asombrada. Ha sido un presente inesperado y muy de agradecer respondi Marta en nombre de los dems, an absorta. Bien, damas y caballero, creo que ha llegado la hora de cenar. No gozaremos de la compaa de mi esposo, el rey, ausente de Burgos en estos momentos, pero, antes, deseo que me acompaes, Marta, a ver a Petronila y por si las nodrizas encuentran algo a faltar. Los dems, id a la sala comedor. Pronto nos reuniremos todos. La cena tena como plato principal y nico cordero asado, el plato burgals por excelencia y del que se sentan muy orgullosos los moradores de aquellas tierras, y no slo por la calidad de la carne, sino, adems, por la forma de cocinarlo. Yo fui el nico caballero aragons que tuvo acceso a la mesa como comensal, por lo que la reina dispuso que Marta y yo nos sentramos juntos. El resto de los varones cortesanos, estaban emparejados con sus damas. La reina dirigi una significativa mirada al asiento vaco que deba ocupar su esposo en la cabecera de la mesa y en su mente se instal la sospecha que situ al rey en algn quehacer ms placentero que el de compartir una cena con su esposa e invitados. Haba sido madre recientemente. Servida la carne, Astudillo y Marta intercambiaron miradas de curiosidad. En Aragn tambin tiene fama el cordero, que all llaman ternasco, pero se prepara de otra manera. Marta descubri que la carne era muy jugosa, con fuerte aroma de tomillo. Se atrevi a preguntar a la dama que tena a su derecha: Podrais decirme, seora, cul es el secreto para que la carne se mantenga tan jugosa despus de haber estado tiempo al calor del hogar?

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Por vuestro acento, seora, veo que sois de otras tierras y que desconocis la existencia de los hornos rabes, que es donde se cocina este delicioso manjar. Soy de Aragn, seora, y all tambin tenemos hornos rabes, pero la elaboracin de esta carne es diferente, la aderezamos con otras especias y acompaamiento. Cul os parece mejor? ret la dama interpelada. No es esa la cuestin, seora, que ambas viandas son exquisitas, sino que son diferentes, con lo que nuestro paladar se enriquece con la variedad objet cortsmente Marta. Aprecio en vos dotes de diplomacia, seora, pero os revelar que el secreto est en untar la carne con manteca de cerdo y esparcir un poco de sal gruesa. La carne se pone en una fuente de barro en donde se ha vertido una cierta cantidad de agua junto con el tomillo. El calor la evapora y penetra en la carne ablandndola y dejando en su interior el aroma de la hierba. Grandiosa forma de asar! Y vos, seora, cmo lo preparis en Aragn? Pues, casi de igual manera, slo que, en vez de manteca, usamos aceite de oliva y cambiamos el tomillo por romero y se le aaden dientes de ajo. Comprobando que los ingredientes son prcticamente los mismos, no cabe duda de que el secreto est en el horno. Y en las manos de la cocinera, no lo olvidis, seora observ Marta. S, por supuesto!

Durante la cena y una vez terminada, los juglares estuvieron acompaando a los comensales con canciones pcaras y bailables que parecan trovadas a propsito para preparar los cuerpos para largas noches de amor. Marta y yo intercambiamos pareceres sobre los cambios que se operaban en la reina y mi esposa lleg a comprender que Ramn Berenguer IV no se haba equivocado cuando decidi confiar a su hermana la educacin de la princesa Petronila, aunque reconoci para sus adentros que lo haba llegado a pensar al recibir la poco acogedora bienvenida de Berenguela.

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CAPTULO XXIV

Ms de dos meses haban transcurrido desde que Marta y yo habamos partido para Burgos y, si regresbamos a Huesca, no era porque la reina Berenguela no nos hubiera agasajado continuamente, obsequindonos con su presencia para acompaarnos a visitar plcidos lugares del entorno y admirables monumentos, incluso ofrecindonos una estancia sin limitacin, sino porque, ltimamente, Marta no se senta bien y tema empeorar y que la Navidad se echara encima estando lejos de su madre y de su hermano. Vivir la Navidad en familia era una tradicin que se festejaba en todos los hogares paternos desde siempre y en el que se reunan todos los miembros, incluso los que vivan alejados. Tena carcter sagrado y se celebraba el cumpleaos de Jess. Marta no quera romper la entraable costumbre de reunirse toda la familia alrededor del fuego para dar gracias a Dios por haber consentido aadir un ao ms a la cuenta particular de cada uno. El viaje de retorno estaba siendo particularmente largo, pesado y tedioso para Marta, que no encontraba acomodo en el carruaje y se quejaba sin cesar. Yo estaba desconcertado porque, por mucho que preguntaba, la respuesta siempre era la misma: No s qu me ocurre. No es causa de alimento daino ni de que me haya lastimado. Lo nico que s es que tengo ganas de llegar y abrazar a mi madre me responda Marta, con lo que mi preocupacin aumentaba y me vea incapacitado para ayudar a mi esposa.

Marta senta el cuerpo revuelto, pesado, con frecuentes mareos y desganas, lo que no le impeda tener el pensamiento en Burgos y aorar a la princesa Petronila, a quien le haba tomado tanto afecto y cario como si fuera una hija, aunque no supiera qu es ser madre. Petronila ya tena los quince meses cumplidos y an se alimentaba de nodrizas, ya castellanas, compartiendo leche con su sobrino Fernando, y alternando su nutricin lctea con colaciones blandas. Sus incipientes dientecitos eran causa de ms de una protesta de las nodrizas, a lo que la princesa pareca disculparse ofrecindoles candorosas sonrisas. Sus frecuentes pataleos en la cuna fortalecan sus piernas y lo demostraba gateando por toda la estancia. Pronto, su naturaleza le pedira echar los pies al suelo y erguirse con ayuda de manos solcitas. Las nodrizas aragonesas, una vez cumplido su deber, volvan a Huesca haciendo compaa a Marta. Una de ellas, la ms experta, vino a decir: Seora, lo que te pasa es que ests encinta.

A lo que la otra, ms picarona, aada:


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Es lo natural, despus de tantas noches de amor y ocio. Y, cmo lo sabis? indagaba yo. El qu, seor? pregunt la primera. Que est encinta. Ah! Cre que te referas a otra cosa, seor respondi la pcara. Seor, que esto es cosa de mujeres y entendemos, que a vosotros, los hombres, os basta con disfrutar del gozo y dejis el encargo a la madre nueve meses, qu mal reparto! Encinta ests, Marta? acud presto al lado de mi esposa prodigndole toda clase de besos y caricias. Me lo dijo la reina, pero no quise creerla. Por eso quiero llegar cuanto antes y que mi madre lo confirme, que ella sabe mucho de esto. Por qu no creste en la reina? Ha sido madre varias veces. Es que me haca unas preguntas muy extraas refunfu Marta. Preguntas extraas? Cmo qu? sonde, intrigado. Pues, cuando empec a sentirme mal, me pregunt si tenamos carne todos los das entre luna y luna me respondi pudorosa Marta. Y, qu respondiste? Le dije que, cuando estbamos en el lecho, no nos mova la curiosidad de asomarnos al ajimez y comprobar si haba luna, si estaba menguante o crecida, que tenamos otros quehaceres ms apremiantes y placenteros.

Mir con reserva a las nodrizas, pero ellas no tenan inters en escuchar una conversacin que daban por sabida en vista de los resultados tan evidentes. Qu tiene que ver la luna con la carne, Marta? insist, dando muestras, una vez ms, de mi cndida inocencia. Ay, Astudillo! exclam entre forzadas risas Marta. Y tu madre, qu preguntas te har para que quedes convencida? No lo s, pero si s que ella lo sabr. Cundo llegaremos? concluy Marta. Ya falta poco, Marta. Un poco de paciencia, que ya veo los arrabales de Huesca.
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La proximidad del hogar hizo efecto en Marta. Se tranquiliz y, sosegada, sorprendi a su esposo con voz candorosa y mirada clida: Sabes una cosa, Astudillo? No, si no me la dices respond alegre, que ya observaba cmo menguaban los quejidos de mi esposa a medida que avanzbamos. Pues, que si mi madre me dice lo que me tiene que decir y estoy encinta, nuestro hijo puede llevarse dos aos con Petronila. Puesto que tan presente tienes a nuestra princesa, seguro que ser nia. Ser lo que Dios quiera, Astudillo, y lo que sea, ser siempre una bendicin del cielo. Sabes una cosa, Marta? No, si no me la dices le devolvi la frase. Qu te quiero con locura! - le dije abrazndola con la suave fuerza de la ternura que senta por ella. Ms o menos que hace unos meses? - me susurr Marta, en cuya mirada se reflejaba el recproco y hermoso sentimiento que los una. Ms, Marta, ms, porque te quiero como esposa y como madre de mi hijo. Pues, creo que deberas quererme ms todava exigi con entraable dulzura -, no slo por ser madre de tu hijo, que an no lo sabemos, sino, si as fuere, por haber sido bendecida por Dios otorgndome el inmenso placer de engendrar en mi vientre a una criatura, con lo que todas las mujeres, yo entre ellas, nos parecemos, slo en eso, a Mara, la madre de Jess. Hermosa reflexin, Marta, slo me das motivos para quererte ms y ms!

Cuando el sol empezaba a declinar, llegamos a Huesca. Dejamos a las nodrizas en el mismo convento donde las recogimos con la princesa meses atrs y en el que sus servicios pudieran ser requeridos por alguna dama parturienta. Al poco, estaramos en el hogar. Ni Mara, la madre de Marta, ni Rodrigo, el hermano, nos esperaban. En esta ocasin no hubo necesidad de utilizar guas para advertir la llegada. Preferimos, dado el estado de Marta, no prevenir para no alarmar caso de producirse algn contratiempo. Al llegar a la alquera, el sexto sentido que, inexplicablemente, poseen todas las madres, puso en alerta a Rodrigo:
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Ve a la puerta y brela: tu hermana y Astudillo estn aqu. Cmo lo sabes, madre? respondi vacilante. Lo s y basta dijo con suave firmeza.

Mientras Rodrigo acuda a la puerta de la granja, Mara aguardaba en la de la vivienda. En efecto, el ruido de los cascos de los caballos, el rechinar de las ruedas del carruaje y, sobre todo, los gritos de alegra de Marta, terminaron por dejar convencido a Rodrigo de que su madre tena razn. Madre e hija se abrazaron y se fundieron en un solo ser, permaneciendo largo rato unidas sin que fueran precisas otras palabras, que repetan una y otra vez con intensa emocin: Marta, hija ma! Madre, madre ma!

Ramiro y yo tambin nos abrazamos y, con cordiales palmadas en la espalda, los cuados celebramos con alegra el reencuentro. Rodrigo estaba ansioso por saber, porque yo le contara, pero haba otras cosas que requeran prioridad, entre ellas, saciar el apetito que pareca haber aumentado con la llegada al hogar. A pesar de la oscuridad reinante, apenas rasgada por el hachn que haba colgado en la puerta Rodrigo al salir, y del radiante contento que rodeaba a la familia, Mara advirti en la mirada de su hija la pregunta que Marta an no le haba hecho. Tras los saludos, el fro hizo que nuestros rostros acusaran la proximidad del invierno y la imprudencia de permanecer al descubierto. Rodrigo se ofreci a liberar a los caballos del tiro y llevarlos al establo para que tomaran una buena racin de cebada. Entramos en la vivienda y apreciamos con satisfaccin el calor que proporcionaba la chimenea. Imagino que tendris hambre, no? pregunt la madre solcita.

Ante la respuesta afirmativa que no se hizo esperar, Mara puso en prctica sus habilidades culinarias para preparar en un santiamn unas sopas de ajo que guis en la misma chimenea sobre trbedes. Ech mano de algunos productos de matanza para aadirle fundamento y, cuando estuvieron a punto, verti sobre cada escudilla la cantidad que consider conveniente, con posibilidad de repetir quien quisiera, y sobre la misma escudilla escalf un huevo, adquiriendo la comida un apetitoso aspecto y desprendiendo una fragancia tan sugerente que, an con el riesgo de quemarse la lengua, todos se apresuraron a degustar. Y no era para menos!
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La comida caliente enton los cuerpos y reanim los espritus. Marta, extraada de s misma, haba recobrado el apetito y comi con deleite. Yo no dej de advertirlo con gran contento. Slo las madres hacen estos pequeos milagros, pens para mis adentros. Terminada la cena, salpicada con narraciones sobre el viaje y las costumbres de los moradores de las tierras burgalesas, madre e hija se retiraron discretamente, mientras los cuados seguamos departiendo con entusiasmo. Ya en la estancia materna, Marta confes sus inquietudes y lo que haba apreciado la reina Berenguela. La madre escuchaba atenta, mientras escudriaba el rostro y el cuerpo de su hija. Cuando Marta hubo terminado, la madre le hizo las preguntas que la hija saba que le hara su madre, y las respuestas dieron luz a lo que, hasta entonces, pareca oscuro. Marta, hija ma: no es necesario ser reina para saber que ests encinta y que me hars abuela en el verano prximo determin Mara con toda la conviccin de quien est en posesin de la certeza absoluta.

Mara abraz a su hija y Marta sinti que por sus mejillas se deslizaban lgrimas que no eran suyas, pero, al punto, la emocin y el regocijo hicieron que tuvieran compaa. Que alegra ms grande, hija ma! Me haces muy feliz, Marta, y quiera Dios que todo se desarrolle bien y tengamos un zagalillo que se enrede entre nuestras faldas y persiga a los patos y a las gallinas. Es que sabes que ser nio, madre? No, por cierto, que hasta ah no llego, pero, salgamos y demos la noticia.

A pesar de la entretenida charla con Ramiro, la ausencia de madre e hija no me haba pasado inadvertida. Al chirrido de los goznes de la puerta al abrirse, mir con fijeza a Marta, quien, con los dedos entrecruzados y una expresiva sonrisa en los labios, me hizo gestos afirmativos con la cabeza. Abandon el taburete y me fue hacia mi esposa para abrazarla y besarla, dando gracias a Dios. Mara, ms contenta que alegre, dijo: Rodrigo: tu hermana te har to y tendrs un sobrinillo este verano.

Preso de una desconocida fuerza, Rodrigo abandon el hogar, sali afuera y empez a corretear y a gritar: Voy a tener un sobrino, voy a tener un sobrino!

El jbilo se haba instalado en la morada de aquella sencilla familia, la ma. Yo, Astudillo, curioso donde los hubiere, pasada la crecida de la euforia, pregunt a mi suegra:
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Cmo has sabido que Marta est encinta? Hacindole las preguntas que una madre tiene que preguntar a su hija, Astudillo.

Mi curiosidad, lejos de satisfacerse, se haba desbocado: Qu preguntas? Tienen que ver con la luna?

Marta se anticip a su madre y le respondi: Ya te lo explicar ms tarde, Astudillo.

La noche se haba echado encima y, a pesar del contento, los cuerpos deban rendirse al descanso. El largo viaje lo exiga. Al da siguiente, despus de haber tomado la primera colacin en un ambiente familiar donde cada uno imaginaba cmo sera el que estaba por venir a este mundo, Marta y yo fuimos a visitar al padre de Petronila, de nuevo fray Ramiro, aunque rey. Volvieron a repetirse escenas entraables en el reencuentro. No hizo falta que fray Ramiro preguntara por su hija, que Marta se encarg de participarle con toda riqueza de pormenores lo que haba vivido con la princesa desde que salieron de Huesca hasta que dejaron las tierras de Burgos. Y no debes preocuparte de nada, fray Ramiro, porque la reina Berenguela est entusiasmada con Petronila y la cuida como si fuera un hijo ms resumi Marta. Loado sea Dios! exclam fray Ramiro.

Yo no pude reprimirme por ms tiempo: Buen fraile, buen fraile! Vamos a tener un hijo!

Fray Ramiro hizo asomar a su rostro la sorpresa y el jbilo dibujando una mueca que expresaba toda la ternura del mundo. T, hijo mo, vas a ser padre? T, mi querida Marta, vas a ser madre? S, fray Ramiro respondimos con una sola voz.

Fray Ramiro se emocion y se llev las manos a la cabeza cubriendo parte de su rostro, exclamando pleno de inesperado gozo: Dios an me quiere, hijos mos, Dios me ama y sigo siendo hijo suyo, que me premia mis angustias concedindome el disfrute de las travesuras de vuestro hijo para mitigar la aoranza de Petronila. Venid y demos gracias a Dios por su bondad infinita.
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Al salir del templo, donde con recogimiento profundo rezamos juntos la oracin ms hermosa que Jess dej como parte de su testamento espiritual, salimos al claustro para intercambiar nuevas. Contadme, hijos mos, qu es lo que ms ha llamado vuestra atencin de este viaje? nos pregunt, sabiendo que sera yo quien respondera por los dos. Era inevitable, conociendo mi vida curiosidad. Pues, fue nada ms llegar al castillo, donde sali a recibirnos la reina Berenguela. Tras la bienvenida, nos hizo ver que en la corte castellana se ha impuesto la usanza franca en el tratamiento.

Fray Ramiro se qued pensativo. Saba de esa usanza, que siempre rechaz por ser impropia entre seres humanos cuando a Dios se le trata de t. Al cabo, resumi su pensamiento: El uso del vos, que detesto y sabis muy bien por qu, viene impuesto como contraposicin al mayesttico nos que han usado los papas en las bulas para declarar la guerra santa contra los infieles que varias veces han ocupado Jerusaln y que los cruzados, francos y germanos en su mayora, trajeron de oriente como smbolo de distincin para significarse ante los nobles que no acudieron a las cruzadas, extendiendo su uso para distanciarse de vasallos, campesinos y aldeanos.

Los futuros padres escuchamos con admirada entrega las aleccionadoras palabras de fray Ramiro, siempre dispuesto a explicar como un maestro las sinuosidades por las que se desliza lo que parece extrao al entender comn. Quedamos seducidos. Segn la reina Berenguela, la usanza franca terminar imponindose en todos los reinos arguy Marta en tono de decepcin , pero a m me parece ms cercano y entraable nuestro uso, no por ello irrespetuoso, ya que el respeto no hay que imponerlo, sino ganrselo. Razn tienes, Marta, pero nada podremos oponer cuando su uso se generalice. En fin, tengo una confidencia que haceros. Por tu semblante, no acierto a vislumbrar si es buena o mala dije con aire festivo. Pues, la verdad, yo tampoco lo s, aunque s s me va a afectar de uno u otro modo. Fray Gregorio se siente cansado, tiene muchos aos y desea que yo sea el nuevo abad cuando l fallezca. Abad o hermano, siempre seguirs siendo nuestro buen fraile observ Marta.
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Gracias, hijos mos. Voy a enviar un correo a Ins de Poitou para que sepa de los progresos de Petronila. S que se va a alegrar, y mucho, y espero que le lleve el consuelo que necesita manifest fray Ramiro. Pensaba hacerlo yo, buen fraile revel Marta -. Me lo pidi al despedirse. No importa, Marta, hazlo, pues yo he de decirle algunas cosas ms que t no podras.

Las campanas anunciaban la hora sexta y los frailes desfilaban por una de las crujas del claustro camino del templo. Fray Rodrigo deba unirse a ellos. Hijos mos, marchaos y que Dios os acompae. Mi vida est encaminada en San Pedro el Viejo, mientras que la vuestra empieza ahora. Id con la paz de Dios y disfrutad de lo que os da la vida, que no slo es maravillosa en s misma, que lo es, sino que lo maravilloso es estar y sentirse vivo para disfrutarla.

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CAPTULO XXV

Desde la quietud de su celda y en la paz que envolva al monasterio tras los gruesos muros que lo separaban del mundo terrenal, Ramirus Rex, que como tal firmaba la epstola, despus de la cortesa Tu hermano en Jesucristo, Nuestro Seor, escriba a Ins de Poitou para contarle las gracias y el progresivo desarrollo de Petronila, adems de anunciarle la prxima maternidad de Marta, pasando a participarle sus reflexiones sobre el acontecer poltico, al que no poda permanecer ajeno puesto que su hija estaba involucrada en ese acaecer. Le comentaba a Ins de Poitou que el consentimiento por parte de Ramn Berenguer IV de desposarse con Petronila haba sido una tctica inteligente y atrevida, muy propia de un joven gobernante con ambiciones territoriales que engrandecieran y aseguraran su jurisdiccin, y que el conde vislumbr con antelacin que no slo heredara por nupcias el reino de Aragn, vinculado al de Navarra, sino que, adems, recibira una gran heredad.

Pero yo comprend antes que era la mejor solucin para nuestro reino, deca
Ramiro. Tambin le contaba que haba sido todo un logro por parte del joven barcelons llegar a un acuerdo con Alfonso VII firmando un tratado que fijaba el avance del reino castellano y el del condado, avistando que, gracias a las tropas aragonesas y a su tradicional alianza con Gnova, mantendra Provenza, informndole, adems, que el prncipe de Aragn haba emprendido campaas de limpieza de piratas que asolaban las costas condales del Mediterrneo. Ms adelante, Ramiro haca partcipe a Ins de Poitou cmo, al socaire del desposorio y a la consecuente alianza con Aragn, el avance de las tropas condales hacia el sur y el este, repoblando las tierras conquistadas con gentes a las que otorgaba posesiones y privilegios, se ira configurando un nuevo estado en torno al condado de Barcelona, con una identidad diferenciada que ya se manifiesta en una lengua propia, el catal, y con un nombre de pas, Catalunya, herencia de aquel inicio de independencia de los reyes francos que Guifr el Pils comenz hace unos cincuenta lustros. ()

La primera referencia documental que se tiene del nombre de Catalunya se encuentra en el juramento de los hombres de Carcasona a Ramn Berenguer III en 1107, en el que figura el nombre de catalanenses para distinguirlos de los occitanos, otorgando al padre del prncipe de Aragn el ttulo de Catalanicus heros, Rector catalanicus hostes, Dux Catalanensis, que da lugar al nombre de Catalania. Desde los primeros tiempos, el nombre de Catalunya se vincula al territorio dominado por el conde de Barcelona, que sera renombrado como Catalunya Vella, pero en el siglo XIII el nombre de Catalunya ya fue empleado para designar la totalidad del territorio comprendido entre Tortosa y Salses, en el Roselln, para distinguirlo del reino de Aragn. No obstante, se puede afirmar que el catal se hablaba en aquel rincn de la Pennsula desde el siglo VII, lo que indica que el latn que se usaba como lengua oral desde los primeros siglos, evolucion, aunque, sin embargo, los documentos oficiales (testamentos, actos, ventas) del siglo IX contienen palabras y construcciones catalanas, lo que pone de manifiesto que la lengua oral de quien escriba era bien diferente de aquella en que escriba. (N. del A.)

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No me cabe duda de que nuestra hija aprender la lengua catalana por boca de su cuada, la reina Berenguela, que cuida con todo entusiasmo y cario de Petronila, creciendo y educndose rodeada de infantes de su edad, lo apropiado. Como sabes, el rey Alfonso no cuenta con el beneplcito de los aragoneses y a m nunca me inspir confianza, nada que l desconozca, por lo que habr credo que he sido muy ingenuo y que he enviado el corderito a la guarida del lobo, pero lo que ignora es que la hermana de Ramn Berenguer IV es una hembra de oso que defiende su osezno con denuedo de cualquier ataque. Dirs a qu viene este cuento, y te lo aclaro: Sabidas son las apetencias de Alfonso por Aragn y nada tendra de extrao que tramara casorio de Petronila con alguno de sus hijos varones, lo que le supondra acceder al reino sin necesidad de emplear la fuerza. Sin embargo, me consta que la reina Berenguela preserva a nuestra hija de cualquier argucia, convencida de que, polticamente, es ms provechoso que su hermano una su territorio al reino de Aragn que Castilla se lo anexione, lo que, si sucediera, dejara aislado su condado y, quin sabe si se le ocurrira a Alfonso invadirlo ms adelante. Tal vez no esperabas una epstola con detalles tan alejados del fruto de nuestra unin, pero el silencio y la quietud de mi celda me llevan a considerar que todo lo que contribuya a la paz y al engrandecimiento del reino, ser en beneficio de Petronila, por lo que, ya ves, s hablo de nuestra hija. Recibe la bendicin de Dios y que la luz de su paz ilumine tu camino en todo lo que hagas en tu vida.
Yo qued integrado en el cuerpo de caballeros aragoneses pertenecientes al avanzado del prncipe en Huesca, con el apoderamiento de hombre de confianza, lo que me permita desplazarme a Burgos peridicamente, lo mismo que ir al encuentro de Ramn Berenguer IV all donde estuviere, y tantas veces como fuera necesario, siempre que mis servicios no fueran requeridos para otro menester ms imperativo, pero teniendo siempre por cometido primordial estar a disposicin del rey de Aragn. Marta estaba a punto de ser madre y reciba todas las atenciones de las mujeres vecinas a la alquera, quienes, al ver que ese da no haba trazas del trajn habitual en la granja, imaginaron lo que ocurra e invadieron la casa con normal familiaridad. Cada una de las recin llegadas trataba de influir sobre las dems en que sus conocimientos en la materia le permitan predecir que lo que vena era nio, lo que era, inmediatamente, rebatido por otra que opinaba que su experiencia le haca presagiar el nacimiento de una nia. Mientras las comadres estaban enzarzadas en la estril discusin, Mara, que no se separaba del lado de su hija, ni intervena en tan banal querella, trataba de aliviar los gritos y convulsiones de Marta, anuncio inminente del acontecimiento.
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El rey Ramiro haba requerido mi presencia. Bienvenido seas, hijo mo! exclam al verme, unindonos ambos en un afectuoso abrazo - . Te necesitaba para que entregues este correo al encargado de las postas en palacio. Es para Ins de Poitou.

Fray Ramiro me cont el contenido de la epstola. Para entregarlo en la abada de Fontevrault, fray Ramiro? S, claro, es que no he escrito el destino? No, no lo has escrito, pero si aguardas un poco, no slo reparars la falta, sino que podrs decirle a la reina que Marta est a punto de ser madre. Qu me dices, hijo? exclam fray Ramiro lleno de entusiasmo. Me ha llegado el aviso a palacio al tiempo que tu llamada, y como nada puedo hacer por ayudar a Marta, he optado por venir a verte primero. Cunto te lo agradezco, hijo, pero, anda, corre y ve al lado de tu esposa, que ya habr tiempo para el correo!

Me fui a mi casa y cuando abr la puerta de la vivienda, escuch un grito de liberacin de Marta seguido de un llanto infantil, lo que hizo que las comadres dejaran de parlotear y dirigieran sus miradas hacia la puerta de la estancia de donde procedan. Sin apenas resuello por la emocin contenida, qued perplejo al ver a las comadres, como si todas se hubieran puesto de acuerdo, que se arrodillaban frente al crucifijo, el mismo ante el que rezbamos en familia, y daban gracias a Dios por haber permitido que viniera a este mundo una criatura viva. Y la madre, cmo interrumpiendo el rezo. estar? pregunt una de las comadres

No hubo respuesta, slo cruces de miradas de duda, y yo empec a sudar y a retorcerme las manos. Las palmadas de solidaridad de Rodrigo en mi espalda en nada aliviaban la incertidumbre creada por la pregunta lanzada por aquella impertinente. Al poco y ante la expectacin de todos, se oy el crujido de la puerta abrindose. Apareci Mara apoyada en el quicio con un envoltorio entre los brazos. Yo, sin reparar en la alegra que expresaba el rostro de mi suegra, me precipit hacia la estancia y entr gritando: Marta, Marta!

Marta estaba en el lecho, sudorosa, plida, abatida, quieta, extraamente quieta. Cre lo peor y me acerqu a mi esposa, primero, con cautela, despus, con preci292

pitacin y furia. Marta, Marta, contstame! Por qu no me respondes?

Me ech a un lado del lecho, junto al cuerpo de mi esposa, acariciando su rostro, su cabello, besando sus manos y llenndolas con mis lgrimas. Me dola de su dolor sordamente y la visin que pudieron ver desde fuera de la estancia, era la de que yo me estaba despidiendo de Marta. Al or mis afligidos lamentos, Mara, que mostraba jubilosa a las comadres el motivo de los gritos de Marta, cargando su cuerpo contra el marco de la puerta, se gir hacia m y me dijo: Djala, Astudillo, que est rendida y necesita descansar. Le he dado un poco de ludano y est dormida. Ha sido un parto largo y con este calor Pero, es que no vas a ver a tu hijo? me reprendi mi suegra.

La voz de Mara me trajo a la realidad: Qu dices, Mara? Que vengas a ver a tu hijo y que dejes a Marta que descanse, que lo necesita. Mira qu criatura ms hermosa y qu llena de vida est!

Incrdulo, sin dejar de contemplar a Marta, me enjugu las lgrimas, esboc una tmida sonrisa y me fui hacia la puerta. Un hijo, dices, Mara? No un hijo, sino tu hijo, Astudillo.

Me acerqu al envoltorio que con tanto regocijo sostena entre sus brazos Mara, apart con mucho cuidado la tela que cubra parte de su carita y contempl por primera vez el fruto de mi amor por Marta. No saba qu hacer, tan pronto lloraba como rea, me giraba, miraba hacia el interior de la estancia y me volva a donde estaban las comadres sonriendo, ya le daba besos a su suegra como que abrazaba a Rodrigo. Mi hijo, mi hijo! exclamaba lleno de entusiasmo. Qu nombre le vais a poner? se apresur a saber una comadre.

Marta y yo habamos cavilado sobre el particular y habamos llegado al acuerdo de que, si era hembra, ni Marta ni Mara, pues con una pareja bblica en casa era suficiente. Ins sera apropiado, pero si era varn, tampoco Ramiro, que no habra dos iguales, ni Alfonso, ni Diego, ni, por supuesto Astudillo. Tambin habamos barajado la posibilidad de un nombre compuesto para dar contento a un familiar y a un amigo al tiempo.
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Pedro Rodrigo sera una posibilidad, lo mismo que Mara Ins propuso Marta un da, sugerencia a la que yo respond con el nombre del santo del da de su nacimiento, una costumbre muy arraigada en los territorios cristianos, pero con la reserva de cambiarlo si no nos gustaba. A la pregunta de la comadre, respondi Astudillo con otra: Qu da es hoy? 11 de agosto del ao del Seor de 1138 confirm la comadre. 11 de agosto? Qu casualidad! Qu santo es hoy? insist. Filomena dijeron -, pero es un nio. Entonces, esperaremos a que Marta se reponga y decidiremos. Tendr que ser pronto, pues maana hay que bautizarlo. Naturalmente, Marta no podr venir a la iglesia arg -, y tampoco Mara, que debe quedarse a cuidarla. Que lleve yo a mi hijo en compaa de Rodrigo me parece inadecuado. Mientras Marta se recupera, ir a ver a fray Ramiro a pedirle consejo.

Antes de marcharme, entr en la alcoba, me acerqu al lecho y comprob que Marta segua profunda y plcidamente dormida, con la respiracin tranquila y pausada. La contempl gozoso, la bes y me encamin a San Pedro el Viejo. Encontr a fray Ramiro en la capilla, ocupado en rezos, y aguard a que terminara deambulando por las crujas del claustro, lo que me trajo a la mente el recuerdo de la primera vez que pis el monasterio, las tristes circunstancias en que lo hice y pens que aquello fue uno de esos renglones torcidos en los que suele escribir Dios y que no se comprenden hasta que se est en condiciones de interpretar su lectura, pues, de no haberme trado mi padre, de no encontrar refugio en el cenobio y sin la proteccin de fray Ramiro, hubiera muerto con el resto de la familia. ntimamente, daba gracias a Dios por todo lo bueno que haba ocurrido en mi vida desde que conoc a fray Ramiro. Yo era un caballero, tena posesiones, me haba desposado con una buena y hermosa mujer, era padre, tena una familia, pero, ante todo, tena un amigo en quien confiar ciegamente y que siempre se comport conmigo como el padre que no llegu a disfrutar Me buscabas, Astudillo? o a mis espaldas la voz amable de fray Ramiro que interrumpi mis pensamientos. S, mi buen fraile, s Ha sido un nio, ha sido un nio! exclamaba sin parar, gritando alborozado hasta que todos los hermanos se enteraron.
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Fray Ramiro me abraz como nuevo padre y, con grandes muestras de alegra, los dems frailes se unieron al carioso estrujn. Un hermano se interes por el bautizo y nadie puso en duda que el oficiante sera fray Ramiro. Sin embargo, deshaciendo el abrazo, pero manteniendo un brazo echado sobre mis hombros, not que mi buen fraile me apartaba discretamente del grupo. Astudillo, hijo mo, tengo que hacerte una confidencia. Dime, buen fraile. Nadie mejor que t sabe que mi mayor deseo, mi ms grande ilusin, no es otra que bautizar a vuestro hijo, despus de haber oficiado vuestro casamiento. Sin embargo

Fray Ramiro hizo una pausa. Lo que iba a decir podra quebrar nuestros sueos de nuevos padres, y la de alguien ms, y tena que ser muy prudente en su exposicin. Fray Gregorio est cada da peor. Hoy no ha podido acudir a los rezos. Se duele de la pierna que qued maltrecha en aquella cada, pero lo malo es que se siente muy cansado y en ms de una ocasin me ha confesado su deseo de que Dios lo llame cuanto antes de este mundo. Es difcil saber cunta vida le queda, pero es fcil predecir que su desgana ayudar mucho. Pocas son las cosas que le quedan por hacer y por eso he pensado que si le pedimos que sea l quien bautice a vuestro hijo, le daremos la ocasin de sentirse vlido y le proporcionaremos un motivo para que recupere la ilusin. No s qu te parece a ti y qu opinar Marta, pero sera vuestro mayor regalo para este buen fraile que ha entregado toda su vida a los dems. T siempre tan generoso, fray Ramiro respond conmovido. T s que eres generoso, hijo mo, porque no te puedes hacer una idea de lo mucho que vais a beneficiar a fray Gregorio cuando sepa que tiene un compromiso que cumplir. Yo me encargo de decrselo en tu nombre. Ahora, ve con Marta y comntale, a ver qu opina. Marta siempre estar de acuerdo contigo, buen fraile.

A pesar del intenso calor, me fui corriendo a mi casa. Marta habra despertado y la sofoquina se me calmara con un remojn en el abrevadero. Antes de entrar en la vivienda, me refresqu el acaloramiento metiendo la cabeza en el piln y, sin esperar a enjugarme, entr y me fui derecho hacia la alcoba. Encontr a Marta en el lecho, con nuestro hijo entres sus brazos.
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Sonrea, rea, abrazaba a su criaturita, se maravillaba de su respiracin cadenciosa, de cada pequeo movimiento del nuevo ser, carne de su carne, su hijo, un angelito regalo de Dios. Su madre, sentada en un lateral, tambin se mostraba igual de contenta, pero haba en su rostro una seal de contrariedad. Me fui hacia mi esposa, la bes con ternura. Ests poniendo perdido al nio. Anda, ve y enjgate protest Marta. Mara, qu ocurre? repar en el semblante de mi suegra antes de enjugarme. Pues que no le sube la leche a Marta y hay que hacer algo, porque, de lo contrario, el pecho se va a enfermar y el nio se va a morir de hambre. Ya he mandado a Rodrigo en busca del boticario para que le d un remedio. Pero, no va a pasar nada, verdad? pregunt inquieto. No, Astudillo, que estas cosas suelen ocurrir. Anda, no te preocupes y deja a las mujeres con sus cosas. No, que tengo que hablar con Marta.

Relat a Marta lo sucedido en la visita que hizo a San Pedro el Viejo, y cuando ella iba a dar su parecer, se oyeron pasos en la estancia contigua a la alcoba. Al escuchar ruido, sal a ver quin era y me llev la sorpresa ms grande que jams podra imaginar: Rodrigo haba regresado, pero en compaa de fray Ramiro. Rodrigo no saba dnde encontrar al qumico y fue al monasterio a preguntarme por su botica. Al verlo tan agitado, le ped que me explicara el motivo de su inquietud, y me cont. Entonces, fui en busca de fray Onofre y me ha dado esta pcima que asegura pondr todo desaguisado en orden, un especfico para estos casos se excus fray Ramiro para justificar su presencia. No tienes que dar ninguna explicacin para venir a nuestra casa, buen fraile. Es un honor y una bendicin que hayas franqueado nuestra puerta le respond, abrazndome a l como el hijo necesitado de un medicamento urgente que, al no disponer de l, busca en el apretn sanador del padre un poco de alivio, sabiendo que fray Ramiro traa en su bolsa la panacea que puede salvar la vida de Marta y del pequeo. Puedo pasar a ver a tu hijo? alz la voz fray Ramiro para que lo oyera Marta.

Antes de contestar, Mara ayud a recomponerse un poco a su hija, pero Marta rechaz la compostura porque quien aguardaba, todo lo comprenda. Pasa, buen fraile, pasa! respondi Marta con regocijo.
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Al entrar en la alcoba fray Ramiro fue como si hubiera entrado el arcngel san Gabriel, iluminando todo con su presencia, su voz clida, sus andares solemnes, su mirada bondadosa, sus gestos llenos de mesura, el frufr del hbito Al llegar a la altura del lecho, se qued contemplando al nio y en su rostro se dibuj una sonrisa paternal que envolva toda la ternura del mundo. Dios te guarde, Marta! dijo al entrar y Dios bendiga a tu hijo - aadi. Supongo que ya te habr contado Astudillo, no? S, fray Ramiro, y estoy de acuerdo con tu opinin. Me parece muy acertado que le proporcionemos esta alegra a fray Gregorio.

Fray Ramiro agradeci las palabras que brotaban de un corazn noble. Me permites, Marta?

Y sin dar tiempo a que respondiera a una pregunta cuya respuesta no saba dar porque ignoraba a qu aluda, fray Ramiro descubri al nio y de su talega extrajo una cajita. La abri, se unt el dedo pulgar derecho con el leo sagrado y, tomndole la cabecita, le hizo en la frente la seal de la cruz y, a continuacin, en el pecho. Despus, deposit un beso en cada mano. Ya est bendecido dijo guardndose la cajita y ofreciendo a Mara la pcima de fray Onofre. Haba que tomarla con alimento.

Al momento, Marta sinti una plcida dicha y not que le suba la leche al pecho y, como si el nio se hubiera dado cuenta, busc con la boquita el seno materno y empez a succionar. Un milagro se dijo Mara para sus adentros atribuyendo el hecho a la presencia del fraile y a su bendicin. Cmo se va a llamar? Lo sabis ya? indag fray Ramiro acomodndose la talega por encima de la cabeza. Tenamos una idea respond -, pero acabo de cambiar y creo que le impondremos Dimas, si est de acuerdo Marta. Por qu Dimas? pregunt Mara. Ha sido un presentimiento, Mara, una intuicin, no sabra explicar por qu, pero me vino a la mente ese nombre cuando vi a mi hijo esta maana en tus brazos y cre que Marta haba dado su vida por l, como si el nio hubiera robado la vida de Marta, y me record a Dimas. Pero, Astudillo, hijo mo: Dimas no rob la vida de Cristo objet fray Ramiro -, al contrario, Jess le ofreci la vida.
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S, buen fraile, ya lo s, pero yo cre ver en mi hijo al buen ladrn, al ladrn que roba sin saber lo que ha hecho, al ladrn que ignora que causa dao con su accin Pero, cuando comprendiste que Marta slo estaba dormida, debiste desechar ese pensamiento rebati fray Ramiro. No, porque, luego, al verte aqu, en mi casa bendiciendo a mi hijo, sent cmo si fueras un enviado del cielo para impartir perdn. Ha debido ser una alucinacin provocada por el calor y el sofocn que te has llevado, Astudillo justific fray Ramiro. En ese caso, en la visin que he tenido he visto con toda claridad la fe del buen ladrn, la fe de quien va a morir, la fe de Marta, que estaba tranquila porque ha tenido una revelacin interior que le ha hecho ver que morir, s, pero sabiendo que ya estaba junto a la cruz de Jess. Al saber que no le suba la leche, pens que el nio morira y acompaara a su madre, y en un imperceptible movimiento de mi hijo, he visto a Dimas que levantaba la cabeza haca Jess y con una humilde esperanza, le deca: Seor, acurdate de m cuando ests en tu reino, a lo que Jess respondi:En verdad te digo que hoy estars conmigo en el paraso. En la visin, Dimas era mi hijo y Jess era Marta, y no creo estar cometiendo blasfemia ni caer en hereja. Me habis pedido una explicacin y esta es.

Fray Ramiro y los dems quedaron pensativos, meditando sobre la visin que haba vivido Astudillo. Despus de un largo silencio, fray Ramiro dijo: He de irme. Toma, Astudillo, he trado el correo para Fontevrault. Ya lo entregars en palacio. Nos veremos maana en San Pedro el Viejo. Quedad con Dios! Qu l te acompae! respondieron.

La familia qued impresionada sobre lo que acababa de ocurrir. Marta, con una mirada llena de compresin y cario hacia m, me dijo: Tu visin y el nombre que crees que debemos poner a nuestro hijo, an parecindome acertado, sin embargo creo que no es apropiado, Astudillo. Por qu, Marta?
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Porque siempre nos traer el recuerdo de que creste que yo mora al darle vida, pero si le imponemos el nombre del ngel que me pareci ver cuando fray Ramiro entr en la alcoba, nuestro hijo perpetuar en nuestra memoria su bondadosa figura, su bendicin y el fluir de la leche a mis senos que signific la vida para l. Gabriel! exclam entusiasmado por el razonamiento de Marta. S, Astudillo, Gabriel el que anuncia las buenas nuevas. Gabriel, hijo mo! susurr a su hijo besndole la cabecita, que segua alimentndose del seno de una satisfecha y feliz madre.

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CAPTULO XXVI

Yo haba llegado a un acuerdo con Crespo de Osca, un agareno converso que aseguraba conocer todos los secretos del riego y del cultivo de la tierra, y que se consideraba capaz de convertir el campo ms yermo en el ms frtil. Crespo era un curtido campesino venido a menos a causa de un fortuito fuego que acab con su propiedad, cosecha y animales, quedando en la ruina y con tres bocas ms que alimentar. Se ofreca como avezado en agricultura y en el quehacer pecuario y, ofreciendo sus servicios por el mercado, conoci a Rodrigo, a quien le habl de sus penurias y de su experiencia. Rodrigo vislumbr la posibilidad de dar solucin a los problemas de Crespo y, al mismo tiempo, sacar beneficio de las tierras que tena su cuado en permanente barbecho. Sin prometerle nada al agareno, Rodrigo qued en darle una respuesta en dos das. Rodrigo habl conmigo. Tienes mucho terreno sin cultivar me dijo - y es una pena que no le saques provecho. Adems, debes pensar en Gabriel y en que, ms pronto o ms tarde, tendr hermanitos y las necesidades aumentarn.

Qued rumiando la idea. No me disgustaba, pero tendra que llegar a un buen acuerdo con el agareno converso para que tanto l como yo nos sintiramos a gusto y l defendiera la tierra como propia. He de hablarlo con Marta, Rodrigo.

Astudillo le expuso a Marta la situacin. Es una buena idea, Astudillo, pero, cmo acordar con quin no conoces ni sabes nada de l? Lo mejor ser que Rodrigo lo traiga a casa, que conozca la propiedad y que te explique qu piensa razon Marta. S, como siempre, tienes razn.

Rodrigo habl con Crespo y le hizo saber que su cuado deseaba conocerlo y hablar con l. Al terminar la jornada en el mercado, Rodrigo se hizo acompaar por Crespo, quien, sin pretender hacer mrito alguno, sino acuciado por la necesidad de encontrar cuanto antes cmo ganarse la vida, ayud a desmontar el puesto y, en un abrir y cerrar de ojos, todo qued listo. Era la hora de comer y el olorcillo del guiso que haba preparado Mara se haca percibir a distancia escapando por la chimenea y prometa ser todo un festn, sobre todo para Crespo, que, a buen seguro, no coma caliente en das. Rodrigo present a su acompaante y yo lo invit a compartir con nosotros la mesa. Antes de sentarse, Crespo pregunt dnde poda lavarse las manos y los pies.
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Enseguida me vino a la mente mi primer encuentro con los agarenos cuando fui al palacio condal. Parece un hbito, pero es un precepto de la religin mahometana, y veo que sigue muy arraigado en Crespo, aunque sea converso expliqu a mi familia.

Cuando Crespo regres, ya tena servida una buena racin del apetitoso guiso en su escudilla. Cada da le tocaba a un miembro de la familia bendecir la mesa, pero, cuando haba un invitado, de la naturaleza que fuere, el honor recaa sobre l. Crespo acept la deferencia y fue la primera vez que tuvo conciencia de que aquella era una buena familia y que no sera difcil mantener con ella un trato de amistad, antes que el de amo y servidor. Crespo dio gracias a Dios por encontrarse sentado junto a personas que no tenan inconveniente en compartir mesa con un desconocido, invoc la bendicin de los alimentos y la de la familia. Gratamente sorprendidos, agradecimos la gentileza del recin llegado y, sin ms prembulos, todos nos dispusimos a dar buena cuenta del delicioso guiso que haba cocinado Mara. Crespo habl de s mismo, de su familia, de su situacin precaria y se lament de su mala suerte. Yo lo escuchaba atento y record mi otrora condicin de campesino y mi infortunio. Una voz interior me revel que Crespo era un hombre honrado y que, lo mismo que yo haba encontrado un protector en fray Ramiro, sin pretender igualarlo, s estaba dispuesto a ayudar a aquel desconocido y compensar lo mucho que yo haba recibido desde que entr en San Pedro el Viejo. No hables de mala suerte, Crespo, porque ella te ha trado hasta aqu y voy a ofrecerte un trato. Pero antes, ven, que quiero ensearte las tierras.

Crespo se resista a levantarse de la mesa. Azorado, atolondrado, no saba cmo excusar su remiso comportamiento. Mara, madre donde las hubiere, comprendi. Dnde vives, Crespo? le pregunt Mara. Aqu cerca, en el arrabal farfull avergonzado de lo que pensaba. Sabe tu familia que ests aqu? volvi a preguntar Mara. No, slo sabe que sal esta maana, como todos los das, a buscar faena. No te gustara llevarle a tu familia una cazuela del guiso que ha sobrado? Parece que has adivinado mi pensamiento, buena mujer! No me atreva a decrtelo por vergenza, pero me daba mucha pena ver que se quedaba
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en el puchero mientras mi familia pasa hambre. Dios te lo pague, buena mujer! se deshizo en agradecimientos Crespo. Mi nombre es Mara, no lo olvides. Ya sabes cmo se llama mi yerno y mi hijo. Marta es hija ma y esposa de Astudillo. Gabriel es mi nieto. Qu Dios os bendiga a todos!

Crespo recapacit sobre las palabras que yo le haba dicho. Tienes razn, Astudillo, pues nunca se sabe dnde va a parar la rueda de la fortuna.

Mientras Mara preparaba un hatillo con el guiso y una hogaza recin horneada, le dije a Crespo que me acompaara a ver las tierras. Es una gran extensin de terreno comprob Crespo y lo mejor es que est a orillas del ro.

Crespo empez a mirar a derecha y a izquierda, adelante y atrs, y, al cabo de cavilar un rato, me expuso: Pondra una noria cerca de la orilla y hara venir el agua por un conducto de madera inclinado y perpendicular a las paletas. Antes, arara la tierra en surcos, como se hace en las paratas, con entrada del agua en el primero, que la conduce al segundo y ste al tercero y, as, hasta el ltimo, que es ciego, sin salida, de forma que todos los surcos retienen el agua y quedan regados. En las paratas, Astudillo, el ltimo surco se deja abierto para que el agua caiga a la terraza inferior y de sta, a la siguiente. Es la mejor forma de aprovechar el agua de lluvia cuando fluye por un barranco. Curioso sistema, Crespo! Una vez que estn regados los surcos, se gira el conducto y el agua se dirige a otro terreno, como, por ejemplo, aquel seal Crespo -, donde plantara rboles que dieran diversas clases de fruta, unas para comer frescas en su tiempo, otras para desecar al sol y disponer de ellas cuando no sea la poca. Me gustan tus ideas, Crespo! Se podran cultivar hortalizas, verduras, cereales S, pero hay mucho terreno y no sera conveniente cultivar todo porque no podramos comer todo lo que produzca objet. La solucin est en la venta en el mercado, Astudillo.
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Veo que eres hombre de conocimientos y recursos, Crespo. Has pensado en todo. En realidad, es lo que haca antes, pero con mucho menos terreno. Est bien, Crespo, ahora, tratemos de llegar a un acuerdo. Yo soy el propietario de las tierras, t del sistema de riego y de las ideas. Mis tierras seguiran siendo un pramo sin tu invento, lo mismo que tu noria y tus conocimientos no serviran sin mi tierra. Por lo tanto, puesto que una cosa sin la otra no es nada, ya que podemos compartir terreno e ingenio, qu te parece si compartimos tambin lo que produzca la tierra? Me parece muy generoso tu ofrecimiento, Astudillo, y tengo la impresin de que abuso de ti. An no he acabado, Crespo, y puesto que t nada me has dicho, te lo recuerdo yo, que tambin he sido campesino. No s a qu te refieres, Astudillo. Al estircol, amigo, al estircol, que sin l, la tierra no es nada. Te ocupars de limpiar a diario los establos y los corrales y de sacar la bosta para amontonarla en el lugar que elijas, eso s, alejado de las viviendas, y para disponer de l cuando sea necesario abonar la tierra. Cierto, no haba cado! Estoy totalmente de acuerdo contigo, Astudillo le ofreci la mano para sellar el trato y, despus, nos abrazamos y yo le dese mucha suerte.

En ese momento apareci Mara con el hatillo. Crespo, al verla, se fue hacia ella y le bes las manos. Al menos, esta noche, mi familia podr alimentarse dijo con una sonrisa de gratitud de oreja a oreja y, en cuanto sepan la buena nueva, volvern a creer en la bondad de las personas.

Cuando vi con que ansiedad coga Crespo el hatillo que le prepar Mara, comprend que yo deba hacer algo ms, y de inmediato, que ofrecerle un trato. Escucha, Crespo: no hay necesidad de que tu familia pase penalidades cuando tenemos en la alhacena vveres. Anda, ve y toma lo que necesites, crgalo en una mula y considralo como un adelanto a cuenta de la primera cosecha. La mula no entra en el trato y te la traes maana.

Crespo no saba qu decir. Te esperamos maana a hora temprana, Crespo lo despidi Mara, cortando de raz la retahla de agradecimientos en los que se deshaca y que lo llevaban a sumirse en una agitada emocin.
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La vida transcurra plcidamente en el hogar de mi familia. Marta se ocupaba de ir poniendo por las distintas estancias los muebles que bamos comprando poco a poco y de ultimar los detalles en la vivienda que ya haban terminado de construir, ayudando tambin a las labores ms delicadas de la granja, como cuando era soltera, pero siendo Rodrigo el encargado de ir al mercado. Mara, despus del recoger y preparar los huevos que haban puesto las aves y entregrselos a su hijo, el resto del da, hasta la hora de cocinar el puchero, lo dedicaba a estar con su nieto, a pasear juntos a orillas del Isuela y sentarse en alguna piedra bajo la sombra de un lamo para contarle historias que hacan las delicias del pequeo y le estimulaban su imaginacin, a la vez que su curiosidad. Por ms que la madre se empeara en asegurar que la curiosidad era herencia del padre, Mara sostena que era porque la vida en el campo y al aire libre es ms grata y estimulante que la de la urbe. Gabriel creca y todo lo que quedaba a su alcance, lo coga, lo examinaba y, en su lengua de tres aos, preguntaba qu era, pero ya no se atreva a perseguir a los gansos desde que un da intent jugar con uno y lo agarr por el cuello y el animal se revolvi y lo ech de su lado a picotazos. Yo me consideraba el hombre ms feliz y recompensado de la tierra. Fray Gregorio, como tanto lo deseaba ltimamente, fue llamado al lado del Padre. Contaba fray Ramiro que haba una paz y una felicidad en su rostro que dejaban entrever la satisfaccin del deseo cumplido y la certeza del camino emprendido. Fray Ramiro era el nuevo abad de San Pedro el Viejo. Un da llegu a mi hogar con una orden bajo el brazo que acababa de recibir de Ramn Berenguer IV. En ella me peda que me pusiera en camino hacia Burgos. He consultado con fray Ramiro y l cree probable que el prncipe haya recibido nuevas de Castilla que incumben a Petronila dijo cuando comparti con la familia la lectura del documento. Qu puede ocurrir, Astudillo? inquiri Marta con preocupacin. Segn fray Ramiro, que tambin ha recibido un correo del prncipe pidindole su licencia para que yo me pueda ausentar de Huesca, su yerno quiere estar informado de cmo se desarrolla la vida en torno a Petronila expliqu. Habr que acondicionar un carruaje para ti y para Gabriel, provisiones, en fin, todo lo que se necesita para un largo viaje. Tendremos una escolta para nuestra proteccin que ya ha sido designada, aunque el trayecto se har, como siempre, por caminos seguros.
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Marta me escuchaba con atencin y me record que el anterior viaje que hicimos a Burgos tena un motivo muy diferente al de este nuevo, y que en su mente sopesaba que ahora no era conveniente su presencia ni la del pequeo en la corte castellana. Por qu, Marta? pregunt desorientado -. No lo dirs por Gabriel, porque, si as fuera, te recuerdo que, entonces, la princesa tena algo ms de un ao de edad y nuestro hijo ya ha cumplido los tres y, por supuesto, el viaje lo har el pequeo con la misma comodidad. No, no es por eso, Astudillo. Escchame, te lo ruego y considera mis razones. Antes de que me digas nada, Marta, te recuerdo que la reina Berenguela te tiene en gran aprecio recalqu. Precisamente esa es la cuestin, Astudillo suspir Marta. Habla, te lo ruego. En aquella ocasin, acabbamos de desposarnos y haca poco que yo haba dejado de ser dama de compaa de la reina Ins de Poitou y sa fue la razn por la que la reina de Castilla me tuvo en consideracin, aunque cierto es que me avalaba la confianza de su hermano, el prncipe, pero hoy soy una mujer que he criado a mi hijo sin recurrir a nodrizas, que me ocupo de la granja y de que mi hogar sea lo ms clido y agradable posible, sin criados ni sirvientes. En otras palabras, he dejado de ser una dama para ser una simple mujer. Has terminado, Marta? S, creo que s, al menos en lo fundamental. Pues te respondo, Marta, con todo el amor que te tengo, que esa es, precisamente, la ms poderosa de las razones para que me acompais a Burgos, porque si la reina Berenguela te tom aprecio y la tenemos considerada como una buena persona, no creo que en ella hubiera apariencia, sino sincero sentimiento. Pero hay ms, Marta. Te recuerdo que la reina Ins de Poitou, antes de marcharse, te pidi el favor como un ruego de que le dieras noticias de Petronila, de ir a visitar a su hija, hablarle de su madre, de su padre. Recuerda tambin que fray Ramiro nos hizo la misma encomienda. Adems, t siempre te has mostrado encariada con la princesa e, incluso, llegaste a tratarla como si fuera hija tuya, cmo es posible que no sientas deseos de verla? Has llegado a considerar que, tal vez, Petronila pregunte por ti?
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La reina Berenguela se alegrar de verte y podr conocer a nuestro hijo, dos aos menor que Petronila y seguro estoy que la princesa y Gabriel harn amistad. Crees que se lo consentirn?- objet Marta. T te empeas en aparentar ser una simple mujer, cuando lo que eres es mi esposa y yo soy un caballero, pero no un caballero cualquiera, sino un caballero al servicio del rey Ramiro II y hombre de confianza del prncipe de Aragn, y Gabriel, es nuestro hijo. Qu tenemos que ocultar o de qu hemos de avergonzarnos? Somos honrados, honestos, leales, qu ms se necesita para ir con el corazn henchido de sano orgullo? Voy a Burgos cumpliendo una orden del prncipe. Yo haba empleado un tono de voz firme, pero amable, y, al fin, encontr la complicidad de mi suegra y cuado. Convencida y superado el recelo inicial, Marta ayud a hacer los preparativos del viaje. Mientras, yo me fui a San Pedro el Viejo a cambiar impresiones con el abad fray Ramiro. Marta se ha creado una serie de prejuicios sin base y has hecho muy bien en convencerla para que te acompae. Ser la prueba que le permitir desprenderse de ellos o, en su defecto, afrontar la realidad tal y como es, no imaginada. Adems, si no te acompaara, tendra para siempre la duda, y la incertidumbre crea mala sangre.

Ms tranquilo, y siempre convencido de que mi actitud haba sido la correcta, llegu a mi casa, abrac a mi esposa expresndole lo mucho que la amaba y levant a mi hijo del suelo y lo elev hasta donde pude, descendindolo sobre mi pecho. Cuando su carita estuvo a la altura de mis labios, la llen de besos y de palabras dulces. Gabriel rea a carcajadas y agradeca mis caricias mirndome con la inocente luz que brillaba en sus ojos y que era capaz de iluminar toda la estancia, sintiendo la seguridad protectora en la mirada paterna. Una vez que todo estuvo listo para iniciar el viaje, la caravana se dirigi primero a San Pedro el Viejo, donde el abad aguardaba en la puerta para saludar a los viajeros, desearles un venturoso recorrido y bendecirlos. Acudi fray Ramiro a Marta y le dio una bolsita de fino cuero y un modesto taleguito de lino. Qu es, buen fraile? pregunt extraada al notar que apenas pesaban. La bolsa contiene un poco de tierra de Aquitania. La trajo consigo Ins de Poitou y nunca se separ de ella. Antes de marcharse, la abri, contempl durante un rato su interior y verti muchas lgrimas dentro. Luego, escribi una nota y la introdujo. Despus, la llen de besos, la cerr con fuerza, para que no se escaparan, y me dijo:
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Toma, querido esposo. Es para nuestra hija. Algn da se la hars llegar La otra contiene todo el amor de un padre y todos los besos que no he podido dar a mi hija en estos aos. Tambin tiene unas letras mas. Conmovidos, nos dirigimos hacia la puerta de salida de la ciudad, camino de Burgos.

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CAPTULO XXVII

La llegada al castillo de Burgos constituy un gran alivio para los cuerpos de los ocupantes del carruaje y de los que montaban a caballo, a pesar de que los descansos entre jornadas se hicieron ms frecuentes y prolongados que de costumbre, pues no haba premura expresa por llegar. El rey Alfonso se encontraba de expedicin contra los agarenos por el sur de Castilla, al norte de Al-Andalus, mientras que el prncipe de Aragn hostigaba los poblados sarracenos que an se mantenan en su condado, en los valles prximos a los Pirineos. Necesitaba tener las espaldas bien cubiertas y seguras para emprender un avance hacia el sur de su territorio. Se haba juramentado la conquista de Lrida y precisaba la alianza de los pequeos condados para llevarla a cabo, pero, antes, deba apoderarse de la taifa de Tortosa. Contaba con las huestes de su vasallo y amigo Ermengol VI de Urgell, pero los agarenos eran muy numerosos, estaban bien fortificados y tenan armamento ms moderno y ligero. Haba que esperar a ocasin propicia. La reina Berenguela recibi a Marta con la cordialidad y la alegra propias de dos entraables amigas que se encuentran despus de una larga separacin. Marta se sinti abrazada con una efusin y un cario que, semanas atrs, ni siquiera se hubiese atrevido a abrigar en lo ms remoto de su pensamiento. Al sentirse estrechada, sus temores desaparecieron sbitamente y le devolvi el abrazo con la ternura y el entusiasmo de una hermana. El saludo de bienvenida que me dispens la reina, ms formal por mi condicin de hombre, pero tan entraable y confortante como a mi esposa, le fue devuelto como corresponda a un caballero que debe aparentar frialdad, pero ella no ignoraba que la realidad era muy otra y que mi corazn estaba gozoso y colmado por el hermoso encuentro. La reina haba reparado en el pequeo desde el primer momento. Era imposible que una criatura tan inquieta y curiosa, con unos ojos que todo lo queran abarcar y con una sonrisa tan dulce pasara inadvertida. Y este personajillo, quin es? se dirigi a Gabriel, agachndose y ponindose a su altura.

Gabriel se qued mirando fijamente a aquella desconocida seora que le sonrea y lo coga en brazos. El pequeo, lejos de sentirse extrao en unos brazos que no eran los acostumbrados, sigui sin apartar su mirada de quien lo sostena y, al sentirse seguro, le ech las manitas a su rostro y trat de apoderarse de l. La reina, al sentir el suave tacto, se estremeci y Gabriel bes su cara una y otra
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vez, terminando por entregarse apoyando su carita contra la de la reina, que estaba entusiasmada. Gabriel estaba acostumbrado a recibir y a dar cario. Este personajillo, mi seora, es Gabriel, nuestro hijo respondi Marta. No se puede negar que ha sido concebido con mucho amor, porque amor es lo que infunde y lo que da, sin duda engendrado en una de aquellas amorosas noches de Burgos, no, pequeo burgals? pregunt jocosa y atrevida la reina dirigindose a nosotros, los padres, quienes, en un atisbo de pudorosa sonrisa, nos limitamos a asentir.

Contemplaba a Gabriel con regocijo, mientras nuestro hijo se entretena en examinar el rostro y la nariz de quien lo sostena. La reina, llevada por el entusiasmo, no tuvo reparo en decirle al pequeo: Tal vez, personajillo encantador, tus padres te encarguen en Burgos un hermanito, qu te parece?

La inesperada espontaneidad de la reina Berenguela termin por provocar nerviosas carcajadas en los padres, y Gabriel, sintindose centro del contento ajeno, tambin uni sus alegras con inocentes risas. Pasamos al interior del castillo y en una de las grandes salas observamos cmo jugaban varios nios, de los que se destacaban por su apostura y gestos, tres de ellos, dos varones y una infanta. Gabriel, al verlos, se sinti atrado por el ir y venir de la chiquillera y quiso intervenir en el juego intentando desasirse de la mano de su madre. En un descuido, y sin que Marta pudiera impedrselo, Gabriel se meti en medio del ajetreo de las bulliciosas criaturas. La irrupcin del pequeo desconocido puso trmino al recreo que entretena a los nios palaciegos. Gabriel, al ver que el juego no prosegua y que lo rodeaban con curiosidad, se qued quieto, llevndose las manos a la boca y mirando a unos y a otros, tratando de averiguar qu haba ocurrido. Una de las nias lo tom de la mano y se acerc donde estaba la reina y los recin llegados, imaginando que de ellos sera la criatura. Se trataba de una nia de unos siete aos, alta, de mirada noble y hermoso rostro, con andares y ademanes que hacan presumir su origen real. Marta, al verla venir con su hijo de la mano, sinti que su corazn empezaba a palpitar de forma desacostumbrada, como si el pecho fuera poco espacio para albergarlo y quisiera salirse por la boca. Yo, al advertir la turbacin de mi esposa, tuve la misma sensacin y ambos, paralizados por la emocin, dejamos que Gabriel fuera conducido hasta nosotros por quien ya creamos saber. Cuando la infanta lleg a donde estbamos, sin soltar al pequeo de la mano, se dirigi a su cuada: De quin es este pequen tan simptico? De no haberme dado cuenta, lo habramos pisado y arrollado.
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Su voz era dulce, amorosa, suave, segura y firme. Marta y yo nos miramos. Estbamos seguros, ya no haba duda. La princesa tena la bondad en su rostro y su mirada era tan clida como la de su madre. Es nuestro hijo, princesa Petronila, y su nombre es Gabriel dijo Marta con voz temblorosa por la emocin. Os dirigs a m como princesa Petronila? Debis estar confundida, seora rechaz la princesa con exquisita amabilidad.

Marta qued confusa, lo mismo que yo. Volvimos a mirarnos y, a pesar de la momentnea turbacin, ni una sombra de duda cruz por nuestra mente. Estbamos seguros de que era ella y, sin ponernos de acuerdo, al mismo tiempo le hicimos una reverencia y le tomamos las manos para besrselas, pero la infanta rechaz el gesto, algo que a ambos nos hizo recordar al rey Ramiro II, su padre, pero, qu ocurra? En ese momento intervino la reina Berenguela y nos present a la infanta. La dama se llama Marta y el caballero, su esposo, Astudillo. Ambos conocieron a la reina Agns de Poitiers, tu madre, y gozaron de su amistad. Son amigos de tu padre y el caballero Astudillo est al servicio del prncipe de Aragn y conde de Barcelona. Ms adelante, ellos mismos te darn todas las explicaciones que quieras pedirles, hija.

La princesa, despus de superada la primera impresin y de saber de forma escueta quienes ramos, se present a s misma haciendo una corts reverencia: Yo soy la princesa Peronella.

La infanta intentaba recordar. Era muy pequea cuando la llevamos a Burgos, pero haba algo en nosotros, sobre todo en Marta, que an permaneca en su memoria. Al veros, creo recordaros, seora Marta, aunque muy vagamente. Sin embargo, vuestra mirada y vuestra voz me llevan a un tiempo en que una dama, siendo yo muy pequea, me tomaba en brazos y recuerdo su olor, la dulzura de sus besos, su forma de abrazarme, pero todo es muy confuso en mi mente.

Marta estaba impresionada por el gran cambio que en poco tiempo haba dado Petronila. Crey que iba a encontrar a una nia y tena frente a s a toda una mujercita con una madurez impropia de su edad. Se notaba su origen. Soy yo, princesa, soy Marta quien os tomaba en brazos aclar con cierta timidez y emocionada.

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Y, vos conocisteis a la reina Agns de Poitiers? pregunt interesada Petronila. No slo la conoc, sino que fui una de sus damas de compaa y me distingui con su amistad y confianza. Yo permanec a su lado desde que lleg de Aquitania y con ella paseaba por los jardines de palacio mientras os llevaba en su vientre. Cuando nacisteis vos, yo me encargu de vuestro cuidado y

Marta se interrumpi y Petronila la mir sin comprender. Haba algo que le incomodaba y, llevada por su natural llaneza, se lo expuso a la princesa: Mi seora princesa: os debo decir que a la reina, vuestra madre, todos, incluso vuestro seor padre, la llambamos Ins de Poitou, no como vos la nombris, que para m es difcil pronunciar y ms dificultoso identificar. Lo mismo me pasa con vos, que ahora os hacis llamar Peronella cuando siempre habis sido para nosotros, tambin para vuestros padres, Petronila. Cul es la razn de esta mudanza, si se me lo permits, mi seora?

En este punto, de nuevo intervino la reina Berenguela: No es mudanza, Marta, sino su nombre en el habla de mi tierra y de su futuro esposo. Peronella aprende de m el catal, que as se llama nuestra lengua, y tiene preceptores que la instruyen en otras, como el franciano, adems de latn y romance. Peronella conoce el nombre original de su madre y para ella es fcil pronunciarlo, pero eso no debe ser motivo de preocupacin para ti porque su dominio de otras lenguas forma parte de su educacin y puedes expresarte con ella sin dificultad. Tambin recibe lecciones de religin, protocolo, conducta y retrica. Terminada la aclaracin de la reina Berenguela, la infanta continu. Contadme, seora Marta, cmo es mi madre, o debo decir era? No, por Dios os lo ruego, mi seora princesa, que las ltimas noticias que recibi vuestro seor padre de la reina Ins es que est viva y muy bien viva, y en Fontevrault dijo Marta con su frescura natural, que fue correspondida con discretas sonrisas de complacencia por parte de la reina y de la infanta.

Marta le cont a Petronila en poco tiempo todo lo que pudo ordenar en su mente cuando acudan en tropel los memorables recuerdos de la corta estancia de Ins de Poitou en Huesca, terminando con la promesa que le hizo en el momento de la partida de mantenerla informada sobre su hija.
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Fuisteis acrisolada con amor, con bondad y con belleza.

Petronila qued complacida. Marta le hizo vivir el pasado de sus primeros meses de vida con tanto detalle que ms parecan ser recuerdos de una madre que de una dama de compaa, sin olvidarse de su bautizo, de cmo la despidi su madre la vspera de su partida y del viaje a Burgos. Por lo poco que me habis contado, deduzco que mi madre tuvo que ser una mujer excepcional, una buena reina y mejor esposa. Como madre, slo sabr lo que vos y los que la han conocido me digis. Ms adelante, Marta, contadme ms cosas sobre mi madre. Quiero saber quin me quiso tanto sin que yo recuerde haber percibido su amor.

En ese momento, Marta record el encargo que le haba dado fray Ramiro. Casi lo olvidaba, mi seora princesa! Vuestro padre nos dio un par de bolsitas para vos y, esta que os entrego, se la dio a l vuestra madre para que os la hiciera seguir cuando tuvierais edad de leer.

Marta le ofreci la bolsa de cuero. En ella haba una inscripcin: Amor amori. La infanta tom la bolsa, la abri y comprob que dentro haba una nota y un puado de tierra. Extrajo la nota y la retuvo entre sus manos sin saber qu hacer. Marta le dijo: Los besos y las lgrimas que vuestra madre deposit en la bolsa, se acaban de esfumar, pero su esencia se mantendr en la tierra que la vio nacer.

Conmovida pero sin mostrar curiosidad por leer la nota, la princesa quiso saber de su padre, y fui yo, mejor conocedor de fray Ramiro, quien me encargu de evocar la semblanza de su bienhechor, detenindome en aquellos pasajes que mejor aludan a su bondad y a su generosa entrega, sin olvidar su gran preocupacin: Cuando Petronila vaya a juzgarme con todo el derecho que le asiste por ser hija ma, procura, Astudillo, que sepa antes quin es su padre y cules fueron los motivos por los que vino al mundo. Pido a Dios que no sea cruel conmigo y que trate de comprender Tambin os traigo una bolsita de su parte. Tomad, es un obsequio.

Petronila, lo mismo que hiciera antes, abri el taleguito y en su interior encontr otra nota. La sac y la puso al lado de la de su madre, en la otra mano, sin mostrar tampoco curiosidad por su contenido. Tambin se han disipado los besos y las lgrimas de mi padre? pregunt con fingido aire irnico para disimular su emocin.
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Lo dudo, mi seora, pues el contenido es el amor que os tiene vuestro padre y que no os ha podido demostrar en estos aos. El amor de un padre crece y se hace fuerte, nunca se desvanece, porque el amor se alimenta de amor y vos sois su amor y su alimento respond intercambiando una mirada con Marta, pues ninguno de nosotros dos lograba comprender cmo la infanta se conmova oyendo hablar de sus padres y, sin embargo, no mostraba inters por las notas que tena en sus manos.

Viendo la extraeza en los rostros de los padres de Gabriel, Petronila les aclar: Luego me las leer mi amanuense o mi confesor. Por qu luego, mi seora? se atrevi a preguntar Marta. Porque Peronella no sabe leer ni escribir respondi la reina Berenguela por ella.

Marta y yo nos quedamos atnitos. No nos atrevamos a preguntar, pero mi curiosidad haca que la sangre me hirviera en las venas si aguantaba un poco ms sin saber. Si se me permite, mi seora, no acierto a comprender cmo la princesa conoce tantos idiomas y, en cambio, no sabe leer ni escribir. A qu es debido, si es que hay alguna razn? Si que la hay, caballero Astudillo habl la reina - . Mi esposo y rey de Castilla y Len, siguiendo la costumbre, dispone que los infantes varones deben ser instruidos en todo lo que concierna al gobierno, no slo en el arte de las armas, la diplomacia y la poltica, sino leer y escribir tambin, porque estn llamados a ser reyes y a un rey que fuera ignorante se le puede tender una trampa o ser objeto de engao y traicin. Lo mismo sucede con las infantas, mi seora, que tambin estn llamadas a ser reinas y gobernar y deben recibir la misma educacin repliqu con medidas palabras. Mi esposo opina que las infantas llamadas a ser reinas, deben ocupar su tiempo en otros quehaceres propios de damas, como la danza, msica, el canto, el protocolo, pues si la infanta llega a ser reina, tendr rey y ser el rey, su esposo, el responsable de gobernar. Es vuestro caso, reina Berenguela de Barcelona? insist. No, por supuesto, caballero, que tuve padres y hermanos que se ocuparon de m como si varn fuera, pero aquellas son otras tierras y otras costumbres.
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Aqu, mi esposo el rey considera que los libros son para el clero, lo mismo que la escritura y la lectura, y que una reina siempre tendr a su alcance amanuenses, confesores o personas de confianza que le lean y escriban. Aclarado el motivo del aparente desinters de Petronila por las epstolas paternales, Marta se ofreci a lerselas, pero los nios que estaban jugando con ella, cansados de esperar, vinieron en su busca. Uno de ellos, el ms mayorcito, se dirigi a la reina tras saludar cortsmente con una breve inclinacin de cabeza a los desconocidos: Madre, puede venir Peronella a continuar el juego? Ya estamos casi acabando. Ahora le toca ser Sancha.

Marta y yo no salamos de una sorpresa cuando ya estbamos metidos en otra. Qu juego es ese, mi seora? inquir curioso, mientras Marta sujetaba a su hijo que, al ver el revuelo que ya haban formado los nios reintegrados en el recreo, quiso ir hacia ellos. Es un juego que les ense mi esposo y consiste en ganar reinos a base de casorios. Mi hijo Sancho, el mayor, figura que es rey de Castilla y tiene que quitarle la esposa, Peronella, a mi otro hijo, Fernando, que juega a ser rey de Len, para apoderarse de su reino desposndola. Por eso la llama Sancha, mientras que Fernando la llama Urraca, como su abuela. Los otros nios son hijos de cortesanos y palaciegos que figuran ser vasallos de uno y otro rey. Cuando mi esposo est en Burgos, tambin participa y juega a ser el Imperator que desposa a Peronella de Aragn para ampliar sus dominios, y todos se divierten mucho. Y, cmo acaba el juego, mi seora? insist, perplejo por la intencionalidad que vislumbraba en el contenido de ese aparente juego de nios. Pues, como todos los juegos: cuando se cansan respondi la reina Berenguela sin darle importancia a las conjeturas que imaginaba estaban circulando por mi mente, segura de que su cometido en la corte castellana no era otro que el de educar a Peronella como futura esposa de su hermano, reina de Aragn y princesa de Barcelona. Lo dems, eran meras apariencias bien estudiadas.

En efecto, cuando los nios se cansaron de conquistar reinos y esposas, de hacer prisioneros y de liberarlos, es porque sintieron hambre y pedan saciarla. La reina Berenguela dio unas palmadas y, enseguida, acudieron un par de sirvientes que condujeron a la chiquillera a la cocina, donde les esperaba un buen tazn de leche migada y queso fresco con miel.
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En Castilla lo llamamos colacin de media tarde explic la reina - y si Gabriel y vosotros tenis apetito, es el momento de saciarlo. Yo, tambin.

A la cocina fuimos todos y las sirvientas se deshacan en reverencias y querer satisfacer a la reina y a sus invitados. Al ver la agitacin, la reina les dijo con su tono festivo: Basta de ceremonias, que el hambre ataca por igual a reyes y cortesanos!

Petronila daba buena cuenta de la apetitosa colacin, pero no dejaba de mirar a Marta, con quien se cruzaba miradas de complicidad que extraaron madre de Gabriel, quien, en el fondo, agradeca esas caricias tan esperadas como deseadas. Cuando terminaron, la reina Berenguela se excus y se llev con ella a sus hijos. Ha llegado el momento de la leccin de esgrima, lo mismo que para los hijos de los palaciegos que, igualmente, deben someterse a ese aprendizaje. Podis esperarme en la sala.

Sin pretenderlo, se quedaron a solas la princesa y Marta, yo un poco ms alejado con Gabriel. A una sea de Marta, me excus y ped licencia para ausentarme. Di a entender que el pequeo necesitaba aliviar su vientrecito. Petronila y Marta se miraron, se aproximaron una a otra, titubearon un instante y, al cabo, la princesa se fue hacia Marta decidida y terminaron en un abrazo, un abrazo consolador y lleno de ternura, un abrazo que echaba de menos Petronila y que le negaban en Burgos porque las infantas llamadas a ser reinas tienen que ser fuertes y prepararse para cualquier infortunio sin dejarse dominar por el sentimiento y sin venirse abajo, olvidndose que, reina, s, pero ante todo y sobre todo, mujer y, en este caso, an nia. Marta, Marta, cuntos recuerdos me han trado tu olor y tu fragancia! exclam Petronila, rompiendo en llanto liberador los reprimidos sollozos al sentir que su resistencia era vencida por la fuerza de las emociones y terminando por saltarse el tratamiento castellano. Petronila, mi nia bonita, mi nia del alma, cunto echaba de menos este abrazo y cmo lo necesitaba! se confes Marta, contagiada por la emocin.

Abrazadas y sumidas en llorosos hipidos permanecieron hasta que los nimos se calmaron. Hasta entonces, Marta no se dio cuenta de lo alta que era Petronila. La reina Berenguela me habla de ti con mucha frecuencia y siempre me recuerda que hizo amistad contigo y que te guarda un gran cario, y lo he comprobado hoy deshizo Petronila el abrazo reteniendo sus manos.
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Es merced que me hace la reina agradeci Marta. Marta, te lo ruego, antes me has hablado de mi madre y en el fondo de mi alma he sentido cmo, por efecto de tus palabras, renaca el amor latente que siempre le tuve y que yo misma me prohiba sentir por temor a llegar a querer a un fantasma, a una imagen irreal, a un ser inexistente. Leme su nota, Marta, lemela despacio, como si mi madre me estuviera hablando. Cerrar los ojos y la ver como la recuerdo, a pesar de que yo era muy chiquita, pero t me la has evocado como yo siempre he sentido que debera ser y dese que fuera. Luego, leme la de mi padre, que lo recuerdo mejor. Sabed, mi seora princesa, que hacis recaer sobre m un gran peso, pero intentar complaceros. Recuerdo muy bien el tono y la forma de hablar de vuestra madre, pero yo no tengo su voz ni su dulzura. Eso, debis aadirlo de vuestra imaginacin. No te disculpes, Marta, que bien s lo mucho y bien que quieres a mi madre. La reina Berenguela me lo recuerda siempre que me habla de ti.

Marta estaba tentada, pero no se atrevi a romper la disciplina en el trato al uso en Burgos. La nota de vuestra madre, mi seora princesa, es breve y dice as: Amor de mi amor, sangre de mi sangre, vida de mi vida, mi muy amada

hija Petronila. Como razn de estado fuiste engendrada, no sin amor, y como obsequio de Dios te recib. Te darn excusas polticas para justificar mi alejamiento, pero no te dirn que nadie pregunt por mi dolor, por mi sufrimiento, que los llevo conmigo hasta mi tumba, la nica compaa que tendr, pero te dejo mi amor y es tanto que slo con que ames a tus hijos la mitad de lo que yo te amo a ti, ya los amars el doble. Procura ser una buena esposa, prudente reina y mejor madre, pero, sobre todo, una buena persona. No me juzgues con crueldad y, si lo haces, recuerda que Jess perdon antes de morir a los que lo mataron. No me olvides, Petronila, que mientras me recuerdes, vivir. Que Dios te bendiga y que te ensee a perdonar. Tampoco olvides a tu padre, hombre bueno y generoso donde los haya. Fui muy feliz con l. Sabes cuntas estrellas hay en el cielo?, pues ms besos te mando yo. Tu madre, Agns de Poitiers.
Tras la lectura, se hizo el silencio. Por el rostro de Petronila corran gruesas lgrimas, reprimidas al principio, fluyendo con libertad despus. Marta tambin estaba emocionada, reviviendo la imaginada figura de la reina inclinada sobre la mesa escribiendo la nota de despedida. Haba que romper el silencio, pero Marta no se atreva. Aguard. En un inesperado gesto, Petronila se alz del sitial y, llorando, dio unos pasos hacia
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delante y se abraz a la nada, llamando a gritos a su madre. Fue tan viva la emocin vivida que crey ver a su madre acercndose a ella con los brazos abiertos. Cuando Petronila volvi a la realidad, mir a Marta con la misma ternura que la reina Ins. Los ojos de Petronila, por efecto de las lgrimas, haban adquirido un conocido color que le produjo un sobresalto y Marta lleg a creer, por un instante, que Ins de Poitou se haba reencarnado en su hija y la miraba con la misma calidez de siempre. Marta estaba estremecida, tanto que no se dio cuenta de que Petronila se haba abrazado a ella llenando su rostro de besos. Petronila, a pesar de la intensidad de la emocin y de las lgrimas, pareca feliz. He recuperado a mi madre, Marta! exclam alborozada. Estis dispuesta, mi seora, a escuchar lo que os dice vuestro seor padre? inquiri Marta, considerando que, si lo dejaban para otro momento, el instante mgico se desvanecera sin posibilidad de recuperarlo. S, Marta, s respondi convincente. Tambin es breve, ms an que la de vuestra madre, y dice as:

Petronila, hija ma. Dentro del talego est mi corazn para que lo cuides mientras voy a verte y a recuperarlo. Cudalo, porque as me cuidars a m. Slo Dios sabe lo mucho que te quiero y el sufrimiento que he debido afrontar. Sabes t, hija ma, cmo se mide el amor, el dolor, el sufrimiento? Los sabios dicen que el alma no pesa, como tampoco el pensamiento, lo sabes t? No se podrn pesar, pero s pesan. Y el perdn? Pesa mucho el perdn? Dios nos perdona cada vez que se lo pedimos, pero t dirs que, como es Dios, lo da sin pesar, y es que hay que aprender a perdonar, no para ser Dios, sino para ser como Dios en el perdn y en el amor. T, como hija de Dios buena y generosa que eres, tal vez algn da me perdones, y es lo que ms necesito de ti, aparte de que no me olvides. Lleno tu carita de besos. Tu padre, Ramiro
Qu distinta es la nota de mi padre y qu religiosidad inspira! - exclam Petronila cuando Marta hubo terminado con su lectura. Vuestro seor padre, es el abad del convento de San Pedro el Viejo en Huesca, mi seora princesa dijo Marta pensando que su aclaracin era superflua.

Petronila, que ya se haba calmado, mir a Marta con cierto amargo regocijo de difcil disimulo.
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Soy una princesa que, al recordarme, dirn de m que fui nica! exclam ante la sorpresa de Marta. A qu os refers, mi seora princesa? se extra Marta. conoc, alejada de ellos a los pocos meses, prometida en nupcias a la edad de un ao, heredera del reino de Aragn, educada en la rigidez de la corte castellana, lejos de mi tierra y de los mos, llamada a desposarme con el conde Ramn Berenguer IV y convertirme en reina de Aragn y condesa de Barcelona, razn de estado de otra razn de estado, con una carga y responsabilidad sobre mis hombros que otros decidieron por m cuando yo era muy pequeita y obligada a respetar esas decisiones, con un destino trazado por intereses, sin libertad para decidir, con una vida que vivo y que no es la ma, porque me la han robado, no te parece que todo ello es extraordinario y nico, Marta?

- Hija de una madre franca y de un padre fraile, padres a los que apenas

- Lo extraordinario es que, frente a esa rigidez, vos respondis con una


desbordante inteligencia y una enorme sensatez, y que el mismo hecho de no disponer de vuestros padres, os ha obligado a madurar con mayor prontitud, resultando que, al haceros preguntas sin respuesta, seais ms vulnerable, ms sensible y, tambin, ms amorosa. Marta aguard a que Petronila se recuperara de su larga perorata para concluir:

- Hablis de falta de libertad y os recuerdo, mi seora princesa, que tambin


decidieron por vuestra madre y por vuestro padre. Petronila, recuperada la calma, haciendo gala de gran temple y generosidad, respondi: No reprocho nada a mis padres. Bastante sacrificio hicieron por el reino al desposarse y concebirme a m. Si algo les deba perdonar, ya lo he hecho. Slo espero que el reino nunca lo olvide.

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CAPTULO XXVIII

Fray Ramiro fue puntualmente informado por Marta de todo cuanto interesaba acerca de Petronila, destacando en su explicacin la brillante inteligencia de la infanta, su extraordinaria madurez y su notable religiosidad, sin olvidar mencionar el sorprendente hecho de que la princesa fuera analfabeta, circunstancia que vino a ensombrecer el creciente regocijo paternal al ir sabiendo de su hija, causndole una honda preocupacin. Por mi parte, fui al encuentro del prncipe para ultimar el encargo recibido, topndome en el camino con pequeos y desperdigados grupos de tropas de varias procedencias, ultra pirenaicos en su mayora, que cruzaban el territorio agareno camino del sureste, provistos de estandartes de paz, por lo que evitaban ser inquietados. Sin embargo, s llam la atencin del Al-Muzafar ese aparente cabalgar errtico de los caballeros, por lo que mand exploradores que los siguieran y pudo comprobar que acampaban en los aledaos de su taifa, pero sin nimo hostil. No obstante, ese extrao comportamiento le hizo sospechar que algo tramaban y cerr el paso por sus dominios, excepto para los correos reales tras ser identificados y registrados, lo que provoc una sucesin de escaramuzas entre almorvides y acampados, terminando stos por proseguir hacia el sur. En el ao 1145, el prncipe de Aragn recibe la noticia del fallecimiento de su hermano gemelo, Berenguer Ramn, tras la guerra contra la ciudad franca de Tolosa a la que se haban sumado unos genoveses movidos por oscuros intereses, y Ramn Berenguer IV asume de inmediato la regencia de Provenza y contina la lucha contra el linaje de los Baus, aliados de Tolosa. Corra el ao de 1148 y Petronila cumplira en agosto los 12 aos. Fray Ramiro solicit del prncipe, que ya frisaba los 35, licencia para desplazarse a Burgos y visitar a su hija. Meses tard en llegar la respuesta a causa de las continuas algaradas que se sucedan a uno y otro lado de las fronteras. El prncipe desaconsejaba tal desplazamiento por la inseguridad de los caminos y la falta de tropa para formar una adecuada escolta, ya que todas las mesnadas estaban ocupadas en expediciones contra los almorvides. El prncipe de Aragn, que ya haba emprendido incursiones contra los agarenos en 1144 por tierras de Murcia y en 1146 por las de Valencia, participando de forma brillante junto a Alfonso VII en la conquista de Almera en el ao de 1147, acababa de ser informado que el Papa Eugenio III haba promulgado una bula para todo fiel cristiano que acudiera a su llamamiento de guerra santa contra el Islam a liberar Jerusaln, nuevamente ocupada desde que fuera liberada en 1009 por vez primera.
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La bula papal, emitida en el ao 1146 y predicada de forma entusiasta por el cisterciense Bernard de Clairvaux y sus discpulos por tierras francas, flamencas, neerlandesas e inglesas, se adquira mediante limosna que se encargaban de recaudar los confesores, clrigos y religiosos, otorgando plenaria remisin e indulgencia de todos los pecados, tanto en vida como en artculo de muerte, quedando redimidas las penas de excomunin, las faltas administrativas y de desobediencia religiosa, las de haber robado o usurpado bienes pertenecientes a eclesisticos, crmenes, excesos y otros pecados olvidados en confesin, alcanzando la absolucin a quienes murieran sin confesar, salvo conspiracin contra el Romano Pontfice, por todo lo cual Roma obtena una cuantiosa recaudacin cuya finalidad siempre fue justificada para la lucha contra el infiel, pero nunca estuvo claramente explicada, a pesar de que era notorio que Roma no estaba dispuesta a renunciar a su poder y ostentacin. La convencida fe religiosa de los creyentes al comprar la bula, sirvi de acicate para los fanticos cruzados a los que slo les interesaba el botn. Acudiendo al llamamiento papal de guerra santa, un destacamento de cruzados anglonormandos sali en 1147 desde Inglaterra en direccin a Tierra Santa e hicieron una parada en Compostela, aprovechando para peregrinar a la tumba del apstol Santiago en 1148, y, de paso, formar parte de algunas campaas contra los almorvides, lo que les significara participar en el reparto del botn. Particularmente relevante fue su papel en 1147 en las expugnaciones de Lisboa, aunque la poblacin sufri durante una semana una matanza sin piedad que pareca no tener fin, pues cuanta ms sangre derramaban, ms se enardecan sus ansias de degollinas. La sevicia de los cruzados, sobre todo la de los germnicos, fue conocida en todo Al-Andalus y su fama de crueles les preceda all donde fueran. Al enterarse Ramn Berenguer IV de la cercana presencia de estos cruzados, hombres recios y de experiencia en combate, los hizo llamar para convenir con ellos que participaran en el asedio de la ciudad de Tortosa, puerta para la consiguiente conquista de Lrida, su objetivo primordial desde haca once aos, pero con la condicin de que acataran sus rdenes y no actuaran por cuenta propia. En el ofrecimiento no les ocult que el sitio sera largo, por lo que una parte poco significativa de los cruzados anglosajones continu viaje hacia Jerusaln, considerando que el botn que avizoraban estaba ms prximo a conseguir, mientras que la mayora de ellos vislumbr una gran oportunidad para enriquecerse y acept el trato. Se afincaron por las cercanas de Tortosa y se unieron a los guerreros flamencos, genoveses, francos y neerlandeses ya arraigados en las tierras del bajo Ebro, cedidas por el conde de Barcelona como seal de gratitud hacia los cruzados, a los que prometi configurar la nueva sociedad dominadora y oligrquica que sustituira a la poblacin sarracena cuando fuera vencida, adems de recibir
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generosas donaciones y serles cedidas tierras en establecimiento a cambio de rentas. Tampoco fueron ajenas al sitio algunas rdenes militares, entre ellas, la Orden del Temple, que exiga su parte del botn, no slo en riquezas, que s, sino en licencia para organizar la encomienda en el mismo instante en que la ciudad fuera conquistada, adems de la quinta parte de lo que el conde se reservase. La ciudad portuaria y mercantil de Tortosa, encrucijada de culturas y donde el Ebro se encuentra con el Mediterrneo, centro neurlgico y frontera entre Al Andalus y la marca hispnica septentrional, se haba convertido en un reino de taifa independiente y era un enclave muy apetecido por Ramn Berenguer IV para extender y afianzar sus territorios hacia el sur. Bajo el mandato de Abd-alRahman III se levanta la Zuda, un elevado castillo vigilante sobre el ro Ebro y ocupando las ruinas de la antigua acrpolis romana, as como las atarazanas, los baos pblicos, la mezquita mayor con cinco naves y otros templos de oracin, haciendo de la villa una joya que, como todas las gemas, es envidiada y anhelada su posesin. Con las fuerzas de los cruzados que haba reunido, a las que se sumaron las propias catalanas de sus vasallos, nobles y seores, ms las castellanas, aragonesas y las del conde Guillermo de Montpellier, quien muri antes del ataque, no siendo necesario otorgarle la soberana de la ciudad como se haba acordado, Ramn Berenguer organiza la conquista de Tortosa, cerrando, antes, un acuerdo con el Gran Maestresala de Catalunya, Guillem Ramn de Montcada, con Gnova, que haba enviado tropas para ayudar a Castilla en una expedicin sobre Almera, a cambio de una tercera parte de la ciudad, y con el Papa Eugenio III, que extendi a los participantes en el ataque de Tortosa los mismos privilegios de la bula que otorgaba a los cruzados de Tierra Santa. Un contingente plurinacional se hizo a la mar el 29 de junio de 1148 desde Barcelona. Costearon hasta el delta del Ebro, donde llegaron el 1 de julio y remontaron el ro para llegar ante la ciudad. Dispusieron el asedio y los agarenos, al verse acosados por mar cuando lo esperado era por tierra, se refugiaron en el recinto amurallado, con la esperanza de recibir ayuda desde Valencia. Pero la ayuda no lleg. El primer ataque serio, pero desordenado por la euforia que se desat entre los asaltantes al encontrar poca dificultad para llegar a la ciudad, tuvo lugar a los pocos das. Las tropas se haban distribuido alrededor de la villa, que contaba con 17 torres, mientras los barcos bloqueaban cualquier posibilidad de auxilio por mar. Este primer ataque, llevado a cabo por tropas barcelonesas y genovesas, fracas, pero el conde de Barcelona decidi aprovechar la oportunidad y mantener la presin.
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Gracias a las mquinas de asedio se logr abrir una brecha en la muralla e iniciar el asalto al interior. Las tropas se lanzaron en ganar la muralla y se estuvo luchando durante todo el mes de agosto, concedindose el conde un pequeo alto el da 11 para recordar, junto con su confesor, la fecha en que Petronila cumpla los 12 aos. A comienzos de septiembre, los atacantes ya controlaban todas las torres de la ciudad y slo quedaban en manos de los defensores la Zuda, el castillo, donde se haba refugiado la poblacin, temerosa de que los cruzados, de los que se saba su cruel actitud de no hacer prisioneros, fuera pasada a cuchillo. Los defensores optaron por proponer una tregua al conde de Barcelona con la ntima esperanza de recibir ayuda de Valencia. La propuesta era de 40 das a cambio de 100 rehenes, propuesta que fue aceptada y que, al acabar sin ningn tipo de refuerzo en camino, culmin con la rendicin de los sarracenos, que se concret el 30 de diciembre. Tras la rendicin de la ciudad, cuyo asedio dur seis meses, pero ms de doce su organizacin, Ramn Berenguer se declar marqus de Tortosa. Como se haba acordado, la ciudad qued dividida en tres partes, entre genoveses, el conde de Barcelona y el seor de Montcada. Los judos haban ayudado al Conde de Barcelona en la conquista de la ciudad por considerarlo el poder ms fuerte y que podra brindarles mayor proteccin, la cual qued plasmada en la Carta de Franqueza a los judos de Tortosa de 23 de diciembre de 1149. La Carta trataba de regular el asentamiento as como los derechos y deberes de los judos. Los judos quedaron, por tanto, integrados en la nueva sociedad, bien con el status conseguido en la Carta, o mejorando ste gracias a nuevas concesiones de mercedes, privilegios, exenciones y libertades que fueron obteniendo, siempre a un elevado precio. A pesar de todo, nunca se integraron plenamente en la ciudadana, permaneciendo como un pueblo extrao, tan slo tolerado por la comunidad cristiana preponderante. Y si los judos recibieron su Carta de Franqueza, tambin la comunidad agarena, ms numerosa y que, en definitiva, haba resultado vencida, recibira de Ramn Berenguer IV la denominada Carta de Seguretat del Sarrans, de 1148 La edicin de las actas concluy con un pequeo apndice documental en el que se recoge el texto de las Cartas concedidas por Ramn Berenguer IV a cristianos, sarracenos y judos establecidos en Tortosa. En su fuero interno, el reciente marqus de Tortosa abrigaba la idea de que las tres religiones fueran testigos de la tolerancia que hace posible la vida de una comunidad, por muy dispares que fueran sus miembros, siempre que haya entre
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ellos verdadera intencin de concordia, entendimiento y convivencia, an a pesar de las diferencias de raza, religin y costumbres, pero capaces de vivir en armona, aunque a veces slo fuera relativa. Este esfuerzo por llegar a un entendimiento entre todos era el propsito que inspir al conde de Barcelona la concesin de las Cartas. Yo haba quedado retenido en el campamento condal durante los ltimos meses del asedio a la ciudad, siendo testigo privilegiado de todo lo acontecido y sin que en ningn momento interviniera en hechos blicos. Haba conseguido llegar hasta el prncipe para hacerle llegar una nueva misiva de fray Ramiro en la que renovaba su peticin de ir a Burgos. Mis ansias por regresar a Huesca, a las que el prncipe no era ajeno, se vieron reprimidas por la situacin creada, y, una vez restablecida la seguridad por la zona norte, ya que los sarracenos se estaban haciendo fuertes en la ciudad de Lrida, dejando parte del territorio sin vigilancia, pude emprender el regreso con una escolta. Llevaba un correo para el rey Ramiro II, que as es como, ante terceros, aluda el conde a su suegro, acatando el deseo real de conservar su ttulo hasta la muerte. En la misiva, Ramn Berenguer IV daba cuenta de la toma de Tortosa, de cmo haba procedido con la poblacin y de los privilegios que le haba otorgado, insistiendo en que nunca consinti que los cruzados se comportaran como su fama los preceda, porque los prisioneros, an siendo infieles, son humanos, explicaba para mayor satisfaccin propia y de su suegro. Tambin le anticipaba su prxima campaa, por lo que haba mandado rdenes a Burgos para que su hermana fuera pensando en acompaar a Petronila a Huesca, tan pronto como l conquistara Lrida, no siendo necesario, por tanto, que t te desplaces a la corte castellana y corras riesgos innecesarios, le deca. Cuando regres a mi hogar, la pequea Isabel, la pcara alusin de la reina Berenguela convertida en un angelito sin alas, tena cuatro aos y era una preciosidad de criatura, simptica, risuea, alegre. Su hermano mayor, que as se haca llamar Gabriel, cuidaba de ella y la aleccionaba sobre el cuidado y la distancia que deba mantener con los gansos. El regreso del padre, colm de alegra el hogar. La heredad, gracias al entusiasta empeo de Crespo, era la admiracin de los aldeanos vecinos, a los que atenda solcito y les prestaba su ayuda y consejos para obtener buenas y abundantes cosechas.

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CAPTULO XXIX

La descompuesta monarqua visigoda, involucrada en luchas intestinas por conseguir el poder, hizo llamar a los musulmanes del norte de frica en el ao 714 para que ayudaran a un bando a luchar contra el otro. Cumplido el objetivo y viendo la facilidad con la que se podan extender por el territorio, ocupar ciudades y obtener beneficios, los islamitas del emir Al-Aahm se apoderaron de Lrida en el ao 716, obteniendo la capitulacin el emir Al-Hur en el 719 suscribiendo acuerdos y tratos con los conquistados que se respetaron, pasando la poblacin a ser parte integrante de la nueva sociedad, conservando su religin, costumbres y bienes, lo que facilit la convivencia. Sin embargo, el rey franco Ludovico Po saque la ciudad en el ao 801 aunque, a los pocos das, el emir Amrus-al-Leridi la recuper, as como el resto de otros territorios igualmente ocupados, lo que le llev unos siete aos de escaramuzas, entre el 802 y el 809, cuyas consecuencias las pagaron los mozrabes que vieron cmo se endureca el trato hacia ellos, lo que termin por provocar su emigracin. Para poder defender mejor el territorio sin depender de refuerzos exteriores ante posibles incursiones francas, Lrida se constituy en un reino de taifa, aunque fingiendo por inters una cierta fidelidad al emir de Crdoba, siendo el ltimo rey de Lrida Sula Hyman, destronado en 1102 por los intolerantes almorvides que acusaron a sus correligionarios de haber perdido la pureza integrista. Los nuevos moradores usaron Lrida como base de incursin en los condados catalanes. Por otra parte, Fraga, la ciudad de Al-Andalus prxima a Lrida y situada sobre el ro Cinca, ofreca todas las posibilidades a los agarenos para que su conocimiento de la agricultura, su dominio del agua y de los sistemas de regado, convirtiera la tierra en abundantes huertas, frtiles campos y verdes valles, dando origen a una prspera ganadera y a un creciente comercio, generador de riqueza. Para proteger el tesoro en que haban convertido Fraga, los sarracenos hicieron construir la Zuda dentro de una gran fortaleza amurallada, muy bien defendida e inaccesible, uniendo el castillo con las murallas por una red de tneles que converta la ciudad en casi inconquistable, lo que tuvo ocasin de comprobar El Batallador, que morira a causa de las heridas sufridas durante el fallido asedio. Rodeando las murallas, los jardineros se afanaron en embellecer el exterior de las murallas con numerosos jardines, orgullo de sus moradores y envidia de vecinos, en cuyo interior, la medina, qued configurada como un laberinto de estrechas callejuelas para mantenerlas frescas en verano y resguardadas del cierzo en invierno.

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A partir de la cada del Califato de Crdoba en 1010, Fraga pas a ser zona fronteriza de resistencia contra los cristianos. La proximidad entre Fraga y Lrida aconsejaba al prncipe de Aragn convertir ambas ciudades en objetivo comn. El Papa haba eximido a los reyes y seores cristianos de la Pennsula de acudir a liberar Jerusaln, considerando que la guerra abierta que mantenan con los almorvides en varios frentes era causa ms que justificada para disfrutar de la prerrogativa. Sin embargo, la dispensa no alcanzaba a la exencin dineraria y, faltos de recursos para sufragar la guerra santa papal, muchos fueron los judos asentados en territorios cristianos los que se vieron obligados a contribuir, sin saberlo, a la lucha contra el Islam en Tierra Santa, pagando un alto tributo por su condicin de comerciantes. Contando Berenguer convertido permita la otra. con la valiosa ayuda del conde Ermengol VI de Urgell, Ramn IV estudia sobre el tablero cmo conquistar Fraga, que se haba en una taifa, y Lrida, tratando de llevar a cabo una tctica que rpida rendicin de una y que su entrega contribuya a la cada de la

Sobre la carta, parece que lo ms aconsejable es atacar al mismo tiempo por el oeste, por el sur y por el norte, para no dar respiro a los agarenos al verse sorprendidos en una maniobra envolvente que no esperan, y aprovechar el desconcierto que crearemos sugiri Ermengol. Olvidas, querido Ermengol, que Al-Muzafar nos est vigilando desde hace tiempo y que, a buen seguro, ya se habr fortificado en su castillo, lo mismo que habr hecho Ibn-Mardanis en Fraga. Despus de haber tomado Tortosa, lo ms probable es que ambos esperen que sitiemos las dos ciudades y no un ataque por varios frentes objet Ramn Berenguer. No lo olvido, que lo tengo muy presente aclar Ermengol - . Podramos avanzar por el flanco oeste con tropas aragonesas que se encarguen de devastar campos, quemar cosechas y cortar ros, mientras que por el norte haran lo mismo las tropas condales, impidiendo nosotros, desde el sur, toda posibilidad de suministros, qu opinas, Ramn? La idea no es mala, si consideramos que de la manera que propones, las poblaciones se veran obligadas a refugiarse en las fortalezas, a las que pondramos sitio, y a los gobernantes no les quedara ms remedio que rendirse. Es decir, si todo sucediera como opinas, el coste en vidas sera nfimo, y eso me complace enormemente. Sin embargo

Ramn Berenguer se qued pensativo. Ermengol no ignoraba que las decisiones las tomaba el conde despus de sopesar todas las posibilidades, tanto de xito como de fracaso y esper al resultado de sus reflexiones.

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Sin embargo, querido Ermengol, si quemramos las cosechas y los campos fueran arrasados, no slo la poblacin sarracena se vera privada de sustento, sino, tambin nosotros arguy Ramn Berenguer y, como consecuencia, cuando se rindiera por hambre, no tendramos alimentos para sofocar su sufrimiento, ya que las vituallas que portamos apenas si nos alcanzaran para nosotros, pero tambin hay que pensar en los caballos y acmilas concluy. Tienes razn. Qu hacer? pregunt inquieto Ermengol. Es muy probable que la poblacin tenga suministros suficientes en sus almacenes para soportar un asedio, lo mismo que aljibes para saciar la sed, pero, ms tarde o ms pronto, las provisiones se les acabarn, aunque no estoy muy seguro que ocurra lo mismo con el agua, pero, ante la duda, podemos desviar los ros y esperar a que se coman todo lo que tengan, que el hambre es nuestro mejor aliado. Mientras, nos alimentaremos de sus campos y huertos respondi Ramn Berenguer. Tu idea me parece la mejor, Ramn, porque nosotros tenemos campo libre para que nos lleguen suministros cuando hayamos agotado las cosechas de sus campos exclam Ermengol acariciando una nueva victoria. Siempre te he dicho, Ermengol, que una buena estrategia es ms eficaz que la espada ms afilada concluy Ramn Berenguer.

Se puso sitio a Fraga y a Lrida. Ibn Mardanis, al que llamaban el rey lobo por su aspecto feroz, contaba tan slo 25 aos cuando, viendo que su gente empezaba a amotinarse por la falta de alimentos, una vez que se haban comido caballos, perros y gatos, se vio obligado a enviar una embajada para parlamentar con Ramn Berenguer IV y exponerle su decisin de negociar la rendicin de la ciudad, obteniendo como respuesta que su situacin no era la de imponer condicin alguna, pero que, sin embargo, se aceptaba su disposicin, siempre y cuando Lrida tambin se rindiera y se firmaran las capitulaciones al mismo tiempo. Ibn Mardanis respondi que desconoca la situacin de Al-Muzafar y que sera conveniente temer parlamento con l, respondiendo el conde que slo aceptaba que embajadores de una y otra taifa se entrevistaran en terreno neutral para intercambiar opiniones, facilitando escoltas cristianas para la seguridad del trnsito de los embajadores islamitas de una a otra ciudad. Las negociaciones entre embajadores se alargaron durante varios das, a cuyo trmino y facultados por sus respectivos reyes, hicieron saber al conde que haban convenido entre ellos la entrega de sus taifas.

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Con los honores propios a los que se rinden por hambre, Ibn Mardanis por Fraga y Al-Muzafar por Lrida, capitularon el da 24 de octubre del ao del Seor de 1149, consiguiendo un trato de favor para la poblacin musulmana que no quiso marchase y que consista en poder mantener sus creencias, regirse por sus propias leyes, conservar el idioma y la prohibicin de portar armas. Llevando a Ermengol a un aparte, Ramn Berenguer le susurr: -

Recuerdas lo que te dije sobre la eficacia de una buena estrategia? le pregunt con intencionalidad. S, claro que lo recuerdo, por qu? se sorprendi. Porque la poblacin agarena que se quede y a la que le he ofrecido un generoso trato, aportar a los nuevos pobladores sus conocimientos sobre agricultura y riego y harn prosperar los campos, valles y llanuras. Envuelves muy bien tu generosidad con tu inteligencia asinti Ermengol. Te corrijo, amigo, que no envuelvo, sino que utilizo ambas a la vez, porque muy mal servira al condado si fuera seor mezquino y necio respondi Ramn.

Entre los que partieron a otras tierras bajo dominio almorvide, estaban Ibn Mardanis y Al-Muzafar, sus esposas, hijos, concubinas, cortesanos y la poblacin que no quiso quedarse porque recelaba de las promesas del conquistador. Previamente, Ramn Berenguer IV haba sellado los salvoconductos para que transitaran por territorio cristiano sin ser inquietados. Al-Muzafar, a punto ya de abandonar Lrida y cuando los cortejos de ambos reyes destronados se encontraban formados en espera de la orden de marcha, se dirigi a Ramn Berenguer IV para agradecerle su conducta: Eres creyente, seor conde, y Al, o Dios como vosotros lo llamis, es el mismo y nico para todos y lo mismo entiende tu lengua como la ma, sin hacer diferencias. Pues, en nombre de Dios te pido que cuides de los que se quedan y a l lo pongo por testigo del cumplimiento de tus promesas, no porque t no vayas a honrar lo que t mismo has prometido, sino porque dudo de que los que vengan detrs de ti lo respeten. En nombre de Dios me comprometo a que lo que deje sellado ser respetado tanto por m como por los que me sigan, y, si as no se hiciera, que el propio Dios nos lo demande.

Al-Muzafar hizo una reverencia y, montado ya sobre su cabalgadura, dirigi unas ltimas palabras al conde que expresaban su hondo sentir y su pena por abandonar lo que consideraba suyo:
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Llegamos aqu hace casi cuatro siglos y medio y en estas tierras han nacido nuestros hijos y aqu estn enterrados nuestros padres y los padres de los abuelos de los abuelos de los abuelos de nuestros abuelos, y ahora nos echas de nuestras tierras, de qu autoridad moral te revistes para quitarnos lo que es nuestro? De la autoridad que me otorga ser dueo de lo que era nuestro antes de llegar vosotros. Adems, no te echo, sino que te he dado la opcin de que te quedes t y los tuyos en las condiciones que te he dicho. Bien sabes, seor conde, que no es juicio que salga de tu corazn, pues si as fuera, cuntos otros antes que nosotros han sido dueos de estas tierras y convivieron con los que existan y con los que llegaron despus? Tu razn, seor conde, es la fuerza que mueve tu fanatismo religioso. Adems, te recuerdo, conde, que no vinimos por voluntad propia, sino que nuestros antecesores fueron llamados por los tuyos. No roces el fanatismo porque perderas en la apuesta. Vete, pues, y vete en la paz de Dios.

UaAllahykum as Salm! exclam Al-Muzafar dando la orden de iniciar


la marcha, camino de Valencia y Murcia.

El conde Ramn Berenguer IV de Barcelona, una vez conquistada la ciudad de Lrida, orden al obispo Guillem Pere de Ravidats que se trasladara desde su dicesis de Roda de Sabena para que consagrara la mezquita mayor como catedral cristiana bajo la advocacin de Santa Mara la Antigua. El primer oficio que se celebr en la recin consagrada catedral leridana fue un multitudinario Te Deum en accin de gracias en el que participaron todos los seores y caballeros que haban intervenido en el asedio y conquista de la ciudad del Segre, celebrndose una misa de campaa en los alrededores para las tropas, asistida por varios frailes que se encargaron de administrar la comunin. El conde dispuso que todos los territorios que antes dependan del obispo de Roda, adems de las nuevas conquistas, como la de Fraga, pasaran a depender eclesisticamente de Lrida, rigindose la cannica por la regla de San Agustn. Redact una misiva para el rey Ramiro II en la que le daba cuenta de la conquista de las dos ciudades, integrndolas a su condado y dando por configurado su territorio que, a partir de ese momento, se llamara Catalunya Nova, disponindose a otorgar terrenos y concesiones para repoblar las nuevas tierras y asegurar el asentamiento. En lo ms ntimo, le deca a su suegro que ya haba cumplido su promesa a Petronila y que aguardara a que cumpliera los 14 aos exigidos por la Iglesia en agosto para contraer matrimonio en la reciente catedral de Lrida.
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En cuanto recibi fray Ramiro la nota de su yerno, le falt tiempo para llamarme a su lado y contarme las buenas nuevas. Es preciso que Petronila venga a Huesca y que lo haga con todos los invitados reales y de la nobleza que debern estar presentes en su desposorio. En cuanto nos descuidemos, el mes de agosto se echa encima me expuso en tono festivo fray Ramiro. Qu he de hacer, buen fraile? pregunt un tanto desconcertado -. He de ir a por la princesa? No, hijo mo, no, que eso es cosa de que lo hagan los padres burgaleses, como yo los llamo, pues ellos no pueden faltar a este acontecimiento. Seguro estoy de que el prncipe ya habr mandado despachos a Burgos y otras cortes invitando a reyes y nobleza a su casorio. Cundo se celebrar? pregunt picado por mi curiosidad. No lo dice, pero es muy probable que sea el mismo da 11 al cumplirse los 14 aos de edad de Petronila y los 13 aos de la firma de las capitulaciones nupciales en Barbastro. Otra fecha sera inapropiada.

Meses ms tarde de la conquista y ya en el ao 1150, Ramn Berenguer IV otorg Carta de Poblacin a la ciudad de Lrida. Como instrumentos de reorganizacin y de repoblacin de las tierras nuevas conquistadas, Ramn Berenguer IV dispone que se repartan tierras a los pobladores que estn dispuestos a labrarlas y sacar provecho propio, a la vez que ordena que no se olvide el orden espiritual y manda que se erija un conjunto de templos y monasterios, regidos por la Orden del Cister, y que se distribuyan por las comarcas del Alt Camp y la Conca de Barber, en Tarragona, y por Urgell en la de Lrida. Surgen, sucesivamente, los monasterios de Poblet en la Conca de Barber, fundado a partir de la Carta de Poblacin de 1150, el de Santes Creus en el Alt Camp y el de Santa Mara de Vallbona, en Urgell, algo ms tarde, todos ellos situados en terrenos despoblados y vrgenes, pero siempre junto a cauces de agua que los monjes, haciendo honor a su Ora et Labora, convertan en tierras fecundas y productivas. Me entusiasma la austeridad en la construccin de los monasterios del Cister, que prescinden de toda ornamentacin con objeto de exaltar la piedra desnuda, smbolo de pureza y sobriedad exclam Ramn Berenguer de una forma totalmente espontnea y llena de sinceridad a su amigo Ermengol y elegir el de Ripoll cuando se concluya como lugar de mi sepultura termin por confesar, dibujndose en su rostro la gran paz que emanaba de su interior.
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Quedaban meses para que la catedral de Lrida se vistiera de gala para acoger en sus naves a los invitados que seran testigos del desposorio ms importante que se iba a celebrar y que pasara a la posteridad, no slo por el linaje de los contrayentes y de lo que representaba su unin desde el punto de vista poltico, sino porque hasta haca bien poco, la catedral era templo agareno donde los musulmanes oraban a Al.

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CAPITULO XXX

Lujosos carruajes y ostentosas comitivas con escoltas de lo ms florido de la nobleza estuvieron transitando durante varios das por los caminos que llevaban, unos, a Huesca, y otros, los ms, a Lrida. Se trataba de reyes, magnates, nobles, seores, ricos hombres, prelados, hidalgos y ttulos de los reinos vecinos que asistan a las nupcias de Petronila de Aragn con Ramn Berenguer IV de Barcelona, pernoctando los que procedan de lejos en los castillos y palacios sarracenos recin apropiados y que conservaban todo su esplendor y grandeza; otros, en los monasterios y casas seoriales de los terratenientes. La reina Berenguela acompaaba a su cuada Petronila. Ambas viajaban en el mismo carruaje, una confortable y cmoda carroza de doble cubierta, rellena de paja como aislante y acondicionada de tal forma que el aire circulaba libremente entre ella y mantena fresco el interior. Se alojaran en el palacio de Huesca, donde estaba previsto que el rey Ramiro II las recibiera y tuviera el primer encuentro con su hija, despus de casi 14 aos sin verse. Alfonso VII viajaba con su squito desde el lugar donde mantena una serie de algaradas con los agarenos, tomndose una tregua para asistir al acontecimiento que, segn l mismo deca a los suyos, cambiara las fronteras de los reinos cristianos. No asistira Garca Ramrez, rey de Pamplona, que haba sellado un tratado de paz con el conde de Barcelona un ao antes, el da primero de julio de 1149, en el que se inclua, entre otras, la promesa de desposorio de Ramn Berenguer con su hija, la princesa Blanca, a pesar de estar comprometido con Petronila, una promesa que no llegara a cumplirse porque tena como origen una argucia para evitar una nueva desestabilizacin del reino aragons. Sin embargo, el acuerdo qued disuelto por ambas partes, por lo que, ya sin obstculo alguno y vueltas las aguas a su ser, no hay nada que impida el casorio entre Petronila y el prncipe de Aragn. Los condados catalanes se hacan fuertes por medio de casorios de conveniencia, muchos de ellos endogmicos, y tratados de paz con reinos vecinos, acuerdos en los que, para sellarlos, se inclua la formalidad de esponsales con alguna princesa. La gente del pueblo ya conoca la nueva de que se aguardaba la llegada de su princesa, y, como si fueran a recibir un obsequio por ser los primeros en verla, aguardaban pacientes en la plaza y calles adyacentes al palacio a que apareciera la comitiva real. Incluso, haban sorteado entre ellos quines se apostaran en la puerta de entrada a la ciudad para, nada ms avistarla, avisar a los dems.
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Exploradores y guas se haban desplazado a las afueras de Huesca para sumarse a la comitiva real y escoltarla hasta palacio en cuanto se unieran a ella. Con anterioridad, Ramn Berenguer y Ramiro II haban tenido una conversacin en la que el prncipe solicitaba consejo a su suegro si deba o no estar presente en el recibimiento de la princesa. Creo, hijo mo, que sera ms apropiado que aguardaras a tu futura cnyuge a la entrada de la catedral le respondi fray Ramiro - . Ten presente que llegar del viaje fatigada, alterada y que le esperan unos das de intensa emocin. La descubrirs el da de vuestro desposorio que, sin duda, estar ms bella y reluciente que nunca. Es mi opinin, Ramn. La acepto como sabia, aunque no s cmo soportar ms tiempo la espera respondi conforme el prncipe. Nunca, que yo sepa, la has visto, as que, qu significan unos das ms? Mrchate a Lrida, Ramn, y ocpate de que los preparativos sean acorde con el acontecimiento que se va a celebrar aconsej fray Ramiro. Puedo llevarme conmigo a Astudillo? Me servir de gran ayuda solicit a su suegro olvidando, por un momento, que l tena toda la potestad para decidir y exigir. Me pides con espontaneidad un favor y me siento muy gratificado por tu llaneza, pero, con la misma confianza, te pido que me permitas tener por unos das a Astudillo. l conoce a Petronila, ms an su esposa, Marta, y ambos me prestarn un gran servicio para que el encuentro con mi hija sea lo ms natural posible y sin que ella se sienta inquieta o nerviosa, y yo, sosegado. Te lo ruego, Ramn, dispnsame este privilegio. T tienes toda la vida para estar con Petronila. No es un privilegio, Ramiro, sino un derecho respondi el prncipe. Qu Dios te lo premie, hijo mo! concluy fray Ramiro. que alto que que una

Tan pronto como Lrida fue conquistada, Ramn Berenguer haba dispuesto se fundiera una campana de grandes dimensiones para colgarla en lo ms de lo que hasta entonces fuera alminar de la mezquita, ya campanario, al haban llevado campanas de otros templos de diversos tamaos para repicaran el da 11 de agosto, pero, al no disponer de la mayor, encarg cuyo volteo pudiera orse a muchas leguas a la redonda. -

Es cuestin de tamao, gordura, forma y ancho de la campana, mi seor le haba respondido el herrero Lipinez. Yo no entiendo de campanas, pero s quiero que debe sentirse su sonido en toda la villa de Lrida y su comarca. Es el encargo que te doy y debe
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estar lista y colgada en la catedral antes del da 11 del mes de agosto. Tienes tiempo. Har todo lo que pueda por complacerte, mi seor respondi Lipiez. Te dejo a mi hombre de confianza. l se encargar de facilitarte todo cuanto puedas necesitar para tu faena, como material, hombres, lea No s, lo que precises. Astudillo es su nombre.

Yo vi en el encargo de mi seor la oportunidad de satisfacer una de mis muchas curiosidades. Desde que oyera varias veces al da las campanas de San Pedro el Viejo, haba anidado en mi mente la intriga de averiguar qu secretos guardan las campanas para que cada una suene distinta a otra, siendo que, en apariencia, todas las que son iguales deberan repicar parejo. Como ests viendo, seor Astudillo, primero hay que construir lo que nosotros llamamos la horma, que debe tener la forma del hueco de la campana le sealaba Lipiez. La horma se hace con una mezcla de arcilla, pelos de cabra y estircol de caballo. Estircol, Lipiez? pregunt creyendo descubrir el secreto buscado. El estircol hace que la arcilla sea ms resistente al calor respondi Lipiez indiferente -. En cuanto a los pelos de cabra, sirven para darle consistencia a la arcilla aadi con igual desinters.

Comprob entusiasmado cmo unos hombres ayudaban al maestro fundidor Lipiez a construir el hueco de la campana con tan extrao material, untando la mezcla en diferentes capas sobre un armazn de adobe que reposaba sobre un hogar de lea. Cuando el maestro dio por terminada la horma, dando capas de grosores variables segn la forma que quera obtener, procedi a secarla prendiendo fuego a la lea del hogar. Despus, unt de nuevo la horma con el mismo heterogneo material y comenz un recorte preciso del material sobrante para dar la forma definitiva de la futura campana. La herramienta que Lipiez utiliz era un escantilln, terminando la faena con el embadurnado con grasa de vaca para obtener una superficie lisa. Ha llegado el momento, seor Astudillo, de estampar sobre la capa grasa las inscripciones que se hayan previsto que luzca la campana, el nombre, si es que ha de tenerlo, el ao de su construccin y el nombre del maestro fundidor, y se acaba de elaborar lo que llamamos falsa campana. Falsa campana? pregunt sorprendido.
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S, claro. No ves, mi seor, que as no puede sonar? Tiene forma de campana, pero no es todava una campana. Aguarda, ten paciencia y ya vers la conclusin de la faena. Ahora, untamos la falsa campana con cera de velones dando capas de grosor variable, segn el sonido que deseamos obtener. Aqu est el secreto que con tanto ahnco buscabas, mi seor Astudillo. Parece fcil, maese Lipiez Cuesta aos de experiencia y de errores saber lo que se hace, mi seor Astudillo! respondi ufano el maestro fundidor.

Asist al embadurnado de la capa de cera con un nuevo y espeso manto del mismo extrao material y, cuando estuvo seco y consistente, volvi a prenderse fuego al hogar de lea y vio, atnito, cmo sala la cera derretida por la parte ms baja, cegando a continuacin la salida de la cera con una gruesa costra de la misma mezcla. Esa cera que se pierde al fundirse, mi seor Astudillo, ha dejado un vaco entre la horma y la falsa campana que dar nacimiento a la campana que taa en la catedral de Lrida. Asombroso! Pero, an no s cmo Ah, impaciente! Mira lo que hacen aquellos hombres, mi seor.

Observ con qu precaucin unos hombres transportaban en un crisol el material fundido en la fragua. Con ms mimo que si se tratara de manejar a un recin nacido, fueron volcando poco a poco el caldo por la parte superior del hueco que haba dejado la cera perdida. Despus de la operacin que acabas de presenciar y que nosotros llamamos colada, hay que dejar enfriar el metal durante cinco o ms das, depende del tamao. Luego, se rompe la capa protectora y la campana, que aparecer con una capa de arcilla quemada, se pule y queda lista para colocarle el badajo, despus de extraer la horma. Maese Lipiez, me has enseado la importancia que tienen en el resultado final los distintos espesores de cera que le das a la falsa campana, pero an sigo sin descubrir cmo se consigue el sonido que diferencia una campana de otra plante. Veo que tu impaciencia tiene alas, mi seor Astudillo. Aguarda y lo vers. Antes, he de decirte que la sonoridad final de la campana se rige por unas normas muy estrictas que vienen de antiguo y que slo el maestro campanero conoce porque tiene un odo muy fino y educado para ese menester durante aos.
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El maestro Lipiez golpe la campana y escuch atentamente. Volvi a repetir la operacin y as varias veces. A continuacin, dijo: Hay que repasar aqu - seal una zona del interior.

Con sumo esmero y mayor precaucin, pas una piedra pmez por la parte que seal y volvi a golpear la campana. El sonido que produjo era ligeramente distinto, pero slo l poda percibirlo, y, por la cara que puso, no pareca estar muy satisfecho. Insisti en la faena varias veces ms hasta que una sonrisa brot de sus labios, exclamando: Ahora s est afinada! Qu razn tena mi seor de que t sabras construir la campana que debe sonar en sus nupcias! me un al contento de Lipiez. La campana es un objeto sagrado, mi seor Astudillo, que simboliza la cristiandad y pone ritmo a todas las horas de nuestra vida y sus grandes acontecimientos respondi un satisfecho Lipiez. Qu razn tienes, maese fundidor! correspond. Puedes asegurar al prncipe Ramn Berenguer que la campana lucir en el campanario de la catedral de Lrida y que su taido se oir a mucha distancia para anunciar sus esponsales. Mi campana aadi Lipiez se unir a las otras que dices han llevado de otros templos y todas repicarn formando un armonioso carilln. Yo estar all por si ocurriera algn percance y fuera necesaria mi intervencin concluy Lipiez.

Me desped del maestro Lipiez prometindole hablar al prncipe de su buen hacer y encamin mis pasos hacia San Pedro el Viejo, donde, en contra de lo que crea, no se hallaba fray Ramiro. Ha ido a esperar a la princesa Petronila y a la reina Berenguela, que ya estarn al llegar, si no lo han hecho ya. Antes, vino tu esposa y pregunt por ti, pero no supe qu decirle. Seguro que estar con el abad Ramiro.

Quien as acababa de informarme era fray Onofre, el que fuera mi otro maestro. Me fui hacia la plaza del palacio y, en efecto, a pesar del gento, all encontr sin dificultad a fray Ramiro y a Marta, juntos. Ambos esperaban formando parte de la gente la llegada de la comitiva. Por qu aqu, buen fraile? pregunt extraado al verlos mezclados entre la muchedumbre. Porque quiero ver a mi hija de lejos para ir hacindome a la idea y deseo ver a la gente y or qu dice al verla. Quiero saber qu opina el pueblo despus de su larga ausencia se excus fray Ramiro.
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De esta manera, buen fraile, corres peligro de que la gente te arrolle en su mpetu cuando vea aparecer el carruaje, y Marta corre el mismo riesgo. Adems, juegas con ventaja, buen fraile, ya que Petronila no sabr que la observas de lejos y ella estar ms ansiosa que t - me atrev a replicar. Tal vez tengas razn, hijo mo, pero djame que cumpla mi deseo. Voy siendo mayor y debo dosificar mis emociones. Si quieres, t y Marta podis entrar en palacio y aguardarme all. No, buen fraile. Iremos todos juntos cuando veamos a la princesa. Luego, nos adelantaremos y la esperars en palacio suger como precaucin.

La gente que se haba apostado en las puertas de la ciudad lleg corriendo y vociferando: La princesa, la princesa!

Al poco, retumb en toda la plaza la trompetera real y los redobles de tambor que precedan a la comitiva. El corazn de fray Ramiro salt en su pecho. La guardia de cabecera apareci y abra paso al carruaje, escoltado por el resto de las tropas castellanas y aragonesas, con sus estandartes y pendones al are. La gente guard un silencio expectante y los cascos de los caballos y el rodar del carruaje se podan or desde cualquier rincn sin dificultad. La guardia de honor que recibira a las ilustres damas se acanton formando doble hilera desde la puerta del palacio hasta el lugar previsto en que parara el carruaje real. En el centro de las gradas se destacaba la apuesta figura del prncipe de Aragn. Al verlo fray Ramiro, se sorprendi, pues no era lo convenido, pero, al pronto, convino que era una buena idea porque, en estado de felicidad, nada puede hacer dao, y, sin dudarlo, se fue hacia l, acompaado de Marta y de m. Al verse suegro y yerno, se sonrieron y se abrazaron. Me has engaado, tramposo conde le dijo fray Ramiro reprobando amablemente y con aire festivo el cambio de actitud. Debes comprender, querido Ramiro, que hubiera sido una tortura para m prescindir de encontrarme con mi esposa y marcharme a Lrida, estando yo aqu y el pueblo aguardando la llegada de la princesa se excus Ramn Berenguer, pero no logr convencer a su suegro. Entonces, prncipe de Aragn y conde de Barcelona, recibamos a la princesa con los honores que merece, t, como esposo y futuro cnyuge, yo, como padre sugiri fray Ramiro. Hagmoslo as, rey Ramiro II de Aragn asinti Ramn Berenguer.

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El silencio cortante que se haba establecido en la plaza se troc en un estruendoso gritero y aplausos cuando termin de pasar la guardia de cabecera y el carruaje real se detuvo. Un caballero abri la portezuela. Dentro haba dos damas y dos infantes. Hinc una rodilla en tierra y se inclin todo lo que pudo mientras sostena la portezuela abierta en espera de que los viajeros descendieran. Los infantes, por su inquieta vitalidad, saltaron a tierra y empezaron a curiosear todo lo que los rodeaban. A continuacin, baj la reina Berenguela, aconsejando a sus hijos que no se alejaran. Por ltimo, Petronila puso pie en la tierra que la vio nacer catorce aos antes. Los gritos de entusiasmo y los aplausos de jbilo redoblaron en intensidad y provocaron una generosa sonrisa en los labios de la joven princesa, que estaba aturdida por el inesperado recibimiento. Primero con una mano, luego con las dos, fue saludando a la gente que, a duras penas, era sujetada por la barrera que haba formado la guardia. No se atreva a dar un paso adelante. Estaba conmovida. Peronella, debemos ir hacia palacio. Desde algunos de sus alfizares podrs saludar a la gente que con tanto fervor te aclama. Compruebo que eres muy apreciada, y me alegro.

Fray Ramiro y Ramn Berenguer observaban desde las gradas. Cuando Petronila pareca que se dejaba conducir por su cuada hacia palacio, le dijo: Aguarda un poco, Berenguela, que quiero vivir este instante de mi recibimiento en toda su intensidad porque ya no se volver a repetir nunca ms.

Fray Ramiro comprobaba que el pueblo no haba olvidado a su hija, la futura reina de Aragn, y todo el sufrimiento y el dolor que la nobleza aragonesa le haba hecho pasar, en ese instante quedaba olvidado y compensado su dao al ver feliz a su hija, verla querida por el pueblo y, tal vez, tambin amada por su esposo, del que se rumoreaba que su castidad no era un ejemplo a seguir. Echando a andar con desgana, con pasos tmidos y sin conviccin, Petronila deseaba prolongar su presencia entre el pueblo, recibir su afecto, su cario, del que tantos aos permaneci ajena al sentir de su gente. Petronila le susurr al odo a su cuada: Berenguela, a quin crees t que vitorea y aclama el pueblo? No te entiendo, Peronella, puedes ser ms explcita? respondi la reina. Me pregunto si lo que mueve a esta gente a saludarme con tanto fervor es la curiosidad, o por ser la hija del abad Ramiro, o, tal vez, por ser la princesa y futura reina de Aragn, por qu?

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No te lo preguntes y, como bien has dicho antes, disfruta de este momento, que es irrepetible respondi por experiencia propia la reina.

Al ver que ya se decidan las dos damas a encaminarse hacia palacio, Ramn Berenguer y fray Ramiro se acercaron a ellas. Cuando estuvieron frente a frente y como si un resorte impidiera dar un paso ms, los cuatro cruzaron sus miradas ante la indiferencia de los dos infantes. Berenguela sonri a su hermano y ambos se aproximaron y se abrazaron. Peronella no saba quien era el fraile, pero intua quien sera. Su mirada clida y su sonrisa bondadosa no ofrecan duda. Padre e hija seguan con las miradas prendidas y el cuerpo paralizado por la emocin. La reina rompi el impresionante silencio entre ellos: Ramn, aqu est Peronella, tu esposa. Peronella, aqu tienes a tu futuro cnyuge, Ramn.

Ramn Berenguer se arrodill ante Petronila, le tom la mano derecha y se la bes, dicindole: No esperaba que la reina de Aragn fuera una flor tan delicada y hermosa. Soy un vasallo de tanta inteligencia y belleza, rara vez reunidas en una dama llamada a ser seora de seores.

Petronila, sorprendida por el inesperado requiebro y an aturdida por la presencia de fray Ramiro e incapaz de separar su mirada de la de su padre, respondi con no menos gentileza: Sois apuesto y galante, esposo mo, y slo espero que la belleza que en m apreciis, apariencia exterior, sea la puerta que os permita descubrir mi verdadero ser, que estar siempre a vuestro servicio.

Petronila intent arrodillarse y besar la mano de su esposo, pero, aunque la pleitesa era recproca, Ramn Berenguer no consinti la reverencia y, tomndola por los hombros, ayud a que se alzara. Estando frente a ella, la mir con detenimiento. En sus ojos haba un brillo especial y muy sugerente. Se acerc y le dio un beso en la frente y, luego, en las manos. No es preciso que utilices el tratamiento castellano en Aragn le aconsej.

El propio Ramn Berenguer, observando el inquietante silencio de su suegro, tom la palabra: Peronella, aqu tienes a tu padre. Rey Ramiro, aqu tienes a tu hija.

Sin que nadie esperara el gesto, el rey Ramiro sorprendi a todos arrodillndose ante Petronila y, tomndole las manos, se las bes, sin que ella pudiera impedrselo.
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No tienes que arrodillarte ante m, pues an no soy reina intent salir del inesperado trance. No me arrodillo ante la princesa ni ante la reina, que me arrodillo ante mi hija para pedirle perdn por mis errores respondi fray Ramiro, arrodillado, con las manos de su hija entre las suyas y la cabeza humillada. Levntate, padre, que nada he de perdonar, porque lo que hubiera, ya est perdonado! grit Petronila en un sollozo, mientras se agachaba y trataba de ayudar a incorporarse a su padre tomndolo por los brazos.

Fray Ramiro se apoy en los brazos de su hija, se incorpor, y sin soltarlos, abri los suyos invitando a su hija a que los cerrara en un abrazo. Padre e hija permanecieron un rato abrazados, llorando lgrimas de contento, susurrndose: Petronila, hija ma! Padre, padre mo! Qu dara yo porque mi madre estuviera aqu? Y yo, qu dara?

Las escasas personas que estaban cerca y que pudieron ver y or, quedaron conmovidas.

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CAPTULO XXXI

Hacia das que Lrida celebraba con anticipacin las nupcias de la joven princesa aragonesa y el maduro conde barcelons, que contaba 37 aos, y los aires festivos se notaban en toda la comarca, tanto en la ciudad como en los campos aledaos, tomados como campamentos improvisados por los muchos aldeanos que no quisieron perderse tan esperado acontecimiento. El conde haba dado orden de que la gente se sumara al contento de los esposos y lo celebrara cantando y bebiendo, pero sin alterar el orden, en cuyo caso las prisiones tendrn las puertas abiertas para entrar, pero no para salir sin el pago previo de una punicin y, en el caso de los ebrios, adems, hasta que estuvieran sobrios, rezaba el bando pregonado por plazas, calles, esquinas, tabernas, figones y all donde hubiere aglomeracin de gente. Tan conmovida estuvo la princesa el da de su llegada al palacio de Huesca, tras el inesperado encuentro con su esposo y su padre, que no repar en la presencia de Marta y yo, que tambin estbamos en las gradas. Transcurrido un tiempo, despus de cambiarse la ropa de viaje por otra ms liviana y cmoda, dese hablar a solas con su padre y, excusada su ausencia por razones ms que comprensibles, le propuso almorzar juntos. Hoy todo es especial, hija ma, hasta que t me invites a comer exclam gozoso fray Ramiro. No hay nada de extraordinario en que una hija desee hablar con su padre sin ser importunados por nadie, despus de tantos aos, no te parece? respondi Petronila - , adems de tener la siempre buena excusa de compartir la mesa aadi festiva. Parece que gozas de buen apetito, Petronila, y, sin embargo, eres magra observ el padre. Como lo que deciden en palacio. Quin decide? Pues, unas veces la encargada de la cocina, otras, la reina, y cuando est el rey, l, pero siempre es carne, no importa quin lo decida. No te gusta la carne? No, no mucho. Hija ma, hasta en eso te pareces a m! Yo tampoco como carne.
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El tema de conversacin era adecuado para romper el distanciamiento, pero, al poco, se fue haciendo ms ntimo, ms familiar: Padre, hblame de mi madre.

Fray Ramiro esperaba la pregunta y le habl de Ins de Poitou desde el primer momento en que tuvo conocimiento de su existencia hasta que tuvo que marcharse, y de cmo y cunto la recordaba. Los sirvientes haban dispuesto una mesa con abundantes viandas para no molestar a los comensales entrando y saliendo para servir. Cuando fray Ramiro hubo dado por terminada su recreacin, Petronila se hizo una promesa en voz alta: Ir a verte y a conocerte a Fontevrault, madre! Le dars una gran alegra a tu madre, hija ma, y ser el presente ms valioso que jams recibiera. Tu presencia le servir de consuelo en el otoo de su vida y ser para ella como estar a las puertas del cielo manifest fray Ramiro con palabras llenas de gratitud.

La siguiente pregunta no se hizo esperar: Ahora, hblame de ti, padre.

Pasaron juntos mucho tiempo hablando de todo cuanto interesaba a Petronila, sin ms testigos que los muros y la soledad de la sala. Cuando la princesa estuvo satisfecha, fray Ramiro dijo: Ahora, hija ma, me gustara que t me contaras de ti, aunque muchas de las cosas tuyas ya las s por Marta y Astudillo.

En ese momento, Petronila record a sus amigos. Padre, puesto que de m sabes tanto y tendremos tiempo para que yo te cuente todo lo quieras, me gustara dejar el tema por un momento y que hicieras pasar a estos amigos. He sido muy descuidada con ellos. Me esperaban en las gradas y no los he atendido, qu descortesa! No te preocupes, hija ma, que repararemos el dao enseguida, aunque seguro estoy de que no se habrn sentido ofendidos, los conozco muy bien observ fray Ramiro, al tiempo que haca sonar un campanil para que acudiera un sirviente, al que pidi que, si estaban an en palacio, los buscara y los hiciera pasar.

Padre e hija haban dado por terminado el almuerzo y abandonaban la mesa para dirigirse a unas cmodas jamugas que haba en un lateral, cuando
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aparecimos Marta y yo en el umbral de la puerta. Ninguno de los dos nos atrevamos a usar la familiaridad a la que estbamos acostumbrados con fray Ramiro y la situacin se hizo embarazosa. Marta y yo aguardamos a ser invitados a pasar. Fray Ramiro, viendo la confusin en el rostro de sus amigos, se ech a rer. Petronila lo mir sin comprender. Pasad, hijos mos pasad escuchamos la voz clida del abad.

Yo ced galantemente el paso a mi esposa para que ella saludara primero a la princesa, mientras yo me quedaba rezagado para que mi buen fraile me sacara del confuso trance que estaba pasando. Marta lleg a la altura de Petronila, le tom las manos y cuando fue a hincarse de rodillas, la princesa se agach, la tom por los hombros y se lo impidi. Estamos entre amigos, Marta, y solos. No es necesario el protocolo en estas circunstancias. Adems, he querido verte para disculparme por mi torpeza. He sido descorts contigo y, creme, no era esa mi intencin. No tenis que disculparos, mi seora, que una princesa como vos, tan buena y tan cariosa, nunca ofende.

Petronila sonri con la felicidad proyectada en su rostro. Tom a Marta y se abraz a ella con la fuerza de la amistad que an no haba cuajado pero que no se hara esperar mucho. Las dos damas, abrazadas, revivieron tiempos burgaleses en que los abrazos tenan nombres, unos eran sanadores, otros, consoladores. Por favor, Marta, te lo ruego: no uses el tratamiento castellano. Estamos en Huesca, lo has olvidado? No, no lo he olvidado, pero no me atreva por si incomodaba

Fray Ramiro asista a la escena complacido, como el padre que observa a sus hijas que, despus de una ausencia, se demuestran el cario que se tienen al encontrarse. Yo aprovech la situacin para acercarme a l y en un susurro, le dije: Siempre te he llamado buen fraile, o fray Ramiro, y t conoces muy bien las instrucciones que recib de Fortes para no cometer incorrecciones, pero, ahora, en este instante, cmo debo dirigirme a ti delante de la princesa? Y, cmo he de dirigirme a ella?

Fray Ramiro se ech a rer de buena gana y sus carcajadas atrajeron las miradas de las dos damas ante mi asombro.

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Hijo mo, hijo mo! Cuando menos lo espero, me sorprendes con alguna de las tuyas. S, pero eso no responde a mi pregunta reclam. Acaso no has visto y odo lo que le ha dicho Petronila a tu esposa? S, pero es entre ellas y yo Recuerdas que un da te dije s t mismo, Astudillo? Ha llegado, acaso, el momento en que te lo tengo que volver a recordar?

Cierto es que haca tiempo que yo haba dejado de ser el aldeano timorato y aterrado que era cuando llegu a San Pedro el Viejo. En mi condicin de caballero y hombre de confianza del rey y del prncipe, haba asistido a ceremonias en palacios y conoca perfectamente las normas del protocolo, sin embargo, no pude refrenar un impulso de intenso entusiasmo que me sala del alma y me dirig a la princesa, an abrazada a Marta, separ suavemente a mi esposa y tom su lugar, atrayendo a Petronila hacia m y depositando en su frente un beso. Luego, le dije: Bienvenida a tu tierra, Petronila!

Fray Ramiro se quedaba sin resuello a causa de las carcajadas sin fin que mi fresca espontaneidad le haba provocado, mientras Marta se sonrojaba y esconda su rostro entre sus manos, comida por la vergenza. La princesa, por el contrario, aunque sorprendida por la inesperada naturalidad, estaba encantada: Es la primera vez que me tratan como a una mujer!

Sorprendido de mi propio exceso de confianza, abochornado y confuso, reparaba aterrado que, a pesar de mis ruegos, la tierra no se abra para tragarme, por ms que lo deseaba. Viendo los apuros por los que estaba pasando, fray Ramiro, sin poder contener las carcajadas, se acerc a m y me abraz, dicindome: Eres nico, hijo mo! Me has hecho muy feliz, Astudillo, y agradezco tu sincera cordialidad y tu candorosa espontaneidad me tranquiliz la princesa, obsequindome con una clida sonrisa -, y t, Marta, eres envidiable por tener un esposo tan gentil y tan llano. No es extrao que te divierta el habitual desenfado de Astudillo, hija ma, y no hay nada de irrespetuoso en su trato hizo notar fray Ramiro. Ya lo he visto, padre, es un caballero muy agradable afirm Petronila.
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Marta sonrea tmidamente, sin atreverse a hablar, y yo, carraspeando, coment que el prncipe estara pronto a llegar, y no haba acabado de decirlo cuando un heraldo lo anunci, y an le dio tiempo de presenciar parte de lo que all se guisaba. Vaya! veo que hay diversin, a qu se debe?

Petronila se fue hacia l, se abrazaron con afecto y, brevemente, le coment. Ramn Berenguer celebr lo ocurrido dejando libre su contento en forma de limpias y sonoras carcajadas. Astudillo, mi buen Astudillo, ven a mis brazos! me pidi el prncipe.

Vuelta la normalidad a la sala, el prncipe vena a decir a su esposa que se retiraba a Lrida y que all la esperara, en la puerta de la catedral. Te ofrecer el regalo que me promet hacerte hace aos. Por qu has de irte, Ramn? pregunt visiblemente contrariada Petronila. Bien lo sabes, Peronella. He de atender a los muchos invitados que ya habrn llegado y hacerle los honores. Adems, tengo entendido que el protocolo exige que el esposo aguarde a la esposa. Y Berenguela y los infantes? pregunt la esposa. Ya sabes que mi hermana ser mi madrina y mis sobrinos, unos testigos ms, y haba decidido que se vinieran conmigo ahora, pero, despus, lo he pensado mejor y creo que ser muy aburrido para ellos. Que vayan en vuestra comitiva. Entonces, ya no nos veremos? protest Petronila. Eso es: ya no nos veremos hasta pasado maana respondi el prncipe ocurrente.

Tras las despedidas, volvieron a la realidad de que slo faltaban dos das para el acontecimiento y, aunque todo estaba listo, pensando en posibles imprevistos, todos ordenaron a sus sirvientes que se afanaran en repasar las vestimentas, adornos y dems. Fray Ramiro se marchara a San Pedro el Viejo despus de acordar conmigo que el carruaje de la esposa hiciera un alto en el monasterio, camino de la salida de Huesca, para recogerlo. No te olvides, Astudillo, que soy el padrino y uno de los oficiantes.
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Cmo olvidarlo, buen fraile? Eres ms importante que los esposos, pues sin ti, no hay casamiento! respond con mi donosura habitual.

Petronila, antes de retirarse a sus aposentos, le ofreci a Marta ser una de sus damas de honor. Yo, entre reinas, princesas, damas de la nobleza? Lo agradezco en el alma, pero no tengo linaje para estar entre tan granadas seoras. Quiero que seas mi dama, no por tu alcurnia, sino por ser amiga ma, no te es suficiente, Marta? Ms que suficiente, princesa! exclam alborozada. Pues, ven a ayudarme que, luego, te ayudar yo concluy Petronila.

Los oficiantes de la misa nupcial seran, adems del abad de San Pedro el Viejo, el recin nombrado obispo de Lrida y prelados venidos de los territorios condales. El carruaje real, adornado con estandartes y guiones del reino de Aragn y los flancos protegidos por doble hilera de tropas engalanadas, a cuyo frente me encontraba yo con el pendn de la Casa de Aragn, portaba en su interior al rey Ramiro II, a su hija, la princesa Petronila, a la reina castellana Berenguela y a Marta como dama de honor. En otros carruajes que formaban la larga comitiva, iban los hijos de Berenguela, los infantes Sancho y Fernando, las damas de compaa de la reina y de la princesa, el Justicia de Aragn, los secretarios y hombres de confianza del rey, caballeros y damas de la nobleza aragonesa, y el obispo de Huesca y amigo de fray Ramiro. A la aparicin de los primeros soldados en la explanada que preside la puerta de la catedral, la multitud all congregada prorrumpi en un gritero expectante que se troc en vivas y loas para la princesa, que saludaba con la mano al paso entre la gente. Qu guapa es y qu joven! decan unos al verla. Que carita de buena y qu ojos ms lindos tiene! decan otros. Es como su madre, que la vi yo cuando se despos con el rey nuestro seor en Jaca, que yo estaba all! asegur una comadre atrayendo hacia ella la atencin de las dems. Qu tu has visto a la reina Ins de Poitou? le inquiran. Por estas que s! juramentaba haciendo con los dedos una cruz y besndola.
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A la puerta del templo aguardaba gallardo Ramn Berenguer con su corte de damas y caballeros, as como lo ms florido de los invitados, Alfonso VII entre ellos, reyes, condes, seores, ricos hombres. Al descender del carruaje Ramiro II y la princesa, las aclamaciones y los vivas se hicieron atronadores. El padre ofreci su brazo derecho extendido y, con la suavidad de una pluma, Petronila pos en l su mano izquierda, dirigindose ambos hacia la catedral. Al llegar a la altura de las gradas, Ramn Berenguer descendi, bes a quien pronto se convertira en su suegro, hizo lo mismo con su futura cnyuge y les present a ambos los egregios personajes que aguardaban. Las presentaciones fueron rubricadas con fugaces besos en las mejillas, como manda el protocolo, y, enseguida, el prncipe y Berenguela se adentraron, seguidos por los invitados, dejando que lo hiciera en ltimo lugar el padre y la hija que, con paso solemne y acompasado, recorrieron el largo pasillo hasta llegar al altar, construido a toda prisa y con imgenes y tallas tradas de otros templos. Llegados al altar, el rey Ramiro entreg a Ramn Berenguer a su hija y se situ en el lugar de los oficiantes. Nunca se ha dado que un padre apadrine el casamiento de su hija y que, a la vez, sea el oficiante que los matrimonie hice observar a Marta. Ni tampoco que el padre de la esposa sea un abad y que maride a su hija en un templo que, hasta hace bien poco, era mezquita replic Marta. Estamos asistiendo a un hecho histrico, Marta, y lo ms grande es que se lo podremos contar a nuestros hijos mientras que los suyos y los suyos de los suyos tendrn que estudiarlo en los libros.

El desposorio fue festejado y loado en todo el reino, no slo en Lrida, donde las campanas echaron el vuelo en cuanto se otorgaron mutuamente los consortes, haciendo que el retumbo de la mayor se sintiera en el templo como si quisiera tirar por tierra los muros. Ramn Berenguer sonrea, satisfecho de la obra encargada. En la fiesta de esponsales no faltaron juglares que, precediendo al cortejo nupcial, escenificaron un combate entre agarenos y cristianos, al mismo tiempo que alababan y cantaban los triunfos de Ramn Berenguer, ora en lengua catalana, ora en lengua latina, cantndose versos que no se referan a las nupcias recin celebradas. Para decepcin de Peronella, la primera recin desposada, los versos del himno laudatorio que cantaron, haca alusin a la expansin militar y repobladora de Ramn Berenguer en el momento en que, habiendo conquistado Tortosa y Lrida, el conde haca retroceder a los sarracenos, mientras consolidaba sus
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posesiones en los territorios reconquistados, quedando a salvo de nuevas incursiones agarenas. Los versos del himno, el baile de los bastones, una antigua tradicin catalana que recordaba danzas guerreras simulando batallas con largas espadas, la escenificacin de combates en los que salan siempre vencedor el conde, hizo vislumbrar a la condesa Peronella que sala de un ambiente rgido y estricto para meterse en otro en el que el nico protagonismo consista en ensalzar la valenta del conde guerrero. Igualmente afectado, el abad Ramiro se enclaustr en San Pedro el Viejo. Dnde quedara la esposa? Habra recibido ya, en los pocos das que estuvo en Huesca con el an esposo, todo el mimo y el cario anticipados que debera esperar del cnyuge? Quedara simplemente relegada a ser un vientre para engendrar hijos legtimos y asegurar descendencia? Volvera a repetirse en ella la historia de su madre? Cruel destino, que no revelas lo que me espera! se deca Petronila, defraudada, camino del palacio condal de Sant Pere de Vilamajor.

La condesa Peronella estaba triste. Por ms intentos y por ms entusiasmo que pusieran los esposos en cualquier momento y lugar, la reina no se quedaba encinta. Ya haba transcurrido ms de un ao de las nupcias y an no haba indicios de una deseada preez. La reina empez a enfermar, echndose la culpa de su incapacidad para concebir, pues se saba que Ramn Berenguer era frtil y lo haba demostrado reconociendo, al menos, a uno de sus hijos bastardos, fruto de los descansos que se conceda entre batallas para dar tregua a sus largas abstinencias a causa de las guerras, buscando el solaz y descanso en el lecho de alguna dama complaciente. El hijo natural reconocido, de nombre Berenguer, y cuya madre nunca fue nombrada por el conde, lleg a ser abad de Montearagn. Petronila lleg a considerar que si era incapaz de dar un heredero al trono de Aragn y al condado de Barcelona, poda ser repudiada por su esposo y ste contraer nuevas nupcias, con lo que la estabilidad del reino volvera a peligrar, pues una cosa era que la nobleza aragonesa hubiera consentido que la princesa se desposara con el conde, con lo que la dinasta por sangre quedaba asegurada, y otra muy distinta es que, por haber heredado la patria potestas, el conde casamentara con dama no vinculada a la realeza aragonesa y la convirtiera en reina de Aragn. Esta posibilidad pas a ser una realidad en la mente de la condesa y le supuso una tortura que no se atreva a aliviar confesndole a su esposo el motivo de su gran desasosiego.
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Ramn Berenguer, no ignorando la preocupacin de su esposa, que era la suya propia, hizo llamar a consulta a varios galenos. Despus de un detenido estudio por parte de cada uno, se reunieron, intercambiaron opiniones y dieron al conde el resultado: No hay indicios de anormalidad en la condesa, mi seor, pero, sin embargo, deberamos probar con algunas pcimas especficas para activar la capacidad de gestacin en damas con cierta pereza genital. Queris decirme que ignoris qu le ocurre a la condesa? exclam el conde despus de la larga espera. Tal vez, mi seor, con las pcimas que decimos - quiso explicar el galeno que hablaba en nombre de todos. Qu eficacia tienen? interrumpi el conde malhumorado. Depende de la seora que las tome, de la frecuencia de los intentos de conseguir su preez, de que guarde reposo despus de cada intento Pretendis experimentar con la condesa con unas pcimas cuyo resultado ni siquiera conocis? - se indign el conde -. Acaso la condesa es un ser especial que necesita reposo despus de un arrebato carnal? Fuera charlatanes, fuera de mi vista y dejadme solo! exigi con un ademn muy expresivo.

Ramn Berenguer escribi a fray Ramiro contndole las circunstancias por las que an no le haban hecho abuelo. El abad, preocupado, consult con fray Onofre, quien se encerr durante unas horas en la biblioteca, consultando libros, recetas, frmulas. Al cabo, sali de su encierro y se fue en busca de fray Ramiro: Paternidad, creo haber encontrado una pequea luz en medio de la oscuridad dijo fray Onofre, sin mucha conviccin. Por muy pequea que sea, ser suficiente, hermano. Repasando procedimientos y maneras de aplicar la ciencia mdica de sabios sobre dolencias poco habituales, he encontrado varios nombres, que se destaca uno en particular que, casualmente, habita cerca Barcelona. Se trata de un mdico judo que atiende en la judera Girona. Su nombre es Benjamn el Girons y no le ser difcil a servidores del conde dar con l. Gracias hermano Onofre! los del de de los

En cuanto Ramn Berenguer supo del mdico girons, mand ir en su busca. Petronila se desesperaba cada vez que oa a su esposo anunciar la visita de un galeno.
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Otra vez violentar mi pudor ante un desconocido, Ramn? protest al saber que sera examinada por otro mdico. Este mdico est aconsejado por tu padre se excus Ramn con la intencin de calmar a su esposa y de que accediera de buen grado a un nuevo examen.

En cuanto hubo terminado de atender a los enfermos que aguardaban en una estancia de sus aposentos, Benjamn el Girons se dej acompaar por la escolta condal hasta el palacio de Sant Pere de Vilamajor. Me dijeron que no era un caso de urgencia y, antes de venir, quise cumplir con mis obligaciones mdicas se excus Benjamn al presentarse ante el conde. Has hecho bien, Benjamn, y me congratulo por tu recto proceder, que dice mucho y bueno de tu persona respondi el conde, dispensando un trato afable que hiciera desaparecer todo atisbo de aprensin. Se trata de la condesa. Ven, te acompao a su aposento. Est en el lecho, descansando Por qu? Es que tiene calentura? No, es que Mi seor conde, ruego que se me deje a solas con la condesa. Si necesito algo, lo har saber.

Benjamn el Girons, con sus ademanes elegantes, su voz suave y persuasiva, su mirada penetrante, cerr la puerta detrs de s cuando hubo obtenido permiso de la condesa. Ramn Berenguer estaba tan ansioso que ms pareca esperar el alumbramiento de su hijo que la respuesta del mdico. Al cabo de una hora y cuando ya el conde, presa del nerviosismo, estaba dispuesto a irrumpir en los aposentos de la condesa para ver qu ocurra, vio que la puerta se abra y sali Benjamn. Se fue hacia l, despus de asomarse a la cmara y comprobar que su esposa estaba de pie, tranquila, serena, observando el paisaje a travs de la ventana. Extraado, le inquiri: Qu le pasa a mi esposa, Benjamn? Nada fsico, mi seor conde, nada por lo que preocuparse, pero necesita ayuda.

En ese momento apareci la condesa en el umbral de su cmara con rostro sonriente y feliz. El conde, al verla, se fue hacia ella y, sorprendido por el rpido
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cambio de humor de su esposa, la mir detenidamente y pudo comprobar con gran contento que estaba tranquila, sosegada. La abraz y la acompa del brazo hacia donde haba dejado al mdico. Pidi a los sirvientes que los dejaran solos. Cmo ests, Peronella? se interes el conde. Bien, muy bien, Ramn - respondi con su habitual voz afable. Benjamn, qu sucede? se dirigi el conde al mdico. La condesa y yo hemos estado hablando de lo que le preocupa. Me he interesado por su niez, por su educacin, por sus anhelos, por sus deseos, por lo que espera de la vida

Ramn Berenguer no acertaba a comprender y se desesperaba: Pero, la habis examinado? Qu habis encontrado de anormal?

La condesa respondi en lugar del mdico: No ha hecho falta que me reconozca ni he tenido que pasar por la vergenza de mostrar mi intimidad. No te has dado cuenta de que no traa su cofre con sus utensilios? Slo me ha hecho preguntas y hemos hablado. Y, slo con hablar puedes llegar a saber qu le pasa a mi esposa? pregunt impresionado el conde. Los maestros Ibn Sina y Mosh avn Maimn, sabios de entre los sabios, que nos transmitieron la ciencia y el conocimiento de los antiguos griegos y romanos, ya nos dejaron escrito que muchas enfermedades del cuerpo tienen su raz en el alma, y que el sufrimiento, el sentimiento ms intil, es, con frecuencia, causa de muchos males que llamamos fsicos. La condesa ha sufrido mucho durante su educacin en un ambiente en exceso rgido, privada de padre y madre desde bien pequea, sin poder mostrar sus sentimientos de chiquilla y, ms tarde, de joven, sintindose objeto de trueques polticos, sin ms expectativa que la de cumplir aos en espera de la llegada del da de sus nupcias, agobiada por la ignorancia y el desconocimiento del funcionamiento de su cuerpo, sin ms compaa que su propia soledad, todo ello, mi seor conde, ha sido causa de una tremenda angustia en la condesa mantenida a lo largo de muchos aos que le ha impedido que su cuerpo se desarrolle al mismo tiempo que sumaba aos de vida. El mdico hizo una pausa para escrudiar el rostro del conde y tratar de comprender qu pasaba por su mente despus de escucharlo.
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Tambin ocurri algo el da de vuestras nupcias que no fue del agrado de la condesa, aunque nunca lo dijo, pero en su alma est clavado. Creo imaginar de qu se trata, pero no es nada relevante, te lo aseguro se excus con torpeza el conde. No ser relevante para ti, Ramn, pero s para m protest la condesa . Luego te lo cuento a ver si coincidimos en la valoracin- aadi. En fin, mi seor conde, comprensin, paciencia, afecto, cario y amor es lo que nunca ha tenido la condesa, o en pocas dosis, pero insuficientes, y es lo nico que necesita para recuperar la armona que debe haber entre alma y cuerpo. Esa es mi receta, seor conde, adems, por supuesto, de persistir en vuestros encuentros en el lecho, fuente de bienestar en todo orden.

La visita del mdico Benjamn se produjo en julio del ao 1151 y dos meses ms tarde, la condesa daba la primicia a su esposo: Estoy embarazada!

Ese da hubo fiesta grande en el condado, tanto o ms que si en palacio se hubiera anunciado el nacimiento del primognito, que se hizo esperar hasta abril de 1152 y al que impusieron el nombre de Pedro. El infante Pedro de Aragn, al que su madre alude como nasciturus en un testamento dictado a su amanuense en Barcelona el 4 de abril de 1152, estando en pleno proceso del parto, tuvo una vida corta y enfermiza, tal vez a causa de una gestacin y alumbramiento poco afortunados, y muri al poco de nacer. Creyndose en peligro de muerte por el parto tan comprometido, Petronila testa a favor de su hijo, an por nacer, como ella misma lo cita, todo el reino

aragons con sus posesiones, a condicin de que mi seor y esposo mo, Ramn, conde de Barcelona, posea ntegra y poderosamente bajo su mando y dominio todo el predicho reino durante el tiempo de su vida. Despus de su muerte, quede todo el dicho reino ntegramente a mi hijo ya citado.

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CAPTULO XXXII

Las ausencias del prncipe eran continuas. Un ao despus de las nupcias con Petronila y a consecuencia de la conversacin que mantuvo durante el banquete con el invitado regio de ms poder, y que a s mismo se haca llamar Imperator, Ramn Berenguer IV y Alfonso VII, despus de haber estado pergeando entre plato y plato un compromiso blico muy ambicioso, estamparon sus sellos en el Tratado de Tulidn mediante el cual el prncipe de Aragn se reservaba las tierras de Valencia, Denia y Murcia, a cambio de rendir homenaje al rey castellano-leons. El cumplimiento de este tratado mantiene al prncipe de Aragn en plena actividad blica, con incursiones, expediciones y batallas contra los almorvides y alejado de su cnyuge, que se haba quedado en Huesca, cerca de su padre y donde contaba con amigos. Sin llegar nunca a ejercer el gobierno de Aragn mientras permaneca ausente el prncipe, Petronila despachaba asuntos de mxima urgencia, que eran consultados con el rey Ramiro II, y, si el caso lo requera, haca que el correo trasladara la consulta a Ramn Berenguer IV para su resolucin. Comandados por el prncipe de Aragn, la nobleza aragonesa, las rdenes militares, la caballera y el pueblo empiezan una lucha por recuperar las posesiones perdidas a manos de los sarracenos a raz de la batalla de Fraga, mientras que el conde Beltrn de Castellet se ocupa de expulsar de Siurana, encumbrada en las montaas de Prades, al val Almira Almemoniz, que resiste hasta 1153, quedando los dominios de Ramn Berenguer IV libres de la presencia agarena. La expansin territorial no fue obstculo para que las tropas del prncipe se unieran a las de Alfonso VII en las incursiones llevadas a cabo por tierras del sur de Al-Andalus, ni tampoco para ayudar en 1156 a su amigo Enrique II de Inglaterra y duque de Aquitania en su lucha contra Tolosa. Las largas ausencias del prncipe de Aragn, aunque comprensibles y justificadas, estaban creando un cierto malestar en los aragoneses que se vean hurfanos de gobernante, con el riesgo de caer en la tentacin de que no les era necesario. Este sentimiento lo ataj de plano Petronila para evitar que ocurriera lo que en el pasado, que las altas jerarquas eclesisticas y los nobles de intereses creados manejaran al pueblo a su antojo. Petronila, reflexiva, clarividente, con un acusado sentido de la justicia, dndose cuenta de la enorme responsabilidad que la ausencia de su esposo haba echado sobre sus hombros, acept el reto y, sin actuar como regente, que no haba sido nombrada por su esposo, pero s con una gran humildad y no menos valenta, se
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enfrent a los revoltosos y los convenci de que lo mejor que podan hacer era dejarse de egosmos y trabajar por el reino de Aragn. Ramn Berenguer IV regres a Huesca en 1156 y permaneci durante una larga temporada junto a su esposa, que an no se haba recuperado de la prdida de su hijo Pedro, siendo al punto informado por los secretarios y hombres de confianza de lo sucedido durante su ausencia. Alabo tu grandeza de espritu y tus dotes de conviccin, Peronella. Eres una mujer maravillosa y una reina inteligente y prudente le dijo atrayndola hacia s y abrazndola con la pasin del esposo ausente durante tiempo.

Corriendo el mes de septiembre, a principios del otoo, la reina Petronila, anunci a su esposo la buena y esperada nueva. Ramn, estoy embarazada!

Ramn Berenguer puso al servicio de su esposa todos los medios y cuidados de matronas y mdicos que crey necesarios para poder garantizar una gestacin y un parto normales. No hars esfuerzos, no haremos viajes, permanecers en palacio con tus damas de compaa. Distrete todo lo que puedas y procura no preocuparte por nada le pidi el prncipe amorosamente. Har algo mejor, Ramn, si te parece bien. Dime, Peronella. Dir a Marta que venga a visitarme y que se traiga a sus hijos. Estoy segura de que ser bueno para ellos y para m. Daremos paseos y me contar muchas cosas. Marta es muy amena y es saludable hablar con una amiga tan grata. Adems, los nios saben historias que les cuenta su abuela y ellos las hermosean con su propia fantasa y las cuentan mejor que los bardos. Me parece muy bien, Peronella. Tambin dir a mi padre que me visite, aunque est un poco achacoso y s que no tiene ganas de salir de San Pedro el Viejo. Tal vez, si le decimos que va a ser abuelo, se anime, no crees, Peronella? No lo s, Ramn. ltimamente, lo veo envejecido, poco animoso. Vers como cambia en cuanto sepa que sers madre.
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A propsito, esposo mo, ignoro si lo que te voy a decir est contemplado en el protocolo de nacimientos y sucesiones tanto en tu condado como en el reino de Aragn, pero como nuestro infortunado hijo Pedro vivi muy poco, considero que si el que va a nacer es varn y sobrevive, como ser el prncipe heredero, tambin se le podra considerar el primognito. Lo que me dices es algo que habr que consultar a la Iglesia, al Justicia y, tal vez, a las cortes.

Mientras las consultas rodaban de una institucin a otra corporacin y trataban de dar una salida brillante que a todos los implicados satisficiera, los meses se sucedan unos a otros y la reina Petronila ostentaba con orgullo unas redondeces cada vez ms orondas que prometan una gestacin feliz y bien cuidada. El da 24 del mes de marzo del ao del Seor de 1157, contando la reina Petronila 20 aos de edad y en agosto cumplira los 21, naca en Huesca el primognito, al que llamaron, de manera indistinta, Alfonso, en honor de El Batallador y to de Petronila, y Ramn Berenguer. La madre, como ya sucediera con el alumbramiento del infante Pedro, se apresur a dictar testamento. Los fallecimientos de hijos y madres durante el parto eran frecuentes, lo mismo que la supervivencia del recin nacido no estaba asegurada, razn por la que lo prudente era hacer testamento en el momento del parto si se presentaba difcil. Petronila lo hizo en los mismos trminos que test a favor del malogrado infante Pedro, citando que ella llamaba a su hijo Alfonso mientras que su esposo lo hace llamar Ramn. Lleg la buena nueva al monasterio de San Pedro el Viejo. Petronila le anunciaba a su padre que el reino de Aragn tena un heredero. El abad, con lgrimas de emocin, se encerr en la iglesia para dar gracias a Dios por los felices acontecimientos y all permaneci un buen rato. Despus, se dirigi a su celda y escribi a Ins de Poitou, participndole, entre otras cosas:

que nuestra querida hija Petronila nos ha hecho abuelos y an no ha cumplido los 21 aos, quince menos de la edad que t tenas cuando la trajiste al mundo. Considero que ya todo lo que tena que hacer en esta vida, lo he hecho, y la que me quede, la dedicar a agradecer a Dios todo lo que me ha dado, lo bueno para disfrutarlo, y lo malo para combatirlo con la inteligencia que me proporcion. Antes de morir, he de pedir perdn a los que ofend para presentarme ante Dios con ese bagaje. As, se ablandar y ser menos exigente conmigo. No s si cuando recibas esta epstola estar an en la tierra, pero, en todo caso, sera por poco tiempo, pues me siento cansado, no de la vida, que es sagrada y
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se debe agradecer siempre, sino por los seres egostas y sin escrpulos que se la hacen difcil a los ms necesitados. Petronila me dice que te ha escrito para que sepas por ella que eres abuela. Nuestra hija es la bendita prueba de que Dios existe y que le plugo derramar sobre ella bondad, grandeza de alma y un alto sentido de la justicia. Ahora, hecha ya una mujer, es un ser encantador que se hace querer por todos, y una mujer muy hermosa, como su madre, adems de poseer una inteligencia y una prudencia propias de una reina y ha sido capaz de demostrarlo asumiendo una regencia sin haber sido nombrada para ello durante las largas ausencias del prncipe. Te bendigo y te deseo la paz del Seor y que su luz ilumine tu vida. Ramirus Rex
Yo fui llamado al monasterio. El abad deseaba contarme como su protegido, como su ahijado, como su amigo, la nueva que le anunciaba Petronila y confiarme la epstola para Ins de Poitou. Te veo cansado, buen fraile, puedo hacer algo por ti? me ofrec. Lo que ves en m, hijo mo, son aos, no slo cansancio respondi con buen talante el abad. Aos? Pero si slo tienes Cuntos tienes, buen fraile? En este mes de abril ya he hecho los 71, te parecen pocos, hijo mo?

Lo mir detenidamente y observ su rostro cansado, pero sus ojos tenan an el brillo de la juventud, aunque surcados por mil arrugas. Sus manos, tal vez acostumbradas a repartir bondad, no eran las de un anciano. Sus andares s que eran cansinos, pero decididos, como si soportara el peso de todos los males de la humanidad. No me parecen ni pocos ni muchos, que me parecen los aos que debes tener por tu edad respond con total espontaneidad, lo que provoc un saludable contento al abad. Tienes cada ocurrencia, mi buen amigo!

Yo tambin celebr su propia ocurrencia. Al menos, haba quitado un poco de gravedad al dilogo, aunque, sin poderlo evitar, se me vino a la memoria que yo ya frisaba los 40 y haba pasado 25 aos al lado de fray Ramiro! Dile a Petronila que ir a visitarla y que bautizaremos al recin nacido en la capilla real, donde fue bautizada ella.
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As lo har, buen fraile respond. Antes de marcharte, mi buen amigo, se sabe ya qu nombre se le va a imponer a mi nieto?

El abad se interrumpi y qued pensando en las palabras que acababa de pronunciar. Se sonri, uni las palmas de sus manos y las elev loando a Dios. Te das cuenta, Astudillo, de lo que he dicho? S, claro, pero me parece por tu forma de preguntarme que vas ms lejos de mi respuesta inmediata. As es, mi buen amigo Astudillo. He dicho nieto y he pensado en abuelo Puedes llegar a imaginar la belleza que encierran estas aparentes simples palabras? Junto con la palabra maestro, forman el tro de la hermosa inocencia y representan bondad, la belleza, como el mirlo, un simple y frgil pajarillo que alegra las maanas y las atardecidas con su canto. Algo parecido me dijiste un da, buen fraile, pero tus hermosas palabras siempre me suenan a nuevas y didcticas. Bien, Astudillo, puedes responder a mi pregunta?

A m ya se me haba ido el mirlo al cielo y el abad tuvo que recordarme la pregunta. Ah, s! Ramn Berenguer y Raimundo, pero los padres han decidido que, si llega al trono, lo har con el nombre de Alfonso II de Aragn en honor de tu hermano. Pues, en ese caso, habr que bautizarlo y anotarlo en el registro con todos esos nombres, ms los que el protocolo exige.

Al llegar el verano, tan trrido y abrasador como siempre, la vida en las calles se paraliz y la gente iba al mercado y haca los encargos que hubiere nada ms despuntar el da. Los espesos muros de San Pedro el Viejo eran el natural refugio que contaban los frailes para mitigar el bochornoso calor, adonde tambin acudan fieles a la iglesia, ms para recuperar el resuello que para mostrarse pos, pero todas las visitas las agradece el Seor. Huyendo del intenso calor que ya estaba afectando al infante Alfonso, Ramn Berenguer decidi trasladar la corte al palacio de Sant Pere de Vilamajor, cerca de las montaas, donde el clima benigno favoreca a toda la familia.

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A primeros de agosto el abad de San Pedro el Viejo se sinti indispuesto. La comunidad lo supo porque no asisti a los rezos de maitines, laudes, ni prima, como tampoco acudi al refectorio, cosa extraa en l si estaba en el monasterio y no en palacio o de viaje. Notada su reiterada ausencia, a su celda acudieron todos los frailes, a los que ech fray Onofre porque tantas personas en un recinto tan reducido, ms que compaa, produca agobio a fray Ramiro. La noticia se difundi por Huesca y, pronto, acudieron a interesarse por su salud, entre otros, Marta y yo. Marta no pudo acceder a la celda. Al verlo tumbado en el jergn, con poco nimo y escaso de fuerzas, me qued muy impresionado. Me acerqu a la cabecera del lecho de mi buen fraile y recib de l una paternal sonrisa y una caricia en el rostro. No te preocupes, Astudillo, por verme as, ni vosotros, hermanos, que no es nada. Es slo un poco de cansancio. En cuanto tome un poco de alimento, se me pasar intent tranquilizar y animar a todos, aunque nadie se lo crey.

A pesar del extremado calor, Fray Onofre se encarg de traerle una buena sopa con mucha enjundia y le ayud a tomarla. Como era de imaginar, el caldo hizo su efecto y fray Ramiro comenz a sudar hasta el punto de empapar el jergn, pero eso era lo esperado, segn fray Onofre, que consigui que se incorporara fray Ramiro, momento en que le ofreci una de sus frmulas para que se la tomara. Sopa y medicina obraron el domstico milagro de poner en pie al abad y que pareciera que nada anormal le haba ocurrido. Sin embargo, yo no estaba tan seguro y, muy preocupado, se lo cont a Marta, a quien le falt tiempo para escribir a la princesa Petronila notificndole la mala nueva, justo cuando se haba marchado recientemente de Huesca. Yo permanec en el monasterio y, volviendo a mis orgenes, hice vida de fraile para estar cerca de fray Ramiro y poder ayudar en lo que fuera. Haban venido mdicos para reconocerlo, y todos haban coincidido en que la edad y el calor no son buenos aliados. El 15 de agosto, fray Ramiro ya no pudo levantarse y permaneci todo el da echado en el jergn y sin ganas de tomar alimento alguno, slo agua. Lleg la noche y la situacin no cambi, slo que trajo un poco de frescor por la brisa que se levantaba en las atardecidas y, con ella, un poco de alivio. Yo permanec a los pies del jergn de fray Ramiro todo el da y toda la noche, vigilando sus movimientos por si peda algo con un ademn, con un gesto que pasara inadvertido si no se estaba atento. Nada ocurri.
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Al da siguiente, las esperanzas de que la vida se le prolongara eran cada vez menores y, en un esfuerzo supremo, fray Ramiro solicita en un susurro que se le administre la extremauncin. Hacia el medioda y coincidiendo con la hora sexta del da 16 de agosto del ao del Seor de 1157, el abad fray Ramiro y hasta ese momento Ramiro II rey de Aragn, exhal su ltimo suspiro entre mis manos que le acariciaban la frente para enjugar el sudor. La comunidad empez a desfilar por la celda y cada hermano se despidi del abad besando su frente. Despus, unos hermanos dispusieron velones en los cuatro costados del jergn y fray Onofre le compuso la vestimenta, le cerr los ojos, coloc sus brazos sobre el pecho y le cruz los dedos en actitud orante, entrelazando en ellos el rosario que sola llevar fray Ramiro. Su rostro estaba sereno, sin perder el color y con una sonrisa que ms pareca estar disfrutando de un sueo agradable que de haber entregado su vida. Yo permanec en la celda, a los pies del jergn, arrodillado y la cabeza escondida entre las manos. Quera unirme a los rezos de los frailes, pero mi voz estaba quebrada por el dolor. El llanto acuda silencioso y lo denunciaban los gruesos lagrimones que me caan por las mejillas. Se hizo de noche y Marta pens en lo peor cuando se dio cuenta que an no haba regresado yo. Se encamin hacia el monasterio y sus dudas se confirmaron. Lo primero que pens es que la carta que le haba escrito a Petronila le llegara demasiado tarde y que tendra que conformarse con visitar a su padre en el sepulcro. Un hermano encendi los velones. Yo segua a los pies del cadver de mi buen fraile. No lo quise abandonar, a pesar de que me haban dicho que mi esposa estaba en el claustro, pero no tena acceso a la celda por su condicin de mujer. En la oscuridad de la noche, la brisa que entraba por el ventanuco hizo que las llamas de los velones se agitaran y proyectaran sombras mviles sobre el rostro de fray Ramiro, dando la impresin de que el abad mova los prpados, los labios y que sonrea. Un fraile se asust ante la visin y dio un respingo. Al orlo, alc la cabeza. Vi el efecto de las llamas titilando e imagin que mi buen fraile no estaba soando, sino hablando con alguien muy especial, y en mi fantasa recre lo que crea estar escuchando: Hola, Ramiro. Te esperaba Has tardado mucho en llamarme, Seor Ests seguro, Ramiro? No suelo equivocarme y sta sera la primera vez Ha venido Ins?
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No, Ramiro. A ella an le faltan dos aos. Ya sabes que cada uno tiene su da y su hora El fraile que se haba sobresaltado al creer que fray Ramiro se mova, dejndose llevar por la admiracin que senta por el abad, dijo: Verdaderamente, fray Ramiro tena genio y era un sabio.

Yo, al orlo, le respond: Fray Ramiro tena mucho ms que genio y sabidura: tena bondad.

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CAPTULO XXXIII

En su apartado refugio estival de Besal, Petronila an no se haba repuesto de la impresin que le produjo el correo de Marta cuando recibe un segundo, esta vez del palacio de Huesca y sellado por el Justicia, confirmando la muerte del rey Ramiro II y quedando ella nombrada, por lnea sucesoria de sangre, reina de Aragn. El dolor de una hija ante la inesperada muerte del padre al que acaba de descubrir, trueca en padecimiento infinito el amor filial que haba permanecido latente en su corazn y que la bondad y el afecto paternales haban hecho despertar y crecer, como la semilla que durante aos permanece en tierra rida aguardando la generosidad de la lluvia amorosa y vivificante. Por segunda vez, Petronila queda hurfana de padre. Ramn Berenguer IV, salvo algunas espordicas y cortas ausencias motivadas por el ejercicio del gobierno, permaneca al lado de su esposa, a quien, en cuanto la naturaleza se lo consenta, dejaba encinta. Apenas si el infante Alfonso-Ramn tena un ao cuando la reina trajo al mundo un hermanito, Pedro de nombre le impusieron en recuerdo del que falleci prematuramente. Un correo de Aquitania notific a Petronila la muerte de su madre, Agns de Poitiers, que quiso ser enterrada en la abada donde pas los ltimos aos de su vida, junto a su madre Philippe de Toulouse. Un ao ms tarde del luctuoso acontecimiento, en 1160, a los dos hermanos se les uni una princesa y Dulce fue el nombre que la reina Petronila eligi para su hija, tal vez como evocacin amorosa de su madre, tal vez fue porque Ramn Berenguer quiso imponerle el nombre de la suya, Dulce de Provenza, ya fallecida. Transcurrido un ao, los hermanos tendran la compaa de Sancho, el ltimo retoo que engendrara la reina a la edad de 25 aos. La joven reina, en estado de gravidez casi permanente desde el nacimiento del que fue considerado el primognito, no pudo cumplir sus deseos de trasladarse a la abada de Fontevrault a conocer a su madre. Hurfana de una madre que amaba sin haberla conocido. En el ao de 1162, Ramn Berenguer IV emprendi viaje a Alemania para tratar con el emperador Federico Barbarroja los sempiternos problemas de Provenza con el conde de Tolosa, una traba que prometa encontrar, por fin, solucin satisfactoria para las partes en conflicto.

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El conde de Barcelona y prncipe de Aragn, en el apogeo de su gloria y en la plenitud de sus facultades, contrajo una sbita infeccin durante el viaje que lo postr en un remoto lugar del Piamonte, cerca de Turn, en la villa de San Dalmazzo de Borgo, donde falleci de forma repentina el da 6 de agosto de 1162, sin llegar a cumplir los 49 aos. Su cadver fue trasladado a territorio del condado de Barcelona y enterrado en el monasterio de Ripoll, lugar que haba elegido en vida. Sintindose morir, hizo declaracin de sus ltimas voluntades el 4 de agosto, dos das antes de su fallecimiento, las cuales fueron transmitidas a su viuda por quienes le asistieron en ese trance. Enterada del testamento, la reina Petronila convoca Cortes Generales en Huesca y lo da a conocer el da 11 de octubre del mismo ao, ante la presencia de varios magnates aragoneses y catalanes, eclesisticos y seglares. Petronila queda viuda a los 26 aos, con cuatro hijos, y es reina de Aragn y condesa de Barcelona. En el testamento, Ramn Berenguer IV nombra a su hijo Ramn conde heredero universal de todos sus estados y honores de Aragn, Barcelona y dems, excepto el Condado de Cerdaa, que da a su segundo hijo, Pedro, junto con el Seoro de Carcasona y el derecho sobre Narbona en vasallaje de su hermano mayor, con la condicin de que Pedro rinda homenaje a su hermano Ramn, y detallando en qu orden tenan que heredarse los honores entre los hijos en caso de muerte de alguno o falta de ellos a la hora de heredar. Estableca que, de morir Ramn sin descendencia, el trono pasase a Pedro. Si feneciere la vida de ste sin posteridad, quien sera el heredero de los dominios de Ramn Berenguer IV sera Sancho, su hijo menor, sin hacer referencia alguna de los dems hijos, ni mencionar a las hijas, consiguiendo, de esta forma, el objetivo de concentrar el poder en un nico heredero. A su esposa, la reina Petronila, le dej para su manutencin las villas y castillos de Besal y Ribas. Su capilla la deja a la iglesia de San Rufo de Lrida. Finalmente, encomienda a sus hijos bajo la tutela de Dios y del Rey de Inglaterra, gran amigo suyo. Tras la lectura testamentaria y de expresar el Justicia de Aragn en nombre de la asamblea el sentir general por la sbita muerte del prncipe, la reina, hecha una herida sangrante que no acaba de cicatrizar por los continuos golpes que recibe, toma la decisin de cambiar el nombre de su primognito Ramn por el de Alfonso, en honor de El Batallador, hermano de su abuelo, granjendose para su
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hijo las simpatas del pueblo aragons, que queda nombrado como Alfonso II, rey de Aragn y conde de Barcelona. Otra decisin importante que toma la reina es la de asumir la regencia de su hijo, asistida por una asamblea consultiva, mientras Alfonso alcanza a la mayora de edad legal. Llegado el da 18 de junio de 1164, cuando el rey Alfonso II cumple siete aos y puede asumir la dignidad regia, recibe de su madre el reino de Aragn junto con el condado de Barcelona, firmando la abdicacin como aragonensis regina et barchinonensis comitissa con el signus regis, llevada su mano por la del amanuense de confianza. La reina Petronila, regente, contina viviendo en la corte de Huesca, renunciando a segundas nupcias, hasta que su hijo Alfonso desposa a Sancha de Castilla, a la edad de 16 aos, a la que, segn el derecho cannico, un varn casado alcanza la mayora de edad, y es entonces cuando Alfonso II asume el trono de Aragn y la corona condal, es armado caballero y acta al frente de su reino sin la tutora de los magnates que la haban ejercido desde 1162, trasladndose la reina Petronila a la ciudad de Barcelona. Libre de ocupaciones gubernativas, en el retiro de Besal o en el palacio de Sant Pere de Vilamajor, Petronila repasa su vida, la que conoce por haberla vivido y la que le hacen conocer por boca de terceros. Sin reproches, sin rencores, va dndose cuenta de lo rpido que ha sucedido todo, sin apenas tiempo para el disfrute de lo mucho que tuvo y lo poco que pudo retenerlo. En su vida se entremezclan los sentimientos con amargura y dulzura, sin poder determinar la proporcin, con abandonos, hurfana con padre y madre vivos, desposada siendo una nia, madre de cinco hijos, con nacimientos y muertes, hurfana por segunda vez al fallecer sus padres, viuda a los 26 aos, echando sobre sus hombros responsabilidad tras responsabilidad, reina, condesa, regente, madre. La sombra de la madre que no conoci deambula por las estancias perseguida por su hija e imagina poder retenerla para darle vida y que le cuente lo que una hija siempre quiere or de su madre. No, no est loca, que est enamorada del amor que mucho le tuvo su madre y del otro mucho que retuvo de su padre, amor que dio a sus hijos, a su esposo y, an con amor sobrante, se enfrenta al final de su vida. Estando en trance de muerte, dict su testamento en Barcelona el 15 de octubre de 1173, el mismo da de su fallecimiento, y tuvo carcter sacramental. Dos hombres de confianza de la reina Petronila, los frailes Guillermo y Ramn Dalmases, presentes durante su agona, se trasladaron, luego de fallecer, a la iglesia de los Santos Justo y Pastor y ante el altar de san Flix, mrtir, juraron decir la verdad y relataron la ltima voluntad escuchada de los labios de la reina, voluntad que fue escrita y protocolizada por el fraile, juez y notario barcelons
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mossn Mir, dndola a conocer pblicamente el 24 de octubre, nueve das despus de la muerte de Petronila. Como la reina era analfabeta, en el documento copiado por Pi y Arimn, la firma y el signus regis es del amanuense. El testamento de la reina dispone dimissit barchinonensis sedis suum corpus ad sepeliendum, es decir, entreg su cuerpo a la catedral de Barcelona para que fuera sepultado. Yo, Astudillo, fiel y leal servidor y hombre de confianza del rey Ramiro II, del prncipe Ramn Berenguer IV y de la reina Petronila, al morir a quienes serva, solicit al nuevo rey Alfonso II licencia para retirarse de los menesteres que vena ejerciendo. Son ya 57 los aos que tengo y, sirviendo a mis seores, he dejado bravura y juventud le expuse al nuevo rey. Pretenda contar contigo como secretario. Por mi difunda madre, la reina Petronila, s la clase de hombre que tengo frente a m y que es merecedor de toda confianza. Merced que me hace mi seor agradec humildemente. No, Astudillo, no yo, sino la reina, pero creo que tienes razn en querer retirarte de la milicia. Tienes una familia, unas tierras y unos hijos y a ellos debes dedicar el resto de tu vida. Te dar licencia con mi firma y sello. Gracias, mi seor por tu comprensin. Bien, Astudillo, y, adems de cuidar de los tuyos, qu otra cosa hars? pregunt el rey con sana curiosidad.

Como si esperara la pregunta, yo tard menos que un abrir y cerrar de ojos en responder: Escribir, mi seor. Escribir, Astudillo? Y, sobre qu escribirs? insisti el rey. En realidad, llevo toda mi vida tomando notas sobre lo que me rodea, lo que veo, lo que observo, lo que vivo S, pero an no has contestado a mi pregunta, Astudillo reclam el rey. Sobre la reina Petronila

Aguard a ver cmo responda Alfonso. El rey hizo un gesto de sorpresa, despus, de asentimiento. Sonri y con amabilidad, me dijo:
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Sobre mi madre, eh? remach. S, mi seor, pero desde mucho antes de que naciera y hasta ahora, sobre toda su vida confirm tmidamente, pues an no conoca bien a Alfonso II e ignoraba su parecer sobre asunto tan entraable. Pues, trtala bien porque mi madre fue una mujer excepcional y nica. Espero que le hagas justicia porque, por lo que me han dicho, slo los monarcas varones aragoneses han sido considerados. Si haces honor a su existencia y a sus muchos padecimientos, no slo yo te lo agradecer, sino que tendrs una recompensa. No busco recompensa alguna, mi seor, que si la hay, ser la satisfaccin ntima de escribir la verdad sobre mi reina y seora con el respeto y la estimacin que su persona merece, vindome ms que recompensado si, al trasladar a la escritura lo que guardo en mi memoria, y pido a Dios que no me falle, soy fiel a mis recuerdos. Tambin espero no modificar lo que no viv y que gente buena y movida por la buena fe, me cont. La recompensa a la que me refera, Astudillo, no te la dar yo, que ser la tranquilidad de tu conciencia. Mi patrimonio es la integridad que me inculc fray Ramiro. Noble y leal! Que buen caballero para tan altos seores.

Alfonso II intent recrear en su mente cmo pudieron haber sido las relaciones entre servidor y seores para que tanto y tan bien hablaran de Astudillo, pero el rey tena otras ocupaciones a las que dedicar su tiempo. En fin, Astudillo, parece que alguien muy especial y querido tena el presentimiento de que ibas a dedicarte a escribir y ese alguien me entreg en su da un obsequio para ti volvi a sorprender el rey. Un obsequio para m, mi seor? De quin? me sent atrapado. De alguien que no saba escribir y sobre quien t vas a escribir revel el rey. De Petronila?

Se dio cuenta de que, tal vez, su espontnea llaneza no fuera bien comprendida por el rey y se corrigi: Perdn, mi seor, quera decir de la reina Petronila, mi seor? No te azares, Astudillo, que s cmo eres y nada me sorprende - me tranquiliz . S, de mi madre. Toma aadi entregndome un estuche.
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Qu me das, mi seor? - me complaci comprobar la comprensin que haba mostrado Alfonso II y por el ofrecimiento de algo que no esperaba. brelo y lo sabrs se mostr misterioso.

Abr con sumo cuidado el estuche y al ver el interior, me sobresalte e hice una exclamacin muy expresiva. Te gusta, Astudillo? pregunt el rey. Es un obsequio que no merezco, mi seor! En opinin de mi madre, s que lo mereces, y a una reina tan querida por ti y por el gran aprecio que te tena, aunque haya fallecido, no se le puede rechazar nada afirm Alfonso con tierna aoranza. Un clamo de oro y un pergamino con su sello!

FIN

Signum regis de Petronila

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EPLOGO

Al llegar a la ciudad de Huesca, el viajero curioso y vido de sumergirse en los escenarios que la Historia nos ha legado, al adentrarse por el casco antiguo y cerca de la catedral, descubre con desagradable sorpresa un callejn humilde con el nombre de Petronila como nico recuerdo que el Ayuntamiento ha dedicado a una mujer tan extraordinaria y nica como fue la hija de Ramiro II, cuando lo esperado sera encontrar una estatua en una plaza cntrica, un hermoso jardn dedicado a su memoria, un paseo o una avenida con su nombre. Petronila, mujer excepcional y notable, nexo de unin entre el reino aragons y el condado de Barcelona, origen de la Corona de Aragn, parece haber cado en un inmerecido olvido por parte del ayuntamiento oscense, como si an siguiera siendo discriminada por su condicin de mujer, como lo fue en su poca, y slo los monarcas varones fueran merecedores de distinciones. Es de desear que pronto se corrija esta aparente indiferencia del Consistorio hacia Petronila y que se haga honor a su existencia, a sus sacrificios y a sus muchos padecimientos, reconocimiento que merece y no el olvido a que parece que ha sido relegada. Petronila es una gran desconocida, cada inmerecidamente en la indolencia sin que se le hayan retribuido sus muchos mritos en la forma adecuada. Otra mujer tambin cada en el olvido fue su madre, Ins de Poitou, o Agns de Poitiers, dama aquitana llamada a desposarse con fray Ramiro, luego que la nobleza aragonesa lo obligara a abandonar el cenobio por razn de estado para convertirse en Ramiro II, y slo para engendrar un heredero para el reino. Petronila fue el fruto de esa razn de estado. No ms indiferencia, basta de frialdad. La memoria de Petronila no lo merece.

Miguel Cruz

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CURIOSIDADES

Me llam la atencin que gran parte de los hechos que se narran en esta historia y que estn documentados, ocurrieran durante los meses de agosto, o en sus proximidades, y me ha parecido curioso resaltarlos.

10 de julio de 1099 7 de julio de 1134 11 de sepbre de 1134 11 de agosto de 1136 11 de agosto de 1137 11 de agosto de 1137 11 de agosto de 1150 16 de agosto de 1157 1159 7 de agosto de 1162 15 de octubre de 1173

Muere Rodrigo Daz de Vivar, El Cid Muere Alfonso I El Batallador Ramiro II El Monje es elegido rey de Aragn Nacimiento de Petronila Firma de capitulaciones nupciales de Petronila Se crean las bases de la futura Corona de Aragn Matrimonio de Petronila con Ramn Berenguer IV Muere Ramiro II en el monasterio de San Pedro Muere Agns de Poitiers en Fontevrault Muere en Turn Ramn Berenguer IV Muere Petronila en Barcelona

Novela empezada a escribir el 17 de abril del ao 2008, interrumpida su escritura durante dos aos y finalizada el 27 de julio del ao 2010
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FONDOS Y ARCHIVOS CONSULTADOS ORGANISMOS PREGUNTADOS

Archivo de la Corona de Aragn de Barcelona Archivo Histrico Provincial de Huesca Biblioteca de Estudios Aragoneses Catedral de Huesca Crnica de San Juan de la Pea Museo Provincial de Huesca Oficina de Turismo de Huesca Personas Gramaticales y Tratamientos en Espaa San Pedro el Viejo, Huesca

La Campana de Huesca, de Casado del Alisal Ayuntamiento de Huesca


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