Libros Argentinos
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Mara Gonzlez Rouco mgonzalezrouco@[Link] 1. Novelas 2. Cuentos 3. Poemas 4. Letras 5. Teatro 6. Cine 7. Video195 8. Televisin 9. Periodismo 10. Biografas 11. Memorias 12. Cartas En este trabajo encontrars literatura acerca de inmigrantes y exiliados -reales y de ficcinllegados a la Argentina entre 1810 y 1960. Algunas de las obras estn en bibliotecas pblicas y privadas; otras, se publicaron en diarios,
Me propongo recordar obras consagradas y difundir otras menos conocidas, para que todas ellas estn al alcance de los descendientes de quienes, como mis abuelos, llegaron a este pas en busca de un futuro mejor. Novelas 1. Introduccin 2. africanos 3. alemanes 4. rabes 5. armenios 6. austracos 7. belgas 8. bielorrusos 9. checoslovacos 10. croatas 11. dinamarqueses 12. egipcios 13. escoceses 14. espaoles 15. estadounidenses 16. franceses 17. galeses 18. griegos 19. holandeses 20. hngaros 21. ingleses 22. irlandeses 23. italianos 24. japoneses
25. libaneses 26. lituanos 27. polacos 28. portugueses 29. rumanos 30. rusos 31. sirios 32. suizos 33. turcos 34. ucranios 35. uruguayos 36. yugoslavos 37. varios 38. antologa 39. novelas infantiles y juveniles 40. apndice Introduccin La llegada de los inmigrantes a suelo argentino signific una transformacin de gran importancia. El porteo se encontr conviviendo con extranjeros de diversas nacionalidades y esa realidad se vio reflejada en la literatura. Las novelas sobre la inmigracin son una constante en la literatura argentina, y han sido objeto de serios estudios. En La inmigracin en la literatura argentina (1880-1910) (1), Gladys Onega se propone analizar el reflejo del fenmeno inmigratorio en la literatura . En la dcada del 80, frente a la masa cosmopolita que poblaba Buenos Aires, Miguel Can reaccionaba aconsejando a los de su clase cerrar el crculo y velar las armas. El curso de estas transformaciones y su incorporacin a la literatura son los que este libro registra, a travs de la narrativa y el ensayo positivista (de Cambaceres a Martel y de Ramos Meja a Bunge), de la reaccin nacionalista del Centenario (Rojas, Gonzlez y Lugones) y de la perspectiva ms comprensiva de hombres que, como Snchez, Payr y Fray Mocho, no sentan la amenaza extranjera de un hipottico legado nacional . Aos ms tarde, se publica Aspectos del inmigrante en la narrativa argentina (2), de Hemilce Crrega, otra estudiosa de esta temtica, quien sostiene que nuestra literatura tal vez como pocas, abunda en pginas pobladas por figuras representativas de inmigrantes. As como estos incorporaron rasgos peculiares en nuestra sociedad, del mismo modo lograron estampar sin saberlo ellos mismos- un sello distintivo en los temas, motivos, tipos y caracteres presentes en obras de muchos escritores nuestros. Una singular realidad de la vida verncula pblica tiene, de esta manera, su versin en las letras, con mayores o menores logros esttico-literarios, segn los casos, pero casi siempre con una proyeccin documental interesante . En este trabajo reno muchas de las novelas en las que aparecen inmigrantes. Algunas obras, como Hacer
la Amrica, de Pedro Orgambide, reflejan a la inmigracin de varios pases; en otras novelas, en cambio, la evocacin se restringe a una nacionalidad, aunque se hace referencia a otras comunidades. Notas 1. Onega, Gladys: La inmigracin en la literatura argentina (1880-1910). Santa Fe, Universidad del Litoral, 1965. 2. Crrega, Hemilce: Aspectos del inmigrante en la narrativa argentina. Buenos Aires, El Francotirador, 1997. Africanos Hacia 1870, en Buenos Aires se desencaden la fiebre amarilla y Cata, la bambollera, se enferm. Fue por el tiempo en que los porteos se volvieron blancos. A los indios los acababan de ultimar, y los negros, con la peste, se acabaron por s solos (1). Notas 1. Dujovne Ortiz, Alicia: El rbol de la gitana. Buenos Aires, Alfaguara, 1997. Alemanes Diego Angelino es el autor de Sobre la tierra. Jorge Isaac escribi Una ciudad junto al ro (1), novela en la que seala: Los alemanes que tambin suelen arribar en grupos familiares- ofrecen un marcado contraste con aquellos. Hablan lo indispensable y se mueven con marcada compostura. Nunca cantan. Las diferencias fsicas, se advierten con ms claridad en las mujeres y en los nios, rubios y de cutis rosado stos cuya belleza despierta siempre admiracin . El viajero de Agartha (2), de Abel Posse, fue distinguido con el Premio Internacional de Novela Novedades y Diana 1988-1989 en Mxico. Transcribo un resumen de su argumento: En 1943, cuando el curso de la Segunda Guerra Mundial se vuelve contra Alemania, Hitler ordena a un oficial de su confianza emprender una importante misin secreta. Deber iniciar un viaje solitario a travs de Asia Central con el objetivo de descubrir, en algn lugar oculto de la India o del Tibet, la mtica Agartha, Ciudad de los Poderes. Ir con la falsa identidad de un arquelogo britnico ejecutado por la Gestapo. Esta aventura a travs de la geografa extica se va transformando en un viaje hacia el universo esotrico de las mitologas paganas, en las que el nazismo fundament su Teologa de la violencia. Retomando el tema de Los demonios ocultos, esta gran novela de Abel Posse es, en definitiva, una metfora reveladora del fracaso de la ideologa nazi (3). En la nota que abre el volumen, Posse se refiere a los nazis y a la forma en que surgi esta novela: Conoc algunos nazis refugiados en la Argentina de mis aos de estudiante. Desde entonces se instal en m la pregunta: Qu conviccin oculta, inexplicable, llev a estos hombres a optar por la muerte, el sacrificio sangriento y la autodestruccin individual y nacional? Qu fuerza secreta los hizo saltar del previsible surco de la burguesa alemana y de su encomiable cultura? Sin duda un dios tan sediento de sangre como
el dios de los mexicas tuvo que haberlos impulsado. Este texto naci en torno de aquella pregunta. El tema, todava hoy, ha sido escamoteado con entusiasmo por los autores alemanes, pero est ligado a la esencia del autoritarismo y de la locura de este siglo que expira. Es por lo tanto un tema universal, un tema profundamente americano (4). El teniente coronel Walther Werner, de las fuerzas especiales nazis, intenta imaginar la ciudad en la que crece su hijo: Cmo sera esa ciudad de Buenos Aires? Tengo referencias vagas, fotos vistas en un lbum de turismo. Imagino una ciudad de casas bajas, calles muy quietas, con avenidas largas y montonas como las de ciertos barrios de Londres. Es un pueblo bastardo, pero casi blanco y amigo de Alemania . Lo narra Abel Posse en El viajero de Agartha, novela que obtuvo el Premio Internacional de Novela Novedades y Diana 1988-1989 en Mxico (5). En Frontera Sur, Horacio Vzquez-Rial escribe, acerca del alemn Frisch: Todos vieron alejarse al hombre alto y rubio que durante la travesa de Montevideo a Buenos Aires haba tocado aires tristes en ese instrumento nuevo, el bandonen. Ni le mareaba el barco, ni deslucan su aspecto las infames acrobacias del traslado a la costa. Haba plantado cara a las autoridades de inmigracin, y eludido la barraca en que los ms aceptaban asilo provisional. Llevaba sus bienes prendas escasas, libros, y an su rara caja de msica- atados a una improvisada carretilla: dos varas de madera nudosa clavadas a un travesao, que iban a dar a los lados del eje de una nica rueda (6). En Secretos de familia (7), Graciela Cabal describe al vecino alemn: Don Oscar, que es el padre de mi novio, es alto y colorado. Porque es alemn, dice mi mam. Pero ste no es maldito como los alemanes de Punta Mogotes y los que hacen la guerra: es alemn noms, y arregla los barcos que se rompen . En La matriz del infierno (8), Marcos Aguinis relata: "Rolf haba tenido que viajar en tren a la austral Bariloche. (...) El almanaque que colgaba en la vasta cocina del conventillo donde bebi caf antes de dirigirse a la estacin terminal le record que ya era el 11 de febrero de 1930. Don Segismundo, mientras sorba ruidosamente de su tazn, trat de infundirle nimo y le asegur que Bariloche era bellsimo, que encontrara all los panoramas disfrutados en su infancia, en las vecindades de la Selva Negra. Muchos inmigrantes austracos, suizos y alemanes la haba elegido por su semejanza con la tierra natal". En 1999 se publica Hotel Edn (9), novela en la que Luis Gusmn escribe: En el frente del edificio, el guila imperial haba dominado el valle hasta que a comienzos del 45 Argentina declar la guerra a Alemania. Seguramente todo el pueblo asisti a la demolicin del guila, smbolo de un poder que se extingua en el mundo. Posiblemente tambin ese mismo da destruyeron la antena de onda corta que estaba en la torre y permita que se comunicaran clandestinamente con Alemania. (...) Observ el hueco que el guila haba dejado y despus localiz la fecha borrosa de la fundacin del Edn. De inmediato vino a su mente el
nombre de los primeros propietarios sobre los que caa, desde tiempos remotos, una leyenda negra . Notas 1. Isaac, Jorge: Una ciudad junto al ro. Buenos Aires, Marymar, 1986. 2. Posse, Abel: El viajero de Agartha. Buenos Aires, Emec, 1989. 3. S/F: en Posse, Abel: El viajero de Agartha. Buenos Aires, Emec, 1989. 4. Posse, Abel: El viajero de Agartha. Buenos Aires, Emec, 1989. 5. ibdem 6. Vzquez Rial, Horacio: Frontera sur. Barcelona, Ediciones B, 1998. 7. Cabal, Graciela Beatriz: Secretos de familia. Buenos Aires, Sudamericana, 2003. 280 pp. 8. Aguinis, Marcos: La matriz del infierno. Buenos Aires, Sudamericana, 1997. 9. Gusmn, Luis: Hotel Eden. Buenos Aires, Norma, 1999. rabes En Barrio Gris, de Joaqun Gmez Bas, una genovesa se enamora de un rabe, abandonando a su marido napolitano: La susodicha desapareci de su casa, del barrio y sus contornos, embaucada por el meloso palabrero de un ambulante vendedor de puntillas, un rabe enamoradizo que alborot el corazn y la sangre de la genovesa con su prestancia de caudillo picaflor (1). Notas 1. Gmez Bas, Joaqun: Barrio Gris. Buenos Aires, Compaa General Fabril Editora, 1963. Armenios Eduardo Bedrossian es el autor de una triloga acerca de La Cuestin Armenia, integrada por la novela Hayrig Detrs del silencio de un milln y medio de voces (1) distinguida con la Faja Nacional de Honor 1993, por la Asociacin de Escritores Argentinos-, el ensayo Hayrig II y la novela Memorias para no olvidar (2). En esta ltima novela, un inmigrante relata: -Estbamos en el barco. S... a los pocos das comenc a sentirme mal. No eran solamente los mareos. Senta sobre m una carga aplastante que iba creciendo. Mis compaeros crean que se deba a la alimentacin y hasta me daban parte de sus escasas raciones. Yo no tena apetito. Es sorprendente comprobar cmo las desventuras nos quitan hasta las ganas de comer y qu corta es la distancia entre el bienestar y las miserias. Yo escapaba mientras los mos quizs estaban muertos o muriendo, en el momento que ms se necesita la compaa de los seres queridos. Pues, all no estaba yo. Los muertos eran mejores que yo. Me di muchas respuestas que no sirvieron para aliviarme. Naca en m un sentimiento de culpa, pero la peor de todas, la ms difcil de soportar: la culpa de sobrevivir a una tragedia familiar. Los otros polizones tambin escapaban, pero ninguno con mis cargas . En 2004, a ochenta y nueve aos del genocidio armenio, el autor dedica Morir en Marash (3), su nueva novela, prologada por el Embajador Leandro Despouy, A los armenios de Marash. Al milln y medio de nios, mujeres y hombres masacrados en el primer genocidio del siglo XX. A sus descendientes, a sus familias. A la Nacin Argentina y a todos los pases que los acogieron con generosidad. A cada hombre y a
cada mujer que lucha honestamente para sobrevivir en un mundo envilecido por los poderosos de turno . Notas 1. Bedrossian, Eduardo: Hayrig Detrs del silencio de un milln y medio de voces. Buenos Aires, 1991. 2. Bedrossian, Eduardo: Memorias para no olvidar. Buenos Aires, 1998. 3. Bedrossian, Eduardo: Morir en Marash. Buenos Aires, 2004. 448 pp. Austracos En Herederos sin historia, escribe Jovita Epp: "Afuera se haba hundido el rojo y las vidrieras ilumnadas se reflejaban en rectngulos sobre las veredas. Qu maravilla todo lo que muestran!, pens Lisa. Habra que hacer la comparacin con la Rue St. Honor; quzs all la mercadera ofrecida sea de mejor calidad, aqu se conforman por lo general con un 'ms o menos', con tal de que 'lo parezca'. Pero las palmas se las llevan las decoraciones de vidrieras de la avenida Santa Fe. Y Lisa, que en Viena se haba llamado Liesl, diminutivo de Elisabeth, sonri en el atardecer iluminado por las luces de nen, porque repentinamente se le ocurri pensar si los jesuitas, de los que tanto gustaba hablar el marido de Valentina, hubiesen soado con que el nombre de su 'reduccin' sera una vez el nombre de una elegante avenida, con artculos de lujo y bagatelas en las vidrieras artsticamente decoradas" (1). En La madriguera, Tununa Mercado recuerda a Myriam Stefford: "la melancola triunfaba cuando apareca en medio del panorama el monumento erigido por un llamado Barn Biza a su amada, la aviadora Myriam Stefford. El altsimo obelisco, ala estilizada, pareca un mstil sin esperanzas de mar entre las nubes del costado sombro del camino y la historia de esos personajes ocupaba en nuestro inters el lugar del paisaje: los restos de un avin que se haba precipitado; una mujer pionera que haba volado ms all, por sobre las montaas y los ros, amada por un hombre que tena ttulo de barn, o que as se llamaba como otros se llaman Conde o Rey, un amor que la muerte haba desintegrado. En una cripta de mrmoles negros como la obsidiana, se lea en la tumba una inscripcin que maldeca por anticipado a quien la violara" (2). En La matriz del infierno (3), Marcos Aguinis relata: "Rolf haba tenido que viajar en tren a la austral Bariloche. (...) El almanaque que colgaba en la vasta cocina del conventillo donde bebi caf antes de dirigirse a la estacin terminal le record que ya era el 11 de febrero de 1930. Don Segismundo, mientras sorba ruidosamente de su tazn, trat de infundirle nimo y le asegur que Bariloche era bellsimo, que encontrara all los panoramas disfrutados en su infancia, en las vecindades de la Selva Negra. Muchos inmigrantes austracos, suizos y alemanes la haba elegido por su semejanza con la tierra natal". Notas 1. Epp, Jovita: Herederos sin historia. Buenos Aires, Emec, 1978. 283 pp. 2. Mercado, Tununa: La madriguera. Buenos Aires, Tusquets Editores, 1996. 3. Aguinis, Marcos: La matriz del infierno. Buenos Aires, Sudamericana, 1997. Belgas Eugenio Juan Zappietro escribi De aqu hasta el alba (1), novela en la que narra lo acontecido a colonos,
soldados e indios durante la Conquista del Desierto, en el ao 1879. Dos europeos son presentados como figuras antitticas, encarnaciones del bien y del mal. Se trata de un cirujano belga y de un comerciante flamenco, los cuales, como dos caras de una misma moneda, muestran que la vida de un ser humano responde a los principios morales que lo orientan, y no a las circunstancias en que se encuentra. En una misma situacin, el belga se muestra probo una vez ms, mientras que el flamenco vuelve a evidenciar su egosmo criminal. Leroy haba asistido a un Napolen y a varios prncipes de Europa en su clnica de Pars. Haba asimilado las enseanzas de la escuela de Viena y seguido las doctrinas de Semmelweiss, como el ms aplicado cirujano de su poca. Pens en Crimea, operando al paso de las cargas de las brigadas inglesas. Haban sido buenos tiempos. Tiempos dignos necesariamente de un final de escena ms brillante que morir a manos de un muchacho indio, en un continente todava virgen. Sigui costosamente el hilo de sus recuerdos y las mujeres que haba amado comenzaron a rer, mostrando sus dientes delgados, que se clavaban en su piel, en tanto un vals de Viena naca en un costado de su herida, la piedad de unas, el ardor de otras, todo aquello mezclado en su viaje al norte de s mismo, buscando huir, como el cazador de la nada . Debi dejar Francia, pues durante una operacin mat intencionalmente a un ministro asesino: Decidi matar a Desquerres cuando extirp las tres cuartas partes de su hgado. (...) Cuando Francia descubri el crimen, Hubert Leroy estaba ya en Amrica . De Buenos Aires, donde se haba establecido, debe huir tambin, ya que se ha conocido su pasado y eso sirve para la extorsin. La opcin era partir o morir, y l escoge marchar hacia el sur: Bajo una lluvia incoherente, Leroy divis el carruaje, con un auriga inmvil, al modo de una estatua. Tambin presinti un arma en la pretina del pantaln de su visitante. La situacin no le encoleriz; lo posey una desagradable sensacin de frialdad, como si estuviese presenciando la decapitacin de un extrao . Gabriel Bez se refiere en Virgen (2), novela finalista del Concurso Editorial Planeta 1997,.a la inmigracin de un belga y su hija, quienes llegan a un pas de tanos y gallegos y de rusos y turcos, y todo lo que no entrara en el dos por cuatro de esa conclusin elemental era una rareza de apellido pero nunca de nacionalidad . La Ensenada mtica de los aos cuarenta es el escenario de la historia de amor entre un cura y una chica belga, juda y milagrosa. Novela de la Anunciacin y el Descenso y poderosa convergencia de fuerzas narrativas, Virgen revela en un presente audaz la escritura de las cartas que intercambian el protagonista y su amada- una memoria negada que nos avasalla y nos conmueve, vaticina el fin de los tiempos y devela el
estigma poltico de un secreto y su traicin: el del hijo del mariscal Tito de Yugoslavia y de Evita Broz. Virgen, que es tambin la parte ms rota y verdadera del lenguaje, nos convierte en lectores plenos del tiempo tatuado sobre la letra. Gabriel Bez, el autor de El curandero del cuarto oscuro, celebra en Virgen secretas nupcias entre lo real y lo imaginario y, haciendo gala de enorme poder evocativo y de una prosa a la vez precisa y mgica, produce una novela maravillosa (3). Notas 1. Zappietro, Eugenio Juan: De aqu hasta el alba. Barcelona, Planeta, 1971. 2. Baez, Gabriel: Virgen. Buenos Aires, Sudamericana, 1998. 3. S/F: Baez, Gabriel: Virgen. Buenos Aires, Sudamericana, 1998. Bielorrusos Manuela Fingueret es la autora de Hija del silencio (1), obra en la que la hija de una sobreviviente del Holocausto recuerda, durante su prisin en la ESMA, el padecimiento de su madre y de otros prisioneros en Terezn y Auschwitz, la llegada a la Argentina de la madre y su vida en la nueva tierra. A la madre y los abuelos de la joven argentina les advertan el peligro, en Minsk, en 1941: a Tnkele le asombra comprobar que gran parte de esos jvenes vestidos a la usanza gentil son los primeros en hablar de las desgracias que sobrevendrn a los judos si no huyen a tiempo hacia Palestina o Amrica. Los religiosos oran y esperan pasivos el destino que Dios les depara. Esto la subleva porque sus padres oscilan entre ambos y ella, naturalmente opuesta a la generalidad, intuye que los que estn en contacto con el mundo exterior pueden analizar mejor el futuro. Los padres de Leie tambin creen que hay que emigrar, pero no les es fcil movilizarse con una familia tan grande y sin dinero . Notas 1. Fingueret, Manuela: Hija del silencio. Buenos Aires, Planeta, 1999. Checoslovacos Complot (1), de Perla Suez, es la historia de Bruno Edels y el ingls a comienzos de siglo en la provincia de Entre Ros. Edels es un judo que escap de Praga luego de que asesinaran a sus padres, y que con el tiempo y a fuerza de muchas privaciones- logr convertirse en un hacendado poderoso, y casarse con una mujer ms joven. Hacia los aos treinta, Edels comienza a recibir ofrecimientos de negocios oscuros por parte del ingls, un personaje sin escrpulos vinculado al trazado de ferrocarriles, al contrabando de jvenes norteas con destino a los burdeles de Buenos Aires y a la exportacin de carnes en el marco del pacto Roca-Runciman. El ingls se convierte adems en amante de Elsa. Pero es Mora, la hija del capataz de la hacienda, quin contar esta historia (2). Notas 1 Suez, Perla: Complot, en Triloga de Entre Ros. Buenos Aires, Editorial Norma, 2006. (Coleccin La otra orilla). 2. S/F: Complot, de Perla Suez , en [Link]. Croatas
En La logia del umbral, escribe Ricardo Feierstein: "se deca que a la vuelta, sobre Tequendama, viva de incgnito un criminal de guerra, el croata Ante Pavelic. Nuestras minuciosas indagaciones infantiles en la vivienda con amplio parque indicada- slo confirmaron la presencia de un nio delgado y de pelo amarillento, que no hablaba bien el idioma y al que no le permitan juntarse con nosotros" (1). En 2006, El camino del norte (2), de Horacio Vzquez-Rial, gan el Premio de la Editorial Norma de Bogot, Colombia. "Entre otros personajes que desfilan por la pginas del libro -comenta Antonio Requenifigura Lustiger o Heisenberg, ex oficial nazi, colaborador de Martn Borman, que lleg a la Argentina en tiempos de Pern, organiz con Ante Pavelic la seccin especial y le ense mtodos de tortura al comisario Lombilla" (3). Notas 1 Feierstein, Ricardo: La logia del umbral. Buenos Aires, Galerna, 2001. 2 Vzquez-Rial, Horacio: El camino del norte. Norma, 2006. 216 pp. 3 Requeni, Antonio: "Pasado, presente y realidad", en La Nacin, Buenos Aires, 24 de diciembre de 2006. Dinamarqueses La piedra madre (1), por Nstor Tirri, "narra los desvelos de un grupo de vecinos de Tandil, empeados en una empresa descomunal: restaurar la fabulosa Piedra Movediza, un prodigio de la naturaleza que en el siglo XIX atrajo a viajeros de todo el mundo, y cuya ausencia (despus de su cada en 1912) sumi a la ciudad en la nostalgia por la perdida gloria. En una narracin gil, en clave irnica y nave, la novela recorre cuarenta aos de aventuras y represiones sexuales y polticas. Y, con humor hiperblico, registra la presencia de figuras reales, personajes notables que en verdad transitaron por Tandil. A principios de los aos ochenta La piedra madre result finalista del Premio Internacional de Novela Plaza & Jans (cuyo jurado fue presidido por ngel J. Battistessa) y fue publicada poco despus. Hoy se erige en una novela de anticipacin (o proftica) a raz del emprendimiento turstico que 25 aos despus plasm, en la realidad, una variante del proyecto de ficcin de la delirante 'Comisin Vecinal Pro Restauracin de la Movediza' " (2). Notas 1. Tirri, Nstor: La piedra madre. Buenos Aires, Galerna, 2007. 208 pginas. (Literatura) 2. S/F: en Tirri, Nstor: La piedra madre. Buenos Aires, Galerna, 2007. 208 pginas. (Literatura) Egipcios En su novela Un noviazgo, Bernardo Verbitsky se refiere a la ocupacin de un egipcio. El protagonista conoci asimismo a don Al. Era un individuo de unos 40 aos, de cara oscura, nariz aguilea, con mejor humor de lo que dejaba suponer cierta expresin torva de su cara. Saba rer con ganas. Decan que era egipcio, aunque las mujeres lo designaban entre s como el Turco. Vena de otro cabaret y se haba propuesto traer con l a las mujeres ms lindas, y las fue hablando una a una, para lo cual le serva su
perfecto dominio de varios idiomas. Alternaba el ingls y un francs al parecer correctos con un castellano aporteado de indudable naturalidad. Vas a estar mejor que all deca persuasivamente-. Dejte de embromar, date una vuelta por ac. Vente bien baada, eso s. Y a portarse bien, que el nuevo empleo lo vale. Hay que andar derechas, que si no les corto una teta. Don Al es el mejor gerente que hemos tenido, decan todas convencidas (1). Notas 1 Verbitsky, Bernardo: Un noviazgo. Buenos Aires, Planeta, 1994. Escoceses En Fuegia, Eduardo Belgrano Rawson evoca el oficio de los escoceses en Tierra del Fuego: Cuando les result evidente que haban echado mano a los mejores campos del mundo, los criadores de toda la isla resolvieron cruzar sus mediocres ovejas con padrillos europeos. Para entonces ya nadie soaba con transformar a los lugareos en sus pastores perfectos. En realidad, a los parrikens les sobraban condiciones para el puesto: corran treinta kilmetros de un tirn, podan dormir al sereno en invierno y resistan sin probar bocado como el ms bruto de los galeses. Pero nada aborrecan ms en el mundo que el trabajo de ovejeros, de modo que los criadores olvidaron por fin el asunto y junto con los padrillos importaron pastores de Escocia, quienes trajeron hasta los perros (1). Notas 1 Belgrano Rawson, Eduardo: Fuegia. Buenos Aires, Sudamericana, 1991. Espaoles Andaluces A criterio de Delfn Garasa, Una de las ms cumplidas descripciones de un heterogneo desembarco es la que ofrece Luis Pascarella en su novela-alegato documental, El conventillo. Llega el Christoforo Colombo y primero bajan los hombres de negocio con su apopltica cerviz, con el paso resuelto de los acostumbrados a dar rdenes y ser obedecidos, los turistas ingleses con sus mquinas fotogrficas y algunas seoras un tanto perplejas por no ver en el muelle indios con plumas y taparrabos. Por ese entonces, el viaje a Europa empezaba a otorgar prestigio social, y los argentinos que regresan cambian opiniones en alta voz sobre los modelos de Pars, el mobiliario ingls o la sinfona escuchada en la Opera de Viena. Y, finalmente, aparecen los inmigrantes, tan fustigados en los azares de las proclamas polticas, un enorme hormiguero que haba viajado en el mayor hacinamiento. Rostros curtidos, exhaustos, azorados. En todos se presiente la pregunta: Qu les deparar esta nueva tierra? De pronto, una mirada se ilumina o un brazo se agita en alto porque se ha reconocido a alguien en la muchedumbre que espera. Van bajando los hebreos de desgreadas barbas y gastados levitones, los turcos con sus espaldas combadas, los nrdicos enjutos, los napolitanos pequeos y retorcidos como races, los andaluces grrulos, los gallegos pacientes, los
holandeses esponjosos, los genoveses de msculo recio e insaciable voracidad. Una mujer besa la tierra que los acoge y tras su actitud ritual se adivina un pasado de penurias y recelos. Y agrega Pascarella: La gran ciudad de calles dirigidas hacia el Oeste recibe en su seno aquella semilla que purificada en un ambiente de libertad (...) se reproducir en su inmensidad desierta (1). En El juguete rabioso, de Roberto Arlt, relata el protagonista: Cuando tena catorce aos me inici en los deleites y afanes de la literatura bandoleresca un viejo zapatero andaluz que tena su comercio de remendn junto a una ferretera de fachada verde y blanca, en el zagun de una casa antigua en la calle Rivadavia entre Sud Amrica y Bolivia (2). Eugenio Juan Zappietro narra, en De aqu hasta el alba (3), la historia de un irlands que lleg al desierto en 1866, y el socio granadino que lo traicion. La posta en la que vivan los Bary haba sido construida por OFlaherty, quien juraba que Argentina era el pas del futuro. No se equivoc por mucho en cuanto a la tierra; se equivoc de hombres, pero una lanza araucana haba terminado con l para evitarle la amargura de comprobarlo . En La madriguera, escribe Tununa Mercado: "la guerra era tambin salvarse de la guerra, emigrar y buscar tierra de exilio (...)haban cuerpeado un destino los que antes huyeron de otras guerras acalladas por remotas e innombrables, como los pogroms, y la muerte tambin los alcanzaba en los sueos con aldeas devastadas por el fuego y stanos de barcos sin rumbo declarado; cuerpeaban un destino refugiados de toda laya que se avecindaban en colonias, atolondrados por la fuerza de la lengua ajena y la incomunicacin, y la muerte del ghetto se repeta en el silencio de los nuevos ghettos del destierro. Poco podamos saber las nias de ese estado de guerra y entreguerras permanente: los fuegos de la guerra para muchos no eran ms que la danza de Manuel de Falla aporreada por madres y tas en los cumpleaos y otras fiestas familiares, y cada cual asenta interiormente como diciendo qu destino el de este republicano, aislado en su casita de Alta Gracia, un gran msico, fjese usted qu destino" (4). En La fuga (5), film basado en la novela homnima de Eduardo Mignogna distinguida con el Premio Emec 1998/99, Camilo Vallejo, uno de los anarquistas, habla con acento espaol y, al evadirse, es esperado por dos hombres con boinas vascas que lo ocultan en un carro lechero. En el film al igual que en la novelaaparecen otros inmigrantes; entre ellos, Aldo Mazzini, el cataln Escofet, el mozo andaluz. Beln Gache es la autora de Lunas elctricas para las noches sin luna (6). En esa obra, relata la protagonista: En 1890 mis abuelos llegaron a ese puerto, provenientes tambin de Sevilla. Junto con ellos traan a sus dos jvenes hijas, que se haban pasado todo el viaje encerradas en sus camarotes vomitando. Venan a Buenos Aires porque mi abuelo, que trabajaba en el Banco de Espaa, haba sido transferido a esta sucursal del fin del mundo .
A travs de sus ojos, asombrados e intensos, vemos la Buenos Aires que se prepara para los festejos del Centenario. Una Buenos Aires cosmopolita, que evidencia un marcado rechazo hacia los extranjeros, quienes son vistos como una fuerza nociva que es necesario devolver a su tierra de origen. La visita de la Infanta exacerbar los sentimientos patriticos de los hispanos afincados en la Argentina, y los sentimientos xenfobos de quienes se agrupan en la misteriosa Brigada del Nand . Editorial Losada public Mientras la luz se va, novela de Noem Cohen (216 pp). Esta es la historia de Elena, una joven sefard que viaja desde Alepo a la Argentina, a principios del siglo XX, para encontrarse con su futuro y desconocido esposo. Pero es tambin la parbola de Setti, a quien Elena conoce en el interminable viaje hacia Amrica y que se ha embarcado para restaar la herida de haber sido repudiada por su marido y haber perdido contacto con su nica hija. Y es, adems, la peripecia de Amparo, una andaluza alegre pero sumida en la desgracia de un novio muerto por amor a la anarqua en el sur argentino. Y es, entre otras, la historia de Elenita, la nieta adorada de Elena que, vctima de la ltima dictadura militar argentina, repite el camino de exilio de su abuela. Noem Cohen ha creado, con esta novela admirable, un delicado tapiz donde se traman los destinos de un puado de mujeres de ayer y de hoy. Las separan la edad, la lengua, la cultura o la religin, pero las une sutilmente una similar voluntad de conocimiento, de libertad, de belleza y de justicia (7). Las patrias lejanas (8) "seala el regreso de Pacho O'Donnell a la ficcin narrativa y cuenta una historia de ms de dos ciudades, de uno y otro lado del ocano inmenso que separa pero tambin une. Con una escritura notable, con un ritmo narrativo extraordinario, O'Donnell recrea las relaciones entre los habitantes de la Argentina y los de la lejana madre patria durante los aos crueles de la Guerra Civil espaola (19361939) y de los del exilio a que muchos fueron condenados. Su talento para la pesquisa histrica le permite revelarnos episodios olvidados o insospechados por las crnicas corrientes. Los acontecimientos, extrados de peridicos, memorias y epistolarios de quienes buscaron asilo en el Ro de la Plata, como Rafael Alberti, Mara Teresa Len, Manuel de Falla, Ramn Gmez de la Serna, Jos Ortega y Gasset, Juan Ramn Jimnez, Margarita Xirgu, son absolutamente ciertos y dan una dimensin inusitada a la intriga central protagonizada por el joven Radomiro. En ella tambin toman parte Victoria Ocampo, Jorge Luis Borges, Natalio Botana y otros argentinos que a favor o en contra interactuaron con aqullos. Es ste un libro en el que se mezclan los tonos de la pica, la elega y tambin, por momentos, la comedia y la stira. Las patrias lejanas es un testimonio entraable a la vez que una novela que no se puede abandonar" (9). Notas
1 Garasa, Delfn Leocadio: La otra Buenos Aires. Paseos literarios por barrios y calles de la ciudad. Buenos Aires, Sudamericana-Planeta, 1987. 2 Arlt, Roberto: El juguete rabioso. Buenos Aires, CEAL, 1981. Prlogo de Jorge Lafforgue. Pg. 5. (Captulo). 3 Zappietro, Eugenio Juan: De aqu hasta el alba. Barcelona, Hyspamrica, 1971. 4 Mercado, Tununa: La madriguera. Buenos Aires, Tusquets, 1996. 5 Mignogna, Eduardo: La fuga. Buenos Aires, Emec, 1999. 6 Gache, Beln: Lunas elctricas para las noches sin luna. Buenos Aires, Sudamericana, 2004. 7 S/F: Novela de Noem Cohen en Losada , en Races, [Link]. Noviembre de 2005. 216 pp. 8. O'Donell, Pacho: Las patrias lejanas. Buenos Aires, Sudamericana, 2007. 320 pp. 9. S/F: en O'Donell, Pacho: Las patrias lejanas. Buenos Aires, Sudamericana, 2007. 320 pp. Aragoneses Manuel Glvez presenta, en Nacha Regules, a un aragons encargado de un conventillo: El encargado era un aragons testarudo, insolente y entrometido. Su pequea cabeza desgonzbase sobre un cogote interminable. El tronco, angosto en los hombros, ensanchbase hasta las caderas, cuya anchura contrastaba ridculamente con la longitud de las flacas piernas, movedizas y simiescas. La expresin adusta del semblante y la nariz de perro, caricaturizbanle an ms. Rea explosivamente, empalmando la agona de una carcajada con el brusco estallido de otra, lleno de gesticulaciones, agitndose ntegro, dando al cuerpo la lnea oblicua y cados los brazos que temblequeaban chocando contra los flancos y suban y bajaban sin ritmo, como mbolos descompuestos. Gustaba hacerse el gracioso, hablando a lo andaluz (1). Notas 1 Glvez, Manuel: Nacha Regules. Citado en Pez, Jorge: El conventillo. Buenos Aires, CEAL, 1970. Asturianos En Hermana y sombra, de Bernardo Verbitsky, aparece una sirvienta asturiana. Narra el protagonista, un nio hijo de rusos: Otra clase de confidencias inici una tarde, al referirse al reciente casamiento de Rosario quien segua sirviendo all y comparta ahora con su marido la misma habitacin que antes ocupaba sola, pegada a la de l, que aplicaba el odo a la puerta que las separaba. Crey al principio que se divertira con lo que imagin slo podan ser cmicas parodias de amor, pero lo que oa no lo hizo rer precisamente sino que lo indujo a inevitables y manuales desahogos, terminando por sentir miedo a la propia actuacin de excitado testigo invisible, que lo perturbaba intensamente, y an ms all de su papel de escucha pues ahora, le confes, miraba con otros ojos las piernas blancas como la leche de la asturiana (1). En Santo Oficio de la Memoria, Mempo Giardinelli habla de un oficio que desempeaban los asturianos. En 1886, Haba muchos policas, all. Casi todos asturianos, gallegos. No s por qu. Tambin usaban bigote de manubrio y llevaban pistolas al cinto, capote invernal, queps duro y alzado y linterna en mano. Cuando
se hizo la noche, los policas se movan como lucirnagas nerviosas (2). En Las libres del Sur, de Mara Rosa Lojo, dice Victoria Ocampo, refirindose a Fani, la empleada nacida en Oviedo: me trata como a una menor de edad. Pero como su tirana es til, protesto un poco y la dejo hacer su voluntad. Igual que los pueblos cmodos, como el nuestro (3). Notas 1 Verbitsky, Bernardo: Hermana y Sombra. Buenos Aires, Editorial Planeta Argentina, 1977. 2 Giardinelli, Mempo: Santo Oficio de la Memoria. Buenos Aires, Seix Barral, 1991. 3 Lojo, Mara Rosa: Las libres del Sur Una novela sobre Victoria Ocampo. Buenos Aires, Sudamericana, 2004. Castellanos Rubn Bentez escribi una novela sobre la inmigracin espaola, adems de una biografa y algunos cuentos. En esa novela, La pradera de los asfdelos (1), plantea la pregunta acerca de lo trascendente: Cul es la pradera de los asfdelos? Dnde podemos encontrarla? Algo debe permanecer en este agitado mundo, en medio de tanto caos. Quizs lo trascendente sea la memoria y la misma sangre que, evolucionada o involucionada, aparece de generacin en generacin, en una aldeana espaola y en un universitario patagnico. La sangre es, en definitiva, lo que une a seres que ya no tienen nada en comn, pues el progreso mal entendido los ha distanciado. Afirm el escritor bahiense: Lo sent como una necesidad. Tal vez por haber pertenecido a un ncleo de inmigrantes que desde la infancia me transfirieron sus vivencias y sus nostalgias por la tierra lejana. El tiempo, la muerte de casi todos ellos, incorpor a ese sentimiento la idea de caducidad que convierte a cada ser humano en un emigrante de la vida, de este escenario que tambin ama. Creo que ambas perspectivas se mezclan y fluyen como temas paralelos (2). En la obra, una madre exclama: No, hermano. Prefiero que lo manden a Marruecos antes de que escape a la Patagonia. De Marruecos regresan todos, de la Patagonia no vuelve ninguno . El viajero de Agartha (3), de Abel Posse, fue distinguida con el Premio Internacional de Novela Novedades y Diana 1988-1989 en Mxico. El protagonista de la novela es Walther Werner, graduado en lenguas orientales y arqueologa, teniente coronel de las fuerzas especiales nazis, quien se define como el mensaje de salvacin arrojado al mar enfurecido . Soy un SS afirma-: mi primer mandato es matar o morir matando esa sucia rmora hija de una cultura pestilente y sentimental: la nostalgia, la roosa humanidad y su engendro bastardo, el mentado humanismo . Es justamente esa postura ante la vida la que hace que se desvincule del hijo que tuvo con una espaola, que apareci muerta en Burgos cuando entraron las fuerzas vencedoras de Franco . Recuerda el momento en el que, en Madrid, cort el dbil lazo que lo una al nio; entonces aparecen las referencias a la Argentina, pas en el que se cra el pequeo, lejos de su padre.
En Las libres del Sur, Una novela sobre Victoria Ocampo (4), de Mara Rosa Lojo, aparece un castellano. Uno de los personajes no supo decirles nada nuevo, salvo pedirles que esperasen al patrn, un gallego de Logroo que conoca probablemente a todos los espaoles de la zona . Notas 1 Bentez, Rubn: La pradera de los asfdelos. Baha Blanca, Siringa, 1989. 2 Gonzlez Rouco, Mara: Rubn Bentez: el regreso a la entraable tierra , en El Tiempo, Azul, 10 de septiembre de 1989. 3 Posse, Abel: El viajero de Agartha. Buenos Aires, Emec, 1989. 4 Lojo, Mara Rosa: Las libres del Sur, Una novela sobre Victoria Ocampo. Buenos Aires, Sudamericana, 2004. Catalanes En la adolescencia, el protagonista de La gran aldea (1), de Lucio V. Lpez, acude a la escuela de dos maestros. Uno de estos maestros era inmigrante: Don Josef era oriundo de Catalua y se vanagloriaba de haber nacido en el castillo Monjuich, de haber salvado la vida a varias personas, de haber presenciado un naufragio y de haber sido casi vctima del hambre de una tigra mansa; precibase de haber conocido a la reina de Espaa, doa Cristina, de haberla visto comer una olla podrida en un da de toros. Haca sacrificio de confesarse descendiente de don Gonzalo de Crdoba, pero no se prestaba a pregonar mucho el parentesco, y lo repudiaba con majestad, porque no quera que nadie sospechase que l aprobaba las rendiciones de cuentas de su poco escrupuloso antepasado. Viva crnicamente colrico, sin que esto importe decir que no supiera interrumpir sus accesos para hablar con fruicin, de los tesoros de Potos y de fortunas colosales como las de los cuentos de hadas, porque el buen viejo tena altamente desarrollada la nota de la codicia . Mara Anglica Scotti evoca, en Diario de ilusiones y naufragios (2), la vida de una inmigrante espaola, desde que, en la infancia, deja Espaa con su madre; a ellas se unir un italiano que la mujer conoce a bordo. El primer recuerdo que me aparece es el viaje , dice la protagonista de la novela que mereci el premio Emec 1995/6. En verdad, es ms lo que me contaron que lo que vi con mis propios ojos contina. No slo porque era muy pequea sino tambin porque hice la travesa encerrada en un camarote muy especial: viaj oculta bajo las faldas de mamita , porque apenas zarpamos de Barcelona, mamita not que yo tena el cuerpo y las mejillas repletos de manchuelas coloradas. Ella ya haba odo decir que a los enfermos los obligaban a bajar en el primer puerto, y por eso resolvi esconderme . En Lunas elctricas para las noches sin luna, de Beln Gache (3), la protagonista se refiere a un canillita de ese origen: A unos metros, un grupo de muchachos se rene alrededor de una caja de zapatos. Son los
canillitas. Llevan medias largas y pantalones cortos y sus cabezas se encuentran cubiertas con boinas. Cargando pesadas pilas de diarios, se encaraman a los tranvas en movimiento de forma tan descuidada que, ms de una vez, han provocado accidentes. Ya varias veces he visto cmo los agentes de polica les llaman la atencin. Entre los muchachos, reconozco a Gregorio, un chico de origen cataln, amigo de Mirko . El padre de Gregorio, imprentero, es anarquista: Hoy por la tarde por fin me decid y fui a buscar el reloj de pap a la relojera. Estaba por llegar al local de Copelius cuando vi que de ah sala un polica. Pocos segundos despus, salan dos agentes ms llevando a la rastra a don Antonio, el padre de Gregorio, ataviado con su mameluco gris manchado de tinta . En El infierno prometido, de Elsa Drucaroff, Vittorio sali a buscar a Julin Soto, el hombre que le haba indicado el Cataln. Si, tal como prometi, el Cataln haba enviado un telegrama, los compaeros tenan que estar aguardndolos (4). Notas 1. Lpez, Lucio V.: La gran aldea. Costumbres bonaerenses. Buenos Aires, CEAL, 1980. (Captulo). 2. Scotti , Mara Anglica: Diario de ilusiones y naufragios. Buenos Aires, Emec, 1996. 3. Gache, Beln: Lunas elctricas para las noches sin luna. Buenos Aires, Sudamericana, 2004. 4. Drucaroff, Elsa: El infierno prometido. Una prostituta de la Zwi Migdal. Buenos Aires, Sudamericana, 2006. 336 pp. (Narrativas histricas). Pg. 265. Gallegos En la novela En la sangre (1), de Eugenio Cambaceres, el protagonista y su madre se detuvieron frente a la Universidad en cuya puerta, mostrando un grueso manojo de llaves colgado de la cintura, estaba de pie el portero, un gallego ato de nariz y cuadrado de cabeza . En La gran aldea, Lucio V. Lpez presenta gallegos trabajando junto a los criollos: daban las cuatro y, no bien haba entrado el gallego cotidiano con las viandas, don Narciso se engolfaba en los antros profundos de la trastienda . Lucio V. Lpez menciona otro gallego relacionado con la tienda: Caparrosa, el cadete de Bringas, un galleguito ladino y vivaracho (2). A criterio de Delfn Garasa, Una de las ms cumplidas descripciones de un heterogneo desembarco es la que ofrece Luis Pascarella en su novela-alegato documental, El conventillo. Llega el Christoforo Colombo y primero bajan los hombres de negocio con su apopltica cerviz, con el paso resuelto de los acostumbrados a dar rdenes y ser obedecidos, los turistas ingleses con sus mquinas fotogrficas y algunas seoras un tanto perplejas por no ver en el muelle indios con plumas y taparrabos. Por ese entonces, el viaje a Europa empezaba a otorgar prestigio social, y los argentinos que regresan cambian opiniones en alta voz sobre los modelos de Pars, el mobiliario ingls o la sinfona escuchada en la Opera de Viena. Y, finalmente,
aparecen los inmigrantes, tan fustigados en los azares de las proclamas polticas, un enorme hormiguero que haba viajado en el mayor hacinamiento. Rostros curtidos, exhaustos, azorados. En todos se presiente la pregunta: Qu les deparar esta nueva tierra? De pronto, una mirada se ilumina o un brazo se agita en alto porque se ha reconocido a alguien en la muchedumbre que espera. Van bajando los hebreos de desgreadas barbas y gastados levitones, los turcos con sus espaldas combadas, los nrdicos enjutos, los napolitanos pequeos y retorcidos como races, los andaluces grrulos, los gallegos pacientes, los holandeses esponjosos, los genoveses de msculo recio e insaciable voracidad. Una mujer besa la tierra que los acoge y tras su actitud ritual se adivina un pasado de penurias y recelos. Y agrega Pascarella: La gran ciudad de calles dirigidas hacia el Oeste recibe en su seno aquella semilla que purificada en un ambiente de libertad (...) se reproducir en su inmensidad desierta (3). Escribe Manuel Glvez, en Nacha Regules (1919): Monsalvat imagin que sus palabras engendraran entusiasmo y agradecimiento. Pero no fue as. Unos torcieron el rostro, otros cuchichearon. Una vieja se puso a hacer pucheros, y un gallego protest contra el abuso de querer echarles de la casa para despus subir los alquileres . El gallego deca que Si ellos se encontraban bien, por qu obligarles a aceptar lo que no pedan? Qu vivan como los cuerpos? Bah! Acaso vivieron antes de otra manera? Eso que deca el patrn: la higiene y el aire, era bueno para los ricos. Los pobres estaban tan conformes sin aire! Y respecto de la higiene, maldita la falta que les haca. Adems, si la vida de los pobres era dura, no corresponda a los ricos pretender mejorarla. Y que no les dijeran que sus ofrecimientos eran desinteresados, porque no lo creeran. Ya conocan demasiado a los ricos. Todos iguales. Si a veces cedan por un lado, era para reventarlos por otro. Poda, pues, el patrn marcharse con sus rebajas de alquiler y la reforma del conventillo. No aceptaban la rebaja, no. Ellos no se moveran de all! (4). En La pampa gringa (1936), de Alcides Greca, un gallego llega a la Argentina: "No sala de su asombro. Haba credo que la Amrica era un pas maravilloso, de comarcas cubiertas por selvas de rboles gigantes, entoldadas con lianas, en las que se abran flores prodigiosas y se guarecan pjaros de vivos plumajes. Se haba imaginado que sus pobladores habitaban en palacetes muy blancos, rodeados de jardines, situados en los claros del bosque o a orillas de ros anchurosos. La indumentaria de los europeos deba ser, necesariamente, un impecable traje de caza, casco ingls y voluminoso revlver en la cintura; los indgenas iran cubiertos con calzones a rayas, de colores chillones. Antoico haba presentido la Amrica a travs de alguna historieta de plantaciones antillanas o de las tapas policromas de una novela de Salgari" (5). En un conventillo rene a sus discpulos Jos Luna, personaje de Megafn, novela de Leopoldo Marechal
publicada pstumamente en 1970: En la sala nica del pgil se juntaban sin armonizar el comedor, el dormitorio y una cocina de lea, cuyo tiraje psimo fue un manantial de humo que, sin embargo, nunca molest en adelante ni a Jos Luna ni a sus tres discpulos, en las discusiones que mantuvieron sobre las metforas del Apocalipsis. Los tres discpulos eran Juan Souto, llamado el gaita, Vicente Leone, o el tano, y Antenor Funes, conocido por el salteo (6). En Una sombra donde suea Camila O'Gorman (1973), escribe Enrique Molina: "Bern de Astrada pierde la vida en la batalla de Pago Largo, y Echage, su vencedor, hombre de aristocrtica cuna, ordena, con una delicadeza de tiburn, que se le extraiga al cadver una lonja de piel de la espalda, para hacer con ella una manea que enva al general Urquiza como presente. Esos obsequios, tan caros entre compadres, exaltan la cortesa de la poca y el vals de los murcilagos. El mismo Urquiza, en carta a su hermano, despus de una batalla, le anuncia: 'El gallego Navarro cay prisionero y lo degollamos: te mando sus orejas' " (7). En Hacer la Amrica (8), Pedro Orgambide evoca, entre otros inmigrantes, a una familia gallega. Manuel Londeiro junta trabajosamente el dinero para traer de Galicia a su familia. En la fonda pide pan y tocino. Despus, una sopa con carne, porotos y papas. Se promete ir al almacn de su primo, y firmar una letra, un documento, lo que sea a cambio del dinero para los pasajes. Si comes tanto no podrs ahorrar, dice su primo, si slo piensas en comer, si El pan de Manuel Londeiro no llega a la boca. Lo coloca en un pauelo y lo anuda. Ya tiene su cena . Al gallego, El albans lo desafa a una pulseada. Uno es fuerte como un caballo, piensa Manuel, pero uno no tiene ganas de pulsear. El albans ha puesto su dinero sobre la mesa. No, yo no juego por plata. No me importa que mis amigos piensen que el albans es ms fuerte que yo. Yo no me juego el jornal . Sin embargo, lo hace: Manuel Londeiro le dobla el brazo contra la mesa y caen las monedas en el suelo entre el jolgorio y el gritero de los estibadores". Al fin, rene el dinero que posibilita tan ansiado encuentro. Su mujer, Carmen, viajando con los hijos, piensa: Es como si nunca hubiera tenido una casa, Manuel. Como si nunca ms pudiera pisar la tierra firme y Dios nos condenara a vagar por el mundo en este barco. No pienses que estoy loca, Manuel. A otras mujeres que viajan aqu les ocurre lo mismo. Extraan el olor de sus cocinas y el calor de sus camas. Una vieja me cont que todas las noches soaba con su corral y sus puercos; otra, con un jardn de Andaluca. En Amrica t sueas con la casa, Manuel? Los hombres se ren de esos sueos, son cosas de hembras, dicen, haremos otras casas all, sembraremos el trigo, cuidaremos las vias, vamos a trabajar en los aserraderos, en los muelles... Es que los hombres son ms parecidos al mar, les gusta andar de un lado a
otro. Algunos, sin embargo, se asoman al ocano como si trataran de ver o que dejaron. Una les ve las caras de viudos de la tierra, caras de hombres como t, Manuel, trabajadas por el sol y el granizo, por los das de labranza no se extraa la tierra, Manuel? el olor de la tierra? Llegan Carmen y los hijos, Paco y Mara. En el patio del conventillo, la nia juega a las estatuas con las hijas del rabe: se quedaba inmvil con un pie en el aire. (...) -Mralas! Se creen unas reinas... pero tarde o temprano van a parir como nosotras vaticina la Carmen y apoya su mano en el hombro de Magdalena . Paco, que no quiso sufrir lo que su padre sufri por motivos polticos, se dedic a la msica. Mara, en cambio, inspirada en el espritu paterno, fue lder en el movimiento de las costureras. En La crislida, de Nisa Forti Glori, dice uno de los personajes: "No es cierto que las clases humildes son las ms sanas. Acaso los pobres son ms bondadosos entre ellos? Qu esperanza! Observen a las personas de servicio. Deberan mostrarse solidarias. Todas son trabajadores, no? Una mano lava la otra, no? Y no. Se mueven el piso. Se odian. Son capaces de correrse con el cuchillo. No vimos en nuestra propia casa, cmo Rita corra a Mara la gallega? La corrupcin est siempre en los extremos. Con la diferencia que a los muy ricos se les perdona todo y a los muy pobres, nada. Sobre mojado, llovido. Cuando no posees nada, hasta los amigos se evaporan" (9). La piedra madre (10), por Nstor Tirri, "narra los desvelos de un grupo de vecinos de Tandil, empeados en una empresa descomunal: restaurar la fabulosa Piedra Movediza, un prodigio de la naturaleza que en el siglo XIX atrajo a viajeros de todo el mundo, y cuya ausencia (despus de su cada en 1912) sumi a la ciudad en la nostalgia por la perdida gloria. En una narracin gil, en clave irnica y nave, la novela recorre cuarenta aos de aventuras y represiones sexuales y polticas. Y, con humor hiperblico, registra la presencia de figuras reales, personajes notables que en verdad transitaron por Tandil. A principios de los aos ochenta La piedra madre result finalista del Premio Internacional de Novela Plaza & Jans (cuyo jurado fue presidido por ngel J. Battistessa) y fue publicada poco despus. Hoy se erige en una novela de anticipacin (o proftica) a raz del emprendimiento turstico que 25 aos despus plasm, en la realidad, una variante del proyecto de ficcin de la delirante 'Comisin Vecinal Pro Restauracin de la Movediza' " (11). Mara Rosa Lojo define a Cancin perdida en Buenos Aires al oeste -novela premiada por el Fondo Nacional de las Artes en 1986-, como la historia de una familia narrada a travs de siete personajes, de siete voces: la voz central es la de Irene, que en sus treinta aos rescata ese nudo de vidas que conforma sus propios orgenes, como quien canta una cancin. Una cancin perdida porque es la de la infancia y la adolescencia, la de la vida tramada por el amor, la dicha, la desdicha, la enfermedad, la muerte, los
extravos y las recuperaciones que constituyen el tiempo irrestaable e incorruptible, como el agua fluyente, que la palabra, por un momento, crea la ilusin de retener (12). Despus de muchos aos de exiliados, los padres de Irene sufran el mismo desarraigo que los acompaara hasta el final de sus das. En su hogar del oeste, era el sol de la casa nativa que iluminaba sus rostros. Los rasgos de mi madre, silenciosos y bellos, como una estampa antigua; los ojos de mi padre, tristes de mar, empaados de tiempo recorrido. La mesa del domingo, cuando comamos callados y mi padre, slo mi padre recitaba, tcitamente, como para s: Donde yo me he criado... Y ya no escuchbamos; lo dems se perda en la bruma nebulosa de un mito siempre repetido, desesperado y pattico como una plegaria intil. La nica plegaria que pap se permita decir (13). Mempo Giardinelli escribi Santo oficio de la memoria, obra galardonada con el VIII Premio Internacional "Rmulo Gallegos" en 1993. En esa obra -a la que Carlos Fuentes se refiere como a una saga migratoria tan hermosa, tan conmovedora, tan importante para estos tiempos de odio, racismo y xenofobia -, habla de un oficio que desempeaban algunos espaoles. En 1886, Haba muchos policas, all. Casi todos asturianos, gallegos. No s por qu. Tambin usaban bigote de manubrio y llevaban pistolas al cinto, capote invernal, queps duro y alzado y linterna en mano. Cuando se hizo la noche, los policas se movan como lucirnagas nerviosas (14). Horacio Vzquez-Rial es el autor de Frontera Sur. Prostitutas, fantasmas, jugadores, gallos de ria, socialistas primitivos, hroes del trabajo, anarcosindicalistas o msicos que se cruzan en la vida de tres generaciones de emigrantes gallegos, van tejiendo la trama de Frontera Sur y la historia de Buenos Aires, entre 1880 y 1935. Roque Daz Ouro, que llega viudo y con un hijo a la capital argentina, que se enamora de una prostituta de alto vuelo y que recibe en su carrera ascendente la ayuda del espectro de un compadrito degollado, es protagonista de este relato pico, junto al alemn Hermann Frisch, portador de un bandonen y de los principios de la organizacin obrera. Pero tambin aparecen en l figuras legendarias como Yrigoyen, Durruti o el propio Gardel, que definieron el espritu de una poca y de una ciudad apasionantes (15) El narrador describe, en esa obra, uno de los tantos desembarcos de inmigrantes, en la dcada del 80: Los buques anclaban muy lejos de la costa, y viajeros, equipajes y mercancas pasaban, o eran arrojados, a una gabarra o a varios botes pequeos, que lo llevaban todo a los carros en que, finalmente, sala del agua. Si el calado no resista una quilla, por escasa que fuese, las irregularidades del fondo lo hacan en algunos puntos excesivo par alguna de las ruedas de los vehculos, que encallaban o volcaban, arrastrando su carga al desastre. Padre e hijo presenciaron un desembarco, pendientes del bamboleo y los sobresaltos de los
carros, del gritero de los que teman ahogarse en aquel tramo de su odisea, que imaginaban ltimo, y de las voces de quienes, de pie en los pescantes, guiaban a las bestias. Ramn abandon la contemplacin de las inmundicias que las llantas arrancaban del limo y sacaban a la superficie cuando su padre fue a reunirse con un mayoral de mirada torcida (16). Graciela Cabal, en Secretos de familia (17), recuerda su aprendizaje de mueira: A mi amiga Rodrguez tampoco la dejan estudiar baile, pero ella igual sabe bailar la mueira, porque la mueira se la ense la madre. (La madre de Rodrguez es de un lugar donde todos saben bailar la mueira desde que nacen, sin que nadie se la ensee). Me da mucha vergenza, pero igual voy y le digo a la mam de Rodrguez si por favor, por favor, me ensea a m a bailar la mueira. La mam de Rodrguez dice que ella con mucho gusto me enseara, pero hace tanto tiempo que no baila... Sea buena, mamita, le dice Rodrguez a la madre, y la arrastra al patio. Y entonces la madre empieza a cantar bajito mmmmm mmmmm mmmmm y a dar unos pasos. Y despus se ve que se anima porque se pone a cantar fuerte y se mueve rpido y hasta se saca las chancletas y el delantal, y sigue, sigue, sigue. Y justo llega el pap del trabajo y primero se asusta y pregunta qu es lo que est pasando en esa casa, y despus se re y se pone a bailar enfrente de la madre. Y yo ya no aguanto y le digo a Rodrguez si quiere bailar, porque algo aprend, de mirar. Y todos bailamos, cantamos y nos remos, hasta la mam de Rodrguez, que nunca se re. A la mam de Rodrguez, cuando baila la mueira ni se le notan los bigotes . En Agua de nadie novela distinguida con el Premio Dr. Alfredo A. Roggiano de la Municipalidad de Chivilcoy, 1993-, Mabel Pagano evoca a dos sastres gallegos: Porque era muy chico y recin se iniciaba en el oficio junto a los gallegos Lpez y Garca, propietarios de un gran taller, no tuvo ocasin de conocer a don Hiplito, aunque quizs Yrigoyen no hubiera gastado en un traje lo que l lleg a cobrar, decan que era tan raro el Peludo... (...) La tarde anterior, los gallegos haban insistido en su intento de llevarlo a Mar del Plata para la inauguracin de la tan soada sucursal y nuevamente l rechaz la invitacin, hablando de compromisos impostergables, aunque sin aclarar sobre la naturaleza de los mismos y tratando de que no se ofendieran, ya que era forzoso que lo reconociera, l les deba mucho a los dos. Esa noche, cuando estaba a punto de retirarse del taller, los patrones lo invitaron a comer en un restaurante de Sarand, donde haba ido varias veces acompandolos. Quiso negarse diciendo que estaba muy cansado de la tarea de toda la semana, cosa que era rigurosamente cierta, pero Lpez insisti, vamos hombre, nos comemos la paella y regresamos temprano, al mismo tiempo que Garca lo palmeaba empujndolo hacia la puerta (18).
En Latas de cerveza en el Ro de la Plata novela de Jorge Stamadianos distinguida con el Premio Emec 1994/95- aparece un padre gallego que oculta a su hijo, desertor en la Guerra de las Malvinas. Relata el protagonista: Aunque no poda verle la cara al gallego porque me haba quedado esperando en la planta baja, oa su voz retumbando a travs de la escalera y me imaginaba la vena saltndole en la frente como una lombriz que no quiere subirse al anzuelo (19). En Virgen (20), novela de Gabriel Bez que result finalista en el premio Planeta, aparece un titiritero gallego: Sara lo haba encontrado deambulando medio muerto de hambre a los costados de la aduana, sin documentacin y con unas pocas pesetas en el bolsillo que guardaba como rezago de un viaje de cuarenta das desde su Pontevedra natal hasta Santos, donde desembarc. En Brasil se haba dedicado al incipiente negocio de refinar aceite de coco, pero por muy poco tiempo, ya que en apenas tres meses tuvo la fulminante certeza de que su arte jams se adaptara al portugus. No por l, sino por sus tteres, que extraaban horrores el castellano y no se adaptaban a ese idioma pegajoso y transpirado. Filadelfio Prez era un trotamundos infatigable, aunque en su juventud se haba dedicado al deporte de los guantes sin mayor fortuna, (...) Durante las representaciones se haca llamar Maese Prez, y se vala de su arte para desbocar argumentos y acomodarlos a su pasin republicana con ogros franquistas y brujas de la Falange. Pero las mejores obras las escriba l, y resultaban de una belleza conmovedora, lo mismo que sus muecos, enormes y con ojos siempre idnticos: de foca o de mujer intensa y hmeda, tristsmos, los ms hermosos del mundo . En Noticias secretas de Amrica , Eduardo Belgrano Rawson evoca a los inmigrantes gallegos: Cantabas un himno ms light, como rega desde principios de siglo. Lo haban lijado un poco. Qu otra cosa podan hacer? Necesitaban cortarla con los insultos, como explic en su momento un operador del Ministro. Tigres sedientos de sangre y todo eso. Culpa del himno el embajador no pisaba la presidencia, sobre todo los 9 de julio. A decir verdad, tampoco mostraban mucho aspecto de tigres los vascos y los gallegos que desembarcaban todos los das frente al Hotel de Inmigrantes, pero sta era otra cuestin (21). Guillermo Saccomanno es el autor de El buen dolor novela distinguida con el Premio Nacional de Literatura en 2002-, obra en la que escribe sobre su abuela gallega, la que le contaba cuentos de su tierra: Aunque la abuela era madrugadora y de acostarse temprano, sufra de insomnio. Por la noche ella y vos, acostados en su pieza, en la oscuridad, escuchaban Radio Portea, que transmita desde los teatros. La obra predilecta de la abuela era La Malquerida, interpretada por Lola Membrives. Ay, esa madre, se desgarraba la Membrives en la oscuridad de la pieza. Ay, repeta la abuela. Apenas terminaba la obra, la abuela apagaba la radio. Y como no poda dormir, te contaba un cuento (22). En La fuga, distinguida con el Premio Emec 1998/99, Eduardo Mignogna presenta a Adela y Angel Villalba,
una pareja de carboneros que tiene un sobrino en Mendoza: En la esquina de Coronel Daz y la avenida Las Heras haba un bar y al lado un corraln y despus una ferretera. El barrio se llamaba, o le decan, Tierra del Fuego, y en el sitio donde estaba la ferretera haba en 1928 una casa de venta de carbn y lea atendida por un matrimonio mayor de espaoles petisitos y reservados, oriundos del pueblo gallego de Betanzos. El comercio era angosto y con piso de tierra, y en el aire flotaba eternamente un polvillo oscuro que emanaba de las bolsas de arpillera (23). En Moira Sullivan, de Juan Jos Delaney, la protagonista escribe una carta fechada en 1932, en la que expresa: Debo decir que pese a que los hijos de Ern se jactan de haberse integrado con el resto de la poblacin, la verdad no es exactamente as. Tienen sus propios colegios, sus propios templos y clubes, y quien comete la osada de casarse con un nap (napolitano y por extensin italiano?) o con un gushing (derivado, probablemente, del verbo ingls to gush, que significa hablar con excesivo entusiasmo y que es un neologismo para aludir a los gallegos y tambin por extensin a los espaoles), se aslan o son lenta pero inexorablemente segregados. En verdad esto ocurre con casi todas las comunidades extranjeras que se han radicado ac: rabes, armenios, ucranios y, muy especialmente, judos. Para no hablar de los britnicos que a su injustificado desdn agregan cierto cinismo ancestral (24). Ochoa, uno de los personajes de Hotel Edn, de Luis Gusmn, recuerda entonces la iglesia de San Nicols de Bari. La historia de su familia materna est escrita en esa iglesia. Su abuelos, inmigrantes, primos hermanos casados con primos hermanos, provienen de Galicia. Ochoa dispone de poca informacin, y por lo tanto ignora por qu terminaron viviendo en la calle Carlos Pellegrini. Su abuelo administraba una casa, que nunca qued claro si era de inquilinato, a la que llamaba las oficinas (25). En Agatha Galiffi La Flor de la Mafia, novela de Esther Goris, los municipales quieren llevar el carro de un piamonts, por tener verdura en mal estado: "Un hombre de traje oscuro y bombn, con papeles en la mano, daba instrucciones a otros dos, mientras un tercero sostena el caballo por las bridas que, intranquilo ante la muchedumbre que lo rodeaba, golpeaba los cascos contra el suelo embarrado. Saremba era de los que haban dominado la tierra pero no la lengua, de modo que trataba de dar explicaciones al del bombn utilizando una jerigonza extraa". Lo que quera explicar era que "La verdura podrida no era para la gente, era verdura para los chanchos del gallego" (26). Jorge Torres Zavaleta, en La noche que me quieras, presenta a un gallego. Este es evocado como un trabajador, en su clsica ocupacin de dueo de bar, desconfiado ante los pedidos de sus clientes sin dinero: era como si todos nosotros furamos miembros de una barra y los mayores solamente aquellos a
los que tenamos que engaar. Como el gallego que nos dar un whisky o un caf a cuenta, mirndonos de reojo por debajo de las cejas pobladas mientras se ocupa de asuntos serios (27). En La logia del umbral, Ricardo Feierstein recuerda a algunos de los gallegos que vivan en Villa Pueyrredn, a mediados del siglo pasado: Cruzando la avenida Mosconi estaba la farmacia (...) Luego el negocio de medias del gallego Alvarez, cuya hija sera directora de televisin; (...) Despus del bar, ya en esta vereda, vena mi casa y, siguiendo el recorrido, el almacenero Gonzlez (gallego de ley), (...) Por las maanas, en la escuela pblica donde todos concurramos, conviv (...) con el galleguito Prez (28). La casa de Myra (29), de Aurora Alonso de Rocha, fue distinguida en 2001 con el Segundo Premio para Autores Inditos, en el Concurso organizado por la Fundacin El Libro, en el marco de la 27 Exposicin Feria Internacional de Buenos Aires El libro del Autor al Lector . En esa obra, protagonizada por una gallega tomada cautiva por los indgenas, narra un personaje: En unos meses se le puso la piel del color del cuero sobado, se le hicieron unos manchones del solazo debajo de los ojos y como no los tiene oscuros como las otras se ven como gemas transparentes. En lo que se ve del descote es pura mancha y peca y tiene el pelo cerdoso, enrulado y reseco de tanta agua e intemperie. Igual que las chinas va mexclada de cristiana y de india: le cuelgan unas ajorcas pesadas, se ata las clinas con seda trenzada y las botas son las de media caa, de pata de potro pero finsima, muy retobada (Que las quisiera para m!), con lazos de colorines y bordados. Por arriba usa un vestidito de percal que ha de ser el que traa cuando la encontr en el puerto, segn recuerdo, as que va medio disfrazada pero tan cargada de lazos y joyas como una princesa . En Los gallegos, una novela indita, Gloria Pampillo evoca la inmigracin de sus mayores. El abuelo de Gloria Pampillo era comerciante, y haba elegido el mismo nombre para todos sus negocios: Celta, como el nombre que mi abuelo le pona a cada uno de los bienes que ac se iba ganando, desde su barco hasta los toros. Un toro negro, morrudo, que ahora le dibujo en su escudo de comerciante, como tantos otros dibujaron una espiga en el almacn o en la panadera: La flor de Galicia . Gloria Pampillo recuerda la voluntad de unin de los emigrantes gallegos: Lo que van a hacer ahora es lo mismo que hizo mi abuelo cuando lleg a la Argentina en 1870. Van a agruparse en cofradas. Que esas cofradas formen un ejrcito o una Sociedad de Socorros Mutuos, poco importa. Lo que tienen en comn es que lejos de la tierra, da ma terra, como dijo una mujer en el seminario con un dolor que me volvi de barro el corazn, van a buscarse entre ellos . Guadalupe Henestrosa gan en 2002 el V Premio Clarn de novela, con Las ingratas (30), novela en la que
evoca la inmigracin de cinco hermanas espaolas y la hija de una de ellas. Seis gallegas, recin bajadas del barco, llegan a una pensin en la que la mayor se emplear como cocinera. All las asalta la nostalgia: Esa noche entre esas paredes hmedas, escuchando las palabrotas que venan desde el patio, las chicas extraaron la casa de piedra en las montaas. Por primera vez desde aquella madrugada cuando dejaron a su padre, Vicente, solito junto al fogn, se sintieron lejos de todo, perdidas, a merced de unas gentes desconocidas, con quin sabe qu costumbres. Cmo encontrar el alma en una tierra donde todas las cosas tenan otro olor? . En Los jardines del Carmelo, escribe Ana Mara Guerra: El campo se subdividi; la casa y unas parcelas quedaron en manos de los Ruiz, tres hermanos venidos de Galicia, que aconsejados por Marga, establecieron un burdel. Las dificultades de los primeros tiempos fueron incontables; los carros se empantanaban, los jinetes entraban con barro hasta en las fajas, y apenas caan unas gotas la gente se acobardaba, quedando el prostbulo vaco. Finalmente, los Ruiz decidieron deshacerse de l (31). En Amor migrante, de Stella Maris Latorre, un empleado del Hotel de Inmigrantes agrede a un gallego. Le dice: -Ya te o, crees que soy sordo gallego sucio, muerto de hambre. Avelino, Manuel y todos cruzaron sus miradas: Este era el recibimiento que le hacan los habitantes de ese pas que prometa tanto, todos apretaron los labios y endurecieron sus puos, todos... para no responder a esa provocacin; pero a todos tambin se les parti el corazn y quisieron estar en Galicia aunque no encontraran el oro tan prometedor, pero ya era tarde, ahora haba que ser fuerte, apechugar ya estaban en el tablao, haba que zapatear. Avelino tom su pequea valija, un bolsito pequeo tambin Manuel hizo lo propio, juntos lentamente recorrieron ese largo pasillo, jurando no voltear la cabeza para no ver a sus paisanos, que realmente si estaban mal presentados; pero eran honrados, y venan a trabajar, a poner la espalda para que este pas al cual recin llegaban floreciera a fuerza del sacrificio de ellos, que en ese momento necesitaban; la guerra, la mala situacin de su pas los llev a cruzar el mar en busca de un futuro mejor, pero en el interior de esos hombres, de esas mujeres de rostros sufridos, exista un rub en bruto, s, en bruto, como lo siguieron llamando y muchas veces se mofaron de ellos, haciendo bromas de mal gusto, chistes donde siempre, el tonto, el bruto era el gallego; pero si de algo no podan mofarse era de su honradez, de su fortaleza para el trabajo y la voluntad a pesar de a veces tragarse las lgrimas que estaban prestas a salir de sus pupilas, pero las sujetaban, no fueran a pensar que eran dbiles, no, no lo eran, eran ms fuertes que un roble (32). En 2004 se edit Las libres del Sur, Una novela sobre Victoria Ocampo (33), de Mara Rosa Lojo. En esa obra, aparecen varios gallegos. Los principales son Carmen Brey Moure y su hermano Francisco. Acerca de
Carmen, escribe: El casquito de fieltro con un capullo de gasa, las mejillas redondas, el tailleur liso y el talle bajo acentuaban su aspecto cndido de colegiala en vacaciones. Un toque de rouge y de polvo Arlette sobre la nariz no la cambiaron mucho. Se encontr ligeramente similar (aunque ms delgada, y ms joven) a una poetisa de moda: Alfonsina Storni . Francisco era un hombre robusto y curtido, en quien Carmen fue reconociendo, a medida que se acortaba la distancia, y como quien despeja las capas superficiales de un palimpsesto, los rasgos de su hermano . En Lunas elctricas para las noches sin luna, escribe Beln Gache: Bordeando el convento, la calle Viamonte se extiende alternando fondas llenas de marineros con casas de remates, regenteadas por catalanes, gallegos o andaluces que venden objetos dorados por oro fino y piedras transparentes por diamantes (34). En 2005 apareci Finisterre, tambin de Mara Rosa Lojo. Rosalind Kildaire Neira, nacida en Galicia, llega a la Argentina en 1832. Ella recuerda: Buenos Aires era entonces una ciudad blanca y baja, quiz slo atractiva desde la lejana. Ilusionaba los ojos a la distancia pero a medida que los barcos iban acercndose a la entrada del ro ancho y playo, donde resultaba imposible fondear, ceda el encantamiento. (...) Las calles eran irregulares y sucias, pantanosas de a trechos. Animales muertos y montones de desperdicios se acumulaban en algunas esquinas (35). En El infierno prometido, de Elsa Drucaroff, el Loco va a la pensin en que viva Vittorio. La desconfianza de la duea se esfum cuando el Loco le cont que era periodista de Crtica. Le convid con mate, bizcochitos de grasa, y cont con marcado acento gallego que el seor Comencini no viva ms en esa pensin . La gallega se entusiasma: Ayudar a la prensa! (...) anote mi nombre y apellido: Mara Dolores Pontevedra, con ve corta. Pensin Pontevedra. Va a venir un fotgrafo? (36). Cristina Bajo es la autora de La trama del pasado (37). "1840, Vigo, Galicia. Una joven aristcrata, Ignacia Arias de Ulloa, abandona a su marido y huye con una criada llevndose muy poco: su estuche de esgrima, y el halcn preferido de aqul. Al llegar a la casa solariega de su madre se encuentra con que sta ha decidido regresar a las provincias del Ro de la Plata, su tierra de nacimiento, para ajustar viejas cuentas. Sin pensarlo, Ignacia se embarca con ella. Mientras el pas se desangra en la guerra civil, don Fernando Osorio y Luna, descendiente de un antiguo linaje, emprende con sus hombres un viaje a caballo desde la Crdoba americana hacia Buenos Aires con un mensaje secreto para don Juan Manuel de Rosas, jefe de los federales. A mitad de camino, y en una de las batallas ms cruentas de la historia argentina, Ignacia y Fernando se encontrarn, sin saber que sus lazos provienen del pasado, de trgicos misterios familiares
que, desde los orgenes de su estirpe, parecen alcanzarlos como una maldicin. Acechado por enemigos desconocidos que atacan salvajemente a su mujer y a su hijo, involucrado en venganzas y reencuentros, amenazado con la expropiacin de sus tierras, Fernando encontrar que la mayora de los privilegios que los suyos mantuvieron por siglos han desaparecido; que los Osorio han cado en desgracia, y que aquella joven del halcn, Ignacia, pertenece al crculo de los enemigos de su familia. Podr un hombre de accin como l, valiente, fiel a sus ideas y a su gente, permanecer indiferente ante la matanza y las injusticias a que todos los das se ve sometida su ciudad, por aquellos que se decan sus aliados? En esta nueva entrega de la saga de los Osorio, no ser una mujer de la familia la protagonista, sino un hombre: Fernando, el Payo, hermano de Luz y primo de Laura. Junto a l, personajes histricos y ficcionales desentraarn una trama urdida con sangre, secretos y ausencias: La trama del pasado, una novela vibrante, estremecedora, que confirma una vez ms el talento narrativo y la pluma avezada y mgica de Cristina Bajo" (38). Notas 1. Cambaceres, Eugenio: En la sangre. Buenos Aires, Plus Ultra, 1968. 2. Lpez, Lucio V.: La gran aldea. Costumbres bonaerenses. Buenos Aires, CEAL, 1980. (Captulo). 3. Garasa, Delfn Leocadio: La otra Buenos Aires. Paseos literarios por barrios y calles de la ciudad. Buenos Aires, Sudamericana-Planeta, 1987. 4. Glvez, Manuel: Nacha Regules. Citado en Pez, Jorge: El conventillo. Buenos Aires, CEAL, 1970. 5. Greca, Alcides: La pampa gringa, en [Link]/portalgringo 6. Marechal, Leopoldo: Megafn. Citado en Pez, Jorge: El conventillo. Buenos Aires, CEAL, 1970. 7. Molina, Enrique: Una sombra donde suea Camila O'Gorman. Buenos Aires, Seix Barral, 1994. 8. Orgambide, Pedro: Hacer la Amrica. Buenos Aires, Bruguera, 1984. Pg. 20. 9. Forti Glori, Nisa: La crislida. Buenos Aires, Corregidor, 1984. 10. Tirri, Nstor: La piedra madre. Buenos Aires, Galerna, 2007. 208 pginas. (Literatura) 11. S/F: en Tirri, Nstor: La piedra madre. Buenos Aires, Galerna, 2007. 208 pginas. (Literatura) 12. Gonzlez Rouco, Mara: Mara Rosa Lojo: la inmigracin gallega , en El Tiempo, Azul 17 de marzo de 1991. 13. Lojo, Mara Rosa: Cancin perdida en Buenos Aires al oeste. Buenos Aires, Torres Agero Editor, 1987. 14. Giardinelli, Mempo: Santo Oficio de la Memoria. Buenos Aires, Seix Barral, 1991. 15. S/F: en Vzquez-Rial, Horacio: Frontera sur. Barcelona, Ediciones B, 1998. 16. Vzquez-Rial, Horacio: Frontera sur. Barcelona, Ediciones B, 1998. 17. Cabal, Graciela Beatriz: Secretos de familia. Buenos Aires, Sudamericana, 2003. 18. Pagano, Mabel: Agua de nadie. Buenos Aires, Editorial Almagesto, 1995. 19. Stamadianos, Jorge: Latas de cerveza en el Ro de la Plata. Buenos Aires, Emec, 1995. 229 pp. 20. Baez, Gabriel: Virgen. Buenos Aires, Sudamericana, 1998. 21. Belgrano Rawson, Eduardo: Noticias secretas de Amrica. Buenos Aires, Planeta, 1998. 22. Saccomano, Guillermo: El buen dolor. Buenos Aires, Planeta, 1999. 23. Mignogna, Eduardo: La fuga. Buenos Aires, Emec, 1999. 24. Delaney, Juan Jos: Moira Sullivan. Buenos Aires, 1999. 25. Gusmn, Luis: Hotel Edn. Buenos Aires, Norma, 1999. 26. Goris, Esther: Agatha Galiffi La Flor de la Mafia. Buenos Aires, Sudamericana, 1999. 415 pp.
27. Torres Zavaleta, Jorge: La noche que me quieras. Buenos Aires, Emec, 2000. 28. Feierstein, Ricardo: La logia del umbral. Buenos Aires, Galerna, 2001. 29. Alonso de Rocha, Aurora: La casa de Myra. Buenos Aires, Fundacin El Libro, 2001. 30. Henestrosa, Guadalupe: Las ingratas. Novela Sentimental. Buenos Aires, Clarn-Alfaguara, 2002. 31. Guerra, Ana Mara: Los jardines del Carmelo. Buenos Aires, Corregidor, 2003. 32. Latorre, Stella Maris: Amor migrante. Buenos Aires, De los Cuatro Vientos Editorial, 2004. 33. Lojo, Mara Rosa: Las libres del Sur, Una novela sobre Victoria Ocampo. Buenos Aires, Sudamericana, 2004. 34. Gache, Beln: Lunas elctricas para las noches sin luna. Buenos Aires, Sudamericana, 2004. 35. Lojo, Mara Rosa: Finisterre. Buenos Aires, Sudamericana, 2005. 192 pp. (Narrativas) 36. Drucaroff, Elsa: El infierno prometido. Una prostituta de la Zwi Migdal. Buenos Aires, Sudamericana, 2006. 336 pp. (Narrativas histricas). Pg. 242. 37. Bajo, Cristina: La trama del pasado. Buenos Aires, Sudamericana, 2006. 38. S/F: informacin de prensa Madrileos En 1955, Marco Denevi es distinguido con el Premio Kraft por Rosaura a las diez. En esa obra, declara la seora Milagros Ramoneda, viuda de Perales, propietaria de la hospedera llamada La madrilea, de la calle Rioja, en el antiguo barrio del Once . Todo esto (...) empez hace doce aos, cuando vino a vivir a mi honrada casa un nuevo husped que confes ser pintor y estar solo en el mundo. Aquellos eran otros tiempos, sabe usted?, tiempos difciles, sobre todo para m, viuda y con tres hijas pequeas. Los pensionistas escaseaban, y los pocos que haban eran, hablando mal y pronto, de culo mal asentado, quiero decir, que hoy estaban en una pensin y maana en otra y en todas dejaban un clavo, o, apenas usted se descuidaba, le convertan su honrada casa en un garito o alguna cosa peor, de modo que a los dueos de hospederas decentes nos era necesario si queramos conservar la decencia y la hospedera, un arte nada fcil, ahora desconocido y creo que perdido para siempre: el arte de atraer, seleccionar y afincar, mediante cierta frmula secreta, hecha a base de familiardad y rigor, una clientela ms o menos honorable (1). Notas 1. Denevi, Marco: Rosaura a las diez. Buenos Aires, Corregidor, 1999. 319 pp. Estudio preliminar y glosas de Juan Carlos Merlo. Valencianos En La cancin de las ciudades, Matilde Snchez evoca la inmigracin alicantina. En esa obra afirma Juan Jos Becerra-, Alicante es un relato familiar de una familia anterior a la narradora, quien, excluida de los pormenores del relato paterno (que siempre es un arcano), intenta ajustarlos a su manera (1). Una hija de espaoles acompaa a sus padres a visitar su tierra natal. Al regresar, la joven seala: Despus de un tiempo de descanso en Barcelona mam, siete das para pulir borradores, una semana de caligrafa china-, todos nos volvimos. Ante sus vecinos, ellos ponderarn la acelerada modernizacin de
Espaa. Pero yo saba que su patria no era sa sino el piso de la avenida Callao, ese alto contrafrente que los abstraa de todas las vicisitudes, suspendido en regiones del recuerdo. Espaa haba dejado de pertenecerles. El origen ya era un lugar desconocido (2). Notas 1 Becerra, Juan Jos: Mapa familiar , en Clarn, Buenos Aires, 16 de mayo de 1999. 2 Snchez, Matilde: Alicante, 84 , en La cancin de las ciudades. Buenos Aires, Planeta, 1999. Vascos En 1884, en el peridico Sud Amrica se publica como folletn La gran aldea (1), obra que Lpez dedica a Miguel Can, su amigo y camarada . El subttulo de La gran aldea, Costumbres bonaerenses , previene ya las caractersticas del realismo a que recurrir su autor, Lucio Vicente Lpez (1848-1894): una actitud crtica, no disolvente sino reformista, encaminada a registrar tipos y hbitos de una sociedad, y a poner de relieve algunos de entre ellos mediante el sarcasmo, la irona o la simple caricatura. (...) la propuesta fundamental de La gran aldea es la de demostrar que el Buenos Aires provinciano de 1860 pervive en el Buenos Aires cosmopolita de 1880, que la clase social que manejaba sus destinos en la poca de Pavn continuaba controlando los hilos de la poltica y de las finanzas y dando el tono de la sociabilidad en la poca del alumbrado a gas y de los tranvas a caballo (2). Aunque esperanzada con el potencial talento literario del autor, ya en el momento de su publicacin la crtica fue en general adversa con la novela, pero til, segn Lpez, porque ha despertado la curiosidad y me ha favorecido la venta. En ella pesa ms la crnica que la densidad literaria -Rojas la ve inferior a su fama-, y as parece haber sido desde que se public: en su poca influyeron tanto su calidad de instrumento de lucha poltica e ideolgica como el hecho de ser una novela en clave, por la que desfilaban las figuras del da (Mitre, Sarmiento, Avellaneda, etctera); en nuestros das pesa el valor testimonial, intencin que ya proclama el autor desde el subttulo (Costumbres bonaerenses), que permite rastrear el pasaje de un Buenos Aires patriota, semisencillo, semitendero, semicurial y semialdea, a la ciudad con pretensiones europeas en diversos registros: en lo urbano, con la transformacin de la ciudad que es ms modernizacin que ampliacin, con la incorporacin a la vida cotidiana del gas de alumbrado, el tranva, las nuevas formas de la arquitectura y la decoracin; en lo social, con el advenimiento de las nuevas burguesas, el gallego sirviente al lado del mulatero, la desaparicin del tendero criollo; en lo poltico, con la consolidacin del roquismo, que impone la unificacin del pas desde el poder central y desde la ciudad capitalizada- y las tensiones que eso provoca; en lo econmico, con el pasaje de los buenos tiempos del Estado de Buenos Aires al manejo financiero que culminar con la crisis de 1890; en lo religioso, con el progresivo avance del laicismo estatal y la nueva religin de la burquesa; en lo literario, con el pasaje del Romanticismo al Realismo y al teatro ligero francs... (3).
Lpez relata cmo trataba a sus clientas vascas uno de aquellos tenderos criollos: Entre los prncipes del mostrador porteo, el ms clebre, sin disputa, era don Narciso Bringas: gran tendero, gran patriota, nacido en el barrio de San Telmo, pero adoptado por la calle del Per como el rey del mostrador. No haba mostrador como el de aquel porteo: todo el barrio junto no era capaz de desdoblar una pieza de madapoln y de volverla a doblar como don Narciso; y si la pirmide misma le hubiera querido disputar su amor a Buenos Aires, a la pirmide misma le habra disputado ese derecho . Describe la estrategia del tendero para dirigirse a su clientela: Don Narciso suba o bajaba el tono segn la jerarqua de la parroquiana: dominaba toda la escala; posea toda la preciosidad del lenguaje culto de la poca y daba el do de pecho con una dama para dar el s con una cocinera . Los tratamientos variaban para l segn las horas y las personas. Por la maana se permita tutear sin pudor a la parda o china criolla que volva del mercado y entraba en su tienda. Si la clienta era hija del pas, la trataba llanamente de hija; hija por arriba e hija por abajo. Si l distingua que era vasca, francesa, italiana, extranjera, en fin, iniciaba la rebaja, el ltimo precio, el se lo doy por lo que me cuesta, por el tratamiento de madamita. Oh!, ese madamita lanzado entre 7 y 8 de la maana, con algunas cuantas palabras de imitacin de francs que l saba balbucir, era irresistible. Durante el da, los tratamientos variaban entre hija e hijita, entre t y usted, entre madamita y madama, segn la edad dela gringa, como l la llamaba cuando la compradora no caa en sus redes . Pedro Antn, protagonista de una novela de Julin de Charras, aora cuanto dej: Vea, all lejos, como en una neblina, las escarpadas pendientes de los Pirineos, las casetas ruinosas de los montaeses, las miserables veladas, con pan negro y escaso y luz humeante de candil de aceite; el padre, con su rostro anguloso y cetrino, en un rincn, con la barba en la mano, mirando fijamente la pared, como pensando en algo indefinido; la madre hilando, hilando en la penumbra, diestros los dedos, aunque fatigada la vista... Y l, rapaz, sin raciocinio, radas las ropas, que remendaba la mano materna, al lado del fuego, hurgndose la nariz, recordando las consejas del oso negro, de las brujas sabticas, del ahorcado... (4). En Secretos de familia (5), Graciela Cabal evoca al vasco que les venda la leche: El que s viene con carro y caballo es el lechero. Cada vez que el carro se para delante de la ventana, el caballo, que tiene sombrero con claveles y dos agujeros para las orejas, hace pis. Un chorro que suena ms fuerte que cuando mi pap va al bao. El lechero tiene pelo colorado, usa boina y nunca hace chistes porque es extranjero. Mi mam deja la lechera en la puerta y el lechero, que viene con un tarro grande y un tarro chiquito, pasa la leche de un tarro al otro y despus a la lechera, sin derramar una gota. Al rato viene mi mam y derrama todo, porque a ella siempre le tiemblan las manos, pobre mi mam .
Eduardo Belgrano Rawson evoca, en Noticias secretas de Amrica, a los inmigrantes vascos: Cantabas un himno ms light, como rega desde principios de siglo. Lo haban lijado un poco. Qu otra cosa podan hacer? Necesitaban cortarla con los insultos, como explic en su momento un operador del Ministro. Tigres sedientos de sangre y todo eso. Culpa del himno el embajador no pisaba la presidencia, sobre todo los 9 de julio. A decir verdad, tampoco mostraban mucho aspecto de tigres los vascos y los gallegos que desembarcaban todos los das frente al Hotel de Inmigrantes, pero sta era otra cuestin (6). Jorge Torres Zavaleta evoca, en La noche que me quieras, a los inmigrantes vascos (7). Notas 1 Lpez, Lucio V.: La gran aldea. Costumbres bonaerenses. Buenos Aires, CEAL, 1980. 2 Prieto, Adolfo: La generacin del 80. La imaginacin , en Historia de la Literatura Argentina. Buenos Aires, CEAL, 1980. 3 Figueira, Ricardo: Prlogo a Lpez, Lucio V.: La gran aldea. Costumbres bonaerenses. Buenos Aires, CEAL, 1980. 4 Charras, Julin de: La historia de Pedro Antn , en La novela semanal, Ao VII, N 294, Buenos Aires, 2 de julio de 1923. 5 Cabal, Graciela Beatriz: Secretos de familia. Buenos Aires, Debolsillo, 2003. 6 Belgrano Rawson, Eduardo: Noticias secretas de Amrica. Buenos Aires, Planeta, 1998. 7 Torres Zavaleta, Jorge: La noche que me quieras. Buenos Aires, Planeta, 2000. Sin mencin de origen Narra el protagonista de Divertidas aventuras del nieto de Juan Moreira, de Roberto J. Payr: Acab por acostumbrarme un tanto a la escuela. Iba a ella por divertirme, y mi diversin mayor consista en hacer rabiar al pobre maestro, don Lucas Arba, un infeliz espaol, cojo y ridculo, que, gracias a m, se sent centenares de veces sobre una punta de pluma o en medio de un lago de pega-pega, y otras tantas recibi en el ojo o la nariz bolitas de pan o de papel cuidadosamente masticadas. Era de verle dar el salto o lanzar el chillido provocados por la pluma, o levantarse con la silla pegada a los fondillos, o llevar la mano al rgano acariciado por el hmedo proyectil, mientras la cara se le pona como un tomate! Qu alboroto, y cmo se desternillaba de risa la escuela entera! Mis tmidos condiscpulos, sin imaginacin, ni iniciativa, ni arrojo, como buenos campesinos, hijos de campesinos, vean en m un ente extraordinario, casi sobrenatural, comprendiendo intuitivamente que para atreverse a tanto era preciso haber nacido con privilegios excepcionales de carcter y de posicin (1). En Barrio Gris, Joaqun Gmez Bas presenta a una espaola que vende leche en Sarand: El agua cubre ya la mitad de la calle. La gente comienza a utilizar el puente esquinero para atravesarla. Es un artefacto endeble y cimbreante que se yergue a ms de cinco metros sobre el nivel del camino ordinario. Representa una hazaa ascender la escalera de carcomidos peldaos de madera, recorrer su piso de tablas inseguras y bajar por el extremo opuesto aferrndose a la barandilla resquebrajada por el sol y las lluvias. (...) Doa
Micaela sube trabajosamente la escalera del puente acarreando un tarro de leche en cada mano. Trastabilla en los tramos y acompaa el peligroso tambaleo con imprecaciones ms sucias que su indumentaria. Es grotesca como una vaca que bailara sobre sus patas traseras (2). Mario, protagonista de Hermana y sombra, de Bernardo Verbitsky, recuerda al espaol que les venda leche: Dejamos en Baha Blanca varias cuentas impagas, pero la que realmente nos preocupaba era la del lechero, un espaol bajito y menudo, a quien se le formaban unas arruguitas alrededor de los ojos al sonrer, lo que haca con frecuencia. Vesta algo parecido a un chaleco oscuro, sin magas, usaba faja, y un chambergo negro echado ligeramente hacia la nuca. Tericamente, le pagbamos mensualmente los cinco litros que nos dejaba cada da pero siempre fue tolerante para el cobro, aceptando los pretextos con que explicbamos nuestra condicin de deudores morosos. En los ltimos meses no pudimos darle un centavo sin que l suspendiera el suministro de nuestro principal alimento. Nuestra conviccin, reafirmada ms de una vez por mam, era que a ese pequeo espaol bondadoso debamos el no haber muerto de hambre, sobre todo nuestra hermanita a quien no le faltaron nunca varias mamaderas diarias para suplir los pechos casi secos de mam (3). En Un dandy en la corte del rey Alfonso, Mara Esther de Miguel refiere a propsito de unas monedas, el motivo que llev a su padre a emigrar y la situacin econmica en la que debi hacerlo: todas haban pertenecido a mi pap, quien vino de Espaa por no hacer la conscripcin en Marruecos. Lleg con una mano atrs y otra adelante, en su maleta un mantn de mi abuela y... Y nada ms. Ah, s: las monedas! (4). En El infierno prometido, de Elsa Drucaroff, Vittorio Siguiendo las instrucciones de Beppo, el estibador del puerto de Buenos Aires, encontr a Julin en El Marinero Negro, uno de los bodegones de la calle Roca, frente al ro. Era un hombre sombro y corpulento de ms de treinta aos, usaba boina azul y chaleco de cuero sobre la camisa. Estaba sentado en el mostrador cuando se lo sealaron, Vittorio se abri paso hasta l entre los marineros. Julin lo escuch con el ceo fruncido, sin mover una ceja ni sacarse el cigarrillo de la boca . El espaol dice a Vittorio y Dina que es necesario que ella aprenda a tirar: Si mi mujer hubiera sabido usar un arma, ahora estara viva aqu conmigo. (...) me la mataron en Asturias los carabineros de Primo de Rivera. Habamos tomado las minas, yo estaba en la toma y ella estaba sola en casa. Yo tena un arma, ella no, y no tena cmo defenderse. Lo hicieron a propsito, fueron por ella porque era el modo de matarme a m... Saben lo que hacen... Bueno, basta pues, pasaron ya ms de tres aos y sin embargo aqu estoy, no? (5).
Notas 1. Payr, Roberto J.: Divertidas aventuras del nieto de Juan Moreira. Prlogo y notas por Graciela Montes. Buenos Aires, CEAL, 1980. (Captulo). 2. Gmez Bas, Joaqun: Barrio Gris. Buenos Aires, Compaa General Fabril Editora, 1963. 3. Verbitsky, Bernardo: Hermana y Sombra. Buenos Aires, Editorial Planeta Argentina, 1977. 4. Miguel, Mara Esther de: Un dandy en la corte del rey Alfonso. Buenos Aires, Planeta, 1999. 5. Drucaroff, Elsa: El infierno prometido. Una prostituta de la Zwi Migdal. Buenos Aires, Sudamericana, 2006. 336 pp. (Narrativas histricas). Pg. 265. Varios Mempo Giardinelli escribi Santo oficio de la memoria, obra galardonada con el VIII Premio Internacional "Rmulo Gallegos" en 1993. En esa obra -a la que Carlos Fuentes se refiere como a una saga migratoria tan hermosa, tan conmovedora, tan importante para estos tiempos de odio, racismo y xenofobia -, habla de un oficio que desempeaban algunos espaoles. En 1886, Haba muchos policas, all. Casi todos asturianos, gallegos. No s por qu. Tambin usaban bigote de manubrio y llevaban pistolas al cinto, capote invernal, queps duro y alzado y linterna en mano. Cuando se hizo la noche, los policas se movan como lucirnagas nerviosas (1). En Noticias secretas de Amrica, Eduardo Belgrano Rawson evoca a los inmigrantes gallegos: Cantabas un himno ms light, como rega desde principios de siglo. Lo haban lijado un poco. Qu otra cosa podan hacer? Necesitaban cortarla con los insultos, como explic en su momento un operador del Ministro. Tigres sedientos de sangre y todo eso. Culpa del himno el embajador no pisaba la presidencia, sobre todo los 9 de julio. A decir verdad, tampoco mostraban mucho aspecto de tigres los vascos y los gallegos que desembarcaban todos los das frente al Hotel de Inmigrantes, pero sta era otra cuestin (2). En La fuga (3), film basado en la novela homnima de Eduardo Mignogna distinguida con el Premio Emec 1998/99, Camilo Vallejo, uno de los anarquistas, habla con acento espaol y, al evadirse, es esperado por dos hombres con boinas vascas que lo ocultan en un carro lechero. En el film al igual que en la novelaaparecen otros inmigrantes; entre ellos, Aldo Mazzini, el cataln Escofet, el mozo andaluz. En Lunas elctricas para las noches sin luna, escribe Beln Gache: Bordeando el convento, la calle Viamonte se extiende alternando fondas llenas de marineros con casas de remates, regenteadas por catalanes, gallegos o andaluces que venden objetos dorados por oro fino y piedras transparentes por diamantes (4). Notas 1 Giardinelli, Mempo: Santo Oficio de la Memoria. Buenos Aires, Seix Barral, 1991. 2 Belgrano Rawson, Eduardo: Noticias secretas de Amrica. Buenos Aires, Planeta, 1998. 3 Mignogna, Eduardo: La fuga. Buenos Aires, Emec, 1999. 4 Gache, Beln: Lunas elctricas para las noches sin luna. Buenos Aires, Sudamericana, 2004. En conjunto En Una ciudad junto al ro (1), Jorge E. Isaac escribe, acerca de los espaoles: llegan solos o en parejas.
De ellos, ms bien habra que decir: siguen llegando. Se muestran desenvueltos, casi altaneros como si por razones histricas- an se sintieran un tanto dueos del pas, del que en verdad lo han sido. No son pocos los que traen dinero suficiente como para establecerse en sta u otras ciudades, villas o poblaciones con algn negocio de comestibles las ms de las veces por mayor- que es una de sus actividades preferidas. Si hay algo que en m ms llame la atencin es su manejo preciso del idioma. Se me antoja que, en ellos, lo recibo en estado de real pureza, sin la contaminacin que aqu ya est sufriendo por la influencia de los italianos que parecieran confabularse todos para deformarlo . En Moira Sullivan (2), de Juan Jos Delaney, la protagonista escribe una carta fechada en 1932, en la que expresa: Debo decir que pese a que los hijos de Ern se jactan de haberse integrado con el resto de la poblacin, la verdad no es exactamente as. Tienen sus propios colegios, sus propios templos y clubes, y quien comete la osada de casarse con un nap (napolitano y por extensin italiano?) o con un gushing (derivado, probablemente, del verbo ingls to gush, que significa hablar con excesivo entusiasmo y que es un neologismo para aludir a los gallegos y tambin por extensin a los espaoles), se aslan o son lenta pero inexorablemente segregados. En verdad esto ocurre con casi todas las comunidades extranjeras que se han radicado ac: rabes, armenios, ucranios y, muy especialmente, judos. Para no hablar de los britnicos que a su injustificado desdn agregan cierto cinismo ancestral . Tnkele, bielorrusa sobreviviente de Auschwitz, es uno de los personajes de Hija del silencio, de Manuela Fngueret. A ella Se le mezclan las historias con la suya. La llegada a Buenos Aires, el primer da de trabajo en la fbrica de camisetas a unas cuadras de la casa de sus primos. All emplean tambin a otras mujeres inmigrantes como ella: italianas, espaolas o polacas, con las que casi no intercambian palabra en agotadoras jornadas de trabajo. Una Babel de rostros e idiomas (3). Notas 1. Isaac, Jorge E.: Una ciudad junto al ro. Buenos Aires, Marymar, 1986. 2. Delaney, Juan Jos: Moira Sullivan. Buenos Aires, 1999. 3. Fingueret, Manuela: Hija del silencio. Buenos Aires, Planeta, 1999. Estadounidenses Eugenio Juan Zappietro escribe en De aqu hasta el alba: Un hombre delgado y macilento que era ingeniero del ejrcito, haba llegado para estudiar la posibilidad de trasladar el asiento de las tropas un poco ms hacia el mar. Se haba llamado Jewison y era un americano de Tejas, muy golpeado por la enfermedad que haba contraido al atravesar la Florida. Jewison tena treinta y cinco aos y un Colt Forntier a la cintura; vesta levitn Prncipe Alberto y fumaba cigarrillos muy suaves, ambarinos, de Virginia . Una noche, qued con los ojos abiertos, mirando el techo de paja trenzada, inmvil como una piedra. Haba muerto sonriendo,
cara a un cielo extrao, tal vez muy semejante al de las interminables noches de su Tejas natal (1). En 1999 apareci Moira Sullivan (2), de Juan Jos Delaney, cuya protagonista emigra desde los Estados Unidos a la Argentina. La historia de esta mujer -que se inicia con su nacimiento en los primeros aos del siglo XX o al finalizar el anterior- es una historia en s, desarrollada hbilmente, pero permite tambin al novelista explayarse acerca de las circunstancias en que esta historia se desenvuelve. Al hablar de los primeros aos de la anciana, nos ilustra acerca de la vida en Estados Unidos, no slo de los irlandeses, sino tambin de emigrantes de otras nacionalidades que se dirigieron all en busca de la fuente laboral que significaban las minas carbonferas. La cautiva que protagoniza La casa de Myra, de Aurora Alonso de Rocha, es atendida por un mdico norteamericano: Myra yaca sobre las mantas y los pelleros al modo de la casa, envuelta en un lienzo blanco que despus supe que lo humedecen de cocciones balsmicas. No se le notaba delirio alguno. Me dijo que tena susto. Saltaba del camastro presa de pesadillas y all corran todos creyendo que ya comenzaban las visiones. A m no me pareci que tuviera mal la razn ni los miembros duros o la lengua trabada o los ojos virados para atrs, todo lo que el Dr. Cross me haba indicado como sntomas desgraciados. El cacique se puso de uas para arriba cuando mencion al doctor. Es doctor y es norteamericano pero lo que le molesta es que sea mitrista y arrogante en el trato cuando en otro tiempo haba sido Juez de Paz. Es, adems, un hombre grande, tanto como el cacique, que se inclina a ser condescendiente slo cuando mira al otro desde arriba (eso me parece) (3). Notas 1 Zappietro, Eugenio Juan: op. cit. 2 Delaney, Juan Jos: Moira Sullivan. Buenos Aires, 1999. 3 Alonso de Rocha, Aurora: La casa de Myra. Buenos Aires, Fundacin El Libro, 2001. Franceses En 1884, en el peridico Sud Amrica se publica como folletn La gran aldea Costumbres bonaerenses (1), obra que Lucio V. Lpez dedica a Miguel Can, su amigo y camarada . En esta obra aparecen franceses tenderos y clientas-, vistos desde la perspectiva de un escritor que aora un pasado que no volver. Lpez compara a los tenderos de antao con los del presente: Y qu mozos! Qu vendedores los de las tiendas de entonces! Cun lejos estn los tenderos franceses y espaoles de hoy de tener la alcurnia y los mritos sociales de aquella juventud dorada, hija de la tierra, ltimo vstago del aristocrtico comercio al menudeo de la colonia . Recuerda a uno de aquellos tenderos criollos: Entre los prncipes del mostrador porteo, el ms clebre, sin disputa, era don Narciso Bringas: gran tendero, gran patriota, nacido en el barrio de San Telmo, pero adoptado por la calle del Per como el rey del mostrador. No haba mostrador como el de aquel porteo:
todo el barrio junto no era capaz de desdoblar una pieza de madapoln y de volverla a doblar como don Narciso; y si la pirmide misma le hubiera querido disputar su amor a Buenos Aires, a la pirmide misma le habra disputado ese derecho . Describe la estrategia del tendero para dirigirse a su clientela: Don Narciso suba o bajaba el tono segn la jerarqua de la parroquiana: dominaba toda la escala; posea toda la preciosidad del lenguaje culto de la poca y daba el do de pecho con una dama para dar el s con una cocinera . Los tratamientos variaban para l segn las horas y las personas. Por la maana se permita tutear sin pudor a la parda o china criolla que volva del mercado y entraba en su tienda. Si la clienta era hija del pas, la trataba llanamente de hija; hija por arriba e hija por abajo. Si l distingua que era vasca, francesa, italiana, extranjera, en fin, iniciaba la rebaja, el ltimo precio, el se lo doy por lo que me cuesta, por el tratamiento de madamita. Oh!, ese madamita lanzado entre 7 y 8 de la maana, con algunas cuantas palabras de imitacin de francs que l saba balbucir, era irresistible. Durante el da, los tratamientos variaban entre hija e hijita, entre t y usted, entre madamita y madama, segn la edad dela gringa, como l la llamaba cuando la compradora no caa en sus redes . La novela En la sangre comienza a publicarse en forma de folletn en el Sud-Amrica el lunes 12 de setiembre de 1887 y contina apareciendo en forma ininterrumpida hasta el viernes 14 de octubre. Ya el sbado 15, en la Seccin Noticias, se anuncia su aparicin en un volumen de 300 pginas impreso en los mismos talleres del diario (2). En la novela, relata: Exista en la calle Reconquista, entre Tucumn y Parque, un llamado Caf de los Tres Billares, cuya numerosa clientela en gran parte era compuesta de hijos de familia, empleados pblicos, dependientes de comercio y estudiantes de la Universidad y de la Facultad de Medicina. Su dueo, un bearns gordo, ronco, gritn, gran bebedor de ajenjo, pelado a la mal content e insigne disputador de achaques en historia guerrera y de poltica, tena, leguleyo a medias l mismo, una predileccin marcada por los ltimos. Iba, en su profundo amor a la ciencia representada para l por el gremio estudiantil, hasta hacer crdito a sus miembros de la hora de la mesa y del chinois en pocas adversas de pobreza (3). En la Bolsa de Comercio, Julin Martel encuentra Promiscuidad de tipos y promiscuidad de idiomas. Aqu los sonidos speros como escupitajos del alemn, mezclndose impamente a las dulces notas de la lengua italiana; all los acentos viriles del ingls haciendo do con los chisporroteos maliciosos de la terminologa criolla; del otro lado las moneras y suavidades del francs, respondiendo al ceceo susurrante de la rancia pronunciacin espaola (4).
En Adn Buenosayres, de Leopoldo Marechal, tres personajes discuten acerca de la nacionalidad de unos rufianes. Un personaje afirma: Esos caften son marselleses! (...) y jur que los haba visto a montones en las casas del ramo, con sus galeritas meln, sus bigotes mediterrneos y sus pesadas cadenas de oro . Otro personaje sostiene que son polacos, y un tercero, que son rumanos. Doa Venus emite un fallo inapelable , cuando dice De todo hay, como en botica (5). Desde Mxico, Ricardo Clark me escribe: Pilar de Lusarreta tiene una magnifica novela (Nio Pedro), sobre la construccion de La Plata, con sus inmigrantes y como personajes principales a dos franceses.(...) Un gran trabajo (6). En Un noviazgo, escribe Bernardo Verbitsky: En Montevideo se anunci que el gobierno haba iniciado gestiones para repatriar los restos del cantor uruguayo Carlos Gardel, y esto permiti explotar el asunto con nuevos bros. Sostuvo Tribuna que era un gesto senil del dictador Terra, a quien acus de querer explotar el afecto a Gardel para atraerse la adhesin del pueblo al que tena sometido; quera despojar a los argentinos de los restos del ms porteo de los cantores nacionales para capitalizar en propio beneficio su gran popularidad. Magalhaes, admitiendo que era un hombre de suerte, hizo rodar, como caonazos de una pesada artillera, comentario tras comentario contra Terra. Era una campaa muy simptica en la que atacaba a un dictador y defenda la argentinidad de Gardel, reconociendo la verdad de que era francs de nacimiento, exponiendo generosas razones humanas opuestas a un mezquino concepto de territorialidad. Y el dia en que de la Torre dio fin a la lectura de su dictamen, en minora, publicaba Tribuna en primera pgina, con grandes ttulos y fotografas, la noticia de que la madre de Gardel haba pedido por telfono, desde Toulouse, con voz entrecortada por el llanto, que trajeran el cuerpo de Carlitos a la Argentina (7). La justicia por mano propia es otro de los motivos para dejar el pas. En De aqu hasta el alba, novela de Eugenio Juan Zappietro, el cirujano belga Hubert Leroy debe huir de Francia pues durante una operacin dio muerte intencionalmente a un ministro asesino: Cuando Francia descubri el crimen, Hubert Leroy estaba ya en Amrica (8). No slo en el conventillo o en la escuela se aprendan otras lenguas. Gaetano, uno de los personajes de Santo Oficio de la Memoria, lo hace en su lugar de trabajo, el tranguay , donde La gente hablaba en todos los idiomas. Yo aprend algo de ingls, de francs, de alemn. De polaco tambin y de ydish. La mayora de los pasajeros eran inmigrantes. Uno tena que saludarlos en sus lenguas. Haba veinte maneras de decir buen da. Y muchas veces uno tena que ayudarlos con el cambio, con las monedas (9). En Frontera Sur, Horacio Vzquez-Rial describe la llegada a la Argentina de Carlos Gardel y su madre:
Adormilada por el traqueteo del carro y la monotona del paisaje, Berthe recordaba el agua espesa del ro. Charles dorma, envuelto en una manta no muy limpia, encima de la carga informe del vehculo . El hijo era robusto, algo grueso, de piel muy blanca y pelo recio, y tena una voz clara y redonda. Seguramente, era menor de lo que pareca (10). Acerca de Mireya (11), de Alicia Dujovne Ortiz, escribi Ivonne Bordelois: Inspirado en una fantasa de Cortzar, este relato narra las vicisitudes de Mireya, una prostituta inmortalizada por ToulouseLautrec, que habra recalado en Buenos Aires, donde acaso inspirara el clebre tango que la recuerda. En la recreacin de Dujovne Ortiz, la pelirroja Mireille, que se distingue de sus congneres por un espritu original y potico sumamente idiosincrtico, es elevada por Toulouse-Lautrec al rango de modelo y musa predilecta de su atelier, que convoca a la bohemia ms prestigiosa del Pars plstico y literario. Luego, presa del infaltable, sensual y depravado argentino de la poca, se traslada a Buenos Aires, donde no slo aprender a bailar tango, sino que inventar nuevos y memorables pasos, y acabar cotizando la gloria de iniciar sexualmente a un adolescente de pelo lacio y excesivo peso, llamado nada menos que Carlos Gardel. Incapaz de perder una sola ocasin de enlazarse profticamente con la historia, Mireya -cuyo nombre ha sufrido la transformacin fontica necesaria al emigrar a las tierras del Plata- llegar a conocer el elctrico roce de los dedos de Jean Jaurs, entrevisto fugazmente en un apasionado alegato poltico. Dujovne Ortiz es una escritora en la plenitud de su oficio: es delicioso su vuelo en las escenas erticas, tan delicadas como intensas. Las descripciones de las sesiones de tango, que acaban por desencadenar duelos mortales entre los malevos trenzados a Mireya, alcanzan una brillantez potica que sorprende a los agradecidos lectores, ya que se sabe que, en esos dominios, nuestra narrativa contempornea suele alternar chatura con sordidez. Una irona sagaz y desacralizadora permea su relato, lleno de alusiones inteligentes y citas sobreentendidas que no dejan de sonrer al lector. Sin embargo, en cierto sentido, la cuidadosa documentalista que dio obras tan esplndidas como la insuperada biografa de Eva Pern, traiciona en Dujovne Ortiz a la novelista. En efecto, si bien cronolgicamente posible, el intento de crear una figura verosmil que, de un modo psicolgico coherente, pueda enlazar, en trato ntimo sucesivo, a protagonistas culturales tan distintos como Carlitos Gardel y Toulouse-Lautrec, resulta un tanto forzado. Al enfrentar ese desafo, la autora corre el riesgo de distraer al lector de una sostenida atencin por la trama misma del relato. Una vez leda esta novela, Mireya aparece ante nuestra memoria como una sucesin de brillantes y agudos posters, sintetizadores de una poca rica y desgarrada, expuesta bajo el foco potente de un ojo
despiadado y de una pluma tan gil, humorstica y lcida como los bocetos del genial enano de Montmartre. No imprime, en cambio, esa huella profunda que dejan a su paso las historias con que podemos identificarnos ms plenamente. Historias menos habitadas acaso por personajes y trasfondos culturales clebres o populares, pero en las cuales el hilo mismo de la narracin nos va estrangulando de ansiedad por saber, no slo lo que ocurre despus, sino cmo pudo ocurrir lo sucedido antes. Historias donde los mviles misteriosos y absurdos del corazn de seres a veces mediocres, esnobs, cotidianos o provincianos (como Swann o Mme. Bovary) son los motores inconscientes del devenir, y no las fechas o los lugares del kitsch o el pop histrico que recogern los investigadores del futuro. Ms brillante y pictrica que ntima y profunda, Mireya podr permanecer en nuestra memoria, sin embargo, como un talentoso fresco realizado con bro innegable por una de nuestras menos frvolas y mejores escritoras actuales (12). Carlos Enrique Pellegrini, padre del Presidente de la Nacin, naci en Saboya en 1800; falleci en Buenos Aires en 1875. El hijo, protagonista de La ltima carta de Pellegrini, de Gastn Prez Izquierdo, manifiesta en esa obra que su padre era un inmigrante. Inteligente y culto, s, pero desprovisto de fortuna y de linaje, que lleg a esta tierra cuando el esplendor rivadaviano convoc a una gran conscripcin de inteligencias para transformar el pas. Crdulo de la estabilidad poltica que podra tener la incipiente nacin desembarc pensando en grandes obras pblicas: puerto, alcantarillas, desages y las dems ensoaciones que un joven ingeniero de talento puede alojar en su cabeza. Pero Rivadavia cay y con l los sueos de tecnificacin y ornato; en realidad se convirtieron en una larga siesta colonial, que mantendra al pas al margen de las calderas y el vapor. No trabaj como ingeniero y se debi ganar la vida con la paleta de pintor. Todo el gran mundo porteo intent quedarse quieto delante de l para que perpetuara sus rasgos en un lienzo. El profesional cedi paso al artista que con el trabajo del pincel pudo fundar una familia, educarla con dignidad y por la aristocracia de su inteligencia y cultura slo por ellas- vincularse igualitariamente con las viejas familias del pas (13). En La noche que me quieras, de Jorge Torres Zavaleta, un protagonista de avanzada edad recuerda su juventud, cuando, despus de matar en un duelo al marido de una amante, decidio viajar a Paris. El presente de ese anciano que recuerda transcurre en 1988 y se altema con su rememoracion, que se inicia con episodios sucedidos a partir de 1928. La juventud de ese hombre, tan lejana ya, est unida indisolublemente a una figura mitica, Carlos Gardel, quien lo trata afectuosamente. Las paginas en que el protagonista se entrevista con El Zorzal para ofrecerIe las letras de tango que compuso brindan al lector una imagen vivida del cantor. Un personaje lo describe asi, recordando lo comentado por uno de los peones: Gardel Ie hablaba en lunfardo, y como este muchacho era del interior y recien habia llegado a Buenos
Aires, no Ie entendia ni medio. Dijo que siempre le haca preguntas sobre su trabajo: si losyobacas dormian bien, como habian trabajado, Carlitos se interesaba por la gente, por eso lo adoraban. Para algunos, hablar ms de un idioma, era testimonio de su condicin de inmigrantes. Para otro, en cambio, era un sello de clase. En La noche que me quieras, Torres Zavaleta muestra el conocimiento de otras lenguas vinculado a un estamento social: Arturo era un muchacho educado, se vesta bien, por supuesto, se la arreglaba con los idiomas. Algo te ha quedado de tantas profesoras franchutas e inglesas de cuando eras borrego (14). Orellie Antoine de Tounnens encontr la manera de convencer a los mapuche, y a un mes de haber llegado al territorio araucano decret el nacimiento de la primera monarqua constitucional y hereditaria de La Araucana. Segn la interpretacin del bigrafo ms importante de Tounnens, Armando Braun Menndez, los caciques lo aceptaron debido a que en l vean el smbolo de la resistencia frente al Estado chileno. Asimismo, por una leyenda mesinica, influida por su cristianizacin colonial, que deca que la guerra y la esclavitud terminaran el da en que llegara un hombre blanco a la regin. A su proclamacin como Rey, muy pronto siguieron la promulgacin de la Constitucin de la Monarqua, su difusin en varios peridicos y las cartas de aviso al gobierno de Manuel Montt. El 20 de noviembre de 1860 decidi adems incorporar la Patagonia a su reino, fijando los lmites de la Monarqua en el ro Biobo por el norte, la costa del Pacfico por el este, la costa atlntica desde el ro Negro al sur por el oeste, y el Estrecho de Magallanes por el sur (15). El protagoniza El rey de la Patagonia (Orellie Antoine I), de Claudio Morales Gorleri (16). Transcribo unas lneas: Esa noche empezaron los desplazamientos para iniciar los ataques al amanecer en forma simultnea. Orellie montaba junto a Catriel. Los dos ministros quedaron en el aduar. El objetivo de su columna de mil indios era el Azul. Se apostaron al sur del camino real desde donde se podan ver algunas luces del pueblo. El silencio era sorprendido por el grito de algn chaj. Al aclarar avanzaron al paso de sus caballos. Se fueron formando grupos para irrumpir por varias calles. Catriel levant su lanza con el brazo derecho. Todos estaban pendientes de su orden. Cuando la baj, la gritera fue infernal. Entraron al galope llevndose todo por delante. En cada comercio entraban de a cientos y rompan, quemaban o se llevaban lo que queran. A cuanto cristiano se cruzaba lo atravesaban con las afiladas lanzas. Era un bao de sangre en una borrachera de furia. A las mujeres las tiraban al suelo en un rincn, las amontonaban para llevarlas despus. Al medioda un capitanejo informaba a Catriel: 400 cristianos muertos, 500 cautivas y 300.000 animales en el [Link] vomitaba sostenindose en un palenque, mientras algunos indios enchastrados
en sangre y con sus botines a cuestas, lo miraban con desdn . En La logia del umbral, de Ricardo Feierstein, narra uno de los personajes, que viva en Villa Pueyrredn, a mediados del siglo pasado: Por las maanas, en la escuela pblica donde todos concurramos, conviv con el ingls Stanley y el italiano Badaracco, protagonistas de una pelea memorable donde vi correr sangre por primera vez; con el galleguito Prez y un francs medio raro que se haca dibujos en las manos con hojitas de afeitar (17). En El infierno prometido Una prostituta de la Zwi Migdal (18), Elsa Drucaroff demuestra su talento en la composicin de los personajes, especialmente los femeninos. Muestra una Dina que evala los beneficios y los perjuicios de las decisiones a tomar. Ella sabe; es esa sabidura la que la vuelve distinta de las dems. La protagonista puede escapar o al menos, intentarlo-, pero no lo hace en un principio. Ah es cuando se pone sobre el tapete la trama de intereses privados, familiares y sociales que permitan que estas mujeres llegaran en esa forma a la Argentina, eludiendo controles, con documentos falsos, burlando a la Asociacin Juda para la Proteccin de Nias y Mujeres. Porque -demuestra Drucaroff- las mujeres que trae el tratante de blancas, o ya saben a qu vienen, o cuando se enteran, son ms seducidas por un plato de comida que atemorizadas por los golpes. La escritora ejemplifica esta aseveracin mediante los personajes de Dina, sometida voluntariamente por temor a volver a su tierra, y Rosa, una mujer que crea haberse casado por poder y, ya en Buenos Aires, se niega a trabajar. A ella, le surti ms efecto una buena cena que el castigo fsico y el encierro. En esta obra, la autora se refiere a las prostitutas francesas y polacas, destacando que las primeras eran mejor pagadas que las segundas. Notas 1 Lpez, Lucio V.: La gran aldea Costumbres bonaerenses. Buenos Aires, CEAL, 1980. 2 Frugoni de Fritzsche, Teresita: En la sangre , en Cambaceres, Eugenio: En la sangre. Buenos Aires, Plus Ultra, 1968. 3 Cambaceres, Eugenio: En la sangre. Buenos Aires, Plus Ultra, 1968. 4 Martel, Julin: La Bolsa. Buenos Aires, Huemul, 1979. Prlogo de Diana Guerrero. 5 Marechal, Leopoldo: Adn Buenosayres. Buenos Aires, Sudamericana, 1984. 6 Lusarreta, Pilar de: Nio Pedro. Buenos Aires, Guillermo Kraft Limitada, 1955. 7 Verbitsky, Bernardo: Un noviazgo. Buenos Aires, Planeta, 1994. 8 Zappietro, Eugenio Juan: De aqu hasta el alba. Barcelona, Planeta, 1971. 9 Giardinelli, Mempo: Santo Oficio de la Memoria. Buenos Aires, Seix Barral, 1991. 10 Vzquez-Rial, Horacio: Frontera Sur. Barcelona, Ediciones B, 1998. 11 Dujovne Ortiz, Alicia: Mireya. Alfaguara, 1998. 239 pginas. 12 Bordelois, Ivonne: Peripecias de una musa de Toulouse-Lautrec y de Gardel Brillante fresco de poca , en La Nacin, 26 de agosto de 1998. Reproducido en [Link]. 13 Prez Izquierdo, Gastn: La ltima carta de Pellegrini. Buenos Aires, Sudamericana, 1999. 14 Torres Zavaleta, Jorge: La noche que me quieras. Buenos Aires, Emece, 2000. 15 [Link] 16 Buenos Aires, Planeta, 1999.
17 Feierstein, Ricardo: La logia del umbral. Buenos Aires, Galerna, 2001. 18 Drucaroff, Elsa: El infierno prometido Una prostituta de la Zwi Migdal. Buenos Aires, Sudamericana, 2006. 336 pp. (Narrativas histricas). Galeses En Tama, novela de Mara Teresa Andruetto distinguida con el Premio Novela Luis Jos de Tejeda/92, aparece una galesa. Timoteo, cuando era todava un muchachito se enganch en el ejrcito de Roca y se fue a servir al Sur a cambio de unas leguas, aunque se pareciera ms a las vctimas que a sus compaeros de milicias. En una de esas andanzas rob, a los dueos de un molino de trigo, una galesa de las primeras que vinieron a este pas y por temor al padre de la joven o por que ya estaba cansado de ir de un sitio a otro, dej las leguas ganadas con sangre ajena y regres con ella al Norte. La galesa se llamaba Clydwin Jones y era extraa como su nombre. (... La extranjera se resisti los primeros tiempos, hasta que la desidia termin por ganarla y se dej acariciar como una cosa, mientras el deseo del hombre que no haba elegido le resbalaba ms y mas. Jams lograron vencerla ni la ternura, ni el dolor, ni la bronca que l puso empeo en demostrar y ni siquiera reaccion cuando Linares se hizo asiduo visitante del prostbulo donde una hembra desmesurada haca estragos (1). Hacia el sur se dirigen los galeses escribe Andrs Rivera en Guido-: a los que eran menos ricos, a los que saban trabajar y callar, y ser ordenados, y recordar cmo era Gales, y cmo su idioma, se les depar la Patagonia. Otro pas, la Patagonia, en el Sur, en el confn del mundo, al que bautizaron, un manchn aqu y otro all entre la uniformidad silenciosa de lagos, bosques y piedra, con nombres recios y venerables (2). En Hay que matar (3), de Andrs Rivera, Milton Roberts, gals, tuvo unas pocas leguas de tierra en El Sur del Sur, algunas ovejas, cuatro o cinco perros y dos o tres caballos, y un hijo llamado Byron Roberts. Hasta que La Compaa hizo su oferta y l dijo, impvido, no. Bill Farrell haba escapado, hambriento, de Irlanda, y era comisario de polica en El Sur del Sur. Tena una mujer a la que llamaban Rosario. Con Bill Farrell, Byron Roberts aprendi, entre otras cosas, el oficio de matar. En El Sur del Sur sobran el petrleo y la violencia. El poder es propiedad de unos pocos, pero la venganza -a diferencia del sexo y del whisky- es una de las cosas que no se compran ni se venden. All un hombre mata como Andrs Rivera escribe: en busca de conocimiento y de justicia. En El Sur del Sur hubo un imperio. El imperio no se disolvi: tiene otros nombres, ms impersonales. Pero todava dicta la ley. Todava mata (4). Al publicarse la novela, Demian Orosz entrevista al autor. Transcribimos un fragmento de ese reportaje: El ttulo de su ltimo libro sacude el aire como un disparo en la noche. Posee, adems, la precisin y la
contundencia que requiere un imperativo: Hay que matar. Podra pensarse que esas tres palabras que son la inversin exacta del quinto mandamiento mereceran una aclaracin, una trama que despeje los posibles malentendidos. Quien piense as se ver defraudado. El centenar de pginas que componen la reciente novela de Andrs Rivera no se detiene en explicar nada. Entre otras razones, porque no es tarea de la literatura redactar un nuevo declogo. Quiz, tambin, porque el ahorro de palabras que viene marcando a fuego la prosa del autor es algo ms que un rasgo de estilo. Las ausencias, los vacos que el lenguaje apenas alcanza a cubrir requieren un lector que no retroceda ante los silencios. Lo que Rivera denomina, sin abundar demasiado, un lector inteligente . Tampoco el protagonista de Hay que matar (recin publicado por Editorial Alfaguara) sabe porqu cumple con lo que el ttulo le reclama. Durante 20 aos, Byron Roberts fue comisario en un pueblo perdido en la Patagonia. Durante 20 aos se acost con mujeres propias y ajenas, bebi toneladas de whisky y recorri a caballo una tierra helada y fra mientras se deca a s mismo cosas que apenas comprenda. No ha olvidado: sin saber las razones, sin esperar nada a cambio, una noche sale en busca de los tres hombres que 20 aos antes ejecutaron a su padre . As mata Byron Roberts, que a esta altura de la historia ha cambiado de nombre y ahora se llama Nadie: Nadie toc el gatillo dcil de su revlver, desde la distancia necesaria para no mancharse con la boca de El Sargento. Saltaron, en la luz de la casa que Nadie calific de mugrienta, astillas del paladar, pedazos de lengua, dientes, pedazos de labios, de lo que fue la boca viva de El Sargento . (...) Byron Roberts sabe bien que la justicia por mano propia o la que puede hacer un solo hombre carece de valor. Byron sabe que lo que hace no cambia nada. Hay que matar arranc como arrancan la mayora de sus libros. Cuando empez a escribirlo tena el ttulo, algunas lneas del comienzo y otras tantas del final. Lo que haba que poner en el medio es una historia que Rivera escuch a mediados de los 60. Yo estaba mucho en el Sindicato de Prensa de Buenos Aires cuenta el autor. Uno de los periodistas que frecuentaban la sede se llamaba Milton Roberts, un hombre muy british. Las patotas fascistas tenan por costumbre agredir la casona, y una noche, al trmino de uno de esos asaltos, Milton me cont la historia de su padre: haba sido comisario en el sur. Un da le avisaron que tres personas haban asesinado a un poblador. Sali a buscarlos, mat a dos y volvi con la confesin del tercero. Milton Roberts tambin le cont a Rivera que los hombres que su padre haba perseguido eran asesinos a sueldo de lo que en la novela se llama La Compaa: No la menciono con su verdadero nombre porque seguramente hay descendientes de quienes fueron sus dueos, y me advirtieron que podan iniciarme un juicio " (5). Notas 1 Andruetto, Mara Teresa: Tama. Crdoba, Alcin Editora, 2003.
2. Rivera, Andrs: Guido, en Para ellos, el Paraso. Buenos Aires, Alfaguara, 2002. 3. Rivera, Andrs: Hay que matar. Buenos Aires, Alfaguara, 2000. 120 pginas. (Biblioteca Andrs Rivera). 4. S/F: en [Link] 5. Orosz, Demian: Rivera Andrs: Soy un hombre entre los hombres , en La Voz del Interior, Crdoba, 22 de junio de 2001. Griegos En su novela Un noviazgo, Bernardo Verbitsky presenta a un griego con ocupaciones no muy claras: El Checato Tena mandbula muy ancha, y aunque su cara era flaca, ahondada debajo de los pmulos, sus maxilares estaban recubiertos de fuertes msculos. Un etrusco sonriente con anteojos, pensaba. Y la verdad era que sus anteojos de cristales sin virola, quedaban incluidos en su ancha risa que le llegaba silenciosa. Los anteojos quedaban en medio de las arruguitas. Era un efecto raro y ms bien siniestro. (...) Trigo limpio, no es. Es un vivo que ve bajo el agua. (...) Dicen que anda en veinte asuntos. Pero no anda, corre detrs de los pesos, claro. Vende alhajas de fantasa. Compra no s qu. Adems es amigo de don Al y lo peor es que los dos lo disimulan. Quin sabe en qu andarn. A lo mejor son socios (1). En Un rbol lleno de manzanas, escribe Marta Lynch: La casa del griego es triste como la del sexto B pero sucia. En las paredes tienen anotadas medidas y clavados alfileres y fotografas de elegancia en Epsom. Tiene adems dos maniques tambin elegantsimos (2). Un griego es el propietario del copetn al paso Acrpolis. Relata el hijo protagonista de Latas de cerveza en el Ro de la Plata, novela de Jorge Stamadianos que fue distinguida con el Premio Emec 1994/95: El Acrpolis est ubicado sobre el andn de una estacin de la zona norte del Gran Buenos Aires que aos atrs, en la dcada del 50, haba conocido su poca de esplendor. El lugar haba crecido rpidamente en esos aos dando origen a una calle principal donde se amontonaron todo tipo de comercios. (...) Mi viejo haba hecho pintar el Partenn sobre los vidrios como un smbolo triunfal de su pas, pero el paso del tiempo descascar el dibujo, metamorfoseando esa imagen idlica pintada de dorado- en la actual del monumento en ruinas (3). Notas 1 Verbitsky, Bernardo: Un noviazgo. Buenos Aires, Planeta, 1994. 2 Lynch, Marta: Un rbol lleno de manzanas. Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1974. 3 Stamadianos, Jorge: Latas de cerveza en el Ro de la Plata. Buenos Aires, Emec, 1995. Holandeses A criterio de Delfn Garasa, Una de las ms cumplidas descripciones de un heterogneo desembarco es la que ofrece Luis Pascarella en su novela-alegato documental, El conventillo. Llega el Christoforo Colombo y primero bajan los hombres de negocio con su apopltica cerviz, con el paso resuelto de los acostumbrados a dar rdenes y ser obedecidos, los turistas ingleses con sus mquinas fotogrficas y algunas seoras un
tanto perplejas por no ver en el muelle indios con plumas y taparrabos. Por ese entonces, el viaje a Europa empezaba a otorgar prestigio social, y los argentinos que regresan cambian opiniones en alta voz sobre los modelos de Pars, el mobiliario ingls o la sinfona escuchada en la Opera de Viena. Y, finalmente, aparecen los inmigrantes, tan fustigados en los azares de las proclamas polticas, un enorme hormiguero que haba viajado en el mayor hacinamiento. Rostros curtidos, exhaustos, azorados. En todos se presiente la pregunta: Qu les deparar esta nueva tierra? De pronto, una mirada se ilumina o un brazo se agita en alto porque se ha reconocido a alguien en la muchedumbre que espera. Van bajando los hebreos de desgreadas barbas y gastados levitones, los turcos con sus espaldas combadas, los nrdicos enjutos, los napolitanos pequeos y retorcidos como races, los andaluces grrulos, los gallegos pacientes, los holandeses esponjosos, los genoveses de msculo recio e insaciable voracidad. Una mujer besa la tierra que los acoge y tras su actitud ritual se adivina un pasado de penurias y recelos. Y agrega Pascarella: La gran ciudad de calles dirigidas hacia el Oeste recibe en su seno aquella semilla que purificada en un ambiente de libertad (...) se reproducir en su inmensidad desierta (1). La logia del umbral, de Ricardo Feierstein, cuenta el proyecto de cuatro generaciones de una familia, que se propone llegar a caballo desde Moisesville, Santa Fe, mediante postas de dos jinetes por vez, con una caja de madera de cerezo que contiene tierra de la primera colonia juda en la Argentina y una mezuz, estuche de hueso con un trozo de papel escrito con letras hebreas , hasta la Plaza de Mayo, donde la enterrarn bajo la Pirmide. Uno de los personajes reflexiona, eufrico: cuando se corra la voz, italianos y espaoles y franceses y todos los otros harn lo mismo. Y tendremos, all en esa Plaza del centro de Buenos Aires, la ceremonia simblica del crisol de razas o del mosaico de identidades . En esa obra, dice uno de los personajes: Incluso, antes de la guerra, vinieron judos de Alemania, Holanda y Polonia. Esto era Sin para ellos, la tierra de la libertad, de la leche y la miel, donde pudieron salvar sus vidas y tratar de rehacerlas. Ms polacos y lituanos llegaron despus, en los aos 40 (2). En Pases Bajos (3), de Federico Jeanmaire, se hace referencia a inmigrantes de ese origen. Sobre esta obra, escribe Sylvia Satta: Recin emigrado al pas de sus ancestros, sin dinero y sin trabajo, Juan Hilkema, un argentino descendiente de holandeses, conoce a la enigmtica y pelirroja Ruska, en un bar de La Haya. En ese casual encuentro, la mujer le ofrece un trabajo: ser una especie de conejillo de Indias en un gabinete experimental de la Facultad de Medicina. Juan acepta; durante cuarenta y cinco das estar encerrado, sometido a inyecciones y controles mdicos, sin otra relacin con el afuera que las cartas de Ruska que, cada cinco das, llegan a su gabinete (4). Notas
1. Garasa, Delfn Leocadio: La otra Buenos Aires. Paseos literarios por barrios y calles de la ciudad. Buenos Aires, Sudamericana-Planeta, 1987. 2. Feierstein, Ricardo: La logia del umbral. Buenos Aires, Galerna, 2001. 3. Jeanmaire, Federico: Pases Bajos. Buenos Aires, Planeta, 2004. 242 pp. 4. Satta, Sylvia: Relato de amor y vida , en La Nacin, Buenos Aires, 28 de noviembre de 2004. Hngaros Jos Martn Weisz relata en ...mientras los violines tocaban csrds. Un viaje a Hungra (1), la historia de un judo hngaro que debi dejar su tierra, y el viaje que l realiza con su hijo, muchos aos despus: Acompaado por su hijo y con la ilusin de recuperar las tierras de su familia, regresa a un pas ahora muy diferente al de su infancia. En un viaje lleno de dificultades y emociones, una Hungra devastada por los sucesivos invasores slo tiene un amargo reencuentro para ofrecerle. Sin embargo, inesperadamente, el sabor de la satisfaccin lo alcanza en algn lugar . Notas 1 Weisz, Jos Martn: ...mientras los violines tocaban csrds. Un viaje a Hungra. Buenos Aires, Mil, 2002. Ingleses Ralf Herne (1), por William H. Hudson "transcurre en Buenos Aires en 1871. Es una historia de amor, pero las circunstancias que la rodean, desencadenan las sucesivas desgracias que aquejan al joven mdico ingls, protagonista del romance" (2). Con El agua publicada pstumamente en 1968, culmina la importante produccin de Enrique Wernicke(1915-1968) (3). En este libro, el escritor evoca el menosprecio que un personaje evidencia por su descendencia: Era una casa para vivir bien. Ahora que las chicas crecan, tal vez hubiese venido bien otro bao o, por lo menos, un toilette. Pero don Julio pensaba que las chicas algn da se iban a casar y adems, no olvidaba, l tambin tendra que morir. Un bao es suficiente cuando se convive con gente bien educada... como l. O Julito. No se poda decir lo mismo de las nietas, hijas de una hija de un judo polaco, sin eso imperceptible, casi diramos inexplicable, que se llama tener sangre inglesa en las venas (4). En Fuegia, de Eduardo Belgrano Rawson, la viuda del reverendo Dobson evoca los planes que hacan sobre la emigracin, alentados por noticias tendenciosas: Despus de pasar una tarde en la Unin Misionera, volvan a casa con su marido por un sendero de gramilla perfumada. Llevaba seis meses de casada con Dobson. Hicieron un alto en el parque y abrieron un paquete de bollos. Charlaron del futuro viaje a Sudamrica. Dobson dibuj la misin sobre el papel de los bollos. Haba un grupo de canaleses entonando sus himnos y un paquebote en el horizonte. Los canaleses figuraban como naturales amistosos en todas las publicaciones del Almirantazgo, de modo que agreg un nativo haciendo cabriolas. Su mujer le suplic que dibujara una huerta. Dobson puso la huerta y meti algunas ovejas. Estuvo tentado de aadir el
cementerio, pero desisti a ltimo momento. Ella estudi bien el dibujo y concluy que nada faltaba. Trat vanamente de hallarle algn parecido con su aldea de Sussex. Pero igual le propuso: Pongmosle Abingdon. Pens emocionada: El Seor es mi pastor (5). Un personaje de Frontera sur, novela de Horacio Vzquez-Rial, dice que a Sarmiento le pareca mal que se abrieran escuelas italianas, o alemanas, o inglesas . Otro interviene: Era lgico que le pareciera mal. (...) No estaba loco. (...) Un Estado. Quera un Estado, con mayscula. Y eso se hace con la escuela pblica. Esto no puede ser eternamente un centn mal cosido. La gente que llegue tiene que adaptarse, recomponerse, mezclarse para formar una raza argentina (6). Carlos Pellegrini, protagonista de la novela histrica escrita por Gastn Prez Izquierdo, recuerda a Bridges: Un predicador ingls, Mr. Thomas Bridges, haba pasado una larga temporada en la Tierra del Fuego como misionero de la Iglesia Anglicana y de paso criando lanares que haba introducido desde las Islas Malvinas. Estaba en Buenos Aires preparndose para embarcar a Inglaterra y disfrutar una temporada de sus buenos negocios- de manera que no rehus una invitacin de la Sociedad Literaria Inglesa para pronunciar una conferencia sobre su inquietante experiencia (7). En La logia del umbral, de Ricardo Feierstein, narra uno de los personajes, que viva en Villa Pueyrredn, a mediados del siglo pasado: Por las maanas, en la escuela pblica donde todos concurramos, conviv con el ingls Stanley y el italiano Badaracco, protagonistas de una pelea memorable donde vi correr sangre por primera vez; con el galleguito Prez y un francs medio raro que se haca dibujos en las manos con hojitas de afeitar (8). El ingls se titula una novela de Susana Cella (9). En 1892, Jimmy nacido James Radburne lleg a la Patagonia, huyendo de la pobreza y los prejuicios ingleses, y pas toda una vida improvisando oficios para sobrevivir y mtodos para huir de las policas argentina y chilena . Se dirigi a esa regin pensndola como garanta de anonimato para pasados difciles (10). En La casa de Myra (11), obra distinguida con el Segundo Premio Xerox para autores inditos, escribe Aurora Alonso de Rocha: Al cura que lo quiere adoctrinar el cacique le record que uno de los ingleses que estn enterrados en la parte de disidentes era tenido por hombre santo aunque viva con una reunin de mujeres nunca bien contadas por los cambios que hubo, y muchas hijas y sobrinas que complicaban la cuenta, pero que no eran menos de cuatro esposas y una de ellas invlida. (Y ah es donde se prueba cmo los argumentos de los curas tienen anverso y reverso. Esa mujer que haba perdido una pierna por una infeccin siendo nia y que tuvieron que amputarla, llevaba un artefacto de madera y metal que rechinaba al andar y era horrible de verse para los que lo haban visto, y se deca tanto que el pastor era un refinado
monstruo que oa como msica el sonar del artificio aquel y se complaca en la desnudez mecnica, como que era un santo porque la amaba y era capaz de cohabitar con tal aparato . En La noche que me quieras, Jorge Torres Zavaleta evoca la intolerancia criolla ante los diferentes paladares. De los gringos y los ingleses afirma el narrador que eran unos animales porque arrimaban hacia un costado del plato los restos del dulce de leche porque no les gustaba. Eso era vivido por el hombre como una verdadera falta de educacin (12). Notas 1 Hudson, William H.: Ralf Herne. Buenos Aires, Editorial Letemendia, 2006. 116 pp. Traduccin de Alicia Jurado. 2 Gainza de Aldatz, Felicitas: crtica en el gRillo N 46, Marzo-Abril de 2007. 3 S/F: en Wernicke, Enrique: El agua. Buenos Aires, CEAL, 1980. (Captulo) 4 Wernicke, Enrique: El agua. Buenos Aires, CEAL, 1980. (Captulo). 5 Belgrano Rawson, Eduardo: Fuegia. Buenos Aires, Sudamericana, 1991. 6 Vzquez Rial, Horacio: Frontera Sur. Barcelona, Ediciones B, 1998. 7 Prez Izquierdo, Gastn: La ltima carta de Pellegrini. Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1999. 8 Feierstein, Ricardo: La logia del umbral. Buenos Aires, Galerna, 2001. 9 Cella, Susana: El ingls. 10 Cristoff, Mara Sonia: Ingls en fuga , en La Nacin, Buenos Aires, 19 de noviembre de 2000. 11 Alonso de Rocha, Aurora: La casa de Myra. Buenos Aires, Fundacin El Libro, 2001. 12 Torres Zavaleta, Jorge: El da que me quieras. Buenos Aires, Planeta, 2000. Irlandeses Carlos Mara Ocantos es el autor de Quilito (1), una de las tres obras ms representativas del Ciclo de la Bolsa . En esa obra, l escribe que Quilito miraba a Mster Robert y se encoga de hombros con lstima. No, no se vera l en ese espejo. All estaba desde la maana casi hasta la noche, la espalda encorvada, los dedos agarrotados sobre el lapicero, sentado en el banco de patas largas, sin descanso, sin distraccin, esclavo del trabajo, prisionero del deber; y as todos los das, todos los das... hasta que la enfermedad le clavase en el lecho, la vejez le baldara o le sorprendiera la muerte. Entretanto, habra pasado los mejores aos de su vida sin gozarlos, dejando para otros el fruto de lo que l sembrara... . No slo Mister Robert era probo; tambin lo era su familia: el ingls no concurra a cafs ni a teatros; su distraccin nica, suprema, que saboreaba con el deleite de un goloso, era su familia: la mujer, un ngel; el hijo, otro ngel, y el padre, viejo patriarca de Irlanda, ms catlico que el Papa y de una honradez a toda prueba; de esos caracteres que ya no se estilan y que, temerosos, se esconden en el santuario del hogar, como prenda pasada de moda, para no exponerse a la irrisin del pblico . En De aqu hasta el alba (2), Eugenio Juan Zappietro escribe sobre un irlands que lleg al desierto en 1866, y el socio granadino que lo traicion. OFlaherty juraba que Argentina era el pas del futuro. No se equivoc por mucho en cuanto a la tierra; se equivoc de hombres, pero una lanza araucana haba terminado con l para evitarle la amargura de comprobarlo .
Viva con una muchacha de Glasgow, que no tena miedo a empuar un mosquete y lo haba seguido muchas millas para tener una hacienda propia donde pensaban criar ganado Hereford. La tierra no daba todava para esas aventuras y OFlaherty puso un saladero en compaa de un granadino llamado Ozores, que le rob el negocio y trat de hacer lo mismo con la chica de Glasgow. Ella pudo huir y el granadino tuvo que matarla. El irlands la enterr con todo el rito de su Eire, con azaleas que consigui nunca se supo dnde, y se sent a esperar la muerte . En Barcelona se edita Frontera Sur, de Horacio Vzquez-Rial. En esa novela, evoc la inmigracin irlandesa. Una joven de esa nacionalidad se presenta para un puesto de maestra: Era una muchacha rubia, con pecas, casi una nia. Se sent ante el tribunal familiar en el borde de una silla, con las manos juntas y las rodillas juntas, pase sus ojos claros por el fondo de los ojos que la observaban y sonri . Se llama Mildred Llewellyn y habla castellano con dificultad. Dice la joven: Llego de Irlanda hace tres das y vengo aqu . Su empleador le ensea: -Llegu corrigi Roque, mostrando el pasado con el ndice, en un lugar situado detrs de su hombro derecho-. Y vine . Durante la entrevista se desmaya: La natural palidez de Mildred se acentu de pronto. Roque vio nacer dos trazos morados sobre sus pmulos. (...) Ramn ech a correr hacia el fondo, pero, apenas pasada la puerta, le detuvo el ruido grave, como lejano, discreto de la cada del cuerpo de Mildred. Roque, que la alz del suelo, pens que jams haba conocido ser tan leve . Es que como explica en su trabajoso castellanohaba comido por ltima vez en el barco, ya que no haba parado en el Hotel de Inmigrantes (3). En Secretos de familia (4), de Graciela Beatriz Cabal, relata la protagonista: El Padre Mulleady era pobre, era bueno, ayudaba a las personas y tambin a los indios (no como el to de Gran Mam), y siempre estaba tan contento que cantaba Los ojazos de mi negra son como soles... Una sola vez en la vida meti la pata el Padre Mulleady, pero fue sin querer: cuando la cas a mi mam con mi pap, dice mi mam. Despus de eso, se muri. Cuando yo sea grande me voy a tomar un barco, me voy a bajar en Irlanda y voy a empezar a caminar buscando la casa y la olla del puchero de la abuelita de Gran Mam y del Padre Mulleady. Y como a cada rato voy a repetir Padre Mulleady, Padre Mulleady, Padre Mulleady, seguro que encuentro todo perfecto . En 1999 aparece la novela Moira Sullivan (5) de Juan Jos Delaney. La historia de esta mujer -que se inicia con su nacimiento en los primeros aos del siglo XX o al finalizar el anterior- es una historia en s, desarrollada hbilmente, pero permite tambin al novelista explayarse acerca de las circunstancias en que esta historia se desenvuelve. "Lo importante era el silencio escribe Delaney-. Todas las noches lo buscaba, especialmente los domingos cuando las otras reciban visitas y ella ms senta el acoso de la soledad. En
rigor, a nadie tena pese a haber estado en la vida de muchos y a que, por esa accin secreta y persistente del arte, continuaba gravitando sobre gentes extraas y lejanas. El silencio de ese anochecer dominical le permitira entregarse serenamente al ensueo en el que resucitaran vivencias y pensamientos provenientes de zonas postergadas por su memoria, y tambin secretas conexiones que su visin de la vida, del mundo y de los hombres concertaba con cierta independencia . En Hay que matar (6), de Andrs Rivera, Milton Roberts, gals, tuvo unas pocas leguas de tierra en El Sur del Sur, algunas ovejas, cuatro o cinco perros y dos o tres caballos, y un hijo llamado Byron Roberts. Hasta que La Compaa hizo su oferta y l dijo, impvido, no. Bill Farrell haba escapado, hambriento, de Irlanda, y era comisario de polica en El Sur del Sur. Tena una mujer a la que llamaban Rosario. Con Bill Farrell, Byron Roberts aprendi, entre otras cosas, el oficio de matar. En El Sur del Sur sobran el petrleo y la violencia. El poder es propiedad de unos pocos, pero la venganza -a diferencia del sexo y del whisky- es una de las cosas que no se compran ni se venden. All un hombre mata como Andrs Rivera escribe: en busca de conocimiento y de justicia. En El Sur del Sur hubo un imperio. El imperio no se disolvi: tiene otros nombres, ms impersonales. Pero todava dicta la ley. Todava mata (7). Al publicarse la novela, Demian Orosz entrevista al autor. Transcribimos un fragmento de ese reportaje: El ttulo de su ltimo libro sacude el aire como un disparo en la noche. Posee, adems, la precisin y la contundencia que requiere un imperativo: Hay que matar. Podra pensarse que esas tres palabras que son la inversin exacta del quinto mandamiento mereceran una aclaracin, una trama que despeje los posibles malentendidos. Quien piense as se ver defraudado. El centenar de pginas que componen la reciente novela de Andrs Rivera no se detiene en explicar nada. Entre otras razones, porque no es tarea de la literatura redactar un nuevo declogo. Quiz, tambin, porque el ahorro de palabras que viene marcando a fuego la prosa del autor es algo ms que un rasgo de estilo. Las ausencias, los vacos que el lenguaje apenas alcanza a cubrir requieren un lector que no retroceda ante los silencios. Lo que Rivera denomina, sin abundar demasiado, un lector inteligente . Tampoco el protagonista de Hay que matar (recin publicado por Editorial Alfaguara) sabe porqu cumple con lo que el ttulo le reclama. Durante 20 aos, Byron Roberts fue comisario en un pueblo perdido en la Patagonia. Durante 20 aos se acost con mujeres propias y ajenas, bebi toneladas de whisky y recorri a caballo una tierra helada y fra mientras se deca a s mismo cosas que apenas comprenda. No ha olvidado: sin saber las razones, sin esperar nada a cambio, una noche sale en busca de los tres hombres que 20 aos antes ejecutaron a su padre .
As mata Byron Roberts, que a esta altura de la historia ha cambiado de nombre y ahora se llama Nadie: Nadie toc el gatillo dcil de su revlver, desde la distancia necesaria para no mancharse con la boca de El Sargento. Saltaron, en la luz de la casa que Nadie calific de mugrienta, astillas del paladar, pedazos de lengua, dientes, pedazos de labios, de lo que fue la boca viva de El Sargento . (...) Byron Roberts sabe bien que la justicia por mano propia o la que puede hacer un solo hombre carece de valor. Byron sabe que lo que hace no cambia nada. Hay que matar arranc como arrancan la mayora de sus libros. Cuando empez a escribirlo tena el ttulo, algunas lneas del comienzo y otras tantas del final. Lo que haba que poner en el medio es una historia que Rivera escuch a mediados de los 60. Yo estaba mucho en el Sindicato de Prensa de Buenos Aires cuenta el autor. Uno de los periodistas que frecuentaban la sede se llamaba Milton Roberts, un hombre muy british. Las patotas fascistas tenan por costumbre agredir la casona, y una noche, al trmino de uno de esos asaltos, Milton me cont la historia de su padre: haba sido comisario en el sur. Un da le avisaron que tres personas haban asesinado a un poblador. Sali a buscarlos, mat a dos y volvi con la confesin del tercero. Milton Roberts tambin le cont a Rivera que los hombres que su padre haba perseguido eran asesinos a sueldo de lo que en la novela se llama La Compaa: No la menciono con su verdadero nombre porque seguramente hay descendientes de quienes fueron sus dueos, y me advirtieron que podan iniciarme un juicio " (8). En Los Jardines del Carmelo (9), Ana Mara Guerra relata: El garito herva: chacareros irlandeses, comerciantes de San Benito, parroquianos del Social y de Socorros Mutuos. Se apostaba fuerte esa noche, y en consonancia el clima era tirante . En otros pasaje, la autora se refiere a el irlands Mac Loren, que tena en sus espaldas dos muertes, sin otro atenuante que el pequeo barril de cerveza bebido sin respirar . Notas 1 Ocantos, Carlos Mara: Quilito. Madrid, Hyspamrica, 1984. 2 Zappietro, Eugenio Juan: De aqu hasta el alba. Barcelona, Hyspamrica, 1971. 3 Vzquez Rial, Horacio: op. cit 4 Cabal, Graciela Beatriz: Secretos de familia. Buenos Aires, Sudamericana, 2003. 5 Delaney, Juan Jos: Moira Sullivan. Buenos Aires, Corregidor, 1999. 6 Rivera, Andrs: Hay que matar. Buenos Aires, Alfaguara, 2000. 120 pginas. (Biblioteca Andrs Rivera). 7 S/F: en [Link] 8 Orosz, Demian: Rivera Andrs: Soy un hombre entre los hombres , en La Voz del Interior, Crdoba, 22 de junio de 2001. 9 Guerra, Ana Mara: Los Jardines del Carmelo. Buenos Aires, Corregidor, 2003. Italianos Abruzzos Mempo Giardinelli fue distinguido con el Premio Rmulo Gallegos en 1993, por Santo Oficio de la Memoria (1), novela a la que Carlos Fuentes se refiere como a una saga migratoria tan hermosa, tan conmovedora,
tan importante para estos tiempos de odio, racismo y xenofobia . La obra cuenta un siglo de historia privada, argentina y mundial, desde la llegada a nuestro pas de Antonio Domeniconelle, su esposa y su primognito, a fines del siglo XIX, quienes emigran porque eran muy pobres. Muy pobres. Ms pobres que toda la pobreza que hayas visto . Relata el hijo mayor, refirindose al padre: Llegaron casados, ya. Conmigo. El decidi que Vincenzo y Nicola se quedaran all. Luego los buscara, dijo. No atendi el llanto de Angela. No escuch las razones de nadie. Nunca. (...) El saba cuanto sufra ella por los hijos que dejaron en Italia, pero jams hizo nada por traerlos. Cmo un hombre puede ser as, es algo que yo no me explico. Fue terrible, eso . Otro personaje relata que el hombre tambin pensaba en i bambini: soaba que en la nueva casa habra rosas en los floreros y comeran bien, tres veces al da, o cuatro, con todos los chicos, porque iban a traer a Vincenzo y a Nicola de Italia. El pas progresaba a pesar de todo, y l tambin , pero muri antes de concretar su proyecto. Entrevistado por Mona Moncalvillo, Giardinelli habla sobre su novela. Es una novela histrica, sobre la inmigracin, y a lo largo de varias generaciones viene recorriendo los distintos cruces histricos, que son los cruces dramticos de nuestra historia: memoria versus olvido, vida-muerte, noche-da, pacificacinviolencia, intolerancia-democracia. Hay una serie de dicotomas, es una cosa muy doble, una especie de gran esquizofrenia que va recorriendo la historia argentina. Al mismo tiempo hice una novela en la que quise meterme con un montn de temas que para m tenan que ver. Es una discusin sobre la literatura argentina, y tambin quise hacerla ah porque la literatura argentina acompaa y se contrapone con la historia. Los epgonos literarios de la Argentina, son en general gente que pertenece a lites que difcilmente llegan a ser valores populares (2). Notas 1 Giardinelli, Mempo: Santo Oficio de la Memoria. Buenos Aires, Seix Barral, 1991. 2 Moncalvillo, Mona: reportaje a Mempo Giardinelli, en Humor, 1991. Reproducido en [Link]. Calabreses En el Libro Tercero de Adn Buenosayres, de Leopoldo Marechal, aparece Juan Sin Ropa, el que derrot a Santos Vega. Juan Sin Ropa explica el folklorista Del Solar- es el gringo desnudo que vence a Santos Vega en una clase de lucha que nuestro paisano ignoraba: la lucha por la vida . En ese momento, el vistoso gaucho fue borrndose para dejar sitio a un hombretn forzudo y coloradote, de camisa y bombachas a cuadros, botas amarillas, facn ostentoso y un rebenque guarnecido de plata casi hasta la lonja. No sin una efusin de simpata, los aventureros identificaron al punto la imagen risuea de Cocoliche . Sono venuto a lArgentina per fare lAmrica declar el aparecido-. E sono in Amrica por fare lArgentina. -Aj! le grit Del Solar-. As quera verte! No sos el gringo bolichero que con hipotecas y trampas rob la
tierra del paisanaje? Cocoliche tendi y exhibi sus grandes manos encallecidas. Io laboro la terra dijo-. Per me si mangia il pane. Risas hostiles mezcladas a voces de aliento festejaron el retrueque de Cocoliche. En eso tiene razn el gringo admiti Pereda. -Es un bolichero! Insista Del Solar-. Slo ha venido a enriquecerse! . Y aqu la figura de Cocoliche se transform a su vez en la de un anciano cuyas barbas patriarcales relucan como latn fino. Miraba como abriendo grandes horizontes, vesta un poncho de vicua y un chirip sombro; y Adn Buenosayres, temblando como una hoja, reconoci la efigie autntica del abuelo Sebastin, el antepasado europeo de Adn Buenosayres, quien le dice a Del Solar: Cien veces cruc la pampa en mi carreta, y cien veces el ro en mi ballenero de contrabandista. Ar la tierra virgen y agrand rebaos. Y no es ma ni la tierra donde se pudren mis huesos (1). En Sobre hroes y tumbas, Ernesto Sbato evoca la partida desde la tierra de origen: Addio patre e matre,/ Addio sorelli e fratelli Palabras que algn inmigrante-poeta habr dicho al lado del viejo, en aquel momento en que el barco se alejaba por las costas de Reggio o de Paola, y en el que aquellos hombres y mujeres, con la vista puesta sobre las montaas de lo que en un tiempo fue la Magna Grecia, miraban ms que con los ojos del cuerpo (dbiles, precarios y finalmente incapaces) con los ojos del alma, esos ojos que siguen viendo aquellas montaas y aquellos castaos, a travs de los mares y de los aos (2). En La memoria de la tierra , discurso pronunciado al recibir en 1999 la ciudadana italiana y la Medalla de Oro a la Cultura Italiana en la Argentina, dijo Sbato: Yo fui el dcimo hijo de una familia de once varones a quienes, junto con el sentido del deber y el amor a estas pampas que los haban cobijado, nuestros padres nos transmitieron la nostalgia de su tierra lejana . El sentimiento se transforma en literatura: Ese desgarro, esa nostalgia del inmigrante le he volcado en un personaje de Sobre hroes y tumbas, el viejo DArcngelo, que extraaba su viejo terruo, sus costumbres milenarias, sus leyendas, sus navidades junto al fuego . Y se asocia a una etapa de la vida: Cmo no comprender la nostalgia del viejo DArcngelo? A medida que nos acercamos a la muerte nos acercamos tambin a la tierra, pero no a la tierra en general sino a aquel nfimo pedazo de tierra en que transcurri nuestra infancia. As tambin mi padre, descendiente de esos montaeses italianos acostumbrados a las asperezas de la vida, en sus aos finales, para defenderse de lo irremediable con el humilde recurso del recuerdo, evocaba la Paola de su infancia. Aquella misma Paola de San Francesco, donde un da se enamor de mi madre. (...) En el siglo pasado, mis padres llegaron a estas playas con la esperanza de fecundar una tierra de promisin. Se instalaron en la ciudad de Rojas, donde tuvieron un pequeo molino harinero. (...) Al igual que tantos hijos de inmigrantes, crecimos oyendo sus
mitos, sus leyendas y sus cantos tradicionales, viendo casi sus montaas y sus ros de los cuales mi padre me hablaba por las tardes, cuando yo era apenas un nio sentado en sus rodillas (3). Roberto Raschella hace decir, en Dilogos en los patios rojos (4), a uno de los personajes: alguno me recuerda la efigie de los paisanos que retornaban al pas desde Amrica... y nosotros ramos nios... y no sabamos si estaban animados o disperados... y cul era la ambicin que los dominaba, hacia atrs, hacia delante... de s mismos, de los otros seres queridos... Y qu traan debajo? Una turbia enfermedad asemejante a la malaria, una galera vivida... Y recogan los dichos sobre sus mujeres, y apenas queran or... Por que no hay humano que soporte aos de abandono sin covar la venganza que te pone en igualdad.......... Todo es el poder tambin, comprendes? Es el poder si te hacen viajar y estacionarte, sospechar y medir... Un da ests aqu en buena compaa... al otro da te encuentras distante, isolado... y golpeas y te golpean, envueltos todos en boca de tormentos... Y no es un hombre, no son hombres que golpean, es una fuerza exterminada.......... Pero sientes un progreso,, un bien... quieres subir, quieres abrazarte a los giros del caso... Y si eres vencedor, persigues a los intiles... a los melanclicos... a los pcaros... a las levadoras... Persigues, persigues, como un jacobino... . En 1998, fue distinguido con el Segundo Premio Nacional de Novela, por Si hubiramos vivido aqu (5). Reporteado por Pablo Ingberg, el escritor afirma: Mi padre vino varias veces desde la primera preguerra, hasta que, perseguido por el fascismo, se qued aqu para siempre en 1925. Mi madre, despus de muchas dificultades para poder salir de Italia, lleg en 1929. (...) Hasta pasados los treinta aos, me dediqu al cine y tambin a la poltica. En 1964 abandon las dos cosas. Viaj a Italia, el pueblo de mis antepasados, y al volver empec a escribir la que fue mi segunda novela. La poca anterior y posterior al viaje va a ser la base de mi tercera novela (6). Notas 1 Marechal, Leopoldo: Adn Buenosayres. Buenos Aires, Sudamericana, 1984. 2 Sbato, Ernesto: Sobre hroes y tumbas. Buenos Aires, Losada, 1966. 3 Sbato, Ernesto: La memoria de la tierra , en La Nacin, 5 de diciembre de 1999. 4 Raschella, Roberto: Dilogos en los patios rojos. Buenos Aires, Paradiso Ediciones, 1994. 202 pp. 5 Raschella, Roberto: Si hubiramos vivido aqu... Buenos Aires, Losada, 1998. 6 Ingberg, Pablo: El amor a los vencidos , en La Nacin, Buenos Aires, 14 de febrero de 1999. Campania Cambaceres, en la novela En la sangre (1), alude al italiano, padre del protagonista, con estas palabras: Arrojado a tierra desde la cubierta del vapor sin otro capital que su codicia y sus dos brazos, y ahorrando as sobre el techo, el vestido, el alimento, viviendo apenas para no morirse de hambre, como esos perros sin dueo que merodean de puerta en puerta en las basuras de las casas, lleg el tachero a redondear una corta cantidad .
Un napolitano, personaje de Barrio Gris, de Joaqun Gmez Bas, hace msica: Madruga diariamente, como vendedor de peridicos que es. Al medioda llega con una amplia correa cruzada en bandolera. Almuerza; duerme la siesta, riega despus un pequeo jardn para despabilarse y practica en la guitarra hasta el atardecer. Entonces se sienta a tocar en el umbral hasta la hora de la cena. Y retorna al instrumento, una pieza tras otra, sin pausa (2). Alguien le hizo una broma al napolitano escribe Dal Masetto, en La tierra incomparable-: le rob un zapato. El napolitano est parado en cubierta con un pie descalzo. Anda as desde hace varios das porque no tiene otro par. Habla en voz alta, acusa, est dolorido y furioso. Los dems lo miran desde lejos, divertidos y expectantes. Por fin el napolitano se quita el zapato que le queda, lo levanta sobre su cabeza, lo muestra y despus lo arroja al mar. En ese momento, venido desde alguna parte, el otro zapato cruza el aire y cae a sus pies. El napolitano lo levanta y lo tira tambin por encima de la borda. Ahora, grita, tendr que desembarcar descalzo (3) Notas 1 Cambaceres, Eugenio: En la sangre. Buenos Aires, Plus Ultra, 1968. 2 Gmez Bas, Joaqun: Barrio Gris. Buenos Aires, Compaa General Fabril Editora, 1963. 3 Dal Masetto, Antonio: La tierra incomparable. Buenos Aires, Sudamericana, 2003. Friuli En Hermana y Sombra, de Bernardo Verbitsky, dos inmigrantes presumiblemente rusos fundan una cartonera que se llama La Friulana , en honor a la esposa de uno de ellos (1). En el ao 1961, Gente conmigo (2) de Syria Poletti, fue distinguida con el Premio Internacional de Novela convocado por la Editorial Losada. Al ao siguiente, dicha obra mereci el Segundo Premio Municipal de Buenos Aires y fue seleccionada entre las diez mejores novelas sudamericanas por la editorial Alan Williams de Nueva York. Fue traducida al ingls, alemn y ruso, y se realiz una adaptacin cinematogrfica y otra televisiva. En esa obra, un mdico niega a la protagonista el permiso para emigrar, a causa de una malformacin en la espalda: Entramos a un saln vasto y desnudo. Era el lugar reservado a la revisin sanitaria. Junto a unas mesas, los mdicos revisaban a mujeres y chicos con roida indiferencia. Pase usted, pase usted, adelante, otra, rpido. Y las mujeres esperaban pacientemente, con la ropa a medio quitar y los cros berreando . Comienza entonces el peregrinar de la hermana mayor, que debi emigrar sola, y no se resigna a que Nora quede en Italia, cuando ya estn todos en Amrica. En 1965 Jorge Mascingioli adapta para cine Gente conmigo, novela de Syria Poletti que obtuvo el Premio Municipal de Buenos Aires en 1962.. La pelcula es dirigida por Jorge Darnell e interpretada por Milagros de la Vega, Norma Aleandro, Alberto Argibay y otros actores. Esta versin flmica es elegida para el Festival Internacional de Venecia por el Instituto Nacional de Cinematografa, y obtiene una importante distincin en
el Festival Cinematogrfico Internacional de Locarno (Suiza) (3). En 1967, Syria Poletti adapta para televisin su novela Gente conmigo (4). En 1971 apareci Extrao oficio (5), novela por la cual Poletti fue nominada para el Premio Nacional de Literatura. Notas 1 Verbitsky, Bernardo: Hermana y Sombra. Buenos Aires, Editorial Planeta Argentina, 1977. 2 Poletti, Syria: Gente conmigo. Buenos Aires, Losada, 1962 3 S/F: Biobibliografa de Syria Poletti , en Poletti, Syria: Taller de imaginera. Buenos Aires, Losada, 1977. 4 ibdem 5 Poletti, Syria: Extrao oficio. Buenos Aires, Losada, 1971 Liguria En la casa de Quilito, protagonista que da ttulo a la novela de Ocantos (1), trabajaba una italiana: Un apetitoso olor de guisado sala de la cocina abierta, donde una genovesa cerril mova esptulas y zarandeaba cacerolas, envuelto en el humo espeso del asado, que chirriaba sobre las parrillas". Ms adelante dir de esta mujer que cantaba un aire de su pas, con acompaamiento de platos y cacerolas . Notas 1 Ocantos, Carlos Mara: Quilito. Madrid, Hyspamrica, 1984. Lombarda Atilio Betti escribi La noche lombarda (1), libro en el que se narra el viaje del hijo de un italiano a la tierra de sus mayores. La noche lombarda es el encuentro de un hombre con las fuentes originarias y es, tambin, a travs de la emocin y el lirismo, un documento humano de hondo contenido (2). A Italia viaja Atilio Betti en 1967; tambin lo hace el protagonista de su novela, premiado por el Gobierno de la pennsula. El personaje vive su premio como una revancha: Mi padre me haba negado la educacin. Me haba condenado, por no querer trabajar bajo su mando, en su fabrica, a una juventud de lucha. A defenderme a puetazos por las calles y las oficinas, con tal de salir con la ma. Y ahora me hallaba all, en viaje hacia Italia, en calidad de invitado y futuro husped de su patria. Libre y solo. Solo, s, pero libre y triunfante . En Miln, en 1947, dice uno de los personajes de La crislida, de Nisa Forti Glori: Nosotros no somos emigrantes. Llevamos capital y brindaremos trabajo. No nos empuja la necesidad. Simplemente estamos hartos de esta miserable lucha de partidos. De gente que te escupe slo porque desciendes del automvil bajo el porch de La Scala... (3). Notas 1 Betti, Atilio: La noche lombarda. Buenos Aires, Plus Ultra, 1984. 2 S/F: en Betti, Atilio: La noche lombarda. Buenos Aires, Plus Ultra, 1984. 3 Forti Glori, Nisa: La crislida. Buenos Aires, Corregidor, 1984. Piamonte Antonio Dal Masetto es el autor de Oscuramente fuerte es la vida (1), distinguida con el Primer Premio Municipal y el Premio Club de los XIII. La protagonista dej su tierra, para reunirse con su marido: Hasta
ltimo momento, yo segua formulndome preguntas que no encontraban respuesta. Tenamos lo que habamos querido siempre: la casa, el terreno, la posibilidad de trabajar. Habamos defendido esas cosas, las habamos mantenido durante esos aos difciles. Ahora, cuando aparentemente todo tenda a normalizarse, por qu debamos dejarlas? Me costaba imaginar un futuro que no estuviese ligado a esas paredes, esos rboles, esas montaas y esos ros. Haba algo en m que se resista, que no entenda. Senta como si una voluntad ajena me hubiese tomado por sorpresa y me estuviese arrastrando a una aventura para la cual no estaba preparada. (...) Llevaba en la mano una bolsita de tela y la llen de tierra. Me acord de mi abuelo abonando esa tierra, de mi padre punteando, sembrando hortalizas. (...) Entr en la casa, abr una valija y guard la bolsita con la tierra. Recorr las habitaciones como haba recorrido el terreno. Con el brazo extendido roc las paredes, las puertas, las ventanas. Me sent en un rincn y me qued ah, sin moverme, hasta que fue la hora de despertar a Elsa y Guido . La tierra incomparable (2), obra en la que narra la visita de la emigrante a su pueblo, cuarenta aos despus, fue distinguida con el Premio Planeta Biblioteca del Sur 1994.. En una entrevista, aclara quin viaj: En realidad, fui yo el que regres. All se dio algo interesante desde el punto de vista del oficio: me propuse contarlo desde la visin de Agata y mi esfuerzo fue tratar de ver todo con los ojos de ella. Ese cambio de personalidad me obligaba a cierto tipo de asombro. Mi mam -por ejemplo- nunca subi a un avin. Al terminar el libro se lo mand, ella tena entonces 80 aos. Despus la llam por telfono y al preguntarle si lo haba ledo, me respondi tan slo: S, est bien. Hoy tiene 86 aos, es un personaje obcecado, sin violencia, pero duro como un roble (3) . En la Feria del Libro 2005 se present la novela La sed (4), de Hernn Arias, galardonada con el Premio en el Concurso de Novela Daniel Moyano. A criterio de Carlos Gazzera, La novela de Hernn Arias est narrada desde la ptica de un nio del interior de la pampa gringa, casi campero. Cinco captuloshistorias, independientes entre s en lo que respecta a la ancdota, pero todos conformando un mismo ambiente. Cada uno de los captulos est escuetamente marcado por una fecha que precisa el tiempo histrico. Lacnica, esa fecha no tiene ninguna conexin con lo que se cuenta: una salida a cazar perdices con el padre, el to y el abuelo, la tala del primer rbol para la lea de la casa, el encuentro con el primo que viene de la gran ciudad y la novia de su to, una tarde de sbado en las cuadreras del pueblo ms cercano, un asado en familia. En fin, episodios cotidianos, sin trascendencia para cualquier adulto, pero que resultan vitales para ese nio que lee en los intersticios de esa vida cotidiana, gris, la gramtica de una vida que deber aprender a sobrellevar. La sutileza del lenguaje es notable. Hernn Arias, se dira, intenta abolir el
adjetivo. Una descarnada economa busca dotar a ese nio y a los personajes que lo rodean del lenguaje que mejor les cabe. El ejemplo ms logrado es el cocoliche de la abuela piamontesa. Tres, cuatro lneas, nada ms, para que esa abuela se convierta en la enigmtica figura del dolor trgico que se cie sobre la familia. La enfermedad que postra a la abuela organiza las metforas del dolor en esa familia. No hacen falta lgrimas, palabras de queja. Nada. La economa textual se reduce a marcar los gestos, los dilogos. El dolor como todo otro sentimientose dice por elipsis (5). Notas 1 Dal Masetto, Antonio: Oscuramente fuerte es la vida. Buenos Aires, Sudamericana, 2003. 2 Dal Masetto, Antonio: La tierra incomparable. Buenos Aires, Sudamericana 2003. 3 Roca, Agustina (texto), Digilio, Rubn (fotos): Antonio Dal Masetto Historia de vida , en La Nacin Revista, 12 de julio de 1998. 4 Arias, Hernn: La sed. 5 Gazzera, Carlos: Rostros grises en la pampa gringa en La Voz del Interior, Crdoba, 19 de mayo de 2005. Sicilia La ginebra consuela a un siciliano. Don Pico Sanzone, personaje de Gabriel Bez, sala de noche con un vagn negro; lo que en verdad ocurra era que Sanzone sacaba el fnebre para emborracharse y terminar descarrilado en alguna curva. Mataba la nostalgia de Sicilia con ginebra y manivela, y terminaba llorando como un chico hasta que los compaeros lo sacaban de la cabina y se lo llevaban a dormir la mona Su la va sento macanudo, gema mientras era arrastrado (1). Notas 1 Bez, Gabriel: Virgen. Barcelona, Sudamericana, 1998. Toscana Sabemos que muchos extranjeros regresaron a sus patrias, pero otros dejaron atrs su pasado y crearon familias con mujeres de nuestra tierra. Alrededor de esta situacin gira la existencia del protagonista de El mar que nos trajo, de Griselda Gambaro, quien se ve obligado a regresar a su pas de origen. Gambaro escribi la novela (1) remitindose a sus vivencias: La historia familiar relatada en El mar que nos trajo transcurre alternativamente en Argentina e Italia. Comienza en el ao 1889 y concluye poco despus de la Segunda Guerra Mundial, en la poca del peronismo. En la Argentina e Italia pasaron en ese lapso muchas cosas. Pero la historia de ambos pases slo es un fondo para la novela, aunque a veces determine muertes, expulsiones y alejamientos. Slo recurr a material de investigacin histrica para corroborar algunas fechas, algunos datos como los que se referan, por ejemplo, a las condiciones sociales y laborales a fines del siglo XIX y principios del XX. En otro orden, me fue muy til un libro hoy agotado de Edmundo DAmicis que me prest Leopoldo Brizuela. DAmicis haba viajado a Buenos Aires precisamente en 1889,
fecha en la que por coincidencia comienza la novela, y lo haba hecho en primera clase, pero, observador sagaz, proporciona en su libro En el ocano. Viaje a la Argentina, enriquecedores aportes sobre la vida y la navegacin de los inmigrantes que viajaban en tercera. En lo que respecta a Italia, acud a mis propios recuerdos de los lugares que se mencionan: la isla de Elba, un pueblo de la Calabria, Bonifati, y otro innombrado que fue Pizzo, la cuna de mi abuelo materno, tambin en Calabria. Recordaba particularmente la isla de Elba, donde sucede el relato cuando se traslada a Italia. La haba visitado haca muchos aos, conocido a los descendientes de Agostino, quienes me acompaaron al pueblo bajo cercano a la playa y al alto, sobre la cumbre de una colina, a la playa de arena y piedras romas (2). En la novela, Agostino Cada atardecer, salvo que el tiempo lo impidiera, sala en barca bajo patrn en jornadas que, segn la pesca, concluan al amanecer o al medioda siguiente. Se trabajaba mucho y se ganaba poco. (...) Ellos estaran condenados al mismo ritmo de trabajo toda la vida: la pesca, la venta a precios viles y el ocio destinado al arreglo de las redes . En Los jardines del Carmelo, novela de Ana Mara Guerra, Ferrario, un artista florentino que vuelve a su tierra, embriagado, gritaba a los cuatro vientos: Questo un paese bruto, molto bruto, tutti sono indio, baguale, sporcachone (3). Notas 1 Gambaro, Griselda: El mar que nos trajo. Buenos Aires, Norma, 2001. 2 Gambaro, Griselda: Crnica de una familia , en Clarn, Buenos Aires, 25 de febrero de 2001. 3 Guerra, Ana Mara: Los jardines del Carmelo. Buenos Aires, Corregidor, 2003. Sin mencin de origen Lucio Vicente Lpez dedica La gran aldea (1) a Miguel Can, su amigo y camarada . En esta obra aparecen inmigrantes, vistos desde la perspectiva de un escritor que aora un pasado que no volver. Lpez compara a los tenderos de antao con los del presente: Y qu mozos! Qu vendedores los de las tiendas de entonces! Cun lejos estn los tenderos franceses y espaoles de hoy de tener la alcurnia y los mritos sociales de aquella juventud dorada, hija de la tierra, ltimo vstago del aristocrtico comercio al menudeo de la colonia . Recuerda a uno de los tenderos criollos: Entre los prncipes del mostrador porteo, el ms clebre, sin disputa, era don Narciso Bringas: gran tendero, gran patriota, nacido en el barrio de San Telmo, pero adoptado por la calle del Per como el rey del mostrador. No haba mostrador como el de aquel porteo: todo el barrio junto no era capaz de desdoblar una pieza de madapoln y de volverla a doblar como don Narciso; y si la pirmide misma le hubiera querido disputar su amor a Buenos Aires, a la pirmide misma le habra disputado ese derecho . Describe la estrategia del tendero para dirigirse a su clientela: Don Narciso suba o bajaba el tono segn la
jerarqua de la parroquiana: dominaba toda la escala; posea toda la preciosidad del lenguaje culto de la poca y daba el do de pecho con una dama para dar el s con una cocinera . Los tratamientos variaban para l segn las horas y las personas. Por la maana se permita tutear sin pudor a la parda o china criolla que volva del mercado y entraba en su tienda. Si la clienta era hija del pas, la trataba llanamente de hija; hija por arriba e hija por abajo. Si l distingua que era vasca, francesa, italiana, extranjera, en fin, iniciaba la rebaja, el ltimo precio, el se lo doy por lo que me cuesta, por el tratamiento de madamita. Oh!, ese madamita lanzado entre 7 y 8 de la maana, con algunas cuantas palabras de imitacin de francs que l saba balbucir, era irresistible. Durante el da, los tratamientos variaban entre hija e hijita, entre t y usted, entre madamita y madama, segn la edad dela gringa, como l la llamaba cuando la compradora no caa en sus redes . A criterio de Delfn Garasa, Una de las ms cumplidas descripciones de un heterogneo desembarco es la que ofrece Luis Pascarella en su novela-alegato documental, El conventillo. Llega el Christoforo Colombo y primero bajan los hombres de negocio con su apopltica cerviz, con el paso resuelto de los acostumbrados a dar rdenes y ser obedecidos, los turistas ingleses con sus mquinas fotogrficas y algunas seoras un tanto perplejas por no ver en el muelle indios con plumas y taparrabos. Por ese entonces, el viaje a Europa empezaba a otorgar prestigio social, y los argentinos que regresan cambian opiniones en alta voz sobre los modelos de Pars, el mobiliario ingls o la sinfona escuchada en la Opera de Viena. Y, finalmente, aparecen los inmigrantes, tan fustigados en los azares de las proclamas polticas, un enorme hormiguero que haba viajado en el mayor hacinamiento. Rostros curtidos, exhaustos, azorados. En todos se presiente la pregunta: Qu les deparar esta nueva tierra? De pronto, una mirada se ilumina o un brazo se agita en alto porque se ha reconocido a alguien en la muchedumbre que espera. Van bajando los hebreos de desgreadas barbas y gastados levitones, los turcos con sus espaldas combadas, los nrdicos enjutos, los napolitanos pequeos y retorcidos como races, los andaluces grrulos, los gallegos pacientes, los holandeses esponjosos, los genoveses de msculo recio e insaciable voracidad. Una mujer besa la tierra que los acoge y tras su actitud ritual se adivina un pasado de penurias y recelos. Y agrega Pascarella: La gran ciudad de calles dirigidas hacia el Oeste recibe en su seno aquella semilla que purificada en un ambiente de libertad (...) se reproducir en su inmensidad desierta (2). En la Bolsa de Comercio, Julin Martel encuentra Promiscuidad de tipos y promiscuidad de idiomas. Aqu los sonidos speros como escupitajos del alemn, mezclndose impamente a las dulces notas de la lengua italiana; all los acentos viriles del ingls haciendo do con los chisporroteos maliciosos de la terminologa
criolla; del otro lado las moneras y suavidades del francs, respondiendo al ceceo susurrante de la rancia pronunciacin espaola (3). En Don Segundo Sombra, Ricardo Giraldes escribe acerca de la desvergenza del gringo Culasso que haba vendido por veinte pesos a su hija de doce aos al viejo Salomovich, dueo del prostbulo (4). En Matanzas se afinc el gringo Sardetti, a quien Juan Moreira, protagonista que da nombre a la obra de Eduardo Gutirrez, mata por haber negado la deuda que tena con el gaucho: Concluyamos que es tarde dijo levantndose de pronto-. Amigo Sardetti, vengo a que me pague los diez mil pesos o a cumplir mi palabra empeada. El pulpero vacil, mir con espanto a Moreira, y dirigiendo una mirada de suprema splica al paisano que haba tratado de disuadir a aquel terrible acreedor, respondi de una manera humilde y quejumbrosa: -Yo no tengo plata, amigo Moreira; esprese unos das, y le juro por Dios que le he de pagar hasta el ltimo peso. -No espero ms contest el paisano con suprema altivez-; vengan los diez mil pesos o te abro diez bocas en el cuerpo, para que por ellas puedas contar que Juan Moreira cumple lo que promete, aunque lo lleve el diablo. Y con la mano segura desnud su daga, que brill con un fulgor siniestro (5). En Irresponsable, su novela de 1889, escribe M. T. Podest: "A lo lejos empez a divisar una caravana de hombres, mujeres y nios, que parecan acudir a alguna feria. Era una larga fila de inmigrantes que cruzaban la plaza marchando detrs de sus equipajes que ellos mismos ayudaban a transportar. Jvenes en su mayor parte, fuertes, vigorosos, con esa robustez peculiar de los hijos de las montaas. Vestan sus mejores trajes: los hombres, sus chaquetillas lustrosas, con botones de metal, colgadas del hombro derecho, y dejando ver su camisa blanca, amplia, de hilo crudo, sujeta al cuello con un pauelo de seda multicolor; sombrero de fieltro, en cuya cinta haban colocado algunos una pluma; el brazo izquierdo desnudo, musculoso, frreo, caras plcidas, de hombres sanos, contentos, sanguneos; hablaban fuerte en su dialecto especial, echando tal vez sus cuentas sobre la probabilidad de una prxima fortuna. Algunos llevaban en sus brazos criaturas rollizas, rubias, con la plasticidad exuberante de la buena pasta con que estaban amasados; otros iban encorvados, cargando sobre sus espaldas cuadradas sus bales y sus valijas, jadeantes, colorados, dejando caer gruesas gotas de sudor sobre la arena caliente y brillante del suelo. Las mujeres, con sus trajes de aldeanas, de colores vivos, con sus caderas anchas, redondeadas, sobre las que apoyaban negligentemente su mano (6). Antonio Argerich (7), en Inocentes o culpables?, publicada por primera vez en 1884, fundamenta su aversin en supuestos provenientes de las ciencias mdicas, refutados oportunamente por un sacerdote. Esgrimiendo razones de ndole cientfica, a todas luces discutibles, Argerich se opone a la llegada de los
extranjeros, reflejando la posicin de muchos argentinos de la poca. Inocentes o culpables? es una de las pocas obras que registran abiertamente aquel sentimiento, tan comn en los habitantes de esa Argentina que se vea invadida por otras razas y otras costumbres. Por eso su testimonio es valioso (8). En el prlogo a su novela, Argerich manifiesta: me opongo franca y decididamente a la inmigracin inferior europea, que reputo desastrosa para los destinos a que legtimamente puede y debe aspirar la Repblica Argentina; (...) La intromisin de una masa considerable de inmigrantes, cada ao, trae perturbaciones y desequilibra la marcha regular de la sociedad, -y en mi opinin no se consigue el resultado deseado, esto es, que se fusionen estos elementos y que se aumente la poblacin. En efecto, si buscamos unidad, sera importante encontrarla: se habla de colonias aun aqu mismo en la Capital de la Repblica y ya tenemos los odos taladrados de or hablar de la patria ausente, lo que implica un estravo moral y hasta una ingratitud, inspirada, muchas veces, por el inters que azuza un sentimiento extico y apagado para que se ame a una madrastra hasta el fanatismo . Sostiene que para mejorar los ganados, nuestros hacendados gastan sumas fabulosas trayendo tipos escogidos, -y para aumentar la poblacin argentina atraemos una inmigracin inferior. Cmo, pues, de padres mal conformados y de frente deprimida, puede surgir una generacin inteligente y apta para la libertad? Creo que la descendencia de esta inmigracin inferior no es una raza fuerte para la lucha, ni dar jams el hombre que necesita el pas . Considera que tenemos demasiada ignorancia adentro para traer todava ms de afuera y que es deber de los Gobiernos estimular la seleccin del hombre argentino impidiendo que surjan poblaciones formadas con los rezagos fisiolgicos de la vieja Europa . En esa obra, al nacer el primer hijo de los inmigrantes italianos, Argerich habla de la influencia que la raza, el medio y el momento ejerceran en l, tal como afirmaba Hiplito Taine. Le resta toda capacidad de decisin, pues todo estaba preestablecido. Todo lo haban ordenado voluntades y cerebros anteriores . Escribe Ocantos, en Quilito, sobre un italianito vendedor de diarios y sobre Rocchio, un corredor de Bolsa, un hombrazo con muchas barbas, italiano con sus ribetes de criollo . Este hombre es descripto por Ocantos con rasgos animales: un italiano atltico, cuadrado, con las crines erizadas, cuya voz era un rugido; (...) Trabajador, eso s, como una mula de carga, y ahorrativo como una hormiga; Rocchio no perda un minuto de su da comercial, ni gastaba un centavo ms de su cuenta del mes (9). En Libro extrao, obra de 1894, escribe Francisco A. Sicardi, un inmigrante aora su tierra. Relata el hijo: muchas veces, cuando volva de noche de su trabajo y yo estaba al lado de la vela de sebo, leyendo la cartilla, l me contaba las cosas de su tierra, un pueblito todo blanco, al lado de la playa, donde los
pescadores cantaban con las piernas desnudas hasta la rodilla, sacando en hileras paso a paso la red, que traa agua verde y pescados; y a m me enseaba las cantinelas que tenan como rumores y estruendos de borrascas y bofetadas del mar contra los barcos perdidos y solitarios... (10). En La casa endiablada (11), de Eduardo L. Holmberg, aparecen italianos de humilde condicin, carreros y verduleros, holgazanes y supersticiosos. Antonio Pges Larraya considera que La casa endiablada tiene para nosotros tres motivos de inters: es su primera obra de imaginacin a la que traslada nuestra realidad ciudadana; es la primera novela policial escrita en el pas, y finalmente, es la primera en la literatura universal en que se descubre un delito por el sistema dactiloscpico (12). El gringo (13) que protagoniza la novela de Fausto Burgos, se enorgullece de su sangre: yo soy gringo, gringo puro, ms gringo que todos lo gringo que hanno formato la colonia italiana en San Rafael , dir. Para la familia del protagonista, en cambio, ser inmigrante es una vergenza que se debe ocultar: Usted no es un gringo afirma el yerno que vive a expensas del italiano-; usted ya puede llamarse criollo; ya tiene ttulos para ello . Burgos reitera a lo largo de la novela la acusacin que los nativos hacen a los extranjeros: No son ustedes los que nos vienen a quitar la tierra y el vino y el pan y todo? Los peones inmigrantes miran con lstima a quien esto dice y comentan: Povero nero, povero chino, una bestia . Alamos talados (14) fue distinguida en 1942 con el Primer Premio de Literatura de Mendoza, el Primer Premio Municipal de Buenos Aires y el Primer Premio de la Comisin Nacional de Cultura. La clase alta, representada fundamentalmente por los abuelos, se mostraba bondadosa con los criollos y los inmigrantes, en general, aunque haba excepciones. Don Ramn Osuna senta un desprecio soberano por los gringos, como l llamaba a cuantos no hablaran el castellano. Desprecio que alcanzaba a toda idea que de ellos proviniera. No quiso alambrar su estancia; sembrar era cosa de gringos y nunca el arado rompi sus tierras . La diferencia entre terratenientes e inmigrantes es sealada por uno de los personajes: Doa Pancha an no poda comprender cmo abuela haba recibido, con aire de visita, a uno de esos gringos bodegueros, deca ella recalcando la palabra con retintn. Ella no poda entenderlo y menos disculparlo. Entre tener una via y tener bodega para hacer vino haba un abismo infranqueable. Eran dos castas distintas, y la Pancha se haba constituido guardin insobornable de esa separacin . Los criollos, que se agrupan bajo la proteccin de la seora y sus descendientes, ven como algo degradante el trabajo en la via, pues nacieron para domar potros y para hacer tareas que exijan valor y destreza: Los criollos no somos muy guapos pa estos menesteres, eso di andar cortando racimitos son cosas pa los
gringos y las mujeres haba dicho Eulogio-. Ahora, lidiar con toros, jinetear potros, trenzar tientos de cuero crudo, marcar animales, sas son cosas di hombre y hasta si se trataba de dar una manito para cargar las canecas, entonces se ajustaban el cinto y la faja, acomodaban el cuchillo en la cintura, y no le hacan asco a juerciar un poco . En el Segundo Libro de Adn Buenosayres (15), de Leopoldo Marechal, los personajes se trenzan en un debate acerca de las responsabilidades de criollos y de gringos. Samuel Tesler, filsofo villacrespense, exclama: Estoy harto de or pavadas criollistas (...). Primero fue la exaltacin de un gaucho que, segn ustedes y a m no me consta, haragane donde actualmente sudan los chacareros italianos. Y ahora les da por calumniar a esa pobre gente del suburbio, complicndola en una triste literatura de compadritos y milongueros! . En un conventillo rene a sus discpulos Jos Luna, personaje de Marechal en Megafn: En la sala nica del pgil se juntaban sin armonizar el comedor, el dormitorio y una cocina de lea, cuyo tiraje psimo fue un manantial de humo que, sin embargo, nunca molest en adelante ni a Jos Luna ni a sus tres discpulos, en las discusiones que mantuvieron sobre las metforas del Apocalipsis. Los tres discpulos eran Juan Souto, llamado el gaita, Vicente Leone, o el tano, y Antenor Funes, conocido por el salteo (16). Syria Poletti narra en Gente conmigo lo sucedido a una pareja italiana: El lleg primero; trabaj duro y construy la casa. Entonces se casaron por poder y ella tom el barco. Un barco hacia Amrica, hacia l, hacia el nuevo hogar. Durante la travesa la contagi el tracoma y no pudo desembarcar. Las prescripciones sanitarias no lo permitieron. Y l tampoco pudo subir a la nave. Debi conformarse con agitar el pauelo desde el muelle cuando el buque zarp de regreso a Italia . La narradora sabe bien por qu sucedi eso a la infortunada pareja de emigrantes: Ella haba contrado el tracoma por viajar junto a algn enfermo clandestino. Un enfermo a quien alguien un mdico o un traductor- habra posibilitado el embarco eludiendo o alterando un diagnstico (17). En Hacer la Amrica, de Pedro Orgambide, aparecen varios italianos. Los ms importantes son Enzo Bertotti, Giovanni Valetta y Gina Spaventa (18). Carolina de Grinbaum narra en La isla se expande, la forma en la que una nia aprende otra lengua. En un conventillo recalaron una mujer italiana y sus dos hijas, apenadas an por una desgracia familiar: Tenemos instalada en una habitacin prxima a la gentil seora que llega al casern un da, a acomodar su viudez ya las dos hijas casi adolescentes a un nuevo ambiente, lejos de sus tristezas que permanecan adheridas al duelo paternal. Llenaban las jvenes sus horas y lgubres espacios, con cantos entonados en la dulce lengua de su lugar de origen: la alta Italia. La ms grata variedad de composiciones que hasta entonces
haba tenido Mariana la oportunidad de conocer, vibraban a diario, todas ellas deleitaban sus odos. No dispona siquiera de un modesto aparato de radio, cuya adquisicin en esos momentos en especial, resultaba inaccesible a su padre. En un acompaamiento desafinado pero voluntarioso, hizo Mariana un aprendizaje veloz de las letras y las melodas con las que pudo acceder al conocimiento de un nuevo idioma, canto y msica, al mismo tiempo. De esa manera lo entenda cuando intervena con su voz, haciendo coro" (19). En esa novela, la pequea protagonista evoca sus sensaciones ante la comida de una familia italiana: Mi olfato hambriento extenda los tentculos a fin de transferir los perfumes de la comida cercana, hasta mi desabrido plato. Escudriaba las sopas que deglutan, el caldo sustancioso rumoreante como las olas del mar, los enormes fideos dedalito que flotaban como infinidad de barcos veleros, el abundante queso rallado, que esparcan como lluvia generosa esa lluvia que deja un olor feliz sobre las tierras secas. Salvador Petrella, personaje de Frontera sur (20), de Horacio Vzquez-Rial, muere de fiebre amarilla en el barco. Su cuerpo fue cremado en el horno del lazareto de la Isla Martn Garca. La novia que lo esperaba pone el brazo izquierdo sobre la mesa, la mano abierta, la palma arriba, y con la derecha se da un hachazo... . Esa fue la espantosa forma en que se suicid. Mara Anglica Scotti evoca, en Diario de ilusiones y naufragios (21), la vida de una inmigrante espaola, desde que, en la infancia, deja Espaa con su madre; a ellas se unir un italiano que la mujer conoce a bordo. Padrazo chapurreaba bastante el espaol; lo vena practicando desde antes de embarcarse en Gnova , dice la protagonista de la novela que mereci el premio Emec 1995/6. Andrs Rivera es el autor de Guido (22), protagonizada por un italiano a quien se le aplica la Ley de Residencia. Reflexiona el inmigrante: Estoy aqu, en un camarote o calabozo, de dos por dos y medio, tirado en una roosa cucheta, vestido, el cigarrillo en la mano, roja la brasa del cigarrillo, y sobre m, encendida, una lmpara que ellos rodearon con tiras de metal. Idiotas, creen que trasladan a suicidas. S quin soy. Soy un tipo que lleg, joven, y tan tierno que, ahora, hoy, no me reconozco en esa estampa de vctima de algn estrago arrasador de la Naturaleza que pisa las maderas y piedras del puerto de Buenos Aires . Rivera conoci a Guido: Alrededor de esa mesa se sentaban los responsables sindicales del Partido Comunista argentino, el ms incondicionalmente estalinista de Amrica del Sur. Entre ellos estaban Guido Fioravanti, Secretario General de la FONC (Federacin Nacional de Obreros de la Construccin), y mi padre. Guido Fioravanti era bajo y flaco. Msculo puro. Una cara pequea, de piel, huesos y una barba rubia de dos das. Ojos verdes y furiosos. Manos encaladas. Guido Fioravanti bajaba del andamio para
atender, hasta las primeras horas de la madrugada, sus tareas gremiales. Y yo, un chico de diez aos o algo as, asista, mudo, a esas citas vehementes, y despus, cuando ingresaron a mi recuerdo, picas. Mi madre, silenciosa. Reparta sndwiches de milanesa y vasos de vino. Aquellos hombres duros y sanos siempre tenan hambre (23). Notas 1. Lpez, Lucio V.: La gran aldea, Costumbres bonaerenses. Buenos Aires, CEAL. (Captulo). 2. Garasa, Delfn Leocadio: La otra Buenos Aires. Paseos literarios por barrios y calles de la ciudad. Buenos Aires, Sudamericana-Planeta, 1987. 3. Martel, Julin: La Bolsa. Buenos Aires, Huemul, 1979. Prlogo de Diana Guerrero. 4. Giraldes, Ricardo: Don Segundo Sombra. Buenos Aires, CEAL, 1979. 216 pp. (Captulo). 5. Gutirrez, Eduardo: Juan Moreira. Buenos Aires, CEAL, 1980. (Captulo). 6. Podest, M. T.: Irresponsable. Buenos Aires, Editorial Minerva, 1924. 7. Argerich, Antonio: Inocentes o culpables?. Madrid, Hyspamrica, 1984. 8. S/F: en Argerich, Antonio: Inocentes o culpables?. Madrid, Hyspamrica, 1984. 9. Ocantos, Carlos M.: [Link]. 10. Sicardi, Francisco A.: Libro extrao. Buenos Aires, Imprenta Europea, 1894. 11. Holmberg, Eduardo L.: La casa endiablada , en Cuentos fantsticos. Buenos Aires, Hachette, 1957. Prlogo de Antonio Pags Larraya. 12. Pags Larraya, Antonio: Prlogo , en Cuentos fantsticos. Buenos Aires, Hachette, 1957. 13. Burgos, Fausto: El gringo. Buenos Aires, Tor, 1935. 14. Arias, Abelardo: Alamos talados. Buenos Aires, Sudamericana, 1990. 15. Marechal, Leopoldo: Adn Buenosayres. Buenos Aires, Sudamericana, 1970. 16. Marechal, Leopoldo: Megafn. Citado en Pez, Jorge: El conventillo. Buenos Aires, CEAL, 1970. 17. Poletti, Syria: Gente conmigo. Buenos Aires, Losada, 1962. 18. Orgambide, Pedro: Hacer la Amrica. Buenos Aires, Bruguera, 1984. 19. Grinbaum, Carolina: La isla se expande. Buenos Aires, ig, 1992. 20. Vzquez-Rial, Horacio: Frontera Sur. Barcelona, Ediciones B, 1998. 21. Scotti , Mara Anglica: Diario de ilusiones y naufragios. Buenos Aires, Emec, 1996. 22. Rivera, Andrs: Guido, en Para ellos, el Paraso. Buenos Aires, Alfaguara, 2002. 23. Rivera, Andrs: El hombre que nadie pudo comprar , en La Nacin, Buenos Aires, 3 de marzo de 2002. Varios Esther Goris es la autora de Agatha Galiffi, la flor de la mafia, obra acerca de una joven mujer quien luch en los aos 30s, pese a su corta edad, contra la mafia imperante en Buenos Aires. La novela fue publicada por la editorial Sudamericana, y fue elegida por el jurado de la Feria del Libro, como una de las destacadas de este ao (1). Fue la novela ms vendida del ao 2000 (2). En esa novela (3), junto al siciliano Galiffi, padre de la protagonista, Goris presenta calabreses, napolitanos y piamonteses, adems de inmigrantes no italianos. Notas 1. Salinas, Martn: Esther Goris present dos proyectos para filmar en San Luis , en El Diario de la Repblica, San Luis, 13 de julio de 2005. 2. S/F: Entrevista con Esther Goris 'Quiero devolver en San Luis lo que la vida me ha dado' , en El Diario de la Repblica, San Luis, 22 de enero de 2006. 3. Goris, Esther: Agatha Galiffi, La flor de la mafia. Buenos Aires, Sudamericana, 1999. 415 pp.
En conjunto Relata el narrador, en Una ciudad junto al ro, de Jorge Isaac: Los italianos que forman la corriente numrica ms importante en este tiempo- lo hacen en grupos compuestos por una o muchas familias que cantan, ren o gritan tanto como pueden, volcando su entusiasmo contagioso y vital. Son los barulleros por excelencia. Y parece que el puerto, luego que ellos pasan, necesitase cuanto menos un par de das para reponerse de tanto ruido y retornar a su estado de serena quietud (1). En Moira Sullivan (2), de Juan Jos Delaney, la protagonista escribe una carta fechada en 1932, en la que expresa: Debo decir que pese a que los hijos de Ern se jactan de haberse integrado con el resto de la poblacin, la verdad no es exactamente as. Tienen sus propios colegios, sus propios templos y clubes, y quien comete la osada de casarse con un nap (napolitano y por extensin italiano?) o con un gushing (derivado, probablemente, del verbo ingls to gush, que significa hablar con excesivo entusiasmo y que es un neologismo para aludir a los gallegos y tambin por extensin a los espaoles), se aslan o son lenta pero inexorablemente segregados. En verdad esto ocurre con casi todas las comunidades extranjeras que se han radicado ac: rabes, armenios, ucranios y, muy especialmente, judos. Para no hablar de los britnicos que a su injustificado desdn agregan cierto cinismo ancestral . Tnkele, bielorrusa sobreviviente de Auschwitz, es uno de los personajes de Hija del silencio, de Manuela Fngueret. A ella Se le mezclan las historias con la suya. La llegada a Buenos Aires, el primer da de trabajo en la fbrica de camisetas a unas cuadras de la casa de sus primos. All emplean tambin a otras mujeres inmigrantes como ella: italianas, espaolas o polacas, con las que casi no intercambian palabra en agotadoras jornadas de trabajo. Una Babel de rostros e idiomas (3). En La logia del umbral, de Ricardo Feierstein, narra uno de los personajes, que viva en Villa Pueyrredn, a mediados del siglo pasado: Por las maanas, en la escuela pblica donde todos concurramos, conviv con el ingls Stanley y el italiano Badaracco, protagonistas de una pelea memorable donde vi correr sangre por primera vez; con el galleguito Prez y un francs medio raro que se haca dibujos en las manos con hojitas de afeitar (4). Notas 1 Isaac, Jorge: Una ciudad junto al ro. Buenos Aires, Marymar, 1986. 2 Delaney, Juan Jos: Moira Sullivan. Buenos Aires, Corregidor, 1999. 3 Fingueret, Manuela: Hija del silencio. Buenos Aires, Planeta, 1999. 4 Feierstein, Ricardo: La logia del umbral. Buenos Aires, Galerna, 2001. Japoneses En Flores de un solo da (1), Anna Kazumi Stahl evoca a una inmigrante que llega a la Argentina: Se paraliz un instante antes de lanzarse al mundo externo: desde chica sufra tanto miedo a la calle. Se deba a que, japonesa de origen y nacida en 1937, haba visto la Segunda Guerra Mundial hacer su tremenda
carrera y terminar en derrota antes de cumplir los nueve aos de edad. Peores eran sus circunstancias, porque a causa de una enfermedad infantil haba quedado sin habla, con daos en el centro del habla del cerebro, y no poda entender las explicaciones que le daban la empleada domstica y el coronel mismo, su padre . Acerca de la escritora y su obra, expresa Martn Kohan: la riqueza narrativa y la intensidad de los climas que logra la novela responden a la manera en que todo eso se potencia con los enigmas de un viaje inexplicado, con el dramatismo ajustado de una historia que proviene de la Segunda Guerra Mundial, con la sutil manera en que se deja ver el pasado en el presente, con la complejidad sin rebuscamientos de un personaje como Hanako (y su expresividad sin palabras) o como Aime (oscilando entre su deseo de saber y su deseo de no saber qu es lo que se aloja exactamente en el pasado de su historia familiar) (2). Con Gaijin. La aventura de emigrar a la Argentina (3), Maximiliano Matayoshi gan el Premio Primera Novela UNAM-Alfaguara, otorgado por el Jurado integrado por Mario Bellatin, Sandra Lorenzano, Jorge F. Hernndez, Mnica Mansour y Alberto Vital. En esa obra, relata un adolescente, poco antes de dejar Okinawa: Quiero que vayamos todos juntos, dije. Mam me mir y me tom de las manos. No podemos ir todos, no tenemos el dinero, adems Yumie es chica para viajar y yo debo quedarme a cuidarla. Irs solo. Si tu pap estuviera sera diferente, dijo . Entrevistado por Flavia Costa, l seal: La novela combina dos realidades. Es la historia de mi padre en los itinerarios Hong Kong, Singapur, Ciudad del Cabo, Buenos Aires, Mendoza, pero los personajes y sus relaciones son escenas de mi vida. Siempre escribo a partir de experiencias reales. (...) Los personajes pueden ser inventados, porque son siempre aspectos del propio escritor, pero si uno quiere escribir algo intenso, hay que respirar el clima, el ambiente donde ocurri la historia (4). Tardo es el funeral de una japonesa. Oshiro Tana, personaje de Virgen, de Gabriel Bez, se hizo clebre en una tarde cuando la polica descubri que conviva con el cadver de su legtima esposa desde haca por lo menos dos aos. Era tanto el amor del japons por su mujer que a la hora de su muerte la vaci, la limpi con acarona y formol y la rellen con estopa para conservarla a su lado. El bonsai conyugal pareci funcionar mejor que el matrimonio mismo, pues durante esos dos aos Oshiro Tana no slo continu compartiendo el progreso de las flores junto a su esposa sino que adems empez a prepararle sus platos favoritos y a festejarle los aniversarios. El da en que lo descubrieron ella estaba tomando el caf con leche en la cama, y pareca tan verdica y lozana en su desayuno que apenas si sospecharon cuando vieron que
no mojaba la medialuna. Lo que ms le impresion al padre Bernardo fue la dulzura tranquila de la mujer; tanto, que no supo si rezarle un responso o concederle la extremauncin (5). Notas 1. Kazumi Stahl, Anna: Flores de un solo da. Buenos Aires, Seix Barral, 2002. 336 pp. 2. Kohan, Martn: RELATOS La encarnadura de los recuerdos , en Clarn, Buenos Aires, 11 de enero de 2003 3. Matayoshi, Maximiliano: Gaijin. La aventura de emigrar a la Argentina. Buenos Aires, Alfaguara, 2002. 4. Costa, Flavia: "GAIJIN. De nombre extranjero Un relato de viaje, de migracin y recuerdo , en Clarn, 21 de junio de 2003. 5. Bez, Gabriel: op. cit. Libaneses En 1988, durante la Feria del Libro, el doctor Ren Barn entreg personalmente a Jorge Isaac el premio que lleva su nombre, distinguiendo a Una ciudad junto al ro (1) como la mejor novela editada durante los aos 1986 y 1987. El jurado que lo otorg -designado por la Sociedad Argentina de Escritoresestuvo integrado por Luis Ricardo Furln, Ral Larra y Juan Jos Manauta. La novela fue presentada en la Unin Arabe por el profesor Elio C. Leyes - escritor y presidente de la Universidad Popular, autor de Voz telrica de Gerchunoff, editado por el Ateneo Judeo Argentino 19 de abril de Rosario , quien seal que el libro bien poda llamarse Los gauchos rabes, en justo parangn segn dijo-con la celebrada obra de Gerchunoff, en la cual no debe haber escritor que haya profundizado tanto como l (2). El Gobierno de Entre Ros la declar, por iniciativa del Consejo General de Educacin, de lectura complementaria en las escuelas superiores de la provincia, a partir del sptimo grado, recomendando su utilizacin en la enseanza. La obra est dedicada a los inmigrantes rabes sirios y libaneses- y, por natural extensin, a espaoles, italianos, alemanes, judos, suizos, rusos, polacos, yugoslavos, y de cuanto otro origen y procedencia ms, que se lanzaron un da por los riesgosos caminos del mar a la aventura de hacer la Amrica .Partiendo de su propia etnia, la mirada de Isaac se vuelve abarcadora, hasta incluir a hombres de diversa procedencia, cuya gesta evoca. Notas 1. Issac, Jorge E.: Una ciudad junto al ro. Buenos Aires, Marymar, 1986. 2. S/F en: Gonzlez Rouco, Mara: Jorge Isaac, novelista de la inmigracin rabe , en La Capital, Rosario, 24 de julio de 1988. Imagen de la portada enviada por Gabriela McEvoy, California, Estados Unidos Lituanos En La logia del umbral, de Ricardo Feierstein, uno de los personajes: afirma: Incluso, antes de la guerra, vinieron judos de Alemania, Holanda y Polonia. Esto era Sin para ellos, la tierra de la libertad, de la leche
y la miel, donde pudieron salvar sus vidas y tratar de rehacerlas. Ms polacos y lituanos llegaron despus, en los aos 40 (1). Notas 1. Feierstein, Ricardo: La logia del umbral. Buenos Aires, Galerna, 2001. Polacos Con El agua publicada pstumamente en 1968, culmina la importante produccin de Enrique Wernicke(1915-1968) (1). En este libro, el escritor evoca el menosprecio que un personaje evidencia por su descendencia: Era una casa para vivir bien. Ahora que las chicas crecan, tal vez hubiese venido bien otro bao o, por lo menos, un toilette. Pero don Julio pensaba que las chicas algn da se iban a casar y adems, no olvidaba, l tambin tendra que morir. Un bao es suficiente cuando se convive con gente bien educada... como l. O Julito. No se poda decir lo mismo de las nietas, hijas de una hija de un judo polaco, sin eso imperceptible, casi diramos inexplicable, que se llama tener sangre inglesa en las venas (2). En 1988, durante la Feria del Libro, el doctor Ren Barn entreg personalmente a Jorge Isaac el premio que lleva su nombre, distinguiendo a Una ciudad junto al ro (3) como la mejor novela editada durante los aos 1986 y 1987. El jurado que lo otorg -designado por la Sociedad Argentina de Escritoresestuvo integrado por Luis Ricardo Furln, Ral Larra y Juan Jos Manauta. La novela fue presentada en la Unin Arabe por el profesor Elio C. Leyes - escritor y presidente de la Universidad Popular, autor de Voz telrica de Gerchunoff, editado por el Ateneo Judeo Argentino 19 de abril de Rosario , quien seal que el libro bien poda llamarse Los gauchos rabes, en justo parangn segn dijo-con la celebrada obra de Gerchunoff, en la cual no debe haber escritor que haya profundizado tanto como l (4). El Gobierno de Entre Ros la declar, por iniciativa del Consejo General de Educacin, de lectura complementaria en las escuelas superiores de la provincia, a partir del sptimo grado, recomendando su utilizacin en la enseanza. La obra est dedicada a los inmigrantes rabes sirios y libaneses- y, por natural extensin, a espaoles, italianos, alemanes, judos, suizos, rusos, polacos, yugoslavos, y de cuanto otro origen y procedencia ms, que se lanzaron un da por los riesgosos caminos del mar a la aventura de hacer la Amrica .Partiendo de su propia etnia, la mirada de Isaac se vuelve abarcadora, hasta incluir a hombres de diversa procedencia, cuya gesta evoca. Se refiere al arribo a la nueva tierra: Los inmigrantes, aunque vengan en el mismo barco, llegan y descienden aqu de manera diferente segn sea su origen que nosotros, con slo mirarlos y hasta a veces sin orlos, hemos aprendido a determinar con riesgo escaso de equivocarnos . Seguidamente, describe el desembarco de italianos, alemanes, espaoles, judos y rabes, sealando las peculiares caractersticas de
cada grupo. Describe el desembarco de un polaco enfermo: Lleg la segunda tanda de polacos. Uno, vino enfermo. Lo bajaron dificultosamente del barco, lo llevaron casi arrastrndolo sobre la larga planchada y luego, alzndolo en vilo, lo trasladaron hasta debajo de los rboles donde se hallaban, en varios grupos, los dems. (...) De vez en cuando retorcase y gema, sin abrir los ojos. (...) Media hora despus, lleg la ambulancia. Un carretn ttrico, tirado por cuatro alazanes bien alimentados, muy parecido a otro que sirve de fnebre pero del que tiran unos caballos renegridos. Casi podra decirse que la variante consiste tan slo en el color de los animales. Lo cargaron al enfermo sin que l se diese cuenta. Mantena los ojos cerrados y los miembros blandos, sin fuerza, exhalando de vez en cuando un gemido corto . Un largo rato despus, el narrador recibe el legado del polaco: una bolsa conteniendo una colchoneta, varios tarros ennegrecidos por el humo de las fogatas y un paquete con hierbas de varias clases (5). El libro de los recuerdos, de Ana Mara Shua, es la novela de una familia argentina, con sus abuelos inmigrantes, hijos comerciantes y nietos atorrantes. Una sucesin de afectos y de envidias, de nacimientos y de penas, de matrimonios pblicos y de amores prohibidos. Sin grandes escndalos, sin secretos horrendos ni crmenes brutales: con la cuota de humor, de fracaso y ternura que corresponde al pas que, vaya uno a saber por qu, eligieron nuestros abuelos o sus padres para sufrir y gozar (6). Es el patriarca de esta familia el abuelo que, en la juventud, debi empezar a llamarse Gedalia Rimetka, dejando de lado su nombre verdadero. En Polonia, donde coma papas todos los das, esper escondido que falleciera algn paisano ms o menos parecido para heredar su identidad, y poder as emigrar: Muri Gedalia Rimetka, medianamente joven, de bigotes. Con su documento fue el abuelo al consulado de Amrica, la verdadera, la del Norte, y le dijeron que no. No lo bastante joven muri Gedalia, no lo bastante joven como para pasar por el abuelo. En Polonia siempre haca fro, siempre haba nieve. Cuando se derreta la nieve, haba mucho barro. El barro tambin era fro. El barro de Tomachevo cruz el abuelo, que quera cruzar el mar. Y lleg al consulado de esta pobre Amrica. All, le haban dicho, no se fijan mucho, no entienden nada, les da lo mismo. All tambin es Amrica, aunque no tanto. Lo que vale es salir de Europa, lo que vale es cruzar el mar. Desde una Amrica ya ser posible llegar a la otra. Y no se fijaron, o no les import, o no entendan nada, y el abuelo pudo ponerse en camino para cruzar el mar (7). En La isla se expande, Carolina de Grinbaum presenta a una familia judeo-polaca: No puedo dejar extraviados en el ingrato olvido al matrimonio judeo-polaco y su hija, gnomos que poblaban uno de los cuartos intermedios dentro de esa casa de sorpresas. La mujer, aun en su corpulencia y aparente acritud,
era modesta hasta lo invisible, tan hacendosa y esforzada que lindaba con lo increble. El hombre, como corresponde a su naturaleza de duende, siempre oculto. Enfermo y resignado trataba de cubrir con su propio y esmirriado cuerpo el panorama ttrico de los frecuentes accesos, escupitajos y dems sntomas evidentes del mal que lo volcara inexorablemente al fin. Marianita senta cario y respeto, en especial hacia esa esposa y madre, geniecillo movido por el amor. En un afn constante por tratar de alimentar y alegrar a la familia, la seora Matilde se era su nombre- pasaba largas horas dentro de la cocina, manipulando ollas y sartenes de las que finalmente extraa los mejores manjares elaborados a la manera europea. Al suponer que para obtener esos excelentes resultados frotaba las cazuelas como lo hiciera el legendario Aladino con su lmpara maravillosa, no dejaba de observarla. Gracias a Matilde adquiri buen gusto y habilidad para la cocina (8). Un personaje de Mestizo, novela de Ricardo Feierstein, relata por qu emigraron sus padres: Moishe Brej realmente no quera venir a la Argentina, pero qu iba a hacer? Se fueron los hijos mayores y despus me fui yo, luego Carlos con mi hermana. Quin quedaba? Nadie, salvo Jacobo, que vino con ellos, en 1936. Cuando viajaron ya haba guerra civil en Espaa, salieron justo, justo. En Polonia quedaron otros parientes, tos y primos: nunca ms supimos algo de ellos. La zona de Lemberg fue muy castigada durante la Segunda Guerra, los alemanes entraron all. Me contaron despus que han hecho un verdadero desastre de mi pueblo. Fue una masacre en el centro, la zona de la feria, donde vivan las famlias judas. A los ucranianos no les hicieron nada, porque estaban con ellos. Pero de los nuestros no qued ninguno vivo. Por suerte, nosotros nos fuimos antes. Dijimos no va ms ac, el futuro est muerto. Y nos fuimos (9). Liliana Daz Mindurry es la autora de Pequea msica nocturna, novela distinguida con el Premio Emec en 1998. En esa obra, ella se refiere a las ocupaciones de una inmigrante, una rubia gorda y polaca que ha dormido en la calle, que ha sido sirvienta en el colegio de la Santsima Trinidad. Y tambin prostituta los fines de semana por entretenimiento, por higiene, como dice con su acento extrao (10). Gabriel Bez relata que la Zwi Migdal era una organizacin de trata de blancas que tena en Ensenada el centro de sus operaciones. Casi todas las pupilas venan de Varsovia, engaadas por un correo que les prometa casamiento y fortuna en la nueva tierra y con el cual refrendaban un contrato que avalaban los padres de las jvenes. En cuanto pisaban puerto, deban enfrentarse sin embargo con la letra chica del contrato: la prostitucin o el remate (11). Juan Jorge Nudel presenta, en Pensin La Rosales , la historia de una inmigrante que lleg de Polonia y viaj a Rosario. Contratadas como artistas, pronto descubrieron de qu arte se trataba y siguieron el camino
como les fue trazado . Ella le dice a su hija, que se avergenza del trabajo de la madre: -No me mires con esa cara, escuchme, vinimos con contrato de trabajo para salir de Polonia; era probable que debimos asegurarnos mejor, pero no lo hicimos. Una vez aqu, hubo que defenderse . La hija, a su vez, evoca: Se escucharon rumores de la guerra en Europa, de la persecucin a los judos y mi mam pensaba en su familia. Nunca supe nada de ellos. Mi mam slo saba lo que recordaba hasta el da anterior a subir al barco. Subi sola y baj acompaada por otras contratadas. Nadie fue a despedirla y nadie fue a recibirla (12). El polaco Sovotnik, personaje creado por Mara Rosa Lojo en Las libres del Sur, dice: Nunca fui un gran seor ruso, pero s el heredero de un buen comerciante polaco. Por qu cree que ahora soy portero? Ya sal de Varsovia con la mitad de mi herencia gastada, y me acabaron de desplumar en Pars. Por eso estoy aqu, limpiando casas y vigilando puertas, ya que ni estudio ni oficio tengo. Menos mal que no me falta alguna facilidad para los idiomas (13). En Kadish para el hombre de la valija (14), de Mauricio Goldberg, Samuel Glezer, un pequeo comerciante casado y con dos hijos adolescentes, es el responsable de exhumar el recuerdo de su padre, sbitamente fallecido. Su hermano es una figura ausente y su madre oscila entre la sobreproteccin y la melancola; ambos parecen desentenderse a su modo del duelo que toda prdida conlleva. A instancias de su madre, Samuel escribe a los amigos de su padre, como l emigrantes forzados y sobrevivientes del exterminio nazi. A medida que recibe sus respuestas, Samuel se ve involuntariamente impulsado a un viaje en la memoria, que lo llevar a recordar su adolescencia en Colonia Doctor Levin y a rescatar situaciones y voces que resuenan en la identidad del pueblo judo. A travs de una voz narradora prdiga en emocin contenida, Mauricio Goldberg ofrece en esta novela una reconstruccin de la figura paterna, al tiempo que reflexiona sobre los ciclos implcitos en toda vida (15). En El infierno prometido (16), de Elsa Drucaroff, Dina anuncia a su madre que no se casar an, pues seguir estudiando. Su padre la apoya en esa decisin, y costea los estudios de la joven. La madre, furiosa, la amenaza: Vos vas a terminar en Buenos Aires! . Poco despus, el vaticinio materno comienza a cumplirse: Dina es violada por un compaero de estudios. Este hecho trae la vergenza a la familia, y el desprecio de quienes los conocen. Es entonces cuando aparece un hombre que llega desde la Argentina, buscando novia para casarse. El habla con el padre de una joven juda polaca. Seor Hamer, yo soy un hombre prctico dijo sonriendo-. Busco una buena juda trabajadora que pueda manejar mi casa y criar a
mis hijos. Buenos Aires es una gran ciudad, con costumbres diferentes. No es fcil encontrar chicas bien preparadas para el matrimonio en una ciudad grande. Y en el caso de su hija, precisamente por lo que ella vivi, s que va a valorar lo que voy a darle, y me lo va a retribuir como merezco. Porque va a ser muy difcil que encuentre a otro que pueda y est dispuesto a dar lo que yo estoy ofreciendo . En La rabina, escribe Silvia Plager: Poca atencin le haba prestado Esther a la msica, pero de pronto el solo de violn la arrastr a un misterioso mbito y en l su madre le volvi a contar que cuando se declar el Estado de Israel, pap tom el violn y se puso a tocar, a pesar de que slo lo haba aprendido de chico y mal, como si Shmuel, su virtuoso hermano mayor asesinado por los nazis lo guiara... (17). En BLACKIE con todo respeto. Biografa novelada (18), Myriam Escliar se refiere a Iedidio Efron, padre de la protagonista. Notas 1. S/F: en Wernicke, Enrique: El agua. Buenos Aires, CEAL, 1980. (Captulo) 2. Wernicke, Enrique: El agua. Buenos Aires, CEAL, 1980. (Captulo). 3. Isaac, Jorge: Una ciudad junto al ro. Buenos Aires, Marymar, 1986. 4. S/F: en La Capital, Rosario 5. Issac, Jorge E.: op. cit. 6. Shua, Ana Mara: El Libro de los Recuerdos. Buenos Aires, Sudamericana, 1994. (contratapa). 7. Shua, Ana Mara: El Libro de los Recuerdos. Buenos Aires, Sudamericana, 1994. 8. Grinbaum, Carolina de: La isla se expande. Buenos Aires, ig, 1992. 9. Feierstein, Ricardo: Mestizo. Buenos Aires, Planeta, 1994. 10. Daz Mindurry, Liliana: Pequea msica nocturna. Buenos Aires, Emec, 1998. 11. Bez, Gabriel: op. cit. 12. Nudel, Juan Jorge: Pensin La Rosales . Buenos Aires, Editorial Mil, 2002. 13. Lojo, Mara Rosa: Las libres del Sur Una novela sobre Victoria Ocampo. Buenos Aires, Sudamericana, 2004. 14. Goldberg, Mauricio: Kadish para el hombre de la valija. Buenos Aires, Galerna, 2005. 15. "Kadish para el hombre de la valija", Mauricio Goldberg, Galerna, 2005 El Da, La Plata. 23 de Abril de 2005 16. Drucaroff, Elsa: El infierno prometido Una prostituta de la Zwi Migdal. Buenos Aires, Sudamericana, 2006. 336 pp. (Narrativas histricas) 17. Plager, Silvia: La rabina. Buenos Aires, Planeta, 2006. 18. Escliar, Myriam: BLACKIE con todo respeto. Biografa novelada. Buenos Aires, Mil, 2007. 262 pp. (novela biogrfica) Portugueses Carlos Mara Ocantos es el autor de Quilito (1), una de las tres obras ms representativas del Ciclo de la Bolsa (las otras dos son La Bolsa, de Julin Martel, y Horas de fiebre, de Segundo Villafae). Andrs Avellaneda seala que dos grandes grupos de novelas filiadas en mayor o menor grado al naturalismo, se refieren a los temas decisivos en el momento ochentista: el inmigrante y la fiebre financiera (2). En Quilito, estos temas aparecen entrelazados, al tiempo que se transmite una visin selectiva sobre la inmigracin europea, destacando las virtudes de los ingleses y tolerando a los latinos.
En 1888 apareci Len Zaldvar, de Ocantos. Adolfo Prieto afirma que el escritor inici con esta novela una larga serie de obras dedicadas, en lo fundamental, a reflejar diversos aspectos de la realidad argentina. Con Quilito (1891), El candidato (1893), Tobi (1896), el ciclo alcanz sus logros ms felices, pero por su ubicacin cronolgica y sus temas especficos, estas obras sern consideradas como representativas de la novelstica de la dcada del 90 (3). A criterio de quien escribe este texto preliminar, Quilito no se centra exclusivamente en la quiebra de la Bolsa y en sus derivaciones. (...) La difcil y conflictuada sociedad del noventa encuentra en Quilito un reflejo fiel y acabado. En sus pginas qued impreso para siempre el retrato de las costumbres, las formas de ser, de relacionarse y de sentir en las que se gest la esencia del argentino de hoy (4). En la obra aparecen inmigrantes de distintas nacionalidades, a los que Ocantos retrata en forma diferente. Siente predileccin por el personaje ingls, en el que hace encarnar todas las virtudes, al tiempo que demuestra desdn por los italianos. El portugus, en cambio, le parece corrupto y oportunista, a juzgar por los apelativos con que lo evoca. Ocantos no se cierra a la postura generalizada en su poca, que consista en combatir la inmigracin. El advierte los rasgos buenos en los criollos y en los inmigrantes, y tambin sabe ver en ambos grupos los procederes que evidencian la decadencia moral y que llevan a una existencia desgraciada o, incluso, a la muerte. El portugus era el usurero Raimundo de Melo Portas e Azevedo. De los italianos de Ocantos puede decirse que no tenan muchas luces, ni una educacin refinada, en cambio el lusitano era para el autor una persona ruin. Lo define como el ngel protector de empleados impagos y pensionistas atrasados, el agente de funeraria de toda quiebra, el cuervo voraz de toda desgracia, el pastor de los hijos de familia descarriados . Vemos que utiliza tambin en esta oportunidad la comparacin con animales, como lo hiciera con los italianos, pero el sentido es bien distinto. A pesar de sus condiciones para vivir indignamente, el portugus no es el peor en esta historia; alguien lo supera, y es, paradjicamente, un criollo, para demostrar que Ocantos no es prejuicioso: entre don Raimundo y l, igualmente criminales y condenados a la misma pena por la opinin pblica, haba una capitalsima diferencia: la que existe entre el ladrn y el ratero, no porque el portugus se contentara con pequeos robos al por menor, que era un pez de primera magnitud, sino porque ante las hazaas de don Bernardino, quedbase en mantillas . Eugenio Juan Zappietro escribi De aqu hasta el alba (5), novela en la que narra lo acontecido a colonos, soldados e indios durante la Conquista del Desierto, en el ao 1879. El lder de esta gesta fue Julio Argentino Roca, el joven y brillante militar prestigiado por el xito de la
campaa que concluy con el dominio del indio en el desierto , as lo define Adolfo Prieto (6). La Conquista del Desierto fue a criterio de Exequiel Csar Ortega- uno de los hechos y factores que dieron nueva tnica a nuestra Argentina moderna. (...) La empresa decisiva del General Julio Argentino Roca (18781879) y las complementarias hasta 1884, terminaron con el pleito secular. Se tuvo el control territorial en momentos de casi inminente guerra con Chile por la posesin de la Patagonia. Los caciques resultaron vencidos, se entregaron como Namuncur; fueron apresados como Pincn y otros como Baigorrita combatieron hasta el fin. Sus escasas gentes (pocos guerreros sobrevivientes y chusma o no combatientes, mujeres, ancianos y nios) esperaron a merced de los vencedores, o huyeron, transmitindose su alarma y su miedo mediante las seales de humo que describe Zeballos. Estos ya no eran los centauros que domesticaban sus caballos de guerra sin castigarlos, ni los giles y huidizos maloneros. Eran los integrantes del ocaso, descriptos por Estanislao S. Zeballos en Viaje al pas de los araucanos (7). Por el tema que aborda, la obra de Zappietro se inscribe en la vertiente de la literatura de fronteras , que ha tenido grandes cultores. Prieto considera que la Argentina moderna parece no guardar rastros del problema que la agitara rudamente durante medio siglo, luego de convertirse en una no resuelta herencia de la Colonia. El importante ciclo de la literatura de fronteras, con Callvucur, los ya mencionados libros de Mansilla y de Barros, los artculos periodsticos de Hernndez, la prdica de Nicasio Oroo, el simple material de informacin cotidiana recogida durante aos en diarios como La Prensa de Buenos Aires y La Capital de Rosario, y los registros de testigos calificados, como Ignacio Jos Garmendia en Cuentos de tropa (Entre indios y milicos) (1891), el Comandante Prado en La guerra al maln (1907) e Ignacio Fotheringham en La vida de un soldado (reminiscencias de la frontera) (1908), vienen a recordarnos la inconsistencia de esa opinin o prejuicio . En la novela de Zappietro, varios inmigrantes comparten con los criollos y los indios un destino aciago. Se trata de hombres que se alejaron de la civilizacin, por su voluntad o por causas ajenas a ella, y se ven envueltos en una historia que les permitir mostrar su grandeza o su cobarda. Un portugus se ofrece como voluntario para defender el fuerte 36 del Ejrcito Nacional Argentino. Lucharan doscientos bomberos de lanza contra veintids idiotas , en una contienda que tendra como hroes al capitn Crdenas, a Paula Bary y a un indio converso. Era Martins, el portugus, a quien las bajamares haban hecho recalar all, como ltimo puerto , un hombre delgado, macilento, comido por la malaria , que tena un poderoso motivo para luchar: -Me mataron una china en Ital dijo-. Me dije que iba a arrancarle las tripas a cien puercos de sos. Todava no cumpl . Seguramente, le lleg el fin antes de poder concretar su propsito.
En la cubierta del barco escribe Alicia Dujovne Ortiz, en El rbol de la gitana-, los judos rezaban hamacndose hacia delante y hacia atrs. El movimiento del mar les cuadruplicaba el balanceo. Una hiertica madre portuguesa derramaba sus senos sobre dos criaturas ya mayores, que mamaban sin pausa. De a ratos, los tres interrumpan la tarea para vomitar sobre un talit que alguna vez fue blanco, abandonado por su dueo que, por lo menos, vomitaba de boca al mar (8). Hija de un italiano y una espaola, Regina Pacini naci en Lisboa en 1871. En Regina y Marcelo (9), Ana Mara Cabrera recrea la historia de amor entre la soprano y el presidente; la suya es una novela de pasiones, renunciamientos, xitos y fracasos, y por sobre todo, la historia de un amor indestructible (10). La boda de Marcelo T. de Alvear y la famosa soprano portuguesa Regina Pacini despert los ms insidiosos comentarios de la sociedad portea, que no poda admitir que el soltero ms codiciado del ambiente se casara con una artista. Cuando Alvear asume la presidencia de la Nacin en 1922, Regina se convierte en la Primera Dama del siglo XX. Y, a pesar de la injusta indiferencia de los argentinos, demuestra la generosidad de su alma al crear la Casa del Teatro, un emprendimiento por entonces nico en el mundo, destinado a la proteccin de sus colegas artistas (11). Norma Prez Martn se refiere a esta obra y al contexto en el que surge: Si bien los personajes que enuncia este ttulo no son desconocidos, merece destacarse el subttulo de la novela. Por qu un duetto de amor? no slo porque alude a la relacin de Regina Pacini con Marcelo T. de Alvear, sino porque la msica justifica en esencia a la protagonista y ofrece recursos discursivos metafricos y sonoros a la novelista. La famosa soprano portuguesa Regina Pacini, al casarse con el privilegiado y donjuanesco Marcelo (que llegara a la presidencia de la nacin) traa una rica y exitosa carrera artstica desarrollada en los ms importantes teatros lricos de Europa. Reconocida y aplaudida por gobernantes, reyes y afamados maestros de la pera, abandonar la fama y los escenarios por amor y sumisin a su marido. Marcelo, amante de la msica, fascinado por la voz de aquella mujer al casarse le exigir que abandone el canto. Ana Mara Cabrera con minucioso tratamiento psicolgico focaliza a estos dos personajes movidos entre la pasin, la sumisin, la entrega y el autoritarismo machista. La trayectoria de Regina no culmina como primera dama (junto al triunfante candidato del radicalismo). Ella llevar a cabo la fundacin y direccin de la Casa del Teatro. A partir de esta perspectiva la novelista acenta la sensibilidad social y la calidad humana de quin fuera menospreciada por la oligarqua portea (por su pasado como actriz). Regina Pacini decidi levantar la Casa del Teatro (que hoy perpeta su nombre en nuestra ciudad) pues le preocupaba
dar albergue a los hombres y mujeres de la escena nacional que carecieran de familiares y recursos para sobrevivir. Luces y sombras: estas y otras obras de nuestro tiempo revelan realidades opacadas o calladas totalmente por la historia oficial (12). Notas 1 Ocantos, Carlos Mara: Quilito. Hyspamrica. 2 Avellaneda, Andrs: El naturalismo y Eugenio Cambaceres , en Historia de la Literatura Argentina. Buenos Aires, CEAL, 1980. 3 Prieto, Adolfo: La generacin del 80. La imaginacin , en Historia de la Literatura Argentina. Buenos Aires, CEAL, 1980. 4 S/F: en Ocantos, C.M.: Quilito, Hyspamrica. 5 Zappietro, Eugenio Juan: De aqu hasta el alba. Barcelona, Hyspamrica, 1971 6 Prieto, Adolfo: La ideas y el ensayo , en Historia de la literatura argentina, Tomo II. Buenos Aires, CEAL, 1980. 7 Ortega, Exequiel Csar: Cmo fue la Argentina (1516-1972). Buenos Aires, Plus Ultra, 1972. 8 Dujovne Ortiz, Alicia: El rbol de la gitana. Buenos Aires, Alfaguara, 1997. 293 pp. 9 Cabrera, Ana Mara: Buenos Aires, Sudamericana, 2001. 10 S/F: Sudamericana digital , en [Link]. 11 Ibdem 12 Prez Martn, Norma: Escritoras de hoy miran a las mujeres de ayer , en [Link]. Rumanos Un personaje de Hermana y Sombra, de Bernardo Verbitsky, tiene dificultades con el castellano; el protagonista, un nio hijo de inmigrantes rusos, le presta un libro: Por la calle Campana entraba regularmente un hombre gordo, Jacobo para todos, o Jacoibos para quienes le imitaban el habla, y l a su vez llamaba Doa Mara a todas sus clientas, que le adquiran ropa, platos, y hasta muebles, siempre en cuotas semanales, nunca muy elevadas. Sal, al notar que la conversacin se prolongaba, y tambin intervine, pues eliminada ya la posibilidad de una venta, apreciamos la simpata del joven. El explic que era un judo de Rumania donde haba sido estudiante, pero obligado aqu a ganarse la vida, encontr su actual ocupacin de cuentenik. Deseaba perfeccionar su mal castellano, y a m se me ocurri una excelente idea, la de prestarle mi ejemplar del Quijote, regalo de mi padre unos meses antes. Como yo lo haba ledo, no tena inconveniente en facilitrselo por un tiempo. Qu mejor libro para practicar el espaol? (1). Julius Popper es el protagonista de Popper. La Patagonia del Oro, escrita por Daniel Ares (2). Dueo de una de las mayores leyendas de la Patagonia austral, Popper fue un emperador en potencia que sedujo a los popes de la Generacin del 80, en Buenos Aires para introducir la fiebre del oro en Tierra del Fuego, donde fund una ciudadela, acu una estampilla y una moneda propia. Tambin manej su propio ejrcito y una comisara. El Pramo, donde funcion la cosechadora fue, bajo sus dominios, el sitio ms poblado de la isla lo que deriv en un enfrentamiento con el gobernador Fliz Paz. Muri, se cree, envenenado por sus enemigos poderosos cuando, a los 35 aos, diseaba un plan para conquistar el Polo Sur y ampliar as sus dominios .
Se le doblaron las piernas y al caer quiso aferrarse a la cmoda junto a la cama, pero eran tantas las camas y las cmodas que vea y tan poca su suerte- que se agarr a la que no era, manote la nada (otra ilusin que no lo quiso), y muy dentro de s como de lejos, muy lejos-, oy el golpe seco de sus rodillas contra el piso y se fue de boca hacia la muerte suspendido en la eternidad de aquel instante que no dur un segundo y fue infinito en su segundo. As ficcion el periodista y escritor Daniel Ares la medianoche del 5 de junio de 1893, hace 110 aos, en la que el genial rumano Iulius Popper encontr la muerte posiblemente envenenado por sus enemigos, en el cuarto de un hotel porteo de la calle Tucumn al 300, cuando tena unos trajinados 35 aos de edad (3). Notas 1 Verbitsky, Bernardo: Hermana y Sombra. Buenos Aires, Editorial Planeta Argentina, 1977. 2 Ares, Daniel: Popper. La Patagonia del Oro. Buenos Aires, Alfaguara. 3 S/F: A 110 AOS DE LA MUERTE DEL RUMANO SE DESCONOCE DNDE ESTN SUS RESTOS Julio Popper, el primer desaparecido , en Tiempo Fueguino, Ushuaia, 8 junio de 2003. Rusos Mario, el protagonista de Hermana y Sombra (1), de Bernardo Verbitsky, es hijo de inmigrantes rusos. El se refiere a la pobreza que los agobiaba: Dejamos en Baha Blanca varias cuentas impagas, pero la que realmente nos preocupaba era la del lechero, (...). Tericamente, le pagbamos mensualmente los cinco litros que nos dejaba cada da pero siempre fue tolerante para el cobro, aceptando los pretextos con que explicbamos nuestra condicin de deudores morosos. En los ltimos meses no pudimos darle un centavo sin que l suspendiera el suministro de nuestro principal alimento. Nuestra conviccin, reafirmada ms de una vez por mam, era que a ese pequeo espaol bondadoso debamos el no haber muerto de hambre, sobre todo nuestra hermanita a quien no le faltaron nunca varias mamaderas diarias para suplir los pechos casi secos de mam . A criterio de Pedro Orgambide, Verbitsky es, de manera bien explcita, el novelista del alud inmigratorio de la Argentina, de los inmigrantes y de sus hijos, porque en estos prevalece todava, por imperio de la sangre, la vital intimidad de los padres (2). Pedro Orgambide escribi la triloga integrada por El arrabal del mundo, Hacer la Amrica y Pura memoria (1984-1985). En Hacer la Amrica (3) evoca a los inmigrantes que llegaban a nuestro puerto, alentados por la consigna que da ttulo a la obra. Espaoles, italianos, judos, griegos, son los protagonistas de este relato que muestra la faceta ms cruda del fenmeno social que conmovi al pas al iniciarse el siglo XX. La novela narra sucesos acaecidos en las postrimeras del siglo XIX y en los primeros aos de la centuria siguiente.
En esa novela, evoca un carnaval de la dcada del 20: Sonaban las gaitas de los gallegos. Los vascos (pantaln y camisa blanca, pauelo al cuello, boinas, alpargatas) bailaban golpeando sus palos, combatiendo en una esgrima de pies que se lanzaban al aire y volvan en un paso de danza. Los cosacos desenvainaban sus sables, degollaban a Israel Mitzer en la puerta de la sinagoga y gritaban, sudados y colricos, fidelidad al zar y a la zarina. Bailaban los capoeiras del Brasil y los gitanos y los muchachos de Barracas. Bailaban los hombres disfrazados de osos, de monos, de tigres, de gigantescos perros y caballos. Bailaban los hombres disfrazados de mujeres y las mujeres disfrazadas de hombre; bailaba el disfraz hermafrodita: mitad hombre, mitad mujer, mitad novio, mitad novia; danzaba el lanzador de dardos, el salvaje que besaba al explorador en la boca; bailaban los enanitos, los viejos, los enclenques. En el palco, las orquestitas de Retiro, de las viejas romeras, tocaban los tanguitos de otro tiempo, puro flautn, pura guitarra, pero ahora suba una orquesta tpica nacional que diriga el maestro Arrieta. Qu es lo que uno cuenta cuando est contando? se pregunta Orgambide- Seguramente, algo ms que una historia, una ancdota, un hecho, una realidad imaginada en algn momento de nuestra vida. Lo que uno cuenta, casi siempre tiene que ver con nuestra novela Familiar, con nuestro origen, con nuestra identidad, al Fin (4). Afirma el escritor: La presencia de una tipologa juda es ms notoria en la novela Hacer la Amrica (1984) donde aparece David Burtfishtz y Raquel, su mujer y su hija Liuba; la imagen patriarcal de su suegro, Israel Mitzer, las figuras de la picaresca juda como la seorita Yurkovsky o el actor Iehuda Midlin o el seor Katz, profesor de teatro. La vida de los inmigrantes judos en una colonia juda o en la ciudad, revivi en m una memoria olvidada y fui muy feliz al poder escribirla (5). En Aventuras de Edmund Ziller, Orgambide presenta adems de muchos inmigrantes de diferentes nacionalidades- a un narrador nieto de un ruso, quien afirma: descubro que Ziller se parece de una manera cruel a mi propio abuelo, al pobre abuelo loco, al chiflado que viva en un triste y oscuro cuartito cercano a la terraza, donde, a los cinco aos yo lo vi sin comprender la tempestad y el desgarramiento del exilio (...) oculto por la enfermedad y la locura del mundo que arrastra a los hombres lejos de su tierra, y que un da los devuelve, crame, como las olas de la `playa (6). En Donde sopla la nostalgia (7),novela de Mauricio Goldberg, Max Gurovitz, su esposa Fany y su hijo David emigran de Polonia donde haban emigrado anteriormente- porque Otra vez los gritos de yid atronaban la calle. El viaje haba sido intil. Se culp por haberla dejado sola mientras l iba al mercado. An tena el uniforme ruso de invlido, si no ya estara hecho pedazos. Para ellos la guerra haba terminado pero no su odio por los judos .
Seala Reiner Kornberger: Tanto el protagonista de Donde sopla la nostalgia como tambin su autor, Mauricio Goldberg, adelantan su ali para prestarle servicios a una Israel agredida por los pases rabes en junio de 1967. Los 114 prrafos de la novela narran alternativamente las vivencias del protagonista Mario en Israel desde su llegada hasta su retorno a Buenos Aires (captulos pares) y la historia de sus padres en Polonia/Rusia antes de la Segunda Guerra Mundial hasta su emigracin a la Argentina (captulos impares) (8). Hay rusos en el Chaco. Magdalena Kramenenko, uno de los personajes de Mempo Giardinelli en Santo Oficio de la Memoria, se interesa por los platos de diferentes colectividades y, cuando los cocina, es digna de elogios: "Todas cosas judas, deliciosas, bien condimentadas. Arenque ahumado, y unos blintzes, madre ma, para chuparse los dedos. Y no solamente judas porque tambin haca unas paellas que te dejaban de cama. Y no te cuento las mermeladas que preparaba: de rosa mosqueta, de grosellas, de granadas, de higos. O las ravioladas con salsa a la bolognesa o la Prncipe di Npoli, mamma ma. Tambin haca unos guisos carreros que le ense tu pap, muy delicados, porque tenan las dosis exactas de hierbas, especias extica, pizcas de esto y de lo otro, todo hecho con amor, el morfi con amor es otra cosa (9). En El rbol de la gitana, de Alicia Dujovne Ortiz (10), los Dujovne Se vistieron de negro riguroso, l con un hongo redondito en la cabeza, ella con un pauelo y, de inmediato, se encontraron extraos. Parecan vestidos con ropa ajena. La crispacin del hombro o la cadera haca chingar la falda o la chaqueta. Se las haban puesto miles de veces, pero lo que ahora las haca diferentes era la actitud de los cuerpos con el adis adentro: nadie se para del mismo modo cuando parte para siempre. Al marcharse perdan su familia y su pas pero tambin su nombre. Nadie ms los llamara Dujovne con el matiz exacto de la e, esa e tan ambigua, de origen trtaro, que se desliza entre la e y la y, mientras la lengua, casi pegada al paladar, deja pasar el aire. Lo saban tan bien, que ya apartaban de sus rostros, como espantndose una mosca, la tentativa de explicar cmo se pronunciaba el apellido, admitiendo de entrada que Dujovnie se volviera Dujovne, con una e castellana sosa y desabrida como matse sin t. (...) No se iban solos a la Argentina Sara y Samuel. La caravana rumbo al Sur era nutrida, vibrante y esperanzada. Muchos otros Dujovnes con sus perdidas letras finales viajaban para afincarse en aquel sitio del mapa de forma nadadora, pero trunca, sin brazos ni piernas: Entre Ros . Ricardo Feierstein es el autor de La logia del umbral (11),novela sobre la inmigracin juda a lo largo de cien aos. En ella cuenta el proyecto de cuatro generaciones de una familia, que se propone llegar a caballo
desde Moisesville, provincia de Santa Fe, mediante postas de dos jinetes por vez, con una caja de madera de cerezo que contiene tierra de la primera colonia juda en la Argentina y una mezuz, estuche de hueso con un trozo de papel escrito con letras hebreas, hasta la Plaza de Mayo, donde la enterrarn bajo la Pirmide. Cuando el miembro ms joven de este grupo est por concretar la iniciativa de su familia y de l mismo, al pasar frente a la AMIA, una terrible explosin lo revolea por el aire. Todo se vuelve negro rememora-, el rugido ensordecedor parece indicar que, con la oscuridad de un eclipse gigante, ha llegado el fin del mundo. En ese instante, cien aos de vida familiar y comunitaria se atropellan para desfilar ante los ojos desorbitados de mi conciencia en fuga . Entre los personajes se encuentran los fundadores de Moissville. No acompa la suerte a los pioneros. Cuando fueron al campo, pasaron Das y das sin masticar. Los nios enfermaban... . Se refiere el escritor a la colonia santafesina a la que se trasladaron desde el Hotel. All comprobaron que no tenan alimento ni dnde guarecerse: Nada hay donde todo debiera estar: ni carpas, ni elementos de labranza, ni semillas. Ni siquiera un hombre del lugar, en representacin del propietario, para entregar esas tierras tan laboriosamente adquiridas a travs del cnsul comercial argentino en Pars, que actuaba en nombre del terrateniente . Mara Ins Krimer es la autora de La hija de Singer (12), obra en la que escribe Damin Tabarovskycuenta una historia sencilla pero potente: la muerte del padre y el duelo de treinta das que segn la tradicin juda deben transcurrir hasta la despedida (13). La novela fue distinguida con el Premio del Fondo Nacional de las Artes. En La pasin de un visionario Theodor Herzl (14), Miryam E. Gover de Nasatsky se refiere a los colonos del Barn Hirsch. El Barn dialoga con Theodor Herzl acerca de la conveniencia de sacar a los judos de los lugares en los que se los oprime, pero, mientras Hirsch est orgulloso de su obra, para Herzl, no es ms que beneficencia. Adems opina Herzl-, el Barn logra salvar a unos cuantos judos, no a todos, objetivo que se lograra si existiera un Estado. Perla Suez es la autora de la Triloga de Entre Ros (15): Las tres nouvelles reunidas en este libro -Letargo, El arresto y Complot- comparten un territorio: aquel ubicado en una zona de la provincia de Entre Ros, y que es al mismo tiempo el que se halla entre los ros de la memoria. Esos espacios son a la vez la excusa y el fin de estas tres narraciones excepcionales (16). El libro ha sido traducido al ingls por Rhonda Dhal Buchanan; actualmente se traduce al italiano, francs y al alemn. En El Arresto, El canto del cosaco, el ciclo de maduracin del arroz, la palabra slida del padre signan la vida de Lucien Finz durante sus primeros aos y para siempre. Cuando la ciudad sea su nuevo mbito, los
recuerdos como voces traern las palabras con que se nombra el miedo a la plaga de la lagarta militar, el peligro de las isocas, el arrozal anegado, la paciencia del calor del verano, los graznidos de las tijeretas. El viaje de Villa Clara a Buenos Aires no es ms que un tramo que completa o simplemente contina el recorrido ms extenso y moroso de una familia de inmigrantes judo rusos que busca convertirse en habitante del suelo que pisan sus pies. Por ello, se arraigan al trabajo de la tierra primero y, cuando las lluvias continas arruinan el sueo, el hijo reanuda el camino hacia las ilusiones que augura la capital. Pero el ao 1919 dicta tambin su propio ritmo y la ciudad es una quimera convulsionada por el cruce violento de las ideas polticas (17). Acerca de Letargo se ha escrito: Lete es uno de los ros del infierno, cuyas aguas hacan olvidar el pasado. Lete es tambin el nombre de una mujer que pierde a uno de sus hijos y se sumerge en los das de solados para siempre. Queda una nia: Dborah. Con qu voz puede explicar ese letargo que se dibuja en el nombre de su madre como un destino irrevocable? Cmo se narra la enfermedad cuando an no hay palabras infantiles que la nombren?. Para reconstruir lo que se ha roto en la memoria, ella deber vagar entre sus voces, desdoblarse en nia y en mujer, en sombra y niebla. A travs del recuerdo y de la tierra, Dborah marcha hacia un pueblo de Entre Ros, donde moran el dolor de un padre taciturno y la bobe que aplasta con su mirada. Nada explica lo que una nia no debe or, lo que una nia debe callar. Ni siquiera el iddish de la bobe, el silencio del padre. Un viaje al lugar donde la muerte sigue sucediendo como una accin impuntual, constante. El desafo de volver a esa casa donde la soledad crece cada vez que el viento deja de azotar las ventanas; la necesidad de ir a buscar a la nia que fue, cuyo rostro se esfuma en la bruma plomiza del pasado (18). Deborah, la protagonista, recuerda las historias que le contaba su bobe, recolecciones que llevan al lector una gran distancia en el espacio y el tiempo, a la ciudad de Odessa a fines del siglo diecinueve. En aquel entonces, la familia de su abuela huy de los pogroms del Zar Nicols II, buscando refugio en Lyon, Francia antes de emigrar a la Argentina, donde se establecieron en una de las colonias agrcolas de Entre Ros, como miles de otros judos refugiados, incluso los antepasados de la autora (19). Con esta novela, Perla Suez fue Finalista del Premio Mundial de Literatura Rmulo Gallegos en 2001. Notas 1. Verbitsky, Bernardo: Hermana y Sombra. Buenos Aires, Editorial Planeta Argentina, 1977. 2. S/F: en Bernardo Verbitsky Nagasaki mon amour , en Abanico de la Biblioteca Nacional, Mayo de 2005, [Link]. 3. Orgambide, Pedro: Hacer la Amrica. Bruguera, 1984.
4. Orgambide, Pedro: La literatura en tiempos de intolerancia. Identidad y narracin , en Feierstein, Ricardo y Sadow, Stephen A. (comp.): Recreando la cultura judeoargentina / 2 Literatura y artes plsticas. Buenos Aires, Editorial Mil, 2004. 5. ibdem 6. Orgambide, Pedro: Aventuras de Edmund Ziller. Buenos Aires, Editorial Abril, 1984. 7. Goldberg, Mauricio: Donde sopla la nostalgia. Buenos Aires, Grupo Editor Latinoamericano, 1985. 8. Kornberger, Reiner: Construir y reconstruirse: la experiencia kibutziana en la literatura judeoargentina , en Feierstein, Ricardo y Sadow, Stephen A. (comp.): Recreando la cultura judeoargentina/2 Literatura y artes plsticas Tomo 2. Buenos Aires, AMIA/ Editorial Mil, 2004. 9. Giardinelli, Mempo: Santo Oficio de la Memoria. Buenos Aires, Seix Barral, 1991. 10. Dujovne Oriz, Alicia: El rbol de la gitana. Buenos Aires, Alfaguara, 1997. 11. Feierstein, Ricardo: La logia del umbral. Buenos Aires, Galerna, 2001. 12. Krimer, Mara Ins: La hija de Singer. 13. Tabarovsky, Damin: La hija de Singer, por Mara Ins Krimer , en Clarn, Buenos Aires, 29 de junio de 2002. 14. Gover de Nasatsky, Miryam E.: La pasin de un visionario Theodor Herzl. Buenos Aires, Mil, 2004. 163 pp. (Imaginaria). 15. Suez, Perla: Triloga de Entre Ros. Buenos Aires, Editorial Norma, 2006. (La otra orilla) 16. S/F: en [Link] 17. ibdem 18. ibdem 19. Buchanan, Rhonda Dahl: La madriguera de la memoria en Letargo de Perla Suez , en Feierstein, Ricardo y Sadow, Stephen A. (comp.): Recreando la cultura judeoargentina / 2 Literatura y artes plsticas. Buenos Aires, Editorial Mil, 2004. Sirios En 1988, durante la Feria del Libro, el doctor Ren Barn entreg personalmente a Jorge Isaac el premio que lleva su nombre, distinguiendo a Una ciudad junto al ro (1) como la mejor novela editada durante los aos 1986 y 1987. El jurado que lo otorg -designado por la Sociedad Argentina de Escritoresestuvo integrado por Luis Ricardo Furln, Ral Larra y Juan Jos Manauta. La novela fue presentada en la Unin Arabe por el profesor Elio C. Leyes - escritor y presidente de la Universidad Popular, autor de Voz telrica de Gerchunoff, editado por el Ateneo Judeo Argentino 19 de abril de Rosario , quien seal que el libro bien poda llamarse Los gauchos rabes, en justo parangn segn dijo-con la celebrada obra de Gerchunoff, en la cual no debe haber escritor que haya profundizado tanto como l (2). El Gobierno de Entre Ros la declar, por iniciativa del Consejo General de Educacin, de lectura complementaria en las escuelas superiores de la provincia, a partir del sptimo grado, recomendando su utilizacin en la enseanza. La obra est dedicada a los inmigrantes rabes sirios y libaneses- y, por natural extensin, a espaoles,
italianos, alemanes, judos, suizos, rusos, polacos, yugoslavos, y de cuanto otro origen y procedencia ms, que se lanzaron un da por los riesgosos caminos del mar a la aventura de hacer la Amrica .Partiendo de su propia etnia, la mirada de Isaac se vuelve abarcadora, hasta incluir a hombres de diversa procedencia, cuya gesta evoca. En Un recuerdo para Raquel... o cmo tus padres llegaron a Amrica, Walter Duer escribe que Raquel: "Era pobre, extranjera (haba nacido en Siria, apenas unos 38 39 aos antes), madre de diez hijos, viuda, analfabeta y juda. 'Slo le falta ser negra', dicen que dijo un vecino que haca las cuentas sobre las desgracias y discriminaciones que sufrira esta mujer en el futuro inmediato, que comenzaba ese mismo da" (3). Notas 1. Issac, Jorge E.: Una ciudad junto al ro. Buenos Aires, Marymar, 1986. 2. S/F en: Gonzlez Rouco, Mara: Jorge Isaac, novelista de la inmigracin rabe , en La Capital, Rosario, 24 de julio de 1988. 3. Duer, Walter: Un recuerdo para Raquel... o cmo tus padres llegaron a Amrica. San Justo, Provincia de Buenos Aires, Ediciones Escritores Argentinos de Hoy, 2003. Suizos Antonio Pges Larraya considera que La casa endiablada tiene para nosotros tres motivos de inters: es su primera obra de imaginacin a la que traslada nuestra realidad ciudadana; es la primera novela policial escrita en el pas, y finalmente, es la primera en la literatura universal en que se descubre un delito por el sistema dactiloscpico (1). En esa obra, Holmberg imagina un crimen perpetrado contra un suizo. El juez relata: -A principios de 1884, y unos tres meses despus de partir usted para Europa, vino de Santa Fe a Buenos Aires un colono suizo llamado Nicols Leponti, el cual, gracias a su actividad, a su esfuerzo, a su energa y a su inteligencia, haba logrado reunir una fortuna que, si bien modesta, le permita ocupar en su colonia una posicin desahogada, y prestar, a sus compatriotas, servicios que le haban valido la estimacin general . El escritor pone en boca del loro con cuya colaboracin se esclarece el asesinato, consideraciones del ave acerca del coraje del europeo: -Y era guapo el gringo... y duro para morir... se acuerda, amigo? . Este inmigrante encontr su fin cuando intent hacer una operacin comercial relacionada con su actividad: El suizo quera comprar gallinas de raza, y sabiendo el 17 que aquella casa estaba sola, se dirigi a ella y all consum el crimen . Durante mucho tiempo se ignor qu haba sucedido al colono: La tierra cubri el cuerpo de Nicols Leponti, el aguardiente y el monte devoraron en pocos das el producto del crimen, y el misterio envolvi todo durante cinco aos (2). En La madriguera, Tununa Mercado recuerda a Myriam Stefford: "la melancola triunfaba cuando apareca
en medio del panorama el monumento erigido por un llamado Barn Biza a su amada, la aviadora Myriam Stefford. El altsimo obelisco, ala estilizada, pareca un mstil sin esperanzas de mar entre las nubes del costado sombro del camino y la historia de esos personajes ocupaba en nuestro inters el lugar del paisaje: los restos de un avin que se haba precipitado; una mujer pionera que haba volado ms all, por sobre las montaas y los ros, amada por un hombre que tena ttulo de barn, o que as se llamaba como otros se llaman Conde o Rey, un amor que la muerte haba desintegrado. En una cripta de mrmoles negros como la obsidiana, se lea en la tumba una inscripcin que maldeca por anticipado a quien la violara" (3). En La matriz del infierno (4), Marcos Aguinis relata: "Rolf haba tenido que viajar en tren a la austral Bariloche. (...) El almanaque que colgaba en la vasta cocina del conventillo donde bebi caf antes de dirigirse a la estacin terminal le record que ya era el 11 de febrero de 1930. Don Segismundo, mientras sorba ruidosamente de su tazn, trat de infundirle nimo y le asegur que Bariloche era bellsimo, que encontrara all los panoramas disfrutados en su infancia, en las vecindades de la Selva Negra. Muchos inmigrantes austracos, suizos y alemanes la haba elegido por su semejanza con la tierra natal". Notas (1) Pags Larraya, Antonio: Prlogo , en Cuentos fantsticos. Buenos Aires, Hachette, 1957. (2) Holmberg, Eduardo L.: La casa endiablada , en Cuentos fantsticos. Buenos Aires, Hachette, 1957. Prlogo de Antonio Pags Larraya. (3) Mercado, Tununa: La madriguera. Buenos Aires, Tusquets Editores, 1996. (4) Aguinis, Marcos: La matriz del infierno. Buenos Aires, Sudamericana, 1997. Turcos Hay turcos en una obra de Julin Martel. Afirma No Jitrik: Durante 1890 escribi La Bolsa; la ltima frase fue redactada el 30 de diciembre. Dos hechos notables pueden observarse: el primero es que siendo una obra realista y de actualidad no ha incluido como tema la revolucin del mismo ao; el segundo es que en el mismo ao se public en Francia L'Argent, novela mediante la cual Zola investiga y condena el sistema financiero. (...) La Bolsa aparece en folletn en La Nacin desde el 24 de agosto hasta el 4 de octubre de 1891, con gran xito de pblico y de crtica . El crtico considera que la obra fundamental de este ciclo la de Martel- tiene importancia desde diversos puntos de vista, a pesar de su escaso valor literario: La Bolsa es una obra literariamente poco importante, inmadura, pero que as y todo expresa varias cosas de inters; en primer lugar hay, conscientemente o no, una tentativa por trascender la literatura del 80 en su fisonoma ms exterior; en segundo lugar, muestra un escritor desclasado, emergente del periodismo y que anticipa, por esas razones, un nuevo tipo de escritor, el profesional; en tercer lugar, se trata de un libro inspirado en hechos contemporneos, ubicado en una actualidad, comprometido polmicamente con sus interpretaciones (1).
La lectura ms superficial e ingenua de La Bolsa de Julin Martel sorprende por la enorme carga de xenofobia y antisemitismo afirma Gladys Onega. (...) Martel traza con los ms sombros tonos naturalistas una realidad de la ciudad que absorbi el mayor pocentaje de inmigrantes creciendo en proporcin geomtrica frente al resto del pas: la miseria, la enfermedad y la mendicidad eran lacras concretas de la sociedad superpoblada, que no se cebaban solamente en el lumpen que el autor selecciona como muestra del parasitismo que trae la inmigracin, sino entre todos los habitantes de los barrios bajos del sur que se hacinaban en los conventillos; (...) en la abstractizacin del oro y del cosmopolitismo, Martel asla y diseca casos extremos, los separa del contexto histrico, carga sobre ellos una culpa de la que son vctimas y finalmente ignora la situacin real del resto de la poblacin; los turcos con sus feces rojos y las bohemias idiotas o hermossimas se han convertido en alegoras o en personajes pintorescos . (2). La ensayista se refiere a este pasaje: El corazn de las corrientes humanas que circulaban por las calles centrales como circula la sangre en las venas, era la Bolsa de Comercio. A lo largo de la cuadra de la Bolsa y en la lnea que la lluvia dejaba en seco, se vean esos parsitos de nuestra riqueza que la inmigracin trae a nuestras playas desde las comarcas ms remotas. Turcos mugrientos con sus feces rojos y sus babuchas astrosas, sus caras impvidas y sus cargamentos de vistosas baratijas; vendedores de oleografas groseramente coloreadas; charlatanes ambulantes que se haban visto obligados a desarmar sus escaparates porttiles pero que no por eso dejaban de endilgar sus discursos estrambticos a los holgazanes y bobalicones que soportaban pacientemente la lluvia con tal de or hacer la apologa de la maravillosa tinta simptica o la de la pasta para pegar cristales; mendigos que estiraban sus manos mutiladas o mostraban las fstulas repugnantes de sus piernas sin movimiento, para excitar la pblica conmiseracin; bohemias idiotas, hermossimas algunas, andrajosas todas, todas rotosas y desgreadas, llevando muchas de ellas en brazos nios lvidos, helados, moribundos, aletargados por la accin de narcticos criminalmente suministrados, y a cuya vista naca la duda de qun sera ms repugnante y monstruosa; si la madre embrutecida que a tales medios recurra para obtener una limosna del que pasaba, o la autoridad que miraba indiferente, por inepcia o descuido, aquel cuadro de la miseria ms horrible, de esa miseria que recurre al crimen para remediarse (3). En La costurerita que dio aquel mal paso..., Josu Quesada se refiere a un militar: "un sargento apellidado Jalil, y turco por ms seas, castigaba a los reclutas con su sable" (4). Alamos talados (5) fue distinguida en 1942 con el Primer Premio de Literatura de Mendoza, el Primer Premio Municipal de Buenos Aires y el Primer Premio de la Comisin Nacional de Cultura. Marcela Grosso y Marta Baldoni sealan la importancia de la inmigracin en la novela: El poder se ve amenazado por la presencia de lo otro, del elemento extrao: el inmigrante, figura que genera tres efectos correlativos: a) el
enfrentamiento entre gringos y criollos, b) la exaltacin del linaje y la hispanidad, c) el rechazo del progreso y las nuevas costumbres (6). La clase alta, representada fundamentalmente por los abuelos, se mostraba bondadosa con los criollos y los inmigrantes, en general, aunque haba excepciones: El inmigrante aparece descalificado, caricaturizado (...) o mirado con simpata, en tanto se cia al mandato de la abuela y no compita en el circuito de produccin econmica. Decir gringo es un insulto (...) El atributo criollo, en cambio, tiene connotaciones positivas (...) se convierte en una abstraccin, en un smbolo de pureza racial y moral (7). Cuando las penurias econmicas obligan a la anciana seora a talar los lamos, all est un inmigrante, posibilitando que el lector saque conclusiones sobre la personal postura del autor: Con el pie en el estribo de su auto rojo, el turco haca anotaciones en una libreta. Uno, tras otro, caan los lamos de mi adolescencia (8). Grosso y Baldoni sostienen que La presencia invasora del inmigrante aparece metaforizada por el coche rojo del turco, que recorre el texto en varios captulos . Acerca del propietario del vehculo comentan: Claras son las connotaciones demonacas que despliega este personaje (...) Las aspiraciones comerciales del turco, que exceden a las del agricultor contratado, lo convierten en una amenaza, un peligro para el sistema. La compra de la vid y de la madera es sustituida por la idea de usurpacin, de estafa: el turco no compra sino que se leva. Cada, atropello, usurpacin, tala, profanacin, son los efectos del ingreso del inmigrante en el sistema, que es quebrado sin posibilidades de restauracin (9). En Hermana y Sombra (10), de Bernardo Verbitsky, se alude a un turco. El protagonista vive en un conventillo, en Flores, donde tambin vive un empleado del turco: La primera habitacin '65ra la de la encargada, Doa Antonia, y en su bien arreglado ambiente vivan ella y su viejo marido Don Jos, su hija mayor Rosita, el segundo Nicola, que acababa de hacer la conscripcin y que, como pudimos comprobarlo, cumpla cada maana con dignidad su oficio de quinielero, al servicio de un capitalista, el turco Emilio que tena varios de esos agentes, a comisin. Era una actividad que la polica persegua pero se desarrollaba pblicamente sin dificultades. (...) (En el barrio llamaban turco a todo inmigrante venido del Medio Oriente) . En La noche lombarda, Atilio Betti recrea, al acostarse en su camarote del barco que lo lleva a Italia, el duro trance que sufri el padre del protagonista, junto con otros pasajeros: Un chorro de agua, un manguerazo brutal, le dio en la cara. Lo vi trastabillar, mojado. Lo vi llorar de indignacin y afirmarse en los zapatos claveteados, agarrndose fuertemente del tirador negro, sobre el torso sin saco, para no caer bajo el golpe del agua. (...) En tropel, rabes y turcos aparecan y desaparecan alrededor de mi padre. Corran, gritando, aullando, perros mojados, perros azotados a manguerazos, a refugiarse bajo mi cama mientras que pap,
rascndose con furia las axilas, gritaba o gema, o gritaba y gema al mismo tiempo: Piojosos! Piojosos! (11). En La pradera de los asfdelos, Rubn Bentez evoca una Navidad de las de antes: En Navidad la gente pareca distinta. No como ahora. Todos estaban alegres, salan a la calle y saludaban contentos. Haba que pararse en todas las puertas. Hasta los turcos que vivan en la esquina festejaban la Navidad. Don Jos, el que hizo el aparador, abra una sidra... No es como la de Asturias, pero tampoco est mal deca siempre despus de probarla (12). En 1998, la novela Virgen, de Gabriel Bez, result finalista del Premio Planeta. En ella evoca la confusin reinante, en la dcada del 30, en lo que respecta a las nacionalidades de los inmigrantes. La protagonista: Durante esos primeros tiempos lo nico que no logr explicar fue su propia nacionalidad. No era francesa, era belga, pero resultaba intil aclarar semejante diferencia cuando las erres se le estiraban hasta la gangosidad, y cuando los ucranianos, judos, rumanos, lituanos y polacos eran rusos o los sirios y loslibaneses resultaban turcos. Haba llegado a un pas de tanos y gallegos y de rusos y turcos, y todo lo que no entrara en el dos por cuatro de esa conclusin elemental era una rareza de apellido pero nunca de nacionalidad (13). En Tama, novela de Mara Teresa Andruetto, cuenta la narradora: Durante los aos que vivi con la galesa, mi abuelo estuvo vendiendo baratijas, tal como les haba visto hacer con mayor suerte a los turcos que andaban por el Norte (14). Notas 1. Jitrik, No: El ciclo de la Bolsa , en Historia de la Literatura Argentina. Buenos Aires, CEAL, 1980. 2. Onega, Gladys: La inmigracin en la literatura argentina (1880-1910). Buenos Aires, CEAL, 1982. 3. Martel, Julin: La Bolsa. Buenos Aires, Kraft, 1956. 4. Quesada, Josu: "La costurerita que dio aquel mal paso...", en La Novela Semanal (1917-1926) Vol 1. Universidad Nacional de Quilmes - Pgina/12, 1999. Seleccin y prlogo: Margarita Pierini. 5. Arias, Abelardo: Alamos talados. Buenos Aires, Sudamericana, 1990. 6. Grosso, Marcela y Baldoni, Marta: Gua de trabajo para el profesor , adjunta a Arias, Abelardo: Alamos talados. Buenos Aires, Sudamericana, 1990. 7. ibdem 8. Arias, Abelardo: op. cit. 9. Grosso, Marcela y Baldoni, Marta: op. cit. 10. Verbitsky, Bernardo: Hermana y sombra. 12. Betti, Atilio: La noche lombarda. Buenos Aires, Plus Ultra, 1984. 13. Bentez, Rubn: La pradera de los asfdelos. Baha Blanca, Siringa, 1989. 14. Bez, Gabriel: Virgen. Buenos Aires, Sudamericana, 1998. Ucranios En Msicos y relojeros, escribe Alicia Steimberg: Cuando la abuela migr de Kiev a Buenos Aires tena once aos. La mandaron a la escuela y aprendi muy bien el castellano. Cantaba tangos como un pjaro
enfermo: Cicatriiiiiiiiiiiiiices (trino) imborrables de una heriiiiiiiiiiiida (trino). Nunca hablaba de cmo lleg a casarse con el abuelo. Una a una fue pariendo a sus hijas, con toda facilidad. Siempre se adelantaban a la partera, ansiosas por nacer y empezar a pelearse. Hubo tiempos muy malos. La desocupacin. El desalojo. En un baile de beneficencia se reunieron fondos para procurarles, como a otros pobres, un nuevo techo. El Hogar public una nota sobre esa fiesta. Aprovechando la oportunidad, varias nias fueron presentadas en sociedad. Se iniciaron varios noviazgos. En sucesivas notas de la revista aparecieron fotografas de las formalizaciones, las bodas y el nacimiento de los primognitos. Las jvenes madres eligieron nombres para sus histricos hijitos. Los mismos que llevan, hasta el da de hoy, los hijos de Otilia. Antes de casarse, Otilia y Amanda eran vendedoras en La Piedad, donde ensalzaban ante las clientas las bellezas de los batones y los pirineos. Mele, la dura de casar, nunca trabaj fuera de casa. A veces cosa algo, ayudaba en los quehaceres, y cuando terminaba se pona a pintar. Pintaba flores, barcos a vela en crepsculo, holandesas con tulipanes, parvas junto a casas de campo. Los copiaba de unas tarjetas postales que tena (1). Un ucranio estaba confinado en la crcel de Neuqun, en 1943. En El rbol de la gitana, escribe Alicia Dujovne Ortiz: Carlos permaneci dos aos en esa clebre prisin centenaria de la que pareca haber guardado los mejores recuerdos. Sus relatos eran tan seductores que provocaban la nostaliga de la gente libre: si era as la crcel, para qu estar afuera. Segn l, los comunistas encarcelados en 1943 se haban organizado con su proverbial disciplina, haban hecho gimnasia, haban dejado de fumar y se haban dado los unos a los otros cursos de ruso y de historia argentina. Un camarada ucraniano diriga un coro. En ese entonces a nadie se le ocurra cantar el folclore de las provincias y, entre los presos polticos, ms impensable an hubiera sido un tango . Aos despus, la escritora se entera de que la msica no salv a este inmigrante: El ucraniano del coro se haba vuelto loco y haba terminado sus das en un manicomio (2). Notas 1. Steimberg, Alicia: Msicos y relojeros. Buenos Aires, CEAL, 1983. 2. Dujovne Ortiz, Alicia: El rbol de la gitana. Buenos Aires, Alfaguara, 1997. Uruguayos Atilio Edel, nuestro profesor de Fsica, haba entrado como un torbellino en el aula y agitando un manojo de papeles nos dijo, con voz ronca de emocin, que acababa de recogerlos en la calle; nos dijo que no recogi los que todava quedaban por no llegar tarde a clase: nos dijo que quera que Io acompasemos, en seguida por favor! y entre todos rescatramos el manuscrito del libro que ah, ah! Haban tirado a la basura. Poco a poco de sus palabras atropelladas fui deduciendo lo que ocurra. Un matemtico llamado Teobaldo
Ricaldoni haba publicado hasta entonces slo manuales pero estimulado por el anuncio de que Albert Einstein visitara la ciudad se decidi a terminar la gran obra que vena escribiendo en secreto y as poder mostrrsela. Lleg a terminarla antes de que la muerte lo sorprendiera, una semana atrs? Edel consideraba a Ricaldoni un genio capaz de reducir el cosmos a cifras. La mujer del genio no pareca opinar lo mismo pues qu vergenza! en srdidas latas haba sacado a la vereda, mezclados con los nardos marchitos del velatorio, los borradores que el sabio olvid sobre su mesa (1). Notas 1. Anderson Imbert, Enrique: Evocacin de sombras en la ciudad geomtrica (1989), en Narraciones completas, Vol. II. Buenos Aires, Corregidor, 1990. Yugoslavos En El rbol de la gitana, escribe Alicia Dujovne Ortiz: De pronto se oye la voz de un yugoslavo. Es un obrero del ferrocarril lo bastante borracho como para interrumpir la payada con una cancin de su pas (1). Notas 1. Dujovne Ortiz, Alicia: El rbol de la gitana. Buenos Aires, Alfaguara, 1997. Varios Lucio Vicente Lpez dedica La gran aldea (1) a Miguel Can, su amigo y camarada . En esta obra aparecen inmigrantes, vistos desde la perspectiva de un escritor que aora un pasado que no volver. Lpez compara a los tenderos de antao con los del presente: Y qu mozos! Qu vendedores los de las tiendas de entonces! Cun lejos estn los tenderos franceses y espaoles de hoy de tener la alcurnia y los mritos sociales de aquella juventud dorada, hija de la tierra, ltimo vstago del aristocrtico comercio al menudeo de la colonia . Recuerda a uno de los tenderos criollos: Entre los prncipes del mostrador porteo, el ms clebre, sin disputa, era don Narciso Bringas: gran tendero, gran patriota, nacido en el barrio de San Telmo, pero adoptado por la calle del Per como el rey del mostrador. No haba mostrador como el de aquel porteo: todo el barrio junto no era capaz de desdoblar una pieza de madapoln y de volverla a doblar como don Narciso; y si la pirmide misma le hubiera querido disputar su amor a Buenos Aires, a la pirmide misma le habra disputado ese derecho . Describe la estrategia del tendero para dirigirse a su clientela: Don Narciso suba o bajaba el tono segn la jerarqua de la parroquiana: dominaba toda la escala; posea toda la preciosidad del lenguaje culto de la poca y daba el do de pecho con una dama para dar el s con una cocinera . Los tratamientos variaban para l segn las horas y las personas. Por la maana se permita tutear sin pudor a la parda o china criolla que volva del mercado y entraba en su tienda. Si la clienta era hija del pas, la trataba llanamente de hija; hija por arriba e hija por abajo. Si l distingua que era vasca, francesa,
italiana, extranjera, en fin, iniciaba la rebaja, el ltimo precio, el se lo doy por lo que me cuesta, por el tratamiento de madamita. Oh!, ese madamita lanzado entre 7 y 8 de la maana, con algunas cuantas palabras de imitacin de francs que l saba balbucir, era irresistible. Durante el da, los tratamientos variaban entre hija e hijita, entre t y usted, entre madamita y madama, segn la edad de la gringa, como l la llamaba cuando la compradora no caa en sus redes . A criterio de Delfn Garasa, Una de las ms cumplidas descripciones de un heterogneo desembarco es la que ofrece Luis Pascarella en su novela-alegato documental, El conventillo. Llega el Christoforo Colombo y primero bajan los hombres de negocio con su apopltica cerviz, con el paso resuelto de los acostumbrados a dar rdenes y ser obedecidos, los turistas ingleses con sus mquinas fotogrficas y algunas seoras un tanto perplejas por no ver en el muelle indios con plumas y taparrabos. Por ese entonces, el viaje a Europa empezaba a otorgar prestigio social, y los argentinos que regresan cambian opiniones en alta voz sobre los modelos de Pars, el mobiliario ingls o la sinfona escuchada en la Opera de Viena. Y, finalmente, aparecen los inmigrantes, tan fustigados en los azares de las proclamas polticas, un enorme hormiguero que haba viajado en el mayor hacinamiento. Rostros curtidos, exhaustos, azorados. En todos se presiente la pregunta: Qu les deparar esta nueva tierra? De pronto, una mirada se ilumina o un brazo se agita en alto porque se ha reconocido a alguien en la muchedumbre que espera. Van bajando los hebreos de desgreadas barbas y gastados levitones, los turcos con sus espaldas combadas, los nrdicos enjutos, los napolitanos pequeos y retorcidos como races, los andaluces grrulos, los gallegos pacientes, los holandeses esponjosos, los genoveses de msculo recio e insaciable voracidad. Una mujer besa la tierra que los acoge y tras su actitud ritual se adivina un pasado de penurias y recelos. Y agrega Pascarella: La gran ciudad de calles dirigidas hacia el Oeste recibe en su seno aquella semilla que purificada en un ambiente de libertad (...) se reproducir en su inmensidad desierta (2). En la Bolsa de Comercio, Julin Martel encuentra Promiscuidad de tipos y promiscuidad de idiomas. Aqu los sonidos speros como escupitajos del alemn, mezclndose impamente a las dulces notas de la lengua italiana; all los acentos viriles del ingls haciendo do con los chisporroteos maliciosos de la terminologa criolla; del otro lado las moneras y suavidades del francs, respondiendo al ceceo susurrante de la rancia pronunciacin espaola (3). En Don Segundo Sombra, Ricardo Giraldes escribe acerca de la desvergenza del gringo Culasso que haba vendido por veinte pesos a su hija de doce aos al viejo Salomovich, dueo del prostbulo (4). En Adn Buenosayres, de Leopoldo Marechal, tres personajes discuten acerca de la nacionalidad de unos
rufianes. Un personaje afirma: Esos caften son marselleses! (...) y jur que los haba visto a montones en las casas del ramo, con sus galeritas meln, sus bigotes mediterrneos y sus pesadas cadenas de oro . Otro personaje sostiene que son polacos, y un tercero, que son rumanos. Doa Venus emite un fallo inapelable , cuando dice De todo hay, como en botica (5). Eugenio Juan Zappietro es el autor de la novela De aqu hasta el alba (6), en la que aparecen personajes de distinta nacionalidad: un belga, un flamenco, un irlands, un andaluz, un portugus, un estadounidense. En La noche lombarda, Atilio Betti recrea, al acostarse en su camarote del barco que lo lleva a Italia, el duro trance que sufri el padre del protagonista, junto con otros pasajeros: Un chorro de agua, un manguerazo brutal, le dio en la cara. Lo vi trastabillar, mojado. Lo vi llorar de indignacin y afirmarse en los zapatos claveteados, agarrndose fuertemente del tirador negro, sobre el torso sin saco, para no caer bajo el golpe del agua. (...) En tropel, rabes y turcos aparecan y desaparecan alrededor de mi padre. Corran, gritando, aullando, perros mojados, perros azotados a manguerazos, a refugiarse bajo mi cama mientras que pap, rascndose con furia las axilas, gritaba o gema, o gritaba y gema al mismo tiempo: Piojosos! Piojosos! (7). Pedro Orgambide escribi la triloga integrada por El arrabal del mundo, Hacer la Amrica y Pura memoria (1984-1985). En Hacer la Amrica (8) evoca a los inmigrantes que llegaban a nuestro puerto, alentados por la consigna que da ttulo a la obra. Espaoles, italianos, judos, griegos, son los protagonistas de este relato que muestra la faceta ms cruda del fenmeno social que conmovi al pas al iniciarse el siglo XX. La novela narra sucesos acaecidos en las postrimeras del siglo XIX y en los primeros aos de la centuria siguiente. En esa novela, Orgambide evoca un carnaval de la dcada del 20: Sonaban las gaitas de los gallegos. Los vascos (pantaln y camisa blanca, pauelo al cuello, boinas, alpargatas) bailaban golpeando sus palos, combatiendo en una esgrima de pies que se lanzaban al aire y volvan en un paso de danza. Los cosacos desenvainaban sus sables, degollaban a Israel Mitzer en la puerta de la sinagoga y gritaban, sudados y colricos, fidelidad al zar y a la zarina. Bailaban los capoeiras del Brasil y los gitanos y los muchachos de Barracas. Bailaban los hombres disfrazados de osos, de monos, de tigres, de gigantescos perros y caballos. Bailaban los hombres disfrazados de mujeres y las mujeres disfrazadas de hombre; bailaba el disfraz hermafrodita: mitad hombre, mitad mujer, mitad novio, mitad novia; danzaba el lanzador de dardos, el salvaje que besaba al explorador en la boca; bailaban los enanitos, los viejos, los enclenques. En el palco,
las orquestitas de Retiro, de las viejas romeras, tocaban los tanguitos de otro tiempo, puro flautn, pura guitarra, pero ahora suba una orquesta tpica nacional que diriga el maestro Arrieta. Qu es lo que uno cuenta cuando est contando? se pregunta Orgambide- Seguramente, algo ms que una historia, una ancdota, un hecho, una realidad imaginada en algn momento de nuestra vida. Lo que uno cuenta, casi siempre tiene que ver con nuestra novela Familiar, con nuestro origen, con nuestra identidad, al Fin (9). En Una ciudad junto al ro (10) Jorge Isaac evoca el momento en que los extranjeros arriban a la nueva tierra: Los inmigrantes, aunque vengan en el mismo barco, llegan y descienden aqu de manera diferente segn sea su origen que nosotros, con slo mirarlos y hasta a veces sin orlos, hemos aprendido a determinar con riesgo escaso de equivocarnos . Seguidamente, describe el desembarco de italianos, alemanes, espaoles, judos y rabes, sealando las peculiares caractersticas de cada grupo. Magdalena Kramenenko, uno de los personajes de Mempo Giardinelli en Santo Oficio de la Memoria, se interesa por los platos de diferentes colectividades y, cuando los cocina, es digna de elogios: "Todas cosas judas, deliciosas, bien condimentadas. Arenque ahumado, y unos blintzes, madre ma, para chuparse los dedos. Y no solamente judas porque tambin haca unas paellas que te dejaban de cama. Y no te cuento las mermeladas que preparaba: de rosa mosqueta, de grosellas, de granadas, de higos. O las ravioladas con salsa a la bolognesa o la Prncipe di Npoli, mamma ma. Tambin haca unos guisos carreros que le ense tu pap, muy delicados, porque tenan las dosis exactas de hierbas, especias extica, pizcas de esto y de lo otro, todo hecho con amor, el morfi con amor es otra cosa (11). El narrador describe, en Frontera sur (12), uno de los tantos desembarcos de inmigrantes, en la dcada del 80: Los buques anclaban muy lejos de la costa, y viajeros, equipajes y mercancas pasaban, o eran arrojados, a una gabarra o a varios botes pequeos, que lo llevaban todo a los carros en que, finalmente, sala del agua. Si el calado no resista una quilla, por escasa que fuese, las irregularidades del fondo lo hacan en algunos puntos excesivo par alguna de las ruedas de los vehculos, que encallaban o volcaban, arrastrando su carga al desastre. Padre e hijo presenciaron un desembarco, pendientes del bamboleo y los sobresaltos de los carros, del gritero de los que teman ahogarse en aquel tramo de su odisea, que imaginaban ltimo, y de las voces de quienes, de pie en los pescantes, guiaban a las bestias. Ramn abandon la contemplacin de las inmundicias que las llantas arrancaban del limo y sacaban a la superficie cuando su padre fue a reunirse con un mayoral de mirada torcida . Un personaje dice, en esa novela, que a Sarmiento le pareca mal que se abrieran escuelas italianas, o alemanas, o inglesas . Otro interviene: Era lgico que le pareciera mal. (...) No estaba loco. (...) Un Estado.
Quera un Estado, con mayscula. Y eso se hace con la escuela pblica. Esto no puede ser eternamente un centn mal cosido. La gente que llegue tiene que adaptarse, recomponerse, mezclarse para formar una raza argentina . En la Semana Trgica de 1919 cuenta otro personaje- se desat la caza del ruso. As lo llam la prensa. Eso del ruso... es un trmino muy amplio, que alude al judo, el polaco, el hngaro, al que se supone comerciante, o bolchevique, o terrorista, no importa lo incongruentes que parezcan estos trminos... (...) los jvenes que poco despus seran organizados en la Liga Patritica, armados, tomaron al asalto el barrio de Once, el barrio judo, identificndose con un brazalete celeste y blanco, apedreando tiendas y deteniendo a cuanto peatn con barba se les pusiera a tiro . Mara Anglica Scotti evoca, en Diario de ilusiones y naufragios (13), la vida de una inmigrante espaola, desde que viaja con su madre catalana y la pareja de la mujer, un italiano que conoce a bordo. El primer recuerdo que me aparece es el viaje , dice la protagonista de la novela que mereci el premio Emec 1995/6, el Primer Premio Municipal de Buenos Aires "Eduardo Mallea" l999 y Segundo Premio Regional de la Secretara de Cultura de la Nacin. En verdad, es ms lo que me contaron que lo que vi con mis propios ojos contina. No slo porque era muy pequea sino tambin porque hice la travesa encerrada en un camarote muy especial: viaj oculta bajo las faldas de mamita , porque apenas zarpamos de Barcelona, mamita not que yo tena el cuerpo y las mejillas repletos de manchuelas coloradas. Ella ya haba odo decir que a los enfermos los obligaban a bajar en el primer puerto, y por eso resolvi esconderme . En La matriz del infierno (14), Marcos Aguinis relata: "Rolf haba tenido que viajar en tren a la austral Bariloche. (...) El almanaque que colgaba en la vasta cocina del conventillo donde bebi caf antes de dirigirse a la estacin terminal le record que ya era el 11 de febrero de 1930. Don Segismundo, mientras sorba ruidosamente de su tazn, trat de infundirle nimo y le asegur que Bariloche era bellsimo, que encontrara all los panoramas disfrutados en su infancia, en las vecindades de la Selva Negra. Muchos inmigrantes austracos, suizos y alemanes la haba elegido por su semejanza con la tierra natal". En La ltima carta de Pellegrini, de Gastn Prez Izquierdo, escribe el protagonista: La afluencia de inmigrantes segua transformando la fisonoma fsica y social de la metrpoli con sus gritos, sus palabras mal pronunciadas, sus risas y sus nostalgias por la tierra dejada. En ese fragor positivista algunas pequeas seales cada tanto advertan que ramos de carne y hueso y no estbamos en el Paraso Terrenal. Las condiciones deficientes de alojamiento de los inmensos contingentes de extranjeros que desembarcaban
pronto causaron una alarma general: un brote de clera amenazaba con expandirse como epidemia y salirse de control. Para una ciudad que todava guardaba en su memoria colectiva los horrores de la fiebre amarilla la noticia cay como el anuncio de la llegada de los cuatro jinetes. El Presidente convoc de urgencia al gabinete y concurr a la reunin para proponer medidas intrpidas, como las que se recordaban de los tiempos de la epidemia maldita (15). En Moira Sullivan (16), de Juan Jos Delaney, la protagonista escribe una carta fechada en 1932, en la que expresa: Debo decir que pese a que los hijos de Ern se jactan de haberse integrado con el resto de la poblacin, la verdad no es exactamente as. Tienen sus propios colegios, sus propios templos y clubes, y quien comete la osada de casarse con un nap (napolitano y por extensin italiano?) o con un gushing (derivado, probablemente, del verbo ingls to gush, que significa hablar con excesivo entusiasmo y que es un neologismo para aludir a los gallegos y tambin por extensin a los espaoles), se aslan o son lenta pero inexorablemente segregados. En verdad esto ocurre con casi todas las comunidades extranjeras que se han radicado ac: rabes, armenios, ucranios y, muy especialmente, judos. Para no hablar de los britnicos que a su injustificado desdn agregan cierto cinismo ancestral . Mara Esther de Miguel evoca, en Un dandy en la corte del rey Alfonso, la actitud de los hombres del 80 ante el aluvin inmigratorio. Se trataba de una tanda de hombres intelectuales y bien pensantes que pasaran a la historia, segn decan, porque se dedicaban a ser diplomticos, escribir libros interesantes y sacar adelante el pas, sobre todo por el esfuerzo de los inmigrantes que haban llegado para laburar, como decan ellos. Aunque los haban confinado en fbricas, saladeros y conventillos, los pobres se manejaban bien y sacrificadamente, y no pasara mucho tiempo sin que la mayora de ellos tuvieran, de acuerdo a los sueos que los haban transportado a Amrica, mhijo el dotor (17). Tnkele, bielorrusa sobreviviente de Auschwitz, es uno de los personajes de Hija del silencio, de Manuela Fngueret. A ella Se le mezclan las historias con la suya. La llegada a Buenos Aires, el primer da de trabajo en la fbrica de camisetas a unas cuadras de la casa de sus primos. All emplean tambin a otras mujeres inmigrantes como ella: italianas, espaolas o polacas, con las que casi no intercambian palabra en agotadoras jornadas de trabajo. Una Babel de rostros e idiomas (18). Francesas e inglesas, probablemente inmigrantes, se empleaban como institutrices. En La noche que me quieras: Arturo era un muchacho educado; se vesta bien, por supuesto, se las arreglaba con los idiomas. Algo le haba quedado de tantas profesoras franchutas e inglesas de cuando era borrego" (19). En La logia del umbral, de Ricardo Feierstein, narra uno de los personajes, que viva en Villa Pueyrredn, a mediados del siglo pasado: Por las maanas, en la escuela pblica donde todos concurramos, conviv con
el ingls Stanley y el italiano Badaracco, protagonistas de una pelea memorable donde vi correr sangre por primera vez; con el galleguito Prez y un francs medio raro que se haca dibujos en las manos con hojitas de afeitar . Otro personaje afirma: Incluso, antes de la guerra, vinieron judos de Alemania, Holanda y Polonia. Esto era Sin para ellos, la tierra de la libertad, de la leche y la miel, donde pudieron salvar sus vidas y tratar de rehacerlas. Ms polacos y lituanos llegaron despus, en los aos 40 (20). En Lunas elctricas para las noches sin luna, escribe Beln Gache: Al igual que Mirko y mis padres, han llegado a estas tierras personas provenientes de Hong Kong, de Tnez, de Madeira, de Angola y del Orinoco. Si uno juntara los nombres de todas ellas, seguro se formara, a su vez, un ocano, un gran ocano de nombres (21). Editorial Losada public Mientras la luz se va, novela de Noem Cohen (216 pp). Esta es la historia de Elena, una joven sefard que viaja desde Alepo a la Argentina, a principios del siglo XX, para encontrarse con su futuro y desconocido esposo. Pero es tambin la parbola de Setti, a quien Elena conoce en el interminable viaje hacia Amrica y que se ha embarcado para restaar la herida de haber sido repudiada por su marido y haber perdido contacto con su nica hija. Y es, adems, la peripecia de Amparo, una andaluza alegre pero sumida en la desgracia de un novio muerto por amor a la anarqua en el sur argentino. Y es, entre otras, la historia de Elenita, la nieta adorada de Elena que, vctima de la ltima dictadura militar argentina, repite el camino de exilio de su abuela. Noem Cohen ha creado, con esta novela admirable, un delicado tapiz donde se traman los destinos de un puado de mujeres de ayer y de hoy. Las separan la edad, la lengua, la cultura o la religin, pero las une sutilmente una similar voluntad de conocimiento, de libertad, de belleza y de justicia (22). En 2006, El camino del norte (23), de Horacio Vzquez-Rial, gan el Premio de la Editorial Norma de Bogot, Colombia. Entre otros personajes que desfilan por la pginas del libro -comenta Antonio Requenifigura Lustiger o Heisenberg, ex oficial nazi, colaborador de Martn Borman, que lleg a la Argentina en tiempos de Pern, organiz con Ante Pavelic la seccin especial y le ense mtodos de tortura al comisario Lombilla (24). Elas Scherbacovsky es el autor de El Padre de los Monos (25), novela en la que aparecen personajes polacos y rusos. "El padre de los monos era un hombre tangente, con una rbita propia. Un hombre que, engaosamente, de a ratos, pareca que s, que iba a engranar con todos nosotros... pero no. No rodaba con la patria, tampoco con el universo, en el cual caben los que no caben en las patrias. A primera vista era un bulto ovillado y
dormido con medio cuerpo sobre una mesa. Nunca lo vi enfermo y nunca nadie lo vio acostado. No tenia cama. Tampoco recuerdo que estornudara. Pareca un hombre de casualidad, sin reproches contra nada ni nadie, y esto lo haca particularmente peligroso para los que, mirando de frente, sin ver a los costados, rodbamos con la ambicin de ser mas que un hombre" (26). Notas 1. Lpez, Lucio V.: La gran aldea, Costumbres bonaerenses. Buenos Aires, CEAL. (Captulo). 2. Garasa, Delfn Leocadio: La otra Buenos Aires. Paseos literarios por barrios y calles de la ciudad. Buenos Aires, Sudamericana-Planeta, 1987. 3. Martel, Julin: La Bolsa. Buenos Aires, Huemul, 1979. Prlogo de Diana Guerrero. 4. Giraldes, Ricardo: Don Segundo Sombra. Buenos Aires, CEAL, 1979. 216 pp. (Captulo). 5. Marechal, Leopoldo: Adn Buenosayres. Buenos Aires, Sudamericana. 6. Zappietro, Eugenio Juan: De aqu hasta el alba. Barcelona, Hyspamrica, 1971 7. Betti, Atilio: La noche lombarda. Buenos Aires, Plus Ultra, 1984. 8. Orgambide, Pedro: Hacer la Amrica. Bruguera, 1984. 9. Orgambide, Pedro: La literatura en tiempos de intolerancia, identidad y narracin , en Feierstein, Ricardo y Sadow, Stephen A. (comp.): Recreando la cultura judeoargentina/2 Literatura y artes plsticas Tomo 1. Buenos Aires, AMIA/ Editorial Mil, 2004. 10. Isaac, Jorge E.: Una ciudad junto al ro. Buenos Aires, Marymar, 1986. 11. Giardinelli, Mempo: op. cit. 12. Vazquz-Rial, Horacio: op. cit. 13. Scotti Buenos Aires, Emec, 1996. 14. Aguinis, Marcos: La matriz del infierno. Buenos Aires, Sudamericana, 1997. 15. Perez Izquierdo, Gastn: La ltima carta de Pellegrini. Buenos Aires, Sudamericana, 1999. 16. Delaney, Juan Jos: Moira Sullivan. Buenos Aires, Corregidor, 1999. 17. Miguel, Mara Esther de: Un dandy en la corte del rey Alfonso. Buenos Aires, Planeta, 1999. 18. Fingueret, Manuela: Hija del silencio. Buenos Aires, Planeta, 1999. 19. Torres Zavaleta, Jorge: La noche que me quieras. Buenos Aires, Emec, 2000. 20. Feierstein, Ricardo: La logia del umbral. Buenos Aires, Galerna, 2001. 21. Gache, Beln: Lunas elctricas para las noches sin luna. Buenos Aires, Sudamericana, 2004. 22. S/F: Novela de Noem Cohen en Losada , en Races, [Link]. Noviembre de 2005. 23. Vzquez-Rial, Horacio: El camino del norte. Norma, 2006. 216 pp. 24. Requeni, Antonio: Pasado, presente y realidad , en La Nacin, Buenos Aires, 24 de diciembre de 2006. 25. Scherbacovsky, Elas: El padre de los monos. Buenos Aires, Mil, 2007. 340 pginas. (Imaginaria) 26. S/F en Scherbacovsky, Elas: El padre de los monos. Buenos Aires, Mil, 2007. 340 pginas. (Imaginaria) Novelas infantiles y juveniles Espaoles Gallegos Cecilia Pisos es la autora de Como si no hubiera que cruzar el mar (1), novela con la que result Finalista del Premio Jan de Narrativa Infantil y Juvenil (Alfaguara y Caja General de Ahorros de Granada), Granada, Espaa, 2003 (2). En esa obra, Carolina tiene doce aos y viaja por primera vez sola en avin hacia Madrid, donde la espera su to. La acompaan las cartas de Mara, su bisabuela, que tambin cruz el mar
sola, pero en barco y desde Espaa hacia la Argentina. Aunque las pocas son muy distintas y las historias se cruzan, las vivencias se parecen mucho y esas cartas le sirven a Carolina para crecer y entender tantas cosas que le suceden en ese pas tan distinto y a la vez tan similar al suyo. Cartas, relatos, canciones, chistes, charlas telefnicas, recetas de cocina y muchos otros gneros pueblan esta novela inteligente y emotiva, que atrapa pgina tras pgina (3). En una de las cartas, escribe la bisabuela Mara del Pilar, que dej su Santa Cruz de Portas: Buenos Aires es muy grande. Tiene ruidos y olores extraos y las voces que se escuchan son de muchas partes, as que todos hablan pero no creo que ninguno se entienda. A m me cuesta: dos o tres veces tengo que intentar hasta que encuentro a alguien que me hable en espaol y a quien yo pueda preguntar por una calle o un sitio cualquiera . Varios Fernando de Querejazu publica El pequeo obispo (4), una novela absolutamente autobiogrfica, aunque parezca un disparate lo que ocurre all , surgida de la necesidad de homenajear a mis padres, que eran admirables (5). El 10 de febrero de 1926 lleg a Amrica el hidroavin Plus Ultra, piloteado por Ramn Franco, concretando as una proeza histrica. Ese mismo da, en un pueblo de inmigrantes de la provincia de Crdoba, vea la luz el protagonista de esta novela. Sus padres, castellanos, lo llamaron Fernando en homenaje a la isla Fernando de Noronha, en la que se produjo el aterrizaje. La evocacin del escritor, que se inicia en la fecha de arribo del hidroavin, tiene como escenario el querido paisaje de Canals, provincia de Crdoba, donde se viva bien, atrayendo a las poblaciones cercanas, en un gran radio a la redonda, que buscaban los atractivos de este centro vitalizador . En esta localidad, fundada por un naviero valenciano, no se conocan las desdichas; la naturaleza, prdiga, brindaba a los hombres todo lo necesario para ser felices. Su tesn y fe en el futuro de la nueva patria eran una fuerza vital y fecunda. Notas 1 Pisos, Cecilia: Como si no hubiera que cruzar el mar. Ilustraciones: Eugenia Nobati. Buenos Aires, Alfaguara, 2004. 216 pp. (Serie azul). 2 S/F: Datos biogrficos , en Imaginaria, 28 de septiembre de 2005. 3 S/F: en Pisos, Cecilia: Como si no hubiera que cruzar el mar. Ilustraciones: Eugenia Nobati. Buenos Aires, Alfaguara, 2004. 216 pp. (Serie azul). 4. Querejazu, Fernando de: El pequeo obispo. Buenos Aires, Lumen, 1986. 5. Prebble, Carlos: Fernando de Querejazu: la experiencia personal en la novela , en El Tiempo, Azul, 30 de abril de 1988. Galeses Incorporado al elenco de un circo, Stfano -protagonista que da nombre a una novela de Mara Teresa
Andruetto- trabaja en la orquesta, tocando los solos en los nmeros de acrobacia, un momento antes que los trapecistas se larguen de las hamacas y queden suspendidos en el aire . Una trapecista es galesa: En el trapecio trabaja la mujer de pelo colorado. Se llama Tersa, Tersa Williams, y, ahora lo sabe, toca la armnica. Se encarama por las noches al trapecio, se cuelga cabeza abajo y hace sonar la armnica. (...) Haba venido con su madre desde Gales, desde un pueblo que se llama Cardigan. (...) Piensa en ella todo el tiempo: le molesta la risa que tiene, y no le gustan las pecas, ni los dientes demasiado grandes, pero a pesar de eso, se acostara con ella. (...) Tersa tiene veintiocho aos. Su madre y ella vinieron desde Gales hasta Gaiman, a trabajar en la granja de unos parientes lejanos. Y se quedaron ah, hasta que pas el circo de Jurez (1). Notas 1 Andruetto, Mara Teresa: Stfano. Buenos Aires, Sudamericana, 2001. Italianos Lacio En Aventuras del capitn Bancalari, Sorrentino incluye como personaje a un inmigrante ilustre. Relata el narrador: A Rosita Rosales la conoc en cierta recepcin que, en la Casa de Gobierno, se dio para agasajar a don Clemente Onelli. Este naturalista italiano, director del Jardn Zoolgico de Buenos Aires, acababa de volver de una de sus tantas expediciones al lago Nahuel Huapi y al lago Argentino: aqu se decahaba dado caza a un plesiosaurio, animal extinguido millones de aos atrs. El cientfico, muy bien trajeado, era el centro de la atencin general: en la mano derecha sostena una copa de champaa; en la izquierda, una correa a cuyo extremo, del cuello, estaba atado el inexistente bicho en cuestin (1). Notas 1. Sorrentino, Fernando: Aventuras del capitn Bancalari Ilustr. De Pablo Zweig. Buenos Aires, Alfaguara, 2001. Piamonte En Stfano (1), novela que dedica a su padre, Mara Teresa Andruetto relata la vida de un inmigrante italiano que llega a nuestro pas con su bagaje de ilusiones y recuerdos; el hombre recuerda su pasado, desde la extrema pobreza que viva en su tierra, hasta que se establece en la Argentina y espera la llegada de su primer hijo. Soy hija de un partisano que lleg desde el norte de Italia a la Argentina, en 1948 escribi-, y por una sucesin de circunstancias ms o menos azarosas, se instal en un pueblo de la pampa hmeda, donde nac, y ah vivi toda su vida. Tambin mi mam es hija de inmigrantes italianos que llegaron al pas hacia finales del mil ochocientos. El agradecimiento a la tierra de llegada que le haba permitido trabajar y formar una familia, fue la otra cara de la tristeza que le causaba a mi padre el desarraigo. A poco de venir, muri su
madre y luego otros y otros, hasta que cada vez se hizo ms fuerte la idea de ya no regresar (2). Notas 1 Andruetto, Mara Teresa: Stfano. Buenos Aires, Sudamericana, 2001. 2 Andruetto, Mara Teresa: Stfano. Ilustraciones: Daniel Roldn. Buenos Aires, Sudamericana, 2004. (La pluma del gato). Rusos Acerca de su novela Memorias de Vladimir (1), escribe Perla Suez: Nac en Crdoba. Me cri en Basavilbaso, un pueblo de la provincia de Entre Ros. Muy cerca de donde transcurre una etapa de la vida de Vladimir. A medida que la historia avanzaba me reencontraba con espacios vividos. Saba que estaba escribiendo un episodio de mi vida. Buscaba dentro mo una voz propia que naciera de mis palabras. Soy nieta de inmigrantes judos que escaparon de Rusia en la poca en que el zar Nicols II los persegua. Durante el tiempo en que trabaj en este libro estuve muy preocupada por la suerte de mi personaje. Sent ternura por l y esa ternura no me abandon hasta el final. Mi personaje habla en esta historia como lo haca mi abuelo. Vladimir tiene un aire a mi padre. Vera, el gran amor de Vladimir se me figura a mi madre (2). Relata el protagonista: Nac en la aldea de Porskurov hace mucho tiempo. El zar mandaba en Rusia, el zar Nicols II. No conoc a mis padres. Fui criado por mi to Fedor. A los diez aos hachaba lea de la maana a la noche por apenas un copec. (...)To Fedor era colchonero, guardaba la mquina de cardar en el cobertizo. A veces para soportar el miedo yo cardaba lana. Cuando oa chirriar el cerrojo de la puerta y reconoca sus pasos, mi corazn volva a su remanso . La novela fue galardonada con el White Ravens, 1992, Biblioteca Internacional de la Juventud de Munich, Alemania, y ALIJA, Asociacin Argentina de Literatura Infantil, Seccin Nacional del IBBY. Notas 1. Suez, Perla: Memorias de Vladimir. Buenos Aires, Editorial Colihue, 1993. (Libros del malabarista) 2. Informacin publicada en [Link] Turcos En Stfano aparece un turco tendero: Stfano le cuenta a Lina que en la tienda de rezagos hay un saxo, un instrumento para hacer msica. Le ha pedido al dueo que no lo venda, l juntar el dinero para comprarlo . Vittorio pregunta al muchacho cmo se llama ese instrumento que ha visto en la tienda del turco Ras (1). Notas 1 Andruetto, Mara Teresa: Stfano. Buenos Aires, Sudamericana, 2001. Varios Dimitri es el nieto de Vladimir. En Dimitri en la tormenta (1), Dimitri y su abuelo ayudan a Tania, que viene escapando del nazismo, a entrar al pas. A travs de lo que la mujer cuenta, el chico ir descubriendo el horror de la guerra. Comprenderlo se le hace difcil, muy difcil. Una novela donde se entrelazan sin tapujos
tristeza, odio y dolor con momentos de intensa felicidad. Any, el amor y la emocin profunda de cumplir trece aos y festejar el barmitzv (2). Relata Tania: Con el anillo de brillantes de mi madre compr a uno de los comandantes y escap. Vagu por cloacas, estuve en una iglesia donde un sacerdote me ayud. Disfrazada de mendiga, pude llegar a la baha de Gdansk. Y logr esconderme en el barco carguero en el que llegu . Esta novela fue seleccionada por la Asociacin de Literatura Infantil y Juvenil Argentina (ALIJA) y por la Fundacin de Lectura, Fundalectura, Bogot, Colombia, entre los mejores libros para jvenes. En la novela de Mara Teresa Andruetto, Stfano se hospeda en el Hotel de Inmigrantes: El hotel est a pocos pasos de la drsena; tiene largos comedores y un sinfn de habitaciones. Les ha tocado un dormitorio oscuro y hmedo. En la puerta, un cartel dice: Se trata de un sacrificio que dura poco. (...) Los dormitorios de las mujeres estn a la izquierda, pasando los patios. Por la tarde, despus de comer y limpiar, despus de averiguar en la Oficina de Trabajo el modo de conseguir algo, los hombres se encuentran con sus mujeres. Un momento noms, para contarles si han conseguido algo. Despus se entretienen jugando a la mura, a los dados o a las bochas. (...) Cuando el sol baja, Pino y Stfano salen a caminar por la ribera, hasta el muelle de los pescadores. Es la hora en que el organito pasa: lo arrastra un viejo de barba y gorra marinera que lleva un loro montado sobre el hombro. A veces, junto a las barcazas, se detienen a or el mandoln que suena en una rueda y las canciones que cantan los hombres de mar. Pero no slo hay italianos en el puerto. Ya el segundo da se haban hecho amigos, ni saben cmo, de unos gallegos que limpian pescado junto a la costa y van por la maana a verlos, ayudan un poco, y regresan, los tres das siguientes, con algunas monedas (3). Notas 1. Suez, Perla: Dimitri en la tormenta. Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1997. (Primera Sudamericana) 2. S/F: en [Link] 3. Andruetto, Mara Teresa: Stfano. Buenos Aires, Sudamericana, 2001. Apndice INMIGRANTES Y EXILIADOS LLEGADOS A LA ARGENTINA HASTA 1810 UNA SOMBRA DONDE SUEA CAMILA O'GORMAN, por Enrique Molina. Buenos Aires, Seix Barral, 1994. En esa novela, escribe el autor: "Los Perichon de Vandeuil, gentes de grandes singladuras, eran unos nobles franceses arrojados lejos "por el ocano y una ola". La Revolucin amenaz cortarles el cuello. Prefirieron emigrar con sus titulos, su vajilla nobiliaria y la nostalgia de sus tierras. Esteban Hernand Perichon de Vandeuil fue a parar a la India. All contrajo enlace con Magdalena de Abeille, noble tambin. Luego se instalaron en la Isla Mauricio, (...). En la isla nacieron sus cuatro hijos: Juan Bautista, Esteban Maria, Eugenio y Ana Maria. La nia creci
entre el volcn del sol y los volcanes de la noche. Al llegar a la adolescencia instal numerosas trampas eroticas ocultas en la vegetacin, accionadas por el crepsculo, la imperceptible capa de sudor que cubria su garganta y el gracioso poderio de su cintura. En una de ellas cay Thomas 0' Gorman, cuya pelirroja cabeza entr de inmediato en combustion en aquella atmosfera. A poco de la boda de su hija qu impulso demente indujo al noble de Vandeuil, a los 53 aos, a dirigirse con toda su familia a la capital del Plata? No es absurdo suponer alguna combinacin de su yerno, ya enterado de la alta posicion de su to en el pais. Hacen el viaje en la fragata francesa "Marie Eugenie", que enarbola pabellon americano quizas alguna "empresa" de Thomas?). En julio de 1797 desembarcan en Buenos Aires, donde el padre declara "que la causa de su venida era por males que adoleca y deseos de criar a sus hijos en la religion catlica, que siempre tuvo por suya, para lo cual pedia el amparo de Su Majestad con la suplica de que se le dejara naturalizarse en estos reinos". POR AMOR A CRISTINA, Susana Biset. Crdoba, Ediciones del Boulevard, 2007. Segunda edicin. "Ambientada en la Argentina de 1810, la novela presenta una muchacha a quien la vida le ha brindado todo: un marido maravilloso, un hijo, una estancia importante y un lugar destacado en la clase alta portea. Sorpresivamente todo cambia; se ve obligada a afrontar sola la dura tarea de criar a su hijo y administrar la estancia Los Naranjos, para lo cual debe enfrentar obstculos impensados para una dama de la poca: manejar a los peones que no estn dispuestos a recibir rdenes de una mujer; lidiar con el ataque de los aborgenes y las consecuencias de la peste; y soportar las burlas de la sociedad; ms la presencia de un personaje misterioso y siniestro, que la acosa entre las sombras la est ayudando o la quiere destruir? Con una impecable ambientacin histrica y una prosa fluida y sensual, la trama de Por amor a Cristina se apodera del lector de la primera a la ltima pgina, e incluso ms all de sta". Jos Bertorello Novelas infantiles y juveniles LA SOGA, por Esteban Valentino. Buenos Aires, Ediciones del Eclipse, 2006. INMIGRANTES Y EXILIADOS LLEGADOS A LA ARGENTINA DESDE 1960 ALGO HABRAN HECHO (monjas francesas desaparecidas), por Elena Cabrejas. Buenos Aires, Solaris, 1997. (Personajes de la Historia). 203 pginas. En esa novela, la autora evoca la partida de Alice Domon: "Eran los golpes de tambor en el pecho, la mano invisible que le estrujaba la garganta, el dolor de las sienes ... aquel da en el aeropuerto, cuando la hermana Alice Domon, se despeda de los suyos. No haba querido mirar a su madre para que no le adivinara la tristeza, slo lo hizo furtivamente, cuando ella no se daba cuenta. La miraba bebiendola con la misma sed del que sabe que no tendr mas agua. Contuvo el llanto
hasta el instante en que sus padres y hermanos, fueron solo pequenas figuras; ellos tenan que creer que se iba contenta o que al menos no estaba despedazandose por dentro. Era la primera vez que los dejaba, parque a pesar de las obligaciones que le impona su vocacion, pudo verlos muy a menudo. Reprimiendo las lagrimas, partio sin saber si era ella la que se iba o era Francia alejandose de aquel avion, que se hunda como un tajo profundo sobre las nubes. Llevaba a su patria apretada en el pecho. Abajo quedaba ese pequeo tumulto de caras queridas en las que se repetian sus rasgos. Intua que iba a continuar buscandolos durante mucho tiempo dentro de s misma, detras de la piel, del ultimo rincon del pecho. En ese momento sintio la necesidad de contarselo a su madre, pero lo haria de otro modo, menos cruel, sin angustia y decidio escribirle ni bien llegase a la Mision". BOLIVIA CONSTRUCCIONES, por Sergio Di Nucci UN CHINO EN BICICLETA, por Ariel Magnus. Obra ganadora del III Premio de novela La otra orilla. Buenos Aires, Norma, 2007. Siento el fro de la pistola en la nuca casi antes de or la puerta del bao abrindose de golpe, el brazo flaco y lampio de una persona que no alcanzo a ver me cruza el pecho y me hace girar en redondo, me abrocho rpido el pantaln y avanzo empujado desde atrs, pienso con culpa en que no tir de la cadena, quiz ni funcionaba. As empieza la asombrosa historia de Ramiro Valestra, un joven porteo que es secuestrado por un chino pirmano, llamado Li, despus de oficiar de testigo en el juicio que condenaba a este por haber incendiado once locales en la ciudad. A partir de ese momento, la inmersin del protagonista en la desconocida cultura china de las calles de Buenos Aires ser completa. El autor logra un retrato muy especial y un tanto surrealista de un mundo dentro de otro mundo, de una cultura dentro de otra cultura. En ese forzado exilio interior en el barrio chino es donde empieza la nueva vida de Ramiro. Las extravagantes relaciones con todos los personajes que conviven en el restaurante chino Todos Contentos sern la clave para darle verdadero sentido a la vida del protagonista. Entre predicciones apocalpticas, choques culturales, complots en bsqueda de la verdad, fuegos artificiales, amores apasionados y chinos que no saben ir en bicicleta se entreteje la historia ms hilarante que se ha escrito sobre la inmigracin china en Argentina. .. El deseo de dar a conocer la gesta propia o de un antepasado, el afn de homenajear o de denostar, motivan estas novelas, en las que se refleja un proceso social que cambiara a la Argentina. Son testimonios de un tiempo que marc definitivamente nuestra historia. Cuentos 1. alemanes 2. belgas 3. checoslovacos
4. daneses 5. escoceses 6. espaoles 7. franceses 8. griegos 9. ingleses 10. irlandeses 11. italianos 12. japoneses 13. polacos 14. portugueses 15. rusos 16. sirios 17. suizos 18. turcos 19. ucranios 20. sin mencin de origen 21. varios 22. cuentos infantiles y juveniles 23. antologa 24. apndice En este trabajo cito muchos de los cuentos en los que los inmigrantes llegados a la Argentina entre 1850 y 1950, sus descendientes u otros escritores argentinos, escriben sobre la tierra de origen, la inmigracin, los inmigrantes y sus descendientes. Transcribo parcialmente uno o ms cuentos de cada autor, sin que ello signifique que no han escrito otros cuentos sobre la inmigracin, adems de los que incluyo en este trabajo. En general, utilizo un criterio cronolgico para ordenar los textos, a excepcin de los cuentos sobre espaoles e italianos, que han sido ordenados por la regin de origen, dejando al final de cada apartado aquellos que no indican procedencia del inmigrante. Alemanes Eduardo L. Holmberg evoca en La pipa de Hoffmann a un judo alemn: Era de mediana estatura, proporcionalmente delgado, cara oval, ojos negros, pestaas largas, y vesta siempre traje del mismo color de sus ojos y de su cabello, negro tambin. Al verle era difcil no reconocer en l un representante de la raza hebrea (1). Narra Jorge Luis Borges en El sur : El hombre que desembarc en Buenos Aires en 1871 se llamaba Johannes Dahlmann y era pastor de una iglesia evanglica; en 1939, uno de sus nietos, Juan Dahlmann, era secretario de una biblioteca municipal en la calle Crdoba y se senta hondamente argentino (2). En La tos Ezequiel Martnez Estrada presenta a Rauch, un descendiente de alemanes, quien recibe la visita de un seor corpulento, rubio , un empresario de reducciones orgnicas . Rauch se extra de la correccin con que se expresaba en castellano ese hombre evidentemente extranjero, de su raza (3).
Juan Jos Hernndez relata, en El inocente , que ha desaparecido un gato. (...) Poco tiempo despus Julia y yo lo descubrimos muerto en la quinta del alemn. Ocultamos nuestro hallazgo. Nos haban prohibido subir a la pared del fondo que daba a la quinta, pero a menudo desafibamos el peligro para robar naranjas. Nunca saltbamos la tapia; hacerlo hubiera sido correr la misma suerte del gato (4). En "Bajo la luna, sobre la tierra, bajo la noche", el autor presenta a una pareja de gringos. El marido habla alemn, y la esposa, "su media lengua" (5). Magdalena Ruiz Guiaz evoca, en El sortilegio , la relacin entre una pareja de alemanes y la novia del hijo: Digamos que aquellos germanos, los Sachs, mostraron slo una educada indiferencia. Qu poda importarles aquella criolla rioplatense, exuberante, alegre y pobre, que ni siquiera saba hablar el alemn? Sin embargo, guardaron las apariencias con formalidad. Se cumpliran las reglas y sus amistades slo percibiran que aquella no era la nuera esperada, pero que la vida es tal como es y que las personas inteligentes saben adaptarse a cualquier circunstancia (6). El protagonista de Esperanza , de Santiago Korovsky, Con la gente del conventillo se haba ido encariando, haba cinco polacos, una pareja de gallegos, una pareja de judos con un hijo, tres italianos y dos alemanes. Era gente humilde, cariosa, generosa y solidaria. Algunos haban probado suerte como l, pero, tambin, haban perdido (7). En El hombre fro , Horacio Vzquez-Rial presenta a un descendiente de alemanes: Ese rubiecito flaco, que seguramente viva en el barrio, aunque nadie saba exactamente dnde, daba para todo: para una madre represiva, posesiva, castradora, que no le permita tener una novia como todo el mundo, o para un padre violento, de tradicin prusiana . En Tablero desierto , de Hctor Alvarez Castillo, un alemn contrae enlace en la nueva tierra. Relata el protagonista: La historia familiar que alcanc a conocer es sencilla. Si soy sincero debo confesar que a ella la vi ms de un par de veces. Mi amigo descenda de alemanes. Su padre lleg a Buenos Aires durante el segundo gobierno de Irigoyen en un barco que lo trajo de frica, de un continente que no era su pas, a otro ms alejado an del mundo en el que se haba criado. Provena de una ciudad cercana a Berln. En ella haba logrado un ttulo de ingeniero que lo conect dentro de la comunidad germana ya instalada en el Ro de la Plata y, en una de las reuniones a las que con frecuencia era invitado, la esposa del hombre con quien comenzara a trabajar le present a Eloisa. Una joven delgada que vio a su primer hombre en esa velada con el pudor y la ambicin en tornadizo vaivn (8). En el cuento "En la Hostera del Alemn", por Mara Laura Amuchstegui, relata la narradora: "Plena selva saltea. Fuera de temporada. (...) viene llegando el dueo, Helmuth, me pregunta si me gusta el paisaje, y
en vez de contestar lo obvio le comento que estn a la vanguardia, hasta los visitan los extraterrestres" (9). Notas 1. Holmberg, Eduardo L.: La pipa de Hoffmann , en Holmberg, Eduardo L.: Cuentos fantsticos. Buenos Aires, Hachette, 1957. 2. Borges, Jorge Luis: El sur , en Ficciones. Buenos Aires, Sur, 1944. 3. Martnez Estrada, Ezequiel: La tos , en Arlt, Roberto, Borges, J.L. y otros: El cuento argentino. 19301959***. Buenos Aires, CEAL, 1981. (Captulo, vol. 83). 4. Hernndez, Juan Jos: El inocente , en Hernndez, Juan Jos: La seorita Estrella y otros cuentos antologa. Seleccin por el autor. Prlogo por Daniel Moyano. Buenos Aires, CEAL, 1982. (Captulo, vol. 134). 5. Angelino, Diego: "Bajo la luna, sobre la tierra, bajo la noche", en Con otro sol, Corregidor, 1993, volumen que acompaa las ediciones de Diario Popular (Buenos Aires), El Da (La Plata) y Democracia (Junn). 6. Ruiz Guiaz, Magdalena: El sortilegio , en La Nacin, 20 de diciembre de 1998. 7. Korovsky, Santiago: Esperanza , en Aequalis. 8. Alvarez Castillo, Hctor: Tablero desierto , en Metamorfosis, Buenos Aires, Alvarez Castillo Editor, 2005. 9. Amuchstegui, Mara Laura: "En la Hostera del Alemn", en Ciudad de arena ([Link]), 28 de marzo de 2007. Austracos Una mueca despierta dolorosos recuerdos en la refugiada creada por Zahira Juana Ketzelman: "Cerr los ojos y se transmut en aquella niita de diez aos, que en otro idioma clamaba por Hilda. Y la noche, y el miedo, y la voz de pap y mam tratando de explicarle que no haba tiempo, que era necesario huir. Y vivi nuevamente el largo viaje, y la tierra lejana y extraa. Los padres sacrificndose, y el empezar de nuevo, los nuevos rostros, las nuevas palabras. Y el tiempo, el estudio, y ser grande y estar sola" (1). Notas 1. Ketzelman, Zahira Juana: "Hilda", en Autorretrato al infinito. Buenos Aires, el gRillo, 2006. Belgas En varios cuentos de Horacio Quiroga aparecen inmigrantes. Uno de estos cuentos es VanHouten , que toma su ttulo del apellido del protagonista, un belga, flamenco de origen , al que se le llamaba alguna vez Lo-que-queda-de-Van-Houten, en razn de que le faltaba un ojo, una oreja, y tres dedos de la mano derecha. Tena la cuenca entera de su ojo vaco quemada en azul por la plvora. En el resto era un hombre bajo y muy robusto, con barba roja e hirsuta (1). Notas 1. Quiroga, Horacio: Van Houten , en Los desterrados- El regreso de Anaconda. Buenos Aires, Losada, 1997. Checoslovacos Abelardo Castillo evoca, en El candelabro de plata , a Franta, un pordiosero checoslovaco. Recuerda el
narrador. El viejo, cohibido al principio, de pronto empez a hablar. Tena un acento raro, dulce. Se llamaba Franta, y creo no haberme sorprendido al darme cuenta de que no era un hombre vulgar: hablaba con soltura, casi con correccin. Acaso yo le haba preguntado algo, o acaso, rota la frialdad del primer momento (para esa hora ya estbamos bastante borrachos), la confesin surgi por s misma (1). En La golem , Horacio Vzquez-Rial relata que en la Patagonia, cerca del mar , vivan Raquel Grein y su padre: Alrededor de mil novecientos diez, Raquel Grein haba puesto ah su propia casa de putas, junto a un poblado transitoriamente prspero cuyo nombre es preferible olvidar, tan helado como la miserable aldea juda del este de Chequia en la que ella haba visto su primera luz, una luz espesa y perturbadora, de lmpara de aceite, que en nada se pareca a la del sol . Notas 1. A. Castillo, D. Senz, H. Conti y otros: El cuento argentino 1959-1970. Seleccin, prlogo y notas por el Seminario de Crtica Literaria Ral Scalabrini Ortiz. Buenos Aires, CEAL, 1980. Pg. 48. (Captulo). Daneses Vctor Juan Guillot, en Un hombre , evoca a un dans, el protagonista. El teniente Juan Christiansen de la jerarqua revolucionaria era un mocetn musculoso, alto y deslabazado, con ojos azules de fulgor triste, y largos bigotes rubios, de guas caedizas. Parece que era un dinamarqus establecido muchos aos en Punta Arenas. De all, quin sabe por qu, gan la Patagonia, donde cuidara ovejas. Un da apareci en Resistencia, grandote, callado y pensativo. El comandante allende lo haba visto imponerse a tres forajidos norteamericanos que banqueaban en una jugada de monte ingls, armados de grandes revlveres y temidos hasta por la polica del territorio. Como entonces organizaba una expedicin de acuerdo con los colorados, lo dio de alta con grado de teniente. Le entreg unas libras esterlinas y le prohibi el whisky, porque el dinamarqus, acriollado y todo, beba como un guerrero de los tiempos de Odn. A un hombre as no se le dice que miente sin consecuencias (1). Notas 1. Guillot, Vctor Juan: '55n hombre , en El cuento argentino 1900-1930 antologa. Buenos Aires, CEAL, 1980. Escoceses En Un hombre , Vctor Juan Guillot evoca al escocs Mc Dougall, un antiguo administrador de yerbales, del que se contaban en voz baja muchas cosas (1). En Revelacin , Augusto Mario Delfino presenta a una institutriz hija de escoceses: Miss Eveline, la institutriz una joven de Quilmes, hija de escoceses- les recomend mientras los peinaba: No olviden que en sociedad es preciso tener mucho tacto. Anglica sabe que tacto es un sentido, como olfato y vista, y Ricardito ha comprendido que tacto es callar cuando las personas mayores hablan, comer la gelatina aunque no le agrade (2).
Notas 1. Guillot, Vctor Juan: Un hombre , en Historias sin importancia. Incluido en R. J. Payr, J. C. Dvalos, R. Mariani y otros: El cuento argentino 1900-1930 antologa. Buenos Aires, CEAL, 1980. Pg. 105109. (Captulo, vol. 60). 2. Delfino, Augusto Mario: Revelacin , en Cuentos de Nochebuena.. Reproducido en Stang, Margarita R. de: Amrica habla. Buenos Aires, Gram Editora, 1975. Pg. 194. Espaoles Andaluces Francisco Montes es el autor de Leyendas y Aventuras de Alpujarreos. En El desafo (1) relata que un andaluz de diecisis aos gan la competencia de doma que se realizaba para las fiestas patrias: El domador con carita de extranjero, flaco, velludo y colorado, de ojos azules era el mismo que desde las Alpujarras haba llegado con dos aos de edad en la bsqueda de insondables destinos . En un cuento de Marta Lynch, Chola, la hija del sastre, de la misma edad de Rosa, entr como si estuviera en su casa, con la pollera de volados de espaola en una mano y unas castauelas alquiladas en la otra (2). Carmela, personaje de un cuento de Mara del Carmen Garca, era una gitana como toda gitana, morena y habladora, activa y vigorosa, que criaba a sus siete hijos como si no le costara esfuerzo. La ropa siempre limpia y ordenada, la pieza pulcra donde no faltaba un altarcito para la Virgen del Roco y una guitarra que a veces su Rafael sonaba con melanclicos rasguidos andaluces (3). Pierre Cottereau es el autor de La abuela Augusta , cuento en el que evoca un episodio de la ancianidad de un inmigrante andaluz. En los recuerdos del hombre, Las mesetas se extienden hacia un horizonte claro, lejano; desde muy lejos llega el perfume de las manzanas en flor y los almendros son ramos blancos por doquier. Ms all, las praderas que bordean la ra estn salpicadas de florecillas, desborda la primavera sobre toda Andaluca (4). Notas 1. Montes; Francisco: El desafo , en Leyendas y Aventuras de Alpujarreos, en Unisex. Buenos Aires, Bruguera. 163 pp. 2. Lynch, Marta: Entierro de Carnaval , en Los cuentos tristes. Buenos Aires, CEAL, 1967. Pg. 129. 3. Garca, Mara del Carmen: Ojos gitanos , en Cuentos de criollos y de gringos. Buenos Aires, Vinciguerra, 1996. En colaboracin con Fanny Fasola Castao. 4. Cottereau, Pierre: La abuela Augusta , en El Tiempo, Azul, 12 de octubre de 1997. Asturianos En Carroza y reina , cuento que da ttulo al libro de Isidoro Blaisten premiado en el Concurso Literario de la Fundacin Fortabat, aparece el asturiano Alvarez, mozo del caf y bar El Aeroplano: Los parroquianos empujan para llegar hasta las mesas del privilegio y arrastran al mozo, Alvarez el asturiano, el de los
enormes pies, que se escurre entre los cuerpos con la bandeja en alto cargada de choppes, express y especiales de matambre que son la especialidad de la casa (1). Mara del Carmen Garca presenta, en Ojos gitanos (2), a unos asturianos: Algn tiempo atrs haban llegado a Buenos Aires como otros tantos inmigrantes, esperanzados en un futuro sin miseria ni guerras. (...) Se haban conocido de nios en la aldea de Asturias en la que nacieron y se encontraron en Buenos Aires gracias a los oficios del padrino Manuel y como era de suponer se casaron en un septiembre lluvioso de 1910 . Es asturiano un personaje de uno de los relatos de Hilel Resnizky: En 1870 su abuelo, Jos Molinas, era el propietario de grandes estancias, de casas de comercio, e incluso de buqyes y astilleros en la Patagonia. En 1870 apareci un judo ruso, Jacobo Alter Grun, quien se convirti y cas a su hijo Marcos con la hija de Molinas (...) -El viejo Jos Molinas era testarudo y, para decirte la verdad, tacao. Por muchos aos alej de s a su yerno judo, enfrentndose con el rencor de su hija. Al final se rindi y lo hizo socio. Molinas & Grun. San Jacobo. As llam Marcos Grun a la estancia que compr en Santa Cruz, en recuerdo de su padre (3). En Entre humanos (4), Claudia Rodrguez evoca al asturiano Narciso Ibez Menta, el rey del terror por la tele . Notas 1. Blaisten, Isidoro: Carroza y reina , en Carroza y reina. Buenos Aires, Emec, 1986. 2. Garca, Mara del Carmen: Ojos gitanos , en Cuentos de criollos y de gringos. Buenos Aires, Vinciguerra, 1996. En colaboracin con Fanny Fasola Castao. 3. Resnizky, Hilel: Puentes de papel. Buenos Aires, Mil, 2004. 4. Rodrguez, Claudia: Entre humanos , en Varios autores: Cuentos de la Abada de Carfax Historias contemporneas de horror y fantasa. Comentado, recopilado y seleccionado por Nomi Pendzik. Buenos Aires, Pasoborgo, 2006. 188 pp. Baleares En La nia de Ibiza (1), Jorge Alberto Reale refleja la emigracin y la nostalgia de una familia oriunda de esa localidad: Esta historia comenz un poco antes de la Guerra Civil Espaola del Ao 36, en la balerica isla de Ibiza, que es cuando los Ramallets decidieron abandonar su terruo y emigrar a Sud Amrica. Fue as que un da del mes de febrero del ao siguiente recalaron en Buenos Aires. No conocan a nadie. Estaban solos. Deban comenzar de nuevo. Primero se alojaron en el Hotel de Inmigrantes, despus en otros albergues an menos confortables hasta que Don Diego, el padre, consigui un empleo remunerado y una casa . Notas 1. Reale, Jorge Alberto: La nia de Ibiza , en el grillo, N 42, Noviembre-Diciembre 2005. Castellanos
En Fuera de juego , cuento de Horacio Vaccari, el hijo de un italiano zapatero habla a su padre muerto: Cuando conoc a Julia, tard meses en explicarle cmo era mi familia y dnde viva yo. A ella nada pareci importarle. Me present a los suyos. Su padre era dueo de una confitera del centro, un local deslumbrante de luces. Hablaba un espaol rotundo, aprendido en su pueblo castellano. Me apabullaba su seguridad. Lo sent tan superior, que no supe explicarle cmo era usted (1). Notas 1. Vaccari, Horacio: Fuera de juego , en Cuentos elegidos. Buenos Aires, Troquel, 1978. 138 pp. Catalanes H. Bustos Domecq es el seudnimo con el que firmaban Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares algunas obras escritas en conjunto. En uno de estos textos, que se titula Las noches de Goliadkin , un personaje expresa: -Comparto su aversin a la radio. Como siempre me deca Margarita -Margarita Xirgu, usted sabe los artistas, los que llevamos las tablas en la sangre, necesitamos el calor del pblico. El micrfono es fro, contra natura. Yo mismo, ante ese artefacto indeseable, he sentido que perda la comunin con mi pblico (1). En Las seoritas de la noche , Marta Lynch presenta un almacenero cataln: (...) El almacenero arreci en su reyerta milagrosa, recrudeci en los gritos y en los golpes con su frrea y antigua furia de anarquista; los vecinos oan ahora incomprensibles vocablos catalanes y su recia decisin de no dejar al cura aquel que hiciera un marica de su hijo. La cabra, esa piojosa de almacn, su mujer que segua siendo linda todava pas a un segundo plano (2). Patricio Pron es el autor de La espera . El protagonista era porteo. Haba nacido all por 1908 en La Boca, en el Hotel de Inmigrantes, un da de lluvias fras. Sus padres, llegados hacia das de Catalua, le haban transmitido casi sin saberlo esa sensacin de ya no pertenecer a ninguna parte, ni a Catalua ni a Buenos Aires. Juan Vera era el primer argentino (3). Notas 1. Bustos Domecq, H. (Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares): Las noches de Goliadkin , en H. Bustos Domecq, A. Prez Zelaschi y otros: El cuento policial. Seleccin de Jorge Lafforgue y Jorge B. Rivera. Buenos Aires, CEAL, 1981. (Captulo). 2. Lynch, Marta: Las seoritas de la noche , en Los cuentos tristes. Buenos Aires, CEAL, 1967. 3. Pron. Patricio: La espera , en De manos abiertas... Cuentos por adolescentes. Buenos Aires, Tu Llave, 1992. Gallegos Relata el narrador, en El convite de Barrientos , texto de Santiago Estrada de 1889: Pero todo lo que llevo referido habra sido tortas y pan pintado, si el portero de mi alojamiento, desconocindome la voz y tomndola entre sueos por la de un pariente que acababa de morir en El Ferrol, no se hubiera negado a
abrirme la puerta, conjurndome a que, nima en pena, volviera al sitio de donde haba salido, en la seguridad de que en cuanto amaneciera dara de limosna a un pobre los cuartos que me adeudaba al embarcarse para Amrica (1). En Departamento para familias , cuento incluido en el volumen Pasos del gran bailarn, el sevillano Guillermo Guerrero Estrella presenta a Ins, una criada gallega (2). Enrique Mndez Calzada incluye, entre los personajes de su Cuento de Navidad , a un ordenanza, el leal Lavandeira , quien extrajo de su vieja maleta de inmigrante un haz de folletines amarillecidos ya por el tiempo y corcusidos con hilo negro en su margen izquierdo, a guisa de domstica encuadernacin. Se trataba, segn pude observar, de El judo errante, pacientemente coleccionado, y recortado de las hojas de El Heraldo de Madrid, peridico que public en folletn esa lata inmortal hace cosa de doce o catorce aos (3). Juan Jos Saer, en Verde y negro , cuento incluido en Unidad de lugar, Saer escribe: Eran como la una y media de la maana, en pleno enero, y como el Gallego cierra el caf a la una en punto, sea invierno o verano, yo me iba para mi casa, con las manos metidas en los bolsillos del pantaln, caminando despacio y silbando bajito bajo los rboles. Era sbado y al otro da no laburaba (4). En El mundo, una vieja caja de msica que tiene que cantar , Hctor Tizn presenta un cura gallego: El cura comienza a pasearse despaciosamente por el saln. Est pensativo, cabizbajo y dice por ah (slo el Capataz y el Turco pueden escucharlo, los otros no estn en este momento) aludiendo quizs a su pobreza: -Me ha tocado una parroquia estril como una mula. Y poblada de locos (5). En El Antonio , cuento incluido en La manifestacin, Jorge Ass escribe: Cmo no recordarlo, cmo olvidar los picados en las calles, y de la gallega neurtica que no daba la pelota cuando caa en su casa, o la devolva cortada, y los piedrazos que caan de noche en su techo de chapa (6). A un personaje de Marta Lynch, una rabia sorda, tan feroz como sus oscuros orgenes de india y de gallego la espant de la prefabricada donde Jos dorma su mona cotidiana (7). Enrique Anderson Imbert es el autor de "Un bautizo en los tiempos de Justo", cuento en el que Federico Ferreira "A los pocos meses de casado recibi carta de Espaa: los nacionalistas acababan de fusilar a su padre y a su hermano. Por qu, seor, por qu? La Espaa que l haba dejado era la de Alfonso XIII. Una gran familia. Y, de pronto, la locura. A asesinarse, unos a otros! Dos bandos. Al bando de Francisco Franco, su paisano del Ferrol, l, Federico Ferreira, no poda pertenecer. No haban fusilado los nacionalistas a su padre y hermano? Mueran, pues, los nacionalistas! Y al otro bando, el de los republicanos, poda pertenecer? l, que haba sido feliz en la Espaa de Alfonso XIII? La Repblica qu era eso de la Repblica?" (8). Cuando Doa Conce , la gallega del cuento de Jorge Dietsch, ve que se acerca su fin, pide sus zapatos, e
incorporndose en la cama, comenz a bailar. Bailaba para adentro, se vea en la mirada y la sonrisa, con una gracia joven y movimientos que deban ser de tal agilidad que en la habitacin entr un viento fresco de montaas, con olores de campo y de menta. Tarareaba al mismo tiempo una msica tan extraa y bella que quienes escuchaban, a pesar de la gravedad de las circunstancias, no pudieron evitar acompaarla con movimientos de pies. Luego, agotada de tanta danza, apoy la cabeza en la almohada, respir profundo varias veces, y cerr los ojos sin dejar la sonrisa, como soando un buen sueo (9). Elsa Gervasi de Prez es la autora de Carta a Galicia (10), texto que mereci una Mencin en el Certamen que el Rotary Club de Ramos Meja organiz en el ao 1994. As empieza la carta: Meus quiridos pai y mia nai Lorenzos. Y les dijo Lorenzos quirido pai prablar poco ya que ust y mia nai se llaman ijual y no es cosa dandar ripitiendo dos veces los nombres dustedes. Les escribo para dicirles que hemos llejado bien a la Arjintina. Nos acompa la soerte a la Paca y a m y a nuestra rapaza la Paquita . El protagonista de Esperanza , de Santiago Korovsky, Con la gente del conventillo se haba ido encariando, haba cinco polacos, una pareja de gallegos, una pareja de judos con un hijo, tres italianos y dos alemanes. Era gente humilde, cariosa, generosa y solidaria. Algunos haban probado suerte como l, pero, tambin, haban perdido (11). En Los amigos , escribe Natalia Kohen, acerca de su personaje Jos Manolo Prez Ortigueiras: Tambin Pepe consigui su media naranja, pero no por medio de la agencia, que le pareca onerosa. Se haba propuesto no gastar una sola peseta (como dira su padre) en este trmite, ni al contado, ni en cuotas. Record la poca en que de adolescente haba sido repartidor de Al pan crocante. En una de las casas adonde llevaba diariamente pan y facturas, trabajaba Amparito, una galleguita recin llegada de un lugar de Galicia que nadie pudo encontrar jams en el mapa- donde ella haba sido la reina de las romeras (12). Escrib mi cuento Volver a Galicia , basndome en una ancdota familiar. Acerca de la hija de inmigrantes que lo protagoniza, digo: Hasta que no lograra pisar esa tierra, nada tendra valor para ella, porque le faltaba su punto de partida, el origen que la haba llevado a ser quien era (13). En Un cielo para mi abuelo (14), evoco los ltimos das de mi abuelo materno. El cuento fue distinguido con una Mencin Especial en el Concurso de Literatura convocado por el Consejo Profesional de Ciencias Econmicas de la Capital Federal, en noviembre de 1999. Integraron el Jurado Mara Anglica Bosco, Eduardo Gudio Kieffer y Jorge Mascingioli. Antonio Gonzlez, nacido en Lugo en marzo de 1890, protagoniza El regreso del indiano (15), cuento en el que invent para mi abuelo paterno una vida ms feliz que la que realmente tuvo. Este cuento fue distinguido con una Mencin del Jurado en el Concurso de Literatura convocado por el Consejo Profesional
de Ciencias Econmicas de la Capital Federal, en noviembre de 1999. Integraron el Jurado Mara Anglica Bosco, Eduardo Gudio Kieffer y Jorge Mascingioli. En El residente , de Teresa C. Freda, aparece una gallega, pobre y santa enfermera, medio bruta pero buenaza (16). En La aventura olvidada de Sandokan , Mara Rosa Lojo escribe acerca de la relacin entre Sandokan y una inmigrante gallega, en Buenos Aires: Ninguno, tampoco, senta ni haca sentir de tal manera el dolor de la patria distante. En nada se asemejaban las intrincadas selvas de Borneo, el hmedo rbol del pan y el gigantesco sicomoro, a las sobrias castieiras y los speros pinares de los montes gallegos. (...) Pero la nostalgia por lo amado y lo perdido era la misma (17). El Orensano protagoniza Se abri el cielo , de Jorge Alberto Reale. El inmigrante es de Orense el pueblo de la chispa y los dulces arpegios. Enjuto, desdentado, recndito. El pobre est un poco arqueado, su cara afilada, parece disecarse. Nadie sabe si tiene familia. Cuando se lo indaga, dice con orgullo: -Soy descendiente de Rosala de Castro-, ms an, afirma, ser de cuna noble, dijramos de escudos y blasones, no solamente porque se lo crea buena persona. Dice de paso y por lo bajo: -Ser bueno no quiere decir ser inofensivo, la bondad sin talento no vale nada. Y as va, as viene y as pasa con su anticuada armadura, entre esmeriles y calderones. Es todo uno con algo de msico y filsofo trashumante (18). En El sueo de Dyusepo , de Luis Len, se hace referencia a un inmigrante que tena un horno en el fondo de su casa; Un antiguo horno de ladrillos, lleno de pequeas puertas de hierro ya oxidadas, donde un gallego muerto al llegar el siglo, haca pan para vender (19). Uno de los personajes de Un matrimonio encantador -relato de Marcelo Moreno basado en un hecho reales Antonio Gutirrez:, quien Haba llegado al pas siendo muy chico desde y por las desgracias de Espaa. Y se hizo de abajo, trabajando como el Gallego que le decan. A principios de los 60 ya era un importante industrial metalrgico. El tallercito inicial haba terminado en una fbrica con casi mil asalariados. Antonio, a los cuarenta y ocho aos, era millonario e iba por ms (20). En "El puente", cuento distinguido en el concurso de relato breve "Bolboreta" de la Consellera da Emigracin, escribe Mara Rosa Iglesias: "Para Isabel el mar habra de ser siempre, un puente roto. Lo conoci un amanecer, cuando el campo era an todo noche y la escarcha un destello de vidrio bajo la luz de las estrellas. Dola el fro y la humedad pero su mano, amparada por el calor de la del abuelo, se dejaba llevar blandamente rumbo al puerto de Vigo. Resonaban las botas sobre las piedras y por mucho tiempo, no habran de oir sino el resuello de sus respiraciones. Cuando arribaron a Buenos Aires quedaron los tres, varados sobre el puente. Haban bajado todos los pasajeros pero la madre, aferrada a sus dos hijos, se negaba a descender. La opacidad del atardecer
nublado quitaba toda belleza al paisaje. A travs del barandal se vea una multitud gris e irrealmente inmvil y hacia el otro lado, la boca del ro color de len que iba a dar al ocano. El muelle ceniciento, los edificios manchados, el olor estanco, los desperdicios, dbiles las crestillas de las olas. Y el desamparo de los que llegan a un lugar impropio" (21). En "Encontrar a Pandolfi", Sebastin Jorgi escribe: "El trompa de un boliche que estaba por Hiplito Yrigoyen, el Cherry, lo haba empleado ante la insistencia de Atilio, un compinche de copas del gallego Garca. Ah Gino lavaba y acomodaba las mesas, aprendi a manejar la mquina de hacer caf 'express' y de a poco se fue acomodando a una vida que jams haba pensado" (22). En "Este es el bosque", Mara Rosa Lojo vuelve a evocar a su padre: "Cuando llego, jadeante, mi padre est esperndome sentado sobre un tronco. El aire se haba puesto oscuro y empaado un instante atrs, pero aqu, bajo los arcos verdes, la luz tiene un espesor de miel y slo se respira un oxgeno burbujeante y difano. Me siento junto a l. Est tan delgado como cuando muri, pero los ojos vivos contradicen su cuerpo. (...) Y su brazo -apenas un hueso con las venas tatuadas- agrupa en un solo gesto los robles y los castaares, los pinos y los eucaliptos, los musgos y los lquenes, las espinas del toxo" (23). Notas 1 Estrada, Santiago: El convite de Barrientos , en Varios autores: 20 relatos argentinos. 18381887. Seleccin y prlogo de Antonio Pags Larraya. Ilustraciones en colores de Horacio Butler. Buenos Aires, Eudeba, 1969. 2 Guerrero Estrella, Guillermo: Departamento para familias , en R. J. Payr, J. C. Dvalos, R. Mariani y otros: El cuento argentino 1900-1930 antologa. Sel. y prl. de Eduardo Romano, notas de Alberto [Link] Aires, CEAL, 1980. (Captulo). 3 Mndez Calzada, Enrique: Cuento de Navidad , en R. J. Payr, J. C. Dvalos, R. Mariani y otros: El cuento argentino 1900-1930 antologa. Sel. y prl. de Eduardo Romano, notas de Alberto Ascione. Buenos Aires, CEAL, 1980. (Captulo). 4 Mujica Linez, Manuel: La casa cerrada 1807 , en Misteriosa Buenos Aires. Buenos Aires, Sudamericana, 1977. Sptima Edicin. (Coleccin Piragua). Pp. 184-5. 5 Saer, Juan Jos: Verde y negro , en J. J. Hernndez, H. Tizn, Isidoro Blaisten y otros: El cuento argentino 1959-1970** antologa. Seleccin, prlogo y notas del Seminario Crtica Literaria Ral Scalabrini Ortiz. Buenos Aires, CEAL, 1981. (Captulo). 6 Tizn, Hctor: El mundo, una vieja caja de msica que tiene que cantar , en J. J. Hernndez, H. Tizn, Isidoro Blaisten y otros: El cuento argentino 1959-1970** antologa. Seleccin, prlogo y notas del Seminario Crtica Literaria Ral Scalabrini Ortiz. Buenos Aires, CEAL, 1981. (Captulo). 7 Ass, Jorge: El Antonio , en A. Castillo, D. Senz, H. Conti y otros: El cuento argentino 19591970* antologa. Seminario Crtica Literaria Ral Scalabrini Ortiz (sel., prl. y notas). Buenos Aires, CEAL, 1981. (Captulo).
8 Lynch, Marta: Entierro de Carnaval , en Los cuentos tristes. Buenos Aires, CEAL, 1967. Pg. 129. 9 Anderson Imbert, Enrique: 10 Dietsch, Jorge: Doa Conce o la despedida , en El Tiempo, Azul, 14 de marzo de 1999. 11 Gervasi de Prez, Elsa: Carta a Galicia , en Rotary Club de Ramos Meja. Comit de Cultura. Buenos Aires, 1994. 12 Korovsky, Santiago: Esperanza , en Bienvenidos al Concurso Literario 1997 , El Jardn de la Esquina / Aequalis. 13 Kohen, Natalia: Los amigos , en Todas las mscaras. Buenos Aires, Temas, 1997. 14 Gonzlez Rouco, Mara: Volver a Galicia , en El Tiempo, Azul, 27 de diciembre de 1998. 15 Gonzlez Rouco, Mara: Un cielo para el gallego , en Josefina en el retrato. Buenos Aires, el grillo, 1998. 16 Gonzlez Rouco, Mara: El regreso del indiano , en El Tiempo, Azul, 16 de enero de 2005. 17 Freda, Teresa C.: El residente , en El Tiempo, Azul, 26 de junio de 2002. 18 Lojo, Mara Rosa: La aventura olvidada de Sandokan . Publicado en la revista SIBILA, 12, Revista de Arte, Msica y Literatura, Sevilla, Abril 2003, pp. 43-47. 19 Reale, Jorge Alberto: Se abri el cielo , en el grillo, N 36, Noviembre-Diciembre 2003. 20 Len, Luis: El sueo de Dyusepo , en Len, Luis et al.: Rostros de una identidad. Relatos premiados del Concurso Internacional de Cuentos de Temtica Juda. Buenos Aires, Editorial Mil, 2004. 96 pp. 21 Moreno, Marcelo: Un matrimonio encantador , en 50 Historias de amor verdaderas. Buenos Aires, Emec, 2006. 22 Iglesias, Mara Rosa: "El puente" (fragmento) en Fios invisibles [Link] 8 de febrero de 2006. 23 Jorgi, Sebastin: "Encontrar a Pandolfi", en Rock Nena Linda. Buenos Aires, Los Robinsones, 2006. 24 Lojo, Mara Rosa: "Este es el bosque", en La Nacin, Buenos Aires, 24 de diciembre de 2006. Madrileos En Invocaciones a la dama del espejo , de Mara Rosa Lojo, un personaje escribe sobre su madre: Erase una vez una reina, venida de un lejano pas a otro cado en el extremo del mundo, casi all donde empiezan los grandes hielos. Era orgullosa y nostlgica, y la devoraba el temor secreto de haber perdido su rostro verdadero. Para eso se miraba todos los das en el gran espejo de su cuarto regio, para reconocerse. En realidad desdichada reina-, ella nunca supo cul era ese rostro suyo buscado y preservado y lo que con tanto afn persegua, lo quiso en vano (1). Notas 1. Lojo, Mara Rosa: Invocaciones a la dama del espejo , en el grillo, N 41, Julio-Agosto de 2005. Vascos En La pesquisa (1), de Paul Groussac, aparece una sirvienta vasca. La mujer es descripta por el empleado de correo: joven an, vestida como sirvienta y de aspecto extranjero, haba retirado una carta, exhibiendo un pasaporte espaol a su mismo nombre . En El Hombrecito (2), escribe Benito Lynch: A fuerza de transpirado y jadeante, Bustingorri casi no habla, y recuerda, por su aspecto, a un gran buey cansino y sudoroso volviendo del trabajo .
En Hotel Comercio , Bernardo Kordon presenta un comerciante vasco: Un agente de polica cuidaba la puerta del Hotel Comercio. Los curiosos pujaban por entrar. Acosaron a preguntas al viajante. Divis un rostro conocido: era Efran Gutirrez, el dueo de El Vasquito. Fueron andando juntos y cambiaron ideas sobre esa enfermiza y feroz voluntad de quitarse la vida. Ambos le tenan miedo y terror a la muerte, y se pusieron de acuerdo en que matarse era una cobarda (3). En Los trotadores , de Elas Carpena, dice uno de los personajes: -Mire, patrn: de los troteadores que ah, en la Coronel Roca, corrieron el domingo, ni los que corrieron antes, le hacen ninguna mella... : ni siquiera el del vasco Estvez, que gan sobrndose por el tiro largo, ni el de la cochera Tarulla, que gan con el oscuro a la paleta! Usted tiene el oro y lo confunde con el cobre! (4). Es vasco un personaje de Mundo, mundo (5), de Cristina Siscar. En La fotografa , Celia Matilde Caballero relata que un vasco logra ingresar a la foto en la que estaban su esposa y sus hijos (6). En la provincia de Buenos Aires se afinca el protagonista de un cuento de Arturo M. Garca: Don Javier Echegaray y Tarragona, oriundo de San Sebastin en el pas vasco y como su nacin, fuerte de temperamento, frrea voluntad, constante en el trabajo y perseverante en sus ideas haba llegado a la Argentina a los doce aos con unas ansias inconmensurables de hacerse la Amrica. Recal en Buenos Aires, pero la ciudad que creca no le brindaba muchas ilusiones y esperanzas (7). Arturo M. Garca relata, en Ella eligi as , lo sucedido a Raquel Amanda Olascoaga, hija de vascos tomada cautiva por Bigu, con quien pidi contraer matrimonio cristiano, rehusando volver a la sociedad. Cuando la llevaron los indios, ella era una mujer de treinta aos de edad, dama de recio temple y extraordinaria hermosura, hija nica de un matrimonio de origen vasco, que despus de haber habitado muchos aos en el Ro de la Plata, donde cosecharon una ingente fortuna a travs de negocios de importacin de bebidas espirituosas, tradas de Europa, se volvieron a su pas natal, dejando a su hija ya madura, al frente de sus casas en Buenos Aires y Montevideo (8). En "El comisario Gorra Colorada", de Alberto E. Azcona, relata uno de los personajes: "Yo fu amigo tambin del comisario 'Gorra Colorada'. Lo conoc en la batalla de La Verde, era alsinista como yo. En esa ocasin ramos menos, pero nos salvaron los rmington, y adems el coronel Arias coloc a la tropa muy bien protegida en el monte de la estancia. Una noche, mientras comamos un asado a la orilla de la laguna, me cont este vasco Aldaz, que en Navarra durante las 'carlistadas', estuvo preso en setenta y dos crceles. Consigui escapar y llegar a la Argentina, donde pele contra Lpez Jordn". 'Despus -continu el dueo de casa- se hizo famoso en toda la Provincia de Buenos Aires. Lo llamaban 'Gorra Colorada', no s si por la 'chapela gorri' de los carlistas, por el distintivo de los conservadores, o porque en aquella poca el quepis colorado formaba parte del uniforme de los comisarios'.
Sorbi el mate meditativamente, y continu: 'Limpi todo el sur de la Provincia de vagos y criminales, y una vez l solo atropell a facn al 'Tigre del Quequn, un tal Felipe Pachecho, que deba catorce muertes. Lo desarm y lo at'. 'S, -concluy mirando ms all de las glicinas-, fuimos muy amigos con Luis Aldaz. Era un hombre de esos antiguos, muy capaz y, sobre todo, de pocas palabras...' ". Notas 1. Groussac, Paul: La pesquisa , en H. Bustos Domecq, A. Prez Zelaschi y otros: El cuento policial. Selecc. de Jorge Lafforgue y Jorge B. Rivera. Buenos Aires, CEAL, 1981. (Captulo). 2. Lynch, Benito: El hombrecito , en Lynch, Benito: Cuentos. Seleccin, prlogo y notas por Ana Bruzzone. Buenos Aires, CEAL, 1980. (Captulo, vol. 70). 3. Kordon, Bernardo: Hotel Comercio , en R. Arlt, J. L. Borges y otros: El cuento argentino 19301959*** antologa. Seleccin y prlogo de Eduardo Romano, notas de Marta Bustos. Buenos Aires, CEAL, 1981. (Captulo). 4. Carpena, Elas: Los trotadores , en Carpena, Elas: Los trotadores. Buenos Aires, Huemul, 1973. Pg. 155. 5. Siscar, Cristina: Mundo, mundo , en Reescrito en la bruma. Buenos Aires, Per Abbat, 1987. 6. Caballero, Celia Matilde: La fotografa , en Fantasa y amor. Buenos Aires, Ediciones Arlequn de San Telmo, 1998. 7. Garca, Arturo: El cctel , en el grillo N 22. Buenos Aires, 1999. 8. Garca, Arturo M.: Ella eligi as , en el grillo, Suplemento: Gabinete de Letras y Arte El tema es la libertad, N 18, 2004. Sin mencin de origen En La pesquisa (1), de Paul Groussac, aparece un espaol que haba logrado un buen pasar: La seora de C., viuda de un comerciante espaol, despus de liquidar la sucesin haba colocado en diferentes bancos el importe de su modesta fortuna, para retirarse a aquella casita-quinta de su propiedad . Ante la posibilidad de que su hija se case con un cristiano, dice a la joven el protagonista de Mate amargo , de Samuel Glusberg: -Es imposible. No se van a entender. En la primera pelea y son inevitables las primeras peleas- l a manera de insulto, te llamar juda, y t le gritars cabeza de goi. Y puede que hasta se burle de cmo tu padre dice noive... l, que ha odo decir siempre al suyo: Madriz (2). En El hombre de la radio a transistores , cuento incluido en El yugo y la marcha, Andrs Rivera relata que al restorn Aguila lleg El Espaol: A las ocho menos cuarto de la noche de ese martes se levantaron las persianas del restorn; se prendieron las luces; llame, plida, la pantalla del televisor. A la ocho y media lleg El Espaol. Era fuerte y alto, la nuca rapada en una cabeza pequea; los ojos verdes, estrechos, jvenes. La piel del rostro, quemada por el sol, tena un color rojizo, vesta overall y saco, camisa de algodn, oscura, boina y borcegues (3).
En su cuento Seguir viviendo , Ana Mara Torres evoca a las modistas espaolas: Josefina se haca los vestidos con una modista. Yo, en cambio, con una que vena a coser a casa. Siempre eran espaolas y siempre dificilsimas de conseguir, se las recomendaba pero no mucho, pues de recomendacin en recomendacin aumentaban su clientela y cuando uno las necesitaba no las consegua. Los dilogos interminables entre mam y la modista, los reproches, las promesas de venir, las demoras... hasta que por fin apareca (4). En Historia de Jos Montilla , Fernando Sorrentino da vida a un tendero inmigrante: Don Jos Montilla viva en la calle Bonpland, bastante cerca de casa. Mi padre tena cierta amistad tenue con l, amistad que no iba mucho ms all del saludo y de alguna breve conversacin. Pero quiero decir que don Jos Montilla y mi padre sentan un mutuo afecto silencioso. Gracias a esta relacin, yo puedo ahora contar la historia de don Jos Montilla (5). Para conjurar la nostalgia, algunos inmigrantes traen de su tierra algo que les resulta especialmente querido: un retrato, un mantn, fotos... O el olivo que la espaola plant en el fondo de su casa, en el cuento Don Paulino , de Marita Minellono (6). En El encuentro , de Jonatan Gastn Nakache, encontramos un mozo espaol (7). El protagonista de La foto , de Alicia Pombar de Tourn, es un descendiente de hispanos: Se llamaba Juan Carlos, era argentino, porteo, y haba nacido en Versalles (...) Era nieto de inmigrantes espaoles, agricultores por parte paterna, que buscaron alejar a sus hijos mayores de la guerra, y dejaron sus campos soando volver. Su padre, uno de los menores, no comparta ese sueo (8). En "Un cambio inesperado", de Leticia Marcori, una pareja viaja a Espaa a buscar una herencia (9). Notas 1. Groussac, Paul: La pesquisa , en H. Bustos Domecq, A. Prez Zelaschi y otros: El cuento policial. Seleccin, Jorge Lafforgue y Jorge B. Rivera. Buenos Aires, CEAL, 1981. (Captulo). 2. Glusberg, Samuel (Enrique Espinoza ): Mate amargo , en La levita gris. Cuentos judos de ambiente porteo. Buenos Aires, BABEL. 3. Rivera, Andrs: El hombre de la radio a transistores , en A. Castillo, D. Senz, H. Conti y otros: El cuento argentino 1959-1970* antologa. Seleccin, prlogo y notas del Seminario de Crtica Literaria Ral Scalabrini Ortiz. Buenos Aires, CEAL, 1981. (Captulo, vol. 107). 4. Torres, Ana Mara: Seguir viviendo , en Seguir viviendo. Buenos Aires, Marymar, 1984. 152 pp. 5. Sorrentino, Fernando: Historia de Jos Montilla , en [Link]. 6. Minellono, Marita: Don Paulino , en Reunin. Buenos Aires, Corregidor. 7. Nakache, Jonatan Gastn: El encuentro , en Escritura Joven III Concurso Literario para Jvenes Clara Kliksberg . Buenos Aires, Mil. 8. Pombar de Tourn, Alicia: La foto , en el grillo, Suplemento: Gabinete de Letras y Arte El tema es la libertad, N 18, 2004.
9. Marcori, Leticia: "Un cambio inesperado", en Varios autores: Nosotros el sur. Compilado por Nen D'Inzeo, directora del Taller Literario del Museo Histrico Sarmiento. Buenos Aires, Ediciones Tu Llave, 2007. 244 pp. Franceses La escalinata de mrmol (1852) es uno de los cuentos de Misteriosa Buenos Aires, de Manuel Mujica Linez. Lo protagoniza Monsieur Benoit, de quien se dice que era en realidad Luis XVII. En sus postreros instantes, el francs recuerda su vida: Cunto dibuj! Cuntos planos nacieron bajo sus dedos hbiles! Desde que lleg a la Argentina, en 1818, no ces de dibujar. Dibuj flores y animales extraos para el naturalista Bonpland; dibuj bellas fachadas para el Departamento Topogrfico: edificios neoclsicos con frontones y columnatas, proyectos de canales, de muelles, de puentes, un mundo fantstico surgi de su pluma finsima, en la trabazn area de las cpulas, de las torres, de los arcos. Antes, en Francia, haba sido marino. Sirvi en las caoneras del Emperador y en las goletas del Rey. Antes estuvo en muchas partes, en las Antillas, en Oriente, en Inglaterra, en Calais... Antes... antes haba una terrible enfermedad, dolores agudos, una neblina que le sofocaba... Por ms que se afanara en despejar las sombras que envolvan a su infancia, nada consegua ver. Sin duda aquella enfermedad esfum su memoria. Lo nico que como un solitario pen emerga en mitad del lago negro, era la escalinata de mrmol (1). En Trampa , escribe Elas Carpena: Don Julio Sosa era patrn de una tropa de carretas y trabajaba con los hornos y con las quintas de los franceses . Alberto Oscar Blasi, autor de las notas, explica: En la Loma Verde de Morn, las quintas de melones y esprragos, y los montes de duraznos, pertenecan a familias francesas (2). En El piola , Adolfo Prez Zelaschi presenta a un individuo que se quiere hacer pasar por francs: Monsieur Gastn, un traficante de dinero extranjero a quien acudan sus compaeros del Banco, y l mismo, para algunas especulaciones menores, tipo de confianza, honesto delincuente del mercado negro que jams haba vendido un dlar o un marco falsos (3). En "Un caprichito muy francs", Eduardo Gudio Kieffer escribe: "Nada: las francesas, slo las francesas y slo la Borchemiel entre las francesas. Pars se le nota en el modo de moverse, de vestirse, de desnudarse. De caminar. Y de hablar! De hablar haciendo rodar las erres. Y de mostrar esos caprichitos muy franceses que uno no entiende. No, uno no entiende pero los soporta. Total, al fin y al cabo es de hombres" (4). El ingeniero Ebelot es el protagonista de El francs de la zanja , cuento de Mara del Carmen Garca: El ingeniero Alfredo Ebelot llegaba con su andar de trancos largos, sombrero de fieltro cubriendo su rubia y
rizada cabellera, botas altas y un poncho pampa cubriendo el hombro izquierdo. El francs se sumaba con frecuencia a beber unas ginebras y a or y narrar los avatares de un da ms en ese confn del mundo en Amrica (5). En Unico testigo , Jorge Alberto Reale se refiere a una inmigrante: Mann, Griseta, La Francesita, eran los nombres de la misma mujer. Su aspecto absurdo, de melena recortada y la cruz de su boca bien roja, acompaaban la soledad de aquel lugar. Aquel lugar era el rincn del Bar 103 (6). En "Mujer de facn en la liga", escribe Edgardo Cozarinsky: "El nombre del viejo Kutschinski era impronunciable para nosotros; de all deriv que a su farmacia la llamramos la farmacia de K. y a su hija Irene K. Sabamos que eran franceses, los habamos odo hablar francs entre ellos, aunque otros juraban que en aquella casa hablaban una especie de dialecto alemn. Nos desorientaba la consonancia eslava del apellido. Habrn venido de Francia noms, pero para m que son judos murmuraba mi padre antes de aadir, cabizbajo, estn en todos lados... " (7). Notas 1. Mujica Linez, Manuel: Misteriosa Buenos Aires. Buenos Aires, Sudamericana, 1977. 2. Carpena, Elas: Trampa , en Carpena, Elas: Los trotadores. Buenos Aires, Huemul, 1973. 3. Prez Zelaschi, Adolfo: El piola , en H. Bustos Domecq, A. Prez Zelaschi y otros: El cuento policial. Seleccin, Jorge Lafforgue y Jorge B. Rivera. Buenos Aires, CEAL, 1981. (Captulo). 4. Gudio Kieffer, Eduardo: "Un caprichito muy francs", en La vida clandestina, volumen que integra la coleccin Nuestro siglo - Historia de la Argentina, dirigida por Flix Luna. Buenos Aires, Crnica, 1992. 5. Garca, Mara del Carmen: Cuentos de criollos y de gringos, en colaboracin con Fanny Fasola Castao. Buenos Aires, Editorial Vinciguerra, 1996. 6. Reale, Jorge Alberto: Unico testigo , en el grillo, Buenos Aires, N 37, Mayo-Junio de 2004. 7. Cozarinsky, Edgardo: Mujer de facn en la liga , en Tres fronteras. Buenos Aires, Emec, 2006. Griegos La protagonista de La rapia , de Marta Lynch, se refiere a los Stavros, una familia griega: El mismo apellido desconcertaba de entrada. Como si vinieran de lejos con un confuso prestigio de Medio Oriente acerca del cual no haba obligacin de estar bien enterado o con un franco y honesto aire de inmigrante en primera generacin, exudando inteligencia para abrirse paso y un lmpido chusmaje que a fuerza de ser admitido dejaba de estorbar (1). Michel Moljo: El epigrafista (2) se titula el cuento en el que Isaas Leo Kremer evoca a este hombre que, en 1950, dolorido por la devastacin de toda la comunidad juda de Grecia, se embarc hacia Buenos Aires para hacerse cargo de la conduccin del templo SHALOM . De prisa Michel Moljo escribe Kremer-, trata de descifrar rpido esas antiguas inscripciones, que ya vendrn los marmoleros para llevarse las placas y no habr otra oportunidad para hacerlo. Tu reaccin fue instantnea, cuando el alcalde de Salnica decidi
tomar una parte del antiguo cementerio judo por razones urbansticas ; te apuraste a rescatar ese testimonio que arranca de pocas tan antiguas y que nutrieron con sus nombres a tantas familias de hidalgos espaoles. Notas 1. Lynch, Marta: La rapia , en Lynch, Marta: Los cuentos tristes. Buenos Aires, Centro Editor de Amrica Latina, 1967. 2. Kremer, Isaas Leo: Michel Moljo: El epigrafista , en SEFARaires, N 18, Octubre de 2003. Ingleses En Nelly , de Eduardo L. Holmberg, uno de los personajes es ingls: El seor Phantomton era rubio y delgado, usaba bigote cado, y en sus ojos vagaba una niebla de misteriosa sugestin. Vesta correctamente, como todos los ingleses acomodados, y conversaba con la franqueza de un hombre que dice lo que piensa, lo cual no suele ser agradable para los que no piensan lo que dicen (1). En Un sepelio atmosfrico (Crnica de 1891) , Juan Carlos Dvalos relata el destino que un astrnomo ingls radicado en Salta, eligi para sus restos: A toque de clarines, la ceremonia dio comienzo a las 3, hora en que el globo, totalmente hinchado, cernase por encima de la muchedumbre apeuscada. Debajo del globo, sobre una mesa, notbase un bulto largo, especie de tmulo cubierto por un amplio trapo negro: ah estaba el cadver de Mr. Stop (2). Un britnico protagoniza Mister Meaney , de Juan Carlos Dvalos: El gringo Meaney fue en el Colegio Nacional de Salta una de las ltimas vctimas de nuestra incultura, en una poca en que la buena crianza de mucha gente bien nacida estaba lejos de alcanzar el excelente nivel medio que observamos hoy (3). Un ingls protagoniza el relato que un personaje narra en el cuento Al rescoldo , de Ricardo Giraldes: Est era un ingls comenz el relator-, moso grande y juerte, metido ya en ms de una peyejera, y que haba criao fama de hombre aveso para salir de un apuro. (...) El ingls, poco amigo de alcageteras, prometi cayarse y dejarlo al infelis yorando su amargura. Esto pas hase muchos aos, y dicen que al ingls, como premio a su gena alma, nunca le sali ms redondo un negocio (4). Uno de los cuentos reunidos en Carroza y reina -libro de Isidoro Blaisten premiado en el Concurso Literario de la Fundacin Fortabat-, es Lotz no contesta . En ese cuento, el narrador, Pecheny, recuerda a Mster Donovan. Pecheny y Lotz Desde el veinticuatro que usaban el Longines. Desde el veintids que estaban juntos en el ferrocarril. En el veinticuatro los ascendieron a los dos. Mster Donovan los hizo llamar y l en persona les entreg el Longines. Cuando entraron al despacho, Mster Donovan tena ya los dos Longines encima del escritorio. Los felicit y los mand en comisin especial (5). Pedro Orgambide describe, en La seorita Wilson , a una inmigrante inglesa, acerca de la que manifiesta uno de los personajes: Yo he visto a la seorita Wilson en la terraza, escuchando una sinfona de Mozart
que se empinaba por las paredes grises y suba hasta los cables tendidos y las antenas de televisin y las nubes de un atardecer en Buenos Aires. Y me pareci que la seorita Wilson sonrea (6). El protagonista de Huella digital , de Marta Celina Linardi, Record los aos transcurridos en el White School. Su educacin haba sido un privilegio. Y aquel comedor con enormes araas y las mesas de roble pulcramente cubiertas con manteles almidonados. Las sillas eran muy pesadas para sus cuerpos de nios pero haba que aprender a correrlas sin hacer ruido. Y las aulas. Y los jardines. Eres afortunado deca mam. Ella siempre me trajo regalos. Los mejores. Claro que no era fcil tolerar los fines de semana all adentro. Por suerte Miss Focker me entretena leyendo cuentos en ingls (7). En Pleamar , Oscar Gonzlez evoca al capitn Griffith George, quien, tras naufragar en 1883, se radic en la estancia Los Yngleses , en el Partido de General Lavalle (8). A Amy Stirling que haba sido inglesa, linda y joven - se refiere el narrador, en un texto de Mara Esther de Miguel: Como no hay males completos tuvo su porcin de dicha: muri una ta y la dej heredera. Amy Stirling, buscando defender su sueo hecho polvo, cerr la casa de Liverpool y dispers sus das por el ancho mundo. Su meta fueron las ciudades con puertos: en ellos recorra muelles y cafetines, das y noches, los ojos bien abiertos y la foto del marinerito en la mano (9). En La noche de la cruz de plata -uno de los cuentos por los que Jorge Torres Zavaleta mereci el Premio Fortabat en 1987-, la guerra, que pareca tan lejana, tan europea, lleg a la Argentina. Tan argentino se siente el hijo de Miss Lucy que, cuando se declara la guerra de las Malvinas, se alista para combatir a los ingleses. Muere en el combate, luchando contra los soldados de la nacin de sus padres. Miss Lucy, al enterarse de la muerte del joven, pens que de lejos, sin advertirlo, sus compatriotas la haban mutilado (10). Don Domingo, personaje creado por Fanny Fasola Castao para su cuento Y el paisano va , recuerda su infancia: Los nios tenan una mesa aparte, alrededor de la cual podan mezclarse en sus juegos. Y l se vea corriendo atrs de sus primas, algunas criollas y otras gringas. S, porque su madre era una de esas inglesas que haban llegado con su familia buscando mejores horizontes, huyendo de conflictos religiosos e intentando afianzarse en la campia que tanto les agradaba (11). Con La tarde que oscureci de tristeza , Julio Enrique Jurez obtuvo el Primer Premio Categora Narrativa 2004 en el Concurso Literario Identidad, en la Ciudad de Azul, Provincia de Buenos Aires. En ese texto se alude al mal proceder de un ingls: Don Carlos Azcona, el hombre entraable y admirado por la sociedad azulea, se haba quitado la vida. En una nublada tarde de verano de 1987 cuando aquel benemrito empresario pujante y exitoso, se dej vencer por la ira y sacando de un cajn del escritorio el lustroso 38
Smith & Wesson que siempre lo acompaaba, gatill tres veces (12). Notas 1. Holmberg, Eduardo L.: Nelly , en Cuentos fantsticos. Buenos Aires, Hachette, 1957. 2. Dvalos, Juan Carlos: Un sepelio atmosfrico (Crnica de 1891) , en Los buscadores de oro. Incluido en Dvalos, Juan Carlos: La muerte de Sarapura Antologa. Buenos Aires, CEAL, 1980. Pgs. 96 a 101. (Captulo, vol. 66). 3. Dvalos, Juan Carlos: Mister Meaney , en Los buscadores de oro. Incluido en Dvalos, Juan Carlos: La muerte de Sarapura Antologa. Buenos Aires, CEAL, 1980. Pgs. 102 a 106. (Captulo, vol. 66). 4. Giraldes, Ricardo; Al rescoldo , en R. J. Payr, J. C. Dvalos, R. Mariani y otros: El cuento argentino 1900-1930 antologa. Seleccin y prlogo por Eduardo Romano; notas por Alberto Ascione. Buenos Aires, CEAL, 1980. (Captulo, vol. 60). 5. Blaisten, Isidoro: Lotz no contesta , en Carroza y reina. Buenos Aires, Emec, 1986. 219 pp. 6. Orgambide, Pedro: La seorita Wilson , en La buena gente. Buenos Aires, Sudamericana. Incluido en A. Castillo, D. Senz, H. Conti y otros: El cuento argentino 1959-1970 antologa. Buenos Aires, CEAL, 1981. (Captulo, vol. 107). 7. Linardi, Marta Celina: Huella digital , en Varios autores: Nosotros el Sur. Seleccin de Nen DInzeo. Buenos Aires, Tu Llave, 1992. 124 pp. 8. Gonzlez, Oscar: Pleamar , en El Tiempo, Azul, 1 de diciembre de 1996. 9. Miguel, Mara Esther de: Amy Stirling , en el grillo, Buenos Aires, Marzo-Abril de 2003, Ao 12, N 34. 10. Torres Zavaleta, Jorge: La noche de la cruz de plata , en El palacio de verano. Buenos Aires, Grupo Editor Latinoamericano, 1987. 11. Fasola Castao, Fanny: Y el paisano va , en Cuentos de criollos , en Cuentos de criollos y de gringos, Breves historias con Historia, en colaboracin con Mara del Carmen Garca. Buenos Aires, Vinciguerra, 1996. 12. Jurez, Julio Enrique: La tarde que oscureci de tristeza , en El Tiempo, Azul, 28 de noviembre de 2004. Irlandeses William Bulfin, escritor irlands que lleg a la Argentina en 1880 y fue director de The Southern Cross, es el autor de Tales of the pampas. Alejandro Clancy, el traductor de la obra, afirm: Cuentos de la Pampa escritos por Bulfin a partir de 1880- narra cmo era la vida de los irlandeses y de los argentinos en el campo, cerca de los fortines. Los irlandeses que sobre todo eran ovejeros- llegaban ac sin un centavo y empezaban haciendo las tareas manuales que no queran hacer los gauchos (1). En el cuento Los afanes , Adolfo Bioy Casares alude a las irlandesas: "Milena tena el pelo castao lo llevaba muy corto-, la piel morena, los ojos grandes y verdes (menospreciaba los ojos azules de las Irishporteas), las manos cubiertas de mataduras. Era alta y fuerte (2). Elisa Brown se titula el cuento en el que Mara del Carmen Garcia evoca la suerte corrida por la hija del
almirante: Cuando el sol de una de las ultimas maanas de diciembre comenzo a hacer brillar las aguas del rio con pequeos destellos dorados y el aire se lleno de la fragancia de los jazmines, Elisa creyo comprender que esa era la hora de la cita, ese era el momento que habia estado esperando dia tras dia. Bajo descalza al jardin, recogio al pasar unas flores, bajo la barranca que la separaba del rio y sin volver la cabeza se fue hundiendo en el agua viendo los ojos amados en sus ojos, oyendo sus dulces promesas en su oido y sintiendo el abrazo del ancho pecho que la protegeria para siempre (3). Juan Jos Delaney es el autor de Trboles del Sur (4), quince textos que transcurren a lo largo de ms de un siglo. En Destinos (1929) , escribe una inmigrante irlandesa: No te enojes porque no haya escrito antes. Me fue imposible hacerlo debido a la angina tabacal que me arranc la promesa de no fumar ms. Aciertas al suponer que no soy feliz. La vida es algo difcil por ac y confieso que estoy dudando de si mi arrojo de hace diez aos vali la pena . En Los viejos cuentos de la ta Maggie (Una irlandesa anida en las pampas) (5), Susana Dillon rene cuentos traidos desde otras tierras por la ta que, afincada en la Argentina, form un hogar con un vasco, y fue madre de cinco varones. Es a ella, a quien la autora dedica estas pginas: Estos cuentos son un homenaje a ta Maggie, aquella irlandesa prototpica que una vez fue trasplantada a las pampas con toda la magia de sus artes domsticas y el inefable encanto de las personas dulces y simples cuyo recuerdo aroma mi infancia. () En su memoria reconstruyo estas leyendas de la tierra de nuestros ancestros, para que otros tambin tengan oportunidad de participar de la oralidad de este pueblo nuestro, tan tocado por los infortunios, pero tambin por la varita mgica de la fantasa . Notas 1. S/F: en El Tiempo, Azul, 16 de noviembre de 1997. 2. Bioy Casares, Adolfo: Los afanes , en Mi mejor cuento. Buenos Aires, Orin, 1973. 3. Garca, Mara del Carmen: Elisa Brown , en Cuentos de criollos y de gringos. Buenos Aires, Vinciguerra, 1996. En colaboracin con Fanny Fasola Castao. 4. Delaney, Juan Jos: Destinos (1929) , en Trboles del sur. Buenos Aires, Grupo Editor Latinoamericano, 1994. 5. Dillon, Susana: Los viejos cuentos de la Ta Maggie (Una irlandesa anida en las pampas). Ilustracin de tapa e interiores: Angel Vieyra. Ro Cuarto, Crdoba, Universidad Nacional de Ro Cuarto, 1997. 91 pginas. Italianos Abruzzos Domnico, un campesino italiano herido durante una huelga en Buenos Aires, en 1919, siente nostalgia de su pas. El personaje creado por Mara del Carmen Garca Se qued pensando en su casa de Pescara, la casa de sus padres, las paredes amarillas, las viejas tejas rotas, descoloridas, que cobijaban en una cocina y en una sola habitacin a una numerosa familia de doce almas (1).
Notas 1. Garca, Mara del Carmen: Dmnico, el campesino obrero , en Cuentos de gringos , en Cuentos de criollos y de gringos, Breves historias con Historia, en colaboracin con Fanny Fasola Castao. Buenos Aires, Vinciguerra, 1996. Basilicata En un cuento (1), Martha Moroni relata la historia de su abuela. Notas 1. Morini, Martha: "Inmigrante italiana", en el gRillo, N 45, Noviembre-Diciembre 2006. Friuli Una madre deja en Italia a sus hijas, y viaja a la Argentina llevando al hijo, en el cuento El tren de medianoche de Syria Poletti: Era un atardecer iluminado al rojo cuando mi madre se acerc al tren excitada y hermosa como todas las mujeres cuando van a reunirse con el marido y le llevan un hijo varn. Atrincherada en mi espeso mutismo, no quise besarla. Y ella, para aliviar su culpa, quiso creer que no la quera. Todava no comprende...-justific su cobarda (1). Notas 1. Poletti, Syria: El tren de medianoche , en Mi mejor cuento. Buenos Aires, Orin, 1974. Lacio En La conquista de Buenos Aires , de Enrique Loncn, Cicern vuelve a la vida en el siglo XX y emprende, para los idus de marzo de 1932 (d.C.) , un viaje del que se arrepentir amargamente. El latino escucha que ms all del Atlante existe una ciudad nueva, maravillosa, pletrica de esperanzas. Es la tierra prometida de los inmigrantes, la meta de los destinos fantsticos y las riquezas fabulosas. Se cuentan por millares los hijos del Lacio que en Buenos Aires hicieron fortuna... (1). Notas 1. Loncn, Enrique: La conquista de Buenos Aires , en Cuentos y esquicios. Buenos Aires. Lombarda Un personaje de El da de las grandes ganancias , de Alberto Gerchunoff, es italiano. El dueo de la Tienda de las cuatro estaciones es descripto as por el narrador adolescente: Lombardo de fuertes piernas, espaldas enormes y cara redonda como un plato, en la que brillaban dos ojos grises, rientes y mviles, hallbase siempre instalado en el fondo del negocio, colgando de los labios la curva pipa de barro. Hombre de cuarenta aos, obeso y jovial como un prroco de aldea, no conceba entre las paredes de la tienda el malhumor que amargaba mis planes (1). En Santana , de Roberto Mariani, una lombarda sufre un percance: Despus de aquel temporal en que un aletazo de viento tumb al suelo a la lombarda del segundo patio destrozndole la sopera y derramndole el humeante caldo, las vecinas todas, en un acuerdo defensivo, decidieron cocinar en sus respectivas habitaciones durante los das de recio viento o dura lluvia, rebeldes a la obstinada reclamacin del negro Apolinario, encargado del conventillo (2). Notas
1. Gerchunoff, Alberto: El da de las grandes ganancias , en Cuentos de ayer. Buenos Aires, Ediciones Selectas Amrica, Tomo I, N 8, 1919. Pgs. 227/8. 2. Mariani, Roberto: Santana . Citado por Pez, Jorge en El conventillo. Buenos Aires, CEAL, 1970. Piamonte En "La torre del amor", Marcos Aguinis relata la historia de un piamonts afincado en Ro Cuarto y su descendencia (1). Notas 1. Aguinis, Marcos: "La torre del amor", en Aguinis, Marcos: Todos los cuentos. Buenos Aires, Sudamericana, 1995. Sin mencin de origen Guillermo House evoca, en El mangrullo , la agona de un hijo de inmigrantes, y el herosmo del camarada sanjuanino que intenta protegerlo: El conscripto Colombo (un hijo de gringos de la provincia de Santa Fe) es regular tirador, pero flojazo para las penurias. (...) Como Colombo no puede moverse, l le introduce en la boca su dedo meique hmedo de roco. Pero el sol no tarda en disipar este engao, y desde temprano se deja sentir (1). En El saln dorado 1904 (2), de Manuel Mujica Linez, la duea de una mansin en decadencia se entera de que muchas de las habitaciones se han transformado en locales. Uno de ellos es ocupado por un sastre presumiblemente italiano: El ama de llaves la detiene delante de la puerta que da al comedor. En su panel central hay clavado un cartel: Bruno Digiorgio, sastre. Entran all. Los cortes de gnero se apilan sobre un mostrador; los maniques rodean a la estufa, encima de la cual permanece, como un testigo irnico, el lienzo pintado de la Carrera de Atalanta que imita un gobelino . Sebastin Jorgi es el autor de "Un da de vida", cuento en el que evoca la triste existencia de una italiana y su hija, vctimas de un padre desptico (3). Giusseppe el zapatero protagoniza un tango de Guillermo del Ciancio. En un cuento de Horacio Vaccari, el hijo mdico escribe una carta a Giuseppe. Le dice: Hoy me duele decir todo esto, pero necesito torturarme con la verdad, con mi triste verdad y he de asumirla hasta el fin. Cumpl con la voluntad que usted me impuso desde la cuna. Estudi Medicina, fui uno ms en el montn, aunque sacaba buenas notas. Tena que hacerme perdonar mi origen, si bien mis compaeros me respetaban porque era callado y estudioso (4). Humberto Costantini escribe acerca de un gringo; en su Historia de una amistad : a m me gustaba cuando don Aldo me hablaba de sus cosas. Cuando vine a Amrica, sabe?, me soaba tener una casa y una familia. Muchos hijos, sabe. As como usted. O ms todava. Ocho, diez. Una mesa larga, larga, y todos all a la noche comiendo con buen apetito. En mi ciudad haba un sastre que tena doce. Todos carabineros. Se imagina? Con estos sombreros grandes..., me deca (5).
En el cuento Niebla , escribe Jos Luis Prez: Era el patio de ladrillos de un inquilinato, pulido por los pasos de fatigados inmigrantes, con enrejados verdes de varillas de maderas entrecruzadas, grandes macetas rojas y amarillas de formas acampanadas llenas de plantas, un gran piletn en el centro, el parral cubrindolo todo y en una silla baja, sentado, con una chaqueta en su falda y una aguja en su mano, cosiendo con destreza y chupando su pipa, estaba l. Un aroma de uva madura y tabaco fuerte llenaba el espacio, de una vieja radio sala la voz de Beniamino Gigli, cantando Wien, Wien, nur du allein (6). Un amor imposible causa la emigracin de un italiano, en un cuento de Jos Luis Cassini: El mismo da en que Enrico se hizo cargo de la sastrera, el nico auto de la villa se detuvo enfrente. El chofer entr: La hija del Patrn se va a casar con un doctor de Zppola, como l ha dispuesto; y aqu te manda este dinero a cuenta del traje de novia que le vas a confeccionar. Enrico lo entreg y se embarc (7). En La confesin (8), Vctor Casafs relata un extrao suceso en el que intervino un italiano: Antes de irme, se me ocurri pasar por la Sacrista para averiguar el nombre del Santo que tanto bien me haba hecho. Para mi sorpresa me dijeron: -No. Con motivo de la pintura se quitaron todos los Santos. Al nico que puede encontrar por ah es a Don Giuseppe, el pintor . La historia secreta de un italiano es el tema de El ltimo patio (9), de Haydee Massa, que se inicia con estas palabras: Resolv ir a Jujuy porque en una de las ltimas cartas to Antonio rogaba que lo visitase. Era el hermano menor de mi padre y a ste le hubiese gustado que satisficiera su deseo. Ambos vinieron muy jvenes desde Italia para establecerse en la Argentina. Despus de convivir varios aos en Buenos Aires, la aficin por la arqueologa incit a to Antonio a promover investigaciones en los yacimientos indgenas del pas. Con el paso del tiempo quedse definitivamente a vivir en Jujuy . En Desarraigo , cuento de Ana Mara de Benedictis, el narrador, que piensa en emigrar de la agobiada Argentina del siglo XXI, se arrepiente, evocando una historia familiar vinculada con la guerra: Record que una maana muy temprano lleg una carta bordeada de una franja verde, blanca y roja; que la abri su abuela materna y comenz a secarse las lgrimas con el delantal; que una a una iban llegando sus tas tratando de frenar el llanto que brotaba sin pedir permiso (10). Escribe Marta Daz Gioffr, en su cuento El nieto del italiano , que al protagonista Siempre lo asombraron los ojos de su abuelo, claros como gotas de agua, y el pincel descarnado con que compuso sobre las paredes de la casa antigua paisajes montaeses hechos con puntitos de colores; deban mirarse de lejos para entenderlos: rebaos derramando su blancura sobre praderas verdes; de cerca, un tul de pintitas sin forma. Se qued sin preguntarle si conoca la escuela puntillista o era slo su intuicin y la nostalgia de su
tierra hecha paisaje. A Vicente esa aoranza se le fue cayendo, como propia, por una mejilla (11). Notas 1. House, Guillermo: El mangrullo , en L. Gudio Kramer, J.P. Senz y otros:: El cuento argentino 19301959* antologa. Selecc. prlogo y notas de Eduardo Romano. Buenos Aires, CEAL, 1981. Pg. 83.(Captulo, vol. 77). 2. Mujica Linez, Manuel: El saln dorado 1904 , en Misteriosa Buenos Aires. Buenos Aires, Sudamericana, 1977. 3. Jorgi, Sebastin: "Un da de vida", publicado en la revista Unin Personal Civil de la Nacin, Enero-Abril de 1967. 4. Vaccari, Horacio: Final de juego , en Cuentos elegidos. Buenos Aires, Troquel, 1978. 138 pgs. 5. Costantini, Humberto: Historia de una amistad (fragmento), en [Link]. 6. Prez, Jose Luis: Niebla , en Varios autores: Nosotros el Sur. Seleccin de Nen DInzeo. Buenos Aires, Tu Llave, 1992. 124 pp. 7. Cassini Jos L.: El mar en los ojos , en Rotary Club de Ramos Meja Comit de Cultura. Buenos Aires, 1994. 8. Casafs, Vctor: La confesin , en La esquina literaria. Buenos Aires, Ediciones Tu Llave, 1996. 9. Massa, Haydee: El ltimo patio , en La esquina literaria. Buenos Aires, Ediciones Tu Llave, 1996. 10. De Benedictis, Ana Mara: El desarraigo , en El Tiempo, Azul, 24 de marzo de 2002. 11. Daz Gioffr, Marta Iris: El nieto del italiano , en Ni siquiera [Link] viento. Buenos Aires, Ediciones Tu Llave, 2006. Japoneses Anna Kazumi Stahl es la autora de Sueo tanguero de un japons (1), cuento que comienza as: Toshiuri Matsushiro arrib a Buenos Aires en 1947 a bordo de un enorme barco vaco. Haba viajado a buen precioen las apagadas cmaras frigorficas de la Estrella Austral que provea al mayor pas exportador de carne vacuna en todo el mundo. Cuando baj, se puso a caminar por la ciudad. Era una figura pequea y enflaquecida entre tantas personas corpulentas y bien nutridas que poblaban las calles . Notas 1. Kazumi Stahl, Anna: Sueo tanguero de un japons , en Catstrofes naturales. Buenos Aires, Sudamericana, 1997. Pp. 200-206. Polacos En Una patada , escribe Samuel Glusberg, bajo el seudnimo de Enrique Espinoza: es necesario estar al tanto de las crueles trabas impuestas en Rusia y Polonia por los secuaces zaristas, para impedir a los jvenes judos llegar a las profesiones liberales; y conocer los sacrificios heroicos de aquellos estudiantes de toda la vida, para explicarse el valor que una madre juda concede a su diploma universitario (1). En "El barn polaco", Adolfo Prez Zelaschi relata la historia de un impostor que deca tener esa nacionalidad (2). En Permiso, maestro , Isidoro Blaisten presenta a La Colorada , una polaca llamada Vlasta, es la prima de la pollera (3).
En Carroza y reina , escribe: Ya se ven las guirnaldas en la laca restallante, las guardas, las cenefas y las volutas de color de fuego, las letras en alegre novecientos en la madera calada, y los lises, las rosas, los trboles, las fustas con diamantes, los escudos argentinos, las amapolas de cinco ptalos, las guitarras encintadas, los facones con chispitas y el bandonen desplegado que el maestro filetero Len Untroib ha pintado en las cuatro barandas de la carroza, en seis das desde el alba al crepsculo (4). Los inmigrantes padecen las secuelas de la guerra. En un cuento de Sebastin Jorgi, un hombre dice a su mujer: A la semana de vivir juntos, mam Freda se largaba a llorar todas las noches en la habitacin contigua. Vos me explicaste que estuvo en el Ghetto de Varsovia y no quiere dormir sola porque tiene mucho miedo de slo pensar que los nazis la llevarn a la casona del fondo del campo (5). En El hijo de Butch Cassidy , escribe Osvaldo Soriano: La guerra en Europa haba interrumpido los mundiales. Los dos ltimos, en 1934 y 1938, los haba ganado Italia y los obreros piamonteses y emilianos que construan la represa de Barda del Medio en la Argentina y las rutas de Villarrica en Chile se sentan campeones para siempre. Entre los obreros que trabajaban de sol a sol tambin haba indios mapuches conocidos por sus artes de ilusionismo y magia y sobre todo europeos escapados de la guerra. Haba espaoles que monopolizaban los almacenes de comida, italianos de Gnova, Calabria y Sicilia, polacos, franceses, algunos ingleses que alargaban los ferrocarriles de Su Majestad, unos pocos guaranes del Paraguay y los argentinos que avanzaban hacia la lejana Tierra del Fuego. Todos estaban all porque an no haba llegado el telgrafo y se sentan a salvo del terrible mundo donde haban nacido (6). Weronicka, la protagonista de un cuento de Natalia Kohen, manifiesta: vinimos a la tierra elegida por nosotros, a la Argentina, donde rehice mi vida y tuve a mi hija. A pesar de eso, a veces aoro mi tierra natal. En Polonia, cuando tena dieciocho aos, soaba con ser mdica. Aqu soy masajista, hice masajes a todos los que me llamaban, a las gentes ms dispares. Ahora, gracias a Dios me doy el lujo de poder elegir... (7). El protagonista de Esperanza , de Santiago Korovsky, Con la gente del conventillo se haba ido encariando, haba cinco polacos, una pareja de gallegos, una pareja de judos con un hijo, tres italianos y dos alemanes. Era gente humilde, cariosa, generosa y solidaria. Algunos haban probado suerte como l, pero, tambin, haban perdido (8). En Gratitud (9) -cuento de Leonel Giacometto distinguido con la Tercera Mencin en el Concurso Internacional de Cuentos de Temtica Juda, convocado por la AMIA-, la narradora recuerda a su abuela inmigrante: Abuela haba nacido en Polonia, y muy joven lleg, en barco, a la Argentina, ms precisamente a la ciudad de Rosario. Era lo nico, en mis tardes de siete aos, que saba sobre la vida de abuela, que se
llamaba Hanna, y no Anna, as, como deca madre que se escriba, con dos enes . En 1994 Treblinka: 52 aos despues; la carta del abuelo , de Alberto Mazor, el antepasado le escribe: Es triste pensar que voy a ser asesinado a sangre fra, es por eso que prefiero no aceptarlo y vivir en funcion del desentendimiento (10). Notas 1. Espinoza, Enrique (Samuel Glusberg): Mate amargo , en La levita gris Cuentos judos de ambiente porteo. Buenos Aires, BABEL. 2. Prez Zelaschi, Adolfo: "El barn polaco", en el gRillo Ao 16, N 47, Julio-Agosto de 2007. 3. Blaisten, Isidoro: Permiso, maestro , en Carroza y reina. Buenos Aires, Emec, 1986. 219 pp. 4. Blaisten, Isidoro: Carroza y reina , en Carroza y reina. Buenos Aires, Emec, 1986. 219 pp. 5. Jorgi, Sebastin Antonio: Tardes del Lorraine , en Tardes del Lorraine. Buenos Aires, Ediciones del Valle, 1996. 6. Soriano, Osvaldo: El hijo de Butch Cassidy , publicado originalmente en el diario Pgina/12, forma parte de "Cuentos de los aos felices", Editorial Sudamericana, 1993. Incluido en Letrpolis ([Link]), Diciembre de 2006. 7. Kohen, Natalia: Weronicka, la masajista polaca , en Todas las mscaras. Buenos Aires, Temas Grupo Editorial, 1997. 8. Korovsky, Santiago: Esperanza , en El Jardn de la Esquina / QUALIS 9. Giacometto, Leonel: Gratitud , en Len, Luis et al.: Rostros de una identidad. Relatos premiados del Concurso Internacional de Cuentos de Temtica Juda. Buenos Aires, Editorial Mil, 2004. 96 pp. 10. Mazor, Alberto: Sobre encuentros y despedidas. Buenos Aires, Mil, 2006. 88 pp. (Imaginaria) Portugueses Carlos Molina Massey, en uno de sus cuentos, evoca a un comerciante portugus establecido en la provincia de Buenos Aires. Es el 25 de Mayo. En Mercedes se aprestan a conmemorar la fecha patria. En la plaza, embanderada, haba msica y cuetero. Desfile de escolares. Aglomeracin de curiosos. Por las calles jinetes gauchos paseaban el lujo de sus fogosos caballos. Don Contreras realizaba su programa anual desde el almacn de don Quintino, el portugus, situado en la esquina crucera de la plaza. All tena concentrada su gente (1). En La caza del yacar , escribe Elas Carpena: de pronto se oyeron unos gritos que surgan de la maraa del monte. Era el portugus Jaime. Entr en la senda con los mismos gritos y se nos alleg. Lo descubrimos transfigurado: en l se dibujaba el espanto. Se puso en los ms descontorsionados aspavientos; con el habla trabada e hipando (2). Notas 1. Molina Massey, Carlos: La muerte del pingo , en El cuento argentino 1930-1959 antologa. Buenos Aires, CEAL, 1981. 2. Carpena, Elas: La caza del yacar , en Los trotadores. Buenos Aires, Huemul, 1973. Rusos La siesta (1) se titula uno de los cuentos que Alberto Gerchunoff incluy en Los gauchos judos. As comienza: Sbado, da del santo reposo, da bendecido por los escritos rabnicos y saludado en las
oraciones de Yehuda Halevi, el poeta. La colonia duerme en una tibia modorra. Blancas las paredes y amarillos los techos de paja, las casuchas lucen al sol, sol benigno de la primavera campestre. Del cielo, lavado por la lluvia de la vspera, desciende una paz religiosa, y de la tierra se elevan rumores apacibles . Alberto Gerchunoff dej, en el cuento El da de las grandes ganancias , testimonio de su poca de vendedor ambulante, durante la adolescencia. Necesitaba poco para abandonar el comercio a que me dedicaba. Era yo entonces alumno del colegio nacional. Haba dado examen de primer ao, encontrndome imposibilitado para continuar los cursos. Me faltaba el dinero para la matrcula, careca de libros, del traje de cierta apariencia, a fin de que los camaradas de aula no se burlasen demasiado de mi aspecto gringo (2). En Mate amargo , escribe Samuel Glusberg: Las alpargatas criollas y el mate amargo fueron los primeros sntomas de adaptacin del to Petacovsky. Pero la prueba definitiva, la evidenci dos meses ms tarde, concurriendo al entierro del general Mitre. Aquella imponente manifestacin de duelo popular, lo conmovi hasta las lgrimas, y durante muchos aos la record como la expresin ms alta de una multitud acongojada por la muerte de un patriarca . Glusberg evoca en ese cuento, a propsito de la circuncisin del hijo del inmigrante llegado a la Argentina en 1905, un hecho luctuoso: Sabido es que: de cien judos que llegan a juntar algunos miles de pesos, noventa y nueve gustan instalarse como verdaderos ricos. De ah que el to Petacovsky, que no era de la excepcin, amueblara regiamente su casa, comprara piano a la pequea Elisa, y con motivo del nacimiento de un hijo argentino, celebrara la circuncisin en una digna fiesta a la manera clsica. Era justo. Desde el asesinato del primognito, en Rusia, el to Petacovsky esperaba tamao acontecimiento. Igual que Jane Guitel, l haba soado siempre un hijo varn que a su muerte dijera en su recuerdo esa oracin del hurfano judo, que el mismo Heine recordaba en su tumba de lana: Nadie ha de cantarme misa,/ Nadie cdish me dir,/ Sin cantos y sin plegarias/ Mi aniversario fatal... (3). En Las noches de Goliadkin , H. Bustos Domecq seudnimo de Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casaresevoca el exilio argentino de una princesa rusa. Goliadkin relata su historia: Veinte aos lo separaban de esa noche de pasin, de robo y de fuga; en el intern, la ola roja haba expulsado del Imperio de los Zares a la gran dama despojada y al caballerizo infidente (4). En Permiso, maestro , de Isidoro Blaisten, el narrador cuenta: Estaba cortando un kilo de colita para la Raquel porque era viernes. (...) La Raquelita, maestro, la de la tiendita, la hija del ruso Mauricio. Todos los viernes me compra colita. La religin de ellos. Los jueves compran marucha, los mircoles entraa de adentro o tortuguita, o entraa finita. Los otros das no compran nada. Le dan al pescado. La religin de ellos (5).
En Carroza y reina , Blaisten escribe: consegu que el ruso Kaminski donase las banderas y los banderines (6). En El baile , Jorgi relata: Haba sido Mariuska, hija de una princesa rusa con veleidades de artista plstica, la que lo inici en pormenores del arte. Con tal de conquistarla al fin, le sigui el tren. Despus de haberla conocido recin finalizada la Segunda Guerra Mundial- en un bailongo de la Boca, simul interesarse por la pintura (7). El bisabuelo de Zahira Juana Ketzelman lleg a Azul con su familia, pero, molesto por la actitud de los lugareos para con sus hijas casaderas, se fue de esa localidad (8). En uno de sus relatos, narra Hilel Resnizky: En 1870 su abuelo, Jos Molinas, era el propietario de grandes estancias, de casas de comercio, e incluso de buques y astilleros en la Patagonia. En 1870 apareci un judo ruso, Jacobo Alter Grun, quien se convirti y cas a su hijo Marcos con la hija de Molinas (9). Notas 1. Gerchunoff, Alberto: La siesta , en Los gauchos judos. Incluido en [Link], [Link], [Link] y otros: El cuento argentino 1900-1930 antologa. Seleccin y prlogo por Eduardo Romano, notas por Alberto Ascione. Buenos Aires, CEAL, 1980. (Captulo, vol. 60). 2. Gerchunoff, Alberto: El da de las grandes ganancias , en Cuentos de ayer. Buenos Aires, Ediciones Selectas Amrica, Tomo I, N 8, 1919. 3. Espinoza, Enrique (Samuel Glusberg): Mate amargo , en La levita gris Cuentos judos de ambiente porteo. Buenos Aires, BABEL. 4. Bustos Domecq, H.: Las noches de Goliadkin , en H. H. Bustos Domecq, A. Prez Zelaschi y otros: El cuento policial. Seleccin de Jorge Lafforgue y Jorge B. Rivera. Buenos Aires, CEAL, 1981. (Captulo, vol. 104). 5. Blaisten, Isidoro: Permiso, maestro , en Carroza y reina. Buenos Aires, Emec, 1986. 6. Blaisten, isidoro: Carroza y reina , en Carroza y reina. Buenos Aires, Emec, 1986. 7. Jorgi, Sebastin: El baile , en Fuga y vigilia. Buenos Aires, Ediciones del Valle, 1996. 8. Ketzelman, Zahira Juana: "Hilda", en Autorretrato al infinito. Buenos Aires, el gRillo, 2006. 9. Resnizky, Hilel: Peregrinacin entre patrias. Buenos Aires, Mil, 2001. Sirios En El camello ciego , relata Francisco Montes: Los sirios suean siempre con la dorada esperanza de Amrica. Y Rachid no era diferente. Esas esperanzas, los sueos de riqueza y unas libras en oro que Ibrahin coloc en su bolsillo, lo decidieron. Y das, despus, en Lataquia tomaba un buque atiborrado de mugrientos emigrantes con su carga de sueos (1). Notas 1. Montes; Francisco: El camello ciego , en Leyendas y Aventuras de Alpujarreos, en Unisex. Buenos Aires, Bruguera. 163 pp. Turcos En la Cantata para los hijos de Gracimiano , escribe Daniel Moyano: Yo conoc a Gracimiana cuando ella
todava era una nia. (...)Los obrajeros y los turcos ms ricos de la zona queran casarse con ella. Su desgracia fue Gracimiano. Todava iba a la escuela cuando lo conoci. Gracimiana envejeci a los treinta aos, gastada por l y por los hijos. Despus la perdimos de vista, pero quien tuvo la suerte de conocer a Anita, su hija, poda ver otra vez a Gracimiana con las mejillas paspadas por el aire (1). En El mundo, una vieja caja de msica que tiene que cantar , Hctor Tizn describe al Turco : Con la negra barba cortada a golpes de tijera, el pelo sucio, abundante y revuelto de tal manera que pueda encajar dentro del pasamontaa y mantenerse all por das y noches y das y sobre todo con su andar cauteloso, asentando con seguridad la planta de los pies evoca sin lugar a dudas largas travesas de camelleros en los arenales de Yemen, o en las faldas de Sina, o quin sabe dnde (2). Escribe Marta Lynch, en Entierro de carnaval : Pas una murga en traje de raso negro y amarillo que llevaba un carteln Los pesados de San Justo y un conjunto de chicas de la fbrica, disfrazadas de hawaianas. Pas el carro del lechero adornado como para las fiestas patrias con una familia entera que cantaba cumbias y estribillos de Pern y pas tambin el turco de la carnicera con un traje nuevo (3). El protagonista de Rubishimn Benyojai , cuento de Luis Len, recuerda los relatos de su abuela sefarad: - Rub Shimn Ben Iojai, mos acompaa ak y en la ki, Alfridico. Cuando lo bushkaron para matarlo, fuyieron l y su isho a la muntanyia. Era un cuento como cualquier otro. A la abuela Masalt le agradaba narrarnos trozos bblicos, que de vez en cuando mechaba con un poco de cbala y fbulas de Esopo. Yo la escuchaba con admiracin, y habitualmente, haciendo dibujos sobre cartn, yo levantaba cada tanto mi cabeza, para controlar que no callara, y volva a bajarla en silencio, para zambullirme en el dibujo, sin saber en realidad si deba entender todo lo que ella me contaba, o simplemente disfrutar del misterio de escucharla (4). En el cuento de Luis Len, Izmir, Vsperas de Psaj , judos de Esmirna preparan su viaje hacia la Aryintina, como Ierushalm, tierra prometida de leche y miel... (5). En Chacarita, Vsperas de Psaj , otro sefarad proveniente de Esmirna recuerda con disgusto su paso por el hotel de inmigrantes: Cuarenta das en el vapor no fueron menos que cuarenta aos en el desierto, y al llegar, ese hotel. Parecido a la timaran de Chesm, igual a ese manicomio donde muri Doudou, su madre que nunca lo abandonaba, y comenz a dejarlo un da, de a poco, en su cerebro, poco a poco hasta olvidar quin era su nico hijo, y otro da se fue entre esas paredes ajenas. Esas inmensas salas llenas de camas, donde cada uno hablaba de lo suyo y sin que nadie los entienda (6). Dyusepo protagonista de El sueo de Dyusepo , cuento de Luis Len distinguido con el Primer Premio en el Concurso Internacional de Cuentos de Temtica Juda, convocado por la AMIA- reconoca su dicha al
llegar al Ro de la Plata. Dios haba sido hartamente piadoso con l, aquel da en que Nissim Jann esper largas horas en el puerto hasta que el enorme cuerpo de metal lleg a la drsena y con su mujer y sus dos pequeas hijas, subieron al carro que los llevara a esa pieza de 25 de Mayo y Viamonte (7). Un inmigrante, personaje de un cuento de Jos Mantel, relata su historia: -Apenas tena quince aos cuando vine de Izmir con mi padre viudo. No tuvo suerte, y al tiempo decidi probar en otro lado, dejndome con una prima suya. No lo vi nunca ms, no s nada de l, ni siquiera si est vivo o muerto. La prima estaba casada con un mal hombre, que cuando se haca preto candil le daba jaftons. Un da quiso pegarme a m, y le part la cabeza con un banco que haba en la cocina. Sal de la casa, sabiendo que no podra volver ms (8). En dos cuentos de Carolina de Grinbaum aparece el turco comerciante. En La inocencia de los culpables , escribe: Nadie falt al convite, desde el boticario, el Juez de Paz, el turco del almacn, el cura prroco, el comisario y algunos vecinos de vieja data. La cosa daba para gran jolgorio . En Un amarillo hiriente , leemos: Estaban slo ellos y el pudor en la rstica cortina comprada al turco, nica escenografa florida, entre esa aridez (9). En El elegido , Alberto Benchouam relata: Los bordes ajados lo dificultaban, pero tras un minucioso examen a trasluz, Vctor Pardo logr descifrarla: la fotografa haba sido tomada en el mes de marzo de mil novecientos veinticinco. Desde la imagen en sepia, amarillenta y borrada en la parte inferior, una mujer joven semi acostada en un silln, sostena sentados, uno en cada rodilla, a dos nios vestidos de idntica forma y aparentemente de la misma edad, de rasgos iguales, aunque uno de ellos miraba la cmara de frente, mientras que el otro giraba un poco el rostro, como si en ese momento se hubiera distrado con una imagen o palabra. Un poco ms atrs, y sosteniendo el vestido de la mujer, una nia de unos cuatro aos, con una mueca cuyas piernas se iban del encuadre (10). En "El comisario Gorra Colorada", de Alberto E. Azcona, relata uno de los personajes: 'Nadie se mova. Mejor dicho, algunos movimientos se escuchaban, pasos, sables, espuelas, desde los rboles donde estbamos emboscados; pero nadie apareca en el claro que rodeaba el refugio del 'Turco Azul'. No insist, por que es malo ordenar y que no le obedezcan; as que para no complicarme en esa cobarda del montn, enderec callado y ligero como una luz hacia el rancho. Y cuando todos crean que iba a forzar la puerta y ya vean salir al Turco a trabucazos y cuchilladas, me trep por los costados y sub al techo de paja brava de aquella miserable habitacin. Separ un poco las pajas, y all abajo lo v dormido al gigantesco matrero. Rpido me largu hacia adentro y ca parado con el revlver en la mano, que lo puse despacito con la boca del cao en la sien del paisano. Abri los ojos muy grandes, se hizo cargo de la situacin, y mansito se entreg.
Cuando salimos, l adelante con los brazos en alto y yo cargndolo de atrs con el 45 gatillado, los vigilantes avanzaron y le apuntaron aparatosamente con los rmington. Nada me dijeron y nada les dije". Notas 1. Moyano, Daniel: Cantata para los hijos de Gracimiano , en Hernndez, J.J., Tizn, H., Blaisten, I. y otros: El cuento argentino 1959-1970 antologa. Buenos Aires, CEAL, 1980. 2. Tizn, Hctor: El mundo, una vieja caja de msica que tiene que cantar , en Hernndez, J.J., Tizn, H., Blaisten, I. y otros: El cuento argentino 1959-1970 antologa. Buenos Aires, CEAL, 1980. 3. Lynch, Marta: Entierro de Carnaval , en Los cuentos tristes. Buenos Aires, CEAL, 1967, pp. 132-3. 4. Len, Luis: Rubishimn Benyojai , en SEFARaires, N 4, 2002. Buenos Aires. (sefaraires@[Link]). 5. Len, Luis: Izmir. Vsperas de Psaj , en SEFARAIRES. 6. Len, Luis: Chacarita. Vsperas de Psaj , en SEFARAIRES. 7. Len, Luis: El sueo de Dyusepo , en Len, Luis et al.: Rostros de una identidad. Relatos premiados del Concurso Internacional de Cuentos de Temtica Juda. Buenos Aires, Editorial Mil, 2004. 96 pp. 8. Mantel, Jos: La historia de Yaquito Pres (3) La confesin de Yusef , en SEFARaires, N 13, Mayo de 2003.. 9. Grinbaum, Carolina de: La inocencia de los culpables. Buenos Aires, e.g, 2003. 10. Benchouam, Alberto: El elegido , en SEFARAires, N 49, Mayo de 2006. Ucranios En Lotz no contesta (1), el narrador, Pecheny, tiene el apellido de algunos inmigrantes llegados de Ucrania. Natalia Kohen evoca, en El gran sueo (2), la festividad de Pesaj. Relata la narradora, refirindose a su abuela llegada desde Ucrania: Me pide que la ayude aunque sea un poquito: estamos en Pesaj (1) y me transformo en su ayudante de cocina. Colaboro con el guefilte fish (2), con los farfalaj (3) para la goldene iuj (4), y con los kneidlaj (5). Con qu fruicin hundo mis manitas en la harina de matze (6) hmeda, para moldear los bocadillos. Qu trabajo me da pronunciar esas palabras en idisch, la abuela me ayuda, y tambin a percibir los aromas apetitosos con que se va saturando nuestro entorno . (1) conmemoracin de la salida triunfal del pueblo judo de su cautiverio en Egipto / (2) pescado relleno / (3) masa cortada en trocitos para acompaar sopas y guisos / (4) caldo de gallina / (5) bocadillos de harina de matze / (6) pan cimo. Notas 1. Blaisten, Isidoro: Lotz no contesta , en Carroza y reina. Buenos Aires, Emec, 1986. 219 pp. 2. Kohen, Natalia: El gran sueo , en Todas las mscaras. Buenos Aires, Temas Grupo Editorial, 1997. Sin mencin de origen En Doa Rita Material , relato de Juan Bautista Alberdi, una mujer se queja de la imparcialidad de un juez: Mi primo, el alcalde de este barrio, con quien nos hemos criado juntos, ua y carne con Donato, mi marido, que todos los das viene a casa, y muchas veces se queda a comer, a quien no hace tres das le mand un
pastel de choclos, ha tenido alma de sentenciar en contra nuestra, en una demanda que tenemos contra un gringo, y contra un gringo, vea Ud!, por unos espejos que nos vendi muy caros, y se los quisimos devolver a los seis das (1). En El pozo (2), de Benito Lynch, relata el narrador: Si El Gringo estaba en La Fortuna a pesar de las mltiples ocupaciones que le reclamaban desde la capital: remar, nadar, levantar pesas, arrojar la bala y hasta prepararse para dar alguna materia de ingeniera en los complementarios de febrero; era simplemente por hacer una obra de caridad... . En Lotz no contesta , cuento de Isidoro Blaisten que integra Carroza y reina, volumen distinguido con el Premio Fortabat, aparece una alusin a los gringos: Pecheny (...) dio vuelta varias veces el sobre del papel, lo abri, ley todo lo que deca: Papel de fumar 75 hojas. El Surub . Marca registrada. Trese suavemente de la hoja. Selecta SAIC Goya. Corrientes Papel engomado. Lotz se rea: Cundo piensa comprar los cigarrillos hechos, Pecheny? Ya ni los gringos de las colonias (3). En Esperanza , escribe Santiago Korovsky: Un 27 de Abril parti de su casa. En el viaje, la mitad de los das se los pas en la borda, con la cara verde, el estmago revuelto, mirando cmo lo poco que haba comido caa al mar. Cuando se senta mejor lo obligaban a entrar de nuevo a una bodega, sin ventanas, donde haba unas cuatrocientas personas ms. Ah era peor, el movimiento del barco se sufra ms, y el aire no circulaba bien (4). En su cuento El cardenal , Mrgara Averbach escribe: Yo siempre haba querido un cardenal. En ese entonces, haba muchos en los rboles de la casa de las tas, como flores rojas ms rpidas que las otras. Y el abuelo, -que haba nacido en una ciudad de Europa y despus se haba visto obligado a convertirse en gaucho judo, una conjuncin inimaginable para l, supongo- me haba prometido cazar uno para m ese verano (5). De otro agricultor judo, Aarn , y su esposa, dice Mara Ins Krimer: Aarn cerr la Biblia y se puso de pie para apagar la hornalla de la cocina. Dio unos golpecitos al mate para asentar la yerba y empez a cebar. Viva en un campito con su mujer, Clara. Nadie pudo explicar por qu terminaron ah, perdidos en el medio de la pampa, cuando parientes y amigos se haban dirigido a las colonias de Santa Fe, Entre Rios y Chaco (6). Hilel Resnizky dedica Peregrinacin entre patrias a la memoria de sus padres y su hermano, como homenaje a la judera argentina, que supo unir valores . El volumen consta de tres partes, cada una de las cuales muestra caractersticas distintas que van de un realismo sentimental a un surrealismo o metarrealismo- de mirada alerta . La primera, Argentino y Judo a mucha honra pretende presentar esbozos, aunque sean aislados, de la epopeya de la colonizacin juda en la Argentina . Aparecen entonces
los gauchos judos, los conservadores y radicales, la discriminacin, el tesn, la victoria y la desazn que caracterizaron a toda una poca (7). Notas 1. Alberdi, Juan Bautista: Doa Rita Material , en Varios autores: 20 relatos argentinos 18381887. Seleccin y prlogo de Antonio Pags Larraya. Ilustracin en colores de Horacio Butler. Buenos Aires, Eudeba, 1961. 2. Lynch, Benito: El pozo , en Lynch, Benito: Cuentos. Seleccin, prlogo y notas por Ana Bruzzone. Buenos Aires, CEAL, 1980. (Captulo, vol. 70). 3. Blaisten, Isidoro: Lotz no contesta , en Carroza y reina. Buenos Aires, Emec, 1986. 219 pp. 4. Korovsky, Santiago: Esperanza , en El Jardn de la Esquina / QUALIS / 5. Averbach, Mrgara: El cardenal , en Aqu donde estoy parada. Crdoba, Alcin, 2002. 6. Krimer, Mara Ins: en El Tiempo, Azul, 9 de febrero de 1997. 7. Resnizky, Hilel: Peregrinacin entre patrias. Buenos Aires, Mil, 2001. Varios En Santana , uno de los Cuentos de la oficina, Roberto Mariani se refiere a los habitantes de un conventillo: Una de estas antiqusimas mansiones actualmente agoniza en conventillo. En sus espaciosas habitaciones donde acaso en 1815 1820 algn general de la Independencia abandona esposa e hijas para ir a satisfacer su sed patritica en los abiertos campos de batalla, hoy conviven apretujadas seis u ocho familias de las ms diversas nacionalidades, y costumbres contradictorias hasta la beligerancia. Italianos, franceses, turcos, criollos. La ltima habitacin la ocupa un griego relojero (1). En Una patada , escribe Samuel Glusberg, bajo el seudnimo de Enrique Espinoza: es necesario estar al tanto de las crueles trabas impuestas en Rusia y Polonia por los secuaces zaristas, para impedir a los jvenes judos llegar a las profesiones liberales; y conocer los sacrificios heroicos de aquellos estudiantes de toda la vida, para explicarse el valor que una madre juda concede a su diploma universitario (2). En Trampa (3), escribe Elas Carpena: El nio Prudencio Surez mantena con Aquiles una amistad ms entraable que la fraternal. (...) Hacan juntos los deberes y estudiaban en la casa de Aquiles. Los afligan las mismas cosas y reciban por igual el contento. En las siestas de verano salan unidos a las quintas; a la del francs le quitaban los melones y sandas a las del vasco . Vctor Juan Guillot, en Un hombre , evoca a inmigrantes de varias nacionalidades. Un dans es el protagonista: Como hombre, el teniente Christiansen era verdaderamente un hombre. Eso no lo haba dicho el capitn Romero, y el capitn Romero, en Chile, se batiera con tres oficiales en tres das seguidos, matando a uno, hiriendo a otro y recibiendo del tercero ese sablazo que le alcanzaba de la sien izquierda al ngulo de la boca; ni el escocs Mac Dougall, un antiguo administrador de yerbales, del que se contaban en voz baja muchas cosas; ni, finalmente, Morand, el suizo Morand, tirador infalible, que arrojaba al aire una caja de fsforos y la incendiaba de un tiro de revlver (4).
En Mam reencuentra a granmam , relata Anderson Imbert: Jeanette creci en un hogar modesto: su padre, Humberto Groppa, fotgrafo: su madre, Yvonne, ama de casa. (...)Conque ella, Jeanette, descendia de una familia linajuda! AI menos por el lado de la madre, porque por el lado del padre... bueno... EI padre, socialista, Ie habia contado que los Groppa que dej en Italia eran proletarios (del "Iumpenproletariat" recalcaba, orgulloso de haber superado ese humilde origen). Lo extrao era que su madre nunca Ie dijo que los Longueval fuesen de abolengo. 0 quiza se lo dijo, pero sin nfasis, y por eso ella tampoco Ie dio importancia (5). En Carroza y reina , relata Isidoro Blaisten: La seora Ziga, subiendo la pollera de su largo sari turquesa, corre por el medio de la calle y sus altos tacones repiquetean como un eco. Detrs el padre Agustino del Mnaco y el maestro filetero Len Untroib hablan mientras corren. En la vereda del Banco Popular, el vocal Cavalcanti ha abierto una brecha por donde pasan el representante de Sadaic, la viuda de Borsini y el presidente del Hogar Croata. Enredadas en los ruedos de sus vestidos, las esposas de los vocales suplentes corren detrs de sus esposos (6). El protagonista de Unisex , de Francisco Montes expresa: Yo, Tufic Farjat Gurruchaga (hijo de libans y catalana) funcionario municipal de la noble San Luis de la Punta de los Dos Venados, mercedino de nacimiento, categora 22 en el escalafn municipal, con tres aos de filosofa (que no me sirven para nada) y tres de francs en la Alianza Francesa (que de algo me sirven ahora), tom la excursin a Europa con mi mujer y dos parientes, antes de jubilarme y quedar anclado por secula seculorun (7). En El hijo de Butch Cassidy , escribe Osvaldo Soriano: La guerra en Europa haba interrumpido los mundiales. Los dos ltimos, en 1934 y 1938, los haba ganado Italia y los obreros piamonteses y emilianos que construan la represa de Barda del Medio en la Argentina y las rutas de Villarrica en Chile se sentan campeones para siempre. Entre los obreros que trabajaban de sol a sol tambin haba indios mapuches conocidos por sus artes de ilusionismo y magia y sobre todo europeos escapados de la guerra. Haba espaoles que monopolizaban los almacenes de comida, italianos de Gnova, Calabria y Sicilia, polacos, franceses, algunos ingleses que alargaban los ferrocarriles de Su Majestad, unos pocos guaranes del Paraguay y los argentinos que avanzaban hacia la lejana Tierra del Fuego. Todos estaban all porque an no haba llegado el telgrafo y se sentan a salvo del terrible mundo donde haban nacido (8). En uno de sus relatos, narra Hilel Resnizky: En 1870 su abuelo, Jos Molinas, era el propietario de grandes estancias, de casas de comercio, e incluso de buques y astilleros en la Patagonia. En 1870 apareci un judo ruso, Jacobo Alter Grun, quien se convirti y cas a su hijo Marcos con la hija de Molinas (9).
El protagonista de Esperanza , de Santiago Korovsky, Con la gente del conventillo se haba ido encariando, haba cinco polacos, una pareja de gallegos, una pareja de judos con un hijo, tres italianos y dos alemanes. Era gente humilde, cariosa, generosa y solidaria. Algunos haban probado suerte como l, pero, tambin, haban perdido (10). Notas 1. Mariani, Roberto: Santana . Citado por Pez, Jorge en El conventillo. Buenos Aires, CEAL, 1970. 2. Espinoza, Enrique (Samuel Glusberg): Una patada , en La levita gris Cuentos judos de ambiente porteo. Buenos Aires, BABEL. 3. Carpena, Elas: Trampa , en Carpena, Elas: Los trotadores. Buenos Aires, Huemul, 1973. Pg. 121. 4. Guillot, Vctor Juan: Un hombre , en R. J. Payr, J. C. Dvalos, R. Mariani y otros: El cuento argentino 1900-1930 antologa. Seleccin y prlogo por Eduardo Romano; notas por Alberto Ascione. Buenos Aires, CEAL, 1980. (Captulo, vol. 60). 5. Anderson Imbert, Enrique: Mam reencuentra a granmam , en Dos mujeres y un Julin (1982), en Narraciones completas, Vol. II. Buenos Aires, Corregidor, 1990. 6. Blaisten, Isidoro: Carroza y reina , en Carroza y reina. Buenos Aires, Emec, 1986. 7. Montes, Francisco: Unisex , en Unisex. Buenos Aires, Bruguera. 8. Soriano, Osvaldo: El hijo de Butch Cassidy , publicado originalmente en el diario Pgina/12, forma parte de "Cuentos de los aos felices", Editorial Sudamericana, 1993. Incluido en Letrpolis ([Link]), Diciembre de 2006. 9. Resnizky, Hilel: Puentes de papel. Buenos Aires, Mil, 2004. 10. Korovsky, Santiago: Esperanza , en Bienvenidos al Concurso Literario 1997 , El Jardn de la Esquina / Aequalis. Cuentos infantiles y juveniles Arabes En Palermo, en las primeras dcadas del siglo XX, Fernando Da Salerno, protagonista de un cuento de Fernando Sorrentino, se casa con una descendiente de libaneses. Relata el narrador: En aquella poca los rabes o, al menos, los libaneses de doa Ibrahima- tenan la costumbre de que los recin casados se retirasen temprano de la fiesta para tener su primera cena en su nueva casa (1). Notas 1 Sorrentino, Fernando: Hombre de recursos , en La venganza del muerto y otros cuentos con astucias. Buenos Aires, Alfaguara, 1997. Espaoles Gallegos Elena Guimil es la autora de Mi bho (1), uno de los seis relatos del Premio La Nacin 1999 de Cuento Infantil. En ese relato, la escritora recuerda la oportunidad en que su padre, un gallego fornido le trajo un pichn. Acerca del texto premiado, afirma la autora: Este cuento naci en un momento muy especial de mi vida, donde los recuerdos de la niez se hacen vvidos, provocados por un hecho sutil: encontrarme de
frente con los grandes ojos amarillos de un pichn de lechucita, parado en un alambre de un camino de tierra rumbo a un campo . Notas 1. Guimil, Elena: Mi bho , en El desafo. Buenos Aires, Sudamericana, 2000. Franceses Carlitos Gardel protagoniza una historia de Graciela Beatriz Cabal, quien relata que el pequeo se haba ido por esas calles de Dios, colgado del pescante de algn carro lechero. Cuando apareca de vuelta en el conventillo, la madre lo corra por el patio, con la chancleta en lo alto, las peinetas a medio salir y los pelos tapndole los ojos. -Dnde anduviste metido, desgraciado?- parece que quera decirle. Pero como estaba muy enojada se lo deca en francs (idioma rarsimo pero que era el de ella). Y entonces los vecinos, que haban sacado las sillitas a la puerta de las piezas para observar todo con detalle (sin intervenir porque una madre es una madre), se quedaban en ayunas (1). En El ovillo del destino , escribe Emilio Saad: no poda negarse que Buenos Aires progresaba. Ya tena ferrocarril, calles empedradas y alumbrado pblico. La aduana provea riquezas y al puerto llegaban cada vez ms inmigrantes. Algunos llamados por el propio gobierno, como Monsieur Ducls, el otro habitante de la casa. Un bilogo que tena la misin de estudiar la flora de la provincia. Era un caballero alto y distinguido y al hablar, apenas se notaba su acento. A Lina lo que mas le sorprendia era su sencillez (2). Notas 1 Cabal, Graciela Beatriz y Contarbio, Delia: Carlitos Gardel. Buenos Aires, Libros del Quirquincho, 1991. 2 Saad, Emilio: El ovillo del destino , en Varios autores: La ultima rebelion y otros cuentos de nuestra historia. Ilustraciones: Graciela Sennes. Buenos Aires, Amauta, 2006. 112 paginas. (Narrativa infantil argentina) Galeses Cuentan en la Patagonia (1), de Nelvy Bustamante, rene siete relatos en los que se honra al indgena y en los que se homenajea la gesta de los galeses que cruzaron el mar para asentarse en Chubut. "Rachel evoca las penurias de los galeses en sus primeros tiempos en la nueva tierra. Cuando todo parece perdido, una idea de la mujer hace que la situacin se revierta. El trueque , narrado a partir del cuento Kaliats , de Huberto Cuevas Acevedo habla acerca de la bonhoma del indio que cambia su caballo por un reloj y, al ser sospechado de robar el animal, lo busca hasta restiturselo al dueo. Una nota para el Hen Wlad se titula este cuento basado en un relato que forma parte de las memorias de John Daniel Evans; en l se denuncia la crueldad de algunos hombres blancos para con los indgenas, y el inmenso dolor de un gals que encuentra prisionero a su amigo tehuelche: John se arrim a su amigo. Le dio el pan y los alimentos que
tena, y apretando sus manos cuarteadas a travs del alambre, se despidi prometindole que volvera a buscarlo . Cuando el gals vuelve, el indio ha fallecido. Malacara relata la historia del caballo que salv al gals Evans, caballo que vuelve como fantasma para salvar a un descendiente del hombre. Notas 1 Bustamante, Nelvy: Cuentan en la Patagonia. Ilustraciones: Lucas Nine. Buenos Aires, Sudamericana, 2005. 64 pp. (Cuentamrica). Hngaros En "El amigo", de Susana Goldemberg, relata el protagonista: "Hungra es mi pas de origen. Argentina, mi patria. Mi casa natal, las casas de mis primos, las de todos los miembros de mi familia, eran hermosas y amplias residencias enclavadas en la campia" (1). Notas 1. Goldemberg, Susana: "El amigo", en Cuentos de la bobe. Santa Fe, Librera y Editorial Colmegna, 1976 (Coleccin Entre Ros). Prlogo de Csar Tiempo. Foto de tapa: Pedro Luis Raota (E. FIAP). Italianos Campania En Palermo, en las primeras dcadas del siglo XX, vive Fernando Da Salerno, protagonista de un cuento de Fernando Sorrentino, con su madre. En la calle Costa Rica -relata el narrador-, en un cuartucho de un conventillo grisceo, nos arrinconbamos mi madre y yo. Mi madre, llamada doa Ferdinanda, y siempre vestida de negro, perteneca, simultneamente, a tres categoras (no incompatibles), a saber: a) santa viejecita; b) viuda; c) napolitana. A pesar de lo Rica que era la Costa de nuestra calle, vivamos en la peor de las pobrezas y no tenamos ni dnde caernos muertos (1). Piamonte Del Piamonte vino la abuela de Mara Teresa Andruetto, quien contaba a sus nietas los relatos que la escritora reuni en Benjamino (2). Dedica este libro, en el que reescribe dos cuentos tradicionales, a la nonna Felicitas . Sobre ella expresa: Mi abuela Felicitas, la mam de mi mam, fue colchonera, en el tiempo en que los colchones eran de lana, se apelmazaban y deban desarmarse y rehacerse cada tanto. De ella recuerdo casi todo, porque la tuve hasta que fui grande: su casa de Arroyo Cabral, donde nac, el piso fresco de ladrillos de esa casa, las mquinas de tisar lana, sus amigas hablando en una lengua desconocida para m, sus comidas deliciosas (el dulce de leche azucarado!), su cara gordita, las mejillas coloradas, el pelo blanco que prenda con horquillas en un rodete... Horquillas, rodetes, colchones apelmazados, mquinas de tizar lana... nombres de cosas que ya no existen . Comenta el origen de los dos cuentos incluidos en el libro Benjamino y Zapatero pequeito -: Ella haba nacido en un pequeo pueblo del Piamonte, al norte de Italia, y de esa regin vinieron hasta m las aventuras de Gioaninn ca boija (Juancito, el que se las ingenia) y Ciavtin cit (el zapatero pequeito) que nos contaba, tal vez para mostrarnos que, por ms pequeo que uno sea, puede, con algo de astucia y un poco
de suerte, engaar a los lobos y a los ogros . Sicilia Ema Wolf afirma que no slo venan personas en los barcos. Venan tambin extraos personajes como el Mamucca, un duende que lleg desde Sicilia: Con toda seguridad lleg ac en un barco. Lo habr trado algn inmigrante en su bolsillo, en la bocamanga de los pantalones o en el pliegue del sombrero. Lo habr trado sin querer, sin darse cuenta. Porque uno puede mudarse de continente llevando hasta un ropero, pero a nadie se le ocurrira cargar a propsito con algo tan fastidioso como el Mamucca (3). Notas 1 Sorrentino, Fernando: Hombre de recursos , en La venganza del muerto y otros cuentos con astucias. Ilustr. Jorge Sanzol. Buenos Aires, Alfaguara, 2003. 2 Andruetto, Mara Teresa: Benjamino. Buenos Aires, Sudamericana, 2002. 3 Wolf, Ema: El mamucca en Clarn, Buenos Aires, 22 de marzo de 1998. Rusos Acerca de Cuentos de la bobe, escribe Susana Goldemberg: "El presente libro es netamente histrico. No me he apartado un pice de la verdad. La totalidad de su contenido es autntico, real; ha ocurrido tal cual como se narra. Por respeto a los nios. Por respeto a los protagonistas. Y porque son tan bellas y profundas sus experiencias, que no cabe ninguna modificacin que las altere, ni en favor de la poesa, ni en pro de la fantasa". Uno de los cuentos incluidos en este volumen escrito "Por y para" sus hijos, es Pap . En l, Goldemberg recrea una despedida: Argentina. El nombre raro. Otro pas. Del otro lado del mar. Pap trat de explicarme: -Es un pas grande, rico, generoso. All respetan a todos los hombres del mundo que quieran trabajar sus tierras. No importa en qu templo o en qu idioma le hablen a Dios. Enseguida pap me alz en sus brazos. Con torpes manos, recorri mi cara: los rulos sobre la frente, las cejas, el dibujo de mi nariz, la lnea de los labios. Y pellizc mi mentn, como siempre lo haca cuando me daba el beso de las buenas noches (1). El pequeo protagonista de Historia con tango y misterio , de Oche Califa, pregunta por qu sus abuelos emigraron de Rusia. El padre le contesta: Por el ejrcito del zar. Cada vez que aparecan por la aldea donde viva era para llevarse a los jvenes a pelear en alguna guerra en la otra punta del pas (2). Notas 1. Goldemberg, Susana: "Pap", en Cuentos de la bobe. Santa Fe, Librera y Editorial Colmegna, 1976 (Coleccin Entre Ros). Prlogo de Csar Tiempo. Foto de tapa: Pedro Luis Raota (E. FIAP). 2. Califa, Oche: Historia con tango y misterio , en Un bandonen vivo. Buenos Aires, Sudamericana, 2002. Sin mencin de origen Marcelo Birmajer evoca su experiencia en la primaria. A propsito de un hecho que est relatando, dice: La historia transcurre en el colegio Doctor Hertzl, una institucin judo-laica donde curs hasta el cuarto grado
de la escuela primaria. No pas de cuarto grado porque el estudio simultneo del ingls, el hebreo y el castellano, sumado a una confusa situacin familiar, me dej varado en una dislexia consistente en escribir el castellano de derecha a izquierda, como el hebreo; y el hebreo de izquierda a derecha, como el castellano. Sin duda podra haberme presentado como atraccin en un circo grafolgico, pero no era la habilidad ms indicada para cursar regularmente el cuarto grado (1). Notas 1 Birmajer, Marcelo: No es la mariposa negra. Buenos Aires, Sudamericana, 2000. Varios Haba inmigrantes entre los personajes de No hagan olas , de Elsa Bornemann: En aquel conventillo de Buenos Aires, cercano al puerto y donde vivan hace muchos aos, los inquilinos argentinos tenan la costumbre de poner apodos a los extranjeros que tambin- alquilaban alguna pieza all. No eran nada originales los motes, y errados la mayora de las veces, ya que para inventarlos- se basaban en el supuesto pas o regin de procedencia de cada uno. Tan supuesto que as, por ejemplo- don Jos era llamado el Ruso, aunque hubiera nacido en Ucrania... A Sabadell, Berenguer y sus esposas les decan los gallegos, si bien haban llegado de Barcelona sin siquiera pisar Galicia... Apodaban los turcos al matrimonio de sirilibaneses; los tanos, a la pareja de jvenes italianos de Piamonte que jams haban conocido Npoles e invariablemente- el Chino, a cualquier japons que diera en fijar all su transitorio domicilio. Sin embargo, podramos deducir un poco ms de conocimientos geogrficos, de informacin y hasta cierto trabajo imaginativo por parte de aquellos pensionistas argentinos, de acuerdo con los sobrenombres que les haban adjudicado a la duea de la casona y a su hijo. Ambos eran griegos. Por lo tanto la Homera y el Homerito, en clara alusin al autor de La Ilada y La Odisea, el genial Homero. Por supuesto, a todas las criaturas que habitaban esa construccin tipo chorizo (cuartos en hilera, cocina y baitos dem, abiertos a ambos lados de un patio), los `rebautizaban con los mismos motes que sus padres, slo que en diminutivo (1). En Historias de inmigrantes, escriben Mara Cristina Alonso y Marta Pasut: El mar es como una sbana grande, tan grande que no tiene bordes , deca la mam de Catalina mientras guardaba camisas, manteles, cacerolas y herramientas en un bal enorme. Y del otro lado de esa sbana sin bordes hecha toda de agua, le contaba, estaba Amrica. Seran los campos de Amrica como una sbana grande sin bordes, toda llena de hierba? Catalina llevaba sus tesoros: una mueca de trapo, un librito con flores y peces y una caja con piedritas de colores. Como tena miedo de olvidarse de las cosas que amaba, haba anotado en papelitos las palabras que nombraban su mundo. Le pareca que si escriba fuente, ro, montaa, oveja, rbol, casa, se llevara esas cosas con ella. Y junto a esos papelitos, llevaba otro muy importante para ella: una carta de amor! (2).
Notas 1 Bornemann, Elsa: No hagan olas (Segundo pavotario ilustrado. 12 cuentos). Ilustraciones: OKif. Buenos Aires, Alfaguara, 1998. 2 Alonso, Mara Cristina y Pasut, Marta: Historias de Inmigrantes. Ilustraciones: Mirella Musri. Editorial Homo Sapiens, 2005. (La Flor de la Canela) Apndice INMIGRANTES Y EXILIADOS LLEGADOS A LA ARGENTINA HASTA 1810 Manuel Mujica Linez, en El espejo desordenado (1643) , relata: Simn del Rey es judo. Y portugus. Disimula lo segundo como puede, hablando un castellano de eficaces tartamudeos y oportunas pausas. Lo primero lo disfraza con el rosario que lleva siempre enroscado a la mueca, como una pulsera sonora de medallas y cruces, y con un santiguarse sin motivo. Pero no engaa a nadie. Asimismo es prestamista y esto no lo oculta. Tan holgadamente caminan sus negocios, que sus manejos mueven una correspondencia activa, desde Buenos Aires, con Chile y el Per. Se ha casado hace dos aos con una mujer bonita, a quien le lleva veinte, y que pertenece a una familia de arraigo, parapetada en su hidalgua discutible. La fortuna y la alianza han alentado las nfulas de Simn, hinchndole, y alguno le ha odo decir que si se llama del Rey por algo ser, y que si se diera el trabajo de encargar la bsqueda a un recorredor de sacristas, no es difcil que encontraran un rey en su linaje (1). En La Casa Cerrada 1807 , de Manuel Mujica Linez, el protagonista escribe una carta a un sacerdote, en la que manifiesta: La circunstancia de haber nacido en Orense, aunque mis padres me trajeron a Buenos Aires cuando empezaba a caminar, hizo que despus de la primera invasin inglesa me incorporara al Tercio de Galicia. Intervine con esas fuerzas en acontecimientos que ahora, tantos aos despus, su osada torna mitolgicos (2). Notas 1 Mujica Linez, Manuel: El espejo desordenado (1643), en Misteriosa Buenos Aires. Buenos Aires, Sudamericana, 1977. 2 Mujica Linez, Manuel: La casa cerrada (1807), en Misteriosa Buenos Aires. Buenos Aires, Sudamericana, 1977. INMIGRANTES EN EL FUTURO Uno de los personajes de "Tiresias", cuento de Carlos Gamerro incluido en Buenos Aires 2033 (1), es el Tano. En "Timbuct", cuento de Carlos Gardini, aparece el polaco Olsanski. Notas 1 Guralnik, Gabriel (comp.): Buenos Aires 2033. Buenos Aires, Norma, 2006. 128 pginas. .... Los inmigrantes que se afincaron en la Argentina aparecen en estos cuentos con sus sentimientos, sus costumbres y peculiaridades. Son personajes de ficcin entraables, testimonio de una poca que muchos conocen slo a travs de los relatos de sus mayores.
Poemas 1. alemanes 2. armenios 3. blgaros 4. espaoles 5. estadounidenses 6. franceses 7. galeses 8. ingleses 9. italianos 10. japoneses 11. libaneses 12. lituanos 13. noruegos 14. polacos 15. rusos 16. sirios 17. ucranios 18. sin mencin de origen 19. varios 20. en conjunto 21. antologa En este trabajo compilo algunos de los poemas en los que los inmigrantes llegados a la Argentina entre 1850 y 1950, sus descendientes u otros escritores argentinos, cantan a la tierra de origen, a la inmigracin o a los inmigrantes. Transcribo parcialmente un poema de cada poeta, aunque muchos de ellos han escrito otros poemas sobre la inmigracin, adems del que incluyo en este trabajo. Varios de estos poemas han sido musicalizados, por eso incluyo canciones, tangos, milongas y schotis. En general, utilizo un criterio cronolgico para ordenar los poemas, a excepcin de los poemas sobre espaoles e italianos, que han sido ordenados por la regin de origen, dejando al final de cada apartado aquellos que no indican procedencia del inmigrante. Alemanes Jos Pedroni se refiere, en el poema Peter y Anna (1), a los fundadores de Esperanza. Naturales de Hintertiefenbach (Alemania). Peter muri de pena a los catorce das de su llegada . Su mujer no tiene dnde enterrarlo: No hay una caja para Peter Zimmermann muerto en la madrugada. Los atades de Hintertiefenbach eran de pino y haya-. Anna Elisabeth Leiser est vaciando el arca. En su poema En el da de la recoleccin de los frutos , Alfredo Bufano dice Salud! tambin a vosotros, hombres de la vieja Alemania (2). Homero Manzi es el autor de "Rosedal" (3), poema en el que alude a un alemn que fue descuartizado y arrojado al lago: Cada vez que contemplo tu lago sarcfago de fetos y de un descuartizado
siento unas ganas locas de adornarlo con tachos latones botas viejas con una cama jaula con una escupidera igual que en los fanales de Pompeya. Notas 1. Pedroni, Jos: Peter y Anna , en Hacecillo de Elena. Santa Fe, Colmegna, 1987. Pg. 112. 2. Bufano, Alfredo: En el da de la recoleccin de los frutos , en Para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino. Buenos Aires, Clarn. 3. Manzi, Homero: "Rosedal", en Salas, Horacio: Homero Manzi y su tiempo, en [Link] [Link] Armenios Eduardo Bedrossian canta a la inmigracin de ese origen. En su novela Hayrig Detrs del silencio de un milln y medio de voces incluy el poema Armenia (1), que transcribo parcialmente: Aquellos que dejando el amparo de tus manos, en la tarde oscura del invierno se marcharon peregrinos, a otras tierras, otros mares, grabando en tu alma el recuerdo de sus risas frescas de das lejanos. Preguntas al viento si vuelven los tiempos pasados, y su tmida brisa, acaricia; y la caricia: suspiro y el suspiro de amor un respiro, como una esperanza cercana, con toda certeza, contesta: Volvern tus hijos errantes!. Notas 1. Bedrossian, Eduardo: Hayrig. Buenos Aires, 1991. blgaros Blgaros Paulina Vinderman habla a su padre en un poema (1): -Anoche so que sacaba un pasaje para Bulgariaquiero decirle. Llego a una ciudad amplia y resuelta, apoyada en un mar interior (un mar de manual, con muchos barcos enhiestos.) Inexplicablemente la ciudad est callada y resuenan mis pasos sobre las calles. En Hospital de veteranos (2), ella escribe: Soy el guardin de mi padre, el guardin del lenguaje, ttulos nobiliarios sacudidos por el temporal... (...) Me quedar con nuestra coleccin de monedas y tus zapatos enormes, vacos para siempre de tus pies y tus sospechas. Notas 1 Vinderman, Paulina: Bulgaria , en Bulgaria. Biblioteca Virtual Beat 57. 2 Vinderman, Paulina: Hospital de veteranos. Crdoba, Alcin, 2006. 56 pp. Versos citados en Madrazo, Jorge Ariel: "Entre la extraeza y la zozobra", en La Nacin, Buenos Aires, 31 de diciembre de 2006. Croatas Ante Sudar es el autor de In Memoriam , poema que comienza con estos versos: Patria, madre amada,
Tu hijo de nuevo regresa Despus de muchas dcadas pasadas Del extranjero trae flores A la tumba de su padre, tu hroe croata. Notas Traduccin: Ante Sprljan. Fuente: Historia de la inmigracin croata en Crdoba, por Cristian Sprljan, Crdoba, febrero de 2002 - csprljan@[Link] [Link] Espaoles Andaluces En su poema En el patio (1), Evaristo Carriego elogia a una inmigrante andaluza: Me gusta verte as, bajo la parra, resguardada del sol de medioda, risueamente audaz, gentil, bizarra, como una evocacin de Andaluca. Con olor a salud en tu belleza, que envuelves en exticos vestidos, roja de clavelones la cabeza y leyendo novelas de bandidos. Notas 1 Carriego, Evaristo: En el patio , fragmento incluido en Wolf, Ema (texto) y Patriarca, Cristina (investigacin): La gran inmigracin. Ilustraciones de Daniel Rabanal. Buenos Aires, Sudamericana, 1997. Sexta edicin. 226 pginas. (Sudamericana Joven Ensayo). Pg. 53. Asturianos En Los pjaros ciegos (1), escribe Jos Portogalo: Junto a un charco de sangre estaba yo, Juan Prez, asturiano, profesin panadero, veinte aos de Argentina, con tres hijos, un ro de esperanza entre mis manos, el corazn del mundo en mi garganta y una copla en mi pecho. La primavera, ciega, se amonton en mi sangre. Desde entonces mi copla perdura entre los pjaros. Notas 1 Portogalo, Jos: Los pjaros ciegos (Fragmento), en Portogalo, Jos: Los pjaros ciegos y otros poemas. Seleccin: Jos Portogalo. Prlogo: Josefina Mercado Longhi. Buenos Aires, CEAL, 1982. Pg. 72. (Captulo, Vol. 132). Cntabros A su abuela espaola canta Baldomero Fernndez Moreno, en Inicial de oro (1): Nac, hermanos, en esta dulce tierra argentina, pero el primer recuerdo ntido de mi infancia es ste: una maana de oro y de neblina, un camino muy blanco y una calesa rancia. Luego un portal oscuro de caduca arrogancia y una abuelita toda temblona y pueblerina, que me deja en la cara una agreste fragancia y me dice: -El mi nieto, que caruca ms fina!-. En "Viejo Caf Tortoni", soneto de 1925, habla a su padre: Cuntas veces, oh padre, habrs venido de tus graves negocios fatigado, a fumar un habano perfumado y a jugar el tresillo consabido!
Notas 1 Fernndez Moreno, Baldomero: Inicial de oro , en Cantan los pueblos americanos. Seleccin de Germn Berdiales; ilustraciones de David Cohen. Buenos Aires, Ediciones Peuser, 1957. Castellanos En Regreso (1), Rubn Bentez canta a su madre espaola: Nuestra madre, la pobre exclamara Has vuelto muy cambiado como si fueras otro. Jams sers el mismo que se ha ido. Naciste con silencio de abismo en tu costado y cuando te meca velaba ya en tu piel la indiferencia. Tu cuna ya era un barco de mares demorados y de ausencias. Pobre madre, portaba en su mirada distante y abatida la luz del desencanto triste flor de su tierra prometida. Notas 1 Bentez, Rubn: Regreso , en La Nueva Provincia, Baha Blanca, 3 de septiembre de 1998. Gallegos En El espiante (1), escribe Bartolom R. Aprile: Se junaban con bronca las viejabas -gaitas tolas, cabreras por un cuentoy se fajaban a lo potro biabas al lado e la pileta del convento Una deca: -Se le van las tabas a ese reo por mhija de contento!Otra deca: -Se le caen las babas a esa lora por m hijo y le da vento!Se fajaban de nuevo: el amasijo para los cosos era espianten fija hacia el nido de amor que cabuliaron. Y al gritar una: -Mhija nos pa su hijo y la otra: -Qu ms quisiera su hija! los chingolos el vuelo levantaron. En el poema Cuando mi padre habl de su infancia (2), Jos Gonzlez Carbalho enumera las posesiones que el nio inmigrante tena en Galicia: un ro, un monte, un horizonte, su perro y sus canciones. En Amrica, ya nada tiene de eso, y se lamenta: Ay, el dueo de valles y misteriosos bosques por el que andaba yo mi perro y mis canciones. Mis canciones que vuelven slo para que llore. Mi perro ya olvidado de obedecer al nombre.
Yo, que perd mis cielos, y soy tan pobre!. Francisco Luis Bernrdez llora a su madre gallega (3): Nuestras pequeas bicicletas iban por aquella carretera de Espaa. Detrs quedaba Carballino, con sus casas envueltas por la madrugada. Dejando mi corazn mucho ms a obscuras, el amanecer despuntaba. Era posible que pudiera venir, como todos los das, la maana? El silencio de mis hermanos era el eco de la soledad de sus almas. Yo senta sobre mis hombros algo parecido al peso de una montaa. El paisaje abra los ojos como si no se hubiera enterado de nada. Nunca olvidar que en el monte de Corzos haba un ruiseor que cantaba. Al llegar a Dacn omos el nombre querido en la voz de la campana. Mam y el mundo haban muerto para siempre y slo aquella voz los lloraba. En Trptico a Galicia (4), Enrique Urbina Garca canta la nostalgia del inmigrante de esa regin: Y aquel que por Vigo, apabull su sombra; en su misterio pompas de luna- ocultar olvido y por las vides de Galicia como raz sangrante tendr su mente endulzando retornos vlidos. (...) Todo el que con un gallego trata, alcanza slo un poco lo que el corazn de ese hombre desparrama, porque el amor, vive en su Espaa. Carlos Penelas es el autor del poema Los trasterrados (5), que dedica a sus abuelos Pedro Penelas y Toms Abad. En l dice: Se ocupaban de las cosas comunes: del trabajo, del pan, de los hijos. No expresaron fatiga ni dolor. Moran en silencio. Llevaban en la sangre el honor, la palabra, la brisca. Beban vino tinto. No reclamaron nada. Caminaban el tiempo de otro tiempo. Manuel Castro Cambeiro y Eliseo Mauas Pinto son los autores de Legado Celta. En el poema Soy el llamado ancestral (6), incluido en ese libro, expresan: Son a voz que pradica, incansabele antre os do meu pobo lonxe da terra, a quos exhorta a non anuzar de si mesmos. De Espaa fue uno de los tres poemas que present en 1995 en el Concurso Literario convocado por el Consejo Profesional de Ciencias Econmicas de Buenos Aires, Categora Familiares de Profesionales. Esos poemas fueron distinguidos con el Segundo Premio, por el Jurado que integraron Mara Anglica Bosco, Nicols Ccaro y Eduardo Gudio Kieffer. Transcribo el fragmento referido a Galicia: Rosala, triste, junto a la ventana, escribe al amor de la antigua llama. Hermosa y doliente, la tierra gallega, crece entre sus manos, libre, sin fronteras.
El seor Santiago (7) se titula uno de los poemas de tema gallego de Mara Rosa Lojo: Por todos los caminos -te han dicho- se llega a Santiago. Pero las brujas siempre llegan antes, montadas en antiguas escobas de toxo y cubiertas con el sombrero redondo de las campesinas. El Apstol las espera encaramado en el Prtico de la Gloria y en la Quintana Dos Mortos, y sentado en el altar mayor y acostado en la urna de su sepultura, y ofrecido como una estatuita de piedra molida en las mesas de recuerdos tursticos, y pintado en las marquesinas de los restaurantes . En su poema Madre gallega (8), Ricardo Ares escribe: Madre gallega, Pestaas como arcos de ceniza Sobre ojos de pjaro en vuelo, (...) Noche infinita encastrada en la singer, bajo la parra encendida de enero viajabas a Lugo, montada en tu infancia y te perdas... En abril de 2007, dos poemas de Hctor Pedro Rodrguez fueron distinguidos con una Mencin Especial en el Concurso de Cuento y Poesa "Homenaje a la poetisa Rosala de Castro", convocado por el Centro Cultural Rosala de Castro. Uno de ellos, titulado "El abuelo", es el que transcribo seguidamente: Mi abuelo en su morada, desafiando nostalgias realiza el inventario de sus cosas preciadas... La pala, el azadon, la fragua ya apagada, de plata aquel doblon que fue de otras Espaas, la imagen de la abuela tan cerca y tan lejana, y el viejo crucifijo, la gaita sin palabras... Ya sabe que lo esperan, del mas all lo llaman y una lagrima inquieta resbala por su cara!... Entonces el abuelo, que sabe de esperanzas, sentado en el Olimpo, paciencia franciscana, oteando el universo con limpida mirada, esperar por siempre en miles de alboradas, lo mismo que hasta hoy mas desde otra ventana, la vuelta de la abuela, a partir de maana!... Qu lejos estas, Espaa!
Mabel Rifn es la autora de El inmigrante , poema distinguido con una Mencin Especial en el Certamen de Poesa y Cuento Breve Homenaje 85 aniversario del A.B.C. del Partido de Corcubin , convocado por el Centro Cultural Rosala de Castro. En el mismo corazn anidan dos sentimientos, que todo el tiempo comparten abrazos y desencuentros. Sos hijo de ese terruo y habitante de este pueblo, all comenz tu historia, aqu la ests escribiendo. En un sitio tus races, en otros frutos del huerto, all qued tu niez, aqu la gozan tus nietos. Pasajeros de la vida con dos estaciones claves, en el punto de partida, Espaa donde dio a luz tu madre. Donde descubriste el mundo entre amigos y cantares, y en la llegada, Argentina donde te enamoraste. Hoy junto a tu compaera cada vez que el alma llora, cruzas los mares y te nutres a raudales. Luego vuelves exultante, aqu aguarda tu presente donde nacieron tus hijos, donde descansan tus padres. Notas 1 Aprile, Bartolom R.: El espiante , citado en Pez, Jorge: El conventillo. Buenos Aires, CEAL, 1970. 2 Gonzlez Carbalho, Jos: Cuando mi padre habl de su infancia , en Requeni, Antonio: Un poeta arxentino en Galicia: Gonzlez Carbalho. Separata del Boletn Galego de Literatura. 3 Bernrdez, Francisco Luis: Poema de las cuatro fechas , en Cielo de tierra. Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1948. Ilustraciones de Horacio Butler. 4 Urbina Garca, Eugenio: Trptico a Galicia , en La Capital, Mar del Plata, 28 de febrero de 1999. 5 Penelas, Carlos: Los trasterrados , en El mirador de Espenuca. Buenos Aires, Torres Agero Editor, 1995. 6 Castro, Manuel, y Mauas Pinto, Eliseo: Legado Celta. 1993. 7 Lojo, Mara Rosa: El seor Santiago , en Esperan la maana verde. Buenos Aires, El Francotirador, 1998. 8 Ares, Ricardo: Madre Gallega , en El Barrio Villa Pueyrredn, Ao VI, Septiembre 2004, N 65. Vascos En Martn Fierro (1), de Jos Hernndez, aparece el vasco pulpero: Se tir al suelo; al dentrar
le dio un empelln a un vasco y me alarg un medio frasco diciendo: Beba, cuao. Por su hermana, contest, que por la ma no hay cuidao. Fernando Sorrentino alude al inmigrante, analizando otra cuestin: Cmo debe interpretarse esta magnfica escena literaria, de vividez cinematogrfica? La actitud insolente del gaucho, con su entrada ampulosa de meter el caballo hasta casi dentro del boliche, darle un empujn a uno el consabido vasco pulpero de los dueos del local, etctera, sirve de contexto para que la palabra cuado, que sola tener un matiz afectuoso, se cargue de agresividad (2). Leopoldo Lugones, en la Oda a los ganados y las mieses (3), canta al vasco: Oh alegre vasco matinal, que haca Con su jamelgo hirsuto y con su boina La entrada del suburbio adormecido Bajo la aguda escarcha de la aurora! Repicaba en los tarros abollados Su eclgico pregn de leche gorda, Y con su rizo de humo iba la pipa Temprana, bailndole en la boca, Mezclada a la quejumbre del zorzico que gema una ausencia de zampoas. Su cuarta liberal tena llapa, Y su mano leal y generosa, Prorrogaba la cuenta de los pobres Marcando tarjas en sus puertas toscas. Guillermo Etchebehere es el autor de "Mis abuelos vascos" (4), poema que transcribo parcialmente: Vinieron de muy lejos. De ms all del mar. De las regiones donde fueron paridas las montaas. Vinieron escapando de la piedra, buscando tierras anchas con su secreta brjula de sueos. Ellos necesitaban una tierra ms simple y menos dura para sembrar la casa. Tierra limpia de cercos, tierra abierta, para poder mirar por las ventanas el lejano horizonte donde nace desnuda, la esperanza; y seguir con los ojos, desde el patio familiar de la calma el irse silencioso de todo lo que muere y lo que pasa. De Mara Cristina Azcona es el poema "Vasco argentino" (5), que dice: El agro se esfera, esmeralda del agro... en los ojos preclaros del abuelo vasco. La boina est al sesgo, las cejas son pueblo, las ideas son rectas planeando milagros. Notas 1. Hernndez, Jos: Martn Fierro. Buenos Aires, CEAL, 1980. 2. Sorrentino, Fernando: El trujamn Por su hermana:no confundir una burla con un brindis (II) , Centro
Virtual Cervantes, 29 de diciembre de 2004. 3. Lugones, Leopoldo: Oda a los ganados y las mieses , en Antologa potica. Buenos Aires, Espasa, 1965. 4. Etchebehere, Guillermo: "Mis abuelos vascos", en La semilla del viento (1947). Poema enviado por Juan Manuel Rizzi. 5. Azcona, Mara Cristina: "Vasco argentino", en Dos talles menos de cerebro. Ver Poemas: antologa. Sefarades En Imagino (1), Luis Len evoca un exilio de siglos: Un pueblo entero partido en muchos pueblos, soltado como palomas en alta mar, ante la incertidumbre de hallar una isla donde detenerse. As el pueblo sefarad se hizo varios y a la vez continu siendo uno. Misterio ejemplificador el de los judos espaoles: Holanda por ac, regiones otomanas por all, Marruecos por el otro lado. Muchos pueblos con una sola lengua...permanecieron un solo pueblo. Largo deambular y una agona que quiz, durara ms de quinientos aos, o a lo mejor slo las pocas horas que tardaron en renovar la ilusin de revivir en otra tierra, hacer suyos los nuevos vecinos, conocer palabras de los otros, para regar la propia lengua. Notas 1 Len, Luis: Imagino , en Sefaraires, N 33, enero de 2005, sefaraires@[Link]. Varios Enrique Larreta canta, en Las criadas y el nio (1), a las domsticas espaolas: Que otros digan de escuelas y de universidades. Yo canto el cuarto aquel de plancha y de costura y sus buenas mujeres. Galicia! Extremadura! y las que me enseaban a palmear soledades. En su poema En el da de la recoleccin de los frutos (2), Alfredo Bufano homenajea a la inmigracin espaola: Salud, nietos sin mengua de Francisco Pizarro y de Ruy Daz de Vivar; hijosdalgo de Avila de los Caballeros, sudorosos hacheros de Ontoria del Pinar, labriegos de las rudas mesetas castellanas, pescadores galaicos de las ras y el mar, hortelanos de Murcia, vascos roblizos, fuertes extremeos: larga gloria tengis todos vosotros, hijos de las viejas Espaas, hombres de eterna y recia y heroica mocedad, en cuyas venas corre la misma sangre nuestra y cuyas bocas se abren con nuestro mismo hablar! Leonie J. Fournier (3) evoca a los hispanos en un poema acerca de la Avenida de Mayo: La Avenida donde estn Las agencias del lotero, Los hoteles, los cafs Donde nunca van de acuerdo Los que discuten sus cosas, andaluces, madrileos que la Avenida de Mayo es como la casa de ellos.
A sus abuelas, inhumadas en tierra americana, canta Ricardo Adriz en Los rostros del olvido (4): Dulces abuelas trashumadas desde estos cielos a aquellos cementerios. Que vuestros nombres, en medio del ocano de sombra, sajados vivos de la noche larga, os devuelvan la luz de un tiempo suave en Freas de Eiras tierra de Galiciay en el Madrid de fin de siglo. Vuestras son estas ltimas lucirnagas, fragmentos puros de un espejo roto, donde brillan los rostros del olvido. Silvia Isjaqui Sereno es la autora de Madre Patria (5), poema en el que recuerda a sus abuelos: Un abuelo cataln El otro de sangre euskera Otros, moros perseguidos Y devueltos a sus tierras Ay mis abuelos dormidos En otras tumbas de Amrica Pensando un da volver Pero ese da no llega Ay que profundo dolor Caminar por otras sendas! Uno huy por ser carlista El otro por la miseria Y al resto lo fue llevando de un lado a otro la guerra Notas 1 Larreta, Enrique: Las criadas y el nio , en Cantan los pueblos americanos. Seleccin de Germn Berdiales; ilustraciones de David Cohen. Buenos Aires, Ediciones Peuser, 1957. 2 Bufano, Alfredo: En el da de la recoleccin de los frutos , en Para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino. Buenos Aires, Clarn. 3 Adriz, Ricardo: Torre del homenaje. Madrid, Ediciones Cultura Hispnica del Centro Iberoamericano de Cooperacin, 1979. 4 Fournier, Leonie J.: Mi Argentina , incluido en Wolf, Ema (texto) y Patriarca, Cristina (investigacin): La gran inmigracin. Ilustraciones de Daniel Rabanal. Buenos Aires, Sudamericana, 1997. Sexta edicin. 226 pginas. (Sudamericana Joven Ensayo). Pg. 48. 5 Isjaqui Sereno, Silvia: Madre Patria , en SEFARAires N 50, Junio de 2006. Estadounidenses En su poema En el da de la recoleccin de los frutos Alfredo Bufano saluda a los hombres de la tierra de los rascacielos que dio a Whitman y a Poe a la inmortalidad. Notas 1. Bufano, Alfredo: En el da de la recoleccin de los frutos , en Para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino. Buenos Aires, Clarn. Franceses En su poema En el da de la recoleccin de los frutos (1), Alfredo Bufano canta a la inmigracin francesa: Salud, hijos de las Galias gloriosas
que sabis abrir surcos y leer a Ronsard, hijos de aquella tierra que oy la voz de Hugo y que derrama prdiga su vasta claridad. Salud, hijos del Arco de Triunfo, hijos magnficos de la sabidura y de la libertad! En uno de los poemas reunidos en Monsieur Jaquin (2), Jos Pedroni evoca, a partir del relato de una colonizadora, la muerte de Ana Esser en el litoral, al desembarcar: El Paran, boca arriba, tres das que la miraba, los ojos llenos de peces, ofrecindole naranjas. De un lado estaba el recuerdo; del otro lado la pampa. Entre la tierra y el mar Ana Esser en el agua. Csar Fernndez Moreno es el autor del poema "Argentino hasta la muerte" (3), en el que se refiere a su condicin de descendiente de franceses: a buenos aires la fundaron dos veces a m me fundaron diecisis ustedes han visto cuntos tatarabuelos tiene uno yo acuso siete espaoles seis criollos y tres franceses el partido termina as combinado hispanoargentino 13 franceses 3 suerte que los franceses en principe son franceses si no que hara yo tan espaol". Pierre Cottereau, que no era inmigrante pero nunca volvi a Francia, escribe acerca de su valija (4): Sobre la proa del barco la abrac con fuerza sin embargo no saba de nuestro ltimo destino. En un poema de Diamela Sosa, se hace referencia a la inmigracin de ese origen (5). Notas 1 Bufano, Alfredo: En el da de la recoleccin de los frutos , en Para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino. Buenos Aires, Clarn. 2 Pedroni, Jos: Ana Esser , en Hacecillo de Elena. Santa Fe, Colmegna, 1987. Pg. 109. 3 Fernndez Moreno, Csar: "Argentino hasta la muerte", en Varios autores: La poesa argentina. Buenos Aires, CEAL, 1979. 4 Cottereau, Pierre M. M.: Sueos y sombras. Villa General Belgrano, Crdoba, Edicin del autor, 1997. 5 Sosa de Neumann, D. A.: Hojas de vida, sueos y recuerdos. Buenos Aires, Editorial Dunken, 2004. Galeses El 31 de julio de 2004, en el Eisteddfod Mimosa, Puerto Madryn, Chubut, Competencia Principal Ballena Dorada, fue distinguido con una Mencin Especial el poema (2) que Celia Amanda Sala Davies dedica A Elizabeth Adams y a su hija Mara Humphreys, al cacique Francisco y a su tribu tehuelche, hacedores de Paz , en el que expresa: Desde el Tiempo y desde Todos los Tiempos
fuiste la elegida para el distante y brumoso Sur en el misterio de tu concepcin all en la sojuzgada Gales en el multitudinario arco iris de tu gestacin en el histrico Mimosa Notas 1. DESDE EL CHUBUT II antologa, por varios autores. Buenos Aires, Vinciguerra, 1998. 240 pp. 2. Sala Davies, Celia Amanda: Poesa Principal . Ingleses En el Martn Fierro (1), Jos Hernndez se refiere a un ingls: Hasta un Ingls sanjiador Que deca en la ltima guerra, Que l era de Inca la perra Y que no quera servir, Tuvo tambin que juir A guarecerse en la Sierra. Como puede habla castellano el ingls que evoca Leopoldo Lugones en la Oda a los ganados y las mieses (2). No obstante, ejerce una beneficiosa influencia en los ganaderos a los que aconseja: lo cierto es que en su media lengua trajo artes y ciencias que el paisano ignora. El transform los brbaros corrales, las torpes hierras, las feroces domas, y asegur en las chacras invernizas que al pronto parecieron anacrnicas, forraje fresco a los costosos padres, que entienden sus maneras y su idioma. En su poema En el da de la recoleccin de los frutos (3), Alfredo Bufano evoca a la inmigracin inglesa, relacionndola con el tendido de los ferrocarriles: Hombre rubio de la isla de Kipling que llenaste de sierpes de acero nuestra vasta heredad, y que hendiste los aires con fragores de ruedas y de mbolos y dnamos en hondo trepidar y que llevaste el himno ronco de las locomotoras por toda nuestra ubrrima fecunda y proteiforme inmensidad. Notas 1 Hernndez, Jos: Martn Fierro. Buenos Aires, CEAL, 1979. (Captulo, vol. 23). 2. Lugones, Leopoldo: Oda a los ganados y las mieses , en Antologa potica. Buenos Aires, EspasaCalpe, 1965. 3. Bufano, Alfredo: En el da de la recoleccin de los frutos , en Para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino. Buenos Aires, Clarn. Italianos Calabria Adelina C. Cela, en el poema Madre Patria (1), imagina el sentimiento de su tierra: T clamabas por m como una madre divina, con lgrimas derramadas en nostlgica partida. Como un susurro tu lengua me acun toda la vida y no le diste abandono
a tu hija en lejana. Alfredo Conte (2) homenajea a su padre, que lleg desde Cosenza en 1887: Mi viejo, vos hiciste el mundo nuevo abriste surcos, criaste hijos y fuiste solamente un inmigrante. No s cmo decirlo en dos palabras. A sus abuelos calabreses evoca Griselda Garca (3): mi abuela obligndonos a terminar el plato, haciendo bocaditos fritos con las sobras porque ustedes por suerte no conocen lo que es la guerra, el hambre...; (...) mi abuelo que para todas las actividades cotidianas produce un sonido distinto con la boca; que en los sesenta era sastre en Aerolneas y haca los trajes de azafatas y pilotos, Notas 1. Cela, Adelina: Madre Patria , en La Capital, Mar del Plata, 5 de septiembre de 1999. 2. Conte, Alfredo: Pascualino. Edicin homenaje. Buenos Aires, 2001. 3. Garca, Griselda. Poema indito. Campania En el Martn Fierro (1) encontramos muchas referencias al inmigrante. Transcribo uno de estos pasajes: Un npoles mercachifle Que andaba con un arpista, Cay tambin en la lista Sin dificult ninguna: Lo agarr a la treinta y una Y le daba bola vista. Jos Portogalo evoca, en Los pjaros ciegos (2), a un napolitano: Mi padre, violinista, fracas en Buenos Aires. Sin embargo su nombre Pierngelo- traa gli uccelli luminosos de las calles de Npoles; Domnico Scarlatti, heraldo de sus pjaros, clareaba el mundo denso de su infancia y sus lgrimas. Notas 1 Hernndez, Jos: Martn Fierro. Testo originale con traduzione, commenti e note di Giovanni Meo Zilio. Buenos Aires, Asociacin Dante Alighieri, 1985. 2 Portogalo, Jos: Los pjaros ciegos (Fragmento), en L. Lugones, B. Fernndez Moreno, R. Molinari y otros: La poesa argentina. Buenos Aires, CEAL, 1979. Pg. 111. (Captulo, Vol. 4). Friuli En Otra vez las dolomitas (1), Syria Poletti evoca el paisaje de su infancia: An remonto la picada sobre el abismo, sin cuerda. Pero algo ha cambiado: ya no aoro tu mano. En "Casi gringo" (2), Luis Landriscina evoca la partida de sus padres y dos de sus hermanos: en un buque se embarc con lgrimas mi familia porque all dejaba todo, con sus penas y alegras, a la patria, a sus amigos, a sus padres, a la villa, a los sueos de la infancia que eran carne de ilusin.
Notas 1. Poletti, Syria: Otra vez las Dolomitas , en Letras de Buenos Aires. 2 Landriscina, Luis: "Casi gringo", en [Link]. Lombarda En el poema Antiguo Almacn A la ciudad de Gnova (1), Olivari evoca al italiano Miqueln: Miqueln, grande como una estatua, que se iba a la cosecha y volva rico dos semanas -apenas para pagar la vuelta a todo el barrio-. Mientras le duraba la plata cantaba, cantaba las lejanas canciones milanesas de su tierra y hombreaba recuerdos como hombreando cereal... Cerca de Lombarda, en el Cantn Ticino, un cantn suizo de habla italiana, naci Alfonsina Storni, la autora de Palabras a mi madre (2): No las grandes verdades yo te pregunto, que no las contestaras; solamente investigo si, cuando me gestaste, fue la luna testigo, por los oscuros patios en flor, pasendose. Y si, cuando, en tu seno de fervores latinos, yo escuchando dorma, un ronco mar sonoro te adormeci las noches, y miraste, en el oro del crepsculo, hundirse los pjaros marinos. Norma Mazzei es la autora de "Alfonsina" (3), poema que comienza con estos versos: Tarde, recuerdo que por entonces las agitadas rosas de septiembre hicieron camposanto en el seno de mis brazos. Notas 1 Olivari, Nicols: Antiguo Almacn A la ciudad de Gnova , en L. Lugones, B. Fernndez Moreno, R. Molinari y otros: La poesa argentina. Antologa, prlogo y notas por Alberto M. Perrone. Buenos Aires, CEAL, 1980. (Captulo, Vol. 4). 2 Storni, Alfonsina: Palabras a mi madre , en Storni, Alfonsina: Antologa potica. Seleccin por Alfredo Veirav. Prlogo y notas por Alejandro Fontenla. Buenos Aires, CEAL, 1980. Pg. 44. (Captulo, vol. 51). 3 Mazzei, Norma: "Alfonsina", en Constelario. Buenos Aires, Tu Llave, 2007. 76 pp. Piamonte Mara Teresa Andruetto evoca, en Citren (1), a su padre inmigrante: Regresbamos en un Citren rojo, desde una laguna de sal, un pueblo ahora de fantasmas, a nuestra casa, en la luz. Y l cantaba, de viva voz, como nunca cantaba, voglio vivere cos, con il sole in fronte, y mi madre y nosotras tambin cantbamos. En el mismo libro (2) evoca un funeral de la colectividad piamontesa en Crdoba: Alguien nos alz hacia el tufo de la muerta (se llamaba Elizabeta), para que viramos. Inmigrante italiano se titula el poema que Celia Sala dedica a Jos Longo, su nonno* / y en l a todos los inmigrantes italianos . As comienza:
Soy la esperanza que navega mares y continentes, ros y morros, para encallar en alegras y sueos, tristezas y renaceres. Soy la esperanza que aparca entre matas y avestruces, rieles, andn y locomotora, y que con sus manos levanta carpa, rancho, molino y huerto. Notas 1 Andruetto, Mara Teresa: Citren , en Kodak. Crdoba, Ediciones Argos, 2001. 2 Andruetto, Mara Teresa: op. cit. Sicilia Oscar Gonzlez, en La anunciacin (1), evoca a una mujer italiana: Lleg a Puerto Nuevo En otro fin de siglo Confiando en la arcilla de estas playas Y abierta como un surco, Se dio a la tarea de procrear espigas. Notas 1 Gonzlez, Oscar: La anunciacin , en El Tiempo, Azul, 16 de abril de 2000. Veneto Gigliola Zecchin, ms conocida como Canela. Lleg al pas a los diez aos. Estudi Letras Modernas en la Universidad de Crdoba. En 1962 inici su carrera presentando los programas vespertinos del canal 10 de la Universidad de Crdoba. (1). " Recin ahora, cincuenta aos ms tarde, estoy logrando indagar sobre mi propia historia y sobre la guerra que me hizo llegar a Argentina separndome de mis padres y abuelos. El exilio tiene consecuencias terribles en los nios, sentimientos de miedo, insomnio, pesadillas. De esto se trata el desarraigo, de sacar algo de raz, concluy (2). Es la autora de Paese (3), obra que incluye el poema Calle de la infancia : toda felicidad horada la memoria afuera cae la nieve aiuto! Il lupo! Il lupo! nena tonta hay que limpiar la respiracin triste mi lugar para dormir vagamente celeste. Notas 1. Sosa de Newton, Lily: Diccionario Biogrfico de Mujeres Argentinas. Buenos Aires, Plus Ultra, 1986. 2. Irigoyen, Pedro: MESA REDONDA Aquel exilio, este exilio, la misma tristeza , en Clarn, 28 de febrero de 2002. 3. Zecchin, Gigliola (Canela): Paese. Buenos Aires, De la Flor, 2000. Japoneses En su poema En el da de la recoleccin de los frutos (1), Alfredo Bufano canta a la inmigracin japonesa: Y tambin a vosotros hombres de los ojos oblcuos,
raza poderosa y tenaz de las islas en donde florecen los almendros y los crisantemos, hombres que trabajis junto a nosotros con el mismo amor que all en tierras niponas, vuestra antigua heredad, mientras las dulces garzas decoraban las aguas y las geishas cantaban su amor crepuscular. Notas 1. Bufano, Alfredo: En el da de la recoleccin de los frutos , en Para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino. Buenos Aires, Clarn. Libaneses En su poema En el da de la recoleccin de los frutos (1), Bufano expres: Salud, hombres morenos que escuchasteis a los cedros del Lbano sonar, y que hoy en nuestros vientos creis or las voces de la patria que acaso ya no veris jams. Hombres de los desiertos remotos a quienes en las pampas hoy vemos galopar luciendo nuestro escudo en el pauelo gaucho o en la rastra de plata o el mango del pual. Hombres de ojos negros y lejanos; hermanos rabes que lloris cuando en las noches nuestras agobiadas de estrellas, os una guitarra gemir y sollozar. Notas 1 Bufano, Alfredo: En el da de la recoleccin de los frutos , en Para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino. Buenos Aires, Clarn. Lituanos En su poemario Las huecos de tu cuerpo (1), Manuela Fingueret dice a su madre: tus pies se arrastran en la noche como una alucinacin que se desliza por las paredes del hotel de inmigrantes y tu cuerpo se estremece hija entre tantas en una aldea de Lituania. Notas 1 Fingueret, Manuela: Los huecos de tu cuerpo. Buenos Aires, Grupo Editor Latinoamericano, 1992. Pgs. 11-4. Noruegos Norah Lange es la autora de Poema , en el que escribe: Ests en mi recuerdo, Noruega, inquebrantable como un viking que no calm su sed de guerra. Sueo pausado el de tenerte siempre dentro del corazn libro vivido que se hojea diariamente. Notas: 1 Lange, Norah: Poema , en J.L. Borges, L. Marechal, C. Mastronardi y otros: La generacin potica de
1922 antologa. Seleccin, prlogo y notas de Mara Raquel Llagostera. Buenos Aires, CEAL, 1980. (Captulo, vol. 69). Polacos La madre de Susana Szwarc, nacida en Polonia, vivi en Siberia. En Declive (1), la poeta expresa: Por el ojo de la cerradura vemos cmo deja la palangana en el suelo: tiene agua. Ahora no se ve. Hasta que levanta la mano blanca, la misma con que la prisionera (jovencita en Siberia) llevaba maderos hacia el barco. En Corrientes esquina gueto (2), Manuela Fingueret evoca la realidad del inmigrante polaco: Una tierra prometida untada sobre pan Goldstein entre pastrom caliente y el mar rojo atravesado por Corrientes o por Serrano a la espera de Moiss que no sabe idish para descifrar los mandamientos. En La ltima carga de los jinetes polacos (3), poema incluido en Las Edades/ The Ages, Ricardo Feierstein se refiere al doloroso desarraigo del abuelo que emigra a la Argentina: Esto cont, hace aos, Moishe Brej judo orgulloso y polaco de veinte generaciones que huy hacia Amrica, desde esa tierra bordada por antisemitas. Y l, mi abuelo, hacia su final Adivin el momento en que iba a irse. Notas 1 Szwarc, Susana: Declive , en Bailen las estepas. Buenos Aires, Ediciones de la Flor, 1999. 2 Fingueret, Manuela: Corrientes esquina gueto , en Esquinas. Catlogos. Buenos Aires, 2001. 3 Feierstein, Ricardo: La ltima carga de los jinetes polacos/ The Last Charge of the Polish Cavalry , en Las Edades/ The Ages. Traducido del espaol por Jim Kates y Stephen A. Sadow. Buenos Aires, Mil, 2004. 240 pp. (Poesa). Rusos En la Oda a los ganados y las mieses (1), Leopoldo Lugones canta al ruso Elas, que vive en paz en la nueva tierra: Pasa por el camino el ruso Elas Con su gabn eslavo y con sus botas, En la yegua cebruna que ha vendido Al cartero rural de la colonia, Manso vecino que fielmente guarda Su sbado y sus raras ceremonias, Con sencillez sumisa que respetan Porque es trabajador y a nadie estorba. En su poema En el da de la recoleccin de los frutos (2), Alfredo Bufano homenajea a los rusos con estos versos: Salud, hijos del Volga y de Siberia, y de todas las tierras que ayer fueron del Zar;
salud, mas no al que viene haciendo tremolar banderas empapadas de sangre, fuego y muerte sino al que viene a amar y a trabajar, y al que llega con sed de justicia o fatigado en busca de un regazo cordial; porque esta tierra nuestra, grande, sagrada y bella, tambin la damos para descansar. De Rusia parte Jacobo Fijman, a los cuatro aos de edad, en 1898. Mucho tiempo despus escribira (3): Ah! Yo soy uno de esos caminantes Que an no han encontrado su camino; Pero he gustado un luminoso vino en huertos generosos y fragantes. Kehos Kliger escribi Las cenizas de mi hermanita (4), texto incluido en un poemario referido por completo a la Sho: Treme viento las cenizas de mi hermanita, quiero enterrarlas en mi corazn; bscalas bien, estn mezcladas con cenizas de ancianos y ancianas. Voy a guardar esas cenizas como un talismn, hasta el fin de mis das. Despus voy a drselas al Seor del mundo como obsequio. Csar Tiempo manifiesta su sentimiento en un poema (5): Yo nac en Dniepropetrovsk! No me importan los desaires con que me trata la suerte. Argentino hasta la muerte! Yo nac en Dnepropetrovsk. Tamara Kamenszain, descendiente de rusos, es la autora de El ghetto. Ese libro, dedicado a su padre, incluye el poema Arbol de la vida (6), en el que expresa: Mi duelo, lo que estoy viendo es el Gran Buenos Aires desde un cementerio judo. (...) Mi duelo, lo que estoy viendo ser de aqu en ms este verdor que te dedico. Hoy florecen en las copas de los rboles todas mis races. Guiora (Jorge) Reichler, en uno de sus poemas (7) se refiere a su condicin de descendiente de inmigrantes: Doy gracias, Argentina por tu marco social, nico pese a que de vez en cuando ramos rusos que en argentino era decir judos, En agosto de 2007, aparece publicado en La Nacin el "Soneto con estrambote para Alberto Gerchunoff" (8), escrito por Manuel Mujica Linez en 1932: De la frase resonante, en el burilar, experto, es este rotundo Alberto, del lad y el olifante. Su chchara cautivante vida devuelve a lo muerto, y sabe del carbn yerto
chispas sacar de diamante Del malabarista, asombro; del rampln prosista, cuervo; del ripioso, halcn acerbo: hoy le saludo y le nombro; del Adjetivo, Emisario, y Enviado Extraordinario y arbitrario del Verbo. Notas 1 Lugones, Leopoldo: Oda a los ganados y las mieses , en Antologa Potica. Buenos Aires, Espasa-Calpe, 1965. 2 Bufano, Alfredo R.: En el da de la recoleccin de los frutos , en Para todos los hombres que quieran habitar el suelo argentino, Buenos Aires, Clarn. 3 Fijman, Jacobo: Caminante (poema indito) en Clarn, Buenos Aires, 14 de diciembre de 2002. 4 Kliguer, Kehos: Las cenizas de mi hermanita , en Weinstein, Ana E. y Toker, Eliahu: La rama argentina de la literatura dish, y rama dish de la liteatura argentina , en Weinstein, Ana E. y Toker, Eliahu: La letra dish en tierra argentina Bo-bibliografa de sus autores literarios. Buenos Aires, Mil, 2004. Traduccin de Eliahu Toker. 5 Koremblit, Bernardo Ezequiel: La bohemia cultural judeoargentina en las dcadas del 30, 40 y 50 , en Feierstein, Ricardo y Sadow, Stephen A. (comp.): Recreando la cultura judeoargentina / 2 Literatura y artes plsticas. Buenos Aires, Editorial Mil, 2004. 6 Kamenszain, Tamara: El rbol de la vida , en El ghetto. Buenos Aires, Sudamericana, 2003. 7 Reichler, Guiora: Doy gracias, Argentina , en Reichler, Guiora: En nombre de todas las soledades. Buenos Aires, Mil, 2005. 80 pp. (Poesa). 8. en La Nacin, Buenos Aires, 5 de agosto de 2007. Sirios Lugones canta al buhonero sirio, que ofrece su mercadera, en la Oda a los ganados y las mieses (1): Ms all viene el sirio buhonero, Balanceando a la espalda su bicoca, Al canto gutural de la sabida Cosa linda barata que pregona. Notas 1 Lugones, Leopoldo: Oda a los ganados y las mieses , en Antologa potica. Buenos Aires, Espasa, 1965. Ucranios En un poema indito (1), Griselda Garca evoca a los ucranios de su barrio: Hacia medioda el aire se agita, olor a carne asada desde casas vecinas, nios llorando, familias de Ucrania discutiendo a gritos, Notas 1. Garca, Griselda. Poema indito. Sin mencin de origen En Llanto por un nio exilado (1), escribe Germn Berdiales: El tipo, el modo, el traje
y ay!, sobre todo, algo -de que quiero aliviarme llorndolo al cantarlo-, su condicin deca de pequeo exilado: -yo no s si sajn, yo no s si germano, yo no s si judo, yo no s si cristiano-, una manga, la izquierda, vaca a medio brazo. Enrique Novick describe, en Balada para un padre ausente (2), el efecto que la msica de su tierra tena en el padre enfermo de Alzheimer: Cuando le cantaba, prximo a su lecho, canciones antiguas, sin nombre ni dueo, que hablan de una aldea con hornos de piedra, cerca de las casas, sus pisos de tierra, Mnica Sifrim (3) escribe: No seor. En mis antepasados no hay diabticos, hipertensos, cardacos Cmo explicarle? De cada diez antepasados mos, uno mora en las revoluciones, otro en las cmaras de gas y cuatro o cinco de melancola. Ya s que no se heredan tales males. La mandrgora deja ese letargo de naranjas agrias. Luego talco, y a mover los genes fresquecitos. Pero cuando llegan oleajes de dolor oleajes de dolor oleajes se descubre un vago parecido: Mire qu bonita! Mete el brazo en el horno como lo haca su tatarabuela. En Los ojos de la noche (4), poema de Marcos Silber, se evoca la amargura de los que, en la nueva tierra, saban que los suyos eran vctimas de la persecucin. Desde la Argentina, quienes emigraron observan impotentes el genocidio. La angustia y la desolacin son presentadas por medio de imgenes de los adultos, a los que un nio comprende desde su infinita sabidura: Mam llorndole toda la cabeza al pequeo. Regndole el sueo, todo el juego. Mam que regresa con papeles. Cartas, papeles de adis y tormento. Avisos de nuevos silencios. 1940. Notas 1. Berdiales, Germn: Cantan los pueblos americanos. Ediciones Peuser, Buenos Aires, 1957. Citado por Sylvia Oyenard de Puentes en Un viaje al corazn '64e Amrica latina , 2006.
2. Novick, Enrique: Balada para un padre ausente , en La Prensa, Buenos Aires, 10 de enero de 1999. 3. Sifrim, Mnica: XXXI , en Novela familiar. Buenos Aires, Ediciones Ultimo Reino, 1990. Pg. 27. 4. Silber, Marcos: Los ojos de la noche , en Doloratas. Buenos Aires, Mil, 2001. (libro compartido con Carlos Levy). Varios En su poema En el conventillo (1), Jevel Katz alude a los inmigrantes. Cuartitos, cuartitos, cuartitos, y nunca falta algo de barro. Hay gente all de todo el mundo rabes, espaoles, turcos, italianos, todos apiados en un mismo patio; y no faltan judos de Lituania, y polacos, y galitzianos. El conventillo fue el escenario del sainete, como lo afirma Vacarezza en un conocido soneto (2): La escena representa un conventillo. Personajes: un grbano amarrete, un gallego que en todo se entromete, dos guapos, una paica y un vivillo. Ral Gonzlez Tun es el autor del Poema del conventillo (3), que comienza as: A la luz de tu farol cansado, Conventillo yo tambin quiero cantar tu cosmopolitismo abigarrado, el turbio biombo amarillo de tu fachada, tu bablico altar, y tu vestido gris y verde y rosa. Conventillos (4) es el poema de Jos Rabinovich que dice: Una ciudad tan luminosa y yo andando a tientas. Para ver su rostro alzo sobre mi cabeza a mi hijo. Por la ciudad anda el sol pero aqu reina el barro. En fila, como corrales, casas de lata y sin vidrios. Afuera ser de noche? Ya habr amanecido? Carlos Paoli es el autor de estos versos (5): Me procuro primero un compadrito un ruso, un francs, un cocoliche, una vieja chismosa, un garabito, un conventillo, una calle y un boliche. Con estos elementos y una mina que la va de cascarrienta y coqueta que se cree gran seora y es una rea, un taita que afila y un obrero, que atrs de ella con el taita la camina y se charla por la paica y es cabrero. Ya con eso tiene bastante el sainetero En La invasin gringa , uno de los poemas reunidos en Monsieur Jaqun (6), Pedroni evoca la inmigracin trada por Castellanos: Hoy nadie llegara.
Pero ellos llegaron. Sumaban mil doscientos. Cruzaron el Salado. Al cruzarlo, afanosos, lo probaron. Y los hombres dijeron: -Amargo!Pero siguieron. En la espalda traan clavados dos ojos de fuego, los de Aarn Castellanos, salteo. El poeta y ensayista Csar Fernndez Moreno es el autor del poema Argentino hasta la muerte (7), en el que se refiere a su condicin de descendiente de europeos y criollos: a buenos aires la fundaron dos veces a m me fundaron diecisis ustedes han visto cuntos tatarabuelos tiene uno yo acuso siete espaoles seis criollos y tres franceses el partido termina as combinado hispanoargentino 13 franceses 3 suerte que los franceses en principe son franceses si no que hara yo tan espaol. En Cancin a Berisso (8), Matilde Alba Swann recuerda las escuelas de esa localidad: Yo le canto a tus nias saliendo de la escuela: alemanas, rusitas, italianas, armenias, distintas lenguas todas e idntico candor; y canto a las pequeas hijas de mi tierra "made in argentina" levadura extrajera, races que se prenden a un destino mejor. Le canto al influjo de tus academias alimentando el sueo de tu adolescencia por salir del holln; y canto a tus escuelas nocturnas para adultos donde padres y abuelos aprenden a escribir. Guillermo Etchebehere es el autor de "Gnesis" (9), poema que transcribo parcialmente: El mar, que trajo a tu pasin de leguas las gentes del sudor y la labranza. Gentes con nombres llenos de montaas y mnimos sucesos. Taidos de remotos campanarios. Retoos de otros rboles eternos. Se llamaban Schneider, Undurraga, Kovalewsky, Bracsmjer, Montevechio, y de vivir contigo ya se llaman un poco Cruz del sur y Martn Fierro. A sus abuelos, que llegaron desde Italia y Espaa dedica Graciela Caprarulo el poema "Ilusin del nido y de llegar" (10), el que comienza con estos versos: sos los que traan a soslayo la noche los que se hartaron de vino sobre las tumbas de alabastro Notas 1. Katz, Jevel: En el conventillo , en Weinstein, Ana E. y Toker, Eliahu: La rama argentina de la literatura
dish, y rama dish de la liteatura argentina , en Weinstein, Ana E. y Toker, Eliahu: La letra dish en tierra argentina Bo-bibliografa de sus autores literarios. Buenos Aires, Mil, 2004. Traduccin de Eliahu Toker. 2. Vacarezza, : Un sainete en un soneto , en Cantos de la vida y de la tierra. 1944. 3. Gonzlez Tun, Ral: Poema del conventillo , en Violn del diablo, citado en Pez, Jorge: El conventillo. Buenos Aires, CEAL, 1970. 85 pp. 4. Rabinovich, Jos: Conventillos , en Weinstein, Ana E. y Toker, Eliahu: La rama argentina de la literatura dish, y rama dish de la liteatura argentina , en Weinstein, Ana E. y Toker, Eliahu: La letra dish en tierra argentina Bo-bibliografa de sus autores literarios. Buenos Aires, Mil, 2004. Traduccin de Eliahu Toker. 5. Paoli, Carlos: Sainetes argentinos 6. Pedroni, Jos: Hacecillo de Elena. Santa Fe, Colmegna, 1987. 7. Fernndez Moreno, Csar: Argentino hasta la muerte , en L. Lugones, B. Fernndez Moreno, R. Molinari y otros: La poesa argentina. Antologa, prlogo y notas por Alberto M. Perrone. Buenos Aires, CEAL, 1979. (Captulo, Vol. 4). 8. Swann, Matilde Alba: Cancin a Berisso , en Cancin y grito, 1955. Incluido en [Link] 9. Etchebehere, Guillermo: "Gnesis", en La lumbre permanente (1956). Poema enviado por Juan Manuel Rizzi. 10. en Poemana, marzo de 2008. En conjunto De Leopoldo Daz es el poema Tierra prometida (1), en el que expresa: El viejo mundo se desploma y cruje... El odio, entre la sombra acecha y ruge... Una angustia mortal tiene la vida... Y como leve arena que alza el viento, a ti vendrn el paria y el hambriento soando con la Tierra Prometida. Al inmigrante canta Carolina de Grinbaum, en Llegaste (2): Barco de peltre, acero o cucurucho, mole de mundo, cargado de niez, hombres y tumbos, arribaste. Estrenaste el chocolate, la delicia de mazorcas tiernas... Alimentaste sed de tierra, Abiertas para manos rocosas, temples tristes. En su poema Inmigrante (3), Cristina Pizarro evoca la desolacin de quien ve frustradas sus expectativas: Yo era el que no tena ttulo, ni un doble apellido, el que deseaba vivir en un chalet de dos pisos con jardn y revestimientos de piedra Mar del Plata. Era uno de esos originarios de tierras devastadas.
Ahora soy este aire ambiguo este dao que regresa y este adis menoscabado. Roberto Antonio Druetta es el autor de Inmigrantes (4): Partieron un da de la tierra amada buscando un terruo en donde vivir. Buscando una casa para el primer hijo, buscando un lugar donde ser feliz. En Barco, barcos (5), escribe Amalia Ottonello: y esta nave tan grande viene de Europa. Llegan hacinados con sueos de progreso, inmigrantes -asustadosLos agricultores inmigrantes tambin fueron tema de poesas. En Ese inmigrante (6), Virginia Rossi, nacida en Centeno, escribe: Vena de la tierra: nosotros no sabamos cmo era el paisaje que en su frente corra... La nostalgia los embargaba; canta Cristina Assenato en Pas de inmigrante (7): Porque este pueblo sabe desde los ojos y por sus ojos que el mar lo trajo, cuando llegue el sueo grande nuestros huesos irn cantando hacia el fondo de la tierra. Gladys Edich Barbosa Ehraije es la autora de la Elega por los inmigrantes (8), en la que expresa: Pero lejos muy lejos en el corazn verde de los pinos los inmigrantes an suean con el mar Betina Villaverde escribi Homenaje al inmigrante (9): S, y fueron valientes, mares de por medio sus races quedaron mas, no vacilaron, fijo en sus mentes un mapa brillaba, Argentina. Manuel Conde Gonzlez, pontevedrs que emigr a la Argentina en 1949, es el autor del Poema al emigrante universal (10), que comienza con estos versos: Con el corazn transido rebosante de ilusin sale el emigrante un da a tierras de promisin. Deja la patria a su espalda tal vez, su primer amor la madre queda llorando
el padre con su dolor. Notas 1. Daz, Leopoldo: Tierra prometida , en Cantan los pueblos americanos. Seleccin de Germn Berdiales; ilustraciones de David Cohen. Buenos Aires, Ediciones Peuser, 1957. 2. Grinbaum, Carolina de: Llegaste , en Inmolacin. Buenos Aires, el grillo, 2002. 3. Pizarro, Cristina: en La voz viene de lejos. Buenos Aires, Ayala Palacio, 1996. 4. Druetta, Roberto Antonio: Inmigrantes , en Colonia Castelar. Su centenaria epopeya de trabajo y amor 1890-1990, citado en [Link]/01/tarbut/novedad/pikudei/[Link] 5. Ottonello, Amalia: Barco, barcos , en La esquina literaria. Buenos Aires, Ediciones Tu Llave, 1996. 6. Rossi, Virginia: Ese inmigrante , en Captulos, Editorial Nueva Generacin. 7. Assenato, Cristina: Pas de inmigrante , en El Tiempo, Azul, 21 de febrero de 1999. 8. Barbosa Ehraije, Gladys Edich: en El Tiempo, Azul. 9. Villaverde, Betina: poema enviado por e-mail a MGR en 2004. Ver Poemas: antologa. 10. Conde Gonzlez, Manuel: Poema al emigrante. Apndice INMIGRANTES Y EXILIADOS LLEGADOS A LA ARGENTINA DESDE 1960 A LA HERMANA FRANCESA DESAPARECIDA ALICE DOMON Por Elena Cabrejas El amor le bramaba sobre el pecho sobre su vientre de arca para las criaturas salvadas del naufragio -pequeos universos de tibieza a la intemperieen plena calle en plena selva en plena soledad galopando con ramalazos secos su rostro luminoso y sediento. Fue conducida hasta la honda habitacin de la noche con su tnica de sal y el rosario alzado hacia la nica resurreccin. Sus pies heridos persiguieron las huellas del Glgora y sus ojos de agua derramada quedaron abiertos como una fuente interminable. Fuente: POEMANIA la mana del poema [Link] Letras de tangos, milongas y canciones Letras de tangos Italianos En Canzoneta (1), tango de 1951, con letra de Enrique Lary y msica de Ema Surez, se evoca la nostalgia de Genaro: La Boca!... Callejn!... Vuelta de Rocha! Bodegn!... Genaro y su acorden. Canzonetta gris de ausencia, cruel maln de penas viejas escondidas en las sombras del fign. Dolor de vida! Oh' mamma ma! Tengo blanca la cabeza y yo siempre en esta mesa aferrado a la tristeza del alcohol. Cuando escucho "Oh sole mo! Senza mamma e senza amore" Siento un fro ac en el cuore
que me llena de ansiedad. Ser el alma de mi mamma, que dej cuando era nio. Llora!... Llora! Oh sole mo! Yo tambin quiero llorar! La Boca!... Callejn!... Vuelta de Rocha! Ya se van... Genaro y su acorden. De mi ropa? Qu me importa si me mancha con las copas que derramo en mi frentico temblor! So a Tarento en mil regresos, pero sigo aqu en la Boca donde lloro mis congojas con el alma triste, rota, sin perdn. Giuseppe el zapatero protagoniza un tango (2) de Guillermo Del Ciancio, compuesto en 1930: E tique, taque, tuque, se pasa todo el da Giuseppe el zapatero, alegre remendn; masticando el toscano y haciendo economa, pues quiere que su hijo estudie de doctor. El hombre en su alegra no teme al sacrificio, as pasa la vida contento y bonachn. Ay, si estuviera, hijo, tu madrecita buena! El recuerdo lo apena y rueda un lagrimn. Tarareando la violeta don Giuseppe est contento; ha dejado la trincheta, el hijo se recibi. Con el dinero juntado ha puesto chapa en la puerta, el vestbulo arreglado, consultorio con confort. E tique, taque, tuque, don Giuseppe trabaja. Hace ya una semana el hijo se cas: la novia tiene estancia y dicen que es muy rica, el hijo necesita hacerse posicin. E tique, taque, tuque, ha vuelto don Giuseppe, otra vez todo el da trabaja sin parar. Y dicen los paisanos vecinos de su tierra: Giuseppe tiene pena
y la quiere ocultar. En La violeta (3), tango con letra de Nicols Olivari y msica de Ctulo Castillo compuesto en 1929, aparece el italiano nostlgico: Con el codo en la mesa mugrienta y la vista clavada en un sueo, piensa el tano Domingo Polenta en el drama de su inmigracin. Y en la sucia cantina que canta la nostalgia del viejo paese desafina su ronca garganta ya curtida de vino carlon. E...! La Violeta, la va, la va, la va... La va sul campo che lei si sognaba ch'era su gigin, que guardandola staba... El tambin busca su soado bien desde aquel da, tan lejano ya, que con su carga de ilusin saliera como La Violeta que la va...la va... Canzoneta de pago lejano que idealiza la sucia taberna y que brilla en los ojos del tano con la perla de algun lagrimn... La aprendi cuando vino con otros encerrado en la panza de un buque, y es con ella, metiendo batuque, que consuela su desilusin. Oro muerto (4), tango de 1926 con letra de Julio P. Navarrine y msica de Juan Raggi, Fue premiado en el certamen organizado en 1926 por la Compaa Rioplatense de Revistas en el teatro "18 de julio" de Montevideo. Carlos Gardel lo grab aquel mismo ao. A raz de la censura impuesta en la radiofona entre 1943 y 1946 se lo denomin Jirn porteo ". El conventillo luce su traje de etiqueta. Las paicas van llegando, dispuestas a mostrar que hay pilchas domingueras, que hay porte y hay silueta, a los garabos reos deseosos de tanguear. La orquesta mistonguera musita un tango fulo. Los reos se desgranan buscando, entre el montn, la princesita rosa de ensortijado rulo que espera a su Romeo como una bendicin. El dueo de la casa atiende a las visitas; los pibes del convento gritan en derredor jugando a la rayuela, al salto, a las bolitas, mientras un gringo curda maldice al Redentor. (1) El fuelle melodioso termina un tango papa. Una pebeta hermosa saca del corazn un ramo de violetas, que pone en la solapa del garabito guapo, dueo de su ilusin. Termina la milonga. Las minas retrecheras salen con sus bacanes, henchidas de emocin,
llevando de esperanzas un cielo en sus ojeras y un mundo de cario dentro del corazn. (1) Gardel canta: "las va de payador". De Eladia Blzquez es la letra de "Adis Nonino" (5), con msica de Astor Piazzolla: Desde una estrella al titilar... Me hara seales de acudir, por una luz de eternidad cuando me llame, voy a ir. A preguntarle, por ese nio que con su muerte lo perdi, que con "Nonino" se me fue ... Cuando me diga, ven aqui... Renacere... Porque... Soy ... ! la raiz, del pais que amaso con su arcilla. Soy ... ! Sangre y piel, del "tano aquel, que me dio su semilla ... Adios "Nonino" ... que largo sin vos, sera el camino. Dolor, tristeza, la mesa y el pan ... ! Y mi adios ... Ay ... ! Mi adios, a tu amor, tu tabaco, tu vino. Quien ... ? Sin piedad, me rob la mitad, al llevarte "Nonino" ... Tal vez un dia, yo tambien mirando atras ... como vos, diga adios ... No va mas ... ! Recitado: Y hoy mi viejo "Nonino" es una planta. Es la luz, es el viento y es el rio ... Este torrente mio lo suplanta, prolongando en mi ser, su desafio. Me sucedo en su sangre, lo adivino. Y presiento en mi voz, su propio eco. Esta voz que una vez, me son a hueco. Cuando le dije adios ... Adios "Nonino". Soy ... ! Sangre y piel, del "tano" aquel, que me dio su semilla. Adios "Nonino" ... ! Dejaste tu sol, en mi destino. Tu ardor sin miedo, tu credo de amor. Y ese afn ... Ay ... ! tu afn, por sembrar de esperanza el camino. Soy tu panal y esta gota de sal, que hoy te llora "Nonino". Tal vez el dia que se corte mi piolin, te vere y sabre ... Que no hay fin. Espaoles Alfredo Plcido Navarrine, escribi la letra de Galleguita (6), tango de 1925, con msica de Horacio Pettorossi: Galleguita la divina la que a la playa argentina lleg una tarde de abril sin ms prendas ni tesoros que tus bellos ojos moros y tu cuerpo tan gentil. Siendo buena eras honrada pero no te vali nada que otras cayeron igual.
Eras linda galleguita y tras la primera cita fuiste a parar a Pigall. Sola y en tierras extraas tu cada fue tan breve que como bola de nieve. tu virtud se disip. Tu obsesin era la idea de juntar mucha platita para tu pobre viejita que en la aldea quedo. Pero un paisano malvado loco por no haber logrado tus caricias y tu amor ya perdida la esperanza volvi a tu pueblo el traidor y envenenando la vida de tu viejita querida le cont tu perdicin, y as fue que el mes pasado te lleg un sobre enlutado que enlut tu corazn. Y ahora te veo Galleguita sentada triste y solita en un rincn de Pigall y la pena que me mata claramente se retrata en tu palidez mortal. Tu tristeza es infinita. Ya no sos la Galleguita que lleg un da de abril sin ms prendas ni tesoros que tus bellos ojos moros y tu cuerpito gentil " Un gallego (7), tango con msica de H. Frderic y letra de Armando Tagini, evoca al inmigrante de ese origen: Amrica fue la tierra qu'l so conquistar con su labor... Y un da de otoo en Buenos Aires desembarc. El rubio metal, bella ilusin, llenaba de fe todo su ser. Lo vieron pasar, rumbo al taller, la lluvia invernal... el da de sol. Los ojazos de una criolla, que con frecuencia le vieron, en el gaita produjeron la llama de la pasin. Y un puro amor naci con gran frenes; pero ese noble cario no borr nunca el recuerdo de sus auroras de nio
y ms de un da le o, con mucho amor, cantar as: Terruo que qued detrs del ancho mar, anso contemplar tu suelo encantador. Pero aqu soy tan feliz... el ancla echada est, mi vida se alza aqu... Cuando al paso lento voy, cruzando la ciudad, me gusta recordar la alborada de mi amor y lloro de mi emocin y de felicidad. Farruco que ayer llegaste aqu, buscando fortuna, sin tardar, vos fuiste romntico y no supiste ahorrar jams. A vos no te importa pobre ser, que gran capital tens de amor; un hijo argentino Dios te dio de raza viril... en criolla mujer. En "El corazn al Sur" (8), Eladia Blzquez evoca a sus padres espaoles: Nac en un barrio donde el lujo fue un albur, por eso tengo el corazn mirando al sur. Mi viejo fue una abeja en la colmena, las manos limpias, el alma buena... Y en esa infancia, la templanza me forj, despus la vida mil caminos me tendi, y supe del magnate y del tahr, por eso tengo el corazn mirando al sur. Mi barrio fue una planta de jazmn, la sombra de mi vieja en el jardn, la dulce fiesta de las cosas ms sencillas y la paz en la gramilla de cara al sol. Mi barrio fue mi gente que no est, las cosas que ya nunca volvern, si desde el da en que me fui con la emocin y con la cruz, yo s que tengo el corazn mirando al sur! La geografa de mi barrio llevo en m, ser por eso que del todo no me fui: la esquina, el almacn, el pibero... lo reconozco... son algo mo... Ahora s que la distancia no es real y me descubro en ese punto cardinal, volviendo a la niez desde la luz teniendo siempre el corazn mirando al sur. Franceses En Griseta (9), tango de 1924, con msica de Enrique Delfino y letra de Jos Gonzlez Castillo, se evoca a la inmigrante de ese origen: Mezcla rara de Museta y de Mim con caricias de Rodolfo y de Schaunard,
era la flor de Pars que un sueo de novela trajo al arrabal... Y en el loco divagar del cabaret, al arrullo de algn tango compadrn, alentaba una ilusin: soaba con Des Grieux, quera ser Manon. Francesita, que trajiste, pizpireta, sentimental y coqueta la poesa del quartier, quin dira que tu poema de griseta slo una estrofa tendra: la silenciosa agona de Margarita Gauthier? Mas la fra sordidez del arrabal. agostando la pureza de su fe, sin hallar a su Duval, sec su corazn lo mismo que un muguet. Y una noche de champn y de coc, al arrullo funeral de un bandonen, pobrecita, se durmi, lo mismo que Mim, lo mismo que Mann. Otra francesa aparece en el tango Madame Ivonne (10), musicalizado por Eduardo Pereira, con letra de Enrique Cadcamo: Mamuasel Ivonne era una pebeta que, en el barrio posta del viejo Montmartre, con su pinta brava de alegre griseta anim las fiestas de Les Quatre Arts. Era la papusa del Barrio Latino que supo a los puntos del verso inspirar... pero fue que un da lleg un argentino y a la francesita la hizo suspirar. Madam Ivonne, la cruz del sur fue como un signo... Madam Ivonne, fue como el sino de tu suerte... Alondra gris, tu dolor me conmueve; tu pena es de nieve, Madam Ivonne. Han pasao diez aos que zarp de Francia.. Mamuasel Ivone hoy es slo Madam; la que al ver que hoy todo qued en la distancia con ojos muy tristes bebe su champn... Ya no es la papusa del Barrio Latino. Ya no es la mistonga florcita de lis. Ya nada le queda... ni aquel argentino que entre tango y mate la alz de Pars. Notas 1 Lary, Enrique: Canzoneta , en [Link]. 2 Del Ciancio, Guillermo: Giuseppe el zapatero , en [Link] [Link]. 3 Olivari, Nicols: La Violeta en [Link] [Link].
4 Navarrine, Julio: Oro muerto , en [Link]. 5 Tagini, Armando: Un gallego , en [Link]. 6. Blzquez, Eladia (letra) y Piazzolla, Astor (msica): "Adis nonino", en [Link] 7 Navarrine, Alfredo: Galleguita , en [Link] [Link]. 8 Blazquez, Eladia (letra y msica): "El corazn al Sur", en [Link] 9. Gonzlez Castillo, Jos: Griseta , en [Link]. 10 Cadcamo, Enrique: Madame Ivonne , en F. Garca Jimnez, H. Manzi, C. Castillo y otros: Tangos antologa. Volumen 2. Seleccin, prlogo y notas por Idea Vilario. Buenos Aires, CEAL, 1981. (Captulo, vol.121). Letras de milongas A los inmigrantes judos canta Pedro Orgambide, en la Milonga del barrio Once (1), que comienza as: Milonga del barrio Once milonga de gente hebrea, de quien trajo la tristeza que en la milonga se esconde. Perseguidos, gente pobre, vieron nacer otra estrella, que brilla en estas veredas, en las veredas del Once. Notas 1. Orgambide, Pedro: Milonga del barrio Once , citado en Feierstein, Ricardo: Historia de los judios argentinos. Buenos Aires. Galerna, 2006. 464 pp. Tercera edicin revisada, ampliada y con cuadro cronolgico desplegable. Prlogos de Marcos Aguinis y Hctor Schmucler. Letras de canciones Alemanes En 1915 escribe Alvaro Abs-, el sbdito alemn Miguel Ernst asesin y descuartiz a su socio, el comerciante Augusto Conrado Schneider, y luego tir al lago de Palermo los restos de la vctima. Ernst fue detenido y condenado a muerte, pero el presidente Hiplito Yrigoyen conmut la pena capital y Ernst fue recluido en el penal de Ushuaia, donde se lo apod Serrucho. Los porteos cantaban una popular cuarteta con la msica de La verbena de la Paloma (1): Dnde vas con el bulto apurado? A los lagos lo voy a tirar. Es el cuerpo de Augusto Conrado, Al que acabo de descuartizar... Espaoles El protagonista de una cancin (2) de Alberto Cortez conoci Galicia cumpliendo la promesa que hiciera a su abuelo: El abuelo un da cuando era muy joven all en su Galicia, mir el horizonte y pens que otra senda tal vez exista. Y al viento del norte que era un viejo amigo,
le habl de su prisa, le mostr sus manos que mansas y fuertes, estaban vacas, Alberto Cortez escribe, a propsito de su cancin El abuelo , acerca de la emigracin de sus mayores: "De alguna manera esta cancin que viene es una historia de ida y vuelta. Por qu?, pues simplemente porque mi abuelo se fue de emigrante y despus de casi una vida yo, su nieto mayor recorr el camino de regreso, ese camino que l no pudo realizar a lo largo de su larga vida, a pesar de su inmensa nostalgia. Muri a los ochenta y algunos aos. (...) La Argentina en aquellos aos de principio de siglo era una esperanza que ofreca amplios horizontes para los jvenes con ganas de trabajar y hacer fortuna. Los hermanos Garca haban dejado Espaa y especialmente Galicia ya que esta sua terria natal no poda ofrecerles ms que una vida azarosa bastante cercana a la miseria. (...) (3). Italianos Flix Luna y Ariel Ramrez son los autores, respectivamente, de la letra y la msica de Alfonsina y el mar , cancin en la que evocan a la inmigrante nacida en el Cantn Ticino, Suiza. De Kapanga es la cancin "Bisabuelo" (4), que comienza as: Hace cien aos llego mi bisabuelo Para un futuro busacar en este suelo Hay hambre y hay dolor, su alma esta marcada por la guerra Europa qued atras, Llegaban de a montones a estas tierras. dijeron que ibas a sufrir te fue bien ahora me voy del pais y por qu?, porque esta todo mal No puedo trabajar, Y por eso me tengo que ir. Rusos Algunas de las composiciones de los gitanos rusos han sido recopiladas por Perla Miguel y transcriptas musicalmente por Pedro Leguizamn, en el Primer cancionero gitano de la Argentina (5). En la Introduccin , escribe Miguel: las canciones nuestras estn basadas siempre en hechos reales, en acontecimientos que han pasado. Son ancdotas cantadas, inspiradas por el protagonista o por algn antepasado que transmiti el caso como cancin. Pequeas historias que pueden haber parecido importantes slo para el grupo, en el momento de componerse, pero que con el paso de las generaciones adquieren una grandeza especial, una ternura, una bella sencillez, una frescura que nos cautivan a los que tenemos en nuestros odos mucho ms material de msica (por discos, cassettes, compactos, radio, televisin, etc) que los que se podran tener en otras pocas. Muy ocasionalmente, hoy en da en alguna fiesta o reunin se entonan canciones gitanas, para sorpresa y deleite de los presentes . Entre estas canciones se encuentra Linela mamo (Se la llevaron, madre), que comienza as: Ay, se la llevaron, madre, s, Y no la devolvieron, no.
La llevaron, madre, Lejos, a otras tierras. Ucranios De 1987 es el schotis titulado El Gringo Creuk (6), con letra de Teresa Parodi y msica de Antonio Tarrago Ros, que transcribimos: Por la picada, descalzo, Creuk viene cruzando las llamas del sol roja la tierra le incendia los pies cuando la pisa marcando el taln. Si voltea un tronco, siente que voltea su dolor con las mismas manos tala rbol, pena y corazn. Y le arranca melodas torpemente al acorden mientras canta para todos con ternura esta cancin. Sin mencin de origen Gringa chaquea (7) se titula la cancin con letra de Flix Luna y msica de Ariel Ramrez. En una de las estrofas, dice as: Sangre de mi gente tu horizonte madur. Gringos te abonaron con su piel y sudor. Djame decir lo que yo te di djame que cuente de este Chaco que hice yo. Notas 1 Abs, Alvaro: Muerte en el lago , en La Nacin Revista, Buenos Aires, 5 de febrero de 2006. Fotos: Archivo Graciela Garca Romero. Ilustracin: Nuno. 2 Cortez, Alberto: El abuelo , en [Link]. Reproducido en [Link]. 3 ibdem 4 Kapanga (letra y msica): "Bisabuelo", en [Link]. 5 Miguel, Perla y Leguizamn, Pedro: Primer cancionero gitano de la Argentina. Recopilacin y notacin musical. Mar del Plata, 1995. 6 Parodi, Teresa y Tarrago Ros, Antonio: El Gringo Creuk , en [Link]. 7 En Gutirrez Zaldvar, Ignacio: Nuestra Argentina. Buenos Aires, Zurbarn Ediciones, 1999. Teatro En Los polticos (1897), sainete cmico-lrico en un acto y tres cuadros, en prosa y verso , escrito por Nemesio Trejo, con msica de Antonio Reynoso, aparece un barbero andaluz que canta: Con el vito vito vito/ con el vito vito va/ no me haga usted cosquillas/ que me pongo color . El se identifica como Benito Prez y Ciudad Real, barbero, soltero, extranjero, con tres aos de residencia en el pas . Aparecen asimismo un vasco que habla dificultosamente castellano -quien dice que tuvo que aumentar el precio de la leche Porque el Municipalidad hacerme comprar tapos de lata. Si yo casas intendente ver que tapos
poner; gran siete! , y canta Agurner biotreco/ amacho maiti/ laiste recorri conaiz/ consola satea - y un almacenero gallego que pregunta al vasco por qu le est cobrando cinco centavos ms por litro (1). En Canillita (1902), de Florencio Snchez, aparece un mercero cataln, que pregona su mercadera: Toallas, peinetas, jabones, cinta de hilera, agujas, camisetas, botones de hueso, carreteles de hilo, madapoln, paueletas! (...) Paueletas, calzoncillos, alfileres, festones, sombreros de paja, servilletas, libros de misa. (...) Libros de misa, esponjas, corbatas, cortes de vestido, tarjetas postales, jabn... (2). En Al campo! (1902), de Nicols Granada (1840-1915), aparece Santiago, un criado gallego. El autor lo hace hablar en esta forma: Este seor prejunta por las seoras. (...) Usted dispense; nu lu saba. Que no estaban en casa, esu s; pero que estuvieran en el monte... Si usted quiere que se lu dija... (3). En Bohemia criolla (1902), de Enrique de Mara, aparece un Andaluz que canta San Jos fue carpintero,/ segn la historia lo anuncia.../ y por eso es que los Pepes.../ (no hay regla sin excepcin)/ y por eso es que los Pepes/ suelen ser unos virutas!... . Aparecen gallegos. Uno de ellos es Jos, que dice: Mtase uno a hacer servicius.../ Pur defender a esos pobres/ amigus de Pata Blanca,/ que para m son unos jvenes/ buenos... vamos... como el pan/ mi mujer me mata a golpe... . Un personaje se presenta con esta indumentaria: Romn, sentado sobre un cajn, tiene una libreta en la que figura escribir, viste gorra de vasco, un saco viejo y un diario (La Prensa) colocado como chirip de mantilla, en vez de pantalones . En otra escena, aparecen Un gallego, un Vasco, un Andaluz, un Criollo y Coro de hombres. Traen guitarra, acorden, bandurria, etc., etc. ; el vasco canta: Ay, ay, ay! Mutil.../ Ja, ja, ja, ja, ja, ja!/ Qu lindo es lo que sigue/ en lengua es haldurri!/ Ay!... Ay... ay... mutil/ chapela gurri!... y finaliza gritando Aurrer nescacha polita! (4). Aparecen Bachicha y el Manisero. Escrita por Florencio Snchez, En familia sube por primera vez al escenario del Teatro Apolo, el 6 de octubre de 1905, animada por la Compaa Podest Hermanos (5). Uno de los personajes de esa pieza confiesa: Todava no me doy cuenta de cmo he podido amoldarme a semejante vida. Con decirte que yo, tu madre, que fue siempre una mujer de orden y delicada, ha llegado hasta robarle a una pobre gallega sirvienta... (...) Hasta robarle, s seor; hasta robarle a una pobre mujer los ahorros que me haba confiado (6). Un vasco creado por Carlos Mauricio Pacheco para su sainete lrico-dramtico en un acto titulado Los disfrazados (1906) dice, por ejemplo: Y no manya ni medio? , No vaya a ser cosa que se retobe el grvano... y Me han hecho rir...qu infeliz el gringo este... (7). Varios inmigrantes italianos fueron creados para esta obra.
En Los primeros fros (1910), de Alberto Novin, uno de los actores expresa: -Ahora me voy a conversar con una mucamita que trabaja en la Legacin de Espaa, es galleguita y sin primo, se da cuenta? (8). En Jettatore!, de Gregorio de Laferrere, aparece Benito, un criado gallego, de Pontevedra. El inmigrante vive en una pocilga de conventillo (9). En Babilonia, de Armando Discpolo, el dueo de casa es un italiano que se da aires, cuando tuvo un pasado humilde. Aparecen varios criados espaoles. La mucama madrilea es limpia, espumosa en su tual de mucama, bella. Se sienta ante su puerta en silla baja y mirndose a un espejo de mano canturrea algo de su tierra, su cintura y sus muslos inquietos (10). En Mustaf, sainete que Armando Discpolo y Rafael Jos De Rosa escriben en colaboracin, y estrenan en 1921, don Gaetano (tano tpico del gnero) se entusiasma ante la fusin, la mescolanza, que se logra en las bulliciosas casas de vecindad porteas (11). Conversando con el turco que da ttulo a la obra, acerca del casamiento del hijo del primero con la hija del segundo,destaca el clima amistoso del conventillo: E lo lindo ese que en medio de esto batifondo nel conventillo todo ese armona, todo se entindano: ruso co japonese; francese con tedesco; italiano co africano; gallego co marrueco. A qu parte del mondo se entindono como ac: catalane co espaole, andaluce co madrileo, napoletano co genovese, romaolo co calabrese? A nenguna parte. Este e no paraso. Ese ne jauja. Ne queremo todo! (Abrazndolo.) Verd, otomano?... Eso que dicen que turco e taliano so como perro e gato, maccanano. (Tenindolo estrechamente.) Mira un poco. (El turco sigue triste, fro, no se levanta de su silla.) Ne tenemo afecto, cario puro, sincero amore. (Parece que se va a fotografiar.) (12) . " Mateo es la primera pieza teatral, que su autor, Armando Discpolo (1887-1971), califica como "grotesco" dentro de su produccin. Consta de tres cuadros y fue estrenada el 14 de mayo de 1923 en el Teatro "Nacional". Dice Luis Ordaz: "Don Miguel, el antihroe de Mateo, es un humilde cochero de plaza de las hasta entonces llamadas victorias-, y es el nombre del caballo el que da ttulo a la pieza. Don Miguel, con su mentalidad detenida en el tiempo (por conformacin y hbito), es arrasado por el torrente del progreso civilizador, simbolizado en este caso por el ruidoso y prepotente automvil". Don Miguel se ve envuelto en una serie de situaciones con exterioridad risible y trasfondo dramtico. Desde el estreno de "Mateo" a los coches de plaza se les dio ese nombre, y por extensin al cochero, lo que demuestra la resonancia popular que tuvo esta obra del grotesco criollo (13). En La comparsa se despide, escribe Vacarezza: Un patio de conventillo,/ un italiano encargao/, un yoyega retobao,/ una percanta, un vivillo,/ un chamuyo, una pasin,/ choque, celos, discusin,/ desafo, pualada,/ aspamento, disparada,/ auxilio, cana... teln (14).
En El conventillo de la Paloma (1929), de Alberto Vacarezza, don Miguel, el encargado italiano enamorado de la bella y esquiva protagonista que da nombre al conventillo y ttulo al sainete-, dice, por ejemplo: Sar carpincho, locura, amore, non s; ma giuro, per la nema de san Genaro, que, ante de aflojare, le prendo fuego a lo conventillo (15). Una noticia publicada en 2003 anunciaba: "La Compaa "Mara de Marco" del Teatro Colonial, dirigida por Adrin Di Stefano, se presentar este verano en el "Patio Moreno" de la Manzana de las Luces (Per 272/294), al aire libre con el "Sainete" de Alberto Vacarezza: "El Conventillo de la Paloma", (...). Vuelve de esta manera a la Cartelera Teatral de Buenos Aires, la clsica historia del pintoresco Conventillo de Villa Crespo en donde se dan cita los personajes tpicos y caractersticos de la oleada inmigratoria de principios del siglo pasado, que fueron poblando los barrios porteos sumndose a los personajes netamente locales, para dar lugar a un paisaje por dems atractivo, pintado con singular maestra por uno de los autores ms significativos del gnero. As conviven y se entremezclan, un italiano encargado del Patio del Conventillo, gallegos, turcos, una percanta, malevos, curiosos y entrometidos y por encima de todos la humanidad, la emocin, la alegra y el sabor de Buenos Aires guardado en un rincn del corazn. Integran el elenco: Aurora Floris, Dborah Fideleff, Jorge Vizioli, Jorgelina Jasso, Julin Mrquez, Leonardo Floris, Manoli Ozores Muoz, Andrs Montorfano, Nicols Heredia, Omar Sellaro, Pablo Vaievurd, Mariano Dur, Federico Ventosa Fernndez; Vestuario de Olga Coronel, Produccin Ejecutiva de Daniel Rodrguez Viera; Puesta en Escena y Participacin Actoral de Adrin Di Stefano" (16). Doa Pilar es una inmigrante espaola casada con un italiano, ambos personajes de Pjaro de barro, de Samuel Eichelbaum. La inmigrante opina acerca de las mujeres argentinas: En este pas, las mujeres jvenes no trabajis. Eso est mal. En mi tierra... En mi tierra, cuando las mujeres tienen tu edad, las ponen a trabajar en los olivares... (17). Alberto Novin es el autor de El vasco de Olavarra (18), comedia en tres actos presentada en el Politeama. El inmigrante siente nostalgia; dice la hija: pap, a pesar de que ya est viejo y que ha formado en esta tierra su hogar, su fortuna, su tranquilidad; viera Ud. cuntas veces lo he sorprendido cantando bajito los aires de su tierra natal, y cuntos suspiros, mensajeros de muchos besos, han ido desde sus labios hasta sus montaas, para morir en los muros de su casa, all en la aldea de la falda . En Don Chicho (1933), de Alberto Novin, Chicho y su esposa Regina viven en la ms, aparente, extrema miseria. Comparten sus das con el abuelo Don Pietro, dos hijos (Luciano y Quirquincho) y la novia del mayor Fifina. Chicho vive escudndose en su devoto fervor religioso, pero en verdad es slo una mscara
que le hace sentir menos culpas, porque es un delincuente, un mafioso, que inculca el robo en su familia, como forma de obtener dinero para vivir mejor. Pero en realidad lo que los otros ganan se lo guarda y todo su ncleo no hace ms que padecer sus propias existencias (19). En Nuevas tendencias en la escena argentina, el neogrotesco , seala Beatriz Trastoy: El grupo familiar que presenta Roberto Cossa en La Nona (1977) est estructurado alrededor de una anciana inmigrante y centenaria. Se trata de un "ser asexuado, tragicmico, grotesco que tiene la virtud y el poder de dar a la obra ribetes inslitos y sobrenaturales". Su insaciable voracidad ser, slo en apariencia, el motivo fundamental de la ruina econmica de la familia. La descomposicin moral del grupo ir en aumento hasta que todos, a su modo, terminarn sucumbiendo, vctimas de la incapacidad de afrontar y modificar la realidad. La preocupacin por el dinero no es aqu avaricia o bsqueda del ascenso social, sino simplemente posibilidad de subsistencia. Frente a este problema, Carmelo y Chicho, nietos de la esperpntica anciana, asumen posiciones antitticas. El primero ve en el trabajo la nica salida vlida e intima a su hermano a conseguir un empleo. Carmelo, como todos los personajes del grotesco criollo, fracasar porque no comprende que trabajar ms no basta si no se modifican las causas reales que fagocitan el producto de este trabajo. Por su parte, Chicho, muy prximo a ciertos personajes de Florencio Snchez, es el vago que se escuda tras sus supuestas dotes de compositor de tangos para eludir la responsabilidad del trabajo. No creemos casual que su nombre coincida con el del protagonista de la obra de Alberto Novin, Don Chicho (1933) ya que se asemeja a ste en la falta total de lmites morales y en la descarada hipocresa de cada uno de sus actos. La ambigedad que caracteriza al don Chicho de Novin tambin puede verificarse en el personaje de Cossa. Si aquel trata con desprecio y rudeza a su padre invlido cuando se halla a solas, pero cambia su tono ante la presencia de extraos, Chicho juega el papel de nieto amoroso que acaricia los blancos cabellos de la abuela, mientras intenta eliminarla con los gases txicos del brasero o con el veneno de probada eficacia. Otro punto de contacto con la obra de Novin se relaciona con el tema de la limosna. Del mismo modo que Don Chicho transforma a su padre en mendigo, la familia de la Nona especula con las limosnas que puede recibir el octogenario kiosquero del barrio, casado por medio de engaos con la voraz anciana (20). En Gris de ausencia (21), de Roberto Cossa, dice uno de los personajes: "Termenamo el partido e doppo vamo a piaza Venechia, eh?. Agarramo por Almirante Brown... cruzamo Paseo Colon, e no vamo a cucar al tute baco lo arbole. Cuando era cvene, sempre iba al Parque Lezama. Con il mo babbo e la ma mamma... Mi hermano Anyelito... Tuto bamo al Parque Lezama... E il Duche sala al balcn... la piazza
yena de quente. E el general hablaba e no dicheva: "Descamisato... del trabaco a casa e de casa al trabaco". E ella era rubia e cvena. E no dicheva: "Cudenlo al queneral". E dopo el Duche preguntaba: "Qu volete? Pane o canune?"E nosotro le gritbamo: "Lea, queneral" (Toca acordes de Canzoneta). Ma... dopo me tom el barco. E el barco se mova e il mio hermano Anyelito mi dicheva: "A la Aryentina vamo a fare plata... mucha plata... E dopo volvemo a Italia". En El Sur y despus, Cossa incluye una cancin que refleja el sentimiento de quienes tientan suerte en otra tierra: All muri la infancia: / una caricia, una cancin, / una plaza, una fragancia. / Los brazos viajaron, el corazn qued./ Pero una estrella nos llama del sur./ Y un barco de esperanzas cruza el mar./ Amrica, la tierra del sueo azul. / Es un vaso de vino, es un trozo de pan (22). En Las nieves del tiempo (23), obra de Manuel Lotersztein "que recorre medio siglo de la historia del pas y del mundo, Yaco, el idealista que abandona el taller para luchar en la guerra civil espaola, no muchos aos ms tarde regresa desencantado y se convierte en un ser codicioso" (24). Junto a l aparecen personajes de origen polaco, rumano e italiano. En 1997, Patricia Zangaro es distinguida con varios premios por su obra Pascua rea. En esa pieza, que transcurre en un barrio de Buenos Aires, en 1930, presenta inmigrantes, y un Cristo gringo, que dice: Sintamo lo lamento de Flores! Tutto lloramo e ne arrepentimo de lo nostro pecato! E Dio ne perdona e ne regala la pache al corazn! Lloremo a lcrima viva e sangremo la gota gorda, compagni de Flores, que questo arroyo podrido maana ne llevar a la felichit! (25). Acerca de esta obra, expres Nora Parola: En los aos noventa, las vanguardias y los cambios artsticos del siglo veinte ya no son rectores para la nueva dramaturgia argentina. Si en los sesenta vala lo nuevo y lo moderno , en los noventa, posmodernidad mediante, se vuelve a la tradicin y a lo tradicional . En el Ro de la Plata esto se traduce, entre otros, en la reelaboracin de una forma teatral recurrente, la del sainete nacional, en particular el grotesco criollo . Patricia Zangaro retoma dicho modelo en Pascua rea , sin duda, una de las mejores obras estrenadas en 1991. Sin embargo, su actitud no es simplemente epigonal. No se trata de repetir, de copiar sino de construir nuevas versiones a la vez complementarias y discrepantes con los modelos de la tradicin. A pesar de que la pieza est situada en 1930, es evidente que la imagen proyectada por estos nuevos personajes saineteriles difiere del modelo anterior. Estamos confrontados a una redefinicin de la visin del inmigrante, pues constatamos que, al contrario de la representacin que se haca de ellos en el grotesco criollo, ya no son las nicas vctimas del sistema poltico-social. Su representacin mantiene el carcter grotesco pero ha tenido lugar una relectura. La
dramaturga, aunque conozca perfectamente el modelo anterior, resemantiza los diferentes tipos sociales segn la ptica de fin de siglo veinte (26). En 1998 se estren Venecia, de Jorge Accame, dirigida por Santiago Doria. La interpretaron Christian Felippa, Carla Garfalo, Caliope Georgitsis, Julio Graham, Delia Name, Gabriela Perez Quiros, Sergio Raggio, Julio Sarta (27). Se lo defini como "el magistral retrato teatral de un prostbulo jujeo donde las pupilas se confabulan para que La Gringa (Hayde Padilla, enorme) la madama que las cri, antes de morir crea que est en la ciudad de las gndolas con Gicomo, el amante al que perdi (y rob). Ahora el espectculo lo produce el inefable Alejandro Romay, pero no cedi nada de su conmovedora frecura. Gipsy Bonafina y Ana Cargnel tienen brillo propio en su tierna y desfachatada composicin de las pupilas ms jvenes. La gente, en la platea, re con ganas, acaso demasiado. Es comprensible: slo un argentino puede interpretar todas y cada una de las complicidades que plantea Venecia, que ms de una vez son para llorar" (28). Un personaje de Lejos de aqu, de Roberto Cossa y Mauricio Kartun, de vuelta en Espaa, dice a un argentino: Cmo te cres que la pas yo en tu tierra? Trabajaba en un bar dieciocho horas por da... Dos turnos! Sirviendo a tus argentinos... soberbios... maleducados, coo! Dieciocho horas por da! Sin sueldo. Slo por las propinas y la comida. Dorma en el stano con una escoba en la mano para espantar las ratas... Treinta aos juntando plata... plata y odio! Entends lo que es eso? Treinta aos juntando plata y odio! De qu solidaridad me habls? (29). En 2002, se estrena Temperley. Con una crtica excelente por parte de varios medios, la obra de Luciano Suardi y Alejandro Tantanian, denominada Temperley, est por estos das en cartel en el Teatro Sarmiento. La pieza se basa en las experiencias de Amparo, una gallega que encuentra en nuestra ciudad un sitio ideal para sus sueos, aunque las penurias lleguen de todas maneras. Destacan el clima general de la obra, con un logro especial en materia de escenografa y sonido (30). En ese mismo ao se estrena De 1919, una experiencia que realizaron dos santafecinos: la actriz Teresa Istillarte y el dramaturgo, actor y director Rafael Bruzza. (...) Este trabajo posee un texto que comienza a partir de una mnima historia y de una frase que nos resultaba muy decidora comenta Bruzza-. Una mujer, antes de morir afectada por el tifus, dice: La vida es una ilusin. En verdad mostramos aspectos de la vida de la abuela de Teresa. Lo que no puede recuperar la memoria lo recupera la ficcin. Hay muchas cosas que nos inquietan, que tenemos necesidad de expresar, y sobre ellas indagamos (31). Roberto Cossa expres: Escrib Definitivamente, adis, un monlogo que no es de un solo personaje. Planteo toda una saga familiar de exiliados, que se presenta cuando llega un joven espaol a la tumba de
sus antepasados para dejar las cenizas de su padre, un argentino que muri en Espaa. El planteo de esta pieza de Roberto Cossa abarca a tres generaciones: el abuelo, que se fue de Espaa en 1936, cuando comenz la guerra civil y lleg a la Argentina para echar nuevas races y criar a sus hijos. Fue en esta tierra donde muri y fue sepultado. La segunda etapa se refiere al hijo de este espaol que, en la poca de la dictadura militar argentina, debi irse del pas y se radic en Espaa, donde fallece dejando instrucciones de que sus cenizas sean depositadas en la tumba del padre, enterrado en un cementerio porteo. Finalmente, la ltima etapa es el joven espaol, hijo del argentino, indiferente a cualquier ideologa poltica y carente de utopas, que llega a Buenos Aires para cumplir el deseo del padre (32). En mayo de 2004, en Buenos Aires, se pudo ver en el Teatro Payr, LAmerica di Severino, con libro y direccin de Alex Benn. Con Alex Benn, Natalia De Cieco, Perla Stollar y otros (33). La Madonnita, obra que Mauricio Kartun escribi con la Beca para Personalidades Destacadas, otorgada por el Instituto Nacional del Teatro, fue distinguida con numerosos premios. En esa pieza teatral se alude a gringos, polacas, un lituano y un uruguayo, a quienes no se ve sobre el escenario (34). Entrevistado por Hilda Cabrera, manifest el autor: Cuando empec a escribir esta obra, la imagin en el siglo XVII o XVIII. Despus, pens que poda ubicarla en la Semana Trgica. Cuando me inici en la escritura teatral, mi primer impulso fue crear una historia que transcurriera en esa semana, pero dej ese proyecto. Es una deuda que tengo conmigo. En algn momento el fotgrafo Hertz se refiere al desabastecimiento de pintura, y ah apareci en mi cabeza la visin de la Primera Guerra, pero cuando tuve que dirigir me encontr con un dilema. Si quera utilizar la luz elctrica de manera verosmil, deba trasladar la obra a una poca ms cercana, porque esto en 1914 no era creble. Releyendo lo escrito, sent que no traicionaba mi propio material si lo acercaba a la dcada de 1930. (...) Basilio vende fotografas pornogrficas en el bao de una fonda a los que estn esclavizados por el trabajo, a los inmigrantes, porque aqulla era una sociedad de hombres solos. Son personajes que tienen alguna relacin con esas zonas desesperadas que revelan los textos de Arlt. Esta gente necesita ganar plata de cualquier modo y encontrar algo que se parezca a la salvacin. Este aspecto siniestro se compensa en La Madonnita con las actuaciones que tienen encanto, seduccin y hasta ingenuidad. Esto, creo, equilibra la atmsfera y le da otro tono a la tragedia a la que es conducida la mujer (35). La novela La sierva, de Andrs Rivera, fue distinguida en 1992 con el Primer Premio de la Fundacin El Libro. En 2005 se estren en Buenos Aires la versin teatral de la obra, realizada por Andrs Bazzalo. Acerca de esta pieza, escribi Olga Cosentino: El juez Bedoya salva a la criada Lucrecia de ir a la crcel
por el homicidio de su patrn, el estanciero Negretti, un italiano autoritario y libidinoso. El asesinato, que ella imagin como la llave de su liberacin y de su ascenso de sierva a heredera del difunto, la convierte en esclava del juez, quien la somete sexualmente a cambio de no denunciarla (36). En Volvi una noche, de Eduardo Rovner, Fanny har todos los cambios posibles en su personalidad y sus convicciones, de modo que su transformacin interior la lleve al amor y unin con su hijo, quien se casar con una gallega (37). Andrea Bauab es la autora de Desde la cuna (38), obra en la que plantea algunas de las posturas posibles con respecto a la religin, la tradicin, y el respeto por los ideales de la comunidad. Varios personajes encarnan esos puntos de vista, que los llevarn a plantear aspectos de una situacin acerca de la cual todos ellos tienen algo valioso para decir. En esa misma obra, un personaje se refiere a los refugiados nazis que vivieron en Bariloche. En Nunca es demasiado tarde (39), a propsito de la historia de una mujer mayor que decide casarse, muestra a tres generaciones que tienen en comn una misma tradicin cultural y religiosa, aunque la viven de diferente manera. En Mishiadura & Metejn, obra teatral con guin de Faruk y Tito Rivadeneira, La ata y Pepino viven en una pieza de conventillo. Ella ama a su hombre y l, un vivillo mantenido, hace lo imposible para no trabajar y a la vez demostrarle su amor. La ata decide dejarlo, y un posterior encuentro los muestra en otras condiciones. Ella es alternadora en un cabaret y Pepino ha modificado notablemente su vida. Viste bien, maneja dinero, y todo a causa de su proximidad con negocios no muy santos. Una francesita, como en todo tango caracterstico de la poca, se cruza entre ellos. Pero la nostalgia por los aos vividos los hace recuperar los tiempos del conventillo (40). Acerca de Los hijos de los hijos, de Ins Saavedra, escribi Ana Laura Prez: La bsqueda de las races como un escape hacia s mismo. Gestos, cosas, anecdotario de padres y madres, abuelos y abuelas, tos... Riqueza intangible, miseria de herederos. Evocaciones desordenadas para presentes descompuestos. Un regreso al origen individual y al origen mtico de un pas que se vanagloriaba de ser el crisol de razas. Hoy, que la inmigracin se estrella en nuevos desastres sociales y se multiplica en millones de dramas personales, el teatro ilumina nuevas zonas del xodo interminable al que parece condenado el mundo desde que es mundo. Los tres personajes de Los hijos de los hijos (que protagonizan Ricardo Merkin, Susana Pampn y Marcelo Xicarts) conmueven no slo por la inteligencia de la puesta, sino por la forma en que revelan la oscuridad de pozo que es siempre el alma humana (41). " De mal en peor desnuda la moral de quienes, en tiempos de crisis, se niegan a ingresar a la categora de pobres. (...) Para crear su obra (adems de empapar a sus actores con el espritu Florencio Snchez) Barts
se bas en deliciosos casos reales. El de Mary Helen Hutton, una de las sesenta y cinco maestras norteamericanas tradas por Sarmiento y raptada por los araucanos, que permaneci en cautiverio durante treinta aos. Y la fallida asociacin econmica de las familias Menndez Uriburu y Rocataglione en la Cuenca del Salado. Entregada en custodia a los Menndez Uriburu, Mary Helen se convierte en la posible salvacin de la ruina, de encontrarse los ttulos de indemnizacin que el Estado le dio como reparacin por los aos en cautiverio y ella escondi quin sabe dnde. Ah empieza a actuar la familia de desgraciados feroces, capaces de todo para no caer en la pobreza (42). Basada en un hecho real, en el que una familia de origen armenio presenta a la justicia argentina una demanda, por el derecho a saber lo que ocurri con uno de sus antepasados, la obra de Claudia Pieiro "Un mismo rbol verde" (...). Con direccin de Manuel Iedvabni, que vuelve a retomar un conflicto de origen armenio, como lo haba hecho con "Una bestia en la luna", la pieza es actuada por Marta Bianchi y por Noem Frenkel, en los papeles de Dora, la madre y de Silvia, su hija. La autora Claudia Pieiro gan el premio Clarn de novela (por "Las viudas de los jueves") el ao pasado y su pieza "Un mismo rbol verde" traza un paralelo entre el doloroso genocidio vivido por el pueblo armenio, entre 1915 y 1923 y la ltima dictadura argentina, en la que desaparece una de las hijas de la protagonista, Dora, de origen armenio, que es el papel que hago yo , dice Marta Bianchi a La Prensa . La pieza es presentada por la Fundacin Hairabedian (43). En octubre de 2007, "La obra tiene varias candidaturas a los premios Mara Guerrero y a los premios ACE" (44). El 10 de noviembre de 2006, pudo verse en el Teatro Andamio 90 Proyecto Stefano: Una obra de Armando Discpolo, con direccin general de Camilo Parodi. Interpretada por Carlos Bisigniano, Daniel Lpez Gorjn, Violeta Zorrilla, Eugenio Erretegui, Vernica Lpez Olivera y Pablo Lambarri De Luca. La historia de un inmigrante italiano y su familia que crey en el sueo de hacerse la Amrica. Como a muchos, esa ilusin creada por la poltica liberal de 1920, lo llev a la miseria. Una ilusin parecida a la que nos hicieron creer en 2001 con la intangibilidad de los depsitos. Una obra que explica el ADN del ser argentino (45). En Los Mercaderes , pieza de Manuel Lotersztein, "un oscuro profesor de teatro explica a un grupo de alumnos que rechazan el papel de Shylock, los verdaderos alcances de su conducta y la de los restantes personajes venecianos en la poca que transcurre 'El Mercader de Venecia', procurando absolver a Shakespeare y a su obra del cargo de antisemitismo" (46). Encontramos en "Los mercaderes" referencias a inmigrantes polacos e italianos y a refugiados nazis. La Munich es una Performance teatral, por el grupo Gen T, con dramaturgia y direccin de Julin Calvio.
El pblico podr recorrer el edificio que albergaba a la Cervecera Munich, hoy el Centro de Museos de Buenos Aires. La historia transcurre en el siglo XVIII. Cuatro primos quedan a cargo del hostal Munich, tras la fatal desaparicin de sus antecesores. Luego de varios aos de no recibir huspedes, llega un barco cargado de inmigrantes y toda su tripulacin se ve obligada a alojarse en el hostal. La obra, de trazos expresionistas y con reminiscencias polticas, comienza en el imponente hall en donde los espectadores se transforman en miembros de esa tripulacin y huspedes del hostal, participando de la accin dramtica (47). "El Equipo Teatral Osvaldo Dragn y el Grupo de Teatro Almas Fuertes, inician a partir del sbado 7 de abril de 2007 su labor en la temporada, con la obra teatral "Agua, Piedras y Escobazos", estrenada en Setiembre/06, basada en el hecho histrico ocurrido en nuestro pas en 1907, conocido como La Huelga de los Inquilinos o La Revolucin de las Escobas, del autor Germn Cceres, bajo la direccin general de Jorge Macchi, con el siguiente elenco por orden de aparicin: Edgardo Jess Diaz, Claudio Germn Godoy, Jorge Suarez Soria, Diego Adotti, Anala Mariel Rivero, Hernn Adotti, Leonel Borroni, Soledad Tortoriello, Edgardo Moccia, Cristina Barreiro, Natalia Romero, Alejandro Casal, Cristina Noem Carcabal, Romina Cacchione, Mara Fernada Correa y Denise Chabn. Dieciseis actores en escena. (...) La obra se compone de un prlogo, dos actos y un epilogo. Al transcurrir en un conventillo, retoma la tradicin del sainete respecto a ciertos personajes clsicos como el Tano, el Turco y el Gallego, y aprovecha el tono humorstico del gnero para celebrar el xito de una huelga justa con una fiesta que ofrece al pblico tangos antiguos, practicamente desconocidos. La dramtica represin policial del final obtiene, as, contundencia y se da primaca a la faceta testimonial. Este espectculo cuenta con el apoyo de Proteatro" (48). En mayo de 2007, anunci La Nacin: Desde hoy Amelia Bence retorna a un escenario porteo con el espectculo Alfonsina, incluido dentro del ciclo Teatro Itinerante, organizado por la Secretara de Cultura de la ciudad de Buenos Aires, con el propsito de llevar a los barrios veinticinco muestras escnicas de gran calidad artstica. "Me siento muy feliz de haber sido convocada para que Alfonsina integre esta propuesta del gobierno porteo -dice durante un dilogo con LA NACION-, ya que ponerme en la piel de esa clida poetisa significa para m un verdadero orgullo. () La actriz, una de las ms admiradas de la cinematografa nacional, recuerda que Alfonsina le brind una enorme cantidad de satisfacciones desde el momento en que personific en la pantalla a la poetisa y durante ms de doce aos, en que represent esa obra en numerosos escenarios nacionales y extranjeros, entre ellos, en el Festival Latinoamericano de Miami. Esta nueva puesta -subraya- posee algunas modificaciones respecto de las anteriores representaciones. La
direccin est a cargo de Rodolfo Graziano, y me acompaan el actor Rolando Alvar y el guitarrista Maximiliano Luna, con lo que se configura un homenaje a esa Alfonsina Storni muchas veces injustamente olvidada." (El espectculo est estructurado) sobre la base de Alfonsina recitando sus poemas en el mtico caf Tortoni, donde ella, a veces, tambin cantaba tangos, y lo aunamos con su amistad con Federico Garca Lorca, y para esto escenificamos un fragmento de Yerma. Tratamos, en lo posible, de dar una imagen de una Alfonsina ntima y clida que supo vivir con entusiasmo aquellas noches de una bohemia que ya es slo un grato recuerdo. () Amelia Bence no slo se apasiona por el personaje, sino que desea brindar su enorme talento a travs de alguien "a quien conoc personalmente -dice- cuando yo, muy nia, concurra al Teatro Infantil Lavardn para estudiar arte escnico. Un da apareci all Alfonsina, ya que el elenco pondra en escena su obra Juanita (sic), donde yo participaba en una de mis primeras incursiones artsticas. Desde aquel momento Alfonsina fue para m una sabia maestra que, casi sin saberlo, me inculc la pasin por el teatro . Entre ancdotas y recuerdos, la actriz repasa "una carrera que me brind muchas satisfacciones y que hoy, al llevar al escenario a la poetisa, pago esa deuda con la que ella supo abrirme un largo camino que nunca dej de transitar". Aade con emocin: Vivo el presente y no el pasado, y continuar actuando me mantiene permanentemente en actividad encarnando los ms dismiles personajes. Pero siempre vuelvo a Alfonsina, y desde el tablado le brindo permanentemente el agradecimiento por convertir a aquella nia del Teatro Lavardn en una mujer con renovados bros, en una mujer que tuvo sus pesares, pero que se borran cuando me instalo en la piel de los personajes que el destino me depara " (49). Acerca de Edgardo practica, Csima hace magia, por Patricia Surez, se afirm: Se trata de una comedia: Edgardo y Csima son un matrimonio de alemanes con ms de cincuenta aos de casados. Estn afincados en la Argentina, adonde llegaron despus de la Guerra y huyendo de sus consecuencias, ms precisamente, en una casona del barrio de Belgrano. Llevan una existencia aparentemente tranquila, pero dominada por el hasto, la rutina, el aislamiento, y una sed de odio y venganza mutua, aumentada por resabios de un oscuro pasado y que prefieren no recordar. De todos sus hijos, slo Lisa, la ms joven y dscola, se mantiene unida e interesada en ellos. Comedia de humor negro, ambientada en 1994, demuestra que la risa, cuando cabalga sobre el escalofro puede tratar los temas ms intensos. La trama revela que los Kellerman, casi un smbolo de esa Alemania que se derrumb y renaci nuevamente en la Segunda Guerra Mundial, no slo practican magia para sus nietos, beben cerveza o cocinan platos tpicos, sino que ocultan un tesoro tan invaluable como inconfesable. La obra forma parte de la Trilogia sobre el Nazismo. Este espectculo ha sido realizado en su totalidad con el premio obtenido en el Concurso Nacional de Produccin Teatral del Instituto Nacional del Teatro (50).
Megafn o la Guerra, la versin de Adrin Blanco, Hugo Dezillo y Germn Romero sobre la novela de Leopoldo Marechal, dirigida por Adrin Blanco, se estren en el Centro Cultural de la Cooperacin Floreal Gorini. En un pas con olor a bronca, suceder la epopeya de Megafn, tan desproporcionada como conmovedora, buscar un fin y un destino, no importar la derrota porque su gesta abrir el curso de las conquistas morales instalando el germen de los valores e ideales megafnicos para que otros los continen (51). Notas 1. Trejo, Nemesio: Los polticos en Snchez, Trejo, Pacheco, Discpolo, Dragn: Canillita y otras obras. Seleccin, prlogo y notas por Jorge Lafforgue. Buenos Aires, CEAL, 1980. (Captulo). 2. Snchez, Florencio: Canillita, en Snchez, Trejo, Pacheco, Discpolo, Dragn: Canillita y otras obras. Seleccin, prlogo y notas por Jorge Lafforgue. Buenos Aires, CEAL, 1980. (Captulo). 3. Granada, Nicols: Al campo!, en Varios autores: El teatro argentino [Link] de la escena nativa. Seleccin, prlogo y notas por Luis Ordaz. Buenos Aires, CEAL, 1980. (Captulo). 4. Mara, Enrique de: Bohemia criolla, en Varios autores: El teatro argentino. 6. El sainete. Prlogo de Abel Posadas; seleccin y notas por Marta Speroni y Griselda Vignolo. Buenos Aires, CEAL, 1980. (Captulo). 5. Ordaz, Luis: en Snchez, Florencio: En familia, en El teatro argentino [Link] Snchez. Seleccin, prlogo y notas por Luis Ordaz. Buenos Aires, CEAL, 1980. (Captulo). 6. Snchez, Florencio: En familia, en El teatro argentino [Link] Snchez. Seleccin, prlogo y notas por Luis [Link] Aires, CEAL, 1980. (Captulo). 7. Pacheco, Carlos Mauricio: Los disfrazados, en Snchez, Trejo, Pacheco, Discpolo, Dragn: Canillita y otras obras. Seleccin, prlogo y notas por Jorge Lafforgue. Buenos Aires, CEAL, 1980. (Captulo). 8. Novin, Alberto: Los primeros fros, en Varios autores: El teatro argentino. [Link] sainete. Prlogo de Abel Posadas; seleccin y notas por Marta Speroni y Griselda Vignolo. Buenos Aires, CEAL, 1980. 9. Laferrere, Gregorio de : Jettatore!. Buenos Aires, CEAL, 1968. 10. Discpolo, Armando: Babilonia. Una hora entre criados. En Snchez, Trejo, Pacheco, Discpolo, Dragn: Canillita y otras obras. Seleccin, prlogo y notas por Jorge Lafforgue. Buenos Aires, CEAL, 1980. (Captulo). 11. Ordaz, Luis: Armando Discpolo o el grotesco criollo , en Historia de la Literatura Argentina. Buenos Aires, CEAL, 1980. 12. Discpolo, Armando y De Rosa, Rafael: Mustaf. Citado por Pez, Jorge en El conventillo. Buenos Aires, CEAL, 1970. 13. Spinetto, Horacio: Los Oficios Entre el Olvido y el Rescate , en [Link]. 14. Vacarezza: La comparsa se despide. Citado en Pez, Jorge: El conventillo. Buenos Aires, CEAL, 1970. 15. Sorrentino, Fernando: EL TRUJAMN Cocoliche italiano y cocoliche argentino (I) , en Centro Virtual Cervantes, 27 de septiembre de 2005.
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El texto de Eva Halac puede analizarse en dos planos. En uno primero, formal, la autora extrema los detalles que hacen al ambiente y, sobre todo, a las costumbres de la poca y aqu tambin se impone su mirada a la hora de presentar a esos personajes con unos mundos privados muy complejos, dispuestos a todo con tal de sostenerse en su lugar poltico y social. El segundo plano, estructural, se muestra por momentos un tanto endeble. Algunas situaciones se prolongan sin contener el justo dramatismo y as lograr que la tensin se sostenga y resulte atrapante para el espectador. Como si en verdad ese entramado perverso de relaciones sociales se impusiera a la accin y sus avatares. El elenco es heterogneo. Las interpretaciones ms acabadas las concretan Carlos Scornik (Liniers), Silvia Oleksikiw (Anita Perichn) y Javier Pedersoli (Benito). Los tres actores exponen un trabajo muy ajustado a la hora de mostrar las contradicciones de sus personajes. Sobre todo, en Scornik y Pedersoli -el patrn y su criado- se observan unas ricas composiciones en las que se reconocen hasta los ms finos detalles a la hora de descubrir gestos y actitudes de sus criaturas. Es sumamente creativo el trabajo sobre el espacio y el diseo sonoro de Sergio Falcn . Cine De 1933 es el film El tango, el cine y el ftbol son los tres berretines, realizada por el Equipo Lumiton, a partir de una obra teatral de Arnaldo Malfatti. Cada uno de los berretines obsesionesrepresenta un hijo (Luis Sandrini, entre ellos), pero tambin estn los padres, los abuelos y un cuarto hijo. Los mayores son inmigrantes espaoles y casi seguro el padre tambin, aunque el actor Luis Arata disimula su acento tras una verba gangosa. El cuarto hijo (Florindo Ferrario), en realidad el mayor, se recibi de arquitecto, no halla trabajo y est enamorado de una chica (Luisa Vehil) de clase social ms alta. Los inmigrantes conservan los modos son anticuados, delatan su procedencia- del sainete ms popular; los jvenes desarrollan el decir y las costumbres del medio que frecuentan: el caf, las pelculas, la cancha. Como en el sainete, la accin casi no sale del patio. La oposicin paterna a los berretines no trata en volverse comprensin humana (1). Mateo fue dirigida por Daniel Tinayre. El estreno tuvo lugar en el cine Suipacha, el 22 de julio de 1937, con abundante asistencia de personalidades (2). As es la vida, realizada por Francisco Mugica en 1939, proviene de una obra teatral Nicols de las Llanderas. En ese film, con Enrique Muio y Elas Alippi, el sainete pervive slo en dos amigos de la familia, un gallego y el italiano los de afuera; los de casa son porteos. Por su peso, gana forma la comedia familiar, apoyada en el sentido aglutinador de la mesa del comedor, blanca en extremo por la luz simblica que le arrojan los directores de fotografa. Temporalmente, esta comedia se inicia en el patio y prosigue en la sala con piano y con una mesa amplia donde caben todos. Los inmigrantes mantienen el
decir cocoliche; los otros son porteos y los novios, en sus encuentros, se hablan de t (3). Nin Marshall cre, entre otros inolvidables personajes, a Catita, con su decir de conventillo y su verba de hija de la primera inmigracin italiana . De estas mujeres imaginadas por la actriz, fue la desfachatada y casi feminista Catita la que asom por primera vez en el cine, en Mujeres que trabajan (1938, Manuel Romero) . Cndida Loureiro Ramallada, la gallega bruta y charlatana , fue la primera caracterizacin de Nin Marshall en Radio Municipal, en 1934. En el film Cndida (1939), Bayn Herrera), sobre un barco y con sus ropas de campesina recin llegada, la gallega hace su jocosa presentacin: Vengo a este pas a ganar cuarenta pesos, casa y comida. Salida, los domingos . La voz de Nin es testigo del movimiento de los estratos sociales medios argentinos y de los desplazamientos culturales y de la flexibilidad de los grupos y colectividades, en el paso de los aos treinta a cuarenta (4). El 31 de mayo de 1943 se estren Juvenilia, un film sonoro, en blanco y negro, de 104 minutos de duracin. Lo dirigi Augusto Csar Vatteone. Escribieron el guin Pedro E. Pico, Alfredo de la Guardia y Manuel Agromayor, segn la novela homnima de Miguel Can. La interpretaron Elisa Christian Galv, Jos Olarra, Ernesto Vilches, Eloy Alvarez, Ricardo Passano (h), Marcos Zucker y Gog Andreu, entre otros (5). Joaqun Gmez Bas Naci el 26 de mayo de 1907 en Cangas de Onis de la Provincia de Oviedo en Asturias en Espaa. Falleci el 4 de noviembre de 1984. () Entre los premios que recibi se cuentan la Medalla de Oro otorgada por la Comisin Nacional de Cultura por "Barrio Gris", 1954, y el premio a la Mejor Pelcula del Ao por "Barrio Gris", 1954 (6). La crtica destaca la importancia de esta obra: El talento de Mario Soffici () recuper su gran vigor narrativo en "Barrio gris" (1954) apoyado en la slida novela de Joaqun Gmez Bas, sobrenadando la censura y la propaganda oficial (7). En 1965 Jorge Mascingioli adapta para cine Gente conmigo, novela de Syria Poletti que obtuvo el Premio Municipal de Buenos Aires en 1962.. La pelcula es dirigida por Jorge Darnell e interpretada por Milagros de la Vega, Norma Aleandro, Alberto Argibay y otros actores. Esta versin flmica es elegida para el Festival Internacional de Venecia por el Instituto Nacional de Cinematografa, y obtiene una importante distincin en el Festival Cinematogrfico Internacional de Locarno (Suiza) (8). El 29 de marzo de 1972 se estren La Mafia, dirigida por Leopoldo Torre Nilsson, con guin de Leopoldo Torre Nilsson, Beatriz Guido, Luis Pico Estrada, Rodolfo Mrtola y Javier Torre segn el argumento de Jos Dominiani y Osvaldo Bayer. La interpretaron Alfredo Alcn, Thelma Biral, Jos Slavin, China Zorrilla y Hctor Alterio, entre otros. En La Patagonia rebelde (1974), Hctor Olivera dramatiza las huelgas de los trabajadores anarquistas, en
el sur de la Argentina, durante 1920 y 1921, segn la investigacin realizada por Osvaldo Bayer en Los vengadores de la Patagonia trgica . Rodada en momentos de gran tensin poltica, intenta una lectura aleccionadora de la historia. Para eso, el film se constituye en un vasto flash back, que protagonizan los cabecillas Soto, Facn Grande y el alemn Schultze, seguido de la secuencia que marca el presente de la narracin, con la muerte del teniente coronel Zabala (Varela, en la realidad). Completando este juego de tiempos, sobre el final, un plano detalle de la mirada desconcertada del militar, mientras le hacen or una cancin en ingls, enva al espectador a una reflexin sobre el futuro . La crtica especializada destac la esmerada direccin del elenco, encabezado por Hctor Alterio (Zavala), Federico Luppi, Luis Brandoni, Pepe Soriano, Osvaldo Terranova, Pedro Aleandro, Jos Mara Gutirrez, entre otros . Obtuvo el Oso de Plata en el Festival de Berln, mientras la exhibicin local fue demorada dos meses en espera de la calificacin del Instituto Nacional de Cinematografa. Cuatro meses despus del estreno fue levantada de las pantallas por amenazas de grupos violentos, en el pas. Las crudas imgenes de este film emblemtico, lamentablemente premonitorias, son el ejemplo de un cine histrico en el que no se niega el compromiso del realizador, expuesto en el punto de vista desde donde se cuentan los sucesos (9). En el cine de Hctor Olivera (La Patagonia rebelde, 1974) y de Ricardo Wullicher (Quebracho, 1974), la estructura pica se aprisiona en una heroicidad social y adopta la forma de un sujeto poltico y combativo. Desde la dialctica historia pasada-tiempo presente se interpela el accionar ideolgico del espectador. Ambos buscan su referente en los actos autoritarios de la historia argentina (10). Alberto Gerchunoff escribi Los gauchos judos para celebrar un momento culminante de nuestra historia. Beatriz Sarlo seala que la celebracin del Centenario no fue slo oficio de poetas de origen argentino o americano. La inmigracin se hizo presente a travs de un libro de relatos y estampas: Los gauchos judos de Alberto Gerchunoff. (...) estos textos de Gerchunoff participan de la naturaleza mixta del recuerdo autobiogrfico, el cuadro y la estampa; no son simples testimonios (11). En esta obra, publicada en La Nacin entre 1908 y 1910, el escritor muestra a criterio de Estela Dos Santos- el grado de asimilacin de la colectividad hebraica a la vida argentina. Asimilacin de la que el mismo Gerchunoff fue el ejemplo (12). Dcadas ms tarde, el libro fue llevado al cine. Al respecto, Jorge Miguel Couselo afirma que La briosa versin de Los gauchos judos (Jusid, 1975), con la originalidad de una interrelacin folclrica nunca tocada por el cine argentino, sufri el torpe tronchamiento de la censura, que no admiti en imgenes pasajes que
cuatro generaciones de estudiantes leyeron en la prosa de Alberto Gerchunoff (13). Sobre el film escribe Ricardo Manetti: La pantalla tambin devuelve (...) el retrato nostlgico y pico de la gesta de los inmigrantes (14). En 1979 se estren La nona, film en el que Pepe Soriano encarna a una inmigrante italiana, venida de Catanzaro. Actuaron tambin Guillermo Battaglia, Eva Franco, Osvaldo Terranova y Juan Carlos Altavista, entre otros. Los dirigi Hctor Olivera, quien fue autor, junto con Roberto Cossa, del libro cinematogrfico, basado en la obra teatral homnima de Cossa. Produjo Aries Cinematogrfica. En septiembre de 1981 se estrena en los cines Ideal y Grand Splendid el film De la misteriosa Buenos Aires, basado en tres cuentos del libro Misteriosa Buenos Aires de Manuel Mujica Linez. En el tercero de ellos, El saln dorado 1904 , se observa la decadencia de la clase alta criolla y la forma en que los inmigrantes van ganando terreno. Fue dirigido por Alberto Fischerman, Ricardo Wulicher y Oscar Barney Finn. El guin fue escrito por Ernesto Schoo y los tres directores; Luis Mara Serra compuso la msica y la protagonizaron Aldo Barbero, Eva Franco, Julia Von Grolman y elenco. El film gan la Primera Mencin en el XXIII Festival Internacional de Karlovy Vary, Praga, que tuvo lugar entre el 3 y el 15 de julio de 1982. En 1985 se estren Bairoletto, la aventura de un rebelde, dirigida por Atilio Polverini, con guin de Sebastin Larreta, Atilio Polverini y Miguel Torrado, y protagonizada por Arturo Bonn , Luisina Brando y Camila Periss. Bautista Bairoletto fue un quijotesco bandido de comienzos de siglo reconocido como el "Robin Hood de las Pampas". Se mezclaba con anarquistas, forajidos y prostitutas y la gente lleg a apreciar cada uno de sus robos. En l se bas Atilio Polverini para hacer su pera prima, que tambin signific el primer protagnico en cine del actor Arturo Bonn (15). En 1996, Graciela Borges, entrevistada por Susana Reinoso, se refiri al rodaje del film Sobre la tierra, basado en la novela homnima de Diego Angelino: "Tras dos aos de ausencia del cine Graciela Borges regresar con el papel protagnico de "Sobre la tierra" el film que est rodando Nicols Sarqus. (...) Despus de un sostenido xito por el interior con la pieza "Cartas de amor" que coprotagoniza junto a Federico Luppi (en reemplazo de Rodolfo Bebn) y dirige Oscar Barney Finn la actriz vuelve al cine su gran amor de la mano del director Nicols Sarqus con el papel protagnico en el film "Sobre la tierra". En la pelcula que se filmar desde agosto prximo en Entre Ros encarnar a una baronesa alemana que llega a este continente a principios de siglo en busca de una esperanza de vida tras perder a su nico hijo en la Primera Guerra Mundial. -Qu le atrap de esta historia? -En realidad me atrapa el cine con historias que cuenten algo mgico y que nos hagan pensar volar y soar.
Esta es una historia romntica real deslumbrante y vital que se rodar en Entre Ros. Una mujer y su esposo que muere por una rara enfermedad estn aislados en el campo un mundo nuevo. La escena de la llegada al viejo casco de la estancia cuando el auto que los traslada los deja en esa quietud rodeados por su equipaje es impresionante" (16). Aller simple: Tres Historias del Ro de la Plata se estren en video en Buenos Aires en 1998, en el cine Cosmos. Es una coproduccin francoargentina de 1994, de 82 minutos de duracin, codirigida por los franceses Noel Burch y Nadine Fischer y el uruguayo Nelson Scartaccini a quien pertenece la idea original, presentada por la productora Cine-ojo, de Marcelo Cspedes y Carmen Guarini. El film indaga en las peripecias de la inmigracin en la Argentina y el Uruguay. (...) Aller simple (Pasaje de ida) elige un peculiar sesgo narrativo para adentrarse en esta larga historia. La cmara se planta fija en una calle cualquiera de Buenos Aires y vemos pasar gente mientras una voz describe la dura situacin econmica que atraviesa el pas, haciendo pie en el peso de la deuda externa sobre cada uno de los argentinos. En un momento, la cmara se detiene y quedan tres rostros, elegidos al azar, que nos enfrentan. Dos hombres y una mujer. A partir de esas caras, la pelcula se adentra en las ficticias historias familiares de cada una . Presuponen, los realizadores, que uno es francs, el otro italiano y la tercera espaola. Y arman mediante fotografas de poca, pelculas histricas del cine argentino (como Pampa brbara y Su mejor alumno) y material documental antiqusimo, una suerte de rompecabezas de la inmigracin en la Argentina en el siglo que va de 1830 a 1930. Aller simple presenta, una por una, las historias familiares. La del francs, que se convirti en un rico integrante de la Sociedad Rural; el italiano, que se fue al Uruguay y le cost levantar cabeza pese a la solidez econmica comparativa de ese pas respecto del nuestro; y, por ltimo, la espaola, que se integr a la clase media cuentapropista poniendo una carnicera (17). La pelcula se engalana con un portentoso trabajo de montaje a partir de una no menos notable bsqueda de imgenes (18). En abril de 1998, anuncia una noticia de la agencia Tlam: La novela de Horacio Vzquez Rial, Frontera sur, finalmente fue elegida despus de cantidad de lecturas- por el cineasta espaol Gerardo Herrero para dar vida a una historia de inmigrantes. La filmacin se har enteramente en la Argentina; hay muchas locaciones en Lujn, donde el 27 de este mes empieza el rodaje, que durar ocho semanas, confirm el autor de El soldado de porcelana a Tlam. Entre los actores contratados figuran Federico Luppi, el alemn Peter Lomaier (conocido por su trabajo en El enigma de Kaspar Hauser, de Werner Herzog) y Maribel Verd en los papeles principales. Pero habr varias sorpresas ms, dice el escritor, que prefiere no hacer adelantos. Tambin dice que el guin de Frontera... le pertenece: Es una experiencia muy enriquecedora e
intensa. Y es curioso, porque el director tiene un respeto por la novela mucho mayor que el autor. Me traiciona cada tres lneas, pero el resultado me gusta. Y, aunque no participo en el proceso (de produccin, filmacin, montaje, etc.), no ira nunca en plan Javier Maras quejndome porque me cambiaron la novela, agrega. Es un trabajo de ida y vuelta. Yo despoj la novela. Gerardo la devolvi. Despus hicimos un trabajo de poda. En fin, agregamos cosas por indicacin de los actores. El cine, en ese sentido, no tiene nada que ver con la literatura: es un trabajo en comn, dijo el escritor (19). En La Fuga (Argentina-Espaa, 2000), aparecen inmigrantes espaoles. La pelcula fue dirigida por Eduardo Mignogna, con Ricardo Darn, Miguel Angel Sol, Gerardo Romano, Patricio Contreras, Ins Estvez, Facundo Arana, Arturo Maly, Norma Aleandro. En el verano de 1928 escribe Juan Sasian- siete presos acosados por la angustia del encierro, ansiosos por los aleteos de libertad, se fugan de una penitenciaria de Buenos Aires. Los prfugos toman rumbos diversos, intentando retornar a lo que eran sus vidas. Laureano Irala (interpretado por Miguel Angel Sol) narra las historias de sus compaeros, con una voz clida y reflexiva: "ninguno de nosotros podra librarse de las ataduras que tena antes de caer preso...". Eduardo Mignogna, basndose en su novela homnima, dirige el film siguiendo su estilo en clave de melodrama. La excusa de la fuga sirve para contar el cuento de cada uno de los presos, el re-encuentro con sus pasiones individuales; presos de sus propios deseos no logran fugarse de sus destinos de encierro. Lo nico que une a estos personajes es el deseo del afuera que cantan a coro de presos: "Pide a la estrella la libertad". (...)Es un lujo para el cine argentino contar con un narrador de historias cargadas de emocin, poesa y delicadeza de la talla de Mignogna. Su novela gan el premio Emec y su pelcula ganar sonrisas y lgrimas de los deseosos espectadores (20). En abril de 2001 se estren Un amor en Moissville (21), film dirigido por Antonio Ottone que tambin escribi el guin- y protagonizado por Vctor Laplace y Cipe Lincovsky. Sobre esa pelcula se afirm: Antonio Ottone regresa al cine de la mano de una historia ambientada en tiempos en los que un contingente de la colectividad juda procedente de Europa desembarcaba a principios de siglo en la provincia de Santa Fe. Vctor Laplace y Cipe Lincovsky hacen un homenaje desde sus personajes (22). Herencia, estrenado en 2002, fue dirigido por Paula Hernndez e interpretado por Rita Cortese (Olinda), Adrin Witzke (Peter), Martn Adjemin (Federico), Hctor Anglada (ngel), Julieta Daz (Luz), Cutuli, Oscar Alegre, Carlos Portaluppi, Graciela Tenenbaum, Ignacio Ricci, Ernesto Claudio y Damin Dreizik, entre otros. El guin fue escrito por la directora. Fue producido por Rojo Films y Azpeita Cine, con el apoyo del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales. Sobre este film escribe por Luis Ormaechea: Herencia, la pera prima de Paula Hernndez, es una
comedia dramtica sobre dos inmigrantes europeos que llegan a Buenos Aires en dos pocas muy diferentes. Con un marcado tono costumbrista, esta joven realizadora logra un film muy slido, apoyado en una cuidada direccin de arte, una excelente fotografa y un elenco sobresaliente. Olinda (Rita Cortese) es una inmigrante italiana que lleg a la Argentina tras la Segunda Guerra Mundial. Aunque nunca pudo encontrar al hombre cuyos pasos segua, decidi adoptar a Buenos Aires como su ciudad. En uno de sus barrios, abri una fonda donde su cocina artesanal convoca todos los mediodas a empleados, obreros y estudiantes de la zona. La difcil situacin econmica y la competencia de los locales de comida rpida han llevado a su pequeo emprendimiento al borde de la quiebra. Si todava no cerr trato con el agente inmobiliario que est interesado en abrir all un local de video juegos, se debe al cario que le tienen su vecino Federico (Martn Adjemin), su ayudante de cocina ngel (Hctor Anglada) y su pintoresca clientela . Peter (Adrin Witzke) es un joven alemn de 24 aos que llega a Buenos Aires buscando a Beln, una argentina que conoci aos atrs en Europa. Su ingenuidad y falta de experiencia le son de poca utilidad en una ciudad desconocida. Tras ser despojado de su dinero en un hotel de mala muerte, su destino se cruza con el de Olinda. Conmovida por una historia similar a la suya, ella le ofrece comida y alojamiento por el tiempo que le lleve encontrar a su antigua novia. Poco a poco, Peter ir ganndose el corazn de Olinda. En este intercambio de experiencias, ambos encontrarn la posibilidad de rehacer sus vidas, encontrando su lugar en el mundo . Compara el film con otro estrenado el mismo ao: Herencia comparte con Un da de suerte (Sandra Gugliotta, 2002) el tema del viaje migratorio como posibilidad de salida frente a una determinada crisis. En el primero, Olinda y Peter llegan a la Argentina en busca de un amor, pero tambin escapando de una situacin no deseaba en sus pases de origen: la guerra o la carencia de afectos, respectivamente. Segn el film de Paula Hernndez, esta tierra todava es un lugar de oportunidades para los hombres y mujeres de buena voluntad. Incluso, cuando Olinda puede cumplir con su aorado sueo de volver a su pueblo natal descubre que Siponte sigue siendo igual, pero ya no es el mismo y decide volver a Buenos Aires. Muy por el contrario, Gugliotta propone el viaje inverso. La protagonista de su film, Elsa, incapaz de conseguir empleo o hallar algn atisbo de estabilidad en su pas natal, se aferra a la esperanza de emigrar hacia Italia, aprovechando un amoro con un ciudadano italiano. Mientras para Gugliotta, como para muchos argentinos en la actualidad, la salida de la crisis se encuentra en la migracin, para el nimo conciliador de Hernndez existe una esperanza y hay que buscarla en el mundo de los afectos .
Sin dudas, Paula Hernndez es una de las promesas del nuevo cine argentino. Sin embargo, en mi opinin, debera librarse de la pesada herencia del costumbrismo conciliador que impide que su opera prima sea uno de los grandes films argentinos del ao (23). Un da de suerte, dirigida por Sandra Gugliotta, fue escrita por Sandra Gugliotta, Marcelo Schapees y Julio Cardoso y protagonizada por: Valentina Bassi, Daro Vittori, Fernn Miras, Lola Berthet y Damin de Santo. Acerca de este film manifest Juan Jos Dimilta: Si hay adjetivos con los que se pueda calificar al primer largo de Sandra Gugliotta, la lista podra incluir: oportuna (que no es lo mismo que oportunista), actual y honesta. Un da de suerte no llega al panorama del cine argentino para reformular una esttica ni para sorprender como en el caso de La cinaga o Pizza, birra, faso. Tampoco tiene como destino arrasar con las taquillas al estilo de Nueve reinas o El hijo de la novia. Simplemente est ah por que deba estar, es una pelcula necesaria, es un clima que en algn momento alguien deba retratar en cine. Esto es: jvenes sin rumbo como desalmados que suean con hacer el viaje de vuelta al que hicieron sus abuelos inmigrantes y que en lugar de ganarse la Amrica, desean lanzarse descubrir la vieja Europa . Un da de suerte gana en inmediatez, casi como un documental, al estar ambientada en la larga jornada de 1999 en la que Edenor dej sin luz a ms de un argentino y por ms de veinte das. Esta situacin se revela como germen de las asambleas vecinales, de los cacerolazos, de este unirse de la casi desaparecida clase media ante la tragedia y ante la falta de respuestas de la clase poltica . Elsa (Valentina Bassi) es la protagonista, aquella que con la excusa de algn modo, de un italiano que pas fugazmente por Buenos Aires y la enamor, quiere volar a la tierra de su abuelo (Dario Vittori), un inmigrante siciliano. Elsa tiene un amor en la apocalptica Buenos Aires, Walter (Fernn Miras) y un grupo de amigos conformado por Laura (Lola Berthet) y Toni (Damin de Santo). Con ellos sobrevivir mediante negocios turbios como el robo de tarjetas de crdito y la venta de frmacos comprados con recetas truchas. Bien podran parecer una banda de peligrosos delincuentes y sin embargo solo se mueven como inexpertos sobrevivientes al borde de cometer un error fatal. La protagonista a pesar (o como consecuencia) de esta compaa sigue sintindose incompleta y deseosa de partir . Sandra Gugliotta logra una historia, por sobre todas las cosas, sincera, con un registro de mirada femenino y entrega una de las escenas ms emotivas del cine argentino actual: Elsa a punto de partir y su abuelo (teniendo en cuenta adems que es la ltima aparicin en vida de Vittori) dispuesto a dar batalla con los vecinos en una tierra que eligi hace tiempo y de la que no piensa moverse. Con eso bastara para justificar la visin de Un da de suerte (24).
El primer largometraje dirigido por Sandra Gugliotta y protagonizado por Valentina Bassi, Dario Vittori (en su ltimo trabajo, en el rol de un entraable abuelo siciliano) Fernn Miras, Lola Berthet y Damian de Santo, fue seleccionado para participar en el festival de Berlin. Un da de suerte , fue seleccionado para participar en el Programa Oficial de la 52 edicin del Festival Internacional de Cine de Berln, en la Seccin Foro Internacional del Nuevo Cine , que tendr lugar entre el 6 y el 17 de febrero (25). Hctor Alterio protagoniza a un inmigrante italiano en El hijo de la novia, pelicula dirigida por Campanella, y en Nueve reinas, tambin dirigida por Campanella, se alude a la herencia que un abuelo deja en Italia. En Luna de Avellaneda -pelcula dirigida por Juan Jos Campanella, a partir del guin escrito por Campanella, Fernando Castets y Juan Pablo Domenech-, tres gallegos fundan el club que da nombre al film. Uno de ellos, moribundo, recuerda su llegada a la Argentina. "Hace pocos meses -escribe Ignacio Di Toma Mues- se estren la pelcula documental 'Bialet Mass, un siglo despus', basada en el informe 'El estado de las clases obreras argentinas' elaborado por Juan Bialet Mass en 1904. Su director y guionista, Sergio Iglesias, declar que '...empec a hacer comparaciones de las cosas que contaba Bialet Mass hace cien aos y cmo se poda relacionar con la realidad' " (26). Entrevistado por Adolfo C. Martnez, dijo Carlos Orgambide: "Luego de rodar en 2001 el film Temporal (...) quise hacer una pausa para concretar La cancin de Zarah, un proyecto que haba nacido en 1994 sobre la base de un guin de Elena Antonietto y de Rubn Szuchmacher. El tema me apasion de inmediato, pero la realizacin se fue dilatando ante la falta de presupuesto del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa). Finalmente, ahora se resolvieron todos estos problemas y el Incaa me otorg un subsidio con el que podr comenzar el rodaje el mes prximo. (...) La historia est ubicada en la actualidad y relata la bsqueda que emprende un periodista argentino para lograr el paradero de un asesino nazi que ingres al pas durante el primer gobierno de Pern. Paralelamente a esta trama casi policial, el film tiene una veta romntica: uno de los hijos del nazi, que no conoce el pasado de su padre, establece una relacin sentimental con la mujer del periodista, y paralelamente a la historia hay testimonios de gente que estuvo en los campos de concentracin, que es entrevistada por el periodista... Pero lo que ms me interes del relato es la memoria, y la memoria est en este argumento" (27). "Se podra decir, antes que nada, que Ro arriba, ms que una pelcula es una bsqueda interior del director Ulises de la Orden. Una bsqueda de una parte de su historia, de sus orgenes. La filmacin comienza con la voz en off del director en su rol de protagonista arriba de un tren con rumbo al norte, contando la historia de su bisabuelo que vino de Espaa y que durante dos dcadas explot el ingenio azucarero San Isidro, en
Iruya, Salta. Rodado en la Cordillera de los Andes, el docu mental explora las consecuencias que la industria del azcar produjo en las comunidades collas, forzadas a ir la zafra y estar alejados durante largos meses de sus tierras con el desarraigo y el deterioro que esto implicaba. Con simpleza, con el testimonio de sus protagonistas, con los imponentes paisajes de la cordillera y con la msica del humahuaqueo Ricardo Tilca, Ro arriba es un viaje comprometido por una parte de la historia argentina" (28). En agosto de 2006 se estren la pelcula Las manos, acerca de la que escribi Nora Thames: "Haca tiempo que no sala de una sala de cine tan completa. La vida del padre Mario Pantaleo llevada al cine no era una tarea fcil. La labor de Juan Jos Stagnaro como guionista fue, sin duda, una apoyatura para que el director Alejandro Doria llevara a feliz trmino su realizacin cinematogrfica. Y el trabajo de Jorge Marrale resulta de una entrega y transparencia formidables. El padre Mario est muy dentro del corazn de los matanzeros y su obra se vio cristalizada en la Fundacin que lleva su nombre (sita en Gonzlez Catn, Km. 31). La epopeya de levantar la parroquia de una manera muy honesta como lo fue con su vida ejemplar es transmitida al espectador toma a toma y en secuencias que van marcando una cronologa ntima y a la vez, con el pueblo a cuestas, con un papel encarnado por Graciela Borges, en el que se conjugan la ternura, el sacrificio y el amor. Pueden deslindarse tambin filosas cuestiones con respecto a la Iglesia, por cuanto el padre Mario debi luchar denodadamente ante los reglamentos eclesiales, ante el arzobispado. En este sentido, debe destacarse la actuacin de Duilio Marzio interpretando a un funcionario de la Iglesia por momentos inflexible. Hay escenas desgarradoras, -siempre respetando la vida real del padre Mario pero se evitan los golpes bajos, como el racconto final de su vida,escena en donde est en su casa natal de Italia , en la que Marrale se luce. Toda la epopeya de levantar la parroquia y la lucha por la Incardinacin de la misma se ve reflejada en los actores bajo la mirada de una sobria direccin de Alejandro Doria. Se recomienda para quien necesite una caricia al corazn" (29). En Saladillo "termin el rodaje de El ultimo mandado, largometraje de Fabio Junco (36) y Juli Mid (31), protagonizado por Ellen Wolf, ganadora del premio Trinidad Guevara, que otorga el gobierno de la ciudad de Buenos Aires, como mejor actuacin femenina de reparto, por su trabajo en La omisin de la familia Coleman, de Claudio Tocachir, y por el joven vecino saladillense Lucas Mid, hermano de uno de los cineastas. (...) 'Soy juda y hago de nazi, qu le parece?, confes la veterana actriz (su apellido de soltera es Rottemberg) hace dos meses, al iniciar el rodaje de este lagometraje de bajo presupuesto con locaciones en Saladillo y en Buenos Aires. (...) Segn Junco y Mid, la pelcula aborda una realidad argentina todava inexplorada en la ficcin: la de los pueblos del interior que sirvieron como refugio para numerosos
personajes vinculados con el rgimen nazi" (30). "En una casona de fines del siglo XIX, en Tigre, se registraron las ltimas escenas de ficcin de Tierras prohibidas , documental sobre la vida de Cecilia Grierson (1859-1934), la primera mujer que se recibi de mdica en nuestro pas. Leonor Manso recrea el personaje de la doctora en su madurez (cuando tiene lugar un encuentro imaginario con la jven Grierson, interpretada por Ana Yovino). La guionista Silvina Chague ( Cleopatra , Una modesta proposicin , y Gambartes, verdades esenciales , entre otros ttulos), hace su debut como directora con este largo, que combina pasajes de ficcin con material de archivo y entrevistas actuales. El film, anticipa la realizadora, recorre los momentos ms significativos de la vida de Grierson, y a travs de ellos, los temas que activaron las luchas de las mujeres argentinas por conquistar territorios del saber, la poltica y la economa, que resultaban vedados, en buena parte, slo por una cuestin de gnero (31). En "El dueo del terror", escribe Daniel Artola: "Gustavo Mendoza film un documental sobre la obra de Narciso Ibez Menta. Es vecino de Villa Urquiza, tiene 36 aos y estudi direccin de cine. Dice que su fanatismo por el destacado actor de obras de terror lo hered de sus padres. Tuvo la oportunidad de conocer al maestro en el Festival de Cine de Mar del Plata y cuando falleci, hace dos aos, sinti la necesidad de hacer un documental sobre su vida. En 1996 estudiaba cinematografa y quera realizar un documental sobre el cine de terror en Argentina. Tena como objetivo entrevistar al hombre que ms se aproxim al gnero: Narciso Ibez Menta. Gracias a Jos Martnez Surez, la persona que lo dirigi en la intrigante Los muchachos de antes no usaban arsnico, hice el contacto. Me comuniqu por telfono a Madrid y grab su imponente voz , dice Gustavo Leonel Mendoza, vecino de Villa Urquiza, al evocar su primera charla con el actor. Esa no fue la nica oportunidad que se acerc al artista, ya que un ao despus el destino los uni en Mar del Plata. Fue en el Festival Internacional de Cine. Estaba en el interior del cine Ambassador. Proyectaban La bestia debe morir, una pelcula producida, escrita y actuada por Ibez Menta. Observo una silueta pequea, un hombre casi calvo con barba candado. Era demasiado bueno para ser cierto. Iba a ver una pelcula a metros de Narciso! , cuenta como si viviera esa situacin por primera vez. El encuentro personal se dio en el Hotel Costa Galana. Luego de esquivar a los cientos de fotgrafos que buscaban a Sofa Loren, pude saludarlo. Era muy elegante y de aspecto amable. Le dije que segua su obra desde antes de nacer, ya que mis padres tambin eran apasionados de su trabajo. Le regal un afiche de la pelcula Obras maestras del terror y contento me dijo: Este no lo tengo!. Lo volv a grabar mientras la gente lo saludaba y l estallaba en sonrisas , evoca Gustavo y se lamenta de no haber contado con una filmadora a mano. Maestro de las mil caras
El 15 de mayo de mayo de 2004 Narciso falleci a los 92 aos en Espaa, su tierra natal, y fue en ese momento que Mendoza sinti la necesidad de hacer un documental. Ibez Menta es parte de una poca dorada que nunca va a volver , asegura. Entonces el director de cine se reuni con aquellas personas que lo conocieron y vivieron esa belle epoque lejana en el tiempo. Y el gran desafo fue encontrar material, porque muchas cintas se perdieron entre incendios de filmotecas y robos. Tengo el testimonio de los actores Beatriz Daz Quiroga, Cipe Lincovsky y Jos Mara Langlais, entre otros , dice Mendoza. Narcisn , como lo apodaron cuando era nio prodigio del escenario, hizo en teatro El fantasma de la pera y Jeckyll and Mr. Hide. Su gran inspiracin fue el actor Lon Chaney. Como l, fue el hombre de las mil caras y un referente indiscutido en el arte del maquillaje y la caracterizacin. Siempre se quejaba de no poder usar su cara debido al maquillaje que la cubra , dice Mendoza. Un recorrido a travs de sus principales obras teatrales (La muerte de un viajante, FB), los xitos televisivos (El fantasma de la pera, El hombre que volvi de la muerte, El mueco maldito y El pulpo negro) y su extensa participacin cinematogrfica (Almafuerte, Obras maestras del terror, La bestia debe morir) lo muestran como un creador inagotable. La diversidad de testimonios de los que trabajaron con l (actores, maquilladores, tcnicos, directores), adems de cinfilos, especialistas y apasionados espectadores de su obra, sumado al material de archivo indito, nos revela el perfil de un hombre consustanciado con el misterio. Nos introduce de a poco, llevndonos de la mano, a un recorrido de ficciones y vivencias dignas de un personaje de pelcula , afirma Mendoza, que ya present su produccin en Buenos Aires, Montevideo y Piripolis. Algunos en forma despectiva le decan asustanios, pero logr una relacin hipntica con el pblico gracias a su voz grave y su presencia elegante , sostiene Mendoza sobre el actor, cuyos personajes de ultratumba paralizaban literalmente a la ciudad: nadie se quera perder sus programas. Claro que despus de apagar el televisor era difcil dormir tranquilo" (32). En febrero de 2007, pudo verse en Buenos Aires De Bessarabia a Entre Ros. Este film del villaguayense Pedro Banchick da una rpida descripcin de de la historia judia desde la destruccin del Templo hace 2000 aos y la expulsin de los judios de Israel; hasta el siglo XIX, centrandose en el Imperio Ruso de los zares, la vida de la comunidad judia en aldeas en esa epoca, el origen del idioma idish, la musica klezmer, los "pogroms" y los otros motivos de la emigracion continuando con la situacion de Argentina en ese siglo, la llegada al hotel de inmigrantes y finalmente el establecimiento en las colonias judias de Entre Rios y su desarrollo.
En el film se aprecia la descripcion de Entre Rios actual y la de hace 100 aos. Cuenta con entrevistas a hijos de aquellos que llegaron, entre ellos el padre de Pedro, el director del museo judio de Villa Dominguez y el Embajador de Rumania en Argentina, entre otros. En un relato de Pedro Banchick seala como fue el origen que lo impulso a concretar "De Bessarabia a Entre Rios": Mi familia paterna "Banchik" celebr hace un par de aos los 100 aos la llegada de mis bisabuelos a Argentina. Por tal motivo, hicimos una gran fiesta de todo un da en una quinta de las afueras de Capital... fue un evento extraordinario e inolvidable de 255 personas de nuestro pais, de USA, de Europa, Israel, Brasil; etc... todos descendientes directos de aquel matrimonio. Para este evento yo hice un documental (que estaba previsto de 5 a 10 minutos) y result de 2 horas de duracin, con la historia de la familia y otros diferentes segmentos. Si bien este pelcula gust mucho a los familiares (todos se llevaron una copia) luego del evento yo me olvid de tal cosa pero ocurri que lentamente me comenzaron a llegar repercusiones de todos lados. La historia continu y un ao despus estaba presentando mi pelcula en festivales de cine judo " (33). "En Hacer patria, su tercer largometraje documental, el director David Blaustein (Botn de guerra) se propone una bsqueda desde sus races para entender cmo el pasado se inserta en la nueva tierra encontrada por los inmigrantes llegados al pas" (34). El nio de barro es una coproduccin hispano-argentina que "est inspirada en hechos que sucedieron en las primeras dcadas del siglo pasado. Los crmenes del 'Petiso Orejudo' sirven para mostrar la violencia de la sociedad hacia los nios" (35). Acerca del estreno en Buenos Aires, manifest el director, Jorge Algora: Estrenar cine en el pas propio, es cada vez ms difcil, pero lograr que adems se estrene en Amrica, con la misma repercusin que aqu, es un logro que solo se puede entender por la suma de muchas voluntades y esfuerzos. La Calle Santa Fe, es una de las principales avenidas que atraviesan la megpolis bonaerense y el 4 de septiembre, a las 20,30h, se colaps. Los coches que por all pasaban queran saber a qu se deba el tumulto que se haba formado a la entrada de los cines Atlas. El Petiso Orejudo es all una leyenda urbana, que ocupa un lugar destacado, en la crnica negra y esa noche se estrenaba El nio de barro , la pelcula inspirada en sus crmenes, lo cual gener una enorme expectacin. 800 invitados, famosos, polticos, presa y canales de televisin dieron un color extraordinario a aquella calida noche del invierno porteo. La pelcula atrap, puso los pelos de punta y revolvi los sentimientos. Las muchas felicitaciones que recibimos all, hay que hacerlas extensibles a la Televisin de Galicia, a la
Xunta, al Consorcio Audiovisual de Galicia y a todos los que pusieron su tiempo e ilusin para que fuera posible, entre todos conseguimos que, El nio de barro , una pelcula hecha por gallegos, brillase con toda su intensidad aquella noche en Buenos Aires (36). Notas 1. Espaa, Claudio: As es la vida , en Cien aos de cine. Buenos Aires, La Nacin Revista, Tomo I 2. Flix-Didier, Paula y Pea, Fernando Martn: Baires films Clsicos nativos , Clsicos nativos [Link]. 3. Espaa, Claudio: As es la vida , en Cien aos de cine. Buenos Aires, La Nacin Revista, Tomo I. Imagen: [Link]. 4. Espaa, Claudio: Llega Nin Marshall , en Cien aos de cine. Buenos Aires, La Nacin Revista, Tomo I. 5. Verbeke, Natalia: Juvenilia , en [Link]. Imagen: [Link] 6. S/F: en [Link] 7. S/F: Los directores y sus pelculas , en Historia del Cine Argentino [Link] 8. S/F: Biobibliografa de Syria Poletti , en Poletti, Syria: Taller de imaginera. Buenos Aires, Losada, 1977. 9. Kriger, Clara: La Patagonia rebelde , en Cien aos de cine. Buenos Aires, La Nacin Revista, Tomo II. 10. Manetti, Ricardo: El cine de la digresin , en Cien aos de cine. Buenos Aires, La Nacin Revista, Tomo II. Imagen: [Link] 11. Sarlo, Beatriz: en Historia de la literatura argentina. Buenos Aires, CEAL, 1980. 12. Dos Santos, Estela: en Historia de la literatura argentina. Buenos Aires, CEAL, 1980. 13. Couselo, Jorge Miguel: en Historia de la literatura argentina. Buenos Aires, CEAL, 1980. 14. Manetti, Ricardo: op. cit. 15. S/F: Bairoletto, la aventura de un rebelde , en [Link] 16. Reinoso, Susana: "Cine Argentino. Borges regresa a su amor", en La Nacin, Buenos Aires, 17 de julio de 1996. 17. Lerer, Diego: Tres caras de la historia , en Clarn, Buenos Aires, 4 de julio de 1998. 18. Garca Olivieri, Ricardo: Un documental de excepcin , en Clarn, 31 de julio de 1997. Imagen: [Link]. 19. S/F: Frontera sur llega a la pantalla grande , en El Tiempo, Azul, 12 de abril de 1998. 20. Sasian, Juan: La fuga , en [Link] 21. Ottone, Antonio, dir.: Un amor en Moiss Ville. Abril de 2001. 22. S/F: Un amor en Moiss Ville , en [Link] Imagen: [Link] 23. Ormaechea, Luis: Con nimo de conciliar , en [Link]. Imagen: [Link] 24. Dimilta, Juan Jos: Un da de suerte .htm, en [Link] 25. S/F: Un da de suerte , a [Link]. Imagen: [Link]/pampacine_2002sp/undia/[Link]. 26. Di Toma Mues, Ignacio: "Un hombre honesto, sincero, de coraje y lucidez", en [Link]. Imagen: [Link]. 27. Martnez, Adolfo C.: "Despus de seis aos del estreno de "Temporal" La vuelta de Orgambide al cine", en La Nacin, Buenos Aires, 30 de julio de 2006.
28. Maestri, Eugenio: "Cine Otra mirada sobre el progreso Lo que la zafra se llev", en Clarn, Revista Viva, 6 de agosto de 2006. Comentario publicado tambin en [Link] Imagen: [Link]. 29. Thames, Nora: La calidez de Las manos, en Letras-Uruguay. Imagen: [Link]. 30. Minghetti, Claudio D.: "Saladillo ya es un pueblo de pelcula", en La Nacin, Buenos Aires, 10 de septiembre de 2006. Imagen: [Link] 31. Montesoro, Julia: "Cine argentino", en La Nacin, Buenos Aires, 3 de diciembre de 2006. 32. Artola, Daniel: "Gustavo Mendoza film un documental sobre la obra de Narciso Ibez Menta. El dueo del terror", en [Link], Diciembre de 2006. 33. Info y foto publicadas en Asociacin de Genealoga Juda de Argentina, [Link]. 34. Scherer, Fabiana: "Explorador", en La Nacin Revista, Buenos Aires, 5 de agosto de 2007. Imagen: [Link]. 35. S/F: en Misiones on line [Link], 24 de octubre de 2007. 36. Algora, Jorge: en LUCES DE BUENOS AIRES, en [Link]/ Apndice INMIGRANTES Y EXILIADOS LLEGADOS A LA ARGENTINA DESDE 1960 Yo, Sor Alice (1999) Direccin: Alberto Marquardt Guin: Alberto Marquardt Fecha de Estreno: 10 de mayo de 2001 El film es una travesa por un perodo de la historia argentina de la mano de Alice Domon, una religiosa francesa perteneciente a la congregacion Hermanas de las Misiones Extranjeras, que vivi en Argentina desde 1967 y fue secuestrada y desaparecida por la ltima dictadura militar por su compromiso social junto a los pobres. La visin de la propia Alice sobre esos aos difciles es narrada a travs de la lectura de las correspondencia que ella mantuvo con su familia. Sus cartas revelan la confrontacin con una sociedad en crisis y el avance de su compromiso con la realidad que le toc vivir. Equipo Tcnico Produccin ejecutiva: Marcelo Cspedes y Carmen Guarini Jefe de Produccin: Martn Mujica, Mariana Maan y Claudio Sordini Fotografa: Livio Pensavalle y Pascal Sutra-Furcade Montaje: Claudio Martnez Msica: Ral Barboza Sonido: Paulo de Jess Asistente de produccin: Alejandra Almirn Argentina - Francia [Link] Yo, Sor Alice Titulo: Yo, Sor Alice Titulo original: Yo, Sor Alice Pas: Argentina Director: Alberto Marquardt Ao: 1999 Idioma: 78 min
Norma: DVD Zona 4 y 1 Editado por: SBP [Link] Video Espaoles Gallegos En la muestra Luis Seoane. Pinturas, dibujos y grabados , que se llev a cabo en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, en el invierno de 2000, se exhibi un video que brind al espectador la oportunidad de entrar en contacto con este espritu y su singular obra. Con msica de Milladoiro y Xeito Novo, y la interpretacin de Walter Santana, quien lee fragmentos de ensayos y obras de teatro de Seoane, se muestra al artista como un peregrino que vive un doble extraamiento: el del tiempo y el del espacio. Con estas palabras lo dice: Soy un peregrino de la Edad Media, pero estoy varado en el siglo XX y tambin ir rumbo a Santiago de Compostela, mas estar varado en Buenos Aires . La resignacin que lo invade es resumida en la frase que afirma: Soy y ser para siempre un desarraigado permanente. Lo ser aunque decida volver a mi pas. Es el destino del exiliado . En dicho video se recuerda que el artista naci en 1910 en Buenos Aires, en el seno de una familia de inmigrantes. A los seis aos volvi a Espaa, de donde debi partir en los tiempos de la guerra. Veintisiete aos tard en regresar a la Madre Patria y, desde 1967, escindi su vida entre Galicia y la Argentina. Muri en La Corua en 1979. Ana Mara Battistozzi lo define como una de las figuras ms destacadas de la comunidad gallega argentina y acaso la ms interesada en promover y estrechar los vnculos culturales, en un momento en que esto implicaba un fuerte compromiso poltico . Integrando el Ciclo de conferencias 2006 organizado por el Centro de Betanzos, el 20 de octubre, en el Saln Geno Daz, se exhibe, A 70 aos de la creacin de las Brigadas Internacionales , ESOS MISMOS HOMBRES Voluntarios Argentinos en la Guerra Civil Espaola , video documental realizado por el grupo de historia marplatense HISTORIA DESDE ABAJO ". Dicho video Se basa en una investigacin de varios aos donde se entrevistaron voluntarios argentinos que viajaron a Espaa a luchar junto al pueblo espaol contra los militares sublevados al mando del Gral Franco. Ellos fueron a defender a la Repblica Espaola y a luchar contra el fascismo que avanzaba en toda Europa. Junto a testimonios de los protagonistas, ms de 700 fotografas y con los relatos de poemas de Victor H. Morales , el Grupo de Historia desde Abajo, realiz este documental, el primero sobre el tema en la Argentina. As mismo se deja reflejada la participacin solidaria en esta causa de la ciudad de Mar del Plata, con testimonios y grandes aportes fotogrficos . Como conferencista invitado, se presenta Jernimo Boragina, Licenciado en Historia y miembro del grupo Historia desde Abajo (1). Notas
1. 37. S/F: en [Link]/ cultura@[Link]. Televisin En 1967, Syria Poletti adapta para televisin su novela Gente conmigo (1). En 1969 se emiti por Canal 13 Muchacha italiana viene a casarse, teleteatro escrito por Delia Gonzalez Marquez, dirigido por Miguel Larrarte, con un elenco integrado por Alejandra Da Passano, Rodolfo Ranni, Jorge de la Riestra, Norberto Aroldi, Ivn Grondona, Hector Biuchet, Ma. del Carmen Valenzuela, Horacio O' Connor y Lydia Lamaison, entre otros. Su suceso fue tan grande que se extendi por cuatro temporadas (hasta 1972) El argumento era el siguiente: Valeria Donati vive en un pequeo pueblo cerca de Npoles, Italia y es trada a la Argentina por un seor llamado Vittorio Maglione que es fideero y hace 40 aos que vive en Argentina. El hombre le envi a la muchacha una fotografa de 30 aos atrs y Valeria se lanza tras la ilusin de casarse acompaada de su hermana. Valeria y su hermana Giana llegan a Buenos Aires pero se desencuentran con Maglione y se pierden. Los porteros de un edificio la ven desesperada y la ayudan. La muchacha se queda a vivir en ese edificio de gente pudiente. El hijo adoptivo de los porteros es empleado de la fideera de Maglione. El empleado se da cuenta que sta es la muchacha que su patrn hizo venir de Italia, pero como se enamora de ella, no le dice una palabra de donde vive Maglione. En el tercer piso del edificio vive una mujer sola. Valeria le hace los quehaceres domsticos. La mujer comienza a hacerle confidencias a Valeria y le cuenta que tiene un amante que se llama Juan Francisco Lindsay y que vive en una casa a la que le dicen El Paraso. Un da llega Juan Francisco a la casa y Valeria lo espa a travs de los barrotes de la escalera. La mujer tiene un altercado con Lindsay y lo amenaza con que se va a matar. Incluso le escribe una carta donde le confiesa que si la deja se suicidar. Por una de esas cosas que tiene la vida la mujer es arrollada en forma accidental por un automvil. Valeria guarda la carta y comienza a extorsionar a Lindsay. Le pide un lugar en El Paraso. Es que como su hermana Giana esta delicada de salud, vivir en un lugar como se puede mejorar su vida. Lindsay despus de resistirse forzadamente admite que Valeria y su hermana entren en la casa (2). "Es la familia ms famosa de la televisin. Todos los domingos al medioda se juntaban a comer tallarines, a compartir el vermouth, a charlar de sus cosas y a pelearse. Como se dice, una familia como todas que hizo historia. Aparecieron en la pantalla en el ao 1970. Eran transgresores aunque representaban una de las entidades ms notables de la Argentina: la familia. "Los Campanelli" era un programa de TV que se emiti por Canal 13 de Santa Fe (para nosotros) los domingos al medioda y tena como eje del argumento lo que suceda en ese mismo momento en una
familia tpica de clase media que se reuna a comer tallarines amasados por la vieja. El ciclo tuvo un xito tremendo, pese a que se mantuvo unas pocas temporadas en el aire, pero en ese tiempo se hizo famoso. La direccin estaba a cargo de Hctor Masselli y el libreto perteneca a Juan Carlos Mesa, Jorge y Carlos Basurto y Oscar Viale, en tanto que la msica era autora de Horacio Malvicino (o Alain Debray) La familia estaba compuesta por los padres, Adolfo Linvel y Mench Quesada (don Carmelo y doa Luca), completando el cuadro sus hijos y yernos. All estaban Osvaldo Cannico (heredero del negocio familiar de servicio atmosfrico, casado con Gloria Montes, dos gritones totales), Dorita Burgos (esposa del funebrero Alberto Anchart, "El tumba"), Zulma Grey (casada con Tino Pascali, un temeroso empleado pblico), Mara Cristina Laurenz (amada mujer de Carlos Scazziotta, sodero y fantico de Boca), Santiago Bal (soltern, mujeriego y jugador empedernido, vago total) y Tito Mendoza (msico baterista). Para que nada falte se agregaba la muchacha de la casa, Flora (Edda Daz, un aparato de aquellos) y todo tipo de visitantes alternativos, incluido un vecino "Gallego" que se peleaba con el tano dueo de casa. Luego de algunos captulos ingresara "como el hijo que llegaba de Estados Unidos": Claudio Garca Satur, quien se incorporara con su esposa en la ficcin, Alejandra Kliment, una rubia muy bonita perteneciente a la alta aristocracia portea. Dos aos despus, Satur alcanzara la fama total con su personaje de Rolando Rivas que lo proyectara a otros niveles y que lo alejara de su "familia". "Los Campanelli" representaron durante esa especial etapa de la vida argentina a un clsico de los domingos, algo de lo que todos hablaban y donde nadie quedaba al margen. Todos conocan a sus personajes y repetan sus latiguillos como una marca registrada. Cuando Santiaguito llegaba de madrugaba a la casa, y eluda con cancha y verso los retos de su padre, el viejo Campanelli tena una frase especial: "es un ngelo, no vola perque es pichn!". Como toda familia tuvo sus cosas. Sus personajes eran identificados por la calle como verdaderos y pese a que muchos eran actores de primera lnea les costaba despegarse de representaciones domingueras. Adolfo Linvel (que en esta poca tena 58 aos, aunque pareca de mucho ms) haba empezado su carrera en 1933 y recin con ese programa llegaba a la fama, lejos de las tablas que lo haban formado. Esta familia fue todo un smbolo de la Argentina, donde cada una de sus ocurrencias se festejaba casi como "chiste nacional". Y como toda familia, un da se convirti en recuerdo. El primero en partir fue Osvaldo Cannico y a partir de all todo pas a formar parte de la leyenda del espectculo argentino. Pese a todo, no hay nada ms lindo que la familia unida!" (3). En 1973, Abel Santa Cruz tiene siete obras en tev. Una de ellas es Carmia, con Mara de los Angeles Medrano y Arturo Puig, y Ral Rossi en el rol de Hiplito Yrigoyen. En radio se conoci como Tu nombre es
Mara Sombra; en tev en1969 como Nuestra galleguita. En el exterior se emiti como Natasha (4). En 1984, Con su monumental y multitudinario proyecto que quedar trunco, Los gringos, David Stivel llega a ATC con la pretensin de contar en tres aos el recorrido de los inmigrantes a travs de varias generaciones. Es una saga detalla Stivel a Clarn, mientras su hija Andrea participa en la produccin- de varias familias: dos italianas, una espaola y otra juda, que llegan al pas en 1890. Se trata de un homenaje a nuestro origen que nos permitir detectar sus virtudes y sus defectos. La idea inicial es del propio Stivel y de Ada Bortnik, pero los libros los escribe Juan Carlos Gen y actan Brbara Mujica, Julio de Grazia, Marta Bianchi, Emilio Alfaro, Luisina Brando y Miguel Angel Sol (5). A partir de abril de 2000, Canal puso en el aire La otra tierra (historias de inmigrantes en un pas que busca su identidad), una nueva versin del recordado ciclo televisivo . Se llev a cabo en emisiones semanales de media hora de duracin, poniendo en relieve el aporte cultural de cada una de las corrientes migratorias . El ciclo cont con la produccin y direccin de la recordada Clara Zapettini y la conduccin de Canela . El equipo que respald el proyecto estuvo compuesto por Adriana Ocn en la produccin; Moira Soto en investigacin, e Ivonne Fournery como guionista (6). Un ao despus, Ivonne Fournery se refiri en un reportaje a ambas versiones del ciclo: En el ao 86 yo empec a escribir... haciendo guiones en documentales periodsticos, en un programa muy lindo que se llamaba La otra tierra, que trataba de inmigrantes en un pas que busca su identidad. El proyecto estaba dirigido por Clara Zapettini, una mujer muy talentosa... (...) Una mujer que siempre se destac, y en esa oportunidad la convocaron para La otra tierra, y fue tal el impacto que, por ejemplo, el ao pasado se firm un contrato con canal A y se grabaron programas de media hora, con un nico testimonio cada uno. La ideologa, tanto en la primera oportunidad, en los 80, como ahora, fue la misma, o sea, no poner el acento para nada en la colectividad o comunidad, sino en la sntesis de las culturas. Es decir, hacer hincapi en el aporte que signific a nuestra identidad esa cultura. Lo cual enriquece al programa, lo hace mucho ms vivo y mucho ms real. De lo contrario, se transforma en una cosa... te dira que pintoresca o turstica... y no es sa la intencin. Adems, te cuento... yo no haca la investigacin periodstica, pero lo que yo aprend de las culturas haciendo esto no te puedo explicar. Por otra parte, fueron muchos programas: en el 86 se hicieron 55 y en este ltimo ao, 39. O sea que realmente fue un privilegio. Y ah yo haca los textos y la voz en off (7). En septiembre de 2002, se pudo ver por TN un programa del ciclo En el camino , de Mario Markic. Este programa, titulado Hotel de Sueos (8) se refera a la historia del Hotel de Inmigrantes, e inclua un
reportaje al profesor Jorge Ochoa de Eguileor, Coordinador -junto con la arquitecta Graciela Ser Manterodel Museo Nacional de la Inmigracin, que tiene su sede en ese edificio entraable e inaugur su primera etapa en octubre de 2001. En esa emisin televisiva -que se reiter en varias oportunidades-, periodista y especialista se refirieron a la inmigracin y a la vida de quienes dejaban su tierra y se alojaban en el Hotel. En agosto de 2003, el programa Escala Real, que se emite por Canal , difundi un trabajo sobre el Hotel de Inmigrantes, en el que participaron el profesor Jorge Ochoa de Eguileor y la arquitecta Graciela Ser Mantero, Consultores Coordinadores del Programa Complejo Museo Hotel del Inmigrante, el arquitecto Carlos Pernaut y el licenciado Gabriel Miremont. En el programa que conduce Canela, Colectivo imaginario, se alude frecuentemente a inmigrantes y exiliados. En 2005, 6-Holocausto se emiti por Telef. En 2006 se vio en la Argentina la miniserie Vientos de agua, una coproduccin del canal Telecinco de Espaa, Pol-Ka y Cien bares (la sociedad de Campanella y el autor Eduardo Blanco. La dirigen Juan Jos Campanella, Sebastin Pivotto, Paula Hernndez y Bruno Stagnaro (9). Sandra Russo entrevist a Campanella: La coproduccin argentino-espaola, una historia de exilios cruzados entre inmigrantes de las primeras dcadas del siglo XX y los argentinos que huyeron en el 2001 admite, segn Campanella, una clara connotacin: Tenemos la fantasa de ser apolticos, pero hacemos poltica permanentemente, hasta cuando miramos televisin .(...) Cuenta Campanella que para los trece captulos de Vientos de agua trabajaron dos aos y medio. Escribimos los dos primeros guiones cuatro autores juntos: Ada (Bortnik), Juan Pablo (Domenech), Aurea (Martnez) y yo. Fueron ocho meses. No slo haba que recrear la gnesis de los personajes, sino el modelo de estructura sobre el que descansara la historia. Mucho ida y vuelta, mucha reescritura. El resto de los guiones se llev adelante desde marzo de 2004. La idea de entrecruzar a un inmigrante asturiano analfabeto que abandona su tierra natal perseguido por la Guardia Civil con la de su propio hijo, un arquitecto que en 2001 cruza el Atlntico hacia Espaa buscando cmo rearmar su vida y mantener a su familia, se le ocurri al director mientras viva en [Link]., donde residi 18 aos. Un da, en Nueva York, me despert a las cinco de la maana para leer todos los diarios argentinos antes de ir a filmar, y pens pobre el abuelo, que no poda hacer esto, pero despus, destruido por la realidad argentina, me dije: bueno, qu suerte que el abuelo pudo olvidarse de todo y empezar de cero. O sea, el desarraigo, antes y ahora, es tremendo. Y sobre el desarraigo cabalga Vientos de agua, porque tanto en el barco Aquitaine , que trae al asturiano Andrs Olalla a la Argentina, como en el
piso madrileo en el que se hospeda muchas dcadas ms tarde su hijo, hay cubanos, hngaros, franceses, italianos, gente que por un motivo u otro tuvo que dejar su tierra y se hace mutuamente una compaa precaria pero al mismo tiempo frrea: la compaa que se hacen los desesperados. All nacen esas amistades que se mantendrn de por vida y los roces inevitables de los que intentan permanentemente mantener algn tipo de equilibrio (10). En noviembre de 2006, en "Noticias de la Historia", conducido por Diego Valenzuela, se incluye "La inmigracin". En esa oportunidad, se entrevista a Alicia Bernasconi, historiadora, investigadora del CONICET; Eduardo Vzquez, director del Museo de la Ciudad; Adrin Ceratto, profesor de Historia; Benjamin Marcon, Coordinador del Museo del Inmigrante, y Luis Vaccaro, propietario de un conventillo de San Telmo, heredado de su abuelo italiano. Los temas a los que el conductor y los entrevistados se refieren son, entre otros, el Hotel de Inmigrantes, el conventillo, la asimilacin y la educacin. Otro tema especial, conducido por Santo Biasati en TN, se refiri a la inmigracin y el exilio en diversas oportunidades, entre las que recordamos las emisiones de "La Guerra Civil espaola" (2006), "Adolf Eichman, el burcrata asesino" (2007), "Cientficos nazis en la Argentina" (2007) y "El ministro argentino de Hitler" (2007). En Tiene la palabra, conducido por Luis Otero y Silvia Martnez Cassina, por TN, se entrevist a Osvaldo Bayer (2007) y Luis Landriscina (2007), entre otras personalidades. Acerca de La vuelta de Bayer , se afirm: "En 1921, cientos de peones patagonicos encontraron una muerte injusta. Habian iniciado una huelga en reclamo del cumplimiento de un Convenio Rural firmado con los estancieros. Al no llegar a un acuerdo, el entonces presidente Hipolito Yrigoyen dio la orden de ejecutar a los huelguistas. El Teniente Coronel Varela llevo a cabo el fusilamiento, arrojando los cuerpos sin vida a "tumbas masivas", donde aun permanecen. Osvaldo Bayer reescribio esta historia. Fue en La Patagonia trgica, el libro que dio origen al filme La Patagonia rebelde, dirigida por Hector Olivera. Treinta y cinco aos mas tarde, Bayer regresa a la Patagonia. Va en busqueda del legado de su obra. A los 80 aos, el historiador, escritor y periodista dice: "Queria ver los resultados de todos los aos que dedique a la investigacion de este tema-. La vuelta de Bayer, el documental que sera emitido esta noche por Canal 7, es la narracion de ese reencuentro" (11). Notas 1 S/F: Biobibliografa de Syria Poletti , en Poletti, Syria: Taller de imaginera. Buenos Aires, Losada, 1977. 2 Marcos, Marisa: en [Link]. LAS TRAVESURAS DE NIN Los mejores libretos de Catita, Cndida y otras criaturas, por Nin Marshall. Buenos Aires, Planeta, 1994. (La Mandbula Mecnica). 206 pp. Fotos de interior y tapa: Annemarie Heinrich. 3 S/F: "Quin no se acuerda de "Los Campanelli"?", en La Opinin, Rafaela, Santa Fe, [Link]. [Link], 27 de julio de 2006.
4 Itkin, Silvia: El Estado llega a la televisin , en Ulanovsky, Carlos, Itkin, Silvia y Sirvn, Pablo: Estamos en el aire. Buenos Aires, Planeta, 1999. 5 Sirvn, Pablo: La patota cultural , en Ulanovsky, Carlos, Itkin, Silvia y Sirvn, Pablo: Estamos en el aire. Buenos Aires, Planeta, 1999. 6 Hall, Annie: Bambalinas , en La Nacin, Buenos Aires, 9 de enero de 2000. 7 Ceratto, Virginia: La indiferencia, en un 94%, es falta de conocimiento , en La Capital, Mar del Plata, 18 de marzo de 2001. 8 Markic, Mario: En el camino: Hotel de sueos , en TN, 12 de septiembre de 2002. 9 Lamazares, Silvina: DETRS DE ESCENA DE LA GRABACION DE VIENTOS DE AGUA Una historia de inmigrantes en dos tiempos , en Clarn, Buenos Aires, 2 de setiembre de 2005. 10 Russo, Sandra: Vientos de agua , la miniserie dirigida por Juan Jose Campanella Antes y ahora, el desarraigo es tremendo , en [Link], 11 de Junio de 2006. 11 Bianco, Florencia: "Viaje en busca de un legado", en Clarin, Buenos Aires, 20 de febrero de 2007. Periodismo En una de sus aguafuertes porteas, titulada Elogio del lavacopas , Roberto Arlt homenajea a los inmigrantes espaoles: Quiero hacer hoy el elogio del lavacopas, del lavacopas como elemento de progreso nacional, del lavacopas como ejemplo de honestidad, de contraccin al trabajo, del lavacopas cuya filosofa se la ensearon los borrachos al borde del mostrador, y cuya feroz y dulce pasin por el dinero se la ense la miseria del terruo y la ejemplar conducta del patrn, del patrn que, como los antiguos patrones griegos, sentaba a su mesa al esclavo y le zurraba cuando haca falta. En el 80 por ciento de los casos, el lavacopas del almacn porteo es espaol. Vino de Mondoedo, de Alcal de Henares, de cualquier rincn perdido en la montaa. Con pantaln de pana y saco de terciopelo, y una gorra pesada con orejeras, cubrindole la salvaje cabeza greuda. Unos duros anudados en la punta del pauelo, y un deseo infinito de llegar a esa Amrica, a esa Amrica tan linda, tan rebonita a travs de la gordura de los indianos, y de los seorones que salieron hechos unos miserables y volvieron con la familia despus de cuarenta aos de ausencia a darle un banquete a todo el pueblo (1). Roberto Arlt viaj a Europa en 1935, enviado por el diario El Mundo, y remiti desde all sus Aguafuertes gallegas , serie de notas sobre los gallegos y su relacin con Amrica, en las que tiene gran importancia el tema de la inmigracin a la Argentina (2). Jos Gonzlez Carbalho en varios artculos se refiri al viaje a la tierra de sus padres que realizara en abril de 1955 (3). En Temas de la patria anterior , el viajero escribe: Quienes fueron antes que yo en mi sangre, partieron por donde yo entr en Espaa. Recuerdo que en algn coloquio de lembranzas, hablme mi padre de cuando se echaba a nadar en la radiante baha de Vigo. Eran intentos para irse. Estaba haciendo la
prctica para la gran travesa. El alma navegante se estaba familiarizando con la onda, el yodo, la brisa que blanquea de sal la cara. As parti siendo nio. Y yo vo lv por donde l parti, siendo ya varias veces hombre. Es decir: hombre y experiencia, hombre y afn de indagar en la raz, de sentirme en la fuente de la savia. Hombre que necesita respirar los aires de su patria anterior . En "Lo que el cine no se llev", afirma Magdalena Ruiz Guiaz: "usted se preguntara al leer este relato cmo el cine nacional o extranjero no han explotado estas estupendas historias patagnicas a las que la naturaleza sigue prestando su marco deslumbrante. Cmo un personaje con todas las caractersticas del pionero no ha sido usado para hacer conocer esta historia nuestra que casi siempre se presenta en forma tan ceremoniosa que inmediatamente imaginamos una hoja de almanaque sin sangre y sin vigor. Son imponderables que difcilmente podremos comprender. El cine nacional es un enfermo postrado. Los temas para infinitas historias siguen esperando, en alas de la imaginacin, para devolverle la vida" (4). A partir de la historia de una pareja de inmigrantes judos, Alicia Dujovne Ortiz se refiere a otros inmigrantes. Ella afirma: En el respeto mutuo estaba la clave del entendimiento entre esas dos personas valerosas que haban abandonado sus aldeas natales y llegado a la Argentina solos, casi adolescentes. Lo dems pasar por el siniestro Hotel de Inmigrantes y por el patio del conventillo que calentaba el alma con sus olores y sus idiomas mezclados, aprender un castellano cuyo diptongo en ue jams pudieron pronunciar, pero al que igual domaron e hicieron suyo- equivale a la historia de todo inmigrante, cualquiera que haya sido su nombre: Marcello, Manolo, Moishe o Mustaf (5). Abel Posse cuenta la historia de Casimiro An, que bail ante Po XI el Ave Mara, de Canaro . A las 9 de la maana del 1 de febrero de 1924, Casimiro An (el Vasco o el Lecherito), plido y seguramente un poco aterido (invierno), sale del hotelito de la va Torino que le reserv la embajada y sube a un taxi. Lleva una modesta valija con los elementos esenciales: botines abotonados, pantaln de fantasa con trencilla, chaqueta negra con vivos, pauelo al cuello, o lengue de seda japonesa y un pual de madera que le parecer conveniente no agregar al atuendo. Lleva puesto el invariable chambergo borsalino, el gacho gris arrabalero, de cinta ancha y ribete negro en el ala. Smbolo del malevaje roplatense (6). En El siglo disfrazado , Mauricio Kartun analiza la relacin del Carnaval con la inmigracin: Fue con el vendaval inmigratorio de principio de siglo que la farra desbord todo orden institucional, la mascarita se independiz, y el disfraz pas a ser un atributo de fenomenal creatividad individual, un orgullo familiar en el que las mujeres de la casa lucan su solvencia con el molde y la aguja . Una vez disfrazado el nio, deba fotografirselo, para enviar esa imagen al pas de origen: Colas de una
cuadra en Foto Bixio, o en Pascale, bajo el sol calcinante de febrero, ese que aseguraba con el resplandor de la primera tarde los mejores contrastes en la vidriada galera de pose del estudio. Cmo testimoniar sino all en el terruo el prodigio de costura, las costumbres, el crecimiento y la belleza de los chicos, engalanados y maquillados? El afianzamiento de la inmigracin hizo que cambiaran los disfraces elegidos por las madres para sus hijos: Viejas fotos. Slo eso queda de aquella magnfica pasin por el disfraz. De pierrot, sobre todo, hasta los aos 20 en que las colectividades tomaron peso propio. De all en ms predominaron los baturros, toreros y gaiteros asturianos, las majas, las gitanas, y los vascos pelotaris con sus paletas en miniatura, o su versin lechera con los tarros tambin a escala (7). Enrique Pinti evoca los carnavales de su infancia: Piratas, gauchos, damas antiguas, marqueses versallescos, zorros (negros y blancos), diablitos, hadas, aldeanas, lagarteranas, baturros, tiroleses y andaluces, gitanas y pajes medievales aparecan en esas pginas como un convite a la consagracin y apoteosis del hermoso perodo anual. (...) Vacaciones no tena, pero disfraces s, y qu disfraces! Payaso, pollito, holands, bailarn ruso, gaucho, mexicano, sargento americano y teniente argentino. Las fotos atestiguan mi felicidad y las poses son las de un gordito decidido a ser estrella (8). Apndice INMIGRANTES Y EXILIADOS LLEGADOS A LA ARGENTINA HASTA 1810 Manuel Mujica Linez visita, en Villafranca de Oria, pueblo cercano a San Sebastin, la casa de sus mayores, en una peregrinacin a las fuentes : Con Armendriz torn a entrar en la iglesia. Me ense, en los registros parroquiales, las anotaciones que consignan los bautismos, matrimonios y muertes, de gente remota vinculada a m. Y, saliendo del templo neblinoso, me mostr junto a l la que fue casa de mis mayores y que, desde 1890, ms o menos, est destinada a escuela, correo, dependencias municipales y qu s yo qu. Sobre la puerta sigue intacto el blasn, como en tantas y tantas casas de Guipzcoa (9). Notas 1. Arlt, Roberto: Nuevas aguafuertes porteas. Buenos Aires, Hachette, 1960. 329 pginas. Estudio preliminar de Pedro G. Orgambide. 2. Arlt, Roberto: Aguafuertes gallegas. Santa Fe, Ameghino, 1997. Seleccin, prlogo y notas por Rodolfo Alonso. 3. Requeni, Antonio: Un poeta arxentino en Galicia: Gonzlez Carbalho . Separata del Boletn Galego de Literatura (Traduccin al gallego de Blanca-Ana Roig Rechou. Traduccin del gallego de M.G.R.). 4. Ruiz Guiaz, Magdalena:"Lo que el cine no se llev", en Haba una vez... la vida. Buenos Aires, Editorial Planeta, 1995. 223 pp. 5. Dujovne Ortiz, Alicia: La memoria de las mujeres , en La Nacin Revista, Buenos Aires, 28 de noviembre de 2004.
6. Posse, Abel: Lejanas batallas del tango (I) 1924. El vasco An en la Santa Sede , en La Nacin Revista, Buenos Aires, 5 de octubre de 2003. 7. Kartun, Mauricio: El siglo disfrazado , en Clarn Viva, 20 de febrero de 2000. 8. Pinti, Enrique: La Argentina segn Enrique Pinti. Carnavales eran los de antes , en La Nacin Revista, Buenos Aires, 6 de marzo de 2005. 9. Mujica Linez, Manuel: Placeres y fatigas de los viajes. Crnicas andariegas. Vol. I. Buenos Aires, Sudamericana, 1984. Biografas Introduccin 1. Alemanes 2. Armenios 3. Austracos 4. Belgas 5. Checoslovacos 6. Croatas 7. Dinamarqueses 8. Escoceses 9. Espaoles 10. Estadounidenses 11. Franceses 12. Galeses 13. Griegos 14. Holandeses 15. Ingleses 16. Irlandeses 17. Italianos 18. Polacos 19. Portugueses 20. Rumanos 21. Rusos 22. Turcos 23. Ucranios 24. Varios 25. Apndice Introduccin La biografa es la historia de una vida individual. Dryden, quien us la palabra por primera vez, la defini como "historia de las vidas de los hombres particulares". Esta especie literaria se circunscribe al trayecto que va del nacimiento a la muerte del biografiado, y a la reputacin que deja tras de s. El inters central es una personalidad, a la que todos los otros temas se subordinan. Gosse defini la biografa como "el retrato mas fidedigno de un alma y sus aventuras a traves de la vida"; a criterio de Andre Maurois, uno de los ms talentosos bigrafos modernos, en ella se combinan ciencia, historia y ficcin. El primer impulso que llev a escribir biografas fue el deseo de exaltar para ejemplo publico, las vidas y los caracteres de personas ilustres, a fin de sealar las virtudes que debian ser emuladas e indicar los vicios que debian aborrecerse; esta fue la intencin de Plutarco, el primer gran bigrafo. Plutarco fue un filsofo
griego que vivi en Roma durante el siglo I de nuestra era; el compar los grandes hombres de Grecia con sus equivalentes romanos, en cuarenta y seis vidas paralelas. El genero, cultivado por Suetonio, Vasari y Stephan Zweig, es parte de la historiografa y, como tal, arroja luz sobre el pasado. "A los ojos de un bigrafo -comentan Wellek y Warren- (el protagonista) es simplemente otro hombre, cuyo desenvolvimiento moral e intelectual, carrera social y vida emocional pueden reconstruirse y valorarse por referencia a normas sacadas, por lo comn, a algn sistema tico o codigo de moral". Confirman la relacin existente entre biografia e historia las pautas que deben tenerse en cuenta al elaborar una obra:. al igual que el historiador, el bigrafo. ha de reunir el material -cartas, documentos, testimonios orales- y luego examinarlo, a fin de comprobar su autenticidad; del mismo modo, deber analizar la secuencia cronolgica, la presentacin de los hechos, la seleccin que inevitablemente deber efectuar. Dos ensayistas, Exequiel Cesar Ortega y Alfonso Reyes, se refirieron a este tema; sus consideraciones nos ayudaran a comprender con mas claridad las caracteristicas del genero. Para Ortega, la aparicin de la biografa es anterior a la de la historia de la sociedad; la atencin se puso en la individualidad antes que en el grupo humano. El ensayista coincide con Wellek y Warren cuando afirma que el bigrafo mira al hombre desde distintos angulos, segn su epoca y los canones eticos vigentes en ella; lo que es innegable, segn podemos comprobar, es la constante preocupacin que la Humanidad ha evidenciado y sigue evidenciando por este tipo de obras. Siempre esta presente en el bigrafo el deseo de presentar un modelo, un ejemplo; cuando una personalidad sobresale en un area de la cultura, surgen inmediatamente los interrogantes, la avidez por conocer sobre su vida, sobre aspectos recnditos de su gesta. El individuo que se destaca pertenece, segn Ortega, al dominio comun; la comunidad desea saber, y es aqu cuando cumple su tarea el bigrafo. Estudiando cuanto encuentra a su alcance, se internar en ese alma para brindarla, lo mas honestamente posible, a sus lectores, pero ya no nos encontramos en los tiempos de los dioses y de los heroes: la perspectiva ha de ser humana. No se tratara de un predestinado, sino de un ser semejante a tantos otros, con sus virtudes y su tesn; esta imagen cotidiana, en contacto con la realidad, har que el biografiado nos resulte mas cercano a nosotros, aun en la inmensidad de sus logros. Mucho tiene en comun con las afirmaciones de Alfonso Reyes cuanto comenta Ortega; Reyes observaba, como Ortega, que los biografiados hercleos y distantes cedan su lugar a hombres de carne y hueso, signados por su tiempo. Pero -censura- no debe caerse en el defecto opuesto; en muchas nuevas biografas observamos al heroe excesivamente minimizado, ,restandole sus verdaderos meritos. Es interesante ahondar en aspectos desconocidos de una personalidad, mas no quiere ello decir que se
deban poner sobre el tapete sus rarezas, sus comportamientos a veces mezquinos, sus excentricidades. A fuerza de colocar al biografiado a nuestro mismo nivel, se crea la sensacin de que era demasiado corriente, indigno de la fama que mereci; la frase de Reyes es rotunda: "Y la voz del pueblo es la voz de Dios: la fama sabe bien lo que hace". De la experiencia de la inmigracin surgieron muchos libros. Algunos autores eligieron la ficcin para expresarse; otros, en cambio, prefirieron las biografas. Ellos escribieron sobre personas cuyas vidas les pareca interesante dar a conocer. No se trata ya de presentar sus propias vivencias del fenmeno de la inmigracin aunque muchos de ellos descienden de inmigrantes-, sino de evocar la azarosa existencia de quienes llegaban a una tierra con esperanza, pero tambin con desazn y temor. En este trabajo me refiero a algunas de las biografas que dan a conocer aspectos de este fenmeno social en la Argentina, entre 1810 y 1960. Alemanes Nora Ayala evoca en Mis dos abuelas. 100 aos de historias (1) las vidas de Gernima, su abuela criolla que viva en Misiones, y la de Christina, su abuela alemana que se estableci en Trelew. Christina es una mujer con estudio que viaja a la Argentina contratada como ama de llaves en casa de un director de un banco de su pas. Ya en Adrogue, provincia de Buenos Aires, conoce a un italiano con el que se casa. Habiendo nacido los hijos, el hombre decide que lo mejor es volver a su tierra, para vivir de rentas. No imaginaba que, para ello, debera dejar aqu a una de sus hijas, que no pudo embarcar a causa de una enfermedad. Cuando el hombre, dos aos despus, vuelve temporariamente a la Argentina, no es a la nia a quien lleva a Italia -como le haba pedido su esposa-, sino al padre, deseoso de ver su pueblo. Se avecina la guerra y el italiano hace odos sordos a su mujer, quien insiste en que deben regresar, quien insiste en que deben regresar, aprovechando que los hijos salvo la menor- son argentinos. Finalmente vuelve Christina, sin marido y con algunos de los hijos, ya que otros quedan trabajando y uno est preso por haberle pegado a un superior, durante una estada forzada en la milicia. Comienza entonces una vida nueva para la alemana, quien, utilizando los conocimientos que traa de su tierra, adems de su ingenio y esfuerzo, pone un negocio que prospera y se sobrepone a las dificultades. Efram Bischoff es el autor de Doctor Jacobo Wolff. Un alemn cordobs (2). En Victoria Ocampo, escribe Mara Esther Vzquez: "Delfina Bunge, a quien Victoria imploraba amistad, era una muchacha muy diferente a ella y quiz la mejor influencia posble que pudo encontrar. Tena entonces 24 aos, haba nacido en la Nochebuena de 1881. Su abuelo, Carlos Augusto Bunge, descenda de una larga lnea de pastores luteranos enfrascados en arduos problemas ideolgicos y ocup un lugar de relieve dentro de la colonia extranjera en la poca de Rosas. Haba llegado a la Argentina en 1827 con slo 23 aos. Fue miembro fundador del Club de Residentes
Extranjeros, ayud a levantar la Iglesia Luterana de Buenos Aires y actu como Cnsul de Prusia y de los Pases Bajos. Se cas con Genara Pea Lezica y de este matrimonio nacieron ocho hijos, varios de los cuales se destacaron en la poltica, el comercio, el campo y en las llamadas profesiones liberales. Una de las tas paternas de Delfina, Sofa Bunge, fund una orden religiosa femenina, lo que da a su personalidad un rasgo no habitual entre las mujeres de esa clase social de la poca. El padre de Delfina, Octavio Bunge, abogado, fue un magistrado con gran vocacin y su carrera judicial culmin con el cargo de ministro de la Corte Suprema de Justicia de la Nacin. Se cas con Mara Luisa Arteaga, de origen uruguayo, y se dedic con verdadero fervor a la educacin de sus hijos, transmitindoles su amor por la literatura, en especial por la poesa alemana, por la msica y por la naturaleza; adems de inculcarles un espritu creativo, tesonero y metdico. En este ambiente de excepcional formacin intelectual se criaron Delfina y sus hermanos varones, de los que puede decirse que fueron personas notables: Carlos Octavio, el mayor y por el cual ella senta particular afecto y admiracin, fue jurista, socilogo y escritor de novelas y cuentos; Augusto, socialista, se dedic a la medicina de tipo higienista, es decir preventiva; Alejandro fue ingeniero y economista de ideas avanzadas e innovadoras; Jorge, arquitecto y urbanista, fund el balneario de Pinamar. Delfina, de caracter introspectivo y espiritual por un lado y razonador y artstico por otro, fue alumna de la Santa Union. All encontr en algunas religiosas delicadeza, dedicacin a la tarea educativa, aspiracin a una vida de discreta perfeccion espiritual y estos modelos muy seductores para su forma de ser ofrecan un serio contraste con el de jeune fille que le ofrecia su clase social. Debi abandonar el colegio contra su voluntad; entonces comenz a escribir un diario, en el que aprendi a dialogar consigo misma y a buscar con coraje su vocacin artistica y religiosa. En algun momento de su adolescencia se plante la posibilidad de entrar en un convento y aunque fue desechada, contribuyo a fortalecer su conviccin de que pese a ser mujer y casarse, podra preservar su independencia y su creatividad" (3). Notas (1) Ayala, Nora: Mis dos abuelas. Buenos Aires, Vinciguerra, 1997. (2) Bischoff, Efram: Doctro Jacobo Wolff. Un alemn cordobs. Crdoba, Ediciones Copiar. (3) Vzquez, Mara Esther: Victoria Ocampo. Buenos Aires, Planeta, 1991. 239 pginas.(Coleccin Mujeres Argentinas, dirigida por Flix Luna). Foto de tapa: Man Ray, 1930. Investigacin y edicin fotogrfica: Marisel Flores, Graciela Garca Romero Felicitas Luna. Reproducciones: Filiberto Mugnani. Armenios Eduardo Bedrossian recuerda emocionado a su padre, sobreviviente del genocidio, en Hayrig (1). Este relato afirma Nlida Boulgourdjian- trasciende la historia personal de Hagop Bedrossian para adquirir una dimensin colectiva que involucra a todo un pueblo (2).
Sobre la primera parte de esta historia, afirm Mara Isabel Clucellas: bajo una estructura de doble faz, Bedrossian hijo narra en primera persona la odisea paterna. A partir de los primitivos aos de paz y bonanza que corresponden al siglo pasado, el autor ilustra a sus lectores sobre la vida familiar en Geben, un pedazo de la historia ancestral de los armenios. Las montaas, la aldea, las casas con paredes de piedra, el calor de las reuniones en torno al hogar presididas por un narrador ocurrente y sentencioso que contaba, educando, historias y costumbres, reviven en pginas coloridas, amenas, donde ancdotas y sucesos van tejiendo una urdimbre de slidas y justificadas nostalgias (3). En A los que se encuentran en un pozo (4), Gustavo Bedrossian, hijo del escritor, homenajea al protagonista de las biografas, su abuelo: Esta es una historia real, crudamente real, maravillosamente real. La situacin es la siguiente: el protagonista es un adolescente que ha perdido a su familia. Hace minutos vio cmo delante de sus narices mataron a parte de su familia a palazos. A l mismo luego de golpearlo lo arrojan a un pozo donde tiran los cadveres de los que golpean y matan pensando que est muerto. Pero l no est muerto... Siguen matando gente y tirndola encima de este muchacho. Sangre, gritos, el propio dolor, el pnico. Un pozo... un pozo donde slo se respira muerte. Qu expectativas podemos tener de este muchacho? Quiz el ms optimista puede suponer que sobreviva y termine con algn tipo de enfermedad mental. Sabs cmo sigui la historia? Este chico, de nacionalidad armenia, que simul estar muerto, por la noche, cuando se fueron los turcos, pudiendo sacarse algunos cuerpos de encima, logr escapar con otros muchachos ms. Un detalle para agregar: un hermano suyo que sobrevivi prefiri quedarse en el pozo para estar con una mujer que supona era su madre. Ese muchacho se llam Agop Bedrossian. Fue mi abuelo. Vivi ms de cien aos. Falleci hace poquito. Mi padre lo homenaje a l y a su generacin con dos libros: Hayrig I y Hayrig II. Pas por mil problemas ms. Pudo llegar a la Argentina. Se cas. Tuvo cinco hijos (falleciendo una de sus hijas siendo muy pequea de un modo trgico), nueve nietos, En vida conoci a trece bisnietos (hace unos das nacieron la catorce y la quince). Siempre, siempre, siempre sigui luchando. Siempre, siempre, siempre, lo vi orando de rodillas en su idioma a Dios por l y por los dems . Notas 1. Bedrossian, Hagop: Hayrig. Ediciones Akian. Buenos Aires, 1991. 2. Boulgourdjin-Toufeksin, Nlida: Los armenios en Buenos Aires La reconstruccin de la identidad (1900-1950). Buenos Aires, Centro Armenio, 1977. 3. Clucellas, Mara Isabel: en La Prensa, 8 de septiembre de 1991. 4. Bedrossian, Gustavo: A los que se encuentran en un pozo , en [Link]. Austracos En Soy Roca, Felix Luna relata lo sucedido en 1909 en una mesa electoral, cuando se presenta como
austraco un hombre al que su aspecto y su modo de hablar lo delataban como un bachicha recin desembarcado . Roca le pregunta si es italiano; el inmigrante le responde que s, y que no sabe lo que dice la libreta: -Io non s niente.... A m me la datto don Gaetano ! Don Gaetano, Cayetano Ganghi era el rbitro de la eleccin, con sus roperos llenos de libretas falsificadas y sus huestes de inmigrantes analfabetos y de atorrantes dispuestos a votar cinco o seis veces en diferentes mesas (1). Hedy Crilla naci en Viena en 1899. Lleg a Buenos Aires en 1940, luego de capacitarse en escuelas de su patria y de Pars. Bajo su direccin se formaron muchos actores y directores teatrales. Al mismo tiempo fue requerida para la puesta en escena de importantes obras, e hizo algunos trabajos para el cine. Falleci en Buenos Aires el 31 de marzo de 1984 (2). A la vienesa, el creciente antisemitismo de los nazis en el poder las empuj, como a tantos, al exilio: primero en Pars donde vivi entre 1936 y 1940 y trabaj en teatro, radio y cine- y luego en la Argentina (3). Escribe Jorge Dubatti, En la Argentina, Crilla fue la primera persona que habl de conectar al autor con sus vivencias. Cuando el estadounidense Lee Strasberg, creador del famoso Actor''s Studio de Nueva York, ofreci en nuestro medio clases pblicas animadas, varios intrpretes y directores bien conocidos se sorprendieron mucho al comprobar con satisfaccin, y as lo manifestaban, que eso ya lo haban aprendido, haca aos, con Hedy Crilla. Con esta ancdota el historiador Luis Ordaz resalta el carcter precursor y la vasta influencia de Hedwig Schlichter (Viena, 1898 -Buenos Aires, 1984), la actriz, directora y pedagoga austraca que, escapando de las garras de Hitler, lleg a la Argentina en los inicios de la Segunda Guerra Mundial y, con el nombre artstico de Hedy Crilla, cambi radicalmente la historia del teatro nacional. El testimonio de Ordaz es recogido por Cora Roca, junto con una profusa documentacin, en Das de teatro: Hedy Crilla, cuya elaboracin demand ocho aos de investigacin. Dentro de los lineamientos tradicionales del gnero biogrfico, el libro de Roca manifiesta retomando palabras de Jaime Rest "esa paciente indagacin que permite reconstruir las circunstancias, el carcter y las opiniones de individuos cuya trayectoria, a su vez, nos provee de datos esenciales y nos permite llegar a conclusiones reveladoras" (4). Ilse Kaufmann y Helena Pardo son las autoras de La historia de Ilse, biografa de la inmigrante nacida en Viena en 1920 (5). Los negocios florecan, y los Kaufmann regresaron a Europa, varias veces, de vacaciones. De visita: Fueron los aos ms felices de mi vida, suspira la dama. Pero estando afuera levantaba los ojos y extraaba el cielo argentino. Jams vi brillar las estrellas como ac , dijo a Claudio Savoia (6). Notas 1. Luna, Flix: Soy Roca. Buenos Aires, Sudamericana, 1989.
2. Varios autores: Enciclopedia visual de la Argentina. Buenos Aires, Clarn, 2002. 3. Saavedra, Guillermo: Vida en escena , en La Nacin, Buenos Aires, 28 de enero de 2001. 4. Dubatti, Jorge: LA VIDA DE HEDY CRILLA El alma en escena , Clarn, 11 de marzo de 2001. 5. Kaufmann, Ilse y Pardo, Helena: La historia de Ilse. 6. Savoia, Claudio: Las dos vidas de Ilse , en Clarn Viva, 18 de agosto de 2002. Belgas Polidoro Segers, el primer mdico en Tierra del Fuego, naci en Gante en 1852; falleci en la Argentina en 1917. En Polidoro Segers, el primer mdico de Tierra del Fuego (1), Ral Agustn Entraigas escribe la biografa del belga que lleg a la Argentina en el siglo XIX. Notas 1. Entraigas, Ral Agustn; Polidoro Segers, el primer mdico de Tierra del Fuego , en Museo del Fin del Mundo. Biblioteca Virtual, [Link]. Checoslovacos En la Biografa de Oskar Schindler , escribe Jose Javier Prez Garca: Nace en 1908 y muere en 1974. Industrial alemn cuya actuacin salv la vida de numerosos judos durante el nazismo. Naci en Zwittau, en los Sudetes (Checoslovaquia). Estudi ingeniera y sirvi en el ejrcito checoslovaco antes de convertirse en director de ventas de un fabricante de productos elctricos. En 1939, fue espa para los alemanes durante sus viajes a Polonia, y en octubre se traslad a Cracovia para dirigir una fbrica de productos esmaltados, que se convirti en el lugar donde llev a cabo su labor humanitaria, que comenz cuando el gheto de Cracovia fue destruido (1943) y se construy un campo de concentracin local. En 1944, Schindler logr, mediante sobornos, que su fbrica y sus trabajadores fueran trasladados a Checoslovaquia, y no a Auschwitz. Despus de la guerra, dirigi un rancho en Argentina (1949-1957), quebr y regres a Alemania. En 1961 fue invitado a Israel, donde recibi la Cruz del Mrito en 1966 y una pensin del Estado en 1968. La novela de Thomas Keneally, El arca de Schindler (1982), fue llevada al cine con el ttulo de La lista de Schindler, en 1994 por el director Steven Spielberg, y obtuvo los premios Oscar ms importantes, entre otros al mejor director y a la mejor pelcula en ese ao, dando a conocer las actividades de este hroe de guerra a un pblico mucho ms numeroso (1) El protagoniza Las memorias de Oskar Schindler, libro de Erika Rosenberg (2). Notas 1. [Link] 2. Rosenberg, Erika: Las memorias de Oskar Schindler. Distal. Croatas Chuny Anzorreguy escribi El ngel del capitn. Biografa del capitn croata Miro Kovacic (1). El biografiado, emigrado a la Argentina a mediados del siglo pasado, naci en 1914. Kovacic evoca con nostalgia su niez en Zagreb y la educacin que le dio su madre. Padeci la guerra; ansiaba la paz. Un amigo le sugiere dirigirse al Instituto Croata de Cirilo y Mtodo. All, se entera de que Un pas sudamericano haba puesto a disposicin del Instituto diez mil visas para los croatas que las necesitaran.
No a los largos trmites. No a las profundas investigaciones. No al interminable papelero . Cuanto ms se informan, ms se entusiasman. A fines del 47, la familia integrada por el capitn, su esposa y la hija de la mujer, llega a Amrica. A pesar del optimismo, el primer tiempo fue difcil . Se daban cuenta de que, sin saber castellano, no podran trabajar. Ms tarde, la situacin mejora, hasta que el croata llega a tener su propia empresa. El libro, minuciosa y profusamente documentado, nos permite conocer, a travs de una personalidad relevante, a un pueblo que brind su aporte al mosaico de colectividades que es hoy la Argentina. En Mis dos abuelas. 100 aos de historias, de Nora Ayala, aparece el botero Mihanovich, que llegara a ser un poderoso empresario. En 1868, dos inmigrantes conversan: -Eugenio, estuve pensando en una cosa que podemos hacer dijo Nicols, el compaero de cuarto-. Los barcos que llegan a este puerto de Buenos Aires no pueden arrimar al muelle, que por otra parte es muy precario, y mi idea es comprar un bote para trasladar a la gente. Los que hay son pocos, viejos e inseguros, y quin te dice que no sea se el camino para hacer una pequea fortuna, sa que soamos en el barco que nos trajo de Europa. He visto un bote que podramos comprar con los pocos ahorros que tenemos entre los dos. Yo, de eso entiendo porque en mi pas, mis parientes siempre fueron marinos . Eugenio se qued un rato pensativo. All en Bagnasco haba quedado Irene con el pequeo Csar, haca casi un ao, y las calles de Buenos Aires no estaban empedradas con monedas de oro. Tampoco la fortuna esperaba a los muchachos jvenes como l, con muchas ganas de trabajar. Hasta ahora, privndose hasta de lo indispensable, slo haba juntado unos pocos pesos que no le alcanzaban para traer a Irene y el beb. La estada enla pobre pensin de La Boca, que haba imaginado breve, se haba prolongado, y amigos, slo tena a se que haba conocido en la tercera clase del Conte Biancamano, que tambin vena solo y que al igual que Eugenio soaba con traer a su familia, aunque en su caso, soltero, se tratara de sus padres y hermanos que haban quedado en Doli, un pequeo pueblo de Yugoeslavia. (...) Eugenio Gemesio haba venido para hacerse la Amrica y confiaba que lo lograra, ya se vera cmo. Con el compaero de pensin seguiran siendo amigos, pero socios, no. La propuesta de remar con Mihanovich no le interesaba (2). Notas 1. Anzorreguy, Chuny: El ngel del capitn. Biografa del capitn croata Miro Kovacic. Buenos Aires, Corregidor, 1996. 2. Ayala, Nora: Mis dos abuelas. Buenos Aires, Vinciguerra, 1997. Dinamarqueses
Acerca de las preceptoras de Victoria Ocampo, escribe Mara Esther Vzquez: "Vitola fue la que insisti en darle una educacin lo ms esmerada posible; busc a Mademoiselle Alexandrine Bonnemason, que era 'un pozo de ciencia' y fue quien ense a Victoria y Anglica literatura, historia, religin y matemticas en francs. Mademoiselle era ms temida que querida y libr un verdadero combate con Victoria para disciplinar su natural regaln y perezoso de nia mimada. 'Este combate singular tuvo lugar entre mis ocho y mis diez aos. Cuando tuve veinte, Mademoiselle continuaba ejerciendo la dictadura en casa y pona cara a la pared a mi hermana ms chica, Silvina. Yo acababa de escapar a su mandato. Aparte de lo que nos ense... no me pareci merecer su reputacin de un pozo de ciencia cuando estuve en edad de juzgarla' ". Para la lengua inglesa tuvieron como preceptora a Miss Kate Ellis, 'un ngel de bondad', cuya actitud era muy diferente a la severa de Mademoiselle. Pero mucho ms terrible fue Miss Kraus, una dinamarquesa que las inici en el misterio de la ciencia del piano y que poda llegar, si se impacientaba, a la violencia fsica con sus alumnas" (1). Notas 1. Vzquez, Mara Esther: Victoria Ocampo. Buenos Aires, Planeta, 1991. 239 pginas.(Coleccin Mujeres Argentinas, dirigida por Flix Luna). Foto de tapa: Man Ray, 1930. Investigacin y edicin fotogrfica: Marisel Flores, Graciela Garca Romero Felicitas Luna. Reproducciones: Filiberto Mugnani. Escoceses Alicia Jurado escribi El escocs errante (1), obra acerca de la que comenta Rubn Loza Aguerrebere: "Miembro de una familia noble escocesa, Robert Cunninghame Graham naci en 1852 y muri, por azar, en Buenos Aires, en 1936. Fue un viajero incansable. Hacia 1870, lleg a Buenos Aires. Hizo dos viajes a caballo al Paraguay; all conoci las misiones jesuticas en ruinas y sobre ellas escribi La Arcadia perdida. Se estableci en la Argentina en una estancia en Sauce Chico. Saqueado por los indios ms de una vez, salv su vida y volvi, empobrecido, a Europa. En Pars se cas con Gabrielle. Se marcharon a Texas y Mxico, donde no les fue bien. En Inglaterra una vez ms, se instal en Glasgow, donde frecuent a Hudson, Conrad, Oscar Wilde, William Morris y Bernard Shaw. Los dos ltimos, lo estimularon a militar en poltica; como don Roberto era un tribuno destacado, en 1887, obtuvo una banca en el Parlamento. Luego luch por un parlamento en Escocia; fue fundador, con Keith Hardie, del Partido Laborista Escocs. Se alej de la poltica. Enviud. Volvi a recorrer el mundo. Durante la Primera Guerra Mundial, con la misin de comprar caballos para su Gobierno, volvi a la Argentina. Y retorn en 1936 para conocer dos clebres caballos criollos, "Mancha" y "Gato", propiedad de un entraable amigo suyo. Ese ao, octogenario, muri en Buenos Aires y los dos caballitos criollos
acompaaron el cortejo fnebre. Enterrado en Escocia, en su tumba, adems de las fechas de nacimiento y muerte, se estamp el dibujo de su marca de hacienda entrerriana. Dandy, resero gaucho, gua de carretas en Texas, maestro de esgrima en Mxico, don Roberto (como le decan habitualmente) conoci las dos Amricas y frica del Norte. Senta atraccin por el peligro y por las causas perdidas. Fue tambin un diestro jinete y un narrador amensimo, irnico y punzante, y entre otros libros, escribi Los caballos de la conquista y La conquista del Ro de la Plata. Pero, de todos modos, como observ Sir John Lavery, 'la obra maestra de Cunninghame Graham fue l mismo' " (2). Notas 1 Jurado, Alicia: El escocs errante. Emec, Buenos Aires. 2 Loza Aguerrebere, Rubn: "RESEAS. El escocs inquieto", en La ilustracin Liberal Revista espaola y americana, N 12. [Link] Espaoles Asturianos En Soy Roca, biografa escrita por Flix Luna, el protagonista se refiere al pionero asturiano Jos Menndez: Cuando bamos llegando a Ushuaia me llamaron la atencin, en cierto punto de la costa, rebaos de ovejas y construcciones muy prolijas entre macizos de flores y espacios de csped; me dijeron que era la estancia de Thomas Bridges, el pastor anglicano que anteriormente haba estado a cargo de la Misin en la isla; en 1886 renunci a su puesto y se vino a Buenos Aires a solicitar tierras all. (...) Bridges haba fallecido meses antes pero su estancia era la mejor de la isla, superando en actividad a la que haba establecido al norte, en Ro Grande, el asturiano Jos Menndez. (...) Despus visitamos los campamenteos de los indios yaganes y onas que trabajaban en el establecimiento. Al menos aqu no se los persegua, como haba hecho aquel aventurero rumano Julio Popper, que en tiempos de mi concuado instal un lavadero de oro en el norte de la isla, y como tambin lo hacan, segn los rumores que haba escuchado,algunos capataces de Menndez (1). Rubn Bentez escribi Los dones del tiempo (2), libro en el que narra la vida de la asturiana Cecilia Caramallo. En esta biografa novelada, Amrica aparece como el destino soado, que desconcierta a los extranjeros con su forma de entender la vida y las distancias. Para un portugus, para una asturiana, las distancias son enormes; la cantidad de ganado - tanta que debe dormir a la intemperie- resulta asombrosa. Son realidades difciles de aceptar para quienes vienen acostumbrados a lo exiguo, a lo mnimo. De ah la reaccin de la protagonista cuando ve que tiran comida; piensa qu hubieran hecho en su aldea con aquello que derrochaban los argentinos. En Baha Blanca, en Pelicur, se desarrolla la accin y esta circunstancia la vuelve de especial inters para quienes habitan la ciudad y para quienes, desde cualquier parte del
mundo, quieran saber sobre la forma de vida de los inmigrantes en ese punto de la Argentina. Bentez aporta datos sobre la vida de portugueses, asturianos, escoceses, e ingleses en la provincia de Buenos Aires a partir de fines del siglo pasado y hasta nuestros das, en que la anciana, al volante, espanta a transentes y automovilistas. La vida de su madre es el tema que Jorge Fernndez Daz eligi para su libro. Mam (3) cuenta la historia de Carmen, una asturiana de quince aos que, en 1947, viaja hacia Amrica. Aqu la esperan sus tos, con los que vivir haciendo las veces de hija adoptiva y criada. Luego vendr la discriminacin en la escuela, el honor de llevar la bandera a pesar de todo, el trabajo, el casamiento con otro asturiano, los hijos, los nietos, y las reuniones con las amigas espaolas en un patio de comidas porteo. Tambin llegar la tristeza de ver partir a una paisana de vuelta a Espaa, y comprobar que esa mujer -as como de joven sinti nostalgia de la tierra que dejaba-, a los setenta y dos aos, siente nostalgia de la Argentina. La narracin, estructurada en captulos con nombres de los personajes, surge del reportaje que Jorge Fernndez Daz, director de la revista Noticias, efectu a su madre durante ms de cincuenta horas; Comenc a garabatear frases e ideas sobre su azarosa biografa en un cuaderno Rivadavia de tapa dura cuando me cont que haca lagrimear a su psiquiatra , escribe el hijo. Ese dolor de la inmigrante, y su fe en el futuro, que la hizo salir adelante en un mundo en el que poco apoyo tena, son homenajeados por Fernndez Daz en una obra que nos hace sentir admiracin por esta mujer que logr tanto contando slo con su tenacidad. Susana Degoy es la autora de Nin Marshall, La mscara prodigiosa (4), biografa de la actriz hija de asturianos. Degoy afirm: De la mano de Nin, los argentinos nos remos de nosotros mismos, de la prepotencia y la cursilera, de la mezquindad y la picarda. Tambin de su mano aprendimos a respetar la melancola y los caprichos de los abuelos inmigrantes (5). Nin Marshall es tambin la protagonista de dos biografas aparecidas recientemente: Los festejos por los 100 aos que cumplira Nin Marshall este 1 de junio incluyen dos libros biogrficos (...) Las biografas que aparecen en estos das son Nin est viva!, de la periodista Patricia Narvez (...) Cuenta con materiales inditos del archivo familiar de Angelita Abreg, hija de la actriz (...) Por otra parte se publica Nin Marshall. El humor como refugio, de Marily Contreras (6). Catalanes En Prez Celis, mi padre, Mara Jos Gabin seala a Juan Batlle Planas como uno de los profesores del biografiado (7). Fray Salvador Sol Vilalta ofm, Retazos de su vida y de su ingenio es un relato testimonial del Padre Fray Pedro Audet Fabr, del convento franciscano de Ro Cuarto, en el que se unen vivencias y circunstancias
especiales de la fructfera vida y obra del recordado Fray Sol, constructor del actual templo de san Francisco Solano, que ganara a travs de sus visitas por una extensa regin, innumerables amigos y colaboradores que lo siguen recordando con respeto y admiracin . Gallegos Manuel Castro es el autor de la biografa de Manuel Dopazo. En ese trabajo, escribe: La llegada de una compaa de zarzuela a Buenos aires que ofreciera Maruxa, requera la presencia de un gaitero. Manuel Dopazo era el elegido. Su actividad artstica lo hizo llevar la gaita al Teatro Coln que es a lo mximo a lo que se puede aspirar. Fue la noche del 12 de octubre de 1930 estando presente en esa ocasin el Presidente de la Repblica Argentina, don Hiplito Yrigoyen. Dopazo y sus msicos tambin recorrieron Brasil y Uruguay. Particip en la pelcula Cndida con la famossima Nin Marshall y en La calle junto a la luna con Marisa Ibez Menta y Juan Carlos Thorry. Adems de ser un eximio ejecutante, Dopazo fabricaba gaitas, generalmente para vender y fue aqu en Buenos Aires donde aprendi a tornear. Manuel Dopazo vivi de la gaita y mantuvo una familia de once hijos. Fue el nico que pudo hacer eso, otros gaiteros tenan otros trabajos. Soldaba las gaitas con plata, soplando y eso lo llev a la tumba (8). Flix Luna evoca, en Soy Roca, a Gumersindo Garca, mayordomo del presidente, hombre que, de a poco, fue ascendiendo desde su primitiva ocupacin de mucamo, gracias a su bonhoma y fidelidad. En esa biografa novelada, afirma el protagonista: Si pienso bien la cosa, hablando de amigos tendra que decir que el mejor que tengo hoy es Gumersindo Garca. Varias veces lo he mencionado y conviene ahora que aclare quin es. Gumersindo es gallego y entr a trabajar en mi casa de la calle San Martn cuando recin me instal all, en los finales de mi primera presidencia. Tena entonces 28 aos. A fuerza de honradez y fidelidad, fue ocupando una posicin muy diferente a la de su original oficio de mucamo; hoy es mi hombre de confianza, el que manda y resuelve, el que se ocupa de mi dinero y mi bienestar. (...) Cuando los alborotos por la unificacin de la deuda, despus que yo me acostaba tiraba un jergn en la puerta de mi dormitorio para pasar la noche all, armado con un revlver. Yo me he dejado ganar poco a poco por este hombre que es el arquetipo de la lealtad y el servicio prestado con cario y devocin. Hace unos das me mostr su tesoro ms preciado: un puado de cartas que le he ido escribiendo a travs de los aos. Not que son bastantes: creo que es la persona a la que me he dirigido epistolarmente con ms asiduidad. (...) Es curiosa esta parbola que ha dado Gumersindo y lo ha convertido en mi confidente. La vida poltica me acostumbr a no entregarme demasiado, cuidar mis palabras y administrar mis sentimientos. (...) Con Gumersindo es distinto: est dotado de inteligencia natural, despus de un cuarto de siglo de convivencia conoce mis cosas mejor que yo, y no tiene ningn inters que no est asociado a mi persona. S que
algunos de los que me rodean incluso mis hijas- critican esta confianza que brindo a quien, despus de todo, es un servidor. Sin embargo, yo encuentro en Gumersindo todas las cualidades que permiten hacerlo depositario de lo ms escondido y reservado, en la seguridad que jams traicionar la fe que he puesto en l. Y no dudo que Margarita y l sern los que me lloren con ms sinceridad cuando abandone este mundo (9). En Prez Celis, mi padre, Mara Jos Gabin escribe acerca de su abuelo materno (10). Vascos En Florencio Constantino: Breve Biografa , leemos: Como en el caso de tantos otros inmigrantes que llegaron a nuestro pas, Florencio Constantino emigr a Amrica siendo muy joven para labrarse un porvenir. (...) Hijo de Antonio Constantino Snchez, natural de Valleval, Asturias, y Antonia Carral Ruiz, santanderina de Arredondo, Mariano Florencio Constantino Carral nace en Ortuella el 9 de abril de 1868. (...) Florencio aprende con entusiasmo a tocar la vigela y rpidamente agrega a su repertorio de canciones vaskas y espaolas el canto de aires criollos, que lo harn conocido y apreciado en cuanta reunin festiva se d en Bragado y an en las manifestaciones polticas. (...) El ao 1895 ha de ver a Constantino trasladado a Buenos Aires, dispuesto a ser cantante. (...) trajin los mximos escenarios lricos del mundo. En Buenos Aires se present en el Teatro de la Opera, en el Teatro Oden, en el Teatro Avenida, en el Hotel Pars, en el Orfen Espaol, en el Centro Vasco Laurak Bat, en el Teatro Coliseo y en el Teatro Coln en varias oportunidades. Hizo actuaciones en otras ciudades como Rosario, La Plata, Baha Blanca, Crdoba y por supuesto en Bragado. (...) muri el 16 de noviembre de 1919, solo, triste y casi olvidado. Pero con la certeza, ms all de su delirio, de que haba cumplido aquel sueo de desenterrar el tesoro que llevaba en su garganta. Sus restos descansaron en el Panten Vasco del cementerio de la ciudad de Mxico D.F y fueron repatriados a la Argentina en 1986, donde esperan su ltimo destino en Bragado, el pueblo de sus amores (11). Escribe Andrew Graham-Yooll: Postal de Corrientes. No la avenida, sino la esquina de Batalla de Salta y San Martn, en Mercedes, provincia de Corrientes. Del casern en esa interseccin surgi una biografa, modestamente magnfica, que debera ser el libro del ao. Es la historia de un hacendado correntino, Jos Antonio Ansola, pronto a cumplir 91 aos. Nieto de vascos, sus recuerdos de vida y familiares se extienden desde la guerra contra el Paraguay (1865-1870) hasta nuestros das. (...) Che patrn, el ttulo de la crnica de este hacendado de Corrientes, la provincia guaran, es producto de muchas horas de grabaciones y cientos de epstolas a Magdalena Capurro, una uruguaya instalada en
Mercedes, interesada en el patrimonio intangible y directora de la biblioteca popular. Doa Magdalena, profesora de literatura y escritora, ha ordenado y escrito esta vida de Ansola (editada por Literature of Latin America, LOLA, un sello angloargentino de Buenos Aires, especializado en historia y botnica locales), que es una delicia, un canto a una poca y a una cultura profundamente argentinas, que rene lo rural heroico, lo noble en la poltica (Ansola es apasionado por el Partido Liberal y entusiasta de la Sociedad Rural) y lo europeo, la buena lectura y las cabalgatas interminables en Corrientes y el Chaco. (...) Su trayectoria tiene una gran tristeza, que consigna en el libro. Perd mis campos, los que fueron de mis abuelos. Me derrot la naturaleza, inundando, y los hombres, cobrando impuestos a las tierras bajo el agua. Pese a esto, qu hombre, qu historia, qu hermosa tierra (12). Notas 1. Luna, Flix: Soy Roca. Buenos Aires, Sudamericana, 1991. Pp. 322-3. 2. Bentez, Rubn: Los dones del tiempo. Buenos Aires, GEL, 1998. 3. Fernndez Daz, Jorge: Mam. Buenos Aires, Sudamericana, 2002. 4. Degoy, Susana: Nin Marshall, La mscara prodigiosa. Manrique Zago, 1997. 5. Ulanovsky, Carlos: Nin Marshall Genia y figura , en La Nacin Revista, Buenos Aires, 25 de mayo de 2003. 6. Noy, Fernando: A los pieses de la Marshall , en Clarn, Buenos Aires, 24 de mayo de 2003. 7. Gabin, Mara Jos: Prez Celis, mi padre. Buenos Aires, Galerna, 2007. Audet Fabr: informacin enviada desde Crdoba por el investigador Eduardo Tyrrell 8. Castro, Manuel: Manuel Dopazo , en Viajero Celta, 1996. 9. Luna, Flix: Soy Roca. Buenos Aires, Sudamericana, 2000. 10. Gabin, Mara Jos: Prez Celis, mi padre. Buenos Aires, Galerna, 2007. 11. S/F: Florencio Constantino: Breve Biografa , en Municipalidad de Bragado. Texto y foto: [Link] 12. Graham-Yooll, Andrew: Desde Corrientes , en La Nacin Revista, Buenos Aires, 5 de junio de 2005. Estadounidenses En Soy Roca, biografa escrita por Flix Luna, el protagonista se refiere a una institutriz norteamericana: "Joaquina Arana de Torres, hija de Felipe Arana, el antiguo ministro de Rosas, era una mujer inteligente y divertida, muy mandona y muy buena, por cuya casa ha pasado y sigue pasando- el tout Buenos Aires. Ella me cedi una de sus institutrices norteamericanas, Miss Fanny Smith, que tuvo a su cargo el manejo de mis chicas, pero adems asumi como un deber indeclinable supervisarlas permanentemente (1). "Antes de que finalice el ao 1883 y pese a los reparos de su madre, doa Dolores Malagarie, debido a la corta edad del nio (8 aos), Jorge parti hacia los Estados Unidos enviado por su padre, el dentista Ralph Lamartine Newbery. Para don Ralph, el pequeo 'George' era ya todo un hombre. El propsito era que Jorge conociera a sus abuelos paternos, el doctor Edward L. Newbery y doa Rose Anne Brett Purcell, que vivan en Brooklyn, Massachusetts. Adems, don Ralph era partidario de inculcar en sus hijos el valor de saber desenvolverse por s mismos. Resueltos los ltimos aprontes, Jorge viaja acompaado por mister
Sthetson, un amigo ntimo de la familia. En los Estados Unidos, adems de sus abuelos, tiene tos que lo llevan a presenciar partidos de bisbol y a pasear en trineo bajo la nieve por el Central Park. Su abuelo es un reconocido mdico homepata y su abuela, una dama aristocrtica que se dedica a la pintura" (2). En Vida y obra de W. H. Hudson, Alicia Jurado escribe acerca del descendiente de estadounidenses nacido en la Argentina (3). Notas 1. Luna, Flix: Soy Roca. Buenos Aires, Sudamericana, 1989, p. 260. 2. Varios autores: Jorge Newbery. Buenos Aires, Editorial Planeta Argentina, 1999. 160 pginas.(Grandes protagonistas de la historia Argentina, coleccin dirigida por Flix Luna) 3. Jurado, Alicia: Vida y obra de W. H. Hudson. Buenos Aires, Fondo Nacional de las Artes, 1971. 274 pp., 7 lms. col. y b. y n. (Coleccin ensayos) 2a. ed. Buenos Aires, Emec, 1989. 251 pp. (Biografas y memorias) [Link] Franceses La vida y obra del padre Salvaire es desde hace tiempo motivo de estudio de monseor Dr. Juan Guillermo Durn. Apasionado y comprometido con el tema, ha emprendido una cuidadosa investigacin recurriendo a archivos de distinta naturaleza para dar cuerpo a dos de los tres volmenes dedicados a su figura . El obispo se refiri en una entrevista a ese trabajo (1): Para comprender un poquito estos libros que yo he dedicado al padre Salvaire, es necesario tener en cuenta esto. El primer libro de la triloga que voy a dedicar al padre, rescatando momentos fundamentales de su vida hasta su muerte, se edit en 1998 y lleva por titulo El padre Jorge Mara Salvaire y la familia Lazos de Villa Nueva. Un episodio de cautivos en Leubuc y Salinas Grandes. Transcurre entre 1866, que es cuando el maln toma cautivos a doa Jacinta Rosales de Lazos y a sus cinco hijos en Villa Nueva, Crdoba, cerquita de Villa Mara, y son llevados a Leubuc por los ranqueles, hasta l875 cuando el padre Salvaire visita las tolderas de Namuncur. (...) El segundo tomo se inicia con el regreso del padre a Azul en noviembre, despus de un viaje de aproximadamente 23 das, cuando logra traer a tres de los hijos -uno haba escapado a Baha Blanca y despus se reencuentra en Villa Nueva con su madre- y otros seis cautivos ms. All permanece trabajando con los indios de Catriel a la espera de que Namuncur diga s a la invitacin del misionero, porque le dijo que lo iba a pensar. El segundo tomo se llama En los Toldos de Catriel y Railef. La obra misionera del Padre Jorge Mara Salvaire en Azul y Bragado, y es el estudio detallado de los dos aos de misin del padre Salvaire y Meister en Azul y un viaje que hizo Salvaire para misionar en los meses de julio, agosto y parte de septiembre en Bragado, en la tribu, tambin acantonada, del cacique Jos Mara Railef. (...) los padres Meister y Salvaire en febrero
dejan Azul. Salvaire pasa a Lujn otra vez en 1876, y trae el propsito de cumplir el voto que le haba hecho a la Virgen cuando su vida corri peligro en las tolderas, en su viaje de octubre, noviembre de 1875. Ante un serio peligro de muerte, prometi que si la Virgen interceda por su vida escribira la historia, contribuira a la difusin del culto e intentara construir un nuevo santuario que reemplazara al de Lezica y Torrezuri. Ah comienza el tercer tomo que estoy tratando de construir y que llevara el titulo El Padre Jorge Maria Salvaire en Lujn. Cura y capelln del Santuario. Ah reconstruiremos el momento en que escribe la historia de la Virgen de Lujn que publica en 1884 en dos tomos, las gestiones del padre para comenzar la construccin del nuevo santuario, su viaje a Europa para lograr la coronacin pontificia de la Imagen, la colocacin de la piedra fundamental del Santuario, cuando es nombrado prroco hasta su fallecimiento, el 4 de febrero de 1899. Seran tres libros que abarcaran la vida de Salvaire en la Argentina, desde su llegada, como docente, misionero y luego cura y capelln de Lujn (2). Al Chaco lleg Alice Le Saige de la Villesbrumme, quien haba nacido en Francia en 1841. Al separarse de su marido, emigr a la Argentina con sus dos hijos varones en 1888. Obtuvo del gobierno autorizacin para instalarse como colonizadora en la zona de Arocena, en el Chaco, a 40 kilmetros de Resistencia, entonces poblacin incipiente. Hizo construir una casa, que alhaj con muebles y adornos trados de su pas natal, y dedic las tierras que le haban sido concedidas a la ganadera. Se convirti en una figura popular por su distincin y audacia para enfrentar las dificultades de esa vida peligrosa por la proximidad de indios mocoves. En 1895 recibi en herencia las posesiones de su marido y adquiri las tierras en concesin, ms una gran extensin, mejorando sus planteles e instalaciones y convirtiendo a su establecimiento en el principal de la zona. Un da de marzo de 1899 los mocoves atacaron la casa, matando a varios de sus ocupantes. Los dems huyeron, pero Alice record que en la casa quedaba un nio al que haba criado y retorn para salvarlo, momento en que fue lanceada. Sus compaeros lograron recoger el cuerpo de la herida y llevarlo a casa de vecinos amigos, pero falleci algunas horas despus, en ese 13 de marzo de 1899, mientras su casa y dems instalaciones eran consumidas por las llamas (3). En El genio de Fader, Ignacio Gutirrez Zaldvar evoca la vida y la trayectoria del pintor nacido en Burdeos (4). Notas 1. S/F: Para acercarse al mundo de Salvaire , en [Link]. 2. Durn, Juan Guillermo: El padre Jorge Mara Salvaire y la familia Lazos de Villa Nueva. Un episodio de cautivos en Leubuc y Salinas Grandes, 1998. En los Toldos de Catriel y Railef. La obra misionera del Padre Jorge Mara Salvaire en Azul y Bragado El Padre Jorge Maria Salvaire en Lujn. Cura y capelln del Santuario. Foto publicada en Alcntara, Omar: "EL CAPITN DON RUFINO SOLANO. El azuleo que no nos
contaron", [Link] 3. Sosa de Newton, Lily: Diccionario Biogrfico de Mujeres Argentinas. Buenos Aires, Plus Ultra, 1986. 4. Gutirrez Zaldvar, Ignacio: El genio de Fader. Buenos Aires, Zurbarn. Galeses En Soy Roca, novela biogrfica escrita por Flix Luna, se refiere el protagonista a un viaje que hizo en enero de 1899: El 23 a la tarde llegamos a Puerto Madryn, que de puerto slo tena el nombre, y tomamos el pequeo ferrocarril que nos acerc a Trelew. All, en Gaiman, Rawson y el valle del Chubut, que recorr brevemente, empec a tomar el pulso al exotismo y rareza de la Patagonia. Era un pas inesperado cuyos pobladores hablaban ingls y no acababan de convencerse que eran sbditos argentinos, gente de trabajo y tesn que haban hecho maravillas en esas desolaciones. En aquellos das la prensa bata el parche sobre un pedido formulado al Parlamento ingls por un supuesto grupo de galeses residentes en el Chubut solicitando el protectorado de la corona. Me explicaron que eran un par de excntricos que no representaban a nadie y me pidieron algunas medidas razonables: que el gobernador hablara ingls para poder entenderse directamente, que no se hicieran ejercicios militares los domingos, que se mejoraran las comunicaciones con Buenos Aires. Me gustaron esos hijos de Gales con sus enormes barbas y su spera franqueza. Com las ricas tortas de la pasada Navidad, ms sabrosas, me dijeron, cuanto ms tiempo se guardaban; admir el aspecto confortable de sus cabaas y termin la visita prometiendo apresurar la construccin de escuelas en sus aldeas, lo que cumpl posteriormente (1). Notas 1. Luna, Flix: Soy Roca. Buenos Aires, Sudamericana, 1989. Griegos En su libro La cita en Buenos Aires, Saga de una gran familia sefarad (1), Vittorio Alhadeff, oriundo de la ciudad de Rodas, hace desfilar ante el lector diversos episodios del dominio turco y de la ocupacin italiana del Dodecaneso. Pero la tremenda verdad de las guerras da paso a la crueldad del fascismo y del nazismo para cerrarse con la llegada en los aos 40 a Buenos Aires, donde se refugian los ltimos miembros de una familia que crey en el trabajo y en el progreso (2). Alfredo M. Beranger escribi Yo, Panayotis Triposcoufis (De Grecia a la Argentina) (3). Notas 1 Alhadeff, Vittorio: La cita en Buenos Aires, Saga de una gran familia sefarad. 2 Malinow, Ins: Testimonio familiar , en La Nacin, Buenos Aires, 4 de enero de 1998. Holandeses Acerca de Jacques Witjens, escribe Ignacio Gutirrez Zaldvar, en 1999: Nacido en La Haya el 11 de abril de 1881, Adrianus Hendrikus Witjens nunca sospech que vivira cerca de la mitad de su vida en el Hemisferio Sur y a miles de kilmetros de su Holanda natal. Luego de cursar estudios de pintura desde los 14 aos comienza su tarea profesional abriendo su taller a metros del museo
Mauritshuis donde contemplaba diariamente el nico paisaje que se conoce de Johannus Vermeer. La Escuela de La Haya tiene como caracterstica una legin de estupendos paisajistas que trascienden el mero efecto ptico de lo que estn viendo, como hacan sus contemporneos los impresionistas franceses. Esta maravillosa escuela poco difundida intemacionalmente es el producto de una larga contemplacin y de un conocimiento acabado de la naturaleza que est representando. No pintan un mero instante sino que reflejan una compenetracin vivencial con aquello que transmiten en sus telas . Cuando Witjens Ilega a la Argentina en 1920, lo hace recin casado con Herta Mara Stephan, quien estaba embarazada de Rolando el primero de sus hijos . No debe extraarnos que eligiera como lugar de residencia aquel que ms le recordara a su tierra, es por eso que el Tigre fue el primer lugar que los cobij en la Argentina. Quiso el destino que llegara en el momento de mayor apogeo de nuestro pas y que viviera la dcada gloriosa para nuestro arte y la cultura nacional. En sus primeras exposiciones reflejaba sus vivencias de esta "nueva tierra" y el melanclico recuerdo de sus molinos y canales que haba dejado all lejos y hace tiempo... Esta es la octava retrospectiva que presentamos en tan slo 15 aos de este maravilloso artista. Me unen a 61 razones estticas y afectivas, ya que un cuadro de Witjens fue la primera obra que compraron mis padres recin casados, y tambin he tenido la dicha de frecuentar a su hijo Rolando y a su mujer Marisa, quienes alimentaron mi pasin. En cada una de sus obras, Witjens nos habla de su profunda compenetracin con el motivo del cuadro y nos transmite una serena inmensidad que habla de la grandeza de su espritu y de sus obras. A los 75 aos de edad fallece el 7 de diciembre de 1956. No dudo en afirmar que su contribucin al Arte de los Argentinos es digna de destacar, como espero se reafirme en la presente retrospectiva (1). Notas 1. Gutirrez Zaldvar, Ignacio: Jacques Witjens , en [Link]. Octubre de 1999. Ingleses En Borges, biografa verbal (1), Roberto Alifano escribe cuanto el escritor le dijo sobre uno de sus antepasados: El abuelo materno de mi padre, Edward Young Haslam, edit uno de los primeros peridicos ingleses de la Argentina, Southern Cross, y se haba doctorado en Filosofa y Letras en la Universidad de Heidelberg. Sus medios no le permitan estudiar en Oxford o Cambridge, por lo que march a Alemania, donde obtuvo su ttulo despus de haber realizado todos sus cursos en latn. Muri en Paran, la capital de la provincia de Entre Ros . Acerca del arribo a nuestro pas de la hija de Edward Haslam, la abuela inglesa, escribe Roberto Alifano: La abuela paterna de Borges, Frances Haslam Arnett, lleg a la Argentina por una serie de curiosas circunstancias. Su nica hermana, mayor que ella, se haba casado con un ingeniero talojudo, llamado
Jorge Surez. Al fallecer su madre, los Suarez la hicieron viajar a Amrica del Sur. Lleg a Paran, la capital de Entre Ros, despus de un accidentado viaje (el barco estuvo a punto de naufragar en las costas del Brasil), a mediados de 1867. En Paran fue donde Frances Haslam conoci al coronel Francisco Borges . En Soy Roca, por Flix Luna, el protagonista se refiere a un viaje que hizo en 1899: Nos detuvimos en la desembocadura del ro Santa Cruz, visit alguna estancias de los alrededores, casi todas de ingleses, y seguimos a Ro Gallegos, donde me hosped en la casa del gobernador. (...) Cuando bamos llegando a Ushuaia me llamaron la atencin, en cierto punto de la costa, rebaos de ovejas y construcciones muy prolijas entre macizos de flores y espacios de csped; me dijeron que era la estancia de Thomas Bridges, el pastor anglicano que anteriormente haba estado a cargo de la Misin en la isla; en 1886 renunci a su puesto y se vino a Buenos Aires a solicitar tierras all. Me lo present el senador Antonio Cambaceres y lo recomendaba calurosamente el perito Moreno. Tuve el gusto de promover, pocas semanas antes de dejar la presidencia, una ley concedindole 20.000 hectreas en propiedad en Harberton, a unas quince leguas de Ushuaia hacia el este. Bridges haba fallecido meses antes pero su estancia era la mejor de la isla, superando en actividad a la que haba establecido al norte, en Ro Grande, el asturiano Jos Menndez. Me dieron ganas de visitar Harberton y lo hice en el acorazado de ro Independencia, ms chico que el Belgrano. All fui recibido por la viuda del antiguo misionero y su familia. En el jardn tomamos el t con sandwiches y frutillas de la zona con crema. Fue una tarde gloriosa para Gramajo, que deca estar harto del rancho del Belgrano... Por un momento no me pareci encontrarme en el confn del mundo sino en una casa de Sussex, o ms bien, de Devon-shire, de donde era oriundo Bridges. Despus visitamos los campamentos de los indios yaganes y onas que trabajaban en el establecimiento. Al menos aqu no se los persegua, como haba hecho aquel aventurero rumano Julio Popper, que en tiempos de mi concuado instal un lavadero de oro en el norte de la isla, y como tambin lo hacan, segn los rumores que haba escuchado, algunos capataces de Menndez (2). En otro pasaje, afirma: me impresion lo que me dijo un ingls, empleado del ferrocarril. Era el encargado de medir las tierras, una legua a cada lado de la va, que por concesin se le haba otorgado en propiedad a la empresa. En un castellano arrevesado, el gringo me cont que estaban expulsando a los pobladores que vivan en aquellos campos para venderlos en grandes fracciones una vez que la lnea hubiera llegado a Crdoba. Sera un negocio enorme me deca- y se llenaba la boca describiendo las miles de cabezas de ganado que podran criarse all y los millones de fanegas de trigo que se cosecharan (3). Notas
1 Alifano, Roberto: Borges. Biografa verbal. Barcelona, Plaza & Jans, 1987. 2 Luna, Flix: Soy Roca. Buenos Aires, Sudamericana, 1991, pp. 322-3. 3 Luna, Flix: Soy Roca. Buenos Aires, Sudamericana, 1991, p. 76. Irlandeses Marcos Aguinis es el autor de El Combate Perpetuo: Una Biografa Admirable con Ritmo de Novela (1). El protagonista, Guillermo Brown, es una de las figuras decisivas de la historia argentina. Sin embargo, el trato que la historia le ha dado a menudo ha oscurecido al hombre y acartonado al prcer . Este libro de Marcos Aguinis - "esta biografa con ritmo de novela", como el mismo la define - es, adems, una lcida y exitosa operacin de rescate. Rescate del hroe y del personaje, puesto que el almirante Guillermo Brown aparece en toda su dimensin pica; pero tambin porque tal dimensin no borra ni excluye los rasgos que lo convierten en el protagonista de un libro de aventuras. Alguien, como consigna el autor, cuyas vicisitudes hubieran apasionado por igual a los novelistas del siglo diecinueve y del siglo veinte. Y que apasionarn asimismo a los lectores . Redactada en tiempos difciles, cuando la incertidumbre y el desaliento parecan volver impensable una obra de esta laya, El combate perpetuo invita a ser leda y releda como cautivante relato y tambin como forma de tratar la historia de un modo distinto, nunca esquemtico ni maniqueo, siempre riguroso e inteligente . Evoco la mezcla de entusiasmo y de miedo que me embargaban mientras escriba la vida de Guillermo Brown. Eran aos de soberbia, maniquesmo y corrupcin esmeradamente disimulados con altas dosis de hipocresa. Una de las ms cotizadas herramientas del encubrimiento era el culto de los hroes. Culto rgido, fro, estereotipado, que adora las apariencias. Yo quera humanizar al prcer. Devolverle carnadura, ambicin, fatiga y rabia, transformando su gesta en algo verosmil, recuperando as nuestra capacidad de admiracin. Quera desquitarme de los soporferos textos que dificultaron en mi juventud el aprendizaje de la historia argentina. Propona que, indirectamente, nos emocionramos con la historia para mirar mejor nuestro presente" (2). En 1865, Sebastin Hamilton, acompaado por su hermano Thomas, llega a la Argentina, donde su padre haba adquirido tierras y donde William, su hermano mayor, ejerca la profesin de mdico. Viaj de mala gana pero finalmente qued seducido por la amplitud de las tierras pampeanas y por el estilo de vida de los gauchos, y obsesionado por la tierra que hered (3). Acerca del protagonista de esta obra coment Susana Pereyra Iraola: El que da ttulo al libro es el menor, el descreido, herido de secretas llagas. A medida que se interna a caballo en una interminable travesa, el aleteo de las lagunas, el horizonte y el cielo inabarcable maravillan sus ojos. La propia tierra, campo despoblado y rancho de adobe, se aduea de su vida para siempre. Convive con la brutalidad y el
desamparo en sus peores formas; aos despus la familia conocera las ms extremas durante la epidemia de fiebre amarilla, uno de los pasajes ms estremecedores de un relato que no decae en intensidad (4). Notas 1. Aguinis, Marcos: El Combate Perpetuo: Una Biografa Admirable con Ritmo de Novela. Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1971. 208 paginas. 2. S/F: en [Link] 3. S/F: Gacetilla de prensa acerca de Wilkinson, Susan: Don Sebastin. Buenos Aires, Vergara, 1996. 4. Pereyra Iraola, Susana: De Irlanda a la Argentina , en La Nacin, Buenos Aires, 28 de julio de 1996. Italianos La Asociacin Dante Alighieri public numerosos volmenes de biografas de taloargentinos destacados. Entre estos volmenes se cuentan Rodolfo Kubik, compositor y msico, por Vittorio Balanza; Juan A. Buschiazzo, arquitecto y urbanista de Buenos Aires (1983), por Alberto O. Crdoba; Torquato Di Tella, industrial y algunas cosas ms (1993), por Torcuato Di Tella; Roberto F. Giusti. Su vida, su obra (1980), por Fermn Estrella Gutirrez; El padre Marcos Donati y los franciscanos italianos en la misin de Ro Cuarto (1993), por Ins I. Faras; Eugenio Pini, el maestro y las armas (1996), por Alberto A. Fernndez; Cesare Cipoletti. Sus obras, sus proyectos, sus colaboradores (1991), por Paolo Girosi; Jos Ingenieros (1977), por Francisco P. La Plaza; Francisco Bibolini. De la Liguria a la Pampa (1995), por Mara C. Maradeo; Agustn Rocca en treinta aos de recuerdos (1979), por Dionisio Petriella; Alberto M. De Agostini SDB (1976), por Amalia del Pino; Clemente Onelli, de pionero de la Patagonia a director del Jardn Zoolgico (1980), por Diego A. Pino; Rodolfo Mondolfo, maestro insigne de filosofa y humanista (1992), por Eugenio Pucciarelli y otros; Carlos Spada, mdico y filntropo (1988), por Carlos A. Rezznico; Vctor De Pol, el escultor olvidado (1992), por Edgardo J. Rocca; Eugenia Sacerdote de Lustig, una pionera de la ciencia en la Argentina, por Laura Rozenberg; Joaqun Frenguelli. Vida y obra de un naturalista completo (1981), por Mario E. Teruggi; Syria Poletti, mujer de dos mundos (1994), por Walter Gardini; Gherardo Marone (1993), por Dionisio Petriella-Nicols Cocaro y El Capitn Antonio Oneto (2000), por Estela Gladys Lamas. Abruzzos En Severino Di Giovanni, el idealista de la violencia, escrito entre 1968 y 1970, Bayer reprodujo las cartas enviadas por el anarquista a Josefa Scarf. Bayer acude a las cartas para definir ese amor. Hablaban de un amor que podramos calificar de puro, profundo, pero casi sin referencias de tipo carnal o sexual. Para Bayer, estos escritos destilan la moral anarquista de Di Giovanni: Sus cartas tenan ese tono porque por sus ideas, senta un gran respeto por el gnero femenino (1). Apulia
Jos Tchercaski es el autor de PIERO. Un canto de vida, amor y libertad, obra acerca de la que afirma: "Hace quince aos que trabajamos juntos. Nos pasaron infinidad de cosas, positivas, negativas, olvidables, inolvidables, ocurrentes, tristes, talentosas, mediocres. Vivimos; sta es la palabra. Construir una historia de vida no es tan fcil cuando el protagonista -Piero- en este caso, est tan ligado a la vida del que debe escribir-relatar-descubrir-mostrar-desnudar al hombre que desde un escenario hace vibrar las fibras ms ntmas de multitudes incondicionales. Piero no es simplemente un cantante. Si el libro posee algn mrto, es el de mostrar justamente esta afirmacin Piero es un artista popular con un enorme sentido de la vida, con un profundo amor por la justicia y la libertad. Su preocupacin es el hombre y la conquista de la felicidad, o sea marchar hacia el encuentro de un mundo mejor -como el dice- "lleno de buenas ondas". En este tramo de vida que recorremos juntos, construimos muchas canciones, en todas tratamosintentamos compartir el sentimiento de la gente para sentirnos identificados con nuestros semejantes. Cada historia, cada texto o cada msica es un pedazo de nosotros, una porcin de vida que fuimos desparramando a lo largo de estos aos, tan intensos, tan llenos de arbitrariedades, persecuciones y grandes traiciones. Ojal el trabajo sirva para que las generaciones venideras sepan que una vez, en un planeta llamado argentina, vivi-vivimos, hombres-seres humanos, que intentaron contar que la vida "brilla mil veces ms fuerte que el sol y calienta..." (2). Campania Acerca de Discepoln (3), biografa escrita por Horacio Ferrer y Luis Adolfo Sierra, se afirm: "Personaje entraable y enigmtico, Enrique Santos Discpolo, Discepoln , es una de las claves para entender la cultura propia y una de las formas que mejor sugiere nuestra identidad, el tango. El legendario Discepoln muestra aspectos a veces contradictorios pero que ayudan a entender realidades sucesivas de un conjunto que parece darle coherencia a nuestra historia, tanto la poltica como la cultural. Como actor, como compositor, como mito en el tiempo que le toc vivir, Enrique Santos Discpolo le proporciona al lector el fulgor de un personaje extraordinario. El lcido observador individualista, el detractor de la decadencia social, el nostlgico que anima un universo completo a partir del cafetn e inclinado sobre tus mesas que nunca preguntan . Son todos aspectos de un solo hombre. Con un poder evocativo admirable, los autores de este libro cuentan los episodios de las vida de Discepoln y analizan su actitud, se presencia y su obra. El resultado es un libro de una riqueza y una vivacidad difciles de igualar" (4). Piamonteses En Polidoro Segers, el primer mdico de Tierra del Fuego , Ral Agustn Entraigas se refiere al padre Jos Fagnano, nacido en Rachetta, Tanaro, en 1844: Segers tena ya treinta y cuatro aos. Cuando se trat de
dar examen, se encontr con que necesitaba ttulo habilitante para ingresar en la Facultad... Qu har? Plantar todo? Qu esperanza! Esperar. El tiempo y el ingenio le daran medios para llegar. Entre tanto se le cruz una oportunidad magnfica para conocer Tierra del Fuego. Iba don Ramn Lista a explorar aquellas regiones y a sentar definitivamente nuestra soberana sobre ellas. Necesitaba un mdico. Ningn profesional criollo quiso arriesgarse en esa "patriada". El poeta Olegario V. Andrade, padre poltico de Lista, lo exhort e embarcarse y Segers no se hizo de rogar.... Con los conocimientos cientficos que posea no le pareci imposible ser "cirujano de segunda" en la expedicin... Y en noviembre de 1886 lo tenemos sobre el Villarino rumbo a Tierra del Fuego. Como capelln iba el padre Jos Fagnano, salesiano. Se hicieron grandes amigos. Cuando pisaron tierra firme en San Sebastin, y los 25 hombres de Lista y del capitn Marzano hicieron fuego sobre los onas, dejando sobre la virgen tierra fueguina veintiocho cadveres, el sacerdote y el mdico se levantaron, colricos, en ombre de la justicia y de la humanidad. (...) esde aquel da, siempre que haba que vrselas con indios, eran Segers y Fagnano los encargados de parlamentar. La primera vez que les toc la no fcil misin, se vieron en figurillas cuando toparon de buenas a primeras con una tribu. Estaban ambos perplejos. Entonces el mdico -narra Fagnano- comenz a hacer piruetas, a dar saltos y otras nieras. Fue la salvacin de ambos. Los indios bajaron sus arcos y se acercaron, riendo, a los embajadores. Desde entonces fueron los amigos de los onas (5). Deja Italia el matrimonio Vairoleto con su primognito, porque en aquella regin las posibilidades de prosperar eran muy escasas para los aldeanos pobres, y Vittorio concibi el proyecto de ir a Amrica. Algunos emigrantes, incluso un cura que haba estado en la parroquia de la villa, escriban enviando noticias favorables desde la Argentina, un pas donde haca falta mano de obra y eran bienvenidos los labriegos italianos para poblar las colonias agrcolas. Ilusionados por esas perspectivas, Vittorio y Teresa se dispusieron a marchar al nuevo continente con su beb recin nacido (6). Acerca de Mas Alla de la Frontera ... Vairoleto se afirm: Es indudable que mucho se ha escrito sobre la vida de Juan B. Vairoleto, una verdadera leyenda del universo rural argentino. Amn de ello, la figura de este hombre cruz fronteras, fue cuento de fogn en los altos del camino de los traperos y se acerc a las brasas ardientes del imaginario popular para que la gente lo convirtiera, ms que en leyenda, en el ideario social de una poca signada por los desencuentros argentinos. Nstor A. Rubiano, escritor e investigador pampeano, ha vuelto a reincidir sobre Vairoleto. Hoy completa su labor anterior con una obra de prosa sencilla y directa, mostrando el perfil de un Vairoleto casi desconocido para sus bigrafos y dejando que la narrativa vaya entrelazando pasiones, traiciones, encuentros y
desencuentros, al tiempo que desmitifica errores histricos y ordena las efemrides vairoleteanas con suma prolijidad. Rubiano dibuja en sus relatos la ancha geografa donde le toc actuar al bandido Vairoleto, y describe los personajes y los sucesos hasta los mnimos detalles. El libro tiene pasajes con las confesiones de Telma Ceballos, la mujer de Vairoleto, que explica la personalidad de su marido, sus tics, el amor por sus hijas y a la libertad, el odio a la traicin, a la hipocresa y a los burdos personajes de una sociedad y de una poca con policas ineficientes, polticos inescrupulosos y patrones explotadores. Rubiano, en definitiva, cuenta una historia con mltiples vivencias y nos deja otro libro para el anlisis, el estudio, pero por sobre todas las cosas, un invaluable hallazgo histrico literario que nos permite ilustrarnos mejor y poder discutir con pruebas en la mano quin fu y cmo era el bandido Vairoleto . Alberto Mara De Agostini naci en Pollone, pequeo pueblo de Piamonte, en las cercanas de Biella, el 2 de noviembre de 1883 (7). Monseor Patagonia. Vida y viajes de Alberto De Agostini el sacerdote salesiano y explorador (8) se titula la biografa escrita por Germn Sopea, acerca de la que leemos: En esta biografa de Alberto De Agostini trabajaba Germn Sopea cuando lo sorprendi la muerte. Y no por azar est dedicada al gran explorador salesiano. Fueron la pasin y el amor que Sopea senta por la Patagonia los que lo llevaron a rescatar del olvido y el desconocimiento a uno de sus ms destacados pioneros. Tras una profunda investigacin que incluye testimonios de quienes lo conocieron, Sopea traza la semblanza de este "montaista de alma", del "descubridor de hombres, regiones y montaas", del misionero preocupado por la desaparicin de las culturas aborgenes y por la proteccin de la naturaleza. Sin dudas, Sopea comparta con De Agostini la misma y poderosa atraccin por la misteriosa regin patagnica. As lo refleja tan bella y elocuentemente este Monseor Patagonia" (9). Nora Ayala escribe acerca de su abuelo, que dej su tierra: Bagnasco! Nunca hubiera credo que extraara tanto ese pueblo contra el que tanto haba despotricado, las tardes con Franco y Luigi mojando los anzuelos en el Tanaro mientras soaban con tierras lejanas, aventuras, ciudades, fortunas (10). Sicilia Entrevistado por Pablo Medina, Javier Villafae evoca a los titiriteros de La Boca (11). Toscana En Marco Denevi y la sacra ceremonia de la escritura - una biografa literaria (12), Juan Jos Delaney presenta, entre otros temas, el del origen del escritor. Marco Denevi fue uno de los siete hijos de Valerio Denevi, inmigrante nacido en Siena, un italiano que durante el ltimo tercio del siglo XIX, siendo muy joven, lleg al pas con escaso dinero y sin relaciones, a fin de concentrarse en el negocio de la construccin, para lo cual, poco a poco, fue adquiriendo tierras en
las entonces despobladas y subvaluadas localidades de Senz Pea, Santos Lugares y Villa Lynch, en la provincia de Buenos Aires . La madre fue la argentina Mara Eugenia Buschiazzo, hija de italianos del norte. Trentino Alcides J. Bianchi es el autor de Valentn, el inmigrante (13), obra en la que relata la vida de su padre, exitoso empresario afincado en Mendoza. Don Valentn naci en Fasano, Italia, en 1887. Se dedic a la docencia hasta que una carta de su hermano lo decide a emigrar a la Argentina. Este libro narra la historia de un inmigrante exitoso que, sin embargo, nunca dej de sentir nostalgia por su tierra. Umbria Acerca de Frondizi. El estadista acorralado (14), por Hugo Gambini, escribe Miguel Angel De Marco: "Hijo de inmigrantes italianos, nacido en Paso de los Libres, Corrientes, el 28 de octubre de 1908, Frondizi se gradu de abogado con diploma de honor y se inici precozmente en la poltica en calidad de afiliado y dirigente de la Unin Cvica Radical. Ms tarde, evidenciara su preparacin cultural y poltica, a travs de una prosa pulcra y ajustada y de una oratoria parlamentaria precisa y contundente. Esto, sobre todo, como diputado opositor al gobierno peronista y candidato a vicepresidente de la Nacin, en 1952, de la frmula encabezada por Ricardo Balbn" (15). Veneto El amor judo de Mussolini Margherita Sarfatti. Del fascismo al exilio (16) se titula la obra de Daniel Gutman acerca de la que se afirm: En noviembre de 1938, cuando Benito Mussolini lanz una campaa antisemita inspirada por sus aliados nazis, miles de judos fueron marginados de la sociedad italiana. Entre quienes partieron entonces al exilio haba una mujer culta y refinada, crtica de arte, que haba sido amante del Duce durante cerca de veinte aos, adems de su bigrafa. A Margherita Sarfatti, hija de una rica familia juda de Venecia, muchos la haban considerado la mujer ms poderosa de la Italia fascista. Mussolini, sin embargo, no hizo nada para protegerla" (17). Notas 1. S/F: Las cartas de amor de Severino Di Giovanni , en Clarn, Buenos Aires, 27 de julio de 1999. 2. Tcherkaski, Jos: PIERO. Un canto de vida, amor y libertad. Buenos Aires, Editorial Galerna, 1983. 223 pginas. 3. DISCEPOLIN. Poeta del hombre que est solo y espera, por Horacio Ferrer y Luis Adolfo Sierra. Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 2004. 184 pginas. 4. contratapa. 5. Entraigas, Ral Agustn; Polidoro Segers, el primer mdico de Tierra del Fuego , en Museo del Fin del Mundo. Biblioteca Virtual, [Link] 6. Chumbita, Hugo: Ultima frontera. Vairoleto: Vida y leyenda de un bandolero. Buenos Aires, Planeta, 1999. Rubiano, Nstor: Mas Alla de la Frontera ... Vairoleto. Buenos Aires, Corregidor, 2003.
[Link] 7. S/F: Cuadernos Patagnicos 2 El padre De Agostini y la Patagonia, en [Link] 8. Sopea, Germn: Monseor Patagonia. Vida y viajes de Alberto De Agostini el sacerdote salesiano y explorador. Editorial Tusquets, 2004, 132 pginas. 9. S/F: en Sopea, Germn: Monseor Patagonia. Vida y viajes de Alberto De Agostini el sacerdote salesiano y explorador. Editorial Tusquets, 2004, 132 pginas. 10. Ayala, Nora: Mis dos abuelas. 100 aos de historias. Buenos Aires, Vinciguerra, 1997. 11. Javier Villafae / Antologa Obra y recopilaciones. Biografa y seleccin literaria de Pablo Medina. Ilustraciones y guardas de Nicols Rubi. Buenos Aires, Editorial Sudamericana. (Primera Sudamericana). 12. Delaney, Juan Jos: Marco Denevi y la sacra ceremonia de la escritura: una biografa literaria. Buenos Aires, Corregidor, 2005. 244 pp. 13. Bianchi, Alcides J.: Valentn el inmigrante. Santiago de Chile, Edicin del autor, 1987. 14. Gambini, Hugo: Frondizi. El estadista acorralado. Vergara-Grupo Zeta. 448 pginas. 15. De Marco, Miguel Angel: "Amena y valiosa biografa", en La Nacin, 5 de noviembre de 2006. 16. Gutman, Daniel: El amor judo de Mussolini. Buenos Aires, Editorial Lumiere, 2006. 208 pp. 17. S/F: "Primer captulo", en [Link], 10 de marzo de 2006. Polacos La historia que nunca les cont - El Libro de Gisela (Polonia 1943-1944), fue escrito por Mariano Fiszman y Roberto Raschella. El protagonista de este relato afirma Rubn Chababo- es Gisela Gleis, una joven juda de nacionalidad polaca, habitante de Stanislawow, un pequeo poblado, quien durante los aos de la ocupacin alemana se refugia junto a una treintena de personas de su pueblo natal en un stano. Durante casi dos aos, esperando el fin de la guerra y el cese de la ocupacin, este grupo resiste la ms absoluta de las adversidades. La posibilidad de ese refugio les es brindada por un hombre, vecino del lugar, de religin catlica, llamado Staszek, quien ante la evidencia de la deportacin y el asesinato masivo de miles de judos llevada adelante por la Gestapo, decide arriesgar su vida para que ese puado de perseguidos se salve de una muerte segura. Una vez terminada la guerra Gisela Gleis emigra a la Argentina junto a su marido Max, tambin habitante del stano, y es en nuestro pas donde viven y mueren ya ancianos, l en 1990 y ella en 2001. Los escritores Roberto Raschella y Mariano Fiszman fueron tras la voz de Gisela y durante tres aos la entrevistaron en su casa del barrio de Flores, tratando de obtener la mayor informacin posible para que esta historia no fuera olvidada (1). SOBREVIVIR DOS VECES De Auschwitz a Madre de Plaza de Mayo (2), por Eva Eisenstaedt, "es el testimonio de una experiencia casi nica entre los judos del siglo XX: Sara Rus es sobreviviente de Auschwitz y madre de un detenido desaparecido durante los aos trgicos de 1976-1983. De origen polaco, Sara tiene doce aos cuando la invasin nazi a Polonia y se ve obligada a vivir en condiciones infrahumanas en el gueto de Lodz. Es deportada en julio de 1944 al campo de concentracin de AuschwitzBirkenau y liberada en Mauthausen el 5 de mayo de 1945 -fecha enigmtica para ella. Luego de
innumerables vicisitudes llega a la Argentina en 1948, junto a su esposo constituye una hermosa familia cuyo nico deseo es el de construir una vida ms digna. La dictadura militar Argentina y su terrorisimo de estado truncan abruptamente ese deseo: Daniel, su primer hijo, fsico becario, "desaparece" en 1977 poco antes de cumplir 27 aos de su lugar de trabajo. La intensa personalidad de Sara le permiti 'sobrevivir dos veces' " (3). Notas 1. Chababo, Rubn: La dimensin nica del milagro de una vida , en La Capital, Rosario, 14 de agosto de 2005. 2. SOBREVIVIR DOS VECES De Auschwitz a Madre de Plaza de Mayo, por Eva Eisenstaedt. Buenos Aires, Editorial Mil, 2007. 3. [Link] Portugueses Rubn Bentez es el autor de Los dones del tiempo (1), biografa de la asturiana Cecilia Caramallo. En esa obra se refiere a los inmigrantes en Baha Blanca, sus expectativas cumplidas y fallidas, sus recuerdos, sus abnegaciones. Entre esos inmigrantes, hay portugueses. Amrica aparece al igual que en todas las novelas de inmigracin- como el destino soado, que desconcierta a los extranjeros con su forma de entender la vida y las distancias. Para un portugus, para una asturiana, las tierras son enormes, la cantidad de ganado es tal que debe dormir a la intemperie. Son realidades difciles de aceptar para quienes vienen acostumbrados a lo exiguo, a lo mnimo. En Baha Blanca, en Pelicur, se desarrolla la accin y esta circunstancia la vuelve de especial inters para quienes habitan la ciudad y para quienes, desde cualquier parte del mundo, quieran saber sobre la forma de vida de los inmigrantes en ese punto de la Argentina. Aporta datos sobre la vida de portugueses, asturianos, escoceses e ingleses en la provincia de Buenos Aires, a partir de fines del siglo pasado y hasta nuestros das, en que la anciana transita con su coche causando espanto a los transentes y a los otros automovilistas. En Jos Balbino, el portugus (2), Maria Elena Massa de Larregle relata la historia de este inmigrante. Su ensayo fue distinguido con el Segundo Premio en el Certamen Recuerdos de Olavarra , en el que actuaron como Jurados los profesores Mara Teresa Sanseau de Marino, Marta Spaltro de Pantn y Roberto Forte. Notas 1 Bentez, Rubn: Los dones del tiempo. Buenos Aires, Grupo Editor Latinoamericano. 2 Massa de Larregle, Mara Elena: Jos Balbino, el portugus , en Revista N 4, 2000, Direccin y coordinacin: Aurora Alonso de Rocha. Archivo Histrico Alberto y Fernando Valverde , Municipalidad de Olavarra, Secretara de Gobierno. Rumanos En Soy Roca, biografa novelada escrita por Flix Luna, el protagonista se refiere a Julio Popper: Cuando
bamos llegando a Ushuaia me llamaron la atencin, en cierto punto de la costa, rebaos de ovejas y construcciones muy prolijas entre macizos de flores y espacios de csped; me dijeron que era la estancia de Thomas Bridges, el pastor anglicano que anteriormente haba estado a cargo de la Misin en la isla; en 1886 renunci a su puesto y se vino a Buenos Aires a solicitar tierras all. (...) Despus visitamos los campamenteos de los indios yaganes y onas que trabajaban en el establecimiento. Al menos aqu no se los persegua, como haba hecho aquel aventurero rumano Julio Popper, que en tiempos de mi concuado instal un lavadero de oro en el norte de la isla, y como tambin lo hacan, segn los rumores que haba escuchado, algunos capataces de Menndez (1). Arnaldo Canclini es el autor de Julio Popper, quijote del oro fueguino (2). Julio Popper es un personaje muy especial en la historia argentina. Basta pensar que la mayor parte de su actuacin fue en una pequea zona muy apartada de los grandes centros, con una duracin no mucho mayor que un lustro. Naturalmente, stos no son motivos para disminuir su figura histrica. Toda la Patagonia, y en particular Tierra del Fuego, est poblada de personalidades peculiares: navegantes, exploradores, misioneros, pioneros del comercio y la industria, colonizadores. En esa constelacin no suelen incluirse los buscadores de oro, ya que la gran mayora ignora que la Argentina fue presa de la misma fiebre que muchos otros lugares del mundo. Sin embargo, se fue uno de los factores que contribuyeron a la formacin demogrfica y econmica de nuestros territorios australes. Y en esa suma de estrellas, la de Popper ocupa un lugar privilegiado. Arnoldo Canclini, uno de los autores que ms ha trabajado el pasado fueguino, es miembro correspondiente por Tierra del Fuego de la Academia Nacional de la Historia. Su abundante produccin de una veintena de libros sobre la zona ha sido declarada de inters provincial y, l mismo, es Ciudadano Destacado de Ushuaia. Entre sus obras se pueden mencionar Los indios del Cabo de Hornos, As naci Ushuaia, Los indios del ltimo confn y una serie de biografas fueguinas (3). Notas 1. Luna, Flix: Soy Roca. Buenos Aires, Sudamericana, 1991, pp. 322-3. 2. Canclini, Arnaldo: Julio Popper, quijote del oro fueguino. Buenos Aires, Emec, 1993. 190 pps. 3. S/F: en [Link], 1999. Rusos Sobre la vida y la obra del artista ruso Stephan Erzia, escribi Ignacio Gutirrez Zaldvar. En su libro Erzia, leemos: En el mes de abril de 1927 Stephan Erzia, con 50 aos de edad, lleg a la Argentina. El Presidente de la Nacin Marcelo Torcuato de Alvear, que lo conoci y admir en Pars facilit su entrada al pas. As lo expres el artista en una carta dirigida al Ministro de Educacin de Rusia, en mayo de ese mismo ao: Ac
en Buenos Aires, me recibieron muy bien, tienen gran inters por el arte ruso. Quiero hacer ac una gran exposicin que se abrir a principios de junio. Los crticos de arte me ofrecieron un muy buen lugar para la exposicin en forma gratuita y hasta el Presidente de la Repblica acept estar en la inauguracin. Nosotros llegamos primero a Montevideo, sin tener la visa para entrar en la Argentina, pero la prensa nos dio tanta atencin que recibimos muchas invitaciones . Erzia, pensaba quedarse aqu una corta temporada, pero finalmente se radic por 23 aos... Aqu descubri, al poco tiempo de llegar, la madera que se convirti en su material predilecto para sus esculturas: el quebracho, que vena desde el Chaco para ser utilizado como combustible de las cocinas y calderas porteas; madera que por su dureza fue bautizada por los ingleses como hulla roja. Dijo el artista en una nota publicada en la revista Aqu est, en abril de 1938: Adivin al instante las posibilidades que ofreca para la escultura. La variacin de sus coloraciones, rojo, negro, blanco, dan a las figuras un encanto especial . El afirm, en otra oportunidad: Pero yo soy buen ruso y buen argentino. Y quiero a este pas que me ha dado su hospitalidad y me ha brindado el material ms hermoso que pude obtener para mi trabajo (1). En To Bors: un hroe olvidado de la Guerra Civil Espaola, biografa de un descendiente de rusos nacido en la Argentina, Graciela Mochkofsky se refiere a sus antepasados Jos y Moiss Mochkofsky: El primer Mochkofsky que lleg a la Argentina, Jos, un judo ruso nacido en Ekaterinovka (as lo certifica su partida de defuncin; nadie recuerda ya si el dato es correcto), era mecnico. Uno de los ltimos inventos de su vejez fue una aguja de coser que se enhebraba fcilmente. Moiss, hijo de Jos, nacido, segn sus papeles, en Slenin, provincia de Grodne, Rusia, aprendi ebanistera en el colegio de carpintera de la Casa Real de Inglaterra, donde vivi en los primeros aos del siglo XX, antes de emigrar a la Argentina con sus padres. Mont su carpintera en los fondos de su casa de la calle Santa Rosa 465, en el centro de Crdoba. (...) Renunci al ruso y al idish; hablaba castellano como un cordobs de nacimiento. Con la lengua, tambin renunci al judasmo (2). To Bors cuenta el extraordinario rescate de un personaje perdido en el tiempo. Enterada de la existencia de un to abuelo, cuyo recuerdo haba permanecido oculto en su familia por dcadas, la narradora emprende su bsqueda a travs de memorias que se borran, documentos que se desvanecen, y una cultura del secreto que permanece viva casi un siglo despus. El libro indaga en un conflicto central de la era moderna: las dimensiones perdidas de la poltica y la guerra, pero tambin en las historias que nos circundan cotidianamente. Una mirada aguda, irnica, tierna sobre el valor de la memoria y el olvido, y un vibrante alegato sobre la naturaleza, trgica y conmovedora, del herosmo (3).
En El camarada Carlos, Alicia Dujovne Ortiz cuenta la historia de su padre, hijo de rusos afincados en Entre Ros (4). Notas 1. Gutirrez Zaldvar, Ignacio: Erzia. Buenos Aires, Zurbarn Editores, 2003. 2. Mochkofsky, Graciela: To Bors: un hroe olvidado de la Guerra Civil Espaola. Buenos Aires, Sudamericana, 2006. 272 pp. 3. en [Link] 4. Dujovne Ortiz, Alicia: El camarada Carlos. Aguilar Taurus Alfaguara, 2007. 416 pginas. Turcos En Mis dos abuelas. 100 aos de historias, Nora Ayala relata que su abuela criolla, que viva en Misiones, tena prejuicios contra los extranjeros. Nosotros no vinimos a matarnos el hambre como los gringos deca, estuvimos siempre ac . La venta de la casa del Tata proporciona otra evidencia de su actitud; la vivienda fue comprada por una familia turca, aunque Gernima hubiera preferido que no cayera en manos extranjeras, pero ellos fueron los que pagaron y no haba nada que hacer . Se rumoreaba que los compradores haban encontrado all un cofre con monedas de oro; escuchemos a la criolla: Teniendo en cuenta que los turcos que haban llegado al pas poco tiempo antes, si bien eran gente trabajadora y honesta (a pesar de ser extranjeros) no podan tener dinero como para hacer semejante inversin, el rumor tena visos de realidad (1). El criollaje vio invadido su escenario. Esa gringada, que se pens ira a poblar el desierto, se concentr en la urbe y cubri todos los puestos de trabajo. Hasta los policas eran extranjeros (2). Hugo Chumbita relata que Elas Farache, un polica turco, hostigaba al gringo Vairoleto, hijo de piamonteses. Entre los milicos abundaban estos turcos, que en realidad eran rabes, o hijos de, famosos por lo bravos (3). Notas 1. Ayala, Nora: Mis dos abuelas. 100 aos de historias. Buenos Aires, Vinciguerra, 1996. 2. Alvarez, Marcelo y Pinotti, Luisa: op. cit. 3. Chumbita, Hugo: Ultima frontera. Vairoleto: Vida y leyenda de un bandolero. Buenos Aires, Planeta, 1999. Ucranios Graciela Mochkofsky es la autora de Timerman. El periodista que quiso ser parte del poder (19231999) (1). El periodista, creador de las revistas Primera Plana y Confirmado y del diario La Opinin, torturado por la ltima dictadura, aspiraba a entrar en la historia como un hroe del periodismo y de los derechos humanos. Este es, por eso, el libro que no quera que se escribiera. Revela sus conexiones con el poder militar; su participacin en el derrocamiento de un presidente; su adhesin original a las dictaduras de Ongana y Videla, su ambicin por ser un factor decisivo en la estructura de poder. Pero tambin da cuenta de su increble talento; de su papel en la renovacion del periodismo nacional; de la envidia que despert en sus colegas, as como de la inspiracin que signific para ms de una generacin . Mochkofsky dedic ms de cinco aos a esta investigacin. Realiz centenares de entrevistas en la Argentina, los Estados Unidos, Espaa e Israel y consult cientos de documentos reservados del
Departamento de Estado norteamericano, de la CIA y el FBI. El resultado no es tan slo el relato de una vida, que de por s ameritaba biografiarse, sino la primera tentativa de presentar una autntica historia de la prensa argentina contempornea y de sus vnculos con el poder (2). Notas 1 Mochkofsky, Graciela: Timerman. El periodista que quiso ser parte del poder (1923-1999). Buenos Aires, Sudamericana, 2003. 552 pp. (Biografas y testimonios) 2 S/F: informacin de prensa. Varios Nora Ayala relata que su abuela criolla, que viva en Misiones, tena prejuicios contra los extranjeros. Nosotros no vinimos a matarnos el hambre como los gringos deca-, estuvimos siempre ac (1). Notas 1. Ayala, Nora: Mis dos abuelas. 100 aos de historias. Buenos Aires, Vinciguerra, 1997. .... Las biografas son testimonios de los que nos valemos cuando queremos conocer la historia de la inmigracin en nuestro pas. En ellas, encontramos la evocacin de vidas llenas de coraje y nostalgia. Apndice INMIGRANTES Y EXILIADOS LLEGADOS A LA ARGENTINA HASTA 1810 Mara Esther Vzquez se refiere, en Victoria Ocampo (1), al remoto origen gallego de la directora de Sur: "Legendariamente, se supone que los Ocampo descienden de un paje de Isabel la Catlica, nacido en Galicia, que fue uno de los primeros habitantes de la isla de Santo Domingo. En realidad, don Manuel Jos de Ocampo, tatarabuelo de Victoria, lleg del Per en los ltimos aos del siglo XVIII". Ignacio M. Costa es el autor de Monseor Leopoldo Buteler. Primer Obispo de la Dicesis de la Villa de la Concepcin de Ro Cuarto (2). Notas 1. Vzquez, Mara Esther: Victoria Ocampo. Buenos Aires, Planeta, 1991. 239 pginas.(Coleccin Mujeres Argentinas, dirigida por Flix Luna). Foto de tapa: Man Ray, 1930. Investigacin y edicin fotogrfica: Marisel Flores, Graciela Garca Romero Felicitas Luna. Reproducciones: Filiberto Mugnani. 2. Costa, Ignacio M.: Monseor Leopoldo Buteler. Primer Obispo de la Dicesis de la Villa de la Concepcin de Ro Cuarto. Ro Cuarto, Fundacin ICALA Intercambio Cultural Alemn-Latinoamericano, 2004. Memorias y autobiografas 1. Introduccin 2. Daneses 3. Escoceses 4. Espaoles 5. Estadounidenses 6. Franceses 7. Galeses 8. Holandeses 9. Ingleses 10. Irlandeses 11. Italianos 12. Polacos 13. Portugueses
14. Rusos 15. Suizos 16. Turcos 17. Ucranios 18. Varios Introduccin Las historias de las literaturas de las diferentes lenguas acumulan una cantidad nada despreciable de libros de memorias; como si cada intelectual ms o menos ilustre hubiera querido dejar testimonio de s mismo y de su poca , afirma Mara Esther Vzquez. Y agrega gracias a esa literatura se va haciendo la historia . A criterio de la periodista, Nadie defini mejor el libro de memorias que Conrado Nal Roxlo: Todo libro de memorias es un espejo de Narciso, de un Narciso ya envejecido. Y todos los hombres, an aquellos defendidos por el humorismo, llegan a ser con el tiempo su propio padre, y con ms tiempo, su propio abuelo; y es con ojos hmedos de tierno amor que atenan los siempre un poco duros rayos de la crtica, como ven al nio lejano que fueron, al adolescente aorado y al joven que an creen ser (1). Entrevistada por Mara Esther Vzquez, la historiadora Mara Senz Quesada afirm: Los libros de memorias me encantan porque por ellos es posible entrar en el pasado y reconstruirlo. Nada ms difcil que reconstruir el clima de una poca. En la Argentina existen pocos libros de memorias (2). De la experiencia de la inmigracin surgieron muchos libros. Algunos autores eligieron la ficcin para expresarse; otros, en cambio, prefirieron las memorias y las autobiografas. Cul es la diferencia entre memoria y autobiografa? A criterio de Ricardo Clark, no tienen estos trminos un lmite preciso y se supone que la diferencia podra estar en la calidad del relato. As memorias serian el recuerdo de un momento en particular en la vida del personaje y autobiografa un trabajo mas profundo, donde supuestamente se cuenta todo (3). En este trabajo me refiero a algunas de las obras que dan a conocer aspectos de la inmigracin en la Argentina, entre 1810 y 1960. Daneses En 1844, lleg a la Argentina el dans Juan Fugl, pionero que se estableci en Tandil cuando los indios habitaban la regin. En sus Memorias, relat que despus del sitio indgena de Tandil en el mes de noviembre de 1855, Al fin de cuentas, los soldados que llegaron no haban resultado mucho mejor que los salvajes, pues en las casas abandonadas que encontraron, robaron todo lo que pudieron y les fuera til . Acerca del juez de paz, manifiesta en esos escritos: En el fondo de su alma senta odio a los extranjeros y al creciente agro en la zona de Tandil, tanto porque l, familiares y amigos tenan tierras y grandes estancias lindantes, y se sentan molestos por las leyes que los obligaban a pagar los daos causados por animales en las tierras sembradas, y ahora protegidas. Tambin porque reparta tierras entre criollos o
nativos, en general muy simples y sin ningn nimo de mejorar, no a extranjeros que aunque vivan pobres, con su trabajo y amistoso relacionamiento, pronto formaban un capital y vivan holgadamente (1). El dinamarqus Andreas Madsen es el autor de La Patagonia vieja. Mara Sonia Cristoff seala que Para Andreas Madsen, como para W. H. Hudson, la combinacin de aves y postracin deriv en escritura sobre el territorio patagnico: mientras el segundo asegura que no hubiese escrito sus Das de ocio en la Patagonia si el tiro que recibi en una rodilla no le hubiera impedido continuar el estudio de los hbitos migratorios por el cual haba ido hasta Ro Negro, Madsen dice que se le ocurri por primera vez la idea de escribir sus relatos cuando a l que haba domado una cantidad considerable de caballos salvajes y matado a otra cantidad de pumas- la persecucin malograda de una gallina que se resista a entrar al gallinero lo dej todo un invierno inmovilizado en una cama. Hasta ah las coincidencias. Luego, sus obras se diferencian claramente: lo que para Hudson fue parte de un proyecto literario, para Madsen fue una manera de dejar testimonio de sus aos como pionero en la Patagonia, ms especficamente en la regin de Lago Viedma . Dentro de su produccin figuran tres volmenes de poemas, un libro sobre la caza de pumas, el proyecto de otro sobre la capacidad de razonar de los animales y la que es su obra emblemtica, La Patagonia vieja, editada por primera vez en 1948 por El Ateneo y reeditada en 1998 por Zagier y Urruty. Esta misma editorial, que desde el ltimo enero agreg a su catlogo esta coleccin de textos inditos en castellano sobre la Patagonia, publica ahora Relatos nuevos de la Patagonia vieja, una recopilacin hecha por Martn Alejandro Adair de las cartas privadas y de los artculos que Madsen public en distintos medios . Madsen lleg a la Argentina como marinero buscavidas y a la Patagonia como parte de la Comisin de Lmites que lideraba Francisco Moreno. Fue despus el primero en asentarse en la zona del Lago Viedma y uno de los pocos pequeos propietarios que resistieron a las ofertas tentadoras seguidas de estrategias amenazantes- de las grandes compaas que empezaron a adquirir enormes extensiones estratgicas de la Patagonia a partir de la primera mitad del siglo XX. Fue tambin uno de los propietarios de tierras que, durante los levantamientos obreros de 1921, logr acuerdos de no agresin mutua con los huelguistas, basados fundamentalmente en el conocimiento y en el respeto previo que se tenan. Volvi a Dinamarca nicamente para buscar a la novia de la infancia y defendi su decisin de radicarse en la Patagonia a pesar de las oportunidades que le ofrecan en otros lugares, con una epifana de tinte darwiniano: los desiertos campos patagnicos me llamaban con voz irresistible. La Patagonia, con sus tormentas de arena sobre las pampa desiertas en verano, y con el fro y la nieve en invierno, donde pas tres inviernos con el
mnimo de alimentacin... y seis meses sin ver persona alguna, completamente solo entre los Andes. La mayora dir que no es gran cosa para extraar; pero as es la naturaleza humana. A m esa soledad me llamaba . Todo eso est en Relatos nuevos de la Patagonia vieja, libro que puede leerse como el relato paradigmtico del pionero all estn las remembranzas de un pasado duro, la consignacin de los esfuerzos por adaptarse, del apego al territorio que los recibe y de su contribucin a l- e incluso como una postulacin de que el pionero es el eslabn que la Patagonia necesitaba para dejar de ser la tierra maldita que haban asentado los relatos de los primeros exploradores y convertirse en una tierra de paz. Los relatos de Madsen tienen, entonces, una hiptesis, y tambin gracia narrativa: dos mritos ausentes en muchas otras memorias (2). Notas 1. Fugl, Juan: Memorias, citado por Lynch, John: Masacre en las pampas. La matanza de inmigrantes en Tandil, 1872. Buenos Aires, Emec, 2001. 2. Cristoff, Mara Sonia: Los surcos de un pionero , en La Nacin, Buenos Aires, 19 de octubre de 2003. Escoceses Cuando nia, Mara Rosa Oliver escuchaba a las institutrices inmigrantes. A criterio de Mara Rosa Lojo, muestra susceptibilidad ante otros personajes que se consideraban superiores tnica y culturalmente- a los argentinos, aunque se encontraran muy por debajo de ellos en la escala de la sociedad. No perda una palabra de las charlas que mantena Lizzie, su niera escocesa, con sus colegas british que servan en casas de las afueras, a las que iban de visita y donde tomaban el t de las cinco con scons calientes y sndwiches de berro. Nunca faltaban, en aquellas sesiones, las crticas a los, y sobre todo las natives: mujeres descuidadas y haraganas, que malcriaban a sus hijos y no se tomaban el trabajo de aprender a preparar un buen t a la inglesa (2). Notas 1. Lojo, Mara Rosa: Cuando la plenitud nace de la carencia , en La Nacin, Buenos Aires, 31 de agosto de 2003. Espaoles Andaluces Jos Mara Torres, nacido en Mlaga en 1823, falleci en Entre Ros en 1895. En Juvenilia, Miguel Can lo evoca con gratitud: En cuanto a m, creo haber contribuido no poco a hacerle la vida amarga, y le pido humildemente perdn, porque sin su energa perseverante, no habra concluido mis estudios, y sabe Dios si el ser intil que bajo mi nombre se agita en el mundo no hubiera sido algo peor (1). Asturianos Nin Marshall, hija de asturianos, escribi sus memorias. Afirma Fernando Noy: Previsora, para disipar dudas sobre sus procesiones por los laberintos de la memoria, ella nos leg, acicateada por su amigo y
representante Lino Patalano, la invalorable Autobiografa donde emerge, con astucia de autora consumada y en una sesin de magia interminable, tan verosmil y viva como siempre, quizs de un modo inconciente desdiciendo aquella frase-consigna en uno de sus libretos radiales: Djenos contarle algo, dale. Si no va a parecer una mujer demasiado misteriosa, de esas que salen al cine y despus les agarra la mamesia al cerebro. Y si era necesaria mucha propicacia para hacerlo, sospecho que slo quiso recompensarnos con estas pginas a modo de despedida (2). Cntabros Al igual que muchos de nuestros escritores, Baldomero Fernndez Moreno evoc sus aos de infancia, una edad escindida, en su caso particular, entre dos tierras, Argentina y Espaa. En el prlogo a sus memorias, que llevan por ttulo La patria desconocida, el escritor se refiere a la relacin de las mismas con sus dos patrias, y deslinda la incidencia que Espaa y la Argentina tienen en ellas: Son pginas, pues, espaolas por el recuerdo que las informa, argentinas por la mano que las traz. Por eso este libro cobra un sentido vernculo, americano. Y todo aquello en medio del suspirar por mi patria, por curiosidad, por exotismo, por poesa naciente, y, lo que es lo cierto, por indefinible amor hacia ella (3). En esa obra, recuerda a sus padres, llegados de la pennsula y afincados en nuestro pas, donde disfrutaron al principio de una holgada posicin econmica. Describe la transformacin que se oper en su padre, y afirma que la misma fue completa: de muchacho aldeano a rico y conspicuo miembro de una colectividad, fundador de clubes y protector de hospitales . Cuenta asimismo la emigracin de sus abuelos maternos Baldomero Fernndez, prspero emigrante, regresa a Espaa junto con los suyos, con intencin de quedarse definitivamente. Poco habra de durar la estada en la tierra natal. Siete aos ms tarde, los Fernndez Moreno se encontraban de vuelta en Buenos Aires, confrontando la realidad con la fantasa forjada por el nio. Gallegos En Juvenilia, Miguel Can se refiere a inmigrantes de ese origen: Recuerdo una revolucin que pretendimos hacer contra don Jos M. Torres, vicerrector entonces y de quien ms adelante hablar, porque le debo mucho. La encabezbamos un joven Adolfo Calle, de Mendoza, y yo. Al salir de la mesa lanzamos gritos sediciosos contra la mala comida y la tirana da Torres (las escapadas haban concluido!) y otros motivos de queja anlogos. Torres me hizo ordenar que me le presentara, y como el tribuno francs, a quien plagiaba inconscientemente, contest que slo cedera a la fuerza de las bayonetas. Un celador y dos robustos gallegos de la cocina se presentaron a prenderme, pero hubieron de retirarse con prdida, porque mis compaeros, excitados, me cubrieron con sus cuerpos, haciendo descender sobre aquellos infelices
una espesa nube de trompadas. El celador, que, como Jerjes, haba presenciado el combate de lo alto de un banco, corri a comunicar a Torres, plagiando el a su vez a Lafayette en su respuesta al conde de Artois, que aquello no era ni un motn vulgar, ni una sedicin, sino pura y simplemente una revolucin (4). En sus Memorias, Lucio V. Mansilla describe las condiciones en las que los gallegos realizaban el viaje hacia Amrica: De Espaa, en general del Ferrol, de La Corua, de Vigo sobre todo, s llegaban muchos barcos de vela, rebosando de trabajadores, aprensados como sardinas (...) En cierto sentido eran como cargamento de esclavos (5). Luis Varela, octavo de catorce hijos, recuerda en De Galicia a Buenos Aires: En aquella poca las familias gallegas eran casi todas as de numerosas, y como nuestros padres slo nos enseaban a labrar las tierras y luego, de mayores, no alcanzaban las tierras para todos, era habitual mandar a algunos para el convento, otros para curas, uno se quedaba en la casa con los padres y los dems venamos para Amrica. Muchas veces yo le reproch a mi padre por tener tantos hijos, porque habiendo nacido en la casa de un gran labrador, nos dej a todos en la ruina. Y l me contestaba que si tuviera tres o cuatro, yo no hubiera nacido y la mejor riqueza sera no tener que luchar con un truhn como yo (6). Gladys Onega escribi Cuando el tiempo era otro. Una historia de infancia en la pampa gringa (7). Su historia se inicia en Acebal, provincia de Santa Fe, donde nace en 1930, y contina en Rosario, ciudad a la que se mudan en 1939. Sus primeros aos transcurren en el seno de una familia integrada por un gallego esforzado y ahorrativo, una criolla y tres hijos. Junto a ellos encontramos la familia de la casa da pena los gallegos que quedaron en su tierra-, los parientes gallegos que emigraron y los parientes criollos de la madre, y los inmigrantes en su mayora italianos- que viven en el pueblo. En Mnima autobiografa de la exiliada hija , Mara Rosa Lojo se refiere a su vida como hija de un gallego y una madrilea exiliados en la Argentina. Sobre su padre, exiliado gallego, escribe: Dejaba negocios equivocados y proyectos irrealizables. Dejaba tambin (aunque de eso me enter despus de su muerte: era un hombre pudoroso) una cierta reputacin juvenil de mala cabeza, y de playboy corus, que fascinaba a las muchachitas y escandalizaba a sus madres. Dejaba una Espaa que para sus ojos haba retrocedido siglos en el tiempo, donde no caba la dimensin de su deseo. El futuro estaba afuera. Haba resuelto que en las nuevas tierras hara otra cosa, y sera, casi, otra persona (8). Mito Sela evoca, en Babilonia chica, a un inmigrante pintoresco: Creo que su nombre era Fermn o Flix o Fernndez. O algo parecido. No queda ya nadie que pueda proporcionarme la informacin. Era gallego, viudo, con una hija fea y petisa como el padre, cuya funcin principal era servirle mate mientras l cortaba el
pelo a un cliente. Recuerdo al peluquero no slo porque era muy feo y su cara arrugada que daba miedo, sino por el hedor del cigarro que siempre, siempre estaba en su boca y las bocanadas de humo que despeda y yo reciba en plena cara. Mis recuerdos, la verdad sea dicha, se basan ms en el olfato que en la persona (9). Vascos Miguel Can relata que los estudiantes encontraban diversas distracciones en la quinta de Colegiales; una de ellas, vinculada a unos inmigrantes. En la Chacarita estudibamos poco, como era natural; podamos leer novelas libremente, dormir la siesta, salir en busca de camuats y sobre todo, organizar con una estrategia cientfica, las expediciones contra los vascos . (...) Los vascos eran nuestros vecinos hacia el norte, precisamente en la direccin en que los dominios colegiales eran ms limitados. Separaba las jurisdicciones respectivas un ancho foso, siempre lleno de agua, y de bordes cubiertos de una espesa planta baja y brava. Pasada la zanja, se extenda un alfalfar de una media cuadra de ancho, pintorescamente manchado por dos o tres pequeas parvas de pasto seco. Ms all (...) en pasmosa abundancia, crecan las sandas, robustas, enormes, (...) all doraba el sol esos melones de origen extico (...) No tenan rivales en la comarca, y es de esperar que nuestra autoridad sea reconocida en esa materia. Las excursiones a otras chacras nos haban siempre producido desengaos, la nostalgia de la fruta de los vascos nos persegua a todo momento, y jams vibr en odo humano en sentido menos figurado, el famoso verso de Garcilaso de la Vega (10). Carlos Ibarguren describe, en La historia que he vivido, el Buenos Aires de su infancia, en la dcada de 1880. En ese entonces, en los barrios residenciales veanse de maana a los lecheros, casi todos vascos, que llevaban en los costados de su cabalgadura sus clsicos tarros de latn, o a los que arriando algunas vacas con sus mamones, al son tintineante de un cencerro, ofrecan leche recin ordeada (11). En El merodeador enmascarado, Carlos Gorostiza nos habla de su infancia en el barrio de Palermo, junto a sus padres vascos y un hermano mayor. No eran ricos pero disfrutaban de una situacin que les permiti en 1926 realizar un viaje por la tierra de los ancestros (12). En Ancdotas y vivencias de mi buena y larga vida, relata Norberto Brodsky: "En 1934, mi padre es avisado por su amigo el Jefe de Polica Don Martn Zabalzagaray, que un simpatizante del nazismo estaba preparando en el campo con vino y asado una horda de gauchos alzados para un asalto en Villaguay, donde atacaran a los judos. Don Martn le informa que con sus ocho milicos no podra hacer nada para detener a una manga de mamaos llevados por la nariz. Le insiste que viaje de inmediato a Paran y recomendado por l al jefe del regimiento, traiga un destacamento del ejrcito para frenar ese desastre. Ya
haban pintado cruces svsticas en las casas judas. (...) Pap regres a Villaguay con el regimiento y ya se haba corrido la voz de esta llegada, por lo que el petit pogrom felizmente abort ()". Sin mencin de origen En sus memorias, escribe Adolfo Bioy Casares: "Joaqun, el portero de casa, era un espaol acriollado, un muchacho de Buenos Aires. Se peinaba para atrs, con gomina, tena buenas camisas, le gustaban las mujeres. Una maana, cuando yo miraba la vidriera de una juguetera, Joaqun me dijo: - Ya sos un hombre. No te interesan los juguetes. Te interesan las mujeres. Para presentrmelas, me llev a la seccin vermouth, a las seis y media de la tarde, de un teatro de revistas. Probablemente influido por la vidriera anterior, recuerdo ese primer escenario, con las bataclanas alineadas, como una vidriera deslumbrante. Fuimos a teatros de revistas casi todas las tardes. Mi madre se enter. Dej ver su disgusto, pero nos perdon, sin por eso dejar de reprocharnos el ocultamiento" (). Ral G. Fernndez Otero escribi Ausencias, presencias y sueos (13), autobiografa en la que evoca su infancia en un barrio porteo, all por el 30. El rememorar sucesos de su vida personal lo obliga a describir la poca en que transcurren y el modo de vida de esos tiempos que -en la pluma de Fernndez Oteroparece mucho ms humano que el agitado vivir del presente. Los padres y el hermano espaoles, los vecinos, los carnavales, las ancdotas que pueblan toda historia a lo largo de una dilatada existencia, son la materia de la primera parte del libro. Notas 1. Cane, Miguel: Juvenilia. Buenos Aires, CEAL, 1980. 2. Noy, Fernando: A los pieses de la Marshall , en Clarn, Buenos Aires, 24 de mayo de 2003. 3. Fernndez Moreno, Baldomero: La patria desconocida. 4. Can, Miguel: Juvenilia. Buenos Aires, CEAL, 1980. 5. Mansilla, Lucio V.: Mis memorias 6. Varela, Luis: De Galicia a Buenos Aires As es el cuento-. Buenos Aires, el autor, 1996. 7. Sela, Mito: Babilonia chica. Buenos Aires, Mil, 2006. 112 pp. (Imaginaria). 8. Onega; Gladys: Cuando el tiempo era otro. Una historia de infancia en la pampa gringa. Buenos Aires, Grijalbo Mondadori, 1999. 9. Lojo, Mara Rosa: Mnima autobiografa de una exiliada hija , en Sitio Al Margen Revista Digital. Noviembre de 2002. 10. Can, Miguel: Juvenilia. Captulo. Buenos Aires, CEAL, 1980. 11. Ibarguren, Carlos: La historia que he vivido. Buenos Aires, Dictio, 1977. 12. Requeni, Antonio: El teatro, la escritura, lo vivido , en La Nacin, Buenos Aires, 5 de diciembre de 2004. 13. Bioy Casares, Adolfo: Memorias. Buenos Aires, Tusquets Editores, 1994. 14. Fernndez Otero, Ral G.: Ausencias, presencias y sueos. Buenos Aires, Ediciones Tu Llave, 2000. Estadounidenses Guillermo Enrique Hudson escribi All lejos y hace tiempo, obra en la que expresa No tuve nunca la intencin de hacer una autobiografa. Desde que empec a escribir, en mi madurez, he relatado de tiempo
en tiempo algunos incidentes de la infancia, contenidos en varios captulos de El naturalista del Plata, de Pjaros y hombres, de Aventuras entre los pjaros y de otras obras, as como tambin en artculos de revistas. Tal material lo habra conservado si me hubiese propuesto hacer un libro como ste. Cuando, en los ltimos aos, mis amigos me preguntaban por qu no escriba la historia de mi niez en las pampas, les responda siempre que ya haba relatado, en los libros antes mencionados, todo lo que vala la pena de contarse. Y realmente as lo crea, pues, cuando una persona trata de recordar enteramente su infancia, se encuentra con que no le es posible. Le pasa como a quien, colocado en una altura para observar el panorama que le rodea, en un da de espesas nubes y sombras, divisa a la distancia, aqu o all, alguna figura que surge en el paisaje-colina, bosque, torre o cspide acariciada y reconocible, merced a un transitorio rayo de sol, mientras lo dems queda en la obscuridad (1). Jennie E. Howard naci en Boston, Estados Unidos, en 1844 y falleci en Buenos Aires en 1933. Lleg al pas en 1883, junto con las maestras contratadas por Clara Armstrong para dirigir las Escuelas Normales de nias a pedido de Julio A. Roca. Tras organizar la Escuela Normal de Nias de Corrientes, realiz la misma tarea en la ciudad de Crdoba y en San Nicols, provincia de Buenos Aires, donde permaneci hasta 1903. En 1931, public un libro de memorias en ingls, que en 1951 fue vertido al castellano con el ttulo de En otros aos y climas distantes (2). Notas 1. Hudson, Guillermo Enrique: All lejos y hace tiempo. Edicin Libre del Parque Ecolgico Cultural Guillermo E. Hudson Febrero 2001 Corregida por: Prof. Pamela Salinas Editada por: Lic. Carlos SawickiCap. (1- A 21**/22) Autorizada por la Municipalidad De la Ciudad de Quilmes. Derechos de autor cedidos al Parque E.C.G.E. Hudson Prof. R. A. Ravera Director. En [Link]. 2. Sosa de Newton, Lily: Diccionario Biogrfico de Mujeres Argentinas. Buenos Aires, Plus Ultra, 1986. Franceses Amadeo Jacques naci en Pars en 1813 y falleci en Buenos Aires en 1865. En Francia, estudi en el Liceo de Borbn y en la Escuela Normal de Pars; dict clases en Amiens y Versalles y, a los 24 aos, obtuvo el doctorado en Letras en La Sorbona. Poco despus se gradu como Licenciado en Ciencias Naturales en la Universidad de Pars. Luego de ejercer la docencia en otras instituciones francesas, en 1852 se traslad a Montevideo, Uruguay, y ms tarde se estableci en Entre Ros, donde se dedic a la daguerrotipia y a la agrimensura. En 1858 fue nombrado director del Colegio de San Miguel de Tucumn, donde desarroll una obra renovadora de los sistemas pedaggicos. En 1860 se dedic al periodismo, publicando proyectos de reglamentos sobre instruccin pblica en diarios de la provincia de Tucumn. Por ofrecimiento del vicepresidente de la Repblica, Marcos Paz, fue director y, aos ms tarde, rector del
Colegio Nacional de Buenos Aires. En esa funcin transform la enseanza, introduciendo las nuevas ideas cientificistas que provenan de Europa y plane la educacin primaria, secundaria y universitaria. Fue un renovador de la enseanza en la Argentina (1). Miguel Can nos ha dejado en Juvenilia (2) testimonio de su admiracin por Jacques. A las figuras del grotesco enfermero italiano y los temibles quinteros vascos, contrapone la grandiosidad del profesor, smbolo de la inmigracin anhelada por los hombres del 80. Alfredo Cossn naci en Pars en 1820 y falleci en Buenos Aires en 1881 (3). Can relata el recuerdo que un condiscpulo tiene de Cosson (4). En esa poca afirma Carlos Ibarguren en La historia que he vivido- aparecan millonarios que pocos aos antes haban llegado al pas sin un centavo en el bolsillo o con muy poco capital. Era el caso de Carlos Casado del Alisal, espaol; de Pedro Luro, vasco francs; de Ramn Santamarina, vasco espaol; de Eduardo Casey, irlands, propietarios todos ellos de enormes extensiones de campo; o de Nicols Mihanovich, dlmata, que empez como botero y ya era dueo de varias empresas de transporte fluvial, algunas con sede en Londres; o de Antonio De Voto, italiano, fundador de un barrio en Buenos Aires, al igual que Rafael Calzada, espaol, o de Francisco Soldati, italiano y muchsimos ms cuyos apellidos hoy figuran en los rangos de la ms alta sociedad (5). El 24 de septiembre de 1940, en ocasin de cumplir los ochenta aos, el Sr. Bernardo Lalanne haca conocer sus memorias de primitivo poblador de nuestra zona (6). En su autobiografa, titulada Con pasin. Recuerdos de un coleccionista (7), afirma Jorge Helft: "No tengo la pretensin de contar, siquiera mnimamente, la Segunda Guerra Mundial. De alguna manera todo parece haber sido dicho. Pero una pregunta suele venirme una y otra vez a la cabeza. Qu fue la guerra, en verdad, para los nios, al menos para los nios como Bichou y yo, hijos de dos padres que haban conseguido escapar al infierno de Europa y se desvivan por ahorrarnos, tanto como pudieran, su sufrimiento y angustia? De qu modo flotaba, silenciosa, por as decirlo, en las entrelneas de nuestras vidas? De qu modo, igualmente callado y misterioso, perdura en la memoria, y nos influye hoy, que somos todos viejos? Y pas esa memoria de nosotros los nios, a nuestros hijos y nietos?" (8). Notas 1 Varios autores: Enciclopedia Visual de la Argentina. Buenos Aires, Clarn, 2002. 2 Can, Miguel: Juvenilia. Buenos Aires, CEAL, 1980. 3 Varios autores: Enciclopedia Visual de la Argentina. Buenos Aires, Clarn, 2002. 4 Can, Miguel: op. cit. 5 Ibarguren, Carlos: La historia que he vivido. Buenos Aires, Biblioteca Dictio, 1977. 6 Lalanne, Bernardo: fragmento del texto publicado en MEMORIAS Seccin dedicada a los antiguos pobladores que dejaron escritos sus recuerdos , en Archivo Histrico Alberto y Fernando Valverde, Municipalidad de Olavarra, Secretara de Gobierno, Ao 1997, Revista N3. 7 Helft, Jorge: Con pasin. Recuerdos de un coleccionista. Buenos Aires, Ediciones de la Flor, 2007.
8 Helft, Jorge: fragmento incluido en La Nacin Revista, 22 de julio de 2007. Galeses Eluned Morgan naci en alta mar en 1869. Hija de un colono gals, organizador del primer grupo que lleg a la Patagonia en 1865, se cri en el valle y fue enviada a Europa para completar sus estudios y dedicarse a la enseanza en Chubut. Cre escuelas para nias en Trelew y Gaiman. Posteriormente tuvo a su cargo el peridico Y Drafod, fundado por su padre y an existente. Comenz a mostrar sus aptitudes literarias en la composicin de Eistedffod, piezas literarias de la tradicin galesa, a partir de 1891. Public cuatro libros: Algas marinas, En tierra y mar, Los hijos del sol y Hacia los Andes, los tres primeros escritos en gals y el ltimo en castellano, escrito originalmente en gals. Falleci en 1938 (1). Escribe Ema Wolf, a partir de una investigacin de Cristina Patriarca: Una figura relevante de la comunidad fue Eluned Morgan. La hija menor de Lewis Jones lleg a cursar estudios en Londres y tuvo un lugar destacado en la vida cultural de los galeses en la Patagonia. Fue maestra y redactora del peridico I Dravod, El Mentor. Las fotos viejas muestran a una muchacha rolliza, de facciones apacibles, tocando el arpa en pose clsica. Muy anciana ya, de vuelta en su tierra natal, escribi sus memorias. Con una prosa entusiasta pint su vida de adolescente en el Chubut y en particular un viaje que hizo desde la costa al Valle Encantado de la cordillera para llevar telas, azcar, t, carne salada y herramientas a los setenta colonos que apenas un ao antes se haban instalado all (2). Notas 1. Sosa de Newton, Lily: Diccionario Biogrfico de Mujeres Argentinas. Buenos Aires, Plus Ultra, 1986. 2. Wolf, Ema y Patriarca, Cristina: La gran inmigracin. Buenos Aires, Sudamericana, 1991. Holandeses En mayo de 1889, el vapor Leerdam trajo a los primeros inmigrantes holandeses a la Argentina. En este barco lleg, a los 10 aos, Diego Zijlstra, quien en su libro, Cual ovejas sin pastor, recuerda su llegada: Desde el vapor hasta la costa tuvimos que navegar en lancha y carro unos diez kilmetros soplando un viento de invierno que nos penetraba hasta la mdula de los huesos. Ya estbamos en la tercera semana de junio... Verano en el hemisferio Norte. Pero invierno aqu... Engarrotados de fro y medio hambrientos pisamos por fin tierra argentina. Desde Buenos Aires, y previo paso por el Hotel de Inmigrantes, un grupo lleg en tren hasta Tres Arroyos, mientras que otros se instalaron en Cascallares, en la llamada Colonia del Castillo (1). Notas 1. S/F: Historia de pioneros , en Clarn, Buenos Aires, 2 de febrero de 2002. Ingleses En su Autobiografa, Jorge Luis Borges recuerda a su abuela inglesa: Frances Haslam era una gran
lectora. Cuando ya haba pasado los ochenta, la gente le deca, para ser amable con ella, que ya no haba escritores como Dickens y Thackeray. Mi abuela contestaba: Sin embargo, yo prefiero a Arnold Bennett, Galsworth y Wells (1). Notas 1. Borges, Jorge Luis: Autobiografa, citado en Hadis, Martn: LITERATOS Y EXCNTRICOS Los ancestros ingleses de Jorge Luis Borges. Buenos Aires, Sudamericana, 2006. Irlandeses Maggie Pool es la autora de Where the devil lost his poncho (1) obra en la que evoca el medio siglo que transcurre a partir de su llegada a la Argentina, no bien terminada la guerra, como modesta secretaria de un organismo britnico, casi con lo puesto y con slo doce libras esterlinas, que era la mxima cantidad de dinero que se permita sacar de Inglaterra en aquel momento de crisis . En la nueva tierra, Pool queda deslumbrada por la riqueza que ve en Buenos Aires, por el tamao de los bifes y los postres de un simple restaurant, donde se come lo que ninguna familia inglesa vea desde haca aos . Nada disminuye su amor por la segunda patria. Con los aos se traslada a vivir a Bariloche y, por fin, al valle de El Bolsn. La Patagonia la atrap y parece ser su punto de residencia definitiva en su larga vida iniciada all lejos y hace tiempo pero al revs que Hudson- en Irlanda y Escocia. Aqu est el paraso, resume sobre el final. Lo transmite con la certidumbre de quien ha sabido ver mucho ms all de las vicisitudes de la vida cotidiana (2). Notas 1. Pool, Maggie: Where the devil lost his poncho. Edimburgo, The Pentland Press, 1997. 2. Sopea, Germn: Tierra lejana , en La Nacin, Buenos Aires, 13 de julio de 1997. Italianos Friulanos Juan Faccioli, pionero friulano, fue uno de los integrantes de aquella primera migracin que dejaron testimonios escritos : Segn Faccioli, al llegar al Hotel de Inmigrantes se enteraron de que estaban destinados al Territorio Nacional del Chaco, donde les daran tierras que estaban habitadas por aborgenes. Algunos huyeron del Hotel de Inmigrantes, pero luego de vagar sin conseguir trabajo ni comida volvieron y aceptaron llegar a Reconquista y, desde all, a una colonia que se formara al otro lado del arroyo El Rey (1). Ligurinos Mara Esther Podest es la autora de Desde ya y sin interrupciones, obra en la que destaca que, de los Podest actores, el nico que debe ser considerado argentino por derecho de suelo es su abuelo, Jernimo Bartolom. Los dems nacieron en Montevideo, adonde haba marchado la pareja de inmigrantes ligurinos, atemorizada por el rumor de un degello de gringos durante la poca rosista: La familia permaneci en
Montevideo desde 1851 dice la actriz-, all nacieron mi to-abuelo Pedro, Juan Jos (Pepe), Juan Vicente, Graciana, Antonio Domingo, y Cecilio Pablo, quien artsticamente suprimira su primer nombre (2). Lombardos Martina Gusberti es la autora de El lad y la guerra (3), obra en la que evoca un viaje a Italia que realiza junto a su padre y su marido, en 1982. No era esa la primera vez que el inmigrante regresaba a su tierra; l dice: Qu bello volver a Italia, visitar los lugares en los que luch durante la primera guerra mundial, recorrerlos paso a paso, ver cmo estar hoy...! . La hija, nacida como l en esa tierra, se pregunta acerca de la motivacin que impulsa con tanta fuerza al padre; se cuestiona ese afn por volver al pasado, no s si para fijarlo en el hoy o slo para retroceder a l. Quizs, ganas de detener el tiempo que se le escurra entre las canas; o de no morir, sin mimetizarse definitivamente con el paisaje . Trentino En Mendoza, Alcides Bianchi y sus amigos jugaban a la pelota: En el barrio tenamos dos canchas para jugar a la pelota recuerda-. Una estaba ubicada al fondo de la quinta de pap, sobre la calle Civit y la otra al lado de la carnicera de Don Molinuevo, a media cuadra de casa, sobre la Cmte. Torres. Tenamos fijada una hora para hacer los partidos en las tardes, cuando ya habamos hecho los deberes de la escuela. All nos juntbamos los chicos del barrio, de distintas edades, formando los dos equipos y generalmente a los ms pequeos nos tocaba ser arqueros (4). Sin mencin de origen En Juvenilia, Miguel Can cuyo nombre se recuerda vinculado con la Ley de Residencia- evoca al enfermero que trabajaba en el Colegio Nacional de Buenos Aires: Era italiano y su aspecto haca imposible un clculo aproximativo de su edad. Poda tener treinta aos, pero nada impeda elevar la cifra a veinte unidades ms. Fue siempre para nosotros una grave cuestin decir si era gordo o flaco. (...) Empezaba su individuo por una mata de pelo formidable que nos traa a la idea la confusa y entremezclada vegetacin de los bosques primitivos del Paraguay, de que habla Azara; veamos su frente, estrecha y deprimida, en raras ocasiones y a largos intervalos, como suele entreverse el vago fondo del mar, cuando una ola violenta absorbe en un instante un enorme caudal de agua para levantarlo en espacio. Las cejas formaban un cuerpo unido y compacto con las pestaas ralas y gruesas como si hubieran sido afeitadas desde la infancia. La palabra mejilla era un ser de razn para el infeliz, que estoy seguro jams conoci aquella seccin de su cara, oculta bajo una barba, cuyo tupido, florescencia y frutos nos traa a la memoria un omb frondoso . El cuerpo, como he dicho, era enjuto; pero un vientre enorme despertaba compasin hacia las dbiles
piernas por las que se haca conducir sin piedad. El equilibrio se conservaba gracias a la previsin materna que lo haba dotado de dos andenes de ferrocarril, a guisa de pies, cuyo envoltorio, a no dudarlo, consuma un cuero de baqueta entero. Un da, nos confi en un momento de abandono, que nunca encontraba alpargatas hechas y que las que obtena, fabricadas a medida, excedan siempre los precios corrientes . Recuerda el personal castellano del enfermero: Deba haber servido en la legin italiana durante el sitio de Montevideo o haber vivido en comunidad con algn soldado de Garibaldi en aquellos tiempos, porque en la poca en que fue portero, cuando le tocaba despertar a domicilio, por algn corte inesperado de la cuerda de la campana, entraba siempre en nuestros cuartos cantando a voz en cuello, con el aire de una diana militar, este verso (!) que tengo grabado en la memoria de una manera inseparable a su pronunciacin especial: Levntasi, muchachi,/ que la cuatro sun/ e lo federali/ sun ven a Cordun. Perdi el gorjeo matinal a consecuencia de un reto del seor Torres que, hacindole parar el pelo, le puso a una pulgada de la puerta de calle . Sobre sus aptitudes para el trabajo, afirma: Como prototipo de torpeza, nunca he encontrado un spcimen ms completo que nuestro enfermero. Su escasa cantidad de sesos se petrificaba con la presencia del doctor, a quien haba tomado un miedo feroz y de cuya conciencia mdica hablaba pestes en sus ratos de confidencia (5). En sus Memorias, escribe Lucio V. Mansilla: "Este San Po era italiano, casado, muy bonachn y carioso. Sus quesos de Goya, y particularmente sus chorizos, all a la vista, tenan fama(...) No saba leer ni escribir, ni hablaba italiano, ni espaol, ni genovs, ni dialecto itlico alguno, sino una media lengua suya propia; y a fuerza de orse llamar San Po por sobrenombre, lleg a olvidarse de su verdadero patronmico. (...) Una vez, teniendo que prestar declaracin con motivo de un bochinche, le pregunt a la mujer: - Che, cmo me llamo yo? - San Po - No, le nombre de Italia - Ah!, est en el bal (quera decir en el pasaporte)" (6). En conjunto En sus Memorias, Lucio V. Mansilla escribe: El italiano no haba comenzado an su xodo de inmigrante (8). Notas 1 S/F: Friulanos sobre el Paran , en La Nacin Revista, Buenos Aires, 29 de julio de 2001. 2 Podest, Mara Esther: Desde ya y sin interrupciones. Buenos Aires, Corregidor, 1985. 3 Gusberti, Martina: El lad y la guerra. Buenos Aires, Vinciguerra, 1996. 4 Bianchi, Alcides J.: Aquellos tiempos... Buenos Aires, Marymar, 1989. 5 Can, Miguel: Juvenilia. Buenos Aires, CEAL, 1980. 6 Mansilla, Lucio V.: Mis memorias, citado en [Link]. 7 Ibarguren, Carlos: La historia que he vivido. Buenos Aires, Biblioteca Dictio, 1977. 8 Mansilla, Lucio V.: Mis memorias Polacos
El 21 de agosto de 1939, el escritor Witold Gombrowicz desembarc en Buenos Aires; haba sido invitado a la travesa inaugural del transatlntico Chorbry. El estallido de la segunda guerra mundial y la invasin de Polonia por las tropas alemanas lo obligaron a desterrarse; fue as como un corto viaje se transform en un exilio de ms de veinte aos. Durante esos aos, Gombrowicz vivi la difcil experiencia de integrarse a un pas nuevo, que suscitaba en l juicios personalsimos referidos a diversos aspectos de su cultura. El extranjero nos observaba y surga la inevitable comparacin con la tierra que haba abandonado; de esa comparacin, algunas veces salamos beneficiados, otras no. Alrededor de 1960, Radio Europa Libre le encarg que ofreciera una serie de charlas destinadas a sus compatriotas; Peregrinaciones argentinas (1) recoge aquellas referidas a nuestro pas y a su realidad poltica y econmica, as como tambin a sus bellezas naturales. A nuestro criterio, son tres los temas que pueden considerarse fundamentales en estas charlas. En primer lugar, la confrontacin entre polacos y argentinos; algunos rasgos nuestros desconciertan al autor, ya que no logra entenderlos. Sobre la forma de encarar las dificultades, afirma: Todas esas noticias me habran aterrorizado de verdad si las hubiese ledo en un peridico europeo, pero desde aqu todos esos sobresaltos toman un aire extico, como si no se refiriesen a la Argentina, sino precisamente a Europa u otro continente lejano. Los paisajes de nuestra nacin despertaron tambin la admiracin del escritor; para dar una idea ms clara de cuanto describe a sus oyentes polacos, habla de los ros y los lugares argentinos comparndolos con aquellos que los radioescuchas conocen directamente. Por ltimo, cinco captulos se ocupan del existencialismo, al que Gombrowicz analiza en Polonia y en Amrica. Con la amenidad tpica de una exposicin destinada a un pblico amplio y distante, las charlas del autor de Ferdydurke plantean importantes cuestiones para pensar, en un mundo convulsionado por sus contrastes y sus confusas ambiciones. En Postales Imaginarias/2. Nuevos viajes alrededor de la Tierra antes de Internet, Ricardo Feierstein no refleja slo la historia de sus mayores, sino asimismo la suya propia y la de quienes lo rodean, a travs de una diversificada gama de recursos estilsticos. Encontramos aqu al autobigrafo, que se refiere con nostalgia y ternura a Villa Pueyrredn, barrio al que llama -en una dedicatoria a Humberto Costantini- la patria comn de ambos. En una visin retrospectiva, que se inicia en 1957 y se cierra en 1945, recuerda su adolescencia y su infancia as, de acuerdo al recurso temporal elegido-, en las que tienen incidencia el despertar sexual, la familia, las races que llegan en la forma de viejos discos encontrados fortuitamente... El autor aparece tambin en el episodio acaecido en Crdoba, en 1963, en el que a una provocacin
antisemita le sucede un insulto, luego una pualada; en fin, la historia de siempre, aunque cambien los personajes. Cuenta en Primera sangre : tenamos un poco de miedo, pro mezclado con sorpresa, esa sorpresa producida por algo inesperado, uno de esos hechos que escapan a la rutina y desconciertan; no entendamos por qu gritaron heil Hitler cuando pasaron marchando con paso rgido por el camino, vociferaron una, dos, tres veces, cerca de nuestro grupo que conversaba y cantaba sentado en el csped. Y nos levantamos de un salto, porque esas voces recordaban una noche turbulenta, ancianos y nios marchando arracimados, aterrorizados; viejos rabinos con expresin de horror, fuego, sangre, una horrible pesadilla que haban contado nuestros mayores y que guiaba sus ojos en las pelculas (2). Felipe Fistemberg Adler relata en sus memorias que, en Moiss Ville, provincia de Santa Fe, Cuando llegaban las fiestas patrias, el pueblo se vesta de gala, las ventanas lucan banderas azules y blancas y a la plaza San Martn, en el centro del poblado, concurra toda la poblacin luciendo la escarapela y manifestando con orgullo su agradecimiento a la nueva patria. Por ser uno de los ms altos, y seguramente porque mam me almidonaba para la ocasin el guardapolvo, ya en los grados superiores las maestras me elegan abanderado, y escoltado por otros nios caminando entre aplausos y clidas sonrisas nos dirigamos a la plaza. Las autoridades y los directores de todas las instituciones pronunciaban emotivos discursos. Se cerraba el acto con un esperado reparto de golosinas entre los chicos. Con premura, nos despojbamos de los guardapolvos y corramos al bosque de eucaliptos frente a la administracin de la J.C.A. para ver y participar de la fiesta popular que premiaba a los ganadores, con ponchos, frazadas, camisas, camisetas o pantalones (3). Notas 1. Gombrowicz, Witold: Peregrinaciones argentinas. Madrid, Alianza Tres, 1987. 2. Feierstein, Ricardo: Postales imaginarias/2. Nuevos viajes alrededor de la Tierra antes de Internet. Buenos Aires, Acervo Cultural, 2003. 3. Fistemberg Adler, Felipe: Moiss Ville Recuerdos de un pibe pueblerino. Buenos Aires, Mil, 2005. 112 pp. (Testimonios). Portugueses En sus memorias de infancia, Alcides J. Bianchi recuerda al heladero portugus que venda en Mendoza: el portugus Lurdeos, cuyo sobrenombre provena de su forma de expresarse al ofrecer los helados, con la tpica ruleta de la suerte, donde uno pagaba cinco centavos, y tena el derecho a dos tiros de ella. Chicos!, a probar suerte, van a sacar tantus heladus como lurdeos mos y levantando su rstica mano derecha mostraba sus dedos en pantalla (1). Notas 1. Bianchi, Alcides J.: Aquellos tiempos... Buenos Aires, Maymar, 1989. Rusos Marcos Alpersohn fue pionero en la colonia Mauricio, en la provincia de Buenos Aires, y primer cronista de
un asentamiento judo en la Argentina. Dej escrito su interesante testimonio sobre la llegada al pas, en 1891 , en el que manifiesta: el vapor alemn Tioko me trajo a Buenos Aires de Hamburgo, junto con otros trescientos inmigrantes, despus de una travesa de treinta y dos das. An antes de que el barco entrara en el puerto, al divisar desde lejos la ciudad envuelta por palmeras, nos sentimos dominados por la alegra. Las madres levantaban en alto a sus pequeuelos, dicindoles jubilosamente: -Miren, chicos; ah est el paraso, la tierra bella y verde que el bondadoso Barn de Hirsch ha comprado para vosotros (1). Das despus advertiran que la realidad poco tena que ver con sus expectativas. En sus memorias, el pampista Mauricio Chajchir relata que en 1891 se abri el comit del Barn de Hirsch. Fue una salvacin para los judos y empez el registro de las familias. Aceptaban solamente familias con hijos varones. Los que no los tenan, se daban maa. Hacan inscribir a un soltero como hijo y la cosa marchaba . Cuando llegaron fueron alojados en el Hotel de Inmigrantes: "No s de dnde surgi la versin que los cocineros y el personal eran judos espaoles y por consiguiente todo era kosher. Y ah! Por primera vez durante todo el viaje, todo el pasaje disfrut de una buena cena. Al da siguiente una comisin de mujeres fue a investigar a la cocina para ver si salaban la carne y se encontraron con una cabeza de cerdo sobre la mesa. Volvieron amargadas y tratando de vomitar lo que haban comido la noche anterior (2). Entre los inmigrantes que arribaron a nuestro pas lleg Alberto Gerchunoff, de origen ruso, nacido en Tulchin, Vinnitsa, en 1883, quien se estableci con su familia en una colonia de Villaguay, Entre Ros, despus de que el padre fuera asesinado en Moiss Ville, Santa Fe. En aquellos aos ya distantes recuerda en su Autobiografa (3), escrita en 1914-, los judos no emigraban, y la tentativa de colonizacin del Barn Hirsch iluminaba a los israelitas de Tulchin, como la esperanza mesinica del retorno al reino de Israel . En sus pginas autobiogrficas, se describe a s mismo vestido a la usanza de la nueva tierra: como todos los mozos de la colonia, tena yo aspecto de gaucho. Vesta amplia bombacha, chambergo aludo y bota con espuela sonante. Del borrn de mi silla penda el lazo de luciente argolla y en mi cintura, junto al cuchillo, colgaban las boleadoras . Benedicto Capln escribe: El gran cambio en las costumbres de los judos ortodoxos se produjo cuando la segunda generacin en el pas, o sea la de mi padre. As como los de la primera generacin todos llevaban largas barbas, salvo algunos elegantes que se las recortaban en punta, los de la segunda generacin se afeitaron casi sin excepcin, cambiaron sus hbitos alimentarios, adoptando los de los gauchos. La religin
se sigui practicando en las grandes fiestas. Aparecieron los primeros gauchos verdaderos: bombachas anchas en lugar de pantalones, faja con tiradores y facn, asados, mate y carreras cuadreras. En la generacin tercera, o sea la ma, este tipo humano pintoresco se multiplic en todas las colonias (4). A sus padres evoca Etel Chromoy, hija de rusos que inmigraron a la Argentina: La pasin de mi madre por los ideales de la Ilustracin, y la seguridad sin fisuras de mi padre por los Ideales de la Emancipacin, hicieron de mi infancia un torrente de alegras y descubrimientos. Yo viva en un tiempo inexistente y perteneca a un fascinante pueblo sobreviviente, que depositaba su confianza en palabras escritas miles de aos atrs. Mi fortaleza y mi seguridad se nutran en 2000 aos a.e.c. y 2000 aos e.c. (5). En Babilonia chica, escribe Mito Sela: Crec y me desarroll en un barrio fuera de la Capital, ya provincia, slo cruzando la Av. Gral. Paz. Este barrio otro mundo- reuna en sus calles fbricas y galpones de la industria textil, que funcionaban sin descanso 24 horas diarias durante seis das a la semana. Junto a la industria se desarroll un proletariado textil, formado por italianos, espaoles y judos, fervientes sindicalistas, que en su mayora se identificaban con los distintos matices de la izquierda hasta la llegada del peronismo (6). En Mi Colonia Rusa, escribe Iaacov Kaspin: La Colonia Rusa de Ro Negro cumpla sus veinte aos, cuando nac como ltimo nieto de los principales colaboradores en la fundacin de la Colonia: Itzjak Locev y Natan Kaspin. Mi infancia, con compaeros de mi edad, me traen hermosos recuerdos: bandonos en el canal de riego o paseando por caminos de tierra, cercados de altas alamedas, en noches de luna, con nuestras amigas ... dichosos de nuestro mundo, convencidos que no hay otro. La rutina del colegio, sinagoga, familia, me llenaba de dicha"(7). Notas 1. Alpersohn, Marcos: Memorias de un colono argentino, en Judaica N 50. Tomado de Senkman, Leonardo: La colonizacin juda. Buenos Aires, CEAL, 1984. 2. Chajchir, Mauricio: Viaje al pas de la esperanza. Relato de un viajero del Pampa , en La Opinin, Buenos Aires, 8 de agosto de 1976, reproducido en Asociacin de Genealoga Juda de Argentina, Toldot #8. Noviembre de 1998. 3. Gerchunoff, Alberto: Autobiografa , en Feierstein, Ricardo (selecc. y prlogo): Alberto Gerchunoff, judo y argentino. Buenos Aires, Mil 2001. 4. Caplan shalom [Link] 5. Chromoy, Etel: Un barco azul y blanco. Buenos Aires, Mil, 2006. 300 pp. (Imaginaria) 6. Sela, Mito: Babilonia chica. Buenos Aires, Mil, 2006. 112 pp. (Imaginaria). 7. Kaspin, Iaacov: Mi colonia rusa, por Iaacov Kaspin. Buenos Aires: Mila, 2006. Suizos El 26 de octubre del ao 1855 escribe Roberto Zehnder- abandonamos Basilea, adonde hemos llegado
antes del medioda en omnibus. (N. Del A. Probablemente sea algn tipo de diligencia que lo llevaba desde su pueblo de origen hasta una ciudad importante como lo es Basilea), y nos alojamos en una hostera de nombre "El Buey colorado". (...) La mitad de los pasajeros del "Lord Ranglan" fue trasladado en un barco a vapor chico a Santa F y alojados al norte de la ciudad; mientras la otra mitad abandonaba el puerto de Buenos Aires tres das antes de nosotros y llegaron al puerto de Santa F al mismo minuto para anclar. En el barco se encontraron Guillermo Hbeli, Ricardo Buffet, Buchard Griboldi, como viajeros del "Lord Reglan" (N. Del A.: Lord Raglan) (1). Notas 1. Zehnder, Roberto: "Anotaciones durante mi inmigracin, de Suiza a la Repblica Argentina, por Roberto Zehnder, colonizador , en hugozingerling@[Link]. Turcos Matilde Bensignor es la autora de De miel y milagros (Evocaciones Sefardes) (1) un libro que habla de la familia sefard y reflexiona sobre los valores que hoy, todava perduran en nuestra cultura judeocristiana". Auspician la edicin la Embajada de Israel, la Secretara de Cultura del Gobierno de la Ciudad Autnoma de Buenos Aires y el Centro de Investigacin y Difusin de la Cultura Sefard. Notas 1. Bensignor, Matilde: De miel y milagros (Evocaciones Sefardes). Buenos Aires, Editorial Mil, AMIA, 2004. Ucranios Mara Arcuschn escribi De Ucrania a Basavilbaso (1) obra en la que rinde homenaje a sus antepasados y a quienes llegaron a Amrica en busca de un futuro mejor, al tiempo que narra su propia vida en el seno de la colectividad juda entrerriana. Recuerda los relatos familiares sobre la razn que los llev a emigrar: los antepasados Fueron casa por casa, puerta por puerta alertando sobre el peligro del prximo pogrom y la urgencia de partir hacia Amrica en busca de libertad y de paz . En la obra se observa la incidencia del momento histrico y el mbito geogrfico en los personajes; la presencia de la autora en el texto; la religin y la educacin, el trabajo y las diversiones, como as tambin las reiteradas agresiones que sufrieron los judos de esa provincia, y las consecuencias que trajeron a la autora y su familia. Rosala de Flichman escribi Rojos y blancos. Ucrania (2). En esta obra en evoca su infancia, en la que la amargura era una realidad cotidiana. Las persecuciones, la revolucin, la guerra civil, las violaciones y los asesinatos a los que se suman las inundaciones y el tifus- son el cuadro con el que Rosala debe enfrentarse a muy corta edad: Los blancos estn en la ciudad, persiguen sin cesar a los judos. Matan a los hombres, se apoderan de las mujeres jvenes y hasta de las nias. Estoy cansada de tanto horror. Y los cambios continan. Hoy los blancos, maana los rojos. Como somos despreciables burgueses, estos
invaden la casa y nos reducen a dos habitaciones. El hambre se hace sentir, duele . Agobiada por la tristeza, la nia piensa en el padre, al que no ve desde hace aos. Despus de muchos trmites, emigran para reencontrarse con l. Por fin, llegan a Mendoza. Ha comenzado para Rosala una larga vida en la Argentina, una vida plena y feliz . En su libro de memorias, titulado Ultima carta de Mosc (3), Abrasha Rotemberg relata que, despus de siete aos, se reencontr con su padre, que trabajaba como cuentnik , clsica ocupacin de los inmigrantes judos, que consista en la venta callejera a crdito de todo tipo de prendas. Yo descubr muchos aos despus que esa generacin de inmigrantes pobres y analfabetos result una de gigantes, que supo enfrentar una vida sumamente dura y difcil. No haba otra alternativa que sobrevivir y ellos lo hicieron, dijo Rotemberg (4). Notas 1. Arcuschn, Mara: De Ucrania a Basavilbaso. Buenos Aires, Marymar, 1986. 2. Flichmann, Rosala de : Rojos y blancos. Ucrania. Buenos Aires, Per Abbat, 1987. 3. Rotenberg, Abrasha: Ultima carta de Mosc. Buenos Aires, Sudamericana, 2004. 4. Gutman, Daniel: Relato de una vida, de la Unin Sovitica al diario La Opinin , en Clarn, Buenos Aires, 6 de abril de 2004. Varios En sus Memorias, Lucio V. Mansilla escribe: El italiano no haba comenzado an su xodo de inmigrante. De Espaa, en general del Ferrol, de La Corua, de Vigo sobre todo, s llegaban muchos barcos de vela, rebosando de trabajadores, aprensados como sardinas (...) En cierto sentido eran como cargamento de esclavos (1). Gladys Onega escribi Cuando el tiempo era otro. Una historia de infancia en la pampa gringa (2), convencida de que todos tenemos derecho a escribir nuestra historia (3). Su historia se inicia en Acebal, provincia de Santa Fe, donde nace en 1930, y contina en Rosario, ciudad a la que se mudan en 1939. Sus primeros aos transcurren en el seno de una familia integrada por un gallego tan esforzado y ahorrativo como autoritario; una criolla apasionada por la hija mayor, la lectura y la costura; y dos hermanos, que acaparan la atencin que la pequea reclamar para s. Junto a ellos encontramos la familia de la casa da pena los gallegos que quedaron en su tierra-, los parientes gallegos que emigraron y los parientes criollos de la madre, y los inmigrantes en su mayora italianos- que viven en el pueblo. En un viaje por Santa Fe, Onega y su padre ven a los expulsados de la tierra : vimos un carrito del que tiraban una mujer y un hombre, cada uno de su vara; en ese carrito pequeo y angosto llevaban su casa. All haban cargado los muebles, los hierros de labranza, un bal, atados de ropa y todava caba una cama donde unos chicos y la nona se amontonaban y se tapaban del sol con la colcha blanca de algodn ahora
ennegrecido, que haba formado parte del ajuar europeo y que tantas veces haba visto en las casa de chacareros, atada por sus cuatro puntas al respaldo y a la piesera de hierro de la cama. Debajo de ese toldo trataban de salvarse del terrible castigo del sol y del bochorno de la tarde con el aire que deba soplar por los costados libres. Detrs del carrito venan unos muchachos que empujaban aliviando el esfuerzo de sus padres . En Mnima autobiografa de la exiliada hija (4), trabajo que integrar un volumen sobre el exilio espaol republicano de 1939, a publicar por la Universidad de Lrida, Mara Rosa Lojo se refiere a su vida como hija de un gallego y una madrilea exiliados en la Argentina. Sobre la alimentacin en la nueva tierra, escribe: Tambin los sabores, los gozos de la comida, se conformaron y se acuaron fuera de los hbitos de la cocina argentina moderna. Para m eran absolutamente familiares los pulpos y los langostinos, los calamares, los camarones y mejillones ajenos a los hbitos de las pampas, y que ms bien horrorizaban con sus valvas, sus tintas y sus viscosos tentculos a la mayora de mis compaeras de escuela. En cambio, durante la infancia y adolescencia consider como elementos exticos las pastas y la pizza clsicos para un recetario argentino, definido por su neta hibridez talo-criolla- . En Babilonia chica, escribe Mito Sela: Crec y me desarroll en un barrio fuera de la Capital, ya provincia, slo cruzando la Av. Gral. Paz. Este barrio otro mundo- reuna en sus calles fbricas y galpones de la industria textil, que funcionaban sin descanso 24 horas diarias durante seis das a la semana. Junto a la industria se desarroll un proletariado textil, formado por italianos, espaoles y judos, fervientes sindicalistas, que en su mayora se identificaban con los distintos matices de la izquierda hasta la llegada del peronismo (5). Notas 1 Mansilla, Lucio V.: Mis memorias 2 Onega, Gladys: Cuando el tiempo era otro. Una historia de infancia en la pampa gringa. Buenos Aires, Grijalbo-Mondadori, 1999. 3 Duche, Walter: Todos tenemos derecho a escribir nuestra historia , en La Prensa, Buenos Aires, 18 de julio de 1999. 4 Lojo, Mara Rosa: Mnima autobiografa de una exiliada hija , en Sitio Al Margen Revista Digital. Noviembre de 2002. 5 Sela, Mito: Babilonia chica. Buenos Aires, Mil, 2006. 112 pp. (Imaginaria). ..... Las memorias y autobiografas son testimonios de los que nos valemos cuando queremos conocer la historia de la inmigracin en nuestro pas. En ellas, encontramos la evocacin de vidas llenas de coraje y nostalgia. Y la conciencia del autor de pertenecer a una tierra, y haber elegido otra a la que ama con la misma intensidad. Cartas
1. Introduccin 2. Italianos 3. Espaoles 4. Ingleses 5. Irlandeses 6. Franceses 7. Alemanes 8. Suizos 9. Austracos 10. Daneses 11. Estadounidenses 12. Notas 1- Introduccin En este trabajo me ocupo de algunas de las cartas que los inmigrantes reales o de ficcinenviaron a sus parientes y amigos. En ellas les contaban sus alegras y sus desventuras en la nueva tierra; hablaban de sus necesidades y logros, pedan, comparaban las costumbres argentinas con las que traan de sus pases origen, transmitan la nostalgia que los acompaaba. He encontrado cartas escritas en circunstancias atpicas, como las que Severino Di Giovanni enva a Josefa Scarf, y la que Butch Cassidy, escribe a sus amigos, desde Chubut. Entre los temas abordados no falta la relacin con los indgenas, como se puede observar en las cartas del padre Donati y de los lectores de The Standard, y en la del gallego al que da vida Aurora Alonso de Rocha. Incluyo, asimismo, la carta que un inmigrante enva al peridico El Obrero, en la que da cuenta del engao y los malos tratos de los que es vctima. Esa misiva se enva con el propsito de alertar a los compatriotas acerca de las falsedades que encierran las promesas que se les hacen. Muchas de estas cartas han sido escritas en castellano; otras, en la lengua del pas de origen o en otras lenguas. En algunas encontramos un castellano con errores gramaticales y sintcticos, mechado de trminos extranjeros, que demuestra las dificultades de los gringos para manejarse en el idioma del pas al que haban elegido, o la escasa instruccin de quienes ya hablaban ese idioma. Otra forma de testimoniar la vida en la Argentina era el envo de fotografas. Se enviaban, para ocasiones especiales, postales con retratos familiares, editadas por los estudios de fotografa. Hoy, los coleccionistas an las encuentran circulando en mercados de Italia y Espaa con sellos argentinos: habran sido enviadas por familiares que emigraron al pas (1). Sobre las fotos que le tomaron en su infancia, escribe Jorge Fernndez Daz: Todas estas fotos viajaban a Espaa dentro de las cartas que mam le escriba con orgullo a Mara del Escaln. Mi abuela, con prosa esculpida, responda en la conciencia declarada de que ella no tena perdn y de que se deba reparar la historia (2). Mauricio Kartun, en El siglo disfrazado , se refiere a las fotos que se enviaban a los pases de origen, para
mostrar el bienestar de los hijos de los inmigrantes (3). Tambin se enviaban cartas cuando un inmigrante mora. En la muestra Buenos Aires 1910, Memoria del Porvenir , llamaba poderosamente la atencin la imagen de una familia vestida de negro, reunida alrededor de un hombre que llevaba un traje, sentado en una silla como lo habra hecho en tantas otras oportunidades. Hasta aqu no se advierte nada asombroso, pero qu pensar el lector si se entera de ese hombre estaba muerto y se era su velorio? Alguien del pblico me dijo que la foto se tomaba habitualmente, para mandarla al pis de origen y demostrar que el familiar haba muerto en la nueva tierra. El gua corrobor minutos despus esa informacin (4). 2- Italianos En La gran inmigracin (5), de Ema Wolf y Cristina Patriarca, se reproducen algunas Cartas de recin venidos . Son las siguientes: De Vittorio Petrei, en Jess Mara (1878): Nosotros estamos seguros de ganar dinero y no hay que tener miedo a dejar la polenta que aqu se come buena carne, buen pan y buenas palomas. Los seorones de all decan que en Amrica se encuentran bestias feroces: las bestias estn en Italia y son esos seores . De Luigi Basso, en Rosario (1878) : He pensado en marcharme a Montevideo, y si no hay trabajo me voy al Brasil, que all hay ms trabajo y al menos tienen buena moneda, no como aqu, en la Argentina, que el billete siempre pierde ms del veinte (por ciento) y no se ve ni oro ni plata . De Girolamo Bonesso, en Colonia Esperanza (1888) : Aqu, del ms rico al ms pobre, todos viven de carne, pan y minestra todos los das, y los das de fiesta todos beben alegremente y hasta el ms pobre tiene cincuenta liras en el bolsillo. Nadie se descubre delante de los ricos y se puede hablar con cualquiera. Son muy afables y repetuosos, y tienen mejor corazn que ciertos canallas de Italia. A mi parecer, es bueno emigrar . En Las fronteras histricas del legalismo , Mariano Gutierrez reproduce una carta, fechada en Villa Merced en septiembre de 1879, en la que el fraile Donati le adverta a su compaero de las trampas en que el gobierno pretenda hacer caer a los indios . Donati escribe al M.R.P. Moyss Alavez: Mi querido padre Prefecto: Recib la apreciable de V.P.M.R. fecha 28 de presente. Con respecto Ramn, consideratis considerandis, nosotros me parece que no debramos ms que aconsejarle que se reduciese entre Cristianos una vida civil para que despues consiguisemos su conversin. Por ahora no usan otros trminos que se entendiese con los Gefes o con el Gobierno, en cuanto las propuestas que se hiciesen que despus no se hubiesen de cumplir caeriamos en su desgracia. Segn la carta de V.P. me confirmo siempre ms que los actuales gobernantes no quieren reducciones, pero si la sumisin de los indios por medio de dispersiones de ellos. En una palabra reducirlos en un estado como se halla en los tiempos
presentes la nacin hebrea que no forma poblacin reunida. Es de dura necesidad mostrarse indiferente con ello, que haga expontneamente lo que les parezca mejor. Por el contrario se nos sublevara si viniesen con propuestas que probablemente no sern fielmente realizadas. Me buscan que vaya para hablar ellos conmigo, por que gracias a Dios me creen; pero yo no tengo datos seguros que el futuro Presidente quiera favorecer nosotros y los indios. Ygnoro los proyectos de l y las instrucciones que tienen los Gefes. Yvanoski me ha comunicado que Sarmiento no quera pagarle este ltimo trimestre. Es ms fcil evitar el pantano que salir cado en el. Mustrese neutral con Ramn dgale que se entienda con el Coronel Roca. Me es doloroso usar estos trminos (...). tambin V.P. tenga la advertencia de reflexionar bien sobre el racionamiento de Nicols, no sea que este pobre caiga en la red como han quedado estampados aqu una cuadrilla de cautivos que comenzaron racionarles con el ttulo de Vaqueanos prestando servicios. A poco poco, de vez en cuando los mandaban a descubrir el campo, en seguidos que estuviesen vestidos de paisanos reunidos en tal Fortn, la conclusin fue que ahora estn gobernados por un oficial como militares veteranos. Nicols debera pensarlo bien y determinar si l mismo quiere carne de la Patria. Se me han desaparecido un par de botas; Marquito me asegura que las ha visto en mi celda puede ser que alguno de los Padres las haya ocupado para ir a cazar; me pareca que no estuviesen all; pregunt de ellas, son botas casi nuevas. Entr el Padre Luis, algo ha de haber sucedido. En lo que tengo encargado que no me dejen la llave a nadie. Saludo con toda la expansin de mi corazn los compaeros, en particular V.P. Fray Marcos Donati (6). Una noticia publicada en el diario Clarn, el 27 de julio de 1999 (7),anticipaba que un da despus, Josefa Amrica Scarf recibira de manos del ministro Carlos Corach las cartas que Severino Di Giovanni le escribiera sesenta y ocho aos atrs. Transcribimos parcialmente esa informacin: El 30 de enero de 1931 seala el matutino-, en una requisa, los policas dieron vuelta la quinta Ana Mara, en Burzaco, donde Scarf alcanz a convivir con Di Giovanni slo diez meses. Se llevaron desde panfletos que exhortaban a la insurreccin de la clase obrera hasta las cartas de amor del anarquista . Desde entonces, hasta hace quince das, cuando fueron entregadas al Ministerio del Interior, las cartas dorman en Museo de la Polica Federal . Antes de morir quiero tener las cartas de amor y poder apretarlas contra mi pecho, le dijo Amrica Scarf, hace unos seis aos, al escritor y periodista Osvaldo Bayer, quien ayer habl con Clarn desde Alemania . Fue precisamente a travs de Bayer que la mujer se enter de que aquellas cartas la mayora escrita en
italiano, algunas en francs- no haban sido destruidas. En Severino Di Giovanni, el idealista de la violencia, escrito entre 1968 y 1970, Bayer reprodujo las cartas . Bayer acude a las cartas para definir ese amor. Hablaban de un amor que podramos calificar de puro, profundo, pero casi sin referencias de tipo carnal o sexual. Para Bayer, estos escritos destilan la moral anarquista de Di Giovanni: Sus cartas tenan ese tono porque por sus ideas, senta un gran respeto por el gnero femenino . La nota incluye algunos fragmentos: Amiga ma: tengo fiebre en todo mi cuerpo. Tu contacto me ha atestado de todas las dulzuras. Jams como en estos largusimos das he ido bebiendo a sorbos los elixires de la vida . Te dije, en aquel abrazo expanisvo, cunto te amaba, y ahora quiero decirte cunto te amar . S el ngel celestial que me acompae en todas las horas tristes y alegres de sta, mi vida de insumiso y rebelde . En Teresa Masciulli en la vida de Severino Di Giovanni , Otilia Da Veiga recuerda que l pidi ver a Teresa, su esposa, y a sus hijos antes de ser fusilado, y comenta: No hace mucho tiempo Josefa Scarf recibi del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires las cartas que le fueran escritas desde la crcel por el anarquista. Muy a destiempo, cuando sus ideales cratas, serenados por los aos y el matrimonio con un seor dedicado al comercio de obras de arte, seguramente ya eran recuerdo (8). Esas cartas son el tema alrededor del cual el Grupo Buenos Aires Puro Cuento cre el espectculo Severino, una historia colectiva . A l se refiere Cristina Villanueva: El espectculo surge de una noticia del ao 1999: la entrega de las cartas (entre Severino y su amor Amrica Scarf) que realiz el entonces ministro Corach. El texto es resultado de la investigacin del grupo y est armado en base a fragmentos de las cartas, material periodstico y aguafuertes de Arlt que es uno de los cinco periodistas que presenci el fusilamiento de Severino di Giovanni. Este hecho, el asesinato de un anarquista, acusado de un crimen que no cometi, se repite en nuestra historia y en otras. El abogado defensor de oficio, un teniente del ejrcito, fue destituido por no querer corroborar, con su actuacin, las falsas acusaciones. La msica, hermosa e importante en la creacin del clima, entre otras, la de la pelcula Sacco y Vanzetti. Hay una exposicin de fotos, diarios de la poca, revistas, que ilustran algo el contexto de lo que se narra. Las noticias de la poca (1930 - 1931) en la voz de Alicia Rabovich, David Rein y Carmen Berdina, los integrantes del grupo, son seguidas de ni dios, ni patria, ni patrn, ni marido . Estas palabras abren la historia, necesaria para preservar la memoria. Una crtica al ejercicio del poder que aplasta la libertad y las ideas. Coordinacin Mara Heguiz (9). En La crislida (10), de Nisa Forti Glori, la protagonista lee las numerosas cartas que le envan desde Roveto sus amigos y conocidos.
Rosa Marafioti es la autora de Carta a mi pueblo , en la que expresa: He vuelto: Aqu estoy, despus de tanto tiempo. Me recuerdas? Yo s te recuerdo, jams te olvid. Estoy segura de que t tambin lloraste al verme, aunque no haya visto tus lgrimas, porque una madre siempre llora al ver a una hija que desde mucho tiempo no vea, estoy segura de que te emocionaste tanto como yo (11). 3. Espaoles Flix Lima es el autor de Otra vez en la milonga, trgico doblete (12), artculo en el que incluye su Carta pra al , la cual dice: Seora Guesusa Prez de Jarca y Jrejores. Viju. Querida prima: Por aqu con a jerra, nos ponemus jordus, pues o que no suben os mayoristas, os subimus nosotros, por ms que el jobiernu aprieta el torniquete a los especuladores y el hornu no est para janancias desmesuradas, pero t sabs que aqu como en Lojrou, en Londn como en Juacintn, en Hamburju comu en Ru de Ganeiro, echa a ley, echa a trampa. Te comunico una noticia que te llenar de gubilu: primu Jabriel ya sent plaza de rentadu en el ayuntamiento, pues el concegale Iiju, pariente leganu de tu Jaspare, le consiji esa canonja, 160 pesius mensuales, con gubilacin y otros previleguius, con a nica condicin de votar siempre por los amijotes del susodichu Iiju. Primo Jabriel Snchez Jerra ya maneja el escobilln edilicio con jarbu y empuga a carretilla con donaire, y en cuantu al uniforme, llvalo con elejancia que se la envidiara Eduardu de Juinsur, ese tipo yoni que para m tein guente en a azotea. Deseamus que a jerra sea larja para convertir nuestra actual despensia en almacn por mayore, con siete camiones de repartu. Carius pra ti y para todos de tu prima que gams te olvida Benita Fuentes de Sanjrador Elsa Gervasi de Prez es la autora de Carta a Galicia (13), texto que mereci una Mencin en el Certamen que el Rotary Club de Ramos Meja organiz en el ao 1994. Un gallego escribe a sus padres, que quedaron en la tierra natal: Meus quiridos pai y mia nai Lorenzos. Y les dijo Lorenzos quirido pai prablar poco ya que ust y mia nai se llaman ijual y no es cosa dandar ripitiendo dos veces los nombres dustedes. Les escribo para dicirles que hemos llejado bien a la Arjintina. Nos acompa la soerte a la Paca y a m y a nuestra rapaza la Paquita. He tenido la entelegencia de saber sumar como me ense el maestro del pueblo. Gracias a ust pai. Aprend bien los Toremas de Pitagorras y por eso en cuanto llejamos, hicimos un paseo por la Avinida de Maio que es muy bunita y nos recoerda a Madris, compramos un billete de lotira. Pralegir el nmero hicimos as. Tinamos en la aldea all en Galicia nuestra finca con 4 burros, 34 jallinas batarazas, 8 blancas y mis 6 hermanos. Posimos todos los nmeros en fila y se form el 43.486. Entn fuimos a comprarlo, pero como
no lo tinan ajarramos otro o sea el 17.286 que fjese ust pai, es justo el que sali con la jrande. Ahora estamos muy filices siendo millonarios . La Paquita sapuesto a noviar con un mochacho arjintino hijo de jallejos como nosotros. Es muy bueno y nos va a cuidar la platita. Ya le dimos todo y cuando rejrese de los Bancos en unos das, nos va a traer los informes . Mientras estamos viviendo en un enquilinato hasta que el mochacho nos compre el departamento que ya elijimos. Bueno quiridos padre y madre porque aqu se dice as. Muchos carios de su hijo el Paco. La Paca no manda saludos porque se est baando, ya que hoy es lunes y no es cuestin de estar sucia toda la semana. La Paquita se fue por ah a caminar pra ver si lo halla al novio ya que hace unos das se mud y el pobrecio solvid de darnos la diriccin . Con los brazos prarriba los saluda so hijo El Paco La casa de Myra se titula la novela de Aurora Alonso de Rocha que fue distinguida en 2001 con el Segundo Premio para Autores Inditos, en el Concurso organizado por la Fundacin El Libro, en el marco de la 27 Exposicin Feria Internacional de Buenos Aires El libro del Autor al Lector (14). En esa novela aparece la carta que un inmigrante enva a una compatriota. Transcribimos un fragmento de la misma: Una carta dirigida a Carmen Regueiro, en Orense, Espaa, que firma don Avelino Rodrguez, dice : Carmen querida: Y los gallos cantaron de noche! Volaron unas nimas por encima del camposanto sin que los perros ladraran y esa madrugada el Sr. Bioy, de Pardo, que merece toda fe, se encontr sentado en un banco de la plaza del Azul habiendo huido del hotel donde velaban pared por medio a un recin muerto en duelo, por no poder dormir, cuando se le sentaron a los lados primero un paisano y luego otro, tal vez por ser el nico banco con buena luz lejos de los rboles coposos, y el primero le dijo al segundo hace mucho que no le vea, y el otro: es que fui enterrado vivo. Ah dijo el primero, y el otro aadi: as fue, pude volver y aqu estoy . Si te cuento esto, Carmencita de mi alma, es porque veo que hay aqu ms cosas posibles que en otros lados, y no milagros en los que no creo sino extraos sucedidos que finalmente voy tomando por cosa natural, y si comienzo la carta de ese modo tambin se debe a que crea que era fbula un suceso que me contaron y luego supe que no slo haba pasado sino que era ms terrible de lo que se pensaba . Hoy est en el diario, destacado: el cacique principal Cipriano Catriel, su lenguaraz y secretario seor Avendao y su compaero asistente Juan Mara Moreno, cristiano ste pasado antiguamente a los toldos,
fueron ejecutados en los alrededores del molino La Clara de Olavarra, y fueron alanceados por los mismos indios contrarios de opinin, al mando del cacique Juan, que quedar desde ahora al mando de todas las indiadas catrieleras, y del cacique Marcelino . En Amor migrante, de Stella Maris Latorre, un gallego escribe a su amada, quien ha perdido a su abuelo y su madre: Buenos Aires Argentina, 13 de abril de 1943 Mi querida Olimpia recib con gran dolor la noticia de la prdida tan grande que has tenido y se me parte el corazn de pena de no poder estar a tu lado, mi amada Olimpia, no porque no tengas a quien te consuele, seguro estn los vecinos sintiendo la prdida de personas muy queridas en la aldea y tambin en las comarcas vecinas, menos mal que tienes a tus hermanos, que aunque son chicos consuelan, estars ms acompaada, el dolor ser ms chico porque lo tendrs que compartir y hacerte fuerte ante tus hermanitos que te precisan mucho, espero que hayan crecido fuertes y ya te den una mano en el prado y con los animales, el trabajo de la tierra me imagino que se lo dars a algn pen de esos tipo golondrina, pues es demasiado para ti preocuparte de todo, si no lo has hecho hazme caso y contrata alguna de esas personas, quiero contarte que el hotel familiar va muy bien, cada vez son ms los inmigrantes que vienen a sta en busca de trabajo, no slo gallegos tambin de otras nacionalidades, mujeres son muy pocas, algunas con sus esposos y nios, pero no son tantos, las mujeres que vienen solas deben tener cuidado porque son abusadas en trabajos deshonestos, las autoridades lo saben pero cierran los ojos, hacen la vista gorda, total no son sus mujeres, son las pobres emigrantes, sabes Olimpia no es tan fcil la vida aqu como la pintan, todo lo que tengo me ha costado mucho sacrificio, sobretodo gran dolor el no tener donde apoyar la cabeza para derramar esas lgrimas a veces por las grandes injusticias, a las cuales no puedes hacerles frente, porque siempre eres uno de afuera y debes agachar la cabeza, ahora estoy muy bien pero pagu mi derecho de piso como le laman aqu. Ahora soy patrn, este hotel est esperando a su patron, pienso que ya es tiempo de que vengas aqu a Buenos Aires, nos casaremos en una Iglesia que se llama De La Piedad es muy antigua y hermosa, queda cerca de nuestro hotel; ya ves lo que digo nuestro Hotel, tengo pocos amigos, gentes de la aldea que me han hecho ms llevadero el desarraigo y llenaron muchas veces de alegra mi corazn, ya te cont en cartas anteriores lo de Don Nicanor y doa Valentina, con Avelino siempre vamos, nos prepara el cocido, Nicanor hace el unto, las filloas, no sabe igual a lo de all pero nos trae aoranzas de ese lugar, quiero que me contestes pronto, quisiera que para el mes de septiembre a
ms tardar te decidas a venir, en esa poca aqu es primavera, es una poca hermosa, donde florecen las plantas, las amarillas se llaman aqu son las xestas nuestras, as florecer nuestro amor, deseo me contestes pronto,haremos los preparativos, para hacer una boda bonita, como t te lo mereces, no te ates por tus hermanos, ms adelante los podemos traer si ellos quieren venir, Olimpia haz de cuenta que estoy a tu lado acompandote, pronto lo estaremos de verdad, ya vers te acostumbrars, ve a lo de Felipe Prez Aguilera, yo estuve con l aqu, ya volvi para la aldea, l no quiso quedarse pero su situacin econmica es muy buena cualquier papel que necesites, l los sabe hacer, dile que vas de mi parte, es una persona muy buena, amigo de Avelino. Envales mis saludos, si vas, espero me contestes pronto, disculpa que insista pero necesito poner fecha de casamiento. Me despido de ti con un abrazo de tu Manuel Machado Ocampo (15). 4. Ingleses En 1871 escribe Hugo Mataloni, refirindose a Santa Fe-, cuando ya haca 15 aos que Esperanza estaba instalada, otros grupos de campesinos abran nuevos rumbos en el Norte de la provincia, sobre la costa, mientras el indio retroceda lentamente hacia el Chaco todava impenetrable. Esos campesinos, de origen ingls e irlands, venidos directamente de los Estados Unidos de Norte Amrica en busca de tierras buenas y baratas, se dirigen al entonces Presidente de la Repblica, D. F. Sarmiento, en una carta fechada el 3 de noviembre de 1871, (el ao de la epidemia de fiebre amarilla), y le piden dramticamente proteccin eficaz y decidida, apelando a la Constitucin que reconoce el derecho de peticionar a las autoridades . Dicen que venimos respetuosamente solicitando que nos oyen (sic) y atendiendo a nuestra peticin nos acuerde la proteccin eficaz y decidida que ha marcado hasta hoy sus actos pblicos respecto a la inmigracin y colonias (16). Mara Elena Walsh naci el 1 de febrero de 1930 en Ramos Meja, ciudad de Buenos Aires. Antes de finalizar sus estudios en la Escuela Nacional de Bellas Artes, a los diecisiete aos, escribi su primer libro: Otoo Imperdonable, libro de poemas que mereciera el segundo premio Municipal de Poesa. Ya antes, en 1945, haba publicado sus primeros versos en la legendaria revista El Hogar y en el suplemento literario de La Nacin. Desde 1959 escribe guiones para TV, obras de teatro, canciones para nios. Las canciones de sus obras de teatro (Canciones para mirar, Doa Disparate y Bambuco, etc.), la letra y la msica de sus canciones son cantadas por millares de nios en la Argentina, generacin tras generacin, quienes participan del mundo de fantasa e ingenio que les propone Mara Elena Walsh. Entre sus obras: Otoo imperdonable (1947), Apenas viaje (1948), Baladas con ngel (1951), Casi milagro (1958), Hecho a mano (1965), Juguemos en el mundo (1970), Cancionero contra el mal de ojo (1976), Novios de antao (1990) (17).
La abuela de Mara Elena Walsh, llamada Agnes, lleg a la Argentina con veinte aos recien cumplidos, a trabajar como gobernanta. Se cas, y la vuelta a Inglaterra se fue retrasando. Estas cartas que le envi a su padre -bisabuelo de Mara Elena- llegaron nuevamente a la Argentina a manos de su pap, por intermedio de un pariente, y ste se las regal a Mara Elena cuando nia para que recortara las estampillas. Pasaron ms de cincuenta aos en sus manos antes de que sintiera curiosidad por las mismas y decidiera hacerlas traducir, para luego incorporarlas en su libro Novios de Antao (18). Transcribimos uno de los extractos de las cartas de la abuela Agnes: Calle Venezuela 786 Buenos Ayres 28 de febrero de 1878 Querido Padre: Lamentamos saber que usted no ha estado bien, debe cuidarse querido pap y no tomar fro. Espero encontrarlo sano y gordo cuando vaya, aunque no se cuando llegar ese da, espero que sea el ao prximo, y quizs le lleve algo para mostrarle... Mi hermano Walter consigui su primer trabajo, espero que se porte bien y lo conserve. David dice que el de plomero es muy buen oficio, al menos en este pas . Me sorprendo cada vez que recibo una carta suya, ya que aqu no es como en Inglaterra: a los carteros no les importa extraviar la correspondencia, y slo por casualidad se recibe la que viene dirigida a domicilios particulares. Le ruego, pap, que escriba como antes a las oficinas de The Standard, ya que los editores son muy amigos de David y disponen de un buzn . Hemos celebrado una gran Fte!, el centenario de un hroe argentino, el Gral. San Martn. Le envo un recorte de The Standard. El prximo domingo empieza el Carnaval y parece que ser grandioso. David va a mandarle un recuerdo de La Plata . En Fuegia (19), Eduardo Belgrano Rawson presenta dos cartas escritas acerca de un mismo suceso: Pasaron diez dias desde la muerte del chico. En ese plazo murieron mas chicos y pronto cayeron algunos adultos. La viuda trabajaba duramente y no tenia un minuto para atender su correspondencia. Sin embargo esa noche consider que habia llegado el momento de comunicar aquella muerte, la primera de una epidemia que barreria a los canoeros de la faz de la isla y que ella debia citar como un simbolo de la voluntad del Seor. Pero no le resultaba sencillo. Pens que a Dobson le habria salido redondo. Una vez, en un trance parecido, su marido escribi una carta: "A la madrugada, Sidney se desperto totalmente lucido y me tom de la mano. Me dijo que habia visto las Puertas del Cielo y que adentro habia criaturas con tunicas blancas. Para su gran alegria, todas le pedian que entrara. Sidney dijo que los angeles cantaban Aleluya y me anunci de inmediato: 'Yo quiero morirme rpido para quedarme con ellos'. El pobre parti
media hora despues, en la paz del Seor". Pero la muerte de Sidney habia sido distinta. Su cuerpo, mordisqueado por los cangrejos, fue hallado al pie del acantilado, donde habia ido a parar mientras cazaba borracho. Era la primera baja de la mision, lo cual justificaba la inspirada carta de Dobson. Tampoco se llamaba Sidney. El reverendo, cuando hizo falta, dio una corta explicacion: la verdad no hubiera beneficiado a nadie. Y aunque habian pasado dos aos desde aquella farsa, sostuvieron una rabiosa pelea. Su marido la trat brutalmente, hasta que ella opt por recluirse en un furioso silencio. Pero Dobson era implacable. Como si blandiera una carta de su mujer, se dedico a remedarla: "Con enorme pesar, me veo en la obligacion de comunicarles 1a muerte de un hombre llegado hace poco, a quien, por desgracia, no alcanzamos a bautizar debido a nuestras multiples ocupaciones. Estaba borracho perdido cuando se rompio el espinazo. Aparentemente no era un sujeto recomendable, pues la esposa sospecha que sometia a su hija mayor. No sabemos bien como se llama: ya les dije cuanto nos cuesta su idioma. Esta gente habla una cosa que se parece al gales. lncreible, verdad? Nosotros pensabamos ponerle Sidney, porque sus nombres son muy trabajosos. Por lo dems, estamos muy bien. Feliz Navidad. Recibieron nuestra tarjeta? No dejen de escribirnos. Que el Seor los bendiga". Era una parodia infame. Ella tenia demasiado estilo y jamas hacia e] ridiculo. Al oir las palabras de Dobson, sinti que saltaba otra hebra. Y sin embargo, a traves de los aos, ella habia ido moderando su resentimiento. Tal vez si Dobson le hubiera mostrado la carta, habrian evitado ese choque. Pero recien tuvo noticias de la envidiable agonia de Sidney durante un viaje a Inglaterra. Una presentadora temblona, frente a cien almas reunidas en la Union Misionera, ley la carta de Dobson, poniendola como ejemplo de las bendiciones que deparaba ultramar. Enseguida llovieron las preguntas. Sidney ya iba camino a la gloria. Ella, bastante aturdida, inventaba a discrecion. Muchas mujeres lloraban. Una vez mas, el reverendo la habia mezclado en sus manejos, de modo que volvio a Abingdon hecha una furia". 5- Irlandeses Los lectores escriban cartas a The Standard. Al principio, las que se publicaban provenan de Irlanda; eran siempre cartas que venan de muy lejos. Luego se fueron incorporando las nacionales y algunas de ellas hasta se publicaron en espaol. La bibliotecaria Piga recuerda una serie muy llamativa: Las cartas en general tenan informacin porque reflejaban opiniones sobre hechos cotidianos. Una vez vinieron unos investigadores a la biblioteca para consultar sobre el fenmeno de los malones. Y se encontraron con algo maravilloso: cartas de lectores que relataban los ltimos malones en la provincia de Crdoba. En las cartas
se pueden leer descripciones sobre cmo la gente fue sorprendida por un maln y, en la desesperacin, se vio obligada a pelear, usar palos, correr o salvar a sus caballos. Al da siguiente, aparecan ms cartas que respondan a la anterior. Por ejemplo, se ponan contentos sobre la suerte que haban corrido: A nosotros nos fue mejor; no tuvimos muchas prdidas, deslizaba una de ellas (20). Juan Jos Delaney es el autor de Trboles del Sur (21), obra que mereci elogiosos comentarios de Enrique Anderson Imbert y Rodolfo Modern. El escritor dedica a sus antepasados estos quince textos que transcurren a lo largo de ms de un siglo. El tema comn a todos estos relatos es el de la inmigracin irlandesa, de la esforzada bsqueda de un mundo mejor. En este libro presenta seres ficticios y hechos verosmiles, sin embargo, en l se evidencia una evocacin de la realidad que surge de datos concretos que Delaney maneja con autoridad. Le preguntamos si entre esas historias haba muchas protagonizadas, veladamente, por gente ligada a l. Nos respondi: Como se dijo y al menos en mi caso, doy fe de que es cierto-, todo texto literario es, esencialmente, autobiogrfico. Por ms que haya disfrazado mis historias, detrs de las palabras, est mi propia experiencia vital. Debo decir que tambin redact sucesos de los que me hubiera gustado ser protagonista. Finalmente, no por nada dediqu el libro a los irlandeses, vivos y muertos, que andan por mi sangre (22). En uno de los textos, fechado en abril de 1929, una inmigrante escribe en la Argentina a una coterrnea que recal en Nueva York. La primera ve frustradas sus ambiciones, principalmente por el obstculo que es para ella el desconocimiento del lenguaje, aunque, en lo que respecta a lo material, se muestra agradecida. 2 de abril de 1929 Pasaje Silvio Picchi 4069 Buenos Aires, Repblica Argentina Queridsima prima: No te enojes porque no haya escrito antes. Me fue imposible hacerlo debido a la angina tabacal que me arranc la promesa de no fumar ms . Aciertas al suponer que no soy feliz. La vida es algo difcil por ac y confieso que estoy dudando de si mi arrojo de hace diez aos vali la pena. He podido ahorrar algn dinero dando lecciones de ingls en casas de familias aristocrticas y, en otro sentido, no estoy disconforme con el trato que me dispensan aqu, en la pensin de Mrs. OReilly . Coincido en cuanto a la aspiracin de toda mujer, aunque si estuvieras en mis zapatos reprimiras tus incitaciones matrimoniales... Anduve con dos paisanos que resultaron borrachos perdidos, y en cuanto a los nativos es necesario cuidarse de ellos porque apenas pueden te clavan el cuchillo . Releo los prrafos anteriores y constato que mi optimismo no es mucho. Perdonars que me desahogue
contigo, mi mejor amiga ms alla del parentesco? Ocurre que en este tiempo siento como nunca que mis races no estn aqu. Aunque desde que tengo uso de razn he visto tanta desdicha que me atrevo a sugerir que las races de la humanidad no estn en esta tierra. Pero, dnde, Dios mo? Convengamos en que el mundo es un lugar muy extrao . Pese a lo que vengo escribiendo, no puedo pasar por alto la buena acogida que los irlandeses todos hemos tenido en este suelo; difcilmente brazos deseosos de trabajar no encuentren recompensa. Esto en cuanto a lo materal, porque no sabra qu decirte respecto de lo dems. Llevo tantas cosas dentro de m! Educacin, afectos, historias, secretos, intuiciones... En verdad se trata de un cargamento muy pesado para una pobre inmigrante. T puedes compartir lo tuyo por medio del lenguaje, sabes que no ocurre lo mismo conmigo a causa de mi castellano postizo que me reduce, que me asla . Me llaman para tomar el t, nico sedante para mis angustias . Recuerdas la baha de Galway y aquel hermoso y triste Lament of the Irish Inmigrant? Ense la cancin a mis alumnos ms avanzados pero me parece que no llegaron a captar su verdadero sentido . Por favor no dejes de enviarme las soluciones a los crucigramas y de rezar siempre por m . Un beso grande, Tessie En su novela Moira Sullivan (23) incluye una carta de la protagonista: Buenos Aires, 18 de marzo de 1932 Querida Allison: Finalmente me doy cuenta de que lo que ms atenu el impacto de Cornelius con este nuevo pas es su vinculacin con la colectividad irlandesa. S que te costar entenderlo pero a este remoto punto del cono sur empezaron a llegar, desde la segunda mitad del siglo pasado y hasta principios de ste, miles de irlandeses perseguidos por la Hambruna o seducidos por el mito segn el cual aqu las calles estn pavimentadas con oro. Oro? Orn! se burlan en precario castellano los recientes amigos de Cornelius, aunque es muy evidente que sienten gratitud hacia un pas que los ha recibido con generosidad y simpata. Adems, tal como ocurre all, es difcil que quien tenga deseos y voluntad de progreso no encuentre aqu posibilidades de desarrollar sus talentos. Hablo de los irlandeses pero en realidad son muchos los pueblos que se han congregado en la Argentina. Debo decir que pese a que los hijos de Ern se jactan de haberse integrado con el resto de la poblacin, la verdad no es exactamente as. Tienen sus propios colegios, sus propios templos y clubes, y quien comete la osada de casarse con un nap (napolitano y por extensin italiano?) o con un gushing (derivado, probablemente, del verbo ingls to gush, que significa hablar con excesivo entusiasmo y que es un neologismo para aludir a los gallegos y tambin por extensin a los espaoles), se aslan o son lenta pero inexorablemente segregados. En verdad esto ocurre con casi todas las comunidades extranjeras que se
han radicado ac: rabes, armenios, ucranios y, muy especialmente, judos. Para no hablar de los britnicos que a su injustificado desdn agregan cierto cinismo ancestral. Curiosamente los criollos sienten una secreta admiracin por ellos, aunque pblicamente manifiesten lo contrario. Por otro lado s de colegas de Cornelius que, siendo de origen irlands, se hacen pasar por ingleses para progresar en sus empleos. Les parece ms distinguido! Puedes creer eso? A m todo esto me resulta indigno. Pero casi nunca hablo en las reuniones en las que acompao a Cornelius: me encanta escuchar y ver, porque el tiempo me muestra que es mucho ms divertido que intervenir. Ahora que no escribo ms para la pantalla y que pocas veces me meto en un cinematgrafo, opto por observar la tragicomedia diaria. Los de la vida son casi todos actores de primera. S que mis cartas no son frecuentes y que no tengo mucho derecho a solicitrtelo pero me gustara que me escribieras ms a menudo. Siempre te recuerda, Moira 6- Franceses La investigadora Celia Vernaz es la responsable del volumen Colonia San Jos Escritos (24), compilacin publicada en 1991, incluida entre las Publicaciones del Museo Histrico Regional de San Jos. En las Consideraciones generales , ella manifiesta: Los Escritos de una Colonia son el reflejo de su propia historia. En el ao 1857 lleg el primer contingente de inmigrantes que se ubic donde hoy es la Colonia San Jos en la provincia de Entre Ros. Eran terrenos del General Justo Jos de Urquiza, quien no tuvo problemas en destinarlos a la colonizacin. En un principio, los lmites estuvieron dados por el ro Uruguay al Este, el arroyo Perucho Verna al Norte, el arroyo de la Leche al Sur y la calle Ancha al Oeste, extendindose luego la poblacin por todo el Departamento Coln, originando nuevos centros derivados de la Colonia Madre . Acerca de los motivos de emigracin, afirma: en la zona del Valais, Saboya y Piamonte se haba generado una corriente emigratoria hacia Amrica. Las causas eran varias: falta de trabajo, familias numerosas, pobreza en general, a lo que se sumaban cataclismos como avalanchas e inundaciones que diezmaban a las poblaciones de la montaa. Tambin debe ser considerado el sueo de hacerse ricos y la sed de aventuras en un continente todava virgen . Estos pioneros, originariamente destinados a Corrientes, sufrieron desventuras: Fueron ubicados en el Ibicuy, al Sur de la provincia, pero al ver que eran terrenos inundables e impropios para la agricultura, remontaron el Uruguay en barcazas y fueron radicados en mejor lugar, o sea, el actual, con el beneplcito de Urquiza. Mientras Sourigues trazaba las concesiones, el grupo recin llegado improvis viviendas debajo
de los rboles mientras que las mujeres se alojaron en el galpn que Spiro tena en la costa. Esto ocurra en julio de 1857, bajo el rigor del invierno . Los Escritos compilados nos permiten conocer la vida cotidiana de los inmigrantes: Durante los primeros cincuenta aos, tanto los colonos como autoridades polticas y religiosas apelaron a la pluma como arma de defensa y comunicacin, dejando una pincelada general del pensamiento, ideas, proyectos, necesidades, sentimientos. Hoy esos escritos reposan en distintos archivos y no todos se conocen. Si bien no constituyen piezas literarias especiales, una seleccin de los mismos permitir penetrar y ahondar ms en las intimidades de la vida de la Colonia, ponindose en contacto directo con cada autor, su forma de ser y de pensar. Pero lo importante es poder palpar el momento histrico vivido, esclareciendo hechos oscuros o casi desconocidos que han sido esencia y substancia de un perodo migratorio que hoy apasiona por sus races y proyecciones . Los textos proceden del Archivo General de la Provincia de Entre Ros, el Archivo del Museo Histrico Regional de San Jos, el Archivo del Palacio San Jos, el Archivo personal de C. E. Vernaz, el Centro de Estudios Histricos San Jos; El Industrial, 13 de octubre de 1881; La Nacin, 1885; Libro de Oro del Centenario de la Colonia San Jos (1857-1957) y Vernaz, Celia: Papeles de un inmigrante, 1987. La historiadora incluye, en el volumen editado en 1991, cartas de inmigrantes de diverso origen. Transcribimos parcialmente una escrita por un piamonts que habla francs, precedida por la biografa escrita por Vernaz (25). Lorenzo Cot fue un sacerdote venido de Chambons des Fenestrelles, Piemonte. Ejerci su apostolado durante la Presidencia de Urquiza en la Capilla San Jos de su residencia. Desde este lugar concurra asiduamente a la Colonia San Jos para visitar a los colonos, muchos de los cuales fueron trados por l desde su patria. En 1859 fue enviado a Europa para traer ms inmigrantes. Luego fue designado sacerdote en la Colonia y Villa de Coln. Siempre tuvo mucho aprecio por los compoblanos europeos pues vean en l a su defensor y protector de los derechos que es correspondan por contrato . Pero esta defensa le vali grandes enemigos en la esfera poltica de Coln, quienes lo persiguieron en forma incansable. Un cmulo de acusaciones no hacan impacto en su fuerte personalidad, y si bien tena el apoyo de las altas autoridades eclesisticas lleg un momento muy difcil para su tranquilidad de parte de algunos hombres colonenses . Falleci asesinado el 27 de setiembre de 1868. Este crimen qued sin aclarar hasta el da de hoy ya que no ha sido estudiado an en su profundidad . Escribe el padre Cot, en 1858: Supongo que Ud. estar curiosa de saber quin es el que le escribe. Yo soy un cura del valle de Fenestrelles, provincia de Pignerol en Piemonte. El ao pasado, en el curso de enero, el puesto de Limosnero del General Urquiza me ha sido ofrecido y lo he aceptado con gran placer puesto que me ha
procurado el medio de visitar un pas que yo deseaba ver desde mucho tiempo .Yo he partido el 19 de abril y he llegado a Buenos Aires el 13 de junio. Despus he ido a presentarme al Seor General Urquiza de Paran. Estoy destinado en San Jos que se encuentra ocho leguas alrededor de la Colonia. Siempre que he podido he ido a visitar a los colonos . Nos han testimoniado la ms grande satisfaccin de ver un cura que habla francs. En mi segunda visita he confesado varias personas, bautizado quince nios y bendecido tres casamientos y cantado una gran misa . Yo cuento con volver en algunos das y regresar aunque sea un poco ms cerca pues tendra a bien de ir ms a menudo . Quiera recomendarme a los prudentes ruegos del Seor vuestro to y rogar Ud. misma por m . Vuestro sincero servidor Lorenzo Cot En la revista del Archivo Histrico Alberto y Fernando Valverde , de la Municipalidad de Olavarra, se incluye una Carta de dos amigos, del 12 de julio de 1889. Firman Juan y Luis, lo que muestra la rpida acomodacin al idioma del pas (26). Sr. Dn. Juan Rachou en el Azul. estimado Amigo . Me ara el bien de aserle pasar esta carta que ba adentro de la suya Bertran Soll Desinat . Me dispensar que no pueda dir para el Azul por el motibo de las aguas a entregarle el carro y pagarle el alquiler hase un mez que no puedo trabajar y amas le dir que me ha hido mal en los ltimos biayes con que as tene passiencia asta que se componga y pueda dir para esa . Tambien me dirs si quieres bender el carrito. Me an offrecido 2500 y si quieres venderlo por esa plata me contestas en lo de Guillermo Neron . Ton amigo Luis Grimaud 7- Alemanes Mara Brunswig de Bamberg es la autora de All en la Patagonia (27), obra en la que evoca la inmigracin alemana a travs de las cartas que su madre enviaba a su abuela, que haba quedado en la tierra natal. "El 3 de febrero de 1923, despus de una travesa de treinta das desde Hamburgo, Ella Hoffman llega con sus tres hijas a Buenos Aires, rumbo a la Patagonia, donde Hermann Brunswig, su marido y padre de las nias, trabaja como administrador de una estancia y espera ansioso el reencuentro con su familia despus de tres aos y medio de separacin. Esta es una seleccin de las cartas intercambiadas hasta 1930 entre Ella y Mutti, su madre, y que fueron recuperadas setenta aos despus por Mara Brunswig, la hija mayor. Pero no se trata de una simple recopilacin, sino de un juego de tiempos y voces, pleno de agilidad y riqueza, en el que intervienen tres generaciones de mujeres: Mutti, Ella y la propia Mara. Algunas cartas de Hermann incorporan, por su parte, una visin masculina y un toque de humor. El dilogo epistolar le otorga a la obra una intensidad inusual, adems de una visin europea del sur argentino en los aos veinte. Ella habla a su
madre del mundo nuevo que est descubriendo y se revela como una gran luchadora. Educada para ir a la pera, aprender francs y tocar el piano, ahora lava ropa en el arroyo, friega, zurce, remienda, come huevos de avestruz e incluso carnea zapones. En sntesis, una sensible crnica familiar que abre distintos horizontes sobre una regin inhspita y al mismo tiempo generosa (28). 8- Suizos Las cartas de los colonos suizos era por lo general optimistas afirma Ema Wolf-, aunque resulta evidente que carecan de las cosas ms indispensables. En 1857, Luis Mettan escribe a su familia : Queridos hermanos, en esta carta os digo que si tenis el coraje de venir, traed vuestra batera de cocina, panera, vajilla, tinajas, mantequera para fabricar manteca, dos pecheras de caballos, un buen carro (sic), as como todos los implementos de herrero: fuelle, yunque, martillos, tenazas; os aconsejo adems traer rastrillos de madera, garlopas y sierras a una y dos manos, una criba para ahechar el trigo, un colador para la ropa, un recipiente para trasnportar la leche, carritos para la leche, una pintura para hacer el queso; traed adems toda clase de semillas para jardn, y de flores, y 50 cntimos de ocre color chocolate; traed todos los muebles de la tierra y toda clase de semillas de rboles frutales . Como Adela me haba preguntado a mi partida si poda traer su sombrero, dir que s, que puede traerlo porque cada uno va de acuerdo con la moda de su pas; traed tambin los sombreros anchos para el verano. Termino mi carta dicindoos que no puedo agradecer suficientemente a Dios (29). Juan Bautista Blatter originario del Valais, vino a la Colonia San Jos en el ao 1857 escribe Vernaz-, a la edad de cincuenta y cinco aos, junto a su esposa e hijas. Se ocup de los trabajos de campo conservndose de l una copiosa correspondencia dirigida a sus familiares, en la cual se revelan distintos aspectos de la vida de la Colonia, especialmente la evolucin poltica y econmica de los primeros aos . Su existencia est ligada a la vida de sus hijas quienes fueron llevadas a Concepcin del Uruguay, donde luego fijaron su residencia y donde todava se encuentran descendientes . El valor de sus relatos es innegable pues el detalle, la minuciosidad y el hecho de escribir asiduamente permiten la confrontacin con escritos de otros colonos (30). El escribe: Mis queridos parientes: en lugar de escribir dos o tres cartas a la vez, sta ser una sola que envo a causa de que todas las que he enviado no he obtenido respuesta. En cartas precedentes yo he pedido a mi suegro y en otra a mi madre de enviarme a la hija; no he podido obtener respuesta ni s si ella se encuentra bien ni si quiere venir o no: mi hija es la cosa que siempre he sentido de mi pas y siento todava; el nico da que yo quisiera estar en Saint Martin es el da de Corpus Christi. Al siguiente ya estar feliz de estar aqu. Solamente, quisiera tener a mi hija. Si estara seguro de que ella est contenta de venir, tengan a bien la
bondad, queridos parientes, de querer venderle sus bienes y procurarle lo que sea necesario, y as, unida a una familia que quiera tomarla a su cuidado, yo enviara con el portador de esta carta, el dinero para vuestra satisfaccin; como no conozco nada el estado ni la voluntad de mi hija, les ruego, por m y por ella, mis queridos amigos y parientes, si ella se decide a venir, hacer todo como no tengo necesidad de ensearles, y pagar sus gastos y esfuerzos. Si ella viene, les ruego de enviar una caldera de 12 a 14 carterons para los quesos, y media docena de cencerros con hebillas y paos de invierno para vestir. Si ella viene, prometo que no sentir el Valais. Todos estamos contentos excepto algn vagabundo que se aburre de todo y que nunca est bien en ninguna parte, y que en lugar de reconocer la falta en ellos mismos inventan mentiras para atriburselas al pas que los ha enriquecido... (31). Con unas lneas se despide de sus amigos Metrux. Lo relata Edgardo Krebs, en Un argentino universal (32): Alfred Metrux (1902-1963) fue un amigo de Borges y Victoria Ocampo; un colaborador de Sur, un etngrafo suizo nacido en Lausana y criado en Mendoza; un explorador del Chaco y del Altiplano boliviano, del vud en Hait, del pasado incaico en los libros y en las sierras andinas, y de mitos indgenas en el Amazonas. Fue tambin, a los 26 aos, el fundador y primer director del Instituto de Etnologa de la Universidad de Tucumn, desde donde intent vanamente modificar nuestros mitos, incorporando a los wichis y a los toba-pilag a la imaginacin argentina. (...) . Como Juan Dahlmann, el personaje de El Sur, Metrux decidi apresurar su destino y terminar con su vida. No en la llanura y en la punta de un cuchillo, sino al borde de un lago, en un bosque de las afueras de Pars que le recordaba a la selva sudamericana. Antes de morir, escribi unas palabras de despedida a varios amigos. El texto, encontrado junto a su cuerpo, es el texto de un etngrafo que registra su propia muerte, gesto pertinaz en la ltima vuelta del camino. Est en francs, el idioma de su inteligencia, excepto por una lnea. 'Adis Alfredo Mtraux' dice, al despedirse de s mismo. Esas palabras estn en el ntimo castellano de la infancia mendocina. Ser argentino es un acto de fe . 9- Austracos Con el ttulo de Carta de un inmigrante (33) se publica la carta que el inmigrante Jos Wanza enviara a la redaccin de El Obrero, de un contenido tan valioso que no podemos resistir la tentacin de reproducirla : "Aprovecho la ida de un amigo a la ciudad para volver a escribirles. No s si mi anterior habr llegado a sus manos. Aqu estoy sin comunicacin con nadie en el mundo. S que las cartas que mand a mis amigos no llegaron. Es probable que stos nuestros patrones que nos explotan y nos tratan como a esclavos, intercepten nuestra correspondencia para que nuestras quejas no lleguen a conocerse . "Vine al pas halagado por las grandes promesas que nos hicieron los agentes argentinos en Viena. Estos
vendedores de almas humanas sin conciencia, hacan descripciones tan brillantes de la riqueza del pas y del bienestar que esperaba aqu a los trabajadores, que a m con otros amigos nos halagaron y nos vinimos . "Todo haba sido mentira y engao . "En B. Ayres no he hallado ocupacin y en el Hotel de Inmigrantes, una inmunda cueva sucia, los empleados nos trataron como si hubisemos sido esclavos. Nos amenazaron de echarnos a la calle si no aceptbamos su oferta de ir como jornaleros para el trabajo en plantaciones a Tucumn. Prometan que se nos dara habitacin, manutencin y $20 al mes de salario. Ellos se empearon hacernos creer que $20 equivalen a 100 francos, y cuando yo les dije que eso no era cierto, que $20 no valan ms hoy en da que apenas 25 francos, me insultaron, me decan Gringo de m... y otras abominaciones por el estilo, y que si no me callara me iban hacer llevar preso por la polica . "Comprend que no haba ms que obedecer . "Qu poda yo hacer? No tena ms que 2,15 francos en el bolsillo . "Hacan ya diez das que andaba por estas largas calles sin fin buscando trabajo sin hallar algo y estaba cansado de esta incertidumbre . "En fin resolv irme a Tucumn y con unos setenta compaeros de miseria y desgracia me embarqu en el tren que sala a las 5 p.m. El viaje dur 42 horas. Dos noches y un da y medio. Sentados y apretados como las sardinas en una caja estbamos. A cada uno nos haban dado en el Hotel de Inmigrantes un kilo de pan y una libra de carne para el viaje. Haca mucho fro y soplaba un aire heladsimo por el carruaje. Las noches eran insufribles y los pobres nios que iban sobre las faldas de sus madres sufran mucho. Los carneros que iban en el vagn jaula iban mucho mejor que nosotros, podan y tenan pasto de los que queran comer . "Molidos a ms no poder y muertos de hambre, llegamos al fin a Tucumn. Muchos iban enfermos y fue aquello un toser continuo . "En Tucumn nos hicieron bajar del tren. Nos recibi un empleado de la oficina de inmigracin que se daba aires y gritaba como un baj turco. Tuvimos que cargar nuestros equipajes sobre los hombros y de ese modo en larga procesin nos obligaron a caminar al Hotel de Inmigrantes. Los buenos tucumanos se apiaban en la calle para vernos pasar. Aquello fue una chacota y risa sin interrupcin. Ah Gringo! Gringo de m...a! Los muchachos silbaban y gritaban, fue aquello una algazara endiablada . "Al fin llegamos al hotel y pudimos tirarnos sobre el suelo. Nos dieron pan por toda comida. A nadie permitan salir de la puerta de calle. Estbamos presos y bien presos . "A la tarde nos obligaron a subir en unos carros. Iban 24 inmigrantes parados en cada carro, apretados uno contra el otro de un modo terrible, y as nos llevaron hasta muy tarde en la noche a la chacra . "Completamente entumecidos, nos bajamos de estos terribles carros y al rato nos tiramos sobre el suelo. Al
fin nos dieron una media libra de carne a cada uno e hicimos fuego. Hacan 58 horas que nadie de nosotros haba probado un bocado caliente . "En seguida nos tiramos sobre el suelo a dormir. Llova, una gara muy fina. Cuando me despert estaba mojado y me hall en un charco . "El otro da al trabajo! y as sigue esto desde tres meses . "La manutencin consiste en puchero y maz, y no alcanza para apaciguar el hambre de un hombre que trabaja. La habitacin tiene de techo la grande bveda del firmamento con sus millares de astros, una hermosura esplndida. Ah qu miseria! Y hay que aguantar noms. Qu hacerle? Hay tantsima gente aqu en busca de trabajo, que vejetan en miseria y hambre, que por el puchero no ms se ofrecen a trabajar. Sera tontera fugarse, y luego, para dnde? Y nos deben siempre un mes de salario, para tenernos atados. En la pulpera nos fan lo que necesitamos indispensablemente a precios sumamente elevados y el patrn nos descuenta lo que debemos en el da de pago. Los desgraciados que tienen mujer e hijos nunca alcanzan a recibir en dinero y siempre deben . "Les ruego compaeros que publiquen esta carta, para que en Europa la prensa proletaria prevenga a los pobres que no vayan a venirse a este pas. Ah, si pudiera volver hoy! Esto aqu es el infierno y miseria negra! Y luego hay que tener el chucho, la fiebre intermitente de que cae mucha gente aqu. Espero que llegue sta a sus manos: Salud . 10- Daneses El dinamarqus Andreas Madsen es el autor de La Patagonia vieja (34). Mara Sonia Cristoff seala que Para Andreas Madsen, como para W. H. Hudson, la combinacin de aves y postracin deriv en escritura sobre el territorio patagnico: mientras el segundo asegura que no hubiese escrito sus Das de ocio en la Patagonia si el tiro que recibi en una rodilla no le hubiera impedido continuar el estudio de los hbitos migratorios por el cual haba ido hasta Ro Negro, Madsen dice que se le ocurri por primera vez la idea de escribir sus relatos cuando a l que haba domado una cantidad considerable de caballos salvajes y matado a otra cantidad de pumas- la persecucin malograda de una gallina que se resista a entrar al gallinero lo dej todo un invierno inmovilizado en una cama. Hasta ah las coincidencias. Luego, sus obras se diferencian claramente: lo que para Hudson fue parte de un proyecto literario, para Madsen fue una manera de dejar testimonio de sus aos como pionero en la Patagonia, ms especficamente en la regin de Lago Viedma . Dentro de su produccin figuran tres volmenes de poemas, un libro sobre la caza de pumas, el proyecto de otro sobre la capacidad de razonar de los animales y la que es su obra emblemtica, La Patagonia vieja,
editada por primera vez en 1948 por El Ateneo y reeditada en 1998 por Zagier y Urruty. Esta misma editorial, que desde el ltimo enero agreg a su catlogo esta coleccin de textos inditos en castellano sobre la Patagonia, publica ahora Relatos nuevos de la Patagonia vieja, una recopilacin hecha por Martn Alejandro Adair de las cartas privadas y de los artculos que Madsen public en distintos medios . Madsen lleg a la Argentina como marinero buscavidas y a la Patagonia como parte de la Comisin de Lmites que lideraba Francisco Moreno. Fue despus el primero en asentarse en la zona del Lago Viedma y uno de los pocos pequeos propietarios que resistieron a las ofertas tentadoras seguidas de estrategias amenazantes- de las grandes compaas que empezaron a adquirir enormes extensiones estratgicas de la Patagonia a partir de la primera mitad del siglo XX. Fue tambin uno de los propietarios de tierras que, durante los levantamientos obreros de 1921, logr acuerdos de no agresin mutua con los huelguistas, basados fundamentalmente en el conocimiento y en el respeto previo que se tenan. Volvi a Dinamarca nicamente para buscar a la novia de la infancia y defendi su decisin de radicarse en la Patagonia a pesar de las oportunidades que le ofrecan en otros lugares, con una epifana de tinte darwiniano: los desiertos campos patagnicos me llamaban con voz irresistible. La Patagonia, con sus tormentas de arena sobre las pampa desiertas en verano, y con el fro y la nieve en invierno, donde pas tres inviernos con el mnimo de alimentacin... y seis meses sin ver persona alguna, completamente solo entre los Andes. La mayora dir que no es gran cosa para extraar; pero as es la naturaleza humana. A m esa soledad me llamaba . Todo eso est en Relatos nuevos de la Patagonia vieja, libro que puede leerse como el relato paradigmtico del pionero all estn las remembranzas de un pasado duro, la consignacin de los esfuerzos por adaptarse, del apego al territorio que los recibe y de su contribucin a l- e incluso como una postulacin de que el pionero es el eslabn que la Patagonia necesitaba para dejar de ser la tierra maldita que haban asentado los relatos de los primeros exploradores y convertirse en una tierra de paz. Los relatos de Madsen tienen, entonces, una hiptesis, y tambin gracia narrativa: dos mritos ausentes en muchas otras memorias (35). 11- Estadounidenses Por medio de una carta, Butch Cassidy comunica su paradero a sus amigos ilegales estadounidenses. Ese manuscrito permiti certificar su estancia en la regin dcadas despus de su muerte . Lo relata Francisco N. Jurez en el trabajo titulado Una carta de Butch Cassidy (36), del cual transcribimos algunos pasajes: Hace exactamente un siglo atrs, la carta an no estaba embarcada hacia el pas del Norte, pero llegara a destino. La escribi desde su rancho en Cholila, Chubut, el 10 de agosto de 1902 a la seora Davies de
Ashley, de Utah, el mormn Robert Leroy Parker; el ms conocido y buscado asaltante de bancos y trenes en los Estados Unidos como Butch Cassidy. Con ese nombre qued eternizado en una reiterada pelcula. La carta fue un mensaje en parte en clave- para dar noticias de su paradero a las amistades fuera de la ley en los Estados Unidos: la seora Davies era la suegra de Elsa Lay, quiz del mejor amigo de Butch . La carta era importante para identificar al clebre bandido con el personaje que haba habitado en Cholila, y demostrar con otros documentos grficos su identidad: uno oficial con su firma, seguido de la comparacin que oportunamente publiqu en la revista espaola Co & Co. A ello hubo que sumarle lo acumulado en la indagacin en demanda de documentos sobre el rancho de Cholila. El resultado fue determinar cundo y por qu ocuparon el lugar; el abastecimiento que hicieron los bandidos, qu consumieron y qu criaron, y hasta el costo y detalles minuciosos de dos puertas que encargaron para aquel rancho an en pie . Aunque la carta de Cholila ahora carece de la ltima carilla con su rbrica (firmara Bob, como las dems, pero es su caligrafa) resulta una maravillosa sntesis de la nueva vida del bandido. Elegantemente alude a un to (que) muri y dej 30.000 dlares a nuestra pequea familia de tres miembros. Tom mis 10.000 y part para ver un poco ms del mundo. En realidad, se refera al asalto de un banco de Winemuca en Nevada, el 10 de septiembre de 1900. Ahora estaba solo, es cierto, pero por pocos meses, de manera que menta ese dato. Daba cuenta de su patrimonio ganadero: 300 cabezas de vacunos, 1500 ovinos, 28 caballos de silla, adems de dos peones y la alusin al rancho como una buena casa de cuatro habitaciones, galpones, establo y gallinero. Se quejaba de su soledad, la falta de una cocinera y su estado de amarga soltera. Luego, agregaba otras quejas. Se hablaba espaol, pero el pas, en cambio, es excelente. Daba cuenta de la extensa y frtil regin, la distancia con Buenos Aires y esperaba fortificar las ventas de ganado a Chile, nuestro gran comprador de carne vacuna, porque de all haban abierto un camino cordillerano (se refera al sendero de Cocham, el que denunci Clemente Onelli como contrario al laudo arbitral que expedira la corona britnica ese mismo ao) . ..... Las cartas nos permiten conocer variados aspectos de las vidas de los inmigrantes, al tiempo que nos remiten a los sucesos que en esa poca acaecan en la Argentina y el mundo. 12- Notas (1) Muzi, Carolina: Fina estampa , en Clarn Viva, Buenos Aires, 21 de julio de 2002. (2) Fernndez Daz,Jorge: Mam. Buenos Aires, Sudamericana, 2002. (3) Kartun, Mauricio: El siglo disfrazado , en Clarn Viva, 20 de febrero de 2000. (4) Gonzlez Rouco, Mara: Buenos Aires 1910 Memoria del porvenir , en El Tiempo, Azul, 10 de octubre de 1999. (5) Wolf, Ema y Patriarca, Cristina: La gran inmigracin. Buenos Aires, Sudamericana, 1991.
(6) Gutirrez, Mariano: Las fronteras histricas del legalismo , en [Link]. (7) S/F: Las cartas de amor de Severino Di Giovanni , en Clarn, Buenos Aires, 27 de julio de 1999. (8) Da Veiga, Otilia: Teresa Masciulli en la vida de Severino Di Giovanni , en El Tiempo, Azul, 23 de marzo de 2003. (9) Villanueva, Cristina: Grupo Buenos Aires Puro Cuento en Severino, una historia colectiva , en Te doy mi palabra Noticias de los cuentacuentos,Diciembre de 2003. [Link]. (10) Forti Glori, Nisa: La crislida. Buenos Aires, Corregidor, 1984. (11) Marafioti, Rosa: Carta a mi pueblo , en El Barrio Villa Pueyrredn, Mayo de 2003. (12) Lima, Flix: Otra vez en la milonga, trgico doblete , en Caras y Caretas, Ao XLII, N 2137, Buenos Aires, 23 de septiembre de 1939. (13) Gervasi de Prez, Elsa: Carta a Galicia , en Rotary Club de Ramos Meja. Comit de Cultura. Provincia de Buenos Aires, 1994. (14) Alonso de Rocha, Aurora: La casa de Myra. Buenos Aires, Fundacin El Libro, 2001. (15) Latorre, Stella Maris: Amor Migrante. Buenos Aires, De los Cuatro Vientos Editorial, 2004. (16) Mataloni, Hugo: La inmigracin entre 1886-1890 Su proceso hasta el gobierno de Glvez. Santa Fe, Colmegna, 1992. (17) S/F: [Link]. (18) Walsh, Mara Elena: Novios de antao. Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1991. (19) Belgrano Rawson, Eduardo: Fuegia. Buenos Aires, Sudamericana, 1991. (20) S/F: Memorias de un estandarte , en Clarn Viva, Buenos Aires, 12 de octubre de 2003. (21) Delaney, Juan Jos: Trboles del sur. Buenos Aires, Grupo Editor Latinoamericano, 1994. (22) Gonzlez Rouco, Mara: La epopeya irlandesa , en El Tiempo, Azul, 10 de abril de 1988. (23) Delaney, Juan Jos: Moira Sullivan. Buenos Aires, Corregidor, 1999. (24) Vernaz, Celia: La Colonia San Jos. Santa Fe, Colmegna, 1991. (25) Cot, Lorenzo: Venida del padre Lorenzo Cot a San Jos , en Vernaz. (26) Grimaud, Luis: en Archivo Histrico Alberto y Fernando Valverde , N 3, Municipalidad de Olavarra, Secretara de Gobierno. Provincia de Buenos Aires, 1997. (27) Brunswig de Bamberg, Mara: All en la Patagonia. Buenos Aires, Vergara, 1995. (28) S/F: Brunswig de Bamberg, Mara: All en la Patagonia.. Gacetilla de prensa. (29) Wolf, Ema y Patriarca, Cristina: La gran inmigracin. Buenos Aires, Sudamericana, 1991. (30) Vernaz, Celia: op. cit. (31) Blatter, Juan Bautista: Sentimientos , en Vernaz. (32) Krebs, Edgardo: Un argentino universal , en La Nacin, Buenos Aires, 28 de julio de 2002. (33) Wanza, Jos: Carta enviada a El Obrero; N 36, del 26/9/1891. Tomado de: Jos Panettieri, Los Trabajadores. Biblioteca argentina fundamental. Serie complementaria: Sociedad y Cultura/18. Centro Editor Amrica Latina. 1982. Pgs.101a 104. Reproducido en Ciudad Digital Yrigoyen, [Link]. (34) Madsen, Andreas: Relatos nuevos de la Patagonia vieja (Recopilacin de Martn Alejandro Adair). Zagier y Urruty. 2003. (35) Cristoff, Mara Sonia: Los surcos de un pionero , en La Nacin, Buenos Aires, 19 de octubre de 2003. (36) Jurez, Francisco N.: Una carta de Butch Cassidy , en La Nacin, Buenos Aires, 25 de agosto de 2002. Foto de Butch Cassidy publicada en [Link]/historia/historia_cassidy.htm. Datos de la Autora Mara M. Gonzlez Rouco de Prebble naci en Buenos Aires, en 1960. Curs estudios en la Facultad de
Filosofa y Letras de la Universidad de dicha ciudad, de la que egres con los ttulos de Licenciada en Letras con Orientacin en Letras Modernas (1984) y Profesora en Letras (1983). Escribi su Tesis de Licenciatura sobre los aspectos autobiogrficos de la obra de Manuel Mujica Linez, dirigida por el Dr. Guillermo Ara y manteniendo correspondencia con el escritor. Compil la antologa Territorios de infancia (Plus Ultra, 1994), en cuyo estudio preliminar ampla el tema investigado en su tesis. Curs asimismo algunas materias de la carrera de Historia de las Artes, estudios que abandon para dedicarse de lleno al periodismo. Ha publicado ensayos, comentarios, reportajes, notas de actualidad, cuentos y poemas en los diarios La Prensa (donde tramit, en 1990, su Matrcula Nacional de Periodistas), Clarn, La Nueva Provincia de Baha Blanca, La Voz del Interior de Crdoba, La Capital de Rosario, La Capital de Mar del Plata, Diario de Cuyo de San Juan, Pregn de Jujuy, El Diario de Paran, El Tiempo de Azul, El Tiempo de Saladillo, The Southern Cross, Mundo Israelita y Diario Armenia. Escribe en la revista el grillo, que dirige la escritora Carolina de Grinbaum; en esta revista se ocupa adems de la Secretara de Redaccin y las Relaciones Pblicas. Anteriormente escribi en Letras de Buenos Aires, Proa, Pliego de Poesa, Napenay, Lucanor y Ambito Literario (argentinas) y en Alba de Amrica (estadounidense). Hasta la fecha, aparecieron con su firma ms de mil doscientos artculos periodsticos. Colabora en el magazine digital Argentina Universal (Washington, Estados Unidos), en la revista digital Vetas (Santo Domingo, Repblica Dominicana), en Letras-Uruguay (Montevideo, Uruguay) y en El Quincenal de Hungra (Budapest, Hungra), entre otros sitios. En 2007 cre el blog Inmigracin y literatura ([Link] el ms visto de Arnet. Visiones del inmigrante, Inmigracin a la Argentina: Personalidades e Inmigracin a la Argentina: Colectividades, publicadas en el mismo sitio. Trabajos de su autora aparecieron en sitios del pas y el extranjero; entre ellos, en el peridico virtual Galiciaoxe ([Link]), en el sitio de la Fundacin Xeito Novo ([Link]), en el de los irlandeses ([Link]), el de la Unin Compatritica Armenia de Marash ([Link]), el de los estudiantes de Historia y Geografa de la Universidad de Las Palmas de la Gran Canaria, Espaa ([Link]/historia/[Link]), Gema Consulting Services (gema@[Link]), Kulturburg ([Link]) y Gua Cultural ([Link]). Algunos de sus trabajos figuran como enlaces recomendados en las pginas de Horacio VzquezRial ([Link]) y Mara Rosa Lojo ([Link]). Su monografa El viaje fue citada por Lorena Amaro Castro et al., en Lenguaje y Comunicacin, libro para 3r. ao de educacin media (Santiago de Chile, Santillana del Pacfico, 2005), mientras que Jorge Lanata cit en ADN Mapa gentico de los defectos argentinos (Buenos Aires, Planeta, 2004), la monografa El
idioma . Pasajes de sus crticas bibliogrficas aparecen en libros de Sebastin Jorgi, Cristina Pizarro y Carolina de Grinbaum, entre otros. Recibi distinciones en diversos certmenes de cuento, poesa y ensayo. En 1991 se la distingui con el Primer Premio en el concurso Cuentos de miedo y misterio para lectores a partir de los diez aos , otorgado por la Editorial Magisterio del Ro de la Plata a Martn y el diablo bretn (publicacin y anticipo de los derechos de autor). El jurado que lo otorg estaba integrado por Marta Gimnez Pastor, Nel Garrido y Julio Azamor. Dicho libro fue traducido al portugus y publicado como A casa mal-assombradapor Edioes Loyola en San Pablo, Brasil, en 1995. Cabe destacar, asimismo, el premio otorgado en 1997 por la revista el gRillo a su cuento Un cielo para mi abuelo ; dicho premio consista en la publicacin de un volumen individual cuento-poesa; as se public Josefina en el retrato (Buenos Aires, el grillo, 1998). Algunos de estos cuentos, y otros inditos en Internet, integran el libro digital Volver a Galicia, publicado en Letras-Uruguay en 2005. Entre otros premios, fue distinguida con los siguientes: Mencin Especial, por Un cielo para mi abuelo , en el Concurso Literario convocado en 1997 por el Consejo Profesional de Ciencias Econmicas de Buenos Aires. Jurado: Mara Anglica Bosco, Eduardo Gudio Kieffer y Jorge Mascingioli; Mencin del Jurado, por El regreso del indiano , en el Concurso Literario convocado en 1999 por el Consejo Profesional de Ciencias Econmicas de Buenos Aires. Jurado: Mara Anglica Bosco, Eduardo Gudio Kieffer y Jorge Mascingioli; Primera Mencin, por el cuento Peregrinacin , en el Concurso El Inmigrante , convocado en 1995 por la SADE Filial Centro (Azul, Provincia de Buenos Aires), y el Crculo Literario Mitre; Segundo Premio, Categora Familiares de Profesionales, por el poema De Espaa , en el Concurso Literario convocado en 1994 por el Consejo Profesional de Ciencias Econmicas de Buenos Aires. Jurado: Mara Anglica Bosco, Nicols Ccaro y Eduardo Gudio Kieffer; Mencin, por el ensayo Vagabundos y romeros , en el concurso convocado por el Ateneo Cultural de la Ciudad de Buenos Aires en 1985. Jurado: Ricardo Adriz, Mara Alicia Domnguez y Oscar Hermes Villordo. Ha participado en los volmenes colectivos Nosotros el Sur (Buenos Aires, Ediciones Tu Llave, 1992), Territorios de infancia (Buenos Aires, Plus Ultra, 1994), Recreando la Cultura Judeoargentina/2 Literatura y Artes Plsticas (Buenos Aires, Editorial Mil-AMIA, 2004) y Recreando la Cultura Judeoargentina/3 Crecer en el gueto. Crecer en el mundo Tercer Encuentro Internacional de Intelectuales Rosario 2005 (Buenos Aires, AMIA, 2005). Ejerce la docencia en la enseanza media.
La identidad en las historias de inmigrantes polacos juega un papel significativo al manifestar la lucha interna entre el deseo de mantener tradiciones y la necesidad de adaptarse a una nueva cultura . En "Virgen" de Gabriel Báñez, se refleja la confusión sobre la identidad nacional debido a la diversidad de nacionalidades de inmigrantes consideradas dentro de categorías amplias como "rusos" o "turcos", lo que dificultaba a los personajes definir su identidad propia en un nuevo contexto social . Por su parte, en las obras de Juan Jorge Nudel, la identidad a menudo tiene un tono de nostalgia y desarraigo, como se nota en "Los gauchos árabes" donde los inmigrantes polacos y de otros orígenes buscan integrarse mientras preservan elementos de su herencia cultural . Estas novelas muestran que la identidad se queda entre el recuerdo de su tierra natal y la realidad de establecerse en Argentina, evidenciando el conflicto entre pertenencia y adaptación .
Ambas narrativas destacan el desarraigo y la búsqueda de prosperidad como motor de las experiencias migratorias. En "Hacer la América", Orgambide describe la mezcla de sueños y decepciones frente a la realidad de América, similar a lo que experimentan los personajes de Lojo, quienes también enfrentan la nostalgia y la necesidad de adaptarse a un nuevo ambiente mientras lidian con la pérdida de su tierra natal .
La inmigración influyó en el desarrollo urbano de Buenos Aires al introducir nuevos grupos étnicos y culturales que transformaron la ciudad en un mosaico multicultural. Estos grupos trajeron consigo sus propias experiencias y valores, lo que estimuló cambios en la educación, como se evidencia en la obra de Amadeo Jacques, un francés que renovó la pedagogía en Argentina, y Jennie E. Howard, quien fue clave en la creación de instituciones educativas para niñas . Además, las novelas y relatos de la época como "Hacer la América" de Pedro Orgambide muestran cómo las poblaciones inmigrantes de diversas nacionalidades sucedieron en Buenos Aires, creando barrios y aportando a la vida económica y social de la ciudad . Según Delfín Leocadio Garasa en "La otra Buenos Aires", estos paseos literarios por barrios destacan cómo distintas comunidades extranjeras dejaron su huella en la arquitectura y las costumbres de la ciudad, evidenciando un profundo impacto cultural .
En "De aquí hasta el alba" de Eugenio Juan Zappietro, las diferencias culturales impactan notablemente la narrativa al reflejar las tensiones y complejidades de la inmigración y la convivencia durante la Conquista del Desierto en Argentina. El protagonista, Hubert Leroy, es un cirujano belga que debe huir a Argentina tras asesinar a un ministro en Francia. Su llegada a América implica una adaptación a un contexto cultural ajeno, marcado por la interacción con soldados, colonos e indígenas . La obra refleja las influencias europeas y la percepción de distintas nacionalidades a través de personajes como el comerciante flamenco que representa el egoísmo y la corrupción frente a la integridad moral de Leroy . Además, Zappietro destaca la mezcla de culturas y la coexistencia de diversas lenguas en el paisaje social argentino de la época, lo que añade una capa de complejidad al contexto multicultural que caracteriza la narrativa . Estas diferencias culturales no solo enriquecen la narrativa, sino que también subrayan los conflictos éticos y morales que enfrentan los personajes dentro de una sociedad en transformación .
En las obras de María Rosa Lojo, la inmigración gallega se entrelaza profundamente con la identidad cultural, explorando las experiencias de los inmigrantes a través de personajes gallegos y sus relaciones. En "Las libres del Sur", aparecen los gallegos Carmen Brey Moure y Francisco, quienes reflejan características físicas y sociales distintivas del migrante . Lojo también aborda el tema de la nostalgia y el miedo a perder la identidad verdadera, como se observa en el personaje de "Invocaciones a la dama del espejo", donde la madre es descrita como nostálgica y orgullosa, lo que simboliza la lucha interior por preservar su identidad cultural . Estos elementos resaltan cómo la inmigración gallega en sus obras está relacionada no solo con el viaje físico, sino también con los desafíos de mantener la identidad cultural y la herencia en un nuevo entorno .
La novela "Las libres del Sur" de María Rosa Lojo presenta los desafíos de género que enfrentó Victoria Ocampo al mostrar cómo las expectativas de su tiempo la trataban como "una menor de edad", siendo dominada incluso por su propia empleada, Fani, lo que ilustra el carácter patriarcal de la sociedad en la que vivía Victoria . Además, el libro resalta cómo era vista como una figura transgresora en un entorno que no valoraba a las mujeres de manera equitativa, reflejando la limitación de oportunidades y reconocimiento para mujeres que intentaban realizarse fuera de los roles tradicionales ."} весе новаль близпе [1.