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El Vuelo Del Condor

Timo es un niño que vive en los Andes y sueña con volar como los cóndores. Un día, se pierde en las montañas y rescata a un cóndor atrapado en una trampa. Cuando intenta liberarlo, es amenazado por el cazador. El cóndor logra escapar y rescata a Timo llevándolo a volar sobre las montañas, donde Timo puede ver el mar por primera vez desde las alturas.

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El Vuelo Del Condor

Timo es un niño que vive en los Andes y sueña con volar como los cóndores. Un día, se pierde en las montañas y rescata a un cóndor atrapado en una trampa. Cuando intenta liberarlo, es amenazado por el cazador. El cóndor logra escapar y rescata a Timo llevándolo a volar sobre las montañas, donde Timo puede ver el mar por primera vez desde las alturas.

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GRUPO DE TRABAJO LECTURA COMPRENSIVA.

EOE ARJONA

EL VUELO DEL CNDOR Timo viva en un pequeo poblado al pie de la cordillera de Los Andes. A pesar de ser un nio pequeo, en Diciembre acompaaba a su padre a las veranadas, enormes extensiones de verde pasto donde el ganado vacuno u ovino era llevado despus del duro invierno para alimentarse. En aquellas latitudes la soledad era inmensa. Hacia donde se volviese la vista no se divisaban rastros humanos. La naturaleza bendecida en esa regin rebosaba belleza. Cuando estaba despejado poda afirmarse que aquel era el cielo ms claro, el aire ms puro, el agua ms cristalina, las montaas ms majestuosas, la tierra ms frtil y el pasto ms tierno y verde de todo el mundo. Cada tarde, cuando Timo se senta ya cansado de jugar, trepar y correr tras las ovejas, le gustaba tenderse sobre la fresca hierba y contemplar el vuelo de los cndores sobre las altas cumbres. Qu aves tan majestuosas, serenas y afortunadas! Que hermoso era verlas deslizarse sobre el viento con sus enormes alas extendidas!, sin prisa, sin cansancio... Qu vista maravillosa deban tener desde all arriba! La imponente cordillera con sus impenetrables alturas, el verdor fresco de las veranadas...quin sabe si desde all arriba podran incluso ver el mar? El mar... Timo varias veces haba odo hablar de l. Decan que era enorme y azul... pero qu tan grande podra ser? Ms que la cordillera? No, imposible! Nada en este mundo podra ser ms grande que la cordillera. l haba estado a gran altura. l haba llegado hasta un lugar en que ni el ms valiente de los hombres se atrevera a continuar. Muchas noches, vencido por el cansancio, se quedaba dormido pensando en el mar. Una noche so que era un cndor y que agitando sus enormes alas ganaba altura y luego planeaba sobre las olas y se deslizaba por las corrientes de aire sintiendo el viento en sus plumas y el sol en su cabeza. Fue el sueo ms hermoso de toda su vida!

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Una tarde un jinete pas por el lugar. Iba completamente solo. Se acerc a Timo y a su padre saludndolos con cara muy seria. Haba algo en su mirada que no le agrad a Timo y tampoco al viejo Rex que no dejaba de ladrarle y de mostrarle los dientes. - Buenas salud el desconocido tocndose el ala del sombrero. - Buenas respondi el padre de Timo. - Se acerca la noche y me agradara algo de compaa para charlar. Les molestara si me quedo? - pregunt el extrao. - Timo escudri la mirada de aquel hombre. Haba algo oscuro en l, pero no saba decir exactamente qu. - Esa noche los tres se sentaron junto a una fogata bajo el cielo estrellado. Ambos hombres conversaron a un ritmo montono y cansado y Timo se durmi una vez ms imaginando el mar. A la maana siguiente el nio despert cuando el sol ya estaba alto. La improvisada choza en la veranada era cruzada lado a lado por rayos de sol como si fuesen doradas espadas. Timo se levant y sali afuera. Ya no haba rastros del desconocido. Su fiel amigo Rex vino corriendo a saludarlo, meneando alegremente la cola y acercando su cabeza para recibir caricias. Era una hermosa maana y despus del desayuno, como todos los das, Timo sali a pasear, pero esta vez algo nuevo sucedi... haba encontrado una liebre patagnica herida. Pese a estar lastimada corra con mucho esfuerzo. Rex y Timo comenzaron a perseguirla y sin darse cuenta se alejaron mucho ms que de costumbre. Cuando el sol estuvo alto, ambos se encontraron en una explanada rodeada de cerros. Ms all las altas cumbres brillaban con plateado fulgor. Cuando Timo mir a su alrededor se sinti desorientado. Estaba perdido.

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- No importa pens Intentar encontrar el camino por el que he venido... - Rex me ayudar Dicho esto olvid a la liebre que ya se haba perdido de vista y dio media vuelta mientras Rex estaba entretenido olfateando la entrada de una madriguera. Cuando comenzaba a regresar... o al menos eso crea, divis a lo lejos un cndor que suavemente descenda hasta tocar tierra. - Intentar acercarme sin que me vea pens Timo. Nunca haba estado cerca de uno, solo los vea siempre en lo alto jugando con el viento. Sigilosamente se arrastr entre la hierba. Rex segua escarbando ansioso en la entrada de la madriguera. De pronto Timo descubri algo terrible... Camuflada en el pastizal haba una trampa para cndores y el que haba visto descender se encontraba precisamente dentro de ella. Estas trampas consisten en un pequeo corral de 2 metros cuadrados, dentro del cual hay un tentador cebo de carne muy salada. Despus de que comen a saciedad, un envase con agua los espera para apagar la sed que la sal les provoca. Finalmente les es imposible levantar el vuelo ya que por el peso ganado necesitaran varios metros para tomar impulso y poder elevarse. Cerca de la trampa, Timo divis el caballo de aquel oscuro hombre que haba pernoctado con ellos. Era l quien andaba cazando cndores. Tena que salvar a este cndor antes de que el hombre apareciese!. Como Timo se haba demorado largo rato arrastrndose entre la hierba, el cndor ya haba comido suficiente y con gran deleite beba el agua. Al encontrarse ya cerca de la trampa Timo se puso de pie. El cndor lo mir muy asustado e inmediatamente intent correr. Se estrell contra uno de los lados, corri hacia su derecha... se volvi a estrellar y esta misma escena se repiti hasta que el ave rendida y adolorida se qued temblorosa en un rincn. - Clmate amigo, no voy a hacerte dao... solo quiero ayudarte dijo el nio con voz suave mientras trataba de acariciar el negro plumaje. Su mano temblaba al acercarse ya que saba que un solo picotazo del cndor le costara al menos un buen pedazo de dedo,

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sin embargo, tena que hacerlo! Senta una necesidad imperiosa! No poda haber estado tan cerca y no haberlo tocado! Lentamente la yema de sus dedos sinti el suave contacto, finalmente toda la palma de su mano. - Eso es murmur Soy tu amigo . - El tembloroso y asustado cndor se dej acariciar. Pareca ser viejo o tal vez desgastado por los duros inviernos de la regin. - Este tierno contacto entre Timo y el cndor dur unos minutos hasta que Rex apareci de pronto y al ver a la enorme ave tan cerca de Timo comenz a ladrar ferozmente. - Shhhh cllate! - susurr el nio Es nuestro amigo y est en problemas, debemos ayudarlo! Adems alertars al hombre que debe andar cerca. Rex pareci comprender el mensaje perfectamente ya que no emiti ningn sonido ms y se qued sentado junto al pequeo. Timo comenz a pensar en como salvar al cndor... No poda cargarlo en brazos, era demasiado grande. - Ya s dijo para s. - Derribar uno de los lados de la trampa y as podr correr y tomar impulso para levantar el vuelo. Manos a la obra se puso a trabajar. Sacudi la estructura con todas sus fuerzas, sin embargo, las estacas estaban firmemente unidas. Entonces vio que solo le quedaba una opcin... Desenterrarlas. Como no tena herramientas comenz a cavar con sus propias manos. Rex, que estaba a su lado, pareci comprender que Timo necesitaba ayuda y empez a hacer lo propio con sus patas delanteras. Pronto la estaca comenz a moverse cada vez ms hasta que sali. Frente al cndor se abri una salida. En ese momento una voz de hombre grit furiosamente.

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- Hey nio! Qu crees que ests haciendo? Ven ac, te voy a dar una leccin! Furioso el hombre de la oscura mirada vena acercndose amenazante con un lazo en la mano. - Timo alent al cndor a escapar de la trampa hacindose a un lado de la salida. - Vete cndor! Vuela! Eres libre! Los gritos del nio resonaron en las montaas... libre... libre... Mientras Rex trataba de interponerse entre el hombre y el nio, el cndor se ech a correr y Timo corra junto a l gritando - Vuela! Vuela! La enorme ave extendi sus alas, las bati con fuerza y pesadamente se elev. Cuatro metros de lado a lado, las poderosas alas pusieron al cndor de vuelta en las alturas. Mientras tanto Timo hua del hombre, quien, al no lograr acortar distancias, intentaba lacearlo como a un caballo salvaje. Los ladridos de Rex no causaban ningn efecto y cuando se dispona a lanzar el lazo por segunda vez, ambos, nio y hombre, vieron al cndor que en vuelo rasante se diriga exactamente hacia ellos. Disminuyendo la velocidad, a solo un metro del pastizal, el ave pas rozando al nio. Haba vuelto a rescatarlo! De un salto, Timo se aferr al blanco anillo del cuello. No fue difcil para un ave como esa elevarse con un pequeo tan menudo como Timo. Ante la mirada estupefacta del hombre y los ladridos de Rex, el nio y el cndor remontaron las alturas. Durante los primeros segundos Timo no se atreva a abrir los ojos. Iba fuertemente aferrado al cuello sintiendo el fresco viento en su cara. Poco a poco trataba de abrirlos, pero en cuanto vea hacia abajo los cerraba de nuevo. Notando el miedo del nio el cndor se mantuvo a mediana altura y busc una y otra vez las corrientes de aire para solo deslizarse, planeando sobre ellas.

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Muy pronto Timo perdi el miedo y comenz a sentirse el nio ms afortunado del mundo. Estaba en lo alto, jugando con el viento, sintindose libre y se dedic nicamente a disfrutar de aquel momento irrepetible. Por fin saba que vean los cndores desde lo alto! Su corazn lata fuertemente. Era la emocin ms fuerte que haba sentido en toda su corta vida. Sin elevarse demasiado, el cndor se desplaz calmadamente por los caminos del viento y Timo disfrut como nunca del maravilloso paisaje desde lo alto. Que divertidos se vean los animales! Parecan de juguete! Atrs quedaban las altas montaas cuando Timo divis una larga franja azul... ms all, solo cielo... Era el mar! Estaba viendo el mar con sus propios ojos! No lo poda creer! El cndor pareca adivinar sus sueos y se diriga directamente hacia all. Cada vez ms cerca, ya poda distinguir el blanco encaje de las olas. El viento sacuda su pelo y las plumas de la majestuosa ave quien con maestra remontaba las corrientes con sus enormes y negras alas extendidas. Ya sobre la playa el cndor vir hacia la izquierda y, durante lo que a Timo le parecieron solo segundos, vol kilmetros y kilmetros a lo largo de la costa.

Timo estaba maravillado y, aferrado fuertemente al cuello del ave, perda la vista en el horizonte. El mar no tena fin! Luego miraba la blanca espuma, el brillo del sol en las olas, luego el horizonte otra vez. Y as pas este momento inolvidable en que el cndor agradeci a Timo por haberlo rescatado. Un nuevo viraje hacia la izquierda puso al nio y al cndor nuevamente de cara a la cordillera... Despus de un rato el cndor dej a Timo muy cerca de la choza de la veranada. Su amigo Rex vino alegremente a recibirlo y juntos observaron como el viejo cndor alzaba el vuelo.

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Ms tarde el padre pregunt: - Dnde has estado todo este da?, me tenas muy preocupado, te he dicho que no te alejes demasiado! Despus de haberle relatado con detalles la aventura que acababa de vivir, el padre acarici tiernamente la cabecita del nio y dijo sonriente: - Ay Timo! Eres tan soador! Te prometo que algn da te llevar a conocer el mar. Esa tarde, ya cansado, Timo se tendi de espalda sobre la fresca hierba, sin embargo, contemplar el vuelo de los cndores le produca ahora una sensacin diferente... Ya no se preguntaba qu se sentira o como se vera... Ya no se preguntaba como sera el mar o si algn da lo podra ver... Ahora poda cerrar los ojos y revivir aquellos maravillosos momentos. Estaba seguro de que esa noche soara con el vuelo del cndor.
MNICA LEAL GALLARDO

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