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Colonia

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CAPTULO III: LA ERA COLONIAL (VERSIN PRELIMINAR) 1. Huamanga La fundacin espaola de la ciudad de Huamanga obedeci a dos razones principales.

En primer lugar, para proteger al naciente estado colonial del peligro que significaban las tropas rebeldes de Manco Inca. Ellas estaban asentadas en la ltima capital inca situada en Vilcabamba y tenan sus avanzadas en el valle de Ninabamba, en la actual provincia de La Mar. La segunda razn obedeca a la necesidad de una ciudad intermedia en la larga ruta entre Lima y Cuzco. Ambas motivaciones guardan relacin con un solo tema: el control y la seguridad de territorio recientemente conquistado As, en enero de 1539 se fund Huamanga, como San Juan de la Frontera. Ese nombre evoca conceptos propios de la guerra de la reconquista cristiana contra los moros en la pennsula ibrica, revelando claramente el carcter de vanguardia de la civilizacin occidental que le imprimieron los fundadores. En ese momento apenas hubo 22 vecinos espaoles. La primera institucin urbana fundada por los espaoles fue el Cabildo. Era una costumbre general de los conquistadores hispanos en Amrica, inspirada en su propio ordenamiento administrativo que proviene de la era medieval. Una vez establecido el municipio de Huamanga, tom en sus manos la regulacin de la vida econmica, incluyendo los precios de los alimentos. Consta en el acta de Cabildo de 1540, la regulacin del precio del maz y pocos aos despus, en 1543, la medida se extiende a la coca. La primera fundacin de Huamanga fue en un asiento de indios cercano a Quinua y se traslad al ao siguiente a su emplazamiento actual. Si bien esta nueva ubicacin es superior a la primera en comodidades, est circundada por una campia spera y pedregosa, con poco agua y algo difcil de hacer producir. Estas circunstancias hicieron complicado su prosperidad y en los primeros aos era evidente el inters del Cabildo por atraer nuevos vecinos espaoles. De acuerdo a la informacin contenida en el primer Libro del Cabildo, la distribucin de tierras de cultivo, solares urbanos e indios ocupaba buena parte del tiempo de los vecinos fundadores. Las restantes actividades guardan relacin con la organizacin de un estilo urbano de vida capaz de hacer soportable la vida cotidiana en un ambiente cargado de temor ante el Inca rebelde y de nostalgia por la lejana de la patria castellana.

El nmero de espaoles creci lentamente. Las Relaciones Geogrficas mencionan la cantidad de 250 espaoles en 1571, de los cuales 30 eran encomenderos. En 1614, el Virrey Montesclaros realiz un censo general que arroj para Huamanga la cantidad de 650 espaoles, contando tanto hombres como mujeres. De acuerdo al mismo censo, los mestizos eran 500 y 400 los negros. El censo de Montesclaros no incluy a los indios y por lo tanto permite una observacin de la sociedad hispano peruana de ese entonces. Entre las cifras de Montesclaros destacan los 400 esclavos que vivan en Huamanga al comenzar el siglo XVII. Ellos eran casi tantos como sus amos espaoles. Cuando eran enviados al campo a trabajar en obrajes o haciendas, muchas veces obtenan posiciones como capataces, cumpliendo funciones de control y manejo de la mano de obra indgena. Aunque, un buen grupo de esclavos trabaj en medio urbano como jornaleros o artesanos. Los esclavos que vivieron en la ciudad estaban sumergidos en la economa monetaria, porque trabajaban, ganaban un salario y vivan por su cuenta, entregndole a sus amos una porcin de sus ingresos. De este grupo de esclavos de la ciudad, una minora permaneci en las viviendas de clase alta trabajando como servicio domstico. Por otro lado, la ciudad de Huamanga se pobl de multitud de indios forasteros o yanaconas, que dejaban sus localidades para escapar a sus obligaciones tributarias y a la mita minera, que tena muy mala fama como liquidadora. Estos indios fugados de sus comunidades rurales y asentados en la ciudad estaban obligados a una mita de ciudad y exceptuados de la mita minera. La mita de ciudad obligaba a trabajar por turnos en obras urbanas y limpieza pblica. Era menos maligna y preferida por muchas personas, no obstante que significaba dejar la propia tierra y perder sus derechos como originario. Asimismo, aparecen mitayos entregados a rdenes religiosas e incluso a vecinos para obras particulares. El asentamiento de los indgenas en Huamanga fue normado por el virrey Toledo, que form las dos parroquias de indios de la ciudad: Santa Ana y Santa Mara Magdalena. Estos yanaconas urbanos fueron la base de un sector artesanal que cobr bastante importancia desde comienzos del siglo XVII en adelante. Los yanaconas poblaron los barrios de Huamanga, donde se desarroll una extensa artesana. Ms adelante veremos la importancia y presencia de los tejedores urbanos, cuya actividad contina siendo relevante hasta nuestros das. Aqu queremos destacar la curtiembre como una actividad muy extendida en la poca colonial. Los barrios de Tenera y San Juan

Bautista estaban especializados en esta manufactura, como lo demuestra el nombre del primero de ellos, que corresponde al antiguo nombre espaol para curtiembre. En 1546 el cabildo tom una decisin de gran trascendencia: reservar como bienes propios de la ciudad las laderas y terrenos de los cerros que la circundan. A partir de ese momento, estas tierras se alquilaron, generndose una renta permanente que sirvi para sustentar al municipio. Estas laderas estuvieron en manos del cabildo hasta 1965, cuando una ley promulgada por el Congreso de la Repblica, entreg la propiedad a sus ocupantes, dndose inicio a la expansin urbana contempornea. 2. Encomiendas y corregimientos La poblacin indgena fue repartida entre los conquistadores, con el fin que stos gocen del tributo que los indios deban pagar en tanto nacin derrotada. Esta fue la finalidad de las encomiendas puestas en prctica en el Per muy temprano; hubo de hecho varios repartos efectuados por Francisco Pizarro y luego siguieron otorgando encomiendas tanto Vaca de Castro como La Gasca, hasta la consolidacin del sistema efectuada por Francisco de Toledo. El Rey de Espaa nunca vio con buenos ojos que se forme una clase de seores feudales sobre la base de los encomenderos. El Rey le tema a una potencial clase social dominante que se sienta con derechos particulares sobre la tierra conquistada. Por ello, desde las Leyes Nuevas, la Corona se orient a limitar el poder de los encomenderos. Ellos se rebelaron en 1544 y fueron derrotados por el Pacificador Pedro de la Gasca despus de una cruenta guerra civil. No era el primer enfrentamiento entre los conquistadores. Por el contrario, los conquistadores del Per haban estado guerreando entre ellos hasta desangrarse casi desde el comienzo mismo de la empresa de conquista. El grupo que haba conquistado el Per cay en grandes contradicciones que provocaron sangrientos enfrentamientos. Por ejemplo, en nuestra regin se libr la batalla de Chupas, donde perdi la vida el joven Diego de Almagro el Mozo, derrotado por el licenciado Vaca de Castro. Ah se desvanecieron los sueos de los almagristas. Pero, como vimos, su derrota dio paso a la mayor rebelin de los encomenderos contra las disposiciones del Rey. sta fue conducida por el ltimo de los Pizarro, Gonzalo, quien fue ajusticiado junto con su famoso lugarteniente, Diego Carvajal, llamado El Demonio de los Andes.

Una relacin de encomenderos de 1561 ofrece valiosa informacin. Aqu se encuentran listados los grupos tnicos encomendados, el conquistador beneficiado, y el valor del tributo a ser cobrado. De acuerdo a esta relacin, las encomiendas que tienen rendimiento ms elevado son las de altura: Soras, siete mil pesos; Pomabamba, seis mil; AngaraesChocorbos-Guachos, cinco mil quinientos pesos. Ello refleja la importancia y riqueza de estos grupos en la poca del imperio incaico. Esa riqueza se fundaba en el hecho que, durante la era prehispnica, una de las formas de acumular riqueza era la ganadera. Los repartimientos pronto enfrentaron dificultades. Entre ellos destaca el ocultamiento de tributarios. En efecto, muchos curacas ocultaban a los indios de su grupo tnico para argumentar que la poblacin a su cargo haba disminuido a tal grado que deban disminuir sus tributos. Hubo muchas denuncias sobre personas que eran trasladadas momentneamente fuera del repartimiento, cada vez que los curacas lograban que se efectuaran revisitas para constatar el descenso de la poblacin. Fue una forma sorda y persistente de resistencia a la explotacin colonial. Despus de la derrota de Gonzalo Pizarro, el Rey de Espaa orden que se formen corregimientos, como forma de administrar las provincias. El corregidor era un funcionario situado, por debajo del virrey, encabezando las instituciones locales a nivel provincial. Representaban al poder ejecutivo y al judicial, teniendo amplia autoridad que slo se vea limitada por el poder del cabildo, que s era independiente del corregidor. El ao 1601, el corregidor de Huamanga, Garca Sols, fue ajusticiado en la plaza de la ciudad, revelando la magnitud de los conflictos internos que estremecan a la sociedad hispano peruana de Huamanga. Como autoridades provinciales, los corregidores canalizaron la energa campesina hacia una produccin destinada al mercado y a la ganancia particular. Asimismo, los corregidores estaban encargados de hacer cumplir las mitas. En funcin a estas responsabilidades, muchos corregidores tenan conflictos y tensiones constantes con los curacas. Refirindose a los poderosos, Huamn Poma subraya las contradicciones que oponan a los curacas contra los encomenderos y corregidores. Mientras que las encomiendas se extinguieron despus de dos, o a lo sumo tres vidas, los corregimientos s fueron instituciones permanentes del poder espaol en los Andes. Slo desaparecieron cuando las tardas reformas borbnicas constituyeron las Intendencias, pero este es un asunto recin de fines del siglo XVIII; hasta ese entonces y desde el temprano siglo XVI, el poder poltico en las provincias lo ejerci el corregidor.

3. El Taki Onkoy En 1565, al cabo de 33 aos de presencia cristiana en los Andes, se extendi un movimiento milenarista entre los indios que los doctrineros espaoles llamaron del Taki Onkoy, literalmente la enfermedad del baile. Los fieles de esta creencia eran presas de una sbita animacin que los haca bailar interminablemente. Asimismo, los creyentes indgenas predicaban el fin de la presencia europea. Los espaoles abandonaran los Andes al cumplirse 33 aos de su llegada, del mismo modo como Jess haba subido a los cielos al cumplir 33 aos de edad. Los fieles del Taki Onkoy queran retornar al culto a las huacas argumentando que El Sol haba fallado al ser derrotado por Jesucristo. Los sacerdotes catlicos se alarmaron mucho cuando constataron que en todas las punas que rodean a la laguna de Parinacochas y tambin a lo largo de la cuenca del Pampas, los indgenas estaban involucrados en la nueva creencia religiosa, inmediatamente concebida y condenada como hereja. A pesar de su rpida difusin, este movimiento fue pacfico, no tom las armas contra los espaoles, no obstante que en ese mismo momento an sobreviva el estado inca de la resistencia asentado en Vilcabamba. Se trat de un movimiento religioso y milenarista, que buscaba apartarse de los espaoles y fundar un mundo propio. El sacerdote espaol Cristbal de Albornoz fue encargado de extirpar el Taki Onkoy y recorri extensamente las tierras de altura del sur de Ayacucho, donde se hallaba el ncleo del movimiento. Uno de sus ayudantes fue, el luego muy clebre cronista indio, Felipe Huamn Poma de Ayala, quien trabaj como intrprete entre el quechua y el castellano. En esa calidad, Huamn Poma integr el cuerpo de funcionarios de la visita de extirpacin dirigida por Albornoz. 4. La visita del virrey Francisco de Toledo Como vimos, de acuerdo a las instrucciones del Pacificador La Gasca, comenz el proceso de nombramiento de corregidores para el gobierno en nombre del rey en las ciudades espaolas. Poco despus, el gobernador Lope Garca de Castro dividi el territorio peruano en 50 corregimientos, constituyendo la primera demarcacin colonial del territorio entero del Per dividido en provincias. Pero, no fue hasta la visita general del quinto virrey, Francisco de Toledo, y las normas que derivaron de ella que se organiz formalmente el sistema y en cada provincia apareci un corregidor. ste ejerca poderes ejecutivo y judicial en nombre del

Rey de Espaa y por debajo solamente del virrey de Lima. En el caso de Huamanga en 1576 se nombr por primera vez corregidores de indios. La informacin proveniente de la visita general ordenada por Toledo permite realizar un balance de la instalacin de la sociedad colonial, hacia la decisiva dcada de 1570. En ese momento, estaba comenzando el primer boom del azogue de Huancavelica. En la regin Ayacucho fueron registrados algo ms de 120,000 indios, que constituan un grupo numeroso en comparacin con las otras regiones del Per antiguo. Por ejemplo, en Arequipa haban 100,000; en La Paz idntica cantidad que en Ayacucho, y slo en Cuzco la cantidad era superior, llegando a casi 400,000 indgenas. Las etnias de altura tenan mayor densidad poblacional. Soras, Lucanas, Angaraes y Chocorbos representan el 47% de la poblacin tributaria de la regin. Como vimos, estos grupos tnicos disponan de una forma de riqueza muy significativa en aquellos das: enormes hatos de camlidos. Entre estas etnias de altura se hallan tambin mitimaes. Aunque, estos mitmas estn organizados como colonias incrustadas en el seno de grupos tnicos homogneos y no sustituyendo a la poblacin originaria, como haba sido el caso del Pampas y del ncleo central ayacuchano. Por ejemplo, en el territorio de los Chocorbos, haban colonias provenientes de seis grupos tnicos, que estaban ah para acceder a pastos y por consiguiente a mantener sus ganados. La tasa de Toledo impuso un tributo especfico a los indios de cada repartimiento. Los curacas estaban encargados de recoger el tributo y pagar en forma colectiva, organizando una caja de comunidad que fue tambin normada por Toledo. Este tributo deba pagarse en dinero, o en trabajo, o en productos de la tierra. La forma trabajo del tributo dio origen a la mita colonial. Adems de la muy conocida mita minera, haba tambin mitas para el servicio de las ciudades principales. Como vimos, haba una mita para servicios urbanos en Huamanga. El tributo en productos poda consistir en tejidos, trigo, maz, aves de castilla, ganado de la tierra, papas, algodn, etc. Destaca la ausencia de coca de la lista de productos elaborada por los funcionarios de Toledo. La visita de Toledo tambin fue la base para las reducciones. Los espaoles cambiaron el patrn de ocupacin del espacio en el mundo andino.

En la era prehispnica, los seres humanos haban estado dispersos en forma ordenada, cubriendo todos los pisos ecolgicos y las reas cultivables de los Andes. Mientras que los espaoles preferan que los individuos se concentren en pueblos. De esta manera, los indios estaran concentrados, sera fcil evangelizarlos y mantener control sobre la mano de obra indgena. Fue tarea de Toledo imponer una primera concentracin de la poblacin andina en pueblos, muchos de los cuales sobreviven hasta hoy. As, la estructura contempornea de pueblos en los Andes, situados aproximadamente a una legua de distancia cada uno, es herencia de las reducciones de Toledo. 5. Catstrofe demogrfica La poblacin nativa disminuy considerablemente despus de la conquista. Los demgrafos calculan que la poblacin del Tahuantinsuyu en poca de Huayna Cpac era de doce millones de personas. Si se es el mximo, alcanzado al comenzar el siglo XVI, el mnimo se encuentra en un censo de 1650, cuando en todo el Per slo haba medio milln de tributarios. Es difcil calcular cuntos indios habra por tributario efectivamente censado en el siglo XVII. En efecto, muchos indgenas haban huido y eran forasteros, o se haban adscrito a las haciendas como peones, o estaban en las ciudades como trabajadores. Estas categoras no fueron censadas, pero, la disminucin de poblacin fue enorme. De acuerdo a la postura de algunos demgrafos, en 1650 apenas haba sobrevivido uno de cada doce indgenas que haba ciento cincuenta aos atrs. Al comenzar el siglo XVII, el ndice de descenso de la poblacin era del 1.5% anual. La causa principal de esta catstrofe de poblacin fue una serie de enfermedades nuevas que no eran conocidas en el Nuevo Mundo. Junto con los europeos, llegaron enfermedades comunes en el Viejo Mundo para las cuales no haban defensas orgnicas en los habitantes del Nuevo, por no haberlas experimentado hasta ese entonces. As, las pestes fueron de gran mortandad entre los indios, que sufran tremendamente al comprobar que esas enfermedades no afectaban a los europeos, porque stos disponan de defensas. Al no conocer la causa, los indios asumieron que las enfermedades confirmaban la supuesta superioridad de los europeos. El exceso de tributo tambin afect a las poblaciones andinas porque impidi la normal reproduccin de la fuerza de trabajo. El contraste con la poca prehispnica era abrumador. En tiempos precolombinos el tributo haba sido muy controlado. Adems, el inca entregaba regalos a la

poblacin mientras tributaba, manteniendo la idea de que exista reciprocidad entre los tributarios y el Estado. Pero, en tiempos coloniales se rompi todo control. El nuevo poder impuso tasas tan elevadas que el hambre se extendi y afect el nivel de sobrevivencia. El hambre, adems, predispuso a la poblacin a las enfermedades, formando un crculo vicioso devastador. As, la pobreza apareci en los Andes al terminar el siglo XVI. En cortos 50 aos, la codicia haba logrado terminar con la abundancia y buen aprovisionamiento propios de la era prehispnica. Comenz la pobreza. En el transcurso del siglo XVIII, la poblacin fue creciendo, aunque ya haban pasado los mejores aos de la riqueza material regional, que corresponden al auge de la mina de azogue de Huancavelica, durante los primeros setenta aos del siglo XVII. Esta recuperacin fue lenta y est cortada por numerosas epidemias que asolaron a la poblacin. En el censo realizado en 1755 por el virrey Manso de Velasco, Conde de Superunda, se registran casi cincuenta mil personas, algo menos de la mitad de las encontradas por Toledo casi doscientos aos atrs, pero una cantidad superior a la registrada en el siglo XVII. Veinte aos despus, en 1767, el gegrafo colonial Cosme y Bueno calcul la poblacin regional en 69,000 personas. Al terminar el siglo XVIII, de acuerdo a las cifras encargadas levantar por la Intendencia, Huamanga haba alcanzado los 110,000 habitantes, igualando las cifras halladas por Toledo en 1575. De ellos, 75,000 eran indios y 5,000 espaoles y criollos, la proporcin entre ellos era 15 a 1. Destaca la virtual desaparicin de los esclavos negros, que por aquel entonces se haban reducido a solamente treinta personas. Como en otros lugares de Amrica, al no continuar llegando nuevos contingentes de esclavos, el grupo se redujo considerablemente porque haban muchos ms hombres que mujeres y este desbalance entre los sexos impidi una reproduccin normal a travs de las generaciones. Por el contrario, cada grupo generacional de esclavos era menor que el anterior y en cien aos casi se extinguieron. 6. Felipe Huamn Poma de Ayala El cronista indio naci en Sondondo, Lucanas, Ayacucho aproximadamente en la dcada de 1550, unos veinte aos despus de la invasin europea. Posiblemente era de origen mitimae porque en su obra relata que su linaje proceda del grupo tnico Yarowilca, natural de Huanuco. Era hijo de un curaca local y recibi educacin en una escuela de cristianizacin dominical. Aprendi castellano y tuvo un medio hermano mesti-

zo que fue religioso. Siendo bastante mayor escribi la principal crnica redactada por un indio sobre el mundo andino precolombino y el impacto de la colonia en los Andes. Adems era un fino dibujante y acompa su texto por 400 dibujos que lo han hecho muy famoso en nuestros das. Su nombre era Huamn Poma, pero se aadi el Felipe y tambin se fabric un parentesco con el Capitn Luis de Ayala e incorpor su apellido espaol al propio, para firmar su crnica como Felipe Huamn Poma de Ayala. En la dcada de 1570 trabaj para Cristbal de Albornoz, quien fue visitador eclesistico en Lucanas. Este extirpador de idolatras es retratado castigando fsicamente a los indios fieles a sus antiguas religiones, pero el texto lo describe como una santo y justo varn. A lo largo de su vida, Huamn Poma fue cristiano y se empe en probar que el cristianismo haba llegado a los Andes antes que los espaoles, buscando de ese modo desmantelar una de las razones esgrimidas para justificar la conquista: es decir, que haba necesidad de cristianizar a los indios. Segn Huamn Poma, stos ya eran cristianos. Aunque muy devoto de la religin cristiana, Huamn Poma fue enemigo de la Iglesia Catlica porque pensaba que los curas y doctrineros muchas veces violaban las normas que predicaban. El cronista indio amaba la coherencia y detestaba la hipocresa y el cinismo; opuso una actitud moral contra la decadencia que perciba en su tiempo. El extirpador Cristbal de Albornoz posea una biblioteca de primera categora, donde se supone que Huamn Poma adquiri su cultura europea, durante los aos que trabajo como su intrprete. Deben haber sido amigos porque se sospecha que Albornoz le regal el papel y la tinta para escribir su crnica, porque estos instrumentos indispensables para escribir eran bastante caros en el siglo XVII. De hecho, el cronista indio conoca bastante literatura histrica y teolgica de su tiempo y muchas obras clsicas. Fue un indio culto que intent emplear los conocimientos occidentales para reelaborar una interpretacin propia de su propia historia. Dirigi su crnica al Rey de Espaa, Felipe III, a quien le pide que resuelva los males que se han abatido sobre los Andes a raz de la conquista. Para seducir al Rey le ofrece un tributo muy superior al actual, si permite que los indios se gobiernen solos, de acuerdo a su antigua usanza y con jefes propios, que le rendiran obediencia como emperador del universo. El punto de vista poltico de Huamn Poma se puede resumir fcilmente: se opone al gobierno directo de los europeos sobre los andinos y busca una forma de autonoma. En cierto sentido entonces, la crnica de Huamn Poma es una carta al rey, porque piensa que l tiene el poder para resolver a favor de la nacionalidad andina, que se estaba formando en oposicin al gobierno directo de los espaoles.

Posteriormente trabaj como escribano de indios, redactando los textos legales que los indios tuvieran a bien iniciar ante las autoridades espaolas. Durante todo estos aos estuvo envuelto en pleitos legales, frecuentemente por la tierra. En uno de estos juicios contra los indios Chachapoyas que haban fundado el pueblo de Chiara, perdi sus propias tierras y sus derechos como curaca. Fue desterrado en dos ocasiones de Huamanga y se le prohibi seguir pleitos legales. A partir de ese momento se sumergi en la pobreza y comenz la redaccin de su crnica. Ella contiene una historia legendaria del Per antiguo, desde la creacin bblica hasta el reinado de Huayna Cpac. A continuacin se halla un captulo denominado Conquista, que comienza con la llegada de los espaoles y termina con la conclusin de las guerras civiles entre los europeos. Esta seccin abarca un tercio de la Crnica. El resto, se denomina irnicamente Buen Gobierno y es una descripcin sincrnica y minuciosa de la vida social en el virreinato del Per. Esta parte del libro no sigue los grandes acontecimientos y los personajes principales, como haba sido el caso en la primera seccin. En la parte dedicada a la colonia, Huamn Poma narra y analiza hechos cotidianos, de los cuales afirma ser testigo presencial. Esta seccin del libro es una denuncia de los abusos e injusticias coloniales y contiene una propuesta de solucin poltica: la autonoma de los indios. Tambin est cargada de pesimismo que se expresa en una frase dramtica que se repite incesantemente: y no hay remedio. Al terminar su crnica, Huamn Poma se dirigi a Lima a entregarla en el Palacio del Virrey para que se la hagan llegar al Rey de Espaa. El viaje fue a pie, de Ayacucho a Lima y fue muy penoso. Incorpora en las ltimas pginas de la crnica el relato de esta ltimo viaje y la narracin tiene un contenido pattico. Su propio hijo lo abandona en las montaas, pierde su caballo y slo se queda con su perro, a quien llama amigo. Antes un sacerdote le haba robado a su esposa y abandonado por todos llega a Lima, se acerca a palacio y deposita su libro. Dos aos despus dirige una breve carta al rey, le pregunta si recibi su crnica y si la ha mandado imprimir, le cuenta que tiene una copia como resguardo y lo urge a darle a su libro la importancia que tiene. Huamn Poma era un convencido de las virtudes liberadoras de la escritura; l pensaba que si se publicaba su libro habra una transformacin positiva en los Andes; estaba a la espera. El libro de Huamn Poma estuvo perdido durante cientos de aos. De una manera completamente casual al comenzar el siglo XX, el estudioso

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Richard Pietschmann lo encontr en Copenhague, en la biblioteca del Rey de Dinamarca. Cmo haba llegado all es difcil de saber. Consta que lleg al rey de Espaa, pero se ignora cmo pas a Dinamarca. No es el nico misterio que tenemos an por resolver, porque en realidad toda su vida an nos es poco conocida. Slo tenemos unos datos sueltos y la misma crnica, que al ser escrita con una fuerte pasin nos permite entender el espritu del cronista indio. l redact su Nueva Crnica casi en el mismo momento cuando Gracilazo de la Vega estaba escribiendo los Comentarios Reales. As hubo dos crnicas paralelas y ambas geniales: la una escrita por un mestizo y la otra por un indio. El Per se dio el lujo de producir, a la vez, las dos interpretaciones fundamentales de nuestro pasado y las recetas bsicas para mejorar el porvenir de sus hijos. 7. Curacas y comunidades Para ejercer el control colonial, la Corona espaola mantuvo una serie de instituciones y costumbres provenientes de los tiempos prehispnicos. Entre ellas destacan los curacazgos. stos eran jefes tnicos tradicionales que ejercan el mando sobre comunidades de indgenas. Los curacas fueron puestos al servicio del nuevo orden, confirindoseles el papel de bisagra en el ordenamiento colonial. Cuando una autoridad espaola necesitaba tramitar algn punto con los indgenas, no se diriga a ellos de cualquier manera, sino a travs de su curaca. Con l se estableca la naturaleza del punto y se acordaba su cumplimiento. En el cumplimiento de esta funcin, muchas veces los curacas protegan a los suyos y antes que una bisagra solieron funcionar como un muro de contencin. Ya para comienzos del siglo XVII, estaban desapareciendo los grandes seoros indgenas. A partir de ese momento, los curacas fueron autoridades a nivel local, pero la nacin indgena perdi las solidaridades macro y las instituciones colectivas que soldaban a grupos tnicos numerosos. Los grandes reinos, como los lucanas por ejemplo, se fragmentaron y el cargo de lder indgena, llamado indistintamente curaca o cacique, se ejerci a nivel local exclusivamente. Pero, a este nivel, el local, el curaca obtuvo un poder superior al que haban gozado sus pares de la era prehispnica. Algunos curacas se integraron fcil y rpidamente a la economa mercantil y antes que proteger a los suyos se unieron a la cadena de explotacin que oprima al campesino. Esa era la opinin altamente negativa de Huamn Poma sobre los curacas. Dice el cronista indio que del campesino andino abusan todo tipo de sanguijuelas, algunas grandes como

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el lobo, que representa al corregidor, pero que tambin lo aguijonean animales pequeos, como el ratn, que simboliza al curaca explotador de sus hermanos indios. La regin sur de la regin Ayacucho muestra mayor concentracin de comunidades campesinas. All donde, en poca incaica, haban habido muchos mitimaes, pronto la produccin se orient al mercado y la hacienda fue la forma predominante. Pero, donde haban seoros indgenas incorporados al Tahuantinsuyu con sus propias autoridades, una buena parte de las tierras siguieron en manos de indios. La mayor cohesin tnica sirvi para realizar una mejor defensa de las tierras de indios. Por otro lado, en zonas de haciendas, como Quinua por ejemplo, se puede observar como la monotona es quebrada por una comunidad que controla tierras en diversos pisos ecolgicos e incluso maneja tierras de selva alta donde produce coca. Idntica situacin se puede observar en Huamanguilla y, cerca de la capital, en Socos. As, las comunidades estuvieron presentes en todas las zonas de Ayacucho; en algunos lugares fueron predominantes, como en el sur, pero incluso donde fue mayoritaria la propiedad privada en manos de espaoles, la comunidad no desapareci, sino que qued confinada en medio de haciendas. Aunque una parte de la produccin comunera se destinaba al mercado, la mayora de los bienes circulaban por otro conducto. No significa esto autarqua, porque la produccin proveniente de los campesinos comuneros circulaba a travs del trueque y daba origen a una amplia complementariedad. De este modo, lana, carne y quesos producidos en altura, eran intercambiados por maz producido en zona quechua, y tambin por coca producida en selva alta, abarcando una produccin de al menos tres pisos ecolgicos. 8. Minera Un polo ordenador de la vida econmica regional durante la era colonial fue la minera. Entre la produccin minera destaca, aunque no exclusivamente, la mina de azogue de Huancavelica y el circuito comercial que giraba a su alrededor. El eje administrativo y comercial se situ en Huamanga, que era el nudo de todas las rutas. Durante las primeras dcadas de la colonia hubo una afanosa bsqueda de vetas de plata y en Ayacucho se encontraron algunas, pero se agotaron pronto. Hacia 1590 se descubri plata en Castrovirreyna y por unos aos su produccin fue deslumbrante, pero se agot en treinta aos. A

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continuacin y desde 1630, entr en operacin Cerro de Pasco, cuya importancia fue creciendo progresivamente, pero que recin en el siglo XVIII ser la primera mina de los Andes centrales del Per. Por su parte. el mercurio fue un producto indispensable de la minera colonial porque era indispensable en el proceso de amalgamar la plata. Es decir, sin mercurio no haba plata. A su vez, Huancavelica era la nica mina de azogue del Nuevo Mundo. Toda la plata del Per y tambin en ocasiones la de Mxico era amalgamada con mercurio de Huancavelica. Por consecuencia, la mina de azogue, su organizacin productiva y su circuito comercial estaban normados por la Corona, habiendo establecido un eje principal entre Huancavelica y Potos. El mercurio era conocido en poca prehispnica como illimpi y era utilizado para decorar. En tiempos coloniales, la mina fue conocida como Santa Brbara. Se form un circuito comercial para su exportacin de Huancavelica a Potos, que consista en bajar por tierra a la costa y embarcar el azogue en Pisco para luego seguir por mar hasta Arica, donde el mercurio segua su camino por tierra hasta Potos. En la regin Ayacucho hubo bastantes arrieros vinculados al transporte minero a la costa. Asimismo, se criaban mulas y otros equinos en las pampas de Cangallo, para actividades vinculadas al arrieraje. La extraccin del mercurio fue posible gracias al sistema de mitas impuesto por Toledo. Los mitayos provenan de Cuzco y Apurmac adems del mismo Ayacucho. Los mitayos que acudan a Huancavelica estaban excluidos de Potos. A la mayor parte de los indgenas de los actuales Per y Bolivia les tocaba realizar una mita cada siete aos en alguna de las dos minas principales: Huancavelica y Potos. El sistema de mitas fue organizado por Toledo y constituye la reutilizacin para fines muy distintos de una institucin propia del antiguo Per. En poca prehispnica se haba tributado exclusivamente en trabajo. Toledo recogi la costumbre para abaratar el factor trabajo, en una economa minera completamente orientada hacia el mercado mundial. La mita colonial coincide con el aumento de las exportaciones de plata y con la catstrofe demogrfica. De este modo, la mita y el tributo fueron las formas bsicas de extraccin de ganancia en base a la explotacin del trabajo indgena. El perodo clsico de vigencia de la mita minera corresponde a los siglos XVI y XVII, grosso modo la poca de la dinasta de los Habsburgo. Posteriormente, declin su importancia frente al trabajo asalariado, pero no desapareci del todo, como s fue el caso en

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Mxico. En consecuencia, en los Andes, la mita fue una pesada carga que sigui soportando el indio incluso en poca de los Borbones. La produccin de Huancavelica se mantuvo a niveles elevados por ms de un siglo, habiendo comenzado un serio declive recin en la dcada de 1670. Para aquel entonces, haban disminuido los mitayos y aumentado el nmero de trabajadores asalariados; proceso que asimismo haba ocurrido en Potos. Durante el siglo XVIII hubo varios intentos por reformar Huancavelica y recuperar los volmenes de mercurio extrados, pero no tuvieron xito. A lo largo de este siglo, la produccin de azogue fue declinante. Como vimos, durante el siglo XVIII, las minas de Cerro de Pasco aumentaron su produccin de plata en forma significativa. Esa tendencia fue contraria al declive que en forma paralela experimentaba Huancavelica. Por ello, el circuito comercial que tena como centro a Huamanga no declin tanto como cay el mercurio, sino que se readapt a un nuevo polo minero dinamizador. De todos modos, el siglo XVIII registra menor riqueza material en manos de espaoles y criollos de la regin que lo obtenido por stos durante los dos anteriores. 9. Obrajes Uno de los ejes econmicos puesto en marcha desde el siglo XVI fue el obraje. Eran empresas manufactureras de telas burdas y bayetas elaboradas para consumo de trabajadores. En los obrajes se teja artesanalmente, pero los operarios estaban reunidos en una misma construccin, que asemejaba una fbrica de antao. La ubicacin de los obrajes dependa de tres variables: la existencia de un mercado, normalmente se trataba de indios que ya no podan seguir tejiendo su propia vestimenta, como era la costumbre prehispnica. Estos indios que ya no tenan tiempo para tejerse eran los mineros y algunos trabajadores urbanos tambin. En segundo lugar, el obraje dependa de que hubiera pasto y ganado que ofrezcan abundante materia prima. En tercer lugar, que hayan bastantes indios en los alrededores y, por consiguiente, que la mano de obra sea abundante. En el temprano siglo XVI, se instalaron al menos tres obrajes en la regin ayacuchana: Chincheros, Canaria y Xaxamarca, los tres en zonas rurales. El obraje de Chincheros perteneci a un potentado de Huamanga del siglo XVI llamado Antonio Or. Este obraje compraba lana directamente a comunidades indgenas de tierras de altura, sin que oficiase de intermediario institucin espaola alguna. Los grandes obrajes situa-

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dos en el campo siempre tenan tierras complementarias. Ah se produca en buena medida para sostener a los trabajadores. Los obrajes eran lugares reputados por las malas condiciones de trabajo. La mayor parte de los trabajadores eran mitayos, tributarios en trabajo, o personas que estaban cumpliendo obligaciones, por ejemplo sanciones impuestas en los tribunales por incurrir en deudas que no podan pagar. Incluso hubo trabajo esclavo en los obrajes ayacuchanos y los menos fueron trabajadores asalariados. El duro rgimen laboral se complementaba con el sistema de fijar al trabajador con deudas. Este procedimiento para mantener la mano de obra consista en entregar productos a cuenta, que luego el operario no poda pagar con su trabajo, generndose una cadena que lo obligaba a permanecer en el obraje. Desde comienzos del siglo XVII se registra la presencia de tejedores en los barrios indgenas de Huamanga, e incluso el barrio de Carmen Alto, uno de los ms tradicionales de la ciudad, se especializ en produccin textil. Como parte de su carcter artesanal y comercial, la ciudad de Huamanga adquiri el perfil de una urbe manufacturera donde se teja sin cesar. En el transcurso del siglo XVII, muchos obrajes rurales van pasando a manos de la Iglesia. Inclusive, los nuevos obrajes que se abren en el campo pertenecen a rdenes religiosas, como por ejemplo el obraje situado en las extensas y bien integradas propiedades de los jesuitas en el valle de Ninabamba. No hubo ningn obraje que fuera propiedad de indgenas. Como institucin econmica, el obraje permaneci en manos de espaoles o criollos. Como tipo de empresa econmica, se mantuvo vigente a lo largo de los siglos coloniales y perdi presencia recin cuando no pudo competir con las telas inglesas producidas industrialmente. Pero, esto corresponde al temprano siglo XIX y es un asunto ms bien republicano. Durante la era colonial, la produccin textil local cumpli un destacado papel econmico. Ella articulaba ciudad y campo, conectando la esfera mercantil con la produccin no comercial. 10. Haciendas En forma progresiva, la hacienda colonial fue imponindose como forma principal de propiedad en el campo. En el concepto hacienda se incluye

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tanto unidades grandes como tambin medianas, mientras que las unidades pequeas son llamadas chacras. La hacienda colonial en manos de espaoles o criollos se opuso a la comunidad, que prosegua en poder de los indgenas. La comunidad haba sido instaurada por Toledo para la organizacin de la poblacin indgena y mantuvo sus tierras a cambio del pago de tributos. Esta hacienda naci de las llamadas composiciones de tierras, como se denominaba a subastas que peridicamente organizaba el Estado colonial para transferir a manos privadas tierras que anteriormente haban estado en poder de indgenas. El pretexto para las composiciones era el mismo descenso de la poblacin, que dejaba tierra libre y permita la subasta. Las regiones ms conectadas al mercado fueron las primeras donde predominaron las haciendas. Alrededor de Huamanga, por ejemplo, rpidamente se extendi un anillo de haciendas productoras de bienes comercializados en la misma ciudad, entre los que destaca el trigo. El complejo panadera hacienda triguera pronto fue uno de los ejes de actividad social y econmica que caracterizaron la vida urbana colonial. La mano de obra de las haciendas surgi de la misma poblacin andina. Una parte de los tributarios preferan pasar a la condicin de yanaconas y trabajar en alguna hacienda para un espaol antes que continuar soportando la pesada carga del tributo. Los hacendados estaban muy interesados en fijar mano de obra en sus propiedades, porque los trabajadores valorizaban la propiedad, que ms vala por el nmero de sus peones residentes que por la cantidad de hectreas que pudiera abarcar. A fines del siglo XVIII, el intendente O Higgins informaba que en las zonas de Huanta, Anco y Chungui haban ms de ochocientas haciendas de cocales; mientras que en sobre el Pampas y el Andahuaylas haban algunas pocas, pero muy ricas haciendas azucareras; tambin confirmaba que en las zonas altoandinas de Lucanas y Chocorbos la comunidad campesina haba resistido mejor y contenido la expansin de las haciendas. No obstante la persistencia de la comunidad en zonas de altura; en realidad, toda gran propiedad terrateniente inclua tierras a diversas alturas, en bsqueda del ideal de combinar cultivos con pastos y ganadera. 11. Arrieros, ferias y comerciantes

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En poca colonial hubo mucho intercambio y movimiento comercial, no obstante que los medios de transporte eran muy sencillos. Por ello, una parte de la poblacin viva dedicada a movilizar bienes de un lugar a otro. La minera obligaba al arrieraje, pero tambin toda la produccin destinada al mercado urbano. La suma era considerable y haban barrios enteros de la ciudad de Huamanga dedicados al negocio del transporte de mercaderas. Los caminos eran muy malos. Durante la era colonial no se haba mantenido el camino inca y el paso de las mulas haba terminado por arruinar los caminos prehispnicos, concebidos para pisadas suaves, propias de personas y camlidos. Por otro lado, la colonia no construy carreteras propiamente dichas y no se empleaban vehculos provistos de ruedas, sino que el transporte se realizaba a lomo de bestia, tanto mulas como las infaltables llamas. Se trataba de caravanas manejadas no por el Estado sino por contratistas particulares. Los arrieros alquilaban sus servicios de transporte y conformaban una red de intermediarios especializados. Pocos incluan el comercio por su cuenta, la mayor parte eran exclusivamente transportistas. Ellos articulaban la produccin mercantil con la campesina. Algunas provincias estaban situadas en zonas de paso hacia mercados densos y luna buena parte de sus habitantes eran arrieros. En el sur de Ayacucho, era el caso de Parinacochas y de Paucar del Sara Sara, que a decir del intendente de fines del siglo XVIII, O Higgins, eran la garganta que llevaba al Cuzco. La opinin del intendente se fundaba en el hecho que un tramo privilegiado de las rutas comerciales regionales ayacuchanas era la conexin con la costa y con la regin de Ica. Las llamadas cabezadas, o a veces denominadas bocas, de entrada a los valles yungas costeos eran de especial importancia y eran los nudos donde buena parte de la poblacin se especializaba en arrieraje. La segunda ruta principal era el camino longitudinal de la sierra, una readaptacin del antiguo camino inca, el Qhapac an prehispnico. Esta ruta llevaba a Huancavelica y posteriormente al valle del Mantaro por el norte, mientras que en direccin opuesta conduca primero a Andahuaylas, luego a Abancay y arribaba al Cuzco, antes de emprender hacia Puno y el Alto Per. Por su parte, las ferias eran grandes concentraciones de peregrinos que acudan a un lugar especfico para celebrar una fiesta religiosa determi-

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nada. En forma paralela a la celebracin religiosa, cada fiesta era ocasin para un comercio muy extenso y la formacin de un inmenso mercado temporal. Estas ferias estaban organizadas en circuitos y el ms famoso era el de la semana santa en Ayacucho que veremos en otra seccin de este mismo libro. Otra feria muy famosa de la regin se realizaba en el santuario de la Virgen de Cocharcas, situado en la provincia de Aymaraes de la regin Apurmac de nuestros das. El gegrafo del siglo XVIII, Cosme y Bueno, cuenta que al santuario de Cocharcas vienen a solicitar proteccin desde lejanas tierras... Su principal festividad se celebra el 8 de septiembre y se celebra una feria que dura 12 das. En estas ferias una buena parte de los concurrentes eran campesinos comuneros, que precisamente trocaban sus productos en forma masiva gracias a estas circunstancias. De acuerdo a Alonso Carri de la Bandera, llamado Concolocorvo, la feria de Cocharcas era la mayor que tienen los indios... concurren de varias provincias en nmero superior a dos mil... 12. Esclavitud El comercio de esclavos en el Ayacucho colonial nunca fue significativo, sino marginal con respecto a la corriente principal de mano de obra, que siempre fue la indgena. No obstante, la presencia de esclavos fue regular, porque a lo largo de todos los siglos coloniales se hallan casos particulares de esclavitud, tanto urbana como rural. Asimismo, a lo largo de estos trescientos aos, se hallan casos tanto de esclavitud domstica y seorial, de casa, como tambin esclavitud con propsito econmico, sea como jornalero urbano, o como trabajador de obraje, o tambin como pen agrcola. Inclusive se hallan negros en la mayora de los propsitos mineros regionales, incluyendo a Huancavelica. Durante el primer siglo colonial, el Per fue un importante importador de esclavos. Pero, cien aos despus, en el transcurso del siglo XVII esta importancia declin porque empez a recuperarse la poblacin indgena, al comenzar a superarse los estragos de la catstrofe demogrfica. Como fuerza de trabajo, los indios siempre fueron ms baratos, porque estaban aqu y no haba que transportarlos desde la lejana frica. Aunque los esclavos eran propiedad absoluta de un amo, mientras que el indio tuvo condicin de nacin derrotada obligada a servidumbres, pero nunca fue esclavizado.

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Durante estos dos primeros siglos de vida colonial fue moderada la corriente migratoria forzada procedente del frica hacia Amrica Hispana. Pero, durante el siglo XVII aument considerablemente. No slo en las colonias espaolas sino en todo el Caribe y la costa este de Norte y Sud Amrica. Tanto el Brasil como los futuros EEUU recibieron millones de esclavos durante el XVIII. En contraste, la costa oeste del Nuevo Mundo no particip sino en muy escasa medida, de este gran impulso importador de esclavos que caracteriz al siglo de las luces. As, el Per fue un destino menor en comparacin con otros pases como Hait, Venezuela, Jamaica, Brasil y sorprendentemente la Argentina. En efecto, la Argentina colonial era un pas habitado por bastantes esclavos procedentes del frica. De hecho, en las vsperas de la Independencia la mitad de la poblacin de Buenos Aires era negra o mulata. Esta poblacin originaria fue luego sumergida por la gran corriente migratoria europea que lleg a la Argentina aos despus, en la segunda mitad del XIX. Pero, en poca de San Martn haban muchos africanos en Argentina, tal es as que uno de sus famosos regimientos de Granaderos estaba compuesto por negros y mulatos libres. Pues bien, de la Argentina procedan los esclavos que llegaron a Ayacucho a finales del siglo XVIII. El Virreinato de Buenos Aires era el puerto de partida de algunos cuantos esclavos que fueron parte de la pequea participacin ayacuchana de la gran alza de importaciones de esclavos procedentes del frica en la Amrica colonial de finales del XVIII. Abundante informacin sobre estos esclavos se halla en el AHR de Huamanga, sobretodo en los testamentos que se hallan entre los legajos del notario Garca Blzquez de Huamanga, correspondientes a los aos 1770-1790. Estos documentos muestran que la mayor parte de los esclavos eran destinados para realizar labores productivas, fundamentalmente en las haciendas, como era el caso del joven esclavo llamado simplemente Manuel y carente de apellido, lo cual es muy frecuente en la documentacin sobre esclavitud en Amrica. Este joven esclavo fue adquirido para realizar trabajos en la hacienda del sacerdote Flix de Olaechea. En tanto los esclavos Manuel y Felipe Salazar laboraron en las propiedades del coronel Fernando Garca Bedriana. Por su parte, el esclavo llamado Francisco Vila tenia antecedentes penales, al estar recluido en la crcel de Huamanga acusado de un robo; logro su libertad gracias al pago de una fianza por parte de Fernando Ruiz de Cossi, prspero comerciante huamanguino, convirtindose en dueo y amo del esclavo, que fue vendido a Juan Antonio Velsquez por la suma de 500 pesos para realizar trabajos en obrajes.

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Otros esclavos fueron destinados a realizar actividad panificadora en los famosos hornos de la ciudad de Huamanga, que se encontraban en el actual Jirn Arequipa. La panadera era un establecimiento seguro contra fugas. Adems, el dueo de la panadera pagaba el jornal directamente al amo. Esta doble condicin haca muy interesante colocar esclavos a trabajar en las panaderas de Huamanga. Como todos sabemos, estas panaderas fueron clebres a lo largo de la colonia y sus productos en ocasiones servan para facilitar los intercambios en el campo ayacuchano. El trabajo en la panadera era sostenido y sistemtico, debido a los plazos fijos y diarios a cumplir. Adems, era una entidad econmica que mova dinero. Ambas caractersticas son importantes para entender su papel como centros de carcelera y de trabajo de esclavos insumisos. La seguridad de la panadera hacia que, inclusive, las cortes de justicia comn enviasen reos comunes a esos centros productivos. De un lado, evitaban as la sobrepoblacin y hacinamiento en las crceles normales y, de otro, el trabajo del penado permita pagar las costas procesales y la deuda o dao por el que estaba preso. Las mujeres esclavas de Ayacucho mayormente se dedicaban a las labores domesticas, ya sea para el cuidado de los hijos de sus dueos, para preparar los alimentos como cocineras, realizar labores de limpieza y para el servicio y atencin preferencial de la esposa del dueo de casa. Pocas mujeres esclavas estuvieron tan involucradas en la produccin como lo estaban los hombres. En el caso ayacuchano no se encuentra una relativa falta de distincin sexual que se halla, por ejemplo, en las plantaciones azucareras, donde hombres y mujeres esclavos trabajaban a la par, divididos no por gnero sexual sino exclusivamente por grupos de edad. Grandes poseedores de esclavos fueron los jesuitas, quienes tuvieron una organizacin econmica muy moderna y dirigida al mercado. En realidad, las propiedades de los jesuitas ejercan el liderazgo de las unidades productivas que abastecan el mercado regional del siglo XVIII, hasta su expulsin en 1767. Por ejemplo, en 1754 los jesuitas tenan 116 yanaconas indgenas trabajando en la hacienda de Ninabamba, as como 30 esclavos, entre hombres y mujeres. La proporcin era de un esclavo por cada cuatro yanas. Al momento de la expulsin, los esclavos de esta hacienda haban aumentado a 35. El precio de venta de un esclavo variaba en funcionan a la edad y el gnero sexual. Los esclavos cuyas edades estaban entre 18 a 25 aos costaban entre 450 a 500 pesos, mientras tanto los esclavos mayores

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de 40 aos, bajaban de precio a tan solo 130 o 200 pesos. Por su parte, las mujeres esclavas en edad de procrear costaban entre 180 a 300 pesos, dependiendo siempre del estado fsico y la edad. Las mujeres habran sido ms baratas porque no estaban tan incorporadas al mercado de trabajo, sino destinadas fundamentalmente al trabajo domstico. Los esclavos hombres, por el contrario, trabajaran en actividades mercantiles. Como vimos, el comercio de esclavos se realiz desde la Argentina, siguiendo la ruta terrestres de Salta y Potos. Normalmente eran importaciones de esclavos a pedido, porque no haba ninguna plaza ni momento del ao donde se vendiera libremente a los esclavos recin llegados. A diferencia de las imgenes que tenemos del Caribe, con sus mercados de esclavos al aire libre, en la Huamanga colonial, los esclavos llegaban encargados especialmente a comerciantes establecidos, que tenan catlogos para mostrar a los interesados en adquirir las malamente llamadas piezas de bano. 13. Desarrollo urbano de Huamanga Las casas seoriales son lo ms representativo de la arquitectura civil en la Huamanga colonial. Ellas se ubican, al igual que las iglesias, en el ncleo central de la ciudad: alrededor de la plaza de armas y unas cuantas calles adyacentes. En cuanto a su diseo y distribucin de ambientes, la casona seorial ayacuchana se inspira en la vivienda castellana de clases altas, aunque algunos elementos logran dotarla de personalidad y acento propio. La planta tiene un modelo de distribucin que generalmente se repite en todas estas residencias. El portn principal de entrada es de madera con incrustaciones de hierro a manera de rosetones. A continuacin viene un zagun con techo de bveda; sus dimensiones permiten el paso de caballos y carretas al primer patio, que tiene el suelo empedrado y con senderos de laja para circulacin de personas. El patio principal es abierto, dotado de galeras con arcos que podran ser de piedra o ladrillo. En estos corredores haban columnas muy caractersticas dotadas de una base de piedra tallada. En torno a este patio principal surgan habitaciones que cumplan funciones diferentes. Dos salones centrales se oponan a ambos lados del patio, recorrindolo a lo ancho. En estos salones se desarrollaba la vida social y econmica de la familia y en ocasiones la religiosa, pues uno de ellos sola ser un oratorio. Los negocios de la familia se manejaban desde este patio.

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Del patio principal, por un corredor, se pasaba al segundo patio, generalmente tambin con galeras. En este segundo patio se situaba la vida ntima y familiar. Aqu se hallaban los dormitorios, el comedor de diario, la alacena y la cocina. En el fondo de la casa se hallaba el jardn, huerta y alojamiento de la servidumbre. En el caso de un segundo piso, la escalera era de piedra y se ubicaba en un ngulo del patio principal. El aspecto de esta escalera era imponente y llevaba a los dormitorios. En esta segunda planta habra tambin una galera, sus columnas eran de madera y muy delicadas. Los balcones exteriores eran algunos cerrados y otros abiertos, pero todos trabajados en rica madera ornamentada por expertos ebanistas. El techo era de tejas sostenido por un maderamen muy slido. La casa solariega fue imponente, pero no muy masiva. Por el contrario, en forma paralela, se desarroll un patrn popular mucho ms sencillo, que realmente domin la ciudad. sta era una casa pequea con puerta y frente directo a la calle, compuesta por varios cuartos, unos a continuacin de los otros, sin corredor. En este modelo se hallan dormitorios a continuacin de un rea inicial de uso social. Sigue una cocina, despensa y pequea huerta. En lo barrios populares se halla otra vivienda an ms modesta, que tiene una galera exterior y luego una habitacin rectangular de mltiples usos: social, cocina, despensa. Al fondo un corral y los dormitorios completan este tipo de vivienda popular. Pero, no eran los nicos modelos, tambin se hallaban callejones y corralones; amplios espacios cercados por fuera y abiertos al interior, donde se concentraban pequeas viviendas abigarradas. Las formas populares de vivienda registran combinaciones diversas entre los patrones prehispnicos y los nuevos vientos occidentales. Este ncleo urbano se halla actualmente amenazado por la modernidad y, por el contrario, es de especial inters su conservacin. Una parte significativa de la identidad regional se resume en el aspecto de ciudad antigua que an mantiene Ayacucho. Esa imagen constituye tambin un especial atractivo para los visitantes y es un recurso de la ciudad en su conjunto. 14. Arte y vida religiosa En 1609 se cre el obispado de Huamanga, desmembrado de la jurisdiccin del Cuzco y desde 1613 asumi el primer obispo, Fray Agustn de

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Carvajal. Veinte aos despus, en 1632, el entonces obispo, Francisco Verdugo, inici la construccin de la Catedral, consagrada recin en 1672 por el famoso obispo Cristbal de Castilla y Zamora. Ambos fueron los ms importantes obispos del siglo de oro de la Iglesia Catlica en Ayacucho, es decir la decimosptima centuria. Sin embargo, fue en el siglo XVI, primero de la conquista espaola, que se pusieron los cimientos del catolicismo colonial ayacuchano. A este respecto, una relacin de 1586 informa que en Huamanga apenas haban 150 espaoles y que el pueblo, con ttulo de ciudad, era bastante pequeo. Esa relacin aade que las iglesias eran de dimensiones reducidas, pero que estaban finamente adornadas con molduras y pinturas. Muy temprano habra llegado a Ayacucho un grupo de artesanos moriscos, que dejaron una profunda huella en la ciudad, de la que resta hasta hoy el artesonado de la iglesia de Santa Clara, de obvia inspiracin mudjar. Fue muy alta la inversin en construccin y embellecimiento de las iglesias. Ese elevado gasto social se explica porque el sentimiento religioso era muy intenso. La verdad revelada se senta con pasin y hubo un sincero afn de santidad entre algunos sacerdotes y lderes espirituales muy severos. El comn de los mortales form la multitud religiosa que naci en esta poca. Los sectores populares y el conjunto de la sociedad seguan con atencin la prdica de los sacerdotes y la vida diaria estaba regida por un calendario inspirado en el evangelio. Las formas eran objeto de especial atencin para las personas de ese tiempo, ya que la vida cotidiana y privada no estuvo tan regida por los mandamientos del catolicismo, como s lo estaba la vida social y pblica. En esta ltima, se guardaba un orden ejemplar y se buscaba la coherencia entre el modelo de vida propuesto por la religin y la conducta del individuo en la esfera social. Las rdenes religiosas se especializaron en determinadas actividades de la evangelizacin. Por ejemplo, los franciscanos instruyeron al indio en materia de fe catlica, mientras los dominicos prefirieron la educacin superior, por su parte los jesuitas fundaron colegios de enseanza secundaria. Estas dos ltimas congregaciones dirigieron sus esfuerzos a la educacin de los sectores altos y medios y se concentraron en la sociedad hispano peruana. Cada una de estas rdenes construy su iglesia y sumadas a las numerosas del clero secular dependiente del obispo, pues llegaron a las famosas 34 iglesias de las cuales se enorgullece Ayacucho.

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Como vemos, durante la primera poca de la ciudad nacieron las iglesias ayacuchanas, numerosas y no muy elevadas. La Catedral comenz como un edificio de una sola planta ampliado por el obispo Castilla y Zamora, que le aadi dos naves laterales al tiempo de su solemne consagracin. Por su parte, las fachadas de las iglesias son sencillas y se hallan lejos de la ornamentacin recargada que aparece en las iglesias del sur peruano: Cuzco, Arequipa y Puno. Las iglesias cuentan con dos torres gemelas que sobresalen apenas unos metros por encima de los techos de las casas de dos pisos. Ese patrn se halla reproducido en la artesana de Quinua, donde la pequea iglesia de barro tiene todos los elementos estructurales de la iglesia ayacuchana prototpica. As, la iglesia ayacuchana esencial es pequea y de exterior ms bien sencillo. Pero, las iglesias ayacuchanas poseen un interior barroco de gran realce que contrasta con la fachada severa y sin mayor ornamentacin. Al interior de los templos se manifest el poder individual de los encomenderos y de los seores de las minas. Ellos mandaron construir esplndidas capillas laterales y retablos dorados que expresan el momento cumbre del barroco. De este modo, si el exterior es modesto, el interior, por el contrario, es suntuoso. Ayacucho es una de las pocas ciudades del Per que mantiene tantos edificios religiosos renacentistas, construidos durante los siglos XVI y XVII. Afortunadamente no fueron remodelados, sino que se construyeron nuevas iglesias a la moda del siglo XVIII. Entre ellas destaca la iglesia del convento de Santa Teresa, que reproduce la sencillez de las lneas que caracteriza a Ayacucho, completamente alejada de la exuberancia ornamental de Cuzco y Puno. Sin embargo, Santa Teresa tiene un altar principal de tres pisos y de tres calles, imponente y soberbio, dotado de gracia y movimiento gracias a infinidad de delicadas tallas en la madera. Los espejos le aaden delicadeza porque permiten reflejar a la multitud religiosa vestida con sus mejores galas. El retablo del altar mayor se complementa con el maderamen del coro alto, dotado de incrustaciones de marfil y concheperla, cuya elegancia lo convierte en una de las joyas mayores del arte virreinal peruano. As, Ayacucho desarroll una personalidad religiosa y arquitectnica propia, fundada en el contraste entre el exterior y el interior. Ese patrn se fund en el siglo XVI y se proyect en el tiempo a lo largo de la colonia.

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14. La fundacin de la Universidad San Cristbal El famoso obispo de Ayacucho Castilla y Zamora era hijo ilegtimo del anterior Rey de Espaa, Felipe IV, por lo tanto era hermano del Rey Carlos II. Por esta razn, el obispo tuvo influencia suficiente en la Corte para fundar la Universidad San Cristbal en 1677. En Huamanga, ya para aquel entonces exista el colegio jesuita fundado en 1604, ubicado en un solar de la actual primera cuadra del jirn 28 de Julio. Castilla y Zamora argument que para el crecimiento y progreso de la regin era indispensable que Huamanga cuente con una institucin de enseanza superior que otorgue grados acadmicos mayores. La iniciativa del obispo ayacuchano encontr la oposicin de la Universidad de San Marcos, que opin que no haba demasiada distancia entre Ayacucho y Lima; adems que haban muchos estudiantes en San Marcos que venan desde lugares mucho ms alejados que Ayacucho. Por ltimo, San Marcos opin que a la enseanza superior en el virreinato del Per le sobraba consigo misma y la Universidad del Cuzco, que ya exista. Pero, Castilla y Zamora adopt medidas para poner en marcha a San Cristbal; don su palacio y algunas casas situadas junto a la Catedral para el funcionamiento de la universidad; asimismo le otorg algunas propiedades urbanas para su sostenimiento; finalmente redact las constituciones de la fundada casa superior de estudios. En este sentido, el obispo Castilla y Zamora fund la universidad San Cristbal, aunque no termin de vencer las numerosas resistencias internas en el mismo virreinato del Per para ponerla en marcha. Por ello, el comienzo efectivo de clases tuvo que esperar ms de veinte aos, que fueron de redobladas presiones de la sociedad ayacuchana y tambin de los poderosos mineros de Huancavelica. La Universidad de San Marcos no ceda y el virrey no le daba el pase a San Cristbal, pese a contar con autorizacin real desde 1680 y bula pontificia dos aos despus. En esa situacin asumi el obispado de Huamanga Diego Ladrn de Guevara, quien logr que el virrey autorice la apertura de clases y el funcionamiento efectivo de la universidad. Corra el ao 1704 cuando Ladrn de Guevara tuvo la satisfaccin de presidir el solemne lanzamiento de la enseanza superior en Ayacucho. Este obispo aadi algunas constituciones a las primigenias redactadas por Castilla y Zamora. Adems, fue el primer rector y en este sentido es el segundo fundador de San Cristbal. Las labores acadmicas se iniciaron con dos facultades: Teologa y Artes. Los estudios de carcter general se daban a travs de la ctedra de

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gramtica y superado este primer estadio, los alumnos quedaban divididos segn sus intereses. Los estudios de Arte eran en realidad de lo que hoy llamamos Filosofa. Los estudiantes de esta especialidad reciban clases de Lgica, Fsica y Metafsica, siguiendo los preceptos de Aristteles. En esta facultad los grados concedidos eran de bachiller, licenciado y maestro. Por su parte, los estudiantes de Teologa seguan clases de Escolstica y de Moral. En Teologa, adems de los grados concedidos tambin por Artes se aada el grado de Doctor. 15. La empresa temporal de la Iglesia Catlica Hacia 1600 y en forma progresiva, la Iglesia Catlica fue surgiendo como una institucin terrateniente, duea de numerosas haciendas. Entre otras rdenes religiosas, interesa subrayar la importancia de la actividad de los jesuitas como organizacin econmica. Ellos fueron la cuarta orden religiosa en establecerse en Huamanga, habiendo llegado en la dcada de 1580. para ese entonces ya estaban establecidos los mercedarios, quienes fueron los primeros en 1541, luego los dominicos en 1548 y los franciscanos en 1552. Sin embargo, los jesuitas cobraron especial relevancia como empresa econmica desde su instalacin en el siglo XVI hasta su expulsin por los Borbones en 1767. Los jesuitas inician en 1626 la construccin de su iglesia y convento. Ellos le confirieron una formacin profesional a sus sacerdotes, concebidos como salvadores de almas con mentalidad moderna. Ellos era militantes de una organizacin religiosa que en paralelo dispona de objetivos econmicos muy claros y precisos. En el territorio de Ayacucho, su principal hacienda fue Ninabamba y abarcaba buena parte de la provincia de La Mar. En la hacienda Ninabamba, los jesuitas sembraban caa de azcar, ail; adems la propiedad tena bastante ganado vacuno y ovino, incluyendo manufactura puesto que dispona de un obraje y un molino. Asimismo, se hallaba la produccin de coca, extendida en el frente oriental de la hacienda, en las quebradas que corren al Apurmac. Esta gran hacienda dispona de numerosos pisos ecolgicos y su produccin se complementaba para obtener el mximo provecho posible. Ninabamba no era la nica hacienda de los jesuitas en Ayacucho; tambin alquilaban el obraje de Xaxamarca, que era propiedad de las monjas de Santa Clara y posean estancias y fundos en diversas partes. Entre sus productos destacaban los alfalfares y tambin los extensos cultivos de vid.

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Muchas rdenes religiosas, especialmente las monjas, se dedicaron a alquilar sus propiedades para vivir de sus rentas. Los conventos de Santa Clara y Santa Teresa tenan haciendas y obrajes que alquilaban a particulares. Sin embargo, los jesuitas s condujeron directamente sus propiedades y las orientaron al mercado. En ocasiones predominaba un producto principal, como por ejemplo, el azcar en el valle del Pachachaca, en Abancay, pero en otras propiedades, los jesuitas mantenan una produccin bastante diversa. Asimismo, los jesuitas combinaban todas las formas posibles de utilizacin de mano de obra: esclavos, colonos, yanaconas, mitayos y hasta presos que cumplan sus condenas trabajando para la orden religiosa. En el momento de la expulsin, en 1767, las propiedades de los jesuitas en Huamanga representaban el 5% del valor total de sus bienes en todo el virreinato del Per. Despus de esa fecha, el valor de sus propiedades decay en forma considerable, revelando lo bien organizados que haban sido sus dueos originarios. Como sealan los afamados viajeros espaoles, Jorge Juan y Antonio Ulloa, las rdenes religiosas en el siglo XVIII se haban concentrado en las ciudades; desde ah administraban su obra religiosa y sus propiedades. El campo era dominado por sacerdotes doctrineros, llamados seculares que vivan de los servicios religiosos que prestaban a las comunidades. El diezmo era un impuesto que la produccin pagaba para el sostenimiento de la religin catlica. Este impuesto iba en lo fundamental al cabildo eclesistico de Huamanga, que absorba el 52% de lo recaudado anualmente. En este sentido, el diezmo serva para el sostenimiento de la alta curia, mientras que los curas rurales vivan de los servicios que prestaban. 16. Repartos y rebeliones El sistema colonial incluy la autorizacin a los corregidores para repartir mercaderas en forma obligatoria a los indios de su jurisdiccin. De este modo, el corregidor fue un agente de la circulacin y de la expansin del mercado capitalista, aunque a costa de la compulsin extraeconmica.

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El puesto de corregidor sala al remate y los candidatos invertan fuertes cantidades en obtenerlo. Incluso, los candidatos a corregidor pagaban en estos remates bastante ms dinero que la suma de los salarios que el puesto devengaba. Los comerciantes adelantaban dinero para la puja y de salir vencedor, entonces repartira mercaderas provenientes de la tienda del comerciante en cuestin. El sistema dio origen a mltiples abusos. No obstante que las mercaderas solan tener utilidad para la economa campesina, los precios eran muy elevados y los indios resintieron los repartos. Peor an, los repartos se multiplicaron. Entre 1750 y 1780 su valor se triplic. En el caso de la gran rebelin de Tpac Amaru, 1780, no cabe duda que el reparto obligatorio de mercadera fue una de las razones de la lucha de los indgenas contra el sistema colonial. Sin embargo, esta rebelin se detuvo en las puertas de Ayacucho y salvo en la cuenca cocalera del Apurmac, la rebelin del cacique de Tinta no obtuvo apoyo en la regin. Inclusive se formaron tropas para enviarlas a combatir a Tpac Amaru. Entre ellas destac una columna enviada de Huanta conducida por los tenientes de los reales ejrcitos, Pedro Jos y Tadeo Lazn. Esa fue la primera vez que los recios campesinos iquichanos fueron convocados por los realistas para combatir a fuerzas rebeldes. Pocos aos atrs haba sido tambin la situacin de la rebelin de los ashanikas conducidos por Juan Santos Atahualpa, que logr estremecer toda la ceja de selva central, pero que se detuvo al llegar a la sierra de Ayacucho. En la regin de selva alta, tanto en Huanta como en la actual La Mar, hubo grandes tensiones y los corregidores montaron una expedicin en 1750 para enfrentar la reunin de multitud de indios denominados infieles, que amenazaban haciendas y asentamientos espaoles. Para aquel entonces, los sublevados haban muerto a flechazos a varios sacerdotes jesuitas que se haban adentrado en sus tierras a predicar la obediencia a la Iglesia Catlica y al Rey de Espaa. A pesar de que Ayacucho constituy una frontera de las grandes rebeliones indgenas y mestizas, a lo largo del siglo XVIII hubo muchas protestas populares a nivel local e incluso estallidos de protesta popular. Pero, no confluyeron en una sola gran rebelin ayacuchana, sino que se diluyeron a pequea escala. 17. Bibliografa Jaime Urrutia, Huamanga, regin e historia, 1536-1770, Ayacucho, Universidad San Cristbal de Huamanga, 1985.

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Miriam Salas, Fuentes y derrotero para el estudio de los obrajes en el Per colonial, en Amrica Latina en la Historia Econmica, 4, 1995. Lorenzo Huertas, Poblaciones indgenas en Huamanga colonial, en Etnohistoria y Antropologa Andina, Lima: Museo Nacional de Historia, 1981. Tom Zuidema, Algunos problemas etnohistricos del departamento de Ayacucho, Ayacucho: Mimeo, 1966. Alonso Carri de la Vandera, Concolocorvo, Itinerario de Buenos Aires a Lima, Pars: Trabajos y memorias del Instituto de Altos Estudios de Amrica Latina, 1961. Steve Stern, Los pueblos indgenas del Per y el desafo de la conquista espaola. Huamanga hasta 1640, Madrid: Alianza Editorial, 1986. Antonio San Cristbal, Esplendor del barroco en Ayacucho, Lima: Banco Latino, 1998. Enrique Gonzlez Carr, Jaime Urrutia y Yuri Gutirrez, La ciudad de Huamanga: espacio, historia y cultura, Ayacucho: Universidad San Cristbal de Huamanga, 1995. Virgilio Galdo, Ayacucho: conflicto y pobreza. Historia regional, siglos XVI XIX, Ayacucho: Universidad San Cristbal de Huamanga, 1992. Phelipe Guamn Poma de Ayala, Y no hay remedio, Lima: CIPA, 1991, Introduccin por Pablo Macera. Luis Cavero Bendez, Monografa de la provincia de Huanta, 2 Tomos, primera edicin en 1953, Lima: Editorial Horizonte, 2006. Universidad de San Cristbal de Huamanga, Libro jubilar en homenaje al tricentenario de su fundacin, 1677-1977. Ayacucho: UNSCH, 1977. Efran Morote Best, Huamanga entre 1539 y 1547: examen del primer Libro del Cabildo, Lima: Consejo Nacional de la Universidad Peruana, CONUP, 1975. Mara Pilar Prez Cant, El buen gobierno de don Felipe Guamn Poma de Ayala, Quito: ediciones Abya Yala, 1996.

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Roco Quispe Agnolli, La fe andina en la escritura: resistencia e identidad en la obra de Guamn Poma de Ayala, Lima: UNMSM, 2006. Mauro Vega Bendez, Conflicto, vida rural y representaciones coloniales: Huamanga en el siglo XVIII, Tesis para obtener el ttulo de Licenciado en Historia, Universidad San Cristbal de Huamanga, 1997.

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Gua Pedaggica

I. PREGUNTAS 1. 2. 3. 4. 5. 6. 7. Por qu se fund la ciudad de Huamanga? qu instituciones sociales y econmicas trajeron los espaoles? Qu era el Taki Onkoy y en qu se diferenciaba del culto al dios Sol? Cul fue el proceso de la evangelizacin colonial en Ayacucho? Porqu era tan intensa la actividad manufacturera artesanal en Huamanga? Cul fue la relacin entre haciendas y comunidades? Quines fueron los trabajadores de los obrajes?

II. ACTIVIDADES PEDAGGICAS 1. Ubique en el plano las iglesias y casonas principales de Huamanga 2. Ubique en el plano los barrios coloniales y realice la correlacin con las artesanas predominantes 3. Resuma los elementos estructurales de la arquitectura en la Huamanga colonial 4. Ubique en el mapa las principales rutas de arrieraje 5. Describa los telares y otros instrumentos de trabajo empleados en un obraje 6. Describa el trabajo en una panadera colonial. Visite una contempornea para entender el proceso 7. Visite el Archivo Regional y describa una seccin de sus fondos, profundice en algn legajo de su inters y comntelo con sus alumnos en clase 8. Revise la crnica de Guamn Poma y trabaje tres temas principales: la ciudad de Huamanga, el calendario anual y las escenas de trabajos agropecuarios. III. APRENDIZAJE En este captulo hemos aprendido acerca del encuentro entre hispanos y andinos. La fundacin y el desarrollo de Huamanga, as como la instroduccin de la encomienda, los obrajes y el arte religioso catlico; la catstrofe demogrfica que afect a los pueblos andinos, el fenmeno del Taky Onkoy; el funcionamiento de los curacazgo y la influencia religiosa en las comunidad; finalmente, la cultura urbana colonial y la fundacin de la Universidad San Cristbal de Huamanga. IV. GLOSARIO Pennsula: Tierra cercada por el agua, y que solo por una parte relativamente estrecha est unida y tiene comunicacin con otra tiera de extensin mayor. Vanguardia: Estar en el punto ms avanzado o estar delante. Avanzada de un grupo o movimiento ideolgico, poltico, literario, cultural, etc.

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Tenera: Nombre antiguo de la curtidura. Lugar o taller donde se curten y trabajan las pieles. Azogue: Nombre con que tambin se conoce al mercurio. Amalgamar: Mtodo de purificacin de los metales finos que consiste en combinarlos con mercurio. Autarqua: Poder para gobernarse por s mismos. Poltica de Estado que pretende limitarse a sus propios recursos internos, evitando las importaciones de otros pases Rosetones: Ventana cirular calada, con adornos. Adorno circular que se coloca en los techos Casa solariega: La estancia ms antigua y noble de una familia

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