Lee con atencin el siguiente texto:
Casi casi
(adaptacin)
Octavio siempre se las arreglaba para evitar la ms mnima de las decisiones sobre lo que tena que hacer habitualmente, se excusaba con un tpico casi casi. Es que as era Octavio. Para conocerlo mejor deberamos aceptar que mientras frecuent la escuela, logro hacerse popular por sus frases tpicas : casi-casi me saco una buena nota en la tarea de ciencias; en el partido de ftbol de la semana pasada casi-casi meto un gol. Uf!, que aburrido resultaba escuchar a Octavio diciendo siempre lo mismo. Como nuestro amigo casi qued en la Universisdad, su padre le consigui un trabajo en una tienda de calzado. Y desde que comenz a trabajar se le escucho decir a ms de un cliente; casi-casi le quedan bien estos zapatos. La verdad es que los zapatos quedan bien o no. Los casi-casi significaban por lo general, moretones y ampollas en los pies. Por eso , cuando el joven vendedor se expresaba de tal modo, los clientes lo miraban con no poca desconfianza. Una tarde, despus que Octavio diera un paseo por la avenida principal de la ciudad, regreso a su casa muy entusiasmado. Sucedi
que se haba topado por casualidad con una muchacha muy bonita y, segn l, casi-casi la haba conocido. Cuando su padre lo escuch contaar su casi aventura, verdaderamente enojado con su hijo, lo tomo de los hombros y reprendindolo muy molesto le dijo: -Mira Octavio, escucharte hablar de esa manera significa para mi que nunca te decides a nada y me imagino que nunca hars nada concreto en tu vida. Me pasa algo extrao contigo, a tal punto, que no alcanzo a reconocer tu rostro, ni mucho menos tu identidad. Luego de esa desagradable conversacin, Octavio se fue a acostar. Se durmi de inmediato y tuvo un sueo muy extrao. So que despertaba y que se iba directo al bao para darse una ducha reconfortante. Pero al mirarse al espejo su sorpresa era mayscula, pues no encontraba su nariz por ninguna parte; lo poco que reconoca de ella eran dos hoyitos por donde respirar. Increble, pero tampoco hallaba sus orejas. Lo que peor le pareca era tambin la desaparicin de sus ojos; ms bien estaban escondidos detrs de un par de cavernitas, por donde, a duras penas, el joven Octavio distingua lo que suceda alrededor. Mucho menos saba de las numerosas pecas que antes cmodamente vivan en sus mejillas. Tampoco poda ubicar sus cejas, ni las hirsutas pestaas que lo caracterizaban. La verdad es que con todas estas desapariciones, el joven tena el aspecto de una blanca tortilla ante de ser metida al horno.
Entonces en el sueo- muy asustado bajaba por las escaleras. Pero cuando llegaba a la planta baja de la casa, se tena que enfrentar con su madre, quien, sorprendida por lo que vea golpeaba con una escoba esa cosa extraa cosa que se presentaba ante su vista; por eso ahuyent como si fuera un peligro intruso. Como el joven no saba explicar a su madre lo que estaba pasando, sali disparado en direccin a su trabajo. Pero antes, a Octavio se le ocurri salir a la calle, enrollando su rostro con una larga bufanda; adems, para preservar su identidad, se puso unos enormes lentes de sol, tal como lo haba ledo en una famosa novela que trataba de un fabuloso hombre invisible.
Cuando lleg a la tienda de calzado, el jefe no repar en su nuevo rostro de tortilla cruda. Octavio lo salud con respeto como todas las maanas y el mal educado ni siquiera levant la cabeza para contestarle, aunque, por esta vez, le perdon lo descorts, pues pens que le convena pasar inadvertido. Cuando el joven se dispuso a trabajar, lo primero que vio fue una mujer sentada en un silln, esperando ser atendida. Octavio quiso se amable con ella, por lo que tomo la iniciativa, calculo el tamao de los pies de la dama y baj a la bodega por unos pares de zapatos para que ella eligiera a su gusto. Con el entusiasmo no se dio cuenta de que la bufanda se le desprendi de la cabeza y sigui muy concentrado. El muchacho le ofreci las cajas a la dama. Pero la mujer abri tamaos ojos, un fantasma! Qu locura es esta?, pens Octavio. Pero al buscar su imagen reflejada en el espejo vio que su ropa se balanceaba como si estuviera secndose en un cordel en el patio de su casa. Haba desaparecido completamente! Al comprender que segua transformndose, se sent en la alfombra y restregndose los ojos- que crea tener- sollozo con desconsuelo , hasta que escucho a su mam. -Despierta, Octavio, llegars tarde a tu trabajo! Oh, casi-casi lo olvido!- le contest sentndose en la cama al tiempo que se rasc la cabeza. Pero cuando lo hizo se asust por que pens que se le podan desaparecer una de sus orejas. Para comprobar que tena ambas, las busc con desesperacin, atemorizado por el sueo reciente. Por fin encontr las orejas; entonces de inmediato salt de la cama y vistindose con prisa parti al trabajo, sin siquiera desayunar ni saludar a su madre. Durante el viaje pens mucho en el sueo y
comprendi que desde aquel momento asumira su vida con mayor seguridad y claras decisiones. Cuando lleg a la zapatera, lo primero que hizo fue saludar a su jefe y este ni se digno a mirarlo, contestndole con un murmullo. Despus al ver a una mujer sentada en un silln esperando a que la atendiera, fue por. Qu sigue despus? Ah, claro! Octavio fue por un par de zapatos, oh, si, casis-casi olvido terminar! Epa!, Dnde est mi nariz!