Alejandra Zoppi
Caperucita en la ciudad
Cape, Cape, se sinti llamar a Mnica, mi vecina. Es muy habitual escuchar ese llamado, ya que todos los das ocurre al mismo horario y de la misma manera. En realidad ya no recuerdo cunto hace que Mnica llama con tanta insistencia a su hija Caperucita; es rutina desde que la jovencita dej de ir al colegio y se dedic a salir todas las noches y por la maana lo nico que quiere es dormir y que nadie ose molestarla. Su madre insiste y su insistencia, a medida que van corriendo los minutos, va siendo cada vez ms efusiva hasta convertirse en gritos que superan las gruesas paredes de su departamento y retumban en el mo. No siempre fue as la relacin entre esta madre y su hija; hasta hace un ao atrs todo era muy diferente. Eran una familia unida y su vida transcurra sin contratiempos; pero esto cambi en un da de primavera. Recuerdo claramente ese da porque era el cumpleaos de mi pequeo hijo y Mnica se haba ofrecido a ayudarme con los preparativos de la fiesta. Esa maana el sol era radiante y la brisa traa todos los olores entremezclados de las flores que estaban en plenitud. Cape se haba levantado temprano porque su madre la haba mandado a llevar a su abuela unas plantitas de tomate para que las sembrara en su huerta. Mnica deca que su mam tena manos mgicas y que en su huerta nacan los mejores tomates que poda comer. La abuela viva a unas horas de colectivo de all, por lo que Caperucita sali bien temprano as regresara lo ms pronto posible. La jovencita tom el cincuenta y tres para ir a donde viva su abuela. Llevaba en una canasta las plantitas envueltas y prolijamente acomodadas para que no se rompieran con al traqueteo del colectivo. Unas cuadras ms adelante, en una de las paradas de dicho micro, subi un hombre, el cual no pasara de los treinta; llevaba un traje gris con camisa al tono y un portafolio negro. Mir hacia donde estaba Caperucita y se sent a su lado. Ola a perfume francs y estaba correctamente peinado hacia atrs, se notaba que tena el pelo bastante largo. No pasaron muchos minutos que empez a dialogar con la joven. Le hizo algunas preguntas sobre las plantitas que sta llevaba en su canasta y le cont que a l tambin le gustaban los vegetales y que, de hecho, era vegetariano, por lo cual conoca bastante del tema. Con el transcurrir del dilogo Caperucita le cont que iba a la casa de su abuela a llevarle aquellas plantas y que sta viva sola en una pequea casita, en el barrio de Liniers.
Alejandra Zoppi
Cuando haban pasado, ms o menos, media hora de viaje, el hombre, que dijo llamarse Francisco Lobo, se despidi de Caperucita y baj del colectivo con rumbo desconocido. La jovencita sigui su viaje y al cabo de unos cuantos minutos ms lleg a la esquina de la cuadra en que viva su abuela. En el trayecto hacia la casa se encontr con don Mateo, vecino de su abuela, quien la salud muy amablemente, preguntndole por su familia; Caperucita respondi al saludo. Cuando lleg a la puerta de la casa de su abuela la encontr semi-abierta y entr llamndola por el nombre. Desde la habitacin se oy una voz un poco ronca que le deca que se dirigiera hacia all. Entr a la habitacin y se encontr que su abuela estaba en la cama, tapada hasta la cabeza. La joven se acerc y le pregunt que le suceda, a lo que la abuela respondi, con voz an ms ronca, que no se senta bien. De inmediato se dio cuenta de lo rara que sonaba su voz y se acerc an ms. Cuando quiso correr las sbanas para ver el rostro de su abuela, sinti que una gran mano la tomaba con mucha fuerza de la cintura y que la arrojaba hacia la cama. Con mucha sorpresa se dio cuenta de que era un hombre quien estaba en aquel lugar. Aterrada, slo atin a gritar con todas sus fuerzas. A pesar de que el hombre le tapaba la boca, pudo zafarse y gritar an ms fuerte. Forceje y logr desprenderse de aquellas manos que la aferraban. Cuando mir a aquel hombre se dio cuenta que era el mismo del colectivo. Sus gritos fueron escuchados por el vecino, quien acudi de inmediato, y entrando como una tromba, logr amedrentar al delincuente. Ms adelante se supo todo. El hombre haba sacado informacin a Caperucita en el colectivo, y sabiendo que su abuela estaba sola fue hasta su casa y la sorprendi. La enga dicindole que conoca a su nieta de quien, para ser ms creble, le dio algunos datos como color de pelo, de ojos, estatura y otras caractersticas. Cuando logr tener toda la confianza de la anciana, la someti y le sustrajo las pocas pertenencias que tena. La haba encerrado en el bao y se haba metido en la cama a esperar la llegada de la joven. Sus intenciones para con ella no eran, seguramente, muy diferentes a las que tuvo con su abuela. Gracias al vecino no pudo lograr su cometido y fue apresado. Desde ese da Caperucita dej de ser una joven alegre y confiada. Senta que por haber sido as perjudic a su abuela; se senta culpable. Esa experiencia la convirti en una chica desconfiada, malhumorada e intolerante. Su relacin con la familia tambin cambi y dej de interesarse por todo. Evidentemente dej de ser, de golpe y por aquellas circunstancias, una joven alegre y dinmica. Haba crecido de golpe y senta haber perdido su inocencia, lo que la perturbaba. Ya nunca volvi a ser la misma.