100%(5)100% encontró este documento útil (5 votos) 14K vistas76 páginasFelisberto Hernández - Las Hortensias
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RXPLICACION FALSA DE MIS CUENTOS
Obligado © traicionado por mi misma a decir cémo hago mis cuentos,
recurriré a explicaciones exteriores a ellos, No son completamente natu-
rales, en el sentido de no intervenir la conciencia. Eso me seria antipético.
No son dominados por una teoria de la conciencia. Esto me seria extre-
madamente antipatico. Preferirta decir que esa intervencién es misteriosa.
Mis cuentos no tienen estructures Idgicas, A pesar de la vigilancia cons-
tante y rigurosa de la conciencia, ésta también me es desconocida. En an
momento dado pienso que en un rincdén de mit nacerd una planta. La em-
piezo a acechar creyendo que en ese rincén se ba producido algo raro,
Pera que podria tener porvenir artkstico, Seria feliz si esta idea no fra-
casara del todo. Sin embargo, debo esperar yn tiempn ignorado: no sé
cémo bacer germinar la planta, ni cdmo favorecer, ni cuidar su crecimien-
to, slo presiento 'o deseo que tenga bojas de poestas; 0 algo que se trans-
forme en poesta si la miran ciertos ojos. Debo cuidar que no ecupe mucha
espacto, que no pretenda ser bella o intensa, sino que sea la planta que
ella misma esté destinada a ser, y ayudarla a que lo sea. AL misrao tiempo
vila ceecerd de acuerdo a un contemplador gl que no bard mucho caso
si él quiere sugerirle demastudas intenciones q grandezas. Si es una planta
ducis de st misma tendré una poesia natural, desconocida por ella misna.
Ella debe ser como una persona que vivird no sabe cuinto, con necesi-
dudes proptas, con un argulla discreto, un poco torpe y que parezca im-
Pravisedo. Ella ntisma no conocera sus leyes, aunque profundamente las
tenga 9 la conciencia no las alcance. No sabré el grado y la m' aera en que
la conciencia intervendrd, pero en iltima instancia impondrd su voluntad. Y
ensefiard a la conciencta a ser desinteresada,
Lo mds seguro de tado es que yo no sé cémo hago mis cuentos, por-
que cada uno de ellos tiene su vida extraia y propia. Pero también sé
que viven peleando con lu concieneia para evitar los extranjeros gue ella
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216LAS HORTENSIAS
A Marte Luise
Au Lavo de un jardin habfa una fSbrica y los ruidos de las méquinas
se metfan entre las plantas y los drboles. Y al fondo del jardin se vefa
una casa de patina oscura. El duefio de Ia “casa negra” eta un hombre
alto. Al oscusecer sus pasos lentos venian de la calle; y cuando entraba
al jardin y a pesar del ruido de Jas méquinas, parecla que los pasos mas-
ticaran el balasto. Una noche de otofis, al abrir la puerta y entornar los
ojos para evitar la luz fuerte del hall, vio a su mujer detenida en medio
de Ja escalinata; y al mitar los escalones desparramindose hasta Ja mitad
del patio, le patecié que su mujer tenfa puesto un gran vestido de mar-
mol y que la mano que tomaba la baranda, recogfa el vestido. Ella se dio
cuenta de que 4 venfa cansado, de que subirfa al dormitorio, y esperd
a una sonrisa que su matido Megara hasta ella, Después se besaron,
3
—Hoy los muchachos tetminaron las escenas...
—Ya sé, pero no me diges nada.
Ella lo acompafié hasta la puerta del dormitotio, le acaricié Ja nariz
con un dedo y lo dejé solo, El tratarfa de dormir wn poco antes de Ja
cena; su cuarto oscuro sepatarfa las prencupaciones del dfa de los pla-
ceres que esperaba de ta noche. Oyé con simpatia come en la infancia,
el stido atenuado de las méquinas y se durmid. En el suefio vio una luz
que salfa de la pantalla y daba sobre una mesa. Alrededor de la mesa
habfa hombres de pie. Uno de ellos estaba vestido de frac y decfa: “Es
necesario que la marcha de la sangre cambie de mano; en vez de it por
las arterias y venir por las venas, dehe ir por las venas y venit por las
arterias”. Todos aplaudieron e hicieron exclamaciones; eotonces el hombre
vestido de fruc fie a un patio, monté a caballo y al salir galopando, en
medio de Jas exclamaciones, las herraduras sacaban chispas contra las
piedras, Al despertar, el hombre de lt casa negra recardé el suefio, re-
conociS en la marche de le sangre lo que ese mismo dia habla ofdo decir
217—en ese pafs los yehfculos cambiarfan de mano— y tuvo una sontisa.
) Después se vistié de frac, volvié a recordar al hombre del suciio y fue
j al comedor, Se acercé a su mujer y micntras le metfa Jas manos abiertas
en el pelo, decta;
: —Siempre me olvido de traer un lente para ver cémo son las plantas
, que hay en el verde de estos ojos; pero ya sé que el color de la piel lo
consigues froténdote con aceitunas.
) Su mujer le acaricié de nuevo 1a nariz con el indice; después lo hun-
dié en la mejilla de él, hasta que el dedo se doblé como una pata de
mosca y le contesté;
) —i¥ yo siempre me olvido de traer unas tijeras para recortarte Jas
cejas!—, Ella se senté a la mesa y viendo que él salia del comedor le
) preguntd:
—¢Te olvidaste de algo?
y Quin sabe. -
El volvié en seguida y ella pensé que no habia tenido tiempo de ba-
blar por teléfono.
—2No quieres decirme a qué fuiste?
—No.
—Yo tampoco te diré qué hicieron hoy los hombres.
El ya le habla empezado a contestar:
—No, mi querida aceituna, no me digas nada hasta el fin de la cena.
Y se sitvié de un vino que recibla de Francia; pero las palabras de
su mujer habfan sido como pequefias piedras caidas en un estanque donde
vivian sus manfas; y no pudo abandonar Ia idea de lo que esperaba ver
) esa noche. Coleccionaba mufiecas un poco més altas que las mujeres
normales. En un gran salén habfa hecho construir tres habitaciones de
vidrio; en la més amplia estaban todas las mufiecas que esperaban el
) instante de ser clegidas pata tomar parte cn cscenas gue componfan en
las otras habitaciones. Esa tarea estaba a cargo de muchas personas: en
’ primer término, autores de leyenda (en pocas palabras debia expresar
) Ia situacién en que se encontraban las muficcas que aparecfan en cada
habitacién); otros artistas se ocupaban de Ja escenograffa, de los vestidos,
) de la misica, etc. Aquella noche se inaugurarfa la segunda exposicién; él
) la mirarfa mientras un pianista, de espaldas a él y en el fondo del saldén,
ejecutarfa Jas obras programadas.- De pronto, cl duefio de la casa negra
) se dio cuenta de que no debfa pensar en eso durante la cena; entonces
sac6 del bolsillo del frac unos gemelos de teatro y traté de enfocar la
) cara de sa mujer.
isiera saber si Jas sombras de tus ojetas son producidas por
vegetaciones. . .
} Ella comprendié que su marido habfa ido al escritorio a buscar los
| gemelos y decidié festejarle 1a broma. El vio una cipula de vidtio; y
cuando se dio cuenta de que era una botella dejé los gemelos y se sitvié
y
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