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La Confesión

El documento es un extracto de un cuento de Guy de Maupassant donde un hombre llamado Badon-Leremince confiesa un crimen a sus hijos en su testamento. Badon-Leremince explica que cuando era joven y vivía solo en París, sufría de soledad y tuvo una amante para acompañarlo. Sin embargo, cometió un crimen terrible del que se arrepintió toda su vida.
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El documento es un extracto de un cuento de Guy de Maupassant donde un hombre llamado Badon-Leremince confiesa un crimen a sus hijos en su testamento. Badon-Leremince explica que cuando era joven y vivía solo en París, sufría de soledad y tuvo una amante para acompañarlo. Sin embargo, cometió un crimen terrible del que se arrepintió toda su vida.
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La confesin

[Cuento. Texto completo]

Guy de Maupassant

Todo Vziers-le-Rthel haba asistido al duelo y al entierro del seor Badon-Leremince, y las ltimas palabras del discurso del delegado de la Prefectura se grabaron en la memoria de todos: Era un modelo de honradez! Modelo de honradez lo haba sido en todos los actos apreciables de su vida, en sus palabras, en su ejemplo, en su actitud, en su comportamiento, en sus negocios, en el corte de su barba y la forma de sus sombreros. Jams haba dicho una palabra que no encerrara un ejemplo, jams haba dado una limosna sin acompaarla con un consejo, jams haba tendido la mano sin que pareciera una especie de bendicin. Dejaba dos hijos: un varn y una hembra; el hijo era diputado provincial, y la hija, casada con un notario, el seor Poirel de la Voulte, una de las ms encopetadas damas de Vziers. Se mostraban inconsolables por la muerte de su padre, pues lo amaban sinceramente. En cuanto termin la ceremonia, regresaron a la casa del difunto y, encerrndose los tres, el hijo, la hija y el yerno, abrieron el testamento que deban conocer ellos solos, y slo despus de que el atad hubiera recibido tierra. Una anotacin en el sobre indicaba esta voluntad. Fue el seor Poirel de la Voulte quien rompi el sobre, en su calidad de notario habituado a estas operaciones, y, ajustndose las gafas en la nariz, ley, con su voz apagada, habituada a detallar los contratos:

Hijos mos, queridos hijos, no podra dormir tranquilo el sueo eterno si no les hiciera, desde el otro lado de la tumba, una confesin, la confesin de un crimen cuyos remordimientos han desgarrado mi vida. S, he cometido un crimen, un crimen espantoso, abominable. Tena yo entonces veintisis aos y haca mis primeras armas en el foro, en Pars, llevando la vida de los jvenes de provincias que van a parar, sin relaciones, sin amigos, sin parientes, a esa ciudad. Tuve una amante. Mucha gente se indigna ante esa mera palabra, una amante, pero hay seres que no pueden vivir solos. Yo soy de esos. La soledad me llena de una terrible angustia, la soledad en el hogar, junto a la chimenea, por la noche. Me parece entonces que estoy solo en la tierra, espantosamente solo, pero rodeado por vagos peligros, por cosas desconocidas y terribles; y el tabique que me separa de mi vecino, de un vecino al cual no conozco, me aleja de l tanto como de las estrellas que vislumbro desde mi ventana. Me invade una especie de fiebre, una fiebre de impaciencia y de temor; y el silencio de las paredes me asusta. Es tan profundo y triste ese silencio de la habitacin donde uno vive solo! No se trata solamente de un silencio en torno al alma, y cuando un mueble cruje, uno se estremece, hasta lo hondo del corazn, pues no espera el menor ruido en ese ttrico albergue. Cuntas veces, nervioso, atemorizado por esa inmovilidad muda, no me habr puesto a hablar, a pronunciar palabras, sin orden ni concierto, para hacer ruido. Mi voz entonces me pareca tan extraa que tambin me daba miedo. Hay algo ms espantoso que hablar solo en una casa vaca? La voz parece de otro, una voz desconocida, que habla sin motivo, con nadie, en el aire vaco, sin ningn odo que la escuche, pues ya se sabe, antes de que se escapen en la soledad del piso, las palabras que van a salir de la boca. Y cuando resuenan lgubremente en el silencio, ya slo parecen un eco, el eco singular de palabras pronunciadas muy bajito por el pensamiento. Tuve una amante, una joven como todas esas jvenes que viven en Pars de un oficio insuficiente para alimentarlas. Era dulce, buena, sencilla; sus padres vivan en Poissy. Ella

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