LA PALOMA Patrick Sskind
Cuando le ocurri lo de la paloma, que -desquici su existencia de la noche a la maana, Jonathan Noel ya pasaba de los cincuenta, tena a sus espaldas un perodo de veinte aos largos exentos del menor incidente y jams hubiese contado con que pudiera sucederle todava algo trascendental excepto, en su da, la muerte. Y le pareca muy bien, ya que los sucesos no le gustaban e incluso aborreca los que trastornaban el equilibrio interior y sembraban la confusin en el orden exterior de la vida. La mayora de estos sucesos se remontaban, gracias, a Dios, a mucho tiempo atrs, al triste pasado de su infancia y juventud del que prefera no acordarse nunca y, que, si lo haca, le causaba la mayor desazn: una tarde de verano en Charenton, en julio de 1942 cuando volva a su casa despus de pescar -aquel da haba descargado una tormenta y llovido despus de un calor prolongado, y por el camino hacia su casa se haba quitado los zapatos y caminado con los pies descalzos por el a sfalto caliente y hmedo, pisando los charcos, un placer indescriptible... - lleg, pues, a su casa despus de pescar y corri a la cocina con la esperanza de encontrar all a su madre, guisando; pero su madre no estaba, slo estaba el delantal, colgado del respaldo de la silla. Su madre se haba ido, dijo el padre, haba tenido que emprender un largo viaje. Se la han llevado, dijeron los vecinos, primero al Vlodrome d'Hiver y ms tarde al campo de Drancy y de all al Este, de donde nadie regresa. Y Jonathan no comprendi nada de este hecho, el hecho lo confundi totalmente, y unos das despus tambin su padre desapareci, y Jonathan y su hermana pequea se encontraron de repente en un tren que se diriga al Sur, y fueron acompaa dos de noche por unos desconocidos a travs de una pradera y arrastrados por un trozo de bosque y puestos de nuevo en un tren que se diriga al Sur, lejos, increblemente lejos, y un to al que no haban visto nunca los recogi en Cavaillon y los llev a su granja, cerca del pueblo de Puget, en el valle del Durance, y all los mantuvo ocultos hasta el final de la guerra. Entonces los puso a. Trabajar en los campos de labranza. A principios de los aos cincuenta -Jonathan ya empezaba a encontrarle gusto a la vida. de labrador - su to le dijo que deba presentarse para el servicio militar y Jonathan, obediente, se enganch por tres aos. Durante el primero se dedic exclusivamente a acostumbrarse a las incomodidades de la vida en comn y de cuartel. En el segundo le embarcaron con destino a Indochina, y pas la mayor parte del tercer ao en un hospital, con disentera ambica, una bala en un pie y otra en una pierna. Cuando volvi a Puget en la primavera de 1954, su hermana haba desaparecido, emigrado a Canad, segn_ le dijero n. El to exigi a,.,hora a Jonathan que se casara sin prdida de tiempo y, precisamente, con una muchacha llamada Marie Baccouche, del pueblo vecino de Lauris, y Jonathan, que no la haba visto nunca, hizo lo que le mandaban,
incluso de buen grado, porque a pesar de no tener una idea exacta sobre el matri- monio, esperaba encontrar por fin en l aquel estado de tranquilidad montona y ausencia de incidentes, que era su nico deseo. Sin embargo, cuatro meses despus Marie dio a luz un nio, y aquel mismo ot oo se fug con un tunecino, vendedor de frutas en Marsella. De estos ltimos sucesos concluy Jonathan que no se poda confiar en los seres humanos y slo era posible vivir en paz mantenindose alejado de ellos. Y como ahora era adems el hazmerrer del pueblo, lo cual no le molestaba por la burla en s, sino por la atencin general que suscitaba, tom una decisin por primera vez en su vida: fue al Crdit Agricole, retir sus ahorros, hizo la maleta y se march a Pars. Entonces tuvo dos grandes golpes de suerte. Encontr trabajo de vigilante en un Banco de la rue de Svres y encontr un techo, lo que se llama una chambre de bonne, en el sexto piso de una casa de la rue de la Planche. Se acceda a la habitacin por un pasillo interior, la angosta escale ra de la entrada de proveedores y un pasillo estrecho dbilmente iluminado por una ventana. A este pasillo daban dos docenas de cuartuchos con puertas numeradas, pintadas de gris, y al fondo se hallaba el nmero 24, la habitacin de Jonathan. Meda tres metros cuarenta de longitud por dos metros veinte de anchura y dos metros cincuenta de altura, y posea como nicas comodidades una cama, una mesa, una silla, una bombilla y una percha; nada ms. En los aos sesenta se aument la potencia elctrica lo sufici ente para conectar una placa de cocina y una estufa; se instalaron caeras de agua corriente y se provey a las habitaciones de lavabos y calentadores. Hasta entonces, todos los inquilinos del desvn, si no infringan la prohibicin de usar un infiernillo de alcohol, haban comido fro, dormido en habitaciones fras y lavado sus calcetines, su escasa vajilla y a s mismos con agua fra en un nico lavabo en el pasillo, junto a la puerta del retrete comn. Nada de esto molestaba Jonathan, que no buscaba com odidad, sino un albergue seguro que slo le perteneciera a l, que le protegiera de las desagradables sorpresas de la vida, y del que nadie pudiera echarle nunca. Y cuando entr por primera vez en la habitacin nmero 24 supo en seguida: Esto es lo que sie mpre has querido, aqu te quedars. (Exactamente lo que se supone que ocurre a los hombres en el llamado amor a primera vista, cuando sienten de pronto que una mujer desconocida hasta ahora es la mujer de su vida y permanecern a su lado hasta el fin de sus das.) Jonathan Noel alquil esta habitacin por cinco mil francos antiguos al mes, sala de ella cada maana para ir al trabajo en la cercana rue de Svres, volva al atardecer con pan, salchichas, manzana y queso, coma, dorma y era feliz. Los domingos no abandonaba ni un momento la habitacin, sino que la limpiaba y cambiaba las sbanas de la cama. As vivi, tranquilo y satisfecho, ao tras ao, decenio tras decenio. En este tiempo cambiaron determinadas cosas externas, como el precio del alquiler y la clase de inquilinos. En los aos cincuenta vivan an muchas chicas de servicio en los otros cuartos, adems de parejas jvenes y algunos jubilados. Ms tarde se vio entrar y salir a muchos espaoles, portugueses y
norteafricanos. A fines de los aos sesenta dominaron los estudiantes, y, despus dejaron de estar alquiladas las veinticuatro habitaciones. Muchas permanecas vacas o servan a sus propietarios, que vivan en los pisos inferiores, de trastero o cuarto de invitados ocasional. El nmer o 24 de Jonathan se haba convertido al correr los aos en una vivienda relativamente confortable. Haba comprado una cama nueva y empotrado un armario en la pared, cubierto con una moqueta gris los siete metros y medio cuadrados de suelo y , forrado con un bonito papel rojo brillante el rincn donde cocinaba y se lavaba. Posea una radio, un televisor y una plancha. Ya no colgaba sus vveres, como antes, en el exterior de la ventana, dentro de una bolsita, sino que los guardaba en una nevera diminuta coloc ada debajo del lavabo, de modo que ahora la mantequilla no se le derreta ni se le secaba el jamn aun en el verano ms caluroso. A la cabecera de la cama se haba clavado un estante en el que tena nada menos que diecisiete libros, que
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