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Vida y Misterio de Jesus de Nazaret II - Martin Descalzo

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josé luis martín descalzo

vida y misterio
de
jesús de nazaret
II
el mensaje

ediciones sígneme
NUEVA ALIANZA 104 josé luis martín descalzo
vida y misterio
de
jesús de nazaret
II
el mensaje
SEGUNDA EDICIÓN

Otras obras de J. L. Martín Descalzo


publicadas por Ediciones Sigúeme:

- La hoguera feliz (Pedal, 161), 2. a ed.


- La Iglesia, nuestra hija (Pedal, 174), 2. a ed.
- Vida y misterio de Jesús de Nazaret I (Nueva Alianza, 103), 3. a ed.
- Palabras cristianas de Ch. Péguy (Pedal, 163), 5. a ed.
(Selección, traducción e introducciones de J. L. Martín Descalzo)
ediciones sigúeme - salamanca 1987
CONTENIDO

Introducción 9
1. El reino de Dios anunciado a los pobres 13
I. El Reino: un nuevo orden de cosas 24
II. El reino «de Dios» 30
III. Un reino para el hombre 37
IV. El Reino de los pobres 38
V. Un Reino por el que hay que apostar 41
VI. Un Reino de gozo 43
2. Cueva de ladrones 45
3. El visitante nocturno 62
4. La mujer de los cinco maridos 70
5. Los signos del Reino 77
I. El sello del Rey 80
II. Jesús médico 105
III. La lucha con Satanás 122
IV. Señor de la vida y de la muerte 130
V. Señor de los vientos y las olas 136
VI. El sábado 142
VIL El perdón de los pecados 149
VIII. Dadles vosotros de comer 156
6. Las palabras de Jesús, leyes del Reino 165
I. Amarás 174
II. Amor de Dios, amor a Dios 182
© Ediciones Sigúeme, S.A., 1986 III. Amor al hombre 191
Apartado 332 - 37080 Salamanca (España) IV. Jesús ante la realidad social 200
ISBN: 84-301-0994-3 (obra completa) V. Las otras discriminaciones 216
ISBN: 84-301-1011-9 (tomo II) 1. Jesús y la mujer 217
Depósito legal: S. 830-1986 2. Jesús y los niños 223
Printed in Spain 3. Jesús y los judíos y gentiles 229
Imprime: Gráficas Ortega, S.A.
Polígono El Montalvo - Salamanca, 1986 VI. Las ideas políticas de Jesús 235
7. Les hablaba en parábolas 246 INTRODUCCIÓN
I. Salió el sembrador 253
II. Investigación sobre el corazón de Dios 270
III. El riesgo de salvarse 285
8. Bienaventuranzas, las ocho locuras de Cristo 292
9. El padrenuestro 312
10. La cabeza del Bautista 336
11. Los ciudadanos del Reino 352
I. Jesús y su familia 354
II. Jesús y María 362
III. Los doce 372
IV. El pueblo de Dios 394
12. La gran apuesta (los obstáculos del Reino) 399
I. La presencia del mal 400
II. El profeta de la alegría 403
III. Jesús, ante el dolor del mundo 406
IV. Jesús, el pecado y los pecadores 408 «Pero ellos no entendían lo que les decía y no se atrevían a hacerle
V. La vida como riesgo 423 preguntas» (Me 9, 32). El primer volumen de esta obra se cerraba con
esta dolorosa constatación: sus contemporáneos no entendieron a
13. La muerte y la resurrección en el horizonte 428 Jesús. No le comprendieron —y esto es lógico— sus enemigos. Pero
14. Jesús, encarnación del Reino 448 tampoco sus amigos consiguieron llegar a su fondo. Lo que él decía
era, realmente, demasiado revolucionario, demasiado nuevo como
para que pudiera caber en sus cabezas.
Pero lo verdaderamente desconcertante es que lo mismo nos
ocurra a quienes, dos mil años después, nos llamamos cristianos. Y lo
prueba el hecho de que, a pesar de llamarnos sus seguidores, nuestras
vidas no han cambiado y se parecen desgarradoramente a las de los
no creyentes.
Tal vez nos ocurre como a quien, habiendo nacido y vivido
siempre al pie de una maravillosa catedral, termina por no verla. Pasa
ante ella todos los días y no la ve. Jamás levanta hacia ella sus ojos. Se
maravilla incluso de que los turistas la contemplen con embobada
emoción. El la ha visto tanto, que ya no puede verla.
Sería bueno, por ello, que empezásemos por reconocer que el
mensaje de Jesús sigue siendo, aun para los cristianos, el gran desco-
nocido. Sabemos, tal vez, de memoria sus palabras, pero las hemos
previamente desposeído de cuanto tenían de fuego y quemadura.
Conocemos los hechos de su vida, mas los hemos convertido en una
historia más, casi diría que en una «historieta» como tantas.
Tenía plena razón Tresmontant al escribir:

En definitiva y en el fondo la doctrina de Jesús de Nazaret no es tan


conocida como suele creerse, incluso en el occidente cristianizado. Con
harta frecuencia se procede a reducir la doctrina evangélica a un vago
moralismo, a un humanitarismo un tanto sentimental, un tanto afemi-
nado. Abunda la idea de que todo se resume en el precepto «Amaos los
10 Introducción Introducción 11
unos a los otros» entendido superficialmente. Una filantropía, en históricas nos inclinan a pensar que la predicación del Bautista y el
suma, pero menos eficaz que la fraternidad revolucionaria. Un sueño bautismo de Jesús pudieron ocurrir entre los años 27 y 29 de la era
un tanto dulzón e inconsistente. Una religión para mujeres y para seres
débiles. cristiana. Por lo que, si Cristo nació, como ya hemos dicho, entre los
años 4 y 7 antes de esa era, tendríamos que calcular que Jesús estaba
Hoy seguramente Tresmontant hubiera tenido que añadir un más cerca de los 35 que de los 30 al iniciar su predicación. Pero todo
nuevo dato a su diagnóstico: porque, junto a esa visión de moralismo son conjeturas.
blandengue, ha aparecido en las últimas décadas otra variante carica- Tampoco conocemos cuánto tiempo duró su vida pública. Juan,
turesca: la de quienes hacen derivar el evangelio hacia la justificación en su evangelio, alude a tres celebraciones de la pascua —con lo que la
de sus opciones políticas, pero, esta vez, desposeyéndole de cuanto vida pública de Jesús habría durado algo más de dos años— pero los
tiene de trascendencia y teocentrismo. sinópticos cuentan una sola pascua y parecen reducir el tiempo de su
Por ello será bueno que tercamente volvamos a leer el evangelio predicación a pocos meses. Y así tenemos opiniones de todos los
para preguntarnos qué vino en realidad a decirnos Jesús, cuál fue la gustos entre los especialistas: entre los cuarenta meses que calcula
visión del mundo que él nos aportó, que tipo de «cambio» fue el que Filión, las pocas semanas que —con pocas bases serias— suponen
vino a introducir en el mundo. Schweit y Guignebert, y los dos años y pico a los que se inclina la
Nunca acabaremos de entenderlo. El evangelio —decía Dmitry mayoría de los expertos.
Merejkovsky— es insondable: Menos conocemos aún el orden de los sucesos dentro de ese
período: Juan —que habitualmente es mejor cronólogo que los demás
Libro extraño éste. Nunca se acaba de leerlo entero. Gusta leerlo. Mas evangelistas— coloca la expulsión de los mercaderes del templo al
parece que siempre queda por terminar, que se ha omitido algo, que comienzo, inmediatamente después de las bodas de Cana. Los otros
algo queda.por comprender. Se le vuelve a leer y se sigue teniendo la evangelistas la sitúan en las semanas anteriores a su muerte.
misma impresión. Y así, una vez y otra vez. Igual que el cielo por la
noche. Cuanto más se contempla, más estrellas se descubren. Juan, por su parte, coloca al comienzo de la vida pública una
primera visita de Jesús a Judea. Los sinópticos hacen pensar que las
Habrá, pues, que seguir intentándolo. Y será necesario hacerlo predicaciones iniciales tuvieron lugar en Galilea. Es evidente que los
con coraje y respeto: como nos acercamos al fuego. Sin miedo a evangelistas «organizan» los hechos de esa vida pública según crite-
«hacerle preguntas», aunque nuestro corazón tiemble ante lo que nos rios teológicos o catequéticos y no cronológicos.
exigirán sus respuestas. Ese será el intento de este segundo volumen. ¿Cómo construir, entonces, una «narración» ordenada de la vida
Pero la dificultad nos llega cuando nos preguntamos cómo «con- pública de Jesús? La opción adoptada en este segundo volumen de mi
tar» la vida pública de Jesús, los años en los que el sembrador salió a obra es ecléctica. Siguiendo el ejemplo de los evangelistas, se ha
predicar. Porque, si en el primer volumen podían mantenerse aún mantenido un tejido de fondo narrativo, pero se han organizado las
unas estructuras tradicionales, ordenadas, narrativas, aquí el camino grandes claves del pensamiento de Jesús en torno a una serie de ejes
se vuelve mucho más empinado. que nos parecen fundamentales, en una especie de círculos concéntri-
En primer lugar porque carecemos completamente de una verda- cos sobre la idea madre del anuncio del Reino. Una sistematización
dera cronología. Los evangelistas —ya lo hemos dicho— no escriben tan discutible como otra cualquiera, pero tal vez la más adaptada al
como historiadores, colocando un hecho tras otro, tal y como suce- creyente de hoy.
dieron. Son predicadores. Se preocupan mucho más de expresar unos Al fin lo único que va a contar es el encuentro personal del lector
contenidos, de ofrecernos una catequesis de las ideas y pensamientos con Jesús y su mensaje. Un mensaje que es mucho más que una teoría.
de Jesús, que de organizarlos con el rigor cronológico que hoy No será verdadero si no es transformador. Kafka decía que el misterio
exigiríamos de un historiador. de Jesús es tan vertiginoso que hay que defenderse de él para que no nos
Empezamos por no saber a qué edad comenzó Cristo su predica- arrastre a su fondo. Yo pienso exactamente lo contrario: la única
ción y en qué año lo hizo. Lucas (3, 22) nos dirá que lo hizo teniendo manera de conocer a Jesús —y vale la pena— es asomarse a ese
«alrededor de treinta años». Pero ese «alrededor» puede querer decir abismo, con la esperanza de que nos arrastre hasta sus aguas de vida
veintiocho, o treinta y dos, o treinta y cinco. Más tarde, los fariseos le eterna. Ojalá mis lectores puedan un día experimentar lo que decía
dirán: «Aún no tienes cincuenta años y ya has visto a Abrahán» (Jn 8, aquel místico árabe, Ibn Arabi, que aseguraba que quien padece una
57), pero la frase es, evidentemente, aproximativa. Las conjeturas enfermedad llamada Jesús, ya nunca sanará.
12 Introducción
Pero al fin, tal vez el lector descubrirá que el problema no es tanto
1
el de encontrar a Jesús, como el dejarse encontrar por El. Porque al El reino de Dios
final de todas las palabras se descubre lo que decía Ferid Ed-Din
Attar: anunciado a los pobres
Durante treinta años, anduve a la búsqueda de Dios. Y, cuando, al
final de tanto tiempo, abrí los ojos, descubrí que era él quien me
esperaba.

El agua cambiada en vino en Cana era sólo un preludio. El gran


cambio llegaría inmediatamente después. Y aquel grupo de trece
hombres silenciosos y unas pocas mujeres iban a ser sus primeros
testigos. Ahora bajaban silenciosos, preguntándose aún si habían
vivido un prodigio o un sueño. Camino de Cafarnaún daban vueltas y
vueltas en sus cabezas a lo ocurrido y no lograban llegar a conclusión
alguna. Miraban a aquel hombre joven que les parecía silencioso y
que caminaba rápido como quien sabe que le espera una enorme
aventura, y no lograban adivinar lo que había al otro lado de sus ojos.
Pero, cuanto más lo pensaban, más se daban cuenta de que lo que les
desconcertaba no era tanto el que hubiera cambiado el agua en vino,
como el que lo hubiese hecho con una tan asombrosa naturalidad:
como quien juega, como quien tiene verdadero «poder» sobre las
cosas de este mundo. No, no era un embaucador. No había rodeado
su gesto de juegos de manos, de brillos y esplendores. No intentó
siquiera conclusión alguna de aquello que no podía recibir otro
calificativo que el de «milagro». No se esforzó en sacar provecho de lo
ocurrido. Fue tal el asombro entre cuantos lo presenciaron que nadie
se arrodilló, ni se decidió a formular el menor comentario. Aunque
bastantes sintieron dentro de sí algo que se parecía mucho a la fe. ¿Era
un Dios? Nadie se atrevió a hacer esta suposición que, a alguien tan
monoteísta como los judíos, no podía menos de parecerle una blasfe-
mia. ¿Era un profeta del Dios único? En todo caso, algo reconocían
todos sin dudarlo: una presencia misteriosa había pasado por sus
manos de carpintero. Y, ahora, él se alejaba de Cana como tratando
de huir del lugar del prodigio, intentando poner sordina a los comen-
tarios, regresando a ser el oscuro caminante que era.
Pero ya nunca lograría pasar inadvertido. Lo ocurrido en Cana
corrió de boca en boca por toda Galilea. No se hablaba de otra cosa
El reino de Dios anunciado a los pobres El reino de Dios anunciado a los pobres 15
14
en mercados y sinagogas, aun cuando en muchos casos se añadieran Y, sin embargo, entonces no fue así. Fue, en todo menos en la
las inevitables exageraciones de la imaginación de la gente. —«¿Y violencia, como el estallar de una guerra. Quienes hemos vivido
dices que, con solo su palabra, cambió en vino seiscientos litros de alguna en años infantiles lo comprendemos bien: alguien levanta una
agua?». —«Sí, sí, yo lo vi con mis ojos». —«¿Y no será que estabais bandera, lanza un pregón, suena una trompeta, el mundo se llena de
todos demasiado borrachos como para enteraros de lo que bebíais? gritos (¡«A las armas! ¡La patria está en peligro!») y los corazones se
Has dicho que, antes, os habíais tragado ya todo el vino preparado ponen en pie; corren a alistarse los combatientes; despiertan los
por los novios, que no debió de ser poco». —«No, no, estábamos lo dormidos; la voz de alerta corre de casa en casa; se multiplican las
suficientemente sobrios como para distinguir. Y lo comprobaron los angustias y las esperanzas; las gentes abandonan sus rutinas, sus
criados y el maestresala que no habían probado la bebida. Os lo digo: empleos, sienten que el alma les crece; todo parece herido por una
es él, es él». —«¿El? ¿Quién? —«El esperado, el que anunciaron los tremenda vocación de muerte o de victoria. Algo ha entrado enjuego.
profetas». —«¿Aún mantienes esas esperanzas? ¡Demasiadas veces Nadie saldrá de la guerra como entró en ella. Todo va a cambiar.
hemos sido engañados ya! ¡Demasiados mesías nos han visitado en Así debió de ser. La voz de Jesús tocaba a rebato a la orilla del
estos años, que nos ilusionaron para decepcionarnos poco después! lago y crecieron los rumores, las voces, las llamadas y la gente corrió a
No, no. Es tarde. El mundo está ya sobradamente corrompido como escuchar aquella convocatoria misteriosa, a la vez que magnífica, que
para que sigamos pensando que esto puede cambiar. Dios se ha ido de incitaba a algo grande.
este mundo. Se ha alejado, aburrido de nosotros. Es de noche. No nos Nos cuesta imaginarlo, acostumbrados como estamos a vivir en
queda nada que esperar». tanta siesta. Preferimos inventarnos una voz ronroneadora que dice
Lo negaban muchos. Al hombre siempre le cuesta aceptar precisa- palabras melifluas, invitadoras a la paz y no a la guerra, adormecedo-
mente lo que más espera y necesita. Habían alimentado tantas ale- ras y no incitantes.
grías que temían albergar en su alma una más que se les pudiera Y, sin embargo, para aquellas gentes galileas, la llamada de Jesús
convertir, una vez más, en amargura. No, no. Es preferible no hacerse («Se ha cumplido el tiempo, se acerca el reino de Dios») debió de
ilusiones, no creer. Pero, luego, por la noche, en el silencio, todos se sonar, en el contexto social de la época, como una campana que ponía
hacían la misma pregunta: «¿Y si esta vez fuera verdad?» Habrían en pie los corazones. No invitaba ni a defenderse, ni a matar, pero no
dado sus vidas por poder responderse afirmativamente. El hombre no era, por ello, menos radical o revolucionaria. Porque lo que anuncia-
ha sido hecho para vivir en la decepción. Y, quién más, quién menos, ba era, nada más y nada menos, que había que cambiar las mismas
todos precisan algo en lo que creer y una esperanza por la que luchar. raíces del mundo.
Y, para un pueblo ardiente como el judío, toda bandera de esperanza De pronto —y por primera y única vez en la historia— llegaba
se difundía como un incendio devastador. Pero ni siquiera los más alguien dispuesto a responder a tantas preguntas para las que nadie
optimistas sospechaban la revolución que estaba acercándose. encontraba respuesta. El hombre —lo sabemos— es el único animal
Revolución. No debemos vacilar al emplear esta palabra, tan que tiene su alma construida con preguntas. ¿Por qué la vida? ¿Por
manoseada, tan desprestigiada, manchada por tanta sangre a lo largo qué la muerte? ¿Para qué sirve el dolor? ¿Por qué, de los 3.400 años de
de la historia. Pero es la palabra que mejor define lo que estaba los que tenemos datos históricos suficientes, nada menos que 3.166
naciendo. Porque el giro más alto, más brusco, más radical que el han estado dominados por guerras en algún rincón del planeta,
mundo ha conocido, iba a producirse allí, a orillas del mar de mientras que los otros doscientos años «pacíficos» sólo sirvieron para
Tiberiades. preparar las guerras siguientes? ¿Por qué el corazón del hombre tiene
Desgraciadamente, lo mismo que la grasa y el tiempo convierten a tantos deseos de paz y se alimenta de odio? ¿Por qué unos aplastan a
un vigoroso joven en un señor adiposo, así los tópicos y la mediocri- otros y por qué los otros sólo sueñan con la vuelta de la tortilla en la
dad han ido deteriorando, reblandeciendo, ablandando, lo que enton- que ellos sean los aplastadores? ¿Por qué el hombre tiene tanta
ces ocurrió. Y, cuando alguien nos cuenta los comienzos de la necesidad de Dios, y cuando le encuentra, se aparta de él y le olvida?
predicación de Jesús, enseguida nos imaginamos un clima de carame- ¿Por qué la soledad nos come el alma? ¿Qué queda de nosotros
lo: el «dulce» maestro empezó a decir «dulces» palabras, tan bellas cuando nos vamos? ¿Qué hay al otro lado? ¿Nos ama alguien?
como aburridas. Y nos disponemos a dormirnos, como en los ser- Preguntas, preguntas. Una infinita letanía de preguntas que lanzamos
mones. al aire sin que nadie parezca contestarnos.
16 El reino de Dios anunciado a los pobres El lago 17
Y he aquí que, cuando nadie lo esperaba, alguien llega con A los pies de la ciudad se extendía el lago conocido por varios y
respuestas, anuncia un mundo nuevo y distinto e invita a la aventura muy diversos nombres. Su forma alargada y el murmullo de sus olas
de recibirlo y construirlo. Alguien que, además, no trae respuestas sugirieron a los hebreos la idea de un arpa y por eso, como dice el
teóricas, sino que está dispuesto a embarcarse en vanguardia de la libro de los Números (34, 11) le llamaban «arpa» o «Kinneret». Pero
gran aventura, a inaugurar en su carne y su persona ese reino nuevo el nombre más común en tiempos de Jesús era el de mar de Tiberiades
que anuncia. Sus contemporáneos tuvieron, por fuerza, que sentir o lago de Genesaret o Ginnesar. Los judíos sentían hacia este mar
primero un asombro, después un desconcierto, finalmente un entu- tanta veneración que ponían en los labios de Dios estas palabras:
siasmo. Por fin llegaba algo distinto, lo que todos soñaban sin Siete mares creé; pero me reservé uno solamente: el de Genesaret.
atreverse a esperarlo del todo. Sí, sonó entonces como un clarín de El lago es más grande de lo que suele imaginarse. Tiene 21
combate. Un clarín, cuyo grito no se ha extinguido y sigue aún kilómetros de largo por doce de ancho, unos 60 kilómetros de
sonando para cada uno de los seres humanos. Para mí. Para ti. circunferencia y 170 kilómetros cuadrados de superficie. Su profundi-
dad oscila entre los 12 y los 18 metros.
En los tiempos de Cristo estaba surcado por numerosas velas (sólo
El lago la ciudad de Tariquea, según Flavio Josefo, contaba con 230 embar-
caciones) y sus orillas estaban salpicadas de numerosas pequeñas
El paisaje donde esto ocurría sí era dulce. Jesús había salido, con ciudades: Cafarnaún, Betsaida, Magdala, Tiberiades, Tariquea, apre-
sus discípulos y su madre, de Cana y, antes de caminar un kilómetro, tujadas todas ellas en la costa occidental, porque en la oriental las
había aparecido en el horizonte la cinta azul del lago. A través de la rocas caen a plomo sobre el agua y no ofrecen otros accesos que las
garganta del camino se veían sus aguas, allá lejos, como un cielo gargantas por las que se precipitan al mar los torrentes invernales.
repetido, brillante. De todas estas ciudades en tiempos de Cristo la más importante
Luego, la carretera, en fuerte pendiente, comenzaba a descender era Tiberiades construida por Herodes en honor a Tiberio. El orgullo-
monte abajo. «Bajó a Cafarnaún» dice el evangelista, como un buen so rey había volcado en ella todo el lujo al que se había acostumbrado
topógrafo. Pasando por el extremo oriental de Sahel el-Battof, poco en sus años de estancia en Roma. Destacaba el dorado palacio de
después de llegar a Lubiye, torcería a la izquierda, y bordeando el Antipas, el anfiteatro de blancos mármoles, los magníficos baños
Qurn Hattin, bajaría por el Wadi el-Hamam, para desembocar en termales de Ammaus. Pero, en tiempos de Jesús, era un islote prohibi-
Magdala, ya en la orilla del lago. Cruzó después, en toda su longitud, do. Construida sobre un antiguo cementerio, en contra de las costum-
la llanura de Genesaret y, pasada la graciosa hondonada de Et- bres hebreas, un buen judío no podía entrar en ella sin contaminarse.
Tabgha, entró, después de seis horas de camino a pie, en la que, desde Todos los esfuerzos del rey por atraer a sus subditos fueron inútiles. Y
aquel momento, iba a ser su ciudad (Mt 9, 1). la ciudad estaba habitada por griegos, romanos, sirios y fenicios, pero
No es difícil comprender por qué prefirió Jesús Cafarnaún a era rehuida por los judíos. El mismo Jesús parece que nunca pisó en
Nazaret como centro de sus primeras predicaciones. Aparte de la ya ella y se contentó con ver de lejos sus baluartes y palacios de mármol.
conocida hostilidad de sus paisanos, lo cierto era que Nazaret queda- También estaba muy barajada la población en las demás ciudades
ba al margen de la verdadera vida de Galilea. Era un pobre villorrio de la orilla del lago. El evangelio es testigo de esa mezcla, al pintarnos
perdido en el fondo de un valle y apartado de las grandes vías de en ellas a oficiales de Herodes, griegos de la Decápolis, aldeanos,
circulación y de los centros de población importantes. pescadores galileos, cortesanas corrompidas por el influjo de las
Lo contrario ocurría en Cafarnaún (Kefar Nahum), ciudad bas- ciudades paganas, sirios, fenicios, orientales cuyas caravanas seguían
tante populosa y situada en el centro de una región muy habitada. Por el «camino del mar», soldados y centuriones romanos que vigilaban el
ella pasaba la carretera que venia de Betsaida Julia, ciudad fundada orden en aquella comarca bastante turbulenta, publícanos sentados a
poco antes por Herodes Filipo, y por la que bajaba el comercio que la vera del camino para cobrar los impuestos y una turba de enfermos
provenía de la tetrarquía. Se entiende, por ello, que en Cafarnaún y mendigos. Con justicia los habitantes de Judea la llamaban la
hubiera una aduana, con la que la ciudad se convertía en centro «Galilea de los gentiles».
comercial de toda la comarca. Era la ciudad ideal para comenzar en
ella la gran llamada a las multitudes galileas.
18 El reino de Dios anunciado a los pobres La sinagoga 19
Una tierra fértil Queda, no obstante, ese algo misterioso que el viajero no sabe si es
el olor, el sabor, o su propia nostalgia. Queda la certeza de que junto a
La tierra que rodeaba al lago, especialmente en la costa occiden- aquellas orillas se inició la aventura más honda que recuerdan los
tal, era hermosa y fértil. Flavio Josefo, quizá exagerando, nos la pinta siglos. Y todo evoca páginas evangélicas: los pescadores cosiendo las
como un verdadero paraíso: redes, los peces de ancha cabezota y gran boca en la que cabe una
moneda, las colinas en las que él habló y multiplicó los panes.
Admirable es su índole y su belleza. El suelo es tan fértil que allí crecen
toda clase de árboles; su temperatura es tal y está tan bien proporciona-
da, que conviene a los árboles más diversos, de suerte que florecen
nogales, palmeras, olivos, higueras, viñedos. Diríase que la naturaleza Los galileos
quiso juntar en eserinconcitode Galilea los productos más diversos, de
suerte que cada estación puede reclamar esta región por suya propia.
Pero más importantes que los paisajes eran las gentes. Y estos
Josefo ponía en estas palabras su calor patriótico, pero tenía eran en Galilea muy especiales. Alguien ha dicho que los galileos eran
buena parte de razón. La abundancia de aguas convertía Galilea en el en Palestina lo que son los navarros en España: más generosos, más
paraíso de Palestina. Lo es aún hoy, en parte. En marzo, el trigo decididos, más nobles, más tercos, más sociables, a la vez que más
alcanza alturas de 1 a 1,20 metros, mientras las espigas en Judea fácilmente excitables.
raramente llegan a la rodilla de los segadores. La cebada llega a un Los habitantes de Judea les miraban con desprecio. Por su pro-
metro de altura en las orillas del lago y difícilmente supera un palmo nunciación, especialmente dura, pero sobre todo por su modo de
en Judea. Y la mezcla de cosechas es notable. El trigo se siega en abril comportarse con los paganos. Porque en Galilea se daba la llamativa
y en este mes maduran las lentejas y las habas. Las calabazas tienen en coincidencia de un terco apego a la tradición y, a la vez, una mayor
enero fruto sazonado. A fines de junio están los higos en sazón y en apertura al contacto con los gentiles. La mezcla de la población era tal
junio se pueden vendimiar ya las primeras uvas. En primavera puede que hubiera sido imposible observar al pie de la letra las normas de
recogerse la fruta normal y el verano llena la comarca de frutas separación que imponían lo fariseos.
tropicales. Con una cierta exageración oriental, pero no sin algo de Pero ese contacto con los gentiles se reducía a la vida práctica. En
justicia, se decía en los tiempos de Jesús que era más fácil mantener en su fondo, el galileo se sentía tan lejos de ellos como el más intransigen-
Galilea una legión con el solo fruto de los olivos, que criar un niño te sacerdote de Jerusalén. Los galileos despreciaban a los que trata-
con lo que dan de sí en Judea. ban y, en su entraña, se sabían distintos, orgullosos como estaban de
pertenecer al pueblo elegido. Al mismo tiempo, sentían un cierto
complejo ante los habitantes de Judea y una especie de temor reveren-
Tumbas de ciudades cial hacia los sacerdotes. Los propios apóstoles jamás se atreverán a
hacer una manifiestación contra los doctores de la ley.
Buena parte de todas esas bellezas desapareció en los siglos
pasados. La orilla del lago es actualmente un cementerio de ciudades.
El viajero que llega hoy sólo puede encontrar en vida a Tiberiades. La sinagoga
Alguien levantará la mano y le dirá: allí estuvo Cafarnaún, allí
Betsaida, allí Magdala... Todo esto hace que la institución de la sinagoga tuviera en Galilea
La misma fertilidad desapareció con la incuria de turcos y árabes. una extraordinaria importancia. El galileo bajaba al templo como era
Las descripciones de los viajeros de hace dos o tres decenios llenaban su obligación, pero no se sentía del todo a gusto en Jerusalén.
el alma de tristeza, habiéndonos de campos incultos y desiertos, de Permanecía, por ello, allí pocos días. ¿Qué hacer todos los demás
montones de piedras negras donde estuvo el verdor. Los últimos años sábados del año? La sinagoga era la respuesta a su profunda religio-
y el titánico esfuerzo de los israelíes está devolviendo a Galilea su sidad.
verde rostro. Dos tradiciones, una artística, que nos ha acostumbrado a ver a
El mismo lago está hoy casi abandonado. Recuerdo en él apenas Jesús predicando al aire libre, y otra teológica, que ha convertido a la
unas docenas de barcas y haber oído de labios de los pescadores la sinagoga en símbolo de la ley que Jesús venía a superar, nos han
queja de que todo el producto se lo quedan los asentadores. inducido a olvidar un hecho que, sin embargo, es patente en los
¿A qué viene Jesús? 21
20 El reino de Dios anunciado a los pobres
El conjunto era largo, duraba a veces toda la mañana. Los textos
evangelios: que Jesús utilizó con muchísima frecuencia —y sobre todo sagrados debían escucharse siempre de pie y con la cabeza vuelta
al principio de su vida pública— la sinagoga para predicar su mensa- hacia Jerusalén. Y, sin duda, más de un asistente dormitaba durante
je. Fluser —judío— es justo cuando subraya este dato importante. Y los oficios, como aquel rabino que daba gracias a Dios, porque su
Rops llega a afirmar que para un judío que deseara en esta época cabeza, al dar cabezadas, daba gracias a Dios por sí sola.
promover una doctrina religiosa, el lugar normal de acción era la Lo que más alargaba los cultos eran las explicaciones que seguían
sinagoga. Efectivamente en los evangelios encontramos muchas más a las lecturas. No era necesario ser sacerdote, ni rabí para intervenir
alusiones a la predicación pública en las sinagogas que al aire libre. en ellas. El jefe de la sinagoga podía invitar a cualquiera a hacer estos
¿Hubiera podido encontrar Jesús—prosigue el mismo Rops— algo comentarios. Y eran muchos los judíos capaces de glosar intermina-
mejor que aquel local sagrado, a un tiempo casa de oración y escuela blemente los textos del éxodo o de los profetas.
dogmática, en donde se reunían cada sábado todos los fieles del país? Fue, sin duda, en estas ocasiones cuando Jesús fue invitado
Efectivamente, desde hacía tres siglos, la sinagoga ocupaba un muchas veces a hablar. Su fama de predicador se había difundido y su
lugar de primer plano en la vida religiosa de Israel. Fue durante el presencia comenzaba a ser notada. San Juan nos dice (4, 45) que
tiempo del destierro, cuando los fieles no podían acudir a Jerusalén, predicó en Cana, lugar de su primer milagro. San Lucas (4, 16) nos le
cuando comenzaron a reunirse en casas o locales especiales para pinta enseñando en Nazaret y cumpliendo al hacerlo con todas las
comentar la ley y la historia de su pueblo. Desde entonces las prescripciones de la ley y la tradición. Se levantó, subió al estrado o
sinagogas se habían multiplicado. En tiempos de Cristo ciertamente «bema», desenrolló la larga tira de piel curtida sobre la que estaba
no había un pueblo, por pequeño que fuera, que no poseyera, mejor o escrito el texto de Isaías, leyó, como al azar, algunos versículos, y,
peor, una sinagoga. En Roma, los judíos en el exilio contaban con no después de devolver al hassán el libro, comenzó a comentarlo cuando
menos de trece. la reunión tenía los ojos clavados en él.
Se conservan, afortunadamente, las ruinas de la sinagoga de Comenzaba, pues, como un predicador cualquiera. Pero pronto
Cafarnaún, la misma en la que, sin duda, habló Jesús. Era una sala no sus oyentes iban a descubrir la profunda revolución que traían sus
muy grande —18 por 24 metros— bellamente decorada con mosaicos palabras. El sembrador había salido a sembrar. Y su semilla era de
de palmas y estrellas, con un atrio adornado con la pila para las fuego.
abluciones, con algunas habitaciones destinadas a los posibles hués-
pedes.
La sinagoga era administrada por un «jefe de sinagoga» (el ¿A qué viene Jesús?
archisinagogo) ayudado por el hassán, una mezcla de sacristán,
pedagogo y tesorero. Ha llegado la hora de que nos planteemos la gran pregunta: ¿A
En ellas no se practicaba realmente un culto, eran lugares de qué viene, en definitiva, Jesús? ¿Cuál es el centro, la sustancia de su
oración y de enseñanza y no precisaban, por tanto, de sacerdotes mensaje?
propiamente tales. Y la primera sorpresa es que Jesús no empieza a hablar de sí
Los sábados, siete miembros de la comunidad, vestidos con el mismo. No habla tampoco de la Iglesia. Jesús no se coloca a sí mismo
blanco taliss prescrito por la ley, se sentaban en una especie de en primer plano, se repliega —como dice Küng— tras la causa que él
pequeño coro, en torno al famoso armario que guardaba los rollos de defiende. ¿Y cuál es esa causa? Se puede resumir en pocas palabras: la
la Ley. Comenzaba la reunión con el rezo común de dos bendiciones; causa de Jesús es la causa de Dios en el mundo. Una causa que él
se leía después un trozo del Pentateuco en hebreo y un intérprete lo resume en una frase, a primera vista, enigmática: Ha concluido el
traducía al arameo, la lengua común. Venía después la plegaria de las tiempo de la espera. Se acerca el reino de Dios. Convertios.
dieciocho bendiciones, que era recitada por un viejo de la localidad. A Esta idea —contada la variante «reino de los cielos» que usa
continuación se hacía la lectura del texto de un profeta. Y se concluía Mateo y que es sinónima de la de reino de Dios, pues los judíos
con la bendición tomada del libro de los Números: hablaban de «los cielos» para no «malgastar» el nombre de Dios—
aparecerá en los evangelios ciento veintidós veces, noventa de las
Yahvé te bendiga y guarde,
sobre ti brille su rostro; cuales en boca de Jesús.
Yahvé te sea propicio,
y te dé paz cuando te mire (6, 24).
22 El reino de Dios anunciado a los pobres El pueblo estaba en ansiosa espera 23
Con ella inician prácticamente los tres sinópticos sus narraciones Pero Jesús elegía la única fórmula que podía embarcar a los judíos
de la vida pública: que le oían en una gran empresa. Porque en ella se resumía la teología
Cuando detuvieron a Juan, Jesús se fue a Galilea a pregonar de parte de que conocían sus oyentes.
Dios la buena noticia. Decía: «Se ha cumplido el plazo, el reinado de Era una teología relativamente reciente. Todo el antiguo testa-
Dios se acerca. Arrepentios y creed la buena noticia» (Me 1, 14) mento está tejido con la idea de que Dios es el Señor del mundo y de
Y Jesús recorría Galilea entera, enseñando en aquellas sinagogas los hombres. Ya sus primeros libros explicitan ese dominio divino. El
proclamando la buena noticia del reino (Mt 4, 23): «Arrepentios, que el canto triunfal de los hijos de Israel después de atravesar el mar Rojo
reinado de Dios está cerca» (Mt 4, 17). (Ex 15, 1-21) proclama a Yahvé como un guerrero «glorioso en
santidad, terrible en prodigios, autor de maravillas». A lo largo de todo
Hoy todos los comentaristas resumen en esta idea el mensaje el Pentateuco se hace manifiesta la acción liberadora de Yahvé
central de Jesús. El reinado de Dios —dice Dibelius— es el santo y seña respecto a su pueblo, conduciéndoles hacia esa tierra prometida que
de la causa de Dios. Esta idea —escribe Pagóla— es el núcleo central de es como un símbolo de ese reino y esa liberación (Núm. 23, 21; 24, 8;
toda su predicación, la convicción más profunda, la pasión que anima Dt 8, 14; 33, 5). Y esta protección es reconocida por los israelitas
toda su vida, el eje de su actividad. Todo está subordinado a la idea del cuando, al recitar su fe, confiesan: Yahvé nos ha sacado de Egipto
reino de Dios y todo adquiere su unidad, su verdadero significado y su con mano fuerte (Dt 26, 5; 6, 20, Jos 24, 2).
fuerza apasionante desde la realidad de este Reino. Sino comprendemos
Pero la designación de Yahvé como rey no aparece sino en las
su contenido y no descubrimos la fuerza y el atractivo de su llamada,
secciones tardías del antiguo testamento. Para los patriarcas, Dios era
corremos el peligro de no comprender gran cosa de Jesús.
el Señor, el Consejero. Sólo cuando Israel copia de otros pueblos las
Y ésta no es una idea de hoy. Cuenta con una larga tradición formas monárquicas comienza a hablarse de la realeza universal de
en la Iglesia. El mismo Catecismo Romano publicado por el concilio Yahvé (Mal 1, 14). Es el rey que se asienta y gobierna sobre las nubes
de Trento en 1565 presentaba ya el reino de Dios como la verdad (Is 14, 14). Su trono es Sión (Sal 99, 2) y en él será adorado como rey
hacia la cual está orientado todo el evangelio. Extrañamente esta idea del universo.
se abandonó posteriormente durante varios siglos en la catequesis de No obstante los profetas aún tienen cautela a la hora de aplicar a
la Iglesia, para reaparecer gozosamente en los últimos tiempos con Yahvé el título de rey. Y ven con desconfianza la realeza humana
todo su esplendor. como una peligrosa competencia del dominio absoluto de Dios.
Mas ¿qué quiere decir Jesús cuando habla del reino de los cielos? Es en el período del cautiverio cuando la idea del reino de Dios
¿Cuál es y en qué consiste ese reino que anuncia? comienza a crecer. Cuanto más se alejaba la realidad del reino
A estas preguntas responderá Jesús con todas sus palabras, con su nacional, tanto más aguardaba Israel ese reino glorioso del final de
propia persona, en cada una de las páginas del evangelio. Pero no será los tiempos. Con él llegaría su liberación.
malo que intentemos aquí un anticipo de lo que es ese Reino, que los Esta esperanza había llegado a su culminación en tiempos de
capítulos siguientes nos irán descubriendo progresivamente. Cristo. Flavio Josefo testimonia que, por aquel tiempo, la principal
preocupación de un judío era liberarse de toda especie de dominación
El pueblo estaba en ansiosa espera de los otros, a fin de que sólo Dios sea servido.
Como escribe Boff:
Al elegir la fórmula «reino de Dios» Jesús sabía perfectamente que
estaba asumiendo un lenguaje al mismo tiempo exaltante y ambiguo. El tema del reino de Dios se convierte en central para la literatura
No sólo entre los judíos, sino también entre los cristianos de hoy y de bíblica postexílica y en el tiempo entre los dos testamentos. El reino de
todos los siglos. El famoso historiador Eusebio localizaría el reino Dios posee entonces indiscutiblemente una connotación política, en el
bíblico de Dios en el imperio constantiniano. Más tarde el Imperio sentido hebreo según el cual la política es una parte de la religión y, en
concreto, designaba la liberación de todas las opresiones. La realeza de
romano se bautizaría a sí mismo como Sacro por el convencimiento Dios sobre todo debería manifestarse también políticamente. El Mesías
de estar construyendo en la tierra el reino de Dios. Recientemente —para ellos— es, ante todo el que inaugurará ese reino de Dios.
hemos conocido, incluso, a quienes lo identificaban con el mismo
tercer Reich. Y hoy no faltan quienes parecen confundirlo con el Esta tensión expectante la vivían todos los grupos de la época. Los
socialismo en cualquiera de sus formas. esenios de Qumram se habían retirado al desierto para poder, en la
24 El reino de Dios anunciado a los pobres El Reino: un nuevo orden de cosas 25

absoluta observancia de la ley y con constantes purificaciones, prepa- exactamente, de ontogénesis. Jesús no viene a «mejorar» al hombre,
rar y acelerar la irrupción de ese reino de Dios. Los celotes pensaban viene a «crear» un hombre nuevo, a «regenerar» al hombre y producir
que debían provocar, con guerrillas, con la violencia, la intervención un nuevo «tipo» de hombre y de mundo, un hombre regido por
salvadora de Dios. Su mote era: Sólo Yahvé es rey y a él sólo distintos valores, un mundo apoyado sobre columnas distintas de las
serviremos. Los apocalípticos se dedicaban a descifrar los signos de que hoy le sostienen.
los tiempos mesiánicos, calculaban las semanas y años que faltaban Por eso puede asegurarse que el reino de Dios es el verdadero, el
para la llegada de ese mundo feliz. único «cambio» que se ha anunciado en la historia. Y puede asegurar-
Por todo ello, sólo con ese lenguaje podía Jesús lograr que sus se —la frase es de Pikaza— que allí donde la historia de los hombres
contemporáneos le entendiesen. El era la respuesta a esa «ansiosa continúa como estaba, no ha llegado de verdad el Reino.
espera» de la que habla el evangelista (Le 3, 15). Con ello Jesús En este sentido Jesús predica algo subversivo, revolucionario:
condividía no sólo los deseos fundamentales del corazón humano, porque viene a destruir todo un orden de valores y anuncia un orden
sino también las expectativas liberadoras de los suyos. nuevo. Nunca jamás se predicó revolución como ésta.
Tal vez ahora podamos comprender lo que significaban los profe- ¿Y qué abarcaría esta revolución? Ya lo hemos dicho: todo.
tas para los judíos. Eran, para ellos, lo que la BBC de Londres era Abarca el interior y el exterior, lo espiritual y lo mundano, el indivi-
para los franceses durante la segunda guerra mundial o lo que Radio duo y la comunidad, este mundo y el otro.
Sevilla significaba en España, durante la contienda civil, para quienes
vivían en la zona nacional. Así escuchaban los judíos a sus profetas:
En el hondón del alma y más allá
«¡Carro de Israel y sus jinetes! ¡Aquí Dios, vuestro Dios es quien os
habla!». Nunca una esperanza tan noble ha levantado el alma de una
Es, en primer lugar, un reino interior y exterior. Durante muchos
nación terrestre.
siglos en la Iglesia se ha hablado casi exclusivamente del «cambio»
Sólo que los judíos esperaban una liberación puramente naciona-
en el alma. Jesús habría venido a cambiar el corazón de los indi-
lista. Y Jesús trajo otra infinitamente más grande y universal. Tal vez
viduos y bastaría con que cada hombre descubriera el valor infinito
por ello desilusionó a sus contemporáneos: porque les traía mucho
de su alma para que el reino comenzara a existir. Hoy, por esa ley del
más de lo que ellos se habían atrevido a soñar.
péndulo que rige el pensamiento humano, son muchos los que se van
¿Qué reino era, pues, el que Jesús traía y anunciaba? Intentemos,
al otro extremo y caricaturizan y devalúan el cambio interior. Piensan
al menos, señalar aquí algunas de sus notas más esenciales.
que eso es puro individualismo, simple sentimentalismo. Y aseguran
que en el reino de Dios no se entra por la intensificación de nuestra
experiencia espiritual o por el esfuerzo de elevación interior hacia lo
I. EL REINO. UN NUEVO ORDEN DE COSAS divino. Pero —repitámoslo una vez más— ¿por qué separar lo que
Dios ha unido? Al reino de Dios no se entra sólo por los caminos de la
El reino de Dios que Jesús anuncia no es, en primer lugar, un vida interior, es cierto. Pero ¿cómo negar que también —e incluso
nuevo tipo de reino, plantado en medio de los reinos de los hombres y primordialmente!— se entra por ellos, para, desde ahí, cambiar al
diferenciado de ellos por una especie de gueto. No es «un lugar» en el hombre entero, cuerpo, vida social y alma?
que reina Dios o sus representantes en una especie de nueva teocracia.
Digámoslo sin rodeos: El cambio que Jesús anuncia y pide ha de
No es algo simplemente jurídico, externo, sostenido por unas leyes
cambiar al hombre entero. Supone una modificación sustancial de los
humanas que «obliguen» a creer. Es mucho más.
modos de pensar y de hacer en dirección de Dios. Lo que se pide es
Se trata de un cambio en el hombre, en todo el hombre. Y no sólo una verdadera revolución interior que, luego, se plasme en toda la
en el «modo» de vivir de los hombres, sino de un cambio en el «ser» vida concreta de cada hombre. No es un simple nuevo calorcillo
del hombre, unas nuevas raíces, una nueva orientación de todo su ser, interior, no es algo puramente sentimental; tampoco son algunos
una nueva historia, una nueva realidad y no una simple nueva actos externos diferentes. Es un dirigir el alma en otra dirección. Y
apariencia o un nuevo «sentido» solamente. Jesús, cuando hable de por eso toda conversión implica ruptura con lo que se es, guerra con
este reino a Nicodemo, no vacilará en asegurar que hay que regresar nuestro propio pasado. No simple ascesis, sino una nueva disponibili-
al seno de la madre, que hay que «nacer» de nuevo. Por eso, con dad para las exigencias de Jesús. Literalmente un nuevo nacimiento,
razón, Tresmontant ha hablado de un problema de ontología, o, más como dirá Jesús a Nicodemo.
26 El reino de Dios anunciado a los pobres El Reino: un nuevo orden de cosas 27

En este mundo y en el otro tolerar las injusticias estructurales del mundo, hoy el gran riesgo es el
contrario: limitarse a gritar que el mundo debe cambiar, reducirse a
Más grave es la falsificación de quienes reducen el reino de los «profetizar» contra «las estructuras» o las instituciones, convirtiendo
cielos a algo que ocurrirá y empezará... en los cielos, después de la esas denuncias proféticas en una coartada para rehuir los más urgen-
muerte, en el «más allá». Ya hemos señalado cómo la expresión de tes cambios en el interior del supuesto profeta. Así es como hoy, con
Mateo «reino de los cielos» para nada habla de la «otra vida» y es un la disculpa de hacer evangelio, se aspira a veces injustamente a la
simple sinónimo de «reino de Dios». Un reino de Dios que, para Jesús justicia; se pregona la libertad sin respetar la de los que piensan de
es algo que ya está en marcha entre nosotros, aquí, aquí, en este manera distinta; se aspira a la verdad de mañana con las mentiras de
mundo (Mt 12, 28; Le 11, 20; 17, 21). hoy; se denuncia en los demás lo que se tolera en uno mismo; se habla
Es, por ello, completamente falsa la idea de que un seguidor de mucho de la paja en el ojo social, olvidando la viga en el personal.
Cristo ha de pasarse esta vida «haciendo méritos» en este mundo, No, no fue esa la predicación de Jesús: su reino estaba dentro de
para poder un día, tras su muerte, ingresar en el reino de los cielos. nosotros, no encerrado sino abierto a toda la realidad, pero sabiendo
No, este mundo —la frase es de Pikaza— no es una sala de espera de que la tierra donde el Reino comienza a germinar es la del propio
ese reino de los cielos. Ni tampoco es el reino de Dios mismo. Pero es el corazón de quien escucha. El reino de Dios en el mundo empezará
campo de batalla, el solar de construcción de ese reino que viene del cuando cada uno comience por barrer la puerta de su propio jardín; el
mismo Dios a la tierra. amor en la tierra crecerá si aumenta en mí; no nacerá la alegría en un
universo de hombres avinagrados; no habrá verdadera revolución de
la realidad con revolucionarios mediocres.
Al individuo y la comunidad Pero, es claro, que no se trata de un cambio personal para la
autosatisfacción o para convertir el alma en una despensa almacena-
Y, en este mundo, afecta al individuo y a la comunidad. Subrayo dora de virtudes. Es el mundo entero el que debe ser cambiado,
de nuevo el «y». Porque aquí regresa esa ley del péndulo que hace que, porque es cierto que una sociedad corrompida e injusta hace casi
después de siglos en los que sólo se valoró el reino en el interior de imposible el cambio de la mayoría.
cada individuo, hoy se hable solamente del reino que afecta a la Y aquí el planteamiento de Jesús es ambicioso. Como un nuevo
comunidad, como si se redujera al cambio social y al político. Sansón viene a remover las columnas sobre las que este mundo se
Jesús —se oye decir hoy en pulpitos y libros de moda— dirige su asienta, pasando de un universo regido por el dinero, el sexo y el
mensaje no a cada individuo de manera aislada y separada, sino a todo el poder a otro gobernado por el amor, el servicio y la libertad. Quiere
pueblo. Las exhortaciones de Jesús están siempre en plural, no en que el mundo regrese a su eje en Dios, del que nunca debió salir. Y no
singular. Estas afirmaciones distan de ser exactas y basta con acercar- viene, en rigor, a hacer o a anunciar «otro» mundo, sino a «rehacer»
se al evangelio para comprobarlo: Jesús habla en plural cuando se éste, a transformar este viejo mundo en otro nuevo, renovado.
dirige a las multitudes, pero invita también a la conversión individual
cuando habla (como a Nicodemo, como a cada uno de los apóstoles,
como a la Samaritana) a individuos concretos. Una liberación de «todo» mal
Mejor será, por ello, no contraponer las cosas: Jesús llama al
individuo y a la comunidad. O, si se prefiere, llama al individuo para Ya hemos dicho que Cristo es ambicioso: no viene a liberar una
que viva su conversión en comunidad. A fin de cuentas toda conver- «parcela» de la realidad. Quiere cambiarlo «todo».
sión es una decisión asumida personalísimamente, con una responsa- Y hay que decir esto bien claro porque las herejías —las antiguas y
bilidad intransferible, que empieza siempre en el individuo aunque no las de hoy— han venido siempre por empequeñecer la obra de Dios,
termine en él. por encajonarla. Para los antiguos predicadores Cristo era sólo un
Hoy es más urgente que nunca repetirlo: sólo un mundo de liberador de almas, que nada tenía que decir sobre ese campo de
hombres cambiados será un mundo cambiado; sólo una comunidad batalla terreno en el que las almas se curten. Para muchos predicado-
de hombres renovados será una comunidad nueva. Y digo que esto res de hoy —que copian con ello a los contemporáneos de Jesús— éste
hay que recordarlo hoy especialmente porque, si durante siglos el sería sólo un caudillo político o un reformador social. Si para los
peligro cristiano fue el refugio en una santidad interior que parecía primeros el pecado es algo que ocurre únicamente en el corazón, para
28 El reino de Dios anunciado a los pobres
El Reino: un nuevo orden de cosas 29
los actuales todo pecado sería sólo un desajuste de las estructuras
sociales. Cristo era menos ingenuo y menos parcial que los unos y los Parece absurdo tener que recordar estas cosas. Pero es necesario,
otros. Aspira a una liberación de todo mal, de todo pecado. Y trae porque es raro que corran diez o quince años sin que, en algún lugar
una liberación que pasaba por la reconquista de la libertad política de del planeta, surja alguien —generalmente un dictador— que anuncia
sus conciudadanos, pero que no caía en el ingenuo simplismo de haber realizado o estar realizando en su país el reino de Dios, haber
confundir «la opresión» con «los romanos». Jesús no acepta una construido «ya» el «hombre nuevo». Ese Reino está aún en el hori-
sociedad dividida en clases de opresores y oprimidos y aspira a un zonte de nuestra esperanza. Y no lo encontraremos volviendo atrás
reino de justicia donde los derechos de todos —los de los pobres y los ojos de la nostalgia, sino aportando nuestras manos para «tirar»
débiles en primer lugar— sean íntegramente respetados. Pero no de ese futuro que sigue estando lejos y acercándose.
olvida que se trata de mucho más: de un cambio radical en las Es bueno recordar que ni la propia Iglesia puede decir que ella sea
relaciones entre los hombres, donde el servicio mutuo substituyera al el reino de Dios. La Iglesia está al servicio del Reino, tiene como tarea
egoísmo y al dominio; donde se respetara toda vida; donde el amor no fundamental empujar a los hombres hacia él. Y sería una grave
se viera esclavizado por el sexo; donde reinase la libertad, tanto tentación pensar que ella es —en su realización actual— la meta,
exterior como interior; donde fueran derribados todos los ídolos de cuando es sólo el germen, el sacramento, el signo de presencia de ese
este mundo y se reimplantara la soberanía de Dios en los corazones y Dios que se acerca y hacia el que ella y los hombres han de caminar
en la vida social. sin descanso.
Así el reino de Dios es algo, a la vez, posible e inalcanzable, como
una meta que corriera delante de nosotros. Cuanto más nos acerque-
Un Reino «imposible» y cercano mos a él tanto mejor veremos cuan lejos de él estamos aún. Porque
cuando hayamos cambiado el mundo —como decía Brecht— tendre-
Pero ¿todo esto no es un sueño, una utopía imposible? Sí, hay que mos que cambiar el mundo cambiado. >
decirlo sin rodeos: lo que Jesús propone como proyecto y tarea es algo Todo esto queda claro en la predicación de Jesús, que habla del
que entonces parecía y aún hoy parece inalcanzable. No algo imposi- Reino con una buscada ambivalencia, con una mezcla de urgencia y
ble, pero sí algo que, aun reunidas todas las fuerzas de todos los esperanza, anuncio de algo que ha de venir y que ya está viniendo,
cristianos de todos los tiempos, sólo muy trabajosamente se irá aunque, sin embargo, esté ya en medio de nosotros.
abriendo paso en la historia y en la realidad. Muchos de sus textos, efectivamente, parecen colocar el reino de
Esto debe decirse abiertamente para evitar inútiles desencantos: Dios en el fin de los tiempos, después del juicio final:
No hemos construido —ni en su totalidad, ni en su mayor parte— — Si vuestra fidelidad no es mayor que la de los escribas y
todavía el reino de Dios. Las muchas experiencias históricas de dos fariseos no entraréis en el reino de Dios (Mt 5, 20).
mil años no se han acercado, ni de lejos, al proyecto de Jesús. Y nos — Más os vale que entréis con un solo ojo en el reino de los cielos,
engañamos si confundimos el reino de Dios con las diversas formas que con los dos ojos ser arrojados al infierno (Mt 9, 47).
que, a lo largo de los siglos, se han presentado a sí mismas como los — Porque os digo que, desde ahora, no beberé más del fruto de la
modelos de realización de ese Reino. vid hasta que no llegue el reinado de Dios (Le 22, 18).
Tiene razón Küng al escribir: — Os digo que vendrán muchos de Oriente y Occidente a sentarse
a la mesa con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos
Todas esas falsas identificaciones no tienen en cuenta que se trata del (Le 13, 28).
futuro de Dios, del reino de Dios. El reinado de Dios no ha sido ni la — Yo os aseguro: si no cambiáis y os hacéis como niños, no
Iglesia masivamente institucionalizada del catolicismo medieval y con- entraréis en el reino de los cielos (Mt 18, 3; Me 10, 15).
trarreformista, ni la teocracia ginebrina de Calvino, ni el Reino apoca-
líptico de algunos fanáticos, como Tomás Münzer. Tampoco ha sido el Y, junto a todas estas afirmaciones de un reino futuro, otras que
reinado presente de la moralidad y la cultura burguesa perfecta, como lo dibujan como algo que ya ha empezado a nacer, como algo que ya
pensaban el idealismo y el liberalismo teológico y, muchísimo menos el está en la tierra:
imperio político milenario, asentado en la ideología del pueblo y de la — Habiéndole preguntado los fariseos cuándo llegaría el reino de
raza, propugnado por el nacional-socialismo. Tampoco es, en fin, el
reinado sin clases del hombre nuevo, tal como hasta ahora se ha Dios, les respondió: El reino de Dios viene sin dejarse sentir. Y no
esforzado en realizarlo el comunismo. dirán: Míralo aquí o allá, porque el reino de Dios ya está entre
vosotros (Le 17, 20).
¡O El reino de Dios anunciado a los pobres El reino «de Dios» 31
— Pero si yo, con el espíritu de Dios, echo los demonios, es que para que destaquen más los aspectos horizontales de Cristo». Piensan
ha llegado a vosotros el reino de Dios (Mt 12, 28). que sólo despojando a Jesús de los aspectos transcendentes de su
— El reino de Dios está cerca de vosotros (o dentro de vosotros) mensaje y de su vida, podremos arrancar a su figura todas las
(Le 17, 21). posibilidades humanas y humanizadoras que encierra. Aseguran que
Esta ambivalencia, esta suma de urgencia y esperanza, es uno de el Jesús-hombre-pleno ya es bastante y que su impacto en la sociedad
los ejes del pensamiento de Jesús. Para él, ese reino es, a la vez, algo humana podría quedar oscurecido si se insiste en ese otro rostro, que
escatológico —es decir, algo que se realizará en plenitud al final de los les resulta «evasivo y alienante».
tiempos— y algo que ya está en marcha, que ya ha nacido. Todas sus Algo similar ocurre cuando se habla del reino de Dios. No faltan
palabras, toda su conducta son las de alguien que se siente invadido predicadores y escritores que lo identifican exclusivamente con la
por una gozosa y conmovedora realidad: el reino de Dios es algo que justicia humana o con la victoria de los partidos «progresistas». En el
ya está irrumpiendo en la vida de sus contemporáneos. El no es sólo Reino estaríamos ya con sólo aplastar a «los opresores». Todas sus
un anuncio, un presagio, una promesa, una esperanza. Es ya una tareas de construcción concluirían cuando se hubieran conseguido
realidad naciente, germinante. Todas sus parábolas —que estudiare- determinados niveles de supuesta justicia. Dios podría ser olvidado
mos en otro lugar— subrayan esta venida como un proceso en tanto en el camino de construcción de su Reino como en su logro
marcha: es un crecimiento (Mt 4, 26), una fermentación (Mt 13, 33), final.
una búsqueda (Mt 18, 12), un brote (Me 13, 4-30). La humanidad El problema es, como se ve, algo demasiado importante como
entera es ya como una masa trabajada por un artesano, como una para que podamos pasarlo por alto. Y voy a anticipar una respuesta
semilla ya plantada en un campo, como un mar que sólo espera la tajante y sin componendas: ni Cristo, ni el Reino tienen el menor
llegada de la red para llenarla de peces. sentido sin el protagonismo de Dios. Jesús, vaciado de Dios, no es
Y ésta es la gran buena nueva de Jesús: todo mejorará; la muerte nadie, desaparece. Vaciado de su dimensión transcendente, nada
no tendrá la última palabra; el mal será derrotado; al final Dios se queda en pie de su mensaje. Y por muy importante que sea la
impondrá en la lucha de la historia; la humanidad tiene una meta; significación histórica e incluso sociopolítica de su obra, su eje visce-
quienes colaboren en ese combate obtendrán la liberación y la victo- ral es, evidentemente, teológico, teocéntrico. La prioridad absoluta de
ria. Esta es su gran noticia. Dios, de su búsqueda y de su servicio es, en su vida y su mensaje, algo
Y más que una noticia, un inicio. Porque el Reino ha comenzado que no ofrece la menor duda, pues —en frase de F. V. Filson— en
ya en su persona, en sus milagros, en su propia resurrección que ya realidad, Cristo no ha hecho otra cosa que hablar de Dios, aun cuando
inaugura, a la vez que anuncia, la resurrección de todos los que este su hablar de Dios haya tenido luego una profunda dimensión
escucharán su palabra. Con Jesús y en Jesús se realiza por primera vez ética y unas gravísimas consecuencias sociales, políticas y revolucio-
ese «hombre nuevo» y se nos concede la posibilidad de saber lo que el narias.
hombre es y, sobre todo, lo que puede llegar a ser. Porque Jesús nos Lo mismo tenemos que asegurar del reino de Dios. Cualquier
descubre —como dice Guerrero— que la esencia del hombre no está en visión de éste que margine, oscurezca u olvide lo religioso, cualquier
lo que es, sino en lo que está llamado a ser. planteamiento en el que Dios no ocupe el papel de protagonista, será
todo menos el «reino de Dios» que anunció Jesucristo. No hay un
«reino de Dios ateo», ni un reino con Dios en la sombra.
II. E L REINO «DE DIOS»

Debemos añadir una gran perogrullada: este reino de Dios que Del Dios de los griegos
Jesús anuncia es un reino «de Dios». Es asombroso que hoy sea al Dios de la Biblia
necesario subrayar lo que es evidente. Pero lo mismo que hoy existen
quienes buscan un «Cristo sin Dios», hay quienes —consciente o Otro problema muy diferente —y no menos importante— es el de
inconscientemente— hablan de un reino de Dios en el que Dios qué tipo de Dios es el que Jesús anuncia y, consiguientemente, qué
habría perdido no sólo el protagonismo sino hasta la presencia. tipo de Reino es el que nos ordena esperar y construir. Porque si es
Existen hoy escritores que señalan que la dimensión vertical de Jesús imposible un «reino de Dios ateo», se ha caminado con demasiada
es «algo sin interés», algo de lo que, incluso «habría que olvidarse frecuencia hacia reinos de dios idolátricos.
32 El reino de Dios anunciado a los pobres El reino «de Dios» 33

Tres grandes visiones de Dios hay en los tiempos en que vive Es decir: el Dios personal y monoteísta de los judíos no es la
Jesús: el de la religión greco-romana, el de las religiones orientales y conclusión de un pensamiento metafisico, es un monoteísmo existen-
egipcio-babilónicas y el Dios del antiguo testamento. Y aun recono- cial. No es que los judíos descubran primero que hay un solo Dios y
ciendo lo mucho de verdad que encierran las visiones de Dios de que luego encuentren que ese Dios único es Yahvé. Al contrario: el
griegos y orientales, ha de reconocerse que es mucho más lo que las hebreo descubre a Yahvé en su vida, en su experiencia y, cuando
aleja del pensamiento de Jesús que lo que las une. percibe su grandeza, concluye: este es un Dios tan grande que no
Entre los griegos la palabra theos no designa la unidad de una puede haber otro más que él. No va de la unidad de Dios a su
persona determinada en el sentido del monoteísmo. Lo sustancial de grandeza, sino de su grandeza a su unidad. Parte de la experiencia de
la visión religiosa de los griegos es que su idea de Dios es la trasposi- Dios, del pacto que él ha sellado con su pueblo, no de un plantea-
ción de las fuerzas que el hombre descubre como gobernadoras de miento filosófico.
este mundo. Su «Dios» sería más bien —como resume Küng— «la Esto es importante si queremos entender el «Dios de Jesús».
forma, la figura y el orden de la realidad». El hombre griego percibe Porque el Dios del que Jesús habla no es ese «cómodo» Dios típico de
sobre sí mismo fuerzas y llamadas contradictorias, movimientos que la burguesía moderna (y de tantos que se creen creyentes católicos):
combaten dentro de su corazón, a veces de manera trágica, y proyecta un Dios abstracto, lejano, en el que se puede creer con una fe
todas esas fuerzas en otros tantos dioses que, desde el más allá, le inconcreta, «moderna», un Dios que «todo lo perdona porque todo lo
dirigen y le dominan. Escribe Rahner: comprende», un Dios que haría posible esa religiosidad que «para
nada molesta y a nada compromete». Jesús, en realidad, «no anuncia
Cada vez que el griego se encuentra con una realidad imponente, cada otro Dios —dice con exactitud Küng— que el incómodo Dios del
vez que se encuentra en el mundo algo grande y majestuoso, allí ve un
Dios. La ordenación del mundo, su forma armoniosa, su agrupación en antiguo testamento». Jesús no pretende inventarse un nuevo Dios.
una unidad, el sentido que el mundo encierra en sí mismo, todo esto es Cuando habla de él se refiere siempre «al Dios de Abrahán, de Isaac y
comprendido como Dios. de Jacob», a Yahvé, el Dios del pueblo de Israel, a ese Dios que hoy es
gozosamente común para judíos, musulmanes y cristianos. Un Dios
Esa doble propiedad de panteísmo —todo es Dios— y de politeís- que nada tiene de común con los modernos ídolos: el dios-Mammón
mo —hay muchos dioses— está presente en todas las ideas culturales del dinero, el dios-Sexo del placer como meta suprema, el gran dios-
de los griegos. Hay en ellos también, a veces, la sospecha oscura de un Poder, el gran dios-Ciencia, el dios-Nación, el dios-Partido, todos
Dios personal, distinto al mundo y trascendente, con el que el hombre esos diosecillos cuya idolatría hace imposible la entrada en el Reino.
podría tener relaciones y al que podría orar para conseguir su salva-
ción. Pero esta idea no pasa de ser un atisbo, una sospecha en los
mejores de sus escritores. El Dios de Jesús
Más compleja es la visión de Dios en las grandes religiones
orientales del tiempo de Jesús (hinduismo o budismo) y la de los ¿Y cómo es el Dios que Jesús muestra en sus palabras y obras y
pueblos más próximos a él (egipcios, persas o babilonios), pero en que ha de ser el protagonista del Reino? Una simple lectura de los
todas ellas seguirá faltando la visión de un Dios personal, creador, evangelios nos muestra que Jesús nunca hará disquisiciones sobre la
providente y, mucho menos, amigo y compañero del hombre. naturaleza de Dios, mucho menos tratará de aportar pruebas de su
En la órbita opuesta se coloca el antiguo testamento. Suele decirse existencia o de su actuación en el mundo. Habla del Dios con el que
que, frente al politeísmo de los pueblos que le rodean, lo característico convive. La existencia de Dios y su acción se le presentan como algo
de los hebreos es el monoteísmo. Y esto es cierto, pero lo es de un mucho más que evidente. No hay en él un solo segundo de búsqueda
modo muy especial. de Dios. Y no surge de un raciocinio metafisico, sino como fruto de
Escribe Rahner: una experiencia personal. Dios es alguien que es parte de su vida, toda
El monoteísmo del antiguo testamento no reposa en la investigación de su vida. Todo el pensamiento, todo el universo toma sentido de la
la razón humana que, buscando la unidad última del mundo, la existencia de Dios y no a la inversa. Su conciencia de Dios es en Jesús
encuentrafinalmenteen un principio de todas las cosas trascendentes al más espontánea que su propia respiración.
mundo. Se funda, más bien, en la experiencia que los hombres del
antiguo testamento tienen de la acción salvadora cumplida por Yahvé ¿Y cómo es este Dios cuya experiencia nos transmite? Intentaré
en el corazón del mundo y en la historia concreta de su pueblo. ser muy sintético:
34 El reino de Dios anunciado a los pobres El reino «.de Dios» 35

En primer lugar en Jesús aparece lo que Henri Bourgeois llama la Y, porque es liberador, es un Dios de la gracia más que de la ley. En
experiencia activa de un Dios activo, la experiencia viva de un Dios esto el Dios de Jesús no es el Dios oficial de los judíos, sino que será
vivo. Más que de un dios filosófico o teórico, habla de un reino de más bien un Dios-loco para los representantes oficiales de su pueblo.
Dios que viene, de un Dios que está actuando sin cesar. Su imagen, en Porque no es el Dios del culto, del templo y de la ley de los judíos, sino
Jesús, nunca es inmóvil. El Dios de Jesús, que aparece en tantas un Dios que está tan cerca de los pecadores como de los justos y que
parábolas, actúa, ama, interviene en la vida de sus hijos. Es un Dios somete todas las leyes al amor. No es «otro» Dios que contraponer al
vivo y dador de vida, de una vida que «compromete» a quienes la de los judíos, pero sí es un Dios «distinto», el Dios de la gracia
reciben. concedida libre y gratuitamente a cuantos quieran recibirla, sean o no
Es, en segundo lugar, un Dios de futuro. Es el Dios de la alianza y de su pueblo.
de la promesa. Toda su acción tiende hacia el futuro, hacia ese futuro Es un Dios, a la vez, próximo y lejano. Lejano por grande y por
definitivo donde Dios y los salvados se encontrarán en un Reino inexcrutable, lejano por santo. Próximo por amante y por padre. El
definitivo. No se trata de un Dios de la nostalgia, un Dios viejo o Dios de Jesús no es una emanación de nuestras esperanzas, ni fruto de
pasado. El Dios de Jesús viene del futuro para tomar plaza en la nuestra imaginación o nuestros cálculos. Es «el otro». A veces, el
actualidad. Por eso Jesús no dice: «Dios existe», sino «Dios viene». Y oculto y silencioso. Jesús tiene un vivo sentido de la misteriosidad de
desde ese futuro «tira» del presente hacia su perfección. No es «un Dios y a veces, en el huerto, en la cruz, experimentará su silencio, su
Dios de muertos, sino de vivos», no se instala en una historia ya lejanía. Por eso su predicación del Reino no va del hombre a Dios,
cumplida, sino que convoca por su promesa hacia la realización de un sino de Dios al hombre. Nunca podrá construir el hombre ese Reino
futuro siempre nuevo y mejor. La fe en él es, a la vez, esperanza. que nos ha sido dado como un regalo.
Es, en tercer e importantísimo lugar, un Dios para el hombre. El Dios de Jesús es, como resumen y cima de todo lo dicho, Padre.
Gracias a ello —como diremos más tarde— el reino de Dios, para Es el rey y el señor de ese Reino, pero es ante todo el padre, el Dios
construirse, no necesita, primero, demoler el reino del hombre, al engendrador, caliente, del que el nombre se puede fiar sin condicio-
contrario, el reino de Dios es el garantizador de que el hombre reinará nes, el próximo, el de la incomprensible bondad, el perdonador de
verdaderamente. El Dios de Jesús nada tiene que ver con los «dioses» oficio, el que se solidariza con sus hijos, con sus necesidades y sus
atacados por los «filósofos de la sospecha». Como resume Küng, el esperanzas, el que no pide, sino que da, el que no humilla sino que
Dios de Jesucristo: levanta, el que no hiere, sino que cura, el que salva.
El Dios de Jesús, finalmente, es el que hemos visto, tocado y
No es un Dios del más allá a expensas del más acá, a expensas del conocido en él, en Jesús. Porque Jesús hizo mucho más que hablarnos
hombre (Feuerbach). Ni el Dios de los explotadores, de la consolación
y la conciencia deformada (Marx). Ni un Dios producto del resenti- de Dios. El mismo, su vida, su persona, se constituyó en lugar de
miento, vértice de la deplorable moral del bien y del mal, propia de encuentro de los hombres con Dios, en sacramento del encuentro.
mozos de cuerda (Nietzsche). Ni un tiránico super-yo, imagen ideal de Escribe González de Cardedal:
las ilusorias necesidades de la primera infancia, un Dios ritualizado por
imperativo de un complejo de culpa asociado a un complejo paterno En adelante Dios ya no podrá seguir siendo considerado sin más como
(Freud). el Absoluto, o el Infinito, o el Futuro, más allá y más acá de todo,
anterior y posterior a todafinitudnatural o humana. Dios es aquel que
Al contrario: es un Dios-amor, un Dios-libertad. El gran resumen se nos descubre con un rostro personal, nos ofrece su bendición y nos
al que llega el apóstol Juan, después de largos años de meditar sobre reconcilia en la existencia reveladora, bendiciente, salvadora y reconci-
el ministerio de Jesús, es precisamente éste: que Dios es ternura, que liadora de Jesús hijo. Dios es sólo el Absoluto y el Infinito sólo en la
medida en que, a la vez, es concebido como el Dios y Padre de nuestro
es solidaridad, que el Dios que ha aparecido en Jesús es la benignidad Señor Jesucristo.
y el amor de Dios a los hombres. Por eso el Reino que él anuncia no es
una nueva forma de esclavitud del hombre, sino exactamente al El Reino, don de Dios
contrario: la salvación de Jesús es liberación. Viene para que el
hombre disfrute de su verdadera libertad y de una autonomía que, en Este protagonismo de Dios en el Reino que Jesús anuncia tiene
rigor, sólo será posible, aunque resulte paradójico, en la vinculación a una consecuencia que no podemos olvidar y que nos presenta una
ese Dios-liberador. San Francisco de Asís lo resumía en una frase nueva paradoja: y es que ese Reino es, en su origen, don de Dios y, en
definitiva y genial: Yo soy libre. Mi único amo es Dios. su logro, colaboración, tarea y responsabilidad del hombre.
36 El reino de Dios anunciado a los pobres Un Reino para el hombre 37

La primera es una afirmación fundamental, hoy más urgente y pasivamente—. El cristiano es alguien que esquiva la falsa ilusión de
necesaria que nunca. El lenguaje al uso lo demuestra: hablamos que el Reino llegará por simple evolución social (en lo espiritual o en
siempre de «construir», de «edificar» el Reino. Pero este lenguaje lo técnico) o por revolución social (de derechas o de izquierdas) sino
—como demostró Bultmann— es absolutamente ajeno al evangelio: radicalmente por la acción de Dios en el hombre y en el mundo, pero
allí se habla de él como de algo que está próximo, que viene, que nos que sabe, al mismo tiempo, que ese Reino puede ser acogido o
es dado como un don de Dios, un regalo, algo que «irrumpe» como rechazado, estorbado o acelerado, recibido o retrasado por la entrega
una gracia. del hombre o por la corrupción en el alma o en la sociedad.
Es cierto: el reino de Dios sólo Dios puede darlo. No es fruto
directo de nuestros esfuerzos, ni una prolongación de nuestras posibi-
lidades humanas; no es consecuencia de nuestros actos de virtud; no
es algo que el hombre pueda conseguir o merecer, que él deba III. U N REINO PARA EL HOMBRE
planificar, construir, organizar. Es un regalo, una herencia que recibi-
mos gratuitamente y por pura misericordia (Le 12, 32; 22, 29; Mt 21, Si el Dios del Reino es un «Dios para el hombre», es claro que el
34). La tarea del hombre está en creer en su venida, aceptar a este reino de Dios es un «Reino para el hombre». Importa, por ello,
Dios que se nos acerca como pura gracia y que es capaz de transfor- mucho subrayar que, en la visión de Jesús, esta nueva soberanía de
mar nuestra historia y de abrir a los hombres un futuro esperanzador. Dios no es el cambio de una tiranía por otra, un dejar la esclavitud del
No olvidemos que hablamos del reino de Dios y no de un nuevo reino pecado para pasar a ser esclavos de Dios. En esto el hombre de hoy
—más espiritualizado si se quiere— del hombre. O hablamos, si se —con razón— se ha vuelto extraordinariamente sensible y no deja de
prefiere, de un reino de Dios que tendrá como consecuencia el reino y encontrar un sabor autoritario y dominante en el concepto del reino
la felicidad del hombre. de Dios, sobre todo porque sabe, por experiencia, que en no pocos
En esto el cristianismo se diferencia tanto del marxismo como del casos se implantaron tiranías teocráticas bajo el camuflaje del reino
capitalismo: ambos, desde distintas perspectivas, creen que la historia de Dios. En este campo la crítica de Marx y de Feuerbach a las formas
no es sino el parto doloroso de un hombre nuevo que surgirá gracias religiosas (o pseudorreligiosas) de su época han dejado una profunda
al trabajo humano. Para los cristianos la sustancia de ese hombre huella y todos hemos llegado a temer o a creer que, para que el
nuevo no es fruto de una fabricación sino de una acogida. hombre sea verdaderamente libre, hay que suprimir a todos los amos,
Jesús es radical en esto al proponernos como modelo para ingre- sin excluir a Dios. Oímos predicar a diario a escritores y pensadores
sar en ese Reino a los niños: Si no cambiáis y os hacéis como niños, no que sólo cuando el hombre sea el ser supremo para el hombre tendremos
entraréis en el reino de los cielos (Mt 18, 2). Cristo, sin ningún género una humanidad realmente libre. Pero también sabemos, por experien-
de rodeos, presenta al niño —como dice Zahrnt— como un ejemplo de cia, que muchos de esos esfuerzos por liberar al hombre han termina-
lo que debería ser toda actitud existencial verdadera, una actitud en la do creando nuevas cadenas, con frecuencia más duras que las anterio-
que el hombre no gana su vida a fuerza de trabajo, tensión y lucha, sino res. Lo mismo que sabemos que no siempre el progreso nos vuelve
donde la recibe como un don, con alegría confiada. más libres. Cada año —escribía Bertrand de Jouvenel— parecemos
¿Ha de adoptar, entonces, una actitud pasiva? De ningún modo: al estar mejor equipados para conseguir lo que queremos. Pero ¿qué es lo
hombre le toca reconocer la llegada de ese Reino, acogerlo en su que queremos? Por de pronto no parece que el hombre moderno sea
corazón y en su vida, remover los obstáculos que en sí mismo existan más humano que el antiguo. Y se vuelve evidente la afirmación de
para la llegada de ese Reino. El hombre no debe trabajar tanto para Moltmann: Que el hombre sea el dios y el creador de sí mismo, suena
que el Reino llegue, cuanto trabajar porque está llegando, lo mismo ciertamente maravillosamente, pero en ninguna de las maneras le vuelve
que no sólo debemos esforzarnos para que la vida sea bella, sino más humano.
precisamente porque lo es. El que ese Reino se nos dé gratis hace más Por eso hay que recordar que, para los judíos a quienes Jesús
obligatoria nuestra cooperación. Porque —en frase de Jon Sobrino— predicaba, la llegada del reino de Dios no significaba en absoluto una
la gratuidad no consiste sólo en ojos nuevos para ver y oídos nuevos para nueva esclavitud, sino exactamente lo contrario: la liberación de toda
oír, sino en nuevas manos para hacer. Y así es como el cristiano se sitúa esclavitud, el fin de las opresiones y las injusticias. De Yahvé los
a medio camino entre el activismo ingenuo —que cree que todo brota hebreos esperaban liberación, justicia, fraternidad, paz. Por eso Isaías
de sus manos— y la pura resignación —que se limita a esperarlo todo les invitaba con estas palabras anunciadoras:
38 El reino de Dios anunciado a los pobres El Reino de los pobres 39
Levántate, levántate, revístete de tu fortaleza, oh Sión... Sacúdete el ¿Está Jesús apelando a los milagros para «demostrar» la fuerza de
polvo, levántate, Jerusalén cautiva, desata las ligaduras de tu cuello,
cautiva, hija de Sión (Is 52, 1). su Reino? Leídas con atención esas palabras hay en ellas tres cosas
más sorprendentes y más significativas que los mismos milagros que
Así lo entendieron todos cuantos oyeron predicar a Jesús. Y el describe: el que todos esos signos vayan dirigidos a pobres y necesita-
evangelio está lleno de un triple mensaje: salvación, liberación, ale- dos; el que se presente como tan significativo y milagroso el que los
gría. pobres sean evangelizados como el que los muertos resuciten; y el que
Es cierto: Jesús no viene a rebajar al hombre, sino a volverlo más Jesús reconozca como normal que todos esos signos sean escandaliza-
hombre. No a esclavizarlo, sino a darle libertad. Según Jesús dores.
—escribe Pagóla— sólo cuando el hombre acepta a Dios como único Aun sin querer analizar aquí en toda su profundidad estas para-
Señor y lo acoge como origen y centro de referencia de toda su dojas, sí debemos detenernos un momento para examinar el vocabu-
existencia, puede el hombre alcanzar su verdadera medida y dignidad. lario que usamos, no sea que las palabras nos jueguen una mala
Sólo desde Dios descubre el hombre sus verdaderos límites y la grandeza pasada y nos lleven a conclusiones simplemente antievangélicas.
de su destino. Sí, el hombre en el Reino es más hombre. Y encerrado y ¿Qué quiere decir «pobre» en labios de Jesús? La primera consta-
limitado a sí mismo no se vuelve más libre, sino menos hombre. tación es que esa palabra, en el evangelio, no tiene ni única, ni
centralmente un significado exclusivamente socio-económico que de-
signase tan sólo a quienes pertenecen a una determinada clase social.
IV. EL REINO DE LOS POBRES Una interpretación de ese vocablo en clave política nos llevaría fuera
del evangelio. Pues la pobreza evangélica alude —evidentemente— a
Debemos ahora enfrentarnos con la cuarta y la más desconcertan- la falta de dinero o de medios económicos. Pero también a mucho
te paradoja de este Reino. Porque la más radical, la más revoluciona- más. Jesús no es simplista, ni demagógico. Y los paralelismos que el
ria de las afirmaciones de Jesús, es, precisamente, que ese Reino que evangelio usa nos explican por sí solos quiénes son realmente los
viene a anunciar y fundar tiene como primeros y principales destina- pobres para Jesús: Pobre es sinónimo del que tiene el corazón roto; de
tarios a los pobres. J. Jeremías lo resume en una profunda intuición: quienes no esperan la solución de sus problemas sino de solo Dios; de
los abandonados, los tristes, los desanimados, los débiles, los peque-
El resumen del evangelio y de toda la predicación de Jesús no es: «El ños, los simples. Y pobreza en la Biblia es sinónimo de hambre, de
reino o la salvación ha llegado», sino «la salvación ha llegado a los sed, de llanto, de enfermedad, trabajos y cargas agobiantes, alma
pobres, a los pecadores». vacía, falta de apoyo humano.
Efectivamente: en una lectura seria y atenta del evangelio com- Tal vez resulten aclaradoras las citas de tres importantes teólogos
prendemos enseguida que hay dos datos que hacen que el mensaje de contemporáneos:
Jesús sea diferente a cuantos han traído al mundo otros líderes Los pobres y los afligidos son aquellos que no tienen nada que esperar
religiosos: el primero es el hecho de que, en la predicación de Cristo, el del mundo, pero todo lo esperan de Dios, los que no tienen más
mensajero es tan importante como el mismo mensaje. La segunda recursos que en Dios, pero también se abandonan a él; los que en su ser
característica diferenciadora es el hecho de que, para Jesús, los y en su conducta son mendigos ante Dios. Lo que une a los bienaventu-
rados es el hecho de haber tropezado con los límites del mundo y sus
destinatarios de ese mensaje son parte sustancial del mismo. posibilidades: los pobres que no encuentran sitio en las estructuras del
Al papel de los pobres, pecadores y marginados en el evangelio mundo, los afligidos a los que el mundo no ofrece ningún consuelo, los
tendremos que dedicar un largo capítulo en otro lugar de esta obra. humildes que no tienen ningún medio de defenderse en este mundo.
Pero será necesario apuntar aquí algo al menos, recordando aquella Pero también se trata de los misericordiosos que, sin preocuparse de las
cuestiones de derecho, abren su corazón a los otros, los artífices de la
frase en la que Jesús define cuáles son las consecuencias del anuncio paz que triunfan de la fuerza y de la violencia con la reconciliación, los
del Reino: hombres justos que no se encuentran a gusto en un mundo de astucias
y, porfin,los perseguidos con ultrajes y amenazas de muerte y que son
físicamente excluidos de la sociedad (G. Bornkamm).
Id y referid a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos
andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos Los pobres son los oprimidos en amplísimo sentido: los que sufren
resucitan y los pobres son evangelizados; y bienaventurado aquel que opresión y no pueden defenderse, los desesperanzados, los que no
no se escandalizare de mí (Mt 11, 4). tienen salvación. Los que saben que están a merced de las manos de
40 El reino de Dios anunciado a los pobres Un Reino por el que hay que apostar 41
Dios. Todos los que padecen necesidad, los hambrientos y sedientos, La entrada en el Reino, ya lo hemos dicho, será un nuevo
los desnudos y los forasteros, los enfermos y encarcelados, pertenecen a nacimiento, una nueva ontología, una regeneración. Ahora bien el
los más pequeños, son sus hermanos. Pero el círculo de los pobres es rico —tanto si es rico de dinero como si lo es de ambiciones o
mayor todavía. Así lo vemos claramente cuando agrupamos las deno-
minaciones e imágenes con que Jesús los caracteriza: los que tienen sueños— está de tal modo apegado a las realidades de este mundo que
hambre, los que lloran, los enfermos, los que están agobiados por el queda entorpecido para ese nuevo nacimiento. No puede embarcarse
peso, los últimos, los sencillos, los perdidos, los pecadores (J. Jeremías). en esa aventura desgarradora que es la génesis de una humanidad
Cuando Jesús habla de los pobres no se trata de la pobreza como pura nueva. Porque está jijado en su riqueza como un hijo en su madre. Y
situación material. Entre el fariseo y el publicano es, más bien, el para hacerse adulto en el nuevo Reino deberá aprender a abandonar a su
publicano quien se encontraría, económicamente, en situación de pose- padre y a su madre, es decir: a sus riquezas, sean del género que sean.
sión. El ideal no es lo que le debe faltar a uno, sino que esté libre
respecto a la abundancia o de la privación como lo estuvo el Señor Se entra desnudo en la vida. Sólo se entrará desnudo en el reino de
Jesús o san Pablo y, sobre todo, que tenga el alma en esa actitud de los cielos, pues si desnudo se nace, desnudo se renace. Sólo quien se ha
esperanza y de deseo, de disponibilidad a la gracia, de desapropiación y despojado de riquezas, de ambiciones, de poderes, de falsas ilusiones,
de total y confiada dependencia, que es la de los «pobres de Yahvé». La de odios y revanchas, podrá seguir esa nueva palabra creadora que le
pobreza material, la desnudez, la condición humillada no son más que
«disposiciones» posiblemente felices, pero que también podrían provo- introducirá en el Reino. Pues es cierto que Jesús no viene a empobre-
car reacciones de amargura y de envidia, de rebelión y rechazo, que cer al hombre, pero sí a sustituir una riqueza pasajera por la gran
serían, a su vez, tan contrarias al evangelio como la dureza del corazón, riqueza de Dios.
la suficiencia, la ingratitud y el orgullo de un rico que se dispensara, por
su riqueza, de cifrar su confianza en Dios (Y.-M. J, Congar).
A la luz de estas citas podemos intuir que Jesús habla, más que de V. U N REINO POR EL QUE HAY QUE APOSTAR
un grupo económico o de una clase social, de una «clase espiritual»,
de una «clase de almas», de una «clase moral». Nunca en el evangelio Pero la predicación del Reino que hace Jesús no concluye con un
—recuerda Congar— se canoniza la pobreza material. Y no hay en simple anuncio: el Maestro, después de levantar su bandera de revolu-
Jesús —subraya González Faus— ninguna afirmación de la «superiori- ción —«se acerca el reino de Dios»— añade un tremendo imperativo
dad moral» de los marginados, ninguna canonización de la pobreza en que enarbola como una espada: «¡Convertios!».
una especie de nueva tora. Es este imperativo lo que da a la predicación de Jesús su carácter
Sería, sin embargo, también una ingenuidad y un error creer que dramático. No estamos ante un mero anuncio, más o menos atracti-
Jesús habla de esa supuesta «pobreza de espíritu» de quien pensara vo, estamos ante alguien que nos coge por las solapas, nos enfrenta
que esa total confianza en Dios puede convivir cómodamente con una con nosotros mismos y nos dice: este Reino que acabo de anunciarte
vida de riqueza. Tendría el rico que ser un verdadero santo para es algo vital para ti; si ingresas en él, vivirás; si permaneces al margen,
contar únicamente con Dios. Para Jesús la pobreza es pobreza en serás un vegetal humano con apariencias de vida. Este es el radicalis-
serio, un verdadero desvalimiento ante Dios. mo de Cristo. Sus palabras —dice Guardini— no podían escucharse
Ahora podemos medir ya la gran paradoja de Jesús en el anuncio pasivamente sin enfrentarse con ellas. Jesús respeta, claro, la libertad
del Reino: sólo pertenecerán a él quienes realmente sólo apoyen su del oyente, pero la respeta tanto que no le oculta a qué se expone
vida en Dios. Quienes la sostengan en su confianza en otros ídolos —como ser humano— si su respuesta es una negativa.
—la riqueza poseída o deseada, el placer, el poder, el orgullo, la Y no se trata, desde luego, de ser «un poco» mejores o «un poco»
seguridad en sí mismos o en los valores de este mundo— no podrán peores. Se trata de vivir o no vivir. Y tampoco se trata de sacar el coco
ingresar en él más que si se convierten radicalmente. de los castigos para quienes no acepten esa invitación, sino, más bien,
Entonces —se preguntará alguien— ¿es que Jesús, demagógica- de jugar limpio, de decirle al hombre que se lo juega todo en esa
mente, invita a renunciar a las riquezas, apunta hacia la carencia, opción que se le presenta. Porque no es, repitámoslo, un problema de
incita a ingresar en el vacío y la nada? La respuesta a esta grave premios o castigos, se trata de ser o no ser.
pregunta es la que da Tresmontant: Repetiremos con Tresmontant:
Jesús no apunta a la nada, sino al ser. Lo que enseña no es el sacrificio
por el sacrificio en sí, sino las condiciones existenciales y ontológicas Lo que aquí se ventila es un problema de ontología, de estar vivos o
para acceder a una riqueza infinitamente mayor. estar muertos. Si un árbol es estéril o una rama está seca, será cortada y
42 El reino de Dios anunciado a los pobres Un Reino de gozo 43
arrojada al fuego, porque para nada sirve. No es utilizable. Es una Escribe Guardini:
cuestión de ser, insistimos, y no de moral. Jesús vino a enseñar las
condiciones definitivas del ser y de la vida.
El escándalo es la expresión violenta del resentimiento del hombre
Esas condiciones se resumen en una sola palabra: convertirse, contra Dios, contra la misma esencia de Dios, contra su santidad. Es la
girar en el corazón, cambiar de alma, dirigirla en otra dirección. No se resistencia contra el ser mismo de Dios. En lo más profundo del
corazón humano dormita, junto a la nostalgia de la fuente eterna,
trata sólo de hacer mejor tales o cuales cosas. De lo que se trata es de origen de todo lo criado y que es lo único que contiene la plenitud
una gran apuesta irrenunciable: o se opta por el reino de Dios o absoluta, la rebelión contra el mismo Dios, el pecado, en su forma
contra él; o se juega a favor de la soberanía de Dios o a favor de los elemental que espera la ocasión para actuar. Pero el escándalo se
presenta raramente en estado puro, como un ataque contra la santidad
reinos mundanos; o se es la sal de la tierra o se es el freno a la acción divina en general; se suele ocultar dirigiéndose contra un hombre de
de Dios. Es, efectivamente, un nuevo nacimiento en una nueva Dios, el profeta, el apóstol, el santo, el profundamente piadoso. Un
dirección. hombre así es una provocación. Hay algo en nosotros que no soporta la
El radicalismo de Jesús, es, en esto, absoluto: no hay posturas vida de un santo.
medias, no hay opciones evasivas, no hay una vela a Dios y otra al
diablo, no se puede ser «un poco» cristiano. Hay que apostar. Luego Es la vieja tentación de siempre: el hombre soporta a Dios a
de apostado, se mantendrá mejor o peor esa apuesta, pero lo que no condición de que se mantenga lejos. Está, incluso, dispuesto a amarle,
se puede es jugar a dos barajas. Cristo lo quiere todo. Aunque ese pero siempre que no intervenga demasiado en su vida, siempre que
todo se viva después cobardemente. nos permita jugar al mismo tiempo al juego de Dios y al de nuestras
¿Se trata, entonces, solamente de un «mensaje para genios», para ambiciones, siempre que respete eso que llamamos «nuestra libertad»
hombres con almas de primera? No, Jesús —recuerda Guardini— no y que con frecuencia no es otra cosa que nuestro endiosamiento. Toda
trae su mensaje a hombres particularmente dotados, sino a «lo que había la vida, toda la muerte de Cristo se entiende en esta clave: pedía
perecido». Y tal vez por eso su mensaje esté especialmente próximo a «demasiado», pedía que apostásemos por Dios sin contemplaciones.
los pecadores: porque en ellos es menos fácil la componenda que en Le costó carísimo.
los que ya se creen «en el buen camino».
Y el camino —Jesús lo sabe cuando lo predica— es difícil y cuesta
arriba. ¡Qué estrecha es la puerta y qué angosta la senda que lleva a la
VI. U N REINO DE GOZO
vida y cuan pocos son los que dan con ella! (Mt 7, 13). No es Cristo un
iluso cuando anuncia su Reino. Sabe que muchos —¿los más?—
preferirán los reinos más tangibles. Está seguro de que muchos otros Ahora habrá que aclarar que cuando hablamos de «riesgo» no
—¿los más entre sus seguidores?— sestearán en las verdes praderas decimos «tristeza»; que cuando Jesús exige «apuesta» no invita al
que rodean la senda estrecha de su Reino, acercándose a él desde empobrecimiento; que «convertirse» es «multiplicarse».
ciertas experiencias religiosas sentimentales, pero sin cambiar de Es importante aclarar que el anuncio de Jesús no es «venir con la
corazón. Y que serán pocos los que se atrevan a tomar completamen- rebaja», «recortar» el placer, pedirnos que descendamos del «gozo»
te en serio ese reto decisivo: ¡Convertios! de este mundo a una especie de «semigozo» de Dios. Si Jesús pide al
Porque sabe todo esto, anuncia Jesús que su palabra será escánda- hombre que lo venda todo para comprar la perla de su Reino es,
lo para muchos. Y el escándalo será el arma que los hombres usarán precisamente, porque sabe que esa perla es la gran riqueza junto a la
para justificar su rechazo del Reino. Un rechazo que seríamos inge- que todo palidece. Subir al Reino es subir, no bajar. El reino de Dios
nuos reduciéndolo sólo a los fariseos y sacerdotes. El gran drama de no es el «consuelito» que se da a los cobardes, sino la plenitud que se
la vida de Jesús es que fue rechazado por casi todos. Le rechazaron, concede al que no se contenta con bagatelas. Jesús es un multiplica-
ya en el comienzo de su vida, sus convecinos de Nazaret. Le rechaza- dor, no un castrador; un entusiasmador, no un medroso prudentito
ron los violentos porque le consideraban ineficaz. Le rechazaron los que prefiere el pájaro que se tiene en la mano a toda la bandada que
sacerdotes porque presentaba un Dios que no se contenta con ritos y nos espera.
ceremonias. Le rechazaron incluso los pobres que eran los primeros Por eso llamamos al evangelio «buena noticia». Por eso por todas
destinatarios de su Reino. Le rechazó... «el hombre». Ese mismo sus páginas corre un vino de entusiasmo, una alegría como las que
hombre que hoy le rechaza en nuestro corazón. este mundo no conocerá jamás.
44 El reino de Dios anunciado a los pobres
2
De hecho por cada palabra en la que Jesús anuncia los riesgos del
Reino añade cincuenta más para asegurar el gozo del hallazgo. El Cueva de ladrones
Reino es un banquete, una fiesta {Mi 8, 11; Le 13, 28; 14, 16-24; 22, 11-
13; 12, 37); es una cosecha (Me 4, 1-9; 4, 26-29; Mt 13, 24-30); una
pesca entusiasmante (Mt 13, 24-30); un árbol fructífero (Me 4, 30-32)-
un tesoro, una perla (Mt 13, 44) cuyo hallazgo llena de alegría ai
afortunado que la encuentre.
Conseguir este gozo no es barato. Porque el reino de Dios padece
fuerza y sólo los esforzados lo arrebatan (Mt 11, 12). Pero ¿quién
preferiría la tranquilidad de los cementerios al gozo de vivir? El reino
de Dios es una espada, es cierto, pero el que acepta esta espada —dice
Guardini— recibe con ella la santa paz, la santa locura de amar, el alto
entusiasmo de estar lleno y vivo.
Jesús ha salido ya al camino. Mira a los buenos galileos que le La estancia de Jesús en Cafarnaún debió de ser, esta vez, breve. Y
rodean —y a quienes vivirán dentro de veinte siglos— y repite su su anuncio del reino de Dios tuvo, en este primer momento, un
gozoso anuncio: El reino de Dios se acerca y, luego, añade la tremenda carácter de prólogo. Su predicación pública iba a tener, enseguida, un
palabra: Convertios, entrad en él, atreveos. Mira a los ojos de cada arranque más dramático. Un gran gesto de rotura iba a mostrar cómo
uno y repite: ¿Por qué no tú? Jesús no rehusaba el conflicto. Iba a él como más tarde marcharía
hacia la muerte. El no era hombre de estrategias, ni medias tintas. No
amaba la lucha por la lucha. Pero sabía que quien quiera anunciar
una verdad deberá chapuzarse de golpe en ella sin vacilaciones. Aun a
sabiendas de que todo el que desciende a la verdad, la encuentra
siempre rodeada del brillo de la muerte. Pero a él no le asustaba la
muerte. E iría a buscar a sus enemigos a su propia madriguera, a la
cueva de ladrones en la que se escondían.
Al llegar aquí —y antes de narrar lo ocurrido en el templo—
hemos de plantearnos un grave problema cronológico. Porque nos
encontramos que, mientras Juan coloca la expulsión de los mercade-
res en el comienzo de la vida de Jesús, durante la primera de las tres
pascuas que narra, los sinópticos, que cuentan una sola pascua y una
sola bajada de Jesús a Jerusalén, sitúan esta escena en las vísperas de
su pasión, tras la entrada triunfal del domingo de Ramos. ¿Se trata de
dos escenas diferentes, aunque parecidas, ocurridas en dos momentos
distintos de la vida de Jesús o más bien de una misma escena que los
evangelistas visten con diversas circunstancias? Y, si se trata de una
escena ¿cuál de las dos cronologías es la más probable?
Durante años, los escrituristas se inclinaron por la idea de dos
escenas parecidas ocurridas en tiempos diferentes. Así opinaban la
mayor parte de los autores de vidas de Cristo hace unos años (Bover,
Fernández, Fillion, Prat y muchos otros). Hoy casi nadie acepta la
idea de dos escenas diferentes. Las variantes son tan mínimas que hay
que inclinarse por una sola situación histórica.
Pero ya es menos fácil apostar por una u otra cronología. Las
últimas corrientes —sobre todo aquellos escritores que quieren acen-
46 Cueva de ladrones El templo 47

tuar las motivaciones políticas de la muerte de Jesús— se inclinan a anunciarles ese misterioso reino de Dios que estaba cerca. Pero
colocar la escena en vísperas de la cruz. La misma película Jesucristo ningún testimonio evangélico nos queda de tales predicaciones.
Superstar la cuenta dentro de la última semana. Por motivos literario- A los cuatro días de camino, la caravana llegó al monte de los
dramáticos parece preferible esa situación: la expulsión de los merca- Olivos y, desde la cumbre, vieron el fulgir de la ciudad, aquel brillo de
deres habría excitado a los sacerdotes contra Cristo y les hubiera oros que llenaba de lágrimas emocionadas los ojos de todo buen
empujado a decidir la eliminación de un adversario que ponía en judío. En el monte se detuvieron a contemplar la ciudad y a llenar el
peligro sus ideas a la vez que sus negocios. cielo de himnos de agradecimiento por volver a ver la patria de su
Pero son muchas las razones que parecen invitar a situar la escena corazón. Las flautas y tambores acompañaban sus plegarias.
mucho antes. En principio, Juan es mejor cronólogo que los tres Contemplaban la ciudad. Al otro lado del Cedrón, era una mara-
sinópticos, que atienden mucho más a la topografía y prefieren ña de torres y cúpulas y terrazas que cubrían materialmente las cinco
acumular primero todo lo ocurrido en Galilea y al final todo cuanto colinas sobre las que Jerusalén se asentaba. En primer término estaba
pasó en Judea. Por otro lado, el contexto en que los sinópticos narran el templo, a la vez refulgente y terrible, casa de Dios y fortaleza.
la escena hace que ésta quede completamente fuera de lugar. Si,
además, hubiera sucedido el domingo o el lunes de la última semana,
no se entendería cómo Jesús puede hablar con toda normalidad en los El templo
atrios del templo en los días que siguen, y mucho menos el que este
tema no apareciera con más claridad como una acusación en el juicio. No era ya el viejo y primer templo que construyera Salomón y que
Al contrario, las acusaciones hechas por los falsos testigos que aluden Nabucodonosor había destruido hacía 600 años. Tampoco el que
a la destrucción del templo son vagas y parecen referirse a algo Zorobabel reconstruyó después del destierro y que fue solemnemente
ocurrido mucho tiempo antes. La misma frase de los sacerdotes en la inaugurado en el 515. Era el templo que Herodes el Grande hiciera
discusión con Jesús, tras la expulsión, cuando arguyen que llevan 46 construir de nueva planta.
años construyendo el templo, encaja mucho mejor con el comienzo de El idumeo, grande en vicios y empresas, había volcado en aquella
la vida pública. Usaremos, pues, esta cronología, aunque la certeza obra toda su ambición, en parte por halagar a los judíos, que no le
total sobre esta fecha siempre quedará en la sombra. perdonaban el no ser de su raza, y en parte porque consideraba que
aquello le inmortalizaría en la historia.
Las tareas empezaron el año 19 antes de nuestra era y, en realidad,
Hacia Jerusalén aún no se habían terminado cuando Cristo entró en él. Al principio
trabajaron sin interrupción diez mil obreros. Se enseñó albañilería a
Cafarnaún era una de las ciudades del norte en las que se organi- mil sacerdotes, ya que sólo ellos podían trabajar en la zona del
zaban frecuentes caravanas para «subir a Jerusalén». Ya desde los santuario. Se acumularon las más ilustres piedras, las maderas más
primeros días de marzo llegaban gentes de los poblados de los caras, mármoles raros y metales preciosos.
alrededores, se juntaban en Cafarnaún y marchaban procesionalmen- La obra era aún más ambiciosa que la del propio Salomón. El
te hacia la ciudad Santa. Era una marcha casi litúrgica, alegrada por santuario reproducía el del antiguo templo, pero se habían agrandado
cantos y alabanzas a Dios. mucho las edificaciones exteriores. En las laderas de la colina se
Las caravanas tomaban la ribera del Jordán. En el valle la levantaron enormes muros de sostenimiento (son hoy la base del
temperatura era más benigna que en la meseta, con lo que, de noche, muro de las lamentaciones) que permitían doblar la superficie de la
se podía acampar sin más al aire libre. cumbre. Y sobre aquella meseta artificial se levantaban los cuatro
Y Jesús sintió la llamada de Jerusalén. Interrumpió la recién atrios, cada vez más elevados a medida que se aproximaban al Santo.
empezada predicación y partió, como todo buen judío, hacia el Ocho puertas monumentales, coronadas de torres y baluartes,
templo de su padre Yahvé. Seguramente iban con él algunos apósto- daban acceso al inmenso cuadrilátero, cada uno de cuyos lados medía
les. No todos, porque aún el grupo de doce no estaba definitivamente cerca de un cuarto de kilómetro. Por todas partes se multiplicaban los
formado. atrios, balaustradas, escalinatas, patios y columnatas.
En el camino le rodeaba ya, sin duda, la curiosidad. Es probable Estaba primero el gran atrio de los gentiles, a uno de cuyos lados
que en las paradas nocturnas la gente le rodeara y él comenzase a se alzaba gigantesco el llamado pórtico real. Al otro lado, el pórtico
48 Cueva de ladrones La cólera de Jesús 49

de Salomón, menos grandioso, pero más rico en materiales: piedras judías, sobre caballetes de madera. Más allá, un grupo de levitas tenía
multicolores y un precioso artesonado esculpido en madera de cedro. sus tenderetes de sal, de harina, de aceite o incienso para las ofrendas
Una balaustrada de piedra conducía al patio de los judíos, en el sagradas. Y, mezclados con todo ello, las ovejas, toros, palomas para
que un gentil no podía poner el pie. Grandes letreros amenazaban de los sacrificios. Si pensamos que en la pascua del año 70, según Flavio
muerte al no judío que se atreviera a pasar aquella frontera espiritual. Josefo, se sacrificaron nada menos que 250.000 corderos, podemos
El patio de los judíos se dividía, a su vez, en zona de los hombres y imaginarnos lo que era aquello. El olor nauseabundo, los gritos de
otra destinada a las mujeres. Entre ambas corría la escalinata en la una multitud que pregonaba sus mercancías, que discutía precios, que
que los levitas, al son de cítaras, entonaban los salmos graduales. llegaba fácilmente a las manos. Quien conozca los zocos orientales se
Desde esta escalinata recibían las ofrendas de las mujeres por sus hijos imaginará fácilmente aquel ambiente, rodeado, para mayor sarcas-
recién nacidos. mo, de esplendentes columnas de mármol.
Más adentro estaba el Patio de Israel en el que sólo podían Es fácil comprender la impresión que cualquier creyente sincero
penetrar los varones y aún había que atravesar otra balaustrada para probaba al cruzar el pórtico de Salomón. Llegaba allí con el corazón
llegar al Patio de los sacerdotes, donde estaba el altar de los holocaus- apretado por la emoción, con el alma cargada de plegarias, sus pies
tos, el mar de bronce y las mesas de mármol que servían para la cansados se sentían, de pronto, felices de pisar la casa de su Dios. Y,
inmolación de las víctimas. de pronto, todos sus sentidos se sentían agredidos. El olor a estiércol
Detrás, en el extremo noroeste se elevaba el santuario propiamen- mezclado con el punzante de las especias; el griterío de los vendedores
te dicho. Era una masa cuadrangular de más de 20 metros de altura. revuelto con los balidos de los corderillos, los mugidos de los carneros
Allí no se conocían otros materiales que el mármol y el oro, que arrastrados hacia el sacrificio, el sonar de los esquilones de los
fulgían hasta hacer daño a los ojos de quien miraba en los días de sol. vendedores de monedas, los chillidos de la pajarería y los arrullos de
Se componía de dos amplias salas, separadas por una gran cortina (el las palomas; y el agitarse de la multitud —banqueros, revendedores,
velo del templo) de arte babilónico, de riquísimo tisú. Sobre ella corredores, ganaderos, plateros, provincianos— moviéndose como
estaban bordados grupos de querubines en forma de animales con una enorme gusanera... El peregrino sentía que el alma se le caía a los
alas. La primera sala es aquella en la vimos a Zacarías cuando el ángel pies, que todos sus sueños de oración alimentados durante el camino
le anunció el nacimiento de Juan. La segunda, santificada en tiempos chocaban cruelmente contra la sucia realidad. La amargura llenaba el
por el arca de la alianza, no contenía ahora más que una piedra alma de los más pusilánimes, la cólera invadía a los mejores. Sobre
informe, una especie de trono del Dios invisible. todo cuando pensaban que lo que nació como un servicio a los
peregrinos se había convertido en la Casa de Mammón en la que
— como escribe Papini— los hombres materializados, en complicidad
El mercado con los sacerdotes, en vez de orar en el silencio del espíritu, traficaban
allí con el estiércol del demonio.
La parte más frecuentada era el atrio de los gentiles, mitad
templo, mitad mercado. Especialmente en las fechas de la Pascua el
desorden en esta zona del templo era enorme. Gentes venidas de La cólera de Jesús
todos los rincones de Palestina y del mundo se agolpaban allí com-
prando, vendiendo, curioseando. Allí podía verse todo tipo de vesti- No es difícil imaginarse lo que Jesús sintió al ver aquello. Si en
dos y tocados. Aunque la mayoría vestían el blanco taliss —velo anteriores visitas había soportado la amargura de ver así tratada la
ritual, adornado con borlas cuyos nudos significaban el nombre tres casa de Dios, ahora algo estalló dentro de él. Desde que había
veces santo del Señor—, echado por encima de la túnica. comenzado a anunciar el Reino se sentía más fuerte y decidido. Quien
Era difícil moverse entre aquella multitud. Porque no era sólo pregonaba la salvación de los pobres ¿podría tolerar aquella ofensa a
humana. La plaza se había convertido en una mezcla de banco, la pobreza de Dios y de los hombres? El divino pobre —escribe
mercado, pajarería, majada y establo. Los cambistas —pues en el también Papini— acompañado de sus pobres, se precipita contra los
templo no servía la habitual moneda romana y había de cambiarse en servidores del dinero. Tomó del suelo algunas sogas de atar a los
siclos para hacer cualquier compra o para pagar el tributo religioso— animales, hizo un nudo con ellas. Y se lanzó sobre los cambistas.
extendían sus platillos de cobre, en los que brillaban las monedas Varias mesas rodaron y las monedas tintineantes se desparramaron
50 Cueva de ladrones Un Cristo guerrillero 51

por el suelo. Alguien gritó como todos los avaros: «¡Mi dinero! ¡Mi nuevo Jesús apto para entusiasmar a los rebeldes al pintarle como el
dinero!». Pero, tras la primera mesa, fue la segunda, y la tercera, y la más ilustre de los revolucionarios políticos de la historia.
cuarta. Se hizo un silencio terrible. El gesto del profeta era tal que En realidad la idea no era nueva y el libro de Carmichael era un
nadie se atrevía a detenerle. Con su látigo improvisado golpeó los simple plagio del publicado treinta años antes por Eisler.
lomos de carneros y bueyes que iniciaron una loca desbandada hacia Fue probablemente Kaustsky, marxista radical, quien a principios
los pórticos. Hubo, sin duda, un momento de terror colectivo. Pero de siglo trató de reducir el mensaje de Cristo a una pura revolución
Jesús no se detuvo. Se dirigió a los vendedores de palomas y, señalan- social. Jesús habría sido simplemente un revolucionario político de
do sus jaulas, gritó: «Quitad eso de aquí y no convirtáis la casa de mi tono apocalíptico que originó en Jerusalén una revuelta y fue apresa-
Padre en cueva de ladrones». Las gentes huían o miraban aterradas, en do y ejecutado por los romanos.
un silencio dramático. Y, allá en lo mejor de sus almas, entendían la Veinte años más tarde es Robert Eisler quien en Jesús, sin Reino
cólera de este Profeta desconocido. Y se preguntaban quién era y acumuló una inmensa documentación (que Dibelius calificó justa-
quién le daba aquel poder y aquella majestad que hacía que nadie se mente de «magia combinatoria») con la que se trataba de montar
atreviera a detenerle. «científicamente» la tesis de un Jesús violento y político. Más tarde S.
G. F. Brandon, en su extenso libro Jesús y los zelotes, intentó
convertir a Cristo en uno de tantos cabecillas como existieron en la
Palestina de la época hasta que fueron definitivamente aplastados en
El sentido de un gesto la guerra judía contra Roma (67-70 después de Cristo).
Pero sería Carmichael quien, con un estilo novelesco, populariza-
Tenemos que preguntarnos ahora por el sentido de este gesto, tan ría la teoría que aún tiene algún éxito en ciertos ambientes cristianos.
inhabitual en la vida de Jesús. ¿Cuál fue la verdadera razón de este En esta teoría se da una importancia fundamental a la escena de
estallido de cólera? ¿Qué es lo que realmente quería atacar con su los mercaderes. Resumiré aquí sus puntos de vista, aunque sólo sea a
látigo? título de curiosidad.
A tres parece que pueden reducirse las interpretaciones de los Para Carmichael el centro de la narración evangélica es éste: Jesús
especialistas. Para algunos —para la mayoría hasta hace poco tiem- entró en Jerusalén el domingo de Ramos al frente de un grupo de
po— Jesús quiere corregir los abusos que se han introducido en el hombres, se adueñó violentamente del templo y se atrincheró en él
templo y especialmente la comercialización de lo sagrado. Para otros, durante los cuatro primeros días de la semana; fue traicionado el
Jesús va más allá y quiere denunciar con un gesto profético la misma jueves por uno de los suyos, juzgado y condenado por sedición contra
teología en que el templo de Jerusalén se apoyaba, anunciando la la autoridad política.
llegada del nuevo templo, su persona, lugar definitivo de encuentro de
La ocupación tuvo que ser —siempre según Carmichael— un
los hombres con Dios. Para algunas corrientes de última hora
ataque de extremada violencia. El templo no sólo era un lugar de
—quienes dan a la muerte de Cristo una raíz radicalmente política—
plegarias, sino también una fortaleza en la que se situaban todos los
la escena ha sido minimizada: no se habría tratado en realidad de un
edificios administrativos, en los que trabajaban no menos de 20.000
simple acceso de cólera de Cristo, sino una verdadera ocupación del
empleados. Allí se guardaba, además, un fabuloso tesoro público,
templo en un golpe de mano de tipo zelote.
tanto en metales preciosos como en las sumas depositadas por los
Tendremos que analizar estas tres posibilidades. particulares en el obligado tributo. Tenía, por todo ello, una fortísima
guardia. Los romanos sumaban, entre el templo y la Torre Antonia,
quinientos o seiscientos soldados. Estaban, además, los guardianes
Un Cristo guerrillero del templo, ciertamente muy numerosos. A ello se añadía la multipli-
cación de la guardia en los días de la pascua. Aquellas eran fechas
Hace muy pocos años la publicación de la obra de Joel Carmi- especialmente aptas para las revueltas políticas. Era frecuente que los
chael La muerte de Jesús causó en Estados Unidos un enorme revuelo. judíos guardaran puñales bajo sus amplias túnicas orientales. Sólo
En ella venía a presentarse a Cristo como una especie de Che Guevara una guardia muy numerosa y atenta podía mantener allí el orden
de los tiempos bíblicos. Los periódicos y revistas populares publica- público.
ron escandalosos reportajes que celebraban el nacimiento de un
52 Cueva de ladrones La teoría de la comercialización de lo sagrado 53

Opina Carmichael: ninguna acusación de este tipo, el que Jesús reprenda a Pedro cuando
usa la espada, todo esto, naturalmente no cuenta para Carmichael.
Es inconcebible, pues, que Jesús pudiera presentarse en el templo, ¿Aporta, al menos, alguna otra prueba extrabíblica de su teoría?
enfrentarse ásperamente con los guardianes y sacerdotes —sin hablar Sólo una muy peregrina: un manuscrito hebreo de la edad media
de los centinelas romanos y de los cambistas enfurecidos— y «ocupar» —copia evidentemente apócrifa de un libro atribuido a Flavio Jose-
el templo durante un cierto tiempo usando únicamente su autoridad fo— en el que se dice que Jesús tenía mas de 2.000 fieles armados en el
personal y espiritual. La frase «látigo de cuerdas», aunque signo de
violencia, no da más que una imagen muy atenuada de lo que tuvo que Huerto de los Olivos.
ser una enorme empresa. La verdad debió de ser bien diferente de lo Montar sobre tales hipótesis una teoría, más o menos brillante,
que el cuarto evangelista ha endulzado y espiritualizado hasta hacerle pero tan opuesta a todo lo que dicen las fuentes históricas, puede
perder toda la realidad. Jesús tuvo que disponer de una fuerza armada resultar divertido y escandaloso, pero no es serio. Y una cosa es que se
suficientemente poderosa como para permitirle apoderarse y ocupar
tan inmenso edificio. Y para vencer a la fuerza armada de los guardia- hayan de tener en cuenta los coeficientes político-sociales que, de
nes del orden, losfielesde Jesús tenian que estar también ellos armados. algún modo, rodearon la vida y muerte de Jesús, y otra muy distinta
es centrar todo en eso y reducir la figura de Jesús a la de un guerrillero
Y ¿cuál habría sido, entonces, el sentido y la razón de esta apto para la sensibilidad de ciertas corrientes del siglo XX. Hoy no
ocupación violenta? Para Carmichael: hay un científico serio que soporte esas novelaciones.

La ocupación del templo estuvo dirigida no sólo contra las autoridades


religiosas sino, sobre todo, contra la aristocracia judía. Jesús no desa- La teoría de la comercialización de lo sagrado
probaba el culto del templo en su principio ni proponía ninguna
reforma del mismo. Su movimiento contenía, sobre todo, un fermento
de reivindicación social frente a la explotación de los pobres que en el Tendremos, pues, que devolver el problema a sus verdaderos
templo se hacía. En el cuadro del judaismo, Jesús estaba del lado de los contextos, centralmente religiosos. Y aquí aparece inmediatamente la
oprimidos. El ataque dirigido contra el templo era una revuelta, de tesis tradicional de que Jesús combate no el templo, ni la teología en
inspiración profética, dirigida contra la idolatría simbolizada en las que él se basa, ni el culto que en él se realiza, sino los abusos del
monedas romanas.
mismo, la mezcla de religión y comercio, la falta de seriedad en la
Con este gesto violento, piensa Carmichael, Jesús había puesto las oración, el cambalache de unos sacerdotes protegiendo el negocio y
raíces de su muerte y sólo así, concluye, tiene explicación su ejecución. lucrándose de él.
Hay que reconocer que, como novela, no es mala la interpreta- Este planteamiento se basa en razones sólidas. Jesús en su vida
ción. Pero las pruebas que aduce no pasan de ridiculas. Aparte de dar práctica parece aceptar —aunque sea como algo provisional— ese
por supuesto, sin base clara alguna, que la escena ocurrió el domingo culto que en Jerusalén se daba. De hecho va al templo a orar, allí
de Ramos y que Jesús tuvo controlado militarmente el templo duran- imparte con frecuencia sus enseñanzas.
te los días siguientes y de no explicar por qué lo abandonó para irse el Por otro lado, ese parece ser el sentido de las palabras de Jesús en
jueves al Huerto de los Olivos, Carmichael, después de descalificar el una lectura espontánea: no convirtáis una casa de oración en cueva de
valor histórico de los evangelistas que habrían falsificado la realidad, bandidos o en casa de mercado.
da, sin embargo, una importancia casi divertida a ciertos pequeños Y esta interpretación ha sido común en la historia de la Iglesia,
datos evangélicos que —¡éstos sí!— presenta como dogmáticamente aun cuando cada comentarista pusiera el acento en un punto u otro.
históricos. Si Cristo murió entre dos ladrones violentos y fue compa- Un san Agustín verá el centro del pecado en el egoísmo: ¿Quiénes son
rado con Barrabás, que era un revolucionario, es, sin duda, porque los que venden corderos y palomas? Los que en la Iglesia buscan su
también él lo era. Si san Pedro llevó una espada al Huerto, es claro propio interés más que el de Cristo. Un Papini verá, ante todo, un
que también las llevaban los demás. Cuando los apóstoles le dicen a ataque radical al dinero: El acto de Jesús no era tan sólo la justa
Cristo que «tienen dos espadas», lo que quieren decir es que tienen purificación del santuario, sino también la manifestación pública de su
¡dos cada uno! ¿Y acaso Cristo no dijo en la cena que «el que no la repugnancia hacia Mammón y los siervos de Mammón. El negocio
tenga que venda su manto y compre una espada» (Le 22, 36)? El que —ese ídolo moderno— es para él una forma de latrocinio. Un mercado
en la escena de los mercaderes no aparezca la violencia armada, el que es, pues, una cueva de bandidos corteses, de salteadores tolerados. Un
Jesús se deje prender pacíficamente, el que en el juicio no aparezca Lanza del Vasto señalará la actualidad del problema:
54 Cueva de ladrones Un templo que dividía 55
En todas las iglesias pueden verse aún hoy mercaderes; y los sacerdotes regresarían a sus mesas y a su negocio. Su gesto no podía tener la
los protegen y armonizan con ellos. Y en ocasiones los reemplazan.
Pero, en realidad, todos los que entran en el templo en pos de riquezas, única intención de remediar un abuso concreto. Era un gesto proféti-
o de honores, o de tranquilidad, o de seguridad, todos los aprovecha- co que valía por lo que significaba, no por lo que de práctico lograba.
dores, son mercaderes del templo. Y a todos los expulsa o habrá de ¿Y no iría ese gesto profético más allá de la corrección de un simple
expulsarlos Jesús, vivos o muertos. exceso?
Probablemente entenderemos el verdadero sentido de esta escena
Todas estas explicaciones parecen suficientes para explicar la
si la situamos en el contexto de lo que Jesús dijo del templo en otras
cólera de Jesús. Porque evidentemente, de entre las ofensas hechas
ocasiones o de lo que los demás le atribuyeron. Porque del evangelio
por el hombre a Dios, pocas hay más grandes que la de utilizar el
se deduce que los fariseos y sacerdotes estaban obsesionados por la
nombre de Dios para enriquecerse y esquilmar a los demás.
idea de que Jesús quería destruir el templo y no sólo corregir unos
abusos que también a ellos les preocupaban. Ellos vieron en Jesús un
¿Un ataque teológico frontal al templo? enemigo frontal de la realidad del templo y de la teología que lo
inspiraba y no sólo un reformador de algunos detalles del mismo. La
Pero ¿es suficiente esa interpretación moralizante, según la cual misma acusación repetían los sayones mientras Jesús moría en la cruz.
Jesús sólo hubiera tratado de corregir los excesos que ocurrían en el Cristo, en realidad, no había mostrado deseos de destruirlo, pero
patio convertido en mercado? ¿No iba más allá su protesta profética? sí había profetizado con claridad su destrucción material y la supera-
Los intérpretes de hoy creen que hay que ir más al fondo. Señalan, ción de su culto.
en primer lugar, que, a la luz de la crítica histórica, los abusos no eran ¿Veis todos esos grandes edificios? Pues no quedará en pie una
muchos en realidad. Fariseos y sacerdotes de la época podían tener el piedra sobre otra, había dicho a sus discípulos (Me 13, 2).
corazón corrompido, pero eran escrupulosos en estas cosas públicas. Créeme, mujer: llega la hora en que ni en ese monte ni en Jerusalén
De hecho, el comercio del templo estaba muy cuidadosamente con- adoraréis al Padre, explicó a la samaritana (Jn 4, 21).
trolado para que no se cometieran abusos, y jamás empleaban los Aquí hay alguien mayor que el templo, dice a sus discípulos
sacerdotes ningún dinero de origen dudoso. Las 30 monedas que hablando de sí mismo (Mt 12, 6).
devolvió Judas les crearon un verdadero problema de conciencia, y Y no podemos olvidar el evidente valor simbólico del hecho de
ninguno pensó en aprovecharse de ellas. que el velo del templo se rasgara coincidiendo con la muerte de Jesús,
Por lo demás ¿no era inevitable un cierto clima de mercado en el dato que trasmiten puntualmente los tres sinópticos por juzgar, sin
supuesto de que se aceptasen los sacrificios tal y como los celebraba el duda, importante el detalle como un claro anuncio de su final destruc-
templo? Si en una semana se ofrecen 250.000 corderos es difícil evitar ción.
que hubiera tumulto en el templo. Si en aquel recinto no se usaba la
moneda de circulación común, era inevitable que hubiera allí cambis-
tas. Podían haber estado fuera del atrio; pero, en rigor, tampoco éste Un templo que dividía
era el templo y se concebía precisamente como patio de los gentiles, es
decir, como lugar aún no sagrado. En rigor, cambistas y mercaderes Si enmarcamos la escena de los mercaderes en todos estos plantea-
más bien hacían un favor a los peregrinos facilitándoles lo que mientos podemos concluir —con González Faus— que el gesto de
necesitaban para los sacrificios y el pago del diezmo. Y no consta que Jesús va contra la realidad misma y contra la teología del templo. Es
el negocio fuera excesivo. una especie de acción simbólica en forma de profecía escatológica. Jesús
Vistas así las cosas ¿no parecía desproporcionada la acción de está anunciando el nacimiento de un nuevo y distinto templo y de un
Jesús, en el caso de haber querido sólo criticar un abuso? ¿No hubiera nuevo y diferente modo de dar culto a Dios. Lo aclarará después en su
resultado, además, poco matizada? Habría, evidentemente, entre diálogo con los fariseos, pero tiene ya luz suficiente en la misma
aquellos mercaderes gente buena y gente abusona. Y, en todo caso, es escena de la expulsión leída en profundidad.
claro que, quien aceptaba el templo tal y como los judíos lo conce- Para los judíos, el templo era casa de oración, pero, mucho antes,
bían, tenían que tolerar las consecuencias de mercaderes y cambistas. era signo nacionalista de separación de los gentiles, de predilección de
Por otro lado, Jesús sabía que dos días después de su «purificación Dios hacia ellos. La misma configuración material del edificio lo
del templo» —y aun quizá media hora después— los mercaderes explicaba. Un gran atrio —donde ocurre la escena— abierto a todos
56 Cueva de ladrones Cueva de ladrones 57
los pueblos, y, enseguida, las grandes barreras en las que Dios parece los sacerdotes y contra el poder invasor de Roma, pero eran más
hubiera colocado una frontera nacionalista. El templo era, así, víncu- nacionalistas que los mismos fariseos. Jesús va más allá. Y, aunque no
lo de unión entre los judíos y, a la vez, de separación hacia todos los profetiza la destrucción física del templo, como le atribuirían en su
demás pueblos. proceso, sí anuncia la destrucción de la teología nacionalista y exclusi-
¿Es casualidad el que Jesús al tomar el látigo use precisamente una vista que es su base.
frase de sentido universalista? La cita que en ese momento hace Jesús,
tomada de Isaías (56, 7), sólo es transcrita íntegramente por Marcos
(11, 17) y no dice, como suele citarse, mi casa es casa de oración, sino Cueva de ladrones
que se añade: para todos los pueblos. Basta leer con atención el texto
completo de Isaías para comprender que lo sustancial de la frase no es Aún comprenderemos mejor lo profundo de su protesta si leemos
ahí la oración, sino su universalismo: en su contexto la segunda parte de su frase, aquella en la que habla de
Que no diga el extranjero allegado a Yahvé: que han convertido su casa en cueva de ladrones. ¿Alude aquí a los
abusos económicos de los negociantes?
«Ciertamente, me va a excluir Yahvé de su pueblo».
Nuevamente está haciendo Jesús una cita del antiguo testamento.
Que no diga el eunuco:
«Ciertamente, yo soy un árbol seco». Esta vez de Jeremías. Y tendremos que leer el texto entero si quere-
Porque así dice Yahvé a los eunucos mos comprender su verdadero sentido:
que guardan mis sábados
y eligen lo que me es grato Así dice Yahvé de los ejércitos, Dios de Israel: No pongáis vuestra
y se adhierenfirmementea mi pacto: confianza en palabras engañosas, diciendo: «¡Oh, el templo de Yahvé,
«Yo les daré en mi casa, dentro de mis muros, el templo de Yahvé! ¡Este es el templo de Yahvé!» Pues si mejoráis
poder y nombre mejor que hijos e hijas. vuestos caminos y acciones, si hacéis justicia entre unos y otros, si no
Yo les daré un nombre eterno que no se borrará. oprimís al peregrino, al huérfano y a la viuda, si no vertéis sangre
Y a los extranjeros allegados a Yahvé inocente, si no vais tras de dioses extraños para vuestro mal, entonces
para servirle y amar su nombre, yo permaneceré con vosotros en este lugar. He aquí que confiabais en
para ser sus servidores, palabras engañosas, que de nada sirven. Pues ¿qué? ¡Robar, matar,
a todo el que guarda el sábado sin profanarlo adulterar, perjurar, quemar incienso a Baal e irse tras dioses ajenos que
y se adhierefirmementea mi pacto, no conocíais, y venir luego a mi presencia en esta casa en que se invoca
yo les llevaré a mi monte santo, mi nombre, diciendo: Ya estamos salvos, para hacer luego todas estas
y los recrearé en mi casa de oración. abominaciones! ¿Es acaso esta casa, donde se invoca mi nombre, una
Sus sacrificios y sus holocaustos cueva de bandidos a vuestros ojos? (Jer 7, 3-12).
serán gratos a mi altar,
porque mi casa será llamada
casa de oración para todos los pueblos (56, 3-8). A esta luz gira el significado atribuido tradicionalmente a la frase.
Jesús, al citar esa frase de Isaías, no la cambia de sentido. Lo que No habíamos entendido suficientemente a la letra esa «cueva de
critica no es que se venda en lugar de orar, sino que esas ventas y ese bandidos». En realidad el bandido no comete sus delitos en la cueva,
modo de entender el culto estén consagrando la división entre judíos y los comete fuera y, luego, corre a refugiarse en la cueva. Jesús alude
gentiles, encajonando a Dios en ideas nacionalistas. Por eso Jesús no aquí —como es claro en el texto de Jeremías— a quienes han converti-
«corrige» esas ofrendas, sino que las echa por tierra, las derriba. do el templo en lugar de refugio para tapar u ocultar los pecados, las
Porque se basan en una teología falsificadora de Dios. El gesto es, injusticias que han cometido fuera. No critica los presuntos latroci-
pues, mucho más radical que una simple reforma moral. Los fariseos nios que cometerían los mercaderes en el atrio del templo; lo que
lo entienden bien. Si Jesús sólo hubiera criticado los abusos, ellos critica son unas ofrendas que, hechas a Dios, pretenden servir de
hubieran aplaudido. También ellos combatían esos abusos. Pero tapadera a una vida de injusticia. Esto es lo que Jesús ataca: un culto
comprenden que lo que Jesús anuncia es el fin del monopolio de Dios con el que se pretende camuflar una vida de pecado y de injusticia.
por los judíos. Ataca, con ello, la misma raíz de toda su teología. Por eso toda la teología paulina insistirá en que «el templo de Dios sois
Su gesto es, pues, mucho más radical de lo que el mismo Carmi- vosotros» (1 Cor 3, 16). Vuestros miembros son templo del Espíritu
chael pensaba viendo en esta escena una violencia zelote. Este grupo, santo{\ Coró, 19). Vosotros sois templos del Dios vivo (2 Cor 6,18).El
en realidad, aceptaba la teología judía. Estaba contra los abusos de gesto profético de Jesús anuncia el final de la separación entre culto y
58 Cueva de ladrones La violencia del Cordero 59
vida y el nacimiento del nuevo templo que es su cuerpo, anuncio de la contados. Estaba en medio de ellos el nuevo templo, el nuevo y único
humanidad resucitada. En su diálogo posterior con los fariseos vere- lugar futuro de encuentro de los hombres con Dios: su cuerpo, su
mos esto aún más claro. persona que era, a su vez, el inicio de la humanidad nueva, de la
comunidad nueva.
Los comentaristas gustan aproximar esta escena a la pasión de
Con qué autoridad hacía aquello Jesús. Pero no es el tiempo lo único que une. La purificación del
templo —tanto si ocurrió al comienzo de la vida pública, como si tuvo
La acción de Jesús tenía forzosamente que provocar alguna répli- lugar en la última semana— es parte integrante de la pasión y
ca. No tan violenta como la que hubiera levantado una acción resurrección de Cristo. Porque ambas están en el horizonte del gesto
guerrillera (no vemos intervenir a los guardias del templo) sino una de Jesús. Cuando Memling —en ese prodigio pictórico que resume
polémica de fondo. toda la pasión de Cristo— coloca la expulsión de los mercaderes
Se acercó un grupo de fariseos e hizo una extraña pregunta: ¿Qué como primer paso hacia la muerte, lo hace con profunda intuición
señal das para obrar así? (Jn 2, 18). No critican su acción. O porque teológica. De este día salió el odio de los sacerdotes y fariseos. Pero
están de acuerdo con ella en lo que tiene de corrección de abusos, o ellos, con su odio, no hacían otra cosa que captar el sentido profético
porque perciben que lo que Jesús ha hecho tiene más fondo y es más del gesto de Jesús que ya se encaminaba hacia su muerte y —también
un ataque a la institución del templo que al pobre grupo de mediocres y sobre todo— hacia su resurrección que le consagraría como el
traficantes. Parten del supuesto que allí hay algo que sólo puede hacer nuevo templo donde el hombre y Dios se encuentran.
un enviado de lo alto y lo que le piden son sus credenciales. Y no se les
ocurre otra credencial que la de que haga ante sus ojos un milagro,
una «señal». La violencia del Cordero
Eran muy habituados los judíos a esto de pedir milagros como si
Dios actuase a través de prestidigitadores. Pero Jesús contestará con Ya sólo nos queda formularnos una pregunta: ¿qué sentido tiene
una de sus frecuentes «salidas» de doble sentido: Destruid este templo este gesto de violencia en quien se presentaría a sí mismo como un
y en tres días lo levantaré. Sus oyentes quedaron desconcertados. Era, cordero que camina obediente hacia el matadero y como alguien
evidentemente, una salida grotesca. Prefirieron ironizar: Llevamos manso y humilde de corazón? ¿No se había presentado mil veces a
cuarenta y seis años construyéndolo ¿y tú lo levantarías en tres días? Jesús como campeón de la no violencia?
Diez mil obreros trabajaban en él desde hacía varios decenios y aún Lanza del Vasto responde a estas preguntas:
no lo habían terminado ¿y él solo lo reedificaría en pocas horas?
Debieron de pensar que la salida de Jesús era tan tonta que no valía la Nos hemos hecho de la violencia y de la no violencia ideas perfectamen-
pena seguir discutiendo. Era un loco y no demasiado peligroso: la te falsas, si creemos que la no violencia consiste únicamente en pronun-
multitud podía medir su locura por aquella frase absurda que acaba- ciar palabras untuosas y en hacer ademanes corteses y en bendecir a
ban de oírle. Prefirieron dejarle en su ridículo. derecha e izquierda para que, a nuestra vez, nos bendigan. La no
violencia es un arma de ataque y también un arma de defensa; y la
Pero Juan apostilla: El hablaba del templo de su cuerpo. Cuando caridad puede traducirse mediante el azote y también mediante el beso.
resucitó de entre los muertos, se acordaron sus discípulos de que había No hay en esa actitud de Cristo ninguna forma de violencia, si violencia
dicho esto, y creyeron en la Escritura y en la palabra que Jesús había significa infracción de la ley o de la justicia por pasión, interés o
ceguera. Al anudar los siete nudos en la cuerda Jesucristo estaba
dicho. sereno, sin duda. Y la fuerza de su actitud está sostenida por su
Sí, la respuesta era tan misteriosa que ni los propios discípulos la impasibilidad interior.
entendieron. Sólo a la luz de su resurrección la comprenderían.
Porque esa frase era la que daba a la escena todo su peso. El Sí, se equivocan —y esta escena lo demuestra— los que pintan a
verdadero horizonte de la expulsión de los mercaderes era nada un Jesús afeminado, blandengue; quienes creen que sólo tuvo virtudes
menos que la muerte y la resurrección. No se trataba solamente de pasivas. Pero se equivocan también quienes amparan detrás de esta
acallar el griterío de los traficantes, ni de protestar por el tintineo de escena sus actitudes violentas. El Jesús del látigo nada tiene que ver
las monedas en la casa de Dios; se trataba sobre todo de anunciar que con el cristo-guerrillero (escribo con minúscula este nombre blasfe-
los días de aquel templo segregador y de aquel culto-tapadera estaban mo) que ahora quieren pintarnos. No tuvo otra violencia que la de los
60 Cueva de ladrones La violencia de los mártires 61
pacíficos. Los mismos evangelistas que narran la escena se cuidan
muy mucho de no presentarnos a Cristo golpeando a los hombres. La violencia de los mártires
Derribó las mesas de los cambistas. Hasta Juan tiene el cuidado de
señalar que no tiró las jaulas de las palomas, sino que mandó Por esa razón no le cabe a la Iglesia —si quiere seguir siéndolo de
simplemente a sus dueños que las sacaran de allí. Era su rostro, era su Cristo— otra violencia que la de los mártires; la violencia del que
fuerza interior y no un modesto látigo de cuerdas lo que imponía. Y muere, no la del que mata.
tal vez la mejor medida de su gesto nos la dé el hecho de que su Desgraciadamente no siempre es así. Desde siempre una buena
«violencia» no provocó la de los contrarios, sólo su desconcierto, sólo porción de cristianos ha venido utilizando la escena de los mercaderes
su temor ante la idea de encontrarse con un profeta. Razón tienen los como tapadera de las propias violencias. Bastaba con denominar
pintores —sobre todo los italianos— al cuidar de que, en esta escena, mercaderes —de cosas o de ideas— a los propios enemigos, y ya se
su rostro esté sereno, sus vestidos compuestos, su gesto contenido. podía —«santificada» la violencia personal— justificar toda acción
Pero si el gesto demostraba un alma serena, enseñaba también un contra ellos. Incluso si se trataba de una acción armada y sangrienta.
corazón dolorido, dejaba ver esa ira de Dios que recorre como un Y esto ocurría en cristianos de todos los colores.
relámpago incesante las páginas de la Biblia. Pero el Jesús que toma el látigo en el templo anuncia inmediata-
Escribe Cabodevilla: mente que, antes que el de Jerusalén, será destruido el templo de su
cuerpo. No hay, en rigor, en el látigo de Cristo otra violencia que la de
La vehemencia con que Jesús arremetió contra los mercaderes ilustra, la verdad gritada. Y no sería, por ello, injusto decir que los únicos que
de manera gráfica y más o menos soportable, esa indecible pasión que entendieron la escena fueron los mártires.
abrasa al Señor cuando contempla el mal del mundo. Ha habido
hombres que, al lado de los mayores extremos de compasión, luciéron- Hay, evidentemente, una «violencia del mártir» y es la única
se portavoz y vehículo de la intransigencia del Dios tres veces santo, y cristiana. El mártir grita con su sangre, protesta con su muerte, lucha
clamaron, y fustigaron, y trajeron plagas a la tierra. Los profetas con su dolor. El mártir usa la violencia del no doblegarse. Y, misterio-
estaban todos hechos de esa materia incandescente. De vez en cuando, samente, es ésta la única violencia que asusta a los violentos. Porque
en el momento en que el Espíritu se posesionaba de ellos, en el
momento en que en la copa de Yahvé se sobraba, sacudían violenta- es una violencia que no tiene otra respuesta que la del torturador y la
mente el país con eso que Peguy llamó, cuando escribía sobre Juana de del asesino.
Arco, las «grandes cóleras blancas». A su paso temblaban los hombres, El que imita, pues, al Cristo del látigo es y será el que proclama la
temblaban los pecadores, los «hijos de la ira» (Ef 2, 3). verdad y no el que amordaza o extermina, aunque crea hacerlo al
servicio de la verdad. El gesto del Jesús del templo puede parecerse a
Sí, no tenemos un Dios de violencia, pero tampoco de mantequi- todo menos al gesto del que oprime o aplasta.
lla. Tenemos un Dios en el que la cólera y la misericordia son las dos En este sentido fue verdaderamente revolucionaria la expulsión de
caras de una misma moneda. O tal vez una sola: porque su cólera es los mercaderes. Si Jesús hubiera sido un violento más, alguien que
su misericordia, y su misericordia su cólera. Y porque, en definitiva, impone por la fuerza sus ideas, no habría habido en su gesto nada
reservó para el hombre la misericordia, y la cólera sólo para sí mismo. nuevo. Violentos, fanáticos, dictadores, han existido antes de él y
El látigo no cayó sobre los mercaderes, porque un día caería sobre sus después de él cientos de miles.
propias espaldas. Cuando aquel día lo levantó, no contra los hom- El inauguró, en cambio, la violencia de los pacíficos. La de los que
bres, sino contra el mal, sabía muy bien que un día sus hombros gritan la verdad y están dispuestos no a matar en nombre de ella, pero
aceptarían cargar con ese mal de los hombres y que, en consecuencia, sí a morir por ella. Y ésta es la violencia que temen los poderes del
el látigo caería sobre esas sus espaldas cargadas. La destrucción de mundo. Porque saben que el velo del Templo se rasgó el día que ellos
aquel templo estrecho y mentiroso sería el anuncio de la destrucción desgarraron el templo del cuerpo de Jesús. Porque saben que la
de su ancho y verdadero cuerpo. Y también el anuncio de que ese semilla de la fe creció mientras ellos destruían a los mártires. Saben
cuerpo-templo se reconstruiría en tres días para siempre jamás. también que, en cambio, la fe se debilitará el día en que los violentos
—aunque lleven el apellido de cruzados— sustituyan a los mártires.
Los cálculos del prudente 63
3
con sus compañeros fariseos. Jesús comenzaba a ser, por entonces,
El visitante nocturno tema de muchas conversaciones en Jerusalén. Lo ocurrido en el
templo había sido una «bomba» en la ciudad, y durante días no se
habló de otra cosa. No hace falta mucha imaginación para descubrir
qué dirían de él los sacerdotes y fariseos.
A Nicodemo le molestaba el ver lo fácilmente que sus compañeros
descalifican al desconocido. Tiene los ojos suficientemente limpios
como para darse cuenta de que la raíz de esas críticas está mucho más
en las rutinas y los intereses quebrados que en esa defensa de Dios con
que los murmuradores las visten.
La misma hostilidad de sus amigos hace que el alma de Nicodemo
se llene de preguntas. ¿Y si ese extraño mensajero dijera la verdad? Le
desconcierta el tono de autoridad con que habla y la limpieza de quien
anuncia una verdad sin tratar de sacar ningún provecho de ella. Pero
Hasta ahora Jesús se ha encontrado con gentes sencillas. Su le atrae —sobre todo— esa especie de abismo que parece abrirse
palabra se ha dirigido a los incultos. Ahora se tropezará por primera detrás de cada una de las palabras del Nazareno. Este hombre habla
vez con un «intelectual». Va a ser el primer enfrentamiento entre la como nunca habló nadie: sus palabras no terminan en sus palabras;
inteligencia de los hombres y la locura de Dios, entre el Dios de los no tratan de aclarar un problema, sino más bien de abrir un misterio.
filósofos y el de Abrahán. Un combate frente a frente en la soledad de Ocultan y sugieren mucho más de lo que dicen. Oyéndole Nicodemo
la noche. La ingenuidad de la paloma ante la habilidad científica del siente algo muy parecido al vértigo: algo tira de él desde el fondo de
halcón. El viento del Espíritu contra la bien construida torre. El las palabras de Jesús. Y, desde el primer momento, sabe que termina-
silogismo en oposición a la llama. La lógica, la tradición y la rutina rá cayendo en ese fondo. Se defiende de esa caída. El es un hombre
frente a la nueva luz. ilustre, un sabio, él no es uno de esos am-ha-ares que siguen al Galileo
San Juan coloca la escena en las primeras páginas de su evangelio. como si fuera Dios en persona. Pero, por más que se esfuerza, tiene
Es probable que una cronología científica prefiriera situarla mucho que terminar por confesarse que ese Nazareno se le ha metido en el
más cerca de la pasión, en medio de las horas de alta tensión entre alma. Puede que sea un iluso, pero ciertamente no es un embaucador.
Jesús y los fariseos. Pero no es aquí la cronología lo que cuenta. Es Todo ello le hace pasar días amargos. Vacila. Es —como escribe
una lucha de almas lo que vamos a presenciar. Y en esta lucha no hay Cabodevilla— un hombre prudente en el peor sentido de la palabra, es
tiempo. decir: en el sentido ordinario de la palabra. Tal vez sea mejor cambiar
Había —dice el evangelista— uno del partido de los fariseos, cuyo la palabra «prudente» por la de «cobarde» para que todo quede más
nombre era Nicodemo, que era un príncipe de los judíos. Teóricamente, claro. Tenía esa cobardía que, según Nietzsche, es propia del intelec-
todo le predisponía contra Jesús: su modo de entender la religión (el tual típico, que siempre sabe encontrar razones inteligentes para
uno es fariseo, el otro proclama un Dios que no puede ser encajonado retrasar las decisiones que ya están claras en su mente. No le falta
en legalismo alguno), su situación social (Nicodemo es un príncipe de corazón, le sobra orgullo. Le sobra esa autovaloración que tanto
los judíos, Jesús un «hombre de la tierra»), su riqueza (de Nicodemo retrasa el acceso a la fe de muchos intelectuales. La puerta estrecha de
se dice que con su riqueza podía dar de comer durante 10 días a todo la salvación es también una puerta baja. Y a Nicodemo le cuesta
el pueblo de Israel, Jesús no sabía qué comería mañana), su edad doblar el espinazo de su alma envarada.
(todo hace pensar que Nicodemo era un viejo, frente a la insultante
juventud de Jesús).
Pero hay algo, más importante que todo lo demás, que les aproxi- Los cálculos del prudente
ma: los dos aman sinceramente la verdad y Nicodemo busca honesta-
mente al Dios verdadero. Verdad y amor saltan cualquier barrera. Pero al fin se impone la honestidad: tiene que verle. Quiere hacerlo
Nicodemo ha oído, sin duda, hablar al nuevo profeta. Quizá ha a solas. En esta decisión se mezclan el orgullo y el amor a la verdad. El
presenciado alguno de sus signos milagrosos. Ha discutido sobre él orgullo, porque el príncipe de los judíos no puede mezclarse con la
El visitante nocturno La conversación 65
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gente que constantemente se agolpa en torno al desconocido. Y el verdadera luz estaba detrás de las tinieblas; esperaba encontrar a Dios
amor a la verdad, porque Nicodemo desea una conversación reposa- en el descampado, y he aquí que lo buscaba ahora en un laberinto del
da en la que pueda llegarse al fondo de los problemas. que él, con sus solas fuerzas de hombre, nunca podría salir. Toda una
Pero no es fácil ver a solas al Nazareno: a todas horas la multitud vida buscando la verdad en la cordura, y el extraño mensajero parecía
le asedia y, cuando no, le rodea el grupito de discípulos inseparables. querer conducirle hacia una luminosísima locura.
Podría invitarle a su casa. Pero esto le parece demasiado peligro- Pero Nicodemo había decidido ya llegar hasta el abismo, y siguió
so. Invitar a la propia mesa es para un judío signo de total comunión descendiendo. Pero todo su castillo de naipes interior vacilaba bajo el
con sus ideas. Y Nicodemo, por un lado, no está aún seguro de viento de aquella extraña noche.
coincidir con Jesús en lo fundamental y, por otro, sabe que su gesto
no sería ni comprendido ni bien recibido por sus compañeros de La visita
grupo, los fariseos. H a oído cómo se habla de Jesús en el gran consejo
y en el sanedrín —todavía con más desprecio e ironía que odio; el Volveremos a tomar de la pluma de Dobraczynski la descripción
verdadero odio llegará más tarde— y teme cubrirse de ridículo por lo del encuentro de aquellos dos universos que eran Jesús y Nicodemo:
menos. Quizá incluso su gesto fuera considerado impuro, y capaces
serían de arrojarle de la sinagoga. Inesperadamente me encontré en una pequeña habitación iluminada
Tendrá que ir a verle de noche. Pero tampoco esto es sencillo. por una lamparita. Había allí dos bancos y unos cuantos objetos
sencillos. Al fondo se veía una ventana con una celosía que el viento
Nunca se sabe dónde para el Nazareno. N o tiene casa propia ni sacudía de vez en cuando como si quisiera arrancarla. En uno de los
residencia fija. Es como un pájaro que cada noche esconde su cabeza bancos estaba sentado el Galileo con la cabeza apoyada en las manos,
bajo el ala posado en una rama distinta. sumido en la meditación, completamente inmóvil. Ahora le veía de
Buscará un intermediario. Jan Dobraczynski, el gran novelista lado. Sobre la brillante pared se dibujaba claramente su perfil afilado,
duro, casi anguloso y al mismo tiempo extrañamente suave y dulce. Vi
polaco que nos ha contado la vida de Jesús a través de los ojos de una larga nariz arqueada, con las aletas muy marcadas, unos labios
Nicodemo, ve en Judas este mediador que prepara la entrevista con el anchos pero delicados, una barbilla enérgica... Junto a esto, unos ojos
Maestro. Y describe, con agudas intuiciones, ese descenso del rico extraordinariamente bondadosos y compasivos. ¡Otra vez esta curiosa
sabio a las oscuras casas del Ophel, donde probablemente pasaba las contradicción! Podría decirse de él que es un hombre hermoso. Pero su
belleza no es en modo alguno afeminada. Mientras que sus ojos
noches Jesús. hechizan, sus labios parecen dar órdenes. Denotan fuerza y una volun-
tad inquebrantable. ¿No será, acaso, un deseo de mandar? No lo creo...
Por la noche salí de casa envuelto en una simlah negra. El círculo de la Las pasiones son como la fiebre: arden, pero bajo las brasas se esconde
luna, ya casi completo, esparcía sobre la ciudad una luz mortecina. A la debilidad. Es verdad que la ambición puede ser duradera. Pero
cada momento cubríanla las nubes que atravesaban velozmente el cielo también ella, a medida que se acerca a la meta, destruye la paz y el
perseguidas y maltratadas por el viento. Me acompañaban dos de mis equilibrio. Este hombre, en cambio, puede desear algo con extraordina-
siervos, provistos de espadas y garrotes. Bajamos por las escaleras y ria vehemencia, pero nunca alargará una mano febril para coger el
nos hundimos en la negra profundidad de la ciudad baja. El acueducto objeto de sus deseos. La más anhelada tentación no le convertiría en un
extendía su arco sobre nuestras cabezas. Desde el majestuoso barrio de tirano. Me paré, parpadeando, bajo el dintel de la puerta. Me invadió
los palacios penetramos, como en un abismo, en el tenebroso hormi- una rara timidez. Quizá él no sea más que un simple am-ha-ares, pero
guero de las barracas de barro. Nunca había imaginado que en Jerusa- sabe mirar como si fuera un amo. Levantó los ojos y fijó su mirada en
lén, casi a los pies del templo, existiera semejante cenagal compuesto de mí. Era una mirada serena, amable, más bien suave y extrañamente
toda clase de inmundicias. Judas iba siempre delante, deslizándose ágil penetrante. Cuando me mira tengo la sensación de que ve todo mi
y rápido como una rata entre escombros. Debía conocer cada rincón. interior, que lo sabe todo y no necesita palabras. Judas desapareció y
En la oscuridad las casas y casitas parecían amontonarse unas sobre nos quedamos solos en la estancia vacía. De pronto sonrió. Es una
otras como personas que treparan sobre los cadáveres de sus compañe- sonrisa como la luz del sol, que despeja el cielo y nos quita el desaliento
ros. Mi inquietud aumentaba a medida que me iba hundiendo más y cuando aparece. Le contesté con otra sonrisa.
más en el corazón de aquel laberinto, sin esperanza de poder encontrar
por mí mismo la salida.
La conversación
Se entiende la inquietud de Nicodemo: había creído que para
llegar a la verdad había que subir, y ahora tenía que bajar; pensaba Que Nicodemo estaba hondamente impresionado, lo prueban sus
que la razón tenía que estar en la luz, y comenzaba a descubrir que la palabras de saludo a Jesús. Comienza por darle el título de Maestro,
66 El visitante nocturno La conversación 67

cumplido que ya era mucho, puesto en boca de un príncipe de los Nicodemo entiende todo esto y, precisamente porque lo entiende,
judíos y dirigido a alguien cuyos estudios eran totalmente desconoci- se da cuenta de que acaban de quitarle la tierra debajo de los pies. Lo
dos. Pero aún son más altas las palabras que siguen: «Rabí, nosotros que Jesús está diciéndole es algo absolutamente revolucionario. Ser
lo sabemos: tú has venido departe de Dios y como doctor. Porque nadie judío, cumplir escrupulosamente la ley, todo su esfuerzo de hombre,
puede hacer las señales que tú haces si Dios no está con él. No podía ¿no servirán de nada sin ese nuevo nacimiento?
decirse más, no cabe más claro reconocimiento. Pero, curiosamente, Tal vez si Nicodemo había estado alguna vez enamorado entende-
Jesús no hace el menor caso de ello. Nicodemo hace una altísima ría —aunque de lejos— esto del nuevo nacimiento. Sabría que el amor
confesión y Jesús parece querer conducirle a profundidades mucho cambia a los seres, que hace posible lo que parecía absurdo, que borra
mayores. Contesta con una paradoja: En verdad, en verdad te digo: las fronteras entre «lo tuyo» y «lo mío», que cambia el modo de ser y
aquel que no nace de lo alto, no está en condiciones de ver el reino de la dirección de la vida... Pero quizá Nicodemo era ya demasiado viejo
Dios. y había olvidado el amor. O quizá conocía el amor y se daba cuenta
Nicodemo escucha desconcertado. ¿A qué viene esto? ¿Es que a de que aún ese cambio prodigioso quedaba lejos del que Jesús estaba
Jesús le parece poco la tremenda confesión que ha hecho? Se diría que anunciándole y exigiéndole.
rechaza su elogio y su reconocimiento. El ha hablado de la persona de Porque el profeta proseguía: Lo que ha nacido de la carne, carne es;
Jesús y éste le responde hablando de su reino. ¿Es que Jesús y el reino lo que ha nacido del Espíritu, es espíritu. No te sorprendas de que yo
son la misma cosa? ¿Y qué quiere decir con ese nuevo nacimiento? haya dicho: hay que nacer de lo alto.
¿Está echándole en cara su edad anciana o su pertenencia a la ley de Nicodemo empieza a entender qué era lo que le atraía hacia este
Moisés? Nazareno y también qué era lo que alejaba: era este misterio que se
Pero el viejo no se irrita. Ha visto y oído muchas cosas. Se limita a escondía detrás de sus palabras. ¿De qué agua y de qué espíritu habla?
poner un poco de ironía en su respuesta: ¿ Cómo puede el hombre nacer Tal vez Nicodemo había escuchado también la predicación del Bau-
siendo viejo? ¿Acaso puede entrar de nuevo en el seno de su madre y tista y recordaba aquellas palabras misteriosas que Juan refería a
volver a nacer? Probablemente al mismo Nicodemo le sonó a ridicula Jesús: Yo os bautizo con agua, más él os bautizará con el Espíritu santo.
su pregunta apenas la hubo pronunciado. Pero Jesús pareció tomarla Sí, Juan estaba aludiendo a este nuevo nacimiento. El bautismo
completamente en serio y se decidió a arrastrar a su inteligente —aquel entrar en el agua y salir luego de ella chorreando— era un
adversario hasta la misma puerta del absurdo: En verdad, en verdad te símbolo de una muerte y de un nuevo nacimiento. Jesús le está
digo que quien no naciere del agua y del Espíritu no puede entrar en el pidiendo que muera a todo lo que es y nazca a una vida distinta. Y la
reino de los cielos. Esta respuesta sí que desconcierta a Nicodemo. El, idea le parece, a la vez, maravillosa y aterradora.
después de su broma, esperaba ver sonreír a Jesús y responder algo Fuera soplaba el viento de la noche y agitaba los batientes de la
así: «No tomes mis palabras a la letra, estoy hablando de un nuevo ventana. El Nazareno levantó su mano: ¿Oyes el viento? Cierto, tú
impulso, de un nuevo esfuerzo interior. Al hablar de un nuevo oyes su voz. Pero no sabes ni de dónde viene, ni a dónde va. El viento
nacimiento estoy haciendo una metáfora». Pero la respuesta de Jesús sopla donde quiere. Así sucede con el que ha nacido del Espíritu.
es exactamente la contraria: habla verdaderamente de un nuevo Nuevamente la comparación desconcierta a Nicodemo. Por un
nacimiento, de un cambio radical y no de una simple nueva dirección segundo se pregunta si está ante un charlatán o ante un profeta. ¿A
moral. Habla literalmente de un nuevo ser engendrado. Dice que el qué viene ese juego de palabras? El sabe que la palabra griega pneuma
hombre es hombre y que —en palabras de Guardini— si sólo piensa significa a la vez «viento» y «espíritu» y se pregunta si Jesús está
por sí mismo, queda siempre sumido en la atmósfera de lo terreno por jugando con él. Por eso su voz vuelve a hacerse dura e interrogante:
muy lógicos, claros y elevados que sean sus pensamientos. Por muy ¿Cómopueden hacerse esas cosas?¿Qué cambio es ese que pides y que
decidida que sea su lucha moral, no alcanzará con ella más que bienes dices que no está en mano del hombre? ¿Es que Dios juega con los
terrenos. Por mucho que se apoye sobre valores elevados, sobre tradicio- hombres como el viento con las hojas? En su pregunta hay altanería.
nes nobles, sobre una cultura brillante, siempre quedará prendido en su Pero, tras ellas, hay también una súplica. Nicodemo es testigo de su
propio ambiente. Ha de acontecer algo diferente, debe haber un nuevo propia impotencia. Hace muchos años que viene luchando por acer-
comienzo. El principio de una nueva existencia debe ser iniciado bajo un carse a Dios a través de la ley y el cumplimiento de lo prescrito y, sin
impulso venido de lo alto, de la misma región a la cual pertenecen el embargo, sabe que sigue siendo prisionero de sí mismo, encadenado a
Reino y el mensajero. su carne. Sabe que su amor a Dios es importante, pero, a la vez,
insuficiente. Por eso, interroga y suplica al mismo tiempo.
68 El visitante nocturno La conversación 69
Esta vez es en los labios de Jesús donde aparece una punta de Nicodemo a esa muerte, está dándole una cita para ese día en que será
ironía: ¿Cómo? Tú eres maestro en Israel ¿y no entiendes? Te bastaría «elevado» como la serpiente de bronce de Moisés.
—quiere decir— con acudir a los profetas para encontrar allí contada No entiende nada. No dice nada. El maestro de Israel ha quedado
y anunciada esta renovación por el Espíritu. Isaías había puesto en deslumhrado por estas últimas palabras. Y el evangelio calla. Nicode-
boca de Dios el anuncio de que un día «yo derramaré aguas sobre el mo desaparece de la escena. Pero su vida ha sido trastornada. Ha
suelo sediento y arroyos sobre la tierra seca y efundiré mi espíritu sobre entrado en la locura. Volveremos a encontrarle el día de esa «cita».
tu simiente y mi bendición sobre tus retoños y germinarán como la Estará allí, al pie de la cruz, portando cien libras de mirra y áloe para
hierba entre agua, como álamos junto a la corriente de las aguas» (Is 44, ungir el cuerpo muerto de este Nazareno que ahora le habla.
3). Y Ezequiel había anunciado de parte del Altísimo: Y les daré otro No sabemos si desde aquella conversación creyó ya o si la semilla
corazón y pondré en ellos un espíritu nuevo, quitaré de su cuerpo el de la fe fue creciendo progresivamente en su alma. No sabemos si
corazón de piedra y les daré un corazón de carne (Ez 11, 19). Pero hubo otras conversaciones después de ésta. Pero sí sabemos que el
vosotros habéis creído que yo me refería a vuestros campos y a inteligente apostó por la locura, el viejo se hizo niño, en el silencio de
vuestro pueblo. Yo hablaba de un cambio mucho más radical. aquella noche santa hubo un parto misterioso y un prodigioso alum-
Todo esto no era nuevo para Nicodemo. Pero ahora, por primera bramiento. El Nicodemo que casi al alba regresó a su palacio ya no
vez en su vida, se descorría el velo que descubría el verdadero misterio era el mismo que horas antes descendiera curioso y asustado por las
de aquellas palabras tantas veces leídas. Sentía —como más tarde los callejuelas del Ophel. En el alma del visitante nocturno había amane-
discípulos de Emmaus— que su corazón ardía conforme Jesús le iba cido.
declarando las Escrituras.
Jesús hizo una pausa, y, de repente, como si bajara de golpe al
mismo centro del misterio, añadió solemnemente: En verdad, en
verdad te digo: nosotros hablamos de lo que sabemos y damos testimo-
nio de lo que hemos visto. Solamante que vosotros no recibís nuestro
testimonio. Si no creéis cuando os he dicho las cosas que suceden en la
tierra ¿cómo me creeréis cuando os hable de las del cielo? Con seguridad
nadie ha subido al cielo, sino aquel que ha bajado del cielo, el Hijo del
hombre. El está en el cielo.
Ahora sí que el alma de Nicodemo había bajado a la raíz del
desconcierto. Jesús no se contentaba con asomarle a un abismo, sino
que le anunciaba que éste era el menor de los que tenía que mostrarle.
Y apuntaba algo aún más enloquecedor: no daba de ese abismo más
prueba que su testimonio personal. El era el garante, el único garante
de todo cuanto estaba diciendo. Pedía una entrega total a él, una total
confianza en la locura que anunciaba.
Nicodemo comprendió que allí se le pedía una apuesta en la que
toda su vida giraría. No le invitaban a un cambio moral, sino a un
renacimiento integral. Le exigían que renunciase a sí mismo y a su
vida propia y la depositara en las manos de aquel que le hablaba.
Tendría que abandonar su inteligencia y entrar en esta locura.
Pero las locuras nunca vienen solas. El Nazareno prosiguió:
Además, lo mismo que Moisés levantó la serpiente en el desierto, es
necesario que el Hijo del hombre sea levantado para que cualquiera que
tenga fe posea la vida eterna. ¿Elevado? Nicodemo entiende. Está
hablando de muerte. Está diciendo que él morirá y que esa su muerte
será salvadora para todos los que creen en él. Es más: está invitando a
La mujer de los cinco maridos 71
4
Porque Samaría era realmente territorio enemigo para un judío.
La mujer de los cinco maridos Los samaritanos eran una amalgama de los israelitas que escaparon
de las deportaciones sirias del 722 y de los colonos extranjeros, de mil
razas, traídos por los asirios después de haber desvalijado y despobla-
do Palestina. Siete siglos después, la mezcla de sangres, de razas y aun
de religiones, era total. Los israelitas puros abominan esta mezcla. Y
a ello se añade el desprecio que sienten los que regresan de la
cautividad de Babilonia hacia quienes escaparon de ella ocultando su
fe. La nueva Jerusalén contemplará como cismáticos a los samarita-
nos. A ello se añade el que uno de los sacerdotes judíos, Manases,
acosado por Esdras huye y se refugia en Siquem, donde organiza un
culto y un sacerdocio independientes de Jerusalén. Frente al monte
Sión levanta otro templo en el monte Garizim, templo en el que, aun
después de la destrucción por Juan Hircano, se seguía, y se sigue aún
hoy, celebrando un culto independiente. La construcción de ese
San Juan evangelista —como si buscase el contraste— coloca casi templo señala la ruptura total entre Samaria y el resto de las provin-
al lado de la entrevista de Jesús con Nicodemo, su conversación con la cias judías. Una provincia que no tiene su corazón en Jerusalén no
samaritana. Tras el fariseo cumplidor escrupuloso de la ley, la mujer puede formar parte de la comunidad israelita. Para un verdadero
de vida azacaneada. Junto al judío «pura-sangre», la samaritana de judío, los samaritanos constituyen una secta detestable y detestada.
mil sangres y casi hereje. Al lado del sabio indeciso ante la verdad, la Por eso huían de pisar sus campos, que, sin embargo, eran, geográfi-
desgarrada pregonera de lo que acaba de descubrir. ¡En verdad que el camente, el corazón de Palestina.
reino de Dios es una red en la que cabe todo género de peces! Y hasta Pero Jesús no tiene ese prejuicio y tras dos jornadas de camino
parece que Cristo tuviera prisa en enseñar ese universalismo de su llega a las proximidades de Sicar. Hay allí un pozo que, aunque
pesca. Tal vez por aquello que Mauriac dice de que la parte del modificado, se conserva hoy y que es una de las reliquias mejor
mensaje cristiano que los hombres han rechazado con mayor obstinación acreditadas de cuantas se conservan de los tiempos de Jesús.
es la que señala que el valor de la fe es igual en todas las almas y en Escribe Lortet:
todas las razas.
En realidad las dos escenas no fueron seguidas. Si nos atenemos a En Oriente las fuentes y los senderos son puntos de partida segurísimos
la cronología de Juan, entre ambas mediaron varios meses, hasta para las investigaciones históricas y geográficas. Las fuentes, en efecto,
ocho señalan algunos exegetas. Meses sobre los que poco sabemos no cambian de lugar, y en estos países cálidos y secos, donde el agua es
salvo que Jesús y sus discípulos estuvieron bautizando por el sur de siempre rara, la dirección de los caminos está constantemente determi-
nada por la posibilidad de hallar, alfinde cada etapa, agua abundante
Judea y que allí surgieron las tensiones entre los discípulos de Jesús y para los hombres y para las bestias de transporte.
los de Juan, de las que tendremos que hablar en otro capítulo.
Lo cierto es que Jesús —quizá decepcionado de la dureza de una Hoy el lugar ha perdido mucho de su aspecto. Ya no hay en torno
zona tan controlada por los fariseos y sin querer, por otro lado, un al pozo los grandes plátanos de sombra que había en tiempo de Jesús
enfrentamiento radical con ellos antes de que la idea de su Reino y de los que aún hablan los peregrinos medievales. Tampoco está ya al
arraigase entre los suyos— decidió volver a su Galilea donde las aire libre el pozo como antaño. Los ortodoxos han construido en
almas sencillas se abrían más fáciles a la fe. Y no hizo esta vez su torno a él una capilla de mediano gusto. Sí se conserva, en cambio,
regreso dando el giro que era habitual en las caravanas, que preferían idéntico en lo fundamental, el antiguo pozo de 25 metros de profundi-
no pisar en la tierra hereje de Samaría. Tomó el camino más corto, dad que Jacob abriera escavando en el suelo calcáreo. En su brocal se
como si tuviera una cita junto al pozo de Jacob. Siguió aquella ruta notan las estrías abiertas a lo largo de los siglos por las sogas con que
—escribe Mauriac— para encontrar un alma, desde luego no menos se sacaba el agua.
mancillada ni mejor dispuesta para el bien que la mayoría; por esta
alma, sin embargo, entró en territorio enemigo.
72 La mujer de los cinco maridos Llama a tu marido 73
El Maestro, cansado estancada de los pozos. ¿De dónde iba a sacar aquel peregrino agua
de río en aquella paramera? ¿Qué agua prometía si ni siquiera tenía el
Jesús, dice el evangelista, llegó «cansado». Habían sido dos largas saquito de cuero con una cuerda que era común que los viajeros
jornadas de camino; era el mediodía y el sol picaba, aun siendo pleno llevaran en aquella época para casos como éste? Así se lo dijo. Señor,
invierno. «Cansado», un adjetivo que no debemos dejar que se nos no tienes con qué sacar agua y el pozo es hondo ¿de dónde, pues, te viene
escape inadvertido. El Mesías, el Hijo de Dios, estaba aquel día ese agua viva? Luego la ironía subió a sus labios. Y aún añadió una
cansado, sudoroso, cubierto de polvo, agotado como cualquier otra gota de orgullo despectivo. Los samaritaños se consideraban los
criatura humana. Aquella sombra de los plátanos fue para él, como verdaderos descendientes de Jacob. ¡Y aquel judío presumía de un
para los demás, un milagro del Padre. Y se quedó a descansar agua que ni Jacob encontró en aquella tierra! ¿Acaso —dice— eres tú
mientras los suyos iban a buscar comida a la vecina ciudad. más grande que nuestro padre Jacob que nos dio este pozo y de él bebió
¿A descansar? no; por el camino llegaba una mujer que era para él él mismo, sus hijos y sus rebaños?
comida más importante que la que sus discípulos iban a comprar. Era Ahora Jesús se decide a atacar a fondo aquella alma que la misma
una mujer aún joven, llena de vida y atractivo, una mujer inteligente y ironía ha entreabierto: Quien bebe de esta agua volverá a tener sed;
«de arrastre» como los hechos posteriores habían de indicar. ¿Por qué pero el que beba del agua que yo le diere no tendrá jamás sed, porque el
venía a este pozo en las afueras de la ciudad teniendo, como sin duda agua que yo le dé se hará en él una fuente que salte hasta la vida eterna.
tenía, otras fuentes más cerca? Algunos exegetas nos dicen que La mujer debió de mirarle aún más desconcertada ¿Qué absurdo
aquella agua de Jacob era mejor y más fresca. Pero no hace falta era lo que estaba diciendo? ¿Qué agua era esa que jamás se acababa?
mucha imaginación para entender que aquella mujer —luego sabre- ¿Y cómo esa fuente podía nacer en el interior de uno de manera que
mos de su vida— tenía muchas razones para no querer mezclarse con nunca más tuviera sed? Pudo pensar que el extraño estaba gastándole
las demás mujeres en la fuente pública. Prefería el cansancio de medio una broma con su imposible promesa, pero el tono del hombre le
kilómetro con el cántaro a cuestas que la vergüenza de las sonrisas había impresionado demasiado para creerle un bromista. Por otro
irónicas. lado ¿y si aquel absurdo fuera verdad? ¿y si pudiera existir un agua
Dame de beber, le dijo Jesús cuando ella llegó a la altura del pozo. que, bebida una vez, saciara para siempre? Por un momento soñó la
La mujer le miró desconcertada. Jesús acababa de cometer dos graves maravilla de no tener que hacer todos los días esta larga caminata
faltas y luego aún cometería una tercera, a los ojos de cualquier hasta la fuente, cargada con sus cántaros. Y se volvió, suplicante, al
escriba de Jerusalén: dirigir la palabra a una mujer; hablar a una extraño: Señor, dame de esa agua para que no sienta más sed ni tenga
samaritana; y conversar con una mujer de temas religiosos. Mejor es que venir aquí a sacarla.
entregar la ley a las llamas que enseñársela a una mujer, había escrito
un rabino de la época. Pero Jesús —hablaremos en otro capítulo de su
relación con las mujeres— es un especialista en derribar fronteras. Llama a tu marido
Tampoco la mujer se paró en barras. No era precisamente tímida.
Contempló a Jesús y, aparte de que su acento mostraba que no era Jesús ahora debió de mirarla un tanto decepcionado. Era una
samaritano, le bastó ver las franjas de su vestido para darse cuenta de mujer inteligente, ¿cómo es que no entendía que él estaba hablando de
que era judío. Y le contestó, tuteándole, casi con impertinencia: otro tipo de agua? ¿O acaso lo entendía y se defendía de algo
¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy mujer y demasiado grande pidiendo frivolamente un agua que hiciera innece-
samaritana? sario su trabajo? ¿Aquella especie de cerrazón ingenua a lo espiritual
Jesús debió de sonreír. Y, sin contestar a la pregunta de la mujer, era signo de un alma encadenada a la materia?
como un psicólogo excepcional, decidió desbordarla con su respuesta: Jesús se decide a llegar al fondo. Cambia de táctica: abandona las
Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, tú le imágenes y ataca a la conciencia de la mujer. En un giro brusco de la
pedirías a él y él te daría a ti agua viva. El tono de Jesús conmovió a la conversación, dice: Vete, llama a tu marido y vuelve acá. Era como
mujer. Supo que aquel hombre no bromeaba ni se pavoneaba. Al sacudirla por las solapas. Y ella recibió el impacto. Confusa, sonroja-
responderle, por eso, ya no le tuteará y le llamará «Señor». Pero no da buscó una respuesta ambigua y evasiva: No tengo marido. Podía
entiende a qué agua se refiere Jesús. «Agua viva» para un judío de la haber respondido: ¿Quién te manda a ti meterte en mi vida? ¿A qué
época era el agua corriente, el agua de río en contraposición a la son viene esa pregunta? Pero el golpe había sido demasiado fuerte. Y
74 La mujer de los cinco maridos La otra comida 75

prefirió una frase que lo mismo podía decir «no estoy casada» que yo, el que habla contigo. Si ante otros no usa este título es porque teme
«no te metas en mi vida privada». que se desvíe hacia fines políticos. Para esta mujer el Mesías es mucho
Pero Jesús ha decidido ya llevar su ataque hasta el final. Sonríe, más que un guerrero: es el que vendrá a explicárnoslo todo. Por eso
pone en sus labios una pequeña punta de ironía y responde: Bien —escribe Mauriac— para hacer entrega del secreto que aún no ha
dices: no tengo marido, porque has tenido cinco y el que ahora tienes no revelado a nadie, Jesús escoge a aquella mujer que tuvo cinco maridos y
es tu marido. hoy tiene un amante.
La flecha ha dado en el blanco. No podemos suponer que una
mujer joven hubiera quedado viuda cinco veces. Todo hace pensar
que era mujer a la vez seductora y tornadiza. Conquistaba a los La otra comida
hombres igual que los abandonaba. Más de una vez ha sido repudia-
da por adulterio. Y por cinco veces ha encontrado a quienes se Apenas Jesús ha abierto su verdad ante aquella mujer, regresan
sintieran felices de caer en sus redes. Finalmente, ya es demasiado los que fueron a comprar alimentos. Y —como aún están en la otra
conocida en la región para encontrar quien la acepte por esposa. orilla del evangelio— no entienden que Jesús esté hablando con una
Y sin embargo... Sin embargo es evidente que esa vida licenciosa mujer. Y no porque vieran en ello algo impuro, sino algo indigno de
no ha corrompido su corazón. Ante el duro ataque de Jesús no se un rabí. Pero —comenta curiosamente el evangelista— nadie se
rebela. Mucho menos aún trata de mentir. Confiesa sinceramente su atrevió a preguntarle por qué hablaba con ella. Era aquella mezcla de
vergüenza. Se entrega, atada de pies y manos, al desconocido: Señor, respeto y temor que hacia él sentían.
veo que eres un profeta. Le tendieron, en cambio, sus alimentos recién comprados. Y aún
Pero aún hay más. Con esa lógica ilógica tan propia de las creció su maravilla cuando Jesús les respondió: Yo tengo una comida
mujeres, su conversación gira ciento ochenta grados. Jesús ha puesto que vosotros no conocéis. Y ellos —¿por qué, Dios santo, tendrá que
su alma al desnudo señalando su llaga y pronto vemos que su alma, rodear siempre a Cristo la cortedad de inteligencia?— se miraron
tan baqueteada, está llena de inquietudes religiosas. En las manos de unos a otros desconcertados, preguntándose, dentro de sí, qué comi-
Jesús ha vuelto a ser la niña que era y comienza a hacer preguntas de da le habría traído aquella mujer. Olvidaban que no sólo de pan vive el
niña. Propone problemas de catecismo, espinas que tiene clavadas hombre y que la comida de Cristo era cumplir la voluntad del que le
dentro y que nadie ha resuelto. Tiende la mano hacia el monte había enviado. Por eso no podían ni sospechar que Jesús se sintiera
Garizin que les contempla y pregunta: Nuestros padres adoraron en suficientemente saciado con la alegría de aquella mujer iluminada
este monte, vosotros decís que es en Jerusalén donde hay que adorar. que, a aquella misma hora, corría hacia la ciudad voceando su gozo.
Jesús ahora, ante aquel alma abierta, ya no vacila y contesta sin Sí, porque se había convertido de repente en apóstol. Los discípu-
rodeos; muestra ante esta pobre pecadora la aurora de los nuevos los de Jesús no lo eran aún. Necesitarían el gozo de la resurrección
tiempos. En ellos nada significará la rivalidad entre aquellas dos para convertirse en pregoneros, para «no poder no hablar». Pedro,
montañas. Está naciendo una religión más honda y pura. Llega el Juan, Andrés... necesitarían la llamarada del Espíritu en pentecostes
tiempo en que no habrá lugares encadenados a la presencia de Dios para perder su miedo y salir a las calles gritando que Jesús era el
porque Dios estará en todos los corazones de los que le amen. El Mesías. Esta samaritana —mujer y pecadora— no necesita tanto. Sin
verdadero templo estará en el espíritu y en la verdad, será Cristo el milagros, sin resurrecciones, se siente invadida por un nuevo coraje.
único enlace con la divinidad. Su vergüenza, su mismo pecado, han vaciado su alma de muchos de
La mujer ahora sí, ahora intuye el sentido más profundo de esta los obstáculos que hacen aún «prudentes» y desconfiados a los
respuesta: Yo sé —dice— que el Mesías está a punto de venir y que, apóstoles. Deja caer el miedo como quien pierde un manto a la
cuando venga, él nos lo explicará todo. ¿Está intuyendo que el Mesías carrera y se dedica a vocear su descubrimiento: Ha venido un profeta,
es precisamente este judío polvoriento que habla con ella? ¿Está ha iluminado y limpiado su alma.
provocándole para que confiese todo lo que es? ¿Ha llegado esta Las mujeres temen no tener sitio en el evangelio. Los pecadores
mujer a comprender lo que no se atreven ni a sospechar muchos de los creen que pueden entrar en él, pero por la puerta trasera. Y he aquí
que siguen a Jesús? que una extranjera adúltera toma la delantera a Pedro y Andrés como
Nunca lo sabremos. Pero sí sabemos que, por primera vez, Jesús pregonera y es evangelista antes que Mateo y Juan.
confiesa ante esta mujer lo que oculta ante las íurbas: El Mesías soy
La mujer de los cinco maridos
76
5
Y su anuncio es asombrosamente eficaz. Los samaritanos la
miraban desconfiados al principio: «¿Qué nueva locura le ha dado a Los signos del Reino
esta mujer?». Pero, aunque sólo fuera para reírse, la escucharon. Y les
impresionó.
Un pecador anunciando la llegada del Reino impresiona siempre.
Que prediquen los buenos, nos parece que cae dentro de lo normal y
consabido. Es, pensamos, su oficio. Pero el convertido que ayer
estuvo en el lodo que mancha aún nuestras manos y que, de pronto,
deja atrás sus cadenas y se convierte en pregonero de pureza, nos
parece que puede equivocarse, pero rara vez tememos que sea un
hipócrita. El recién convertido tiene, además, el sabor de lo fresco y lo
nuevo. Sus palabras no huelen a rutina, no llegan «con rebajas». La
misma desmesura de su entusiasmo las torna verdaderas.
Por eso los samaritanos escucharon a esta extraña mensajera. Y Tras el corto paréntesis de Judea y Samaría, comienza para Jesús
como todos ellos llevaban dentro —igual que ella— la espina de una lo que algunos exegetas han llamado «el año feliz», el tiempo de su
gran esperanza, pensaron que, a lo mejor, aquella loca tenía razón. Y primera actividad en Galilea.
pidieron a Jesús que se quedase entre ellos. Y el amor derribó todas El Maestro ha percibido ya que en Jerusalén ha brotado la
las fronteras. De pronto, todos se olvidaron de que eran samaritanos hostilidad ante sus primeros gestos y palabras. Y el encarcelamiento
y de que él era judío. Los prejuicios, los odios de generaciones, se de Juan el Bautista —que ocurre por estas fechas— le advierte que la
fueron como arrastrados por el viento. Si a cualquiera de ellos le sombra de la muerte gravita sobre todo el que se atreva a decir ciertas
hubieran contado esto ocho días antes, habría respondido que eso era verdades contra corriente. Y él no teme a la muerte. Pero tampoco es
imposible. La reconciliación parece siempre una montaña infinita, amigo de provocarla y precipitarla. Regresará, pues, a sus cuarteles
casi imposible de escalar. Tal vez —pensamos— pueda surgir con de Galilea, que le parecen un suelo más favorable para su primera
trabajo de años, de siglos. Los odios de generaciones, decimos, sólo predicación. Allí la influencia política de sacerdotes y fariseos es
los borra un amor de generaciones. Y no es verdad: basta un segundo menor. Y los galileos —por su propia sencillez— parecen estar mejor
de amor para que la fraternidad brote repentina, porque es una fuente predispuestos para oír su mensaje.
que corre subterránea, casi a ras de tierra. Basta un pequeño esfuerzo Bruckberger ha protestado —con razón— contra la caricatura
para que el agua salte, como un surtidor. con la que ordinariamente se pinta a los paisanos de Jesús:
Así brotó en Samaría. Y donde hubo fraternidad, hubo milagros.
Y donde hubo milagros, aumentó la fraternidad y con ella la fe. Y los La imagen que se nos suele presentar de los judíos contemporáneos de
apóstoles, que pensaban que la labor de sembrar, cultivar y segar el Jesús es extravagante, e incluso incoherente. Nos lo pintan como un
reino de Dios era una tarea dificilísima (tan difícil que sólo «ellos» pueblo grosero, fanáticamente apegado a los bienes de la tierra, a un
iban a poder hacerla), vieron con asombro que aquella desventurada ideal político y militar quimérico, sedientos de venganza y de sangre de
sus enemigos, hipócritas, falsos en su religión como en sus relaciones
era capaz de roturar ese Reino con un solo estallido de entusiasmo y humanas, sin ninguna comprensión de lo que les rodeaba, materialistas
de fe. Y, misteriosamente, no sintieron envidia hacia ella. Sintieron, y, sin embargo, capaces de sacrificarse en masa por las tradiciones de su
por el contrario, una misteriosa alegría al ver que el reino de Dios no nación, como lo mostraron sin ambigüedad con la elocuencia de la
entraba por sus ilustrísimas manos, sino por la puerta trasera de sangre vertida. Uno se pregunta cómo, en tal medio, pudieron nacer y
vivirfigurastan nobles como María, la madre de Jesús, el mismo Jesús,
aquella mujer loca de los cinco maridos. Juan Bautista, san Pablo, e incluso un Gamaliel. En realidad, el cuadro
es demasiado uniforme, demasiado sumario, demasiado completamen-
te negro para ser verdadero. La verdad humana, aun la de las naciones,
más bien está mezclada de bien y de mal.

Efectivamente: el primer contacto de Jesús con su pueblo no es el


del eslabón y el pedernal. No saltan chispas, sino que el Nazareno es
78 Los signos del Reino Los signos del Reino 79

recibido, primero con curiosidad, luego con interés y finalmente con porque, en la Palestina de los tiempos de Jesús, la miseria y el dolor
apasionamiento. eran el pan de cada día. Jerusalén y todas las grandes ciudades de
Es el primer encuentro de Cristo con las multitudes. Hasta ahora aquel tiempo debían de presentar el agónico y repugnante espectáculo
ha conocido a grupos de amigos, a un intelectual, a una pobre mujer que aún hoy ofrecen las calles de Benarés en la India o los zocos de las
descarriada. Ahora va a padecer el asalto de las masas. Y los evange- ciudades del tercer mundo, como un enorme escaparate de pústulas,
listas son testigos unánimes del entusiasmo de este primer encuentro. gritos, muñones, plegarias y llagas.
«Todos te buscan» dirá Pedro a Jesús (Me 1, 37). «Toda la turba ¿Qué actitud iba a tomar Jesús ante esta humanidad enferma?
trataba de tocarle» comentará Lucas (6, 19). El propio Zaqueo tendrá Han sido muchas las posturas de los hombres ante tanta tragedia:
que subirse a un árbol para verle «porque no lo conseguía a causa de la — Algunos reaccionan con actitud pasiva. Mueven su cabeza. Se
multitud» (Mt 19, 2-3). reconocen impotentes ante las fuerzas del mal.
¿Qué ha ocurrido? ¿Qué ha provocado todo este entusiasmo — Otros se dejan caer en la angustia y el pesimismo. Maldicen de
súbito? No la demagogia de Jesús. Es un hecho que el Maestro, aun Dios y de la vida. Se hunden en la desesperación.
amando al pueblo, no amaba la popularidad; mucho menos aún la — Otros —los zelotes de ayer o los marxistas de hoy— se rebelan
buscaba. Es, al contrario, antidemagógico: huye de ella, recrimina a contra esta injusticia. Piensan que cambiando ciertas estructuras (la
quienes le siguen, acusándoles de buscar prodigios y pan, y de no libertad política o la destrucción de los opresores) habrán derrotado
entender lo que está predicándoles. Sin embargo, sigue siendo un para siempre el dolor.
hecho que la multitud no se cansa de seguir sus pasos y que le acosa — Algunos filósofos se dedican a investigar las razones metafísi-
hasta hacerle difícil la vida. Y es también otro hecho que Jesús, hasta cas del dolor, aportan teorías, dan consuelos.
ahora solitario y amigo de los pequeños contactos personales, se va Jesús no adoptó ninguna de estas actitudes: se chapuzó en el
abriendo él mismo hacia un encuentro cada vez más vivo con la dolor, descendió personalmente a la injusticia, la curó en lo que pudo
multitud. ¿Qué ha ocurrido también en él? y mostró, sobre todo, con sus hechos, cómo en el Reino —cuando se
Jesús acaba de encontrarse con la realidad de la condición huma- haya construido— el dolor será derrotado. Los «signos visibles» de
na. A todo hombre le llega, antes o después, esta hora. Salidos los más esta victoria sobre el mal fueron sus prodigios, las «maravillas de
del paraíso de la infancia —aunque no falten quienes conocen el Dios», sus milagros.
infierno ya en ella— se topan un día con la injusticia, el dolor, la Por eso, unánimes, los evangelistas nos cuentan algo sorprenden-
amargura, el aburrimiento, la náusea, las contradicciones a las que los te: que Jesús, antes de predicar con palabras, predicó con obras; que
más de los humanos —¿o todos?— están sometidos. Hoy, en una dedicó mucho más tiempo a acercarse al dolor de los hombres que a
civilización burguesa, hemos logrado concentrar en guetos grandes anunciar su mensaje.
zonas del dolor y la miseria. Hospitales, suburbios, son la coartada Mateo abre la vida pública de Cristo subrayando este dato:
que nos permite hablar con frecuencia de un mundo feliz, ya que,
aunque sepamos que el dolor y la injusticia existen, las vemos lo Recorría toda la Galilea, enseñando en las sinagogas, predicando el
menos posible. Pero en los tiempos de Jesús esa defensa no existía: el evangelio del Reino y curando en el pueblo toda enfermedad y toda
dolencia. Y extendióse su fama por toda Siria, y le traían todos los que
dolor estaba en la calle, se exhibía. padecían algún mal: a los atacados por diferentes enfermedades y
Una reciente película pintaba a Cristo devorado materialmente dolores y a los endemoniados, los lunáticos, paralíticos y los curaba
por la miseria humana, asediado su cuerpo por un ejército de escara- (Mt 4, 23-24).
bajos purulentos, que tiraban de él, le arrastraban, le ahogaban. La
escena se alejaba de la realidad mucho menos de lo que imaginamos. Y Marcos, Lucas y Juan abren también la narración de la activi-
Porque Jesús vivió literalmente acosado por la miseria. En cada dad de Jesús colocando como pórtico diversas curaciones: la de la
página del evangelio impresiona encontrar la presencia de ciegos que suegra de Pedro (Me 1, 29), la del endemoniado (Le 4, 33), la del hijo
aullan, leprosos que voltean sus esquilones lúgubres, endemoniados del régulo (Jn 4, 46). Y, antes que ellos, lo había anunciado el pre-
que blasfeman, cojos que golpean el asfalto con sus bastones, sordo- evangelista Isaías que, en su profecía, había unido el papel de Jesús
mudos que agitan sus brazos como aspas, paralíticos que chillan predicador con el de Jesús médico:
desde su camillas. Y todo esto, es cierto, porque los miserables
corren siempre hacia toda esperanza de curación, pero también
80 Los signos del Reino
El sello del Rey 81
El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ungió para dar la
buena noticia a los pobres. Me envió para anunciar a los prisioneros la Pero el escándalo en torno a Cristo no debe maravillar a nadie que
liberación y a los ciegos, que verían otra vez, a llevar la libertad a los conozca un céntimo de su vida. Es, incluso, un signo de que nos
oprimidos, a anunciar el año de gracia del Señor. encontramos ante un planteamiento verdaderamente cristiano.
Jesús, que haría suyas estas palabras de Isaías (Le 4, 16-30) iba, Mas no deja de llamar la atención este concentrarse del escándalo
efectivamente, a unir su vocación de testigo de la buena nueva con su en torno al tema de los milagros. Incluso es perceptible el pánico que
tarea de realizar esa buena noticia en el dolor de las multitudes que le sienten todos cuantos escriben sobre Cristo al llegar a este tema. O
rodeaban, uniendo, inseparablemente, su papel de predicador al de pasan por él sobre ascuas o simplemente lo omiten. La mayor parte de
obrador de milagros. las cristologías contemporáneas no lo abordan. Pero es evidente que
Y aquí —ante esta tremenda palabra: milagro— tendremos que se mutila sustancialmente la figura de Jesús si se escamotea su acción
detenernos ampliamente. Y yo habré de pedir al lector que me de taumaturgo.
disculpe si le obligo a detenerse para analizar con un mínimo de
seriedad uno de los quicios vitales de la vida de Cristo.
El milagro recusado

I. EL SELLO DEL REY Esta recusación no es de hoy. Ya en el siglo pasado se podían leer
afirmaciones como éstas: «Los milagros empequeñecen la verdadera
«Los cristianos antiguos creían gracias a los milagros, los moder- estatura de Cristo» escribe Amort. Y Haneberg lamenta que los tres
nos creen a pesar de ellos». En esta frase resume acertadamente A. primeros evangelistas hayan degradado la sublime figura de Cristo con
Javierre la problemática actual del milagro. Aunque probablemente pegotes de mezquinas historias de milagros. Schenkel llega a afirmar
habría que añadir a este diagnóstico la palabra «algunos», porque que los milagros son un lastre para la religión cristiana, porque le dan
vivimos en un mundo y una Iglesia «barajados», y, en ambos, se una impresión de incultura y oscurantismo.
mezclan los que parecen desconfiar de todo lo sobrenatural y los que Lo novedoso de todos estos planteamientos es que hoy no se
viven sedientos de milagrerías. La credulidad ingenua y la increduli- hacen en nombre de la ciencia o de la historia. El siglo XIX está lleno
dad barata siempre han sido —y siguen siendo— más frecuentes que de científicos que afirman que el milagro es imposible y de historiado-
una fe abierta y razonada. res que parten dogmáticamente de aquella afirmación de Renán
Lo que no puede dudarse es que muchos planteamientos han según la cual «una regla absoluta de la critica es la de excluir a priori
girado desde los tiempos de la apologética. Antaño a los cristianos se cualquier circunstancia milagrosa que pueda deslizarse en una narración
les hacía incomprensible el que Cristo se hubiera hecho totalmente histórica».
hombre, y el dogma de la virginal concepción les tranquilizaba al Pero ahora el ataque se realiza desde el mismo campo de la
señalar una diferencia entre aquel nacimiento y los demás. Hoy, en religión: como si el milagro, lejos de sostener la fe, la contradijera.
cambio, es esa excepción lo que crea dificultad a los creyentes. Como si el milagro fuera lo contrario del verdadero evangelio, lo
Durante siglos se inventaron diversas herejías para explicar que opuesto al amor.
Cristo no sufrió del todo, sino en simple apariencia. Hoy es el hecho Bonhoeffer, por ejemplo, ha escrito: «¿Dios se dará a reconocer por
de que Cristo compartiera nuestro llanto lo que hace que muchos signos de poder —golpes de fuerza— o por signos de amor? El milagro
cristianos puedan amarle plenamente. Y en las épocas mal llamadas rebaja el misterio de Dios a problema».
«teológicas» el que Cristo se viera rodeado de ángeles y que aplastara Y Louis Evely, en un libro en el que frivolamente actualiza casi
con el poder de sus milagros a los demonios eran argumentos sólidos todos los ataques de los racionalistas, formula así esta nueva postura
a favor de la creencia. Hoy ocurre exactamente lo contrario. de hostilidad al milagro:
En rigor hay que decir con Bruckberger:
Nunca ha dejado de haber escándalo en torno al relato de su vida. Ha ¿Pero es que Dios no puede entrar en relación con nosotros sin
escandalizado que hubiera sido demasiado hombre o demasiado Dios, violentar las leyes de la naturaleza? ¿Dios se revela rompiendo el
que hubiera sufrido y hubiera muerto, o bien que hubiera resucitado, contexto de los fenómenos o insertándose en ellos? ¿Dios es gracia o
que sus gestos y su apariencia fueran demasiado naturales o bien fuerza? Este es todo el problema del milagro.
demasiado sobrenaturales. Porque, más que nada, el milagro nos parece cada vez más inadmisible
desde el punto de vista religioso. Hasta el presente los apologistas
82 Los signos del Reino El sello del Rey 83
acusaban a los incrédulos de negar el milagro por motivos filosóficos los cristianos no son más que papagayos que repiten lo que oyen decir.
respecto a la imposibilidad de lo sobrenatural. Pero los cristianos de Los milagros evangélicos no serían así más que un montón de
hoy día desconfian de lo maravilloso por respeto a lo auténticamente
sobrenatural. embustes con los que un grupo de embaucadores, engañando a gentes
Nos molesta que Dios interrumpa el curso de las leyes naturales con sencillas, habría obtenido un pingüe beneficio de celebridad.
intervenciones imprevisibles. Porque si obra con poder arbitrario ¿qué La tesis era tan brutal y tan burda que, incluso en el país del
queda de nuestra libertad y responsabilidad? Iluminismo, fue atacada y refutada por todos. Pero la brecha para
una interpretación de los evangelios que excluyera el sobrenatural,
Retrasemos, por el momento, la tarea de responder a estas formu- estaba abierta.
laciones que tienen —en su exageración— la ventaja de plantear con El camino fue seguido por H. E. G. Paulus. Frente a Reimarus,
claridad el problema tal y como es visto hoy no por los cristianos, que negaba en masa todos los milagros evangélicos como una cadena
pero sí por algunos sectores que se creen progresistas. Notemos, de embustes, Paulus esgrimió la hipótesis del «error». Los hechos
solamente, el tufillo hitleriano de esas frases en que se defiende con contados por los evangelistas habrían existido, pero los apóstoles
tanto calor el «orden establecido» que hasta se niega rotundamente la habrían visto como milagrosas acciones que, en realidad, no lo eran.
libertad de Dios para alterarlo con peligro de «molestar» a quienes Paulus no niega los milagros, los «explica». Por ejemplo el episodio de
saben cuál es el «auténtico sobrenaturalismo» al que Dios tiene que Jesús caminando sobre las olas, fue en realidad un simple paseo por la
someterse no vaya a pisotear la libertad del hombre que parece ser la playa o unos cuantos pasos dados por Jesús dentro del agua para
única existente. acercarse a la barca cercana. La multiplicación de los panes se explica
El problema es, sin embargo, demasiado serio como para que no por el hecho de que Jesús y sus discípulos repartieron las provisiones
lo estudiemos con extensión y serenidad. ¿Es cierto que el milagro sea que llevaban entre los que carecían de ellas y esto animó a todos los
un «chantage» de Dios contra la inteligencia humana? ¿Es, en verdad, demás a repartir las suyas, con lo que hubo para todos y sobró.
un «golpe de fuerza» y no un «signo de amor»? ¿Es un gesto arbitrario (Curiosamente esta misma explicación la presentará Evely casi dos-
que violenta la acción de la naturaleza? cientos años más tarde como la gran novedad de la exégesis). Así, uno
tras otro, todos los milagros encontraban una explicación racional.

Una vieja polémica


La teoría del «mito»
Digamos, en primer lugar, que la polémica no es tan nueva como
hoy se nos quiere hacer pensar. Este planteamiento de las últimas Tampoco duró mucho el método de Paulus. Una ingenuidad de
corrientes es hijo de la vieja polémica entre racionalistas y apologetas tal calibre no podía tener mucho éxito. Y se acudió a planteamientos
que llenó el siglo XIX. más filosóficos. Y D. F. Strauss señaló pronto el fallo fundamental
El tema de los milagros evangélicos había vivido una vida relativa- del sistema de Paulus: si los evangelios se tomaban como fuentes
mente pacífica hasta finales del siglo XVIII. Y será la obra de H. S. históricas, no se podía luego negar en ellos todo lo sobrenatural con
Reimarus quien abrirá el gran debate que aún no ha concluido. explicaciones posteriores. Si milagro e historia eran incompatibles,
Para Reimarus Jesús habría sido uno de tantos agitadores políti- habría que negar a los evangelios su carácter histórico pero no
cos como pulularon en la Palestina de su tiempo. Fracasado en su quedarse a medio camino aceptando unas cosas y rebajando otras.
intento de sublevación contra los romanos habría muerto violenta- Fue, por ello, más radical que Paulus y aplicó a la vida de Cristo la
mente. Pero tras su muerte, sus discípulos, habrían robado su cuerpo «teoría del mito» de inspiración hegeliana.
del sepulcro diciendo que había resucitado y que su muerte serviría En una narración mitológica, según Strauss, no es que se cuenten
para redimir el mundo. Fracasadas sus aspiraciones políticas habrían cosas que no han existido, sino que se proyecta sobre unos hechos
encontrado como sustitutivo el invento de un renovador puramente cotidianos una serie de conceptos ideales, míticos, de modo que en
espiritual. Para ello habrían inventado toda una vida y una doctrina esas narraciones lo importante no es ya lo que se cuenta, sino el
mística resumida en los evangelios que serían la consagración oficial símbolo, la idea que hay detrás de lo que se cuenta. Así, dice, se
de toda esa cadena de engaños y desengaños. Tras los primeros escribieron los evangelios. No es que Strauss niegue la existencia de
discípulos, los cristianos se habrían tragado todas esas mentiras, pues Jesús, ni que piense, como Reimarus, que los apóstoles trataron de
El sello del Rey 85
84 Los signos del Reino
La Escuela liberal
engañar, sino que, simplemente, dejándose llevar de la imaginación y
del modo de contar de los orientales, proyectaron sobre Jesús las La Escuela liberal heredaba todos estos planteamientos. Sobre el
ilusiones comunes. Las esperanzas mesiánicas del antiguo testamento tema de los milagros el representante más alto de esta escuela, A. von
se mezclaron con la vida de un maestro bueno. Hoy, el crítico debe Harnack, distinguía entre cinco grupos de narraciones: 1) milagros
discernir con cuidado lo que en cada narración hay de historia y lo que son un simple abultamiento de hechos naturales; 2) milagros
que hay de mitología sobreañadida. A esta zona mitológica corres- debidos a una proyección en lo concreto de preceptos, parábolas o
ponderían todos los milagros, en los que los evangelistas no habrían mitos; 3) milagros imaginados como confirmación de profecías del
querido exponer hechos sucedidos, sino explicar en una serie de antiguo testamento; 4) milagros obtenidos por la fuerza espiritual de
parábolas en movimiento lo que ellos pensaban sobre el poder de su Jesús; 5) algunos hechos cuya explicación es, por el momento, inal-
Maestro. canzable, pero que algún día serán entendidos por la ciencia.
La teoría de Strauss produjo un fuerte impacto, sobre todo Contemporáneo a la Escuela liberal, aunque sin pertenecer a la
porque empalmaba con las corrientes de la época: la visión de un misma, Renán habría coincidido con ella en el planteamiento de lo
Jesús idealizado por la Iglesia primitiva entusiasmó a muchos, y, milagroso. Por principio, según él, los milagros deben ser excluidos ya
aunque muy corregida por sus sucesores, la metodología de distinguir que son absolutamente imposibles. Que sus discípulos se los atribuye-
lo histórico y lo metódico permaneció en todos los racionalistas. sen a Jesús es absolutamente normal: en aquella época se atribuían a
La escuela de Tubinga encontró, sin embargo, un grave fallo en el todo innovador religioso. El mayor milagro habría sido que no los
planteamiento de Strauss. Para suponer que Jesús había sido idealiza- hubiera hecho. De todos modos, dice Renán, Jesús se resistió a la fama
do por la comunidad primitiva hacía falta probar qué pensaba esa de taumaturgo que le atribuían sus discípulos. Si lo aceptó fue
comunidad primitiva, y no limitarse a atribuir a esa comunidad todo bastante tarde y a desgana. Bien se puede creer que la reputación de
aquello que en el evangelio no gustaba a la crítica del siglo XIX. taumaturgo le fue impuesta. Si él no resistió mucho a admitirla, nada
Centraron por ello sus estudios en esa comunidad. Y fue F. C. Baur hizo, sin embargo, para favorecerla.
quien aportó la nueva visión, basándose también en la teoría de la En realidad, prosigue Renán, para entender los milagros es nece-
tesis-antítesis-síntesis de Hegel. En la Iglesia primitiva, según Baur sario solicitar suavemente los textos. En primer lugar de cien relatos
habría existido una corriente petrina (tesis) que tenía por cabeza a sobrenaturales hay ochenta nacidos enteramente de la imaginación
Pedro, flanqueado por Juan y Santiago, y que habría mantenido una popular; los otros veinte son eliminados apelando en la mayoría de los
tendencia judeocristiana de tipo particularista. La antítesis estaría casos a la benignidad de Jesús que equivalía a la mejor medicina,
representada por el partido paulino, con Pablo como cabeza, que porque la presencia de un hombre superior que trate dulcemente al
mantenía una teoría helenístico-cristiana de tipo universalista. Del enfermo y le asegure la salvación con algún signo sensible, es, a menudo,
contraste entre tesis y antítesis habría surgido la síntesis, representada un remedio decisivo. En cuanto a los casos más extremos como la
por la Iglesia católica, que presentaba una conciliación entre ambas resurrección de Lázaro, tuvo que tratarse de un síncope pasajero,
tendencias, absorbiendo a las dos. Los evangelios habrían sido así unido a un amaño de las hermanas de Lázaro que trataban de
tocados y retocados a lo largo de siglos para demostrar las tesis de acentuar la grandeza de Jesús.
unos u otros grupos.
Con ello, el campo de discusión había variado. Ya ni se negaba ni
se afirmaba la historicidad de sus milagros. Se excluía, sí, toda La Historia de las formas
sobrenaturalidad, pero además se defendía que en realidad nada
podemos saber de Jesús, que quedaba sumergido en la polémica entre Pocas novedades ha añadido la historia posterior en la cadena de
corrientes cristianas. No podemos saber ni lo que hizo, ni lo que ataques al milagro. Los partidarios del método de la Historia de las
quiso. Sólo conocemos el fruto de las discusiones entre sus discípulos. formas (Bultmann, Dibelius, sotre todos) se proponen un objetivo
crítico-literario: analizar cómo se formaron y transmitieron los rela-
tos referentes a Jesús.
Su tesis central es que nada sabemos de Jesús. Conocemos sólo lo
que pensaban de él las primeras comunidades cristianas. Y en ellas no
86 Los signos del Reino El sello del Rey 87

había el menor ínteres por los hechos historíeos Interesaba la figura y


doctrina del Jesús resucitado No contaban los hechos, pero si su Los nuevos planteamientos
problemática religiosa Las narraciones son las respuestas de aquella
comunidad a sus problemas concretos Los relatos de milagros reves- Hoy, afortunadamente, la historia ha girado y estamos tan lejos
tían simplemente la explicación que los predicadores de la época de los enfoques racionalistas como de posiciones apologéticas pura-
daban a sus oyentes Por todo ello no podemos saber si hubo o no mente defensivas La ciencia ha redescubierto la humildad y los
milagros Ademas, dicen los partidarios de esta escuela, la historia no creyentes hemos vuelto la vista a la palabra de Dios
importa, importa la fe De las narraciones de milagros lo único que En el siglo XIX el conocimiento científico, embarcado en la
interesa es que anuncian la personalidad de Jesús resucitado, su poder euforia de sus nuevos logros, estaba seguro de que la conquista del
salvador universo, que la ciencia había emprendido, pronto estaría concluida
con el dominio total de todos los conocimientos Hoy, por el contra-
Toda esta larga curva ha llevado a las comentes racionalistas a lo
no, la ciencia se sabe incierta, limitada, eficaz ciertamente, pero sin
que el propio Harnack preveía los críticos evangélicos se parecen a
respuesta ante los problemas mas decisivos La ciencia creyó que
aquel niño que fue quitando, una tras otra, todas las hojas de una
descubriría todo y, afortunadamente, consiguió el gran triunfo de
cebolla, juzgándolas superfluas y molestas, y esperando encontrar en
descubrir sus propios limites Sabe que ella nunca podra dar una
el interior algún núcleo o pepita en lugar de lo cual, una vez quitada
verdadera prueba de la existencia de un mundo sobrenatural o
la ultima hoja, se encontró con la nada en la mano
sobrerracional, pero que tampoco podra jamas probar que ese mundo
no exista Es un mundo fuera de su alcance Una ciencia determinista,
que acepte como postulado la racionalidad absoluta del universo,
La respuesta de los apologetas
resulta claramente incompatible con una visión científica moderna
del universo Durante todo el siglo pasado se conmino a la religión
Frente a esta tormenta de criticas la apologética católica respon-
para que se arrodillara ante la ciencia La religión no lo hizo Y hoy es
dió polémicamente Cuando en el barco alguien abre una vía de agua,
la ciencia quien le ha dado la razón, al abominar de una ciencia que
hay el peligro de que todos corran a taparla y abandonen, con ello, el
quiera imponer su dictadura fuera de su propio campo
timón y pierdan la ruta Algo asi ocurrió con gran parte de los
teólogos católicos del siglo XIX por defender el milagro negado, lo No deja, por ello, de resultar sorprendente el encontrarse plantea-
descentraron Lo que en la teología tradicional era un «preámbulo» a mientos deterministas en posiciones que se dicen progresistas, como
la fe, se convirtió en causa y única fuente Lo que en la Biblia era una la antes citada de Evely No estara por ello de mas el recoger aquí las
forma imperfecta de fe («felices los que creen sin haber visto») se intuiciones de Bruckberger cuando señala la raíz de la prevención del
proclamo camino indispensable y única columna de base Por otro hombre moderno contra el milagro
lado, dentro del concepto de milagro, todo el peso se cargo en uno de No esta en la razón ni en los progresos de la ciencia, como suele creerse
sus extremos y no en el mas importante Los católicos centraron sus La verdad es que nosotros, modernos, amamos el orden, lo amamos
baterías en lo que el milagro tenia de «quebrantamiento de las leyes con todo nuestro corazón, lo amamos por encima de todo, lo idolatra-
naturales» y pasaron a segundo termino y casi olvidaron lo que tenia mos No queremos que se trastorne el orden ni por un mensaje del Rey
de reyes Y nuestra concepción del orden es lo mas mezquino, lo mas
de «signo» avaro que hay, lo mas coriáceo, mas materialista, mas estúpido En
De este bascular de extremo a extremo, surge la desconfianza que todos los dominios, aun en el del espíritu, lo que veneramos es el orden
muchos cristianos tienen hoy ante el milagro, de ahí el que lo policiaco, el orden totalitario, el orden de un mecanismo preciso y
riguroso, como el del reloj tic, tac, tic, tac, tic, tac, por los siglos de los
consideren un gesto de poder mas que un signo de gracia, una rotura siglos Este rigor y esta monotonía nos tranquilizan no hay sorpresa
de las leyes naturales mas que una superación de las mismas, un posible Odiamos por instinto todo lo que venga a interrumpir esa
suplemento innecesario, mucho mas un elemento de salvación El monotonía
milagro, convertido no solo en criterio primario de la fe, sino en En semejante concepción del orden universal no hay el menor lugar
monopohzador de la misma, es comprensible que suscite desconfian- para el milagro El milagro es un escándalo, un atentado contra la
segundad interior del orden universal y de la conciencia de cada cual,
zas ante los cristianos que saben que las razones pueden abrir la una indecencia intolerable, un absurdo fantasmal, contra el cual con
puerta de la fe, pero que la fe es mucho mas que todas las razones viene movilizar todas las fuerzas del orden, todos los recursos de la
inteligencia, frente a ese retorno ofensivo del caos
88 Los signos del Reino El sello del Rey 89
La ciencia estaba encargada de poner orden en el universo, era una Habrá, pues, ante el milagro dos riesgos: magnificar la importan-
gendarmería sagrada, responsable del orden cósmico. En estas condi- cia del sello olvidando el mensaje; y pensar que el sello no existe. El
ciones, el taumaturgo es el anarquista por excelencia, el enemigo
número uno, que lo vuelve a poner todo en cuestión, que no puede sello es sólo una garantía, nada más que una garantía, pero también
tener derecho de ciudadanía en la armonía universal, desterrado por nada menos que una garantía.
derecho, como el poeta, pero infinitamente más peligroso que el poeta, Mas, evidentemente, la garantía no es más importante que lo
porque el poeta lanza al orden mecanicista un desafio de palabras con garantizado. El milagro no es, nunca fue un fin en sí. Lo descubrire-
el que siempre cabe arreglárselas, mientras que el taumaturgo es un
poeta en actos, que pretende rehacer a su guisa y en un plano imprevis- mos al acercarnos a la Biblia, devolviendo el debate a su verdadero
to lo que ya está irremediablemente establecido. El taumaturgo se pone centro. La existencia de los milagros podrá afirmarse o negarse, pero
él mismo fuera de la ley para que ésta le aplaste. para afirmar o negar la existencia de una cosa, antes hay que saber de
El fondo que resiste en nosotros al milagro es el mismo que resiste a la qué se trata. Y la casi totalidad de los enemigos del milagro combaten
poesía, una pereza ontológica cómplice de todos los hábitos, de todos
los conformismos, de todos los tic-tacs ciegos, un fariseísmo de las un concepto filosófico que puede que tenga muy poco que ver con lo
pretendidas leyes científicas, tan feroz, tan puritano, tan limitado como que la Biblia nos dice de él.
el fariseísmo de los doctores que, en nombre de la Ley, aplastó antaño
al Señor.
El milagro en el antiguo testamento
La cita es larga y feroz, pero pone el dedo en una llaga que era
necesario señalar con claridad. Seria curioso que en el momento en Ciertas visiones ingenuas y tendenciosas del antiguo testamento
que la ciencia reconoce humildemente que no tiene argumentos para quieren hacernos ver que el Dios de los profetas es, ante todo, un Dios
excluir a priori el milagro, como hacía Renán, viniera una visión tonante, espectacular, vengativo. Pero esa imagen retrata más a
pretendidamente progresista a excluir a priori el milagro en nombre Júpiter que al Dios de la Biblia. Este puede definirse por cuatro muy
de la religión. Esa religiosidad sería la dictadura del viejo concepto del diferentes notas complementarias entre sí: el de la Biblia es a) un Dios
Dios-relojero, pero nada tiene que ver con el evangelio que respira en que actúa; b) un Dios vivo; c) un Dios fuente de todo poder; d) un
todas sus páginas la idea de la libertad de Dios. Dios de bondad y salvación. Desde esta cuádruple coordenada pode-
mos entender el tema del milagro en el antiguo testamento.
La primera página de la Biblia nos presenta a Dios que actúa de
El sello del Rey palabra y de obra. «Y Dios dijo», «y Dios creó» son los dos ejes del
primer capítulo del Génesis. Por ello —como escribe Mussner—
Para ello, será también necesario devolver, desde la religión, el reducir el obrar salvífico de Dios a la mera revelación oral contradice
milagro a su verdadero centro. Si el milagro es presentado como un abiertamente el testimonio de la Biblia. Dios, más bien, se revela y
gesto arbitrario de poder, en el que un Dios orgulloso tratase de realiza su obra de salvación «.en palabra y obra». De ello se deduciría
demostrarnos lo grande que es, ese prodigio será justamente rechaza- que un planteamiento que hablara de aceptar la enseñanza del antiguo
do desde una visión evangélica de la religión. Pero aquí hablamos del testamento, pero descalificando de raíz toda la acción de Dios,
milagro de la Biblia y no del milagro polémico de los apologetas. traicionaría la misma noción de Dios que los textos bíblicos trans-
Para entenderlo justamente tendremos que proponer una norma miten.
primera e intocable: no darle ni más, ni menos importancia de la que Este Dios actuante está vivo, interviene en nuestra realidad.
Cristo le daba. No menos, pero tampoco más. Y tendremos, después, Escribe Gnilka:
que poner su centro donde Cristo lo puso.
Los milagros son, señaló con precisión santo Tomás, el sello del El hombre del antiguo testamento cree en un Dios que actúa personal-
Rey, que marca con el signo de su omnipotencia el mensaje soberano mente en el curso de la vida de la naturaleza y de los acontecimientos de
la historia. Este Dios no sólo conduce el curso normal del mundo, sino
que el rollo, protegido por el sello, contiene. A los apologetas del XIX que puede, en un momento dado, ocasionar un evento que rompa esta
les sucedió como a los coleccionistas que se dedicaron a cantar las regularidad. El antiguo testamento se encuentra mucho más abierto al
excelencias del sello, y se olvidaron de que el verdadero destino de milagro que el tiempo moderno, porque, para él, el Dios vivo está
todo sello real es el de ser roto para leer el mensaje que el diploma detrás de todo.
contiene.
90 Los signos del Reino El sello del Rey 91

Este Dios vivo es, no sólo el poder, sino la fuente de todo poder, Los milagros por los que rige Dios el mundo se nos han hecho por su
de quien derivan originalmente todas las demás manifestaciones de cotidianeidad tan sin relieve que casi nadie estima en algo el considerar
las maravillosas y asombrosas obras de Dios en cada grano de trigo.
poder que hay en el mundo. Para él, no hay limitaciones; con él, todo Por eso, fiel a su misericordia, Dios se ha reservado el llevar a cabo en
es posible; nada hay demasiado difícil para él. En cualquier página de determinados momentos algunas cosas que quedan fuera del curso v
la Biblia encontraremos cien ejemplos de este pensamiento. orden normal de la naturaleza, para que los hombres, obtusos con los
Pero este poder de Dios no es caprichoso. El recio sentido moral de milagros de cada día, se dejen impresionar al ver un acontecimiento no
mayor, pero sí más insólito. Verdaderamente la ordenación del univer-
los hebreos —precisa Alan Richardson— diferenció su idea del poder so es un milagro mayor que el saciar a cinco mil hombres con cinco
de Dios de las concepciones típicamente «orientales»; para los hagió- panes. No obstante nadie se admira de lo primero, mientras que lo
grafos el poder de Dios es siempre expresión de su voluntad, que es segundo causa asombro entre los hombres, no porque sea un milagro
«santa y justa». El poder de Dios no es arbitrariedad. Sale del amor y mayor, sino más extraño.
va hacia la salvación. Dios actúa porque ama y para salvar, no para
lucirse, ni para demostrar espectacularmente su grandeza. Incluso La diferencia, pues, entre la obra ordinaria de Dios y la extraordi-
cuando rompe las formas habituales de la naturaleza es dentro de un naria estaría más en la admiración de los hombres que en la grandeza
plan prefijado de salvación. de la obra en sí, y tendría un cierto carácter de «suplencia» dada la
Sobre estos cuatro ejes, podemos ya entender qué es y qué no es el cortedad de visión de los hombres. Pero en un planteamiento radical-
milagro en el antiguo testamento. mente bíblico sería correcta aquella afirmación de Simone Weil
En primer lugar nos encontraremos que en la Biblia no existe una cuando escribía que tres pasos de un hombre santo son siempre mila-
distinción muy neta entre las acciones ordinarias y extraordinarias de grosos, tanto si los da sobre el agua como sobre la tierra firme.
Dios. Para el antiguo testamento cuanto Yahvé hace es milagroso,
todo son «sus prodigios». La distinción marcada entre lo ordinario y El milagro como espectáculo
lo extraordinario es mucho más moderna; la Biblia atiende mucho
más al significado religioso de un hecho que a la calidad del mismo. Y esta acción de Dios, tanto ordinaria como extraordinaria, no es
Podríamos citar cientos de ejemplos de los «prodigios» del Señor nunca ostentosa ni caprichosa. Dios actúa siempre para salvar. Por
en la Biblia. Tomemos, por ejemplo, el salmo 146: ello, como señala E. Pax, en el antiguo testamento el milagro como
espectáculo es imposible. El milagro bíblico no trata de provocar
Feliz aquel que en el Dios de Jacob tiene su apoyo, asombro, sino amor. Por eso la Biblia no duda en aceptar que los
y su esperanza en Yahvé su Dios, sabios egipcios también hacen prodigios. Y éstos no son menos
que hizo los cielos y la tierra, espectaculares e incomprensibles que los de Yahvé. Pero no son
el mar y cuanto en ellos hay;
que guarda por siempre lealtad, milagros verdaderos porque sólo puede serlo aquel gesto cuyo testi-
que hace justicia a los oprimidos, monio no esté en contradicción con la santidad de Dios. El portento
da pan a los hambrientos, de un dios falso no es recusado por su mayor o menor potencia de
Yahvé suelta a los encadenados, sorpresa, sino por su condición moral.
Yahvé abre los ojos a los ciegos,
Yahvé a los encorvados endereza, Sólo mucho más tarde —en los libros apócrifos extrabíblicos—
Yahvé protege al forastero, veremos cómo sube a primer plano lo extraordinario del suceso y baja
a la viuda y al huérfano sostiene. a segundo la condición moral del mismo. Sólo entonces se acentúa el
Yahvé ama a los justos, aspecto de «prueba» imprescindible para el reconocimiento de Dios.
mas el camino de los impíos tuerce;
Yahvé reina para siempre, Los escritores del antiguo testamento presentan el milagro más que
tu Dios, oh Sión, de edad en edad (Sal 146, 5). como prueba de la grandeza de su Dios, como juicio para el hombre.
N o piden que se reconozca a su Dios, sino que se «crea» en él, que se
Todos estos «prodigios» son iguales para el judío: crear, ser leal, «entre» en su salvación y no sólo en su conocimiento.
abrir los ojos a los ciegos, proteger a los huérfanos. Todo es parte del El milagro del antiguo testamento es, por todo ello, más que un
reinado de Dios, que es, todo él, milagroso. hecho sorprendente, el «signo» de algo más profundo, de un mensaje
Bien entendió esto san Agustín cuando en un texto famoso escri- salvador de Dios. Para encontrarnos con un milagro-espectáculo, un
bía: «milagro por el milagro», un milagro-para-convencer-por-encima-de-
92 Los signos del Reino
El sello del Rey 93
todo, tendremos que esperar a las tentaciones que el demonio pro-
pondrá a Cristo. Pero Jesús las rechazará entre otras muchas razones narración de la pasión, tendremos 200 versículos sobre 425 (es decir:
porque lo que Satanás le pide no es un milagro, sino su caricatura. Y un 47 por ciento). No se trata, evidentemente, de algo accidental, sino
es esta caricatura lo que realmente rechazan muchos de los que atacan de algo a lo que los autores dan mucha importancia.
al milagro. Además, todos los evangelistas coinciden en afirmar que no
cuentan todos los milagros que hizo Jesús. Jesús —escribe San
Mateo— recorría toda la Galilea predicando el evangelio del Reino y
Cristo, poder de Dios sanando todos los achaques y todas las enfermedades en el pueblo. Y su
fama se extendió por toda la Siria y le presentaron todos los enfermos,
Al llegar al nuevo testamento nos encontramos a Cristo presenta- los acometidos de varios males y dolores y los endemoniados y lunáticos
do como el poder de Dios en acción, según la fórmula de Richardson. y los paralíticos y los curó (4, 23-24). San Juan nos muestra al
San Pablo describe el evangelio como el poder de Dios para la Salvador haciendo muchos milagros en Jerusalén, al principio de su
salvación de todo el que cree (Rom 1,16) y también la cruz de Cristo es ministerio (2, 22-23) y los sinópticos nos describen la abundancia de
el poder de Dios (l Cor 1,18). Por eso Cristo no es un poder separado, prodigios hechos en Cafarnaún (Mt 8, 16-17; Me 1, 32-34; Le 4, 40).
extraño, una fuerza mágica aparecida de repente sin «significado San Marcos nos dice que las gentes del país le traían de toda la región
cósmico», como Simón Mago (Hech 8, 10). Los hechos de Jesús sobre los enfermos en sus camillas. Y donde quiera que entraba... ponían los
la tierra son simplemente las obras que Dios ha hecho por su medio. enfermos en las calles y le rogaban que les permitiese tocar siquiera la
Porque, como dice san Pedro en su discurso en casa de Cornelio, Dios orla de su vestido y cuantos le tocaban quedaban sanos (Me 6, 54-56).
ungió a Jesús con el Espíritu santo y con poder: y pasó haciendo el bien y ¿Cuando venga el Mesías —se preguntaban asombrados muchos
curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él (Hech judíos— hará más milagros que éste? (Jn 7, 31). Muchas otras señales
10, 38). hizo Jesús —dice san Juan como conclusión de su evangelio— que no
Los milagros de Cristo se sitúan, pues, en la misma línea de los del están escritas en este libro. Porque —añade— si se escribiesen todas
antiguo testamento. Confundirlos con los de cualquier taumaturgo este mundo no podría contener los libros (Jn 20, 30 y 21, 15).
helenístico es algo que nada tiene que ver con el nuevo testamento que Tenemos, pues, que aun quitando a estas frases todo lo que
ve en los milagros de Jesús una revelación de ese poder y ese propósito pueden tener de hipérbole entusiasta, para los evangelistas Cristo hizo
salvador de Dios. muchos más milagros de los 40 que se describen con detalle en sus
textos.
2) El segundo dato es que estas narraciones están tan entreteji-
Los milagros de Jesús das con las enseñanzas de Jesús y con el resto del evangelio que
forman una unidad indisoluble. Suprimidas las narraciones de mila-
Si nos acercamos a los textos evangélicos nos encontramos una gros el evangelio quedaría absolutamente ininteligible. Ni se com-
serie de características en las narraciones de milagros que merecen ser prendería el odio de los judíos, ni se encontraría el por qué de la
subrayadas si queremos entender el verdadero sentido de estos he- muerte de Jesús, ni tendrían explicación la mayor parte de las ense-
chos. ñanzas de Cristo. Este es un hecho que parece incuestionable. Quien
1) El primer dato es la comprobación de que los cuatro evange- rechace, pues, los milagros o los reduzca todos a puros símbolos,
listas y buena parte de los restantes textos del nuevo testamento tendrá, si quiere ser lógico, que rechazar todo el evangelio. La
atribuyen a Jesús numerosos hechos milagrosos. No se los atribuyen, pretensión de un Renán de quedarse con las enseñanzas y eliminar los
en cambio, a Juan Bautista, ni dicen jamás que la Virgen hiciera milagros es la suma de las inconsecuencias. El mismo Harnack lo
ninguno. Sólo los apóstoles cuando predican el reino de Dios partici- confiesa: No es posible eliminar los milagros del evangelio sin destruir
pan de esta prerrogativa. éste hasta la base.
Y atribuyen a Cristo muchos milagros. Más de un tercio de los Consecuentemente —como señala Richardson— tampoco puede
evangelios sinópticos se dedica a narrar milagros. El más antiguo de aceptarse la teoría de que los relatos evangélicos constituyen un
los evangelios, el de san Marcos, dedica a esto 209 versos sobre un estrato secundario del evangelio, que fuera, en cierto modo, extraño
total de 666 versículos (es decir: un 31 por ciento). Si descontamos la al ethos del evangelio en su sentido primario. La teoría de unos
«narradores de milagros» que habrían incrustado sus fábulas en las
94 Los signos del Reino El sello del Rey 95

enseñanzas escritas anteriormente, carece de toda base y va contra la insistencia de los pedigüeños. Con frecuencia manda guardar silencio
estructura literaria de los evangelios. No separemos, pues, lo que a los curados y parece tener interés en imponerles alguna tarea
evidentemente no puede separarse. Leamos los milagros a la luz de las posterior como si no quisiera que le atribuyeran a él todo el milagro.
enseñanzas y éstas a la luz de aquéllos. Más aún: reprende a aquellos para quienes el milagro es lo más
importante y se pasan la vida asediando a Dios para que les dé
señales. Dice rotundamente que la fe mejor no es la basada en los
Milagros de todas clases milagros y que felices son los que creen sin haber visto.
Se trata, evidentemente, de un taumaturgo muy especial. Resolver
3) El tercer dato dice que el evangelio nos muestra milagros de el problema diciendo que a todos los jefes espirituales se les han
muchas clases. Sería ingenuo hablar de prodigios hechos por el poder atribuido milagros es huir de la luz. Verdaderos o falsos, los milagros
magnético de un maestro bueno, cuando nos encontramos con tem- de Jesús son absolutamente únicos. Y como tales tienen que ser
pestades calmadas o de multiplicaciones de pan. O hablar de la estudiados, negados o aceptados.
creación de climas entusiastas, que curan al epiléptico o al presunto
paralítico, cuando se habla de cegueras y de resurrecciones.
Y, en todo caso, presentando los hechos no como fenómenos Lo que «no» eran los milagros de Jesús
psicológicos, interiores, sino como fenómenos objetivos comproba-
dos y controlados por muchos, incluidos los enemigos de Cristo que A la luz de todo esto podemos -ya decir, de momento, lo que los
investigaban con el fin de demostrar la falsedad de tales prodigios. En milagros de Cristo «no» fueron.
la presentación de tales fenómenos como hechos físicos, tangibles, No fueron magia ni maravillosismo. Jamás hizo Jesús milagros
coinciden los cuatro evangelistas, la multitud, los fariseos. Atribuir teatrales. La pintura de siglos clásicos y, sobre todo, dibujantes como
todo al fraude y al deseo de engañar es mucho más coherente que Gustavo Doré nos han acostumbrado a ver en los milagros de Jesús
intentar «explicaciones» que, al final, resultan mucho más milagrosas más teatro que misterio. Los «milagros» que nos ha pintado el cine
que el mismo milagro negado. han estado siempre rodeados de mágicos violines y de sorprendentes
Estos hechos se presentan, además, en un clima nada mágico. luces. Pero en los de Jesús sólo hubo sencillez. En muchos casos
Normalmente se hacen al aire libre, a pleno sol y con la sola palabra —como el de la hemorroísa— ni los que estaban presentes se entera-
de Jesús. Si en algún caso los acompaña de algún gesto simbólico ron.
—mojar los ojos ciegos con saliva— no hay en situación ninguna un No fueron un quebrantamiento espectacular de las leyes de la.
clima de preparación de prestidigitador o ilusionista. Comparados los naturaleza, como si Dios se complaciera en un golpe de efecto.
milagros de Cristo con los que se cuentan de otros taumaturgos de la Fueron más bien la manifestación de la libertad de Dios, la proclama-
época, aquéllos destacan por su simplicidad, su ausencia de toda ción de que la naturaleza es inferior a su autor y, sobre todo, inferior
retórica. En muchos casos, incluso, las curaciones se hacen a distan- al designio salvador de Dios. San Agustín lo intuyó en profundidad
cia, sin ver siquiera al enfermo aludido y en no pocos sin que la fe del cuando escribía:
curado participe para nada, sin que ninguna tensión emotiva acompa-
ñe al suceso. Y son casi siempre milagros absolutamente repentinos.
Todos los milagros serían, según algunos, contra la naturaleza. Pero,
La suegra de Pedro se pone a servirles la mesa recién curada; los en rigor, no lo son en absoluto. Porque nada podrá ser nunca contra la
paralíticos cargan a cuestas con sus pesadas camillas y se van andan- naturaleza cuando se realiza por voluntad divina, puesto que la volun-
do; la hija de Jairo, apenas resucitada, se pone tranquilamente a tad de este Altísimo creador constituye la naturaleza misma de cual-
comer. quier cosa creada. El milagro, pues, está en contradicción no con la
naturaleza, sino únicamente con nuestra experiencia de la naturaleza.

Taumaturgo a la fuerza No son tampoco, como temía Bonhoeffer, un «gesto de poder»,


no son un gesto ostentoso en el que Dios tratara de demostrar qué
4) El último dato fundamental es que Jesús hace los milagros a poderoso es. Son, sí, un fruto del poder de Dios, pero, sobre todo, un
contracorazón. Jamás los busca, muchas veces huye de hacerlos, se fruto de gracia de Dios, un poder dirigido a la salvación. Si vaciamos
niega con frecuencia a intervenir y sólo lo hace vencido por la a los milagros de esta voluntad de salvación y los centramos en su
El sello del Rey 97
96 Los signos del Reino
En la época del nuevo testamento la capacidad de hacer milagros no se
simple grandeza ñsica, habremos desposeído a los milagros de su consideraba en sí como una prueba de divinidad. Las primeras comuni-
alma. «Si no fueran —dice Bruckberger— símbolo de algo, los mila- dades cristianas no habrían negado que los «hijos de los fariseos»
gros sólo serían equívocos. Entonces sólo querrían decir: "Que me sigan hubieran arrojado ocasionalmente a los demonios (Mt 12, 27; Le 11,
19) y la conclusión es que, si obraron de este modo, no habrían
los que aman el poder"». Cristo no pregona el poder, sino la salvación. derivado su poder de Beelzebuh. Los primeros cristianos no habrían
Su llamada con los milagros lo que pregona es: Los que quieran la negado que, por ejemplo, Simón Mago o Elimas pudieran hacer
salvación, que me sigan. Tengo poder para dársela. milagros. En una época que nada conocía del dogma de lafirmezade la
Mucho menos son los milagros un deseo de lucimiento de Cristo. ley natural y en la que el milagro era cosa ordinaria, habría menor
tentación para la credulidad en el asunto del «valor evidencial» de los
Basta pensar que jamás hizo un milagro para su utilidad propia. Ya le milagros. Jesús mismo rechazó el dar «señales», realizar milagros como
vimos, en las tentaciones, negándose a convertir las piedras en pan y a evidencias de poder sobrenatural y de su autoridad. Para Jesús y para
descender asombrosamente desde el pináculo del templo. Le veremos los escritores del nuevo testamento en general, el significado de los
milagros se funda en su carácter, cualidad y sentido espiritual, más que
mendigar junto al pozo de Jacob el agua que pudo suscitar milagrosa- en su patetismo como meros «milagros» (Hech 10, 38). La idea de que
mente. Responderá en silencio a Herodes que le pide milagros que el significado de los milagros radica en su «valor evidencial» es una idea
pudieran valerle la libertad. Y la misma repulsa opondrá a quienes le moderna, ya que depende, para su efectividad, de una fe prioritaria en
piden que descienda milagrosamente de la cruz. la inmutabilidad de las leyes de causa y efecto. Sin embargo, probable-
mente es cierto decir que, incluso cuando se esgrimieron argumentos
No son chantaje para la inteligencia humana, ante el cual el del valor evidencial de los milagros en la controversia con los infieles,
hombre se vea forzado a capitular. No lo fueron de hecho en su los cristianos siempre fueron conscientes de que no era la apelación a lo
existencia humana. Sus discípulos, que los presenciaron todos, termi- maravilloso lo que constituía el fundamento de su propia fe.
naron abandonándole; los fariseos, que le reconocían verdadero
taumaturgo, le condujeron a la muerte precisamente porque hacía Todo esto no quiere negar —contra el Vaticano I— la fuerza
muchos prodigios. Esta es la gran paradoja del milagro, que cura probativa del milagro. Quiere decir que el milagro es mucho más, que
todas las enfermedades, pero, como señaló Newman, no cura la centralmente es otra cosa. Negar a los milagros claramente conocidos
incredulidad. El milagro es un fruto de la libertad de Dios y, milagro- su valor de prueba, sería salirse de la ortodoxia. Reducirlos a eso,
samente, a pesar de su fuerza probativa es libertad para quien lo centrarlos en eso, sería salirse del evangelio. Y convertir el milagro en
recibe y lo percibe. Personas absolutamente convencidas de haber una prueba científica o matemática, sería olvidar la libertad que es
sido objeto de milagros no por ello se han convertido en santas. No sustancial a la fe. Dios, afortunadamente, es mucho más respetuoso
hay que pensar que todo fue luz en la segunda vida de los tres de la libertad que los apologetas.
resucitados por Cristo.
Allí donde está Dios hay libertad. Cristo reclama esta libertad
Los milagros del Reino
para su Padre. Por eso se niega a pedirle, a exigirle señales.
Escribe F. Six:
Dicho ya lo que no son (o no son centralmente) los milagros, es
hora de que digamos qué son. Y la primera respuesta es sencilla: son
A Dios no se le puede poner entre la espada y la pared. Dios es libre. Y
libre es también el hombre para reconocer libremente a Dios y no tener los signos visibles que Jesús presenta para mostrar que ha llegado el
que reconocerlo por la fuerza. Jesús rechaza la categoría de mago que el reino de Dios y concluye el de Satán. Un estudio de los textos
hombre atribuye a Dios y por la que, en realidad, domina a Dios. evangélicos nos muestra cómo Jesús une siempre los milagros con la
idea de la llegada de ese Reino, con el nacimiento de una nueva edad.
Y ésta es la última gran paradoja del milagro evangélico: que «5/ yo arrojo los demonios por el dedo de Dios, sin duda el reino de Dios
teniendo objetivamente un valor de prueba evidente —como definió ha llegado a vosotros» (Mt 12, 29). Todo el debate en el que se dicen
el concilio Vaticano I— no empuja, sin embargo, a la fe. Se limita a estas palabras centra definitivamente el tema de los milagros. Jesús no
ser, en el planteamiento tomista, un «preámbulo» de la fe*, un «reto» a niega que los «hijos de los fariseos» puedan arrojar demonios, lo que
la fe de quien lo conoce. niega es que esos milagros se hagan «por el dedo de Dios» y que, por
Y esto es especialmente claro si nos atenemos a un planteamiento tanto, anuncien el Reino. El Reino ha llegado con él: ha venido «el
evangélico que acentúa mucho más el carácter de «signo» que el de más fuerte» que arrojará al «fuerte», a Satán, e implantará la nueva
«prueba». Como señala con exactitud el gran especialista Richardson: realidad.
98 Los signos del Reino El sello del Rey 99

Esta doble realidad de un Reino que llega y otro que termina es Evely, de materialismo religioso a los milagros y reducirlos a cambios
expresada por las curaciones y por las expulsiones del demonio. Y afectivos, es rebajar la importancia de ese tránsito del que los mila-
también por la presencia del Espíritu. Los Hechos de los apóstoles gros eran signos. La llegada de la salvación era, en todo caso, un giro
acentuarán la parte que en estos sucesos corresponde a la acción del mucho más alto que el que pueda suponer la superación de una ley de
Espíritu santo. Y Cristo lo dice rotundamente: El Espíritu santo está la naturaleza.
sobre mí, porque me ha ungido. Me ha enviado a anunciar a los pobres la
buena nueva, a curar a los que tienen destrozado el corazón, a proclamar
la liberación a los cautivos, a dar vista a los ciegos, libertad a los Los milagros, revelación cristológica
oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor. Los milagros son,
así, un signo más de ese Reino, unidos a la predicación, inseparables Si el reino de Dios anunciado por Jesús se realizaba en él, es claro
de ella. que los milagros han de ser también una revelación de su persona
De hecho Jesús unirá siempre la idea del milagro con la de la como Mesías. Jesús no vacila en presentar los milagros como obra
acción misionera de sus apóstoles y de la Iglesia: Id proclamando que suya y como manifestación suya: Si en verdad yo arrojo los demonios...
el reino de Dios está al alcance de la mano; sanad enfermos, limpiad (Me 1, 15).
leprosos, resucitad muertos, expulsad demonios (Mt 10, 7). Curadlos Esto aparece especialmente claro en los textos de san Juan que
enfermos que haya en la ciudad y decidles: El reino de Dios está cerca de parece tener interés en presentar los milagros como manifestación de
vosotros (Le 10,9). Y cuando Juan envía mensajeros para preguntarle Jesús. El caso de la curación del ciego de nacimiento es especialmente
si ha llegado el Reino, Jesús responde: Id y contad a Juan lo que habéis claro: la pregunta de los fariseos ¿Cómo se te han abierto los ojos? (Jn
visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios 9, 10) lleva inmediatamente a la otra: ¿Qué opinas tú de ese que te ha
y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la dado la vista? Los fariseos ven bien que la curación lleva implícita una
buena nueva (Mt 11,4). Los milagros son, pues, la prueba de que esa problemática sobre la condición del taumaturgo. Y el propio Jesús en
nueva edad ha llegado ya. el diálogo que sigue reconoce la licitud del planteamiento. El curado
Consiguientemente, para Jesús el rechazo de sus milagros es el reconoce primero a Jesús como «profeta» (9, 17) pero Jesús no se da
rechazo del Reino que él anuncia. Jesús no hace milagros allí donde por satisfecho. ¿Crees —pregunta— verdaderamente en el Hijo del
su Reino es rechazado, porque él no hace milagros por lucirse, sino hombre? Señor —dice el curado— dime quién es, que quiero —dice,
para sembrar un mensaje. Los milagros no son un fin en sí mismos, con profunda intuición de la respuesta debida al milagro— entregar-
sino una parte de su proclamación. Por eso condena el pecado de me a él. Le estás viendo —responde Jesús—. Es el que habla contigo. A
Corozaín y Betsaida: no porque no se admiren ante sus gestos de lo que el curado replica: Creo, Señor.
taumaturgo, sino porque no se convierten, no entran en el Reino. Los milagros, pues, no anuncian un Reino abstracto o ideal.
Para Jesús «entender» los milagros es cambiar de vida. La respuesta Hablan de la nueva edad de la cual Jesús es ya la primera realización.
apropiada a ellos no es la admiración sino: Arrepentios y creed la Y no son los milagros fuegos de artificio, pruebas exteriores a esa
buena nueva. La frase con que Mateo comenta esta maldición a las realización, añadidos; son parte, pasos de ese reino de Dios en Jesús.
ciudades que no entendieron sus milagros es suficientemente expresi- No hay en la vida de Jesús —señala con justeza Cabodevilla—
va: Entonces se puso a maldecir a las ciudades en que había realizado la ningún milagro que no responda directamente a una necesidad mesiáni-
mayoría de los milagros, porque no se habían convertido (11, 20). Se ca. Fuera sugestivo pensar que las maravillas florecían en sus manos
habían admirado, habían entendido. Pero eso no bastaba. Sus mila- casi sin él querer, sólo porque su corazón se creía sin derecho a negar el
gros buscaban otro blanco. alivio que las míseras gentes esperaban de su intercesión. No. « Un poder
Si los milagros son, en el evangelio, signos de una nueva realidad, de Dios le impulsaba a obrar» (Le 5, 17).
señales de una rotura, es claro que son algo más que puros símbolos. Es evidente que el elemento «compasión» era parte importante en
El tránsito del reino de Satán al reino de Dios es todo un giro los milagros de Jesús. Pero sería un error reducir los milagros a una
cósmico; reducir las señales de ese tránsito a puros símbolos psicoló- acción social o sentimentalismo. Jesús en sus milagros nunca se
gicos es reducir también ese tránsito. De ahí que incurran en una presenta como un reformador social: no afronta sistemáticamente el
nueva contradicción quienes creen que negando la materialidad de los combate a la enfermedad, no se propone una tarea de curación.
milagros sirven a una visión más elevada del evangelio. Acusar, como Responde simplemente a las peticiones que le hacen. Y esto no
¡00 Los signos del Reino El sello del Rey 101

centralmente por una razón emocional, sino mesiánica. Centrar todo milagro, pero Jesús nunca deja de hacer un milagro allí donde
en la compasión es olvidar que —como señala Richardson— Jesús encuentra fe.
vivía en una época no afectada aún por el acercamiento humanístico ni Por otro lado hay en el evangelio una especie de paradoja: en
por una actitud humanitaria, resultados del nacimiento del liberalismo, muchos casos vemos a los favorecidos por el milagro «pasar de una fe
aunque ambos tengan su raíz en la actitud ética de Cristo. Eran, pues, a otra fe» como más tarde diría san Pablo (Rom 1, 7). El régulo, que
sí, fruto de su amor y de su dolor por la miseria humana. Pero ese cree antes y después del milagro (4, 46 y 4, 51), pasa de la simple
amor iba más allá de la llaga concreta. Era el Reino ausente más que confianza en Jesús, a la fe en su mesianismo. Marta, la hermana de
la herida presente lo que le interesaba, porque sabía que la verdadera Lázaro, cree primero en la existencia de un mundo invisible: Sé que
herida era esa ausencia del Reino. resucitará en el último día (Jn 11, 24) y pasa después a creer en Jesús:
Creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios que viene a este mundo (11,
27). El milagro hace así pasar a quienes lo reciben de una confianza,
La fe y el milagro más o menos abstracta, a una entrega a la plenitud de Jesús.
De todos modos no podemos olvidar que, para Jesús, la fe que se
Las relaciones entre la fe y el milagro no son tan sencillas como basa en el milagro no es la más perfecta. Monden lo formula con
suele decirse. Para el racionalista la fe es causa del milagro, algo que precisión:
creen ver los que creen. Para algunos apologetas el milagro es siempre
causa de la fe. Pero en el evangelio las cosas son más complejas y Para Jesús el milagro no es el único camino de la fe, ni siquiera el más
variantes. perfecto (Jn 4, 48). Es sólo el ruedo de su vestido. Mucho más eficaz es
el encuentro con su doctrina y, sobre todo, con su persona. Muchos de
Evidentemente y, por de pronto, el milagro no es un simple fruto los que se le adhirieron más fielmente —los primeros discípulos,
de la tensa emoción de los curados. Este planteamiento contrasta con Mateo, María de Magdala, Zaqueo y tantos otros, su madre señalada-
no pocas narraciones evangélicas. Es cierto que en muchas de ellas mente— llegaron a él por un camino distinto del de los signos milagro-
Jesús parece, antes de hacer un milagro, poner la fe como condición sos: «Bienaventurados los que no vieron y creyeron» (Jn 20, 29).
necesaria. Pero también nos encontramos casos en los que la fe no
existe en absoluto. Nadie cree en la multiplicación de los panes antes
de que Jesús la realice. Jesús calma la tempestad precisamente en el El milagro como catequesis
momento en que sus apóstoles demuestran su poca fe. Muchos
endemoniados blasfeman de Cristo segundos antes de ser curados. En Quizá la conclusión más grave del debate racionalistas-apologetas
algún caso —como en el de la viuda de Naín— Jesús actúa sin que fue la de que, mientras se discutía el aspecto probativo del milagro, se
siquiera se lo pidan. olvidó su contenido. Mientras se contemplaba la cascara, se malogró
Tampoco puede decirse que el milagro fuerce sin más a la fe. En la pulpa. Porque si algo hay evidente es que el motivo central por el
un alto porcentaje de casos los prodigios de Jesús no la producen. El que Cristo hace los milagros y por el que la Iglesia primitiva los
milagro es siempre una invitación a la fe, no una violencia. Y son trasmite, es el catequético, comunicar unas enseñanzas, ilustrar la
muchas las raíces del rechazo. Puede provenir de embotamiento teología y la ética del reino anunciado. En los milagros de Jesús cada
espiritual (Jn 6, 15); respeto humano (Jn 12, 42); cálculo político (Jn gesto, cada frase, está medido. Y toda curación física es símbolo de
11, 48); orgullo legalista (Me 3, 1-6; Le 13, 10-16); envidia clerical (Jn una curación más alta y profunda.
12, 42). En ocasiones se consigue el fruto contrario: los milagros son Aunque a comentar este contenido de los milagros dedicaremos
atribuidos a Beelzebuh (Me 12, 24-28). Y en muchos casos se quiere los capítulos siguientes, señalemos aquí al menos que, en ellos, Jesús
que Dios acepte nuestras condiciones y se trata de subordinar la fe a no hace otra cosa que adaptarse a la pedagogía de su época. Vivió
un signo del cielo (Mt 12, 38; Me 8, 11; Jn 2, 18) sin relación interna Cristo en un siglo en el que se amaban los signos visibles, toda idea
con el mensaje. buscaba ser expresada en una parábola y mejor si se trataba de un
Pero, evitadas esas generalizaciones, no podemos ignorar que, acto, de una parábola viviente. Jesús asume este lenguaje y habla a las
como señala Louis Monden, el milagro es uno de los principales multitudes con el fruto de sus manos benditas. Ni siquiera rehusa el
lugares de mediación entre el mensaje y la fe. El milagro no se hace que muchos de estos gestos suyos limiten con la superstición. Jesús
para forzar a la fe, pero sí para ayudarla. Y la fe no es causa del —señala con precisión F. Six— no manifiesta desprecio alguno por las
102 Los signos del Reino El sello del Rey 103

supersticiones. Superstición era cuanto ocurría en la piscina de Beza- nacimiento, que en cierto modo los milagros prefiguran. El Jesús
tá. Una mezcla de cultos a antiguos dioses semitas y helenísticos había taumaturgo es el Jesús profeta, el Jesús profeta es el Jesús poeta. Lo
acumulado en torno a la piscina una multitud de enfermos que que los poetas sueñan, él puede realizarlo. Los milagros son sus
esperaban «la agitación del agua» (Jn 5, 3), momento en el que la metáforas puestas en pie. Por eso Jesús es libre; no anarquista, pero sí
piscina adquiría cualidades curativas. Jesús no desprecia esta supers- libre. No juega con la naturaleza, la dirige hacia su fin verdadero.
tición, no se burla de esa espera. Cura en cambio a un viejo paralítico Como dice Bruckberger:
que ha sido conducido allí por una mezcla de fe y superstición.
Jesús purificará este lenguaje de su época, pero lo aceptará plena- Se comprende muy bien que los representantes del orden establecido,
de la ley inflexible, del tic-tac determinista, le hayan odiado, le hayan
mente. Hoy podemos estar seguros de que, de regresar Cristo, haría derribado, le hayan pisoteado. Pero al tercer día resucitó como había
muchos menos milagros en nuestro tiempo. No porque hoy sea más dicho. El es quien tiene la última palabra. Pero esta última palabra la
difícil, sino porque es menos necesario. El mismo Jesús concentró sus pronuncia tan bajo, como verdadero poeta, que sólo la oye quien tenga
milagros en el comienzo de su predicación. Luego, estos decrecen y buenos oídos para oír.
desaparecen prácticamente en la pasión, para rebrotar, pero con
signo muy diferente, tras la resurrección. ¿Existieron los milagros?
Y es que, repitámoslo una vez más, el milagro de Jesús está en
relación, no con su lucimiento, sino con su predicación. Y una fue la ¿Pero existieron realmente los milagros? ¿Hubo, en verdad, en
hora de sembrar y otra la de morir. En la pasión fue la sangre su tiempos de Jesús ciegos que vieron, muertos que regresaron a la vida,
lenguaje. tempestades que se calmaron con sólo una orden, panes que, siendo
pocos, sirvieron para saciar el hambre de muchos? ¿Fue todo esto
realidad o se trató de simples parábolas, de puros símbolos a través de
El milagro como esperanza del mundo los cuales explicaban los evangelistas las enseñanzas de Jesús o
subrayaban la excelsitud de su persona?
Nos queda aún por señalar una última característica del milagro: La pregunta es grave, tan grave que el mismo Jesús se enfrentó
si es una señal del Reino y éste es un Reino escatológico, el Reino de con ella cuando se volvió a sus discípulos para preguntarles: ¿No os
la gran esperanza hacia la que estamos en camino, es evidente que no acordáis de cuando partí cinco panes para cinco mil? ¿Cuántos canastos
puede faltar al milagro una nota escatológica. llenos de trozos recogisteis? (Me 8, 19). Jesús se siente ya parte de la
Efectivamente el milagro es, mucho más que algo que se cierra en historia y desde esa historia se vuelve a nosotros y a sus discípulos
sí, una flecha hacia el futuro, un señalar el mundo que viene y en el para, preguntar: ¿Es que todavía no entendéis?
que el dolor y la enfermedad serán definitivamente derrotados. La verdadera raíz del problema está en el hecho de que hablamos
Escribe Metz: de la historicidad de sucesos del pasado, hechos que en modo alguno
podemos tocar, comprobar, medir científicamente. El hombre de hoy
El milagro de ninguna manera es una demostración arbitraria de Dios; no tiene a mano los milagros sino narraciones de milagros. Es sobre
más bien está ubicado en un contexto universal e histórico de promesa: ellas sobre lo único que podemos discutir. Nuestra respuesta a esas
como anticipación testimonial del poder de salvación y de la salvación
escatológica de Dios, que se inicia definitivamente como porvenir de la preguntas dependerá, pues, en definitiva de la fe que demos a esos
humanidad en Jesucristo y en su resurrección. testigos que nos los cuentan.
¿Son estos testigos verdaderos cronistas, verdaderos historiado-
Los milagros, pues, lejos de ser un freno a la libertad del hombre, res, son simplemente predicadores, o son acaso fabulistas?
un resto del pasado al que debamos estar encadenados, son, en Es perfectamente sabido que los evangelios ni son ni quieren ser
realidad, la esperanza del mundo adelantada, presentida. Por eso una crónica que narra día a día y con minuciosidad los hechos de
afirmaba san Pablo que negar los milagros de Jesús es dejarse apartar Jesús. Ni siquiera el historiador hace eso. Escribe más bien desde una
de la esperanza que ha traído el evangelio (Col 1, 23). Los milagros determinada perspectiva y desde ella selecciona, acumula, ordena,
lejos de ser una rotura de la naturaleza, son un signo de los deseos de interpreta.
la naturaleza que lucha contra el desorden al que está sometida y que Con las narraciones de milagros es evidente que ocurre lo mismo.
gime con dolores de parto (Rom 8, 20) hasta lograr un nuevo Los evangelios no son un boletín oficial que narra día a día lo que
104 Los signos del Reino Jesús médico 105
Jesús realizó. Escritos todos ellos a la luz de la pascua, sus autores los ni negarlos. Puede, cuando más, señalar que una cosa excede sus
acumulan, ordenan, seleccionan y, sobre todo, contemplan todo a la límites. Y reconocer que hay fuerzas que van más allá de la ciencia.
luz de la resurrección. Tampoco irracional o puramente subjetiva porque se basa en el
¿Quiere esto decir que los evangelistas hagan labor de predicado- testimonio de testigos evidentemente sólidos. Tanto los cuatro evan-
res, de teólogos, no de historiadores? Es este un planteamiento muy gelistas, como los demás escritores neotestamentarios, como toda la
corriente hoy, pero lleno de ambigüedades. Richardson lo plantea tradición primitiva coinciden en su testimonio, con tantas garantías
con mucha claridad: de fiabilidad como las que pueda exhibir cualquier otro hecho ocurri-
do en la época. Su testimonio queda aún más acreditado si se
A veces se ha dicho que los evangelistas no son primariamente historia- compara con los relatos de los apócrifos o con los de los milagros
dores, sino teólogos; pero esto es una verdad a medias, apta para atribuidos a otros taumaturgos contemporáneos del paganismo (por
sembrar el confusionismo: ellos han cumplido exactamente la tarea ejemplo Apolonio de Tiana). La notable sobriedad, la ausencia de
propia del historiador: nos han dado una selección e interpretación de
ciertos hechos que consideraron de crucial importancia. No son cronis- exageraciones, la sencillez de los textos evangélicos contrasta con el
tas; no han tratado de catalogar todas las cosas que Jesús dijo o hizo, y exhibicionismo, la ampulosidad de otros textos contemporáneos. La
si hubieran intentado hacerlo, habrían intentado hacer lo imposible. dignidad, la seriedad, el contexto de oración, la profundidad ética de
Así los evangelistas no nos han narrado gran número de los hechos los milagros de Jesús, vuelve a contrastar con los trances, las fantas-
sobre Jesús que un biógrafo moderno habría reseñado en su primer
capítulo. Sólo están interesados en darnos esos hechos que les parecie- magorías, los trampantojos de los demás taumaturgos. Entre los
ron esenciales para entender el misterio de Jesús. Han seleccionado los milagros de Jesús no hay ninguno inútil, hecho por vanidad o presti-
hechos más significativos y han dejado otros que, aunque pudiéramos gio, ninguno oscuro en sus intenciones, ninguno que trate de herir o
estar más interesados en ellos, no serían relevantes para el propósito castigar a los enemigos, ninguno que haga daño a nadie, como es
que ellos tenían entre manos. Son historiadores que —como deben
hacerlo todos los que se precien de ello— han seleccionado sus hechos y frecuente en otras mitologías. Tampoco parten de un plan sistemático
les han dado su interpretación, teniendo en cuenta que, si no aceptamos de rodear todo de milagros: no hace ninguno siendo niño, ni conti-
esa interpretación, somos escépticos sobre la verdadera posibilidad de núan los milagros durante la pasión. Nunca se subraya el éxito de los
nuestro conocimiento de los hechos mismos. milagros, más bien su fracaso. Y todos los milagros concuerdan
La historia que los evangelistas escriben es su buena nueva, su evange-
lio. Si aceptamos su evangelio, aceptamos la historia que ellos narran y perfectamente con el resto de la doctrina y figura de Jesús. La validez
no vemos dificultad en creer con ellos que la «forma» de la revelación testimonial parece más que suficientemente acreditada para una
que Dios hizo en Cristo incluyó la ejecución de las «señales que adhesión no irracional.
proclamaban ante los ojos abiertos la plenitud de la expectación secular No obstante, la última decisión ante el milagro es siempre una
de los profetas de Israel, la promesa de que Dios visitaría y redimiría a
su pueblo. Si rechazamos este evangelio, inevitablemente rechazaremos decisión de fe. Por eso decimos que se trata, a fin de cuentas, de una
la idea de que Jesús hizo milagros, o trataremos de explicarlos por respuesta personal. Creer que Cristo hizo cosas prodigiosas, esto
medio de la hipótesis de «curación por la fe» u otras teorías modernas puede hacerse sobre bases históricas o científicas. Pero los milagros de
igualmente desviadas del punto de vista de la teología bíblica. La Jesús eran mucho más que maravillas. Eran los signos de un Reino y,
verdad es que los relatos milagrosos son una parte del evangelio mismo:
Cristo es, para los escritores neotestamentarios, la manifestación del en definitiva, no puede «entenderlos» sino quien ya ha entrado o
poder de Dios en el mundo y sus acciones poderosas son las señales de decidido entrar en él. Nuestra inteligencia crítica y nuestra investiga-
la actuación efectiva de ese poder. ción histórica nos servirán para determinar la naturaleza y circuns-
tancias de los milagros. Pero el conocer a Jesús, poder de Dios, y
«entender» esas obras es, en definitiva, fruto de su gracia.
Una respuesta personal

Por eso la respuesta a la pregunta de si existieron realmente


II. JESÚS MÉDICO
milagros en tiempo de Jesús será siempre una respuesta personal. No
una respuesta irracional y menos antirracional; tampoco una respues-
ta puramente subjetiva, pero sí una respuesta personal. El primer campo donde se producen los «signos» de Jesús es el de
No antirracional porque sería anticientífico negar en nombre de la la enfermedad. Y aquí nos asalta una primera pregunta: ¿A qué se
ciencia la posibilidad de los milagros. La ciencia no puede ni probar- debe esa especie de océano de dolor que parece rodear a Jesús en los
106 Los signos del Reino Jesús médico 107

evangelios? Encontramos la respuesta si nos acercamos a la historia


de la época. Medicina y oración
El estado sanitario del pueblo judío era, en tiempos de Jesús,
lamentable. Todas las enfermedades orientales parecían cebarse en su ¿Cuál era la postura de los judíos frente a la enfermedad? Ellos,
país. Y provenían de tres fuentes principales: la pésima alimentación, como los demás pueblos del antiguo Oriente, no tenían una doctrina
el clima y la falta de higiene. científicamente elaborada sobre las enfermedades y los modos de
La alimentación era verdaderamente irracional. De ahí el corto curarlas, al igual que los tuvieron los griegos. Para caldeos, egipcios y
promedio de vida de los contemporáneos de Jesús y el que veamos judíos, la medicina continuaba siendo parte de la religión. El arte de
con tanta frecuencia enfermos y muertos jóvenes en la narración curar se inspiraba fundamentalmente en la convicción de que la
evangélica. La Biblia nos habla, además, de numerosos casos de mayor parte de las enfermedades se debía a la intervención de agentes
enfermedades intestinales, debidas, sin duda, al agua de fuentes y sobrenaturales. La enfermedad era un pecado que tomaba carne y los
cisternas contaminadas, a frutas inmaduras, a carnes demasiado estados morbosos eran fruto de la invasión del cuerpo por espíritus
grasas. malignos, a consecuencia de algún pecado cometido contra Dios. El
Pero era el clima el causante de la mayor parte de las dolencias. Dios ofendido se vengaba en la carne del ofensor.
Cada país —como señala Willam— tiene sus enfermedades propias. Por ello, el tratamiento de las enfermedades era tarea casi exclusi-
En el clima de Palestina se dan con frecuencia bruscos cambios de va de sacerdotes y magos, a los que se recurría para que, a base de
calor y frío. El tiempo fresco del año, con temperaturas relativamente ritos, exorcismos, fórmulas mágicas, oraciones, amuletos o misterio-
bajas, pasa, sin transición ninguna, en los «días Hamsin» (días del sas recetas, obligaran a los genios maléficos a abandonar el cuerpo
viento sur del desierto), a temperaturas de 40 grados a la sombra. Y, humano. Enfermedad y endemoniamiento eran dos caras de la misma
aun en esos mismos días, la noche puede registrar bruscos cambios de moneda. Había así verdaderos rituales de himnos religiosos a los
temperatura que, en casas húmedas y mal construidas como las de la dioses de la medicina para curar la fiebre, las palpitaciones, las
época, tenían que producir fáciles enfriamientos. fracturas, las más diversas dolencias.
A esto se debe sin duda la frecuencia de «fiebres» que llena las Más tarde los egipcios comenzaron a desarrollar una medicina
páginas evangélicas, si bien es verdad que los judíos llamaban «fie- más empírica, mientras los caldeos seguían inclinándose hacia fórmu-
bre» a toda enfermedad, tomando el efecto por la causa. En el caso de las mágicas. Los judíos se quedaron en una zona intermedia. Según
la suegra de Pedro se nos habla de una «fiebre alta» que alude los testimonios del antiguo testamento, Abrahán no debió traerse
probablemente a la disenteria tan frecuente en la época. muchos conocimientos médicos cuando salió de Ur, y tampoco
Muy abundantes eran también entonces las afecciones de la vista y consiguieron grandes progresos durante su estancia en Egipto. La raíz
el evangelio es un buen testimonio de ello, con el constante desfilar de de este desinterés era fundamentalmente religiosa. Para los judíos era
ciegos por sus páginas. Se ven aún hoy abundantísimos en las calles de Yahvé el «curador» por excelencia. No había por qué acudir a las
Jerusalén. La fuerte luz del Oriente, las grandes polvaredas tras ciencias extranjeras cuando su Dios podía hacerlo mejor. Si oyeres
prolongadas sequías, llevan consigo muchas enfermedades oftálmi- —dice el libro del Éxodo— la voz de Jehová, tu Dios, e hicieres lo recto
cas. Aún hace pocos años el hospital de San Juan en Jerusalén atendía delante de sus ojos y dieres oído a sus mandamientos y guardares todos
a un promedio de 19.000 enfermos de la vista, cifra anual altísima, sus estatutos, ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios te
puesto que se refiere sólo a la ciudad de Jerusalén y los alrededores. enviaré a ti; porque yo soy Jehová, tu sanador (15, 26).
En la época de Jesús no existían estas atenciones y muchas cegueras En el tiempo de los reyes nos encontramos ya con médicos que
eran simplemente conjuntivitis mal curadas. curaban heridas y fracturas. Pero la visión del libro santo sigue siendo
De todas las enfermedades la más frecuente y dramática era la crítica para ellos. En el Libro de las Crónicas se nos cuenta la historia
lepra que se presentaba en sus dos formas: hinchazones en las articu- del rey Asa, que murió porque no buscó a Yahvé, sino a los médicos
laciones y llagas que se descomponen y supuran. Sobre esta enferme- (2 Cró 16, 12).
dad —como más tarde detallaremos—, pesaba una gravísima regla- Pero, progresivamente, la fe en la medicina va creciendo y deja de
mentación legal que daba al leproso por definitivamente perdido para verse una oposición entre ella y la oración. Así leemos en el Eclesias-
la sociedad. tés:
108 Los signos del Reino Jesús médico 109

Atiende al médico antes de que lo necesites, que también él es hijo del Con tan complicado y largo proceso era bastante probable que la
Señor. Pues del Altísimo tiene la ciencia de curar, y el rey le hace
mercedes. La ciencia del médico le hace andar erguido y es admirado enfermedad se marchara, aunque sólo fuera por cansancio. Otras
por los príncipes. El Señor hace brotar de la tierra los remedios, y el veces aún se acentuaba más el elemento mágico. Había que coger las
varón prudente no los desecha. ¿No endulzó el agua amarga con el leño plantas medicinales al mismo tiempo que se decían ciertos conjuros,
para dar a conocer su poder? El dio a los hombres la ciencia, para era necesario hacerlo en una buena hora y en un día de suerte y,
mostrarse glorioso en sus maravillas. Con los remedios, el médico da la
salud y calma el dolor, el boticario hace sus mezclas, para que la además, había que meter en el agujero de la raíz extraída siete granos
criatura de Dios no perezca. Y por él se difunde y se conserva la salud de trigo y otros siete de cebada untados con miel. Luego había nuevos
entre los hombres (38, 1-8). conjuros para la hora de aplicar la medicina. El curandero tenía que
agarrar al enfermo por los cabellos o vestidos o por parte alguna que
Pero no todo puede hacerlo la medicina. Por eso el mismo texto tuviera con él relación vital mientras cuchicheaba conjuros con toda
del Eclesiastés prosigue: clase de nombres misteriosos e ininteligibles, según tiempos y señales
determinadas.
Hijo mío, si caes enfermo no te impacientes: ruega al Señor y él te Subrayo todo esto para recordar que ninguno de estos gestos
sanará. Huye del pecado y la parcialidad y purifica tu corazón de toda mágicos encontraremos en Jesús. Ni cuchicheos, ni magias, ni incien-
culpa. Ofrece el incienso y la oblación de flor de harina; inmola
víctimas pingües, las mejores que puedas. Y llama al médico, porque el sos, ni letanías de conjuros. U n solo gesto hay en las curaciones de
Señor lo creó y no le alejes de ti, pues te es necesario. A veces acierta; Jesús que coincida con las costumbres de la época: el uso de la saliva.
porque también él oró al Señor, para que le dirigiera en procurar el Lo encontramos en otros varios pasajes del antiguo testamento. Los
alivio y la salud, para prolongar la vida del enfermo. El que peca contra judíos pensaban que la repugnancia de la saliva incitaba de algún
su hacedor caerá en manos del médico (38, 9-15).
modo a salir a los malos espíritus. Pero aun este gesto carece, en Jesús,
N o obstante, la medicina estaba poco difundida y no pasaba de de ese sentido. Jesús la usa como una forma simbólica que pueden
elemental. Flavio Josefo nos cuenta en sus «Antigüedades judías» que entender quienes le escuchan y pone en su uso la que era, probable-
Herodes se puso en manos de los médicos durante su última enferme- mente, la verdadera raíz del gesto: la fuerza desinfectante y curativa
dad: le recomendaron los baños calientes de Calirrhoé y le recetaron de la misma saliva, que, por lo demás, nunca usa Cristo en caso de
baños de aceite, pero todo esto no consiguió sino acelerar su muerte. endemoniados.
El mismo evangelio habla de los médicos con una cierta ironía cuando
nos cuenta el caso de la hemorroísa que llevaba enferma doce años y Jesús ante la enfermedad
había sufrido mucho de muchos médicos y había gastado todo lo que
tenía y nada había aprovechado, antes le iba peor (Me 5, 25). ¿Y cuál es la postura de Jesús ante la enfermedad? En primer lugar
Probablemente, por eso la gente prefería inclinarse a todo tipo de no la de un reformador teorizante ni la de un teólogo misticoide.
ritos mágicos, que, a veces, hasta estaban minuciosamente reglamen- Harnack ha descrito con justeza esa actitud de Jesús al escribir:
tados. He aquí por ejemplo la receta que da el rabino lachara para
curar el flujo de sangre: Jesús dice muy poco sobre la enfermedad. La cura. No dice que la
enfermedad es salud; la llama por su propio nombre, tiene compasión
Tomad goma de Alejandría, el peso de un denario, lo mismo de de la persona enferma. Nada sentimental o artificial hay en Jesús; no
alumbre y lo mismo de azafrán de jardín, majadlo junto y dadlo con hace finas disquisiciones; no anda profiriendo sofismas sobre un pue-
vino a la mujer hemorroísa. Si no se obtiene el efecto deseado, tomad blo sano que en realidad está enfermo, ni de un pueblo enfermo
tres veces tres trozos de cebolla de Persia, cocedlos en vino y dádselos a realmente sano... Jesús no distingue rígidamente entre la enfermedad
beber a la mujer, diciendo: sana de tu flujo. Si tampoco da resultado, del cuerpo y la del alma: a ambas las considera como diferentes
llevadla al cruce de dos caminos, que ella tenga en la mano una vasija expresiones de una dolencia suprema en la humanidad.
de vino y que alguien la asuste por la espalda diciendo: Sana de tu flujo.
Si tampoco se obtiene resultado, tomad un puñado de comino y otro de Este último aspecto es realmente el central en el nuevo testamento:
heno griego, ponedlos a hervir en el vino y dádselos a beber, diciendo: la conexión entre curación y salvación. La primera comunidad cristia-
sana de tu flujo. Si tampoco diera resultado, cavad siete fosas, en las
cuales quemaréis sarmientos de parra no podados, y la mujer, con una na vivió el concepto bíblico de que la enfermedad era consecuencia (y
vasija de vino en la mano, se sentará sucesivamente al borde de cada a veces hasta castigo) del pecado (1 Cor 11, 30). Y el mismo Cristo
fosa y se la mandará levantarse diciendo: sana de tu flujo. participa en cierto modo de esta mentalidad (Jn 9, 3; Le 7, 21). La
110 Los signos del Reino Jesús médico 111

palabra griega con que se designa a la enfermedad significa exacta- Jesús le miró desconcertado, casi colérico. ¿No podían dejarle en
mente «azote» y el verbo «salvar» significa al mismo tiempo «curar», paz un solo día? No había comenzado a repartir su palabra y ya le
salvar de un peligro, guardar sano y «salvar» en sentido teológico. pedían, le exigían que repartiera aquella otra enorme palabra del
Jesús vive esa identificación según la cual su tarea de médico de los milagro. Su voz se endureció: Si no veis señales y prodigios no creéis.
cuerpos es parte y símbolo de su función de redentor: No necesitan El cortesano le miró sin comprender. No le extrañaba la negativa,
médico los sanos, sino los enfermos; no ha venido a llamar justos, sino la desconcertante respuesta. El no había venido para creer en
sino pecadores. Y aún podemos observar que Jesús concluye sus nada, quería la salud de su hijo, eso era todo. ¿O quizá había venido,
palabras a la pecadora en casa de Simón con la misma frase con que si no para creer, sí porque ya creía? No, se respondió, no creía, se
cierra la curación de la hemorroísa y tantas otras: Tufe te ha salvado agarraba a aquel clavo ardiendo, a aquella última posibilidad. El
(Le 7, 50; Me 5, 34). Un análisis de las curaciones hechas por Jesús problema de si creer o no, se lo plantearía más tarde. Ahora lo que
mostrará más claramente cómo la curación física es siempre el símbo- urgía era taponar la entrada de su casa para que no penetrara la
lo de una nueva vida interior. muerte. Por eso no quiso escuchar las palabras que le dirigían. No iba
a entrar en discusiones, cuando urgían los minutos. Cierto que era la
primera vez que le negaban una cosa así. Otros curanderos habían
Una historia de fe corrido a su casa con una sola insinuación. Su dinero podía permitirle
ese lujo. Pero este otro curandero no parecía venderse a sí mismo,
La primera curación la colocan los evangelios en el mismo lugar sino una fe que el funcionario aún no sabía ni en qué consistía. Se
en que meses antes cambiara el agua en vino. Jesús acaba de regresar comió por eso su orgullo y sus preguntas y dejó paso a las súplicas de
a Galilea y la voz de su llegada se corrió de pueblo en pueblo. Llegó un padre angustiado: Señor, ven antes de que mi hijo muera. El mismo
hasta la casa de un funcionario de Herodes Antipas que vivía en se asombró de sus palabras apenas las oyó salir de su boca. ¿Señor?
Cafarnaún. Hasta poco tiempo antes este hombre se creía importante. ¿por qué había dirigido este título a aquel desconocido? El no tenía
El «régulo» le llamaban, el reyezuelo. Pero desde hacía unas semanas más señor que Herodes. Pero aquel título se le había escapado de los
este hombre sabía qué poco importante era. La enfermedad había labios sin pensarlo siquiera. ¿Era un comienzo de aquella fe que el
entrado por las ventanas de su casa y en la puerta esperaba la muerte. desconocido le pedía?
Su hijo (hijo único, según la fórmula que usa Juan) deliraba bajo el La mirada de Jesús se había ahora suavizado. También él se había
peso de las fiebres malignas que frecuentemente sacudían aquella percatado de cuánto significaba aquel título en labios del funcionario.
región, pantanosa a trechos y plagada de mosquitos. Lo habían El vestido de sedas y dorados trataba de «señor» a quien tenía más
probado todo, médicos, curanderos, sahumerios. Pero la enfermedad bien aspecto de mendigo. Acentuó aún más su sonrisa y le devolvió
tenía bien sujeta a su presa. Las esperanzas decrecían como un agua una respuesta enigmática: Vete, tu hijo vive.
que se va de las manos. Alguien debió sugerir el nombre del más El funcionario sintió que algo giraba en su corazón. Aquella
nuevo y extraño curandero: el que había cambiado el agua en vino en argolla que le apretaba desde hacía semanas había aflojado su pre-
Cana y de quien contaban y contaban prodigios. El funcionario sión. Pero él mismo no entendía bien el porqué. En realidad la
mandó a buscarle a Cana, a Nazaret, a todos los pueblos donde podía respuesta del misterioso no significaba nada. Por de pronto se negaba
estar. Pero de todas partes llegaba la misma descorazonadora res- a bajar con él a Cafarnaún. Por otro lado nada decía de que su hijo se
puesta: Se fue hace meses a Judea, debe de andar por Jerusalén. El hubiera curado. Simplemente decía que su hijo estaba vivo. ¡El lo que
régulo se sentía agonizar junto a su muchacho. quería es que siguiera estándolo! Durante décimas de segundo el
Y, de pronto, la noticia: ha llegado, acaba de regresar a Cana. funcionario comprendió que lógicamente no debía aceptar aquella
Esta vez el funcionario real no envió emisarios, se puso él mismo en respuesta. Era, sin duda, una de esas contestaciones ambiguas que
camino, subió a la carrera la pendiente que conduce de Cafarnaún a usan los curanderos para asegurarse el éxito: si el muchacho curaba se
Cana. atribuiría a sí el acierto; si moría, en realidad el curandero no había
Cuando estuvo ante Jesús no se anduvo con rodeos. Estaba prometido nada.
acostumbrado a dar órdenes y a ser obedecido. Pero esta vez suplicó. Pero, asombrado, el funcionario se dio cuenta de que estaba
Le rogó que bajase y curase a su hijo que estaba moribundo, dice el creyendo. Aquel hombre hablaba de tal manera que no cabía doblez
evangelista (Jn 4, 47). en sus palabras. Lo que él decía «tenía» que ser verdad. Por eso «creyó
en la palabra que le había dicho Jesús y se fue».
112 Los signos del Reino Jesús médico 113

Ahora llevaba en el corazón dos esperanzas: que su hijo curase y Y la suegra de Pedro estaba enferma. Según Mateo, Cristo la vio
que aquel hombre hubiera dicho la verdad. Parecían la misma, pero en la cama al entrar en la casa. Marcos dice que «se lo dijeron». Según
eran dos esperanzas distintas. Y el funcionario comenzó a darse Lucas alguien de la familia se atrevió a pedirle a Jesús que la curara:
cuenta de que la veracidad de aquel hombre le importaba ya tanto intercedieron con él en su favor. No hacía realmente falta. Jesús, que
como la salud de su hijo. nunca hizo milagros para sí mismo, no podía regatearlos tratándose
Por eso cuando, cuesta abajo, vio venir enfrente, sudoroso, a uno de los suyos.
de sus criados y cuando éste grito: «¡Curado, tu hijo está curado!», el Se acercó a la cama donde estaba postrada con fiebre la mujer.
funcionario, antes aún de dejar a su corazón estallar de alegría, se Con «fiebre alta» puntualiza con frase científica Lucas, el evangelista
precipitó a preguntar a qué hora había cesado la fiebre. Ya no le médico. Eran las fiebres tan frecuentes en aquella región próxima al
bastaba que su hijo estuviera sano, quería que esta salud se la debiera lago.
a aquel extraño galileo. «A la una», le dijeron. Y entonces compren- Y todo fue sencillo. La tomó de la mano. Le mandó que se
dió que ya podía alegrarse del todo, porque precisamente a aquella levantase. Y ella se puso en pie y comenzó a servirles. Eran como dos
hora había dicho el hombre que su hijo estaba vivo. milagros. No sólo desapareció la fiebre sino también sus consecuen-
Y ahora sí que creyó. Ya no era el clavo ardiendo lo que le llevó a cias: la debilidad, el vacío, la fatiga que una gran fiebre deja.
Cana; tampoco era la confianza que le nació cuando oyó hablar a Se puso a servirles. El evangelio no añade ni gritos de júbilo, ni
Jesús; ahora era verdadera fe; ahora estaba seguro de que, al curar a fiestas. Todo es sencillo: un grupo de amigos cena en camaradería y la
su hijo, aquel hombre había hecho algo más: había dado un sentido a suegra de uno de ellos les sirve. Eran de casa, nunca les hubiera
su vida personal, le había resucitado a él. Le pareció que el mundo servido una mujer de otra manera.
giraba, la tierra se había llenado de razones para vivir. Ella cumple simplemente su oficio. Y, en la frase, aparentemente
Por eso repartió su alegría. Y habló de aquel hombre de tal modo sin importancia, encierran los evangelistas la enseñanza del milagro.
que no sólo creyó él, sino también los suyos, su mujer, sus criados. El, Quieren decir —como señala Richardson— que los cristianos que han
como la samaritana, se había convertido en misionero. sido liberados del poder del pecado y recobrado la salud, deben comen-
Después, también como la samaritana, descendería al silencio de zar inmediatamente a usar sus bendiciones en servicio del Señor. Lo que
la historia. ¿Siguió a Jesús? ¿Le dedicó el resto de su vida? Los antes terminó en fe y misionerismo, termina ahora en servicio.
historiadores han querido ver en una de las mujeres que siguen a Jesús Y esta vez el prodigio de Cristo tuvo más repercusión de la que él
(la llamada «Juana», mujer de Cusa, administrador de Herodes, de la hubiera querido. La noticia pronto corrió por la aldea. ¡Tener allí a
que habla Lucas 8, 3) a la esposa de este funcionario. Puede ser. Puede tal taumaturgo y desaprovecharlo, hubiera sido locura! Por eso todos
no ser. Lo único cierto es que este hombre había vivido —aunque sólo decidieron acudir a él. Pero era sábado y no podían transportar sus
fuera por un minuto— la plenitud de la fe. Su vida estaba, con ello, camillas. Esperaron, por ello, a la puesta del sol y entonces la puerta
llena y repleta para siempre. de la casa de Pedro se llenó de enfermos y mutilados que imploraban.
Jesús no se resistió esta vez: imponiendo las manos sobre cada uno, los
La suegra de Pedro curaba. Y todos comenzaron a gritar: Tú eres el hijo de Dios. Pero
Jesús les mandaba callar. El mismo que había pregonado su mesianis-
El milagro siguiente aún fue más sencillo, casi diríamos que mo a la samaritana, lo ocultaba aquí. Los galileos ardían de esperan-
familiar. Jesús había bajado, pocos días antes, a Cafarnaún. Y se zas políticas. Y el entusiasmo podía llevarles hacia visiones que no
hospedaba allí en la casa de Pedro y Andrés. Era sábado y, antes de eran las de Jesús. Sus milagros debían conducir al servicio, no a locas
bajar a la casa, Jesús participó en los cultos sabáticos de la sinagoga. ilusiones políticas.
Luego, para la cena, se dirigieron a la casa de los suegros de Pedro.
¿Vivía la esposa de Pedro? Algunos exegetas suponen que no, al
no verla aparecer en la escena y ser, después de curada, la suegra El pecado hecho lepra
quien sirve la mesa. Pero, sea como fuera, lo cierto es que Pedro vive
con los padres de su esposa. Esto era corriente en Palestina, donde las Por el camino venía un gemido amargo de esquilones rotos. Era
casas eran casi más del clan que de la familia. No eran infrecuentes las un sonido que hacía temblar a los judíos. Había quienes corrían con
aglomeraciones de primos, tíos, suegros, nietos. sólo oírlo. Y todos aceleraban el paso. Temían ver aparecer, de un
114 Los signos del Reino Jesús médico 115
momento a otro, aquellas piltrafas de hombres que llamaban lepro- la lepra inspiraba a los judíos. Era el macho cabrío en que se
sos. Oían sus gritos: «.Tamé, tamé» (Impuro, impuro), y toda su piel depositaban todos los tabúes, el símbolo que dispensaba de pensar
de hombres y de cumplidores de la ley se ponía en estado de alerta. que el mal estaba en muchos otros sitios.
Porque no era sólo el horror físico. Era todo lo que aquella piel Quienes la padecían vivían, así, doblemente castigados, por la
podrida, cayéndose a trozos, simbolizaba. Dios estaba detrás con su enfermedad y por la sociedad. La lepra iba comiendo sus carnes y la
látigo, y «golpe de látigo» quería decir exactamente el nombre que los soledad su corazón. Eran muertos vivientes que giraban cerca de las
judíos daban a la lepra: Tzara'at. ¿Qué no habrían hecho aquellos carreteras esperando que alguien venciera su horror y les dejara algo
hombres para que el Dios de los cielos manchara así su carne? de comida. No eran muchos estos decididos. Más frecuentes eran
Y, aunque los judíos aplicaban esta idea del mal físico como quienes les arrojaban piedras para mantenerlos a distancia. Y ni
castigo del pecado a todas las enfermedades, la lepra se había conver- siquiera podían aproximarse a las fuentes y los ríos, pues se pensaba
tido en el chivo expiatorio de todas las demás. Era la enfermedad por que los contaminaban con sólo lavarse el rostro en ellos. Así vivían, si
excelencia, la que manchaba cuerpo y alma más que ninguna. Todo es que era vivir aquello.
estaba, por ello, minuciosamente reglamentado. El libro del Levítico Pero no estaban muertos. Alguno guardaba incluso dentro del
había dedicado largos párrafos a la vida que debían llevar los lepro- alma una esperanza. Habían oído hablar —quién sabe a quién— de
sos: un taumaturgo que cruzaba los caminos anunciando un nuevo y
Y el leproso en quien hubiera llaga, sus vestidos serán deshechos y su venturoso Reino. Un mensajero que —¡por fin!— no se limitaba a
cabeza descubierta, y embozado pregonará: «Impuro, impuro». Todo pronunciar hermosas palabras: los enfermos se ponían en pie sólo con
el tiempo que la llaga estuviere en él será impuro: habitará solo; fuera que él les tocase. ¿Sería también capaz de vencer a esta enfermedad de
de la ciudad será su morada. Y cuando en el vestido hubiere plaga de las enfermedades que les corroía a ellos? Tenía que poder, si es que era
lepra, en vestido de lana o en vestido de lino o en estambre o en trama
de lino o de lana, o en piel, o en cualquier obra de piel; y que la plaga verdadero: ¿cómo podía hablarse de un Reino de los cielos en el que
sea verde, o bermeja, en vestido o en piel, o en estambre o en trama o en existiera aquella maldición suya? Si el reino de los cielos estaba cerca,
cualquier obra de piel, plaga es de lepra, y se ha de mostrar al sacerdote. como decía, ellos recuperarían la limpia piel que tuvieron de niños.
Y el sacerdote mirará la plaga y encerrará la cosa plagada por siete Casi no se atrevían a soñarlo. Pero lo soñaban.
días. Y el séptimo día mirará la plaga; y si hubiese cundido la plaga en
el vestido, o estambre, o en la trama, o en la piel, o en cualquier obra Por eso este hombre aquel día rompió todas las leyes. Tiró lejos su
que se hace de pieles, lepra roedora es la plaga; inmunda será. Será esquilón infamante y —¡blasfemia!— se plantó en medio del camino
quemado el vestido o estambre, o trama de lana o de lino, o cualquiera por el que Jesús venía.
obra de pieles en que hubiere tal plaga; porque lepra roedora es: al No suplicó siquiera. Si este hombre decía verdad, él tenía tanto
fuego será quemada. Y si el sacerdote mirare y no pareciere que la
plaga se haya extendido en el vestido, o estambre, o en la trama o en derecho al Reino como los demás. Por eso exigió casi: Si quieres,
cualquier obra de pieles, entonces el sacerdote mandará que laven puedes limpiarme. No le faltaba fe. Necesitaba tanto la curación que
donde está la plaga y lo encerrará otra vez por siete días. Y el sacerdote no podía ni permitirse el lujo de dudar. Se plantó allí, de rodillas y
mirará después que la plaga hubiera sido lavada; y si pareciere que la
plaga no ha mudado de aspecto, aunque no haya cundido la plaga, gritó, humilde y exigente al mismo tiempo.
inmunda es; la quemarás al fuego; corrosión es penetrante, esté lo raído No conocemos con claridad cuál fue la primera reacción de Jesús.
en la haz o en el envés de aquella cosa. Mas si el sacerdote la viere, y Los más antiguos manuscritos usan en el texto de Marcos una
pareciere que la plaga se ha oscurecido después de que fue lavada, la palabra dura que habría que traducir por «airándose» o «mirándole
cortará del vestido, o de la piel, o del estambre, o de la trama. Y si
apareciere más en el vestido, o estambre, o trama, o en cualquier cosa con ira». Versiones más tardías suavizan diciendo: «movido a compa-
de pieles, reverdeciendo en ella, quemará al fuego aquello donde sión» o «lleno de lástima». ¿Cuál fue la expresión primitiva? ¿Hubo en
estuviere la plaga. Empero el vestido, o estambre, o trama, o cualquier Jesús un cruce de sentimientos en el que coexistieron la repugnancia
cosa de piel que lavare, y que se le quitare la plaga, lavarse ha por que sentía ante el pecado, simbolizado en aquella enfermedad, y la
segunda vez, y entonces será limpia. Esta es la ley de la plaga de la lepra
del vestido de lana o de lino, o del estambre, o de la trama, o de compasión que el hombre le producía? Es probable. En toda la
cualquier cosa de piel, para que sea dada por limpia o por inmunda narración de Marcos (que después del milagro usará otra expresión
(Lev 13, 45-59). dura: «le despachó») hay un aire evidentemente dramático. Jesús está
haciendo ciertamente algo más que una simple curación. Hay en su
Basta leer esta minuciosísima descripción, este detallismo llevado gesto algo de la cólera de Dios ante el pecado. En rigor, el pecador no
hasta la neurosis, para comprender el horror espiritual y humano que tiene «derecho» a presentarse ante Dios, lo mismo que el leproso ha
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transgredido de hecho la ley, atreviéndose a saltar al centro de la


carretera. La fe del extranjero
Pero pronto el misericordioso venció al justo, y el redentor al Dios
ofendido. Y el giro fue tan grande, que entonces Jesús transgredió él Esta nueva curación ocurrió poco después del sermón de la
mismo la ley: tendió la mano y tocó al leproso. El gesto es demasiado montaña. Había en Cafarnaún por entonces un destacamento de
llamativo para que no nos sorprenda. Jesús no violaba jamás la ley soldados de Herodes Antipas, que custodiaban el puerto y la vía
por capricho. Sólo movido por una honda razón teológica. La hay en comercial que cruzaba la ciudad. Era un destacamento organizado al
este gesto. Jesús siente ante el pecado una repugnancia infinitamente estilo romano y formado todo él por extranjeros. Al frente estaba un
más honda que todos sus compatriotas. Pero no se limita a eso. Ante centurión, quizá romano él mismo. Era un hombre bueno, como lo
el pecado, para Jesús, no hay más postura que tomarlo sobre sus son casi todos los soldados de su categoría que cruzan las páginas
espaldas, hacerlo suyo. Eso es lo que simboliza este gesto de tocar: evangélicas. Siguiendo la política de Augusto, que había publicado un
hacer suyo, tomar sobre sí el peso de la contaminación. No es sólo edicto elogioso sobre las sinagogas, (sabía que para mantener la paz
que la compasión le llevase a tocar a quien nadie tocaría. Es que, en era bueno tener contentos a los judíos desde el punto de vista
aquel contacto de carnes, hubo un cruce de destinos: Jesús tomaba religioso) el centurión de Cafarnaún se había encargado de construir
sobre sí la enfermedad y el pecado; el leproso recibía, a cambio, la y probablemente de pagar una bella sinagoga. Aún hoy existen sus
salud y la gracia. Quiero, sé limpio, dijo. Y, al decirlo, supo que él hermosas ruinas en Tell-Hum.
había dado un paso más hacia la muerte. Además de inteligente y generoso, era un ser humano: tenía, dice
Que Jesús no había roto la ley por el placer de quebrarla, lo el evangelio, un criado al que quería mucho. Era esto muy raro entre
demuestra aún más la frase siguiente en la que ordena al recién curado griegos y romanos que, por lo común, trataban a sus siervos con
que se presente al sacerdote para que éste confirme oficialmente la verdadera crueldad. Tanto es así, que Cicerón pide, en un caso,
curación. Y también esta orden la da por dos razones: para cumplir lo disculpas por haber mostrado afecto hacia uno de estos desgraciados.
prescrito y para simbolizar en ella algo más alto: lo que el pecador no Y este criado estaba enfermo, moribundo. El centurión había sin
podía ofrecer a Dios por sus propios méritos, puede presentarlo duda oído hablar sobre Jesús. Es incluso probable que en un primer
ahora por medio de Cristo. Toda la doctrina paulina de la justificación momento hubiera tenido sospechas de él: reunía multitudes, traía
por la fe —señala Richardson— queda aclarada en esta breve perícopa, embobada a la gente... ¿No sería un revoltoso más? Es posible que,
que nos lleva al verdadero corazón del mensaje evangélico del perdón. durante algún tiempo, le hubiera hecho seguir y hubiese infiltrado
Aún hizo Jesús otra advertencia al leproso: le pidió que no hombres suyos entre los oyentes de Jesús. Pronto se había convencido
contara a nadie su curación. Jesús veía que la fama de taumaturgo, de que no era un hombre peligroso y no es imaginación suponer que,
que estaba rodeándole, hacía crecer en torno a él más la admiración si Jesús nunca tuvo en este tiempo problemas con la policía local, se
que la fe. Y nadie entendería su mensaje, si se quedaban prendidos en debiera, en buena parte, a la positiva idea que de él tenía este
la superficie de sus prodigios. Pronto le tomarían por lo que no era. centurión.
Pero el aviso fue inútil. El leproso no fue capaz de ocultar su Agotados todos los esfuerzos médicos para curar a su criado, se
alegría. Al contrario: se dedicó a propagarla. Y Jesús vio cómo la preguntó el centurión por qué no podía también él acudir a Jesús para
fama le asediaba, le devoraba. No podía entrar ya a gusto en las que se lo curase. Conocía, sin duda, el caso del funcionario de
ciudades y aldeas. La multitud de suplicantes llegaba siempre antes Herodes a quien él mismo había salvado un hijo. Pero no acababa de
que la de oyentes. Su vida personal, el cuidado de sus discípulos decidirse: ¿cómo le recibiría Jesús, siendo él un extranjero, dado lo
quedaba sumergido en el clamor de los pedigüeños. Por eso comenzó nacionalistas que eran todos los judíos? Decidió, por ello, acudir a
a ser un huido. Buscaba los lugares agrestes. Pero aun allí le encontra- algunos de los notables de Cafarnaún para que intercedieran por él
ban. Había enarbolado una gran esperanza. Y corrían tras ella los ante el Nazareno. Y así lo hicieron estos.
dispuestos a seguirla y también los interesados en prostituirla convir- Cuando a Jesús le contaron lo de la sinagoga —aquella en la que
tiéndola en una máquina de beneficios personales. él había orado y predicado tantas veces— no vaciló un momento: El
sabía como nadie agradecer aquella amplitud de espíritu.
Pero he aquí que el propio centurión le salió al camino (según san
Lucas se trató de un segundo grupo de embajadores, pero es más
118 Los signos de! Reino Jesús médico 119

verosímil, por todo el tono de la escena, que se tratara del propio llena de gritos. Era una sirofenicia, de la antigua raza cananea. Y
soldado, como dice san Mateo) y le dijo: Señor, yo no soy digno de que suplicaba a Jesús la salud de una hija suya.
entres bajo mi techo; pero di una sola palabra y mi siervo curará. En las Es ésta la escena en que Jesús aparece más duro en todo lo largo
palabras del centurión se mezclaban un finísimo respeto y una admi- del evangelio. El, que otras veces corría a sanar las heridas, esta vez ni
rable fe. Respeto, porque el soldado sabía que para Jesús era un siquiera contestó a la cananea. Pero ella era mujer. Insistió. Insistió.
problema el entrar en su casa: él era pagano, Jesús no podía entrar en Tanto, que los apóstoles se conmovieron ante sus gritos o, al menos,
ella sin considerarse contaminado. Y, si a Jesús esto no le importaba, ante la idea de que alborotase toda la ciudad y no les dejara pasar
podían, en todo caso, surgir murmuraciones entre sus correligiona- inadvertidos como deseaban. Jesús, sin volverse siquiera a ella, res-
rios que vieran a Jesús mezclándose con pecadores. El centurión tuvo, pondió a los suyos con una frase enigmática: No he sido enviado sino a
además, el buen gusto de no mencionar siquiera esta razón y escon- las ovejas perdidas de la casa de Israel. Pero ella dio por no oída la
derla, humildemente, tras la idea de que él no era digno. respuesta, se plantó delante de Jesús y no le dejaba andar. Socórreme,
Las siguientes palabras eran un prodigio de fe. Admiraba hasta tal gritaba. Jesús ahora se dirigió a ella por primera vez, pero sus
punto a Jesús que sabía que podría obrar el milagro con sólo una palabras fueron aún más duras: No está bien tomar el pan de los hijos y
palabra. Para él —con una mentalidad muy militar— Jesús mandaba echarlo a los perros. Era casi un insulto y tanto más grave cuanto que
en la enfermedad tanto como él podía mandar en sus soldados que los judíos solían llamar «perros» a quienes no tenían su fe. Lo suavizó
iban y venían con una simple orden. únicamente con un diminutivo que aludía más a los cachorrillos que
Y Jesús se admiró de tanta fe. Y lo proclamó a todos los vientos: juegan en las casas que a los perros callejeros. Pero a la mujer le
En verdad os digo que en ninguno de Israel he encontrado una fe tan interesaba demasiado lo que estaba pidiendo como para detenerse,
grande. Y os aseguro que muchos vendrán de Oriente y Occidente y orgullosa, ante un posible insulto. Recogió la imagen de Jesús y se la
comerán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos, mientras devolvió insistente: Sí, Señor; pero también los cachorrillos comen de
que los hijos del Reino serán arrojados fuera. las migajas que caen de la mesa de los hijos.
El milagro giraba así: ya no era sólo la curación concreta del El rostro de Jesús cambió ahora. Sus ojos se iluminaron y una
criado —que se obró al instante—, era, además, el anuncio de que el larga sonrisa cruzó toda su cara. Grande es tufe, mujer: que te suceda
Reino se ensanchaba. Aquel centurión era el símbolo de la gran como deseas, dijo.
cosecha, las primicias de los gentiles, el poder de Dios que se dirige La escena es demasiado paradójica como para que pasemos, sin
ante todo al judío, pero que se abre al griego, al romano y al universo más, por encima de ella. Esa dureza de Jesús no es normal, y sólo
(Rom 1, 16). puede entenderse si tiene un fin pedagógico que va más allá de la
Este centurión afortunado vería, además, sus palabras converti- mujer concreta con la que está hablando.
das en prólogo eucarístico de la espera de los cristianos a lo largo de Efectivamente: encontramos que la escena, extraña en sí, es, sin
todos los siglos. Su casa se convertiría en símbolo de todo corazón embargo, extraordinariamente coherente con todo cuanto Jesús dice
que espera a Jesús. Cuando llegó a ella se encontró con su fe de la plegaria, de la necesidad de ser tenaces y machacones ante Dios.
convertida en alegría. El mismo vivió esta doctrina en el Huerto de los Olivos. Y en este
milagro tenemos una «escenificación» de cómo debe ser la oración del
cristiano. El arzobispo Trench titula su comentario a este milagro así:
De cómo la bendición deriva de la lucha misma. Lutero, comentándola,
La cañonea,
hablaba del método y trucaje de la lucha con Dios. Es, efectivamente, el
o de «cómo la bendición sale de la lucha»
mismo Dios quien nos enseña los sistemas para luchar con él. Jesús, al
mismo tiempo que se mostraba duro con la cananea, estaba inspirán-
El tema de judíos y extranjeros vuelve a plantearse en otro milagro dole la fe de la que brotó el triunfo. No era, en definitiva otra cosa,
que ocurrirá bastante más tarde. Jesús estará ahora en la Galilea que aquella tenacidad de Jacob en el antiguo testamento cuando
superior, en el territorio de Tiro y Sidón. Cansado de ser perseguido luchaba con Dios y le decía: No te dejaré hasta que me bendigas (Gen
por las multitudes, Jesús deseaba un poco de paz y se retiró, tal vez a 32, 24-32).
la casa de algún amigo, porque quería que nadie se enterase. Pero no
pudo ocultarse (Mt 7, 24). De pronto, se le metió en la casa una mujer
120 Los signos del Reino Jesús médico 121

El milagro robado Nada tiene de extraño para quien conozca el mundo de Oriente,
donde las enfermedades de los ojos son frecuentes y donde la tenden-
También es una mujer la protagonista de este milagro que podía- cia de los ciegos a caminar en parejas o grupos es más que conocida.
mos llamar «secreto» o «robado». Lo colocan los tres sinópticos Golpeando el suelo con las conteras de sus bastones o haciendo sonar
—como maestros del «suspense»— en medio de la narración de la sus escudillas de comida o de petición de limosna, se encuentran aún
resurrección de la hija de Jairo. Jesús va hacia la casa de la muchacha hoy en muchas encrucijadas de Jerusalén.
muerta. La gente se apretuja en torno suyo, ansiosa de no perderse el Por otro lado ninguna imagen se había unido tanto a la venida del
acontecimiento. Y, de repente, Jesús detiene el paso. ¿Quién me ha Mesías como la de los ciegos que ven.
tocado? pregunta. Los apóstoles le miran asombrados. Al fin habla
Pedro: Maestro, ves que todo el mundo te apretuja ¿y preguntas quién te Oirán aquel día los sordos las palabras de un libro y desde la tiniebla y
ha tocado? desde la oscuridad de los ojos de los ciegos las verán (Is 29, 18).
Pero Jesús habla de algo muy distinto a los empujones de la gente. Entonces se despegarán los ojos de los ciegos y las orejas de los sordos
se abrirán (Is 35, 5). Yo te he formado para luz de las gentes, para abrir
Sabe que alguien le ha «tocado» de manera distinta a los demás. los ojos a los ciegos (Is 42, 7).
Se adelanta entonces una mujer, feliz y enrojecido el rostro. Y
cuenta su historia. Llevaba doce años padeciendo de flujo de sangre. Son, por eso, muchos los qu&Jesús se encuentra en las páginas del
Había sufrido yendo de médico en médico, había gastado en ello toda evangelio. Una tarde son dos en Cafarnaún. Sin duda han oído hablar
su hacienda y no había sacado provecho alguno. Al contrario: había mucho de él. Misteriosamente no hay nadie como los ciegos para
ido de mal en peor. (Es Marcos, quien, con cierta ironía, cuenta todos enterarse al momento de todo lo que pasa. Les han contado los
estos detalles que Lucas, el evangelista médico, suaviza pensando en prodigios que hace, quizá le han oído predicar alguna vez. Han
no molestar a sus compañeros de profesión). Y, de pronto, un día oye hablado mucho entre sí y una tarde se deciden a asaltarle. Su única
hablar de Jesús. ¿Cómo podía acercarse ella a él y exponerle su arma son los gritos: Ten piedad de nosotros, hijo de David. El grito era
problema? En público nunca se atrevería. Su mal es algo vergonzoso comprometedor, podía provocar una manifestación. Y Jesús no quie-
para ella, sobre todo en un pueblo que veía relacionado con el pecado re acelerar la hora de su muerte. La semilla ha de ser sembrada
todo cuanto atañía a la sangre. ¿Y si bastase tocarle, no a él, sino primero con tranquilidad. Por eso Jesús no hace caso de sus gritos,
simplemente su vestido? ¡Dicen que tiene tal poder! Eso es lo que ha acelera el paso como si no fueran con él. Pero ellos le siguen hasta la
hecho y ya está sintiendo que la salud cruza por sus venas. casa en la que entra Jesús. Allí ya no tiene más remedio que atender-
La mujer ha contado todo esto temerosa y feliz al mismo tiempo. les. Y lo hace rápidamente, como a hurtadillas. ¿Creéis que yo tengo
Sabe que no puede irritarse quien acaba de curarla. Sabe que él poder para hacer esto? pregunta Jesús, como si dudara de sí mismo y
comprenderá: ella es mujer y a más no podía atreverse. precisara de la ayuda de la fe de ellos. Sí, Señor, respondieron ellos,
Y Jesús comprende. Se diría que hasta le divierte este milagro que respetuosos. Y Jesús les tocó los ojos y los ojos se abrieron. Y ellos
acaban de «robarle». Le gustó la testarudez de la Cananea; le gustan saltaron de júbilo y casi no tuvieron ni tiempo para escuchar cómo les
el ingenio y la audacia de la hemorroísa. Y ya sólo tiene que confir- prohibía que contasen a nadie lo ocurrido. Ni por un solo segundo
mar lo que la mujer siente en su interior. Vete en paz y queda curada de pensaron hacerle caso.
tu enfermedad. Y ella se va riéndose, asustada casi de sí misma y de su Muy distinta es la curación del ciego de Betsaida, el pueblo natal
atrevimiento. de Pedro. Esta vez se diría que Jesús realiza un «milagro por etapas».
Toma al ciego por la mano y le conduce fuera del pueblo, escupe en
sus ojos y le pregunta: ¿Ves algo? Y el ciego responde bellísimamente:
Arboles que caminan Veo a los hombres como árboles que caminan. Jesús entonces le impone
las manos por segunda vez, le toca los ojos y el ciego empieza a ver
El andar tartamudeante de los ciegos cruza las páginas del evange- con claridad, incluso de lejos.
lio. Solos, o, más frecuentemente, en parejas o grupos, van y vienen ¿Qué sentido tiene ese milagro a plazos, ese uso de la saliva, esa
por los caminos, esperan en los pórticos, son empujados a primer curación progresiva? Dibelius dirá que Jesús usa aquí la magia
plano por parientes o amigos. mística; Rawlison interpretará que el evangelista quiere reflejar aquí
las fórmulas curativas usadas por los médicos de la primera comuni-
122 Los signos del Reino La lucha con Satanás 123
dad cristiana. Richardson —acercándose más a la realidad— da a la curas para dominar a los ignorantes», demuestran, en su broma, esa
escena un contenido predominantemente teológico: querría expresar ignorancia que achacan a los demás. Más bien habría que decir, al
el progresivo abrirse de los ojos de los discípulos que siguen a Jesús. contrario, que el evangelio es el primer texto de la antigüedad en el
Jesús les habría sacado a ellos —y primero a Pedro de Betsaida— de que el demonio se presenta como un enemigo al que se puede vencer.
la vida que vivían, les habría conducido «fuera del pueblo» y allí Y que uno de los grandes éxitos del cristianismo, en su primera
habría comenzado a enseñarles. Pero ellos, antes de la resurrección, difusión, se basó, precisamente, en el poder de los exorcistas cristia-
no podían ver sino como quien contempla árboles que caminan. Sólo nos sobre el demonio. La Iglesia primitiva —sumergida en un mundo
la segunda vuelta de Cristo les habría hecho ver y entender con obsesionado por ese poder del mal— vivió intensamente esa certeza
claridad. de vencer al «fuerte» en nombre de «el más fuerte», Cristo. De ahí la
Ciertamente la Iglesia primitiva entendió esta curación como alegría de los setenta y dos que regresan felices de su primera tarea
símbolo de la apertura de los ojos del alma. En uno de los frescos de misionera contando como su mayor hazaña el que hasta los demonios
las catacumbas puede verse aún hoy una pintura del siglo II en la que se nos someten en tu nombre. De ahí que san Juan señale como tarea
el ciego de Betsaida se convierte en signo y símbolo del bautismo. Con central de Cristo el haberse manifestado para deshacer las obras del
él se nos abren los ojos, aunque nuestra apagada fe hace que, en el diablo (1 Jn 3, 8).
mundo del espíritu, sigamos viendo borrosamente, como quien con- Harnack, en un buen ensayo sobre este tema, ha demostrado la
funde a los hombres con árboles que caminan. enorme importancia que lo demoníaco tenía enel mundo cuando
apareció Jesús y lo liberador que fue en este terreno el cristianismo:
El médico Como exorcistas entraron los cristianos en el gran mundo y el exorcis-
mo formó un método verdaderamente poderoso de su misión y propa-
Así Jesús pasaba por las calles de Palestina curando hombres, ganda. No fue simplemente cuestión de exorcizar y derrotar a los
curando almas, sanando enfermedades y predicando al sanarlas. Y las demonios que vivían en los individuos, sino también de purificar de
gentes le seguían, en parte porque creían en él, y, en parte mayor, ellos toda la vida pública. Porque la época estaba sojuzgada por el
maligno y sus hordas. Esta no era una simple teoría; fue la concepción
porque esperaban recoger también ellos alguna migaja de la mesa. Y más vital de la existencia. Todo el mundo y la atmósfera que le rodea
las gentes le querían, le temían y le odiaban a la vez. Le querían estaban plagados de demonios; no era simplemente idolatría, sino que
porque le sabían bueno, le temían porque les desbordaba, y le cada fase y forma de vida estaba gobernada por ellos. Se sentaban
odiaban porque no regalaba milagros como un ricachón monedas. sobre tronos, revoloteaban alrededor de las cunas. La tierra era literal-
mente un infierno, aunque continuara siendo creación de Dios. Para
Pedía, a cambio, nada menos que un cambio de vida. Y la gente salir al encuentro de este infierno y de todos sus diablos los cristianos
estaba dispuesta a pasar de la ceguera a la luz, de la lepra a la habían dispuesto de armas que eran invencibles.
limpieza, pero no a poner sus almas en pie y seguirle. Las multitudes
que ahora le estrujaban se preparaban ya para dejarle solo un día.
Pero él ahora, a veces, hasta lograba olvidarse de la muerte. Se sentía Este es el mundo al que llegó Jesús. ¿Al hablar del diablo trató
feliz curando como un chiquillo que reparte golosinas. En torno a él, Cristo simplemente de adaptarse a la mentalidad de su época, pero sin
los curados formaban como una primicia de la humanidad nueva. creer verdaderamente en él? La hipótesis —aunque defendida hoy por
muchos— no se sostiene. Primero, porque no puede suponerse que
Cristo engañara a los suyos en un punto tan sustancial. Y segundo,
III. LA LUCHA CON SATANÁS porque no es cierto que Jesús se adaptase a su época en lo referente al
diablo. Más bien habría que decir que coincidió con su época en su
El demonio no es —ya lo hemos dicho en otro lugar de esta aceptación de la existencia del diablo, pero que el demonio visto por
obra— ni el protagonista ni el antagonista del evangelio. Pero es Jesús poco tenía que ver con el que aceptaban sus contemporáneos. El
bastante más que un puro espantapájaros. Rechazarlo como un diablo de los judíos de los tiempos de Cristo había llegado a ser casi
«personaje de época» no sería una lección de seriedad, aunque hoy un anti-Dios, un Dios del mal. Era prácticamente invencible. En Jesús
algunos lo presenten como científico. el demonio baja de categoría. No se convierte sin más en un «pobre
Tampoco es, evidentemente, el demonio un invento evangélico. diablo», pero jamás llega a los escalones de Dios y será derrotado
Quienes hoy pintan al demonio y al infierno como un «invento de los docenas de veces por una simple orden de Jesús.
124 Los signos del Reino La lucha con Satanás 125
Su visión del demonio, lejos de ser una simple asimilación del pecado de una persona, sino una manifestación del poder del demo-
pensamiento judío, sorprende de hecho a todos los que la contem- nio en la realidad, poder que quedará sometido y será avasallado por
plan. La gran maravilla de cuantos asisten a la escena de Cafarnaún Jesús.
(Me 1, 21-28) tiene dos raíces: Jesús predica una doctrina nueva y El exorcismo tiene, además, otras connotaciones de altísimo inte-
distinta con sus palabras, y la confirma con su autoridad de expulsar rés religioso: aparte de demostrar el poder sobrenatural de Cristo
a los espíritus inmundos que le obedecen como corderitos. Esto era, sobre las fuerzas del mal (Me 3, 22-30; Mt 12, 22; Le 11, 14) vemos
para un judío, algo absolutamente inédito, una verdadera rotura de que el discernimiento sobrehumano de los poseídos les capacita para
todo cuanto sabía del diablo. penetrar en el misterio de Jesús mucho más que todos los demás
Lo evangélico no es, pues, la,supresión del demonio, sino la curados. Son, así, los posesos quienes, en el evangelio, formulan las
clarificación de que su poder desaparece ante la simple sombra de más rotundas afirmaciones cristológicas: ¿Qué tenemos que ver conti-
Jesús. Hay, ciertamente, en Jesús una adaptación a «modos» de go, Jesús Nazareno? ¿Has venido a destruirnos? Te conozco: Tú eres el
hablar sobre el demonio, pero reducir su existencia y actividad a puro santo de Dios (Me 1, 24). ¿Qué tengo que ver contigo, Jesús, Hijo del
símbolo es mutilar sustancialmente el evangelio. No puede negarse el Dios Altísimo? (Me 5, 7). Y no les permitió hablar, pues le conocían (Me
gran papel que el exorcismo y el demonio juegan en los evangelios. La 1, 34). Es precisamente el poder del «fuerte armado» lo que nos
curación de los enfermos y la liberación de los posesos son en él dos demuestra el poder del «más fuerte» que le derrota (Mt 12, 29). El
signos de semejante categoría como explicación del mensaje de Jesús. desalojar del mundo a quienes se creían dueños y señores, es lo que
subraya el papel de quien vino a perderlos (Me 1, 24).
Posesión diabólica y enfermedad
El endemoniado de Cafarnaún
Si nos acercamos al texto bíblico encontramos que no siempre
quedan claras las barreras entre posesión diabólica y enfermedad. Por Un exorcismo es el primer milagro que Jesús hace en Cafarnaún,
de pronto, es claro que no pueden reducirse todos los casos de en los mismos inicios de su tarea predicadora. Se diría que Jesús hace
posesión diabólica —como han hecho muchos autores— a la epilep- salir a Satanás de su covacha. En el antiguo testamento los exorcis-
sia, el «mal sagrado». Es verdad que entre los antiguos la epilepsia se mos tienen muy poco papel y los casos de posesión son raros. Se diría
atribuía siempre a posesión diabólica, pero también lo es que el que Satanás moviliza todas sus fuerzas contra el Santo de Dios, como
concepto de posesión en el evangelio es más amplio que el de esta escribe P. R. Bernard, y que la providencia permite que esta lucha
enfermedad. Es un caso típico de epilepsia el del niño al que Jesús espiritual adquiera un carácter sensible.
cura después de la transfiguración (Me 9,14). Un ejemplo evidente de La escena ocurre un sábado. Jesús es el personaje del día. En
locura frenética es el del endemoniado de Gerasa (Me 5, 1-20). Pero Cafarnaún saben lo que ocurrió en Cana, cuando cambió el agua en
en otras circunstancias el endemoniamiento va unido a enfermedades vino, y, sobre todo, se ha difundido por la ciudad la curación del
físicas como la ceguera o la parálisis. Y en algún caso no parece que funcionario de Herodes, muy conocido de todos. Sin duda muchos
vaya acompañado de ninguna enfermedad. Tal vez por eso el evange- acudieron aquel día a la sinagoga llevados más por la curiosidad que
lio habla unas veces de «curar» a los posesos (Le 6, 18; 7, 21) y otras por la devoción. Esperaban al menos oír hablar al nuevo profeta y
simplemente de «expulsar a los demonios» (Me 1, 34-39). quién sabe si no ocurriría algo más.
Pero el dato más sorprendente de esta diferencia entre enfermedad No debieron de quedar decepcionados. Jesús se presentó en la
y posesión está en que, mientras en otras curaciones queda claro el sinagoga seguido del grupito de sus fieles. Y, llegado el momento de
lazo entre enfermedad y pecado del que la tiene, en ningún caso de los comentarios a las Escrituras leídas, todos los ojos se volvieron
posesión se presenta ésta como una consecuencia de los pecados del hacia él. Jesús no se hizo de rogar.
endemoniado. Jesús, al expulsar al demonio, lucha contra un ser No conocemos lo que dijo aquel día. Sabemos sólo que, luego, la
distinto del curado y jamás acompaña la curación con el perdón de los gente hablaría de una «doctrina nueva». Y sabemos también que sus
pecados del enfermo. Para él, como para sus contemporáneos, el palabras encolarizaron a Satanás y le hicieron saltar al ataque. Había
poseso es una simple víctima de Satanás que lo ha elegido libre y en el templo, dicen los evangelistas, un hombre poseído de un espíritu
caprichosamente. La posesión no es, pues, una consecuencia de un impuro. Era normal que los endemoniados acudieran a la sinagoga
126 Los signos del Reino La lucha con Satanás 127

cuando estaban sosegados. Raramente la posesión era una constante Sansón, rompía cadenas y ligaduras y nadie lograba sujetarle. Corría
y registraba notables altibajos. Pero era lógico que las palabras de frenético por la montaña, lanzando gritos de animal salvaje y gol-
Jesús le hicieran abandonar su sosiego; se sintió herido, arrinconado. peándose contra las piedras como si tratara de suicidarse. El resulta-
E interrumpió a Jesús. También esto es normal (e irónicamente se do es que tenía a la comarca atemorizada y nadie se atrevía a cruzar
reproduce, en cierto modo, a veces en el día de hoy): toda palabra por los parajes por los que andaba el loco, por temor a ser atacados
verdaderamente evangélica oída en la casa de Dios hace salir de sus por él.
casillas a nuestro demonio interior y sentiríamos deseos de interrum- Era, el pobrecillo, un personaje muy conocido en la comarca. Pero
pir al predicador. desde hacía tiempo había huido de los lugares habitados y vivía entre
El poseso lo hace. Grita de pronto (todos los ojos se vuelven hacia sepulcros. Los demonios —dice, en plural, el evangelio— habían
él) e increpa a Jesús: ¿Qué tienes tú que ver con nosotros, Jesús de tomado posesión de él.
Nazaret? Lo sé: Tú vienes a perdernos. Yo te conozco, tú eres el Santo La barca de Jesús atracó casualmente en aquella orilla. Y el
de Dios. Las palabras son un claro ejemplo de trastorno mental: tan endemoniado (o él y un compañero, según Mateo) corrieron hacia
pronto usa el singular (como hablando en su nombre) como el plural Jesús y los suyos y, asombrosamente, en lugar de atacarle, cayeron de
(hablando en nombre de todos los demonios); tan pronto ataca como rodillas ante él. Pero aquel momento de cordura pronto se juntó con
profiere los mayores elogios. Pero, bajo el trastorno mental, dice otro de odio, porque comenzó uno de ellos a gritar con grandes voces:
enormes verdades: sabe que Jesús es lo más opuesto a él, sabe cuál es ¿Qué tienes tú que ver conmigo, Jesús, Hijo del Dios altísimo? Te
la misión de Jesús, conoce quién es. Hay en sus palabras una mezcla conjuro en nombre de Dios que no me atormentes. ¿Has venido a
de rabia y de sarcasmo, de ironía y angustia. atormentarnos antes de tiempo? También en estas palabras se mezcla-
Jesús reconoce los enormes elogios que hay bajo el ataque del ban los aciertos y los desatinos. Y las comprenderemos plenamente si
poseso. Y, en su respuesta, hay al mismo tiempo soberanía y compa- recordamos que, en la mentalidad de la época, los demonios encon-
sión. Calla la boca, dice, con una expresión muy familiar. Y añade traban un cierto alivio mientras vivían en una persona y temían más
inmediatamente: sal de ese hombre. El espíritu sacude entonces por que nada verse encerrados en el infierno. Por eso suplicaban a Jesús
última vez al poseído, le tira por el suelo, pero se ve obligado a que no les echase de donde estaban y que no anticipase su tortura
escapar sin herirlo (Le 4, 35). En la sala se ha hecho un silencio infernal del fin de los tiempos.
dramático. Cuando el hombre cesa de agitarse, los oyentes respiran, Jesús entabla entonces un misterioso diálogo con el poseso. ¿Cuál
se miran los unos a los otros, sonríen. Ya no saben qué admirar más es tu nombre? A lo que responde éste: mi nombre es legión, porque
en Jesús, si su palabra o su poder. Muchos comienzan a descubrir que somos muchos. Efectivamente, entre los antiguos exorcistas era co-
una nueva etapa se ha abierto en la historia del demonismo: Satanás rriente creer que el conocimiento del nombre del demonio que invadía
huye ante la palabra de un hombre; de un hombre que, sin duda, es el alma de una determinada persona daba un poder mayor sobre él al
mucho más de lo que aparenta. exorcista, que podía, por así decir, «agarrarlo» por su propio nombre.
Por eso responde elusiva y metafóricamente el poseso.
El demonio y los cerdos Pero la escapatoria de poco le servía. El mismo tuvo la sensación
de estar ante alguien que iba a derrotarle. Por eso, como dice Lucas,
De todos los milagros de Cristo éste es el más desconcertante. El comenzó a suplicarle que no les diera orden de ir al abismo. Y sugiere
único del que se deriva un daño para alguien, el milagro «antiprácti- una escapatoria: Envíanos a los cerdos, para que entremos en ellos.
co» por excelencia. Había efectivamente en los alrededores una piara, raro rebaño en un
Lo colocan los evangelistas tras el milagro de la tempestad calma- país donde el cerdo es un animal impuro (aunque estamos en Perea,
da y hay entre las diversas narraciones algunas diferencias, tanto en donde la ley se cumplía con mucha manga ancha).
cuanto al lugar donde ocurrió, cuanto sobre el número exacto de los Hay en la frase de los demonios una mezcla de superstición y de
curados. Pero coinciden los datos fundamentales. ironía. Al pedir entrar en los cerdos renuncian a poseer a otros
Había en la región de los gerasenos (o de los gadarenos) un hombres y hacen, al mismo tiempo, un cierto chantaje a Jesús al
hombre afectado de la más violenta de las locuras. Vivía desnudo y en pedirle que les envíe a algo que, para él, como buen judío, es
permanente paroxismo. Muchas veces, para impedirle que se hiciera despreciable. Parecen decirle: ese es un lugar apto para el demonio:
daño a sí mismo, le habían encadenado y encerrado. Pero, como ¿no son impuros los cerdos? ¿no decís que el demonio es inmundo?
128 Los signos del Reino La lucha con Satanás 129

Jesús sonríe tal vez, y lo permite. Y, comenta el evangelista, los Desde el principio del mundo y hasta el final de él parece que los
espíritus impuros salieron del poseso y se fueron a los puercos; entonces hombres preferirán al demonio con cerdos antes que a Dios sin ellos.
el rebaño se lanzó desde la cima escarpada hacia el mar ((Me 5, 13).
El desenlace es demasiado sorprendente para que no se centre en
él la polémica. Muchos racionalistas niegan sin más su historicidad La fe victoriosa
considerándolo «poco edificante». Montefiore lo ve como un ejemplo
de tradicional magia palestina que posteriormente se aplica a Jesús. Tal vez el exorcismo teológicamente más importante entre cuan-
Dibelius lo rechaza igualmente considerándolo contrario a la ética tos narra el evangelio sea el del muchacho epiléptico. En ningún otro
evangélica. Muchos comentaristas prefieren darle diversos sentidos se muestra con tanta claridad la fuerza con que el hombre cuenta para
simbólicos. Para algunos, los cerdos se asustaron con los gritos del vencer a Satanás: la fe.
endemoniado y con esas extrañas reacciones de los rebaños animales Ocurre la escena durante y después de la transfiguración. Mien-
se arrojaron uno tras otro al mar. Para otros, simplemente Jesús quitó tras Jesús ha subido al Tabor, un padre de familia ha presentado a los
de la cabeza de aquel hombre muchos viejos pensamientos impuros y discípulos, que permanecen en la ladera, a un hijo suyo que, poseído
expresó esta purificación con la imagen de unos cerdos que se arrojan por un espíritu inmundo, parece padecer todos los síntomas de la
al mar. epilepsia: se agita entre espumarajos, sus dientes rechinan, su cuerpo
La verdad es que, por muchas vueltas que le demos, la historia se pone rígido.
permanecerá misteriosa y desconcertante, parte de esa zona de locura Y los discípulos han fracasado estrepitosamente en su intento,
que encontraremos siempre en las páginas evangélicas. Cierto que, ante la burla de los fariseos. Acude ahora el padre a Jesús para que
situándonos en la mentalidad de la época, el problema decrece e incluso logre lo que no consiguieron sus apóstoles. Y Jesús estalla en una
muestra con toda claridad la lección final del milagro: que el mal es dura frase contra ellos, porque sabe que todo es posible a quien tiene fe
siempre destructor de sí mismo. Pero, aun así, el suceso sigue descon- (Me 9, 23). Entonces el padre formula una conmovedora oración:
certándonos. Tengo fe. Pero socorre tú mi incredulidad. Esta fe, que renuncia al
Tal vez la clave pudiera estar en el verdadero desenlace de la orgullo, que no está segura de sí misma, que se sabe débil, que pide
historia. Porque ésta no termina con la muerte de los cerdos. Los ayuda al mismo tiempo que es proclamada, hará lo que no pudieron
evangelistas añaden el espanto de los pastores de la piara, la llegada los esfuerzos anteriores. Con ella y con la orden de Jesús, el demonio
de los gerasenos y su encuentro con el endemoniado tranquilo, su agitará por última vez al pequeño y se irá definitivamente de él.
temor al enterarse de lo ocurrido a los cerdos. Y todo concluye con ¿Por qué —preguntan los apóstoles— no pudimos nosotros expul-
una frase terrible: le rogaron que se alejase de su comarca, porque sarlo? Y la respuesta de Jesús no dejará lugar a dudas: Por vuestra
estaban poseídos de un gran temor. falta de fe. Porque en verdad os digo que si tuvierais fe, al menos del
Este sí que es un final desconcertante y fecundo en lecciones. tamaño de un grano de mostaza, diríais a ese monte: «pasa de aquí a
Había sido éste el primer milagro hecho por Jesús cuyos frutos allá» y pasará, y nada os será imposible.
resultaban negativos para el bolsillo de los hombres. Habían visto el El demonio es invencible si con él se usan las armas del poder, del
poder de Dios, la liberación de un ser humano torturado y, precisa- orgullo o la ironía. Sólo la debilidad del hombre, unida por la fe al
mente porque veían la grandeza de Jesús, le pedían que se alejase. poder de Dios, puede vencerle y lo hace, entonces, infaliblemente.
Había tocado su bolsillo y preferían su negocio a este poder de Dios La gran tentación de Satanás es incitarnos a combatirle con sus
que tocaban con sus manos. Esto era lo que verdaderamente los propias armas y no con las de Cristo. La gran tentación de la oveja
hombres pensaban del milagro. No les importaba lo que tenía de frente al ataque del lobo es querer convertirse en lobo para defender-
manifestación de Dios. Sólo medían sus frutos. Si éstos eran turbado- se. San Juan Crisóstomo lo entendió perfectamente: Mientras sigamos
res, preferían renunciar a los milagros. Razón tenía Jesús al descon- siendo ovejas venceremos. Aunque estemos rodeados por mil lobos,
fiar de la fe que brotaba del prodigio. En no pocos casos era más venceremos. Pero en cuanto somos lobos, nos derrotan, pues entonces
agradecimiento al favor obtenido, que reconocimiento de la mano perderemos el apoyo del Pastor, que no alimenta a los lobos, sino sólo a
que lo concedía. Llámame perro y dame pan dice un cruel refrán las ovejas. Fue la humilde fe del padre del muchacho, al regresar a su
castellano. Los gerasenos lo hubieran traducido: deja tranquilos a mis condición de oveja, la que les devolvió, a él y a su hijo, al gran rebaño
puercos aunque seas Dios. Pero no eran, al pensar así, una excepción. contra el que Satanás nada puede.
130 Los signos del Reino El Señor de la vida y de la muerte 131

IV. SEÑOR DE LA VIDA Y DE LA MUERTE El clamor del pueblo


En este apartado vamos a pronunciar por vez primera la palabra
clave del cristianismo: resurrección. Con razón escribía Ramsey que Efectivamente el gran clamor que surge en todas las páginas de la
el cristianismo es fundamentalmente resurreccionismo. Biblia es para pedir a Dios que retrase la muerte, que salve de ella a
Pero esta palabra no podremos entenderla a no ser que tomemos los suyos.
radicalmente en serio a la muerte. Entre los cristianos se ha difundido Entre los judíos las ideas de la «trasvida» eran muy confusas y en
demasiado —probablemente con la intención de no caer en el llanto todo caso muy tardías.
de los que no tienen esperanza— una visión menospreciadora de la Escribe con exactitud A. Salas:
muerte, que tiene mucho más de senequismo que de evangelio. Nos ha " Sería falso suponer que el patriarca Abrahán se hubiera puesto al
parecido incluso que era más «digna» de Dios una muerte serena, servicio de su Dios alentado con la esperanza de recibir un premio en el
pacífica, en nada dramática, y hemos despojado a Cristo de todo su «más allá». No, en la época patriarcal la revelación bíblica estaba aún
temor en Getsemaní y de sus gritos en el Calvario. Pero esa serenidad en los albores. Y, en tales circunstancias, jamás hubiera podido el
hombre imaginar siquiera la existencia de una vida auténtica, cuyo
olímpica, la de quien espera a la muerte como la «amiga libertadora», horizonte rebasara la frontera infranqueable de la muerte.
corresponde al final de la vida de Sócrates, no al pensamiento de
Cristo. La vida era el gran don para el hombre bíblico. Por eso la quería
La verdad es que en Jesús no encontramos ninguno de los concep- larga y fecunda al máximo. Llegar a ver los hijos de los hijos era la
tos estoicistas que circulaban entre los paganos contemporáneos suprema bendición. Morirse sin haber dejado una larga descendencia
suyos (aunque muchas veces se venden ahora como cristianos). Frases era como haber perdido la vida.
como aquella de Epicteto: ¿Qué es la muerte sino una muñeca de trapo? ¿Quiere decir esto que el hombre bíblico ignoraba todo sobre la
Dale la vuelta y verás cómo no muerde. O la de Cicerón: Salgo de mi inmortalidad? No, desde luego.
vida, no como de mi propia casa, sino como de una posada. O la de Escribe el mismo Salas:
Lucano: La muerte es una felicidad. Esto sólo lo descubren quienes
están próximos a morir. Los dioses lo ocultan a los demás para que la En realidad el hombre bíblico nunca concibió la muerte como una
desintegración absoluta de los individuos. Tenía la plena convicción de
vida les resulte soportable. Nada de esto, tan típicamente pagano, que éstos continuaban subsistiendo de alguna forma. La dificultad
podemos encontrar en el evangelio. Mucho más próximo está aquello radicaba en precisar cómo era —extraña paradoja— nada menos que la
de Cervantes: La figura de la muerte, en cualquier traje que venga, es vida de los muertos.
espantosa. O lo de Antonio Machado: Un golpe de ataúd en tierra es No consideraban que los muertos pasaran a ser la pura nada, pero
algo perfectamente serio. no veían con claridad qué eran. Al otro lado, los muertos vivían su
Así Jesús, ante su propia muerte, ofreció oraciones y súplicas con muerte, que era algo muy diferente de vivir una vida. Eran una especie
poderosos clamores y lágrimas al que era poderoso para salvarle de la de sombras o espectros que llevaban una vida muy lánguida, un sueño
muerte (Heb 5, 7). Y suplicó que le fuera ahorrado ese final. Y en la casi vacío. El lugar de esta semivida era el sheol, que concebían como
cruz gritó sintiéndose abandonado por su Padre. una inmensa fosa subterránea, sumida en la oscuridad más espantosa,
No se trataba, como es claro, de un temor al dolor físico, sino a la donde estos muertos, sin el hálito de Dios, dormían su largo sopor.
muerte en cuanto tal, que, para Jesús, era la gran potencia del mal. La Pero aún peor que la de los habitantes del sheol era la «vida» de los
muerte no es para él algo divino, sino algo que debe ser derrotado, muertos que no habían sido enterrados con decoro. La suerte del
algo que es lo contrario de Dios, que es vida. Algo horrible, en suma. muerto estaba, para los judíos, ligada a la de su cadáver. Si éste
Jesús sabe que Dios es superior a la muerte, pero no cae por eso en el quedaba insepulto, era presagio de terribles desventuras. Los muertos
engaño de presentarla como dulce. en combate no podían descansar ni bajar al sheol hasta que la sangre
Si esto siente ante su propia muerte ¿sentirá algo diferente ante la no quedara cubierta por la tierra.
muerte de los demás, él que era lo contrario de un egoísta? No, Jesús ¿Había una salida posible del sheol? No la veían los judíos hasta
se conmueve, se revela, ante la idea de la muerte. Sus tambores le muy poco tiempo antes de Cristo. Para Job el sheol es el país sin
parecen —como a todos sus compatriotas— lo más negro de cuanto retorno, rodeado de murallas y cercado con fuertes barreras, de modo
existe en el universo. que nadie puede escapar de él.
132 Los signos del Reino El Señor de la vida y de la muerte 133

¿Y Dios? ¿Podía Yahvé quebrantar las puertas del sheol y vencer a


la muerte? Para el judío era evidente que teóricamente Dios era El hijo de la viuda
superior a la muerte, pero hasta más allá de la literatura sapiencial
Dios no parece dispuesto a infiltrarse en los dominios de la muerte. El primer paso lo da en Naín. Es ésta una aldehuela de la que nada
En la Biblia asistimos a un progresivo cambio en el concepto de Dios. sabríamos a no ser por esta escena. Nunca en ningún otro sitio la cita
Yahvé va perdiendo su condición belicosa y sanguinaria y revistién- la Biblia. Hoy, en cambio, sigue existiendo sin que su nombre haya
dose poco a poco con los atributos de paz y bondad. La confianza del cambiado. Tiene en la actualidad unas 200 casas de población musul-
hombre en Dios va aumentando. Pero, aun así, el hombre bíblico tardó mana. Y no sería mayor por entonces.
mucho en comprender que la acción de Dios no se restringe a los El nombre de Naín (la bella, la graciosa) habla más de la situación
dominios de la vida, sino que abarca también el horizonte mismo de la de la aldea que de sus calles o plazas. Colocada en la falda del
muerte. Pequeño Hermón, a unos doce kilómetros de Nazaret y unos cincuen-
ta de Cafarnaún, se contempla desde ella la vasta y fértil llanura de
Esdrelón y enfrente se levanta, majestuoso, el Tabor.
Dos regresos a la vida A la caída de la tarde se acercaba Jesús a la puerta de mampostería
que tenían aun las menores aldeas de la época, cuando vio aparecer
De ahí que el concepto de resurrección fuera aún muy confuso por ella un triste cortejo. Al frente de él iba el rabino del pueblo; tras
entre los judíos en tiempo de Jesús. Tenían, sí, en la Biblia dos él, cuatro mozos portaban un cadáver en unas angarillas. El cuerpo
minuciosas descripciones de personas que, por medio de Elias y iba cubierto por unas sábanas que dejaban destapada la pálida cabeza
Elíseo, regresaron a la vida (1 Re 17,17-24 y 2 Re 4, 31-37). En ambos de un joven, casi un muchacho. Tras el cadáver, una mujer enlutada.
casos los dos profetas se acostarán con sendos niños muertos, ponien- El Talmud decía: Es la mujer quien trajo la muerte al mundo; justo es
do su boca sobre su boca, sus ojos sobre los del niño, sus manos sobre ¡as que las mujeres lleven hasta el sepulcro a las víctimas de la muerte.
manos del niño, y, tras una larga batalla de oraciones y conjuros, Pero había otra razón más para que aquella mujer presidiera el
lograrán que los pequeños regresen a la vida. duelo y para que éste fuera tan numeroso que prácticamente recogía a
Pero los judíos verán en ambos casos mucho más un retraso de la todos los habitantes de la aldea: era viuda y viuda reciente. El hijo era,
muerte que un verdadero regreso a la vida y, mucho menos, una además, único. Una muerte así impresiona siempre en una aldea
resurrección definitiva. En la mentalidad semita era común aceptar pequeña y allí estaban todos, asociados por un sincero dolor común.
que el «hálito divino» permanecía merodeando en torno al cadáver Publilio Siró había escrito por aquella época que tantas veces muere
hasta que éste recibía honrosa sepultura. Se suponía, incluso, que el un hombre, cuantas pierde a los suyos. Esta mujer estaba, pues, muy
ruah (lo que nosotros llamaríamos el alma) no se desprendía definiti- muerta y era como si aquel entierro fuese doble. Caminaba como
vamente del difunto hasta el comenzar del tercer día de su fallecimien- sonámbula, sin enterarse casi del ruido que, en torno suyo, formaban
to. Esta era la frontera definitiva, antes de la cual la muerte no se las plañideras. Tampoco vio al otro cortejo que, presidido por Jesús,
adueñaba realmente del individuo. (Por eso se subrayará tanto lo del avanzaba en dirección contraria. El mundo había desaparecido para
tercer día en las resurrecciones de Lázaro y de Cristo, que trataremos ella. Como escribió Eugenie de Guerin: la muerte de una persona
en otro lugar). querida cambia completamente a nuestros ojos el aspecto del mundo.
Los dos casos de Elias y Elíseo habrían sido así simples reanima- Para ella, el mundo no era ya otra cosa que muerte.
ciones corporales, en virtud de las cuales, el profeta habrá conseguido Jesús lo entendió muy bien al acercarse a ella. Por eso se enterne-
conservar la vida antes de que se escapara del todo. ció, como dice el evangelista. Pero no se limitó a la ternura. No echó a
Sólo en los siglos inmediatamente anteriores a Cristo percibire- la madre un pequeño sermón explicándole que en la otra vida encon-
mos el crecer de la fe en la permanencia de los muertos y en su posible traría a su hijo. El se encontraba —como a nosotros nos ocurre ante
supervivencia. En Isaías (26, 19), en Daniel (12, 2) y sobre todo en el la muerte— desarmado de razones. Por eso se limitó a decirle suave-
libro de los Macabeos (2 Me 7, 23) encontraremos ya claramente mente: No llores. Eran palabras que la mujer había oído aquel día
formulada esta posibilidad de victoria sobre la muerte. Pero sólo con docenas de veces. ¿Y cómo no iba a llorar? Apenas levantó la cabeza,
Jesús tendremos luz completa. Y, aún en él, se manifestará por al oírlas. Pero, entonces, Jesús se acercó a la camilla y puso en ella su
grados. mano. Aquí sí hubo un movimiento de asombro. Interrumpir un
134 Los signos del Reino Ei Señor de la vida y de la muerte 135
entierro era casi una profanación. Por eso los portadores de la camilla tían y muy poco después se casaban. Tal vez los padres tenían ya
se detuvieron asombrados. Ahora también la madre levantó los ojos buscado partido a la pequeña. Y ahora llegaba a desposarla la
sin comprender. En realidad hacía veinticuatro horas que estaba muerte.
como vacía y nada podía comprender. Miró a Jesús. Pero para él ya ni En cuanto la barca de Jesús atracó, el padre angustiado corrió a
la madre existía. Miraba el pálido rostro del muchacho caído sobre él. Y esta vez él no se resistió y se puso en camino. Fue entonces
las almohadas, amarillo, casi violeta ya. Joven, yo te lo digo, levántate. cuando ocurrió la escena de la hemorroísa. Para Jairo esta detención
Las palabras sonaron en un silencio terrible. Muchos, los que no fue, al mismo tiempo, una angustia —¡la muchacha podía morirse de
conocían a Jesús, hubieran querido preguntar quién era. Pero el un momento a otro!— y una gran esperanza: si Jesús curaba a aquella
desconcierto se lo impidió. Todos tenemos un absurdo y misterioso mujer con sólo tocar la orla de su manto, mucho más podría detener
terror a los muertos y no hay nada que nos impresione más que la la enfermedad de su hija.
posibilidad de que un cadáver se incorpore. Pero, apenas su corazón se había embarcado en esta esperanza,
Por eso muchos se hubieran echado a correr si el mismo pánico llegó la amarga noticia: No molestes más al Maestro: tu hija ha
que les impulsaba a hacerlo se lo hubiera permitido. Porque el muerto. Jesús oyó la noticia y miró a Jairo. ¿Cómo hablar? ¿Qué
muchacho se había incorporado en la misma camilla. Miraba a un decir? Había pasado tan rápido del entusiasmo a la más cruel amar-
lado y otro como sin comprender dónde estaba y qué hacía allí toda gura que ni las lágrimas llegaban a sus ojos. Fue Jesús quien habló:
aquella gente rodeándole. Todo era, a la vez sencillo y asombroso. No No temas. Cree solamente y será salva.
había luces mágicas coloreando la escena, ni sonaban lejanos violines. Jairo no entendía nada. Sabía que la enfermedad podía curarse.
Sólo la luz de la tarde que se ponía y aquel silencio que empezaba a Pero estimaba imposible que alguien pudiera regresar desde el otro
parecer eterno. lado de la muerte. ¿O quizá...? Recordó las lecturas de Elias y Eliseo,
Por fin rompió el silencio el muchacho. Preguntaba. Quería saber que más de una vez habían glosado en su sinagoga. Y se agarró a
qué había pasado y dónde estaba. Jesús no respondió, le ayudó a aquel clavo ardiendo.
incorporarse, le cogió de la mano y le llevó hasta su madre, que ni a Cuando llegaron a la casa, oyeron esa algarabía oriental que tanto
abrazarle se atrevía. contrasta con el silencio con que nosotros rodeamos hoy a los
Entonces, sí, estalló el griterío, casi histérico. El llanto de la madre muertos. Las plañideras mercenarias —que estaban como cuervos
y el hijo que se abrazaban, fue ahogado por los gritos de la gente: Un esperando la muerte de la muchacha para ganar unos denarios—
gran profeta se ha levantado entre nosotros, decían. Dios ha visitado a habían acudido y mesaban sus cabellos entre gritos, como si tuvieran
su pueblo. Alguien recordaba que a pocos kilómetros de allí, en el corazón realmente desgarrado. Entonaban letanías de elogios a la
Sulam, Eliseo había hecho un prodigio parecido. Y tocaban al mu- pequeña. Todos los textos bíblicos parecían haberse escrito para ella.
chacho para convencerse de que no era un fantasma, de que su carne Los tañedores de flauta hacían oír sus aires estridentes y lúgubres.
estaba viva y caliente. Cuando Jesús se fue, aún seguían abrazados la Apenas se hizo un momento de silencio al ver aparecer en la
la madre y el hijo. puerta al apenado padre. Jesús aprovechó este silencio para hablar.
Retiraos, dijo a plañideras y flautistas, que vieron, por un momento,
en peligro sus esperadas ganancias. La niña, añadió, no está muerta,
Una muchacha en la flor de la edad sino dormida. Ahora saltaron las carcajadas de burla. Aquella frase les
pareció a todos una broma de mal gusto. El famoso taumaturgo
El segundo suceso fue aún más llamativo, por ocurrir en Cafar- debería tomarse, al menos, la molestia de ver a la muchacha antes de
naún, una ciudad más grande, y con la hija de un personaje muy hablar. Lo sabrían ellos, que la habían amortajado con su blanco
conocido, llamado Jairo y que era jefe de una de las sinagogas de la vestido de novia.
ciudad. Pero Jesús no se inmutó ante las risas. Con sereno ademán de
Jesús acababa de regresar de la otra orilla del lago y la fama de la autoridad, hizo salir a todos de la casa y se quedó solo con los padres
curación del endemoniado de Gerasa había corrido más que él. En de la pequeña y con tres de los suyos. Se acercó entonces al lecho
Cafarnaún le esperaban impacientes, pero más que nadie Jairo, cuya donde la niña «dormía». La tomó de la mano. Jairo pensó que tal vez
hija de doce años estaba agonizante. Doce años eran la flor de la edad se tendería, como Eliseo, sobre ella. Pero Jesús nada de eso hizo. No
para una muchacha de aquel tiempo. Era entonces cuando se prome- prorrumpió en largas oraciones y conjuros. Simplemente se dirigió a
136 Los signos del Reino Señor de los vientos y las olas 137

la muchacha en arameo, la lengua familiar de todos ellos, y le dijo:


Talitha qum. Los evangelistas nos han conservado el sonido original Pescadores de hombres
de las palabras. Era una llamada en lenguaje cariñoso: Chiquilla,
levántate (muñeca, levántate, traducen algunas versiones). Sólo Lucas cuenta la pesca milagrosa, y lo hace en una narración
Todo fue así de sencillo. No hubo aspavientos ni gestos dramáti- que, aun literariamente, es un modelo de tensión y suspense, en la que
cos. Fue como despertar a una persona dormida. La niña se incorpo- todo se va descubriendo por pasos contados y en el momento preciso.
ró, y se puso a andar. También esta vez los padres vacilaron un A la orilla del lago hay dos barcas amarradas. Los pescadores
momento. Pero, luego, los abrazos parecían no concluir. Jesús debió —aún no sabemos quiénes son— están en la orilla lavando las redes.
de sonreír al ver la escena. Y, entre sonrisas, interrumpió los abrazos. Jesús sube a una de las barcas. Era la de Simón. La barca de Pedro,
¡La muchacha estaba tan débil y pálida! Dadle de comer, dijo. Sólo que, como un símbolo inmarcesible, cruzará desde este día el mar de
ahora se dio cuenta de ello la madre. ¿Quién pensaba en eso cuando la historia.
acababa de recobrarla de la muerte? Pero corrió a preparar algo. Y la Tras haber predicado un rato desde ella, Jesús pide a sus discípu-
muchacha miraba a todos, asombrada, mientras volvía a hacer esa los que boguen mar adentro y que echen las redes. Pedro mira a Jesús
cosa desacostumbrada que era el comer. con una sonrisa irónica. Se ve que Jesús sabe poco de pesca. La hora
Guardad silencio sobre esto, pidió a los padres. Sabía que no le es mala y ellos lo saben muy bien. Han pasado la noche entera
harían caso. Pero quería que, al menos, le dejaran salir tranquilo de la pescando y tienen su barca vacía. Mal van a coger de día lo que no
casa. Pero la multitud que, mientras tanto, se había acumulado a la lograron de noche. Pero Pedro no quiere contrariar al Maestro. No
puerta, entendió, sólo con ver su rostro al salir, que algo enorme sospecha que Jesús pueda hacer un prodigio. Quizá ni el mismo Jesús
había ocurrido allí dentro. ha decidido aún hacerlo. Lo que, probablemente, le conmueve es esta
Aquella noche en Cafarnaún la gente tardó mucho tiempo en fidelidad de Pedro que echa la red simplemente por darle gusto.
dormirse. No entendían. Desde hacía meses estaban ocurriendo en su La red, de pronto, se ha vuelto pesada. Pedro no cree a sus ojos.
alrededor tales cosas que empezaban a no saber qué era la vida y qué Sabe que en este mar de Genezaret son frecuentes los bancos de peces
la muerte. Sabían, sí, que aquel extraño predicador era más que lo que que aparecen donde menos se espera. Pero lo que la red registra es
parecía. Recordaban a Elias y Eliseo y comparaban. Este hacía los mucho más que la mejor de las redadas. Grita a sus compañeros que
prodigios con una naturalidad sorprendente. Y no explicaba nada. tiren de la red y ésta comienza a romperse. Pedro se asusta aún más.
Les plantaba ante los hechos y se iba. Empezaban a sospechar que Grita ahora a los de la otra barca que vengan a ayudarle. Tiran
por sus calles caminaba alguien que era el Señor de la vida y de la lentamente y con pericia de la red. Poco después, las dos barcas están
muerte. Y esto les parecía tan hermoso que no se atrevían a creerlo. llenas de peces hasta los bordes. Con poco más, se hundirían.
Pedro, como buen pescador, ha trabajado primero y se asombra
después. Todos se miran los unos a los otros. Saben que lo que ha
ocurrido no es algo natural. No recuerdan una redada así. En un
V. SEÑOR DE LOS VIENTOS Y LAS OLAS
momento han pescado más que en horas y horas de faena. ¿Jesús
manda entonces a los peces como a los demonios y a la enfermedad?
Y los milagros sobre la naturaleza ¿no son acaso gestos de poder? Pedro siente ahora el milagro en su carne. Ha visto muchos, pero este
¿No son afanes de ostentación el llenar de peces inútiles una red? le toca a él y le hace estremecerse. Cae, por ello, de rodillas. Todo su
¿Para qué el andar sobre las aguas? ¿No es aparatosidad el calmar una viejo orgullo parece muerto de repente. Grita: Apártate de mí, que soy
tempestad que pudo sortearse con la simple habilidad de los marine- un pecador. La frase que usa es dura: en su formulación hebrea no
ros? designa a uno que ha cometido algún pecado, sino a quien se dedica a
Son, ciertamente, tres extraños milagros. En ellos se multiplica la pecar, a quien puede definírsele por su pecado. La gracia ha excavado
carga simbólica y son como tres parábolas en acción. La historicidad ya grandes zonas del orgullo de Pedro. Jesús lo comprende y sonríe
rigurosa de los hechos es mucho menos importante que la enseñanza satisfecho. Abre entonces todo el sentido de su milagro. No lo ha
que de ellos se desprende. Quedarse, una vez más, en el gesto ostento- hecho por demostrar qué grande es, ni tampoco por sorprender a
so de poder es, evidentemente, malentenderlos. Pedro y los suyos. No debe asustarles su poder: por eso dice no temas.
Lo que ha querido es descubrirles el destino que les reserva. Lo que él
138 Los signos del Reino Señor de los vientos y las olas 139

acaba de hacer ante sus ojos es lo que ellos tendrán que hacer en el Parecida a ésta es la descripción que nos hacen los evangelistas.
futuro. Pero no con peces, sino con hombres, con seres a quienes Los mares, los paisajes, no cambian. El lago sigue aún cobrándose
—como dice literalmente el evangelio— ha de «coger vivos» y no para cada año el tributo de varias vidas humanas.
la muerte, sino para lograr el que sería sueño de todo pescador: lograr Aquel día los apóstoles vieron en peligro las suyas. Eran buenos
presas que puedan vivir después de pescadas. pescadores; llevaban años y años luchando con aquellas aguas, ami-
Pedro apenas entiende. ¿Cómo ha de pescar hombres y para qué? gas a ratos, hoy furiosas enemigas. Pero nunca se habían sentido en
¿Y cómo darles una nueva vida para que, al pescarles, no mueran peligro tan grande.
como mueren los peces? Pedro no entiende, no puede entender. Pero Y, junto a su angustia, Jesús dormía. Esto es lo que menos
Cristo está atravesando con sus ojos la historia. Ve la gran red de su entendían los apóstoles. Les sublevaba, casi les sacaba de quicio.
Iglesia. Ve a los hombres debatirse antes de entrar en ella como lo ¿Fingía sueño? Casi les parecía imposible que no se despertase con el
hacen los peces, temiendo morir, sintiendo que les falta el elemento en agitarse del cascarón en que la barca se había convertido. El agua
el que hasta ahora respiraban, sin sospechar aún el nuevo y gozoso tenía forzosamente que salpicar su rostro. Pero él seguía durmiendo.
aire que en esa red encontrarán. Molestos, casi irritados, le despertaron. ¿Es que no te importa que
Pedro no entiende pero acepta esa misión imposible que le enco- perezcamos? El duro reproche refleja bien su lenguaje de pescadores y
mienda quien puede mandar a los peces que corran a su red. nos parece oírlo en boca de Pedro. Era, por un lado, un reconocimien-
to del poder de Jesús; por otro una queja de que no pusiera en marcha
ese poder. Pedro no pedía, exigía.
La tempestad calmada Ahora Jesús se puso en pie y se dirigió al mar como si fuese una
persona viva: Cállate, le dijo, ¡guarda silencio! Y en un instante el
También la narración siguiente hemos de leerla a doble luz, viento se apaciguó y se produjo una gran calma, ese dramático
realista y simbólica. silencio que sucede a la tempestad. Luego se volvió a los hombres y
Desde el punto de vista realista es una de las narraciones más ahora era él quien se quejaba: ¿Por qué sois tan miedosos? ¿Es que no
dramáticas de los evangelios. Era ya tarde; Jesús había predicado tenéis fe?
durante todo el día y estaba cansado. Decidió dormir durante dos o Tenían fe, por eso habían acudido a pedir su ayuda, pero su miedo
tres leguas de mar que les separaban de la otra orilla. Es éste el único era más grande que su fe. Habían visto docenas de curaciones, pero
pasaje en que los evangelios nos pintan a Jesús durmiendo. Y fue un ahora el peligro de su vida les había hecho olvidarse de todo. Así es el
sueño muy especial. hombre.
El mar estaba en calma cuando partieron. Pero poco después, Y ahora se llenaron de temor. Se daban cuenta de que habían
inesperadamente, estalló la tormenta. Estas tempestades abundan, salido de un mar y entraban en otro: el misterio de Jesús. Aquel sí que
sobre todo al final del otoño, en el mar de Galilea. Basta pensar en la era un piélago en el que se perdían y en el que todo podía suceder.
situación geográfica de este mar para comprenderlo. Está situado en ¿Quién es éste que hasta los vientos y el mar le obedecen? Era un
una hondonada, a 208 metros bajo el mar Mediterráneo. En torno a hombre como ellos, lo veían, pero también era mucho más. Caminar
él, un círculo de montañas, abiertas por estrechos desfiladeros y a su lado, entrar en su obra, era mucho más peligroso que adentrarse
gargantas por los que el viento se cuela violentamente de norte a sur. en el mar. Intuían que en aquella navegación perderían sus vidas.
En cosa de minutos puede convertirse su lámina de aceite en un Pero, misteriosamente, se sentían felices de ello.
hervidero. Un geógrafo como Lortet escribe:
Hay que tomar siempre grandes precauciones cuando se navega en este El mar de las almas
mar pérfido, donde a menudo soplan ráfagas de viento de violencia
extraordinaria. Dos veces hemos sentido profunda zozobra al vernos Porque, evidentemente, Jesús había hecho mucho más que calmar
sacudir por furiosas olas. Cualquier maniobra falsa podía hacer volcar una tormenta. Algo quería explicarles con lo que acababa de hacer.
nuestra barca en la que penetraba tal cantidad de agua que apenas eran
bastantes dos hombres para achicarla con cubos de hierro. Densas Ellos sabían que en las páginas de la Biblia que oían comentar en la
nubes negras se amontonaban en el horizonte; el viento que descendía sinagoga, el mar era siempre un símbolo del mundo inquieto y
de la montaña soplaba tempestuoso y la superficie del lago estaba pecaminoso y que el poder de Yahvé se expresaba precisamente
cubierta de espuma. diciendo que era Señor de los vientos y las olas.
140 Los signos del Reino Señor de los vientos y las olas 141
Los que a la mar se hicieron llevaron su negocio por las aguas Creyeron que era un fantasma
inmensas, vieron las obras de Yahvé, sus maravillas en el piélago. Dijo
y suscitó el viento de borrasca, que entumeció las olas; subiendo hasta
los cielos, bajando hasta el abismo, bajo el peso del mal su alma se La tercera victoria sobre las fuerzas de la naturaleza ocurre en la
hundía; dando vuelcos, vacilando como un ebrio, tragada estaba toda noche después de la multiplicación de los panes. El milagro había
su pericia. Y hacia Yahvé gritaron en su apuro, y él los sacó de sus entusiasmado a la multitud y querían proclamar rey a Jesús, pero él
angustias; a silencio redujo la borrasca y las olas callaron. Se alegraron logró escapar. Temía, probablemente, que la multitud estuviera espe-
de verlas amansarse y él los llevó al puerto deseado (Sal 107, 23-30).
rándole a la orilla del lago y, además, quería orar con calma a su
Padre. Por eso mandó a los apóstoles solos por delante. Id a la otra
Y el salmo 89 decía: Tú dominas el orgullo del mar; cuando sus olas orilla, les dijo, y yo os encontraré allí.
se encrespan las reprimes (89, 9). Acallas el estruendo de los mares, el A los apóstoles debió de sorprenderles esta decisión y se pregunta-
estruendo de sus olas y el bullicio de los pueblos (Sal 65, 7). ban en qué barca pensaba cruzar el lago a la mañana siguiente. Pero
Y eran casi estas mismas palabras las que Jesús decía. Jesús estaban ya acostumbrados a tantas cosas sorprendentes en la conduc-
«reprendió» al mar dice san Marcos (4, 39) y le dijo: «Enmudece». Son ta de Jesús que no preguntaron. Se embarcaron al anochecer y se
las mismas palabras que según el mismo evangelista empleó Jesús adentraron en el lago. Habían cruzado ya 20 ó 30 estadios (entre
para curar al endemoniado de Cafarnaún (1, 25). Y es que para cuatro y cinco kilómetros) cuando vieron algo que se movía sobre las
Marcos no hay diferencia entre exorcismos, curaciones y milagros de aguas. No era una embarcación. Más bien parecía una persona que
la naturaleza: es el mismo poder el que encadena a los endemoniados caminase en pie sobre el mar. Creyeron ver visiones. Eran sobre