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Skinner

Este documento resume las ideas de B.F. Skinner sobre el autocontrol y la autodeterminación de la conducta. Skinner argumenta que cuando una persona se autocontrola o toma decisiones, está manipulando variables externas que afectan su propia conducta. El autocontrol ocurre cuando una respuesta tiene consecuencias positivas y negativas, y la persona realiza conductas que reducen la probabilidad de la respuesta con consecuencias negativas. El documento también discute diferentes técnicas de control de la conducta propia y ajena, como la limitación física y el refuerzo

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Este documento resume las ideas de B.F. Skinner sobre el autocontrol y la autodeterminación de la conducta. Skinner argumenta que cuando una persona se autocontrola o toma decisiones, está manipulando variables externas que afectan su propia conducta. El autocontrol ocurre cuando una respuesta tiene consecuencias positivas y negativas, y la persona realiza conductas que reducen la probabilidad de la respuesta con consecuencias negativas. El documento también discute diferentes técnicas de control de la conducta propia y ajena, como la limitación física y el refuerzo

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Skinner, B.F. (1971). Auto control. En Ciencia y conducta humana. Edt. Fontanella.

Cap. 15, pg. 255-269.

LA AUTO DETERMINACIÓN DE LA CONDUCTA

La noción de control está implícita en un análisis funcional. Cuando descubrimos una


variable independiente que puede ser controlada descubrimos un medio para controlar la
conducta que es función de ella. Esto es importante para fines teóricos. Probar la validez de
una relación funcional a través de una demostración real del efecto de una variable sobre
otra constituye la piedra angular de la ciencia experimental. La práctica nos permite evitar
muchas técnicas estadísticas fatigosas para probar la importancia de las variables.

Las implicaciones prácticas son quizá todavía mayores. Un análisis de las técnicas
mediante las que se puede manipular la conducta muestra la clase de tecnología que va
surgiendo al tiempo que avanza la ciencia, y pone de relieve el considerable grado de
control que normalmente se ejerce. Es obvio que los problemas planteados por el control de
la conducta humana ya no pueden ignorarse por el simple expediente de negarse a
reconocer la posibilidad de control. En secciones posteriores de este libro consideraremos
con más detalle estas implicaciones prácticas. En la sección IV, por ejemplo, en un análisis
de lo que generalmente se llama conducta social, veremos como un organismo utiliza los
procesos básicos de la conducta para controlar a otro. El resultado es especialmente
impresionante cuando el individuo se halla bajo el control concertado de un grupo.
Nuestros procesos básicos son responsables de los procedimientos mediante los cuales el
grupo ético controlada de cada uno de sus miembros. Un control aún mas eficaz se ejerce a
través de instancias tan definidas como el gobierno, la religión, la psicoterapia, la economía
y la educación; en la sección V vamos a considerar ciertas cuestiones clave relativas a este
control. En la sección VI resumiremos el problema general del control en los asuntos
humanos.

Sin embargo, debemos considerar primero la posibilidad de que el sujeto pueda controlar su
propia conducta. Un a objeción común a la idea del organismo que actúa tal como lo hemos
presentado hasta ahora, se formula más o menos de la forma que veremos a continuación.
Al poner de relieve el control de las variables externas hemos dejado al organismo en una
situación especialmente apurada. Parece que su conducta consiste simplemente en un
�repertorio�, una serie de acciones cada una de las cuales se convierte en más o menos
probable según cambie el medio ambiente. Es verdad que las variables pueden disponerse
en modelos complejos, pero este hecho no modifica de forma apreciable la idea general ya
que en el énfasis continúa puesto todavía en la conducta y no en el sujeto que actúa. Sin
embargo, parece que el individuo hasta cierto punto modela su propio destino. Con
frecuencia puede hacer algo con respecto a las variables que le afectan. Generalmente se
reconoce cierto grado de �autodeterminación� en la conducta creativa del artista y del
científico , en la conducta autoexploratoria del escritor y en la autodisciplina del asceta. Las
versiones más modestas de la autodeterminación son más corrientes. El individuo
�elige� entre diversas acciones alternativas, �reflexiona� sobre un problema mientras
permanece aislado del ambiente relevante y mantiene su propia salud o su posición en la
sociedad ejerciendo el �autocontrol�.

Una descripción amplia de la conducta humana debe, por supuesto, incluir los hechos a los
que se hace referencia en este tipo de proposiciones, pero podemos perfectamente cubrir
este objetivo sin abandonar nuestro programa. Cuando un hombre se autocontrola, decide
realizar una acción determinada, piensa en la solución de un problema o se esfuerza por
aumentar el conocimiento de sí mismo, está emitiendo conducta. Se controla a sí mismo
exactamente igual que controlaría la conducta de cualquier otra persona mediante la
manipulación de variables de las cuales la conducta es función. De esta forma, su propia
conducta se convierte en un adecuado objeto de análisis y finalmente debe describirse
utilizando variables que se hallan en el exterior del individuo.

Es propósito de esta sección III analizar cómo actúa el individuo para alterar las variables
de las cuales otras partes de la conducta son funciones, distinguir entre los distintos casos
que se presentan en términos de los procesos implicados y describir la conducta de
cualquier otro tipo. El presente capítulo trata de los procesos implicados en el autocontrol,
tomando este término casi en su sentido tradicional, mientras que el capítulo XVI
estudiaremos la conducta tradicionalmente definida como pensamiento creador. Los dos
tipos de técnicas son diferentes porque, en el autocontrol, el sujeto puede identificar la
conducta que ha de ser controlada, mientras que en el pensamiento creativo no puede
hacerlo. Las variables que el individuo utiliza para manipular su conducta de este modo no
siempre son accesibles a los demás, y esto ha sido fuente de gran confusión. Por ejemplo,
con frecuencia se ha llegado a la conclusión de que la autodisciplina y el pensamiento
tienen lugar en un mundo interior no físico y que ninguna de estas actividades puede, en
modo alguno, ser descrita de forma adecuada como conducta. Podemos simplificar el
análisis considerando unos ejemplos de autocontrol y pensamiento en los que el individuo
maneja ciertas variables externas, pero necesitaremos completar el cuadro indicando qué
posición ocupan los hechos internos en una ciencia de la conducta (capítulo XVII). Un
hecho exclusivamente interno no tendría ningún lugar en el estudio de la conducta, ni
quizás en ninguna otra ciencia; pero hechos que al menos por el momento son accesibles
tan sólo al mismo individuo aparecen, a menudo, como eslabones en cadenas de hechos
que, por otra parte, son públicos y que, por tanto, deben tenerse en cuenta. Es probable que
éste sea el caso del autocontrol y el pensamiento creativo, puesto que, en ellos, el individuo
se encuentra ampliamente comprometido en el manejo de su propia conducta.

Cuando decimos que alguien se autocontrola, debemos especificar quién controla a quién.
Si decimos que se conoce a sí mismo hemos de distinguir también entre el sujeto y el objeto
del verbo. Es evidente que las autoimágenes son múltiples y que, por tanto, no pueden
identificarse con el organismo biológico. Pero, si esto es así, ¿qué son? ¿cuáles son sus
dimensiones en una ciencia de la conducta? ¿hasta qué punto una autoimágen es una
personalidad integrada o un organismo? ¿cómo puede actuar sobre ella? Los sistemas
interconectados de respuestas que describen el autocontrol y el pensamiento hacen posible
contestar satisfactoriamente preguntas de este tipo, como veremos en el capítulo XVIII. Sin
embargo, cuando dispongamos de los principales datos podremos hacerlo de manera más
conveniente. Mientras tanto, vamos a utilizar el término �autoimágen� (�self�) de una
forma menos rigurosa.
Frecuentemente, el individuo controla parte de su propia conducta cuando una respuesta
tiene consecuencias conflictivas, cuando conduce, al mismo tiempo, un reforzamiento
negativo y a otro positivo. Por ejemplo, el hecho de tomar bebidas alcohólicas va seguido, a
menudo, de una situación de seguridad excepcional en la cual queda facilitado el éxito
social y en la que se tienden a olvidar responsabilidades, ansiedades y otros problemas.
Puesto que todo esto refuerza de forma positiva, aumenta la probabilidad de que se vuelva a
beber en ocasiones futuras. Pero tiene también otras consecuencias � la �resaca� y los
posibles efectos desastrosos de una conducta demasiado confiada o irresponsable- que
refuerzan de forma negativa y que cuando son contingentes con la conducta representan
una forma de castigo. Si el castigo fuera simplemente lo opuesto al reforzamiento, podrían
combinarse ambos para producir una tendencia intermedia a beber; pero hemos visto que
éste no es el caso. Cuando se presenta una ocasión similar, prevalecerá la misma tendencia
a beber o incluso una tendencia incrementada, pero tanto la ocasión mismo como las
primeras etapas que conducen a beber generarán estímulos aversivos condicionados y
respuestas emocionales que podemos designar como vergüenza y culpabilidad. Las
respuestas emocionales pueden tener algún efecto disuasivo que debilite la conducta, por
ejemplo, �poner de mal humor�. Sin embargo, el efecto más importante radica en que
cualquier conducta que debilite la conducta de beber queda automáticamente reforzada
debido a la reducción de la estimulación aversiva. Ya hemos tratado de la conducta de ,
simplemente, �hacer cualquier cosa�, que se ve reforzada porque desplaza la conducta
punible, pero existen otras posibilidades. El organismo puede hacer que la respuesta
castigada sea menos probable alterando las variables delas cuales dicha respuesta es
función. Cualquier conducta que consiga esto quedará automáticamente reforzada. A esta
conducta la llamaremos autocontrol.

Las consecuencias positivas y negativas generan dos respuestas que están relacionadas
entre sí de modo especial: una de ellas, la respuesta que controla, afecta las variables de tal
modo que cambia la probabilidad de la otra, la respuesta controlada, La respuesta que
controla puede manipular cualquiera de las variables de las cuales la respuesta controlada
es función; existen por tanto, muchas formas distintas de autocontrol eficaz. En general, es
posible trazar paralelos en los que se emplean las mismas técnicas para controlar la
conducta de los demás. Una investigación un poco a fondo en este punto ilustrará el
proceso de autocontrol y, al mismo tiempo, servirá para resumir el tipo de control que
vamos a tratar en los capítulos siguientes.

TÉCNICAS DE CONTROL

Limitación física y ayuda física

Comúnmente controlamos la conducta a través de una limitación física. Mediante puertas


cerradas, vallas y cárceles limitamos el espacio en el que la gente se mueve. Con camisas
de fuerza, mordazas y esposas limitamos el movimiento de algunas partes del cuerpo. El
individuo controla del mismo modo su propia conducta. Se lleva la mano a la boca para
sofocar la risa, o la tos, o para acallar una respuesta verbal que en el último momento
considera un equivocación. Un psicólogo infantil ha sugerido que una madre que desee
dejar de regañar a su hijo debe sellarse la boca con cinta adhesiva. Podemos meternos las
manos en los bolsillos para no morderlas con impaciencia o para evitar mordernos las uñas,
o apretarnos la nariz para no respirar cuando estamos bajo el agua. Un sujeto puede
presentarse a la policía para controlar mejor su propia conducta criminal o psicótica. Puede
cortarse la mano derecha antes de que sea motivo de escándalo.

En cada uno de estos ejemplos podemos identificar una respuesta que controla y que
impone un cierto grado de limitación física a la respuesta que va a controlar. Para explicar
la existencia y la intensidad de la conducta que controla. Recurrimos a las circunstancias
reforzantes que surgen cuando la respuesta ha sido controlada. El hecho de llevarse la mano
a la boca se encuentra reforzado y ocurrirá de nuevo bajo circunstancias similares porque
reduce la estimulación aversiva producida por la tos o el error que va a producirse. En la
línea del capítulo XII, la respuesta que control evita las consecuencias negativamente
reforzantes de la respuesta controlada. El medio ambiente social proporciona las
consecuencias aversivas de un error; las de respirar debajo del agua no requieren la
mediación de otras personas.

Otro tipo de control a través de la limitación física consiste simplemente en alejarse de la


situación en la que puede tener lugar la conducta que se desea controlar. Los padres evitan
problemas separando un niño de conducta agresiva de otros niños y el adulto se controla a
sí mismo de forma similar. Incapaz de controlar su ira, se va. Puede que esto no logre
controlar todas sus reacciones emocionales, pero pone límites a acciones que,
probablemente, tendrían serias consecuencias.

El suicidio es otra forma de autocontrol. Evidentemente, nadie se suicida debido a que en


ocasiones anteriores, haya escapado de una situación aversiva haciendo lo mismo. Como ya
hemos visto, el suicidio no es un tipo de conducta al que se pueda aplicar la noción de
frecuencia de respuesta. Si se produce, los componentes de la conducta deben haber sido
intensificados por separado. A no ser que esto suceda bajo circunstancias en las que la
frecuencia sea un dato obtenible, no podremos asegurar, con propiedad, de un hombre
concreto que � es probable o improbable que se suicide� � como tampoco nadie puede
decirlo de sí mismo- (capítulo XVII). Algunos casos de suicidio, aunque desde luego no
todos, siguen el precepto de cortarse la mano de que ésta sea motivo de escándalo. El espía
apresado por el enemigo puede utilizar este método para evitar la divulgación de secretos
de Estado.

Una variante de este tipo de control consiste, por decirlo así, en eliminar la situación en
lugar del individuo. Un gobierno detiene los gastos inflacionistas mediante fuertes
impuestos, quitando así a la gente el dinero o crédito necesarios para comprar. Una persona
consigue controlar la conducta de su heredero derrochador por medio de un usufructo. Los
colegios contrarios a la educación mixta consiguen controlar ciertos tipos de conducta
sexual haciendo inaccesible el sexo opuesto. El individuo puede utilizar las mismas
técnicas para controlarse a sí mismo. Puede dejar gran parte del dinero en casa para no
gastarlo o puede echar monedas en una lucha donde sea difícil extraerlas. Puede que
coloque su dinero en un lugar inaccesible incluso para sí mismo. Mr. Polly, de H.G. Wells,
utilizaba en procedimiento similar para distribuirse el dinero durante un viaje. Se quedaba
solamente con una libra y el resto del dinero lo enviaba por correo a su nombre a la
siguiente población que tuviera que visitar. Al llegar iba a la oficina de correos, se quedaba
con otra libra y volvía a enviarse el resto del dinero a otra ciudad a la que llegaría más
tarde.

Mediante un procedimiento inverso, aumentamos la probabilidad de una forma de conducta


deseada suministrando ayuda física. Facilitamos la conducta humana haciéndola posible o
extendemos y ampliamos sus consecuencias mediante diversos tipos de equipos,
instrumentos y máquinas. Cuando el problema del autocontrol consiste en generar una
respuesta dada, alteramos nuestra propia conducta en el mismo sentido consiguiendo
material apropiado, facilitando fondos, etc.

En la medida en que las técnicas que acabamos de enumerar operan mediante ayuda o
limitación físicas, no se basan en un proceso conductual. Sin embargo, existen unos
procesos asociados que pueden analizarse de forma más precisa en términos de
estimulación. Aparte de hacer que una respuesta sea posible o imposible, podemos crear o
eliminar la ocasión para ello. Para conseguirlo, manipulamos o bien un estímulo capaz de
provocar una respuesta refleja o bien un estímulo discriminativo. Cuando un laboratorio
farmacéutico reduce la probabilidad de que un medicamento nauseabundo sea vomitado
metiéndolo en unas cápsulas sin sabor alguno � o �cubriendo la píldora de azucar� - , lo
que hace es, simplemente, eliminar un estímulo que provoca respuestas indeseables.
Podemos utilizar el mismo procedimiento para controlar nuestros propios reflejos. Solemos
ingerir rápidamente un medicamento y tomar luego un vaso de agua para reducir estímulos
de este tipo.

Suprimimos estímulos discriminativos cuando nos apartamos de un estímulo que induce a


una acción aversiva. Podemos apartar enérgicamente la vista del dibujo de una pared
empapelada que suscite imperiosamente la conducta de trazar dibujos geométricos.
Podemos cerrar las puertas o correr las cortinas para eliminar estímulos que nos distraen, o
conseguir lo mismo tapándonos los ojos o poniéndonos los dedos en los oídos. Para evitar
comer demasiados dulces podemos colocar la caja lejos de nosotros a fin de no verla. A
este tipo de auntocontrol se le llama �evitar la tentación�, especialmente cuando la
sociedad ha dispuesto las consecuencias aversivas. En él cobra sentido la frase �apártate
de mí, Satanas�.

También presentamos estímulos, a causa de las respuestas que provocan o hacen más
probables en nuestra propia conducta. Expulsamos los alimentos venenosos o indigestos
mediante un emético (una sustancia que genera estímulos que provocan vómitos).
Facilitamos la estimulación cuando usamos gafas o aparatos para la sordera. Disponemos
un estímulo discriminativo para desencadenar más tarde nuestra propia conducta cuando
nos atamos un hilo en el dedo o anotamos algo en la agenda par recordar lo que hemos de
hacer, en el momento apropiado. A veces, presentamos estímulos porque la conducta
resultante desplaza a la conducta que va a ser controlada; no �distraemos� de la misma
forma que distraemos a los demás, de una situación que genera conducta no deseable.
Amplificamos los estímulos elaborados por nuestra propia conducta cuando utilizamos un
espejo para comprobar nuestro aspecto o para dominar un difícil paso de baile, o cuando
estudiamos películas sobre nuestra propia conducta para mejorar nuestra habilidad en un
deporte o escuchamos grabaciones de nuestra propia voz para mejorar la pronunciación o la
dicción.

Condicionamiento y extinción constituyen otros caminos para cambiar la eficacia de los


estímulos. Nos preparamos para el efecto futuro de un estímulo sobre nosotros asociándolo
con otros estímulos y extinguimos reflejos exponiéndonos a estímulos condicionados
cuando no van acompañados de reforzamiento. Si nos sonrojamos, sudamos o
manifestamos cualquier otra respuesta emocional en determinadas circunstancias, a causa
de un incidente desafortunado, podemos exponernos a estas mismas circunstancias en unas
condiciones más favorables para que la extinción pueda tener lugar.

Privación y saciedad

Una persona que no tenga mucho dinero puede sacar el máximo partido cuando la invitan a
cenar no comiendo al medio día y creando así un fuerte estado de privación, a causa del
cual probablemente ingerirá grandes cantidades de alimentos durante la cena. A la inversa,
también puede saciarse parcialmente con una comida ligera antes de ir a la cena para que su
hambre no sea tan evidente. Cuando un invitado, antes de asistir a un �coktail�,se
prepara para el mismo bebiendo agua en gran cantidad, utiliza la autosaciedad como una
medida de control.

Existe otra práctica menos evidente. En Mujeres enamorada, D. H. Lawrence describe de


este modo un tipo de autocontrol:

Un eminente médico... me dijo que para librarse de un mal hábito uno debe forzarse a sí
mismo a ejecutarlo cuando no le apetece; si nos obligamos a nosotros mismos, el hábito
desaparece... Por ejemplo, si alguien tiene la costumbre de morderse las uñas, debe
obligarse a morderlas en el momento en que no le apetezca hacerlo en absoluto.
Finalmente, nos damos cuenta de que el hábito ha desaparecido.

Este método entra dentro del tipo que estamos tratando si consideramos la conducta de
morderse �deliberadamente� la uñas o morder un trozo de celuloide u otro material
similar, como automáticamente saciadora. Esta práctica puede hacerse extensiva, desde
luego, a otros problemas distintos, al margen de los llamados �malos hábitos�. Por
ejemplo, si no podemos trabajar en nuestro despacho a causa de una tendencia a ir a pasear,
un rápido paseo puede resolver el problema por medio de la saciedad.

Existe una variante de esta práctica que consiste en saciar una forma de conducta llevando a
cabo otra en cierta forma similar. Con frecuencia se recomienda hacer mucho ejercicio para
controlar la conducta sexual partiendo de la base de que el ejercicio se parece lo suficiente a
la conducta sexual como para producir una especie de saciedad transferida. (Se supone que
elefecto se debe a superposición topográfica más que a puro agotamiento.) Una
superposición similar puede explicar una especie de privación transferida. Se ha
recomendado la costumbre de levantarse de la mesa todavía con apetito como un modo de
generar buenos hábitos de trabajo. Quizá sea por esta misma razón que el vegetariano suele
mostrarse particularmente activo y muy eficaz, ya que en, cierto sentido, siempre se
encuentra hambriento. Se ha afirmado que la autoprivación en el campo del sexo tiene
importantes consecuencias en otros campos poco relacionados con él, por ejemplo,
facilitando logros literarios o artísticos. Posiblemente, las pruebas disponibles hasta el
momento son escasas; si al final resulta que el efecto en realidad o ocurre, esto nos librará
del trabajo de encontrar una explicación.

Manipulación de estados emocionales

Inducimos en nosotros mismos cambios emocionales con fines de control. A veces, esto
significa, simplemente, presentar o retirar estímulos. Por ejemplo. Reducimos o eliminamos
reacciones emocionales no deseadas marchándonos para �cambiar de ambiente�, es
decir, retirando estímulos que han adquirido el poder de provocar reacciones emocionales a
causa de hechos que han sucedido en relación con ellas. A veces, evitamos la aparición de
una conducta emocional provocando respuestas incompatibles mediante estímulos
apropiados; por ejemplo, cuando, en un momento muy solemne, nos mordemos la lengua
para no reírnos.

Controlamos también las predisposiciones, las cuales debemos distinguir de las respuestas
emocionales (capítulo X). Un presentador de televisión predispone al público del estudio a
reírse antes de empezar la transmisión contándole unos chistes que no se pueden contar
durante el programa. Se puede utilizar el mismo procedimiento en el autocontrol.
Intentamos ponernos de �buen humor� antes de una cita pesada y molesta, para aumentar
la probabilidad de comportarnos de forma socialmente aceptable. Antes de pedir un
aumento de sueldo hacemos acopio de valor convenciéndonos de que nuestra situación es
injusta. Releemos una carta ofensiva justamente antes de contestarla para generar la
conducta emocional que hará que la escribamos con más facilidad y de forma más eficaz.
Somos también capaces de engendrar intensos estados emocionales en los que la conducta
no deseable sea improbable o imposible. Un ejemplo, adecuado lo constituye lo que
vulgarmente se dice �dar a alguien un susto de muerte�. Esto se refieres, de forma casi
literal, a un método para controlar la conducta que ha sido en el pasado severamente
castigada y consiste en reinstaurar los estímulos que han acompañado antes el castigo.
Utilizamos la misma técnica cuando suprimimos nuestra propia conducta recordando
castigos pasados o repitiendo proverbios que nos advierten de las consecuencias del
pecado.

Reducimos la amplitud de una reacción emocional demorándola, por ejemplo, �contando


hasta diez� antes de actuar cuando estamos enfadados. Obtenemos el mismo efecto
mediante un proceso de adaptación, ya descrito en el capítulo X, cuando, de forma gradual,
nos ponemos en contacto con estímulos que causan desasosiego. Podemos aprender a
domar serpientes sin miedo empezando con serpientes muertas o drogadas y de la clase
menos peligrosa, pasando paulatinamente a otras clases con más vitalidad y que causan
mayor temor.

Utilización de estímulos aversivos

Cuando preparamos un despertador, estamos disponiendo un estímulo altamente aversivo


del que sólo podremos escapar despertándonos, Colocando el reloj en el otro extremo de la
habitación, nos aseguramos de que la conducta de evasión nos obligará a despertarnos
completamente. Condicionamos reacciones aversivas en nosotros mismos, asociando
estímulos verbales que nos afecten, a causa de las consecuencias aversivas pasadas que
otras personas han asociado con tales estímulos. Una simple orden constituye un estímulo
aversivo � una amenaza- que especifica la acción que conduce a la evasión. Al
despertarnos en una fría mañana de invierno, la simple repetición de la orden �levántate�
puede, de forma sorprendente, llevarnos a la acción. La respuesta verbal cuesta menos que
el hecho de levantarse y es emitida con mayor facilidad, pero las contingencias reforzantes
establecidas por la comunidad verbal pueden prevalecer. En cierto sentido, el individuo,
�se obedece a sí mismo�. El uso continuado de esta técnica puede conducir a una
discriminación más precisa entre las órdenes dadas por uno mismo y las que proceden de
los demás, que puede interferirse con el resultado.

Cuando tomamos una decisión, preparamos estímulos aversivos que controlarán nuestra
conducta futura. Se trata, esencialmente, de una previsión que afecta nuestra propia
conducta. Cuando esta decisión se toma en presencia de personas que proporcionarán una
estimulación aversiva si la predicción no se cumple, preparamos unas consecuencias que,
probablemente, fortalecerán la conducta que hemos decidido realizar. Sólo comportándonos
como hemos previsto, podemos evadirnos de las consecuencias aversivas que
sobrevendrían si no cumpliéramos nuestra resolución. Como veremos más adelante, nuestra
propia conducta puede, con el tiempo, proporcionarnos, de manera automática, la
estimulación aversiva que nos induzca a mantener una decisión. Esta puede traducirse en
hechos aun en ausencia de otras personas.

Drogas

Utilizamos drogas que simulan el efecto de otras variables para conseguir un mejor
autocontrol. Mediante el uso de anestésicos, analgésicos y soporíferos, reducimos los
estímulos dolorosos o perturbadores que, de otra forma, no podrían ser alterados
fácilmente. Aperitivos y afrodisíacos son utilizados, a veces, porque se cree que reproducen
los efectos de la privación en el campo del hambre y del sexo, respectivamente. Se utilizan
otras drogas para conseguir los efectos contrarios. Los estímulos aversivos condicionados
de la �culpabilidad� son contrarrestados, de manera más o menos efectiva, con alcohol.
La morfina y otras drogas similares, y, en menor escala, la cafeína y la nicotina, generan
pautas típicas de conducta eufórica.

Condicionamiento operante

No está nada claro el papel del reforzamiento operante en el autocontrol. En cierto sentido,
todos los reforzamientos son autoadministrados, puesto que puede considerarse que una
respuesta �produce� su reforzamiento, pero �reforzar la propia conducta� es algo más
que esto. Es también más que generar, simplemente, circunstancias en las que un
determinado tipo de conducta se ve siempre reforzado, por ejemplo, reunirse con amigos
que refuerzan solamente la �buena�conducta. Esto es simplemente una cadena de
respuestas, uno de cuyos primeros eslabones (reunirse con una amigo concreto) es fuerte
porque conduce al refuerzo de un eslabón posterior (la �buena� conducta).

El autorreforzamiento de la conducta operante, presupone que el individuo puede obtener


reforzamiento, pero que no intenta conseguirlo hasta que se haya emitido una respuesta
determinada. Esto podría ser el caso si alguien cancelara cualquier contacto social hasta que
hubiera terminado un trabajo concreto. Indiscutiblemente, sucede algo de este tipo, pero ¿es
reforzamiento operante? Ciertamente se parece poco al procedimiento utilizado para
condicionar la conducta de otra persona. Pero debemos recordar que el individuo puede, en
cualquier momento, dejar el trabajo que está haciendo y obtener el reforzamiento. Hemos
de explicar por qué no lo hace. Es posible que esta conducta indulgente haya sido castigada
en el pasado �por ejemplo, desaprobándola-, excepto cuando una parte del trabajo fuera
completada. Por eso la conducta indulgente producirá, si no cumple esta condición, una
fuerte estimulación aversiva. El individuo termina el trabajo para sentirse libre de culpa
(capítulo XII). La pregunta fundamental es si la consecuencia tiene algún efecto
fortalecedor sobre la conducta que la precede. ¿Es más probable que el individuo realice un
trabajo semejante en el futuro? No sería sorprendente que no lo fuera, aunque hay que
reconocer que el interesado ha preparado una serie de hechos en los que una determinada
conducta se ha visto seguida por un hecho reforzante.

Se formula un problema parecido al plantearse si uno mismo puede extinguir su propia


conducta. No puede considerarse como autocontrol emitir simplemente una respuesta que
no sea reforzada, ni lo es tampoco la conducta que se limita a situar al individuo en
circunstancias bajo las cuales un tipo determinado de conducta quedará sin reforzar. La
autoextinción parece consistir en que una respuesta que controla debe preparar la ausencia
de consecuencia: el individuo debe intervenir para romper la conexión entre la respuesta y
el reforzamiento. Parece que ocurre esto, por ejemplo, cuando se desconecta u televisor, de
manera que se extinga la respuesta de encenderlo. Pero aquí la extinción es trivial; el efecto
primario consiste en retirar una fuente de estimulación.

Castigo

El autocastigo plantea la misma cuestión. Un individuo puede estimularse a sí mismo de


forma aversiva, autoflagelándose. Pero el castigo no es meramente una estimulación
aversiva; es una estimulación aversiva contingente respecto de una respuesta dada. ¿Puede
el individuo preparar esta contingencia? El hecho de llevar a cabo una conducta que vaya a
ser castigada no es autocastigo, ni tampocolo es buscar ocasiones en las que una
determinada conducta sea castigada. El individuo parece castigarse a sí mismo cuando,
después de haber llevado a cabo alguna conducta determinada, se inflige a sí mismo algún
daño. Se ha dicho que la conducta de este tipo parece indicar una �necesidad de castigo�.
Pero podemos explicarla de otra forma, si al estimularse a sí mismo de manera aversiva, el
individuo se evade de un sentimiento de culpabilidad todavía más aversivo (capítulo XII).

Existen otras variantes en el uso de la autoestimulación aversiva. Una persona que quiera
disminuir su peso puede apretarse el cinturón hasta un punto determinado y hacer que se
mantenga allí a pesar del fuerte efecto aversivo. Esto puede incrementar directamente los
estímulos aversivos condicionados e incondicionados que se generan en el acto de comer
demasiado y puede encargarse de reforzar automáticamente el hecho de comer de forma
limitada. Pero no debemos pasar por alto el hecho de que una respuesta muy simple -
aflojar el cinturón- conduciría a evadirse de la misma estimulación aversiva. Si esta
conducta no se produce es porque ha sido seguida por consecuencias todavía mas aversivas
que la misma sociedad o el médico se han encargado de establecer, por ejemplo, sentido de
culpabilidad y temor de caer enfermo o morir. La pregunta fundamental acerca de la
autoestimulación aversiva es si tal práctica muestra el efecto que esta misma estimulación
generaría si fuera establecida por los demás.

�Hacer otra cosa�

Una técnica de autocontrol que no tiene ningún paralelo en el control de los demás se basa
en la dominancia. El individuo puede evitar llevar a cabo una conducta que le conduciría al
castigo dedicándose, con todas sus fuerzas, a hacer otras cosas. Un ejemplo simple consiste
en evitar retroceder mediante una intensa respuesta de mantenerse quieto. Mantenerse
quieto no es, simplemente �no retroceder�. Es una respuesta que, si se lleva a cabo con
la fuerza suficiente, predomina sobre la respuesta retroceder. Esto se parece al control
ejercido por los demás cuando llevan a cabo una conducta incompatible. Pero, así como
otra persona puede conseguir esto solamente disponiendo variables externas, el individuo
parece generar dicha conducta, por decirlo de alguna manera, ejecutándola. Un ejemplo
muy conocido es hablar sobre algún problema marginal para evitar abordar un tema
concreto. Parece que el hecho de evadirse de la estimulación aversiva generada por el tema
en cuestión es la causa de la intensidad de la conducta verbal que lo desplaza (capítulo
XXIV).

En el campo de la emoción, una forma más concreta de �hacer cualquier otra cosa�
puede ser especialmente eficaz. Las emociones tiendes a ir asociadas �miedo e ira, amor y
odio- de acuerdo con la orientación de la conducta que se encuentra intensificada. Podemos
modificar la conducta de alguien que tiene miedo haciéndole enfadar. En este caso, su
conducta no es simplemente la de hacer otra cosa; en cierto sentido está haciendo lo
contrario. El resultado no es una dominancia, sino una suma algebraica. En el autocontrol,
el efecto se ejemplifica cuando alteramos una predisposición emocional poniendo en
práctica la emoción opuesta: disminuyendo las manifestaciones de la conducta propia del
miedo mediante la práctica de la ira o la indiferencia evitando los estragos del odio
�amando a nuestro enemigos�.

EL ORIGEN ULTIMO DEL CONTROL

El mero examen del as técnicas de autocontrol no explica por qué el individuo las pone en
práctica. Esta deficiencia es del todo evidente cuando intentamos conseguir que alguien se
autocontrole. Resulta fácil decirle a un alcohólico que puede dejar de beber tirando a la
basura todas las botellas que tiene en casa; el principal problema es conseguir que lo haga.
Logramos que esta conducta sea más probable disponiendo contingencias especiales de
reforzamiento. Castigando el hecho de beber � quizá sólo �desaprobándolo�-
preparamos el refuerzo automático de la conducta que controla la bebida porque, en este
caso, tal conducta reduce la estimulación aversiva condicionada. Algunas de estas
consecuencias adicionales proceden de la naturaleza, pero, en general, es la comunidad
quien las prepara. Evidentemente, éste es el punto fundamental de la educación ética
(capítulo XXI). Perece por tanto, que la sociedad es la responsable de gran parte de la
conducta de autocontrol. Un hombre puede pasar mucho tiempo planeando su propia vida:
puede escoger con sumo cuidado las circunstancias en las que va a vivir y puede manipular
con bastante libertad el medio ambiente en el que le toca vivir a diario. Esta actividad
parece demostrar una importante dosis de autodeterminación, pero, en último término, se
trata también de conducta, y podemos explicarla en términos de otras variables ambientales
y del historial del individuo. Estas variables son las que proporcionan el control esencial.

Por supuesto, este punto de vista está en conflicto con las ideas tradicionales sobre el tema,
que gustan mucho de citar el autocontrol como un ejemplo importante del proceso de
responsabilidad personal. Pero un análisis que recurre a las variables externas hace
innecesario suponer la existencia de un agente interno causante y determinante. Son
muchas las ventajas científicas de una análisis como este, pero quizá las de tipo práctico
sean aún más importantes. La idea tradicional acerca de lo que sucede cuando un individuo
se autocontrola nunca ha tenido éxito como recurso educativo. Sirve de muy poco decirle
alguien que utilice su �voluntad� o su �autocontrol�. Una recomendación de este tipo
puede hacer que el autocontrol sea ligeramente más probable al establecer unas
consecuencias aversivas adicionales ante el fracaso en el control, pero no sirve de mucha
ayuda para entender los procesos reales. Otro análisis de la conducta de controlar debería
hacer posible enseñar ciertas técnicas importantes con la misma facilidad con que se enseña
cualquier otro tipo de repertorio técnico. Debería, así mismo, mejorar los procedimientos a
través de los cuales la sociedad mantiene fuerte la conducta de autocontrol. Ya que una
ciencia de la conducta revela de una forma mas clara las variables de las cuales la conducta
es función, deberían aumentar en gran manera estas posibilidades.

No debemos olvidar que las fórmulas expresadas en términos de responsabilidad personal


sirven de base a muchas de nuestras actuales técnicas de control y que no podemos,
bruscamente, desecharlas. Pero puede solucionarse si se exige una vasta revisión del
concepto de responsabilidad, no solamente en un análisis teórico de la conducta, sino de sus
consecuencias prácticas. Volveremos sobre este punto en las secciones V y VI.

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