Lavboratorio 3
Lavboratorio 3
PRESENTACION
Hoy tiene en sus manos el número 3 de este informe. En este número intentamos incorporar las suge-
rencias y recomendaciones hechas sobre los números anteriores.
Para que sus colaboraciones puedan ser parte de este informe pueden envíarlas por correo a Informe
Lavboratorio, Instituto “Gino Germani” – FCS - UBA., Uriburu 950 6º piso. Of. 21, Cdad. de Buenos Aires (C.P.
1114) o por correo electrónico a [email protected].
Como dijimos en el N° 1, “este informe se publicará en forma trimestral, brindando en cada ocasión
información actualizada sobre el contexto económico, el mercado laboral y la estructura social”.
Los editor es
es..
editores
DOSSIER
Estado del arte y derivaciones actuales sobre informalidad
En este articulo presentamos fragmentos de un texto inédito de Juan Villarreal, en el cual nos introdu-
ce en una línea de cuestionamiento y reflexión sobre la informalidad, pero desde una perspectiva que intenta
«concederle» a la investigación «el beneficio de la duda, más que la certidumbre de las afirmaciones». En este
sentido, cuestiona las «modelizaciones» y definiciones a priori, que nos conducen hacia una «estática com-
parativa», poniendo el énfasis en los caminos de una investigación «abierta, dinámica y plural».
Continúa en pág. 13
CONTEXTO MACRO:
Se viene el verano: ¿economía y política en Recuperación... o más
de lo mismo?
El fin de la primavera de 1999 aproxima un recambio de gobierno que dista de ser traumático; a la vez
que muestra una economía en recuperación, pero errática y de lentitud agobiante.
En los diez primeros meses de 1999 la actividad industrial cayó, en comparación con igual período del
año anterior, un 9%. A nivel general, el PBI registró una caída de alrededor del 5% manteniéndose la brecha
entre el sector productor de bienes y el de servicios. El sector de servicios, orientado principalmente al
mercado interno, sufrió una variación negativa del 2,8% mientras que el sector con capacidad de generar
divisas varió negativamente un 6,7% (variación interanual). En los últimos 12 meses, la baja de la producción
automotriz superó el 40%. El peso que tuvo este rubro en la situación general es particularmente importante
si se tiene en cuenta que excluido este rubro la caída de la industria es más de dos tercios menor a la
registrada (-2,5%).
Pero técnicamente los economistas reconocen el valle de la recesión en julio pasado: los principales
indicadores industriales y macroeconómicos desestacionalizados muestran este proceso. Sin embargo, la
sensación térmica de consumidores y empresas no avanzan en la misma tendencia. La recuperación es
lenta, no muy clara, heterogénea. Si se toma a julio como el último mes de caída de la economía, la recesión
duró 15 meses, y fue la segunda más larga desde 1980. El récord de duración está en manos del final del
gobierno radical: de abril de 1987 hasta marzo de 1990 (35 meses).
En este final de década, la reactivación está impulsada principalmente por rubros como el de aluminio y
algunos productos agrícolas y agroindustriales exportables. Al respecto, las proyecciones de áreas sembra-
das para la temporada 1999-2000 señalan un aumento entre el 10% y el 15%. Sin embargo, los sectores
ganadores muy poco aportan al empleo y al mercado interno.
En efecto, a nivel interno la construcción ha caído un 7%, el crédito al sector privado sigue deprimido, las
ventas de los supermercados no crecen o incluso caen, paralelamente se observa una mayor deflación en
rubros como alimentos, bebidas y textiles. Los bienes de consumo durable (automóviles, electrodomésticos,
etc.) todavía no muestran una clara reactivación. En el caso de los autos y autopartes, esto es así, a pesar de
las mayores ventas originadas por el Plan Canje, debido a los altos stocks acumulados y a un mayor peso de
las importaciones en detrimento de la producción interna. Sin embargo, se espera una mayor actividad en este
2 rubro durante los próximos cuatro meses, la cual habrá de contribuir a la recuperación general.
10,0
8,0
6,0
4,0
2,0
0,0
-2,0
-4,0
-6,0
-8,0
1T98 2T98 3T98 4T98 1T99 2T99
Trimestres
128,0
123,0
118,0
113,0
108,0
103,0
98,0
93,0
D 8
D 7
Ju 98
Ju 99
Ju 97
Se 98
Se 99
Se 97
M 8
M 9
M 7
M 97
M 98
M 99
Ab 7
Ab 8
Ab 9
Ju 8
Ju 9
Ju 7
Fe 99
O 99
Fe 97
O 97
Fe 98
O 98
En 8
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N 8
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N 7
-9
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-9
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ct
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En
5
Río Cuarto -1,2 -1,4 0,8 -0,3
Total -1,0 -1,1 0,3 -1,5
2 Gran Buenos Aires 0,5 -0,2 1,2 1,8
Gran La Plata 0,8 0,5 0,5 1,0
Posadas 0,5 -0,1 1,3 1,2
Concordia 0,1 -0,1 0,9 2,6
Neuquén y Plottier -0,1 0,3 -1,0 0,9
San Salvador del Jujuy 0,1 -0,1 0,8 2,1
Río Gallegos 0,8 0,7 0,2 1,1
Gran Catamarca 2,3 1,2 2,0 0,7
Gran San Juan 0,5 0,8 -1,1 3,7
Tucumán y Tafí Viejo 1,3 0,3 2,3 0,8
Mar del Plata 0,9 -0,2 2,3 3,3
Total 0,7 0,3 0,9 1,7
3 Gran Rosario 1,2 -1,3 5,9 -0,6
Córdoba 1,0 -0,2 2,5 -0,6
Ushuaia y Río Grande 0,4 -0,6 2,4 -1,0
Total 0,9 -0,7 3,6 -0,7
4 Paraná -1,6 -1,3 -0,1 4,7
Comodoro Rivadavia -0,5 -1,9 3,9 4,7
Total -1,1 -1,6 1,9 4,7
5 Santiago del Estero y La Banda -1,7 -0,1 -4,6 -2,3
La Rioja -1,1 0,6 -4,4 -0,5
San Luis y El Chorrillo -0,8 0,2 -2,6 3,0
Total -1,2 0,2 -3,9 0,1
T OT AL T otal aglomerados -0,2 -0,4 0,7 0,3
FUENTE: Instituto Gino Germani, UBACyT AS021, FC S, UBA, con base en datos de la EPH-INDEC (Ago-98 / Ago-99)
Así se pueden elaborar diferentes agrupamientos con los aglomerados, tomando como ejes las variacio-
nes de los indicadores del mercado de trabajo, entre estas tomaremos las variaciones de las tasas de activi-
dad, empleo, desocupación abierta y subocupación horaria entre agosto de 1998 y agosto de 1999. Utilizando
el “análisis de cluster”, en este caso usamos la técnica de “cluster jerárquico”, que nos permitió formar grupos
homogéneos, entre sus miembros, con variaciones similares en los indicadores considerados, al tiempo que
los diferentes grupos son lo más heterogéneos entre si. El Cuadro 2 muestra los promedios de las variaciones
de las tasas para cada uno de los grupos conformados por el análisis de cluster y también cada uno de los
aglomerados, agrupados por el grupo de pertenencia, con sus tasas respectivas.
· Grupo 1 – Desaliento: en estos aglomerados se produce un caída de las tasas de actividad, empleo y
subocupación, con una variación relativamente menor de la tasa de desocupación. Incluye los aglomerados de
Bahía Blanca, Santa Fe y Santo Tomé, Gran Resistencia, Gran Mendoza, Corrientes, Formosa, Salta, Santa
Rosa y Toay y Río Cuarto.
· Grupo 2 – Equilibrio por Subocupación: conformado pro los aglomerados en los que las variaciones
de la tasas no han sido muy importantes, logrando conservar un relativo equilibrio en la tasa de actividad, la de
empleo y la desocupación a costa de un aumento importante en la tasa de subocupación horaria. Incluye a los
aglomerados de Gran Buenos Aires, Gran La Plata, Posadas, Concordia, Neuquén y Plottier, San Salvador de
Jujuy, Río Gallegos, Gran Catamarca, Gran San Juan, Tucumán y Tafí Viejo y Mar del Plata.
· Grupo 3 – Desocupación: aglomerados con un importante aumento de la tasa de actividad, acompaña-
da con un descenso de la tasa de empleo. Provocando un fuerte aumento de la tasa de desocupación abierta,
acompañado de un incremento de la subocupación horaria. Aglomerados: Gran Rosario, Córdoba y Ushuaia.
· Grupo 4 – Deterioro y Subocupación: aglomerados en los que se produjo una caída del la tasa de
actividad y de la de empleo, con fuerte aumento de la tasa de subocupación horaria. Aglomerados: Paraná y
Comodoro Rivadavia.
· Grupo 5 – Menos Desocupación por Desaliento: aglomerados en los que se produce una fuerte
caída de la tasa de desocupación abierta por una reducción de la tasa de actividad, al tiempo que la tasa de
empleo permanece casi sin variantes. Aglomerados: Santiago del Estero, La Rioja y San Luis.
Todas estas diferencias son ocultadas cuando se analizan los datos tomando en cuenta el agrupamiento
clásico, dividir sólo entre “Gran Buenos Aires” y “Aglomerados del Interior”, sin reparar en que, no constituyen
un solo “mercado de trabajo” y que así se ocultan comportamientos muy diferentes bajo una sola denomina-
ción.
Rama de Actividad
Los asalariados de la construcción, son aquellos que tienen históricamente una tendencia mayor a caer
en situaciones laborales precarias. Mantiene en la serie de años el porcentaje más significativo, duplicándose
hacia 1998 (de 32.4% en 1980 a 63.7% en 1998).
La precariedad laboral en Transporte tiene un crecimiento continuo. No existen años donde se registren
mejoras en los indicadores, como en las otras ramas. Es en estas últimas donde se registra un descenso
durante el año 1994, para luego superarlos. Por ejemplo, el saldo en la Industria Manufacturera en 1998 es de
un 34% de asalariados precarios.
Los datos registrados para Administración Pública y Defensa muestran diferencias llamativas que por el
momento no pueden ser consistidas. Por tal motivo no los presentamos.
Hasta aquí se identificaron los núcleos de vulnerabilidad laboral expresados en la precariedad de las
relaciones asalariadas. Si bien, hoy se puede hablar de situaciones coyunturales (que remiten más a los
cambios inmediatos en las relaciones de fuerza por parte de los distintos actores sociales), no podemos dejar
de entender a la precariedad laboral desde un proceso continuo y estructural que aún sigue profundizándose
y extendiéndose.
Población asalariada precaria según Tamaño del Establecimiento de 15 años y más años.
Gran Buenos Aires. 1980 - 1998, Octubre.
Porcentajes
Años
Tamaño del establecimiento 1980 1986 1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998
% % % % % % % % % % %
H/5 puestos 46,0 56,6 60,2 60,2 63,2 64,9 55,2 64,7 66,1 67,9 66,5
6-25 puestos 17,5 22,0 24,1 28,2 29,8 29,2 29,5 32,5 34,9 35,6 39,3
26-100 puestos 7,2 7,8 9,1 11,7 9,3 13,7 9,6 10,6 13,6 14,7 15,7
Más de 100 puestos 3,5 4,5 7,7 4,5 6,7 7,9 3,9 8,7 8,1 8,7 9,2
* Se excluye al servicio doméstico
Fuente: Instituto Gino Germani, UBACyT 01/AS21, FCS, UBA, con base en datos EPH
Evolución de la población asalariada precaria según Tamaño del Establecimiento de 15 años y más años.
Gran Buenos Aires. 1980 - 1998, Octubre.
1980 = base 100
Años
Tamaño del establecimiento 1980 1986 1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998
H/5 puestos 100,0 123,1 130,9 130,8 137,4 141,0 120,1 140,6 143,7 147,6 144,6
6-25 puestos 100,0 125,6 137,9 161,0 169,9 166,9 168,7 185,6 199,0 203,1 224,4
26-100 puestos 100,0 107,9 125,7 161,8 128,9 189,7 132,4 147,4 188,5 204,1 217,3
Más de 100 puestos 100,0 130,8 221,3 130,8 191,7 226,8 113,3 249,8 232,2 250,9 265,0
* Se excluye al servicio doméstico
Fuente: Instituto Gino Germani, UBACyT 01/AS21, FCS, UBA, con base en datos EPH
Fuente: Instituto Gino Germani, UBACyT 01/AS21, FCS, UBA, con base en datos EPH
Evolución de la población asalariada precaria según Rama de Actividad de 15 años y más años*.
Gran Buenos Aires. 1980 - 1998, Octubre..
1980 = base 100
Años
Rama de Actividad 1980 1986 1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998
Ind. Manufacturera 100,0 136,2 178,9 190,9 170,5 174,8 163,5 184,1 211,7 192,6 222,0
Construcción 100,0 154,1 195,7 206,8 182,7 188,4 183,9 170,5 214,0 230,2 196,8
Comercio 100,0 147,7 159,4 173,5 194,1 183,5 137,6 180,7 189,7 195,5 206,2
Transporte 100,0 80,2 103,0 128,0 140,0 165,5 197,8 209,6 208,6 199,1 221,7
Servicios 100,0 119,0 164,5 166,8 171,4 194,2 135,2 181,2 190,1 178,2 174,3
* Se excluye al servicio doméstico
Fuente: Instituto Gino Germani, UBACyT 01/AS21, FCS, UBA, con base en datos EPH
INGRESOS
La desocupación y el aumento de la actividad. Gran Buenos Aires:
1991-1998
En números anteriores hemos presentado la relación existente entre la variación de la tasa de actividad
y la de desocupación. Durante el período 1991-1998 ambas generaron distorsiones en el mercado de trabajo.
Ante esto nos preguntamos: ¿Qué llevó a algunos pobladores del Gran Buenos Aires a querer trabajar?, ¿Por
qué se «empecinaron» en esto, aún conociendo las dificultades para conseguir trabajo?
Las explicaciones son diversas y dispares. Desde una racionalidad económica algunos especialistas
aseguran que: “Las personas buscan trabajo porque el mercado paga mucho y por lo tanto les conviene
trabajar”; desde una posición cultural-modernizante se asegura que: “Debido a cambios en las pautas cultura-
les amplios sectores de la población se integran en forma dinámica a la producción de bienes y servicios”.
Desde otro punto de vista y respondiendo a la lógica de reproducción de las unidades domésticas
proponemos que: “El incremento de la desocupación de los jefes de hogar generó la necesidad de que cónyu-
ges e hijos colaboren con el sustento del hogar”.
De como la desocupación de algunos generó la expectativa de muchos
Históricamente los indicadores de desocupación de Argentina eran bajos y solo afectaban a los nuevos
trabajadores, es decir a jóvenes sin experiencia laboral. En la década de 1990 con el incremento del índice de
desocupación aparece una nueva particularidad en el escenario laboral: la inusual desocupación de los jefes
de hogar. Debido a esto los ingresos de algunos hogares sufren un marcado descenso originándose nuevas
estrategias de supervivencia. La más usual de ellas es el ingreso al mercado de trabajo de miembros del hogar
que realizaban tareas necesarias para la reproducción y/o de otros componentes que desarrollaban estudios
o formaciones personales (especialmente jóvenes).
De este modo, entre 1991 y 1998 la tasa de desocupación de los jefes de hogar aumentó del 2,8 al 9,3
(un 328%), generándose un incremento del 125% en la tasa de actividad de los cónyuges y un 117% en la de
los hijos (Cuadro 1).
Cuadro 1
Tasa de actividad, empleo y desocupación según relación de parentesco(1)
Gran Buenos Aires: 1991-1998
- En porcentaje -
9
1991 1992 1993 1994 1995 1996 1997 1998
Tasa de Jefe/a 72,4 72,6 72,8 70,6 71,2 71,5 72,3 74,2
actividad Cónyuge 33,7 35,7 38,2 38,0 39,4 40,9 41,8 42,1
Hijo/a 24,4 25,6 26,8 27,8 28,0 30,2 30,3 28,6
Tasa de Jefe/a 70,3 69,3 68,5 64,4 62,8 62,7 64,9 67,3
empleo Cónyuge 32,5 34,1 34,9 33,1 32,0 33,0 36,2 36,7
Hijo/a 21,7 22,6 22,4 21,8 20,8 21,4 23,9 22,7
Tasa de Jefe/a 2,8 4,6 5,8 8,8 11,7 12,3 10,3 9,3
desocupación Cónyuge 3,5 4,7 8,8 12,7 18,8 19,4 13,4 12,8
Hijo/a 10,8 11,7 16,4 21,5 25,7 29,0 21,2 20,6
Otra forma de verificar los inconvenientes laborales de los jefes de hogar es observando la pérdida relativa
de puestos de trabajo: entre 1991 y 1998. Su tasa de empleo pasó del 70,3 al 67,3 (disminuyó un 4%). Se
puede interpretar que la falta de trabajo de los jefes de hogar ya no es una cuestión temporaria sino que
presumiblemente se convierte en largos períodos de desocupación.
Por otra parte, con la intención de verificar si este comportamiento es similar en todos los hogares
realizamos un análisis por quintiles de hogares 1 según su ingreso.
Los Cuadros 2, 3 y 4 muestran la evolución de los principales indicadores del mercado de trabajo de los
jefes de hogar y trabajadores secundarios clasificados según el quintil al que pertenece el hogar.
Observamos que el incremento de la tasa de actividad es mayor en los trabajadores secundarios de los
hogares de menor ingreso. Debido a esto disminuye la brecha entre los indicadores de actividad de los
hogares más pobres y más ricos.
Con respecto a los cónyuges se observa que en 1991 los que residían en los hogares de mayor ingreso
presentaban una tendencia a trabajar 3,4 veces mayor que la que tenían los de los hogares de menor ingreso,
reduciéndose esta relación a 2,0 veces en 1998. De lo anterior podemos deducir que a los factores tradiciona-
les para explicar su actividad (ejercer una profesión, realización personal por medio del trabajo, etc.) se le
suma un factor de disrupción de asignación de roles en el hogar. Es decir, la necesidad de satisfacer los
requerimientos monetarios ante la desocupación del jefe.
Si realizamos una comparación similar para los hijos obtenemos una relación que evoluciona de 2,8 a
2,1. Lo cual indica que se confirma la tendencia pero amortiguada por la diferencia de estructura demográfica
que presentan los hogares de ingreso bajo y alto.
Cuadro 2
Tasa de actividad por quintil de hogares según relación de parentesco(1)
Gran Buenos Aires: 1991-1998
- En porcentaje -
En el Cuadro 3 se observa que entre 1991 y 1998 disminuyó la proporción de jefes ocupados y aumentó
el empleo de los trabajadores secundarios. Esto se cumple en casi todos los niveles de ingreso, la excepción
son los hogares del tercer quintil donde el empleo de los jefes aumento (2%) y el de los hijos disminuyó (1%).
10 En el Cuadro 4 observamos que proporción de los que trabajan o desean trabajar no pueden hacerlo.
Vemos que los integrantes de hogares de bajo ingreso presentan valores de desocupación mucho más
elevados que los de ingreso alto. En 1998, en los hogares más pobres, el 33,3% de los cónyuges activos no
posee trabajo elevándose esta cifra al 42,0% en el caso de los hijos. Para los hogares de mayores ingresos
estos valores se reducen al 6,5% y al 4,0%. La tasa de desocupación de los jefes de hogares pobres es de
25,2 mientras que la de los de mayor ingreso es solo del 2,0.
Cuadro 3
Tasa de empleo por quintil de hogares según relación de parentesco(1)
Gran Buenos Aires: 1991-1998
- En porcentaje -
Cuadro 4
Tasa de desocupación por quintil de hogares según relación de parentesco(1)
Gran Buenos Aires: 1991-1998
- En porcentaje -
11
Con respecto al total de hogares observamos que en el período 1991-1998 la disminución del nivel de
empleo de los jefes de hogar generó un marcado incremento en la tasa de actividad de los cónyuges (r = -0,65)
y uno aún mayor en el caso de los hijos (r = -0,80).
Los cónyuges de los hogares de menores ingresos presentan una gran flexibilidad con respecto a la
disminución del empleo del jefe (r = -0,81). Por otra parte, a pesar de la casi nula potencialidad de los menores
de ingresar al mercado de trabajo, el coeficiente correspondiente a los hijos es elevado (r = -0,63).
Cuadro 5
Relación entre el empleo del jefe de hogar y la actividad del
cónyuge e hijos según quintil de hogares
Gran Buenos Aires: 1991-1998
- Coeficiente de correlación -
En los estratos de hogares medios y altos la relación entre el empleo del jefe con la actividad del
cónyuge disminuye en forma extrema. El valor atípico del cuarto quintil (r = 0,19) puede ser ocasionado por la
evolución errática. Los hijos de los mismos hogares presentan un incremento de su actividad ante la disminu-
ción del empleo del jefe. Especialmente en los hogares de ingreso alto, cuyos componentes poseen la poten-
cialidad de integrarse con éxito al mercado de trabajo debido a los altos niveles educativos y las redes de
contacto que poseen.
De este modo hemos demostrado la existencia de relación entre la falta de trabajo de los jefes de hogar
y la decisión de otros integrantes del hogar de pasar de la inactividad a la actividad. Nuevamente aparecen los
hogares pobres como los que realizan los mayores esfuerzos por mantener un nivel mínimo de ingreso.
Por otra parte, parece evidente que el incremento de la oferta de fuerza de trabajo originó un doble efecto:
la baja de retribuciones y la aceptación de condiciones precarizadas. Al mismo tiempo, vastos sectores de la
población del Gran Buenos Aires no podían satisfacer sus expectativas laborales.
NOTAS:
1
En forma previa a la clasificación de hogares en quintiles y por medio de la utilización de una técnica de
regresión logística se estimaron los ingresos no declarados de algunos perceptores. Esto se realizó con el fin de
integrar al análisis a los hogares cuyos miembros no declararon la totalidad o parte de sus ingresos.
2
Cabe recordar que este coeficiente varía entre 1 y -1. El valor 1 indica una relación perfecta positiva, el -1 una
relación perfecta negativa y el 0 una independencia estadística entre ambas variables.
12
DOSSIER
Estado del arte y derivaciones actuales sobre informalidad
Juan Villarreal
Pero la evidencia empírica latinoamericana de las últimas décadas -y ésto es ineluctable, porque es
particularmente unidireccional en el Cono Sur-, muestra un proceso de mediano plazo de exclusión,
informalización y desocupación crecientes.
Que en los bordes de su frontera social evidencia una diferenciación cualitativa que gana en intensidad,
en el mismo movimiento en que adquiere el carácter de calidades distintas. Un camino «heterogéneo» -que
atraviesa transversalmente los mundos de la formalidad y la informalidad-, recorre las cambiantes etapas (que
frecuentemente retroceden en un sendero que no está prefijado) de la precarización laboral, el marginamiento
ocupacional (desempleo, subempleo, pasividad) y la exclusión social (con base en pobreza estructural, origen
migratorio, sexo, edad y otras formas de ser distinto o «quedar afuera»)7 .
Conclusiones y propuestas
Nuestro somero e incompleto análisis sobre el estado del arte en el doble problema de formalidad/
informalidad, ha intentado tratar casos típicos de formas alternativas que se presentan hoy en el abordaje del
tema. Abusivamente, podríamos denominarlas como un análisis «clásico» (Kenya, Tokman, etc.), uno «libe-
ral» (Carbonetto), una visión «materialista» (Castells) y, por último, la mirada quizás «neoliberal» (de Soto). No
se trata de adjetivaciones críticas, sino de indicadores de una clasificación que no nos place. Muchas otras 15
posturas, demasiados matices, inundan el tema de la informalidad. Nuestra selección, con los agregados que
se adjunten, no son más que aproximaciones a una realidad esquiva.
Hemos desarrollado un análisis del estado del arte actual, sus antecedentes, las perspectivas posibles
de investigación y las conexiones metodológicas entre los diferentes enfoques. Para sugerir un camino de
desarrollo o indicar la posibilidad de un viraje que haga de la informalidad un tema integrable a la problemática
socioeconómica actual.
Que sea capaz de pensar la mirada de investigación en relación estrecha con las modalidades del
quehacer social12 . Pensando, incluso, la conceptualización como parte asociada a las prácticas económicas
y sociales. Para que no nos sorprendan los hechos sociales, en relación con «predicciones» aparentemente
científicas de las que nuestro accionar no estuvo suficientemente presente en sus consecuencias -y los
«proyectos» de los actores directamente estuvieran ausentes-, porque no fuimos capaces de concebir en la
misma sintonía en que actuábamos.
Dualismo estructural, lógicas divergentes de formalidad/informalidad, fronteras estrictas entre inclusión
y exclusión; no son más que «modelizaciones», definiciones a priori, formas paralelas de estática comparati-
va, que no deberían convertirse en puntos de partida epistemológicos de una investigación (que deberá ser
abierta, dinámica, plural). Para concederle a nuestros avances el beneficio de la duda, más que la certidumbre
de las afirmaciones: partiendo de problemas (conceptuales y operativos), enigmas, preguntas, más que de
proposiciones sustantivas, definiciones, términos o clasificaciones13 .
Animándonos a poner en cuestión -en el terreno de la política socioeconómica- las viejas certezas que
hacen a la valoración irrestricta de la formalidad (modernización, productividad, legalidad unívoca y relaciones
salariales); porque en los márgenes de la sociedad también pueden gestarse formas de solidaridad, trabajo
con sentido y mecanismos de sobrevivencia que hagan a la recomposición del «tejido social». Así como
pueden concebirse mecanismos de inclusión que transiten un camino de rearticulación, integración, de lo que
los procesos sociales han fragmentado14 .
Sin restringirse necesariamente al trabajo salarial (formalizado, mercantil, legal y jerárquico), sino a
nuevas formas laborales que aparecen frecuentemente; en un mundo en que la valoración clásica del trabajo-
empleo como generador de valor y justificación del esfuerzo -al modo de la ética protestante de Calvino y
Lutero-, parece diluirse entre la doble contrición de tecnologías expulsoras y un trabajo asalariado que aleja (y
contradictoriamente, por otras razones, atrae) a los seres humanos15 . En el marco de estas contradicciones,
dejamos un camino abierto.
Buenos Aires, 2/7/97.
NOTAS
1
OIT, Employment, Incomes and Equality. A Strategy for Increasing Productive Employment in Kenya, Ginebra, OIT,
1972.
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Una de las raíces básicas del concepto de “modelo” suele identificársela en las ciencias formales con Princi-
pia Matemática, de Russell y Whitehead. En ese concepto los postulados niegan la idea de conflicto y, quizás, de
movimiento.
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En “Sector informal urbano: hacia un nuevo enfoque”, y otros trabajos, Socialismo y Participación, Nº 21, Lima
Ed. Socialismo y Participación, 1983. Este y otros trabajos recogen elementos de artículos anteriores de varios
autores.
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Las diferencias, base de movimientos sociales y de una dinámica de cualidades distintas (formalidad, informa-
lidad, factores sociodemográficos, exclusiones, etc.), echan raíces en Foucault y Derrida. Pero también en
Heidegger: Identidad y diferencia, Barcelona, Anthropos, 1990.
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“El mundo debajo: orígenes, dinámica y efectos de la economía informal”, en Portes, castells y Benton (edito-
res9, The informal Economy Studies in Advanced and less Developed Countries, Baltimore, The Johns Hopkins
University Press, 1989.
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Paradójicamente, se observa un cierto paralelismo entre los análisis liberales y marxistas –focalizados en la
centralidad de la relación salarial, subordinando lo informal, precapitalista o distinto-. No es grande la distancia
entre Castells y de Soto.
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Sobre la exclusión social y su relevante relación con los mecanismos de formalidad/informalidad, ver nuestro
libro sobre el tema; J. Villarreal: La exclusión social, FLACSO/NORMA, Buenos Aires, 1996. Aquí podría decirse,
indicativamente, que la informalidad productiva expresa (en el ámbito económico) una forma de exclusión social
en la que lo sociocultural no ocupa el primer plano, sin dejar de estar presente.
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Ver A. Gramsci: Cuadernos de la cárcel. EkA, México, 1986, V. 4.
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Que insiste en aferrarse en economía a esas lógicas limitadas a dos valores posibles (verdadero/falso), cuya
utilidad para captar el movimiento, los conflictos y la dinámica de lo real cuestionó entre otros Lukasiewicz. En la
lógica «polivalente», que puede fundamentar como método un razonamiento que vaya más allá de la relación
biunívoca formal/informal, capitalista/no capitalista, etc., subyace la posibilidad de captar lo móvil, los procesos y
las leyes dinámicas.
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Ver, a este último respecto, M. Aglietta: Regulación v crisis del capitalismo. Siglo XXI, México, 1980. Un ejemplo
de tratamiento modelizado de lo económico son las tablas de insumo-producto; ver, por ejemplo, P. M. Gómez:
Actualización de matrices de insumo-producto, Santiago, Universidad de Chile, F.C.E., 1969.
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Sobre estos temas, ver los trabajos de Kuhn, Popper, Hempel. Pero especialmente, D. Eribon: Michel Foucault,
Anagrama, Barcelona, 1992, y Feyerabend, Goffman.
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« Ver Foucault: El nacimiento de la clínica, Siglo XXI, México, 1980.
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Como indica razonablemente Feyerabend en Contra el método, Siqlo XXl, México, 1985. Hay puntos de contacto
con estas afirmaciones, en el Kuhn joven de La estructura de las revoluciones científicas. Su acercamiento
posterior a Popper, va en una dirección diferente, deductivista.
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Ver, sobre estas cuestiones, de Castoriadis: El mundo fragmentado, Altamira, Buenos Aires, 1993. Pero
también los trabajos sobre exclusión y vulnerabilidad de Robert Castel y Gabriele Quinti.
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Sobre el papel actual del trabajo, ver Rosanvallon: Lá cuestión social y otros textos de Offe, A. Fouquet y Coriat.
Pareciera que el «trabajo abstracto» se hubiera invertido en la secuencia que lo hizo derivar del «trabajo enajena-
do».