Madam Bovary
Madam Bovary
del comentario
2.3: Comente la producción literaria del autor con especial atención a la obra
seleccionada (2 puntos)
Novelista francés encuadrado dentro de Realismo, alabado por su objetividad y la esmerada perfección
de su estilo, cualidades ambas que se pueden encontrar en Madame Bovary, su trabajo más
representativo. Flaubert, hijo de un médico, nació en Ruán, Normandía, el 12 de diciembre de 1821.
Estudió derecho en París durante un corto periodo de tiempo pero su frágil salud le obligó a
abandonarlo.
Fue entonces cuando decidió dedicarse a escribir. Entre 1849 y 1851 viajó, en compañía de un amigo,
por Grecia y Oriente Próximo, una experiencia que le inspiró los escenarios exóticos de dos de sus
novelas. Afectado por un desorden de tipo nervioso, transcurrió la mayor parte de su vida de forma
tranquila, junto a su familia en Croisset, un lugar de campo cerca de Ruán, donde recibía frecuentes
visitas de otros notables escritores. Allí murió el 8 de mayo de 1880.
La primera novela de Flaubert, y la más leída también, Madame Bovary, publicada por primera vez en
1857 en la Revue de Paris, hubo de enfrentarse muy pronto a un importante proceso legal. Tanto el
autor como el editor fueron acusados por la inmoralidad de la novela. A pesar de haber sido absueltos,
el escándalo empañó el lanzamiento del libro, y no fue hasta más tarde cuando fue reconocida como
una de las obras maestras de la literatura francesa.
Madame Bovary, subtitulada Costumbres provincianas, es, en apariencia, una convencional historia de
adulterio, pero logra convertirse en un profundo análisis de la humanidad y, en concreto, un ataque a la
monotonía y a las desilusiones de la vida burguesa. Emma Bovary, con la imaginación repleta de
románticas ilusiones sobre el amor y la pasión, se topa con la realidad de un insípido matrimonio que la
ahoga, y busca las sensaciones sobre las que ha leído en los libros, a través de una serie de aventuras
amorosas, que ella desea ver como grandes pasiones, pero que no son en realidad más interesantes
que su vida matrimonial. En un ataque de desesperación, se quita la vida.
Flaubert refleja con gran acierto la tragedia de este personaje, y Madame Bovary ha resultado ser una
obra de referencia constante, hasta el punto de estar considerada como una obra maestra del
Realismo. Forma y fondo se entrelazan en la obra, en un todo que funde la belleza literaria con la más
universal y eterna de las pasiones del ser humano: el amor. Y es que Flaubert lo trata desde todos los
puntos de vista desde los que puede ser sentido, sin someterlo en ninguna de sus vertientes a juicio
moral alguno. El amor puede ser platónico e ideal, apasionado, despreciado, prostituido, correspondido
y traicionado; puede proporcionar alegrías infinitas y hacer sufrir a quien lo siente; puede dar y quitar
motivos por los que merezca la pena vivir; puede, en fin, salvar nuestra existencia, o corromper
nuestras almas y destruirnos como personas.
Todas estas maneras de amar las experimenta Emma, la protagonista, heroína trágica a quien le toca
vivir un mundo para el cual no ha nacido. El papel que la vida le reserva como pequeña burguesa de
provincias en la Francia de la primera mitad del siglo diecinueve le queda muy pequeño a su espíritu,
ansioso tanto de los excesos románticos que halla en las novelas como de los nuevos horizontes que
había abierto el Imperio napoleónico, y que acaba de clausurar la Santa Alianza con la restauración
monárquica. Anhela la vida desenfrenada de París, la belleza de Italia y la pasión de un hombre que
esté por encima de los demás. Su corazón se exalta hasta el punto de rebelarse contra su vida
anodina en un pueblecito de Normandía, a rechazar la mediocridad de su esposo y a saltarse las
imprescindibles conveniencias sociales de su época. ¿Es Madame Bovary egoísta? Sin duda. ¿Es
culpable, por ello? Difícil condenarla. ¿No buscamos acaso todos, incluso los más desinteresados,
nuestra propia felicidad?
Mario Vargas Llosa, en su obra La orgía perpetua, hace un profundo análisis de Madame Bovary y
destaca las relaciones de esta obra con el Quijote de Cervantes. Las afinidades entre ambas novelas
no se limitan a la condición de los protagonistas, cuyo drama no consiste tanto en ser incapaces de
percibir la realidad con exactitud en confundir sus deseos, fruto de las lecturas, con la vida objetiva,
sino en intentar llevar a cabo esos sueños: en esto radica su locura y su grandeza.
En Madame Bovary se produce la misma mezcla de ilusión y realidad: es tan importante lo que sucede
objetivamente como lo que pasa en la imaginación de Emma, igual que en la historia de Alonso
Quijano.
Madame Bovary comparte además con muchas novelas de su época el tema del adulterio, el conflicto
de la mujer asfixiada en una institución típicamente burguesa como el matrimonio que se ve arrastrada
a aventuras amorosas extraconyugales con un final siempre trágico. El primo Basilio, del portugués
Eça de Queiroz, La Regenta de Clarín, o Ana Karenina del ruso Lev Tolstoi, son ejemplos de esta
narrativa.
La novela de Flaubert fue llevada al cine por diferentes directores (Jean Renoir, Vincent Minnelli,
Claude Chabrol y más recientemente Tim Fywell ) que plasmaron en la pantalla la tragedia de esta
heroína. Todavía hoy se emplea el término bovarismo para referirse a aquel cambio del prototipo de
mujer idealizada que difundió el Romanticismo, negándole su derecho a la pasión.
Otras novelas también importantes de Flaubert son Salambó (1863) y La tentación de San Antonio
(1874). La primera de ellas es una narración histórica ambientada en la antigua Cartago; la segunda
está basada en la leyenda de las tentaciones a las que se tuvo que enfrentar el fundador de las
comunidades religiosas cristianas, san Antonio, en la soledad del desierto.
Aunque estas dos novelas son consideradas en general más cercanas al romanticismo que Madame
Bovary, casi todas las obras de Flaubert combinan elementos tanto románticos como naturalistas. En
sus cartas, publicadas póstumamente, Correspondance (4 volúmenes, 1887-1893), Flaubert calificó su
trabajo de "agonías del arte". El infinito cuidado que ponía en conseguir una gran precisión en los
detalles y en el lenguaje se ha hecho legendario. La devoción de Flaubert hacia el arte no podría haber
sido puesta de manifiesto de otro modo mejor que en la perfección que se exigía a sí mismo.
Entre las demás obras de Flaubert cabe destacar la novela La educación sentimental (1869), tres
narraciones cortas publicadas con el título de Tres cuentos (1877), y dos trabajos editados
póstumamente, la inacabada novela Bouvard y Pécuchet (1881) y Diccionario de lugares comunes
(1913).
El Realismo, que se desarrolla en Europa en la segunda mitad del siglo XIX, especialmente en Francia
e Inglaterra, coincide cronológicamente con el incremento de la población urbana a causa de la
industrialización, con la eclosión del proletariado, y sobre todo con el apogeo de la burguesía como
clase dominante. El aumento de poder de las clases medias, que habría empezado con la Revolución
Francesa del 1789, se percibe en Francia con los gobiernos de Luis Felipe y Napoleón III.
Madame Bovary se centra en la burguesía del siglo XIX, época en la cual transcurre la novela. El siglo
XIX recibe una clara herencia de la centuria anterior, el siglo de las luces, caracterizado por el triunfo
de la razón, y esto se refleja en la obra en el laicismo que exponen algunos de sus personajes. En el
transcurso del libro se nombra a Voltaire que era muy apreciado por ser uno de los principales
representantes del movimiento ilustrado, y un crítico feroz de la religión y el clero, aunque profesando
su creencia en Dios.
Asimismo, Flaubert intenta reflejar el aburrimiento y la monotonía burguesa a través del tema principal
de la novela, el adulterio, y la forma de pensar de la época.
La redacción de Madame Bovary ocupa a nuestro escritor los años 1851 a 1856, es decir, los
posteriores a la revolución del 48; aproximadamente empieza el año de la caída de la II República y de
la proclamación del II Imperio. Tras la publicación de su obra en 1857, Flaubert aún habría de asistir al
final de la etapa imperial en 1870, a la comuna del 71 y a la República, constituida en este mismo año
y que sobrevivirá al novelista más de sesenta años.
Desde el punto de vista de su contexto literario, Madame Bovary es un claro ejemplo de realismo
francés de mediados del XIX. Para el autor fue el punto de inflexión clave en su carrera [Link]
realismo de Flaubert no busca por sí misma la precisión histórica -que la tiene- sino, ante todo, la
belleza. Está más próximo al Rojo y Negro de Stendhal (punto intermedio entre el Romanticismo y el
Realismo) que al naturalismo empeñado en el rigor del dato histórico. Flaubert escribe con un estilo
exquisito que, a pesar de que no lo hace inmune a las traducciones, sí facilita su excelente
consideración fuera del original francés.
Al parecer para idear el argumento de la novela Flaubert se basó en un caso muy conocido por
aquellos tiempos en Ruan, su ciudad natal, un caso que tenía como protagonista a un médico,
Delamare, que después de enviudar se casó con la hija de unos ricos granjeros, Delphine Couturier.
Con ella tuvo una hija, pero el matrimonio fue un continuo motivo de escándalo por las aventuras
amorosas y la vida de lujo de la mujer, que falleció en 1848.
Además, como es norma en la novela realista, Flaubert se documentó para describir ambientes y
situaciones por las que atraviesas los personajes, especialmente en lo referente a temas médicos y
legales.