Angulo, Diego - Historia Del Arte 02
Angulo, Diego - Historia Del Arte 02
HISTORIA
DEL A R T E
TOMO SEGUNDO
DISTRIBUIDOR E. I. S. A.
OSlVTE, 15 - MADRID - so
196»
DIEGO ÁNGULO INIGUEZ
CATEDRÁTICO DE LA UNIVERSIDAD DE MADRID
HISTORIA
DEL MISMO AUTOR
Manual de Historia del Arte. Madrid, 1954. Dos tomos de 259 y 267 páginas, con
DEL ARTE
173 grabados de línea intercalados en el texto. Tamaño 22 x 16. Agotado.
Resumen de Historia del Arte. 1955. Un tomo de 323 páginas, con 479 grabados de
línea intercalados en el texto, más 32 láminas de papel cuché con 186 grabados
de retícula. El texto ocupa unas 240 páginas y. los grabados de línea unas 75.
TOMO SEGUNDO
Tamaño 21 x 14.
* **
El autor agradece a los Sres. Ruiz Argilés y Delojo los numerosos dibujos que
para ilustrar esta obra han tenido la bondad de hacer expresamente.
DISTRIBUIDOR E. I. S. A.
OÑATE, i 5 . MADRID-ao
1962
CUARTA EDICIÓN
; CAPITULO I
italianos no precisan, por tanto, un gran esfuerzo para liberarse de humanos, y en parte vegetales, recibe ahora el nombre de grutescos,
ellas. por haberse difundido su uso a raíz del descubrimiento de las pinturas
La parte de Italia donde este fervor por el arte antiguo adquiere murales de ese tipo del palacio imperial, cuyos salones, por estar so-
más temprano y amplio desarrollo es Toscana. Dividida la península terrados, semejan grutas. Ordenada con frecuencia esa decoración en
en pequeños Estados, sus príncipes y tiranos pugnan por distinguirse torno a un vastago vertical que le sirve de eje, llámase de candelabro
como mecenas de artistas, escritores y humanistas. Pero,- entre todos, —a candelieri—. Los tallos ondulantes ascendentes, por lo general, con
descuella la familia de los Médicis, que, aunque propiamente no son roleos laterales que suelen usarse en las pilastras, denomínanse su-
señores de la bella ciudad del Arno hasta el siglo xvi, rigen sus des- bientes. Flores, frutos, trofeos y objetos diversos pendientes de cintas,
tinos durante la centuria anterior. La casa de Cosme de Médicis es festones, coronas y medallones, son también temas frecuentes en la de-
un verdadero museo de escultura clásica, centro de reunión de artistas coración renacentista. En las artes industriales se emplea, además, el
y literatos, cuyas conversaciones son un continuo elogio de la antigüe- arabesco (figs. 1-5).
dad. Academia artística en que se forman los jóvenes florentinos —en- El artista que sienta las bases del nuevo estilo es el florentino Fe-
tre ellos el propio Miguel Ángel—, alcanza su máximo esplendor bajo lipe Brunelleschi (t 1446), cuya actividad llena el segundo cuarto del
su nieto Lorenzo el Magnífico, persona de sensibilidad exquisita y poe- siglo xv. El es quien abre el capítulo de la arquitectura del Renaci-
ta de primer orden. Este exaltado entusiasmo por el mundo antiguo miento con la cúpula de la catedral de Florencia, quien construye las
termina provocando la más violenta reacción religiosa, y el propio Lo- primeras iglesias del nuevo estilo, y quien crea el tipo de palacio re-
renzo él Magnífico puede contemplar cómo, impulsadas por la arre- nacentista.
batadora oratoria del dominico Savonarola, las turbas y aun sus pro- El viejo edificio gótico de la catedral florentina está por terminar.
pios autores queman en las calles de Florencia algunas de las obras Le falta el cimborrio que debe cubrir la enorme anchura de sus tres
en que el paganismo triunfa. La propaganda de Savonarola, que paga naves (fig. 6). Su diámetro ha de ser como la media naranja del Pan-
en la hoguera su demagogia, no pone fin, sin embargo, al culto p o r la teón de Roma, pero Brunelleschi, a pesar de su entusiasmo por el arte
antigüedad. Pero, pocos años después, Florencia pierde la hegemonía romano, al tener que resolver el aspecto técnico de su cúpula, idea un
artística que disfrutara en Italia durante cerca de dos siglos. sistema de contrarresto netamente medieval, disponiendo una bóveda
En la evolución del Renacimiento suelen distinguirse tres etapas cuyos empujes laterales contrarresta con la carga de otra exterior, si
correspondientes a sus tres siglos de vida: la del siglo xiv —en italia- bien, para mayor seguridad, cincha aquélla con poderosos anillos de
no, mille e trecentó—, o Trecento; la del xv, o Quattrocento, y la madera. Gracias a su apuntamiento y al tambor octogonal en que ca-
del xv, o Cinquecento. (Pronunciase trechento, cuatrochento y chin- balga la cúpula florentina, se distingue por la elegancia de sus propor-
cuecento.) ciones. Su construcción consume más de veinticinco años de la vida de
Brunelleschi, que muere cuando se comienza la linterna.
LA ARQUITECTURA CUATROCENTISTA. FLORENCIA. BRUNELLESCHI.—Aunque Si en la cúpula de la catedral, Brunelleschi resuelve un gran pro-
durante algún tiempo se conservan formas góticas, el nuevo estilo re- blema técnico creando una obra de las más bellas proporciones, donde
presenta un cambio radical en los elementos arquitectónicos y en los se nos muestra realmente en posesión del nuevo estilo es en las dos
temas decorativos. Mientras que el gótico es la consecuencia de la evo- iglesias hermanas de San Lorenzo (1420) y del Espíritu Santo (1436),
lución del románico, el Renacimiento rompe con el estilo precedente y en la capilla de los Pazzi, en Santa Cruz. En todas ellas desapare-
y toma por modelo el de la Roma antigua, muerto hace muchas cen- cen las formas medievales, y tanto los elementos constructivos como
turias. los decorativos son clásicos. El pilar y el baquetón góticos ceden su
El Renacimiento vuelve a emplear los elementos constructivos y puesto a la columna y a la pilastra romanas, coronadas por ricos ca-
decorativos clásicos, claro que con una libertad y unas preferencias piteles corintios o compuestos; el entablamento reaparece, los arcos son
que son la base de su originalidad. La decoración de tipo fantástico, de medio punto y las bóvedas, váidas o cupuliformes, se decoran con
en la que el artista funde caprichosamente los diversos reinos d e la grandes casetones al gusto romano, lo mismo que las cubiertas adin-
Naturaleza creando seres monstruosos, en parte animales, en parte teladas.
8 BRUNELLESCHI
turo templo cristiano. Su San Andrés de Mantua (ñgs. 20, 21), de una
sola nave cubierta por poderosa bóveda de cañón, con pequeñas capi-
- r^-w;m* » 4-
llas laterales y cúpula en el crucero, es el precedente ilustre de la igle-
sia jesuítica de Vignola. Corona la fachada, distribuida a semejanza i» » a 8 '• ir
de un arco de triunfo romano, gran frontón, como un siglo más tarde
hará Palladio. A Alberti se debe también el templo levantado en Rí- Figs. 10-12.—Brunelleschi: Capilla Pazzi, Florencia. (Burckhardt, Delojo.)
mini por Segismundo Malatesta en recuerdo de su amada Isolda, de-
jándonos así uno de los testimonios más elocuentes del paganismo re-
nacentista (fig. 22). En cuanto a la arquitectura civil, introduce nove-
dades de interés en la fachada del palacio, reaccionando en el palacio
Rucellai (fig. 19) contra la uniformidad del almohadillado brunelles-
chiano al trazar pilastras entre los vanos de sus tres plantas. Es el mis-
mo sistema empleado en el Palacio de la Cancillería de Roma (figs. 31,
39), que se le ha atribuido, al parecer sin demasiado fundamento. Su
tratado De re aedificatoria nos dice que Alberti, además de arquitecto
práctico, es uno de los grandes teóricos del Renacimiento.
Aunque sin la categoría de los dos grandes arquitectos anteriores,
trabajan en Florencia otros varios, entre los que destaca G. de Sanga- Figs. 13, 14.—Palacios Riccardi y Pitti. (Burckhardt.)
11o (t 1516), autor de dos bellos edificios de planta central o de varios
ejes de simetría iguales: la iglesia de Santa María delle Carceri (figu-
ra 23), de Prato, de forma de cruz griega, y la Sacristía de S. Spirito mmmmmm
de Florencia, octogonal, ambas de los últimos años del siglo. Su her-
mano, Antonio Sangallo el Viejo levanta, ya muy entrado el siglo xvi
y, por tanto, influido por el estilo de la nueva etapa renacentista, la
iglesia de Montepulciano (figs. 24, 25), de cruz griega, como la de Prato,
pero con ábside semicircular.
ruzzi se debe el palacio Massimo (fig. 47), en cuya fachada las columnas
desempeñan importante papel.
Cuando Paulo II decide, en 1546, encomendar la dirección de las
obras de San Pedro a Miguel Ángel, éste ha cumplido los setenta. El
gran florentino se resiste cuanto puede, pero, al. fin, acepta, si bien
recabando plena libertad para introducir en el proyecto todas las no-
vedades que estime convenientes. Consisten éstas en la desaparición
de tres ingresos laterales con pórticos y de las sacristías, alojadas en
las torres, y, sobre todo, en la transformación de la cúpula (figs. 44-
Figs. 37-39.—Bramante: Santa María de las Gracias, Milán; Belvedere, Roma.- 48, 49). Educado en la contemplación de la de Brunelleschi, la hace de
Palacio de la Cancillería, Roma. proporciones mucho más elegantes y la eleva hasta alcanzar los 131
metros. Gracias a él, lo mismo que en Florencia, la cúpula se convier-
te en el rasgo más característico' del perfil de la ciudad. Decora su
tambor con columnas pareadas y frontones triangulares y curvilíneos
alternados, y a este tema de frontones de dos tipos, juntamente con
las hornacinas bramantescas, reduce la decoración de las fachadas ex-
teriores, recorridas por gigantescas pilastras lisas (fig. 53). La influen-
cia de la cúpula miguelangelesca en los arquitectos posteriores será de-
cisiva. Pocas dejan de ser simples variantes en mayor o menor grado
de la creación miguelangelesca.
Además de la gran empresa del Vaticano precisa recordarse, den-
tro de la reducida labor arquitectónica de Miguel Ángel, el proyecto
de fachada de San Lorenzo (fig. 52), de Florencia; la escalera de la bi-
blioteca Laurenciana (fig. 56), donde es notable el efecto de dinamis-
Figs. 4042.—Bramante: S. Pietro in Montorio.—Iglesia de Todi. (Delojo, Lavisse.) mo contenido que producen sus elementos constructivos; la capilla Me-
dicea (fig. 50), ambas en Florencia, para la que labra sus famosos
sepulcros de que se trata más adelante; la regularización de la plaza
del Capitolio (fig. 54), con el palacio de los Conservadores (fig. 55), y
la Puerta Pía (fig. 58), de Roma.
Figs. 54, 55.—Miguel Ángel: Plaza del Capitolio y Palacio de los Conservadores,
Roma. (Delojo.)
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Figs. 58, 59.—Sangallo: Palacio Farnesio, Roma. Fig. 60.—Miguel Ángel: Puerta Pía,
-ssrfÉÉSsBlSSI^n 17 Roma. (Delojo.)
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Figs." 51-53— B r a m a n t e : Proyecto para San Pedro.—Miguel Ángel: Modelo p a r a
San Lortnzo.—Ábside y cúpula de San Pedro. (Delojo.)
111 JR
bre ellas unas tribunas, desde las cuales la comunidad puede asistir a
los oficios sin ser molestada por los fieles. El Jesús de Roma es el pro-
totipo de la llamada iglesia jesuítica, que tanto se generaliza en el pe-
ríodo barroco. Dadas la gran anchura de su nave y la intervención en
la obra de San Francisco de Borja, se ha pensado en la posible influen-
cia del tipo de iglesia gótica del Levante español (I. fig. 826). La porta-
da (fig. 65) se debe al discípulo de Vignola, Giacomo della Porta, quien,
inspirándose en el viejo modelo de Alberti, la corona con un gran fron-
tón y establece el tránsito entre el cuerpo bajo y el alto por medio de
unos grandes mensulones. Obra de Vignola es, además, el palacio de Figs. 73-75.—Palladio: Teatro Olímpico, Vicenza; San Jorge, Venecia.—Sansovino:
Caprarola, de planta pentagonal y patio circular (figs. 62, 67) y la Villa Librería, Venecia.
Julia (ñg. 69), de Roma. Los conocimientos adquiridos por Vignola,
al medir los monumentos romanos por encargo de la Academia Vitru-
biana, sirven de base a su Trattato degli Ordini, de tan perdurable in-
fluencia en el futuro.
Andrea Palladio (t 1580), autor de la obra / quattro Hbri dell'Ar-
chitectura (1570), deja huella no menos profunda, sobre todo en la ar-
quitectura civil. Discípulo también de Miguel Ángel, se establece en
Vicenza, su patria, y trabaja principalmente en el norte de Italia. La
fachada de la basílica (fig. 71) de aquella población está concebida con
sobriedad casi bramantesca, pero su gran novedad consiste en el em-
pleo simultáneo en su fachada de columnas de dos escalas, unas bajo
los arcos, y otras que recorren toda la planta y que al contacto de aqué-
llas resultan mayores de lo que realmente son. En el Teatro Olímpi-
co (figs. 63, 73) resucita el modelo clásico. Sus villas de recreo, a las Figs. 76-78.—Sansovino: Palacio Correr y «Loggetta», Venecia.—Palacio de Blois.
que dedica uno de los libros de su tratado, semejan verdaderos tem- (Delofo.)
plos de gran empaque monumental, con grandiosas columnatas, am-
plios frontones y no"bles gradas de acceso. La Villa Capra (fig. 72), de
Vicenza, construida para un alto empleado pontificio y conocida por
la Rotonda, puede servir de modelo. En sus palacios (fig. 68) se mul-
tiplican columnatas j , sobre todo, frontones y áticos para crear gran-
des efectos monumentales, en que la sensación de reposo, no exenta a
veces de amontonamiento, es decisiva en el conjunto. Sus templos más
conocidos son los del Redentor y de San Jorge, ambos de Venecia
(figuras 66, 70, 74).
La influencia de Talladio es particularmente intensa en Inglaterra,
y a través de ella, en los Estados Unidos, donde perdura casi todo el
siglo xix. Por su simplicidad y reposo de líneas, es también fuente de
inspiración de no pocos arquitectos neoclásicos. Figs, 79, 80.—Palacio de Chambord. (Ducerceau.)
24 FRANCIA ARQUITECTURA DEL RENACIMIENTO EN ITALIA 25
FRANCIA.—La introducción del Renacimiento en Francia aparece li- visible exteriormente (fig. 83). Equiparable en mérito a Lescot es su
gada con las expediciones reales a Italia en demanda de Ñapóles y del
contemporáneo Filiberto de l'Orme (t 1570), que construye a cierta
Milanesado. Carlos VIII reúne, ya en 1495, un importante núcleo de
distancia del palacio del Louvre el de las Tullerías -—en francés Tui-
artistas italianos en el castillo de Amboise, a la cabeza de los cuales
íeries, tejerías— (1564) (fig. 84 II), donde emplea lo que él mismo de-
figura Fra Giacondo, primer editor de Vitrubio y uno de los arquitectos
nomina —pues además de arquitecto práctico es un teórico— el orden
de San Pedro de Roma, y desde entonces no faltan artistas italianos
francés, cuyos rasgos más característicos son las fajas decoradas que
en la corte francesa, y en Francia pasan sus últimos años algunos tan
interrumpen el fuste estriado de sus columnas (fig. 85).
insignes como Leonardo de Vinci y el tratadista Serlio. La llamada
escuela de Fontainebleau, constituida por los artistas italianos y sus Estas dos obras de los dos principales arquitectos renacentistas
discípulos franceses allí reunidos, es el gran centro írradíador del nuevo franceses son el núcleo del Louvre actual. Todavía en el siglo xvi se
estilo, bajo Francisco I y Enrique I I ; pero, pese al decidido favor del construye el ala del lado del río de la actual plaza del Carroussel,
monarca y a los hermosos palacios que se construyen, el Renacimiento que llega hasta las Tullerías (fig. 84 III y IV). Bajo Luis XIII y
no alcanza en Francia un desarrollo tan extraordinario como en Es- Luis XIV se cierra el patio cuadrado comenzado por Lescot (fig. 84 VI
paña. y VII). Napoleón I construye parte de la segunda ala del patio citado
La arquitectura renacentista francesa es principalmente de carác- (figura 84 IX), y Napoleón III lo completa con varios patios menores
ter civil y, más concretamente, palaciega, como presintiendo el fu- (figura 84 X). El palacio de las Tullerías fue destruido durante la re-
turo de su gran florecimiento barroco. Los reyes franceses no em- volución de 1871.
prenden, sin embargo, en los primeros tiempos, la construcción del A Lescot, en colaboración con el escultor Goujon, se debe la bella
gran palacio de la Monarquía, y se dedican a reformar y ampliar en Fuente de los Inocentes (fig. 81).
el nuevo estilo los castillos-palacios del valle del Loira. La gran em-
presa de este tipo es el ala agregada por Francisco I al castillo de
Blois (figs. 78, 82), en la que la gran escalera helicoidal y las cubierta vio-
lentamente inclinada, con sus numerosas chimeneas, desempeñan pa-
pel de primer orden. El dragón coronado y lanzando llamas por las
fauces, emblema de Francisco I, es simple tema ornamental en el cen-
tro de los recuadros, sin adquirir el desarrollo extraordinario que con-
cederán a los temas heráldicos los arquitectos castellanos.
Aún más representativo del renacimiento cortesano de Francisco I
es el castillo de Chambord (figs. 79, 80), edificio concebido para el
lucimiento de una doble escalera helicoidal en el interior y la ostenta-
ción de un bosque de chimeneas en el exterior; en realidad, un escena-
rio pensado para la apoteosis de un monarca amigo de cacerías y fies-
tas. Obra de Pedro Trinqueau, es, como se ha dicho, para Francisco I
lo que El Escorial para Felipe II y Versalles para Luis XIV.
Al mediar el siglo se emprende, ya en París, la gran obia del pala-
cio del Louvre. Su arquitecto, Pierre lescot (t 1578) lo traza (1546) con
un patio cuadrado del que sólo llega a construir un ángulo, si bien al
completarse se sigue, al menos en rasgos generales, su modelo (fig. 84).
Es éste de dos plantas corintias, la baja con arcos y la alta con ven-
tanas cubiertas con frontones triangulares y curvos. Sobre ellas carga
una tercera más baja, a manera de ático, con empinada cubierta muy
ARQUITECTURA DEL RENACIMIENTO EN ESPAÑA 27
punto las arquerías de las dos plantas dei patio toledano, en la segunda El arquitecto de nombre conocido que trabaja ya en esos años y
del de Alcalá, adopta las zapatas y el sistema adintelado de su maestro. llena todo el primer tercio del siglo es Juan de Álava (t 1537). Re-
Después de esta etapa de gran riqueza ornamental, de que son tam- cibida probablemente su primera formación en el gótico, tal vez con
bién buenos ejemplos la portada de San Clemente (1534) y la capilla Juan Gil de Hontañón, alarga y emplea a veces los elementos arqui-
de los Reyes Nuevos, cubierta con bóveda de crucería (fig. 93), al en- tectónicos renacentistas con un sentido de las proporciones aún gó-
cargarse de la fachada principal del Alcázar (figs. 106-108) parece ini- tico. Como es natural todavía en estos años, su decoración está con-
ciar un estilo más sobrio. Comprendida entre los dos torreones de las cebida muy en plano y los elementos se proyectan poco. En la portada
esquinas, aunque conserva el almohadillado en la galería alta, en el de San Esteban (1524) (fig. 114), obra de madurez del artista, aparecen
cuerpo principal reduce la decoración al encuadramiento de las venta- bien de manifiesto esos caracteres.
nas, y la de la puerta misma es sumamente sobria. Un paso más en De estos mismos años es la bellísima portada de la Universidad
el mismo sentido representan la Puerta de Bisagra (1559) (fig. 103), y (lámina 1). No obstante ser una de las obras maestras de la arquitec-
la iglesia de Getafe (fig. 104). tura plateresca, ignoramos el nombre de su autor. Limitada por dos
Aunque de autor desconocido, deben recordarse en la bella serie de pilastras que terminan a la altura de las impostas, la decoración se
patios renacentistas de escuela toledana los del monasterio de Lupiana distribuye en varias calles y cuerpos, en los que la escala aumenta con
y de San Pedro Mártir, de Toledo (figs. 109, 110). La figura 111 repro- la altura. Sobre el fondo de grutescos de admirable finura de ejecución
duce un ejemplo de portada de frontón curvo —frontispicio de vuelta se recortan medallones con los retratos de los Reyes Católicos, bustos
redonda, lo llamaría Sagredo— muy repetido en la ciudad, y la 99 la y estatuas de héroes y deidades paganas, y tal vez símbolos de las dis-
rica portada del Hospital de Santa Cruz, aún con no pocos resabios ciplinas universitarias.
góticos. La Casa de las Muertes, de hacia 1515, es, por su calidad, digna del
La creación segoviana más importante de esta segunda etapa re- autor de la Universidad (fig. 119).
nacentista es el tipo de casa con patio adintelado sobre columnas con A esta etapa se debe la formación de un tipo de portada muy ca-
zapatas, cuyas galerías sólo suelen ocupar tres de los lados. En algún racterístico de la escuela, que se distingue porque los soportes que
caso el muro del cuarto lado presenta decoración esgrafiada de viejo encuadran el vano quedan suspendidos antes de descender hasta tie-
abolengo en la ciudad. Los ejemplares más importantes son las casas rra. Algunas, como las de la casa de los Maldonado y la del convento
del marqués del Arco y del marqués de Lozoya (1563) (fig. 101). En de las Dueñas, recuerdan mucho el estilo de Juan de Álava (figuras
Avila debe recordarse la de Polentinos, actual Academia Militar, de 115, 118).
patio adintelado (fig. 102). Rodrigo Gil de Hontañón (t 1577), hijo del arquitecto Juan Gil
de Hontañón y que sucede a Juan de Álava en la maestría mayor de
SALAMANCA: ÁLAVA Y HONTAÑÓN. LEÓN. BURGOS.—En ninguna pobla- la catedral, es la gran figura de la escuela durante el segundo tercio
ción de la Península tiene el estilo plateresco acogida tan entusiasta del siglo. Pocos arquitectos trazan y dirigen tantas obras como él.
como en la vieja ciudad universitaria. Salamanca es la ciudad plate- Su labor, lejos de limitarse a la región salmantina, se extiende por
resca por excelencia, tanto por el número de sus monumentos como toda Castilla la Vieja y deja en la Nueva un monumento tan impor-
por la exquisita finura de su decoración, debida en gran parte a la ex- tante como la Universidad de Alcalá (1549) (fig. 125). Su fachada es
celente calidad de su piedra, ligeramente rosada. de composición clara y grandiosa. Corónala galería corrida como la
El Renacimiento se inicia en algunas casas concebidas todavía en del Alcázar de Toledo, y su gran calle central remata en frontón, bajo
gótico, como la de las Conchas (1512) (figs. 112, 113), donde la decora- el cual campean en la gran escala acostumbrada en Castilla las armas
ción del romano enriquece el dintel de las puertas o los antepechos de imperiales, que con los dos grandes ventanales constituyen uno de los
las ventanas. Por desgracia, ignoramos el nombre del principal maes- principales elementos del conjunto. Todo lo demás es secundario y
tro de este momento. Sin su importancia, a esta etapa pertenece, entre aparece totalmente subordinado a estos grandes temas principales. La
otras, la casa del médico Abarca. menuda y abundante decoración de Álava ha desaparecido, el paramen-
to liso del muro luce con fuerza y las mismas columnas casi han per-
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Figs. 107, 108.—Covarrubias: Alcázajr de Toledo. Fig. 109.—Monasterio de Lupiana. Figs. 116-118.—Conventos de Corpus Christi, del Espíritu Santo y casa de los
(Delojo.) Maldonado, Salamanca. (Delojo.)
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ra 128), de patio adintelado, con especie de zapatas, formadas por ca-
piteles y ménsulas a los lados, y la de Ángulo (fig. 130). La del Cubo p1
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(figura 129) se distingue, en cambio, por el movimiento de sus temas ' LÍpT
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decorativos. De estilo burgalés muy discutido, hasta el punto de pen-
sarse también en algún maestro toledano, es el hermoso palacio de
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Figs. 154, 155.—Vandelvira: Salvador de Ubeda. Fig. 156.—Casa de los Vela de los
Cobos, Ubeda. (Delojo.) Figs. 162-164.—Gaínza: Capilla Real.—Sala Capitular y Sta. Paula, Sevilla. (Delojo.)
44 SEVILLA Y CÓRDOBA : '1^
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sigue formar una escuela como la granadina. El vallisoletano Diego de
Riaño (t 1534), durante sus breves permanencias en la ciudad, traza
el Ayuntamiento y lo dirige breve tiempo. Muy gótico todavía en las
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partes más antiguas el interior, sus fachadas constituyen uno de los Fig. 165.—Fernán Ruiz I I : Iglesia del Hospital, Sevilla. (Chueca.)
conjuntos decorativos más ricos de nuestro Renacimiento (fig. 158).
El segundo gran monumento del plateresco en Sevilla es la sacris-
tía mayor de la catedral (1532) (figs. 160, 161), atribuida corrientemente
a Riaño, pero que, al menos en gran parte, se debe a inspiración de
Sí loe. De planta de cruz griega, casi cuadrada (fig. 160), se cubre con
enorme cúpula sobre bóvedas cónicas muy abiertas, enriquecidas con
relieves en casetones. Grandioso y rico, su interior es una de las creacio-
nes más bellas de nuestro plateresco. A Martín de Gaínza (t 1555), nom-
Fig. 166.—Casa del conde de Guadiana, Ubeda. Fig. 167.—Casa de Pilatos, Sevilla.
brado maestro mayor de la catedral a la muerte de Riaño, se debe la (Delojo.) Fig. 168.— Fernán Ruiz III: Torre de la catedral de Córdoba. (Delojo.)
capilla real (1544) (fig. 162), de traza nada vulgar, donde la gran cúpula,
continuándose en la gigantesca venera del ábside, crea también uno de
los efectos de espacio abovedado más grandioso de nuestro Renaci-
miento. De autor desconocido es la hermosa sala capitular (fig. 163).
Aparte de este tipo de arquitectura de estilo castellano en piedra,
empléase otro durante la primera mitad del siglo, en el que el nuevo
estilo se mezcla con la tradición morisca, siempre vigorosa. Ya en 1504
el italiano Niculoso Pisano decora con bellos grutescos esmaltados en
azulejos la portada gótica de ladrillo en limpio de Santa Paula (figu-
ra 164). Pero la creación más importante del estilo es la llamada Casa
de Pilatos (1533), donde a las columnas y portadas renacentistas de
mármol traídas de Italia se agregan altísimos zócalos de azulejos tria-
neros y riquísimos artesonados mudejares (fig. 167). Del mismo estilo
es la Casa de las Dueñas (fig. 159).
Frente a la dispersión sevillana, Córdoba presenta la familia de Fig. 169.—Santa Engracia, Zaragoza. Figs. 170, 171.—Sariñena: Lonja, Zaragoza.
arquitectos de los Fernán Ruiz, que se suceden en tres generaciones. (Delojo, Camón.)
De origen burgalés Fernán Ruiz I (t 1547) trabaja en gótico y es el
autor de la catedral (1523) que se construye en el interior de la Mez-
quita. A Fernán Ruiz I I (+ 1569), maestro mayor de la catedral de Sevi-
lla, se debe la iglesia del Hospital de la Sangre, cubierta con bóvedas
váidas, y con tribunas sobre las capillas laterales (fig. 165), y el bello
campanario con que se corona (1568) la vieja torre almohade, que, al
ser rematada por la estatua giratoria de la Fe, recibe el nombre de Gi-
ralda. Y Fernán Ruiz I I I (t 1604), quien, al revestir el viejo alminar de
la Mezquita de Córdoba, crea la última gran torre del siglo xvi, in-
tensamente influida ya por el estilo herreriano (fig. 168).
Pese a las viejas relaciones políticas y comerciales de Aragón y
Cataluña con Italia, el Renacimiento no adquiere en esta parte de la
46 ARAGÓN. AMÉRICA
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sentan varios proyectos, entre ellos alguno italiano, que deben servir
de base a Herrera para trazar el definitivo. Es de cruz griega, con D D D
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gran cúpula central, cañones en los brazos y cúpulas rebajadas en los
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Fig. 192.—Portada del monasterio. (Delojo.) 2 jJJ
ángulos, según el esquema vaticano, si bien los brazos terminan en
plano. La capilla mayor (fig. 187) es profunda y muy elevada, para al-
bergar bajo ella la cripta de los enterramientos reales, y a los pies se
prolonga el templo en toda su anchura. Gracias a esta prolongación,
que apenas influye en el efecto interior del templo, se forma un coro
alto casi al nivel de la capilla mayor. A los lados de ésta se encuentran
los monumentos funerarios de Carlos V y Felipe II (figs. 189, 265), con
estatuas de tamaño mayor que el natural, obra de los Leoni. Debido a
la gran elevación de la capilla, la planta alta del palacio queda a su
nivel, en forma tal, que el monarca puede presenciar los oficios desde
su dormitorio con vistas al altar mayor, cuyo retablo de mármol es
obra del italiano Jacometrezo. La gran cúpula del crucero y las dos to-
rres de los pies del templo, juntamente con las cuatro de los ángulos
del monasterio, rematadas en chapiteles de pizarra de gusto flamenco
y que tanta influencia tendrán en la arquitectura castellana posterior, Fig. 193.—Portada de la
son elementos decisivos en el efecto de conjunto del exterior del mo- iglesia. (Delojo.)
numento.
Herrera renuncia, tanto en las fachadas exteriores como en el inte-
rior, a toda decoración que no resulte del mero encuadramiento de los
vanos o del orden dórica de sus portadas (fig. 192). Los temas ve-
getales desaparecen, los figurados se convierten en grandes estatuas y
los geométricos se reducen a pirámides y bolas. Pero Herrera tiene un
exquisito sentido de las proporciones y de las formas, que le permite F i g . 194.—El Iscorial. Fig. 195—Hospital de Milán. (Perret, Zuazo.)
ordenar éstas con sabiduría admirable. Gracias a ese talento, emplea-
ARQUITECTURA DEL RENACIMIENTO EN ESPAÑA 53
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Figs. 204, 205.—Casa Lonja de Sevilla—Catedral de Puebla. (Delojo.)
Figs. 206, 207.—Arciniega: Catedral de Méjico. (Alvarez, Argües.) PORTUGAL.—Después del estilo manuelino, entre cuya desbordante
decoración gótica se pierden los candelabros y grutescos italianos, la
fecundidad arquitectónica decae, y sólo se construyen algunos monu-
mentos de estimable valor, pero que no prueban la existencia de una
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nueva escuela de rasgos muy precisos. Figuran entre los más antiguos
la iglesia de Marvila, de Santarem, y la catedral de Leiría, aún con
bóvedas de ojivas, no obstante datar de mediados de siglo.
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sado en Juan del Castilho. En cambio, sabemos con seguridad que el
español Diego de Torralba es el arquitecto del claustro (1562) del mo-
nasterio de Thomar, mal llamado de los Felipes (fig. 211). El Rehaci-
Sc3 miento produce todavía veinte años después, y ahora sí bajo la soberanía
de los Felipes españoles, el gran templo de San Vicente de Fora
Figs. 2C8-210.—Becerra: Catedrales de Lima y Cuzco.—San Francisco de Quito. (figura 213), debido al italiano Terzi.
(Argües.)
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64 MIGUEL ÁNGEL
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en sus cartas: Se si potessi moriré de vergogna e di dolore io non sarei
piu vivo, nos dice en una de ellas. Y en otra escribe al pie de su es-
cultura de la Noche de los amargos versos: Caro mi e'l sonno e piu
l'esser di sasso / Mentre ch'l danno e la vergogna dura / Non verer,
non sentir mi é gran ventura... En su edad madura la vida de Miguel
Ángel encuentra un remanso espiritual en el amor platónico que siente
por Victoria Colorína, la viuda del marqués de Pescara, de «cuyo divino
espíritu estaba enamorado», según permite escribir a su primer bió-
grafo. El recuerdo de Victoria Colonna continúa inspirando sus poesías
en los veinte años de su prolongada vejez, posteriores a la muerte de
aquélla, y en su creciente misticismo llegará a deplorar el tiempo res-
tado por el arte a la contemplación de Dios. ***é<
El mundo soñado p o r Miguel Ángel es un mundo de gigantes, de 4-5.-NICOLÁS DE PISA: Adoración de los Reyes.—JUAX DE PISA: Degollación
actitudes grandiosas, facciones perfectas y gestos terribles, la terribi- de los inocentes.
litá de los gestos que tanto celebran en Miguel Ángel sus contempo-
ráneos. El sentido de la grandiosidad q u e hemos visto apuntar en Ni-
colás Pisano e inspirar la obra de Jacopo della Quercia y no pocas
creaciones de Donatello, se intensifica ahora en Miguel Ángel en pro-
porciones insospechadas. Su reacción frente al estilo amable y a las
sonrisas femeninas e infantiles de fin d e siglo no es menos brusca que
la de Bramante ante la graciosa decoración cuatrocentista.
En sus criaturas, gigantescos arquetipos humanos hijos de su exal-
tado idealismo, la vida late en todas partes y su alma apasionada bo-
rra de los rostros toda expresión de superficialidad. En los cuerpos la
musculatura, cada vez más acusada, revela los largos años dedicados
por el artista al estudio de la anatomía y la honda impresión en él pro-
ducida por el grupo del laoconte, la obra maestra del barroquisnio
6-7.—BRUNBLLESCHI : Sacrificio de Isaac—GHIBERTI: Creación de Adán.
ESCULTURA DEL RENACIMIENTO EN ITALIA 65
Miguel Ángel representa todo el noble arrebato del conductor de un con la cabeza de Medusa (lám. 39), en que simboliza el triunfo de los
pueblo que se levanta contra la idolatría, en los gigantescos desnudos Médicis sobre la República florentina. Al francés Juan de Bolonia
nos expresa todo el dolor de su anhelo artístico encadenado por el des- (t 1608), de Boulogne de Francia, que también es un gran maestro en el
tino adverso, o, lo que es lo mismo, el drama interior de su vida. arte de fundir, se debe la popular estatua de bronce de Mercurio ele-
Los sepulcros de los Médicis (fig. 217, lám. 32), en San Lorenzo de vándose en los cielos con el caduceo, y Rapto de las Sabinas (láms. 42,
Florencia (1521), encargados por Clemente VII, son la otra gran em- 43). Obra suya es la estatua ecuestre de Felipe III, de la Plaza Mayor
presa escultórica de su vida, a que tampoco puede dar cima, y que, de Madrid, fundida después de muerto el artista (fig. 405).
a su vez, le impiden terminar el sepulcro de Julio II. En su origen Grandes fundidores en bronce y de particular interés para nosotros,
deben dedicarse a Cosme y a Lorenzo el Magnífico, y a los Médicis por haber trabajado principalmente para Felipe II, son los escultores
que ocupan el solio pontificio, pero al fin sólo ejecuta los de otros León Leoni (t 1590) y su hijo Pompeyo Leoni, naturales de Arezzo, en
dos miembros de la familia por los que no puede sentir gran entu- Toscana, y establecidos en Milán. Pompeyo pasa casi toda su vida en
siasmo: Julián y Lorenzo de Médicis, hermano y sobrino, respectiva- Castilla, y a ellos me referiré al tratar de la escultura española.
mente, de León X. Los presenta sentados: a Lorenzo, como escribe
el Vasari, pensativo, Pensieroso, y a Julián, «de perfil divino», según FRANCIA: COLOMBE, GOUJON.—En Francia la escultura del Renacimien-
el mismo biógrafo, en actitud arrogante. Recostados a sus pies sobre to no alcanza seguramente el amplio desarrollo que en España, pero
las tumbas, forman pareja las figuras alegóricas de la Aurora y el si se tiene presente la devastación de templos durante la Revolución
Crepúsculo, el Día y la Noche, espléndidos estudios de desnudo y mo- y la presencia de escultores franceses en la Península, es muy probable
vimiento, en contrapuestas actitudes, ya que ei Día muestra la espalda que su importancia sea mayor de lo que a primera vista permiten su-
y la Noche el frente. poner los monumentos conservados.
El final de su carrera de escultor está representado por dos temas Durante la primera etapa renacentista, la escuela más vigorosa ra-
dolorosos: la Piedad, de la catedral de Florencia (1550), que deja sin dica en Troyes, y su cabeza es el escultor Miguel Colombe (t 1512), en
concluir (lám. 38), y la del palacio Rondanini (1564), que sólo se encuen- cuyas encantadoras estatuas de la Virgen (lám. 44) y en las de su escue-
tra comenzada (Museo de Milán). Los tiempos henchidos de entusiasmo la, se funde en forma admirable la gracia de los últimos días del cua-
por la belleza clásica de la Piedad del Vaticano están ya muy lejos. trocentismo florentino con el sentido francés de lo femenino. A Colom-
Han transcurrido muhos años cargados de desilusiones. El artista, en b e se debe el rico sepulcro de Francisco de Bretaña con las estatuas
sus arrebatos místicos de la vejez, sólo quiere pensar en el espíritu, de las "Virtudes en los ángulos (fig 226). Como en España, no faltan
y en esas dos figuras del grupo Rondanini es eso lo que quiere ex- italianos establecidos en el país, descollando entre ellos la familia flo-
presarnos: espíritu y dolor, y no bellezas corporales. Así termina su rentina de los Giusti, que conserva su vitalidad artística en Francia
vejez el escultor que en su mocedad había esculpido una bellísima durante varias generaciones. A ellos se debe el hermoso sepulcro de
estatua de Cupido que sus contemporáneos toman por obra de un es- Luis XII, en San Dionisio, en forma de templete de dos plantas, con
cultor pagano. las estatuas orantes en la superior y las yacentes en la baja (fig. 227).
Los restantes escultores italianos quedan, naturalmente, oscureci- Pero cuando la escultura francesa del Renacimiento desarrolla su
dos por el genio de Miguel Ángel. Varios de ellos, sin embargo, dejan máxima personalidad es en la etapa siguiente, durante la que, al con-
alguna obra famosa. Andrés Sansovino, algo mayor que Miguel Ángel, trario de lo que sucede en España, se aceptan con entusiasmo los temas
emplea un estilo muy clásico, pero un tanto frío, y es el autor del Se- paganos, contribuyéndose así a la formación del futuro arte francés. La
pulcro del Cardenal Sforza (fig. 216) en Roma. Su discípulo, Jacobo personalidad más insigne es Juan Goujon, al servicio de la corte. De-
Sansovino (t 1570), a quien ya conocemos como arquitecto, es el difun- cidido entusiasta del mundo antiguo, es en ella el gran difundidor de las
didor del estilo miguelangelesco en Venecia, donde trabaja principal- formas clásicas i de los temas paganos. A él se deben las hermosas
mente, aunque su obra más bella es el Baco, que esculpe en su época cariátides de mármol que sostienen la tribuna de los músicos del gran
florentina. Benvenuto Cellini (t 1571), orfebre famoso, cuya célebre salón de baile del Louvre y los bellos relieves de las Ninfas (lám. 50)
autobiografía es obra literaria de primera calidad, es el autor de Perseo de la. fuente de los Inocentes (1550) (fig. 81). Tanto en aquéllas como
70 FRANCIA
La otra obra que de él conservamos es la Virgen sentada con el Niño, doza, de Fancelli, pero con largos relieves en el fondo. Están firmados
también de barro cocido y en el mismo museo (lám. 45). De prestan- en Genova, el uno por Pace Gazini y el otro por Antonio María Aprile
cia cinquecentista, tampoco deja sentir la vehemencia que arruinara de Carona. El gran monumento sepulcral del Marqués de Ayamonte
la vida de su autor. (1525) (figs. 223-225), que hace para San Francisco, de Sevilla, se en-
El tercer maestro italiano importante de este primer período de la cuentra hoy en San Lorenzo, de Compostela. Pero la importación de
escultura renacentista en España es Jacobo Florentino, el Indaco (t 1526), estos grandes monumentos marmóreos no se reduce a las ciudades
que aparece trabajando en Granada después de la muerte de Fancelli, accesibles por vía marítima. En Bellpuig, en la provincia de Lérida,
coincidiendo con la presencia de Torrigiano en Sevilla. A él se atribuye consérvase el no menos valioso del virrey de Ñapóles don Ramón de
Cardona (1524) (lám. 52), obra del napolitano Giovanni da Ñola, y hasta
que fue destruido, en 1936, existió en Toledo el del obispo de Avila (1526) '
(figura 221), debido a los Aprili, Giov. Antonio y P. A. Bernardino.
También de grandes proporciones y rehundido en el muro, era, sin
embargo, de tipo bastante diferentes a los anteriores.
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76 ESCULTORES ITALIANOS
Otro gran retablo, inmediatamente posterior, es el de la Capilla del dero creador de la escuela es el valenciano Damián Forment (t 1540),
Condestable (1523-1525), de la catedral de Burgos, que hace a medias cuya labor es extensa, y, como es corriente en artistas a quienes se
con Diego Siloe. La división del trabajo entre los dos artistas alcanza pide más de lo que pueden producir, en no pequeña parte de taller.
incluso a la gran historia central de la Presentación, donde se cree Forment inicia su carrera conocida con las esculturas del retablo de
que Vigarni ejecuta las esculturas del gran sacerdote y de la profetisa la Colegiata de Gandía (1501-1507); pero su primera obra importante
Ana a la derecha, y Siloe el grupo de la izquierda. es el retablo mayor del Pilar de Zaragoza (1509) (lám. 58), comenza-
La obra más representativa de su esfuerzo por incorporarse a las do (1484) por Gilbert. La impresión de conjunto es la de un retablo
nuevas modas estilísticas es la ya citada sillería de la catedral de To- gótico, y gótica es, en efecto, toda su parte arquitectónica. El deseo
ledo (1538-1543). E n sus numerosos relieves se advierte cómo seduce al de emular al de la Seo ya es explícito en el contrato, y la propia obra
viejo escultor el afán de movimiento de la nueva generación, pero es nos lo confirma. La distribución es la misma. El bancal, compuesto de
incapaz de asimilarlo. El encargo de la mitad de la sillería es, sin siete casas con escenas del Nuevo Testamento en relieve, el sotabanco
duda, un reconocimiento a la fama del anciano maestro, pero su arte y dos grandes estatuas laterales, forman el cuerpo inferior; sobre él,
ha pasado ya de moda; sus relieves resultan arcaizantes frente a los tres grandes calles, la central mucho más alta para dar espacio a la
de su nuevo copartícipe, que es ahora Alonso Berruguete, de quien se claraboya del típico sagrario aragonés, con escenas cubiertas por am-
tratará más adelante. plios doseles o chambranas, constituyen el cuerpo principal. Las late-
De origen francés es también Miguel Perrin, que inicia su carrera rales figuran la Presentación y el Nacimiento, mientras la central nos
en Sevilla, por los mismos años en que trabaja Torrigiano y se im- muestra a María con los apóstoles en primer término, interpretada con
portan los lujosos sepulcros de mármol de los Aprili y los Gazini. tan notable grandiosidad que hace pensar en el pleno Renacimiento.
Como en el caso de Vigarni, sus obras principales, las que realmente En las escenas del banco, los fondos arquitectónicos son renacentistas.
representan una novedad, corresponden a esta etapa estilística, aun- Los retratos del escultor y de su esposa, en sendos medallones, deco-
que las conocidas apenas remontan más allá del año 1520. El es el ran el banco.
autor de los grandes relieves de la Adoración de los Reyes y de la en-
La claridad de la composición del cuerpo principal del retablo del
trada de Jesús en Jerusalén (lám. 57), y de las estatuas de las dos por-
Pilar, con sus tres amplias calles, disminuye considerablemente, en
tadas orientales de la catedral, todo ello de barro cocido, según la
tradición sevillana. Como en el caso de Vigarni, los fondos del paisaje cambio, en el de la iglesia de San Pablo (1511-1517), al multiplicarse
delatan el lastre gótico de su origen nórdico. Algunas de sus figuras aquéllas hasta cinco. En el de San Miguel de los Navarros (1519) la
nos hablan de su formación, al menos en gran parte, francesa. A Perrin traza varía ya por completo, tal vez por deberse a otro artista. Las
se deben, además, el relieve y las estatuas de la Puerta del Perdón de composiciones, antes amontonadas en estrechas casas góticas, se des-
la misma catedral (1519) y una Quinta Angustia (1529) en la de Santiago arrollan ahora en amplios escenarios apaisados.
de Compostela. El prestigio del retablo gótico de la Seo, aumentado, además, por
el ejemplo del retablo del Pilar, es, sin embargo, demasiado grande
para que, al encargársele poco después el de la catedral de Huesca,
ARAGÓN: MORLANES, FORMENT Y YOLY. CATALUÑA.—A esta etapa del la hojarasca del «estilo moderno» no encuadre de nuevo sus figuras.
primer tercio del siglo corresponde también la actuación de los prin- Salvo en el banco, donde el artista vuelve a retratarse, en este caso
cipales escultores renacentistas que trabajan en Aragón. No obstante con su hija, la distribución es idéntica a la del retablo del Pilar. Su
las viejas e intensas relaciones de la monarquía aragonesa con Italia, cuerpo principal está dedicado a las tres grandes escenas del Cristo
no se establecen en ella artistas de ese origen, como los arriba citados, con la Cruz, el Calvario (lám. 59) y el Descendimiento.
y la única obra traída d e la vecina península es el sepulcro de Bellpuig,
En la última parte de su vida, Forment esculpe el magno retablo
en Lérida.
de Poblet (1527-1529), cuyo estilo denota ya, en lo arquitectónico, un
Los comienzos de l a escultura renacentisa aragonesa están repre-
manifiesto cambio de rumbo artístico. El gótico desaparece, y tanto
sentados por Morlanes el Viejo, cuya obra más fidedigna es el retablo
las escenas en relieve como las estatuas sorprenden por su mayor cla-
de Montearagón (1506-1512), en la catedral de Huesca. Pero el verda-
sicismo, como contagiadas por el estilo renacentista de su arquitectura.
80 BARTOLOMÉ ORDÓÑEZ
ALONSO BERRUGUETE.—Ausente Siloe de Burgos y muerto joven Bar- Figs. 232, 233.—Ordóñez: Sepulcro de Cisneros y de Don Felipe y Dona Juana, en
tolomé Ordóñez, el porvenir de la escuela burgalesa se trunca, y la Alcalá y Granada. (Argües.)
gran escuela renacentisa castellana termina formándose en Valladolid
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gracias a la presencia de Alonso Berruguete y, desde pocos años más
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tarde, del francés Juan de Juni, animados ambos, pese a sus diferen-
cias esenciales, por el mismo fuego miguelangelesco. Una importante
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serie de escultores de segunda ñla, influidos por estos dos grandes maes-
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tros, completa el cuadro de la escuela vallisoletana.
Alonso Berruguete (1488-90 t 1561), natural de Paredes de Nava, en
Tierra de Campos, es hijo del pintor Pedro Berruguete y se forma en
Florencia y en Roma. No faltan en él huellas de escultores florentinos
como Ghiberti, pero su principal fuente de inspiración es Miguel Ángel, =-.^--=
pues hasta es posible que sea el joven español que copia el cartón de
la guerra de Pisa de aquél, citado por el Vasari. Consta, además, y sus
obras son testimonio de ello, que copia también el grupo del Laoconte Figs. 234-236.—Berruguete: Retablo de la Adoración de los Reyes y sepulcro del
recién descubierto (1506) en Roma. Toda esta serie de modelos no hace cardenal Tavera.—Leoni: Sepulcro de Felipe. II, Escorial. (Argües, Delojo.)
sino dar forma a su afán de movimiento y a su temple intensamente
dramático, que movimiento y expresión dramática son las aspiraciones
a que sacrifica casi todos los demás valores plásticos. Berruguete es
artista que trabaja de prisa. El intenso arrebato de sus personajes habla
más del fuego impetuoso con que fueron trazados, que de un deseo de
perfección, y tan es así, que, aun no debiendo olvidarse que los más de
sus relieves y estatuas se hacen para retablos de ciertas proporciones
y que forman parte de un gran conjunto decorativo, adolecen con fre-
cuencia de lamentables incorrecciones. Sin embargo, también debe te-
nerse presente que esas estatuas de retablos han sido concebidas para
ser contempladas en el marco de éstos, y que salvo en contados casos,
no ofrecen más que muy pocos puntos de vista. Al parecer, los retablos
decorados por sus esculturas son también obra suya, pudiendo notarse
en algunos de ellos su esfuerzo por romper con la estrecha cuadrícula
tradicional, y su deseo de crear grandes escenarios de columnas muy
finas que apenas se advierten entre el remolino e ímpetu de sus figuras.
Fig. 237.—Leonardo de Vinci: La Cena, Milán.
84 ALONSO BERRUGUETE ESCULTURA DEL RENACIMIENTO EN ESPAÑA 85
Berruguete, tan original en tantos aspectos, como veremos, llega a crear Pero la obra capital de este período, de que forma parte la Transfi-
escenarios esencialmente barrocos. guración toledana, es la hermosa serie de relieves (lám. 69) de la mitad
El retablo más antiguo que conocemos del artista es el de Olme- de la sillería del coro, cuya otra mitad ejecuta Vigarni. Son figuras de
do (1527), hoy en el Museo de Valladolid, donde se nos muestra con santos y profetas que, arrebatados por una intensa vida interior, cons-
todo su intenso sentido dramático y con sus frecuentes incorrecciones. tituyen la galería de místicos más maravillosa producida hasta entonces
En 1532 crea una de sus primeras obras maestras: el retablo de San por el arte español y cuya fecunda semilla h a de florecer pocos años
Benito, conservado en el mismo museo. Compónese de varias escenas después en el Greco. Labrados en madera sin policromía alguna, puede
en relieve, figuras de bulto redondo e historias de pintura. Los re- apreciarse en ellos la finura de modelado de que es capaz el escultor
lieves representan historias benedictinas y de la vida de Jesús; no de Paredes de Nava.
obstante la vida intensa de algunas figuras y de la expresión de las Berruguete, con el sepulcro del Cardenal Tavera, del hospital de
cabezas, como la de los caballos de la conversión de Totila o la de Afuera, de Toledo, agrega un nuevo eslabón a la brillante serie iniciada
San Benito moribundo, están, en general, torpemente compuestos. Su por Fancelli. En el rostro del Cardenal, interpretado con intenso realis-
parte más bella son las estatuitas y grupos de los intercolumnios. El San mo, utiliza la mascarilla del difunto (fig. 235).
Sebastián (lám. 65), con el movimiento de huida de su cuerpo de ado-
lescente hacia el tronco del árbol, ofrece una mezcla de temor y de gra- JUAN DE JUNI. OTROS ESCULTORES.—El otro gran maestro de la escue-
cia que hace pensar en Donatello y en el Miguel Ángel joven. Pero la, o, como dice un contemporáneo suyo vallisoletano, «uno de los mejo-
donde su sentido dramático se expresa en forma más aguda es en el res maestros de escultor que hay en España, quitando a Berruguete»,
grupo de Abraham e Isaac (lám. 66) —inspirado en modelos de Donatello es el francés Juan de Juni (f 1577). Como hemos dicho, desliza su carre-
y Miguel Ángel— y en el San Jerónimo (lám.67), cuyo arrebato místico ra por los mismos cauces miguelangelescos que Berruguete. Pero ¡ qué
alcanza alturas a que sólo sabrá elevarse años después el Greco. En abismo no le separa del escultor castellano! ¡ Qué frescura y qué inge-
varias de las restantes estatuitas (lám. 68) es muy sensible la influencia nuidad no respiran las obras de Berruguete, siempre hechas de prisa,
del Laoconte. y qué cantidad de preparación y de estudio no se ven tras las creaciones
del francés! Un escultor de su tiempo le acusa de haber necesitado
Antes de terminar esta misma década, en 1537, esculpe el reta- cinco años para hacer «tan poca cosa» como el Entierro de Cristo, del
blo de la Adoración de los Reyes (fig. 234, lám. 64), de Santiago de convento de San Francisco, y con frecuencia se le reprocha, con motivo
Valladolid. Las grandes columnas que en Olmedo recorren sus dos del ruidoso pleito del retablo de la Antigua, su falta de fecundidad. En
cuerpos encuadrando el retablo, aunque más delgadas, persisten aquí, cambio, uno de sus testigos dice de su proyecto para aquel retablo, como
pero las pequeñas llegan a desaparecer en el gran cuerpo principal para queriendo traslucir algo de las teorías artísticas de Juni, «que tiene en
crear un amplio escenario de toda la anchura, donde poder desarrollar sí otro secreto y entendimiento más de lo que parece».
la escena de la Adoración, animada por el más intenso movimiento y
Juni es Un enamorado de lo grandioso; más aún: de lo gigantesco.
por las más arrebatadas actitudes, inspirados por los frescos de Miguel
Sus personajes, de rostros anchos y hermosos, son siempre corpulentos.
Ángel en la Sixtina.
No son de temperamento nervioso, como los de Berruguete, capaces
Este mismo fuego anima el choque de las figuras de la Virgen y de de dispararse hacia el mundo exterior en el primer arrebato, en un
Santa Isabel en la escena de la Visitación, de la iglesia de Santa Úrsula, rápido y fácil movimiento corporal. Por el contrario, se retuercen sobre
de Toledo, choque violento en que transforma nuestro escultor el ele- sí mismos con esos movimientos angustiosos del que prefiere consumir
gante saludo cortesano en que convierte el tema Ghirlandajo (lám. 117). en su interior e l fuego de su pasión. En el fondo, es uno de los grandes
En el camino de sus geniales atisbos de barroquismo, que tantos manieristas del Renacimiento, en el que al sentido de lo gigantesco de
años tardarán todavía en sospechar los italianos, el límite máximo lo Miguel Ángel se agregan esa inquietud y esa angustia de espacio que
acusan sus dos magnas Transfiguraciones (lám. 70) de la catedral de distinguen a la pintura florentina de la segunda década del siglo. Es
Toledo (1543-1548) y del Salvadoi d e Ubeda (1559), las dos creaciones muy probable que, además, haya influido, en su manera de plegar los
capitales de bulto redondo de su última época. ropajes, J. della Cuercia, y en algunas actiudes, modelos venecianos.
86 JUAN DE J U N I ESCULTURA DEL RENACIMIENTO EN ESPAÑA 87
En la cuarta década del siglo le encontramos en León (153.3-1538), los Benavente (1551), de Rioseco, en la que la decoración escultórica
trabajando en San Marcos, y a esa época deben de pertenecer el Descen- renacentista alcanza extremos de riqueza inigualados hasta ahora.
dimiento y un retablo del claustro, ambos de piedra. En el retablo de En Andalucía no se forma una verdadera escuela. Deben citarse, sin
la Concepción de Rioseco (1538) crea ya una de sus obras maestras. En embargo, en Sevilla, al flamenco Roque Balduque, autor de Vírgenes
el Abrazo (lám. 78) en la Puerta Dorada, que ocupa el primer cuerpo, con el Niño (lám. 80) bastante uniformes e inspiradas, entre las que
encontramos una de esas compactas composiciones tan típicamente su- destaca la del hospital de la Misericordia (1558), y al castellano Bau-
yas, de grandiosas figuras angustiosamente apretadas por la arquitec- tista Vázquez (t 1589), autor de varios de los relieves de la sala capitu-
tura. Y con análogo esfuerzo se abre paso en su hornacina del segundo lar de la catedral (1581-1586).
cuerpo la Inmaculada (lám. 79), fruto de aquella simbólica unión.
Su obra de mayores proporciones es el ya citado retablo de la igle- E L ÚLTIMO TERCIO DEL SIGLO: BECERRA Y ANCHETA.—Las obras de El
sia de Santa María de la Antigua (1544-1562), hoy en la catedral, cuya Escorial dan lugar en nuestra escultura a un nuevo capítulo italiano,
traza, debida al propio Juni, carece de precedentes en la escuela. La en el que se proscribe la madera y se emplea el bronce. Es el de los
forma admirable cómo se encuentran enlazadas entre sí la arquitectura ya citados León Leoni (t 1590) y su hijo Pompeyo Leoni. Del primero
general, las esculturas, los relieves y las diversas piezas decorativas, lo poseemos en España la estatua de Carlos V (lám. 81), del Museo del
convierten en el retablo más orgánico y original que el Renacimiento Prado, donde la contraposición entre la figura triunfante del César y
ha dejado entre nosotros. Pero sus dos creaciones más conocidas son la del Furor vencido está expresada con grandiosidad. La armadura,
el Santo Entierro y la Piedad, que con diferencia de casi treinta años que se desmonta, permite convertir la estatua en un retrato desnudo
esculpe para Valladolid (1543) y para la catedral de Segovia (1571). El como los de los emperadores romanos.
Santo Entierro (lám. 73), de Valladolid, hoy en el museo, es de bulto Por sus modelos se funden las esculturas del retablo mayor (1582-
redondo, y a la vista de figuras como éstas se explica que afirmase un 1590) de El Escorial, pero lo más importante son los grupos funerarios
contemporáneo que «vale más el espíritu de una de las hechas por de Carlos V y de Felipe II (fig. 236, lám. 82), con sus respectivas fami-
Juni que todo lo hecho por Giralte». Presos del más intenso dolor se lias, concebidos con solemnidad más española que italiana. El bronce
retuercen en angustiosas actitudes en torno al gigantesco cuerpo de dorado y las incrustaciones de colores de las estatuas hacen que los
Cristo muerto, seis personajes concebidos como para encajar unos en grupos destaquen suavemente en la media luz de la capilla mayor, y
otros (láms. 76, 77). Y este mismo sentido típicamente manierista cul- su actitud y expresión graves, encuadradas por las monumentales colum-
mina en la Piedad (láms. 74, 75), de Segovia, donde los soldados de los nas, las incorporan al ambiente majestuoso del templo. Obra exclusiva
intercolumnios reiteran el tema un tanto sansonista de los cuerpos hu- de Pompeyo es la escultura orante, de mármol, de la infanta doña Juana,
manos pugnando por vencer la presión de los elementos arquitectó- de las Descalzas Reales de Madrid. Muerto ya Felipe II, da el modelo
nicos. (1601) de las estatuas orantes de bronce de los duques de herma, del
Museo de Valladolid.
La escultura más popular de Juan de Juni es la Virgen de los Cuchi- Al lado de este escultor italiano trabaja, en piedra, para El Esco-
llos (láms. 71, 72), de la iglesia de las Angustias, de Valladolid, donde rial el toledano Juan B. Monegro (t 1621), cuyas principales obras son
la expresión trágica, el sentido del movimiento típico de su autor, de los Evangelistas y los Reyes de Judá (1584), en los patios de esos nom-
pura estirpe miguelangelesca —piénsese en la Virgen de San Lorenzo bres.
de Florencia— y el ansia de grandiosidad, se aunan para crear una de La reacción que esta estatuaria escurialense significa con su clasi-
las obras maestras de la escultura renacentista. cismo y con su tono solemne, contra el dramatismo y el afán de movi-
De los escultores vallisoletanos de segunda fila merecen recordarse miento de la del segundo tercio del siglo, se había manifestado antes
los discípulos y colaboradores de Berruguete, Francisco Giralte (t 1576) fuera de la corte. Uno de los rasgos más destacados de esta última etapa
e Isidro de Villoldo, autores, respectivamente, del retablo y sepulcros renacentista es su entusiasmo por los tipos hercúleos del Miguel Ángel
de la Capilla del Obispo, de Madrid, y del retablo de la sacristía de la del Juicio final y de la Capilla Paolina. Figura a la cabeza del nuevo
catedral de Avila. A los Corral se deben las yeserías de la capilla de estilo el andaluz Gaspar Becerra (1520 t 1570), pintor y escultor edu-
88 v BECERRA Y ANCHETA
de este período es Giunta Pisano, autor del Crucifijo firmado del se- pintura. Giotto vuelve valientemente la espalda a los convencionalismos
gundo cuarto del siglo xin, de la Basílica de Asís (lám. 87). Durante la y formulismos del estilo bizantino y mira cara a cara a la naturaleza.
segunda mitad del siglo la actividad pictórica en la región es grande Claro que como la historia de la pintura no es sino una parte de la
y no faltan obras firmadas, pero ninguna de ellas aporta novedad de historia del espíritu humano, ese amor de Giotto por la naturaleza no
mayor interés. es un fenómeno aislado, sino el reflejo de las doctrinas de San Fran-
El único artista que sabe percibir muy levemente el norte de la cisco de Asís, muerto en 1226, que predica el amor de Dios en sus cria-
nueva era es Cenni Cimabue, que debe de nacer a mediados del si- turas, por humildes que sean, y San Francisco, a su vez, no es sino
glo XIII. Florentino, y formado, al parecer, con ciertos pintores de Bizan- uno de los portavoces de la gran corriente espiritual que en arte pro-
cio que trabajan en la ciudad del Arno, aunque viene dándosele desde duce el estilo gótico. Giotto es el intérprete genial de la nueva icono-
el Renacimiento papel preponderante en la renovación pictórica, se grafía, impregnada de sentido humano, de los predicadores y escritores
mueve, sin embargo, dentro de la maniera greca, dejando ver solamente franciscanos.
en la expresión de algunos rostros el deseo de inspirar en la naturaleza. El naturalismo no impide a Giotto concebir las escenas con monu-
En su gran tabla de los Uffizi nos presenta a la Virgen (lám. 88) en su numentalidad extraordinaria. La monumentalidad es categoría propia de
trono sostenido por cuatro ángeles simétricamente dispuestos, con la la pintura en mosaico de sus predecesores, pero en él responde tam-
cabeza inclinada y dirigiendo la mirada hacia el espectador a la manera bién a su propia sensibilidad y adquiere caracteres diferentes: ante
bizantina, e igualmente bizantinos los convencionales pliegues realza- sus corpulentos personajes se adivinan ya las grandiosas figuras de
dos con oro de sus ropajes. La pintura mural renacentista italiana es Masaccio y Miguel Ángel. En este tono mayor es la cabeza de una
al fresco, y la de caballete, al temple. familia gloriosa. La otra nota más destacada del temperamento de
Giotto quizá sea su hondo sentido dramático. Nadie representa antes
FLORENCIA: GIOTTO.—El artista que reacciona de manera decidida que él en forma tan intensamente expresiva el tema de la Piedad (lá-
contra los convencionalismos y el amaneramiento de la maniera greca mina 95); los gestos y las actitudes de los personajes no los copia de
es el discípulo de Cimabue, Giotto di Bondone (t 1337), cuya actividad sus predecesores, sino que los ve en los momentos de dolor y deses-
corresponde ya a la primera mitad del siglo Xiv. Lo revolucionario de peración de sus convecinos. Contemporáneo y paisano de Dante, ofre-
su estilo y la sorpresa que causa a sus contemporáneos dan lugar a una ce con él, en este aspecto, indudable parentesco espiritual. Testimonio
leyenda que dos siglos más tarde, cuando ese estilo por él iniciado ha de su mutua estimación son los versos en que el poeta nos dice cómo
producido la gran pintura del Renacimiento, nos refiere el Vasari en Giotto ha superado el estilo de Cimabue —Credete Cimabue nella pin-
términos análogos a éstos. En un pueblecito próximo a Florencia nace tura I Tener lo campo, ed ora ha Giotto el grido j Si che la fama de
a fines del siglo XIII un niño que al cumplir los doce años es enviado colui oscura— y el retrato de Dante, por Giotto, del palacio del Podestá.
por su padre a cuidar de un rebaño de ovejas. Pero la inclinación por
En su interpretación del paisaje, aun utilizando los convenciona-
el dibujo es en él tan profunda, que entretiene sus largas horas en re-
lismos bizantinos, se distingue por su sobriedad y su monumentalidad
presentar sobre la tierra o sobre las piedras cuanto tiene a la vista.
características.
Cierto día pasa junto a él Cimabue, precisamente en el momento en que
La obra principal de Giotto es la serie de pinturas al fresco de la
dibuja una oveja. Asombrado el entonces famoso pintor de que la
iglesia de la Arena de Padua (1303). En sus paredes laterales repre-
copiase del natural —ritraeva una pécora di naturale, senza avere im-
senta en varias filas diversas historias evangélicas (láms. 89, 90) y a
parato de aítri che della natura— le invita a marchar con él, a lo que
los pies el Juicio Final, en cuya parte inferior retrata al donante, En-
el joven Giotto accede gustoso. Trasladado a Florencia, no sólo aprende
rique Scrovegni, ofreciendo el templo a la Virgen.
con rapidez el estilo de su maestro, sino que, entregado al estudio de
la Naturaleza, logra desterrar la maniera greca y crear la buena pin- Aparte de este gran ciclo de pinturas murales, consérvase en Flo-
tura moderna, o, lo q u e es lo mismo, pintura renacentista. Como tan- rencia alguna capilla decorada por él, como la Bardi (1316), de Santa
tas otras leyendas, es probablemente falsa en sus detalles, pero en el Croce; pero, contra lo que se ha supuesto por mucho tiempo, no pa-
fondo refleja exactamente lo que Giotto representa en la historia de la rece que pueda atribuirse sino a' sus discípulos la gran serie de histo-
rias de San Francisco, de la iglesia alta del santo de Asís, donde por
92 SIENA PINTURA DEL RENACIMIENTO EN ITALIA HASTA FINES DEL S. XV 93
no tratarse de la rígida iconografía evangélica, anquilosada por varios etapa la influencia del gótico francés, que contribuye en no pequeña
siglos de repetición, sino de temas que se interpretan por primera vez, medida a crear un sentido de la forma más blando y flexible. Frente
y cuyo protagonista ha muerto poco más de medio siglo antes, la al tono giottesco fuerte y dramático, distingüese la escuela senesa por
inspiración naturalista del pintor puede manifestarse sin el freno de su gracia y elegancia ligera. Debido al estilo más arcaizante del fun-
la tradición. Allí aparecen representados los típicos temas de la icono- dador y a la gran personalidad de sus sucesores, el estilo evoluciona
grafía del Poverelto de Asís predicando a los hermanos pájaros, par- más que en Florencia.
tiendo la capa con el pobre, etc. Es la ilustración gráfica más elocuen- El patriarca de la escuela es Duccio de Buoninsegna (t 1311), quien
te y completa de la literatura piadosa que tan rápidamente nace al calor ya en 1285 pinta la Madonna Rucellai (lám. 92), la que, dentro de su
del recuerdo del apóstol de la pobreza; el gran homenaje que la nueva aspecto esencialmente bizantino, descubre una leve expresión de en-
pintura rinde a uno de sus padres espirituales. sueño que persistirá en la escuela. Pero su gran obra es la Maestá (lá-
Giotto cultiva también la pintura en tabla. Su Virgen con el Niño mina 98), cuyo traslado (1310) procesional desde el estudio del pintor
(lámina 91), del Museo de los Uffizi, es pintura hecha al temple y, al altar mayor de la catedral resulta un acontecimiento. Es un gran
como sucederá hasta mediados del siglo xv en Italia, sobre fondo de tablero ligeramente apaisado, en cuyo anverso aparece la Virgen en
oro. Verdadera matrona romana sobre un trono gótico, su compara- majestad sentada en su trono y rodeada por los ángeles y santos pa-
ción con la de Cimabue pone bien de relieve la novedad del estilo trones y mártires de la ciudad, mientras en el reverso se presentan
giottesco. numerosas escenas de la vida de Jesús (láms. 97, 99). Pese al tono
Durante el resto del siglo, la pintura florentina es esencialmente grave y solemne de la gran composición de la Virgen rodeada de santos,
giottesca, sin que, en realidad, aporte novedades importantes, no obs- cuyo bizantinismo es patente, tanto en el conjunto como en los me-
tante la indudable valía de sus cultivadores. Figuran entre éstos, to- nores detalles, el aire fino y elegante que anima a las figuras es vivo
davía en la primera mitad del siglo, Tadeo Gaddi (t 1366), a quien se reflejo de la delicada sensibilidad senesa. Y esa misma gracia leve y
debe la decoración de la capilla Baroncelli de Santa Croce, y Andrea sutil se hace aún más sensible en la interpretación de las deliciosas y
Orcagna (f 1368), autor del políptico del Salvador, de Santa María No- pequeñas historias del dorso.
vella (1359) y miembro de una activa familia de pintores, a la que se El segundo gran maestro de la escuela es Simone Martini (t 1344).
deben las grandes figuras murales del Paraíso, el Juicio Final y el In- De una generación posterior a Duccio, su estilo es considerablemente
fierno, de la misma iglesia. De Tadeo Gaddi se consideran las historias más avanzado. El bizantinismo pierde tanto terreno que, de ser el ele-
de San Eloy, del Museo del Prado. A Orcagna se atribuye también, aun- mento preponderante, pasa muy a segundo término. El sentido senes
que sin fundamento, el popular fresco del Triunfo de la Muerte, del de la elegancia, derivado por sugestión del gótico en pro de lo curvi-
camposanto de Pisa, de sorprendente realismo. En la segunda mitad líneo, hace que sus figuras, al abandonar la rigidez bizantina, se tor-
del siglo, la figura más progresiva es Andrea Bonaiuti, de Florencia, nen Mandas y flexibles, y sus rostros graciosos y expresivos. La nota
que se deja influir por la -vecina escuela senesa y pinta al fresco la im- suave y femenina da un paso decisivo en Simone Martini.
portante alegoría de las Artes liberales (1365), de la capilla de los es- Lo mismo que Duccio, pinta una Maestá (láms. 94, 100), la gran
pañoles de Santa María Novella, donde al pie de cada una de aquéllas pintura mural de la Virgen rodeada de santos y bajo palio sostenido
figura a su más ilustre cultivador. por ángeles (1315), del Ayuntamiento. Sólo cinco años posterior a la
de Duccio, la diferencia es notable, tal vez no menor que la existen-
SIENA: DUCCIO, SIMONE MARTINI Y LOS LORENZETTI.—La otra gran es- te entre Cimabue y Giotto. En la divina asamblea ha desaparecido
cuela trecentista radica en la misma Toscana, en la vecina Siena, la todo rasgo de rigidez; las figuras que rodean a la Virgen se mueven
rival de Florencia. con suavidad y soltura, y la monotonía y reiteración de las actitudes
La mística ciudad de Siena disfruta en esta época de intensa acti- han disminuido también considerablemente. Pero donde el fino sentido
vidad pictórica. De vida tan corta que no rebasa el fn de siglo, sus de lo curvilíneo alcanza valor decorativo extraordinario es en su deli-
rasgos más destacados son su sentido lírico y su apego al estilo tradi- cadísima tabla de la Anunciación (1333) (lám. 101), una de sus últimas
cional o, lo que es igual, su bizantinismo. Agrégase a ello en su segunda obras y sin duda de las creaciones más seductoras de la pintura trecen-
94 ESCUELA FLORENTINA DEL SIGLO XV P I N T U R A DEL RENACIMIENTO EN ITALIA HASTA F I N E S DEL S. XV 95
tista. Si en la Anunciación culmina la elegancia y el sentido decorativo debe olvidarse la gran parte que corresponde al pueblo mismo flo-
del autor, en los frescos de San Martín (1316), de la iglesia baja de rentino, tan naturalmente elegante en sus movimientos. En realidad,
Asís, vuelca toda la delicada poesía de su temperamento. En el gran la figura humana se transforma siguiendo un proceso análogo al visto
fresco de Guidoriccio (1328), del Ayuntamiento de Siena, al mismo en la escultura. Y, lo mismo que en la figura humana, se avanza en
tiempo que nos reitera su admirable sentido de lo decorativo y de la la interpretación del paisaje. Aunque a principios del siglo continúan
elegancia, ofrece el primer gran retrato ecuestre de la pintura moder- estilizándose los montes según la tradición bizantina, las formas re-
na (lám. 93). dondeadas, mucho más naturales, terminan por desplazar los con-
Con motivo del cisma de Occidente, Simone Martini se traslada a vencionales cortes de los montes giottescos, y a fines del siglo el pai-
Aviñón, lo que, al mismo tiempo que le permite conocer más de cerca saje se convierte, en alguna escuela, en elemento capital del cuadro.
el arte gótico, contribuye a difundir la influencia de su propio estilo. Los ingenuos escenarios arquitectónicos trecentistas, por otra parte,
La última etapa de la escuela está representada por los hermanos además de trocar sus formas góticas por las renacentistas, gracias a
Lorenzetti, quienes con frecuencia parecen haber heredado el sentido la honda preocupación de los florentinos por la perspectiva, conclu-
poético de Simone Martini. Ambroggio es el continuador de las gran- yen siendo de perfección admirable. La luz interesa ya como elemento
des composiciones murales del Ayuntamiento. A él se deben (1337) las de primer orden en el cuadro, e incluso, cargada de poesía, constituye
cuatro grandes alegorías de la Paz (lám. 103), representada bajo la la preocupación fundamental de. uno de los principales maestros. En
forma de una joven matrona acompañada en su estrado por la Forta- Venecia, por último, se descubre que el porvenir de la pintura está en
leza y la Prudencia; del Buen gobierno (lám. 102) en la ciudad; del el predominio del color sobre la línea. Nunca la pintura ha evoluciona-
Buen gobierno en el campo y del Mal gobierno. Lorenzetti pinta con do tanto en el espacio de un siglo.
este motivo gran número de figuras alegóricas (lám. 96) y de escenas Como en arquitectura y escultura, la primera generación es deci-
de vida profana, donde comenta los efectos del buen y del mal gobier- siva para los destinos de la pintura cuatrocentista. Es la generación
no, ordenándolas con grandiosidad y gracia narrativa. De Pietro Lo- que termina cuando Cosme de Médicis (t 1464) rige los destinos de
renzetti es la bella pintura de la Virgen entre dos santos, de San Fran- la ciudad. Gracias a su habilidad y talento, Florencia goza de largo
cisco de Asís, donde, bajo la suavidad de expresión y el blando mode- período de paz y prosperidad, y la presencia en la ciudad del patriarca
lado típicamente senes, se percibe un dramatismo que parece apren- de Constantinopla, del emperador bizantino e incluso del propio Pon-
dido en Giotto. tífice con motivo del concilio, contribuyen a realzar su esplendor. Cos-
Como queda dicho, después de estos cuatro grandes pintores, todos me, que los tiene de huéspedes, robustece su prestigio, que redunda
ellos de acusada personalidad no obstante su estrecho parentesco es- en beneficio de las artes. El llega a ser el primer gran mecenas del Re-
piritual, la vena pictórica senesa se agota y no vuelve a producir nin- nacimiento. Nadie simboliza mejor que él estos primeros años dorados
gún pintor de categoría. La fecundidad florentina al comenzar la nue- del cuatrocentismo. Bajo su mandato construye Brunelleschi la cúpula
va centuria, p o r el contrario, es cada vez mayor. de la catedral, y las iglesias de San Lorenzo y del Espíritu Santo; por
su encargo labra Michelozzo, para su familia, el palacio Ricardi, y
ESCUELA FLORENTINA DEL SIGLO XV.—Durante el siglo xv el natura- decora F r a Angélico el convento de San Marcos. Su escultor preferido
lismo que inspira la gran renovación giottesca continúa siendo resorte es Donatello, que le esculpe la Judit, símbolo de su triunfo.
de primer orden en la evolución renacentista. Los pintores aprenden
a representar cada vez mejor el cuerpo humano, y los rostros, con- FRA ANGÉLICO.—Después de un primer momento en que Fra Lo-
forme avanza el tiempo, son también más variados. Por primera vez renzo Monaco (t 1425) (lám. 111), siguiendo el gusto del estilo inter-
se hacen verdaderos retratos en los que se copian fielmente los rasgos nacional coetáneo, exalta el amor a lo curvilíneo, ya comentado en Si-
del retratado. Paralelamente a esta sana inspiración naturalista, la mone Martini, y alarga las figuras con criterio esencialmente deco-
escultura clásica ejerce en tos pintores cuatrocentistas una influencia rativo, aparece una figura de primer orden: Guidolino Di Pietro
altamente beneficiosa, t a n t o en las actitudes y en la mímica como en (1387 i 1455), que al vestir el hábito de Santo Domingo toma el nom-
la interpretación de los ropajes, aunque, en cuanto a la primera, no bre de F r a Ciovanni da Fiésole, y después será conocido con el de Fra
96 FRA ANGÉLICO
pinta el Pecado original y dos historias de San Pedro. A él se deben, para P. Ucello en verdadera obsesión. Cuenta de él Vasari, que, cuando
además, los frescos de Castiglione de Olona. dedicado a sus estudios de perspectiva hasta altas horas de la noche,
Si Fra Angélico se limita a contarnos en forma maravillosa sus su mujer le invitaba al descanso, exclamaba: ¡O che dolce cosa e la
sueños místicos, Tomás Masaccio (t 1428) se siente impulsado por fuer- propettiva! Pero para él la perspectiva no es algo blando e impalpable,
za irresistble hacia un arte grandioso y dramático como el de Dona- una ilusión de espacio sin aristas, como para su maestro Ghiberti; her-
tello, poco mayor que él, y con quien pronto entra en relación. Des- mano legítimo de Masaccio, para él es, sobre todo, volúmenes y masa.
graciadamente, Masaccio muere al cumplir los veintiséis años, pero Si en la historia de San Jorge, de la colección Lanckorouski, de Viena,
le bastan para crear un estilo lleno de novedad. Se diría que en él nos dice de cuánto es capaz su fino sentido poético al contraponernos
reencarna el espíritu de Giotto o, al menos, en él parece aprendido el en una dilatada llanura el monumental corcel blanco del santo en vio-
sentido de la monumentalidad de las grandes masas y su vigoroso lento escorzo, y la gentil y delicada figura de la princesa, su ansia de
arte de componer. Su obra maestra son los frescos de la capilla Bran- volumen y monumentalidad, servidos por su perfecto dominio de la
cacci (1422), de la iglesia del Carmen, que, copiados durante varias perspectiva, triunfa en el fresco del condottiero inglés Hawkwood
generaciones por los jóvenes pintores, convierten esta capilla en una (1436), que, colocado a gran altura, produce plenamente la deseada
verdadera escuela. La historia de San Pedro sanando con su sombra ilusión de una estatua ecuestre. Cuatro años anterior a la de Gattame-
está concebida con grandiosidad extraordinaria y sentido plástico sor- lata, de Donatello, es su digno precedente. El tema del caballo de con-
prendente. En la estrecha calle, de la que sólo vemos uno de los lados, cepción monumental, y visto en los más violentos escorzos, es el que
los enfermos se escalonan en diversas actitudes, mientras el santo desarrolla en sus tres cuadros de Batallas (lám. 113) que pertenecieron
avanza majestuoso y con todo el sentido plástico de una escultura, a los Médicis y hoy se encuentran repartidos entre los museos de Flo-
pero con expresión que no deja dudas sobre su poder sobrenatural. rencia, París y Londres.
Esa fuerza que aparece como ahogada en el estrecho escenario ante-
De la generación siguiente, pero muerto muy joven, Andrea del
rior, se manifiesta más ampliamente en el Tributo de la Moneda (lá-
Castagno (t 1457) es quien parece haber heredado el estilo intensamen-
mina 108), representado ante un extenso paisaje de las más sobrias for-
te plástico y el sentido de la grandiosidad de Masaccio y Ucello. Es
mas, y con edificios igualmente simples. Sus personajes envueltos en
el autor de los frescos de la Cena, donde abandona la interpretación
sencillas vestiduras, sabiamente iluminados, sorprenden por la sensa-
iconográfica giottesca, y de los Varones ilustres (lám. 112) del convento
ción de volumen que producen, por la fuerza extraordinaria, y el aplo-
de Santa Apolonia, hoy museo dedicado al artista.
mo con que están plantados en tierra, y, sobre todo, por sus gestos
grandiosos, con los q u e el joven Masaccio se nos presenta como uno
FRA FILIPPO L I P P I , B. GOZZOLI Y P. DELLA FRANCESCA.—De la misma
de los más gloriosos predecesores de Miguel Ángel. De gran intensidad
dramática es el grupo de Adán y Eva (lám. 109). generación que Masaccio y Ucello, Fra Filippo Lippi (t 1469) es otro
de los grandes creadores del estilo cuatrocentisa. Ingresado muy niño
Masaccio no termina los frescos de la capilla Brancacci, que con-
en la Orden de los carmelitas, no siente vocación religiosa y su vida es
cluye Filippino Lippi. Según algunos, tampoco los comienza él, sino su
el reverso de la de Fra Angélico. En cierta ocasión sufre tormento por
maestro Masolino, cuyos frescos en Castiglone de Olona, aunque
haber falsificado una firma, y poco después rapta del convento en que
carecen de la monumentalidad de los de Masaccio, descubren a u n ar-
es capellán a una novicia, Lucrecia Butti, que le sirve de modelo. Fra
tista muy progresivo en quien precisa reconocer a uno de los creadores
Filippo frisa en los cincuenta años, y el fruto de esos amores, que le-
del estilo cuatrocentisa. El es discípulo, a su vez, del pintor de fines
gitima el Pontífice relevándole de sus votos, es el delicado pintor de
de siglo Starnina, que, como veremos, trabaja en España.
fin de siglo Filippino Lippi.
De temple heroico como Masaccio, es su coetáneo Paolo di Dono, Fra Filippo siente con demasiada fuerza el encanto de la natura-
a quien se conoce con el nombre de Paolo Ucello (t 1475). Comien- leza para dejarse llevar por el estilo de Fra Angélico. Aunque apren-
za su carrera en el a r t e de la platería, figurando como auxiliar o gar- de de sus dos grandes contemporáneos el sentido del volumen y el en-
zone de botega de Ghiberti cuando labra sus segundas puertas y de canto de la perspectiva, lo que constituye el nervio de su estilo es ese
él debe aprender el interés por la perspectiva que después se convierte sentido humano, en cierto modo análogo al de Donatello, que sabe in-
PINTTJRA DEL RENACIMIENTO EN ITALIA HASTA FINES DEL S. XV 101
100 FRA FILIPPO LIPPI, B. GOZZOLI
piar todas las escenas de la Vendimia en el valle del Arno, era una de las
fundir a sus escenas religiosas. Aunque sin la pureza de las de Fra
obras más representaivas del interés por lo anecdótico del cuatrocen-
Angélico, sus Vírgenes son, sin embargo, de un encanto extraordinario
tismo, que desaparece en la centuria siguiente. Al lado de figuras de
(lámina 130). La de los Uffizi, en que unos ángeles elevan al Niño
elegancia clásica, como las jóvenes que llevan sobre sus cabezas las
hasta la altura de su Madre, es una de las obras maestras de la pintura
canastas de uvas, nos ofrece rasgos naturalistas, como el de la hija de
italiana, no sólo por su preciosa composición, sino por la vida de los
Noé que, al cubrirse el rostro con la mano aparentando no querer con-
rostros, más expresivos que correctos. En el Nacimiento (lám. 115), de
templar a su padre ebrio, entreabre los dedos para hacerlo disimulada-
que poseemos tres importantes interpretaciones —Museos de Berlín y
mente.
Florencia—, lo esencial es el tema de la Virgen adorando al Niño, de
gusto italiano. En cuanto al fondo, mientras en el primer término figu- Si este discípulo infiel de Fra Angélico representa el triunfo de lo
ra una pradera donde, como Fra Angélico, representa con verdadero anecdótico en la pintura florentina cuatrocentista, su coetáneo Piero
amor las flores y las hojas más menudas, en el último plano crea una della Francesca (t 1492) es el pintor enamorado de la luz —que quizá
zona de misterio, donde la luz ilumina los derechos troncos de un bos- por haberla amado tanto muere ciego sin poder contemplarla—. Ningún
quecillo. artista ha tenido hasta ahora en Italia su preocupación por elemento
de tan capital importancia en la pintura. Pues aunque desde pocos años
La Coronación de la Virgen (1447) (lám. 115), de los Uffiizi, proba-
antes vienen interesándose por su representación con particular empe-
da por gran número de personajes, es otra de sus obras principales.
ño los pintores flamencos, es con un sentido naturalista completamente
Inspirada su composición en la de Fra Angélico, su sentido plástico
distinto. Para Piero della Francesca la luz es esencialmente poesía; su
dota de intenso relieve a las figuras, mientras su arrebatado natura- actitud ante la luz tiene algo de estática. Ella le sirve para ilurri^ar el
lismo convierte en retratos a los más de sus modelos. Hasta nos ofrece milagro de Constantino (lám. 116) en su lecho y para henchir de luz
en primer plano su propio rostro, de escasa expresión mística, con el blanca opalina los cuerpos de sus personajes. Gracias a ella tiene trans-
letrero: Is perfecit opus. parencia de aparición. Y es curioso advertir cómo al ablandar esa luz
Como buen florentino, Fra Filippo cultiva también el fresco. La suave y difusa los volúmenes de sus cuerpos, no obstante la erguida
serie más importante decora la catedral de Prato (1452), cuya escena apostura de la figura, sus creaciones pierden el tono épico de Ucello y
más movida es la del Banquete de Herodías, donde el espíritu profano Masaccio y se convierten en un mundo de formas ligero y casi transpa-
del pintor se desenvuelve sin trabas y sus aficiones naturalistas se en- rente. De su interés por la perspectiva es buen testimonio su tratado
cuentran a tono con el tema. Salomé danzando y las dos jóvenes ha- De prospectiva plngendi. Su obra capital son las historias de la Santa
biéndole al oído son buena prueba de ello. Cruz (1452-1466), que pinta al fresco en Arezzo.
El espíritu profano y naturalista de Fra Filippo encuentra su con-
tinuador durante la segunda generación en Benozzo Gozzoli (t 1498),
LA ÚLTIMA GEKERACIÓN: GHIRLANDAJO.—La Florencia cuatrocentista
que es, en realidad, u n discípulo de Fra Angélico, de quien hereda,
ofrece uno de los espectáculos más admirables de fecundidad de la
al par que no pocos d e sus modelos y convencionalismos, el gusto por
historia del arte. Por los mismos años en que esta segunda generación
el paisaje poblado de figurillas y escenas anecdóticas. Benozzo es el
produce sus obras decisivas, nace una tercera que hace recorrer al
gran narrador del quattrocento florentino. Al encargarle los Médicis
cuatrocentismo su última etapa. Es la de Lorenzo el Magnífico (t 1492),
la decoración de la capilla de su palacio (1459), cuyo retablo es el Na-
el nieto de Cosme, en quien el amor a las artes es aún más intenso que
cimiento, de Fra Filippo Lippi, del Museo de Berlín, imagina, sobre
en su antecesor. El es la figura central en torno a la cual gira la Flo-
todo, u n paisaje rico en accidentes y poblado de elegantes cipreses y
rencia de fines de siglo, apasionada por las artes y la literatura y an-
menudos caseríos p o r donde desfilan por uno y otro lado las larguísi-
siosa de revivir los tiempos clásicos. Amigo también de la Filosofía, es
mas cabalgatas de los Reyes Magos (lám. 114), en las que, al pare-
uno de los más asiduos de la Academia Platónica y además es poeta.
cer, retrata a los dueños de la casa, a la Florencia de su tiempo, e in-
Enamorado de las flores, como Fra Angélico o Fra Filippo, dedica un
cluso nos deja su p r o p i o retrato. Importantes eran también los des-
soneto a la viólela. Pero, sobre todo, sabe presentir en esa inconsciente
truidos frescos del Campo de Pisa, entre los que sobresalía el de Noé
alegría de la juventud y del artista los días tristes de Savonarola y del
ebrio. Concebida con tal lujo de pormenores que nos permite contem-
102 GHIRLANDAJO PINTURA DEL RENACIMIENTO EN ITALIA HASTA FINES DEL S. XV 103
destierro de los suyos. Nos lo dice en los versos admirables de sus De sus pinturas en tabla merecen recordarse la Visitación (lám. 117),
Canti carnascialeschi: del Museo del Louvre, que está interpretada como un saludo de corte,
y la Adoración de los pastores (lám. 123), donde el pesebre es un sar-
Quant'e bella giovinezza cófago romano, y aparece al fondo un arco de triunfo con dedicatoria
che si fugge tuttavia a Pompeyo Magno. Entre sus retratos, que, de acuerdo con la moda
Chi vuol esser lieto sia! florentina de la época, son de riguroso perfil y con el cuerpo erguido,
Di doman non c'e certezza. es excelente el de Giovana degli Albizzi (lám. 118), de propiedad particu-
lar, si bien es más atractivo el del Abuelo y el nieto, del Museo del
Es la gota de pesimismo que, convertido en honda tragedia, inspi- Louvre (lám. 132), donde poesía y realidad se contraponen y equilibran
ra a Botticelli, el más sensible y fino de sus pintores. Rodeado de ar- en forma admirable.
tistas maduros de primer orden, su casa continúa siendo, como en los
días de Cosme, el palacio de las artes y las letras, y la academia de los BOTTICELLI. OTROS PINTORES.—Sandro Botticelli (t 1510) es un tem-
jóvenes en que, como hemos visto, el propio Lorenzo enseña sus ca- peramento artístico profundamente sensible y apasionado. Lejos de la
mafeos a Miguel Ángel niño. Al morir el año mismo en que Colón des- inexpresión y rigidez de que a veces peca Ghirlandajo, la emoción guía
cubre el Nuevo Mundo, Florencia sólo continúa siendo la capital artís- su dibujo nervioso, agita los cuerpos de sus personajes y se desborda
tica de Occidente por muy breve tiempo. Sus dos hijos más ilustres, en sus rostros, expresivos y cargados de pesimismo.
Leonardo y Miguel Ángel, la abandonan al comenzar el siglo, y Rafael, Botticelli es además el gran pintor de fábulas paganas de la Flo-
que a ella acudiera deslumhrado por su prestigio, se traslada también rencia de Lorenzo el Magnífico. Aunque sus contemporáneos creen ver
a la Ciudad Eterna. resucitado en sus representaciones mitológicas el arte antiguo, sólo tie-
El espíritu narrativo y profano que hemos visto constituir el nervio nen de clásico el tema. En realidad, son una creación renacentista, y
de Benozzo Gozzoli, parece continuarse en Domenico Ghirlandajo su tono, un tanto enfermizo y romántico, es puramente botticelliano.
(t 1494). Amigo de imaginar grandes conjuntos de numerosos persona- Botticelli pone en su interpretación tal entusiasmo y cree él mismo
jes, apuestos y elegantes, de una elegancia un tanto rígida, y de rostros llegar tan lejos, que cuando sobreviene la reacción antipagana, movido
a veces algo inexpresivos, hace que lo profano invada las historias re- por la arrebatadora palabra de Savonarola, parece ser que él mismo
ligiosas en proporciones hasta ahora desconocidas. A veces parece que lleva a la hoguera alguna de sus obras de este tipo.
el tema religioso es simple excusa para desarrollar una escena pro- Botticelli es uno de los más inspirados pintores de la Virgen. Des-
fana, en la que, por o t r a parte, lo secundario y anecdótico adquiere pués de las de Fra Angélico, en las que la beatitud de la contemplación
extraordinaria importancia. Buena parte de los personajes de sus esce- divina se expresa en forma nunca superada y de las ya mucho más
nas suelen ser retratos de los patronos y sus amistades. Como digno humanas de Fra Filippo, las de Botticelli pierden la alegría y la tran-
fondo de sus agrupaciones numerosas, gusta de imaginar amplias ar- quilidad y su expresión se torna melancólica. Sus rostros son tristes,
quitecturas, ricas en perspectivas y decoración, arcos de triunfo, etc. su mirar de ensueño. Cuando contemplan al Niño parecen pensar ya
Su obra principal es la hermosa serie de grandes frescos de Santa en el Gólgota. Sus tondos —pinturas circulares— de la Virgen del Mag-
María Novella (1486), dedicados a las vidas de la Virgen y de San gificat (lám. 131) y de la Virgen de la Granada figuran entre las crea-
Juan, y encargados por la familia Tornabuoni, que se hace retratar en ciones más inspiradas del Renacimiento y típicas del pintor. En la
varias historias. El Nacimiento de la Virgen (lám. 122), por ejemplo, de San Bernabé presenta a la Virgen de cuerpo entero, rodeada de san-
está representado en el interior de un lujoso palacio renacentista, don- tos de diversas épocas, es decir, formando lo que se llama una Sagrada
de Santa Ana se incorpora sobre su lecho para recibir al elegante grupo Conversión, presenciando cómo muestran al Niño los instrumentos de
de damas, la primera de las cuales es Ludovica Tornabuoni, que avanza la Pasión.
majestuosa hacia ella, corno en una escena de corte. El tema secundario Ese dramatismo que se manifiesta en la expresión de los rostros
de la joven echando agua para lavar a la recién nacida adquiere impor- mueve también las actitudes, a veces con violencia tal que parece que-
tancia de primer orden. brar las figuras, como sucede en la Anunciación y en la Piedad (lámi-
104 BOTTICELLI
con la colaboración de aquél. Al joven Leonardo parece que se deben dad de las composiciones peruginescas. Después de las historias que
principalmente las figuras de los ángeles. pinta en el Vaticano, en las que colabora con el Perugino y los floren-
tinos más ilustres de fin de siglo —la más importante es la Disputa de
ESCUELA DE UMBRÍA: PERUGINO Y PINTORICCHIO. SIGNORELLI.—En la Santa Catalina—, pinta por encargo del futuro Pío II, el Papa huma-
segunda mitad del siglo xv se forma una nueva escuela pictórica en el nista, en la librería de la catedral de Siena (1503), una serie de gran-
centro de Italia, que tiene por sede Umbría, el país amplio, de suaves des frescos consagrados a recordar los hechos más gloriosos de la vida
colinas iluminadas por el resplandor del lago Trasimeno. Sus dos prin- de aquél. Por la belleza de su composición y por el lujo representado,
cipales maestros mueren muy entrada la centuria siguiente. es probablemente, el más atractivo el que figura la Partida para Basilea
Aunque formado en Florencia, Pietro Vannucci, él Perugino (t 1524), (lámina 138).
no tarda en crear un estilo propio poco variado, pero completamente Artista de temple espiritual completamente distinto de los dos ante-
personal. El imagina un mundo poblado de personajes de formas blan- riores es Signorelli (t 1523). que nace en un pueblecito del valle del
das y redondeadas, siempre un tanto femeninas; actitudes indolentes lago Trasimeno, muy próximo ya a Toscana, y marcha muy joven a
y mirar dulce y sentimental (lám. 135). Si está ya muy lejos del estilo Arezzo, donde entra en el taller de Piero della Francesca. De él aprende
fuerte de mediados de siglo, su expresión superficial es, en cambio, la sencillez y la monumentalidad. En este sentido ninguna obra suya es
el reverso del apasionamiento botticelliano. El Perugino no es hom- superior a la Escuela del dios Pan, sin duda una de las creaciones mito-
bre de grandes crisis ni tormentas espirituales. Aunque su misma fe lógicas más bellas del cuatrocentismo. Pintada para Lorenzo el Mag-
flaquea —el Vasari nos dice que no hubo medio de hacerle creer en nífico, representa un concierto de pastores presidido por el dios, y con
la inmortalidad del alma—, sus Vírgenes candorosas son una de sus asistencia de la ninfa Eco, en que nos contrapone las carnes luminosas
creaciones más populares y el punto de partida para las de Rafael. femeninas y el cuerpo tostado del dios.
Solas con el Niño y de medio cuerpo, o rodeadas de santos y bajo un Su gigantesca pasión por lo trágico y por el movimiento convierte,
pórtico, como la de Senigallia (1498), siempre están dotadas de la mis- en cambio, su serie de pinturas murales de la catedral de Orvieto
ma expresión de ensueño. (1499-1508) en algo así como el prólogo de la Capilla Sixtina de Miguel
Amigo extremado de la simetría y de la ponderación de masas, Ángel. Los temas —los Signos que anuncian el fin del mundo, la Pre-
ante algunas de sus obras se piensa en un trecentista que emplea for- dicación del Anticristo, la Resurrección de la carne, el Infierno— dan
mas cuatrocentistas. En cambio, aporta a la pintura de su tiempo el pie a ello, y donde la expresión dramática alcanza sus notas más agu-
amor a los escenarios amplios (lám. 137). Se diría que, lo mismo cuan- das es en el Infierno. El dolor y el movimiento llegan bajo su pincel
do pinta fondos de paisaje recordando la dilatada campiña umbría, al frenesí. Es una enorme masa humana en la que todos gritan de dolor,
poblada de finos arbolillos cuyas copas se transparentan tenues sobre donde demonios de carnes verdosas estrangulan a los mortales, los
el azul del cielo, como el de la Crucifixión, que cuando imagina fondos hacen pedazos, o los pisotean. Los episodios rebosantes de dolor y
de arquitectura, tiene ansia de espacio. En su Entrega de las llaves a crueldad se enlazan hasta el infinito con arte insuperable que borra
San Pedro (1483) (lám. 136), jalón capital para la historia de la perspec- toda posible monotonía (lám. 143). Desde los días de Dante no se expre-
tiva, dispone una gran plaza, donde se pierde la vista, y levanta en san con tal grandiosidad y tan hondo dramatismo las torturas inferna-
ella un templo octogonal y dos arcos de triunfo, escalonando en pro- les. Si Fra Angélico, que sólo llega a pintar la bóveda de esta capilla,
fundidad diversos personajes sobre un pavimento de gran cuadrícula. había de representar esos temas en los mures, hizo bien en ceder los
Así terminan a fin de siglo los desvelos de Paolo Ucello por la pers- pinceles a Signorelli. Son pinceles q u e sólo Miguel Ángel volverá a em-
pectiva. plear en su Juicio final.
Pintoricchio (t 1513), sólo ocho años más joven que el Perugino,
siente, como él, gran amor por los escenarios amplios. Pero ya en sus PADUA: SQUARCIONE Y MANTEGNA. FERRARA.—Padna se concierte a me-
comienzos, cuando su estilo es muy semejante al de éste, descubre una diados de siglo en el foco artístico m á s vigoroso, por donde el Renaci-
manifiesta inclinación por el lujo y un deseo de acumular elementos miento florentino irradia al norte d e Italia. E l terreno para un arte
anecdóticos y pintorescos, que hacen desaparecer el reposo y la clari- fuerte y monumental lo prepara Donatello al le-vantar allí la estatua
108 MANTEGNA PINTURA DEL RENACIMIENTO EN ITALIA HASTA FINES DEL S. XV 109
ecuestre de Gattamelata, y el interés que Padua manifiesta por la pers- y aves se asoman. Fuente de inspiración del Correggio, es en esta obra
pectiva es semilla sembrada, a su paso por la ciudad, por sus dos gran- el precursor de las grandes perspectivas arquitectónicas barrocas.
des campeones: Ucello y Piero della Francesca. Pasa por ser el funda- Para el teatro del Palacio pinta la serie del Triunfo de César (1492),
dor de la escuela Francesco Squarcione (t 1474), persona extraña que, ya citada, para cuya preparación hace un viaje a Roma. En ella nos
en forma algo misteriosa, enseña la perspectiva a sus discípulos, cuyas deja la obra maestra de la erudición arqueológica renacentista, repre-
obras, al parecer, vende como suyas, hasta que se hacen independientes. sentando soldados, prisioneros, carros, trofeos, etc. La más importante
La gran figura de la escuela es Andrea Mantegna (t 1506), la antítesis de tema mitológico es el Parnaso, que pinta igualmente para la corte
del Perugino. Su pintura, aún más que escultura, quiere ser arquitec- de Mantua. El Museo del Prado posee de su mano el Tránsito de la
tura, el arte donde la masa y la monumentalidad dominan. Sus perso- Virgen (lám. 139).
najes son fuertes y se apoyan en tierra, rígidos como fustes de colum- En la vecina Ferrara, la influencia de Mantegna forma, en la segun-
nas, con el decidido propósito de producir la impresión de fuerza. Los da mitad del siglo, al representante más puro y exaltado del manieris-
plegados de sus ropajes se dirían las huellas de las lascas saltadas al mo cuatrocentista. En Cosme Tura (f 1495), los vigorosos personajes
labrar la piedra. Los fondos de arquitectura no le interesan para crear del paduano, consumidos en una atmósfera enrarecida que les oprime,
espacio, como al Perugino, sino para producir la sensación de masa, se convierten en unos seres nerviosos, que, sin embargo, continúan
para producir volúmenes, y ese mismo sentido de dureza y de masa queriendo ajustarse a una clara trama de líneas y ángulos rectos. Obras
hace que sus fondos de paisaje, como el de La Oración del Huerto (lá- típicas suyas son la Piedad, del Museo del Louvre, y la Primavera, de la
mina 141), sean desoladas canteras en que las entrañas pétreas de la Galería Nacional, que, lejos de estar simbolizada en una joven llena de
Tierra se hinchan para mostrarnos rocas que quieren ser sillares. Al vida, es una mujer cuya frescura han agotado los años (lám. 140).
servicio de su ansia de masa y de monumentalidad, Mantegna pone un
dominio profundo de la perspectiva y, sobre todo, del escorzo. Su Cristo
VENECIA: LOS BELLINI. CARPACCIO. SICILIA: ANTONELLQ DE MESINA.—
muerto (1501) (lám. 146) de la Pinacoteca de Brera, de Milán, es en
La sensibilidad veneciana es muy diferente de la florentina. Mientras
este último aspecto la obra más representativa del Renacimiento cua-
el toscano no olvida nunca en la obra pictórica el dibujo y conserva
trocentista, en la que el maestro paduano parece recoger el guante de
siempre un cierto sentido escultórico de la forma, el veneciano experi-
Paolo Ucello. Típico de Mantegna, e hijo de estas mismas preocupacio-
menta mayor entusiasmo por el color. A lo preciso y terso de la forma
nes, es el bajo punto de vista que toma ante el modelo, que así gana
de aquél, opone una cierta imprecisión y un decidido amor por la blan-
considerablemente en grandiosidad. Buen ejemplo de ello es el Desfile
dura. Suele aducirse como explicación de esta distinta manera de inter-
de César, de Hampton Court. Mantegna es además uno de los cuatro-
pretar la forma, el aire húmedo y cargado de vapor, propio de una
centistas que con mayor fidelidad han representado la decoración arqui-
ciudad construida en el mar, que siempre la esfuma. Y es indudable,
tectónica romana.
por otra parte, que la vida veneciana, en directo y continuo contacto
Todavía a las órdenes de Squarcione, pinta en la Capilla Ovetari de comercial con Oriente, es más lujosa y rica de color que la toscana.
San Agustín las monumentales historias de Santiago, cuyo bajo punto La puerta de Italia hacia Oriente es Venecia, y los pintores venecianos
de vista realza la grandiosidad del fondo y de las figuras. El resto de la ven desfilar constantemente por sus calles a orientales de grandes tur-
capilla lo decoran en un estilo muy semejante sus compañeros del taller bantes y vistosas vestiduras. Nada tiene, pues, de extraño que el lujo
de Squarcione. La visita a Padua del veneciano Giovanni Bellini, que de la vida ciudadana se refleje en sus pinturas, hasta el punte de cons-
tituir una de sus características más destacadas. Más lejanos de Roma,
se casa con su hermana, al mismo tiempo que enriquece el colorido
menos en contacto con la antigüedad clásica y menos preocupados por
de Mantegna, le decide a abandonar a Squarcione y marchar a Mantua,
la escultura romana que los florentinos, los pintores venecianos buscan
donde pasa el resto de su vida al servicio de los Gonzaga. Su obra prin-
su fuente de inspiración en la vida misma. Incluso cuando cultivan
cipal en esta ciudad (1474) son las pinturas murales de la Cámara
temas mitológicos lo hacen con naturalidad que sorprendería en Tos-
degli Sposi de aquel palacio, una de cuyas partes más interesantes es el
cana. Este interés predominante por el color y este sentido más natu-
techo, en que finge una claraboya circular con balaustrada, donde niños
ralista son los que convierten a la escuela veneciana en la más progre-
110 BELLINI PINTURA DEL RENACIMIENTO EN ITALIA HASTA FINES DEL S. XV 111
siva del siglo xvi y de más fecundas consecuencias para la formación que le honra con el título de Bey, y de quien hace el fino y penetrante
de la gran pintura europea de la centuria siguiente. retrato (1480) de la Galería Nacional de Londres.
En Venecia se desarrolla, desde fecha bastante temprana, una in- Giovanni Bellini (t 1516), hijo también de Jacopo, colabora con él
tensa actividad pictórica, que produce en el segundo cuarto de siglo y con su hermano Gentile. Los datos que poseemos de su vida nos lo
artistas como Antonio Vivarini, en quien se dan ya algunas de las carac- presentan rodeado del mayor prestigio. Cuando Durero lo conoce, ya
terísticas que distinguirán a la escuela. Así, en él y en sus contempo- viejo, escribe que, pese a su edad, es el mejor pintor de Venecia, y
ráneos se pone bien de manifiesto el gusto veneciano por el color y Ariosto lo cita a la altura de Mantegna y Leonardo. Así como Gentile,
por las formas blandas y redondeadas, por la riqueza —fondos de oro en sus cuadros de numerosos personajes, nos muestra la vena narra-
en relieve— y por las escenas de numerosos personajes. Obra típica tiva y espectacular que animará a Veronés, Canaletto y Guardi, Giovan-
de ese momento es la Coronación de la Virgen (1444), de la iglesia de ni es el predecesor del Tiziano. Influido en los primeros tiempos por
San Pantaleón, en la que los personajes celestiales se acumulan hasta Mantegna, reacciona después contra sus formas secas y duras, y, como
el infinito. A esta época corresponde también la presencia en Venecia buen veneciano, las ablanda paulatinamente y las hace más redondea-
del pintor umbrío Gentile da Fabriano (t c. 1427), en cuya Adoración das. De aquel momento son la Oración del Huerto (lám. 142), obra del
de los Reyes, influida por el estilo internacional, se manifiesta el mismo mayor interés para conocer el punto de partida del paisaje veneciano,
amor por la riqueza y por la abundancia de personajes. que terminará en las suavidades de Giorgione y Tiziano, y la Piedad,
Pero los que encauzan la sensibilidad veneciana y fijan los carac- en la que las formas se definen con precisión y aun dureza y la expre-
teres de la escuela son los Bellini, cuyo progenitor, Jacopo (t 1470), se sión es intensa. En su retablo de la Virgen (lám. 148), con las dos pare-
forma con Gentile da Fabriano. Pintor de Vírgenes de estilo todavía jas de santos, que después servirá de inspiración a Durero, la influen-
bastante hierático, en sus dibujos de tema profano con fondos arqui- cia de las rígidas actitudes de Mantegna es aún más sensible. Si esas
tectónicos poblados de figurillas nos muestra ese gusto narrativo y
obras descubren la honda huella dejada en Bellisi por el maestro pa-
por los aparatosos escenarios que distinguirá a su sucesor. De su hijo
duano, sus numerosas representaciones de la Virgen de medio cuerpo
Gentile (t 1507), que desarrolla esta faceta del arte paterno, poseemos
con el NifVo (lám. 145) permiten ver cómo se libera de esa influencia
grandes lienzos donde, sobre ricos escenarios arquitectónicos, medio
y va humanizando progresivamente sus modelos femeninos, cada vez
bizantinos y medio góticos, típicamente venecianos, desfilan o se detie-
menos espigados y más semejantes a los del Tiziano. Su complacencia
nen a ver lo que sucede en las calles innumerables personajes. El Mila-
en recrearse en su fino cutis femenino o en las blandas carnes del Niño
gro de la Santa Cruz (lám. 144) es la réplica veneciana a las grandes
es ya puramente veneciana. Nos ha dejado también algún retrato exce-
escenas de B. Gozzoli o Ghirlandajo, en las que el tema del cuadro se
lente (lám. 147). Giovanni Bellini, gracias a su larga vida, es uno de los
pierde en la numerosa concurrencia que llena el escenario. En este caso
maestros que más han hecho evolucionar la escuela.
el asunto es la historia de la Cruz con la reliquia, que, al ser trasladada,
cae al canal e intentan recuperarla en vano varios venecianos, hasta El cronista de la vida veneciana que hay en Gentile Bellini encuen-
que, al fin, lo consigue el guardián de la Cofradía, Andrés Vendramin. tra su más ilustre continuador en Vittorio Carpaccio (t 1525), que en la
Entre los que contemplan la escena se encuentra Catarina Cornaro, la encantadora serie de la vida de Santa Úrsula (lám. 149) traduce el viejo
reina de Chipre. texto medieval de la Leyenda Dorada al lenguaje rico y fastuoso de la
En otra de las historias, el Sermón de San Marcos en Alejandría, vida veneciana de su tiempo. El escenario es Venecia, con sus canales,
que hoy sólo se considera de su escuela, personajes y escenarios se plazas y palacios de mármol, y venecianos son los embajadores y su sé-
cargan de orientalismo. En el templo del fondo, al recuerdo de la iglesia quito, que piden la mano de la hija del rey, se despiden y regresan; el
del santo en Venecia, se agregan los finos alminares turcos, y el público público que los contempla y el dormitorio de la escena del Sueño de la
se cubre con enormes turbantes blancos. Si el orientalismo y la pre- Santa, donde Carpaccio, con amor de primitivo flamenco, se deleita
sencia de los orientales es la nota que, con sus canales, más distingue representando la luz suave que ilumina el interior y un sinnúmero de
a Venecia de las restantes ciudades italianas, en Gentile Bellini ese minucias, desde los zapatos al pie del lecho y la corona hasta el perrillo
orientalismo se ve reforzado por su viaje a la corte de Mahomet II, que vela el sueño de la santa.
112 ANTONELLO DE MESINA
continúa, sin embargo, interesando, aunque más que en la figura en aspecto da en sus dibujos un paso más allá que Donatello, y de lo feo
1
reposo —Cristo muerto, de Mantegna (lám. 146)—, en la figura en movi- pasa a lo monstruoso. Las actitudes de sus personajes son mucho más
miento, y en este aspecto el avance es considerable. Los cinquecentistas complicadas y ricas en movimientos que las de sus predecesores, y en
hacen también nuevas conquistas en el campo de la luz, que ya no sirve este aspecto su influencia en los maestros posteriores y en la forma-
sólo para crear volúmenes de formas precisas como a Masaccio y Ucello. ción del estilo cinquecentista es decisiva. El interés por la mímica y
El estudio de la luz y de la sombra hace que la línea vigorosa de los por el movimiento de la actitud le lleva a preocuparse sobremanera
cuatrocentistas florentinos se esfume y el modelo se ablande, ganando por el arte de enlazar unas figuras con otras, tanto formal como es-
en riqueza expresiva —Vinci, Correggio—; se descubre en la luz un piritualmente. Es el arte que culmina en su famosa Cena. Pero Leonar-
valor dramático de primer orden y, antes de terminar el siglo, se dan do no se limita a estudiar el cuerpo humano. En el estudio del caballo
los primeros pasos de la perspectiva aérea —Tintoretto—. pone también el mayor entusiasmo. En el destinado a la estatua ecues-
En la pintura italiana del siglo xvi distínguense varias escuelas: la tre de Ludovico el Moro, de la que sólo termina el modelo en yeso, in-
florentina, cuyos principales maestros se trasladan pronto a la Ciudad vierte varios años, y en el intenso movimiento del cartón para la Ba-
Eterna, donde fundan la romana; la milanesa, que es, en realidad, la talla de Aghiari, del palacio viejo de Florencia, se encuentra en germen
de los discípulos de Leonardo; la de Parma y la veneciana. el barroquismo de las batallas y cacerías de Rubens.
Parejo de este interés por la mímica y el movimiento es el que
LEONARDO DE VINCI (t 1519).—Es, de los artistas del siglo xvi, el que siente por la luz y la sombra. El tránsito suave de una a la otra es
da los primeros pasos hacia la conquista del nuevo ideal. Nacido en una de sus principales preocupaciones. A la rigurosa línea de los cua-
el pueblecito florentino de Vinci al mediar el siglo xv, se forma en el trocentistas florentinos reemplaza el suave paso de la superficie ilumi-
taller de Verrocchio, y al cumplir los treinta entra al servicio de Lu- nada a la superficie en sombra, y de los colores vivos a la tonalidad
dovico el Moro, en Milán, donde permanece cerca de veinte años. El vaga; en suma: el típico esfumado leonardesco. Pero en Leonardo,
destronamiento de aquél le hace recorrer Italia en diversas comisiones aparte de su valor primario para acusar el relieve, tiene un valor esen-
durante el resto de su vida, hasta que, agotado para el trabajo, cruza cial para dulcificar la expresión.
los Alpes al servicio de Francisco I, en cuyos brazos muere paralítico Leonardo es, además, el gran teórico renacentista que nos deja
tres años después. expuestas sus doctrinas en su Tratado de la Pintura.
Leonardo, por su notable afán de saber, de poseer todas las artes, Después de sus obras juveniles, como la Anunciación, cuyo estilo
de dominar todas las técnicas y de inventar, es quizá el genio más re- se encuentra aún muy próximo al de Verrocchio, o los ángeles que se
presentativo del Renacimiento. El deseo de conocer todo profundamente le atribuyen en el Bautismo de éste (lám. 134), poco antes de abandonar
es el fuego genial que consume su vida y malogra su obra. En la carta Florencia, emprende la pintura de la Adoración (lám. 154), que deja
que escribe a L. Moro, al ofrecerle sus servicios le promete construir sin terminar, y en la que nos ofrece ya una estudiadísima composición
máquinas de guerra, cañones de forma inusitada, barcos incombustibles, rica en nuevas actitudes. En su primera gran obra milanesa, la Virgen
hacer caminos, puentes y túneles, trabajar como arquitecto; y en es- de las Rocas (1483) (lám. 151), del Museo del Louvre, inscribe las figu-
cultura y pintura, realizar cualquier trabajo al igual de quien pudiera ras en un triángulo, y al encanto de su claroscuro agrega el misterio
hacerlo mejor. Los manuscritos y los innumerables dibujos que de él de las rocas recortadas en la vaporosa lejanía.
conservamos nos hablan, por otra parte, de sus hondas inquietudes cien- Pero donde su arte de componer se manifiesta plenamente es en
tíficas, en particular mecánicas, como la que le lleva a concebir una la famosa Cena (1495) (fig. 237), poco anterior a su salida de Milán.
máquina para volar. Pintada en el testero del refectorio de Santa María delle Grazie, las
Como artista le interesa sobremanera conocer el cuerpo humano, paredes y el techo de éste se continúan en la fingida arquitectura del
tanto en su contextura interna, de lo que son buena prueba sus di- cuadro. Abandonada ya por Andrea del Castagno la forma tradicional
bujos anatómicos, como en su aspecto expresivo y en sus movimientos. trecentista de agrupar los apóstoles en torno a la mesa. Leonardo los
Leonardo lo mismo estudia la sonrisa leve de un rostro perfecto, que presenta tras ella, incluso a Judas; a quien en un principio pensó co-
persigue lo característico, insistiendo en los rasgos decisivos. En este locar, como aquél, en primer término. El momento elegido, al igual
116 MIGUEL ÁNGEL
brazo en alto, está rodeado por una humanidad de gigantes, aterrori- La vida de Rafael, pasados sus primeros años, es una carrera inin-
zada por su presencia. Hasta los elegidos y la misma Virgen parecen terrumpida de triunfos. Nace en Urbino en 1483. Es persona de com-
atemorizados por su tremenda justicia. El amor al desnudo y al movi- plexión débil, más bien pequeño de cuerpo, de ojos grandes, de mirar
miento que triunfa en el techo de la capilla, se exalta aún más. Es una dulce y expresión ingenua, de color pálido y largos cabellos negros.
inmensa masa humana que se mueve con dramatismo apocalíptico, con Hijo del pintor Giovanni Santi, queda huérfano a los doce años y le toma
una fuerza que sólo ha sentido hasta ahora Signorelli. Comparado con bajo su protección el discípulo de Francia, Timoteo Viti, que apenas
todas las interpretaciones anteriores, este Juicio final sorprende por le dobla la edad. Cuatro años después, en 1499, ingresa en el taller
el arrollador movimiento ascendente de los elegidos, y por el hundirse del Perugino, donde permanece hasta que cumple los veintiuno. Rafael
en el abismo de los condenados, por su lanzamiento en el espacio, en regresa entonces a su patria, pero los días felices de Urbino han pa-
los que Miguel Ángel nos deja ver todo su entusiasmo por el escorzo. sado. El buen duque Federico ya no vive, un Borja ha vaciado sus arcas
Reflejo la belleza del cuerpo humano de la perfección divina, Miguel y es necesario emigrar. Al trasladarse a Florencia se inicia un nuevo
Ángel no duda en conceder al desnudo amplitud sin precedentes, y, período en su carrera artística.
limpio en su idealismo de toda impureza, lo lleva hasta el mismo cuerpo
Genio extraordinariamente precoz, antes de marchar a Florencia
del Todopoderoso. Pero las protestas no se hacen esperar, y el desver-
produce ya obras notables que prueban la rapidez y talento con que
gonzado Aretino, alardeando de honestidad, no duda en decir que si
asimila el estilo peruginesco. Es la época del Rafael de las composi-
él escribe cosas impúdicas es con palabras decentes. Es, en realidad,
ciones simétricas, de las figuras de suaves movimientos, casi femeninos,
la consecuencia de la nueva reacción contra el culto renacentista del
rostros redondos y mirada de ensueño. En su Virgen con el Niño, de
desnudo, aun despojado de toda impureza. No se produce tan violenta
Berlín (1501), no sólo son peruginescos los modelos, sino la ingenuidad
como en los días de Savonarola, pero el Pontífice hace cubrir a Volterra.
de la composición y la sencillez de las actitudes. Las obras más per-
parte del cuerpo del Salvador.
sonales de esta época son El sueño del caballero y Las tres Gracias,
En los frescos de la inmediata capilla Paolina, obra diez años pos-
inspiradas éstas en modelos clásicos. Ya en Florencia pinta los admira-
terior, la preocupación por la corpulencia de los modelos le lleva a
crear un tipo hercúleo, que deja honda huella en sus imitadores, pero bles Desposorios (1504), de la Pinacoteca de Milán (láms. 163, 172), don-
que carece de la vida y energía del Juicio final y de la belleza de las de crea una vasta perspectiva de amplísimos horizontes al gusto peru-
escenas del techo. Están dedicados a San Pedro y a San Pablo. ginesco, que no puede por menos de hacer pensar en la Entrega de las
llaves, del Perugino, en el Vaticano (1482) (láms. 136, 137). Rafael, más
adelante, transformará totalmente este estilo, todavía en buena parte
RAFAEL.—Si Leonardo es el pintor que, formado en la Florencia cuatrocentista, pero conservará de su etapa umbría el a r t e de compo-
cuatrocentista, logra a costa de dolorosos fracasos crear en unas cuan- ner con claridad, en gran parte el gusto por las amplias perspectivas,
tas obras el estilo del pleno Renacimiento, Rafael es el genio fecundo y el sentido de la solemnidad aprendido del Perugino.
que concibe con claridad admirable y ejecuta con decisión y perfec-
ción. El es quien con paso seguro y firme sabe sacar las consecuen- Sus cuatro años florentinos son decisivos para su formación. Es la
cias del arte leonardesco, e incorporando la grandiosidad, el drama- época en que Miguel Ángel esculpe el David y decora, en competencia
tismo y la terribilitá miguelangelesca, da forma al Renacimiento del con Leonardo, la Sala del Consejo. A la vista del estilo de estos maes-
siglo xvi. tros, es natural que encuentre el suyo umbrío, ingenuo y excesivamente
Rafael, como todos los genios, se apoya en el estilo de sus pre- sencillo. Rafael fija sus ojos ávidos de saber en el autor de la Cena,
decesores y contemporáneos, pero lo hace fundiendo esos estilos en y sus personajes, hasta ahora reposados, blandos y concebidos en plano,
el crisol de su propia personalidad, nacida bajo el signo de la propor- comienzan a moverse con nervio, a enriquecer sus actitudes con escor-
ción y de la medida, de la belleza ideal y de la elegancia. Espíritu zos y efectos de claroscuro, a disponerse también en profundidad, y
permeable a las sugestiones ajenas, sería injusto negarle por ello una gracias a todo ello, a enlazarse unos con otros en forma mucho más
capacidad creadora verdaderamente extraordinaria y rara vez igualada sabia. Simultáneamente, la expresión de sus rostros gana e n variedad.
en la historia del arte. A la influencia leonardesca, tan decisiva en su arte, agrégase la de Fra
120 RAFAEL PINTURA DEL RENACIMIENTO EN ITALIA DURANTE EL S. XVI 121
Bartolommeo, y la de la propia mímica elegante y graciosa del pueblo La serie de grandes pinturas murales, que, auxiliado por un activo
florentino. taller, pinta en el Vaticano, es uno de los conjuntos más grandiosos de
Durante su estancia en Florencia, Rafael se forma como pintor de la pintura renacentista, y en él culmina el género iniciado por Giotto
Vírgenes, uno de sus más legítimos títulos de gloria. En sus Vírgenes en la Arena de Padua. Es donde su arte de componer alcanza plena
con Niño se funden en equilibrio admirable el sentido pagano renacen- madurez, haciendo gala de una fantasía rara vez igualada, y donde
tista de la belleza humana, depurado por el idealismo platónico, y la florecen todas las grandes dotes de su genio. En ellas es también cada
vez más sensible la influencia del dinamismo y de la grandiosidad mi-
devoción cristiana. A la ingenuidad peruginesca de la Virgen de Ber-
guelangelescos. En la estancia antes citada pinta (1508-1511) las cuatro
lín (1501) (lám. 164) suceden ahora los tipos propiamente rafaelescos:
grandes alegorías: la Teología —Disputa del Sacramento—, la Filosofía
la grave actitud rebosante de nobleza y grandiosidad cinquecentista de
—La Escuela de Atenas—, la Poesía —El Parnaso— y la Jurisprudencia
la Madonna del Granduca (1505) (lám. 165) —Virgen del Gran Duque—,
—Gregorio IX y Justiniano publicando sus códigos.
la composición leonardesca de la Virgen de Terranova (lám. 166) —com-
párese la mano en escorzo con la de la Virgen de las Rocas, de Leonar- La Disputa del Sacramento (lám. 173), que representa el triunfo de
do— y el arrebato maternal casi donatelliano de la Madonna (lám. 167) Cristo en su cuerpo glorioso y bajo la forma de la Eucaristía, está con-
de la casa de Tempi. El nuevo estilo, intensamente influido por el arte cebida con grandiosidad extraordinaria, como un amplísimo escenario
de componer de Leonardo, es aún más sensible en la Virgen de la Pra- de abolengo umbrío, en realidad, un gigantesco presbiterio, donde se
dera (1505) (lám. 168), del Museo de Viena, en la Virgen del Jilguero ordenan en semicírculo, a uno y otro lado del altar, pontífices, carde-
(1506) del de Florencia y en la Bella Jardinera (1507) (lám. 174), del nales y prelados que discuten acaloradamente adoptando nobles acti-
Louvre, donde el deseo de inscribir el grupo en la equilibrada forma tudes. Ligados por su mímica, todos ellos aparecen intensamente incor-
porados a esa corriente de atenc'ón que converge en el ostensorio, co-
triangular es bien patente. De esta misma fecha es la Sagrada Familia
mo la de los Apóstoles de Santa Maria delle Grazie en la persona del
del Cordero, del Museo del Prado. Todas ellas nos dicen cómo la agru-
Salvador. Incluso los personajes que aparecen tras el antepecho del
pación de los personajes es problema que obsesiona a Rafael, y su obra
primer término se encuentran incorporados a ese movimiento. A ese
posterior nos confirma cómo continuará preocupándole a lo largo de
deseo obedece, por ejemplo, el gesto del que, abismado en la lectura
toda su vida. La creación más importante del período florentino, en la
de su gran libro, mueve su rostro violentamente hacia atrás.
que se revela impresionado por el dramatismo miguelangelesco, es el
Esta misma grandiosidad majestuosa, que nos dice cómo Rafael ha
Santo Entierro (1507), obra maestra, de numerosas figuras, que le mues-
sabido asimilar el tono de las ruinas gigantescas de la Ciudad Eter-
tra ya en pleno dominio del arte de componer. Recuérdense los Despo-
na, lo mismo que antes la gracia florentina, es la que inspira La
sorios y se comprenderá el largo camino recorrido en el breve espacio
Escuela de Atenas (lám. 175). El gracioso templete de los Desposo-
de tres años.
rios, de ligereza umbría se transforma en las masas ingentes de unos
No obstante las obras capitales que pinta en Florencia, no llega muros que reciben una enorme bóveda, ante la que Platón con el
a considerársele en la ciudad del Arno artista de primer orden. Timeo señalando el cielo, y Aristóteles con la Etica, presiden a un
En 1508 marcha Rafael con una presentación para Julio II de su sinnúmero de personajes. En el primer término se ha retratado el
sobrino favorito, el nuevo señor de Urbino. Acogido, además, favora- pintor en unión del Sodoma y del geógrafo Ptolomeo, con el globo en
blemente por su paisano Bramante, se le confía la decoración de la la mano. El Arquímedes que, junto a él, dibuja en tierra sus geome-
Sala del Sello —La stanza delta segnatura— del Vaticano, lo que significa trías, parece ser también retrato de su profector Bramante.
su consagración. Es la época en que Miguel Ángel pinta el techo de la Al terminar la primera Estancia, Julio II le encomienda la llamada
capilla Sixtina. Rafael cuenta veintiséis años y ya no sale de Roma. de Heliodoro (1514), en cuyas historias, aunque indirectamente, se glo-
Rodeado de admiradores y solicitado por todos, sólo vive días de glo- rifica la persona de aquel Pontífice. En sus dos principales composicio-
ria. Pero esos días no son largos. El Viernes Santo de 1520, cuando nes, Heliodoro expulsado del templo y el Encuentro de León I y Atila,
cumple los treinta y siete años, muere rodeado de admiración, a la que dedicadas a recordar el castigo • de los príncipes expoliadores de los
sólo falta el carácter divino para ser verdadero culto. Estados Pontificios, y la defensa de éstos, nos ofrece el contraste entre
122 RAFAEL PINTURA DEL RENACIMIENTO EN ITALIA DURANTE EL S. XVI 123
la majestuosidad y la severidad pontificia, y el movimiento impetuoso admirable desde los primeros, de los Doni (lám. 171), o del Joven, de
del grupo de los jinetes, que inspirará a tantas generaciones de pin- Budapest, hasta el del Cardenal (lám. 181), de grandiosidad y simpli-
tores. Muerto Julio II al comenzarse la segunda historia, hubo de retra- cidad romanas; el de Juana de Aragón y el de la Donna Vellata (lá-
tar en León I a León X. En la tercera cámara (1514-1517) pinta el mina 182), cada vez más ampulosos y de gesto más arrogante. Ellos sir-
Incendio del Borgo (lám. 177), en el cual el movimiento y el dramatis- ven de punto de partida a los grandes retratistas barrocos.
mo de las gentes aterrorizadas por el peligro, son la preocupación prin-
cipal del pintor, que nos hace alarde de su fantasía trazando un sinnú-
CORREGGIO.—El pintor de Parma Antonio Allegri, llamado el Correggio
mero de variadas y elegantísimas actitudes.
( t 1534) por el lugar de su nacimiento, muere, como Rafael, antes de
La colaboración del taller, ya considerable en los restantes frescos
cumplir los cuarenta años. Correggio es el más barroco de la primera
de esta cámara, es preponderante en la Sala de Constantino, cuya his-
fase del pleno Renacimiento. Aunque se supone que después de estudiar
toria principal es la Batalla del Puente Milvio, ejecutada en su mayor
con pintores modestos se encierra en Parma y no conoce a sus grandes
parte, con arreglo a sus dibujos, por su discípulo Julio Romano, y
contemporáneos antes citados, es indudable que no se ha formado solo.
terminada después de su muerte.
En sus obras más antiguas es sensible la huella de Mantegna, no sólo
De no menor importancia que estas grandes composiciones mura-
en la manera de colocar los personajes, sino en los mismos tipos de
les es la hermosa serie de cartones (1515) que pinta para ser copiados
éstos. De su conocimiento de la obra de Rafael es testimonio su famosa
en los tapices que el Pontífice hace ejecutar en Flandes. Están consa-
exclamación: Anch'io sonó pittore al contemplar"' la Madonna de San
grados a los Hechos de los Apóstoles.
Sixto, de aquél; y de su admiración por Leonardo nos habla su inte-
Entre sus restantes pinturas murales deben recordarse especial- rés por el claroscuro y por la blandura del modelado, tan esenciales
mente las de las Logias del Vaticano (1513), por las numerosas escenas en su estilo.
del Antiguo y del Nuevo Testamento que contienen y por sus decoracio-
Pero, por encima de todas esas influencias, está la propia sensibi-
nes de grutescos, que, ejecutadas por sus discípulos, en particular por
lidad del Correggio. Como se ha dicho muy bien, mientras en Miguel
Giov. de Udine, son el repertorio más rico y más utilizado por los
Ángel todos los seres se convierten en gigantes, en el pintor de Parma
artistas posteriores para este tipo de ornamentación. Son también muy
todo se hace infantil, y, sobre todo, femenino; frente a los gestos te-
bellas las del palacio de la Farnesina, dedicadas a la fábula antigua, y
rribles del florentino, su expresión típica es la sonrisa. Sus personajes
cuyo tema principal es el Triunfo de Galatea.
masculinos tienen a veces formas casi femeninas —recuérdese el Sal-
Este considerable número de grandes composiciones murales pin-
vador del Noli me tangere, del Museo del Prado.
tadas en poco más de diez años no impide a Rafael continuar cul-
Pese a la influencia de Mantegna en alguna obra temprana, como
tivando la pintura de caballete, en la que su estilo, naturalmente, con-
la Judit del Museo de Estrasburgo, Correggio tiene ya creado su es-
tinúa evolucionando en forma análoga. A su etapa romana corresponden
tilo propio hacia 1515. La Virgen de San Francisco, del Museo de Dres-
la Virgen del Pez (láms. 169, 176) y la Virgen de San Sixto (1515) (lá-
de, concebida todavía dentro del tipo rafaelesco, manifiesta claramente,
mina 170), de simplicidad de composición y grandiosidad romana tí-
sin embargo, en las actitudes de los personajes y en la expresión de
picamente cinquecentista, y la Virgen de la Silla. La composición de
sus rostros, sus características propias. De estos mismos años se consi-
sus Sagradas Familias se complica también a tenor del estilo de sus
dera la Virgen del Museo del Prado (lám. 187), donde su amor por el
primeras pinturas murales. La de Francisco I, del Museo del Louvre,
claroscuro le lleva a imaginar la escena en una especie de cueva con
es buena prueba de ello. La del Roble (lám. 179), del Museo del Prado,
entrada al fondo, y su deseo de movimiento se deja sentir en la actitud
con sus mármoles clásicos y sus actitudes, nos dice cómo Roma ha
de la Virgen y en los plegados de su ropaje. De fecha algo más avan-
entrado en Rafael. En las grandes composiciones del Pasmo de Sicilia
zada son los Desposorios místicos de Santa Catalina (lám. 179), del
(lámina 180), del mismo museo, y de la Transfiguración, es particular-
Museo del Louvre, una de las obras más bellas del Renacimiento, donde
mente sensible la influencia miguelangelesca.
la gracia y la ternura tan características del pintor se nos muestran en
Lo mismo que en la pintura de historia, Rafael deja su huella ge- toda su plenitud. El Noli me tangere, del Museo del Prado, que se
nial en el arte del retrato, donde también puede seguirse su evolución considera de estos mismos años, nos ofrece un paisaje aterciopelado con
124 CORREGGIO
es el que se supone de la mujer del artista, Lucrecia de Fede (lám. 188), y poético, de colores claros con calidad de pastel, personajes menudos,
del mismo museo. de andar leve y rostros sonrientes, y composiciones en que dominan
Aun sin producir personalidades de la categoría de Leonardo y Mi- el escorzo y los efectos de luz. El Nacimiento (lám. 192), del Museo del
guel Ángel, la pintura florentina continúa evolucionando. El nuevo es- Prado, es buen ejemplo de su manera de pintar.
tilo es el manierista, que intensifica algunos aspectos de la obra de los
grandes maestros anteriores y agrega nuevos valores. Figura entre los
VENECIA: GIORGIONE.—En la Venecia de Giovanni Bellini, pletórica
primeros el intenso dinamismo contenido miguelangelesco, que da lugar
a las más rebuscadas y contorsionadas actitudes. El deseo de acoplar de color y de lujo, surge a fines del siglo xv un artista que, como Leo-
unas figuras en el espacio libre dejado por las otras aumenta en grado nardo en el centro de Italia, es capaz de crear un nuevo estilo. Ese ar-
extraordinario, y a los grandes grupos antes enlazados con soltura y tista es Giorgio de Castelfranco, o Giorgione (t 1510), que muere de la
gracia sucede el escalonamiento o distribución en zonas superpuestas. peste antes de cumplir los treinta. Dotado de un temperamento esen-
Entre los más destacados manieristas florentinos deben recordarse Pon- cialmente poético, percibe como los grandes florentinos el sentido de
tormo (t 1556), Rosso (t 1541), Bronzino (t 1572) y Vasari (t 1574). la claridad y de la simplicidad de la composición del cinquecento, y crea
Pontormo (lám. 189) es pintor de gran sensibilidad, cuyo intenso manie- el tipo humano que Tiziano empleará después. Transforma el paisaje,
rismo vá unido a un sentido de la elegancia típicamente florentino; dotándole de poesía hasta ahora desconocida en Venecia, y escribe uno
Rosso, menos preocupado por el ritmo ligero de las formas curvilíneas, de los capítulos más bellos del desnudo femenino. De lo que significa
prefiere los planos quebrados de colores vivos y fuertemente ilumina- para la transformación en la escuela veneciana en pro de la grandiosidad
dos; Bronzino, excelente retratista, y Vasari representan una etapa del Renacimiento pleno es buen ejemplo su Virgen de Castelfranco,
más avanzada del manierismo, en la que se deja sentir la influencia sentada en elevado trono sobre bello fondo de paisaje, y acompañada
de la monumentalidad romana. Una de las últimas etapas del manieris- de dos santos en la mitad inferior del cuadro. En un solo plano pre-
mo florentino está representada por los Zúccari, que Felipe II llamará a senta también a la Virgen con dos santos, del Museo del Prado, que,
El Escorial. discutida por unos y defendida por otros, es indudablemente obra de
En Roma, el manierismo sigue dos tendencias a veces muy dife- excelente calidad, animada por el más puro espíritu giorgionesco. Pero
renciadas, pero que, con frecuencia, se funden: la de Rafael y la de donde se manifiestan toda la novedad del estilo del joven pintor y su
Miguel Ángel. Aparte de los discípulos, debe recordarse entre los se- fino sentido poético es en sus obras de tema profano. En el Concierto
guidores del primero, por su gran influencia, a Salviati, que tanta huella campestre (lámina 193), del Museo del Louvre, nos muestra en la más
deja en los rafaelistas españoles, y entre los del segundo a Daniel de admirable unión el blando y aterciopelado paisaje por él creado, el des-
Volterra (t 1566), en cuyas obras maestras, el Descendimiento (lámi- nudo femenino de formas llenas que heredará Tiziano y la música. Des-
na 190) y la Resurrección de Lázaro, encontramos los tipos hercú- nudo y paisaje es lo que nos ofrece de nuevo en La tempestad (lám. 204)
leos y las actitudes grandiosas de la capilla Sixtina. Tardío represen- y en su Venus dormida (lám. 195), de Dresde. De cuerpo más esbelto
tante de este manierismo miguelangelesco es el bolones Tibaldi, que, que las jóvenes del Concierto, es, probablemente, el desnudo rena-
como veremos, viene a fin de siglo a decorar El Escorial. centista donde de manera más perfecta se hermanan la admiración
Como es lógico, el manierismo no se circunscribe a Florencia y por la belleza del cuerpo juvenil femenino y el sentido de la castidad.
Roma. Al norte de los Apeninos, dentro del cuadro general de carac- En ninguna otra pintura se ha interpretado tampoco mejor el reposo
terísticas del estilo, los pintores de este período se distinguen por la del sueño sereno y libre de toda preocupación. El paisaje, que, al
influencia del Correggio. El Parmigianino (t 1540) nos deja en su Virgen parecer, termina Tiziano, acompaña con su horizontalidad y su blan-
del cuello largo (lám. 191) una de las más típicas creaciones del manie- dura el cuerpo juvenil de la diosa. Desde el punto de vista de la
rismo, en las que las formas se alargan desmedidamente. iconografía del tema, la interpretación de Giorgione inaugura el tipo
Federico Barocci (t 1612), hijo de Urbino, a su regreso de Roma de la Venus echada que adoptará Tiziano y que tan larga descendencia
se encuentra más atraído por el arte gracioso y femenino del Correggio tendrá en toda la pintura posterior.
que por la grandiosidad miguelangelesca, y crea un estilo muy personal
128 TIZIANO
en bella jarra de vidrio veneciano, nos dice cómo hace dormir profun-
damente, tanto al viejo tendido en la colina del fondo como a la joven
que en el primer término nos deleita con su hermoso desnudo, e ins-
pira la alegría de los que beben y danzan en el grupo central. También
aquí dedica Tiziano su recuerdo a la música, y precisamente en la per-
204-206.—GIORGIONE : La tempestad.—TIZIANO : Baco y Ariadna, Bacanal. sona de su amada Violante, que, situada en primer plano, tiene la
flauta en la mano y decora su pecho y su cabeza con las emblemáticas
violetas.
El capítulo de la fábula pagana incluye otra importante serie, que
tiene su origen en la Venus dormida (lám. 195), de Giorgione. La más
antigua de su mano, y en la que la derivación del modelo del maestro
resulta más patente, es la de Urbino (lám. 196), del Museo de los Uf-
fizi. Sus formas son todavía tan juveniles como en la Venus de Dresde,
y su colocación, salvo en uno de los brazos, la misma. Pero no reposa
en el campo; está en la habitación de un palacio, al fondo de la cual
unas servidoras buscan en un arcón las vestiduras que ocultarán su
207-208.—VERONÉS: Jesús y el centurión, Alejandro y las hijas de Darío.
bello desnudo. En las interpretaciones posteriores, sus Venus pierden
juventud, y de acuerdo con su ideal de belleza femenina, son de formas
más llenas. Colocadas más de frente, parecen hacer gala de ello. Los
dos ejemplares del Museo del Prado (lám. 198) nos dicen que para
Tiziano, el digno compañero del amor es la música. Obras no menos
bellas que las anteriores son, en el mismo museo, Dánae recibiendo
a Júpiter en forma de lluvia de oro (lám. 199), uno de los más hermo-
sos desnudos salidos de su pincel, y Venus y Adonis, lienzo en el que,
para formar juego y completar el anterior, según escribe el propio
Tiziano al enviarlo a Felipe II, en vez de presentar a la diosa de frente,
como a Dánae, la muestra de espaldas. Y todavía puede recordarse,
entre sus obras maestras de tema mitológico de las antiguas coleccio-
nes reales españolas, la llamada Venus del Pardo, hoy en el Museo del
209-210.—TINTORETTO: Milagro de San Marcos.—BASSANO: Vendimia. Louvre.
Pero Tiziano es también pintor de primer orden de temas religio-
sos. De época bastante temprana son dos grandes cuadros en los que
nos muestra cómo sabe mover un crecido número de personajes con
ese sorprendente sentido de la monumentalidad típicamente cinque-
centista. En la hermosa Asunción de Santa María dei Frari, la Virgen
asciende, en actitud majestuosa, sobre el grupo de las gigantescas figu-
ras de los apóstoles, que llenan la parte baja en torno al sepulcro vacío.
Esa misma nota de monumentalidad impera en la Virgen de los Pésa-
ro (1526) (lám. 218) del mismo templo, donde dos enormes columnas,
vistas desde muy lejos, como la' Virgen misma, prestan al escenario
un tono monumental muy de acuerdo con los gustos de la época. Pre-
9
130 TIZIANO PINTURA DEL RENACIMIENTO EN ITALIA DURANTE EL S. XVI 131
sentados por San Pedro, los Pésaro celebran su victoria sobre los fran- do a sus tropas y, sobre todo, el Autorretrato (lám. 203) del pintor, ya
ceses, enarbolando la bandera de los Borjas coronada de laurel. Alter- viejo, pero firme, ejecutado con esa aparente simplicidad que sólo se
nando con los temas de carácter mitológico, Tiziano continúa pintan- alcanza al final de una gloriosa carrera artística.
do a lo largo de su vida cuadros religiosos, entre los que pcupa desta-
cado lugar la Gloria (1554), del Museo del Prado (lám. 201). Sobre un VERONÉS.—El amor al lujo y la fastuosidad, tan típicamente vene-
paisaje que se pierde en la profundidad, imagina suspendidos en el ciano, unido al interés por lo secundario y anecdótico, propio del estilo
espacio, en primer término, a los profetas y santos, que, escalonándose cuatrocentista, son los rasgos esenciales que definen la personalidad
y alejándose hacia arriba, encuadran a la Trinidad y a la Virgen, que, artística de Pablo Veronés (t 1588), la segunda gran figura de la escue-
envuelta en su manto azul, se dirige hacia las alturas. Dándoles frente la. Veronés es el pintor de los escenarios grandiosos con amplias
en el lado opuesto, cubiertos por sus sudarios, imploran perdón por
columnatas y blancas fachadas de mármol, donde se mueven nume-
sus pecados el Emperador, Doña Isabel y Felipe II. En el mismo museo
rosos personajes que, en actitudes elegantes, visten lujosas vestiduras
se guardan el Santo Entierro y la Santa Margarita, el Ecce Homo y las
de ricos rasos y terciopelos. Para él, las historias religiosas son motivos
Dolorosas. Obra religiosa muy característica de los últimos tiempos por
para imaginar aparatosas composiciones, por lo general de tono pro-
su factura aborronada es la Coronación de Espinas, de la Pinacoteca de
* fano, animadas por una serie de escenas secundarias que alegran y
Munich.
entretienen la vista, pero que no contribuyen a concentrar la atención
Tiziano es, además, pintor de retratos de primera calidad, y tam- en el tema principal. En este aspecto, es el heredero directo de la
bién de este género guarda el Museo del Prado varios de los mejores, tradición de Gentile Bellini y Carpaccio. No deja de ser significativo
que no en vano la colección de cuadros del pintor que conserva nues- el que la Inquisición estime irreverente en alguno de sus cuadros la
tra primera pinacoteca carece de rival. De Carlos V posee dos. El más presencia de ciertos personajes secundarios.
antiguo es el que le presenta de pie y de cuerpo entero —el Tiziano Obras muy representativas de la personalidad de Veronés son las
es el que impone el retrato de cuerpo entero—, acompañado por un Bodas de Cana y la Comida en casa de Simón (lám. 200), del Museo
gran mastín y vestido con el traje de corte que luce al ser coronado del Louvre, cuadros que además, por sus enormes proporciones, son
rey de Lombardía. El otro es el pintado en Augsburgo, después de la buena prueba de cómo la pintura veneciana en lienzo sabe emular el
batalla de Mühlberg (lám. 194), a cuyo efecto se traslada Tiziano expre- tamaño de los frescos florentinos y romanos. Las Bodas de Cana tienen
samente a la ciudad alemana. Los años transcurridos entre uno y otro por fondo un escenario arquitectónico monumental de fastuosos edi-
retrato no son muchos, pero el César, todavía joven, aparece en el se- ficios marmóreos con largas balaustradas, entre los que se mueven un
gundo avejentado y cargado de preocupaciones, como, efectivamente, sinnúmero de personajes. Ante la mesa del banquete se encuentra la
sabemos que lo estaba en esos días. El pintor renuncia al paso de desfile orquesta, y junto a ella, servidores que trasiegan vino de unas vasijas
según la norma impuesta por la estatua ecuestre de Marco Aurelio, y a otras, un negrillo que ofrece la bebida, perros, etc., y, como si no
lo imagina dirigiéndose rápidamente a algún lugar de peligro de la fuese suficiente el escenario, algunos personajes suben por las colum-
batalla, con ese tono de naturalidad tan propio del estilo tizianesco. nas y cornisas para contemplar mejor el espectáculo. La Comida en
Tanto el color del caballo como el atavío del retrato responden plena- casa de Simón, aunque no produce el efecto de aglomeración del cua-
mente a los por él llevados el día de la batalla. El tercer retrato de dro anterior y su columnata de planta curva da una sensación de
Carlos V, que nos lo muestra en un sillón como hombre de Estado, mayor claridad, responde a la misma manera de sentir. Cuadro tam-
pertenece a la Pinacoteca de Munich. bién de este tipo es el de la Comida en casa de Leví, de la Academia
De Felipe II existen en el Museo del Prado, uno de joven con arma- de Venecia.
dura (lám. 197), y otro, de gran tamaño, compañero del de Carlos V en Entre la excelente colección de obras del Veronés, del Museo del
Mühlberg, donde el monarca ofrece a su hijo en acción de gracias Prado, destaca muy en primer plano el lesús perdido en el templo
por la victoria de Lepanto. El retrato de la Emperatriz Isabel, de medio discutiendo con los doctores, donde el Salvador niño se dirige con
cuerpo, no está hecho del natural. Retratos también de primer orden aire majestuoso a unos doctores ataviados como ricos mercaderes ve-
conservados en el mismo museo son el del Marqués del Vasto arengan- necianos, y el de Jesús y el centurión de Cafarnaum (lám. 207), en el
132 PINTURA DEL RENACIMIENTO EN ITALIA DURANTE EL S. XVI 133
TINTORETTO
que, ante un escenario monumental, con dos grandes columnas en el dice el abismo que los separa. Pocos años más tarde comienza sus
primer término, el centurión cae en tierra y, sostenido por dos solda- pinturas para cofradías o scuole. La primera es la serie de la de San
dos, se postra a los pies de Jesús, que, acompañado por los apóstoles, Marcos, para donde hace la historia del Santo liberando a un esclavo
viene del fondo. Cuadro también de numerosas figuras es el del Marti- del suplicio (lám. 209). Es una revuelta masa humana, que ante un
rio de San Menas. Importante por su belleza e interesante porque per- fondo luminoso muestra las más movidas actitudes subrayadas por vi-
mite compararlo con la interpretación del mismo tema de Tiziano, vos contrastes de claroscuro, masa sobre la que desciende el santo con
es el de Venus y Adonis. De pequeñas proporciones, el Hallazgo de ímpetu arrollador, iluminado el manto, el rostro en sombra y radiante
Moisés es de un colorido muy rico y está compuesto con gran maestría. de luz la cabeza, mientras el esclavo yace desnudo en tierra, en escorzo
no menos violento, y el verdugo, con los brazos en alto, enarbola los
instrumentos de martirio hechos pedazos. La serie más importante es,
TINTORETTO. Los BASSANOS.—El tercer gran maestro de la escuela
sin embargo, la de Scuola di S. Rocco, que consume buena parte del
es Jacopo Robusti, llamado el Tintoretto (t 1594) por lo corto de su
final de su carrera. La obra que en el Museo del Prado puede dar idea
cuerpo y ser hijo de un tintorero. Con él desaparece de la pintura
de estas grandes pinturas es el Lavatorio (lám. 212), en el que Tintoretto
veneciana ese reposo clásico que distingue al Tiziano y al mismo Vero-
desplaza el tema principal del Salvador a un extremo del cuadro,
nés. Temperamento extraordinariamente apasionado y violento —que
situando, en cambio, en el centro el motivo secundario del esfuerzo
la Venecia de su tiempo no llega a comprender—, no consigue que
por despojar de sus calzas a uno de los apóstoles. Pero, aparte de esta
se le estime como pintor del rango de Tiziano ni de Veronés. Y es
interpretación tan veneciana, lo verdaderamente importante para la
que Tintoretto reacciona frente a la placidez de Tiziano, y no obstante
historia de la pintura es la maravillosa realidad de que sabe dotar al
ser como él un colorista de primer orden, siente admiración por Miguel
aire bajo la sombra de la mesa y en la luminosa lejanía. Para la historia
Ángel. Aunque se asegura que escribe en la pared de su estudio el
de la perspectiva aérea, que culminará en nuestro Velázquez, es jalón
lema: «El dibujo, de Miguel Ángel; el colorido, de Tiziano», no es
capital.
sólo el dibujo del maestro florentino, sino su sentido dramático, lo que
le hace proponerlo de modelo. En su preocupación por el escorzo, Además de esta obra de grandes proporciones, posee el Museo del
no contento con estudiar la obra de Miguel Ángel, hace figurillas de Prado, entre otras, un Bautismo de intenso efecto de claroscuro, una
cera y barro, que, colocadas en cajitas de madera, copia desde abajo. bella serie de escenas del Antiguo Testamento, de un techo cuyo cen-
También es novedad importante en la escuela, que contribuye a inten- tro es la Purificación de las Vírgenes madianitas, y varios retratos. El
sificar el dramatismo de sus creaciones y facilita el efecto de los escor- del Caballero de la cadena, de movida actitud, con el rostro vuelto
zos, su interés por el claroscuro, que no en vano, al decir del cronista hacia el espectador y con las manchas de luz en sus partes esenciales,
clásico de los pintores venecianos, los mejores colores, según el Tin- al compararlo con el autorretrato de Tiziano, tan reposado y de ilumi-
toretto, son el blanco y el negro, porque éste da profundidad a las nación uniforme, nos reitera el abismo que media entre uno y otro.
sombras y aquél realza el relieve. Del tono diferente de su paleta es buena muestra el fino retrato de
Dama que descubre el pecho.
Después de varias pinturas de menos importancia, en su deseo de
La última etapa de la escuela veneciana renacentista está represen-
realizar algunas obras de grandes proporciones en que poder dar rien-
tada por los Bassanos, en los cuales el gusto por lo secundario y anec-
da suelta al fuego de su fantasía, consigue que le encarguen, sin más
dótico inspirador de Veronés da un paso más. La escena de género
remuneración que el pago de los materiales, los enormes lienzos de
invade con ellos la pintura veneciana, que pierde el tono elegante y
Santa María dell'Orto (1546). En la Adoración del becerro de oro, y
distinguido que caracteriza a los temas de esa índole interpretados
sobre todo, en el Juicio Final, nos deja ya ver, juntamente con la in-
por el pincel de Veronés. En muchos de sus cuadros, el asunto gene-
fluencia de Miguel Ángel, todo el dramatismo de su temperamento y su
ral es simple motivo para reunir las más variadas viandas, animales
amor al movimiento, a la violencia de los escorzos y a los contrastes
diversos, escenas de cocina, vasijas, etc. (lám. 210). A veces el perso-
de luces y sombras. El cotejo de la Presentación de la Virgen, de esta
naje principal de la historia se encuentra en lugar tan secundario, que
serie, concebida en profundidad y violentamente iluminada, con la del
al pronto no se le distingue. Este tipo de pintura explica la preferencia
Tiziano, desarrollada en plano y bajo una iluminación uniforme, nos
134 LOS BASSANOS
el retrato —los donantes hasta ahora apenas tienen rasgos individua- Los PRIMITIVOS FLAMENCOS.—Cuando ya la pintura renacentista italia-
les—, se deja sentir en el gusto por representar temas de la vida diaria na, después de despojarse de los rígidos formulismos bizantinos, cuenta
y por lo episódico, es decir, por lo que, en su día, dará lugar a la con cerca de un siglo de vida, se forma en lo que hoy es Bélgica y
pintura de género. Y dentro de esta misma tendencia conviene subra- Holanda una escuela que producirá durante trescientos años artistas
yar el gusto por lo caricaturesco y extravagante, que, a veces, mani- de primera calidad. Inspirándose fundamentalmente unas veces en ellos
fiesta el pintor al interpretar algunos de esos temas. y otras en los italianos, vivirán las restantes escuelas europeas hasta
En cuanto al escenario, la mayor novedad consiste en el gran des- bien entrado el siglo xix. Salvo en contados momentos., no se producirá
arrollo que se concede al paisaje, a cuyo efecto suele elevarse consi- pintura verdaderamente original más que en Italia y Flandes.
derablemente la línea del horizonte. Ahora se crea el tipo de jardín En Flandes y los Países Bajos, lo mismo que en toda Europa, ex-
místico, pleno de verdor y esmaltado de flores, donde el Niño juega ceptuada Italia, se pierde la tradición de la gran pintura mural de los
con los ángeles. Pero, pese al impulso naturalista que inspira al pai- tiempos románicos. Los grandes ventanales de las iglesias góticas ha-
saje del estilo internacional, es un paisaje esencialmente romántico, cen desaparecer los amplios muros de las iglesias, y la pintura tiene
en el que las peñas, lo mismo que los personajes, se alargan y se cur- que confinarse a los retablos. Los retablos medievales son, en general,
van, participando de ese mismo afán de espiritualización y de ese mis- pequeños, y a los flamencos no les gusta, como a los españoles, multi-
mo sentido decorativo que animan a todo el estilo. plicar el número de sus tablas. El tipo más corriente es el de tríptico,
El estilo internacional representa el término del ciclo evolutivo del que consta de una tabla mayor central, y de dos laterales movibles,
gótico francés. Ya veremos cómo el gótico flamenco, al reaccionar con- de la mitad de anchura, que sirven de portezuelas. Pintadas éstas por
tra esta última etapa del francés, inicia otra evolución que concluirá ambas caras, la exterior es con frecuencia monocroma, de color gris,
en forma bastante análoga. simulando esculturas. La pintura flamenca es, por tanto, de caballete,
Como queda indicado, en la formación de esta fase estilística des- de pequeño tamaño, y, en consecuencia, para ser vista de cerca, no
empeñan papel de primer orden los pintores de la corte francesa. como las grandes composiciones murales italianas. Su factura es mi-
Tanto Carlos el Sabio, rey de Francia, como sus hermanos el duque nuciosa y detallista, carácter a que contribuye el intenso desarrollo ad-
de Borgoña y conde de Flandes, y el duque de Berry, son entusiastas quirido por la miniatura de códices en la corte de los duques de Bor-
de la pintura y, sobre todo, de la miniatura. Los libros para ellos goña, a quienes pertenecen estos Estados a fines del siglo xiv. Y tan
decorados son de lujo extraordinario, y sus ilustraciones verdaderos es así, que el fundador de la escuela cultiva también magistralmente
cuadros. Es muy poco lo conservado de la pintura de caballete de este el arte de la miniatura. Puestos al servicio de esa técnica minuciosa
momento, si bien algunas de ellas son tan excelentes como la Trinidad un fino sentido de observación y una innata tendencia naturalista, se
y el Martirio de San Dionisio, del Museo del Louvre, atribuidos a Juan comprende que los pintores primitivos flamencos y holandeses alcan-
de Malouel o Malwel, procedente de la región del Mosa. cen perfecciones difícilmente superadas en la interpretación de las ca-
Pero donde puede conocerse la pintura de este momento es en los lidades de las telas, piezas de orfebrería, metales, vidrios, pieles, etcé-
códices. De 1371 es la Biblia del Museo de La Haya, que pinta Juan tera, y en géneros como el retrato y el paisaje.
de Brujas para Carlos V. Uno de los miniaturistas principales es Aunque los temas son casi exclusivamente de carácter religioso, no
J. Coene de Brujas, a quien se atribuyen Las Horas del Duque de Berry, obstante su emoción y su recogimiento, el artista flamenco los inter-
de la Biblioteca de Bruselas, y las del Mariscal de Boucicault, del preta en un tono de vida diaria muy lejano del idealismo. Los porme-
Museo André, de París. De belleza extraordinaria es el códice de las nores del interior que sirve de escenario a la historia merecen del pin-
Horas del Duque de Berry, del Museo de Chantilly, cuya miniatura tor flamenco casi tanta atención como la historia misma; y en el cariño
de la Coronación de la Virgen es de las creaciones más bellas y carac- con que los trata descubre la poesía del tema humilde de la casa y de
terísticas del estilo. Para el mismo Duque de Berry, el más entusiasta la vida doméstica. En las pinturas religiosas de los primitivos maestros
y el que llega a poseer los códices más ricos, se pinta el libro de horas flamencos se pueden adivinar ya, en efecto, las grandes escuelas fla-
de la Biblioteca de Turín. Ejecutado en los primeros años del siglo xv, menca y holandesa con sus numerosos géneros de carácter profano,
intervienen ya en su decoración los Van Eyck. hijos de su inclinación naturalista y de su espíritu observador, más
138 LOS VAN EYCK PINTURA FLAMENCA Y HOLANDESA 139
amigo de buscar la poesía en la realidad inmediata que en las crea- con los instrumentos de martirio, nos redime del pecado con su sangre;
ciones de la imaginación. más en primer término se encuentra la Fuente de la Vida. Grupos nu-
La gran novedad técnica de la escuela es el empleo de la pintura merosos de pontífices, santas, santos, ermitaños, etc., acuden a adorar
al óleo, pues aunque el aceite se usa en Flandes desde principios del el Cordero, mientras profetas y apóstoles rodean la Fuente. Por la
siglo xiv, y es procedimiento que se registra en fecha bastante antigua, portezuela izquierda acuden los soldados de Cristo y los jueces íntegros,
no se sabe hacerlo secar con la rapidez necesaria. En esto consiste pre- y por la derecha, los santos ermitaños y los santos peregrinos.
cisamente el gran descubrimiento de los fundadores de la escuela fla- Es la interpretación del texto del Evangelista de Patmos: «Después
menca. Aunque aún se tarde mucho tiempo en adoptarse la técnica de estas cosas miré, y he aquí gran compañía, la cual ninguno podía
del óleo de forma integral, ya ellos demuestran todo el dilatadísimo contar, de todas gentes y linajes y pueblos y lenguas, que estaban de-
horizonte que con el nuevo procedimiento se abre a la pintura. lante del trono y en la presencia del Cordero vestidos de ropas blancas
y palmas en sus manos.» En el exterior de las portezuelas aparecen la
Los HERMANOS VAN EYCK.—Los verdaderos creadores de la escuela Anunciación, primer capítulo de la Redención, y los Santos Juanes ado-
son los hermanos Huberto (f 1426) y Juan Van Eyck (t 1441). Del rados por los donantes Jodocus Vydt y su mujer (lám. 215).
primero apenas sabemos sino que recibe el encargo de pintar el célebre En esta obra magna, la pintura flamenca se nos ofrece plenamente
políptico de la Adoración del Cordero Místico (lám. 214), de San Bavón formada. Los Van Eyck han representado con precisión y vida admi-
de Gante, y que muere antes de terminarlo; de Juan, su hermano me- rables no sólo la hierba y las florecillas de la pradera de la Adoración,
nor, que lo concluye en 1432, se sabe que antes de esa fecha vive en sino los bosques del fondo —donde aparecen las palmeras y los naran-
La Haya, y que, al servicio del duque de Borgoña, va a Portugal a retra- jos que Juan vería en su viaje a Portugal—, es decir, el paisaje. En
tar a la infanta con quien su señor desea casarse. Pero de Juan posee- las figuras de los donadores nos han dejado dos verdaderos retratos
mos, además, varias obras firmadas que nos permiten conocer con segu- de primer orden. Y en las vestiduras, armaduras y joyas de los perso-
ridad su estilo, que es fundamentalmente el del políptico de San Bavón. najes, hacen pleno alarde del interés que distinguirá a la escuela por
La inscripción que se lee en éste suscita un problema que tal vez nunca pintar la calidad de las cosas. Campeones decididos del naturalismo,
llegará a resolverse satisfactoriamente. Dice así: «Pictor Hubertus... preocupados por interpretar la diversa calidad de las telas, su forma
Eyck major quo nemo repertus incipit pondas quod Johannes, arte se- de plegarlas es, sin embargo, totalmente convencional. Son telas que se
cundas, frater perfecit... J432», «Huberto Van Eyck, pintor sin igual, quiebran en ángulos y contraángulos, como si se tratase de tela enco-
comenzó esta obra, que terminó su hermano Juan, segundo en el arte.» lada o de papel. Hermanos en su reiteración de las caligrafías curvi-
Unos críticos creen uoder distinguir en una parte un estilo distinto líneas del estilo internacional, se diría que sus pliegues son hijos de la
del de Juan, que atribuyen a Huberto, mientras otros juzgan el políptico reacción contra ellas. Una coexistencia análoga, de verdad en las cali-
de Juan, considerando el tono de la inscripción, simple muestra de dades y de convencionalismo en la forma de plegar, no volverá a darse
amor fraternal. La diferencia de estilo es, de todos modos, muy peque- hasta los días de Zurbarán. En cuanto a la figura humana, los Van
ña, e incluso en el caso de ser Huberto el creador exclusivo del estilo, Eyck gustan de dotarla de un aplomo y monumentalidad que forma
las obras conservadas de Juan prueban que no le es inferior y que contraste con la levedad e inestabilidad del estilo internacional.
llega a convertirlo en el suyo propio. De Juan Van Eyck conservamos varias tablas de tema religioso,
El retablo de San Bavón es un gran tríptico, dividido en dos zonas, entre las que sobresalen la Virgen del canciller Rollin (lám. 216) y la
tanto en la tabla central como en las puertas (lám. 215). En la zona del canónigo Van der Paele, la primera con magnífico fondo de paisaje,
alta del interior, los personajes son de gran tamaño. Presididos por el y la segunda en un interior maravillosamente interpretado; ambas con
Todopoderoso, aparecen a uno y otro lado San Juan Bautista y la Vir- los retratos de primer orden de los donadores. Pero, además, pinta una
gen —la vieja Déesis bizantina—, a los que acompañan en las alas dos galería de retratos no superada por sus sucesores, en la que sobresalen
coros de ángeles cantores y ángeles músicos (lám. 217), y en los extre- el del matrimonio italiano Arnolfini (lám. 218), que es, al mismo tiempo,
mos, Adán y Eva. En la mitad inferior vemos, en una amplia pradera espléndido estudio de interior; el del Hombre del clavel (lám. 220) y
esmaltada de flores, el altar donde el Cordero adorado por los ángeles el del Legado Albergan. La importancia que el retrato ha de tener en
14Ü ROBERTO CAMPIN Y VAN DER WEYDEN PINTURA FLAMENCA Y HOLANDESA 141
Flandes y los Países Bajos durante el siglo xvn se manifiesta plenamen- a los pies de los personajes (lám. 225). En su deseo de concentrar la
te en el fundador de la escuela. atención en la figura humana, en el Descendimiento (láms. 223, 224), del
Prado, una de sus obras maestras, imagina la escena sobre un fondo
ROBERTO CAMPIN Y VAN DER WEYDEN.—La gran personalidad de la liso dorado, como si se tratase del alto relieve de un retablo. La corres-
escuela, que sigue en importancia a los Van Eyck y llena con su activi- pondencia del movimiento en sentido inverso de las dos figuras extre-
dad el segundo tercio del siglo, es Roger van der Weyden (t 1464). Inti- mas, que cierran el grupo por ambos lados, y el paralelismo entre el
mamente ligado con su estilo, pero anterior a él, existe un grupo de cuerpo de la Virgen y del Cristo, así como las estudiadas y elegantes
pinturas muy valiosas y tan análogas a las suyas que hasta se conside- actitudes de todos los personajes, nos ponen de manifiesto su preocu-
ran por algunos su obra juvenil. En realidad, parece casi seguro que se pación por el arte de componer. Pero Weyden no es un pintor de mu-
trata de la obra de otro artista, probablemente su maestro, a quien se ñecos elegantes e inexpresivos. Por el contrario, posee un fino sentido
denomina el Maestro de Flémalle, por proceder de aquel monasterio de la expresión y, en particular, sabe hacer sentir la emoción de los
sus pinturas (lám. 222), del Museo de Francfort, una de las obras prin- temas trágicos. En el Descendimiento, por ejemplo, procura distinguir
cipales del grupo. Fundándose en esa analogía de estilo y en su mayor entre la palidez mortal del cuerpo del Cristo y la palidez del rostro
arcaísmo, se cree que el anónimo pintor de Flémalle no es sino Roberto desvanecido de la Virgen, e insiste en el enrojecimiento producido por
Campin (t 1444), que, establecido en Tournai en los primeros años del el llanto en el rostro de la Magdalena. Como es natural, Weyden es tam-
siglo, tiene por discípulo a Roger van der Weyden. Su obra más inspi- bién un gran intérprete de la Piedad, en la que sirve de modelo a casi
rada es, probablemente, la Santa Bárbara (1438) (lám. 221), del Museo todos sus sucesores, que no en vano lo trágico es una de las categorías
del Prado, que lee en su habitación, mientras al fondo construyen la del gótico del xv, y él es una de sus personalidades más representativas.
torre que le servirá de prisión. Si no supiéramos el destino de la torre, La visión dramática de San Buenaventura, del dolor de la Virgen abra-
creeríamos que se trata de un bello estudio de interior, con una joven zada a su Hijo muerto, logra en Van der Weyden su intérprete más
leyendo y un singular efecto de luz roja proyectada por el fuego de la perfecto.
chimenea. En el tríptico de la Anunciación de Mérode, del Museo Metro- Otras obras capitales suyas, como el retablo de Miraflores, o el de
politano de Nueva York, la preocupación por las calidades y por lo anec- los Sacramentos, imaginan las escenas encuadradas por el pórtico de
dótico es igualmente sensible. una iglesia gótica, decorado con grupos escultóricos. También es im-
Mientras en los Van Eyck domina la sangre holandesa, Weyden nace portante, por el desarrollo de su composición, el Juicio Final de Beaune.
en tierra de lengua francesa, en Tournai, y se llama, en realidad, Roger
de la Pasture, apellido que, traducido al flamenco al marchar al Norte,
se convierte en Weyden. Goza pronto de gran fama, puesto que cuando DIRCK BOUTS.—Ya en la primera mitad del siglo xv se advierten dife-
sólo cuenta treinta y dos años, posee ya el Pontífice una obra de su cias de sensibilidad artística entre flamencos y holandeses, diferencias
mano. Cerca de veinte años después hace un viaje a Roma, que deja que, con el andar del tiempo, producirán dos escuelas perfectamente
muy poca huella en su estilo. definidas y con caracteres propios. Dirck Bouts (t 1475), natural de Har-
El es el gran creador de composiciones de la escuela, la cantera lem y contemporáneo de Weyden, es buen ejemplo de ello; tal vez el
inagotable en que se inspiran casi todos sus sucesores hasta principios heredero de más talento de los Van Eyck, es un holandés que posee
del siglo xvi. Su influencia en este aspecto es enorme; bien directamen- todas las cualidades que distinguen a los de su raza. Es el pintor de
te o bien a través de sus imitadores flamencos, las formas del pintor de las telas ricas y de las joyas aterciopeladas; pero, sobre todo, el pintor
Tournai se difunden rápidamente por toda la Europa dominada por el de la luz y de los colores intensos, a quien subyugan los fondos de
arte gótico. Más unilateral que los Van Eyck, se preocupa especialmente paisajes y los bellos efectos crepusculares. Sus personajes, de elegantes
de la figura humana y de sus ropajes. Estudia cuidadosamente las acti- proporciones, no lanzan gritos agudos como los de Weyden, sino que
tudes y la disposición y distribución de los plegados de las telas, desde se mueven con parsimonia. En el Juicio del Emperador Otón, una de
el extremo de la toca que cubre a medias el cuello de la Virgen hasta sus obras principales, en el que, víctima del amor decepcionado de la
el gran manto que se rompe en hermosa cascada de quebrados pliegues emperatriz, es injustamente decapitado un caballero, los que presencian
la escena permanecen impasibles. En el hermoso tríptico del Descendí-
142 LA ESCUELA DE BRUJAS PINTURA FLAMENCA Y HOLANDESA 143
miento, de la catedral de Granada, si tanto en el encuadramiento en decorada con historias de su vida, nos descubre un sentido narrativo
forma de pórtico como en la ligereza de las actitudes se encuentra in- igualmente lleno de encanto.
fluido por Weyden, el sentido del color y los bellos efectos crepuscula- El estilo flamenco, libre aún de la influencia italiana, recorre una
res son típicamente suyos. Obra de juventud se considera el políptico de sus útlimas etapas en el holandés Gerard David (t 1523), que se es-
del Museo del Prado (lám. 226). tablece también en Brujas. Mucho menos sensible a la influencia de
A este mismo sector holandés del primitivismo pertenece Ouwater, Weyden que Memling, sus personajes no se preocupan tanto de los
autor de la Resurrección de Lázaro, uno de cuyos principales valores es gestos graciosos y de las actitudes complicadas como los de aquél.
el estudio de la luz. Son, generalmente, más bien bajos y manifiestan decidida propensión
En la línea ascendente del primitivismo flamenco sólo puede citarse al verticalismo. Sus rostros, de corrección casi clásica comparados con
en la segunda mitad del siglo xv el nombre de Van der Goes (t 1482), los de aquél, tal vez resulten algo inexpresivos. Pero su aspecto, unido
artista de vigorosa personalidad, que muere loco cuando probablemen- a la sobriedad de las actitudes y al fino sentido que, como holandés,
te aún no ha cumplido los cincuenta años. Sus Adoraciones de los Re- posee del claroscuro, le permite a veces crear efectos de intensidad
yes (lám. 227) y de los Pastores, de Berlín, procedentes de España, y dramática tan acentuada como en el Calvario, de Genova, o en el Juicio
la de los Pastores del Museo de los Uffizi, pintada para la familia flo- de Cambises. En un tema mucho más lírico, como en el Reposo en la
rentina de los Portinari, ponen bien de manifiesto toda su originalidad huida a Egipto (lám. 230), del Museo del Prado, es interesante ver có-
en el arte de componer. mo su amor al verticalismo inspira desde los troncos del bosque del
fondo hasta el grupo de la Virgen y sus ropajes.
LA ESCUELA DE BRUJAS : MEMLING Y G. DAVID.—Al establecerse en Bru-
jas Hans Memling (t 1494), originario de tierras del Rhin, poco después PATINIR Y EL Bosco.—El primitivismo flamenco produce todavía dos
de mediar el siglo, la pequeña y romántica ciudad de los canales se pintores de personalidad vigorosa y llenos de novedad, Patinir y el
convierte en la capital artística de Flandes, hasta que ya a comienzos Bosco, aunque ambos mueren entrado el siglo xvi.
del siguiente la capitalidad se desplaza al gran puerto de Amberes. El paisaje tiene excelentes cultivadores entre los grandes maestros
Memling, que durante la pasada centuria disfruta de popularidad no del siglo xv, especialmente entre los holandeses. Van Eyck, Dirck Bouts
superada por ningún otro artisa flamenco, es, en realidad, el gran difun- y Gerard David son grandes paisajistas, pero en todos ellos el paisaje
didor de las formas y composiciones creadas por Van der Weyden. Con se limita a servir de fondo de sus composiciones religiosas. Ahora, al
cierta falta de nervio y con delicadeza casi femenina, propensa a veces terminar el siglo Joaquín Patinir (t 1524), discípulo para algunos de Ge-
a una sincera melancolía, traduce a un estilo romántico el sano y fuerte rard David, que se establece ya al final de su carrera en Amberes, lo
dramatismo del viejo maestro de Tournai. Lo que en éste es severa convierte en género independiente, aunque continúa animándolo con
elegancia, deriva en sus pinceles hacia lo precioso, menudo y pequeño. alguna historia religiosa de escasa importancia dentro del conjunto, y
Su Adoración de los Reyes (lám. 228), del Museo del Prado, no es sino con frecuencia de mano ajena. El paisaje de Patinir es convencional
una interpretación libre del cuadro de Weyden del mismo tema, de la (lámina 231). De horizonte por lo general muy alto, levántanse en él,
Pinacoteca de Munich (lám. 225). como bambalinas de teatro, enhiestos picachos de esbeltas proporcio-
Memling es famoso por sus interpretaciones de la Virgen con el nes, verdaderas agujas de piedra que le prestan fantástico aspecto,
Niño, en las que también sigue los pasos de Weyden. De busto, o de considerados por algunos de influencia leonardesca, y por otros, refle-
cuerpo entero en su trono con rico brocado por fondo, sola con el jo del paisaje de Dinant. Animados por las largas entradas de mar de
Niño y un ángel ofreciéndole una manzana, o rodeada de santos, es azules aguas, castillos y un sinnúmero de figurillas, sus paisajes están
siempre de facciones menudas y graciosas, y de expresión melancólica. dotados de profundo sentido poético. Los mejores pertenecen a los mu-
Entre los numerosos ejemplares conservados puede recordarse, por el seos de Viena y de Madrid. Entre éstos es particularmente importante
mayor desarrollo de su composición, la Virgen de la familia Floreyns, el de las Tentaciones de San Antonio, cuyas figuras son de Quintín
del Louvre. Pero Memling, además de su fina sensibilidad para expresar Metsys, y la Laguna Estigia, uno de cuyos torreones, de fantástica ar-
quitectura, descubre la influencia del Bosco.
temas líricos como éstos, en la bella arqueta de Santa Úrsula (lám. 229),
144 EL BOSCO
Jerónimo Bosch van Aeken, el Bosco (t 1516), es, como tantos otros
pintores de esta escuela, de ascendencia holandesa. Su estilo es de ori-
ginalidad extraordinaria, no sólo por los temas que representa, sino
por su sentido de la forma, que rompe totalmente con el estilo tradi-
cional y precisamente en una época en la que con tanto desenfado se
repiten total o parcialmente las composiciones y figuras ajenas. El
Bosco representa en este aspecto el reverso de la medalla de Memling.
Pero, aparte de esta actitud, en el fondo, de vuelta a la Naturaleza, el
Bosco interpreta sus temas con un sentido humorista y burlesco com-
pletamente desconocido de sus predecesores, y que desemboca en un
tipo de pintura alegórica y moralista, cuyo significado concreto en al-
guna ocasión no se ha podido explicar todavía satisfactoriamente.
En realidad, los «sueños» del Bosco son la consecuencia de esa mis-
ma fantasía medieval que decora los capiteles, las gárgolas y las mi-
sericordias de los templos románicos y góticos; es la ridicula mons-
truositas contra la que clama San Bernardo, y que el Bosco no duda
en llevar a la amplia superficie de un cuadro. Agrégase a esa actitud
burlesca tradicional la influencia de los bestiarios o colecciones de in-
terpretaciones alegóricas religiosas y morales de los diversos reinos de
la Naturaleza, tan de moda en los últimos tiempos de la Edad Media,
y la del Apocalipsis.
El estilo del Bosco adquiere rápida popularidad. Ya en vida suya
el grabado difunde sus obras, y no tarda en formarse toda una serie
de imitadores. España es uno de los países donde encuentra más admi-
radores, y nuestros reyes quienes más y mejores obras suyas adquieren.
En algunas pinturas, como la Adoración de los Reyes (lám. 234),
del Prado, el Bosco, más que por sus comentarios burlescos, que no
faltan en alguna figura secundaria, sorprende por la novedad extraor-
dinaria de su estilo, completamente diverso del de sus contemporá-
neos. Ese tono burlesco se carga de intención en los Pecados capitales,
que, después de presentar la escena del moribundo cuya alma se dispu-
tan un ángel y un demonio, contiene en torno al ojo de Dios varias
historias representativas de esos pecados.
El texto de Isaías de que la carne es heno y toda la gloria como
la hierba de los prados, le inspira el Carro del heno (lám. 233), sobre
el que corre a su perdición una pareja de enamorados, entre las preces
de un ángel y la regocijada música burlesca de un demonio. Tirado
el carro por un tropel infernal de las más fantásticas formas, tratan de
ascender a él para disfrutar de los placeres materiales las más diver-
sas clases sociales, desde un pontífice y un emperador de aire farisai-
PINTURA FLAMENCA Y HOLANDESA 145
El viejo enamorado (lám. 239) la veta picaresca, que también tendrá Descendimiento, de Middelburg, al que dedica cerca de quince años,
larga descendencia en la pintura flamenca barroca. es una especie de Meca de los pintores flamencos —el propio Durero v a
El imitador de Metsys, Marinus, inspirándose en este tipo de cua- a visitarlo—, y sus Vírgenes con el Niño, en las que el desnudo triunfa
dros de figuras de medio cuerpo, caricaturiza el estilo de Metsys en su y que se encuentran tan lejanas del recogimiento gótico de Memling
San Jerónimo (lám. 238) que repite con insistencia. y David, se copian reiteradamente (lám. 241).
En vida todavía de Metsys, y cuando el rafaelismo invade ya el Gossaert es, además, el primer cultivador flamenco de la fábula mi-
país, prodúcese una reacción gracias a la cual el estilo tradicional fla- tológica y, en consecuencia, del desnudo clásico. A él se deben temas
menco trata de remozarse creando un estilo nuevo. El esfuerzo lo rea- como Neptuno y Anfitrite (1516) y Dánae recibiendo la lluvia de oro.
liza un grupo de pintores denominados los manieristas de Amberes, de Y claro está que, tanto en estas historias paganas como en las reli-
hacia 1520, cuyas obras se atribuyeron en un tiempo, erróneamente, a giosas, las arquitecturas son renacentistas, aunque tan poco esbeltas
Henri Met de Bles. En realidad, es un estilo de decadencia, que des- como generalmente sus personajes.
cubre una sensibilidad no poco enfermiza, pero ansiosa de novedad (lá- Algo más joven que Gossaert, y pintor de cámara de la regente,
mina 240). Esa novedad se busca, sobre todo, en el movimiento y, con es Bernardo van Orley (t 1542), que aunque comienza pintando como
frecuencias, en el alargamiento de personajes y arquitecturas. Delgadas aquél en el estilo gótico flamenco, no tarda en adoptar las formas re-
y nerviosas hasta la exageración, y de rostros a veces feos pero expre- nacentistas. La Sagrada Familia (1522) (lám. 242), del Prado, es una
sivos, las figuras adoptan actitudes inestables y lucen cendales flotan- de sus más bellas creaciones, pero la gran obra en que ofrece un ver-
tes. Los fondos de arquitectura, de caprichosos arcos parabólicos, par- dadero muestrario de modelos y actitudes rafaelescos —llegando inclu-
ticipan del mismo espíritu. Extraordinariamente fecundos, estos pin- so a copiar algunas figuras de Rafael, como la de Heliodoro—, es el
tores montan varios talleres muy activos, que inundan con sus produc- Retablo de Job. Van Orley dibuja también gran número de cartones
ciones el occidente de Europa. para la floreciente industria tapicera bruselense. Entre estos tapices,
que en buena parte pertenecen a la corona de España, es particular-
E L RAFAELISMO: GOSSAERT Y VAN ORLEY.—A la influencia leonardesca mente bello el llamado Dosel de Carlos V.
sigue la de Rafael, ya mucho más intensa, y al fin completamente arro- El Renacimiento italiano, después de muerto Gossaert, domina casi
lladura. totalmente en la pintura flamenca, sobre todo en la de carácter reli-
El introductor del rafaelismo es Juan Gossaert (t 1535), llamado gioso. Entre los principales cultivadores del estilo en esta segunda fase
también Mabuse. Gossaert, después de haber hecho su formación en más específicamente manierista, figuran el bruselés Peter Kempeneer,
el país y pintado obras de estilo personal, como la Adoración de los que trabaja en España, donde transforma su nombre en Campaña;
Reyes, de Londres, marcha a Italia en 1508, en el séquito de Felipe de Frans Floris y Coxie. En la parte holandesa trabajan algunos manie-
Borgoña, para dibujarle aquellos monumentos romanos que considere ristas tan exaltados como Scorel y Heemskerck.
más interesantes. El estilo de Gossaert, sin embargo, no cambia inme-
diatamente. A su regreso continúa pintando obras como la Virgen, del BRUEGHEL: LA REACCIÓN NATURALISTA.—No obstante la intensa influen-
Museo de Palermo, sobre un fondo de aparatosa arquitectura gótica, cia italiana, la capacidad creadora de la escuela flamenca no se agota.
pero el prestigio cada vez más arrollador del Renacimiento en general, La poderosa personalidad de Peter Brueghel (t 1569), que cierra el
y del pintor de Urbino en particular, le deciden al fin a cambiar de primitivismo e inicia la gran pintura naturalista flamenca barroca, lo
estilo. pone bien de manifiesto. Nacido cuando terminan su carrera Gossaert
Ahora bien, las elegantes formas y las ligeras composiciones rafae- y Van Orley, hace una breve visita a Italia al mediar el siglo y muere
lescas se hacen en él rechonchas y gruesas y se enlazan trabajosa y en Bruselas, cuando apenas ha cumplido los cuarenta años y su estilo
pesadamente. La desventajosa comparación de sus obras de tipo rafae- se encuentra todavía en su curva ascendente. El viaje a Italia, lejos
lesco con las juveniles ofrece un caso típico del artista víctima en su de convertirle en un rafaelista, no deja en él huella notable. Compren-
edad madura del noble deseo de asimilar un estilo ajeno más moder- de que el porvenir de la pintura • flamenca está en el estudio de la na-
no. Sus nuevas obras, sin embargo, logran gran fama. El destruido turaleza, y se dedica con entusiasmo a pintar los aldeanos y campest
148 EL RETRATO PINTURA FLAMENCA Y HOLANDESA 149
BOS flamencos y a frecuentar sus fiestas, para poder representar con tipo de retrato flamenco. En realidad, casi todos los primitivos flamen-
mayor propiedad las escenas populares. En algunos de sus dibujos cos pintan excelentes retratos; pero, salvo en casos como el de Arnol-
podemos ver cómo tomaba minuciosas notas de su inaumentaria. La fini, el retrato como género independiente se reduce a una cabeza o a
Boda es buen testimonio de cómo, vuelto de espaldas al idealismo ita un busto. Moro, aunque alguna vez cultiva la pintura religiosa, se de-
liano, estudia con el mayor cariño esa indumentaria y los tipos de sus dica al retrato, y, siguiendo el ejemplo del Tiziano, los pinta ya de
paisanos. La glotonería y el espíritu festivo flamencos, que han de cuerpo entero. Mas lo que constituye su principal valor es su penetrante
inspirar tantas pinturas del siglo xvn, aparecen ya en las obras de mirada para captar el carácter del retratado, cuyos rasgos representa
Brueghel como temas dignos de ser pintados. con admirable seguridad. Pintor del cardenal Granvela, pasa algún
El encargo recibido hacia 1555 de hacer dibujos de obras del Bosco tiempo en Portugal y España retratando a la familia real, a Maximi-
para grabarlas, abre una nueva época en su carrera artística. Su inte- liano II, a Doña María y a Doña Juana, madre del rey Don Sebastián.
rés se concentra en la figura humana, que observa ahora con fino es- Pero donde su mirada inquisitiva se extrema es en los retratos de hom-
píritu humorista. Pinta, como el Bosco, una operación de la Piedra de bres de placer, como el del manco Pejerón (lám. 246), del Museo del
la locura, pero sobre todo, inicia una serie de los Proverbios, y lo Prado, y el del Enano de Granvela con su perro, del Museo del Louvre,
mismo en ella que en la de las Estaciones multiplica las figuras para dignos predecesores de las famosas creaciones velazqueñas. No menos
recrearse en su interpretación naturalista. De su sensibilidad para lo hondamente sincero es, sin embargo, Moro en retratos como el de Ma-
trágico son buenas pruebas su emocionante composición de Los cie- ría Tudor (lám. 244), del Museo del Prado. Ya veremos la huella dejada
gos y las escenas del Triunfo de la Muerte (lám. 243). por Moro en la pintura española.
Con anterioridad a este último período de influencia del Bosco,
Brueghel cultiva con particular empeño el paisaje. En realidad, de su
viaje a Italia lo único que deja huella en su obra son los profundos va-
lles de los Alpes vistos desde las alturas. Algún cuadro religioso, como
la Conversión de San Pablo, es un inmenso paisaje de montaña, don-
de las diminutas figurillas se pierden. Pero lo principal es que el pai-
saje estático de Patinir, formado por una serie de planos paralelos, se
convierte en una superficie bajo la cual late la vida como bajo la piel
de un animal gigantesco. Es el sentido cósmico del paisaje que, una
vez muerto Brueghel, no vuelve a dar un paso hasta los días de Rubens.
Esta renovación del paisaje de Brueghel tiene como consecuencia
el nacimiento de una pequeña escuela de paisajistas que, inspirándose
en él y en Patinir, llena el último tercio del siglo. Sus nombres más
ilustres son los de Valkemburgh (t 1597) y Pablo Bril (t 1626), en
quien se deja sentir ya la nueva era.
Influidos desde el punto de vista estilístico por los italianizantes de
la segunda mitad del siglo, pero animados por el mismo espíritu de
Brueghel, pintan Peter Aertsen y su discípulo Beuckelaer escenas de
cocina y de mercado, en las que las viandas y las frutas son tan impor-
tantes como la cocinera o la vendedora, por lo general de media figura.
m
LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO xv. LA INFLUENCIA FLAMENCA. CATALUÑA:
DALMAU Y HUGUET.—Justamente un año antes de que Van Eyck feche i *!
el retablo del Cordero (1432) llega a Flandes Luis Dalmau, pintor del
rey en Valencia, enviado por el monarca para que aprenda el estilo de
aquél. Su obra maestra, la Virgen de los Conselleres (1443), del Museo
de Barcelona, nos dice, en efecto, que, salvo en la brillantez del colo-
rido flamenco, asimila el estilo del maestro hasta convertirse en un
verdadero discípulo. El contraste de la Virgen de los Conselleres (lá-
mina 261) con las Vírgenes valencianas y con el estilo de Martorell es
r
tan violento como el que existe entre el estilo internacional y el de los $
Van Eyck, ya comentado. A la ligereza de las Vírgenes valencianas, de
sus ángeles y de sus tronos, sucede ahora un ideal en el que la masa 263-265.—BERMEJO: Santo Domingo.—HUGUET: Santos Abdón y Senén. Martirio
de S. Vicente.
y la monumentalidad triunfan; las telas ya no se pierden en curvas y
contracurvas, sino que se quiebran al gusto eyckiano. Pero Dalmau
no se limita a traernos el nuevo concepto estético, sino que copia
fielmente los modelos del maestro. El grupo de la Virgen y el Niño
sigue muy de cerca al de la Virgen Van der Paele, y los ángeles músi-
cos y cantores que la rodean son fiel reflejo de los del retablo del Cor-
dero. Como en aquél, los rostros de los donantes, en este caso los con-
selleres de la ciudad, son ya verdaderos retratos al gusto eyckiano, que
copian con rigurosa fidelidad los rasgos individuales del personaje.
Como en el caso d e Ferrer Bassa un siglo antes, Dalmau, en los co-
mienzos de este nuevo período de la pintura catalana, hace concebir
un futuro que no tiene realidad. La pintura de la segunda mitad del
siglo no es tan exclusivamente flamenca como permitiría presumir Dal-
mau. La verdadera personalidad que llena ese período es Jaime Huguet,
265-268.—JACOMART: Santa Ana.— J. INGLÉS: Marqués de Santillana.-
MAESTRO DE SAN ILDEFONSO: Virgen.
PINTURA ESPAÑOLA DE LOS SIGLOS XIV Y XV 161
Santa Águeda (1464), la más importante es la tabla central de la Adora- Jaime Huguet; pero al comenzar el último cuarto del siglo abre sus
ción de los Reyes, en el más importante de los cuales ha querido verse puertas al cuatrocentismo italiano, iniciando una nueva era de esplen-
el retrato de aquel personaje. Retablo de magnas proporciones, varias dor, que corresponde ya al período renacentista.
de cuyas pinturas son obra de taller, es el de San Agustín, del Museo Hasta hace poco tiempo, el nombre que llenaba la historia de la
de Barcelona, costeado por el gremio de los curtidores. La Consagración, pintura valenciana de mediados del siglo xv era el de Jaime Baco, cono-
solemne y grandiosa, según es costumbre en Huguet, muestra algunas cido por el sobrenombre de Jacomart. Artista muy estimado por Alfon-
cabezas admirables. so V, trabaja para éste en Ñapóles; pero al mediar el siglo se encuen-
Destruido en 1909, aunque, por suerte, consérvanse fotografías, era tra establecido de nuevo en Valencia, donde muere en 1461, a poco de
también obra capital de Huguet y de fecha bastante temprana, el reta- contratar el retablo del pueblo de Catí.
blo de San Antonio Abad (1455). Recientemente se ha atribuido a Hu- La gran semejanza del retablo de Catí, que ha servido de base para
guet una importante serie de obras, que se consideran fruto de una atribuirle un cierto número de obras, con el de Cubells, del Museo de
etapa juvenil aragonesa, entre las que destacan dos tablas procedentes Barcelona, firmado por Reixach, hace desvanecerse su personalidad ar-
de Alloza, del Museo de Zaragoza, y la Virgen de Vallmoll, de la colec- tística en provecho de Reixach, si bien por ahora tal vez convenga con-
ción Muntadas, en el Museo de Barcelona. siderar todas estas obras como producto de la personalidad conjunta
A este mismo período corresponden la actividad de Miguel Nadal, Jacornart-Reixach. En su estilo, .la influencia flamenca es patente, y en
autor de los retablos de San Cosme y San Damián y de Santa Clara y algunos aspectos eyckiana, descubriendo un gran deseo de riqueza en
Santa Catalina, de la catedral, artista formado, al parecer, en el taller fondos y vestiduras de oro, y en pavimentos de losas muy decoradas.
de Martorell, y la de Pedro García de Benabarre, que firma una Virgen Entre las mejores creaciones de la escuela figura el retablo de San
del Museo de Barcelona. A la escuela de Huguet pertenecen, por último, Martín, del Museo de Segorbe (1447-1457), en el que el titular es una
Gabriel Guardia —retablo de Santa María de Manresa, 1501— y Fran- figura monumental y grandiosa que, al mismo tiempo que manifiesta
cisco Solibes, que trabaja principalmente en Aragón —retablos en Ma- la reacción contra el afán de levedad del estilo internacional, anuncia
luenda y Dar oca. el de Bartolomé Bermejo. Tal vez más sensible es el contraste entre la
Entre los contemporáneos de Huguet figura la familia de los Vergós, Virgen entronizada, rodeada de ángeles, del mismo retablo, y las inter-
a los que durante mucho tiempo se ha atribuido buena parte de la pretaciones internacionales. Según costumbre valenciana, se encuentra
obra de aquél. Los miembros de la familia son, en la primera mitad en la calle central, entre la escena principal y el Calvario. También es
del siglo, Jaime Vergós I, y en la segunda, su hijo, Jaime Vergós II y obra de calidad el retablo de Santa Ana (lám. 266), de la Colegiata de
los dos hijos de éste: Pablo y Rafael. A juzgar por los documentos, el Játiva, con el retrato del futuro Calixto III, don Alonso de Borja. En el
de mayor prestigio artístico es Pablo Vergós (t 1495), que contrata el de la Cena, de la capilla episcopal de Segorbe, lo más importante es
retablo de San Esteban, del Museo de Barcelona, retablo que al morir la Virgen de la Porciúncula, excelente ejemplo del nuevo gusto en la in-
se comprometen a terminar su padre y su hermano. La delimitación de terpretación del tema, con los ángeles formando compacto grupo, extre-
las diversas manos que intervienen en él es problema aún no resuelto. mo opuesto de las ligeras composiciones del estilo internacional valen-
Contemporánea de esta escuela barcelonesa, existe otra mucho más ciano.
provinciana en Lérida, cuya principal figura, el Maestro de la Pahería, De calidad inferior es el retablo de Cubells (1468), dedicado a Santa
debe su nombre al retablo del Museo de aquella ciudad, en cuya tabla Úrsula y firmado por Reixach, y el de la Adoración de los Reyes, de
central se encuentran retratados los pahers o concelleres de la ciudad. Rubielos de Mora.
Aunque no poco arcaizante, el estilo es ya flamenco. A ese mismo mo- Aunque, con criterio exclusivamente cronológico precisaría referirse
mento corresponde el Maestro Verdú, cuyo retablo, procedente de esta en este lugar a Osona el Viejo y Pablo de San Leocadio, es preferible,
población, se guarda en el Museo de Vich. por su estilo, incluirlos en el capítulo renacentista y citar, en cambio,
al Maestro de los Perea, que si bien trabaja a fines de siglo y, natural-
VALENCIA. BALEARES. — La escuela valenciana de la segunda mitad mente, se deja influir por el Renacimiento, es más tradicional. Debe su
del xv no posee en los primeros tiempos una figura de la calidad de nombre al retablo de la Adoración de los Reyes, del Museo de Valencia,
164 BARTOLOMÉ BERMEJO PINTURA ESPAÑOLA DE LOS SIGLOS XIV Y xv 165
éste se debe el retablo de Blesa, del Museo de Zaragoza. Martín Bernat Angeles (1455), de la colección del duque del Infantado. Encargado por
es pintor de cierto rango social, puesto que se le da tratamiento de el célebre marqués de Santillana en 1455 de encuadrar una escultura de
infanzón y honorable, que colabora con los mejores pintores de su la Virgen, por él comprada en la feria de Medina para su hospital de
tiempo. Su obra principal es el retablo de la Purificación, de la catedral Buitrago, es la obra fechada más antigua del estilo flamenco. Consta de
de Tarazona (1493), donde el oro en relieve adquiere desarrollo extraor- dos grandes tablas, con ángeles que cantan los Gozos de la Virgen, com-
dinario. En el profuso empleo del oro es, sin embargo, superado por puestos por el Marqués; de los retratos de éste (lám. 267) y su mujer,
Jaime Lana, que en el retablo de Borja alcanza uno de los puntos culmi- acompañados, respectivamente, por su paje y por su doncella, y del
nantes de este proceso de enriquecimiento. Tal vez estos pintores ara- banco con santos de medio cuerpo. Los retratos, que son lo mejor del
goneses no concedan más superficie al oro que los valencianos, pero retablo, responden al estilo plenamente naturalista flamenco.
lo emplean menos discretamente y hacen mucho más alarde de él. De su mano, o de su escuela, es el retablo de San Jerónimo, del Mu-
Mientras los Jiménez y Bernat reflejan, sobre todo, la influencia de seo de Valladolid.
Bermejo, el Maestro del Prelado Mur, autor del retablo de la Adoración El segundo gran pintor que trabaja en tierra vallisoletana es el
de los Reyes, de Daroca, es el principal representante del estilo catalán Maestro de San Ildefonso, así llamado por la hermosa tabla de la Impo-
de Huguet. A él se atribuye el San Vicente Mártir, del Museo del Prado. sición de la casulla al santo (lám. 268), del Museo del Louvre. Lo mismo
Martín de Soria, que pinta el retablo de Palíamelo de Monegros (1485), que Jorge Inglés, con el que tiene no pocos puntos de contacto, no
pertenece a esta misma corriente estilística. gusta del empleo del oro, y su estilo tiene también un tono fuerte, que
En Navarra, la pintura de este período presenta caracteres muy se- en algunos personajes llega a producir una impresión de energía y viri-
mejantes a los de la aragonesa, aunque en ella se advierte una cierta lidad extraordinarias. De rostros huesudos y corpulentos y de mirada
influencia castellana. El mejor testimonio de ello lo ofrece su pintor penetrante, son figuras que se graban en la memoria de quien las con-
más importante, Pedro Díaz de Oviedo, que en su retablo de la catedral templa, dejando ver la poderosa personalidad del artista. Los ropajes
de Tudela (1489) parece fundir el estilo castellano con el de los discí- se quiebran ya en él con esa intensidad que será típica de no pocas
pulos de Bermejo. obras castellanas. A este Maestro de San Ildefonso se deben varios san-
tos del Museo de Valladolid.
CASTILLA: JORGE INGLÉS Y GALLEGO.—Sin haber llegado a formar una Más conocido de antiguo, y famoso por haber firmado sus obras, es
floreciente escuela propia durante la primera mitad del siglo xv, como Fernando Gallego, que trabaja, sobre todo, en Salamanca. Como su
Cataluña y Valencia, Castilla, al iniciarse la segunda mitad del mismo, nombre no se pierde, a él, o a su escuela, se han atribuido hasta fecha
se entrega más plenamente al gótico flamenco, bajo cuyo égida se for- reciente buena parte de las pinturas castellanas del xv. Es, sin embargo,
man varias escuelas, que radican, principalmente, en Palencia, Valla- estrella de primera magnitud en el cielo de nuestra pintura gótica.
dolid, Burgos, León, Toledo y Sevilla. En general, la pintura castellana Como los dos maestros anteriores, renuncia al oro en los fondos,
distingüese por su mayor aferramiento al estilo flamenco. Ello no obs- gracias a lo cual concede cierta amplitud al paisaje, pero el rasgo más
tante, aunque no falta algún maestro que renuncia al oro, los fondos destacado de su personalidad es su temperamento intensamente dra-
dorados continúan empleándose con la misma amplitud que en el resto mático, que le lleva a complacerse en lo trágico, lo que, como buen hijo
de la Península. Ahora bien, son raros los de relieve y nunca se utili- de la última etapa del gótico, contempla a veces con visión crudamente
zan con la profusión catalana o aragonesa. realista. Así, pinta con especial deleite figuras de verdugos, tipos po-
El maestro a quien es preciso registrar a la cabeza de la pintura de pulares de rasgos incorrectos pero expresivos, gentes contrahechas y
Castilla la Vieja de este período es Jorge Inglés, cuyo nombre no sabe- gestos de dolor y muerte. Sus personajes son altos y secos, como los
mos en qué grado sea indicio de origen extranjero inmediato. De todos de Dirck Bouts, pero sin su melancolía, su aire soñador ni su fragili-
modos, nada existe en su estilo que hable en pro de su origen británico dad. No obstante el carácter general flamenco de su estilo, sus mode-
y sí de su formación flamenca más o menos directa, pues tampoco es los humanos y su manera de plegar los ropajes descubren su contacto
fácil precisar su parentesco concreto con ninguno de los grandes maes- con el pintor alemán Conrado Witz.
tros de los Países Bajos. Su obra capital es el retablo de la Virgen de los
168 RESTO DE CASTILLA Y ANDALUCÍA PINTURA ESPAÑOLA DE LOS SIGLOS XIV Y xv 169
Uno de los retablos más importantes de Gallego es el de San Ilde- Maestro de San Nicolás debe su nombre al retablo del santo en la igle-
fonso, de la catedral de Zamora, en el que es particularmente repre- sia burgalesa de esa advocación, y es pintor bastante fecundo, aunque
sentativa de su sensibilidad la forma realista como interpreta al po- probablemente no hace todas las obras que se le atribuyen. De fecha
bre contrahecho que se arrastra por el suelo para acudir hasta el se- ya tardía, pues aunque sus personajes son góticos emplea ya fondos de
pulcro del santo. Pero donde desarrolla más ampliamente esta nota arquitectura con decoración renacentista, es Alonso Sedaño, cuya obra
aguda realista es en el retablo de Santa Catalina, de la catedral de Sa- principal es el antiguo retablo mayor de la catedral de Burgos, de
lamanca. Dedicada la tabla central a la santa en su trono, represén- figuras grandotas y un tanto inexpresivas. Su obra documentada es, sin
embargo, un San Sebastián, conservado en la catedral de Palma de
tanse en las tablas laterales dos historias de su vida. En la escena de
Mallorca.
su martirio en las ruedas, lo que principalmente importa a Gallego es
el efecto del castigo divino en los verdugos. Así, con realismo impre- En Avila trabaja un maestro relacionado con el de San Ildefonso,
sionante, pinta a uno de ellos derribado en primer término con las ma- al que se ha dado el nombre de la población, que es autor de un tríp-
nos agarrotadas, el cuello torcido y su boca entreabierta de dolor, como tico del Nacimiento, del Museo Lázaro. Aunque la tabla central es bas-
si quisiera recordarnos alguna escena macabra por él contemplada. En tante bella, por lo general sus personajes son desproporcionados y un
la tabla de la degollación se desborda de nuevo su gusto por lo trágico, tanto rústicos. A él se asemeja, a su vez, el Maestro de la Sisla, en
y le vemos complacerse con el tipo flaco y desagradable, de expresión cuyas pinturas del Museo del Prado, que se consideran procedentes de
patibularia, del verdugo, y en el rostro agonizante de la santa, que se aquel monasterio toledano, hay trozos muy hermosos. Tres de ellas
desploma hacia atrás (lám. 269). En el Camino del Calvario, de la mis- —Anunciación, Adoración de los Reyes y Tránsito de la Virgen— están
ma catedral, es lo grotesco y la bellaquería de los verdugos lo que fielmente inspiradas en estampas de Schongauer. La lámina 271 repro-
constituye el nervio de la interpretación. duce la Presentación.
Por la gran amplitud concedida al paisaje, es particularmente in- En Toledo, el maestro más activo es el de don Alvaro de Luna,
teresante la Piedad, del Museo del Prado, y por su contenido astro- autor del retablo del infortunado favorito de Juan II, en la catedral
lógico la gran pintura de la bóveda de la antigua biblioteca de la (1488). Pintor que se inspira muy directamente en los modelos flamen-
Universidad de Salamanca, dande vemos a los dioses paganos, titulares cos, en la Virgen de la leche, de ese retablo, toma por modelo a Dirck
de los planetas, vestidos a la moda de fines del xv. Bouts. Aunque no copiado del natural, es interesante desde el punto
El Museo del Prado posee también de su mano un Salvador entro- de vista iconográfico el retrato de don Alvaro de Luna. Consta que la
nizado. En realidad, es el Todopoderoso en el centro del Tetramorfos, pintura del retablo es de Sancho de Zamora o de Juan de Segovia,
el tema iconográfico tan frecuente en el período románico, pero ya pero ante la duda, se le conoce provisionalmente con el nombre citado.
muy raro. Acompáñanle las figuras alegóricas de la Iglesia triunfante La lámina 270 reproduce una Virgen de ese pintor, del Museo del Prado.
y de la Sinagoga vencida. En la obra que se atribuye a F. Gallego tiene En Andalucía son escasas las pinturas conservadas del siglo xv, y
buena parte su taller. Entre sus colaboradores se cita a Francisco Ga- aunque manifiestan la existencia de una escuela, sobre todo en Sevi-
llego, su hijo o hermano, a quien se ha querido adjudicar la parte más lla, no cabe hablar de un pintor que haya ejercido en sus contempo-
expresionista de su obra. ráneos la influencia de un Huguet o un Gallego. En cambio, para el re-
ducido número de obras existentes, son proporcionalmente abundan-
E L RESTO DE CASTILLA Y ANDALUCÍA.—En la región burgalesa, donde, tes las firmadas, entre las que predomina el apellido Sánchez. El más
a pesar de la intensa importación de pinturas flamencas, se pinta mu- celebrado de antiguo es Juan Sánchez de Castro (lám. 272), autor de la
cho en la segunda mitad del siglo xv, se han podido distinguir varias Virgen de Gracia, de la catedral, y otras pinturas hoy destruidas
personalidades de segundo orden. Entre ellas merecen recordarse el (1454-1484) y que estuvieron firmadas. Otro Juan Sánchez es el que
anónimo, a quien provisionalmente se le llama Juan Flamenco, por firma el dramático Calvario, conservado en la misma catedral. La se-
haberse creído algún tiempo de éste la obra principal del grupo, que rie de los Sánchez sevillanos cuenta además con un Antón y un Diego
es la serie del Bautista, del Museo del Prado. La escena de la Dego- Sánchez, y con dos Pedro Sánchez, uno de ellos de menor categoría.
llación es interesante para ilustrar el traje femenino de la época. El Antón y Diego son los autores de la importante tabla del Camino del
170 JUAN DE FLANDES Y MIGUEL ZITTOW
autor en el primer plano de nuestra pintura del Renacimiento. Artis- las obras más importantes de la primera década del siglo. Si efecti-
ta que sin duda viaja mucho, su estilo revela enseñanzas muy varias, vamente le pertenece, Aponte resultaría un artista muy influido por el
septentrionales e italianas, plenamente asimiladas. La expresión de los estilo toledano de Juan de Borgoña, y, como él, de formación cuatro-
que componen el martirio, la intensidad dramática de la degollación y centista (lám. 284). En cambio, emplea estilo más avanzado el Maestro
la naturalidad del perro durmiendo están interpretadas con maestría de Agreda, así llamado por el retablo de San Miguel (1519) de aquella
nada corriente. población. Pintor de temperamento muy dramático, ofrece cierto pa-
El centro pictórico más interesante del primer tercio del siglo ra- rentesco espiritual con el Maestro de San Félix, pudiendo considerarse
dica en Gerona, o al menos es en su región donde se encuentran las como uno de los manieristas más interesantes de la primera etapa de
obras principales. La personalidad más destacada es el Maestro de nuestro Renacimiento. La historia del santo expulsando al demonio del
San Félix de Gerona, cuya obra capital es el retablo dedicado al santo sepulcro de Moisés (lám. 285) nos dice que las deformidades de sus per-
en su iglesia de aquella población (lám. 282). Es pintor más preocu- sonajes, las incorrecciones de sus rostros, el escaso garbo de sus cuer-
pado por lo expresivo y característico que por la belleza. A veces, en- pos y el agarrotamiento de sus manos, son valores deseados por el pin-
cuentra evidente complacencia no sólo en lo feo, sino en lo monstruoso. tor. Por su amaneramiento aún más intenso se "distingue el Maestro de
El tipo del verdugo de ese retablo, enorme mole de carne, con morrillo Sigena, en cuyo monasterio pinta el retablo de la Piedad. Ningún otro
de toro, vientre caído, frente abultada y ojos perdidos en un mar de pintor de su tiempo le supera en España en decisión para retorcer las
figuras, hacerlas adoptar actitudes violentas y complicar los plegados
adiposidades, es buen ejemplo del interés del pintor por lo caracterís-
de los ropajes.
tico. El perfil incisivo del personaje, flaco y nervioso, que condena al
santo, atrae también su atención, y con gran acierto lo contrapone al En Navarra, el Maestro de Ororbia, del que sólo conocemos el bello
verdugo para que se realcen mutuamente. La expresión de complacen- retablo de San Julián de aquel pueblo, tiene un interés por el paisaje
cia en el mal de los que martirizan al santo nos dice igualmente dónde más septentrional que español, y un sentido narrativo que convierte la
está el norte de sus valores artísticos. Trabajando en la Costa Brava, trágica historia del santo cazador en una de las obras más seductoras
le seducen los paisajes montañosos con fondo de mar, hasta el punto de esta primera parte renacentista, por la minuciosidad con que se
de ser el gran paisajista de la escuela. Su formación artística parece nos describen sus diversas escenas. La Muerte de los padres del Santo
valenciana, relacionada con Llanos, y es muy probable que a él se deban la Construcción de la Capilla y el paisaje nocturno del Paso del río son
la serie de tablas de la vida de Sen Andrés, de la capilla del Milagro, particularmente atractivos. Juan Bustamante, autor, entre otros, del
de Valencia. Recientemente se ha propuesto la identificación de este retablo de Zizur (1538), es de temple mucho menos delicado, y se es-
maestro con un Juan de Borgoña —en los documentos catalanes Joan fuerza sobre todo por crear hercúleos personajes y escenas de intenso
de Borgunya— que trabaja en Cataluña en esta época. dramatismo.
También de Gerona es Matas (lám. 283). Lo que le distingue den-
tro de nuestra pintura renacentista es su arte narrativo de escenas con CASTILLA: PEDRO BERRUGUETE.—El patriarca de los renacentistas cas-
personajes que lucen vestiduras de telas alistadas o de traza morisca, tellanos es Pedro Berruguete. Formado en el estilo flamenco de hacia
elegantes tocados, damas que nos muestran bellos abanicos de última 1470, antes de terminar esa década se encuentra ya en Italia, donde
moda, es decir, u n a r t e que le convierte en una especie de Carpaccio permanece varios años, y aunque no abandonará la trama flamenca
catalán. Su ciclo de historia más representativo es el de la Vida de la aprendida en su juventud, la enriquece con tales novedades renacen-
Magdalena, de la catedral de Gerona. tistas que le convierten en el introductor del estilo en su patria. El es
Pintor de facultades mucho o á s modestas, pero muy fecundo, es probablemente el que, en fecha más temprana, incluidos los arquitectos,
el navarro que catalaniza su nombre bajo la forma de Gaseó, y que emplea escenarios arquitectónicos del romano, alguna vez en forma tan
trabaja principalmente en Vich. exclusiva, que parece haber renunciado decididamente al gótico. Pero
sus obras posteriores nos dicen que continúa aferrado al viejo estilo,
ARAGÓN Y NAVARRA.—En Aragón alcanza gran fama a principios de
que seguirá alternando con el nuevo hasta el final de su vida. De gran
siglo Pedro de Aponte, pintor de Fernando el Católico, al que parece novedad es también su preocupación por la luz, que es para él personaje
debe atribuirse el r e t a b l o de Bolea (Huesca), indudablemente una de
176 CASTILLA
sinagoga, los ecos rafaelescos son patentes en algunos personajes, y el Sicilia— e incluso escenarios. Entusiasta de la antigüedad, comenta
en el lenguaje de la fábula pagana la fortaleza de espíritu de la Santa,
mismo sacerdote sentado en el centro se inspira en el Isaías de Miguel
decorando una de sus tablas con relieves de los Trabajos de Hércules.
Ángel, de la capilla Sixtina.
Valladolid posee también un grupo de pintores, entre los que des-
En el Entierro del Santo, el joven de barba negra que, ajeno a la
cuella Alonso Berruguete. Conocido principalmente como escultor, es
escena, mira fijo al frente, se considera autorretrato del artista por en-
también pintor muy original, aunque su obra pictórica, muy corta,
contrarse a sus pies un escudo con un águila negra sobre campo de no tiene la trascendencia de la escultórica. Devoto de Miguel Ángel,
oro, que es el de los Juanes. en su pintura existe un fondo miguelangelesco análogo al de su escul-
Aunque probablemente es de Vicente Masip, considérase de Juanes tura; pero lo que le hace especialmente interesante es su evidente con-
el retrato del supuesto don Luis de Castellá (lám. 296), del Museo del tacto con los comienzos del manierismo florentino, en los que, tal vez,
Prado. desempeña papel de creador. Sus pinturas más conocidas son las del
retablo de San Benito, del Museo de Valladolid.
CATALUÑA, ARAGÓN Y CASTILLA.—En Cataluña, el principal pintor de
este período es el portugués Pedro Núñez, cuyo rafaelismo se encuen-
SEVILLA. PEDRO DE CAMPAÑA.—El rafaelismo se introduce en Sevilla
tra bastante influido por su versión holandesa. El más importante de
en forma un tanto brusca. Al entrar en la quinta década del siglo, nos
los numerosos retablos que pinta es, probablemente, el de la Pasión,
encontramos ante varios pintores desprovistos de todo rastro cuatro-
de la iglesia de San Justo; pero el más atractivo es el de San Eloy, del
centista y sin enlace alguno sensible con los maestros que trabajan du-
Museo de Barcelona, donde la influencia flamenca es muy sensible. rante la etapa anterior. Los principales son el flamenco Kempeneer y
En Aragón, la gran personalidad del segundo tercio del siglo es Jeró- el holandés Storn, que son llamados, entre nosotros, Pedro de Campaña
nimo Cosida, que, de creer a los historiadores de la centuria siguiente, y Fernando Esturmio.
precióse siempre de hidalgo caballero. Aunque no están documentadas, Campaña visita Italia, donde debe de permanecer bastante tiempo,
obras suyas deben de ser los retablos del Bautista, de Calcena, y de la y llega a nuestra patria plenamente formado. Típico artista del Renaci-
catedral de Tarazona (1547), cuyas tablas centrales se encuentran dedica- miento, domina también la arquitectura y la escultura, y, en su noble
das a la degollación del Santo, y para la última de las cuales se inspira afán de saber, conoce las matemáticas, la astronomía y la ingeniería.
en la estampa del tema de Durero. En Calcena es muy bella la escena Hijo de Flandes, sabe atemperar su formación italiana y el estudio de
del Banquete. Las obras que sirven de base para conocer su estilo son la escultura clásica mirando la Naturaleza, lo que, unido a su sensibi-
los destruidos retablos de Caspe y Monzón, de los que se conservan lidad para lo dramático y para los efectos de luz, le permite crear
deficientes fotografías. un estilo renacentista lleno de vida y novedad. Si, como rafaelista, es
En Toledo, los dos pintores más fecundos del segundo tercio del el pintor que en nuestra patria sabe mover y enlazar mejor las nume-
siglo, cuyo estilo enlaza, en cierto grado, con el de Juan de Borgoña, rosas figuras de una gran escena, por su sentido exuberante de las for-
son Francisco Comontes (f 1565) y Juan Correa de Vivar, tan análogos mas y, sobre todo, por el movimiento de su paisaje, se nos muestra
a veces entre sí, que no siempre es fácil distinguir la obra del uno de como un importante predecesor de Rubens.
la del otro. Comontes es autor del retablo de San Juan de los Reyes Su Descendimiento (lám. 298), de la catedral de Sevilla (1547), aun-
y Correa del de Almonacid de Zorita (1554). El Museo del Prado posee que sigue el mismo esquema general que el del Museo de Montpellier,
obras de ambos. que pintara años antes inspirándose en una estampa de Marcantonio,
La personalidad más atractiva de la escuela toledana, si es que efec- acusa diferencias fundamentales. La escena se simplifica y el tono dra-
tivamente pertenece a ella, es el autor del bello retablo de Santa Libra- mático se hace más intenso. Campaña concentra la composición, antes
da, de la catedral de Sigüenza (1525), que se cree, no con mucho funda- mucho más dispersa, y gracias a ello esa composición gana en sencillez
mento, de Juan de Pereda. Artista de primera fila en nuestra pintura y monumentalidad. La nota trágica culmina en el grupo de la Virgen.
renacentista, hace alarde frente a Juan de Borgoña, a mediados de la El pintor, en vez de elegir, como Van der Weyden, el momento en que
tercera década del siglo, de toda la riqueza de actitudes del maestro la Madre de Jesús, traspuesto el sentido, cae desfallecida, y en que
de Urbino, de que torna actitudes —el verdugo procede del Pasmo de
PINTURA ESPAÑOLA DEL S. XVI Y PORTUGUESA DE LOS SS. XVI Y xvii 185
184 SEVILLA. GRANADA
perdido. Según los testimonios más antiguos, se forma con Perino del
a la tortura del dolor sigue la laxitud, prefiere el momento más agudo
Vaga, y, efectivamente, la semejanza de su estilo con el de este pintor
del drama: la expresión del dolor mismo. Sentada en tierra, sus espas-
así parece atestiguarlo.
mos agitan su cuerpo en descargas casi epilépticas (lám. 299). Su cuello
Su obra más bella y antigua fechada es el retablo del Nacimiento
se arquea, y, loca de dolor, fija sus ojos desorbitados en el rostro de
(lámina 300), de la catedral (1555), que, sin embargo, es sólo trece años
su Hijo. Si la iluminación triste y misteriosa de la cabeza del Salvador
anterior a su muerte. Por eso su antefirma no puede por menos de
subraya su silencio letal, la del busto de la Virgen hace que nuestro
resultar desconcertante, pues en ella dice que cuando pinta esta obra
interés se fije en su rostro descarnado, y en sus ojos enormemente
está aprendiendo: «Tune discebam, Luisius de Vargas». Los personajes,
abiertos y desencajados.
incluido el Salvador, dirigen a la Virgen los fervores de su devoción,
En el retablo de la Purificación, de la catedral de Sevilla, imagina
contraponiendo el sentido ascendente del grupo de los pastores al ver-
Campaña un interior monumental, en el que ordena, en torno al grupo
ticalismo de María. Esta, con la mirada baja y las manos unidas y
de la Virgen y Simeón con el Niño en brazos, a las Virtudes, cada una
desplazadas hacia un lado, adopta actitud de recogimiento tan bella y
de ellas con sus correspondientes atributos (lám. 297). Como en tantas
elegante que, probablemente, sugerirá a Martínez Montañés la de sus
otras obras de Rafael, las actitudes de los personajes crean una línea
Concepciones. Entre tanto gesto y actitud rafaelescos, Vargas se sien-
muy acusada y quebrada, que conduce nuestra vista al corazón de la
te, sin embargo, atraído por temas secundarios, como el del cordero,
historia. El pordiosero echado en tierra, situado en primer término,
que uno de los pastores lleva sobre los hombros, o el del encuentro del
con el movimiento de su brazo implorante, lleva nuestra mirada al gru-
niño y la cabra, al que Vargas no duda en conceder desarrollo casi
po central de Simeón con el Salvador, a través del Niño que le ofrece
veronesiano.
la manzana y de los brazos de la Virgen. Esta doble línea quebrada,
Sigue en importancia al Nacimiento el retablo de la Generación
recogida en su extremo, inicia de nuevo su ascenso en la joven que
temporal de Cristo (1561), cuya tabla central se conoce con el nombre
con su mirar parece dirigirla al cielo.
de cuadro de la Gamba, a causa del supuesto elogio que el italiano
Su última gran obra es el retablo mayor de la iglesia de Santa Ana,
Pérez de Alesio, autor del gigantesco fresco vecino de San Cristóbal,
en que deja varios importantes estudios de luz de interior, como en
dirigiera a la pierna —gamba, en italiano— de Adán.
la tabla de San Joaquín abandonando la casa, y un paisaje tan lleno de
novedad como el del Aviso del ángel al santo dormido en el campo. En el retablo de la Piedad, de Santa María la Blanca, su última
Esturmio, natural d e Ziricsee, en Holanda, como él orgullosamente obra fechada, bien sea por la colaboración de discípulo, o por su propia
suele firmarse, es artista de muchos menos quilates. Su estilo seco, ner- decadencia, se nos muestra por bajo del nivel de las dos obras ante-
vioso y violento, participa de la sequedad y el amaneramiento de Scorel riores. Según Pacheco, Luis de Vargas es el introductor de la nueva
y Heemskerck. Su obra maestra es el gran retablo de los Evange- manera italiana del fresco; pero, por desgracia, las pinturas de este
listas (1555) de la catedral de Sevilla. La tabla central de la Resurrec- tipo que hace en la catedral se encuentran casi perdidas. Mejor idea
ción es un conjunto de cuerpos secos y musculosos en actitudes violen- de lo que sería su estilo permite formar el Juicio Final, del Hospital
tas, combinados con gruesos sillares, lápidas y troncos de árboles que de la Misericordia (1567), de su discípulo Valdivieso.
surgen en desorden, y realzados por violentos efectos de claroscuro. Sin ninguna obra de calidad de las de Vargas, Pedro Villegas Mar-
Más agradables son las Santas Justa y Rufina, en cuyo paisaje se copia molejo (f 1596), de la generación siguiente, se nos presenta en rango
con gran minuciosidad la Giralda, todavía sin el cuerpo de campanas menos elevado. Su producción, en conjunto, es, sin embargo, poco
agregado por Fernán Ruiz. inferior a la suya, y su vida nos dice que no es persona vulgar. Gran
amigo de Arias Montano, gusta de los escritores clásicos y de los tosca-
Luis DE VARGAS Y VILLEGAS MARMOLEJO. GRANADA: MACHUCA.—Lo mis- nos. Aunque su obra más conocida, por encontrarse en la catedral,
mo que Campaña, L u i s de Vargas es celebrado en nuestra literatura es el retablo de la Visitación, la más interesante es la Virgen de los
artística a poco de morir. Muy joven todavía, marcha a Italia, donde Remedios, de la iglesia de San Vicente, que por la pérdida de sus her-
permanece muchos a ñ o s —se asegura que cerca de treinta—, hasta el manas mayores se nos ofrece hoy como la primera interpretación
punto de escribir en italiano el libro de sus Memorias, por desgracia rafaelista sevillana del tema de la Virgen con el Niño. En su trono de
186 MORALES
PINTURA ESPAÑOLA DEL S. XVI Y PORTUGUESA DE LOS SS. XVI Y XVII 187
por el representante de la justicia y el esbirro, en los que pone de ráneos. El descontento, aunque dulcificado, apunta ya en el Don Carlos,
manifiesto su interés por lo característico. Otras veces es el centro de mucho menos infantil, de Viena (1564). De Isabel Clara Eugenia, la hija
un tríptico, desde cuyas portezuelas la adoran la Virgen y San Juan. preferida de Felipe II, pinta igualmente varios retratos. En uno de los
Pero los más frecuentes, de los que las copias e imitaciones son nume- del Prado aparece todavía muy niña, pero vestida como una mujercita,
rosísimas, se reducen a la cabeza, como siempre sobre fondo negro. acompañada por su hermana Catalina Micaela, con una corona de flo-
No menos populares que sus Ecce Homo son sus pinturas de la res en la mano; en el otro, es ya una muchacha fina, elegante, con
rico traje cuajado de adornos, descansando su mano en un sillón. Los
Piedad (lám. 303), también, por lo general, de busto, aunque no faltan
hijos del último matrimonio del monarca dan lugar a algunos retratos
las de medio cuerpo. Entre éstas debe recordarse la de la Academia
que nos hablan, en el tono triste del pintor y de la corte, de las ternu-
de San Fernando, en la que la angustia de espacio, típicamente ma-
ras del padre al hacer representar en el lienzo de las Descalzas de 1579
nierista, es más sensible que en ninguna otra, y la superposición de los
a Don Diego, de cuatro años, y al futuro Felipe III, aún más joven, ju-
cuerpos pone bien de manifiesto el miguelangelismo —recuérdese la
gando con su lanza de caña y su adarga.
Piedad Rondanini— inspirador del grupo.
De un original de Sánchez Coello parece que son copia los varios
De sus dotes como pintor de retrato da cumplida idea la bella cabe-
retratos de Don Juan de Austria, con el león al pie. Importante es tam-
za de San Juan de Ribera, del Museo del Prado, un día obispo de Bada-
bién, por su posible eco en Velázquez, el retrato de la Duquesa de Béjar,
joz, para quien Morales pinta bastante.
a quien ofrece un refresco una enana, propiedad del Duque de Monte-
llano.
E L ÚLTIMO TERCIO DEL SIGLO. E L RETRATO: SÁNCHEZ COELLO Y PAN-
Sánchez Coello cultiva también el género religioso, como lo atesti-
TOJA.—Las principales novedades de los comienzos de este último perío-
guan las pinturas conservadas en El Escorial y en el Museo del Prado.
do de nuestra pintura renacentista son la aparición de pintores dedi-
El principal continuador de Sánchez Coello es su discípulo Juan
cados casi exclusivamente al retrato; la introducción del miguelange- Pantoja de la Cruz, o simplemente Juan de la Cruz (1553-1608), del que
lismo del Juicio Final y de la Capilla Paolina, y del colorismo vene- sólo conocemos las obras de sus últimos años, es decir, del reinado
ciano. de Felipe III. Época ésta en la que el lujo en el vestir, tanto en los
Alonso Sánchez Coello (f 1588), valenciano de nacimiento y de fami- caballeros como en las damas, alcanza extremos extraordinarios. Sus
lia, marcha a Portugal, por lo que se le ha considerado durante algún retratos femeninos de hacia 1600 son bellos conjuntos decorativos, don-
tiempo portugués. Formado con Antonio Moro en los Países Bajos, se de su pupila, tan sensible a las finuras plásticas de un rostro o la vida
traslada después a la corte de Felipe II, donde recibe la influencia del de una mirada, pugna con las exigencias de una moda que cifra su prin-
Tiziano, que, a través de sus obras de las colecciones reales, se convier- cipal empeño en menudos y riquísimos encajes y bordados, lazos, boto-
te en su segundo maestro. Los retratos de Sánchez Coello carecen del nes, piedras y collares, y en ocultar las formas del cuerpo. Como en los
tono penetrante de los de Moro, y del color y prestancia de los del gran iconos bizantinos, el vestido se convierte en marco y soporte del rostro,
maestro veneciano; p e r o en ellos sentimos la persona retratada quizá sensación que nunca producen los retratos de Sánchez Coello. El de
más real y próxima a nosotros. El es, en este aspecto, el gran prede- Isabel Clara Eugenia, de la Pinacoteca de Munich (1599), y el de la
cesor de Velázquez. Duquesa de Braganza (1603), de propiedad particular madrileña, son
Seguramente posa ante él toda la familia real; pero, por desgracia, buenos ejemplos de este tipo de retrato de Pantoja (lám. 305).
no conservamos ninguno de los retratos que hace del monarca, ya Los retratos de Felipe III y de Doña Margarita (1606), del Museo del
que debe ser de Italia del Norte el tan conocido que se le atribuye en Prado, dicen, en cambio, que esa desconexión entre rostro y ropa ter-
el Museo del Prado. E n cambio, poseemos varios excelentes de sus mina por desaparecer. Su tardía preocupación por la luz le hace reco-
hijos. En el de Don Carlos (lám. 304), del mismo museo, uno de los más brar la concepción unitaria del retrato.
antiguos del pintor, bien porque no se hubiesen manifestado aún en De estilo diferente al de estos retratos oficiales, el de Fray Hernan-
el retratado, o bien p o r falta de sinceridad en el retratista, no se ad- do de Rojas (1595), de propiedad' particular, sorprende por el fino y
vierte rasgo alguno de desequilibrio mental ni "de esa mirada llena de penetrante sentido naturalista que delata en Pantoja. Aunque no se
descontento, languidez y suspicacia de que nos hablan los contempo-
PINTURA ESPAÑOLA DEL S. XVI Y PORTUGUESA DE LOS SS. XVI Y XVII 191
190 BECERRA Y NAVARRETE
El introductor del colorismo veneciano es Juan Fernández Navarre-
ha identificado con seguridad ninguno, consta que hizo muchos retra- te, llamado el Mudo (t 1579), porque, sordo a los tres años, no puede
tos diminutos en chapillas de bronce y plata, y en naipes. aprender a hablar. Acogido en un monasterio riojano, le enseñan allí
De sus pinturas religiosas, son interesantes la Natividad de la Vir- los rudimentos de su arte, y termina sus estudios en Italia. De salud
gen (1603) y la Adoración de los Pastores (1605), del Museo del Prado, muy precaria, las enfermedades le aquejan de continuo, y su vida de
por haber retratado en sus personajes a diversos miembros de la fami- dolor apenas debe de tener más consuelo que el ejercicio de su arte.
lia real; pero, sobre todo, la Resurrección (1605) (lám. 306), del Hospi- Su primera obra conocida, el Bautismo, que presenta cuando entra a
tal de Valladolid, por mostrarlo entregado al claroscurismo. trabajar en El Escorial, y que hoy se encuentra en el Museo del Prado,
lo muestra aún entregado a un estilo florentino de aire miguelangeles-
BECERRA Y NAVARRETE.—El campeón del miguelangelismo en España co. La ductilidad de su temperamento le permite cambiar rápidamente
es el andaluz Gaspar Becerra, a cuyo estilo y labor escultórica ya nos y entregarse en la forma más decidida al colorismo veneciano. En el
hemos referido. Comienza su obra pictórica conocida en Roma, en 1545, Martirio de Santiago (1571), sin duda su obra más dramática, descubre
ejecutando los cartones que le confía el Vasari, en una de las salas su gran entusiasmo por el Tintoretto. De él proceden, en efecto, la con-
principales del Palacio de la Cancillería; pero, como es natural, su cepción general de la escena, con su elevado punto de vista y su alto
estilo se pierde en el de aquél, y, por otra parte, el fresco que pinta horizonte, la violencia de los escorzos y el intenso efecto del claroscuro.
en la Trinidad del Monte, de la misma ciudad, se conserva en muy mal Pero el haber elegido el momento mismo de la muerte del Santo, y la
estado. En 1562 entra ya al servicio de Felipe II y decora al fresco intensidad expresiva al interpretarlo, son netamente españoles. Obra
varios salones del antiguo Alcázar de Madrid y del Palacio del Pardo; tan hondamente sentida como ésta, nos dice que Navarrete no es un
mas, por desgracia, muere joven, cuando tal vez se abre para su carrera simple manierista repetidor de fórmulas ajenas.
pictórica, en El Escorial, el más amplio de los horizontes. La preocupación por la luz de este cuadro se convierte en tema fun-
Becerra es en la historia de nuestra pintura renacentista el culti- damental en el Nacimiento (1575) (lám. 309), que como casi la totalidad
vador del fresco, técnica casi siempre reservada a los italianos. Los fres- de su obra se guarda en El Escorial, y aún más en el Entierro de San
cos del techo de la torre del Pardo (1563) están dedicados a la fábula Lorenzo.
del Verseo y las Gorgonas. Subdividido en nueve compartimientos, pre-
senta en el central al héroe triunfante con la cabeza de la Medusa, y
en los ocho restantes, diversas historias de su vida, entre las que desta- Los PINTORES ITALIANOS DE E L ESCORIAL.—Capítulo importante en la
can: Dánae recibiendo la lluvia de oro de que concebirá a Perseo; pintura de este período es el constituido por los italianos, en su mayor
Dánae y Perseo confiados al mar (láms. 307, 308); Perseo recibiendo parte fresquistas, que por esta época vienen a nuestro país llamados
de Mercurio y Minerva la hoz y el escudo que le hará invencible, y Per- para trabajar en El Escorial, o con la esperanza más o menos remota
seo degollando a la Gorgona Medusa. Esta obra, que constituye uno de lograrlo.
de los conjuntos más importantes de pintura mitológica en España, Los llamados por Felipe II al Monasterio escurialense llenan poco
revela con su amor al dibujo, a los escorzos y a las figuras corpulentas, más de quince años (1580-1595), y, por desgracia, no obstante el entu-
todo el miguelangelismo de su autor. siasmo del monarca por la pintura veneciana, sólo vienen manieristas
El colorismo veneciano irrumpe en la pintura española protegido de formación florentina o romana, que no le dejan muy satisfecho. En-
por el propio monarca, gran admirador del Tiziano, del que llega a tre los que se encontraban ya en nuestro país en 1580, son los más im-
reunir la espléndida colección de cuadros, orgullo hoy del Museo del portantes Francisco de Urbino (t 1582), artista malogrado que muere
Prado. Ello no obstante, produce violentas protestas en los pintores de joven, y cuya obra principal es el fresco del Juicio de Salomón, donde
tradición florentina y romana. Pacheco llama a este estilo modo de deja ver su amor por los amplios escenarios de grandiosas arquitectu-
pintar «acabado» y «dulcemente colorido», mientras que el veneciano ras, y el florentino Rómulo Cincinato, discípulo del Salviati. A él se
lo califica de pintura «a borrones» y de pinturas «confusas». Olvidados debe, en El Escorial, entre otras varias obras, el gran lienzo de San
sus partidarios del dibujo, llega a calificarlos de «hijos bastardos de la Mauricio, que pinta para reemplazar el del Greco. En la Academia de
pintura, llamados nuevamente empastadores o manchadores».
192 LOS PINTORES ITALIANOS DE EL ESCORIAL
Descendiente de una familia al parecer bizantina establecida en la Sus obras más importantes y representativas del período italiano
isla después de la ocupación veneciana, Domenicos Theotocopoulos son el tríptico firmado de la Coronación, de la Galería Estense, de Mó-
nace en Creta en 1541, pero se traslada muy joven a Venecia, donde dena; la Curación del ciego, de la Pinacoteca de Dresde, y la Expulsión
su nombre se transforma en Domenico Theotocopuli, con el sobrenom- de los mercaderes, de la colección Cook, de Londres. Aunque la escena
bre de el Greco —el Griego—, que conservará en España, si bien con- de la Coronación lo muestra plenamente en la órbita veneciana, el
virtiéndose el Domenico en Dominico. En Venecia estudia con el Tizia- paisaje del Sinaí, y aun la forma misma del tríptico, descubren el re-
no. Nos lo dicen su estilo y el texto ya clásico en la biografía del pintor, cuerdo de modelos cretenses. De estilo más avanzado, aunque proba-
en que el miniaturista Julio Clovio comunica haber conocido a «un blemente de época poco posterior, los fondos arquitectónicos de la
joven candiota, discípulo del Tiziano, que, a mi juicio, me parece ex- Circuncisión y la Expulsión, de perspectivas muy violentas, delatan en-
cepcional en la pintura». En 1577 se encuentra ya en Toledo, pintando tusiasmo por el Tintoretto. Cuando repite la escena de la expulsión —y
el retablo de Santo Domingo el Antiguo. Por desgracia, su maravilloso lo hace con casi todas sus composiciones, varias veces— pone en su
lienzo de San Mauricio no gustó a Felipe II, y las puertas de El Escorial ángulo inferior los retratos de Tiziano y de Miguel Ángel, pero no el
no se le abren; pero no tarda en formar clientela en la ciudad del de Tintoretto. A estos años, o a época poco posterior, debe de corres-
Tajo, donde pasa el resto de su vida, no sólo con holgura, sino con ponder la Anunciación, del Museo del Prado, donde el fondo de arqui-
regalo. Los que le conocieron hablan de la «ostentación de su casa, tectura desempeña todavía importante papel.
hasta tener músicos asalariados para, cuando comía, gozar de toda deli- El capítulo español del Greco se abre con el retablo mayor de Santo
cia». Persona de gran finura de espíritu e ingenioso, nos refiere el pintor Domingo el Antiguo (1577), para el que pinta los grandes lienzos de la
Pacheco que «fue gran filósofo, de agudos dichos, y escribió de pintura, Trinidad (lám. 312) y de la Ascensión, hoy en los Museos del Prado y
escultura y arquitectura». Seguramente conocemos su aspecto físico, de Chicago. En el primero nos deja ver su admiración por Miguel
pues será alguno de los personajes cuya fisonomía se repite en sus cua- Ángel. La grandiosidad del cuerpo del Salvador, su belleza clásica y su
dros, pero no tenemos seguridad de saber cuál sea. sentido escultórico, su doblamiento y la posición de su brazo, tienen
La naturaleza mística del Greco, el ambiente artístico bizantino en su origen en el artista florentino, pero el tono expresivo es ya absolu-
que transcurre su primera juventud, el contacto con el exaltado medio tamente del Greco. Los colores plenos, la manera de contraponerlos y
religioso español de fines del siglo, y, en cierto grado, también con la el importante papel que desempeñan el morado y el amarillo, dicen
obra de Alonso Berruguete, hacen que su arte, en sus años ya maduros, cómo se ha transformado la paleta veneciana. En la Asunción, ese sen-
sólo conserve de Venecia el extraordinario sentido del color, en que tido clásico desaparece, y ello resulta más patente comparándola con
es maestro de primer orden —lo que no es poco—. Su tensión espiri- la del Tiziano: la Virgen es una figura gigantesca que asciende por su
tual, cada vez más aguda desde que se establece en Toledo, hace que falta de peso, mientras que los Apóstoles, que llenan todo el espacio,
sus personajes se vayan desmaterializando, y, al espiritualizarse, se dialogan sobre el proscenio. Sus ropajes ya no son medios de subrayar
alarguen hasta desembocar en tipos de proporciones equiparables a los las formas del cuerpo, sino fundamentalmente valores cromáticos. En
modelos bizantinos o a los románicos de Vezelay, Chartres o Autun, la actualidad, los únicos lienzos primitivos que se conservan en el reta-
que no en vano había de declarar, pocos años antes de morir, que el blo son los Santos Juanes, el San Bernardina, el San Benito y la Santa
ser «enano... es lo peor que puede tener cualquier género de forma». Faz. En el Nacimiento, vendido recientemente a un particular, y en la
Sus actitudes y su manera de componer son, en buena parte, manieris- Resurrección, de los retablos laterales del mismo templo, el Greco se
tas, aunque su arrebato espiritual, siempre poderoso, sabe dotar de muestra muy interesado por los efectos de luz.
vida propia lo que en sus contemporáneos son meras fórmulas. Para-
A esta primera época pertenece también el llamado erróneamente
lelamente a ese proceso de exaltación expresiva, se manifiesta en el
Sueño de Felipe II, de El Escorial, que en realidad conmemora la bata-
Greco un progresivo desinterés por el escenario, tanto arquitectónico
lla de Lepanto, como lo indica la presencia de Felipe II, el Pontífice y
como paisístico, conservando sólo su importancia los celajes, que, car-
el Dux de Venecia.
gados ahora de intensa emoción mística, adquieren valor que nunca
La transformación española del Greco se intensifica en el Expolio
antes han tenido.
(lámina 315), de la catedral de Toledo. El escenario casi desaparece to-
196 EL GRECO PINTURA ESPAÑOLA DEL S. XVI Y PORTUGUESA DE LOS SS. XVI Y XVII 197
talmente, y salvo la espléndida túnica carmín de Jesús y el acero de la más. El ascender del cuerpo ingrávido del Salvador de la Resurrec-
armadura del capitán, todo se reduce a una maravillosa galería de cabe- ción, por simple virtud de su espíritu, sin esfuerzo muscular alguno,
zas rebosantes de expresión, en que al odio del coro se opone el amor es el mejor testimonio de la radical metamorfosis que su misticismo
y la bondad infinitos del Salvador. Dos años más tarde pinta el Greco ha hecho sufrir a los gigantes del Juicio Final, de la Sixtina.
el Martirio de San Mauricio (1579) (lám. 313), de El Escorial. La legión A esta misma época corresponde la serie del Hospital de Illescas
tebana, convertida al cristianismo, al negarse a rendir culto a los dioses (1603), de la que forman parte el San Ildefonso escribiendo y la Virgen
paganos, va a ser diezmada; los legionarios tienen las armas en la de la Caridad, motivo de curioso pleito. Obra típica de su última etapa
mano, pero como cristianos, prefieren morir a tener que matar. El Gre- estilística es la Asunción, del Museo de San Vicente, de Toledo (1607),
co, en lugar de elegir, corno Navarrete en el martirio de Santiago, el en la que el alargamiento de los cuerpos llega" a extremos no superados
momento de la decapitación, centra su interés en las palabras del santo por él.
a sus compañeros diciéndoles que entreguen su vida con mansedumbre. El Greco repite casi todas sus composiciones religiosas, y sabemos
Los colores son claros, fríos y luminosos. que conserva en su taller cuadros pequeños que le sirven de modelo en
En 1586 le encarga el párroco de Santo Tomé, de Toledo, la que esa labor. Entre los temas más repetidos en su taller figuran, por
será su obra más famosa: el Entierro del señor de Orgaz (láms. 314, ejemplo, el Apostolado —los mejores son el de la catedral y el del
315), don Gonzalo Ruiz, el piadoso caballero del siglo xiv que por ha- Museo del Greco—, San Francisco, del que hace varios modelos, que
ber favorecido a los agustinos de San Esteban, merece tanto de San lo convierten en el mejor intérprete del San Francisco místico; la
Agustín como del santo diácono que acudan personalmente el día de Magdalena, San Pedro penitente, la Expulsión de los mercaderes, la
su muerte a depositarlo en la tumba. El Greco renuncia de nuevo Oración del huerto, etc.
aquí a los amplios escenarios venecianos y, desentendiéndose del fon- El Greco es, por último, pintor de retratos de primer orden. De
do, desarrolla la historia en primer plano; imagina una larga fila de su época italiana es ejemplo típico el de Julio Clovio, del Museo de
personajes que no dejan ante sí más que el espacio indispensable. Ñapóles, todavía muy tizianesco. Ya de época española, pero bastan-
Vestidos todos ellos de negro, forman una superficie muerta corona- te antiguo, debe recordarse el del Caballero de la mano en el pecho
da por un friso luminoso de rostros puntiagudos enmarcados por blan- (lámina 317), del Museo del Prado. Característicos de los últimos tiem-
cas lechuguillas, que comentan en voz baja el portento y dirigen la pos son el del licenciado Cevallos, del mismo museo, y el del supuesto
mirada al cielo. Sobre ese fondo negro hace concentrar nuestra mi- Jorge Manuel, del Museo de Sevilla.
rada en las ricas vestiduras de los dos santos y en la armadura por
ellas encuadrada, vestidura cuya riqueza cromática realzan aún más, PINTORES CASTELLANOS Y ANDALUCES DE FINES DE SIGLO.—Los pintores
de una parte, los pobres hábitos del franciscano y del agustino, y de castellanos del último cuarto de siglo son de escasa categoría. La per-
otra, el blanco roquete del cuadjutor. En la parte alta del lienzo, en sonalidad más interesante es Blas de Prado, que, por encargo de Fe-
el fondo de gloria, el Todopoderoso, con la Virgen y el Bautista, re- lipe II, marcha a Marruecos para hacer retratos en aquella corte y
ciben el alma del señor de Orgaz, que en forma de niño es llevada regresa rico, vistiendo a la africana y comiendo en el suelo, a usanza
por un ángel, todo ello según hemos visto en el arte medieval. Los mora. Su pintura de la Virgen, con el retrato de Alonso de Villegas,
que asisten al entierro consta que son retratos de personas conoci- autor del Flos Sanctorum (1569), le eleva sobre los pintores anteriores,
das del Toledo de fin de siglo, aunque sólo se ha podido identificar por su sentido colorista. Gregorio Martínez, que es el principal pintor
a don Antonio Covarrubias y al párroco que lee los oficios, que será de Valladolid de fines del siglo —Anunciación, en aquel museo—, sigue,
Andrés Núñez, el que encarga el cuadro al Greco. Autorretrato se en cambio, la tradición romana.
supone el que se encuentra sobre San Esteban, y es muy probable que La pintura andaluza coetánea cuenta con dos figuras en las que sus
sea retrato de su hijo Jorge Manuel el niño del primer término. méritos literarios son tal vez superiores a los pictóricos.
En las proximidades de 1600 crea el Greco varias obras —como la Pablo de Céspedes (t 1608) marcha muy joven desde Córdoba, su
"Resurrección (lám. 318), el Calvario y el Bautismo, del Museo del patria, a la Universidad de Alcalá, • donde adquiere amplia cultura hu-
Prado— en las que las características de su estilo se acusan cada vez manística. Pocos años después se encuentra en Roma, gestionando
198 PACHECO
PINTURA ESPAÑOLA DEL S. XVI Y PORTUGUESA DE LOS S S . XVI Y XVII 199
asuntos del desgraciado arzobispo Carranza, y allí permanece mucho Inflamada la Sevilla de su tiempo por el fervor concepcionista, Pa-
tiempo cultivando la amistad de anticuarios y artistas, hasta que re- checo nos ha dejado varias Inmaculadas (lám. 320). Las que tienen al
gresa a su patria a ocupar una prebenda en su catedral (1577). De su pie el retrato de su cantor Miguel del Cid —en la catedral —y la del
época italiana se conservan las pinturas murales de la Trinidad del canónigo Vázquez de Leca, responden a un mismo tipo. En otra de
Monte, de Roma, y aunque es mucho lo que se le atribuye en Córdo- 1630, de propiedad particular, Pacheco se esfuerza, en cambio, por
ba, es muy poco lo que realmente le pertenece. Su obra más valiosa producir la impresión de la intemporalidad más absoluta. Artista pre-
es la Cena (1595), de la catedral, típica creación manierista de estu- ocupado por problemas de iconografía, pinta un Cristo con cuatro clavos
diadas actitudes grandilocuentes. En la Sala Capitular de la catedral (1614), de propiedad particular, ilustre precedente por su serenidad del
de Sevilla pinta una serie de Virtudes, en cuyas forzadas actitudes se de Velázquez. Además de varias historias mercedarias del Museo de
pone bien de manifiesto el estilo de fin de siglo. Artista de gran cul- Sevilla, deben recordarse sus pinturas mitológicas del techo de la casa
tura y erudición, y poeta de muchos quilates, es además uno de nues- de Pilato (1603), dedicado a la Apoteosis de Hércules en el Olimpo.
tros mejores tratadistas, si bien su obra literaria se conserva muy La parte hoy más útil de la obra de Pacheco es la literaria. En
fragmentada. Su Poema de la Pintura cuenta entre los mejores de Arte de la Pintura son particularmente importantes, además de las
nuestra poesía didáctica. noticias de obras y de artistas, los capítulos dedicados a la técnica pic-
En Sevilla la figura más conocida es Francisco Pacheco, pero no tórica, a la policromía escultórica, que él mismo practica en escultu-
menos representativos del manierismo del último tercio del siglo son ras de Martínez Montañés, y a la manera de representar los temas re-
Vasco Pereira y Alonso Vázquez. Exponentes ambos, tal vez los más ligiosos. Muy valioso es también el Libro de retratos de ilustres y me-
característicos, de ese estilo en el que la fogosidad y la vida rafaeles- morables varones, donde colecciona los que va haciendo durante cin-
ca latentes en la anterior generación de Campaña y Vargas, se mar- cuenta años de su vida, entre los que asisten y desfilan por su tertulia.
chitan, y el interés del pintor se pierde en dibujar pequeños múscu- Ilustrados por un largo elogio del retratado, no precisa encarecer el
los y en plegar telas quebradizas. Vasco Pereira es portugués, y su valor iconográfico e histórico de esta obra. Por desgracia, sólo se con-
obra típica es el San Onofre, del Museo de Dresde (1583). Alonso Váz- serva aproximadamente una tercera parte de los que hizo, en su casi
quez es autor de varias Historias mercedarias, del Museo de Sevilla, totalidad en el Museo Lázaro, de Madrid.
donde también se guarda el Tránsito de San Hermenegildo (1603) (lá-
mina 319), que es uno de los primeros grandes lienzos de la escuela se-
ARAGÓN Y LEVANTE. AMÉRICA.—En la antigua corona de Aragón la fi-
villana con la subdivisión de cielo y tierra. Consta que lo deja sin ter-
gura de mayor relieve es el flamenco Rolan de Mois, a quien trae el
minar al marchar a Méjico, donde debe de terminar sus días. Es muy
duque de Villahermosa al regresar de los Países Bajos con Felipe II.
posible que también sea suya la Cena atribuida a Céspedes, del mismo
Con esa vida y sentido cromático que suele distinguir a sus coterrá-
museo sevillano.
neos, aunque mucho menos que nuestro Navarrete, se encuentra in-
fluido por la escuela veneciana. Sus obras principales son los grandes
PACHECO.—Francisco Pacheco (t 1654) entra muy pronto en las ter- retablos de los monasterios de Tafalla (1571) y Fitero (1590). El enor-
tulias literarias, viviendo un ambiente que será decisivo en su porvenir. me lienzo central de la Asunción, de Tafalla, está compuesto con indis-
Hace dos viajes a Madrid, en el primero de los cuales visita al Greco cutible grandiosidad, y sus ángeles, pletóricos de vida y alegría, hablan
en Toledo, y en el segundo, ya con sesenta años, puede vanagloriarse más de Venecia que de Roma. La Adoración de los Reyes, del primer
de la formación de Velázquez, casado con su hija. Su vida se prolonga retablo, la repite, con ligeras variantes, en el de Fitero y en otros dos
aún hasta mediados de siglo, cuando ya su yerno ha pintado varias de ejemplares del Museo de Zaragoza.
sus obras famosas, y Murillo otras no menos típicas de su estilo. Pa- Rolan de Mois goza también en Zaragoza de gran fama de retra-
checo, sin embargo, continúa aferrado al suyo de fines del xvi, algo tista, y de su mano se consideran algunos retratos de los antepasados
semejante al de Alonso Vázquez, seco de color y, en general, poco ins- del duque de Villahermosa, en l a ' colección de sus descendientes en
pirado. Madrid.
200 ARAGÓN Y LEVANTE. AMÉRICA PINTURA ESPAÑOLA DEL S. XVI Y PORTUGUESA DE LOS SS. XVI Y XVII 201
En esta misma época pintan, en Aragón y Navarra, el italiano Pedro llega en 1573 a Méjico, donde muere hacia 1620, y es cabeza de una fa-
Morone —pinturas murales de la capilla de Zaporta, de La Seo— y milia de pintores. Hombre erudito, autor de unos Discursos sobre la
Pedro Pertus (t 1583) —historias de Santa Lucía (1576), en el Museo de antigüedad de la lengua cántabra, es un renacentista tardío, formado
Zaragoza—. probablemente én Toledo, que no hubiera desentonado en El Escorial,
En Valencia trabajan los Sariñena, de los cuales el más importante y que por su estilo, aunque sus obras fechadas son posteriores a 1600,
es Juan (t 1634), autor del retablo de la Diputación (1607) y de dos corresponde plenamente a la centuria anterior. Dentro de su amanera-
grandes retratos corporativos —de la Generalidad (1597) y de los Ju- miento, de estirpe florentina y romana, se distingue de sus compañeros
rados— de la sala de honor de aquel edificio. Los restantes retratos mejicanos por su sentido colorista, que a veces delata clara influencia
corporativos de la misma sala son obra también de los principales pin- veneciana. En el Museo de Méjico tiene varias pinturas, entre ellas, el
tores de ese momento: Vicente Requena, el saboyano Francisco Pozzo, Martirio de San Aproniano (lám. 323) y la Presentación en el templo. A
Vicente Maestre, Luis Mota y Sebastián Zaidia. Mientras estos grandes él se debe también el retablo de Xochimilco.
lienzos hacen pensar más en Venecia que en Roma, el conquense Bar- En América del Sur, aunque no faltan pintores españoles, como el
tolomé Matarana, en sus pinturas murales del Colegio del Patriarca sevillano Alonso de Narváez, autor de la venerada Virgen de Chiquin-
(1597), produce la impresión contraria. quirá (1555), en Colombia, lps nombres más conocidos son los de los
En Cataluña trabaja el romano Isaac Hermes Vermey, que pinta italianos Mateo Pérez Alesio, a quien ya nos hemos referido, y que
retablos para la iglesia del palacio, de Barcelona (1582), y para Santo pinta el San Cristóbal de la catedral de Lima, destruido por el terre-
Domingo, de Valencia. moto de 1746, y Angelino Medoro, que trabaja en Bogotá y Lima. En
La pintura hispanoamericana comienza con el Renacimiento, pues el convento de San Francisco, de esta última población, consérvase un
aunque no faltan en Méjico algunas obras aún influidas por el gótico, San Buenaventura suyo.
constituyen minoría de escasa importancia. El Renacimiento ofrece en
Méjico dos grandes capítulos: el de la pintura mural y el de la pintura PINTURA PORTUGUESA DE LOS SIGLOS xv Y XVI.—La pintura renacentista
de caballete. italiana tiene en Portugal menos eco que en Castilla. Es cierto que
Reducida la decoración del interior de los conventos a la pintura produce un Alvaro Pires de Evora, que se traslada a Italia y deja allí,
mural, adquiere ésta en la Nueva España desarrollo sin paralelo en la en la primera mitad del siglo xv, pinturas de estilo tan italiano como
la Península. Buenos ejemplos de este tipo de decoración conservan los la Virgen del Museo de Pisa, pero no se conserva en Portugal un grupo
conventos de Huejotzingo y de Actopan, siendo particularmente nota- de obras de estilo trecentista equiparable al citado en la catedral de
ble en el primero la Sala de Profundis, con la candorosa escena de los Toledo.
Doce franciscanos que comienzan la evangelización del país, y en el En cambio, después de mediar el siglo xv encontramos un artista
segundo, la escalera. de indiscutible primer orden, incorporado de una manera decidida a
Entre los pintores de retablos figuran el flamenco Pereyns, el vasco la nueva tendencia flamenca. Su nombre es Ñuño Goncalves, y consta
Echave y el anónimo Maestro de Santa Cecilia. Simón Pereyns, cuyo que en 1463 es pintor del rey. A juzgar por su estilo, parece razona-
nombre no tarda en castellanizarse en Perinés, llega a Méjico en 1566; ble suponerlo formado en Flandes. Al par que la técnica y los con-
aunque, protegido por el virrey, no tarda en abrirse camino, la envidia vencionalismos de la escuela, debe de aprender allí lo que es mucho
de sus compañeros y su falta de prudencia le obligan a comparecer ante más importante: que el nuevo rumbo de la pintura septentrional es
el Santo Oficio, e incluso a sufrir tormento. En el retablo mayor de un naturalismo decidido, y el valor del arte del retrato. Artista de po-
Huejotzingo (1585) (lám. 321), su obra maestra, se inspira a veces con derosa personalidad, dota su naturalismo de un tono grave típicamente
bastante fidelidad en su paisano Martín de Vos. Artista más importante hispano, que contribuye en no pequeña medida al aire heroico que dis-
probablemente que Peryns, es el desconocido autor del hermoso cuadro tingue a su obra maestra. Y el hecho es tanto más sorprendente por-
de Santa Cecilia (lám. 322), del Museo de Méjico, una de las más bellas que es un galería de retratos modelos de la clase social a que cada
creaciones de toda la pintura española de este momento. A él se debe personaje pertenece o, lo que es lo mismo, el retrato del pueblo portu-
también la Sagrada Familia, del mismo museo. Baltasar Echave Orio gués en los días de su gran empresa de la conquista del mar.
PINTURA ESPAÑOLA DEL S. XVI Y PORTUGUESA DE LOS SS. XVI Y XVII 203
202 PINTURA PORTUGUESA
FRANCIA.—La pintura francesa del siglo xvi, aunque en realidad ARTES INDUSTRIALES DEL RENACIMIENTO
sólo es de interés nacional, descubre ya algunos de los rasgos que la
distinguirán en las dos centurias siguientes. Las fuentes de inspira-
ción principales son la italiana y la flamenca.
E L MUEBLE. E L TAPIZ.—Así como en el arte del tapiz es Flandes el
La presencia de Leonardo de Vinci y de Andrea del Sarto, en Fran-
país que marcha a la cabeza, el mobiliario renacentista es creación
cia, es de escasa influencia. La difusión del nuevo estilo italiano se
italiana.
debe a la escuela de Fontainebleau, formadas por artistas italianos allí
Como en el período gótico, el mueble más importante es el arcón,
establecidos, entre los que sobresalen los manieristas florentinos Rosso
el cassone, en el que se guarda no sólo la ropa, sino todos los objetos
y Primaticcio y el paisajista Niccolo del'Abbate. Gracias a ellos, la mi-
de valor. Los labrados en ocasión de bodas son particularmente lujo-
tología y el desnudo se introducen en Francia. De los franceses que se sos y se decoran en forma diversa. Aunque lo más frecuente es con-
forman con los italianos debe recordarse a Juan Cousin, autor del servar la madera al descubierto, no falta, sobre todo en el siglo xv,
Juicio final, del Louvre. el tipo de cassone recubierto de estuco con decoración ligeramente en
El otro capítulo de la pintura renacentista francesa está consti- relieve. De gran valor artístico son los que presentan en su frente
tuido por los retratistas. El gusto por retratarse se difunde con rapidez historias de pintura. Ejecutadas en muchos casos por artistas de pri-
en Francia, y si la costumbre de dibujar previamente al modelo con la mer orden, son verdaderos cuadros, y como tales, arrancadas del arca
mayor precisión resta valor al colorido en el retrato al óleo, da lugar para que se pintaron, figuran en no pocos museos.
a que se considere retrato definitivo el simplemente dibujado. Hechos Decoraciones de cierto carácter pictórico son las perspectivas de
a punta de plomo y a veces tocados al pastel, suelen ser de una pre- playas y calles en taracea, o mosaicos de madera de diversos colores.
cisión y, al mismo tiempo, de una delicadeza y blandura de modelado Esta es la técnica llamada en italiano intarsia, con la que se cubren
dignas de Holbein. Aunque en los pintados al óleo no falte la influen- también grandes superficies en algunas sillerías de coro. Labor igual-
cia italiana, el retrato francés de este período es ante todo de inspira- mente de taracea es la llamada a la certosina —a la cartujana—, o de
ción flamenca. Considerados durante mucho tiempo los más de estos piezas geométricas muy menudas, con las que se forman filetes, estre-
retratos obra de Clouet, sabemos hoy que bajo ese nombre se oculta llas y polígonos para decorar arcones y otros muebles. Dada la seme-
la actividad de varios pintores, entre ellos dos Clouet (lám. 345), de janza formal del cassone y el sarcófago pagano, y el florecimiento de
origen flamenco; Corneille de Lyon, que propiamente es de La Haya, la escultura en el siglo xvi, se enriquecen también su frentes con re-
etcétera. lieves (fig. 239); la base entonces suele cargar en garras de león.
Cierto parentesco con el cassone tiene el banco, hasta el punto de
que, con frecuencia, es mueble qué sirve ambos fines. El banco-arcón
se denomina en italiano cassapanca (fig. 238). También suele hacer
212 CERÁMICA ARTES INDUSTRIALES DEL RENACIMIENTO 213
oficio de arcón la alta tarima en que descansa la cama italiana del liante, sobre este vidriado coloreado de estaño se da una segunda capa
Renacimiento. de vidriado de plomo, llamado la coperta.
Aunque la silla de patas cruzadas en aspa es conocida desde la La diferencia entre el vidriado de plomo y el de estaño consiste en
Edad Media, ahora se generaliza bastante la silla de tijera, plegable o que el primero es transparente, y el segundo, después de cocido, resulta
fija, y respaldo y asiento de cuero o tela. La figura 239 reproduce blanco. Debido a ello, en un principio, los ceramistas italianos que sólo
sillones y una silla renacentista españoles, cuyos modelos continúan emplean el primero, para que no se transparente el color del barro, re-
empleándose en el siglo xvn. En la mesa, lo más característico es que cubren éste con una capa muy fina de arcilla blanca llamada engobio,
apoya en dos patas sobre un larguero, entre las cuales se introduce capa sobre la que dan el color, y que, a su vez, cubren con el vidriado
ya en época avanzada una serie de balaustres. Para escribir empléase, transparente de plomo. Es la cerámica denominada media mayólica y
además, un mueble con tapa móvil, como nuestros bargueños, que se que florece en el siglo xv.
describen a continuación. La necesidad de competir con la cerámica vidriada morisca espa-
En España, el mueble más típico es el bargueño (fig. 240) o arqui- ñola, mucho más brillante, hace preferir la mayólica a la media mayó-
mesa. Consta de una mesa con patas sobre dos travesanos unidos por lica. Al parecer, la ciudad que a fines del siglo xv se adelanta en su
un larguero en el que descansa una arquería sobre columnillas, y de fabricación es Faenza, y la realidad es que ese nombre es en Italia
una especie de arca, cuyo frente anterior abatible, al quedar horizontal, sinónimo de mayólica. La mayólica italiana fabrica piezas muy va-
sirve para escribir. Su interior está distribuido en numerosos cajonci- riadas, pero predominan los grandes platos, y los tarros de botica o
llos. Debe su nombre al pueblo toledano de Bargas, que se distingue albareíli. Aunque en la segunda mitad del siglo xvi el ceramista italia-
en su fabricación. no también se preocupa bastante de la forma del vaso, con anterioridad
En cuanto a las telas, la principal novedad consiste en que al gran su principal interés se cifra en la decoración. Esta consiste en bustos,
tallo asimétrico ondulado y oblicuo reemplaza una traza de óvalos por lo general de mujer, con frecuencia con su nombre y el calificativo
apuntados perfectamente simétricos. de Bella, historias por lo común mitológicas y grutescos.
En Italia existen varias ciudades alfareras con estilo propio, aunque,
Del florecimiento de la tapicería en Flandes se trató en el período
naturalmente, no falten influencias mutuas y tipos comunes. Figuran
gótico. Baste decir que durante el Renacimiento la perfección de sus
entre las principales las que siguen: la ya citada Faenza, con bustos
talleres es reconocida en toda Europa, como lo demuestra el hecho de
y figuras femeninas y vidriado de fondo azul, cuyo taller más impor-
q u e el Pontífice envíe a Bruselas, para que sean reproducidos en tapi-
tante es la casa Pirota; Cafaggiolo, próxima a Florencia, es la fábrica
ces, los cartones de Rafael de los Hechos de los Apóstoles. Para esa
de los Médicis, y gusta de grutescos y del empleo del azul intenso junto
fábrica pinta cartones Van Orley. Las mejores colecciones de tapices
al rojo oscuro; Venecia distingüese por sus vasos gallonados influidos
son las del Palacio Real de Madrid y del Palacio Imperial de Viena.
por los metálicos y por sus colores azulados, que, por imitar las por-
celanas de Extremo Oriente, se denominan alia pocellana; Deruta, que
CERÁMICA.—Pocas artes industriales alcanzan tan alto grado de es- durante bastante tiempo se considera la manufactura más antigua de
plendor durante el Renacimiento como la cerámica. La italiana es de Italia, fabrica grandes platos con bustos sobre fondo azul y bordes con
barro cocido y vidriado, que en Italia adquiere, como hemos visto al imbricaciones y roleos alternados. Típica de Deruta es la teórica alia
tratar de la medieval hispanoárabe, el nombre de mayólica. Los co- madre perla, de influencia morisca, consistente en el empleo d e un azul
lores que se emplean son azul, amarillo, rojo, violeta y verde, obte- tornasolado con reflejos dorados. En Gubbio son frecuentes bustos de
nidos, respectivamente, de los óxidos de cobalto, cromo, hierro, man- Bellas, o escudos en el centro de la pieza, pero lo más singular es el
ganeso y de la mezcla de cobalto y cromo. El manganeso permite, ade- empleo del reflejo metálico de color rubí, descubierto por su maestro
más, obtener tonos que van desde el castaño al negro. En un principio Giorgio Andreloi. El apogeo de las manufacturas citadas corresponde
estos óxidos se dan solre la capa del vidriado de estaño antes de la a la primera mitad del siglo xvi; en la segunda destácase sobre todas
cochura, vidriado con que se funde el color de los óxidos metálicos ellas Urbino, gracias a la presencia de Nicolás Pellipario. Corsagrado
durante ésta. En el siglo xvi, para que el color resulte aún más bri- principalmente a los platos, prescinde en ellos de la distincicin entre
214 EL VIDRIO ARTES INDUSTRIALES DEL RENACIMIENTO 215
fondo y borde, trazando la decoración por toda la superficie. Esa deco- en un principio imita las formas de la orfebrería, y el vidrio es azul,
ración suele ser de historia, por lo que se le denomina mayólica histo- verde o rojo oscuro, siendo raros todavía el blanco lechoso, y aún más
riada, y, por lo común, copia grabados rafaelescos. En el colorido pre- e! incoloro. Decóranse con temas geométricos o vegetales esmaltados,
pondera el amarillo naranja. y, a veces, con escenas figuradas, decoración enriquecida en ocasiones
En España, la cerámica renacentista se fabrica principalmente en con panes de oro.
Triana, barrio de Sevilla, y en Talavera de la Reina. En el siglo xvi se prefiere el vidrio incoloro, y la industria vene-
En Sevilla, el introductor de la cerámica, al estilo de Italia es el ciana se esfuerza por producir vasos de paredes lo más finas y trans-
artista de aquel origen Niculoso Pisano, que firma en 1504 la decora- parentes posible y de las más bellas formas. Típicos de esta época son
ción de la portada de Santa Paula, de azulejos cubiertos de grutescos los vidrios de filigrana o recorridos por un sinnúmero de hilos de vi-
y medallones con relieves. Pero su obra de mayor empeño es el retabli- drio de color lechoso. Cuando éstos se cruzan se produce el hilo reticu-
11o de la capilla del Alcázar, igualmente cubierto de grutescos y con lado o reticella. No obstante el menor interés por el color, fabrícanse
un gran cuadro central de la Visitación, de estilo gótico, probablemente piezas muy importantes con la técnica antigua ya citada de mille fiori,
copiado de una estampa. Sigue la tradición de Niculoso Pisano, en la y con la llamada de venturina, que consiste en introducir un compuesto
segunda mitad del siglo, Cristóbal de Augusta, que firma unos hermo- de cobre en el vidrio líquido para dar así a la pieza el aspecto de estar
sos zócalos en el Alcázar (1577). La cerámica renacentista sevillana, espolvoreada con laminillas de cobre.
aunque, naturalmente, cultiva también la vajilla, es, sobre todo, cerá- Fuera de Venecia, tal vez la población en que se fabrica vajilla de
mica de azulejo. Al menos son la casi absoluta totalidad de lo conser- vidrio más fina es Barcelona. Es esmaltada en colores, procurando, por
vado. Durante el siglo xvi, a más de la técnica plana de tipo italiano, lo general, emular los modelos venecianos.
emplean, con decoración renacentista, la de cuenca, y, en mucho me- En Alemania, el vidrio es verdoso hasta mediados del siglo xvi, en
nor grado, la de cuerda seca. La colección más hermosa es la de la casa que se aprende a fabricar el incoloro. Típicamente alemanes son los
de Pilato. Los alfareros sevillanos no trabajan sólo para la ciudad, sino grandes vasos cilindricos con el emperador y los electores, o el águila
que exportan al resto de España e incluso a América, y su época de flo- con los escudos de los Estados del Imperio, todo ello pintado en esmalte
recimiento se prolonga hasta la primera mitad de la centuria siguiente. de colores.
A esta época corresponden ya los hermosos zócalos de Santa Clara, y Como es natural, en el siglo xvi siguen haciéndose vidrieras de co-
los mejores frontales conservados, de que hay buenos ejemplos en el lores, y a él pertenecen la mayor parte de las conservadas en España. En
Museo de Sevilla. Imítanse en éstos los bordados. algún país, como Alemania, el entusiasmo por el vidrio incoloro lleva
La cerámica de Talavera, durante el siglo xvi, es también sobre absurdamente a reemplazar algunas policromas antiguas por otras in-
todo de azulejo. Su coloración es más pobre que la trianera. Mientras coloras.
en ésta los fondos son de color melado, allí se prefiere el blanco.
Entre los zócalos más importantes figuran los de la Generalidad de
HIERROS. ORFEBRERÍA.—El arte de trabajar el hierro continúa fro-
Valencia y los del santuario de Nuestra Señora del Prado, de Talavera.
duciendo en la España del Renacimiento obras de primer orden. En
En Francia debe recordarse al ceramista Bernardo Palissy, cuyas
las rejas, las barras adoptan forma abalaustrada, y los relieves repu-
obras más características se distinguen por su decoración vegetal y
jados de los cuerpos y las cresterías representan historias de gran des-
animal de tipo naturalista y en relieve. El procedimiento seguido ex-
arrollo. El carácter decorativo del plateresco, por otra parte, permite a
plica ese tono naturalista, pues consiste en vaciar fuentes con animales
los rejeros conceder extraordinaria amplitud a las cresterías, que se-
muertos —serpientes, salamandras, peces, frutos, hojas, etc.—, para
mejan verdaderos encajes metálicos. Uno de los maestros más antiguos
sacar el positivo que después se vidria y policroma (fig. 242).
es Juan Francés, autor de varias rejas en la catedral de Toledo, entre
ellas la de la capilla mozárabe. Cristóbal de Andino, que t r a b a j a en
E L VIDRIO.—La ciudad donde el arte del vidrio alcanza mayor per- Burgos, es autor de la reja firmada de la capilla del Condestable (1523),
fección durante el Renacimiento es Venecia. Concentrada la industria de la catedral, su obra más fina; labra también la de la capilla mayor
a fines del XIII en la isla de Murano, y muy protegida por las leyes, de la catedral de Palencia. <
216 ORFEBRERÍA j
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A estos mismos años corresponde la actividad en Sevilla de fray l\\^ >^< ya
Francisco de Salamanca y fray Juan de Avila, autores de la reja del
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lar; pero su obra magna es la gran custodia de Sevilla (1587) (fig. 243), El arte de trabajar las piedras preciosas y finas adquiere en Italia
la mayor de todas. En ella, el número de los cuerpos disminuye y, sobre durante el Renacimiento gran desarrollo. Como consecuencia del amor
todo, con criterio más unitario, se abandona la forma poligonal, de al arte antiguo se imitan los camafeos clásicos, que se labran en ónice,
tradición gótica, y tienen todos planta circular. cornalina, lapislázuli, etc. El arte lapidario dedica particular interés al
Aunque anónimas, existen otras custodias dignas de los Arfe, tales cristal de roca, en el que se tallan vasos, a veces en forma de naves y
como las de Fuenteovejuna y la de la catedral de Santo Domingo en de animales. El centro de esta industria es Milán, donde trabajan Leone
la República Dominicana, de estilo semejante al de Antonio de Arfe. Leoni y Jacopo da Trezzo, nuestro Jacometrezo, que, trasladado des-
A esa misma etapa correspondía la de Jaén, de Juan Ruiz, bárbara- pués a Madrid, hace retratos en camafeo de varios miembros de la fa-
mente fundida en 1936. Pero, además, tenemos noticia de varios plate- milia real. En el trabajo del cristal de roca se distinguen V. Belli (t 1546),
ros de nombre conocido que dejan obras de primer orden. Cuentan A. Fontana (t 1587) y los hermanos Sarachi, aunque la identificación de
entre ellos, en Cuenca, los Becerriles, por uno de los cuales —Cristó- sus obras ofrece grandes problemas. Una de las mejores colecciones
bal— está firmada la custodia de la «Hispanic Society», de Nueva York de vajilla de cristal de roca de esta escuela es la del Tesoro del Delfín,
(1585), de estilo, no obstante su fecha, todavía muy plateresco (lámi- del Museo del Prado.
na 347); en Madrid, Francisco Alvarez, autor de la rica custodia (1560)
del Ayuntamiento de esta ciudad, y en Zaragoza, Pedro Lamaison, que
lo es de la de aquella catedral.
En el Renacimiento, las piezas de orfebrería tienen ya con gran
frecuencia la marca de la población donde se labran, consistente en una
figura o en un letrero, o en ambas cosas a la vez. Así, en Sevilla es la
Giralda; en Segovia, el Acueducto, etc.
La orfebrería alcanza también gran florecimiento en Alemania, don-
de se hacen copas que a veces tienen proporciones gigantescas. Así las
hay desde las grandes de «bienvenida», que el recién llegado apura
de un trago, hasta las de gremios, de no menos de un metro de altura.
A veces adoptan forma de mujer. Tal es el caso de las «copas nupcia-
les», en las que la estatuilla con los brazos en alto sostiene una copa
pequeña, de la que bebe la desposada, mientras el marido lo hace simul-
táneamente en la formada por las faldas de aquélla. Entre los plateros
conocidos, el más famoso es Wenceslao Jamnitzer, que trabaja en Nu-
remberg. De él se conserva una arqueta firmada en las Descalzas Reales
de Madrid.
colosales proporciones que nos permiten contemplarlo a través de un sobre cuatro columnas de fustes torneados en espiral, inspiradas en
marco fingido de atrevidos y sabios escorzos. Los sueños del Correggio la que se conserva en el mismo Vaticano, y que se supone en esta época
en Parma tienen ahora pleno desarrollo en las arrebatadas perspec- procedente del templo de Salomón. De ahí el nombre de salomónica
tivas arquitectónicas del P. Pozzo o en los cielos de Lucas Jordán, donde con que se conoce este tipo de columna. Con el prestigio del viejo tem-
el ansia de lo infinito borra todo rastro arquitectónico y el escenario plo de Jerusalén, y respondiendo al gusto por el movimiento ondu-
se reduce a las nubes (láms. 431-433). lante del barroco, Bernini no duda en copiarla en lugar tan preemi-
Italia continúa durante el barroco a la cabeza de la arquitectura nente de la primera iglesia del mundo cristiano. Y es que el barro-
europea. Ella da los pasos decisivos en la concepción general del estilo quismo del arte helenístico creador de aquella columna viene, al cabo
y en la transformación de los elementos arquitectónicos y del templo. de los siglos, a coincidir con el de la etapa seiscentista del arte europeo.
Ella es también la creadora del palacio barroco, si bien en este último Bernini divide el fuste con anillos horizontales en tres partes, la infe-
aspecto es Francia la que produce las obras más representativas, y, rior de las cuales decora con estrías en espiral, mientras cubre las otras
sobre todo, la que en la decoración interior y en el mobiliario ejerce dos con tallos y hojas menudas. Tanto de esos anillos como de la base,
influencia más amplia. España, aunque no alcanza influencia análoga hace surgir una fila de grandes hojas de acanto. La basa es ática, y el
fuera de sus fronteras, por su exuberancia decorativa y por el barro- capitel de orden compuesto. Con ligeras variantes, este tipo de columna
quismo con que trata los elementos arquitectónicos, es la que sabe será, durante siglo y medio, el .preferido en los retablos cristianos, en
sacar en estos aspectos las últimas conclusiones del estilo. particular españoles. También es importante, por la fortuna que logra-
rá en la decoración barroca posterior, el tema de la guardamalleta
ITALIA: BERNINI.—En la evolución de la arquitectura barroca ita- con borlas pendientes con que cubre el entablamento.
liana pueden distinguirse tres momentos principales. El anterior al Si en el baldaquino se distingue Bernini por la novedad de los ele-
Bernini, que comprende desde 1580 hasta 1624, año en que éste comien- mentos arquitectónicos, en la Scala Regia del Vaticano y en la plaza
za su famoso baldaquino; el del pleno barroco de Bernini, Borromini de San Pedro (1667) (figs. 244, 247) se preocupa principalmente de los
y el P. Pozzo, que llena el resto del siglo, y el del barroco setecen- juegos de perspectiva y de intensificar el efecto de profundidad. En la
tista, que dura hasta mediados del xvni, y cuya figura más destacada primera interrumpe la subida con varios rellanos y dispone dos estre-
es Juvara. chas naves laterales formadas por gruesas columnas. En la plaza pro-
La gran obra de la primera etapa es la transformación de la iglesia cura que el templo nos produzca la impresión de encontrarse lo más
de San Pedro (1605) por Carlos Maderna (i 1629), quien, siguiendo los al fondo posible. Así, dispone en primer término una amplísima plata-
deseos de Paulo V, prolonga la planta de cruz griega por la parte de forma. Las alas de la gran plaza actúan de bastidores, y los numerosos
los pies, llegando así a un compromiso entre el tipo de cruz latina y cuerpos cilindricos de su columnata contribuyen también con su pers-
el d e cruz griega (fig. 45). pectiva a empujar hacia el fondo la fachada del templo. A Bernini se
Dispone en primer término una especie de nartex, y levanta ante él debe, además, la iglesia de San Andrés (fig. 249). En el palacio Odescal-
u n a "ran fachada con frontón central y ático coronado por estatuas, chi (fig. 248) deja creado en sus rasgos esenciales el tipo de palacio
en la que se desentiende de la organización general del interior. Obra barroco, con su planta baja concebida como basamento y las dos supe-
de Maderna, y muy representativa de esta primera fase barroca pre- riores recorridas en toda su altura por pilastras gigantescas. Menos
berninesca, es la portada de Santa Susana (1603) (fig. 258). novedad ofrece, en cambio, el Palacio Montecitorio (fig. 250). Hace un
Los verdaderos creadores del estilo son lorenzo Bernini (t 1680) y proyecto de fachada para el Palacio del Louvre, que no es aceptado.
Francisco Borromini (t 1667), ambos nacidos, como nuestro Velázquez,
el a í o último del siglo aaterior. Bernini es un napolitano de sangre BORROMINI, GUARINI Y JUVARA.—Francisco Borromini (t 1667), cola-
florentina, que comienza su carrera como escultor y teiraiiia cultivando borador primero y competidor después de Bernini, es el que lleva a
t a m l i é n la pintura. En el Baldaquino (1624) (fig. 245), que en el crucero la concepción general del templo el ansia barroca de dinamismo. En
de San Pedro d e Roma cubre el altar situado sobre la tumba del após- San Carlos (1640), de Roma (figs. "251-253), en vez de acumular en la
tol, lanza «1 manifiesto del nuevo estilo arquitectónico. Es un templete fachada columnas y frontones, como sus predecesores, prefiere con-
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Figs. 278-280.—Fischer de E r l a c h : S. Carlos, Viena.—Neumann: Santuario de Vier-
zehnheiligen.—Sta. María, Dresde. (Lübcke.)
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motivo, debió de ser decisiva en su formación la influencia del arte y de Vierzehnheiligen (figs. 268, 279, 281) donde el estilo predominante-
chino, ahora tan en boga. Como definidor de la rocalla puede conside- mente palaciego de la época llega a transformar el templo, borrando en
rarse, sin embargo, al italiano Meissonier. Igualmente típico es un or- el cuanto significa recogimiento y favorece la meditación. Concebido co-
namento de forma arriñonada, que en posición vertical es también mo un gran salón de fiestas, los pilares se ordenan caprichosamente co-
asimétrico y que forma con frecuencia parte de la rocalla. Como es mo participando en una danza de corte, y la luz lo inunda todo. A Neu-
natural, en esta ornamentación desaparece todo rastro de clasicismo, mann se debe también el palacio de Wurzburgo, cuyos techos decora el
y, en consecuencia, cuanto signifique rigidez de proporciones. Ella sir- veneciano Tiépolo. La iglesia de Santa María, de Dresde (fig. 280), es un
ve de marco a los innumerables espejos de grandes dimensiones con buen ejemplo de templo protestante barroco.
que se quiere evitar la sensación de masa, y a los entrepaños cubiertos Dividida Alemania en numerosos Estados, la arquitectura palaciega
de telas y tapices. dieciochesca es rica en monumentos. El estilo Luis XV encuentra en
Al mismo tiempo que estos temas puramente ornamentales, el estilo sus pequeñas cortes clientes numerosos y entusiastas, y no pocos de
Luis XV pone de moda otros figurados no menos importantes y re- sus principales decoradores son franceses. Uno de los conjuntos más
presentativos. En primer lugar, las escenas chinescas, las chinoiseries originales, y en parte más bellos, es el Zwinger, de Dresde (1711-
(figuras 272, 336), que entran en Europa con las porcelas, telas y la- 1722) (figs. 282, 283, 284), obra de Mateo Póppelmann. Entre los conjuntos
cas importadas del Extremo Oriente. Los paisajes con ligeros pabello- palaciegos y de jardinería más interesantes figuran el de Nymphenburg
nes, grandes puentes sin más finalidad que la decorativa, faisanes, co- en Munich, y el de Sanssouci (1745), en Berlín. De nombre francés este
merciantes vendiendo porcelanas, es decir, todo el repertorio chinesco último —Sans Souci—, lo hace construir Federico el Grande de Prusia,
con su típica asimetría, se pone de moda en los palacios europeos. el gran admirador de lo francés y protector de Voltaire (fig. 285).
Junto a ello desempeñan papel importante los temas pastoriles y ga- Debido al arraigo del gótico en Inglaterra, el Renacimiento se in-
lantes, a los que se agregan a veces los de la comedia italiana. troduce en fecha sumamente tardía. Su principal y más antiguo repre-
Tal vez nunca se h a llegado a concebir una arquitectura interior sentante, Iñigo Jones, que muere en 1652, es un entusiasta paladiano.
donde los problemas trascendentales de la vida se sientan más lejanos. Gracias a su prestigio, el tratadista italiano será desde ahora la fuente
La vida frivola y despreocupada de la corte francesa de la Regencia y de inspiración constante de los arquitectos anglosajones. Su cbra ca-
de Luis XV, donde las favoritas de empolvadas pelucas, hermosos des- pital es el palacio de Whitehall (fig. 288), de Londres, parte sólo del
cotes y alegres vestiduras de seda son los personajes principales, y enorme edificio por él proyectado.
en la que sólo se piensa en minués, rigodones, aventuras amorosas Ese mismo estilo renacentista tardío es el del otro gran arquitecto
y fiestas campestres, encuentra su expresión más perfecta y su marco inglés Cristóbal Wren (t 1723), que trabaja en pleno período barroco.
más adecuado en el estilo descrito. Depurada creación del estilo es el En la catedral de San Pablo, de Londres (1675) (fig. 286), la obra maes-
palacio de Biron, hoy Museo Rodin, obra del gran decorador Jacques tra de la arquitectura inglesa del siglo xvn, es bien sensible su clasi-
Gabriel, a quien se debe en Versalles el salón del Rey, el de la Reina cismo. La cúpula procede del proyecto de Bramante para San Pedro,
y el gabinete del Péndulo del Reloj. y el gran frontón de su fachada es de origen paladiano. Este paladia-
E l estilo Luis XV es el que los alemanes dominan Rococó. nismo tan arraigado desde tiempo de Jones y que gracias a él enlaza
sin esfuerzo con el neoclasicismo, es trasplantado a los actuales Esta-
AUSTRIA, ALEMANIA E INGLATERRA.—El estilo barroco, en su modalidad dos Unidos, donde, vivificado por el neoclásico, continúa pujante hasta
borrominesca, encuentra en el arquitecto vienes Fischer de Erlach mediados del siglo xix. El es el estilo de las casas de Nueva Orleáns.
(t 1763) uno de sus m á s ilustres intérpretes. Su iglesia de San Carlos
(1715), de Viena (figs. 277, 278), es, con su larga fachada y sus torres
en forma de columna, como la Trajana, de las más bellas creaciones del
estilo. Pero donde la arquitectura germánica alcanza una de las metas
extremas del barroco, n o lograda en ningún otro país, es en algunas
iglesias bávaras de Baltasar Neumann (1753), como las de Neresheim
CAPITULO XIII
Figs. 283, 284.—Póppelmann: El Zwinger, Dresde. Fig. 285.—Sanssouci, Berlín.
ARQUITECTURA BARROCA ESPAÑOLA
alas principales, el hoy Museo del Ejército (fig. 307). Flanqueado por
dos torres con agudos chapiteles, su larga sala central es el Salón de
Reinos, que estuvo decorado con grandes cuadros de batallas, entre
ellos la Rendición de Breda, de Velázquez.
Pero el edificio que puede dar mejor idea de la nobleza de pro-
porciones y del aspecto de la arquitectura palaciega de tiempos de Feli-
pe IV es la Cárcel de Corte, actual Ministerio de Asuntos Exterio-
res (1629) (figs. 301, 302), al parecer, obra también de Carbonell, y
flanqueado por agudos chapiteles escurialenses y gran escudo en el
centro. Sus dos patios gemelos, como los del Hospital de Afuera, de
Toledo, aquí separados por amplia escalera, ofrecen en la planta alta
bellos efectos de perspectiva. A juzgar por los monumentos anterio- Figs. 298-300.—Capilla de S. Isidro.—Jorge Manuel: Ayuntamiento, Toledo.-
Donoso: Carmen, Madrid. (Schubert, Detojo.)
res, Carbonell es la segunda gran figura de la escuela madrileña de
la primera mitad del siglo. La iglesia de las Carmelitas de Loeches
(1635), cuya fachada es muy semejante a la de la Encarnación, de
Gómez de Mora, lo presenta como un seguidor de éste.
El tratadista de este período es fray Lorenzo de San Nicolás, autor
del Arte y uso de Arquitectura, obra de que se hacen varias ediciones.
En el avance del barroco influye decisivamente el granadino Alonso
Cano (t 1667), que priva a las pilastras de capitel y, sobre todo, crea
un follaje carnoso y de grandes hojas que impera en la segunda mitad
del siglo en Castilla y Andalucía oriental, y una decoración de tableros
superpuestos con entrantes curvilíneos y angulosos, de intensos efec-
tos de claroscuro. Su obra más característica es la iglesia de la Mag-
dolena, y la más conocida, la portada de la catedral, una y otra de
Granada (figs. 303, 304). Figs. 301, 302—Ministerio de Asuntos Exteriores, Madrid. (Schubert.)
Dos artistas que a comienzos del último tercio del siglo hacen dar
también pasos decisivos a la arquitectura madrileña en pro de un ma-
yor barroquismo son Herrera el Mozo (t 1685) y José Jiménez Donoso
(t 1690), ambos, pintores. Herrera interviene en la obra del Pilar, de
Zaragoza (fig. 308), de planta rectangular y con una torre en cada es-
quina, y es, al parecer, quien introduce en Madrid el empleo de la co-
lumna salomónica. Su destruido retablo de Montserrat (1674) es, por
lo menos, uno de los más antiguos en que los numerosos cuerpos ho-
rizontales renacentistas se reducen a banco, cuerpo principal y re-
mate, cuerpo principal que es recorrido por columnas salomónicas de
proporciones gigantescas, a ejemplo de la fachada del palacio barroco
italiano. A Donoso se debe la reconstrucción de la Casa de la Panade-
ría (1672) (fig. 309), en el centro de la Plaza Mayor, uno de cuyos arcos
decorativos termina en roleos. La portada de la destruida iglesia de
San Luis (1716) (fig. 300), hoy en la del Carmen, aunque posterior a su Figs. 303, 304.—Cano: Magdalena, Catedral de Granada. (Schubert, Eelojo.)
240 LOS CHURRIGUERA Y PEDRO DE RIBERA
Figs. 307, 308.—Palacio del Buen Retiro, actual Museo del Ejército.—El Pilar,
Zaragoza. (Delojo.)
El incendio de 1734, que destruye el viejo Alcázar de los Aus- potismo ilustrado, bajo el patronato real. Carlos III, al venir de Ña-
trias, obliga a levantar un nuevo palacio, y para construirlo se acu- póles (1759), traslada a Madrid su fábrica de porcelana de Portici y
de a Juvara (t 1736), el arquitecto italiano que, como queda dicho la establece en los jardines del palacio del Buen Retiro, bajo la di-
más se ha distinguido como constructor de palacios, y que con su mo- rección del italiano Gricci. Allí no sólo se labran jarrones y grupos
deración casi clásica representa la antítesis del estilo de Pedro de Ribe- decorativos, sino las placas y relieves de temas chinescos con que se
ra. Pero muerto poco después, sólo tiene tiempo de trazar un enor- revisten las salas de porcelana (fig. 349) de los palacios de Madrid
me edificio de planta cuadrada, de cerca de medio kilómetro de lado, (1765) y Aranjuez (1760), ambas con rocalla. En La Granja se instala
con numerosos patios y coronado por una balaustrada rematada en la Fábrica de Vidrio (1734), donde se labran los innumerables espe-
estatuas. De proporciones muy apaisadas, al gusto francés, al morir jos y arañas necesarios para los palacios reales, y en el Buen Retiro
Juvara y encomendarse las obras a su discípulo Juan B. Sacchetti de Madrid (1721) la Fábrica de Tapices para las sedas y tapices. El
(t 1764), el edificio gana en altura lo que pierde en superficie, con la salón Gasparini (fig. 334) es una de las piezas más bellamente decora-
consiguiente multiplicación de las plantas. El palacio adquiere así pro- das de Palacio.
porciones italianas (figs. 326, 328, 332). Complétase con cuatro cuerpos Estos arquitectos extranjeros no se limitan a construir palacios.
salientes a manera de torreones en los ángulos y otros en los centros, El gran innovador de la arquitectura religiosa es Bonavía, quien en
y los múltiples patios de Juvara se reducen a uno grande central. La la iglesia pontificia de San Miguel (1739) (figs. 337, 339) deja ver sus
ordenación de la fachada (fig. 327) responde al modelo del palacio Ma- entusiasmos borrominescos en su fachada convexa, su capilla mayor
dama, de Turín, ya citado (fig. 296). de curva indefinida, sus pilastras dispuestas oblicuamente, sus arcos
Comenzado con anterioridad el de La Granja (1721) (fig. 333), se- fajones cruados, sus cúpulas ovaladas de sección en arco carpanel y
gún las trazas del madrileño Teodoro Ardemans (t 1726), concédese en sus caprichosas claraboyas treboladas. Análogo deseo de novedades y
él gran importancia al templo, que, como en El Escorial, se coloca de movimiento inspira a su capilla de San Antonio de Aranjuez (figu-
en el centro y se remata con chapiteles bulbosos desconocidos hasta ras 340).
entonces en España. Su gran fachada (fig. 329), obra ya de Juvara, es En las Salesas Reales (1750), obra del francés Francisco Carlier
de grandes pilastras y columnas de orden gigantesco que arrancando (t 1760), la fundación religiosa real más importante, esos deseos de
de tierra recorren las dos plantas del edificio. Frente a ella se extiende novedad y de movimiento borrominesco se atemperan notablemente
el gran jardín de estilo francés debido a Renato Carlier, en cuyo tra- (figuras 341, 342). A él se debe además la iglesia del Pardo (figs. 343, 347).
zado geométrico aparecen distribuidas numerosas fuentes, abundante- Ventura Rodríguez (t 1785), formado con los maestros de los pala-
mente surtidas de agua por el estanque situado en la montaña vecina. cios reales y profesor de Arquitectura de la Academia de San Fernando,
El palacio de Aranjuez (fig. 348) es, bajo Felipe V y sus hijos, es el primer arquitecto español que se adhiere al neoclasicismo, llegan-
objeto de tan grandes ampliaciones, que puede considerarse obra de do a ser considerado como el restaurador de la arquitectura española.
esta época, aunque se procura ajustarse en cierto modo al estilo del Su formación, sin embargo, es barroca, y a él se debe nuestro templo
edificio, construido por Felipe II. Dirige las obras principalmente el más típicamente borrominesco; por eso, aunque suele ser incluido en
italiano Santiago Bonavía (1760), si bien las largas alas laterales (1775), el período neoclásico, dado el carácter barroco italianizante de la ma-
ligeramente oblicuas para fingir una mayor profundidad son obra de yor parte de su obra, es preferible estudiarlo en este lugar.
Sabatini, el arquitecto de Carlos III. Pero Aranjuez no es sólo el Pa- La iglesia de San Marcos (1749), construida para conmemorar la ba-
lacio, sino un pueblo construido para su servicio, con una gran plaza talla de Almansa, y que no tiene más precedente entre nosotros que
con la capilla de San Antonio (fig. 340) al fondo, y un dilatadísimo la de San Justo y Pastor, describe en su planta una serie de no me-
parque, que tiene su origen en el siglo xvi, y donde se levantan más nos de cinco elipses y un arco carpanel, con el consiguiente movi-
tarde bellos palacetes de estilo neoclásico. miento de muros y pilastras (figs. 350, 351). Análogo sentir barroco
La decoración y amueblamiento del gran palacio de Madrid, que inspira las bóvedas elipsoidales y las claraboyas treboladas de la capilla
comienza hacia 1760, y de los restantes palacios reales, obliga a crear de la Virgen del Pilar (1750), de-Zaragoza. El clasicismo de Ventura
varias industrias de lujo, que quedan, según norma corriente del des- Rodríguez se manifiesta, en cambio, en el revestimiento con que reem-
Fig. 334.—Salón de Gasparini,
Palacio, Madrid.
Figs. 328, 329.—Palacio Real, Madrid.—Juvara: Palacio de La Granja. (Delojo.)
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Figs. 335, 336.—Palacio, Aranjuez. Decoración de porcelana. (Delojo.)
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Figs. 337, 338—Bonavía: S. Miguel. (Schubert.)
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Fig. 333.—Palacio de La Granja. (Breñoso.) Figs. 339-341.—Bonavia: S. Miguel—S. Antonio, Aranjuez.—Carlier: Salcsas
(Schubert.)
ARQUITECTURA BARROCA ESPAÑOLA 251
plaza, en 1753, la decoración barroca del interior del templo .(fig. 344).
Ese ideal neoclásico se intensifica en la iglesia de los Filipinos, de
Valladolid (1760) (fig. 356), de planta circular, y en la fachada de la
catedral de Pamplona (1783) (fig. 353). Ventura Rodríguez proyecta
además numerosos monumentos que, por unas razones o por otras, no
llega a ejecutar, pero de los que conservamos los planos. De gran be-
jngs. MZ-344.—Carlier: Salesas, Iglesia del Pardo.—Ventura Rodríguez: El Pilar lleza y originalidad son los del Santuario de Covadonga (1780), cuya
de Zaragoza. (Delojo.) construcción se suspende apenas comenzada. Los de San Francisco el
Grande, de Madrid (figs. 354, 355), revelan el gran empeño puesto en
esta obra, que hubiera sido la suya más importante, pero que es enco-
mendada al lego franciscano Francisco Cabezas (t 1773), a quien se debe
el templo circular existente, cubierto por enorme bóveda de treinta y
tres metros de diámetro (figs. 348, 349). De sus obras civiles, la más
importante, aunque no íntegramente suya, es el palacio de Liria (1770),
donde se siguen las normas del palacio barroco italiano (fig. 357).
Buen ejemplo del mismo barroco clasicista, cultivado por Ventura
Rodríguez bajo el patrocinio de la Academia de San Fernando, es la
fachada de la catedral de Lugo (fig. 359), construida por Julián Sánchez
Bort (f 1784).
Además de los arquitectos extranjeros anteriores establecidos en la
Figs. 345-347.—Contini: Torre de la Seo, Zarago- corte, deben quedar citados aquí otros que dejan obras en otras partes
za. — Rodulfo: Catedral de Valencia. — Iglesia del
Pardo. (Delojo.) del país; en primer lugar, todavía dentro del siglo xvn, los italianos
Juan Bautista Contini y Carlos Fontana. Contini es el autor de la torre
de la Seo de Zaragoza (1683) (fig. 345), coronada por chapitel de tipo
estrangulado, como, al parecer, no se emplea en Castilla hasta la cen-
turia siguiente. Fontana da las trazas del Colegio de Loyola (1684) (fi-
gura 358), cerca de Azpeitia, de planta circular. Al alemán Conrado
Rodulfo se debe la portada de la catedral de Valencia (1703) (fig. 346),
que en la convexidad de su calle central delata una intensa influencia
borrominesca que emplean los arquitectos cortesanos sólo varias "dé-
cadas más tarde.
el retablo de la capilla de los Reyes (1718), al emplearlo el granadino cas creaciones de la escuela poblana son el Santurio de Ocotlán (figu-
Lorenzo Rodríguez (t 1774) en las fachadas del Sagrario (1749) (figu- ra 388), donde, sin embargo, el azulejo no se emplea; San Francisco
ras 380, 381), lo hace arraigar en la Nueva España con más fuerza que y Guadalupe, de Puebla, decorada con grandes tableros de azulejo, y
en su patria original. Sus riquísimas portadas, cubiertas de estípites, San Francisco Acatepec, de Cholula, en la que el azulejo cubre total-
destacan sobre el tezontle oscuro del muro, que, como consecuencia mente la portada, revistiendo incluso columnas y estípites. En las casas,
de un proceso típicamente mejicano, más que soporte es ya un cerra- a la polícroma decoración del tipo citado se agregan los tejaroces, que
miento, y puede así rematar en una caprichosa moldura mixtilínea, en
desempeñan papel de primer orden en el conjunto (fig. 390).
la que ha desaparecido todo recuerdo clásico. A Lorenzo Rodríguez se
Las grandes fachadas con estípites no se limitan a las de la capital.
atribuyen las dos fachadas de la Trinidad (fig. 385) y San Martín de
El estilo de Lorenzo Rodríguez se extiende tan rápidamente por la
Tepozotlán (lám. 353), de no menor riqueza que las del Sagrario. Arqui-
tecto de estos mismos años y autor de otra hermosa obra de la arqui- región de Guanajuato y se construyen en sus principales poblaciones
tectura hispanoamericana es Diego Duran. Su espléndida iglesia del tantas y de tales proporciones, que no ceden en riqueza a las de la
pueblecito minero de Tasco nos ofrece otra faceta del barroco meji- capital y comarca. Las fabulosas riquezas hechas rápidamente en las
cano dieciochesco, casi tan rica como la de Rodríguez y de no menor minas no tardan en reflejarse en monumentos como los de Guanajua-
personalidad. to y de las bocaminas de sus alrededores. Incluso en pequeños pueblos
agrícolas como Dolores se labran lujosísimas fachadas cuajadas de es-
Guerrero y Torres (t 1792), la última gran figura de la escuela, re-
presenta dentro del estilo una cierta reacción. Al menos renuncia al típites.
monstruoso estípite y, pese a sus trazas generales barrocas, reentroniza En realidad, casi todas las grandes poblaciones de la Nueva España
la columna en su hermosa portada de la Enseñanza (1778), último esla- son sede de una escuela barroca con caracteres propios. Salvo la de
bón de la brillante serie de las de la ciudad. Aunque inspirándose en Michoacán, que se distingue por su sobriedad y dota a su catedral de
una planta romana, crea en la capilla del Pocito (1777) (figs. 386, 387) dos majestuosísimas torres, todas tienen por denominador común la
una de las obras más típicas de la arquitectura mejicana. Emplea en riqueza. Fachada de primer orden, no superada en riqueza decorativa
su fachada el arco mixtilíneo y la claraboya en el último momento de por ninguna otra, es la de la catedral de la famosa ciudad minera de
su evolución, y cubre el edificio con una bella serie de bóvedas reves- Zacatecas, donde el estilo del follaje es de clara inspiración indígena.
tidas de azulejo. La casa mejicana, que a lo largo del siglo ha venido En Potosí, la obra maestra de la escuela es el Carmen (1749), e igual-
definiendo cada vez más sus caracteres propios, encuentra también en mente ricas son las catedrales de Saltillo, Chihuahua, etc. Querétaro
Guerrero uno de sus principales creadores. A él se debe la del conde alcanza una de las metas del barroco mejicano por el capricho de sus
de San Mateo (fig. 391) y la llamada de Iturbide. De autor desconocido arcos mixtilíneos. En Oaxaca, los terremotos hacen que los edificios
es la Casa de Azulejos. pierdan la elegancia típica del barroco de Nueva España.
Puebla es sede de otra de las escuelas de mayor personalidad de Aunque de rango artístico más modesto, las misiones franciscanas
la Nueva España. Durante el siglo xvn da vida a varios talleres de yese- establecidas al norte de la actual frontera mejicana dejan dos intere-
ros que crearon decoraciones interiores tan ricas como la de Santo santes series de monumentos. En Nuevo Méjico, en el siglo xvu, em-
Domingo de Oaxaca, y tan originales, ya en fines del siglo, como la de plean un tipo de iglesia de gruesas paredes, generalmente de tapial
la capilla del Rosario, de Santo Domingo de Puebla (1690). En la cen- o adobe, dispuestas en talud y cubiertas por rollizos con los extremos
turia siguiente los interiores de los templos poblanos llegan a extre- salientes por las fachadas laterales.
mos de recargamiento no superados. Pero los decoradores poblanos Las misiones de California, fundadas por los PP. Junípero Serra y
no se contentan con esas policromías interiores, sino que recubren las Lasuén, que se escalonan desde San Diego (1769), al Sur, hasta la actual
fachadas de sus casas y templos con ladrillos rojizos puestos de plano San Francisco, son construcciones mucho más amplias, que, además
alternando con azulejo. Más tarde, esos pequeños azulejos u holambri- del templo, eco muy apagado de los mejicanos coetáneos, tienen un
llas se convierten en amplios tableros con escenas, todo ello fabricado gran patio, con salones para graneros, almacenes, carpintería, herrería,
en la misma Puebla, la patria americana de la cerámica vidriada. Típi- en suma, todas las dependencias necesarias para la educación de la
262 AMÉRICA CENTRAL Y MERIDIONAL
En este país, como tierra más castigada por los terremotos que de Pomata y Juli. También se distingue por su rica decoración plana
Méjico, los edificios barrocos carecen de las elegantes proporciones de de labor indígena la escuela de Arequipa, la ciudad del Sur, situada
los de allí, y las torres, por lo común, son de más escasa altura. En en la ruta del mar a las tierras del Collao. Se crea a fines del siglo xvn,
cuanto a las características generales del estilo, mientras el de Nueva fecha a que corresponde la fachada de la Compañía, pero sus monu-
España adquiere sus formas barrocas definitivas en el siglo XVIII, aquí mentos más numerosos son ya de la centuria siguiente, entre los que
conserva, incluso en esta centuria, un cierto aire seiscentista. La por- figura la iglesia de Yanahuara (lám. 355).
tada de la catedral de Lima, obra de Martínez Arrona y de P. Noguera, En Bolivia, la decoración arquitectónica es de tipo análogo a la del
inspirada en retablos sevillanos de principios del xvn, ejerce influen- Collao, siendo una de las obras principales la portada de San Lorenzo
cia decisiva, y la columna salomónica se emplea en otras posteriores de Potosí (lám. 356). Por la originalidad de la organización de su patio
con insistencia tal, que llega a convertirse en una de las características debe recordarse, además, la Casa de Diez de Medina.
del barroco peruano. En la Argentina, la arquitectura barroca dieciochesca se encuentra
En el amplio virreinato peruano se forman varias escuelas, y como principalmente en manos de los jesuítas italianos Primoli y Bianchi,
es lógico, la limeña es la creadora del estilo más difundido. La fachada cuyo nombre es españolizado en Blanqui. Debido a ello, aunque la cate-
de San Francisco (1624) ofrece ya los elementos que después serán más dral de Córdoba con su cúpula flanqueada por cuatro torrecillas, como
constantes: el paramento almohadillado de gran tamaño, el frontón las románicas leonesas, es de acusado acento español, los monumentos
roto de brazos enhiestos muy poco curvos y la gran claraboya ovalada. de primera mitad del siglo en que ellos intervienen son da un barroco
En el siglo XVIII, en la Merced, a esos elementos agréganse la columna muy comedido. A Blanqui sé deben, entre otros, los templos de San
salomónica y la hornacina; en San Agustín (fig. 393, lám. 354) todas Francisco y la Merced, de Buenos Aires. Obras también interesantes de
esas características se intensifican, y la columna salomónica y la clara- este período barroco son las Casas del Cabildo, de Buenos Aires y otras
boya adquieren extraordinario énfasis. Por otra parte, en los conventos poblaciones.
limeños, y en los peruanos en general, contra lo que sucede en Méjico,
concédese particular atención a los claustros. En ellos se sacan las PORTUGAL Y BRASIL.—El barroquismo portugués se hace ya sensible
consecuencias del esquema de arcos alternados de dos tamaños de San en San Benito, de Oporto, obra de Diego Marques. Pero, lo mismo que
Agustín, de Quito. En el de San Francisco, los arcos menores se maci- en España, la decoración no tarda en invadirlo todo, llegando a su ple-
zan para abrir después en ellos grandes claraboyas ovaladas, y todo el nitud en el siglo XVIII. Aunque no faltan monumentos importantes en
paramento es almohadillado. La arquitectura barroca limeña, siguiendo todo el país, la región más rica es la septentrional, y en particular la
modelos medievales peninsulares, crea un bello tipo de fachada en que ciudad de Oporto, donde en esta época se decoran con la mayor riqueza
los volados balcones cubiertos de celosías de maderas duras son el edificios medievales como San Francisco y Santa Clara. Su principal
elemento más rico y característico. La Casa de Torre Tagle (fig. 394), arquitecto es el italiano Nicolás Nasoni, autor de la iglesia de los Clé-
hoy Ministerio de Asuntos Exteriores, sin duda el ejemplar más lujoso rigos (1732), bastante cargada de decoración y, sobre todo, con esbel-
de casa limeña, tiene, además, un bello patio, donde el sistema de arcos tísima torre (1748) (fig. 395), que, al decir de los escritores portugueses,
alternados de diversos tamaños, propio de los claustros conventuales, es para la ciudad lo que la Giralda para Sevilla. Entre las numerosas
alcanza en su trazado mixtilíneo y en sus contracurvas la última etapa casas portugesas del siglo XVIII es de las más bellas, y de líneas más
de su evolución. movidas, la de San Lázaro, o del Mejicano, de Braga (fig. 399).
En el Cuzco, como consecuencia del terremoto de 1650, se forma La arquitectura portuguesa, como la española, tiene también un ca-
una escuela que labra numerosas portadas como la de la catedral y de pítulo cortesano menos nacional debido a las fabulosas riquezas que,
la Compañía y templos como el de San Sebastián, y extiende su influen- llegadas del Brasil y de Oriente, convierten a Juan V (1706-1750) en
cia a la región del lago Titicaca o del Collao: iglesias de Ayaviri y el monarca más rico y ostentoso de la Europa de su tiempo. Como
Tampa. En el siglo XVIII la prosperidad de esta última comarca da vida Felipe II hiciera en El Escorial, se hace construir en Mafra un enor-
a una escuela propia, cuyo rasgo más acusado es su riquísima decora- me edificio que es al mismo tiempo palacio y monasterio (fig. 401). El
ción de mano indígena labrada a bisel. Sirvan de ejemplo las iglesias monarca prefiere a los planos de Juvara los del bávaro Ludwig, y el
266 PORTUGAL Y BRASIL
WfflULi
Veamos cómo los caracteres más destacados de la escultura barro-
fíjiD||ÍMiiifcJ
ca aparecen plenamente definidos en el verdadero creador del estilo.
Si para explicar la arquitectura barroca italiana, Bernini (t 1680)
necesita el complemento de Borromini, él es, en cambio, el padre Figs. 400, 401.—El Carmen, Ouro Preto —Palacio de Mafra.
indiscutible de la escultura barroca. Establecido en Roma, aunque
napolitano de nacimiento, es artista precoz, de gran fantasía y deci-
sión, que no tarda en crear el estilo que impondrá al resto de Europa.
Formado con su padre, colabora ya con él en el Rapto de Proser-
pina (lám. 367). Si recordamos que es tema análogo al interpretado por
el manierista Juan de Bolonia (lám. 272), se observará cómo se relaja
la composición, al mismo tiempo que el movimiento gana en intensi-
dad. Pero donde su estilo se manifiesta sin trabas es en el David (1619).
El joven héroe que imaginara Miguel Ángel derecho, concentrado en sí
mismo, con la mirada fija en el blanco, se convierte en sus manos en
una figura de actitud violenta, representada en el momento mismo en
que va a lanzar la mortífera piedra. El modelado de su cuerpo delata
ya también al gran virtuoso del cincel. Ambos valores, movimiento
expansivo y finura de modelado, se acusan aún más en el famoso gru-
po de Apolo y Dafne (1621) (lám. 358), que esculpe a los veintitrés
Figs. 402-404.—San Francisco de Ouro Preto.—Bernini: Transverberación de Santa
años. Bernini ha elegido el momento mismo del final de la persecu- Teresa.— Cátedra de San Pedro, Roma.
ción, cuando, al abrazar el dios a la ninfa, los niveos brazos de ésta
se hacen follaje y su blando cuerpo se recubre de duras cortezas. In-
270 ITALIA
ESCULTURA BARROCA 271
terpretado múltiples veces el poético tema de los rayos del sol y la concibe con sorprendente originalidad. De media figura y lleno de vida,
fuente por pintores y grabadores, nunca se ha representado como aquí parece querer salir del nicho cuadrado en que se encuentra. En realidad,
lo leve del cuerpo que corre ni el contraste entre el suave cutis de la el escultor se limita a ofrecernos un retrato, género éste en que deja
ninfa y la seca y quebradiza corteza del árbol. también la profunda huella de su excepcional talento artístico. Aunque
Muchos años después, Bernini vuelve a tratar otro tema del amor y monumento de otra naturaleza, debe recordarse en este lugar la Cáte-
crea la que será su obra maestra. Pero no de amor pagano, sino de dra de San Pedro (fig. 404), conjunto apoteósico típicamente barroco.
amor divino: El éxtasis de Santa Teresa (1644) (lám. 357), concebido En el busto de Constanza Buonarelli (lám. 360) y en el del Cardenal
como un cuadro (fig. 403) a pesar de ser bulto redondo. Presenta a la Borghese (lám. 361), tan llenos de vida, puede advertirse no sólo cómo
Santa suspendida en el espacio, desfallecida sobre un trono de nubes el naturalismo propio del barroco encuentra en el retrato uno de sus
horizontales y superficie rugosa, que al contacto con la superficie pu- géneros más propios, sino también la mirada penetrante de retratista
lida de los ropajes adquieren calidad vaporosa. El hábito de la Santa que distingue al Bernini. En el tardío retrato de Luis XIV (1665) (lám.
con sus grandes plegados barrocos no acusa las formas del cuerpo. 364) es, sin embargo, la idea del movimiento lo decisivo en el aspecto
Lo único que de él vemos nos dice del modo más patético que ese cuer- general. En la estatua de Constantino, del Vaticano (1663) (lám. 369),
po no vive: el menudo pie desnudo pendiente en el espacio, la mano que puede considerarse un retrato ecuestre, rompe con el patrón clá-
entreabierta que aún apoya sobre el muslo, y, sobre todo, el rostro con sico y adopta el barroco del caballo apoyado sobre las patas traseras.
los ojos cerrados y la boca entreabierta. En contraste con la Santa La Fuente del Tritón (lám. 365) es un bello ejemplo de cómo se
desfallecida, la fina túnica del ángel flamea y el rostro rebosa de vida funden en Bernini el arquitecto y el escultor.
y alegría al lanzar el dorado dardo del amor divino en el alma cris- La escultura barroca italiana posterior al Bernini es, en realidad,
tiana anonadada en presencia del Amado. de estilo berninesco, y, como en tiempos del gran artista, sus princi-
Al final de su vida, en la Beata Albertoni vuelve a tratar el tema pales cultivadores continúan establecidos en Roma. Entre sus con-
del transporte místico en forma más sencilla, pero con no menor in- temporáneos debe recordarse al flamenco Duquesnoy (t 1643), que
tensidad (lám. 373). pasa gran parte de su vida en la Ciudad Eterna, y que, inspirado qui-
El sentido teatral y efectista del barroco inspira a Bernini otra zá más por el barroquismo rubeniano que por el berninesco, esculpe
serie de obras de primer orden. En el San Longino (1638) (lám. 363) ese el espléndido San Andrés (1640) (lám. 362), de San Pedro, cuya gran-
movimiento expansivo tan propio del estilo, le hace extender sus brazos diosa actitud es hermana de la del San Longino; Alejandro Algardi
en grandiosa actitud, que será ejemplar para sus sucesores. (t 1654), italiano de la misma generación del Bernini, es su principal
Pero donde la grandiosidad, la teatralidad y el efectismo del barro- competidor. Formado en el manierismo se deja influir por él, como
co escalan su máxima altura es en sus monumentos funerarios. En el se pone bien de manifiesto en el relieve de Atila y el Papa León (1650),
de Urbano VIII (lám. 366) crea el gran sepulcro barroco de ricos ma- en San Pedro. Su busto de Olimpia Pamphüi, aunque sin la vida des-
teriales. Preséntanos en él la estatua de bronce del Pontífice, con el bordante de los berninescos, es de un realismo netamente barroco.
brazo en alto, en elevado pedestal, mientras a sus pies, esculpidas en Entre los cultivadores de la tradición berninesca durante el siglo
mármol, las figuras alegóricas de la Caridad y la Justicia se apoyan en XVIII, los dos nombres más ilustres son Camilo Rusconi (t 1728) y
el sarcófago, del que se incorpora la Muerte para escribir en negra Felipe della Valle (t 1770), que trabajan en Roma. En Palermo,
lámina el nombre del difunto. En el de Alejandro VII (lám. 368) aban- Giacomo Serpotta (t 1732) se distingue por su gran sentido deco-
dona el recuerdo miguelangelesco del sarcófago e imagina una gran rativo.
cortina que levanta, de la manera más teatral y efectista, la Muerte,
todavía medio oculta entre sus plegados, para descubrirnos la puerta FRANCIA.—En la escultura barroca francesa el género religioso
del sepulcro y mostrarnos el reloj de arena que cuenta nuestros días. pasa a último término, mientras los temas de carácter mitológico y
Cuatro grandes figuras alegóricas femeninas de mármol blanco, per- alegórico, más de acuerdo con el tono de las lujosas construcciones
didas entre el cortinaje de color oscuro, ocupan los cuatro ángulos. reales y del parque de Versalles, ocupan el primer plano. Así como
Incluso sepulcros tan sencillos como el de Fonseca (lám. 359), los en España e incluso en Italia continúa siendo la Iglesia el princi-
272 FRANCIA ESCULTURA BARROCA 273
pal cliente de los escultores, en la Francia barroca, siguiendo el pro- que no en vano termina siendo el artista director de la Fábrica de
ceso iniciado en el siglo xvi, son el monarca y sus cortesanos quie- Sévres. El neoclasicismo gana terreno en los principales escultores del
nes solicitan principalmente sus obras. Dado este carácter profano, último tercio del siglo que mueren ya en la centuria siguiente. Figura
es natural que el retrato encuentre especial favor y constituya uno de entre ellos Pajou (t 1809), cuyas obras más atractivas son, sin embar-
los capítulos más interesantes del barroquismo francés, particularmente go, las animadas por el espíritu de la corte de Luis XV, como lo prue-
en forma de busto. ban su Psique y el retrato de busto de la Du Barry (lám. 377), del Lou-
Los escultores barrocos franceses trabajan preferentemente en már- vre. J. A. Houdon (t 1828) esculpe la Diana, del mismo museo, uno
mol y en bronce, como los italianos, y su estilo se encuentra intensa- de los desnudos más elegantes y que mejor expresan el movimiento
mente influido por el de éstos. El más importante del siglo xvn, Puget de la carrera en la escultura francesa. Pero su labor más valiosa es la
(t 1694), que vive en Marsella al margen del estilo oficial de la corte, numerosa serie de bustos (lám. 378) en que nos descubre su sano sen-
es una buena prueba de la profunda influencia berninesca en Francia. tido naturalista y sus dotes extraordinarias para sentir y expresar la
Estudia en Italia y crea en el relieve de Alejandro y Diógenes una obra vida de sus retratados, que son casi todos los hombres célebres de su
de grandiosidad típicamente barroca, en la que la huella del Bernini tiempo. Por la vida rebosante de su expresión merece recordarse es-
es bien patente. Esa misma grandiosidad es la que caracteriza al Milón pecialmente el de Voltaire, en cuyo rostro brilla en forma admirable
de Crotona (lám. 370), el tema clásico de dolor y de fuerza. la sonrisa burlona del viejo enciclopedista.
Mientras Puget esculpe estas obras inspiradas por un sano natura-
lismo barroco, los escultores de la corte, bajo la dictadura del pintor
Lebrun, director de la decoración de Versalles, trabajan en un estilo
hinchado y aparatoso. El más representativo es Francisco Girardon
(t 1715), autor de la gran estatua ecuestre de Luis XIV de la plaza
Vendóme, de París, destruida durante la Revolución. De él conserva-
mos grupos de carácter mitológico como el del Rapto de Proserpina
y el de Apolo y las ninfas, de Versalles, y el sepulcro del cardenal Ri-
chelieu (lám. 371), de la iglesia de la Sorbona. Esculpido éste por Gi-
rardon siguiendo un boceto de Lebrun, presenta al cardenal acompa-
ñado por las figuras alegóricas de la Religión y de la Ciencia, con toda
la teatralidad del estilo berninesco. Antonio Coysevox (t 1720) es el
gran retratista en el que ese estilo adquiere gracia y elegancia fran-
cesas, como demuestran, entre otros varios, los bustos de Colbert y
Conde (lám. 376). Entre los retratos de tipo mitológico merece recor-
darse el de María de Saboya, representada como Diana. Cultiva tam-
bién el género funerario en forma análoga a la de Girardon.
De los Coustou, discípulos de Coysevox, lo más importante son los
Caballos, del jardín de las Tullerías, obra de Guillermo (lám. 374).
Bajo Luis XV, bien avanzado el siglo xvm, persiste el estilo de la
gran escultura de los días del Rey Sol, y los géneros en que se pro-
ducen las creaciones más bellas y características son el desnudo de
tema mitológico y el retrato. Uno de los escultores más representati-
vos es Falconet (t 1791), cuyas estatuas del Amor y de bañistas (lámina
375) tienen toda la gracia y ligereza propia del rococó. Concebidas en
pequeño, participan del mismo espíritu que inspira a las porcelanas,
18
ESCULTURA BARROCA ESPAÑOLA 275
antes de contar los treinta años. Montañés es de los artistas que llegan
a gozar en vida de fama extraordinaria, y cuyo nombre perdura a tra-
vés de los siglos. Tirso dice de él que «por sólo en el mundo se se-
ñala», y otro contemporáneo suyo le califica por los mismos años de
«asombro de los siglos presentes y admiración de los por venir». El
escultor jienense no tarda en asimilar el tono espiritual de su nueva
patria y en expresarnos con la gubia algunas de las notas esenciales
que siempre han caracterizado a las más importantes manifestaciones
artísticas de la región sevillana. Formado en el manierismo de la úl-
tima etapa renacentista, sabe captar esa serenidad y ese equilibrio que
constituyen una de las facetas de lo sevillano. La comparación de su
376-378.—COYSEVOX: Conde.—PAJOU: Madame du Barry.—HOUDON : Su mujer. obra con las estridencias expresivas de su contemporáneo Gregorio Fer-
nández pone bien de manifiesto ese sentido clásico que distingue su
r ' .:•" -' personalidad en estos días de barroquismo. El orden y la ponderación
presiden su obra. En el mundo soñado por Montañés los personajes
no realizan acción alguna si no es con gracia, y con una gracia muy
parecida a la que será el principal encanto de Murillo o la que cons-
tituye el mérito de no pocas Vírgenes sevillanas del siglo xvi. Sus mis-
mos santos en actitud contemplativa, antes dejan ver en el rostro un
cierto sentimiento de tristeza, sumamente velado por el típico mimo
montañesiano, que un profundo arrebato místico.
Como su obra más antigua conservada se considera el San Cristó-
bal (1597), de la iglesia del Salvador, donde, si efectivamente es suya,
se nos muestra cultivando el estilo sevillano de fin de siglo antes co-
mentado. Pero su primera gran creación y la que ha servido de base
379-381.—GREGORIO FERNÁNDEZ: Crucifijo. Bautismo de Cristo. Verónica, Valladolid. para reconstruir su verdadera personalidad es el retablo de San Isido-
ro del Campo, de Santiponce (1609), en las proximidades de Sevilla.
Contiene en el centro el relieve de San Jerónimo penitente, y a los la-
dos los relieves de la Adoración de los Pastores y la Adoración de los
Reyes; otros relieves y estatuas decoran los cuerpos superiores. La
Adoración de los Pastores (láms. 385, 386), compuesta con verdadero
primor, deja ver como en pocas creaciones su sentido innato de la
ponderación y de la belleza. Todas las figuras están agrupadas para
dejarnos ver un bello gesto o un bello perfil. La pareja de ángeles con
las alas enhiestas, como Victorias clásicas, es de lo más hermoso que
ha producido nuestra escultura, y la correspondencia de su movimiento
con el del pastor del lado opuesto y el de la Virgen con el del otro pas-
tor en torno al eje central formado por San José y el Niño, es buen
ejemplo de lo que Montañés conserva del manierismo renacentista.
Completan el conjunto escultórico del retablo las estatuas orantes, tam-
382-385.—GREGORIO FERNÁNDEZ: Dolorosa, Valladolid. Cristos m u e r t o s , de San
Plácido, Madrid y E l Pardo.—MONTAÑÉS : Adoración de los Pastores, Santiponce. bién de madera policromada, de Guzmán el Bueno y su mujer, que,
278 SEVILLA ESCULTURA BARROCA ESPAÑOLA 279
siguiendo el ejemplo de El Escorial, se encuentran en hornacinas en barroca. Sus pies aparecen cruzados según la mística visión de Santa
los muros laterales. Brígida, habiéndose inspirado para ello en la copia de un Cristo de
De mayor amplitud es la obra de Montañés en la iglesia de Santa Miguel Ángel existente en Sevilla. Al decir de Montañés, sería la obra
Clara, de Sevilla, para donde esculpe el gran retablo mayor (1621) y suya de empeño, que desea que no salga de España, como otras que
los cuatro pequeños laterales. En el mayor, los relieves principales ha "hecho para Indias, y, en efecto, es probablemente el cuerpo más
están dedicados a la vida de la titular —la Toma de hábitos, la Bendi- esbelto y bello, y el rostro más finamente expresivo que conocemos
ción del pan, Santa Clara con la custodia seguida por la comunidad— de su mano.
en los que se manifiesta como uno de nuestros mejores intérpretes de De Montañés es casi seguramente la imagen procesional del Jesús
historias monjiles. Los retablos laterales, mucho más sencillos, sólo de Pasión con la cruz a cuestas, de la iglesia del Salvador. Su cuerpo
contienen una estatua y un pequeño relieve. Están dedicados a la Con- es un maniquí, para ser cubierto con vestiduras reales.
cepción, a los Santos Juanes y a San Francisco. El cuerpo de éste, sin En la plenitud de su gloria va a Madrid (1636) para hacer una
duda la estatua mejor de la serie, delata su estudio de la escultura cabeza de Felipe IV que sirva de modelo a la estatua ecuestre que ha
clásica, y su rostro de emocionada expresión es excelente ejemplo del de esculpir en Florencia Pietro Tacca, y que hoy se levanta ante el
mimo montañesiano. La Concepción presenta las características de las Palacio Real de Madrid. El original de Montañés no se conserva.
que después comentaremos. El único gran escultor que asimila plenamente el estilo de Mon-
En nada inferiores a los de Santa Clara son los grandes retablos tañés, sin salirse de los rasgos esenciales de su estilo, aunque con in-
de los Santos Juanes, de la iglesia de San Leandro, de Sevilla. La fi- discutible personalidad, es el cordobés Juan de Mesa (1583 t 1627), que
gura del Bautista, casi de bulto redondo, es seguramente de las me- entra en su taller a poco de cumplir los veinte años y muere cuando
jores esculturas de Montañés, y su cabeza de lo más clásico que salió aún le quedaban al maestro otros tantos de vida. Es, sobre todo, es-
de su gubia. En el gran retablo de San Miguel, de Jerez, sólo llega a cultor de imágenes procesionales, en las que, partiendo de los mode-
esculpir el relieve central de la Batalla de los Angeles. los de Montañés, descubre un temperamento más dramático y una
Las obras que han hecho popular el nombre de Montañés no han cierta tendencia a la hinchazón de las formas. Sus principales creacio-
sido sus retablos, sino sus imágenes y, en primer lugar, sus Concep- nes son Crucificados de cofradías, todos ellos esculpidos en un breve
ciones. Ya queda citada la de Santa Clara, en buena parte de taller, período de cuatro años: el Cristo del Amor, al parecer de 1618; el de
pero la mejor es la de la catedral (1630) (lám. 387), en la que el ar- la Conversión del Buen Ladrón (1619), el de la Buena Muerte (1620)
tista pone empeño excepcional. El mismo dice, cuando la estaba es- (lám. 389), el de la Misericordia (1622), conservados en diversas igle-
culpiendo, que sería «una de las primeras cosas que haya en España», sias sevillanas, y el de la Agonía, de Vergara, en Vizcaya. En casi todos
y Rodrigo Caro, al contemplarla el año mismo de su terminación, es- el paño de pureza difiere del de la Clemencia de Montañés, haciéndose
cribe con manifiesta exageración que es «la primera cosa que se ha más voluminoso, pero dejándonos ver, para excitar mejor la piedad,
hecho en el mundo, con que Martínez Montañés está muy envanecido». la cuerda que lastima sus carnes. El Cristo que ha hecho popular el
Con un leve movimiento ascendente gracias a la inclinación de la caída nombre de Juan de Mesa es el del Gran Poder (1620), con la cruz
del manto, y desviadas sus manos finas y elegantes para que podamos a cuestas, de la Iglesia de San Lorenzo, que como el de Pasión de
admirar su bello rostro, es, indudablemente, una obra maestra de nues- Montañés, es también de vestir.
tra escultura. La Concepción de la Universidad es digna de figurar jun-
to a la de la catedral. FELIPE DE RIVAS Y JOSÉ DE ARCE.—En vida todavía de Montañés, al
En cuanto a imágenes de Cristo consta que le pertenece el de la principiar el segundo tercio del siglo, comienzan a trabajar algunos
Clemencia (1606) (lám. 388), de la catedral. Al comprometerse a la- escultores que abandonan el estilo del maestro, y abren una etapa de
brarlo ofrece el artista que tendría «la cabeza inclinada mirando a transición al pleno barroco de fines del mismo.
cualquiera persona que estuviera orando al pie de él como que le está Felipe de Rivas (t 1648). que muere un año antes que Montañés,
el mismo Cristo hablando», dejándonos así en estas líneas uno de los en el retablo del Bautista, del convento de Santa Paula, reacciona con-
textos más expresivos que ilustran la historia de nuestra escultura tra el plegar menudo y el modelado preciso de aquél, delatando tam-
280 SEVILLA ESCULTURA BARROCA ESPAÑOLA 281
bien un gusto por el movimiento ajeno al estilo del viejo maestro. La bre columnas más pequeñas y cubierto por una cúpula. En este es-
comparación del relieve del Bautismo y la cabeza cortada de San Juan, pacio realmente rectangular, pero aparentemente cuadrado, dispone
con esos mismos temas de Montañés en San Leandro, pone bien de Pedro Roldan no menos de nueve figuras de tamaño mucho mayor que
manifiesto la diferencia. Pero el gran escultor de este momento es el el natural. El fondo es de paisaje de bajísimo relieve, cuyo efecto de
flamenco José de Arce (t 1666) —probablemente Aaerts o Aerts—, au- profundidad y de incorporación a la escena se ve favorecido por la
tor del Apostolado (1637) (lám. 390), de la Colegiata de Jerez y del perspectiva arquitectónica de la fingida cúpula.
retablo de San Miguel, de la misma población, que comenzara Martí- Obra menos lograda, pero también de grandes proporciones, es el
nez Montañés. La subida calidad de ambas obras delata a un artista retablo mayor de la iglesia del Sagrario, dedicado al Cristo muerto
muy de primera fila, y el barroquismo de su estilo debe convertirlo, sobre las piernas de la Virgen, acompañado por los santos varones y
a los ojos de los escultores sevillanos coetáneos, en un revolucionario. las santas mujeres. Pedro Roldan es, además, el autor de una de las
El rompe con ese mundo de actitudes reposadas, de cabelleras minu- principales imágenes de la Semana Santa sevillana, el Salvador en el
ciosamente interpretadas y paños quebrados en mil dobleces de Mon- momento del Descendimiento, de la iglesia de la Magdalena, que pen-
tañés, y tan es así, que, para encontrar figuras compuestas con el des- diente de unos lienzos de tela real, y recortada su quebrada silueta
enfado de las de Arce, es necesario llegar a los días de Pedro Roldan. en el espacio, patentiza los extremos a que llega el barroquismo es-
Contemporáneo del Bernini, es muy posible que haya sufrido su in- cultórico sevillano seiscentista.
fluencia, pero tal vez sea más probable que, como su paisano Duques-
noy, se formase al calor del barroquismo rubeniano. Sus últimas obras Quien pone término a la escultura procesional sevillana del siglo
son las gigantescas estatuas de piedra de la iglesia del Sagrario, de xvn es el discípulo de Roldan, Francisco Ruiz Gijón. Su Cristo de la
Sevilla. Expiración (lám. 393), sin duda una de las imágenes más populares
Alonso Martínez, a juzgar por sus obras conocidas, se incorpora de la Semana Santa, es también una de las más bellas y perfectas es-
en fecha más tardía a esta nueva etapa del barroquismo escultórico culturas de la escuela. Para prestarle movimiento y vida, Gijón apro-
sevillano. Su obra maestra es la Concepción Grande (1655), de la vecha la técnica suelta y valiente de Roldan. Como en los místicos de
catedral. Mena, muerto un año antes, todo lo que significa peso y esfuerzo des-
aparece. Es el solo espíritu, el simple anhelo divino, el que impulsa
PEDRO ROLDAN, RUIZ GIJÓN, LA ROLDANA Y DUQUE CORNEJO.—El úl- hacia arriba la imagen. El paño de pureza que, como un bello mar-
timo tercio del siglo lo llena el antequerano Pedro Roldan (t 1700), co, encuadra el esbelto cuerpo del Cristo de la Clemencia de Monta-
que pasa su juventud en Granada, en el taller de Alonso de Mena, ñés, y que con sus moñas y su abundancia oculta el de los Cristos
donde debe de ser compañero de su hijo, el después tan famoso Pedro de Juan de Mesa, se convierte en el de Ruiz Gijón en un trozo de tela
de Mena. Trasladado a Sevilla, llega a ser, con sus grandes retablos, que, al presentársenos como agitado por un vendaval que descendie-
el principal representante del pleno barroco en la capital de Andalucía, se de las alturas, produce la impresión de que el cuerpo del Salva-
no sólo por el carácter gigantesco de la concepción de sus composi- dor se eleva en sentido contrario. Si se el compara con el de Vergara,
ciones, sino por la factura sumaria y pictórica, de tipo berninesco, con de Mesa —también de la Expiración—, fácilmente se advierte cómo
que interpreta sus personajes. desaparecen el esfuerzo corporal reflejado en la contorsión de la mus-
Su obra maestra es el retablo mayor (1679) (láms. 391, 392) de la culatura al apoyar los pies para elevar el tórax, y la hinchazón del
iglesia del Hospital de la Caridad, cuya arquitectura se debe a Ber- cuello, producida por el esfuerzo y el deseo. Como los Cristos del
nardo Simón de Pineda, el gran ensamblador de la época. Represén- Greco, el de Gijón asciende porque su anhelo espiritual lo hace in-
tase en la calle central el Santo Entierro, mientras el segundo cuerpo, grávido.
q u e es en realidad simple remate, se adorna con las Virtudes. La his- A esta última fase de la escultura seiscentista corresponde la acti-
toria del Santo Entierro está interpretada con criterio esencialmente vidad de la hija de Pedro Roldan, Luisa, la Roldana (t 1704), que se
pictórico. Dentro del orden gigantesco de las columnas salomónicas, distingue, sobre todo, por sus grupos pequeños de barro cocido (lá-
el artista, valiéndose de la perspectiva, finge un espacio cuadrado SO- mina 396).
282 GRANADA
yor y de la Plaza de Oriente, obra el primero de Juan de Bolonia, es- y más conocidas, el paso del Prendimiento (1736) (lám. 415), si bien
cultor, como hemos visto, todavía renacentista, que presenta el caballo la creación en que culmina todo este período de lucha es el grupo de
al paso, y el segundo de Pedro Tacca (fig. 406), según dibujo de Ve- las Angustias (1741), de la iglesia de San Bartolomé, que le ganó gran
lázquez, que lo imagina levantado sobre las patas traseras haciendo popularidad.
corvetas. De Bernini se conservan en El Escorial un Crucifijo, y en El San Antón (1746), de la Puerta de Castilla, inicia su época más
el Palacio Real dos estatuitas de bronce de Hércules y de Verseo. El brillante, durante la que esculpe varios pasos, para la ya citada igle-
Museo del Prado posee una estatua ecuestre de Carlos II, de su sia de Jesús. En el paso de la Caída (1752) el bello rostro del Salvador,
escuela. dirigido al cielo, atrae todo el interés de la escena, y la colocación de
los sayones, que encuadran su figura para que luzca con todo su poder
E L SIGLO XVIII. MURCIA: FRANCISCO SALZILLO.—A medida que avanza emotivo, prueba cómo Salzillo sabe componer sus grupos. El de la
el siglo XVIII se van agotando las grandes escuelas de la centuria an- Oración del Huerto (lám. 414) es seguramente su obra cumbre. La
terior. La de Valladolid, muerta al desaparecer Gregorio Fernández,
apenas vuelve a dar señales de vida. La sevillana, de un florecimiento
más largo, no rebasa con vigor los comienzos del siglo, y la granadina,
la más joven de todas en su etapa barroca, aunque produce todavía
obras interesantes en los primeros años del XVIII, tampoco da vida a
ningún escultor de primera fila. Evidentemente, el clasicismo de las in-
fluencias francesa e italiana imperantes en la corte, no favorece el cul-
tivo de nuestra escultura tradicional, pero el hecho es que la arquitec-
tura, que lucha con iguales inconvenientes, continúa durante bastante
tiempo creando obras importantes en varias comarcas españolas. La
realidad es que en el siglo XVIII la escultura policroma sólo vive, con
rango digno de la centuria anterior, en la escuela murciana, y en el
escultor castellano Luis Salvador Carmona.
Murcia, no lejos de Granada, que, como hemos visto, conserva su Figs. 405-407.—J. de Bolonia: Felipe III.—Tacca: Felipe IV—Sabatini: Sepulcro de
Fernando VI. (Delojo.)
vitalidad escultórica hasta bien entrado el siglo XVIII, es ahora la sede
de una nueva escuela, que, en realidad, es la de Francisco Salzillo
expresión del desfallecimiento del Salvador, cuya espalda descansa sobre
(1707-1783). Hijo de un escultor napolitano establecido muy joven en
la pierna del ángel; la hermosura de la cabeza de éste (lám. 411), que
la ciudad, en ella parece que se forma con su padre y en ella trabaja
con el brazo señala la palmera, y la perfecta armonía con que enlazan
durante medio siglo. Es, sobre todo, un escultor de pasos procesiona-
las líneas generales del grupo, convierten este paso en una de las crea-
les formados por numerosos personajes, a diferencia de los sevillanos
ciones más bellas de nuestra escultura. A estos dos grandes pasos si-
del siglo XVII. Las estatuas de Salzillo, en general bien modeladas, de
guen las tres bellas imágenes de San Juan (lám. 412), la Dolorosa (1756)
hermosas cabezas y actitudes con frecuencia muy elegantes, suelen pro-
y la yerónica. El San Juan, que es una de sus estatuas más elegantes y
ducir la impresión de estar concebidas en pequeño. Ante muchas de mejor\plantadas, está representado en actitud de marchar, recogiendo
ellas se piensa en los Belenes y en las porcelanas, las típicas creacio- su amplia túnica y señalando con el brazo extendido el Camino del Cal-
nes dieciochescas. Incluso en las escenas más trágicas y más honda- vario, hacia donde vuelve también la cabeza. Con posterioridad hace
mente sentidas p o r el escultor, suele percibirse siempre esa sensación el paso de la Cena, y, por último, pocos años antes de su muerte, el de
de lo bonito, tan dieciochesca. los Azotes (1777), con que se cierra la serie de los de la iglesia de Jesús.
Después de su labor en el convento de Santo Domingo (1727-1730). El San Jerónimo penitente (lám. 413) debe compararse con el rena-
que data de cuando apenas cuenta los veinte años, esculpe ya para la centista de Torrigiano (lám. 46) para valorar mejor la dispersión barro-
iglesia de Jesús, que más adelante le encarga sus obras principales ca de la forma.
288 MADRID
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M
423425.—DOMENICHINO : Comunión de San Jerónimo, M. Vaticano.—GUERCINO : 19
PINTURA BARROCA ITALIANA 291
Luis Carracci, en su Virgen con santos (Iám. 421), tenida por su obra Guido Reni (t 1642) es un discípulo de los Carracci que duda en
maestra, descubre, por encima de los escorzos, del movimiento de al- un principio entre el estilo de éstos y el naturalismo de intensos con-
gunas figuras y de la iluminación de estirpe correggiesca, un cierto sen- trastes de luces y sombras del Caravaggio, hasta el punto de que llega
tido barroco de la grandiosidad. Encontrándose muy lejos de ser un en sus comienzos a pintar alguna obra tan plenamente caravaggiesca
temperamento apasionado, es indudable que a la premiosidad y al pre- como la Crucifixión de San Pedro, del Vaticano. Decidido, al fin, por
ciosismo manierista ha sucedido un moderado ímpetu barroco. el gran estilo decorativo de colores claros y de hermosas figuras con
La Comunión de San Jerónimo, de la misma Pinacoteca de Bolo- bellos rostros de aquéllos, llega a ser uno de los principales cultivado-
nia, de Agustín Carracci, dotada también de indudable grandiosidad, res del eclecticismo bolones. De gran capacidad técnica, aunque un
muestra, en cambio, las preferencias de su autor por el arte jugoso poco frío de inspiración, prueba su talento el que Aníbal Carracci, celoso
de los venecianos. Aníbal se hace famoso por sus numerosos asuntos de su valer, no le deje colaborar en el Palacio Farnesio.
de composición sencilla y estilo tan falto de nervio y tan dulzón, que Al terminar su pintura de la Aurora (1609) (lám. 425), el mismo año
llega a empalagar. El Sueño del Niño Jesús, el llamado «Silencio de de la muerte de Aníbal Carracci, todos le consideran en Roma el su-
Carracci», es una de sus creaciones más típicas de este género. cesor de éste. Nadie duda que aquella gran composición al fresco con
Después de haber pintado al fresco los tres Carracci varios pala- que decora la bóveda del Casino Rospigliosi es obra de la categoría de
cios de Bolonia, Agustín y Aníbal marchan en 1595 a Roma para de- la del Palacio Farnesio y digna heredera de las grandes pinturas mu-
corar el del cardenal Farnesio. Se comprende su triunfo sobre el ma- rales de Rafael. Concebido a semejanza de Baco y Ariadna, como un
nierismo agonizante representado por Federizo Zúccaro. El único que gran lienzo sin muchas preocupaciones por escorzos y efectos de pers-
puede hacerles sombra es Caravaggio, y no cultiva ese género de pectiva, presenta al dios Apolo en un carro tirado por briosos corceles
pintura. El eclecticismo bolones entronizado así en la capital del mun- avanzando al galope sobre las nubes, rodeado por el bello cortejo de
do artístico, se difunde rápidamente. Los Carracci, inspirándose en las Horas y precedido por la Aurora sembrando flores sobre la tierra.
Miguel Ángel, Rafael y el Correggio, y estudiando las antigüedades ro- Guido Reni es también uno de los grandes pintores barrocos de
manas, son quienes realmente sacan, en esta decoración de carácter temas religiosos (lám. 426). Algunas de sus creaciones, como la Mag-
mitológico de la galería del Palacio Farnesio, las últimas consecuen- dalena en actitud extática y teatral, tan fofa de carnes como de ex-
cias del arte pagano de Rafael, que la Reforma Católica impide des- presión, alcanzan gran popularidad a juzgar por el gran número de
arrollar en sus cuadros religiosos. El genio director debe de ser Agustín, copias conservadas. La Judit del Palacio Spada, de Roma, muestra la
cuyo temperamento se encuentra tan lejano de los ideales reformistas honda huella dejada en él por Caravaggio, y el retrato del Cardenal
católicos, que llega a abrir algún grabado de carácter lascivo. En el Spada, en la misma colección, habla de sus dotes para cultivar este
arranque de la bóveda del Palacio alternan los atlantes simulados de género.
mármol, con desnudos y medallones bronceados, mientras en el gran Si Guido Reni se mantiene, en lo esencial, fiel a las normas de los
cuadro central se desarrolla la historia de Baco y Ariadna (lám. 422), Carracci, Francisco Barbieri, el Guercino (t 1666), algo más joven que
que avanzan en alegre tropel exhalando en sus desnudos la sensuali- él, trae nueva vida al eclecticismo bolones vivificando el estilo deco-
dad de un paganismo plenamente asimilado. Animado por el mismo rativo de aquéllos con el claroscurismo y el amor a la naturaleza de
espíritu, el Triunfo de Galatea es otra de las escenas más decorativas Caravaggio y el colorido veneciano. Su gran pintura de la Aurora
y mejor compuestas de los Carracci. Ambas están vistas lateralmente, (1621) (lám. 424), del Casino Ludovisi, de Roma, es la última gran crea-
como en una pintura de caballete. La trascendencia de estas grandes ción de este tipo de la escuela boloñesa, donde, debido probablemente
composiciones es considerable. Son el jalón inmediatamente anterior al a la influencia veneciana, se abandona ya el punto de vista lateral adop-
barroquismo de Rubens y principal fuente de inspiración del arte fran- tado por los Carracci y Guido Reni y se presenta la escena contem-
cés de Luis XIV. plada desde abajo, en violento escorzo sobre un celaje en el que la
mirada se pierde. El claroscuro es también más intenso que en sus
GUIDO RENI, EL GUERCINO, DOMENICHINO Y ALBANI.—Las dos grandes predecesores. Ese claroscurismo de influencia caravaggiesca es todavía
figuras de la segunda generación de la escuela boloñesa y las que le mucho más sensible en su gran lienzo del Entierro de Santa Petronila
inyectan nueva vida, son Reni y el Guercino.
296 EL TENEBRISMO PINTURA BARROCA ITALIANA 297
(lám. 427), que se considera su obra maestra. Comparado con el Santo un punto de vista más original. Al situar en el primer plano de su
Entierro, de Caravaggio, al mismo tiempo que descubre el origen de interés el problema de la luz, inicia una de las grandes conquistas del
lo bajo del punto de vista, delata, con el mayor aparato de sus com- arte barroco. Comenzada su formación en tierra lombarda, fecundada
posición, todo lo que ha prosperado el barroquismo. Su estilo colorista por el estilo leonardesco, es natural que se sienta atraído por el claros-
revela cómo Guercino ha sabido asimilar la blandura veneciana. curismo. Pero mientras en el maestro florentino el claroscuro está li-
Discípulos de menos categoría de los Carracci son el Domenichino gado al esfumado de los perfiles y a la suavidad en el tránsito de la
y Albani. Domenico Zampieri, el Domenichino (t 1641), aunque la falta luz a la sombra, en el Caravaggio la luz se proyecta sobre la forma
de nervio corriente en la escuela se hace en él bastante sensible, crea con violencia y su contraste con la sombra es brusco e intenso. Si la
en la Comunión de San Jerónimo (1614) una de las principales obras de Leonardo es una luz suave como la sonrisa de sus rostros, la del
de la pintura barroca (lám. 423). Copia bastante fiel de la de Agustín Caravaggio es intensa como la luz artificial en la noche o el rayo de
Carracci, lo monumental del fondo presta mayor grandiosidad al con- sol en la oscuridad. Para crear estos intensos efectos de luces y som-
junto y la luz destaca las diversas partes del grupo haciendo su com- bras refiere uno de sus biógrafos que pintaba con luz de sótano, es
posición más clara; pero es el agotamiento físico del rostro del santo, decir, con iluminación muy alta y única, a fin de que las paredes per-
expresado con intensidad típicamente barroca, lo que centra rápida- maneciesen en la sombra. A ello se debe el nombre de tenebrismo con
mente el interés del que contempla el cuadro. Cultiva también el gé- que se conocen su estilo y el de sus imitadores.
nero mitológico —Triunfo de Diana, de la Galería Borghese, de Roma—, Su actitud no es menos decidida frente al idealismo renacentista,
género en que se distingue especialmente Francisco Albani (t 1660). hasta el punto de convertirle en un temprano campeón del naturalismo
Pintor éste que concibe todo en pequeño, sus personajes son unos
barroco. Poco amigo de la noble arrogancia con que el Renacimiento
graciosos muñecos de rostros angelicales e infantiles en los que el es-
gusta de imaginar sus personajes, los interpreta él en tono tan natu-
píritu pagano que inspira al Correggio muere esterilizado por el sen-
ralista que, sobre todo en alguna historia religiosa, llega a provocar
timiento de castidad de la Reforma Católica. Sin el grano de sensuali-
airadas protestas. Salvo en casos muy aislados, más que el deseo de
dad renacentista, sus insípidas creaciones mitológicas le conquistan, sin
ahondar en la representación realista, adviértese en Caravaggio el de
embargo, fama muy superior a sus propios méritos. La Danza de Amo-
humanizar los personajes divinos, aunque manteniéndose dentro de
res, de la Pinacoteca Brera, de Milán, es muy representativa de su per-
los límites propios del idealismo italiano. Ello no obstante, no pocas
sonalidad artística.
de sus obras descubren en él un prurito de rebuscamiento en la com-
posición para crear violentos escorzos, de estirpe poco naturalista.
E L TENEBRISMO: CARAVAGGIO.—Un año después que Aníbal Carracci,
muere en la playa de Porto Ercole, rodeado por unos pescadores, víc- Su primer grupo de obras importantes es la serie de San Mateo.
tima de la fiebre y de las heridas recibidas en su último altercado, En la historia de San Mateo y el ángel, si el tipo poco distinguido de
Miguel Ángel Caravaggio (t 1610). Nacido en el norte de Italia, después aquél explica las protestas antes aludidas, la rebuscada actitud del
de estudiar en Milán se establece en Roma, pero su carácter violento ángel habla de su preocupación por el escorzo. De gran tamaño, las
y pendenciero convierte su vida, sobre todo en su última parte, en figuras ocupan la casi totalidad del lienzo. En la Vocación del Santo
una serie ininterrumpida de duelos, muertes, fugas huyendo de la jus- ofrece la escena, corriente en el tenebrismo, de varios personajes en
ticia y peticiones de indulto. Así, cuando el porvenir se le presenta ya una oscura sala en torno a una mesa violentamente iluminada desde
diáfano en la Ciudad Eterna, tiene que abandonarla y huir a Ñapóles. la parte alta de uno de los lados.
Desde allí marcha a Malta, y después peregrina por Sicilia. Al permi- En los dos cuadros compañeros de la Crucifixión de San Pedro y
tírsele regresar a Roma, ya hemos visto cómo muere antes de cumplir de la Conversión de San Pablo (1600) se muestra aún más lejano de
los cuarenta. las normas renacentistas. Las figuras, proporcionalmente mayores, lle-
Lo mismo que su vida, la actitud artística del Caravaggio es de nan la superficie, y si en el primero, las actitudes, dentro de sus inten-
franca rebeldía frente al arte ecléctico bolones. Caravaggio ve la obra sos escorzos, procuran ser vulgares, en el segundo, el caballo, en vio-
pictórica desde un ángulo mucho más estrecho, pero también desde lento escorzo, con la grupa vuelta al espectador y el santo con los
298 EL TENEBRISMO
PINTURA BARROCA ITALIANA 299
brazos clamantes hacia el cielo, delatan una preocupación efectista ne-
tamente barroca. decorativa de bóvedas y techos, e n ' l a que el barroquismo triunfante
El rebuscamiento en la composición y en el punto de vista es ma- alcanza una de sus últimas metas. En ella se continúa el estilo decora-
nifiesto en el Santo Entierro (1602) (lám. 426), donde el autor ima- tivo bolones. El que abre francamente esta nueva etapa barroca es
gina el sepulcro en primer lugar y al espectador muy en bajo, casi Pietro de Cortona (t 1669), casi riguroso coetáneo del Guercino. Ins-
en la fosa misma, para que contemple la escena en escorzo muy acu- pirándose aún más en las bóvedas del Correggio que en las decoracio-
sado. Los gestos y los tipos son poco distinguidos. Si se vuelve la mi- ' nes boloñesas, concede al escorzo de la figura humana y a las nubes
rada al Santo Entierro, de Rafael, imaginado como un desfile de bellas toda ^ importancia que resta a la trama arquitectónica. En su gran
actitudes, se comprenderá el largo camino recorrido por Caravaggio techo del Palacio Barberini (1633), de Roma, que pinta por los mis-
para llegar a llamarnos la atención, incluso sobre las deformidades de mos años en que Bernini traza el Baldaquino, echa las bases del nuevo
los pies de uno de los santos varones. Donde su arte de componer se estilo decorativo del pleno barroco (lám. 431).
muestra menos rebuscado, su iluminación más típicamente tenebrista Pero quien le hace recorrer el último estadio de su evolución es el
y más efectista y su realismo más insolente es en el Entierro de la jesuíta Andrea Pozzo (t 1709), cuya actividad corresponde ya al último
Virgen (1605) (lám. 429). El tomar por modelo para la figura de María tercio del siglo xvn. El pone al servicio de ese deseo de espacio infi-
a una pobre mujer ahogada en el Tíber, con el vientre hinchado, es nito, tan característico del barroco triunfante, un dominio excepcional
superior a lo que puede soportar el ambiente clásico romano, y la de la perspectiva arquitectónica. Gracias al gran escenógrafo que en
protesta termina por hacer retirar el lienzo del templo para donde se él existe, sus bóvedas producen la ilusión de que los muros del templo
pinta. Ni la grandiosidad de la composición, dentro de su aparente sen- se prolongan en pisos y más pisos, con galerías, columnas y entabla-
cillez, ni la forma admirable como el intenso claroscuro valoriza el mentos, hasta perderse en las nubes. El Triunfo de San Ignacio, de
contenido trágico del tema, creando uno de los cuadros más impresio- la bóveda de su iglesia de Roma, es su obra cumbre y la que, por
nantes de la pintura barroca, logran compensar a sus contemporáneos tanto, representa la meta de este tipo de pintura decorativa (lám. 432).
del desacato que significa el realismo de Caravaggio para el sentido clá- Ilustre cultivador del mismo estilo es su coetáneo el genovés Baciccia
sico y para la piedad. (t 1709), autor del gran fresco del Triunfo de Jesús, de la iglesia de
Dadas sus preocupaciones naturalistas, es lógico que Caravaggio Jesús, también de Roma.
cultive el cuadro de costumbres, que tanto éxito tiene entre sus suce- Con ese tipo de pintura decorativa del pleno barroco, aunque co-
sores. Ya en los primeros tiempos pinta la Mujer tocando el laúd y rresponda ya al siglo xvm, se encuentra relacionada la de escenogra-
unos Jugadores de cartas, a los que siguen otros como la Mujer di- fía, cuya ilusión suprema en este período es la ficción de espacio. Su
ciendo la buenaventura, todos ellos de figuras de medio cuerpo. Su gran maestro es el bolones Fernando Bibbiena (t 1743), quien a su
Cesta de frutas, de la Pinacoteca Ambrosiana de Milán, es testimonio dominio de la perspectiva une una imaginación extraordinaria y fe-
de la amplitud de su interés naturalista. Con este mismo criterio inter- cundísima para inventar enormes interiores de grandiosas proporcio-
preta el tema mitológico de Baco (lám. 430). nes, de los que se conservan dibujos y estampas.
La influencia del tenebrismo y del naturalismo caravaggiesco du-
rante la primera mital del siglo xvn es extraordinaria, no sólo en Ita- ÑAPÓLES Y GENOVA.—Al tenebrismo, que tan hondas raíces echa en
lia, sino en el resto de Europa. Etapa no bien conocida de la pintura Ñapóles gracias a la presencia de Ribera, sucede el estilo de Luca
italiana, cuenta con nombres como Manfredi, O. Gentileschi, Carac- Giordano, a quien ya en vida se le llama, en España, Lucas Jordán
ciolo, etc. Pero el único tenebrista que trabaja en Italia capaz de com- (t 1705). Artista que pasa de la concepción a la ejecución con rapidez
petir en personalidad con Caravaggio es el español Ribera, que pasa vertiginosa, y que a su fantasía extraordinaria une una facilidad de
casi toda su vida en Ñapóles, y de quien se trata más adelante. pincel igualmente excepcional, es quizá el pintor más fecundo que ha
existido. Su desconcertante rapidez en el trabajo hace que sus con-
Los DECORADORES BE LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO.—La principal crea- temporáneos le denominen «Luca fa presto». Aunque, a veces, su estilo
ción de la escuela romana de la segunda mitad del siglo es la pintura pueda resultar algo monótono por falta de empeño, sus dotes de co-
lorista son de primera categoría, siendo también sorprendente su ha-
300 SIGLO XVIII
PINTURA BARROCA ITALIANA 301
bilidad para imitar los estilos ajenos, de los que hace verdaderas fal-
hijos (lám. 438) se trata más adelante, en el capítulo dedicado a la
sificaciones. Entre sus pinturas de caballete son particularmente bellas
escuela española.
las de influencia veneciana. Pero donde despliega todas sus excepcio-
Si en Tiépolo perdominan la fastuosidad y el lujo veronesiano, en
nales facultades es en sus enormes frescos de bóvedas y techos. Su
Canaletto y en Guardi lo esencial es el gusto por la ciudad de Venecia
punto de partida es el estilo de Pietro de Cortona, cuyos modelos y
y por la vida veneciana que inspirara a los Bellini y a Carpaccio. El
actitudes ejercen en él profunda y perdurable influencia. Lucas Jordán
iniciador de este nuevo tipo de pintura setecentista es Antonio Canal,
renuncia a escorzos arquitectónicos, y arma sus amplísimas composi-
Canaletto (t 1768), quien, después de visitar Roma y cultivar la esce-
ciones sobre bambalinas de nubes que se suceden hasta perderse en el
nografía, se dedica a pintar desde amplios puntos de vista los canales
infinito. Trasladado en los últimos años de su vida a Madrid, pinta en
venecianos con sus góndolas, puentes y plazas, poblados de diminutas
España bóvedas tan importantes como la de la sacristía de la catedral figurillas. El Palacio de los Dux (lám. 436), la plaza de San Marcos,
de Toledo, las de la iglesia y escalera de El Escorial, la del Casón del la iglesia poligonal de Sta. Maria della Salute con sus típicos mensu-
Buen Retiro de Madrid, donde representa la historia del Toisón de lones, la paladiana fachada de San Giorgio Maggiore, son el fondo co-
Oro, etc. (lám. 433). rriente de sus alegres y luminosas composiciones. De sus continuado-
Algo más joven que Jordán, merece también recordarse en la es- res, mientras Bellotto (t 1780) se limita a repetir su estilo, Francesco
cuela napolitana el nombre de Salvator Rosa (t 1673), que lleva al pai- Guardi (t 1793), aun manteniéndose dentro de las características ge-
saje el estilo riberesco y que se distingue como pintor de batallas. nerales del mismo, emplea técnica más suelta y nerviosa (lám. 441),
En Genova, el naturalismo barroco, unido a un gran desenfado téc- que presta nueva vida al género creado por Canaletto. Pietro Longhi
nico, produce la interesante personalidad de Bernardo Strozzi (+ 1644), (t 1785) es el cronista de la vida veneciana que se interesa más por
que cultiva temas como el de la Cocinera, del Palazzo Rosso, que se la escena que por el bello escenario de canales y plazas (lám. 439).
pensaría más propio de la escuela holandesa (lám. 434). Frente a estas bellas vistas venecianas sin preocupación arqueoló-
gica de ninguna especie, las de G. P. Panini (t 1764) se distinguen por
SIGLO XVIII. VENECIA: TIÉPOLO, CANALETTO Y GUARDI.—En el siglo incluir ruinas de templos clásicos, relieves y vasos de mármol en los
XVIII, aunque continúa trabajando en Roma algún pintor de fama en que sobrevive el espíritu del paisaje romano seiscentista.
su tiempo, es Venecia la que marcha a la cabeza de la pintura italiana. Ñapóles, la hermosa ciudad del sur, conserva cierta vitalidad du-
En la primera mitad de la centuria aparecen ya varios artistas en quie- rante el siglo XVIII gracias a sus decoradores Francisco Solimena
nes revive el rico colorido de la escuela, al servicio de un barroquismo <+ 1747) y Corrado Giaquinto (t 1765), quienes con estilo diferente con-
gracioso y elegante, típicamente dieciochesco. Llámanse Sebastián Ricci servan la gran tradición de Lucas Jordán. El último, lo mismo que
(t 1734), que trabaja en las cortes de Viena y Londres, y J. B. Piazzetta T\iépolo, es llamado por Carlos III a decorar el Palacio Real de Madrid.
(f 1754). La gran pintura veneciana de esta época es de carácter pro-
fano, y su verdadero creador, Giambattista Tiépolo (t 1770), en quien
la opulencia decorativa y el sentido del lujo venecianos y el espíritu
narrativo cuatrocentista y veronesiano se ponen al servicio de una ima-
ginación ampulosamente barroca. Aunque cultiva también el género re-
ligioso, la mayor parte de sus obras y la más representativa es la de
tema profano (lám. 440). Así, en la villa Marmarana, de Vicenza, deja
una importante serie de escenas de la Eneida y de la Odisea. Decora-
dor el más distinguido en su tiempo, pinta las bóvedas del Palacio de
Wurzburgo, en Alemania, una de sus obras maestras. En 1762 se tras-
lada a Madrid, donde pasa el resto de su vida manteniendo gloriosa-
mente el pabellón d e la gran pintura colorista barroca frente al neo-
clásico Mengs. De s u labor madrileña (láms. 435, 437) y de la de sus
PINTURA BARROCA FLAMENCA Y HOLANDESA 303