0% encontró este documento útil (0 votos)
69 vistas4 páginas

Etica para Amador

Cargado por

ocramcita
Derechos de autor
© Attribution Non-Commercial (BY-NC)
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
69 vistas4 páginas

Etica para Amador

Cargado por

ocramcita
Derechos de autor
© Attribution Non-Commercial (BY-NC)
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

ETICA PARA AMADOR

La estructura externa de esta edición de Ética para Amador está formada por trece
partes: un aviso antipedagógico, en el que Savater anula las funciones de manual de
ética para alumnos de bachillerato, o de recetario de respuestas a problemas
cotidianos a este libro, consta de nueve capítulos.

La estructura interna de los nueve capítulos se puede clasificar en cuatro partes bien
diferenciadas:

La primera parte consta de todos los capítulos que van entre el primero y el sexto. En
esta parte se dan las definiciones básicas de lo relacionado con la ética. Puede
considerarse como una introducción a la ética. Es una especie de resumen de los
diferentes comportamientos éticos.

Ciertas cosas uno puede aprenderlas o no, a voluntad, pero hay cosas que se han de
saber porque en ello nos va la vida. Pero existe una cosa imprescindible que hay que
saber: ciertas cosas nos convienen y lo llamamos bueno porque nos gustan y nos
sientan bien; otras nos sientan muy mal y lo llamamos malo. Nosotros somos libres
para hacer lo que queramos, para elegir nuestro tipo de vida. Mucha gente que dice
no tener libertad en el fondo piensa que como no son libres no tienen la culpa de nada
que les ocurra, es decir, al no considerarse libres, piensan que pueden culpar a otros
de lo que les ocurre. A ese saber vivir, o arte de vivir, es a lo que llamamos ética.
Solemos hacer las cosas porque nos las mandan, porque se nos acostumbra a hacerlas
así, porque son un medio para conseguir lo que queremos o sencillamente porque
queremos hacerlo así. Pero resulta que en ocasiones importantes o cuando nos
tomamos lo que vamos a hacer verdaderamente en serio, todas estas motivaciones nos
saben a poco.

Las personas han de hacer lo que quieran, lo que les parezca correcto. Hay que
olvidarse de órdenes y costumbres, de premios y de castigos. La humanización es lo
que nos convierte en hombres y mujeres, en lo que queremos ser. La humanización es
un proceso recíproco, es decir, para que los demás puedan hacerme humano, tengo yo
que hacerles humanos a ellos.

Según Savater, la única obligación que tenemos en esta vida es no ser ingenuos. Los
ingenuos de los que habla suelen acabar bastante mal y nunca logran vivir en paz
consigo mismo. Lo contrario de ser moralmente un ingenuo es tener conciencia.

Hemos de tomarnos la libertad en serio, nosotros, y solo nosotros, somos responsables


de nuestros actos. Si hacemos una acción muy mala nos produce los conocidos
remordimientos, los cuales hacen que lamentemos haber obrado mal..
La segunda parte está formada por el séptimo capítulo. En esta parte se nos habla de
las discriminaciones en general.

Nuestra sociedad está llena de injusticias, muestra de ello son las discriminaciones, ya
sean raciales, económicas o religiosas, que se hacen a toda persona diferente a uno
mismo. Tratar a las personas humanamente consiste en que intentes ponerte en su
lugar. Gran parte del arte de ponerse en el lugar del prójimo tiene que ver con la
justicia. Con esto no se refiere únicamente a la justicia como institución publica,
también se refiere a la justicia como virtud. Lo mismo que nadie puede ser libre por
nosotros, también es cierto que nadie puede ser justo por ti si tu no te das cuenta de
que debes serlo para vivir bien.

El racismo es sin duda la peor discriminación. Lo más siniestro del racismo es que no
permite ninguna reconciliación con el “diferente”. En efecto, uno puede educarse
mejor, cambiar sus costumbres, sus ideas, su religión... pero nadie puede modificar su
patrimonio genético. Por eso las contiendas ideológicas o religiosas pueden arreglarse
alguna vez, mientras no hay reconciliación posible para el odio racial. La pobreza, la
religión y la raza son las discriminaciones más comunes en nuestra sociedad. En la
mayoría de los casos la gente no es racista, sino xenófoba: detesta a los extranjeros, a
los diferentes, a los que hablan otra lengua o se comportan de manera distinta. Los
extranjeros que más nos molestan son también los más pobres; en cambio, los turistas
que llegan con buen dinero en los bolsillos son aceptados sin racismo ni xenofobia y
hasta son rodeados de cierta y envidiosa admiración.

La tercera parte consta del octavo capítulo. En esta parte se nos habla del sexo y los
diferentes comportamientos éticos a seguir sobre este tema.

Cuando la gente habla de moral y sobretodo de inmoralidad, el 80% de las veces trata
de algo relacionado con el sexo. No obstante, en el sexo no hay nada inmoral. Una de
las funciones más importantes del sexo es la procreación, pero la experiencia sexual no
puede limitarse simplemente a la función procreadora, también a de servirnos para
conocernos mejor y para fortalecer la confianza y amor en la pareja.

El placer nos distrae a veces más de la cuenta, cosa que puede resultarnos fatal. Por
eso los placeres se han visto siempre acosados por tabúes y restricciones. A los
calumniadores profesionales del placer se les llama puritanos. El puritano es el que
asegura que la señal de que algo es bueno consiste en que no nos gusta hacerlo, el que
sostiene que tiene más mérito sufrir que gozar, y lo peor de todo: el puritano cree que
cuando uno vive bien tiene que pasarlo mal y que cuando uno lo pasa mal es porque
está viviendo bien.
La mayor gratificación que puede darnos la vida es alegría. Todo cuanto lleva la
alegría tiene justificación y todo lo que nos aleja de la alegría sin remedio es un
camino equivocado. Quien tiene alegría ya ha recibido el premio máximo y no hecha
de menos nada. El placer es estupendo y deseable cuando sabemos ponerlo a servicio
de la alegría, pero no cuando la enturbia o la compromete. Al arte de poner el placer
al servicio de la alegría se le suele llamar templanza. Se trata de una habilidad
fundamental del hombre libre pero hoy no está de moda.

La cuarta y última parte en que está dividida la estructura está formada únicamente
por el último capítulo: el noveno. En esta parte se nos habla sobre la política y sobre
los factores que forman un buen sistema político. Es una pequeña introducción al
libro que Savater publicaría un año después de éste: Política para Amador.

Savater se pregunta por qué tienen tan mala fama los políticos, si a fin de cuentas, en
una democracia todos somos políticos, directamente o por representación de otros.
¿Pero entonces, de donde decimos que viene esa mala fama?

Para empezar, ocupan lugares especialmente visibles en la sociedad y también


privilegiados. Sus defectos son más públicos que los demás; además tienen más
ocasiones de incurrir en pequeños o grandes abusos que la mayoría de los ciudadanos
de a pie. El hecho de ser conocidos, envidiados e incluso temidos tampoco contribuye a
que sean tratados con ecuanimidad. Lo que preocupa ahora es si la ética y la política
tienen algo que ver y cómo se relacionan. Se relacionan porque la ética es el arte de
elegir lo que más nos conviene y vivir lo mejor posible, y el objetivo de la política es el
de organizar lo mejor posible la convivencia social, de manera que cada cual pueda
elegir lo que quiere y le conviene.

Sin embargo, tampoco faltan las diferencias importantes entre ética y política. Para
empezar, la ética se preocupa de lo que uno mismo hace con su libertad, mientras que
la política intenta coordinar de la manera más provechosa para el conjunto lo que
muchos hacen con sus libertades. En la ética lo importante es querer bien, porque no
se trata más que de lo que cada cual hace porque quiere. Para la política, en cambio,
lo que cuentan son los resultados de las acciones, se hagan por lo que se hagan, y el
político intentará presionar con los medios a su alcance para obtener ciertos
resultados y evitar otros.
Savater se pregunta cómo será la organización política preferible, y responde con los
siguientes tres apartados:

- Como todo proyecto ético parte de la libertad, el sistema político deseable tendrá que
respetar al máximo las facetas públicas de la libertad humana: la libertad de reunirse
o separarse de otros, la de expresar las opiniones, la de trabajar de acuerdo con la
propia vocación o interés, la de intervenir en los asuntos públicos... Por ello, un
régimen político que conceda la debida importancia a la libertad insistirá también en
la responsabilidad social de las acciones y omisiones de cada uno.

- Un principio básico de la vida buena, como ya hemos visto, es tratar a las personas
como personas. Se trata de aprender a considerar los intereses del otro como si fuesen
tuyos y los tuyos como si fuesen del otro. A esta virtud se la llama justicia, y no puede
haber régimen político docente que no pretenda fomentar la justicia entre los
miembros de la sociedad.

- Toda comunidad política deseable tiene que garantizar dentro se lo posible la


asistencia comunitaria a las personas que sufren y necesitan ayuda.

Quien desee la vida buena para sí mismo, de acuerdo al proyecto ético, tiene también
que desear que la comunidad política de los hombres se base en la libertad.

También podría gustarte