DOCUMENTALISMO Y FOTOGRAFÍA DE GUERRAS
José Ramón Frías Publicado: 17/10/2004
Desde siempre a un amplio sector fotográfico le han gustado los temas extraordinarios para
buscar allí sus imágenes, bien sea con intención informativa, documental, artística,
propagandística, o con cualquier otra.
El caso es que las guerras, como hecho extraordinario, han sido muy fotografiadas, hasta el
punto de que a cada guerra se la recuerda por alguna imagen. La Guerra Civil española está
representada por la imagen del republicano muerto, la II Guerra Mundial por el desembarco de
Normandía, la de Vietnam por la instantánea de los niños desnudos cubiertos de Napalm.
El primer gran reportaje fotográfico de guerra hay que
fecharlo en el siglo XIX, concretamente en la guerra de
Crimea. Se trata de un trabajo de Roger Fenton, que con su
cámara capta escenas tranquilas, reposadas (realmente,
poco parecidas a la fotografía de guerra de hoy en día),
debido a la gran cantidad de materiales y el tamaño de la
cámara, así como al tiempo de exposición necesario para
realizar cada fotografía. El propósito de Fenton era mostrar
unas tropas relajadas, mostrar al público inglés el bienestar
de sus tropas, mostrar tranquilidad, seguridad. Eran retratos
posados
Otra perspectiva bien distinta la encontramos en las
imágenes de la Guerra Civil Americana tomadas por
Mathew Brady y sus ayudantes. Sus fotos consiguen un
realismo del que Fenton se alejaba. Sus fotografías
mostraban los verdaderos resultados de la guerra, y por eso
muchos consideran que su figura está muy ligada a los
orígenes del fotoperiodismo.
Se sucedieron las guerras y las imágenes, pero fue en la
Guerra Civil Española cuando el reporterismo de guerra
cambió radicalmente. Uno de los principales motivos fue la
introducción de las cámaras Leica, pequeñas, robustas y
con rollo de película. Entre todos los fotoperiodistas de esta
época destacó Robert Capa, que se introdujo en las filas del
bando republicano por cuestiones políticas y documentó con
pasión esta guerra. Tampoco hay que olvidarse de, tal vez, el
mejor representante de la fotografía de guerra en España:
Agustí Centelles. Su habilidad para captar el ambiente
bélico es extraordinaria.
Fue tras la Segunda Guerra Mundial cuando los fotógrafos,
que hasta ese momento habían actuado de forma individual
contratados por los medios de prensa, se empiezan a
organizar en agencias de imágenes como la archiconocida
agencia Magnum fundada por Robert Capa y un grupo de
amigos fotógrafos. En ese momento las cosas cambiaron. Si
hasta entonces, este tipo de imágenes estaban siempre
relacionadas con la propaganda política, ahora se imponían
criterios comerciales.
Esta circunstancia empieza a cambiar con la Guerra de
Corea y radicalmente con la Guerra de Vietnam. El gobierno
ya no controla todos los medios de opinión pública, la guerra
se vuelve impopular; los comentarios sobre el enemigo se
tornan ridículos cuando se tienen las fotografías de aldeas
devastadas por el propio ejército. Recordemos nuevamente
la fotografía del grupo de niños vietnamitas corriendo tras un
bombardeo con napalm.
1
Siguieron guerras que fueron fotografiadas por miles de
reporteros. En Afganistán, en Beirut, en los Balcanes, en las
ex-repúblicas soviéticas, en África, en el Golfo Pérsico, etc.
Allí donde se oía el ruido de las balas, allí había alguien
apuntando con su objetivo. Muchos cayeron en el intento
de mostrar las atrocidades y el sinsentido de la lucha
armada, así sucedió con Robert Capa en Indochina, y
también con algunos fotógrafos españoles como Juantxu
Rodríguez, Jordi Pujol Puente o Luis Valtueña, entre otros.
Ese riesgo y el romanticismo inherente a esta profesión,
hacen que el reporterismo de guerra siga en auge y que
cada vez sean más los que trabajan en los frentes militares.
No obstante los fotógrafos que trabajan en este sector se han mostrado descontentos en los
últimos festivales de Fotoperiodismo de Perpignan por los bajos salarios, la alta
competencia, la forma de trabajo y las condiciones en las que lo desempeñan.
Como curiosidad y muestra de la fuerza del "reporterismo de guerra" hay que destacar que este
término sobrepasa su dimensión hasta confundirse y apoderarse de la noción de
"fotoperiodismo". La fuerza visual de estas imágenes y el amplio reconocimiento que reciben
refuerzan aún más el mito y el interés en el sector.
Con todo lo ocurrido en los últimos tiempos, ante los nuevos conflictos, no está de más añadir
algún comentario. Y es que, así como Fenton trabajó bajo las órdenes de un gobierno, con una
clara intención propagandística, parece que en la actualidad
la manipulación no nos es ajena. Tenemos el ejemplo de la
reciente guerra de Irak, con el control férreo por el ejército y
la administración norteamericana de las zonas donde se
podían hacer fotografías. El papel de la imagen fotográfica
sigue siendo muy importante (por ejemplo, en las
denuncias de torturas de soldados norteamericanos a
iraquíes en Abu Ghraib) pero ya no son reporteros
profesionales los generadores de estas imágenes.
Nuestra cultura visual y la experiencia que tenemos tras muchos años de conflictos hace
pensar que resulta más complicado que se nos engañe con las imágenes de guerra. Pero así
como nuestra capacidad crítica ha avanzado, también lo han hecho los medios y las
habilidades de quienes tienen interés en conducir la opinión pública.
En este clima de intereses confrontados, aún hay quien pretende dar buena cuenta de los
hechos, lo que sólo se consigue presentando los distintos puntos de vista que convergen, en
este caso, en el conflicto fotografiado. Con esta intención, ha aparecido una nueva tendencia
en el campo del fotoperiodismo: los fotógrafos "embedded", enviados desde una misma
agencia a los distintos bandos del conflicto.
Este nuevo modo de trabajar también debe ser cuestionado.
Se puede estar dentro de un bando y no con él, y las
imágenes que se tomen desde éste también pueden estar
falseadas. Así y todo, la estadounidense agencia VII
presentó una muestra de fotografías bajo el título War in
Iraq, en el International Center of Photography, Nueva
York. La agencia hizo uso de estos fotógrafos "embedded" en
bandos contrarios, con ánimo de ofrecer una visión pluralista.