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Dignidad de la Persona Humana

El documento analiza la dignidad humana, que se refiere al respeto inherente a toda persona por el hecho de ser humana. Explica que la persona es racional, autónoma, individual y trascendente. Además, la persona nunca puede ser tratada como un objeto sino siempre como un sujeto con derechos.
Derechos de autor
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Dignidad de la Persona Humana

El documento analiza la dignidad humana, que se refiere al respeto inherente a toda persona por el hecho de ser humana. Explica que la persona es racional, autónoma, individual y trascendente. Además, la persona nunca puede ser tratada como un objeto sino siempre como un sujeto con derechos.
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ANTROPOLOGIA FILOSOFICA:

DIGNIDAD HUMANA
Objetivo: Analizar el valor de la persona
humana para comprender y valorar la
dignidad que tiene por el hecho de ser
persona humana.
Introducción:
Hablar de Dignidad Humana se refiere al derecho que
tienen todos los hombres de ser respetados y tratados
como personas.
Es algo más que los “Derechos Humanos” postulados por
la ONU.
Significa el respeto a la naturaleza misma de la persona.
Se trata a la persona siempre como “sujeto” y nunca
como “objeto” porque ella tiene un valor en sí misma
y por sí misma.
La persona es individuo de naturaleza racional, que se
distingue de los demás seres vivos por su interioridad
(vida interior), formada por el conocimiento racional y
el deseo espiritual.
Existen cuatro características propias de la persona:

1. La persona es inobjetable.
La persona no puede ser tratada como un objeto, no se puede
usar, tirar o regalar. No se le puede dominar absolutamente,
porque en ella existen derechos y obligaciones propios de su
dignidad
Cuando alguien trata de degradar a una persona, lo cual es un
error, porque nadie es lo que decidan los demás que sea, nunca
logrará devaluar su naturaleza, aunque la haga sufrir con
este acto.
El amor, la amistad, la comunicación auténtica se da entre personas.
Por lo cual sólo se puede establecer una relación personal cuando
se respeta al otro. Entre las personas el yo y el tú tiene la misma
dignidad y capacidad de formar un nosotros.

LA PERSONA ES ESPIRITU Y RAZON


Conforme a su naturaleza no existe una persona mas
valiosa que otra, no importa si es un niño en el vientre
materno, de un anciano, de un conocido deportista o
artista, de una madre dedicada al hogar, de un empleado
o trabajador, etc.
La estatura, los conocimientos, la posesión de bienes
materiales, etc., no varían en nada la realidad de la
naturaleza humana que todos compartimos y que nos
otorga la misma dignidad.
Las acciones, los pensamientos o el trato a los demás, sí
distinguen a las personas respecto de su conducta pero
no de su naturaleza. Por eso, no es posible cambiar la
naturaleza humana y la dignidad de persona que todos
tenemos, pero si es factible modificar y mejorar las
actitudes y conductas de los individuos.
No se puede juzgar o clasificar a las personas por lo que son
o poseen, pues todos somos iguales; pero sí es posible
distinguir y juzgar las conductas que alguien lleva acabo.

Por ejemplo, un ladrón y un padre de familia ejemplar tienen


la misma naturaleza y dignidad porque los dos son
personas. Sin embargo, la conducta del ladrón y del padre
no son iguales, el primero deberá ir a la cárcel, el segundo
es un modelo digno de imitar, porque actúa de acuerdo a
la naturaleza y a la dignidad de la persona y a la finalidad
de la vida del hombre: el bien, que es la felicidad y la
perfección.
2. La persona es autónoma.
La persona tiene la capacidad, el deber y el derecho de
tomar sus decisiones en plena libertad.
La conciencia guía en este proceso de decidir,
apoyada en la inteligencia y la voluntad.
Dentro de esta autonomía, existe un orden moral objetivo:
la ley natural a la que debe atender la conciencia para
actuar correctamente.
Por la autonomía que la libertad da a cada persona, sus
decisiones son responsabilidad de ella.
Todas las personas tienen una conciencia que orienta
hacia el bien y nadie puede imponerle a otra persona
una manera de actuar contra su voluntad, sin atentar
contra la dignidad de esa persona.
En ocasiones los hombres están sujetos a la autoridad de
un jefe al que se debe obedecer. Quizá la orden recibida
no agrade, pero si ha aceptado subordinarse libremente
al jefe y la orden no va en contra de la conciencia
personal, existe el deber de cumplirla.
La autoridad implica una gran responsabilidad y se
debe ejercer como un servicio a los demás. Quien
manda es responsable de quien obedece y no debe
exigir algo que vaya en contra de la dignidad de la
persona; si lo hace, no se está obligado a obedecer.
Por otra parte, cuando una persona está obligada por la
fuerza, no actúa con libertad y su conducta presenta
atenuantes importantes que incluso la pueden hacer
inocente de las faltas cometidas por la fuerte coacción
externa. (ej.: maestro-alumno)
Salvo casos excepcionales, todos tenemos responsabilidad
sobre aquello que hacemos en libertad.
Por lo que, es importante formar bien la conciencia de toda
persona de acuerdo a la Ley Natural que nos da la
objetividad para descubrir el bien.
Quienes dejan en el olvido la conciencia pueden
perder de vista el bien y la Ley Natural, justificando
con toda clase de razones subjetivas, acciones que van
en contra de la dignidad humana.

“LA CONDUCTA LIBRE IMPLICA SER RESPONSABLE”


3. La Persona es Individual.
Toda persona es única, irrepetible, insustituible y
distinta. Aunque existan dos gemelos idénticos, no son
iguales ya que cada uno es un individuo con características y
valor propio.
El ser humano tiene capacidad de ordenar y servirse del mundo
para alcanzar sus fines y metas; pero no puede tomar cualquier
decisión, ya que debe actuar conforme a la Ley Natural.
El desarrollo y crecimiento de cada persona depende de las
decisiones que tome y de las circunstancias del mundo en el
que vive. Si cada quien vive conforme a su conciencia individual
de acuerdo a la Ley Natural, todos actuaríamos conforme el
bien.
Cuando descubrimos el valor de una persona en lo individual, ésta
nos atrae y pueden nacer las relaciones de compañerismo, de
amistad, de noviazgo y hasta de matrimonio. El
descubrimiento de la interioridad y del valor individual
de una persona la hacen exclusiva, insustituible e
incomparable. Nadie podrá tomar su lugar, a pesar de sus
defectos, porque no hay nadie como ésa persona. Esta es una de
las razones que dan fuerza al amor y a los matrimonios, porque
han descubierto el valor de su pareja en lo individual, por lo que
no se cambia por nada, ni se prefiere a nadie en su lugar.
Una relación amorosa madura se vive sin que nadie posea
al otro, sino que se respeta la dignidad de cada uno y se le
ayuda a crecer y mejorar en todo momento. Que diferente son
las relaciones en las que uno es sujeto y trata al otro como
objeto, sin considerar el valor de la dignidad personal y el respeto
que todos merecemos por ser personas.
4. La persona es trascendente.
Por su espiritualidad, la persona tiene la capacidad de
transformar el mundo. A diferencia de los animales, el ser
humano modifica su entorno y lo llega a dominar. Sus acciones,
como su vida, van más allá de las consideraciones materiales, del
tiempo y del espacio. El mundo material no le satisface ni le basta
para su desarrollo.

“en sus actividades, el hombre se sirve del mundo creado,


explota sus riquezas para llegar a fines que él mismo se
asigna, porque él sólo los comprende”
La persona, objeto y sujeto.
La persona es siempre un fin y no se le puede manejar como si
fuera una cosa. En nuestra vida podemos utilizar un medio como
la madera de un árbol, para alcanzar un fin, que sería construir
una mesa, la cual servirá al sujeto, el hombre.
Pero si consideramos a la persona como objeto, esto es, sin la
dignidad propia del ser humano, sería válido utilizarla de la misma
manera que usamos la madera del árbol. Hacer esto es inmoral,
la persona nunca puede ser un medio, siempre debe ser el fin de
nuestras acciones. Nadie debe usar a los demás como si fueran
objetos, ya que actuarían en contra de la naturaleza y dignidad
de la persona. Ejemplos de este tipo de relación se pueden dar
en varios casos:
- padre – hijo: Cuando se presenta el síndrome del “niño
maltratado”; ya sea con golpes o abusos, olvidando que es una
persona y por lo tanto un sujeto y no una cosa de la cual podemos
disponer a nuestro antojo, argumentando que: “yo se lo que te
conviene”.
- marido - mujer: Esta es la relación donde más fácilmente se
puede objetivizar al otro, argumentando que “por amor” se deben
aguantar todas aquellas ocasiones en las que no se toma en
cuenta la decisión de la pareja porque “yo lo mando”. Así también
se fuerza a una relación marital no deseada, cuando no se procura
el desarrollo de la pareja como madre (padre), esposa (o).
- Maestro - alumno: Muchas veces se trata al alumno como
ignorante y sólo el maestro posee la verdad. La educación es
usada para que el maestro se luzca, domine a los alumnos y se
sienta que él es el que sabe. Los alumnos sirven para que el
maestro se sienta superior.
- Jefe – empleado: Ocurre cuando el jefe le ordena al empleado
que haga alguna labor como si éste fuera una máquina. No
corrige por el bien del empleado y del trabajo, sino para humillar
y hacer notar su autoridad. Se amenaza para ser temido y no se
reconoce la labor del empleado. Es importante que las cosas se
hagan bien, a tiempo y en costos, pero también hay que
reconocer los esfuerzos que se hacen para llegar a las metas,
aunque éstas todavía no se cumplan.
En todos los ejemplos anteriores, se describen problemas de tipo
moral, ya que el ser humano puede cometer “actos indignos”
que van destruyendo a la otra persona. Pero aún así, estos actos
no afectan a la dignidad de la persona que actúa o recibe el
maltrato, porque la dignidad de la persona es una y no puede
modificarse. Por esta razón, se trata de actos indignos y nunca de
personas sin dignidad.

“LA PERSONA NUNCA PIERDE SU DIGNIDAD”


Puede exigirse al ser humano, en cuanto individuo racional, que sus
fines sean buenos, porque la tendencia hacia el mal es contraria
a la naturaleza racional de la persona. Así pues, nadie tiene
derecho a servirse de una persona, a usar de ella como un
medio, porque el hombre es siempre un fin en sí mismo.
Este es el principio “personalista” que da una visión integral del
origen y el fin de la persona: el amor.
La única solución posible para no utilizar a la persona como
instrumento (objeto, cosa) es el amor. Cuando una persona
se da a los demás, no se pierde, sino que alcanza la plena
realización de sí misma buscando el bien del ser amado.
En el matrimonio es indispensable que los dos conozcan el fin
mutuo, que lo reconozcan como un bien y lo adopten, para crear
así un vínculo de unión, en el bien que buscan como fin común.
La fuerza de este vínculo está en la unidad desde el interior
de las personas que las convierte en sujetos que buscan el
mismo fin, liberándolas del problema sujeto-objeto.
De esta forma, si en la relación padre-hijo se establece el bien
común al que ambos sirven, entonces el riesgo de maltratar a la
otra persona disminuirá o desaparecerá. Porque el amor
eliminará, poco a poco, la actitud utilitarista.
Asimismo, sólo el amor puede excluir la utilización de una
persona por otra teniendo bien claro el fin del matrimonio: la
procreación y ayuda mutua, donde la pareja debe perseguir,
consciente y responsablemente, el valor de la persona humana.
En toda su historia, el ser humano se ha encontrado con esta
disyuntiva: utilizar o amar.
Actualmente, en nuestra sociedad materialista y sin aprecio por la
verdad, el bien y el amor se está utilizando cada vez más a la
persona y se le esta considerando como un medio.
Esta tendencia ha llevado al hombre a buscar el “máximo de placer”
propio, haciendo del placer el fin y la persona (la pareja) el medio
para encontrarlo.

Es obvio que el utilitarismo y la norma personalista son


contradictorias; porque el valor de la persona siempre es
considerado como superior al valor del placer. Si no se trata con
amor a la persona se la está degradando hasta su posible
destrucción.

utilizar amar
Bibliografía:
Emerich Coreth, ¿Qué es el hombre?
Max Scheler, Principios de una ética personalista
Karol Wojtyla, Amor y Responsabilidad
Constitución Pastoral “Gaudium et Spes”

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