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El Estudiante de Salamanca

Este documento presenta un resumen de la obra "El estudiante de Salamanca" de José de Espronceda. Narra como Don Félix mata a un hombre y luego a Don Diego que buscaba vengar a su hermana Elvira, de quien Félix se había olvidado. Más tarde, Félix ve su propia muerte en un entierro y termina casándose con el esqueleto de su víctima Don Diego, antes de él mismo morir.

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El Estudiante de Salamanca

Este documento presenta un resumen de la obra "El estudiante de Salamanca" de José de Espronceda. Narra como Don Félix mata a un hombre y luego a Don Diego que buscaba vengar a su hermana Elvira, de quien Félix se había olvidado. Más tarde, Félix ve su propia muerte en un entierro y termina casándose con el esqueleto de su víctima Don Diego, antes de él mismo morir.

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El estudiante de Salamanca

José de Espronceda

 Parte primera (Consta de cuatro partes. En la primera, presenta a los protagonistas. Don
Félix, en un ambiente nocturno y sobrecogedor, mata a un hombre).

Era más de media noche,


antiguas historias cuentan,
cuando en sueño y en silencio
lóbrego envuelta la tierra,
los vivos muertos parecen,
los muertos la tumba dejan.
Era la hora en que acaso
temerosas1 voces suenan
informes, en que se escuchan
tácitas2 pisadas huecas,
y pavorosas fantasmas
entre las densas tinieblas
vagan, y aúllan los perros
amedrentados al verlas:
En que tal vez la campana
de alguna arruinada iglesia
da misteriosos sonidos
de maldición y anatema3,
que los sábados convoca
a las brujas a su fiesta. […]
Súbito rumor de espadas
cruje y un ¡ay! se escuchó;
un ay moribundo, un ay
que penetra el corazón,
que hasta los tuétanos4 hiela
y da al que lo oyó temblor.
Un ¡ay! de alguno que al mundo
pronuncia el último adiós.

    

   El ruido
       cesó,
       un hombre
       pasó
       embozado,
       y el sombrero
       recatado  
       a los ojos
       se caló.
       Se desliza
       y atraviesa
       junto al muro
       de una iglesia
       y en la sombra
       se perdió.
[…]
(Ese hombre es don Félix de Montemar, que sube por la calle del Ataúd, alumbrada solo por el
candil que arde ante una imagen de Cristo. El tétrico paraje no le arredra: aun los fantasmas
huirían a su paso. En Salamanca admiran al gallardo estudiante.)

Parte segunda (Elvira aguarda a Félix. Inútilmente, porque él ya la ha olvidado.


Espronceda evoca el jardín, bajo la luz de la luna; describe a Elvira errando sin esperanza,
como Ofelia en Hamlet; y la invoca con famosas quintillas…)
[…]

Mas ¡ay! que se disipó


tu pureza virginal,
tu encanto el aire llevó
cual la ventura ideal
que el amor te prometió.

Hojas del árbol caídas,


Juguetes del viento son;
las ilusiones perdidas,
ay, son hojas desprendidas
del árbol del corazón […]

Tú eres, mujer, un fanal5


transparente de hermosura;
¡ay de ti, si por tu mal
rompe el hombre en su locura
tu misterioso cristal! […]

(La desventurada muchacha muere de amor, no sin haber escrito a Félix una carta de
despedida, perdonándolo.)

1
temerosos: temibles
2
tácitas: huidizas
3
anatema: maldición
4
hasta los tuétanos: hasta lo más profundo
5
fanal: campana transparente, por lo común de cristal que sirve para que el aire no apague la
luz puesta dentro de ella o para atenuar y matizar el resplandor

Parte tercera (Combina la narración y el diálogo. Esta es realmente una escena de


un drama, en la cual aprendió Zorrilla el tono para su Don Juan Tenorio. En un habitación están
jugando a las cartas seis hombres, apostando fuerte. Llega don Félix, arrogante, desesperado y
cínico, y empieza perdiendo. No duda en apostar –pues ya no tiene dinero- el retrato de una
amada. Entra embozado don Diego de Pastrana, hermano de Elvira, que viene a desafiar a
Montemar, para vengarla.)
DON DIEGO  (Desembozándose con ira.)  
    Don Félix, ¿no conocéis
a don Diego de Pastrana?
DON FÉLIX A vos no, mas sí a una hermana
que imagino que tenéis. 170
DON DIEGO     ¿Y no sabéis que murió?
DON FÉLIX Téngala Dios en su gloria.
DON DIEGO Pienso que sabéis su historia,
y quién fue quien la mató.
DON FÉLIX  (Con sarcasmo.)  
    ¡Quizá alguna calentura!
DON DIEGO ¡Mentís vos!
DON FÉLIX Calma, don Diego,
que si vos os morís luego,
es tanta mi desventura,
    que aún me lo habrán de achacar,
y es en vano ese despecho,
si se murió, a lo hecho, pecho,
ya no ha de resucitar.
DON DIEGO     Os estoy mirando y dudo
si habré de manchar mi espada
con esa sangre malvada,
o echaros al cuello un nudo
    con mis manos, y con mengua6,
en vez de desafiaros,
el corazón arrancaros
y patearos la lengua.
[…]
TODOS Fuera de aquí
a armar quimera.
DON FÉLIX   (Con calma, levantándose.)  
Tened,
don Diego, la espada, y ved
que estoy yo muy sobre mí7,
    y que me contengo mucho,
no sé por qué, pues tan frío
en mi colérico brío
vuestras injurias escucho.
DON DIEGO  (Con furor reconcentrado y con la espada desnuda.)  
    Salid de aquí; que a fe mía,
que estoy resulto a mataros,
y no alcanzara a libraros
la misma virgen María.
[…]
Venid conmigo.

DON FÉLIX Allá voy;


pero si os mato, don Diego,
que no me venga otro luego
a pedirme cuenta. […]

Parte cuarta (Tiene más de mil versos. Don Félix ha matado a don
Diego, y cuando regresa por la calle del Ataúd, ve una fantasmal mujer
que reza ante la imagen de Cristo. Don Félix corteja a aquella sombra
flotante. La aparición le pide que no continúe desafiando a Dios, pero él la
sigue. Suenan campanas, lo rodean espectros… De pronto, silencio y
soledad. Es la ciudad de los muertos, por la que pasa un entierro con dos
cadáveres…)

Calado el sombrero y en pie, indiferente,


el féretro mira don Félix pasar,
y al paso pregunta con su aire insolente
los nombres de aquellos que al sepulcro van.
Mas cuál su sorpresa, su asombro cuál fuera,
cuando horrorizado con espanto ve
que el uno don Diego de Pastrana era,
y el otro, ¡Dios Santo, y el otro era él! […]

(El estudiante se mofa de aquel “error”; y sigue instando a la dama para


que se le rinda. Todo aquel misterio lo enardece más. Es un segundo
Lucifer alucinado y perverso; llegan al fin a un extraño monumento, que
es lecho y tumba a la vez. Félix pide a la visión que se descubra el rostro.
Estalla un terrorífico estruendo de lamentos…)

Y algazara y gritería,
crujir de afilados huesos,
rechinamiento de dientes
y retemblar los cimientos,
y en pavoroso estallido
las losas del pavimento
separando sus junturas
irse poco a poco abriendo,
siente Montemar, y el ruido
más cerca crece, y a un tiempo
escucha tocarse cráneos,
ya descarnados y secos […]

(El fantasma le tiende su mano helada y seca; pero él, temerario, le alza
el velo: es un esqueleto. Los espectros los proclaman esposos. Y don
Diego lo confirma. Montemar continúa alardeando cínicamente, y dice a
Pastrana…)

En cuanto a ese espectro que decís mi esposa,


raro casamiento venísme a ofrecer;
su faz no es, por cierto, ni amable ni hermosa,
mas no se os figure que os quiera ofender.
Por mujer la tomo, porque es cosa cierta,
y espero no salga fallido mi plan,
que, en caso tan raro y mi esposa muerta,
tanto como viva no me cansará […]

El carïado8, lívido esqueleto;


los fríos, largos y asquerosos brazos
le enreda en tanto en apretados lazos,
y ávido le acaricia en su ansiedad;
y con su boca cavernosa busca
la boca a Montemar, y, a su mejilla,
la ávida, descarnada y amarilla,
junta y refriega, repugnante faz […]
(Los espectros bailan una danza macabra, celebrando las espantosas
nupcias. Por fin, Montemar desfallece y muere.)
(Llega la mañana. Por Salamanca corre la noticia de que el diablo,
disfrazado de mujer, se ha llevado al infierno a Montemar. Espronceda
acaba con un rasgo de humor).

Y si, lector, dijerdes ser comento9,


como me lo contaron te lo cuento.

6
con mengua: pérdida de respeto que entre caballeros obliga a pelearse con armas iguales
7
estoy yo muy sobre mí: “me estoy refrenando”
8
cariado: con caries
9
comento: embuste

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