"COLLEGIA FABRORUM"
"Por lo demás, los talleres, entendidos desde la perspectiva de los Collegia
Fabrorum de época imperial, precedentes de las logias gremiales medievales,
guardarían celosamente el oficio, manifestándose así una vez más un proceder de
carácter seudomasónico."
Entre Dios y Vitruvio: magisterios primevos en arquitectura
José Manuel Prieto González
INTEGRANTES DE LOS COLLEGIA TRABAJANDO
Los "collegia fabrorum" eran en Roma las agrupaciones corporativas de los
artesanos que se ocupaban en la construcción. Los obreros, maestros y arquitectos
que habían recibido la tradición de los arquitectos griegos y sus conocimientos
sobre la forma de trabajar la piedra, que a su vez la habían recibido de los
arquitectos del antiguo Egipto.
La geometría era la base del arte de la construcción y de la arquitectura clásica y
constituía, según los griegos, el desarrollo de las ideas contenidas en las formas
geométricas, entendidas éstas en su aspecto puramente cualitativo, de igual
manera que en todas las tradiciones de las civilizaciones en la historia antigua.
La geometría es por excelencia la ciencia en la época clásica, estrechamente
relacionada con la ciencia de los números, ya que la geometría es realmente el
cuerpo del número, tal como pensaban los pitagóricos, de una energía o fuerza en
acción, de un poder divino que al plasmarse en la sustancia receptiva del mundo y
del hombre la actualiza y la hace inteligible, esto es, la ordena al conjugar y
armonizar sus partes dispersas.
Aquella frase que estaba en el frontispicio de entrada a la escuela platónica: "Que
nadie entre aquí si no es geómetra", podría estar perfectamente en la entrada a las
basílicas de los Collegia fabrorum romanos. La geometría necesitaba de un proceso
de iniciación para su conocimiento y práctica. Podemos decir que como ciencia
iniciática y sagrada tenía el carácter de secreto para el profano.
En el siglo I a.C., tanto Vitruvio Polion como Marco Agripa destacaron como
principales integrantes de los "collegia fabrorum" romanos; sus estudios sobre la
arquitectura clásica y sus reglas geométricas para la construcción de edificios y
ciudades fueron recogidas en el tratado de arquitectura del primero, ó en las obras
que el segundo levantó por todo el territorio del imperio Romano.
Ianus
Estas corporaciones rendían un culto especial a Ianus, el dios de la astronomía y la
arquitectura, en cuyo honor se celebraban en Roma las dos fiestas solsticiales
correspondientes a la apertura de las dos mitades ascendente y descendente del
ciclo zodiacal, es decir, a los puntos del año que, en el simbolismo astronómico
representan las puertas de las vías celestial e infernal (Janua Coeli y Janua Inferni).
Como personaje en la mitología romana, Jano es hijo de Apolo y Creuza. En tanto
primer rey de Italia, condujo a una colonia al Lacio y la instaló sobre una colina,
denominada alusivamente "Janícula" (colina de Jano) donde más tarde se
levantaron los muros de Roma.
Cuando Saturno fue expulsado del Olimpo por su hijo Júpiter, fue a refugiarse en
los dominios de Jano, quien lo acogió y lo asoció a su reinado. En agradecimiento,
el dios olímpico le doto de una curiosa facultad: la de ver con toda claridad y al
mismo tiempo el pasado y el porvenir para regirse con sabiduría en las
circunstancias del momento.
Ver:
Templo de Jano en Roma
Su templo tenía 12 altares, uno para cada mes del año, y su forma era
cuadrangular, representando las cuatro estaciones del año, en cuyo lado sur se
colocaba su estatua fundida en bronce. Semejante al Mitra de los Persas, es
mediador entre los mortales y los inmortales, el que eleva las plegarias de los
hombres a los pies de las divinidades.
En el curso de su tratado sobre los Fastos, Ovidio hace decir a Jano "me penes est
unum vasti custodia mundi", lo caracteriza como aquel que, él sólo, custodia el
universo. Jano posee una relación especial con el universo, centrada sobre el
mantenimiento de la armonía cósmica y sobre los ritmos que la expresan.
Los Pontífices
Los Pontífices era el colegio sacerdotal sobre el que giraba el culto romano,
vigilaban de la correcta ejecución de los templos y lugares sagrados por los
integrantes de los Collegia fabrorum, de los cultos en ellos practicados e incluso de
las ofrendas en ellos presentadas. Y a ellos se les confiaba especialmente la
custodia del templo de Jano. Los Pontífices elegían entre ellos al "Pontifex
Maximus". Era un cargo vitalicio y estaba considerado como el auténtico jefe de la
religión en Roma: controlaba todos los demás colegios sacerdotales.
Octavio Augusto, fue propuesto en varias ocasiones al cargo de Pontífice Máximo,
pero él declinó la oferta por estar en ejercicio todavía su antecesor. Elevado al
rango de Pontífice Máximo a la muerte de este en el año 12 a.C., consiguió la
identificación de los poderes civiles y religiosos, al convertirse en el máximo
responsable tanto del estado como de la religión.
El Pontífice Máximo celebraba el agonium del 9 de enero, la fiesta propia del dios
Jano: "Janus Agonali luce piandus erit". En tal período el rex sacrorum sacrificaba
un carnero negro en la Regia, el edifico del Foro.
La fecha del 9 de enero, fiesta principal para los Collegia fabrorum (es aún hoy en
día la fiesta patronal de los arquitectos), representaba en Roma desde el punto de
vista litúrgico el inicio verdadero y propio del año sagrado bajo el signo de Jano,
para recomenzar después el nuevo ciclo anual en el mes de Jano, Januarius.
Dentro de lo que se conoce como programa de "monumentalización" augustea, el
emperador se ocupó de la restauración de los viejos templos, acatando sin reparos
los consejos de Horacio, quien había escrito que los romanos habrían de expiar
inmerecidamente los delitos de sus mayores hasta que hubieran reconstruido los
templos y las moradas ruinosas de los dioses y sus imágenes ensuciadas por el
negro humo. Augusto, igualmente, se ocupó del restablecimiento de los antiguos
cultos y rituales, así como de completar los colegios sacerdotales, que habían caído,
prácticamente, en el olvido.
Augusto, como Pontífice Máximo se ocupaba de la correcta fundación de las
ciudades que durante su mandato se crearon en los territorios bajo su control.
Estas debían de ser proyectadas de acuerdo a las reglas de la geometría que se
estudiaban en los Collegia fabrorum y que permitían una correcta interpretación del
rito sagrado.