Cultura
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E 4 páginas. Córdoba. Argentina. Jueves 30 de julio de 2009 Anticipamos la
tercera novela de la
saga “Millenium”,
de Stieg Larsson.
“La reina en el
palacio de las
corrientes de aire”
es uno de los
libros más
vendidos del
mundo y culmina
la historia de los
investigadores
Lisbeth Salander y
Mikael Blomkvist.
Las
CHICAS
MALAS
nunca
Un disparo a la
cabeza
EMANUEL RODRÍGUEZ
DE NUESTRA REDACCIÓN
erodriguez@[Link]
En un punto más o menos avanzado de la lec-
tura de la saga Millenium ya es posible anti-
terminan
cipar qué va a suceder. Y sin embargo, algo
nos hace seguir leyendo. En la primera no-
vela, Los hombres que no amaban a las
mujeres, la fidelidad a las leyes del policial
y la perturbadora, erótica, irresistible ima-
bien
gen de la protagonista femenina (Lisbeth Sa-
lander) logran un raro equilibrio entre pre-
visibilidad e intriga que ha cautivado a mi-
llones de lectores en todo el mundo. La se-
gunda parte, La chica que soñaba con una
cerilla y un bidón de gasolina, es más fiel
al thriller de aventura, y queda más expues-
ta esa tendencia cinematográfica de los es-
critores del hemisferio norte. En ambos ca-
Noomi Rapace es Lisbeth Salander en el filme “Los hombres que no amaban a las mujeres”, basado en la primera parte de la saga de Stieg Larsson. sos hay un título sugestivo (en el segundo, un
tanto arruinado por la traducción españolí-
oco antes de la una y media de la ma- LA SAGA se ocupó del primer paciente que ingresó, cardíaco, chavales de 14 años con el pulmón sima, que vio “cerillas” y “gasolina” allí don-
P
son.
drugada, la enfermera Hanna Nican-
der despertó al doctor Anders Jonas- Millenium comien-
za en Los hombres
un hombre mayor con graves lesiones en
la cara. A Jonasson le tocó ocuparse de la
segunda paciente, una mujer con heridas
izquierdo perforado por un destornillador,
o chicas de 16 que habían tomado éxtasis
y bailado sin parar 18 horas seguidas para
de había una chica que jugaba con fuego), una
aventura cargada de una fuerte tensión se-
xual, enigmas poderosos y personajes atrac-
–¿Qué pasa? –preguntó éste, confuso. que no amaban a de bala. Hizo una rápida inspección ocular luego caerse en redondo con la cara azul. tivos, y todo está narrado con la incorrección
–Está entrando un helicóptero. Dos pa- las mujeres. Allí se y constató que parecía tratarse de una ado- Eran víctimas de accidentes de trabajo y política más correcta de esta década, esa es-
cientes. Un hombre mayor y una mujer jo- cuentan las peripe- lescente, en estado muy crítico y cubierta de malos tratos. Eran niños atacados por pecie de bestia armada con un poco de ecolo-
ven. Ella tiene heridas de bala. cias de Mikael de tierra y de sangre. Levantó la manta con perros de pelea en Vasaplatsen y unos cuan- gismo, un poco de militancia tercermundis-
–Vale –dijo Anders Jonasson, cansado. Blomkvist y Lis- la que el equipo de emergencia de Protec- tos manitas que sólo iban a serrar unas ta- ta, un poco de antimachismo y cierta resig-
A pesar de que sólo había echado una ca- beth Salander para ción Civil había envuelto el cuerpo y vio blas con una Black & Decker y que, por ac- nación ante el éxito del capitalismo. Las cla-
bezadita de más o menos media hora, se resolver una desa- que alguien había tapado los impactos de cidente, se habían cortado hasta el tuéta- ves del éxito (la saga lleva vendidos en el mun-
sentía medio mareado, como si lo hubiesen parición ocurrida bala de la cadera y el hombro con tiras de no. do más de 12,6 millones de ejemplares), si
despertado de un profundo sueño. 36 años atrás. En una ancha cinta adhesiva plateada, una Anders Jonasson era el portero que es- acaso existen, podrían buscarse en algunos
Le tocaba guardia en el hospital de Sahl- La chica que soña- iniciativa que le pareció insólitamente in- taba entre el paciente y Fonus, la empresa de esos elementos, a los que se le suelen su-
grenska de Gotemburgo y estaba siendo una ba con una cerilla geniosa. La cinta mantenía las bacterias funeraria. Su trabajo consistía en decidir mar las anécdotas particulares de la trilogía
noche miserable, extenuante como pocas. y un bidón de ga- fuera y la sangre dentro. Una bala le había las medidas que había que tomar; si opta- que llega ahora a su final con La reina en el
Desde que empezara su turno, a las seis de solina, ambos apa- alcanzado la cadera y atravesado los teji- ba por la errónea, puede que el paciente palacio de las corrientes de aire. Por ejem-
la tarde, habían ingresado a cuatro perso- recen distanciados, dos musculares. Jonasson levantó el hom- muriera o se despertara con una minus- plo, la muerte prematura de Stieg Larsson,
nas debido a una colisión frontal de coche pero un nuevo ca- bro de la chica y localizó el agujero de en- valía para el resto de su vida. La mayoría quien nunca se enteró de que sería un best se-
ocurrida en las afueras de Lindome. so los reúne: se trada de la espalda. No había orificio de sa- de las veces tomaba la decisión correcta, ller. Ese detalle parece concederle a la obra
(...) Sobre las 11, el número de pacientes trata de una mu- lida, lo que significaba que la munición algo que se debía a que gran parte de los una especie inentendible de autenticidad, co-
de urgencias ya había disminuido. Dio una chacha atada a permanecía en algún lugar del hombro. Al- que hasta allí acudían presentaba un pro- mo si se tratara de un best seller hecho y de-
vuelta para controlar el estado de los que una cama y some- bergaba la esperanza de que no hubiera pe- blema específico que resultaba obvio: una recho pero escrito por un tipo que obviamente
acababan de entrar y luego se retiró a una tida por un ser netrado en el pulmón y, puñalada en el pulmón o las no se vendió al sistema (porque se murió) o
habitación para intentar relajarse un rato. despreciable. Hacia como no le vio sangre contusiones sufridas en un que al menos, si efectivamente se hubiese ven-
Tenía guardia hasta las seis de la mañana, el final, Lisbeth re- en la cavidad bucal, accidente de coche eran dido, no pudo disfrutar de las mieles de esa
pero aunque no entrara ninguna urgencia cibe un disparo en llegó a la conclusión de daños concretos y controla- venta.
él no solía dormir. Esa noche, sin embargo, la cabeza. El tercer que probablemente no bles. O sea, más allá de que estilísticamente la
los ojos se le cerraban solos. tomo comienza en fuera ése el caso. Leé una nota sobre la artis- Que el paciente sobrevi- saga de Larsson es bastante más sólida que El
La enfermera Hanna Nicander le llevó el hospital en el –Radiografía –le di- ta cordobesa que inspiró viera dependía de la natu- Código Da Vinci o la saga de Crepúsculo,
una taza de té. Aún no había recibido deta- que los médicos in- jo a la enfermera que lo las tapas de la saga. raleza de la lesión y de su sa- por ejemplo, el hecho de que Larsson descan-
lles sobre las personas que estaban a punto tentan salvar a la asistía. ber hacer. se 10 metros bajo tierra parece darle un toque
de ingresar. protagonista. No hacían falta más Pero había dos tipos de de prestigio extra: es un autor que no nos va
Anders Jonasson miró de reojo por la ven- explicaciones. Acabó cortando la venda con daños que Anders Jonasson detestaba: uno a engañar ahora que sabe que nos tiene.
tana y vio que relampagueaba intensamen- la que el equipo de emergencia le había ven- eran las quemaduras graves, que, inde- Luego, sería un tanto ingenuo no tener en
te sobre el mar. El helicóptero llegó justo a dado la cabeza. Se quedó helado cuando, pendientemente de las medidas que él to- cuenta que de vez en cuando el mundo pare-
tiempo. De repente, se puso a llover a cán- con las yemas de los dedos, palpó el aguje- mara, casi siempre condenaban al pacien- ce necesitar que todos leamos más o menos
taros. La tormenta acababa de estallar so- ro de entrada y se dio cuenta de que le te a un sufrimiento de por vida. lo mismo, no tanto en el sentido orwelliano
bre Gotemburgo. habían disparado en la cabeza. Allí tam- El otro eran las lesiones en la cabeza. de esa imagen como en la necesidad de tener
Mientras se hallaba frente a la ventana poco había orificio de salida. La chica que ahora tenía ante sí podría un punto de encuentro, una experiencia esté-
oyó el ruido del motor y vio cómo el he- Anders Jonasson se detuvo un par de vivir con una bala en la cadera y otra en el tica más o menos agradable que nos dé tema
licóptero, azotado por las ráfagas de la tor- segundos y contempló a la chica. De pron- hombro. Pero una bala alojada en algún de conversación en una sobremesa o que sim-
menta, se tambaleaba al descender hacia el to se sintió desmoralizado. A menudo solía rincón de su cerebro constituía un proble- plemente nos haga sentir alguna necesaria
helipuerto. Se quedó sin aliento cuando, por decir que el cometido de su profesión era ma de una categoría muy distinta. De re- empatía con el resto de la gente. En ese pun-
un instante, el piloto pareció tener dificul- el mismo que el que tenía un portero de fút- pente oyó que Hanna, la enfermera, decía to la saga Millenium ofrece un blend atracti-
LA NOVELA
tades para controlar el aparato. bol. A diario llegaban a su lugar de traba- algo. vo, equilibrado y entretenido, una especie de
Luego desapareció de su campo de visión La reina en el pala- jo personas con diferentes estados de salud –¿Perdón? policial humanista, de izquierdas moderadas,
y oyó cómo el motor aminoraba sus revolu- cio de las corrien- pero con un único objetivo: recibir asis- –Es ella. que no cambia nada en el mundo de las no-
ciones. Tomó un sorbo de té y dejó la taza. tes de aire, por tencia. –¿Qué quieres decir? velas policiales ni introduce ningún aspecto
Anders Jonasson salió hasta la entrada Stieg Larsson, Des- Se trataba de señoras de 74 años que se –Lisbeth Salander. La chica a la que lle- revolucionario pero que, por algún motivo,
de urgencias al encuentro de las camillas. tino, Buenos Aires, habían desplomado en medio del centro co- van semanas buscando por el triple asesi- funciona como un reloj, o como un fósforo y
Su compañera de guardia, Katarina Holm, 2009, 854 páginas. mercial de Nordstan a causa de un paro nato de Estocolmo.