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Silva Márquez - Balada Arcos Dorados

César Silva Márquez, La balada de los arcos dorados, 2014

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1

,.

I NEGRAi
DERECHOS

C[SAR
Sil VA MARQU[Z

!11

,.

11

RESERVADOS

2014 Csar Silva Mrquez


2014 Editorial Almada S.C.

Avenida Independencia 1001 - Altos


Col. Centro, C.P.68000
Oaxaca de jurez, Oaxaca
Direccin fiscal:
Monterrey 153,
Colonia Roma Norte,
Delegacin Cuauhtmoc,
C. P.06700, Mxico, D.F.
www.almadia.com.mx
www.facebook.com/ editorialalmadia
@Almadia_Edit
Primera edicin: agosto de 2014
978-607-411-160-6

ISBN:

Queda rigurosamente prohibida, sin la autorizacin de los


titulares del copyright, bajo las sanciones establecidas por las
leyes,la reproduccin total o parcial de esta obra por cualquier
medio o procedimiento.
Impreso y hecho en Mxico.

~-&.
Almada

A Rodrigo Silva Ve/asco

i
Cuando yo entr en su vida, su vida ya haba
acabado: ha tenido un principio, un desarrollo
y un final. Esto es el final.

No es pas para viejos


CoRMAC McCARTHY

Seamosclaros en esto: en algn momento o en


otro, la mayora de nosotros deber luchar con
sus demonios personales.
--- Los hombres malos hacen
lo que los hombres buenos suean
ROBERTSJMON

Talvez ya prendieron el reflector para pedirte auxilio! [...] y all estn doblados tu traje de
hroe y tus sentimientos de hroe, listos para
cuando entres en accin.
"Barman"
]OS CARLOS BECERRA

.);:;
l1(u/</'-.

.. L<kk
As comienza la pelcula.
En primer plano aparece l'!}_a_f()!()gra(~<!:_donde
mi padre mira hacia la cmara; luego es la foto de mi madre en
el jardn de nuestra primera cas~1f!_nInfpnavjt, un jardn
como un pequeo parche verde y polvoso con un manzano
torcido al centro; pronto le sigue mi hermana de dos aos
huyendo de la lluvia, tratando de alcanzar el zagun. Al
nortc)stn los amplios cielos de Texas. Para m, et sur es
un sueo d}ly.idoen bostezos cuyo nombre slo apareca en
la televisin los domingos por la maana cuando vea el
programa de Chabela. Lentamente surge mi mejor amigo
en pantalones cortos jugando a ser Superman, con los brazos extendidos y los puos cerrados, cortando el aire. As
llega el ttulo de la pelcula en letras grandes y un fondo
negro que por segundos oculta lo que sucede, como si el
espectador entrara en un tne.! porque, a fin de cuentas,
para ver una pelcula hay que llegar al otro lado de lo que
sea que tengas que llegar, de la vida misma si se quiere.
Y cuando el ttulo se desvanece, cuando llegamos al final
del tnel, est el sonido crudo de los autos, el rugido de
los motores, el claxon histrico de una camioneta en la
,.,

11

'7;;.,,!" ,_;)

distancia, una sirena abrindose paso. Comienza la tom_q


area de la ciudad en medio del desierto oscuro, donde las
luces son como miles de ojos de liebres cargados de luz.
Alguien me ha puesto una pis!ola en la nuca, alguien me
dice que voy a morir, que as tiene que ser, que me lo
merezco, que si no saba que en..-""-,........._,,,
El Diario,
donde trabajo,
..,,__....L___..
tienen odos, as lo dijo, pendejo, qu no sabes que en El
Diario tenemos odos. En ese momento mi vida es una
12
pelcula, y los hroes no aparecen. Slo hay gente que camina por las calles destruidas del centro, evadiendo los
rincones ms oscuros, mujeres que hablan por telfono
sin percatarse de lo que pasa, gatos dormidos en terrazas
y perros a punto de ladrar. Cuando siento el can de
la pistola en la piel, pienso en todo lo que no he hecho en la
vida, en cmo nunca he estado en Zihuataneio, por ejemplo, o cmo nunca me he lanzado en paracadas. Pienso
en Rebeca. En las uas de Rebeca, sus muecas y torso, en
Rossana y su voz y piernas. Por un momento, en un solo
~
" parpadeo largo, del cual creo que no volver a abrir los
ojos, pienso en-".<
mi abuelo.
Deseo un pase. Cuidndome
.,'""'
de la coca tanto tiempo, para morir aqu arrodillado. Sin
sr-:
\ :-.:i.c\
du;;;p-;rms que hagas cambios en tu vida, de una macY .)
nera u otra, todo lo que has hecho se paga. Como si una
gitana te hubiera echado una maldicin. Mi abuelo muri
dos aos antes de que yo naciera, en San Luis Potos. Lo
nico que tengo de l es el recuerdo de una fotografa sobre
el umbral de la puerta de la sala de mi abuela. Luego ella
muri y vendieron la casa. Y mientras siento la muerte,
por terceravez en mi vida, pienso en el bigote mal recorta-

b~

~,.____.

do de mi abuelo. La cocana es mi kriptonita, pero se debe


ser un hombre de acero para no tener miedo a una bala
que te partir en dos la cabeza. Lo haba visto ya tantas
veces en estos ltimos das.
En una de mis primeras entrevistas cuando comenc
a trabajar en El Diario, le pregunt a !:'!f.J!!::Ei de veinticinco aos por qu haba asesinado a sus padres y a su
hermana pequea. Me dijo que ya no lo tomaban en
cuenta y que ahora por las noches vea a la nia muerta
en la esquina del catre. Despus mir al suelo y me pregunt si yo vea a los muertos. Le dije que no. l se encogi de hombros y me pidi un cigarro que de inmediato
le negu. Tena la nariz rota y un bigote de sangre seca
porque los custodios lo golpearon durante la noche, como
una forma de bienvenida.
Ahora estoy aqu y un tipo me dice que me creo mejor
de lo que soy y vuelvo a sentir el can una, dos veces y
la gente pasa y los autos rugen.
Me llamo Luis, y_..,---un tipo presiona su pistola contra
mi nuca.
-------------------------~-------

lvr-s

1' A1f

-i>

....

pe~,r c.~ c...1-o

...

13

....

agua. A Luis lo llevaron al hospital ms cercano y el


dinero de los padres fue suficiente para que aquel de--~-----,.~~--------
-
sastre se arreglara sin intervencin policiaca ni de los
medios de comunicacin. Luis hizo a un lado la cocana. Soaba con ella. Se haca en un desierto de
cocana. En una tierra cubierta de nieve. Luego los
sueos comenzaron a disminuir, as como el ansia.
Pero ~- an~~Y~.2!.~-~-1:1~a,slo tena que rascar
un poco la superficie de los recuerdos y ah estaba,
rs
palpitante y oscura.
En Ciudad Jurez comenzaron los asesinatos de
gente que venda coca, mota y pastillas, conocidos co- -:
mo puchadores. Uno de los primeros en morir fue el
h~~-;;-I;
Pa11cl:lg
__A_z11eta,
amigo de infancia de
Luis.Lequemaron los pies, le cortaron una mano y lo
-,
dejaron desangrndose. Luissupo del caso por la tele"
visin, luego la historia se complement por sus amigos. Luis termin la carrera de comunicaciones a los
veintitrs y comenz a trabajar en El Diario de furez -,
V?">

como ~J>_?rt~r~c:l~-~-t~,:?ja.
Asconoci al Chaneque.
El verdadero nombre del Chaneque -~~J~lioJ'~s- J<.)p
trana. Le dicen el Chaneque porque viene de Vera- ,..,;
cru~~~to transfirieron a principios de 2003. Mejor ..
dicho, solicit su cambio porque su prima Margarita,
que viva ac, un d~ ~ej de
s~-ta
de inmediato le suplic que investigara lo que suceda, porque haba tenido un sueo donde su querida
Margarita nadaba incansablemente en una alberca
sin fondo ni orillas. l, de inmediato, se comunic

14

L\

Luis Kuriaki es periodista. Tiene veinticuatro aos y


---~
trabaja en El Diario d~_l'!A!f?..z.El da de su cumpleaos nmero di~~i~;ho, su_~g~Je regal una crn.:_ra Nikon de obturador automtico. La primera vez
que consumi cocana fue en 2004, a los diecinueve.
A los veinte se dio cuenta de que viva para ella, y
despus de cada pase se juraba que ese vaco que le
provocaba sera el ltimo. A los veintiuno, en medio
de una fiesta y al lado de su mejor amigo, el Topo,
sufri una sobredosis. El Topo lo llev al hospital. El
Topo tena-~iecto de que se fuera a morir en el camino hacia el hospital. Pero no fue as. Luis entr en
una clnica de rehabilitacin, en la cual dur poco
ms de un mes. Lasegunda sobredosissucedi al cabo
de tres meses, frente al ocano Pacfico,en Mazatln.
Era verano. El Topo le pidi que tomaran coca juntos. El estiray3floja se dio de inmediato. Razones en
contray ra~-onesa favor. y el mar tan basto no dejaba
decidir. El Topo gan. Esavez no pudo llevar a Luis a
urgencias: el Topo muri ah mismo, echando espuma por la boca. Sacudindose como un pez fuera del

..

la!li~i~-~~:~~.

\fo1 ~-ra
f"

-, '\..u.
'(>Cft

16

(>'

L)< ~

a Ciudad [urez. Le pidi a un conocido, el agente


de trnsito Edgar Luna, que le ayudara a encontrarla.
Pero no f~a
casa que supuestamente habitaba la muchacha haba quedado vaca tiempo atrs
sin haber dejado rastro. Para el agente Pastrana fue
frustrante. Entonces tuvo la posibilidad de pedir su
!rang~!~nci~~Ja frontera. Yla bsqueda sigui, pero
sin ms frutos que chascos. Pareca que se la haba
comido la tierra. Haba veces en que era preferible
pensar esto a llegar a la conclusin (la ms obvia)
de que Margarita haba terminado asesinada como
tantas ms mujeres en Ciudad Jurez. Ante este pensamiento, prefera suspirar profundo y luego masajearse los ojos.
(Un da1.a principios de diciembre, cerca de la media noche, el agente Pastrana lleg a la esquina de
Al ChU[ll(lC~~oy _r>.ej_!<?_g_arfias.
Los vecinos llamaron a la estacin porque justo cuando oscureca, una
c~11_et(l ~()E2~~.9::color negro y vidrios tinteados, haba dejado en la calle _l:!l!~~plstico.
El
agente acudi de inmediato. En la escena del crimen
se encontraba Luis Kuriaki.
Y t quin chingaos eres, le pregunt el agente.
X!_~1!_5_2
dijo1 el muchacho y, sin dejar de mirar la
bolsa, alz al nivel de los ojos su credencial de El Diario de furez.
Pinches soplones, murmur el agente Pastrana.
Cuando llegaron los refuerzos, a mano limpia, un
polica gordito y muy moreno abri la bolsa. Se hizo

a un lado y vomit. Se acerc el agente Pastrana y con


el pie movi la boca de la bolsa para ver el interior.
Era la cabeza
de ..un
joven. Con los ojos hinchados.
--~------~--~-"--"~-..
Luis tom la foto y se acerc un poco ms para darle
ur~-~!~e_!:
__
?,:_ ~~:_11a1
age11tePastrana, luego algo hizo
clic en su cabeza. Se qued boquiabierto. Aquella cabeza la conoca.
Chingao, dijo Luis para luego vomitar.
No chingues, repar el agente Pastrana, de este lo
17
entienciE! dijo sealando al polica gordito, pero de ti. l..,,,
(Es que lo ~-----~--"'"
conoca,'>
vo...,,L
El agente escupi al suelo, cerr la bolsa y la puso
en la cajuela de la patrulla. El sonido que hizo la cabeza adentro fue apagado. Pinche mundo, le dijo a Luis
antes de subirse al auto y alejarse de ah.
As se conocieron, por la cabeza de ...--~----un yonqui
- - ----~-"-- .....
__..__ .._
amigo de Luis que siempre le conectaba lo que fuera
cuando ya eran pasadas las tres de la maana.
De regreso en casa se prepar un cereal Froot
Loops con leche deslactosada y se fum tres Marlboro
antes de dormir. Pero lo despert la voz de su Il1J.go
muerto.
--Quin est ah, pregunt Luis, y mir en derredor.
Samuel.
Cul Samuel, pregunt Luis tratando de ahogar
un grito, te refieres al muerto.
Soy yo, contest su amigo.
Me estoy volviendo loco, dijo Luis, tocndose el
pecho, el corazn estaba por estallarle.
-- ...................

'--

--------

---

_,.

~"\

v-10.,..lw<-

\?
No te ests volviendo loco, toma aire, respira profundo; ms, as, deja de temblar. Luistom la cajetilla
de cigarros con mano temblorosa, extrajo el ltimo y
lo encendi. El susto se diluy en la nicotina.
Por qu te mataron, pregunt.
Sepa, dijo la voz y agreg,_T_e~~~L~~s

~!_l:~!p~r(lC!U.
18

~e_k
\

\).vr)

Yeso, pregunt Luis,pero su amigo yanqui ya no


contest.
Antes de volver a dormir tom la cajetilla de cigarros y se cercior con desgano de que ya no haba
ms. Es un mal sueo, se dijo, y record al agente
Pastrana escupiendo al suelo para luego tomar la cabeza y depositarla en la cajuela de la patrulla, un pinche sueo, dijo en voz alta y cerr los ojos.
Lu~~~-d!l.
c:ar~_c:!er
sern.J'....fuerte q~L_agente
~(l_S!_ra_na.
En la oficina, ~l jefe de informacin le mostr una fotografa donde se vea en primer plano al
agente jalando de los cabellos a un raterillo de un
barrio de la zona centro, cerca de la Parroquia del
Sagrado Corazn. Si te lo topas, es porque hay algo
gg11c:Ie.ltimament-t~;; es grande, dijo Lilis, lo
que su jefe slo asinti con la cabeza, o tal vez no haya asentido sino negado, pero qu ms daba. Luegoel
jefe de informacin se arremang la camisa blanca, y
de un cajn del escritorio sac un burrito de chicharrn junto con un refresco de manzana. El historial
del agente est cabrn, le dijo a Luis, y comenz a
hablarle sobre la desaparicin de la prima.

Luego lleg_}(lpeorhe_lc_!~d~
l~_i}!gQii(l.
en Ciudad Jurez. La temperatura baj ms all de los menos treinta grados centgrados. Un rcord. No hubo
tubera de agua que se salvara. Era como si a la ciudad la hubieran acuchillado justo en las entraas.
A las doce de la noche del nueve de diciembre, al
abrir la puerta de su casa, Pastrana escuch agua
correr en la cocina. Haca un fro increble, as que
mientras pensaba en cmo era posible que alguien se
hubiera atrevido a entrar en la casa de un polica y
que sera mejor llamar a sus compaeros, por inercia
fue avanzando hasta localizar la fuente del sonido.
A esa misma hora, Luis recibi una llamada de
su vecina Rebeca,contndole que en su casa el agua
bajaba del segundo piso en cascada por las escaleras.

Dos das despus, Luis y el agente Pastrana se volvieron a ver sobre la calle Plan de Gu!l:~!~upe,justo a la
altura de un parque raqutico con rboles que parecan secos. Antes de bajar del auto, Luis se llev un
chicle de menta a la boca.
Una llamada inform sobre la presencia de un
hombre !ira9:o,bocabajo en el parque.
--c~ando
lleg-~~ge~t~-Pas-trana,Luis ya estaba
ah.
Tardes,le dijo el agente, a lo que el joven acert en
contestar levantando la mano. Se aproximaron con
lentitud al cuerpo.

19

Q..~

',

''\

..

c.._. ;Q

")

l
,':)

El joven sac un billete de cien pesos y se lo pas


al agente. Muri congelado, dijo.
No, contest el agente Pastrana, y con una rama
que en algn momento haba tomado del suelo le
pic el cuello.
Y la sangre, pregunt Luis.
Elagente le dio la vuelta al cuerpo. Laropa por enfrente estaba hecha jirones y a primera vista el hombre estaba vaciado. Nada de intestinos, corazn ni
20
hgado; coro-sifuera slo una cscara.
Pobre,dijo Luis,trata;;_do-aectneruna arcada,
pero sin dejar de mirar la escena. Sobrepasaba todo
lo visto por l hasta ese momento, a excepcin de la
cabeza cercenada de su amigo yonqui.
A este pendejo lo vena siguiendo, la semana pasada no pude dar con l, pens que se haba largado
al Chuco, dijo el agente Pastrana, y.,.------se restreg lQS
~~S<2!1-~~l:>~~-~~nos.
Mir a los alrededores, se cru\v'
.J vf.:.>
z de brazos y sin despegar la vista del cuerpo le pregunt a Luis cmo le haba ido con la helada.
Mal, contest Luis, y tom otras fotografas. El
clic de la cmara de alguna manera lo mantena en
pie, y a su estmago en su lugar.
El agente Pastrana se retir al auto para llamar a
Vizcarra, el forense. Voy a acordonar el rea, le dijo

\J ' .
1

L~

ano~~:---

El agente Pastrana era un caradura. Ha de ser un


buen jugador de pquer, pens Luis,y escupi el chicle ya sin sabor lo ms lejos que pudo.

En la oficina de la redaccin le mostr las fotografas


al jefe. Este las tom una por una. Deberamos decir
que en la ciudad anda un tigre suelto, dijo.
Cmo.
Un tigre hambriento.
h"':--e l'
Luis se lo pens un segundo. Estaramos p~a~~an- ""] v
do... por
lo menos
dos novelas,
dijo.
...
~~-~~--------..~
Imagnate, un tigre comindose a estos cabrones.
Una novela es de una mexicana y la otra de un
21
gringo.
Le dir a Rossana que te ayude con la nota, dijo
el jefe sinseparar-IoS}OSd~'7.i~a
de las fotografas.
Lasdos novelas estn buenas, en la del gringo todos fuman mota, agreg Luis.
El jefe apart por fin la foto. !!1..-911.'!~dJurez
nadie lee, dijo, entonces se arremang la camisa y
---------~
de un cajn sac un par de burritos. Quieres uno, le
ofreci al muchacho.
Es en serio lo del tigre, pregunt Luis,pero el jefe
slo sonri y procedi a comerse un burrito de carne
deshebrada a la mexicana.
Luis se despidi temblando y se march a casa.
Pens en el tigre y se imagin escribiendo la nota,
algo que ver con un circo y un velador borracho. Tal
vez alguna pandilla de jvenes estpidos haciendo
enojar al enorme gato hasta que el candado, enclenque y herrumbroso, cedi. Pero tan slo era un periodista. Uno bueno, que ya era suficiente. Desde siempre se esforzaba por escribir alguna historia y, en
-.~-"-----

"'

J,'\""-,

22

<

,,

cuanto se sentaba frente a la computadora, las palabras en su cabeza dejaban de orse. Entonces se quedaba en blanco, o en negro, como si estuviera viendo
el interior de un cuarto a oscuras.
Esa noche de nuevo convers con su amigo yanqui muerto.
-~~-al,
dijo la voz.
A ti no te fue tan mal como al que hallaron hoy,
dijo Luis.
Su amigo guard silencio un segundo. Al final el
resultado es el mismo, atin a decir.
Tal vez, contest Luis, y despus de una pequea
pausa le pregunt ~e
senta estar muerto.
Sientes sueo hambre al mismo tiempo, pero
no fro, dijo el amigo yanqui, luego le dijo que le
agradaba estar ah, pasar el tiempo frente al televisor
o la ventana, si pudiera me ira a casa, pero me hipnotiza este lugar, la esquina con los libros y las pelculas porno detrs del peinador, agreg, pero esto
ltimo Luis no lo escuch porque ya se haba vuelto
a dormir.
Al da siguiente, la nota sobre la muerte del muchacho decapitado, de nombre Samuel Bentez, abarc unas cuantas lneas perdidas entre otras notas
rojas igual de descabelladas. Notas pequeas como
salpicaduras de sangre.

rvlw

rv\N

{l

~j""',,.,,.p
El amigo yanqui de Luis se llamaba Samuel Bentez y
23
viva en la colonia Altavista, en el nmero treinta
y siete de la calle Oro. Bien pudo haber vivido en el
Campestre. Tena el Q~~e-~o
para hacerlo, pero mantener un perfil bajo era importante. No todos lo crean
,
as. Susamigos, por ejemplo Rodolfo, el Chemy, cuan' do comenz a trabajar de puchador, de inmediato se
compr dos grandes esclavas y una cadena de dieciocho quilates de oro blanco cada una. Al Chemy
no le gustaban las botas, pero se procur un par de
todos modos. Luego lo levantaron, y a las dos semanas lo descubrieron en un lote baldo en las afueras
de la ciudad, con las manos atadas por detrs y sin
zapatos. El Chemy se haba vuelto una cosa, como un
mueble inservible con las patas rotas. Samuel dej escapar una risita mientras vea la foto de su amigo en
el diario vespertino El PA:f. Podra haber trado un mejor
-~om~siempre le deca_~_A.:leja11dra,
su_
novia, para qu hacer ruido, mejor vivo que Lobo.
'LO;buenos tiempos haban pasado, pero regresaran, '-.:
y Samuel estara ah para vivirlos de nuevo.
,..'j

_-------..__...__________.

auto pero,

, , J:e.J

e-,

LA

5 c.;,,.,,)'.:l

s~~o-r..-,$

.._;

24

\ctlki

Una semana antes de aparecer en la habitacin de


Luis Kuriaki, Samuel vio, por el retrovisor de su auto,
un Nissan negro, y no estaba seguro de si lo segua a
----------~------~
l o no. En la avenida Lpez Mateas lo percibi por
primera vez. Ah entr en el McDonald's y orden el
combo nmero uno, el de la Big Mac. Dobl al este
sobre la avenida Paseo Triunfo y, justo en el Saln
Mxico, distingui de nueva cuenta el auto negro.
Acelerun poco, cambi de carril y baj la velocidad.
Elauto continuaba a unos metros de l. De nuevo aceler, se pas la luz roja de un semforo y sigui sobre
la avenida 20 de noviembre. El auto negro iba detrs.
Justo cuando sinti que las manos le sudaban, el auto
negro gir a la derecha y entr en el estacionamiento de un restaurante de mariscos. Samuel respir un
poco ms tranquilo. En un alto meti la mano en la
bolsa de papel de los arcos dorados, extrajo la cajita de cartn;Taibri~~
la hamburguesa y le dio
una mordida grande.
El mircoles de esa semana recibi una llamada
de Pereda.
--~o
verte, le dijo, y colgaron.
Samuel se visti, acomod dos lneas blancas y
gordas sobre el bur y aspir con naturalidad, tom
la bolsa negra escondida en el techo de su recmara y
sali a encontrarse con Pereda. Pero encontrarse con
Pereda no significabaque lo iba a ver a l directamente. Severa con _y.sql1e~_Nez
~~inez en el bar
del Sanborns,y a travsde ellosrecibirainstrucciones.

f V U..)C

.
'
(~ D /'""\ ...-, - --'7

fJ\_ f}>---,-,

Rumbo al bar trat de localizar al auto negro del


da anterior sin ninguna suerte. Pens en la BigMac
que se comera despus de la junta con Pereda. LasBig
Mac eran lo nico que coma, o que su estnago so:
y J-~P'!P.ii.Ji:!~as,no de Burger King,
Wendy's o Whataburger, nada de eso. Alejandra le
-~--~~,.----=>-"
'!:d_9.~ra a,,S,.9,t1"e,r~-~~~-r
~~IJ1i~ndoaquello siempre. Una vez a la semana lo acepto, le dijo en la cama
apenas unos das antes. Haciendo gestos repulsivos
zs
agreg, pero todos los das, por Dios, te vas a morir
de colesterol. Samuel se ro y pens que en definitiva
aquella muerte no era para l. Mir a travs de la ventana que daba a la calle, el farol de luz de la casa de
enfrente, el sauce que apenas si se meca con el aire
fro de la noche.
~ue
quien lo recibi en el bar del Sanborns.
"'11/6..,~
Era un tipo que le provocaba miedo. Alto, blanco y
delgado, atltico. Tena una nariz muy grande y recta.
Te mandan saludos, le dijo en cuanto se sent.
Igual, dijo Samuel, y orden una Pacfico.La cerveza del Sanborns le pareca la mejor servida de toda Ciudad Jurez. Era cierto que el bar se vea descuidado y anticuado, pero la cerveza siempre estaba
sumergida en hielo y eso la haca particularmente
sabrosa. Nada de refrigeradores. A Samuel le hubiera gustado compartir sus conclusiones, pero Nez
no se prestaba para tales temas. De inmediato alarg la mano con el bolso negro y lo puso al lado de
N~-----------

p~tifla:--e-s<i
v

'

.~,.,.,..,p, 1 L.>K
I

tJJ:::;

26

. '
'-0

En un momento que le pareci extrao, cuando


Samuel casi daba por terminada la pltica, Nez
dijo: Est cabrn.
Eso fue todo. Samuel se inclin un poco sobre la
mesa para ver si deca algo ms, pero no, este volvi
a ser el hombre de siempre, una pared, un bloque de
hielo. Se levant y sali del bar. No se volveran a ver.
,
~!!_~, por primera vez en seis meses, pens en
~Luis Kuri2_ki.Qu habra pasado con l. A Samuel le
g11~1?._a_~~()&~r~e
~Q!l~~l.P_<:!!()~~~!
No se vean con
frecuencia, pero las tres o cuatro veces que coincidieron la fiesta fue soberbia. Luego dej de llamarlo, y
por amigos se enter de la sobredosis. Su pinche rollo,
pens. Pero unos meses despus sinti el peso de la
ausencia de su amigo. ui:_cl~_s~-~~erc
a su casa y vio
luz en la planta baja. ~11~.E:~er_~~~~no lacio cruz de lado a lado la ventana. Qu bien, se dijo, y pensando en regresar otro da subi al auto y fue a casa
de Alejandra por unos pases. Pero el tiempo siempre es poco para lo que uno quiere. Ese otro da regreso nunca sucedi, y ahora pensaba en Luis Kuriaki.
Marc su nmero celular y la llamada no pas.
En casa, antes de meterse un par de rayas, pens
en su Big Mac y se recost en el silln de la sala. A
los diez minutos se reincorpor, algo no estaba bien.
<>~-----.--~
Con la luz apagada mir la calle vaca. La oscuridad
pareca decirle en otro lenguaje algo que l no poda
captar. Un auto pas con la radio a todo volumen. Se
cercior de que ambas puertas, la del patio y la fron-

tal, estuvieran cerradas y se dio un bao con agua


muy caliente. Eran las once de la noche y chasc los
dientes, la Big Mac tendra que esperar un da ms.
Por qu Nez habra tenido que decir eso de est
cabrn. Ya revisara el peridico a primera hora, maana por la maana, tal vez ah estuviera la respuesta. Del clset de su recmara, ms por instinto que
otra cosa, .----------~----~---.--~----.sac un bate de aluminio
que compr en
.......
27
El Paso y lo puso al pie de la cama.
A las tres de la madrugada escuch 2:!IU:l!!<i.9 Al
abrir los ojos, decidido a levantarse, lo primero que
vio fue a un.e.o,sPlJ.l;.l!~.9..o
sosteniendo una estopa. -+
Entonces fueron las sombras y los dolores agudos en
el estmago, una punzada en el odo, ms sombras,
y mucho cansancio y sed, alguien encendi el radio,
sonaba una cancin de Javier Sols, luego lleg una
humedad tibia y preguntas y risas y Javier Sols cantaba "Sombras nada ms", y l gritaba o crea gritar.
Entonces, cuando el dolor y la msica y las punzadas
pasaron, decidi visitar a Luis Kuriaki.

-~~

1
,.,..,ve..,..~.

J~. s~...,g

\C\:;{28

M t/l,c

,.

En 1937, los hermanos


McDonald, Maurice
,,.,...,..._,,,., ......~~""'"'"---~---.......----.- y~Rick, en
Pasadena, Californi~_.1;;>ren
su primer restaurante de
hamburguesas. Enc!2.z;.?lovenden a Ray Kroc, su socio. Aparte de no coincidir del todo con las ideas de
Kroc, decidieron disfrutar tranquilamente de su vida.
Ese mismo ao nace Ofelia Pastrana, la futura madre
deMargarita Ortiz Pa~~;-'.i el Puerto d~;.~z.
El 14 de mayo, en Alabama, e_!_~l!_Klux
Klan incendia
un autobs de los llamados Freedom Riders, y los activistas que luchaban contra la segregacin de los autobuses pblicos son secuestrados y apaleados. En el
lugar del rescate se encontraron varias bolsas de papel estraza con el distintivo de las hamburguesas de
los arcos dorados. La fotografa
de Rita Wolf,
una
-.-..-------~__,-....._____....
_
de las vctimas, apareci en un diario de Mississippi
que le dio la vuelta a Estados Unidos. En primer plano se encuentra ella de espaldas y en segundo plano
aparecen las bolsas de papel con los arcos impresos.
Poco despus comenzara una de las ms inusuales historias de homicidios en el norte de Estados Unidos. El asesino, despus de alimentar a sus vctimas
,

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V<,M~

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.~c.r:..J~ - 1'.-.,,,~)ift\(jhJ
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con hamburguesas, las golpeaba hasta la muerte con


un bate color amarillo que l mismo pint. Cometi
seis asesinatos antes de que dieran con l.
Maurice McDonald, el hermano menor, siempre
estuvo al tanto de tal atrocidad. La polica no coment el hallazgo de las hamburguesas. Sin embargo, un
joven reportero del Chicago Tribune, Louis Connor,
se comunic con McDonald para pedir su opinin al
respecto. No lo puedo creer, fueron las primeras palabras de Maurice. Y a sus casi sesenta aos de edad,
decide viajar a Cl!!Si!82para entender lo que est sucediendo. Su hermano le pide que no lo haga, pero
l niega con la cabeza y se marcha. Insta al joven
reportero a no publicar nada sobre las bolsas de hamburguesas y los cadveres, que espere un poco ms.
Lo cual, simpatizando con el viejo, hace.
Maurice McDonald obtiene acceso a los archivos
de la polica, los mira, los estudia, y una noche llama
a su hermano mayor y le dice que est destrozado por
los acontecimientos, que no puede ms y que al final
no sabe lo que est haciendo en aquella ciudad tan
hostil y diferente a Pasadena. Christ!, dice su hermano en algn momento y le pide que regrese, que si
siente ese dolor tan profundo como lo est sintiendo,
es hora de empacar y volver. Al final, no eres ms
que un simple empresario en este mundo, deja a los
expertos hacer su trabajo. Est bien, est bien, contesta Maurice, y cuelga y se queda mirando desde la
ventana de su cuarto de hotel el lago inmenso, los

LQ_,C.
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29 ~--~,

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veleros adormilados en el muelle, el oleaje casi imperceptible. Tiene pesadillas, suea que l mismo es
una hamburguesa enorme siendo devorada por el
tiempo, el asesino serial por excelencia. Y tambin
piensa que la ira est entre esos dos panes y sabe que
es ridculo, pero nada lo puede hacer sentir peor.
Al da siguiente, sale a caminar por las calles de
Chicago. En un parque se sienta a contemplar los viejos edificios con fachada en ladrillo rojo y los caminos empedrados que llevan al mercado._yna joven se
acerca y le pregunta la hora. Toma asiento a su lado, y
sin ms le platica sobre sus tos y sobrinos que estn
por llegar. Irn a comer hamburguesas a un restaurante viejo cerca de ah. En el muelle, dice y apunta
con una de sus manos hacia la derecha, como si eso
fuera suficiente para dar a conocer la ubicacin del
lugar. Maurice sonre. La mujer es demasiado joven y
cualquier comentario elocuente sobre sus bellos ojos
podra ser interpretado como una torpeza de viejo
rabo verde. Quiere pedirle que lo invite, abre la boca y de inmediato la cierra. No es necesario nada de
eso. Cinco minutos despus la ve marcharse y sabe
que nunca conocer ese lugar de hamburguesas.
le vendi el alma al diablo, de eso no hay duda, y pa...
ra poder vivir consigo mismo, y de alguna manera
perdonarse y ser perdonado por lo que ha hecho con
su consorcio de restaurantes, decide continuar ayudando al joven Louis en lo que pueda. Lo acompaa
a todos lados como un sidekick, va a las juntas del

--------------~-

30

~~--~-,------.---

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l,,,~c,\'rl_\

!!.__

diario, revisa los archivos, paga los honorarios a investigadores independientes sin escatimar en costos,
se desvela y bebe caf y come donas baratas de un
Seven Eleven cerca del hotel donde se hospeda.
Entonces, a principios del 72, ,.-.......,.,,_=---''--"
el Asesino-~''-'-;-de los
Arcos, como se le ha llamado secretamente, comete
un error y Louis y Maurice llevan la informacin a
la polica. Cae por las_~~cii~itales
que dej en el
envoltorio de una hamburguesa y que coinciden con
las huellas marcadas con ctsup en el marco de la
puerta donde termin con la vida de la que sera su
ltima vctima, Claire Johnson, estudiante de derecho. Las huellas pertenecen a~"-'...---\
Scott---.._,.Campbell. Hombre blanco de treinta y cinco aos que se inspir en
la paliza propinada a los Freedom Riders para cometer
sus crmenes.
Maurice se despide de Louis sintindose un poco
derrotado, pero de alguna manera sabe que es un hroe. Lo siente en los huesos. Sube al avin en el aeropuerto O'Hare y, desde el aire, al sobrevolar el lago,
reconoce el hotel donde se hosped por ms de tres
meses. Regresaa Pasadena con su hermano, quien no
se cansa de or una y otra vez cmo fue capturado el
asesino. Campbell es condenado a la pena de muerte. Su ltima cena consiste en una hamburguesa con
queso. Muere el 11 de diciembre de 1973. En esa fecha tambin agoniza Maurice McDonald de causas
naturales en su mansin. En Xalapa, esa noche, durante la primera posada que ofrece la Parroquia San
...

v ,.

31

-------

('!'\,

Jos, Ofelia Pastrana, con diez aos de edad, conoce


a Osear Ortiz, su futuro esposo.
~.-<>.-~

p,L,,
1

M,-jit-,~
" ).
\
['~~c..c-~

32

Luis toc el timbre de la casa y, mientras esperaba


33
que abrieran, mir el moro sin hojas de la acera. Sembrado en 1986, en marzo, las ramas sobrepasaban los
cables elctricos. Su ~.I~ usualmente lo mantena a
buena altura, pe~ !_I.l~~-~~!~~
t:
Su madre, mujer triguea y de cabello castao,
abri la puerta y le pidi que entrara.
~.
Cmo ests.
~
Bien.
4,,
Pasaron a la cocina y se sentaron a la mesa del pequeo comedor, uno frente al otro. La cocina estaba
limpia, un aroma a lavanda prevaleca en el ambiente. En la mesa yaca un vaso con un poco de whisky.
~~1.'!!2-~
__
s~ !~e, pregunt Luis, mir el
vaso y luego hacia la ventana.
Un ao, dijo ella, y guardaron silencio.
Escierto lo ~~l tigre, pregunt de pronto la mujer.
Anoche so que rondaba por aqu. Era un tigre muy
grande. No como el del circo aquel, recuerdas.
Se refera a un tigre de bengala visto cuando tena once aos. Siempre lo recordaban porque haba

-!'~-

S:.

34

orinado a una seora que pas demasiado cerca de la


jaula. Era la primera vez en mucho tiempo que estaban solos. Pens en acariciarle la mano pero prefiri
quedarse quieto.
No hay ningn tigre, al menos que yo sepa, dijo,
aunque sera bueno pensar que por ah anda uno
hambriento.
Ya no entiendo los peridicos, me imagino que
siempre ha sido as.
Yotampoco los entiendo, dijo Luis; y de pronto se
levant a mirar el jardn por la ventana del fregadero, recordando algo.
La mujer se acomod el reloj de pulsera y se pas
la mano vaca por el rostro. Por el ejercicio diario su
piel era tersa y los msculos de sus brazos, firmes.
Luis mir a .sl1 ~~<.!.!:e,era ap~os
aos~~c;ir_9..1:!;e
Rebeca. Apenas si reconoca a la muje(que tena enfrente. Ahora ms serena, ms pensativa. No como aquella mujer de antes de la separacin,
sonriente. Aunque no saba a cul de las dos prefera.
Anoche llam tu padre, dijo ella.
Luis sostuvo la respiracin. Qu quera.
Me habl de varias cosas, pero creo que al final
quera disculparse. Al menos eso me pareci.
Bien, dijo Luis, aunque en realidad le hubiera gustado decir otra cosa. Tena casi un ao sin hablar con
l, Pero tal vez no fuera tanto tiempo. Camin hasta
la sala, encendi el estreo y dej que corriera el disco de Frank Sinatra. La msica, por un momento, se
\'1(1\.IJ - l ~

encarg de llenar los espacios. Ah, en ese silln y en


aquel rincn luminoso se haba drogado varias veces. Comenz a sentir el ansia. Decidi regresar a la
cocina.
Antes de irse, meses antes, ~1l1 J2ec:lrecon esa
muchacha.
Yo iba a la plaza y ellos avanzaban por
~.-~------el carril contrario, imagnate, yo al mandado mientras ... no s, dijo.
La muchacha. As llamaba ~ga, la nueva pareja
de su ex marido.
Y por qu no dijiste nada.
Pens que no durara. Siempre piensas que son
cosas pasajeras.
S, dijo l, y mir hacia el fondo del patio adoquinado. Bajo un pequeo techo de madera estaban las
tijeras para los rboles.
Es g~-~P..:
Eso no importa, mam.
Claro que importa, dijo ella, y le dio un sorbo a su
vaso, el bil plido en sus labios marc el borde. Yo
no soy nadie para interponerme en esas cosas, agreg, si supieras.
Luis busc la mirada de su madre. No quiero saber nada.
Tal vez lo que diga te haga pensar distinto.
Sobre qu.
Sobre esto, sobre m o yo qu s.
Qu me quieres decir.
Te lo puedo contar.

.,,,4
'""'
35

Luis volvi a tomar asiento. No creo, dijo.


En los aos que vivieron juntos nunca vio discutir
a sus padres, y aunque saba que no poda tomrselo
de esa manera, cada vez que entraba en la casa respiraba un aire de culpabilidad; pronto el sentimiento
se alejaba durante das o semanas para despus regresar, un sentimiento incmodo, como si algo hubiera
muerto en aquel sitio y se estuviera pudriendo bajo
36
el aroma de lavanda.
Ella pas la mano sobre la mesa varias veces, acariciando la superficie.
Una mano delgada, como la de Rebeca, pens
Luis.
(['
Ahora estoy en un club de lectura, dijo ella, des'~")
pus del gimnasio, me voy a casa de una amiga y pla"~-)
ticamos sobre novelas de detectives.
Eso es bueno, dijo Luis, y pens en todas las mujeres divorciadas en gimnasios y clubes de lectura
en Ciudad Iurez, en Chihuahua, en Mxico, en el
mundo.
La ltima que lemos es de _._.,_,-~
Cormac McCarthy.
Pero no hay detectives, trata de un asesino que mata
f'J"~a todo mundo y un polica que trata de localizarlo,
aunque nunca da con l. Lo nombra fantasma. Eso
?
dice la novela.
Cmo se llama.
Por ah est el libro, dijo ella.
Aspasa en la vida real, dijo Luis para de inmediato agregar, sabes a cuntos ha matado el tigre.

No quiero saberlo, contest ella, y dio un sorbo a


su whisky. Te ves ms delgado.
Estoy igual.
Quieres que mande traer comida china, pregunt
ella, y se levant para tomar el telfono. Luego lo mir.
Habla con l.
No tengo nada que decirle.
Me pregunt por ti y le dije que estabas bien.
Pudo haberme llamado l mismo.
Se levant y abri el refrigerador, sac una jarra
de agua de limn y se sirvi un vaso. Quera whisky
pero no iba a pedirle un trago a su mam. Hablar
con l, dijo por decir algo, pero entonces sinti que
pronto, en verdad, lo hara.
Este es el primer trago del da, pero ser el ltimo.
Ya no es como antes, dijo ella, y mir el vaso con
nostalgia.
Luis pens ahora en todas las mujeres divorciadas en clubes de lectura y al~ohlicasqiie-~i~;;;:~~
'Jurez, ~~-Chfu~ahua; en.Mxi~~:;~ el mundo.
Los primeros meses de la separacin fueron los
peores. Cuando Luis regresaba de la oficina, fuera la
hora que fuera, a su madre la vea en el silln individual de la sala con un vaso entre sus manos, recin
servido. Esa s que era una bonita familia. Al cuarto
mes rent un apartamento.
Lo entiendo, dijo, y le dio un traguito a la limonada. Yavendr a podar los rboles, agreg y la mir
a los ojos.

37

38

No le gustaba verla as. Sola, en medio de la cocina ordenada, sin ningn vaso ni plato fuera de lugar,
donde un piso tan limpio daba desconfianza. Como
sinadie viviera en aquel sitio. Suspadres lograron una
p~g~!l-.fu.tl.lJD.!i..<!~iliaqp~!~a
y ahora,
despus de largas jornadas de desvelos y pequeas
frustraciones, cuando ya el dinero estaba asegurado,
las frustraciones y los desvelos seguan. Vayaasunto.
/:'t!f!!!Ef!!-l!!!!_!!ight" comenz a sonar, la cancin que ms le gustaba del disco.
Vendr pronto, repiti, y se tom el resto de la
limonada.

Lo primero que hizo el agente Pastrana, despus de


recolectar y entregar la cabeza del yonqu, fue informarse sobre .guin era es~-~alLuis_~,l;!!i~ki.
No f(t
difcil. En el departamento de !~lii_~()Sle pidi a
Fabiola Sandoval que le pasara lo existente sobre el
-~dista.u~
archivo con alrededor de trescientas
pginas. Alas dos de la maana regres a casa. En vez
de dormir, prepar caf y se qued mirando las luces de la ciudad desde el segundo piso. No quera cerrar los ojos y soar con su prima desaparecida.
Cuntos aos llevaba buscndola. Sacudila cabeza.
Haca seis aos que haba llegado a [urez y lo re""' ferente a su prima Margarita no avanzaba. Hizo lo
(.... que saba hacer mejor. Interrog a Consuelo Snchez
y a los compaeros de trabajo. vistt~l;:~-;;~;;;te
de comida china del ticket de compra quesuaiiigo
Edgar Lu~ descubri en el cubo de la basura. Habl
con el dueo~ong.
Hizo ms que hablar con
el chino, la verdad, un inmigrante que apenas balbuceaba espaol y cocinaba muy bien, pero despus de
la ligera... cmo se podra adjetivar aquella entrevis-

39

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40

ta que tuvo con l, supo que las cosas se iban a poner


complicadas.
Benito Wong saba quin era Margarita, recordaba
la ltima vez que vio a la muchacha, los platillos que
haba comprado, pero nada ms. El agente Pastrana
se coloc los lentes negros, gir la cabeza y con expresin de hielo le dijo que regresara. Luego,con ayuda
del agente lvaro Luna Cian, uno de sus compaeros
~
en la estacin cuarenta y ocho donde trabajaba, puso
vigilancia en el restaurante chino un total de dos semanas. De los ms de cien comensales distintos que
entraron y salieron en aquel periodo hizo una lista
y fue investigando a cada uno de ellos, sin ninguna
suerte.
Chingao, dijo el agente Pastrana, y a lo lejos escuch el sonido de ~de
~etralleta atravesando el aire oscuro. No se inmut. Hizo a un lado la
taza de caf. Sacel celular y marc un nmero.
Yavienes, pregunt ~Er
del otro lado del
telfono.
Esta noche no puedo.
No puedes, dijo ella, y esper a que el agente contestara. Est bien, agreg finalmente, y la comunicacin se cort.
El agente se qued con el telfono en la mano.
Una nueva rfaga de balazos en la distancia dio la
pauta para que bebiera de su caf negro y cargado.
Durante los seis aos haba visto cosas muy raras
en esta ciudad. Si en el Sotavento estaban los brujos,

por estas tierras lo que menos necesitaba la gente era


magia. f\.g~f_~()-h~B-~C:<;>_~~~-~~i~-~~Hl!e
mataban.
Los duendes y todas esas mamadas que su abuela alguna vez pudo ver eran cosas de nios, comparadas
con las cabezas de cochino sobre los cuerpos y las nias enterradas en tambos de cemento y los cuerpos
destrozados en los lotes baldos. Pens en Margarita
y se qued inmvil, como un robot sosteniendo su
caf.

41

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42

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A~,,~~~;;_
~

El jefe de informacin mir una de las fotografas


que tena sobre el escritorio y lade la cabeza, el
cuerpo en ella mostraba sangre reseca alrededor de
la boca. Al lado de Luis se hallaba Adrin Morena,
~
uno de los fotgrafos. Desde el asesinato de Mike, un
viejo compaero, Morena se haba vuelt;;~rado que antes. Luis lo haba sorprendido un par de
veces mirando la pared del estacionamiento tras el
volante de su viejo Chevy, perdido en quin sabe qu
ideas.
Tal vez sean zombs, dijo de pronto el jefe de informacin.
Cmo, pregunt Luis.
Le dir a Rossana que te ayude con la nota .. :c!E_
~'l2.~-~!;~ta
la ira en la_gente, dijo el jefe.
Eso es una pelcula, dijo Luis.
Digamos que comenz en Corea.
Entonces es un libro, estaremos plagiando otro
libro.
Es como una influenza. Despus de la mordida,
el corazn de la vctima deja de latir y surge una ur-

)\...a...

z"-'>il J

gencia terrible de comer. A fin de cuentas, todos losl


zombis son iguales. Libro o pelcula, terminan ha- JC:..
ciendo lo mismo.
,..J
Hay unos ms pinche veloces que otros, intervino
Morena.
Quin ms podra hacer esto, dijo el jefe de informacin, y sac una bolsa de plstico transparente de
uno de los cajones del escritorio.
43
Entiendo, dijo Luis, y sinti la necesidad de salir
con urgencia de ah.
El aroma del guiso de los burritos llen la oficina.
Luis Kuriaki mir a Morena que se rascaba la cabeza mientras buscaba algo al parecer diminuto en su
pantaln. Era un hombre alto y llevaba muy corto el
cabello. Las dos palabri.l~.J:>!~~J!.~1-!i.5-.de.M.9!.~n~!n
pinche y
'A. -Lis le gustaba trabajar ~on t.
Despus-cteCttuno, si haba tiempo antes de volver a
casa, se iban a tomar unas ~r:y~~(lSal _J5~12tl!cl<y
__
Q_.al
Yankees, en el Centro.
De pronto se imagin a una horda de zombis veloces tras ellos y a Morena gritando algo como pinche Luis, no mames, pinche Luis, y ante tal imagen
ahog una risilla.
Le dir a Rossana que te ayude, repiti el jefe de
------,--,-~--........- .....,_."-------.,_._,.
informacin mirando las fotos del cuerpo mutilado,
luego pregunt qu saba la polica de esto.
Pinche nada, se apresur a contestar Morena.
Es lo de siempre, complet Luis, y se levant de
la silla.

mamar:

',,
44

Y si el virus viniera de alguna base militar, pregunt el jefe de informacin, y le pas dos fotos que
Luis no reconoci como suyas.
Y stas, pregunt Luis.
Un
solo balazo
limpio -en
la celJeza,
dijo el jefe, y
..~~.,-------~-------- _..------, ...,--~---.....
-.,,,.
pregunt, un zombi puede hacer esto.
No mames, espet Morena.
Luis adivin el trayecto de la bala. Entr por la
mejilla izquierda para salir por la parte posterior del
crneo.
Entonces t tomaste las fotos, le pregunt a Morena.
Pinche Luis, contest este, afirmando con la cabeza.
Te encargas, le pidi el jefe.
De regreso a casa, conduciendo por una calle congestionada, Luis pens que podra escribir la historia
de los zombis para su jefe sin ayuda de Rossana. Pero algo no flua. Se poda imaginar el encabezado,
pero cuando trataba de poner en orden sus ideas,
volva a estar en ese cuarto a oscuras, donde las sombras apenas daban forma a los objetos. Pens en una
cerveza y su mente divag hasta el seis de Tecate que
su padre dej cuando abandon ~~hermana y a ~
madre. Siempre que trataba de escribir, su mente se
iba a ese rincn y la misma pelcula se proyectaba. El
seis de Tecate dur quince das en la rejilla del fondo del refrigerador. Por unos das lo ignor, slo verlo
le produca nuseas. Por qu no se las haba llevado.
...

.. ,._

.,,,

..,...

Con el tiempo, el rencor se transform en indiferencia. Luego, una noche, despus de volver de la oficina
mientras su madre escuchaba a Sinatra y beba un
vasito de whisky, decidi beberse una. Abri el refrigerador, tom la botella ms cercana y lentamente la
ingiri, escuchando los grillos y oteando los pocos
autos que atravesaban la calle y la luz encendida del
zagun de Doa Carmen.
Cuando el auto apenas avanzaba unos metros,
pens en la terrible enfermedad de volverse un zom. bi. Su corazn ya se haba detenido en dos ocasiones
y tal vez eso lo converta en uno. Tal vez su padre
era un zombi. Tal vez su madre lo era. Tal vez Doa
Carmen los haba contagiado. ~~-"".~.9
...!!iillQ.J2JJ2:
f~teiiQdJsm9.
La claridad de .!osJlesJ.1ossQ!2re
!Q.do. Quiz no era que lo prefera, acaso era lo nico
que poda escribir.
Todava recordaba la nota en aquel viejo peridico que lo cambi para siempre:
----\
MATA A SUS HIJOS PARA SALVARAL MUNDO _ _}

45

00.(

Segn la nota, una mujer llamada Nancy White,


lo recordaba bien, haba ahogado susti-~"iiWsen
la lavadora (una nia de siete aos, un nio de tres y
un beb de apenas once meses)~-QQi:..Jrdenes
de Dios,
.. -------~-~---para salvar a la Tierra de terremotos descomunales
y lava cuantiosa. Luis haba estudiado con detenimiento la fotografa del peridico mientras el sol des-

46

,~,..
'(

D""';J

cenda tras los carcomidos restaurantes del mercado


Jurez. La mirada de la mujer estaba puesta en algn
punto que ni siquiera ella poda reconocer.
Dios trabaja de manera extraa, dijo en voz alta
y el auto avanz un poco ms. Mir el cielo. Una
nube sobre l adquiri la forma de un dragn con las
fauces abiertas.
En silencio le volvi a agradecer a Nancy.
Luis suspir. Encendi un cigarro y entreabri
la ventanilla. En la radio sintoniz la 95.5, tocaban
"Smoke
on the water",V--~
de Deep Purple. Subi el volu............
.,,,_~,,,~~~
men. Mientras Ian Gillan cantaba, Luis aceler. Al
llegar al semforo en rojo, una nia de diez aos se
acerc y extendi la mano. Antes de decidir si le daba
alguna moneda, la luz cambi a verde.
Pens en su amigo yonqui muerto. Busc en sus
contactos el telfono de Raymundo y lo llam. Ray----,-~
mundo era uno de sus amigos de la preparatoria que
opt por estudiar ingeniera industrial en el Tecnolgico de Ciudad Jurez. Desde entonces casi no se
vean.
Qu sorpresa, dijo Raymundo.
Andas muy ocupado, le pregunt Luis.
No tanto.
Te puedo hacer una pregunta.
Va.
Siguescoleccionando cmics.
S.
Cul crees que sera el lll_ej_<::~~~poderde todos.

~--

Cmo dices.
Cul sera el mejor superpoder.
A qu viene eso.
Por pasar el rato.
No lo s. Volar es un buen superpoder.
En tu opinin sera el mejor.
Tendra que pensarlo.

P}~!1:~~~-q~~-esc~<:~~E2)9~.rne~tQS..PEg.!fil.lill.L!!

~~~JJ?~!1::.

47

Tal vez.
Yla telepata.
Quiz, pero leer la mente no es lo mismo que escuchar a los muertos.
Entiendo.
Estsbien, Luis.
El trabajo me est poniendo mal. Tanto muerto
por las calles me hace pensar cosas.
Te invito a la casa.
Hoy no puedo, pero ya ir.
-~ A Beatriz le dar gusto.
Nos vemos pronto.
;<.,_,,,..,....,_..,,,,..,,._.,..-

J'~P
El agente Pastrana naci en 1955, en la regin deno- 1_,,
minada Sotavento, en el corazn del puerto de Veracruz. A los doce aos de edad vio cmo un hombre
-----~~--------------~~~------~~--------apuala_!2~dre.
Era septiembre y, al parecer, en
el rea de los astilleros, el huracn Beulah buscaba
------------refugio entre contenedores y gras. Haba llegado a

--

~<

e\ --\ e1 /Y';,..__~\\vc.v

48

Yucatn y, tal como lo predijo su bisabuela, una anciana de ochenta y nueve aos, todo a su paso qued
destrozado. La tarde del seis, Julio Pastrana nio se
encontraba en el rea de los astilleros contemplando
los grandes barcos. Bajoun cielo negro, en la distancia, vio a su padre discutir con un hombre muy alto
y entre los empujones, uno tras otro, vio a aqul caer
en la acera. Julio Pastrana comenz a caminar hacia
l, luego trot, al final corri, slo senta la lluvia contra su cara. Pero el recuerdo hasta ah llegaba.
Al da siguiente amaneci en su cama con un
vendaje en la cabeza. O se haba cado o lo haban
golpeado.Nunca lo supo. Con el tiempo hizo sus propias conjeturas que igual cambiaban drsticamente.
El huracn Beluah toc tierra en Matamoros y aunque apenas si haba rozado el puerto de Veracruz, su
bisabuela no se equivoc sobre el poder devastador
de la naturaleza.
Julio Pastrana se fue a vivir~alapa con una ta a
finales de septiembre. Lugo, aJs~ veinte aos, se gra~e
El!s!a. En sueos apareca aquel enorme tipo
que le arrebat a su padre con un cuchillo. Luegouna
tormenta se llevaba al hombre y, por un momento,
Julio Pastrana se senta aliviado, hasta que el agua era
tanta que comenzaba a cubrirle los pies para llegar a
las rodillas y cintura, y cuando el agua suba hasta el
cuello despertaba. Lo terrible era abrir los ojos empapado en su propia orina, lleno de miedo, pero eso casi
nunca le sucedi.

Como po_!!caera un _ho!!).bretemerario. Los ladronzuelos por un tiempo lo Ilamarone] T~!!J.l~'!:!?.!:


El mote se le ocurri a Esteban Azueta, un pobre dia-
blo que viva en la cir~i'~ci:i.
de Xalapa, rumbo
a Banderilla, y que cometa pequeos robos en los
barrios vecinos. Cierto da, sin mucho que hacer,
mientras caa un aguacero tremendo, puso la pelcula del robot asesino en la videocasetera. En vez de
49
hacerle gracia el parecido entre el agente Pastrana y
el verdugo encarnado por Schwarzenegger,trag saliva y muy serio se qued en su lugar hasta que los
crditos rodaron en la pantalla. El parecido entre
Schwarzeneggery el agente Pastrana era poco, mientras el primero era muy alto, el segundo no pasaba
del metro setenta, sin contar el color de la piel. Pero
el gesto, sin duda alguna, era el mismo. Ninguno de
los dos rea. Y ninguno se tentaban el corazn para
nada. Esteban Azueta lo saba en carne propia.
Un par de meses atrs, a principios de mayo, tuvo
la mala suerte de toparse con el agente sobre la avenida Xalapa, el m~~~.?.E~.'!.C.~S<e..~yn bplso m;gro
cuando una patrulla lo detuvo. Pastrana se ape y
con la macana seal la bolsa. Esteban Azueta sonri y le dijo que no traa nada. El agente Pastrana
abri la puerta del pasajero del auto e hizo subir al
joven. Acasose haba merecido~~el!l,.&Ql..IDza.
,~P~:.
n~_sacar
algo de_la ca~-ro~':.~ Despus de
la tunda sin escrpulos lo llev a la estacin de polica, de la cual sali a las pocas horas, pero de su casa

50

f"\wj

;1-

no se pudo mover por un mes completo. La pierna


derecha lo poda constatar. Luego se enter de que a
otro camarada le haba roto la mandbula. Aotro ms
le haba fracturado las piernas y a otro lo haba enterrado vivo. Lo saba por el amigo de un amigo. Pero
el mote de Terminator se le qued al agente durante
un par de aos, despus de que Esteban Azueta vio la
pelcula. Luego fue suficiente con su apellido. Si escuchabas que Pastrana estaba sobre tus talones, era
mejor dejar el negocio por un par de meses, hasta que
los rumores pasaran.
Margarita Ortiz Pastrana naci en 1975.Julio Pastraaf~~;;~rimeros
en ver a la nia recin
~ida en el San Francisco, un hospital de monjas
situado sobre la avenida Cinco de mayo, a una cuadra del mercado San Jos. Esa noche, el futuro agente sinti un gran alivio, como si se hubiera librado
de un peso enorme. Por dos semanas completas no
so con hombres gigantes ni huracanes. Se senta
salvado. Hasta pens en dejar la academia. Podra estudiar cualquier otra cosa si lo deseaba. Por primera
vez en mucho tiempo una mueca de alegra apareci
en su rostro. Apenas visible, pero suficiente para que
su ta la descubriera y comentara algo al respecto.
Julio Pastrana ~~asaj!<~.J..<?.~J2ios,abraz a la ta y
sali a la calle.
Pero aquel estado de felicidad no dur. A tres semanas de haber nacido su prima Margarita, recibi la
llamada.-~ madre haba muerto. Al parecer, vctima

cob

de un atraco. Primero pens que era una broma.


Luego supo que su. ira era incontrolable. Le temblaban las manos. Cerr los ojos y vio a aquel gigante onrico rindose de l. Se sinti mareado y tuvo
que tomar asiento. La nica manera de acabar con
aquellas desgracias era seguir el camino ya escogido.
Y la verdad, seamos sinceros, se dijo, no quera que
fuera de otra manera. De inmediato tom el auto
d:_s~ t2J:'.:m~nej al E.~t;.rto.Su antigua casa estaba
51
cerca de la calle Clavijero, en un callejn muy bien
iluminado. Alguien debi ver algo, se dijo. Pero sucedi que ni con la ayuda de sus amigos en la academia pudo dar con quien mat a su madre. Julio
Pastrana todlYl.~Ll-YllJl!t;,;i<:pe!tPl!l_~l!S.nt!i!L
aq~~..l!Q.,queran
s.erenconnados. Por ms acciones que llev a cabo y por ms tiempo que pas,
la muerte de su madr~-~d_i~ne.
Ahora soy
u--hurfano, -pens al cruzar el umbral de la casa.
Chingao, mascull entre dientes.

f"1,,.? c.. rvr 25


Al cumplir veinticinco aos, Margarita decidi irse a
vivir a CiudadJurez. Al terminar de estudiar derecho
en la
Veracruzana, de inmediato recib lJ V
una oferta laboral all, en el norte, porque las cosas f\Jo
de dinero eran ms fciles. Como desventajas se po"'~
dan contar la gran distancia entre aquella ciudad y
Xalapa, y el clima extremo, pero las cosas por Ciudad

ui;h'r~rsidact

jurez iban bien, as lo decan amigos que se

=~-~

~~
~\ __
'

C..'~v-

aventurado en busca de un mejor sitio donde vivir.


SE~miga -9?Esuelo Snc!!ez fue quien la convenci.
~
(AM(l'\IA
Ella se haba ido al norte dos aos atrs al terminar la
'-..J
carrera, y no paraba de decirle a Margarita que ambas
se la pasaran genial. Yatena auto y pronto comprara una casa. Margarita no era ninguna ingenua, as
que para confirmar lo que su amiga le deca,,!~ visit<)__
en vacaciones de Semana Santa.
52
El viaje result 1!!:1:.~.'!IJ.JOrQl!_Sa.
Todo lo que le
decan era cierto. Tanto lo bueno como lo malo. As
que a su regreso les dijo a sus padres y a su primo que
se ira a vivir a Ciudad Jurez. Julio Pastrana la abraz y le pidi que se cuidara mucho. Para el agente,
Margarita e~rima,
era su hermana me\f;VV'
nor, y en ocasiones la consideraba su hija. La ayud
\P
a estudiar, y siempre le dio buenos consejos. Una
,j'J \
vez, cuando la muchacha tena dieciocho, un borrachn atin a tocarla mientras ella caminaba rumbo
a la escuela. De inmediato llam a su primo y este
dio con el tipo. Los padres de Margarita nunca supieron nada de aquella ocasin ni del fin del pobre
ingenuo.
La muchacha, en menos de un mes, consigui tra7 (A 2-1"\ bajo en el departamento de recursos humanos en una
~.9_uiladora de autopartes que trabajaba par~~GM.El
]11.(,t( L sueldo era bueno, le deca a su mam por telfono
cada fin de semana que le llamaba. A los seis meses
se hizo de su primer auto. Los detalles del trabajo y la
ciudad eran pocos, pero no le importaban a la madre.

_,---

-----

~"'

''"'-

'.:>V"\<.,(.)_,

Todo iba bien, hasta que..,....._,_


el 6 de
julio de 2003
..-~~.~~,.,,,,,,._,,.,_,.,_._,
~ las llaruadas de Margarita cesaron. A la mam le extra,
pero no le dio demasiada importancia; estar con su
amiga Consuelo en alguna fiesta, pens. El lunes por
la noche fue la primera vez que so con su hija nadando en una inmensa alberca. Luego le dijo asumarido que algo andaba mal. Dos noches despus volvi
a soar con su hija nadando con desesperacin en
una alberca que pareca no tener orillas. Aparte, el
53
agua era oscura y no se divisaba el fondo. Se preocu/
p en serio y le coment a su sobrino lo que suceda.
El agente le dijo que no se preocupara por Margariy
ta, sin embargo, para estar ms tranquilos, le llamara
a un amigo que tena all en el norte, para que fuera a ver qu suceda con su prima.
El amigo, un...!~ente d:_t;:_nsito,al da siguiente
le llam y le cont .$1Uel~ casa :stab~a.
Tal pare-
ca que la muchacha se haba esfumado junto con la \ /
mayora de sus cosas. Los trastes seguan en su lugar. / 7~
Haba una taza de caf a medias sobre la mesa y en el 1 ":]
fregadero un plato con restos de comida china. En
el refrigerador la caja de chop suey, y dentro del bote)
de basura el recibo de la compra. Nada ms.
El agente Pastrana pens lo peor. Se masaje los
ojos y se sent a la mesa. Chingao, dijo, y mir hacia la /l
calle. La lluvia comenz a caer. ~~rcera era la lle.O; e,,_,
~rimero
su padre, luego su madre y ahora su e{, '.)
prima. El gigante estara muy contento si se enteraba
L;'/
de la desaparicin de Margarita, por supuesto. Pero

't-

(-<

_... ;v

ahora sera distinto. Ya no era ni un nio ni un jovencito.


Hizo los arreglos necesarios y pidi su transfe-

renda a Ciudad Jurez. Su jefe, el teniente Marino


~,
lo mir con desconfianza cuando se pre' f"\.C.,osenty le revel lo que tena que hacer. No jodas,
Pastrana, le dijo. Marino Gonzlez mir los papeles
que tena enfrente. Era cierto que Pastrana era un ca54
brn y que se le pasaba la mano con alguno que otro
maleante. Sin despegar la vista del archivo le pregunt si recordaba al gan del Lencero. Sali hace un
mes del hospital, dijo Pastrana. Con gan, su jefe se
\r'\
refera a Ral Fra_s,un tipo que golpe a su esposa
Q~ WI'\ hasta el hartazgo. Ni siquiera era su jurisdiccin,
,J
pero al enterarse del incidente Pastrana arregl todo
para ser l quien fuera por aquel tipejo. Lo mand al hospital con las costillas rotas. No saba por
qu Marino Gonzlez le preguntaba por l, pero intua que quera que se quedara en Xalapa y no que se
~
fuera a.aguel norte polvoso del que se comenzaba a
hablar pestes. Ver qu puedo hacer, a quin puedo
....
llamar, dijo Marino Gonzlez, lo que significaba no
hay problema, ya est arreglado. AJulio Pastrana se
le relajaron los msculos del rostro. Se levant, salud a su futuro ex jefe y se despidi. Esa noche volvi a soar con el gigante y su sonrisa muy amplia.
Como siempre, despert y mir el reloj. Eran las dos
de la maana.
, r

j Qk.

___

--------

~ ~) (l

,J\f,...

\;,\,~,,.-~
J

--

A travs de los ventanales


de. la carillJLaveo las luces de los
..,_..._....-....autos lamer las heladas paredes de casas y negocios sobre
la avenida Lincoln. Los autos se dirigen hacia el norte,
afPuente Internacional que te lleva a El Paso, Texas. Al
sur quedan las grandiosas dunas, el amarillo que se mueve, que en invierno es ms amplio y parece invadirnos.
Cada maana, las arenas amanecen en los traspatios, en los jardines, en los tapetes y sobre las casas de los
perros. Un da, el pavimento y las banquetas volvern a
ser amarillas, se impondr de nuevo el polvo que ya reclama su espacio, y las pocas palmeras que existen en la
ciudad sern parte del escenario que alguna vez dict el
mar, porque Ciudad f u_~!.ez!! :._!EJLn
cueuau;_acf.o.,,
Regreso, me dic'(}febl:gcuando se levanta al bao. Su
figura tambin brill(teos ventanales.
Desde mi mesa veo dos palmeras: una se impone al
aire, batalla contra l y se sacude, otra es de nen y se
mantiene fija, no desafa nada, su funcin es iluminar y
anunciar un restaurante de mariscos.
Rebeca se topa con un amigo en la barra. El tipo canos; le dice algo y cuando ella sonrle,i~bre
coloca su

55

e:
1

-'

(:'

e-

--<!

.;:;,,,...-

~
~:7

cueJr
56

mano sobre el perfumado hombro de Rebeca. Ella, me ha


dicho, tiene la boca y los ojos de su madre, unos ojos color
miel, una boca de labios gruesos. Tiene el cabello lacio,
como sus hermanos y su padre.
Hace dos das me avisaron de un nueVQ.EJf.rpomedio
escondido frente a la nueva plaza comercial en la avenida Las Torres. Un solo balazo en la cabeza. Desnudo.
La ropa a un lado. El agente Pastrana me recibi en la
escena del crimen, pero no coment nada. Qu calibre,
le pregunt, y como respuesta el agente atin a escupir al
suelo. ___..,.,.
Ayer --...,,,,.,
Pastrana
mensaje a mi celular.
~--'- me envi. un --~--Era de Mazatln, deca.
--y;~;~-~~;as que suceden y nosotros aqu, en una
cantina donde la muerte nos sorprende a cada momento, nos envuelve como una manta de niebla espesa y
pastosa.
Alguna vez estuve en Mazatln. Era invierno y la niebla llenaba las calles. Sal a caminar por la playa. La
bruma absorba el sonido y los coloresde las cosas. El golpeteo del agua sobre la arena y sobre s misma era opaco.
Frente a m, despus de unos minutos, apareci una nia
de no ms de cinco aos y su joven madre.
Quisiera estar entre la niebla, o decir a la pequea.
Pero estamos entre ella, le dijo la madre.
No es cierto, est all, enfrente, refut la chiquilla y
corripara tocarla, pero slo vi cmo lo blanco la engulla
en un segundo.
Ella pensara, como alguna vez lo pens yo, que la
niebla se divida a cada paso que daba. Las palmeras de

_,<

------.__-.~

..

los hoteles en Mazatln en medio de la neblina se mantenan completamente quietas.


Vivir en Ciudad Iurez es como vivir en una playa
...-~---------------~-----------~-~seca.
..~

..

--.

. .

57

~
~J:-0'\

..::;

~~
58

\' "'
'IJ '\
i

Rebeca Alcal Ortiz es vecina de Luis Kuriaki y tiene


cuarenta aos de edad. Es alta, delgada y fue sobre--~~~---,----------....
cargo de varias aerolneas importantes. Naci en El
Paso,
Texas, meses
despus del asesinato------de la actriz
~-~----"'>'"-
ShE<:n Tate <_!~jlia
Mansop.
En 1969, la pareja. Alcal Ortiz, que ha vivido
desde hace aos sbr~-1;;;;~,
en la ciudad de
~ Madrid, en una vieja casona que con los aos se convertir en un hostal llamado Cantbrico, decide irse
a vivir a Amrica. La represin franquista, tal como
lo ve la pareja, no tendr fin. Junto con sus dos hijos,
estudian la manera de salir de Espaa. A finales de
mayo logran, por los amigos de los amigos, y gracias
a una historia que incluye parientes enfermos, llegar a Mxico. El plan es viajar al norte del pas y de
ah cruzar la frontera. La Familia Alcal Ortiz llega a
Mxico a finales de abril, y a Ciudad Jurez en mayo.
El calor en la ciudad es terrible, las calles son apenas el esbozo de una ciudad que crecer sin mfra--------------------------------------::::-::-mientos. Logran cruzar la frontera. En El Paso no hay
mucho trabajo, al menos no como lo imaginaba la

--------

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'~L.~
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familia. Su objetivo es Nueva York, pero la idea comienza a menguar junto con sus ahorros. Rentan un
lugar pequeito, en el centro. Desde la angosta ventana del bao se aprecia muy bien la terrosa Ciudad
Jurez. Ese mismo ao, a principios de agosto, la pareja queda embarazada. Ser Rebeca la nica hija.
El 9 de agosto, la familia Manson asesina a la actriz
Sharon Tate. La futura madre tiene constantes pesadillas. S~~.9_!1 __
s_~h!i!!-1Y_may()r, sie11<Jg
perseguda~.lJ.ami]ia
Ma~on. Los das de pesadilla se
vuelven semanas. Rebeca nace siete meses despus.
.5\-ivv-

Sharon Tate no era la gran actriz, quiz su mejor papel


~
fue el de esposa
del director de cine Roman Polanski.
~---Ella lo supo y lo pudo entender. Una chica del sur,
como miles que suean con ser actrices. Un lugar comn. Levantarse temprano. Hacer dietas. Caminar
en tacones como si fuera un faquir, evidenciar cmo
su cuerpo iba cambiando; los senos, las nalgas, el vello y todo eso, lo saba. Ni siquiera su querido Roman
se sinti atrado por ella aquel verano de 1977, cuando se conocieron. Pero esa E_:_~~C:-~.l_a.
de ~-~~p~~<_?S
le
cambi la vida.
Ahora Sharon estaba atada a una silla y un grupo
de drogadictos e ignorantes la matara. Eso era la vida real y eso tena que suceder. Lloraba, y .5-1:!.~~-IL
Atk~e
apenas veintin aos de edad, le hablaba
..-;lodo, le deca que seran famosas, que dejaran un
,

59

,.
i:::>\l._,

gran legado, el mundo no cesara de hablar de Sharon


Tate. Tambin le dijo, en algn momento, ahogando su propio llanto, que su propia vida sera terrible,
confinada a un cncer que la ira desmembrando lentamente. As lo haba soado. As sera escrito. Susan
y Sharon unidas para siempre, dijo, y agreg que no
la tenan fcil, entonces Sharon cerr los ojos.
60

Lamadre de Rebeca sigue el caso completo de la Familia Manson, algo la llama, algo la hace recortar las
notas de los peridicos y comprar los libros y las pelculas donde aparece la actriz. Al principio cree que
haciendo esto las pesadillas acabarn, pero con el
paso de los meses ya no est segura. Cuando cumple
doce aos y su madre trabaja en su mquina de coser
en el cuarto contiguo, R~ma
~ll>J.!Ql5..~foto~}:1:.~l1.los
de aquella mujer hasta entonces desconocida para ella. Rebeca no lo
entiende. Le gusta mirar las fotos cuando su madre
no est presente. Comienza a leer la vida de Sharon
Y.~.~-~~9r-~~,.l.~R--~-.s11.._~triz
~I;ilio~~do
... mejor dicho, pasado genticamente. Ese mismo ao, 1981, la convicta Susan
Atkins contrae matrimonio con un loco que se dice
millonario. Por qu debi morir Sharon de esa manera. Por un tiempo Rebeca suea con ser actriz, pero de inmediato desecha la idea. Lo que se promete
a los diecisis aos, la misma edad que tena Sharon

J.i

Tate cuando gan su primer concurso de belleza,


es ir a Dallas, a la tierra natal de la actriz, y ,....---'
escribir
un poema en su honor. No sabe cmo se escriben los
poemas:proTrtar'. Convencer a sus padres de que
la lleven; si no funciona, le dir a uno de sus hermanos. A Roberto, por ejemplo. As Rebeca comienza a
pensar en el viaje.
Luego sucede algo: su mejor amiga, Amy, es ul~jada. l!_ntiJ20del ej~che"7ie
fiesta, l~..
forz a tener relaciones. Pero fue ms que eso. En el
cuerpo no hay ninguna marca visible. Sin embargo,
Amy ya no es la misma. Rebeca la visita por las noches, y un da la chica le cuenta cmo sucedi. Le da
coraje y vergenza. Cuando voy al bao, veo sangre,
le dice, y llora. Sus padres no quieren que denuncie
al soldado, un joven bien parecido de apellido Smith.
Rebeca no opina. Slo es testigo del deterioro de su
amiga con el paso de los das. Pero no hacer algo no
significa que no piense constantemente en eso. Y si
hubiera sido ella, cmo habra reaccionado. Un ao
despus, ~-L1!t.:E.~~.:l1i~},~~_:~~
Entonces Rebeca s
que percibe las marcas fsicas de la violacin en las
muecas de su amiga, lneas gruesas, oscuras y abultadas que el doctor trat de disimular con una buena ciruga. 1,my ?~iEl gpso para irse a vivir a San
Francisco, California.
Rebeca, al cumplir los veinte, visita Dallas y resuelve que su viaje ha sido un fracaso, porque lo que
fue de Sharon Tate en esa ciudai:fSeV'ereducido a una

4/
61

vieja casa donde nadie la recuerda. Reconoce que


el viaje debi comenzar en Los ngeles. Esa noche,
esperando el avin de regreso a El Paso, sabe lo que
tiene que hacer, es una epifana, se dice.
La vida es muchas cosas, entre ellas, es volverse
sobreca!fil?.de American Airlines. La situacin es bueo
na. Consigue viajar por el mundo, conocer lugares.
Desde el aire ve la patria de sus padres. Pero le aterra
62
poner un pie en ella y lo evita a toda costa. Franco
ha muerto, pero teme quedarse pegada a esa tierra.
En Pars se enamora de Alphonse Colville. Un jovep
,_...-~---'"-.,- ----~-~----.,..._.,,,,--...~reportero, hijo de profesores universitarios. Tres aos
VIVeCOl. Tiene un intento de embarazo pero desgraciadamente el producto no se afianza. El doctor le
receta hormonas. Necesitamos que el beb se arraigue, le dice el doctor, y cuando menciona la palabra
-{ arraigar aprieta el puo izquierdo a la altura de los
( ojos de Rebeca. Siguen las revisiones y las hormonas.
--~ Al final del segundo mes, el doctor dice basta. El co~~ razn del producto no se termin de formar, lo siento
-~~
mucho, le dice a Rebeca y el puo en alto se transforma en una mano abierta. Rebeca odia todo aquello.
Ahora tiene que tomar pastillas para provocarse un
legrado. Est harta. Es como una bomba lista para estallar. Alphonse lo entiende, pero no justifica tanto
grito y mal humor. Por las noches, mientras duerme,
habla dormida y murmura nombres y lugares que
Alphonse no conoce. En algn momento escucha la
S.-(
palabra Sharon, en otros Mesilla, en otros madre, en

--~

d_.....
~

.e

YJor

otros violacin, en otros Mxico, en otros asesinato.


Las pastillas hacen su trabajo. Un domingo, mientras
Rebeca se prepara algo de comer, un dolor en el vientre la dobla, corre al bao y sucede. Est libre. Libre
de las cadenas de la vida en pareja y de los puos en
alto y las manos tendidas. Tiene que retomar su viejo
trabajo.
Rebeca habla con sus conocidos y, tras una breve entrevista, retoma el vuelo, viaja a Cartagena y a
Londres. Viaja a El Cairo y a Japn. EnJ.22.1..seentera de que Kurt Cobain, fan de Charles Manson, ha
muerto. En 1995 comienza a escuchar sobre Ciudad
Jurez. Sobre loS'asesinatos de mujere Rebeca llama
a su madre. To~-bi~~';;'qu,
le ice. Y en verdad,
~12.El Pa~todo es ;;plpr Wi.wl.L1!.!ID:!.1,Y~ola.
Pero Rebeca de nuevo comienza a soar con Sharon
Tate una y otra vez. Suea que est a punto de salvarla, y siempre es demasiado tarde. Siempre que irrumpe en la casa elegante de la pareja Polanski, Sharon
est muerta. Su cuerpo sigue caliente, sus ojos estn
hmedos. Pero es demasiado tarde. En otras ocasiones, Sharon se ha convertido en Amy, su vieja amiga
de la secundaria. Al principio se sorprende por haber
soado con ella, pero con el paso de los das se da
cuenta de que su amiga siempre ha estado ah, en
algn rincn oscuro de su cabeza.
Viaja por el mundo e intenta olvidar esas pesadillas que la aquejan. En cinco aos prcticamente
recorre la Tierra. Conoce China y come escorpiones

63

~/')

.......
/'

<:

~-1.1
..E~~~~azones ilusionados. En Roma vive con Roberto, en LonoreSla" espera J0hn, en Manchester est Allen, en
Copenhague viven Erik y Ole. En Lyon no hay nadie,
se reserva la ciudad para ella y le entusiasma pensar
.,,./ en desayunar frente al Museo de Bellas Artes, en la
Brasserie 3 Rveres. Andr Valois, algunos aos mayor que ella, la abor~asin,
ella lo rechaza
con amabilidad, pero Andr insiste. A los dos das del
ltimo intento, se arma de valor y vuelve a la brasserie, antes ha comprado una orqudea sobre la Rue
Pleney, y hace una reservacin para comer en Chez
Paul, un restaurante que regentea uno de sus primos.
Cuando llega, Rebeca no est. La espera, pide un caf.
Luego una cerveza, luego deja la orqudea sobre la
mesa y llama a su primo. La vuelve a ver cuatro meses despus. Se sorprende. Y de la sorpresa pasa a la
felicidad.
Despus de pensrselo varias veces, se acerca.
Te pido un momento, le dice, y mientras espera la
respuesta escucha los brillosos golpeteos de los cubiertos contra los platos de los comensales. Detrs de l,
la fuente al centro de la plaza comienza a funcionar.
Rebeca se retira los lentes de sol y le pide que se
siente.
Te entiendo, le dice Andr, soy un completo desconocido. Quiz sea ms testarudo de lo que pienso,
pero me gustara mostrarte algo de m. Cerca de aqu
se encuentra mi galera. A un lado est el restaurante

por primera y ltima vez.

64

de uno de mis primos. Soy un hombre brusco, pero


no soy hurao, me gustan los das fros, me gusta
visitar el parque que est cruzando el puente de la
Feuille, no s si lo conozcas. Me agrada la poesa. Ayer
mismo compr una vieja edicin de un poeta italiano poco conocido y una botella de vino prodigioso.
Te veo y siento gue debo conversar contigo. Te pido
unas horas de esta noche, sta es la direccin en donde te esperar, en la mesa del fondo. Eso es todo lo
que te quera decir.
Rebeca asiente y habla de un viaje largo que emprender por la maana ..Agradece el gesto y el esfuerzo, pero debe declinar. Sabe de qu galera le habla, y
en otro momento habr tiempo para recorrerla, pero
esta noche no puede ser; En verdad lo siento, le dice
y Andr le cree. Sin embargo, piensa que no todo est
perdido, le pide a su primo una nueva reservacin,
en la misma mesa del fondo. A las nueve de la noche
toma asiento y espera, y espera. A las.doce de la noche el lugar queda vaco y l al fin entiende.
Rebeca contina con sus viajes.. Viaja a Nueva
Orleans y a Seattle y regresa a Europa, visita a sus
amantes John y Ole. Y ya al final decide regresar a
Lyon. Desde que sale del aeropuerto Saint-Exupry,
siente que algo no marcha bien. A la maana siguiente, toma su lugar en la misma brasserie de siempre, a
la hora de siempre. Cuando termina de almorzar, recuerda la galera de Andr Valois. Decide visitarla.
Est cerrada ..Rebeca se acerca al restaurante y pide

'

51\Y'l.e

~.,e.V\~"'"

1/

f'"''vn..}(\t,.., ~1en

65

informacin. Andr ha muerto de cncer. La noticia


la hace pedir un vaso con agua. Los detalles sobran.
Ella sobra en ese lugar. Su dedo ndice toca su mejilla y siente una lgrima que baja por ella. Una sola
lgrima. Usted conoci a mi primo; le pregunta un
hombre de cabello castao. Le gustaba la poesa, dice Rebecay suspira y se levanta. Algo ms agrega el
hombre de cabello castao, pero Rebecano entiende
o no quiere detenerse a entender.
En un viaje relativamente corto, Roma-Pars, en
medio de una gran turbulencia, el capitn le da una
noticia que no puede asir. Are you sure, pregunta. El
capitn es un viejo amigo que conoci en Nueva
York,y cuando entra en la cabina se percata de los
ojos enrojecidos. Es 11 de septiembre. De inmedia~ "----~
to toma asiento y siente vrtigo. Ve sus manos, pero
sabe que el vrtigo no tiene nada que ver con eso que
ha descubierto en ellas. Cuntos aos han pasado.
Debp.yQlyera casa, piensa, pero an le faltan cosas
" ""-~por resolver.
Entonces el trabajo, hasta ese momento estable,
comienza a tambalearse. American Airlines se va a
pique, dicen que ha sucedido por el acto terrorista,
otros lo atribuyen a la mala economa del pas. Hay
recorte de personal, hay huelgas que no ayudan en
nada. Rebeca se mueve a otra aerolnea. En una ocasin busca a Alphonse en Pars, y cuando se encuentran lo desconoce. Tiene el cabello entrecano y lleva
lentes. Lascompaas areas vuelven a reestructurar-

----~

66

-t.

----

se y Roberto y John son los primeros en sentir la terrible separacin. Ms trabajo y menos oportunidades
de pasear por Copenhague o Manchester o Npoles.
En 2005 la S!!1:!acin
es.!~!~~eca
tieoe que re
~Pero no quiere tocar El Paso,
no todava. Habla con su madre y le dice que ahora
estar ms cerca. Eresuna buena hija, dice su madre.
El viaje de regreso es largo. Debe llegar a Madrid,
desafortunadamente no hay otra opcin. Transbordar al da siguiente para seguir su vuelo a Londres, por
ltima vez, y de ah a Nueva Yorky de ah a Chicago
y al final aterrizar en Dallas. En Madrid piensa en
lo que tiene que hacer. Mientras toma el taxi del aeropuerto de Barajas al hostal llamado Cantbrico,
se vuelve a preguntar: Cuntos aos han pasado. A
la maana siguiente sale a recorrer los alrededores,
y de regreso se da cuenta de que no ha soado con
Sharon Tate. Pero no se siente feliz. No more nice girl,
dice Rebeca, y aguanta la respiracin cuando tiene
enfrente el hotel.
En Dallas sigue su rutina de sobrecargo. Ahora
se dedica slo a~~s,
de Dallas va a
Chicago, o a Tempe, Arizona, para entonces retomar
el vuelo a Losngeles;en contadas ocasiones ha viajado a Nueva Orleans o Washington D.C. Durante
ese tiempo est tentada a escribirle a Charles Manson
una carta larga llena de insultos, pero al final desiste.
A principios de 2007 conoce a Mark Smith, un
hombre que dice idolatrada. Viven"j~TI.t~;-u~ar de

67

"4,t>

68

i c.\~
.f o

l\)K

meses, y entonces las peleas comienzan. El temperamento de Rebeca es fuerte. Un da suea que le
clava a Mark un cuchillo en el ojo. A la maana siguiente, despus de llorar todo el da, decide terminar con la relacin. Mark se siente destruido, pero
para Rebecano hay marcha atrs.
En 2008 se entera por los peridicos y tabloides
que a Susan Atkins le han amputado una pierna. En
2009 la asesina muere y su ltima palabra es amn.
Diecisiete veces
neg la libertad condicional.
Entre los objetos devueltos a su marido estn los diarios ntimos llenos de remordimiento y culpa y letras
de viejas canciones y dibujos de cuerpos humanos
sin piernas ni brazos.
El 2de julio de 2010, su jefe,Andrew Whitehouse,
pide que se presente en la oficina y Rebeca piensa lo
peor, pero sale bien librada. Ha logrado una 'buena
negociacin para su retiro voluntano, ms de lo .que
pensaba. Al salir de la oficina, ve a un grupo de jovencitas llenando formularios similares a los que ella
llen tiempo atrs.
El da en que ,llegaa la cas!_;qJJe
habitar por un
buen tiem o en CiudadJurez, conoce a Luis K-uriaki.
Lo que es la vida,
1e':l'.,uis
le recuerda en muchas
maneras a Alphonse. Es un joven recin egresado de
la universidad y, se entera a los pocos das, es periodista.
Perfecto,.se dice Rebeca.

sele

~l......

...s.~v
Luis Kuraki recibi la llamada~
el 12 de diciembre.
Teva a interesar lo que tengo, le dijo.
Seguro,pregunt Luis,y entonces se citaron en el
restaurante de siempre, donde Santos aparentemente
trabajaba como levanta platos y el gerente del restaurante, todos los martes, sala a las diez de la maana
para regresar al medioda.
Yauno frente al otro, Luispregunt: Yesto, cunto
me costar, pero ya saba larespuesta.Santosslo.sonri y recibi ~1!_!~.deJ2ille.tes, y sin contarlo lo
meti a uno de los bolsillos del pantaln. De sus informantes era el nico al que Luis le daba dinero.
Resulta que entre las plticas que ha tenido Luis
Kuriaki con su amigo yanqui muerto, el nombre de
/ Osear Nez apareci en algn momento. Ahora,
~gracias a su contacto, tendra ms informacin .aoerca de ese sujeto.
Te voy a contar una historia, dijo Santos, ves .esa
chimenea de all.
S.
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'N~.:;,
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/')

__:)Ji_\)

69

70

Es la caseta de vigilancia de un polica. Aquel


perro es un perro polica y las monedas que suenan
en el pantaln del seor que acaba de pasar, son las
tintineantes esposas de un polica. Los tipos que estn sentados al fondo del restaurante se la pasan hablando de policas, todo es polica, todos son policas.
Luego Santos coloc una foto pequeita sobre la
mesa. Era la foto de un hombre blanco con nariz
muy grande. Delgado.
Estees Osear Nez.
Luisacerc la fotografa para corroborar lo obvio.
~Nyez
e~!!_~rdjendo la razn, le dijo Santos, y se inclin un poco sobre la mesa. Cada sbado
viene con un gordo_y escucho cmo le va diciendo que todo es parte de un complot contra l, y que
todos son policas.
Ahora es martes.
S, pero hoy no me concierne. Los das a los que
me refiero son los sbados. Siempre se sienta en el
mismo lugar.
A qu se dedica, pregunt Luis, y tamborile su
vaso de agua.
Cada sbado es igual, los platillos que ordena
varan, as ha desfilado ante l la mayor parte de la
carta.
Luis sonri con una sola comisura.
Santos vuelve a bajar la voz.
Esos sbados, si el platillo se resume a una sopa
de hongos y si Nez viene acompaad-.Q~

tipo, al pobre djah!a no la volxs;sa_yer.Nunca he


escuchado sus conversaciones pero, desde la cocina,
veo cmo el acompaante mueve la cabeza, a veces
negando, otras asintiendo.
Santos ya no poda bajar ms la voz, pero lo intent. Alterminarse el plato de sopa, el gordo se lleva
al pobre hombre, dijo.
Santos volvi a poner enfrente la foto de Osear
Nez y con el dedo ndice la golpe.
Sabesque esto no es mucho, dijo Luis.
Esalgo.
No es suficiente, dijo Luis,y extendi la mano en
espera del rollo de dinero que acababa de entregar.
Santos, a primera vista, parece tmido, pero conoce bien su negocio.,,........,
Es
puchador y trabaja para el
.,.~'""""",.,._"''"'''--~.
;.,.-crtel de La Lnea. Mira a un lado, y corie dorso
de la mano slimpia el sudor que de pronto se le
ha juntado sobre el labio superior. Por un momento duda en contar lo que tiene que contar. Entonces
comienza.
4
~i~m
Nez Q~l!n trabajQ im-
portante. En Fabens, entre los matorrales secos y alga'S yerbas moribundas, hay un campo que sirve
como gista de aterrizaj.e.Tiene alrededor de dos kilmetros de largo. Lo suficiente para recibir un avin
grande. A Santos lo llamaban cada cierto tiempo para des~r ~~pista y cargar avionetas con mercanct'.Pasabanunpar de meses cuando lo volvan a llamar. Excepto en noviembre que limpi el campo un

71

...

S..._~r--

{rJ?AJ
! \
, ..{'!.,,>(,)'r'',

72

sbado y Nez le pidi repetir el trabajo el lunes


con el triple de la mercanca.
No me gust la idea, acababa de llevar a mi gente
y quera que el trabajo se hiciera en lunes. No me ola
nada bien, le dijo Santos a Luis.
Al principio no hizo caso de la orden pero, dos.horas despus del primer telefonazo, Nez, llam para
preguntarle si todo marchaba correcto .La voz son
tan glida que a Santos le diomiedo escucharla. Estoy
en eso, le dijo. Un poco resignado junt a los suyos, y ya cuando estaba todo listo para cruzar a Estados Unidos llam a Fabio Camarena, un amigo que
poda prestrle~ gente "~filas de alto calibre.
Fabio Camarena era gringo, as que estara ah cuando Santos llegara.
Eran las.tres.de la maana al comenzar a despejar
el campo, y aunque no se vea, la.gente de Camarena
estaba oculta, en sus puestos ..A las cinco recibi una
llamada de Nez.
Cmo vas, le pregunt.
Hace un chingo de fro, le dijo Santos, y de inmedato se arrepinti de hablar; sin embargo, la llamada se haba eostado. antes. A Santos. eso no le gust
nada ..
Un hombre que ayudaba con la limpieza se desvaneci con principios de hipotermia a mitad del
campo. No jodan, cabrones, dijo Santos, e hizo que
arrastraran al desmayado a su camoneta negra. Ah
volvi en s.

S quieres me regreso, no me debes nada.


Usted no se regresa, ya nos arreglaremos, por
mientras busque entre los matorrales a Camarena,
dgale que lo mando yo. Y el tipo aquel sali de la
cabina y se perdi entre los arbustos.
A las seis el fro increment.
A las seis con diez minutos recibi otra llamada
de Nez. Atento, dijo, y el telfono se qued mudo.
Santos mir a los matorrales. Todo luca tan solitario.
Se meti las manoQr<!!<:l:~_p,orel fro en las
bolsas del pantaln~
..~~ :s,!~~~~~i~~
Pasaron los minutos. Un coyote apareci en la
distancia y Santos se imagin al lado del animal, huyendo lejos de ah.
A las siete son el telfono, pero al segundo timbre la llamada se cort.
Chingao, murmur Santos.
Fue cuando vio el punto en el cielo.
Santos no se movi del centro del terreno despejado. Al principio, el punto en el cielo pareca estar
suspendido como estrella. Pasaron los minutos y el
zumbido de los motores se dej escuchar. Trag saliva:yse retir del campo, el objeto en el cielo segua
pareciendo un punto. Repar en lo grande que poda ser. No va a poder aterrizar, pens y mir la tierra, la llanura al sur cortada por matorrales. No le
haban advertido qu tan grande iba a ser aquello,
la carga era bastante pero, como en otras ocasiones,

7.3

74

podan haber sido tres o cuatro viajes de una avioneta Cessna. Si se estrella estamos todos jodidos, se
dijo.
En el cielo, el punto creci lo suficiente para develar que era un Ju~o. No puede ser, se dijo. Camarena le grit ya nos cargaron, compadre, y entonces las armas fueron recortadas. Santos percibi el
eco de los cargadores y, antes de saberse protegido,
distingui el color del Jumbo. Era un avin militar.
l mismo asumi su suerte y tanSlo~ez pinche
Nez, mientras sacaba su revlver. Si me voy, no
me voy solo, pens y mir al horizonte. El coyote
ya se haba marchado y, muy lejos, las montaas
sin nombre apenas si se apreciaban. Atrs quedaba
Mxico. Sinti la tierra moverse y el sonido ensordecedor de los motores se le meti hasta los huesos. La
migra tampoco tardara en llegar. El avin tom
la pista, la toc, rebot una vezy luego se aferr a ella.
No la va a armar, pens Santos y por un momento
se sinti liberado, el avin pareca llevar demasiada
velocidad. Pero en tres minutos ya estaba detenido. Nadie se movi. Treinta segundos que parecieron
eternos pasaron y una escotilla baj. El polvo alborotado comenz a asentarse de nuevo.-.,,..,-...---~-~
Un hombre..~ ,
alto y uniformado apare.cipor l rampa. Vamos,grit en un espaol un tanto forzado,vmonos, grit de
nuevo. Esa fue la seal. Santos sali junto con su
gente, excepto el grupo de Camarena, que nunca dej su puesto. Subieron la mercanca. El uniformado

en ningn momento mir a Santos. Una hora despus, la escotilla se cerr. El avin gir ciento ochenta grados y volvi a tomar el aire.
Al terminar la historia, Santos guard silencio.
Eso no es nada, le dijo Luis, pero Santos se dej
caer en la silla y de su vieja mochila negra retir un
flder amarillo. El flder contena fotos. Ah estaba
el avin como una gran ballena encallada en el desierto y el uniformado de frente. Ah estaban los arbustos donde Camarena y su gente supuestamente
estaban escondidos.
Todo aquello vala cada centavo. Luis Kuriaki
tom el sobre y lo guard en la bolsa interna de su
chamarra de piel.
Me puedes llevar al restaurante ese, le pregunt.
Por supuesto, dijo Santos, pero hoy no puedo.
En dnde es, pregunt Luis.
En donde siempre, en el restaurante de mariscos,
agreg Santos, y Luis slo asinti, pero la verdad no
tena ni idea de a qu lugar se refera.
Se dieron la mano. Chasc la lengua y le dijo a
Santos que estaba bien.
Toda la tarde estuvo pensando en Osear Nez
y en aquel avin en medio del desierto. La idea lo
envolva. Por la noche esboz una nota sobre el militar apurando a la gente de Santos. Se pregunt si en
verdad quera sacudir el avispero, si vala la pena su
amigo muerto. Cualquiera valdra la pena. Aun as,
dej la nota a medias.

75

76

A una semana de haber encontrado el cuerpo destrozado


en el parque, Raymundo y Beatriz, amigos de la preparatoria, me invitaro':!:..!!J?Cber unas copas en su apartamento el lugar es de ella, donde ha vivido sola desde los vein"/!ids..Ella ha estadt>-movindose de sitio can
frecuencia, buscando las mejores rentas posibles, viviendo al! sur de la ciudad; aU oriente y cerca del hipdromo; Raymund-oi devez en cuando; se'quedaba con ella, y
pareca que iban a casassepsonto. Cuando termine la-escuela, deca l cada vez que alguien preguntaba por el
matrimcnio: Falta poco, ella eompietaba dndole un besoen ta mejilla.
AIC prinripio: hablames sobre superhroes y llegamos a
la conclusinde-quff Barman en verdad'posea poderes sobrehumanos. Era,mionasie; tanto como' para tener tres
vidas .La pri'vadlili,fa,pblica yr la del hombre murcilago;
Recuerden que apenas si es un rumor en la calle, porque mur pocas personas. lo han visto, como a un fantasma, y el rumor es parte de su vida, agreg y bebide su
cerveza. Es la sombra de todos nosotros, ge lo q!!._e,~ql,lisiramos hacer si no furamos tan cobardes. Un hombre
1

malhecho por dentra, que se construye- cada noche al salir


disfrazado para moler a golpes a los malos. Imagnate
a Bruce Wayne esperando la seal en su cueva llena de
botones rojos y blancos que encienden y apagan, dijo,
Diseando nuevos- aparatos, aviones ligeros, trajes que
detengan cuchillos y balas; zapatos silenciosos, guantes
que doblen metal, rayos que paralicen. Tan obsesiva como
un .... coma un poeta, dijo; y no entend lo que deca has--ta ms tarde. O cre entenderlo cuando- llegu a casa y,
77
despus de trabajar, me dispuse a dormir y, ya entre las
sbanas y el calor de la calefaccin, escuch a Samuel ~
-::
<.....
!J,
hablndome de su vida, su madre rez~e
en medio- de la sala-:su padre perdido en algn lugar de
<Jhiodesde 1995 ..Aunque estuviera muerto mi amigo ira
a buscarlo y en tmmomenta dud si podra hacerlo; pero
no dije nada; slCfmir la oscuridad del techo y la luz gris
que se escurra por las cortinas hasta la computadora y
el peinador y los envases de locin y mi carnet de periodista. Luego pens que tal vez yo no tengo la habilidad
para escucharlo, tal vez ~1:'1.Yf!L~!JUOl111J-Jos Jedi JJ haba
logrado comunicarse desde la inmortalidad conmigo, un
simple hombre. SamueLe!!:L.e.l..WP.eil!~r.oe.Y tal cosa me
hizo sentir derrotado,.por eso,no escuchaba a los dems
muertos, slo,a l.
La discusin que presenci esa noche entre mis amigos inici como una pltica amena sobre superhroes,
y en algn lugar el camino el alcohol se fue hacia la
edad y el tiempo y, quin sabe cmo, se-desvi ' la guerrilla del EZLN, una pltica absurda, porque para estos;tiem-

ZLIJ

78

pos el subcomandante Marcos ya slo era una estrella de


cine que )Jblac;f ~-;p;;;
Siempre he pensado que el alcohol nos lleva hacia
abajo; despus de beber y ponernos alegres, a diferencia de algunas drogas, el descenso a otros territorios es
inminente. La atmsfera se espesa, la paz te acompaa
y la informalidad te cubre. Beber es relajarse. En otras
palabras, descender. Aquella noche, Beatriz dijo que la
edad la aterraba.
La edad siempre te confronta, le dije, mejor es que
seamos sus amigos.
Me levant por una cerveza, y cuando la sacaba del
refrigerador y la destapaba me di cuenta de que ya comenzbamos el descenso. Es el alcohol, me dije, y tom
asiento de nuevo. Beatriz miraba fijamente el piso, se estaba tomando en serio la pltica.
Yo le tengo miedo a muchas cosas, a la sangre, a los
perros, a los accidentes automovilsticos ... , dijo Raymundo, y lo interrump porque intua por dnde iba yendo la
pltica.
Anoche so que vivamos en el futuro, les dije.
Y cmo era, pregunt l.
No s, igual que el presente, pero ms cmodo. Se senta que la vida era ms fcil, y el material con el que estaban hechos los edificios y las calles pareca ms ligero.
A qu dices que le tienes miedo, le dijo Beatriz a su
novio, me pregunto si le tienes miedo a la guerra, si te
iras a combatir, por ejemplo, las injusticias en Chiapas.
Eso ya fue, contest l.

Sabes que no.


Por ti, lo hara.
Me dejaras sola.
Mmmm... s, pero servira para combatir mis
miedos.
La conversacin comenzaba a tornarse aburrida. No
haba salida para Raymundo.
Quieren otra cerveza, pregunt, pero ellos ya me haban dejado muy atrs.
Dime la verdad, me dejaras aqu sola para irte a
combatir al sur.
Un espeso silencio inund la sala. De lejos nos llegaba
el sonido amortiguado de una televisin encendida.
Me tendra que ir,fue la respuesta de mi amigo, y para
subrayar su postura dio un trago a la cerveza.
No te iras.
Claro que lo hara, no tengo por qu mentirte. A ti no
te gustara estar con un cobarde. No resistiras vivir con
un gallina.
Beatriz lo mir fijamente, quera decirle que tena razn; pero eso sera ms doloroso. Dej su botella a medias sobre la mesa. Tratando de no perder el equilibrio se
levant y, sin siquiera mirarnos, se retir a la recmara.
Entre Raymundo y yo nos bebimos las ltimas cervezas
que quedaban y hablamos de msica, pensando en que
el EZLN era un asunto lejano frente a otros problemas recientes.
En Ciudad Iurez necesitbamos gente como mi amigo y era absurdo todo lo que pasaba en aquel departa-

79

V'.)h__

80

mento. Ahora mismo me pregunto qu tantas cosas no


eran absurdas.
Al regresara
casa encend la computadora.
~--"-,,,,
9l:ff. haces, me p,regunt Saf!ll!Jll.
Voy a sacudir el avispero, le dije, y abr la nota que
tena a medias sobr~Oscar Nez..
Aqu no existe Batman, le die, y me levant por un
vaso de bourbon.
Termin la nota x se la envi a mi jefe.
A los diez minut;~";,,;llam.
.. No va a salir, me dijo. De inmediato supe que a pesar
de ser las tres de la madrugada se estaba comiendo un
burrito.
Tiene que salir, le espet.
Esto es la boca negra de un perro rabioso.
Es mi cuello.
Es el de todos.
Sabes que no es cierto.
No sabes nada, Luis.
Tienes que ver con ellos.
Luis, tengo que ver con todos.
Haz que salga.
La lnea qued muda un momento.
Okey, Luis, saldr, pero la ajustar. Le pedir a Rossana que me ayude.
Dile a quien quieras, menos a ella.
A Patricio.
A quien t quieras.
Pinche Luis.

Luego me colg,pero mi telfono volvi a sonar unos


minutos despus.
Yo no tengo nada que ver con esto, lo sabes.
Si t lo dices.
Luis, en cuanto colguemos)~)levar la nota a Patricio, saldr sin nombre, ero sal .
Aqu no existe Batman, le dije, y fue todo.
Volv a servirme un vaso de bourbon.
Lo nico que faltaba era llamar de nuevo a Santos ;r
localizar :el restaurante de mariscos donde Osear Nez
operaba.
La calefaccin se encendi. Mir por la ventana el
fraccionamiento. La casa de Rebeca a oscuras, ms all
las luces de un avin rayaban un cielo sin luna. Samuel
me 'habl de su familia y luego guard silencio.
Ests por aqu, le pregunt.
S, me contest, pero ya no dije ms.

81

..
82

.. Me V~

El siguiente cuerpo lo encontr Mercedes Vences, una


~
joven de veinte aos que sali de su casa muy temprano a comprar tortillas. El muerto, hombre joven,
de tez blanca, yaca a las orillas de un canal de aguas
negras, al lado de lo que fuera el Linterna Verde, un
bar de mala muerte en el centro de la ciudad. Del
lugar slo quedaba el cascarn. El gobierno lo haba
clausurado y pronto sera demolido junto con otros
viejos edificios para construir lo que llamaban e~
Y!!.!:entro. En medio de los asesinatos que llovan a
diario, se levantaban plazas amplias y grises.
El cuerpo desnudo mostraba un solo balazo en la
frente. Tena las manos atadas a la espalda y la ropa
apareci doblada a unos metros.
Despus de tomar los datos necesarios, Luis se fue
a casa, se prepar un sndwich de jamn de pavo y
encendi un cigarro. Cuando termin de almorzar,
- tir la colilla del cigarro al centro del cenicero y fue
a su cuarto. Ests por ah, pregunt en voz alta, pero
su amigo yonqui no contest. Luego se acerc a su
bur y desmont uno de los cajones. Meti la mano

-----~----

al fondo del mueble y sac una bolsita de coca. La


mir y pens en los zombis que rondaban la ciudad,
pens en su madre siendo devorada por un tigre. Por
zombis o tigres, todos terminaran en el mismo lugar. Se vio haciendo una lnea gorda y aspirando y
luego internndose en un centro de rehabilitacin
en El Paso, Texas. Sopes la idea. El intercambio le
pareci justo.
El celular comenz a vibrar. Era Morena.
~
Pinche Luis, le dijo.
Que pas, Morena, contest Luis, y por instinto
escondi la bolsita de cocana en su puo.
Vamos por unas pinches birrias.
Hoy no puedo, maana.
No mames, contest Morena.
Luis comenz a sentirse menos ansioso, como si
un peso se estuviera levantando de su espalda.
No pinche mames, dijo Morena, y si deca eso entonces significaba que estaba insistiendo. Luis se mordi el labio y escuch la bolsita crujir en sus dedos.
Eso era bueno, entonces. Morena lo haba salvado una
vez ms. Semanas antes, en la escena de un crimen
divis un paquetito blanco ms all del permetro colocado por la polica. Se acerc con cautela, pero tal
vez se notaba que estaba muy ansioso, porque de inmediato sinti una mano en el hombro. Pinche Luis,
le dijo Morena detrs de l. Aquella bolsita que ahora
tena en su poder haba llegado a su bur de la misma
manera, pero en esa ocasin nadie lo detuvo. Le gus-

83

Q..l

84

15

taba pensar en esa bolsita como un salvavidas que no


dudara en utilizar.
Est bien, contest, nos vemos e~IJ;Jub 15.
Pinche Luis, dijo Morena y colg.
El Club 15 era uno de esos bares que aPl'estaban
de pie en la avenida Jurez. Las paredes. vivan vesttdas;con grandes psteres de mujeres desnudas.
Pens en invitar a Rebeca. Mir por la ventana,
slo para percatarse de que las luces de la casa:de su
vecina estaban apagadas. Mir el reloj. Qu raro, dijo,
y tom su celular y marc su nmero, Una voz fra le
indic que el nmero marcado estaba fuera del rea
de servicio. La calefaccin se encendi y de inmediato el sonido tibio recorri la recmara,
Resolvi llamar a Rossana. Busc su nmero en el
celular y al marcarlo tampoco tuvo suerte: Tal vez los
zombis haban llegado por ellas. Pensndolo bierr, el
tigre suelto era una falacia, pero los zombs en verdad existan, cmo se poda explicar lo que estaba
sucediendo. Al final, Rossana escribi la nota y el jefe
de informacin estaba feliz. Una horda de zombrs
para toda una ciudad en ruinas. Roja de noche. Mir
hacia el bur y el corazn se le aceler, As que tom
las.llaves del auto y aprisa sali a:I:fFo,
El aire estaba cargado de electricidad. Antes de subirse al auto se acerc a la casa de Rebeca y, por no
dejar, toc el timbre. Al final de la calle distingui
las .sih!et~~~
Uno de ellos levant un
brazo, Algo brillaba en sus rostros, algo rojo. Roja
/)
/
_..-..

\
~\)h,.-~

de noche, pens. Luis Kmiaki,. y dese. ese pase de


coca, pero ya la bolsita estaba de nuevo guardada
en el bur de su recmara. Decidi subirse a:l.auto y
alejarse.
Sobre la avenida: Vicente Guemeso pas una patrulta a toda: velocidad con la sirena encendida. En
fa, Pasea Ttitmfo dela Repitblica ciFculaban pecos, atstes, eran las once' de la noche y; la dudad pareda- un
pneblefantasma. Dos:autos; lo-alcan.za:uon,uno por
cada flanco, y Luis: colg su credencial de re ortero
en e1espejo retrovisor. e pregunt si se necesitaban
balas de plata para matar a un zombi. En cuanto subi el carnet, los' autos aceleraron para dar vuelta en
mia catle ms. adelante,
Entre patrullas y camionetas del ejrcito, lleg al
centro, al baF.
~
Morena yalo esperaba.
~que
me estn siguien~o1 le dijo Luis,
No mames, pinche Luis, contest Morena, y bebiiIo que restaba de su eerveza,
1.0s:zorabs, semueren con balas:de-_plata,pregun~
tLuis
Claro, contest Morena, y mostr su botella vaca
al ba,:rman.
Ests.seguro,
Por favor, pinche Luis, contest Morena.
A los zombs los eliminas con un balazo en la;cabeza, terci el:barman, apuntndose la sien con un
dedo, no importa el material.

85

Lu /f

86

Luego sac un libr o de debajo de la barr a.


Pinches zornbs, dijo Mo ren a m ientras lea la p OI
tada de l libro.
Esque no leyeron el peridico, pregunt el ba rman
En aque l lugar slo eran ellos tre s en medio (1<
botellas viejas de wh isky, bourb on y ron. Botellas cu
bert as de polvo. Un a patrulla con la torret a encend
da pas fren te al bar y, po r u n segundo, las luces azul
y roja cubrieron lo s cuerpos de las mujeres desnuda
Creo que me sig uen, repiti Luis.
Tal vez, co ntest Morena,
A los zombis los tienes q ue matar de u n buen dh
paro en la cabeza pa ra destrozarles el cerebro. Es ('(1
mo el motor de l cuerpo, seg n el libro, el corazn y.l
ni bombea sang re, terci el barman .
Un hom br e que venda ch icles ent r.
Cmpreme un ch icle, le di jo a Morena.
Gracias, co ntest .
Usted, cm preme un chicle, le pidi a Luis.
Gracias, contest l y trat de desviar la m irada
pero aquel h ombre ten a la piel bastante reseca por l'i
fro, llena de surcos.
Por favor, agreg el hom bre.
Deje de molestar, co ntest el barman, y de innudiato puso el libro sobre la barra . La por tada era de 1\11
inten so am arillo. El hombre de los ch icles parec i nn
escucharlo y se acerc un poco ms a Luis.
El bar man dio la vuelta a la barra y le pidi d
nuevo qu e saliera.

( :mpreme un ch icle, jefe, estos dan buena suerte


ve que usted la necesita.
1:{1I110 , pregunt Luis.
Siempre dice lo mi smo, agreg el bar man, y [alo111 '0 al hombre hasta la puerta.
No pasa nada, pinche Lui s, agreg Morena, mi r.uulol o por el espejo de la contraba rra.
F'ic tipo siempre v iene, dijo el barman, hace po co
le loh6 la cartera a un clien te.
No me diga, dijo Morena.
Lu is se arrepinti de no haberle co mprado un
, 11 1.. 1<'.
1i1l11 el telfon o y le marc a Rebeca . Segua sin
It''''pollder. Llam a Rossana y esta vez co ntest .
llu milagro, Luis.
l.stoy con Morena en el Club 15.
E'toy con m mam, dijo ella.
Ni para pregu nta rte si te pu edo ver.
Iloy no puedo.
Me gust la n ota de los zombis.
No so n zombls, Luis, es una in feccin que altera
\ 't'

1", uerv os.


(Jke!', Rossan a.
Luego se hizo un silencio.
Si quieres puedes pasar a mi casa en una ho ra,
IHIt'g ella, y Luis m r el reloj. Asnti y colgaron .
La lt ima vez que se v ieron fue en un parque cer1 ,111 0 a su casa, la haba desnudado en medio de los
1II I1I Illpios y los moros; quera tenerla enfrente de

87

88

todos para presumi rla, para exc itarse... y lo con I


gu i. Mientras la penetraba le pregunt si poda 1(01
pearlc los senos, eUa d ijo que s. Esa era la ter ",.,
vez que se vean. En El Di ario fueron discretos con '\11
relaci n. Luego tuvi eron un a diferen cia est pida \1 1
bre las notas qu e cada un o redactaba. Las de 1.\11
era n mu y conc retas, parcas, y las de ella, lo pod! ,
constatar, eran otra cosa. Ese da l se fue a casa y de'"
de ento nces haca lo p osibl e-por no coincidir con l'lI.
en El Diario. Sin embargo, cada vez que pasaba 1'0 1
aquel parque recorda ba ese cuer po desnudo exacu
mente ah, entre los col umpios .
E! barman cont algo ms sob re los zornb s, aH'l
ca de sus ojos negros y secos, de que haba algo 111,1
pod rido en ellos, en el alma, dijo, y de esa in fec I 11
extremadame nte contag iosa que hasta el peri dk o
lo recalcaba.
Luis se despidi.
No mames, contest Morena .
No s vemos maana.
No mames, repiti Moren a, pero extendi la m,1
no para despedir se.
Al abrir la puert a, el aire fro le mordi las 111<'11
Uas. En la acera de en frente dos policas plat icnb.iu
A una cuadra de ah, en la Plaza de Armas, una ca mlo
neta militar perman eca dormida, como un an m.r!
con los ojos cerrados. Mient ras se diriga al auto, vln
un poco ms adelante al hom bre de los chicles.
Le grit que se detu viera.

11 hombre se detuvo .
l c rom pro ese chicl e, dijo Luis.
lu vo su oportunidad, contest el hom bre, se gir
, \IHUid avanzand o. Luis se qued in mvil mirando
ti lu unbre que se alejaba, un a rfaga de aire fro lo
, I'"hll<'> Y decidi regresar al auto.
I ll'~() a casa de Rossana a media noche.
" dn d e vam os, le dijo cuando abri la puerta.
,\ ni ng n lado, contest ella, es qu e no ha s ledo
l pcrr d ico, so nri y se hizo a un Jada para que Luis
1 11 1rara.

Fila cerr la puerta, le tend i la mano para


1I 1.nlo.
1.1Iis se qued un mo men to en el umbral de la reru.ira. Desde ah reconoc i el libro al lado de un
tU 'I ll l '110 sistema de son ido. Era el mi smo que el bar11 1,11 ' del Club 15 lea sobre zornbis. La portada ama I

ull.r rcsaltaba entre algunos ms.


(li haces.
llenes que invitarme.
ko ssana tom el fondo de su camiseta entre las
111,I I II IS y de un movimiento se la sac. Adelante, dijo.
l uis dio un paso al frente. Recuerdas aque lla
I \l it lit'.
l' lIa se retir el sostn. Por supuesto.
l u is dio un paso ms. La cama estaba sin hacer.
1'0 ' la ventana entraba la luz fra del arb otant e.
tlla se baj el pantaln y los calzones en un solo
nuwhn iento .

89

Luis se mordi un labio. La recmara despeda UJI


olor a mango. Dio un paso ms y levant la man o
ha sta alca nz ar el seno izquierdo de Rossana. EII"
abri la boca y jal aire . Le dio la espalda, cerr los
o jos. Escuc h eJ sonido de la cremallera del pa nta
In de Luis ba jar, la heb illa del cinturn al caer, el
ret um bo sordo de los zapatos contra el suelo. La u.
gcncia en form a de respiracin y manos. Mir por
90

la ventana para ver si su veci no la esp iaba. La rec

mara estaba a oscuras. Tal vez espiaba, agazapado l'JI


una de las esquina s. Eso era bueno. Luis sinti cmo
los mu slos de la mu ch ach a se relajaron bajo sus mil
no s. Clav las u as en ellos y un peque o jadeo h'
hizo sabe r que iba por el camino co rrecto .

De regreso a casa encendi la radio y gi r eJ dia l has


ta sinton izar Ja 92 .3. Sonaba "The Midnight Speclal ,
de Creedence. Trat de toma r todos Jos semforos l'lI
verd e, excepto el del cruce de la aven ida Tecn olgico
co n Vicent e Guerrero, donde deb a girar al este, \

una patrulla que iba m s len to que l se le int erpuso


en el cam ino .

Entr en el fraccionamiento. El auto de Rehel ,\


estaba en su lugar. No distin gui a nadie que rondar.i

por las cercan as.


Ya en la recm ara, su amigo ya nqui le pregu m
cmo estaba.

Creo que me siguen, dijo Luis.

Por la tarde fui a casa de Alejandra, mi nov ia, pa-

u-ce que ya me olv id, agreg su amigo.


Los zombis me siguen , dijo Lu is. Y mir por Ja
ventana. El fro sera ms intenso alrededor de las
I Inca, cuando la cada del so l lo arrastrara del de sierlo a la ciudad.

91

uch lllos de verdad o dientes, como quieras, parece


le muerde las orejas y la nariz. M i vecin a me
1.11lea que hace linos aftas, en medio de un a lluvia
ruoal , el aire del norte (s, an ms al norte) baj
y 1,1 torment a se comenz a congelar. Los cables te1

1111('

h-l n icos se rompieron por el peso del hi elo y toda

r- l ,h l' qued inm ersa en una cuajada oscuridad por


92

Luis:

Espero qu e est n bien . Mam me llam h ace un odas. So cont igo y me dijo qu e te h ablara pron
to oAl parecer, el sueo la alter mu cho y necestab,
platlcarte en detalle algo que tiene que ver con 111
trabajo... ya sabes cmo es nu estra madre. Preenllam arm e a m qu e estoy ha sta ac, que buscarte po,
all. Por mi parte te d igo qu e me qu edar ha sta , 1
prximo ao; a Marco le ofrecieron completar 011, 1
estancia . En la universidad me han abordado vario
alum nos contentsimos por el c urso que estoy impar
tiend o. El prxim o semestre pedir un a o dos clas
m s. Ya le coment a m am y, bu en o, ya sabes '1"
ella est feliz; de m padre ni te cuento, siempre e.. lol
mu y ocupado.
La verdad, no te escribo nada ms para sa luda rte
D jarne decirte que el fro de ac es distinto, no que
ex tra e lo seco del aire helado de ] urez pegand o
me en la cara; porque el aire de ac en esta po, , 1
(espero venga n pronto) es h elad o. Este s qu e lI l'IlI

,11,1\, Aparte, el h ielo sobre banquetas y pavimento


l ' vncarg de romper las tuberas. Se quedaron sin
, In 1ricidad y sin agua y muchos murieron, la ma\ ol,l viejitos. Mi veci na, que es una mujer de unos
1 l nruc nta aos , termin en el hospital por una pulIIIlI nil. Cuando me contaba del incid ente, me iba
1I1l1...trando su lbum de fotos, la familia cerca de las
I ,I ... rad<ls, el hijo en una fiesta de cumpleaos , la hija
u- .irgada en la an tigua mur alla de Quebec.
1)C pronto me dieron ganas de estar con ustedes.
\ r que llegando al apa rta mento me prepar un cho 1 11\, lh ' caliente y me acurruqu en el nico silln de la
11,1, Eran las cuatro y, bueno, te has de imaginar que
1 11 n los lugares, a esa hora, comienza a oscurecer.
1I lbu m lo abr exacta mente a la mit ad. Ah esIlh,I Il IOS. La vez que nos invitaste al restaurante
1I . , " i ~a s . T y yo abrazados de mam. Luego esas foI l l ~ tl ~, la vez que com con pap y Ana... Pero te
, 11 1' 11 10 algo: la ni ca cosa ex traa fueron dos fotos al
u.il. Recuerdo que yo las tom. Segn yo, t estabas
I 1111 1.1'i manos sobre la mesa de centro. Lo extrao
t I ltU' en la foto t ya no apareces, como si te hubie -

93

ras borrado. Supuse que m e equivocaba de fiesta o dc'


imagen. Te d igo q ue deberas estar ah con las manos
sobre la mesa, hasta recuerdo que traas la ch a ma rr.i
de m ezcli lla q ue compraste en Quer taro. Podras " c"
si tienes esas fo tografas.
Cudate mu ch o. Te mando besos y abrazos .
'I! herm ana,
94

11.lgl'IHc Pastrana se ape d el auto. Mir hacia am hll' lados de la avenida Valen tn Fue ntes y cruz los

11\ rn rriles.

1' 1hospital del Seguro Social, con StlS nu eve pi sos


vnrlidos, en Infon avit Casa s Gra n des, contrastaba
1 1111 {' l cielo cerrado. Co n di screcin pa s los pues111 ' lit' tacos sobr e el came ll n frente a la Secundaria
, lit

1I111'1';11No. 6. Lleg h asta u n cl a ro ro de ado de cas as ,

h 1 .11ravcs va lindose de las som bras donde la lu z


di lo.. arbo ta ntes no alcanzaba a ilum in ar, alcanz
l. 1 .1\ <1 azu l d e la esqu ina, la mir y baj la vista a la
'l ll,ulufa de la re ja. Si era necesar io co rre ra el riesl l r pvro era m ejor no hacer ru ido; est udi la alt ura
1 ," r uJ no m s de dos met ros; se su jet de los fros
h 1I lo lc..'s neg ros, tom aire y co n fuerza se impu ls
"1,,,' ..lIos hasta llega r del otro lado, La calle sigui
I 11 vtk-ncio . De ve z en vez, escuchaba 105 au tos pa11 po r la aven ida Valentn Fuentes, a dos cuadras
di ,lI l i.

95

Adrin Valt erra, que en ese momen to vea c ua lquhr


cosa en la televisin, aguz el o do. Baj el VOIUIlH'1I

y con cautela mir fuera. Al ver la silueta hUI11 lJ1 f1

96

a tres pasos de las escaleras se le fue la sang re a lo


pies. Chi ngao, dijo, y al perder fuerza en las pierna' ' "
tambale al suelo.
Hola, dijo la silueta.
No me chi ng ues, dijo Valtierra.
La silueta dio un paso al frente para qu e la luz 111
la habitacin se encargara de revelar qu in era, en In

mano llevaba una pistola.


Valt ierra se qued rgido . No pu ede hacer estu
dijo.
T no podas hacer lo que hiciste.
Fue un ma lentendido.
No seas pendejo, Valtierra, un ojo que ta l

VC': ...

pierda, la nariz y diez costillas rotas.


Me hablaron de usted, luego lo so, dijo, \
decidi quedar se callado, ahorrar un poco 111
fuerzas.
El agente Pastrana se baj la cremallera de su eh:
marra de piel y guard la pistola. Cu ntos gol
crees que vale una nariz hech a polvo, le pregunt ,.1
hom bre en el suelo.
No, di jo Valt erra, llvese todo lo que tengo.
Entonces no te hablaron tan bien de m, dijo el

agente.

V" llierra levant el rostro . A qu se refiere.


1I .rgente Pastrana jal aire a los pulmones y lenuue u tc lo de j escapar por la boca. No lo s, dijo al

11 11.11.

V,11l erra se pas la len gua por los labios y sinti el


IIdo,. acum ulado en ellos. Se cree intocable.

N,ld ie lo es.
I li! se lo m erec a,
1... lo que pi en sas .

111l! y otra vez se lo advert, se lo dije mil Veces.


I\ d rjn, Sus urr el age n te Pastrana, y mir 10 de sa11 1' ,lt ll)del cuarto. Las paredes parecan sucias y en un
1111 . 0 11 destellaban un par de botellas vacas de ron
11 11Mili. Ahora la hi storia debe tomar nuevos deIH II I' I O ';/ agreg . Mir el televi sor, alarg la mano
01, tI-, I' d Ylo apag. Estu ve a punto de dejarlo por la
11' Itll'gO, igual que t soaste con m igo, yo so con
~ I dtl l ld il. desvan ecida en el hospital de aqu enfrente,
11 11 1.1 nariz mac hacada, dijo, y se masaje los ojos,
11 11" <l lo que me refie ro.
V,lll icrra trag saliva. Si me di spara, Jo denunciaI !l ll' toca, Yolan da lo pagar.

N.. lo har. Esto es entre t y yo.


l'llu'hcme.

No vs la primera vez qu e hago esto, dijo el agen -

".I\',,, ,,a. Ni siquiera estoy aqu, agreg, y de los


,1 1110 \ de la chamarra sac un par de guan tes de

Valtierra esco nd i la cara en tre las dos m ano s.

1h

Esto pudo hab er ido de distinta manera.

11 1 !l'IIIJO

10\

cal entre lazando los dedos. Dicen que est


en Nu eva York, en Man hattan.

97

98

Q u, dijo Valtierra, y m ir el rostro rgido y f r111


dei agen te .
Te gustan los supe rh roes, preg unt Pastr ana.
Est loco.
Deb er as creer en ellos}agreg Pastran a, y guard,
silencio.
En la dista n cia se escuch la sirena de una pat ru
lla y, como si esta fuera la sea l, se aba lan z co nu;
el rostro de Va lt ierra.

' " '''' despert de golpe . El so n ido del tren en la


11 I.lIId a pareca pr ovenir d e dentro de su cabe za.
p.,".{) una m ano por el rostro y m ir la h ora en el
I 11'l lle par ed .
101 lIoch e an terior, mi entras estaba de visita en
/l' su h ermana! al lado de su sobrin o de tr es
"" l'oIl>ia visto un par de veces la pelcula Toy Story
f 1.11 \ '{ ' Z por el exceso de tacos en la cen a fue q ue
.1 \m sue os apareci \Voody, el vaquero, y Buzz,
1 ,1 I lll l l<lu t a . Era terrible pensar en las obsesiones
I /11\ mu eq u tos. Vivir eterna me nte y buscar po r
I 111 1' 11' el juego. Vivir resentidos en un rin cn del
11 1110 t-.. pecando el cario de un nio qu e de j de
IIII il .!re afias. Jug uetes movindose durante la 0 0 " pl.lllea ndo cmo h acer que un joven que est
1 I II ,I " ..har se a la universidad y que lo han vi sto CIeI dll l .l ll t e a os, se interese por ellos una vez ms.
I 1I ,l lId o (.' J1 el juego, el juego, el juego. Luego esculid .'1 "un ido d e la locom ot ora y despert.
Ilt'1I1ras se tomaba u n jugo de nar an ja con vod h \"11 la nota de los zom bis en el peridico.
I

99

Sonri apenas . Qu pendejada, dijo.


La nota le molestaba. Haba zombis por todos la
dos pero no importaba si eran zombis o no. No im

100

port aban tant os cuerpos. Lo qu e importaban eran ia


plazas. Eso era necesario.
Pen s en el vaquero \Voody oculto en un cinc 11
de la casa mirando sus movimi entos, y un esca lo ru
le recorr i el cuello.
Una pend ejada, dijo, tom las llaves del auto \
sali.

Su herm ana lo llam al celular. Viste la not a, h


pregu nt.
Imagn ate que fuera real.
Enton ces no tienes nada qu ver con eso .

Me hablas en serio, le pregunt Santo s, y se im.1


gin rindose como un cient fico loco en med io d.

un a horda de juguetes asesinos .


Es algo serio.
Paty, por favor.
No te molestes, slo era una pregunta .
La conversacin termin .
El restaurante estaba vaco. Quiso entrar y,

111

cuanto sac la llave del bolsillo del pantaln , se 1" I


cat de un a nota en el cristal de la puert a: Santo
nos vemos ms tarde. La tom y mir alrededor. I
avenida estaba vaca. Por la hora escrita, la nota 11 I
ba sido puesta apenas unos m inutos antes. Ma l! 1
el nmero de telfono de su jefe} pero estaba f UI' 1 I
del rea de servicio.

tr.i n las nueve de la maana y ya no ten a nada


'I"t' hacer. Decidi ir a desayunar al Caf Central.
I ,IS ralles estaban m s solitarias que otros das. A l
1I1t' IIOS eso le pareca. En el caf pidi unos huevos
1 11 11 heros co n chil aquiJes rojos. Se tom dos tazas
,h' ' ,If Ycon templ a la gente que iba y vena por la
I 1111', l.os rostros serios . De pron to el aire fro aceleI 111,1 Yla gen te trataba de calentarse las man os con el
11111 dc sus bocas. El prximo sbado tendra que ir
I dl'lolf un nu evo cargame nto a la pista de aterrizaje y
1 111 \"'10 pen sar en el fro que estara haci endo por la
"" " I " '~ada lo hizo sentir pesado. Le hab l a Gabriel
, " \1" Yle di jo que se preparara para el sbado. Va,
,111" (;"Ilriel Acosta, y colg. Sopes la posibiiidad de
IIl tl lM ti su compadre Camarena, pero eso lo dec id1I 1 11 1,).. tarde.
x.unos pid i la cuen ta y sali del caf. En ese lugar
h 1111 .1 1rabajad o su madre. Por eso le gustaba comer
111 ll ll'go la mujer se fu e a vivi r a El Paso. Por ella
11 11 111 j, la hi storia de los Tirilon es, una pandi lla gi11I11 '\{ 'i1 que se dedicaba a robar y matar en los aos
1 11 \ .\ . Luego el gobierno comenz a hacer redadas
l. 1III Iones para llevarlos fuera de la ciudad y exI unt u.n los. Como viles zombis que eran. Su m adre
, ,h,1 lIl'gullosa de aquella gran purga y de vez en
!l Indo conta ba la historia.
P,I \ CI <1 ver a su hermana, pero haba salido de
Il lI p l " ' , Su sobrino vea de nueva cuenta Toy Story
, I H 1I1l111ccos lo pusieron nervioso. Le dio un beso

101

102

en la frente al pequeo, se despidi de la n i era \


sali a la ca lle.
Decidi ir al Recreo, un diminuto bar sobre la VI
nida 16 de septiembre. El seor Rojas, el due o, I>ehlll
un a ta za de caf. Bue nos d as, le di jo a San tos mk -r :
tras tomab a un lugar a l centro de la ba rra . Pidi 1111 ,
Corona que vaci en tres tragos, luego una Vctorl
El seo r Rojas lea el peridico. Los pocos autos " '"
pasaban por la aven ida se reflejaban en la p antalla d
la televisin. Y m ientras contemplaba su botella V.I
ca, decidi regresa r a casa.
Al in troducir la llave en el cerro jo se arr epl ntln
p ero n o h aba ma n era de volver el tiempo. Al girad.,
y entra r supo que se ha ba lan zado al vaco .
Buen as tardes, d ijo una voz de en tre las sombra
de la casa. Las corti nas estaban cerradas.
Santos tom a ire.
Por ms que t rates de en dereza r el rumbo, scrn
pre sers el m ism o, di jo la voz.
Santos fru n ci el ceo. Osear, pregu nt .
Por qu lo h iciste, qu necesidad .
Yo n o h ice n ada, dijo, y dio un paso al frente.
Cuando los ojos se acost u mb raro n a la penuml n.i
de la hab ita cin , descubri la m irada fra de Osrru
N ez a unos metros de l.
Eras un o de los me jores, Santos.
No s a qu te refieres.
1.0 sabes.
Ayda me .

1I pcr i dco, Santos.

\ ."los se pa s la lengua por los labio s. Te refie res


j" t i nn bi s.

10\ zombis m e valen madre, son noticia v ie ja,


dllll ( h r ar Nez, y le lan z u n a seccin del p eri d -

pies.
'uldado, u n a voz a sus espa ldas lo so rpre n d i .
"O P l' S la distancia a la p uerta, a la co cin a, al co 1111. lur, a su pis tola en el cajn supe rior d el trin cha11111 No ten a ninguna posibil idad .
lu nccesario, Sant os, di jo Osear N ez, y se pas
11 1M ruano por el rostro. S por qu lo h ici ste.
x.m ro s mir al sue lo y ley u n encabezad o enceu.nlo con colo r ro jo. La sangre se le fu e a la cabeza.
III I I(J un ma reo. Ese era el peridico nuevo; ento n ces
11110 1.1 de los zombis era de das an ter iore s. En tend i
1 1 11'( I. Ull0 de su herman a.
s.uuos, en verda d qui eres q ue te lo diga.
0 , dijo l, pero la verdad era q ue no exista ra"" I",ra h aberle cont ado a Luis Kur iaki aque llo. El
t \ h 111 del ejrcito en medio del de sierto . Las pacas de
1I1,1I 111 11<1 na y cocan a sien do aca rread as al interi or

111, 1 11 1\
I

di I

~ lg ; l1 t e .

, ",.,,,. Nez se acla r la garganta . Sosp echaba11111\ , pero necesitbam os esta r seguros de que eras t .
,-slo lleva tu firma. Trata ste de hacer lo me jor y lo
1110 Is' e y estoy agrad ecido, pero ha gas lo que ha gas
11 rup rc seguirs sien do el mismo.
\ 1. dijo l.

103

Aparte del periodi sta. hay alguien ms invo lucra

do, pregu nt Osear Nez .


l est haciend o su trabajo, dijo Santos.
y sabes qu es lo peor, que esto no cambiar n ada.

Los cargame ntos slo se retrasarn, habr gritos


ms mu ertos y nada de esto valdr un comino.

104

S, dijo Santos, y pens en su herm an a y su so


brilla y su madre Y. por alguna raz n, a su cabeza l '
lleg la imagen de miles de muertos vivientes con I s
brazos extendidos rode ndolo. Luego fue el d isparo,

I ntv sa ll del diario a las doce de la noche. Justo al


11, g.n ,,1auto, en el estaco namiento de la avenida 16
dI \t'pliembre, u na rfaga de luces lo hizo m irar ha,1,' l.r ntra orilla. Desde un Chevro let oscuro alguien
ti

ou aba el flash de una cmara fotogrfic a. Por un

uuuuen to no supo qu hacer. Se qued pa ralizado

\l'gundo para entonces tirarse al suelo; las luces


\\'Iban . Qu hago, pen s, y enco rvado co rri has1 11'1 vestbulo del di ario. Tras la ventana, vio c uando
1111.,.. 11 se detuvo y el auto arranc.
11 11

1111 1

Iue a ln oficina del jefe de in formacin.


I s,;s plido.
I tlis se pas el dorso de la ma no por la frente.
' HIIIl' 1l acaba de tomarme un chingo de fotos ah
1\11' 1,1.

11 [efe de informacin sac del escrito rio una


hll l\,1 1ranspa rcnte

de plstico . Quieres uno, le pre-

1111 10.

\, hl's algo de eso.


1 't'

qu.

1h' las fotos.

l OS

106

El jefe le qu it la envolt ura a u n bu rrito y le d io


una mordida. No s nada .
Qu pued o bacer.
Con qu.
Con lo de las fotografas .
El jefe lo mir a los ojos. Qu qu ieres hacer.
La oficina com en z a oler a chicharrn en sah, l
verde .
Ya en tiendo, di jo Luis, y el jefe de n form act u
vo lv i a morder su burrito .
Luis se llev las man o s a la c intu ra. Tie nes i1 IJtIl
que ve r en esto, le pregun t .
Nada .
Nada de n ada.
Luis, alguna vez me hicieron lo m ismo y resu ln
ser la polica completa ndo m i exped iente . Todov l.
nem as uno . T, Rossana, Patricio, Moren a, todos, di
jo, y se pa s una serv illeta de papel por la boca .
Y la not a de l avin m ilitar.
No la escr ibiste t .
La not a h aba salido modificada y sin firmm
vio impresa en el peridico, y lo ni co que hll 11 1I
ter m inar de leerla fue tira rlo al bote de la baSUI,1
Eso no sign ifica na da, le d ijo.
Ko s, agreg el jefe, y levant la fotogrnn. 01
hom bre con el balazo en la frent e. Cm o vas con I 1

Igual, dijo. A n no lla maba a l agente l'as\I,1 1I 1


a Santos. Hi zo un apunte men tal para comunn ,11
con ellos lo m s pron to posible.

FI jefe volvi a coloca r la fotog rafa sobre el escr isin an tes ec harle un o jo rpido . Para estos
dd ll.-r a mos inventarnos un vampiro en la ciudad,
tlljo l'i [efe, y se qu edaron en silenc io.
Lu is, al menos por hoy, no le seg uira el juego .
Ih'( orri la o ficina con la mirada.
EIl el escrito rio resaltaban un jarrn con un par
tlr 10 \ .15 marchitas y la fotografa de una nia so n1I00 1I1l' . De la par ed colgaba el dib ujo de lo que pa reI 1.1 wr u na zana horia amorfa que, deduca, haba
10 1u di hujada p or la n i a de la fot o y po r alguna ra11 11 tvn a que ser presum ida. Quin era el jefe de In 11I1 1I1,ll l n . Saba que le gus taban lo s burritos y que
1 III I IJol ame rican o era su deporte, que un par de
I n
hab a asistido al estadio de los Vaqueros, en
l ' dl,I\ ,
I 1 Ide mordi una vez ms su burrito, que ya es1 h 1 pur desaparecer.
1 u.uu os aos tiene tu hija, pregunt Luis.
10 110, 110

1 1111 ('11 .

111 1\ ve ul la foto grafa.


I

1111
11

soh rina, Karen .

""llIa que ten as hermanos.

herma nas, tres hermanos y un a media hervive en Lo s nge les.


111 1\ qllho dec ir algo, pregu ntar sobre el divo rcio
11 1',11 11 1'.\ pero tan s lo atin a decir: Tengo ga nas
I.tl ll 'l lI 1\' u n a hamburguesa.
1111\

Il 1 qlll'

l' 111 0 11 ,

10 7

Es toy pen sado en vo z alta, di jo, y al n o tener m .\

q ue agregar, se despid i.
Volvi a su auto. Antes de salir del ed ificio mi r
h acia ambos lados de la calle. Ence nd i el mo tor
to m la aven ida 16 de septie mbre, hacia el este . Pas
al lad o del McDonald's par a comprarse una Big Mar ,
pero ya haban cerrado. Dos o tres personas se dlstl n
gua n dent ro, limpiando el lugar.
108

D e regreso a casa pens en el va mpiro, el asesin o

del calibre 22, como llamara al homi cida. Ya habl n


ra co n Pastran a, pero antes buscara a Sant os para
saber su opin in sobre la rfaga fotogrfica a la '1 "1'
fue expuesto. Not que le seguan temblando las mu
nos. Mir el reloj y ma rc el nmero del celular dI
San to s. El nmero estaba fuera del rea de servicio
Casi la una de la maan a. Mientras pensaba en la lio

rrasca fot ogrfica y lo que poda significa r, record , I


largo e-mail de su hermana. No lo respon di po rqru
no supo cmo hacerlo. Nunca dio con nin gun a lo
tografa que coi ncidiera co n la descrip cin que dnlJ.1
ella . La fiesta a la que se refera sucedi un mes dt"

uuvn to al llegar al pasado, y a cada mi nu to q ue la


1",lir ula avanza Y no logra hacer que sus pad res se
11I1Io zcao , se va borrando parte por parte, po rqu e,
1111 \' 10 , ese futuro, su futuro, no suceder. A Luis se le
1 I .ip una risita y mir po r el ret rovi so r del auto . La

, ,,,,1,,,1det rs de l era la pupila sin fondo de u n ojo


l}lol ll tcsCO . Las po cas luces encend idas que se refle11""" eran el remedo de un mapa int ergalctico . Al
nadie me sigue, pens, y enc en di un ciga rro.
pregu nt si Rebeca estara en casa y marc el
1I 111 1lt'TO de su celular. Nada. En estos ltimos das
'p"lIas si la haba v isto.
t1l1'1l0 S

,\ t'

1/11 auto lo alcanz en la interseccin de la ca lle


I 'M.tI de P tzcuaro co n la aven ida Paseo Triu nfo. Lui s

111.Il II(Hntico colg el carne t de El Diario de Iu rez en


I II' l l' o"isor. El auto aceler y, segundo s despu s, las
hu I , de los frenos se enc endieron y vo lv ieron a ernp aI /.11 'P. Luis desaceler y mir por el retroviso r. U n a
I h I IIp negra lo alcan z por detrs. El auto comenz
, " I ' .... le el paso ha sta que Luis fren. Chingao, di jo.
1111111 1vl celular; sin saber qu ms hacer marc el n 1111 111 de Rebeca. Y m ientras ella co ntestaba, el vidrio
1, 1.11 110 de Luis tron en m il peda zos, Estoy mu erto ,

pus de la segunda sobredosis (haca cuntos l l) tl


ya, tres, cuatro). En algunas ocasiones senta co m I
aq u ello hubiera ocurri do mucho tiemp o atrs, Ilt'ltl

I " l o,

en o tras, so bre to do por las ma anas al abrir los 0 1(1


sen ta co nl 0 si el pasn ape nas hub iera sucedk lo

1 1I 10 1 ve nta na y de un jaln lo sacaron. Lo arrastra -

Una foto donde l deba aparecer, y como por arll' "


m agia, ya no estaba. Un a foto co mo la de l'oll'f" .,'
[u tu ro, dond e Marty McFly arr iesga su prop io 11 ,,, I

._--_ ..

y esper a que la sangre brotara de algn la-

I 1 p l 'l ()

no hubo nada. Un par de brazo s entraro n

h 1 lanzaro n a la batea de la pick-up. Es m i mo1l1l 1l111 dl' correr, dijo pero no se movi, el cuerpo no
I 1I ptl l H la, aquel jaln haba sido suficien te.
I .tI \'

10 9

Oy : Eres un pen dejo .


Oy: La ca ra al suelo, puto.
Oy: Te crees muy ch lngn .
Eran vo ces distintas, un as ms ronca s que o tras,

r lo s pies de los hombres (cu n tos eran) en tre piedras


sueltas.
Me estoy mu rien do, pen s. Al tratar de levan tar
1,1 ca beza sin ti un arma co ntra la n uca.

pero todas de hierro y doloro sas. La cam io ne ta avan -

zaba y sob re la espalda sen t a un gran peso. Algu ien


iba se n tado sobre l.
110

Oy un par de sirenas en la d istan cia.


Oy u n avin cruzar e l cielo . Se im agi n la n ter-

m itente iu z roja del fuselaje sobre su cab eza.


Oy las ru ed as de la camion eta morder el asfa lto
h asta co nvertirse en terracer a, luego se detuvieron
por co m pleto .
El aire fro co me nz a ca larle. Fue c ua ndo sin ti
a lgo duro golpeando su cabeza. Sup o que iba a mori r.
Pen s en Reh eca y Rossana, en las nalgas de Ro ssa na,
en el cigarro que una vez le neg a un asesino en In
crce l. Pen s en su abuelo m uerto y en la co ca na . El!
el zo m bi en que se haba co nvertido su madre. Esto
es una pe lcu la, se d ijo, y es pe r a que u n supe rh rov
llegara de a lgn lado, del fondo de la tierra , del cen
t ro del Sol, de a lgu na cueva escond ida.
Eres un pendejo, escuch. No sabes que tenem os
o jos en El Diario. Te crees mejor de lo que eres.
y las voces proven an de la oscuridad .

Luego a lguie n dijo ya, Luis apret los ojos h a'l "
que le do liero n ,
Otra voz agreg espe ren.
Se hi zo u n silenc io y Luis escuch su respracn

Cu idado, dij o u n hom bre ronco detrs de l.


Co n tuvo la respiracin. A un os met ro s de ah uno
d i'

estos fanta sma s sin rostro hablaba por telfono y

entre las palabras que cap t es taban seor, por supues(o y entendido. Se dio cuenta de que el celuJar segu a
('" su ma no derecha y Rebeca del otro lado le deI jtl u na y otra ve z que aguantara, pareca que nad ie
In hab a visto.
Ya, gritaron y co rtaron ca rtucho .
Po r favor, dijo Luis Ku r fakl , pero eran fan tasmas y

h 1\ rantasmas no esc uchan . Se dio cuen ta de que esas


W lil ll las ltim as palabras que pronun ciara en v ida,

Alto, grit otra voz.


1.\1 ts Kuriaki solloz .

'lo d os, incluso quien estaba detrs de l, se reple~, II() " , Aprovech para guardar con rapidez el celu-

1,11 en e l bolsillo del pantaln , Murmuraron algo, No


espet el hombre ronco . Es un a orden, repIi,Ig ll jen ms.

1I1,l lIIl'S,
1 \1

acerc u no de ellos. Tien es suerte, le di jo, y


sin ti un golpe en la ca beza.

S l'
1111 \

1 .uan do

abri lo s o jos, se en co ntraba en su auto.


s ueo, dijo, pero la cabeza le come nz a pun.11 y se d io cuenta de que e l vid rio de la ven tan illa

1 111 ' 1111

\(' halla ba roto, Busc el celular en el pantaln y

111

mir la hora . Slo garabatos. El fro se intensific y

No recuerdo nada .

lo s m scul o s le dol an . Qu es esto, dijo, y mir la ca-

Yo escuch todo, creo.

lle; las luces de nen de algu nos negocios seguan encend idas . El celular comenz a timbrar. Era Rebeca.

Qu sucedi.
Rebeca lo tom de la mano .
y m i m adr e, pregunt Lu is.

En dn de ests.

Acaba de irse.

No s.

So co n zombis, dijo, y m ir las flores en un [a-

Ests bien .

111'111 .

No s .
112

Son de una ta l Rossan a, de El Diario.


No me acue rdo de nada .

Cmo te llamas.
N o lo recu erdo .
Descrb em c en dnde ests.

Tenas fiebre.
Crees en D io s.

Eres Rebeca.
Escchame. Tien es que describirme lo que ves

No.

tu alrededo r.
t.us mir. Trat de leer el nombre de las calles,
pero las letras no le hacan nin gn sentido .

Creo que estoy muerto, dijo.


Necesi to que te concentres.
Reco no ci el nego cio de KFC en la esquina.

Ptzcuaro, di jo y t rag saliva, KFe, agreg y volvi


a desmay arse.

Yo tamp oco.
Gua rda ron silencio. Entr una enfermera y sin
.ludar lleg ha sta Luis y ver c el expediente a un
Lulo de la cama. Algo marc en l y a rengln segui1I1I \l'

despidi co n un seco buena s no ches.

ltebeca le apret la man o. Cuando era pequea


" nha con Charles Manson, le d ijo. Le clavaba un
I lh

hi llo en el ojo, pero no serva de nada porque ya

11.I!li; muerto Shacon Tate.


I.ui s trat de inc orp orarse, pero no pud o.

Cuando abr i los ojos se enter de que estaha ('11


un cuarto de hospit al.
Rebeca descansaba a su lado.
Te darn de alta maana por la tarde.
Veo borroso.
Es por el golpe en la nuca.

I)l'sde que te cono c esos sue os terminaron .


No entiendo .
I'al vez qu ieras dorm ir un poco ms.
l'or lo que veo he dormido dem asiado . Aparte es" l ll Ins zombis.
I li S zombis.

113

114

Cierro los ojos y ah estn .


Los zornbis no ex iste n .
Mi madre es un zom bi.
No d igas eso.
Pe ro es verdad, dijo, y las m anos le come nzaron
a temblar.
Rebeca se levant de la silla y se acerc a una
mesita. Quieres un po co de agua, pregu nt, pero no
obtuvo re spu esta, Luis haba vuelto a ce rrar lo s ojos.
Rebeca dej el vaso en la mesita y se acerc a lel
ven tana. Cada da parec a correr ms depri sa. En un
abrir y cerrar de ojos ya era de noche. Toc el vidrio
y lo fro la recon fort. Vio ms all de su reflejo, m\
all de la calle, pasan do los edificios . Por ah anda
ban ios zom bis de Luis y ella no poda h acer nada al
respecto. Sinti el peso del fraca so en sus hombros.
As se llama, d ijo, y su propia voz la sorprend i.

1124 de diciembr e, por una ll am ada ann ima , la polit a localiz lo que al principio parecan diez cuerPO\ enterrados en un a casa aba nd ona da del fraccio n.u uc n to Qu in tas del Valle, al este de la ciudad, muy

de l Puente Internacional Zaragoza. La prim era


t .rva, de la primera cuadra. El trabajo pas a m ano s
d t- 1agente lva ro Lun a Cian . En El Diario, el jefe de
Inform acin le pidi a Rossana que escribiera la no1.1 . Esa vez no hubo ning n zo mbi involucrado, ni
1igl'c suelto, n i vampiro.
El agente lvaro Luna y un eq uipo de di ez poliI as estaran casi un a sem ana en la escena del criuu -n, recolectand o, entre el lodo co nge lado, pedazos
IIl' cuerpo s y ropa. El fro por momentos fue tan inu-uso qu e un par de poli cas sufriero n h ipot ermia .
El 27 de di ciembre por la noch e cay una ligera
neva da que e nto rpeci el t raba jo. Ro dolfo Mariano,
un ston ado del caso, para desperezarse co menz
.1 lan zar bolas de n ieve, has ta que Gloria Olivares,
ru mpa era en tu rno, recibi el dedo me ique de un o
t1l' los cuerpos, justo e n e l pecho. Po r la ni eve que lo
I ('ITa

11 5

envo lva, el dedo qued adherido unos segundos . 1 l.


chamarra azu l de la p olica, ha sta que cay al slll'lo
Alguien se rio, Otros se indignaron y uno, el IlHl\ JII
ven de ellos, le in form al agente Lun a del in cldl'llIt
El agente Lun a sos tuvo un a pltica Con Mariano.
Qu pendejo eres, le di jo en la cocina oscura dI' l.
casa. Sabes qui n es Johnny Knox vi lle.
No, seor.
116

Esto no lo hu biera hech o Iohnny.


No en tie ndo.
Ya s q ue n o ent iendes.
S, seor.
Algo ms que hayas lan zado.
Nada ms ese mei que, seor.
Nada ms.
S, seor.
Ve por un par de botellas de Joh nny Walker.
S, seor.
El agente Lun a se recarg en el fregad ero y mir
por la ven tana, h acia el patio. Alguien iluminaba el
fond o de la fosa co n ayuda de una linterna. Esparcidos
por el terreno los con tos amarillos num erados rcsa ltaban la evidencia.
Qu pen dejo eres, Marian o.
Seor.
Y ya qui ero esas botellas aqu , le dijo, y pu so un a
mano en el ho mbro. Si una de tus hu ellas apa rece
en cualquier parte de este desmadre, te convertirs en
uno de mi s principales sospech osos, por pendejo.

nqu leru durar ms del tiempo necesario aqu, el31


h 1I ~ 1l

"j,

una cena en Las Vegas.


seor, con test el polica y, en cuanto la mano

lli'1.Igl'nte Luna cedi, se apresur a salir de ah .

Alvaro Luna suspir y sali al patio, el aire fro


lt -golpe la cara. Mir los con itos am arillos y la fosa
11\1 lira. Cmo estn las cosas, le pregunt a un a muIt't polica qu e estaba dentro de la fosa.
Aqu hay ms de diez cuerpos, dijo ella.
En dnde vas a pasar el ao nuevo.
En El Paso, con mi mam.
Voy a Las Vegas, a ver a Cher. Los boletos est n
hk ll caros.
Me ima gin o.
Y Ral, pregunt Lu na .
En Las Cruc es. Un juego de basquetbol.
Cunto pa ra que se filtr e a la prensa, lo de los catl,veres.
Con estos no se sabe, dijo la mujer polica m irando en derredor.
Un par de po licas plat icaba al fondo del patio ,
ot ros escriban mensajes en su celular. El ms joven
hurgaba un montculo de tierra. Sepa raba un pedazo, lo pon a en una bscula, tomaba el peso, lo reglsIraba en un a libreta y despus vaciaba tod o en otro
ro n ten edor. El mont culo era eno rme y el trabajo
innecesario.
Qu est haciendo, le pregunt a la muj er polica .
Paga sus pecados.

117

Paga sus pecados.


S. l fue quien delat a Mariano.
El agente lvaro Luna sonri. Pero slo por el dl,1
de hoy.
Ni un d a ms.

118

1,1 madre de Luis llam a la puerta .


Luis abri.
Feliz Navidad, le dijo su mad re y lo abraz. Pudo
pt'rdhir un ligero aroma a wh isky en su alien to.

Tu herm an a te man da muchos saludos, di jo

lvaro Luna se frot las man os y se despidi ,i< '

uilcntras le pon a u n paqu ete c uadrado env uelto en

la mu jer pol ic a. Cam in hacia la casa sorteando 10\


eanitos amarill os. Dentro tom su celular y marco
un nmero.

".pel con rboles de Navidad pintados a mano.


Le acabo de escribir. Le cont todo. Al menos lo

Hola, dijo un a mujer del otro lado de la lnea,


cmo ests.
Bien, corazn, todo bien .

q m~

me cue nta Rebeca .

Es guapa.
S.
Cuntos aos tien e.

Qu hay de nuevo .

No importa.

Ms cuerpos, eso es lo que hay.


Ms de diez.

A m s qu e me imp orta.

S, pero de esto no digas nada. Deja que sea al.


guien m s.

Me pides demas iado.


Quiero ver cunto se tardan los otros di arios en
enterarse.
En serio.
PO I

una sola o casin .

No s, dijo la mu jer, pero lvaro Luna supo qu e

s lo hara.
y en tonces para qu me hablas, agreg e lla.

Djalo por la paz.


El sol estaba por ocultarse. Luis mir la hora en el
celular, las seis de la tarde en punto.
Vay a pasar la Navidad con tu ta Martha. Me
imagino qu e te qu edars aqu co n .. .

Rebeca.
Perdn.
Tal vez qui eras ir con nosotro s.
An no me siento bien.

Ella se qued mirand o sus manos un largo


rato.

Para co n firm ar qu e no lo sabas.

Por qu crees que te haya sucedido tal cosa.

Pues ya lo sabes.
Gracias.

No lo s.

Me dijo tu padre que te llamar pron to.


Gracias.

119

Luego se hizo un silenc io entre ellos . El m otor ti I


refrigerador se accion. Un zum bido recon fortan uSabes qu n ovela le la sem ana pasada. Una dl' 1111
tal Bernal. Una nove lta muy divertida .

1II.11lre,

lo mir, lo to m entre las manos y lo ~?it

"" poquit o. Ni idea de lo que pod ra ser. Lo dej de


nuevac uent a en la m esa. Ya lo abrira.

Cmo te sien tes.


Mejor.

120

Yo tambin estoy un poco mej or, di jo, pero no III


ment nada so bre los gritos y las cobijas empapadll
de sudor a media noche.
Tu ta me espera.

Lo entiendo.
y me gustara decirte algo ms.
Dime .

Algo en ... algo en Rebeca no me agrad a.


Est bien.
Lo ten a qu e deci r, es mi in stinto, iba a reven uu
si no lo h ac a.

Lo entiendo, ag reg l.
y no tien e nada que ver co n la edad. Es una mu jer

muy guapa.
Gracias, mam, le dijo y la volvi a abrazar. La

acompa a la puerta y se despidieron.


Te espe ro en casa.
S} dijo Luis, y en un impulso la vol vi a abrazar.

Cua ndo Se despidi fue basta la cocina y se sirvi


un t rago de whisky. Se qued m irando las luces de la
ciudad. Las luces rojas del cerro Bola. Las luces blan cas de la montaa Franklin . De un golpe se bebi
su vaso y vo lvi a servirse. Fue hasta el regalo de su

121

11 ,1 \1,1 la puerta. El hombre que tena enfrente era


III ,h hajo que l, sin em bargo, su rostro de piedra y
1,1bo ca apen as co mo una hendidura lo intimidaban .

I ' d noche estuviste con juancho Vzquez y Marcelo


"lld a.
S.
A las do s de la ma a na co mpraste u nos burritos
122

El teniente Martn ez le pidi a Pastran a que tomara

asiento. Sin quitarle la vista de encima, le arroj a 1m


p iernas u na fotografa donde el rostro molido a gol
pes de Adrin Valt ierra m iraba al objetivo .
Pastra na tom la foto, la gir un poco y la coloc
sobre el escritorio atiborrad o de papeles y sobres.
No te ha gas p endejo, Pastrana.
Pastrana mir hacia la pared de la derecha don de colgaba el cuadro de un barco en medio de una
tem pestad. Era un barco diminuto, navega ndo en UIl

agu a roja y violenta.


No ha hech o ni ng una acusa ci n, dijo Martn ez.

Ni la h ar, con test Pastrana.


Cuando Marino me habl de ti me advir ti qu e
estas co sas sucederan, aho ra ten go que apechugar.
Pastrana buf.
Cmo est la mujer.
Al menos sabe rnos qu e no perd er el ojo.
Me sales caro, Pastrana.
No soy yo, teniente.
Dios, dijo el ten iente, y se pu so de pie y cam in

" " El Ca m pa, don de comiste con Miranda. Me im aHillo que conoces el luga r.
S.

Lo dem s d jarn elo a m .


Duraron un tie mpo en silencio hasta qu e el teltono son y Martnez levant el auricular. No es toy
para na d ie, dij o y colg.
Pastrana se levant y se acerc a la pintura de l
barco, El mar pareca esta r hech o de fuego. Tal vez
,s era el mar a fin de cuentas.
Me estoy volviendo vie jo, dijo Mart nez.
Todos n os estamos volv iendo vi ejos.

Eres todo u n poeta.


Lo qu e usted diga.
Te dir algo, s que sabes mu y bien por qu h ago
esto . S qu e sabes qu e no soy un com pleto imbcil
r eso me agrada y tod o se reduce a que prefiero a un
maldito vigilant e de mi lado qu e en el bando con trario.
y cul es ese ba ndo.

El otro, dijo, y pa ra no agregar ms se pas la mano por la boca, impidiendo qu e las palabras fluyeran.

123

Lo en tiendo .
Te seg uir ay udando, Pastrana .
y yo lo seguir ayud ando en tod o lo qu e pu eda,
ten iente.

124

Sobre las dem s mu jeres golpeadas, qu hay.


La mayor a se h a recuperado, la m ayora sigue vi.
viendo en Iu rez, excepto por una que se regres l
Zacatecas, pero no hay m s qu e decir.
Un po co, s.
Dgam e.
Martnez se acerc al agente. En estos cin co aos
has mandado a l hospit al a una decena de cabrones
co mo Valtl erra, un os eran peor es que otros y me pregunt.? de qu ha servido, si te sientes mejor al respecto, si has hech o la diferencia.
Q u mpo rta .
Martn ez se pas un a m ano por el rostro y ence ndi la luz de la oficina. Eran las siete de la tarde y el
sol ya se hab a oc ultado tras el cerro Bola. En la distancia, sobre la m onta a Franklin, en El Paso, Texas,
se encendieron las luces que formaban el co ntorn o
de una estrella gigant esca de cinco picos . Una cosa
ms, dijo y se acerc de nuevo a su esc ritorio, y de
uno de los cajones sac un sobre amarillo y se lo dio
en la mano. Encrgate de esto.
Pastrana abri el sobre y retir e l conte n ido, eran
fotografas. En ellas aparecan tr es hombres muertos
con un bal azo en la cabe za. Un solo bal azo limpio.
Reconoci a uno de ellos.

Te inv ito a cenar.


Maa na .
Es un restaurante de carnes por la 16 de sept em hre, a una cuadra del mercado ju rez, tal vez lo co -

nozcas.
Pastrana baj la m irad a al suelo trata ndo de recorda r. Vamos , dijo al fin , y abri la pu erta. El tap tap
de una mquina de escribir se hizo evidente junto
con murmullos y ti mbres de tel fon o.
El teniente Martne z se alegr de que Pastrana se
most rara entusiasta, al menos un poco . O tal vez slo
quera aparentado, pero n o qui so pen sar dema siado .
l.o nico que desea ba era comerse un buen filete san griento co n papas fritas.

125

lalla ' en el tiemPo qlle


", /ka. Erall las diez de la rilar " } . . beber alcohol
__
la habla ,,'S,O
1I"I/ ;" I1IOS conoClend01lOS 110
~ .
trago a Silvaso
,relite a ,m DIOII/l
l,a, tl'l/Iprallo. Se puso I
.
cedi Cada pa"
1
esa noche me Sll
'
l ' t Oll/enzo a narrar o que
o un travesano
" d
boca era com
que se desprendla e Sil
t ~a \" en otros me
rentos asen 1 I
l' tl lllJ puente colgante, en 111011
do a las diez, Y
1- ' Iwb comenza
.,/U'daba tieso. La p atlCa
. ' Al terminar, mi vaso
1'('II te minutos ms tarde conclui o. . abeza
127

.
t1f110 Y m' c
j'\ li lba seco, igual que 1111 garg
restatlrante en
ir ~
comer el un
Esa tarde me im'l o a
r eqllh>
ocacin
p
De regreso y po
robens, cerca de El aSO.
,
oca transitada que
fom amos una carretera secundana Pd ra contemplar
'0 la ve/oclda pa
//0 colloca. Rebeca re, u
d "1I casas de dos
"
mpOs de algo o r

///s alrededores. VaClOS ca


'OCO ellcelldldo
etera
con
mI l '
l/leros al costado de Ia carr
r
.'
a Y colores sobrios,
'fi'
de
madera
vlel
.
S
('11 la entrada, edl CIO
e
rdianeshacten
. al qlle ~ ua
d
l/ogales o moros invernan o Ig l

do la siesta.
.. fue lo nicoque rontNUllca ne estadoaqu, le dIJe, y
I recorrido. Ella
,
urante e
pi el silencio entre nosotros ,
t c 11'; pierna Y
1 lel volante, o
.
despeg la lil aila derec'" ,
' d d dill",a tan d,0S1 a

a
lumnl
~i~lli conduciendo baJo es
le pero la luz era
I
. odela tar< ,
ticit de explicar. Eran as clllC
1" 'ba a morir en los
td"" que el . w'
mu;, tenue, como si 110S IJera
que 110 tardara
. t
Vlla luz (lItura
prximos diez mmu os.
'
nosotros loS que
uiz ramOS
eU reclamar su tiempo, (J q
I : turo de las cosas.
nera en e /11
irr umpimos de alguna ma
1 ecorr ido desemboqlle
Cuarenta mili utas despus de a
r te y crllzamos el
. 11 0S al aes
I
camas a la Interestata , grral

'. ,/In,

126

RI ltimo sbado de diciembre, mientras Rebeca cuuluba de m, El Diario report un muerto ms en Ciudud

Iurez. A Salitas lo encontraron al lado de la preparatoria


AItavista, cerca del Ro Bravo. Le abrieron la garganta

y por ah le sacaron la lengua, que le colgaba como 1m


corbatin. Hasta entonces me senta traicionadopor todos
mis compa eros del peridico. Por Morena y por mi je/".
Era COmo si estuviera en medio de la pelcula Th e Th ing,
donde cualquiera poda ser el monstruo disfrazado de
persona. lisa tarde lom Ima de la.' mantas del clset F
me la ech ell la espalda. Me sent [rente al televisor v l/I('
qued ah, pensando en el futuro que vena a m en r;n revotui de cosas, rostros amalgamados, situaciones, risas
y edificios oscuros. Cuando me di cuenta Fa era de noche.
E/ domingo por la ma ana, preparando el desayuno,
Rebeca me retir la esptula de la mano y me gui hasta
la mesa. Ale sent incmodo porque de alguna manera,
y sin querer, vi a mi madre frente a m. Supongo que file
una reaccin normal. Ale pidi qlleme sentara y me pregunt si i'a recordaba lo sucedido. Le dije que 110 del todo.
Se levant, fue izasta el colige/adar i' sac la botella de

<

1
I

I
I

puente a casa. Rla de pronto me mir, quiso decir 11(,\(1


pero no se atrevi. Al llegar a casa le dije:
S porqu esa noche no mor.
Rebeca apag el motor del auto }' me mir.
No mor porque Santos estaba muriendo, tal I/( 'Z /m
convencio de que Fano tena nada que ver.
Lo crees, me pregunt.
y nos ab razamos. La verda d es qu e 11(/
saba por qu sobreviv esa noche.
N o, le dije,

128

L e ped un par de hora s a solas para pon er en onlcn

mi cabeza.
No hagas liada estpido, me dijo r me dio UII beso,
ahora te alcanzo, agreg y entren su casa.
Ya en m i recmara, Samuel me pregunto c mo 11Ie

ti ('so de la s ocho de la noch e mir el patio a travs


.11' fa ventan a; el f rio estaba resultando duro ese invierno
l' fll'i manchon es de pasto amarillo se vean redu cidos a
1\If'l 1 /~ 110 m s grandes de di ez

centmet ros espa rcidas por

y en ese
al cont rar io del [tio que habia roto

, / /fH:ar. Pens en el verano que estaba p or venir


",o,;u" to sup e que,

1.1\ tuberias tajando con sus cuchillos de hi elo, el verano


I'I'('ll tdra paredes y

vidrios y neumticos. Na die sobtevi-

d ra, ni siqu iera

que haba escapado a la mu erte tres

} 'O

1'{'("c'S.

Fui a la cocina, abri una cajet illa nllem de cigarros y


/I/('

film UII por junto al (regadero.

sentfa.

No lo s.

Los ltimos dias me han parecido m s cortos, agre.


gl.
Osear N ez me mand matar igual que a ti, igua l

que a Santos.
Quin es Santos.
Ya 110 importa, le dije.
Pero t no ests muerto.
Porque algo sali mal.
Algo de ltimo momento.

S.

En vano esper a que Samuel dijera algo ms,


Me acerqual bur dondeguardaba la bolsita de coca,
no me mov ni un pice,

ror la madrugada m e l/ am Morena.


Pin che Luis, encontram os a Oscar

N ez en un ba l-

do del lote Bram


Medio dormido y con ci erta expectativa, me vesti. L e
di un beso a Rebeca.

A dn de vas, m e dij o.

Trabajo.
~~ll elve

a la cam a.

No pu edo, le dije, y sin espera r a qu e m e recriminara


algo, sal al auto. Haca bastante (ro. Tom el Rivereo
hacia el oeste, ha sta la escena del crimen.
Morena me esperaba a la orilla de la oscura y vaefa
carretera. Ah no habia ms que monte r yerbaio.
Pin che

fria,

dijo cumu lo est uve a su lado,

y comen-

zamos a caminar hasta un descampado. Los di entes me

129

130

chasqueaban. No mames, dijo Morena, y me detlll'O r ll


seco)' puso una de sus mallos en mi hombro.
Estoy bien, le dije.
Pinche Luis, me elijo, y extendi la mano libre y )'0 \(
la estrech.
Todo bien, le dije, }'reanudamos la caminata un poc 11
ms all, pasamos unos matorrales y a 10 lejos escucha
mas los aullidos de los coyotes. El cielo estaba despejado
y la Va Lctea nos iluminaba. Poda decirque el fro em
insoportable, sus dientes me roan las orejas ;' cuulqulet
otraparte del cuerpo que tuviera al descubierto.
EII cualquier momento llegar la pinche polica, dijo
Morena, y apunt hacia un mezquite roto unos metros
ms all. Luego accloll el flash de la c ma ra. Ah! estaha Osear N ez , Nos acercamos. Una parte del rostro sc'
la haban comido Jos perros ;v los coyotes, pero no cabta
duda, era el mismo tipo de ojos claros que tena en una
foto en casa. Le faltaba la mitad del rostro y las orejas,
COmo si el desierto [uera el mar y los coyotes y perros sal.
vajes, peces hambrientos. Las manos tambin le faltaban.
Cmo sabes que es Oscar l'v'ez, le dije sin pensarlo
demasiado.
No chingues, Luis.
Est bien, le contest. Cmo te enteraste, pregunt,
pero no me oy o no me quiso contestar.
Le pedi a Morena que tomara suficientes fotografas,
como si de esta maneraconfirmarala muerte y sobretodo
la asegurara. Dej que siguiera con SIl trabajo )' regres
al descampado que pasamos minutos antes, encend un

iSllTro. La ciudad desde ahi era lIna mancha de luces


enmarcada por el silbido de la locomotora a lo lejos. En

1 /1,~ ';11

punto descubr las marcas de los neumticos de un


Por aqu pasaron, le dije a Morena, y l sigui las
tnwtlns con su cmara. Con slo "'ef, supe que ah haba
' fh"{'tiido una ligera pelea, quiz empujones, U11 arrebato
dI' optimismo en forma degolpe, un no morir hoy, quiz.
1\ si. lo arrastraron hasta el mezquite aquel.
Pobre pendeio, dijo Morena.
No coment nada, me qued ah filmando y iugando
(1111 las monedas que traa en el bolsillo del pantaln.
Por un momento dud que tuera Oscar Nez ;~ para
deshacerme de esa sensacin de vrtigo} regres al cuerpo
11 constatar lo que ya saba. Al verlo no pude ms que
sonreir.
El celular ell el auto marcaba dos llamadas perdidas
tic Rebeca.
Ve regreso el casa, el cielo secerrde pronto y comenz
II itover. Las gotas eran tan delgadas que pens en copos
de nieve, pero el reporte meteorolgico para esa semana
110 deca nada al respecto.
Cuando llegu a cosa eran las seis de la mailana i'
;ltaba poco para que clareara. Rebeca bebia ulla taza de
caf en la cocina.
Todo bien, me pregunt.
Todo bien, colltest, y me acerqu a la cafetera y me
servcaf.
Te ves relajado.
Osear N ez est muerto.

1111 10.

131

No entiendo.
Por alguna razn creo que ya no me molestarn. Mire'
hacia fuera, la lluvia ltabia pasado r el horizonte era dc'
un naranja intensa, corno si alguien estuviera encendiendo basuraen el desierto. Una toneladade papel r plstico
siendo reducida a brasa. Pero nadie lo sabe, dije.

1]2

1'. 1agente Pastr an a lleg al Centro de Rehabilitacin


Social a las on ce horas. Baj del auto, mir al cielo
>' se retir los lentes osc uros. El fro de inmediato se
a rremolin en los pies del agente. Sin ms, co menz
,1 caminar. Pas la puerta princip al, salud a los cusrodios, se registr y sigu i por uno de los pasillos mal
ilumi na dos h asta el dep ar tamento de Preven cin.
Cu nto tiempo, le d ijo Victo ria Aguilera desde un
vscritoro con un telfono negro, una carpeta rosa y
un bolgrafo.
Siemp re es demasiado, dijo Pastrana. Dej en el
escritorio un sobre amarillo y tom asiento.
Hace un a llamada que no no s vemos.
S, y por eso me disculpo.
Un a o ms para las eleccion es, y ta l vez me vaya
al ayuntamiento.
Eso es bue no.
Es mejor qu e esto, d ijo, y se pa s la mano por el
cuello, Hace dos das hub o un motn donde m urieron dos reos.
Pastrana sostuvo la respiracin . Tienes miedo .

133

No, dijo ella, y tom el sobre. Ya no po demos COIl


tanto trabajo.
Es rpido. en menos de lo qu e crees esta r en la
calle.
Victoria Aguilera lo mir de so slayo y retir la..
fotns de los cuerpos con un balazo en la cabeza .
So n tres. Asesinado s de la mi sma manera, di jo

Pastrana.
134

Nunca es de la mi sma man era.


Tienes razn.

Y yo qu tengo qu e ver con esto.


Uno de ellos fue un violador. A los otrns nn los
conozco.
Victoria Aguilc ra separ las fotos en tres gru po s sobre su escritorio. Como si una gitana estuvera

leyendn las cartas.


Ese es Carlos Ga rca Miranda, dijo el agente, y
ech el cue rpn sobre el respaldo de la silla .
Aj, di jo Vic tor ia Aguil era, y de un o de los cajones

del escrito rio ex trajo un papelito donde escribi el


nombre. Se levant y se lo entreg a su asistente en

la puert a.
De los otros dos no s nada. En las fotos un hom bre ten a e l cabe llo muy rizado, el o tro era rubio.
A ver qu n os dice Adri a n a, dijo Victo ria Aguilera.

Se pas la man o por el cuello y mir al agente . Hay


das que no puedo dormi r. He pedido m i cambin ta ntas veces. Hace un ao ingresaron a un tipo que no
aguant la bienvenida, ya sabes. Cuando me en ter

,
Haba matadv a
" 'nt lstima por el. Luego ya no.
d I
rez cerca e
1
d
J
11110 de sus prim os en el Val e
e ti
"
~l iIln. Prim ero le quit la piel, luego le arrojo aguar~
_
.
1 d io de comer, }
die nte le corto los genita les y se os
d
- . 1 1 del' ama rra o
,
' ''' si fuera poco, le unto rrue y o , b 1
1
1 de un ar o .
d 1
cerca de un hormiguero, a l final lo ca g
. . .
, ,. 'o durante to a a
La auto psia [ndtca que est uvo \ 1\

tor t ura,

135

Qu mundo.
- en la
De pesadilla .
Guardaro n silenci o hasta que Adrian a en tro d
.,
.
. 'o el a rch ivv e
ofi cina y deln en medio d el escn ton
Carlos Garca Miranda.
. , No
Victoria Aguilera lo acerc a ella Y lo hOJeO. - 1
.
"
d" o y le paso e
hav nada peor que un a v lolac n, I]
~
.
,
' a foto s de 11Ule
a rch ivo al agen te Pastrana . Co n te rn d
olpeadns Y e
res con el ro stro, los senos y e1 se xO g
, .
I

. ca v ICtnI13S se

color viol ceo oscuro . En las Cl11


.
'1 ,
Sahva ce u
hallaron todo ti pn de pruebas cu lposas.
Ictt_
. Todas las VIC I
las epiteliales, vello, pestanas, celas.
,
_
. , .
PastTana y son

1111

mas sobrev iv ieron . Muo fijament e a

ri. Apuesto a que sabes m s.


Sobre qu .
it sab er
.
o n eceSl O
No me m atentend as. Pastrana, n
, t n
t Quiz estlS a
d
ms de lo ne cesario para ayu ar e.
.
t
este infelIZ es
contento co mo yo de qu e al men o S
muerto.

Pastrana cruz los brazos.


No seas tan duro co ntigo .

v volve-

136

Pastrana hi zo h acia atrs la silla y se leva nt.


Est bien. En cua nto me entere de algo de esu
dos te llam o.
Gracias, dijo Pastran a, y dio medi a vue lta. Anude salir, sin mi rarla le dijo que pronto la llam ara,
qu e saldran como lo tenan previsto. Dej la oficln:
y Victoria Aguilera escuch cua ndo se despidi d,'
Adriana .
Sin duda la exci taba . Tal ve z era su sequedad . 1,.1
du reza co n que se presentaba. Se qued un mo ment o

mirando la puerta blanca de la oficina. Hoy no 1"


puedo ver, di jo con voz ronca imitando al agent e. 'sl'
conocan desde haca dos aos . Pastrana e ra duro,

pero tambin ella, de algu na manera. Lo haba nvtado a cenar varias veces. As llegaron a lo s besos, y
po r fin a un acos t n . Fue com o coger con un a m qulna . y se jur no intentarlo de nuevo, pero de pron to

se sorprend a pe nsando en aquel hombre.

En verdad, el agente Pastrana saba ms de lo que le


cont a Victoria Agulcra, la jefa del Depart am ento
Preven tivo . Ella tena razn. Por m s que los aseslnatos se parecieran , nadi e mora igu al. El cuerpo de

Carlos Garca, apa rte de tener un ba lazo en la cabeza,


ten a un par de disparos ms. Uno en el abdomen, que
le perfor el hgado, y otro en el mus lo izquie rdo .
Alo nso Vzcar ra, el m dico forense, lo haba anota-

do en el expediente. Lo u ltimaron mi entr as estaba

i k-vnudo, despus lo desa ng raro n, baaron .


ron a ves tir.

'

El cuerp o del homb re de cabello rizado no te ma


.
. 1
b lazo limpi o en
ma rcas de forcejeo, snnp emente un a
.
d . de la espalda
1.1 sien . Ten a las man os atadas

etras

o m una cintilla de plstico ajusta ble.


Lo ms ex trao era que el cue rpo estaba desn~do
erte neCla a
con la ropa a su lado, pero la rop a 1e P
(:arlos Garca.
Eso signifi caba qu e la rop a qu e llevaba puesta
(iarc a no era de l.
t " 1 s rnaCorrecto, dijo Alon so v zcarra, y se me 10 a
nos en las bo lsas de la bata blanca.

Entonces de qui n era.


No s. Tal ve z pron to enc uentren el cadver de
algu ien m s.
~o tien e sentido.

An no.
' 'gullfica
Si a un muerto le cambia n la ro pa, que Si
,
dijo Pastran a.
Eso no m e co rrespo nde.

.
. 1
te sin qUItar la
Tendr s algo mas, pregunto e agen
mirada del cuerpo .
.

h a del ch ino .
El cuerpo del rubi o no va na mUC
Aunque su ropa s es la suya. Otra cosa important e,
lo s tres cuer pos tienen estas ma rcas.

. . 1
tos y mi r los
El agente Pastra na se masa leo os O)
arch ivos frente a l. Electrici dad, dijo.
S.

137

Cundo se enterarn los perid icos.

No he dicho nada.
Cundo.
Tres sema n as.
Tres.

Cuando m ucho.
Gracias.
138

El cuarto cadver fue un descubrimiento de Israel


l'iuchu k, a la entrada del monumento a Benito j u en el parque Cham iza l.
Israel llam a Lil a ll ernn dez, su mujer, y le con-

I"l'Z,

l del hallazgo.

Qu haces ah.
Toma r fot os.

y le tomaste un a foto al cuerpo.


No, dijo, pero luego agreg: slo una para que lo

veas y la borro .
Ll ama a la polica.
No.
Ento nces llamar yo.
Qu c rees qu e va n a hacer.

AJ me nos retirar el cuerpo .


Israel se lo pen s . Est bien, dijo, y colg.
Mir el c uerpo, e n la cabeza te n a un pequeo
hoyo n egro . Nu nca haba visto un cadver. No ten a

nada que ver con las pelculas. La piel era de un color


lechoso y los ojos estaban abiertos. Era el remedo de
un hombre .

139

140

Sali de las blan cas paredes que lo co nterua n,


se dirigi al norte, ha sta un tel fon o pblico en la,
afu eras de la oficina de Relaciones Exteriores, y lln
m a la polica. En un puesto cerca de ah co m pro
una Coca-Cola sabo r cereza; aunque era una ma a
na bastante fra, el refresco lo confort . Luego regres
y se apos t cerca de l mo n umento, lo su ficiente para
no levantar sospechas. A la media hora apa reci un
hombre de lentes n egros. Lo mir a travs de su ('fa
mara y se dio cue nta de que sus facciones era n duras,
como si se tratara de un robot, m s tarde le dira a su
esposa que pareca una imita cin bastante acertada
de Terminator. Ant es de internarse en el monumento, el hombre se ret ir los lentes y mir en derr edor,
como int uyendo qu e algui en lo espiaba . Israel baj
la cmara, chingao, d jo, y en cuanto el homhre St'
perd i en el monumento aprovech para ponerse depie y regresar a casa .

Pastr ana se puso en cuclillas y mi r el cue rpo des nu do. Un solo balazo en la frente. l.a ropa dob lada a
unos metros de l. Los ojos del mu ert o miraban al
norte . Un a rfaga de aire fro ara el rostro del agen te. El cadver, co n las m anos ata das detrs de la espa lda, tena los ojos gri ses y una cicatri z vieja en la
barbilla.
Pastrana mir el suelo. Resaltaban los mancho nes qu e antes h aban sido ch icles y las co rcho latas

herrumbrosas. Vid rios de botellas vicj as.lIojas de peridico formaban una pa sta compact a por las lluvias
y la nieve. Nin gn rastro de sangre.
En la esq uin a derecha del edifi cio, cerc a de los
pies del mue rto, vi o un bot n rojo, grueso, co mo de
alguna ch am arra gran de y pes ada. Sin pen sarlo lo tom pa ra guardarlo en el bo lslllo de su cam isa . Se levan t y mir hacia el sur, a travs de los vie jos tr oncos de los rboles qu e invern aban esc uch el trfi co
del puente internacion al que estaba cerca de ah.
Nadie, excepto yo, sabe qu e ests aq u, dijo el
agen te, y escupi a un lad o de l cue rpo. El aire ola a
aren a mo jad a. Sostu vo la resp iraci n y dijo en voz alla: Qu m ilagro.
Buen os das, agente.
Tantos aos en esto y an no s cmo le hacen
para llegar tan pronto.
S qu e lo sabe .
El agente Pastr ana dirigi la m irad a hacia Luis
Kuriaki. Eso ya lo s, d ijo.
Lui s dio un paso y seal el cuerpo. Otro m s.
Otro m s, Kuria ki.
Co n este va n cuatro.
Qu m s sabes .
Nada m s, agente.
Qu piensas, tigres o zombis.
Ninguno de los do s.
Ninguno.
Esto es la ob ra de un vampiro.

14 1

142

Pastrana mir el cue rpo, meditando. Tal vez, dijo,


y se cru z de brazos.
Pronto lo leer en el perid ico.
Por supuesto que s.
Luis Ku riaki di rigi la cmara al cue rpo y torn
varias fotografas.
Siemp re andas solo.
Al fotgrafo lo enviaron a cubr ir otra n ota.
No deberas andar so lo, ests en la mera boca del
lobo.
A qu se refiere.
Pastran a volvi a di rigirle la mirada, pero no di.
jo nada. Con la dura ex presin en el rostro fue sufi ciente.
Ya estuve en la boca del lobo, dijo Lu is Kuriaki.
S, pregu nt el agen te.
Hace tres semana s me levantaron y por alguna ra.
zn sigo vivo. Pienso que Osear Nez tuvo que ver.
Pastrana no se inmut.
Ta l vez alguien en El Diario, agreg Luis.
Siempre hay a lguien en El Diario, dijo Past ran a y
agreg : En qu ests met ido.
Estaba.
Ests .
Me imagino que no lec los peridicos.
Eso es arroganc ia.
Lo siento.
Viste emo term in Osear N ez .
S.

Mien tras juegas al repo rtero, alguien juega a los


zombis.
Muy cierto .
Pastran a sac su celular del bolsillo del panta ln.
Tengo qu llam ar, dijo.
Luis d io otro paso y leva nt la ma no. Agente,
dijo, pero no supo qu ms agregar. Pastrana esper
un segundo, luego sigui su cam ino hacia fuera del
mon umento.
Luis se qued solo, Estaba ah porque el jefe de
infor macin lo haba llam ado y le haba pedido qu e
regresara, que era impo rtante, que necesitaba terminar la nota sobre los vampiros.
Yo no tu ve n ada qu ver con lo tuyo, le dijo el
jefe de informacin. En verdad lo siento. Aunque te
advert. Pensaba que se iran contra Patricio.

143

144

Re beca abri los ojos. Eran las once de la maana.


Mir el telfono, pero ya no ten a tiempo de llamar
a su madre. Se dio un bao, se visti y sali. El auto
de Luis no estaba en su lugar. Mejor,dijo, y subi a su
Ford Fiesta blan co y tom el bulevar Fern ndez hacia el norte. Diez m inutos despus entr en la colon ia El Futuro, pas junto a la Parro quia de la Sagrada
Familia, lleg a la calle Salvador Novo y estacio n su
auto sobre la Pablo Neruda, frente al parque solitario. Ah estaba el pasamanos desp intado, las llantas
viejas don de los ni os jugaban y la cancha de basquetbol Con ambos tableros rotos. Son ri. Cruz la
peque a calle y toc el tim bre de la vivienda marcada con el nme ro diez.
Alejandra Salazar abri la puerta . Antes de entrar,
ambas mir aron de soslayo el parque.
En la sala haba un a decena de mujeres. Unas
charlaban entre ellas, otras, de o jo s rojos, miraban
el suelo.
Cmo ests.
Igual, co ntest y mir en derredor.

Luego tomaron asiento y comenzaron a hablar


una por una.
Bien, deca Rebeca espord icamente. S, deca
otras veces.
En algn moment o, Alejandra dej su ta za de
caf en el suelo, se levant de la silla, se acerc a ella
y se aclar la garganta; las dems guardaron silencio.
La mayora de estos crmenes siguen impunes Ya las
mujeres desaparecidas nadie las busca... Y los asesinat os conti nan, dijo, y se apoy en el hom b ro de
Rebeca. Dejemos de ser cmp lices, agreg, Yhabl sobre su hija desaparecida cuatro aos atr s, Ydijo qu e
por las no ches sin ms abra los ojos pensando qu e la
chica estaba en el zagun y no se atreva a llamar por
haberse ido co n sus amigas tanto tiempo. Pero ya en
la puer ta, ante s de qu itar el pestillo y gira r la perilla,
saba que no estara all y lloraba y su ma rido bajaba
para juntos mi rar la calle vac a. No podemos permitirlo, debemos ser la resistencia, nad ie vendr a ayudarno s, los balazos han am edrentado la lucha, eso
sign ifica algo, un golpe fue rte para ambos lados, pero
un golpe imp ortante a fin de cuentas. No no s harn
callar, di jo, y habl de las estrellas, de la luz que las
guiara hacia sus desaparecidas, Adriana de quin ce
ao s, Claudia de on ce y Yadir a de catorce, perdidas
en aquella no che inmensa do nde no amaneca nunca. Pero no todas estn en esa situacin, dijo, y le
apret el h om bro a Rebeca. No ms violad ores n i asesinos . No m s mujere s violent adas y desap arecida s. y

14S

146

ms de cuatro mujeres levantaron la mano y co n un


gran esfuerzo Rebeca lo hizo tambi n. No, dijo ju nto
co n ellas. Viviana, la h ija de Sara, fue brutalmente
abusada h ace dos a os, Andre a Duarte, de oc ho, sufri un ataque terrible de su vecin o. Ana Gallardo,
de un sacerdote, Eva Ziga, Sandra Ram rez, Beatriz
Lucio y ia hi ja de nu estra amiga Rebeca aqu presente, a quien ustedes le h an entr egado su corazn. Las
mujeres se levant aron y se abrazaro n, Rebeca llor
junto con ellas. Co mo lo hizo por das o por aos
a solas en a lgn lugar del mundo sin saber por qu
lloraba. Sin tapuj os, llor largas lgrimas ant iguas y
de alguna manera ran cias. Mir la casa pequ ea, las
mujeres a su lado y el olor a caf que en volva el Iugar. Todo era tan real y pesado, las tazas tenan un
es pacio justo en el mundo, el crista l de az car sobre
el man tel, el trazo de la cuc hara, la mesa que sos tena
a las mu jeres, y el sucio, el umbra l y la ausencia, el
lod o en el parqu e de ah i fuera, la sangre escondida,
el llan to po r un a hi ja que no exista, y por Amy que
haba tom ado su lugar y forma, co mo un vaso pleno de mordidas y golp es. Llor porque menta y, sin
emba rgo, el llanto por su h ija falsa no era a rtificial,
era tan real co mo una v scera o un pozo. Nu nca lo
hubi era pensando, sus mi edos y sus obsesiones entre Amy, su mejor am iga, y Ch arles Mans on, su peor
ene m igo, hab an tom ado un cauce y cuando ella saliera de all, convertida en una menti rosa y al mi smo
tiemp o en u na v cti ma} su corazn descansara un

po co. Ya en el auto} su hija se con verta e n aire, lo

que en verdad era, y el rostro de Amy se enca rgaba de


darle fuerzas. Haba descubierto aquel grupo en sus
andan zas errantes por la ciudad, pen sando en su madre que viva en El Paso, apena s a uno s kil metros de

ah y sin embargo tan dis ta nte. Se senta como la primer a vez que v io la luz en aquella casa y los llanto s
ahogados los escuch mient ras camina ba esperan do
algo, lo que fuera . Esa tarde se d edi c a h ablar de una
mucha cha v iolada, las ci rcu nstancias eran reales,

aunque los nombres no lo fue ran. Aquella vez, ya de


regreso en casa, pud o dorm ir, y lo que era imp ortan te, Charles Man son, por primera vez desde Fran cia}
no oc upaba sus pen sam ientos.

y era verd ad io que Alejandra dijo, aquelias mu jeres co n fiaban en ella. Se saba sus h istorias co mpletas. Los dao s. Los pequeos triunfos en algunos

casos y las terribles der rota s en la mayora. :-';0 , deca


junto con ellas, y se morda los labios.
A las seis de la tarde se d espidi ,
Cam in al auto e int rodujo la llave en el cerrojo

de la puerta , pero se qu ed a h, quieta por un segundo. Retir la llave y, sin guarda rla en el bolso,
recorr i los alrededores del parque. En cada esquina paraba y lea los nombres de las calles, pasaba la
mano por la malla ciclni ca y m iraba h acia la casa de
Alejandra. Recorri el permetro completo . De nu evo
se acerc al auto, introd ujo la llave en el cerro jo y
abri la puerta . Se march .

147

La vida era un tanque de gaso lina a m ed ias.

148

Se im agi n como una vi eja gi tana cuyas cartas

En casa, le marc a su madr e y platicaron del cllma y de las cosas qu e mar chaban bien.
Cmo est el clima en Dalias, Beca. Esa era la pr i-

eran la familia y su trabajo. Rebeca se sent a la or illa


de la cama y mir hacia la fra oscuridad} hacia la casa de en frente.

mer a de tantas mentiras. Para su madre ella seg ua


viviendo all.

Lu is Kuriak i viv a ah. Ten a suerte de segu ir con

vida . Los lloriqueos por telfono de aquella vez lo ha -

Bien, mam.

han v uelto un ni o ant e sus o jos} y pen saba en lo

Me alegro.

frgil que era to do, eso la llenaba de rabia. Si pudiera


hacer algo por l, lo hara. .. pe ro no, que daba fu era de su alcance } hasta el momento. Lo nico plausi-

S.

Ya iremos pronto.
Tal vez vaya yo primero a saludarlos.
A tu pad re le gustara mucho .
Claro.
Te prep arar tu paella favorita.
S, dijo, y tu vo qu e apreta r los labios.
Hablaron un os minutos ms de El Paso y los viejos am igos qu e mandaban saludos.

Cuando colgaron, not que la man o que su jetaba


el telfon o le dola por h aber apreta do ta nto el auricul ar.

La v ida era una fecha marcada en rojo en el cal en dario de la cocina .


Se desvisti, se dio un bao y pe ns en el presen te y futuro. Su madre y su trabajo, esa razn que la
mantena en un a ciudad terrosa, cuadrada y c hapa-

rra. Sali del bao y mir su reflejo. Prefiri apagar


la luz y con forma rse con las sombras a su alrededor.
La vid a era una bo mbilla tililante a punto de
mori r.

ble era estar a su lado . Reconforta rlo . As san ara. Si


es que algo necesitaba sanar.

149

pronto se top aba co n casos de asesin ato s, que la m ayor a de las veces declinaba .

Leste el peridico de hoy.


Te refieres a la not a de los vampiros.
S.
Por favor, Martine z.

Cu nto hace del caso de la chica aquella.


150

nota en El Diario de Iurez. Un vampiro acechaba

Dos, tres aos.


El teniente se refera a un vi ejo asunt o donde se
presum a de u n asesino serial v incu lado co n las mal

la ciudad.

llamadas Muertas de ]u rez. La ln ea qued en si-

El primer domingo del mes de febrero apareci la

Con esfuerzo, el viernes anterior Luis Kuriaki haba esc rito y entrega do su versin al jefe.

Muy bien, le dijo este, pero al final se public una


m uy d istinta Y, ten a que admitirlo, mejor. La autora

era Rossana Rodrguez.


La m adre de Luis se r o al terminar de leerla.

Luego mir por la ventana hacia el patio fro.


Doa Carmen fue ha sta la despensa, y al ver que
no tena suficie ntes ajos, hizo una an otacin para
co mp rarlos en la siguien te visita al sp er.

Ei teniente Martnez ley la not icia varia s veces y

lenci o.

La verdad no s por qu llam.


No hagas caso a los peridicos, Martnez.
Slo quera saber tu opin i n, tengo a Pastran a de

lleno en esto.
Pastran a.
Lo co noces.
To dos co nocen al dement e ese.

El tenie nte se rio. Es un buen polica.


Es un hij o de la ch ingada, Martnez.
La verdad no s por qu llam, dijo, y colg.

marc un nmero en su ce lular.

Buenas tardes, teni ente, contestaron del otro lado de la ln ea.


C mo ests, Hctor.
Bien .

Hctor era detective privado y entre los asuntos


de esposos infieles que atenda con regularidad, de

Rebeca llam a Alejandra. Leste lo del vampiro, le


preg unt mi entra s sostena el perid ico.

Es absurdo.
Pero eso nos ayuda. Co mo para recortar la no ticia .

15 1

Si t lo dices, dijo, y agreg, espero que no lo


hagas.
Es un vampiro, Alejandra.
Me ests toman do el pelo.
Ya nos veremos.

Por favor, porque no entiendo tu entus iasmo .

152

Ese dom ingo, alrededor de las d iez de la noche, Luis


se acerc al escritorio de Rossana .
Me gust la nota.
Ni siquiera es verdad.
Eso no importa.
C mo te sientes .

Rossana lo mir. Te espero en mi casa , dijo , y le


acarici una mejilla.
Antes de sali r del edificio, Luis mi r h acia ambo s
lados de la avenida, subi al auto, introdujo la llave

al contac to de encendido, la gir y el mo tor despert.


Antes de arrancar, contempl las luces de los arhota ntes y los edi ficios osc uros de en frente, un ba n ro y un a distribuidora de autom viles. Por algun a
ra zn sigo aqu, se dijo, y encendi la rad io.

Cuando se enter, ya estaba en la venta nilla de


McDonald's, ordenando un a Big Mac, con papas y
refresco grandes.
Vaya, di jo mi entras le daba una m ord ida a su

hambu rgu esa.

An me despierto a media noche.


Luis se acerc un poco ms. Oc qu color son ahora, le pregunt .

Violeta.
A ver.

Ella se lo pen s un po co, meti la mano entre los

panta lones y jal las bragas para confirmar el color.


Luis se mo rdi los labios.
Te invito a m i casal dijo ella.
Es un poco tarde .

Siempre es tarde.
Luis ec h un vistazo a la hora en el ce lular. Y
m ientras lo haca, el arom a que desped a Rossana lo

sedujo.
Hueles rico .

En cuanto estacio n el auto, Rossana y a lo esperaba

en el quicio de la puert a.
Te invito a pasar.
Luis pu so un pie dentro, le so n ri a la mucha cha,

y con parsimonia int rodujo el otro pie. Cerr la pu erta detrs, atravesaron la pequea sala y se dirigi eron
a la recm ara oscura.
Te extraaba, dijo ella.
l la tom de la cintura y de un solo mov im iento
le baj la pa ntaleta color violeta . Igual yo, agreg, y
se besaron , se dejaron caer sobre la cama de stend ida .

l S3

A las tres de la m a a na Luis abri lo s o jos.

Ests despier ta.


S.
Sabes cu ntas semillas de ajonj ol tiene el pan de
un a Big Mac.
Cuntas.
Doscientas.
C m o sabes.
IS4

Sim plemente lo s.
El ladrido de un perro com plement el rui do de la
respiracin que llenaba el espacio.
Sabes cmo se liam a la primera persona que ob-

Es ms que tu vecina, lo v i en sus o jos. Au nq ue no


lil e gust como me miraba.

Hablas en serio .

No lo s.
Por un moment o nadie dijo nada.

Me gust Rebeca. Cuntas veces han hecho el


.1I1l0 r .

Varias veces.
Deberas invitarla, aqu con nosot ros.
Es en serio .
Po r supuesto que es en serio. Me gu sta ha cerlo
liando alguien ms me ve coger.

No ten go idea de si le gusta ra algo as.


Tienes que preguntarle.

tuvo un rcord perfecto en Pac-Man, pregunt ella.

Cmo .
BilIy Mitchell, de Florid a.
Bonita pareja, dijo Luis, y se aclar la garga nta.
Teng o qu e irme.
No tienes que irte.

Es mejor.
Para qu in .
Luis se pas un a man o por el rostro . Sinti el cahelio, las imperfeccion es de la pie] en la fren te, las
cejas, los prpado s, la nariz fra, el bigote y la barba
ralo s.

El da qu e te llev las flores al hospital la con oc,


Es guapa . Me pareci un poco ...
Mayor.
Iba a decir di stante.
Se llam a Rebeca . Es mi vecina.

Luis Jo pens un momento . No creo .


Me gustara que nos v iera hacerlo . 1.1e gustara
verl os a ustedes dos.
Por eso me gustas tanto .
Yo te qui ero , Luis.

Mucha cha, di jo, y le dio un beso en la mejilla.


Qudate aqu, con migo.
l.uis se in corpor . Desliz la man o por enc im a de
1.1\

sbanas hasta lo calizar la cadera de Rossana. La

,kV>ah u n momento . Busc su rop a en el sue lo y


1.1en contr junto a un libro sobre vam piros.

1':0 tienes miedo de salir ta n tarde de aqu, preella.

~ lI ll t

peor ya pas.
Si t lo dices.
1.0

15 5

156

Luis se acerc, busc sus labios y la bes. Se retir. Recorri la coc ina, atraves la pequea sala de estar. Abri la pu erta, y sin m s lleg a ' u auto y se
march .
Rossana escuch el motor encenderse, acelerar
y partir . Ten a las man o, he ladas. Se h izo un ovillo
entre las cobijas. Tratara de mantenerse despierta
hasta que Luis llegara a casa, unos vein te minutos.
Imagin el auto de Luis recorriend o las calles, to mando la mayora de los semforos en verde, luego
pens que Rebeca era quien conduca . No pu edo dormirme! dijo, pero saba que no lograra mantenerse
despierta,

ABilly Mitchell, campe n en Pac-Man, se le atribuye n


varios rcords mundi ales en video juegos: Centipede,
n onkey Kong y Donkey Kong JI., lo, cuales en d stintos mom en tos le h an sido arrebatado, por un tal
Sleve Wiebe.
En varia, ocasion e, en la, qu e Billy Mitche ll se
present en El Paso, Rossana aprovech para cru, ,,,. el pu ente y en trevistar lo en el Ch illi's de la calle Mesa, cerca de la Int crestat al 1-10. Era delgado
uno un palillo y no beba alcoho l. En febrero de
l O11 sufri un a crisis nerviosa por el acoso continuo
,Il') seor ito Wiebe, como lo llam aba BilIy Mitchell .
I o retaba co nstantemente a travs de diarios y 0 0lideras para confirmar que l era mejor en Galaxy,
Muun Patrol y Burger Time. Se vieron en un famoso
,,, taurante de hambu rguesas llamado Scotty 's, sobre
1.1ra lle Washin gton, en Colurnbus, Indiana. En Saint
l ouis se volvieron a ver en un pequeo restaurante
,h, ham burguesas y hot dogs llam ando Gitto's, sobre
1,1 avenida Sh aw, cerca del zoo lgico. En Mississpp
\' Nueva York se avistaron en sendos McDooa ld's. En

157

158

Los ngeles vo lvieron a chocar sus m iradas mientras


le en tregaban a Bll ly un reconocim iento por parte
de Microsoft, durante la feria E3 dedicada a las consolas y videojuegos. Quiero destruirt e en Centipede,
le deca, ha sta que Billy Mitchell no p udo ms. Una
tarde se apareci en la corte de Hollywood, en el condado de Broward, Flor ida, y pidi un a orden judicial
con tra W eb e, para mantenerlo alejado por lo men os
a un radio de quinientos pies, adem s no poda llamarlo por telfono ni men cionarlo en n ing n medi o
de com unicacin . Pero el dao ya estaba hecho.
Ten go un sueo recurrente don de W eb e descone cta la mald ita mquina de Ccntipede, justo cuando esto y por llegar a los nueve millone s de puntos, le
d ijo a R(JSSana algu na vez.
Rossana trat de reco nfortarlo.
Billy Mitchell d ijo que era u na insen sible y no en
tenda la gravedad del problema. Sabe> lo que sigrilfi can nueve mill on es de pu ntos. El tiem po implicado,
La concentraci n . Tengo seguidores, Rossan a, sabes
cuntas cartas de n i os recibo al mes, soy un ejem
plo pa ra ellos. El vid eojuego es apena > una sm phmetfora para entender cosas ms complejas. Morir ,1
la mitad de un niv el significa ot ra cosa . Un esfuerzo
in til, trabajar sin conviccin.
Ta l vez no lo entienda, contest ella, y colg l'l
telfono.
Despu s, Bi lly Mitchell le hi zo llegar una graba
cin con memorativa de su juego perfecto de PiH

~ 1'1I1 ,

a manera de d isculpa. Ella tom el ovo y lo


~: II ; r d entre sus libros de zombis y vamp iros.
En 2012, por el New York Times se enter de un in1l' 1I10 de suicidio con pastillas para dormir por parte
01'" jugador.
Ella lo llam y l desmi nti la noticia.
No es eso, fue una prescripcin errn ea, argument, gracias por llamar.
Su gira por Japn se pospuso para julio. A China
1I jil L' I1 octubre y pasara una temporada larga en
l uro pa : Dinamarca, Espa a, Francia y Holanda. Pe111 pronto ir a El Paso, a un congreso sobre utopa
\' vldcojuegos, Eso a principios de marzo, le dijo a
ltl l\ <itl na.

159

Pastran a es cribi "Adrin Soto Heredi a" arriba de


1.1 fo to. Esto con firma ba lo qu e intua. S lo n ecesita11.1 sabe r qu in era el de cab ello rizado. Dio un paso
h.icla atrs . Carlos Garca Miranda habfa violado a
1 I IIl'O mu jeres . Adrin Soto Heredia era un violado r.

1I hombre de la vieja cicatriz en la barbilla se llam alo" Hogelio Ca rio Gallardo, violador. Pod a adivinar a

160

El agente Past ran a lea el perid ico cu an do son su


celu lar. Era Victori a Agu ilera llam an do a las dos de

'111' se dedi caba el de cabello rizado.


Por qu, quin, cu ndo y c mo, se dijo Past ran a,
v

1t

nuen z a escribir la palabra violador so bre las fo-

I Il~ ri1 fas,

la maana .
Ests despie rto, le pregu nt.
Acabo de llegar de la est acin.
Sabemos quin es el ru bio. Se llama Adrin Soto
I-Ieredia. Lo reconoci un custo dio . Un caterillo que

despus lo s nombres de las vc tim as. Ya


l lllllpletara el di agram a cuando llegara toda la info rru.ul n de Victoria Aguile ra. Dio u n paso hacia at rs
de' 11l1l' \' O. Quin, d ijo, )' cam in hasta la ve ntana .
p'Il\ l'll su prima desapareci da. Luego desv i la mi -

presuma tener mu ch as novias. Pero varias, no s e n

I lul.l hacia el di ag ram a. Se acerc un a vez m s y ley

teramos, lo denunciaron por violacin . Una casi

de los nombres de las vctim as.


( '1I1l 10 ladrid os de perro s, se esc uch una rfaga
111 dl\ paros en la distancia .

muere.

El agente se levan t de la silla. Dobl el peri d co


y se en cam in a la sala donde expuso las fotog rafla'
de los cuerpos sobre la mesa.
Algo m s, dijo, Adrin Soto osten taba su hom
bra co n un prominen te miembro, tanto que al III

netrar las les h aca dao.


Vaya, di jo Pastr ana.
Del ch ino no tenemos nada to dav a.

Te debo una.
Te llamo en cuanto me entere de algo ms.
El agente mir las fot os. Esta r e sperando.

1 11 1.1 111 10

161

IllIt' valdtia, sera como tener una troca 4x4 como amigo,

wr vrta para morer muebles.


\'o[ar es 1111 buen poder, pero en invierno l e moririas
.Ic' [tio, alguien agreg.
Mir a Beatriz, ell a me devolvi la mirada }'le sujet
1., " IIUlO a Raymundo.

O IlOS

16 2

Raymu rut() Y Y
.
p~amw r l ' ~

hicimos amigos en la cafetera de ,,,

'
. .,.
. , .
CtlGru
dteCls l('lo roudbamos los diccisets o .,
nces l )'a contaba con IIn a coleCClOtl erro,

te. por eseento


me de cmics.

A veces me Ilamaba para decIrme con entusiasmo lo


bi. omprado. A/glll Il mero especiat de Batman,
que I'w ra (
, . de Altlll
. ' . mplar de Sm okey gtover o un corlllc
un ",reJo eje 'ez en cuando m e presta ba alguno. Usualm ll
Moare. D e l
..n ll repetitil'as v sosas a ,m parecer, pem
te las tramaS e,..
'
, .
interes real mente por la novela gm{i "
uno vez 'h
mem en una nistona
. PU/lclOca
' . donde Moore /"'
The W adt euill
l
ell verdad era el bueno Y a los 01'0.1 d,
q
d
no en 11 a
quill,

'

Debo confesar algo, E Il ulla fi esta con mIs amIgos,


re"" tlta brot .sin ms, si tuvieras 111l ,\ /1
Ia P o
la prepa,
d
' / sera; la illvisibilidad, la file rza sobrellll
perpo er, eua'os. equis la poslblildadde
. ..
leer la mente, ,\1
a
I r '"
mana,
" lo me/oro., ,,
. . 'osRe
,t,iz di/'o que ser invi sible sena
prlllcIPro e 'nquiet Y le diril{ un a mirada di screta.
respuest" , e l
,
" sobrellllmalla, apllllt.
La fuerza
ea el meior poder, as:reg Raymll ndo, /(
No creu qll e S
<

Creo que serpsquico sera el mejor entonces, agregu.


Pero qu significa ser psiquico, pregunto ella, purque
IItl}' quienes pueden mover o incendiar objetos con la
11/('11[('.

Fso 110 es ser psquico, agreg Raymundo.


A~ seguimos hasta que la pltica

tom otros derrote-

'''' , Tnc Wilite Stt ipcs, Nirvana y Blur.

\ 'arios das despus llam a Beatriz.


IIl' e.~ tado pensando en los superpoderes, le dije.
(jeres venir a mi casa.
Si,
\'n l.

( o/ga111os.

~1e

sub al auto. Ella, en ese entonces vi-

l ,. 1 1'1/ el Fraccionamiento

vt ahermosa, cerca de un :'iejo


I'"n to donde vendan buenos tacos de carne asada.
.\ 11/1,.(' la mesa descansaban algunos cmics.
nll.rllt lll ldo me los prest, dijo, )' sac un par de cerve,1\ dd refrigerador.
"IIMamos r bebimos mientras /a tarde caa y el fro
" 'I" d atot1o recorra los espacios, nos tocaba.
sn l'I reloi.
No 1(' preocupes.
" ic'II' IJ ('11 Jos superpoderes.

163

Si a(~1I11ll vez ..d ecido casarm e, m e dijo, lile conseguirs

En verdad creo que ser invisible sera el mejor.


Tendras oue andar desnuda.

.11111

S.

Beatriz lo pens un momento, desvi la mirada hacia


algn lado de la cocina y sonri .
Entonces, dije.
Ella se lel'lllllde la silla}' se puso frente a m. A,f,
agreg, }'se sac la blusa l' los pantaIO/;es, luegose q~it el
sostn, al fili al se baj las bragas. Tema el pI/bISdepilado.
y tI, qu superpoder tienes, me pregunt.
El poder de traer 1111 par de cervezas.
Quieres un pase, me pregunt, [ue a la recmara )'
regres COIl 1m paquetito transparente.
Lo dej sobre la mesa de centro.
Me gusta tu illvisibilidad, dije.
Ella se sent en un silln frente a m, dej caer
C/lerpO e ll el respaldo l' abri las piemos.
S 10 que ests pensando, me dijo.

Eso fu e todo. Nuestra relacin sigui por varios aos


muy poco, Hus veces la vi a ella
ll l l' a mi amigo . Tan slo necesitaba cruzar e/ um b ral de
1.1pu erta para que Beatriz se desnudara, }' si yo lo haca
/1 IJO, ella igual se paseaba por la casa, m e besa ba, jllga I'J I n m su sexo mientras hablbamos de cosas cotidian as .
/ 11(,\0 algo sucedi: alg n sbado de otoo, mientras descuusbamos en S il cam a, m e dijo que pareca que esta ba
cmbamzada. La sem ana en tera espe r a qu e m e confir:
uunu tu noticia, p ero nunca lo hizo. Dej de contestar mis
ll.unodas. A trs qu edaron esos das de jugar tI la mujer
tuvisib!e, al m en os conm igo. A partir de en tonces, S Il re/11' MfI con Raymundo se estrech, pero de eso no quiero
1I.,111I1r.
.' ~ Illlllque n os vea m os

Cm o crees qu e puedas volverte in vi sible.

164

tipo como tu.

\ti

L a mirada pu ede decir mucho.

No 10 digo por lo mirada. Hay algo ms.


Es la respiracin.
Ella se llev Ulla lilaila a la entrepierna.
No es ni la mirada ni la respiracin .

No te entiendo.
No impo rta, Luis.

Me acerqu a ella. EIl aque/tiempo Beatriz I/tiliza'"


. s. .J"e los retir' los coloc junto a la bolsita ti" (fl
anteolo
caina )' comenz a desvestirme.

apareci Rossana en mi vida. Forios das desde conocerla, mientras nos quedbamos S% S por
1,1\ noches en el p erid ico y platicbamos de pornografa
l ' J,' lo que sig nificaba pa ra cada un o, recib en mi correo
d c' 1ninico 1m video donde ella se m asturhaba, luego su,j'Jh i /0 del pa rque.
/ ,11<:'(0

1'lIc;o

Con Rebeca siempre ha sido distint o. Ella se intereMe cuida como un viejo amor, es tranquila
J/\ f' lII l {' .v ltimamente nos hemos visto poco. Una vez
/l~ 1" ( ,\JlJlt por su fam ilia, m e dijo que ellos vivan en
1 1Il'f / / /I'a Cll, pero al parecer no estaba preparada para tal
I' /IXIII/ fa. Una noche, m ientra s dorma, escuch la pa1. ,/'/11 morir salir de sus labios. Luego l/or entre sueos
\ ,1 /'01' m .

165

166

y la despert. Le pregunt si estflba bien, me dijo que s.


Le pregu1lt si recordaba algo, me dijo que 110 . No quise
insistir en el tema. Luexo sucedi el levantn donde casi
muero. Sent cmo las cosas cambiaron entre nosotros.
Desde entonces me mira de otra mallera, ms amorosa y
al mismo tiempo protectora. Cosa que no me agrada.
Ya lo dije. UIlO siempre es el mismo. Creo que ella de
alguna manera trata de ser alguien distinta a quien es.
Quecmo lo s. Lo intuyo. Es mayorque yo y hay ~'eces que
eso nos pesa}' me pregunto si podr alguna vez "xuall
tar S il ritmo. Ate pregunt qu ve en m y para nada 501/
la noche y mis das con la coca y la violencia en la lur.
de la madrugada, los muertos y las notas que escribo f'
los cuentos que nunca podr escribir. Cuentos de zombls
}' tigres f' vampiros, naufragios que tienen que vercon las
veces 'lile he visto la muerte. Yeso me hacepensaren esta
ciudad. Toda la violencia contenida en ella vista a traw!.\
de mis ojos, que .\011 10.\ de Rebeca. Si lo he vivido, ella lo
ha vivido, le han gritado en la cara, ha tenido una pistola
CII la Iluca. Tal vez exagere, pero lo dudo. UIl da IIllbhu f
de mis suenas y no tendr n nada que ver con hinnbn
[uertes que sepan volar, sino con asesinos en medio de 1"
noche, como este que mata de un solo balazo en la (am'
za. Y los otros tantos que deian por las calles 110mb" "
vaciados, hombres degollados, mutilados, como si la vida
misma los hubiera tragado de un solo bocado}' despuc
del'lleito CIImo cosas amorfas. r 110 hay fiesta y noche qUl'
dure tanto, lo s.

1-' 1ten iente Marttnez hi zo pasar a Pastrana a la oficina.


Eran las siete de la tarde y el cielo se ve a despejado .
Pastrana tom asiento. Salvo por algunos sobres
.uuar llos ms, el aspec to de l escritorio era el mismo
rh' la lt ima visita.
Le el repor te.
l'astra na no se movi ni un pice.
As que ten emos a u n cabrn qu e asesina a violadores.
No lo sabemos del todo, ten iente.
Tres de los cua tro tipos so n violadores, di jo Marnuez, y se restreg los labios con una mano. Me prc~~ lI l1 t o qu sabr n los di ari os.
No im porta lo qu e sepan .
Entiendes la graved ad de esto .
Es basta nte cla ra.
Martnez son ri, mir h acia la calle por la venta 11 .1 cn treab ter ta . Se tro n los de dos de las m anos . No
11' valva de n ada si vas por ah golpea ndo gen te, m atar
1I 110 matar es ape nas uno de t us prob lemas.

16 7

168

La boca de Pastrana er a una lnea recta , muy fina .


Me pregunto qu hars cuando descubra s qu in
es ese manitico.
Q u q uiere escuc ha r, te niente, qu e lo felici ta r,
qu e me uni r a sus filas, qu e ser su coa rtada.
Mart n ez lo pen s y slo atin a decir chingao.
S.
No eres into cabl e.
Nu nca he dicho tal co sa.
Actas como si lo fu eras.
Pastr ana se levant de pronto y el te n iente Martnez apret los lahlos.
Tengo trabaj o, di jo Pastrana.
Ya te pu ed es ir.
Con pe rm so.
El te n iente Martin ez se incorpor y abr i la pue rta, m ir cmo el agen te lleg ha st a el escritorio, to m
su cha ma rra de pi el de la sill a y sali de la estaci n .
No esta ba tan preocupad o, a fin de cue ntas, si lo requ era, sac rificara a Pastrana.

l.uis Ku riaki lleg a casa , ence nd i la luz de la cocin a,


abri el refri gerador Y torn una cerveza. Co n de sga-

no subi a la recm ara . En su escr ito rio des pleg las


foto s de los mu ertos. Gracias a Rossan a y a la amistud con un polica, obt uvo la co pia del archivo sobre
los asesinatos comet idos por el va mpiro el asesino
del calibre 22. c uando lo abr i y ley el nombre de l
agente enca rgadO del caso, se sobresa lt . Qu pa sara
si Pastrana se en te raba de que el repor te estaba en su
poder. Ley sus ap unte s y el cx ped iente completo.
Contemp l las foto graf as.
Cabro nes, dij o. Bebi de su cerveza y suspir.
Cabrones qu in es, pregunt su am igo ya nqu i.
Estos pendejosOkey.
Luis se mordi el lab io. Puedes verlos por ah.
Yo veo a los vivos.
Entiendo.
Qu hicieron .
Al m eno s est oS tres eran violadores, de este no se
sabe nada.

169

Su amigo vyonqut. se qued callado


S"
IgUCS ah, pregunt L .
(.
P
lIIS.

ensaba en Fabio d
.
recido lo ha llaro
,espues de dos das de desapan en un tarnb d
Entiendo dijo L .
o e concreto.
I

Ul S,

pero no saba qui n era Fab 10


.

170

El agente Pastrana lleg a casa a Jas once de la noche,


cojeaba de Ja pierna derecha. Entr en ia cocina, abri
el grifo del fregadero, esper a que corriera agua caliente y meti las manos rojas e hi nchadas IJajo ella.
El agua que caa a la coladera primero fue de un coJor
rosceo y al fina l tran sparente. Escupi sangre. Dej
que slo corriera agua fra, hiZO un c uenco co n las

manos y se las llev ai rostro. El pmulo derecho le


sangraba y tena un moretn arriha del ojo i Zqu ierdo.
Son su ce lular.
Buen as noch es, agente.
S.

Soy Luis Kuriaki.


Dime.

Si est muy ocupado io puedo llamar Il, aana.


Estoy en casa, dijo Pastrana mientras se miraba la
man o de rech a, Jos co rtes, las peque as hiJlch azones.

Slo hablaba para saluda rla.


Al grano.
Me preguntaba si ten a algo sobre el muerto de
cabello chino.

An nada. Si sabemos te llamar.

Habla en serio.
Por supuesto que no .

Pero lo puedo llamar yo.


No me importa lo que hagas o dejes de hacer. Si

Pastrana subi las escaleras cojeando . En su recmara, co n cuidad o se quit el pantaln, el muslo
izquierdo presentaba un moretn justo en medio.
Pendejo, dijo.

necesitas llamarme hazlo las veces que te plazca.

Le puedo pregu ntar algo ms.


Adelante.
172

Cree que an estn interesados en m.

Quines.
Usted sabe.
Desde que aceptaste hacer lo que haces hay gente
interesada en ti. Slo hay una certeza en este mundo ,
aunq ue no se sepa cundo suceder. Lo cual no te

libra de nada.
No entiendo.
Yo creo que s.
Pastrana escuch cmo el much ach o beba algo.

Se sorpr end i de que le hubiera llamado, pregunt Luis.


Pastrana tom asiento en una de las sillas del co -

medor donde tena las fotos de los muertos. En absoluto, dijo, ahora tengo que colgar.
Su gente que trabaja en los casos de personas extraviadas no ha dado co n nada sobre este cabrn,
imagino.

Pastran a colg.
Revisar los reportes de gente ex traviada era parte

del trabajo de Victoria Aguilera. Pronto le tendra algo.

Cuando iba de regreso a casa lleg al restaura nte El


Cometa. Entr y se sent en una de las mesas que
daba a la avenida 16 de septiembre. Orden unos ta( OS al pastor y un refresco de manzana. Comi en
silencio} pen sando en el supuesto vampiro que ron-

daba la ciudad. Al lerminar, pag la cuenta y sali a la


calle con su lata de refresco a med ias. Rumbo al auto,
tres tipos lo rodearon. rastrana Jos mir. El estacio namient o, salvo po r ellos cuatro, estaba vaco .
Te mandan saludos, grufi uno de los tres.

Quin .
Sabes quin .
Pastrana trat de meter una mano en la chamarra.

Ni lo intentes, protest otro, el musculoso.


Me tienen que ayudar.
Pinche polica pend ejo, dijo el ms alto.
No me asustan.
No queremos asustarte, gruo el primero, sac

una pistola y apunt al polica.


Pastrana co menz a caminar hacia l, Y justo

cuando escuch el clic, el percutor siendo enganchado, le lanz la lata de refresco al rostro y se abalan z

173

174

contra l. As co menzaro n los golpes. El mu scul oso le


propin un par de puetazos en el pmulo y la barbilla, Pastrana lo aporre tan fuerte que algo cruj
en la boca de su co ntrincante. Luego regres contra
el que grua sobre el suelo y co menz a patearlo,
fue cuando sinti el golpe en la piern a, el alto tena
un bate de madera en las manos. Por fortuna fue un
golpe malograd o, tal vez por el mi edo. Por un mo mento sus miradas se cruzaron. El alto mi r algo en
los ojos de Pastrana y, ante lo que le revelaban, se
ech a correr. Pastrana dio dos pasos y se derrumb
en el suelo. Se puso de pie, mi r hacia atrs, hacia
los dos tipos derrotados. Co jeando se ace rc al qu e
gru a.
Quin fue.
El tip o tos i.
QUin fue.
Valtierra.
Adrin Valti erra.
Su h ermano.
Pastrana lo so lt.
Co jeando lleg al auto, sac su celular y se qued
pensando , lo g uard y se march a casa.

Con la yema de los dedo s examin la pierna herida, la


piel sobre el m scu lo abultado come n zaba a tornarse
vtolcea. Fue hasta el peina dor y tom el frasqu ito de
Percodan, retir la tapa y se trag dos pastilla s.

A las do s de la m a ana su celu lar volvi a sonar.

Era Victoria Aguilera.


Estabas dor mi do.
Importa si lo hubi era estado, pregunt Pastra na .
Por qu no v ienes a mi casa.
Ahora no pu edo.
Ten go algo nuevo y me preguntaba si lo necesitaras ahora m ismo.
El telfo no qued en silencio.
Entonces, dijo Pastr ana.
Te intriga.
S.
Victoria Aguilera come nz a contarle los det alles del hombre de cabe llo ondulado. Qui n fue, en
dnd e haba vivido y qu lo un a a las dems victmas. Pero eso ya lo sab as, dij o al fin al.
No estab a seguro . Tienes los gene rales de sus vc-

timas, pregu nt .
Por qu no v ienes, aqu ten go to do.
Pastrana mir haci a la calle, un o de sus veci nos
haba in stalado un par de lmparas solares en su jaro
d n y a esa hora la luz que desped an comenzaba a
mermar.
Se mir la pierna, gracias a las pastill as el dolor
va meng uaba. Con di ficul tad se tn corpo r sobre la
cama , busc sus pantalones y la cam isa. Se calz los
zapatos. Al tomar las llaves del auto se mir las h eridas en la ma no. Abri la puert a y sali al fro .

175

' 1
1pie de la puerta mi
quedarnos en comer ahi. A ,,'em le"
padre se qued lIelado.
Qu sucede, pregunt el/a.
No es nada~ (tija l.
l'O na pude entrar en el restmmJ1Jte Y cuando las puertas volvieron a abrirse ) '(l me Jwba retirado.
.
' d e se s,'nt,'o' rlJs rclaiaPasaron los mmu tos y mI pa ,..
do. Tal vez 110 haba sido ro, slo alguieu parecido.
Ana y l hablaron de cosas trida/es.
A la ma"na siguiente me lo top etl '" eatrada del
J

176

Ahora necesito hablar de mi padre. Antes de que abandonara la casa, lo vi con Ana en un restaurante sobre 1"
avenida Gmez Morin.
Ella tenia recin cumplidos los veinticinco aos y mi
padre le doblaba l a edad.
Si me quieres invitar a comer, invitame ah, en atgn
momento dijo, JI eso fue ei principio dei desenlace,
La invitaci n lleg tras varios guios. Primero la muchacha elogi su corbata en la pequea ala cena de la,~
oficinas donde trabaiaban JI l prontamente resalto Sil
corte de cabello. El formal saludo se convirti en un tuteo
agradable F luego en un tuteo cari oso. As comenzaba
cada ma ana; se ponia inquieto si no la t'ea recorrer los
pasillos antes de llegar al escritorio JI encender la comp utadom.
Por supuesto que haban comido juntos antes, pero Fa
era distinto; el saludo de las mmlanas significaba a lgo~
JI por lo tanto la comida deba significar mucho ms, Se
senta halagado porque lIna joven se fijara eH un hombre
como l.
i 'O cO floca el restaurante por linos amigos F esa tarde

,peridico.
.
Tu madre va a estar muy decepcionada, l.uis, cuanto
tiempo creas que podas ocultar algo as, me dilo y me
,
'd te mi recamara.
mostr un paquete de cocama extra! o ,
Lo s uficien te~ contest.
Se hizo uaa pausa lO/s o.
Aje mir con las manoS en la cintura. El calJeiloondulado, la ceja poblada, los gestos iguales a los mos,
y t , qu le vas a decir a mi madre.
Rl se mantuvo firm e.
No estamos hablando ele m. Qu crees que pasar. A
fin (fe cuentas una com ida na significa nada.
Puede que signifique ms de 10 que crees.
No significa nada comparado .~(Jn esto.
1
Baj la mirada. Un viejo camlOll urbano de la Ruta
u n t 'or del labio.
pas a lItJ lado de nosotros. Jl e mar! I e J1J en
El sol comenz a calctltarme el cabello.
,
' adTe " le dei ver
Esa noche me sent [rente a nJl 111 l ' I
mi problema con la cocaua. Ella me record por lo que

177

178

habamos pasado, el susto J! la depresin de meses, los


psic[ogus. Luego m e pregunt algo que hasta hace poco
tu vo sentido para m; Es que te quieres morir.
Llegada la hora, mi padre no pronunci ni una pa[abra.
Un alo despus, en 1I1la cena familiar, anunci Sil
partlda. Posteriormente lo vi dos veces, una maana entrando en un gimnasio r una tarde saliendo del cine.
Esta ciudad se Iza llevado lo mejor de todos. Hace
dos das un hombre le dispar a otro en una luz roja por
no {lar l!llelta a la derecha cuando tuvo la oportunidad.
Hace dos semanas un polica encendi la torreta de la p"tru lla y detuvo a una de mis primas por haberse estacionado sobre la avenida Ignacio de la Pe a. Eran [as diez de la
noche. Ella le explic que esperaba a alguien. E[ palie/o
le dijo que existan agentes buenos }'agentes malos }'es/m
estacionada ahla had a un blanco fcil. Paraqu, pregunto ella. Para cualquier cosa, agreg l. Afortunadamentr
su amiga sala en ese m om ento de la casa, subi al aut
J! se marcharon. .\ -1i compaeroMorena hace unos das lil e'
mostr las fotos de un auto incendindose a media tanl r
en pleno centro de la ciudad. El auto era un Lexus negtu
mu y similar al de mi padre. Est uve tentado a marcar a \ /1
celular, al final me con tuve}' esper a que mi jefe tuvinu
algo ms de informacin. Result ser el auto de U1l gri"so
robado en El Paso y utilizado en rafias atra cos en ! U'N ,
Lo piel/50 ." tal "ez no sea la ciudad, es el pas ." el ,lim'
ro, la falta ." el exceso a[ mismo tiempo.

I'a strana se acerc al escritor io vaco de Luna. La


piern a le dol a, se recarg en el borde. Cerr los ojos
un segu ndo y pens en su tierra, en la lluvia con stante del sur.
Buen as tardes, Past rana.
Buenas tardes.
Luna coloc la taza de caf sobre e l escritorio. En
qu te pue do ay uda r.
Pastrana le entreg un flder.
Lun a m ir la primera hoja qu e co ntena nombres
y d irecciones. Y esto, pregu nt.
Mujeres.
Te deb en dinero.
Vcti mas de violacin .
Perd n.
Necesito saber a qu se dedi can, qu hacen dur.m te el d a y la noche.
Vigilancia.
S.

Algo en especfico que an des buscando .


No s, tod ava.

179

Algo que q uieras encontrar.


Algo qu e quiera encont rar.
S.
Pastrana men e la cabeza.

Quines fueron .
Qu ine s fueron qu .
Co n la barbilla, Luna apunt a lo s moreton es l' l1
el ro stro . Quieres ayuda co n eso tam bin .
Pastrana men e la cabeza .
Luna se acla r la garganta. Para el fin de sem ana

180

tendr algo.
Gracias, d ijo Pastran a y co me n z a ca m inar hall .1
la puerta. Se detuvo y le dedic un a ltima mir ad a
Luna se la sostuvo y, cua ndo ya iba a desistir, sallo
de la oficina. l.una suspir. Reg res a la hoja COIl lo
no mbres , luego mir el resto de l arch ivo} eran foto s di'
las vctimas ; la ms pequ ea , un a ni a de ocho illl (l ' ,
un a de las mayo res ten a vei nticinc o} otra tr eint a \
dos. Tom el telfono y m arc u n nmero.
Comuncame con Mariano, dijo. Mientras csp
raba en la ln ea, rep as los nom bres en la hoja. 1h I~ 1

en tot al.
Cuando contestaron del otro lado, l esc upi
ven y colg.
En menos de dos mi nutos Mariano estaba

11 11

; ' 11

lado.
Neces ito a tres ms para que echen un ojo a l' ~ I , 1
mujeres.
Algunas son n ia s seor.

&.....-

- --

No seas pend ejo, Mariano, vig ila a la familia, a las


mad res, a los padres, a la abu elita .
Algo en especia l que qui era que busque, seo r.
Lu na n eg co n la cabeza. No chingues, Mari an o.
Mariano se qued qu ieto.
Pero ya, cabrn .
S, seor, dijo, y se fue a buscar a los dem s co m p.reros. Antes de salir se dio la vu elta y m ir a Lun a.
Ya s q uin es ] ohnny Knoxville, seor, dijo, y antes
de obtener algu na respues ta retom su cam ino.
Luna lo v io march arse.
Por la estacin se rumoraba de las anda n zas srdidas del agente Pastrana, y no era ningn ch isme
t ('1I1l0 trataba a los delincuentes. Se pregu nt si algo
h'lI an que ver los golpes en la cara y el caso del vampiro. Hizo un a nota mental para ec harle un o jo al
.u vh ivo, pero a los ci nco minuto s lo olvid .

181

No tu ve n ada qu e ver con lo tu yo.


Luis asinti.

Quera qu e quedara claro, slo eso.


Est bien .
No d ijeron nada por un segundo.
Cmo vas co n nu estro vam piro.
Parece que se dedica a matar v iolado res. Al men o s
tres de los cuatro lo so n.
182

El jefe de informacin pidi a Luis Kur iaki que se

sentara.
Cmo ests.
Bien .

Algo que quieras com parti r.


Nada.
Nada de nada .
As es.

El jefe de in formacin tom u n lpiz y lo volvi a soltar. Hace un ao me robaron el auto en un

Oxxo, mi sobrina iba conmigo. Le ped al tip o que me


per mitiera bajar a la ni a, al principio me dijo que
no. Me acerqu a la pu erta trasera y la abr. Qu hace, me grit, pe ro no co ntest, saqu a la n ia y vi
como el ti po arran cab a. Habl con un amigo polica y
por varias sema nas estuve pensando en qu ha ra
cuando lo atraparan. Al mes, consegu un auto sim ilar y le di jimOS a mi sobrina que al hombre ya lo
haban encarcelado. Pero hasta el d a de hoy no 11<'

sahido n ada de l.
Luis lo mi r.

Digamos los cuatro, el jefe desvi la mirada al techo como si ah residiera lo que ten a que deci r. Ten dremos que cam biar nuestra nota.

Y ahora.
Un vengador, algo as com o un caballero oscuro .
Se llaman vigilantes.
El de noso tros ser un vengador, porque nu estro
Irabajo es vende r per idicos. Habla con Rossana.
Est bien , pero al men os pcrm terne avan zar un
poco ms.

El jefe ch asque los dientes. Yo h ahlar con Rossana.


Est hien .
Pastr ana te h a ayudado basta nte.
Es bu en polica.
Un desquici ado, dira yo. Qu sabe de nu est ro enmascarado.
Ahora es un en mascarado.
Es ms dramtico as.
Que lo s muertos fueron v iolado res, pero an no

se sabe qu ines son las v ctimas.

183

Luis, m ira la ci udad, ve lo q ue est sucedie ndo, la


se ma na pasada m ataron a dos m dicos y un abo gado,
expl ot un autob omb a y los zombis siguen dejando cuerpos destrozados por ah .
Eres u n rom ntico.

1"4

Tal vez, dijo , y dej caer su cuerpo en el respaldo


de la silla.
Luis se levant y fue al cubculo de Rossana .
Creo que el jefe est en loquecien do, despus de
una pau sa agreg: de qu color son hoy.
Rossana se llev un a de las m anos a la cintu ra, la

desliz dentro de los panta lon es, h urg por un segundo y jal el elstico de sus bragas color mora do.
Luis so n ri .

Cmo va tu reportaje.
Ahora es tuyo. Qu ieren a un vigilante.
A Batma n .
Pero asesi no .
Qu ms tie nes sob re el vampiro, pregunt Luis.

Mi am igo est por llamarme.


Gracias.
Qu vas a hacer ms tarde.
Irme a casa.
Por.

No he dormido bien .
Nadie du er me bien en esta ciudad, Luis. Suplvtr
lo de los mdi cos.

S.
lIoy no ten go na da que h acer.

Luis mir a los lados, para es tar seg uro de que no

h aba n adie, y le dio un beso en la boca.


Luego fue a ver a Morena.

Pin che Luis, dijo al verlo. Se levant, le tendi la


mano .
Cmo va todo.
No ma mes, pinche Luis.

Ya veo, dijo, y tom un paquete de fotos del escritorio.

Oje las pr imeras, hombres descua rti zados, zapatos rotos, cam isas lle nas de sang re y lodo .
Once cue rpo s, pinch e Luis, all por el pu en te Zaragoza . Sete nta ms en el kilmetro veinte, rumho a
Casas Grandes, en u n ranch o de mi edo . Cabrn.

Luis dej las fotos en su luga r. Vamos por un a cerveza .


No mames.
Una sola, Moren a, aqu en San ho rn s.
Chingac.
Yo invito .
Chingao, rep iti Morena , se levant y se pu so la
rharnarra de mezcli lla.

En el bar, se sen taron en una de las m esas del


tundo.
Pidieron dos Coronas y esperaron.

Al llegar, bebieron a l mismo tiempo.


Aqu est uvo Sam uel Ben tez un a no che antes de

mortr.
Bentez, el puchador.

18 5

El mi smo.
El fot grafo d io un tr ago a su cerveza. Era tu
amigo.
S.

186

No te tortures.
Qu sabes del jefe de informacin .
Que le pinch e gusta el futb ol ame ricano .
Nada m s.
Que con oce a todos, pinc he Lui s, pero nada m s.

Ni siquiera pudo recuperar el carro que le robaron.


Eso d ice.
No mam es.
Lo siento .

Mien tra s espe raba los resultados de la vigilancia a


cargo de lvaro Luna, por do s noch es segu idas Pastrana so co n su prima Ma rgar ita nadan do en esa
alberca sin or illas y de agua oscu ra. Era la pesadilla
de siempre qu e lo haca despertar casi al am anecer y
quedarse contemp lando el tech o estucado en blanco.
El mi rcoles sucedi algo dist int o. En el sueo, la alberca apareci solita ria y el agua h aba sido sus tituida po r una gelatina uniforme y azuli na. Despert. La
calefaccin estaba encend ida. Mir el reloj. Eran las
cinco en pu nto. Apena s si haba dormido dos horas. La pierna le dola. Se levan t. Fue cojeando h asta la cocina y prep ar un a jarra de caf, pensaba en
lo que sign ificara la alb erca vaca del sueo cuando lo desperez el zumbido de la ca lefaccin. Tal vez
sign ificaba que, despus de cinco a os de b squeda,
era tiem po de dejar lo por la pa z. Tal vez el asesino
de violadores se e ncargara de venga r su m uerte y l
pod ra dedicarse a otra co sa. Quin sabe, dijo en voz

alta . Se sirv i un a taza de caf y se la bebi fre nte a


la ventana oscura.

187

Ese mi rcoles, doa Carmen se rompi el pie iz-

qu ierdo al resbalar en el piso del bao. La ma m de


Luis Kuriaki se encarg de llevarla al Centro Mdico
de Especialidades. A su lado, esper ras radiografas
y la consulta donde el mdico le coloc la escayola.
Oc regreso en casa, le prepar una sopa de verduras,

le di jo que la llam ara si necesitaba algo y se retir.


188

La mam de Luis estuvo recostada u n rato en su


recma ra esc uchando los ruido s de la calle, luego
fue a la sala, tom la novela que necesitaba leer para
esa sema na, se sirvi un vaso de wh isky johnny
Wa lker, se sent en un sof y esper que llegara la

oscuridad, pensando en la posibilidad de resbalar y


romper se un brazo, un a pierna , un tobillo. Queda rse
ah tendida, sin que alguno de sus hijos la pud iera
ayud ar. Vaci su vaso y volvi a servirse o tro buen
trago. Tema po r su h ijo, al fin de cuentas, el sueo
donde l mora de un balazo casi se cu mpla. Aho ra
soaba que Rebe ca, de la que saba po co , siem pre es-

cama. Ambas man os cubiertas de costras de tierra. Se


asus t. Qu pas, se dijo mi entras se incorpo raba Y

atravesaba la habitacin hacia el bao. Qu pas, se


repiti mientras se quitaba la tierra de las uas bajo

un chor ro de agua fra. Luego mir su reflejo. Segua


borracha. Casi recordand o 10 suce dido cer r la ll ave,

suspir y baj las escaleras hasta el garaje. La puerta


del conductor del auto estaba abierta. La luz cenital
en cend ida. En e l asiento del pasajero u n montn de

pied ras. Lo hice, se dijo. Eran las cuatro de la ma ana, y como una luz que se enciende en un vi ejo
armario la m emoria recobr vida. Con una ma no

se t ap los ojos. Haba ido a la casa de la mucnacna,


como llamaba a la pareja de Stl ex ma rido, y le haba
roto los vi drios . Afortunauamente nad ie sali, o si lo
h icieron no lo recordaba . Po r un mes completo se
estremeci al escuc ha r el telfono esperando el reclamo y la cuenta de los gasto s, pero no sucedi . Su
nico co nfid ente era el vaso de whisky.

Abri los ojos y apret el vaso antes de soltarlo. Se

taba a un lado de Luis, murmurndole algo al odo.


Ya le conta ra a su hi ja cua ndo la llamara. Dio un
sorbo al whisky y cerr los ojos. Tal vez Rebeca era
como ella yeso la aterraba.

percat del libro e n su regazo, pareca son rerle. Lo


sos tuvo co n ambas manos Ytrat de romperlo por la

Record c mo seis meses atrs de pronto abri lo s


o jos en medi o de la oscu ridad de su recm ara. La luz

si fuera a volar, pero slo log r estamparse co ntra la

del pasillo encendida. La cabeza rezum and o un dolor


punzant e. Se llev una mano al rostro . Algo en ella
no le agrad. Encendi la luz. Manchas de lodo en el
piso. Una botella de Glen fiddich seca a la mitad de la

mitad, al ver que era imposible lo lan z a una esquina; el libro en el trayecto se abri de par en par, como
pared, como un pjaro ciego y moribundo.
Esa n oche, Luis Kuriaki tuv o un sueno. Se enco n traba encerrado en la coc ina del restaurante donde
descubri a su padre comiendo co n Ana. No saba

189

cmo haba llegado ah. Por ms qu e gritaba n adie


lo oa. Man ojos de cila ntro se pudran en u na de las

No de esa manera.
De qu m an era, ento nces.

esq uinas , un a piern a de res que colgaba al cent ro com en z a moverse. Luis despert.

No s qu decir.
Qu ha cam os en el sueo.
Come r.

Qu crees qu e sign ifique, le pregunt a Rebeca.


No tengo idea, dijo ella, y duran te el resto del da
Luis se sinti ex trao.
190

La no che del jueves so que coma en un restaurante. De fond o so naba la cancin "Ho tel Ca liforn ia"

de Los Eagles. El mesero era Santos. Me mat aron , deca, y sobre la mesa colocaba un plato hondo Ueno
de coca na . En alg n momento Rossana y Rebeca se
se ntaron a su lado. Somos Batman, dijeron a co ro .
Al despertar, busc a Rebeca en el bao.
Anoche so con tigo, le dijo.
Ella lo m ir y lo bes.
En e l sue o decas que eras Batman.
Barman.

S.
Rebeca se lo pen s un segundo. Ysi lo fuera.
No entiend o.
Qu pasara si fuera la mujer murcilago.
Nada, supongo .
Por la tarde, Luis visit a Rossana e n su cubculo .

So qu e eras Barman , le dijo mientras ella le mostraba el elstico naranja de sus bragas.
Batman .
S.
Una muje r in m adura y trastorn ada .

De regreso a casa se ima gin al v igilante acechan-

do las calles desde algn escondrijo. Pens en la man era en que seleccionaba a sus vctimas, pero no
tena la su ficie nte in formacin para eluc ubrar al

respecto . Tal vez fuera el padre de alguna de la.s muje res o n i as ultrajadas. Era un a posibilidad. Mas tarde
buscara al agen te Pastrana .
Lleg a MeDonald's y pidi una Big Mae con pa-

pas y refresco grande .


/\. Rebeca, por su parte, le pareci curioso el sue-

o de Lui s. Que fuera la mujer murcilago de Ciudad j u rez n o sonaba mal. Tal vez algo se le escapaba.
Pensando esto, se estacion frent e al parque de la
colon ia El Futuro y se encamin a la casa de Alejandra. Llam a la pue rta. Cuando su am iga abri, se
saludaron, y ninguna pud o evita r mir ar h acia el par-

que, una pequ ea ojeada a la esquina donde la po lica lo cali z al muerto.


El v iernes por la tarde, Pastrana estacio n su aut~

frente a la casa de Ad rin Valtierra. Desde el auto V Igil la ent rada y las ventanas. Diez mi nutos despu s,
se ape . Cojeando fue hasta la puerta y sac su ar ma.
La pu erta esta ba ent reabierta . Entr y cami n por la
sala, ech un ojo rpido a la coci na y fue directo a las

191

192

esca leras . Subi a la segun da planta. El cuarto do nde


ha ba platicado con Valtierra se encontraba vaco, ya
n o estaba el televi sor ni la ca ma . Revis el bao y la
estancia contigua. Mir el interior de los cajones de
u n a vieja cmoda . Slo ropa de mujer. Revis el cl setoRegr es a la co cina y se qued a h en medio, co m o si algo se le hubiera pasado . La mu jer de Valtier ra
seg ua en el h ospital. Se gua rd el arma. Uno menos, dijo . Sali a la call e, subi al auto y se retir .
lvaro Lun a fue llam ado a las nu eve de la noch e
del sbado . Dos cue rpos h ab an sido co lgados de
uno de los pu entes peato na les sobre la aven ida Tecnol gico . Uno de los cue rpos ten a una cartulina co lor verde fosfor escente eng rapada al p ech o y sobre
ella alg u nos garabatos.
Sac su celular y marc un nm ero. En cuanto
con testa ro n , d ijo: Dos cue rpos m s, en el puen te del
Tec n ol gico. Colg y esper a qu e llegara su gente
para co menzar a bajar a lo s muerto s.

Alvaro Luna siem pre quiso ser poli ca. Era alguna
forma de h acer justicia, pero entre m s tiempo pasa-

ba, ms se alejaba de la idea romntica que tena sobre


hacer el bien. Sin emba rgo, como un a planta vieja, ya
haba echa do races. Algun a vez vio el program a de
[ackass, y a la primera john ny Knoxv ille lo atrap.
Siendo sincero, de alg una manera ser polica era ser
un iackass. Dos veces le haban disparado la primera
sucedi apen as al mes de ing resar al cuerpo, la segunda, un sbado por la no che mientras co rreteaba a
un sospec hoso por las calles de la Chavea. En otra
ocasin , para sobrevivir a una tercia de maleantes
tuvo qu e saltar del tercer piso de un edificio h acia
un conten edo r de basur a. Haca poco le h aba ped ido a un preso, con las manos esposadas a la espalda,
que mane jara una bicicleta} si lograba recorrer una
ruta determ inada, lo dejara libre. Pero la ruta era demasiado dificul tosa pa ra lograrlo y slo h izo qu e el
preso, un ratcrllo, se ro mpiera un brazo . l saba que
l'hilip j ohn Clapp, el verd adero nom bre de [ohnny
Knoxv llle, era un artista . Dejarse morder la tetilla

193

194

derecha por un lagarto o ser lanzado dentro de un escusado porttil, lleno de excremento, significaba una
cosa ms all de una travesura. Lo discuti con amigos. Luego, un rayo de luz aclar cualquier duda. En
Internet, dos alias atrs, localiz un largo mani fiesto
firm ado por Knoxville, un viejo escrito dond e pon a
en claro las razon es plausibles por las q ue l y su colectivo realizaban dichos actos. Las razones: ejcm pliticar la represin del mundo y la violencia de nuestros
tiempos. El documento citaba a j ack Kerouac, la novela El club de la pelea del esc rito r Chuck Palahn iuk,
un libro de Bukowski, y so bre tod o a Ch ris Burden.
Luego, la pgina fue borrada.
Desde entonces, lvaro Luna se volvi mejor po lica. Antes de lanzarse sobre alguien o atravesar un
calle j n osc uro donde le d ispara ban desde el otro extrem o, se preguntaba: Esto h a ra ) oh nny Kno xvi lle.
Se volvi u n hombre ad mi rado. Algu no s lo llamaban valiente, pero eso estaba lejos de ser verdad, era
un artista, un iackass. Luego, el tenien te Martnez lo
ascendi. Eso era mejor, por supuesto, pero de vez en
cuando ex t ra aba sus actos ex tremos a media calle.
Tam bin , t anto muerto lo perturhaba. No haba noche que no soara algo terrible. ltimamente tena
pesad illas do nde )ohn ny Knoxv ille mora en un accidente auto mov ilstico, a l igual que su am igo Ryan
Dunn, miemb ro fundador del colectivo ) ackass.

l'astr an a lleg a la estacin cuarenta y ocho, a las once de la m a ana del domingo. Ah esta ba Lona .
Listo, le d ijo, y le tend i un sobre am arillo.
Pastrana tom el paquete. Gracias, contest, se
dio la media vuelta y comenz a caminar hacia la
puerta.
Necesitas ay uda, le pr egu nt Lun a.
Pastrana se detuvo como si fuera a decir algo,
pero reanud su andar.
Si necesitas ayuda..., dijo Luna, luego murmur
para s: Es algo qu e ) ohnny Knox ville h ar a. Mir salir a Pastrana de la o ficina y dar vuelta en el corredor
a la derecha, hacia el estacionamiento.
Pastrana lleg a casa y mir el mapa y las fot os de
los asesinatos. Quin} dijo, y retir el reporte del sobre, comenz a leer fechas, horas, lugares, person as.
l.st udl el arch ivo de Carlos Garca Miranda . Con
deten imiento analiz las actividades realizadas por
"1 pad re de un a de las n ia s u ltra jada s dura nte esos
das, y fue coloca ndo puntos en co lor rojo sobre el
mapa. Hizo lo mismo con los dems padres de las

195

196

vcti mas. Para las cinco de la tarde haba term inado,


pero el mapa no reflejaba nin gn patr n, al menos
no a simple vista.
Pastrana fue a la cocina y prepar una jarra de caf. Se sirvi un a taza y regres a la sala. Ley de nuevo el reporte. Mir haci a la calle y volvi la vista a las
pginas. El celular son y lo ignor. A las siete de la
tarde prepar otra jarra de caf. El celular repiquete
una vez ms y al cuarto timbre, sin mirar la pantalla,
contest. Era Luis Kuriaki.
Buenas noches, agente.
Buen as noches.
Algo nu evo.

Nada.
He estado pen sado que tal vez el asesino sea el
padre de alguna de las vctimas de ios muert os.
y llegaste so lo a esa conclusin .
S.

Los padres de las nias, segn lo que tengo aq u,


no so n.

Ta l vez algn to.


Pastrana colg.
Entonces analiz un a vez ms el reporte de v igi-

lancia, estud i las fotografas incluidas, los padres


subiendo al camin para ir a trabajar, comiendo un
burrito en algn puesto, contestando el telfono, las
madres en el sper, cargando gasolina, haciendo la
fila de las tortillas. Regres las pginas y en algn
momen to marc una, luego un a ms y otra ms. Se

k-vent de su lugar, mir los papeles y se pas una


ma no por la boca.

Tom las llaves de auto y el reporte de vigilancia,


"l'

visti la chamarra y sali a la calle .


Se diri gi hacia el oeste y en la aven ida Valent n

Fuentes gir hacia la Parroquia de la Sagrada Familia,


vol te sobre Salvador Novo, pas lIalzac para as He-

g;" a la calle Pablo Neruda. Ah estaba el parque


dond e hall aron el cuerpo de Adrin Soto Heredia .
Estacion el auto, se ape y m ir hacia los lado s.
Lo caliz la entrada al parque y camin hacia el rea
d e juegos. Ahora s lo era u n espacio como tantos

otros para jugar o platicar. Por lo que saba, ni siquie1'<1

acordonaron el rea. A unos cuantos metros se

encontraba la casa que buscaba. El aire helado hizo


que metiera las man os en los bolsillos de la chamarra de piel. Para no causar sos pechas, regres al auto

y esper. Cuando el reloj marc las oc ho co n ocho


minutos, un Ford Fiesta blanco se estacion frent e

aI nme ro diez. Una mujer de cabello negro bajdel


auto, llam a la puert a, luego de esperar un os segundos, se abri y la mujer desapareci en el in terio r de
la casa. Veinte minu tos despus lleg una decena
de mujeres. Pa strana recon o ci a un par de ellas y las
b usc en el reporte para estar seg uro. En la esquina
se juntaron algunos muchachos, varios fumaban Y
de vez en cuando, en medio de su pltica, un o rea
a carcajadas. A las nueve con cinco minut os, las rn u[eres salieron de la casa. Pastrana no se movi de su

197

lugar ha sta la una de la maan a, cua ndo la mujer del


Ford Fiesta se retir . Lo pens un segundo antes de
en cender el auto. Esa noche no h ara nada, ya volvera .

Cul es la prisa.
El tiempo de pronto parece estancarse.
Sabes de qu color son ah ora .
A ver.
Rossana que vesta un a falda ro ja, abri las pier-

A Luis Kuriaki no le import qu e Pastra na le colgara


el telfon o . Pronto se enterara de los pormenores
198

en el reporte que conseguira por medro de Rossana.


Se acerc a la venta na y mir la casa de su amiga. El
auto estaba en su lugar.

Tengo hambre, dijo en voz alta.


Extrarlo las hamburgue sas, con tes t su am igo

yanqui muerto.
Lu is asinti. Tambin tengo ganas de una raya.

Ah la tien es.
S} dijo Luis, y mir hacia el bur. Si lo hago tendr que int ernarme maan a en el h ospital.

Su amigo ya nqu i mu erto no dijo na da .


Pero con gusto me co me ra un a ham burgu esa.

nas y Luis pudo ver que no traa bragas.


Me gusta ese color.
A m tam bin .
Vas a ir a m i ca sa .

No lo s.
Te invito.
A las doce de la no che lleg a casa, al ver qu e n o
estaba su ve ci na, marc el ce lu lar de Rossana.
Necesito ver te.

Te qu edaste solo.
Digamos que no est Rebeca.
Entonces ests so lo.
En casa tengo fantas ma s,
Ven.
Luis co lg, y an tes de po ne r en marcha el auto y

Una hamburguesa. repiti su amigo ya nqui.

acelerar, mir hacia su recm ara osc ura, ah estara

Luis mi r el reloj. Era hora de ma rcharse al tra-

su am igo ya nqui, otea ndo la calle desde la ventana.


Mientras dorm a al lado de Rossana, tuvo un sueo, del cielo llovan cie ntos y cientos de hambur-

bajo.
Lo primero que hizo al llega r fue visitara Rossana.
Algo nu evo.
Paciencia, Luis.
Habl con Pastr ana.
Innecesario.
Ya s.

guesas. Cuando las hamburg uesas le comen zaron a

llegar al cue llo, despert . An era de noche.


Hace tres meses las ham bu rgue sas ni me gu staban tan to, dijo, aho ra sue o que me ahogo en ellas.
Rossan a lo abraz.

199

200

Hay fan tasmas en mi casa, le dijo Luis.


Duerme un poco ms.
No s, dijo Luis, y sus ojos comen zaron a cerrarse
y la lluvia de hamburguesas se reanud.
En la pesadill a, Sarnuel Bentez apa reci a su lado
y le d ijo : Todo va a salir bien, todo estab a bien . Y de
alguna manera ten a razn, lo pod a sentir en los
hu esos, dej que las h amhurguesas lo cub rieran por
completo y qu e la penumb ra lo arropara. Le d ijo que
vivira muchos aos.
Cmo, pregunt Luis.
Como deb e ser, le dijo su am igo ya n qui mu erto.
Qu hi ciste.
1\'0 pude hacer mucho, dijo su amigo, y suspir.
Al me nas ya no te molestar n ms, agreg y se qued
callado, luego de un rato apun t : Me parece que los
das cada vez duran men os.
Qu sigue a hora.
Me vaya bu scar a m i padre.
Te vas.
S. Cu ida a tu amiga.
A quin .
A ella, dijo la voz.
Quin, pregunt Luis, pero ya n o le contest.
Cuando abri los o jos era de maana. Rossana dorma. Al escuchar su respiracin sinti alivio.

Alejandra Salazar sirvi agua caliente en una taza


blanca, coloc dos bolsitas de t de man zan illa den tro y dej el calor del agua trahajar en la in fusin;
pens en Rebeca y se mir las manos. Ten a las uas
mordidas y gastadas. Tengo que dejar de hacer esto,
d ijo.
Mir el reloj y confirm lo tarde que era. El timbre
de la puerta son. No esperaba a nadie. Atraves la
pequea saja a oscuras y entreabri la puerta hasta
donde lo permiti la cade n ita de seguri dad. El rostro
duro de Pastrana estaba ah. Un impul so h izo que cerrara de golpe. Aprovech para ence nder la luz de la
sala.
Quin es, pregunt.
Polica.
Necesito ve r alguna identificacin.
Aqu est m i placa.
Alejandra volvi a abrir la puerta. Mir al polica.
( 'err los ojos y suspir. Descorri la cadenita y abri
una vez ms.
Me gustara platicar con usted unos minutos.

20 1

202

Ale jandra estudi un segundo el rostro severo del


agente.
Me imagi no que no tengo opcin .
Siempre hay ms de una op cin, pero no es de m
de quien se ti ene que preocup ar.
Ale jandra se mordi un labio y se hi zo a un lado.
Pastran a entr.
La sala era peq uea . Al fondo, la cocina y un co rr edor que llevaba a las recmaras, ahora oscuro.
Intercambiar on m iradas.
He in vesti gad o el trabajo qu e ha hecho hasta el
da de hoy y me conmueve, dijo Pastrana.
Ayudamos poco.
Yo dira que ayuda bastante.
Ale jandra ind ic los sillones con una man o.
Ambos avan zaron . Ella se sent frente a l, co n
las manos sobre las piernas.
Le deca que me conmueve su trabajo.
Es un g ru po de ayuda, sola mente.
Creo que es ms que eso.
Por qu lo di ce.
Viviana Ochaa y su madre, Sara Olivares, por
ejemplo.
Han sufrido m ucho .
Usted misma, con la desaparicin de su hija, Isabel.
Isabel, d ijo ella.
Le digo que conozco mu y bien su trabajo. A las
m ujeres qu e ayuda.
Qu est insin uando.

:\0 tiene de qu preocuparse . Pero estoy en medio


de una investigacin y me gustara saber si usted co -

noce a Carlos Garca Miranda.


No, dijo, luego agreg, no s.
Yo creo que s.
Fue quien agredi sexua lme nte a Sara Olivares.
Entre otras ni as.
S.

Sabe quin es Adrin So to lIeredi a.


Alejand ra se mordi un labio y se pas una man o
por la frente.
S qu in fue l.
Fue.

Le el pe rid ico.
y sucedi juslo a unos metros de su casa.
Demasiado cerca ,
Debi de h aber sido terri ble.
La tarde q ue suced i vi gen te en el parque y luego
las patrullas y al final un a ambulancia.
Pastrana m ir el rostro de Alejand ra Salazar, las
manos, la postura en el peque o silln. Su trabajo es
peligroso, di jo.
No han pasado de ser amenazas telef nicas, hemos teni do ms suerte que otras compaeras.
Past rana sac unas fotos del In terior de su cha marra de piel y las coloc sobre la mesa. Rogelio Carla
r Jos Pereda terminaron igual que Carlos Garca y
Adr in Soto, dijo, pero Alejandra no desvi la mi rada
de l rostro del agente.

2UJ

204

Tal vez hasta se sienta un poco ms segurasabiendo que estos ya no pu eden h acer dao a nad ie m s de
su grupo.
Tal vez . Aun as, no s qu est haciendo aqu, en
m i casa.
Las muertes me trajeron a su puerta. Mire, hace
un a o in vesti gaba a u n crim ina l igual de pe ligroso que estos . Lo busqu por meses hasta que un da,
en una vulca n izado ra, cuando reparaba la llanta del
auto, lo vi. Era uno de los trabajadores, junto con uno
de sus am igos, tam bin con problem as legales. Las
co incidencias sucede n . Alguien muere y hay que seguir el rastro que deja. Un muerto dice muchas cosas
y p or ellos, Pastran a se al las fotugra fas sobre la
mesa de centro, la conozco a usted y su asociacin .
Ale jand ra n o respond i.
Si necesita contarme algo de estos tipos, puede
con fiar en m.
1';0 tengo nada q ue decir.
De ellos ya n adie se tiene qu e preoc upar, pero.. .
no s, no puedo deci r ms.
Gracias por su visita, dijo Alejandra, y se puso
de pie.
Pastrana hizo lo mismo. Gracias por su tiempo,
dijo, inclin la cabeza en forma de saludo y sali dl'
la casa. El fro se haba intensificado. Lo senta en los
ojo s. El primer invierno que viv i en Ciudad ju rez
utiliz los lentes negros a toda hora, as el aire helado
no lastimaba tan to. Se imagin a Alejand ra Sa la zar

en el umbral de la puerta. Camin hacia el parque y


sobre la calle Pablo Ne ruda gir. Co nt los m inutos
y cuando intuy que ya no lo miraban, recorri el permetro completo hasta subir a su auto. Haba lanzado el an zuelo. Ahora necesitaba ser paciente.
A las di ez de la noche, el Ford Fiesta bianco del d a
anterior se estacion frente a casa de Alejandra Salazar, la mujer de cabe llo neg ro baj y llam a la pu erta .
Cuando el relo j del auto marc las once de la no che, la muje r de cabello negro sali de la casa, sub i
al Ford y a rra nc.
Pastrana gir la llave en el interruptor, sigui a
la mujer. En un semforo distingu i las placas y las
anot en una libreta roja.

Rebeca recib i la llamada a las nueve de la noche en


casa de l.uis Ku raki, donde estaban por cenar.
Hola, dijo Reb eca.
Vino la po lica, co ntest Alejand ra del ot ro lado
de la lnea .
S, d ijo Reb eca, y colg.
Q uin era, pr egunt Luis.
Trabajo.
Te ves preocupada.
Es slo trabajo, d ijo, y com ieron en silencio. Al
li nal, se despi di y agreg: Regreso pronto.
Fu e por las llaves del auto, m ont en l y se di rigi a casa de Alejandra Sala zar.

20S

20 6

Cmo son los policas, le pregunt cua ndo la tuvo enfrente, senta da en la penumbra de la coc ina .
Era solamen te un o.
Cmo es.
Ame naza nte.
Qu es lo qu e sabe.
Dice que con fiemos en l.
Y eso qu slg n ca.
No sign ifica nada , supon go.
Exacto, Alejandra.
En a lgn sitio de la casa, la madera cru ji.
Durante el trayecto de regreso distingui un
Chrysler azul detrs de ella. Para confirmar la sospech a, d io algu nas vueltas en las calles siguientes.
Ju sto cuan do iba a tomar la luz verde para entrar
en El Campestre, las luces del Chrysler comenza ro n
a centellar. Rebeca ence ndi las intermi tentes, dism inu y la velocida d y busc la luz de un arbotante
para deten erse. Baj el vidrio de la venta n illa. Meti
la man o en el bolso y esper.
Una r faga de aire fro le acar ici el rostro. Por
el espe jo retrovisor vio qu e un hombre descen da
del auto con una lintern a encend ida en la mano izquierda.
El polica, di jo Rebeca.
Escuch los pasos sobre el pavimento hasta que
el agen te estuvo fren te a ella. Un rostro adus to. Una
mi rada aguda.
Necesita mos h ablar, dijo Pastr an a.

No creo ha ber cometido u n a in fraccin , oficial.


Le pido unos mi nutos d e su ti empo, p or favor. No
poda espe rar a que llegara a casa, di jo Pastrana .
Rebeca apro vech para ret irar de su bolso el apa rato negro qu e dispa r con tra el pec ho d el agen te.
Pastrana cay ,
Por un segundo Rebeca pens que la desca rga
elct rica no sera su ficiente para someterlo. El rostr o
del agente apenas si se deform , hi zo un lt imo in rento para sujeta rse a la pu er ta d el auto y n o caer,
pero fue insuficiente. Rebeca se ape . Las manos le
temblaban . Con esfuerzos sujet a Pastrana de los
brazos y lo acerc a la acera .
Algo murmur Pastran a, era u n sonido gut ura l
muy dbil.
Rebeca mir en derredor . La calle desierta , las casas en silen cio. El cerro Bola en la di stancia, con su
luz roja titilan te. Se qued a l lado del agente unos
tres minutos, al ver que comen zaba a recuperar la
movilidad , subi al aut o y se perd i en la noch e.
Entr en casa de Luis Ku riak i, fue al segu ndo piso, se desnu d en la recmara y se desliz en tre las
sbanas hasta quedar a su lado. Le gusta ba sentir la
piel del mu ch ach o. Lo siento, le d ijo al odo, y se qued pen sando en lo que deba hacer.

20 7

208

Luis Kuriak i entr en su casa a las doce de la noche.


Haba sido u n da difcil. El jefe de red accin le ped a avances en el caso del supuesto vigila nte, pero
Rossana no ten a nad a a l respecto. Su contacto en la
polica no lograba n ingn progreso. O el asu nto estaba velado . Quin sabe. l-ue a la cocin a, abri el refrigerador y tom una cerveza. Cuando se diriga al
comedor para sentarse, vio a Pastrana de pie al iado
de la mesa, entre la penumbra.
Buenas n och es, Kuriaki.
Lo podra denuncia r por allana miento de morada, pero m e imagino qu e no serv ira. Se acerc a
una silla y dej la botella sobre el ma ntel. Ambos tomaron asiento.
Conoce s a Rebeca Alcal Orti z.
Es mi vecin a.
Es ms que tu vecina.
Hace cuatro das que no la veo.
Qu sabes de ella.
Que es de Cuern avaca.
Por alguna razn te creo.

No me import a si lo ha ce o no.
La familia de Rebeca Alcal vive en El Paso. Ella es
gringa, sus padre s son espa o les.
Luis se qued ca llado.
Sabes en qu trabajaba.
En una asocia cin para vct ima s de violenc ia.
Aten da a muj eres agredidas sex ualmente .
Pastrana suspir .
Tuvo a lgn accide nte.
xo cre o.
Entonces est involucrada en algo malo.
No precisamen te. dijo Pastr an a, luego se levan t
y en fil hacia la pue rta .
Me va a conta r lo qu e pasa preg unt Luis Kuriaki.
Pastran a se detuvo. Digam os qu e no tien e imp ortancia.
Ento nc es a qu vino.
A con firmar qu e no sab es nad a, Ku riak i.
No s nad a.
Eso pa rece.
Le in vito una cerveza .
Pastra na sali de la casa sin responder.
Por la ven tana, Luis mir subir a l agente a su auto
y ma rch ar se. Enseguid a marc el celular de Rebeca y
la llam ada se desvi al bu zn de voz. Haca cuatro
das que no saba de ella. Nada raro . Sin embargo, si
Pastra na pr egu ntaba por ella, era que algo importan te pasab a.
Por qu , dijo en voz alta y mi r hacia la casa de

209

Rebeca. Oscura a esa hora corno tantas otras ve ces .

Subi al segundo piso y fue a su rec mara .


Ests ah, pregunt, pero ya saba la respues ta.
Pens en la ce rveza de l comedor. En el vaho acu-

mu lndose en la bote lla, en el aro de agua que ya se


estara formand o sob re el mantel.

210

Ale jandra Salaza r ahri la puerta. Ah estaha de nu evo el rostro inflexible de Pastrana. Se h izo a un lado
y el agente avan z hasta la sala y tom asie nto en el
~ i lIn de la vez anterior.
Desp us de estar sentados un rato sin decir nada,
Alejandra Salazar suspir. No s dnde se encue ntra.
:-':0 importa. Dgame si usted le ayud aba en algo.

Le di los nombres.
Sabe que usted es cmplice.
Lo entiendo.
Pero no le importa.

Claro que me importa .


Supo ngo que eran amigas.
Desde la primera vez que puso un pie en esta casa.
L'\a mi sma no che se sent do nde ahora est usted y
relat c mo un militar ultraj a su hi ja. Ella llor
y nosotras la consolamos. Tal vez su hi ja ni haya ex istido, ni nada de eso.

Tal vez, d ijo Past ran a. Quin ms la ayudaba.


No s. Quiz lo haya hecho sola.
No es un trabajo para una sola persona. Pastrana

211

se pas una man o por la barbilla. Por qu intercambiaron la ropa de los cu erpos.

Ya le dije. Haya hecho lo que haya hecho no me

Apret el volante con ambas man os y estud i el cie lo


desp ejado} n i una nube sobre l. Como si se hallase

en la profundidad de una alberca.

arrepiento de nada.

Creo que en el fondo est arrepenti da yeso importa. Cuntas noches tiene sin dormir. Usted no

212

est hecha para estas cosas. Lo puedo ve r e n sus o jos .


Pastr an a se levant del silln y se despidi con una
ligera inclinaci n de cabeza.

Alejandra Salazar lo acompa a la puerta. Qu


va a pasar conmigo.
No se preo cupe, ni siquiera la co nozco, nun ca he

estado aqu.
Al aseg urar la entrada con la cade n it a, vio que las
manos le temb laban, not sus u as mordidas, hi zo
un pu o para esconde rlas}' no reco rdarse a s mi sm a

el mal hbito adquirido desde los seis aos . Tengo


que dejar de hacer esto, di jo.

Pastran a subi al auto. El fro ya hab a dismi nuido


un poco y en cuanto menos lo pe nsa ra comenzaran
los aires de m arzo. Las torment as de arena . Ce rr los

ojos y record la lluvia constante de Xalapa. El verde


inten so que su memoria pintaba para l. Pero ahora estaba ac. Y era el da en qu e no poda dar con

su prima Margar ita. Por ah esta r, escondida en algn sitio o tal vez muy lejos, en Estados Unidos, en
Can ad, en Europa . Senta imp otencia y cansa ncio.

213

el age nte estara preg untand o por Rebeca. Tendra

q ue ver con el caso del asesino del calibre 22 . Tal vez,


pero en qu forma. Luego se march .
En la oficina visit a Ro ssana .

Cmo est s, le pregunt ella.


Bien .

214

Lu is Kuriaki retir del fondo d el bur la v ieja bolsita de cocana, fue al ba o y levan t la tap a de l retrete. Se mordi el labio in ferio r y se qued as un
moment o, viend o el blancor del inodoro. Despu s de
suspirar, apret la bolsita en su rnan o y la regr es
a su antigu o escondite. Tom el juego de llaves de Il
casa de Rebeca qu e e lla le entreg al p oco t iempo dl'
co nocerse. Atraves la calle y en tr. M u y po cas veces
haba esta do ah. Rebeca era quien do rma y ce nab a
en su casa. Sobre la mesita de centro en la sala, desc ubri una carta con su nom bre escrito a mano. La
ahri . So lam ente dec a: Lo siento . Eran las m ismas

palabras que escuch de sus labios la ltima no che


que durmieron juntos. A su lado recono ci el botn
ro jo de un o de sus abr igos p refe ridos. Subi al segundo piso. En los cajones del armario enc o ntr un
pa ntaln de mezclilla desgatad o y dos ca m isetas oscuras. La cama estab a hecha. In tacta. La luz qu e en t rab a por la ven tana se reflejab a en el espe jo del peinador y caa sobre un a silla de caoba. Por algu na
razn int ua que Pastrana haba estado ah . Po r qu

El jefe me p id i qu e terminara la nota del vengado r annimo, di jo ella, y arrug el entrecejo .


S.
El reporte policiaco del asesino qued a medi as,
Luis. Mi am igo piensa que le dieron ca rpe tazo. Desde
hace do s sema nas no sabe nada, no ha suce dido nada.
Co mo tantas o tras cos as, agreg l.
Dicen que a Julio Past rana lo destituye ro n por
go lpe ar so spechosos, pero no es cierto, se tom unas
vacaciones, tal vez puedas hablar con l.

Te p ued o ver en la noch e.


Por supuesto.
Estoy trabajando en un cuento.
De qu trata.
Un da la ciudad comi en za a arder.

Pero de qu trata.
Luis la o bserv . La muchacha vesta pantalo nes

de me zclilla. De qu color so n a hora, le pregu n t.


Rojos.
En e l cuento eres t qu ien incend ia la ciudad.
No soy capaz ni de matar una cucarach a.
En el cue nto s. M s que eso . Hasta seras capaz de
di sparar un revlver.

2 15

Cun tas cuartillas llevas.


Es la pura idea, me falta aterrizarla.

Lo ms difcil, dijo Rossan a.


Yo dira que lo ms fcil, contest l.
La much ach a le acarici la mejilla. Te espero en
mi recmara, a las doce de la no che, le di jo, y le plant un beso.
216

A mediados de marzo al agente lvaro Luna le fue


asignado el homicidio de dos jvenes en el Parque
Cent ral, al sur de Ciudad ju rez. Los cuerpos fueron
abandonados cerca del lago norte. Antes de bajarse
del auto, jal aire, co mo si estuviera po r zambulli r-

se en un a alberca. Atraves el estacio namien to vaco

hasta llegar a los cadveres. Los dedos de sendas manos derechas los ten an cercenados. Con la pu nta

del zapato abri la boca de lino de ellos, ah estaba n


alojados. Soplones pend ejos, dijo y contuvo las ganas
de vom itar. Desvi la m irada hacia unos sauces que

mados por la helada de d iciembre. Qu hara )ohnny


Knoxville en caso s co mo este, se pregunt, y se llev
las mano s a la cin tura. Record la vez que el jackass
mayor, co n ojos ven dados, fue embestido por un toro

enorme. Segn )ohn ny, la idea detrs de eso era el sistema capitalista golpeando a la clase trabajadora. As
se sinti en ese mom ento, co mo si todo un sistema lo

hubiera golpeado en los testiculos.


Tom el celular y marc el nm ero de Rossana,
cuando contestaron del otro lado de la lnea, dijo:

217

Dos cuerpos ms, al parecer soplone s, despus te platico con detalle.

2 18

Colg y ma rc el telfon o de Ma riano. En dnde


ests.
Estoy a un a cuadra.
Si eres el de la pinche sirena, mejor ap ga la.
Disculpe, seor.
Chinga, Mar ian o. Viene contigo Vizcarra.
S, seor.
Alvaro Luna cort la llamada.
Despus de acordo nar el rea y revisar los cuerpos,
Lun a y Vizcarra fueron a l bar del Hotel Casa Gran de.
Mientras esperaban las cervezas, se quedaron oyendo el t rfico amo rtig uado de la Panamericana . De
pronto Vizcarra mir a Luna. Qu haces de todo esto, dijo.
Te refieres a tanto cadver.
S.
Al principio no me importaba, pero entonces co men zaron las pesadill as.
Igual, dijo Vzcarra, y guard silencio cuando el
mesero coloc las cervezas frente a el los.
lvaro Luna dio un trago largo a su cerveza y suspir lleno de satis faccin . El cabe llo pein ado h acia
atrs y bien engom inado reflejaba la luz de un a lmpa ra sobre ellos.

Vizcarra limp i el pico de la bot ella con su man o


y be bi. Le tienes miedo a la mu erte, pregu nt.
Tengo m iedo de las cosas que no podr hacer.

Dam e un ejemplo.
Ver pelicu las. Imagino la ca ntidad de pelculas
que no ver ms y me da vrtigo. Habr otras cosas,
pero ahora pienso en eso.
Vizcarra lim pi el vaho de la bot ella con u no de
sus dedos.
Sabiendo que hasta el da de hoy n o has visto todas ias pelieu las hechas por todos los directores de
todo el mundo, de alguna manera ya ests muerto.
Alvaro Luna sopes la idea. No lo haba pens ado,
dijo, y se dej caer sobre el respaldo de la silla.
De reg reso en la ofici na, ley el reporte de Ma ran o
sobre el h allazgo de los cuer pos en el Parque Central.
Subray algn enunciado, marc un punto seguido
y agreg un a s a la palabra cadvere. Fue a la fotocopiadora, hi zo dos tantos, un o lo t u rn a Ma rt ncz y
el o tro lo archiv en un f lder ro jo y lo meti en un
cajn rebosant e de flderes ro jos. Mir el lugar vaci
de Pastra na y se masaje las sien es.
Esa noche, antes de llegar a casa, pas a un Superette del Ro y se compr una botella de j oh nny
Walker. En la oscuridad de su cocina se bebi la mitad. Gracias al alcohol, al da siguiente no record n i
tin o de los sue os qu e tuvo. Ni siquiera aquel donde
beba cerveza co n )ohnny Knoxville, en alguna montaa rusa en marcha. Ambos eras felices.

2 19

220

Luis Ku r iaki, desde su recmara, vio a una par eja joven con do s ni os pequeos muda rse a la qu e fuera
la casa de Rebeca. La mu jer era alta y rubia. El hom bre, delgado y moreno. Algun os mueb les, entre ellos
la mesita de centro, qu edaron a la intemperie sobr e la
acera, hasta que el camin de la ba sura los retir un
da despus.

El ruido de algo frreo cuntm el pcll'imento de la calle


me despert. Mir el reloj. Eran las cinco de la maana.
Por la ventana descubr una ligera neblina envolvindolo
todo. Pens en despertar a Russal/a, pera al fina l decid
quedarme ah, depi e, mirando el paisaje fimta.smagr ico,
pensando en lo sucedido en los ltimos meses. Como si
una pelicula estuviera por terminar y fi71tanm cosas por
decir,

Con ayudadeA10rena y sus contactos, conoc la direccindeRebecaen El Paso, Texas, Aunquesque 110 estar
ah, he decidido cruzar el puente }' visitar a sus padres.
Me pregunto s en verdad Sil madre se parece a ella, si
tiene sus ojos, como alguna vez me dijo. V os veces he llamado al agente Pastrana r he tratado de persuadirlo pam
que me Cliente el inters que tiene, o tena, sobre Rebeca,
pero apenas escuc/w mi voz, cuelga , Cada vez estoy ms
seguro de'lile Rebeca tiene algo que ver COI1 el asesino del
calibre 22.
Por las noches tengo malos suerlos, pero al despertar
no recuerdo nada, slo me queda esa sensacin de haber
estado envuelto en gritos y sombras que murmuran.

22 1

Hace dos das fui a visitar el mi madre, hablamos de


cuatquier cosa..Mientrus el la sostena su \.'aso medio ll eno

222

de whisky, en algn momento \-'oh'M a insistir en que buscara a mi padre, que lo llamara . Lo har, uo hay duda,
sin embargo, s que cuando levante el telfono y escuche
Sll l'UZ 110 podr decir nada. \ fe quedar callado, mordisqueando UtI gran bocado de vacio y rencor.
Mientras, la pelcula contina, yo me levanto todos
los das F siento esa ansia y miro el bur en la esquina ).
antes de hacercualquier cosa, me ba o y salsa a recorrer
las calles ,v por las noches visito a Rossana. Los superh roes sigil en sin aparecer)' sin solucionar el mundo. S
que en alSlll lugar Rebeca estar durmiendo o pensando
en las cosas que hir en Ciudad lu tcz , Lueg, la noche
resresa par comenzar de nuevo la fae na. D espertarse, recorrer las calles y acostarme con Rossana. Vermuertos en
las esquinas, incendios.
En algn momento de la pelcula, con la cancin
"Sombras nada ms", de [avier Sols, como fondo, corrern los crditos sobre IIna fotografa vieja y IlIego atra y
otra ms de mi padre. Detrs del vol ante del primer auto
que tuvimos o en el silln rojo de la casa sobrela Valellt"
Fuentes, ( 0 11 1m \-'aso de agua mineral descansando ell el
muslo de la pierna derecha, ms joven de lo que soy ahora, con los ojos bien abiertos, listos para recibir el futuro.

El agente Pastra n a lleg a la escena del crimen a las


diez de la noc he. Dos grados hajo cero, dicie mbre, el
cielo cerrado. Apag el mot or. Se ape del auto y m ir
en derredor. El callejn negro frente a l) y al este, la
luz amarilla de un arbotante cu idando el gim nas io
Nery Sant os. Se acerc al edi ficio derruido Y abandon ado. La llamada de u n gringo perdido por el centro,
tal vez en b usca de algu n a pro stituta, haba llegado a
la estacin veinte minutos antes, con la no ticia de un
cadver nuevo,
Desenfund el arma y llev el dedo al gatillo.
Sinti la textura del metal. Un perro ladr . Alguien
cerca escuchaba m sica de ba nd a. Por las remo delad on es en el cen tro y los con sta ntes atra cos comet idos
por delincuentes y policas, casi nadie cru zaba por
ah.
El agente desenfund su lintern a con la mano izqu ierda y la enc endi. Ent r en una especie de pat n,
un cu arto a medio con st ru ir. Avan z por el hmedo
piso de tierra y grava, en alg n momento gir a la derecha y perdi la poca luz qu e reciba de la calle. Ah

223

22 4

estaba la entrada sin puerta de un cuartucho. Qu


andara haciendo el gringo por aqu, pens Pastrana.
Desde el umbral distingui los pies desnudos del
mu ert o. El haz de luz ilumin las pared es blan cas y
cuarteadas, pintas ilegibles con aerosol rojo y negro.
En un rincn , el o jo de un gato se encendi, el animal cruz la vivienda y por un pequ e o or ificio escap a l pat io y se perdi entre maderas viejas y va rillas
con xido. Haba costales deshilach ados y rebosantes
de escombro cerca del cuerpo, el techo estaba desearapelado y un olor rancio se revolva con el aire fro.
Antes de entrar! Past rana mir hacia atrs, como si
recordara algo, luego dio el primer paso. Ilumin el
cuerpo. Un hom bre desnudo con las mano s atadas
detr s de la espalda y la ropa a un par de metros de
l. El muert o tena un ojo abIerto que apuntaba h acia el norte. El agente se sent sobre sus talone s! se
masaj e los ojos y acerc la luz a la cabeza. Un orifico
destacaba en la frente. Uno solo . Un calibre pequ e o.
Ni un rastro de sangre en el suelo. El agente Pastrana
se puso de pie, con la mano libre se toc el pech o y
apag la lmpara, de inmediato la noche concentrada en aquel cuartucho lo devor. Escuch un auto
acercarse. Tal vez fuera Luis Kuriaki. Su boca dibuj
lo que pareca una son risa. La osc uridad era tal que
nadie hu biera notad o aquella mu eca.

Agra de ci m ien tos


Gracias a Luis]orge Boone, Luis Ch aparro y Gu illermo
Qu ijas, por el tr abajo, las historias y la opo rtu n idad .

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