Creaturidad: Ensayos de Pieper
Creaturidad: Ensayos de Pieper
discusiones
Creaturidad
y tradicin
Tres ensayos sobre la
condicin creatural del hombre
Josef Pieper
FADES
Ediciones
ISSN
0 3 2 6 31SO
Coleccin
Estudios y discusiones
Dirigida por
Roberto J. Brie, Mario Caponnetto.
OBRAS PUBLICADAS
1 C.A. BOASSO.
El
estructuralismo
Parsons.
funcional
2 A. CAPONNETTO.
PIAGET. Aportes para
crtico.
un anlisis
3 H. J. PADRON
La urgencia de las humanidades.
4 JOSEF PIEPER
Creaturidad y
Tradicin.
PROXIMA APARICION
5 C.S. LEWIS
La abolicin de! hombre.
de
Creaturidad
y tradicin
Coleccin
..Estudios y discusiones
FADES Ediciones
Buenos Aires, 1983
Noticia
Biogrfica
Nota
preliminar
hombre y est lejos, por tanto, de una autntica theoria humana no podemos ampliar
nuestra sospecha y suponer, ahora, que esa insuficiencia y esa lejana obedecen, de alguna manera, a una deliberada ceguera que ha clausurado nuestra visin a esa misteriosa realidad creatural?
No es difcil darse cuenta de que el pensamiento de nuestro tiempo niega sistemticamente u olvida cualquier idea o vestigio de idea que haga referencia a una supuesta condicin de creaturidad del hombre y del Universo. Una revista, an superficial, a
las expresiones ms significativas y autorizadas de eso que llamamos el pensamiento de
hoy lo confirma sin mayor dificultad. Pongamos un ejemplo, por citar uno solo. Jacques Monod ilustre bilogo y Premio Nobel de Medicina inicia su conocida obra
"Le hasard et la necessit"con estas sorprendentes reflexiones:"la distincin entre objetos artificiales y objetos naturales nos parece inmediata... El objeto (artificial) materializa la intencin preexistente que lo ha creado y su forma se explica por la perfomance que era esperada incluso antes de que se cumpliera. Nada de esto para el ro o el
peasco que sabemos o pensamos han sido configurados por el libre juego de fuerzas
fsicas a las que no sabramos atribuir ningn "proyecto". Todo ello suponiendo que
aceptamos el postulado base del mtodo cientfico: la Naturaleza es objetiva y no proyectiva" .
Advirtase el curioso giro del discurso de Monod: no hay dificultad en admitir en
los objetos artificiales una situacin "creatural", lo cual lleva de la mano a descubrir
en ellos una forma, una naturaleza y un fin. Pero, de antemano, se presupone que el
Cosmos carece de toda proyectividad simplemente porque carece de creaturidad. Henos aqu en las antpodas del ars imitatur naturam de los Antiguos.
Lo primero que se desprende de una idea de creaturidad es que el hombre, como
la obra producida, "tiene la cualidad de lo proyectado". Esto es tanto como afirmar,
contrariamente a lo que sostiene Monod, que el hombre y todo lo creado y todo lo
hecho poseen su esencia, son lo que son, por la actividad de un intelecto creador. Pieper se detiene expresamente en esta analoga entre el acto creador de Dios y el arte humana: "As como las cosas "artificiales", que hace el hombre, proceden obviamente de
un plan y proyecto humano, as tambin se puede decir que las cosas creadas "proceden de Dios por modo de saber e inteleccin" (Q Disputata De Potentia Dei, 3,4)"
Es necesario demorarse en el anlisis Je esta analoga. Una aproximacin superficial
podra hacernos suponer que lo anlogo y lo analogado comunican aqu por va del hacer: as, la facultad artstica del hombre, su dominio instrumental sobre la materia, sera la analoga ms prxima al acto creador de Dios. Pero no ocurre as precisamente.
El punto de comunin entre el hombre y Dios, la semejanza, no est en el hacer, en el
hecho de fabricar cosas, sino en el hecho de concebirlas. El arte, virtud intelectual, presupone por lo tanto un intelecto cognoscente. Pues bien, este conocimiento humano
que precede a cualquier creacin del hombre, esta idea, este proyecto que a modo de
verbo interior pre-existe a toda realizacin, tal es justamente la analoga ms prxima
a la actividad creadora de Dios.
Creacin y concepcin, creacin y proyecto confluyen, pues, de un modo originario y propio en el Pensamiento Creador y de un modo derivado y anlogo en el del
hombre. Santo Toms de Aquino hace hincapi en esta analoga: "scientia Dei est causa rerum. Sic enim scientia Dei se habet ad omnes res creatas, sicut scientia artfices se
habet ad artificia ta. Scientia autem artificis est causa artificiatorum: eo quod artifex
operatur per suum inteleectum, unde oportet quod forma intellectus sit principium
operationis, sicut calor est principium calefactionis". (La Ciencia de Dios es causa de
las cosas. La ciencia divina es, respecto a los seres creados, lo que la del artfice respec2
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De nuestra condicin de creaturas espirituales surge que slo el bien absoluto, total y universal puede saciar y saturar nuestro deseo de bien. Nuestra voluntad jio puede, por tanto, quedar determinada por ninguno de los bienes particulares frente a los
cuales es soberanamente libre. Pero esa misma condicin creatural nos coloca ms all
de nosotros mismos ("sin ser inqueridos", dice Pieper) en la lnea de aquel Bien Supremo para el que fuimos creados; nuestro deseo de ese Bien no es producto de una opcin, es algo que brota de la intimidad de nuestra propia naturaleza. No podemos no
querer sino ese Bien desde el instante en que lo conocemos y reconocemos como tal.
En este extremo, repetimos, cesa nuestra libertad pero, paradojalmente, cesa para alcanzar su mxima realizacin, para alcanzar aquella situacin en que al no poder elegir
ella da su "salto" definitivo. Santo Toms afirma la perfeccin de esta libertad que ya
no puede elegir y por eso mismo sobreabunda. Lo dice en relacin a los ngeles bienaventurados; ellos, al no poder pecar, poseen una libertad mayor que la del hombre que
s puede pecar . El hombre puede alcanzar algo semejante a esta libertad perfecta pero no ya en el status viatoris sino en la plenitud de la Visio Beatifica. Recalcamos el
sesgo paradojal, casi contradictorio, de una libertad concebida de tal modo que al no
poder elegir asciende, por decirlo as, al vrtice de su posibilidad de ser. No ser ste
el "nuevo rostro" de la libertad humana del que habla Pieper, cuando esta libertad es
concebida en trminos de creaturidad? .
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Creaturidad
Observaciones sobre
Ios elementos de un
concepto fundamental
Se puede acometer esta tarea empezando por la analoga que compara las cosas creadas en lo que respecta a su forma estructural con las obras producidas por el
hombre, igual se trate de un artefacto tcnico o de una forma del arte musical. Al hacerlo, suponemos, claro est, que el mundo de los hombres abarca efectivamente ambas cosas: no slo las res artificiales, las cosas hechas por el hombre mismo, sino tambin las res naturales, aquello que se encuentra all como una realidad independiente de l, lo creado. Es verdad que este supuesto ya no parece ser evidente para el pensamiento contemporneo, como lo prueba, por ejemplo, una frase como la siguiente,
que encontramos efectivamente escrita: "El mundo es para los hombres el conjunto
de los objetos producidos por l mismo y de las instituciones sociales" . Vamos a dejar, por ahora, fuera de consideracin esta reduccin del campo visual, ideolgicamente
condicionada. Pues bien, S. Toms ha formulado frecuentemente, en forma explcita,
aquella relacin de correspondencia entre las cosas naturales, entendidas como creaturae, a las que evidentemente pertenece tambin el hombre mismo, y las obras de la industria humana: "todas las cosas creadas se comparan con Dios como la obra de arte
se compara con el hombre" .
Sera empero facilitar demasiado las cosas si se pretendiera, como en precipitada
simplificacin lo hace Jean Paul Sartre, identificar, sin ms, "produccin" y "creacin", y descartar irnica y denunciativamente la concepcin tradicional de la creas
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III
Ahora bien, lo comn a la obra producida por el hombre y la. creatura,, en sentido
estricto, estriba en que ambas tienen la cualidad de lo pro-yectado. Ambas suponen un
proyecto. O, lo que es lo mismo, ambas han llegado a ser "lo que" son (su "esencia",
su "naturaleza") por medio de la productividad de una inteligencia creadora,"por medio del saber de un conoscente" . As como las cosas "artificiales", que hace el hombre, proceden obviamente de un plan y proyecto humano, as tambin se puede decir
que las cosas creadas "proceden de Dios por modo de saber e inteleccin"
Ahora bien, esta propiedad fundamental de ser pensado y proyectado constituye,
a su vez, para el pensar que se vuelca sobre la realidad de las cosas que nos estn propuestas y, naturalmente, y ante todo, sobre el hombre mismo, algo rico en todo tipo
de implicaciones y consecuencias. Significa, en primera lnea, que inexorablemente el
hombre se encuentra consigo mismo como un ser al que no se le ha preguntado por su
"qu", acuado y determinado ya antes de poderse enterar de ello. Vale decir, que nosotros no hacemos nuestra propia naturaleza. Nuestra naturaleza es, ms bien, el trasunto de lo que "de por creacin" se pretende con nosotros. En cierto sentido, bien
podra decirse que ella es lo que "desde allende" y "por un otro" se quiere de nosotros -si no se hubiera de tomar en cuenta que el Creador es ms ntimo a la creatura
que ella misma. Debemos agradecer, por lo dems, a Jean Paul Sartre y a la radical agudeza de su concepcin existencialista el haber forzado al pensar tradicional acerca del
hombre a volver a recordar la vecindad conceptual y quasi identidad entre "naturaleza
humana" y "creaturidad humana". Es cierto que Sartre lo hace por va de negacin o,
ms exactamente, por medio de la fundamentacin que para ella introduce. La negacin -para su autor, el "principio primero del existencialismo" reza as: "no hay
naturaleza humana"; y su fundamentacin, aadida de inmediato: "... porque no hay
un Dios que la pudiera haber proyectado" . Se podra, claro est, sin violencia, formular este pensamiento en forma positiva, a saber del modo siguiente: slo es posible
hablar de una naturaleza humana cuando se la entiende como algo creativamente proyectado por Dios. Es justo lo que taxativamente afirma S. Toms al decir de las formae o esencias de las cosas que no son sino el sello del saber divino: quaedam sigillatio diuinae scientae in rebus .
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Pero aquella concepcin significa an muchas otras cosas. No slo que el hombre,
por ser creatura, encuentra siempre su esencia, segn queda dicho, como algo que le ha
sido otorgado sin que pueda disponer de ello, sino, por ejemplo, tambin, que para l,
como para toda creatura en general, la naturaleza propia es lo absolutamente primero,
supuesto y fundamento de todas sus decisiones y actividades y de todo lo que le pueda
ser otorgado como don divino. "Lo que a una esencia le adviene por naturaleza (naturaliter)... es necesariamente el fundamento y el principio de toda otra cosa" ; n a turalia praesupponuntur moralibus ; naturalia suntpraeambula virtutibis gratuitis et
acquisitis . Se dice aqu algo que no es fcil de concebir; de ello hablaremos ms
adelante con algn detalle: a saber, que todo lo que con libre voluntad queremos es
precedido por algo que la voluntad quiere naturalmente . Pero es preciso hablar antes de otro aspecto.
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IV
Todo lo que procede del proyecto intelectual del hombre tiene, precisamente
por ello, la cualidad de ser en principio comprensible ;lo que ha llegado a ser en virtud del
pensamiento humano, sea cual fuere el modo como se haya materializado (por ejemplo, como mquina, aparato o imagen plstica observable) tiene necesariamente en
s mismo el carcter de algo pensado y, consiguientemente, de algo que un contemplador puede re-pensar. Un lego en matemticas no podr posiblemente comprender la
construccin y funcin, digamos por ejemplo, de una computadora; sin embargo, para
cada una de sus eventuales preguntas hay, en principio, una respuesta, que, considerada
en s misma, es comprensible, y que de este modo pone de manifiesto la comprensibilidad de su objeto. En rigurosa analoga con ello, la conoscibilidad empricamente constatable del mundo natural con que nos encontramos se funda precisamente en su condicin de pensado por el Creador. Unicamente as, en todo caso, resulta, en ltima instancia, comprensible para un interrogar que penetra ms hondamente. Por lo dems,
bien consideradas las cosas, no slo constatamos como un mero factum esta conoscibilidad de las cosas y del hombre mismo, sino que nos es manifiestamente imposible representarnos una cosa real que, sindolo, resulte, a la vez, inconoscible en principio.
Charles S. Pierce llega a decir: "We cannot even talk about anything but a knowable
object... The absolutely unknowable is a non-existence" . Un colega de la universidad, especialista en lgica, me preguntaba una vez, crticamente, si acaso se derrumbara el cielo si hubiera de concederse una realidad absolutamente reacia a toda penetracin conoscente. No ha tropezado, de hecho, la fsica, por ejemplo en la investigacin de la luz, precisamente con tales cosas incomprensibles? Le hice a mi interlocutor la contrapregunta si acaso los fsicos haban abandonado definitivamente el esfuerzo por aclarar dichas cosas. Respuesta: "No. Naturalmente que no!" Ahora bien, no
quiere decir esto que todo hombre supone "naturalmente" que lo hasta entonces desconocido goza en principio del carcter de la comprensibilidad? Quienquiera que considere que la investigacin de lo an no investigado tiene sentido, afirma, precisamente
con ello, la conoscibilidad del mundo. Un hecho verdaderamente asombroso, que cientficos sobresalientes, para su propia sorpresa, han constatado y formulado una y otra
vez al reflexionar acerca de los supuestos ms hondos, imposibles de concebir cientficamente, de su propia ocupacin. Nombro solamente dos testigos . De Albert Einstein proceden estas palabras: "Lo ms incomprensible en la naturaleza es su comprensibilidad". Y Luis de Broglie nos dice: "No nos asombramos lo suficiente ante el hecho
de que el conocimiento cientfico es sencillamente posible". Digna de meditacin es la
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acotacin hecha por E. Gilson en el sentido de que "la pregunta por la posibilidad de
la ciencia no es, ella misma, una pregunta cientfica".
Estoy casi seguro de que ni Einstein ni de Broglie tuvieron in mente ni conocieron siquiera el concepto de "verdad de las cosas", si bien ellos hablan exactamente de
lo mismo a que este concepto, antao fundamental, se refiere. Mal podan tenerlo presente, puesto que el concepto y, ms an, la expresin "verdad de las cosas", no puede
hallarse en los escritos filosficos de la poca actual. Es verdad que S. Anselmo de Canterbury se quejaba, ya en el s. XI, de que "slo unos pocos piensan en la verdad que
habita en las cosas" . Sin embargo, se trata hoy de algo distinto de una azarosa mayor o menor falta de uso de determinados conceptos o terminologas. Estamos ante el
resultado de un largo proceso de represin y eliminacin donde el rechazo polmico
declarado (como lo encontramos, por ejemplo, en Bacon, Hobbes o Spinoza) posiblemente tenga una menor singificacin que la progresiva falsificacin y vaciamiento, sobre todo en la filosofa alemana de la Ilustracin (A.G. Baumgarten, Christian Wolff),
de lo originariamente mentado, y ello, pese a la explcita conservacin del vocabulario; falsificacin y vaciamiento a los que finalmente Kant les dio una aparente justificacin al declarar que la frase segn la cual todo ente es "verdadero" (omne ens est
verum) es tautolgica y estril, y al borrar definitivamente del vocabulario filosfico el
trmino de "verdad de las cosas" . Empero, como ya se dijo, este trmino mienta
del modo ms riguroso aquella luminidad ontolgica de la naturaleza y de la realidad
entera que Albert Einstein y Luis de Broglie descubrieron y nombraron asombrados, y
merced a la cual aqullas se tornan asequibles al conocimiento. Es verdad que esa luminidad slo resulta plenamente convincente para aquel que entiende el mundo como
creatura y es capaz de comprender lo dicho por S. Agustn en el ltimo captulo de sus
Confesiones: "Vemos nosotros las cosas porque ellas son, pero ellas son porque T las
v e s " . Es precisamente lo expresado por la idea de una "verdad de las cosas": que a
la constitucin de la realidad del mundo en su totalidad le es propio estar "instalada
entre dos sujetos de conocimiento, inter dos intellectus", entre el espritu divino,
creadoramente conoscente, en sentido estricto, y el espritu creado, reproductivamente
conoscente , y que el mundo es accesible a nuestro conocimiento humano nicamente en razn de que Dios lo ha conocido y proyectado creativamente. Slo de esta
manera se comprende y fundamenta la idea de un "carcter de palabra" ("Wortcharakter") (R. G u a r d i n i ) as como la de un "lenguaje de las cosas" aprehensible por el
hombre, en virtud del cual a toda interpretacin filosofante de la realidad se le puede
atribuir con justeza, en un sentido muy preciso, el carcter de una "hermenutica", es
decir, de interpretacin de una comunicacin verbal. Con ejemplar claridad ha reducido Hans-Georg Gadamer la nocin de "lenguaje de las cosas" a su raz metafsica cuando dice: "... es en la creaturidad de ambas, donde alma y cosa estn unidas" ;
"la esencia y realidad de la creacin misma consiste en ser semejante concordancia de
alma y cosa" . Lamentablemente, Gadamer lo dice, como lo muestra la continuacin del texto, en el sentido de una descripcin histrica, como respetuosa reproduccin de un modo de argumentar que fuera antao posible. Quien filosofe hoy en da,
aade, no puede ya "ciertamente servirse de semejante fundamentacin teolgica" .
Frente a esta afirmacin habra que plantear, en primer lugar, la pregunta crtica si
realmente la aceptacin del carcter creatural del mundo y del hombre es, en estricto
sentido, un supuesto "teolgico", es decir, una suposicin expresamente ligada al supuesto de la revelacin y de la fe. Como poderoso contrargumento podra citarse a
Platn y Aristteles, que si bien no pensaron formalmente el concepto de una creatio
ex nihilio, estuvieron empero muy cerca de l. Pero, en segundo lugar, habra que decir,
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V
La palabra creadora primordial, que ha tomado cuerpo en la realidad del mundo
no puede, efectivamente, ser "traducida" jams en forma adecuada al vocabulario del
lenguaje humano, trtese del lenguaje de la poesa o del de la ciencia o la filosofa. Y
la razn de esta imposibilidad es que esa "palabra primordial" no puede siquiera ser
percibida por un espritu creado, an cuando, por otra parte, las cosas reciban de ella
su diafanidad. Es verdad que Einstein dice de la naturaleza que ella es "concebible"
("begreifbar"), pero sera menester hablar aqu con mayor precisin, distinguiendo
entre "conocer" y "concebir" (Begreifen). No todo conocimiento es concepcin plenaria. En sentido estricto slo a la ms alta e intensa realizacin del conocimiento se la
ha de llamar "concebir": es el conocimiento que agota plenamente al objeto. S. Toms da, a este propsito, una muy clara definicin: "Se dice, en sentido propio, que
alguien conoce conceptualmente una cosa cuando la conoce tan claramente como ella
es conocible en s misma" . Pero esto est dicho a partir de la conviccin de que es
propio a la esencia de las cosas creadas que su conocibilidad no puede ser jams agotada por una facultad conoscitiva finita, ni convertida en pura condicin de cosa conocida, porque la razn de su total conocibilidad es, al mismo tiempo, la de que no puedan ser plenamente concebidas. Consideradas en s mismas, todas las cosas creadas son
enteramente claras y perceptibles (al modo como las estrellas, de suyo por su interna
cualidad, son exactamente tan "visibles" de da como en el cielo claro de la noche).
Las cosas son conocibles porque son creaturas. Pero al mismo tiempo hay que decir
que por ser creaturas son insondables para la facultad humana de conocimiento, que
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no llega a comprender hasta el fondo el proyecto de las cosas que anida en el Logos
creador, por cuya virtud, sin embargo, gozan ellas de la diafanidad. As se comprende
aquella formulacin de S. Toms que encuentra en l mismo variadas modulaciones,
pero que rara vez aparece en los manuales de la escuela que declara seguirlo: rerum
essentiae sunt nobis ignotae, "las esencias de las cosas nos son desconocidas" .
Esta concepcin, que implica, como se echa fcilmente de ver, toda una manera
de comprender el mundo, nada tiene que ver con el "agnosticismo", pero menos an
lo que a veces no se advierte con el racionalismo de los "sistemas cerrados" o con el
"optimismo del conocimiento representado por la filosofa marxista" y formalmente recibido en la doctrina oficial del bolchevismo, segn el cual no hay, en principio,
ninguna cosa que sea insondable, sino tan slo "cosas an no conocidas" . Por lo dems, este racionalismo no hace, en rigor, y a pesar de las apariencias gramaticales, tanto
una afirmacin acerca de una condicin de la realidad objetiva, cuanto acerca de la razn del hombre, a la que se le atribuye explcitamente la capacidad de "un conocimiento exhaustivo"
Posiblemente no se pueda decir que la insondabilidad de las cosas sea "constatable
empricamente" de modo parejo a como lo es su conocibilidad. As y todo, el que
cientficos que se han acreditado especialmente por la investigacin "exacta" insistan
en esta insondabilidad, me parece un hecho digno de consideracin. Para Albert Einstein, la posibilidad de que la naturaleza sea aprehendida en conceptos es algo que no
podemos aprehender conceptualmente. Y pocas semanas antes de su muerte escriba, sin pretender con ello, en absoluto, poner en duda los resultados de la fsica
moderna: "Si algo he aprendido en las cavilaciones de mi larga vida es esto: que estamos mucho ms lejos de una inteleccin ms o menos profunda de los procesos
elementales de lo que cree la mayora de nuestros contemporneos" . Y Alfred
North Whitehead, coautor de los Principia Mathematica, dice de la "sencilla" y fundamental pregunta filosfica por el sentido del "todo" (What is it all aboutl) que a
ella, segn toda la experiencia humana, no se puede dar "ninguna respuesta definitiva" .
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VI
"Lo mstico no est en cmo es el mundo, sino en el hecho de que el mundo
sea", se lee en el Tractatus logico-philosophicus de Ludwig Wittgenstein . Como se
ve, esta frase no se halla demasiado lejos de la vieja pregunta, que de ningn modo fue
Heidegger el primero en formular: "por qu es, en general, algo, por qu no nada?"
. Sin lugar a dudas, estas preguntas no se refieren tanto a la quiddidad, a la essentia de las cosas reales, cuanto, formalmente, a su existentia, a su efectiva presencia en
el mundo. Pero hay que tener presente, por otra parte, que as como la "naturaleza"
propia que se le ha otorgado de antemano a todo ser finito est fundada, en ltima instancia, en un conocer proyectivo y creador, as tambin la existencia fctica de un ser
claramente no absoluto, "contingente", slo resulta comprensible por su reduccin a
un querer creador, ponente de existencia, absolutamente libre y, por lo mismo, imposible de aclarar racionalmente. Una vez ms se ha de mencionar aqu la laudable y aclaradora radicalidad de Jean_Paul Sartre, que llama pura y simplemente "absurdo" a un
existir palmariamente no necesario, pero, a la vez, expresamente no garantizado por
una voluntad absoluta en lo que tiene plenamente razn (repitiendo, por lo dems,
slo que con signo inverso, el viejo argumento, todava empleado por Hegel en pro
de la existencia de Dios, que se apoya, de igual manera, en la contingentia mundi). La
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alternativa a que nos referimos puede, en efecto, ser caracterizada con bastante exactitud por medio de las palabras usadas por Sartre y Wittgenstein: o bien "absurdo" o
bien "mstico". Y hasta se podra, permaneciendo, en parte, dentro del vocabulario
sartreano, decirlo as: o bien "nauseabundo" o bien amable. Del mismo modo como la
verdad "ntica", la conocibilidad y diafanidad, les vienen a las cosas del hecho de ser
pensadas por el Creador, as tambin el querer creador les otorga su condicin de ser
objetos de un "s" y, por consiguiente, les otorga su bondad, como una cualidad que,
desde ese mismo momento, les adviene por su propio ser. Y as valdra la siguiente modulacin de la palabra ya citada de S. Agustn: Nuestro amor se despierta con la bondad de lo que amamos; pero esto que amamos es bueno porque Dios lo ama y lo afirma. Cuando en nuestro amor por un ser humano clamamos " qu maravilloso que
seas!", esta aprobacin encuentra, en ltima instancia, su posibilidad y legitimacin
tan slo en el hecho de que ella es la re-produccin y, en casos felices, quizs incluso la
continuacin y complementacin de aquella divina y previa declaracin de amor que
"de un modo admirable" le ha otorgado, en el acto de la creacin, existir y a la vez
bondad a todo lo que es. Y si "celebrar una fiesta" no es otra cosa que un "s" al mundo y al existir, vitalmente expresado con ocasin especial y de un modo no cotidiano , cmo podra justificarse, en medio del trfago y fastidio de los afanes diarios, la celebracin festiva como cosa real si a aquel "s" no le precediera efectivamente la bondad creatural de la realidad y la existencia o, dicho de otro modo, si no fuera
verdadero que omne ens est bonuml
Y esta misma fundamental sentencia, que no slo afirma la bondad de todo ente,
sino tambin que, pese a todo, es bueno para el hombre existir, tambin ella degradada, con demasiada frecuencia, a la condicin de un estril texto manual, pierde irremediablemente el condimento de su relevancia existencial y hasta todo plausible sentido
cuando no se comprende al hombre y al mundo como creaturae, y a la existencia, la
propia, sobre todo, como una existencia en estricto sentido creatural, esto es, como llevada a cabo por un acto creador de aprobacin.
Y no puede carecer de significacin para el ser-en-el-mundo del hombre desde
ya lo sospechamos el que ste logre o no experimentarse como algo afirmado de una
manera absoluta o, lo que es lo mismo, como creatura. Es una experiencia que necesariamente marcar con su impronta, desde su fondo mismo, el sentimiento de la propia
existencia. Debiera tenerse quizs presente en este punto la terrible concepcin del
mundo que se esconde en la frase de Spinoza que dice que "a Dios, en sentido estricto, nadie lo ama" , para darse cuenta de lo inauditamente otro que es el que nuestro
propio existir consista literalmente en aquel ser amado por el Creador. Un autor cado
entre tanto en el olvido, en un libro notable, igualmente olvidado, ha declarado de un
modo solemne, ya pasado de moda, lo que puede en concreto significar esto para la autocomprensin del hombre: "Y si Dios me ama, pues que soy ese amor, entonces, de
verdad, soy insustituible en el mundo" . De ninguna otra manera, me parece, podramos tan definitivamente cobrar suelo bajo los pies, incluso en la propia conciencia, como a travs de semejante convencimiento, que, a decir verdad, no puede lograrse sobre el fundamento de una mera decisin. Slo en esta certidumbre de ser amado
de un modo absolutamente eficaz podr luego echar races aquella "confianza primordial", a menudo conjurada, que nos permita vivir de un modo ltimamente no problemtico y "simple", en el sentido bblico de la palabra. Y si hoy en da los hombres hablan tan pertinazmente del peligro de la "prdida de identidad", cabe preguntarse si
no se aventara tambin este peligro justamente por medio de la experiencia de estar
existiendo en virtud de un irrevocable ser queridos por Dios mismo. En todo caso,
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VIII "Todos los actos de la voluntad se reducen, como a su primera raz, a aquello
que el hombre quiere naturalmente " .Tambin este pensamiento, que a nosotros nos parece, por lo pronto, difcil de pensar, representa un elemento de la concepcin de la
"creaturidad" que no puede ser dejado de lado y que le es inmediatamente constitutivo, en tanto que ella implica que Dios no slo le ha dado a su creatura, en su proyecto
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creador, una esencia determinada de tal o cual manera, una "naturaleza", y que, por
eso mismo, pretende algo de ella con prioridad a toda autoconformacin propia, sino
que tambin la ha llevado a existir igualmente sin preguntrselo en un acto absolutamente eficiente de voluntad creadora, y esto quiere decir que la ha puesto, con un
impulso, imposible ya de detener, en camino hacia la nica realizacin no slo "pensada", sino tambin "querida" para ella, para la creatura. La idea heideggeriana del "es-'
tar arrojado" no sera, pues, en absoluto, incorrecta si en ella quedara tambin implicado el "arrojador" y su fuerza afirmativa creadora, y as desapareciese de estas palabras cualquier resonancia trgicotenebrosa. En efecto, el acto primigenio de la creatio debe ser pensado, para hablar como Leibniz , como una verdadera "fulguracin",
como un proceso "explosivo" en grado sumo, del que toda la dinmica creatural ha recibido su impulso y es mantenida luego en marcha.
Bien se comprende que para aquel que est habituado a pensar "naturaleza" y
"espritu" como conceptos mutuamente excluyentes, la idea de que pueda iiater un
querer, esto es, un acto espiritual per definitionem que, sin embargo, tenga lugar en el
modo de un acontecimiento natural, resulte una idea difcilmente pensable. Pero los
grandes maestros de la cristiandad impugnaron siempre el que "naturaleza" y "espritu" realmente se contrapongan en este sentido. Su opinin unnime es, por el contrario, que hay un tipo de realidad, el espritu creado, donde ambas cosas, lo natural y lo
espiritual, se encuentran unidas. Dicho de otra manera, si se comprende al hombre como creatura, no hay la menor dificultad sino que, por el contrario, ello resulta enteramente obvio para aceptar que bien pueda y hasta deba acontecer, en el ncleo espiritual de la existencia humana, algo que, por una parte, suceda "de por creacin" y,
por ende, como un proceso natural por encima de nuestras intenciones, y que, sin embargo, brote, por otra parte, del centro mismo de nuestro espritu y, consiguientemente, de un modo que no difiere en absoluto del modo como puede pensarse un acto espiritual. En esta conexin, que slo resulta plausible bajo el supuesto de la creaturidad del hombre, se nos ofrece tambin la nica posibilidad de reducir a su comn raz
dos interpretaciones contrapuestas del querer humano: la interpretacin "determinista" y su contrapartida, legitimadas ambas por una porcin de empira (cada una, claro
est, tan solo por una porcin). As como sabemos, en virtud de inconmovible experiencia, que somos capaces de opciones libres ("All donde hay conocimiento espiritual, se da tambin la libertad de albedro" ) , as tambin es un dato de experiencia,
igualmente constrictivo, que nuestra ltima realizacin propia la "queremos" con la
misma naturalidad con que la piedra que cae tiende a la profundo , que "querer ser
feliz no es cosa de libre decisin" . Puesto que somos espritu creatural imposible de
saciar por algo que no sea el bien en su totalidad, el bonum universale , no estamos determinados, sino que somos libres en nuestra opcin, frente a los bienes particulares,
que slo tienen el carcter de medios, y de ningn modo el de "el" fin. Pero, puesto
que tambin somos espritu creatural, colocados, sin ser inquiridos, en el acto de la
creatio, en camino hacia nuestra propia perfeccin, queremos esta perfeccin "de por
creacin", y esto quiere decir, de un modo natural, y no en virtud de una opcin propia. Sin embargo, si hablamos aqu de "determinacin", hacemos un uso por lo menos
problemtico de esta palabra, un uso que puede lo mismo ser correcto que incorrecto.
Es correcto hablar de "determinacin" si con esto vocablo se mienta la fijacin del
querer en una determinada direccin. Pero si "determinacin" quiere decir "estar determinado por algo extrao" (fremd-Bestimmtheit"), entonces la cosa misma queda,
de partida, desfigurada y falseada; en efecto, ya el simple concepto de un querer natural implica ser un impulso que brota del ncleo ms ntimo del sujeto volente; lo que
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IX
Para concluir estas observaciones de carcter necesariamente aforstico es necesario ya que no tratar, al menos mencionar algunos otros aspectos del multifactico
concepto de "creaturidad".
"Mientras era posible creer que una razn semejante a la humana, pero potenciada
hasta el absoluto haba creado el mundo", tuvo tambin sentido "concebir el mundo
en su totalidad como algo unitario y homogneo" , pero para una ontologa que se
adentra por "nuevos caminos" pareja idea "ya no es en modo alguno una imagen del
mundo r e a l " , sino que, al revs, "tal necesidad de unidad por parte de la razn se
evidencia... como una ilusin" . Esta tesis, formulada por Nicolai Hartmann, es tan
problemtica como digna de meditacin. Como problemtico mustrase especialmente, fuera de la asignacin, demasiado precipitada, de la fe en la creacin al pasado, la
opinin de que la "antigua" ontologa, a saber, "la doctrina del ser dominante desde
Aristteles hasta el fin de la escolstica" , "negando la mltiple variedad del mundo", lo consider como pura y simplemente homogneo. Es una simplificacin inaceptable. Santo Toms de Aquino, por ejemplo, entiende expresamente la abigarrada multiplicidad de las cosas como algo "que no ha llegado a ser por el azar o en forma ca6S
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sual" , sino como algo necesariamente dado con la esencia misma de la creacin .
Es la unidad misma del universo la que exige la diversidad de sus partes . Sin embargo, y aqu radica lo digno de meditacin en el pensamiento de Nicolai Hartmann, semejante unidad y unicidad del mundo no se deja, de hecho, fundamentar en forma^ms
convincente que cuando se lo hace partiendo de su carcter de creacin. "As como
Dios es uno, as tambin ha producido lo uno, no slo en el sentido de que todo ser es
en s mismo uno, sino tambin en cuanto todas las cosas son, en cierto sentido, un
unum perfectum " . Y si Nicolai Hartmann se distancia de la presuntamente "ilusoria" necesidad de unidad de parte de la razn, S. Toms declara simplemente "necesario que todas las cosas pertenezcan a un solo mundo". Y aade inmediatamente una
constatacin, por as decirlo, histrica, vuelta hacia el pasado: que, en consecuencia,
"slo pudieron aceptar varios mundos aquellos que no vieron el origen del mundo en
una sabidura ordenadora" . Hay que preguntarse, por lo dems, si la hiptesis de
una realidad en ltima instancia no unitaria no tendra tambin para la autocomprensin del hombre como campo de encuentro de diversos dominios del ser insospechables consecuencias, para no decir nada acerca del hecho de que el pensamiento de un
mundo inconexo en s mismo, al igual que el de una realidad principalmente inconocible, no puede, probablemente, ser pensado v sostenido en serio.
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tras posibilidades reales. La salida del "aqu y ahora", que siempre de nuevo experimentamos, preludiada ya en la emocin de la msica, pero realizada sobre todo en la
oracin y en la autntica celebracin festiva, pareja superacin de los lmites espaciotemporales de lo meramente actual hacia el ms amplio mundo de un "all, alguna
vez", slo parecer una irreal ensoacin o, en el mejor de los casos, un embellecimiento "potico", a aquel que no ve o no quiere aceptar la verdadera situacin del hombre
en el todo de la realidad. Para quien acepte, en cambio, la creaturidad del hombre y
medite constantemente en ella, el pensamiento de que nuestra existencia se juega siempre en un doble espacio existencial no ser ms que la simple descripcin de la realidad.
Todas estas reflexiones no tienen todava nada que ver con la teologa propiamente dicha, entendida como el intento de interpretar la palabra reveladora de Dios y la
sagrada tradicin, que a ella remonta. Pero que, sin embargo, tambin la esfera de lo
"sobrenatural" en sentido estricto no es en absoluto algo separado, frente a la naturaleza del hombre real, sino que la abertura ontolgica de nuestro ser a una revelacin,
a la gracia o al sacramento no es ya, en s misma, algo "sobrenatural", sino que pertenece precisamente a la dote natal del espritu finito (naturaliter anima est gratiae capax ) tambin esto se halla, por modo de inclusin, ya contenido y dicho en el
concepto de creaturidad. Puesto que, como dijimos, ser creatura equivale a recibir
constantemente el propio ser desde el origen divino y ser ininterrumpidamente creado,
las realidades creaturales, pese a su ser propio, alcanzado precisamente en la creatio, estn en todo momento abiertas a una posible nueva intervencin de parte del Creador
(a esta abertura la llamaron losimaestros de la cristiandad poten ta oboedientiae ). Esta "potencia" estriba en que la creatura, a diferencia de las obras del hombre, ya "listas" en un determinado momento, siempre es "arcilla en las manos del alfarero". Hay,
pues, tambin una idea "sobrenaturalista" falsa acerca de la sobrenaturalidad de la fe,
de la gracia y del sacramento. Pero ella slo puede ser evitada por aquel que tiene un
concepto correcto de la creaturidad del hombre. Poder-creer pertenece, como dice S.
Agustn , a la naturaleza del hombre; y, en la medida en que la falta de fe significa
la negativa a aceptar una interpelacin de Dios hecha suficientemente perceptible, no
vulnera solamente una norma fundable puramente por va sobrenatural, sino que, hacindolo, contradice lo que el hombre es ya de por creacin. As vista, la falta de fe es
contra su propia naturaleza , que es la naturaleza de un ser creado.
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X
A modo de Coda, permtasenos mostrar, en una analoga, lo imprescindible que
es para una reflexin que medita en las propias races que se tenga presente ante la conciencia, en forma consecuente, la categora de la "creaturidad". No es un misterio para
nadie que, en el mbito de la civilizacin occidental todo el mundo habla, spalo o no,
latn y griego. Incluso el que, de un modo muy cotidiano, lee en el diario acerca de
agresiones o de energa atmica, de tolerancia represiva e integracin, de medidas econmicas anticclicas, de mtodos y programas, tiene constantemente que vrselas con
estos dos idiomas. Ahora bien, sin lugar a dudas se puede manejar con sentido dichos
vocablos y darse a entender exitosamente por medio de ellos, sin necesidad de que se
conozca ninguna palabra original de la lengua de Cicern y S. Agustn, o de la de Platn y del Nuevo Testamento. Pero es menester plantear la pregunta crtica si puede llamarse con justeza hombre culto el que slo entiende a medias lo que dice. De un modo
semejante sucede, a lo que parece, con el concepto de creaturidad y sus elementos. No
slo determina, desde sus fundamentos, la forma estructural del mundo y de la existencia, sino tambin, e igualmente, el pensar efectivo, en gran medida irreflexo, pero a
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I, 11.
Quaest. disp. de veritate 10, 1.- Comentario al De anima de Aristteles 1,1, Nr.
15.- Quaest.disp. de spiritualibus creaturis 11
ad 3 . - Quaest. disp. de veritate 4, 1 ad 8.
As "el primer manual alemn general
acerca de la filosofa marxista-Ieninita". Cf.
Marxistische Philosophie. Berln 1967. P. 519;
524.
FRIEDRICH ENGELS. Ludwig Feuerbach und der Ausgang der klassischen deutschen Philosophie. Berln 1946. P. 17 s. - Cf.
tambin J. M. BOCHEN SKI, Der sowjetrussische Materialismus. Berm-Mnchen 1950. P. 95.
FR. ENGELS, Ludwig Feuerbach und
der Ausgang der klassischen deutschen Philosophie. P. 17.
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ibid.
Sum.theol. I, 47, 3.
Theora, id est conteplatio, as se dice
en la traduccin latina que S. TOMAS us como base para su comentario a la Metafsica de
Aristteles.
ARISTOTELES, Metafsica 993 b 20.
Sum.theol. I-II, 113, 10.
Sum.theol. III, 11, 1. Quaest disp. de
veritate 8, 12 ad 4. Quaest. disp. de potentia
Dei 6, 1 ad 18.
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De praedestinatione Sanctorum, cap. 5,
10. Migne PL 44, 968.
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Infidelitas. . . est contra naturam. Sum.
theol. II-II, 10, 1 ad 1.
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El elemento
negativo
en la filosofa
de Sto. Toms
de Aquino
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cin muy discutible que no puede ser empleada ms que con restricciones), no se comprende absolutamente nada, digo, del sentido profundo de esta referencia a Aristteles, si no se la comprende en funcin de esta idea fundamental, pensada hasta en sus
consecuencias extremas: todas las cosas son creaturas (y tambin, expresamente, las
cosas de la realidad visible del mundo).
Por lo tanto, decir que, en el pensamiento de un telogo medieval el concepto de
creacin ocupa igualmente el centro de la interpretacin filosfica del mundo, puede
parecer muy plausible y apenas digno de ser mencionado, o por lo menos en nada
asombroso. Pero nos asombraremos ms bien al ver que se trata aqu de un presupuesto implcito, de una opinin no expresamente formulada, que en cierta manera hay
que leer entre lneas. Santo Toms no desarroll una doctrina muy completa y explcita de la creacin? Es verdad naturalmente, y bastante generalmente as es conocido. Sin embargo tambin es verdad -pero eso no siempre se sabe- que el concepto de
creacin determina la estructura interna de todos los conceptos fundamentales de la
doctrina filosfica del ser en el pensamiento de Santo Toms. Y esta determinacin
por el concepto de creacin no es en absoluto patente, no se puede encontrar formulada expresamente en el conjunto de la obra de Santo Toms; ello forma parte de lo
que, en su doctrina ontolgica, est sobreentendido. Este elemento, puede de tal manera pasar desapercibido que la interpretacin escolar de Santo Toms, habla apenas de l
se nos permitir decirlo si bien es verdad que esta interpretacin escolar est en gran
parte, bajo la influencia de la filosofa racionalista, lo que se manifiesta en particular
por la omisin en cuestin, que deba necesariamente ser causa de malos entendidos
llenos de consecuencias.Nos equivocamos por ejemplo, sobre el sentido de proposiciones como: "Todo lo que es, es bueno"; o bien: "Todo lo que es, es verdadero";
nos equivocamos a mi juicio sobre los conceptos "trascendentales" (en el viejo sentido
del trmino) si no se ve que estas proposiciones y estos conceptos, no tienen en vista
un ser neutro, una simple "presencia", no tienen en vista un ens ut sic, un mundo de
objetos sin rostro, sino el ser en tanto que creatura. Las cosas son buenas por el hecho
mismo que ellas son, porque esta bondad es idntica con el ser de las cosas, y no porque ellas fueran una simple particularidad suplementaria; por otra parte, "verdadero"
es sinnimo de "siendo" y en consecuencia lo que es verdadero en tanto que "siendo"; no es primero "siendo" y luego, adems, verdadero; esas son ideas que sin ninguna duda, forman parte de la doctrina ontolgica clsica de Occidente, y que Santo
Toms ha formulado de manera genial; pero si lo que es, las cosas, no se comprenden formalmente como creatura, esas ideas pierden simplemente su sal; se hacen chatas, estriles, tautolgicas, y en efecto, -y precisamente por esta razn-, esta es la
suerte que han tenido todas estas proposiciones: tan es as que, en un prrafo clebre
de la "Crtica de la Razn Pura", Kant las ha eliminado del arsenal de los conceptos
filosficos; es el prrafo 12 sobre "la proposicin enunciada de la manera siguiente por
los escolsticos: "Omne ens est unum, verum bonum".
Henos aqu trados de nuevo a nuestro tema: la doctrina de Santo Toms sobre la
verdad slo puede ser captada en lo ms esencial y profundo si se hace entrar en juego,
de manera formal, el concepto de creacin. Y en lo que concierne precisamente a la relacin entre el concepto de verdad y el de incognocibilidad, de misterio (relacin que
nosotros nos proponemos tratar aqu), esta relacin no es visible ms que si tiene como
teln de fondo la idea de que todo lo que puede devenir objeto de conocimiento humano es creatura, o creador.
Es naturalmente imposible exponer aqu en todas estas ramificaciones la teora de
la Verdad en Santo Toms, pero no es tampoco necesario para hacer aparecer el objeto
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las cosas artificiales son concebidas, por el hombre. Es porque existe el hombre y su
inteligencia que es capaz de imaginar y de concebir un corta-papel, y que lo ha concebido, nicamente por esto es que hay una "naturaleza" de corta-papel. Y, contina,
puesto que no hay una inteligencia que puede haber concebido las cosas naturales, y
menos al hombre, y que puede haber tenido de antemano una intencin cualquiera
concibindola, no hay esencia de las cosas no-fabricadas, no-artificiales. Cito el texto: ("El existencialismo es un humanismo", pg. 22): "No hay naturaleza humana,
puesto que no hay Dios para concebirla". Mientras que Santo Toms dice: es porque
Dios ha concebido las cosas que ellas tienen una esencia, y ellas tienen una en la medida que Dios las ha concebido.
Una cosa, se ve, es comn a Sartre y a Santo Toms: es el presupuesto de que no
se puede hablar de la esencia de las cosas ms que si se las comprende expresamente
como creadas. Desde el punto de vista de la antigua ontologa, Sartre tiene entonces,
perfectamente razn; tiene tambin perfectamente razn de reprocharle al atesmo
filosfico del Siglo XVIII su falta de lgica, puesto que aquel rechaza el concepto de
creacin pero conserva el hbito de hablar de la "naturaleza de las cosas", como si nada hubiera cambiado (Ibidem. pg. 20). Pensar que las cosas tienen una esencia dada de
antemano, anterior a la existencia, sin pensar al mismo tiempo que ellas forman parte
de lo creado, es superficial, imposible, absurdo, dice Sartre, y tiene razn.
Esta disgresin ha sido ya un poco anticipada sobre la marcha de nuestras ideas,
pero no se ha alejado demasiado de nuestro objeto. Pues el hecho de haber sido concebido por el Creador, es exactamente lo que quiere decir Santo Toms cuando habla de
la verdad inherente a las cosas que son.
Pero es necesario exponer el concepto de verdad de una manera un poco ms sistemtica. La tesis fundamental de la doctrina de Santo Toms sobre la Verdad de las
cosas est en Quest. disp. de veritate (1.2) y es esta: "Res naturalis, inter dos intellectus constitua (est)", a saber, explica ms lejos, entre el intellectus divinus y el intellectus humanus.
En esta posicin de lo real entre el conocimiento de Dios, concibiendo segn un
modo absolutamente creador, y el conocimiento del hombre que limita y sigue lo
dado, la arquitectura de la realidad total se presenta como la estructura de la relacin
entre arquetipos e imgenes: Santo Toms se sirve aqu de un concepto muy viejo,
probablemente pitagrico, el de "medida" con una significacin no cuantitativa
la mensura, es el hecho de dar o de recibir la medida; el conocimiento creador de Dios
es mensurans non mensuratum, l da la medida y no la recibe;lo real natural es mensuratum et mensuras, recibiendo la medida y dndola; el conocimiento humano es
mensuratum non mensurans, recibiendo la medida y no dndola; por lo menos en lo
que concierne a las cosas naturales; pero es mensurans en relacin a la res artificiales
(es aqu que para Santo Toms entra en juego la relacin entre las cosas creadas y cosas
fabricadas).
Luego, conforme a la doble relacin que tienen las cosas, hay segn Santo Toms,
un doble concepto de "verdad de las cosas": el primero significa "el ser concebido"
por Dios, el segundo, la cognoscibilidad para el espritu humano. "Las cosas son verdaderas"; sto significa entonces primeramente: las cosas son conocidas por Dios de
manera creadora y en segundo lugar: las cosas son por ellas mismas accesibles y comprensibles para el conocimiento humano. Pero entre el primer concepto de verdad y
el segundo, existe una relacin de prioridad ntica, de prioritas naturae. Esta prioridad significa dos cosas; la primera, es que no se puede captar el fondo del concepto
de verdad de las cosas, (se pasa pura y simplemente al lado), si no se piensa expresamente: las cosas son creatura, producidas por el conocimiento conceptivo de Dios,
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salidas del "ojo"de Dios (es as que la doctrina ontolgica de los egipcios expresa la
misma idea).
Esta prioridad significa una segunda cosa: el "ser concebido" de las cosas por Dios
es el fundamento de su cognoscibilidad para el hombre; esas dos relaciones no se comportan pues una hacia la otra como el hermano mayor hacia el menor (si se pudiera
expresar as) sino como el padre hacia el hijo: el primero engendra al segundo. Qu
significa sto? Lo siguiente: si las cosas son cognoscibles para nosotros, es porque Dios
las ha concebido; en tanto que concebidas por Dios, las cosas no tienen solamente
su esencia (en cierta manera "para ellas solas"), sino que en tanto que concebidas por
Dios es que tienen tambin su ser "para nosotros". Las cosas tienen su inteligibilidad,
su claridad interior, su poder de manifestarse, porque Dios las ha concebido, es por esto que son esencialmente espirituales. La luminosidad y la claridad que el conocimiento creador de Dios infunde a las cosas al mismo tiempo que su ser (o ms bien como su
ser mismo), esta claridad, y ella sola, hace que las cosas que son, sean perceptibles
al conocimiento humano.
En un comentario sobre la Escritura (sobre I Ti. 6,4) Toms dice sto: "Una cosa
tiene tanta realidad como claridad" y en una obra tarda, su Comentario sobre el Liber
de Causis (1,6) hay una frase que abre profundidades inmensas y formula la misma idea
como si fuera una sentencia mstica: ipsa actualitas rei est quoddam lumen ipsius:
actualitas, el hecho de ser real, sto es el hecho de ser creado. Y es esta luz la que
vuelve las cosas visibles a nuestros ojos, es decir que son cognoscibles porque son creadas, (aqu se puede decir sobre el tema del fundamento del conocimiento algo anlogo
a lo que dice Sartre de la filosofa del siglo XVIII sobre el tema de la naturaleza de
las cosas: no se puede suprimir por el pensamiento el "ser concebido" por Dios sin dejar de perder de vista como es posible el conocimiento de las cosas por el hombre).
Pero en fin, aqu tendra que plantearse la cuestin de la incognoscibilidad como
un elemento del concepto mismo de verdad. Se ha visto que segn la opinin de Santo Toms en el dominio de la realidad natural creada se puede hablar de verdad en
dos sentidos diferentes: primeramente de la verdad de las cosas, que consiste en sto:
que las cosas en tanto que creaturas, corresponden al conocimiento arquetpico, creador de Dios esta correspondencia es, formaliter, la verdad de las cosas. En segundo
trmino, se puede hablar de verdad en relacin al conocimiento por parte del hombre conocimiento que es verdadero porque "recibe su medida", la cual corresponde a
la realidad preexistente, objetiva, de las cosas: es en esta correspondencia que reside
formalmente una vez ms la verdad en el conocimiento humano. (En lo concerniente a las palabras pronunciadas, el trmino "verdadero" es vlido "de la misma manera
que la palabra pensada de la cual ella es signo" (Ver. 1,3.); nosotros no tenemos necesidad de tratar esto especialmente). Pero lo que sigue es importante para nuestro propsito: el conocimiento humano puede ser 'Verdadero" sin que la "verdad" sea conocida formalmente, es decir que el conocimiento puede corresponder a la realidad de las
cosas, sin que esta correspondencia sea comprendida como tal (es aqu que reside por
ejemplo la diferencia entre el conocimiento sensible, o aun intelectual pero ingenuo,
no reflexivo, y el conocimiento reflexivo, que juzga. Es slo en el juicio que la correspondencia en s misma est tomada formalmente como objeto y es, solamente en el
juicio verdadero que se encuentran reunidos los dos elementos: no solamente un conocimiento verdadero, sino tambin el conocimiento de la verdad (I, 16, 2).
Pero esta correspondencia de las cosas con el conocimiento creador de Dios, en la
cual consiste propiamente, de manera primaria, la verdad de las cosas, es lo que vuelve
posible a su vez el conocimiento humano (cognitio est veritatis effectus: he aqu una
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vez ms una de esas frmulas de Santo Toms que chocan con las frmulas habituales: el conocimiento es un efecto de la verdad de la verdad de las cosas!), esta correspondencia, digo, entre lo real natural y el conocimiento arquetpico creador de
Dios, esta correspondencia misma no puede ser conocida formalmente por nosotros. Somos muy capaces de conocer las cosas; pero no formalmente, su verdad.
Conocemos la imagen, pero no su correspondencia con el arquetipo, la correspondencia entre el acto de concebir y el objeto concebido; esta correspondencia en
que consiste de manera primaria la esencia formal y la verdad de las cosas, no la podemos conocer. Es pues aqu donde se manifiesta como verdad e incognoscibilidad estn
ligadas. Sin embargo esta idea necesita ser precisada.
Incognoscibilidad, desde el punto de vista de la lengua es equvoco: admite, al
menos, dos interpretaciones. Este concepto puede significar que una cosa est por s
misma hecha de tal suerte que es accesible al conocimiento general, pero que cierto entendimiento no llega a aprehenderla, porque este entendimiento no es lo bastante penetrante (es en un sentido anlogo que se habla de objetos que no son "discernibles a
simple vista"; se trata aqu ms bien de una insuficiencia del ojo antes que de una particularidad objetiva de la cosa: las estrellas que nosotros no vemos, son perfectamente visibles en s mismas!). Incognoscibilidad, en este sentido, significa solamente esto: el entendimiento no es suficiente para realizar, para actualizar, la virtualidad del
conocimiento que, objetivamente, existe perfectamente. Pero incognoscibilidad puede
tambin significar que tal posibilidad no existe en absoluto; que no hay, por as decirlo, nada para conocer; que no es solamente del lado de un cierto sujeto cognoscente
que la facultad de comprensin y de penetracin es deficiente, sino que no hay cognoscibilidad del lado del objeto. Ahora bien en este sentido, la incognoscibilidad de un objeto real en s mismo, es para Toms una idea impensable. Porque todo lo que es, es
creatura, es decir concebido por Dios, todo lo que es, es en s mismo luminoso, claro,
manifiesto y luminoso por el hecho mismo que es. Incognoscibilidad no puede significar jams entonces, para Santo Toms, que existe algo que sea en s mismo impracticable, oscuro, sino solamente que se encuentra en el tanta luz que un entendimiento
finito es incapaz de agobiarlo: esto sobrepsa el poder de comprensin, esto escapa a la
comprensin intelectual. Es en este sentido, pues, que es cuestin aqu de incognoscibilidad, y adelantamos que ella es parte integrante del concepto verdad de las cosas.
En otros trminos, es inherente a la esencia de las cosas en tanto que creaturas que su
cognoscibilidad (luminosidad, visibilidad) no puede ser agotado por un entendimiento
finito; porque la causa de esta cognoscibilidad tiene al mismo tiempo, necesariamente, por efecto el volver las cosas insondables.
Veamos sto de ms cerca. "Las cosas son verdaderas", sto significa, lo hemos visto, de manera primaria: las cosas son concebidas por Dios. Nos equivocaramos completamente si se comprendiera esta proposicin como refirindose nicamente a Dios,
por ejemplo como la simple constatacin de una actividad divina teniendo a las cosas
como objeto. Esto concierne tambin a la estructura de las cosas; es lo que expresa el
pensamiento de San Agustn: las cosas son porque Dios las ve (mientras que nosotros, vemos las cosas porque ellas son); sto significa que el ser y la esencia de las cosas
reside en su "ser concebido" por el Creador. Se trata, lo hemos dicho, de un nombre
del ser, de un sinnimo de "real", ens et verum convertuntur; es lo mismo decir: "algo
real" o: "algo concebido por Dios". Es la naturaleza de todas las cosas que son (en
tanto que creatura) el estar a la imagen de un arquetipo que mora en el conocimiento
de Dios absolutamente creador; creatura in Deo est creatix essentia, lo creado es en
Dios esencia creadora, dice Santo Toms, en su comentario sobre San Juan (I, 2) y
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en la Suma Teolgica (I. 14, 12. ad 3): "Toda cosa real posee la verdad de su naturaleza en la medida en que ella reproduce el conocimiento de Dios". Era manifiestamente
imposible a Santo Toms hacer abstraccin en su pensamiento sobre la verdad de las
cosas, de esta relacin de correspondencia. Esto salta a la vista, por ejemplo, con el hecho que l ha credo descubrir en los textos donde nosotros no podemos encontrar la
menor traza. He aqu un ejemplo. Se trata de uno de esos saltos, de uno de esos desniveles en el razonamiento, en donde ya hemos dicho, lo que no est dicho se muestra
como por una endija del edificio. En el 2 artculo de la I Quastio disputata de veritate, Santo Toms formula as el concepto fundamental de la verdad de las cosas:"Lo
real es llamado verdadero en la medida en que realiza aquello para lo cual ha sido ordenado por el espritu cognoscente de Dios"; en otros trminos, en la medida en que reproduce el arquetipo del conocimiento divino. Y contina: esto aparece netamente entre otros, en una clebre definicin de Avicena. Pero a nuestro entender esta definicin no contiene nada de tal! Cul era la definicin que da Avicena de la verdad? Era
en la Edad Media una cita casi clsica: "La verdad de cada cosa es la particularidad de
su ser, que le es dada en propiedad permanente" y esta frase dice Santo Toms, hace
manifiesta (sicut patet) la tesis que la verdad de las cosas consiste en el hecho que
ellas han sido concebidas por Dios. No nos vendra jams al espritu establecer la mnima relacin entre las dos proposiciones. Esta "laguna" asombrosa en la argumentacin
no puede comprenderse ms que as: Santo Toms es incapaz de separar la idea de que
las cosas poseen una esencia, o un contenido determinado, de la idea que esta esencia
de las cosas es fruto de un conocimiento creador de Dios que las ha concebido (como
tampoco Sartre puede separar estas dos ideas: si una no es pensada, la otra tampoco
puede serlo).
Volvamos a nuestro problema: esa relacin de correspondencia que existe entre
el arquetipo de Dios y la imagen creada relacin en la que consiste de manera primaria y formal la verdad de las cosas esa relacin misma, como hemos dicho, no podemos jams verla formalmente con nuestros ojos. No podramos nunca establecernos en
un lugar desde donde pudiramos comparar el arquetipo con su imagen. Somos absolutamente incapaces de asistir a la salida de las cosas del "ojo de Dios", de ser de alguna
manera los espectadores. Pero, puesto que es as, nuestro conocimiento, cuando busca
conocer la naturaleza de las cosas, incluso las ms triviales y las ms simples, se compromete en un camino que por principio, no tiene fin, y sto porque las cosas son creatura, es decir porque su luminosidad interior tiene su origen arquetpico en la plenitud
infinita de la luz del conocimiento divino. Esto, como lo hemos dicho, est dado en el
concepto de verdad del ser, tal como Santo Toms lo ha formulado, pero no se lo ve en
toda su profundidad a menos que se conozca que est ligado al concepto de creacin,
lo que, para Toms, es evidente.
Es, entonces en el concepto de verdad as concebido, que el elemento de incognoscibilidad, el elemento de philosophia negativa, del cual vamos a hablar ahora, tiene
su lugar legtimo y su origen. Semejante interpretacin, es verdad, concuerda mal con
la imagen tradicional de Toms "el escolstico". Se considera habitualmente que el rasgo caracterstico y esencial de la escolstica y de Santo Toms, y particularmente de l,
es que la razn natural se considera capaz no solamente de edificar una construccin
coherente de sabidura profana sino tambin de organizar las verdades de la Fe en un
sistema de arquitectura perfecta, por medio de una argumentacin probante. No es posible decir en pocas palabras, como este error de interpretacin, este desconocimiento,
se ha formado histricamente. Est fuera de duda que varias causas convergentes y
muy relacionadas entre s han influido en ello, comenzando por la desconfianza agusti-
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niana (o ms bien del agustinismo), hacia la naturaleza y la ratio, desconfianza que animaba a los reformadores del siglo XVI, y hasta la propia escolstica, queriendo lavar de
este modo a su maestro Toms de la menor sospecha de agnosticismo. Pero, cualquiera
fueran las causas o el motivo, hay toda una serie de proposiciones de Santo Toms, que
no son por as decirlo jams citadas en las exposiciones de su doctrina: son justamente stas en donde est formulado el elemento negativo.
No nos compete hablar aqu ms que de la filosofa negativa de Santo Toms, aunque haya formulado los principios de una teologa negativa, y aunque ese rasgo, (l
tambin), sea ordinariamente pasado bajo silencio como asimismo escamoteado en las
exposiciones corrientes: por ejemplo, es bien raro que se mencione el hecho de que la
doctrina de Dios desarrollada en la Suma Teolgica comienza por la proposicin siguiente: "Nosotros no somos capaces de saber lo que Dios es, pero podemos saber lo
que no es". Jams encontr un manual de filosofa tomista donde est la idea expresada por Santo Toms en su Comentario sobre Boecio (De trinitate, I, 2, ad. I): "Hay
tres grados en el conocimiento de Dios por parte del hombre: el ms bajo es reconocer
a Dios como aquel que acta en la creacin; el segundo es el conocerlo en el espejo de
los seres espirituales; el ms alto grado, es el conocerlo en tanto que desconocido:
"Deum tanquam ignotum!". Y an menos la frase del Quaest. disp. (7, 5. ad. 14):
"He aqu el grado supremo de conocimiento humano de Dios: saber que ignoramos a
Dios", quod sciat se Deum nescire.
Pero en lo que respecta al elemento negativo en la filosofa de Santo Toms est la
frase sobre los filsofos, cuyos esfuerzos en vista del conocimiento no lograron jams
dilucidar el saber de un solo esfuerzo. Eso se encuentra en un Comentario de Smbolo de los Apstoles, escrito en un estilo casi popular es quiz la razn por la cual
no es nunca citado, pero como muchas otras, esta frase forma un conjunto de slida
estructura, y ellas circunscriben una concepcin de la filosofa que formulada de manera rigurosa, excluyen incluso formalmente la idea de un sistema filosfico cerrado. Si
el carcter distintivo de una pregunta filosfica,es el de referirse a la"esencia"de una
cosa ("esto, qu es en s, y en ltimo anlisis?"), entonces en la concepcin de la
filosofa que es la de Santo Toms de Aquino es inherente a la naturaleza de la pregunta filosfica que no se puede responder en el sentido en que est planeada: en una palabra ella no tiene respuesta adecuada. Toms define as el conocimiento "comprenhensivo": es el conocer una cosa en la medida en que es cognoscible por s misma, es convertir el "ser cognoscible" de la cosa en "ser conocido", sin resto alguno, de tal suerte
que no queda nada de la cosa que no sea conocido in actu. Pues bien, una respuesta de
esta clase es la que reclama la pregunta filosfica, por su naturaleza misma; es la nica
que sera una respuesta adecuada. Y sto no es posible porque el "ser cognoscible" de
las cosas que se tratan de convertir en un "ser conocido", consiste en el "ser concebido" por el Creador. Este conocimiento comprenhensivo, y por lo mismo una respuesta adecuada a las preguntas del que filosofa, no es posible porque el conocimiento humano cuando toma por objeto la naturaleza de las cosas, llega en cierta manera a un
abismo de luz, el fondo del cual es Dios mismo. La ciencia puede con derecho limitarse al dominio de lo que es positivamente cognoscible. En tanto que yo me pregunte sobre la composicin qumica de la sustancia celular de esta madera que se pudre, o tambin de la estructura del tomo, estoy en el dominio de lo que comporta, en principio,
una respuesta definitiva, o por lo menos que no excluye en principio tal respuesta. Pero desde el momento que yo pregunto: Qu es esto? y que no respondo solamente:
"es una mesa", o: "es de madera", sino "es materia", o, es "real"qu es lo real?
desde ese momento, tengo que ocuparme, formaliter de lo insondable y de lo incomprensible, porque es inherente a la naturaleza de la pregunta filosfica ocuparse de las
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races de las cosas y penetrar as en la dimensin del "ser concebido" por el Creador,
es decir del "ser creado".
Se comprende as que tanto Santo Toms (en su Comentario sobre la Metafsica, I, 3) pueda decir as como el propio Aristteles: el saber al que apunta la Metafsica, es decir el conocimiento de la naturaleza de las cosas, no pertenece al hombre como una propiedad, sino como un prstamo (non ut possessio, sed sicut aliquid mutuatum): y se comprende porque Santo Toms no tuvo objecciones que hacer contra esta tesis de Aristteles (formulada con un nfasis bien poco aristotlico): la cuestin de
la esencia "es una cuestin planteada desde siempre, hoy y para siempre".
Sin embargo se encuentran en Santo Toms formulaciones an ms "negativas",
por ejemplo sta: "Los principios esenciales de las cosas nos son desconocidos" (en el
Comentario del Peri Psyqus de Aristteles, I, I, N 15). Esta frase no es tan inusual y
excepcional como puede parecer en un primer momento. Sera fcil sumarle una docena de otras del mismo gnero (sacadas de la Suma Teolgica, de la Suma Contra Gentiles, del De Veritate, y de otras Quaestiones disputatae): Formae substantiales per seipsae sunt ignotae (Spir Creat. II, Ad. 3); Differentiae essentiales sunt nobis ignotae
(Ver, 4,1, ad. 8) Todas estas proposiciones queren decir que nosotros no conocemos
verdaderamente el carcter distintivo de las cosas, es decir, la esencia de las cosas: es
igualmente la razn, quiere decir Santo Toms, por la cual nosotros no somos capaces
de darle un nombre esencial (y Toms cita frecuentemente como ejemplos esas desdechadas etimologas medievales, "lapis" viene por ejemplo de "laedere pedem").
Pero por qu, pregunta Toms en alguna parte (Ver, 5, 2, ad. II), por qu nos es
imposible conocer a Dios perfectamente a partir de la Creacin. Su respuesta tiene dos
partes: la segunda es la ms interesante para nosotros. Primera parte de la respuesta: la
creacin no refleja a Dios ms que imperfectamente. Segunda parte: a causa de la imbecillitas intellectus nostri:a causa de la debilidad de nuestro entendimiento, no somos
ni siquiera capaces de leer en las cosas la noticia que ellas contienen realmente acerca
de Dios. Para comprender el peso de esta frmula es necesario recordar que segn la
opinin de Santo Toms es la manera particular en que las creaturas reproducen la perfeccin divina lo que hace precisamente la esencia particular de una cosa (Suma Teolgica, I, 15, 2): "Cada creatura posee su propia natura esencial propiam speciem en la medida en que participa de alguna manera en la reproduccin de la esencia divina; de suerte que Dios, conociendo su propia naturaleza en tanto que imitable de esta
manera por esta creatura determinada, (ut sic imitabilem a tali creatura), conoce su
esencia como el principio y la idea de esta creatura". Esta idea, que alude a una problemtica nueva y muy complicada, tiene una relacin muy precisa con nuestro tema: Toms dice en efecto que la misma naturaleza de las cosas nos es inaccesible en su profundidad, en la medida, en que somos incapaces de captar plenamente la imitacin del
arquetipo divino en tanto que imitacin.
Esta respuesta doble tiene una estructura netamente dialctica; refleja la arquitectura de la creatura misma, que por definicin tiene su origen en Dios y al mismo tiempo en la nada (es por esto que Toms no dice solamente: la realidad de las cosas es su
luz, sino tambin: creatura est tenebra inquantum est ex nihilo, la creatura es tiniebla
en la medida en que ella ha salido de la nada; esta frase no se encuentra en Heidegger,
sino en las Quaest disp. de Veritate de Santo Toms de Aquino, 18, 2 ad. 5). Y la respuesta a la pregunta planteada, por qu no podemos conocer a Dios perfectamente a
partir de la creacin, tiene tambin una estructura contradictoria. Pues qu dice?
Esto: las cosas, por su naturaleza, no expresan sino imperfectamente a Dios. Por qu?
Porque las cosas son creatura y la creatura no puede expresar perfectamente al Creador. Sin embargo, contina la respuesta, la plenitud de luz de esta expresin imperfec-
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ta, tambin sobrepsasa el entendimiento humano. Por qu? Porque las cosas, en tanto que concebidas por Dios, reflejan en su ser una luz infinita, es decir aqu una vez
ms: porque las cosas son creatura.
Hemos hablado del elemento "negativo" en la filosofa de Santo Toms de Aquino: vemos aqu que esta frmula est sujeta a malos entendidos, y por qu tiene necesidad de ser puesta bajo una forma ms precisa, y adems quizs de ser corregida.
Lo "negativo" no reside ciertamente en sto, que el ser de las cosas en el conocimiento humano no sera alcanzado. Intellectus... penetrat usque ad rei essentiam (I, II,
3 1 , 5 ) esta frase es valedera para Toms a pesar de la otra frase sobre los filsofos
cuyo entendimiento no supo captar la naturaleza de un solo vistazo. Estas dos afirmaciones van juntas; el entendimiento alcanza las cosas, y esto est probado precisamente por el hecho de que llega al abismo insondable de la luz; si el espritu hace esta experiencia, es porque alcanza el ser de las cosas y cuando lo alcanza, como dice Nicols de Cusa en su interpretacin de la "Docta ignorancia" socrtica, slo aquel que toca
la luz viendo, conoce que la luminosidad del sol sobrepasa nuestro poder de visin
(Apol. Doctae Ignorantiae, 2, 20, sqq.).
No puede haber cuestin de agnosticismo en Toms; y la neoescolstica tiene mucha razn en hacer resaltar esto con insistencia. Sin embargo, no pienso que sea posible poner en evidencia las races de ese hecho sin hacer entrar en juego formalmente el
concepto de creacin. No es posible, digo, sin hablar de la estructura de las cosas en
tanto que creaturas, estructura que significa que las cosas por el hecho de su "ser concebidas" por el Creador, poseen el uno y el otro carcter: su luminosidad ntica, su
facultad de manifestarse, como por el mismo hecho de su insondabilidad, su "inagotabilidad", su cognoscibilidad tanto como su incognoscibilidad. Sin esta precisin, no es
posible, me parece, mostrar que el "elemento negativo" en la filosofa de Santo Toms
no tiene nada que ver con el agnosticismo. El que trata de obviarle se expone fatalmente como lo muestra el ejemplo de ms de un ensayo neoescolstico al peligro de interpretar a Santo Toms como racionalista, es decir de mal interpretarlo.
Del mismo modo, la doctrina de Toms se resiste a ser clasificada bajo el denominador de ningn " . . . i s m o " . A lo mejor, podra decirse que expresa la esperanza de
la existencia humana estructura esencialmente flexible: el hombre es un conocedor,
del cual no puede decirse que "posee" ni que deja de poseer. No posee an! El conocedor es visto como un "viator", como alguien en camino, es decir, por una parte sus
pasos tienen sentido, no son en principio intiles, se acercan a un fin. Pero esto no puede ser pensado sin la integracin de otro elemento: en tanto el hombre, en cuanto que
existe, est en camino, este sendero de su conocimiento es interminable. Y esta estructura de esperanza en el conocimiento que busca conocer la naturaleza de las cosas,
es decir que filosofa, encuentra su fundamento en esto (repitmoslo una vez ms!):
que el mundo es creatura (el mundo y el propio hombre cognoscente).
Pero, porque la esperanza est ms cerca del s que del no, el "elemento negativo" en la filosofa de Santo Toms (nuestro objeto era formularlo), debe ser visto contra el teln de fondo de una verdad ms vasta. La incognoscibilidad de la esencia de
las cosas es propiamente inherente al concepto mismo de verdad de las cosas. Pero esto significa tan poco de inaccesibilidad objetiva, tan poca oscuridad en las cosas, que
se nos aparece una verdadera paradoja: si las cosas son incognoscibles para el hombre,
es, en definitiva, porque son demasiado luminosas, esto es, demasiado cognoscibles.
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Riesgos y
valores de la
tradicin
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be algo. Ese algo que, indiferentemente, es entendido y caracterizado como transmisin, tradicin, contenido de instituciones, tesis, etc. puede referirse a cualquier
mbito pensable de la existencia. Puede tratarse de una cancin, un uso, una festividad,
una institucin, una norma de comportamiento (formas de hablar, de saludar, de presentarse, de conducta en el culto divino, cmo se recibe a un husped, etc.).
Lo transmitido puede naturalmente ser tambin una doctrina, un juicio acerca de
la realidad, y en adelante pondremos el acento especialmente an cuando no en sentido exclusivo en el problema de la transmisin de la verdad; acerca de lo cual es necesario tener en claro que, naturalmente, tambin en un uso, en una festividad, en una
institucin puede estar corporizada una doctrina.
Previamente, empero, debemos decir algo ms acerca de las relaciones entre las
partes que tienen que ver en este proceso de la Tradicin, sea que se trate de individuos
o de las generaciones. Cuando tiene lugar la transmisin, tiene lugar tambin ese algo
que es distinto de una conversacin o un dilogo: es decir, uno habla, el otro escucha.
Se podra aqu objetar: acaso no tiene lugar una conversacin entre padres e hijos,
o entre generaciones, cuando las cosas suceden correctamente? No debe darse acaso?
A eso yo respondera: naturalmente. Pero entre las generaciones suceden normalmente muchas cosas que no son transmisin (o tradicin).-Tambin el proceso mismo de
la tradicin a veces podra distinguirse apenas en concreto de una discusin. Y con todo transmisin es algo, en principio, distinto de una discusin. En los Dilogos de Platn, que por cierto pueden pasar por ser el caso clsico de discusin, de una inquisicin en comn, como le gustaba decir a Scrates ("Permtenos investigar en comn"),
an all es posible leer muy fcilmente ms all de estos lmites, en los que de alguna
manera la situacin total repentinamente se cambia, y donde el dilogo y la conversacin en la que toman parte con igualdad de derechos todos los amigos, los discpulos y los impugnadores de improviso se transforma en otra cosa, es decir, en un acto
de transmisin. Cuando al final del dilogo "Gorgias", por ejemplo, Scrates narra el
mito del juicio despus de la muerte, eso es algo, de acuerdo a la estructura interna
del dilogo totalmente distinto de la discusin precedente. No se trata ya ms de una
conversacin en comn, sino de un transmitir (Tradieren) y una tradicin en sentido
estricto.
Pero entre las generaciones tienen lugar, adems del dilogo y la tradicin, como
queda dicho, otras cosas, por ejemplo, lo que podramos denominar proceso de aprendizaje colectivo. Quizs ocupe este proceso de aprendizaje colectivo el mayor espacio
entre todo aquello que ocurre entre las generaciones. Pero nuevamente hemos de notar: una cosa es aprender, y otra cosa totalmente distinta es recibir lo transmitido,
aceptar lo transmitido, as como por otra parte tambin ensear y transmitir son
dos cosas totalmente diversas, an cuando en concreto ambas puedan estar tan entremezcladas hasta la indiscernibilidad. Pero creo que vale la pena ser muy preciso en el
uso de estos trminos fundamentales, an a costa, tal vez, de perder a veces la paciencia. Hay multitud de ejemplos en que una aparentemente pequesima imprecisin
puede conducir a una confusin de mbitos enteros de conceptos, con enormes consecuencias. Por lo tanto, dnde est la diferencia entre ensear y transmitir? Cuando
un investigador comunica a sus discpulos sus propios descubrimientos y los resultados
de su trabajo, tiene lugar sin duda una enseanza; en este caso no podramos utilizar el
trmino "transmisin"; estara simplemente contra el uso lingstico. Hablamos de
"transmisin" slo cuando es transmitido, no algo propio, sino algo recibido, con el
fin de que ese algo sea a su vez recibido y nuevamente transmitido. Esto podra ser vlido casi como una definicin, como una determinacin formal del concepto de Tradi-
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cin. "Yo he recibido lo que os he transmitido": "yo os he transmitido, lo que yo tambin he recibido"; "quod a patribus acceperunt, hoc filiis tradiderunt", "lo que ellos
recibieron de sus padres, eso transmitieron a sus hijos". Estas tres frases (las dos primeras provienen de la Primera Carta a los Corintios, la tercera se encuentra en San Agustn) creo que nos ofrecen una formulacin bastante precisa de la estructura interna de
lo que es transmitir.
El proceso de transmisin queda recin completo, naturalmente, cuando el ltimo en la serie en cada caso, la generacin joven realmente recibe y acepta lo transmitido (traditum) que ante todo no es ms que un puro "tradendum", algo que a su
vez ha de transmitirse. Si esto no sucede, por cualquier motivo, no tiene lugar la transmisin (Ueberlieferung) en sentido estricto; al menos todava no. Tampoco puede decirse que tiene lugar la enseanza por el solo hecho de que alguien siente ctedra y hable; si los oyentes no salen de all instruidos, no ha tenido lugar el proceso de enseanza.
Un motivo de la no aceptacin puede ser el estilo en el cual lo que debe ser transmitido es ofrecido y propuesto; impedimentos de este tipo son frecuentes por parte de
la generacin que se encuentra en la conduccin. No puede hacerse nada que sea ms
desesperanzador que el responder a un joven que pregunta con sentido crtico, por qu
algo recibido debe seguir teniendo validez "Porque eso es tradicin". Estuve una vez en
Calcuta, como husped de una familia,en cuya casa da tras da se cumpla, en un cuarto especialmente preparado para eso, el ritual del Hinduismo ortodoxo, por parte de
un brahmn. Los hijos de la casa, estudiantes universitarios, a quienes yo conoca y
que me haban llevado all se me rieron en la cara simplemente, cuando les pregunt
qu significaba lo que haca el sacerdote. "Todos disparates". Cuando me volv al padre de la familia y lo interrogu,ste se encogi de hombros y me dijo: "This has been
done for a thousand years" esto lo hacemos as desde hace mil aos. Cuando poco
despus abandonaba yo la casa en compaa de uno de los hijos, se quejaba ste colrico con razn, a mi entender por no haber recibido nunca otra explicacin.
Consecuentemente, quien quiera transmitir algo, no debe hablar de Tradicin; debe ms bien procurar que los contenidos a transmitir, las viejas verdades, sean mantenidas presentes, por ejemplo, mediante expresiones vivas, mediante una traduccin creadora, a travs de una permanente confrontacin con lo inmediatamente contemporneo y, ante todo, tambin con el futuro. Con esto aparece claro que el acto mismo de
transmitir es una tarea plena de exigencias y que el proceso de transmitir vitalmente algo traditum es algo eminentemente dinmico.
Debemos decir algo ahora acerca del recibimiento de lo que ha de transmitirse.
Cmo sucede esto propiamente?. El ltimo en la serie debe, por supuesto, tomar realmente parte en la transmisin. Ms precisamente: De qu tipo es el acto en que lo
traditum es recibido, de tal manera que la transmisin en realidad se cumpla acabadamente o que se realice simplemente? En cualquier caso este acto es claramente diverso de un mero acto de conocimiento. Evidentemente no tiene lugar en la actitud de
quien recibe una informacin. Un historiador, por ejemplo, en cuanto tal, puede tener
un conocimiento muy preciso y muy amplio sobre los tradita, sin que tome parte en la
Tradicin, es decir, sin estar por ello en la Tradicin. Hacen reflexionar aquellas palabras de Jaspers, cuando dice que quizs algn da poseamos y conozcamos todos los
documentos, y con todo la Tradicin est ausente y destruida con lo que Jaspers trae
a colacin el tan difcil y complejo problema de la relacin entre "Tradicin e Historia". Dicho brevemente, el problema finca en que la aceptacin de los Tradita presupo-
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"alguienes", de sujetos personales. Habla de los "antiguos", de los palaioi y de ios archaioi: a ellos se refiere por otra parte no slo Platn, sino tambin el Aristteles crtico y poco amigo de los mitos. "Los antiguos" pasan por ser aqu los garantes de esa
sabidura transmitida. Pero, quines son esos "antiguos" que permanecen en el anonimato? No se nombra a nadie. A quines se refieren?
En primer lugar: a quin no se refieren? No se refieren a los viejos, a los llenos de
aos, a los gerontes, a los que poseen mucha experiencia, a los hombres de cabellos
blancos. Se refieren ms bien a los primeros, a aqullos que estn ms cerca del origen;
su contraparte no son los jvenes, sino los ltimos, los tardos, los nacidos posteriormente. Pero sta no es toda la respuesta platnica a la pregunta sobre quines son los
antiguos. La respuesta precisa penetra ms profundamente y es algo de una inesperada
riqueza de consecuencias. Los Antiguos, dice Platn, son aqullos que -cito textualmente "mejores que nosotros, aposentados cerca de los dioses, son los primeros que
recibieron de una fuente divina un conocimiento, en todo caso algo dicho, y esto nos
lo han transmitido a nosotros, los nacidos posteriormente". Con esto se reconoce, por
una parte, a los antiguos una autoridad incomparable, no hallable absolutamente en
el mbito humano; por otra parte se afirma abiertamente que ni los antiguos mismos,
en sentido estricto, son el ltimo fundamento en el que Scrates cree, cuando l acepta lo transmitido como verdad; el ltimo fundamento en el cual l se apoya es aqul
que, como se dice en el dilogo "Filebo", es un conocimiento trado por un desconocido Prometeo, como regalo de los dioses; es lo dicho por los dioses, que puede caracterizrselo confiadamente con el nombre de "Revelacin". Este informe, como dije, es
algo muy rico en consecuencias. Efectivamente, en ello se expresa hoy algo que pertenece esencialmente al concepto y sobre todo a la realidad de la tradicin.
Ante todo, se expresan dos cosas. En primer lugar, que no cualquiera tiene de por
s acceso inmediato a la Revelacin; sino que ms bien esos cualesquiera podrn tomar
parte en ese mensaje divino slo de una manera: en la medida en que oyendo, estn
unidos a los primeros recipiendarios del mensaje, es decir, los Antiguos. Admitir esto
es contradecir naturalmente la pretensin de la "libre subjetividad", como se ha llamado con todo derecho a la forma especficamente moderna de la religin. Es evidente
que en la medida en que la conciencia individual est de todos modos en relacin inmediata con el Absoluto, no necesita de la tradicin.
En segundo lugar, el recurso platnico a los Antiguos implica la confiada certeza
de que existe por sobre la sucesin de generaciones y pocas histricas una unin, una
comunidad con los "Antiguos", con los primeros recipiendarios de la Revelacin, la
cual hace posible y tambin garantiza la idntica entrega ulterior de la palabra divina hasta los ltimos en la serie.
Lo verdaderamente excitante en esta informacin platnica -por la que no
nos interesamos a fuer de intrpretes de Platn, ni como investigadores de la Historia
de las Ideas es que todo esto coincide exactamente con la respuesta cristiana sobre
este mismo asunto; si es que no es, en el fondo, idntica. Si, por ejemplo, consideramos cada uno de los elementos de la descripcin platnica de los "antiguos" (ms cercanos a la esfera divina que el hombre comn; mejores que nosotros, con lo que verosmilmente se expresa no la integridad moral, sino la mayor plenitud de la existencia y sobre todo, los primeros destinatarios de un conocimiento descendido de una
fuente divina, que transmiten luego a otros hombres) no puede quedar casi ninguna duda de que hay una profunda analoga entre esta descripcin de los Antiguos, por un lado, y la determinacin conceptual, por otro lado, con la que la Teologa cristiana des-
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quilamente suspendidas cuando los tiempos no estn para ello; probablemente en los
aos 1944/45 no se celebr ningn Carnaval en Colonia. Puede haber das de fiesta que
podran ser suprimidos: formalmente o simplemente caer en desuso sin perjuicio ninguno. Pero dejar de festejar Pascua o Navidad, incluso en medio de las ruinas producidas por los bombardeos durante los aos de guerra, esto no se podra. Ni tampoco se
podran suprimir esas fiestas! Con ello se lesionara abiertamente una obligacin incomparablemente ms seria, la obligacin que es inherente slo a la Tradicin sagrada. Slo en este caso (cuando los hijos realmente dejaran de festejar las fiestas culturales festejadas por sus padres, o cuando los tradita de la Tradicin sagrada no fueran
ms recibidos ni transmitidos) debera hablarse, en sentido estricto y profundo del trmino, de una prdida de la tradicin, de una falta de tradicin o de una ruptura con la
misma. Tal vez somos algo precipitados en el uso de tales trminos. Pero en este caso
seran oportunos.
Naturalmente, esto sucede, de modo normal de tal manera que el ncleo de lo que
debe ser conservado se entremezcla y entrelaza de mltiples modos con las conformaciones bien concretas de la vida histrica y tambin con las costumbres convencionales de tipo ms casual. El problema es muy complicado; y ste es el motivo por el cual
una mutacin en lo externo y en lo que "en s" es accidental puede ciertamente amenazar tambin la mera conservacin de lo esencial, de tal manera que quien rompe con
las as llamadas tradiciones externas, o ironiza sobre ellas, hace algo discutible. Un emprico de la investigacin folklrica me contaba lo siguiente: cuando un determinado
grupo tnico deja de cocinar sus tortas de una determinada manera, entonces s que la
gente ya no va ms tampoco a la iglesia. Cul es la causa y la consecuencia, es difcil
decirlo; pero ambas cosas estn, en cualquier caso, entrelazadas. Por otra parte y esto me parece an ms importante, cuanto ms decidida y conscientemente se orienta
la energa de la voluntad de preservacin a lo definitivamente digno y necesario de conservacin, tanto mayor es el quantum de mutacin en lo externo que puede aguantarse
y soportarse, sin que haya de temerse un rompimiento. La autntica conciencia de la
tradicin hace a uno precisamente libre e independiente frente a los conservadorismos, que se preocupan con una inquietud desmesurada del culto de las tradiciones. Sin
duda alguna hay un "cultivo de la tradicin" que anclado en las casuales apariencias
histricas de lo heredado, impiden una real transmisin ulterior de los verdaderos valores a preservar. Existen conservadorismos que impiden la tradicin; y existen conservadorismos que no llegan a percibir que la Tradicin tiene lugar, gracias a que se realiza
bajo nuevas formas.
Cierto es que la nueva formulacin es siempre una tarea nueva, en funcin de la
idntica presentacin del "texto primitivo". Lo que dice en realidad, por ejemplo, una
frase como la de la narracin bblica de la creacin: "Dios form al hombre del barro
de la tierra e insufl en l el aliento de la vida", debe ser permanentemente expresado e
interpretado en forma nueva, teniendo hoy en consideracin todo aquello que sabemos
crticamente acerca del origen del hombre, gracias a la Paleontologa y a la investigacin sobre la evolucin. De otra manera no pueden mantenerse precisamente presentes los contenidos de la Sagrada Tradicin en cada poca. Esto significa que, cuando no
tiene lugar ni se realiza esa nueva formulacin, entonces se frustra y se desaprovecha
precisamente aquello que se tiene en vista con "la" Tradicin, es decir, la participacin
real del hombre en el Mensaje Divino pronunciado una vez en la historia.
Encarar esta nunca acabable tarea, sa es la ocupacin propia de la Teologa. Eso
es Teologa; es decir esa siempre nueva versin que ha de hacerse de los Textos primiti-
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vos de la Revelacin -bajo condiciones permanentemente cambiantes- y su transcripcin en la conceptuacin de cada momento histrico, para que de esta manera el mensaje originariamente de fuente divina dirigido al hombre y que puede ser una informacin, una indicacin, o tambin un Sacramento -permanezca idntico en el presente y, por as decirlo, comprensible. Por el contrario, una mera reflexin actualstica de
los impulsos religiosos o tenidos por religiosos, de la poca -an cuando se sirva quizs
de una terminologa o de conceptos bblicos esto no tiene nada que ver con una verdadera Teologa.
Por otra parte habla mucho en favor de lo dicho, el hecho de que el desafo implcito en toda verdadera Teologa, como interpretacin de la Sagrada Tradicin, slo
es aceptado en la cristiandad occidental.
Quiz puede decirse tambin que se trata, desde el punto de vista de los hechos, de
algo especficamente cristiano. En cualquier caso no existe en los mbitos no cristianos, al parecer, ninguna teologa, en este sentido. Muchas veces entr en dilogo en
Universidades de la India, con profesores del Departamento de Snscrito, que corresponde ms o menos a nuestras Facultades de Teologa; tuve la experiencia de que all
no se ve ni la necesidad ni la posibilidad de confrontar para nada la Tradicin religiosa del Hindusmo con las modernas Ciencias Naturales enseadas en esas mismas universidades. La inevitable consecuencia es doble. Por un lado, la esterilidad del contenido de la Tradicin, recitado permanentemente en forma repetida y cultural; por otro
lado, el abandono que se hace de la joven generacin, la cual por ese camino pierde
simplemente la vinculacin con la propia fuente espiritual. Los mcos que, en la India,
han emprendido el intento de hacer accesible al pensamiento de nuestro tiempo y mantener presente la verdad oculta en la doctrina hind sobre Dios, mediante la interpretacin y la transcripcin, son los misioneros cristianos de Europa; intento quiz, entretanto, desprovisto de esperanza. Estos hombres formados en el espritu occidental estn sin duda persuadidos de que sera una funestsima simplificacin, el limitar la
posibilidad de la sagrada tradicin al mbito de la doctrina bblicocristiana. Es concebir la cosa con demasiada estrechez si se define, como ocurre en una conocida monografa sobre el concepto de tradicin, que la tradicin sagrada no es sino, estoy citando, "la predicacin eclesial de la Fe, que comenz con los Apstoles y fue continuada
con la misma autoridad por sus sucesores". Creo que tal restriccin, precisamente a lo
teolgico, es algo discutible. Quien en todo caso, est convencido de que hubo, mucho
antes de los Apstoles, algo as como una "Revelacin primitiva" no puede cuestionar
con razn a la tradicin mtica en los mbitos pre y extra-cristiano de conservar tambin a travs de los tiempos un conocimiento proveniente de una fuente divina. La idea
de una Revelacin primitiva no goza por cierto de gran relevancia en la controversia
moderna, si es que alguna vez aparece, aunque telogos tan importantes como Newman, Scheeben, o Mhler no la hayan en absoluto dejado de lado y an cuando tal
concepto se halla incardinado desde las pocas ms tempranas en la teologa cristiana.
Estoy igualmente seguro de que este concepto reaparecer siempre de nuevo. La nocin de Revelacin primitiva significa que al comienzo de la historia de la humanidad
se encuentra el acontecimiento de una locucin divina dirigida expresamente a la humanidad como un todo; y lo all comunicado ha entrado en la Tradicin sagrada de
todos los pueblos, y por lo tanto en sus mitos, y all tambin conservados y presentes, si bien ms o menos reconocibles. Es, por cierto, correcto, que la Tradicin mtica, para llegar a su propia verdad, necesita de la limpieza, de la purificacin y tambin
del correctivo que surge del poder del Logos aparecido definitivamente entre los hom-
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bres; pero sin embargo es poco decoroso para la Cristiandad el ignorar la dignidad de
los Tradita all presentes. En este sentido es bueno recordar a los Padres de la Iglesia
primitiva, quienes en todo caso desde Justino Mrtir hasta Orgenes y Agustn defendieron unnimamente (contra la estrechez sectaria, que ya entonces tambin se daba,
por ejemplo en Tertuliano), su conviccin del poder seminal de la palabra divina y hablaron de las semillas de verdad activas desde el origen de la historia de la humanidad
en las sabiduras de los pueblos y en las enseanzas de los filsofos.
Pero no es slo el origen sobrehumano el que merece respeto, sino sobre todo,
pienso que no debera olvidarse que la mancomunidad de la sagrada Tradicin crea una
unidad fundamental de todos los hombres, en realidad una unidad respecto a los fundamentos, y que la comunicacin entre los hombres slo es posibilitada y, por as decir, realizada por esa mancomunin. Probablemente pertenece a una de las cosas ms
catastrficas que acaecen hoy en este planeta Tierra, el que una civilizacin mundial
secularista, que parece estar a punto de abandonar definitivamente el suelo de su propia gran tradicin, traicionando sus orgenes, ahora est presionando a todas las dems culturas a renunciar a sus propios Tradita y de ese modo al autodesarraigo, con la
consecuencia de que incluso los esfuerzos ms heroicos en pro de un "acuerdo" ms
profundo se ven reducidos casi necesariamente a la esterilidad.
Para finalizar, an una palabra sobre el significado "de" la Tradicin, es decir, de
la tradicin sagrada, para el que filosofa, con lo cual no pienso en el representante de
una disciplina acadmica especializada, sino en general en el hombre que lleva una
existencia espiritual, en cuanto mantiene metdicamente despierta la pregunta sobre la
coherencia total del mundo y, sobre todo, sobre el sentido de la propia existencia y
reflexiona sobre ella. Por un lado, estoy convencido de que el mpetu existencial, la autenticidad, la profundidad y por as decirlo el vigor del filosofar as entendido dependen de si est realizada o no esta relacin difcil de precisar contrapuntstica, para
decirlo abreviadamente con la tradicin sagrada. Por otro lado, parece ser caracterstico de quien hoy filosofa el tender con cada vez mayor consecuencia a dejar fuera
de consideracin en su reflexin sobre el mundo y la existencia a los tradita de la tradicin sagrada.
El diagnstico que redactara Nietzsche hace casi cien aos parece tener cada da
ms razn: "Lo que hoy en da es ms a fondo agredido, es el instinto y la voluntad
de la Tradicin. Todas las instituciones que deben su origen a este instinto, van a contrapelo del espritu moderno".
Esta frase apunta naturalmente ms all del mbito de la reflexin filosfica; incluso primariamente parece estar orientada a algo distinto, pero ella es vlida as como
tambin la ligadura con la Tradicin es desaparicin, como all se deplora sobre todo, para la relacin filosofante con el mundo, y es vlida siempre que se trata de la interpretacin de la realidad como un todo, por lo tanto, tambin para el mbito artstico. Esto pues debe ser afirmado una vez ms entre parntesis: la emocionante y arrebatadora fuerza de las artes de las musas se alimenta de aquella igual dimensin de la
realidad que se descubre en la tradicin sagrada. Quien encuentra esto demasiado
trado de los cabellos o demasiado "piadoso", ste puede darse por avisado de lo mismo por el ltimo Goethe, en cuya correspondencia con el msico Cari Friedrich Zelter siempre se lee esta asombrosa frase: "Cada artista autntico debe ser considerado
como quien quiere custodiar algo reconocido como sacro y difundirlo con seriedad y
reflexin. Pero cada siglo tiende a su modo a lo secular y busca convertir en vil lo sa-
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grado, en fcil lo difcil y lo serio en risible, contra lo cual no habra tampoco nada
que decir, con tal de que no se destruyesen adems la seriedad y la diversin". De cualquier modo, en el filosofar, slo del cual debe hablarse expresamente para concluir,
sucede desde hace tiempo que se tiende con toda violencia y muy fundadamente "hacia lo secular"; y tambin aqu vale aquello de que quizs no habra absolutamente nada que decir, con tal de que adems no pereciese lo que constituye el objetivo verdadero del filosofar con lo que se mienta no slo una especial disciplina acadmica, sino
en general el estilo espiritual de vida del hombre.
Dos significativos crticos filosficos de este nuestro tiempo, aunque situados ms
bien en los antpodas uno respecto del otro, y por cierto cada uno independientemente del otro, han dado exactamente el mismo nombre al estado de nimo engendrado por
un filosofar conscientemente desprovisto de tradicin y cerrado a la tradicin sagrada. Uno es Karl Jaspers. Jaspers dice (por lo dems, con la mirada puesta en una conformacin ampliamente influyente de la filosofa contempornea) que los contenidos
de la gran tradicin han sido dejados de lado, pero que sin ellos la filosofa debe inevitablemente extinguirse y sucumbir, siendo el resultado: "una seriedad que se torna vaca". Y precisamente este trmino "vaco" reaparece en el ya una vez citado "ruso occidental" Ivanov. Al historiador liberal que delira por la felicidad de zambullirse en el
ro Leteo, arrastrando consigo todo recuerdo de la religin, filosofa y poesa, para
luego, desnudo como el primer hombre, saltar a la orilla, Ivanov le da una respuesta
muy decidida: "La libertad conseguida subrepticiamente a la manera del olvido es
vaca".
Otro aspecto de la catstrofe, que en razn de la creciente desfiguracin de la tradicin sagrada amenaza a la convivencia espiritual de los hombres, es trado a colacin por uno de los ltimos trabajos escritos por mi venerado amigo Gerhard Krger antes de enmudecer por dos dcadas. All se encuentran estas frases en realidad terribles: "Slo vivimos an de nuestra inconsecuencia, a saber, de que no hemos silenciado realmente a toda la Tradicin. Marchamos hacia la imposibilidad radical de la
existencia comn y llena de sentido, an cuando nadie pueda imaginarse ese final".
Por otra parte, se halla una quizs inesperada confirmacin de esta ltima frase en
el filsofo polaco Leschek Kolakowski, quien dice: "En el caso de que la oposicin
contra la Tradicin conduzca a su total negacin cosa que, felizmente, es poco verosmil podemos hablar con pleno derecho del final del mundo humano".
Ahora bien, yo no creo que estas expresiones tengan nada que ver con el gnero
literario de una crtica no comprometida del presente ni con una vaga filosofa de la
decadencia; sealan y esto, por cierto, con profunda seriedad la fuerza unificadora
de la Tradicin, indicando que la unidad decisiva del gnero humano no puede fundarse ni garantizarse por la realizacin de un mundo polticamente uno, ni por cualquier
unanimidad de la voluntad cultural, ni tampoco por el respeto solidario ante el arte
y la ciencia, ni por la posibilitacin tcnica de las comunicaciones a lo largo del planeta Tierra, ni mediante una lengua mundial universal, ni an por medio de la organizacin internacional de competencias deportivas; que ms bien la verdadera unidad entre los hombres tiene su raz en la comunidad de "la" Tradicin, es decir, en la participacin comn en la tradicin sagrada que se funda en una palabra de Dios.
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Contenido
Noticia Biogrfica
Nota
preliminar
Creaturidad
Ensayo publicado en
la revista Philosophica
N 2/3, ao 1979/1980
Traduccin de
Roberto Vergara y
Jorge E. Rivera
El elemento negativo
en la filosofa
de Sto. Toms
de Aquino
Ensayo publicado en
la revista Dieu Vivant
N 20, ao 1951
Traduccin del francs
de Sebastin Randle
Riesgos y
valores de la
tradicin
Ensayo publicado en
la revista Ethos
N 6/7 ao 1978/1979
Traduccin del alemn
por Roberto Brie y
y Gustavo D. Corbi