Mi paisaje
Mario Bendetti
Elegir mi paisaje
Si pudiera elegir mi paisaje
de cosas memorables,
mi paisaje de otoo desolado,
elegira, robara esta calle
que es anterior a m y a todos.
Ella devuelve mi mirada inservible,
la de hace apenas quince o veinte aos
cuando la casa verde envenenaba el cielo.
Por eso es cruel dejarla recin atardecida
con tantos balcones como nidos a solas
y tantos pasos como nunca esperados.
Aqu estarn siempre, aqu, los enemigos,
los espas aleves de la soledad,
las piernas de mujer que arrastran a mis ojos
lejos de la ecuacin dedos incgnitas.
Aqu hay pjaros, lluvia, alguna muerte,
hojas secas, bocinas y nombres desolados,
nubes que van creciendo en mi ventana
mientras la humedad trae lamentos y moscas.
Sin embargo existe tambin el pasado
con sus sbitas rosas y modestos escndalos
con sus duros sonidos de una ansiedad cualquiera
y su insignificante comezn de recuerdos.
Ah si pudiera elegir mi paisaje
elegira, robara esta calle,
esta calle recin atardecida
en la que encarnizadamente revivo
y de la que s con estricta nostalgia
el nmero y el nombre de sus setenta rboles.
LA MUJER Y LA CASA
Jose Lezama Lima
Hervas la leche
y seguas las aromosas costumbres del caf.
Recorras la casa
con una medida sin desperdicios.
Cada minucia un sacramento,
como una ofrenda al peso de la noche.
Todas tus horas estn justificada
sal pasar del comedor a la sala,
donde estn los retratos
que gustan de tus comentarios.
Fijas la ley de todos los das
y el ave dominical se entreabre
con los colores del fuego
y las espumas del puchero.
Cuando se rompe un vaso,
es tu risa la que tintinea.
El centro de la casa
vuela como el punto en la lnea.
En tus pesadillas
llueve interminablemente
sobre la coleccin de matas
enanas y el flamboyn subterrneo.
Si te atolondraras,
el firmamento roto
en lanzas de mrmol,
se echara sobre nosotros.
Mujer sentada
Marta Braier
Pero s que debo hablar de esa puerta,
en un hotel para turistas de la calle Cangallo.
Recuerdo con nitidez un finsimo rayo de sol
y las partculas del aire jugando con la luz.
(Ah, el sencillo fulgor de una habitacin en penumbras).
Estoy sentada sobre un sucio cobertor.
El conserje me entreg la llave de la diecinueve
y mir con cara de nada
cuando le habl de tiempo de sosiego.
Cerr la puerta y me dej queriendo comprender.
(Los mosaicos hacan muecas con su geometra).
Poco importa si por la calle pasa un hombre,
si hay una fbrica, un frigorfico, o muchos rboles.
Pero, el aire. Entra por los pulmones, sale o permanece?
Qu hago, qu hago aqu, en un cuadrado srdido y ajeno?
Ajeno. Srdido. Agujero del mundo, digo.
Sentada sobre un sucio cobertor.
TRPICO VERDE
Issac Felipe Asofeifa
Verde lluvia, vertiente y territorio.
Verde el espacio. La luz verde.
El clima verde. Verdes las colinas.
Las hondonadas y los ros verdes.
Un lago verde el valle. La montaa
verde azul, verdemar, verde profundo.
Lo cerca y lo lejano en aire verde.
Verde lluvia, vertiente y territorio.
Roto temblor el verde de los pltanos.
Casi lquida lgrima, el verdor
del sauce. El verde
militar del caf, el verdor hmedo
de junco, caa y lirio. Verde msica
en el rgano -oh verde viento!- del bamb.
La plata verdedel eucalipto.
El verdor silencioso
de los pastos, las malvas, las legumbres.
Verde lluvia, vertiente y territorio.
De mi sangre salt una estrella verde.
Y verdn, verdinal y verdolaga,
mayo estira su lluvia hasta diciembre
en el trpico verde.
Responde t,
Nicols Guillen
T que partiste de Cuba
responde t
dnde hallars verde y verde, azul y azul
palma y palma bajo el cielo,
responde t.
T que tu lengua olvidaste
responde t
y en lengua extraa masticas
el "well" y el "you"
cmo vivir puedes, mudo
responde t.
T que dejaste la tierra
responde t
dnde tu padre reposa bajo una cruz
dnde dejars tus huesos
responde t.
Ah desdichado!, responde,
responde t
dnde hallars verde y verde, azul y azul
palma y palma bajo el cielo,
Responde t...
Noche y da
Vicente Huidobro
Buenos das da
Buenas noches noche
El sombrero del da se levanta hacia la noche
El sombrero de la noche se baja hacia el da
Y yo paso como un rbol con el sombrero en
la mano
Saludo a los amigos que llevan una flor en la
mirada
Para ponerla en el sombrero de las nias
Que van por la otra vereda
Buenos das da
Buenas noches noche
La que yo amo es hermosa
Como ese pjaro a la cabecera de la
eternidad
Y sus ojos se encendan como una selva
El vendedor de otoos
Se va por el da hacia la noche
Es el rbol materno y el camino tambin
Son los ojos de la noche hacia el da
Es el rbol que cumple aos y festeja
O acaso el rbol que se defiende contra la
tempestad
Buenos das da
No me hables de la que yo amo
Cuando sus ojos aparecen en la calle
Como la primavera de repente en todos los
astros
Buenos das da
Cierra los labios de tu presencia
Es el sol que se degella sobre las montaas
del alba
O bien la tierra lujosa y apasionada
Pagando a precio de oro la primavera
Como yo pagara tus labios al universo
Porque t eres hermosa como las buenas
tardes a la tarde
Y porque yo amo los relmpagos de tu piel
Cuando sales de tu realidad hacia mi boca
Entonces el piano desata su corazn
Y me dejo llevar ro abajo
El tiempo tiene un sombrero nuevo de tiempo
en tiempo
Y ceremonias de gruta con manto de cola y
estalactitas
La gruta profunda como el reposo
La gruta que las estrellas estn buscando
desde largos aos
Como la noche de mis pilagos internos y
dolientes
Cuando la muerte se estrella en el
campanario
Buenas noches noche
La gruta llora
La luna se cansa de nosotros
El nico silencio
El silencio de los ojos como una flor adentro
El nico silencio
El silencio de ese pedazo de la noche en
donde t ests de pie
Buenas noches noche
De dnde vienes? Qu tarde llegas
Es el ruido del viento que quiere pasar a
travs del agua
Y or los murmullos de los peces
O bien la paloma de la soledad
O tal vez el cielo dispersando la tempestad
O mi alma tibia como una mano y
arrullndose a s misma
O la tempestad dispersando las estrellas
Las estrellas que se despiden con el
sombrero en la mano
Y se van hacia la gruta de los sueos
inmemoriales
La misma gruta que hemos descrito
anteriormente
Poema 5
Pablo Neruda
Para que t me oigas
mis palabras
se adelgazan a veces
como las huellas de las gaviotas en las playas.
Collar, cascabel ebrio
para tus manos suaves como las uvas.
Y las miro lejanas mis palabras.
Ms que mas son tuyas.
Van trepando en mi viejo dolor como las yedras
Ellas trepan as por las paredes hmedas.
Eres t la culpable de este juego sangriento.
Ellas estn huyendo de mi guarida oscura.
Todo lo llenas t, todo lo llenas.
Antes que t poblaron la soledad que ocupas,
y estn acostumbradas ms que t a mi tristeza.
Ahora quiero que digan lo que quiero decirte
para que t las oigas como quiero que me oigas.
El viento de la angustia an las suele arrastrar.
Huracanes de sueos an a veces las tumban.
Escuchas otras voces en mi voz dolorida.
Llanto de viejas bocas, sangre de viejas splicas.
Amame, compaera. No me abandones.
Sgueme. Sgueme, compaera, en esa ola de angustia.
Pero se van tiendo con tu amor mis palabras.
Todo lo ocupas t, todo lo ocupas.
Voy haciendo de todas un collar infinito
para tus blancas manos, suaves como las uvas.
Poema 15
Pablo Neruda
Me gustas cuando callas porque ests como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.
Como todas las cosas estn llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma ma.
Mariposa de sueo, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancola;
Me gustas cuando callas y ests como distante.
Y ests como quejndote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
djame que me calle con el silencio tuyo.
Djame que te hable tambin con tu silencio
claro como una lmpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.
Me gustas cuando callas porque ests como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa basta.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.
HAY UN DA FELIZ
Nicanor Parra
A recorrer me dediqu esta tarde
Como ya era la hora del silencio
las solitarias calles de mi aldea
cuando emprend mi singular empresa,
acompaado por el buen crepsculo
una tras otra, en oleaje mudo,
que es el nico amigo que me queda.
Al establo volvan las ovejas
Todo est como entonces,
el otoo las salud personalmente a todas
y su difusa lmpara de niebla,
y cuando estuve frente a la arboleda
slo que el tiempo lo ha invadido
todo que alimenta el odo del viajero,
con su plido manto de tristeza.
Con su inefable msica secreta,
Nunca pens, credmelo,
un instante record el mar y enumer las
hojas
volver a ver esta querida tierra,
en homenaje a mis hermanas muertas.
pero ahora que he vuelto no comprendo
perfectamente bien.
Segu mi viaje
cmo pude alejarme de su puerta.
como quien de la vida nada espera.
Nada ha cambiado, ni sus casas blancas
Pas frente a la rueda del molino,
ni sus viejos portones de madera.
me detuve delante de una tienda:
Todo est en su lugar; las golondrinas
El olor del caf siempre es el mismo,
en la torre ms alta de la iglesia;
siempre la misma luna en mi cabeza;
el caracol en el jardn,
y el musgo entre el ro de entonces y el de
ahora
en las hmedas manos de las piedras.
no distingo ninguna diferencia.
No se puede dudar, ste es el reino
Lo reconozco bien, ste es el rbol
del cielo azul y de las hojas secas
que mi padre plant frente a la puerta
en donde todo y cada cosa tiene
(Ilustre padre que en sus buenos tiempos
su singular y plcida leyenda:
fuera mejor que una ventana abierta).
Hasta en la propia sombra reconozco
Yo me atrevo a afirmar que su conducta
la mirada celeste de mi abuela.
era un trasunto fiel de la Edad Media
Estos fueron los hechos memorables
cuando el perro dorma dulcemente
que presenci mi juventud primera,
bajo el ngulo recto de una estrella.
el correo en la esquina de la plaza
A estas alturas siento que me envuelve
y la humedad en las murallas viejas.
el delicado olor de las violetas
Buena cosa, Dios mo!;
nunca sabe que mi amorosa madre
cultivaba
uno apreciar la dicha verdadera,
para curar la tos y la tristeza.
cuando la imaginamos ms lejana
Cunto tiempo ha pasado desde entonces
es justamente cuando est ms cerca.
no podra decirlo con certeza;
Ay de m, ay de m!, algo me dice todo
est igual, seguramente,
que la vida no es ms que una quimera;
el vino y el ruiseor encima de la mesa,
una ilusin, un sueo sin orillas,
mis hermanos menores a esta hora
una pequea nube pasajera.
deben venir de vuelta de la escuela:
Vamos por partes, no s bien qu digo,
Slo que el tiempo lo ha borrado todo
la emocin se me sube a la cabeza.
como una blanca tempestad de arena!
Insomnio
Jorge Luis Borges
De fierro,
de encorvados tirantes de enorme fierro,
tiene que ser la noche,
para que no la revienten y la desfonden
las muchas cosas que mis abarrotados ojos han visto,
las duras cosas que insoportablemente la pueblan.
Mi cuerpo ha fatigado los niveles,
las temperaturas, las luces:
en vagones de largo ferrocarril,
en un banquete de hombres que se aborrecen,
en el filo mellado de los suburbios,
en una quinta calurosa de estatuas hmedas,
en la noche repleta donde abundan el caballo y el hombre.
El universo de esta noche tiene la vastedad
del olvido y la precisin de la fiebre.
En vano quiero distraerme del cuerpo
y del desvelo de un espejo incesante
que lo prodiga y que lo acecha
y de la casa que repite sus patios
y del mundo que sigue
hasta un despedazado arrabal
de callejones donde el viento se cansa y de barro torpe.
En vano espero
las desintegraciones y los smbolos que preceden al sueo.
Sigue la historia universal:
los rumbos minuciosos de la muerte en las caries dentales,
la circulacin de mi sangre y de los planetas.
(He odiado el agua crapulosa de un charco,
he aborrecido en el atardecer el canto del pjaro.)
Las fatigadas leguas incesantes del suburbio del Sur,
leguas de pampa basurera y obscena, leguas de execracin,
no se quieren ir del recuerdo.
Lotes anegadizos, ranchos en montn como perros,
charcos de plata ftida:
soy el aborrecible centinela de esas colocaciones inmviles.
Alambres, terraplenes, papeles muertos, sobras de Buenos Aires.
Creo esta noche en la terrible inmortalidad:
ningn hombre ha muerto en el tiempo, ninguna mujer, ningn muerto,
porque esta inevitable realidad de fierro y de barro
tiene que atravesar la indiferencia de cuantos estn dormidos o muertos
aunque se oculten en la corrupcin y en los siglos
condenarlos a vigilia espantosa.
Toscas nubes color borra de vino infamarn el cielo;
amanecer en mis prpados apretados.
RECUERDOS DE IZA, PUEBLECITO DE LOS ANDES
Carlos Pellicer Cmara
Creerase que la poblacin, despus de recorrer el valle,
perdi la razn y se traz una sola calle. Y as bajo la
cordillera, se apost febrilmente como la primavera.
En sus ventas el alcohol est mezclado con sol.
Sus mujeres y sus flores hablan el dialecto de los colores.
Y el riachuelo que corre como un caballo,
arrastra las gallinas en febrero y en mayo.
Pasan por la acera lo mismo el cura, que la vaca y que
la luz postrera. Aqu no suceden cosas de mayor
trascendencia que las rosas. Como amenaza lluvia, se ha
vuelto morena la tarde que era rubia. Parece que la brisa
estrena un perfume y un nuevo giro.
Un cantar me despliega
una sonrisa y me hunde un suspiro.
Manoa
Eugenio Montejo
No vi a Manoa, no hall sus torres en el aire,
ningn indicio de sus piedras.
Segu el cortejo de sombras ilusorias
que dibujan sus mapas.
Cruc el ro de los tigres
y el hervor del silencio en los pantanos.
Nada vi parecido a Manoa
ni a su leyenda.
Anduve absorto detrs del arco iris
que se curva hacia el sur y no se alcanza.
Manoa no estaba all, quedaba a leguas de esos mundos,
siempre ms lejos.
Ya fatigado de buscarla me detengo,
qu me importa el hallazgo de sus torres?
Manoa no fue cantada como Troya
ni cay en sitio ni grab sus paredes con hexmetros.
Manoa no es un lugar sino un sentimiento.
A veces en un rostro, un paisaje, una calle
su sol de pronto resplandece.
Toda mujer que amamos se vuelve Manoa
sin darnos cuenta.
Manoa es la otra luz del horizonte,
quien suea puede divisarla, va en camino,
pero quien ama ya lleg, ya vive en ella.
Islandia
Eugenio Montejo
"Islandia y lo lejos que nos queda,
con sus brumas heladas y sus fiordos
donde se hablan dialectos de hielo.
Islandia tan prxima del polo,
purificada por las noches
en que amamantan las ballenas.
Islandia dibujada en mi cuaderno,
la ilusin y la pena (o viceversa).
Habr algo ms fatal que este deseo
de irme a Islandia y recitar sus sagas,
de recorrer sus nieblas?
Es este sol de mi pas que tanto quema
el que me hace soar con sus inviernos.
Esta contradiccin ecuatorial de buscar una nieve
que preserve en el fondo su calor,
que no borre las hojas de los cedros.
Nunca ir a Islandia. Est muy lejos.
A muchos grados bajo cero.
Voy a plegar el mapa para acercarla.
Voy a cubrir sus fiordos con bosques de palmeras."
Yo no lo s de cierto...
Jaime Sabines
Yo no lo s de cierto,
pero supongo que una mujer
y un hombre algn da se quieren,
se van quedando solos poco a poco,
algo en su corazn les dice que estn solos,
olos sobre la tierra se penetran,
se van matando el uno al otro.
Todo se hace en silencio.
Como se hace la luz dentro del ojo.
El amor une cuerpos.
En silencio se van llenando el uno al otro.
Cualquier da despiertan, sobre brazos;
piensan entonces que lo saben todo.
Se ven desnudos y lo saben todo.
(Yo no lo s de cierto. Lo supongo.)
MUY LEJOS
Blas Otero
Unas mujeres, tristes y pintadas,
sonrean a todas las carteras,
y ellos, analfabetos v magnnimos,
las miraban por dentro, hacia las medias.
Oh cunta sed, cunto mendigo en faldas
de soledad. Ciudad llena de iglesias
y casas pblicas, donde el hombre es harto
y el hambre se reparte a manos llenas.
Bendecida ciudad llena de manchas,
plagada de adulterios e indulgencias;
ciudad donde las almas son de barro
y el barro embarra todas las estrellas.
Laboriosa ciudad, salmo de fbricas
donde el hombre maldice, mientras rezan
los presidentes de Consejo.- oh altos
hornos, infiernos hondos en la niebla.
Las tres y cinco de la madrugada.
Puertas, puertas y puertas. Y ms puertas.
Junto al Nervin un hombre est meando.
Pasan dos guardias en sus bicicletas.
Y voy mirando escaparates. Paca
y Luz. Hijos de tal. Medias de seda.
Devocionarios. Ms devocionarios.
Libros de misa. Tules. Velos. Velas.
Y novenitas de la Inmaculada.
Arriba, es el jolgorio de las piernas
trenzadas. Oh ese barrio del escndalo...
Pero duermen tranquilas las doncellas.
Y voy silbando por la calle. Nada
me importas t, ciudad donde naciera.
Ciudad donde, muy lejos, muy lejano,
se escucha el mar, la mar de Dios, inmensa.
SE TODOS LOS CUENTOS
Len Felipe
Yo no s muchas cosas, es verdad
Digo tan slo lo que he visto.
Y he visto:
que la cuna del hombre la mecen con cuentos...
Que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos...
Que el llanto del hombre lo taponan con cuentos...
Que los huesos del hombre los entierran con cuentos...
Y que el miedo del hombre
ha inventado todos los cuentos.
Yo no s muchas cosas es verdad.
Pero me han dormido con todos los cuentos...
Y s todos los cuentos.
HACE FALTA ESTAR CIEGO
Rafael Alberti
Hace falta estar ciego,
tener como metidas en los ojos raspaduras de vidrio,
cal viva,
arena hirviendo,
para no ver la luz que salta en nuestros actos,
que ilumina por dentro nuestra lengua,
nuestra diaria palabra.
Hace falta querer morir sin estela de gloria y alegra,
sin participacin de los himnos futuros,
sin recuerdo en los hombres que juzguen el pasado sombro de la tierra.
Hace falta querer ya en vida ser pasado,
obstculo sangriento,
cosa muerta,
seco olvido.
TRONCOS DE SOLEDAD
Miguel Hernndez
Troncos de soledad,
barrancos de tristeza
donde rompo a llorar.
.
Tus ojos se me van
de mis ojos y vuelven
despus de recorrer
pramo de ausentes.
.
Tu boca se me marcha
de mi boca y regresa
con varios besos muertos
que an baten, que an quisieran.
.
Tus brazos se desploman
en mis brazos y ascienden
retrocediendo ante esa
desolacin que sientes.
.
Otero de tu cuerpo,
an mi calor lo vence...
BORDAS DE HIELO
Csar Vallejo
Vengo a verte pasar todos los das,
vaporcito encantado siempre lejos...
Tus ojos son dos rubios capitanes;
tu labio es un brevsimo pauelo
rojo que ondea en un adis de sangre!
Vengo a verte pasar; hasta que un da,
embriagada de tiempo y de crueldad,
vaporcito encantado siempre lejos,
la estrella de la tarde partir!
Las jarcias; vientos que traicionan; vientos
de mujer que pas!
Tus fros capitanes darn orden;
y quien habr partido ser yo...!
En la clave del arco ruinoso
G. Adolfo Bcquer
En la clave del arco ruinoso
cuyas piedras el tiempo enrojeci,
obra de un cincel rudo campeaba
el gtico blasn.
Penacho de su yelmo de granito,
la yedra que colgaba en derredor
daba sombra al escudo en que una mano
tena un corazn.
A contemplarle en la desierta plaza
nos paramos los dos.
Y, se, me dijo, es el cabal emblema
de mi constante amor.
Ay!, y es verdad lo que me dijo entonces:
Verdad que el corazn
lo llevar en la mano..., en cualquier parte....
pero en el pecho no.
A VUESTRO SERVICIO
Gabriel Celaya
Me he acercado hasta el puerto.
Chillan hierros mojados y una gra resopla.
Los obreros trabajan y maldicen a ratos.
-Un cigarro, buen hombre?
Buen hombre me ha escupido su silencio.
Buen hombre me ha plantado
con unos ojos claros todo su desprecio.
Los hombres tienen hambre.
Los hombres tienen miedo.
Mas no nos piden pan.
Mas no nos piden sueo.
Gritar lo que quieran por no sentirme odiado.
Gritar lo que quieran por no sentirme odiado.
Cuando me fusilen
quizs alguien me ponga un cigarro en los labios.
Si ves un monte de espumas
Jos Mart
Si ves un monte de espumas,
Es mi verso lo que ves:
Mi verso es un monte, y es
Un abanico de plumas.
.
Mi verso es como un pual
Que por el puo echa flor:
Mi verso es un surtidor
Que da un agua de coral.
.
Mi verso es de un verde claro
Y de un carmn encendido:
Mi verso es un ciervo herido
Que busca en el monte amparo.
.
Mi verso al valiente agrada:
Mi verso, breve y sincero,
Es del vigor del acero
Con que se funde la espada.
Qu duro estar prensado sin remedio
Jorge Debravo
Qu duro estar prensado sin remedio
entre los muebles tristes de la pena!
Sacar de todas partes tedio y tedio
como un innumerable mar de arena...
Qu duro ir por la vida haciendo sueos
y encontrrselos todos en el suelo,
andrajosos, sin alma, pedigeos,
como un largo teln de desconsuelo...
Y qu duro caer sobre una cama
donde nadie nos mira ni nos ama,
donde slo la sbana se mueve!
Y qu duro pensar que no hay remedio,
que aqu y all no brota siempre el tedio
como una nube gris que llueve y llueve!
Espero curarme de ti
Jaime Sabines
Espero curarme de ti en unos das.
Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte.
Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno.
Me receto tiempo, abstinencia, soledad.
Te parece bien que te quiera nada ms una semana?
No es mucho, ni es poco, es bastante.
En una semana se puede reunir todas las palabras de amor que se han
pronunciado sobre la tierra y se les puede prender fuego.
Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado.
Y tambin el silencio.
Porque las mejores palabras del amor estn entre dos gentes que no se dicen
nada.
Hay que quemar tambin ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama.
(T sabes cmo te digo que te quiero cuando digo:
qu calor hace, dame agua, sabes manejar?,
se hizo de noche Entre las gentes, a un lado de tus gentes
y las mas, te he dicho ya es tarde, y t sabas que deca te quiero).
Una semana ms para reunir todo el amor del tiempo.
Para drtelo. Para que hagas con l lo que quieras:
guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura.
No sirve, es cierto. Slo quiero una semana para entender las cosas.
Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar a un
panten.
Amor Tardo
Jos ngel Buesa
Tardamente, en el jardn sombro,
tardamente entr una mariposa,
transfigurando en alba milagrosa
el deprimente anochecer de esto.
Y, sedienta de miel y de roco,
tardamente en el rosal se posa,
pues ya se deshoj la ltima rosa
con la primera rfaga de fro.
Y yo, que voy andando hacia el poniente,
siento llegar maravillosamente,
como esa mariposa, una ilusin;
pero en mi otoo de melancola,
mariposa de amor, al fin del da,
qu tarde llegas a mi corazn...