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Toñito El Invisible

Toñito desea volverse invisible para no tener que responder una lección en la escuela. Su deseo se hace realidad y se vuelve invisible, causando caos en la escuela y en el autobús. Nadie puede verlo u oírlo, incluso sus padres. Se siente solo hasta que un anciano que también se siente invisible lo consuela diciéndole que él puede verlo. La madre de Toñito finalmente lo llama, indicando que ya no es invisible.

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Marc Martínez
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Toñito El Invisible

Toñito desea volverse invisible para no tener que responder una lección en la escuela. Su deseo se hace realidad y se vuelve invisible, causando caos en la escuela y en el autobús. Nadie puede verlo u oírlo, incluso sus padres. Se siente solo hasta que un anciano que también se siente invisible lo consuela diciéndole que él puede verlo. La madre de Toñito finalmente lo llama, indicando que ya no es invisible.

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TOITO EL INVISIBLE

Una vez, un muchacho llamado Toito fue al colegio sin saber la leccin, y estaba muy preocupado
temiendo que el maestro se la preguntara.
"Ay -pensaba-, si pudiera volverme invisible ... !"
El maestro pas lista, y cuando lleg al nombre de Toito ste respondi: "Presente!", pero nadie le oy y el
maestro dijo:
-Lstima que no haya venido Toito; precisamente haba pensado en preguntarle a l la leccin. Espero que
si est enfermo no sea nada grave.
As Toito comprendi que se haba vuelto invisible, como haba deseado. De la alegra, dio un salto desde
su pupitre y fue a parar a la papelera. Se levant y fue dando vueltas por la clase, tirando del pelo a sus
compaeros y volcando tinteros.
Hubo ruidosas protestas y discusiones interminables. Los alumnos se acusaban los unos a los otros, sin poder
sospechar que el culpable de todo era Toito el invisible.
Cuando se cans de jugar de esta manera, se march del colegio y se subi a un autobs, sin pagar billete,
naturalmente, porque el cobrador no poda verle. Encontr un asiento libre y se sent. A la parada siguiente
subi una seora con la cesta de la compra y fue a sentarse all precisamente, pues a sus ojos pareca un
asiento desocupado. Per o en cambio se sent sobre las rodillas de Toito, que apenas s poda sostenerla.
La seora grit:
-Qu truco es ste? Es que ya no podemos ni sentamos?
Mirad, intento dejar la cesta en el suelo y se queda suspendida en el aire.
Pero la cesta, en realidad, estaba apoyada sobre las rodillas de Toito. Hubo una gran discusin y casi todo
los pasajeros se quejaron duramente de la compaa de tranvas.
Toito baj en el centro de la ciudad, entr en una pastelera y comenz a servirse a voluntad, tomando a
manos llenas toda clase de pasteles y dulces. La vendedora, al ver desaparecer las pastas del mostrador, le
ech la culpa a un caballero que esta comprando caramelos con pito para una anciana ta suya.
El seor protest:
-Un ladrn yo? Usted no sabe con quin habla! Usted no sabe quin era mi padre! Usted no sabe quin
era mi abuelo!
-Ni quiero saberlo.
-Cmo se permite usted insultar a mi abuelo?
Fue una discusin terrible. Lleg la polica. Toito el invisible se col por entre las piernas del teniente y se
dirigi de nuevo hacia el colegio para asistir a la salida de sus compaeros. En efecto, vio cmo salan, es
decir, cmo rodaban escalera abajo, pero ellos no le vieron en absoluto. Toito se empeaba en vano en
perseguir a ste o a aqul, en tirarle del pelo a su amigo Roberto, en ofrecerle un "chupa-chup" a su amigo
Guiscardo. No le vean y no le hacan ningn caso; sus miradas lo traspasaban como si hubiese sido de
vidrio.
Toito regres a su casa un poco cansado y descorazonado.
Su madre lo estaba esperando asomada al balcn.
- !Estoy aqu, mam!- grit Toito.
Pero ella no le vea y no le oy, y mientras segua mirando ansiosamente a la calle en espera de verlo
aparecer.
-Aqu estoy, pap- dijo Toito una vez en su casa, sentndose a la mesa en su puesto de siempre.
Pero su pap murmuraba inquieto:
-Por qu tardar tanto Toito? No le habr ocurrido alguna desgracia?
-Pero si estoy aqu! Aqu! Mam! Pap!- gritaba Toito. Pero ellos no le oan.
Ahora Toito lloraba, pero de qu sirven las lgrimas si nadie puede verlas?
-No quiero ser invisible nunca ms- se lamentaba Toito con el corazn destrozado en mil pedazos. -Quiero
que mi pap me vea, que mi mam me regae, que el maestro me pregunte la leccin. Quiero jugar con mis
amigos. Qu feo es ser invisible!, qu feo es estar solo!
Sali a la escalera y baj lentamente a la calle.
- Por qu lloras?- le pregunt un viejecito que estaba sentado en un banco tomando el sol.
-Pero usted me ve?- pregunt Toito con ansiedad.
-Claro que te veo. Te veo todos los das al ir y al volver del colegio.
-Pero yo no le he visto nunca a usted.
-Ah!, lo s. En m no se fija nadie. Un pobre viejo jubilado, solitario, por qu tendran que mirarme los
muchachos? Yo para vosotros soy como un hombre invisible.
-Toito!- grit en aquel momento su mam desde el balcn.
-Me ves, mam?
-Ah, ojal no te viera! Vamos, sube y oirs a tu padre.
-Subo en seguida, mam- grit Antoito lleno de alegra.
-No te da miedo que te zurren?- le pregunt riendo el viejecito.
Toito se le ech al cuello y le dio un beso.
-Usted me ha salvado- dijo.
-Eh, vaya exageracin!- dijo el viejecito (Rodari, 1995).

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