100% (2) 100% encontró este documento útil (2 votos) 405 vistas 195 páginas Nuevos Acercamientos A Los Jovenes y La Lectura Michel Petite
Nuevos acercamientos a los jóvenes y la lectura. Michel Petit. 1999
Este libro fue integrado con cuatro conferencias dictadas en México D.F. por la autora.
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los jovenes y la.
Jectura
biblioteca para la actualizacién del maestroEsta edicién de Nuevos acercamientos a los jévenes y la lecturaen la
|| Biblioteca para la Actualizacién del Maestro éstuvo a cargo de
|) la Direccién General de Materiales y Métodos Educativos de la
Subsecretaria de Educacién Basica y Normal, con Ja autoriza-
cién del Fondo de Cultura Econémica.
Primera edicién en la Biblioteca para la
Actualizacién del Maestro de la SEP, 1999.
Este libro fue integrado con cuatro conferencias
. dictadas en México, D.F. por la autora.
Traduccién: Rafael Segovia y Diana Luz Sanchez
Derechos exclusivos
© 1999 Fondo de Cultura Econémica
|} © 1999 Primera edicién SEP
Coordinacién editorial de la
Biblioteca para la Actualizacién del Maestro
| Lazlo Moussong
Disefio de portada
Alejandro Portilla de Buen
Ilustracién de portada
Convergencias, 1988
Alfredo Castatieda (1938)
Gleo sobre tela, 100 x 100 cm.
Coleccién particular
Fotografia: Rafael Doniz
ISBN 968-16-5971-6 FCE
| ISBN 970-18-3781-9 SEP
: Impreso en México
i DISTRIBUCION GRATUITA-PROHIBIDA SU VENTA
Prohibida su reproduccién por cualquier medio mecanico 0
electrénico sin la autorizacién previa de los coeditores.PRESENTACION
L. Secretaria de Educacién Publica edita Ja Bi-
blioteca para la Actualizacién del Maestro con el pro-
pésito de apoyar al personal. docente y directivo de
los tres niveles de educacién basica en el desempe-
fio de su valiosa labor.
Los titulos que forman parte de esta Biblioteca
han sido seleccionados pensando en las necesida-
des mas frecuentes de informacién y orientacién,
planteadas por el trabajo cotidiano de maestros y
directivos escolares. Algunos titulos estan relaciona-
dos de manera directa con la actividad practica; otros
responden a intereses culturales expresados por los
educadores, y tienen que ver con el mejoramiento
de la calidad de la educacién que reciben los nirios
y j6venes en las escuelas mexicanas.
Los libros de esta Biblioteca se entregan gratuita-
mente a los maestros y directivos que lo soliciten.
Esta Biblioteca se agrega a otros materiales de ac-
tualizacién y apoyo didactico, puestos a disposicién
del personal docente de educacién basica. La Se-
cretaria de Educacién Piiblica confia en que esta
tarea resulte titil y espera Jas sugerencias de los maes-
tros para mejorarla.
Secretaria de Educacién Publica. moet ors : Boo: i
| to + - 5 :
. oe eae we bryos ote eye
| ' : : 8Los textos reunidos ef este volumen fueron escritos origi-
nalmente.en francés para que, traducidos al espafiol, fueran
leidos por su autora en el marco de un ciclo de conferencias
organizado por la Embajada de Francia en’ México y el
Fondo de Cultura Econémica en octubre de 1998.
En parte porque el agitado ritmo de la modernidad ha cues-
tionado brutalmente el papel de la tradicién, en parte porque
el ritmo de produccién les abrié las puertas al consumo y en
parte también por.lo.mucho que ellos mismos han conquis-
tado, hoy.son cada vez.mds importantes los jévenes en su-es+
pecificidad siempre maleable, siempre puesta a discusién: -»
2! En pocas décadas la produccién cultural destinada a ellos
ha crecido con prodigalidad: misica, cine, teatro y, desde
luego, también literatura. Por eso es significativo que en este
libro no se haga mencién a literatura juvenil mds reciente.
Esta es, paradéjicamente la primera de al menos cinco razo-
nes por las que considero que ademis de nuevas, estas aproxi-
maciones son renovadoras. * oe . ®
Analizo brevemente las otras. eee .
Tanto en el campo educativo como en el cultural, los dis-
cursos mas frecuentes suelen asignar:un valor esencial a la
calificacién de los lectores, por lo general sin siquiera pro-
blematizarla. En:abierta oposicién a las practicas dominan-
tes, Petit rechaza calificativos como buen o mal lector. Su
afén es comprender el papel que Ja lectura tiene, puede tener
o ha tenido en la construccién de ellos como sujetos. -
7También en discrepancia con lo acostumbrado, Petit no
busca medir (por ejemplo, cudntos jévenes leen, o si leen
mucho 0 pocos libros). Tampoco pretende comparar (por
ejemplo, si leen hoy mas que antes). Con disciplina antropo-
légica y la atencién fluctuante propia del psicoanilisis, Petit
constaté que en barrios marginados de Francia, es decir
donde se suele pensar que no es factible encontrar “buenos
lectores’, habia personas a las que la lectura les ha transfor-
mado la vida. Les dio la palabra y analizé, con la ayuda de di-
versas ciencias sociales, el sentido de estas experiencias. Le
toca a otros investigadores ponderar la importancia relativa
| de estos casos singulares. Al resto de las personas preocupa-
das por la cultura y educacién les corresponde cuestionar la
- preeminencia que ha tenido el acercamiento estadistico al fe-
noémeno de la lectura. . - : -
La cuarta razén es el distanciamiento de la voluntad de
. hormar, tan comin en el campo de la educacién lectora. La
obra busca, mas que definir lo que debe ser la lectura para los
jOvenes, reconocer lo que efectivamente ha sido. Esto le dio la
posibilidad a Petit de rescatar practicas de lectura desechadas
por el discurso culto, y valiosas para todos los lectores.
Por ultimo sefialo otro rasgo distintivo y renovador de
estos acercamientos: la voluntad de comprender las resisten-
cias a la lectura. Esto es algo en lo que —de manera significa-
tiva— rara vez se han detenido los estudiosos de.la.lectura.
, Creo que nos har4 mucho bien a todos los que estamos inte-
_ tesados en la lectura comprender con mayor profundidad que
i también los que se resisten a leer tienen razones poderosas. -
Todas estas y otras muchas razones hacen de la lectura de
este libro una nutritiva experiencia intelectual para cualquier
i persona preocupada por la cultura, le interesen.o no los j6-
venes. Por la fluidez de su estilo y la fina complejidad de su
trama —que recuerdan el arte de las antiguas tejedoras—leerlo
| 8es, ademéas de un ejercicio intelectual movilizador, una expe-
riencia estética y humana singular.
A pesar de que su afan no es ayudar a promover la forma-
cién de lectores jovenes, estoy seguro que este volumen hara
mis por formar lectores que muchos manuales llenos de re-
cetas magicas. Ojala que despierte entre sus lectores un
entusiasmo similar al que desperté entre sus escuchas.
DANIEL GOLDINFondo de Cultura Econémica, asi como a Victoire Bidegain,
Philippe ollé- -Laprune, y a la Embajada de Francia, por ha:
berme brindado la oportunidad. de viajar a México para leer
estas conferencias, disponiendo de ese lujo que hoy en dia es-
casea tanto: el tiempo. Vaya también mi reconocimiento y mi
carifio a Rafael Segovia, quien tradujo el texto de las tres pri-
meras conferencias, y.a Diana Luz Sanchez, en el caso de la
cuarta. Y a los que asistieron a esas jornadas, por haberme co-
municado sus experiencias, sus reflexiones, sus interrogantes.
Estas conferencias se inspiran, en gran parte, en dos inves-
tigaciones financiadas por Ja Direccién del Libro y de la Lec-
tura del Ministerio Francés de la Cultura, bajo la responsabi-
lidad cientifica del Servicio de Estudios e Investigaciones de
Ja Biblioteca Publica de Informacién (Centre Georges Pom-
pidou, Paris).! Desde hace dieciséis afios, este Servicio ha de-
finido, orientado y publicado unos treinta estudios, casi
todos de sociologia, dedicados al libro, a la lectura, a Jas bi-
bliotecas y a las practicas culturales.
Quisiera expresar mi profundo reconocimiento a Martine
Blanc-Montmayeur, directora de la ppt, y a Francoise Gaudet,
) Raymonde Ladefroux, Michéle Petit y Claude-Michéle Gardien, Lecteurs en campag-
nes, Paris, sev/Centre Georges Pompidou, coleccién “Etudes et recherches”, 1993, 248 p.;
Michéle Petit, Chantal Balley y Raymonde Ladefroux, con Ia colaboracién de Isabelle Ros-
signol, De la bibliothéque au droit de cité. Parcours de jeunes, Paris, wpt/Centre Georges Pom-
pidou, coleccién “Etudes et recherches", 1997, 365 p.
lldirectora del Servicio de Estudios e Investigaciones, por ha-
berme autorizado a reproducir aqu{ una serie de extractos de
las entrevistas realizadas en el marco de estas investigaciones.
Extiendo mis afectuosos agradecimientos a Martine
Chaudron, Anne Kupiec, Anne-Marie Bertrand, Jean-
Francois Hersent y Jean-Claude Van Dam, por la atencién y
dedicacién con que me aconsejaron a lo largo de este trabajo;
a mis colegas, Raymonde Ladefroux, Chantal Balley, Claude-
Michele Gardien, Isabelle Rossignol y Gladys Andrade, que
estuvieron a mi lado durante estas investigaciones; y por ul-
timo a cada uno de los bibliotecarios que nos acogieron.
Mi profunda gratitud va también a todos aquellos y aque-
las que nos ofrecieron generosamente su tiempo, su inteli-
gencia y sus emociones para darnos conocimiento de su tra-
yectoria de lectores, sus experiencias y hallazgos: sus palabras
son el alma de este libro.
, MICHELE PETITvee PRIMERA JORNADA ; °
-Las.dos vertientes delalectura. .
: teed. a peo 5
Permitanme antes que nada manifestarles mi emocién por
estar en América Latina, con la que siempre he sentido una
gran cercania, porque resulta que aqui-pasé mi adolescencia,
hace mucho tiempo. Vengo a hablar de la lectura y de la ju-
ventud cuando, precisamente, mi propia relacién con la lec-
tura se transformé en este continente. Durante mi infancia
en Paris, tuve la fortuna de vivir rodeada de libros, de poder
escoger libremente en la biblioteca de mis padres lo que me
gustara, de verlos a ellos, dia tras dia, con libros en las manos:
todo ello, hoy sabemos, propicia que uno se convierta en lec-
tor. Pero en América Latina descubri las bibliotecas, y una en
particular, la de un instituto en el que mi padre daba clases.
Todavia me veo, con la estatura de mis catorce afios en un
edificio cuya arquitectura moderna me maravillaba, en
medio de todos esos libros que se entregaban al lector, entre
dos patios. En Francia, por. aquella época, nuestras bibliote-
cas eran todavia oscuras, austeras; los libros no eran de.libre
acceso, tenian todo para comunicarle a un adolescente que
no tenia nada que hacer alli. Las cosas han cambiado desde
entonces, por fortuna. Para mi, América Latinia tuvo siempre
un sabor a libros, a grandes vidrieras, a ladrillo y plantas en-
tremezclados. Un sabor a modernidad y apertura hacia lo
novedoso., » * ‘ :
Hasta aqui mis recuerdos, y ahora pasoa as preguntas que
nos reuinen el dia de hoy. En alguna de las primeras conver-
saciones con Daniel Goldin, me dijo que en este pais habia
13una gran preocupacién por la juventud. Mientras lo escu-
chaba, pensaba que en Francia también debiamos sentir una
inquietud semejante. Y que siendo objetivos habia todo tipo
de razones para estar preocupados. Aunque Francia se
cuenta entre los paises mas ricos del planeta, la situacién de
los menores de treinta afios se ha deteriorado a partir de los
afios setenta, en todos los campos: el empleo, los ingresos, la
vivienda. Nuestra sociedad se muestra cada véz mas fasci-
nada con la juventud, todo el mundo se esfuerza por “seguir
siendo joven’, hasta los octogenarios, pero en la realidad de-
jamos ¢ada vez menos espacio para los jévenes. Los mucha-
chos, y sobre todo las muchachas, han sido las principales
victimas del desempleo y de la precariedad creciente del em-
pleo. De manera: més tragica, en todos los rincones del
mundo hay jévenes que mueren, son heridos, lastimados por
la violencia, por las drogas, la miseria o la guerra. Y, desde
luego, habria que decir de entrada que no hay tal cosa como
“Jos:jévenes”, sino que se trata de muchachos y muchachas
dotados dé recursos materiales y culturales muy variados
segtin la posicién social de sus familias y el lugar en donde
viven, y expuestos de forma muy desigual a los riesgos que
mencioné. ‘ oo ee
Mas alla de las razones que podamos tener para séntirnos
inquietos; més’all4 también de las grandes diferencias que
hay entre las situaciones de nuestros paises, entre sus histo-
rias, entre sus evoluciones recientes, me parece que hoy en
dia, en casi‘todo el mundo, la juventud preocupa porque los
carriles ya no estan trazados, porque el porvenir es inasible.
En las sociedades tradicionales, por decir las cosas de modo
esquematico, uno reproducia la mayor parte del tiempo la
vida de sus padres. Los cambios démograficos, la urbaniza-
cién, la expansion del sistema salarial, la emancipacién de las
mujeres, la restructuracién de las familias, la. globalizacién
14de la economia, los avances tecnoldgicos, etc., evidentemente
han revolucionado todo eso. Se han perdido muchos de los
puntos de referencia que hasta ahora daban sentido a la vida.
Creo que una gran parte de la preocupacién proviene de la
impresién de una pérdida de dominio, de.un panico ante lo .
desconocido. La-juventud simboliza este mundo nuevo que
no dominamos, cuyos contornos no conocemos bien:
e aY la lectura, en medio de todo esto? ;Y la lectura de libros
en particular? En Francia hay quienes fa mandan a la tienda
de accesorios, en esta era de lo audiovisual. Observan que la
proporcién de.lectores asiduos entre los jévenes ha dismi-
nuido en los ultimos veinte afios, pese ala expectativa de que
aumentara, debido a la mayor escolarizacién. Seguin ellos, el
juicio ha concluido. Los jévenes prefieren el cine 0 la televi-
sion, que identifican con la modernidad,.con la velocidad,
con la facilidad, a los libros; o prefieren la misica‘o el de-
porte, que son placeres compartidos. El tiempo del libro ha--
bria pasado, no tendria caso lamentarse ante esta realidad.
Otros, por el contrario, deploran que.“los jévenes ya no
leen”. Desconozco cual es Ja situacién en México —ustedes
podran decirmelo-, pero en Francia este tema se plantea re--
gularmente en los periédicos cada nueva estacién del afio.
Durante mucho tiempo el poder, la Iglesia y.los-educadores
estuvieron preocupados por los peligros que podia traer una
amplia difusién de la.lectura. Pero desde los afos sesenta
todo el mundo se lamenta de que esa difusion es insuficiente.
Y mas aun en nuestros tiempos de desconsuelo en que no sa-
bemos cémo esos jévenes inasibles, a los que cada vez deja-
mos menos espacio, van a poder asirse al mundo.
iPor qué, una vez mds, surge .una preocupacién como
ésta? Es indudable que algunos temen, y no sin raz6n, que se
pierda una experiencia humana irremplazable. Hace.poco
escuché decir a Georges Steiner en la television que en Esta-
15dos Unidos 80% de los nifios no saben lo que significa leer
en silencio: ya sea que traigan un walkman conectado.a las
orejas cuando leen, o que se encueritren cerca de un televisor
encendido, percibiendo'constantemente su- oscilaci6n lumi:
nosa y el ruido.que emana de éste. Esos-nifios no-saben.Jo
que es la experiencia tan particular que consiste en leer solo,
en silencio. =~ .
Ciertos escritores también temen que, en medio del mun-
do ruidoso, ya nadie se-acuerde de ese territorio de la intimi-
dad que es la lectura, de esa libertad y de esa soledad que, por
lo demas, siempre han asustado al ser humano. Temen parti-
cularmente que, ante el énfasis que se da a la “comunicaci6n”
y al comercio de informaciones, nos desviemos hacia una
concepcién instrumentalista, mecanicista, del lenguaje, y
creo que tienen cierta raz6n en preocuparse; volveré a hablar
del tema més adelante. Pero en buena parte de los discursos
sobre el descenso de la frecuencia de lectura en los jévenes,
ya sea en boca de politicos o de intelectuales, me Parece que
intervienen también otros motivos.
-‘Decia hace un momento que en las formas tradicionales
de integracién social se reproduce, poco mds o menos, la
vida de los padres. Y la‘lectura, cuando se tenia acceso a ella,
era parte de esa reproduccién, o incluso de una “doma” (aun
cuando para algunos constituia ya, por el contrario, un
medio privilegiado para modificar las lineas del destino so-
cial). En el inicio la Jectura fue una actividad prescrita, coer-
citiva, para someter, para controlar a distancia, para apren-
der a adecuarse a modelos, inculcar “identidades” colectivas,
religiosas 0 nacionales.
Por ello me parece que algunos afioran una lectura que
permita delimitar, moldear, dominar a los jévenes. En los
medios de comunicacién se oyen lamentaciones como “los
jévenes ya no leen”, “hay que leer’, o incluso “se debe amar la
16lectura’, lo cual evidentemente ahuyenta a todo el mundo. Se
deplora en particular que se pierda la lectura de grandes tex-
tos supuestamente edificantes, ese “patrimonio comin’,
como dicen, que es una.especie de tétem_reunificador en
torno al que se supone deberiamos congregarnos. .
En mi pais, el debate sobre la lectura entre los jévenes se
reduce asi, en el terreno de los medios, a una especie de que-
rella entre los antiguos y los modernos. Caricaturizando un
poco, tendriamos pues que los antiguos lloran con caras lar-
gas la pérdida de las letras, con un tono y con unos argu- -
mentos que no me parecen los: mds afortunados para atraer
a su causa a quienes no leen, sobre todo si se trata de jovenes.
En cuanto a los modernos, hacen un llamado a tina especie de
relativismo absoluto, afirmando que tal telenovela es tan
capaz de satisfacer nuestra necesidad de narracién como tal
o cual texto muy elaborado, o tal o cual gran pelicula, y que
todo consiste simplemente en un asunto de gustos hereda-
dos, de consumo cultural socialmente programado.
Les confieso que siempre he sentido cierto malestar al es-
cuchar estos discursos, que me parecen muy alejados de lo
que los lectores de diversas categorias sociales me decian en
el transcurso de las diferentes investigaciones que realizaba.
Por mi parte, cbservo de entrada que si bien la proporcién
de lectores asiduos ha disminuido, la juventud sigue siendo
el periodo de la vida en el que hay una mayor actividad de
lectura, Y mas alld de los grandes sondeos estadisticos, si se
escucha hablar a los jvenes, se comprende que la lectura de
libros tiene para ellos ciertos atractivos particulares que la
distinguen de otras formas de esparcimiento. Se comprende
que a través de Ia lectura, aunque sea esporadica, se encuen-
tren mejor equipados para resistir cantidad de procesos de
_Marginacién. Se comprende que la lectura los ayude a cons-
truirse, a imaginar otros mundos posibles, a sofiar, a encon-
7trar un sentido, a encontrar movilidad en el tablero de la so-
ciedad, a encontrar la distancia que da el sentido del humor,
y a pensar, en estos tiempos en que escasea el pensamiento.
Estoy convencida de que la Jectura, y en particular la lec-
tura de libros, puede ayudar.a los jévenes a ser un poco mas
sujetos de su propia vida, y no solamente objetos de discur-
sos represivos 0 paternalistas. Y que puede constituir una es-
pecie de atajo que lleva de una intimidad un tanto rebelde a
la ciudadania. Eso es lo que intentaré mostrarles a lo largo de
estos cuatro dias: la pluralidad de lo que estd en juego con la
democratizacién de Ja lectura entre los jovenes. En efecto,
me sorprende ver.atin hasta qué punto algunas de estas cosas
que estan en juego se desconocen o se subestiman; cémo se-
guimos siendo prisioneros de viejos modelos de lo que es la
lectura, y de una concepcién instrumentalista del lenguaje.
As{ pues, organicé las cuatro conferencias de Ja siguiente
manera:
En la primera hablaré de las dos vertientes de la lectura: la
primera determinada-por el poder absoluto que se atribuye
al texto escrito, y la otra por la libertad del lector, y les expli-
caré de qué manera elegi colocarme, para mis investigacio-
nes, del lado de los lectores, de sus experiencias singulares.
La siguiente sesidn estard dedicada a la pluralidad de lo
que esta en juego en la lectura, haciendo hincapié en el papel
de la lectura en la construccién de si mismos, que es muy
palpable durante la adolescencia y la juventud, Para los jéve-
hes, como podrdn apreciar ustedes, el libro es mas impor-
tante que el audiovisual, en tanto que es una puerta abierta a
: la ensofiacién, en que permite elaborar un mundo propio,
dar forma a la experiencia. Este es un aspecto en el que mu-
chos insisten, en particular tratandose de medios social-
mente desfavorecidos en los que se desearia muchas veces
restringir sus lecturas a las mds “utiles”. Pero para los mu-
18chachos y muchachas que conoci, la lectura es tanto un
medio para elaborar su subjetividad como un medio para
acceder al conocimiento. Y no creo que esto sea especifica-
mente francés.
Durante la tercera sesién hablaré del miedo al libro, y evo-
caré las diferentes maneras de convertirse en lector. Mas alla
de los engafios de los discursos undnimes que claman por la
democratizacién de la lectura,.creo, en efecto, que no nos
hemos liberado del miedo a los libros, el miedo a la soledad
del lector frente al texto, el temor de compartir el poder sim-
bélico. Esa participacién, que pone en juego muchas cosas,
es tal vez motivo de conflictos atin, de luchas de intereses,
més activos en tanto mis se niega su existencia.
La ultima sesion, finalmente, ‘se ocupard del papel de los
maestros, bibliotecarios y otros mediadores, de su margen de
accién, que podremos identificar mejor a partir de las cues-
tiones tratadas anteriormente, durante las primeras sesiones.
LAS DOS VERTIENTES DE LA LECTURA
1 :
En un primer momento trataré de las dos vertientes de la lec-
tura: del poder absoluto que.se le atribuye al texto escrito y de
Ja libertad del lector. Evocaré esas dos vertientes de la lectura
apoyandome primero en una investigaci6n sobre la lectura en
el medio rural! en que participé cuando empecé a trabajar
sobre ese tema hace ya casi siete afios. En aquel momento ela-
boré en particular entrevistas con personas de diversos estra-
tos sociales que vivian en el campo y a las que les gustaba leer.
Durante las entrevistas, esta gente del campo evocé de manera
1 Raymonde Ladefroux, Michéle Petit y Claude-Michéle Gardien, Lecteurs en campag-
nes, Paris, bPl/Centre Georges Pompidou, 1993, 248 p.
19muy libre Ja totalidad de sus recorridos por la lectura, a partir
de sus recuerdos de infancia. Y me sorprendié darme cuenta
de que en el campo francés, la lectura tal como la conocemos
hoy en dia, solitaria, silenciosa, no era a fin de cuentas muy an-
tigua: muchos de nuestros interlocutores de diferentes genera-
ciones evocaban espontaneamente recuerdos de lectura colec-
tiva, en voz-alta, en el medio familiar, durante el catecismo 0
muchas veces en el internado. Y, dicho sea de paso, la televi-
sién, que‘acostumbra verse en familia, se encuentra tal vez mas
cerca de estas historias orales compartidas.
Les propongo, pues, escuchar a tres de nuestros interlocu-
tores. Hay medio siglo de distancia entre las infancias que
evocan. Jeanne es jubilada y se acuerda de los tiempos en que
estaba interna: “Todo lo que no era el programa estaba
prohibido... Nunca teniamos tiempo libre... En el refectorio,
no tenfamos permiso de hablar, nos leian vidas de nifios mo-
delo y vidas de santos”.
Pierre es agricultor; tiene alrededor de cincuenta ajios. El
libro que evoca Ieva por titulo La vuelta de Francia de dos
nifios y fue leido por varias generaciones de nifios durante la
primera mitad del siglo. Contaba la travesia de dos chicos a tra-
vés de las diferentes regiones francesas, y su finalidad era incul-
car en los jévenes un fuerte sentimiento de identidad nacional:
-Recuerdo a mis abuelos. Mi abuelo me lefa La vuelta de Francia de dos
“nifios. Habia una gran chimenea, ni siquiera me acuerdo si hab{a elec-
tricidad, y después de la cena mi abuela ponia en el fuego una gran ca-
zuela con vino y con tomillo, y la ponia a hervir. Con miel. Entonces
él nos contaba [...] No sé por qué, tal vez porque yo era muy joven,
pero el caso es que lefa “bien”; viviamos esa historia a medida que la
iba contando, jsabe? Con mi hermano, cuando hablamos de esa
Vuelta de Francia [...] A medida que haciamos La vuelta de Francia, es
curioso, podiamos verla. Eso debié ser alla por 1945 0 1946,
20Christine, por su parte, tiene como cuarenta afios. Antes de
irse a vivir al campo, vivid mucho tiempo en la ciudad. Y habla
de su hijo, un joven adolescente: “Eso es lo que intentaba ex-
plicarle; le decia: ‘Pero no te sientes frente a la tele, hay millo-
nes como ti que miran la tele. Si tomaras un libro, serias el
unico, tal vez serian dos o tres leyendo el mismo libro al
mismo.tiempo. jNo me digas que no es otra forma de placer!” ”
Estas tres escenas reflejan la particién entre Ja lectura co-
lectiva, oral, edificante, y la lectura individual, silenciosa, en
la que a veces encuentra uno palabras que permiten que se
exprese lo mas singular que hay en cada quien. Entre esa
época en la que unos cuantos controlaban el acceso a los tex-
tos impresos y sacaban de ellos férmulas para inculcar a los
dems, sometidos y en silencio, una identidad religiosa o na-
cional, y esa otra época en la que se “toma” un libro, en que
se apropia uno de él, en que se encuentran palabras, image-
nes a las que se les asignan significados al gusto de cada
quien. Tres escenas que recuerdan que la lectura tiene varios
rostros, que esta sefialada, por un lado por el poder absoluto
que se atribuye a la palabra escrita, y, por el otro, por la irre-
ductible libertad del lector, como dijo el historiador del libro
Roger Chartier.?
Por un lado, el lenguaje escrito permite dominar a distancia,
mediante la imposicién de modelos ampliamente difundidos,
ya sea que se trate de la figura edificante de un santo o de la del
nifio descubriendo el amor por la patria. Se utiliz6 mucho el
lenguaje escrito —y todavia se utiliza, para someter a la gente
ala fuerza de un precepto y atraparla en las redes de una “iden-
tidad._colectiva”. Por ejemplo, hay algo que siempre me sor-
prendié en ciertos paises de Asia. Antes de trabajar sobre el
2 Véase Roger Chartier, “Textos, impresos, lecturas’, en Martine Poulain (dir.), Lire en
France aujourd'hui, Parts, Cercle de la librairie, 1993, pp. 15-29.
21tema de la lectura, participé un tiempo en una investigacion
sobre los hombres de empresa chinos de Singapur y de Tai-
wan; cuando nos entrevistébamos con ellos, esos empresarios,
desde los més tradicionales hasta los més modernos, hacian
hincapié en lo que Iamaban sus “filosofias”. Apenas llegaba-
mos a sus Oficinas, ya nos estaban diciendo, antes que cual-
quier otra cosa: “tengo que explicarles mi filosofia”. Nos lleva-
ban pues ante unos lemas caligrafiados que se encontraban en
todos los rincones de las oficinas y fabricas, y nos traducian
esos preceptos que resumian el espiritu de la empresa. Esas “fi-
losofias’, como decian, se resumian en unos cuantos principios
de inspiracién confuciana que exaltaban el trabajo, la disci-
plina, la simplicidad, la honestidad, el sentido de la colectivi-
dad, etc. Pero esos empresarios les atribuian una gran eficien-
cia para unificar y guiar la conducta de los empleados, quienes
supuestamente debian leerlos cada dia e imbuirse de ellos.
Por una parte, esto tiene que ver con la especificidad de la
lengua y la historia chinas. Seguramente a consecuencia del
origen pictografico de los ideogramas, la lengua china es mds
concreta que las lenguas occidentales, en cuanto las palabras
evocan de forma representativa cualidades, relaciones, ‘accio-
nes. Este cardcter “emblemiatico” de la lengua le confiere la
facultad‘de inducir la realidad, de sugerir la accién, de pro-
vocarla al representarla. En la antigua China, la primera obli-
gacion del jefe consistia en proporcionar a sus stibditos los
emblemas, las divisas, las “designaciones correctas”. Eso es lo
que le permitia imponer las reglas y la jerarquia social.
Puesto que las palabras tenian esa fuerza cuasi magica que
mantenia a los seres y a las cosas en el lugar que les corres-
pondia en el orden social establecido, la escritura constituyé
un instrumento importante del poder politico, El chino lite-
rario, que se asimilaba al cabo de una larga iniciacion, era en
la China imperial la lengua de los amos, el cimiento del im-
22perio. Un verdadero “esperanto para los ojos” que podfa ser
leido en todas partes, mientras que las pronunciaciones en
extremo variadas impedian muchas veces la comprensién a
unos cuantos kilémetros de distancia.
Pero sin tener que ser chino, todo ser humano preocupado
por influir en sus semejantes parece entender instanténea-
mente esa funcién “mandarinica” del lenguaje escrito. Les
daré dos ejemplos. El primero nos lo proporciona una nifita
de siete afios, con la que tuve una platica durante esta inves-
tigacién sobre la lectura en el medio rural. Se llama Emilie, y
habla de una de sus amigas, que, para establecer su poder,
pasa el tiempo leyendo y haciendo leer a los demas. La cito:
Prefiere ser la jefa: asi que trabaja, escribe, veinticuatro horas al dia, y
le gusta mucho leer. Porque tiene que prepararnos trabajo, y luego te-
nemos que aprenderlo de memoria. [Me da uno o dos ejemplos de
esas preguntas que le prepara su amiga.] Contesta las preguntas.
“antes de que acabe el invierno, el pinz6n atraerd seguramente su
atencién. Su pecho, sus mejillas y su cuello se tifien ligeramente, jde
qué color? De rosa salm6n...” ;Entiendes lo que es juigar con ella?...
Y suspira. nF
A los siete afios, ya sabe por experiencia propia que el ma-
nejo del lenguaje escrito es un instrumento crucial para el
poder. El segundo ejemplo lo tomo del antropélogo Lévi-
Strauss, quien, en un texto titulado “Leccién de escritura’, re-
lata un incidente que sucedié cuando se encontraba en la tie-
rra de los indios nambikwara, en Brasil. El jefe que, al igual
que los demas nambikwara, no sabia leer ni escribir, le pidié
a Lévi-Strauss una libreta de notas. Luego la cubrié de lineas
sinuosas, reunié a su gente y enumeré la lista de regalos que
el etndlogo les iba a traer. ;Qué es lo que esperaba? Cito a
Lévi-Strauss: “Engafiarse a.si mismo, tal vez; pero més bien
23llenar de admiracién a sus compafieros, convencerlos de que
los obsequios pasaban por su intermediacién, que habia con-
seguido aliarse con el blanco y que era participe de sus se-
cretos”.3 Mas tarde, al reflexionar sobre este incidente, Lévi-
Strauss sac6 la conclusién de que —lo cito nuevamente-:
La funcién primaria de la comunicaci6n escrita es favorecer la sumi-
si6n. El empleo de la escritura para fines desinteresados, con el obje-
tivo de encontrar en ella satisfacciones intelectuales y estéticas, es un
resultado secundario, y se reduce casi siempre a un medio para refor-
zar, justificar o disimular al otro,4
Manejar el lenguaje escrito permite incrementar el presti-
gio de quien lo hace y su autoridad frente a sus semejantes.
Y, de entrada, el aprendizaje de la lectura es muchas veces un
ejercicio que sirve para inculcar temor, que somete el cuerpo
y el espiritu, que incita a la persona a quedarse donde est, a
no moverse. En Una historia de la lectura,5 Alberto Manguel
recuerda que el latigo, a la par del libro, fue durante siglos el
emblema de quienes ensefiaban a leer. Sin embargo en nues-
tros dias el temor y la sumisién ocupan todavia un sitio pri-
mordial, como podemos ver, por ejemplo, en una pelicula
del realizador irani Kiarostami intitulada Tareas de la tarde.
Kiarostami muestra uno por uno a una serie de nifios a quie-
nes pregunta como hacen sus tareas en la casa. Y a lo largo de
la pelicula vemos que lo que se pretende inculcar en los
alumnos al ensefiarles a leer no son conocimientos sino
miedo: en la escuela, estos nifios se sienten literalmente en
peligro.
3 Véase Claude Lévi-Strauss, “Legon d’écriture’, en Tristes tropiques, Paris, Plon. 1955,
p35,
4 Ibid, p. 318.
5 Paris, Actes Sud, 1998. (Versi6n en espafiol: Alianza editorial.)
24No obstante, nunca se puede estar seguro de dominar a los
lectores, incluso cuando los poderes de todo tipo se aplican a
controlar el acceso-a los textos. En efecto, los lectores se apro-
pian de los textos, los hacen significar.otras cosas, cambian el
sentido, interpretan a su manera deslizando su deseo entre li-
neas: se pone en juego toda Ja alquimia de Ja recepcién.
Nunca es posible controlar realmente la forma en que un
texto se leerd, entenderd, interpretar4. Permitanme darles un
pequefio ejemplo que tomo de un psicoterapeuta que lee y
hace leer mitos antiguos a los nifios. Asi pues, hay un pasaje
en el que Hércules ha dejado su piel de leén, y lleva collares
de piedras preciosas, brazaletes de oro, un chal purpura, y se
dedica a hilar madejas de lana. Comentario de los nifios:
“‘Nunca hubiera pensado que Hercules fuera un maricén!”6
Otro ejemplo: la lectura que hace Omar, un estudiante pre-
paratoriano, de Madame Bovary, de Flaubert, uno de los tex-
tos candnicos del programa de francés. Cito a Omar: “Emma
le.ponja los cuernos a su-marido, y entonces hubo hasta‘un
juicio. Flaubert, en su alegato de defensa, dijo que como habia
hecho morir a Emma, entonces era moral. Y ahora cuando se
lee eso se ve que Emma le puso los cuernos a su marido, y eso
es todo.” Evidentemente, no estoy segura de que este resumen
lapidario esté de acuerdo con lo que el profesor de Omar y Jas
autoridades académicas desean que los nifios retengan de este
gran texto de nuestra literatura nacional.
Por esa raz6n en todas la épocas se temié el acceso directo
a los libros y la soledad del lector ante el texto. Y por esa ra-
26n, hasta nuestros dias -tocaremos el punto cuando hable
del miedo a los libros— los poderes autoritarios han preferido
difundir videos, fichas 0, en ultima instancia, fragmentos es-
6 Serge Boimare, “Apprendre a lire & Héracles”, en Nouvelle Revue de Psychanalyse, ntim.
37, 1988.
25cogidos, acompafiados de su interpretacién y con el menor
“juego” posible en su contenido para el lector.
Michel de Certeau tenia una bonita formula para calificar
esa libertad del lector. Escribia: “Los lectores son viajeros, cir-
culan sobre las tierras de otra gente, némadas que cazan furti-
vamente en los campos que no han escrito” Y luego hablaba de
“la actividad silenciosa, transgresora, irénica 0 poética, de lec-
tores (0 de telespectadores) que conservan su particularidad en
el ambito privado y sin que los ‘amos’ Io sepan”. Decia también:
La escritura acumula, embodega, se resiste al tiempo mediante el es-
tablecimiento de un lugar y multiplica su produccién gracias al ex-
pansionismo de la reproduccién. La lectura no se protege contra el
desgaste provocado por el tiempo (uno olvida y se olvida de si), no
conserva 0 conserva mal sus logros, y cada uno de los lugares por los
que pasa es la repeticién del paraiso perdido.
Estas frases fueron tomadas de un articulo intitulado
“Leer: una caza furtiva’,” que es un texto muy hermoso.
Los lectores cazan furtivamente, hacen lo que les place;
pero eso no es todo: ademds se fugan. En efecto, al leer, en
nuestra época, uno se aisla, se mantiene a distancia de sus se-
mejantes, en una interioridad autosuficiente. La lectura es
una habitacién propia, para usar las palabras de Virginia
Woolf, Se separa uno de lo ms cercano, de las evidencias de
lo cotidiano. Se lee en las riberas de la vida.
Y si la lectura incita al espiritu critico, que es la clave de
una ciudadanfa activa, es porque permite un distancia-
miento, una descontextualizacién,® pero también porque
7 Michel de Certeau, “Lire: un braconnage’, en L'Invention due quotidien, 1/ Arts de faire,
Paris, 10/18, 1980.
® Consiltense las obras de Jack Goody, y en particular La Raison graphique, Paris, Mi-
nuit, 1979.
26abre las-puertas de un espacio de ensofiacién.en el que se
pueden pensar otras formas de lo posible. Hablaremos dete-
nidamente de esto mds adelante. Pero desde ahora les digo
que, en lo relativo a ese punto, no debe establecerse una opo-
sicién entre la [lamada lectura instructiva y la que induce a la
ensofiacién. Tanto la-una como la otra, la una junto con'la
otra, pueden suscitar el pensamiento, el cual pide esparci-
miento, rodeos, pasos fuera del camino. “Pensamos siempre
en otro lugar’, decia Montaigne. n :
En la campifia francesa, por tomar una imagen, se podria
decir que en el transcurso de este siglo el lector —que con
mayor frecuencia es una lectora— se ha levantado discreta-
mente, ha salido de la habitaci6n comin y se ha retirado a su
propia habitacién. De ser una actividad prescrita en un prin-
cipio, para atraparlo a uno en la red de las palabras, la lectura
se ha convertido en un gesto de afirmacién de la singulari-
dad. Se ha vuelto un camino para “irse de pinta’, para salir
del jugar y del tiempo en el que hay que estar en su puesto,
mantenerse en su puesto, y contenerse unos a otros.
rn
EL LECTOR “TRABAJADO”* POR SU LECTURA* .
Dejo alld la campifia francesa y avanzaré con ustedes un poco
mds por esta segunda vertiente de Ia lectura, este didlogo
entre el lector y el texto. Les decia que el lector se encontraba
con palabras e imagenes a las que hacia significar otra cosa;
que el sentido se le escapa no sélo al autor del texto sino tam-
Los términos forjados por el psicoanilisis en lengua francesa constituyen un lenguaje
preciso basado en usos peculiares de palabras comunes, por lo que he preferido traducir
“trabajar” (que significaria “afectar’, “perturbar’, “provocar cambios”); una palabra’ que
todos entenderdn y que respeta las posibilidades polisémicas del término francés. Lo mismo
se aplica a otros términos de psicoandlisis empleados en este capitulo. (N.T]
27bién a quienes se esfuerzan por imponer una tnica lectura
autorizada. El lector no es, por lo tanto, pasivo: lleva a cabo
un trabajo productivo, reescribe. Hace desplazarse al sentido,
hace lo que se le ocurre, desvia, reutiliza, introduce variantes,
deja de lado los usos correctos. Pero él a su vez es alterado:
encuentra algo que no esperaba, y nunca sabe hasta dénde
puede ser Ilevado.
Eso lo veremos a lo largo de este seminario. Para ahondar
un poco en el tema, en esta jornada les daré algunos ejem-
plos mas, sacados de aqui y de alla, de mis lecturas, de las en-
trevistas que he realizado, de la observacién cotidiana, y los
comentaré. Siéntanse libres, claro esta, de leerlos de otra ma-
nera. Procederé de esta forma en cada conferencia, que con-
sidero mds como un tiempo para la elaboracién, un work in
progress, como dicen los anglosajones, que como una manera
de asestarles conclusiones definitivas.
Agregaré que algunos de los temas que abordaré podrian
parecerles abstractos. Y esta jornada es, sin duda, al menos
por momentos, la mds abstracta de las cuatro; les doy a
comer primero el pan negro. Pero no se preocupen dema-
siado: todos estos temas los retomaremos en los dias siguien-
tes, de manera mds concreta, y lo que diga esta tarde cobrara
sentido entonces.
Citaré de entrada a un psicoanalista, Didier Anzieu, quien
escribié:
Una obra no “trabaja” al lector -en el sentido del trabajo psiquico— si
s6lo le procura el placer del momento, si habla de ella como de una
buena fortuna, agradable pero sin mafiana. El lector que empieza a ser
“trabajado” por la obra entabla con ella otro tipo de relacién. Incluso
durante las interrupciones de su lectura, mientras se prepara para rei-
niciarla, se abandona a la ensofacién, su fantasia se ve estimulada, in-
serta fragmentos de ella entre las paginas del libro, y su lectura es algo
28mixto, un hibrido, un injerto de su propia actividad de fantasmiza-
cién sobre los productos de la actividad de fantasmizacién del autor.9
En la lectura hay algo, como expresé Anzieu, que es del
orden del trabajo psiquico, en el sentido en que los psicoana-
listas hablan de trabajo de suefio, de trabajo de duelo, de tra-
bajo de creacién. Es una dimensién que me parece esencial, y
que muchos lectores experimentan aun cuando provengan de
medios modestos, aunque, claro, no empleen esas palabras
para hablar de ella. Sin embargo, y es curioso, ese hecho ex-
perimentado de forma regular muchas veces es silenciado o
pasa inadvertido. No es algo del orden de la “educacién’, ni
del “placer’, y las diferenciaciones usuales que oponen entre si
Jas “lecturas utiles” y las “lecturas de distraccién” no permiten
describirlo. Para que entendamos un poco mejor de qué ma-
nera-puede la lectura trabajar al lector, citaré primero a una
serie de jévenes con quienes nos entrevistamos.
La primera se llama Fanny y tiene veintitn afios. Dice: “Me
gusta cuando hay libertad para el lector. Las novelas que no
toman a los lectores por imbéciles, que no les explican todo,
que nos dejan recorrer un poco nuestro propio camino”.
El segundo es-Ridha.-Lo citaré extensamente:
Cuando era nifio, el bibliotecario dejaba su trabajo a ratos y se ponia a
contarles cuentos a los nifios. A mi eso me llegé mucho; la sensacién, la
emoci6n que senti en aquel momento, permanecis [...] es algo parecido
al encuentro. No me dijeron: haz esto o haz aquello [...] sino que me mos-
traron algo, me hicieron entrar en un mundo. Me abrieron una puerta,
una posibilidad, una alternativa entre miles tal vez, una manera de ver
que no es necesariamente la que hay que seguir, que no es necesariamente
la mfa, pero que va a cambiar porque habré tal vez otras puertas.
9 Le corps de oeuvre, Paris, Gallimard, 1981, pp. 45-46.
29Cuando era chico, cada uno de los libros era una alternativa, una
posibilidad de encontrar salidas, soluciones a problemas, y cada uno
era una persona, una individualidad a la cual podia conocer en el
mundo. A través de la diversidad de los libros y de las historias, hay
una diversidad de las cosas, y es como la diversidad de los seres que
pueblan este mundo y a los que quisiéramos conocer en su totalidad;
y Nos parece una lastima que dentro de cien aiios no estaremos aqui y
- no habremos conocido al que vive en Brasil 0 al que vive en otro lugar
[1 .
Si no hubiera diversidad, si no hubiera mds que un solo color, seria
monétono. Si uno entra en un jardin, claro, flores amarillas en un
prado, eso provoca placer, pero es mucho mds hermoso conocer otros
prados con flores diferentes; porque si no tiene uno més que flores
amarillas por todo el planeta, en algin momento se harta uno del
amarillo... La diversidad enriquece al ser.
Creo que él sentimiento de asfixia experimentado por un ser hu-
mano se da cuando siente que todo est inmévil, que todo a su alre-
dedor esta petrificado [...] Si realmente es una persona que estd débil,
que se encuentra en una situacién que le impide moverse, es desespe-
rante.
La biblioteca ideal es una biblioteca que hace sofiar a los nifios, que
no les impone ideas o imagenes o historias, sino que les muestra po-
sibilidades, alternativas. Estas cosas tienen una relacién profunda mas
tarde en su vida adulta. Leer historias simplemente, tal vez por el puro
placer de contar, mostrar que se puede sofiar y que hay salidas y que
no todo.est4 inmévil. Que uno inventa su vida, que es posible inven-
tarse la vida. Y que para inventar su vida tal vez deba tener antes ma-
teria prima, que sea necesario haber sofiado para poder sofar y crear.
La busqueda de si mismo, el encuentro consigo mismo, es la cosa
més importante para un ser humano, para un individuo.
Estas reflexiones son de una gran riqueza; este muchacho
toca lo esencial, en muchos puntos, me parece. Habré de pre-
30cisar que tiene veintidés afios, que proviene de una familia
muy numerosa, que sus padres Ilegaron de Argelia y no
saben leer ni escribir. Por desgracia tuvo que interrumpir sus
estudios y es cobrador.de autobiis en la ciudad donde vive.
Citaré a otro muchacho, Daoud, de origen senegalés. Dice:
. *
La lectura para mi no es una diversién, es algo que me construye. La
biblioteca me dio la posibilidad de imaginar peliculas, mis propias pe-
liculas, como si fuera un realizador. Muchas veces iba alli a leer c6-
mics, pero me quedaba en el area de libros. Con esos librotes gordos,
a veces leia el resumen, me imaginaba la historia, lefa la primera pa-
gina, la primera linea, y me contaba todo lo que pasaba.
Ven ustedes que Daoud, al igual que Ridha, asocia por
principio el hecho de construirse con la alteraci6n que pro-
duce el encuentro con un texto, incluso con sélo un renglén.
A partir-de esas palabras escritas por otro, le vienen image-
nes y palabras y elabora su propia pelicula, como dice. Esos
muchachos estén expresando, con sus palabras, lo mismo
que el psicoanalista Didier Anzieu. Nos recuerdan que siem-
pre es por medio de la intersubjetividad como se constituyen
los seres humanos. Y que el lector no es una pagina en blanco
donde se imprime el texto: introduce su fantasia entre lineas,
la entrelaza con la del autor. Las palabras del autor hacen sur-
gir sus propias palabras, su propio texto.
Ahora me apoyaré en un escritor. Durante estas jornadas
habré de citar con frecuencia a escritores, porque ellos son
lectores de excelencia que suelen observar con mucha fineza
lo que les sucede al leer. Citaré a un antillano, Patrick Cha-
moiseau. En un libro que se intitula Camino de la escuela,
evoca su relacién con la lengua y con la escuela durante su
nifiez. El libro esté construido en dos tiempos: primer
tiempo, “las ganas”; segundo tiempo, “la supervivencia”.
31En el primer tiempo, el jovencito, el “negrito”, como dice
Chamoiseau, vive fascinado por esa escuela a la que asisten
sus hermanos y hermanas mayores; fascinado por esas letras
que trazan en sus cuadernos 0 en las divisiones del corredor
de la casa. Un dia, su hermano escribe cuidadosamente algo
ala altura de sus ojos. Y cito:
~jAdivina qué es! le dice.
~Qué es?
~Es tu nombre lo que ves... {Estas ahi dentro! -le revelé con una cris-
pacién de brujo.
El negrito se veia a si mismo ahi, apresado todo él en un trazo de gis.
iAsi pues, podian borrarlo del mundo! [...]
Entonces el nifio decide copiar mil veces, sacando la len-
gua, el trazo de su nombre, “para proliferar, y asi evitar un
genocidio”. Y de este modo conoce “el placer de aprisionar
pedazos de la realidad en sus trazos con gis”.
Fascinado por la escritura y también por los libros, se
aventura a explorar una caja en la que su madre ha guardado
obras de Julio Verne, Lewis Carroll, Stevenson, Daniel Defoe,
en el fondo de un armario, bajo unas ropas de luto. Sus her-
manos y hermanas habfan recibido esos libros como premios
en la escuela. Cito nuevamente:
El negrito recomponia los libros a partir de las imagenes, imaginaba
historias y se esforzaba por encontrarlas en los textos impresos siem-
pre indescifrables [...] Construia sus propios relatos, los difuminaba
entre las letras incomprensibles y los seguia oscuramente, frase a frase,
de ese modo, hasta el final: Aprendié a amplificar un suceso para que
correspondiera al numero de lineas de una pagina. Pronto supo lan-
zarse desde una imagen hasta alcanzar la siguiente, adaptandose bien.
Se hubiera dicho que estaba haciendo como si leyera; pero, en reali-
32dad, lefa realmente lo que su delirante imaginacién proyectaba cada
vezenellibro.!0 9
Aqui, el joven héroe, antes de saber descifrar, “lee” en el
sentido en-que el libro desencadena en él toda una actividad
de fantasmizacién, de construccién narrativa. Y como el
poder de descifrar las letras enigmaticas, igual que el de apri-
sionar pedazos del mundo con el:gis, parecen provenir de la
escuela, reclama sin cesar el derecho de poder asistir a ella.
Pronto se arrepentird, tras unos tiempos felices en el jar-
din de nifios. En Ja escuela primaria recibira un aprendizaje
que moldea ortopédicamente su cuerpo, su espiritu, su len-
gua. Y la imposicién de una lengua extranjera contra el cré-
ole en el que vivia: la lengua del colono, el francés. Los nifios
aprenden a vigilarse, a extirpar de su boca cualquier expre-
sién créole, a corregir su acento, a alejarse del habla de sus
madres. Pero la lengua sera también el instrumento de su su-
pervivencia. Quiere comprender los misterios de la escritura,
se sumerge en las letras, llena paginas enteras con su pluma,
no para darle gusto al maestro represivo sino para él mismo.
Y Chamoiseau concluye su libro con estas palabras: “..en ese
saqueo de su universo natal, en esa ruina interior tan invali-
dante, el negrito, agachado sobre su cuaderno, sin darse muy
bien cuenta, ponia tinta en un rastro de supervivencia...”
A fin de cuentas, Chamoiseau se apropiara de esa lengua
del colono que devasté su universo natal, aprenderd:sus giros
como muy pocos franceses. Pero también hard otra cosa: re-
volucionaré sus formas, la convertird en una lengua mosaico,
engarzada con palabras tomadas de la diversidad caribefia.
Chamoiseau evoca en otro libro, Ecrire en pays dominé
(Escribir en un pais dominado), esta inversién, este movi-
'0 Chemin d’école, Paris, Folio-Gallimard, 1994, p. 200.
33miento, desde el momento en que se es prisionero del trazo
de las letras del otro, en que se esta atrapado en la picota de
una lengua o de una cultura colonial, hasta ese otro mo-
mento en que la escritura de los otros le da a uno un lugar y
le permite hacerse de un espacio-en la lengua, poco a poco,
encontrando sus propias palabras, su propia manera de decir
o de escribir. Observa ese poder fecundante de las palabras
de un escritor: “Al final de una lectura, el mundo que se ex-
trajo del libro sigue teniendo vida auténoma dentro de uno.
Uno se ve forzado a crear nuevas historias a partir de ese
mundo”!! Evoca en especial una prisién en la que trabajé
como educador, y a un joven recluso martiniqués a quien le
lleva libros a escondidas, Una vez ms la inversién sucederd,
gracias a la lectura. Y no cualquier lectura; se trata de gran-
des escritores: Naipaul, Lezama Lima, Guillén, Faulkner,
Amado, Garcia Marquez, Roa Bastos, Asturias. Poco a poco,
el Caribe, la América de las plantaciones-van llenando la
celda, y el joven se involucra en el juego. Cito:
Leia. Escribfa, Mi amistad reciente con el jefe de custodios me permi-
tié conseguirle una maquina de escribir. Se dedicaba a ello todo el dia,
toda la noche [...] Viéndolo escribir, tomé conciencia del potencial de
la lectura-escritura en una situacién extrema. Mi nuevo amigo se
habia reconstituido una densidad que aniquilaba la represién carcela-
tia. Ya no era todo rencor sino todo voluntad. Se proyectaba con con-
fianza. Irradiaba carretadas de energia.!2
“Ya no era todo rencor sino todo voluntad.” Aun cuando
uno no sea antillano, toda cultura tiene una estructura colo-
nial. Eso es al menos lo que dice el filésofo Jacques Derrida.
1. Ecrire en pays dominé, Paris, Gallimard, 1997, p. 36.
" Iid., p. 90.
34Lo cito: “Toda cultura es originalmente colonial: [...]:Toda
cultura se instituye mediante la imposicién unilateral de una
u otra ‘politica’ de la lengua. Lo sabemos, e] dominio empieza
por el poder de nombrar las cosas, de imponer y legitimar las
apelaciones.”!3 Pero en el mismo libro, una paginas mas ade-
lante, Derrida ‘recuerda también el momento en que, siendo
un joven judio-criado en Africa del Norte, fue como “arpo-
neado por la literatura y;la filosofia francesas”: roe
Flechas de metal o de madera, cuerpo penetrante de palabras envidia-
bles, temibles, inaccesibles incluso en el-momento de entrar en mf; a
-esas frases habia que aduenarselas, domesticarlas, ablandarlas [...] tal
vez destruirlas, en todo caso marcarlas, transformarlas, tallarlas, ha-
- cerles incisiones, forjarlas, injertarlas al fuego, hacerlas darse de otra
forma, para si y en sf. 4 .
Y evoca ese suefio, no de herir.la lengua o maltratarla, sino
de hacerla convertirse en algo, “esa lengua que permanece in-
tacta, siempre venerable y venerada”.!4
Nuevamente, ese movimiento del que hablaba Chamoi-
seau. Pero, de manera més amplia, aun cuando no lo lleve a
uno a convertirse en escritor, la lectura puede, mediante un
mecanismo parecido, hacernos-un poco més aptos para
enunciar nuestras propias palabras, nuestro propio texto,
volvernos mis los autores de nuestra propia vida.
En esa lectura, el escritor y el lector se construyen el uno
al otro; el lector desplaza la obra del escritor, y el escritor des-
plaza al lector, revelando a veces en él a otro, diferente del
que creia ser. Acabo de decir “el escritor’, y no el autor. Y-hace
ya un momento que para hablar del lector trabajado por su
13 Le monolinguisme de Pautre, Parts, Galilée, 1996, p.68.
M4 Ibid., p. 84,
35encuentro con-un texto pasamos de la lectura en general a
esa experiencia. particular que es la lectura literaria. En
efecto, en la literatura el escritor lleva a cabo un trabajo de
desplazamiento de la lengua. Es lo que dice el semidlogo Ro-
land Barthes. El subraya la profunda fraternidad de la lengua
y del poder: “el lenguaje es una legislacién”, dice, 0 tam-
bién:”desde el momento en que es proferida, aunque sea en
la mds profunda intimidad del.sujeto, la lengua se pone al
servicio del poder”.!5 Pero Barthes observa también:
No queda, por decirlo ast, mas que hacer trampa con la lengua, hacerle
trampa a la lengua. A esta triquifiuela saludable, esta desviacién, este
- magnifico engafio que permite escuchar la lengua fuera del poder, en
el esplendor de una revolucién permanente del lenguaje, yo la llamo:
literatura [...] Las fuerzas de la libertad que se encuentran en la litera-
tura no dependen de la persona civil, del compromiso politico del es-
critor, que, después de todo, no es mds que un “sefior” entre otros, ni
siquiera del contenido doctrinal de su obra, sino del trabajo de des-
plazamiento que ejerce sobre la lengua.!6
No puedo analizar aqui exhaustivamente la experiencia de
la lectura literaria; no estoy particularmente calificada para
hacerlo, y serfan necesarias no cuatro conferencias sino afios.
Quisiera simplemente plantear algunos elementos, parciales,
fragmentarios. Los tomaré casi siempre, una vez mas, de los
escritores. Pero los volveremos a encontrar durante las préxi-
mas jornadas en boca de lectores menos eruditos.
Por ejemplo: leer le permite al lector, en ocasiones, desci-
frar su propia experiencia, Es el texto el que “lee” al lector, en
cierto modo el que lo revela; es el texto el que sabe mucho de
'S Legon, Paris, Points-Seuil, 1978, pp. 12-14,
‘6 Ibid., pp. 16-17.
36él, de las regiones de él que no sabia nombrar. Las.palabras
del texto constituyen al lector, lo suscitan.
En. particular, los escritores ponen palabras en donde nos
duele. Como escribe Jean Grenier: “Vine a dar testimonio,
dice el escritor, vine a quitar ese peso que oprime vuestro
pecho, No puede curarnos, pero le agradecemos que haya
visto nuestro mal”.!7 Las palabras pueden mantener el dolor
ola pena a distancia; las palabras que leemos, las que escri-
bimos, las que escuchamos. Muchos escritores lo han expre-
sado de diversas maneras. Como Rilke,.al principio de los
Cuadernos de Malte Laurids Brigge: “Hice algo contra.el
miedo. Permaneci sentado y escribi”. O el escritor austriaco
Winckler, quien observa: “Con mis palabras dibujo una jaula
alrededor del pavor”. Y alrededor de nuestro propio pavor.
De manera parecida, en el cuento por ejemplo, a diferencia
de las pesadillas, los simbolos mantienen a distancia las som-
bras. El escritor suizo Nicolas Bouvier observa que en Japén
los cuentos “administran y controlan la inmensa fauna de
fantasmas maléficos que pueblan y recorren la noche, sobre
todo en verano’.!8
Los escritores nos ayudan a ponerle un nombre alos esta-
dos de 4nimo por los que pasamos, a apaciguarlos, a cono-
cerlos mejor, a compartirlos. Gracias a sus historias, nosotros
escribimos la nuestra, entre lineas. Y desde el momento en
que tocan lo mds profundo de la experiencia humana, la pér-
dida, el amor, el desconsuelo de la separacién, la busqueda de
sentido, no hay razén para que los escritores no Ileguen a
todos y cada uno de nosotros. En efecto, es en ese punto,
como podrén apreciarlo, donde los jévenes lectores de secto-
res pobres pueden muchas veces encontrarse con ellos.
17 Jean Grenier, Inspirations méditerranéennes, Paris, LImaginaire/Gallimard, 1998, p. 52.
18 Nicolas Bouvier, Comment va l'ecriture ce matin, Ginebra, Slaktine, 1996, p. 108.
37Cuentan con frecuencia cémo ciertos textos, nobles o humil-
des —aunque también algunas peliculas 0. canciones-, les
| ayudaron a vivir, a pensarse a si mismos, a modificar un poco
| sus destinos. Y no sélo durante la adolescencia.
Una vez mas me parece que con esta dimensién de la lec-
tura en que la lectura “trabaja” al lector, estamos muy lejos de
| las divisiones establecidas que, por ejemplo, oponen entre si
- a los partidarios de la lectura “util” y a los de la lectura de
“distraccién’”. Cuando encuentro palabras que me perturban
| “porque hacen posible que se diga lo més intimo que yo sen-
tia, jes esto algo “util”?, jes esto “placer”? Para decirlo como
Freud, tal vez es algo que esta “més alla” del placer... .
Gracias a esa forma de lectura, a esos encuentros, elabora-
mos un espacio interior, un pais propio; incluso en contextos
en los que parecia no habérsenos dejado ningun espacio per-
sonal, como en el caso del joven martiniqués preso. Es tam-
bién un poco lo que dice ese otro escritor, Pascal Quignard,
| para quien la pagina leida “es el otro mundo, que se opone a
todos los lugares en los que se ramifica la familia y en los que
encajan la ciudad pequefia, la nacién, y el conjunto de los
| contemporéneos”.!9 © es lo que dice Agiba, una joven que
entrevisté, y que adora leer desde que era nifia: “Tenia un se-
. creto para mi, era mi universo propio. Mis imagenes, mis li-
bros, y todo eso. Mi mundo propio esta en los suefios”.
Ese mundo, como ella observa, tiene que ver con el se-
creto. Por un lado, es para protegerse de la represién que se
cierne sobre todo lo que atafie a la intimidad. Hablaré de esa
represién cuando me ocupe del miedo al libro. Pero creo que
esa dimensién del secreto no tiene como unica funcién pre-
servarse de la intrusién de los padres o de los educadores in-
discretos. Existe también la idea de que toda verdadera pala-
19 Pascal Quignard, Vie secréte, Parts, Gallimard, 1998, p. 211.
{ 38bra tiene algo oculto. Muchos escritores lo han dicho: la lec-
-tura tiene que ver con el. secreto, con la noche, con el amor y
con la disolucién de la identidad. Por ello, como el amor, re-
curre al pudor. Marguerite Duras observaba durante una en-
trevista: “Es posible que siempre leamos en.la penumbra [...]
La lectura es del orden de la oscuridad de la noche. Incluso
cuando se lee en pleno dia, al exterior, la noche se instala al-
rededor del libro”.20 Y Michel de Certeau: “Leer es estar en
otra parte; ahi donde no estan, en otro mundo [...] es crear
rincones de sombra y de noche en una existencia sometida a
la transpafencia tecnocratica [...]”.2! . *
Ese espacio intimo que instaura la lectura no es s6lo un
engafio o una huida. Puede serlo, a veces: uno se consuela de
las vidas, de los amores que no se vivieron, con_las historias
de los demés, Pero es més bien una manera de fugarse, una
escapatoria hacia un lugar en el que no se depende de los
demas, cuando todo parece estar cerrado. Eso nos deja ver
que es posible otra cosa, que puede existir otra cosa. Ese es-
pacio intimo esta muy poblado. En él vagabundean ‘frag-
mentos de frases, escritas o dichas por otros, que hemos re-
cogido y que revelaron esa parte oculta de nosotros. + -
Y ese espacio intimo nos hace ser, nos “da lugar”. A partir
de ahi, a partir de esa otra manera de habitar el tiempo que
surge cuando leemos;tenemos otra‘ percepcion de lo que nos
todea. Y podemos darle un sentido a nuestra vida, construir
el sentido. ;Cémo? Con historias, dice Salman Rushdie. “Las
historias son la forma en que nos construimos.” Dice tam-
bién, en Patrias imaginarias: “La significacién es un edificio
que construimos con-fragmentos, con dogmas, con heridas
de infancia, con articulos de periédicos, con comentarios al
20 Marguerite Duras, “Entrevista con Michéle Porte’, en Le Camion, Parts, Minuit, 1977.
21 Michel de Gerteau, “Lire: un braconnage’, op. cit., p. 291.
39azar, con viejas peliculas, con pequefias victorias, con gente
que odiamos, con gente que queremos’.22
Me parece que tiene raz6n, vamos construyendo artesa-
nalmente el sentido a partir de fragrnentos sacados de aqui y
de alla. El sentido no es, o ha dejado de ser, en nuestra época
del fin de las ideologias, un sistema total que dice la ultima
palabra, la razén de ser de nuestra presencia sobre la Tierra.
Una cita mas acerca de esa busqueda de sentido, esta vez de
un escritor estadunidense, Richard Ford: el narrador, al evo-
car.a su padre que lefa para él, dice lo siguiente: “Al leer para
mi, intentaba tal vez decirme: ‘No lo sabemos todo. La vida
tiene mas sentido de lo que parece. .Hay que prestar aten-
cién’”.23 El sentido no es algo que esté alli: es algo hacia lo
cual se tiende, un movimiento, una disposicién, una capaci-
dad de acoger, una forma de estar atento.
La lectura nos da, a veces, el sostén de una definicién. De
una puesta en orden, en forma. Se siente que hay en ella, en
ciertos textos escritos por escritores,.un poco mds de verdad
que en otras formas de expresi6n lingitistica. Que el escritor
rompe los estereotipos, desempolva el lenguaje, expulsa los
clichés; el buen escritor, al menos. Y que es uno de los pocos
que hablan de las contradicciones y las ambivalencias que
nos constituyen. Inclusive, es sobre esas contradicciones, esa
parte de sombra en el interior del ser humano, sobre lo que
trabaja, las mds de las veces.
He presentado, asi, algunos fragmentos a propésito de la
experiencia literaria. Me he apoyado en esos lectores muy le-
trados y muy cultos que son los escritores. Pero, como ya dije,
les mostraré que, con otras palabras, muchos lectores jévenes
de sectores pobres expresaron cosas parecidas. Y quisiera
22 Salman Rushdie, Pairies imaginaires, Paris, 10/18-Christian Bourgois, 1993, p. 23.
3 Richard Ford, Une situation difficile, Paris, L'Olivier, 1998, p. 10.
40hacer hincapié en el hecho de que la lectura literaria, cuando
constituye una experiencia singular, no es una coqueteria de
salén. Por desgracia, cuando se es pobre, en la mayoria de los
casos se desconoce esa experiencia, porque no se tiene acceso
a los libros, o sdlo a ciertos libros, y se piensa que los otros
no son para uno. También ese tema lo volveremos a tratar.
No obstante, hay personas de sectores pobres que:han te-
nido la fortuna de acceder a la lectura, y que han conocido, a
veces a través de un solo texto, toda la amplitud de la expe-
riencia de la lectura. En ese texto encontraron palabras que
los alteraron, que los “trabajaron’, miuchas veces tiempo des-
pués de haberlas leido. Por el contrario, hay gente nacida en
los barrios ricos que habla de literatura en los salones y que
nos hace sentir, al escucharla, que nunca ha conocido esa ex-
periencia, esa alteracién. No ha buscado en los libros mas
que la forma de impresionar a sus amigos. Habla de la litera-
tura y es como si personas frigidas le hablaran a uno sobre el
amor carnal. *
En el punto mas alejado de los salones, podemos recordar
también cémo las palabras de los poetas han ayudado a
“aguantar” a quienes eran presa de extremos sufrimientos;
podemos evocar a todos los que, en medio del dolor, conser-
varon la dignidad recitando versos. Recordemos el papel que
desempenaron para tanta gente, en los campos de concen-
tracion, durante la segunda Guerra Mundial. O, para otros,
en los campos estalinianos. De manera més general, quisiera
decir que tal vez no haya nada peor que estar privado de las
palabras para darle un sentido a lo que uno vive. Y nada peor
que la humillacion, en el mundo actual, de quedarse fuera
del mundo del lenguaje escrito.
Les confiaré ahora un recuerdo, no sin emocién. Cada afio
viajo un poco por Grecia, y hablo bastante bien el griego
moderno. Un verano, durante uno de estos viajes, conoci en
41el campo a una mujer de edad que me conté su vida. Nacié
en una familia de diez hijos, y fue adoptada muy nifia por un
tio que necesitaba una pastora. Pero era tan curiosa, que la
maestra rural consiguié que la dejaran ir unos meses a la es-
cuela, hasta esa mafiana en que el tio fue a buscarla para
mandarla a pastorear cabras. Ella nos dijo: “Y cada dia de mi
vida, en medio de las bestias, dibujé en la tierra con un pa-
lito las letras de mi nombre, para que el suefio no se las Ile-
vara’.
Esa historia me parece conmovedora. Se la confio sola-
mente para recordar cémo puede uno sentirse fuera del
mundo cuando no ha podido apropiarse del lenguaje escrito.
Hemos aprendido a mirar de otra manera las civilizaciones
orales, sabemos que podian ser territorios de una gran cul-
tura. Pero en la actualidad, en la mayoria de las sociedades,
estar fuera-del lenguaje escrito es estar fuera del mundo, Mu-
chas personas que no tuvieron acceso al lenguaje escrito o
que no conocen sus costumbres, se sienten agobiadas por la
indignidad. Por ello disiento en este punto con algunos de
mis colegas antropélogos que, en nombre de los principios
més nobles, querrfan mantener lejos de la contaminacién del
lenguaje escrito a tal o cual grupo étnico, para preservar su
particularidad,
En sentido inverso, mediante el hecho de compartir a tra-
vés de la lectura, cada quien puede sentir su pertenencia a
algo, a esta humanidad, a nuestro tiempo, a tiempos pasados,
de aqui o de otra parte, que pueden resultarle cercanos. Si el
hecho de leer puede abrir hacia ef otro, no es solamente por
las formas de sociabilidad y las conversaciones que se dan en
torno a los libros. Es también por el hecho de que al experi-
mentar, en un texto, tanto la propia verdad {ntima como la
humanidad compartida con los demas, cambia la relacién
; con el préjimo. Leer no aisla del mundo. Leer introduce en el
42mundo de forma diferente. Lo més intimo Puede a alcanzar en
este acto lo mas universal.
La pobreza material es temible porque se carece no sélo de
los bienes de consumo que hacen la vida menos pesada, mas
facil, mas agradable; no.sélo.de los medios para proteger la
propia intimidad, sino también de los bienes culturales que
confieren dignidad, inteligencia de si mismo y del mundo,
poesia, y ademés intercambios que se entrelazan_con esos
bienes. La pobreza impide formar parte de una. sociedad,
estar ligado con el mundo a través de.lo que produjeron
quienes lo componen: esos objetos culturales que circulan y
que desembocan en otros circulos diferentes del parentesco
o. del barrio, que son el espacio de lo intimo y de lo que se
comparte mas alla de las fronteras del espacio familiar. Y
para pensarse, para definirse, muchas veces no les queda a los
pobres més que el pertenecer a una comunidad mitica, 0 a
un territorio, o incluso a una acera de la calle. :
Pues bien, he hecho un largo periplo por esas dos vertien-
tes de la lectura, deteniéndome en la segunda, en la que el
lector dialoga con el texto, en la que es trabajado, alterado
por ese texto.
DEL LADO DE LOS LECTORES .
Pero regreso ahora a mi intencién primera. Les comentaba,
hablando de esta inquietud respecto a la juventud, que en
Francia, y es muy probable que también aqui en México, al-
gunos sienten nostalgia por una lectura que permitiria ence-
rrar, moldear, dominar a los jévenes. De una lectura que, por
lo tanto, perteneceria a la primera vertiente de Ja lectura.
De hecho, este tipo de nostalgia no es nada nuevo. Abro
aqui un pequefio paréntesis histérico. A fines del siglo xvii,
43segtin los historiadores, tuvo lugar una de las revoluciones de
la lectura, vinculada con la multiplicacidn de los libros y de
los periddicos publicados, y con la disminucién de los pre-
cios. En las ciudades de Europa, un ntimero cada vez mayor
de gente se apoderé asi de estos nuevos impresos y los leyé
sin medida y con desenvoltura. Y fue en ese ‘momento
cuando florecieron gran cantidad de pinturas, imagenes,
descripciones literarias en las que se evocaba Ja lectura cam-
pesina. Voy a leerles algunas frases tomadas del libro de Gu-
glielmo Cavallo y Roger Chartier, Historia de la lectura en el
mundo occidental:24
El modelo tan frecuentemente usado a finales de! siglo [xvi] peor los
pintores y los escritores, de una lectura campesina, patriarcal y biblica,
realizada durante las veladas por el padre de familia que leia en voz
alta para toda la gente de la casa congregada ahi, nos habla de la afio-
tanza de una lectura perdida. En esa representacién ideal de la vida
campesina, tan gustada por !a élite letrada, la lectura comunitaria sig-
nifica un mundo en el que el libro es reverenciado y en que se respeta
‘Ta autoridad. Con esa figura mitica lo que se denuncia es, por lo que
se ve, el gesto ordinario de una lectura contraria, citadina, negligente,
desenvuelta. La “furia de la lectura”, descrita como un peligro para el
orden politico, como un “narcético” que distrae de la verdadera Ilus-
tracién, 0 como un desorden de la imaginacién y de los sentidos, re-
sulta patente para todos los observadores contempordneos. No cabe
duda de que desempefia un papel esencial en la separacién que em-
pieza a darse entre los sibditos y su principe, entre los cristianos y sus
iglesias en toda Europa, pero muy especialmente en Francia.
Me parece que, en la actualidad, puede observarse a veces
\ una nostalgia del mismo tipo entre la gente que se encuentra
% Paris, Seuil, 1997, p. 35. .
44entre las filas del-poder, ya sea politico o-universitario. Una
afioranza de esa figura mitica que retine a todos a su alrede-
dor: el patriarca, que es el Gnico que habla. Un deseo de res-
tauracién de esa autoridad antigua que precisamente la lec-
tura contribuyé a debilitar. Vuelvo a la ultima frase de los
historiadores: “[La furia de la lectura] desempefia induda-
blemente un papel esencial en la separacién que empieza a
darse entre los stibditos y su principe, entre los cristianos y
sus iglesias en. toda Europa, pero ‘muy especialmente en
Francia”. A veces me pregunto si-el miedo que ‘los poderes
sienten ante el libro no es en parte fantasmatico, y si los pe-
ligros identificados con su difusién son reales. A esos histo-
riadores, por su parte,'no les cabe la menor duda. La lectura
compartida vuelve mds fluidas las adhesiones, ya sean fami-
liares 0 comunitarias, 0 politicas y religiosas. Y, en efecto,
muchas de las resistencias a la difusién de Ja lectura parecen
deberse al temor de esas separaciones, como lo veremos més
adelante. ta . ‘oof
Asi pues, hay politicos, pero también intelectuales, que
hacen un llamado a la.restauracién de una cohesién social
perdida o amenazada; cohesién que, de hecho, se encuentra
en una situacién precaria en esta época en que se han acen-
tuado los procesos de segregacién. Y Ilaman al rescate a la cul-
tura, a la que atribuyen poderes reparadores, reconciliadores.
Les alarma, en particular, que los jévenes, sobre todo los que
viven en los suburbios de nuestras ciudades, no compartan
“el: patrimonio comun’, florilegio de valores, de referencias
que, como una red de palabras, deberia mantener unidos a
quienes componen una sociedad. En efecto, la juventud que
causa preocupacién en Francia es cierta juventud, la que vive
en los barrios marginados, en la periferia de las ciudades. Es
esta juventud la que tan a menudo invocan los medios de co-
municaci6n, asocidndola con el aumento de la violencia, la
45delincuencia, el trafico de drogas. Seguin esos politicos y esos
intelectuales, corresponderfa a los educadores; a los bibliote-
carios, llevar a esos j6venes marginados a una especie de rito
de paso, de obligacién de pertenecer, mediante el acto.de
compartir grandes textos. Volvemos a encontrar en esos dis-
cursos la creencia antigua de que los textos escritos podrian
modelar a quienes los descifran, y que ciertos textos conside-
rados fundadores podrfan imprimirse en ellos como si fueran
paginas en.blanco, hasta que los lectores se asemejaran poco
a poco a lo que ingieren. Como pueden ver, nos encontramos
en la primera vertiente de la lectura.
Se habran dado cuenta de que no es ése-el punto de vista
que elegi al trabajar sobre la lectura. Y, particularmente, no
es el punto de vista por el que opté cuando coordiné una in-
vestigacién para el ministerio francés de Cultura, cuyo ob-
jeto era evaluar el papel de las bibliotecas ptiblicas y de la lec-
tura entre los jévenes habitantes precisamente de esos ba-
rrios marginados, en la lucha contra los procesos de exclu-
sién, y de marginaci6n.25 Fue en el transcurso de esta inves-
tigacién, mas que durante el trabajo que llevé.a cabo sobre la
lectura en el medio rural, cuando entendi a fondo lo que esté
en juego en la democratizacién de la lectura. Me referiré,
pues, con frecuencia a dicho estudio durante estas conferen-
cias, y ahora voy a decirles un poco de qué trata. Los subur-
bios franceses pueden parecer muy alejados de México. Sin
embargo, creo que en Jas experiencias de esos jévenes de otro
continente, con una historia totalmente diferente, tal vez en-
i cuentren ustedes material para la comparacién, para el cues-
tionamiento, para la sorpresa.
8 De la bibliothéque au droit de cité. Parcours de jeunes (Michéle Petit, Chantal Balley,
Raymonde Ladefroux, con la colaboracién de Isabelle Rossignol, Paris, ppy/Centre Georges
| Pompidou, 1997, 365 p.)
| . 46Si pude entender mejor lo que esta en juego en la demo-
cratizacién de la lectura, se lo debo a los jévenes que conoct.
Tanto en esta investigacién como en la que se referia a Ja lec+
tura en el medio rural, elegi situarme del lado de los lectores,
y me gustaria explicarles un poco.mi proceder, e incluso in-
vitarlos a pasar tras bambalinas.
En principio eso no se debe hacer: un investigador explica
el interés objetivo de su investigacién, desarrolla su proble-
miatica;su metodologia, pero no se supone que deba llevar al
escucha o al lector hasta la cocina, y menos atin evocar su
subjetividad. En teoria, incluso deberia llevar su investiga-
cién lo més lejos posible de su subjetividad, aunque esto
nunca ocurra, sea 0 no consciente de ello. Pero el hecho de
estar lejos de mi pais, lejos de la mutua intimidacién que
predomina en los circulos universitarios, me da un poco de
libertad. Bueno, pues la primera cosa que hice antes de con-
testar a la licitacién que recibi del Ministerio de Cultura
sobre ese punto, fue tratar de recuperar a la adolescente que
habia en mi, acordarme de la representacién del mundo que
tenfa en aquel entonces. Claro esta que mi percepcién era
singular y estaba enteramente vinculada a mi historia perso-
nal y familiar. Claro esté que, desde entonces, el mundo
habia cambiado, jy con qué rapidez! No obstante pensaba
que tal vez parte de Ja experiencia de la adolescencia perdu-
raba por encima de las generaciones. Por encima de los pai-
ses e, incluso, tal vez, de los sexos, pese a que el cuerpo dife-
rentemente sexuado determina, entre los muchachos y las
muchachas, formas muy diferentes de entendimiento de si
mismo y del mundo.
Para refrescarme las ideas dejé de lado los tratados de
ciencias sociales y me fui a ver peliculas. Los artistas conser-
van una proximidad con el nifio o el adolescente que un dia
fueron, se dejan inundar por. él. En ese momento, habia en
47cartelera varias peliculas producidas por nuestra estacién
cultural, “Arte”, realizadas por cineastas de diferentes genera-
ciones que precisamente llevaban su adolescencia a la panta-
Ila, Pensé también en otras peliculas sobre la adolescencia o
la juventud, grandes clasicos como Furia de vivir, de Nicho-
las Ray, por ejemplo.
A medida que veia esas imagenes, lo que mas me llamaba
la atencién —claro que entre muchos otros aspectos-, era que
la adolescencia, la juventud, es un poco la época en la que
uno se dice a si mismo, como escribia Dostoievski en Notas
de un subterrdneo: “Yo soy uno y ellos son todos”.
O, para decirlo de otra forma: es la época en la que se tiene
la impresién de que el mundo esta Ileno, de que los lugares
estan ocupados, de que las casas estan ya construidas, los li-
bros han sido escritos, los saberes se han constituido, los dr-
boles estan sembrados, desde hace una eternidad. Y que la
gente se extiende por todos lados. Para encontrar lugar serd
necesario, por lo tanto, remover todo eso. Y eso no tiene la
menor intencién de dejarse remover. Tener quince afios con
frecuencia es ese sentimiento: el mundo esta Ileno, dénde
diablos podré colocarme?
Yo lo habia vivido en los.afios sesenta, y no debia ser la
tnica, puesto que éramos millones por las calles de Paris y de
otras ciudades del mundo los que, en mayo de 1968, gritaba-
mos contra este mundo inmutable, regido por una geronto-
cracia, en el que teniamos la impresién de que todo estaba
bloqueado. Los tiempos habian cambiado desde entonces,
pero al ver esas peliculas me encontré de nuevo, en el caso de
otras generaciones, con la misma impresién de que el
mundo ya ahi pesaba con.todo su peso, ocupaba todo el es-
pacio. Lo que era diferente en las peliculas en las que se evo-
caban adolescencias més recientes, era una violencia mayor,
mas conductas autodestructivas, la omnipresencia de la dro-
48ga. Pero no idealicemos demasiado el pasado. En mi pais, en
1914, cuando lo mandaban a uno a morir en el frente no era
nada facil tener dieciocho afios, o en 1940, durante la deba-
cle ante el.ejército alemén, o en los afios cincuenta, cuando
lo mandaban a uno a combatir en las guerras coloniales. Y
para una muchacha tampoco era facil vivir con medios con-
traceptivos improvisados, tener que recurrir a abortos clan-
destinos arriesgando su vida y con peligro de ir a la carcel, no
tener derecho al voto y llevar, en todos los campos, una exis-
tencia de segundo plano. Al menos ya no estamos en ese
punto. Les dejo a ustedes, una vez mas, la tarea de trasponer.
Me imagino que la vida de un hombre o de una mujer jove-
nes en México tampoco debe haber sido, en muchos mo-
mentos del siglo, un lecho de rosas.
Al ver esas peliculas encontré también otra cosa: la adoles-
cencia, en todas las épocas, tanto para muchachos como para
muchachas de todas las categorfas sociales y todos los patses, es
también un momento de “crecimiento pulsional’, como dicen
Jos psicoanalistas; son afios en que el cuerpo se transforma to-
talmente. Las muchachas se encuentran atrapadas por miradas
que las convierten en presa. Los muchachos quisieran que su
cuerpo creciera més rapido, ya que las muchachas desvian su
atencién hacia los que son més grandes que ellas. Todos se en-
frentan con emociones, deseos, pulsiones que temen no poder
controlar. Tienen miedo de si mismos. Miedo del miedo que
inspiran a los adultos, esos adultos por los que se sienten radi-
calmente incomprendidos. Miedo de ser los unicos en el
mundo que sienten lo que les ocurre. Creo que Ia soledad del
adolescente puede resultar temible. Aun cuando en esa época
se viva muchas veces en pandilla. Porque la mayor parte del
tiempo, la pandilla es despiadada, lo obliga a uno a alardear, a
nunca dejar la mascara, puesto que todos nutren su seguridad
a expensas del que deja percibir la m4s minima fisura.
49Asi pues, tenemos un mundo exterior que se percibe como
hostil, excluyente, que deja muy poco lugar, y de hecho las
generaciones de mayor edad ven con ojos muy ambivalentes
a esos rivales en potencia. Y tenemos, ademés, un mundo in-
terior extrafio, inquietante. Una edad de lo mds incémoda,
de lo mas exaltante y exaltada a veces, puesto que en ella el
tadicalismo de las pulsiones también pone; su marca en lo
ideal.
Edad en la que no se sabe cémo definirse. Y en la que se
tiene miedo también de las definiciones. Un momento en
que habria que estar, mds que en otros, informado sobre lo
que le esta pasando a uno. Encontrar palabras que le mues-
tren a uno que en el fondo no hace mds que compartir afec-
tos, tensiones y angustias universales, aun cuando se decli-
nen de forma muy diferente segtin hayamos nacido nifia o
nifio, rico o pobre, en tal o cual rincén del mundo.
En el momento de redactar este proyecto de investigacion vi
también un programa de televisién que habia grabado hacia
tiempo, porque me parecié peculiar. Trataba de un cantante
de rap muy conocido en Francia que se Hama MC Solaar. Este,
un adolescente originario de Chad que se crié en los subur-
bios, contaba cémo habia entrado un dia, en Paris: “en un te-
soro, una gran biblioteca donde uno no esté orientado por
obligaciones escolares, en donde puede escoger el libro que
quiera, el periédico que quiera, ver microfilms, peliculas... to-
. Marse su tiempo. Ademds hay mucho de donde escoger, mu-
chas cosas que no ha encontrado en la escuela”6 Regresé a
ella, desarrollé un gusto por los escritores, en particular por
escritores dificiles. Y fue ahi donde se convirtié, como él decia,
en un “torero verbal”, un domador de palabras, un loco de la
lengua a Ja que le imprimié ciertos giros de su cosecha.
% Entrevista realizada para el programa Fréquenstar, M6, en 1993,
50Igual que el escritor antillano Chamoiseau, igual que el
preso del que hablaba Chamoiseau, igual que el filésofo Jac-
ques Derrida, MC Solaar habia inventado su propia forma de
decir, su propia manera de cantar, incursionando dia tras dia
en los libros de otros. ,
Asi pues, hice la introduccién del proyecto de investigacion
con la historia de este cantante, y expliqué que pensdbamos
analizar historias singulares, insistiendo en esta dimensién de
la apropiacién, en estos encuentros, en estos didlogos con los
textos. Y en que queriamos identificar, en esas historias singu-
lares, los desplazamientos de todo tipo que la lectura y la bi-
blioteca favorecen. Nos colocdbamos, pues, en la segunda ver-
tiente de la lectura. Y digo “nos” porque integrébamos el pro-
yecto cinco investigadoras con formaciones diferentes. Las voy
a nombrar, tal como hacen los cantantes en un momento de
su espectaculo para presentar a los musicos, porque sin misi-
cos no estarian allf: Chantal Balley y Raymonde Ladefroux, ge-
égrafas; Gladys Andrade, sociolingitista; Isabelle Rossignol,
que acababa de terminar una tesis sobre los talleres de escri-
tura, y yo, que tengo un punto de vista mas antropoldgico.
Nuestro proyecto fue seleccionado y as{ fue como empeza-
mos a estudiar cual puede ser el papel de las bibliotecas publi-
cas en:la lucha contra los procesos de exclusién y relegacién,
analizando no la forma en que los jévenes recibian o no una
lluvia de buenos textos destinados a asegurar su adecuacién a
una supuesta “identidad francesa’, sino de qué manera algu-
nos se apropiaban activamente del contenido de una biblio-
teca, lo que hacfan con él, y c6mo modificaba esto sus vidas.
Para mi era muy importante, desde antes de estas investi-
gaciones sobre la lectura, no disociar lo “social” de “los seres
particulares e inteligentes”27 que lo conforman. Mi itinerario
2 Expresi6n forjada por Montesquieu.
51intelectual y personal habia sido muy influido por mi en-
cuentro con el psicoanilisis. Habfa entendido que si:bien los
determinismos sociales tienen gran.importancia, cada des-
tino es también una historia particular, constituida por una
memoria y sus lagunas, por acontecimientos, por encuen-
tros, por movimiento. Cada uno de nosotros no solamente es
asignable a un grupo, un espacio o un lugar en el orden so-
cial, del que no harfa sino declinar rasgos, gustos, maneras de
actuar y de pensar, caracteristicas de su clase o de su grupo
étnico. El, o ella, se construye de forma singular, e intenta
crear con las armas que puede asir, con mayor o menor éxito,
un espacio en el que encuentre su lugar; trata de elaborar
una relacién con el mundo, con los demas, que le dé sentido
a su vida.
Me parecia asi que, si bien la integracién social o la mar-
ginacién eran resultado de transformaciones estructurales a
gran escala, esos procesos se declinaban en historias singula-
tes, A lo largo de esas historias, habia un juego de plazos di-
ferentes, largo y corto. Por ejemplo, hay lineas divisorias
entre categorias sociales, o estigmatizaciones respecto a tal o
cual grupo social, con las que hay que arreglarselas a veces
para toda la vida. O bien hay historias de familia, que se
cuentan o se callan, lugares asignados-en la fratria, maneras
de decir o de-hacer, representaciones y gustos heredados, que
pesan con todo su peso en el largo plazo. Pero existen tam-
i bién discontinuidades, momentos clave, en un sentido o en
otro, ya sea porque se salga uno del carril, o porque, al con-
| trario, aproveche uno una ocasién, una oportunidad, pro-
| porcionada por un encuentro, para desplazarse un poco,
- para reorganizar su punto de vista.
Los seres humanos se constituyen siempre en la intersub-
jetividad +lo reitero-, y sus trayectorias pueden cambiar de
i rumbo después de algtin encuentro. Esos encuentros, esas
52interacciones a veces son propiciadas por una biblioteca, ya
sea que se trate del encuentro con un bibliotecario, con otros
usuarios 0 con un escritor que esté de paso. O que se trate
también, claro esta, de encuentros con los objetos que alli se
encuentran. De algo que se aprende. O de la voz de un poeta,
del deslumbramiento de un sabio o de un viajero, del gesto
de un pintor, que pueden redescubrirse y ofrecerse para ser
compartidos de una manera muy amplia, pero afectandonos
en forma individual.
La experiencia del psicoanilisis me ensefié también que lo
que determina en gran medida la vida-de los seres humanos
es el' peso de las palabras o el peso de su ausencia..Por ello
aproveché esta oportunidad de trabajar sobre la lectura_y la
relacién con los libros, con la idea de que era un camino pri-
vilegiado para ver en qué medida y de qué manera podia uno
abrirse hacia otros desplazamientos mediante el reacomodo
de un universo simbélico,'un universo de lenguaje, mediante
el hallazgo de un margen de maniobra en el uso de la lengua.
De hecho, como veremos en la préxima jornada, la lectura
y una biblioteca pueden contribuir a recomposiciones de la
identidad, sin entender en este caso la identidad como algo
fijo, detenido en la imagen, sino por el contrario como un
proceso abierto, inconcluso, como una conjuncién de milti-
ples rasgos, en incesante devenir. Dichas recomposiciones se
efecttian en una relacién con eso que esta “ya ahi’, el conte-
nido de una biblioteca, una cultura, un patrimonio. Pero no
se trata de un patrimonio inamovible, petrificado, al que uno
se someta pasivamente para conformarse a ciertas normas.
En el fondo, lo que constituia el centro mismo de la inves-
tigacién era todo lo que, en el hecho de frecuentar una bi-
blioteca y leer, contribuye a volverse un poco mis el actor de
su propia vida. Todo lo que ‘permite encontrar un poco de
juego en el tablero de la sociedad. Todo lo que confiere una
53| distancia critica, un entendimiento de si mismo, del otro, del
mundo; todo lo que permite abrir un poco el espacio de los
i diversos posibles, y por lo mismo encontrar un lugar, pero
encontrarlo en un mundo, en una sociedad a los que se
transforma un poco, en los que uno tiene su parte, en los que
uno se inscribe. .
Estaba igualmente convencida de que esa elaboracién de
una identidad propia, singular, que la lectura contribuia a
formar, era la Gnica capaz de permitir el acceso a otras for-
i mas de sociabilidad, diferentes de las que preocupan a
mucha gente a propésito de esos barrios “dificiles”. Y de que
ésta podia constituir un fundamento de la ciudadania, de ese
derecho a tomar parte activa en las diferentes dimensiones
de la vida social, a tener una opinién que cuenta. Y, por lo
tanto, de que podia contribuir al mismo tiempo a darle un
contenido vivo a la democracia.
Situarse del lado de los lectores también requeria una me-
todologia. Y, una vez mas, fue del lado de Ja singularidad, y
no del de la representatividad, donde situamos esta investi-
| gacién: escuchamos, uno por uno, a jévenes cuya vida se
: habia transformado debido a una biblioteca en uno u otro
j terreno, en uno u otro momento. En total, escuchamos a 90
de ellos, en entrevistas que muchas veces superaron las dos
horas: esos jévenes, que tienen entre 15 y un poco mas de 30
afios, viven en seis ciudades situadas en diferentes contextos
+ sociales y espaciales. Entonces puede decirse que son “atipi-
cos’, puesto que entre ellos hay muchos buenos alumnos o
! personalidades fuertes. Pero lo que hace a.la historia suelen
ser los desfases entre los procesos sociales a gran escala y los
|movimientos singulares.
' Quisimos hacer esas entrevistas muy libres, muy abiertas,
jespecialmente cuando aparecian digresiones imprevistas.
‘Porque la parte esencial del trabajo de la entrevista consiste
i 54en ser lo mas receptivo posible. Las digresiones que no siem-
pre tienen relacién aparente con el tema son de hecho aso-
ciaciones libres que tienen sentido. Y a partir de lo que de-
cian nuestros interlocutores, a partir de lo que parecia orga-
nizar su forma de decir, improvisamos réplicas, en funcién
de hipétesis que surgieron in situ, y en las que interviene en
parte la intuicién. Mas vale‘olvidar un tema de la guia de en-
trevista inicial que no escuchar lo imprevisto. Por otro lado,
esta guia la pongo siempre a un lado en el momento de la en-
trevista. De otro modo no se entera uno de nada que no sepa
ya. Una entrevista no es un cuestionario.
Ademaés no hay que considerar tonta a la gente. Si desde el
principio se enuncia el tema de una investigaci6n, ellos en-
tienden, y lo que enuncian a.su vez se relaciona, poco 0
mucho, con el tema. Poseen un saber sobre si mismos, sobre
sus experiencias, y de ellos obtiene susaber el investigador.
Hace un-momento les.dije que al escuchar a esos jévenes
comprendi mejor lo que esta en:juego en la lectura. Lo cual
no significa que crea a pie juntillas todo lo que dicen. Pero
me-niego a adoptar la postura de la suspicacia sistematica
que por mucho tiempo se aplicé en las ciencias sociales. Del
mismo modo, creo que debe prestarse atencién a la singula-
tidad, cuidando de no reducir al otro a un “ejemplo” ambu-
lante, una “muestra representativa” encarnada.
Estas entrevistas fueron grabadas y luego integramente
transcritas, después de lo cual tuvimos a nuestra disposicién
1500 paginas a renglén cerrado de material para analizar.
Dicho anilisis se llevé a cabo primero a través de una “lectura
flotante”, que permitié identificar temas inesperados, pala-
bras sorprendentes, y dejar que surgieran las relaciones. Una
segunda lectura ms sistemdtica se apoyé en diversos listados.
Por otro lado, las entrevistas se completaron con una ob-
servacién en diferentes bibliotecas respecto a la organizacién
55del espacio, el acervo, las maneras de funcionar. Realizamos
también largas entrevistas con los bibliotecarios y con perso-
nas que desempefiaban un papel particular en aquellos ba-
rrios, ya sea por sus funciones, por su oficio o por participar
en alguna asociacién. Y estudiamos la historia econémica,
social, cultural, politica de cada uno de los lugares en los que
investigamos.
Todo ello nos permitié entender mejor la aportacién de
las bibliotecas en los campos en que desempenan ya un papel
tangible en la lucha contra los procesos de exclusién y rele-
gacién, pero ademés pudimos identificar campos en.los que
ciertas utilizaciones menos visibles, mas informales de estas
bibliotecas permiten vaticinar que tal vez podrian acrecentar
su campo de accién.
i Por ello mi presentacién de las jornadas siguientes se sus-
tentar4 en gran medida en ese trabajo. No quisiera anticipar
demasiado lo que les voy a plantear mafiana, Pero podran ob-
servar que para los jévenes lo que estd en juego en la lectura es
multiple. Y que hay un terreno en el que, para ellos, el libro es
més importante que lo audiovisual: el terreno en el que per-
mite acceder a la ensofiacién y en el que permite construirse a
si mismo. La lectura puede incluso resultar vital cuando tienen
la impresién de que algo los singulariza: una dificultad afec-
tiva, la soledad, una hipersensibilidad, todas estas situaciones
' que comparte mucha gente, pero que muy a menudo se nie-
i gan. Los libros se ofrecen a ellos, y en mayor medida a ellas,
cuando todo parece estar cerrado: sus heridas y sus esperanzas
| secretas otros supieron decirlas, con palabras que los liberan,
que develan a aquel o aquella que no sabian qué eran.
Leer es por lo tanto la oportunidad de darse un tiempo
para si, en forma clandestina o discreta, en el que imaginan
jones formas de lo posible, en el que reafirman su espiritu
critico. En el que logran cierta distancia, cierto “juego”, res-
I 56pecto a las maneras de pensar y de vivir de sus seres cercanos.
En el que pueden conjugar sus formas de pertenencia,
cuando se encuentran entre dos culturas, en vez de hacerse la
guerra en su interior. En términos mds generales, es un atajo
que lleva a la elaboracién de una identidad singular, abierta,
en movimiento, que evita que se precipiten hacia los mode-
los prestablecidos de identidad que les aseguran su perte-
nencia total a una pandilla, una secta o una etnia.
Asi pues, el libro por excelencia es para ellos la novela, la
cual permite abrir la imaginacién, ampliar el repertorio de
las identificaciones posibles, dejarse llevar por la ensofiacién
subjetiva de un escritor. Sin embargo, pueden encontrar las
palabras que les den acogida en textos muy diversos. Cazan
furtivamente en los textos, prueban a que los conmuevan las
palabras y se burlan de rubricas, clasificaciones establecidas,
lineas divisorias entre géneros mds o menos legitimos. Las
divisiones que establecen una oposicién entre lecturas “uti-
les” y lecturas de “distraccién” han dejado de tener validez:
pueden divertirse con el movimiento de las estrellas, y pen-
sar que es infinitamente “util”, infinitamente valioso descu-
brir palabras que'le den voz a sus temores ocultos 0 que le
den sentido a su vida.
Igualmente imprevisible es la forma como reciben un
texto: hacen que su fantasia se deslice entre lineas, desvian el
sentido del texto. Con frecuencia sdlo extraen de él algunos
fragmentos, una frase, una metafora, que copian:o que olvi-
dan muy pronto, pero que sin embargo desplaza el punto de
vista desde donde se piensan o desde donde piensan su rela-
cién con el mundo. Pero a menos que tengan una mano par-
ticularmente afortunada, 0 cuenten con los consejos de un
iniciador al libro intuitivo e inventivo, no cabe duda de que
entre mAs excursiones realicen, mas posibilidades de encon-
trar una frase semejante tendran.
57He ahi, pues, algunos de los aspectos que trataremos en la
jornada que sigue. Unicamente me gustaria agregar que los
jOvenes no son marcianos y que, como usted 0 como yo, tie-
nen una gran necesidad de saber, una necesidad de decir bien
las cosas y de decirse bien, una necesidad de relatos que cons-.
tituye nuestra especificidad humana. Tienen una exigencia
poética, una necesidad de sofar, de imaginar, de encontrar
sentido, de pensarse, de pensar su historia singular de mu-
chacho o de muchacha dotado de un cuerpo sexuado-y fra-
gil, de un corazén impetuoso y que duda; de pulsiones y de
sentimientos contradictorios que integran con dificultad, de
una historia familiar compleja que muchas veces contiene la-
gunas. Sienten curiosidad por este mundo ‘contemporéneo
en el que se ven confrontados a tanta adversidad, y que les
deja muy poco espacio. Tienen también, como veran, una
gran necesidad de ser escuchados, reconocidos; una gran ne-
cesidad de dignidad, de intercambio, de encuentros persona-
i lizados.
Pero respecto a la aprehensién més precisa de lo que se- -
rian sus “necesidades” o expectativas, respecto a traducir esas
“necesidades” en términos de lecturas, diré desde ahora que
no hay que confundir deseo y necesidad, ni reducir el deseo
a una necesidad, porque de otro modo, siguiendo lo que dice
el psicoandlisis, estaremos fabricando anoréxicos. Creo que
un escritor, o un bibliotecario, o un educador no encuentra
a los jovenes a partir de lo que él imagina que son sus “nece-
sidades” 0 sus expectativas, sino dejandose trabajar por su
propio deseo, por su propio inconsciente, por el adolescente
9 por el nifio que fue. Dejandose también trabajar por las
preguntas de] tiempo presente. Regresaremos a ese tema. Por
lo pronto citaré unicamente una ultima frase, de un psicoa-
* nalista, Daniel Sibony: “El adolescente no es uri animal que
i nace hacia los doce afios y desaparece a los veinte. No es una
58entidad que se pueda delimitar, objetivar, sino un proceso en
el que uno mismo esta atrapado”.?8
Y ahora, espero que podamos abordar juntos el tema de la
lectura y la juventud en este pais de ustedes, y que entenda-
mos en particular cémo se plantean las preguntas aqui,
quién las plantea y de qué maneras. ;Qué es lo que se dice en
México sobre el tema? ;Quién habla de él y con qué fin?
3Cémo evolucionan las preguntas? ;Cémo se traduce la pre-
ocupacién de la que hablaba Daniel Goldin y qué se hace con
ella? Como ven, soy yo la que empieza a hacer preguntas,
pues grande es mi impaciencia por aprender cosas sobre su
pais, mientras que tal vez ustedes tenian deseos, antes de eso,
de pedirme precisiones sobre algtin punto. Les propongo,
pues, que se inicie la discusién.
2 Daniel Sibony, Entre deux. Lorigine en partage, Paris, Seuil, 1991, p. 242.
59- SEGUNDA JORNADA
Lo que esta en juego
en la lectura hoy en dia
Para evocar }o que esté en juego en la lectura, a modo de en-
trada en materia quisiera citar a dos de los jévenes que co-
nocimos durante una de las investigaciones de las que hablé
en la jornada anterior. El primero de esos chicos se llama
Ridha; ya se los presenté: tiene veintidés afios y sus padres
dejaron Argelia para trasladarse a Francia durante los aiios
sesenta:
Hay un libro que yo tuve y que volvi a encontrar aqui (en la biblioteca
municipal), lo cual me dio mucho gusto. Est4 un poco estropeado
pero al tocarlo senti algo extrafio. Hay recuerdos que se pierden pero
con los que uno vuelve a encontrarse al tocar algtin objeto. Lo que re-
encontré fue en primer lugar el placer de volverme a ver més 0 menos
tal como fui cuando era nifio, y no tengo fotos mias. Pero era atin mas
emotivo que una foto, me parece. Es como encontrar también algo
como una referencia. Una experiencia, un rastro en un‘ momento del
camino. Uno siente una sensacién agradable, pero dentro de uno se
siente algo mas fuerte atin, y es el ser duefio de su destino.
Lo que Ridha pone de manifiesto al evocar el momento en
que reencontré al nifio que habia sido entre los anaqueles de
una biblioteca, es que lo que est en juego es la identidad
misma de quienes se acercan a los libros, su manera de re-
presentarse a si mismos, de situarse, de tener una forma de
accién sobre sus destinos; algo que supongo que tendremos
oportunidad de ver a lo largo de esta alocucién.
61Ya escuchamos anteriormente lo que dijo el segundo chico
al que quiero citar. Se llama Daoud, es de origen senegalés y
tiene unos veinte afios:
Cuando se vive en los suburbios esta uno destinado a tener malos es-
tudios, a tener un trabajo asqueroso. Hay una gran cantidad de acon-
tecimientos que lo hacen ir a uno en cierta direccién. Yo supe esqui-
var eso, convertirme en anticonformista, irme por otro lado, ahi est4
mi lugar [... Los “rudos”} hacen lo que la sociedad espera que hagan y
ya. Son violentos, son vulgares, son incultos. Dicen: “Yo vivo en los su-
burbios, entonces soy asi’, y yo ya fui como ellos. El hecho de tener bi-
bliotecas como ésta me permitié entrar alli, venir, conocer otras gen-
tes. Una biblioteca sirve para eso [...] Yo escogi mi vida y ellos no.
En este caso, de manera muy explicita, ven ustedes que es
su destino mismo el que este chico siente haber cambiado
gracias a su encuentro con una biblioteca y los bienes o las
personas que ahi se conocen, lo cual le permitié apartarse del
camino trazado de antemano, que lo llevaba directamente a
toparse con un muro. .
Entonces, ;por qué es importante leer, por qué la lectura no
es una actividad anodina, un entretenimiento como tantos
otros? ;Por qué en ciertas regiones y en ciertos barrios una
prdctica escasa de la lectura (aun cuando no llega hasta el ile-
trismo) contribuye a volverlos mas fragiles? Y a la inversa,
ide qué forma puede la lectura ser una parte integral de la
afirmacién personal y del desarrollo de un barrio, de una re-
gion, de un pais? De diversas maneras, por varios 4ngutos, en
diferentes registros; es justamente esa pluralidad de registros
lo que me parece importante. La verdadera democratizaci6n
de la lectura, es poder acceder a voluntad, a la totalidad de la
experiencia de la lectura, en sus diferentes registros. Pero,
62claro esta, es un poco artificial distinguir entre esos registros,
ya que con. frecuencia se encuentran. vinculados unos con -
otros. Intentémoslo no obstante.
TENER ACCESO AL SABER
Primer aspecto, el mas conocido, la lectura es ya en si un
medio para tener acceso al saber, a los conocimientos forma-
lizados, y por eso mismo puede modificar las lineas de nues-
tro destino escolar, profesional, social.
Gran numero de los chicos y chicas que viven en barrios
marginados mencionaron este aspecto, y expresaron la im-
portancia que tenian para:ellos la lectura y las bibliotecas
como medio de acceso al saber. Por ejemplo Mourad: “Todo
aque] que-entra en una biblioteca, es porque quiere saber
cosas. Es que quiere leer. Es que quiere aprender”. O Wassila:
La biblioteca representa ya el lugar del saber, porque hay en ella mu-
chos libros sobre los conocimientos histéricos, cientificos, matemati-
cos, astronémicos. Se encuentra también alli el arte en general, la pin-
tura, la escultura [...] El saber equivale a la libertad porque dificil-
mente puede uno dejarse engafiar.
Cuando organizébamos platicas con la poblacién rural,
surgia también un tema muy frecuente: “Los libros son el
saber, son lo que yo quisiera saber”.
Para los jévenes de los barrios marginados, en su gran ma-
yorfa, el saber es lo que les brinda apoyo en su trayectoria es-
colar, y les permite constituir un capital cultural gracias al
cual tendrin mayores oportunidades de abrirse paso hacia
un empleo, Y la biblioteca es ya en si un lugar en donde es
posible encontrar documentos y libros de consulta que no
63tiene uno en casa, para preparar una exposicién, hacer una
monografia. Ya que, si bien algunas familias adquieren una
enciclopedia para los nifios, en general los libros son un ob-
jeto raro en el hogar, si no es que inexistente. “En la escuela’,
dice Hocine, “nos piden cosas, no las conocemos, hay que ir
a buscarlas a alguna parte, y ahi estan las bibliotecas.”
Leer en casa cuando se cuenta con medios para ello, o en
la biblioteca, es también una manera de completar la ense-
fianza adquirida en la escuela y en los manuales escolares,
gracias a otras fuentes de informacién que permiten enten-
der mejor. Como dice un chico: “En la escuela, en los libros,
no lo explican muy bien, entences uno va a la biblioteca a ver
si hay algo mds simple”. También pueden profundizar en un
curso que les interes6, ya que a veces pueden contar con los
consejos de un profesional. Ademas encuentran ahi un am-
biente propicio para el estudio, un lugar tranquilo, en el que
reina cierta disciplina. Un lugar en el que se apoyan los unos
a los otros, a veces por el simple hecho de ver trabajar al otro.
Escuchemos al chico:
Me motivaba, porque yo veia a la gente a mi alrededor. Al mismo
tiempo habia un poco de tranquilidad, porque habfa gente que vigi-
laba. Era todo lo que yo podia desear para trabajar [...] Queria tener
- siempre ese contacto con los demas, buscaba esa motivacién en los
dems, y no en mi [...] En este lugar, todas las personas que vienen,
vienen a trabajar...
También encontramos esta busqueda del saber en las practi-
cas autodidacticas, que en particular se observan entre quie-
nes han interrumpido sus estudios o han recibido una ense-
fianza técnica. Para algunos de nuestros entrevistados, leer
constituye el acompafiamiento “natural” de cada empresa, de
cada proyecto. Tal es el caso de Christian, por ejemplo:
64Hace mas 0 menos dos afios, me fui tres meses a Senegal por parte del
municipio, para un encuentro de ciudades hermanas. Y antes de eso
fui a.la biblioteca: tenia que encontrar libros sobre-Senegal. El pro-
-yecto consistia en cultivar hortalizas... Y todo lo que era la horticul-
tura, las verduras, las -berenjenas, las papas, yo no sabia muy bien
cémo sembrarlas, entonces por suerte habfa yo leido unos libros en la
, biblioteca [...] Después, empecé a estudiar floricultura. As{ que nece-
~ sité muchos libros, especialmente para las palabras en latin, etc. Estu-
dié entre los libros de la biblioteca. El dia de hoy ya alcancé mi meta,
porque obtuve mi Certificado de Calificacién Profesional. Hay que
decir que para mi es importante porque, sea como sea, tuve problemas
escolares, asi que esto me permitié integrarme en una educacién pro-
fesional. Hoy en dia me oriento en gran medida hacia lo que tiene que
ver con-la gestién del agua. Por eso, el ultimo libro que fui a buscar es
sobre las técnicas del agua. ys sw,
se ai boa * et 5
A través de la. lectura, algunos obtuvieron informacién
sobre oficios, sobre cursos de adiestramiento (como. Gui-
Haume, que ha lefdo sobre la profesién de entrenador de de-
portes “ptacticamente todos los libros que hay aqui. Yo ‘co-
nocia ya mi asunto, me hizo profundizar en mis conoci-
mientos”). Florian, por su parte, fue a consultar libros para
buscarse un empleo:, uke .
wos ke
Estén muy bien documentados, incluso tienen una seccién nada mas
para el empleo, especializada. En esa seccién hay diferentes entradas
tematicas, las candidaturas, los métodos, el curriculum vitae, los tests
psicolégicos, grafoldgicos, las instituciones dedicadas al adiestra-
miento (...] También esté la educacién complementaria, como las len-
guas, .
Otros, que han concluido su escolaridad, siguen leyendo y
asistiendo a la biblioteca para documentarse sobre la vida co-
65tidiana. Tanto los muchachos como las muchachas evocan a
veces los libros de cocina, asi como las revistas y libros de ofi-
cios manuales. La’ biblioteca puede ser la salvacién de la
mujer soltera, como en el caso de Laure: “Lo que mas me in-
teresa es la decoracién, todo lo que pueda ser més 0 menos
manual, porque vivo sola, y es cierto que una se siente algo
maniatada”. O el caso de la joven que educa a sus hijos, como
Magali: “Tomé en préstamo muchas revistas para criar a mi
hijo, o sobre manualidades, jardineria, y también me gustan
las revistas en las que hay un poco de todo, Teportajes sobre
la naturaleza”. Magali consulté también libros “.. sobre el de-
sarrollo del nifio, cuando esperaba mi segunda hija. Yo
pensé: mi hija me va‘a hacer preguntas; entonces me docu-
menté, vine un poco a consultar, pues, y aprendi de los li-
bros. Yo creo que es tonto quedarse en la ignorancia sobre
estos temas”. Haljéa, por su parte, consulta el Vidal (un re-
pertorio de las medicinas disponibles en el mercado, usado
generalmente por los médicos y los farmacéuticos): “A veces,
no sé para qué sirven ciertas medicinas, se me olvidé para
qué son; tiramos la receta. Yo vengo, busco en el Vidal. Me in-
teresa”. “
Formacién, preparacién de un: proyecto, conocimiento
necesario para la vida cotidiana. Asi pues; las implicaciones
de esos aprendizajes que uno hace por si mismo, leyendo en
su casa 0 en la biblioteca; son multiples.
Leer para tener acceso al saber, en cualquier edad, es algo que
puede ayudar ademas a no caer en la marginaci6n, a conser-
var un ‘poco los vinculos, a:mantener el dominio sobre un
mundo tan cambiante, en particular en lo que toca al acceso
a diversos medios de informacién escrita. Daré ahora un
ejemplo del medio rural, el del vinicultor, secretario del al-
calde de una pequefia comunidad, que evoca la lectura refi-
66riéndose-a la adquisicién de todas las infermaciones. necesa-
rias para la gestidn desu pueblo: _¢ *
-En la alcaldia, hay una‘buena.cantidad de libros; recibimos muchas re-
vistas que hablan de la vida politica, de la evolucién de las leyes, de lo
que se hace en la regién; eso nos da una idea de lo que sucede. Dedi-
camos una hora por las naches a leer [...] Nos Pone en contexto. No
cabe duda de que hay que e estar al corriente. -" a hen
“+ ~ 6
Enel pasado, muchos conocimientos podfan ser transmi-
tidos sin‘hacer uso de la escritura. La gente aprendia de una
vez por todas las acciones que iba-a repetir.durante toda su
vida. Hoy en dia resulta cada vez ms dificil estar aislado de
la comunicacién escrita, y cada vez mas imprescindible tener
la posibilidad a lo largo de la vida de iniciarse en nuevas téc-
nicas y ambitos. . nos ea
Ademias el saber, no lo olvidemos, n no es tan sdlo una cosa
que se adquiere con la finalidad de darle un uso inmediato,
practico. Puede. ser también. un medio para no sentirse
“tonto”, para no estar al margen de su tiempo. Y esto es algo
que se manifestaba repetidas veces, tanto.en el medio rural
como en el medio urbano marginadd: “Aprendi a no ser una
tonta que no sabe qué contestar’, dice Zohra. ¥ Philippe: “Le
permite a uno estar al corriente de todo-y no dar la impre-
sién de ser tonto enfrente de los demas. Es sobre todo eso
[...] Hay que conocer al mengs las cosas de actualidad; si no,
parece uno tonto”. ‘at tated a "2
El saber acumulado puede ser una manera de iniciar.la
conversacién, 0 incluso de ‘seducir: “Uno ha almacenado
cosas, tiene mas temas de conversacién”, dice Frédéric. Y
Sophie afiade: “Te da ideas para la conversacién. Cuando ha-
blas de lo que lees, de los libros [...] {La otra vez me ligué a
un chico‘hablando de eso!” - as a ny He
67Pero esas investigaciones rara vez son exclusivamente uti-
litarias, con fines profesionales o sociales. Muchas veces se
considera al saber como la llave para alcanzar la dignidad y
la libertad. Y la busqueda de sentido no se encuentra muy
lejos tampoco. Apropiarse de los conocimientos mediante el
estudio de la historia, de las ciencias de la vida, de la astro-
nomia, es una manera de ser parte del mundo, de compren-
derlo mejor, de encontrar un lugar en él. En el primer regis-
tro de lectura coexisten asi aprendizajes estrictamente fun-
cionales, inducidos por la demanda escolar, por el ejercicio
de un oficio, por las necesidades de Ja vida cotidiana;.y
aprendizajes en los que interviene una curiosidad personal;
en los que se perfila un cuestionamiento propio.» 4
APROPIARSE DE LA LENGUA a
Segundo aspecto de la lectura, que se‘evoca con frecuencia:
la lectura es también una via privilegiada para acceder a un
uso més desenvuelto de la lengua, esa lengua que puede lle-
gar a constituir una terrible barrera social. ,
Entre los jévenes de barrios urbanos marginados, hay va-
rios que mencionaron el papel que puede desempeiiar la lec-
tura para adquirir un conocimiento mas amplio de la lengua.
Observemos por otra parte que en muchos de esos jévenes, ya
sea que sus padres hayan nacido en Francia o que hayan lie-
gado de otros paises, hay un gusto real por la lengua, por
ejemplo para Frédéric: “A mi me parece que el vocabulario no
es bastante rico. Me parece también que la lengua es algo her-
moso, que estd hecha de sonoridad. Hay palabras que son ho-
rribles como ‘carnage’ (matanza), pero pronunciadas son
muy bonitas”. O para Mourad, un chico de quince afios, fas-
cinado por la época de la Revolucién francesa: “Me gusta
68mucho, sobre todo el lenguaje: muy elegante. ‘Nada que ver
con el de hoy. Un stiper lenguaje”. Pilar siente la misma fasci-
nacién por una forma adecuada de hablar o de escribir; la
cito: “La palabra es algo tan importante; lo escrito es algo tan
importante que cuando no lo tenemos, somos animales.
Aquel que posee lo escrito es necesariamente alguien que re-
gistra su experiencia de vida y que puede comunicarla”.7 ++
Esa lengua, que es un pasaporte esencial para encontrar
un lugar en la sociedad, difiere de las que se hablan en fami-
lia y en la-calle, y conocerla bien le garantiza a uno cierto
prestigio. Oigamos a Malik: . - Sot
EI francés que yo hablo con una compaiera de clase no es realmente
~el mismo que yo hablo con mis amigos o con’mi familia, No es para
nada el mismo lenguaje [...] Para mi son realmente dos lenguas [...] en
realidad tengo dos lenguas. Cuando quiero escribir en buen francés,
me cuesta a veces encontrar la-formulacién exacta, porque tiendo a
deformar como se deforma en la calle. Con mis amigos, a veces no
+ puedo evitar emplear palabras complicadas; entonces me miran con
los ojos bien abiertos, o se rien, piensan: ya est4 en su papel de sa-
bihondo. : " . toa
. ‘ '
O escuchemos también a Manu: “Cuando hablo con mis
amigos, a veces me gusta usar, emplear ese vocabulario mas
literario, y me miran con extrafieza, y a mi me gusta, como si
fuera yo mejor que ellos”. “3
Entonces, al practicar la lectura, sperfecciona uno su co-
nocimiento de la lengua, en particular de Ia lengua escrita?
Entre los jévenes que conocimos, las apreciaciones son con-
tradictorias. Establecen una diferencia entre “buen alumno
de francés” y “buen lector”. Afida, por ejemplo, no mejoré su
francés en. la escuela, aunque devora los libros. Manu, en
cambio, es categérico: la lectura lo ha ayudado mucho en ese
69campo, y mas atin para sus estudios: “Todos los estudios se
basan en eso. Todo lo que nos ensefian, nos lo ensefian en
francés, entonces para empezar hay que dominar la lengua”.
Jean-Michel es mds ponderado: “Me gusta mucho la litera-
tura, me gusta la redaccién, pero sigo siendo igual de negado
para la ortografia [hay que aclarar que la ortografia francesa
es particularmente compleja}. Por el contrario desde el
punto de vista de la sintaxis estaba muy contento, porque
afio con afio lograba progresar”. -
En realidad, si atendemos a ciertas investigaciones, la prac-
tica de la lectura no constituye una garantia de éxito escolar
para los jévenes franceses. Pero tal vez es diferente para los j6-
-venes inmigrados. Escuchemos a Pilar, cuyos padres son espa-
fioles: “Recuerdo muy bien los esfuerzos que hacia para cons-
truir bien las frases, para tener un vocabulario cada vez mas
variado. ¥ en eso, estoy segura de que los libros, basicamente,
fueron algo que me ayudé enormemente”. Y Mounir:
. le :
Habia dos aspectos: los libros que yo tomaba en préstamo para la es-
cuela, y otros para mi, que me proporcionaban una apertura mental,
un enriquecimiento de mi vocabulario, de mi manera de hablar; eso
me ayudé mucho en las redacciones, en las disertaciones. El enrique-
cimiento del vocabulario me daba seguridad frente a una hoja en
blanco. 5 7
tok
El chico hablé de la desventaja que representa la ausencia
de “capital cultural legitimo’, para hablar como el socidlogo
Bourdieu, y del papel que desempefiaron la lectura y la bi-
blioteca para vencer esa desventaja, en una estrategia delibe-
rada de puesta al corriente:
~ En primaria, no tuve dificultades. Fue después, cuando‘entré a la secundaria
(college). Habia otras personas, de otro tipo de familias, mas bien francesas, de
70clases sociales... digamos.,. en que los padres eran maestros o investigadores,
etc., jy aht Vi la diferencia entre ellos y yo! Habfa una gran diferencia en lo re-
.” lativo a la cultura, a sus conocimientos. Hice todo lo que pude para ponerme
~ al corriente, y por cierto lo logré, pero algo queda, luego, en cuanto ala forma
de expresarse, a la extensién del vocabulario en las redacciones.
Pero apropiarse de la lengua, manejarla con un poco mas ©
de soltura es algo que va-‘mas alld de la cuestién de un mayor
nivel de francés en la escuela, o de la continuacién del-pro-
grama escolar. Arriesgarse.a tomar la palabra, arriesgarse a
tomar la pluma sén los gestos propios de una ciudadania ac-
tiva, como lo veremos a partir de ejemplos que voy a tomar
de la investigacién sobre la lectura en el medio rural, en la
que el tema de la lengua como barrera social se:menciond
también con frecuencia.
Me gustaria citar, para empezar, a.un campesino, Léonce
Chaleil, que escribié un libro intitulado La memoria del pue-
blo, en el que dice: “No tener instruccién es también ser presa
de todos los enredos de ese mundo, que es el mundo de los
tramites burocraticos. Yo no sabia expresarme en las oficinas,
era timido. Puedo afirmar que un campesino prefiere traba-
jar dos dias a presentarse diez minutos en una oficina™!
La evocacién de la dificultad para adquirir una practica
desenvuelta de.la lengua fue un tema recurrente entre nues+
tros interlocutores campesinos. Escuchemos por ejemplo
cémo Roger, un agricultor autodidacta que adora leer, evoca
las reuniones de padres de familia en las que participaba: « :
En las reuniones me sentia chiquito, era tan timido [...] Empecé ain- _
tentar comprender, sobre todo escuchar, durante uno‘o dos afios, y un
dia me dije: “Hay que tomar la palabra” Tal vez tartamudeé al hablar;
1 Léonce Chaleil, La Mémoire du village, Paris, Stock, 1977, p.314.
» 7me puse todo colorado [...] Asi, poco a poco, aprend{ a educarme. Per-
maneci nueve afios en el consejo de padres de familia de la escuela.
Los tres ultimos afios entré al consejo de administracién en calidad de
delegado de los padres de alumnos. En ese entonces estaban el sefior
Diputado, el sefior Alcalde, el Consejero General. Es algo que ensefia,
sea como sea, tiene uno la obligacién, cuando se habla, no hay que
decir tonterfas [...] En francés, me las arreglo mds o menos, no cometo
muchos errores, pero hay que mencionar también que la lectura con-
- tribuye en algo: cuando escribo un discurso, si no me acuerdo de al-
guna cosa |...] usted sabe que hay tantos nombres en francés, hay por
Jo menos cuatro o cinco nombres para decir algo [...] Si busco una
inspiracién para una palabra, tomo a Louis Nucera {un escritor fran-
és contemporaneo]: con las descripciones que hay ahi, me extrafiaria
« no encontrar algo en menos de dos minutos. >
¥ en diferentes regiones rurales conocimos a gente que leia el
diccionario, algunas veces metédicamente, letra: por letra,
preocupados por expresarse correctamente y enriquecer su
vocabulario. Muchos de ellos por cierto expresaron el orgu-
No que sentian de tener hijos o sobrinos que se habian con-
vertido en maestros de escuela o en profesores de letras,
Encontramos cosas parecidas en los barrios urbanos peri-
féricos, incluso con.los chicos que rechazan la escuela, pero
+ que estan fascinados por los juegos de palabras de los rape-
ros. Su resentimiento hacia la cultura y las instituciones que
la representan es proporcional, de hecho, a la fascinacién que
dicha cultura ejerce en ellos; y si bien a veces llegan a hacer
alguna razzia en las bibliotecas, el primer libro que se “bajan”
es, con frecuencia, el diccionario.
Todas las personas que conocimos, rurales o urbanas,
saben que sin una cierta destreza para manejar la lengua no
existe una verdadera ciudadanfa. Y que el iletrado es aquel
que siempre necesita ser asistido. Aquel que, también, al dis-
72poner de muy pocas palabras, muy pocos giros expresivos, es
el mas fragil ante los demagogos que aportan Tespuestas sim-
plificadoras. woo. .
Y algunos deniuestros interlocutores nos contaron cémo
el:hecho de leer les proporcioné justamente las armas para
atreverse a tomar la palabra, ¢ incluso’ rebelaise. Tal es’ el
caso, por ejemplo, de Loic, un antiguo marinero: “Empecé a
leer [...] a ocuparme de ‘su’ politica: me zumbaba en los
ofdos”. Al igual que Roger, el agricultor autodidacta al que ci-
taba hace un momento, que saca la inspiracién para sus dis-
cursos de las obras de un escritor. Vemos en ello, de paso, que
las formas de expresi6n literaria pueden sugerir que es posi-
ble ocupar un lugar en la lengua, inventar una manera de
decir propia, en vez de tener siempre que remitirse a los
dems. Como lo expresa el. psicoanalista tunecino Fethi
Benslama:,“Con la literatura, pasamos de una’ humanidad
hecha por el texto a una humanidad que hace el texto”? Ten-
dremos oportunidad de volver a hablar de] tema.
CONSTRUIRSE UNO MISMO . :
Pero la desigualdad en la habilidad para servirse del lenguaje
no traduce simplemente una posicién mas o menos llena de
gloria en el orden social. El lenguaje no es reductible a un
instrumento, tiene que ver con la construccién de nosotros
como sujetos parlantes. Y ya lo dije antes, lo que determina
la vida del ser-humano es en gran medida el peso de las pa-
labras, 0 el peso de su ausencia. Cuanto ms capaz es uno de
nombrar lo que vive, ms apto sera para vivirlo, y para trans-
Ch Pour Rushdie, Cent intellectuels arabes et musutmans pour Ia liberté expression,
Paris, La Découverte/Carrefour des littératures/Colibri, 1993, p. 90.
2formarlo. Mientras que en el caso contrario, la dificultad de
simbolizar puede ir acompafiada de una agresividad incon-
trolable. Cuando carece uno de palabras para pensarse a si
mismo, para expresar su angustia, su coraje, sus esperanzas,
no queda més que el cuerpo para hablar: ya sea é] cuerpo que
grita con todos sus sintomas, ya sea el enfrentamiento vio-
lento de un cuerpo con otro, la traduccién en actos violen-
tos.
En esos barrios periféricos las construcciones no son lo
Unico que a menudo esta deteriorado, y tampoco el tejido
social es lo Unico que puede ser afectado negativamente. Para
una gran parte de los que viven ahi, también estA menosca-
bada la capacidad de simbolizar, la capacidad de imaginar y,
por lo mismo, la de pensar un poco por si mismos, de pen-
sarse, y de tener un‘papel en la sociedad. Y Ja construccién
psiquica, o la reconstruccién psiquica, resultan tan impor-
tantes como la rehabilitacién de los barrios. .
Ahora bien, la lectura puede ser, justamente, en todas las
edades, un camino privilegiado para construirse uno mismo,
para pensarse, para darle un sentido a la propia experiencia,
un sentido a la propia vida, para darle voz a su sufrimiento,
forma a los deseos, a los suefios propios. Me detendré en este
tercer aspecto de la lectura, un aspecto muy rico, del que ha-
blaron largo y tendido nuestros interlocutores. Alargaré mi
charla sobre ese tema, por un lado porque me parece de gran
importancia y, por otro porque, extraflamente, con frecuen-
cia se le subestima o desconoce.
Si me parece de vital importancia es porque vivimos tiem:
pos de desasosiego, de pérdida de las referencias que por
mucho tiempo marcaron el derrotero de la vida. En Francia,
segin un reciente estudio, uno de cada cuatro jévenes
adopta conductas riesgosas y presenta alteraciones del com-
portamiento. En lo que toca a las conductas riesgosas, me pa-
74rece que, desgraciadamente, México no se queda atras. Y no
s6lo la violencia sino también el auge creciente de los funda-
mentalismos religiosos y de la extrema derecha, que en Fran-
cia son motivo de gran preocupacién, son imputables por un
lado a la exclusié6n econémica,.pero también-a la fragilidad
del sentimiento de identidad. El odio al otro, que se encuen-
tra en el centro de esas derivas, tiene mucho que ver con el
odio a si mismo. Y,los mas desprovistos de referencias cultu-
rales son los mds propensos a dejarse-seducir-por los que
ofrecen prétesis para la identidad. Para no estar reducidos a
tener que pensarse y definirse en términos unicamente nega-
tivos: como excluidos, como desempleados, como habitantes
de un barrio estigmatizado, etc., pueden tener la tentacién de
precipitarse sobre imagenes, sobre palabras, que recompo-
nen magicamente Jos pedazos. Y van a revertir su exclusion
consideréndose unicamente como francés de raza pura, o is-
jamista, o adepto de tal o cual secta, o miembro de tal 0 cual
territorio, etc. Conocen ustedes también, supongo —claro que
de manera diferente-, esas “fiebres de identidad’, en reaccion
ante la exclusién y la marginacién. — - #
En relacién con este punto, llegar a conocerse ‘mejor,
poder pensarse en su subjetividad, y mantener un. senti-
miento de individualidad, cobra una importancia atin
mayor. Asi se evita quedar expuesto a que una relacién tota-
lizadora con una-banda, una secta, una etnia, una cofradia,
una mezquita o un territorio, venga a traer el remedio para
las crisis de las identidades, para ta. marginacién econémica
y politica. Si escuchamos a los jévenes que conocimos y que
evitaron casi todos esas trampas, nos damos cuenta de que lo
que aportan Ja lectura y la biblioteca es la elaboracién de una
representacién de si mds rica, més compleja, que protege un
poco de abalanzarse dentro de este tipo de trampas, de que-
_ darse detenido ante,una imagen. Contrariamente a: otras
75practicas de uso del tiempo libre que tienden a encerrar a sus’
seguidores en el interior de sus tribus, y a confundir la iden-
tidad personal con el hogar, la tectura puede ser una via pri-
vilegiada para inventar un camino particular, para cons-
truirse una identidad abierta, en evolucién, no excluyente..
Evidentemente, desde la infancia desempefia la lectura un
papel en el campo de la construccién de uno mismo, contri-
buyendo, por ejemplo, a abrir el campo de lo imaginario.
Cito nuevamente a Ridha, ese joven de origen argelino que
no tiene fotos suyas de cuando era chico. El nos cont que un
dia de-su infancia en que escuchaba a un bibliotecario leer
El libro de la selva, algo dentro de él se abrié: habia com-
prendido que existia algo diferente de lo que lo rodeaba, que
nada era fatal: podia uno convertirse en otro, podia uno
construir su cabafia en la jungla, encontrar ahi su lugar:
Me gustaba porque El libro de Ia selva es un poco la historia de como
arreglarselas en la jungla. Es el hombre que por su ahinco acaba siempre
por dominar las cosas. E] le6n es tal vez el patron que no quiere darte tra-
bajo o la gente que no te quiere, etc. Y Mowgli se construye una cabafiita,
es como su hogar, y de hecho pone sus marcas. Se crea sus linderos.
Desde la infancia, la.lectura pudo de esta-manera consti-
tuir para estos jévenes el espacio de apertura del campo de lo
imaginario, el lugar de expansién del repertorio de las iden-
tificaciones posibles, mientras que los que estaban en las ca-
les no tenian por modelos mas que a algunos héroes de se-
Ties policiacas, al traficante de drogas pavonedndose en su
Mercedes-Benz y al fundamentalista islamico. ‘
En la adolescencia o en la juventud, y durante toda la vida,
los libros son también compafieros que consuelan, y en ellos
encontramos a veces palabras que expresan lo mas secreto, lo
76més intimo que hay en nosotros. Porque la dificultad para
encontrar un lugar en-este ‘mundo no es solamente.econé-
mica: es también afectiva, social, sexual, existencial. Siempre
esté ahi el mito del pueblo o del barrio acogedor, pero uno
puede sentirse muy solo en un medio rural, e igualmente
solo en los suburbios de nuestras ciudades. Varios adolescen-
tes o jévenes adultos que viven en ellos hablaron de la dureza
de las relaciones, dela obligacién de vivir en actitud defen-
siva, del sentimiento de no ser comprendido. “Desde que era
chica, tuve siempre amigas de mi clase, amigas de barrio, y
pues, ahora, soy mi unica amiga’, dice Aziza. ¥Y Guo Long: “Yo
no le hablo a nadie, le hablo a mi conciencia. Como decia el
cantautor Goldman en alguna cancion: “..cinco mil millones
de gentes, pero tantos ausentes’”.
En las ciudades, al igual que en el campo, no siempre hay
alguien a quien confiar sus penas, sus angustias, sus esperan-
zas, las palabras para formularlas pueden faltar, y el pudor
puede amordazarlo a uno. Entonces, cuando se esta a solas
con un libro, a veces se da uno cuenta,por decirlo como el
poeta belga Norge, de que “por suerte somos muchos los que
estamos solos en el mundo”. Y en la literatura en particular,
nos encontramos las palabras de hombres y de mujeres que
permiten a-veces.que se exprese lo mas intimo que hay en
nosotros, que hacen surgir a la luz del dia a aquel, o aquella,
que no sabiamos todavia que éramos. Palabras, imagenes, en
las que encontramos un lugar para nosotros, que nos dan
acogida, que dibujan nuestros rasgos. Palabras que hacen
pensar, como decia: Breton en El amor loco, “es verdadera-
mente como si yo me hubiera perdido y de pronto alguien
viniera a darme noticias de mf mismo”.,Textos que revelan al
que lee, en el sentido en que se dice “revelar” una foto, que
sacan.a la luz lo que, hasta ese momento, se encontraba se-
Ilado y no podia decirse. :
7Esas palabras que uno encuentra, si bien pueden ser per-
turbadoras en un primer momento, tienen también la virtud
singular de calmar, de brindar un alivio: es lo que dice Pilar:
A través del libro, cuando uno tiene penisamientos, angustias, en fin,
= no sé muy bien, el hecho de saber que otras personas los han sentido,
lo han expresado, eso yo creo que es muy muy importante. Es tal vez
porque el otro lo dice mejor que yo. Hay una especie de fuerza, de vi-
talidad que emana de mi porque lo que esa persona dice, por equis ra-
zones yo lo siento intensamente. .
O es Io que busca Matoub: “No quiero ser culto, no me
importa, lo que me interesa, en lo que toca a la literatura, es
el hecho de sentir una emocién, de sentirme cerca de otras
personas que pueden sublimar pensamientos que yo puedo
experimentar”. .
¥ los libros que fueron importantes para el joven de ori-
gen.argelino, cuyos padres son totalmente analfabetos, son
los de Rimbaud, de Breton, de René Char (un poeta que tiene
fama de ser muy hermético): -
t
Rimbaud me trastornd, provocé en mi una revolucién interior y sen-
sible. Cambié mi manera de ver las cosas [...] Deberia haber lefdo las
‘obras completas de Rimbaud por lo menos veinte veces. Mi itinerario,
mi relacién con la lectura podria decirse en veinte citas. Por ejemplo
la frase de Breton: “La rebeldia es la tnica productora de luces”, és una
+. frase que conté mucho en mi vida. “Hay que cambiar la vida”, de Rim-
baud, “Hay que reinventar el amor’, son también frases que tuvieron
~ importancia. “La rebeldia no tiene ancestros’, de Breton, es otra que
tx puede ser significativa. De René Char, en La palabra en archipiélago,
... cuando habla de la imaginacién: Hay una sola cosa que es capaz de
oponerse a esta sociedad: lo imaginario, el espacio sensible. El espacio
sobre el que la sociedad no puede ejercer ningtin control.
78” Veinte citas con las que dio forma a sus.rasgos. El joven es
un fanatico de la literatura, se convirtié en estudiante de letras. .
Entre aquellos que entrevistamos hay pocos que hayan sufrido
una transformacién tan radical de su vida y de su pensa-
miento gracias a sus lecturas.:Pero hay otros, en mayor nt-
mero, que encontraron un texto, o varios textos, que pudieron
en determinado momento constituir el lugar en el que era po-
sible decir lo que eran, y decirlo bien. Como Hava, en.un re-
gistro totalmente diferente: fue al leer Téte de Turc*, cuyo ti-
tulo la habia intrigado —un libro escrito por un periodista ale-
man que se habja hecho pasar por inmigrante-, cuando des-.
cubrié las realidades de la condicién de Jos inmigrados turcos,
como su padre. Y fue en Segalen donde encontré las palabras
que devolvian su dignidad y su humanidad a las gentes senci-
Ilas. Cito sus palabras: “A Victor Segalen, por ejemplo, ahora
que estoy en filosofia, lo utilicé. E] nos decia que los sabios no
eran gente con etiquetas muy precisas. Eran gente-ordinaria-
que habia en todos los pueblos. Que podia uno encontrarlos
en cualquier parte”. En‘el caso de un joven homosexual, fueen
los relatos de dos actrices, victimas, una de sordera y la otra dé
enanismo, donde encontré las palabras que le dieron fuerzas
para asumir. su propia diferencia: “Es sorda y muda y sin em-
bargo vive, es lo que me gusta de ella”.
Hay asi frases, metaforas, recogidas en obras nobles o humil-
des, pero también algunas veces en la letra de alguna cancién
o entre los planos de una pelicula, que pueden-haber trans-
formado el punto de vista con el que estos jévenes se repre-
sentaban a si mismos, En su mayoria, no son por ello gran-
des lectores; son unas cuantas paginas, fragmentos recogidos
*“Cabera de turco’, expresién que en francés significa victima constante de abusos y
ataques. [N.T] - :
79aqui y alld, lo que los incita a recomponer su forma de re-
presentarse las cosas. La importancia de la lectura no puede
por lo tanto evaluarse inicamente a partir de cifras, del nu-
mero de libros leidos 0 tomados en préstamo. A veces es una
sola frase, que uno apunta en un cuaderno o en la memoria,
0 incluso que olvida, lo que hace que el mundo se vuelva mas
inteligible. Una sola frase que choca con lo que estaba como
congelado en la imagen y vuelve a darle vida, que rompe es-
tereotipos, clichés a los que se habia apegado uno hasta ese
momento. .
En la costumbre de evaluar la lectura Unicamente a partir
de indicadores numéricos, todo el aspecto cualitativo de la
lectura desaparece. Se puede ser un “lector no frecuente” en
términos estadisticos, y sin embargo haber conocido en toda
su amplitud la experiencia de la lectura. Con ello, quiero
decir que se habré tenido acceso a los diferentés registros de
la lectura, y que, en lo particular, se habrd hecho el hallazgo
en algun texto, de palabras que lo alteraron a uno, de pala-
bras que lo transformaron, a veces mucho tiempo después de
haberlas leido. :
Y sin embargo, incluso en el momento actual, ciertos inter-
mediarios del libro, ciertos profesores, ciertos trabajadores
sociales quisieran encerrar a los lectores de medios sociales
desfavorecidos en el marco de las lecturas “utiles”, entiéndase
las que supuestamente deben servirles de forma inmediata
para sus estudios 0 para su busqueda de empleo. En algunos
casos les conceden también algunas lecturas de “distracci6n”,
dos o tres best-sellers de baja calidad. El resto es catalogado
como “cultura letrada” y colocado junto a las zalamerias de
los pudientes. Pero con esta clasificacién en lecturas utiles,
lecturas de distraccién, cultura letrada, me parece que se ig-
nora una de las dimensiones esenciales de la lectura, que los
80lectores mencionan con frecuencia al evocar su descubri-
miento de ciertos textos, su encuentro con palabras que les
han permitido simbolizar sus experiencias, darle un sentido
a lo que vivian, construirse. :
.No es un lujo poder pensar la-propia vida con: ‘ayuda de
obras de ficcién o de testimonios que atafien a lo mas pro-
fundo de la experiencia humana. De obras que le ensefian a
uno mucho sobre sf mismo, y mucho sobre otras vidas, otros
paises, otras épocas. Me parece incluso que es un derecho
elemental, una cuestién de dignidad.
Y se podré acudir otra vez a los libros en otros momentos
de la vida: si el papel de Ja lectura en la construccién de si
mismo es particularmente sensible en la adolescencia y en la
juventud, puede ser igualmente importante en todos los mo-
mentos de la vida en los que uno tenga que reconstruirse:
cuando se ha sufrido una pérdida, una desgracia, ya sea que
se trate de un hecho luctuoso, de una enfermedad, de una
pena de amor, del desempleo, de una crisis psiquica, que son
todos pruebas que constituyen Ja materia de nuestro destino,
cosas que afectan negativamente la representacién que tiene
uno de si mismo, el sentido de su existencia.
OTRO LUGAR, OTRO TIEMPO
Un libro es algo que se ofrece, una hospitalidad que se ofrece,
como habia sentido el joven que, al leer El libro de Ia selva,
comprendié que podia encontrar su lugar en la jungla. Este
tema de la hospitalidad del libro, de la hospitalidad de la len-
gua literaria, de la literatura como espacio habitable, lo he re-
conocido en el ultimo libro de Jorge Sempran. En él evoca
una panaderia xenéfoba de la que lo habian echado con una
sola frase, burlandose de su-acento de joven republicano es-
81pafiol recién llegado a Paris. Y un texto de Gide que le brinda
una patria posible, un anclaje. Lo cito: “La panaderfa del bu-
levar Saint-Michel me expulsaba de la comunidad. André
Gide me reintegraba subrepticiamente a ella. A la luz de esta
prosa que se me ofrecia, cruzaba clandestinamente las fron-
teras de una tierra de asilo probable”.3 Vemos aqui hasta qué
punto lo que esta en juego en la apropiacién de la lengua va
mucho mis alld de la cuestién del buen desempeiio escolar.
Atajie, en lo més profundo, a la posibilidad de pertenencia.
Con palabras se nos expulsa, con otras palabras se nos da
acogida. Palabras, pero a veces también imagenes: pinturas,
si €s que tenemos la suerte de poder contemplarlas, o fotos,
© esas ilustraciones que pueden ser tan hermosas en los li-
bros para nifios. :
Semprin encuentra un lugar en la lengua gracias a los li-
bros; las palabras de Gide le brindan ese lugar, le confieren el
derecho de estar alli. Su experiencia es un eco de las cosas
que me contaron ciertos jovenes, quienes sin embargo perte-
necen a un medio social totalmente diferente. Los libros, y en
particular los libros de ficcidn, nos abren las puertas de otro
espacio, de otro modo de pertenecer al mundo. Los escrito-
res nos regalan una geografia, una historia, un paisaje en el
cual recobrar el aliento.
Nos abren paso también hacia otro tiempo, en el que la ca-
pacidad de ensofiacién tiene libre curso, y permite imaginar,
pensar otras formas de lo posible. Insisto siempre en la im-
portancia de esta elaboracién de un tiempo para si-mismo,
tiempo de disponibilidad, de ocio. Tiempo de reflexién, en
que se puede evitar la precipitacién. Cuando se lee, puede
uno tomarse su tiempo, en vez de estar siempre forzado a
3 Adieu vive clarté..., Paris, Gallimard, 1998, p. 121.
82plegarse al de los demas, al tiempo de la publicidad, de los
talk-shows en la tele, al ritmo de las obligaciones escolares, a
la agitacién del recreo, e incluso algunas veces, dentro de la
biblioteca-misma, al ritmo apresurado de las visitas guiadas,
como cuenta‘una joven: “A mi no me gustaba cuando venia
toda la clase, porque no tenia tiempo para poder escoger yo
sola mis libros, porque no habia tiempo: ‘Escojan rapido,
apurense, y.larguense después..’ A mf me gusta tomarme mi
tiempo, pero esas veces [...] Preferia venir sola o con mi her-
mano”. Los maestros no son los tinicos que le hacen recorrer
a uno la biblioteca a paso acelerado: los mismos biblioteca-
rios con frecuencia invitan a los usuarios a visitar las instala-
ciones con actitud de mando militar. ©. -.
En el medio rural, hablaron también de ese otro tiempo
con el que comunica la lectura, el ritmo diferente a que da
paso, como esta sefiora: “En la tele todo va rapido, la lectura
deja mds espacio para la imaginacién que la imagen. La tele
sirve todo cocinado, no deja tiempo para pensar, no deja que
los personajes nos habiten, mientras que cuando se lee, re-
posa uno su libro, piensa uno en él durante el dia, se piensa
en lo que va a venir [...]” ‘ se
En Francia, si bien un gran numero de jévenes dedican mas
tiempo a otras actividades que a la lectura de libros, existe un
aspecto en el que, para ellos, el libro supera al audiovisual:
abre una puerta hacia el mundo de los suefios, permite ela-
borar un mundo propio. Muchos de ellos, incluso de medios
populares, hacen hincapié en esta dimensién. Y Io que esta
en juego con la democratizacién de ja lectura es también la
posibilidad de habitar el tiempo de un modo que sea propi-
cio para el ensuefio, para lo imaginario. ;Es preciso recordar
que todos los inventos, todos los descubrimientos se realiza-
ron en momentos de ensofiacién, y que, de manera mas ge-
83neral, sin ensofiacién no hay pensamiento? Es lo que nos re-
cuerda Daoud; al que vuelvo a citar, cuando se rebela contra
el hecho de que un gran museo de ciencias y técnicas elimi-
nara de las colecciones de su biblioteca las obras de ficcién.
Escuchemas lo que dice al respecto:
En la Ciudad de las Ciencias quitaron todos los libros de ciencia-fic-
cién, los muy imbéciles; segiin esto decian que no era cientifico. Es
completamente aberrante, ;c6mo quieren que los jévenes se acostum-
bren a la imaginacién cientifica, que quieran construir robots, si no
tienen libros que les hablen de algo ficticio? Estoy seguro de que hay
obras como Ja de Julio Verne que han inspirado cientos de carreras
cientificas o de ingenierfa. Uno se hace a través del suefio, no es
abriendo un libro de matematicas con formulas cientificas como se va
a convertir'uno en cientifico, No, es leyendo El gran capitin Nemo
[sic], su submarino luchando contra un platillo volador, eso es lo que
hace que la imaginacién se despierte. Y no suprimiendo eso porque
dizque no es cientifico o no es serio. Si se cierra uno a eso, se empo-
brece en vez de enriquecer.
El afio pasado, algunos de ustedes conocieron probable-
mente a Genevieve Patte, y tal vez tuvo ella oportunidad, en
ese momento, de destacar esta dimensién. Seguramente ella
habld, en especial, del trabajo de dos psicoanalistas, René
Diatkine y Marie Bonnafé, que también ha venido aqui. Voy
a abrir un paréntesis para decir dos palabras sobre ellos.
Diatkine, Marie Bonnafé y los animadores de la asociacion
que han creado, y que se llama Accés, partieron de la obser-
vacién siguiente: que una causa importante de la discrimi-
nacién en el acceso al lenguaje escrito es que en ciertas fami-
lias el uso de la lengua es muy limitado, y ante todo utilita-
rio: se habla de situaciones inmediatas; el placer de jugar con
la lengua, de contar historias no tienen cabida. Cuando los
84nifios de esas familias entran en contacto con el lenguaje es-
crito, que se desarrolla precisamente en el registro de la len-
gua del relato, del tiempo diferido, les faltan referencias, y se
encuentran ampliamente marginados en relacién con quie-
nes, en el seno de sus familias, tienen acceso a diversos regis-
tros lingiiisticos: el registro de la utilidad inmediata, pero
también el registro de la narracién. :
Asi-pues, los animadores de esta asociaci6n intentan repa-
rar un poco esta diferencia, o mas bien prevenirla, abrir
desde muy temprana edad los registros de la lengua, aprove-
chando que, desde el primer afio de vida, los bebés sienten
gran atraccién hacia las historias y los libros.
Hay varios elementos muy interesantes en su forma de
proceder. En particular, son muy cuidadosos en todo lo rela-
tivo-a lo que Marie Bonnafé llama los “demonios de la renta-
bilidad”: desconfian de toda desviacién “util”, de toda recu-
peracién “rentable” de lo que hacen. No leen historias a los
nifios para que aprendan algo. Les hacen escuchar la musica
de la lengua, les hacen entender que en los libros hay histo-
rias que lo llevan a uno a otros lugares, que lo embrujan a
uno, que lo hacen sofiar. Y saben que sin ensofiacin, sin jue-
gos con la imaginacién, como decia hace un momento, no
hay pensamiento posible. A cualquier edad.
Agregaré que a través de los bebés ejercen también una ac-
cién en las mujeres, en las madres, quienes a veces se mues-
tran muy reticentes al principio, temen a los libros, o se
muestran agresivas o a la defensiva ante esta cultura letrada
que no las ha aceptado en su seno. Y siguiendo los pasos de
los nifios, ellas también se abren poco a poco a los libros. Es
muy importante para esas mujeres porque es algo que las
ayudaré a salir del aislamiento y del encierro en que con fre-
cuencia se les tiene en los barrios marginados. Y es muy im-
portante también para la gente cercana a estas mujeres. Por-
. 85que son mujeres, la mayoria, las agentes del desarrollo cultu-
ral; ya tendré oportunidad de hablar de esto-en los préximos
dias. Por el contrario, si la accién se ejerce Gnicamente sobre
el nifio, éste se iniciara probablemente en el placer de escu-
char cuentos, pero si en su casa tienen una relacién muy am-
bivalente, no modificada, con el libro, podria perder ese pla-
cer mas adelante, Nada estd atin definitivamente implantado.
Pueden ustedes observar, de paso, hasta qué grado estén en-
tremezclados los diversos aspectos de la lectura, como ya Jo dije
antes: se trata aqui de la construcci6n de si mismo, pero tam-
bién de la introduccién a un registro de utilizacién de la lengua
que posteriormente serd Uti] en la escuela. Asimismo, me pa-
rece destacable que esto abre nuevos espacios de sociabilidad.
Vuelvo a cerrar el paréntesis-para sefialar que la ensofacién
—que es tan importante— durante largo tiempo tuvo mala
fama, pues se le consideraba un estado de animo de pequefio
burgués egoista. Y en Europa los patrones, la Iglesia, las élites
obreras, todo el mundo se puso de acuerdo para alejar a los
pobres de este tipo de riesgos, remitiéndolos a actividades de
recreaci6n colectivas debidamente vigiladas y con fines edifi-
cantes. Lo intimo, la interioridad, no eran para ellos.* Pero to-
davia hoy se confunde con frecuencia la elaboracién de un
mundo personal con el individualismo. Los sofiadores, 0 los
lectores, son considerados asociales, incluso antisociales. Y
constantemente se intenta traerlos de vuelta al orden comin.
En cudntas familias no resulta irritante encontrar a los nifios
con un libro en la mano, aun cuando se les haya dicho repe-
tidas veces que “hay que leer”. Cudntas pandillas no caen a
golpes sobre el que lee, considerandolo como un servil, un
marica, un traidor. Esto también es algo que volveremos a ver
maiiana, cuando hable del miedo al libro.
4 Véase Alain Corbin (dir.),.L’Avénement des loisirs, 1850-1960, Paris, Aubier, 1995.
86 .Sin embargo, de manera general, los jévenes que leen litera-
tura, por ejemplo, son también los que tienen mayor curio-
sidad por el mundo real, la actualidad, los temas sociales.
Lejos de distanciarlos de los demas, este gesto solitario, sal-
vaje, les hace descubrir-cudn cercanos pueden ser. Como nos
dice Aziza, al evocar su lectura de un relato biografico:
. bet at ’ . - .
Me ‘aporté més conocimientos sobre‘la segunda Guerra Mundial,
cémo la habia vivido la gente. Se estudia en historia, pero nunca es lo
mismo. Nos hablan de las consecuencias demogréficas, pero bueno,
mientras no lo viva uno: Porque ahi si tenia yo la impresién de vivir
la historia, con fa gente. Parece abstracta cuando el profesor dice:
“Pues bien, hubo cien mil muertos”. Se anota una cifra, y eso es todo.
Cuando lei el libro, me dije: ;c6mo pudieron vivir todo es
- Nos recuerda de paso que la ciencia histérica la constitu-
yen vidas anénimas. Mientras que la novela, fa biografia, las
memorias, el diario intimo, le dan un nombre a un personaje
al que uno acompafia'y que, por su misma singularidad,
puede legar a cada lector en particular.
De manera parecida, fueron la emocién y la identificaci6n
las que Ilevaron a: Mounira, que es argelina, a volverse mas
abierta, a tomar una distancia critica y a definirse respecto al
discurso de su padre:
' Descubri dos libros: habia una exposicién de libros, y en ellos habla-
ban de la condicién de los judios en los campos de concentracién. Eso
transform6 mi manera de ver las cosas. El concepto que ahora tengo
de la comunidad judia. Bueno, mi padre no esta totalmente de
acuerdo. Para él, un judfo es un traidor, es un enemigo. Para mi no.
Sufrieron como todo el mundo y desde un punto de vista histérico,
podemos considerarlos como primos. Mi padre no esté de acuerdo
con eso. Yo lo comprendo pero no dejo de tener mi opinién.
87El mundo, aqui, ya no esté dividido entre “ellos” y “noso-
tros’, clasificacion muy frecuente en medios populares,> aun-
que no privativa de ellos.
Esta apertura ante el otro puede asi realizarse por medio
de la identificacién, en la que uno se coloca en el lugar de la
experiencia del otro, particularmente gracias a Ja lectura de
esas “vivencias”, que apasiona a tantos. Puede también darse
gracias a un conocimiento acrecentado, que confiere sufi-
ciente nivel de dominio como para dejar de sentir temor del
otro. Como dice Magali: “Es una manera de aceptar lo que
viene del exterior, de abrirse mas a los demas. Si hay algo que
no’se conoce, ese algo asusta, y uno se cierra”.
Muchos entrevistados insistieron en la importancia que
habia tenido para ellos el acceso, a través de la lectura, a una
diversidad de puntos de vista, a una apertura, a un distancia-
miento critico. Los comentarios en este sentido son muy fre-
cuentes en casi todos los lugares: “Me dio la posibilidad de
agrandar mi entorno’, “Se aprende a ser més abierto, a ser
més tolerante’, “No tiene uno barreras’, “Le permite a uno
reconsiderar sus criterios’, “Me permitio relativizar mi forma
de pensar, mis emociones, mis valores’, “Ir mas alld, no que-
darme ahi donde nos han dicho que nos qued4ramos”,
“Mirar a la‘gente con una mirada diferente de la que nos in-
culcaron en Ja educacién, en la escuela’, etcétera.
Ya veces también desde la infancia la lectura ha contribuido
a esta formacién del espiritu critico, por ejemplo cuando en un
cuento el ogro no devoraba al nifio, conforme al estereotipo de
rigor, sino que se mostraba amable. Oigamos lo que dice Ridha:
Uno tiende a creer que todos Jos ogros son malos y en el momento en
que ve uno a un gordo con barba, ve uno al sefior malvado que va a
5 Richard Hoggart, La Culture du pauvre, Paris, Minuit, 1970.
88comerse al nifio. Se podia apreciar que eso no siempre era cierto. Los
prejuicios vienen muchas veces de un cliché, le repiten constante-
mente a uno la misma cosa. Habia alli una posibilidad de ejercer un
espiritu critico y de decirse que hay que ir al fondo de las cosas.
Por la lectura se aprende también, a veces, la fuerza de los
ejemplos, y el arte de argumentar, de discutir, que no eran
bien vistos en el medio de origen. Asi pues, Liza, que es de
origen camboyano, se siente con derecho de tener una opi-
nién propia, gracias a lo que le han aportado los estudios, asi
como los encuentros y los libros tomados en préstamo en la
biblioteca:
, >
Ahora empiezo a tomar posiciones politicas, mientras que antes la po-
Ntica no me interesaba en lo absoluto. Y ef hecho de tener opinién,
todas esas tomas de partido, las conoci por la lectura, por los inter-
cambios con amigos, con los profesores o por cosas como ésas [...]
Creo que he Iegado a un estadio en el que estoy madurando, para
poder decidir, elegir [...] tomar decisiones y sostenerlas. Defenderlas
sobre todo, argumentar. Es completamente diferente de la cultura
camboyana, en donde se piensa en grupo, se hacen las cosas en grupo
y de hecho no se intercambia mucho porque no se discute.
La lectura, la biblioteca, son pues lugares en los que algu-
nos encuentran armas que les dan seguridad en una afirma-
cién de si mismos, en donde se distinguen de lo que habfan
conocido hasta entonces.
CONJUGAR LA PERTENENCIA A DIVERSAS CULTURAS
En ese sentido, un aspecto que me parecié notable es que,
gracias a la lectura, muchos jévenes de origen inmigrado
89conjugan los universos culturales a que pertenecen, en vez de
que esos universos luchen entre si.
Desarrollaré un poco el tema, aunque, en principio, parece
referirse a un contexto totalmente diferente del de México,
que es mas bien un pais de emigracién que de inmigracién.
Pero México es también una sociedad “pluricultural”, “mul-.
tiétnica’, incluso “plurinacional’, de acuerdo con las apela-
ciones oficiales sucesivas, segin eritiendo. Sus componentes
lingiiisticos y culturales son multiples. Y es un pais que ha
experimentado una urbanizacién increiblemente répida, que
enfrenté a gran cantidad de hombres y de mujeres a un
mundo y un modo de vida totalmente diferentes de los que
habian conocido sus padres. Pero de manera mas general,
mas alla de todas las diferencias que marcan la historia y la
evolucién reciente de nuestras sociedades, yo creo que en
este fin de siglo la mayorfa de nosotros nos encontramos:
entre dos o mas lugares, entre varios medios, entre diversas
culturas, y que la cuestién de la conjugacién de esos univer-
sos culturales plurales en los que participamos se plantea
para la gran mayorfa, y se planteard atin mds el dia de ma-
fiana.
Por esta razén, voy a confiarles la experiencia de unos
cuantos jovenes cuyos padres, originarios de medios rurales
analfabetos, salieron de Africa, de Turquia o de Extremo
Oriente para probar suerte en Francia. Encontrardn ustedes
ahi, eso espero, un material que podran extrapolar, desde el
momento en que la experiencia de esos jSvenes tiene que ver
> -s ‘TERCERA JORNADA +. *
. oa.» . Ekmiedoallibro’ .
Hod .
te
. BR ey . .
2 a ae
3COMO SE VUELVE UNO LECTOR?
Hemos visto que la lectura podia ser la clave de una serie de
desplazamientos en diferentes terrenos, y en particular con-
tribuir a recomponer Jas representaciones, la identidad, las
formas de pertenencia. Y que ademas podia ser el preludio
para unaiciudadania activa. Por lo:tanto, no hay que sor-
prenderse de que suscite miedos, resistencias, inclusive en la
actualidad, cuando todo el. mundo clama con:voz undnime:
“Hay que leer”. Los seres humanos tienen.una relacién muy
ambivalente con el movimiento, la novedad, la libertad, el
pensamiento, los cuales pueden ser por un lado el objeto de
un fuerte deseo, pero también de ciertos miedos a la medida
de ese deseo. .
Hablaré pues, de ese miedo al libro, o al menos de algunos
de sus aspectos, pues me parece que sigue vivo, aun cuando
a veces cobra formas mis sutiles que las precedentes. Aclaro
de antemano que ese miedo no es solamente algo que atafie
a los jévenes. Se encuentra también en su entorno, sobre
todo cuando nacieron en un medio en el que el libro es poco
familiar. Puede estar activo en sus familias, en sus barrios,
entre sus amigos, incluso entre sus profesores. Pero también
se encuentra presente en el poder, detrds de los bellos dis-
cursos de los politicos sobre la difusién de la lectura.
Con demasiada frecuencia se piensa que el acceso al libro
deberia ser algo “natural”, a partir del momento en que tiene
107uno ciertas capacidades, en que tiene uno un grado escolar.
Sin embargo la prdctica de la lectura puede resultar imposi-
ble, o arriesgada, particularmente cuando presupone entrar
en conflicto con las costumbres, con los valores del grupo,
del lugar en el que se vive. La lectura no es una actividad ais-
lada: encuentra -o deja de encontrar- su lugar en un con-
junto de actividades dotadas de sentido.
4 “a
EL DIFICIL ESCAPE DE LA ACTITUD COMUNITARIA ‘
Esto es algo cuya importancia pude medir cuando empecé a
trabajar_en el tema de la lectura y participé en esa investiga-
cién sobre la lectura en-el medio rural.! Por-ello les pro-
pongo, en un primer momento, a partir de esa investigacién,
hablar un poco del tema, y después continuar a partir de
otros puntos de vista.
~ También en este caso, aunque las diferencias entre los es-
tilos de vida rurales en Francia y en México puedan ser muy
importantes, encontrar4n ustedes probablemente elementos
que puedan trasponer o sobre los cuales puedan reflexionar.
Hay algo especifico relacionado con el hecho de pertenecer a
pequefias comunidades, y vivir en espacios situados en cer-
cania con la naturaleza, al margen de los lugares en que ope-
ran los poderes de decision y se concentran los bienes cultu-
rales: maneras de vivir, valores también, que durante mucho
tiempo estuvieron relacionados con la economia de supervi-
vencia y que a veces se prolongan hasta el interior de las ciu-
dades debido a las migraciones. Francia es un pafs con una
fuerte impronta rural, pese a que la mayoria de la‘poblacién
' Lecteurs en campagnes (Raymonde Ladefroux, Michele Petit y Claude-Michéle Gar-
dien, Paris, upi-Centre Georges Pompidou, 1993, 248 p. }
108vive. desde hace mucho tiempo en ciudades. Me imagino que
ése es también el caso de México, con ciertas diferencias,
claro esta. Espero que me hablen de ello mas tarde.
: En Francia, la.poblacién rural, y particularmente la cam-
pesina, han sido escolarizadas desde hace tiempo, ‘desde
antes de la Revolucién francesa, en el-caso de ciertas regio-
nes, hasta la generalizacién de la instruccién primaria gra-
tuita, obligatoria y laica, a finales del siglo x1x, tras la pro-
mulgacién de las llamadas leyes Jules Ferry. :. - :
Sin embargo, a pesar de esta alfabetizacién relativamente
antigua, la lectura sigue siendo una actividad menos comin
en el campo francés que en las ciudades. Y.cuando pregunta-
mos a los lectores rurales cémo les habia nacido el gusto por
la lectura, evocaron historias llenas de obstaculos, no obs-
tante la modernizacién del campo, la multiplicacién de los
intercambios y de las aperturas; no obstante también las ini-
ciativas pUblicas, asociativas o- individuales, en pro del des-
arrollo de la lectura. Esos obstaculos no eran solo fisicos; no
se trataba tinicamente de la lejania geogrdfica de Jas librerias
o de las bibliotecas. Eran también obstaculos sociales, cultu-
rales, psiquicos. Esa fue una de las cosas que mas me sor-
prendieron en aquel.momento: para un gran numero de
gente del campo con la que platicamos, la lectura era una ac-
tividad riesgosa. De hecho, en el campo,-los lectores —o0. lec-
toras— tienen que transgredir con frecuencia, todavia en la
actualidad, diversos tabues: la culpabilidad que se identifica
con el acto de leer, el temor al escrutinio de la sociedad o el
miedo al qué diran, han regresado, pasando de una region a
otracomouneco. . ~
Esos tabties, jen qué consisten? Son de diferentes érdenes.
El primer tabu es que al leer se entrega uno a una actividad
cuya “utilidad” no esta bien definida. Nuestros interlocutores
se referian asi a esta prescripcién secular: “Es malo perder el
109tiempo, es malo estar inactivo, es malo estar sin hacer nada”
Se referian a la memoria de esa ética compartida que por
mucho tiempo fue garantia de supervivencia en toda la Fran-
cia rural y que daba al trabajo la categoria del valor mas alto
y condenaba el ocio. Tal como dijo Léontine, por ejemplo, sé
fomentaba siempre “lo util”. Hasta nuestros dias se dedica
una gran parte del.tiempo libre a los pasatiempos ttiles,
como construir o reparar la casa, hacer talacha, jardineria,
cazar, coser © tejer. eee
Pero ese tabti que afecta a la lectura “inutil” se ve dupli-
cado, en todos los niveles de edad, por el hecho de ser un pla-
cer solitario: en nuestra época, mientras uno lee, se retira del
grupo, se aparta, esta distraido, en el sentido mas fuerte de la
palabra, separado. Una desercién como ésta no era bienve-
nida en un mundo rural que se reconocia tradicionalmente
por la homogeneidad de sus creencias, sus representaciones,
sus valores; un mundo en el que “hacerse el listo”, “creerse al-
guien’, distinguirse mediante la expresién de opiniones o de
sentimientos personales no era bien visto. Incluso hoy en dia
esa preocupacién por uno mismo, si se muestra a la luz del
dia, puede ser juzgada inconveniente, ruda, en los lugares en
que siempre se atribuye un valor positivo a las actividades
compartidas, en que las adhesiones familiares y comunitarias
son impositivas, si no en los hechos, al menos en los valores.
La afirmacién de una singularidad no siempre es algo natu-
ral, aun cuando, en muchos espacios rurales, la sociabilidad
tradicional pierda cada vez mds importancia, aun cuando,
como observa Lucette, “antes éramos como una familia, todo
el mundo actuaba igual. Ahora cada quien esta en su propio
espacio”. . :
Cada quien esta en su propio espacio, pero para entregarse
a la lectura tiene que escapar del grupo caminando de pun-
titas: resulta, en efecto, notable que en su gran mayoria la
110gente del campo que conocimos y que gusta de la lectura
haya dicho que lefa de noche, en Ja cama, cualquiera que
fuera su edad, su situacién familiar o profesional. Para citar
un ejemplo, escuchemos a esta mujer: “Nunca lei durante el
dja. Nunca antes de que se hiciera de noche. Incluso ahora
que podria hacerlo, no leo durante el.dia. Leo de noche. De
nifia me regafaban:. ‘El petréleo!’ Tenia que hacerlo un
poco a escondidas...” :
Pero hay también un tercer tipo de tabu: en el campo, el
dominio de la lengua y el acceso a los textos impresos han
sido por largo tiempo el privilegio de quienes detentaban el
poder: los notables, los representantes del Estado y de la Igle--
sia. Y éstos siempre han intentado hacer de chaperén con los
lectores. La Iglesia catélica en particular, obsesionada por los
peligros de la lectura a nivel popular, estigmatizo por mucho
tiempo las lecturas no controladas de la Biblia o de las obras
profanas, y se esforzé por hacer de la lectura un acto colec- -
tivo y vigilado. *
Confrontarse directamente con los libros, sin intermedia-
tios, es deslindarse de ese modelo religioso de las lecturas
edificantes, de la lectura vigilada que se aplicé con rigor en
las sociedades rurales. Y es salirse de los puestos prescritos,
traicionar en.cierta forma la propia condici6n, pasarse-del
otro lado de esa frontera que marcaba con el ostracismo a
quienes estaban destinados a las labores manuales.
. Leer en el campo presupone asi muchas veces la transgre-
sién de esos tabues, ya sea que se negocie o que se tenga la as-
tucia para rodear los valores que le dieron su sentido a la vida
campesina durante siglos, y cuya memoria parece pesar aun
sobre las maneras de vivir y pensar. En diferentes regiones,
muchos habitantes del campo hablaron de la dificil con:
quista de un espacio de lectura, un tanto clandestino: jcudn-
tos recuerdos de lecturas a Ja luz de una linterna, bajo las s+
.
ilbanas, incluso a veces bajo el simple rayo de luna! Y no eran
solamente personas de edad, que hablaran de infancias leja-
nas, las que nos contaban esto. No, todavia hoy hay gente que
se esconde para leer, como la esposa de un agricultor que
decia: *
Es la mentalidad de aqui: no se debe perder el tiempo leyendo, resol-
viendo crucigramas. Siempre hay gente que pasa y dice: “Claro, se la
pasa sin hacer nada, mientras que su marido se mata trabajando”.
Cuando veo que alguien llega, escondo el libro. Estoy atenta a lo que
sucede, Mi atencién no est4 dormida, Al menor ruido... me pongo
lista. .
Ano ser por ciertas familias, o ciertas regiones, en las que
leer era una prdctica mas familiar, muchas veces la gente del
campo accedié a la lectura desde fuera de su marco habitual
de vida. Como si eso supusiera rupturas, desgarramientos,
separarse bruscamente del tipo de infancia que se vivia en la
naturaleza: “Nunca aprendimos a estar en nuestra habita-
cién”. “Viviamos afuera, con el sol, o con el dia y la noche”
Separarse bruscamente de los lazos familiares, pueblerinos,
de las comidillas del pueblo. Muchos de ellos se aficionaron
a los libros durante un momento de separacién: durante su
encierro en el internado, durante una guerra o una estancia
en el hospital. Al escucharlos hablar, pensaba que la lectura,
como la escritura, era cOmplice del exilio. Se instauraba me-
diante una pérdida del vinculo corporal con la tierra, de un
éxodo del lugar consuetudinario.
Abro aqui un paréntesis para recordar que, para el psicoand-
lisis, la lectura tiene un parentesco con las actividades llama-
das de sublimacién, que se originan en las pulsiones sexua-
les, pero que se derivan hacia objetos socialmente valorados:
112principalmente, segtin Freud, la actividad artistica y la inves-
tigacion intelectual. Estas actividades de sublimacién nacen
de hecho junto con la separacién, junto con el primer objeto
cuyo duelo hay que asumir. Para Winnicott, de forma més
precisa, las experiencias culturales presuponen un espacio
donde situarlas, que él llama el drea transicional, la cual se
instaura en el espacio de la separacién entre hijo y madre.
En esa 4rea, ciertos objetos, ya sea una esquina del cobertor
o el oso de peluche al que se abraza para ir a dormir 0, mas:
tarde, ciertos objetos culturales, representan la transicién, el
viaje del nifio que pasa del estado de unién con la madre al
estado en el que entabla una relacién con ella. Esos objetos
protegen de la angustia de la separacién, simbolizan la unién
de las cosas que desde ahora est4n separadas, restablecen una
especie de continuidad. De manera que no es imposible pen-
sar que la lejania respecto al lugar de origen vuelva a activar
la angustia de separacién primordial, y que, por lo tanto, sea
propicia para la lectura. Ademds, de forma muy concreta
claro esté, esa lejania representa la oportunidad de éstablecer
otros encuentros, con gente para quien leer es una actividad
més usual. ¥ es también la oportunidad de tener acceso a li-
bros que no existen donde uno vive y de liberarse del control
mutuo que prevalecia en el pueblo.
Pero la gente del campo que lefa, en el fondo, era siempre
un poco transfuga. Transfugas eran los que acabo de men-
cionar, que se sentian desarraigados ~ya sea de forma tem-
poral o duradera— y se habian convertido a esta. actividad.
Transfugas los que se iban un dia del pueblo, porque al leer
un libro, al apropiarse de fragmentos de conocimiento, ha-
bfan escuchado el llamado de algo diferente. Transfuga tam-
bién, a su manera, toda esta gente del campo que no se habia
2 Donald W, Winnicott, Jeu et réalité, Paris, Gallimard, 1975.
113ido pero que mientras se entregaba a la lectura se fugaba.
Como ya vimos, la lectura les permitia viajar por persona in-
terpuesta, abrirse a los sitios lejanos. Los libros los transpor-
taban a otras partes, los invitaban a escaparse. Como a Ge-
neviéve, quien lee sagas que la transportan muy lejos, fuera
de las paredes de su casa, fuera de los muros del poblado, y
que acompaiia a la heroina en todas sus tribulaciones: “Sufro
todas-las miserias que ella sufre: ella cruzé las montafias,
luego fue a Turquia; yo estoy realmente con ella”
Transfugas sobre todo porque, a partir de ese espacio de
lectura discretamente conquistado, esos lectores rurales
veian las cosas de manera diferente. Aprendian, se apropia-
ban de los conocimientos. Adquirian un dominio mas am-
plio del mundo circundante, y se liberaban del yugo de los
que hasta ese momento detentaban.el monopolio del saber.
Pero, al mismo tiempo, al abrirse a lo novedoso, descubrian
en s{ mismos territorios y deseos desconocidos. Nos conta-
ban cémo la lectura era la oportunidad para dar un paso
fuera del carril, para ver las cosas desde otro Angulo. Para
salir de un modelo de vinculo social en el que el grupo ejer-
cia su predominio sobre todos y cada uno. Una oportunidad
para decirse que podrfan tener una opinién que contara, en
vez de tener siempre que remitirse a los dems. La lectura en
el medio rural, cuando no se limitaba al diario local, consti-
tufa una via real de acceso a la individuacién.
Pero con ello la lectura se convertia en una practica ries-
gosa para el lector, quien podia verse privado de su seguridad,
zarandeado en sus formas de pertenencia, y sobre todo para
el grupo, pues uno de sus miembros podia tomar su distancia
y abandonarlo. Y también para los poderes, puesto que todas
las fidelidades pueden hacerse mas fluidas cuando se ejerce
esta actividad de forma compartida, tanto las fidelidades fa-
miliares y comunitarias como las religiosas y politicas.
114Lo que, a mi parecer, habia resultado dificil en muchos lu-
gares del campo, era precisamente ese paso-de una modali-
dad inicial de lectura publica, oral, edificante, de la que hablé
anteayer; a otra forma privada, silenciosa, eri la que cada uno
y cada-una suele encontrar palabras que permiten que se ex-
prese lo mas intimo que hay en ellos; en la que el juego de la
lengua’va creando poco a‘poco cierto juego en los puestos
asignados, y en la que le viene a uno la idea‘de que también
tiene derecho a tomar la palabra-y la pluma.
La transicién de la primera a la segunda vertiente de la lec-
tura no se. efectuaba sin dificultad. Porque preocupaba a
quienes detentaban los poderes y no se resignaban a dejar.de
controlar a los que lefan. Pero ademas perturbaba también a
la gente cercana al lector; porque ponia en entredicho: esa
forma de ser en la que la-persona no existia mas que por y
para la congregacién en un grupo, en una comunidad. Lo
que estaba en juego en ello era la transicién a otra forma de
vinculo social.
Hay ahi algo que rebasa por mucho, creo yo, el espacio
rural francés. No sé cual sea la situaci6n en México, una vez
mis, espero que ustedes me lo digan. Pero, por ejemplo, hace
unos meses vi en la television un programa grabado en
Africa, en Mali, un pais con un alto porcentaje de poblacién
rural. Algunos escritores malineses hablaban de lo dificil que
les resulta en la vida cotidiana aislarse para leer o escribir. Al
que se afsla, en Malf, le dicen “el malo”. Y él-presidente de
Mait, que es historiador, hablaba de la multiplicidad de cosas
que se ponian en juego con Ia alfabetizacién y la lectura, y del
papel particular que desempefiaban en el acceso a la indivi-
duacién y al concepto de libertad individual.
No cabe duda que la Jectura pone en entredicho el “ho-
lismo’; como a veces se llama a esas formas en las que el grupo
siempre predomina por encima del individuo. Sin embargo,
5no hay que confundir individuacién e individualismo, como
hacen muchas veces quienes padecen de nostalgias comunita-
ristas, E] que uno no quiera seguir apretujandose en torno a
un lider o a una bandera, no significa que se preocupe tnica-
mente por su parte del pastel: Ya comentamos que la lectura,
por el contrario, podia introducirnos en circulos mds amplios
de pertenencia, en nuevas sociabilidades; en formas diferen-
tes de vivir con los demas. Y que podfa desempefiar un papel
en la democratizacién profunda de una sociedad.
De hecho, las resistencias respecto a la lectura son propor-
cionales a lo que est4 en juego: la manera en que se vincula
un individuo con un grupo, con una sociedad. Por ello uno
de los primeros actos que realizan los poderes totalitarios es
controlar las formas de utilizacién del lenguaje impreso. Por
ello también, de manera més general, la soledad del lector
ante el texto siempre ha sido causa de inquietud-
DEL LADO DE LOS PODERES:
EL HORROR DE QUE LAS LINEAS SE MUEVAN.
En la historia, el miedo que sienten los que tienen el poder
de que el monopolio del sentido se les escape de las manos
tiene una legién de ejemplos. Para no tomar mas que uno de
ellos, recordemos las leyes que prohibfan a los negros el
aprendizaje de la lectura, especialmente en Carolina del Sur,
donde siguieron vigentes al menos hasta la mitad del siglo
XIX, tal como nos lo recuerda Alberto Manguel en su Histo-
ria de la lectura.3 Los propietarios de esclavos temian que los
negros encontraran en los libros ideas revolucionarias que
constituirian una amenaza para su poder, ya sea que tuvieran
4 Arles, Actes Sud, 1998, p. 330.
116la posibilidad de leer volantes llamando‘a la abolicién de.la
esclavitud, o incluso que a través de la lectura de Ja Biblia, se
abrieran a las ideas de rebelién, de libertad. Manguel evoca a
esos propietarios de-plantaciones que colgaban a cualquier
esclavo que intentara ensefiar a leer a los demas. Evoca tam-
bién a esos esclavos que a pesar de todo‘aprendieron a leer
por los medios mas insdlitos. Como cierta mujer que habia
aprendido el alfabeto mientras cuidaba al bebé del propieta-
rio de la plantacién, el cual jugaba con cubos en.los que es-
taban inscritas las letras. Cuando el propietario la descubre,
la golpea a puntapiés y luego a latigazos. —- -
-Mas recientemente, Manguel recuerda, por ejemplo, que
Don Quijote fue prohibido en Chile en 1981 por la junta mi-
litar, porque Pinochet pensaba (con razén, dice Manguel)
“que contenia un alegato en pro de la libertad individual y
uh ataque contra la autoridad en turno”.4
Y ustedes saben hasta qué grado los ultimos afios han sido
prolijos:en locuras de este tipo, particularmente en lo rela-
cionado con el ascenso de los integrismos. En Egipto, por
ejemplo, se llegé incluso a controlar la circulacién de Las mil
y una noches. Y en ese mismo pais, y también en Iran, Tur-
quia y Argelia, se ha perseguido o asesinado a escritores. No
voy a volver sobre el tema; unicamente quisiera hacer hinca-
pié en detalles que me parecieron interesantes y que, en mi
‘opini6n, constituyen otros tantos indicios, otras.tantas pistas
para avanzar en nuestro intento por entender un poco mejor
de qué pueden estar hechos esos miedos al libro.
Por ejemplo, me Ilamé la atencién un detalle. Se trata del
imén Jomeini, que fue el que pronuncié la fatwa contra el es-
critor Salman Rushdie, clamando por su muerte..Antes de su
regreso a Iran y de subir al poder, Jomeini vivia en Francia,
4 bid, p. 337.
117en un suburbio de la regién parisina, pues nuestros dirigen-
tes de ese entonces habian tenido la buena idea de otorgarle
asilo. Cuando Jomeini salia de su casa para hacer un poco de
ejercicio, nunca alzaba los ojos para no ser corrompido por
‘el Occidente. Me parece que fue precisamente Rushdie quien
mencioné ese’ detalle durante una entrevista en la television.
. Asi pues, leer es arriesgarse a ser alterado, invadido, a cada
instante. Y el miedo al libro es también el miedo a esa inva-
sidn, el miedo a una fisura de nuestro ser, que provocarfa el
desplome de todo el edificio, de toda la armadura que uno
piensa que es su identidad. Cuan fragil, cudn mortifera iden-
tidad, ésa que no puede soportar Ja mas minima alteracién,
la mds minima novedad, el mas minimo movimiento.
Para entender mejor esas facetas del miedo al libro, sigamos
un poco més con Rushdie, quien conoce. bien ese miedo,
porque ha sufrido sus consecuencias. Lo evocé en.un cuento
intitulado “Hartn -y el mar de las historias”.5 Durante. la
aventura, Hartin, que es el hijo de un cuentacuentos, conoce
a un personaje amado El maestro del culto. Ese Maestro del
culto tiene una ambicién en la vida: quiere destruir todas las
historias. Entonces Hartin le pregunta: “;Pero por qué de-
testa usted las historias hasta ese grado? Las historias son
chistosas... El maestro del culto le responde: “Sin embargo, el
mundo no es chistoso [...] El mundo esta hecho para ser
controlado [...] Todos estan ahi para ser dirigidos. Y en cada
historia Gnica, dentro de cada corriente de historias; hay un
mundo, un mundo-historia que yo no puedo controlar. He
ahi la raz6n”. - :
Creo que Rushdie da en el clavo: las historias, las ensofia-
ciones subjetivas de los novelistas, en especial, son incontro-
§ Paris, 10/18, 1991, p. 187.
118lables, y por lo tanto son inquietantes para .quien pretende
controlarlo todo, Existe en estos fundamentalists la volun-
tad de tener el monopolio absoluto del sentido. ¥ las histo-
rias son tanto mas inquietantes cuanto que las palabras tie-
nen la caracteristica peculiar de quedar fuera del alcance de
cualquier policia de los signos, desde el momento en que
cada quien puede cargarlas de su propio deseo y asociarlas, a
su manera, con otras palabras, como vimos en la primera
jornada.
Para continuar nuestra pequefia investigacién, para recoger
indicios, una vez més, quisiera confiarles algo que me llamé
la atencién, y que muestra hasta dénde.puede Ilevar la vo-
juntad politica de controlar los juegos del lenguaje..Se trata
de las observaciones de una lingiiista argelina; Malika Gref--
fou, sobre el sistema de ensefanza del 4rabe que se aplica en- .
Argelia desde hace.més de treinta afios. Ese sisterna, observa
ella, no tiene mas finalidad que la de empobrecer la lengua
para intentar reducirla a una mera funcion instrumental. Ex-
plica que durante los cuatro primeros afios de escuela, los
nifios no escuchan ni leen texto alguno. Se les condiciona a
reflejos pavlovianos por medio de métodos audiovisuales del
tipo pregunta-respuesta. No construyen nada por si mismos,
no tienen acceso al lenguaje, es decir a la argumentacién, al
pensamiento.
~ La voluntad de empobrecer el lenguaje, de comprimirlo, de
" ponerle frenos, va muy lejos. Malika Greffou observa que con
base en instrucciones oficiales se recomend6 explicitamente a
los maestros que siempre dieran preferencia al término gené-
rico: pajaro en vez de golondrina, o a la palabra rojo en vez de
carmin. Y comenta: “Asi pues, para nuestros hijos no hay go-
londrinas, no hay primavera. ;Qué es lo que tienen entonces
en el fondo de los ojos nuestros doctrinarios? Seguramente
1gno son aves migratorias ni hadas de todos los colores”. Lo
mismo sucede en el caso de la ensefianza religiosa: también se
recurre al audiovisual y a las fichas, y se excluye el acceso al
texto, a los relatos, a los versiculos, a la poesia.
Asi pues, todo eso no deja tal vez de tener-relacién con la
situacién actual de ese pais devastado por continuas masa-
cres, aun cuando esto evidentemente no agota el tema. He
tomado algunos ejemplos del mundo islamico. Pero creo que
en ninguna parte se estd a salvo de esa voluntad de los pode-
res autoritarios de controlar el juego de las palabras. Por
ejemplo, en Francia, durante estos ultimos afios, un partido
de extrema derecha, muy xenéfobo, gané las elecciones en
varios municipios. En cuanto asumié el poder, una de sus
primeras medidas consistié en apoderarse de las bibliotecas,
limitar su acceso y controlar los acervos.
Borges decia que el verdadero oficio de los monarcas era
construir fortificaciones e incendiar bibliotecas. Querer con-
trolar los desplazamientos fisicos y los juegos del lenguaje es
probablemente una sola y misma cosa. Un solo y mismo ho-
rror de que las lineas se muevan, un mismo miedo a quienes
—sean hombres o mujeres— no pueden ser encerrados en una
casilla. Entonces, alli donde existe una cultura, hecha de
aportaciones multiples, abierta a todos los juegos, a todas las
apropiaciones, los poderes autoritarios quisieran imponer
un cédigo, un conjunto de preceptos; ahf donde hay un cua-
dro, matices, luces y sombras, ellos quisieran poner en su
lugar un marco rigido,
No obstante creo que todos debemos estar atentos a las
formas més sutiles que puede adoptar el miedo a esos juegos
del lenguaje. El miedo a lo que puede surgir en forma im-
prevista, gracias a la polisemia de la lengua. En especial, el
miedo a los textos literarios, en los que se desempolva la len-
gua, y en los que se expresan la contradiccién y la compleji-
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